Tema 2. Origen y evolución Humanos.
Antropogénesis de los
Homininos Prehumanos. Géneros Australopithecus y
Paranthropus.
• La Antropogénesis. Conceptos generales.
Los cambios morfológicos de los primates son de gran importancia en el proceso
de la evolución humana. Charles Darwin, el célebre naturalista inglés, expuso en su
obra El Origen de las Especies del año 1859 que “podemos pues con gran probabilidad
afirmar que el África fue antes habitada por especies que ya no existen, que eran muy
parecidas al gorila o al chimpancé; y como quiera que estás dos especies son las que
más se asemejan al hombre, es también probable, que nuestros antecesores habitaran
el África más bien que otro continente alguno”. Esta nueva visión del planteamiento del
origen del hombre cobraría una gran importancia, pues muestra al ser humano como
producto de la evolución. La antropogénesis, así, se trata de un proceso de cambio
constante a partir de unas características primitivas.
Será a partir del siglo XIX cuando la disciplina de la Prehistoria comience a
vertebrarse. En un principio las cronologías se estimaban y se ordenaban los períodos
según las estratigrafías, pero a partir del año 1950 con el surgimiento del método del
Carbono 14, que permite la datación absoluta de restos orgánicos, se comenzaron a
configurar y precisar las cronologías prehistóricas.
• El Origen y Orden de los Primates.
Los primates provienen de pequeños mamíferos insectívoros arborícolas,
parecidos a los lemúridos, denominados purgatorius (género extinto de mamíferos
placentarios 10-20 cm) , surgidos hace 70 millones de años. Sin embargo, no será hasta
hace 60 millones de años cuando surja el verdadero árbol de la familia primate.
A mediados del Paleógeno (hace 50 millones de años) , los ramoneadores de hojas
habitarán el medio selvático y húmedo. Tiene entonces lugar la eclosión de los primeros
primates verdaderos, los adápidos y omónidos. Mientras que los omónidos desarrollan
la visión nocturna, los adápidos, desarrollan la diurna. En ambas especies destaca el
desarrollo del olfato y sobre todo de la vista, del ojo como órgano, por lo que surge
también la barra ósea supraorbitaria. Tienen además una dentición completa de más
piezas, con incisivos pequeños y caninos más grandes, diferenciándose de los dientes
típicos de roedor que habían tenido especies anteriores (imp. los dientes y la
configuración de la boca son elementos discriminantes en el análisis de restos).
Además, ven sustituidas sus garras por uñas planas y se abren los pulgares en manos
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y pies, como adaptación estructural para trepar y agarrarse. En estos nuevos primates se
pueden identificar aquellos caracteres que son comunes a todos los primates actuales.
Los primeros simios, sin embargo, surgen hace 40 millones de años con los
cercopithecoidea, catarhinos o Monos del Antiguo Mundo. Posteriormente
eclosionarán los grandes simios (hace 25 millones de años), hominoides. La edad de
oro de estos grandes simios llega hace 20 millones de años, durante el Mioceno, cuando
la sabana boscosa progresa debido al clima cada vez más seco del África del Este.
Hace 7 millones de años, se produce una división dentro de los grandes simios de
la surgen los sahelanthropus, orrorin y ardipithecus. Hace 2,5 millones de años
eclosionan de esta división, pues, las primera especies fuertemente relacionadas con los
humanos, como es el australopithecus anamensis (pre-humano por excelencia) y el
paranthropus, dando paso posteriormente al homme.
Genéticamente, los chimpancés (pan) son los animales más próximos a los
humanos, con casi un 99% de similitud genética, fenómeno que no se repite con otros
grandes simios. Es según esta diferencia genética cuando los chimpancés bonobos se
separan de la línea evolutiva humana, hace 6 - 5 millones de años, durante el Plioceno
Inicial (aunque muchos paleontólogos opinan que este fenómeno tuvo lugar con
anterioridad).
• Etología del Chimpancé.
Al guardar el chimpancé tal estrecha relación genética con el hombre, es de gran
importancia el conocimiento las características de este animal para el posterior estudio
de la evolución humana.
Los chimpancés tienen conciencia de sí mismos; tienen la capacidad de imitar,
así como de ponerse en lugar del otro (ser empáticos) y de comprender lo que siente un
compañero (sympathie); son propensos a mentir y manipular y poseen la aptitud de
reconciliarse, así como de hacer alianzas con el fin de dominar un grupo; son capaces
de llevar a cabo ataques concertados a bandas rivales y tienen una altísima capacidad
de aprendizaje, sobre todo numérica (pueden reconocer el valor de los números).
Tienen relaciones sexuales por placer y pueden desarrollar conductas homosexuales.
Poseen además complejas relaciones sociales, que son jerárquicas.
Por otra parte, suelen llevar a cabo la caza cooperativa de crías de otros grupos,
para, en ocasiones, rebajar la importancia que éste pudiera tener. Emplean utensilios
para obtener y procesar alimentos, e incluso llegan a transformar palos para crear
dichos utensilios. Son capaces de seleccionar diferentes rocas y materiales en función
del uso que deseen darle (ej. rocas como cantos o placas y palos de distinto tipo).
Ejercen, además, una reiteración de acciones y de lugar (ej. ir a cascar nueces siempre
a la misma zona) y transmiten conocimientos dentro del propio grupo, de generación
en generación.
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El período de crianza por parte de la madre es muy largo, de cuatro años. Estos
años suponen un estímulo cerebral especial en las crías de chimpancés. Se les enseña a
comer, a moverse, a relacionarse y, en definitiva, a vivir. Aunque el padre también
transmite conocimientos, es la madre la que juega el papel fundamental como garantía
de la seguridad y supervivencia de la cría. Los chimpancés, que habitan el bosque
lluvioso tropical, viven en grupos estructurados y comen individualmente, aunque son
tolerantes en ocasiones, ejerciéndose el gorroneo compartido. Se alimentan
directamente o emplean utensilios como piedras para triturar alimentos vegetales
(semillas o frutos).
• Diferencias morfológicas entre el Primate Superior y el Humano.
Respecto a la capacidad endocraneal, el cerebro homo tiene aproximadamente 1400
cc y una cara ortognata, reducida, con una osamenta más delgada, los grandes simios
poseen aproximadamente 350 - 400 cc con una cara sobresaliente (prognatismo). En
los humanos, el cráneo adquiere una forma redonda, y la reducción de la mandíbula
sumado a otros cambios generan el mentón. Sin embargo, el cráneo del humano
adulto es parecido al de un chimpancé bebé. La evolución del cráneo se debe a
ciertos genes que permiten conservar caracteres físicos típicos de la infancia en el
estado adulto (imp. la neotenia es la conservación del estado juvenil en la edad adulta).
El modo de locomoción resulta también un aspecto de gran interés. Los grandes
primates son ocasionalmente bípedos: los chimpancés sólo lo son el 10% o 20% del
tiempo, pues están poco adaptados a esta forma de locomoción. Se suelen, pues,
desplazar a cuatro patas, o suspendidos por los brazos en las ramas. No obstante, la
adaptación para trepar y suspenderse en las ramas los predispone a la bipedia, ya que
los músculos de las caderas y de la parte baja del dorso que se usan para trepar son los
mismos que se emplean para andar. Así, la morfología de los brazos y la espalda
humana deriva de la adaptación de sus ancestros a suspenderse en las ramas, pues el
bipedismo total es una adquisición humana que, por lo tanto, proviene directamente de
los árboles. La bipedestación total surge hace 1,8 millones de años con el homo erectus.
El esqueleto también se adapta a la evolución, pues el bipedismo afecta a la
columna vertebral con cambios sustanciales. La columna vertebral de los primates
tiende a ser rectilínea, mientras que la necesaria para la marcha bípeda precisa de
cuatro curvaturas (lordosis y cifosis cervical y lordosis y curvatura lumbar), así como
de un refuerzo de los huesos. De esta manera, la cabeza se puede mantener sobre las
vértebras cervicales y los brazos descansan en la caja torácica (por lo que también
tendrán lugar cambios morfológicos en esta), mientras que el peso de todo el cuerpo
recaerá en cintura, cadera, rodillas y plantas de los pies. Por otra parte, la reducción
progresiva de la marcha arborícola propia de los primates producirá que los brazos
disminuyan sus dimensiones en los humanos, siendo más cortos que las piernas.
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La pelvis humana es más ancha y robusta que la del primate, pues debe soportar
el peso de los órganos abdominales en posición erecta, destacando un hercúleo hueso
sacro. El fémur humano, por su parte, así como el cuello de éste, es más largo. El
hueso se encuentra orientado de forma diferente en relación a la cadera, y se robustece
debido al peso que va a recibir la zona. Se modifica asimismo la plataforma del fémur,
así como la epífisis de la tibia, debido al gran peso que sujetarán las rodillas. El pie
humano no es prensil, pues el dedo gordo (hallux) no puede oponerse a los otros dedos,
y se sitúa en la prolongación, lo que facilita la marcha bípeda. Además, posee una
bóveda plantar.
La posición del agujero occipital (foramen magnum) se encuentra más reculada
en los grandes simios, mientras que en los humanos se encuentra en el centro, en la
base del cráneo. Respecto a la dentición, los grandes simios presentan unos caninos
muy desarrollados (sobre todo los machos) y una dentadura en forma de "U", mientras
que en los humanos esta "U" evoluciona en una arcada dentaria, los dientes se
homogeneízan y poseen una morfología distinta.
• El Mioceno y los primeros Homininos.
Durante el Mioceno Superior (11,6 - 5,3 millones de años) aparece en África el
linaje de los homininos, cuyo principal rasgo derivado en la bipedia, que comienza a
operarse. Sin embargo, será distinta a la de los humanos modernos, pues, entre otras
cosas, éstas especies tendrán una mayor capacidad de trepe.
Dentro de los primeros homininos encontramos a los sahelanthropus, orrorin
(ambas especies de escasos restos arqueológicos) y ardipithecus, que aunque presentan
diferencias entre ellos, hay una tendencia actual a considerar a estas tres especies
como pertenecientes a un sólo género, denominado Ardipithecus (imp. denominación
por B. Wood. M. Collard, Hailee-Selasie y Cela-Conde y Ayala). Todos ellos serán
bípedos, por lo que tendrán posición erguida, y adoptarán a su vez posiciones
arborícolas. Se encuentran así dos grandes géneros: el chimpancé, que continuaría
también su evolución (no hominino) y el género Ardipithecus, compuesto por tres
especies que se consideran como el auténtico inicio del proceso de antropogénesis
(imp. sólo surgen en África, sobre todo en el África Oriental).
- Sahelanthropus tchadensis o Toumaï (7 - 6 millones de años).
El sahelanthropus fue descubierto en el año 2001 en el Suhel (Sur del Sáhara), en
zonas pantanosas del Tchad, a 2.500 km del Valle del Rift. Se poseen escasos restos
de esta especie que no se considera directamente en el origen humano, cuya capacidad
endocraneal media ronda los 350 cc. La base del cráneo presenta ya una modificación
del agujero occipital, que se aparece más plano y centrado, lo que evidencia la
posición erguida que adoptaban estos especímenes. La estatura media era de entre 1 a
1,30 metros, y posee un torus supraorbitario marcado y continuo, que resalta la ceja en
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una doble arcada. El prognatismo está además reducido: la cara se presenta más
aplastada, con una mandíbula poco proyectada hacia delante. La dentición es fina y
puntiaguda, con caninos marcados, arcaicos.
- Orrorin tugenensis (6 - 5,7 millones de años).
El orrorin se descubre también en el año 2001, y habitaba en la región de colinas
de Tugen, en el Lago Baringo de Kenia y otras localidades del África Oriental. Los
restos dentarios de esta especie indican que el lugar era, por aquel entonces, de
ambiente forestal. Con el orrorin se inicia el verdadero comienzo de la bipedestación,
por lo que se propone como el ancestro del género homo.
De entre 1,25 y 1,35 metros de altura, presenta mandíbula y dientes arcaicos,
como en los simios. Por otra parte, el fémur indica una clara locomoción bípeda, por
su largo, su forma y orientación del cuello, siendo incluso más humaniforme que el del
australopithecus anamensis. Estas poblaciones probablemente se veían obligados a
dormir en las copas de los árboles para protegerse, así como a acceder a ellas para
alimentarse y moverse.
- Ardipithecus ramidus (5,8 - 5,5 millones de años).
El ardipithecus habita cerca de los ríos Awash y Aramis, en Afar, Etiopía. Se han
encontrado diversos yacimientos, por lo que se poseen multitud de restos de esta
especie extinta, aproximadamente 200, y se considera el espécimen más auténtico y
próximo al origen humano.
Poseían una locomoción bípeda. Asimismo, y aunque sus brazos continúan siendo
alargados, posee la primera falange del pie con articulación "humana" (hace, pues, 5,8
millones de años). La dentición, por su parte, es de caninos reducidos, incisivos
espatuliformes y un esmalte aún fino. La alimentación continuaba siendo
mayoritariamente frugívora (de frutos carnosos) aunque también se ingería carne, lo
que a largo plazo produciría una importante evolución del cerebro. (1º Pie con
articulación humana)
• El Plioceno y el Género Australopithecus (4,2 - 1,78 millones de años).
El género Australopithecus se compone de seis especies, de las cuales algunas
coexistirán entre sí, además de con otros géneros, como el Paranthropus y el Homo,
siempre dentro del África Oriental, cerca del Valle del Rift. Los primeros
australopithecus fueron descubiertos en África del Sur por Raymond Dart en el año
1924, de ahí la nomenclatura empleada para denominar al género, que significa "monos
del Sur". La mayoría de los nombres de las especies australopithecinas se nombran,
asimismo, en relación a la zona del hallazgo o a alguna lengua africana. Encontramos
pues Australopithecus anamensis (4,2 - 3,6), Australopithecus afarensis (4,1 - 2,9),
Australopithecus barelghazali (3,5), Australopithecus africanus (3,5 - 2,5),
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Australopithecus garhi (2,6 - 2) y Australopithecus sediba (1,97 - 1,78 millones de
años)
Cabe destacar que, durante el Plioceno, el Este del Valle del Rift se va a ver
afectado por el incremento de la aridez, que provocará la reducción de la masa
forestal y el consecuente incremento de la sabana, que será más abierta. La
alimentación disponible para el nuevo género será pues coriácea, basada en frutos
duros, granos, raíces, tubérculos y rizomas (imp. este tipo de alimentación raya el
esmalte dentario, por lo que se puede conocer de qué se nutrían estas especies). La
sabana, además, fomentará la marcha bípeda, ya que la movilidad será, de esta
manera, más sencilla.
- Características generales del género Australopithecus.
El género Australopithecus posee una serie de características presentes siempre en
todas las especies que lo componen. En cuanto al cráneo, la caja craneal está más
desarrollada y alta, y la capacidad endocraneal oscila entre 380 y 500 cc. Las áreas
corticales (corteza cerebral) se encuentran mejor desarrolladas, así como el cerebro,
pues hay una mayor encefalización. La red sanguínea es también mayor, debido a una
irrigación parietal más densa. La base del cráneo también se ve modificada por la
bipedestación: el foramen magnum se encuentra hacia abajo y no hacia atrás, como en
los simios. La base se refuerza, a su vez, con la primera vértebra cervical (cóndilos
occipitales), mientras que los músculos de la nuca poseen un desarrollo inferior,
debido al mayor equilibrio existente entre columna y cráneo (debido a la posición
bípeda).
La cara muestra un rostro alto y poderoso, con un torus supraorbital saliente y
continuo. Es además una cara menos prognata, sin mentón, y que carece de glabela
(depresión en la raíz de la nariz). El aparato bucal, por su parte, posee un paladar
largo y poco profundo que no favorece el lenguaje oral, con unos huesos hioides de
tipo simiesco que imposibilitan el habla. La mandíbula, corta, tiene unas ramas
ascendentes desarrolladas, y unas inserciones musculares de los músculos
masticatorios profundas y muy marcadas. La arcada dentaria tiene tendencia
parabólica (por lo que es más humana), y los dientes son cortos, robustos y con raíces
verticales. Se desarrollan los molares y premolares, de coronas anchas, mientras que
los caninos se reducen, aunque siguen siendo prominentes. La implantación dental es
por tanto profunda, con una capa gruesa de esmalte. La masticación es potente,
debido al ancho cuerpo mandibular.
Respecto al aparato postcraneal, las proporciones corporales atienden a un
cuerpo ancho y achaparrado. El tronco continúa poseyendo forma de cono: la caja
torácica es ancha en la base y estrecha hacia el cuello, debido a la aún existencia de
costumbres arborícolas, y las costillas se encuentran además cerca de la pelvis, pues no
hay talle. La columna posee en la zona lumbar seis vértebras (imp. los humanos
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poseen cinco vértebras), y los hombros presentan unos omóplatos robustos, al igual que
la clavícula, orientados hacia arriba y con una musculatura escapular fuerte. Los brazos
son largos, algo arborícolas, y los huesos del antebrazo (cúbito y radio) largos y
curvados. El húmero posee articulaciones profundas, mientras que la mano tiene un
carpo robusto, un metacarpo largo y una falange larga y curva. El pulgar es largo y
estrecho, no oponible (por lo que sigue sin ser humano), y no permite un asimiento
fuerte ni de precisión.
La posición erguida bípeda necesitará de un refuerzo en el aparato postcraneal
con la reorganización interior de huesos. Las piernas del Australopithecus continúan
siendo cortas, al igual que la pelvis, aunque esta es ancha, más abierta y acampanada
(casi humana), con hueso sacro corto y ancho y espina ilíaca para la inserción de los
músculos cuádriceps, ya que el peso se transmite a las extremidades inferiores. El
canal pélvico es, sin embargo, estrecho, pues las crías nacen con una cabeza pequeña.
Poseen una distancia corta al fémur desde esta zona, que garantiza y favorece la
transmisión del peso a las extremidades inferiores. El fémur, de cuello largo, posee una
diáfisis que converge hacia las rodillas. Éstas poseen, a su vez, articulaciones más
flexibles: la rótula y el menisco articular son distintos, lo que permite flexionar las
rodillas en marcha. El tobillo, por su parte, permite más variedad de movimientos,
mientras que el pie posee unos huesos casi iguales y equilibrados, con falanges cortas y
curvadas. El hallux es aún divergente, separado, debido a las costumbres arborícolas,
lo que produce dificultad al correr.
- Australopithecus anamensis (4,2 - 3,6 millones de años).
El Australopithecus anamensis se localiza en Kanapi y Alla Bay, en Kenia, en el
entorno del lago Turkana. Se descubre en el año 2005 en el valle del río Awash medio,
al Noreste de Etiopía, zona que concentrará a muchas poblaciones. Constituye la
especie australopithecina conocida más antigua, y los restos conservados corresponden
a los huesos fémur, tibia, dientes y un fragmento maxilar. Presenta un importante
dimorfismo sexual, expuesto en la diferencia de peso entre sexos.
La tibia aparece engrosada en su plataforma (imp. rasgo progresivo, derivado), lo
que posibilita el ejercicio de una eficaz posición erguida (más que afarensis), por lo
que el Australopithecus anamensis supone el más antiguo testimonio de bipedismo
pleno erecto prehumano. Los dientes, debido a la alimentación en un ambiente
forestal de frutos, hojas y alimentos, son más duros, con molares anchos y gruesos,
pero con caninos reducidos. Cabe destacar la gran evolución del húmero (Menos
arborícolas)
El Australopithecus anamensis, que se considera descendiente del Ardipithecus, se
encuentra en un caso de anagénesis, ya que evoluciona directamente a Australopithecus
afarensis.
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- Australopithecus afarensis (4,1 -2,9 millones de años).
Se descubre en Hadar, en la región de Afar, cercana al río Awash, en Etiopía. En el
año 1974 se descubre un cuerpo casi completo (aproximadamente un 80% de éste),
conocido como Lucy, sumado a restos posteriormente identificados. Desciende
directamente del Australopithecus anamensis.
Presenta una capacidad endocraneal media de 450 cc, similar a la de los grandes
primates. El dimorfismo sexual continúa: mientras que las hembras medían
aproximadamente 1 metro y pesaban alrededor de 29 kilos, los machos rondaban el 1,50
metro y los 45 kilos (dimorfismo sexual) . Aunque es una especie bípeda erguida
(menos especializada que en los humanos), también continúa siendo arborícola. La
pelvis femenina presenta, por su parte, un canal más pequeño, por lo que las crías
nacen más reducidas en tamaño, y el tiempo de gestación es más extenso. Por otra
parte, la cara muestra un menor prognatismo, y la arcada dentaria tiende a ser
parabólica, aunque aún posee unos incisivos grandes y unos caninos reducidos,
frugívoros.
El yacimiento de Laetoli en Tanzania posee unas huellas de paso en cenizas
volcánicas de hace 3,6 millones de años de dos adultos Australopithecus afarensis y
animales, descubiertas en 1978 .A partir de estas pisadas se obtuvo un importante dato:
el pie del afarensis no era apto para correr, pues el hallux continuaba aún estando
separado del resto del pie. Sin embargo, la articulación del fémur en la pelvis es más
próxima a la humana que a la de los grandes primates. La rodilla es típicamente
bípeda, intermedia entre humanos y simios, mientras que la pelvis se abre más, pues es
más próxima a la humana.
El Australopithecus afarensis posee, no obstante, una serie de destacables rasgos
primitivos. Por una parte, los brazos son muy largos, de tipo arborícola, y las falanges
de los dedos largas y encorvadas, adaptadas para trepar a los árboles y suspenderse de
las ramas. La caja torácica es similar a la de los grandes simios. Por otra parte, y
además de poseer el hallux separado, como se ha expuesto anteriormente, el talón
permite la rotación sobre el extremo del pie.
El descubrimiento de la niña de Dikika o Selam, el primer hallazgo prehumano
infantil (afarensis) de hace 3,3 millones de años, cerca del río Awash, en Etiopía, aportó
importantes datos a los investigadores. Su cuerpo se encontraba bastante completo, con
vértebras, costillas y dedos. Poseía todos los dientes de leche (algunos aún sin salir),
con caninos cortos. Tendría aproximadamente 3 años en el momento de su muerte. Sin
embargo, lo más destacado es el hallazgo de los primeros huesos hioides, que son de
tipo primate e imposibilitan para el habla.
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- Australopithecus barielghazali (3,5 - 3 millones de años).
Localizado en el centro del continente africano, se trata de la única especie
localizada fuera del Este o del Sur de éste, a 2.500 kilómetros del Rift (imp.
probablemente debido a la falta de investigación en África). El entorno era boscoso, de
lago, siendo probablemente una sabana arbolada abierta. Se posee sólo un único
resto de alto valor diagnóstico, una sínfisis mandibular. Por ello, se ignoran el resto de
características físicas, aunque probablemente era muy parecido al resto de las especies.
La sínfisis mandibular es más vertical y menos prognata, por lo que es una
especie más moderna. La dentición es de molares con coronas grandes, más anchos y
más voluminosos, al igual que el Paranthropus, debido a la nutrición a base de
alimentos duros. Las raíces son largas y el esmalte dentario grueso, y la arcada
dentaria tiene una fuerte tendencia parabólica, siendo el único australopithecino que la
posee. La alimentación: se alimenta de frutos, verduras y ocasionalmente de carne.
- Australopithecus africanus ( 3,5 – 2,5 millones de años).
Se poseen numerosos hallazgos de Australopithecus africanus, sobretodo en
África del Sur, en el Taung, Sterkfontein, Makapansgat, especie de hábitat en cueva.
La estatura media oscila entre 1,15 y 1,30 metros, y el peso entre 40 y 80 kilos. La
capacidad endocraneal es superior, de entre 450 y 530 cc, y la cara es algo menos
prognata que en afarensis. El dimorfismo sexual es menor y la bipedestación mayor,
aunque es aún una especie arborícola. Por ello, los brazos son más largos y las piernas
más cortas, facilitándose así la suspensión. Debido al hábitat de sabana arbolada
húmeda, la alimentación es dura, por lo que los molares son más voluminosos.
Dentición más equilibrada, caninos más reducidos.
- Australopithecus garhi ( 2,6 – 2 millones de años).
Surge paralelo al género Homo en la depresión del Afar, Etiopía, Bouri, en el
medio del río Awash. No se considera, sin embargo, ancestro de género Homo, es más
similar a africanus que a afarensis, y se poseen escasos restos. La capacidad
endocraneal ronda los 450 cc, y la mandíbula, premolares y molares son más grandes,
similares al Paranthropus boisei.
Se cree que pudo ser la primera especie en ser capaz de crear instrumentos para
procesar la comida, porque se poseen restos con marcas en Bouri asociados con 3000
artefactos líticos: piedras cortantes (por una alimentación más coriácea), percutores
para romper huesos y frutos y bastones para cavar raíces.
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- Australopithecus sediba ( 1,97 – 1,78 millones de años).
Se trata del más reciente descubrimiento, realizado por L. Berger, en la cueva de
Malapa, Sudáfrica. Se hallaron restos de dos esqueletos parciales, cuerpos incompletos
pero con mucha información (imp. elementos diagnósticos), de un varón y una hembra
y partes de un infante. La capacidad endocraneal rondaba los 450 cc, con nariz y
dientes pequeños, más próximos a los humanos, y con un menor prognatismo.
La pelvis, facilitaba la bipedestación y el parto. Las manos tienden a la
morfología humana, por el acortamiento de la falange y la parte flexora de la mano.
Se cree que por lo tanto poseían aptitudes para tallar la piedra con mayor precisión,
debido al pulgar largo (imp. más corto en los humanos) y los dedos cortos y fuertes,
aunque el importante aparato flexor va ligado a la locomoción arborícola. La
locomoción bípeda se ve favorecida por un pie articulado y la unión del tobillo con la
tibia (imp. humano en la unión, forma y función). Además, se presentan como rasgos
derivados el arco casi plantar y la inserción del talón de Aquiles. Se trata pues de la
especie más cercana al género Homo.
• El Género Paranthropus (2,6 – 1,1 millones de años).
El género Paranthrous convive con los Australopithecus africanus y garhi, además
de con el género Homo. Posee un cuerpo de corte primate, además de una gran
capacidad endocraneal. Desarrollan la bipedia mejor que los Australopithecus e
incluso que los primeros humanos. El género consta de dos ramas evolutivas, la del
Paranthropus aethiopicus, de la que surge el Paranthropus boisei, y la que deriva del
Australopithecus africanus, Paranthropus robustus. Se extinguen hace 1,1 millones de
años sin solución de continuidad.
El género se consideraba antes dentro de los Australopithecus, y se sitúa entre el
Sur y Este de África. La altura media es de 1,50 metros y la capacidad endocraneal
oscila entre los 420 y 600 cc. Poseen una cara larga y grande, con unas mejillas muy
avanzadas y una mandíbula muy desarrollada. Los dientes son muy robustos debido a
la alimentación coriácea. El aparato masticador permite la sujeción de los músculos
masticadores (maseteros), muy poderosos, a los músculos temporales, lo que genera una
importante cresta sagital, que permite la sujeción de los músculos masticadores. La
arcada dentaria tiene, además, tendencia parabólica. La cara, por su parte, es muy
prognata.
- Paranthropus aethiopicus ( 2,6 – 2,2 millones de años).
Se poseen escasos hallazgos de esta especie, que surge antes que los primeros
humanos para, posteriormente, coexistir. Se considera el ancestro de boisei, y se sitúa
en el río Omo, Etiopía, cerca del Turkana, en entorno de sabana árida. Conserva
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características del Australopithecus, como es la posesión de un cuerpo pequeño, e
incorpora nuevas, como la cabeza y cara de considerable tamaño. Existe un fuerte
dimorfismo sexual. La estatura ronda los 1,50 metros y el peso los 50 kilos. La
capacidad endocraneal, por su parte, oscilaba entre los 420 y los 450 cc.
- Paranthropus boisei ( 2,3 – 1,2 millones de años).
El boisei coexiste durante largo tiempo con el género Homo. Su capacidad
endocraneal ronda los 515 cc, y posee una media de 1,50 metros de altura y de 55 kilos
de peso, con un importante dimorfismo sexual. Posee una enorme cresta sagital y unos
fuertes músculos masticadores. La cara es muy maciza y ancha, con unos molares
enormes e incisivos pequeños. El foramen magnum se encuentra adelantado, y el
cuerpo es pequeño.
Habita en la sabana arbolada, por lo que la dieta es muy herbívora, basada en
juncos y papiros, vegetación cercana a las aguas, donde existía un importante peligro
por los predadores que rondaban en dicho espacio. Seguía una dieta baja en proteínas,
con gramíneas y rizomas, termitas, hormigas y suculentas crasuláceas.
- Paranthropus robustus ( 2 – 1,2 millones de años).
Coexistiendo paralelamente con boisei, se encuentra en una cueva del Sur, en
Swartranks. Se hallan 130 individuos, con una media de vida de 17 años y una
capacidad endocraneal alrededor de los 450 – 500 cc. La altura oscila entre los 1,45 y
1,20 metros y el peso entre los 32 y los 40 kilos.
Se trata de una especie más evolucionada que las anteriores: la cresta sagital es
menor, al igual que la mandíbula, y la nariz es menos prognata. Vive en un hábitat
menos árido, en la sabana subtropical, y su alimentación es más mixta.
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