The Ever After of Ella and Micha - Jessica Sorensen
The Ever After of Ella and Micha - Jessica Sorensen
|2
Traductoras
Beluu Julie Vane hearts
Liillyana Sandry Mire
NnancyC Pachi Reed15 Annie D
Moni Mary Warner florbarbero
evanescita Jenni G. Snow Q
Mae Miry GPE Andreeapaz
Issel Dannygonzal Alessandra Wilde
JANI Val_17
Correctoras
itxi Laurita PI Miry GPE
Amélie. Vane hearts Sandry
Alessandra Wilde Nicole M Ana Avila
Getze Dom Daniela Agrafojo Mary Warner
NnancyC GypsyPochi SammyD
♫ MoniQue ♫ Vane Farrow Laura Delilah
Pachi Reed15 Pau_07 Dannygonzal
Micha
Intento no pensar en todas las malditas razones por las que Ella no
se presentaría a nuestra boda, pero es jodidamente difícil. Después de todo
por lo que pasamos, ni siquiera me llamó o dejó una nota. Mis
pensamientos continúan volviendo al día en que nos besamos en el puente
y me dijo que me amaba. Fui a su casa a la mañana siguiente, listo para
hablar sobre ello —hablar sobre nosotros—, esperando que no hubiera
cambiado de parecer durante la noche, después de volver a estar sobria.
Cuando escalé ese árbol y me escabullí en su habitación, todo lo que
encontré fue una cama vacía. Se había ido, y eso era peor que tratar con
una Ella negada sobre sus sentimientos por mí. Sabía que me amaba
incluso aunque no lo admitiera, y podía soportarlo si eso significaba que
continuaba en mi vida. Pero que se hubiera ido, desapareciendo de mi
vida, sin tener ni idea de dónde estaba, fue como perder mi brazo o mi
corazón. Y ahora, siento como que me acerco de vuelta a ese lugar.
El conductor del taxi se mueve a paso de caracol por el camino que
guía al vecindario aislado en el que Ella y yo hemos estado viviendo, y me
está volviendo loco. Él nos miraba a Lila, Ethan y a mí como si fuéramos
los que estaban locos cuando saltamos dentro del taxi y le dijimos que
condujera tan rápido como fuera posible, sin preocuparse por el límite de
velocidad.
—¿No puede conducir más rápido? —pregunto, tamborileando con
mis dedos en mis piernas—. Apenas estamos moviéndonos.
Me lanza una mirada asesina por el espejo retrovisor. —Estoy
conduciendo al límite de velocidad.
—Lo dice como si estuviera bien —digo, inclinándome hacia la
ventana de plástico que separa el frente del taxi de la parte trasera.
—Micha, relájate. —Lila toca mi brazo, intentando tranquilizarme.
Su cabello rubio y su vestido rojo están húmedos por su salto desde un
acantilado al océano con Ethan. Se divertían mientras yo esperaba a que
apareciera Ella. Todos deberíamos estar divirtiéndonos. Pero ahora, me ha
dejado plantado.
Plantado. Mierda.
Golpeo mi palma contra el plástico perdiendo la calma, algo que
nunca me pasa, pero todo en lo que puedo pensar es en que se fue. De
nuevo. —Lo juro por Dios, si no aprieta el acelerador, voy a… |8
—Micha —sisea Lila, sus ojos azules firmes en mi rostro al tiempo
que toma mi brazo y lo aleja de la ventana de plástico mientras el
conductor rueda sus ojos—. No ayudas.
Paso los dedos por mi cabello y desabrocho el botón de arriba de mi
camisa, porque me está sofocando. Lila da a volver a llamar en su teléfono,
intentando ubicar a Ella por centésima vez, pero va derecho al buzón de
voz. Ethan apenas dice algo, pero sé lo que piensa; que debí haber
esperado esto. Pero eso es lo que no entiende. Sí, Ella hace este tipo de
cosas un montón, ya sea porque está asustada, confundida, u odiándose a
sí misma. Es lo que ha hecho desde que éramos niños. Sé esto, al igual
que sé que no importa lo que pase, terminaremos juntos.
Finalmente, el taxista estaciona enfrente de la casita de un piso que
he compartido con Ella desde principios de este año. Ni siquiera me
molesto a esperar a que el auto pare completamente antes de abrir la
puerta. Lanzo algunos billetes por la ventana abierta y me tropiezo en mis
botas mientras salgo al cordón de la vereda. Ethan me grita que me calme,
pero me encojo de hombros y troto por el césped, pisando las flores que
decoran el camino hacia la entrada principal.
Recuerdo cuando vinimos a ver la casa. Mi madre conocía a un
corredor de bienes raíces de San Diego, y dijo que podía ayudarnos con
una casa bonita que podríamos alquilar por poco dinero, dado que el
dueño era una anciana que la compró en tiempos en que las casas tenían
precios razonables. Ella y yo nos tomamos nuestro tiempo para recorrerla,
observando las pequeñas habitaciones, la cocina estrecha pero decente y el
amplio patio trasero. Me di cuenta que Ella fingía no estar interesada, pero
podía ver en sus ojos que amaba la casa.
—¿Y qué opinas? —pregunté, empujándola con mi hombro en tanto
observaba las persianas amarillas que decoraban el frente de la casa.
Se encogió de hombros, indiferente, pero se mordió el labio, lo que
significaba que intentaba suprimir su entusiasmo. —Se ve como una casa.
Me coloqué detrás de ella y envolví con los brazos su cintura,
sofocando una sonrisa mientras rozaba su oído con mi boca. —¿Una casa
en la que puedes imaginarte viviendo?
Vaciló antes de que la diversión apareciera en su voz. —Bueno, a mí
sí, pero no estoy segura de ti. Quizá tendremos que encontrar otro lugar
para ti. O mejor aún, podrías vivir en la cochera.
Pellizqué su trasero, haciéndola chillar. —No hagas como si no te
estuvieras imaginando todos los lugares en los que podría follarte —le
susurré acaloradamente en su oído. |9
Se estremeció y ahí fue cuando supe que este sería nuestro primer
hogar. Nos mudamos una semana después y todo ha estado bien en los
últimos seis meses. He estado trabajando en un estudio cerca de aquí
grabando un álbum, tocando en conciertos con un montón de músicos
similares a mí, tocando en cualquier lugar que nos dé una oportunidad,
mientras Ella trabaja en una galería de arte y va a la universidad, llevando
mi anillo de compromiso en su dedo. Parecía contenta e incluso satisfecha
cuando decidimos que era tiempo de casarnos. Voy a admitir que yo
hubiera preferido hacer la boda en casa, donde podría haber asistido mi
madre, pero Ella y yo decidimos que haríamos la boda aquí, solo ella y yo,
y le diríamos a todos después, porque parecía que eso hacía que Ella
estuviera más tranquila sobre la idea de casarse. No era algo tan
importante para mí no tener a nadie más allí que Ella, yo, Ethan, Lila y el
ministro. Es decir, no he hablado con mi padre desde que le doné sangre y
médula, así que no lo habría invitado. Pero sé que mi madre se va a volver
loca cuando descubra que nos casamos sin ella… o enloquecerá, de
cualquier forma. En este momento no estoy seguro de que incluso vaya a
haber una boda.
Quitando el maldito pensamiento de mi cabeza, me dirijo a la casa.
Abro la cerradura de la puerta delantera y entro, examinando la sala de
estar por señales de que se haya fugado. Todo luce normal, pero entonces,
de nuevo, cuando se fue la primera vez, apenas tomó algunas de sus
cosas.
Voy a la puerta trasera y verifico el patio y el pórtico, pero ambos
están vacíos. Mi esperanza se va desvaneciendo mientras paso por el baño
vacío y entro en nuestra habitación, acumulando la presión en mi pecho
cuando pienso que se fue. Me dejó. Mierda. Pero cuando abro la puerta,
doy un salto hacia atrás, sorprendido por la vista. Se halla sentada en la
cama, abrumadoramente maravillosa en un vestido de boda blanco y
negro, con sus piernas abrazadas a su pecho, su barbilla apoyada en sus
rodillas, su pelo castaño fijado en rizos enmarañados. La parte inferior de
su vestido está recogido, revelando sus botas negras de combate, no
tacones como usarían la mayoría de las chicas. Casi me hace sonreír,
porque no podría imaginarla luciendo más perfecta y más sí misma ni si lo
intentase.
Pero cuando levanta la vista hacia mí, sus grandes ojos verdes se
ven llenos de tanta tristeza, que arranca la sonrisa que empezaba a
aparecer en mi rostro. No digo nada mientras camino hacia la cama
deshecha, maniobrando entre la ropa tirada, dibujos y mi guitarra, y me
siento a su lado. Me estiro y quito unos mechones de cabello castaño de
sus ojos, acomodándolos detrás de su oreja y luego trazo una línea con mi
dedo hacia arriba y abajo por su clavícula. Espero a que hable primero,
porque no sé lo suficiente sobre lo que pasa dentro de su cabeza como
para saber qué es correcto decir y qué no. | 10
Nos sentamos por lo que parece una eternidad, observándonos, y
cuanto más tiempo pasa, más nervioso me pongo por lo que va a decir
cuando hable. Escucho entrar a Ethan y a Lila, hablando en susurros,
pero el sonido de sus voces se desvanece rápidamente mientras se alejan,
como si sintieran que necesitamos estar solos.
—Lo siento mucho —dice, finalmente rompiendo el silencio. Deja
salir un suspiro mientras levanta la vista hacia mí, observándome a través
de sus pestañas y mordiendo su labio inferior.
Lucho contra el impulso de cerrar mis ojos debido a la conmoción de
mi corazón. —¿Qué sucedió? Pensé… —Acuno su mejilla en mi mano,
diciéndole a mi voz inestable que se calle—. Pensé que los dos queríamos
esto, Ella May.
Libera su labio inferior, luego levanta su barbilla de las rodillas y se
sienta. —Y lo queríamos… Lo quiero… Es solo que… —Deja escapar un
aliento frustrado y golpea sus manos contra el colchón.
La presión se libera de mi pecho y la confusión usurpa su lugar. —
No lo entiendo… No apareciste y no contestabas tu teléfono… Pensé que
tú… —Tengo que luchar para mantener la compostura, porque este es uno
de mis más grandes miedos: que se irá y me dejará. Tal vez es patético,
pero no puedo evitarlo. No necesito que nadie más huya de mi vida,
especialmente, no Ella.
—Lo siento mucho, Micha —dice con sus ojos muy abiertos—. Pero
no podía hablarte hasta que pensara la manera correcta de decirlo.
—¿Hablarme sobre qué? —Mi voz se quiebra por el miedo, por lo que
me aclaro la garganta.
—Sobre la boda. —Mira alrededor como si estuviera buscando una
ruta de escape, pero al final sus ojos se posan sobre mí—. Hablé con tu
madre el otro día; me llamó para preguntarme si sabía lo que querías para
tu cumpleaños, y también quería saber si íbamos a ir a casa para navidad.
Mis cejas se alzan por la sorpresa. —De acuerdo, eso es lindo,
supongo… Pero, ¿qué tiene que ver con escapar de nuestra boda?
Suspira, desanimada. —Me preguntó si ya habíamos elegido una
fecha para la boda. No sabía que no le dijiste que nos íbamos a casar aquí,
sin nadie más.
Mis dedos se ponen rígidos contra su mejilla. —¿Le dijiste que lo
haríamos?
—Sabes que soy una profesional mintiendo.
Suelto una carcajada. —En realidad no, pero podemos fingirlo por
ahora.
| 11
Sacude la cabeza, sus labios se tuercen en una sonrisa. —Para de
hacer bromas. Intento ser seria y honesta en este momento.
—Tú… ¿seria y honesta? —pregunto dudosamente, sonriéndole
juguetonamente—. ¿De verdad?
—Sé que es raro. —Hace una pausa, y su pecho prácticamente se
desborda del vestido con cada respiración entrecortada—. Creo… —
Acomoda su cuerpo, poniendo las piernas debajo de ella—. Es solo que…
—Sus pestañas revolotean mientras observa la luz de sol que entra por la
ventana—. Ni siquiera sé cómo decir esto —murmura.
Me muevo rápidamente, moviendo el material sedoso del vestido y
acercándome a ella. —Niña bonita, sea lo que sea, puedes decirlo. Puedes
decirme cualquier cosa. Lo sabes. —Solo espero, por Dios, que no sea lo
que estoy pensando. Que ha cambiado de parecer. Que no quiere casarse.
Inclina la cabeza y nuestras miradas se encuentran. —Lo sé, pero
eso no hace que sea más fácil decirlo. Sabes que me cuesta mucho decir
cómo me siento.
Acaricio la parte interior de su muñeca con mi pulgar. —Lo sé, pero
siempre estaré aquí para ti. —Intento permanecer calmado, pero es difícil.
Está asustándome, sobre todo desde que no tengo idea de qué demonios
va a decir. Pensé que habíamos dejado todo esto atrás. El día en que puso
un anillo en su dedo fue el día más feliz de mi vida, y pensé que tendría
más momentos felices con ella a partir de ahí, pero ahora estoy
preocupado de haber saltado a las conclusiones.
—Y es muy difícil para mí admitir lo que quiero algunas veces —
continúa, cerrando sus ojos.
—Lo sé —digo—. Pero, como dije, puedes decirme cualquier cosa,
incluso si es malo.
Sus párpados se abren, sus pupilas se reducen en tanto absorben la
luz. —Lo sé, y creo… creo que deberíamos simplemente… —Su mano
tiembla en la mía mientras salen las palabras—. Creo que deberíamos ir a
casa y tener una boda normal con nuestras familias. —Presiona sus labios
juntos y aguanta su aliento.
Me quedo congelado, luchando para contener la risa, porque sé que
la hará enojarse, pero al final no puedo más y se me escapa. —Oh, Dios
mío. —Casi me ahogo, envolviendo mis brazos alrededor de mi estómago—.
No puedo creer que de eso se tratara todo esto.
—Micha. —Pellizca mi pecho a través de mi camisa—. Para de reírte.
Estoy hablando en serio.
—Oh, ya sé. —Continúo riéndome, y cuanto más dura mi risa, más
irritada se pone ella, hasta que finalmente recoge su vestido y se arrima al | 12
borde de la cama para irse. Rápidamente pongo mis brazos alrededor de
su cintura y la arrastro de vuelta a la cama. Cae en el colchón y coloco mi
cuerpo encima del suyo. Trata de liberarse de mí, presionando sus manos
contra mi pecho, pero inmovilizo sus brazos a los lados de su cabeza.
—No es divertido, Micha —dice acaloradamente, y noto que se
esfuerza para seguir enojada conmigo—. Intenté decirte cómo me siento y
te reíste de mí.
—Lo sé, y lo siento. —Reprimo mi risa lo mejor que puedo—. Pero
eres demasiado adorable para tu propio bien.
Frunce el ceño. —No soy adorable y lo sabes.
—Cuando me dices cosas como que quieres tener una boda con
nuestras familias y estás nerviosa por ello, eres jodidamente adorable. —
Bajo la cabeza y beso suavemente su mejilla—. Te amo y podemos
casarnos en donde sea, cómo sea, y cuando quieras, siempre y cuando nos
casemos, y nunca me dejes plantado de nuevo.
Pone cara de perrito. —Lo siento. Entré en pánico.
Lamo su labio inferior, porque es demasiado delicioso para resistirse.
—La próxima vez, por favor, háblame. O al menos envía un mensaje. —La
beso de nuevo, luego dejo un espacio entre nuestros cuerpos para poder
mirarla a los ojos—. Un simple S.O.S o algo.
—Trato —dice, pero todavía luce ansiosa.
Dudo. —¿Estás segura de que eso es todo?
Asiente rápidamente. —Por supuesto.
Hay algo en sus ojos verdes que no me gusta, una mirada familiar
que solía habitarlos cuando estábamos creciendo. Tristeza, combinada con
miedo y preocupación. Abro la boca para preguntarle, pero arquea la
espalda y pone su boca en la mía. La beso distraídamente, deslizando mi
lengua profundamente en su boca mientras todos los pensamientos de
abandono y miedo desaparecen momentáneamente.
Estoy bastante seguro de que este es el mejor final para haber sido
plantado el día de mi boda. Si tan solo pudiera convencerme a mí mismo
de que no habrá más golpes en el camino, pero me preocupo por la mirada
en sus ojos e ir a casa a casarnos. Estoy preocupado por Ella. Incluso
aunque las cosas han ido bastante bien entre ella, su padre y su hermano,
a veces, durante sus conversaciones telefónicas, uno de ellos termina
hablando sobre el pasado y sé que eso la molesta. No intentan herirla. De
hecho, debo darle crédito a su padre por lo mucho que ha cambiado,
aunque todavía me molesta que haya dejado que las cosas llegaran a estar
así de mal. Que haya dejado que su hija sienta culpa por la muerte de su
madre, al punto de pensar en quitarse su propia vida.
| 13
Pero él ha mejorado y me recuerdo a mí mismo que si Ella puede
tener una buena versión de su padre, debería tenerla yo. Y lo ha estado
haciendo mejor, también, pero a veces lucha con la depresión y el miedo al
compromiso. Y me preocupa que sea ese miedo al compromiso lo que hizo
que todo sucediera. Que simplemente evada el tema porque no se
encuentra lista para casarse conmigo. Y que, quizá, ni siquiera quiere
casarse conmigo.
2
Traducido por Liillyana & NnancyC | 14
Corregido por Amélie.
Ella
Trato de estar lo más tranquila posible por el hecho de que estoy a
punto de sellar permanentemente mi futuro, admitir que en realidad tengo
uno, y dar parte de mí a otra persona. Nunca he sido una fan de pensar en
el futuro, de pensar en lo que ocurrirá cuando sea mayor, en donde
estaré. Evito este tipo de pensamientos, principalmente por miedo a lo que
voy a ver, quien llegaré a ser, y la mayoría de las veces simplemente no
creo que merezca un futuro. Pero no quiero ser esa chica que está tan
aterrorizada de su pasado, lo que es y lo que ha hecho, que no puede
seguir adelante en la vida. No quiero quedar atrapada inmóvil en un
mundo repleto de odio a mí misma. Quiero ser fuerte, ser alguien que es
digna de amor, que hace las cosas para las personas que aman.
Pensé que llegué a ese lugar, pero luego apareció una caja en el
correo de ayer, situada en mi casa como un presagio, de parte de un tipo
llamado Gary Flemmerton, un nombre que no reconozco, pero sí reconocí
lo que había en la caja, eran cosas que pertenecieron a mi madre. Mis
pensamientos se mezclaron. Acabé haciendo algo estúpido. Dejé plantado
a Micha en nuestra boda, no porque no lo ame. Lo amo. Demasiado. Pero
estoy confundida. Acerca de la caja. Sobre lo que hay dentro, el diario que
escribió mi madre, sus dibujos, fotos. Era su vida, metida en una caja,
revelando cosas que nunca supe de ella, cosas que dibujó o escribió.
Debería estar feliz de llegar a descubrir algo de su pasado. Pero, por
alguna razón, descubrir esto solo trajo dolorosamente a colación el pasado
y me hizo cuestionar mi futuro. Comencé a pensar adónde iba en la
vida. ¿Dónde voy a estar en cinco años? ¿Voy a estar mentalmente
saludable? ¿Dónde estaremos Micha y yo? ¿Vamos a seguir viviendo en
San Diego? ¿Seguirá tocando música? ¿Voy a estar trabajando en una
galería de arte o vendiéndolo? ¿Aún me amará? ¿Vamos a ser felices?
¿Vamos a tener hijos? El último pensamiento es aterrador. Nunca me he
imaginado como madre y los únicos recuerdos que tengo de la mía son
aquellos en los que estoy cuidándola a ella. No quiero hacerles eso a mis
propios hijos, hacer que ellos me cuiden.
En la parte superior del pánico por mi futuro, me empecé a sentir
culpable de que estábamos teniendo una boda sin la presencia de la mamá
de Micha. Podía imaginarla molestándose, sobre todo porque ella fue quien
nos impulsó a comprometernos. Micha podría llegar a sentirse mal, porque
eso ocurre cuando alguien se siente herido. Además, hay otra cosa... algo
que sé que suena loco, pero en cierto modo, quiero a mi mamá cerca, y la
única manera de que eso sea posible es tener la boda en Star Grove donde | 15
ella se encuentra enterrada.
Tomé mi decisión para la hora en que Micha regresó a la casa, pero
al verlo, algo así como nudos confusos se desenrollaron dentro de mí. Aún
trato de ordenar mis pensamientos, pero decido dar un paso a la
vez. Después de que me quito mi vestido y me pongo unos pantalones
vaqueros y una camiseta, empiezo a empacar mis cosas para regresar a
casa, a Star Grove para nuestra boda. Puse la caja con el diario en una
bolsa de lona grande para leerlo más tarde, cuando crea que pueda
manejarlo, junto con bosquejos de mi madre y la alianza de boda que
compré para Micha.
—Creo que deberíamos casarnos en Navidad —anuncia Micha
cuando sale del armario con una bolsa en la mano. Se sacó el esmoquin y
lo puso en la bolsa negra para que podamos dejarlo en la tienda de
alquiler. Ahora tiene unos vaqueros desteñidos, una camiseta negra, su
reloj de cuero negro y botas. Tan sexy como luce en el esmoquin, lo
prefiero así porque se parece a mi Micha—. Es el día perfecto —añade,
preparando la bolsa negra en la cama.
—Sí, supongo —le digo, metiendo el vestido de boda mullido en la
bolsa mientras trato de subir la cremallera. En realidad es el vestido de
Lila. Ella me lo dio después de que se coló en la casa de sus padres y lo
sacó de su armario. También conocí a su madre durante ese viajecito y la
mujer parece una verdadera zorra. Recordé el momento en que Lila se
presentó en mi casa llorando, y así empezó a tener sentido el por qué
apareció esa noche en mi casa en Star Grove hace más de un año en
lágrimas. Pero han pasado unos días y, ella apenas habla al respecto y yo
no soy el tipo de persona que obliga a la gente a tener una charla de
corazón a corazón—. Pero, ¿en serio queremos compartir nuestro día de
aniversario con otro día de fiesta? —pregunto
—Me gusta que pienses por adelantado. —Deja caer su bolsa de lona
en la cama y, agarrándome del codo, me hace a un lado. Segundos más
tarde, tiene la bolsa con la cremallera arriba y el vestido seguro en su
interior—. Pero aun así, la Navidad también marca el aniversario de
cuando nos comprometimos. —Baja la vista al anillo en mi dedo—. Va a
ser un año desde que te di eso.
Elevo mi mano en frente de mí y la piedra negra destella en la luz,
destacando los rasguños, marcas y abolladuras. La belleza. Perfección. El
significado. —Me gusta la idea de una boda de Navidad, supongo, con tal
de que no tengamos que colocar decoraciones de Navidad, como el de
Santa y el reno o algo así.
—Puedes tener cualquier tipo de decoración que desees —dice
mientras pasa la bolsa negra con el esmoquin por encima del hombro y
luego recoge nuestras maletas—. Con tal de que te cases conmigo. | 16
—Eres demasiado factible conmigo. —Bajo la mano a mi lado y
sonrío, a pesar de que mis nervios anudan mi estómago—. Pero ya es un
trato. Una boda en Navidad sin decoraciones de la misma.
Él luce feliz cuando me abraza y me besa, luego salimos a la calle en
el aire fresco del océano y coloca las maletas al lado del Chevelle SS del „69
de Micha. Luego corre hacia el interior para buscar las llaves, porque las
dejó sobre la encimera. Me quedo mirando el inflable de Santa en la calle,
que parece saludarme, o tal vez es solo el viento que sopla. Sin embargo
hay apenas una brisa aquí, y nada en comparación con el país de las
maravillas del invierno al que estoy a punto de volver de buenas ganas.
Star Grove. Mi ciudad natal. El lugar donde me rompí y recompuse. El
lugar que guarda tantos recuerdos, buenos y malos. Espero que valga la
pena. Espero que nada malo suceda. Espero que en este viaje finalmente
nos espere solo lo bueno.
Por alguna razón, tengo dudas y cuanto más tiempo estoy parada
allí en el camino de entrada, mirando a Santa, más ansiosa me pongo. Por
fin Micha sale de la casa con Lila justo detrás de él, lanzando su maleta
por las escaleras y el camino de entrada. Micha me besa cuando me
alcanza, luego abre el maletero y guarda la maleta de Lila en el interior.
—¿Vas a pedirle a tu padre que te acompañe por el pasillo? —
pregunta Lila alegremente mientras entrego mi maleta a Micha.
Micha me mira con curiosidad, esperando oír mi respuesta cuando
coloca la maleta en el maletero.
—No va a haber un pasillo. —Y no quiero que mi papá me lleve
allí. Sí, no me preocupa él en la boda, pero no quiero que sea la persona
que me guíe a la línea de meta cuando no fue tan bueno la mayor parte del
camino.
Lila coloca las manos en sus caderas y entrecierra sus ojos azules
hacia mí. —Oh, va a haber un pasillo. Ya verás.
Micha se ríe mientras guarda la maleta de Lila. —Creo que ella habla
en serio, niña bonita.
Estoy a punto de decirle que se calle cuando Ethan sale de la casa
con la bolsa en la mano, entrecerrando los ojos contra la luz del sol. —
¿Están seguros que no quieren ir en coche a Las Vegas y fugarse? —Se
queja mientras se acerca a nosotros, entonces Micha tira su bolsa de
lona—. No quiero ver a mi mamá, a papá o a Star Grove; he estado
disfrutando de mis vacaciones de ambos.
—Bebé, vamos. Déjalos en paz. Merecen una boda hermosa, no una
fuga en una iglesia falsa de mal gusto. —Lila desliza la mano por la parte
delantera de su pecho, se alza de puntillas, y le besa el cuello. Luego le
susurra algo al oído cuando juega con su pelo. | 17
Admito que hacen una linda pareja, sobre todo ahora que Lila tiene
todo este estilo grunge. Su cabello rubio le llega hasta la barbilla y tiene
mechones negros que coinciden con el pelo de Ethan. Tiene puesto
pantalones vaqueros y una camiseta sin mangas que no son de marcas
como todo lo que solía usar cuando vivíamos juntas. Su estilo va bien con
el aspecto relajado de Ethan: su camisa a cuadros y pantalones vaqueros
desteñidos y un par de zapatillas de deporte que es probable que posea
desde que tenía dieciséis años. Y la altura media de Lila le permite anidar
su cabeza contra el pecho de Ethan cómodamente. Al mirarlos bajo la luz
del sol y mi casa en el fondo, me hallo deseando tener tiempo para
dibujarlos.
Después de un montón de besos y susurros al oído de Ethan, Lila le
convence para dejar de quejarse y, de mala gana, está de acuerdo en que
Las Vegas es una idea ridícula y que Micha y yo debemos casarnos en Star
Grove.
—Una semana no es mucho tiempo para preparar una boda —
declara Lila, bajando sus gafas de sol sobre los ojos—. No una auténtica
con decorados, flores, vestidos, esmoquin e invitados. Dios, ojalá habría
tenido más tiempo para planear esto.
—Y me gustaría que no tomaras nada de tiempo para planearla —le
digo, y cuando ella frunce el ceño, suspiro—. Lo siento, no me gustan las
cosas de boda. —Rodeo el coche al lado del pasajero del Chevelle,
arrastrando mi dedo por un par de golpes en la pintura negra que fueron
puestas allí cuando Micha intencionalmente se estrelló en un montón de
nieve.
Micha abre la puerta del conductor y camina hacia atrás para que
Ethan pueda subir en el asiento trasero. —No importa qué tipo de boda
tengamos —dice—, con tal de que Ella esté allí conmigo. De hecho, ni
siquiera necesitamos vestidos y esmóquines. Incluso podríamos estar
desnudos y de pie en el patio de mi casa, y no habría tenido problema con
eso. —Me guiña el ojo sobre el techo del coche—. Siempre y cuando
estemos juntos, voy a ser feliz y, estar desnudo solo sería una ventaja
añadida.
Esto hace que Lila suelte una risita mientras agacha la cabeza y se
coloca en el asiento trasero con Ethan. Empujo el asiento trasero, me meto
en el coche, cierro la puerta, y luego tiro de la visera hacia abajo para
bloquear la luz del sol.
Micha ajusta el asiento del conductor antes de que cierre la puerta y
arranque el motor. —¿Está todo listo? —Mira a su alrededor, a los tres de
nosotros, pero cuando sus ojos finalmente aterrizan en mí, sé que en
realidad solo se preocupa por mi respuesta. | 18
Me tomo un segundo para contestar y cuando se da cuenta de mi
vacilación, su expresión comienza a decaer. Pero a pesar de que mi
garganta se siente seca me las arreglo para decir—: Por supuesto. —Mi voz
tiembla un poco.
—Está bien. —Dándome una sonrisa pequeña pero poco forzada, él
retrocede en el camino de entrada y sale hacia la carretera, en dirección a
su casa, donde comenzó todo esto. Dónde Micha y yo nos conocimos,
dónde hablamos, jugamos, besamos, tonteamos, y bailamos por primera
vez, dónde nos dijimos que nos amamos.
Dónde Micha y yo comenzamos.
Micha
Dios, ella ha avanzado tanto, a veces ni siquiera puedo creer que es
la misma persona con la que crecí. La Ella que solía conocer habría huido
como del infierno si algo como ese diario se presentara en la puerta, pero
esta Ella lo maneja hermosamente. Incluso a pesar de que la amo sin
importar que —huidora, esposa perfecta, loca o impulsiva—, mi corazón se
enamora más de ella cada día, por la persona que era, la que es, y las
personas que somos cuando estamos juntos como una pareja. Futuros
marido y mujer. Solo le pido a Dios que lleguemos a ese lugar. Muy en el
fondo sé que lo haremos; es solo que me sentiré mucho mejor una vez que
ella diga: “Acepto”.
Mis manos viajan por su cuerpo, sintiendo la perfección de su piel,
su estómago suave, su cuello perfecto, y luego pruebo sus labios cuando
mi lengua explora cada centímetro de su boca. Sabe genial, a labial de
cereza y menta.
Me alejo con una de mis manos presionada en su espalda baja, y la
otra agarrando su muslo que está alrededor de mi cadera. —¿A qué sabes?
—le pregunto mientras sus ojos se abren.
—Uhmm… ¿qué? —Respira aturdida, como si apenas tuviera una
idea de en dónde estamos—. Goma de mascar… creo… ¿por qué?
—Sabes a cereza y menta. —Lamo sus labios con mi lengua y luego
la bajo al suelo—. Sabe bien.
Desata sus botas y las patea lejos mientras se desabotona sus
vaqueros y los baja por sus piernas. Está usando unas bragas de encaje
negro que cubren la mitad de su trasero sexy y paso mi dedo sobre el
pequeño lazo rosa que está cocido al frente de ellos. —No había visto estas
antes —le digo.
—Te lo dije —dice, sin aliento—. Lila me hizo comprar ropa interior
sexy. —Se quita la liga del cabello y mechones de color rojizo se deslizan
fuera de su cola de caballo y caen en sus hombros en ondas, mojados por
la ducha.
Llevo mis manos detrás de ella y desabrocho su sostén, las tiras
cayendo inmediatamente de sus hombros. Sus pechos se liberan y sus
pezones se despiertan ante el aire que los golpea. —Dios, eres hermosa. —
Miro detenidamente sus piernas largas y cuerpo asombroso. | 32
Niega, como siempre hace cuando le hago un cumplido, pero antes
de que pueda protestar, me inclino y succiono uno de sus pechos con mi
boca, callándola.
Su cuello se arquea y su cabeza cae hacia atrás mientras enreda sus
dedos en mi cabello, gimiendo. —Micha… —Se deja llevar cuando masajeo
su pezón con mi lengua mientras mis manos se mueven por sus bragas.
Metiendo un dedo por arriba, las bajo y ella me ayuda, pateándolas
cuando llegan a sus rodillas. Regreso mi boca hacia su pezón mientras
deslizo mis dedos por su muslo desnudo, sin detenerme hasta estar dentro
de ella.
—Oh Dios… —Sus rodillas comienzan a doblarse, su espalda se
presiona contra el borde del mostrador. Muevo mis dedos dentro de ella
mientras mi boca hace un camino entre sus pechos, succionando sus
pezones y trazando círculos con mi lengua. Su mano se desliza por mi
espalda, rasguñando gentilmente líneas en mi piel, y cuando llega a mis
hombros, se agarra con fuerza, aferrándose a mí.
Continúo besando sus pechos y siento en su interior con mis dedos
cuando se acerca al límite, pero eventualmente deseo más. Alejando mi
boca de su pezón y sacando mis dedos, hago un camino de besos hacia
abajo por su estómago y sus manos caen a mis hombros mientras me
pongo de rodillas. Jadea cuando entierro mi cara entre sus muslos y
deslizo mi lengua dentro de ella, mis manos en sus caderas, agarrando su
piel, la saboreo hasta que nos volvemos locos y su cuerpo se aprieta y su
espalda se arquea. Jadea felizmente mientras se aferra al mostrador para
sostenerse.
Para el momento en que vuelve a la realidad, estoy tan duro como
una roca y desesperado por enterrarme profundamente en ella. Un gruñido
escapa de mi boca cuando me levanto, lamiendo mis labios antes de llevar
mi boca a la de ella. Luego, ciegamente nos dirijo hacia la ducha, yendo a
tientas hasta que encuentro la cortina y la jalo. Rompo el beso solo para
entrar en la ducha, y entonces una vez que estamos bajo el agua, voy
directo a besarla de nuevo. El agua caliente baja por nuestros cuerpos,
mojando nuestra piel mientras nuestras manos exploran el uno al otro.
Nos besamos hasta que no podemos respirar, hasta que mi corazón está
golpeando contra mi pecho, hasta que ella está temblando
incontrolablemente, y llevo mis dedos hacia sus caderas, la levanto, y con
un fuerte empujón, me deslizo dentro de ella.
Jadea por aire, enrollando sus brazos alrededor de mi cuello y
envolviendo sus piernas alrededor de mi cintura, así está totalmente
abierta para mí. Salgo ligeramente y luego me vuelvo a hundir con una
mano apoyada contra la pared de la ducha. Con cada movimiento de mis
caderas, ella se aferra con más fuerza a mí, arqueando su espalda, y
presionando sus pechos contra el mío.
| 33
—Te amo —susurra contra mis labios, cerrando los ojos, en tanto
nuestros cuerpos se mueven rítmicamente.
—También te amo —le digo, aferrándome a ella mientras los dos nos
corremos juntos.
4
Traducido por evanescita & Mae | 34
Corregido por Getze Dom
Ella
He abierto la caja de Pandora y no hay vuelta atrás. Después de salir
de la ducha, empecé a trabajar en mi portafolio un poco más, pero me
sentí frustrada cuando no pude lograr que fluya la espontaneidad creativa,
así que me decidí a leer el diario de mi madre y ahora parece que no puedo
parar. Hemos estado en casa de Micha solo un día y voy a la mitad de la
maldita cosa; la casa está demasiado vacía y silenciosa para distraerme de
leer hasta la última palabra que escribió mi madre.
Micha descubrió esta mañana que su mamá estaba con Thomas y
ahora está trabajando el turno de noche en el restaurante por lo que no
estará en casa hasta mañana temprano, y Micha y yo decidimos que
hablaríamos con ella cuando llegara a casa. Ethan y Micha se fueron hace
un par de horas a la tienda de comestibles para abastecer los gabinetes
que no estaban lo suficientemente llenos como para alimentar a sus
“estómagos masculinos hambrientos”. Sus palabras, no las mías. Y Lila
está tomando una ducha.
Estoy sentada en el comedor de la cocina, vistiendo una camiseta de
Micha y un par de vaqueros. Hace frío, debido a que la madre de Micha
siempre deja la calefacción baja para ahorrar dinero. No obstante es parte
de la vida en Star Grove, ya que la mitad del pueblo está en la pobreza
debido al cierre de la planta hace mucho tiempo. Lo hacíamos en mi casa,
también; a veces apagaba la calefacción intencionalmente y a veces sin
querer, cuando me olvidaba de pagar la cuenta o no había suficiente
dinero para pagarla.
Tengo una taza de café frente a mí, junto con el diario. Las diez
primeras páginas son bastante normales, habla del baile de graduación y
su amor por el arte, aunque sus palabras son un poco tristes. Ni siquiera
sabía que le gustaba dibujar, pero por los pocos dibujos en la caja, puedo
apreciar que tenía talento. Es agradable leer sobre ella así, pero entonces
las cosas empiezan a tornarse oscuras y los sentimientos entusiasmados y
cálidos, que tuve al conocer ese lado artístico de mi mamá, cambian a
escalofríos, especialmente cuando llego a la parte de mi papá. Al principio
parecía emocionada de estar saliendo con él. Muy, muy emocionada hasta
el punto en que casi parecía fascinada. Pero luego, la emoción fue
rápidamente cuesta abajo, recordándome a todos esos momentos en los
que ella parecía estar bien y de repente, ya no.
Esto fue escrito cuando tenía dieciocho años, justo antes de que se
casara con mi papá. Estaba embarazada de mi hermano mayor, Dean, algo
que no sabía. Sus pensamientos son aterradores, sobre todo desde que he
estado recientemente pensando en mi futuro, donde los niños entran en la
mezcla. Pero no lo entiendo. Mi padre me dijo una vez que ella solía estar
feliz al principio, pero si ese fuera el caso, entonces, ¿de qué época
hablaba? ¿Cuándo fue ese comienzo? Según la fecha del diario lo había
conocido solo por seis meses y ya parecía estar cayendo en el oscuro
agujero de la desesperación con el que estoy tan familiarizada, no importa
lo que haga o cuánto trate de cambiar mi vida. Al final, tengo depresión.
Siempre estará conmigo, entre Micha y yo. He sabido esto por un tiempo y,
sin embargo, sigo adelante con él, cruzando siempre los dedos para que
nunca se arrepienta.
Pero ¿y si se arrepiente?
Saco un dibujo que está doblado en la parte trasera del diario junto
con una foto de mi madre en una cama con la barbilla en las rodillas y su
pelo cayendo sobre sus ojos verdes que se ven exactamente como los míos.
Sonríe, pero hay algo raro en la foto, como si estuviera obligándose a verse
feliz, o tal vez solo así es como se veía cuando era feliz. Era difícil saberlo a
veces porque la mayoría del tiempo cuando me comunicaba con ella,
parecía perdida. No se ve perdida aquí, aunque no se ve como alguien que
sabe lo que quiere. Me pregunto si así es como me veo.
El dibujo es de un florero con una sola rosa en su interior y los
pétalos están agrietados y marchitos, acumulándose alrededor del fondo.
El mirarlo me lastima el corazón, porque como artista, puedo adivinar en
dónde se encontraban sus pensamientos cuando lo dibujó, porque he
estado en ese lugar.
—Oh, Dios mío, Ella, no hiciste una bola de tu vestido de novia y lo | 36
metiste en una bolsa de lona —resopla Lila mientras entra pisoteando a la
cocina con un montón de tela desbordada y una revista enrollada. Lleva
unos vaqueros rasgados y una camiseta rosa claro, su pelo rubio y negro
luce húmedo—. En serio, ¿por qué harías eso?
—Lo siento. —Rápidamente cierro el diario, lamentando haberlo
abierto. Tal vez no estaba lista para leerlo. Tal vez debería dejar atrás el
pasado. Había estado tan bien e incluso he dejado de medicarme. Pero
quiero entenderla—. Ni siquiera lo pensé cuando lo puse ahí.
Lila suelta la parte baja del vestido, pero se detiene en la parte
superior, examinando la tela.
—Está todo arrugado. —Frunce la nariz hacia la parte delantera del
vestido mientras juega con una de las rosas negras que lleva—. Vamos a
tener que colgarlo en el baño para que el vapor quite las arrugas.
—El baño debe de estar lleno de mucho vapor por tu ducha. —Llevo
el borde de la taza hacia mi boca—. Así que podrías colgarlo ahora.
—Sí, ya estaba empañado por su ducha. —Rueda los ojos y luego se
ríe con irritación—. Ustedes dos y sus duchas... No lo entiendo.
—Pues deberías —digo, sin poder contenerme de sonreír al pensar
en Micha, en el ataque de sus manos y lengua. Los pensamientos oscuros
del diario arremetiendo en mi cabeza se esfuman como el vapor que sale de
la taza, aunque estoy bastante segura de que regresarán si continúo
leyendo—. Te lo estás perdiendo.
Extiende el vestido en el respaldar de la silla y se sienta en la mesa
frente a mí. —Entonces tal vez tendré que probarlo con Ethan.
La tranquilidad se instala entre nosotras cuando abre la revista que
tenía y me doy cuenta que es una de bodas. Hemos sido amigas durante
casi dos años y medio, y a veces aún se siente como si casi no nos
conociéramos. Tal vez sea debido a mi falta de poder hablar sobre las
cosas importantes o porque al parecer a las dos nos gusta cargar con
nuestros secretos.
—Entonces, Ethan y tú… —empiezo, dejando la taza sobre la mesa—
. ¿Cómo va eso?
Se encoge de hombros, reprimiendo una sonrisa mientras voltea una
página de la revista. —Bien, supongo.
—¿Lo amas? —Hago una cara burlona de desmayo. Nunca tuve una
amiga al crecer. En su lugar siempre, estuve rodeada por Micha y sus
amigos o mi hermano y sus amigos, así que a veces actuar de forma
femenina es raro.
Lila baja su mano sobre la mesa y luego cruza los brazos. —Creo que
sí. | 37
—¿Crees? —pregunto—. ¿O lo sabes? Porque he oído que ambos lo
saben.
Sus cejas se elevan. —¿Acaso Ethan le contó a Micha que nos
dijimos que nos amamos?
Asiento y tomo otro sorbo de mi café. —Ellos, a veces, ya sabes, se
cuentan sus secretos como un par de chicas.
—Bueno, son amigos —dice—, deberían contarse esas cosas. —
Asiento y me pregunto si debo decirle sobre mi miedo de escribir y decir
mis votos, ya que no puedo hablarlo con Micha. Podría ayudarme a
entender las cosas. Tal vez. Aunque no creo que sea de ayuda con el temor
a casarme, lo que podría ser la razón detrás del porqué no puedo escribir
mis votos. Sin embargo, antes de que pueda decir algo, se levanta de su
silla con una gran sonrisa en el rostro—. Casi lo olvido. Te traje un regalo.
—¿Por qué? —Mi expresión cae. Nadie nunca me ha dado regalos a
excepción de Micha y no soy muy fan de acceder a ellos.
—Para tu boda, tonta. —Rueda los ojos como si estuviera siendo
absurda y luego camina de nuevo hacia la habitación de invitados. Unos
minutos más tarde, regresa con una gran bolsa de color rosa de regalo en
la mano—. Aquí tienes, futura novia —canturrea y luego me la da—. Te lo
iba a dar ayer, pero... bueno, ya sabes. Pasaron cosas.
—Sí, lo sé. —Pongo la bolsa sobre la mesa—. Mi pánico no fue
debido a que iba a casarme. Lo prometo.
Se deja caer en la silla y apoya su codo sobre la mesa. —¿Por qué
fue?
—Otras cosas. —Estoy indecisa y cuando me presiona con la
mirada, decido dejarla entrar un poco en mi vida, especialmente desde que
supe recientemente que sus padres tampoco han sido los mejores para
ella—. Me preocupan las cosas en el futuro.
Se desploma en la silla. —Bueno, eso es normal, Ella. Todo el mundo
se preocupa por su futuro, sobre todo cuando están a punto de casarse y
comenzando un futuro con alguien más.
—Sí, supongo que tienes razón. Debería tratar de relajarme. —Pero
incluso cuando lo digo, no parece posible. Relajarme. Claro, es fácil
cuando estoy en los brazos de Micha o cuando está dentro de mí, ya que
todo lo demás a mi alrededor (la vida) se siente inexistente. Pero sola sin
su cercanía estoy muy consciente de las cosas que están dentro de mí, los
pensamientos oscuros que podrían abrumarme con tristeza en cualquier
momento… tanto que podría perderme.
Nos sentamos en silencio mientras los esponjosos copos de nieve se
derriten contra las ventanas y dejan rastros de líneas delgadas de agua | 38
sobre el vidrio.
Finalmente, Lila se sienta e intenta verse más feliz. —Bueno, ya es
suficiente, basta de tristeza. Tienes que abrir mi regalo.
Miro cautelosamente la bolsa de regalo y luego la abro. Hay papel
decorativo en el interior y una caja sellada con un lazo. La coloco sobre la
mesa, luego desato el lazo y levanto la tapa. Lo primero que se me cruza es
una liga azul con adornos de encaje blanco. Lo saco y lo pongo alrededor
de mi muñeca.
—Sabes que no va allí, ¿verdad? —se burla Lila, sentada en la silla—
. Y es tu objeto azul.
—Muy tradicional viniendo de ti —le digo en broma y Lila sonríe
mientras agarro el siguiente artículo: una pulsera de plata con un dije de
corazón.
—Y eso es algo prestado —me informa—. Tienes que devolvérmelo
después de la boda.
—Es bonito —le digo, a pesar de que en realidad no es mi estilo. Pero
lo aprecio, por su esfuerzo—. Pero ¿pensé que el vestido era mi objeto
prestado?
Deja la revista a un lado y cruza los brazos sobre la mesa. —No,
puedes quedarte con el vestido y considerarlo como tu objeto viejo. De
todos modos no tiene nada más que recuerdos dolorosos para mí.
—¿Segura? —le pregunto.
—Segura —afirma y señala a la caja—. Mira el siguiente artículo.
Puede ser lo nuevo.
Dirijo mi atención a la caja y saco una caja mucho más pequeña de
su interior. Dentro, hay una pequeña tela de encaje rojo, que saco y
sostengo. —Jesús, esto es obsceno —digo moviendo mis dedos a través de
lo que parecen ser orificios para pezones.
Se ríe. —Obsceno pero divertido.
Suspiro, metiendo la mano en la caja y saco un tanga de lentejuelas.
—¿Esta es la parte de abajo o algo así?
—Es lo que quieras que sea, supongo —dice con humor en su voz—,
incluso podría ser para Micha.
Resoplo una risa y suelto la correa sobre la tela de encaje. —Esto es
como un kit de sexo, ¿no es así?
Se encoge de hombros, examinando sus uñas. —Entré en una tienda
de lencería muy cuestionable con juguetes sexuales y le dije al
recepcionista que me seleccionara los mejores regalos para unos recién
casados. | 39
Quito la liga de mi muñeca y la añado a la pila con el tanga.
—¿Así que no tienes idea de lo que hay aquí?
—Ni una pista a excepción de la liga y el brazalete, añadí esos yo
misma. Pero me muero por saber.
—Bien, ahora estoy muy intrigada. —Meto la mano y quito el
siguiente elemento, un plumero con un mango muy largo—. ¿Qué es esto?
—Paso mis dedos a lo largo de las plumas y luego tiemblo—. Hace
cosquillas.
Se ríe, haciendo girar un mechón de su pelo corto alrededor del
dedo. —Creo que ese es el punto —dice y extiendo mi brazo sobre la mesa
y hago cosquillas a su cara con él—. Oye, ¿qué demonios? —Se ríe
mientras lo aparto—. Eso no es para mí y estoy bastante segura de que no
se supone que hagas cosquillas en la cara.
—Podría ser para ti. Ethan y tú podrían usarlo. —Dejo el plumero en
la parte superior de la pila y trato de alcanzar el último elemento, que está
en otra caja, una larga y estrecha.
—¿De verdad quieres ir ahí? —cuestiona—. En donde hablamos de
nuestra vida sexual.
Me encojo de hombros mientras abro la tapa de la caja blanca más
pequeña, y luego la hago a un lado y se caen las baterías. —Solías decirme
todo el tiempo acerca de los chicos con los que salías. —Recojo las
baterías, arrugando la frente.
Su expresión se desploma y de repente se vuelve incómoda. —Sí,
pero no estoy saliendo con un chico cualquiera. Salgo con Ethan y en el
pasado, ustedes dos no siempre parecían ser mejores amigos. —Me
arrebata las baterías con curiosidad en su expresión y una mirada rara
cruza su rostro.
—Sí, hemos estado mejor, excepto últimamente, y además, sin
importar si Ethan y yo nos llevamos bien, puedes hablar de esas cosas
conmigo —le digo mientras meto la mano en la caja estrecha—. Es solo
que no quiero oír todos los detalles... —Mi voz se desvanece mientras saco
el artículo dentro de él—. Por el amor de Dios, Lila. Quiero decir, sabía que
esto era un kit de sexo, pero ¿en serio?
El rostro de Lila se vuelve rojo brillante cuando empieza a reírse,
encorvando los hombros hacia adelante. —Me preguntaba de si eso era lo
que estaba allí cuando se cayeron las baterías.
Me muerdo el labio para no reír mientras sostengo un vibrador de
color rosa con una parte frontal rara pegada a él. Pero Lila continúa riendo
en tanto extiende el brazo sobre la mesa y quita el vibrador de mi mano. | 40
Luego coloca las baterías dentro de la parte inferior, tuerce una
protuberancia, y comienza a vibrar. La risa se escapa de nuestros labios
mientras lo deja caer sobre la mesa y comienza a temblar.
—Imagínate lo bien que se siente —dice, en tanto las lágrimas se
deslizan a través de sus ojos y todo su cuerpo tiembla de risa.
Sin dejar de reír, pregunto—: ¿Era un chico o una chica el que
guardó esto?
—Un hombre —dice ella, empujando el vibrador con el dedo para
evitar que caiga de la mesa—. Un completo rarito... —Deja de hablar al
abrirse la puerta de atrás. Copos de nieve entran en ráfagas cuando entran
Micha y Ethan, trayendo nieve y llevando un par de bolsas de plástico de
supermercado.
Micha le da una mirada al vibrador, el montón de encaje, tela de
lentejuelas, el plumero, y las bolsas de inmediato caen de sus manos
mientras estalla en carcajadas.
—¿Qué demonios nos perdimos? —Se agarra a la encimera para
apoyarse cuando dobla las rodillas.
Ethan se encuentra en la puerta de atrás, viéndose perdido, como si
no se pudiera averiguar qué diablos estábamos haciendo.
Lila dobla sus dedos mientras se reclina en la silla. —Estábamos
jugando.
—¿Qué clase de juego? —pregunta Ethan y la confusión se sustituye
por una mirada malvada—. Ver quién podía metérselo más por su…
Lila lo interrumpe cuando agarra el vibrador y lo tira al otro lado del
cuarto. Pasa junto a su cabeza y golpea la puerta, todavía vibrando. —No
termines esa frase, Ethan Gregory.
Todos nos quedamos brevemente en un silencio incómodo y luego
todo el mundo ríe a carcajadas. Seguimos riendo hasta que Micha toma el
vibrador y lo apaga. El zumbido se detiene y lo pone sobre la mesa delante
de mí, guiñándome un ojo mientras retrocede hasta donde dejó los
comestibles.
—Pensábamos en dar una fiesta —anuncia mientras apila las bolsas
en el mostrador de la cocina.
Hago una cara mientras pongo el vibrador, la ropa interior y el
plumero en la bolsa. —¿En serio?
Saca una caja de cereales de la bolsa. —Será como una despedida de
soltera/soltero.
—¿No se supone que sean separadas? —pregunto, empujando la
bolsa a un lado. | 41
—Y con strippers —añade Lila, y Ethan le da una mirada extraña
mientras se quita su chaqueta y la cuelga cerca a la puerta de atrás.
—Sí, podríamos hacer eso, pero prefiero tener una fiesta contigo —
dice Micha—. Y siempre puedes desnudarte para mí más tarde, al
acabarse. Eso es mucho mejor en mi opinión.
—Demasiada información —dice Ethan con un suspiro de
frustración mientras coloca las bolsas que llevaba en la encimera. Micha le
rueda los ojos y luego se vuelve hacia mí.
—Entonces, ¿te apuntas?
—¿Para una fiesta? —pregunto—. Supongo.
—¿Supones? —cuestiona, mientras coloca la caja de cereales en el
armario—. No tenemos que hacerlo si no quieres.
—Está bien. Una fiesta suena bien. —Me levanto de la silla y
atravieso la cocina hacia él. Cruzo caminos con Ethan mientras se dirige a
Lila. Le susurra algo al oído, luego los dos van hacia el cuarto de
huéspedes, en tanto Ethan murmura que volverán pronto. Empiezo a
ayudar Micha a desempaquetar los alimentos, poniendo latas de alimentos
en la alacena—. ¿A quién planeas invitar a tu fiesta? —pregunto.
Se encoge de hombros mientras abre la nevera para meter un galón
de leche. —Solo las personas con las que solía pasar el rato. Las que aún
viven por aquí de todos modos.
Cierro el armario y me apoyo en la encimera. —¿Probablemente, casi
todo el mundo? —murmuro y luego suspiro internamente—. ¿Vas a tocar
en esta fiesta?
Patea la puerta de la nevera para cerrarla y vuelve a las bolsas.
—¿Quieres que toque en esta fiesta?
Miro hacia el suelo. —Si quieres. —Hace una pausa y continúo
mirando el suelo de linóleo hasta que sus botas aparecen en mi línea de
visión, y entonces reclino mi barbilla para encontrar sus ojos—. ¿Qué? —
pregunto cuando me da una mirada sospechosa.
—¿Qué quieres decir con qué? —Se posiciona delante de mí; la
chaqueta sigue salpicada de manchas de humedad de la nieve que caía
fuera—. Esto te molesta y quiero saber por qué.
—No me molesta —empiezo a protestar, pero me detiene con una
mirada de advertencia—. Es solo que esta será la primera fiesta en la que
estaremos como pareja.
—¿Y?
—Y por lo que sé, mucha de la gente que viene a estas fiestas...
mujeres... —Busco las palabras adecuadas que no me hagan sonar como | 42
una imbécil celosa, pero no hay ninguna, así que simplemente decido ser
franca—. A las que follaste.
Él hace una mueca, pero rápidamente se compone. —Lo sé, pero eso
está en el pasado. Lo que importa es que te voy a follar al final de la noche,
una y otra vez. De hecho, voy a follarte todas las noches durante el resto
de tu vida. —Me da una sonrisa coqueta y golpeo su pecho con la mano—.
¿Qué? —dice con inocencia, atrapando mi mano contra su pecho—.
¿Prefieres que diga “hacerte el amor”? —Pasa el pulgar por el anillo en mi
dedo—. Debido a que podemos hacer eso, también. —Con un movimiento
rápido, desliza la mano por mi costilla, agarra mi cadera y me gira.
Empujando mi espalda baja, se presiona contra mí, mientras agarro el
mostrador para apoyarme—. Eso depende de ti. —Su aliento acaricia mi
oreja antes de que arrastre su boca para morder mi lóbulo. Me estremezco
y su pecho choca contra mi espalda mientras se ríe—. Por supuesto, si
hacemos el amor, entonces el vibrador no será de mucha utilidad —dice.
—Es un regalo de Lila.
—Parece divertido. —Su voz sale ronca.
—¿Divertido para mí o para ti? —bromeo.
Su pelo cosquillea la parte trasera de mi cuello mientras inclina la
cabeza contra mí, inhalando una respiración lenta. —Sigue así, niña
bonita, y vas a conseguirlo.
—Tal vez eso es lo que estoy buscando. —Me muerdo el labio con
anticipación, esperando que reaccione.
Se sale del ritmo y lo siento girar sus caderas. —Juro por Dios, serás
mi muerte. —Sus labios tocan mi nuca, ligeramente, y luego frota sus
caderas contra mí, antes de alejarse, me doy la vuelta y regresamos a
colocar los comestibles.
Lo noto ver el diario cerrado sobre la mesa un par de veces, pero no
dice nada al respecto. Finalmente, decido responder la pregunta que sé
que quiere hacer, pero no la hará porque sabe que es mejor para mí no
tocar el tema.
—He leído algo —admito mientras me paro de puntillas para poner
una lata de frijoles en el estante superior.
—¿Y cómo fue? —pregunta casualmente mientras hurga en la última
bolsa de comida.
Salto sobre la encimera, dejando que mis piernas cuelguen por el
borde. —Intenso.
—¿Cómo es eso?
| 43
Me encojo de hombros. —Sus pensamientos eran oscuros y me
enteré de que estaba embarazada de Dean cuando decidió casarse con mi
padre.
Se posiciona delante de mí, y me insta a abrir las piernas para
meterse entre ellas. —¿En serio?
Asiento, apretando las rodillas contra su costado. —Y ella tenía
miedo.
—¿De ser mamá? —Sus manos se sujetan sobre mis muslos.
—Y de tener un futuro. —Las lágrimas pican en mis ojos. Las
palabras golpean un nervio. Un nervio dolorido, enterrado hondamente
dentro de mi corazón. Me masajeo con la mano mi pecho, tratando de
quitar el dolor aplastante. Sintiendo mi pánico, Micha rápidamente pasa
sus brazos alrededor de mí. Al segundo que estoy en sus brazos, me siento
mejor, más ligera. Me abraza mientras respiro. Respira. Respira. Respira.
Entierro la cara en su pecho y él soporta mi peso como siempre lo hace.
Siempre—. ¿Seguro de que quieres esto para el resto de tu vida? —
murmuro contra su pecho.
—Más que nada, Ella May. —Besa la cima de mi cabeza—. Lo he
sabido que desde el día que nos conocimos.
Las lágrimas ceden cuando miro hacia él. —¿Has sabido que querías
que la chica loca de al lado fuera tu esposa desde que tenías cuatro?
Asiente, sosteniendo mi mirada. —Tal vez no como esposa, pero
supe desde el momento en que te vi que te quería en mi vida para siempre.
Las lágrimas vuelven, esta vez no por el pánico, sino por la gran
abundancia de emociones que siento por él. Maldita sea, es tan intenso.
Demasiado. Sentimientos construidos durante años y años de historia,
empezando por el momento en que nos conocimos.
—Siempre estuviste ahí para mí —le digo—. No importa el dolor en el
culo que eras.
Sonríe. —Y a pesar de que nunca lo admitas, estabas allí para mí,
también, cada vez que te necesitaba.
Quiero estar en desacuerdo, pero no lo hago porque arruinaría el
momento. —Solo tú y yo contra el mundo —susurro mientras las lágrimas
gotean de mis ojos y caen por mis mejillas.
Coloca un dedo debajo de mi barbilla, reclina mi cabeza, y se inclina
para besarme. —Por y para siempre.
| 44
5
Traducido por evanescita | 45
Corregido por NnancyC
Micha
Cuatro años de edad...
Me encanta pasar tiempo con mi papá, sobre todo cuando trabaja en
automóviles porque es el único momento en el que me habla y hace cosas
conmigo. Mientras trabaja en el Challenger, juego con mi autito de
juguete, lo manejo muy rápido hacia atrás y adelante a través del
parachoques del Challenger.
—Micha, ¿puedes alcanzarme esa llave? —dice mi papá con la
cabeza metida debajo del capó. Es un coche muy viejo en el que trabaja,
pero parece que le está llevando una eternidad. No sé por qué no lo
conduce simplemente de la manera en la que se encuentra ahora. Creo
que se ve muy divertido con los laterales de diferentes colores.
Salto del parachoques y busco en su caja de herramientas en la
parte de atrás hasta encontrar la llave y después camino hacia el frente y
se la entrego a papá.
—Gracias —murmura y vuelve a trabajar en el motor.
Tomo una caja de jugo de la nevera portátil, recostándome contra el
guardabarros, y me quedo mirando la casa de los vecinos de al lado. Se
parece mucho a la mía, pero hay un montón de basura y piezas de auto
por todas partes; parece que nadie limpia.
Estoy a punto de regresar a la cajuela cuando se abre la puerta y la
niña que vive al lado sale al exterior. Se ve como si fuera a llorar, pero luce
así siempre que la veo. Tiene el pelo del mismo color que nuestro buzón
rojo y cada vez que le hablo, sus ojos me recuerdan a las hojas de los
árboles. Su nombre es Ella y siempre tiene lágrimas en los ojos. No estoy
seguro de si es debido a que su mamá le grita todo el tiempo o debido a
que la hace botar la basura todos los días. Sea lo que sea, siempre parece
que va a estallar en llanto. Le pregunté a mi papá una vez por qué los
vecinos siempre estaban gritando y me dijo que era porque son una familia
arruinada.
Agarro otra caja de jugo de la nevera y la saludo con la mano a
medida que salgo de la cochera. No me devuelve el saludo, pero en general
es tímida al principio, como si pensara que soy el viejo de la bolsa o algo
así. Con la cabeza gacha, se limpia las lágrimas de sus ojos y baja por las | 46
escaleras. No lleva zapatos y el concreto tiene que estar caliente bajo sus
pies.
—Hola, Ella —digo de nuevo, caminando hasta la cerca entre
nuestras casas.
Está de pie en la esquina de la suya con los brazos cruzados,
mirando al suelo. Apenas habla y la mitad del tiempo, incluso cuando
habla, mira hacia abajo a sus pies, al suelo o a los árboles.
Oigo a su madre gritando en la casa, diciéndole que tiene que ir a
lavar los platos. Mi mamá dice que soy demasiado pequeño para ayudar a
lavarlos, a pesar de que mi papá cree que debería estar ayudando más.
Ella sigue secándose los ojos con la mano mientras su mamá le grita
desde adentro de la casa y me pregunto si se está escondiendo de su
mamá. Por último, los gritos se detienen y Ella se atreve a mirarme.
Mantengo en alto una de las cajas de jugo, ofreciéndosela, con la
esperanza de que vendrá a mi casa por primera vez. —¿Quieres uno?
Me mira por un rato largo y después camina lentamente hacia mí.
Hace una pausa en la hierba, luciendo como si estuviera asustada de
acercarse, así que extiendo un brazo por encima de la valla. Se queda
mirando la caja de jugo, luego corre y la agarra.
—Gracias, Micha —dice en voz baja, dando un paso atrás en tanto
mete la pajita en la caja de jugo.
—De nada —le digo, cuando comienza a sorber por la pajita.
Me siento mal por ella. No creo que sus padres la cuiden ya que
siempre tiene sed y hambre cada vez que le ofrezco unas galletitas. He
tratado de conseguir que venga a jugar un par de veces, pero siempre
contesta que no puede.
—Micha, ven aquí —grita mi papá en voz alta desde la cochera y
suena muy molesto—. Necesito tu ayuda.
Ella retrocede al instante, con los ojos abiertos como platos.
—Adiós, Micha.
—Deberías venir —grito y sostengo mi autito de juguete a través del
agujero en la cerca—. Este es mi favorito, pero dejaré que juegues con él.
Le echa un vistazo al autito y luego hacia atrás a su casa. —Creo
que mi mamá podría enojarse conmigo si lo hago.
—Puedes venir solo un ratito —le sugiero—. Entonces, cuando tu
mamá salga a buscarte, puedes trepar por encima de la cerca otra vez.
Además es muy divertido ver a mi papá trabajar en su auto.
Mira de un lado a otro entre la casa y el autito en mi mano, y | 47
finalmente, se apresura hacia su casa. Creo que va a entrar, pero en lugar
de eso agarra una caja de plástico que se parece a la cosa donde guardo
todos mis autos de juguete. La arrastra hasta la cerca y se sube. Toma un
trago de su jugo, luego me lo da y doy un paso hacia atrás mientras trepa
por encima de la cerca. Cae de rodillas y se hace un pequeño corte en una
de ellas.
—¿Estás bien? —le pregunto.
Asiente, como si no le doliera en absoluto mientras se limpia la
suciedad y se levanta de nuevo. Me quita la caja de jugo y el autito de
juguete, y sonrío mientras camino de regreso a la cochera con ella, feliz de
que por fin logré que trepara por encima de la cerca.
Ella
Seis años de edad...
Me gusta mucho mi vecino de al lado, Micha. Al principio él era un | 48
poco aterrador porque era muy agradable y nadie había sido así de
agradable conmigo. Pero ahora no es tan aterrador. Siempre comparte su
jugo y galletas conmigo en la escuela, y cuando Davey Straford tiró de mi
cabello, diciéndome que era asquerosa porque tenía agujeros en mi ropa,
Micha lo empujó y le dijo que olía a huevos podridos.
El profesor se enojó con él y luego, su padre también, cuando
llegamos a casa de la escuela. Durante tres días no pudo jugar conmigo
porque sus padres le dijeron que estaba castigado, pero ya han pasado
tres días y ahora puedo ir otra vez.
Es un día bastante caluroso, así que agarro dos paletas de helado
del congelador antes de dirigirme hacia ahí. Mis zapatos tienen agujeros en
las suelas otra vez, así que ni siquiera me molesto en ponérmelos. Mi
mamá me grita que saque la basura cuando salgo, por lo que tengo que
regresar y sacarla del cubo. Siempre me está gritando que saque la basura
y lave los platos. Eso me pone muy triste a veces, porque me canso, pero
mi papá dice que se encuentra enferma y que mi hermano y yo tenemos
que ser amables con ella y ayudarla ya que él tiene que salir de noche a
“despejar su mente y tomar un descanso”.
La bolsa de basura pesa mucho y deja cierto asqueroso material
viscoso en el suelo de la cocina cuando la arrastro hacia fuera, la deslizo
por los escalones y la arrojo en el gran bote de basura. Pongo la tapa y
bajo de un salto a la acera, luego subo por encima de la valla.
Los aspersores están encendidos y el césped se encuentra todo
mojado y con un poquito de barro, pero de todas formas chapoteo al
caminar, haciendo que el dobladillo de mis vaqueros se mojen y un poco
de barro queda atrapado entre los dedos de mis pies. Salto hasta la acera,
dejando huellas en el concreto hasta la puerta lateral de la casa de Micha
Estoy a punto de golpear la puerta cuando oigo a alguien llorando
dentro de la cochera. La puerta se halla abierta y el Challenger del papá de
Micha no está; siempre ha estado estacionado allí, así que es raro. El papá
de Micha siempre está trabajando y renegando allí. Cuando entro a la
cochera, encuentro a Micha sentado donde solía estar estacionado el auto,
de espaldas a mí. Suena como si él estuviera sollozando, lo que no tiene
ningún sentido. Por lo general, soy yo la que llora y Micha es el que sonríe.
—Micha —le digo, y el llanto se detiene.
—No puedo jugar hoy, Ella —dice en voz bajita y parece que intenta
limpiarse las lágrimas.
Camino delante de él, pero no alza la mirada, así que me siento en el
piso. Mete los brazos en su regazo y solo puedo ver la cima de su cabeza,
porque está mirando hacia abajo al suelo.
—Micha, ¿qué pasó? —le pregunto, con las paletas de helado en mi | 49
mano.
Sacude la cabeza y luego sus hombros comienzan a temblar cuando
se pone a llorar de nuevo. —Mi papá tomó el auto y se fue.
—Estoy segura de que volverá pronto —le digo, sin entender por qué
eso le hace llorar. Mi papá se va en su auto todo el tiempo.
Sacude la cabeza y me mira. Los ojos de Micha son de un color azul
muy bonito que vi en unas cuentas que una vez utilicé para hacer una
pulsera en la escuela. Sus ojos están muy grandes y brillantes en estos
momentos como las cuentas y se ve tan triste. Como que me hace sentir
ganas de llorar, también.
—No va a volver —me dice y lágrimas ruedan por sus mejillas y caen
al suelo—. Nunca. Mi mamá dijo que huyó y que nunca volverá a casa.
No sé qué decirle. Mi papá huyó una vez también, al menos eso es lo
que me contó mi mamá, pero luego volvió a casa esa noche y mi mamá dijo
que debe haber sido porque no pudo encontrar ningún lugar a donde ir.
Pero a veces me cuenta historias que no creo que sean verdaderas.
Me deslizo más cerca de Micha, sin saber qué decirle, así que en su
lugar, le extiendo una paleta de helado. Sigue llorando mientras la mira y
finalmente la toma de mi mano. Le saca el envoltorio y hago lo mismo,
luego me siento allí con él mientras llora porque siempre me hace sentir
mejor cuando se sienta conmigo en las ocasiones que estoy triste. Al final
sus lágrimas se detienen, mucho después de que las paletas se hayan
derretido en nuestros estómagos y Micha por fin se levanta y se frota los
ojos con el dorso de su mano. Me pongo de pie, también, y pienso en algo
que decir.
—¿Quieres hacer algo? —le pregunto.
Me mira, todavía triste, pero asiente. —Sí, ¿qué quieres hacer?
Sonrío y tomo su mano. —Cualquier cosa que quieras —le digo.
Siempre hace cosas por mí, pero hoy se trata de hacerlo feliz a él.
Piensa en algo y entonces aparece la más mínima chispa en sus ojos.
—¿Qué tal si jugamos a las escondidas?
Asiento y jugamos hasta que el sol se pone, convirtiendo un día
triste en uno mejor porque estamos juntos.
6
Traducido por Issel | 50
Corregido ♫ MoniQue ♫
Micha
Más tarde ese día, toco con mi mano en la entrada mientras entro a
mi habitación. Ella está acostada en la cama boca abajo con el diario
abierto frente a ella y en verdad deseo que deje de leer esa cosa. Tanto
como sé que es bueno que tenga algo que perteneció a su mamá, puedo
ver en sus ojos que lo que hay allí la hace sentir mal. No ha tomado su
medicación por un tiempo y no ha hablado con un terapeuta en varios
meses, al menos que yo sepa. Ha estado bien y quiero que continúe así,
pero tampoco quiero ser el idiota que le diga que deje de leer el diario de su
madre muerta.
Así que mantengo mi boca cerrada y en vez de eso la observo. Es
hermosa, con su cabello castaño rojizo atrapado detrás de su cabeza, los
rizos ondulados enmarcan su cara, y lleva puesto un vestido negro y rojo
que se abraza a su cuerpo y tacones negros en sus pies.
—Dios, eres tan sexy —digo, ajustándome a mí mismo, mientras
trata de superarme la urgencia de cerrar la puerta y tomarla desde atrás.
Pero las personas han comenzado a llegar a la casa para la fiesta, así que
me controlo.
Ethan los está dejando pasar a todos pero no estaba muy feliz con
respecto a la fiesta, aunque no tengo ni idea de por qué, porque solía
disfrutarlas cuando éramos más jóvenes. Era lo nuestro y era probable que
en ese entonces fueran más las que hicimos en mi casa que a las que
íbamos, ya que a mi madre nunca le importaba, siempre y cuando
limpiáramos después. Tuve que reírme de Ethan cuando estábamos
conduciendo y hablando sobre lo que ha estado sucediendo en nuestras
vidas en los últimos seis meses. Supongo que cuando él y Lila regresen a
las Vegas, van a empacar sus cosas y a irse de viaje para tratar de vivir su
sueño de ser un hombre de la montaña. Es extraño porque Lila no parece
de ese tipo, al menos cuando la conocí, pero ahora se ve diferente. Luce
menos estirada y odio decir que, en un primer momento, pensé que era
una chica rica malcriada. Pero no lo es. En realidad, es bastante
agradable.
Ella alza la vista a través de sus largas pestañas, y su mirada pasa
sobre mis vaqueros negros, mi cinturón, y mi camiseta de Pink Floyd,
luego se muerde el labio. —También luces bien. —Cierra el diario y se
sienta—. ¿Tratas de impresionar a alguien en particular?
Ruedo los ojos y pateo una camiseta del camino mientras entro en la
habitación. —Solo a ti. | 51
—Sí, puede que lo sepa. —Baja la mirada a su mano mientras
flexiona los dedos en frente de ella para que brillen los diamantes y la
piedra negra de su anillo de compromiso—. Pero a diferencia de mí, no
tienes un anillo en tu dedo para marcarte como comprometido.
—Siempre podrías darme mi anillo —le digo—. Lo usaré.
Sacude la cabeza, se levanta de la cama y tira de la parte de abajo de
su vestido, un vestido que luce mucho más corto ahora que está de pie. —
De ningún modo. No vas a ver eso hasta el día de la boda. —Se detiene,
poniendo las manos en sus caderas—. No importa de cualquier manera, si
alguna de las chicas coquetea contigo, voy a patearles el trasero.
—Esa es mi chica feroz. —Le doy un beso profundo y luego elevo un
dedo cuando se me ocurre una idea—. Ya sé. —Retrocedo hacia la
puerta—. Sal y comienza a divertirte y yo me encargaré del problema del
anillo.
Luce perpleja pero me sigue fuera de la habitación. Se une a un
grupito reunido en la sala mientras yo me encamino hacia la puerta. Me
coloco mi chaqueta y salgo al pórtico, a la nieve. Las luces navideñas
brillan desde la casa cruzando el camino y puedo escuchar el sonido de la
música desde algún lado bajando por la calle. Bajo las escaleras trotando y
me apresuro hacia la cochera, encendiendo la luz. Bajo una caja de una de
las repisas de arriba y la coloco en el mostrador. En tanto busco entre las
partes de carro, mi teléfono suena desde mi bolsillo. Cuando lo saco, el
nombre de mi productor, Mike Anderly, aparece brillando en la pantalla.
Presiono hablar y coloco el teléfono en mi oído.
—Es un poco tarde para estar llamando —le digo, balanceando el
teléfono contra mi oreja mientras busco en la caja.
—Lo sé, pero no podía esperar hasta la mañana para llamarte y
darte las nuevas noticias —dice, sonando mucho más feliz de lo normal.
Usualmente, es puro trabajo y algo irritable.
—¿Qué noticias? —Saco el anillo de metal de la caja, sonriendo a mi
idea inteligente.
—Que te vas de gira.
Casi dejo caer el anillo. —¿La gira de Rocking Slam?—pregunto. Es
la gira que he estado tratando de conseguir desde hace meses, la que tiene
un montón de mis bandas favoritas, músicos a los que idolatro. En la que
tendré que estar en la carretera por tres meses enteros.
—Esa misma sería —dice alegremente—. Así que trae tu trasero
aquí, así podemos celebrar.
Mi boca se curva hacia abajo. —No puedo. Estoy en Wyoming,
preparándome para casarme. Te lo dije anoche. | 52
—Oh sí, lo olvidé —suspira—. Bueno, apura y hazte cargo de eso
para que puedas regresar y celebrar. De cualquier manera te vas en solo
unas semanas y tenemos que terminar de grabar.
Mierda. —Sí... No estoy seguro de que pueda ir.
—¿Qué diablos quieres decir con que no estás seguro? —exclama—.
Hemos estado tratando de incluirte en esta gira durante meses.
—Lo sé —le digo—. Pero en verdad no pensé que fuera a suceder, y
ahora están pasando otras cosas.
—Bueno, sucedió y vas a ir —dice Mike severamente.
—Mira, no estoy diciendo que no iré. Solo digo que necesito hablar
con Ella primero. Ya que tiene que estar de acuerdo con que yo esté lejos
por tanto tiempo.
—¿Y si dice que no? —pregunta, asombrado—. ¿Entonces qué?
—Entonces no iré. —Duele decirlo, pero es la verdad. Ella es más
importante para mí que todo, y si no quiere que me vaya durante nuestro
primer mes de matrimonio, no lo haré. Es así de simple.
Música empieza a sonar desde el interior de la casa y rápidamente
me deslizo el anillo de metal en mi dedo anular, lo que con suerte aliviará
algo de la preocupación de Ella. —Mira, me tengo que ir. Te llamaré en
una semana cuando regrese a la ciudad.
—Más te vale que no digas que no —gruñe, y cuelgo el teléfono antes
de que comience a despotricar, algo que hace mucho.
Metiendo el teléfono en el bolsillo del pantalón, regreso a la casa,
preguntándome cómo va a reaccionar Ella ante las noticias. La imagino
pretendiendo que no tiene problemas con esto, pero en el interior no
queriendo que me vaya. Esconde sus sentimientos bien, así que si voy a
hacer esto necesito asegurarme de que está completa y profundamente de
acuerdo con ello. Una duda y me quedaré. Además, tan divertido como
sería la gira, nuestra pequeña vida en San Diego es buena y ¿por qué
arruinar algo bueno?
Porque ser parte de esta gira es mi sueño.
Frunciendo el ceño al pensamiento, cierro la puerta detrás de mí y
entro a la cocina. Ethan está sentado en la mesa, bebiendo de un vaso
plástico rojo y Lila se ríe de algo que él dice mientras se sirve un trago. Hay
otra pareja hablando en frente del lavaplatos de la cocina. Solía ir a la
escuela con ellos, pero no puedo recordar sus nombres, los saludo cuando
dicen “qué tal” y luego me encamino a la sala.
—Chin chin. —Ethan levanta su vaso mientras paso a su lado,
brindado por algo, y luego lanza la cabeza hacia atrás y se traga la bebida. | 53
—¿Ya te encuentras borracho? —pregunto—. Porque se supone que
toques la batería en, como, diez minutos o así.
—No —dice, pero sus ojos rojos sugieren lo contrario—. Lo tengo
controlado. Además, puedo tocar perfectamente bien la batería cuando
estoy borracho.
—Micha, ¿quieres que te prepare una bebida o que te sirva un trago?
—dice Lila con una botella de jugo de naranja en su mano
—No, gracias —le digo, cogiendo una cerveza del congelador cercano
a la puerta—. Tengo que limitarme a la cerveza.
Ella asiente a sabiendas mientras coloca en el mesón el jugo al lado
de la fila de botellas de vodka, tequila y Bacardi, y una pila de vasos
plásticos. Desde que hace alrededor de un año Ella me llamó la atención
sobre mi comportamiento idiota cuando estoy borracho, me tomo más con
calma lo de emborracharme. Fue difícil al principio, pero ahora es cómodo.
Quito la tapa mientras entro en la habitación llena de humo de
cigarro, dejando que el maravillosamente potente humo se fije en mis
pulmones. Incluso un par de años después de dejar el hábito, menos
algunos deslices, aún se me hace agua la boca.
Más temprano, Ethan y yo empujamos los muebles a un lado para
hacer espacio para su batería, la que recogimos de su casa al volver de la
tienda de comida. Mi vieja guitarra está reclinada contra un micrófono.
Hay también un amplificador y un bajo en la esquina al lado de un
pequeño árbol de navidad plástico decorado con adornos rojos y plateados,
y oropel. No sé aún quien tocará el bajo, pero lo coloqué ahí por si acaso.
Conozco muchas personas que tocan el bajo y sería bueno tener buen
sonido incluso si esto es solo un fiesta. De alguna manera me siento como
si estuviera diciendo adiós, porque en pocos días estaré casado, mi vida
con Ella finalmente comenzará, y esta vida puede, con suerte, convertirse
en recuerdo de todo lo que compartimos y que nos trajo a este punto.
Comienzo a ir hacia mi guitarra cuando veo a Ella sentada en la
parte de atrás del sofá con un vaso rojo de plástico en su mano. Un chico
alto, de apariencia desaliñada, cuyo nombre creo que es Brody, se halla de
pie en frente del sofá mirando sus piernas y escote mientras se queja sobre
algo. Camino hacia Ella y me subo en la parte de atrás del sofá a su lado.
Luego paso mi brazo alrededor de su hombro. Sé que estoy siendo
territorial, y sé que Ella nunca haría nada con nadie, pero eso no significa
que voy a dejar que algún chico la mire como si pudiera comérsela. Es
afortunado de que no lo golpee. Es mía y él debe alejarse.
—Oye, ¿a dónde fuiste? —me pregunta ella mientras Brody me da
una mirada desconcertada y luego se aleja sin decir una palabra.
—A buscar esto —respondo, sosteniendo en alto mis dedos. | 54
Toma mi mano y pasa su dedo sobre el anillo de metal. —¿En verdad
colocaste una junta tórica1 en tu dedo anular?
La deslumbro con mi más encantadora sonrisa, la que sé, hace que
su estómago dé saltos. —Ahora todos saben que no estoy soltero.
Toma un trago de su bebida y luego se lame los labios. —Qué
lástima. Estaba deseando patearles el trasero a todas las chicas que te
coquetearan esta noche.
—Apuesto que sí —murmuro mientras me inclino hacia adelante y
lamo una gota de alcohol de su labio—. Bacardi, ¿eh?
Se encoge de hombros e inclina su cabeza hacia atrás para tomar un
gran trago. —Pensé en divertirme esta noche. En emborracharme un poco.
La miro cautelosamente. —No estoy seguro de que me guste eso. Ella
borracha puede ser malvada a veces. Y caliente.
—Oye. —Contiene una sonrisa mientras su mano se afianza en mi
muslo, apretando con fuerza—. No soy malvada.
Vacilo mientras tomo mi cerveza. —Puedo recordar cierta pataleta
sobre un juego perdido de póker. Uno donde, borracha, me lanzaste una
ficha.
Entrecierra sus ojos. —Solo porque estabas siendo presumido.
—Presumido porque gané y logré verte desnuda.
—Bueno, quizá me emborrache lo suficiente esta noche para que
puedas verme desnuda. Mientras dejes de decir que soy una borracha
malvada. —Se baja del mueble y mi brazo cae de su hombro—. Y por
cierto, puedes ser de la misma forma cuando te emborrachas.
—¿De qué forma?
—Caliente y malvado.
Levanto mi cerveza y señalo un dedo hacia esta. —Es por eso que me
estoy apegando a esto. —Deslizo mis pies fuera del mueble y me levanto—.
Así que, ¿qué canción quieres que toque esta noche?
1 Es un tipo de sello de goma utilizado para impedir la fuga de un fluido desde una
cámara de mayor presión a otra de presión menor
Golpetea con su dedo el labio y hay una mirada juguetona en sus
ojos verdes. Ya está algo borracha, lo que significa que voy a tener mis
manos llenas esta noche. —¿Qué tal la que tienes tatuada en tus costillas?
¿La que dijiste que escribiste para mí, que nunca antes he escuchado?
Automáticamente toco el lado de mi costilla, donde el tatuaje de las
letras está escondido debajo de la tela de mi remera. —Nunca he cantado | 55
esa para nadie. No estoy listo.
—¿Por qué no?
—Porque... —Tiro de la etiqueta húmeda de la cerveza—. Porque la
escribí para ti.
—Está bien... —Frunce el ceño, confundida—. Entonces tócala para
mí.
Observo a la habitación lleva de personas borrachas y bulliciosas. —
No creo que pueda en este momento.
—¿Por qué no?
—Porque es personal. —Porque significa mucho para mí y lo último
que quiero hacer es cantarla a una habitación llena de personas cuando ni
siquiera se la he cantado a ella. Además, me pone un poco nervioso
cantársela porque es intensa.
Me da la mirada más perdida y suspiro, porque sé que estoy siendo
extraño. —Es solo que cuando la escribí, la letra de alguna forma me
sorprendió porque era la primera vez... que me daba cuenta que pensaba
sobre ti... de esa manera.
—Pero ambos sabemos cómo te sientes ahora —dice, mirando al
anillo metálico en mi dedo.
—Lo sé. —Acaricio su mejilla con mis dedos—. Y cuando la toque por
primera vez, quiero que solo seamos tú y yo.
—¿Por ejemplo más tarde esta noche? —pregunta, con esperanza.
—O quizás en nuestra luna de miel —le digo y sonrío cuando su
barbilla cae—. ¿Qué? ¿Pensaste que no tenía nada planeado?
—Pero la boda ha sido retrasada. —Estira su cuello y mira sobre el
hombro mientras más gente entra en la sala—. Así que si tenías una
planeada, entonces ¿cómo la pospusiste?
—Porque la tenía planeada para unas semanas después de ayer,
cuando se suponía nos íbamos a casar. —De repente, me doy cuenta que
si voy de gira, mis planes de luna de miel se han ido a la mierda. Y ahorré
dinero para reservarla, dejando de comer comida rápida y trayendo mi
almuerzo; tonterías como esa para conseguir dinero extra. Un crucero de
tres días, la que sería una luna de miel normal y perfecta para nosotros ya
que no somos simples la mayor parte de nuestras vidas.
—Así que, ¿a dónde iremos? —pregunta, intrigada, codeándome
cuando un chico, cuyo nombre creo que es Del, entra usando un sombrero
de santa y cantando “We wish you a merry Christmas”, muy borracho y
fuera de tono. | 56
—De ninguna manera. Es una sorpresa —digo, guiándola hacia la
puerta de la habitación cuando Ethan me hace señas. De pie a su lado
esta Jude Taylorsen, un muy buen bajista, así que supongo que están
listos para tocar—. Tengo que ir a tocar.
Aprieta el vaso mientras se queda de pie en la multitud. Se está
poniendo más ruidoso y con más humo a cada momento. Sé que si esto se
llena mucho, los muebles van a romperse. No solía importarme, pero ahora
me siento culpable y hago una nota mental de echar a todo el mundo
antes de que esto llegue a ese punto.
—Y toca esa canción —grita ella mientras camino hacia donde Ethan
habla con Jude—. La que tocaste en la cafetería cuando regresé de las
Vegas.
Le sonrío encantadoramente. —¿Esa con la que te pusiste toda
posesiva conmigo?
Saca la lengua. —Kenzie es una zorra y una perra. Deberías estar
agradecido de que salvara tu trasero de eso.
Presiono mi mano en mi corazón. —Estabas celosa. Admítelo.
Me fulmina con la mirada, pero sus labios se curvan hacia arriba. —
Un poco.
—Sé que lo estabas. —Le guiño un ojo y comienzo a girarme.
—Y si quieres, puedes tocar la versión de esa canción que estaba
sonando en el baño más temprano —dice—. Me gusta esa canción.
—¿Te gusta la canción? —pregunto, mirándola de vuelta sobre mi
hombro—. ¿O te gusta el recuerdo al que está unida la canción?
—Ambas —dice simplemente y lanza su cabeza hacia atrás para
tomarse el trago. Las curvas de su escote sobresalen de la parte de arriba
de su vestido, y meneo mi cabeza, sabiendo que no soy el único chico en la
habitación mirándola. Pero luego sonrío, sabiendo que soy el único que
puede estar con ella.
Baja el vaso de su boca y me da una mirada acusatoria, como si
supiera que miré sus pechos. Parpadeo, apartando la mirada de ella y me
dirijo al micrófono. Coloco mi cerveza en el suelo al lado de la pared, tomo
mi guitarra, y deslizo la tira en mi hombro, pasando mis dedos a lo largo
de las iniciales que grabé en la parte de atrás. Conseguí la guitarra cuando
tenía trece en una venta de cochera por, como, cinco dólares. Fue mi
primera guitarra y aunque me tomó un tiempo lograr manejarla, adoraba
tocarla. Hay algo sobre la música y las canciones que me ayudan a
expresarme, incluso cuando es difícil.
Me hallaba tocando la primera vez que me di cuenta que tenía
sentimientos por Ella, sentimientos que iban mucho más allá que solo | 57
amistad. Se encontraba en la multitud, bailando como lo hacía con
frecuencia, con sus manos en el aire, moviendo sus caderas al ritmo. No
podía quitarle los ojos de encima y me encontré deseando estar ahí con
ella, tocando y besando cada centímetro de su cuerpo. Fue esa noche que
fui a casa y escribí la canción que eventualmente me tatué en mis costillas
porque era el tipo de momento lleno de emoción, y las palabras que creé
sobre ella debían ser marcadas en mí para siempre.
Fue el momento en que me di cuenta de que la amaba, incluso si no
estaba totalmente consciente de esto al momento, pero solo porque aún no
entendía por completo el amor. Aunque mirando hacia atrás, sé que en el
momento en que escribí las palabras nunca habría nadie más.
Ella era la única para mí.
7
Traducido por J A N I | 58
Corregido por Pachi Reed15
Ella
Me reúso a ser la Ella triste esta noche y obsesionarme con las cosas
que no me hacen feliz, como mi mamá, sus pensamientos oscuros y sus
miedos; mis pensamientos oscuros y miedos. No voy a pensar en mi futuro
o en el hecho de que al parecer no puedo ni siquiera empezar mi portafolio.
Esta noche es sobre divertirme y ver tocar a Micha, una de mis cosas
favoritas en la vida. No voy a hundirme en un hoyo.
Micha comienza con la canción que cantó en la cafetería, como le
pedí que hiciera. Cuerpos sudorosos casi me ahogan mientras me
balanceo de atrás hacia delante con la música. Lila se encuentra parada a
mi lado, mirando a Ethan golpear la batería como si fuera el amor de su
vida. Lleva puesto una camiseta azul sin mangas y pantalones vaqueros,
junto con un par de botas.
—Te ves deslumbrante —grito sobre la música, abanicando mi rostro
con la mano, ya que mi piel empieza a humedecerse por el sudor. Aunque
afuera hace un frío terrible, aquí hay tanta gente abarrotada en la pequeña
sala de estar, que el calor corporal de por sí hace de la casa un desierto
caliente.
Ella se encoje de hombros, sus ojos fijos en la parte delantera de la
sala, donde los chicos se encuentran tocando. —Creo que soy
deslumbrante.
Niego y luego agarro su mano, sintiendo que el alcohol sofoca
cualquier cantidad de ansiedad saliendo a la superficie. Lila se ríe en tanto
giro a su alrededor, sosteniendo mi bebida en la mano, ignorando al chico
que me grita cuando, accidentalmente, le doy un codazo en el estómago.
Lila agarra su bebida mientras da vueltas, tratando de no derramar nada.
Yo sigo girando a su alrededor hasta que la música se detiene y la voz de
Micha llega a través de la habitación.
—De acuerdo, la siguiente canción fue pedida por la única persona
de la que acepto órdenes. —Me guiña y una chica grita que le hará lo que
quiera si le canta una canción.
Me volteo, escaneando la multitud en busca de la culpable, y la
encuentro en la parte posterior de la sala. Una chica alta, curvilínea y con
cabello oscuro, dándome una mirada condescendiente mientras da un
sorbo a su cerveza. Kenzie, la mesera de la cafetería. Imagínate.
—Creo que alguien quiere que le pateen el trasero esta noche —
declaro, señalándola como un blanco con una mirada. Fue a la escuela | 59
conmigo y sabe de lo que soy capaz. Ha pasado un tiempo desde que me
metí en una pelea, pero eso no significa que he olvidado cómo pelear.
Lila aplaude y salta de arriba abajo. —Oh Dios mío, deberíamos
pegarle juntas. —Se vuelve hacia mí con una sonrisa en su rostro—. La
sostendré por la espalda y tú le jalas el cabello.
La miro boquiabierta. —¿Quién eres?
—Alguien que quiere averiguar cómo es meterse en una pelea. —
Sonríe, haciendo puños—. Vamos, Ella, sé mi señor Miyagi2.
—Guau, actúas raro y me gusta. —Golpeteo un dedo contra mi
barbilla, pensativamente—. Bueno, primero, no jalas el cabello. Así pelean
las chicas.
—Pero soy una chica.
—Sí, pero si peleas como un chico, entonces ganas. El elemento
sorpresa. Las desconcierta totalmente.
Menea la cabeza de arriba abajo, mirando a Kenzie mientras toma
un trago del vaso rojo en su mano. —Puedo ver cómo funciona.
—Funciona perfectamente, casi todo el tiempo —le aseguro—. Y si
quieres, puedes patear… —Soy interrumpida por el bajo golpe de la batería
y guitarra, juntas en perfecta armonía. Me doy media vuelta para mirar al
frente de la habitación, ya sin importarme Kenzie. Puede decir lo que
quiera. No significa nada para nadie importante.
Micha rasguea sus largos dedos por la guitarra mientras se para en
frente del micrófono. Con su mirada fija en mí, el anillo redondo de plata
en su dedo anular brillando en la inadecuada luz de la habitación
mientras canta la canción que tocaba mientras estuvimos en la ducha,
más temprano. La letra trae recuerdos recientes y juro por Dios que puedo
sentir el calor del vapor y el camino ardiente que sus manos dejaron sobre
todo mi cuerpo.
Lo veo tocar, deseando tocarlo y que me toque. Pongo el vaso de
plástico en mis labios y tomo otro trago de Bacardi, sintiendo su
quemadura junto al calor de mi cuerpo, dándome cuenta de que Micha
Sacudo mi cabeza ante el recuerdo. Tal vez hay otra frase para poner
en mis votos. Aunque, todas esas notas son un poco personales y no me
encuentro segura si me atreveré a leerlas en voz alta. El pánico araña mi
garganta y empiezo a abrir mis ojos y tomar otro trago, pero entonces
Micha llega a la parte intensa de la canción y no quiero dejar pasar el
momento. Quiero bailar, perderme de nuevo, como la primera vez que lo oí
cantar. Mantengo mis parpados cerrados y balanceo mis caderas,
moviendo la cabeza de atrás hacia delante, mientras mi cabello vuela a
todos lados. Llevo puestos tacones y es una lucha mantener el equilibrio,
pero no me importa, incluso cuando tropiezo unas cuantas veces. Así
como no me importa hallarme rockeando en una habitación llena de gente
que son absorbidos por la cerveza y tratan de encontrar a alguien con | 61
quien engancharse y que, probablemente, me miran como si fuera rara.
Prefiero ser un bicho raro que no disfrutar este momento. Me he obligado a
no disfrutar demasiados momentos en mi vida. Necesito más diversión.
Quizá es el alcohol en mi sistema que me hace pensar esas cosas, o quizá,
solo estoy siendo mi viejo yo. O tal vez soy yo siendo yo. Sea lo que sea, me
muevo, bailando al ritmo de la música. Lila se ríe de mí, y cuando abro los
ojos está bailando, también.
Continuamos bailando toda la canción, y yo sigo balanceando mis
caderas con las manos sobre mi cabeza, incluso cuando la música se
detiene y las voces aumentan a mi alrededor. Momentos después, el equipo
suena y el sonido sofoca la charla. New Low de Middle Class Rut empieza
a vibrar a través de los parlantes y sé que será cuestión de segundos para
que ya no sea la única bailando en la habitación llena de gente.
Justo en ese momento, los brazos largos de Micha se envuelven
entorno a mi cintura y me guía hacia atrás, contra su cuerpo. Sé que es él
por su penetrante olor: Su colonia combinado con menta, cerveza y algo
maravillosamente embriagador que le pertenece solo a él. Inhalo hondo,
moviéndonos juntos mientras rozamos nuestros cuerpos al ritmo de la
música.
—Eres tan sexy —dice, respirando en mi oído y dándome una
pequeña mordida—. ¿Sabes lo difícil que es estar parado allí y tocar
mientras tú te encuentras aquí abajo haciendo eso?
—¿Haciendo qué? —pregunto inocentemente mientras su mano se
escabulle a la parte de atrás de mi vestido y ahueca mi trasero desnudo.
Sus cejas se levantan. —¿Qué bragas usas?
Sonrío. —Una tanga con lentejuelas. —Giro y presiono mi cuerpo
contra el suyo, disfrutándolo demasiado.
Sus manos se deslizan por mi espalda y acerca mi cuerpo al suyo
hasta que ya no queda espacio entre nosotros. Muevo mis caderas contra
él y suelta un gemido ronco. Incapaz de controlarme, lanzo mis brazos a
su alrededor, parándome de puntillas y lo beso, instándolo a abrir los
labios con mi lengua. Me besa con la misma intensidad en tanto succiono
el aro de su labio, acaricio el interior de su boca con mi lengua y muerdo
su labio inferior.
—Maldición, niña bonita, me matas —gruñe profundamente, un
gemido gutural que hace que mis muslos cosquillen, así que deslizo una
mano entre nosotros, frotando su dureza—. Cariño, despacio. Hay gente…
—Se caya cuando muevo mi dedo a la parte superior de sus pantalones. Sé
que me encuentro borracha y caliente, como dijo antes, pero no me
importa. Sé lo que quiero. A él.
| 62
Cuando empiezo a desabrochar el botón de sus pantalones, se aleja,
sus ojos aguamarina poniéndose vidriosos, su expresión ardiendo con
deseo que coincide con el mío. No dice ni una palabra mientras entrelaza
nuestros dedos y luego me jala contra sí mientras maniobra a través de la
multitud para ir a la cocina, sacando a la gente del camino con el codo.
Saca dos cervezas a medida que pasamos por el refrigerador y me
entrega una. Ethan se halla de pie junto al refrigerador, chorreando sudor
por haber tocado la batería, sin la camisa puesta y mostrando sus
tatuajes. Lila está detrás de él con la cabeza en su espalda mientras pasa
sus uñas de arriba abajo por su piel.
Micha le da un movimiento de barbilla y dice—: En una hora bota a
todo el mundo.
—¿Por qué no puedes…? —Ethan parpadea y luego hace una mueca
a medida que mira entre Micha y yo, mientras Lila ríe—. De acuerdo, lo
haré.
Pellizco el trasero de Micha porque puedo hacerlo y murmura algo
incoherente. Luego me lleva consigo mientras cruza la cocina y se desplaza
por el pasillo. Llegamos a su habitación y cierra la puerta de una patada
detrás de nosotros. Cuando se gira para mirarme, sus labios
inmediatamente cubren los míos, sus dedos sacan bruscamente la tela de
mi vestido.
—Sabes a cerveza —murmuro con una risita borracha a medida que
le devuelvo el beso, jugueteando con el botón de su camisa mientras
retrocedemos hacia la cama con nuestras cervezas aún en las manos.
—Y tú sabes a Bacardi —murmura contra mis labios, luego, de
repente, me aparta—. Espera, ¿cuán borracha estás?
Ruedo los ojos. —Primero que nada, aunque estuviera borracha, no
importaría. No puedes aprovecharte de mí, ya que soy tuya —digo y esa
mirada lujuriosa brilla en sus ojos—. Y segundo, no estoy borracha.
Recordaré todo lo que hicimos en la mañana.
—Me gusta tu lógica. —Toma la cerveza de mi mano y la coloca
sobre la cómoda junto a la suya—. Pero, ¿estás segura?
—Muy segura.
Eso es toda la persuasión que necesita. Con un tirón rápido, jala mi
vestido por mi cabeza tan fuerte que desgarra la esquina de la tela y
manda a volar los broches de mi cabello.
Hace una mueca de “ups”, pero cubro su boca con la mano. —Es
solo un vestido. —Luego aplasto mis labios contra los suyos, el anillo de su
labio sintiéndose caliente contra mi boca mientras mi cabello cae y roza | 63
mis hombros. Minutos después, toda nuestra ropa se encuentra en el piso
y yacemos en la cama, él de espalda y yo a horcajadas. Empuja sus
caderas a medio camino a medida que yo bajo sobre él. Sus ojos se cierran
mientras me agarro a sus hombros y jadeo cuando se hunde más en mi
interior. Mi cabello cae libremente por mi espalda mientras inclino la
cabeza hacia atrás y cierro los ojos. Agarrándome las caderas, empuja en
mi interior una y otra vez. Nuestros cuerpos gotean con sudor mientras
que mi mente se va más lejos. Indefensos canales de energía pasan a
través de mí y clavo mis uñas en su piel, necesitando aferrarme a algo.
Finalmente, toma mi mano y sujeto a Micha hasta que me deshago. Grito
su nombre y desaparece cada preocupación, todo lo que queda es la
satisfacción dichosa que solo Micha puede hacerme sentir.
8
Traducido por Julie | 64
Corregido por Laurita PI
Micha
Me encuentro acostado en la cama, pensando en cómo decirle a Ella
sobre la gira cuando Ethan echa a todo el mundo de la casa. La oscuridad
se ha instalado en mi habitación, el ruido y las voces disminuyen
lentamente hasta que la casa se queda en silencio. Me incorporo, pero solo
para encender mi iPod, y selecciono I Can Feel a Hot One de Manchester
Orchestra, luego me acuesto. Ella yace desnuda a mi lado, apoyada sobre
su estómago, con el pelo disperso por toda la espalda; las sábanas cubren
la mitad de su cuerpo mientras duerme sin hacer ruido.
La luz de la luna fluye a través de la ventana e ilumina la parte baja
de su espalda, destacando el símbolo de infinito tatuado con tinta negra.
Coincide perfectamente con el de mi brazo y a veces me gustaría poder
recordar la noche en que nos los hicimos, recordar lo que habíamos estado
pensando cuando tomamos una decisión permanente. Qué nos llevó hasta
el momento en que pensamos: Oye, qué demonios, vamos a hacernos
tatuajes a juego que signifiquen para siempre y eternamente. ¿Qué pasó por
nuestras mentes? ¿Qué pasó por la mente de Ella? Trazo con suavidad las
líneas curvas en su espalda y la siento temblar bajo mi tacto.
—¿Estás despierta? —le pregunto, mientras mis dedos vagan más
abajo, a la cima de su culo.
Asiente, con los ojos todavía cerrados. —No puedo dormir cuando
me tocas así.
—¿Qué tal así? —Giro y me inclino para besar su espalda—. ¿Eso
ayuda? —pregunto, reprimiendo la risa cuando se estremece.
—No, es peor, pero no pasa nada. Puedes seguir besándome allí si
quieres.
Sonrío para mis adentros y luego coloco otro beso en su espalda,
deslizando la lengua sobre su piel. Se retuerce así que lo hago de nuevo,
luego descanso la cabeza en su espalda, coloco la mano en su costado, y
mis dedos rodean sus costillas.
—¿Te acuerdas de algo de esa noche? —murmura contra la
almohada.
—¿Algo de qué noche?
—La noche que nos hicimos los tatuajes.
—Ya te dije cuando nos despertamos en el banco de un parque que
| 65
no me acuerdo de nada y los recuerdos nunca regresaron. Es una de esas
clases de noches que creo que será un espacio en blanco.
—Sí, pero siempre me he preguntado si me decías que no te
acuerdas porque te preocupaba que me pusiera rara por lo que sucedió.
—Bueno, tanto como eso parece algo que haría yo, honestamente no
puedo recordar una sola cosa —digo—. Aparte, en un minuto bebíamos
mucho en mi patio trasero, mientras que una fiesta seguía en el interior y
lo siguiente que supe es que despertábamos en el banco del parque, tus
zapatos estaban desaparecidos y mi brazo ardía muchísimo. Me gustaría
saber cómo me las arreglé para convencernos de hacerlo. Y cómo me las
arreglé para lograr que hicieras algo tan permanente —le digo y ella queda
más tranquila; el sonido de su respiración se mezcla con la canción de
ritmo lento. Cuanto más tiempo perdura en silencio, más empiezo a
preocuparme—. ¿Ella May?
—Sí. —Su voz es aguda y llena de nerviosismo.
Mi palma se desliza hacia sus caderas. —¿Has estado mintiendo
acerca de no recordar nada de esa noche?
Hace una pausa y su cuerpo se tensa. —No. Ya te he dicho mil veces
que no puedo recordar nada.
—Niña bonita, creo que tu mentira se comienza a notar. —Hago
cosquillas a su costado y entierra su cara en la almohada, sacudiendo la
cabeza—. Te acuerdas de algo, ¿no? —Presiono mi pecho contra su
espalda y me inclino sobre su hombro, sumergiendo mi boca en su oído—.
Dime. No me enojaré.
—Sé que no vas a estar enojado —dice, girando la cabeza hacia un
lado para que su rostro quede lejos de la almohada—. Pero sí petulante, lo
que es peor y por eso lo he mantenido en secreto.
—No voy a ponerme petulante —digo seductoramente—. Lo prometo.
—Lo harás, Micha Scott —argumenta—. Te conozco demasiado bien
como para no pensar de otra manera.
—Puedo hacer que te rindas y me digas. —Me alejo un poco y paso
mi dedo por su espalda hasta el centro de sus piernas. Salta, sobresaltada,
cuando empiezo a poner mi dedo dentro de ella.
—Micha. —Entrecierra los ojos en la oscuridad mientras se da la
vuelta sobre su espalda y se sienta; la luz de la luna ilumina su pecho
desnudo—. Ese fue un golpe bajo.
Me incorporo, llevando sus piernas sobre mi regazo mientras me
dirijo hacia un lado y me relajo contra la pared. Entonces la sitúo en mi
regazo, para que su culo quede por encima de mi pene. —Solo dime — | 66
digo—. Trataré de no ser petulante pero quiero saber.
Suspira y luego pone la cabeza en mi hombro. —Está bien, pero solo
porque te amo.
Le beso en la frente, respirando sus palabras, ya que nunca me
canso de escucharlas. —Me parece bien.
Suspira de nuevo y luego extiende los dedos sobre mi estómago. —
¿Te acuerdas de cómo decidimos que todos en tu casa eran molestos y que
necesitábamos tener una de nuestras fiestas, así que recogimos una
botella de Bacardí y nos escabullimos fuera?
Asiento, apoyando la barbilla en la cima de su cabeza. —Todo el
mundo siempre era molesto.
—Sin embargo, siempre tenías las fiestas. —Dibuja un patrón a
través de mi estómago y luego hasta mi pecho—. Casi cada fin de semana
después de cumplir dieciséis años.
—Me aburría y me gustaba la distracción. —Me estremezco por su
toque; es la única chica que me hace temblar.
Realiza un trayecto con los dedos por mi estómago y los detiene
sobre mi corazón, presionando la palma de la mano allí. —¿La distracción
de qué?
Pongo mi mano sobre la suya y atrapo su mano. —De ti.
Se tensa y yo también, porque sé lo que viene.
—¿Es por eso que te acostabas con todas? —pregunta en voz baja.
Cierro los ojos, sabiendo que puede sentir el aumento en mi ritmo
cardíaco. —¿No te he dicho siempre que solo pasaba el tiempo hasta que
llegaras aquí?
—Sí, pero ¿de verdad tenías que acostarte con todo el mundo?
—No me he acostado con todo el mundo, ni siquiera cerca —señalo—
. Tenía dieciséis años y me sentía cachondo, y todos los que salían
conmigo tenían sexo.
—¿Así que fue a causa de la presión de grupo? —pregunta, dudosa—
. Porque no parece propio de ti.
Abro los ojos y suspiro, liberando su mano. —En realidad no era a
causa de nada y ese es más o menos el sentido. Era joven, estaba aburrido
y enamorado de mi mejor amiga, y si trataba de hacer algo que pasara el
límite de la amistad, ella se molestaría. No sabía qué hacer conmigo mismo
la mitad del tiempo, y con honestidad, Ella, me sentía como una mierda la
mayor parte del tiempo por las cosas que hacía, y no solo con otras chicas,
sino contigo. —Hago una pausa, dándole espacio para que diga algo y
cuando no lo hace, continúo—: ¿Te acuerdas de aquella vez que te hice ir a
la carrera conmigo y cuando gané, te besé porque me excité demasiado? | 67
Asiente vacilante, con su mano todavía colocada sobre mi corazón.
—Casi te di un puñetazo en la cara, pero solo porque era un reflejo. No
estaba acostumbrada a que la gente me tocara de esa forma.
—Te enojaste tanto.
—Solo porque me sentía confundida.
Hago una pausa. —¿Sobre qué?
Duda. —Sobre nosotros, y lo que sentía.
—¿Y qué sentías? Porque me muero de ganas de saber. —Aunque
ahora la tengo, todavía me encanta oír hablar de nuestro pasado y el
hecho de que a veces no era el único que sufría en silencio.
Gira su rostro hacia mí, así que su aliento calienta mi pecho y sus
labios rozan mi piel. —No estoy segura.
—¿Te gustaba lo que sentías? —Toco su frente con los labios.
Vacila por un momento y luego asiente. —Sí. Mucho. Y ese era el
problema.
Sonrío mientras miro por encima de su cabeza a la ventana, donde
las luces de navidad brillan en la oscuridad de afuera. Hay un conjunto de
unas plateadas en el árbol que lleva a la habitación de Ella, el que
utilizaba para subir todo el tiempo solo para poder estar cerca de ella. —
Gracias, niña bonita.
—¿Por qué?
—Por decírmelo. Es bueno saber que no siempre era yo —le digo—.
¿Ahora vas a decirme algo acerca de los tatuajes?
Hace una mueca y luego mueve la cabeza hacia atrás para mirarme
a los ojos. —Fue mi idea ir a hacerlos —admite.
Quedo casi boquiabierto. —¿Qué?
Rueda los ojos y luego se sienta, balanceando la pierna por encima
de mí, así que se encuentra montada en mi regazo y sus pezones rozan
contra mi pecho desnudo. —Estábamos borrachos y me desafiaste a que te
bese, así que lo hice. Luego, te sugerí estúpidamente que sería muy
gracioso si hacíamos algo para conmemorar el momento y luego decidimos
que debíamos tatuarnos.
—¿Y fui voluntariamente contigo? —le pregunto, sin escepticismo, ya
que suena a algo que yo haría.
Asiente mientras desliza sus palmas hasta mis hombros y luego
enlaza los brazos alrededor de mi nuca, al tiempo que sus pezones suaves
rozan mi pecho. —Me llevaste a la casa de Jason y le pedí que nos pusiera
el símbolo del infinito. | 68
—¿Y luego qué? —pregunto, encontrando su cintura con mis dedos.
Se encoge de hombros. —Y ahí es donde las cosas se pusieron un
poco borrosas.
Considero lo que dijo y eso me hace feliz. —Así que todo este tiempo
supiste la razón por la que tengo esto. —Levanto mi brazo con el símbolo
del infinito.
Lo traza con el dedo. —¿Estás enojado?
—No, como que me hace muy, muy feliz.
—¿Por qué?
—Porque demuestra que es posible que me hayas amado todo el
tiempo.
Se humedece los labios con la lengua y luego se inclina hacia mí, tan
cerca que cuando parpadea, sus pestañas rozan las mías. —Aunque no lo
sabía en ese momento —susurra contra mis labios—, creo que tienes razón
y me alegro de haberlo descubierto por fin.
9
Traducido por Sandry | 69
Corregido por Vane hearts
Ella
Aunque puedo sentir en mis huesos que debo parar, la mañana
siguiente leo más del diario de mi madre. La parte que estoy leyendo fue
escrita un poco antes de su boda y no parece feliz por eso en absoluto.
Parece deprimida, triste, y todo lo que una futura esposa no debería sentir.
Micha
Hace dos años y medio...
La lluvia cae desde cielo y golpea el asfalto, empapando mis
pantalones y camiseta. Los rayos cruzan el cielo y truenos explotan,
resonando a través de las vigas metálicas y por encima del puente. Mis
labios se encuentran entumecidos por el aire frío, el beso de Ella, y el
hecho de que está huyendo de mí.
—Ella May, no te atrevas a huir de esto —le grito mientras corro tras
ella, mis botas chapoteando contra los charcos.
Tiene dificultades para caminar, virando de izquierda a derecha
mientras la lluvia empapa sus vaqueros, camisa y cabello. Las luces de los
faros de mi coche estacionado en el centro del puente iluminan la
oscuridad y hace que su aspecto luzca como una sombra. —Micha, solo
déjame en paz. Por favor. —Tropieza sobre sus pies y cae al suelo. No sé si
es por las pastillas que tomó, por si ha estado bebiendo, si se trata de la
combinación de ambos o es el simple hecho de que tiene un ataque de
pánico.
Acelero y envuelvo los brazos alrededor de su cintura. Mientras la
ayudo a ponerse de pie, sacude sus brazos y trata de golpearme con los
codos, intentando apartarme.
—¡Déjame ir! —grita y escucho un sollozo en su voz. Parte mi
corazón en pedazos porque nunca llora. Nunca. El dolor que siente... Dios,
no puede ni siquiera pensar en ello—. Por favor, solo déjame ir.
—No —le digo mientras recuesto su peso en mis brazos y la ayudo a
regresar a mi coche—. Nunca voy a dejarte ir. ¿No entiendes eso?
Sosteniéndola con una mano, me las arreglo para abrir la puerta del
acompañante mientras la lluvia continúa ahogándonos. Pongo mi mano
sobre su cabello y la ayudo a agachar su cabeza para meterse en el coche.
Una vez que se encuentra sentada en el asiento y la puerta está cerrada,
me siento un poco mejor, el peso aplastante en mi pecho más ligero. No ha
desaparecido, pero más ligero que cuando llegué y la encontré de pie en el
borde del puente.
Parpadeo a través de la lluvia mientras miro la viga donde Ella se
balanceaba, luego hacia el agua oscura abajo. —¡Maldita sea! —maldigo y
pateo el neumático mientras paso los dedos por mi cabello mojado. ¿Cómo | 73
todo se fue al carajo? Cómo era posible que una chica hermosa, inteligente
y tremendamente maravillosa sufra tantas malas jugadas. Pasó la mayor
parte de su vida cuidando de sus padres, luego su madre acaba con su
propia vida y su padre la culpa. ¿Por qué tiene que lidiar con esto? ¿Por qué
nunca le sucede algo bueno?
No tengo idea de cómo manejar esto, pero sé que debo intentarlo.
Obligo a mis pies a moverse alrededor de la parte delantera del coche, me
meto en el asiento del conductor y cierro la puerta de golpe. —Está muy
frío aquí, maldición —le digo, subiendo la calefacción mientras mi ropa
empapada moja el asiento de cuero.
No se gira para mirarme, manteniendo la cabeza apoyada contra la
ventana y sus manos sin vida en su regazo mientras gotas de lluvia caen
desde el pelo hasta sus mejillas. —No puedo sentir nada —murmura.
Mi corazón se hunde dentro de mi pecho y tengo que tomar una
respiración profunda antes de hablar—: Cariño, ponte el cinturón de
seguridad.
Niega, cerrando sus ojos. —No... no puedo... —Suena agotada, como
si estuviera a punto de perder el conocimiento.
Me inclino y estiro por delante de ella. Ni siquiera se mueve cuando
agarro el cinturón de seguridad, ni cuando lo paso por encima de su
pecho. Mientras la estoy asegurando, abruptamente cambia su peso hacia
mí. El cinturón de seguridad cliquea al encajar en el bloqueo mientras ella
descansa su frente contra la mía, su piel tan fría como la lluvia.
—Casi... casi me dijiste que me amas... —Su aliento cálido golpea mi
piel mientras sus ojos se mantienen cerrados.
—Lo sé. —Trago saliva, pero todavía tengo miedo de moverme y
romper la conexión entre nosotros. El agua gotea por mi frente, a través de
mis labios, y corre por mi mano mientras muevo los dedos desde la
cerradura hasta su cadera.
—Nunca nadie me dijo eso —susurra.
—Lo sé —le digo, y mis dedos tiemblan mientras me aferro a ella.
Su hombro se presiona contra el mío mientras desploma más de su
peso en mí. —¿Lo... lo dijiste en serio?
Poco a poco asiento sin alejarme, causando cierta fricción entre
nuestras frentes. —Más que nada.
—Micha, yo... —comienza, y me duele el pecho deseando que lo diga.
Dilo, por favor. Pero luego su frente está dejando la mía y se mueve hacia la
puerta—. Me encuentro muy cansada —susurra, desplomando su cabeza
contra la ventana. | 74
Poco a poco inhalo y luego libero el aire, tratando de calmar mi
corazón errático. Hace falta más que unas cuantas respiraciones para que
pueda hablar de nuevo: —Te llevaré a casa.
—No, a casa no —pronuncia—. Otro lugar... odio mi casa...
Me giro hacia adelante en mi asiento y veo como las gotas de agua
chocan contra el capó y el parabrisas. —¿Adónde quieres ir?
—A algún lugar que me haga feliz —dice y se estremece cuando un
trueno ruge.
Colocando mis manos en la parte superior del volante, cierro los
ojos. ¿Algún lugar que la haga feliz? No estoy seguro si un lugar como ese
exista en este momento, pero tengo que intentarlo. Abriendo mis ojos,
pongo la palanca de cambios en reversa y salgo del puente. Cuando llego
al final, lo pongo en marcha y giro el volante, dando media vuelta.
La calle se encuentra inundada de charcos y los limpiaparabrisas
bajan y suben a medida que conduzco lejos del puente. Cada vez que un
trueno y un relámpago resuenan, salto, pero Ella se queda quieta, casi
inmóvil. Cuando se mueve, es solo para perder el tiempo con el iPod.
Repasa la lista de canciones por una eternidad, buscando con sus dedos a
tientas. Sigue temblando, pero cuando le pregunto si tiene frío, niega.
Finalmente selecciona una canción This Place Is a Prison de The Postal
Service. Entonces se encorva de regreso en su asiento, inclinando la
cabeza contra el reposacabezas y se queda mirando el techo mientras la
canción se reproduce en los altavoces.
Sigo conduciendo hasta que alcanzo la calle lateral que cruza una
zona tranquila, rodeada de árboles y situada cerca de la orilla del lago. El
camino es un lodazal, por lo que me preocupa que nos quedemos
atrapados. Pero de alguna manera me las arreglo para llegar a nuestro
lugar, donde Ella y yo vamos para estar solos, para estar juntos. Aparco el
coche por lo que quedamos frente a las aguas oscuras y dejo las luces
encendidas. Las gotas de lluvia que caen crean ondas de agua en tanto se
mueven los limpiaparabrisas.
—Dime lo que piensas —digo finalmente sin mirar al lago.
—Estoy pensando que debería haber saltado —dice sin emoción.
Algo se rompe dentro de mí y enloquezco. —¡No, maldición, no! —
Estampo mi puño contra la parte superior del volante, causando que salte,
levante su cabeza y me mire con ojos muy abiertos—. No quieres estar
muerta, así que deja de decirlo. —Mi voz se suaviza cuando estiro una
mano y coloco unos mechones de su cabello mojado detrás de su oreja—.
Estás confundida.
—No, no lo estoy —protesta—. Sé exactamente lo que pienso. —Pero,
por el brillo de sus ojos, la devastación en sus pupilas, y el hecho de que | 75
está luchando por mantener sus párpados abiertos, noto que no lo sabe—.
No quiero estar más aquí, Micha.
—¿Conmigo? —digo, ahuecando su mejilla.
Traga saliva, escaneando con sus ojos los míos. —No lo sé.
—Pero pensé que sabías exactamente lo que pensabas —le digo, sin
tener seguridad de si estaré abordando esto de la manera correcta, pero es
la única forma que conozco.
—Todo lo que sé es que no quiero sentir esto. —Cierra la mano sobre
su pecho, con mucha fuerza. Sus ojos se hallan tremendamente abiertos,
llenos de miedo y pánico mientras su pecho jadea por aire—. No quiero
sentir todo este dolor y culpa.
—Lo que pasó con tu madre no fue tu culpa. —Pongo una mano muy
inestable sobre la de ella, preocupado de que vaya a joder esto. Me
sorprendo por la rapidez con la que su corazón late, golpeteando contra
nuestras manos. Probablemente tiene tanta adrenalina fluyendo que se
encuentra mareada.
—Eso no es lo que dicen mi padre y Dean —susurra, sacando su
mano y obligando a la mía a caer de su pecho.
—Tu padre y tu hermano son unos malditos imbéciles —le digo con
firmeza, inclinándome sobre la consola—. Y no importa lo que piensan,
nadie más importa, excepto tú y yo. Recuérdalo, tú y yo contra el mundo.
Sus párpados se cierran y luego revolotean hasta abrirse otra vez. —
Siempre dices eso.
—Porque lo digo en serio. No me importa nada más. Podría perder a
cualquiera y salir adelante. Pero no a ti, Ella May. No puedo hacer esto sin
ti.
Unas lágrimas caen por sus mejillas. —Me odio.
—Ella, maldita sea, no digas…
—¡No! —grita, alejándose y acurrucándose contra la puerta—. ¡Me
odio! ¡En serio! Y me gustaría que simplemente vieras lo que realmente
soy. Siempre ve más en mí de lo que hay... —Se mueve mientras más
lágrimas se derraman de sus ojos y mira fuera del coche, a los árboles, el
agua, la lluvia, como si estuviera contemplando huir—. Si tan solo me
dejaras ir, serías más feliz.
—No, no es cierto. —Aprieto mis manos para no tocarla porque sé
que eso lo empeoraría más—. Yo... —Respiro irregularmente, sabiendo que
lo que estoy a punto de decir va a cambiar todo, incluso si ella no lo
recuerda mañana. Yo sí. No podré dar marcha atrás de esto y la verdad, es
que no quiero hacerlo—. Te amo, carajo. ¿No lo entiendes? —Aflojo mis
manos y estiro los brazos hacia ella, agarrando sus hombros en tanto
niega—. Te amo. —Mi voz se suaviza—. Y no importa lo que pase, contigo o | 76
conmigo, con nosotros, siempre voy a amarte.
Sus hombros comienzan a levantarse y se apoya sobre mi agarre,
permitiéndome jalarla sobre la consola y colocarla en mi regazo. Luego
deslizo mi brazo a su alrededor y acuno su cabeza contra mi pecho
mientras solloza en mi camisa mojada. Rozo con mi mano su cabeza, cada
sollozo desgarrando mi corazón. Miro la lluvia, viéndola chapotear contra
el lago, sintiéndome tan impotente. Desearía poder quitarle todo el dolor y
la culpa. No se merece esto, no se merece nada de esto. Lo que se merece
es a alguien que la ame incondicionalmente, lo que he estado tratando de
hacer desde hace tiempo, si tan solo me dejara. Debo encontrar una
manera.
—Micha. —El sonido de su voz me trae de regreso a la realidad.
Cuando le echo una mirada, luce como si estuviera perdida y no
tuviera idea de dónde está mientras se aferra a mi camisa. Sé que va a
quedarse dormida pronto y cuando la mañana llegue, hay una buena
posibilidad de que no recuerde nada de esto.
Trazo un dedo debajo de sus ojos, limpiándole las lágrimas. —¿Sí,
nena?
Respira profundo y luego está jalando mi camisa, obligándome a
acercarme más. —Yo también te amo —susurra y luego presiona sus
labios contra los míos. Me besa brevemente pero es suficiente para sentirlo
por todo mi cuerpo. Me aferro a ella mientras le regreso el beso con cada
onza de emoción que tengo, deseando poder estar así todo el tiempo. Pero
tan rápido como empezó todo, se detiene cuando se aleja y se instala de
nuevo en mis brazos. Momentos más tarde, está dormida.
Escucho el ritmo de su respiración y, cuanto más tiempo me siento
allí sosteniéndola, más feroces son los latidos de mi corazón, y no importa
cuánto intente mantenerme a raya, finalmente se escapan las lágrimas de
mis ojos. Mi cabeza cae hacia adelante contra el volante y lloro en silencio
a través de los sonidos de la lluvia. Lloro por ella. Por la vida que le fue
entregada. Porque estoy tan enamorado que me duele verla así. Porque sé
que cuando llegue la mañana, hay una buena probabilidad de que no
recuerde nada de esto.
Porque temo que voy a perderla para siempre.
11
Traducido por Sandry | 77
Corregido por Daniela Agrafojo
Ella
Cuando Micha termina de contarme lo que ocurrió, me quedo en
silencio en la cama con él, con mi cabeza sobre su corazón. Late más
rápido de lo normal y me pregunto si siente lo que sintió esa noche. El
temor que puse sobre él y cualquier otra cosa que estuviera pasando por
su cabeza en ese momento.
—No puedo recordar nada de eso —digo, mirándolo—. Creo que fue
la combinación de las pastillas y mi… mi ansiedad. A veces las cosas se
ponen borrosas cuando voy a ese lugar.
—Lo sé —dice, mirándome—. Como he dicho, sabía que no habría
buenas probabilidades de que recordaras nada de eso, de esa noche. Es
que pensé que nunca volvería a verte después de lo que pasó.
El silencio se extiende entre nosotros mientras me esfuerzo por
recordar y él se esfuerza por olvidar.
—Lo siento —digo, porque es lo único que se me ocurre decir. No hay
palabras que puedan posiblemente empezar a explicarle lo mal que me
siento por hacerle pasar por eso, pero también simplemente por haberlo
hecho. Todavía me duele pensarlo, cómo estuve a punto de tirar todo por
la borda todo lo que tengo con Micha—. De verdad.
Me mueve con él mientras se sienta. —No tienes que lamentar algo
que sucedió hace unos años, algo de lo que ni siquiera tenías control.
—Con respecto a huir sí.
—Sabes, lo pensé al principio, pero ahora no creo que eso sea del
todo cierto. Creo que a veces en la vida las cosas pasan, y la gente tiene
que hacer lo que pueda para seguir adelante. —Las comisuras de su boca
se curvan hacia arriba en una sonrisa triste—. Para ti, fue huir y para
mí… con mi padre, decidir que era mejor dejarlo ir.
—Pero regresé. —Meto mis piernas debajo de mí y me arrodillo entre
las suyas—. Bueno, volví para las vacaciones de verano porque tenía que
hacerlo, pero ahora estoy de vuelta, en su mayor parte.
—Lo sé. —Sus dedos se extienden por mi mejilla—. Se le llama
sanar, Ella May.
—Supongo que sí —concuerdo—. Pero no dejarías que tu padre
regresara a tu vida, aunque lo intentara.
Su pulgar roza mi labio inferior. —Tengo todo lo que necesito en mi
vida. A mamá. A ti. Incluso a Ethan y Lila. Es más de lo que tienen | 78
muchas personas. —Su mano deja mis labios y entrelaza sus dedos con
los míos, para presionar el anillo de goma en su dedo contra mi anillo de
compromiso—. Además, te tengo para siempre. Y un día tendremos
nuestra propia familia y eso es lo que importa al final.
No estoy segura de qué tipo de cara hago, pero sin duda nota un
cambio mientras me muevo hasta el borde de la cama.
—¿Qué pasa? —pregunta, enderezando la espalda, y arrastrando sus
largas piernas por el borde de la cama y sus pies en el suelo.
Quería prepararme para esta charla, acerca de nuestro futuro, a
dónde vamos, pero ahora es como que inevitable porque mencionó a
nuestra propia familia... Mierda. ¿Se refiere a los hijos y todo eso? —De
hecho, he querido hablar contigo sobre eso.
—¿Sobre qué? ¿Tenerte para siempre, o tener nuestra propia
familia?
—Um... —Trago saliva—. La última parte.
—Sobre tener una familia. —Habla lentamente y con cuidado, como
si tuviera miedo de asustarme.
—Sí, más o menos... —Me esfuerzo por hablar sobre un tema que me
hace sentir muy incómoda—. Digo, ¿a dónde estamos yendo?
Él parece perplejo. —No estoy seguro de seguirte, niña bonita.
—¿Estamos…? —Dios, esto es tan difícil—. ¿Cuando dices familia,
estás... estás hablando de tener niños?
Considera sus siguientes palabras sabiamente. —No de tenerlos en
este momento, pero sí en el futuro.
—¿Y si... y si te dijera que no quiero tener hijos? —Subo mis pies a
la cama y cruzo las piernas.
Se rasca su mandíbula desaliñada mientras sube los pies a la cama
y me enfrenta, cruzando las piernas. —Todo depende de por qué no
quieres tenerlos, supongo.
—¿Entonces quieres tenerlos? —Me sorprende un poco que no tenga
ni siquiera que pensarlo.
Sus ojos buscan los míos y luego asiente. —No en este momento,
pero sí con el tiempo.
—¿Y si dijera que con el tiempo no podría verme como madre? —Me
muerdo el labio nerviosamente—. ¿Entonces qué?
Desliza sus dedos entre los míos y me sostiene las dos manos.
—¿Por qué no puedes verte como madre?
Pongo los ojos en blanco y quito una de mis manos para hacer un
| 79
gesto hacia mí misma. —Creo que es algo obvio.
Se ve perplejo. —No, la verdad es que no.
—Debido a quién soy. —Me esfuerzo por decir las palabras—. Debido
a mis problemas. Porque ni siquiera sé lo que conlleva ser madre. Digo, he
tenido algunos buenos momentos al crecer, pero aparte de eso,
prácticamente me hice cargo de mi madre en lugar de ser al revés.
Mueve los dedos de mi mano, toma mis rodillas y me arrastra más
cerca de él. —Exactamente, por eso creo que vas a ser una gran madre.
—Creo que te equivocas —discrepo—. En todo caso, me convertiré en
una madre muy confundida.
Sus manos se deslizan de mis rodillas a mis muslos y sus dedos se
clavan en mi piel como si tuviera miedo de soltarme. —Imposible. Por
mucho que lo odie, te hiciste cargo de todos los miembros de esa casa.
Cocinaste. Limpiaste. Pagaste las cuentas. Ayudaste a tu mamá a tomarse
la medicación. Te quedaste en casa y cuidaste de ella mientras tu padre
iba a bares cada noche actuando como un adolescente. A los dieciséis
años, Ella May, eras más responsable que un montón de personas de
treinta años.
—También hice cosas estúpidas —le recuerdo—. Creo que te olvidas
de todas las peleas en las que me metí, de todos los techos que salté, de
las muchas veces que te hice conducir imprudentemente y probé los
límites de la vida.
—Tenías que respirar de alguna manera.
Pienso en lo que dijo, retorciéndome, porque esta charla positiva
acerca de mí me pone incómoda. —Me estás volviendo loca.
—Lo sé —dice—. Pero es la verdad. Siempre y cuando llegue el
momento, serás una madre increíble.
Lo miro con escepticismo. —¿Y si no llega? ¿Qué pasa si digo que es
imposible que pueda hacerlo? ¿Qué pasa si digo que quiero pasar el resto
de mi vida dibujando y escuchándote cantar? ¿Solos tú y yo?
—Entonces creo que seremos solos tú y yo envejeciendo juntos —
dice con un dejo de sonrisa en sus labios—. Y también puedo vivir con eso.
Puedo vivir con cualquier cosa con tal de que te cases conmigo. —Y con
eso, se pone de pie—. Este fin de semana. No perdamos más el tiempo. —
Me da la mano y la tomo, asintiendo. Me para y caminamos hacia la
puerta—. Aunque, debo decir que haríamos hermosos bebés. —Me da una
sonrisa arrogante y pongo los ojos en blanco—. Imagina uno con tu pelo y
con tus increíbles ojos.
—Eres demasiado arrogante para tu propio bien. Además, prefiero
que tenga tu pelo y mis ojos. Nunca me ha gustado mucho mi color. —Mi | 80
cara se arruga con asco mientras tomo unos mechones—. Aunque también
me encantan tus ojos. Tal vez ella podría tener tu cabello y tus ojos.
Su ceja se eleva mientras comienza a abrir la puerta. —¿Ella?
Me muerdo la lengua, dándome cuenta de mi desliz. —¿Dije “ella”?
—Me hago la tonta.
Él asiente y hay un brillo en sus ojos aguamarina a medida que
salimos hacia el pasillo. —¿Entonces te gustaría una chica?
Lucho por oxígeno y luego sello mis labios. Si pudiera verme con un
hijo, me lo imaginaría como una niña pequeña, toda gamberra, con el pelo
rubio y los ojos azules. Sin embargo, aún no estoy dispuesta a admitirlo en
voz alta. —¿Podemos ir a decirle a tu madre lo de la boda? —pregunto,
tratando de sonar neutral, pero mi voz sale más estridente de lo que
pretendía—. Antes que se le escape a Lila y a Ethan.
Me mira durante unos cinco segundos más y me pregunto a quien
ve. ¿A la chica que conoció cuando tenía cuatro años? ¿O a la que se
escapó cuando tenía dieciocho? ¿O a esta nueva persona que piensa sobre
bodas y bebés? —Lo que quieras —dice finalmente y camina por el pasillo.
Siempre dice eso y tiro de su brazo, deteniéndolo. —¿Qué hay de lo
que tú quieres, por una vez?
Hace una pausa, buscando en mis ojos Dios sabe qué. —Tengo todo
lo que quiero aquí —dice simplemente, y me doy cuenta de que lo dice en
serio.
12
Traducido por Mary Warner | 81
Corregido por GypsyPochi
Micha
Toda la charla del bebé con Ella fue un poco rara, pero necesaria,
supongo. Nunca había pensado mucho sobre ello, pero tener bebés no
sería tan malo, con el tiempo por supuesto. No es que me preocupe
volverme un padre de mierda como el mío. Creo que siempre me parecí un
poco más a mi mamá que a él y lo agradezco. Pero me aseguraré de que
Ella y yo estamos ambos en el mismo lugar si decidimos tenerlos.
Antes hablaba en serio. De igual forma, con niños o no, seré feliz
siempre y cuando esté con ella. Pero creo que ahora necesito hablar con
ella sobre mi futuro en la música y la gira. Debí haberle dicho después de
la charla de los bebés ya hablábamos de nuestro futuro. Habría sido un
buen momento, pero tenía miedo y nervios de lo ella diría o no. La música
es mi pasión, mi salida emocional en tiempos difíciles, y Ella lo sabe y sé
que me apoyará, pero lo que no sé es si vendrá conmigo, y si lo hace, ¿lo
hará por qué quiere o por qué cree que yo lo quiero? Y si no lo quiere,
entonces eso significa que tengo que rendirme, rendirme con mi sueño. Y
saber eso me hace querer evitarlo tanto como sea posible.
Con la gira y nuestro futuro todavía persistentes en mi mente,
entramos a la cocina con nuestros dedos enlazados, el aroma fresco de
café en el aire. Siento que tengo siete años de nuevo y Ella, y yo vamos a
decirle a mi mamá como rompimos el gnomo de jardín de nuestra vecina,
la señora Millerson, porque queríamos ver si era de verdad. La señora
Millerson nos atrapó y nos dijo que teníamos que comprarle uno nuevo.
Pensamos que seríamos regañados pero por suerte mi mamá siempre fue
un poco suave conmigo por el hecho de que mi padre había largado y ella
siempre había tenido una debilidad por Ella.
Pero ahora en vez de decirle a mi madre sobre el gnomo roto, le
estamos diciendo que nos queremos casar en cinco días y como casi nos
casamos sin ella. Mamá se molesta al principio, más de lo que hubiera
pensado, pero su rabia se vuelve emoción cuando le recuerdo que sí, nos
íbamos a casar sin ella pero decidimos no hacerlo.
Mientras pasa todo esto, Thomas, el novio de mi madre, que es un
poco más joven que ella, se encuentra en la cocina comiendo un tazón de
cereal en la mesa. Luce un poco más aseado que la última vez que lo vi, al
menos está usando una camiseta limpia y vaqueros sin agujeros. Mi
madre aún se viste como si fuera más joven; su camisa tiene toda esta
mierda llamativa de diamantes, y hay algunos en el borde de sus
pantalones. Pero no digo nada sobre ello. Creo que es feliz e incluso a | 82
pesar que todavía creo que Thomas es un idiota, especialmente cuando
derrama leche en el frente de su camisa, parece hacerla feliz.
—Entonces, ¿en serio haremos esto? —pregunta mi madre con una
sonrisa en su cara mientras se sirve una taza de café.
—¿Qué cosa? —pregunto, intercambiando una mirada confusa con
Ella, quien se encoge de hombros, tan confundida como yo.
Mi madre sacude la cabeza hacia mí mientras coloca la cafetera en la
encimera cerca del fregadero. —Casarnos.
Reprimo una sonrisa. —No me di cuenta que esto nos involucraba a
todos.
Suspira, como si yo fuera un niño tonto, y nos pasa, dirigiéndose por
la cocina hasta el refrigerador. —No quise decir que nos casábamos todos.
—Abre la puerta del refrigerador y saca un litro de leche—. Me refería a
Ella y tú. —Sonríe de alegría hacia Ella mientras vierte la leche en su
café—. La hija que nunca tuve. Dios, esto será muy divertido.
Ella da un paso atrás, tensándose, porque el entusiasmo de mi
mamá la asusta demasiado. —¿Qué será muy divertido? —pregunta.
—Planear la boda. —Mi madre nos mira mientras coloca le leche de
vuelta en el refrigerador—. Tendrán la mejor boda. Me aseguraré de ello.
Atraigo a Ella hacia mí y coloco los brazos alrededor de su cintura,
tratando de aliviar su pánico. —Sabes que tienes solo cinco días para
planearlo y entonces tendremos que regresar a casa de nuevo, ¿no? —le
digo a mamá.
Mi madre aplaude y mira sobre su hombro a los copos de nieve que
caen desde el cielo nublado. Es temprano en la tarde, pero con la falta de
luz solar parece que es el final del día. —Cinco días es perfecto. —Regresa
su atención a nosotros—. Puedo hacer un montón, en cinco días.
—Y estamos quebrados —le recuerdo, presionado la espalda de Ella
contra mi pecho. Ha estado muy quieta y me está asustando. No estoy
seguro si es toda la charla de la boda lo que la asusta o el hecho de que
acabamos de tener una charla sobre un bebé.
—Tengo algo de dinero ahorrado. —Mamá recoge su taza de café de
la encimera—. Y además, puedes tener una boda linda sin gastar
demasiado dinero. —Sus ojos caen en Ella—. ¿Ya tienes un vestido?
Niega con la cabeza y luego parpadea en dirección de mi mamá
distraídamente. —¿Qué?
—Un vestido, dulzura. —Mi madre me mira cuestionadoramente
desde el borde de su taza mientras toma un trago—. ¿Ya tiene uno?
Me inclino sobre el hombro de Ella para mirar sus ojos y me
sobresalto por la capa de humedad en ellos. Pasa algo y necesito saber que | 83
es. —Sí, ya tiene —le digo a mamá y entonces agarro la mano de Ella y la
llevo hacia el pasillo, diciendo sobre mi hombro—: Mamá, ya regresamos.
Ella me sigue distraídamente. Una vez que la tengo en el pasillo y
fuera de la vista de mi madre, paro y la giro para enfrentarme.
—Bien, ¿qué pasa? —pregunto, examinando sus ojos húmedos.
Mira sobre mi hombro a un par de fotos enmarcadas de mamá y yo
colgadas en la pared. —Nada.
Coloco mi mano en su mejilla y la obligo a mirarme. —Es algo; de
otra forma no estarías a punto de llorar.
—No… —Las lágrimas se acumulan en la esquina de sus ojos y su
voz se quiebra—. Es solo que… Dios, esto es tan estúpido. —Se seca las
lágrimas de sus ojos con el dorso de la mano.
—Nada que digas es estúpido —le aseguro, limpiando una lágrima
perdida con mi pulgar.
Frunce el ceño dubitativamente. —¿Ni cuando te dije que estaba
segura de que podíamos llegar a ciento sesenta kilómetros por hora
cuando nos hallábamos a un metro de nieve en la carretera?
—Sí, bueno, todos tenemos nuestros momentos ebrios —digo,
recordando la noche de la que habla. Como ella se encontraba un poco
borracha y un poco emocionada sobre el hecho de que alguien le dijo que
tenía un lindo trasero. Nunca admitirá que eso fue lo que hizo que se
sonrojarse, pero yo me di cuenta y estaba jodidamente molesto.
—He tenido más momentos estúpidos que tú. —La voz de Ella me
arrastra de mi recuerdo.
—Oh, lo dudo —argumento, arrastrando la mano a la pared junto a
su cabeza—, dudo que lo que me digas vaya a sonar estúpido.
Se frota con su mano la cara, dejando líneas rojas en su piel.
—Parte de la razón… —Se aclara la garganta—. Solo pienso en cosas
de mamá. Eso es todo.
—¿Sobre el diario?
—No… sobre casarme… sin mamá aquí. —Vacila—. Es parte de la
razón por la que quería casarme aquí. Así estaría cerca de ella.
Mi corazón se hunde en mi estomago. A pesar de todo esto, nunca
siquiera había pensado en ello. En cómo se debe sentir sin tener a su
madre aquí para todo esto.
—Ves, te dije que era estúpido —dice con un suspiro afligido—, debí | 85
mantener mi boca cerrada.
—No, no es estúpido. En lo absoluto. —Me detengo, considerando
mis próximas palabras con cuidado porque son importantes—. ¿Quieres
tenerla en algún lugar cerca del cementerio?
Rápidamente niega con la cabeza. —No, me gusta junto al lago. Es
lindo saber que ella se encuentra en el mismo pueblo. Dios, eso es tan
extraño. Hablo de ella como si estuviera viva. —Su voz tiembla al final y
aparta la mirada, evitando el contacto visual conmigo.
—Oye —con mi mano, giro su cabeza de vuelta a mí—, nada de
querer a tu madre cerca de ti es raro, así ella esté viva o muerta.
Sonríe tristemente, pero es lindo ver su sonrisa cuando hablamos de
su madre, incluso si es una triste. —Bueno, aún quiero tenerla junto al
lago —me dice—, y mi papá estará allí, por lo que supongo que no será tan
malo.
—¿Qué hay de Dean y Caroline? —pregunto—. ¿Deberíamos
invitarlos?
—Caroline está embarazada así que no estoy segura de si pueda y es
muy precipitado —dice.
—Depende de ti. —Le doy un rápido beso en los labios y luego doy
un paso atrás—. Si no quieres invitarlos, entonces, bien. Pero, digo, solo te
casas una vez, ya sabes.
Sus labios me dan una sonrisa maliciosa. —Oh, planeo casarme
muchas veces. Al menos diez o veinte. Solo eres mi esposo de práctica. —
Me golpea juguetonamente con su hombro.
La abrazo y la atrapo con la guardia baja mientras la empujo al piso
como solía hacerlo cuando éramos niños. Estiro rápidamente la mano
antes de que golpeemos la alfombra y atrapo su peso. Entonces sostengo
mi cuerpo apenas lejos de ella así no la aplasto.
—Micha. —Se ríe, abriendo sus piernas así mí cuerpo cae entre
ellas. Sus dedos se extienden por mis omóplatos cuando presiono a la
parte baja de su espalda, enredando nuestras piernas—. Sal de encima
mío. Somos demasiado viejos para esto.
—De ningún modo —digo. El calor irradia entre nuestros cuerpos y
su cabello se esparce alrededor de su cabeza, a través de la alfombra, y las
lágrimas que llenaron sus ojos hace unos momentos atrás, han
desaparecido—. Nunca seremos demasiado viejos para esto. Nunca.
Todavía te taclearé cuando tengas noventa años.
Me mira un momento, su expresión ilegible, su pulso golpeando a
través de sus dedos. —Me haces feliz —dice con voz temblorosa.
Podría parecer una declaración simple, pero para Ella admitir que es | 86
feliz es un acontecimiento enorme, que cambia la vida y me da la
esperanza de que todo terminará bien.
—Y viceversa —digo, entonces la beso.
13 | 87
Traducido por MaJo Villa
Corregido por ♫ MoniQue ♫
Ella
El contarle a la mamá de Micha fue pan comido. Bueno, excepto por
la parte cuando conté mi extraño proceso mental acerca de realizar la boda
en Star Grove porque me sentiría más cerca de mi mamá. Eso era un poco
raro. Pero Micha al ser… bueno, Micha, me hizo sentir bien por
encontrarme de esa manera. Lo que es bueno, porque hay una posibilidad
de que después de que le cuente a mi papá, no solo de la boda sino de mi
abuela y de la caja que me envió, la liviandad puede que se mueva hacia la
gravedad.
Micha me acompaña a mi casa, con nuestros dedos entrelazados
como cuando éramos niños a punto de decirles algo verdaderamente malo
a nuestros padres. Pero no somos niños, y el casarse no es algo malo, pero
a veces hablar con mi papá puede volverse de esa forma. Aunque no ha
sido así por un tiempo. Últimamente en verdad ha estado siendo agradable
y conversador.
Cuando entro en la casa, casi me caigo muerta al piso porque se
encuentra limpia. No hay botellas de alcohol cubriendo las encimeras
amarillas y marrones. También se ha comprado una nueva mesa para la
cocina; una mesa de cocina nueva aunque usada de todas formas. Es
blanca y tiene un banco de un lado y dos sillas en el otro. El piso sigue
manchado, pero recientemente ha sido barrido y trapeado, el aire huele
como a Pine-Sol mezclado con canela. No hay sobres de vencimiento en los
mostradores o en la mesa. Recuerdo la última vez que vine aquí y cómo la
casa estaba a punto de ser embargada, pero él se las arregló para salir de
ese entorno, trabajando horas extras y pagando el importe vencido.
—Vaya —dice Micha mientras gira en un círculo, frotándose la
mandíbula al tiempo que examina la cocina—. Siento como que hubiera
entrado a un episodio de La Dimensión Desconocida.
Suelto su mano y cruzo la cocina hasta la mesa, levantando un gallo
decorativo de cerámica. La cabeza sale disparada y comienza a hacer un
ruido alto de gallo al tiempo que miro en el interior. —Oh por Dios, hay
galletas caseras aquí dentro.
Micha se ríe mientras deambula detrás de mí. —Suenas tan
adorable. —Arrastra mi cabello hacia un lado y sus labios acarician la
parte trasera de mi cuello—. Al entusiasmarte por las galletas.
Saco una galleta, coloco la cabeza del gallo de regreso a su lugar, y | 88
luego lo bajo a la mesa. —¿Y qué? Las únicas galletas que tuve en mi
infancia fueron las Oreo. —Muerdo la galleta casera con chispas de
chocolate y me doy la vuelta para enfrentarlo—. Y siempre hacías que
compartiéramos y entonces agarrabas la mitad con todo el relleno.
Siempre me diste lo que sea que deseara, excepto cuando se trataba de
esas malditas galletas.
Roba un gran mordisco de mi galleta. —¿Qué puedo decir? Puede
que te ame, pero el glaseado me encanta solo un poco más. —Se traga la
galleta y luego abre la boca para robar otra mordida pero la meto entera en
mi boca, elevando mis cejas y dándole una mirada arrogante.
La arrogancia también aparece en su rostro y entonces cubre mi
boca con la suya, deslizando su lengua entre mis labios, tratando de robar
pedazos de la galleta masticada.
Me voy hacia atrás, riéndome, y haciendo una cara de repulsión. —
Eres tan asqueroso —digo, limpiándome la boca con el dorso de la mano.
Lame sus labios y luego sonríe. —Yo gano.
Saco mi lengua, que tiene una galleta pegajosa y masticada en ella.
—Eso es lo que te acabas de comer.
Su lengua sale de nuevo de sus labios. —Y fue tan pero tan bueno.
Niego con mi cabeza, pero no puedo parar de sonreír, y luego coloco
mis ojos en blanco porque me estoy convirtiendo en una de esas chicas
que chorrea baba alrededor de su novio… prometido… su futuro esposo.
De repente la realidad me golpea en el rostro y mis ojos se abren de par en
par.
—Mierda, voy a ser Ella May Scott —respiro, sin estar segura de si
voy a entrar en pánico o solo me encuentro sorprendida.
La boca de Micha se hunde en una mueca, y la arrogancia se disipa.
No estoy segura de si es porque acaba de darse cuenta también de eso o
por mi declaración de alarma. Abro la boca para decir algo, pero mi papá
entra en la cocina y mis palabras quedan atascadas en mi boca.
A pesar de la vista limpia de la cocina, mi papá aún se ve sucio y un
poco tosco. Usa una chaqueta a cuadros de gran tamaño por encima de
una camisa azul marino llena de agujeros y, sus pantalones tienen
pintura, completando con las botas porque trabaja como contratista de
pintura. Su rostro está sin afeitar y luce un poco más grueso que la última
vez que lo vi hace un año atrás, pero sus ojos se encuentran claros, no
están inyectados en sangre, y aunque sí huele a humo de cigarrillos, no
está mezclado con el olor del alcohol.
Se tropieza con sus botas cuando me ve de pie en frente de la mesa y
luego se agarra del marco de la puerta. —Mierda. —Me echa un buen | 89
vistazo al tiempo que parpadea—. ¿Qué haces aquí? Pensé que no podrías
venir a casa este año para Navidad.
Me acurruco más cerca de Micha, casi como un mecanismo de
defensa. A pesar de que sé que mi papá está mucho mejor, no puedo
olvidar por completo el pasado. Cuando estaba borracho. Cuando me
culpaba por la muerte de mi madre. Cuando ni siquiera me miraba porque
le dolía demasiado.
—Sí, tuvimos un cambio de planes —le digo mientras siento a los
dedos de Micha acariciando los míos.
Mi papá suelta el marco de la puerta y da un paso hacia adelante al
lado del mostrador. —Bueno, me alegro, Ella —dice con torpeza, un rasgo
que es muy común cuando nos encontramos con el otro. Masajea su nuca
tensamente, mirando alrededor de la cocina limpia—. Si habría sabido que
ibas a venir, habría abastecido los armarios y todas esas cosas con comida
o algo.
—Está bien —digo—. En realidad vamos a quedarnos en casa de
Micha.
La mirada de mi papá se dirige entre Micha y yo. —Bueno, eso está
bien, supongo.
El silencio se hace más extenso entre nosotros y no puedo evitar
pensar en lo que mi mamá decía en su diario acerca de él. Que no le
emocionaba casarse con él. Que su madre no deseaba que se casara con
él. Cuán deprimida se encontraba. ¿Él sabía todo esto? Porque una vez me
contó que las cosas no siempre eran malas, que las cosas solían estar bien
entre ellos. ¿Fue porque mi mamá escondió su depresión y sus
pensamientos oscuros? ¿Es lo mismo que lo que estoy pasando con Micha,
ya que parece que no puedo hablarle acerca de mis miedos de casarme y
de tener un futuro?
Finalmente, Micha se aclara su garganta y me golpea en mi costado
con su codo.
—Oh sí. —Saco de una sacudida mis ideas de mi cabeza—. Tengo
algo que decirte.
Mi papá luce desconcertado mientras se inclina contra la mesilla y
se cruza de brazos. —De acuerdo.
—¿Recuerdas que te conté hace un par de semanas que Micha y yo
íbamos a casarnos? —Froto con mi dedo alrededor de las piedras del
anillo, tratando de calmar el nerviosismo en mi voz. Ni siquiera sé por qué
me encuentro nerviosa, aparte de que me preocupa que mi papá vaya a
decir o a hacer algo que arruinará las cosas extraordinarias que
últimamente he estado sintiendo. Creo que solo son las heridas de mi
pasado que causan la preocupación, pero todavía se encuentran allí. | 90
Mi papá asiente. —Sí, lo recuerdo.
—Íbamos a casarnos en San Diego, pero decidimos regresar y
realizar aquí la boda —le digo—. Esta semana, el día de navidad.
Sus ojos se agrandan y luego bajan hacia mi estómago. —Ella, no
estás… —Le lanza a Micha una mirada asesina mientras se endereza y
mira alrededor de la cocina, evitando el contacto visual con los dos,
pareciendo inquieto incluso para él—. No estás…
Cuando logro entender lo que piensa, lanzo la mano hacia mi
estómago. —¿Qué? No. No estoy… no estoy embarazada. Dios. —No puedo
creer que haya pensado eso. He tenido cuidado para no dejar que eso
suceda y he estado tomando la píldora por un año.
Frunce el ceño, mirándome sin convencerse. —De acuerdo.
Micha se ríe por lo bajo, y entrecierro mis ojos hacia él. —No es
gracioso —siseo, pero la risa también amenaza con escaparse por mi
garganta. Sé que no es gracioso, sobre todo desde que me enteré que mi
mamá y él se casaron porque estaba embarazada de Dean, pero lo es un
poco. Se comporta como un papá y es divertidísimo porque tengo veinte
años y esta es la primera vez que lo he visto acercarse remotamente a
interpretar el papel.
—Señor Daniels, le juro que no está embarazada —dice Micha,
lanzándome una sonrisa rápida—. Solo decidimos que era tiempo.
¿Señor Daniels? Le articulo con mi boca. ¿De verdad?
Micha se encoge de hombros, despreocupado, y me lanza una
mirada inocente, pronunciando sin decir nada: ¿Qué?
La mirada de mi papá pasa entre Micha y yo. —Pero eres… eres tan
joven.
—Al igual que tú y… mamá —señalo con vacilación porque eso va en
contra de lo que trato de explicar aquí, pero él no sabe que me enteré que
mamá se encontraba embarazada cuando dieron el sí.
—Sí, pero… —Mi papá deja de hablar, mirando fijamente la puerta
de atrás—. Sin embargo, eso fue diferente… las cosas entre tu mamá y
yo… eran complicadas.
—Porque estaba embarazada. —Revelo que sé la verdad, incapaz de
guardármelo por más tiempo. Cuando sus ojos se abren de golpe, añado—:
La mamá de ella… mi abuela me envió una caja de sus cosas y allí
estaba… el diario de mamá.
Hay una pausa en donde puedo escuchar a todos respirando y un
auto enciende su motor en algún lugar en el exterior. | 91
—Eso no fue de parte de tu abuela —dice mi papá con un suspiro
profundo, descruzando los brazos—. Bueno, lo fue, pero no te lo envió por
correo. Lo hizo su abogado.
—¿Su abogado? —decimos Micha y yo al mismo tiempo.
Mi papá asiente, luciendo muy incómodo. —En realidad murió hace
un mes atrás y supongo que esta caja se hallaba en la residencia de
ancianos con tu nombre. El abogado que manejaba su testamento me
llamó, buscándote para que así pudiera enviártela.
¿Está muerta? Me encuentro un poco sorprendida y me siento
extrañamente entristecida, lo que es raro porque jamás hablé con esa
mujer. Pero aun así era mi abuela.
No sé cómo reaccionar porque no la conocía en absoluto, sin
embargo me entristece un poco el saber que jamás llegué a conocerla.
Incluso lo había considerado por un breve segundo, cuando leí su nota en
la caja, y ahora la posibilidad se ha ido.
—¿Por qué no me avisaste? —le pregunto a mi papá y, Micha se
acerca más de forma protectora, como si pudiera sentir que algo malo se
aproxima.
Mi papá extiende la mano en busca de sus cigarrillos en el bolsillo de
la chaqueta. —Porque es difícil hablarte de esas cosas… sobre todo de las
cosas como la muerte y de ciertas personas.
—¿De mi abuela?
—Y de tu madre… porque era una caja de sus cosas y no estaba
seguro de cómo ibas a reaccionar o cómo yo me sentía… me siento
respecto a ello.
Mi boca se abre en una O mientras mi papá abre el paquete, saca un
cigarrillo, y se lo mete en la boca. Busca en sus pantalones el encendedor
y lo encuentra en su bolsillo trasero. Una vez que enciende el cigarrillo e
inhala una nube ligera de humo, luce más relajado.
—Para los dos es un tema delicado. —Extiende su mano hacia la
encimera en busca de un cenicero cerca del fregadero. Golpea el cigarrillo
de lado y luego lo mantiene entre sus dedos, mientras el humo se filtra por
la habitación y borra la deliciosa esencia de canela—. Pero mi… terapeuta
dice que debería empezar a trabajar en hablar más de ello, especialmente
contigo.
—¿Estás viendo a un terapeuta? —Me encuentro sorprendida—.
¿Desde cuándo?
Mira a Micha con renuencia, luego mete el extremo del cigarrillo en
su boca y toma otra bocanada. —Hace un mes. Mi padrino pensó que sería | 92
buena idea. —Su teléfono suena desde el interior del bolsillo y levanta el
dedo—. Un segundo —dice mientras recupera su teléfono. Revisa la
pantalla y luego, saliendo de la cocina, responde.
—Dios ¿todos los Daniels están tan jodidos? —murmuro en voz
baja—. ¿También está viendo a un terapeuta? Primero mi hermano, luego
yo, ahora mi papá. Podría ser como el lema de la familia: entra en mi
familia y tu cabeza va a joderse, así que tendrás que encontrar a un
psiquiatra para que la arregle de nuevo. —Le echo un vistazo a Micha.
—Ni siquiera lo pienses —me advierte—. No estás loca y no vas a
arruinar mi vida. Solo la arruinarás si me dejas.
Sus palabras me recuerdan que ya no soy esa persona, la que
alejaba a los demás. Lo necesito y él me necesita a mí. —No voy a ir a
ningún lado. Te lo juro. —Suelto un suspiro—. Pero, ¿puedes darme un
minuto? —le pregunto—. Creo que necesito hablar a solas con mi papá.
Parece renuente. —¿Segura? Porque no me importa andar dando
vueltas por aquí aunque signifique que debo soportar la incomodidad de tu
papá.
Asiento y le doy a su mano un apretón reconfortante. —Quiero
preguntarle un par de cosas de mi mamá y creo que las responderá más
fácilmente si solamente estoy yo.
Micha permanece quieto por unos pocos segundos más y luego,
asintiendo, se aleja, sosteniendo mi mano hasta que nos encontramos lo
suficientemente lejos que nuestros dedos se apartan. —Si no has vuelto
en, algo así como una hora —dice, abriendo la puerta de atrás y dejando
que entre la nieve y una ráfaga fría—, entonces voy a regresar a buscarte.
—Micha, ¿qué crees que va a suceder? —bromeo—. Solamente es mi
papá.
Sostiene intensamente mi mirada, dejando claro algo sin decirlo. Ha
habido muchos momentos en donde cosas dolorosas e hirientes
sucedieron entre mi papá y yo.
—De acuerdo, te veo en una hora —le prometo y da un paso al
exterior, colocando su capucha por encima de su cabeza mientras cierra la
puerta.
Retiro una silla y me hundo en ella, entonces robo otra galleta del
tarro con forma de gallo. Estoy metiendo el último pedacito en mi boca
cuando mi papá entra, agarrando su teléfono.
Mira alrededor de las sillas vacías. —¿A dónde fue Micha?
Me trago la galleta y limpio las migajas de la mesa. —A casa por un
momento, para que tú y yo pudiéramos hablar de algunas cosas. | 93
—Sí, necesitamos hablar. —Se sienta, luego mira al gallo encima de
la mesa sin la tapa puesta—. Veo que encontraste las galletas.
—Sí, pero ¿quién las hizo? —le pregunto con curiosidad—. ¿Tú?
Niega con su cabeza y coloca la tapa en su lugar. —No, Amanda las
hizo.
—¿Quién es Amanda?
—Una mujer que conocí en mi estadía en el centro de tratamiento
del alcoholismo.
—¿Era otra alcohólica en recuperación? —pregunto.
—No. —Levanta sus mangas y apoya los brazos sobre la mesa—. Allí
era la secretaría.
—Oh —digo—. Entonces… estás, así como, ¿saliendo con ella?
Se rasca la cabeza. —Um… algo así… supongo.
—Oh —digo, a falta de palabras. Es raro que esté saliendo porque es
mi papá y la única persona con la que lo he visto en con mi mamá, pero
también su relación era más allá de inestable—. ¿Ella es la que limpió la
casa?
Sus manos caen de su cabeza a la mesa. —No, yo la limpié. ¿Por
qué?
Me encojo de hombros. —Solo me preguntaba. Luce bien.
Me mira, como si quisiera decir más, pero luego cambia de tema,
relajándose en la silla. —Entonces ¿qué hay en la caja? —pregunta de
manera rígida—. Sé que eran cosas que pertenecían a tu madre, pero ¿qué
exactamente?
—El diario de mamá y algunas otras cosas, como dibujos y fotos. —
Hago una pausa ante el repentino aumento de mi ritmo cardíaco—. No
sabía que le gustaba dibujar.
Se queda observando a la mesa con una mirada triste en su rostro.
—Lo hacía cuando era más joven —dice en voz baja—. Pero dejó de hacerlo
no mucho después de que nos casáramos.
Es tan difícil estar hablando de esto en voz alta, estar haciéndole
preguntas, pero me obligo a mí misma a continuar porque quiero saber,
entender. —¿Por qué dejó de hacerlo?
Cuando levanta su mirada, sus ojos se hallan un poco aguados. —
Porque dejó de disfrutarlo, así que no tenía sentido, al menos eso fue lo
que me dijo. | 94
Paso un dedo por los patrones de la madera en la mesa, mientras lo
observo, porque no puedo mirarlo a los ojos con lo que estoy a punto de
decir. —Una vez me dijiste, cuando te estaba… cuando te estaba dejando
en la clínica de recuperación, que las cosas no siempre fueron malas. Pero
¿cuándo ocurrió eso? Sé que su desorden bipolar se hizo progresivamente
peor, pero incluso desde el principio siempre se sintió como si todo el
tiempo mamá se encontrara triste.
Queda en silencio por un momento y me preocupo porque puede que
lo haya hecho enojar. Pero cuando levanto mi mirada, solo me está
observando fijamente como si fuera una persona, no un recuerdo doloroso
de la mujer que una vez amó, lo que solía ser cómo me veía todo el
tiempo.
—Las cosas jamás fueron cien por ciento normales cuando se refería
a tu mamá —dice, y su voz se tensa—. Pero al inicio tenía más altos que
bajos. Y sus… episodios… eran pocos y muy espaciados el uno del otro.
—¿Alguna vez fue feliz?
De nuevo, se toma un momento para contestar. —Algunas veces era
feliz. De todos modos eso creo. Era tan difícil darse cuenta.
—¿Por qué era tan difícil? —En el fondo, sin embargo, creo que sé la
respuesta. Porque algunas veces es difícil ser feliz o incluso admitir que
eres lo suficientemente bueno para ser feliz, que en verdad lo mereces, así
que te rehúsas a sentirlo, luchas contra ello. Algunas veces es mi propio
modo de pensar y lo odio, pero también he aprendido a lidiar con eso…
creo.
Sonríe, pero es una sonrisa triste. —Es solo por el modo en que era
ella, Ella May. Y en verdad quiero creer que era feliz, incluso a pesar de
que no lo mostraba.
Es raro escucharlo llamándome de esa forma y eso me despista, y
suelto una pregunta que quizá no debería hacer. —¿Por qué la amabas? —
le pregunto, luego hago un gesto lleno de remordimientos—. Papá, lo
siento. No tienes que contestar eso.
Niega con la cabeza y más lágrimas se forman en sus ojos. —Está
bien. Puedes preguntarme cosas. Estoy llevando mejor las… las cosas. —
Se detiene, deliberando y luego, su respiración flaquea—. La amaba
porque al principio era errática e impulsiva y podía hacer que la vida en
verdad fuera sorprendente e… impredecible. —Mira por encima de mi
hombro, perdido en sus recuerdos y, por un breve momento, casi luce
feliz. Luego parpadea muchas veces y esa mirada desaparece antes de que
regrese su atención a mí—. Creo que fue feliz cuando te tuvo. Y a Dean.
No logro deducir si está mintiendo, pero en verdad no me importa si
es o no así. Solo podría estarlo diciendo para hacerme feliz y me lo creo. — | 95
Gracias papá.
—No hay problema. —Retorciéndose y haciendo crujir su cuello,
como si tuviera energía nerviosa fluyendo a través de él, parece como si
quisiera decir más—. Ella, no quiero hacerte enojar pero yo… de verdad
desearía que pensaras en esperar para casarte.
¿Qué? —¿Por qué?
—Porque… —Se frota la nuca y deja su mano ahí con su codo
doblado hacia arriba—. Eres tan joven… y deberías vivir tu vida antes de
que te ates a cosas de adultos. —Deja caer el brazo a su lado.
Me toma un momento hablar, porque hay un montón de palabras
crueles que quieren salir de mi garganta. Como el hecho de que estuve
atada a cosas de adultos desde que tenía cuatro años. Cuentas. Cocina.
Limpieza. Cuidando a las personas. Esas cosas no son nuevas para mí.
—Lo pensaré —respondo, pero no lo digo en serio. Camino hacia la
puerta, cerrando mi chaqueta—. Y papá… gracias por hablarme de mamá.
—No hay problema —responde—. Supongo que debería haber
hablado más de ella.
No digo ni una sola palabra. Estoy de acuerdo con él, pero no quiero
decirlo porque eso solo le hará daño, arruinará toda esta vibra rara de
buen padre/hija que hemos tenido. Abro la puerta de atrás y entra el
viento, trayendo nieve esparcida por el piso.
—Y Ella —grita cuando estoy a punto de dar un paso a la nieve,
hacia la brisa glaciar.
Me detengo y miro por encima del hombro. —Sí.
—Si necesitas cualquier ayuda… me refiero, con la boda y esas
cosas, si decides hacerla… estoy aquí si me necesitas —dice, cambiando
su peso de un pie a otro.
—Gracias —le digo, confundida porque quiere ayudar y no es algo a
lo que me hallo acostumbrada—. Te avisaré, pero creo que la mamá de
Micha está al tanto de un montón de cosas. Se encuentra súper
emocionada.
Luce un poco decepcionado y abro la boca para decir algo, pero no
puedo pensar en nada más así que me despido con la mano, salgo y cierro
la puerta detrás de mí. Me siento un poco mal porque parecía enojado de
que haya declinado su ayuda, pero al final del día la mamá de Micha era
más como un padre para mí que cualquiera de los míos. Micha y ella
fueron mi familia desde que tenía cuatro, no mi papá, ni mi mamá, ni
Dean. Solo eran su mamá y Micha, pero más que nada Micha. Él era mi
pasado y es mi futuro.
Me detengo cuando estoy a punto de saltar sobre la cerca, donde la | 96
nieve llega a mis rodillas y se sumerge por mis pantalones al tiempo que
tengo una revelación que me golpea directamente en mi pecho. Desde el
día en que Micha me rogó que pasara por encima de la cerca por primera
vez, hemos sido inseparables, excepto por el tiempo en que salí huyendo a
la universidad. Él se hizo cargo de mí. Me amaba. Me mostró lo que era el
amor. Y creo que en el fondo, a pesar de que no podía admitirlo hace un
par de años atrás, en secreto esperaba que por siempre estuviera en mi
vida, que terminara con él. Que todavía estaría esperándolo encima de la
cerca para verlo cuando tuviera veinte años con su anillo en mi dedo. Que
cincuenta años después aún me hallara a su lado, sentada en una
mecedora en un pórtico, bebiendo limonada o lo que sea que hagan las
parejas viejas.
Esto hace que mi corazón lata de emoción y terror porque creo que
es tiempo de dejar de lado las cosas oscuras que rondan mi pasado, de
soltar las cosas que puede que no quiera soltar, para que así pueda
moverme hacia adelante a un futuro con una valla simple, una caja de
jugo, y un auto de juguete.
14
Traducido por Alessandra Wilde | 97
Corregido por Vane Farrow
Micha
—¿Segura de que quieres que haga esto? —le pregunto a Ella, que
tiene la mirada fija en el diario de su madre en mi regazo.
Asiente mientras busca algo en su bolso en el suelo. —Sí, quiero
saber si encuentras algo feliz. —Me mira, vestida solo con un sujetador
rojo y negro, y unas bragas a juego—. Si no es así, entonces no necesito
leerlo. Pero si lo encuentras, quiero leerlo para poder saber de la parte feliz
de su vida que nunca llegué a ver.
Masajeo mi nuca, nervioso por leer algo tan privado. —Está bien, si
eso es lo que quieres.
—Lo es. —Endereza sus piernas y se pone de pie con un vestido
negro en su mano—. Pero solo si te sientes cómodo haciéndolo.
Quiero decir que no, pero de ninguna manera lo haré. No luego de
que entró en la casa ayer después de hablar con su padre y anunció que
se hallaba lista para seguir adelante sin terminar de leer el diario porque
quería dejar atrás el pasado. Ni siquiera estoy seguro de dónde vino la
declaración, pero es imposible que vaya a arruinarlo. —Supongo que tengo
un poco de lectura por delante. —Quito el diario de mi regazo y lo pongo
sobre la cama, luego me inclino hacia adelante y agarro el borde de ese
vestido corto y ajustado que está a punto de ponerse—. Con tal de que me
digas a dónde diablos vas a ir con esto puesto.
—Con Lila a cenar —contesta—. ¿Por qué? ¿Qué sucede con el
vestido?
—Porque es más pequeño que la mayoría de mis camisas —le digo,
con los celos resonando en mi voz—. Se te verá el culo.
Aleja el vestido de mí. —No es cierto —insiste, agachándose y
poniéndose el vestido—. Además, Lila dijo que llevara específicamente éste.
Me levanto mientras se contonea dentro del tejido apretado sobre su
cuerpo y desliza los brazos a través de los tirantes finos. Se abraza a su
cuerpo perfectamente pero el extremo apenas le cubre sus muslos. —¿Por
qué? —le pregunto.
Se pasa los dedos por el pelo. —No estoy segura. Vas a tener que
preguntarle. Todo lo que me dijo fue que era una sorpresa.
—Oh, lo voy a hacer —le aseguro, y luego salgo de la habitación para
ir a buscar a Lila. | 98
Está en la cocina con Ethan, con bolsas de velas rojas y negras y
flores a juego, cintas, y otra mierda decorativa dispersos por todas las
encimeras y la mesa delante de ellos, junto con papel de regalo, cinta y
una bolsa llena de listones para regalos de Navidad. Lila, Ella y mi mamá
pasaron medio día haciendo compras y Ella llegó a casa luciendo exhausta
pero con una bolsa llena de decoraciones de boda y supongo que algunos
regalos para Navidad. Nunca fue del tipo de chicas que le gustan las
compras y supongo que Lila y mi madre tuvieron más que ver con la
sobreabundancia de decoraciones de boda y regalos que Ella.
—Tengo una pregunta para ti —le digo a Lila mientras me acomodo
en una silla y me uno a ellos en la mesa. Ella tiene a Ethan atando cintas,
y aunque él no se ve feliz, todavía lo está haciendo, lo que es un poco raro.
—No digas una sola palabra —advierte Ethan mientras ata un
pedazo de cinta negra en un moño—. Una y otra vez te he visto hacer
estupideces por Ella y no he dicho ni una palabra.
Hago girar una vela en la mano. —No, dijiste un montón de cosas
que me molestaron muchísimo.
Sacude la cabeza, luego suelta el moño, mirando a Lila. —¿Puedo
acabar con esto? —Flexiona sus dedos como si tuviera un calambre—. Ya
ni siquiera puedo sentir las puntas de mis dedos.
Lila corta el extremo de una pieza roja de cinta con un par de
tijeras. —Para nada. Tenemos alrededor de un centenar más que hacer. —
Pone la cinta y las tijeras a un lado. Lleva puesto usando un vestido azul
oscuro que tiene brillos en todas partes. No es tan ajustado como el de
Ella, pero es igual de corto, si no más corto—. Entonces, ¿cuál es tu
pregunta, Micha? Y si se trata de tu regalo de Navidad de parte de Ella, no
te diré lo que es.
—No es eso —le digo, sacudiendo la cabeza—. ¿Y de qué hablas? Ella
y yo no intercambiamos presentes. —Excepto por el año pasado, cuando le
di el anillo de compromiso, pero eso era diferente.
—Tal vez no en el pasado —dice con una sonrisa—. Pero ella te
compró uno este año.
Mierda. ¿Eso significa que tengo que regalarle algo? Y si es así,
entonces, ¿qué? Sacudo la cabeza. Me estoy desviando del tema. Hago la
vela a un lado y doblo los brazos encima de la mesa. —Eso no es lo que iba
a preguntarte. Quiero saber a dónde demonios vas a llevar a Ella esta
noche.
Se encoge de hombros y alcanza otro rollo de cinta. —Saldremos a
cenar.
—¿A dónde? —pregunto.
| 99
—¿Por qué es importante? —me responde, enredando un poco de
cinta alrededor de su mano.
—Porque está vestida como una puta —le digo sin rodeos, tratando
de hacerla confesar.
Pero eso no la altera. —No se verá como una puta. Solo se está
arreglando para salir.
—Sin embargo no a cenar. No necesitas estar vestida así para ir a
cenar —digo y apunto hacia su vestido.
—¿Qué hay de malo en cómo estoy vestida? —Pestañea de forma
inocente—. Solo tengo puesto un vestido.
—Voy a estar de acuerdo con Micha en este caso —interviene Ethan,
haciendo crujir los nudillos—. No me gusta el vestido.
Diversión flamea en los ojos de Lila. —Te gustó la otra noche.
—Sí, cuando yo era el único que te vi con él —dice, extendiendo su
mano hacia el montón de cinta que Lila separó.
Lila sonríe cuando se levanta de su silla. —Oh, ustedes dos y sus
celos. —Acaricia a Ethan en la cima de su cabeza—. Es tan adorable. —Se
pasea detrás de él y le besa la cabeza—. Voy a ir a ver si Ella está lista —
canturrea y, Ethan observa su culo mientras se aleja y sale de la
habitación, diciendo sobre el hombro—: Y, Micha, no dudes en hacer algo
útil y empieza a atar moños.
Me quedo boquiabierto hacia Ethan. —¿Habla en serio?
Corta un pedazo de cinta roja. —Sí. —Deja caer las tijeras en la
mesa—. Pero es tu culpa.
—¿Por qué demonios es mi culpa?
—Porque tú eres el que no quiso fugarse en coche a Las Vegas y
casarse.
Me estiro sobre la mesa y recojo un rollo de cinta. —Eso suena más
como tu tipo de matrimonio que el mío.
Asiente. —Sí, tienes razón, pero aun así, no tendríamos que estar
sentados aquí, atando cintas como un par de mandilones.
Jugueteo con la cinta, ahogando una risa. —Entonces, ¿qué se
supone que tengo que hacer?
Suspirando, me muestra cómo atar la cinta y luego nos sentamos a
la mesa, atando moños durante los siguientes veinte minutos hasta que
Ella y Lila llegan a la cocina. Ella se detiene a una corta distancia de la
mesa y se cruza de brazos. Su cabello se encuentra suelto sobre sus
hombros en ondas, sus ojos están delineados con negro, y sus labios
tienen un tinte de rosado. Usa tacones con correas atadas a sus tobillos, y
entre los zapatos y el vestido tan corto, sus piernas se ven larguísimas. | 100
—Bueno, mírense ustedes dos —dice con hilaridad en su voz—.
Atando moños como profesionales.
Me giro en la silla y observo su increíblemente perfecto cuerpo,
imaginando cómo estarán envueltas a mi alrededor sus largas piernas más
tarde. —Cuidado con lo que dices, Ella May, o no tendrás ninguna cinta en
tu boda.
—Bien —dice, jalando la parte inferior de su vestido hacia abajo.
Lila le empuja por la espalda. —Oye, pensé que te gustaban las
cintas.
Ella hace una cara de disculpa. —No, me negué a toda esa tonta
decoración llena de volantes y cosas que me lanzaron, los lazos rojos y
negros fueron los menos molestos.
Lila frunce el ceño, decepcionada. —¿Así que no te gusta?
Suspira. —Sí me gustan. Lo siento, no estoy siendo muy amable en
este momento. Me estás ayudando y debería ser más agradecida.
Ahora, Lila suspira. —No me mientas. Si no te gustan las cintas,
entonces no las tendrás. Podemos hacer otra cosa.
Ethan me lanza una mirada divertida y luego se reclina en la silla
con el brazo sobre la parte superior de la misma. —Ya sabes, si no lo
supiera bien, pensaría que ustedes dos son las que se van a casar.
Los tacones de Lila hacen clic en el suelo conforme se acerca y le da
un beso en la mejilla. —Está bien, es momento de que regreses a atar
moños —dice mientras camina hacia la puerta de atrás y Ella la sigue.
Cuando pasa a mi lado, la tomo del codo y la jalo ligeramente,
atrayéndola hacia abajo así su cabeza se encuentra al nivel de mi cabeza y
luego pongo mis labios junto a su oreja. —No te metas en problemas, por
favor.
Inclina la cabeza para mirarme. —¿Cuándo me he metido en
problemas?
—Si quieres que te haga una lista —respondo—, entonces lo haré,
pero me tomará el resto de la noche.
Intenta reprimir una sonrisa mientras me frunce el ceño, pero luego
se agacha y me besa profundamente. —Haré mi mejor esfuerzo para no
meterme en ninguna pelea —dice, retrocediendo, un poco sin aliento por el
beso—. O cualquier otro problema.
—Y traten de no arruinar mi coche —digo cuando Lila abre la
puerta. | 101
—¿Vas a dejar que se lleven tu coche? —pregunta Ethan, en tanto
me mira como si estuviera loco.
Me encojo de hombros. —¿Cuál otro va a ser su trasporte?
—Estarían mejor si van a pie —dice entre dientes, y luego grita para
Lila y Ella—: No conduzcan ebrias ni pongan billetes de dólar bajo los
pantalones de los tipos.
—No vamos a ir a un club de striptease —replica Lila, pero se ríe
cuando toma su chaqueta del perchero.
Ella se pone su chaqueta de cuero, cubriéndose un poco más y
haciéndome sentir un poco mejor sobre el vestido. Abre la boca para decir
algo, pero Lila jala su brazo y la arrastra al exterior, dando un
portazo. Thomas y mi mamá salieron a cenar y la casa se halla muy
tranquila, así que Ethan y yo nos sentamos en silencio, pensando en lo
que acaba de suceder.
—¿Te sientes como si fuéramos sus esclavos? —pregunta, dando la
vuelta en la silla con una cinta en la mano.
Me quedo mirando el montón de cinta y velas sobre la mesa. —Sí,
algo así.
Intercambiamos una mirada y luego nos ponemos de pie.
—Así que la pregunta es —dice Ethan mientras toma su chaqueta
del respaldo de la silla—: ¿Queremos ir a un bar o ir a algún lugar ruidoso,
como una fiesta?
—Siempre podríamos seguirlas —bromeo mientras camino hacia el
perchero junto a la puerta de atrás—. Jugar a acosadores por esta noche.
—Agarro mi chaqueta y me la pongo, fingiendo que bromeo pero en el
fondo es en serio. No me gusta la idea de que Ella salga vestida así, en esta
ciudad. No solo es demasiado bella y sexy para su propio bien, sino que
también tiene historia en esta ciudad, con gente que o la quiere demasiado
o la odia. Y si la Ella fiestera hace una gran aparición, sobre todo la
borracha, podría suceder un montón de mierda.
—Esa no es una mala idea —concuerda Ethan, en respuesta a mi
broma, luciendo serio—. Pero no tenemos un coche.
—¿Deberíamos empezar a caminar? —le pregunto mientras abro la
puerta.
Es tarde, el cielo negro está libre de nubes y las estrellas brillan.
Luces centellean desde la casa de al lado y se reflejan en el hielo que cubre
el patio.
Ethan cierra la cremallera de su chaqueta. —Claro.
Damos un paso fuera y caminamos por el pavimento lleno de nieve,
luego giramos a la izquierda hacia la ciudad. La nieve en la acera cruje | 102
bajo las botas y nuestro aliento se muestra en frente de nosotros. Hace
mucho frío, pero no es la primera vez que hemos caminado por la noche
tarde en temperaturas bajo cero.
—Estoy esperando a que enloquezcas —anuncia Ethan de forma
inesperada, pateando del camino un trozo de hielo.
Meto mis manos en los bolsillos de la chaqueta. —¿Sobre qué?
—Casarte.
—¿Por qué habría de enloquecer?
Me mira boquiabierto. —Porque vas a estar con una persona por el
resto de tu vida; y desde entonces, todas tus decisiones van a estar
basadas en lo que es mejor no solo para ti, sino para los dos. Ya no podrás
hacer lo que quieras.
—¿Alguna vez he estado con alguien más? —pregunto—. Quiero
decir, en una relación.
Se encoge de hombros. —No, creo que no, pero aun así, es una gran
responsabilidad y me parece que debería haber un poco de pánico
implicado, aunque sea por un minuto.
—En realidad no —le digo—. Por lo menos si es la persona
adecuada.
Asimila mis palabras con una mirada perpleja mientras mira
fijamente al suelo. Al final sacude la cabeza y luego alza la vista. —¿Y qué
pasa si Ella te dice que ya no quiere que vayas a esa gira Slam o como
sea?
—Entonces no iré —le digo. El otro día, mientras limpiábamos la
casa esa mañana después de la fiesta, le conté a Ethan acerca de mi
dilema, porque necesitaba sacarlo de mi pecho.
—¿Renunciarías a tu sueño sin más? —pregunta.
Asiento. —Sí, más o menos.
—¿Y qué sucederá, como dentro cinco años, cuando mires hacia
atrás y te arrepientas?
Pateo la nieve con la punta de mi bota. —¿Por qué insistes tanto con
esto? Digo, sé que no eres fan de Ella, pero es como que trataras de
convencerme que no me case con ella, lo que nunca pasará.
De repente se detiene cerca del borde de la acera y, me resbalo sobre
el hielo, cuando me detengo de golpe junto a él. Mis manos vuelan a mis
lados y recupero rápidamente el equilibrio.
—No digo que no te cases con ella —dice con el ceño fruncido—. Solo
estoy diciendo que ya que te vas a casar, tienes que hablar con ella acerca
de la gira y tomar la decisión en conjunto, ya sea si vas a ir o no. De lo | 103
contrario, te casarás en unos días sin hablar de algo importante, que
podría dar lugar a problemas.
—Eres tan raro, a veces —le digo, tirando de la capucha sobre mi
cabeza—. Das consejos sobre relaciones todo el tiempo, sin embargo,
nunca te he visto en una relación salvo con Lila, pero de alguna manera tu
consejo tiene sentido.
Se encoge de hombros, mirando la casa de ladrillo de un solo piso en
la calle que está cubierta de luces rojas y verdes. —Vi a mis padres hacer
las cosas mal durante años y años, así que sé lo que no funciona —dice
mientras cruzamos la calle—. Ahora, si mi consejo es el camino correcto a
seguir o no, no tengo ni idea.
Me subo en la acera, metiendo las manos de nuevo en los bolsillos
de la chaqueta. —Voy a hablar con ella mañana.
No dice nada, pero noto que le puso contento que dijera que lo haría,
por cualquier razón. —¿Sabes qué? —dice, cambiando de tema—. Creo que
tenemos que hacer una despedida de soltero esta noche. Me parece mal
que no estemos teniendo una de verdad.
—Sí, creo que te olvidas de cómo lucen los bares de striptease por
aquí —le digo sin entusiasmo—. ¿Recuerdas cuando nos decidimos a ir a
uno justo después de que nos graduáramos? —Me estremezco al
pensarlo—. Creo que sigo un poco aterrorizado por las cosas que vi.
Su rostro se retuerce con repulsión. —Sí, ¿cómo podría olvidarlo? —
Cuando doblamos la vuelta de la esquina por la calle, en dirección este,
añade—: Pero podríamos emborracharnos, por los viejos tiempos. —
Levanta su puño—. ¿Qué dices? ¿Quieres embriagarte en el pub una vez
más?
Choco mi puño con el suyo. No hemos pasado el rato desde hace
tiempo, desde que me mudé, por lo que no tengo muchas oportunidades
para pasar el rato con él. —Sí, ¿por qué diablos no? Una última vez, por
los viejos tiempos.
No puedo evitar sonreír ante las muchas veces que Ethan y yo
logramos colarnos en el pub con los documentos de identidad falsos.
Siempre nos divertimos mucho y me impacta el hecho de que hemos
dejado de lado esas cosas. Es un poco triste, pero al mismo tiempo, me
alegra que dejáramos en el pasado esta ciudad y siguiéramos adelante con
nuestras vidas, porque no mucha gente por aquí lo hace.
| 104
15
Traducido por Jenni G. & Miry GPE | 105
Corregido por ♫ MoniQue ♫
Ella
—No puedo creer que me hayas traído aquí —grito por encima del
estruendo de la música, abanicando con mi mano enfrente de mi cara
porque hace calor y huele a sudor y queso viejo mezclado con cerveza. Hay
cadenas de luces enrolladas alrededor de las vigas del techo que brillan
sobre las caras, dando a nuestra piel un resplandor rosado.
Lila gira sobre su taburete, y sus ojos analizan la pista de baile. —
Bueno, estuve preguntando y todo el mundo dijo que este era un lugar
para venir a divertirse un poco.
Niego con la cabeza mientras tomo mi bebida. —Oh, Lila Dila, la
diversión en Star Grove no es igual que en California o incluso en Las
Vegas. —Giro en mi taburete, haciendo señas con mi mano hacia la
multitud de personas de aspecto rudo, la mayoría vestidos con vaqueros
viejos, camisas de cuadros, camisetas, botas. No somos las únicas bien
vestidas, pero las chicas que llevan vestidos elegantes son pocas. Y no hay
luces llamativas o decorado, solo un poco de iluminación debido a unas
cuantas bombillas de afuera, mesas redondas y sillas desiguales, cascaras
de cacahuete y envoltorios en el suelo. La música viene de un altavoz, no
de un DJ; lo bueno es que las bebidas son baratas.
—Bueno, quería darte una última alegría antes de que te cases en
unos días —dice, dando sorbos a la pajita de su margarita mientras que el
camarero, un hombre de mediana edad con escaso pelo y bigote, nos mira.
Lleva haciendo eso desde que llegamos, vigilándonos, pero hasta ahora ha
sido fácil ignorarle—. Traté de ser una buena dama de honor.
—¿No hicimos eso ya en San Diego la noche antes de la boda? —
pregunto—. Cuando me llevaste a ese club a beber.
Levanta sus cejas hacia mí. —¿La boda que nunca se celebró?
—Cierto —digo—. Pero aun así tuvimos nuestra alegría.
Sobre el resto de su bebida antes de reclinarse en el respaldo del
taburete y colocarse sobre el mostrador. —Uno nunca tiene demasiadas
últimas alegrías. —Frunce el ceño mientras se sienta derecha—. Apenas
nos hemos visto en los últimos seis meses y, cuando ya estés casada,
difícilmente vamos a poder vernos.
No soy este tipo de chica de conversaciones sinceras pero ella me
está haciendo sentir mal. —Lila, seguiremos siendo amigas no importa lo
que pase. Y sales con el mejor amigo de Micha. Vamos a vernos más de lo | 106
que piensas.
Ella reorganiza unos mechones de su pelo. —No, no es cierto. Ya lo
verás. Te mudarás, seguramente tendrás bebés, y yo seguiré viviendo en
Las Vegas, tratando de averiguar lo que quiero hacer con mi vida.
—Eso no es lo que he oído —le digo—. He escuchado que Ethan y tú
tienen planeado un gran viaje por carretera.
Aprieta sus labios mientras mira a la pista de baile. —Sí, supongo
que ese es el plan.
—Entonces, ¿por qué no suenas tan convencida?
—No sé. Las desgracias pasan, sabes. A veces, las cosas cambian.
Tomo otro trago de mi bebida. —¿Ocurre algo entre Ethan y tú?
¿Están peleados o algo así?
Sacude la cabeza. —No, pero eso no significa que no me preocupe
por todas las cosas que puedan salir mal.
—¿Cómo qué?
—Como la vida. —Se gira hacia mí, cruzando sus piernas—. No
todos tenemos una relación perfecta, aunque no puedo decir que lo que
Ethan y yo tenemos sea malo. Es genial, pero no es como si tuviera un
anillo en mi dedo.
—Todavía —digo, y ella pone los ojos en blanco. Echo mi cabeza
hacia atrás y me trago el resto de la bebida, sintiendo la quemadura del
vodka mientras se desliza por mi garganta—. Además, no tengo una
relación perfecta. —Dejo el vaso en la barra—. Debo recordarte que deje
plantado a Micha hace unos días.
—Sí, pero tenías una razón, ¿cierto? Porque te preocupabas por tu
futuro. —La forma en que lo dice con desconfianza hace que me pregunte
si no cree en mi razonamiento.
—Sí —digo—. Y por otras cosas… cosas de las que no me gusta
hablar.
—¿Qué tipo de cosas? ¿Hay algo más que no me contaste?
Giro un mechón de mi cabello alrededor de mi dedo, sintiéndome
incomoda. Puedo contarle a Micha cosas personales pero él es mi mejor
amigo, mi prometido, mi todo; suena muy cursi pero es la verdad. Me
pregunto si debería ponerlo en los votos.
La quemadura del alcohol corre por mis venas y empiezo a pensar
que tal vez es el momento de hablar con Lila de estas cosas. En general da
buenos consejos y quizás me pueda orientar sobre qué hacer. Pero no
quiero hablar sobre mi madre y la caja… Hablé lo suficiente acerca de eso | 107
con mi padre. Pero hay algo más.
—Estoy teniendo dificultades para escribir mis votos —admito.
Apoya su codo sobre el mostrador mientras sus cejas se fruncen. —
¿Están escribiendo los votos?
Asiento. —Fue idea de Micha.
Lila tamborilea con las uñas su rodilla. —Sí, lo supuse. —Se
detiene—. ¿Por qué piensas que te cuesta tanto?
—Porque no soy escritora —digo—. Y porque… bueno, porque odio
expresar mis emociones en una habitación vacía y mucho menos con
gente.
—Sí, pero nosotros ya sabemos lo que sientes por Micha, y que no
puedes quitarle las manos de encima. —Ella inspecciona su reflejo en el
espejo en la pared de atrás de la barra—. Pero comprendo la parte de las
emociones y que no quieras decírselo a nadie. A veces, yo también oculto
lo que siento.
—¿En serio? —pregunto, elevando mi voz porque la música se
escucha más fuerte—. Nunca parece que lo hagas.
Mira a un tipo espeluznante con una cola de caballo que no para de
sonreírle desde el otro lado de la barra. —Quizás no es que oculte lo que
siento sino que pretendo sentir algo más, pero he estado tratando de parar
porque no es saludable.
Sé por experiencia que tiene razón. —¿Y qué sugieres que haga con
la parte de no ser escritora?
—Simplemente pon el bolígrafo en el papel y escribe, supongo. —Se
encoge de hombro—. Estoy segura de que saldrá algo bueno.
Continúo tratando de descubrir una solución mejor hasta que la
canción cambia a una con un ritmo más rápido y Lila junta las manos, en
tanto sus ojos se le iluminan con entusiasmo. —Me encanta esta canción
—dice—. Tomemos otro trago y a bailar.
—Solo aceptaré un trago si es Jäger —le digo.
Hace una mueca de nauseas. —Uf, eres tan asquerosa. Yo seguiré
con el tequila.
Pide nuestras bebidas, después nos las bebemos de un golpe y nos
dirigimos a la pista de baile. Bailamos bajo la poca iluminación, haciendo
viajes ocasionales de vuelta a la barra a por más tragos hasta que estamos
calientes, sudorosas, exhaustas y preparadas para irnos a casa. Me siento
bien, no solo porque estoy borracha, sino porque me divertí mucho,
aunque tenga miedo de casarme, y esté preocupada por escribir los votos.
| 108
Así que nos abrimos paso entre la multitud, dirigiéndonos a la
salida, donde recogemos las chaquetas de la silla. Nos las ponemos en
tanto abrimos la puerta y el aire helado quema mis piernas desnudas.
—Corramos —le digo a Lila y, ella se ríe, ya que nos tambaleamos y
resbalamos en el hielo mientras corremos hacia el Chevelle aparcado
debajo de la farola.
—Espera. —Lila se detiene de golpe cuando casi llegamos al coche.
Mira atrás al club con una expresión indecisa en su cara—. Tal vez
deberíamos volver adentro, donde hace calor, y llamar a los chicos para
que vengan a buscarnos. Dijimos que no conduciríamos ebrias.
A través del mar de alcohol dando vueltas por mi cabeza, me doy
cuenta de que efectivamente no debemos conducir ya que todo luce un
poco distorsionado y estar de pie parece complejo. —Sí, buena idea. —Me
doy la vuelta para regresar cuando un Camaro azul se mete dentro del
aparcamiento y para entre nosotras y la puerta del club, bloqueando
nuestro camino.
—Tiene que ser una broma —murmuro cuando baja la ventanilla.
Mikey asoma la cabeza mientras que una nube de humo sale por la
ventana abierta. La última vez que lo vi, le lancé un batido en su ventana y
después intentó perseguirnos. Conociendo a Mikey, supongo que es
probable que aún guarde rencor.
—Ella, ¿qué pasa? —pregunta Lila siguiendo mi línea de visión en
tanto una sonrisa surge en la cara de Mikey—. ¿Quién es ese?
—Vaya, vaya, es la rebelde de la ciudad. —Continúa sonriendo
mientras abre su puerta y sale. Tiene la altura media de un chico, lo que
hace que con tacones yo sea tan alta como él, pero mi peso no se compara
al suyo. Su pelo negro se mezcla con la noche, su nariz está torcida,
seguramente porque alguien le golpeó, y tiene un tatuaje de un alambre de
púas curvando su cuello.
Sus botas pisan fuerte contra el estacionamiento helado mientras se
acerca a nosotras con una sonrisa de superioridad. —¿Está el idiota de
Gregory contigo? Porque me muero por darle una paliza por esa artimaña
que hicieron los dos.
—¿Qué? —pregunta Lila demasiado fuerte y, le lanzo una mirada
sobre mi hombro, esperando que mantenga la boca cerrada. Luego echo
un vistazo al coche de él, notando que hay alguien más en el asiento del
pasajero, un chico, creo.
Cuando Mikey desacelera hasta detenerse delante de nosotras,
observa a Lila con una mirada traviesa en su cara. —¿Eres su chica o algo
así?
—¿La chica de quién? —Lila se hace la tonta, protegiéndose al dar | 109
un paso detrás de mí. Se encuentra asustada; su respiración irregular se
proyecta a través de la niebla.
Mikey la mira un poco más y luego se centra en mí. No me gusta la
forma en que me mira, ya que no le hace como a la chica que podría pasar
el rato con los chicos, incluso si a él no le agradaba. Él me está
observando como si fuera una mujer, porque estoy vestida como una y de
repente me arrepiento de llevar puesto este maldito vestido y los jodidos
tacones. —Ella, sé que no eres estúpida —dice, acercándose más—. Sé que
eres consciente de que la gente de aquí no se sale con la suya después de
tirar batidos en los coches. Tienen que pagar… hay que dejar las cosas
libres de deudas.
Ruedo los ojos y cruzo los brazos sobre mi pecho. —También sé que
nadie por aquí te respeta.
Los músculos de su cuello se tensan mientras camina hacia la luz de
la farola. Aumenta un poco mi nerviosismo. A pesar de que Mikey siempre
ha tratado de parecer duro, todo era una farsa y la mayoría de nosotros
sabía que era puro habladurías. Pero ahora parece diferente al que yo
conocía. Más andrajoso, duro, intenso y menos cobarde. Sus ojos lucen
hundidos y rojos, y me pregunto si está metido en las drogas, pero de ser
así, no me sorprende. A veces ocurre en esta ciudad.
—Cuida tu puta boca —advierte Mikey.
Lila agarra mi brazo, sus dedos tiemblan mientras susurra—: Tal vez
debería llamar o enviar un mensaje a Ethan y Micha.
Sacudo la cabeza y siseo—: De ninguna manera. En ese caso esto
solo va a terminar en una pelea.
Lila mira a Mikey. —Creo que podríamos acabar en una pelea si no
los traemos aquí —susurra con nerviosismo.
—No, estamos bien —le aseguro, aunque no estoy tan segura de mí
misma—. Solo ve al coche y espérame. —Me doy la vuelta y enfoco mis ojos
en Mikey, intentando parecer más dura de lo que me siento en tanto Lila
vuelve hacia el Chevelle.
Hace crujir sus nudillos y su cuello, como si eso demostrara que es
más duro. —¿Crees que puedes asustarme con una mirada? —Estira los
brazos hacia los lados del estacionamiento vacío—. No tienes a nadie aquí
que pueda protegerte.
Esa chica luchadora que continúo reprimiendo, intenta abrirse paso
al exterior y doy un paso hacia delante así que estamos más cerca. —Y
eso está bien. —Estiro las manos hacia los lados y miro alrededor,
imitando burlonamente su movimiento, e ignorando el hecho de que las
cosas se van a poner feas. No hay nada que pueda hacer al respecto.
Podría correr, pero entonces él me perseguirá—. Ya que no veo ninguna
amenaza por aquí. | 110
Una vena sobresale de su cuello y comienza a echarse a un lado
mientras que el otro chico del coche sale. Es alto y voluminoso con el pelo
corto y los brazos del tamaño de mis piernas. Intento calcular qué tan
rápido puedo correr hasta el coche en tacones, y si llego allí, qué tan
rápido puedo conducir para escapar, porque sé que me perseguirá ya sea a
pie o en vehículo.
—Ah, ahora no eres tan arrogante —dice Mikey con una sonrisa de
superioridad cuando no respondo. Odio dar marcha atrás porque eso
significaría vivir un infierno durante casi siempre, dado que nadie en Star
Grove parece poder olvidar, pero al mismo tiempo esta no es mi casa.
Podría quedarme aquí de vacaciones si se da el caso, así que al final,
¿importa?
Tragándome toda mi terquedad, pongo mis manos en alto y doy un
paso atrás, poniendo distancia entre nosotros. —Bien, tú ganas —digo
entre dientes.
—De ninguna jodida manera. —Él replica mi paso, estrechando la
distancia entre nosotros—. Me insultaste y arruinaste el cuero de mi auto.
No te alejaras sin más. La pregunta es, ¿cómo lo pagarás? Digo, podría
sencillamente hacerte pagar por todo el retapizado. —Sus ojos se deslizan
por mi cuerpo sugestivamente—. Sin embargo, quizá haya algo más que
puedas darme.
No puedo evitarlo. Me echo a reír, lo que probablemente no es lo
mejor, pero estoy borracha y no pienso racionalmente. El grandote se
apresura hacia mí mientras me alejo con la mano sobre mi estómago, y mi
risa hace eco a nuestro alrededor. Pero él se resbala, cayendo de espaldas
y me río más fuerte, haciendo que la cara de Mikey se caliente con ira. Me
agarra del brazo y me jala, presionando sus dedos contra mi piel, y hago
una mueca de dolor cuando tropiezo.
—Suéltame —digo, tirando de mi brazo para soltarme.
Sus dedos se hunden más al tiempo que me jala hacia delante,
abriendo la boca para decir algo, pero levanto mi rodilla y le golpeo sus
partes viriles. No estoy segura de cuánta fuerza puse en el golpe, ya que
estoy ebria y tengo dificultad para mantener el equilibrio, pero parece que
funciona y me suelta para agarrarse los genitales mientras su cara se
contorsiona por el dolor. Me encuentro a punto de voltearme y huir cuando
levanta el brazo y me golpea en la mejilla.
Me resuenan los oídos y veo manchas mientras agarro mi mejilla y
parpadeo. —¡Maldito idiota! —grito, enojada. Algunas chicas habrían
llorado, pero el dolor solo me hace querer causarle lo mismo. Veo al tipo
grandote caminar hacia nosotros cuando Mikey levanta la mano para | 111
golpearme de nuevo. Llevo hacia atrás mi propia mano y le golpeo con mi
puño en la mejilla. No es la primera vez que golpeo a alguien y estoy
bastante segura que no será la última, pero no importa cuántas veces
golpee a alguien en el rostro, todavía duele mi condenada mano.
Los dos nos lamentamos del dolor; Mikey se acuna la mandíbula
donde lo golpee, y yo sacudo la mano mientras me alejo de él, lista para ir
al auto. Pero entonces un grupo de chicos y chicas salen del bar, causando
mucho ruido y haciendo que ahora haya testigos.
Uno de los chicos da una mirada inquisitiva en nuestra dirección
mientras enciende un cigarrillo y aprovecho la oportunidad para irme con
rapidez hacia el Chevelle y subir con Lila.
Sus ojos se ven enormes y llenos de lágrimas, mientras se rodea con
los brazos. —Oh, Dios mío, Ella. Eso fue…
—Star Grove —le digo y luego añado—: Asegura tu puerta.
Ella obedece mientras aseguro también la mía.
Mikey se acerca hacia uno de los chicos que acaba de salir e
intercambian un apretón de manos, mientras que el grandote me mira con
los brazos cruzados sobre el pecho. Busco mi teléfono en el bolsillo,
debatiendo a quién llamar. Sé que si llamo a Micha, vendrá, y si Mikey aún
se encuentra aquí, hay una buena probabilidad de que se desate una pelea
y eso es lo último que quiero.
—Ya los llamé, al segundo en que ese idiota salió tras de ti —me dice
Lila—. Se hallaban en un pub a pocas cuadras. Vienen hacia acá en este
momento.
—Mierda, Lila, ahora vendrán listos para lanzar golpes. —Me miro
en el espejo retrovisor, haciendo una mueca al tocar mi pómulo rojo e
hinchado—. Creo que se hará un moretón.
Lila frunce el ceño. —Genial, ahora tendrás un moretón gigante en
todas tus fotos de boda.
—¿Cuáles fotos?
—Las que tomará Caroline. —Se coloca la mano sobre su boca—.
Oh, mierda, no debía decírtelo.
—¿Qué? —La miro boquiabierta al tiempo que contengo mi mano
lesionada—. ¿Quién los invitó?
Quita la mano de su boca y la deja sobre su regazo. —La mamá de
Micha. Pensó que sería bueno para ti tener a tu hermano aquí.
No sé cómo responder. Mi boda tranquila se va llenando de un grupo
de personas que me mirarán mientras sello mi futuro y, por supuesto, leo
los votos que ni siquiera he empezado a escribir. No debe parecer gran
cosa, pero al mismo tiempo lo es. Sobre todo si hago algo estúpido como | 112
sentir pánico. No quiero que nadie me vea en pánico.
Me desplomo en el asiento y mantengo la mirada fija en Mikey, que
aún charla con el chico. —Dios, me olvidé de lo intensa que es esta ciudad
—digo, cambiando de tema—. Todo es vida o muerte.
—¿Por qué no nos llevo a algún lugar cerca? —sugiere Lila,
alcanzando la manija de la puerta para salir del coche y cambiar de
asiento conmigo—. Me siento lo suficientemente sobria como para por lo
menos sacarnos de aquí y, luego, podemos decirle a Ethan y Micha que se
encuentren con nosotras en otro lugar, por lo que no tendrán que aparecer
aquí y meterse en una pelea.
—No importa a dónde vayamos —digo—. Mikey simplemente nos
perseguirá. De hecho, apuesto a que espera que nos vayamos a algún
lugar así puede perseguirnos.
—¿Qué problema tiene ese tipo? —pregunta, mirando a Mikey—.
Golpeó a una chica.
—Así es la gente de por aquí. —Pongo las llaves en el encendido,
debatiendo si encender o no el auto para prender la calefacción. Hace un
frío de muerte aquí, pero al mismo tiempo, el sonido del motor podría
provocar a Mikey. Si mi visión no estuviera ligeramente borrosa, huiría de
Mikey en un santiamén, pero tengo la sensación de que si intento algo en
este momento, podría acabar estrellando el auto en un árbol. Lila podría
salir herida, o alguien más, y si algo me sucede, el futuro encantador que
Micha y yo hemos planeado se desvanecerá. La última idea se asienta en
mi pecho, pero en el buen sentido, porque hace unos años habría
conducido el coche, arriesgándolo todo.
Algunas de las chicas se dirigen hacia una camioneta, encienden un
cigarrillo y se lo pasan entre ellas; los chicos pronto las siguen, saludando
a Mikey y al grandote. Un chico desgarbado con un gorro se queda atrás y
le dice algo a Mikey, luego los tres suben al interior del Camaro.
—¿Qué hacen? —Lila se inclina hacia adelante en el asiento y mira
de reojo al Camaro mientras Mikey sube la ventana. No conduce, pero
enciende las luces.
Tamborileo con mis dedos la parte superior del volante. —Es
probable que trafiquen droga.
—Oh. —Lila frunce el ceño y luego mira por la ventana de su lado.
Estoy a punto de decir que deberíamos irnos a pie y encontrarnos con
Ethan y Micha cuando alguien golpea la ventana.
Salto pero me relajo cuando veo a Micha afuera con la capucha de
su chaqueta sobre la cabeza y ese aspecto relajado en el rostro, como si ya
hubiera bebido cervezas de más esta noche. Ethan se encuentra a su lado | 113
y cuando mira dentro del auto, lo rodea por el frente, en dirección hacia el
lado de Lila.
—Cuando pregunten qué pasó, diles que una chica me golpeó —le
susurro a Lila y luego quito el seguro de la puerta.
Micha se hace hacia atrás para que yo pueda abrir la puerta y luego
se inclina para mirar dentro del coche, con el pelo rubio colgando sobre
sus ojos. —¿Qué sucedió? —pregunta, y su aliento huele un poco a
alcohol. Me mira cuidadosamente y luego sus ojos llamean cuando nota mi
mejilla hinchada—. ¿Cómo diablos sucedió eso? —Mira a Lila y luego su
mirada llameante regresa a mí—. Lila dijo que necesitaban ayuda.
Me encojo de hombros mientras que Lila abre su puerta y oigo a
Ethan decirle que luce muy ardiente. —Había una zorra en el club con la
que asistí a la escuela —le digo a Micha—. Al parecer, le pateé el culo una
vez, ahora ella estaba borracha y quería pelear. Lila se asustó y los llamó,
a pesar de que le dije que podía manejarlo.
—Oye —Lila me empuja por la espalda y me estremezco—, no lo
manejabas muy bien.
Discretamente miro hacia el Camaro de Mikey, que aún se halla
aparcado delante de la puerta. —Lo manejé bien. ¿Podemos ir a casa?
Micha se pone de cuclillas, con las cejas elevadas. —Sí, creo que eso
sería un problema. —Se inclina hacia un lado y se ríe con esta risa tonta
de borracho mientras le dice a Ethan—: Creo que tuvimos suerte de
incluso llegar aquí.
—Estás borracho —señalo y Micha me mira con cara culpable. Ha
pasado un tiempo desde que lo he visto ebrio y me preocupa, no porque
crea que él se ponga malo, sino porque si Mikey se acerca y trata de
empezar algo, es más probable que Micha pelee y, también, que pierda.
—Tal vez —admite, con una sonrisa adorable en su rostro—. Pero no
seré malo ni te haré daño. —Presiona la mano contra su corazón—. Dije
que nunca te heriría de nuevo y no lo haré. De hecho, seré muy, muy
bueno si me dejas —dice, mirando mi pecho—. Haré todo tipo de cosas
buenas para ti... —Sus dedos se extienden sobre la parte superior de mi
pierna.
Ruedo los ojos mientras Lila ríe, luego también Ethan se ríe. No me
atrevo a girarme, preocupada de ver lo que los dos podrían estar haciendo.
Por el rabillo del ojo, compruebo el auto de Mikey, aliviada de que
aún se encuentra estacionado y tranquilo. —Creo que deberíamos ir a casa
—digo, mirando a Micha.
—¿Y cómo se supone que lo hagamos? —pregunta inocentemente
mientras nos mira a todos y luego se ríe por lo bajo—. ¿Hay alguien
sobrio? Porque yo no. | 114
—Tampoco yo —dice Ethan arrastrando las palabras en su oración
y, Lila se ríe aún más fuerte.
Parpadeo, esperando que el desenfoque y el efecto de giros felices
desaparezcan, pero no hay suerte. —No, pero siempre podríamos llamar a
tu mamá —digo, buscando en mi mente más ideas, pero lo único que
consigo es un dolor de cabeza.
Micha ondea su mano, desechando la idea y se tambalea sobre los
pies, sonriendo con orgullo como si se le acabara de ocurrir la mejor idea
de todos los tiempos. —No, podemos caminar. Es divertido.
Río mientras me jala para ponerme de pie y aferra mi cintura para
mantenerme equilibrada cuando tropiezo en mis tacones. —Para ti es fácil
decirlo —digo, agarrando su hombro, ya que ambos nos deslizamos sobre
el hielo—. No eres el que lleva tacones.
Continúa tratando de mantenernos estables, luego su vista baja por
mis piernas mientras chupa el anillo de su labio entre los dientes. —Dios,
esas son unas piernas condenadamente sexys. —Sus ojos se calientan con
lujuria y sé que si no lo llevo a casa pronto, tendré mis manos aún más
llenas. Si una pelea no se lleva a cabo, entonces será un espectáculo porno
en vivo—. Quiero acariciarlas completamente con mis manos —gruñe,
moviéndose para un beso.
Me río más fuerte, tratando de no tropezar mientras suavemente
coloco la mano en su pecho y lo empujo hacia atrás. —Te diré algo; llama a
tu mamá para que venga a recogernos y dejaré que acaricies mis piernas
tanto como quieras.
—¿Lo prometes? —pregunta, con una mirada intensa.
Pongo un dedo en mi corazón. —Lo prometo, pero asegúrate de que
trae a Thomas. No podemos dejar tu coche aquí. —De lo contrario,
probablemente será chatarra.
Me sonríe, luego saca su teléfono del bolsillo para llamar a su mamá.
Mantengo un ojo en el coche de Mikey, esperando que se quede ahí hasta
que nos hayamos ido, porque si él sale y Micha se entera que me golpeó,
todo se pondrá feo. Micha no es la persona más violenta, excepto cuando
se trata de mí. Recuerdo cuando me dijo que golpeó a Grantford Davis
porque fue él quien me llevó hasta el puente esa noche.
—Bien, estará aquí en, como, cinco —anuncia Micha, metiendo el
teléfono en el bolsillo. Luego da un paso adelante, frotándose las manos y
exhalando una nube de aire—. Ahora, algunas caricias de pierna.
Río cuando me pone de espaldas contra el auto, luego me levanta,
me sienta en su regazo mientras se hunde en el asiento del conductor y
cierra la puerta. Comienza a acariciar mis piernas de arriba abajo con sus | 115
manos, haciendo cosquillas a mis muslos y volviendo el aire sofocante a
pesar de que afuera se encuentra por debajo de cero. Ethan y Lila
empiezan a besarse en el asiento del pasajero, haciendo unos ruidos
jadeantes, y Micha susurra algo sobre que nos desafían y luego me besa
bruscamente.
Los siguientes minutos continúan en una bruma borrosa llena de
besos, caricias e incomodidad porque Ethan y Lila hacen lo mismo en el
asiento de al lado. Pero todo el mundo se halla demasiado borracho como
para preocuparse y para cuando la mamá de Micha se detiene junto a
nosotros en la vieja camioneta de Thomas, ella casi tiene una visión total.
Afortunadamente, la ropa de todos sigue puesta cuando golpea en la
ventana. Hace que Micha y yo salgamos, haciendo una broma sobre que
actuamos como adolescentes de nuevo, casi como si lo extrañara.
Micha y yo nos sentamos en el asiento trasero y Ethan sube atrás,
también, buceando sin gracia sobre la consola. Luego lo sigue Lila,
saltando sobre su regazo. Nos encontramos apiñados en el asiento trasero,
las rodillas de Lila se presionan contra las mías mientras más o menos me
hago una bola en el regazo de Micha.
—Hay espacio aquí —dice la madre de Micha, palmeando el asiento
de pasajeros vacío, luego ajusta el espejo retrovisor.
—Estamos bien —decimos los cuatro casi en sincronía y luego
reímos.
La mamá de Micha suspira y después sigue a Thomas fuera del
estacionamiento, dejando el bar, a Mikey y a nuestro pasado atrás. Al
menos por ahora.
16
Traducido por Jenni G. | 116
Corregido por Pau_07
Micha
Me siento mal por emborracharme, pero me divertía, bebiendo
cervezas y tragos con Ethan y me deje llevar un poco. Me prometo que no
me portaré mal con Ella pase lo que pase y en realidad es bastante fácil,
teniendo en cuenta que al instante en que la veo quiero arrancarle la ropa
y enterrarme en su interior.
Mientras volvemos a mi casa con mi mamá, nuestro conductor
designado, como si fuéramos un grupo de adolescentes otra vez, parece
que no puedo mantener mis manos alejadas de Ella. Chupo su cuello,
dándole un chupetón mientras mis dedos se escurren bajo su vestido. Ella
respira contra mi piel mientras que esconde su cara en mi cuello,
intentando no hacer ruido. Huele a vodka y vainilla, y disfruto con la
escena, preparado para llegar a casa porque de verdad estoy a punto de
enloquecer.
El único momento que tengo para distraerme es cuando pasamos al
lado de un grupo cantando villancicos en la esquina cerca del parque,
abrigados con sombreros, abrigos y guantes, cantando a pleno pulmón.
—Espera un minuto —digo, inclinándome hacia adelante y
golpeando la guantera con la mano—. Para el coche.
—Jesús, Micha. —Mi madre se estremece con sorpresa pero luego
empieza a pisar los frenos—. ¿Qué pasa?
—Deberíamos ir a tirarles bolas de nieve —digo asintiendo con la
cabeza hacia los cantantes y entonces pellizco la pierna de Ella—. Como
solíamos hacer cuando éramos niños todos los años. Era algo así como
nuestra tradición.
—Micha Scott —dice mi madre con horror—, eso es horrible.
Pero Ella comienza a reírse. —Me había olvidado por completo de
eso. Recuerdo que una vez golpeé a un chico directo en la cara con una y
luego nos persiguió varias manzanas.
—Tú siempre nos metiste en muchos problemas —digo con una
sonrisa—. Hagámoslo otra vez.
Comienza a reír y aunque probablemente somos demasiado viejos
para seguir manteniendo esta tradición, estamos lo bastante borrachos
para considerarlo en serio. Pero mi madre presiona el acelerador y sigue
conduciendo por la carretera. | 117
—Ustedes y sus locas ideas —murmura en voz baja.
Me decepciona que no nos deje, pero lo olvido rápidamente y
comienzo a besar a Ella otra vez hasta que aparcamos enfrente de mi casa
y, mi madre apaga el motor.
—¿Qué quieren que prepare de comer? —pregunta mi mamá en
tanto salimos del coche—. Puede ser bueno que coman algo.
—Estamos bien. Gracias de nuevo por venir a recogernos. —Me
despido con la mano y, suspira mientras guío a Ella adentro, sin ni
siquiera molestarme a esperar a Ethan y Lila o a escuchar a mi madre
pedirme que vuelva.
En el momento que llegamos a mi habitación y cerramos la puerta,
enciendo la lámpara mientras estoy ardiendo con la necesidad de tocar a
Ella. Sin ni siquiera avisarle, doy un tirón a su chaqueta de cuero y la
lanzo al suelo.
—Voy a tener las manos ocupadas esta noche, ¿no? —afirma con un
brillo perverso en sus ojos como si eso es lo que quiere exactamente.
Entrecierro los ojos hacia su mejilla, rozándola con mi pulgar. Se ve
incluso más roja y más hinchada bajo la luz. —¿Qué tan fuerte te golpeó
esa chica?
Se encoge de hombros. —Un golpe normal. —Entonces agarra la
parte inferior de mi camisa y tira de mí hacia ella—. Pero no importa. Se lo
devolví dos veces así que todo está bien —dice y golpea sus labios con los
míos tan fuerte que creo que tendremos moretones en la mañana.
Deslizo mi lengua dentro de ella mientras mis dedos vagan por su
pelo, por su cuerpo, debajo de su vestido, dentro de sus bragas. La siento
desde dentro pero solo dura un momento porque es todo lo que puedo
soportar. Entonces saco mis dedos de ella y le quito su vestido ajustado,
arrojándolo también al suelo. Me ayuda a sacarme la camisa y luego me
desabrocha el botón de mis vaqueros para quitármelos. Noto que solo
utiliza su mano izquierda y me pregunto si se hizo daño en la otra cuando
golpeó a la chica. Estoy a punto de preguntarle cuando se desabrocha el
sujetador, y después todos los pensamientos abandonan mi mente.
La agarro bruscamente y junto mis labios con los suyos mientras la
levanto. Jadea contra mi boca cuando su espalda golpea en la pared y mi
rodilla choca contra la mesilla, golpeando mi regazo en el suelo. La
habitación queda a oscuras, una pequeña cantidad de luz fluye de las
luces de navidad del exterior mientras acaricio sus muslos, sintiendo su
piel mientras exploro cada centímetro de su boca con mi lengua hasta que
nuestros labios están hinchados y necesito aire.
Cuando me alejo, chupa mi labio inferior con fuerza, trazando con
su lengua a través del aro de mi labio, y me enloquece. Gimo cuando libera | 118
mi labio y me pulverizo contra ella, colocando besos desde su mandíbula
hasta su cuello. Muerdo suavemente su piel, saboreándola, rodándola con
mi lengua mientras engancho mis dedos en el borde de sus bragas y ella
hace ese gemido sexy. Me muevo hacia atrás solo para deslizar sus piernas
hacia abajo, y después me quito de un tirón los boxers. Cuando me inclino
para besarla de nuevo, escucho voces al otro lado de la pared. Mi mamá
riéndose y Thomas diciendo algo muy alto.
Ella y yo paramos, jadeando pesadamente, y su pecho chocando con
el mío cada vez que toma una respiración.
—Tal vez deberíamos ir más despacio —susurra, parpadeando—. Al
menos hasta que se vayan a dormir. Podrían oírnos.
—De ninguna manera —le digo, buscando una solución donde
podamos ser escandalosos sin que nadie nos escuche. Busco mi IPod y
hago clic en subir el volumen de Change (en La Casa de Archivo) de
Deftones, y la música se eleva por encima de las voces.
—Si no podemos oírlos, estoy seguro de que ellos no pueden
escucharnos —digo y luego estrello mis labios con los suyos otra vez.
Sus dedos hacen un camino abrasador por mi espalda y se anudan
en mi pelo mientras yo la agarro de los muslos y la levanto, abriendo sus
piernas sin apenas avisarle, antes de hundirme en su interior. Jadeamos
mientras unimos nuestros cuerpos, aferrándonos el uno al otro como si no
existiese nada más; el sonido de la música entra y sale del foco hasta que
no puedo concentrarme en nada más que en ella y en cómo me hace
sentir. Como hace unos cuantos años, había salido con Ethan al mismo
bar y volví a casa con una chica que había estado coqueteando conmigo
toda la noche. El sexo era sin sentido, la pasión, el calor, el sudor, la
intensidad ardiente cruda que siento con Ella inexistente.
No había nada y ahora existe todo.
Después de bajarnos desde lo alto, salgo de ella suavemente,
cargando su peso cuando sus débiles piernas la abandonan. Ella se ríe
exhausta mientras la levanto en mis brazos y tropiezo sobre la cama. La
acuesto y después subo bajo la colcha con ella.
Pone su cabeza sobre mi pecho y dibuja patrones de corazones en mi
piel húmeda. —Te amo —susurra.
Cierro los ojos y la abrazo más fuerte contra mí. —Yo también te
amo.
Nos aferramos el uno al otro, flotando hacia el sueño, igual que lo
hacíamos cuando éramos más jóvenes. En realidad empezamos a dormir
juntos cuando teníamos unos trece años, después de haber estado
pasando el rato en mi habitación y Ella no quería irse a casa porque | 119
evitaba a su familia. La dejé dormir en mi cama conmigo, no porque
estuviera siendo un pervertido sino porque me gustaba tenerla cerca y no
quería que se fuera a casa. Mi mamá trabajaba en turnos de noche así que
sabía que no podían atraparnos. Fue la mejor noche de sueño que había
tenido en mucho tiempo y luego eso comenzó a ser un hábito.
Alternábamos noches entre nuestras habitaciones y a veces en casa de
otras personas, en los bancos de los parques, y a veces incluso en mi
coche.
El coche era mi lugar favorito, porque me daba la excusa perfecta
para estar más cerca de ella. Sí, un montón de cosas increíbles pasaron en
ese coche. Todo lo que Ella y yo necesitábamos era el uno al otro y mi
coche, y estábamos bien, no importaba lo que la vida nos lanzase, incluso
si ella se enojaba conmigo. Corríamos a él. Nos besábamos en él. Nos
abrazábamos en él, justo como estamos abrazados ahora.
Sonrío a los recuerdos que inundan mi cabeza. Empiezo a dormirme,
pensando en la noche que comenzó con una pelea por un beso robado y
terminó con nosotros dormidos juntos, apretados en el asiento del
conductor.
Empezó como una verdadera noche de mierda, pero al final resultó
ser la mejor de mi vida.
17
Traducido por Dannygonzal | 120
Corregido por Miry GPE
Micha
Hace dos años y medio…
Llega la hora de correr y estoy nervioso, aunque tengo a Ella en el
auto conmigo, mi pequeño amuleto de la suerte, hemos estado en vilo toda
la noche, en parte porque mis crecientes sentimientos por ella me ponen
incómodo, pues cada vez que me encuentro a su lado continúo esperando
que diga que siente algo por mí, sabiendo que si soy quien se lo dice
primero, se volverá loca. Pero esta noche no. Tuvo un día duro y está de
mal humor, aunque quiero gritarle que estoy enamorado de ella. Sé que no
puedo. Sin embargo, espero que luego de la carrera podamos ir a nuestro
lugar y hablemos un poco mientras nos sentamos en el capó de mi auto,
escuchando música; es una de mis cosas favoritas.
Pero por ahora tengo que concentrarme en la competencia, así que
me enfoco en conducir, ganar y asegurarme que Ella se divierta esta
noche, a pesar de que no puedo dejar de pensar en besarla.
—¿Lista para esto? —pregunto, pisando el acelerador mientras se ve
aturdida, mirando por la ventana del pasajero. Ha estado haciéndolo la
mayoría de la noche y deseo que pudiera decirme qué se encuentra en su
mente.
Se voltea y me mira. —¿Lista para qué?
Piso el acelerador otra vez. —Para correr. Sé cómo te entusiasma
esto.
Pretendo bromear, aunque es verdad.
Rueda los ojos, pareciendo feliz por un breve momento. —Lo que
sea. —Luego su expresión cae y mira de nuevo por la ventana.
Dudo. —¿Quieres decirme porque has estado tan callada toda la
noche?
Se encoge de hombros y deja salir un sonoro suspiro. El auto se
vuelve ensordecedoramente silencioso mientras inhala y exhala. Trago con
fuerza e intento poner de nuevo mi atención en el frente, cuando de
repente dice—: Micha, ¿puedo preguntarte algo? —Suena ahogada y
nerviosa, y hace que me pregunte qué demonios dirá.
—Sabes que puedes preguntarme cualquier cosa. —Agarro el | 121
volante, mirando hacia los árboles, incapaz de verla, rezándole al jodido
Dios porque por fin diga algo, como: “Micha, ¿sientes lo mismo? Micha, por
favor fóllame. Micha, te amo”.
Espero lo último, aunque no sería una pregunta, pero después de un
eterno silencio, todo lo que acaba diciendo es—: ¿Cuál es tu apuesta para
la carrera? —Suspira al final, como si fuera a decir algo más, quizá algo
importante.
Tengo que respirar profundo antes de hablar, de otra forma todas las
emociones a punto de explotar, se mostrarán en mi voz. —Creo que, como,
cien dólares.
—¿Con quién vas a correr?
—Con Danny y su auto Challenger.
—Vas a ganarla. —Sus labios se levantan y creo que en realidad
puede ser una sonrisa verdadera.
Me relajo mientras me alineo para correr. Estoy nervioso y ella puede
notarlo porque le sube un poco a The Distance de Cake, porque sabe que
me calmará. Cuando la letra y el ritmo salen por los parlantes, la miro.
—Solo tú sabes cómo llegar a mi corazón —digo con una sonrisa
tensa y nerviosa—. Gracias, niña bonita.
—Por supuesto —responde, relajándose de nuevo en el asiento,
viéndose cómoda, como si perteneciera allí, lo que es cierto—. ¿Para qué
son los mejores amigos?
Me obligo a darle una sonrisa, luego presiono el embrague y la
palanca en primera. Danny en su Challenger a nuestro lado acelera su
motor, le respondo, pisando el acelerador a fondo, con tanta fuerza que el
auto vibra por el movimiento del motor. Luego la novia de Danny llega
pavoneándose entre los autos. Hay una regla que dice que la novia de uno
de los incitadores de la carrera tiene que comenzarla. Cuando lo hago,
siempre tengo que escoger a alguna chica al azar de la multitud, porque
nunca he tenido novia, nunca quise una. Algunas veces he intentado que
Ella lo haga, pero siempre me rechaza, diciendo que es una regla sexista,
cuando en realidad creo que se preocupa porque las personas comiencen a
pensar que salimos, aunque muchos ya lo creen.
—Sabes que siempre puedes decirme que vaya más despacio —le
digo, demostrándole que se encuentra segura—. Si es que tienes miedo.
—Sabes que no. —Se quita los zapatos y coloca sus pies sobre el
salpicadero como apoyo.
La forma tan cómoda en la que luce me hace sonreír. —Lo sé, pero
siempre quiero asegurarme.
Segundos después, la novia de Danny baja sus brazos, y justo así
salimos, elevando una gran nube de polvo que ahoga a la audiencia. Entre | 122
más tiempo manejamos, más relajada se vuelve Ella, apoyando la cabeza
cae contra el asiento y luciendo muy tranquila mientras cierra los ojos y
respira el aire frío que sopla por la ventana. Se ve tan hermosa en este
momento, tan tocable, tan malditamente perfecta, que casi olvido la
carrera.
Entonces miro la carretera y me doy cuenta de que el Challenger ha
muerto a mitad del camino y nosotros vamos a golpearlo. —Mierda —
murmuro y una de las ruedas rechina mientras bajo la velocidad, el
neumático patina en la tierra y el auto vira un poco. Sé que si no logro
controlarlo, algo malo fácilmente podría pasar. No es la primera vez que
este tipo de cosas ha pasado, pero Ella siempre es lo primero que me viene
a la mente, por lo que me resulta más importante recuperar el control.
—Micha… —dice Ella al tiempo que muevo el volante hacia un lado y
bajo la velocidad mientras que volteo a la derecha. Contengo el aliento
cuando giro bruscamente alrededor del Challenger y corrijo a tiempo, pero
uso la fuerza para enderezar el volante. Lo tengo bajo control, pero hay
poco tiempo para celebrarlo cuando aparece el final de la carretera.
—Maldición. —Jalo la palanca del freno de emergencia y el
neumático chirría.
Nos salimos de control, el motor hace demasiado ruido, pero logro
controlarlo todo y al final vamos a la línea final.
Respiro mientas piso el acelerador, a pesar de que el Challenger aún
se encuentra parado.
—¿Más rápido o más despacio? —le pregunto a Ella en chiste,
porque hemos ganado la carrera.
Agarra la manija de la puerta. —Más rápido, por supuesto.
Sonrío porque no me sorprende su respuesta y se ríe mientras
presiono con fuerza mi pie contra el pedal del acelerador. Los árboles y el
cielo oscuro pasan en un borrón mientras que las luces delanteras
iluminan la carretera de tierra delante de nosotros. Muevo la palanca de
cambios, aumentando la velocidad, y las personas se salen del camino
preocupadas de que pierda el control porque a veces sucede. Pero me hace
terminar fácilmente en la línea final, ganando, y Ella se ve tan feliz que
hace que toda la tensión entre nosotros se disipe.
Le muestro esa sonrisa estúpida e idiota que hace que ella se ría y
luego inclino mi cabeza contra el asiento, relajándome por primera vez esta
noche. —Mierda, por un momento pensé que iba a chocarlo —digo
riéndome.
—Yo no —dice y volteo mi cabeza para darle una mirada dudosa,
pero sonrío—. ¿Qué? Sabía que lo tenías controlado. | 123
—Lo teníamos —digo—. Y tenemos cien dólares para dividir. —Me
siento muy emocionado por el hecho de que acabo de ganar y ella está
conmigo y sonriendo, lo que en cierto modo era todo el objetivo de esta
noche—. Mierda, mierda, mierda —digo, incrementándolo a medida que
golpeo el volante.
Ella suelta una carcajada. —Eres como un tonto. —Se ríe un poco
más y maldigo ante el sonido, que es lo más increíble que he oído. Raro,
hermoso y hace que desee demasiado tocarla. Sin siquiera pensar, como si
fuera lo más natural del mundo, me inclino sobre la consola y la jalo en un
abrazo.
Por un segundo, me preocupa que vaya a volverse loca porque odia
que la abracen, pero en este momento se encuentra tan feliz que me
abraza y no puedo evitar aspirar su esencia. Es intoxicante, junto con su
calor. Dios, estoy tan enamorado de ella; quiero tocarla, besarla, estar a su
lado. Antes de incluso saber porque lo hago, usualmente tengo más
cuidado, pero me equivoco y lo sé en el segundo en el que nuestros labios
se tocan y ella se tensa, respirando de forma brusca.
Entro en pánico y antes de que pueda decir algo, retrocedo y salgo
del auto. Lo he jodido, no solo porque sé que va a enojarse conmigo, sino
porque tomé un momento feliz y lo arruiné.
Mierda.
Alargo el momento lo más que puedo, celebrando y recogiendo mi
dinero de Danny, luego charlo un poco sobre autos y otra estupidez, pero
apenas presto atención, distraído por la sensación prolongada de los
cálidos labios de Ella sobre los míos. Sí, sé que la embarré pero, Dios,
probarla fue tan increíble.
Ella queda sentada en el Chevelle por lo que parece para siempre y
luego finalmente sale, y se va a pasar el rato con Renee y con Kelly, a
pesar de que no le agrada Renee. Obviamente se hallaba de mal humor
cuando la desperté de su siesta más temprano, pero besarla lo empeoró.
Mientras hablo con Danny, Trixie o algo así viene detrás de mí y
susurra en mi oído que deberíamos ir a mi auto a pasar tiempo a solas. Lo
considero brevemente, pero en todo lo que puedo pensar es en Ella y sé
que es hora de enfrentar su ira. Rechazo la oferta de Trixie y camino hacia
la camioneta de Ethan, donde Ella se encuentra sentada atrás discutiendo
con él, mientras que Renee y Kelly comparten una botella de vodka.
—¡Basta! —Ella pone las manos en sus caderas, dándole a Ethan
una mirada de muerte—. Tratas de pelear conmigo.
Ethan sacude su cabeza y toma un sorbo de cerveza. —Tonterías.
Estás de mal humor como de costumbre. | 124
—Oye, ¿estás lista para irte? —interrumpo, empujando un pie de
Ella con el mío juguetonamente como si nada hubiera pasado, como si no
acabáramos de besarnos.
—Si tú lo estás —contesta; su expresión es indescifrable, así que no
tengo idea de qué demonios piensa. Salta de la parte trasera y se va
pasando una fila de autos, dirigiéndose hacia el Chevelle estacionado cerca
de un árbol. Tiene puestos unos pantalones cortos y es difícil no mirar
fijamente su trasero todo el tiempo. Sé que si mira hacia atrás y me atrapa
echándole un vistazo, nuestros problemas se pondrán peor, pero me
arriesgo y solo aparto la mirada cuando entra al auto.
—Buena suerte con eso. —Ethan rueda los ojos mientras Renee le
entrega la botella de vodka—. ¿Qué demonios le hiciste? Está más perra de
lo normal.
Suspiro con preocupación. —Lo arruiné —digo y luego giro hacia el
auto, sintiéndome mal por besarla, pero la forma en que sabía era tan
jodidamente maravillosa, que es difícil arrepentirme.
Me preparo antes de abrir la puerta y entrar con ella. Cierro con
fuerza la puerta y el sonido que le sigue es desconcertante.
—¿Quieres que maneje despacio o rápido en el regreso a casa? —
Trato de alivianar las cosas mientras pongo las llaves en el arranque y
enciendo el motor.
Con lentitud, gira su cara hacia mí. —¿Pensé que íbamos a nuestro
lugar? —pregunta, sorprendiéndome, ya que de verdad creí que esta noche
quedó descartada esa idea porque pensé que estaría muy molesta.
Empujo la palanca de cambios y piso el acelerador mientras que
presiono el freno, revolucionando el motor. —¿Aún quieres ir?
Se encoge de hombros en tanto que enciendo las luces delanteras,
iluminando los árboles frente a nosotros. —Si tú todavía quieres. —No se
pueden leer sus ojos en la oscuridad, pero deduzco por la silenciosa
súplica en su tono que no quiere ir a casa.
—Por supuesto que quiero —le digo, entonces suelto el freno y salgo
a la carretera—. Solo me aseguraba de que aún quisieras.
—Dijiste que tenía que hacerlo —me recuerda—. Que no ibas a
dejarme en mi casa estando de mal humor.
—Lo sé… pero te estoy dando una salida. —Como, una disculpa por
besarte aunque en realidad no lo siento.
—No quiero una salida. —Mira por la ventana con sus brazos
cruzados sobre el pecho. Viste la misma camiseta que tenía puesta cuando
la desperté, solo se puso un sostén, así que tristemente ya no puedo ver el
contorno de sus pezones. Pero noto cómo su pecho se mueve | 125
enérgicamente hacia arriba y hacia abajo. Está ansiosa y no creo que sea
solo por el beso. De hecho, sea lo que sea que la pone así en este
momento, es probable que sea lo que la tuvo durmiendo a las tres de la
tarde.
No digo nada más y conduzco en dirección a nuestro lugar, un área
aislada en medio de los árboles al lado del lago. Para cuando llegamos, es
pasada la media noche y Ella se está durmiendo. Estaciono el auto no
demasiado lejos del agua, y luego silencio el motor pero dejo las luces
encendidas.
Ella parpadea y se sienta, callada un rato mientras mira fijamente el
agua. Al final estira su brazo sobre la consola y gira de nuevo la llave, así
que la batería se prende. Luego recoge el iPod del salpicadero y pone algo
de Spill Canvas antes de salir del auto. Camina hacia la orilla,
deteniéndose justo antes de llegar al agua, luego se cruza de brazos y mira
las estrellas, en tanto su cabello vuela con la suave brisa del verano.
Me bajo del auto y, con cautela, me acerco. La luz de la luna se
refleja en sus ojos mientras se muerde el labio inferior, negándose a
mirarme. Considero disculparme por besarla, pero sería una mentira y
odio mentirle.
—Hoy mi mamá tuvo uno de sus episodios —dice tranquilamente,
rompiendo el silencio mientras se abraza—. Buscaba una fotografía de
cuando todos fuimos a la playa aunque nunca lo hemos hecho. Pasé todo
el día buscándola, a pesar de que sabía que nunca la encontraría, al final
tuve que mentirle y decirle que creo que perdí la foto, así lo dejaba pasar.
—Cierra los ojos y respira profundo—. Y me puse tan contenta cuando
finalmente se quedó dormida… Me sentí aliviada. Soy la peor hija del
mundo.
—No, no lo eres. —Le quito el cabello del hombro y se pone tensa
cuando mis dedos rozan su nuca—. Eres mucho mejor que la mayoría de
las hijas.
Sacude la cabeza mientras traga con fuerza. —No, no es cierto. Estoy
tan cansada de eso… de todo. Algunas veces solo quiero que pare todo. —
Hace una pausa, conteniendo la respiración.
Me devano los sesos por algo que decirle que la haga sentir mejor,
pero no estoy seguro de que sean palabras lo que busco. Así que me alejo
de ella y no me mira; sus ojos se encuentran fijos hacia adelante. Cuando
llego al auto, abro la puerta y me inclino hacia adentro para alcanzar el
iPod. Entonces paso por las canciones hasta que encuentro los clásicos
más lentos y suaves, luego subo el volumen y me acerco de nuevo hacia
ella.
Mira sobre su hombro mientras que la música llena el bosque a
nuestro alrededor. Le ofrezco mi mano, diciéndole lo que quiero hacer, | 126
porque lo hemos hecho antes y estoy seguro que lo haremos de nuevo.
Observa fijamente mi mano, indecisa, antes de moverse hacia mí con
cautela, con su expresión neutral.
—A veces eres como un anciano con tu música —dice, parándose
justo fuera de mi alcance, con los brazos aún doblados sobre el pecho.
Mantengo mi mano extendida y me obligo a sonreír, aunque me
siento un poco nervioso. —Oye, Girl from the North Country es un clásico. Y
tiene algo de Johnny Cash y Bob Dylan.
—Es música de ancianos. —Su tono se halla teñido de humor—.
Porque por dentro, eres uno.
—Entonces eso te convertiría en una anciana por pasar el tiempo
conmigo.
Rueda su lengua, alejando una sonrisa. Agarro su mano y sacudo su
brazo, jalándola hacia mí por lo que su risa se escapa. El sonido quiebra la
tensión entre nosotros y sé, que por ahora, me libré.
La hago girar algunas veces y se ríe incluso más fuerte; su cabello
cae en su rostro mientras se tropieza para seguirme el ritmo. Continúo
girándola hasta que sé que está mareada, como cuando éramos niños y
pasábamos tiempo en mi patio trasero, girando en círculos.
—Micha, para por favor —ruega, riendo y tropezándose con sus
pies—. No puedo ver bien.
Paro y ella choca contra mí. Agarra mis hombros, sosteniéndome
como apoyo al tiempo que deslizo los brazos a su alrededor y nos muevo
con el ritmo, manteniendo su peso. Mi palma hace un camino por su
espalda, parando cuando casi llego a su trasero, sabiendo que no puedo
llevar las cosas más lejos, al menos esta noche no.
Ella recuesta su cabeza contra mi pecho y respiro la esencia de
vainilla de su cabello. —Algunas veces eres demasiado lindo conmigo —
dice—. De hecho, me mimas, deberías parar.
Dejo una mano en su espalda y muevo la otra hacia su cabeza y la
sostengo contra mí. —Mereces ser mimada —digo, porque nadie más lo
hará excepto yo. Nadie la ha hecho sentir especial, dándole regalos de
cumpleaños, llevándola a lugares, y estoy bastante seguro de que ni su
madre ni su padre le han dicho que la aman. Eso se volvió mi trabajo en el
momento en el que logré que saltara la cerca.
—¿Te sientes mejor? —le pregunto, besando la cima de su cabeza.
—Sí —dice; sus manos se deslizan hacia mis hombros y suben hasta
mi nuca—. Pero, ¿Micha?
Intento permanecer calmado, pero es difícil cuando me toca de esa
manera. —Sí.
| 127
—Si alguna vez me vuelves a besar en los labios sin permiso —dice—
, te patearé en las bolas.
Suelto una risa. —De acuerdo, suena justo.
Pellizca mi nuca y otra risa se me escapa. —Hablo en serio.
—Sé que sí. —Seguro que se lo dice de verdad pero solo me siento
aliviado de que lo dejara pasar.
No dice nada más y la sostengo hasta que la canción termina. La
siguiente comienza y seguimos bailando sin parar hasta que se han
reproducido cinco canciones más. Me alejo solo cuando siento su peso
inclinado contra mí, como si se hubiera quedado dormida. Cuando la miro,
sus ojos se encuentran cerrados y su agarre sobre mí es flojo.
—Deberíamos llevarte a casa —digo, quitando el cabello de su frente.
Sacude su cabeza con los ojos cerrados. —No quiero ir a casa.
—¿Entonces a dónde quieres ir? —pregunto—. ¿A la mía?
Bosteza. —¿Podemos quedarnos aquí?
Me quedo ahí de pie mientras ella comienza a dormirse en mis
brazos. Finalmente, la inclino hacia atrás, deslizo mis brazos bajo sus
piernas, y la levanto. Está demasiado cansada para discutir conmigo y en
cambio se acurruca contra mí cuando la llevo de regreso al auto. Hago
maniobras para abrir la puerta y nos coloco en el asiento del conductor.
—¿Quieres estar en el asiento trasero? —pregunto sentándola, así
puedo meter mis piernas y luego cerrar la puerta.
Sacude la cabeza. —Solo quiero dormir aquí.
Hay un espacio limitado, pero al final no importa cuánto lugar haya
porque se encuentra en mis brazos y quiere estar allí. Así que la sostengo,
inclino el asiento hacia atrás y me recuesto. Ella cambia su peso, entonces
está a mi lado, y nuestras piernas se entrelazan al tiempo que recuesta su
cabeza sobre mi pecho. Mientras la música sigue reproduciéndose, nos
quedamos dormidos juntos.
18
Traducido por Val_17 & Vane hearts | 128
Corregido por Sandry
Ella
Cuando abro los ojos a la luz del día, Micha ya está despierto, el
diario de mi madre se encuentra en su regazo con la foto al lado de su
pierna. Está apoyado contra la cabecera con sus boxers puestos y sin
camiseta por lo que puedo ver sus músculos magros y los mechones de su
pelo colgando por la frente. Hay una mirada intensa en su rostro mientras
lee las páginas, pero cuando me muevo para sentarme, mi cabeza y mejilla
vibran en protesta, y él cierra el diario, trasladando la intensidad a alivio.
—¿Algo bueno allí dentro? —pregunto, aferrándome a la sábana
sobre mi pecho desnudo.
Se encoge de hombros, pero por su ceño fruncido, me doy cuenta de
que no ha encontrado nada feliz. Mete la foto en el diario, marcando la
página antes de ponerlo a un lado, luego se estira para acariciar mi
pómulo hinchado y dolorido. —Deberíamos haberte puesto un poco de
hielo anoche —dice—. En serio, Ella, parece que duele muchísimo.
Pongo mi mano sobre la suya. —Duele muchísimo.
—¿Quieres decirme cómo pasó realmente? —pregunta, y cuando me
tenso, añade—: Sé cuando mientes, Ella May, así que no trates de decirme
que una chica te golpeó ya que me di cuenta anoche que decías puras
tonterías.
—¿Entonces por qué no lo mencionaste?
—Porque estaba pensando con mi pene y nada más.
Sonrío, pensando en cómo me empujó contra la pared y se lanzó
contra mí con tanta fuerza que pude sentirlo en todo mi cuerpo. —De
hecho, me duelen un poco las piernas por anoche —divulgo mientras
aparto las sábanas y me masajeo los muslos.
Baja la vista hacia mis piernas con cierta intensidad en sus ojos. —
Podría decir que me siento mal, pero no es cierto.
Me vuelvo a cubrir con la sábana y me acuesto. Él se tumba
conmigo, pone el codo en la almohada y apoya la cabeza en su mano.
—Te lo diré —digo mientras acaricia mi mejilla con su dedo—, pero
tienes que prometerme que no vas a hacer nada al respecto. No vas a ir en
busca de una pelea.
Deja de mover los dedos. —No voy a prometer eso. | 129
—Entonces no te lo diré.
—Ella May…
Cubro su boca con mi mano y lo interrumpo. —No empieces con
“Ella May”. Lo último que necesito es que mi esposo consiga que le pongan
cargos o termine gravemente herido.
Hace una pausa, luego sus labios se curvan bajo mi mano. —Dilo
otra vez.
—Solo si lo prometes.
—Bien. —Suspira y le quito la mano de la boca—. No iré en busca de
una pelea, siempre y cuando, me digas lo que pasó y me nombres tu
esposo otra vez. —Pone esa sonrisa tonta que me hace sonreír.
—Muy bien, esposo —digo, haciendo que su sonrisa se expanda.
Respiro hondo y le cuento lo de Mikey. Puedo ver durante todo el rato que
se esfuerza mucho por controlar su reacción, volviendo sus manos en
puños mientras escucha.
Cuando termino, se queda en silencio un rato, y luego finalmente
dice—: ¿Al menos puedo pedirle a Ethan que le patee el culo?
Niego con la cabeza. —No. Lila tampoco lo necesita herido. O en
prisión.
Su mandíbula está apretada y sus ojos permanecen en mi mejilla
antes de soltar un suspiro. —De verdad que quiero golpearlo hasta la
muerte, Ella May. Lo juro por Dios… —Aprieta los puños, tensando los
músculos en sus brazos.
—Sé que sí —digo—, pero no quiero que lo hagas.
—Me estás matando —dice, con el rostro muy serio.
—Lo sé, pero es lo mejor —explico—. Además, le di una buena
patada y un puñetazo.
—Nunca debió golpear a una chica… lo juro por Dios… —Suspira,
frustrado, y sacude la cabeza—. ¿Al menos puedo estropearle el coche o
algo así?
—Probablemente sabrá que fuiste tú —digo—. O yo.
—Por favor, tienes que concederme algo.
Suspiro. —Bien, podemos escabullirnos en su casa y pinchar sus
neumáticos una noche antes de ir a casa.
—¿Eso es todo? —Hace una mueca, frunciendo el ceño—. ¿No
puedo, por ejemplo, romperle las ventanas y luego golpearlo un par de
veces?
—Solo los neumáticos —digo—. Y sin golpear. No quiero que esto se | 130
convierta en un gran problema.
Su ceño se profundiza. —Está bien, pero solo por ti.
—Gracias. —Le doy un beso y todavía parece irritado, pero me
responde, deslizando su lengua en mi boca. Seguimos besándonos cuando
él nos voltea, rodándome sobre mi espalda y yaciendo sobre mí. Me mira
con amor, acariciando mi mejilla con una mirada pensativa en su rostro, y
cuando abre la boca, no tengo ni idea de lo que va a decir.
—Lila contó que me compraste un regalo de Navidad —dice,
sorprendiéndome.
Niego con la cabeza. —Porque ella me hizo comprarte uno, así que
no creas que tienes que darme algo. Sé que no seguimos la tradición de
Navidad.
—¿Qué pasa si quiero comprarte algo?
—Entonces puedes —digo—. Pero para que lo sepas, lo que te
compré no es algo grande. —Lo cual es cierto. Mientras estábamos de
compras en busca de decoraciones para la boda, vi unos brazaletes de
amistad que se veían exactamente iguales a los que Micha y yo tuvimos
cuando éramos niños, después de hacer la promesa de ser los mejores
amigos para siempre. Con el tiempo se desgastaron y los desechamos o
perdimos, y cuando se lo conté a Lila, dijo que debería comprarlos y darle
uno a Micha como regalo. No soy una de esas chicas sensibles, pero aun
así me encontré comprándolos.
—Ya te tengo a ti —dice—. Ese es el mejor regalo de todos.
Niego con la cabeza, pero no puedo evitar sonreír. —A veces eres tan
cursi.
—Y en secreto te encanta.
No respondo porque tiene razón y luego sonríe mientras abre mis
piernas con la rodilla, moviendo sus caderas entre ellas, preparado para
deslizarse dentro de mí otra vez.
Pero un golpe en la puerta nos interrumpe.
—Ella —dice Lila desde el otro lado.
—Ignórala —susurra Micha, mordisqueando el lóbulo de mi oreja
mientras roza con el pulgar mi pezón.
Gimo, apretando mis piernas contra sus caderas mientras que su
punta me presiona.
—Ella, sé que estás ahí y necesito que salgas. —Hace una pausa—.
Dean y Caroline se encuentran aquí.
Me esfuerzo por mantener la voz estable cuando Micha se empuja
dentro de mí. —Saldré en un segundo. —Mi voz sale sin aliento y Micha se | 131
ríe, cerniendo su boca sobre la mía.
Hace una pausa, arqueando las cejas. —Un segundo. ¿En serio?
Me estiro y pellizco su trasero, haciéndolo reír. —Será mejor que lo
hagas en un segundo, de lo contrario, tendrás las bolas azules durante el
resto del día.
Sacudiendo la cabeza, sonríe. —Bien, tú ganas. —Entonces se
desliza dentro de mí por completo y nuevamente me pierdo en él.
Micha
Cuando regreso a casa después de ir a comprar un esmoquin, sin
uno, ya que al parecer no hay ningún lugar en torno a Star Grove que los
tenga, Ella no está en casa. Mi mamá me dice que salió a caminar a algún
lugar con su cuaderno de dibujos, lo que me preocupa.
—¿Sabes a dónde fue? —le pregunto, sentándome en el sofá a su
lado mientras ella envuelve un regalo de Navidad.
Sacude la cabeza. —No, pero no podría haber ido demasiado lejos,
¿no? Ya que caminó.
Tal vez, pero tal vez no.
Mi madre coloca un pedazo de cinta adhesiva en el regalo y luego
pega un lazo. —Listo, creo que finalmente conseguí envolver todo. —Se
inclina hacia atrás para ponerlo debajo del pequeño árbol artificial en la
esquina.
Frunzo el ceño mientras me desplomo en el sofá. —¿Por qué de
repente todo el mundo está tan inmerso en los regalos? Nunca hemos
hecho una gran cosa sobre ellos. Primero Ella y ahora tú.
—Y... ¿qué hay de malo en cambiar las cosas y dar regalos?
—Debido a que no le compré nada a nadie.
—¿Te preocupa realmente todo el mundo o simplemente Ella?
Suspiro. —Me compró algo y siento que yo también debo darle uno,
pero no quiero que sea algo estúpido, quiero que signifique algo.
Mi mamá me mira un momento y luego se pone de pie. —Ponte tu
abrigo y sígueme.
—¿Por qué?
—Solo hazlo. —Usa su voz severa y me pongo de pie.
Nos ponemos nuestros abrigos y luego se dirige afuera, tomando el
camino de Ella y mío, y trepando sobre la cerca para llegar a su patio. La
sigo, totalmente confundido sobre porque está actuando raro. Luego
rodeamos el Firebird, subimos por las escaleras traseras hacia la puerta y
toca, lo que hace las cosas todavía más extrañas porque rara vez he
tocado. Normalmente, entro sin más.
| 140
—Mamá, en serio, ¿qué hacemos? —le pregunto, metiendo las
manos en mis bolsillos.
Toca de nuevo y luego se gira hacia mí, temblando de frío. —Hace
unas semanas, vi a Raymond llevar un montón de cajas a la cochera. Le
ofrecí un poco de ayuda, conversamos y me dijo que las cajas tenían
algunas de las cosas viejas de la madre de Ella.
—¿De acuerdo? No te entiendo, mamá.
Me sonríe. —Pienso que a Ella probablemente le guste mucho algo
que perteneció a su madre, tal vez algo que pudiera usar en la boda.
Abro la boca para decirle que esto es, por mucho, la peor idea que ha
tenido, ya que el padre de Ella se pone raro al hablar de cosas así, y ni
siquiera estoy seguro de cómo reaccionaría Ella si le diera algo de su
mamá, ya que es un tema emocional para ella. Pero antes de que pueda
decir algo, la puerta se abre.
—Hola, Terri —dice el señor Daniels, luciendo confundido en cuanto
a por qué ambos estaríamos de pie en su puerta.
—Hola, Raymond —expresa mi mamá con una sonrisa—, tengo un
gran favor que pedirte.
Sacudo la cabeza. Mamá no siempre ha sido así, tan insistente.
Bueno, como que lo ha sido, considerando que, en primer lugar, fue su
idea que Ella y yo nos casáramos, pero cuanto más vieja se pone parece
serlo cada vez más.
Raymond frunce el ceño y mi mamá comienza a explicar el dilema
pequeño del regalo de Navidad. Siento que mi interior gira en nudos,
preocupado de que esto lo moleste y vaya a desquitarse con Ella. Sé que
han estado bien, pero todavía no puedo borrar el pasado y las cosas que
he visto.
Y cuando mamá dice—: Nos preguntábamos si tal vez había algo de
Maralynn que podríamos darle, ¿quizás en alguna de esas cajas que te
ayudé a poner en la cochera hace unas semanas?
Se rasca la cabeza, luciendo incómodo. —No estoy muy seguro de lo
que haya. Digo, la mayoría de esas cosas era solo su ropa vieja.
Tiro de la manga de mi mamá y, le digo al señor Daniels—: No se
preocupe, pensaremos en algo más.
Mi madre me ignora, manteniendo sus pies plantados. —¿No hay ni
siquiera, por ejemplo, alguna de sus joyas o algo por el estilo? ¿Tal vez
unos pendientes que le pertenecieran?
Raymond se ve aún más incómodo y, estoy a punto de irme y dejarla
allí, cuando de repente se para erguido y mira hacia la cochera.
—Espera... creo que se me acaba de ocurrir algo. —Entra a la casa y | 141
agarra un gran abrigo, poniéndoselo junto con un gorro antes de salir y
cerrar la puerta. Lo seguimos hasta la cochera y mi mamá me lanza una
sonrisa, como diciendo: Ja ja, tenía razón; sacudo la cabeza, pero sonrío.
Cuando estamos dentro de la cochera, el señor Daniels prende las
luces y camina a una pila de cajas en una esquina. Levanta la que se
encuentra encima y la deja a un lado, luego mira la caja debajo de ella un
momento, casi como si tuviera miedo de abrirla. Miro a mi madre, que
traga con fuerza, luciendo un poco incómoda. Pero luego el señor Daniels
se relaja un poco y la abre con cuidado. Hurga en su interior un momento
y luego saca una cajita de madera. Cuando se da la vuelta, la sostiene en
su mano como si fuera algo muy importante.
—Ya saben que no tuvimos una boda real —dice, levantando la
mirada del objeto—. Incluso apenas estuvimos vestidos.
Mi madre asiente comprensivamente. —El padre de Micha y yo nos
casamos en un parque y creo que había, como, un total de diez invitados.
—Nosotros tuvimos dos —dice el señor Daniels—. Ambos eran mis
amigos, y la única razón por la que los invitamos fue para que fueran
nuestros testigos. Maralynn no quería a nadie más allí. —Toma una
respiración profunda y suspira—. Pero en fin —dice, y extiende su brazo
hacia mí, instándome a tomar la caja de madera—, le di esto a la madre de
Ella la mañana de nuestra boda. No es nada lujoso. De hecho, lo compré
en una casa de empeño por veinticinco dólares más o menos, pero lo usó
cuando nos casamos; tal vez puedes dárselo a Ella y hacer que haga lo
mismo.
La caja cruje cuando la abro. Dentro hay una cinta negra con un
pequeño colgante de una rosa roja.
—Es un collar —dice el señor Daniels—. A su mamá le gustaban las
rosas. No estoy seguro de si Ella incluso quiera usarlo, pero no se pierde
nada con intentar.
Quitando el hecho de que podría ponerse un poco emocional ya que
es de su madre, si este fuera un collar común y corriente, puedo verla
usándolo con orgullo.
—Gracias —le digo, cerrando la caja—. Estoy seguro de que le
gustará y estará contenta de que se lo haya dado.
El señor Daniels asiente, y luego, sin decir nada más, dejamos la
cochera. Mi mamá y él hablan en la puerta trasera un rato sobre nada
importante mientras miro al cielo, notando que se está tornando gris y
preguntándome si Ella habrá llegado a casa mientras nos hallábamos
aquí. Decido ir a ver y le agradezco de nuevo al señor Daniels antes de
volver. Cuando entro, Lila y Ethan me dicen que no se encuentra allí y que
están a punto de ir a visitar a sus padres un rato, a pesar de que él no | 142
quiere. Salen y voy a mi habitación para esconder el collar. Luego,
tratando de distraerme, leo algo del diario de su madre. Página tras página
de pensamientos oscuros:
No puedo hacer esto. Ser madre y esposa. Pensé que podía, pero
ahora siento que tengo que correr, huir, escapar del miedo al compromiso en
pie. Porque es escapar o esperar hasta que Raymond decida que ha tenido
suficiente de mí y me abandone. Es inevitable. Puedo sentirlo. Me dejará,
porque no soy lo suficientemente buena y a veces no quiero serlo. Es
demasiado trabajo, toma demasiada fuerza y estoy muy cansada.
Tal vez debería huir y dejar todo atrás.
En serio, debería.
Ella
¿Viajar por la carretera durante tres meses con él? ¿En serio? Es
una locura pensarlo siquiera, pero al mismo tiempo quiero ir. No es como
si extrañaría mi trabajo en la galería de arte, y podría terminar la escuela
en línea. De hecho, cuanto más lo pienso, más me pregunto por qué lo
estoy pensando. Debería ir con él. Vivir la vida al máximo. Dibujar. Ser
feliz. Relajarme. Nunca he hecho eso, nunca pensé que podría. Pero de
pronto lo comprendo: puedo hacerlo. Santo cielo. Puedo hacer desee lo que
desee. Viajar por la carretera con él, escucharlo tocar, observarlo sobre el
escenario mientras sus palabras me afectan de la forma que siempre lo
hacen cuando canta. Maldición, parece tan fácil, entonces ¿por qué estoy
dudando?
Decido decirle que iré con él después de que me toque su canción.
De esa manera no tendrá que preocuparse por dejarme atrás, porque sé
que le preocupa. Oh, Dios mío, de verdad voy a hacer esto.
Vestido solo con sus boxers, Micha agarra la guitarra del armario y
se sienta a los pies de la cama. Sosteniendo la guitarra en su regazo,
envuelve sus largos brazos a su alrededor, y luego rasguea las cuerdas. —
Sabes, estoy un poco nervioso. —Sus ojos se deslizan por mi cuerpo
cuando me recuesto contra la pared con solo una sábana cubriendo mi
cuerpo desnudo—. Nunca, ni en un millón de años, me imaginé que
estarías desnuda cuando te tocara esta.
No puedo evitar sonreír mientras suavizo una almohada y me apoyo
en ella. —Sabes, ni siquiera me voy a sorprender si en parte de tu canción
hablas sobre mi desnudez.
—De ninguna manera. —Baja la cabeza, el pelo rubio colgando sobre
sus ojos mientras posiciona la guitarra—. Esta canción no era sobre mis
sentimientos cachondos por ti. Solo sobre mi amor. —Levanta la vista,
sonriendo, pero se encuentra mezclado con nerviosismo.
Ruedo los ojos, pero mi estómago revolotea. —Tan cursi.
Menea las cejas, luego queda en silencio, conteniendo el aliento. —
¿Estás lista para esto, Ella May? Porque es muy intenso.
Asiento con entusiasmo. —Dame intensidad.
Sus dedos empiezan a moverse con elegancia sobre las cuerdas, y
todo a mi alrededor, la habitación, mis pensamientos, mi cuerpo se
desdibujan en algo que nunca pensé que podría ser. Cuando canta las | 150
primeras palabras, el melodioso sonido de su voz me envuelve y floto a un
lugar de recuerdos vinculados a las emociones que conectan su alma con
la mía.
Debes saber que sin importar lo que pase, durante el daño, la tristeza, el
dolor ardiendo en mi pecho
Siempre estaré contigo, dentro y fuera. En los tiempos difíciles y
desesperados, a través del amor, a través de la duda.
Mi corazón es tuyo para siempre. Nunca te soltaré. Nunca te dejaré hundirte.
Te quitaré el dolor si tan solo me dejas.
Hace una pausa mientras toca notas más intensas y luego vuelve a
abrir sus labios.
Debes saber que sin importar lo que pase, durante el daño, la tristeza, el
dolor ardiendo en mi pecho
Siempre estaré contigo, dentro y fuera. En los tiempos difíciles y
desesperados, a través del amor, a través de la duda.
Mi corazón es tuyo para siempre. Nunca te soltaré. Nunca te dejaré hundirte.
Te quitaré el dolor si tan solo me dejas.
Dios, por favor, permítemelo.
Micha
No esperaba que llorara. Sabía que la canción era muy intensa y
emocional, por eso nunca se la canté a nadie antes, pero Ella no es una
llorona y sus lágrimas solamente añadieron belleza al momento.
La abrazo mientras el sol desaparece detrás de las montañas y la
habitación cambia a un color gris oscuro; la lámpara es la única fuente de
luz en la habitación. Finalmente las lágrimas desaparecen y se aleja de mi
pecho. Sus ojos están rojos e hinchados mientras frota con sus dedos las
mejillas. —Entonces, ¿qué hallaste en el diario de mi mamá? —pregunta.
Elevo las cejas. —¿Quieres leerlo ya? ¿Pensé que querías esperar?
Aleja el cabello de su cara. —Supongo que sí, ya que dijiste que tenía
que leerlo antes de la boda y, es mañana.
Sonrío mientras traza las líneas cursivas del tatuaje en mi caja
torácica. —Mañana y eres toda mía.
Sus labios insinúan una sonrisa mientras baja la vista al tatuaje. —
Creo que era tuya hace mucho tiempo.
—¿Eso crees?
—No, lo sé, al menos ahora lo sé. —Se inclina hacia un lado y agarra
el diario de mi mesita de noche y luego me lo da—. ¿Leerías para mí... la
página que dijiste que tengo que leer?
Asiento con nervios, esperando que le parezca algo bueno lo que leí,
y luego nos acuesto de lado, uno frente al otro con nuestras cabezas en la
almohada y nuestras piernas enredadas debajo de la sábana. Sus dedos
rodean mis costillas mientras sostengo el diario arriba, girándolo hasta la
página que marqué. —Creo que son los votos que escribió justo antes de
casarse con tu padre.
—¿En serio? —Parece sorprendida—. ¿Seguro que son sus votos?
Porque no parecía muy ansiosa por casarse con él.
—Bueno, estoy bastante seguro de que esto es sobre tu padre, ya
que dice: Para Raymond, en la parte superior —digo con una sonrisa—. Y
es lindo, lo que escribió. Corto y simple, pero lindo.
—¿Es así como van a ser nuestros votos? —pregunta, observando a
través de sus largas pestañas, dándome una mirada de esperanza.
—Pueden ser como quieras que sean —respondo—. Y si todavía | 154
quieres retirarte, puedes.
—No, gracias. —Sitúa la cabeza en el hueco de mi hombro—. Está
bien, estoy lista. Lee lo que escribió.
Respiro profundo.
| 155
22
Traducido por florbarbero | 156
Corregido por Alessandra Wilde
Ella
Corro a mi casa con una increíble cantidad de energía alimentada
por el trozo de papel en mi bolsillo. Ni siquiera estoy segura de si se trata
de sus votos. De hecho, creo que no, pero lo que sí sé es que mi papá
merece leer esas palabras, merece saber que una vez hizo feliz a mi mamá
cuando parecía que era imposible.
El Firebird se encuentra estacionado en la calzada, así que sé que mi
padre está en casa. Cuando entro en la cocina, me siento aliviada de
encontrar que está solo, comiendo la cena en la mesa.
Todavía tiene su ropa de trabajo; una camisa blanca y pantalones
vaqueros manchados con pintura roja, también hay un poco de pintura
salpicada en sus manos. Tiene un plato con pollo, patatas, un rollo y una
taza de leche frente a él.
Su cabeza gira en mi dirección cuando entro rápidamente dentro de
la casa. —Ella, ¿qué pasa? —pregunta, apartándose de la mesa y
poniéndose de pie—. Te ves molesta.
—No, estoy bien. Te lo prometo —le digo, sin aliento mientras saco el
papel del bolsillo—. De hecho, estoy algo feliz en este momento.
—Bueno, me alegro. —Su rostro se contorsiona por la confusión
cuando baja la mirada al papel en mi mano extendida—. ¿Qué es eso?
—Estaba en el diario de mamá —le digo, y su expresión decae, su
boca se desploma y frunce el ceño—. Tómalo —insisto—. Y léelo. Te
prometo que no te arrepentirás.
Vacila y luego toma el papel. Sus dedos tiemblan mientras lo
desdobla y alisa los pliegues. Sus ojos empiezan a analizar el papel.
Segundos después, lágrimas se forman en las esquinas de sus ojos. El
temblor en sus manos se intensifica cuanto más lee, y me doy cuenta que
está a punto de llorar, pero no de dolor. No parece molesto o herido. Ni
decepcionado. Ni triste. Se ve... bueno, extrañamente aliviado.
Cuando termina, lo dobla con cuidado y luego lo sostiene en su
mano como si fuera algo precioso. —¿Dijiste que estaba en su diario? —
pregunta cuando me mira.
Asiento en tanto me envuelvo con mi abrigo, con la esperanza de que
sienta al menos un poco de felicidad al saber que hizo feliz a mamá. —Era
la última página. Eran... ¿eran sus votos para la boda? | 157
Sacude la cabeza mientras mira fijamente el papel en su mano; una
lágrima o dos caen de sus ojos. No estoy segura de si lo he visto llorar
antes y ser testigo de cómo luce es una especie de milagro que me hace
sentir feliz, pero también un poco incómoda.
Inhala y exhala unos minutos, luego se recompone y acaricia mi
hombro, y me da una mirada rara antes de abrazarme muy torpemente.
Huele a cigarrillos y pintura, pero no hay olor a alcohol. Es diferente y
extraño, como el propio abrazo. Recuerdo todas esas veces cuando era más
joven y veía a las otras madres en el parque abrazar a sus hijos cuando se
lastimaban o simplemente porque querían. Las muchas veces que observé
a la mamá de Micha abrazarlo cuando se encontraba feliz, triste, o cuando
quería decir que lo sentía. Recuerdo la primera vez que me abrazaron. Yo
tenía ocho años y me había raspado la rodilla. Micha intentó abrazarme
para hacerme sentir mejor al igual que su mamá hacía con él. Sus brazos
apenas se encontraban alrededor de mí antes de que me asustara y lo
empujara al suelo. Pienso en todos los abrazos que me dio después de eso,
y cómo cada uno de ellos se sintió cada vez más fácil.
Éste con mi padre no es nada fácil, pero a lo mejor si lo hacemos con
más frecuencia, se volverán más fáciles, tal como lo fue avanzar en mi
vida.
Cuando llego a la casa de Micha, son más de las nueve. El aire frío
es mortal y se filtra en la casa tranquila. Me quito mis botas junto a la
puerta trasera, cuelgo la chaqueta en el perchero y luego camino por la
cocina hacia el dormitorio de Micha, solo para hallar la habitación a
oscuras y a él dormido en la cama, su rostro apoyado en la almohada, con
una manta encima.
Enciendo la lámpara, me quito mis pantalones, y luego me meto
rápidamente bajo las mantas. Se mueve cuando me acurruco contra él y
luego se tensa cuando mi piel fría toca la suya.
—¿Estás despierto? —pregunto mientras arrastro mis dedos por su
cabello suave.
Deja escapar un suspiro mientras que sus manos encuentran mis
caderas debajo de la manta. —Estaba teniendo un buen sueño, donde te
colabas en mi habitación y comenzabas a tocarme, pero en mi cabello no.
Era mucho más abajo. Creo que deberías tratar de hallarlo.
Sonrío en tanto mis dedos se desvían por su pecho firme. —Tengo
que decirte algo. | 158
Abre sus ojos, enrojecidos y llenos de somnolencia. —¿Tengo que
preocuparme?
Niego. —De ningún modo.
Desliza un brazo por encima de mi estómago y me acerca más a mí.
—Dime entonces.
—Quiero ir de gira contigo —le digo, y tan pronto como lo hago, sé
que es la decisión correcta. Para nosotros—. Tomaré el resto de mis clases
en línea y renunciaré a mi trabajo.
Queda en silencio, sorprendido. Le toma un momento responder y
cuando habla, su voz suena desentonada. —¿Te encuentras segura de que
quieres renunciar a tu trabajo?
—Quiero estar contigo todo el tiempo. Y quiero verte tocar, y estar
simplemente dibujando cosas que significan algo para mí, como tú y yo, y
los lugares en los que hemos estado, todos nuestros lugares, como el lago
y tu habitación, el árbol que utilizabas para subir a mi ventana… el que
siempre te traía a mí —le expreso con sinceridad—. Si tuviera que
imaginar cómo sería mi vida, así es como me la visualizo. Es lo que quiero
hacer.
Su expresión es ilegible mientras busca en mis ojos. —¿Segura?
Porque tienes un par de semanas para pensarlo y quiero que estés
absolutamente segura. No quiero que hagas algo que no quieres. Yo…
Lo interrumpo. —Micha, estoy segura si tú lo estás. Quiero pasar
contigo tanto tiempo como pueda, quiero que estemos juntos y quiero que
vivas tu sueño.
—Estoy seguro de todo, siempre y cuando eso signifique llegar a
tenerte —me dice con pasión al tiempo que sacude la cabeza con
desconcierto en sus ojos, como si no pudiera creer que pase esto—. Y sí,
quiero que vengas conmigo más que nada.
—¿Incluso más de lo que quieres casarte conmigo?
—Tal vez no tanto, pero bastante cerca.
Compartimos un momento de silencio mientras contemplamos
nuestro futuro y adónde queremos que nos lleve. Por lo menos, en eso
pienso yo. Con Micha, nunca sé, sobre todo cuando su mano se pasea por
mi culo y pone esa mirada traviesa en su rostro.
—¿Estás nerviosa por mañana? —pregunta mientras presiona su
boca contra mi frente. Sus dedos realizan círculos alrededor de la marca
de infinito en mi espalda, enviando escalofríos y cosquillas a través de mi
cuerpo.
—Sinceramente, sí —le digo mientras mis dedos enganchan la parte
superior de sus boxers—. ¿Tú? | 159
Desliza su mano por mi lado y luego, por mi brazo hasta mi muñeca.
—La verdad, un poco, pero sobre todo porque me preocupa que todo el
mundo vaya a congelarse afuera.
—¿Te inquieta que me vaya a escapar? —Ni siquiera sé por qué lo
pregunto. Se me escapa sin más y no puedo detenerme de pensar en la
mañana después de la noche en el puente, cuando decidí huir y luego,
hace una semana cuando se suponía que originalmente nos casáramos.
Nunca fue porque no lo amara. Incluso la noche en el puente, lo amaba a
pesar de que no iba a admitirlo. Todas esas veces, escapé porque no me
amaba a mí misma.
—¿Honestamente? —pregunta, y asiento—. En realidad no.
—¿Nada? —pregunto—. ¿Incluso teniendo en cuenta mi pasado?
Menea la cabeza. —Sé que me amas, Ella May. Como sé que las
emociones te asustan, pero en el fondo, sientes más sobre lo nuestro de lo
que mucha gente siente en su vida. Así como sé que estás asustada y
excitada al mismo tiempo. Así como sé que cada día que he pasado
contigo, bueno y malo, ha valido la pena. Y es debido a esas cosas que sé
que caminarás por ese pasillo que Lila hará para ti, dirás tus votos, me
besarás, y luego tendremos el comienzo de nuestro viaje feliz, triste, a
veces bueno, a veces malo, loco, lleno de baches e intenso, pero para
siempre.
Sus palabras se hunden en mi corazón y lágrimas llenan mis ojos de
nuevo. —¿Vas a decir eso en tus votos mañana? Porque fue bastante
perfecto.
Él sonríe contra mi frente. —No, tengo algo mejor planificado para
mañana.
Me recuesto y lo miro a los ojos, que lucen brillantes. —¿Oh, sí?
—Sí, sí. —Baja su boca a la mía—. Y es aún mejor que la canción. —
Y entonces me besa mientras sus manos exploran mi cuerpo. Para el
instante en que nos alejamos, estamos agotados, desnudos y sudorosos, y
es justo después de la medianoche.
—Oye —le digo a Micha cuando miro el reloj—, es oficialmente el día
de nuestra boda y Navidad.
—¿Estás lista para seguir adelante con esto? —pregunta Micha en
tanto me atrapa entre las piernas y los brazos.
Asiento con los ojos cerrados, pero mi corazón golpetea en mi pecho,
con ganas de huir. Me voy a casar hoy. ¡Mierda! —Sí.
—Suenas nerviosa —comenta, besando la parte superior de cada
uno de mis párpados. | 160
—Lo estoy —admito—, pero eso probablemente es normal, ¿no?
—Estoy seguro de que sí.
—¿Estás nervioso?
Duda. —Sí, un poco.
Libero una respiración atrapada en mi pecho y abro los ojos.
—Estoy contenta.
—¿De que esté nervioso? —cuestiona.
Asiento, deslizando una de mis piernas entre las suyas y
enganchándola por encima de su cadera. —Porque significa que nos
hallamos en la misma página y por lo general ese no es el caso.
Considera lo que le dije y luego dobla su rodilla para que esté
presionada entre mis piernas, colocando su felizmente ardiente calor
corporal contra mi piel. —Creo que puedes verlo de esa forma, al menos si
así caminarás por el pasillo.
—Voy a estar bien —le aseguro, encogiéndome ante la idea de
caminar por el pasillo sola o con mi papá. Pienso que sola tal vez
enloquezca, y mi papá, si me asusto, no será capaz de calmarme—.
Micha... tú... ¿caminarías por el pasillo conmigo o le dirías a Lila que
saltemos esa parte?
—¿No puedes decírselo tú? —pregunta, con el ceño fruncido.
Niego. —Está loca por la boda. En serio, creo que debe considerar
convertirse en una planificadora de bodas.
Sus brazos se deslizan alrededor de mi cintura y luego saborea mi
boca con su lengua. —Si quieres que te acompañe por el pasillo, lo haré.
—Gracias —le susurro y lo abrazo con fuerza, sabiendo que si se
encuentra ahí conmigo será mucho más fácil pasar por todo. Todo lo es
cuando él está conmigo.
Queda callado un rato, y cuando Micha habla de nuevo, suena un
poco emocionado.
—Así que ya que es oficialmente Navidad —dice Micha alejándose de
mí un poco para mirarme a los ojos—, ¿vas a darme mi regalo de Navidad?
Frunzo el ceño. —Es un regalo muy tonto.
—¿Y qué? —dice—. Además, los regalos tontos son los mejores.
Suspiro, luego me incorporo, alejándome de él, y rebusco en mi
bolsa de lona que está en el suelo delante de la cama. —Está bien, pero
trata de no decepcionarte demasiado cuando lo abras —le digo, sacando la
caja envuelta. Subo de nuevo a la cama y se la entrego. | 161
Le sonríe a la caja mientras entrecruza las piernas. —Ah, incluso la
envolviste y le pusiste un moño —dice con voz burlona.
Sacudo la cabeza y pellizco en broma su brazo. —No te burles de mí.
Y Lila me hizo envolverlo.
—Me gusta que lo envolvieras —dice, luego arranca el papel como un
niño pequeño. Puse las pulseras en una cajita, así que también tiene que
abrirla. Cuando quita la tapa, se queda mirando las finas tiras de cuero
con las palabras para siempre grabadas en ambas.
Cuando no dice nada, empiezo a ponerme nerviosa, como si no
pudiera entender lo que son. —Son como las que solíamos tener cuando
éramos niños, pero no compré la que dice “mejores amigos”, pensando que
éramos mucho más que eso así que elegí estas dos que dicen “para
siempre”.
Me mira y no puedo interpretar su expresión en absoluto. —Las
recuerdo. En realidad me hiciste usar la que decía “mejores amigos”, y me
hiciste sentir como una chica.
Fruncí el ceño, lamentando habérsela dado. —Sin embargo, la
usabas.
—Debido a que me lo pediste —dice—. Y los dos sabemos que haría
cualquier cosa por ti.
—Lo siento, es cursi, ¿no? —Alcanzo la caja de las pulseras—.
Debería haberte comprado algo mejor.
Toma rápidamente la caja y la aleja, manteniéndola fuera de mi
alcance. —¿Me tomas el pelo? Esto es perfecto.
—Pero acabas de decir que eran de chicas.
—No, dije que el tener un brazalete que decía “mejores amigos” era
para chicas y eso fue cuando tenía ocho años. —Él sonríe y me relajo
mientras alcanza de las pulseras—. Este es el regalo perfecto, Ella May,
porque significa algo.
—Es un obsequio cursi —digo mientras se coloca un brazalete.
—Que te haga cursi, solo hace que me guste más —responde en
tanto toma mi muñeca y desliza la otra pulsera.
—Supongo que me has contagiado —bromeo, y luego me inclino para
besarlo—, pero eso está bien. —Ajusto el brazalete, reduciendo su tamaño
para que encaje en mi muñeca, mientras Micha se levanta de la cama y
empieza a buscar en su cajón de la cómoda. Creo que busca una camisa
para ponerse o algo así, ya que hace mucho frío, así que me sorprende
cuando regresa a la cama todavía sin camisa, pero con una cajita de
madera en la mano. | 162
—No tuve tiempo de envolverlo porque lo conseguí para ti esta noche
—dice, entregándome la caja, su mano temblando un poco, como lo hizo la
pasada Navidad cuando me dio el anillo de compromiso—. Feliz Navidad,
Ella May futura Scott.
Sonrío, pero me siento un poco nerviosa por saber qué demonios
podría darme que lo ponga nervioso. Respiro profundo mientras abro la
caja. En el interior hay un collar con un colgante rosa.
—Es hermoso —le digo con honestidad al correr mis dedos a lo largo
del dije, que se siente como porcelana.
Micha deja escapar una respiración ruidosa mientras se escabulle
más cerca de mí. —En realidad es de mi parte y de tu padre. Perteneció a
tu madre. Él se lo dio en el día de su boda y pensó que tal vez podrías
usarlo en la nuestra, como una forma de estar cerca de ella.
Es como si él hubiese pulsado un botón y, sin previo aviso, me
pongo a llorar, mientras las lágrimas corren por mis mejillas como una
fuente, goteando en mis labios, mi nariz, en el collar, en la caja. No soy
llorona, pero por alguna razón, me parece que estoy llorando mucho
últimamente. Por lo general, luchaba contra las lágrimas, pero no me
importa en este momento. Lloro. Lloro porque me encuentro feliz y triste al
mismo tiempo. Triste porque mi mamá faltará allí, pero feliz porque me voy
a casar con el amor de mi vida.
Mi cabeza se encuentra hacia abajo por lo que le toma a Micha un
segundo darse cuenta de que estoy llorando. Cuando lo hace, acuna mi
cara y levanta mi cabeza, limpiando inmediatamente las lágrimas con una
mirada de preocupación en su rostro.
—Lo siento —dice—. Estaba preocupado por dártelo porque pensé
que te molestaría.
Aprieto los labios y sacudo la cabeza. —No, en absoluto.
—Entonces, ¿por qué lloras?
—Porque soy feliz —le digo con una sonrisa mientras las lágrimas
siguen derramándose.
Todavía no parece convencido. —¿Así que te gusta el regalo?
—Me encanta —le digo y luego lo beso con tanta pasión que nos
derrumbamos de nuevo en la cama, con la caja de madera aún aferrada en
mi mano. Nos besamos hasta que nos hallamos sin aliento, y luego
simplemente digo—: El regalo es perfecto, tú eres perfecto.
Y realmente, realmente lo es.
| 163
23
Traducido por Snow Q | 164
Corregido por SammyD
Micha
—Oh Dios, ustedes y sus ideas tan locas. —Ethan se pasea de un
lado a otro aplanando la superficie cubierta de nieve delante de mi coche,
tiene las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros, y lleva una
sudadera sobre su camisa negra. Yo escogí algo diferente y luzco una
camisa abotonada a rayas que Ella me regaló, vaqueros negros y botas,
acompañado de una chaqueta negra que le pedimos prestada a Thomas.
Ella hizo que me recogiera las mangas y que conservara las bandas de
cuero en mis muñecas porque dijo que me hacía lucir sexy. Sinceramente,
no importa una mierda lo que esté usando mientras ella sea feliz.
—¿Qué? —pregunto, cerrando la cajuela del Chevelle. El nivel de la
nieve era tan profundo mientras conducía que tuve que ponerle cadenas a
las llantas, y aun así fue un dolor en el trasero llegar hasta aquí, por lo
que me preocupa un poco regresar—. Solo es un poco de aire fresco.
Niega con la cabeza y me mira. —Vamos a ser estatuas de hielo para
el momento en que todo termine, enterrados vivos debajo de un metro y
medio de nieve.
—Oye, seremos muñecos de nieve geniales —bromeo, mientras elevo
la vista hacia el cielo, desde donde ligeros y esponjosos copos de nieve se
deslizan hacia el suelo, aterrizando en las ramas desnudas de los árboles y
en la superficie congelada del lago. Lila vino aquí más temprano con mi
mamá y repartieron velas alrededor del área cubierta de nieve debajo de
un dosel formado por árboles, aunque no tengo idea de cómo infiernos van
a encenderlas. También, ataron cintas negras y rojas por todas las ramas,
y las acompañaron con luces plateadas de Navidad, conectadas a una
extensión enchufada a un adaptador CA en mi coche, lo que significa que
tengo que dejar el motor encendido durante toda la boda. Juntas
esparcieron pétalos rojos por toda la nieve, y ahora apenas puedo verlos a
causa de la nueva capa de copos que los cubre. Después de que hicieran
esto, se marcharon para ver que todo estuviera bien con Ella y ayudarla a
estar lista. Me complace que no esté sola, porque parecía un poco nerviosa
cuando me marché.
Mientras descargo un par de sillas de la camioneta, finjo no sentirme
nervioso, a pesar de que lo estoy. No porque quiera irme, sino porque voy a
casarme y comienza a volverme loco. El discurso sobre la responsabilidad
que me dio Ethan se encuentra fresco en mi mente y sigo pensando, ¿y si
lo arruino? No puedo hacerlo. No con Ella.
—¿Te encuentras bien, hombre? —pregunta Ethan, dejando caer un | 165
par de sillas en una pila que cada vez se hace más grande—. Te ves un
poco pálido.
—Me encuentro bien. —Apoyo el pie en la barra del fondo de una
silla y presiono para desdoblarla, luego la coloco en la nieve.
—Asegúrate de alinearlas —dice Ethan, mientras desdobla una silla
y la enfila con la que acabo de arreglar—. Lila nos morderá el trasero si no
las acomodamos.
Sonrío, pero mantengo la cabeza gacha mientras comienzo a formar
un camino derecho. No toma más de un minuto acomodar las sillas, ya
que solo pocas personas van a venir a la boda, pero parece como si pasara
una eternidad. Para el momento en que terminamos, me siento inquieto y
nervioso, con un manojo de nervios en el estómago.
No puedo soportarlo más. La adrenalina corre por mis venas y mi
pulso se halla errático, así que regreso a mi Chevelle y abro la guantera.
Revolviendo una pila de papeles, encuentro un paquete de cigarrillos que
oculté ahí hace años para momentos como este.
—¿En serio? —cuestiona Ethan, cuando me ubico en el asiento del
conductor con la puerta abierta y los pies apoyados en la nieve.
—Necesito calmarme —digo y me llevo uno a la boca. Niega con la
cabeza, riendo entre dientes mientras agarro el encendedor del paquete,
acuno mis manos alrededor de la punta del cigarrillo, y lo enciendo. Tan
pronto como la nicotina entra en mis pulmones, me siento mejor y el
compás de mi corazón comienza a calmarse.
Ethan saca una gran olla de la camioneta y la deja en el suelo
mientras yo aspiro calada tras calada del cigarrillo, apaciguando mi
corazón, y mi piel se calienta debajo de mi abrigo y mi camisa.
—¿Te sientes mejor? —pregunta cuando golpeo con mi pulgar el
extremo del cigarrillo y arrojo la ceniza sobre la nieve.
Saboreo otro aliento ahumado. —Sí, de hecho.
Pone los ojos en blanco. A Ethan nunca le agradó que fumara, pero
creo que él solía fumar hierba. Sin embargo, siempre me fastidiaría por
dejar cenizas en su camioneta y hacer que el tapizado apestara a humo.
Después de acabar con el cigarrillo, lo arrojo en la nieve mientras un
gran deportivo granate se acerca saltando baches por la carretera.
Quisiera tener un poco de colonia a la mano porque ahora apesto y Ella va
a saber que estuve fumando. No se enojará conmigo, pero sabe que lo hago
cuando sucede algo malo, y conociéndola, creerá que es porque no quiero
casarme.
El deportivo se detiene cerca del Chevelle y el motor permanece
encendido mientras Dean se baja, y sube la cremallera de su abrigo. Su | 166
pelo se encuentra bien peinado hacia un lado y usa unos zapatos muy
brillantes. Recuerdo cuando éramos jóvenes; él tenía una ceja perforada y
estaba obsesionado con la idea de que algún día tendría tatuajes
cubriéndole el brazo y una barba chiva.
—Hola, hombre, tal vez quieras regresar a la casa y echarle un
vistazo a Ella —dice, metiendo las manos en los bolsillos de sus
pantalones de vestir mientras se acerca.
Lo alcanzo delante del coche y me siento en el capó congelado,
cruzando los brazos. —Dijo que iba a conducir hasta aquí con mi mamá y
Lila.
Niega con la cabeza y echa el pulgar sobre su hombro, señalando la
carretera. —Iba a hacerlo… va a hacerlo, pero como que sucedió algo.
Me pongo de pie, y los latidos de mi corazón se aceleran de
inmediato mientras el miedo que estuve cargando invade mi mente de
nuevo. —¿Por qué? ¿Qué sucedió?
Se ve tenso e incómodo, cambiando su peso de un pie a otro. —No
estoy seguro. Todo lo que sé es que la amiga de Ella… la chica rubia, me
dijo que debería venir a buscarte.
Ni siquiera espero que diga otra cosa. Me monto en el coche,
desconecto las luces y presiono a fondo el motor, esperando que no sea lo
que pienso.
Esperando que no me abandone de nuevo.
24
Traducido por Annie D | 167
Corregido por Laura Delilah
Ella
Respira.
Respira.
Respira.
Trato de que entre aire en mis pulmones, pero siento como si me
sofocara, como si unos dedos invisibles rodearan mi cuello en tanto que
batallo por oxígeno. Ni siquiera sé de dónde provino el ataque de pánico.
Un minuto estaba bien, dejando recoger mi cabello mientras escuchaba a
Lila hablar acerca de ella y los planes de viaje de Ethan por carretera y al
siguiente sentí como si me estuviera ahogando en el hecho de que tan
pronto cuando Lila terminara con mi cabello, me iba a tener que poner el
vestido. Entonces sería hora de ir a mi boda, decir mis votos, comenzar mi
futuro.
Había enloquecido y empezado a llorar, asustando a más no poder a
la madre de Micha, Lila, y Caroline cuando salté de la silla y corrí a la
habitación de Micha. Lila vino a verme cuando lloraba en la cama. Trató de
hablar conmigo, pero no podía dejar de llorar. Entonces me puse una
manta sobre la cabeza, dispuesta a cerrarme, pero luego recordé todo el
progreso que hice en el último par de años y en vez de eso terminé
diciendo algo que me impactó.
—Ve a buscar a Micha, por favor. —Mi voz se quiebra a través de mis
sollozos.
Lila se detiene. —Um, de acuerdo. —Un secundo después, oigo la
puerta cerrarse.
Después de que se va, lloro por lo que parecen horas, arruinando mi
maquillaje mientras las lágrimas corren por mi cara. Sigo tratando de
decirme a mí misma que salga de la maldita cama y vaya a ponerme el
vestido porque en el fondo sé que quiero y solo estoy asustada. Por fin, la
puerta se abre y me congelo cuando oigo el suave sonido de pisadas hacia
la cama. El colchón se hunde cuando alguien se sienta en el borde de la
cama, y luego una mano toca mi hombro al otro lado de la manta.
—Ella… —La voz de Micha sale alarmantemente aguda—. ¿Qué
ocurre?
Cuando no respondo, él quita la manta de mi cabeza y el aire frío
pica mi piel. Le echo un vistazo con los ojos llorosos y suspira, luciendo | 168
como si estuviera a punto de llorar también. —¿Estás… —Traga saliva
mientras toca mi mejilla con sus dedos, y luego cierra los ojos—. ¿Estás
teniendo dudas de nuevo?
Sacudo la cabeza y me siento, restregando la palma de mi mano por
mi cara, empeorando mi maquillaje, estoy segura. —No, no es eso... yo... —
Busco lo que siento realmente, porque quiero decirle la verdad—. Estoy
asustada. Sigo pensando en ponerme el vestido, caminar por el pasillo,
decir mis votos... seguir adelante. Estoy abrumada y necesitaba a alguien
aquí que me entendiera. Quién pueda ayudarme a ponerme el vestido y
atravesar esto. —Un suspiro lento sale de mis labios cuando me doy
cuenta de que eso es todo lo que quiero; a Micha a mi lado porque me
apoyará durante esto. Claro, sé que a veces tengo que hacer las cosas por
mi cuenta, pero al mismo tiempo, admitir cuando necesito a alguien me
hace más fuerte.
Él abre los ojos y parpadea las lágrimas. —¿Segura que es eso?
—Sí, estoy segura —le digo, de todo corazón—. Entré en pánico y lo
siento mucho. Solo te necesito aquí conmigo en este momento.
Me estudia por lo que se siente una eternidad y luego de repente me
desliza a un lado de la cama, toma mi mano y me pone de pie con una
expresión intensa. Liberando mi mano, agarra el dobladillo de mi camisa y
la jala sobre mi cabeza, moviéndola con cuidado para evitar arruinar los
rizos y trenzas, o tumbar cualquiera de las flores negras. Arroja la camisa
al suelo, y luego desata el cordón de mi pijama, con los ojos fijos en mí
cuando la desliza por mis piernas. Me niego a apartarle la mirada y cuanto
más me concentro en él, más tranquila me siento, la violenta tormenta se
vuelve una ligera llovizna. Cuando los pantalones llegan a mis pies, me los
quito. Él camina hacia el armario y busca mi vestido de novia. Es un
vestido hermoso, con un brillante top de seda negro, una cinta roja
asegurando la parte trasera, y una elegante parte inferior blanca agrupada
con rosas rojas y negras en varios lugares.
Micha desliza las correas de plástico de la percha a medida que
regresa a mí y luego baja el vestido hasta el suelo para que yo pueda
ponérmelo. Una vez que tengo mis piernas dentro, él sube la tela en mi
cuerpo hasta que el top cubre mis pechos. Entonces sostengo la parte
delantera con una mano mientras él camina detrás de mí y roza con sus
dedos mi espina dorsal.
—¿Te sientes algo mejor? —pregunta, su aliento caliente en mi
cuello y, tiemblo.
Asiento, liberando una respiración atascada. —Mucho mejor, en
realidad.
—Bien, porque quiero que te sientas mejor. Quiero que te sientas
bien acerca de esto… acerca de casarte conmigo, Ella May. —Sube | 169
lentamente la cremallera del vestido y el tejido se constriñe contra mi
cuerpo, subiendo mi pecho lo más mínimo. Una vez que la cierra, da un
paso atrás frente a mí, apartando la parte inferior del camino con su
bota—. ¿Estás segura que quieres esto… que me quieres para siempre? —
Tiene una mirada cautelosa en sus ojos, como si estuviera tratando de
fingir que puede manejar lo que sea, pero noto que si digo que no, que no
quiero esto, lo destrozará.
—Micha, quiero esto más de lo que he querido cualquier cosa —digo
honestamente, mientras paso los dedos por la parte inferior de mis ojos y
mejillas—. Déjame arreglar mi maquillaje y podemos irnos. Estoy segura
de que me veo horrible.
—Te ves hermosa —dice sin perder el ritmo—, como siempre.
—Creo que quieres decir horriblemente hermosa —bromeo, y él
sonríe, buscando mi mejilla con sus dedos.
—No, te ves hermosa —promete—. Pero si quieres arreglar tu
maquillaje, puedes hacerlo. No creo que pueda hacer eso por ti.
Sonrío y recojo mi bolsa de maquillaje de la cómoda, pero él acaba
sosteniendo una de mis manos, algo así como si estuviera ayudándome,
solo que hace que sea un poco complicado poner el maquillaje. Pero me las
arreglo y termino colocándome delineador de ojos negro y brillo de labios
sin contratiempos. Cuando he terminado, me siento en mi cama y Micha
se arrodilla delante de mí y me ayuda a ponerme las botas.
—Me siento como Cenicienta —comento cuando pongo mi pie
adelante y él ata la bota.
Sube la mirada hacia mí y una sonrisa toca sus labios. —Bien. Así
es como te deberías sentir. —Se pone de pie, luego me levanta antes de
inclinarse para besarme. Después se acerca a la mesita y recoge la caja de
madera que me dio anoche. La abre, saca el collar, y, dando un paso
detrás de mí, me lo pone. Tan pronto como la cinta y la rosa están
aseguradas alrededor de mi cuello, me siento extrañamente en paz.
Besa mi nuca y luego camina delante de mí. —¿Estás lista para
esto? —Su tono es ligero pero sé que le preocupa mi respuesta.
—Estoy más que lista —le digo y en seguida agarro la parte
delantera de su camisa y lo jalo para otro beso. Cuando me alejo, le doy
una mirada inquisitiva—. Espera un minuto... ¿fumaste?
Se rasca la parte posterior de su cuello, luciendo culpable. —Algo
así, pero solo porque estaba un poco nervioso.
—¿Acerca de qué?
—Acerca de iniciar nuestro futuro... cuidar de ti de la manera
correcta. Solo quiero hacerte feliz.
| 170
—Lo has hecho desde el día en que nos hicimos amigos —le aseguro
y la mirada ansiosa en sus ojos se evapora cuando me coloco la chaqueta
de cuero y meto la foto de mi madre dentro porque la quiero conmigo,
incluso si es solo una foto.
Él me da una mirada extraña, pero no dice nada y luego salimos de
la habitación, de la mano, dirigiéndonos a nuestra boda juntos, y todo se
siente bien porque se encuentra aquí a mi lado y no lo haría de ninguna
otra manera.
25
Traducido por Andreeapaz | 171
Corregido por Dannygonzal
Micha
Se ve hermosa en su vestido, con su cabello recogido en trenzas y
rizos, sus ojos verdes lucen grandes cuando me mira, agarrada a mis
manos como un salvavidas a medida que salimos del auto. Trato de
calmarme pero el martilleo en mi pulso me dificulta respirar, no porque
esté nervioso sino porque estoy emocionado. Pongo The Story de Brandi
Carlile, por lo que suena tranquilamente por los altavoces y Ella sonríe,
recordando que la pusieron en la boda de Dean y Caroline cuando le dije
que quería casarme con ella.
—Recordaste la canción —dice.
—Por supuesto que sí —contesto, ofreciéndole mi codo—. Fue un
momento épico en nuestra historia.
Entrelaza su brazo con el mío y comenzamos a caminar hacia el
altar. En el momento que llegamos al camino rosado cubierto de nieve,
bajo la mirada de nuestros amigos y familiares, me siento tan contento y
feliz, sabiendo que en unos minutos Ella será mía para siempre y yo voy a
ser suyo. Creo que a algunos de ellos les sorprende un poco ver que esto se
vuelve realidad, en especial Ethan y Lila, que se encuentran abrazados y
lucen un poco conmocionados cuando salimos del auto. Sin embargo,
parece que mi mamá hubiera estado esperando este día. Es como si
brillara mientras se sienta junto a Thomas, mirándonos con una felicidad
que nunca he visto en sus ojos. Dean se ve neutral, como siempre, y
Caroline está casi llorando. El padre de Ella es un poco más difícil de leer,
pero tiene los ojos llenos de lágrimas.
Al final, nos detenemos bajo un dosel de árboles mientras el ministro
comienza a leer el discurso matrimonial al que apenas le pongo atención.
Los copos de nieve se posan en el cabello de Ella y se derriten en su pecho,
donde el colgante de la rosa descansa justo por encima de sus pechos,
mojando su piel. Se ve perfecta y de verdad quiero lamerla en este
momento, pero no creo que sea adecuado, así que me digo a mí mismo que
debo quedarme tranquilo hasta más tarde cuando pueda hacer lo que
quiera con ella.
Básicamente me alejo de la zona y me centro en ella hasta que el
ministro anuncia que tengo que leer mis votos. Entonces suelto su mano
solo para sacar un trozo de papel de mi bolsillo, con los dedos temblorosos
mientras lo abro. | 172
Se ve nerviosa, su respiración aumenta, causando más neblina
alrededor de su rostro mientras espera escuchar lo que tengo que decir, la
verdad de lo que siento por ella.
—No puedo pensar en un momento en el que no quisiera estar
contigo. —Miro entre el papel y ella mientras hablo—. Desde el instante en
que saliste por la puerta de tu casa, pensé que eras hermosa y te quería en
mi vida. No puedo decir que fue amor a primera vista ya que era muy joven
y no creo en esa forma de amor. Creo en la búsqueda de la persona
adecuada, la que facilita todo, la que me hace feliz, la que logra que valga
la pena vivir la vida y que sea más emocionante, haya o no besos en los
columpios —digo, y la veo sonreír—, carrera de coches, hacernos tatuajes,
compartir helados y lágrimas, o simplemente cantar mientras dibujas. No
podría tener una vida sin ti y cada momento, bueno o malo, ha valido la
pena porque nos trajo aquí, a este lugar y a este momento en el que te
tendré para el resto de mi vida. Me haces más feliz de lo que puedo
explicar. Te amo, Ella May, más que a mi propia vida, y te seguiré amando
hasta que tome mi último aliento; voy a amarte por siempre. Eres la dueña
de mi corazón. —Al final, mi voz se vuelve inestable por las emociones que
me inundan cuando pienso en todo lo que hemos pasado para llegar aquí y
porque en unos momentos será mía para siempre, la chica de la puerta de
al lado, de la que me enamoré y a la que le di por completo mi corazón.
Respiro inestablemente al meter el papel en mi bolsillo, sabiendo que
Ethan va a molestarme por ponerme tan emocional, pero en este momento
no me importa.
Pongo mi atención en Ella, observándola luchar con las lágrimas y
sacar un trozo de papel del bolsillo de su chaqueta.
Con las manos temblorosas lo mira por una eternidad, como si no
pudiera encontrar su voz. Mi corazón se contrae en mi pecho mientras
espero que diga lo que significo para ella, preocupado de que no pueda ser
capaz de hacerlo. Pero luego, sorprendentemente, lanza un suspiro bajo y
el sonido de su voz me envía una oleada de alivio.
—Sabes que la primera vez que te vi, me asustaste demasiado. —
Pone una cara de disculpa y mira al ministro, que suspira porque sabe de
lo que estamos hablando. Luego vuelve su atención a mí y se aclara la
garganta—. Eras tan intenso y estabas decidido a conocerme que no podía
entender por qué querías hacerlo, por muchas razones, razones que
entiendes porque me conoces mejor que nadie. —Su voz vacila un poco y
deja de lado el papel para limpiarse su sudorosa palma en la chaqueta—.
Pero con el tiempo, te robaste una parte de mí. —Sus labios se curvan,
haciéndome sonreír—. Te convertiste en la luz en mi vida oscura y me
hiciste sentir tan amada que olvidé cómo respirar. Eras el único que podía
hacerme reír, sonreír, divertirme, que no me diera por vencida. Siempre
estuviste para mí y, de alguna manera, durante el año loco e intenso, | 173
luchaste por entrar en mi alma y acabaste convirtiéndote en mi todo. Te
volviste mi tabla salvavidas, la única persona en la que podía confiar sin
importar qué, aunque estuviera molesta y te alejaba, siempre estuviste allí
para mí. Y te amo por eso y por la magnífica persona que eres, por
escribirme canciones y tatuarme en tu piel, por usar anillos ridículos en
tus dedos —dice, tratando de sonreír, pero noto que está abrumada por las
emociones—. Y por amarme tanto como para no renunciar, sin importar
cuánto luché. —Lentamente sale un suspiro de sus labios mientras que
pone el papel en el bolsillo de su chaqueta.
Cuando me mira, las lágrimas están formándose en sus ojos. Está
abrumada por la emoción y estoy seguro de que también puede verla en mi
rostro. Nunca la he visto tan expuesta como ahora y creo que, si aún es
posible, podría haberme enamorado más de ella.
Hay silencio por un momento mientras todo el mundo nos mira, y
entonces Ethan tose fuertemente y sacudo la cabeza cuando Ella rueda los
ojos. Lila le dice algo y a continuación, la tranquilidad nos rodea de nuevo.
Finalmente, el ministro continúa con el intercambio de anillos,
diciéndonos qué hacer. Deslizo el sencillo anillo de plata en el dedo de Ella
y su respiración tambalea mientras lo mira y sonríe. Luego saca su anillo
de la caja mostrando uno que coincide con el que le di, solo que es un poco
más grueso. Con la mano temblorosa, mientras lo desliza por mi dedo,
reemplaza el viejo con este.
—Los declaro marido y mujer —anuncia el ministro y de repente
todo es oficial. Ella es mi esposa y yo soy su marido.
Oigo aplaudir a alguien entre la multitud mientras me muevo hacia
delante para besarla. Sigue mi ejemplo; nuestros labios se atraen
magnéticamente hacia los del otro y nos reunimos a mitad de camino.
Debajo de las ramas de los árboles cubiertos de nieve, con el roce de
nuestros labios y los brazos envueltos alrededor del otro, por fin tenemos
nuestro maravilloso, imperfecto, difícil, complejo y, aun así, hermoso y
valioso para siempre.
Epilogo
| 174
Traducido por Andreeapaz
Corregido por Ana Avila
Ella
Dos meses después…
—Despierta, hermosa —dice Micha mientras respira en mi oído y
presiona su cálido cuerpo contra el mío.
—No quiero —murmuro, enterrando mi cara en la almohada a la vez
que tiro de las sábanas sobre mi cuerpo desnudo—, me encuentro muy
cansada.
—Vamos, niña bonita. Te tengo una sorpresa. —Pone un delicado
beso en mi cuello, deslizando su lengua a lo largo de mi piel antes de
alejarse—. Vamos, vale la pena. Te lo prometo. —Lo oigo alejarse al cuarto
de baño—. Me daré una ducha. Tienes que estar lista cuando salga. —
Después, la puerta se cierra y la regadera se pone en marcha.
Me quedo acostada en la cama un rato más, diciéndome que no me
levantaré porque estoy malditamente cansada de las otras mañanas en
que me ha despertado de esta misma forma. Se ha convertido en una
tradición. Encuentra una manera de sorprenderme, ya sea sacándome a
desayunar o despertándome con su lengua.
Finalmente cedo y me obligo a abrir los ojos porque soy incapaz de
negarle algo a Micha. La luz del sol brilla a través de las ventanas mientras
estiro mis brazos y salgo de la cama. Saco un corto vestido negro de mi
maleta y me lo pongo, trenzo mi pelo y lo ato con una liga. Después de
ponerme mis sandalias, subo a la cama y espero que salga en tanto miro
los anillos en mis dedos. Incluso después de dos meses, todavía no puedo
evitar sonreír cuando los veo, marcando uno de los mejores días de mi
vida. El día que le expresé a Micha cómo me sentía realmente, cuando por
fin fue mío. Nos besamos y bailamos un montón ese día; una lista de
canciones que aparecieron a lo largo de nuestra historia. Fue hermoso,
mágico y muy cursi, pero todas las bodas lo son. Más tarde, pasamos
horas teniendo sexo hasta que sentí que mi cuerpo se rompería. Fue
increíble y agotador; todavía sigue siendo increíble y agotador. Luego
empacamos nuestras cosas y nos dirigimos a casa para comenzar nuestra
nueva vida, pero no antes de que Micha nos hiciera detenernos en la casa
de Mikey para destrozar sus neumáticos, como le prometí que podía.
Hemos estado en la carretera por poco más de un mes, y ha sido | 175
toda una aventura. A Micha le dieron la opción de viajar en el autobús con
otros músicos, pero debido a que no queríamos perdernos nuestra luna de
miel, decidió que podíamos tener un viaje de carretera por todo el país en
un Chevelle, así que nuestro objetivo es tener sexo en todos los estados.
Hasta ahora llevamos dieciséis, pero después de esta noche serán
diecisiete.
Después de un rato, sale del baño con una toalla en la mano,
luciendo magnifico y atractivo con una camisa a cuadros de color rojo,
desabotonada, por lo que puedo echar un vistazo a sus músculos. Sus
pantalones cuelgan de sus caderas y, al mirarlo, mi cuerpo se calienta,
pensando en las muchas veces que esas caderas han embestido contra mí.
Su cabello está mojado y revuelto en los extremos, y me muerdo el labio,
con ganas de pasarle mis dedos.
—Estoy tan feliz en este momento que pienso que podría haber algo
mal conmigo —divago y él suelta una carcajada, abolla su toalla y la arroja
al piso de la habitación.
—No hay nada malo con ser feliz, niña bonita —dice, mientras
despeina su cabello rubio—. Está bien que seas feliz.
—Lo sé. —Me pongo de pie y lo ayudo a abrochar su camisa
entretanto continúa batallando con su cabello—. Sin embargo, espero que
tú también lo seas.
Frunce su ceño cuando me mira y sus ojos aguamarina arden con
intensidad. —Por supuesto que soy feliz. Estás aquí conmigo.
—Sabes que si tus admiradoras saben que hablas de esa manera, se
volverán más locas por ti.
—No, es probable que se rían —dice encogiéndose de hombros—.
Pero en realidad no me importa lo que piensen ellas. Solo me importas tú.
—Las fans femeninas no. —Abrocho el último botón y luego pongo
mis brazos alrededor de su cuello, de puntitas—. De acuerdo, ¿a dónde me
llevarás hoy? Porque me muero por saber.
—Es una sorpresa —dice, luego agarra mi mano y nos dirige a la
puerta.
—Dices eso todos los días. —Hago un puchero mientras se pone los
zapatos.
Me sonríe mientras toma mi cuaderno de bocetos y mi lápiz para
dibujar de la cómoda. —Ya lo sé, y que hagas pucheros siempre que no te
lo digo lo hace muy divertido.
—¿Por qué agarras eso? —Apunto con la cabeza a los bocetos,
cerrando la puerta cuando salimos al pasillo.
—Porque los vas a necesitar —dice, guiándome. | 176
Suspiro y lo sigo por las escaleras al auto. Nos subimos, enciende el
motor y conduce por la autopista, saliendo de la ciudad. Estamos en
Carolina del Sur en este momento, por lo que, aunque es febrero, el aire es
cálido y la humedad hace que mi piel se sienta pegajosa, sobre todo
porque tenemos las ventanas abajo. El océano se encuentra muy cerca, la
arena dorada y el cielo azul hacen que mis manos empiecen a desear mi
lápiz y el cuaderno que Micha tiene en su regazo.
Cuando por fin detiene el auto, nos hallamos frente a un campo
abierto cubierto de exuberante hierba y arbustos. También hay un roble en
el centro, con algunas ramas apuntando al cielo y otras al suelo. En cierto
modo me recuerda al árbol en casa por alguna razón y me doy cuenta
porqué me trajo aquí.
Micha sonríe mientras saca la llave. —Cuando dijiste que querías
venir conmigo por la carretera, comentaste que amabas pasar tu tiempo
dibujando cosas que significan algo para ti, como ese árbol que siempre
trepaba para llegar a ti. Como ese árbol significativo está muy lejos en este
momento, pensé que tal vez podrías dibujar este. —Me muestra el campo—
. Lo encontré el otro día cuando venía del ensayo; buscando algo que
podrías dibujar porque sé que has estado indagando algún paisaje
significativo. Ese árbol me recordó al de casa, por lo menos eso creo, pero
por otra parte, no soy artista. —Hace una pausa, esperando mi respuesta.
Creo que podría haberme enamorado aún más de él. No pensé que
eso fuera posible, pero cada día que paso con Micha el amor se hace aún
más fuerte, sobre todo cuando hace este tipo de cosas por mí.
Me inclino sobre el tablero hacia él. —Te amo —digo, sin poder
evitarlo—, y me encanta el árbol.
—También te amo —dice y luego me besa. En el momento que nos
detenemos por un poco de aire, los dos estamos sin aliento y me las
arreglo para pasar por encima del tablero, colocarme en su regazo y
desabrochar su camisa… Ni siquiera sé cómo.
Sus manos se cuelan bajo mi vestido, acariciando mi piel en tanto,
fijamente, me mira un poco aturdido. —¿Entonces vas a dibujar el árbol?
—Por supuesto, pero después de dibujarte a ti primero —digo—,
porque significas más que cualquier cosa en el mundo.
—Pero ¿no me has dibujado ya un montón?
—Sí, pero no tengo uno de ti sentado debajo de un árbol.
—Sin embargo, te tienes que haber cansado de dibujarme.
Niego. —De ninguna manera. Nunca me cansaré de ti. Nunca.
—No importa cuántas veces digas eso, nunca me cansaré de
escucharlo —admite, y en seguida levanta la cabeza con una expresión
| 177
pensativa—. Así que bajo el árbol ¿eh? ¿Es ese un dibujo significativo?
—Creo que sí —digo, y luego nos besamos durante un rato antes de
salir del auto y caminar hacia el árbol, felices, en paz y contentos porque
vivimos nuestro para siempre justo como queríamos: juntos.
Lila & Ethan:
Forever and Always | 178