El Arquitecto-Artista y Su Biógrafo Crítico. Clorindo Testa y Jorge Glusberg: Una Relación Perdurable
El Arquitecto-Artista y Su Biógrafo Crítico. Clorindo Testa y Jorge Glusberg: Una Relación Perdurable
N°231
“El arquitecto-artista y su
biógrafo crítico. Clorindo Testa
y Jorge Glusberg: una relación
perdurable”
Autor: Arq. Carlos G. Giménez.
“Los Amigos del Arte en los años 30, el Di Tella en los 70 y Jorge
Glusberg son los tres actores más importantes en la difusión del arte
argentino en el siglo XX” (Clorindo Testa, 2012)
Introducción
Jorge Glusberg
1
Testa, C., Glusberg, J., Hacia una arquitectura topológica, Espacio Editora, 1977, Buenos
Aires.
Muchos vieron en esa casi simultaneidad entre la inauguración del CAYC y el cierre
del Instituto Di Tella, una suerte de continuidad institucional en la persecución de
propósitos similares y de un posicionamiento análogo frente a la experimentación y
formación de las vanguardias en el campo artístico, limitados en el caso del CAYC a
las artes plásticas.
“Cerrada la sede del Instituto Di Tella en la calle Florida, cierta orfandad sobrevolaba la
ciudad de Buenos Aires. Aun aquellos que lo habían denostado se habían quedado sin
la referencia insoslayable en la que el Di Tella se había convertido desde 1963 de la
mano de Jorge Romero Brest. (…) En este contexto y proponiéndose portador de una
perspectiva superadora nació el CAYC, Centro de Arte y Comunicación, a fines de
1968. Capitalizando muchas de las tendencias incipientes en los últimos años del Di
Tella, el centro señalaba a la comunicación como el paradigma del presente y el
futuro”2
2
Herrera, M.J., Marchesi, M., (2013). Arte de sistemas: el CAYC y el proyecto de un nuevo
arte regional 1969-1977, Argentina: Fundación OSDE, páginas 12 y 13.
3
La formación inicial del Grupo CAYC estuvo integrada por Bedel, Benedit, Dujovny, Ginzburg,
Grippo, González Mir, Marotta, Pazos, Portillos, Romero, Teich, Zabala y Glusberg.
4
Herrera, M.J., Marchesi, M., (2013). Arte de sistemas: el CAYC y el proyecto de un nuevo
arte regional 1969-1977, Argentina: Fundación OSDE, páginas 17.
pasó a ser uno más de ellos, participando con sus obras en numerosas muestras de
las denominadas bienales y otras exposiciones internacionales de gran jerarquía.
Benedit, al igual que Testa, fue un arquitecto que alternó la práctica artística con la
práctica profesional de la arquitectura. También es el caso de Jacques Bedel, otro de
los integrantes del Grupo CAYC. Los tres arquitectos conformaron el equipo que se
encargó de la remodelación del Asilo de Ancianos Gobernador Viamonte,
acondicionándolo para su nueva función como Centro Cultural de la Ciudad de Buenos
Aires.
El Grupo CAYC obtuvo su consagración internacional en la XIV Bienal de San Pablo,
donde, en ese año de 1977, recibió el Gran Premio Itamaraty, otorgado por el
Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Su participación fue con la instalación
Signos en ecosistemas artificiales, en la que Jorge Glusberg actuó como curador, y
que reunía trabajos individuales de cada uno de los integrantes. Clorindo Testa
participó en ella con su obra La plaga en la ciudad.
5
Rodríguez, F., (editora), (2011). Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires 1985-
2011. 26 Años de Historia, Argentina: Revista Plot.
En la publicación que Plot realizó en 2011 dedicada a la Bienal de Arquitectura de
Buenos Aires se incluye un único reportaje. Está dedicado a Clorindo Testa: “Ciro
Najle conversa con Clorindo Testa”. Se trata de un diálogo en el que entrevistador y
entrevistado conversan sobre temas generales de la arquitectura, sin nombrar a la
Bienal ni establecer ninguna relación directa con ella. En el final, destacadas dentro de
un recuadro, se incluyen tres preguntas en las que Florencia Rodríguez (editora de
esa publicación) interroga a Testa sobre su relación con Glusberg y las Bienales de
Arquitectura de Buenos Aires.
A la última pregunta “¿Participó en muchas, no?”, Clorindo responde: “Sí, claro, estaba
siempre”.
No hay nada que explique el porqué de la incorporación de este reportaje en la
publicación. Además de ser el único que se incluye, no se refiere al tema de la
publicación salvo en ese final mencionado. Seguramente se trata de una de las tantas
acciones que Glusberg encaraba en relación a la promoción de la figura del arquitecto
y también un reconocimiento al participar y el “estar siempre” en las Bienales, al que
Testa alude en su respuesta.
La segunda parte de la publicación está dedicada a una “selección de arquitectos y
pensadores, nacionales e internacionales, que han participado en sus diferentes
ediciones, compartiendo su obra, sus ideas y su presencia”. Por supuesto, Clorindo
Testa está incluido en esa selección. Es una carilla el espacio dedicado a cada uno de
los estudios profesionales locales. Una pequeña descripción de la actuación del
profesional o del estudio (según se trate), una foto del mismo y algunas imágenes de
una obra. En este caso, el Auditorio de la Paz (Soka Gakkai Internacional de
Argentina), en la ciudad de Buenos Aires.
Así como el mismo Testa se encarga de aclarar que “siempre estaba”, exponiendo o
disertando, en el marco de la XIV edición de la Bienal (2013) se desarrolló en el Centro
Cultural Recoleta (“su propia casa”, en palabras de Hernán Lombardi6 para el Catálogo
de la Muestra) una gran exposición-homenaje dedicada a su obra. Clorindo murió en
abril de ese mismo año. La muestra se abrió al público unos pocos meses después: el
21 de septiembre y se mantuvo abierta hasta el 20 de octubre de ese mismo año. Juan
Fontana, arquitecto y artista plástico asociado a Clorindo Testa desde 1989, fue el
curador de esta muestra. Fontana tal vez sea la persona que de manera más duradera
y permanente compartió la actividad profesional de Clorindo en su estudio de la
avenida Santa Fe.
De ese importante evento incluido entre las actividades de aquella Bienal quedó una
publicación, que sin duda se encuentra entre el reducido grupo que conforman las
mejores dedicadas hasta el presente a la obra de Testa. Este cuidado catálogo de la
muestra “Clorindo Testa en el Centro Cultural Recoleta” reúne de una manera
eficazmente articulada textos, dibujos, planos y fotografías referidos a su producción
artística y arquitectónica. Breves textos de Carlos Dibar (integrante del Comité de
Dirección de la Bienal), Enrique Cordeyro (Curador de esa Bienal), Alicia de Arteaga y
Juan Fontana introducen al lector en el particular universo creado por la obra de
6
En ese momento, Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
Clorindo Testa. Un extracto de Rosa María Ravera7 referido a la exposición “Habitar,
Trabajar, Circular, Recrearse” de 1974 en la Galería Carmen Waugh completa la parte
escrita del catálogo.
La parte gráfica de la publicación incluye, además de los celebradísimos edificios de la
Biblioteca Nacional y Banco de Londres y América del Sur, un importante conjunto de
dibujos de obras muy poco conocidas de Testa, tal vez por tratarse (en muchos de los
casos) de obras no construidas o presentaciones a concursos en los que no obtuvo el
primer premio. La inclusión de expresivos dibujos o planos correspondientes a las
presentaciones del Forum de Tokyo (1989), Museo de la Acrópolis (1991), Nordelta
(1998), la ciudad de las Culturas en Milán (1999), Fira Barcelona (2002), Ciudad
Aerolíneas (2005) y el Museo INTA (2006) al tiempo que dan cuenta de lo vasta y
diversa que fue su producción de proyectos, convierte a esta publicación de la XIV
Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, en un valiosísimo material
documental que posibilita conocer parte de su producción escasamente divulgada y
revisar su obra en su sentido más amplio.
Un capítulo final (“Apuntalamientos”) reúne un conjunto de imágenes de archivo de
diferentes instalaciones realizadas por Testa en las que reiteró la propuesta inicial de
Apuntalamientos para un museo, presentada en 1968 en la exposición “Materiales,
Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones” en el Museo Nacional de Bellas Artes local. En
esta muestra-homenaje de 2013, también hubo un espacio para la reconstrucción de
sus notables estructuras ficcionalizando un apuntalamiento verdadero.
Si bien en el momento de creación de la Bienal de Buenos Aires, Testa ya era una
figura consagrada tanto en el ambiente artístico como en el ámbito profesional, su
frecuente participación en los distintos encuentros como conferencista, expositor u
objeto de premiación, fueron acciones que sostuvieron y acompañaron ese prestigio
alcanzado. Tal vez esa presencia activa y permanente en la celebración de las
Bienales amplió su visibilidad y lo expuso frente a un público de mayor diversidad y de
una manera alternativa a la que otorga la premiación en concursos, la aparición de
importantes encargos y la inauguración de nuevos edificios.
3. Jorge Glusberg publicó varios libros. Algunos de ellos incluyen –de distintas
maneras- a Clorindo Testa en sus contenidos y pueden ser clasificados de la siguiente
manera:
a. Casi una década antes que la celebración de la primera Bienal de Buenos Aires, en
1977, Testa y Glusberg presentaron un libro de autoría compartida: Hacia una
arquitectura topológica. Propuesta para la Carta de Machu Pichu.
7
Ravera, Rosa María, Testa, Pintores Argentinos del siglo XX, Centro Editor de América latina,
1981.
Ambos autores habían firmado en ese mismo año de 1977, el manifiesto mencionado
en el subtítulo del libro, junto a un importante grupo de intelectuales y arquitectos
internacionales, liderados por el historiador y crítico italiano Bruno Zevi.
La Carta de Machu Picchu intentó realizar una actualización de los principios del
urbanismo moderno, que habían sido planteados casi medio siglo antes en la Carta de
Atenas.
Con relación a la Carta de Machi Pichu, Roberto Converti relata que…
8
Rodríguez, F., (editora), (2011). Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires 1985-
2011. 26 Años de Historia, Argentina: Revista Plot, página 41 y 42.
9
Testa, C., Glusberg, J., (1977) Hacia una arquitectura topológica. Propuesta para la Carta de
Machu Pichu, Argentina: Espacio Editora, página 19.
10
Ib. Idem, página 30. Las ilustraciones se encuentran desde la página 30 hasta la página 43.
reunidos por primera vez en 1923, en el libro mencionado. Hacia una arquitectura
(Vers une architecture) fue de primordial importancia para varias generaciones de
arquitectos activos durante el siglo XX, influencia que Testa siempre declaró y que se
manifiesta de manera clara en buena parte de su producción. Sobre todo en las obras
en las que utilizó el hormigón armado visto, explorando y explotando la gran capacidad
expresiva de este material.
11
Glusberg, J., (1977). Hacia una crítica de la arquitectura, Argentina: Espacio Editora, página
91.
protagonismo importante: la formación del Grupo CAYC, la Carta de Machu Pichu, el
arte de sistemas, entre otros.
Desde un punto de vista sumamente personal, divide la evolución artística en la
Argentina en tres etapas cronológicas, extendiendo la primera (“el período colonial”)
hasta la mitad del siglo XX, caracterizándola “por su subordinación directa a los
modelos europeos entonces en boga”. La segunda (“el período cosmopolita”) abarca
las décadas de 1950 y 1960 y “entraña la incorporación –sin sumisiones- del arte local
a las corrientes internacionales”. La última (“el período nacional”) “señala la
decantación y maduración de los avances de la era cosmopolita”. Dedicándole 20
páginas (de las más de 500 que componen el libro) a la exposición de las dos primeras
etapas, el desarrollo del “período nacional” ocupa el resto del espacio editorial. Este
período se inicia aproximadamente en 1968/1969, momento artístico definido por las
últimas actividades presentadas por el Centro de Artes Visuales en el Instituto Di Tella
(y su clausura) y por la aparición del Grupo CAYC.
El libro está dividido en ocho partes. La tercera repite en su título parte del nombre del
libro: Del pop-art al arte de sistemas. La cuarta está destinada a la presentación del
Grupo CAYC y se inicia con una breve introducción en la que Glusberg se refiere a la
influencia de los dos grandes teóricos del siglo XX que participaron en la formación y
delineado del colectivo creado por él. Ellos son, el polaco Jerzy Grotowski (hombre de
teatro, creador del concepto de teatro pobre) que visitó Buenos Aires y mantuvo un
encuentro con los artistas en la sede del propio CAYC en 1971 y el “célebre psiquiatra
y pensador inglés David Cooper”12, quien también trabajó junto a los integrantes del
Grupo y tuvo (según palabras de Glusberg) una importancia decisiva en su formación.
La presencia de estos dos hombres representativos de una posición heterodoxa de la
cultura de su tiempo (Grotowski con su teatro laboratorio y Cooper con la acuñación
del concepto de la antipsiquiatría) en los momentos iniciales de la formación del Grupo
CAYC demuestran el carácter vanguardista, de ruptura e innovación que Glusberg
intentaba darle a su asociación. Tal vez, los años transcurridos desde entonces, hayan
desplazado los aportes de esos dos notables creadores del siglo pasado de los
lugares más visibles de la cultura, pero es innegable la importancia que sus
respectivos trabajos tuvieron en sus respectivos campos de actuación y la atención
que sus aportes presentaban en el momento de sus visitas a Buenos Aires.
El núcleo de esta cuarta parte del libro está constituido por las biografías de los ocho
artistas que integraban el colectivo en ese momento de la publicación de Arte en la
Argentina: Jacques Bedel, Luis Benedit, Jorge González Mir, Víctor Grippo, Leopoldo
Maler, Vicente Marotta, Alfredo Portillos y Clorindo Testa. El tramo dedicado a Testa
sólo considera su actividad como artista plástico y analiza una serie de hitos (obras
singulares y exposiciones) relevantes dentro de su producción: Medición de un grito,
la Peste en la ciudad, la Peste en Ceppaloni y Habitar, trabajar, circular y recrearse, la
célebre serie donde Testa reelaboró (de manera pictórica) los conceptos referidos al
urbanismo moderno, enunciados en la Carta de Atenas.
12
En realidad, Cooper nació en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Vivió la mayor parte de su vida en
Inglaterra y murió en París en 1986.
“Arquitecto –uno de los más grandes de América latina- aborda su examen a través de
la vida urbana, poniendo el acento en el deterior ecológico, como una manera de
destacar el igualmente grave menosprecio de la condición humana. He ahí los marcos
referenciales dentro de los que viene operando, en los últimos años, el arte de este
singularísimo creador” 13
Los términos con los que se refiere a la obra artística de Testa son sumamente
elogiosos; actitud que se repite en el abordaje de todos los artistas incluidos en el libro.
El tono general de la obra es laudatorio y de alguna manera intenta establecer el
canon definitivo (y personal) de los artistas plásticos argentinos actuantes en los
últimos veinte años anteriores a la aparición del libro. Se trata de todas personalidades
ya consagradas en el tiempo de la publicación de Arte en la Argentina, que adquieren
en ese momento y en los términos planteados por el relato de Glusberg, una
celebración, que podría considerarse definitiva.
La quinta parte del libro suma treinta y un biografías a las precedentes de los artistas
del Grupo CAYC mencionadas. Éstas nuevas están dedicadas a personalidades
artísticas relevantes de ese momento. Si bien en el libro no se expresa, es clara la
intención de Glusberg de delimitar el panteón de aquellos que merecen su
incorporación en el canon del arte vanguardista del siglo XX local. Queda también
establecido que existe un primer conjunto (los integrantes del Grupo CAYC, entre los
que se encuentra Testa) que merece un espacio particularizado y escindido del
colectivo general de aquellos otros artistas, aún aunque se trate de una selección
cuidadosa dentro del ámbito artístico general en la que figuran nombres tan
reconocidos como Marta Minujin, Luis Felipe Noé, Delia Cancela, Ernesto Deira,
Rómulo Macció, Juan Carlos Distéfano y otros de la misma envergadura artística.
La biografía referida a la actividad plástica de Testa realizada por Glusberg da cuenta
de la gran admiración de éste por la labor del primero. Sin embargo, el texto puede
funcionar también, como una expresión de la consolidación y la alta consideración que
su obra ya contaba a mediados de la década de 1980.
Las menciones a la obra de Testa en este libro no se limitan a la citada biografía sino
que su nombre aparece vinculado al relato en distintos tramos del libro, sobre todo en
lo que atañe a las actividades del Grupo CAYC.
13
Página 201.
14
Llinás, Julio, Clorindo Testa, Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación y Justicia,
Buenos Aires, 1962.
15
Ravera, Rosa María, Testa, Pintores Argentinos del Siglo XX, número 46, Centro editor de América
Latina, Buenos Aires, 1981.
obra artística de Clorindo, si tomamos en cuenta la frecuencia y el sentido con los que
se los cita. Glusberg, por ejemplo, lo hace en su libro dedicado a Testa, así como
también aparecen en él, citas del crítico Aldo Pellegrini. En el caso de la producción
arquitectónica esto no es así, ya que Clorindo Testa, Pintor y arquitecto es la primera
publicación que se ocupa de ella en un sentido integral y panorámico. No hay una sola
mención de Glusberg a trabajos críticos de otros autores, respecto de la obra
arquitectónica de Clorindo y eso no es ni por olvido ni negación. Simplemente es que
las publicaciones anteriores a su libro que habían abordado el quehacer de la obra
arquitectónica de Clorindo constituyen un universo de artículos que –por lo general-
toman un solo proyecto, edificio o pequeño conjunto de ellos y lo describen sin
avanzar demasiado en una apreciación crítica. El número monográfico que la revista
Summa le dedicó a Testa es de ese mismo año (febrero/marzo de 1983). Pero se trata
de un conjunto de artículos que abordan cada uno de ellos un proyecto, un edificio o
un aspecto determinado de su figura o de su producción. Sin duda, el número
monográfico marca una diferencia con las publicaciones anteriores sobre Clorindo
(aunque más no sea, por extensión) pero no deja de ser la reunión de un conjunto de
artículos, no articulados desde el punto de vista de la construcción de una mirada
integral sobre su obra.
En el libro de Glusberg la atención está puesta no sólo en las obras más renombradas
y recurridas (el Banco de Londres, la Biblioteca Nacional) sino que también incluye
proyectos no tan conocidos, algunos por no haberse construido, otros, por tratarse de
presentaciones a concursos que no recibieron el primer premio o simplemente, por
haber quedado ocultos tras la sacralización otorgada por la crítica a una cantidad
reducida de sus proyectos.
También es novedosa, pionera y casi única, la manera en la que Glusberg se ocupa –
en una misma obra- del trabajo artístico y el trabajo arquitectónico de Clorindo, ya
anunciada desde el título mismo y que hasta entonces, nadie había articulado en un
mismo relato y publicación. Pero tal vez, la mayor novedad (y seguramente en ello
radique uno de los valores más importantes de ese trabajo de Glusberg) es que las
imágenes no prevalecen sobre el texto, al contrario de lo ocurre habitualmente con los
libros de divulgación general y que hasta ese momento era el formato casi exclusivo
de las publicaciones realizadas sobre Testa. Imágenes en primer plano y el reducido
texto subsidiario de ellas.
Clorindo Testa, Pintor y arquitecto es un libro que intenta acercarse a su universo
artístico y profesional de una manera crítica, tratando de adentrarse más allá de la
simple descripción formal de las obras y ahondando en cuestiones que superan los
tópicos habituales y reiterados en la aproximación a sus prácticas. El brutalismo, por
ejemplo, casi un lugar común como herramienta de análisis primordial para la obra
testiana es evitado por Glusberg en esas páginas.
La sumatoria de todas estas condiciones hace que Clorindo Testa. Pintor y arquitecto
sea un producto sumamente particular en el universo de la bibliografía producida sobre
él.
El libro fue anunciado como el primer trabajo de una Colección y lanzado de manera
conjunta por Ediciones Summa y la Biblioteca UIA (Unión Internacional de
Arquitectos). Glusberg era en ese momento vicepresidente de la Asociación
Internacional de Críticos de Arte y Consejero de la UIA. El prólogo del libro es de
Rafael de la Hoz, por entonces, presidente de la UIA, quien dice:
El libro está equitativamente dedicado en partes iguales a sus dos labores: la artística
–que ocupa la primera mitad del libro- y la arquitectónica. Es sin duda un libro de texto,
en el cual el relato está ilustrado (profusamente) por imágenes de pinturas, de
proyectos arquitectónicos y de edificios.
Si bien, como señala Glusberg… “hacia 1957, Testa suprime de sus cuadros todo
vestigio figurativo y empieza a prescindir del color, al que retira definitivamente de sus
telas en 1960, para ceder paso al blanco, el negro y los grises”… los originales de
muchas de las obras mostradas utilizan una amplia paleta de colores. Sin embargo,
todas las imágenes que contiene el libro son en blanco, negro y gris. Sólo la cubierta
del libro incluye otro color: el rojo. Las pinturas están todas reproducidas en la escala
de grises. Si bien esto distorsiona la visión realista de las obras y se agrava en
relación a que se trata de un libro de crítica artística, pareciera que la decisión de no
reproducir muchas de las obras en sus colores originales está relacionada con la
búsqueda de una imagen editorial. El contraste entre el color pleno del exterior del
libro y las imágenes de su interior pareciera confirmar esa hipótesis. Y si bien la cita
señalada un poco más arriba señala justamente un aspecto cromático de la obra
pictórica de Testa, la atención de Glusberg está puesta en mayor medida, en las
temáticas abordadas y en los aspectos significativos de las obras. Seguramente la
decisión de incorporar todas las imágenes en blanco y negro también esté relacionada
con el propósito de jerarquizar el valor del texto y que este no sea ensombrecido por la
potencia expresiva de las imágenes. Al eliminar la variada paleta de colores (tanto de
los edificios como de las imágenes artísticas) se está proponiendo priorizar el acceso
al abordaje crítico de la obra de Clorindo, a través de la lectura del libro antes que a la
revisión sin compromiso, de las impactantes imágenes.
De las seis partes que integran el libro, las tres últimas están dedicadas a la labor
arquitectónica: “Una arquitectura propia”, “El diseño en acción” y “El artista-arquitecto”.
El texto evita la descripción de las obras y se interna en un análisis crítico en el que se
alternan extensas citas de comentarios realizados por Clorindo sobre su propia obra,
con pasajes laudatorios del autor del libro constituidos por apreciaciones críticas que
se apartan de los comentarios habituales recibidos por la obra de Testa.
Sin explicitar por qué, a continuacion del texto final se ubican tres fotografías que
ocupan una página completa, cada una de ellas. Muestran espacios exteriores del
edificio que Testa proyectó para su propio atelier de pintura.
Tal vez, como un guiño final e irónico, sean para Glusberg estas las formas que mejor
expresen, la singular articulación que la práctica artística y la arquitectónica adquieren
en la obra de su admirado colega.
Dieciséis años después, en 1999, Jorge Glusberg anunció una reedición de Clorindo
Testa. Pintor y arquitecto. En el Prólogo nos dice:
Sin embargo, las diferencias entre un libro y el otro van más allá del anuncio de
“corregida y aumentada”. Ya desde el aspecto general, la tapa y contratapa tiene otro
arte; los colores han cambiado y tiene una reproducción de un sector interior del
Buenos Aires Design Center Recoleta, obra proyectada y construida durante el
período 1990-1993, o sea, con posterioridad a la aparición de la primera edición. La
caja del segundo libro es un poco mayor que la del primero y su extensión también lo
es. Cien páginas el de 1983; casi doscientas cincuenta, el segundo, en el que se
agrega la traducción al inglés de todos los textos. Pero tal vez, la mayor diferencia
(desde el punto de vista gráfico) es que las fotografías de los edificios y las
reproducciones de las obras artísticas de Clorindo están en colores. La paleta
cromática de Testa estalla en esta edición de 1999. Pero –obviamente- no se trata de
las mismas imágenes; son otras. Las de los dibujos, las de las pinturas y las de los
edificios. Y si bien el índice del primer libro se repite en la primera parte del segundo,
el texto en su totalidad ya no es el mismo. Tiene agregada una segunda parte donde
aparecen títulos nuevos (“De ciudades y utopías” y “La escritura de la memoria”) y una
tercera titulada “Arquitectura” donde están expuestos a partir de un pequeño texto y
una profusión de cuidadas imágenes (croquis, planos y fotografías) un conjunto de
edificios que, la mayoría, han sido proyectados y construidos en los quince años que
transcurrieron entre las dos ediciones: el Instituto de Cooperación Iberoamericana
(1988), la Tumbona (1985), el Auditorio de la Paz (1996), la Galería de Arte Altera
(1998) y la Universidad Torcuato Di Tella (1998), entre otros, reemplazan a muchos de
los que aparecían en la primera edición.
Se conservaron la mayoría de los títulos, el esquema general y se mantuvieron
fielmente, muchos de los párrafos. Pero tiene agregados, modificaciones y también
hay partes que han sido suprimidas. Son tantas las diferencias entre una y otra edición
que desmienten la afirmación de Glusberg de “corregida y aumentada”, situándose
más cerca de una situación de continuidad entre ambos. Condición que también
menciona el autor en ese mismo párrafo citado.
Son libros complementarios que recorren –básicamente- tramos diferentes de la
producción de Testa, tanto en lo artístico como en lo arquitectónico. El segundo no
reemplaza de manera corregida y aumentada al primero, sino que lo completa y lo
expande haciendo foco en la producción cercana a ese momento.
En unas palabras preliminares escritas por Fernando Diez (editor del libro de 1999),
ubicadas en la solapa se lee:
“Las páginas de este libro reúnen, por primera vez, su vasta actividad creadora en una
sola visión, bajo la experta guía de quien mejor conoce su obra, Jorge Glusberg,
amigo, promotor y admirador del artista”.
4. Jorge Glusberg ganó el concurso para dirigir el Museo Nacional de Bellas Artes
(MNBA) en 1994 y ejerció ese cargo hasta el año 2003.
Durante esa década se realizaron tres exposiciones individuales de Clorindo Testa. La
primera de ellas se inauguró el 6 de junio de 1996. La segunda, el 12 de abril de 1999
y la tercera, en diciembre de 2003.
Aparentemente, no se realizaron catálogos de esos eventos. Los documentos más
accesibles que los testimonian son los boletines oficiales que por esa época editaba el
MNBA con una frecuencia mensual. Se trataba de un desplegable de seis caras de
idénticas dimensiones y diagramación, en cuya imagen sólo iba variando el color de
las letras del logotipo del Museo y las líneas que lo subrayaban. En este pequeño
formato se difundían las actividades programadas para el mes, además de reunir un
conjunto de notas (especialmente escritas para esa publicación) relativas a algunas de
ellas.
En los tres meses correspondientes a las respectivas inauguraciones dedicadas a
Testa es posible encontrar información sobre ellas. Los salones del Museo ya habían
albergado obras de Testa, con anterioridad. En julio de 1960, más de treinta años
antes del inicio de la gestión de Glusberg, Clorindo participó en una exposición que
reunía obras de 5 pintores: Fernández Muro, Sarah Grilo, Miguel Ocampo, Kazuya
Sakai y Testa. Por entonces, Jorge Romero Brest ejercía la dirección del Museo. De
esta exposición, sí se editó un catálogo.
Resulta llamativa la frecuencia: tres muestras individuales en diez años. Durante la
gestión de Glusberg, Testa se convierte en un asiduo invitado del Museo. Además, en
1996, en el momento de la realización de la primera de ellas, Clorindo formaba parte
del grupo de asesores que asistía al Director. Así lo consigna el boletín de junio de ese
año. Los asesores de ese momento son nueve. Testa es el dedicado a Arquitectura y
comparte ese grupo junto a Ronald Shakespear (Comunicación), Carlos Sallaberry
(Diseño), Sara Facio (Fotografía). Horacio De Dios (Medios), Salvador Sammaritano
(Cine), Samuel Paz (Arte), María Angélica Bignone (Relaciones Humanas) y Alfredo
Iribarren (Abogado).
Esa muestra llevó por título “Clorindo Testa: la escritura de la memoria”. En el boletín
de ese mes la Carta del Director está dedicada a otra exposición inaugurada también
en junio de ese año titulada “De la Escuela de Barbizon a Van Gogh”. Como no ocurría
habitualmente con esos boletines, Glusberg firma también uno de los artículos
incluidos. El referido a la muestra de su amigo pintor.
Clorindo Testa ya era un consagrado en 1996. Ya había superado los 70 años, había
realizado la totalidad de los edificios que construyeron su prestigio internacional y su
carrera artística era sumamente valorada en los círculos de la crítica y el público local.
Su incorporación en el Grupo CAYC le había dado una importante proyección
internacional, a través de una asidua participación en bienales y muestras en el
exterior. La promoción (exposición, divulgación, fomento) que Glusberg afianzó con las
múltiples acciones que realizó en su favor, sólo consiguió mantener a Clorindo en un
lugar de exposición permanente. Las muestras en el MNBA originaron menciones y
notas en los medios editoriales de esos momentos, algunas inclusive firmadas por el
mismo Glusberg. Como es el caso de “Fiesta en el Museo”, artículo escrito por el
director y publicado en el número 37 de Summa+, elogiando la muestra de Testa de
1999 en el Museo.
Esa segunda exposición se inauguró en abril de 1999 y llevó por nombre “Clorindo
Testa. Arquitecto y pintor”. El mismo título que lleva el libro que Glusberg le dedicó a la
obra de Clorindo y cuya segunda edición apareció contemporáneamente con la
celebración de la muestra. Es más, el día de la inauguración se realizó el acto de su
presentación. Además, la Carta del Director en el Boletín Oficial de ese mes es la
reproducción del Prólogo del libro, texto acompañado por la reproducción de dos
pinturas de Testa.
El MNBA editó, además, para esta exposición, un atractivo desplegable de cuatro
caras en cada uno de sus lados, titulado “Clorindo Testa en el Museo Nacional de
Bellas Artes”. Es una pieza de cuidado diseño que proyecta los textos sobre un fondo
de colores diferentes según la cara que se esté observando. Azul en una; gris en la
otra. Sobre ese fondo se van sucediendo el trazo reconocible de los dibujos de
Clorindo: el obispo muerto, el concurso de Loma Negra, las camas de la fiebre
amarilla, el concurso de Puerto Madero…
En una de las caras del desplegable se encuentra el texto firmado por Glusberg:
“Clorindo Testa. El libro y la muestra en el MNBA” que reproduce, una vez más, el
prólogo de la edición del libro editado ese año. En la otra cara, un escrito del arquitecto
Fernando Diez, editor del libro, titulado “Testa, Pintor, Clorindo, Arquitecto.
“Testa, pintor, Clorindo, arquitecto. No importa en qué orden pongamos estas cuatro
palabras, nunca parecen suficientes para abarcar la personalidad que encarna
Clorindo Testa, el artista. Es que pintor y arquitecto son una misma persona, las
mismas manos sobre el mismo bloc de 50 x 70 centímetros de papel obra, el mismo
lápiz impaciente por reinventar la forma y el color” son los términos con las que Diez
comienza sus comentarios sobre la muestra, interpretando en la articulación de una
nueva secuencia y dimensión, las palabras que Glusberg había elegido para titular su
libro.
16
Giménez, Carlos G., Pataro, Antonella, “La bibliografía como una biografía posible. Las publicaciones
sobre Clorindo Testa”, Anales del IAA. En prensa.
autores. Tal vez en este punto se ubique un reflejo de su propia condición; su trabajo
diversificado y complementado como arquitecto y como crítico, como gestor y
promotor de actividades artísticas, de manera articulada. Esta simultaneidad de
prácticas y de intereses compartidos, la adhesión a principios estéticos comunes, la
vocación de apego a la experimentación y a las acciones de vanguardia, vincularon a
lo largo de varias décadas de trabajo, a estas dos personalidades sobresalientes de la
vida artística argentina.
Si bien a lo largo de la historia cultural es posible encontrar distintos casos de críticos
o estudiosos que con su labor cimentan y fortalecen la difusión de la obra de una
personalidad o de un grupo, la relación Glusberg-Testa asume, en nuestro medio, una
condición singular. Clorindo fue asidua y permanentemente convocado por el crítico y
gestor en los proyectos que emprendía, habitualmente caracterizados por un
considerable valor artístico y cultural, y relacionados siempre con espacios que
garantizaban una amplia exposición, difusión y calificación.
Tal vez sea necesario aclarar una vez más y en este punto, que la obra de Clorindo
Testa ya tenía un prestigio considerable, con anterioridad a la participación de
Glusberg en su difusión. Sin embargo, al observar la construcción cronológica de la
bibliografía que se ocupa de su obra arquitectónica, antes de los trabajos debidos a
Glusberg, ésta se reduce a artículos expositivos en los que el material gráfico
prevalece ampliamente sobre el material literario. Glusberg es, sin duda, el primer
agente que se ocupa de la obra arquitectónica de Testa de manera integral,
asumiendo una posición verdaderamente crítica.
Después de considerar cada una de las acciones y de los aspectos en los que
intervino en la difusión y en la valoración positiva de la obra de Testa, es innegable
determinar la gravitación que su trabajo tuvo sobre esa consolidación.
Si, como dice Josep María Montaner… “la crítica iniciada como opinión personal de un
especialista tiene como objetivo entrar a formar parte de la voluntad colectiva, ponerse
en común en publicaciones, soportes mediáticos, cursos y debates ciudadanos y, al
final, volver a revertir en la esfera subjetiva de cada individuo dentro de la sociedad…”,
la acción crítica de Glusberg cumplió ampliamente su cometido. Logró construir y
difundir una imagen prestigiosa de solidez y experimentación de la figura de Clorindo
Testa, como tal vez, ningún otro crítico consiguió hacerlo con alguna otra personalidad
de nuestro medio cultural. En esta dimensión es que la relación Glusberg Testa se
expresa de manera sumamente ejemplar.
En ocasión de la muerte de Glusberg en 2012, una nota necrológica publicada el 3 de
febrero de ese año en el diario Clarín, reprodujo una cita de su colega Clorindo Testa.
“Los Amigos del Arte en los años 30, el Di Tella en los 70 y Jorge Glusberg son los
tres actores más importantes en la difusión del arte argentino en el siglo XX”.
Bibliografía
Glusberg, J., (1977). Hacia una crítica de la arquitectura, Argentina: Espacio
Editora.
Vindel, J., (2013). La vida por asalto: arte, política e historia en Argentina entre
1965 y 2001, Argentina: Ed. Brumaria.
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