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Historia y construcción del Partenón

El Partenón se construyó en Atenas entre los años 447-438 a.C. para albergar una estatua de Atenea y conmemorar las victorias griegas sobre los persas. Fue diseñado por los arquitectos Ictino y Calícrates y decorado por el escultor Fidias. Se construyó enteramente de mármol del monte Pentélico y albergaba dos salas separadas por un muro, la mayor para la estatua de Atenea y la menor para el tesoro de la ciudad.

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Historia y construcción del Partenón

El Partenón se construyó en Atenas entre los años 447-438 a.C. para albergar una estatua de Atenea y conmemorar las victorias griegas sobre los persas. Fue diseñado por los arquitectos Ictino y Calícrates y decorado por el escultor Fidias. Se construyó enteramente de mármol del monte Pentélico y albergaba dos salas separadas por un muro, la mayor para la estatua de Atenea y la menor para el tesoro de la ciudad.

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Partenón

Lo que vamos a hablar

Ubicación

El templo del Partenón está ubicado en la Acrópolis de Atenas, Grecia. La


Acrópolis (Acro-Polis, ciudad alta) era la zona de Atenas dedicada a los templos y
las divinidades. Como en otras ciudades griegas esta zona se encontraba alejada
de la ciudad y elevada sobre ella dándole unas vistas privilegiadas.

Historia
para conmemorar la victoria sobre los persas en Maratón en el año 490 a.C., los
atenienses decidieron construir un templo a Atenea sobre la colina sagrada de la
Acrópolis, que dominaba la ciudad. Diez años después, un nuevo ejército persa
irrumpió en Grecia y, tras franquear el paso de las Termópilas, arrasó la ciudad de
Atenas. Los vengativos persas se ensañaron especialmente con los edificios
religiosos de la Acrópolis, de modo que el nuevo templo, que estaba todavía en
fase de construcción, fue destruido hasta sus cimientos.
Durante más de tres décadas, la Acrópolis permaneció en ruinas hasta que
Pericles, aprovechando la buena situación militar y económica de Atenas, propuso
a los atenienses su reconstrucción. La pieza clave del ambicioso proyecto era un
nuevo templo a Atenea, la diosa tutelar de la ciudad, que iba a tener diversas
funciones: custodiar el tesoro ateniense; conmemorar la gesta de Maratón o, en
general, de las dos guerras libradas contra los persas, y, sobre todo, ser la
residencia de una enorme estatua criselefantina (en oro y marfil) que debía
realizar Fidias, amigo de Pericles y supervisor general de todo el proyecto. De
hecho, se puede decir que templo y estatua estaban construidos el uno para la
otra. Fidias se centró en la decoración escultórica del conjunto, mientras de la
construcción se encargaban dos arquitectos, Ictino y Calícrates; el ingeniero
romano Vitrubio, que escribió cuatro siglos más tarde, menciona a un tercer
arquitecto llamado Carpión del que no tenemos más noticias. No sabemos el tipo
de relación que mantenían los arquitectos y la forma en que se ocupaban de los
trabajos. Las obras necesitaron, además, gentes dedicadas a los más variados
oficios: canteros, albañiles, carpinteros, doradores, pintores, escultores, herreros,
modeladores de cera, transportistas y operadores de poleas. Sabemos por las
inscripciones que los trabajadores eran ciudadanos de Atenas, metecos
(extranjeros con carta de residencia) y esclavos; y que todos cobraban lo mismo
por el mismo trabajo. Las labores especializadas se retribuían a razón de un
dracma por día. Por sorprendente que nos parezca, los arquitectos cobraban un
dracma también, a pesar de su responsabilidad.
Construcción
El templo se realizaría por entero con el mármol procedente del monte Pentélico,
que se levantaba a unos 16 kilómetros al noreste de Atenas. Era un brillante
mármol blanco que con el paso del tiempo adquiría una fina pátina dorada por las
inclusiones de hierro y cuya dureza lo hacía especialmente indicado para la
construcción. Para el Partenón se usaron 22.000 toneladas. Los canteros
separaban bloques de la misma altura por medio de canales tallados con cincel.
Luego se hacían agujeros alargados paralelos a la veta del mármol y se
introducían en ellos cuñas de madera. Cuando éstas se mojaban, se hinchaban y
desprendían el bloque de mármol del resto de la roca. El bloque se trabajaba en
la misma cantera hasta casi darle la forma definitiva; sólo se dejaba por pulir
una capa de pocos centímetros. La pieza resultante debía ser lo más ligera posible
para facilitar el transporte.
Una vez terminadas, las piezas descendían ladera abajo a bordo de trineos que
discurrían por una especie de pista visible aún hoy. A ambos lados de la pista
había unos agujeros cuadrados donde encajaban unas estacas de madera por
donde se pasaban unas cuerdas atadas al trineo para controlar la velocidad de
descenso. Al pie de la montaña se cargaban los bloques en unos carros
tirados por bueyes y se llevaban a la ciudad en un viaje que podía durar
hasta dos días. En la obra, los bloques se alzaban por medio de poleas y grúas;
las piezas del Partenón no eran de grandes dimensiones, precisamente para
facilitar su manejo.
Los arquitectos aprovecharon los cimientos del antiguo templo destruido por los
persas, pero hubo que ampliarlos hacia el lado norte de la explanada de la
Acrópolis. El nuevo templo iba a ser más ancho, y contaría con ocho columnas
en las dos fachadas o lados cortos y 17 en los lados largos. A continuación, se
elevaron tres escalones y sobre el superior, llamado estilóbato, se levantó la
columnata exterior o peristilo.
Cada columna estaba formada por diez o doce tambores. Como el estilóbato
no era totalmente plano había que hacer cuidadosos ajustes para asentar los
tambores de las columnas. Apoyados en ellas se colocaron los arquitrabes,
bloques de mármol dispuestos en forma horizontal. Y sobre ellos se añadió el
friso, en cuya decoración se alternaban triglifos y metopas.
Los triglifos eran rectángulos de mármol decorados con acanaladuras: se trataba
de una representación en piedra del final de una viga, que recordaba los primitivos
templos de madera. Las metopas, con figuras esculpidas en altorrelieve, se
situaban entre los triglifos. Había 92 metopas, que rodeaban todo el templo.
Puesto que las metopas eran parte de la estructura que debía soportar el techo
fueron las primeras esculturas realizadas para el edificio y, seguramente, la
necesidad de acabarlas rápidamente explica que Fidias tuviera numerosos
colaboradores.
A continuación se levantaron los muros del templo. Los sillares se ponían uno
sobre otro sin argamasa y se enlazaban por medio de abrazaderas de hierro que
luego se recubrían de plomo para evitar la oxidación. Dentro del templo se crearon
dos estancias totalmente separadas por un muro interior. En la más amplia, la
naos (a la que se accedía por el pórtico delantero, el principal), se alojaría la
monumental estatua criselefantina que estaba realizando Fidias. Quien entrase en
la naos, iluminada por unas ventanas a los lados de la puerta, quedaría
sobrecogido ante la imagen de Atenea.
La escultura de la diosa se alzaba en medio de un marco escenográfico
imponente, formado por dos pisos de columnas dóricas que recorrían las paredes
laterales y el fondo de la estancia. Esta innovación, tal vez concebida por Fidias,
fue copiada posteriormente en otros templos, como el dedicado a Hefesto en el
ágora ateniense, o el de Basas en el Peloponeso, obra de Ictino, uno de los
arquitectos del Partenón. La anchura del edificio, con sus ocho columnas en las
fachadas, contribuía al mismo propósito: conseguir un espacio
excepcionalmente amplio, más apropiado para el lucimiento de la
monumental estatua.
La otra estancia, a la que se accedía por el pórtico trasero, era mucho más
pequeña. En ella, los arquitectos decidieron usar cuatro esbeltas columnas jónicas
para sostener el techo, en lugar de un doble piso de columnas dóricas. Esta
sala, donde se guardaba el tesoro de la ciudad, era la que recibía el nombre de
Partenón, "cámara de las doncellas", por ser, en principio, un espacio destinado a
las jóvenes que cumplían un importante papel en el culto a Atenea. Ya en el siglo
IV a.C., este nombre pasó a designar todo el edificio en su conjunto.
En la parte exterior del muro se decidió añadir un friso, de un metro de altura, que
rodearía el templo en su totalidad, con unos 160 metros de longitud. Parece que
fue una alteración del proyecto decorativo inicial, y no se sabe con seguridad si se
esculpió allí mismo o en el taller. En todo caso, representaba un considerable
esfuerzo para un elemento que se situaba a doce metros del suelo y que no iba a
ser especialmente visible desde fuera del templo. De nuevo podemos pensar que
Fidias se encargó del diseño del conjunto que luego plasmaron en el mármol
diversos artistas. El friso parece que representaba la procesión de las
Panateneas, una procesión cívica que cada año subía a la Acrópolis para ofrecer
un nuevo peplo o vestido a la estatua de la diosa.
Finalmente se construyó el techo, formado por un armazón de madera que
sostenía las tejas. Éstas se solían hacer de barro cocido, pero en el Partenón se
decidió usar también mármol. Las tejas eran planas y en sus uniones, para
conseguir que el tejado fuera impermeable, se colocaba otra, la "teja de cubierta",
que en el alero del edificio se remataba con un elemento decorativo llamado
antefija, con forma de cabeza o palmeta, para romper la monotonía de la línea
recta del tejado.
Cuando el templo estaba prácticamente terminado se eliminaron las
protuberancias de los sillares y de los tambores –las que se habían empleado para
elevarlos mediante sogas–, y se realizó el estriado de las columnas. Ésta era una
tarea sumamente delicada, pero aportaba una gran belleza al monumento. Sólo el
primer tambor de la columna, que se apoyaba sobre el estilóbato, se estriaba
antes de su colocación para evitar que en el proceso se dañase el pavimento del
templo. Finalmente, las superficies de las columnas se alisaron y pulieron con tal
cuidado que apenas se pueden ver las junturas o uniones de las piezas.
El templo, con la estatua en su interior, se inauguró en el festival de las
Panateneas del año 438 a.C., cuando aún faltaban las esculturas de los frontones.
Por entonces, Fidias fue acusado de apropiarse de parte del oro destinado a la
efigie de Atenea y de haberse representado en el escudo que portaba la diosa, por
lo que tuvo que marchar al exilio. Los frontones se terminaron sin contar con su
mano, aunque, sin duda, se siguieron los modelos que había preparado, y se
colocaron en el año 433 a.C. En adelante, el Partenón, creado para demostrar la
grandeza y el poder de Atenas, se convirtió, por su singular perfección y
belleza, en el símbolo de la ciudad y de toda la civilización griega.

DE IGLESIA A MEZQUITA
Durante los siglos siguientes, las diversas crisis y la decadencia política de Atenas
fueron despojando a su Acrópolis de sus múltiples riquezas y de grandiosos
monumentos. Sometida al dominio romano, algunos ilustres visitantes lograron
adquirir allí famosas estatuas. A la destrucción contribuyó además un enorme
incendio que tuvo lugar en el siglo III d.C. Pero, sin duda, lo que más afectó a la
conservación de los templos de la Acrópolis fue la llegada triunfal del cristianismo.
A finales del siglo IV, el emperador Teodosio prohibió el culto a los dioses
"paganos" y como consecuencia, la morada de la diosa Atenea –cuya estatua
revestida de oro y marfil, esculpida por el genial Fidias, ya había
desaparecido– fue reutilizada y consagrada como iglesia de la Virgen María.
A fines del siglo XII, cuando Atenas era ya tan sólo una pequeña ciudad de
provincias, el arzobispo Miguel Coniata podía felicitar a sus fieles por acudir a
adorar allí, en el espléndido templo de Nuestra Señora de Atenas, ya no a la falsa
virgen Atenea, madre de Erictonio, sino a la Virgen María, madre del Salvador.
La estructura del edificio no cambió mucho, pero la nueva sensibilidad religiosa
introdujo algunos cambios en el interior y en las fachadas: se construyó un altar
con baldaquino, se levantó un muro que cerraba los espacios laterales entre las
columnas, se cambió la orientación de la entrada y se añadió una torre junto a la
puerta. La decoración interior se enriqueció con brillantes mosaicos y en torno al
altar se construyó un pequeño ábside, cerrando así la entrada oriental del antiguo
Partenón.
Durante más de dos siglos, entre 1204 y 1456, la Acrópolis de Atenas estuvo en
poder de distintos invasores procedentes de Europa occidental, desde
francos a catalanes, para acabar en manos de una familia de banqueros
florentinos, los Acciaiuoli. El Partenón dejó de ser una iglesia bizantina para
convertirse en una catedral católica, y en su extremo sudoccidental se erigió una
torre a modo de campanario. En ese tiempo llegaron a la ciudad algunos viajeros
que nos dejaron descripciones del antiguo monumento. Un tal Niccolò de Martoni
estuvo en Atenas en 1395 y escribió sobre ella en su Libro del peregrino. Más
tarde, Ciríaco de Ancona la visitó dos veces, en 1436 y en 1444, y dejó noticias y
algunos dibujos muy interesantes sobre el edificio.
Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El
sultán Mehmed II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que
comprendía ya toda Grecia, visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis
y su antiguo esplendor. Allí estableció una fuerte guarnición y convirtió la
iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de Atenea, en una
brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos quedó
convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos
que decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido
por el oportuno mimbar.
Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia,
donde los turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada
durante siglos a los visitantes extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla
sobornando a los guardias turcos. Así lo hicieron dos famosos pioneros del
turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler, quienes en 1675
calificaron lo que quedaba del Partenón como "la más elegante mezquita del
mundo".
Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa
decisiva de la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la
lucha de la Santa Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad.
Los turcos convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas,
confiando que un lugar tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas
cristianas. Allí refugiaron también a mujeres y niños. El general veneciano, el
sueco conde Koenigsmark, lo bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó
el venerable edificio.
El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros,
incluyendo unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos
extremos con sus frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada
veneciana, el ilustre Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del
frontón oeste, pero no lo logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de
manos de lord Elgin.
De los quebrados mármoles del Partenón se aprovecharon no pocas
construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se llevaron fragmentos
del friso quedaron expuestas al deterioro y al pillaje durante muchos
decenios
La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que
ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la
reconstrucción de comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas
tras unos meses, porque su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy
insalubre. De modo que los turcos volvieron a instalar una guarnición allí y
construyeron en la Acrópolis, dentro del derruido Partenón, una pequeña
mezquita.
y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran coleccionista de
antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-Gouffier, logró
hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el Museo del
Louvre). Las ruinas del templo de Atenea

RENACIDO DE SUS CENIZAS


Y entonces llegó lord Elgin, quien entre 1801 y 1811, a través de sus agentes,
despojó al Partenón de sus relieves –una gran parte del friso de la procesión de
las Panateneas– así como de las espléndidas estatuas sobrevivientes del frontón
oriental, el único que se ha conservado. Su espléndido botín se puede ver en la
sala del Museo Británico dedicada al Partenón. Su actuación fue, y sigue
siendo, objeto de enconadas discusiones, ya que privó a Atenas de un
incomparable tesoro artístico, pero, por otro lado, puso a salvo esos restos del arte
clásico transportándolos a Londres.
Desde su independencia en 1831, Grecia ha cuidado con especial esmero de la
Acrópolis, eliminando todo lo que no era antiguo y tratando de recobrar el primitivo
esplendor de antigua nobleza del conjunto. A comienzos del siglo XX se
recompuso la silueta del Partenón, volviendo a erigirse muchas de las columnas
truncadas y caídas, al tiempo que se recogieron y expusieron todos los fragmentos
y reliquias del recinto en un museo. El nuevo Museo de la Acrópolis, inaugurado
en 2009, es la coronación de un admirable empeño. Grecia aún mantiene la
reclamación al Gobierno británico de los mármoles que se llevó lord Elgin. Y en
ese nuevo museo hay una sala esperándolos, dispuesta para albergarlos cuando
regresen.

Concepto

El Partenón es un templo de orden Dórico diseñado como escaparate al mundo de


la historia de la ciudad. Tanto en su frontón como en sus frisos los grabados
rememoran las grandes batallas, los hechos mitológicos, etc. Está dedicado a
Atenea Parthenos, diosa protectora, y epónima, de la ciudad y es generalmente
considerado como la culminación del desarrollo del orden dórico, el más simple de
los tres órdenes arquitectónicos griegos clásicos.

Aunque el templo es de orden indudablemente Dórico existe un contrapunto


Jónico marcado por cuatro columnas de dicho orden que se encuentran en una
cámara secundaria tras la posición de la diosa y donde se debían guardar los
valores materiales que eran el tesoro de la diosa y a su vez de la ciudad. Esta
combinación da como resultado una nueva forma arquitectónica que han llegado a
definir como “ática”.

Aunque se trate del templo más grande construido hasta entonces no deja de lado
el aspecto más importante en los templos de la época que es la proporción, que
en aquel entonces se asociaba a la perfección. Las medidas de sus lados, altura y
separación entre columnas mantienen exactamente la misma proporción entre
ellas.

Refinamientos Ópticos

El templo está a su vez plagado de “refinamientos ópticos” que hacen que la obra
parezca incluso más perfecta de lo que puede llegar a ser ya que corrigen las
deformaciones que inevitablemente genera el ojo humano al observar y haciendo
que lo horizontal sea (parezca en realidad) más horizontal, lo vertical “sea” más
vertical y que los plomos “estén” más a plomo.

 Las columnas que sustentan el templo son más anchas en su parte central
para corregir las deformaciones que genera el ojo humano al mirar un
objeto esbelto más alto que el haciéndolas parecer perfectamente
cilíndricas.
 La base donde se asienta el templo es ligeramente curva. Se levanta con
respecto a las sus puntas 10cm en su lado largo y 5 en su lado corto. Con
esto se logra que la sensación al observarlo sea la de un paralelepípedo
perfecto.
 Las  columnas están ligeramente inclinadas tendiendo a juntarse en su
parte más alta para que al mirarlas desde debajo de la sensación de que
son perfectamente paralelas.

Espacios

El interior del Partenón estaba formado por dos pórticos uno anterior y otro
posterior y dos cámaras que no se comunicaban entre si y que permanecían
cerradas tras dos puertas de bronce, la Naos y el Partenón o Cámara de las
Vestales.
Pórticos

El pórtico anterior o Pronaos es el que antecede a la  Naos  y el posterior u


Opistódomos da acceso a la Naos.  Las fachadas de ambos pórticos son
hexástilas o sea con seis columnas.

Naos

La Naos es la sala principal del templo y el lugar donde se alojaba la gran estatua
de Athenea. La planta rectangular estaba dividida en 3 por dos hileras de
columnas dóricas dispuestas en forma de Π, la decimosexta letra del alfabeto
griego y separada del resto del edificio por un muro de piedra.

Partenón o Cámara de las Vestales

La cubierta de esta pequeña sala ubicada en la parte posterior del templo, detrás
de la gran estatua,  estaba soportada por 4 columnas jónicas  y en ella se
guardaba el tesoro del templo y el de la Liga de Delos, asociación político-militar
liderada por Atenas con sede en la isla de Delos. En esta sala también se
preparaban los vestidos (Peplo) de Atenea para las Panateneas.

Estructura

Aunque el mármol blanco rectangular del Partenón ha sufrido daños a lo largo de


los siglos, incluida la pérdida de la mayor parte de sus esculturas, su estructura
básica se ha mantenido intacta. El principio estructural es un sistema de poste y
dintel. Sobre las columnas se apoyan los dinteles horizontales. Con una base de
30,89×69,54m, las columnas sostienen la estructura del techo cuya cubierta es
dintelada a dos aguas. En este punto se tuvo en cuenta que la inclinación fuera lo
suficientemente suave como para permitir que las tejas no resbalaran y  se
mantuvieran por su propio peso.

El entablamento consistente en un arquitrabe liso, de piedra, un friso de triglifos


alternos y metopas y las cornisas. En la parte alta de las fachadas este y oeste se
pusieron frontones triangulares con esculturas en relieves.
Es un templo períptero octástilo, lo que quiere decir que tiene columnas en todo su
perímetro, 8 en las dos fachadas más cortas, las que miran al este y al oeste, y 17
en las laterales, norte y sur. La separación entre las columnas perimetrales es de
2,25 veces el diámetro de las columnas que se juntan algo más al llegar a las
esquinas del templo.

Con planta rectangular consta de una doble cella o nave con pronaos y
opistodomo, pero con próstilo de seis columnas. La cámara interior amurallada o
cella, originalmente estaba dividida en tres sectores por dos columnatas dóricas.
La única luz entraba por la puerta este. Las columnas se apoyan en una base con
tres escalones que la eleva del suelo, en el último llamado  “estilóbato” se apoyan
las columnas.

Metopas y frisos

Las metopas sobre la columnata exterior fueron talladas en alto relieve. Las del
lado este representaban una batalla entre los dioses y los gigantes. Las del lado
sur griegos y centauros, en el oeste los restos indican que podrían haber sido
griegos y amazonas. En el lado norte están casi todas perdidas.

El friso continuo de bajo relieve alrededor de la parte superior de la pared de la


cella, que representa la procesión anual panatenaica de ciudadanos que honran a
Atenea, culmina en el extremo este con un sacerdote y una sacerdotisa de
Atenea, flanqueados por dos grupos de dioses sentados. Los grupos de frontones,
tallados en la ronda, muestran, en el este, el nacimiento de Atenea y en el oeste
su competencia con el dios del mar Poseidón por el dominio de la región alrededor
de Atenas. Toda la obra destaca por su composición y claridad, que se ha
mejorado aún más con los accesorios de color y bronce.

La escultura de Atenea Parthenos, obra de Fidias, tenía 12 metros de altura y


estaba realizada en marfil y oro. Representaba a la diosa Atenea armada y
sosteniendo en su mano derecha una Niké (diosa de la Victoria) de marfil de dos
metros de altura.

 
Análisis formal.
El Partenón pertenece al estilo griego-clásico y está hecho con mármol del
Pantélico y madera, construido mediante el sistema arquitrabado (estructuras
horizontales y verticales) busca la armonía visual mediante refinamientos ópticos
(inclinación de columnas hacía el interior, distancias desigual entre éstas, etc.).
Está hecho a medida del hombre, rechaza la monumentalidad y da forma artística
al exterior de las obras arquitectónicas y las clasifica en orden: el dórico y jónico
se originan al periodo arcaico y el corintio al clásico pero utilizado al helenístico.
El Partenón era un edificio de planta rectangular con una celda interior dividida en
dos estancias: la sala grande contenia la estatua Criselefantina ( de oro y marfil)
de Atena, la sala pequeña, el opistodom, donde se guardaban el tesoro del
templo.
El Partenón fue construido siguiendo un orden dórico. Es un templo octástilo
porque tiene 8 columnas a la fachada principal con 2 pórticos exástilo y además es
períptero. El templo se levanta sobre un estilobato y 2 estereobatos, sobre estos
se levantaron las columnas dóricas sin base, sus fustes son robustos de baja
estatura y con los bloques que la forman, un equí y un abat.
Después hay un entablamiento que está formado por el arquitrabe, por el friso
divididos en triglifos y metopas y la cornisa que sobresale. El frontón forma el
triángulo que tiene la cornisa como base, llena de esculturas.
 
Análisis formal.
El Partenón pertenece al estilo griego-clásico y está hecho con mármol del
Pantélico y madera, construido mediante el sistema arquitrabado (estructuras
horizontales y verticales) busca la armonía visual mediante refinamientos ópticos
(inclinación de columnas hacía el interior, distancias desigual entre éstas, etc.).
Está hecho a medida del hombre, rechaza la monumentalidad y da forma artística
al exterior de las obras arquitectónicas y las clasifica en orden: el dórico y jónico
se originan al periodo arcaico y el corintio al clásico pero utilizado al helenístico.
El Partenón era un edificio de planta rectangular con una celda interior dividida en
dos estancias: la sala grande contenia la estatua Criselefantina ( de oro y marfil)
de Atena, la sala pequeña, el opistodom, donde se guardaban el tesoro del
templo.
El Partenón fue construido siguiendo un orden dórico. Es un templo octástilo
porque tiene 8 columnas a la fachada principal con 2 pórticos exástilo y además es
períptero. El templo se levanta sobre un estilobato y 2 estereobatos, sobre estos
se levantaron las columnas dóricas sin base, sus fustes son robustos de baja
estatura y con los bloques que la forman, un equí y un abat.
Después hay un entablamiento que está formado por el arquitrabe, por el friso
divididos en triglifos y metopas y la cornisa que sobresale. El frontón forma el
triángulo que tiene la cornisa como base, llena de esculturas.

Ficha técnica.

Título: Partenón
Arquitectos: Ictinios y Calícrates.
Cronología: 447-432 aC
Localización: Atenas, Grecia.
Estilo: Griego Clásico.
Materiales utilizados: Mármol del Pentélico.

Curiosidades

1. Era el símbolo de poder ateniense: para testimonia de la grandeza de la


ciudad.
2. Las inmensas columnas: ocho columnas decoran los frontales del
Partenón, y diecisiete sus flancos laterales. De estilo dórico, cada una mide
10.93 metro de alto y 1.91 de diámetro.

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