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Por Qué Manda Occidente

El documento compara el desarrollo de las civilizaciones de Oriente y Occidente a lo largo de los últimos 16,000 años utilizando el "índice de desarrollo social" para medir factores como la tecnología, la capacidad militar, la urbanización y el consumo de calorías. Aunque Oriente y Occidente siguieron trayectorias similares inicialmente, Occidente emergió como más desarrollado en los últimos 200 años debido a factores geográficos y de desarrollo que influyeron en el desempeño individual y social

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Por Qué Manda Occidente

El documento compara el desarrollo de las civilizaciones de Oriente y Occidente a lo largo de los últimos 16,000 años utilizando el "índice de desarrollo social" para medir factores como la tecnología, la capacidad militar, la urbanización y el consumo de calorías. Aunque Oriente y Occidente siguieron trayectorias similares inicialmente, Occidente emergió como más desarrollado en los últimos 200 años debido a factores geográficos y de desarrollo que influyeron en el desempeño individual y social

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Por qué manda Occidente, por

ahora
Los patrones de la historia y lo que revelan sobre el
futuro
Ian Morris
Profile Books, 2010 
También disponible en: Inglés
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9 Cualidades
 Innovador

Reseña
Esta historia panorámica ofrece una lectura sobre el desarrollo comparativo de las
civilizaciones de Occidente y Oriente. En ella se hace un catálogo de los
acontecimientos más importantes de 16 mil años de historia humana. El
historiador Ian Morris explica las fuerzas que permitieron a la civilización de
Occidente adelantarse a la de Oriente y por qué ese equilibrio puede estar
inclinándose ahora en favor de Oriente. Se trata de un ejercicio intelectual
académico de alta calidad: un análisis interdisciplinario que relaciona hechos que
abarcan la geografía, las teorías históricas, la paleontología, la genética, la
climatología, la arqueología y la política. El libro de Morris incluye su detallado
modelo del “índice de desarrollo social”, con el que compara la evolución de las
civilizaciones de Oriente y Occidente. Puede ser una lectura desafiante,
pero getAbstract le asegura que el esfuerzo tiene recompensas muy substanciales.

Ideas fundamentales
 Las civilizaciones se desarrollan bajo patrones históricos de corto y largo
plazo que, debido a la geografía y la sociología, giran en torno al desempeño de
los individuos.
 El “índice de desarrollo social” permite comparar éste entre las civilizaciones
de Oriente y Occidente.
 En Oriente y Occidente, evolucionaron de manera diferente especies
distintas.
 Siglos de historia fueron testigos de los cambios en el desarrollo y la
dominación, sobre todo de Oriente a Occidente.
 A lo largo de la historia, la geografía ha resultado ser la mayor ventaja, pero
otros factores también tienen un impacto importante.
 Hacia 1919, París y Londres dominaban un tercio del mundo.
 La máquina de vapor propició la Revolución Industrial, la transformación
“más grande”.
 Finalmente, Oriente se adelantará a Occidente, y podría ser este siglo.
 Los avances en la nanotecnología, la robótica y la genética podrían hacer
obsoletas las antiguas ventajas geopolíticas.
 No importa cuál civilización domine, a menos que la sociedad haga frente a
los peligros de las armas nucleares, el cambio climático, la demanda de
energía, las enfermedades y la contaminación.

Resumen
¿Quién domina y por qué?

El “índice de desarrollo social” mide “la habilidad de un grupo para dominar su


entorno físico e intelectual a fin de que las cosas se hagan”. Ese modelo permite
comparar el desarrollo de las civilizaciones de Oriente y Occidente midiendo la
tecnología, la habilidad para hacer la guerra, la urbanización y la captura de energía
por persona en forma del consumo diario de calorías. El seguimiento de esos
factores genera una base para comparar a la civilización occidental, que se
desarrolló en Europa, Estados Unidos y la cuenca del Mediterráneo, con la oriental.
El modelo cuantifica las comparaciones en el transcurso de la historia para explicar
por qué Occidente fue más desarrollado que Oriente durante la mayor parte de los
últimos 16 milenios. Aunque la respuesta es compleja y puede ser políticamente
delicada, no reside en algo predestinado ni accidental. Occidente emergió más
fuerte debido a la geografía y los patrones de desarrollo relacionados con el
desempeño de los individuos y las sociedades a lo largo de la historia.

La comparación de las sociedades

A partir del año 10800 antes de nuestra era, el desarrollo de Oriente y Occidente
siguió patrones similares, pese a una diferencia de tiempo de varios miles de años.
Herbert Spencer, filósofo decimonónico que popularizó el término “evolución” (que
Darwin tomó prestado), creía que las civilizaciones maduran de lo simple a lo
complejo. Para demostrar su teoría, los científicos tuvieron que aguardar el
desarrollo de técnicas adecuadas en sociología, antropología y arqueología.

“La gran cuestión de nuestra época ... es si la humanidad en conjunto se abrirá


paso a un tipo de existencia completamente nuevo antes de que el desastre se
abata sobre nosotros – prematuramente”.
Con todo, muchas comparaciones de las civilizaciones no logran medir el desarrollo
social ni la habilidad de una comunidad para alcanzar sus metas. Otras mediciones
– la capacidad organizativa, el desarrollo urbano, el procesamiento de la
información y el poderío militar – son más útiles para evaluar el desarrollo en los
pasados 16 mil años. Éstas muestran que Oriente y Occidente se desarrollaron casi
paralelos, pero que el cambio se aceleró en los últimos 200 años con “la
transformación más grande y veloz de la historia”. Una teoría basada en ello indica
que el desarrollo de Oriente superará al de Occidente alrededor del 2103 y que la
brecha se ampliará hacia el 2150.

Cómo se conquistó el Oeste

Los acontecimientos sociales a lo largo del registro histórico establecen el escenario


para analizar la rivalidad entre Oriente y Occidente. Aunque el análisis es de corto
plazo, ilustra cómo los acontecimientos recientes modelan la vida contemporánea;
por ejemplo: de no ser por la gran demanda de plata en China, la historia pudo
haber seguido una trayectoria diferente. En el siglo XVI, China enfrentó una
escasez de plata y los europeos recurrieron a sus conquistas en el Nuevo Mundo, en
busca de plata para comerciarla. Con la mano de obra nativa, extrajeron 150 mil
toneladas de metales y enviaron casi un tercio a China. Cuando el suministro de
plata menguó, hacia 1750, China sufrió y ello obligó a los europeos a desarrollar
nuevos productos para exportarlos a Oriente.

“Mi principal objetivo es explicar por qué un conjunto en particular de sociedades


que desciende del centro occidental original, sobre todo las de Estados Unidos,
ahora dominan el mundo”.
A finales del siglo XVIII, China insistió en que Gran Bretaña pagara con plata su
principal exportación: el té. Gran Bretaña trianguló el comercio para incluir el opio
que exportaba de India, desatando la adicción y luego las guerras del opio.
Aplastada, China quedó envuelta en los conflictos y el estancamiento por la
sobrepoblación, las crisis políticas y la brecha creciente entre pobres y ricos.
Mientras, Occidente recurrió al carbón y al vapor para impulsar la Revolución
Industrial. Para 1842, Gran Bretaña era una potencia mundial, capaz de enviar
buques de guerra y mercancías a donde quisiera.

El registro arqueológico

Los científicos aún no saben si sólo una especie de hombre mono habitó en el Viejo
Mundo; sin embargo, en Oriente y Occidente evolucionaron distintas especies de
manera diferente. Los arqueólogos descubrieron fragmentos de 600 mil años de
antigüedad pertenecientes al hombre de Pekín, un prehumano bajo de estatura y
rostro grande, mientras que, en España, descubrieron los restos de 800 mil años de
antigüedad del hombre de Heidelberg, cuyo cráneo indicaba que sus mejillas y
nariz tenían una apariencia moderna. Los expertos creen que las diferentes
condiciones climáticas y geográficas provocaron las variaciones en Oriente y
Occidente.

“Occidente no ha tenido la dominación del mundo desde el pasado remoto; fue


apenas después de 1800 EC, en vísperas de la guerra del opio, cuando Occidente
se adelantó a Oriente; e incluso entonces fue accidental en una gran medida”.
Claramente, el desarrollo humano reaccionó ante los cambios climáticos. Hacia el
año 10.000 antes de la Era Común (AEC), los humanos vivían en pequeños grupos
para protegerse y producir mejores alimentos. Para 9300 AEC, empezaron a
construir estructuras defensivas en Jericó para proteger sus casas y alimentos. Los
graneros del valle del Jordán, que datan de 9000 AEC, indican que los agricultores
aumentaron el rendimiento de sus cosechas. Durante ese período, los
asentamientos y la agricultura se extendieron de Asia occidental a Europa,
causando quizá una transición a las lenguas indoeuropeas. Para 8000 AEC, algunas
aldeas tenían hasta 500 habitantes; y las grandes concentraciones de seres
humanos y animales generaron condiciones insalubres. En Oriente, el pasaje a la
civilización avanzada se inició hacia el año 8000 AEC, con el cultivo del arroz. Para
7000 AEC, los habitantes entre los ríos Amarillo y Yangtsé habían domesticado al
cerdo y cultivaban mijo y arroz.

Factores clave de la prosperidad

Durante esos siglos, las dos principales civilizaciones no se conocieron; cuando en


326 AEC Alejandro Magno introdujo a su ejército “en el Punjab, ni siquiera los
orientales y occidentales más educados sabían mucho de la existencia de unos y
otros”; sin embargo, para 200 AEC, “Oriente y Occidente tenían más en común que
en ningún otro momento desde la Edad del Hielo” y “cada cual estaba dominado
por un gran imperio”: ambos tenían grandes ciudades, agricultura abundante,
comercio remoto y tecnología nueva. En el primer siglo AEC, los chinos inventaron
el molino de agua para moler granos y los romanos el fuelle para mantener el
fuego. Las mejores fuentes de combustible permitieron la producción de más vino y
trigo, así como clavos de hierro, que los barcos llevaban a puertos lejanos.
“Las ventajas geográficas son siempre contraproducentes al final. Impulsan el
desarrollo social, pero, en el proceso, el desarrollo social cambia las intenciones
de la geografía”.
De 600 a 300 AEC, surgieron varias de las grandes religiones: judaísmo,
confucianismo, taoísmo, jainismo y budismo. Después de sus inicios, el
cristianismo avanzo rápidamente y, para 250 de la Era Común (EC), ya había
atraído a millones de seguidores. El emperador Constantino reconoció a la iglesia
cristiana y le donó su fortuna. La iglesia también lo reconoció y, durante los
siguientes 80 años, se apoderó de los templos paganos en lo que fue “quizá la
mayor redistribución de la riqueza que ha visto el mundo”.

La era común

Los revolucionarios sucesos del primer siglo de la EC alteraron significativamente


la escala del desarrollo social; los hitos incluyeron la paz, propicia para el comercio,
y el descubrimiento de nuevas fuentes energéticas: carbón, viento, agua y gas
natural.

“Sin duda alguna, Oriente y Occidente fueron diferentes, tanto en lo que respecta
a lo que comía la gente como a los dioses que veneraban”.
Para mediados del siglo VI, Oriente se adelantó a Occidente en el desarrollo social,
en parte por el clima y la emigración de chinos al sur. Para 1050, China poseía
grandes fundiciones que usaban carbón para producir hierro; pero Gengis Khan, el
guerrero mongol, debilitó el progreso de China: en 1215, devastó más de 90
ciudades, incluida Beijing; en 1258, sus hordas arruinaron Bagdad, pero dejó
indemne El Cairo, la ciudad más grande de Occidente. “Para los años 1270, cuando
Marco Polo partió a China, el centro de Occidente se había desplazado
definitivamente a tierras mediterráneas que los mongoles habían perdonado”.
China poseía los palacios, la industria naviera y la clase gobernante desarrollada
más grandes del mundo.

“Los grandes seres humanos y los torpes idiotas nunca han tenido una función
tan grande en la modelación de la historia como han creído tenerla”.
El aumento del comercio produjo la transferencia de tecnología de Oriente a
Occidente; por ejemplo: la carretilla fue inventada en China hacia el 100 EC, pero
no apareció en Europa hasta 1250. Las transferencias principales fueron las
herramientas de hierro y las enfermedades. China tuvo un siglo tumultuoso: “Los
cuatro jinetes del apocalipsis que asediaron China en el siglo XIII – la emigración,
la caída del Estado, la hambruna y las enfermedades – redujeron la población en
quizás el 25%”. A mediados del siglo XIV, la peste negra mató a entre el 30% y el
50% de todos los occidentales y a incontables asiáticos, entre ellos, una de cada diez
personas en el valle del Yangtsé; asimismo redujo a la mitad el ejército de China.

“Tatuarse el rostro ... puede hacer de usted un rebelde en Kansas, pero lo marca
como conformista en Nueva Guinea”.
Entre 1500 y 1800, el desarrollo de Occidente se adelantó al de Oriente. La cultura
floreció, de Shakespeare, en Inglaterra, a la ópera El pabellón de las peonías, de 20
horas de duración, en China. Los comerciantes portugueses introdujeron en China
los productos alimenticios del Nuevo Mundo: “maíz, papas, camotes, cacahuates”.
La población de Oriente y Occidente aumentó y llenó el vacío creado por la peste.

“La pereza, la avaricia y el miedo pueden ser los motores de la historia, pero
todos podemos escoger entre ellos”.
A mediados de 1770, la máquina de vapor revolucionó los molinos de algodón
británicos y transformó su industria textil. También cambió los trenes y barcos y
llevó aire a los altos hornos para fundir el coque. La revolución industrial fue “la
transformación más grande y veloz de … la historia”, y la colonización aumentó:
para satisfacer las necesidades de los colonizadores, se talaron 68 millones de
hectáreas de bosques en América.

“Se requerirá una gran habilidad política para preservar la paz en el


desconcertante siglo XXI”.
En los años 1860, Oriente empezó a copiar la ciencia y la tecnología que
impulsaron la “segunda revolución industrial” de Occidente. Hacia 1885, Japón se
industrializaba con mayor rapidez que ninguna otra nación, evitando la guerra y
con financiamiento interno. Su emperador permitió los partidos políticos,
proporcionó educación a niñas y niños y otorgó el derecho de voto a los hombres.
En cambio, China aún se oponía a la modernización, a la educación infantil y al
contacto con los extranjeros. Para 1896, China había tendido 600 kilómetros de
vías, pero Japón ya tenía 3.700. Cuando estalló la guerra, las potencias occidentales
subestimaron a Oriente: en 1904, Japón destruyó la armada y el ejército de Rusia.
Durante el siglo XX, la guerra remodeló el mundo, y los imperios cayeron: la última
dinastía china cayó en 1917; los Romanov de Rusia también, seguidos por los
Habsburgo de Austria, y los otomanes de Turquía se derrumbaron en 1922. Hacia
1919, París y Londres dominaban un tercio de las tierras y población mundial.

Occidente alcanza el apogeo, mientras Oriente se yergue

Occidente ha dominado debido a su geografía, su desarrollo social y su destreza


militar. Es claro que el cambio tiene lugar cuando el hombre emigra en busca de un
medio de vida más seguro, fácil y provechoso. Los inmigrantes tienen un amplio
impacto, tanto en el surgimiento de las ciudades-Estado como en la fuerza de las
revoluciones industriales y el mejoramiento de la agricultura. Los hombres siguen
trayectorias paralelas: varios innovadores pueden hacer descubrimientos
tecnológicos o científicos simultáneamente porque usan los mismos métodos y se
plantean las mismas interrogantes. Piénsese en la longevidad: los cambios en la
alimentación y la física orgánica han incrementado la esperanza de vida mundial.
El “cuerpo ha cambiado más en los últimos 100 años que en los 50 mil anteriores” y
una mejor salud influye en todo, desde las tendencias demográficas hasta la
emancipación de la mujer.
“Viva éticamente, renuncie al deseo y haga a los otros lo que desea que le hagan y
cambiará el mundo”.
La actual posición dominante de Occidente es una cuestión de probabilidades
favorables en el largo plazo. Una variedad de fuentes predicen que Oriente
alcanzará la productividad de Estados Unidos en este siglo, pero los pronósticos
varían respecto a cuándo. Un problema con los pronósticos es que, antes del 2050,
cuando el mundo tenga nueve mil millones de habitantes, tanto Oriente como
Occidente deberán transformarse profundamente o enfrentarán una catástrofe. Los
grandes avances científicos en la nanotecnología, la robótica y la genética podrían
hacer obsoletas las antiguas ventajas geopolíticas, pero el calentamiento global
provocará una desigualdad en los suministros de alimentos y agua, más refugiados,
enfermedades, incendios violentos, aumento del nivel del mar y más
contaminación. Y el peligro nuclear aún amenaza: para el 2060, unos 20 países,
muchos de ellos con gobiernos inestables, poseerán armas nucleares. Oriente y
Occidente deben contener el armamentismo, combatir el calentamiento global y
gestionar la demanda de energía, las enfermedades y la contaminación. Entre 2025
y 2050, la función de Estados Unidos como policía mundial menguará y su
liderazgo sobre otros países se reducirá. Una hipótesis plantea una fusión, o
“singularidad”, entre Oriente y Occidente en algo llamado “Chinestados Unidos” o
“Chininglaterra”. Si ambas civilizaciones evitan la devastación, quizás aprendan
que tienen más en común que no.

Sobre el autor
Ian Morris enseña ciencias clásicas e historia en la Universidad de Stanford,
donde es docente del Centro de Arqueología. Sus libros incluyen The Greeks y The
Dynamics of Ancient Empires.

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