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Alexa Riley - Naughty or Nice

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Naughty or Nice

Alexa Riley
Claudia Chambers se ha metido en una situación de la que no puede salir.
Su hermano está involucrado con la mafia local y ahora está en deuda con el
mafioso de la ciudad. Un día, cuando el gran jefe aparece en la puerta de su
casa y le dice que ella es el incentivo para su nuevo cliente, sabe que no
tiene otra opción.
Brian Carter confía en sus instintos y, el día que ve a Claudia, sabe que es la
elegida. Cuando se da cuenta de que está atrapada en algo demasiado
oscuro para su alma inocente, es hora de que entre y proteja lo que es suyo.

Advertencia: este dulce de Navidad te hará preguntarte qué lado eliges...


¿Travieso o dulce? Ponte festivo y calienta tu hogar con esta pequeña
lectura.
Prólogo
Brian

El día antes de Acción de Gracias...

Miro a Jensen salir de la oficina para ir a mi apartamento. Bajo mi celular y


abro un nuevo archivo en mi computadora para trabajar hasta que papá
llegue. Voy a encontrarme con el constructor de uno de mis nuevos
proyectos esta noche y mi padre debe presentar los nuevos planos. Me los
envió por correo electrónico, pero me gustan las copias impresas al iniciar
un proyecto. Me da un lugar para comenzar y me ayuda a cimentar los
planos con los contratistas.

La siguiente vez que miro mi reloj maldigo y llamo a Sage. Le dije que iba a
llevar a Jensen a casa, pero debería hacerle saber que él ya está en camino.
Justo cuando el teléfono comienza a sonar mi padre entra en la oficina con
los planos en la mano. La llamada va al correo de voz, así que cuelgo y le
envío un mensaje rápido a Jensen.

—¿Seguro que no te importa llevar esto al constructor? Puedo hacerlo yo,


hijo —dice papá, y sacudo la cabeza.

—No, me queda de camino a casa. Tú y mamá deben asegurarse de que


todo esté listo para salir mañana. Le guiño un ojo mientras agarro los planos
y mi bolso—. Ya estoy haciendo abdominales para poder comer al menos
tres veces.

—Se lo diré a tu mamá —dice antes de salir por la puerta y lo sigo.

Mi teléfono vibra, es un mensaje de Jensen que dice que ya está allí y


también Sage. Me siento mejor. Me despido de papá, luego le digo al
conductor del taxi mi destino y saco mi teléfono. Le envío un mensaje al
constructor y recibo uno de vuelta inmediatamente que dice que está
esperando.

Ruedo mis ojos porque estos chicos son todos iguales. Son de la mentalidad
de lo inmediato y es agotador. Soy adicto al trabajo y viajo todo el tiempo
para supervisar los proyectos que tengo en todo el país. No soy del tipo que
se toma un descanso, pero incluso a mí me sorprende que el constructor
trabaje hasta tan tarde un día antes de las vacaciones. Supongo que es una
buena señal. Nunca he hecho un proyecto con esta compañía antes, pero
Jensen lo encontró para mí, tiene una mente brillante y todavía no entiendo
cómo funciona. Solo sé que presenta como un gilipollas, razón por la que
soy yo el que habla con los clientes.

Cuando el taxi se detiene en el terreno baldío, salgo y miro hacia la cerca de


alambre.

—Deje el marcador corriendo. Volveré —le digo al conductor, luego cierro


la puerta y camino hacia el portón. Veo una luz a la distancia y creo que
distingo a alguien allí, pero está muy oscuro.

—¡Hola! —grito mientras sostengo mi mano sobre la luz para poder ver a
dónde voy.

—Ya era hora—escucho que dice alguien y me sorprende que sea la voz de
una mujer. Oigo crujir la grava mientras se acerca y bajo mi mano. Parpadeo
varias veces debido a la luz cegadora, pero al final ella se para frente a mí.
Estoy silenciosamente choqueado al verla. Nunca he visto a una mujer tan
impresionante antes. Tiene el pelo rubio recogido en un moño desordenado
con una bufanda alrededor de su cuello. Lleva una chaqueta de
construcción que parece demasiado grande para ella y pantalones holgados
con botas. Está vestida como si un hombre mucho más grande que le
hubiese dado la ropa, pero de todas formas es muy hermosa. Sus brillantes
ojos azules me miran por un segundo, luego se estrechan.
—¿Tienes los planos o no? —su tono cortante me toma por sorpresa tan
rápido que realmente me río.

—Sí, los tengo —digo, extendiéndolos para ella—. ¿Eres Aaron Slate?

—No —dice ella, tomando los planos y metiéndolos bajo su brazo antes de
meter las manos en los bolsillos.

Espero, pero ella no dice nada más. Hace tanto frío que puedo ver su
respiración como una suave nube frente a ella y me pregunto por qué me
parece un ángel. Algo sobre esta mujer me tiene tratando de descifrarla,
pero ella no me está dando ni una pista.

Se ve tan dulce como la chica tus sueños, pero la forma en que me está
mirando, entre escalofríos, me hace pensar que hay una veta salvaje en ella.

—Ok, si no lo eres, entonces ¿quién eres?

—La persona a la que has estado enviando los mensajes para recoger estos
planos. Ahora se los llevaré a Aaron —se gira para irse y agarro su brazo.

—Espera un segundo —entro en pánico porque realmente no tengo nada


más que decirle, pero no estoy listo para que se vaya—. Se suponía que iba a
hacer esto con él.

—Dijo que te llamaría —dice mientras se aleja de mi alcance.

—¿Entonces eso es todo? —digo, desesperado por alguna reacción.

—He estado aquí, congelándome el trasero durante la última media hora,


esperándote. Sí, eso es todo. Planeo tomar un poco de chocolate y luego
darme un baño tan caliente que me deje quemaduras de tercer grado —dice,
y luego mete las manos en la chaqueta—. Lamento que sea tan rápido, pero
tengo prisa.

—Espera —le digo cuando comienza a irse de nuevo. Ella se detiene, pero
esta vez no se da vuelta—. ¿Cuál es tu nombre?
Ella mira un poco hacia atrás y sus brillantes ojos azules me miran de arriba
abajo.

—Claudia —dice antes de volver a la oscuridad.

El taxista toca la bocina en algún lugar detrás de mí pero espero hasta que
ya no puedo escuchar sus pasos en la grava.

Hay un latido en mi pecho y por un momento se siente como si algo hubiera


pasado; algo grande. ¿Quién era esa mujer y qué me ha hecho?
Capítulo 1
Claudia
Después de Acción de Gracias...

Miro fijamente las cajas apiladas a lo largo de la pared del sótano, que están
llenas de adornos navideños. He estado sentada aquí durante casi una hora
tratando de levantarme y hacerlo. Cada año, la abuela y yo los poníamos
juntas, pero esta es la primera vez que los enfrento desde que ella murió y,
aunque me dije a mí misma que mantendría la tradición, no puedo. Llegué
a la mitad de las escaleras antes de estrellar mi trasero en los escalones y
ahora no puedo ir más lejos.

Me limpio una lágrima y me consuela saber que ella está donde quería
estar, con el abuelo, juntos otra vez. Desearía haberlo conocido porque la
forma en la que hablaba de su amor sonaba demasiado bueno para ser
verdad. Aunque podía verlo en sus ojos cuando hablaba de él, eran almas
gemelas. Incluso después de que él muriera, ella nunca amó a nadie más y
decía que siempre le pertenecería.

Me pongo de pie, sabiendo que no voy a poder hacerlo hoy. Tal vez mañana
encuentre la voluntad de llevar las cajas arriba. Acción de Gracias fue lo
suficientemente difícil y no quiero comenzar a pensar en nada más allá de
eso.

Cierro la puerta del sótano y miro hacia el móvil que está sobre la pequeña
mesa de la cocina. Ojalá pudiera tirar esa cosa. Odio cuando suena porque
siento una mezcla de ansiedad y emoción. No sé si va a ser mi hermano
queriendo algo de mí o del hombre que se ha encargado de ocupar todas las
otras partes de mi mente.

Cuando mi hermano me dio su móvil viejo, nunca imaginé que vería tanta
acción. Lo levanto y veo que tengo la bandeja de entrada llena de mensajes
y llamadas perdidas de Brian Carter. ¿Por qué sigue intentando hablar
conmigo? Hice lo que se suponía que debía hacer y lo haré hasta que mi
hermano me pida que haga otra cosa. No me relaciono con las personas que
trabajan con mi hermano, sin importar lo tentador que sea.

Borro todos los mensajes y lo dejo en silencio antes de volver a ponerlo en la


mesa. A estas alturas, Brian podría haberse dado cuenta de que yo no era
quien debía reunirse con él por los planos del edificio. ¿Por qué mi hermano
no lo hizo él mismo? no lo sé. No pregunto porque cuanto menos sé, mejor.
Siempre me tiene haciendo los mandados más raros, pero accedo. Ese
pedido parecía bastante simple, pero no esperaba que Brian Carter
despertara algo dentro de mí. Me hizo enojar y le dejé creer que era fría y
que no me importaba. Lo quería lejos de mí para que así, tal vez, los
sentimientos que provocaba en mí se fueran con él. Hasta ahora no ha
funcionado.

Estoy harta de hacer sus recados, pero ¿qué opción tengo? Mi hermano ha
hecho un buen trabajo asegurándose de que tenga dónde vivir y no me
queda otra opción.

Miro alrededor de la antigua casa de la abuela y pienso en todos los


recuerdos que tengo aquí. La casa no está en el mejor vecindario, pero me
ha brindado protección, por lo de mi hermano. Todos por aquí le temen al
hombre para el que trabaja. Mark es un peón, aunque probablemente se
autodenomine su mano derecha.

Quisiera irme pero Mark no me deja, y no hay forma en la que pueda


vender este lugar. Está a nuestros nombres y él no estaría de acuerdo. Le
gusta tener control sobre mí, y no le cuesta mucho que yo haga lo que él
quiere. Puedo ver a través de sus intenciones, no importa cuánto se
esfuerce. Existe peligro a su alrededor y ya no soy ciega ante todo eso.

La abuela murió pensando que era un ángel y creyó que yo estaría bien
porque Mark me cuidaría. Estoy tan agradecida de que dejara esta tierra en
paz, sin saber quién era él realmente. Me hacía falta crecer para darme
cuenta, debido a la brecha de quince años entre nosotros. Ahora que la
abuela se ha ido, no intenta ocultarlo. Solo cuando veo su lado dulce creo
que, tal vez, realmente me ame en su propia y retorcida manera.

Mark creció con nuestros padres que eran drogadictos y vivían en los
peores lugares. Hasta que mi madre se lo entregó a la abuela el mismo día
que yo nací. No conozco a mi madre, pero le agradezco que, al menos, me
haya dado el estilo de vida que nunca le dio a Mark. No tuve que pasar por
lo que él pasó y estoy segura de que solo conozco una parte de cómo era su
vida antes. A veces me pregunto si su furia hacia mí es porque no tuve que
pasar por todo eso como él. Es como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, solo que ha
estado más cerca de Mr. Hyde desde que pasó lo de la abuela, y para ser
sincera, agradecí que no se presentara el Día de Acción de Gracias.

Echo un vistazo al reloj pensando que tal vez vaya al refugio de animales y
vea si necesitan más manos esta noche. Es mejor que estar sentada aquí
esperando que algo suceda. Así ha sido durante los últimos meses. Temo
que sea mañana, sabiendo que mi largo fin de semana habrá terminado y
tener que volver al trabajo. Ver a mi hermano es inevitable y sé que el
descanso es demasiado bueno para que dure.

Decido ir a cambiarme, pero doy un grito cuando la puerta de entrada se


abre de golpe. Golpea la pared con tanta fuerza que puedo sentirla temblar
y me aprieto el pecho mientras mi corazón casi sale corriendo.

—¿Cuál es el maldito punto de tener un teléfono si no contestas la maldita


cosa? —pregunta mi hermano mientras entra.

Mis ojos se dirigen al chico que lo sigue adentro. Aaron Slate se ve tan fuera
de lugar aquí con su traje que cuesta más de lo que quiero saber. Mark usa
jeans con una simple camisa negra y botas de trabajo embarradas. Los
hombres como Slate necesitan que gente como Mark haga su trabajo sucio
para que poder mantener sus manos limpias. Lo sé porque estoy siendo
arrastrada lentamente hacia su mundo.
—El timbre debe estar en silencio —meto un mechón de mi cabello detrás
de mi oreja—. Iba a ir al refugio de animales. ¿Necesitas algo? —es la mejor
manera en que puedo pedirles que se vayan.

—Tú y ese lugar —mi hermano sacude la cabeza molesto.

Cree que paso mucho tiempo allí, y quizás lo haga, pero me encanta el
refugio. La abuela y yo pasábamos todos los domingos trabajando como
voluntarias y no logro entender cómo esos cachorritos y esos hermosos
gatitos podrían ser una molestia para alguien. Trabajo allí por horas cada
vez que lo piden, y se murmuraba que me contratarían, pero no veo que eso
vaya tan bien debido a Mark. Con él me pagan en efectivo y nunca sé qué
me pedirá que haga. Cuando era más joven, me encantaba el dinero extra,
pero ahora no estoy segura de que todo lo que me obliga a hacer sea legal.
Algunas de las cosas que debo entregar o recoger son extrañas, con sobres y
cajas misteriosas.

—Te pedí que hicieras una cosa —mi hermano cruza los brazos sobre su
pecho, haciéndose lucir aún más grande de lo que ya es. Realmente debería
dejar el gimnasio—. Una puta cosa, y de alguna manera te las arreglas para
estropearlo. No sé por qué sigo cuidándote.

Sus palabras no deberían doler porque sé que es un imbécil, pero aun así
siento el aguijón.

Parece que tenemos a Mr. Hyde hoy. No es una sorpresa porque es peor
cuando Aaron Slate está cerca y trata de presumir. Quiero preguntarle de
qué está hablando porque me pide que haga todo tipo de cosas por él. Es
muy difícil no poner los ojos en blanco, pero no sería inteligente faltarle el
respeto delante de Aaron. Mi hermano nunca me ha tocado antes, pero
temo que si está lo suficientemente enojado no hay nada que no haría.

—No diría que ella lo ha jodido —interviene Slate en mi defensa. Estoy


sorprendida, pero dura poco—. Pero yo podría joderla a ella —me sonríe, y
todo el aire abandona mis pulmones cuando sus ojos recorren mi cuerpo.
Me está evaluando como si fuera una de las chicas que trabajan en su club.

Mark no dice nada y es diferente a cuando estoy en su lugar de trabajo.


Amenazaría con darle una patada en el culo a los chicos si hablaran así
delante de él, pero ahora me pregunto si todo eso es por el show. No puedes
estar bajo el mando de mi hermano y faltarle el respeto a algo que él sienta
que le pertenece.

Mi estómago se contrae cuando Slate me mira, y recuerdo que llevo unos


pantalones cortos para dormir que debería haber tirado hace años y una
camiseta delgada. La casa de la abuela siempre está caliente porque el
calefactor no se apaga cuando debería.

—Un poco grueso para mi gusto, pero puedo ver el atractivo. Normalmente
llevas ropa holgada, pero realmente has crecido, ¿verdad, Claudia? —sus
palabras están llenas de deseo y mi estómago se revuelve.

La mayoría de las veces uso ropa holgada porque nunca sé a dónde me


enviaría mi hermano. A veces es para conseguir su almuerzo, pero a veces
recibo órdenes de visitar algunos lugares no tan buenos. Me dice que no me
preocupe porque estoy bajo su protección y nadie me haría daño.

Echo un vistazo a Mark, que está mirando a cualquier parte menos a mí.
Todos saben quién es Slate, y cada año su poder y su dinero aumentan. Lo
evito no solo porque me aterroriza, sino porque mi hermano me dijo que lo
hiciera. Tomé en cuenta la advertencia y me aseguré de ser invisible si él
estaba cerca.

—Te reuniste con Brian Carter hace unos días.

Miro a Slate y sé que Mark no vendrá a rescatarme. ¿Cómo supe que Brian
iba a voltear mi mundo al revés cuando lo vi? Asiento con la cabeza porque
no tengo idea de lo que él espera que diga. Cualquier cosa podría ser usada
en mi contra en este momento y es mejor guardar silencio.
—Eso fue algo que, específicamente, le dije a Mark que hiciera —dice Slate,
y me esfuerzo por no inmutarme ante el tono de su voz.

Mi pecho se aprieta y me pregunto a dónde va esto. Tal vez no debería


haber sido tan grosera cuando conocí a Brian o evité sus mensajes y
llamadas. Estoy a punto de pagar el precio por eso. Debió acusarme con
Aaron Slate. Por alguna razón, realmente me duele que me traicionara,
aunque no soy nada para él.

No entiendo el problema, solo estaba recogiendo unos planos de


construcción. De todos los lugares a los que me envía mi hermano, eso no
era nada. Debe haber sido demasiado fácil porque está a punto de
estropearse. ¿Por qué otra cosa estaría Slate en mi casa? Puede que haya
crecido por aquí, pero ya no vive a esta parte de la ciudad.

—Yo... —comienza a decir mi hermano, pero se detiene abruptamente


cuando Slate levanta la mano para silenciarlo. Si tan solo yo tuviera esa
habilidad.

—La familia Carter es una gran adquisición para mi empresa. Me llevará a


otro nivel y no perderé la oportunidad. Los ojos de Slate se enfocan en mí, y
sé que no le importa lo que tenga que hacer para asegurarse de que quien
quiera que sea esta gente siga en trabajando con él—. ¿Me entiendes,
Claudia?

Asiento de nuevo.

—Lo siento si molesté u ofendí al Sr. Carter. Recogí los planos y se los
entregué a Mark, pero puedo disculparme si hice algo mal —ofrezco
mientras miro a mi hermano, que no me mira a los ojos. Cobarde.

—Molesto no es la palabra que usaría —Slate endereza su corbata—. Insiste


en volver a reunirse contigo y quiere trabajar solo contigo.

—Está bien—estoy de acuerdo porque ¿qué otra opción tengo? —. Puedo


hacer eso.
No sé por qué Slate está tan molesto. Seré amable con el tipo. Si puedo lidiar
con mi hermano, creo que puedo manejar a Brian Carter.

—Ella es ingenua, ¿no es así? —le dice Slate a Mark. Está hablando de mí
como si yo no estuviera aquí, pero tal vez no estoy entendiendo.

—Es hora de que crezca —dice Mark y se encoge de hombros. Está


actuando como si no le importara, y tal vez le creería si no fuera por el
hecho de que no me mira a los ojos. Aunque eso podría ser su orgullo.

—Y ya ha crecido —Slate me da otra espeluznante sonrisa y un escalofrío


corre por mi espalda. Todo en él es frío, y juro que si lo toco, probablemente
se sentiría como hielo—. Estarás de acuerdo con todo lo que te pida y harás
al Sr. Carter un hombre muy feliz. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo,
Claudia?

Aprieto los puños a mis costados y vuelvo a asentir. La idea de dormir con
Brian no me disgusta y me odio por eso. Ya empiezo a preguntarme cómo
sería para él tener que hacerlo conmigo. ¿Sería rudo conmigo si peleo, o
sería tierno si me rindo fácilmente? No sé qué tipo de hombre es, pero mi
cuerpo anhela su toque.

Si aprendí algo de Mark, es que los hombres como él y Slate no toman solo
un poco. Esto es solo el comienzo de lo que me pide que haga. Sé que cada
vez tomará un poco más hasta que no quede nada. Necesito salir de aquí
antes de que eso suceda. Es hora de un nuevo comienzo de todos modos.
Este podría ser el impulso que necesito, porque no volveré si estoy de
acuerdo en entregarle mi cuerpo a Brian Carter. ¿Qué serían capaces de
hacerme después si ahora me arrojan así a él?

—Vamos —Slate me da una última advertencia antes de dirigirse a la


puerta. La abre y se detiene para mirar atrás —. Y Claudia... —el aire frío
del invierno entra y me estremezco—. Que no se te ocurra ninguna idea
para huir de nosotros. No querrás que algo le sucediera a ese refugio que
tanto amas —respiro profundamente y él sonríe— Has hecho tu cama.
Ahora dormirás en ella.

Con eso, él y Mark se van y la puerta se cierra detrás de ellos. El significado


de sus palabras resuena en mis oídos.
Capítulo 2
Brian
—¿Había algo malo con su teléfono? —pregunto mientras camino por mi
oficina.

—Sí, parece que lo dejó caer al agua, pero lo ha reemplazado —me dice
Mark al otro extremo del teléfono—. No te preocupes. Personalmente fui y
lo reemplacé para que no tengas ningún problema en contactarla.

Asiento, pero luego me doy cuenta de que no puede verme.

—Está bien, perfecto, gracias por comprobar eso por mí. Lo aprecio. Y dile a
Aaron que pronto estaré en contacto con él.

—Sí, señor —Le oigo terminar la llamada, y de inmediato entro en mis


mensajes de texto y empiezo a tocar las teclas de mi teléfono.

Me he vuelto loco desde que conocí a Claudia y no he podido ponerme en


contacto con ella. He enviado docenas de mensajes y he llamado más veces
de las que puedo admitir, pero no pude rendirme. Finalmente, decidí
rastrear a su jefe y él me ayudó. El área es propiedad de Aaron Slate, pero
Mark es el capataz con el que he estado tratando. Slate está ansioso por
llevarnos a bordo, pero tengo dudas. Aunque no estaba dispuesto a decirle
eso mientras intentaba acechar a una de sus empleadas.

Me estaba volviendo loco por la necesidad de hablar con ella, ya que apenas
pude concentrarme en las vacaciones. Finalmente, cuando descubrí que
Jensen estaba durmiendo con mi hermana, me di cuenta de que me había
perdido todo lo que estaba pasando frente a mí. Tuvo la sensatez de
decirme que sacara la cabeza del culo y persiguiera a la mujer que me había
dejado así, e hice exactamente eso. Corrí directamente hacia Mark y le dije
que necesitaba encontrar a la mujer que envió a recoger los planos. Debió
haber visto lo desesperado que estaba porque dijo que lo haría
personalmente y que volvería a llamarme. Eso no me impidió enviarle
mensajes de texto hasta entonces, pero ahora me alegra saber que su
teléfono está funcionando.

Mis pulgares se mueven a través de las teclas cuando le envío un mensaje


nuevo y contengo la respiración.

Yo: Supe que tu teléfono se mojó.

Pasa un momento, pero luego veo una burbuja que indica que ella está
escribiendo una respuesta.

Claudia: ¿Mi teléfono qué?

Yo: Escuché que dejaste caer tu teléfono al agua.

Sé que escuché a Mark bien, pero ahora me pregunto si lo que dijo fue
verdad. Antes de que mi sospecha pueda cimentarse, la veo escribiendo de
nuevo.

Claudia: Oh si, cierto. Está funcionando ahora.

Decido seguir solo porque tengo que volver a verla. Ya ha pasado


demasiado tiempo y me siento ansioso. Necesito estar cerca de ella para
averiguar sobre esta loca conexión en mi cabeza, si lo que sentí esa noche
fue real.

Yo: Cena conmigo.

Claudia: Ok.

Estoy sorprendido por lo fácil que aceptó, y ahora estoy empezando a


preguntarme si su jefe le pidió esto.

Yo: Esta noche.

Claudia: Ok.

Mis cejas se fruncen de nuevo. No hay ninguna pregunta, solo un ok.


Yo: Te recojo en una hora.

Claudia: espera, aún no es hora de comer.

Estoy agradecido de que finalmente haya dicho algo más y puedo sentirme
sonreír.

Yo: Llamémoslo una cena temprana.

Claudia: necesito vestirme.

Pensar en su cuerpo desnudo hace que mi polla se hinche y quiero


responder que no hay necesidad, pero no puedo asustarla de nuevo. Tengo
la sensación de que hay más en esta historia de lo que ella me cuenta, pero
sé que una vez que la mire a los ojos, podré decirle. Una mirada fue todo lo
que me llevó a enamorarme de ella, así que no tengo ninguna duda de que
tenerla en mis brazos la convencerá de que esto es lo correcto.

Yo: Envíame un mensaje de texto con tu dirección y te daré una hora.

Ella es lenta en responder, pero después de enviarlo, le envío un emoji de


reloj de arena para hacerle saber que se está acabando el tiempo.

Claudia: ¡Te veré entonces!

Busco su dirección y veo que está en una zona no tan grande de la ciudad.
No estoy seguro de si vive sola, pero ese no es lugar para una mujer si
alguna vez anda sola.

Los siguientes diez minutos pasan lento y gasto todo el tiempo paseándome
antes de decidir que conducir por ahí es una mejor forma de quemar los
minutos. Por supuesto, conduzco directamente a su casa sin dudarlo y
aparco el coche afuera. Solo ha pasado media hora, pero no puedo
soportarlo más. Salgo de mi auto y camino hacia la pequeña casa que tiene
buen aspecto desde afuera. Tenía razón en que no es una gran parte de la
ciudad, pero esta pequeña casa está bien mantenida. Veo macetas y gnomos
afuera y parece que una anciana vive aquí. Sonrío pensando que Claudia
será adorable de abuela. De repente, la imagen de ella y yo sentados en un
banco y alimentando a los patos se me viene a la cabeza y me sorprende lo
mucho que la quiero. Me duele el pecho porque está justo en el borde de la
punta de mis dedos y tengo que tomarme un momento para estabilizarme
antes de usar el timbre. ¿Qué me ha pasado con esta mujer? ¿Por qué me
estoy volviendo absolutamente loco por ella? Oigo pasos en la distancia y
luego la puerta se abre. Me siento inestable cuando la veo parada allí con
una camisa holgada que se cae de un hombro y unos vaqueros. No lleva
maquillaje, tiene el pelo húmedo y huele a zumo recién exprimido. Dios,
todo lo que quiero hacer es caer encima de ella y confesarle mi amor.

—Llegas temprano —sus ojos están muy abiertos por el pánico y noto un
cepillo en su mano.

—No podía esperar —le digo mientras coloco mi mano sobre mi pecho—
Jesucristo, eres impresionante.

Tengo el lujo de verla sonrojarse con tanta fuerza que sus orejas se vuelven
rosadas y agacha la barbilla para ocultar su rostro. ¿Podría ser más bella?

—Entra. Ya casi he terminado —se aparta y yo entro, pero no puedo mirarla


y no acercarme más.

—No me ocultes esto —le digo mientras toco su barbilla y la hago mirar
hacia mí. Froto mi pulgar sobre la línea de la mandíbula y pienso en cómo
sería besarla—. Ni cuando sientas vergüenza ni incluso usando maquillaje.
No quiero que nada se interponga en el camino de tu belleza.

Ella solo me mira por un momento y luego asiente. Sonrío mientras me


obligo a dar un paso atrás y soltarla. Esta será una larga y jodida noche si no
puedo controlarme, pero dudo que pueda hacerlo por mucho tiempo.

—¿Quieres algo? —la miro de arriba abajo y me lamo los labios. Estoy
pensando en todas las cosas que quiero de ella, y para mi sorpresa, ella da
un paso adelante—. ¿Nada en absoluto?
Será mejor que tenga cuidado porque está jugando con fuego.
Capítulo 3
Claudia
Miro a Brian, mi corazón palpita en mi pecho. ¿Cómo responderá a mi
pregunta? Si soy honesta, no estoy segura de cómo quiero que lo haga. Me
sorprendió que las palabras salieran de mi boca. He sido un torbellino de
emociones desde que abrí la puerta de entrada con mi estado de ánimo
cambiando de enojado a emocionado. Él es demasiado atractivo. Me dije a
mí misma que lo recordaba más guapo de lo que realmente es, que tal vez
estaba demasiado oscuro esa noche y mi mente me estaba jugando una mala
pasada. Pero a pesar de eso me parece más guapo ahora. Sin mencionar el
olor a manzana asada desprende. Se ve cálido, y todo en él es atractivo. La
necesidad de apoyarme en él es tan fuerte que me siento un paso más cerca.

Observo cómo la sonrisa que tenía hace un momento se desvanece y aprieta


su mandíbula. Da otro paso lejos de mí como lo hizo antes. La acción me
irrita porque me hace sentir como si hubiera perdido el equilibrio.

—Ve y prepárate —su voz es más profunda ahora y hay una advertencia en
ella.

Esas tres palabras me recuerdan quién es él y que hace negocios con Slate,
algo que debería seguir repitiéndome. Hice una búsqueda en Google sobre
él y todo lo que pude encontrar fue que es un buen hombre. Los mejores
mentirosos son los que se esconden a la vista. Al menos sé de lo que es
capaz Slate, cuando entra en una habitación, todo mi cuerpo se tensa de
miedo. Pero no es así con Brian, él es atractivo de una manera que me asusta
y me tienta.

Me quedo ahí por un momento, preguntándome si debería intentarlo de


nuevo. Me ordenó que hiciera algo. Abro la boca para ofrecerle algo más,
pero me interrumpe.
—Ahora —se aleja un poco de mí y se siente como si me estuviera
despidiendo.

Estrecho mis ojos hacia él, pero ni siquiera me está mirando. De todo lo que
me irrita, esto es lo peor. ¿Ha llenado mi teléfono día y noche intentando
hablar conmigo y ahora me ignora? Odio que su actitud me haga daño.
Trato de concentrarme en mi ira para alejar el dolor, pero ahora mi cuerpo
está confundido de pies a cabeza e incluso podría hacerme daño. ¿Qué me
está haciendo?

—¿No te afecta que una chica sea directa? Bien, lo jugaré a tu manera —
quiero golpearme a mí misma porque debería sentir por Brian lo mismo que
siento por Slate. Si quiere dormir conmigo, ¿por qué simplemente no lo
hace? No necesitaba que me tocara y fingiera ser tan dulce como lo hizo
cuando llegó. Eso confundió mi cabeza tanto como me encendió saber que
me habían entregado a él como propiedad. Un deseo profundo y oscuro que
nunca antes había sentido se encendió dentro de mí y está empeorando. Mi
mente está pensando en las cosas sucias que él podría hacerme y cómo
podría usarme para su placer. Llevarme a cenar no había estado en la lista
de mis fantasías que rápidamente crecieron en mi imaginación. Sus dulces
palabras sobre no esconderme de él tampoco lo habían estado. También me
hicieron sentir ese cosquilleo, y sé que definitivamente no es bueno. Sería
fácil separarme de un hombre que solo me ve como un objeto para ser
follado, pero no es tan fácil alejarse de un hombre como Brian.

Me alejo de él, pero antes de poner un pie en las escaleras, una mano se
cierra alrededor de mi brazo y me doy la vuelta para enfrentarlo. Él me hace
retroceder y me presiona contra la pared, aunque no es rudo, jadeo
sorprendida. Ni siquiera lo había escuchado moverse y todas las tablas del
suelo en esta casa chirrean; alguien de su tamaño no debería poder moverse
tan silenciosamente. Él se eleva sobre mí y sus ojos se clavan en los míos.

—Si alguien está jugando aquí, eres tú —corrige.


—No es un juego —digo suavemente, pero no sé si estoy mintiendo o no.
No puedo pensar con claridad, ya que su dura erección presiona entre mis
piernas y exige atención.

—Tienes razón. No es un maldito juego —Si bien creo en sus palabras, no


las entiendo, ni a él.

—¿Qué quieres de mí? —inclino mi cabeza hacia atrás, buscando algo.


Cualquier cosa. Se inclina y siento la suave caricia de sus labios contra los
míos. No puedo evitar presionarme en su dura longitud mientras mi boca se
abre para él.

—Todo —responde, su cálido aliento cosquilleando mi piel.

Luego, antes de que pueda reaccionar, él da un paso atrás y me quedo


apoyada contra la pared. Extraño el calor de su cuerpo sobre el mío y sus
labios llenos me tientan. Mi cuerpo zumba con necesidad y no puedo
controlarlo.

—Ve y prepárate —deja escapar un largo suspiro y se pasa la mano por el


corto cabello rubio. Su tono es definitivo, como si estuviera molesto
conmigo, y de repente estoy fuera de la niebla llena de lujuria en la que me
metió.

—Como sea —subo las escaleras y esta vez él no me detiene. Le echo un


vistazo por encima del hombro y lo único que veo son sus ojos en mi
trasero, oscuros y hambrientos.

Subo las escaleras y me meto en mi habitación antes de cerrar la puerta, y


apoyarme contra ella. Mi corazón late con fuerza y por primera vez en
mucho tiempo me siento viva. Me acerco a la cómoda y me miro en el
espejo. Me quito la camisa holgada y la tiro en la cesta de la ropa antes de
acercarme, tomar mi secador y comenzar a trabajar en mi cabello. No me
toma mucho tiempo prepararme y cuando termino, agarro mi bolsa.
Echo un vistazo a la pequeña pila de maquillaje que he tenido por siempre.
Nunca lo uso, pero me debato por un momento si debo ponerme algo
porque me dijo que no me ocultara. Trato de tomar la máscara, pero me
detengo antes de agarrarla. Se supone que debo darle lo que quiere y esto es
lo que pidió.

Echo un vistazo a mi suéter rojo ajustado que debería haber tirado hace
mucho tiempo. Se me achicó, pero se siente muy bien. No solo tiene
temática navideña si no que dice “Traviesa o dulce” y el frente es de oro
brillante. Supongo que veremos qué lado sale esta noche.
Capítulo 4
Claudia
Cuando bajé las escaleras, me detuve al ver a Brian con su teléfono celular
pegado a la oreja.

—No me importa. Quiero que lo revisen hoy —exige. Me parece fascinante


cómo puede ser tan encantador un segundo y luego transformarse en el jefe
al siguiente—. Te enviaré un mensaje con la dirección —dice antes de
finalizar la llamada.

Volviéndose, me mira a los ojos y ninguno de los dos dice una palabra. Sus
ojos vagan sobre mí y tengo que evitar moverme con mi suéter y
preguntarme si me veo bien. Tal vez debería haberme quedado con la ropa
holgada. Es buena para mantener alejados a los hombres, pero quería que
Brian me encontrara atractiva. El deseo de un hombre es un nuevo
sentimiento para mí. Se aclara la garganta después de un momento y puedo
sentir mi rubor.

—Haré que alguien venga a ver tu calefactor, creo que necesita ser
reemplazado.

Me toma un momento entender lo que está diciendo porque sale de la nada.


No ayuda que mi cerebro sea un desastre a su alrededor.

—¿Por qué? —pregunto, encontrando al menos un par de palabras en mi


vocabulario.

—Hace demasiado calor aquí. Bajé para comprobarlo y la cosa está


prácticamente en llamas. No hay forma en la que puedan arreglarlo esta
noche, pero Nick vendrá y se asegurará de que no va a incendiar la casa
mientras tanto.
—Oh, dios —exhalo. ¿Podría suceder realmente? No sé nada de
calefactores. Pensé que era mejor que estuviera generando demasiado calor
a que no calentara en absoluto.

—Está bien, me encargaré. No podemos apagarlo por completo sin


arriesgarnos a que las tuberías se congelen —observo cómo mete su teléfono
celular en el bolsillo y veo un pequeño rastro de suciedad en su barbilla.

—No tenías que hacer eso —le digo. Es dulce que notara que el calefactor
está averiado para comenzar y aún más dulce que esté tratando de
arreglarlo por mí. Levanto la mano para limpiar la suciedad de su barbilla y
él se inclina hacia mi toque. Disfruto de la sensación de su barba ligera
debajo de las yemas de mis dedos y de cómo sus ojos se cierran por un
momento hasta que vuelvo a hablar—. Pero no puedo pagarlo.

Comienzo a soltar mi mano, pero él la toma en la suya.

Ver su gran palma envuelta alrededor de mi muñeca hace que todo lo que
está dentro de mí se calme. Es mucho más grande que yo y me siento
pequeña y delicada con sus manos sobre mí. Podría derribarme fácilmente y
tomar lo que quiera. ¿Cómo puedo desear eso, junto con su acto de bondad?
Me mira y me pregunto si puede sentir mi corazón acelerado.
Probablemente piense que es miedo, cuando yo sé que es excitación. No es
que alguna vez lo pueda admitir en voz alta. Lleva mi mano a su boca,
donde me besa suavemente la palma y el movimiento me sorprende. Trago
saliva para intentar sacarme el nudo de la garganta.

—Nadie está pidiendo que pagues por eso —me besa la palma de la mano
otra vez antes de soltar mi muñeca. Está en la punta de mi lengua decir que
no lo pagaría en efectivo, pero no puedo apartarme su generosidad. Incluso
si no es real y tiene otro lado que aún no conozco, aún así lo voy a aceptar.
Ha pasado demasiado tiempo desde que alguien fue amable conmigo o
quiso cuidarme.
—Deberías empacar una bolsa. No puedes quedarte aquí esta noche.

—Por supuesto que me quedaré aquí —¿Dónde más me quedaría? No tener


un lugar donde ir me da pánico. He estado sola desde que perdí a la abuela,
pero en este momento realmente me siento sola y es un descubrimiento que
me sorprende.

—Hará demasiado frío. Nick solo dejará el calor suficiente para que las
tuberías no se congelen. No estará lo suficientemente cálido para que te
quedes.

—Estaré bien. Tengo mantas y esas cosas, estoy segura de que estaré bien —
doy un paso atrás.

Tal vez podría llamar a Linda desde la clínica y ver si puedo quedarme con
ella. De ninguna manera le pediré a mi hermano que se quede conmigo. Si
empeorara, solo tendría que enfrentarlo y acurrucarme esta noche. No
quiero tener que preguntarle a Linda ya que ella tiene las manos llenas con
su vida y sus hijos.

—No permitiré que te quedes en una casa fría. Te quedarás conmigo.

Mi boca se abre de golpe. Ni siquiera me preguntó. Es una demanda, y


puedo leer en cada línea de su cuerpo que no retrocederá en esto.

—Ni siquiera sé dónde vives —suelto un gruñido mientras busco una razón
para no ir a su casa.

Ir a casa con él se siente íntimo. Nunca he ido a casa con un hombre antes.
Lo he imaginado, cuando me acuesto en la cama por las noches,
preguntándome cómo sería estar con un hombre.

—Estarás bien. Mi hermana vive conmigo —dice.

—Sí, porque eso es tranquilizador. Tengo un hermano, así que si me dices


que tu hermana vive contigo no significa nada.
Sus ojos se estrechan por un segundo mientras trata de leerme. Mierda. He
dicho demasiado. Hace que me pregunte cuánto sabe Brian sobre lo que
Slate me pidió que hiciera. Tal vez no sabe nada en absoluto. No había
pensado en eso hasta ahora. Tal vez me están usando para seducirlo, para
que Slate pueda mantenerlo cerca. Todos sabemos que Slate quiere trabajar
con él sin importar el costo. Me recuerdo que se supone que debo ser
amable y alejar la indecisión. Debería estar enojada, pero el alivio se desliza
a través de mí sin poder evitarlo. No quiero que él pregunte por mi
hermano y necesito hacer esto. Entonces tengo que idear un plan.

—No importa. Tienes razón. Me quedaré contigo. —se desliza muy cerca
de mí, así que tengo que mirarlo.

—¿Por qué sigues haciendo eso? —sus manos se levantan y agarran mis
caderas mientras me sostiene cerca y me mantiene en el lugar. Sus labios se
deslizan suavemente por mi cuello y soy un charco en sus brazos.

—¿Haciendo qué? —lo siento sonreír contra mi piel y cierro los ojos con
fuerza.

—¿Cómo pasas del calor al frío tan rápido? —me besa debajo de la oreja y
jadeo cuando siento su lengua caliente—. ¿Quieres acercarte a mí y luego
huir hacia otro lado?

Una pequeña risa se me escapa, luego él aprieta sus manos en mis caderas.

—No importa —le digo con desdén mientras trato de alejarme de su


alcance, pero él no me deja ir.

—Importa —gruñe, haciendo que se me ponga la piel de gallina.

—¿Lo hace? ¿Realmente importa? —le devuelvo la mirada. Comienza a


responder, pero yo lo interrumpo—. Respóndeme una pregunta. No vas a
parar hasta que obtengas lo que quieres de mí, ¿verdad?
Sus ojos azules se ensanchan un poco y puedo decir que está tratando de
averiguar qué decir. Mi hermano también es bueno en eso, se asegura de
decir las cosas de un modo que le permita evitar responder las preguntas.
Siempre trata de hacer que todo se vea bien cuando realmente no lo está.

—Voy a buscar mi bolsa —suelta mis caderas a regañadientes y me alejo de


él.

—No puedo —dice finalmente con algo parecido a la determinación en sus


ojos—. No puedo parar.

Tal vez sabe que Slate me ordenó darle lo que quiere si está dispuesto a
admitir que no dejará de venir por mí. Es lógico que haga cualquier cosa
para obtener lo que quiere. Incluyendo hacer tratos con el diablo.

Cuando mis ojos se encuentran con los de él, tengo la extraña sensación de
que en realidad soy la única con todo el poder y él es el que está a mi
merced. Es una lástima que no tenga idea de qué hacer con eso.
Capítulo 5
Brian
Mira el menú como si este la hubiera ofendido personalmente. Sus ojos se
estrechan y lo acerca más a ella mientras examina cada detalle. No abro el
mío porque estoy demasiado ocupado memorizando cada detalle de ella. La
forma en que su cabello rubio está escondido detrás de una oreja y se
extiende sobre el hombro opuesto. Veo los diminutos aretes plateados de
aves que lleva puestos y me pregunto de dónde los sacó. Su suéter la abraza
con fuerza y cada dulce curva es acariciada para mostrar lo sensual que es
su cuerpo. Puse mis manos debajo de la mesa porque están vacías. Quiero
ahondar en su suavidad y perderme en su luz.

Sus cejas se fruncen mientras articula varias palabras como si estuviera


tratando de pronunciarlas. Tal vez debería haberle dicho que todo el menú
iba a estar en francés, pero lo abrió y se negó a pedir ayuda. Hay algo tan
complejo en ella y lo quiero descubrir. No se parece a nadie que haya
conocido y esta atracción sexual que siento es irreal.

Con un corto resoplido, cierra el menú y lo deja sobre la mesa.

—¿Quieres que te lo traduzca? —ofrezco, y frunce los labios.

—Por supuesto que hablas francés.

—No pensé que te molestaría —no puedo evitar escuchar la risa de mi voz
cuando ella pone los ojos en blanco y toma un trago de agua.

—No me molesta que hables francés. Me molesta no saber que íbamos a un


lugar elegante y estoy usando un suéter de navidad y botas para la nieve —
mira a su alrededor y veo un tinte rosado en sus mejillas.

—Estaba tratando de impresionarte —admito y me inclino hacia adelante


para tomar su mano. Para mi sorpresa, ella no se aleja de mí, pero tampoco
me mira.
—No entiendo por qué tratas de hacerlo.

—Si varios días de comportarme como a un acosador al borde de violar la


ley no fueron una indicación, permíteme aclarar que realmente quiero
conocerte.

—¿Al borde? —me mira y levanta una ceja desafiante.

—Entonces, dime, ¿qué pasa con lo cálido y frío? —pregunto, cambiando el


tema de lo ansioso que estaba por conseguir que saliera conmigo—. Camino
hacia acá estabas silenciosa como un ratón de iglesia y ahora le frunces el
ceño a uno de los mejores restaurantes de la ciudad como si se hubiera
robado la Navidad de todo Whoville.

Una sonrisa tira de sus labios hasta que ya no puede luchar más. Sus dedos
se enlazan con los míos y es cuando la veo relajarse. Mi cuerpo hace lo
mismo y siento esa carga entre nosotros, como antes. Siempre está ahí,
esperando y lista para liberarse, ahora está zumbando como un relámpago.

—Es que todo ha sido muy repentino. Estuve contigo cinco segundos en
una noche oscura y, de repente ¿no puedes esperar para conocerme? Suena
un poco ridículo —la forma en que inclina la cabeza hacia un lado hace que
quiera besar su cuello de nuevo.

—Tal vez para ti —mee encojo de hombros mientras froto la yema de mi


pulgar sobre su palma—. Pero en mi experiencia, cuando algo como esto se
siente así de bien, debes conservarlo.

—Entonces, ¿eres un jugador? —su cuerpo se endereza y sacudo la cabeza


mientras sonrío.

—Oh no, lejos de eso. He estado demasiado ocupado siendo un adicto al


trabajo hasta ahora. Lo que quiero decir es que he convertido a mi empresa
en una de las mejores del país y puedo decirte en cuestión de segundos si
un acuerdo si va a tener éxito. Confío en mi instinto y nunca me he
equivocado.
—¿Por eso me obligaste a venir a una cita contigo? ¿Para ver si esto es un
buen negocio?

—Claudia —le digo inclinándome hacia adelante. La sensación de su


nombre en mi lengua me pone duro y doy las gracias por los largos
manteles de lino—, si continúas dudando de mi deseo por ti, te llevaré a mi
casa y te voltearé sobre mis rodillas.

Su cara se ruboriza y se muerde el labio. Me pregunto si eso sería una


solución agradable para los dos. Guardo esa información en el fondo de mi
mente para más tarde.

—Te deseo porque, en el segundo en que te vi, mi alma salió de su oscuro


escondite y por primera vez en mi maldita vida se unió a algo. Tú. Has
despertado esto... esto en mí, y no sé qué es ni cómo controlarlo. Por eso
enloquecí llamándote cada diez segundos. Y por eso, aunque sé que este
trato con Aaron Slate no es bueno, haré cualquier cosa para tenerte.

El camarero piensa que ahora es un buen momento para aparecer y


preguntar qué nos gustaría ordenar. Respiro por un segundo para
calmarme y Claudia me mira como si acabara de explicar la teoría de la
relatividad.

Trato de recordar lo que creo que a ella le gustaría comer y luego pido dos
entradas adicionales en caso de que me equivoque. Yo comeré lo que a ella
no le apetezca. Una vez que termino, le doy el menú al camarero y vuelvo a
mirar a Claudia, ella me está mirando con los labios ligeramente separados.

—¿Qué?

—Todo lo que pediste sonaba muy sensual —se ríe y eso calienta cada parte
de mí. Principalmente la región que está debajo de mi cinturón, pero eso ha
estado caliente por ella durante días.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir después de que básicamente te dije
que eres mi alma gemela?
Ella toma un sorbo de agua antes de encogerse de hombros otra vez.

—No estoy segura de creer en eso.

—Estás mintiendo.

Fui honesto cuando dije que confiaba en mi instinto. Este tipo, Slate, tiene
mucha sombra, y mientras más estudiaba su propuesta y sus otras
relaciones comerciales, menos me gustaba como lucía. Pero si necesito
sacrificar mi reputación y todo lo que he creado por tener una oportunidad
con Claudia, entonces valdrá la pena. Noto la forma en que me mira y la
forma en que reacciona a mi toque. No es solo de mi lado de la mesa que
están sucediendo cosas.

—No me conoces lo suficiente como para saber si estoy mintiendo —el


camarero trae una cesta de pan, y cuando ella trata de tomarla, la alejo de su
alcance.

—Sé lo suficiente —miro la cesta con los diferentes tipos de pan y luego de
vuelta a ella. Busco, saco el croissant escondido en la parte inferior y lo
cubro con mantequilla. Lo pongo en su pequeño plato y lo empujo hacia
ella—. El resto lo aprenderé con el tiempo.

Ella se lame los labios y hago un pésimo trabajo ocultando mi sonrisa de


suficiencia, pero en unos segundos lo disfruta y los sonidos que hace me
debilitan. No puede ser legal estar tan duro en público.

—Escogiste justo el me gusta más pero eso realmente no nos convierte


almas gemelas.

—Entonces dime qué lo hace.

Me mira pensativamente por un momento y luego deja escapar un


resoplido.

—Supongo que es solo se siente.


—Estoy de acuerdo —le digo, recorriendo con mis ojos de arriba y abajo su
cuerpo.
Capítulo 6
Claudia
Me hace preguntas sin parar durante la cena y hago todo lo posible para
responderle mientras sigo protegiendo mis secretos. Tengo un poco de
miedo por lo que mi hermano es capaz de hacer y, como tengo que
complacerlo, esto podría terminar muy mal para mí. Pero Brian es tan listo
que para el final de la cena le he contado todo sobre mi abuela y cuánto la
extraño. No puedo creer todo lo que le estoy contando pero se siente bien
hablar con alguien sobre ella. Mark es de mi sangre, pero ni con eso ha
mostrado la empatía que Brian me muestra cuando hablo de ella. No me di
cuenta de cuánto lo necesitaba hasta que lo saqué todo.

—¿A dónde vamos? —pregunto cuando entramos en la parte trasera del


auto y el conductor se aleja.

—Te llevaré a casa —su voz chisporrotea en mi piel y puedo sentir la


anticipación crecer en mi vientre. Lo que quiero ahora es que me susurre en
francés en la oreja mientras sus manos acarician mi cuerpo. Tomé clases de
francés en la secundaria y me encantó el idioma. Cuando era más joven
soñaba con ir a París un día, pero sé que no era más que una fantasía.
Escuchar a Brian hablarle sin esfuerzo al camarero durante la cena me
recordó todos esos cuentos de hadas que dejé a un lado. No podía creer lo
que me dijo sobre las almas gemelas y cómo cree que soy suya. Quería
discutir con él y decirle que estaba equivocado, pero no supe cómo. Siempre
he pensado que es posible, y que cuando ese momento llegara lo
reconocería dentro de mí. No tuve la convicción para decirle que estaba
equivocado, porque la agitación en mi interior podría indicar que lo es.
¿Podría ser que todo está burbujeando porque él es el indicado? ¿Cómo nos
ha juntado el destino y me ha puesto en esta situación con él? Se me ha
entregado para que lo aliente a trabajar con Slate, como un incentivo para
una asociación que no creo que deba hacer. Pero si no lo hace, todo lo que
conozco se derrumbará ante mí.

—¿Por qué estás tan preocupada? —pregunta, tocando mi barbilla y


rompiendo mi concentración.

—Nada —digo mientras sus dedos acarician ligeramente mi mandíbula y


luego meten mi cabello detrás de la oreja.

—¿Estás preocupada?

No sé por qué, pero asentí levemente. Tiene algún tipo de poder inductor
sobre mí y eso exige que le diga la verdad. Se inclina más cerca para que su
olor me envuelva y yo moldee mi cuerpo con el de él.

—No hay nada de lo que debas preocuparte —susurra algo en francés justo
antes de que poner sus labios contra los míos y luego me besa con tanta
ternura que no tengo más remedio que creerle.

Mis brazos se envuelven alrededor de su cuello mientras sus manos bajan


por mi cuerpo. Lo siento en todas partes cuando abro la boca y le dejo tomar
el control. Tiene hambre de mí y me besa como un convicto fugado. Es
apasionado pero posesivo cuando me saca de mi asiento y me pone en su
regazo para montarlo a horcajadas. Sus manos van a mi trasero y me
aprieto, buscando encajarlo en el lugar donde más lo necesito. Fingí no
verlo acomodarse cuando se levantó de la mesa después de la cena. Pero vi
lo duro que estaba y todo en lo que pude pensar era en que yo le había
hecho eso. Ahora me estoy frotando como si me pagaran para hacerlo y mi
cuerpo se enciende en cada terminación nerviosa.

—Dime que me dejarás estar dentro de ti —dice mientras su boca se mueve


hacia mi cuello—. Dime que puedo follarte desnuda, en el piso de mi sala
porque no creo que pueda llegar al dormitorio.

—Oh, Dios —es todo lo que puedo decir cuando su palma ahueca mi sexo y
lo aprieta.
Las cosas han pasado de cero a sesenta sólo en segundos, pero mi cuerpo no
necesita tiempo para ponerse al día. Ya estoy preparada cuando cabalgo su
mano y siento que sus dedos se frotan justo en el lugar correcto.

—Siente lo duro que estoy —dice, y coloca mi mano sobre sus pantalones
para que pueda sentir su longitud. Le hago lo mismo y lo aprieto un poco
hasta que gime —¿Estás tomando la píldora?

—No —digo, y mi voz suena desesperada. Estoy llegando a la cima y


podría acabar justo aquí.

—Me correré afuera —dice mientras me besa de nuevo y yo asiento. ¿Qué


más se supone que debo decir? Me han entregado a él, pero ahora mismo
estoy de acuerdo con todo lo que quiera.

Es encantador y dulce, pero también es un imán que me atrae. Nunca antes


había tenido este tipo de química con nadie y, cuando me toca, mi mente se
vuelve loca. Lo único que tiene sentido es lo bien que se siente y quiero que
continúe.

Siento mis bragas empapadas mientras mis dedos aprietan su traje, pero de
repente el auto se detiene. Brian se aleja de mí y se ve tan sorprendido como
yo. Por un segundo parpadea y luego se da cuenta de lo que está
sucediendo.

—Llegamos —prácticamente salta del auto y medio me carga con mi bolsa


por encima del hombro—. Gracias a Dios mi hermana no está en casa.

—Disminuye la velocidad —le digo, y una risa resuena mientras camina


hacia un hermoso vestíbulo que parece un hotel pero sin toda la gente.

—No puedo, hermosa. No cuando se trata de ti —presiona el botón del


ascensor y solo toma un segundo para que este se abra.

Cuando me lleva adentro, me doy cuenta que todo es de cristal y puedo ver
el vestíbulo a medida que subimos. Hay docenas de árboles de Navidad ahí
abajo y el ascensor está tocando música navideña. Realmente no he estado
emocionada por las navidades, pero mirando a Brian y viendo los copos de
nieve en su cabello, estoy entusiasmada con la época. ¿Cómo es que
enamorarme de él hace que me den ganas de disfrutar las vacaciones?

El ascensor sigue subiendo y él presiona mi espalda contra el vidrio


mientras sostiene mi cara y me besa. Tiene hambre otra vez, y aunque mi
casi clímax fue interrumpido, vuelve suplicándole que termine lo que
comenzó.

Mis piernas se envuelven alrededor de su cintura y gime mientras me


muevo contra él. No tengo experiencia con nada de esto, pero sé qué se
siente bien. Puedo ser inocente cuando se trata de sexo, pero no soy tonta.
Me he tocado lo suficiente como para saber qué es lo que me gusta y si
mantengo esta presión llegaré justo así.

Suena una campanilla, pero él no se detiene y siento que su mano se desliza


entre mi ropa. Tira de mi sujetador y con sus dedos aprieta mi pezón
mientras su polla dura se balancea contra mí. Nunca he tenido nada más
que mi propia mano allí y su toque experto es demasiado. El timbre vuelve
a sonar y me doy cuenta de que las puertas del ascensor se abren y se
cierran. No tengo idea de cuántas veces ha sucedido porque el tiempo no
tiene sentido.

Brian debe darse cuenta al mismo tiempo que yo porque se aleja conmigo
en sus brazos y me carga a través de una puerta. La oigo cerrar cerca de
nosotros cuando deja caer mi bolsa en el suelo y luego se pone de rodillas
delante de mí.

—Tengo que probarlo —dice con desesperación en su voz.

Baja mis jeans y apoyo mis hombros contra la pared. Él solo los deja a
medio camino de mis piernas antes de rasgarme las bragas y luego enterrar
su cara entre mis muslos. Mueve su lengua entre mis labios y yo grito ante
la sensación. Es cálido y suave cuando me golpea, y me agacho para agarrar
su cabello.

—Más —gruñe de frustración mientras intenta separar mis muslos.

Salgo de mis jeans y él gime de alivio cuando pone mi pierna sobre su


hombro y me abre. Su cara entera está en mi coño y nunca he sentido nada
tan bueno. Todos mis problemas y preocupaciones sobre el futuro se han
ido y mi único enfoque es sentirme bien.

—¡Brian! —grito, y ruedo mis caderas hacia adelante—. Nunca había hecho
esto y se siente demasiado bien.

—¿Estás tratando de hacer que me corra? —dice antes de que su lengua


vuelva a mi clítoris.

—Sí —respondo con sinceridad, porque eso sería caliente como el infierno—
. Como desees —dice, y lo oigo liberarse.

Miro hacia abajo para ver su brazo moviéndose rápido, y jadeo cuando me
doy cuenta de que se está tocando mientras come mi coño.

—Mierda —respiro, pero no puedo mirar hacia otro lado. Quiero ver, pero
no quiero que se aparte.

Al verlo, mi deseo se elevó otro poco y estoy a punto de acabar. Se lo digo y,


en lugar de disminuir la velocidad como pensé que lo haría, acelera y
chupa. Grito mientras sacudo mi coño contra él y le grito mi clímax a la
vida. Es tan fuerte y, a diferencia de los pequeños y tranquilos orgasmos
que me he proporcionado, esto hace vibrar todo mi cuerpo y estoy
temblando, ya que el poder de mi liberación me elevó desde abajo.

En algún lugar en el fondo de mi mente me pregunto si se corrió al mismo


tiempo que yo. Pero las estrellas que bailan a través de mi visión están
empezando a desvanecerse y ya no puedo mantener los ojos abiertos.
Capítulo 7
Brian
—¿Me dormí? —pregunta Claudia mientras la meto en la cama.

—Sólo por un segundo —le digo, sintiendo alivio y felicidad—. ¿Supongo


que esto no había sucedido antes?

Su rostro se ruboriza y sacude la cabeza. Mira hacia abajo y yo hago lo


mismo, para ver que está desnuda de cintura para abajo. Su bonito y rosado
coño está brillando con su liberación y tengo hambre de ella otra vez.

Me pongo de pie y me quito la camisa, la tiro al suelo y luego me quito los


pantalones y los calzoncillos. Ella me mira todo el tiempo.

—Por mucho que ame la “Traviesa o dulce”, necesito chuparte los pechos —
le digo mientras pongo mis rodillas en la cama—. Quítatela.

Se sienta un poco y la ayudo a quitársela, y a tirarla en el suelo junto a mis


cosas. Cuando está completamente desnuda, me acuesto sobre ella y me
acomodo entre sus piernas. Mi polla gruesa descansa contra su clítoris y me
encanta cómo jadea ante su tamaño.

—No te desmayes de nuevo, Claudia. Quiero que recuerdes todo esto.

Beso mi camino por su cuello y luego a sus pechos. Los sostengo en mis
manos y los veo desbordarse cuando me inclino y chupo cada uno. Al
principio se tensa pero pronto se relaja y siento sus manos en mi espalda
acariciándome.

Empujo la punta de mi polla contra su abertura y presiono la cabeza


cubierta de crema. Es pequeña pero está mojada, y mi semen está ayudando
a deslizarme entre sus pliegues.

—¿Has hecho esto antes? —pregunto mientras la miro a los ojos. Ella niega
con la cabeza y quiero empujarla rápidamente antes de que alguien más
irrumpa e intente quitármela—. ¿Cómo es que nadie te ha tocado durante
tanto tiempo? —chupo un pezón con mi boca otra vez mientras pellizco el
otro.

Mi polla se hunde más y siento que su coño caliente y resbaladizo me


envuelve. Ella se tensa cuando paso por lo que tiene que ser su virginidad y
luego me detengo. Pongo mi frente contra su pecho mientras trato de
controlar mi respiración. Debería ser amable y lento, pero estoy tan
desesperado por tenerla que no puedo. Empujo más, ella se tensa y se le
escapa un pequeño gemido. Beso sus labios y susurro lo perfecta que es y lo
bien que se siente. Sigo hundiéndome lentamente hasta que puedo sentir su
apretado coño envolver todo a mi alrededor como un guante caliente.

Respiro e intento controlar mis impulsos mientras le doy tiempo para que
su cuerpo se relaje. Quiero empujar como un león encima de ella, pero no
quiero lastimarla y evite volver a hacer esto. Y otra vez. Sé que una vez no
será suficiente, y por la sensación de su pequeño coñito apretado, sé que no
hay forma en la que pueda retirarme. Nunca he hecho esto sin un condón,
pero la idea de usar uno con ella es ridícula. Nunca habrá nada entre
nosotros mientras respire.

—Me voy a mover muy lento, hermosa. Lo estás haciendo muy bien —la
beso suavemente y ella comienza a relajarse—. Eres perfecta.

Ella frota una mano sobre mi pecho y sus muslos se ensanchan cuando
salgo un poco y la empujo de vuelta. Se levanta para encontrarse con mis
empujes y gruño cuando miro hacia abajo y veo que mi polla desaparece en
ella. Mi longitud desnuda está cubierta por su deseo y puedo ver un tinte
rojo. Ver el signo de su virginidad en mí me hace sentir como un dios y
puedo sentir mi cuerpo listo para correrse. Mi polla palpita y mis bolas se
aprietan cuando gotas de semen comienzan a salir lentamente de mí.
—Deja que me corra en ti, hermosa. Nunca lo he hecho sin condón y quiero
saber qué se siente correrse dentro de ti —empujo de nuevo y puedo sentir
pequeñas ráfagas de semen en su interior.

—Podría quedar embarazada —dice ella, pero al mismo tiempo siento que
su coño se aprieta a mi alrededor.

Me sostengo dentro de ella y restriega su clítoris hasta que grita mi nombre.

—Déjame dejarte embarazada —le digo, rodando mis caderas contra ella—.
Deja que me corra en ti, y me encargaré de lo que suceda.

Ella me mira a través de sus pestañas con los labios ligeramente separados.
Sus tetas rebotan y sus pezones son duros cuando mi polla dura se desliza
más dentro de ella. Estoy muy profundo y no hay nada que me impida
sujetarla y hacerlo de todos modos. Pero quiero que me diga que lo haga.

—Puedes correrte en mí —dice, y gruño de alegría.

Agarro sus caderas con fuerza mientras me tenso sobre ella y empujo
profundamente. Me balanceo contra su clítoris y la observo mientras se
aferra a mí. Mi polla palpita y, cuando el primer chorro de semen se
dispara, su coño se aprieta y ella llega al clímax cuando yo también hago lo
mismo. Agarra sus rodillas y las mantiene abiertas mientras dejo caer todo
mi peso sobre ella y me sigo corriendo. Es infinito y más poderoso que
cualquier cosa que haya sentido en mi vida.

¿Cómo esperé tanto tiempo para encontrarla? ¿Cómo pasé días sin ella
después del primer momento en que la vi? Porque nunca volverá a suceder.
No habrá un segundo en mi vida en que no esté a mi lado. Este momento no
solo ha sellado su destino, sino también el mío. Realmente creí que era su
alma gemela, pero en este momento estamos unidos.

—Tan perfecta —le susurro mientras reúno toda la fuerza que me queda
para rodar y así ella descanse sobre mí. Agarro las mantas y las arrastro
sobre nosotros y siento que su cuerpo se afloja encima del mío—. Tan
jodidamente perfecta.

Ella me acaricia y cierro los ojos. Todo lo que puedo pensar es en cuanto
deseo que esto nunca termine.
Capítulo 8
Claudia
Me despierto con besos bajando por mi espalda y por mi trasero. Sonrío en
la almohada cuando Brian extiende mis piernas y comienza a mover sus
labios más abajo. Dormimos un par de horas anoche, pero eso fue todo. Tan
pronto como nos despertábamos de nuestras pequeñas siestas volvíamos a
hacerlo.

Ni por una vez me he detenido a pensar en otra cosa que no sea en lo que
está sucediendo en el momento. No quiero que la realidad me encuentre.
Hay mucho en lo que pensar y de lo que preocuparme, pero la forma en la
que él me hace sentir lo elimina todo.

—Voy a pasar todo el día entre tus piernas —dice mientras su lengua rueda
sobre mi clítoris.

Arqueo mi espalda y empujo contra su boca cuando siento que mi clímax


comienza a construirse. Nunca supe que este tipo de placer era real. Cada
vez que me toca me deshago.

—Debería detenerme porque sé que estás delicada, pero te necesito


demasiado.

Sube por mi cuerpo y siento que la cabeza de su polla empuja en la entrada.


Tiene razón en que estoy un poco adolorida, pero estoy tan cerca del clímax
que no me importa. Merecerá la pena el dolor más tarde y tendré el
recordatorio de esta noche. Su longitud gruesa me empuja y una vez más
estoy llena.

No pasa mucho tiempo antes de que ambos alcancemos nuestros orgasmos


y luego nos acomodemos una vez más en la cama envolviéndonos el uno
con el otro.
Me duele mucho, porque mis músculos se han usado como nunca antes, y
me río cuando pienso en ello.

—¿Qué? —pregunta mientras besa la parte superior de mi cabeza.

Abro la boca para decirle que no estoy en forma, pero luego mi teléfono
comienza a sonar. Es la alarma para el refugio de animales e
inmediatamente me incorporo en la cama.

—Mierda —digo mientras me apresuro a tratar de encontrar de dónde


viene el zumbido.

—¿Qué pasa? —pregunta Brian mientras se sienta y me mira.

—Mierda —digo de nuevo cuando localizo mi teléfono a mitad de camino


bajo la cama y veo que tengo varios mensajes de texto perdidos de Ann del
refugio.

—Oye, ¿todo está bien? — ahora está a mi lado y de repente estoy muy
consciente de lo desnudos que estamos los dos.

—Se suponía que iba a ir al refugio de animales del que te hablé anoche.
Olvidé por completo que acepté ayudarles hoy. Estoy segura de que se han
preocupado porque no llegue a tiempo, siempre lo hago.

—¿Necesitas que te lleve? Podría ser más rápido —sus cejas se juntan
mientras me mira con preocupación. Frota su mano arriba y abajo en mi
espalda y mi momento de estrés pasa.

—Eso sería muy dulce, gracias —me levanto de puntillas y lo beso


rápidamente, luego me lanzo al baño.

Le envío un mensaje de texto a Ann para avisarle que estoy en camino y


decido que primero debo ducharme. Huelo a Brian y me encanta, pero no
estoy segura de querer que todo el lugar sepa que he estado despierta toda
la noche teniendo sexo alucinante con el hombre más sexy del mundo.
—Crees que te irás tan fácilmente —dice Brian, entrando al baño y
levantándome en sus brazos.

Chillo cuando me lleva a la ducha y luego me quita el jabón. Es rápido y no


pierde el tiempo, pero cuando termina, estoy tan ansiosa que quiero volver
a montar su polla dura. ¿Qué está mal conmigo? Mis hormonas están
atravesando el techo.

—Deja de mirarme así o vas a necesitar otra ducha —dice, y tengo que
morderme el labio.

Me trae mi bolso y desempaca toda mi ropa. No digo nada mientras la lleva


al armario y al tocador, y los coloca dentro. Prácticamente está mudando
mis escasas pertenencias, pero no me molesta la sensación que me da en el
vientre.

Me visto con un par de jeans y un suéter azul marino antes de amontonar


mi cabello rubio sobre la cabeza. Brian no puede apartar sus manos de mí
mientras me visto, pero verlo con un chándal gris y una camiseta ajustada
hace que el negocio de allá abajo cuelgue el letrero de “abierto”.

—¿No trabajas hoy? —pregunto mientras me pongo los zapatos.

—Tengo un par de cosas que ver, pero nada que no pueda esperar.
Esperaba pasar el día contigo, pero puedo hacer algo mientras espero —
agarra una sudadera con capucha y sus llaves—. Es el refugio en North
Main, ¿verdad? —pregunta, y yo asiento—. Perfecto. Hay una cafetería al
lado. Te espero.

Sus palabras me calientan por completo y cuando toma mi mano para salir
de su habitación me siento como una princesa. Nunca he tenido a alguien
que me haya dado este tipo de afecto antes y no sé qué hacer conmigo
misma. Probablemente debería estar pensando en cómo todo esto podría
desmoronarse a mi alrededor, pero ¿por qué no solo vivir el momento por
un rato? ¿Qué tiene de malo ser feliz, incluso si es por poco tiempo?
En un día he sonreído más con Brian que en toda mi vida. La preocupación
por los asuntos de mi hermano, la muerte de mi abuela y la vieja casa en el
mal vecindario están a kilómetros de distancia. Es posible que esto no dure
hasta el final de la semana, pero no iniciaré una cuenta regresiva. He pasado
demasiado tiempo enojada y manteniendo a las personas a distancia, y
ahora lo veo porque Brian me ha mostrado el otro lado. La esperanza es
algo peligrosa, pero no puedo dejarla ir.

Cuando salimos de su habitación, me sorprende ver a una mujer en la


cocina con una espátula en la mano. Se da la vuelta y nos sonríe dulcemente
mientras señala el mostrador.

—¿Tú y tu amiga quieren desayunar? —me sonríe y luego a Brian.

—Creo que estamos apurados —dice Brian mientras me tira a su lado—.


Ella es mi Claudia —mi corazón, junto con mi región inferior, se derriten
cuando escucho el orgullo en su voz. Lo miro y él me guiña un ojo—. ¿No es
hermosa?

—Lo es —dice la mujer, y la miro.

—Soy Sage, por cierto. La hermana de Brian.

—Encantada de conocerte —empiezo a pensar en todas las veces que


tuvimos sexo y me pregunto qué tan ruidosos fuimos.

—Jensen fue a buscar más huevos a la tienda. Siéntanse libres de llevarse


estos para el camino —sostiene un plato de sándwiches envueltos en papel,
y Brian y yo los tomamos.

—Oh wow, gracias —le digo. Todavía están calientes.

Justo en ese momento, la puerta principal se abre y un hombre grande


entra. En realidad, se detiene en lugar de caminar, hasta que ve a Sage y
luego su rostro se ilumina.
—Jensen, ella es mi Claudia —dice Brian mientras su amigo pasa junto a
nosotros.

—Entonces, ¿tú eras por quien estuvo enojado durante días? —dice
mientras me saluda con la cabeza, se acerca a Sage y la abraza.

—Lo siento —susurro antes que Brian me tire hacia la puerta.

—Está bien, puedes compensarlo —dice en voz baja en mi oído cuando


salimos.

Escucho a Sage decirnos adiós mientras cierro la puerta y me encanta lo


agradable que fue. Por supuesto que lo fue, es la hermana de Brian. Estoy
segura de que es perfecta en todos los sentidos en que yo no lo soy. Pero no
quiero compararme con nadie porque me quedaría corta. En su lugar,
desenvuelvo el sándwich y le doy un mordisco cuando subimos al ascensor.
No me di cuenta de lo hambrienta que estaba, creo que una noche de sexo
caliente quema muchas calorías.

—Puedo comer algo en la cafetería. ¿Quieres el mío? —me lo ofrece y


sacudo la cabeza. Él rueda los ojos y luego agarra mi mano para colocarlo
en ella—. Necesitas comer. Debería haberte alimentado mejor anoche.

Quiero decirle que me alimentó bastante con su polla, pero mi boca está
llena. En cambio, le sonrío mientras él mantiene su mano en mi espalda y
caminamos por el vestíbulo. Afuera nos está esperando su auto y nos
metemos dentro protegiéndonos de la nieve que cae.

Me habla todo el camino al refugio de animales y me entero de todas las


mascotas que tuvo cuando era niño. Es adorable cuando habla sobre la
ardilla que tuvo como mascota y le enseñó a jugar. Su infancia suena tan
diferente en comparación a la mía, pero creo que es así para todos. No
quiero detenerme en la oscuridad en este momento, porque estoy a punto
de estar sin él en unos momentos y podré hacerlo entonces.
—Llegamos —dice cuando mira por la ventana—. Estaré allí —señala la
cafetería al otro lado de la calle—. Sólo ven a mi cuando hayas terminado. Y
no te preocupes por apurarte, tengo suficiente como para mantenerme
ocupado —señala la mochila que sacó al salir y estoy segura de que tiene su
computadora en ella.

—Está bien, hasta pronto —le digo agarrando la manija de la puerta.

—Oye —dice y tira de mí hacia él—. Espero que no internaras salir de aquí
sin darme un beso de despedida.

—Supongo que no —le digo, sintiendo que me sonrojo. Presiona sus labios
contra los míos, y siento su necesidad hasta los dedos de los pies. Cada vez
que me toca es como si mi cuerpo fuera una batería recargada.

—Que tengas un buen día, hermosa —dice antes de soltarme y dejarme salir
del auto. Mis piernas se tambalean cuando camino hacia la puerta y luego
miro hacia atrás, puedo verlo a través de la ventana mirándome. Dios,
quiero volver corriendo al auto y a sus brazos, pero me obligo a cruzar la
puerta. Este puede ser un trabajo voluntario, pero aun así necesitan que esté
aquí cuando digo que lo haré.

—Ahí estás —dice Ann, apresurándose—. ¿Estás bien? Me preocupaba que


estuvieras enferma.

—Estoy bien. Lo siento mucho, te dejé sola.

Ann es realmente dulce, pero no es el tipo de persona con la que me


gustaría hablar de mi noche con Brian. En realidad, no tengo a nadie a quien
contarle, pero no me entristece. Me gusta tener este secreto y guardarlo para
mí sola. Además, decirlo en voz alta de alguna manera desvalora lo que
compartimos. Alguien podría despreciarme por dormir con él en la primera
cita, pero a mí no me pareció así. Se siente como si lo conociera de toda la
vida, como si fuera un viejo amigo que regresó a la ciudad y puedo
encontrarme con él de nuevo. Es nuevo y emocionante, pero también es
familiar y real. Tal vez su charla sobre las almas gemelas anoche no estaba
tan lejos de la realidad.

—No, está bien, nunca has llegado tarde. Además, llegó una camada de
cachorros esta mañana y necesito ayuda para ponerlos en el sistema.

—Vamos a trabajar —le digo, y la sigo hasta la parte de atrás de la tienda.

Trabajamos por unas horas y pienso en Brian a cada minuto. Reviso mi


teléfono de vez en cuando y veo que me ha dejado mensajes que dicen que
me extraña y que está pensando en mí. Dios, ¿por qué lo resistí tanto
tiempo?

Como si el universo intentara alertarme, el timbre de la puerta de entrada


suena y mi hermano Mark entra. Trago saliva cuando lo veo porque está
claramente cabreado.

—¿Dónde estuviste toda la noche? Esperé a que llegaras a casa —me grita.

Miro a mi alrededor, pero aquí no hay nadie más que yo. Ann fue a buscar
algo de comida del almacenamiento en la parte posterior.

—Yo, um... —¿Qué se supone que debo decir? Es lo que él quería que
hiciera.

—Te follaste a ese tipo rico, ¿verdad? —me mira de arriba abajo con asco—.
Te entregaste muy fácil. Apuesto a que te hizo todo tipo de promesas,
¿verdad?

—Mark... —digo, pero él me interrumpe.

—Esperé, hasta que apareció un tipo hablando sobre arreglar la caldera de


la abuela. Como si eso fuera a suceder. Esa es mi casa, pequeña perra, y
tienes suerte de que te deje vivir allí con alquiler gratis.
Se acerca y mi corazón late en mi pecho. Siempre he sabido que Mark es
peligroso cuando llegaba a este punto, pero con una pared detrás de mí no
tengo a dónde ir.

—Supongo que, ya que tu vagina se puede usar como forma de pago, solo
te dejaré con mi equipo del trabajo y les permitiré que me paguen tu renta.

—Por favor, Mark, basta —mi voz tiembla ahora porque nunca lo había
visto tan enojado. Ha sido un idiota, pero este es un nivel completamente
nuevo. Uno que nunca creí que fuera posible para él.

—Todo lo que tenías que hacer era darle un buen momento y luego irte.
Ahora, no volviste a casa y él está hablando de cancelar los acuerdos con
Slate. Tampoco sabes cómo chupar una polla o tu coño vale una mierda.

Mi boca se abre en shock por un momento. Sus palabras son como una
bofetada en la cara.

—¿Qué? —tartamudeo—. No dije nada —levanto mis manos en defensa


mientras retrocedo un paso—. Tienes que creerme. Me quedé con él, pero
no le pedí que arreglara el calefactor.

—Guárdalo para Slate —se acerca y agarra mi cabello en la base de mi


cuello—. Vas a tener que convencerlo a él, no a mí.

Me arrastra fuera de la tienda bajo la nieve, y todo en lo que puedo pensar


es en cómo mis esperanzas y mis deseos me han matado.
Capítulo 9
Brian
Miro mi teléfono mientras vibra en la pequeña mesa a la que estoy sentado
en la cafetería. Espero que sea Steve devolviéndome la llamada. Le dije que
quería todo lo que pudiera conseguir sobre Slate y el hermano de Claudia,
Mark, lo más rápido que pudiera. Su pequeño comentario acerca de no
confiar en un hombre solo porque tiene una hermana quedó atrapado en mi
cabeza, considerando que esas palabras salieron de su dulce boca. El
número de mi propia hermana vuelve a aparecer por tercera vez en los
últimos diez minutos. Sé que si no respondo simplemente va a seguir
llamando una y otra vez. Debería acabar con esto antes de que le diga a mi
madre y ambas me estén acosando. Además, le debo una por lo buena que
fue con mi chica esta mañana, haciéndola sentir como en casa, pero Sage
siempre ha sido así, no tiene un hueso malo en su cuerpo. Su nuevo hombre
tiene suficiente por ambos.

—Oye —digo a modo de saludo. Ella deja escapar un resoplido molesto


antes de ponerse en marcha para buscar respuestas.

—Ella es muy bonita —suspira emocionada. Puedo intuir que está tratando
de jugar bien, pero está fallando.

—Deja de moverte —escucho un gruñido en el fondo, seguido de una risita


de mi hermana. Tengo que recordarme que estoy de acuerdo con que ella
esté con mi mejor amigo, Jensen. Es extraño verla con alguien después de
pasar años tratando de mantener todo y a todos lejos de ella. Es un hábito
que había adquirido después de que un psicópata intentara matarla por su
loca obsesión por ella. Jensen también se vuelve un poco loco cuando se
trata de mi hermana, pero sé que él daría su vida antes de que alguien
pudiera hacerle daño a un solo cabello de su cabeza.
Creí que se había vuelto loco cuando vi los cambios en el hombre al que
alguna vez hubiera llamado inalterable. Todo era sobre el trabajo y el orden.
Últimamente no mucho. No quiere viajar ni trabajar tanto como antes.
Ahora lo entiendo, habiendo cancelado un viaje de trabajo que tenía que
hacer esta mañana.

—Lo es —concuerdo. Aunque quiero decir otras cosas porque “muy bonita”
no es suficiente para describir a Claudia. Pero mi hermana no quiere
escuchar eso, tanto como yo tampoco quiero escuchar lo que ella piensa de
Jensen.

—¿Crees que vendrá para Navidad? Iba a conseguir estas medias que se
iluminan con el nombre de todos, así que...

La corto porque podría estar consiguiendo esas medias, pero más que nada
quiere saber si esto es serio.

—¿Alguna vez me has visto con una mujer? —pregunto perezosamente,


levantando mi café y tomando un sorbo.

—¿Cuento a las que te siguen como cachorros perdidos? —me responde con
inteligencia.

Dios, me alegro de que esa mierda acabe.

—No empieces con esa mierda —suspiro. Siempre odié esa mierda. Me
vuelve loco. No estaban detrás de mí, buscaban mi apellido y mi dinero.
También creo que disfrutaban de la persecución porque nunca me rendí.
Querían ser la que me atrapaba.

Ella ríe antes de que la línea se quede en silencio por un momento.

—Ya ordené unos para ella —me dice, y puedo escuchar la sonrisa en su
voz—. Estoy feliz por ustedes. Será buena para ti. Tal vez dejes de trabajar
tanto y disfrutes de la vida un poco más.

Por primera vez en mi vida ese pensamiento suena bien. Más que bueno.
—Creo que tienes razón —concuerdo. Aun así, todos esos largos días en la
oficina valieron la pena. Tengo los medios para no hacer nada ahora si
quiero.

—Siempre la tengo —dice en voz baja—. No puedo esperar a conocerla


mejor —agrega antes de decirme que me ama y cuelga. Pongo el teléfono en
la mesa sonriendo. En realidad estoy esperando la Navidad. Acción de
Gracias fue miserable porque todo en lo que podía pensar era en encontrar a
Claudia, y ella no contestaba mis llamadas.

Se me ocurrieron todo tipo de mierdas que ella podría estar haciendo en la


cabeza. Podría estar casada y con una familia. Demonios, mi mente estaba
tan desordenada con tantas ideas, que ni siquiera había notado que mi
mejor amigo y mi hermana se enamoraron justo en frente de mis narices. En
lugar de eso, dejé la cena de Acción de Gracias y conduje mi auto al mismo
lugar donde la había conocido. Me senté allí toda la noche como si ella
pudiera aparecer en un lote vacío. No me importaba. Era lo más cercano en
lo que podía pensar para estar cerca de ella en ese momento. Como ahora,
trabajando en una cafetería al lado de donde ella está, haciendo el loco como
Jensen. Tampoco tengo planes de luchar contra eso. En realidad estoy
disfrutando la sensación.

El próximo plan de acción es conseguir que se quede donde está. Su


calefactor aún no está arreglado, y tampoco apuraré esa mierda. Sé que solo
puedo arrastrar mis pies sobre eso durante un corto tiempo hasta que ella se
dé cuenta, y sé que lo hará. Me limito a mi otro plan: hacer que se enamore
de mí y que mi bebé esté dentro de ella. Ambos la tendrán amarrada a mi
lado.

Meto mi mano debajo de la mesa para ajustar mi polla, que se puso dura al
instante mientras pensaba en esas dos cosas. Ni siquiera estoy seguro de
cómo aún puedo ponerme duro en este punto. Es como si mi polla hubiera
cobrado vida por primera vez en su vida. Se había estado escondiendo hasta
que encontró algo por lo que valía la pena despertarse.

Mi teléfono vibra de nuevo. Lo tomo de la mesa y me siento aliviado


cuando veo que es Lars, un viejo amigo al que no puedo ver con la
suficiente frecuencia, ya que ahora es policía encubierto. A menudo
desaparecía del mapa durante meses. Tuve la suerte de que cuando le envié
un mensaje me respondió rápidamente.

—¿Seguro que ella no está jugando contigo? —son las primeras palabras
que salen de su boca.

—No me importa si lo hace. La quiero —es la verdad. No me importaría.


Estoy demasiado involucrado. He probado cada parte de ella y no hay
manera en la que pueda alejarme ahora. Así que no importa, de ninguna
manera. Pero sé que no lo está. Al menos no porque ella quiera. Lo hubiese
visto en sus ojos cuando hicimos el amor. Cuando la llevé al clímax una y
otra vez. Sin mencionar esos dulces rubores que iluminan su piel. No
puedes actuar eso. Si así fuera ella podría estar en Hollywood, no en una
casa en ruinas a la que no pertenece.

Es una vida que tampoco debería tener. La ha dañado un poco. Hay que
luchar para llegar a esa dulzura sobre la que ha construido de una pared
alrededor. Estaría mintiendo si dijera que no disfruto de esa boca en más de
un sentido, me encanta no saber si voy a ser travieso o dulce con ella. Me
mantiene en estado de alerta. Pero me gusta porque ella elige hacerlo, no
porque se esté siendo cuidadosa.

—Lo que digas, hombre. No tengo mucho tiempo para investigar, pero lo
que puedo decirte es que Slate y su hermano, Mark, son unos sucios
bastardos. Con la forma en que operan y la cantidad de dinero y poder que
tienes, no querrás que sepan cuánto te importa esta chica —me informa.

—Demasiado tarde —le digo. Ya me puse de pie.


—Entonces esto tiene dos caminos. O bien consiguieron que ella jugara
contigo…

Tal vez lo hicieron al principio. Al comienzo podría haber sido una


actuación, pero ahora la tengo y no dejaré que la utilicen de esa manera. Ya
he cortado mis tratos con Slate. Ella ya no será un peón para ellos. Me he
asegurado de eso.

—O la usarán contra ti —termina Lars. Todo mi cuerpo se tensa. ¿Por qué


no había pensado en eso antes? Tal vez porque no sabía qué tan malos eran
realmente estos hombres. Pero debería haberlo sabido, igual que con mi
hermana. Miro hacia el refugio donde trabaja y salgo corriendo.
Capítulo 10
Claudia
Mi estómago se tensa aún más cuando veo dónde nos estamos deteniendo.
El club de striptease no ha estado aquí mucho tiempo pero ya se ve
deteriorado por fuera. Estoy segura de que el interior no es mucho mejor.
Por suerte el aparcamiento está vacío. Tal vez es demasiado temprano para
que el lugar esté abierto. No estoy segura de si eso es mejor o peor para mí.

—Mark —trato de rogarle una vez más. No parece ser él mismo. Si tuviera
que adivinar, diría que le sucede algo.

—No empieces con tu puta mierda. Deberías estar agradecida de lo


agradable y cómoda que ha sido tu vida. Es hora de que te des cuenta de
dónde venimos. La vida a la que mamá nos trajo.

Miro mis manos en mi regazo y las retuerzo. Está equivocado. No conozco


esa vida. A pesar de que es un gilipollas, odio que él la conozca.

—Podemos tener la vida que elijamos —le susurro. No estoy segura de si


estoy hablando con él o conmigo. Salto cuando su puño cae sobre el volante
con fuerza. Escucho un crujido y me pregunto si se rompió algo.

—Está claro que fuiste hecha para esta vida, hermanita —dice
burlonamente— Extiendes esos muslos muy fácilmente —trago, apretando
mis piernas cuando sus ojos van allí—. No seas tímida ahora. Slate ha
estado hablando de ti desde que nos fuimos el otro día. Me prepararía para
volver a abrirlas si fuera tú.

Un sollozo sale de mi garganta cuando veo a Mark salir del auto. Él viene a
mi lado sacudiéndose, abre la puerta. Salgo y miro hacia arriba al brillante
letrero rojo del club de striptease.

—Adentro —ordena señalando hacia una puerta, al costado del edificio—.


¿Dónde diablos está Morty? —dice mientras abro la puerta y entro en un
oscuro pasillo. Ese estúpido nunca puede mantener su trasero en la puerta
—Mark me empuja hacia atrás para que no me mueva por el pasillo—.
Segunda puerta a la derecha.

Sigo moviéndome y hago lo que él dice.

Ojalá tuviera otro momento con Brian. Nunca volveré a ser la misma
después de lo que sea que me suceda. Agarro la manija de la puerta y giro
la perilla.

—Te amo, Brian —digo, con ganas de escuchar las mismas palabras en voz
alta mientras abro la puerta para enfrentar mi destino.

—También te amo, hermosa —una mano agarra mi muñeca y me empuja


hacia la habitación. Ver a Brian me hace querer llorar de nuevo, pero antes
de que pueda intentar agarrarlo, se ha ido. Me doy vuelta para verlo atacar
directamente a mi hermano. Ambos caen con un fuerte golpe. Veo a Brian
sobre Mark. Todas esas horas de levantar pesas no están ayudando en lo
más mínimo a mi hermano en este momento.

Miro a mi izquierda para ver a Slate tirado en el suelo. Parece que recibió
una paliza. Sus ojos están cerrados, pero veo su pecho subir y bajar. Parece
que no se va a recuperar de momento.

Mis ojos se abren cuando miro hacia mi derecha para ver a un hombre de
negro. Las cicatrices cubren sus manos e incluso tiene algunas en la cara,
pero lo más extraño es la pequeña mujer que está sosteniendo cerca de él en
un agarre mortal. Ella apenas tiene ropa puesta y él fácilmente le dobla el
tamaño. Si tuviera que adivinar diría ella trabaja aquí. Sus ojos están llenos
de lágrimas, pero se inclina hacia el enorme hombre para consolarse.

—¿Vas a detenerlo? —le pregunto al gigante, que no se ve afectado por la


pelea que está sucediendo justo delante de nosotros.

—Estoy ocupado —se encoge de hombros, manteniendo su control sobre la


chica —Además, supongo que él te escuchará.
Miro atrás hacia Brian. La rabia está muy clara en su rostro. No estoy segura
de que escuche a nadie en este momento, pero lo intento.

—Brian —le digo, pero él solo le da otro golpe a mi hermano.

—Tal vez quieras gritar —sugiere el gigante con voz perezosa y profunda.

—¡Brian! —grito esta vez. Su puño se detiene en medio del aire, su cabeza
gira y sus ojos se fijan en mí— Por favor, para —deja caer su mano al
instante y mira a mi hermano.

—Mantente lejos de ella. Ni siquiera recuerdes su nombre. Lo entiendes.

No era una pregunta. Mark hace lo mejor que puede para asentir.

Brian se levanta y se acerca a mí.

—¿Cómo me encontraste? —pregunto mientras me lanzo hacia él,


enterrando mi cara en su cuello. No sé si mis lágrimas son de felicidad,
miedo o alivio. Realmente no importa, estoy donde quiero estar ahora.

—¿Realmente me amas, hermosa? —pregunta. Me doy cuenta de que no


responde a mi pregunta.

Me inclino hacia atrás para mirarlo.

—Sé que suena loco y es pronto. Yo…

—No tienes que darme explicaciones. Si alguien lo entiende, soy yo. Te amo
desde la primera noche en que escuché esa inteligente boca tuya.

—Te amo —lo digo de nuevo.

—También te amo —dice antes de que su boca caiga sobre la mía,


besándome. Me pierdo en él, y sé que todo va a estar bien. Brian siempre se
asegurará de eso. Me siento a salvo. Todas las paredes que había estado
sosteniendo se derrumban a nuestro alrededor.
—Eso es tan dulce. Mamá siempre dijo que no existía el amor así —dice la
chica, recordándome dónde estamos y que no estamos solos. Me alejo,
lamiendo mis labios. Mi cara se pone roja.

—Gracias, Lars. Te debo una.

Miro al gigante con quien Brian está hablando.

—¿Qué hacemos con esto?

Brian me sostiene de pie pero no me deja ir.

—Al menos no los matamos —es todo lo que dice Lars. Creo que estaba
bromeando al principio, pero su rostro no muestra ninguna suavedad—. No
llamarán a la policía —levanta un mechón del cabello de la chica y
comienza a jugar con él antes de acercárselo a la nariz y olerlo. Ella ni
siquiera se da cuenta.

—Voy a comprar este lugar y demolerlo —Brian mira alrededor de la


habitación y sé que habla en serio.

—Supongo que podrías hacerlo —el hombre se encoge de hombros otra


vez—. Yo iba a quemarlo —sus ojos se encuentran con los míos—. Más
barato.

Brian se ríe.

—Me encargaré de esto. Sal de aquí.

Asiente con la cabeza hacia la puerta.

—Te llamaré mañana —Brian me empuja hacia la salida—. Contesta el puto


teléfono —agrega mientras pasamos a mi hermano. No lo miro. Ya no es mi
hermano. No es nadie.

Mientras me meto en el auto de Brian, apoyo mi cabeza hacia atrás y cierro


los ojos. La mano de Brian se desliza en la mía cuando siento que el auto
comienza a moverse.
—Me encontraste —le digo, abriendo los ojos.

—Cuando llegué al refugio, te habías ido. Lars me dijo a dónde creía que tu
hermano o Slate podrían llevarte. Supongo que conduzco más rápido que tu
hermano. Giro la cabeza hacia un lado y lo miro.

—Querían que me acercara a ti. Pensé que tal vez tú les habías dicho que me
deseabas, pero después de unas horas supe que no fue así —le digo la
verdad. Todo—. Por eso que acepté salir contigo anoche.

—Te habría conseguido de cualquier manera. Solo hicieron que sucediera


un poco más rápido —me guiña un ojo. Su naturaleza burlona está de
vuelta. Le creo. No habría parado hasta que me atrapara. Está claro que
hará cualquier cosa por tenerme. Puede que sea una locura, pero no puedo
evitar amar que lo haga.

—¿No estás enojado conmigo? —me muerdo el labio. Él me mira de nuevo


cuando se detiene en el semáforo.

—Has sido traviesa. Y los pequeños traviesos deben ser castigados.

Respiro hondo mientras mi mente reproduce imágenes de todas las cosas


sucias que les suceden a las chicas malas.

—Tú, inclinada sobre mi regazo con el culo en el aire, me hará sentir


cualquier cosa menos enojo, puedo prometerte eso —me agito en mi asiento
al imaginarlo—. Aunque no estoy seguro de que sea un castigo para ti,
considerando lo emocionada luces.

—Sólo hay una forma de averiguarlo —susurro. El semáforo cambia a


verde.

—Supongo que tienes razón —gruñe mientras presiona con fuerza el


acelerador. Sé que me va a gustar el castigo más de lo que debería. Es bueno
que el hombre que me ama me quiera tanto traviesa como dulce.
Epílogo
Brian
Unas pocas semanas después…

Es nuestra primera Navidad juntos y quiero que todo sea perfecto. Sage y
Jensen se fueron temprano para ir a la casa de mis padres y preparar todo.
Todos se han enamorado de Claudia y la tratan como si fuera parte de la
familia.

Mi madre le preguntó por bebés la primera vez que se conocieron, y aunque


debería haberlo hecho bien, solté que probablemente ya había uno en
camino. Me alegra que Claudia perdone mi emoción, pero la amo
demasiado y no puedo esperar a ser papá. Soy cercano a los míos y tenemos
una gran relación, no puedo esperar para tener eso con mis hijos. Le dije a
Claudia que quería una casa llena y no huyó hacia las colinas gritando.
Tomo eso como una buena señal porque planeo mantenerla embarazada
durante mucho tiempo.

—¿Brian? —grita desde nuestra habitación.

Tuve que levantarme temprano o de lo contrario, la habría mantenido en la


cama todo el día. En vez de eso, me levanté, lleno de una energía nerviosa,
limpié el apartamento ya inmaculado y preparé café. Luego me bañé y me
vestí antes de despertarla.

—Aquí —la llamo y la veo entrar en la sala.

Lleva un vestido azul claro tejido que abraza sus exuberantes curvas. Es
mullido y tiene un cuello de punto que cuelga de un hombro. Sus botas
oscuras hacen clic en el suelo de madera mientras camina hacia mí.

—Ahí estás. ¿Por qué saliste tan rápido de la cama esta mañana?
Cuando se acerca, pone sus manos en mi pecho y se inclina para besarme.
Me inclino y le doy un rápido beso antes de alejarme de ella.

—Quédate en ese lado del mostrador —señalo mientras camino—. Si me


acerco demasiado llegaremos tarde, te ves jodidamente deliciosa en este
momento.

Me da una sonrisa maliciosa mientras mueve sus caderas y se acerca a mí.

—¿Qué hay de malo en que esté tan cerca de ti? —fuera de control, mi mano
va hacia su trasero y la aprieto—. Porque se supone que debemos salir de
aquí ahora mismo y todo lo que quiero hacer es llevarte al piso y follarte
hasta que no pueda recordar de qué año es.

—Basta, haces que me humedezca —mueve las cejas mientras se aleja de mí,
y yo gimo.

—Joder, probablemente hueles demasiado bien ahora —resoplo, agarrando


nuestros abrigos y yendo hacia la puerta. Pongo mi mano en ella y la miro
fijamente—. Cuando regresemos aquí esta noche, serás mía, hermosa. ¿Me
entiendes?

Ella asiente y se muerde el labio cuando la golpeo en el culo, salimos por la


puerta. El viaje a casa de mis padres es rápido, pero me encuentro agitado
todo el camino. Cuando llegamos al camino que conduce a la casa, el auto
se detiene y salgo. Me doy la vuelta y tomo mi mano para ayudar a Claudia
a salir y ella me mira divertida.

—¿Por qué nos detuvimos aquí? —toma mi mano y sale, luego mira a su
alrededor hacia toda la nieve que cae. El largo camino está lleno de grandes
árboles y todos ellos han sido adornados con luces de Navidad. Es
temprano en la mañana, pero todavía brillan y resplandecen en la niebla
nevada.

—Es hermoso, quería caminar contigo por un momento —le digo, tomando
su mano, y ella me sonríe mientras nos dirigimos a la casa.
—¡Oh mira! Alguien hizo un muñeco de nieve —dice Claudia cuando nos
acercamos.

—¿En serio? —digo mientras miro hacia donde ella está señalando.

—Es adorable. Vamos a verlo.

Nos acercamos y vemos a un muñeco de nieve que es tan grande como ella
con un lindo sombrero de copa. Incluso tiene una nariz de zanahoria con
una sonrisa de carbón y ojos. Ella sonríe mientras se acerca a mirarlo.
Después de un momento la veo entrecerrar los ojos como si estuviera
tratando de ver algo.

—Eso es raro —dice, y me muevo a su lado.

—¿Qué? —pregunto.

—Hay algo alrededor de la zanahoria —me paro y espero mientras ella se


acerca un paso más al muñeco de nieve—. Oh Dios mío.

Ella pone sus manos sobre su boca y, cuando se da vuelta, me pongo de


rodillas en la nieve. Ella mira hacia atrás y jadea cuando ve que las luces en
el árbol deletrean “Cásate Conmigo”.

—Claudia Chambers, te amo y siempre te amaré, hasta el día en que muera.


Eres mi alma gemela y serás mía para siempre. Sé mi esposa y hazme el
hombre más feliz de la tierra.

—Brian —me susurra mientras me levanto y saco el anillo de la nariz del


hombre de nieve. Lo coloco en su dedo y ella jadea de nuevo cuando ve la
roca.

—Di que sí, hermosa.

—¿Me estás tomando el pelo? Por supuesto que sí. Sí para siempre, sí hasta
el fin de los tiempos. Te amo mucho.
Se estrella contra mis brazos y rodamos por el suelo nevado. La beso con
locura y en algún lugar en la distancia escucho los aplausos de mi familia.
Ella se ríe cuando la levanto en mis brazos y la llevo a la casa. Estamos
cubiertos de nieve y nuestras mejillas están coloradas, pero mi alma está tan
llena que podría estallar.

—¿Podemos casarnos hoy? —pregunto, y ella se ríe de mí.

—Estoy bastante segura de que tenemos que solicitar una licencia de


matrimonio —dice mientras me besa en la mejilla.

—Está bien, pero lo quiero pronto.

—Trato —dice ella, y la abrazo con fuerza.

No pensé que pudiera amarla más, pero en el momento en que ella dijo que
sí, me casé con ella en mi corazón. Tenerla en mis brazos es como si
cobraran vida cada uno de los sueños que alguna vez haya tenido y no
puedo esperar para comenzar nuestro próximo capítulo.
Epílogo
Claudia
Ocho años después...

—Lamento que nos haya tomado tanto llegar hasta aquí —dice Brian
mientras se acerca detrás de mí y me pasa una copa de champán.

—Eso podría tener algo que ver con nuestros cuatro hijos y el hecho de que
no pudiste parar de embarazarme —le digo cuando tintinea su vaso contra
el mío.

Su mano rodea mi cintura y me sostiene cerca mientras miramos las luces


de París. Mi sueño de venir finalmente se hizo realidad y todo se debe a mi
maravilloso esposo. Sí, puede que me mantenga embarazada cada vez que
puede, pero debo admitir que me cuesta mantener mis manos quietas
también. Nuestra mutua atracción solo ha crecido con el tiempo y suena
cliché, pero realmente es como si fuera la primera vez cada vez.

Mi posesivo hombre siempre sabe exactamente lo que necesito y está


ansioso por dármelo. Ya sea que esté lavando ropa o preparando la cena
para toda la familia, él está a mi lado. Por lo que he oído, es una rara
excepción, pero cuando miro el matrimonio de sus padres y su hermana
Sage, no puedo evitar pensar que así son las cosas. Sé que tengo suerte, pero
eso no se debe a todo lo que Brian hace por mí, sino a su alma.

Tenía razón la primera vez que cenamos juntos. Las almas gemelas son un
sentimiento, cuando lo sientes lo sabes; y el primer momento que puse mis
ojos en él lo supe. Hice un pésimo intento de resistirme, pero al final, él
sabía que me rendiría.

—Creo que tal vez deberíamos intentarlo de nuevo esta noche —me acaricia
el cuello por la espalda y cierro los ojos mientras sonrío.
—Sólo estás tratando de averiguar si puedes probar que el médico está
equivocado —bromeo.

Decidimos que dos niñas y dos niños eran suficientes para manejar, así que
le dio a sus soldados órdenes de marchar y se hizo una vasectomía el año
pasado. Estuve muy triste el día que sucedió, aunque ambos sabíamos que
era la decisión correcta, pero debo decir que saber que no puede dejarme
embarazada podría haber sido la peor decisión. Ahora quiere tener
relaciones sexuales incluso más que antes para ver si puede lograrlo.

—La vida encuentra su camino —cita a Jurassic Park y yo me río mientras


me doy vuelta en sus brazos para enfrentarlo.

—Gracias —le digo, sintiéndome repentinamente conmovida.

—De nada, ¿por qué? —me besa dulcemente en los labios y luego apoyo mi
cabeza en su pecho.

—Esto, nuestros hijos, mi vida. Todo eso, Brian. Te amo mucho y todo esto
ha sido más de lo que jamás podría haber soñado. Es por ti que estoy aquí,
en París.

—Dijiste que este era el único lugar al que siempre soñaste ir —siento
cuando me besa la cabeza y cierro los ojos.

—Lo es, pero es más que eso —levanto la vista hacia sus ojos y siento que
los míos comienzan a llorar—. Esto era algo que nunca creí que sería una
posibilidad. Es sobre abrir las alas y volar lejos de mi vida. ¿Venir a París y
con el hombre que amo? —sacudo la cabeza—. Me has dado lo imposible y
nunca podré agradecerte lo suficiente.

—Lo haces todos los días, hermosa. ¿No lo ves? —limpia mis lágrimas y me
sonríe—. La forma en que cuidas a nuestros bebés y la forma en que me
amas. La forma en que siempre estás ahí para ayudar a mi familia o para ser
voluntaria en el refugio de animales. Iluminas mi vida de una manera que
no creía posible, y cada momento es mejor que el anterior.
—Deja de decir todas estas cosas dulces o no dejaré de llorar —río entre
lágrimas cuando él se inclina y me besa suavemente.

—No más de eso. Este viaje es sobre el pan, ¿recuerdas? —río otra vez y
sacudo la cabeza.

—Todos los carbohidratos.

—Eso. Sexo y carbohidratos —me besa de nuevo, y esta vez es más


profundo.

Mi deseo se agita y estoy lista para acostarme con mi esposo y no salir por
horas. Como si leyera mi mente, me levanta en sus brazos y me lleva al
dormitorio.

—Ahora entra aquí, quítate la ropa y déjame tener un momento contigo.

—No tendremos ningún niño en nuestra cama esta noche para estropear
nuestra diversión —le digo mientras desabrocho los botones de su camisa.

—No digas eso o comenzaré a extrañarlos —dice y hace un puchero.

Sacudo la cabeza y luego grito mientras él me tira en la cama.

—Bien, les haremos una video llamada en un par de horas y les daremos los
buenos días.

—Solo espero que Sage y Jensen puedan manejarlos —dice mientras se


quita los zapatos y me besa en las piernas.

—Tienen la ayuda de tus padres, estoy segura de que estarán bien —no
estoy tan segura, pero estoy tratando de parecer positivo para que Brian no
se preocupe.

Él nos ama mucho a todos y estar lejos de los niños es algo nuevo para
nosotros. Pero una semana solo nosotros dos será una felicidad absoluta y
voy a tratar de disfrutar todo lo que pueda mientras pueda hablar via
FaceTime con nuestros bebés.
—Creo que una distracción podría ser agradable —dice mientras empuja mi
vestido y mueve mis bragas por mis caderas.

—Eso suena como una muy buena idea —extiendo mis piernas
descaradamente mientras él baja su boca a mi coño—. ¡Oh Dios!

Cuando le digo más tarde esa noche que todos mis sueños se han hecho
realidad, él susurra que es hora de que hagamos nuevos. Tiene razón, pero
no sé si mi corazón puede contener más felicidad. Supongo que tendremos
que averiguarlo.

FIN

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