DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE TRABAJO?
Autora: Psic. Alejandra Ballerini
TRABAJO: BREVE APROXIMACIÓN CONCEPTUAL
Abordar la concepción actual de trabajo entraña la revisión una gran cantidad de
bibliografía: diversos y múltiples autores se han ocupado de ello. Es por ello que nos
aproximaremos al concepto de trabajo iniciando dos recorridos, que se cruzan, se
entremezclan y se condicionan: uno etimológico y uno histórico. Esto se hace necesario ya
que en el concepto actual encontramos aún algo del sentido original de la palabra y las
marcas de lo que la historia le fue imprimiendo. De la palabra trabajo se ha generado un
concepto “y por lo tanto una realidad social” que abarca diferentes prácticas sociales,
operaciones técnicas, formas de llamar a los diversos modos de organización y la
significación que cada uno de ellos adquiere en cada momento histórico social.
¿Qué significa trabajar? Aproximación etimológica
Al buscar la etimología de la palabra trabajar, nos encontramos con dos vertientes.
Según Corominas1 “trabajar” procede del latín tripalium (sustantivo) que era un
instrumento de tortura compuesto de 3 palos (tri-palium) cruzados, que servía de castigo a
los reos, entonces tripaliare, significaba primitivamente torturar. También se llamó así a un
aparato de 3 estacas que se utilizaba para herrar los caballos, es decir, que además de
utilizarse para “torturar”, era un instrumento (soporte) para sujetar animales, para herrarlos,
curarlos o marcarlos, es decir, para sostenerlos. Es interesante notar el alcance que la
palabra original ha tenido en los diferentes idiomas. El travailler francés y el italiano
travagliare, el catalán treballar, todos conservan la acepción de “tormentar, apenar, sufrir...”.
De esta idea se pasó al significado de esforzarse y laborar.
Según Vatin, hay que considerar que además de ser un elemento de tortura, se
trataba de un “inocente” instrumento del criador y del herrero, que permitía sujetar a los
animales grandes cuando se los cura o se los marca, en esta acepción podemos rastrear algo
del orden de la “pertenencia”; un animal marcado pertenece a “alguien”, se diferencia de
aquellos animales “salvajes”, sin control y sin “techo”. De esta forma, según este autor, es
por medio del verbo (hacer sufrir en el tripalium) que aparece el sentido moderno de pena.
Ya sea como marca o como instrumento de tortura, se trataba de “hacer hablar al cuerpo”.
Así, el trabajo en francés designa lo penoso pero también su producto: no hay producto sin
gasto, sin trabajo. “…antes de ser una pena o una restricción, el trabajo es el medio de una
producción, la puesta en acción de una tecnicidad” 2.
Concepciones de trabajo
A fin de clasificar de alguna manera que los diversos modos de organización
y la significación han adquirido en cada momento histórico social, dividiremos
sintéticamente “la historia” en tres grandes etapas: Tradicional, Moderna y Actual3.
1
En Agulló Tomás Esteban “Jóvenes, trabajo e identidad”
2
Vatin (2004)
3
Esta separación en tres grandes momentos es tomada de Agulló Tomás.
Concepción tradicional: que a su vez dividiremos en dos subetapas:
a) Clásica: primitivamente el trabajo era considerado una actividad necesaria para la
supervivencia. En la Antigüedad el trabajo manual era una actividad innoble, repudiada,
asociada a la falta de libertad. La separación entre el trabajo manual y la esfera de la
libertad era muy rígida y es una característica del sistema esclavista. Los filósofos clásicos
(excepto raras excepciones: Hesídoto, Esquilo, Sófocles) consideraron el trabajo como algo
indigno, degradante y propio de las “herramientas con habla” es decir, los esclavos. En esta
sociedad, el trabajo es una necesidad, material e ineludible, pero reservada a los esclavos.
La sociedad romana heredó el sistema esclavista y de allí toda Europa medieval: la nobleza,
la virtud y la santidad sigue ligada al ocio y ocio creativo. Podemos decir que la esfera de lo
“productivo” se ubicaba en un ámbito “residual” a tal punto que no existía un término
específico para nombrar esa parte de la realidad, ni su función social. Desde el Siglo XI la
esclavitud empieza a desaparecer paulatinamente y el siervo ocupa su lugar en los trabajos
campesinos (servilismo feudal). Entonces, por un lado continúan las corporaciones
artesanales y, por el otro, la separación del trabajo feudal fundamentalmente basada en la
agricultura, ubica, “por un lado a los labradores y pastores y por otro, los siervos que
trabajan directamente para sus señores”. Los siervos comenzarán a obtener las tierras con
el pago de tributo a los nobles y proliferan las cofradías y algunos gremios, ligados a las
actividades artesanales Con el Renacimiento el trabajo va adquiriendo una concepción
menos negativa e irá adquiriendo tomando tintes más respetables y aparecen pensadores y
artistas que elogian el esfuerzo, la dignidad y la productividad del hombre.
b) Judeocristiana: la tradición judeocristiana combina diferentes connotaciones,
ambiguas y ambivalentes. Por una parte, en el Génesis se deduce que el trabajo es un
castigo o maldición. Cuando Adán es expulsado del paraíso Dios le dice “Maldito sea el
suelo, por tu culpa. A fuerza de fatiga sacarás de él tu subsistencia todos los días de tu
vida”. Pero por otra parte puede deducirse del Génesis mismo que Dios fue el primer
trabajador, ya que la Creación del mundo fue un verdadero trabajo del que necesitó
“descansar” el séptimo día. Pero además cuando Dios creó a Adán, lo ubicó en el Paraíso
para que lo cultivase, o sea, le dio un trabajo. Además aparecen pasajes bíblicos donde el
trabajo contribuye a la virtud cristiana de la obedicencia, como expiación, como forma
de borrar las culpas y purificarse a través del sacrificio laboral. Es decir, esta ambivalencia
hizo posible que la concepción absolutamente negativa del trabajo como penitencia fuera
dando lugar a una idea de trabajo como algo positivo, que fue generando el caldo de cultivo
de lo que se cristalizaría en la Reforma Protestante de Lutero.
Concepción moderna: que a su vez dividiremos en tres subetapas:
a) Ética protestante y formación del capitalismo: a partir del S. XVI comienza a
hacerse hincapié ideológico en las relaciones laborales. Será la Reforma Protestante (Lutero
y Calvino) la que aportará a esta novedosa concepción del trabajo: una forma de participar
en la obra de Dios. El trabajo será un privilegio y un honor, a través del trabajo el
cristiano se acerca a Dios. El hombre debe dedicarse enteramente a su trabajo, pues las
diversiones y el placer son orígenes de tentaciones. En el S. XVII el trabajo aparece con
varias ventajas: es bueno en sí, satisface el interés personal, es una obligación social que
contribuye a la buena reputación. Esta ética, otorgando un valor central al trabajo y
valorando la laboriosidad y el ahorro posibilitó el surgimiento del espíritu capitalista, pues
la austeridad y la reinversión de las ganancias sentaron las bases de la incipiente industria.
Fue Weber (1973) quien más claramente ha explicado la conversión del trabajo en algo no
sólo positivo sino en eje de la vida social4.
b) Capitalismo fabril y la invención del trabajo: en el S. XVIII aparecen nuevos
procesos: desarrollo de las fuerzas productivas, desposesión de amplios sectores de sus
medios de producción, la creación de un mercado mundial, agotamiento del Estado
contribuyen al resquebrajamiento del feudalismo y la formación del capitalismo. Será la
acumulación de capital fijo proveniente de la nueva clase burguesa quien generará las
condiciones para la futura industrialización. La producción y la riqueza estarán en la base y
el trabajo asalariado se convertirá en deber moral, obligación social y requisito para lograr
autonomía, identidad, ciudadanía y respeto social. Así, la revolución industrial conlleva un
cambio en las representaciones, actitudes y hábitos en relación al trabajo pero además
reduce al trabajo a la condición de ente trabajador cuyo valor radica en su capacidad
productiva. Este es el momento de la “invención” de la concepción moderna del trabajo. Se
acentúa la división del trabajo, el trabajo se parcela, se especializa y el mundo laboral se
deshumaniza: el trabajador se convierte en un engranaje productivo, en mercancía sometida
a las leyes del mercado, y surge el trabajo asalariado.
c) Concepción marxista: ante esta situación surgen voces que se oponen. El ejemplo más
significativo será Karl Marx. La naturaleza del trabajo industrial será el centro de la crítica
marxista dado su carácter alienante, mutilador y deshumanizante. Para él el trabajo es
un proceso entre el hombre y su naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y
controla su metabolismo con la naturaleza. Al operar sobre la naturaleza exterior a él y
transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza… Los elementos simples del
proceso laboral son la actividad orientada a un fin, o sea el trabajo mismo su objeto y sus
medios. El proceso de trabajo muestra 2 fenómenos: el obrero trabaja para otro, bajo el
control del capitalista, a quien le pertenece la fuerza de trabajo del obrero y el producto es
su propiedad. Es decir, al capitalista le pertenece la fuerza de trabajo y a su vez el producto
del proceso de trabajo. Es ahí donde se genera la explotación, la alienación del obrero. El
trabajo, lo más característico del ser humano, deviene pura mercancía, y con ello en
elemento de poder y dominación por parte de los propietarios de los medios de producción,
en detrimento de la clase trabajadora. Es a partir de esta teoría que surgen enfoques
diferentes sobre la centralidad o no del valor del trabajo en la vida de las personas.
Concepción actual
La actividad laboral, desvinculada de su sentido, deviene un medio de ganar
salario. De formar parte de la vida pasa a ser ganarse la vida. El trabajo, sus herramientas,
4
Weber, Max. “La ética protestante y el espíritu del Capitalismo”. 1973.
sus productos adquieren una materialidad separada del trabajador. Nace el trabajador-
consumidor (en vez de obrero-productor). El trabajo sería “ganar con qué comprar una
mercancía producida y definida por la maquinaria social en su conjunto”. En efecto, el
trabajo fue maldición para el pensamiento antiguo, castigo para la moral cristiana, salvación
para la protestante, posibilidad de consumo masivo reflejo de la producción en serie para la
modernidad y pasa a ser pasaporte al consumo variable reflejo de la producción
diversificada en la actualidad.
Para resumir, el trabajo es una actividad humana productora de valor. El valor se
genera durante el tiempo de trabajo y este tiempo convierte un objeto en un producto al que
el reconocimiento de un potencial comprador habilita a circular en el mercado como
mercancía portadora de valor (expresado en el precio). Por lo tanto, el lugar de trabajo
aspira a eliminar la distancia con el ocupante.
El taylorismo consigue achicar esa brecha reduciendo los tiempos muertos: elimina
los "movimientos inútiles" para lo cual ofrece incentivos por rendimiento. El fordismo fija
al ocupante (trabajador) al lugar porque la cadencia de la cadena de montaje impone ahora
el rendimiento para lo cual otorga estímulos salariales complementados con políticas de
"bienestar" que hacen del trabajador un consumidor. El lugar consigue así articular
durante el "tiempo libre" del trabajador, la reposición de las energías gastadas en el
tiempo de trabajo con el tiempo libre de la mercancía que no genera valor. El discurso del
consumo pasa a desplazar en ese momento a la premisa del ahorro impuesta por ascetismo
protestante que resultara funcional a la instauración del capitalismo. El consumo masivo,
reflejo de la producción en serie, talla un sentido para el trabajo que engrana los cuerpos a
la cadena de montaje.
“…es un sufrimiento porque terminamos cansados del día anterior…”
“…la vida esta en la fábrica, después un ratito en tu casa, y después de nuevo en la
fábrica.”
“…estás todo el día corriendo, y cuando llegás estás muerto” (Registros de campo)
La sociedad industrial se ha caracterizado por instituir organizaciones que proponían
ciertas pautas que le otorgaban a los sujetos la posibilidad de encontrar un sentido para sus
vidas. Esta sociedad planteaba un modelo de familia, la escolaridad básica, el desarrollo
industrial, los sindicatos, la universidad, etc. y un estado que garantizaba a sus ciudadanos
la posibilidad de ejercer sus derechos.
El Estado de Bienestar que surge en el período de posguerra, se caracterizó por la
implementación de leyes de protección social, el logro de beneficios de seguridad social por
parte de los sectores asalariados y la implementación de políticas consideradas universales.
Con esas características, el estado organizó a la sociedad de una manera tal que posibilitó
un marco de progreso social con empleos estables y posibilidades de ascenso económico y
social para las llamadas ‘clases medias’ y los trabajadores asalariados.
El trabajo aparecía como central, como organizador, reemplazando lo que podría
llamarse “la contingencia por una secuencia predecible y controlable de acontecimientos”.
Se refuerza la relación laboral salarial, otorgando un carácter “duradero” al vínculo
contractual. Se consolidó así la sociedad salarial, es decir, la posibilidad de un empleo
continuo, una jornada laboral con una duración preestablecida, un ingreso regular, con
normas legales en sus condiciones contractuales y una protección social. También jugó un
rol protagónico la organización de los sindicatos, con un papel significativo “transformando
la impotencia individual de los trabajadores en poder colectivo de negociación”.
“…digamos que la fábrica es como una gran familia, vos te incluís en un grupo y
tratás de llevarte bien…”
“…tenés un líder y si tenés un problema o tenés que resolver algo, tu líder está en
tu lugar…”
“…las chicas que están embarazadas tienen eso de la maternidad, de los tres meses
y no le descuentan nada…”
“Nosotros el reclamo que estamos haciendo, los trabajadores, es que nos
reconozcan, que estemos en blanco…” (Registros de campo)
Pero, por otro lado y simultáneamente se fueron gestando escenarios de pobreza,
con características relativamente homogéneas, que constituyen lo se conoce como ‘pobreza
estructural’. Las acciones del Estado durante la vigencia de este modelo se orientaron
diferencialmente hacia estos dos grandes grupos.
A los primeros los integró como parte de la sociedad del trabajo –es decir, de la
sociedad salarial– a través de políticas de empleo. A los últimos los asistió mediante
instituciones destinadas a resguardar a quienes no podían hacerlo por sus propios medios.
Se generaron representaciones particulares en torno a la valoración del trabajo, a la forma
de percibir el mundo, a la posición dentro de la sociedad, al ‘yo’, al ‘nosotros’ y a los
‘otros’.
Para Robert Castel (1997) uno de los efectos más visibles es la segmentación de la
sociedad entre los que pueden ser considerarse “incluidos” y son aquellos que han logrado
calificar para los requerimientos del actual mercado de trabajo, los que se transitan de
manera inestable entre trabajo y "no trabajo y los "inempleables", aquellos que no han
podido encontrar alguna forma de inclusión y que están indefectiblemente predestinados a
la desafiliación y marginalidad.
Todo el conjunto de mutaciones económicas y socioculturales han impactado en las
instituciones, las prácticas y los discursos sociales desde los que se configuran los
significados de la sociedad organizada.
Según Antunes (2005) como contexto y marco podemos ubicar:
1) “caída de la tasa de ganancia”, debida, entre otras al aumento del precio de la
fuerza de trabajo,
2) “el agotamiento del patrón de acumulación taylorista/fordista de producción”, por
la incapacidad de responder a la creciente reducción del consumo ligada al desempleo
estructural que se gestaba;
3) “hipertrofia de la esfera financiera”, que se independizaba, constituyéndose en
“un campo prioritario para la especulación, en la nueva fase del proceso de
internacionalización";
4) “la mayor concentración de capitales gracias a las fusiones entre las empresas
monopolistas y oligopolistas”;
5) el corrimiento progresivo del “Estado de bienestar”, con la reducción del gasto
público y el traspaso al capital privado;
6) incremento desmesurado de las privatizaciones5.
Asistimos entonces a mercados cada vez más globalizados, complejos, dinámicos,
inseguros y competitivos que ejercen presión progresiva y a la emergencia del paradigma
5
Antunez, R. “Los sentidos del trabajo”
de producción flexible: nuevas tecnologías de información y comunicación, nuevos
principios de gerenciamiento y relaciones laborales que erosionaron la relación laboral
“normal” a través de una creciente heterogeneidad de formas de empleo dependiente
“atípicas”: contratos a plazo fijo, temporales, a honorarios, trabajo suministrado, nuevas
formas de trabajo a domicilio y de trabajo parcial; pérdida de estabilidad del empleo:
trayectorias laborales discontinuas, diversificadas y desestabilizadas, alternancia de
diferentes formas de empleo y un marcado debilitamiento de la fuerza reguladora y
protectora del sistema normativo.
Diversos autores coinciden en que el fin del milenio se caracterizó por:
a) el constante deterioro de los empleos plenos y de calidad
b) la precarización de modalidades tradicionales de empleo informal, y
c) el surgimiento de formas de trabajo marginales
“Se efectivizó una expresiva “tercerización” del trabajo en diversos sectores de
servicios; se verificó una significativa heterogeneización del trabajo, expresada a través de
la creciente incorporación del contingente femenino en el mundo obrero. En síntesis: hubo
desproletarización del trabajo manual, industrial y fabril; heterogeneización,
subproletarización y precarización, disminución del proletariado industrial tradicional y
aumento de la clase-que-vive-del-trabajo” Antunes (2000).
“…no todo es color de rosa… lamentablemente tiene gente que está en blanco y
gente que está en negro”
“Después de un año y medio, ahora estoy en blanco, pero por media jornada (sólo
4 horas se pagan en blanco) pero por lo general se trabajan más de 4 horas…”
“…yo dejé la facultad, porque son 8 horas, llego de trabajar a las 4 de la tarde,
llego y quiero acostarme a dormir porque tengo un cansancio…” (Registros de campo)
Las consecuencias están a la vista: asistimos a una mayor fragmentación de la
estructura social. Estas transformaciones impactaron en la integración, el sentido de la vida
personal, social y ciudadana, y afectan directamente la vida cotidiana. En muchos hogares
la idea de progreso y la construcción de proyectos pierden fuerza y ceden su lugar a la
inquietud por el presente y lo cercano, quebrantan el proceso identitario al tensionar las
viejas y las nuevas representaciones, llegando muchas veces a quebrar lazos solidarios.
La concepción del trabajo actual como trabajo asalariado (empleo) es un modelo
que probablemente esté tocando techo y sea necesario repensarlo.
Para poder comprender realmente de qué hablamos cuando hablamos de trabajo,
más allá de la historia y del origen lingüístico de la noción de trabajo, se hace necesario
abordar especialmente la significación psicológica de trabajar
Si retomamos a Marx veremos que concibe al trabajo no como a una actividad que
se reduce a lo instrumental o a una disciplina coercitiva sino que incorpora elementos,
formas o ideas de la acción que enriquecen y permiten pensar al trabajo como un fin en sí
mismo: el trabajo es una actividad orientada a un fin pero también es interacción social y
comunicación, así como autoexpresión práctica del ser humano, que desarrolla en él «el
libre juego de las fuerzas vitales físicas y espirituales» (1872: 319).
Carpintero (2007) plantea que al considerar al trabajo es necesario incluir dos fases,
como dos caras de una moneda: por un lado lo alienante, retomando a Marx pero por el
otro, el trabajo como “espacio soporte”, es decir, un espacio donde existe la posibilidad de
encuentro de intereses comunes, de establecer lazos afectivos que permiten dar cuenta de
los conflictos que se generan; un espacio con posibilidades creativas y de preservación.
“…si vos tenés una idea para sugerir, como por ejemplo si querés que tal cosa sea
así o asá, vos podés proponerlo y mandarlo…si ven que sirve tenés un premio para vos”
“A algunos nos ofrecieron la posibilidad de elegir, yo elegí venir a …, eso me
parece importante” (Registros de campo)
Chistophe Dejours (1998a), basándose en los desarrollos de la ergonomía y el
psicoanálisis plantea que existe un defasaje irreductible entre la organización prescrita y la
organización real de trabajo. La organización del trabajo no sería estrictamente llevada
adelante por los trabajadores ya que todas las prescripciones son “leídas”, interpretadas y
reconstruidas por los trabajadores. El trabajo es entonces, según este autor, “la actividad
desplegada por los hombres y las mujeres para enfrentar lo que no está dado por la
organización prescrita del trabajo”. La idea central es la relación entre dos fenómenos: el
trabajo real y la subjetividad. O sea que el trabajo no es reducido a la fantasía que de él se
tiene. Así, lo central de sus postulados son las dos vertientes “del trabajo”: el placer y el
sufrimiento en y por el trabajo. Respecto del sufrimiento plantea que los trabajadores se
defienden, tanto las individual como las colectivamente, con más o menos éxito.
Desde esta perspectiva se cuestiona la división tradicional entre trabajo de
concepción y trabajo de ejecución, ya que todo trabajo implica al menos en parte, una tarea
de concepción. El trabajo es entonces aquella parte humana de la tarea que es necesaria aún
hoy justamente donde el orden tecnológico y de las máquinas no alcanza. Claro está que
hablamos de un concepto amplio de trabajo.
Pensar un concepto de estas características, abre la posibilidad también de pensar
un concepto de autorrealización, que puede darse a través del trabajo: el trabajo puede ser
un medio para la realización de sí, lo cual no quiere decir sin esfuerzo.
“… tenés posibilidades de ser alguien ahí adentro…” (Registro de campo)
Miguel Matraj plantea que el trabajo pasa a ser una necesidad de sentirse útil, de
sentirse creativo, para sentirse psicológicamente bien. El trabajo se convierte en un espacio
de realización y satisfacción del narcisismo. La armonía entre el yo y el ideal del yo,
condición de existencia para el bienestar psíquico, depende de que las acciones del primero
se enmarquen dentro de las exigencias del segundo. En tanto este último es el representante
interno del valor y la normalidad del sector de la comunidad al cual el sujeto pertenece, esa
armonía estará regida por la significación social que dichas acciones posean.
Dejours plantea que para que la realización de sí sea posible, existen algunos
elementos que tienen que hacerse presente en la experiencia laboral:
La creatividad del hombre, es decir, la creación de novedad la puesta en juego
de la iniciativa, la invención y el ingenio.
La coordinación de la participación y los esfuerzos de cada individuo. Las
experiencias individuales deben coordinarse y esto manifiesta la necesidad de:
La cooperación que implica la voluntad de las personas para trabajar juntas y
superar colectivamente las contradicciones formando una voluntad común. Para esta
cooperación se requiere:
La confianza, no como un sentimiento psico-afectivo, sino como el
establecimiento de acuerdos, normas y reglas que pautan la manera de ejecutar el trabajo
dentro de ciertas condiciones éticas.
La movilización subjetiva que presupone el deseo de involucrarse en los
espacios de diálogo y decisión, de cooperar y comprometerse de forma activa. Depende de
la dinámica entre contribución y retribución que es fundamentalmente simbólica.
El reconocimiento en el sentido de constatación de la realidad construida por
contribución del sujeto a la organización del trabajo y en el sentido de gratitud por el aporte
de los trabajos.
El reconocimiento es algo esencial dentro de la psicodinámica de la cooperación y
pasa por la construcción de juicios referidos al trabajo realizado, al hacer y no a la persona.
“El reconocimiento de la calidad del trabajo realizado puede inscribirse, a nivel de la
personalidad, en términos de ganancia en el registro de la identidad. […] la retribución
simbólica conferida por el reconocimiento puede cobrar sentido en relación con las
expectativas subjetivas sobre la realización de sí mismos”6. La secuencia parte del
reconocimiento del hacer para seguir con la gratificación identitaria.
La relación entre la movilización subjetiva y la realización de sí mismo pasa por una
mediación: la relación con lo real constituida por el trabajo.
La idea de un trabajo libre es para Marx una posibilidad: la posibilidad d e
actividades libre y conscientemente elegidas por cada individuo para desarrollarse y
autorrealizarse como tal. Por eso, para Marx el trabajo, si bien es una actividad
objetivadora, productora del mundo, no por eso debe ser actividad necesariamente alienada.
Es posible la libertad en el trabajo: un trabajo no alienado.
Miguel Matrajt (1994) sostiene que hay varios ejes a considerar en relación al
proceso de trabajo que permiten abordar la importancia que reviste. Algunos de ellos son:
1) Ciertos trabajos constituyen el principal soporte del narcisismo y la identidad;
2) Algunos trabajos funcionan como defensa frente a experiencias de pérdida, dolor
e impotencia no elaboradas;
3) El trabajo constituye una forma de inserción social valorizada;
4) El trabajo puede convertirse en el lugar de deshumanización del sujeto cuando no
pone en juego la inventiva, el talento, la capacidad de resolución de problemas.
De este modo, el trabajo “puede ser el espacio de realización del sujeto, de
expansión de su narcisismo y consolidación de su identidad, de consecución de nuevas
formas de placer y de obtención de nuevos márgenes de conciencia -de desalienación-, de
apertura a nuevas y enriquecedoras relaciones emocionales y nuevas formas de dinámica
familiar. En otras palabras, el trabajo se engarza con la historia del sujeto, reforzándola
y/o transformándola, modificando profundamente su subjetividad, creando y recreando el
psiquismo”.
Malfé (1994) se pregunta por las imágenes o ideas que subyacen al vínculo del
hombre con el trabajo y examina las representaciones que los sujetos tienen de sí mismos y
del mundo como productos históricos que los inducen a trabajar. El autor refiere al trabajo
como humillación o como vía de salvación, y como soporte de una imagen entera (no
castrada) de sí mismo. Por último, cabe citar a Kahan (1981) quien sostiene que las
sociedades no siempre generan trabajos que contemplan las necesidades y capacidades de
los sujetos y es por eso que el aporte de la vida laboral a la salud mental es escaso, nulo e,
6
DEJOURS, Christophe. “Organización del trabajo y salud”. Cap. II: “De la psicopatología a la
psicodinámica del trabajo”
incluso, hasta adverso. Este autor distingue tres modos de relaciones afectivas con el
trabajo: 1) la aflicción, ligada al trabajo fragmentado, repetitivo y monótono; 2) la adicción,
cuando se trabaja más de lo necesario y el trabajo domina la vida del individuo; 3) la
realización, que supone un trabajo donde todos interactúan y la tarea resulta gratificante.
En cuanto a la relación trabajo-salud mental, para analizarla propone la producción
de conocimientos sobre la manera en que la formación económico-social incide en cada
proceso de trabajo particular y en cada capa de clase, y, a su vez, cómo estos elementos se
inscriben en el psiquismo. Es decir, se trata para el autor de integrar este conjunto de
factores en estructuras de causalidad que respeten las singularidades institucionales,
grupales e individuales adscribiéndolas a los grandes procesos históricos y a la pertenencia
de clase. Jerarquiza la subjetividad como fenómeno a estudiar, incluyendo lo biológico, lo
económico y lo social como determinaciones que se inscriben en aquella.
Por ello, el autor entiende que las formaciones sociales intermedias (familias,
grupos, instituciones educativas, laborales y religiosas) asumen y elaboran las necesidades
de las “cúpulas sociales” y buscan producir los individuos necesarios para los intereses de
las mismas7. Desde esta perspectiva piensa que la actividad laboral tiene la potencialidad de
transformar y producir la subjetividad con la misma importancia que las otras
determinaciones, incluidas las infantiles. Dice: “En nuestra propuesta en salud mental
ocupacional, el proceso de trabajo tiene una inscripción en las estructuras subjetivas y se
plasma en las relaciones intersubjetivas. Por consiguiente estudiamos la tarea o trabajo
propiamente dicho, la forma como esta tarea es vivida subjetivamente por el trabajador, la
relación de la misma con su historia personal, la forma como se expresan y vivencian las
relaciones con compañeros, jefes y subalternos, la manera como el trabajo incide en las
relaciones familiares y la manera como se procesa en el psiquismo del trabajador la
pertenencia a la institución-empresa y la valoración social de la misma” ( pág. 50).
Para poder abordar esta problemática tan compleja Matrajt plantea una cantidad de
interrogantes acerca de los fenómenos observables que es importante considerar: 1) ¿Para
quién trabaja el trabajador? ¿En qué modo de producción se inscribe su trabajo?; 2) ¿Quién
propone y quien decide la forma de ejecución de la tarea?; 3) ¿Quién decide los horarios,
los tiempos, los ritmos, los descansos?; 4) ¿Quién hace el control de calidad y en función de
qué parámetros o normas?; 5) ¿Cómo inciden la fatiga, la rutina, el esfuerzo físico y
mental?; 6) ¿Qué tipo y grado de desgaste conlleva permanecer en ese trabajo?; 7) ¿Cuál es
la relación subjetiva del trabajador con la tecnología? ¿La tecnología subroga la actividad
humana?; 8) ¿Qué vivencias subjetivas (placer, indiferencia, realización personal, etc.)
produce la tarea propiamente dicha?; 9) ¿La tarea potencia y estimula la creatividad o anula
toda posibilidad de inventiva?; 10) ¿La tarea es visualizada como una función social
importante?; 11) ¿Qué aspectos de la historia personal del sujeto se ponen en marcha con el
trabajo?; 12) ¿Qué relación tiene el trabajo con la identidad del trabajador?; 13) ¿Qué
vivencias subjetivas produce la relación con los pares?; 14) ¿Qué aspectos infantiles no
resueltos se ponen en juego en el trabajo, en relación con jefes y patrones?; 15) ¿Cómo se
procesa en el psiquismo del trabajador la relación entre su trabajo y su familia?; 16) ¿Cómo
es vivida y asumida subjetivamente la relación entre el trabajo y la sociedad?
Desde esta postura se considera al trabajo como un productor y condicionador de
subjetividad, es decir, el trabajo tendría una importante función en la producción de
7
Matrajt entiende el trabajo como “una forma institucionalizada de organización social” (op. cit., pág. 49).
personalidad sana y enferma de acuerdo a cada individuo y cada situación sociopsicológica.
Hablamos de que el trabajo es “productor de salud”, cuando aporta a la identidad, a la
realización existencial, a la vivencia de utilidad social, a la integración a un grupo humano,
etc. En tanto que “Los “síntomas” de una mala relación entre el trabajo y la subjetividad
pueden ser de dos tipos: empresariales e individuales. Entre los primeros destacan: el
ausentismo, la rotación, los accidentes de trabajo, el burocratismo, la resistencia a los
cambios, la baja productividad. Los últimos se expresan, en orden decreciente de
frecuencia, como trastornos psicosomáticos (Matrajt 1993b), adicciones (alcohol incluído
(Matrajt 1989), ansiedad generalizada y problemas conyugales” (Matraj 2002).
En síntesis, esta postura sostiene que “las relaciones entre condiciones de trabajo y
subjetividad están atravesadas, interdeterminadas e interpenetradas por las relaciones con
el grupo de trabajo y con la institución (establecimiento) como conjunto.” (Matraj 2002)
A modo de cierre
El intento de comprender la concepción actual del trabajo implica revisar la
sociedad global al menos en las últimas décadas, período que se caracteriza por críticas
transformaciones ligadas fundamentalmente a la crisis del modelo de producción fordista y
el desgajamiento del Estado de bienestar. Sabido es que uno de los efectos más visibles de
la “crisis estructural del capital” es el desempleo. El incremento del desempleo que
adquiere en casi todos los países latinoamericanos un carácter estructural pone en delicado
equilibrio al conjunto del modelo económico- social, profundizando a través de la exclusión
social las brechas entre ricos y pobres, entre empleos de alta productividad y empleos de
baja productividad, entre trabajadores de altas calificaciones (sociedad de la información y
el conocimiento) y trabajadores precarizados de baja productividad; y exponen a los
sectores medios (profesionales y técnicos del modo fordista de producción) a la "angustia"
de la posible perdida de empleo y la dificultad creciente de reinserción en trabajos de
estables y de calidad (salario y condiciones de trabajo dignas, formación continua,
prestaciones de la seguridad social, etc.).
Al integrar la subjetividad de los trabajadores se significa el trabajo como ámbito
de la vida social en el cual se conjugan diversas dimensiones socioculturales, económicas,
históricas y psicosociales. El trabajo puede ser entendido en su función económica; en tanto
espacio de sociabilidad que posibilita la construcción de identidades colectivas e
integración social; en tanto autorrealización y configuración de identidades personales;
desde la diferenciación entre sexos y construcción de géneros, estructuración de tiempo,
desarrollo de habilidades y destrezas, el acceso a estatus y prestigio social, como también
en tanto ejercicio de relaciones de poder y control (Peiró y Prieto 1196; González, 2001,
Todaro y Yánez 2004)
El trabajo suministra además, un criterio que divide aguas generacionales, un
ordenador de la vida cotidiana y una herramienta para enfrentar el malestar en la cultura
porque brinda el reconocimiento que pretende el narcisismo, pero el mismo no se expide
sobre el ser del productor sino sobre el producto de su trabajo.
Diversidad de significados, riqueza de dimensiones y matices, mutabilidad de
distintas representaciones, la complejidad en su abordaje. Estudiar y comprender el mundo
del trabajo desde una perspectiva psicosocial hace necesario marcar diferencias existentes
entre varias formas de trabajo y su significado dentro de la realidad global de un país, un
contexto geográfico concreto, como los cambios sociohistóricos producidos en lo que
respecta a esas representaciones del trabajo.
Es importante destacar cómo se refleja en los discursos, en la vivencia subjetiva la
centralidad o acentralidad de esa compleja realidad que es el trabajo, columna vertebral y
categoría axiológica de las sociedades modernas.
Como actividad, como conducta, como situación, como contexto como fenómeno
con significado sociológico, económico, psicológico, como dimensión instrumental
(extrínseca) o expresiva (intrínseca), como instrumento o como valor...
Es importante dejar claro que más allá de las polémicas y debates que se instalan en
relación al concepto de trabajo, todos ellos dan cuenta de la vigencia e importancia que la
problemática tiene en nuestros días.
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