Alice Gray, la
Dama Bicho, la entomóloga que dedicó su vida
a aprender y enseñar sobre los insectos
25 junio, 20202 Comentarios
Vidas científicas
The Alice, diseño de mariposa de origami que lleva el
nombre de Alice Gray. Imagen: Wikimedia Commons.
El Museo de Historia Natural de Nueva York es uno de esos museos de
ciencias que aún tienen como uno de sus principales atractivos una enorme
colección de animales disecados. Pero todos los años por Navidad, estas
figuras se ven acompañadas de otra colección, ésta formada por criaturas
hechas de papel. Los animales de origami son una de las tradiciones
navideñas del museo. Fue Alice Gray, la Dama Bicho, quien la inició.
Gray fue entomóloga e ilustradora científica, además de una hábil aficionada al
origami. Durante años fue la encargada de la colección de insectos del Museo
de Ciencias Naturales que no solo conservó y amplió sino que utilizó en
actividades escolares fuera del museo para interesar a los niños y niñas de
Nueva York por estos fascinantes animales.
Entomóloga autodidacta por un pacto entre madre e hija
Alice Gray nació el 7 de junio de 1914. Su padre era un ingeniero que arreglaba
radios y su madre era hija de granjeros. Desde muy pequeña, Gray desarrolló
un agudo interés por los insectos, y solía recoger especímenes que encontraba
en el jardín. Su madre le dejaba quedárselos si cumplía con una condición:
tenía que averiguar qué comían sus pequeñas mascotas antes de la hora de la
cena. Gracias a este pacto entre madre e hija, Gray aprendió a investigar y
estudiar sobre insectos desde muy pequeña, convirtiéndose desde niña en
entomóloga autodidacta.
A los 16 años, cuando tenía que empezar a decidir qué querría hacer con su
vida, sabía que su futuro estaría ligado a alguna rama científica, pero no sabía
a cuál. Las matemáticas eran su principal elección, y sabía que prefería la
biología antes que la química o la física. En aquel momento, los controles de
insectos y plagas empezaban a convertirse en un problema y, al final, Gray
consideró que eso entroncaba con su afición infantil y que la entomología era
una buena elección para ella. Envió una carta al Departamento de Insectos y
Arañas del Museo de Historia Natural de Nueva York, preguntando qué debía
hacer para conseguir un trabajo allí.
Siguiendo el consejo que le dio Frank Lutz, entomólogo y director del
departamento, no solo estudió biología y entomología en la Universidad de
Cornell, sino también ilustración científica, oratoria en público y cursos de
escritura creativa. Todo esto le sería de gran ayuda en su carrera como
divulgadora científica.
Una vida dedicada al Museo de Historia Natural y sus insectos
Su determinación terminó dando efecto: el 1 de octubre de 1937 entró en el
Museo como entomóloga. Allí trabajó el resto de su vida profesional. Al
principio se encargó de tareas menores, como la limpieza y mantenimiento de
las vitrinas de exposición de los insectos, pero después se encargó de la
ilustración y el modelado de réplicas de insectos, para lo que tenía un talento
natural cultivado con años de estudio y formación. Finalmente fue destinada al
departamento de relaciones públicas del museo, donde sus dibujos y
reproducciones eran una parte esencial del trabajo para comunicar al público
las maravillas de la colección de insectos que poseía el museo.
Cuenta David Lister en esta detallada biografía que la timidez de Gray al
principio fue un problema para ella. Hasta que un día se dio cuenta de que el
público del museo no estaba intentando pillarla en un error cuando hablaba,
sino más bien lo contrario: eran ellos los que buscaban impresionarla con sus
conocimientos. Desde ese momento la comunicación al público fue siempre su
principal ocupación por encima de la investigación. Aunque recibió el permiso
del museo para ir a hacer su doctorado en la Universidad de Berkeley, en
California, le pidieron que volviese antes de tiempo para preparar las
exposiciones de insectos del nuevo Hall de Invertebrados que se estaba
preparando para abrir donde los bichos serían mostrados rodeados por los
entornos donde normalmente viven.
Gray mantenía en su despacho un terrario de insectos que llevaba consigo a
las escuelas donde iba a mostrar y enseñar sobre estos animales, pero
además coleccionaba todo tipo de objetos relacionados con los insectos:
juguetes, postales, recortes… Fue así como entró en contacto con el origami,
que sería otra de las pasiones de su vida. Dio por casualidad con un libro sobre
papiroflexia cuya cubierta mostraba un insecto de papel.
El origami como arte y herramienta educativa
Árbol de Navidad de origami en el Museo de Historia Natural,
tradición iniciada por Alice Gray. Imagen: Wikimedia Commons.
Tras algunos modelos sencillos, Gray tuvo que esforzarse durante varios días
para elaborar una libélula de papel, pero una vez conseguida, percibió el
potencial no solo artístico de esta práctica, sino también educativo. Podía crear
tantos insectos de papel como quisiera y llevarlos consigo o emplearlos en las
exposiciones. Seguir las instrucciones de los libros pronto se le quedó
pequeño, así que dedicó horas a experimentar y diseñar nuevos modelos de
insectos de origami.
Las figuras de origami se convirtieron también en una tradición navideña del
museo cuando, tras decorar un árbol navideño en su propia casa, Gray decidió
que podían contribuir también a dar un ambiente festivo y científico al museo.
De un árbol en su casa pasó a uno en su despacho y después a uno más
grande para el departamento de Entomología. El director del museo, ante la
atención que el árbol recibía de los visitantes, pidió a Gray que decorase un
gran árbol navideño que se colocaría bajo la gran cúpula de cristal que da
entrada al museo. Al ver el tamaño del árbol, más de 7 metros y medio, la
entomóloga casi renuncia considerándolo una tarea inabarcable. Sin embargo,
pronto reclutó a otros trabajadores del museo y también a amigos y familiares a
los que enseñó distintos modelos para que le ayudasen, así como a cualquier
voluntario que quisiera echar una mano. El árbol quedó decorado y gustó tanto
al personal y los visitantes que se convirtió en una tradición anual.
Gray se jubiló en 1980 pero siguió vinculada al museo como voluntaria durante
años desarrollando actividades de educación y comunicación pública y
elaborando modelos de origami para cada árbol navideño. Al año siguiente, en
1981, recibió el título de asistente científica emérita. Falleció en 1994 a los 79
años.