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Evolución y Análisis de la Ciencia Política

La ciencia política tiene raíces profundas en el pasado y orígenes recientes. Ha evolucionado a través de la redefinición de su objeto de estudio (la política) y el desarrollo de nuevos métodos. Recientemente, autores como Easton han propuesto definir la política como la asignación imperativa de valores en una sociedad, independiente del Estado, y analizar los sistemas políticos considerando la interacción entre la comunidad política, el régimen y las autoridades.

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Evolución y Análisis de la Ciencia Política

La ciencia política tiene raíces profundas en el pasado y orígenes recientes. Ha evolucionado a través de la redefinición de su objeto de estudio (la política) y el desarrollo de nuevos métodos. Recientemente, autores como Easton han propuesto definir la política como la asignación imperativa de valores en una sociedad, independiente del Estado, y analizar los sistemas políticos considerando la interacción entre la comunidad política, el régimen y las autoridades.

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Ciencia Política.

Naturaleza y evolución de la ciencia política (G., Pasquino).

Política: actividad que los hombres y mujeres desarrollan para mantener junto un grupo, protegerlo,
organizarlo y ampliarlo, para escoger quién toma las decisiones y cómo, para distribuir recursos, prestigio,
fama, valores.
Ciencia política es el estudio de esta actividad (Política) con método científico, es decir de manera de
formular generalizaciones y teorías y de permitir su verificación y su falsación.

El estudio científico de la política.

Delinear la evolución de la ciencia política es difícil debido a dos razones:

1. Raíces profundas: su historia y la historia de quienes la practican se entrelazan con las de otras
disciplinas. Por esto, no existe una verdadera historia de la ciencia política. Incluso se puede decir
que, tanto por su desarrollo cronológico como por las diversas actitudes que exige, se ha vuelto
imposible una historia exhaustiva de la misma, ya que ve más allá de las capacidades de cualquier
estudioso.
2. La evolución de esta ciencia ocurre de manera conjunta a través de la definición/redefinición del
objeto de análisis, así como de la elaboración de nuevas técnicas y métodos, en busca del máximo
nivel de “cientificidad”.
Por lo tanto, con el paso del tiempo cambian el objeto (la política) o el método (la ciencia). La
evolución de la disciplina puede ser trazada y analizada en referencia a estas dos modificaciones,
que son constantemente susceptibles de variaciones.

La ciencia política cuenta con raíces profundas en un pasado lejano y orígenes recientes. Sus reflexiones
acompañaron todas las fases del desarrollo de la experiencia de organización del mundo occidental en
comunidad y colectividad, desde las ciudades-Estado hasta los procesos de unificación supranacional.

Desde el comienzo, el objeto calificador del análisis político se ubicó en el poder: las modalidades de
adquisición y de utilización del mismo, su concentración y distribución, su origen y legitimidad de su
ejercicio, y su definición como poder “político”, han permanecido en el centro de todo análisis político.

El poder parece uno de los fenómenos más difundidos, más general y generalizado, más presente y que
caracteriza mejor la actividad política. Por ser el objeto central del análisis político, a menudo fue sustituido
por el Estado. Si en los primeros análisis clásicos (desde Maquiavelo a Hobbes), el problema es el de crear
el orden político a través del control del poder dentro de los limites bien definidos, en otros casos el
problema ha consistido en la creación de un Estado pluralista, democrático, fuerte, capaz de asegurar un
pacto entre clases sociales, capaz de decidir en situaciones de emergencia. De esta fase emergen dos
tradiciones analíticas diferentes:

 Tradición anglosajona que pone atención a los procesos sociales, más que a las configuraciones
estatales. En este caso, el derecho constitucional casi no encuentra lugar en total beneficio de las
praxis, de los hábitos, de la common law.
 Tradición continental de análisis de las estructuras estatales verdaderas, de los estudios
institucionales. En este caso, el derecho constitucional se eleva como elemento central y dominante
de los procesos políticos; corre el riesgo de cosificar y cristalizar los análisis políticos y los fuerza
dentro de confines nacionales.

Al mismo tiempo, los estudiosos de la política se habían planteado también el problema del método, es
decir, de las modalidades de recopilar afirmaciones, analizarlas y filtrarlas a fin de combinarlas en
generalizaciones y explicaciones. Posiblemente la primera ruptura epistemológica se produce con
Maquiavelo, quien se refiere a la historia y a la observación, y declara sus intenciones de describir lo más
objetivamente posible la “realidad efectiva”.
Una vez consolidadas las formaciones estatales, los estudiosos continentales decidieron dirigir su atención
a las modalidades de formación, de cambio, de sustitución de las clases dirigentes. De esta manera,
comienza una corriente de análisis que particularmente fecunda en el contexto italiano, y que intenta ir
más allá de las problemáticas del poder y del Estado, con el objetivo de conseguir mayor concreción y un
mayor apego a la realidad. Por el contrario, la teoría de las elites, por su economía y su elegancia, funda
una rica y fecunda corriente de investigación.
Sucesivamente, entre el siglo XIX y el XX, empieza en el mundo centroeuropeo una revolución científica
cuyos desarrollos en la física, en el psicoanálisis, en la filosofía analítica y positivista, influyeron en las
ciencias sociales y la ciencia política. En estas últimas, se manifiesta la ambición de imitar a las ciencias
naturales, replicar sus técnicas de investigación, producir explicaciones y generalizaciones fundadas en el
principio de causa y efecto que tengan fuerza de ley.
En la continuación de esta fase, la ciencia política no logra afirmarse establemente y corre el riesgo de
desaparecer. El fascismo y el nazismo aplastan todo tipo de reflexión política haciendo retroceder décadas
a todas las ciencias sociales, mientras que estudiosos alemanes fortalecerán las ciencias sociales
estadounidenses. Por el otro lado, se registra un impulso a la unificación de todas las ciencias sociales en
torno a un método compartido. De esta manera, la ciencia política habría perdido su autonomía
arduamente buscada, de las disciplinas limítrofes y recién conquistada de la economía política.

Se abre paso a la necesidad de la redefinición del objeto de la ciencia política, ya que no podía ser
simplemente ni poder ni el Estado. El poder debía ser calificado de manera muy precisa como
político y no podía remitir tautológicamente al Estado, ya que hay sociedades en las que se manifiesta la
existencia de actividades políticas y no tienen un Estado.
David Easton llega a una definición de política: una actividad de “asignación imperativa de valores para una
sociedad”, liberada totalmente de la relación con el Estado.
Easton también plantea el análisis sistémico de la política: análisis que tome en cuenta la complejidad de
las interacciones entre los componentes del sistema y que sepa describirlas y evaluarlas en su dinámica y
consecuencias. Éste análisis se funda en un modelo que ve inputs (demandas y apoyos provenientes de la
sociedad) traducidos en outputs (respuestas y decisiones que puede tener efectos en las nuevas demandas
a través de un procedimiento de conversión que tiene lugar en el sistema político y que constituye el
corazón del análisis político).
Easton afirma que cualquier sistema político cuenta con tres componentes:
 La comunidad política: integrada por aquellos que están expuestos a los procedimientos, normas,
reglas e instituciones, o sea, al régimen del sistema político. A su vez, es el elemento del sistema
que cambia más raramente (casos de sucesiones y anexiones, cuando un sector de la comunidad
política va a dar vida a otro sistema político o cuando un sistema logró anexarse a otro).
 El régimen: conjunto de procedimientos, normas, reglas e instituciones del sistema. Puede tener
componentes democráticos, autoritarios, totalitarios. Los cambios de régimen son más raros
respecto a los cambios de y en las comunidades políticas.
 Las autoridades: son las detentadoras del poder político, las que están autorizadas por los
procedimientos, por las normas, por las reglas y por las instituciones de régimen para producir
“asignaciones imperativas de valores”. En cualquier sociedad a estas se les reconoce la facultad y el
derecho, a veces el poder, de decidir de qué manera los recursos producidos por esa sociedad
serán asignados a las personas.
Las autoridades son capaces de obtener el respeto a sus decisiones, a sus asignaciones, a sus
atribuciones y tendrán la posibilidad de hacerlas valer ante la resistencia mediante la imposición de
sanciones.
Además, hay diferentes tipos de autoridades:
- Autoridades democráticamente elegidas. Cambian periódicamente según los procedimientos
electorales.
- Autoridades que acceden al poder autoritariamente, debido a configuraciones autoritarias. Su
duración es impredecible.
- Autoridades que acceden mediante un sistema totalitario. Su duración es impredecible.

No existe una necesaria coincidencia entre el Estado y el sistema político, y algunas organizaciones
(subsistemas políticos) pueden ser analizadas con provecho con referencia a los conceptos de autoridad,
de régimen, de comunidad, y a los procedimientos de transmisión de demandas y apoyos (inputs) y de
producciones de decisiones (outputs).
Easton y el conductismo político.

Easton dice que la política no puede ser expresada únicamente como poder, ya sea porque de todos
modos es preciso diferencias las diversas formas de poder (y por lo tanto definir con precisión el atributo
“político” de aquel poder que debe interesar a los científicos de la política) o porque la política no puede
ser ni buscada ni agotada únicamente por el análisis del Estado.
El poder como objeto de estudio en la ciencia política conduce a un ámbito demasiado amplio cuando no
es específicamente político; por el otro lado, concierne a un ámbito demasiado limitado ya que la política
no consiste sólo en conflictos resueltos recurriendo al poder, sino también en múltiples formas de
colaboración, de coalición y de consenso.
El Estado, por su parte, representa una forma histórica transitoria de organización política que acaba de
aparecer y que puede llegar a desaparecer.
Concluimos entonces, diciendo que ha habido política antes del nacimiento del Estado tal y como lo
conocemos hoy, que habrá política aun cuando el Estado sea sustituido por otras formas de organización y
que hay política también en niveles inferiores (en subsistemas) y superiores (en las relaciones
supranacionales entre Estados y en la política internacional) al Estado.
Se puede definir entonces a la política como la “asignación imperativa de valores para una sociedad”: no
existe una necesaria y obligada coincidencia entre la actividad política y una determinada forma de
organización. Hay política donde quiera que se asignen valores, incluso en sociedades sin Estado.
El espacio privilegiado de la política es el sistema político: un sistema de interacciones, abstraídas de la
totalidad de las conductas sociales, a través de las cuales los valores son asignados de manera imperativa
para una sociedad.
Ciencia política: estudio de las modalidades, complejas y mutables, con las cuales los diversos sistemas
políticos proceden a la asignación imperativa de valores.
El análisis de Easton se mueve en busca de elementos que vuelvan lo más “científico” posible al análisis de
la política, lo que produce el encuentro con el conductismo. El conductismo en la política se caracteriza
por: el acento puesto sobre la necesidad de observar y analizar conductas concretas de los actores
políticos; y por la utilización y elaboración de técnicas específicas como, por ej., entrevistas, sondeos de
opinión, análisis de contenido, etc. Es en esta dirección que, según Easton, el análisis de la política puede
aproximarse a ser ciencia.

La tarea de dicha ciencia consiste, según la visión conductista, en tomar en cuenta y tratar de alcanzar los
siguientes objetivos:
 Revelar en las conductas políticas aquellas regularidades que se expresan en generalizaciones o
teorías con valor explicativo y predictivo.
 Someterlas a verificación.
 Elaborar rigurosas técnicas de observación, recopilación, registro e interpretación de datos
 Proceder a la cuantificación (medir fenómenos para obtener mayor precisión)
 Mantener separados los valores de los hechos
 Proponerse la sistematización de los conocimientos adquiridos en una estrecha interconexión de
teoría e investigación.
 Apuntar a la ciencia pura.
 Operar en dirección de una integración entre las ciencias sociales.

Easton lleva un proceso de redefinición de la política, del acercamiento a las ciencias naturales y
alejamiento de las disciplinas humanísticas. Se habla de una ruptura epistemológica, ya que la aplicación
de los principios del conductismo parece presionar en dirección a una cientificidad desconocida
anteriormente, con nuevos instrumentos y técnicas que favorecen dicha investigación. En cambio, el
resultado general de esta fase no puede definirse automáticamente como el de mayor cientificidad. De
hecho, en muchos de quienes practican la ciencia política se manifiesta mayor atención a la elaboración de
hipótesis, a la recopilación de datos, a la formulación de las explicaciones: todo eso corresponde a una más
intensa y saludable necesidad de cientificidad. Sin embargo, en muchos otros las técnicas terminan por
prevalecer sobre teorías, que resultan escasas. Emerge así una tendencia a la hiperfacticidad, a la
recopilación desordenada y sin sentido de datos cada vez más abundantes y confusos, a la medición
prematura de fenómenos a menudo irrelevantes. Al final de esta fase, la ciencia política corre el riesgo de
perder su recién conquistada autonomía, su especificidad de objeto y de método, presionada por otras
disciplinas y por la political economy.
Finalmente, la política como actividad de asignación imperativa de valores para una sociedad se ve con
necesidad de indagar fenómenos cada vez más generalizados y difundidos, ya sea porque se amplía
considerablemente el número de casos (de los sistemas políticos) que pueden ser estudiados, o bien
porque se extiende el ámbito de la intervención del Estado en la economía y en la [Link] análisis
político debe enfrentar nuevos problemas, con nuevos desafíos, con la expansión inesperada de su propio
campo de investigación.

El punto de llegada contemporáneo.

A fines de los años 50, Gabriel Almond y Bingham Powell reprochaban a la ciencia política, en especial
a la estadounidense, 3 defectos fundamentales:
 Provincianismo: el análisis politológico de los sistemas políticos se concentraba esencialmente en
pocos sistemas del área europea y occidental, en las grandes democracias y en la Unión Soviética.
 Descriptivismo: la mayoría de los estudios se limitaba a describir las características de los sistemas
políticos analizados, sin ninguna preocupación teórica, ninguna intención de elaborar hipótesis y
generalizaciones y de someterlas a un examen concreto, etc.
 Formalismo: excesiva atención a variables formales, instituciones, normas y procedimientos, y
desatención paralela al funcionamiento real de los sistemas políticos, interacciones entre
estructuras, procesos, cambios, etc.
La ciencia política de los años 50 era eurocéntrica y norteamericanocéntrica, descriptiva y formalista.
Mientras Easton incursionaba en la dirección del conductismo para llevar a la ciencia política por el camino
de la teorización y la cientificidad, Almond y Powell por el contrario sugerían ir en la dirección de la política
comparada y el desarrollo político. La respuesta a la expansión del campo de la política debía ser la
aceptación del desafío y predisposición de instrumentos para comparar sistemas políticos entre sí
analizando sus procesos de formación, funcionamiento, transformación, etc.

Almond y Powell le daban mayormente al clavo por lo que concierne a la ciencia política
estadounidense. Por un lado, la ciencia política europea había sido menos formalista en los clásicos
estudios sobre la clase política y los partidos, así como en el análisis de las formas del
gobierno. Por el otro lado, su atención a las estructuras formales, a las instituciones, a los
procedimientos, captaba una peculiaridad irrenunciable del desarrollo histórico, al menos en
Europa continental, donde el Estado cuenta mucho más que en los Estados Unidos, que nació como
sociedad sin pasado feudal.

La irrupción en la escena política de nuevos estados creó fuertes problemas analíticos, exigiendo y al
mismo tiempo haciendo posible la elaboración de paradigmas menos etnocéntricos, menos formalistas,
menos descriptivos.
Las críticas a la producción global de los científicos políticos podían ser convincentes, pero existían algunas
excepciones significativas de análisis no formalistas, no meramente descriptivos, aunque basados en los
contextos nacionales europeos, a falta de material valido procedente de otros contextos. Los campos
analíticos estaban constituidos por las más importantes organizaciones políticas, los partidos,
procedimientos políticos y electorales, etc. Sin embargo, Almond y Powell le habían dado al blanco al
sugerir la existencia de una idiosincrasia para análisis comparados en ciencia política. El gran giro de la
ciencia política ocurre entonces, en los años 60, cuando se combinan de manera fecunda un objeto, un
cambio analítico y un método de estudio.
El conductismo y más allá.

Localizar las dos directrices fundamentales de la disciplina -desarrollo político (recientemente


entendido en particular como estudio de los procesos de democratización) y política comparada- no
significa que la ciencia política deba y pueda ser contenida toda ella en su interior ni que se agote en
ellos. Por el contrario, a principios del tercer milenio la ciencia política proporciona una impresión global de
pluralismo de enfoques, técnicas y métodos, pero a veces de algunas confusiones de resultados. La
disciplina ya no es unificada ni unificable bajo una única interpretación. Sin embargo, dio pasos
agigantados hacia adelante que son evaluados por Almond y Powell en su libro sobre política comparada.
En la década posterior al lanzamiento del libro, la ciencia política se había vuelto:
 Menos euro-norteamericano céntrica y capaz de tomar en cuenta experiencias políticas no
occidentales.
 Más realista y atenta a la sustancia de la política, más allá de las descripciones formales-
institucionales.
 Más rigurosa y más precisa.
 Más disponible y más capaz de teorizar.

Almond notó que ni siquiera las teorizaciones más originales deberían dejar de reconocer los méritos
de los precursores, de confrontarse con las teorías que las precedieron y de apuntar al crecimiento de
la ciencia política a través de un proceso de crítica y de revisión, pero no de olvido, de lo que se ha
hecho y escrito. La observación crítica de Almond vale tanto por la perspectiva llamada
neoconstitucional, que es inentendible si no se toma en cuenta el trabajo hecho por algunos estudiosos
del desarrollo político, como por la teoría de la elección racional, deudora igualmente de progresos
metodológicos realizados ya en los años ’60.

Aún hoy, un útil punto de partida consiste en combinar los objetivos que Easton le asignaba al
conductismo con los “cinco fragmentos en busca de la unidad” que Dahl detecta tras el éxito del
conductismo:
1. En vista de la complejidad creciente de los objetivos y de su integración en el cuerpo de la
disciplina, se puede partir de la cuantificación. En Ciencia Política este recurso es muy difundido.
Forman parte del bagaje profesional de varios estudiosos. Al mismo tiempo, puede observarse
como la cuantificación sigue siendo prematura y cómo se dan pocos pasos verdaderos hacia
adelante gracias al empleo de estas técnicas. En resumen, las técnicas cuantitativas son útiles, a
veces indispensables, pero pueden permanecer confinadas al análisis y solución de un número de
problemas muy limitado, o bien, corren el riesgo de proporcionar respuestas a problemas poco
relevantes.
2. El segundo fragmento en busca de la unidad a lo que Dahl definió como ciencia política empírica. El
conductismo ha exigido la investigación de regularidades en las conductas políticas, la elaboración
de generalidades en base a ello, la comprobación de las generalizaciones elaboradas. La descripción
de los fenómenos, acompañada por la recopilación de datos, ha sido naturalmente más fácil y más
afín en algunos sectores.
Los análisis de las conductas electorales permitieron la integración entre disciplinas que deseaba
Easton. La sociología, historia y psicología social contribuyeron a plasmar interpretaciones
profundizadas de las conductas electorales y sus variaciones en el tiempo.
Por lo general, y en conexiones con algunas tendencias a la cuantificación, la ciencia política ha
acentuado y consolidado el recurso a las técnicas empíricas de investigación, pero de manera
fragmentaria y no sistemática. Sin embargo, cabe señalar 2 cambios importantes:
- La reaparición de un debate metodológico, que concierne a todas las ciencias sociales, sobre
qué es realmente el método científico, lo que llevó a algunas reelaboraciones y a una mayor
conciencia en el uso de técnicas que pretendan traducir de inmediato los postulados
positivistas en programas de investigación, tal vez cuantitativa.
- La afirmación de la ciencia política empírica como objetivo de fondo, lo cual llevó a una
reducción de su “agresividad” y su convivencia con otras perspectivas, según los países y los
estudiosos.
De la ciencia política empírica provinieron poderosos estímulos al análisis aplicado. Se abrió así un
nuevo sector de estudios definible como “análisis de las políticas públicas”. El meollo de estos
estudios consiste en el análisis de los procesos decisorios, en la descripción de las organizaciones
institucionales y de su influencia en los procesos decisorios, en la detección de los participantes y
de sus coaliciones, de los “policy networks”, sobre las decisiones mismas.
En la medida en que no estén puramente orientados a la solución de problemas concretos, los
policy studies pueden contribuir a la renovación de algunas problemáticas clásicas en la ciencia
política. Sin embargo, entrañan dos riesgos:
a. Interpretación restrictiva de la política como conjunto de interacciones entre individuos,
expertos, grupos y asociaciones, con escasa atención a las organizaciones estructurales y a
las motivaciones ideológicas y, a veces, a la historia de esas interacciones.
b. Teorización inconclusa o hasta negada que deriva de estar tan dominada por lo contingente
y, por lo tanto, de no poder producir generalizaciones aplicables a diferentes contextos, a
diferentes recintos, a diferentes ambientes nacionales y transnacionales.
El otro ámbito en el que la ciencia política opera como conocimiento aplicable es el estudio de las
instituciones. Éste es el sector en mayor expansión, a menudo bajo el nombre de ingeniería política,
que para sus detractores indica una visión crítica, mientras que para sus seguidores retrata
correctamente la ambición y las capacidades de intervención en la dinámica de las instituciones.

3. El tercer fragmento en busca de la unidad es el uso de la historia. El punto crítico concierne a la


utilización del material proporcionado por la historia al análisis político.
Si bien, por razones obvias, la dimensión diacrónica de la ciencia política está destinada a resultar
menos desarrollada que la dimensión sincrónica, entre los politólogos ha aumentado la sensibilidad
por la dimensión diacrónica y crecido la conciencia de su relevancia.

4. El cuarto fragmento en busca de la unidad es el problema de la relación entre los policy studies y la
teoría general en ciencia política. No existe una contradicción implicíta e insalvable entre policy-
making y teoría general de la política. Al contrario, de las preocupaciones por lo que se debe y se
puede hacer pueden surgir las necesidades teóricas, las interrogantes teóricas y, finalmente, las
mismas teorizaciones. También la actividad política produce interrogantes teóricamente relevantes,
a las que el científico de la política puede contestar recurriendo a sus conocimientos.
Dahl demuestra con sus estudios sobre la naturaleza y el cambio de los regímenes democráticos
que “si el estudio de la política no nace y no es orientado por teorías generales vastas, valientes,
aunque altamente vulnerables, estará destinado al desastre definitivo de caer en la banalidad”.
Según William Mitchell, “la teoría se volverá cada vez más lógico-deductiva. Se hará un uso cada vez
más amplio de la teoría económica, de la teoría de los juegos, de las decisiones, del bienestar y las
de las finanzas públicas. debía seguir un estudio que combine variables políticas y económicas.
Habrá una proliferación de modelos de sistemas políticos análogos a los tipos de economía y de
mercados. Los teóricos políticos procederán de los modelos de la democracia y de la dictadura a
combinaciones análogas a la competencia monopolística, duopolio y oligopolio. Los modelos serán
constituidos en ausencia de datos empíricos, luego surgirá una generación de críticos no
especialistas y de ‘econométricos políticos’ para someter a comprobación los vínculos entre teorías
y datos.”

Todo lo que dijo Mitchell sucedió. Todavía es notable la indicación de modalidades específicas de
hacer teoría, y de hacer teoría general, y además la sugerencia de seguir el camino de la political
economy, es decir, de un estudio integrado que combine variables económicas y políticas. Aunque
los críticos lograron detectar numerosos inconvenientes de las teorizaciones en economía, sus
visibles inadecuaciones ante nuevos fenómenos y su escasa capacidad de predicción; en al menos
un aspecto hubo desarrollos reconfortantes para quienes compartían la idea de Mitchell: la
creciente e indisoluble interpenetración de la esfera política con la esfera económica, y las
referencias correspondientes al keynesiaismo y al walfare.

5. El quinto fragmento en busca de la unidad de Dahl es la especulación teórica. Es a lo largo de ésta


directriz, que la ciencia política no ha dado grandes pasos hacia adelante, permaneciendo criticable
y criticada.

Ciencia política y teoría política.

Para que la especulación teórica sea capaz de manifestarse son necesarias tres operaciones. Para saber
dónde se coloca la ciencia política hoy, cómo ha llegado ahí y en qué dirección está encaminándose, hay
que realizar estas tres operaciones:

La primera operación es clara: si la CP quiere enfrentar adecuadamente equipada a la especulación teórica,


debe confrontarse con la filosofía política. La tradición de pensamiento de la filosofía política contiene al
menos cuatro componentes significativos:
a. Búsqueda de la mejor forma de gobierno o de la republica óptima.
b. Búsqueda del fundamento del Estado y consiguiente justificación de la obligación política.
c. Búsqueda de la naturaleza de la política o de la politicidad y consiguiente distinción entre política y
moral.
d. Análisis del lenguaje político y metodología de la ciencia política.

Sólo el último de estos significados caracteriza a una filosofía política en condiciones de encontrarse con la
ciencia política.

Los otros tres significados carecen de al menos uno de los componentes que Bobbio considera
indispensables para fundar una ciencia política empírica, y precisamente la búsqueda de la mejor forma de
gobierno no es no estimativa; la búsqueda del fundamento del Estado es justificativa y la búsqueda de la
naturaleza de la política se sustrae a toda posible comprobación empírica.

Hay que tener en cuenta que, actualmente, la ciencia política ya no delega a la filosofía política la búsqueda
de la mejor forma de gobierno. Por el contrario, gracias al redescubrimiento de la relevancia de las
instituciones, a la acumulación de conocimientos empíricos y teóricos, a la posibilidad de intervenir
concretamente en los procesos de democratización y de consolidación democrática, la ciencia política ha
actuado y está actuando para definir las características de las formas de gobierno más adecuadas según la
naturaleza de los sistemas políticos, partidistas y sociedades civiles. La diferencia respecto a la filosofía
política es que la ciencia busca detalladamente y con la aplicación del método comparado los fundamentos
empíricos de sus prescripciones.

Las diversas tradiciones de la ciencia política que radicaron en los diferentes países europeos y en Estados
Unidos se derivaron de caracterizarse con respecto a algunos de los componentes significativos que Bobbio
considera centrales para las corrientes de pensamiento de la filosofía política.

Alemania: la represión nazi abatió sobre las ciencias sociales alemanas. Su renacimiento presenta una
doble cara: por un lado, la reimportación de métodos e interrogantes que la diáspora de los científicos
sociales alemanes llevó consigo a un ambiente más receptivo, pero también culturalmente muy diferente;
por otro lado, el surgimiento de una tradición local, incluso con ambiciones de teoría general de la
sociedad y totalizadoras. La ciencia política alemana lleva consigo un impulso a la teorización muy intenso,
que la vuelve única en el panorama internacional.
Francia: emerge una ciencia política a veces esencialmente connotada como historia política, no muy
propensa a la investigación empírica, bastante provinciana, en su conjunto marginal en la escena mundial y
sin la influencia que historiadores y estructuralistas franceses ha sabido ejercer en otros sectores.
Gran Bretaña: si la filosofía analítica, la reflexión sobre el lenguaje y sobre el método, constituyen los
campos de investigación más atribuibles a la ciencia política y a los tres presupuestos científicos de la
explicación, la comprobación y la incapacidad estimativa; encuentran terreno fértil en Gran Bretaña y en el
mundo anglosajón y escandinavo.
Italia:
España:

En Gran Bretaña, sin grandes ambiciones teóricas, siguen los pasos de John Stuart Mill, en
descripción de fenómenos, procesos institucionales, análisis de democracia con inspiraciones fabianas
y progresistas. Se mantiene anclada en el terreno de investigación serias.

En Italia, la ciencia política ha sido abruptamente interrumpida por el fascismo, las tradiciones
culturales y la influencia de la filosofía idealista, han sido responsables de retrasar la evolución de la cs
política italiana. Tiene una historia breve marcada por las intensas relaciones con la cultura
estadounidense y que corre el riesgo de ser dividida y fragmentada. A su vez, busca un equilibrio entre
investigación empírica y teorización.

En España, el regreso de la democracia se dio de la mano de la ciencia política. Estudiosos han


producido análisis empíricos de su sistema político e importantes teorizaciones que conciernen a la
naturaleza de la democracia.

El discurso evaluativo es más complejo en lo que refiere a Estados Unidos. La ciencia política en este
país es una hazaña cultural que tiene más de un siglo de vida y perdura, ademàs de tener más
estudiosos que otros países. Está sometido a un escrutinio constante con tendencias
diversificadas. En este país la ciencia política es netamente empírica orientada a solución de
problemas urgentes, poco inclinada a la teorización, vinculada al modelo de democracia de su propio
país. Existe el problema de la relación que se debe instaurar y nutrir con los clásicos del pensamiento
político. Los clásicos pueden ser embalsamados, sosteniendo que los mejores de ellos han sabido
plantear interrogantes cruciales, imperecederas en relación con la política. La ciencia política se
despoja así, de su bagaje. Los clásicos de la filosofía política nos invitan a compartir la gran
aventura de la mente y del espíritu ahondando en el conocimiento. La teoría política clásica sigue
definiendo muchos de los problemas fundamentales, dando forma a las interrogantes críticas y
proporcionando los conceptos cruciales que informan y guían. Estas dos afirmaciones, señalan
una considerable insatisfacción ante el estado de las relaciones entre la ciencia política
y los clásicos de la teoría política. A su vez, la cs política contemporánea no encuentra
forma de “recuperar” por entero el pensamiento de los clásicos, ni los historiadores y
filósofos políticos la tarea de reformular las contribuciones de los clásicos de manera
de volverlas más relevantes y utilizables.
Entonces, sigue abierto el problema de qué significa realmente hacer teoría política en la ciencia
política contemporánea. Sin embargo, al intentar explorar estos problemas, se produce una dificultad
preliminar: no existe una idea universalmente aceptada de que es y que debe ser la teoría política. En
el ámbito de la teoría política, la competencia entre aparatos conceptuales es muy intensa, según
algunos, la teoría general del poder podría constituir todavía la aspiración de la teoría política, para
otros el concepto central debe seguir siendo el del sistema, y finalmente, hay quienes sostienen que el
concepto crucial de la teoría política deberá definirse como estudio de la estrategia de la decisión,
instaurándose un duelo entre dos perspectivas que parecen dominantes: el neo institucionalismo y la
teoría de la elección racional. La primera, redescubrió el papel de las instituciones y la segunda, por el
contrario, pone el acento en las conductas, en los cálculos, en las expectativas de los actores políticos
individuales.
Podemos sostener que la ciencia política contemporánea es por fin capaz de dominar la complejidad
de los sistemas políticos contemporáneos, y partiendo precisamente de esta constatación, se puede
ofrecer un cuadro global de la disciplina hoy:
● La diversidad de las perspectivas y de las aportaciones se revela como un elemento de riqueza,
al haber una ausencia de paradigma predominante, se da el debate intelectual y el desafío de
ideas
● La expansión de las investigaciones, permite la adquisición de nuevos datos y la elaboración
de nuevas hipótesis. A la expansión de la política, sirve de contrapeso la expansión de la
ciencia política, y con por lo tanto el estudio sistemático y empírico de los fenómenos políticos
y los de conocimientos que derivan de ello
● No solo resulta académicamente consolidada la disciplina, sino que su utilidad social ya no
está en discusión, más bien se manifiesta una verdadera necesidad de ciencia política, capaz
de formular y sistematizar conocimientos específicos en la materia de fenómenos políticos
● La ciencia política definitivamente logró colocar las variables políticas al centro de todo
análisis de los sistemas políticos. La ciencia política contemporánea ha sabido documentar
convincentemente la importancia de variables políticas en colectividades organizadas, emerge
la conciencia de que el funcionamiento de los sistemas políticos no puede ser explicado de
manera satisfactoria porque no posee técnicas analíticas específicas para ello, entre otras
cosas.
La cien
cia política en Argentina: El camino a la institucionalización dentro y fuera de

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