Ficha de cátedra 2015. Prof.
Carla Micele
Psicología de la Educación.
De Sujetos – Sujetos de la Educación.
Como plantea Perla Zelmanovich, es posible comenzar interrogándonos acerca de ¿Cómo
entender los modos en que se presentan y se sostienen hoy los sujetos: alumnos, familias,
educadores? Al respecto podemos ubicar : la ilusión de arribar a un estado de plenitud, que
alimenta la ilusión de que todo es posible, y la vivencia subjetiva de impotencia, que puede dar
lugar a la inhibición, la impulsión o compulsión; la universalización de una oferta de objetos
que genera un vaciamiento de la singularidad, alimentando respuestas fijas y homogéneas; las
exigencias de iniciativa personal de cuyo mérito y esfuerzo exclusivo dependería dar respuesta
a un mundo que se presenta abierto e indeterminado; la invitación a mantenerse en un estado
deseante permanente, que se convierte en un mandato que nunca se termina de alcanzar
generando inhibiciones de diversa índole. En cada una de estas instancias existe un Sujeto
complejo y que necesariamente debe ser abordado desde diferentes miradas.
Para comenzar a ensayar alguna respuesta podemos ubicar que se entiende por "sujeto de la
educación", y decir que es aquel sujeto humano dispuesto a adquirir los contenidos culturales
que lo social le ofrece y a la vez le exige, en un momento dado, para integrarse (acceder,
permanecer, circular) a la vida social en sentido amplio. Es decir, la categoría sujeto de la
educación es un lugar que la sociedad oferta y en este sentido, es la primera responsabilidad
de las políticas públicas respecto a cada nueva generación, un lugar para poder saber acerca
del vasto y complejo mundo. El sujeto humano ha de querer, es decir, consentir o disponerse
de alguna manera a ocupar ese lugar que le es dado para su humanización y para su
incorporación a la vida social.
Y allí, en esos lugares que se ofrecen por las generaciones adultas, el sujeto ha de poder elegir,
construir sus propios anclajes en la cultura y lo social de su época .Muchas veces en educación
desconocemos cómo y por qué cada sujeto realizará esas elecciones. No estamos hablando de
lo que al sujeto le gusta o le interesa en un momento dado, estamos hablando de la ecuación
que lo funda, de una elección primordial. Se trata de un punto enteramente opaco para los
agentes pero también para el propio sujeto y que, paradójicamente, posibilita que el acto
educativo tenga lugar. Así, el primer enigma de la educación es el sujeto particular que ocupa,
interpela y demanda espacios propios. Ese sujeto particular puede tomar a cargo la realización
social de aquello que lo conmueve, que lo constituye. El educador no debe ocuparse de qué es
lo que arbitra el sujeto: qué elige, por qué lo elige, etc. Ese es el límite, el límite subjetivo de la
educación. Este ha de proporcionar maneras sociales de hacer con lo que cada sujeto elige1.
No se trata tanto de reprimir los modos de satisfacción del sujeto sino de posibilitar su
articulación con modalidades culturales de realización, con la posibilidad de extender los
espacios de inserción del sujeto a los distintos ámbitos de la sociedad. Es aquí donde reside un
verdadero desafío.
La educación suele mostrarnos y permitirnos escoger maneras socialmente admisibles de
circular con nuestras particularidades. El trabajo educativo del sujeto de la educación
concierne a la responsabilidad de trabajar para adquirir los saberes culturales, es decir, para
encauzar su preferencia por canales socialmente admitidos o admisibles. Cabe remarcar que
los legados culturales a los que hacemos referencia, tienen que ver tanto con los marcos
1
Bernfeld, S. (2005). La ética del chocolate. Aplicaciones del psicoanálisis en educación social.
Barcelona. Gedisa
1
universales de época (a los que cada ciudadano tiene derecho), como con los registros
particulares de las comunidades históricas y/o diversos grupos sociales. Trabajar sus complejas
articulaciones es también una tarea sobre la que el sujeto tendrá que decidir y en este camino
quienes asumamos la tarea docente debemos poder poner señales que posibiliten generar
opciones, cambios, modificaciones y lazos necesario para que el sujeto pueda ser cada vez más
autónomo en sus decisiones. Pero a su vez la educación, desde su función es responsable de
la transmisión de la cultura con sus valores y normas
Hablar de ética de la responsabilidad ante el acto educativo no significa tomar en cuenta
TODAS las actuaciones del sujeto, o bien sólo aquéllas que transgreden la normativa social o
institucional. Se trata, por el contrario, de buscar espacios donde ciertos actos del sujeto
puedan ser leídos pedagógicamente y reinscritos socialmente. Es importante generar los
espacios necesarios para que surja un Sujeto que a partir de lo conocido pueda generar sus
recorridos particulares.
Si hacemos referencia a lo planteado por Claudia Jacinto, ella entiende que “la educación
brinda puentes y redes con el empleo, de otros modos estarían vedados… estos puentes que
logran quebrar circuitos cerrados muestran la importancia de que las intervenciones
educativas no se conciban simplemente como el acceso a un conocimiento valioso, útil y/o
significativo, sino también como una clara conceptualización de los obstáculos que operan en
los mecanismos de selectividad del mercado de trabajo…”2
Es entonces necesario poder acercar desde el proceso educativo instancias que posibiliten a
los sujetos avanzar en torno a Habilidades que le permitan incluirse en el mercado laboral,
tomando en cuenta no sólo las exigencias que éste presenta en su complejo y vertiginoso
movimiento, sino además plantearse estrategias que le permitan adaptarse a estos cambios,
poder leer los conflicto y obstáculos que se les exigirán es un verdadero desafío no solo para el
sujeto que aprende sino para quien cumple el rol de formador.
El sujeto de la educación se constituye al considerársele como sujeto responsable (de manera
acorde a su edad y situación) de los efectos sociales de sus decisiones particulares. Si esta
atribución primera no se realiza, si el agente no otorga responsabilidad al sujeto, no es posible
poner en marcha la disponibilidad de éste: que pase a ocupar la plaza de sujeto de la
educación.
Pensando en los Vínculos
Aparece necesariamente la necesidad de plantear cómo se conforman los vínculos entre
docente y alumnos, entre pares y con la institución, que permita poder recortar la dimensión
social y subjetiva de estas relaciones.
Si bien en un primer momento es necesario que aparezca cierta relación de poder entre
alumnos y docentes, donde se deposite el sujeto supuesto saber, debe tenerse en cuenta que
esta figura no se sostiene siempre ni se trata de una persona, sino la relación que constituye el
“vínculo de autoridad” parafraseando a Perla Zelmanovich.
Hay un saber en juego, y con la imposibilidad de ser aprehendido por completo, lo que de
alguna forma motoriza el deseo del sujeto que aprende. Para que este deseo se “mantenga”
debe estar sostenido por ambos extremos de la relación, ya que si no pensamos al Sujeto que
aprende desde el lugar de la expectativa difícilmente ese o esos Sujetos puedan hacer circular
2
Jacinto, C. Politicas públicas y perspectivas subjetivas en torno a las trancision laboral de los jóvenes, en
Novick y otros. Edit Siglo XXI, 2008
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su deseo, sus intereses, en definitiva su curiosidad por aprender “lo nuevo” lo novedoso,
aquello que hizo que permitirá una formación profesional integral.
En este sentido es importante poder, desde nuestro rol docente no sólo reflexionar sobre
nuestra práctica, sino además, y parafraseando a Fernando Savater, atribuir ignorancia a
nuestros alumnos, es decir, pensar en el que no todo se sabe y que nosotros podemos
ofrecerle nuevos contenidos, dar lugar para ofrecer nuevas herramientas. Pero sin perder de
vista nuestra propia ignorancia, más específicamente reconocernos como incompletos,
nosotros (los docentes) tampoco lo sabemos todo.
A partir de lo expuesto, es interesante pensar el lugar del “Vacío” como posibilitador y soporte
de un “no saber” necesario para que aparezca y se ponga en juego la búsqueda y demanda de
conocimiento.
Si se tiene en cuenta que el “SABER” da poder de uso, nos enfrentamos ante el desafío de por
un lado, encontrar y propiciar los “vacíos” y por otro desafiar al alumno a realizar sus
búsquedas que lo acerquen a la “ilusión “ (aunque se espera que sea solo momentánea) de
haber alcanzado lo buscado, sin perder de vista que se trata de un saber que alberga un lugar a
la ignorancia.
Si entendemos a la institución como aquel lugar que limita, que norma, que impone la ley…
como responder a la demanda de los individuos si pensamos, de acuerdo a lo planteado por
Hebe Tizio, la crisis de las instituciones (familia, escuela, etc) que afecta a sus funciones, se
descompone, se presenta indefinida, pero que en definitiva siguen siendo transmisoras de la
cultura. Es decir, la institución como espacio limitado y normativo ha caído, sus funciones y
límites entre lo interno y lo externo ya no se presentan tan claros pero de todos modos siguen
produciendo subjetividad.
Por ello, esta crisis profunda que viven las instituciones y su impacto sobre los sujetos que las
atraviesan, permite pensar sobre dos cuestiones, su importancia en la transmisión de la
cultura por un lado y el concepto de transferencia por otro.
Es innegable que toda institución se encuentra al “servicio” de la transmisión de la cultura y las
normas que deben respetarse a fin de “permanecer” como ser social (lo instituido). Es a través
de ellas que se interdicta para que las prohibiciones (me refiero al incesto, el canibalismo y el
homicidio) se mantengan, ya que de no ser cumplidas nos dejarían por fuera de lo social.
Hablemos sobre los modos de vincularse con otros
Asimismo y desde lo planteado anteriormente, todo sujeto que ingresa a una nueva institución
porta una historia particular sea de éxitos o fracasos que se juegan en su modo de vincularse.
En este punto el concepto de Trasferencia nos sirve para pensar a este sujeto y sus formas
particulares de vincularse con la institución. Retomando esta idea”…. La transferencia supone
advertir los modos particulares en que un Sujeto se relaciona con su Otro. Freud plantea que
tenemos ciertos clisés o modelos de relación al Otro que se repiten o se transfieren a aquellos
que ocupan un lugar de autoridad, como son un psicoanalista o el maestro…”(Alicia Azubel)
Por lo expuesto, y de acuerdo a los vínculos y la transferencia que cada uno de los Sujetos
realiza con la institución, podremos observar diversos modos de relacionarse, aquellos que
permanecen, así como también los que no se sienten alojados.
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Comenzar a reflexionar acerca de la responsabilidad como docente, pero también atendiendo
a otras variables entre ellas y como ya se mencionó, sobre la transferencia hacia la institución,
ya que desde lo inconsciente seguramente algo de esto se juega en los sujetos y de algún
modo posibilita la elección o no de determinada institución.
Detenernos a recapacitar sobre estas cuestiones, posibilita ponerlo a trabajar, es decir,
discutir sobre las relaciones existentes entre lo que molesta y su articulación con el ámbito
educativo. Desde este punto iniciar una búsqueda de posibles soluciones y a partir de allí
intervenciones válidas que ayuden a propiciar cambios favorables en pos de la tarea educativa,
en pos de las expectativas que debemos depositar en nuestros alumnos a fin de transmitirles
seguridad.
En tal sentido, se puede plantear que el cambio es posible y este sólo se dará en las
instituciones si desde el rol docente podemos intervenir y tender puentes entre los
conocimientos que los alumnos han adquirido y lo conflictos cognitivos que podemos
propiciar, ya no pensando desde el lugar de la imposibilidad sino a través de reconocer en
cada uno de lo alumnos un SUJETO, que piensa, que reflexiona y que puede realizar sus
propios recorridos.
Si podemos sembrar dudas, crear conflictos, disentir y discutir seguramente aparecerá un
alumno-sujeto deseante de conocer. Desde lo expuesto plantear el “no puedo” es a mi
entender el equivalente de plantear docentes “no deseantes” de enseñar y por lo tanto
alumnos “no deseantes de aprender”. Por lo tanto resulta importante interrogarse acerca de la
práctica y rol docente, así como también que estrategias se pueden poner en juego que
posibilite este acercamiento entre el contenido, el contexto y el alumno; y a partir de ello
generar y construir el vínculo educativo, una forma de vínculo con lo social, de acuerdo a lo
planteado por Violeta Núñez.
Como docentes debemos poder esperar y acompañar ese proceso, seguramente en el inicio
tendremos que estar más "presentes" poniendo señales que le permitan al alumno construir
su propia identidad para que pueda participar cada vez más activamente de la cultura lectora.
Si se plantea que el nivel medio o los cursos de ingreso universitarios deben garantizar los
conocimientos necesarios para el trabajo de las distintas asignaturas, desde esta perspectiva
suele pensarse a la Alfabetización como un punto de llegada aplicable a cualquier contexto y
no como un proceso en constante construcción.
Si partimos de la idea de que los alumnos llegan al nivel Superior sin habilidades de lectura y
escritura, necesarias para enfrentar los estudios universitarios, estamos frente a una queja
falaz.
Resulta importante entender la problemática de la formación para el trabajo sin dejar de
reconocer la tensión existente entre las demandas de formación y las demandas del mercado,
ello no sólo como una incapacidad de los alumnos, sino, como una tarea más integrante de
los contenidos a abordarse desde cada asignatura, y/o curso, que debe proponerse el docente
en su trabajo cotidiano en el aula y así poder pensar que el ingreso al mercado laboral,
necesariamente establece la asunción de nuevos roles, que formarse es un proceso interactivo
que debe permitir la internalización de los distintos aprendizajes.
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Como propuesta puedo señalar a un educador que pueda tender puentes que permitan al
alumno apropiarse de la cultura del trabajo a través de diferentes intervenciones. Hacer
interno lo externo, y ubicarnos en el lugar de los facilitadores como guía y andamiaje de los
aprendizajes.
Quizás podamos volver a conectar los espacios educativos con el placer, con el disfrute, con la
potencia que deviene de la necesidad de respuestas los diferentes desafíos que se le
presenten. La construcción de teoría a partir de la praxis (reflexión – acción) que busca el texto
desde una actitud investigativa, es decir buscar respuestas a partir de la formulación de
preguntas en el marco de la reflexión y acción sobre la realidad.
Se tratará entonces de aprender, docentes y alumnos, a formular buenas preguntas, que
surjan de las problemáticas e inquietudes que nos atraviesan e implican como sujetos de la
cultura.
Desde cada una de nuestras asignaturas es importante enseñarles a los alumnos no sólo los
contenidos específicos exigidos para su aprobación durante la cursada, sino a cómo seguir
aprendiéndola a lo largo de su vida profesional que exigirá permanente actualización.
Para finalizar es posible plantear como desafío, que los educadores nos aceptemos como
“alumno” del saber, y que lo que se pretende enseñar no debe ser, un saber enlatado sino algo
que se reactualiza constantemente, parafraseando a Ivan Ruiz. Desde aquí pensarnos como
posibilitadores de cambio.
Algunas reflexiones finales
Si tomamos en cuenta los aportes de la psicología evolutiva, que se ocupa del estudio de los
procesos de cambio psicológico que ocurren a lo largo de la vida humana, sus procesos de
crecimiento, desarrollo y expectativas vitales significativas. Tales cambios guardan relación
con tres grandes factores: la etapa de la vida en que la persona se encuentre; las circunstancias
culturales, históricas y sociales en la que su existencia transcurra; y las experiencias
particulares privativas de cada uno y no generalizables a otras personas.
Mientras que el primero de estos factores introduce una homogeneidad entre todos aquellos
seres humanos que se encuentren en una determinada etapa (por ejemplo niñez,
adolescencia, jóvenes, adultos y adultos mayores), el segundo introduce una cierta
homogeneidad entre quienes tienen en común vivir en una misma cultura, en el mismo
momento histórico y dentro de un determinado grupo social, el tercero de los factores
introduce factores idiosincrásicos que hacen que el desarrollo psicológico, a pesar de
presentar semejanzas de unas personas a otras, sea un fenómeno irrepetible que no ocurre de
la misma manera en dos sujetos distintos.
Cuando uno ingresa a un lugar por primera vez se hace muchas preguntas, proyecta acciones,
se incorpora a lo proyectado, imagina…Iniciamos un camino que sería nuestro presente hacia
los demás y arribar con bien allí sería nuestro desafío. Desde nuestro rol como coordinadores
de acciones tendientes a fomentar el desarrollo de proyectos educativos articulados con la
promoción del desarrollo social y cultural , no es posible dejar de atender que nos
encontramos frente a adolescentes y jóvenes comenzando una etapa de trabajo con muchas
significaciones relacionadas con el ingreso a un mercado laboral desconocido o amenazante,
con características diferentes en muchos casos y a la que nosotros los educadores debemos
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tender puentes y darles la bienvenida a estos nuevos modos de organización que requieren
capacidad de adaptación y plasticidad.
Asimismo es importante preguntarse ¿Qué función cumplimos? ¿Para que estamos?¿ ¿De qué
manera facilitar el acceso a esta nueva “cultura” y a las exigencias del mercado ?
Una posible respuesta y una tarea fundamental es, producir acercamientos, integrarnos a los
grupos, conocerlos, saber que intereses tienen, que implicancia tiene el contexto en todo esto,
como se expresan verbalmente desde el cuerpo, desde sus gestos, su manera de vinculación
con pares y docentes. Es decir, atenderlos, tener y generar expectativas respecto a sus logros,
capacidades e intereses.
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