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Articulo Gracia Preveniente

Este artículo presenta una breve discusión sobre la gracia y la gracia preveniente. Explica que la salvación proviene totalmente de Dios por su gracia, no por obras humanas. La gracia preveniente se refiere a la gracia de Dios que precede a la regeneración y prepara el alma para la salvación, operando a través de la voluntad humana. Existe desacuerdo entre calvinistas y arminianos sobre si la gracia preveniente es irresistible o coopera con la voluntad, pero ambos reconocen la necesidad
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Articulo Gracia Preveniente

Este artículo presenta una breve discusión sobre la gracia y la gracia preveniente. Explica que la salvación proviene totalmente de Dios por su gracia, no por obras humanas. La gracia preveniente se refiere a la gracia de Dios que precede a la regeneración y prepara el alma para la salvación, operando a través de la voluntad humana. Existe desacuerdo entre calvinistas y arminianos sobre si la gracia preveniente es irresistible o coopera con la voluntad, pero ambos reconocen la necesidad
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SEMINARIO TEOLÓGICO NAZARENO SUDAMERICANO

“LA GRACIA Y LA GRACIA PREVENIENTE.”

POR
JOSELVIA RODRÍGUEZ

ARTÍCULO
En cumplimiento parcial de los requisitos para aprobar el curso de “DOCTRINA DE
SANTIDAD I”

Profesor: Rev. Roberto Quinatoa, Dr.

Marzo, 2016
Quito, Ecuador
La Gracia y la Gracia Preveniente:

Resumen: Se puede observar que la principal preocupación de la Biblia es la redención de los

Hombres, es decir, su reconciliación con Dios. Por medio del Pueblo de Israel, Dios preparó

la venida del Salvador, Jesucristo el Hijo de Dios, quien por medio de su sacrifico y expia-

ción, nos trajo vida en abundancia. La salvación viene totalmente de Dios, es una iniciativa de

El mismo, porque el hombre por sí mismo, no puede efectuar ningún acto de redención o re-

cuperación, debido a la corrupción de la naturaleza del hombre. En este artículo, se presenta

una breve información sobre la Gracia y la Gracia Preveniente, incluyendo su naturaleza.

En nuestro tiempo se puede detallar como está siendo acentuada de manera renovada

la doctrina de que Dios tomó la iniciativa en la redención del Hombre. Con la caída, ‘el Hom-

bre está enterrado bajo el yugo del pecado, y Dios, mediante su gracia, está procurando res-

catarlo’. La iniciativa pertenece a Dios. En nuestra época, ha resurgido el énfasis que la ini-

ciativa divina es irremplazable, el hombre, solo será salvo a través de la gracia y el poder de

Dios. A esta iniciativa de Dios, se le conoce como la Gracia, definida como el amor de Dios

presentado de manera gratis y sin precio, que viene de su propia voluntad para bendecir a los

que no lo merecen; o sencillamente el favor inmerecido de Dios.

La Gracia de Dios es infinita, por ende, no está limitada a su obra redentora, sino que

está presente en todo el caminar del creyente, es decir, todos los actos que preceden de la sal-

vación, como la Justificación, la Regeneración, Adopción, La Entera Santificación y la Glori-

ficación, entre otros, ocurren por la gracia y la fe en Jesucristo. ‘La Gracia de Dios existió en

su amor sacrificial desde la fundación del mundo; fue revelada en la belleza, orden y utilidad

de la creación; y será consumada en la restauración final de todas las cosas’. Para Juan Wes-

ley la corrupción de la naturaleza del hombre, dependía de una redención o recuperación, que

el mismo hombre por sus propios medios no podía obtener, tenía que venir de afuera del hom-

bre mismo.
Todas las bendiciones que Dios ha derramado sobre el hombre, son por su gracia,

liberalidad o favor; su favor gratuito e inmerecido; favor totalmente inmerecido;

el hombre no tenía derecho a la más insignificante misericordia divina. Fue la

gracia gratuita que “formó al hombre del polvo de la tierra. . .” La misma gracia

gratuita continúa hasta nosotros, en este día, en la vida, cuando respiramos y en

todas las demás cosas. Porque no hay nada de lo que seamos, o tengamos o haga-

mos que pueda merecer lo más insignificante de la mano de Dios. “Jehová . . .

porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras”. Estas, por lo tanto, son

solamente más ejemplos de misericordia gratuita; y, cualquier justicia que se pue-

da encontrar en el hombre, también este es un don de Dios.1

La gracia es la columna de todo lo bueno que hay en el hombre, nadie puede hacer al-

go bueno sin esta gracia. Es totalmente necesaria. No es una gracia irresistible, porque la sal-

vación de una persona no depende de la irresistibilidad de la gracia. Wesley vio la gracia

obrar en ciertas ocasiones en una forma irresistible por un momento, pero no en una forma

continua como tal.

La gracia puede ser clasificada en varios puntos; pero en este artículo, se abarcará un

breve estudio sobre la Gracia Preveniente, a la cual se puede referir como la gracia que

procede, precursora, que prepara el alma para su entrada en el estado inicial de salvación. En

segundo lugar, se puede decir, que es la gracia preparatoria del Espíritu Santo que ejercita al

hombre debilitado por el pecado. En tercer lugar, es aquella manifestación a la influencia

divina que precede a la vida de regeneración completa.

Esta idea sobre la gracia, es fundamentada tanto en el Antiguo como Nuevo Testa-

mento. En Zacarías 4:6, el profeta demuestra la dependencia que tiene el hombre en el favor

de Dios cuando dijo: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de
1
Ibid, V, 7.
los ejércitos. Jesús declaró que nadie podía ir a Él, si Dios Padre no le envía (Juan 6:44), y sin

Cristo nada podemos hacer (Juan 15:5). El apóstol Pablo, expone ideas importantes sobre la

gracia, en Romanos 5:6, enseña que Cristo murió por los impíos, en Efesios 2:8, indica que

por gracia somos salvos por la fe; que no proviene de nosotros mismos, sino que es don de

Dios, y en Tito 2:11-12 señala: y Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los

hombres, se manifestó, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mun-

danos vivamos en este siglo, templada y justa, y píamente.

La Gracia Preveniente es un punto en la teología en el que hay diferencias de pensa-

miento entre el Calvinista y el Arminiano. Las ideas de Calvino con relación a la gracia, sur-

gen de San Agustín, el pecado original, fue el fundamento de toda su teología. Quitando la

caída, toda la capacidad del género humano para el bien, como la salvación debe ser una cues-

tión de gracia de cooperación humana. San Agustín mantuvo el libre albedrio, pero solo en el

sentido de libertad hacia el mal. Por tal razón, la gracia opera directamente en la voluntad, de-

terminando en los decretos divinos el número exacto de los que habían de ser salvos. A éstos

elegidos, se le aplica la gracia eficaz, es decir, la gracia irresistible para el principio de la vida

cristiana, y la gracia preservadora para su consumación. A través de estos puntos de vista sur-

ge gradualmente la teoría de la predestinación. San Agustín redujo al fatalismo el sistema de

los decretos divinos; Juan Calvino fue quien sistematizó las doctrinas de Agustín en un con-

junto lógicamente ordenado.

Los arminianos se han opuesto en su totalidad, a ciertas ideas de la gracia, que sostu-

vieron San Agustín y Calvino; no se puede negar, que tanto los arminianos como los calvinis-

tas admiten la depravación de la naturaleza humana, es insisten en que el hombre está incapa-

citado para salvarse así mismo; por tal razón, ambos pensamientos magnifican la gracia de

Dios. Pero los arminianos sostienen que el estado natural del hombre es en cierto sentido, un

estado de gracia. Juan Wesley señaló: ‘Considerando que todas las almas de los hombres son
muertas por naturaleza, esto no excluye a nadie, en vista de que no hay individuo que esté en

un mero estado de naturaleza; no hay hombre, a menos que haya contristado al Espíritu, que

no pueda recibir la gracia de Dios. Ningún hombre viviente queda fuera de lo que se llama

vulgarmente la conciencia natural; y que se considera de manera más propia, como la gracia

preventiva (Wesley, Sermón: Working Out Our Salvation, Haciendo Nuestra Salvación).

Esto nos indica que la gracia preveniente es inclusiva, que abarca todos los deseos hu-

manos para con Dios, todas las apelaciones del Padre, todas las convicciones del Espíritu San-

to; es decir, si el hombre accede a estos impulsos de Dios, éstos aumentan más y más; si el

hombre rechaza tales impulsos, su realidad tiende a desaparecer en la conciencia.

En segundo lugar, el arminianismo sostiene la relación cooperativa de la gracia divina

y la voluntad humana; señala que el Espíritu Santo obra con y a través del consentimiento hu-

mano, dándole a la gracia divina una prominencia especial. Para el arminianismo la salvación

es toda por gracia, donde cada movimiento del alma hacia Dios es iniciado por la gracia, don-

de al mismo tiempo surge un reconocimiento del hombre, por ser un agente del libre albedrío;

la voluntad humana es quien decide si la gracia divina es aceptada o rechazada. Con relación a

la gracia gratuita y la agencia personal, el arminianismo sostiene que la gracia se adiestra so-

bre el ser humano, y no sobre ningún elemento particular o facultad de su ser.

El favor inmerecido de Dios no opera solamente en el intelecto, los sentimientos o la

voluntad, sino sobre las personas o el ser central que ésta dentro de todos los afectos y atri-

butos. La gracia preveniente opera en la personalidad unificada e integrada del individuo, es

decir, la persona es considerada como un representante libre y responsable, esclavizado por el

pecado y posesionado por una tendencia al pecado. Por tal razón, el hombre necesita de la

gracia para despertar al alma a su realidad y hacer que el corazón tome la verdad; a raíz de

esto, existe una colaboración entre la gracia y la voluntad humana hasta que la gracia pre-

veniente se mezcla con la gracia salvadora.


Referencias Bibliográficas:

Orton, W. y Culbertson, P. (1948). Introducción a la Teología Cristiana. (S. E.). Editorial

BEACON HILL PRESS. Kansas City, E.E.U.U. 287-295.

Cox, L. (1986). El Concepto de Wesley Sobre la Perfección Cristiana. Segunda Edición.

Casa Nazarena de Publicaciones. Kansas City, E.E.U.U. Pág.: 37-40.

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