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Relación Jurídica Fuerzas Armadas México

Este documento resume la relación jurídica entre los miembros de las fuerzas armadas mexicanas y el Estado. Explica que aunque los militares sirven al Estado, su vínculo no se considera de naturaleza laboral sino administrativa según la interpretación de la Suprema Corte. Debido a esto, los militares no tienen protecciones laborales y su situación retributiva y de pensiones está poco regulada, a pesar de los riesgos que enfrentan en su servicio. El documento analiza cómo esta situación se deriva de la Constitución mexicana

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Relación Jurídica Fuerzas Armadas México

Este documento resume la relación jurídica entre los miembros de las fuerzas armadas mexicanas y el Estado. Explica que aunque los militares sirven al Estado, su vínculo no se considera de naturaleza laboral sino administrativa según la interpretación de la Suprema Corte. Debido a esto, los militares no tienen protecciones laborales y su situación retributiva y de pensiones está poco regulada, a pesar de los riesgos que enfrentan en su servicio. El documento analiza cómo esta situación se deriva de la Constitución mexicana

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LA RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS

DE LAS FUERZAS ARMADAS CON EL ESTADO

Jorge Vargas Morgado

Sumario: I. Introducción. II. Antecedentes recientes.


III. Régimen actual. IV. El contrato de trabajo.

I. Introducción

En el tema propuesto intentaré una aproximación a la estructura


legal que gobierna el nexo o vínculo de los miembros del Ejérci-
to, Fuerza Aérea y Armada Mexicanos, como particulares, como
personas físicas, frente al Estado, su empleador y patrón.
Sabemos con claridad que el Estado no tiene una política
formal y efectiva de recursos humanos, el apartado B del artícu-
lo 123 constitucional es intrincado, discriminatorio, anticuado
y perturbador de los derechos humanos, pero dentro de él, los
núcleos de trabajadores referidos en la fracción XIII del apar-
tado B mencionado, se encuentran en el peor de los mundos, su
liga jurídica con el Estado no es laboral, por lo que propiamen-
te no son trabajadores, y cuentan con escasísimas prestaciones,
que difícilmente pueden hacer valer controversialmente, y su
retiro es casi totalmente desatendido por el patrón.

239
240 JORGE VARGAS MORGADO

II. Antecedentes recientes

Las fuerzas armadas nacionales encuentran sus antecedentes


remotos tanto en la tradición indígena como en la española, lógi-
camente.
Lo que a veces se considera el nacimiento del ejército moder-
no es el decreto de 19 de febrero de 1913,1 emitido por el Congre-
so del Estado de Coahuila y promulgado por el gobernador Venus-
tiano Carranza, en dicho instrumento emitido para desconocer a
Victoriano Huerta como residente de la República, se ordenó en
el artículo segundo que el gobernador “procederá a armar fuerzas
para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional de la Re-
pública”, así surgió como ejército constitucionalista.
El decreto citado fue consolidado por el Plan de Guadalupe,
firmado el 26 de marzo de 1913, instrumento que dio conteni-
do teórico y sentido político al movimiento revolucionario, ahí se
acordó encargar al Primer Jefe del Ejército, Venustiano Carranza
que organizara el ejército que haga cumplir los propósitos revolu-
cionarios.2
Por consecuencia el ejército mexicano es de origen popular,
quizá por ello y por su labor en casos de desastre y en la preserva-
ción de la seguridad pública, hasta la fecha sigue siendo apreciado
por la sociedad y aplaudido en los desfiles conmemorativos.
En el periodo revolucionario el ejército creció pero sin contar
con una auténtica organización. En la década de los años 20 del
siglo pasado se hizo una extensa reforma de la legislación militar y
de la organización toda, para contar, como dijo el general Amaro,
con elementos tan útiles en la paz como en la guerra; se cerró el
Colegio Militar para abrirlo nuevamente ya reestructurado para
generar profesionales con mentalidad de oficiales de carrera.3

1 Garfias Magaña, Luis, El ejército mexicano, México, Secretaría de la Defensa

Nacional, 1982, p. 363.


2 [Link]
3 Cfr. Córdova, Arnaldo, La ideología de la revolución mexicana, 4a. ed., México,

Era, 1975,. pp. 371, 373 y 375.


RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 241

La reforma legislativa mencionada fue profunda y, de mu-


chas maneras, exitosa, sin embargo fue completamente omisa en
crear una regulación laboral militar, lo cual es más que entendi-
ble, la Constitución general no aportaba base para ese propósito.
Fuera del campo jurídico, en el político, un hecho de par-
ticular importancia fue la decisión del presidente Manuel Ávila
Camacho de excluir a los militares, como grupo, de la actividad
política, concretamente manifestó en su primer informe de go-
bierno que las actividades “son evidentemente incompatibles el
partidismo electoral y la política con los altos deberes del Ejér-
cito y Armada”,4 recordemos que hasta esa época el partido en
el poder, el Partido de la Revolución Mexicana, contaba con un
“sector militar”.
Adicionalmente debe mencionarse como un hecho relevante
en la estructuración moderna de las fuerzas armadas que en la
administración del presidente Ávila Camacho se creó la Secre-
taría de Marina, separándola y dándole temperamento propio a
ese cuerpo militar.
La regulación constitucional del trabajo llegó con la reforma
constitucional publicada en el Diario Oficial de la Federación del 5 de
diciembre de 1960, en el que se publicó la reforma constitucional
que agregó un apartado B, al artículo 123 de la Constitución.
En el novedoso apartado B aludido, se establecieron las re-
glas para el trabajo de los servidores públicos, sin embargo, para
los trabajadores de las fuerzas armadas no hubo buenas noticias
dado que su fracción XIII los excluyó de las disposiciones labores
de los trabajadores del Estado, enunciando los militares se regu-
larían, en materia laboral entenderíamos, por sus propias leyes.
Podría pensarse que, efectivamente, en una ley especial se
regularía la materia laboral castrense, pero no sucedió y, a partir
de una muy objetable serie de tesis jurisprudenciales, no sucederá
sin que se reforme la Constitución general.

4 Garfias Magaña, Luis, op. cit., p. 511.


242 JORGE VARGAS MORGADO

Explico, la Suprema Corte de la Nación, ha estimado que los


militares, como otros grupos de trabajadores públicos también
excluidos del apartado B, por ejemplo, los policías y ministerios
públicos, no tienen relación laboral con el Estado, sino una me-
ramente administrativa, cualquier cosa que eso signifique.
Cito como ilustración el siguiente criterio jurisprudencial:

Suplencia de la queja prevista en el artículo 76 bis,


fracción IV, de la Ley de Amparo. No opera tratándo-
se de los miembros de los cuerpos de seguridad públi-
ca, ya que su relación con el estado es de naturaleza
administrativa. Conforme a la interpretación jurisprudencial
que del citado precepto constitucional ha realizado este Alto Tri-
bunal, el vínculo existente entre los miembros de los cuerpos de
seguridad pública y el Estado no es de naturaleza laboral sino admi-
nistrativa, ya que al disponer el poder revisor de la Constitución
que los militares, los marinos, los miembros de los cuerpos de
seguridad pública y el personal del servicio exterior se regirán
por sus propias leyes, excluyó a estos grupos del régimen laboral
establecido en el apartado B del artículo 123, aunado a que, en
el segundo párrafo de la fracción XIII de tal dispositivo otorgó
expresamente, por estar excluidos de ello, a uno de estos grupos
—miembros en activo del Ejército, Fuerza Aérea y Armada— las
prestaciones establecidas en el inciso f) de la fracción XI del nu-
meral en comento. Por ello, al prever los artículos 65 y 66 de la
Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República, que
son trabajadores de confianza los agentes de la Policía Judicial
Federal y que tal relación se regirá por lo dispuesto en la Ley Fe-
deral de los Trabajadores al Servicio del Estado, estableciendo así
un vínculo laboral entre dichos agentes y la citada procuraduría,
se transgrede lo dispuesto en la fracción XIII del apartado B del
artículo 123 constitucional.5

5 Tesis
P. XLIX/98, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena
época, t. VIII, julio de 1998, p. 31.
RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 243

Siendo ésta la interpretación jurisprudencial del apartado


B del artículo 123 constitucional, no hay cabida para una legis-
lación laboral militar, tendría que reformarse al Código Fun-
damental para ese propósito, porque como es sabido desde los
tiempos del constitucionalista norteamericano Alexander Ha-
milton, la jurisprudencia es la determinación del significado de
la Constitución.6
La interpretación jurisprudencial en el sentido referido tie-
ne consecuencias jurídicas perjudiciales para la condición del
trabajador militar, pues no va a contar con el cobijo de un tri-
bunal que tutele sus derechos, como sería el caso de cualquier
otro trabajador que no corre los riesgos del trabajador castren-
se, así lo ha precisado la misma Suprema Corte de Justicia de
la Nación en la siguiente tesis de jurisprudencia:

Suplencia de la queja prevista en el artículo 76 bis,


fracción IV, de la Ley de Amparo. No opera tratándose
de los miembros de los cuerpos de seguridad pública, ya
que su relación con el estado es de naturaleza adminis-
trativa. La citada norma establece que las autoridades que
conozcan del juicio de garantías en materia laboral deberán
suplir la queja deficiente en los conceptos de violación de la
demanda y en los agravios, a favor del trabajador. En con-
gruencia con lo anterior y tomando en consideración que
el Tribunal en Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación en la jurisprudencia P./J. 24/95, de rubro: “Policías
municipales y judiciales al servicio del gobierno del Estado de México
y de sus municipios. Su relación jurídica es de naturaleza administra-
tiva.”, sostuvo que la relación Estado-empleado en el caso de los mili-
tares, marinos, cuerpos de seguridad pública y personal del
servicio exterior es de naturaleza administrativa, se concluye
que la suplencia prevista en la citada fracción no opera tratándose

6 Cfr. Hamilton, Alexander et al., El federalista, México, Fondo de Cultura

Económica, 1974, p. 331.


244 JORGE VARGAS MORGADO

de los miembros de los cuerpos de seguridad pública, pues


aun cuando el acto reclamado emana de un tribunal buro-
crático, el vínculo existente entre aquéllos y el Estado no es
de carácter laboral sino administrativo.7

Es decir, se reitera y se profundiza la interpretación pretoria-


na, como los militares no son trabajadores del Estado, no pueden
apelar al beneficio de que una ley o tribunal proteja o tutele sus
derechos; que por cierto son escasos.
La norma constitucional y la interpretación jurisprudencial
que suscitó son, de varias maneras contrarias a los derechos hu-
manos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos,8
adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10
de diciembre de 1948, enuncia concretamente en los artículos 22
a 25, entre otros puntos, que:

—— Toda persona tiene derecho al trabajo.


—— A la libre elección de su trabajo.
—— A condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo.
—— Toda persona que trabaja tiene derecho a una remune-
ración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como
a su familia, una existencia conforme a la dignidad hu-
mana.
—— Toda persona tiene derecho al descanso y al disfrute del
tiempo libre.
—— Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado
que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienes-
tar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda,
la asistencia médica y los servicios sociales necesarios;
tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desem-
pleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos

7 Tesis: 2a./J. 53/2008, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena

Época, t. XXVII, abril de 2008, p. 711.


8 La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su cincuenta aniversario, Bilbao,

Instituto de Derechos Humanos-Universidad de Deusto, 1999, pp. 445 y 446.


RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 245

de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstan-


cias independientes de su voluntad.

De la lectura de las disposiciones jurídicas aplicables a los


miembros de las fuerzas armadas se puede confirmar que los an-
teriores principios jurídicos humanos mínimos no son cabales en
la regulación del vínculo que une a los miembros de las fuerzas
armadas y el Estado.
Por la experiencia existente en el mundo acerca de la rela-
ción jurídica de los miembros de las fuerzas armadas con el Es-
tado, se puede ver que sin avería de las particularidades que la
naturaleza típica del trabajo militar impone, se pueden recono-
cer fácilmente condiciones laborales a los militares equiparables
a las de los restantes servidores públicos. Por ejemplo, entiendo
que en España la Ley 17/1999, de 18 de mayo, de Régimen del
Personal de las Fuerzas Armadas, dispone en su artículo 152
que:

1. El sistema retributivo de los miembros de las Fuerzas Arma-


das y el régimen de indemnizaciones por razón del servicio serán
los de los funcionarios civiles de la Administración del Estado,
adaptados a la estructura jerarquizada de las Fuerzas Armadas,
las peculiaridades de la carrera militar y la singularidad de los
cometidos que tienen asignados.9

Finalmente quisiera señalar que el escaso acervo laboral


militar se amplió con la adición de un párrafo segundo a la ya
mencionada fracción XIII del apartado B del artículo 123 cons-
titucional, publicada en el Diario Oficial de la Federación del 10 de
noviembre de 1972, en que se instituyó la seguridad social para
los miembros de las fuerzas armadas, hecho que no deja de lla-
mar la atención habida cuenta de que no hay relación laboral
entre aquellos y el Estado, proveedor de la novedosa seguridad
social.

9 [Link]
246 JORGE VARGAS MORGADO

Sintetizando, constitucionalmente el régimen laboral, juris-


prudencialmene no reconocido, se limita al respeto al sueldo y al
otorgamiento a una seguridad social, limitada a los términos de
ley, muy a pesar de los compromisos internacionales de México
en materia humanística.

III. Régimen actual

La Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos es


uno de los cuerpos normativos primordiales que regulan la rela-
ción jurídica de los miembros del ejército y fuerza aérea con el
Estado, su patrón.
Inicialmente llama la atención que la ley mencionada, como
toda ley orgánica, regula la estructura del ejército y de la fuerza
aérea como instituciones, normando algunos aspectos que pode-
mos considerar como laborales, pero sin que sea ni exista una ley
propiamente laboral militar, en la que se establezca la política de
recursos humanos de las fuerzas armadas de tierra y aire, los re-
querimientos profesionales del Estado, el empleador, las obliga-
ciones y derechos de los miembros de dichas fuerzas armadas, los
empleados, el régimen disciplinario aplicable y, muy importante,
las vías y procedimientos de defensa de los militares, así como el
órgano jurisdiccional que resuelva las controversias.
La ley citada, en su artículo cuarto, establece que los miem-
bros de la milicia de tierra y aire, son uno de los tres elementos
que integran lo que la misma ley militar denomina “Ejército y
Fuerza Aérea”, es decir, se refiere la disposición a los militares
como integrantes de un cuerpo, pero no a los mencionados mili-
tares como personas desempeñando un trabajo profesional.
La seguridad social de los militares es desarrollada en la
Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas
Mexicanas, según lo ordena el segundo párrafo de la fracción
XIII del apartado B del artículo 123 de la Constitución general.
Ahora bien, por supuesto el régimen laboral del ejército debe
ser de naturaleza y condiciones especiales, frente a los restantes
RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 247

servidores públicos, en razón de las funciones que el artículo pri-


mero de la Ley Orgánica les encomienda:

Artículo 1o. El Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, son institu-


ciones armadas permanentes que tienen las misiones generales
siguientes:
I. Defender la integridad, la independencia y la soberanía de
la nación;
II. Garantizar la seguridad interior;
III. Auxiliar a la población civil en casos de necesidades pú-
blicas;
IV. Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al
progreso del país; y
V. En caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento
del orden, auxilio de las personas y sus bienes y la reconstrucción
de las zonas afectadas.

Es decir, las anteriores tareas implican una templanza y una


condición particulares, de mucha exigencia, requerimiento, leal-
tad y entrega, con las cuales por cierto, suelen cumplir a cabalidad
los militares, pero particularidades y todo, la actividad militar re-
quiere un sustento laboral que procure el cumplimiento de los fines
de las fuerzas armadas con eficacia y eficiencia, pero que a la vez
procure el desarrollo personal de los militares, propiciando el reco-
nocimiento a su labor mediante el respeto a su dignidad humana.
La Ley Orgánica dispone, adecuadamente que el “Ejército
y Fuerza Aérea Mexicanos deben ser organizados, adiestrados y
equipados conforme a los requerimientos que reclame el cumpli-
miento de sus misiones” (artículo 3o.), sin embargo, se echa mucho
de menos en la legislación militar la debida consideración de los
militares como trabajadores especialmente sacrificado y requeri-
dos por la Nación.
Más aún si la fracción XIV del artículo 73 de la código fun-
damental otorga al Congreso de la Unión la atribución de legislar
“Para levantar y sostener a las instituciones armadas de la Unión,
a saber: Ejército, Marina de Guerra y Fuerza Aérea Nacionales, y
248 JORGE VARGAS MORGADO

para reglamentar su organización y servicio”, es evidente que las


instituciones militares deben operar como servicios especiales, pro-
pios del Estado, de tal suerte que deben estar debidamente estructu-
radas y regulados en sus distintas dimensiones, pero particularmen-
te en sus aspectos laborales. Desde luego la ley crea, estructura y
regla el aludido servicio militar, sin embargo, la legislación castrense
es prácticamente omisa en desarrollar un régimen laboral idóneo
no solo para el servicio mismo, sino para el desarrollo de las perso-
nas que los desempeñan.
Es decir, las personas que desempeñan el trabajo militar de-
ben encontrar en él no sólo la fuente de sus ingresos, sino una
posición social, un estado y una estima que los estimulen y reali-
cen como individuo, que es un aspecto esencial para toda política
eficaz de recursos humanos.

IV. El contrato de trabajo

En la actualidad el artículo 6o. de la Ley Orgánica del Ejér-


cito y Fuerza Aérea Mexicanos instituye que los mexicanos que
decidan prestar sus servicios en las instituciones armadas de tierra
y aire, en forma voluntaria, firmarán un contrato manifestando
su conformidad para permanecer en dichas Fuerzas Armadas por
un tiempo determinado.
La Ley Orgánica de la Armada de México también utiliza la
vía del contrato para el ingreso a sus filas.
Es decir, el instrumento que origina y de alguna manera re-
gula la relación jurídica del militar con el Estado es un contrato,
documento cuya naturaleza es conveniente analizar.
Desde luego no parece ser un simple contrato civil de presta-
ción de servicios, porque de ser así estaría regulado por el Código
Civil Federal, tendría las limitaciones que establece el artículo 5o.
constitucional10 y las personas contratadas tendrían que inter-
10 Especial atención debe darse a los dos últimos párrafos del artículo ci-

tado, que disponen que: “El contrato de trabajo sólo obligará a prestar el ser-
vicio convenido por el tiempo que fije la ley, sin poder exceder de un año en
RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 249

cambiar recibos de pago con el impuesto al valor agregado des-


glosado a cambio del pago de sus honorarios. No, no es ese el
caso.
El contrato para el trabajo militar parecería tener natura-
leza tanto laboral como administrativa, sin que una condición
excluya a la otra.
Tiene naturaleza laboral porque se refiere al trabajo en el
servicio militar, independientemente de que la fracción XIII, del
apartado B, del artículo 123 constitucional, excluye a los milita-
res y marinos de la regulación laboral general de los servidores
públicos, eso no obsta para reconocer que lo que los miembros
de las fuerzas armadas desempeñan es un trabajo, en el sentido
literal y legal de la palabra.
El Diccionario de la lengua española11 conceptualiza como
trabajo como la “ocupación retribuida”, legalmente trabajo es la
labor que una persona presta a otra de manera subordinada,
obviamente a cambio del pago de un salario.
Al mismo tiempo tiene naturaleza administrativa el contrato
para el servicio militar porque en él impera el interés público,
elemento sustantivo que caracteriza a los contratos administra-
tivos, como ilustra el administrativista brasileño Celso Antonio
Bandeira de Mello.12 Es evidente que el Estado ha de buscar que
en todas sus relaciones y nexos jurídico tenga primacía el interés
general pues éste interés está a su cuidado.
Sin embargo, la legislación mexicana en materia laboral de
los servidores públicos sin duda ha abusado del aspecto “interés

perjuicio del trabajador, y no podrá extenderse, en ningún caso, a la renun-


cia, pérdida o menoscabo de cualquiera de los derechos políticos o civiles”.
La falta de cumplimiento de dicho contrato, por lo que respecta al tra-
bajador, sólo obligará a éste, a la responsabilidad civil que le correspon-
da, sin que en ningún caso pueda hacerse coacción sobre su persona.
Ambos textos harían imposible la puesta en práctica de las actuales condiciones
imperantes en la relación militar Estado.
11 Diccionario de la lengua española, 22a. ed., Madrid, Real Academia Españo-

la-Espasa Calpe, 2001, p. 2204.


12 Bandeira de Mello, Celso Antonio, Curso de derecho administrativo, México,

Porrúa-UNAM, 2006, p. 549.


250 JORGE VARGAS MORGADO

público” en las relaciones de trabajo entre el Estado y los servi-


dores públicos puesto que se sigue utilizando contumazmente la
teoría administrativa del siglo XIX que, como lo exponía el admi-
nistrativista alemán Otto Mayer, lo único apreciable en el servicio
para el Estado es “la voluntad del Estado”13 y, en esa circunstan-
cia, el particular que decide trabajar para el Estado, simplemente
acepta sus condiciones, a cambio únicamente de su salario y de los
elementos físico para trabajar.
Esta teoría anticuada ha permeado de tal manera nuestro
sistema jurídico, que en la actualidad el apartado B del artículo
123 del código fundamental todavía depara a los trabajadores
de “confianza” y a los trabajadores de las fuerzas armadas, entre
otros, esa situación jurídica, en que a cargo del servidor público
corren una serie de obligaciones —entre otros la legalidad, hon-
radez, lealtad, imparcialidad, y eficiencia en el desempeño de
sus funciones, empleos, cargos y comisiones, de acuerdo con el
artículo constitucional— y está sujeto a una disciplina especial,
pero escasamente tienen derecho a su salario y a una seguridad
social realmente limitada, sobre todo en cuanto a las condicio-
nes de retiro. Es un hecho que el militar activo que enfrenta la
edad de retiro sabe que su nivel de vida bajará de forma dramá-
tica al dejar el servicio. El 4 de abril de 2007, en el diario La Jor-
nada de la Ciudad de México, apareció una entrevista el general
en retiro Luis Garfias y refería precisamente esa situación.14
He dicho que se ha abusado del aspecto “interés público”
en las relaciones laborales del Estado porque las disposiciones
legales respectivas no establecen un inteligente y estimulante
política pública de recursos humanos y no crea las condiciones
que propicien las mejores actitudes en los servidores públicos
respecto de su empleo y desempeño.

13 Mayer, Otto, Derecho administrativo alemán, 2a. ed., Buenos Aires, Desalma,

1982, p. 45.
14 [Link]

=004n1pol.
RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 251

Dice León Duguit, superando ideas anteriores, que “un sis-


tema jurídico no tiene realidad sino en la medida en que pueda
establecer y sancionar reglas que aseguren la satisfacción de
las necesidades que se imponen a los hombres en una sociedad
dada, y en un cierto momento”,15 es decir, resulta claro que la
legislación es ineficaz y artificiosa cuando no tiene como fina-
lidad última al hombre, así la ley militar puede prudentemente
pero con severidad criticarse por no alcanzar a establecer un
sistema en el que el trabajador militar encuentre la satisfacción
de su necesidad de un trabajo, no sólo retribuido periódica-
mente, sino que sea el medio para realizarse en dignidad como
persona y como cabeza de familia, lo cuál encuentro mínimo
habida cuenta del esfuerzo, sacrificio y riesgo en el que desem-
peñan su servicio, Adam Smith dijo “sabido es lo que se expone
a perder un soldado”.16
Así entonces, al reducir la ley el nexo jurídico de los tra-
bajadores militares a un simple contrato, sin desarrollar con
amplitud la relación laboral que los une con el Estado falla
en proveerse a sí mismo de servidores públicos profesionales,
calificados y de carrera, optando por construir un régimen de
inseguridad, poco propicio para el mejor desarrollo del trabajo.
Prueba de este fallo del régimen jurídico imperante sobre
los miembros de las fuerzas armadas es el reconocimiento ofi-
cial de que en el año de 2007, cerca de 18 mil elementos de tro-
pa desertaron, incluidos 119 oficiales y ocho jefes, y entre 2001
y principios de 2008 la cifra alcanza los cien mil elementos,17 datos
proporcionados ante legisladores de la Comisión Permanente, por
el Subsecretario de la Defensa Nacional, Tomás Ángeles Daua-
hare, según reporte periodístico del diario Excelsior. Por supuesto

15 Duguit, León, Las transformaciones del derecho, Buenos Aires, Heliasta,

2001, p. 23.
16 Smith, Adam, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las nacio-

nes, 2a. ed., México, Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 106.


17 [Link]

na_18_mil_desertores_durante_2007/109779.
252 JORGE VARGAS MORGADO

estas cifras ameritarían un mayor análisis para arrojar conclusio-


nes exactas, pero no cabe duda que la deficiencia e incertidumbre
propiciadas por el régimen de trabajo de los marinos y militares
propicia estas abrumadoras cifras.
Bonnecase estima que la regla de derecho es por excelencia
un agente de armonía social, transformando en derecho las re-
laciones de hecho,18 parecería que en esta materia no ha sido un
propósito evidente de buscar la pretensión de la armonía social,
de este sector de la sociedad.
No debemos olvidar que “la propiedad más sagrada e invio-
lable es la del propio trabajo, porque es la fuente originaria de
todas las demás”,19 como acertadamente escribió Adam Smith,
es decir, en términos bíblicos, el sudor del rostro es la vía para
comer el pan,20 lo que significa en un sentido antropológico que,
efectivamente, el trabajo justifica humanamente a las personas
ante sí, ante su familia y ante la sociedad, dando una dimensión
de dignidad y respeto al que trabaja. Si la ley no propicia a sus
militares esa amplitud concepto laboral está fallando.
En los cuerpos armados se habla frecuentemente de su pro-
fesionalización, pero vista esta simplemente como capacitación21
y desgraciadamente no como una actividad integralmente cons-
tituida a cargo de especialistas.
El artículo 122 de la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aé-
rea Mexicanos al igual que el artículo 23 de la Ley Orgánica
de la Armada de México dejan ver que la profesionalización es
capacitación, es educación, lo cual no es que sea equivocado, es,
indudablemente, incompleto.
Veamos, en cierta forma la militar es una profesión, como la
de médico o ingeniero, pero lleva una gran diferencia porque es
un actividad que únicamente se realiza para el Estado, el profe-

18 Cfr. Bonnecase, Julien, Introducción al estudio del derecho, reimpresión de la

2a. ed., Bogotá, Temis, 1991, p. 47.


19 Smith, Adam, op. cit., p. 118.
20 Génesis 3,19. “Con el sudor de tu rostro comerá el pan”.
21 Cfr. Garfias, Luis, op. cit., p. 533.
RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 253

sionista militar sólo tiene un posible cliente, la Nación, de modo


que por ello, ésta última, tiene particulares responsabilidades con
sus profesionistas militares, de salario inicialmente, pero de desa-
rrollo personal y seguridad laboral también.
El ejército tiene el Colegio Militar y diversas escuelas de
formación de clases y oficiales, de especialización y superiores;
la Armada de México cuenta igualmente con la Escuela Naval
Militar y diversos planteles de capacitación, es decir, se genera
una gran cantidad de profesionales de las especialidades militares
para un campo de trabajo reducido a un solo patrón que no es
muy agradecido con sus servidores públicos castrenses, veamos:
A pesar de toda la capacitación que reconocemos es impar-
tida en los institutos armado resulta que según el artículo 145 de
la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea, los cabos y soldados
“no serán de carrera profesional ni permanente y sus servicios en
el activo estarán sujetos al contrato respectivo”.
En la Ley Orgánica de la Armada de México la norma es
paralela a la anterior, la marinería causa baja al término de su
contrato.
En ambos casos el vínculo es ajeno a todo efecto propio del
reconocimiento de antigüedad y reconocimiento al comprometi-
do y peligroso trabajo que prestan a la Nación.
Son muchos los aspectos interesantes en la legislación mi-
litar ilustrativos de tan desigual vínculo jurídico entre el perso-
nal militar y el Estado, simplemente quisiera señalar un proceso
claramente contrario a una positiva administración de personal,
causar baja del ejército, fuerza aérea y armada es una decisión
administrativa del Estado y al causar baja se pierden mayormen-
te los derechos propios de la seguridad social en el Instituto de
seguridad Social para las Fuerzas Armadas, es decir, el militar
está a merced de su patrón.
Llama la atención que en el ejército y fuerza aérea los con-
tratos “de enganche” no pueden exceder de tres años y el “reen-
ganche” de cabos y soldados no puede exceder de nueve años.
254 JORGE VARGAS MORGADO

Probablemente sea pertinente que en materia militar la últi-


ma palabra esté en manos del mando, pero la pérdida de dere-
chos es otra cosa que no tiene explicación posible.
La buena noticia es que los miembros de las fuerzas armadas
tienen derecho a vacaciones.
Por límites de espacio no puedo extenderme en el tema de
los escalafones que existen y funcionan en las fuerzas armadas,
lo que es objetable es que sólo ascendiendo se mejoran los sala-
rios, lo cual es inconveniente para la historia laboral del traba-
jador militar pues, considerando que los mandos son estructuras
militares son piramidales en que es más reducido el personal de
cada grado, pues resulta que aun cuando se aprueben los cursos
y exámenes del caso y se cumpla con la antigüedad requerida, no
se mejora salarialmente ni laboralmente si no se da el ascenso.
No obstante este relato de segregación social, para la Supre-
ma Corte de Justicia de la Nación, no existe discriminación, pues
ha fallado lo siguiente:

Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Arma-


das Mexicanas. El artículo 29, de la ley relativa, no es
violatorio de la garantía de igualdad. No puede estimarse
que el artículo 29, de la Ley del Instituto de Seguridad Social para
las Fuerzas Armadas Mexicanas, publicada en el Diario Oficial de la
Federación el veintinueve de junio de mil novecientos setenta y seis,
sea violatorio del principio de igualdad y no discriminación, toda
vez que los militares retirados y los pensionados civiles, no se en-
cuentran en igualdad de circunstancias, pues aun cuando ambos son
servidores públicos, la naturaleza de la relación que guardan con la
institución en que prestan sus servicios es diferente. En efecto, los
militares tienen una relación de naturaleza administrativa con la ins-
titución en la que prestan sus servicios, lo cual encuentra sustento en
el hecho de que las fuerzas armadas en nuestro país son garantes
de las instituciones legalmente constituidas, defensoras de la so-
beranía nacional y coadyuvantes en la resolución de problemas
de la población civil, de ahí que su control requiera de una rígi-
da disciplina jerárquica de carácter administrativo, mientras los
RELACIÓN JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LAS FUERAS ARMADAS 255

demás servidores públicos, tienen una relación laboral, que se


rige por lo establecido en el apartado B del artículo 123 constitu-
cional. En tal virtud, la distinción consistente en que el artículo
29 impugnado no tome en cuenta las compensaciones adicio-
nales y reconocimientos generales para el cálculo del haber de
retiro de los militares, mientras que el artículo 15 de la Ley del
Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores
del Estado considere para el cálculo del monto de las pensiones
de dichos trabajadores: el sueldo presupuestal, el sobresueldo y
compensaciones, no transgrede el principio de igualdad, pues el
trato diverso entre tales sujetos descansa en una base objetiva y
razonable y no se proyecta sobre una situación de igualdad de
hecho que produzca la ruptura de esa igualdad al generar un
trato discriminatorio entre situaciones análogas. Tampoco puede
considerarse que la referida distinción constituya una discrimi-
nación constitucionalmente vedada, pues ésta como quedó seña-
lado, obedece a la distinta naturaleza de la relación entre Estado
y los militares y el Estado y los demás servidores públicos, no así
a una cuestión discriminatoria prohibida por el tercer párrafo
del artículo 1o. constitucional, además que la referida distinción
se justifica en virtud de que el concepto “compensación” es dis-
tinto para las legislaciones que se analizan, pues mientras para
la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Arma-
das Mexicanas la compensación se otorga en una sola erogación,
para la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los
Trabajadores del Estado, puede otorgarse discrecionalmente en
cuanto a su monto y duración, situación que justifica que para el
cálculo del haber de retiro el legislador no haya considerado la
compensación como sí lo hizo tratándose de los demás servidores
públicos.22

Los regímenes laborales atienden a principios de irrenuncia-


bilidad, permanencia, razonabilidad, equilibrio, derecho al tra-

22 Tesis: 1a. CXL/2006, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena

Época, t. XXIV, agosto de 2006, p. 261.


256 JORGE VARGAS MORGADO

bajo y el deber de trabajar, libertad y dignidad23 que, con las par-


ticularidades del caso, deben ser tomados en cuenta para la re-
gulación del trabajo militar, considerando la dimensión humana
del trabajador de las fuerzas armadas, para ello, me parece, debe
ser modificada la Constitución general, con un nuevo texto, por
lo menos, en la fracción XIII del apartado B del artículo 123, de
tal manera que lo servidores públicos ahora excluidos de todo ré-
gimen laboral, entre ellos destacadamente los trabajadores de las
fuerzas armadas, adquieran el carácter de trabajadores, con de-
rechos y obligaciones, y, principalmente, el reconocimiento social
y público de su labor sustantiva, debe humanizarse su condición
en el código fundamental, como enseñó Justo Sierra “las cuestio-
nes constitucionales, son antes que todo cuestiones humanas”.24

23 Véase Kurkczyn, Patricia, Las nuevas relaciones de trabajo, México, Porrúa-

UNAM, 1999.
24 Cosío Villegas, Daniel, La Constitución de 1857 y sus críticos, México, SepSeten-

tas, 1973, p. 32.

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