CON licencia eclesiástica
¡OH JESUS, TE AMO MAS QUE A MI VIDA!
Así repetía una y muchas veces la niña, la religiosa
lega, la religiosa de coro y la santa, nuestra Beata Inés
de Benigánim, pues todo eso fue ella.
Nació el 9 de febrero de 1625. Sus padres se llamaron
Luis Albiñana y Vicenta Gomar, muy cristianos y
sencillos hijos del pueblecito llamado Benigánim,
perteneciente a la región valenciana.
Nació gemela de un hermanito -Agustín- que murió a
los pocos días de nacer. Como entonces era
costumbre, la bautizaron el mismo día de nacer y le
impusieron los nombres de Josefa Teresa. Quizá el
segundo porque hacía tres años que había sido
canonizada, con grandes fiestas en toda España,
Santa Teresa de Jesús, la carmelita de Ávila.
Siendo todavía muy niña perdió a su padre. La
pobreza de su hogar todavía fue mayor y por ello un tío
suyo se llevó a ella y a su hermanita María a vivir en su
casa.
Siendo todavía muy niña -tendría doce o catorce años
- tendiendo la ropa que había lavado, se le apareció
Jesucristo, radiante de luz, y le dijo:
-«Inés, ¿me quieres por Esposo tuyo?»
-«Sí, Señor, os quiero por Esposo y no quiero a ningún
hombre de la tierra.»
Cuando pasen los años, recordará, con gran alegría
aquella primera aparición del Nazareno de la O, como
le gustaba llamarle.
No fueron todo regalos los que recibió Josefa Teresa en aquella
casa de su tío. Este tenía un carácter violento e iracundo y le hizo
sufrir bastante. Asimismo fue probada su virtud angelical por uno
de los criados de su tío, pero al que rechazó con energía ella
dándole una fuerte bofetada y gritando mientras huía:
-«Soy virgen, no me toques.»
Esta joven, que aparentemente gozaba de pocas luces o
picardías del mundo, que era toda ingenuidad y sencillez, oraba
ya, aún antes de ingresar en el convento:
ENTRE LOS PUCHEROS ANDA EL SEÑOR
Dicen que esta frasecita repetía una y mil veces la gran santa y
sabia Teresa de Jesús a sus hijas las carmelitas de Ávila para
animarles a hacer todo, hasta lo más humilde, sin perder la
presencia de Dios y como si se tratara de las obras de mayor
renombre, ya que para los que aman a Dios nada hay
insignificante.
Ignoramos si nuestra querida Beata Inés conocía o no esta frase
de la gran doctora, pero lo cierto es que difícilmente se
encontrará ningún otro santo que en medio de los
trabajos más humildes haya vivido tan endiosado como ella.
Parece como si estas palabras hubieran sido dichas pensando en
ella.
Con mucha frecuencia acudían los Ángeles a hacerle compañía y
hacían sus trabajos mientras ella se entregaba a la oración y
unión con el Señor.
Era frecuente este cuadro: Mientras la Comunidad estaba en
oración p retirada en el trabajo, los ángeles acudían a la cocina y
cargaban con los grandes cántaros de cobre -de los que todavía
se conserva uno- y llenaban de agua, que traían del pozo,
todas las vasijas de la cocina… Alguna vez l
-«Ea, angelitos, no hagáis ruido, porque las Madres están
descansando y luego me regañan a mí.»
No era raro que las mismas monjas vieran caminar solos los
cántaros por el claustro camino del pozo o de la cocina…
Un día Madre Priora entró al comedor, y le dijo:
-«Inés, pero, ¿no ves que ya es hora de comer la Comunidad y
no hay nada preparado y ni siquiera hay fuego en el fogón?
-Madre, no se preocupe, los ángeles quieren hoy hacemos la
comida: «Dos están cocinando; dos trayendo el agua; dos
barriendo el refectorio., y dos ya preparando todo lo necesario…»
-Pero, ¿cómo puede ser eso?
-«Venga, Madre, y verá cómo todo está a pun Y así era…
«PISOTEO SU CABEZA Y… SALIO CON
Una jovencita así, que ya se ha desposado con Jesucristo, que
nada le importan las cosas del mundo, que lleva una vida de total
entrega a los trabajos más humildes y a la
oración… a nadie extrañó que pensase ser rel
Un día se atrevió a decirlo a su tío -que aunque era buen
cristiano, no quería perderse la eficaz ayuda de su sobrina- y el
no le puso resistencia pero se apresuró a decirle;
-«Está bien, te irás al convento y a los pocos días te volveremos
a tener en casa porque tú no vales para el convento…»
Josefa-Teresa se sintió gozosa al ver que no s para sus adentros:
-«Veo claramente que el Señor me llama al estado religioso.
Quiero locamente
consagrarme a Él para toda la vida… pero aqu
Señor?»
Conocía bien a las Madres Agustinas Descalzas que había
fundado en su mismo
pueblecito el Patriarca de Valencia San Juan de Ribera admitida
entre ellas.
-«Madres, les dijo, ¿me quieren para ser religiosa? Ya saben que
soy pobrecita y que no puedo aportar nada pero sí que puedo
servirlas a todas y ser como la última de todas pues tengo muy
buena salud.»
Las monjas Agustinas deliberaron la petición. Sabían que en el
pueblo gozaba de
fama de cortedad, un tanto zafia y muy igno otra parte veían,
hablando con ella, que aunque de las cosas del mundo era una
perfecta ignorante pero que estaba muy instr
Iban dándole largas… Ella acudía una y m insistencia ser
admitida para siempre… Por f
«TODA PARA TODAS»
La frase tan conocida de San Pablo de «hacerse todo para todos
para ganarlos a todos para Cristo» se puede aplicar muy bien a
nuestra Beata Josefa de Santa Inés.
Desde que abrazó la vida religiosa como Hermana de Obediencia
se puso al servicio de todas las Hermanas de la Comunidad y a
todas sin distinción quería servir.
La reina de las virtudes, como se llama a la caridad,
fue quizá una de las que más
ejercitó durante toda su vida religiosa. Una compañera
que durante treinta años estuvo a su lado depuso en el
Proceso de su Beatificación;
-«La venerable Sor Josefa se empleó en un continuo
ejercicio de caridad con sus prójimos, a quienes
amaba entrañablemente en Dios y para Dios,
consolando a cuantos la comunicaban en sus trabajos
y aflicciones espirituales y corporales.»
La Beata Josefa de Santa Inés era incansable: asistía
a las enfermas y trataba de aliviarlas en toda clase de
dolencias. Cuanto más grave y repugnante era la
enfermedad más llena y con mayor amor se entregaba
a ella.
El Señor le concedió sobre todo gracias especiales
para con las que recibían el Viático ya que era ella
quien les comunicaba los días que les quedaban de
vida y les animaba a una mayor entrega sin reservas al
Señor para el trascendental paso que iban a dar.
Cuando encontraba a algunas que hablaban de otra
solía decirles con gran cariño;
-«Hijitas, dejad esta materia y pensad en lo que
querréis encontraros haber hecho en la hora de la
muerte.»
La caridad de la Beata Madre no se limitaba con sus
propias religiosas sino que consta que asistió en
muchas ocasiones a los de fuera del Monasterio
cuando acudían
a su ayuda. Ella, milagrosamente, acudía a su lecho si
sufría o en cualquier otra necesidad que la
reclamaban.
«YO TE ENSEÑARE A REZAR»
La niña Josefa-Teresa no frecuentó las escuelas y
tampoco le dieron la oportunidad en su casa o en casa
de su tío.
Ella era completamente analfabeta. Tan solo conocía como ella
decía, con gracia:
-«… una letra, la cual era redondita, pero
Como ya hemos dicho la joven Josefa entró en el convento con
el propósito de ser toda su vida Hermana Lega, es decir de las
Hermanas que servían a las demás, que nunca desempeñaban
cargos relevantes en la Comunidad, que ocupaban siempre el
último lugar, que nunca rezaban el Breviario u Oficio Divino en
el coro, porque había que leer y ellas no solían saber hacerlo.
Cierto día, estando nuestra Beata Inés ocupada en hacer
faenas de la huerta, se le apareció el Señor, y le dijo:
-«Inés, ¿por qué no vas a rezar al coro?
-Señor -contestó ella- ¿por qué voy a ir a rezar al Coro si no se
rezar el Oficio?
-«Pues no te preocupes -le contestó el Señor- ven conmigo al
coro y yo te enseñaré a rezar.»
Obedeció Inés, marchó al coro y causó una enorme sorpresa a
todas las religiosas pues la vieron cantar y rezar como todas el
Oficio a pesar de que no sabía leer.
Cuando abandonaba el coro ya no sabía leer y sin embargo en
el coro lo hacía con gran primor.
Durante el rezo ella tenía en el breviario una bella estampita del
Ecce-Homo al cual dirigía como en éxtasis su mirada mientras
el rezo y era El el que le ayudaba a saber leer en latín cuanto
sus demás Hermanas leían también.
Ante esta maravilla y ante otras que el Señor obraba por su
medio las religiosas de
la Comunidad solicitaron del Señor Arzobispo el paso de
Hermana Lega a Religiosa de Coro de la Hermana Inés.
«SEÑOR, CUIDADO, NO OS VAYAIS A AHOGAR»
Junto con la caridad seguramente que la humildad y-sencillez fue
otra de las virtudes que en mayor grado poseyó y ejercitó nuestra
Beata Madre Inés.
Toda su vida se sintió tan poquita cosa y tan indigna de ser
tenida en nada que se
maravillaba cómo las demás religiosas, todas tan bien dotadas y
santas, se atrevían a dirigirle la palabra, a ella, tan poca cosa y
pecadora.
Cierto día para bromear con ella, al caérsele la llave de la
despensa a un pozo del convento, una Hermana le dijo:
-«Hermana Inés, tome un hilo y un ganchito, lo echa al pozo y ya
verá como coge la llave.»
Así lo hizo nuestra Beata con toda sencillez mientras las demás
Hermanas sonreían su candidez. Pero Hermana Inés dijo con
gran cariño mientras arrojaba el ganchito con el hilo al pozo:
-«¡Eh, Señor, alerta! Cuidado, que os vais a ahogar».
Y en el mismo momento, tiró del hilo y salió la llave enganchada,
cosa que parecía del todo imposible.
Ante aquel asombro dijo ella con toda sencillez:
-«Al echar el hilo al pozo vi que el niño Jesús se arrojaba al pozo
con su traje
bellísimo a recoger la llave y agarrarla en cuidado de ahogarse…
Y salió con el traje seco,
Corría por varias partes la noticia de los prodigios que por su
medio obraba el
Señor… y venían a verle con gran frecuenc
Canónigos, Duques, ilustres Magistrados, etc… Ella se
ruborizaba M. Priora le obligaba a salir al locutorio y ante las
preguntas que le hacían solía
responder:
-«Yo no merezco nada, porque soy un puñado de tierra y un vil
gusano y no tengo habilidad alguna.»
Y en otras ocasiones, añadía:
-«Tengo gran miedo a que el Señor me envíe al infierno porque
son muchos los beneficios que de Él he recibido y no he sabido
corresponderle como se merece.»
«EL AMOR NO TIENE LEY»
Nuestra Beata Madre Inés era un alma de profunda vida interior y
de oración continuada. Para ella no había distinción entre el día y
la noche ya que casi todo el día y la noche los pasaba en éxtasis
y entregada a la más alta unión con Dios.
Todas sus Hermanas de hábito depusieron, y sus confesores
también, cómo llegaron a llamarla la «dormilona», porque ella
misma así se apellidaba; y a lo que ella llamaba «sueño» era un
«éxtasis» según la literatura de los místicos.
Antes.de ser Religiosa de Coro rezaba los 104 Pater noster que
mandaban sus Constituciones. Después los siguió rezando
también además del Oficio Divino propio de las Coristas. Cada
día hacía el Vía Crucis y varias horas de oración mental además
de otras varias devociones.
Todo el día vivió sumergida en la presencia de Dios y jamás por
más que vinieran visitas, que hiciera trabajos en la huerta o de su
endiosamiento y vida interior. Verdaderamente había muerto para
el mundo y el
mundo para ella.
Una hermana declaró en los Procesos que Hermana Inés solía
decir:
-«¿Cómo podrá haber uno sólo que no ame a Dios? ¿Quién
tendrá valor para ofender a un Dios que por nosotros padeció m
Aprovechaba todas las ocasiones que se le ofrecían para
recomendar a las Hermanas la presencia de Dios y la entrega a
la oración. Solía decirles:
-«Hermanas, pongamos atención a lo que estamos haciendo,
porque el Señor nos mira y nos está viendo en cada momento.»
Otras veces les animaba a saberse aprovechar de las obras de la
naturaleza para amar más al Señor:
-«No sé cómo puede haber quien ame las cosas de la tierra, a
vista de las hermosuras del cielo… Si es bonita la tierra
«SOLO DESEO SERVIR Y AMAR AL SEÑOR»
Ya desde niña esto era lo único que le importaba a nuestra
Beata: Servir y amar al
Señor… Lo demás, como ya decía San Pablo, er
Así contestó cuando en cierta ocasión vino un Inquisidor a visitar
al Convento y después de explicarle lo que ella entendía del
Misterio de la Santísima Trinidad del que era muy devota, el
sabio Inquisidor quedó profundamente impresionado y quiso ver
a la Madre Inés. Ella, sin más preámbulos, le soltó a bocajarro:
-«Yo no tengo miedo a la Inquisición ni a los inquisidores porque
yo no sé nada de
nada. Lo único que sé es barrer, cavar la huerta, limpiar y
obedecer y sólo deseo servir y amar al Señor.»
Grandísima fue la devoción que sentía hacia el Sacramento del
Altar. Pasaba horas y horas ante él y cada vez que oía la
campana de alzar a Dios se ponía de rodillas en dirección hacia
aquella parte de donde venía el sonido.
Todas las religiosas quedaban admiradas y profundamente
impresionadas al verla con aquella postura angelical ante Jesús
Eucaristía.
Para el Jueves Santo pasaba todo el tiempo de rodillas mientras
Jesús estaba reservado en el monumento
Cuando pronunciaba las palabras: «Alabado sea el Santísimo
Sacramento del Altar», lo hacía de tal forma que impresionaba a
cuantos la oían.
Era devotísima también de la Pasión del Señor, pero ésta subió
de grado desde el
día en que se le apareció clavado en la Cruz y desclavando uno
de sus brazos la abrazó como a queridísima esposa, a la vez
que le dijo:
-«Ayúdame, Inés, a llevar la cruz, que necesito de almas que
me sigan con fidelidad y amor. Por ello solía repetir: -«No
comprendo cómo los cristianos pueden vivir sin meditar en la
Pasión del Señor, de la cual se saca un verdadero dolor de los
pecados y un gran amor hacia Dios, que con tanta misericordia
y con el precio de su sangre nos ha redimido…»
EL VOTO HEROICO
Sabemos que después de la muerte y el juicio normalmente
todas las almas que mueren en gracia de Dios deberán pasar
cierto tiempo por el Purgatorio para purificar
sus almas antes del gran don de poder ver a
En la historia de la Iglesia ha habido santos que fueron muy
devotos de las
benditas almas del Purgatorio pero no conocemos a ninguno de
ellos que lo fuera tanto como nuestra Beata Madre Inés…
Ella cuanto hacía lo ofrecía para aquellas pobres almas que allí
se estaban purificando. Solía decir mientras trabajaba:
-«Este cazo…, esta escoba…, esta azada… es el alma que más
lo necesite…»
En otras ocasiones, sobre todo cuando moría alguna religiosa
de la Comunidad o algún conocido que le habíany
dialogabaencomendadoconEl… diciendo;
-«Señor, mira que esta alma debe salir cuanto antes de este
lugar de expiación.
Cuanto debía padecer ella, haz que lo padezca yo. Carga sobre
mis espaldas los tormentos que debe sufrir ellaal…
cieloysácala…» de
Su confesor, D. Jaime Albert, depuso en los Procesos de
Beatificación de nuestra Beata Madre;
-«Nuestro Señor había hecho saber a Sor Josefa cómo era su
divina voluntad, que abrigase en su corazón, una gran caridad
hacia las benditas almas del Purgatorio, a las cuales debía
socorrer como si fuesen sus Hijitas, porque a ella le habían
constituido como madre de las mismas.
Mediante esta revelación se aplicaba con buenísima voluntad a
cuantos ejercicios podía y le eran permitidos con el fin de
socorrer, disminuir las penas y salvar de las
cárceles de purificación a muchas almas, sus
A este voto de hacerlo todo por ellas, por las almas del
Purgatorio, se llama «voto heroico» y Madre Inés lo hizo desde
que ingresó en el convento de MM. Agustinas.
HUERTO DE VIRTUDES
Todas las virtudes del jardín de la vida cristiana florecieron en su
huerto, en el de su corazón, sencillo y amante.
Ya hemos recordado varias en cuanto precede, pero vale la pena
añadamos algunas más para tratar de copiar sus ejemplos:
Trabajo: Ella conocía que el Señor había creado al hombre para
trabajar y mediante el trabajo cooperar al embellecimiento del
mundo. Ella estaba siempre trabajando menos cuando estaba en
el rezo y el poco tiempo que dedicaba al descanso nocturno. Era
la admiración de todas las Hermanas. Solía decir:
-«Demos gracias al Señor porque podemos trabajar en su
Casa, porque ni esto, en verdad, merecemos.»
Prudencia'. Poseyó en grado sumo esta virtud cardinal y
lo prueba la cantidad de ilustres personalidades que
acudían al convento de las Agustinas Descalzas de
Benigánim para recibir consejos de aquella pobre
Hermana que apenas sabía hablar y ni siquiera leer. Las
mismas Hermanas de su Comunidad acudían a ella en
busca de consejo y dirección en todos sus asuntos.
Justicia-. Era un espejo de esta virtud, sobre todo del fiel
cumplimiento de las Reglas y Constituciones. Ante ella
nadie podía cometer la mínima falta de justicia. Solía decir
a las Monjas:
-«¿Qué querremos haber hecho a la hora de nuestra
muerte? ¿Por qué no hacerlo ahora?»
Fortaleza'. Las Hermanas que depusieron en el Proceso
de la Beata afirmaron que siempre fue heroica su
fortaleza en los muchos dolores que sufrió y ante toda
clase de
tentaciones. Jamás nadie descubrió en ella afecto
particular hacia alguna' criatura. Era toda para todos.
Templanza'. En los procesos de su Beatificación abundan
los testimonios de las que afirman que jamás se excedió
en el comer o beber. Que parecía un milagro cómo podía
pasar con tan poco alimento.
CARISMAS SOBRENATURALES
Muchas maravillas obra el Señor en sus elegidos, pero
pocas biografías conocemos que hayan sido tan
favorecidas por Dios en este campo de gracias o carismas
sobrenaturales como nuestra Beata Inés…
Toda su vida fue, podemos afirmar, sin exagerar, un
carisma continuado.
He aquí algunos:
-No sabía leer y mientras rezaba lo hacía maravillosamente,
hasta en latín.
-Interpretaba los sucesos que debían acontecer aún muchos
años después y todo se cumplía siempre tal como ella lo había
anunciado.
-Asistía a los moribundos que la invocaban tanto de dentro como
fuera del Monasterio.
-No había estudiado y hablaba de temas de teología y misterios
de la fe mejor que el más docto en teología.
-Dialogaba con los ángeles y los santos como si fueran sus
compañeros y ellos mismos le ayudaban en todas las faenas que
le encomendaba la obediencia. Los veía, hablaba, actuaba como
si fuera una cosa normal.
-Obraba muchos milagros que nadie podía interpretarlos de otra
manera que por ayuda de lo alto: Hacía trabajos imposibles de
realizar ni por diez personas. Plantó un
naranjo al revés y fructificó y dio durante muchos años abundante
fruto, y aún ahora
sigue dando fruto. Multiplicaba los alimento
-Se aparecía fuera del Monasterio en diversas formas con tal
fuera para ayudar en las dificultades. Así p.e. a aquellos dos
padres carmelitas que venían a Benigánim a predicar de Santa
Teresa desde su convento de Enguera y se perdieron en una
noche tenebrosa. Ella se les apareció en forma de pastor- cilio y
les señaló el camino,
guiándolos por delante hasta el convento…
contaba a sus hermanas de Benigánim. Después se vio que la
hora y las circunstancias coincidían…
EL ÚLTIMO EXTASIS
Muchos había tenido a lo largo de toda su vi la Virgen María
acompañada de San José, Santa Inés y Santa Úrsula en
compañía de
todas las religiosas de aquel convento que de consolarla la
animaron a dejar todas las co anunciaron el día de su partida…
Al despedi fragancia exquisita en todo el Convento como
Llena de alegría nuestra Beata se dirigió a las Monjas, y les dijo:
-«Hermanitas, traedme pronto a mi Esposo, porque ya me
marcho. Hacedlo inmediatamente porque me voy.»
Inés esperaba con ansias este día y así lo proclamaba a sus
Hermanas. Radiante de alegría pasaba el día cantando:
-«Inés, Inés: Toda del Cordero es…»
Casi no se sabe de qué murió la Beata Inés, pues le sobrevino
una rara enfermedad que en pocos días la debilitó tanto que las
Hermanas temieron por su vida y llamaron al médico y al
Confesor. Ella les dijo que llegaba su hora, que no se
preocuparan por
ella pues estaría siempre con ellas desde el
Era el 21 de enero de 1696, fiesta de la mártir Santa Inés, una de
sus más queridas
abogadas… Recibió los sacramentos ermosde . penite
Estaba radiante de alegría. Despedía paz y su rostro
resplandecía como un sol.
Las Monjas lloraban su partida pero ella las consolaba con
palabras ardientes de amor hacia Dios y hacia ellas mismas.
Mientras recibió esos Sacramentos dejó profundamente
admiradas a las Monjas por los actos de humildad, sencillez y
amor ardiente hacia su Esposo Jesucristo.