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Amparo Constitucional SCP 1336/2012

El documento presenta el resumen de una sentencia constitucional que declara con lugar una acción de amparo interpuesta por José Daniel Rosales Algarañaz. La acción se presentó debido a que los vocales de una sala penal no realizaron un análisis adecuado de un recurso de apelación relacionado con el vencimiento del plazo de la etapa preparatoria de un proceso penal en su contra. La sentencia concluye que efectivamente se violaron los derechos del accionante y declara con lugar la acción extinguiendo la acción penal.

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Amparo Constitucional SCP 1336/2012

El documento presenta el resumen de una sentencia constitucional que declara con lugar una acción de amparo interpuesta por José Daniel Rosales Algarañaz. La acción se presentó debido a que los vocales de una sala penal no realizaron un análisis adecuado de un recurso de apelación relacionado con el vencimiento del plazo de la etapa preparatoria de un proceso penal en su contra. La sentencia concluye que efectivamente se violaron los derechos del accionante y declara con lugar la acción extinguiendo la acción penal.

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SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 1666/2012

Sucre, 1 de octubre de 2012

SALA TERCERA
Magistrada Relatora: Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
Acción de amparo constitucional

Expediente: 01443-2012-03-AAC
Departamento: Santa Cruz

En revisión la Resolución 22/2012 de 10 de agosto, cursante de fs. 61 a 62,


pronunciada dentro de la acción de amparo constitucional interpuesta por
José Daniel Rosales Algarañáz contra Sigfrido Soleto Gualoa y
Victoriano Morón Cuellar, Vocales de la Sala Penal Segunda del
Tribunal Departamental de Justicia de Santa Cruz.

I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA

I.1. Contenido de la acción

El accionante, mediante memorial presentado el 3 de mayo de 2012, cursante


de fs. 50 a 53, complementado por escrito corriente a fs. 57, presentado el 11
de junio del mencionado año, interpuso la presente acción de amparo
constitucional manifestando que:

I.1.1. Hechos que motivan la acción

Dentro del proceso penal que se le sigue por la supuesta comisión del delito de
homicidio en accidente de tránsito, el 20 de diciembre de 2011, fue notificado
con el Auto 486 de 8 de octubre de igual año, por el que se declaró admisible e
improcedente el recurso de apelación incidental interpuesto por su parte contra
el Auto de 13 de agosto de ese mismo año, dictado por la Jueza Quinta de
Instrucción en lo Penal en suplencia legal de su similar Cuarto, que declaró
improbada la excepción de extinción de la acción penal por vencimiento del
término de la etapa preparatoria.
Añade que los demandados, no efectuaron un análisis adecuado del recurso de
apelación y de los actos denunciados en el mismo, toda vez que, el 19 de
noviembre de 2010, se suscitó un accidente de tránsito con resultados
lamentables, y siendo él quien conducía, fue notificado el 21 del mes y año ya
citados con la imputación formal y señalamiento de audiencia de medidas
cautelares, acto que se llevó a cabo en la misma fecha; por lo que, conforme
indica la jurisprudencia constitucional contenida en las SSCC 1293/2003-R,
0720/2004-R y 1173/2004, desde ese momento empieza a contarse el plazo
previsto para la duración de la etapa preparatoria.

Agrega que el 6 de junio de 2011, luego de transcurridos más de los seis meses
desde el inicio de las investigaciones, al no existir resolución conclusiva
conforme dispone el art. 323 del Código de Procedimiento Penal (CPP),
mediante memorial solicitó a la autoridad jurisdiccional que, de acuerdo al
razonamiento asumido por la SC 0282/2005-R de 4 de abril, conmine al Fiscal
de Distrito para que en el plazo de cinco días presente la correspondiente
resolución conclusiva, bajo conminatoria de declararse extinguida la acción
penal.

Continuando con la exposición, el accionante manifiesta que la ya mencionada


Jueza Quinta de Instrucción en lo Penal, el 16 de junio de 2011, por oficio
289/2011, conminó al Fiscal de Distrito a presentar la acusación formal u otro
acto conclusivo en el plazo de cinco días, en cumplimiento a los arts. 134 y 323
del CPP y la “SC 1036/2002”, documento con el que fue notificada la autoridad
fiscal el 22 de ese mes y año, por lo que el término para dar cumplimiento a
dicha conminatoria vencía el 29 de junio de 2011, toda vez que, de
conformidad a lo establecido por el art. 130 del CPP, los plazos son
improrrogables y perentorios y aquellos cuyo cómputo está dispuesto en días,
comienzan a correr al día siguiente de su notificación y vencen a las
veinticuatro horas del último día hábil indicado.

En consecuencia, indica que habiendo vencido el plazo de la intimación, el 1 de


julio de 2011, mediante nuevo memorial, ante el incumplimiento de
presentación de resolución conclusiva, solicitó se declare la extinción de la
acción penal en la etapa preparatoria, respondido por providencia del 2 del
indicado mes y año, que corrió en traslado el memorial, que fue respondido por
el Ministerio Público, el 13 del mismo mes y año, señalando que el
requerimiento conclusivo ya había sido presentado, sin especificar dónde y sin
acompañar copia del mismo. Posteriormente el 4 de agosto de 2011, el Auxiliar
del Juzgado Cuarto de Instrucción en lo Penal, presentó informe que daba
cuenta sobre la asistencia de la madre del imputado, al Juzgado a su cargo,
con la finalidad de averiguar respecto a la presentación de la acusación formal,
la cual -de acuerdo a lo expresado por el funcionario judicial-, no había sido
recepcionada por ese juzgado; no obstante de que nuevamente por memorial
de 14 de julio, reiteró su solicitud de declaratoria de extinción de la acción
penal, no recibió respuesta oportuna.

Manifiesta el accionante que, el 10 de agosto de 2011, la Jueza Quinta de


Instrucción en lo Penal, “hizo aparecer una resolución conclusiva que
extrañamente lleva fecha de 4 de julio”, que no fue presentada mediante
plataforma, irrumpiendo el control del timbre del sistema informático y que no
obstante dicha irregularidad, resulta extemporánea, toda vez que el plazo para
su presentación venció el 29 de junio de 2011; sin embargo, la Jueza de la
causa y los demandados llegaron al convencimiento de que la Resolución
conclusiva fue presentada dentro de término, dictando la autoridad
jurisdiccional, el 13 de agosto de 2011, el Auto 85, que declaró improbada la
excepción de extinción de la acción penal en la etapa preparatoria; Resolución
que fue apelada y declarada admisible e improcedente por los demandados por
Auto 486/2011. Toda vez que los Vocales ahora demandados, no han
efectuado una correcta interpretación de la normativa procesal, validando una
prórroga del plazo transcurrido desde la notificación al Fiscal de Distrito hasta la
supuesta fecha de presentación de la acusación formal y, habiéndose agotado
la vía ordinaria, al persistir las violaciones a sus derechos, se habilita la
jurisdicción constitucional.

I.1.2. Derechos supuestamente vulnerados

El accionante alega la lesión de su derecho al debido proceso y a la seguridad


jurídica, citando al efecto los arts. 115 y 116.I de la Constitución Política del
Estado (CPE).

I.1.3. Petitorio

Solicita se conceda la tutela y se declare la extinción de la acción penal de


conformidad al art. 134 del CPP.

I.2. Audiencia

Efectuada la audiencia pública el 10 de agosto de 2012, se produjeron los


siguientes hechos:

I.2.1. Ratificación de la acción

El abogado de la parte accionante se ratificó in extenso en los términos de la


demanda.
I.2.2. Informe de las autoridades demandadas

Los Vocales demandados no asistieron a la audiencia y tampoco presentaron


informe escrito.

I.2.3. Resolución del Tribunal de garantías

Mediante Resolución 22/2012 de 10 de agosto, cursante de fs. 61 a 62, la Sala


Civil y Comercial Primera del Tribunal Departamental de Justicia de Santa Cruz,
constituida en Tribunal de garantías, concedió la tutela solicitada, anulando el
Auto de Vista 486 de 8 de octubre de 2011 y disponiendo que la Sala Penal
Segunda, dicte nueva resolución en estricta sujeción a los arts. 124 y 398 del
CPP; argumentando que la Resolución emitida por el Tribunal de alzada, carece
de fundamentación, toda vez que no se han resuelto los puntos concretos
expresados en el recurso de apelación, específicamente respecto a los plazos
de extinción de la etapa preparatoria y el término de cinco días que tenía el
entonces Fiscal de Distrito para formular requerimiento conclusivo, situación
que vulnera los arts. 134 y 398 del CPP; por lo que, existiendo falta de
fundamentación que impide conocer la razón de su decisión y verificar si ésta
es correcta o no, se ha vulnerado el debido proceso, correspondiendo, en
consecuencia, conceder la tutela.

II. CONCLUSIONES

Del análisis y compulsa de los antecedentes que cursan en obrados, se


establecen las siguientes conclusiones:

II.1. El 20 de noviembre de 2010, el Fiscal de Materia adscrito al Organismo


Operativo de Tránsito, presentó ante el Juzgado de turno imputación
formal contra José Daniel Rosales Algarañaz por la presunta comisión de
los delitos de conducción peligrosa de vehículos y homicidio y lesiones
graves en accidente de tránsito, solicitando la imposición de la medida
cautelar de detención preventiva, habiéndose notificado personalmente al
justiciable con la imputación formal y el señalamiento de audiencia el 21
de ese mes y año (fs. 3 a 6).

II.2. En audiencia de consideración y aplicación de medidas cautelares, el 21


de noviembre de 2010, por Auto de la misma fecha, el Juez Cuarto de
Instrucción en lo Penal, dispuso la aplicación de medidas sustitutivas a
favor del imputado, Resolución con la que el mismo fue notificado
personalmente, emitiéndose el correspondiente mandamiento de libertad
(fs. 8 a 14).
II.3. Por memorial presentado el 7 de junio de 2011, José Daniel Rosales
Algarañaz, pidió a la autoridad jurisdiccional conmine al Fiscal de Distrito
para que en plazo de cinco días, presente resolución conclusiva, bajo
conminatoria de darse por extinguida la acción penal, mereciendo
providencia de la misma fecha por la que se dispuso dar curso a la
solicitud, pidiendo informe de acuerdo al art. 134 del CPP, providencia
que fue impugnada mediante recurso de reposición (fs. 15 y 44).

II.4. Por oficio 289/2011 de 16 de junio, la Jueza Quinta de Instrucción en lo


Penal, conminó al Fiscal de Distrito para que presente acusación formal u
otro acto conclusivo en el plazo de cinco días, señalando que, “hasta el 21
de mayo del 2011, ha transcurrido más de seis meses” (sic), constando
diligencia que da cuenta que la notificación con la conminatoria a la
autoridad fiscal, se hizo efectiva el 22 de ese mismo mes y año (fs. 16 a
17).

II.5. Ante la falta de presentación de la resolución conclusiva y, el vencimiento


del plazo otorgado, el 1 de julio de 2011, el imputado, solicitó extinción
de la acción penal, pidiendo se dejen sin efecto las medidas precautorias
y las restricciones impuestas en su contra, habiendo el Juez de la causa,
corrido en traslado el memorial, que fuera absuelto por el Ministerio
Público, mediante escrito presentado el 13 de julio de 2011, manifestando
que la Resolución conclusiva fue presentada oportunamente y que la
misma se encontraba en el cuaderno de investigaciones, así la autoridad
jurisdiccional, mediante decreto de 14 del ya referido mes y año, dispuso
que por Secretaría del Juzgado se verifique lo aseverado por el Fiscal de
Materia, informando el Auxiliar del Juzgado Cuarto de Instrucción en lo
Penal que, la madre del imputado se presentó en varias oportunidades a
preguntar respecto a la acusación formal, misma que no fue recepcionada
en esas dependencias y que habría sido presentada ante el Juzgado
Segundo de Instrucción en lo Penal cuando este último se encontraba de
turno y que no se había remitido al Juzgado Cuarto por hallarse entre
papelada. Por providencia de 4 de agosto, la autoridad jurisdiccional
dispuso que el hecho fuera puesto en conocimiento de las partes,
debiendo conminarse al funcionario que recibió la acusación para que la
remita inmediatamente o en su caso informe respecto a la veracidad de lo
afirmado por el representante del Ministerio Público, decreto que fue
impugnado mediante recurso de reposición, rechazado por decreto de 11
de agosto de 2011 (fs. 18 a 22 vta.; 46 a 47 vta.).

II.6. Por memorial presentado el 15 de junio de 2011, el accionante reiteró su


pedido de resolución de extinción de la acción penal, mereciendo decreto
de la misma fecha que determinó que el trámite de la excepción debió
ceñirse a lo establecido por el art. 314 del CPP, poniéndose en
conocimiento de las partes para luego resolver; computándose el plazo de
tres días desde la notificación a la última parte; habiendo el accionante
interpuesto recurso de reposición, disponiendo la autoridad jurisdiccional
reponer el decreto impugnado a fin de que se resuelva lo peticionado (fs.
23 y vta.; 45 y vta.).

II.7. La Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal, mediante oficio 320/2011


de 7 de julio, con cargo de recepción de 9 de agosto de igual año, remitió
acusación formal presentada por el Fiscal de Materia contra el imputado
(fs. 24 a 30 vta.).

II.8. El 13 de agosto de 2011, mediante Auto 85/2011 de esa fecha, la Jueza


Quinta de Instrucción en lo Penal en suplencia legal del Juez Cuarto,
declaró improbada la excepción de extinción de la acción penal
interpuesta por el imputado, manifestando que no se observaron las
formalidades legales de la norma y, que la conminatoria sí fue cumplida,
Resolución impugnada mediante recurso de apelación, declarado
admisible e improcedente por la Sala Penal Segunda de la Corte Superior
del Distrito Judicial -ahora Tribunal Departamental de Justicia- de Santa
Cruz, mediante Auto de Vista 486 de 8 de octubre de 2011 (fs. 31 a 42
vta.).

III. FUNDAMENTOS JURIDÍCOS DEL FALLO

El accionante alega que los demandados vulneraron sus derechos al debido


proceso y a la seguridad jurídica, toda vez que, mediante Auto 486 de 8 de
octubre de 2011, con el que fue notificado el 20 de diciembre de igual año,
declararon admisible e improcedente el recurso de apelación interpuesto contra
la Resolución 85/2011 de 13 de agosto, dictado por la Jueza Quinta de
Instrucción en lo Penal, que declaró improbada la excepción de extinción de la
acción penal por vencimiento del término de la etapa preparatoria, sin realizar
una interpretación adecuada de la normativa procesal respecto al hecho
denunciado en apelación con referencia a los plazos establecidos en los arts.
130 y 134 del CPP, ya que habiéndose notificado al Fiscal de Distrito el 22 de
junio de 2011, a efectos de que presente resolución conclusiva, éste lo hizo el 4
de julio; -8 días después-; es decir, fuera del plazo de cinco días establecidos
en el procedimiento, actuación que fue convalidada por la autoridad
jurisdiccional y ratificada por los demandados. Corresponde analizar, si en el
presente caso, se debe ingresar al fondo de la problemática planteada.

III.1. Configuración de la acción de amparo constitucional


La SCP 0002/2012 de 13 de marzo, ha señalado: “El orden constitucional
boliviano, dentro de las acciones de defensa, instituye en el art. 128 la
acción de amparo constitucional como un mecanismo de defensa que
tendrá lugar contra los ‘actos u omisiones ilegales o indebidos de los
servidores públicos, o de persona individual o colectiva, que restrinjan,
supriman o amenacen restringir o suprimir los derechos reconocidos por
la Constitución y la ley’.

Del contenido del texto constitucional de referencia puede inferirse que


la acción de amparo constitucional es un mecanismo de defensa
jurisdiccional, eficaz, rápido e inmediato de protección de los derechos
fundamentales y garantías constitucionales, cuyo ámbito de protección
se circunscribe respecto de aquellos derechos fundamentales y garantías
que no se encuentran resguardados por los otros mecanismos de
protección especializada que el mismo orden constitucional brinda a los
bolivianos, como la acción de libertad, de protección de privacidad,
popular, de cumplimiento, etc. Asimismo, desde el ámbito de los actos
contra los que procede, esta acción se dirige contra aquellos actos y
omisiones ilegales o indebidos provenientes no sólo de los servidores
públicos sino también de las personas individuales o colectivas que
restrinjan o amenacen restringir los derechos y garantías objeto de su
protección.

En este contexto, el amparo constitucional boliviano en su dimensión


procesal, se encuentra concebido como una acción que otorga a la
persona la facultad de activar la justicia constitucional en defensa de sus
derechos fundamentales y garantías constitucionales, frente a los actos u
omisiones ilegales provenientes de los servidores públicos o particulares.

El término de acción no debe ser entendido como un simple cambio de


nomenclatura, que no incide en su naturaleza jurídica, pues se trata de
una verdadera acción de defensa inmediata, oportuna y eficaz para la
reparación y restablecimiento de los derechos y garantías fundamentales,
y dada su configuración, el amparo constitucional se constituye en un
proceso constitucional, de carácter autónomo e independiente con partes
procesales diferentes a las del proceso ordinario o por lo menos con una
postura procesal distinta, con un objeto específico y diferente, cual es la
protección y restitución de derechos fundamentales y con una causa
distinta a la proveniente del proceso ordinario, esto es, la vulneración
concreta o inminente de derechos fundamentales a raíz actos y
omisiones ilegales o indebidos y con un régimen jurídico procesal propio.
En este orden de ideas, la acción de amparo constitucional adquiere las
características de sumariedad e inmediatez en la protección, por ser un
procedimiento rápido, sencillo y sin ritualismos dilatorios. A estas
características se añade la de generalidad, a través de la cual la acción
puede ser presentada sin excepción contra todo servidor público o
persona individual o colectiva.

Finalmente cabe señalar que dentro de los principios procesales


configuradores del amparo constitucional, el constituyente resalta la
inmediatez y subsidiariedad al señalar en el parágrafo I del art. 129 de la
Constitución que esta acción ‘…se interpondrá siempre que no exista otro
medio o recurso legal para la protección inmediata de los derechos y
garantías restringidos, suprimidos o amenazados’.

Lo señalado implica que la acción de amparo forma parte del control


reforzado de constitucionalidad o control tutelar de los derechos y
garantías al constituirse en un mecanismo constitucional inmediato de
carácter preventivo y reparador destinado a lograr la vigencia y respeto
de los derechos fundamentales y garantías constitucionales, siempre que
no exista otro medio de protección o cuando las vías idóneas pertinentes
una vez agotadas no han restablecido el derecho lesionado, lo que
significa que de no cumplirse con este requisito, no se puede analizar el
fondo del problema planteado y, por tanto, tampoco otorgar la tutela“ .

III.2. Del inicio y desarrollo de la etapa preparatoria del proceso


penal a partir de la notificación con la imputación formal

La SC 1036/2002-R de 29 de agosto, dejó establecido que: “El proceso


consiste en una progresiva y continuada secuencia de actos. Así, el
Código procesal vigente, al igual que sus similares aludidos, con diversos
matices configuran el procedimiento ordinario del juicio penal en tres
partes, a saber: 1) La Etapa Preparatoria; 2) La Etapa Intermedia y 3) El
juicio propiamente dicho (oral y público). A su vez, cada Etapa está
integrada por subetapas o fases claramente marcadas, cumpliendo cada
una de ellas una finalidad específica dentro de la genérica que todas
ellas tienen en su conjunto. Así, la Etapa Preparatoria, que es la que nos
interesa analizar por su pertinencia, se halla integrada por tres fases: 1)
Actos iniciales; 2) Desarrollo de la etapa preparatoria y, 3) Conclusión de
la etapa preparatoria.

1) La primera fase, es decir, los actos iniciales o de la investigación


preliminar, (art. 284 y siguientes CPP), comienza con la denuncia,
querella o con la noticia fehaciente que reciben las autoridades llamadas
por ley (Policía-Fiscalía), sobre la comisión de un delito.
2) La segunda fase, esto es, el desarrollo de la etapa preparatoria,
empieza con la imputación formal (art. 301.1 y 302 CPP), y representa el
inicio del proceso penal. Los supuestos 2), 3) y 4), que acoge el art. 301
no hacen al desarrollo de la Etapa Preparatoria, pues son opciones
alternativas a la imputación formal.

3) La tercera fase se denomina conclusión de la etapa preparatoria, y


está constituida por los 'actos conclusivos', entre los cuales se encuentra
la presentación de la acusación por el fiscal al juez o presidente del
Tribunal (art. 323 CPP).

De lo anterior se extrae que, aunque la ley no lo diga claramente, el


proceso penal se inicia con la imputación formal, a partir de la cual corre
el término de los seis meses de duración de la Etapa Preparatoria
establecida por el párrafo primero del art. 134 CPP, cuando textualmente
dice: 'La etapa preparatoria deberá finalizar en el plazo máximo de seis
meses de iniciado el proceso'.

(…)

Así, con el Acta de imputación (imputación formal en nuestra legislación)


se inicia el proceso, al igual que en nuestro sistema procesal (art. 302
CPP); un entendimiento contrario conduciría al absurdo de pensar que la
imputación formal, en el marco del código, sólo sería exigible cuando el
fiscal solicita al juez medidas cautelares (art. 233-303 CPP); extremo que
no es compatible con una interpretación contextualizada (sistemática) de
la ley procesal en análisis.

Consecuentemente, dado el carácter público del proceso, el cómputo


de los seis meses previstos por el art. 134 CPP para el desarrollo
de la Etapa Preparatoria, empieza a partir de que el Juez
cautelar pone en conocimiento del encausado la imputación
formal, siendo éste el actuado jurisdiccional que marca el inicio
del proceso penal, y a partir de ahí, se tiene un término máximo
de seis meses para presentar la acusación, ampliable únicamente
en el supuesto establecido por el segundo párrafo del art. 134 CPP; sin
que esto quiera decir que la extinción opere ipso facto, como lo ha
entendido la jurisprudencia de este Tribunal Constitucional en las SSCC
764/2002-R y 895/2002-R; pues deben desarrollarse las formalidades
establecidas por el mismo artículo 134 CPP” (negrillas fuera del texto
original).
Es decir, es a partir del momento en el que el justiciable toma
conocimiento de la existencia de una imputación formal en su contra,
por la supuesta comisión de un hecho ilícito, a través de la comunicación
o notificación que ordena el juez cautelar, que da inicio la primera etapa
o etapa preparatoria del proceso penal, que -valga la redundancia-
desde el momento de la notificación con la imputación formal, tiene una
duración de seis meses, plazo que únicamente podrá prorrogarse a
pedido del Ministerio Público, cuando surjan nuevos elementos o nuevos
indicios que requieran de mayor análisis.

Asimismo, en caso de existir pluralidad de imputados, la SC 0611/2010-R


de 16 de julio, citando la SC 0691/2004-R de 11 de mayo, ha señalado
lo siguiente: “…partiendo del razonamiento formulado en la SC
1036/2002-R de 29 de agosto, se concluye que en caso de existir varias
imputaciones o como en el presente caso-más de una imputación-,
presentadas en tiempos diferentes, el término de los seis meses de la
etapa preparatoria establecido por el art. 134 del CPP, debe computarse
desde la notificación con la última imputación formulada, en resguardo
de los derechos y garantías de la persona sindicada de la presunta
comisión de un delito. De donde resulta, que la ampliación de la
imputación en contra de otros imputados, en los casos que corresponda,
implica la ampliación automática del plazo establecido por el art. 134 del
CPP…”.

Respecto al momento para presentar la imputación formal, establecido


por el art. 301.1 del CPP, la precitada SC 1036/2002-R, manifestó: “Si
bien el Código de Procedimiento Penal no establece de manera explícita
el plazo en que la imputación formal debe ser presentada por el fiscal;
del contenido del art. 300, 301 y 302 CPP, se entiende que la misma
debe emitirse a la conclusión de los actos iniciales de investigación,
cuando, obviamente, existan indicios suficientes sobre la existencia del
hecho y la participación del imputado; sin embargo, del contenido del
art. 301.2 CPP, en el que se concede al Fiscal la facultad de Ordenar la
complementación de la diligencias policiales, fijando un plazo para el
efecto, se extrae que, en el sentido de la ley, al fiscal no le es exigible
presentar la misma en la generalidad de los casos en el momento
señalado; sino sólo en aquellos supuestos en los que existen indicios
suficientes.

Esto no significa, sin embargo, que el fiscal carezca en absoluto de plazo


para presentar la imputación formal; pues, tal entendimiento no
guardaría sujeción al mandato constitucional de celeridad procesal
consagrado por el art. 116.X CPE, de lo que se extrae que el fiscal está
impelido a presentar la imputación formal en un plazo que debe ser
fijado por el juez, atendiendo la complejidad del asunto, en los casos en
que el fiscal no lo haga en un plazo razonable; plazo que en ninguna
circunstancia, puede exceder al establecido por el art. 134 CPP, para la
conclusión de la Etapa Preparatoria”; es decir, si bien en el
ordenamiento jurídico no está establecido un plazo específico para la
presentación de la imputación formal, el Fiscal a cargo de la
investigación, está obligado a presentar la imputación formal en un plazo
razonable, atendiendo a la complejidad del caso, plazo que en última
instancia debe ser fijado por el juez y que no podrá en ningún caso
exceder el término determinado para la conclusión de la etapa
preparatoria.

III.3. Conclusión de la etapa preparatoria

De conformidad a lo prescrito por el art. 130 del CPP, los plazos en


materia penal, son improrrogables y perentorios y en consecuencia,
inmodificables; de ello, se infiere que tanto las partes procesales como
los administradores de justicia y los fiscales, se encuentran compelidos a
su obligatorio cumplimiento, no pudiendo, ninguno de ellos, alterar los
plazos legalmente establecidos de manera unilateral, salvo previsión
específica de la propia ley; así el art. 135 del citado Código
procedimental, determina que la inobservancia de los plazos implica
retardación de justicia y da lugar a la responsabilidad disciplinaria y
penal del funcionario negligente.

Ahora bien, partiendo de que el plazo máximo de duración de la etapa


preparatoria, determinado en el art. 134 del citado Código, es de seis
meses y consecuentemente improrrogable y perentorio, ante la
posibilidad de que el fiscal no presente acto conclusivo, el juez está
obligado, en aplicación de la normativa referida, a conminar al
representante del Ministerio Público a efectos de que en el plazo de
cinco días, presente resolución conclusiva o acusación, plazo, este
último, que no podrá ser alterado o incumplido por la autoridad
jurisdiccional, el Ministerio Púbico y menos los sujetos
procesales.

No obstante, cuando el plazo de cinco días ha transcurrido y el Fiscal no


ha presentado el acto conclusivo, corresponde al juzgador, por analogía
y en aplicación del principio de igualdad procesal, comunicar a la víctima
la facultad que le asiste para presentar acusación particular en el mismo
plazo (cinco días), vencido el cual, el juzgador declarará extinguida la
acción penal por duración máxima de la etapa preparatoria emitiendo al
efecto una resolución debidamente fundamentada; sin embargo, cuando
el querellante presente su acusación, el proceso continuará sobre la
base de dicho pliego acusatorio, sin perjuicio de la responsabilidad
personal del Fiscal Departamental y Fiscal de Materia.

El anterior razonamiento fue asumido por este Tribunal, cuando al


referirse al incumplimiento de la conminatoria efectuada por el juez
cautelar, a través de la SCP 0264/2012 de 4 de junio, citando a la SC
1173/2004-R de 26 de junio, señaló: ”…si el Ministerio Público no
presenta uno de los requerimientos conclusivos previstos por el art. 323
del CPP, es decir: acusación, solicitud de aplicación de una salida
alternativa o de un requerimiento de sobreseimiento, el Juez está
obligado a declarar la extinción de la acción penal,
independientemente de que exista o no solicitud de la parte
imputada; sin embargo, es enfática al señalar que debe precisarse que
en virtud al derecho a la tutela judicial efectiva y a los derechos que le
asisten a la víctima, el juez, antes de emitir la resolución
correspondiente, deberá notificar a la víctima a efecto de que sea
escuchada y, en su caso, impugne la determinación a tomarse, conforme
a lo dispuesto en el art. 11 del CPP, modificado por la ley 007 de 18 de
mayo de 2010, que establece que “la víctima por si sola o por intermedio
de un abogado, sea particular o del estado, podrá intervenir en el
proceso penal, aunque no estuviera constituido en querellante”; norma
que guarda coherencia con el art. 134 del CPP antes aludido, que en el
segundo párrafo establece un resguardo a favor de la víctima, referido a
que el proceso pueda continuar sobre la base de la actuación del
querellante” (las negrillas nos corresponden).

Sin embargo, es preciso aclarar, que el plazo de seis meses previsto en el


art. 134 del CPP, es, el término máximo para la duración de la etapa
preparatoria, así establece la jurisprudencia contenida en la SC
0103/2004-R de 21 de enero, indica: “...el plazo de los seis meses
previsto por el art. 134 del CPP es un plazo máximo, lo que significa que
el Fiscal puede antes de su vencimiento presentar la acusación formal si
estima que la investigación proporcionó fundamentos para el
enjuiciamiento del imputado, decretar el sobreseimiento o requerir ante el
juez de instrucción, la suspensión condicional del proceso, la aplicación de
un procedimiento abreviado, de un criterio de oportunidad o que se
promueva la conciliación”, razonamiento asumido también por la SC
0406/2007-R de 16 de mayo, cuando indicó que: “…la etapa preparatoria
puede concluir antes del plazo máximo previsto en el art. 134 del CPP, de
acuerdo a la simplicidad del caso, el número de imputados o avances de
la investigación, siempre que ello no implique restringir la facultad de las
partes a ofrecer elementos probatorios que permitan a los fiscales contar
con la información necesaria para formar convicción y, en su caso
presentar la acusación correspondiente”.

Podemos concluir entonces señalando que, el plazo de seis meses


establecido para el desarrollo de la etapa preparatoria, es un plazo
máximo que no necesariamente deba cumplirse a cabalidad para que el
Ministerio Público presente requerimiento conclusivo conforme a lo
previsto por el art. 323 del CPP, modificado por la Ley 007; de donde se
colige que si el Ministerio Público, antes de los seis meses cuenta con los
elementos suficientes para emitir acto conclusivo que de por terminada
la etapa preparatoria, puede presentar el mismo.

III.4. Extinción de la acción penal por duración máxima de la etapa


preparatoria

Conforme se tiene desarrollado en los Fundamentos Jurídicos


precedentes, una vez que se ha dado inicio al proceso penal mediante la
notificación con la imputación formal a quien se le atribuye la comisión
de un ilícito, comienza la etapa preparatoria, cuya duración es de seis
meses, tiempo durante el cual el Ministerio Público tendrá la tarea de
recolectar los elementos que lo lleven a fundar una posible acusación o
en su defecto optar por una salida alternativa, a no ser que, por la
complejidad del caso, sea necesario solicitar a la autoridad jurisdiccional
la ampliación del término para el cumplimiento de las diligencias
investigativas hasta un máximo de dieciocho meses.

Asimismo, conforme se ha expuesto, el art. 134 del CPP, en su parte in


fine, indica: "Si vencido el plazo de la etapa preparatoria el fiscal no
acusa ni presenta otra solicitud conclusiva, el juez conminará al Fiscal
del Distrito para que lo haga en el plazo de cinco días. Transcurrido este
plazo sin que se presente solicitud por parte de la Fiscalía, el juez
declarará extinguida la acción penal, salvo que el proceso pueda
continuar sobre la base de la actuación del querellante, sin perjuicio de
la responsabilidad personal del Fiscal del Distrito"; de donde se infiere
que, habiendo transcurrido el plazo otorgado por el juez mediante
conminatoria al Fiscal de Distrito a efecto de que presente resolución
conclusiva, sin que lo haya hecho, corresponderá al juzgador declarar la
extinción de la acción penal, declaratoria que deberá ser expresa, pues
no puede entenderse que por el simple paso de los seis meses de la
etapa preparatoria, la acción penal se extingue de manera automática,
pues si bien el plazo establecido en los arts. 134 y 135 del CPP, persigue
materializar el principio de celeridad contenido en los arts. 178.I y 180.I
de la CPE y evitar la retardación de justicia, no puede el juzgador, en
observancia del principio de igualdad de las partes, obviar el derecho
que tiene la víctima de ser escuchada a efectos de que pueda opinar o
impugnar la decisión del órgano jurisdiccional, por lo que, se reitera, la
declaración de extinción de la acción penal en la etapa preparatoria por
vencimiento del plazo de los seis meses y la falta de pronunciamiento
del Ministerio Público a la conminatoria efectuada por la autoridad
jurisdiccional dentro del plazo de los cinco días, debe estar contenida en
una resolución expresa debidamente fundamentada y motivada.

III.5. La vulneración del debido proceso vinculada a la omisión del


deber de jueces y tribunales de emitir resoluciones
debidamente fundamentadas y motivadas

A efecto de incursionar en un análisis cabal de la problemática que se


aborda, debe considerarse que, el debido proceso, consagrado en el art.
[Link] de la CPE, lleva inserto en su esencia la garantía de que conforme
establecen los arts. 13.I con relación al [Link] constitucionales, todos los
derechos reconocidos en la Ley Fundamental deberán ser rigurosamente
respetados por el juez al resolver asuntos sometidos a su conocimiento,
como forma de asegurar la materialización de la justicia, meta última y
razón de ser del ordenamiento positivo. Tales derechos no son sólo los
que aparecen recogidos en la Norma Suprema en sentido formal, sino
los consagrados en instrumentos internacionales ratificados por el
Estado Plurinacional de Bolivia, entre ellos la Declaración universal de
Derechos Humanos, el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, la
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, que
conforman el llamado bloque de constitucionalidad (art. 410 CPE) y que
por tanto forman parte de la constitución en sentido material de acuerdo
al postulado contenido en el art. [Link] CPE; en consecuencia, tanto las
autoridades como las partes que intervienen en el proceso se encuentra
obligadas a observar estos principios y garantías, a las cuales deben
ajustar su actuación, pues su desconocimiento acarrea la violación de la
Norma Suprema.

El anterior Tribunal Constitucional, en reiterada jurisprudencia ha


señalado que: “…la garantía del debido proceso, comprende entre uno
de sus elementos la exigencia de la motivación de las resoluciones, lo
que significa, que toda autoridad que conozca de un reclamo, solicitud o
que dicte una resolución resolviendo una situación jurídica, debe
ineludiblemente exponer los motivos que sustentan su decisión, para lo
cual, también es necesario que exponga los hechos establecidos, si la
problemática lo exige, de manera que el justiciable al momento de
conocer la decisión del juzgador lea y comprenda la misma, pues la
estructura de una resolución tanto en el fondo como en la forma, dejará
pleno convencimiento a las partes de que se ha actuado no sólo de
acuerdo a las normas sustantivas y procesales aplicables al caso, sino
que también la decisión está regida por los principios y valores supremos
rectores que rigen al juzgador, eliminándose cualquier interés y
parcialidad, dando al administrado el pleno convencimiento de que no
había otra forma de resolver los hechos juzgados sino de la forma en
que se decidió (…) cuando aquella motivación no existe y se emite
únicamente la conclusión a la que ha arribado el juzgador, son
razonables las dudas del justiciable en sentido de que los hechos no
fueron juzgados conforme a los principios y valores supremos, vale
decir, no se le convence que ha actuado con apego a la justicia, por lo
mismo se le abren los canales que la Ley Fundamental le otorga para
que en búsqueda de la justicia, acuda a este Tribunal como contralor de
la misma, a fin de que dentro del proceso se observen sus derechos y
garantías fundamentales, y así pueda obtener una resolución que ordene
la restitución de dichos derechos y garantías, entre los cuales, se
encuentra la garantía del debido proceso, que faculta a todo justiciable a
exigir del órgano jurisdiccional a cargo del juzgamiento una resolución
debidamente fundamentada, así se ha entendido en varios fallos de este
Tribunal, entre ellos, la SC 0752/2002-R de 25 de junio (…), cabe
destacar que la motivación no implicará la exposición ampulosa de
consideraciones y citas legales, sino que exige una estructura de forma y
de fondo. En cuanto a esta segunda, la motivación puede ser concisa
pero clara y satisfacer todos los puntos demandados, debiendo expresar
el Juez sus convicciones determinativas que justifiquen razonablemente
su decisión en cuyo caso las normas del debido proceso se tendrán por
fielmente cumplidas. En sentido contrario, cuando la resolución aún
siendo extensa no traduce las razones o motivos por los cuales se toma
una decisión, dichas normas se tendrán por vulneradas” (SC
1365/2005-R de 31 de octubre).

En este sentido el debido proceso, concebido como instrumento jurídico


a ser observado por los órganos jurisdiccionales y administrativos para el
estricto acatamiento de las normas establecidas en el ordenamiento
jurídico y el respeto de derechos fundamentales y garantías
constitucionales durante la sustanciación del proceso, exige que la
administración de justicia, no se limite al cumplimiento fiel de los
procedimientos previamente establecidos por ley, sino que, es
imprescindible que en el proceso de impartir justicia, las decisiones que
se asuman en cumplimiento de este deber constitucional, sean eficaces;
es decir que los fallos contengan resoluciones claras, ciertas, motivadas
y jurídicamente sustentadas, que permitan un claro entendimiento
respecto a los argumentos que generaron su pronunciamiento.

A través de la jurisprudencia constitucional, se ha establecido que la


falta de fundamentación de las decisiones judiciales, se constituye en la
carencia de respaldo argumentativo o la escasa o nula relevancia de los
argumentos expuestos al dirimir una controversia, remarcando
enfáticamente que es imprescindible que el juez sustente de manera
clara los motivos que lo llevaron a tomar una decisión determinada; es
decir que, siendo deber del juzgador administrar justicia, es obligación
suya, en atención al mandato constitucional contenido en el art. 180 de
la CPE, resolver los casos puestos a su conocimiento, de manera pronta,
oportuna, transparente e imparcial dentro de los plazos establecidos por
el ordenamiento jurídico; a este efecto, los procesos que sean revisados
por él, deberán merecer de su parte un análisis minucioso y una
respuesta juiciosa y debidamente sustentada, explicando las razones que
llevaron al juzgador a asumir una decisión en concreto, toda vez
que:"…un principio general, en materia de procedimiento, por estar
directamente relacionado con el debido proceso y el derecho de defensa,
(es) que exista la debida coherencia, en todas las sentencias, entre los
hechos, las pretensiones y la decisión. Es decir, el juez debe resolver
todos los aspectos ante él expuestos. Y es su obligación explicar
las razones por las cuales no entrará al fondo de alguna de las
pretensiones. También se ha establecido por la doctrina y la
jurisprudencia, que no toda falta de pronunciamiento expreso sobre una
pretensión, hace, por sí misma incongruente una sentencia. Al respecto,
cabe recordar lo dispuesto en el artículo 305 del Código de
Procedimiento Civil" (las negrillas y subrayado son nuestras).

En materia penal, el ordenamiento jurídico boliviano establece a través


del art. 124 del CPP, que: “Las sentencias y autos interlocutorios serán
fundamentados. Expresarán los motivos de hecho y de derecho en que
basan sus decisiones y el valor otorgado a los medios de prueba.

La fundamentación no podrá ser remplazada por la simple relación de los


documentos o la mención de los requerimientos de las partes”.

Esta previsión normativa permite ilustrar el razonamiento expuesto


supra, pues se refuerza el entendimiento de que el derecho al debido
proceso, exige también que toda resolución emanada de autoridad
jurisdiccional sea debidamente fundamentada; es decir, que todo
administrador de justicia que deba dictar un fallo o emitir
pronunciamiento respecto a determinado tema propuesto por las partes
procesales, debe indispensablemente exponer los hechos, realizar la
fundamentación legal y citar las normas que sustentan la parte
dispositiva de la resolución; una actuación contraria, no sólo suprime
una parte estructural de la misma, sino que en los hechos, el juzgador
toma una decisión de hecho no de derecho, que al resultar alejada de
los principios constitucionales que rigen la administración de justicia,
vulnera de manera flagrante el “derecho a un debido proceso” e impide
a las partes conocer las razones que fundaron su decisión, sin que esto
implique la exposición ampulosa de consideraciones y citas legales, sino
que la estructura de forma y fondo de la resolución sea clara y concisa
y que por sobre todo satisfaga y responda a las inquietudes y puntos
demandados por las partes procesales; toda vez que no es necesario
efectuar grandes consideraciones y elaborar interminables resoluciones
que a más de responder a los puntos cuestionados, ocasione en los
litigantes una sensación de confusión por la extensión de su texto,
razonamiento plasmado en la SC 1365/2005-R de 31 de octubre, citada
por la SC 0543/2010-R de 12 de julio.

“La función del juez radica en la definición del derecho y uno de los
principios en que se inspira reside en el imperativo de que, sin
excepciones, sus providencias estén clara y completamente motivadas.
La obligatoriedad e intangibilidad de las decisiones judiciales proviene de
la autoridad que les confiere la Constitución para resolver los casos
concretos, con base en la aplicación de los preceptos, principios y valores
plasmados en la propia Carta y en las leyes, y de ninguna manera
emanan de la simple voluntad o de la imposición que pretenda hacer el
juez de una determinada conducta o abstención, forzosa para el sujeto
pasivo del fallo.

De modo que toda sentencia debe estar razonablemente fundada en el


sistema jurídico, mediante la aplicación de sus reglas a las circunstancias
de hecho sobre las cuales haya recaído el debate jurídico surtido en el
curso del proceso y la evaluación que el propio juez, al impartir justicia,
haya adelantado en virtud de la sana crítica y de la autonomía funcional
que los preceptos fundamentales le garantizan.

Una cosa es el margen de interpretación y razonamiento que tiene todo


juez al proferir sus providencias, y otra bien distinta la arbitrariedad que
pudiera permitirle resolver sin hacer explícito el porqué de su resolución”
.

Es imprescindible entonces que el juzgador al momento de emitir una


decisión, exponga los hechos que la motivaron y los argumentos
jurídicos, axiológicos y doctrinarios que sustentan la resolución, de
manera que el justiciable al conocer la decisión del enjuiciador lea y
comprenda la misma, situación que es imposible cuando no existe
motivación que permita conocer las razones que impulsaron al juez a
asumir una determinación específica, oportunidad en la cual, el
justiciable tiene, a través de los medios que la Constitución Política del
Estado le otorga, la facultad de recurrir a la jurisdicción constitucional
con la finalidad de que dentro del proceso se observen sus derechos y
garantías fundamentales a través de la emisión de una resolución que dé
efectividad a la garantía del debido proceso, que faculta a todo
justiciable a exigir, del órgano jurisdiccional a cargo del juzgamiento, una
resolución debidamente fundamentada.

III.6. La inobservancia de los plazos procesales constituye


vulneración al debido proceso y es por ende susceptible de
tutela a través de la acción de amparo constitucional

El art. 130 del CPP, establece a la letra que: “Los plazos son
improrrogables y perentorios, salvo disposición contraria de este
Código”, prescripción que armoniza su contenido con los postulados
descritos en los arts. 178.I y 180.I de la CPE, que en su esencia
sustentan la validez material del principio de celeridad en las actuaciones
judiciales.

Así, a partir de una interpretación sistemática de los artículos citados


supra, es posible concluir que, a efectos de concretizar el principio de
celeridad, que da cuenta del derecho al acceso a una justicia pronta y
oportuna, es imperativo que los administrares de justicia se ciñan al
cumplimiento estricto de los plazos establecidos en la normativa procesal
penal, precisamente por la calidad de los derechos que compete conocer
a la materia.

Ahora bien, la jurisprudencia constitucional ha señalado que la


inobservancia del principio de celeridad en la tramitación de los procesos
judiciales, genera lesión al debido proceso, por lo que, en base al
razonamiento anterior, podemos afirmar que el incumplimiento de los
plazos procesales, a más de retardar el tratamiento o resolución de las
cuestiones puestas a consideración de la autoridad judicial, genera
dilación innecesaria e incumple uno de los principios procesales más
importantes en materia penal como lo es el de celeridad y que,
conforme se anotó, vulnera el debido proceso que se encuentra bajo
protección de la acción de amparo constitucional en los casos en los
cuales no se halla directamente vinculado con el derecho a la libertad,
presupuesto en el cual, procede la tutela a través de la acción de
libertad.

En conclusión, el incumplimiento de los plazos procesales establecidos


en el ordenamiento jurídico penal, por disposición expresa del art. 130
del CPP, al ser perentorios e improrrogables, son preclusivos y su
inobservancia constituye una grave vulneración al derecho fundamental
del debido proceso.

III.7. La interpretación de la legalidad ordinaria

La jurisprudencia Constitucional, además de establecer los límites para la


procedencia de las acciones de amparo contra decisiones judiciales,
construyó la doctrina de las auto restricciones (self restraint) para la
jurisdicción constitucional, con el objeto de delimitar los ámbitos entre
ésta y la jurisdicción ordinaria, en ese marco una de ellas es
precisamente la no interpretación de la legalidad ordinaria; al respecto, la
SC 1846/2004-R de 30 de noviembre, señaló: “Si bien la interpretación
de la legalidad ordinaria debe ser labor de la jurisdicción común,
corresponde a la justicia constitucional verificar si en esa labor
interpretativa no se han quebrantado los principios constitucionales
informadores del ordenamiento jurídico, entre ellos, los de legalidad,
seguridad jurídica, igualdad, proporcionalidad, jerarquía normativa y
debido proceso; principios a los que se hallan vinculados todos los
operadores jurídicos de la nación; dado que compete a la jurisdicción
constitucional otorgar la protección requerida, a través de las acciones de
tutela establecidas en los arts. 18 y 19 de la Constitución, ante
violaciones a los derechos y garantías constitucionales, ocasionadas por
una interpretación que tenga su origen en la jurisdicción ordinaria, que
vulnere principios y valores constitucionales.

Esto significa que los órganos de la jurisdicción ordinaria deben sujetar


su labor interpretativa a las reglas admitidas por el derecho, con plena
vigencia en el derecho positivo, que exige que tal labor se la realice
partiendo de una ‘interpretación al tenor de la norma (interpretación
gramatical), con base en el contexto (interpretación sistemática), con
base en su finalidad (interpretación teleológica) y los estudios
preparatorios de la ley y la historia de formación de la ley (interpretación
histórica)’ (Cfr. Cincuenta años de jurisprudencia del Tribunal
Constitucional Alemán , pág. 2); reglas o métodos de interpretación que
en algunas legislaciones, han sido incorporados al ordenamiento jurídico
positivo (así, art. 3.1 del Código civil español)”.
En ese sentido, para que la jurisdicción constitucional ingrese al análisis
de la interpretación de la legalidad ordinaria, efectuada por los jueces y
tribunales, conforme a las subreglas desarrolladas por la SC 0085/2006-R
de 25 de enero, es preciso que el accionante, “…1. Explique por qué la
labor interpretativa impugnada resulta insuficientemente motivada,
arbitraria, incongruente, absurda o ilógica o con error evidente,
identificando, en su caso, las reglas de interpretación que fueron
omitidas por el órgano judicial o administrativo, y 2. Precise los derechos
o garantías constitucionales que fueron lesionados por el intérprete,
estableciendo el nexo de causalidad entre éstos y la interpretación
impugnada; dado que sólo de esta manera la problemática planteada por
el recurrente, tendrá relevancia constitucional.

En ese entendido, el demandante no debe limitarse a hacer un relato de


los hechos, sino que debe explicar no sólo por qué considera que la
interpretación no es razonable, sino también cómo esa labor
interpretativa vulneró sus derechos y garantías; este entendimiento ha
sido reiterado por las SSCC 83/2010-R, 660/2010-R, 914/2010-R y
090/2010-R”.

III.7.1. Principio de razonabilidad

El significado del vocablo razonable, puede ser entendido como


todo aquello arreglado a la razón; entonces, es posible señalar
que, cuando utilizamos dicho término, aludimos todo aquello
que resulta proporcionado e idóneo para alcanzar el fin
propuesto; en este sentido, al referirnos a proporcionalidad
entre medio y fin, se pretende establecer la necesidad de
determinar el sentido del contenido de la justicia en la aplicación
sustancial de la norma; por lo que, en este contexto,
razonabilidad o proporcionalidad, pueden entenderse como un
forma de garantizar el respeto integral de los derechos
fundamentales por parte de los poderes del Estado, hecho que
permite que, este principio, se constituya en una herramienta
del control constitucional.

El art. 13.I de la CPE, determina que los derechos reconocidos


por ésta, son inviolables, universales, interdependientes y
progresivos; por lo que, es deber del Estado promoverlos,
protegerlos y respetarlos; asimismo el art. [Link] de la misma
Ley Fundamental, prescribe que, en su ejercicio, nadie será
obligado a hacer lo que la Constitución y las leyes no manden,
ni a privarse de lo que éstas prohíban, máxime si, conforme
reza el art. 410.I y II, “Todas las personas, naturales y jurídicas,
así como los órganos públicos, funciones públicas e
instituciones, se encuentran sometidos a la presente
Constitución”, en el entendido de que, ésta, es la norma
suprema del ordenamiento jurídico boliviano y goza de primacía
frente a cualquier otra disposición normativa; en tal sentido, los
principios, garantías y derechos reconocidos por la Norma
Fundamental no pueden ser alterados por leyes que regulen su
ejercicio ni necesitan de reglamentación previa para su
cumplimiento; proclamación contenida en el art. 9 inc. 4) de la
CPE que garantiza el cumplimiento de los principios, valores,
derechos y deberes reconocidos y consagrados en la misma.

“Estos valores superiores han sido instituidos por el


constituyente como primordiales para la comunidad, y en ese
sentido, son la base del ordenamiento jurídico, y a la vez
presiden su interpretación y aplicación.

Los valores superiores poseen una triple dimensión: a)


fundamentadora del conjunto de disposiciones e instituciones
constitucionales, así como del ordenamiento jurídico en su
conjunto, al que se proyectan sus normas, principios y valores,
lo que determina que tengan una significación de núcleo básico
e informador de todo el sistema jurídico político; b) orientadora
del orden jurídico hacia fines predeterminados, que hacen
ilegítimas las normas que persiguen fines distintos o que
obstaculicen la consecución de los valores que enuncia la
Constitución; c) crítica, pues sirve de parámetro para la
valoración de conductas, posibilitando el control jurisdiccional de
las restantes normas del ordenamiento jurídico para determinar
si están conformes o infringen los valores constitucionales
(Antonio Enrique Pérez Luño).

Consiguientemente, los valores superiores deben ser


considerados como mandatos dirigidos, primero, al
legislador, para que sean tomados en cuenta en la
elaboración de las leyes y, segundo, al poder ejecutivo y
judicial, para que sean considerados en la aplicación e
interpretación de esas normas, optando siempre por
aquella aplicación e interpretación que más favorable
resulte a la efectiva concreción de esos valores (Javier
Santamaría Ibeas)” (SC 1846-2004-R de 30 de noviembre) (las
negrillas son nuestras)
Ahora bien, respecto al principio de razonabilidad, debe
entenderse el mismo, como la facultad de los órganos
jurisdiccionales, de limitar el ejercicio del poder del Estado
frente a los administrados, esto es, que, cuando exista una
norma que únicamente mande o prohíba de acuerdo su reglas y
mecanismos instituidos por ella misma, en aplicación del
principio de razonabilidad, deberá cuidarse que dicha norma sea
constitucional; es decir, que respete el valor justicia, reconocido,
entre otros, en el art. [Link] de la CPE, lo cual permite que dicho
principio se constituya en la base del proceso sustantivo; en ese
sentido, cuando el principio de razonabilidad es vulnerado, se
entiende la existencia de lesión al debido proceso.

Complementando este razonamiento, podemos agregar que si


bien la razonabilidad no impedirá que el legislador o
administrador, vulneren derechos y garantías constitucionales,
permitirá, a través del contenido esencial de dicho principio;
verificar si la normativa aplicada en determinado caso, produjo
afectación del derecho reclamado; en tal sentido, resultará
imprescindible que, el legislador indague respecto al núcleo del
derecho cuestionado, correspondiendo, posteriormente, analizar
si en realidad la aplicación de la normativa, causó lesiones
indebidas al contenido del derecho; pues como, se expuso
precedentemente, la razonabilidad, emana de la norma y se
constituye en el límite de la actuación de los poderes públicos,
cuando éstos con sus decisiones y/o acciones, afectan directa o
indirectamente derechos y garantías constitucionales contenidas
y reconocidas por la Constitución Política del Estado.

De conformidad a lo expuesto, la precitada SC 1846/2004-R,


sostuvo que: “Las reglas de la interpretación aludidas, operan
como barreras de contención o controles, destinadas a
precautelar que a través de una interpretación defectuosa o
arbitraria, se quebranten los principios constitucionales aludidos;
de modo que debe ser previsible, tanto en relación a los medios
empleados cuanto en relación al resultado alcanzado; pues la
interpretación de una norma no puede conducir a la creación de
una norma distinta de la interpretada.

En este orden, conviene precisar que la interpretación


sistemática o contextualizada, puede extenderse, según los
casos, al artículo del cual forma parte el párrafo o inciso
analizado; al capítulo o título al que pertenece; al sector del
ordenamiento con el que se vincula o pertenece; o al
ordenamiento en su conjunto; y finalmente, de manera
inexcusable, con las normas, principios y valores de la
Constitución, dado que de todas las interpretaciones
posibles que admita una norma, debe prevalecer
siempre aquella que mejor concuerde con la
Constitución” (las negrillas nos pertenecen).

III.8. Análisis del caso concreto

Del análisis de la documental adjunta al cuaderno procesal, se puede


observar que mediante memorial cursante de fs. 34 a 35, José Daniel
Rosales Algarañaz, interpuso recurso de apelación incidental contra la
Resolución 85/2011 de 13 de agosto dictada por la Jueza Quinta de
Instrucción en lo Penal en suplencia legal de su similar Cuarto, alegando
que el plazo de seis meses para el vencimiento de la etapa preparatoria
comenzó a computarse el 21 de noviembre de 2010, fecha en la cual se
llevó a cabo audiencia cautelar, notificándose a la autoridad fiscal con la
respectiva conminatoria el 22 junio de 2011; por lo que el plazo de cinco
días para presentar acto conclusivo, vencía el 29 de igual mes y año; es
así que el 1 de julio de 2011, solicitó extinción de la acción penal, por
vencimiento del plazo previsto en el art. 134 del CPP, no obstante la
Jueza a quo, declaró improbada la extinción de la acción penal por
considerar que no se cumplen los requisitos exigidos por el artículo
precitado; es decir, que: a) Se hayan vencido los seis meses de la etapa
preparatoria sin que exista acto conclusivo; y, b) Habiéndose notificado
al Fiscal de Distrito con la conminatoria para que presente acto
conclusivo dentro de los siguientes cinco días, la autoridad fiscal no lo
hiciere; presupuesto que no se cumplen en el presente caso; además,
corresponde dejar manifiestamente claro que no existe parte civil
querellante.

Ahora bien, se constata que el pronunciamiento de las autoridades


demandadas no se encuentra acorde a los principios de eficacia y verdad
material; el primero que debe entenderse como el cumplimiento de las
disposiciones legales y sus procedimientos y el segundo, que el juzgador
tiene que basar su decisión en la realidad fiel y circunstancias de los
hechos que los impregnan; pues la Resolución impugnada mediante esta
vía constitucional, empieza a realizar su argumentación sobre los plazos
procesales previstos en el Código de Procedimiento Penal señalando, que
“Según lo establece nuestra economía jurídica en especial el art. 134 del
Código de Procedimiento Penal la etapa preparatoria deberá finalizar en
el plazo máximo de seis meses de iniciado el proceso; dentro de cuyo
plazo el Fiscal deberá acusar o presentar su solicitud conclusiva, sino lo
hace en dicho término, el juez de la causa conminará al Fiscal de Distrito
para que en el término de CINCO días formule alguno de los actos antes
citados, cuya omisión provocará necesariamente la extinción de la acción
penal” (sic); sin embargo de ello, contradictoriamente, concluye
indicando que, habiéndose notificado el 22 de junio de 2011, al Fiscal
de Distrito, con la conminatoria para que presente requerimiento
conclusivo dentro de los cinco días siguientes, la autoridad fiscal
presentó acusación formal el 4 de julio de 2011 ante el Juzgado de
turno de Instrucción en lo Penal, habiendo dado cabal cumplimiento a la
conminatoria, no existiendo negligencia en el accionar del Fiscal
de Materia que haya podido ocasionar vulneración a derechos
constitucionales.

En este sentido, se observa a fs. 6, del expediente que José Daniel


Rosales Algarañaz, fue notificado con la imputación formal y
señalamiento de audiencia el 21 de noviembre de 2010, empezando a
correr, desde ese momento, el plazo de seis meses establecidos para la
duración de la etapa preparatoria sin que el Ministerio Público hubiera
solicitado ampliación del plazo; posteriormente (fs. 15), el accionante, el
7 de junio de 2011, indicando haber transcurrido más de seis meses
desde que dio inicio la etapa preparatoria, pidió se conmine al Fiscal de
Distrito para que presente acto conclusivo, siendo notificado el
representante del Ministerio Público el 22 del indicado mes y año, con
oficio 289/2011 (fs. 17), sin que hasta el 1 de julio de ese año, el
mencionado presentara acto conclusivo alguno, por lo que el justiciable
solicitó extinción de la acción penal, reiterando su pedido el 15 del
mismo mes y año, el cual, pese al informe emitido (a fs. 22) por el
Auxiliar del Juzgado Cuarto de Instrucción, que afirmó la inexistencia
en aquellas dependencias del requerimiento conclusivo y luego
del trámite previsto por el art. 314 del CPP, mediante Auto de 13 de
agosto de 2011, se declaró improbada la extinción de la acción penal;
aspecto que no fue motivado ni fundamentado por las autoridades ahora
demandadas, a momento de emitir el Auto de Vista 486 de 8 de octubre
de 2011.

Por otra parte, si bien las autoridades demandadas se pronuncian sobre


los plazos de la conminatoria y la actuación del Fiscal, sin embargo y
como se dijo, proceden a realizar una fundamentación genérica y no
coherente con la realidad de los actuados y plazos procesales, no
existiendo congruencia entre la parte considerativa y la parte resolutiva
del Auto de Vista; pues primero se indica que en caso de incumplimiento
del plazo de cinco días se extingue la etapa preparatoria, pero en la
parte resolutiva declaran improcedente el recurso de apelación.

En todo caso, la jurisprudencia constitucional ha establecido que, los


tribunales o jueces de alzada, en el ejercicio de su deber constitucional,
deben verificar que dentro del proceso que se lleva a cabo, el inferior
haya actuado en apego a la ley; sin embargo en el presente caso, los
demandados incurrieron en una apreciación arbitraria de la normativa
procedimental, al no considerar que el plazo para el vencimiento de la
etapa preparatoria, comenzó a computarse a partir del 21 de noviembre
de 2010, con la notificación con la imputación formal y que cuando se
notificó con la conminatoria al Fiscal de Distrito, el 22 de junio de 2011,
habían transcurrido superabundantemente los seis meses establecidos en
el art. 134 del CPP con relación al 130 y 135 del mismo cuerpo legal y
que establecen que los plazos en materia penal, son improrrogables y
perentorios y en consecuencia, inmodificables y que la inobservancia de
los plazos implica retardación de justicia y da lugar a la responsabilidad
disciplinaria y penal del funcionario negligente, pues: “La extinción de la
acción penal por el transcurso de los seis meses, no opera sólo por el
cumplimiento de ese lapso, es necesaria la declaración mediante
resolución judicial expresa, ante la falta de presentación de un acto
conclusivo por el fiscal, dentro del plazo previsto, previa conminatoria del
órgano jurisdiccional, quien en su caso, además, deberá comunicar a la
víctima la falta de presentación de requerimiento conclusivo, y al mismo
tiempo, hacerle conocer la facultad que le asiste de presentar su
acusación particular, otorgándole por analogía y aplicando el principio de
igualdad procesal, el mismo plazo concedido al fiscal en el art. 134 del
CPP, bajo conminatoria de declararse extinguida la acción penal” (SC
1173/2004-R de 26 de julio); no obstante, de fs. 25 a 28 cursa acusación
formal, con fecha de 4 de julio, es decir, fuera del plazo de cinco días
establecidos en la conminatoria emitida por la propia autoridad
jurisdiccional, pero no existe una valoración ni cadena argumentativa al
respecto, en todo caso, manifestaron en el Auto 489/2011 de 8 de
octubre, que no se advierte negligencia en la conducta del Fiscal de
Materia, quien presentó su acusación formal cumpliendo a “cabalidad la
conminatoria conforme prescriben los arts. 130 y 134” (sic).

Es posible concluir entonces, señalando que los demandados no


efectuaron una cabal lectura de los hechos denunciados por el imputado
respecto al accionar injustificado del Juez a quo; motivo por el cual, en
base a los argumentos expuestos supra y en aplicación de los
Fundamentos Jurídicos que sustentan la presente Sentencia
Constitucional Plurinacional, la Sala Tercera de este Tribunal, encuentra
que se ha vulnerado el derecho al debido proceso en relación a la falta
de fundamentación de resoluciones judiciales, por lo que, en aplicación
del principio de razonabilidad, que permite la revisión y aplicación de la
legalidad ordinaria, como medio efectivo para la protección de los
derechos y garantías reconocidos por la Constitución Política del Estado,
en el presente caso, es necesario conceder la tutela solicitada.

Finalmente, cabe manifestar que si bien la norma instruye también la


conminatoria a la parte querellante a efectos de que presente acusación
particular en el plazo de tres días, en el caso que se analiza, se verifica a
fs. 19 la diligencia de notificación con el decreto que corrió en traslado el
memorial de solicitud de extinción de la acción penal; sin embargo, no
cursa en el expediente respuesta alguna por parte de la víctima, por lo
que, respecto a este extremo no corresponde efectuar mayores
consideraciones de orden legal.

III.9. Otras consideraciones

Partiendo del bloque de constitucionalidad, el art. 225.I y II, establece


que: “El Ministerio Público defenderá la legalidad y los intereses
generales de la sociedad y ejercerá la acción penal pública (…)”; “El
Ministerio Público ejercerá sus funciones de acuerdo con sus principios
de legalidad, oportunidad, objetividad, responsabilidad, autonomía,
unidad y jerarquía”, precepto constitucional concordante con el art. 287
del CPP, que prescribe: “La Fiscalía ejerce la dirección funcional de la
actuación policial en la investigación del delito”, disposición a su vez
concordante con el art. 3 de la Ley 260 que en su texto señala que el
Ministerio Público “Tiene por finalidad defender la legalidad y los
intereses generales de la sociedad, ejercer la acción penal pública e
interponer otras acciones; en el marco establecido por la Constitución
Política del Estado, los Tratados y Convenios Internacionales en materia
de Derechos Humanos y las leyes” ; en coherencia con lo manifestado y
considerando toda esta configuración de la naturaleza y funciones del
Ministerio Publico, el art. 12.8 de la Ley 260, establece entre las
funciones del Ministerio Publico el “Velar por el cumplimiento de todas las
disposiciones legales relativas a la ejecución de las penas, contenidas en
los pactos y Convenios Internacionales vigentes, Código de
Procedimiento Penal y la Ley”.

Consiguientemente, el Ministerio Público se constituye en una institución


de especial importancia en la eficacia de la persecución penal pública y
representa a la sociedad velando el respeto de los derechos y garantías
constitucionales; en este contexto, sus actuaciones deben enmarcarse
dentro de los principios y valores constitucionales y procesales, entre
estos la objetividad; a este efecto, durante la investigación considerará
no sólo los elementos que contribuyan a probar la acusación, sino que
también deberá analizar aquellos aspectos que pudieran eximir de
responsabilidad al imputado, actuación que debe responder de manera
eficaz a los postulados constitucionales, a las leyes y a los Tratados y
Convenios Internacionales en materia de Derechos Humanos.

En este punto es prudente recordar que el poder punitivo del Estado se


ejerce a través del proceso penal que es de carácter necesario, de
interés público y persigue una finalidad práctica, cual es la sanción del
delito; en este sentido, todo proceso penal lleva implícito en su esencia el
enjuiciamiento de una conducta socialmente repudiable y que exige la
necesaria participación de la instancia que tiene a cargo la persecución
penal, responsabilidad que recae en el Ministerio Público y que conforme
se expuso precedentemente, ocupa una posición especial dentro del
proceso penal, pues por una parte, conduce la investigación y por otra,
sostiene la pretensión penal; así, para Gómez Orbaneja “…el Fiscal
formalmente es parte y como tal figura en el proceso promoviendo la
acción penal, aportando pruebas, ejercitando los recursos, etc., y que
materialmente, representa el interés público, no parcial, de la realización
de la justicia” el cual tanto puede contraponerse como coincidir con el de
la defensa, es decir, puede acusar afirmando la pretensión punitiva del
Estado o puede, a la luz de las actuaciones sumariales, requerir el
sobreseimiento de la causa, o abierto el juicio oral, retirar la acusación,;
ello significa que el Ministerio Público debe salvaguardar el interés de la
sociedad en el proceso según el orden jurídico vigente.

Bajo estos razonamientos, es imperioso señalar que el art. 135 del CPP,
establece taxativamente que el incumplimiento de plazos, da lugar a la
responsabilidad del funcionario público; normativa que debe ser
interpretada en concordancia con el art. 180.I de la CPE, que establece
que la jurisdicción ordinaria se fundamenta entre otros principios en el de
celeridad, reconocido a su vez por el art. 7.5 de la Ley 260, que dispone
que el Ministerio Publico deberá ejercer sus funciones de manera pronta,
oportuna y sin dilaciones; marco jurídico del cual se infiere que,
tratándose de la aplicación e interpretación de normas procesales que
establecen plazos, máxime cuando dichos plazos se refieren a la
extinción de la acción penal, en cualquiera de sus formas previstas por el
legislador, el Fiscal como representante del Ministerio Público y el juez o
tribunal a cargo del control jurisdiccional conforme establece el art. 54
del CPP, tienen el deber inexcusable de someterse rigurosamente a la ley
y a los principios constitucionales inmersos en la CPE, actuación que
debe reflejarse en la observancia estricta de los plazos procesales
previstos en el ordenamiento jurídico, fortaleciendo la administración de
justicia y asegurando la seguridad jurídica no solo a las partes en litigio,
sino también, a la sociedad en su conjunto y al sistema procesal penal;
de esta forma, no se desnaturaliza el objetivo y la eficacia de la
persecución penal; no obstante, esto no significa que el Ministerio
Público no actué en el marco del principio de objetividad señalado en el
art. 72 del CPP.

En conclusión, tratándose de plazos procesales, el Ministerio Público


debe cuidar de que la etapa preparatoria concluya dentro del plazo
establecido en el art. 134 del CPP, evitando incurrir en acciones dilatorias
innecesarias que conlleven a la extinción de la acción penal, caso
contrario, su conducta se adecúa a lo previsto por el adjetivo penal en su
art. 135, con las consecuencias previstas en dicha norma.

En consecuencia; el Tribunal de garantías, al conceder la tutela solicitada, ha


evaluado en forma correcta los datos del proceso y las normas aplicables al
mismo.

POR TANTO

El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Tercera; en virtud de la


autoridad que le confiere la Constitución Política del Estado Plurinacional de
Bolivia, y el art. 12.7 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional, en
revisión, resuelve:

1º APROBAR, la Resolución 22/2012 de 10 de agosto, cursante de fs. 61 a 62,


pronunciada por la Sala Civil y Comercial Primera del Tribunal
Departamental de Justicia de Santa Cruz; y en consecuencia, CONCEDER
la tutela solicitada en los mismos términos que el Tribunal de garantías y en
base a los fundamentos expuestos en la presente Sentencia Constitucional
Plurinacional.

2º Disponer que una vez se pronuncien las autoridades codemandadas, las


mismas remitan antecedentes de forma inmediata ante la Inspectoría de la
Fiscalía General del Estado a objeto de que se determine el grado de
responsabilidad del Fiscal de Distrito de Santa Cruz; Roberto Isabelino
Gómez Cervero y el Fiscal de Materia asignado al caso, Carlos Candia
Justiniano.

Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional


Plurinacional.
Fdo. Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
MAGISTRADA

Fdo. Dra. Neldy Virginia Andrade Martínez


MAGISTRADA

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