AL.:G.:D.:G.:A.:D.:U.
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S.:F.:U.:
LA BUSQUEDAD DE HIRAM
V.: H.: dentro de la Masonería se nos ha enseñado una leyenda que trata sobre la muerte de un hombre
llamado Hiram Abif, quien era el Arquitecto responsable de la construcción del templo, que el Rey Salomón
dedicaría al Santísimo pacto entre Dios y el hombre, en templo que resguardaría “El Arca Sagrada”, el
“Santo de los Santos” (“El Sancta Sanctorum"). En esa leyenda se señala que los asesinos de Hiram Abif son
3 constructores de la obra, con el rango de Compañeros, conocidos como Jubelo, Jubela y Jubelum, y juntos
se les denomina como los juwes (Yu ís), el único significado que se puede deducir es que los tres contienen
"jubel" que en árabe significa montaña. Y que se atribuye a los tres vicios capitales: Egoísmos, avaricia e
ignorancia
Pero en los escritos se habla muy poco, sobre como transcurrió la búsqueda de nada mas y nada menos que
el hombre responsable de la construcción de la obra mas importante del momento, el templo dedicado al
Santuario. Es importante recordar que en este grado, el haber conocido la Acacia se debe al ramo de acacia
conque fue marcado el lugar donde se encontró el cadáver del maestro, y que desde allí se origina nuestra
palabra sagrada, esa exclamación de O.:S.:D.:M.: al contemplar aquel cuadro dantesco, donde “la carne se
desprende de los huesos”. Este descubrimiento debió ser todo un acontecimiento para la época, por la
forma en que ocurre el asesinato, y la calidad de la persona desaparecida. No solo por sus conocimientos,
rango o responsabilidad laboral que ostentaba, sino porque era uno de los pocos poseedores del secretos
mejor guardado de los Maestros de la obra.
Cuenta la Leyenda que al día siguiente que se supo la desaparición del Maestro Hiram, 12 de los hombres
que habían participados en el complot pero que después desistieron, fueron ante el rey e hicieron una
confesión voluntaria de todo lo que sabían. Salomón selecciono a 15 de los iniciados con rangos de maestros
de la obra y les ordeno hacer una búsqueda diligente del Gran Maestro Abif, para saber si había sobrevivido,
o había sufrido en el intento de que revelara los secretos. Estos maestros formaron tres logias en las tres
entradas del templo, y de ahí partieron a buscar al Maestro, infructuosamente buscaron por varios días sin
hallar nada, los que formaron el segundo grupo, después de muchos días ya fatigados y cansados se
sentaron en un pastizal, uno de ellos descubrió que un arbusto había crecido cerca de donde estaban
descansando y fue a mirarlo de cerca y al tocarlo se dio cuenta de que estaba suave en la tierra y se podía
sacar fácilmente, llamó a sus demás compañeros y empezaron a escarbar, y cual no fue su sorpresa que
encontraron el cuerpo de Hiram, ellos lo cubrieron con todo respeto y para distinguir el lugar dejaron una
rama de acacia encima, regresaron y contaron todo al Rey Salomón. Quien abrumado les ordenó que lo
desenterraran y que su sepulcro llegaría a ser su rango, al igual que sus talentos, igual les ordenó que
tomaran especial cuidado y observaran todo en su tumba, cualquier señal, símbolo, o palabras que pudieran
encontrar. Pagando de esta forma tributo por los méritos alcanzados por el maestro Hiram Abif. El tercer
grupo como no encontraron nada decidieron regresar e informar al rey de su búsqueda infructuosa. En el
camino de vuelta a Jerusalén escucharon accidentalmente dentro de una caverna "los profundos sonidos de
lamentación y remordimiento". Y al entrar a curiosear encontraron a los tres malhechores, quienes
confesaron el delito, estos los apresaron y finalmente el rey Salomón los condeno y sentenció a muerte.
Buscar al Maestro Hiram significa buscarnos a nosotros mismos, porque al igual que el, sólo la alcanzaremos,
sí fundamos nuestra vida en el trabajo tesonero y justo, en la humildad y el respeto por nuestros
semejantes, sin hipocresías ni egoísmos, sin aprovecharnos del esfuerzo de los demás. Así como Hiram fue
un hombre imperfecto, también nosotros somos imperfectos. En la leyenda se simboliza esa imperfección al
decirnos que era el hijo de una viuda (Huérfano de padre) de la tribu de Neftalí, esa orfandad que la leyenda
reivindica como alegoría es el símbolo de nuestra condición de humanos, que encarna la imperfección de
nuestro linaje, nuestra ascendencia imperfecta, porque nuestra vida subsiste en la medida en que luchamos,
avanzamos en la medida en que logramos comprender que la perfección es ilusoria y que Por lo tanto no
nos es necesaria para poder realizarnos como hombres libres. El simbolismo del secreto masónico, que nos
hace comprender que no existe tal misterio ni tal enigma, que lo que no conocemos, es por nuestra propia
ignorancia, y que sólo en la medida que somos capaces de asumir nuestra ignorancia, en esa medida
seremos capaces de avanzar en la comprensión del mundo que nos rodea. Seamos pues francos para con
nosotros y para con los demás e incluso para con Dios, estemos contentos con lo que nos hemos ganado,
venzamos una de nuestra imperfección, que es el afán de tenencia desmesurada. Ello nos hace conscientes
de que la finalidad última de la masonería es tratar de hacer de un hombre bueno, un hombre mejor.
El Maestro Hiram Abif simboliza la lealtad inquebrantable a los principios. Anteponiéndola incluso, a la
propia vida. Él se sacrificó y murió llevándose consigo el secreto mejor guardado de los Maestros,
dejándonos una luz que nos sirve de guía. En esta leyenda, la muerte es el sinónimo de la propia
inmortalidad. Esa muerte que nos sirve como alegoría en nuestra sublime exaltación a este grado, cuando
somos lanzados y extraídos de aquel negro ataúd, que simboliza la muerte y resurrección a otra dimensión
de vida, esa dimensión que marca nuestro indomable deseo de encontrar la perfección personal de la
materia o la transcendencia ilusa de nuestra alma inmaterial. La búsqueda de nuestra propia inmortalidad,
debe estar basada en esa verdad personal que cada cual llevamos en lo más profundo de nuestro ser, esa
verdad que nos sirve para afianzar nuestros pasos hacia nuestros mas sublimes objetivos. Con la muerte
altruista de Hiram Abif, se refleja el espíritu de sacrificio, o la entrega generosa de la vida por una creencia o
un ideal, y su grandeza reside exclusivamente en el propio acto de coherencia que supone anteponer los
principios, la ética, la moral y la libertad personal, a la propia existencia. El valor de morir por unos principios
sólo cobra su sublime significado filantrópico al equipararlo con la canalla cobardía y con la miserable
pobreza de quienes son capaces de matar a su hermano por otra creencia opuesta
Buscar e interpretar esta leyenda de Hiram, me hizo recordar aquellas leyendas que cuando pequeño,
narraban nuestros padres y abuelos en las noches de tertulias en mi pueblo, referidas a muertos y
aparecidos, de tesoros escondidos o enterrados en la tierra, y que el que veía y seguía luz que aparecía en la
oscuridad, podía encontrar esos tesoros. En masonería he aprendido que esa luz soy yo mismo, y que ese
tesoro es la sabiduría que vamos atesorando en la medida que aprendehemos, a través de la observación,
el estudio y la reflexión sobre realidades y leyendas que nos trasmiten un conocimiento, como la fabula de
Hiram, que nos enseña que para un hombre justo amante de su íntima libertad, los temores que suscita la
muerte no son nada, comparándolos con la abominación que produce la traición y la deshonra humana. Que
el hombre que sabe escuchar la voz de la conciencia, esa voz que nos da testimonio de que en nosotros,
reside el principio de la vida y de la muerte. Esa conciencia que nos aporta la fuerza necesaria para combatir
nuestros temores, generándonos la paz interior que nos ayudará a permanecer fieles a nuestros principios, a
la Humanidad y al Creador. Así sea
L.:I.:F.:
Puerto Ordaz 23 de julio de 2013
Resp:. Log:. “HANS HAUSCHILDT” Nro. 175
Claudio Rondón Carpintero
M.:M.: