República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria
U.P.T.P J.J MONTILLA
Acarigua, portuguesa.
SISTEMA TRIBUTARIO.
Catedra: Deberes Autor:
PNF: Administración. Cordero José
29.919.025
Sección: 246.
Docente: Yndira Marchan.
Febrero, 2021.
Que es el sistema tributario
Se denomina sistema tributario al conjunto de normas y organismos que rigen la
fiscalización, control y recaudación de los tributos de un Estado en una época o periodo
determinado, en forma lógica, coherente y armónicamente relacionado entre sí. La
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece que el sistema tributario
procurará la justa distribución de las cargas públicas según la capacidad contributiva de los
contribuyentes, de acuerdo con los principios de generalidad, progresividad, legalidad, no
confiscatoriedad y la prohibición de obligaciones tributarias pagaderas con servicios
personales.
Evolución Histórica del sistema tributario venezolano
Dentro de los canales de la historia, el tributo ha tenido varios periodos. En el
primer periodo que abarca desde los tiempos de la Colonia hasta 1830, persistía el tributo
impuesto por la Colonia Española, donde no existía ninguna ley que lo reglamentara. Entre
los tributos que se cobraban en esos momentos, encontramos: el registro público, tabaco,
manumisión de esclavos (antes del decreto de la libertad de los esclavos), destilación de
aguardiente, expedición de títulos nobiliarios, alcabala, tonelaje, exportación e
importación, entre otros.
Se puede identificar otra etapa o periodo donde el derecho tributario sufre
transformaciones amoldándose a las circunstancias del país y la historia. Esta segunda
etapa, para identificar este periodo, transcurre desde 1830, hasta entrado los años 1900-
1920 aproximadamente. Se inicia con el gran auge de la explotación agropecuaria
postguerra de la Independencia y con la abolición de todos los tributos coloniales, lo que
conllevó a la creación de nuevos tributos pero ya bajo el régimen de gobernantes
venezolanos. Entre estos nuevos tributos encontramos: los impuestos aduaneros,
impuestos sobre salinas, impuestos sobre licores (destilación y venta), sucesiones y
herencia, registro público, ingresos por estampillas, monopolios fiscales (correos y
telégrafos), derechos consulares, patentes de comercio, impuestos sobre minas,
contribuciones especiales.
Posteriormente, entre 1917 a 1943, se aprueba otra ley de impuesto sobre la renta
el 10 de julio de 1942, y en 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, entra en
vigencia la ley de impuesto sobre la renta, donde se empieza a gravar las regalías
petroleras de una forma más eficiente. Y una 4ta etapa se observa desde 1943 hasta 2016,
etapa esta donde Venezuela empieza a recibir una renta por explotación petrolera
enorme, proveniente de la nacionalización de la industria petrolera, periodo donde la
reglamentación de las regalías, incrementan el ingreso a cifras nunca antes vistas en
Venezuela.
Los cambios profundos que trae aparejados cualquier proceso de transformación,
han requerido la adopción de ciertas estrategias que permitan lograr eficientemente los
objetivos planteados. La primera de dichas estrategias se inició en el año 1989, con la
propuesta de una Administración para el Impuesto al Valor Agregado, que luego fuera
asumiendo paulatinamente el control del resto de los tributos que conformaban el
sistema impositivo nacional para ese momento.
A mediados de 1994, se estructuró un programa de reforma tributaria, dentro de
un esfuerzo de modernización de las finanzas públicas por el lado de los ingresos, que en
Venezuela se denominó “Sistema de Gestión y Control de las Finanzas Públicas”
(conocido por sus siglas o Proyecto SIGECOF), el cual fue estructurado con el apoyo del
Banco Mundial, propiciando la actualización del marco legal y funcional de la Hacienda
Pública Nacional, muchas de cuyas regulaciones se remontaban a los años 20 de esta
centuria. Dicha reforma seguía las tendencias que en ese mismo sentido se habían
generalizado en nuestra América Latina, como consecuencia de la crisis de deuda pública
de la década de los 80, conjuntamente con los programas de reforma del Estado y de
ajuste fiscal entendidos como posibles soluciones a dicha crisis. Con esta reforma se
pretendió la introducción de ciertas innovaciones importantes como la simplificación de
los tributos, el fortalecimiento del control fiscal y la introducción de normas que hicieran
más productiva y progresiva la carga fiscal.
Dentro del marco así creado, también se consideró importante dotar al Estado
venezolano de un servicio de formulación de políticas impositivas y de administración
tributaria, cuya finalidad declarada por el primer Superintendente Nacional Tributario en
el año 1996 consistía en «reducir drásticamente los elevados índices de evasión fiscal y
consolidar un sistema de finanzas públicas, fundamentado básicamente en los impuestos
derivados de la actividad productiva y menos dependiente del esquema rentista
petrolero.». Ese cambio tan relevante se logró a través de la creación del Servicio Nacional
Integrado de Administración Tributaria, (en lo adelante SENIAT, hoy en día se le conoce
como Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria), mediante
Decreto Presidencial Número 310 de fecha 10 de agosto de 1994, como un Servicio con
autonomía financiera y funcional y con un sistema propio de personal, en atención a las
previsiones respectivas de nuestro Código Orgánico Tributario.
los principios tributarios constituyen los preceptos, normas y reglas
constitucionales que deben orientar y guiar al legislador en todo lo relacionado con la
creación de los tributos.
Los poderes tributarios del Estado venezolano tienen su origen en el artículo 133
de la Constitución de 1999, el cual se cita: “Toda persona tiene el deber de coadyuvar a los
gastos públicos mediante el pago de impuestos, tasas y contribuciones que establezca la
Ley. Como se puede apreciar, en este artículo se impone el tributo como una obligación de
todos como fuente de financiamiento del aparato del Estado”.
No obstante, este poder tributario no es ilimitado, ya que la misma Constitución
establece en los artículos 316 y 317 los principios que darán forma a dicha poder, de
manera que existan fronteras muy bien delimitadas en donde las cuales el Estado
desempeñara sus funciones.
Artículo 316. El sistema tributario procurará la justa distribución de las cargas públicas
según la capacidad económica del o la contribuyente, atendiendo al principio de
progresividad, así como la protección de la economía nacional y la elevación del nivel de
vida de la población, y se sustentará para ello en un sistema eficiente para la recaudación
de los tributos.
Como se puede observar, la Constitución, al referirse al sistema tributario en su
artículo 316, establece que éste se sustentará en un sistema eficiente de recaudación de
los tributos, lo que podría considerarse como principio de Recaudación Eficiente o
Economicidad, así mismo, se desprende el principio de la Capacidad Contributiva, el cual
hace referencia a la proporción del aporte de cada contribuyente al financiamiento de los
gastos públicos, en relación con su capacidad económica; y el de Justicia Tributaria.
Artículo 317. No podrá cobrarse impuesto, tasa, ni contribución alguna que no estén
establecidos en la ley, ni concederse, exenciones y rebajas, ni otras formas de incentivos
fiscales, sino en los casos previstos por las leyes. Ningún tributo puede tener efecto
confiscatorio. No podrán establecerse obligaciones tributarias pagaderas en servicios
personales. La evasión fiscal, sin perjuicio de otras sanciones establecidas por la ley, podrá
ser castigada penalmente.
En el caso de los funcionarios públicos o funcionarias públicas se establecerá el
doble de la pena.
Toda ley tributaria fijará su lapso de entrada en vigencia. En ausencia del mismo se
entenderá fijado en sesenta días continuos. Esta disposición no limita las facultades
extraordinarias que acuerde el Ejecutivo Nacional en los casos previstos por esta
Constitución.
La administración tributaria nacional gozará de autonomía técnica, funcional y
financiera de acuerdo con lo aprobado por la Asamblea Nacional y su máxima autoridad
será designada por el Presidente o Presidenta de la
El artículo 317 arriba citado contiene una serie de principios tributarios aplicables a
todas las administraciones tributarias de los niveles verticales de gobierno (nacionales,
estatales y municipales), como son legalidad, no confiscatoriedad, prohibición del pago de
tributos en servicios personales y fijación del lapso de entrada en vigencia de la ley
tributaria
El Poder Tributario como facultad para la creación o establecimiento de tributos
consagrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, encuentra sus
limitaciones en las propias normas de rango constitucional.
El derecho Tributario está considerado por la doctrina más generalmente aceptada
como una rama del derecho financiero, con normas y principios propios que le confieren
carácter autónomo, especialmente en lo que refiere al derecho material. Donde el
Derecho Tributario es el conjunto de normas que regulan la creación y aplicación de los
tributos y las relaciones jurídicas que de ellos regulan, mientras que el tributo no es más
que las prestaciones de dinero exigidas por el Estado en el ejercicio de su poder de
imperio, mediante una ley, para atender los gastos destinados al cumplimiento de sus
fines.
La existencia de algunos principios constitucionales en materia tributaria ha estado
presente a lo largo de la historia constitucional de nuestro país, en especial los principios
de legalidad o reserva legal en materia tributaria, de irretroactividad y tutela jurisdiccional
han estado de una manera u otras presentes en todas las cartas fundamentales
venezolanas hasta hoy.
Sin embargo, en la vigente Constitución tenemos novedosos principios como lo es
en principio de No Confiscatoriedad del Tributo. Los principios jurídicos fundamentales del
Derecho Tributario, establecidos en los artículos 133, 316 y 317 de la Constitución de 1999
son:
Principio de Legalidad tributaria:
Principio de la legalidad tributaria consagrado en el artículo 317 de la Constitución en los
siguientes términos:
“No podrá cobrarse impuesto, tasa ni contribución alguna que no estén establecidos en la
ley, ni concederse exenciones y rebajas, ni otras formas de incentivos fiscales, sino en los
casos previstos por las leyes…”
Este principio se origina en la carta magna, impuesta al Rey por el parlamento de
Inglaterra en el año 1215 y luego se extiende a las constituciones de los Estados, similar al
del derecho penal relativo a la tipificación del delito y de la pena.
es uno de los principios fundamentales del sistema tributario por cuanto este
coadyuva a garantizar otros principios tales como Certeza, Seguridad Jurídica, entre otros.
También es llamado Principio de Reserva Legal. La jurisprudencia patria ha considerado al
Principio de Legalidad como la columna vertebral del Derecho Administrativo (Sentencia
de la Corte Suprema de Justicia del 17 de abril de 1997.
En este orden de ideas definimos que no puede haber un tributo sin ley e implica
que solo la Ley puede establecer la obligación tributaria, definir cuáles son los supuestos
de hecho o hechos imponibles, cuales son los sujetos pasivos de la obligación.
El Código Orgánico Tributario desarrolla este principio al establecer en su artículo 3, lo
siguiente:
Solo a las leyes corresponde regular con sujeción a las normas generales de este Código las
siguientes materias:
1. Crear, modificar o suprimir tributos; definir el hecho imponible, fijar la alícuota del
tributo, la base de cálculo e indicar los sujetos pasivos del mismo.
2. Otorgar exenciones y rebajas de impuesto.
3. Autorizar al Poder Ejecutivo para conceder exoneraciones y otros beneficios o incentivos
fiscales.
La legalidad es la base fundamental del Derecho Tributario, que impide a los
gobiernos decidir arbitrariamente la creación o suspensión de tributos, para los cual
somete estos actos a la decisión del Poder Legislativo como representante legítimo del
pueblo que lo elige, cumpliéndose la exigencia política de su consentimiento.
Principio de Justicia tributaria o equidad:
la Constitución del año 1999 en su artículo 316, prevé que el sistema tributario
procurará la justa distribución de las cargas públicas, en el cual debe interpretarse y
aplicarse en forma conjunta con los principios de capacidad económica/contributiva y de
progresividad.
Principio de Capacidad Contributiva:
También presente y recogido en el artículo 316 de la constitución, implica que solo
aquellos hechos de la vida social que son índices de capacidad económica puedan ser
adoptados por las leyes como presupuestos generadores de la obligación tributaria. Más
la estructura del tributo y la medida en que cada uno contribuirá a los gastos públicos no
están solamente determinadas por la capacidad económica del sujeto pasivo, sino
también por razones de convivencia, justicia social y de bien común, ajenas a la capacidad
económica.
Este principio, tiene su base constitucional en el artículo 316 de la Ley
Fundamental de la República que expresa:
“El sistema tributario procurara la justa distribución de las cargas publicas según la
capacidad económica del o la contribuyente, atendiendo al principio de progresividad, así
como la protección de la economía nacional y la elevación del nivel de vida de la
población, y se sustentara para ello en un sistema eficiente para la recaudación de los
tributos”
La incidencia tributaria no puede descuidar la capacidad económica del
contribuyente. La carga tributaria que le corresponde a cada sujeto con capacidad
económica y contributiva debe ser proporcional a la manifestación económica En este
orden de ideas las categorías jurídicas impositivas deben tener un carácter progresivo, en
el entendido que el aumento de la carga fiscal debe obedecer al incremento real de la
riqueza del contribuyente, es decir, la alícuota aumentara en la medida que aumente la
capacidad contributiva del sujeto gravado, razón por la cual, a mayor ingreso o mayor
riqueza, mayor gravamen, lo que implica en todo caso un impuesto progresivo.
Principio de la Progresividad:
El principio de progresividad (Articulo 316), tiene como fundamento la efectiva
igualdad, al buscar que la carga tributaria se distribuya de manera proporcional y según la
capacidad contributiva del sujeto pasivo, es decir, que exista una mejor distribución de su
renta y patrimonio. La progresividad está referida de modo directo al sistema tributario, al
conjunto de tributos legalmente establecidos, y no de modo particular a cada uno de los
tributos que lo conforman. Un impuesto es financieramente progresivo cuando la alícuota
se eleva a medida que aumenta la cantidad gravada y proporcional cuando su alícuota es
constante, cualquiera que sea la cantidad gravada. Para que un sistema tributario tienda
a la progresividad debe restaurarse el equilibrio, por ello hay que contrabalancear los
impuestos indirectos con los directos, los primeros de carácter regresivo y los últimos
progresivos.
NOTA: Tanto el principio de capacidad contributiva, justicia tributaria y de progresividad
se encuentran recogidos en el artículo 316 de la constitución.
Principio de la no confiscatoriedad:
Principio de no confiscatoriedad, consagrado en el artículo 317 de la Constitución,
textualmente reza:
“Ningún tributo puede tener efecto confiscatorio”.
Este principio lo busca es garantizar a los ciudadanos su derecho constitucional de
propiedad, razón por la cual el constituyente establece la garantía de no confiscación para
evitar que por la vía tributaria se prive al sujeto pasivo de su derecho de propiedad.
La confiscatoriedad existe cuando el Estado se apropia indebidamente de los
bienes de los contribuyentes, al aplicar un gravamen en el cual el monto llega a extremos
insoportables, desbordando la capacidad contributiva de la persona, vulnerando la
propiedad privada impidiéndole ejercer su actividad.
Un tributo será confiscatorio cuando absorbe parte sustancial de la renta del
contribuyente o absorbe parte de su capital, al no poder satisfacerlo con su renta.
Consideramos que es importante destacar que no solo existe la confiscatoriedad
en los casos de un tributo cuyo gravamen sea excesivo, sino también en los casos de un
gran número de tributos que deteriore el patrimonio del sujeto pasivo, lo que equivale a
decir que estaríamos en presencia de un sistema tributario confiscatorio... En nuestro país
es necesario reflexionar si nuestro sistema tributario es confiscatorio ante la existencia no
solo de los tributos administrados y controlados por el SENIAT, sino también la cantidad
de contribuciones parafiscales, impuestos estadales y las altas alícuotas impositivas
contenidas en las distintas Ordenanzas municipales.
Los Tributos y sus tipos
En el ámbito económico, el tributo es entendido como un tipo de aportación que
todos los ciudadanos deben pagar al Estado para que este los redistribuya de manera
equitativa o de acuerdo a las necesidades del momento. Exceptuando algunos casos, los
tributos se pagan mediante prestaciones monetarias y se pueden agrupar en tres
categorías: impuestos, contribuciones y tasas.
los impuestos son tributos exigidos sin contraprestación, cuyo hecho imponible
está constituido por negocios, actos o hechos de naturaleza jurídica o económica que
ponen de manifiesto la capacidad contributiva del sujeto pasivo como consecuencia de
la posesión de un patrimonio, la circulación de bienes o la adquisición o gasto de la renta.
Es decir, que los impuestos son pagos que se realizan porque se demuestra la capacidad
de hacer frente al pago para financiar con ello la administración pública.
Los impuestos se pueden clasificar en:
Directos (como el IRPF) e indirectos (como el IVA).
Personales (porque el contribuyente paga por su capacidad global) y reales (el
contribuyente paga por un hecho que demuestra su capacidad).
Objetivos (no tienen en cuenta la capacidad del contribuyente) y subjetivos (la
tienen en cuenta).
Periódicos (se pagan más de una vez en el tiempo) y en instantáneos (se pagan
una vez por unos hechos).
Otro tipo de tributos son las contribuciones especiales, cuyo hecho imponible
consiste en la obtención por el sujeto pasivo de un beneficio, un aumento de valor de
sus bienes por la realización de obras públicas, el establecimiento o ampliación de
servicios públicos. Es decir, se trata de tributos (pagos a la administración) que se
hacen porque se ha recibido una contraprestación, siendo ésta la mayor diferencia que
hay con los impuestos. Ejemplo de ello podría ser una parada de metro que revalorice un
terreno, el asfaltado de una calle o la construcción de una plaza. Asimismo, los ingresos
recaudados se dedican a mitigar los gastos de la obra o servicio que han hecho exigir la
obra.
Y por último, las tasas, que son contribuciones económicas que hacen los usuarios
de un servicio prestado por el estado en sus distintos niveles: estatal, autonómico o
local. Algunos tipos de tasas serían, por ejemplo, el abastecimiento de agua, gas,
electricidad, es decir, una contribución permanente. Cabe destacar en este punto que la
tasa no es un impuesto, sino el pago que una persona realiza por la utilización de un
servicio, por tanto, si el servicio no es utilizado, no existe la obligación de pagar.
Una de las principales diferencias entre las tres clases de tributos, es el nivel de
obligatoriedad que cada una maneja; en el cuadro que se muestra a continuación se
distinguen fácilmente dichas características.
Clases Hecho Tipo de Contraprestación
Generado Obligació directa
r n
Impuestos Los definidos Absolutament Inexistente
por la ley e obligatorio.
para cada
caso.
Contribucione Obtención de Obligatorieda Beneficio recibido
s beneficios d media
producto de
inversión
estatal
Tasas Beneficio por Obligatorieda Servicio prestado
servicios d baja
estatales
Tributación directa, indirecta, definición, diferencias y tipos.
Los impuestos son los tributos o pagos que deben realizar los ciudadanos al
gobierno sin que este se encuentre obligado a entregarles una contraprestación directa.
En la gran mayoría de los países, los impuestos constituyen la fuente de recursos más
relevante para el gobierno. De no contar con ellos probablemente no podría financiar sus
actividades ni tampoco las políticas sociales.
Los impuestos se pueden dividir en diversas categorías. Si consideramos la base
sobre la que se aplican se dividen en impuestos directos o indirectos. Los primeros gravan
el patrimonio, ingresos o una manifestación directa de la riqueza de la persona. Así, por
ejemplo, pueden gravar casas, terrenos, salarios, etc. Los segundos, en cambio, gravan el
uso o la manifestación indirecta de la riqueza. Así, por ejemplo, gravan el consumo de
bienes o servicios.
En términos simples, los impuestos directos gravan lo que una persona tiene o
ingresa. El impuesto de la renta, impuestos a sociedades o impuestos a la riqueza o
patrimonio son los ejemplos más importantes de este impuesto.
Los impuestos indirectos gravan la manifestación indirecta de la riqueza de las
personas. Es por esto que gravan el consumo y las transmisiones de bienes o derechos.
IMPUESTOS DIRECTOS:
Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y el Impuesto sobre la Renta
de los no Residentes (IRNR).
Impuesto sobre Sociedades (IS).
Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD).
Impuesto sobre el Patrimonio (IP).
IMPUESTOS INDIRECTOS:
Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA).
Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos
Documentados (ITPAJD).
Impuestos especiales y aduanas.