Los Vengadores: Biblioteca Rivadeneyra
Los Vengadores: Biblioteca Rivadeneyra
P R IM E R E P IS O D IO
B IB L IO T E C A N O V E L E S C O - C IE N T ÌF IC A
LA MAYOR
CONQUISTA
Es propiedad. Prohibida la repn-
ducción, incluso la “ cinematográ
fica”, sin permiso del autor.
^ | > ^ A ^ A /S /S ^ V A A A A A ^ \A A A A A A < > V N A /V S /V V ,,> A A < V V V V X W W V W S A /S A A A A A A A A ^ A ^ > A A A A A ^ A A ^ A A A A A A A A A A <
LA M AYOR
IC O N Q U I S T A
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EL CORONEL IGNOTÜS
JOSÉ DE ELOLA
PRIM ER EP IS O D IO
LO S VENGADORES
¡31 1 3 El
ín d ic e :
Págs. Págs.
Pesetas.
“Bir-el-Charama (Pozos de Charama), vein nadas por la lumbre solar, cuya reflexión
te minutos”, gritó el bereber negro que ha en las desoladas laderas hace subir el ter
cía de mozo de estación en la del pequeño mómetro hasta bordear, a veces, los 70
oasis de aquel nombre, al parar en ella, a las grados.
nueve de la mañana del l.° de abril de 1996, Esto de día, pues por la noche la misma
el tren que, salido de Tánger a las diez de locomotora ha de proveer a la calefacción
la noche de la antevíspera, y pasando suce de los propios vagones de lujo.
sivamente por Fez, Tafilete, El Touat e In- ¡Calefacción en el Sahara!...
Salah, se dejaba ya atrás 2,100 kilómetros, Sí; no es ningún disparate, aunque al
1.500 de ellos de desierto, al parar resollante guien pueda suponerlo; pues la falta de vege
en el trozo citado. tación en la tierra, de humedad en el aire y
Desde que, vencido el Atlas, salió al Saba de nubes en aquel cielo siempre despejado, son
ra, fué saltando (sin detenerse entre uno y causa de que la irradiación calorífica del te
otro) de oasi^ en oasis: los mismos antaño rreno y de las capas de aire en contacto con
utilizados como etapas de las antiguas cara él a las altas regiones de la atmósfera sea
vanas, de largo en largo organizadas para tan intensa durante las noches, que no es
cruzar el mar de arena, y utilizados en la raro baje la temperatura hasta dos y tres
época de la presente historia para establecer grados bajo cero.
las estaciones del ferrocarril transahárico; Según eso, cualquiera pensará que quien
es decir, de uno de los de e3te nombre, pues en el Sahara viva habrá de tener en alter
a fines del siglo X X son varios ya los que nado uso constante variado guardarropa,
salvan la inmensidad del Gran Desierto; con trajes de batista para el día, y abrigos
siendo precisamente el recorrido por el tren de pieles para usarlos de noche... Y no e3
dond^vamos a entrar el más atrasado, pues así; porque cuando el sol quema, excede en
su vía sólo llega a Agadés, capital de la mucho la temperatura ambiente de la nor
montañosa región del A ir o Asben, y toda mal (37 grados) del cuerpo humano, rio sien
vía distante 800 kilómetros de Kouka, sobre do buen sistema combatirla usando trajes
el lago Tchad, donde acabará la línea cuan ligeros, sino, al contrario, recios, que pre
do sea terminada. servan la piel del contacto con el aire más
Dicho tren no se parece a los que en Eu caliente que ella mejor que los livianos.
ropa y América estamos acostumbrados a De aquí que lo más fresco sea abrigarse
ver. En primer lugar, las enormes distan bien con lana o algodón blancos.
cias entre las estaciones donde puede tomar ¡Valiente frescura!
se carbón y hacer aguada obligan a emplear Verdad es, porque lo más a que usando
grandes locomotoras con grandísimos depó tal ropa puede aspirarse es a no sentir ca
sitos de agua, para alimentarlas en marcha, lor superior a 37 grados: temperatura que
y ténders ccn provisión de combustible ade nadie tendrá por fresca fuera del Sahara,
cuada para poder correr, sin detenerse, has pero que lo es muchísimo para quien la com
ta 300 kilómetros: trayectos en los cuales, para con las que allí pueden padecerse.
no solamen-.e ha de engendrar la máquina Los trenes de la línea Tánger-Agadés, to
fuerza para el arrastre, sino la exigida por dos mixtos de mercancías y viajeros, no cir
la refrigeración de los vagones de primera culan, desde Tafilete a la segunda de aque
al atravesar durante el día, las inacabables llas poblaciones, sino un día sí y otro no, y
llanuras, donde el asfixiante calor suele lle llevan solamente dos clases de coches de via
gar a 60 grados. Y todavía a más cuando el jeros: de lujo y para jornaleros indígenas.
tren corre encajonado en valles formados Los destinados a los últimos, gentes curti
por arenosas dunas o peladas rocas calci das por las inclemencias de un abrasante
8 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIF1CA
sol, no son sino plataform as cubiertas y ro vegetación raquítica, y m isérrim as ellas en
deadas de barandales, donde en bancos sin recursos, no lo hay. Entonces lo carg ará el
respaldos, teknas, tuaregs, slim ans, tibous, tren antes de sa lir de T ánger o de Fez...
kelovis y demás representantes de nume Tampoco: eso co n stitu iría sobrecarga enor
rosas tribus mezclas de árabes, berberiscos me para la locom otora; y además, cuando
y negros, se consideran perfectam ente insta fu era a em plearse en los vagones ya estaría
lados; pues para ellos hasta los bancos so casi totalm ente deshelado, porque no ha de
bran, por bastarles para encontrarse a gus olvidarse que este tren viaja a través de
to que les quiten con un sombrajo el sol de una atm ósfera de fuego, caldeada de día a
plano, y hueco donde sentarse en el santo tem peraturas cam biantes entre 55 y 70 gra
suelo con las piernas cruzadas a lo moro. dos, salvo en escasos tram os recorridos a la
E n cuanto al traqueteo bárbaro de tales pla p recaria som bra de las palm eras de algunos
taform as sin ballestas, intolerable para cual oasis, en los cuales suele m antenerse entre
quier cristiano, no es nada para quienes es los 45 y los 50.
tán hechos a las trem endas sacudidas del D escifrarem os de u na vez la charada: el
tro te del camello. frío p ara congelar el agua de los radiado
Los vagones de lujo, merecedores de este res lo proporciona la locomotora, sacándolo
calificativo con m ayor motivo que los más del fuego de su hogar o del vapor de su
suntuosos de los rápidos europeos y ame caldera, calentado a doscientos y pico de
ricanos, llevan doble acristalado en las ven grados.
tan as y además un pasillo que rodeando sa ¡Hielo de fuego!... No hay de qué asom
lones, sleepings y comedores, tiene dobles b rarse: la cosa es vulgarísim a, pues a me
paredes al exterior, entre las cuales quedan nos de disponer de un salto de agua, que
cám aras huecas y rellenas de serrín de cor no tiene a la mano toda fábrica de frío, con
cho, para aislar los coches de las extrem as fuego lo hacen siem pre las industrias fri
tem peraturas exteriores. goríficas.
La calefacción nocturna se obtiene por Más aún; h a sta las mismas que fabrican
medio del vapor sobrante de la locomotora, hielo empleando m otores movidos con elec
y la refrigeración de los salones y comedo tricidad no producida quemando carbón, si
res, durante el día ocupados por viajeros, no empleando la fuerza de los saltos de
con bloques de hielo de 300 kilogramos, que, agua, no usan en definitiva sino fuego, que
en el centro de los coches, se colocan en ban en lu g ar de ard e r actualm ente en te rre s
dejas situadas sobre irradiadores sem ejan tres hogares, ardió antes en el Sol: fuego
tes a los usuales en los edificios caldeados solar almacenado en el agua que cae, y
con vapor o agua caliente; mas con la dife mueve la tu rb in a y la dínamo, pudl s‘i el
rencia de llenarse los tubos de estos radia calor del Sol no llegara a la T ierra evapo
dores de frío con el agua recién deshelada rando en sus ríos y m ares millares o m i
de los bloques, que al gotear, de las bande llones de toneladas de agua, y levantándo
ja s a ellos, se calienta poco a poco con el la a las nubes convertida en vapor, no h a
calor substraído al aire del vagón, aventado b ría lluvia en los valles ni nieve en las
con abanicos eléctricos hacia los tubos. m ontañas; y si el fuego del Sol no d e rri
El agua permanece en los refrigeradores tie ra luego la nieve de los montes, no co
h asta que su tem peratura sube a 26 .grados, rre ría n los ríos, ni habría saltos en ellos:
siendo entonces autom áticam ente desagua y a ver, entonces, dónde encontrábamos fu e r
dos aquéllos y reforzada la provisión de hie za hidráulica.
lo de las bandejas. Si con calor so lar se transportan las in
Como el calor para licuar los helados blo quietas aguas de los m ares a los picachos
que^ y el necesario para elevar después el de las cordilleras p ara dorm ir allí sueño de
agua de los tubos h asta 26 grados, se tom a nieve, nadie debe asom brarse de que la lum
de aire am biente de salones y pasillos!, bre de la locomotora se transforme en los
la tem peratura se m antiene en ellos alre bloques de hielo de los vagones de lujo del
dedor de 28 grados, la cual acaso no parez tre n de T ánger a Agadés.
ca m uy agradable a los lectores, pero que E l cómo es m uy sencillo; porque adem ás
la encontrarían deliciosa como hicieran un de la ígnea caldera usual llevin las loco
viaje, el cual no les deseo, por el Sahara. m otoras de este tren otra caldera de frío.
Pero ¿de dónde se tom a el hielo en el E n ella una bomba de succión, movida p o r
D esierto? De ninguna p arte; porque en las la m ism a biela im pulsora de las ruedas,
aldehuelas de aquellos oasis, casi todos de absorbe p arte del a ire contenido en lo alto
LA MAYOR CONQUISTA 9
de dicha caldera, en cuyo fondo se vertie tantee en el aire del Desierto, cubra los rie
ron previamente amoníaco o ácido carbóni les de la vía, llevan todas las locomoto
co líquidos, que al evaporarse por efecto del ras aparatos semejantes a los barre-nieves
decrecimiento de presión determinado por de has usadas en los países muy fríos.
la succión, producen frío intensísimo, en Se;gunda, para defenderse de las grandes
friando una salmuera circulante en torno tornnentas arenosas levantadas por el vien
de moldes llenos de agua natural cuya con to sur, que unos llaman sirocco y otros
gelación forma los bloques de hielo usados simemn, peligrosísimas cuando sorprenden
para refrescar el tren (1). a uní tren en marcha, arrojando sobre la vía
Bien se comprende que el sistema es one aglomeraciones de arena demasiado gran
roso, y por ello únicamente personas opu des para ser separadas por la barredera
lentas viajan en los coches de lujo del de lia locomotora, se ha recurrido al ex
transahárico: banqueros, directores, jefes pediente de dejar inmóviles las ruedas de
de grandes empresas industriales, ricos tu aquéilla y las de los vagones de lujo, comen-
ristas, etc. etc.; pues el billete de Tánger a zandlo en seguida a funcionar, en lugar de
Agadés cuesta cinco mil pesetas (2 ): pre aquéllas, un mecanismo igual al empleado
cio muy justificado porque al gasto de car en l<os tanques de guerra y en ciertos trac
bón ha de agregarse el del amoníaco o el tores agrícolas.
ácido carbónico líquidos, ingredientes Cet Ll egado este caso, se desenganchan los va
ros: siendo el único económico en la refri gones de mercancías y los de indígenas, re
geración la sal de la salmuera, pues la sal concentrando sus ocupantes, ad recalcandum,
sobra por todas partes en el Sahara (3). en Los de primera: con lo que aligerado el
Para acabar de dar noticia de las parti tren avanza, no sobre carriles, sino sobre la
cularidades más salientes de este tren ex arena que los cubre; pero, en vez de correr
traño sólo resta consignar tres: a velocidad de 60 kilómetros, no marcha Sino
Primera, por ser frecuente, más aún ha uno y medio a dos por hora.
bitual, que el polvillo de arena, siempre flo - Con semejante paso de tortuga no se pre
tenda continuar el viaje, sino librar a los
viajeros del riesgo que, de permanecer el
(1) Habiéndose explicado l|os medios indus tren parado, correrían de quedar enterrados
triales de producir frío en otra obra de esta bi
en la arena, y dar tiempo de que, pasada la
blioteca— El Am or en el Siglo Cien— no parece
oportuno molestar a mis lectores habituales con tormenta, puedan acudir en auxilio del tren
la repetición de lo ya dicho. potentes máquinas limpiadoras pedidas por
(2) Cada bloque de hielo de 300 kilogramos telegrafía sin hilos a las estaciones más
consume, para pasar de cinco grados por bajo a
veintiséis por cima de cero, un número de calo
cercanas. Estas máquinas de socorro tienen
rías igual a esos 31 grados multiplicados por 300 ; algo de locomóvil y mucho de perforadoras
es decir, 9.300, las cuales han de sacarse del car de túnel.
bón del hogar, cuyo rendimiento allí no pasa de 10
P or último, en previsión de caso, no fre
por 100 en la bomba aspirante, a su vez reducido
en la fabricación del hielo en otro 70 por 1 0 0 : lo cuente, pero sí posible, de que la tormenta
cual quiere, en cristiano, decir que, dando cada sea una de las terribles que alguna vez so
kilogramo de hulla 8.000 calorías, sencillas pro brevienen— por el estilo de la que en el si
porciones demuestran que cada bloque puesto en
los vagones exige quemar en la locomotora 40
glo xux dejó enterrada bajo montes de are
kilogramos de hulla. na a toda una caravana francesa, salida de
(3) Así, el agua de los depósitos, tan pronto Ourg'la para hacer estudios de tanteo del
es hielo en la caldera refrigerante, como vapor en primero de los proyectados ferrocarriles
la de la fuerza propulsora, como agua, líquida de
nuevo, en los radiadores y en el condensador de
transaháricos—, llevan los cerrados vagones
la máquina, donde, gracias a la refrigeración, se de lu jo chimeneas extensibles que según las
logra enfriar dicho condensador en condiciones que arenas suben por los costados y por cima
permiten obtener del vapor mayor rendimiento
de ellos van elevándose más y más.
que el normal en las locomotoras europeas ; ren
dimiento que es bien sabido crece en toda máquina Cinco metros de altura que el tren tiene
de vapor tanto más cuanto mayor sea la diferen (pues pensando en estas contingencias se
cia entre la temperatura de aquél al salir de la hacen altos los vagones), más siete que co
caldera donde el agua hierve y la del condensador
en donde tal vapor vuelve a liquidarse. Esta es,
mo máximo pueden alcanzar las chimeneas,
aunque pequeña, una compensación del elevado dan doce: suficientes, salvo tormenta excep
coste de la refrigeración. cional.
Quien no vea esto muy claro ahora, tenga un Tales chimeneas, en número de dos, y
poquito de paciencia, pues siendo calor y frío per
sonales muy principales de esta historia, ya llegará cubiertas por caperuzas cónicas para que la
ocasón de ponerlo más claro. arena no las ciegue, proporcionan aire en
10 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
el interior de los vagones mientras los via Como se ve, están tomadas todas las pre
jeros pueden salir del soterrado encierro. cauciones para el salvamento, que sólo pue
No son, pues, estos artefactos, en defini de fallar cuando llegue a exceder de doce
tiva, sino meros ventiladores cuyo funcio metros el espesor de las arenas caídas so
namiento es activado, de rato en rato, me bre el tren: caso que hasta la fecha de
diante aspas giratorias que establecen a esta historia no se ha presentado en los fe
través de ambas chimeneas tiro entre el ex rrocarriles del Desierto, los cuales lo hacen
terior y los cochds enterrados. todavía más remoto tomando la precaución
El diámetro interior de ellas pasa de un de no salir de los oasis cuando por indi
metro, dejando hueco suficiente para esca cios, bien conocidos de los indígenas, se ba
las que, al caer el huracán, permiten a los rrunta tormenta que amenace ser grande.
viajeros salir al exterior.
II
LAS PRIMERAS ALARMAS
■—Pues si tan extraño le parece viajar por Los seis lustros de desierto no solamente
el Desierto sin sentir calor, y se llama us habían curtido su piel, sino templado y en
ted a engaño, he aquí la ocasión de sentir, durecido su organismo: era tan duro a las
si no todo el de las arenosas regiones, pues penalidades africanas como un tuareg o un
to que Gharama es un oasis, algo a aquél eulad-sliman; hablaba sueltamente cuatro o
parecido. cinco lenguas africanas entre idiomas y mo
— Sí, hombre, sí: voy a bajar: es casi dificaciones dialectales usadas por las di
vergonzoso acabar un viaje a través del versas trib u s esparcidas en la inmensidad
Sahara sin conocer su calor: lo más típico del Sahara; su conocimiento de rutas, agua
de él. Para eso me habría quedado en mi das, oasis, zocos, y de la meteorología del
casa de Buenos Aires, o me habría ido a Desierto le permitía orientarse en él como
veranear a Suiza. el mejor guía, conociendo, además de todo
Quién así hablaba era, según la última esto, algo tan importante o más: caracteres,
frase deja entrever, un bonaerense. costumbres, rivalidades y arterías de casi
Albo, elegante, esbelto, pero robusto y todas las tribus nómadas o seminómadas,
fuerte, no era, ni mucho menos, un Adonis; traicioneras y crueles, que viven de la ra
pero su rostro vivo y simpático revelaba piña y las violencias que habitualmente
inteligencia, energía y franqueza. Edad, hacen pesar sobre las sedentarias, y cuando
treinta y cuatro años; nombre, Pepe L o pueden sobre colonos o viajeros europeos.
bera. A tal conocimiento del país, mejor dicho
El que lo invitaba a bajar del tren era países, y de sus habitantes, a su serenidad
un francés de cincuenta y tres años, Mon- y a su valor a toda prueba, debía haber
sieur Héctor Duvery, ingeniero jefe de la salido bien, donde muchos habrían fraca
compañía constructora de aquel ferrocarril, sado, de no pocos aprietos en que hombres,
quien, después de una temporada pasada suelo y clima le habían puesto: sus idas y
con licencia en Francia, retornaba a su des venidas, sus empresas y aun hazañas, ha-
tino en compañía de sus hijos: Emma, de bían hecho conocida de muchos su persona
veinticuatro años, y Raúl, de diez y nueve. en el Sahara, y fam iliar su nombre a cuan
Dedicado, al padre me refiero, desde los tos viven desde el E rg a Ennedi y de Kou-
treinta años a empresas ferroviarias en el fra al Eglab. (1)
Sahara, su tez se había tostado en térmi Años atrás, no siendo todavía sino uno
nos que ya no la aclaraban sus transitorias de tantos ingenieros al servicio de la em
residencias de unos cuantos meses, cada presa del ferrocarril argelino de Constanti-
cuatro o cinco años, en la madre patria, y
el color bronceado de su cara parecía toda (1) El Sahara no es, cual no pocos suponen,
vía más obscuro por resaltar sobre la plata una sola llanura arenosa tendida del Atlántico
al N ilo y del A tlas al SenegaT, el Níger y las
de sus cabellos y su barba, completa y pre selvas ecuatoriales.
maturamente blancos. Aun cuando árido y desolado por todas partes,
LA MAYOR CONQUISTA 11
na a Bislcra, concesionaria de la prolonga sivamente a diversos lugares el de su resi
ción de él hasta Kouka, en el lago Tckad, dencia, para mantenerla en: el centro de los
donde se alcanza el límite meridional del trabajos en ejecución. Así pasó a In-Salah #
Gran Desierto, habíase casado con la hija primero, a Agadés más tarde, y en el mo
de un coronel francés del Ejército de Ar mento de comenzar esta narración tiene ya
gelia, la cual le había seguido de oasis en su casa y su centro de trabajos 230 kilóme
oasis: más adentrado cada uno en el Saha tros más allá de Agadés, en Techiasco.
ra según avanzaba el tendido de la línea, Em m a es una bellísima muchacha rubia
hasta dejarla terminada. En uno de estos de sosegado y dulce carácter, con aparien
oasis, en el de Kawar, había nacido su hija cia delicada que recuerda el tipo de las Ofe
Em m a. lias y Desdémonas: Raúl, un mozo que
Finalizado aquel ferrocarril, pasó, ascen acostumbrado desde los doce años a acom
dido ya, a cargo de mayor importancia, en pañar a su padre en sus expediciones y he
la construcción de la vía Tafilete-Agadés- cho a la dura vida del Desierto, tiene des
Kouka, viajando en la cual lo encontramos. arrollo superior a sus años. Todavía más
En el Touat había nacido Raúl, allí perdió curtido de rostro que Don Héctor, habla el
Duvery a su esposa; y nombrado a poco árabe como si árabe fuera, y el temaxec co
Ingeniero Jefe de las obras de la línea, con mo un tuareg.
los progresos de ésta fué avanzando suce — Pues andando, señor Lobera— dijo Du-
*salvo en los oasis, entre sí separados por gran del Sahara entero no llega al medio m illón: o
des distancias, la reunión de algunos de éstos en sea menos de uno por cada 16 kilómetros cua
manchas de variable extensión y la agrupación drados.
de verdaderas montañas divide el terreno en lla Existen grandes alturas, de las cuales son las
nuras extensísimas, pero que no constituyen todo más notables el monte Tousidé, en el Tibesti, de
el Desierto de Sahara. 2.500 metros de elevación ; el Tengik, el Doghem,
Del Atlántico, entre el Sahara español— Río de el Eghellatt y el Bagsen, en el Air, de 1.350 a
Oro— y las bocas del Senegal, se tiende de sur 1.880 ; el Eglab, macizo notable no por su altura,
oeste a noroeste hasta el Golfo de las Sirtes, sino por su constitución de granito y pórfido, que
en el Mediterráneo, una inmensa llanura de más en el Sahara occidental sobresale de las líneas
de 2.500 kilómetros de longitud, con anchura va formadas por las dunas de arena características
riable que supera a trechos los 1 000 formada de la región del Iguidí.
por los desiertos del Iguidí, Ouaran, el Djouf y Rasgo notable o extraño, dados los caracteres
el Gran Erg (erg significa montaña de arena), generales del Desierto, es la existencia en él de
arrugada por las colinas de Tamar, montes del lagos, que se encuentran en la región de Tassili,
Eglah, las dunas tel Iguidí y El Erg, y perpen- y los cuales supone Mr. Duveyrier son chascos
diculcularmente cruzada al sur de Argelia y Ma formados en antiguos cráteres de volcanes apa
rruecos por la cadena (no continua) de oasis de gados.
Tafilete, El Touat e In-Saláh Von Bary visitó en 1876 unos lagos llamados
Más al centro, otras grandísimas llanuras, mas Miharo, comprobando que no son sino trozos de
no tan colosales como la anterior, quedan com un desaparecido río (uad), que a veces se juutan
prendidas entre comarcas montañosas y cadenas en un solo estanque y otras veces se reducen a
de oasis muy alejadas unas de otras. aislados fangales de agua termal. En este reco
Los más salientes de dichos grupos orográficos nocimiento no fueron vistos cocodrilos, pero sí
son El Adrar de los lfoghas, El Ahagar, más al huellas evidentes de una especie pequeña de es
Norte, y todavía más la meseta de Tassili y la tos saurios.
llamada (zona pedregosa) de Tlnguert. El único carácter de unidad entre las diversas
Detrás, es decir, más al este y en la parte regiones del Sahara es la gran escasez o falta
meridicional del Desierto, se encuentra el país absoluta dé aguas vivas y la penuria de vapor
del Air o Asbon con los macizos montañosos de de agua en el aire: tal que ni las armas se to
Timgué o Tintelloust. Más allá, de norte a sur, man de orín ni las carnes muertas se pudren.
se tiende la línea de los oasis de Kawar y Bilma Las lluvias caen en las regiones más favorecidas
hasta el lago Tchaad, y todavía más lejos se su por ellas, tal es la inmediata al Níger, en tres o
ceden al sur do Trípoli zonas pedregosas, el país cuatro chaparrones de julio a septiembre, dando
de Fezzatn y el maciso montañoso del Tlbesti entre todos un mísero total de cinco a seis cen
con el país quebrado de Borkon, a él ligado. tímetros en el año entero— Capitán A. II. W.
Por último, al noroeste se extiende el inmenso Haywod, exploración realizada en 1910— , y por
Desierto Líbico que hacia oriente llega al Nilo, ello, con ser raquítica la vegetación de las es
al norte, a los oasis de Aoudjila, y en el cual tepas que por el sur limitan el Desierto, es me
se hallan enclavados los grandes oasis de Koufra. nos miserable que la que existe en algunos que
Distancia media del Nilo al Atlántico— este a otros lugares, escasos y entre sí alejadísimos del
oeste— 5.000 kilómetros. Del Golfo de las Sirtes Sahara.
al lago Tchaad— norte a sur— unos 2.000. Hay comarcas donde la tierra pasa cuatro y cinco
En esta vasta extensión, de unos 8 millones años sin recibir una gota de agua, y en las regiones
de kilómetros cuadrados, poco menor que la de centrales, donde moran los tuaregs, se han re
Europa entera, la superficie de los oasis no al gistrado hasta diez sin un solo aguacero.
canza sino 200.000, es decir, solamente dos quin Fuera de los oasis— donde crecen la palmera, po
tos de la de España, y el número de pobladores cos cereales, principalmente mijo, árboles de goma y
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very— . Voy a hacer a usted los honores de estrecha que rompe la monotonía de la are
esta inhospitalaria tierra. nosa dilatada llanura— prolongada hasta per
— Yo también bajo, papá: estoy harto de derse de vista— con raquíticas manchas de
encierro. Y tú, Emma, ¿no vienes? hierba que disputan el suelo a las arenas y
— Sí, bajaré también. Pero, Señor Lobera, en las cuales crecen palmeras, anémicas y
¿adonde va usted tan de prisa, sin g o g les — ralas salvo en las cercanías de los pozos.
nombre inglés, y usual, de los anteojos obs En uno de éstos está la- toma de agua de
curos con montura de cuero, empleados pa la locomotora.
ra preservar los ojos de la reverberación del Salpican el paisaje pequeños grupos de
sol en los arenales y del polvo de éstos— , ruines casuchas y ranchos míseros, de ado
sin velo y sin abrigo? bes. En estas viviendas se albergan los seis
— Es verdad. Mil gracias por el aviso. cientos habitantes de la desolada aldehuela.
Pusiéronse los cuatro viajeros los ante Unos son negros, otros lo parecen; pues la
ojos, cubriéndose las caras con tupidas ga diferencia entre blancos y negros hijos del
sas blancas y las cabezas con cascos sala- desierto son de día en día menores en el
k o ff de corcho, echándose sobre sus trajes del Sahara, donde para diferenciarlos es
balandranes, blancos también, de lana y precisa vista muy hecha a verlos; porque
descendieron del tren. los negros se van de día en día destiñendo
E l oasis de Gharama es una faja larga y con los constantes cruzamientos, que simul-
aun acacias, en las estepas meridionales lindantes
con la Nigricia— , solamente en los lechos de lo que De estas tempestades de arena dicen las tradicio
ha muchos siglos fueron ríos, y hoy sólo son cadá nes, por boca de Herodoto, que han sepul
veres de ellos, y en las cercanías de algunos pozos, tado hasta ejércitos enteros; pero lo cierto es que
se hallan mimosas y unos espartosos, escasos y el número de caravanas que han perecido enterra
resecos pastos, que sin lluvia viven hasta tres años. das en la arena no es pequeño, y el de‘ viajeros,
Cuando los camellos de una tribu nómada los con grande.
sumen, tienen a veces que andar ochenta, cien y Pasada la tormenta, el paisaje no parece haber
aun doscientos kilómetros hasta encontrar otros cambiado : las dunas ocupan los mismos lugares que
donde aquéllos y sus frugales cabras puedan vivir. antes de e lla ; pues un día y una tempestad son
Y, sin embargo, el aspecto del Sahara atestigua poco para hacer cambiar los arenosos montes de lu
que en remotas edades prehistóricas las aguas con gares ; pero días y días y meses y años de tor
tribuyeron a modelar sus formas. Anchos cñuces menta tras tormenta realizan los cambios a la lar
con márgenes todavía claramente marcadas hablan ga. Y así ha sido comprobado por viajeros y g u ía s:
de ríos qué por ellos corrieron, y en donde nadaban comparando el terreno en épocas entre sí aleja
cocodrilos, tan desaparecidos como las aguas, que das y no mucho, la transformación de las formas
llegaban a aquéllos por barrancos profundos, hoy del suelo y el transporte de las dunas.
desecados, pero perfectamente visib les; surcando En cuando a estragos de otro orden, la Historia
las mesetas o descolgándose en torrenteras por las tiene, por desdicha, comprobadas importantes catás
pendientes de ellas. El viajero puede ver todavía trofes, entre las cuales merece especialmente seña
en muchos lugares troncos petrificados, restos de larse la de Ouargla, en el Sabara argelino, en la
selvas donde corrían el rinoceronte y el elefante, cual pereció entera la caravana francesa que for
representados por escultóricas tallas en las rocas maba la segunda expedición enviada para realizar
de las montañas de comarcas donde hace muchísi estudios de reconocimiento de la venidera vía fé
mos siglos no han sido vistos tales animales. rrea transahaárica.
Todo murió, la fauna cual la flora, con la des Sin que la tempestad a que se refiere tuviera ca
aparición del agua, que hoy no se halla en toda la racteres tan terribles como los que entierran cara
inmensidad del desierto, sino en lo hondo de los po vanas enteras, M. Duveyrier, distinguido viajero,
zos, y para eso en escasos parajes, siendo muy raro dice de una por la cual fué sorprendido :
que no sea salobre y muy desagradable para el via “ El sirocco— nombre italiano del simoun— empuja
jero no acostumbrado a ella. ante sí inmensas trombas de aren as: se ven pasar
Los actuales cambios que el Sahara sufre son de enormes cantidades de densísimo polvo en ciclónicos
bidos a los agentes atmosféricos. Las rocas se des giros, que zarandean, cual llamaradas de un incen
granan para transformarse en movedizas dunas de dio, las rojizas masas que corren sobre la haz del
arena, formadas de polvo, que el viento arrastra y desierto con huracanada rapidez: tan pronto vo
deja caer aquí y allá, quedando los materiales más lando por ¡o alto como barriendo el suelo y flage
gruesos en las llamadas, para formar extensiones lando con sus púas de arena cuanto sobre él se
pedregosas con piso de cantos sueltos, que alternan halla. ”
con los arenales y los trozos de pelada roca, por Contra el ímpetu del vendaval, reforzado por la
el sol calcinada, y cuyo contacto abrasa. masa polvorienta en suspensión, no hay más de
Se creyó en tiempos que las dunas formadas por fensa que tenderse boca abajo. Pero esto lleva con.
los aéreos aluviones de arenas procedentes de dicha sigo otro terrible riesgo: el de quedar en poco tiem
disgregación de rocas ocupaban lugares fijo s; y no po sepultado si la tormenta es de importancia.
es así, sino que son movedizas, aun cuando estos Aun sin llegar el caso de ser sorprendido por una
montículos de polvo no viajen tan rápidamente de éstas, el viajero padece extraordinariamente
como puede creer quien, sorprendido por una de con viento más moderado, pues el polvo que en
las frecuentes tempestades de viento seco propias ellos vuela casi constantemente se mete, a través
del desierto, ve las arenas aventadas de modo tal, del velo, en boca y narices, cae en la comida y se
que, según dicho de los habitantes, hacen humear filtra entre las ropas, constituyendo una terrible
las colinas. molestia incesante, a veces días y días.
LA MAYOR CONQUISTA 13
t'áneam ente ennegrecen a los blancos, obs ■—Pues que me devuelvan el dinero..., ¡Y
curecidos adem ás por la incesante acción que a esto lo llamen un oasis!...
del sol. —¿Pero quería usted h allar parques y
Por de contado, nada de esto pudo ser ad selvas en el S ahara?
vertido por el viajero argentino al bajarse —No pedía tanto, señorita: m as una um
del tren, pues cuantos hombres veía en el b ría un poco más espesa, aun siendo peqíie-
oasis eran “A hel-el-litzam "—gentes del ve ñita, no vendría mal.
lo—con las caras cubiertas con telas blan —Cuando nos preguntaba usted por la
cas o negras: usadas estas últim as, según fuerza del sol del Desierto, pareciéndole
le dijo Duvery, por los tuaregs de sangre poco cuanto de ella decíamos, bien sabía yo
pura y las blancas por los africanos de ra que variaría de opinión tan pronto recibie
zas menos aristocráticas y por los m esti ra sus caricias.
zos. (1) Y no sólo por esto, sino porque —No, amigo Raúl, está usted equivocado:
aunque tales gentes se hubieran despojado por mucho que el sol queme, nunca ha de
do los velos (o trapos si se tra ta de pobres parecerme demás—contestó el argentino con
que no pueden perm itirse tal lujo), tampoco vehemencia: tan extraña, dado el asunto
hab ría podido averiguar Lobera los verda que la determ inaba, que todos lo m iraro n
deros colores de las caras; pues las habría sorsoi’prendios, diciendo Emma: **
visto teñidas todas del mismo azul obscuro —Admiro ese entusiasmo por el sol, pero
que veía en las manos y los brazos de cuan soy de contrario parecer; pues aun estando
tos pasaban junto a él: por ser costum bre bien curada de espantos, como nacida y
de aquellas tribus em badurnarse la piel con criada en el Desierto, por poco que caliente
índigo obtenido de plantas indígenas. me parece mucho.
La m iseria de los tugurios del aduar re —Digo lo mismo; y con m ayor conoci
saltaba al com pararlos con los edificios de m iento que mi hija, que habiendo vivido
buena m am postería destinados a viviendas siem pre en oasis mucho mejores que éste,
y oficinas del personal de la línea y a de y no saliendo de casa sino por rarísim a ex
pósitos de m ercancías y m aterial de trac cepción antes de ponerse el sol, no lo ha
ción. desafiado como yo, en mis trabajos a través
En cuanto puso Lobera el pie en tie rra le de las inacabables planicies de abrasadora
pareció e n tra r en un horno; pues si gra arena, sin otro resguardo desde el am anecer
cias a la lana de su abrigo no1sintió los 56 a la caída de la tard e que la del som brajo
grados del sol que, mal cernido entre claras de lona bajo el cual instalaba el aparato.
palm eras, caía sobre él, ni aun los 47 del —Pero no me negará usted la im ponente
term óm etro colgado bajo la cubierta de los m ajestad de ese poder del Sol, que es vida
soportales de la estación, experimentó bas de la Tierra-
tan te más de los 37 de su tem peratura per —Y con frecuencia, causa, en Africa, de
sonal. teniendo que m eter precipitadam ente m uerte, y siempre de la h o rrib le aridez de
las manos en los bolsillos, porque al caer el estas resecas tierras.
col sobre ellas le produjo sensación muy A esta respuesta de Don H éctor replicó
parecida a quem adura. Lobera con su habitual viveza:
Después de dar unos cuantos centenares —Sí, claro; m ientras el hombre no con
de pasos a la precaria som bra de las palme siga...—Pero al ir a com pletar la idea que
ras, preguntó: le pasaba por el pensamiento advirtió que
—¿Y es esto todo lo que hay que ver en hacerlo sería descubrir propósitos que debía
este oasis? reservar, y en lugar de decir, como la men
—Todo, amigo mío: sin variación alguna te le dictaba, “m ientras el hom bre no con
se prolonga este mismo paisaje h asta llegar, siga apoderarse de ella y hacerla ú til”, aca
al cabo de pocos kilóm etros, a las llanuras bó la frase diciendo: “hallar modo de de
de arena que dejamos atrás y las que re fenderse más eficazmente de sus rig o res.”
correrem os cuando de aquí partam os. Mas la viveza de Lobera, suficiente a sa
carlo pronto del apuro, no logró que su
(1) El litzam en una u otra forma usado es breve pausa y su vacilación entre el co
una protección absolutamente necesaria en el Sa
bara do dfa. y que la costumbre hace a los indíge mienzo y el final de la respuesta dada a
nas usar hasta de noche, para preservarse de Duvery quedaran recatadas a la perspicacia
olio on la boca entren impurezas. Así no es fñcil de éste, haciéndole pensar que lo que su
conocer a las ¡rentes en aquellos países, mientras
ellos no quiera descubrirse: Duveyrier, Nachti- interlocutor decía no expresaba su verda
gal, Bath, Reclus. dero pensam iento; y aun cuando la discre-
14 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
ción del ingeniero le retrajo de mostrar de vorar los 370 kilómetros entre las estacio
seo de inquirir lo que el otro callaba, no nes contiguas de Gharama y Asiou, lugar,
pudo evitar que a los ojos le saliera la sor este último, conocidísimo en toda aquella
presa nacida de las ideas, al parecer absur región del Desierto por sus cuatro pozos de
das, que le pasaban por el pensamiento co agua cuya abundancia hizo de Bir-Asiou
mo interpretación de la fugaz perplejidad nudo muy importante, en tiempos, de las
de su compañero de viaje, ni que empuja rutas de las antiguas caravanas de Gadamés,
das por dicha sorpresa se le escaparan las El Tibesti, El Touat y El Air.
siguientes palabras: Durante el trayecto permaneció Héctor
— Jamás domará el hombre este sol del Duvery apartado de sus hijos y de su ami
Desierto. go el argentino, encerrándose con el jefe de
— Claro que no: no digo eso— ¡qué desati estación en el reservado, que utilizaba como
n o!— : ni que estuviera loco... Quiero de despacho de trabajo en sus frecuentes via
cir..-, estaba pensando en que... en que jes en los trenes de la compañía de que e
con el tiempo progresarán los medios de director, entablando con él conversación, que
defenderse contra él... debió ser interesante y hasta grave, pues aun
— Sí, sí: eso había entendido— repuso Du- que el ingeniero era hombre acostumbrado
very, en quien la insistencia de Lobera en a dominarse, tenía al acabar la conferencia
dar innecesarias explicaciones, aumentó la aspecto preocupado, que no escapó a Emma
certeza de que algo ocultaba. cuando, como antes de la llegada a Asiou,
— Y ya ve usted que no voy descamina volvió su padre a reunirse al grupo de la
do; porque entre atravesar este desierto so gente joven, acompañado del jefe de Cha-
metido, durante semanas y semanas, a los rama, a quien, como final de la conferencia
terribles riesgos y penalidades de las cara con él mantenida, dijo poco antes de salir
vanas de pasadas épocas, y salvarlo como, ambos del reservado:
gracias a hombres como usted, lo hacemos — Como ya nos conocemos hace tiempo,
hoy en un vagón de lujo y en dos días, ya sabe usted, Morlain, que siempre he sido
es mucho adelantar. Tras éste vendrán otros incrédulo respecto a sucesos de la índole de
progresos. los que teme usted. Esa sublevación general
—Pues mientras llegan me parece que de todas las tribus del Sahara es aconteci
haremos bien en aguardarlos en sitio algo miento que hace treinta años vengo oyendo
más fresco— dijo Emma.
anunciar, sin que nunca hayan pasado del
De acuerdo todos con la proposición de
anuncio, o quedando, a lo sumo, en fecho
Emma dieron la vuelta, encaminándose al
rías aisladas, cada vez menos frecuentes, de
vagón, a la puerta del cual encontró Duve-
bandoleros más que de insurgentes.
ry al jefe de la estación que, enterado por
los empleados del movimiento de la presen — Sin embargo, Don Héctor, mis noticias
cia en el tren del señor Ingeniero Director, no me dejan dudas de que propagandistas y
acudía a saludarlo y a ponerse a sus ór agitadores recorren el Desierto en todas di
recciones, exacerbando los ánimos y aunan
denes.
—Muchas gracias, Morlain — dijo don do voluntades para algo por el estilo de lo
Héctor contestando al saludo de su subor que antaño llamaban la guerra santa.
dinado— . ¿Tiene usted a quien confiar la — Sí, sí; pero sobre que entre los árabes
estación y el servicio durante quince horas? puros o semipuros y los tuaregs existen
— Sí señor. Además que en ese tiempo no odiosidades que por algo se llaman africa
ha de pasar más tren que el ascendente de nas, sabe usted bien que son muchas las
mañana, y el subjefe puede... tribus de otras razas o mestizas, que jamás
—Pues entonces, entregúele una y otro, han podido deponer sus odios intestinos al
y véngase conmigo hasta Bir-Asiou: hemos odio a nosotros; y que no pocas tienen más
de hablar de asuntos del tráfico, y aquí no agravios recibidos de tuaregs o de slimanes
hay tiempo, so pena de retrasar la marcha que de los europeos.
del tren, lo cual no quiero. Bajará usted en —Es que a medida que el desarrollo de los
Bir-Asiou, de donde podrá luego volverse ferrocarriles va dejando sin medios de vida
a quienes antes se la ganaban en el tráfico,
en el ascendente.
—Pues voy a prevenir al subjefe y en se cada día más mísero, de las caravanas, nos
guida vuelvo, Señor Director. van odiando más; es que el botín que para
* * # estas gentes es supremo aliciente de un al
Seis horas y media tardó el tren en de zamiento contra los europeos, nunca fué tan
LA M A Y O R CONQUISTA 15
grande como el ofrecido ahora por nuestros pidiendo guarniciones para las estaciones y
ferrocarriles y nuestros almacenes abarrota piquetes para la custodia de los trenes.
dos de mercancías que codician, aunque no —Creo, Don Héctor, que no estará de más;
tanto como la posesión de nuestras mujeres y si no manda otra cosa, como dentro de
y nuestras hijas. cinco o seis minutos llegaremos a Asiou, me
— ¡Nuestras h ijas!— exclamó alarmado despido de usted.
Duvery, reprimiéndose en seguida—. Ca, —Hasta la vista, y téngame al corriente
hombre, ca. Sigo pensando como siempre; de cualquier novedad. Yo saldré dentro de
pero en asunto de tal gravedad no ha de unos días de Agadés para volver a instalar
guiarme criterio cerrado, que, a despecho de me en Techiasco; pero como allí estaré en
mi experiencia, podría ser erróneo. Y, en comunicación frecuente con dicha población,
cuanto llegue a Agadés, telefonearé a los no tiene usted sino pedirla con el capitán
comandantes generales de Tombuctú y Ma de la gendarmería y decirle lo que yo deba
rruecos, informándoles de estos temores y saber.
III
UNA CITA EN EL DESIERTO
Delante de Morlain se apearon del tren, donde hormigueaban cargadores y mozos,
en Bir-el-Asiou, dos viajeros, que cuando poco se remangaba la chilaba rascándose con arre
antes se encaminaban por el corredor a la glo a lo dicho por el que, en tanto no se de
plataforma de bajada cruzaron las siguien muestre lo contrario, hemos1 de tener por
tes frases, en castellano, por creer que na español. Y no sólo vió esto, sino al más
die allí entendería esta lengua: grueso de sus compañeros de viaje, llevar
—¿Estás seguro de conocerlo?... ¿Cómo te se, como el moro, una mano al hombro iz
las vas a arreglar si todos tienen tapada la quierdo, y rascarse también, pero por en
cara con el litzam ? cima de las ropas y sin remangarse.
—Es que, aunque así no fuera, no lo co Aquella concordancia de simultáneas pi
nocería, pues no lo he visto en mi vida; pero cazones sorprendió muchísimo a Lobera.
Al-Reshid me dijo en In-Salah que en cuan El que aguardaba a los recién llegados
to ese hombre viera llegar el tren se nos usaba traje que al argentino no le indicaba
daría a conocer remangándose la manga has nada, pero que a los acostumbrados a dis
ta el hombro, para rascarse en el izquierdo. tinguir castas y calidades de los pobladores
A no ser porque el viajero que primero ha del Desierto decían a las claras, si ya no lo
bló le era muy antipático a Lobera, es proba dijera la arrogancia de su talante, que el
ble que, al pasar ellos por su lado en el pasillo hombre aquel no era un cualquiera; siendo,
y oírlos expresarse en español, su abierto y por tanto, raro se rascara los piojos como
expansivo carácter le habría impulsado a un esclavo o un azacán.
establecer comunicación con quienes habla El contraste de semejante acto con su
ban su idioma natal; mas no inspirándole orgullosa apostura fué advertido, no sólo por
aquel caballero la menor simpatía, se abs Lobera, sino por Morlain, que al apartarse
tuvo de decirle nada. Pero la estrambótica del vagón iba detrás de los españoles y, por
manera como había de darse a conocer el lo tanto, en la dirección de aquel hombre,
incógnito personaje que, por lo visto, aguar que resultó blanco de las miradas del jefe
daba en Asiou la llegada de los españoles de Gharama, de los españoles y del argen
excitó su curiosidad, haciéndole quedarse en tino.
la plataforma del vagón, buscando con la Los dos viajeros avanzaron rápidamente
vista si entre los quince o veinte africanos hacia el africano, mientras el ferroviario se
que en el andén estaban daba alguno seña sorprendía de ver en la carne, teñida de
les de picarle el hombro izquierdo. azul, que aquél dejaba ver al remangarse el
Efectivamente, al extremo del cobertizo brazo, una parte no teñida de la piel que
que sombreaba la fachada de la estación tenía en blanco la forma de una estrella,
vió que un moro alto, flaco y apartado de tatuaje distintivo de los naturales de uno
16 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
*
LA MAYOR CONQUISTA 17
que una y otro habían estado en el salón: había term inado de hacerlo, hubo de in te
con insistencia tan elocuente, que no era ne rru m p ir m om entáneam ente su narración,
cesario ser lince p ara adivinar el móvil de pues uno y otro tuvieron que ap a rtarse p ara
lag m iradas del buen mozo.. Pues, a despecho dejar libre acceso a la plataform a a los via
de su atezado rostro, era un hermoso hom jeros de quienes hablaban: que habiendo
bre aquel; y por lo mismo más antipático a oído la llam ada de "viajeros al tre n ”, retor
Lobera, m uy receloso de la im presión que naban a éste.
su varonil belleza p udiera producir a la fran- Reanudado y acabado el relato, cuando ya
cesita. aquéllos estaban en el in terio r del vagón,
Con la anterior explicación de aquella an nacieron en el ánimo ded ingeniero apren
tip a tía queda ya dicho, aunque no se haya siones análogas a las que la presencia de un
dicho, que por lo menos tanto como el otro zouiya en Asiou habían inspirado a M orlain:
m iraba a Emina el argentino. De aquí que y todavía más fundadas; pues a los motivos
al oír las frases castellanas al paso sorpren que despertaron los recelos del últim o se
didas involuntariam ente, y ©cunársele que juntaban los sugeridos a Don H éctor por lo
cuando alguien aguardaba al guapo mozo extraño de que personas que no se conocían
en Bir-Asiou era probable fuera éste el té r se citaran al paso de un tren en medio del
m ino de su viaje, se alegrara, por no se n tir desierto, adoptando aquel extravagante me
deseo ninguno de continuar teniéndolo por dio de reconocerse; pues todo ello olía a
com pañero hasta Agadés, o hablando más complot desde cien leguas. Pero pasados dos
fielmente, por no desear tal com pañía p ara m inutos se distrajo de estas preocupaciones
E m m a; y para cerciorarse de si el viajero al darse cuenta de que a pesar de la llam a
se quedaba allí, perm aneció en la platafor da de “viajeros al tre n ” y del silbido pre
m a del coche-salón, desde donde, apoyado cursor de la salida, no arrancaba la locomo
en su barandilla, no lo perdía de vista. tora, por no haber dado la orden de p artid a
Pasados diez m inutos, comenzó a tem er el jefe de estación, que sin parecer acordar
que su deseo no se iba a realizar, pues los se de tal cosa, conversaba anim adam ente
paseos que los dos españoles daban de ex con su colega M orlain a pocos pasos de la
trem o a extremo del andén cubierto por la plataform a donde estaba Duvery, que le
m arquesina, no eran propios de quienes han gritó:
term inado un viaje, sino de quienes m atan —Gudín, ¿porqué no da ustd la salida?...
el tiempo m ientras oyen la voz de “viajeros Ya ha pasado la hora... ¿Ocurre alguna no
al tr e n ”. vedad ?
Cuando tales reflexiones hacía el am eri —Nada, nada, Señor D irector—. Es que no
cano, salió a la plataform a Duvery, y le han acabado de cargar el carbón. E n segui
preguntó: da saldrá el tren —contestó el interpelado,
—¿Qué m ira usted con ta n ta atención, se que tan pronto hubo dado a voces esta res
ñor Lobera? puesta, se acercó, acompañado de Morlain,
—A esos dos compañeros nuestros de via adonde estaba el jefe de ambos, a quien el
je, que por el habla, pero no en lo cetrino últim o dijo acercándose y en voz baja:
de las caras, parecen españoles, y a aquel —No es eso, Señor D irector, sino que por
tu areg descomunal que se recuesta en la razones de im portancia, que ya le explicaré,
últim a columna junto a la que ha parado me he perm itido tom ar ©1 nombre de usted
la locomotora. para hacer a Gudín dem orar la salida h asta
—Buen tipo; pero no es tuareg, sino un que yo term ine de h ablar con él de cosas
caíd o un árabe de calidad de Baharieb, Dja- urgentísim as.
lo, Aoudjila o algún otro de los oasis que — ¡Tom ar mi nombre!... ¡Sin consultar
quedan al s u r de La Cirenaica (Trípoli) y me!... Me p airee Morlain que habiendo us
de la meseta de Libia. P or aquí es raro ver ted de quedarse en Asiou, tiempo le sobra
tales gentes, pues su país está sum am ente rá después p ara hablar cuanto quiera.
alejado de éste. Pero ¿qué es lo que le cho —Es que no me quedo; pues, si usted no
ca a usted en él y en los otros? me lo prohíbe, me voy yo también.
—Que a todos les pica al mismo tiem po el —¿Cómo? ¿Por qué?
hombro izquierdo. —Porque tengo que com unicar a usted no
— ¡Qué rareza! vedades im portantes. Si después de cono
—P o r eso me ha sorprendido. cerlas desaprueba lo que me he perm itido
Seguidam ente refirió Lobera a Duvery lo hacer, me avengo a ser despedido de la
que había oído y visto, y cuando todavía no Compañía; mas por lo pronto autorice,
LOS VENGADORES 2
18 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
bajo mi responsabilidad, a demorar la sali este caballero un europeo, digo no, quiero
da hasta que yo haga a Gudín un encargo, decir de los nuestros, sabe y ha visto cosas
que después de las noticias que él me ha probablemente relacionadas con las que us
dado, es importantísimo; y permítanos, en ted quiere comunicarme.
tretanto, apartarnos, pues no conviene se Pasamos por alto los comienzos de la con
nos vea secreteando con usted. versación en el reservado, pues en ellos ex
—Gudín; no dé usted la salida hasta que pusieron Morlain y Lobera lo que cada uno
Morlain se lo indique. había visto, oído y pensado, todo ya conoci
Al decir esto miraba Duvery hacia el si do del lector.
tio donde continuaba el zouiya, lo que ad Cuando Duvery fué enterado de ello, dijo:
vertido por Morlain le hizo decir: — Lo que el señor Lobera ha oído da mu
—Por ahí, Señor Director: por ahí, por cho más valor a lo que usted, antes de sa
ahí está la causa de mi proceder. Hasta berlo, ha sospechado, amigo Morlain; y aun
ahora. cuando acaso sean suspicacias nuestras
Lobera, que discretamente se había apar aprensiones, pienso que, por lo pronto, urge
tado un poco de Duvery mientras con éste esclarecer quiénes son esos viajeros. Para
cuchicheaba su subordinado, se disponía ya ello, voy a ordenar al revisor del tren que
a entrar en el coche, mas se detuvo al oír haga nuevo contraste de billetes, y que al
a aquél decirle: hacerlo pida sus pasaportes a esos señores,
—No se vaya usted, señor Lobera; hága fijándose muy bien en sus personas y en los
me el favor de quedarse. datos contenidos en los pasaportes.
Reanudando su conversación, se alejaron
— Me parece perfectamente. Pero ¿no será
los dos jefes hacia la cabeza del tren; y de eso darles la voz de alerta: enterarlos de
teniéndose al llegar a la locomotora, repren
que se desconfía de ellos?
dió Gudín al maquinista y al fogonero por
— No, amigo Lobera; porque no vamos a
la tardanza en cargar el carbón, que desde
ser tan tontos que se los pidamos sólo a
cinco minutos antes tenían ya estibado en
ellos. Precisamente para evitar que re
el ténder: haciéndolo tan descompuestamen
celen nada me va usted hacer el favor de
te, con tan desaforados gritos y dureza tal,
volverse al salón; pues usted será uno de
que llegaba a insultante: injusticia contra
los viajeros a quienes más moleste el revi
la que no pudieron protestar, por haber
sor con preguntas insistentes, petición de
sido hecha la reprensión en árabe, no enten
detalles indiscretos y hasta groserías, que yo
dido por ninguno de ellos; pero cuyo violen
le encargaré cometa con usted muy osten
to y ofensivo tono fué mentalmente comen
siblemente, mientras a ellos no hará sino
tado por el zouiya, que la oía, en los siguien
leerles los pasaportes...
tes términos:
— Estos malditos perros cristianos son ¡Calla, n o !: mejor será recogérselos a to
siempre los mismos: déspotas y soberbios. dos los viajeros diciendo que a la llegada a
Entre el tiempo invertido por Morlain y Agadés hay que entregarlos en la oficina de
Gudín en llegar a la máquina, los dos minu la Gendarmería, en la cual les serán ma
tos que junto a ella se detuvieron y el gas ñana devueltos individualmente. Esto se ha
tado en el retorno hacia la cola del tren, hecho ya algunas veces, no chocará a nadie,
tuvo el primero el suficiente para hacer a y en cuanto yo llegue a Agadés prevendré
su compañero de Asiou los encargos de que al capitán.
había hablado a Duvery. Hecho esto, subió ¡Ah! Señor Lobera, procure no dejar co
al tren, mientras el otro daba la salida. nocer que habla usted castellano; pues no
Un minuto después arrancaba la locomo conviene enterarlos de que estamos al tan
tora. to de la seña del hombro: sería ponerlos en
—Ya ha conocido usted que *el moro es guardia.
un zouiya... ¿No es verdad, Señor Direc Hasta luego; y en cuanto vea usted que
tor?— dijo Morlain tan pronto estuvo al lado el revisor acaba la recogida de pasaportes
de su jefe. haga el favor de volver por acá.
— Sí. —Hasta luego, monsieur Duvery— contes
—Pues necesito hablar a usted en su des tó el americano, muy satisfecho de volverse
pacho, donde nadie pueda oírnos. junto a Emma: no sólo por el gusto, y no
—Vamos... Venga, señor Lobera; venga era poco, de su compañía, sino para saber
con nosotros. si el otro continuaba mirándola, y más aún,
No lo extrañe, Morlain: además de ser si lo miraba ella: preocupación que le ha-
LA MAYOR CONQUISTA 19
bía tenido distraído durante toda la ante No lejos del grupo formado por los tres,
rior conversación. pero al opuesto costado del vagón, leía ésta,
Corrió, pues, sin pérdida de tiempo al sa y hacia ella se dirigió Lobera en cuanto en
lón, sorprendiéndole en cuanto allá llegó tró, pensando para sí: “ ése empieza a ado
ver a Raúl muy de palique con los dos es rar al santo por la peana... Cuando se pre
pañoles sospechosos; pues al volver al tren, ocupa de entablar relación con la familia,
el que más preocupaba al argentino se las es que indudablemente va a Agadés... ¡Y que
había ingeniado para entablar conversación yo tenga que marcharme! ¡También es
con el hermano de Emma. suerte m ía !”
11/
UN VIAJERO QUE PREOCUPA A LOS DEMAS
very, ni de la sospechosa cita de los viaje soy yo quien no cree palabra de cuanto
ros con el zouiya. Y dicho esto prosiguió: — dice usted, y se lo espeto en su cara, to
Yaya a buscar a su papá, qu© está en su mándome justísimo desquite: es decir, que,
reservado; cuéntele mi discusión con el re dando a las cosas su feo, pero verdadero
visor, lo que con esos dos viajeros haya nombre, ni usted ni yo nos mordemos la
usted hablado; y entonces comprenderá us lengua para llamarnos embusteros. ¿Le pa
ted los motivos de mi incógnito, que le rece a usted poca franqueza? ¡Hombre de
agradeceré me diga luego; pues crea, amigo Dios! ¿Adonde quiere usted llegar?
Raúl, que para mí no están todavía muy —¿Adonde?... No me atrevo a decirlo: va
claros. usted a pensar que es pronto.
Decía esto el argentino por pensar que —Cuando usted lo conoce, debe tener ra
en cuanto Duvery se enterase de haber su zón: la confianza requiere tiempo, conoci
hijo trabado conversación con los dos sos miento hondo de las personas: no cabe im
pechosos preguntaría al muchacho lo que provisarla.
de sí dijeran ellos; y en cuanto a la men —Verdad; mas todo eso resulta inútil,
tida ignorancia de la causa de su incógnito amiga mía, si no tiene una base.
la echaba por delante como preparación pa —¿Cuál?
ra defenderse de las preguntes que suponía —Simpatía.
iba a hacerle Emma en cuanto su hermano —Natu ral mente.
se fuese, y que, efectivamente, apenas éste —Y si yo me atreviera a preguntar...
salió, dijo: —No; no se atreva: hoy estoy ya cansada
—¿Sabe usted que me parecen muy raros de preguntas. Ni que fuera usted un juez.
el fingido altercado con el revisor, ese re —Pero...
pentino incógnito; y no raro, rarísimo, has —Nada, que no contesto.
ta el punto de no creerlo, que usted ignore Al decir esto mentía Emma como ya va
los motivos de él?... Ni mi padre es capaz rias veces había mentido aquella tarde, no
de pretender de nadie que oculte su nacio obstante su innato aborrecimiento a la men
nalidad, ni usted de avenirse a ello sin tira; pues a tener Lobera más malicia ha
saber el porqué. bría leído en sus ojos la respuesta que de
—Es, amiga Emma, que el señor Duvery cía negar.
me dispensa el honor de tratarme con ma Mas no lo vió, pues con sus treinta y
yores confianza y franqueza que su hija. cuatro años era un inocentón el argentino,
— ¡Más!... Hace un rato me dijo usted que por ser sabio, y no de tres al cuarto,
que no me creía, permitiéndose dudar, no, sino sabio notable, sabía de mujeres lo que
negar en redondo, mi sinceridad; ahora saben los sabios: es decir, nada-
ü
QUIEN ES EL ARGENTINO Y CUAL SU PORTENTOSO INVENTO
Cuatro años antes de su viaje a Africa antecedente de la historia narrada en él,
dió Pepe Lobera cima a la resolución del diremos que aquel fortunón lo había here
magno problema que había consumido dos dado de su padre el que lo fué de Manolo
tercios de la vida y otros tantos de la for y Pepe.
tuna de su padre: quedando todavía sufi El potentado abuelo de los últimos, tron
ciente con el resto de la última para que co de esta rama americana de Loberas cu
cada uno de sus hijos, Manolo y Pepe, he yas raíces más hondas se hablan nutrido de
redaran más de doce millones de pesos fuer savia castellana vieja, era un ingeniero de
tes, también comprometidos, a la hora en minas español contratado al terminar su ca
que con el último hemos hecho conocimien rrera por una compañía minerá de Mendo
to, en una arriesgada empresa científico- za (Argentina), donde tuvo la suerte de
industrial. descubrir, en Uspallata, unos ubérrimos ya
Aun cuando muy a la carrera, por no ser cimientos de plata, que a través de largas
ello objeto de este libro, pero sí obligado vicisitudes y durísimas luchas lo hicieron
LA M A Y O R CONQUISTA 23
poderoso. Su hijo único, nacido en la Ar ¡Bah!, tres o cuatro siglos dan respiro
gentina, era tierra adecuada para que en muy holgado, y no hay motivo de asustarse,
él fructificara la solidísima instrucción que dirán quienes no piensan sino en el hoy,
su padre le dió, sobre la cual edificó él, por que pronto pasa, por no advertir que mu
propia cuenta, bien ganado crédito de sa chísimo antes de llegar el total agotamiento
bio: no ya entusiasta, sino románticamente se dejará sentir la escasez, madre de la ca
enamorado de las ciencias físicas, a los pro restía, en términos de dificultar la vida de
gresos de las cuales dedicó vida y fortuna: unas industrias, de imposibilitar la de otras,
excepto el tercio aquel que, al resolverse a de privar a los hombres de calor hasta en
enfrascarse de lleno eh los experimentos el propio lar de la familia: penuria y ca
costosísimos y en las onerosas empresas restía que, vislumbrándose cercanas, ame
acometidas por la gloria de su amada (en nazan ya al mundo con porvenir horrenda
tiéndase la ciencia), y decidirse a emplear mente pavoroso; pues la madera se va tam
talento, oro y trabajo en bien de la Huma bién, y muy de prisa.
nidad, tuvo la previsión de consignar como Por eso, hace ya tiempo que una pléyade
inalienable patrimonio a nombre de sus de eminentes físicos se preocupa y ocupa en
hijos. buscar prácticos medios industriales de apo
El principal problema en donde concen derarse en el mar, para transportarla a los
tró la actividad de los últimos veinticinco continentes, de la fuerza mecánica del flujo
años de su vida fué el de capturar la fuerza y el reflujo de los océanos, de capturar las
del Sol para dar a los hombres energía in energías térmicas del calor central terres
dustrial de calor transportable, que con la tre y las que laten en ei seno de los rayos
de los saltos de agua pudiera ayudar pri de sol.
mero y substituir después a los combusti Dejando para venideros libros de esta bi
bles en su tarea colosal de satisfacer nece blioteca relatar las hazañas de los sabios
sidades vertiginosamente crecientes de día (conocidos de Ignotus) que teniendo a estas
en día, de la industria moderna, las cuales horas ya resueltos los dos primeros pro
pesan hoy abrumadoramente sobre las mi blemas, implantarán sus invenciones el día
nas de carbón y los pozos de petróleo, que menos pensado, vamos a relatar en éste,
al cabo quedarán exhaustos. que los lectores tienen ante sí, cómo Lobe
Tal agotamiento que, de sobrevenir antes ra había resuelto el último, y los peligros,
de hallar los hombres substitutivos a los aventuras y luchas en que se vió envuelto
combustibles hoy usados, sería tremendo y hubo de sostener hasta dar cima a su
conflicto mundial de incalculables conse magna empresa.
cuencias, llegará en plazo que han tratado Para formar idea del inmenso tesoro de
de fijar sabios que todavía existen en el fuerza que del Sol recibe esta Tierra habi
mundo con el altruismo suficiente para em tada por hombres, hasta hoy incapaces de
plear su vida en bien de sus semejantes y aprovecharlo sino en proporción minúscu
preocuparse de lo porvenir; llegando, como la, es útil y curioso saber que de estudios
consecuencia de sus estudios, a conclusiones
que no dan sino pocos siglos de duración a
esas reservas de calor y potencia encerra riqueza de las grandes cuencas hulleras del mun
do, y, aparte naturales discrepancias de algunas
das al alcance del hombre en las entrañas opiniones, en conjunto dedúcese de las evaluacio
del Globo. (1) nes mejor fundadas que el total agotamiento de
todos los yacimientos carboníferos será obra de
unos cinco sig lo s: cuatro en el tiempo de Lobera.
(1) Acerca de este interesante extremo dice un "En cuanto al petróleo y gases combustibles
autor moderno: “Gastamos estos recursos en alar producidos por la Naturaleza, no ha habido ni
mante proporción, cual si hubiera, que no la hay, habrá jamás ojos humanos que puedan ver el
razón para suponer que la provisión de ellos en fondo de las subterráneas cavidades donde están
nuestro planeta pueda ser inagotable, o que esos contenidos: mas no es peligro de mañana, sino
depósitos hubieran de ser reemplazados por yaci hecho de hoy, que el petróleo y sus derivados van
mientos que se fueran formando al mismo paso comenzando a escasear en el mundo; pues aun
que se vacían los existentes. En realidad, vi cuando de año en año crece la producción, y
vimos imprudentemente, no de las rentas, sino muy de prisa, esto no es resultado del descubri
de nuestro capital de combustibles, vorazmente miento de nuevas regiones petrolíferas, sino de
tragado por máquinas y hornos de todas clases; la perforación de mayor número de pozos en las
pero con la agravante circunstancia de que la ya conocidas y explotadas. Además, estos pozos
Humanidad ignora a cuánto asciende realmente tienen muy corta v id a ; y como otros nuevos son
dicho capital. sin cesar abiertos a la explotación, los campos
"Se han hecho estimaciones, cuan serias caben de petróleo aprovechables hoy quedarán pronto
en la materia, sobre la probable duración de la cubiertos de ellos por completo.”
24 BIBLIOTECA NO VELESCO-CIENTIFICA
realizados por Sir Norman Lockyer en las Como el segundo Lobera (padre del Pepe,
rayas del espectro solar, correspondientes a quien con tanta sabiduría había vuelto
a la luz con que en la superficie luminosa Emma lelo) estaba bien al tanto de lo
de aquel astro, llamada fotoesfera, arde el que significa esa inaprovechada potencia
hierro, resulta que las llamas de dicho me de tal calor, y tenía confianza en las posi
tal tienen allí temperatura de seis m il gra bilidades de la ciencia moderna, se puso a
dos centígrados; calor del cual no es fácil la faena de apresarlo; mas sabiendo, asi
forme juicio la mente humana, ni siquiera mismo, cuán enorme distancia separa el
pensando que el hierro se funde a mil qui invento, resuelto, del proyecto en realidad
nientos grados y el platino a dos mil. implantado en la fábrica, en el taller, en la
Y aun los seis mil medidos no son sino vida; y robustecido este convencimiento en
los correspondientes al citado metal en la sus pruebas y ensayos, que habrían hecho
superficie (lo más frío del astro), cuya tem desistir de la empresa a otro hombre de
peratura absoluta llega, según el sabio po menor tesón, no le arredró ver pasar años
laco F. Biscoe, a siete mil trescientos gra y años en que, a despecho de indubitables
dos (1). avances, todavía divisaba lejano el término
Pero como la comprensión de estas tem de su largo camino, haciéndole pensar que
peraturas es inasequible a la mayor parte tal vez fuera corta su vida para alcanzarlo;
de las personas, confundidas por su enor por lo que al llegar sus hijos a la edad de la
midad, se ha buscado el ponerla al alcan razón y apreciar él en ellos no común in
ce de todo el mundo, estableciendo dife teligencia, decidió prepararlos para auxi
rentes analogías acudiendo, entre otras, a liares, por lo pronto, de su obra, y conti
la consideración de los efectos que, con nuadores de ella en lo venidero, si a él no
centrados, serían capaces de producir los le fuera dado acabarla.
rayos solares llegados en un año a la Tie De extremo a extremo de la América Es
rra: insignificantísima porción no más de pañola era conocido este hombre extraordi
los que el Sol despide. Así, midiendo calo nario, a quien recompensaban todos llamán
rías (2), tomando en cuenta pérdidas, et dole chiflado: todos menos sus hijos y al
cétera, se ha llegado a evaluaciones apro gunos sabios: tan nobles, románticos y per
ximadas, pero seriamjente hechas, de las severantes y tan persuadidos como él de
cuales resulta que el calor por dichos ra que el camino por él emprendido llevaba
yos engendrado, al tocar nuestro mundo, al éxito final: aun cuando algunas piedras
sería suficiente para licuar una costra de en el caunino atravesadas impidieran toda
hielo que con cincuenta metros de espesor vía recorrerlo velozmente.
cubriera todos sus continentes y sus ma Antes de acabar de removerlas lo sor
res (3). prendió la muerte, siendo José, el hijo me-
(1) Resultado de concienzudas determinaciones sería necesario para alcanzar aquel total en doce
cuyos resultados fueron publicados en 1916 en el meses.
Scientific American, y realizadas mediante la ob Hecha la cuenta, bien fácil por cierto, resulta
servación de las radiaciones de las ondas lumi derretido en cada día el hielo de una envoltura
nosas en diversas regiones del espectro solar. de la misma extensión antes indicada, igual a
(2) Caloría, cantidad de calor necesaria para la de la redondez de la Tierra, pero cuyo grueso
elevar en un grado la temperatura de un kilo ya no es sino de trece y medio centímetros.
gramo de agua. Supongo que esto ya irá pareciendo más com
(3) “ Todavía me marea un poco el tamaño de prensible.
esa costra helada y la necesidad de reunir para Mirándo a los centímetros del grueso del hielo,
fundirla el calor recibido en todo un año.” Dice s í ; pero pensando en la extensión de los quinien
el lector calmoso, aficionado a apurar, hasta lo tos y pico de millones de ^kilómetros cuadrados
hondo, estas curiosidades que el impaciente salta de la superficie de esa fría corteza que ha puesto
cuando la explicación de ellas dura lo que ya no usted a la Tierra, todavía me estorban los mi
tolera su impaciencia. llones, y los kilóm etros: y si me apura usted,
hasta la corteza.
“ Si usted quisiera simplificar la cosa un poco” L a corteza no la puedo quitar, eso es cosa del
N o puedo desairarlo, pero huyéndole al riesgo de Sol, pero quitaremos los millones con sólo cubi
abu rrir a los otros, escamoteo el tema del texto car la cantidad de hielo contenido en ella, mul
principal para esconderlo en esta nota. Y así tiplicando los perturbadores millones de kilómetros
quien lleve prisa que la salte. de la superficie por los centímetros del grueso.
Efectivamente, tiene razón el señor para quien i Pero, señ or! : le digo que son muchos y va a
la e sc ribo : el hielo es demasiado grueso y el año multiplicarlos. Valiente modo de...
excesivamente largo. Por eso, bajo del año al día Calma, c a lm a ; en esta multiplicación hay do
y reduzca los 50 metros deshelados en los 365 ble taumaturgia, que nos va a dar el resultado
días al deshielo que en cada veinticuatro horas por usted apetecido: primera, la que nos ense-
LA M A Y O R C O N Q U I S T A 25
ñor, quien, a los pocos meses de fallecer el dades y a los centros fabriles que habrían
padre, venció el último obstáculo. de transformarla en fuerza mecánica, calor
Ya no había cuidado de tropezar en cien o luz, el Trust Internacional del Calor y
tíficas chinitas; pero en cambio se hallaba de las Fuerzas Térmicas, sociedad anóni
llena de pedruscos económicos la dura sen ma dirigida por un consejo, a su vez man
da que es calvario de sabios en cuanto, para goneado por cinco financieros nada anóni
echar sus inventos a la calle, han de buscar mos, verían en la empresa una temible
un capital que no se preocupa con la cien competidora capaz de dar más barato que
cia, sino con el interés de la ganancia, que aquélla el calor y la fuerza, gracias a ha
matará toda empresa bienhechora como no ber sido ya convertido en hecho el sueño
rinda fuerte dividendo. de Tesla y otros célebres electricistas, que
Era punto flaco del invento, flaco mer empleando métodos en cierto modo simila
cantilmente considerado, que tan luego co res a los de la radiotelegrafía, propusieron
mo la fuerza del Sol fuera capturada en transportar a grandísimas distancias la
grandes proporciones, incomparablemente fuerza, a través de las altas regiones de la
mayores que las alcanzadas en los peque atmósfera, sin necesidad de cables eléctri
ños ensayos hechos desde comienzos del cos y con pérdidas de fluido cien veces me
siglo XX (1), y tan pronto fuera converti nores que las ocasionadas por éstos.
da en electricidad transportable a las ciu
fiaron, y usted ha olvidado, de que cuando el chocado en lo que ha dicho usted al afirmar que el
multiplicador es menor que uno, el producto ob calor de los rayos solares que llegan a la Tierra
tenido resulta más pequeño que el multiplicando; se engendra al tocar aquéllos el suelo. Y me cho
segunda, que introduciendo un cambio de unidad ca porque a mí me parece que ese calor fué en
de medida, que me voy a permitir, hablando, no gendrado en el sol que los envía.
de kilómetros de superficie helalla, sino de tone Sí, señor; allá se engendraron, pero no salen de
ladas de peso de agua congelada, completo el cu él como calor que en el espacio se propague, pues-
bileteo que me permite decir a usted que el hielo ya usted sabe que en éste reina el horrendo frío si
fundido—el mismo de los perturbadores millo deral, sino como vibración etérea, que no es ca
nes—llenaría un recipiente de 68.830 kilómetros lor, sino movimiento capaz de producirlo en cuan
cúbicos. to toca a algo; ese algo es la Tierra y los plane
j Qué atrocidad! tas. En donde resurge como calor actual el naci
Todavía mayor de lo que a primera impresión do en el Sol que entre él y aquéllos no es calor
parece, porque cada uno de esos kilómetros cú efectivo sino sólo radiante. Del mismo modo que
bicos pesa muy cerca de 1.000 toneladas, y el la voz que actúa en un teléfono no es voz sino al
bloque fundido en cadá veinticuatro horas: llegar al del otro extremo de la línea, no siendo
08 .850 .000 .000.000 de éstas. en ésta sino corriente eléctrica.
O en kilogramos, [Link].000.000. (1) Las tentativas a que aquí se hace referen
jOtra vez los números mareantes! cia fueron, a grandes rasgos referidas, las si
Tropezar siempre con ellos es sino de cuantos guientes :
Sienten curiosidades geológicas o astronómicas Hershel, Pouillet, Mouchot fueron los primeros
Pero visto que ni auii bajando al día hemos con sabios que pensaron en la posibilidad teórica de
seguido desembarazarnos de ellos, continuemos utilizar la potencia calorífica solar. En posterio
descendiendo, nO ya a la hora, n f al minuto, sino res épocas surgieron no pocos proyectos propo
al segundo, y con igual finalidad de desembara niendo soluciones prácticas, aun cuando no lle
zarnos de unos cuantos ceros, subamos nuevamen garan a positiva aplicación, siendo entre ellos
te de los kilogramos a las toneladas: con lo digno de mencionarlo especialmente el motor
cual, y sabiendo que un día contiene 86.400 se helio-dinámico que el ingeniero Sr. Pérez Nueros
gundos, podremos decir que en cada uno de éstos presentó en una notable memoria a la Academia
llega a la Tierra calor solar suficiente para de de Ciencias de Madrid.
rretir 796.875.000 toneladas de nieve: masa que Sobre el problema, sintetizándolo en la forma
de estar en un montón y de quererla transportar inimitable que sólo él sabía hacerlo, dijo nuestro
en trenes, cada uno cargado con 500 toneladas, Echagaray, de gloriosa memoria, en su preciosa
exigiría un número de ellos que saliendo de obra “Las Teorías Modernas de la Física” :
minuto en minuto, tardarían en agotarla idos “Todos los aparatos inventados hasta el día
años y nueve m eses! son análogos: una gran caja de cristal herméti
Ahora ya voy haciéndome cargo de lo que es camente cerrada para que por las uniones no se
el calor solar de que en la Tierra disponemos. escape el calor acumulado: bajo ella otro) de hie
Sí, pero tenga usted en cuenta que eso no re rro ennegrecido para que la luz que atravesó el
presenta sino la energía térmica, pero no toda la cristal se convierta en calor: dentro de la última
energía recibida del Sol, que además nos envía la aire o agua, que una vez calentados pasan a cual
lumínica, la química, la eléctrica, la magnética y quiera de las máquinas térmicas de tipos cono
la gravitatoria que sostiene nuestro mundo en el cidos y en ella funcionan... Agréguense pantallas
vacío y lo empuja en su carrera en torno del o reflectores que concentren sobre el cristal los
centro planetario. Esta última es de fácil eva oblicuos rayos de sol y se tehdrá idea de lo que
luación mecánica; las otras no han sido medidas son todas las máquinas solares inventadas hasta
todavía, que yo sepa. el día, etc.”
Está bien, pero todavía queda algo que mé ha Entre los ensayos prácticos, algunos han lle-
26 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
VI
LO QUE BUSCA LOBERA EN EL SAHARA
Al darse cuenta Lobera de cuál era el ma pues cuando aquellos cinco príncipes de la
yor obstáculo económico en que sus planes banca mundial hicieron cuentas, vieron que
estaban en riesgo de tropezar, creyó con no queriendo los Loberas hijos sacudirse
jurarlo procediendo, no cual competidor los nobles estímulos que impulsaron al pa
presunto, sino como aspirante a asociado del dre, habían fijado en su proposición pre
poderoso trust, avistándose en Londres con cios máximos de venta a la energía solar,
sus mangoneadores, que allí se dieron cita que no les convenían, pues perfectamente
para oír la proposición presentada por el remuneradores para industriales de con
inventor para constituir la sociedad solar ciencia, rendirían utilidad menor de la que
como una filial de la carbonífera: herejía los multimillonarios del trust, jamás cohi
científica—pues es sabido que el Sol es bidos por escrúpulos absurdos en quien no
padre del carbón (1)—con la que en este la tiene, obtenían en la venta del carbón y
picaro mundo, que tiene en más el dinero el petróleo, además susceptibles de propor
que la ciencia, no había más remedio que cionar adicional ganancia con polo adulte
transigir. rarlos: ventaja con la que no podía contarse
Claro está que nuestro héroe no estaba al expender rayos concentrados del Sol, pues
dispuesto a revelar su secreto científico; aquellos señores no veían con qué podrían
pero ofreció a los reunidos hacerles ver mezclarlos.
prueba experimental de los resultados in —¿Aumentar capital para disminuir el
dustriales de él en la pequeña instalación interés que ahora obtenemos?... ¡Qué dis
que a un centenar de kilómetros de Bue parate!—dijo uno.
nos Aires tenía montada y en funciones. —Pero adviertan ustedes que las provi
Aceptada la proposición, se verificó la siones de combustible van a agotarse en el
prueba, y la eficacia de ella, que en análo mundo, lo cual pondrá a la humanidad en
gos casos suele orillar las dificultades finan un conflicto horrendo—contestó Lobera.
cieras, fué causa en éste de aumentarlas; — ¡Ta, ta-, ta!... Para entonces ya nos ha-
gado a funcionar industrialmente, aun cuando tan montadas hasta hoy (1921) es la de Meadi, cerca
sólo como modestas instalaciones de restringida de El Cairo, por los señores Shumans, Boys y
aplicación local, las cuales sólo mencionaremos Ackerman que convierte el calor de los rayos
ahora; pues cuando veamos a Lobera en la faena solares en fuerza mecánica, produciendo ésta en
montando y explotando su Central Solar caerán la cuantía de 100 caballos de vapor, a razón de
más a punto noticias más puntuales de tales uno por cada 2,25 metros cuadrados de superfi
tentativas. cie insolada.
La primera fué debida a Bricson, el inventor Por último, en discrepancia con los anteriores
de los barcos llamados monitores, que desde 1865 sistemas, todos los cuales responden a la con
trabajó durante trece años en la empresa, aban cepción del problema considerado como lo sinte
donada al cabo a causa de la pequenez del ren tizan las palabras de Echegaray que encabezan
dimiento obtenido. esta nota, existe otro sistema, no aplicado en
El doctor Williams Calver, en las áridas comar gran escala, el de Tesla, que transforma el calor
cas de Arizona, logró, según testimonio de Ar directamente en electricidad por medios que más
chibald Williams, producir con calor solar colo adelante tendremos ocasión de exponer, pues esta
sales temperaturas, dobles de las del arco voltai nota se ha hecho ya demasiado larga y no pode
co, que es Ja mayor hasta ahora producida por mos decir más ni dar detalles del sensacio
el hombre, empleando otros medios. nal procedimiento que revolucionó el mundo en
En la granja de avestruces de Pasadena (Ca 1996, porque para llenar el presente libro dan
lifornia) y en las cercanías del magnífico obser sobrada materia la empresa y las aventuras de
vatorio solar de Monte Wilson funcionan reflec Lobera.
tores que concentran los rayos del Sol sobre re (1) Y madre la Tierra; pues entre la tierra y
cipientes donde hierve agua cuyo vapor mueve el agua de ella y el calor y ía fuerza química ae
una bomba elevadora de agua con rendimiento los rayos solares hacen crecer los árboles, de don
superior a 200.000 litros por hora. de hoy saca el hombre carbones vegetales, y hace
En Argelia y en Australia se han hecho apli centenares de siglos engendraron las selvas que
caciones para el riego de los campos, de las que petrificadas bajo el suelo son hoy minas de car
no tenemos otra noticia que la de su existencia;
pero la instalación más notable de todas las bones minerales.
LA MAY OR CONQUISTA 27
bremos muerto... ¿Quién se preocupa ahora desacreditada su firma por el Trust Carbo-
con eso? Petrolífero.
—Yo. 3. ° Hacer ruidosa campaña de prensa,
—Bien se ve que no es usted hombre de basada en la autoridad de pagados hombres
negocios. con ciencia y sin conciencia, para retraer
—De modo que la resolución de ustedes... de comprar acciones de La Solar a peque
—Está muy bien pensada: no nos con ños rentistas: propalando que el invento
viene el que nos propone. era un disparate científico y un negocio
—Pero es que la cuestión tiene otro as ruinoso.
pecto, en el que acaso no han pensado us 4. ° Que si a despecho de esto se consti
tedes. tuyera empresa, no se repararía en gastos
—¿Cuál? ni medios—disimulados, fclaro está—paria
■
—Que si establezco la explotación con ca provocar accidentes en lá explotación, es
pital independiente, mis precios obligarán tropear los aparatos de ella, etc., etc.
al Trust a rebajar los suyos muy por bajo 5. ° Que por grandes que fueran estarían
del que ahora parece a ustedes pequeño. bien empleados los sacrificios pecuniarios
—Es indudable: sí señur. que impidieran surgiera competencia tan
—No se nos ha escapado esa considera temible cual la de quien, en vez de las mí
ción. seras reservas de energía de las minas de
—Conste que al dirigirme a ustedes he carbón y los pozos de petról^) de un menu
querido evitar me atribuyan propósitos de do planeta cual la Tierra, dispondría de
hostiles competencias, pues mi proposición las inmensas e inagotables fuerzas alma
tiende precisamente a no entablarlas: bien cenadas en el Sol.
asociándonos en la explotación, bien acor 6. ° Que de los millones que en lo acor
dando equitativos precios. dado se invirtieran se resarciría el Trust
—Por lo- cual le quedamos agradecidí fácil y brevemente elevando en unas pe-
simos. setejas el precio en todo el mundo de la to
—Obligadísimos. nelada de carbón y del bidón de gasolina.
—Reconocidísimos. Inmediatamente, en cuanto implicaba des
—Y fuera de esa cooperación celebrare crédito científico y económica guerra, y por
mos poder serle útiles. etapas sucesivas en lo que eran traidoras
—Y hasta recomendarlo a capitalistas asechanzas contra instalaciones y apara
amigos nuestros. tos, fué realizada la campaña de los ilus
—Y cuando tenga su explotación en mar tres bandoleros, honrados y adulados en
cha mantener con usted las más cordiales el mundo como fortísimos puntales del cré
relaciones. dito y la industria; porque las ultracivili-
zadas sociedades modernas califican de im
béciles a quienes disponiendo de fuerza y
De la cordialidad que al retirarse el in pudiendo abusar no abusan de ella, limi
ventor le fué expresivamente reiterada, y tándose a usarla, e indefectiblemente aplau
en lo sincero de la cual creyó él cándida den a quienes, tienen suficientes habilidad y
mente, podían dar testimonio los acuerdos desaprensión para ganar dinero sin parar en
secretos que en cuanto se apartó de ellos to la cárcel: donde los negociantes poderosos
maron aquellos cinco pulpos de la gran in es rarísimo den, porque negocio y éxito lo
dustria y el alto comercio, que con las in justifican todo.
contables ventosas de sus larguísimos ten Prescindiendo de circunstanciada narra
táculos, extendidos por el mündo entero, ción retrospectiva de las luchas entre los
hacían presa en todo, teniendo siempre una Loberas y los cartopetrolíferos, basta al ob
que alcanzaba a chupar en todo paraje don jeto de esta historia hacer saber que por
de hiciera falta un kilo de carbón, un litro milagro encontraron aquéllos capital que,
de petróleo o un bidón de gasolina. Véanse unido al suyo, completara los cincuenta mi
los acuerdos: llones de pesos fuertes necesarios para
1. ° Vigilar por medio de su policía parmontar la explotación en gran escala: un
ticular cuantos pasos diera Lobera para milagro debido, entre otras cosas, a que a
allegar capitaJl. los ataques técnicofinancieros del Trust fue
2. ° Hacer saber a todo banquero o banron opuestos, no solamente los artículos por
co que, de prestarle apoyo, le sería deciar los dos hermanos escritos y por ellos paga
rajda guerra financiera, negado crédito y dos a los periódicos, sino otros muchos cuyo
28 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
origen siempre quedó para ellos en las som Gobierno boliviano, uno de cuyos prohom
bras de profundo misterio. bres fué ganado por los carbopetrolíferos,
Preocupados estaban con la curiosidad de y vueltas a reanudar al ser aquél derribado
saber a quién debían ayuda tan oportuna, del poder por otro político a la devoción
llegada después de haber sido desahu de los heliodinámicos
ciados por todos los hombres de negocios, De tumbo en tumbo, y venciendo peque
a quienes habían tratado de interesar en ños pero menudeados accidentes, que los
la empresa, cuando espontáneamente se les Loberas perjuraban no podían ser sino in
presentó un fuerte banquero sueco, esta tencionados, ya se iba entreviendo el día
blecido en Chile, manifestándoles que él de la inauguración de los trabajos de acue
y unos amigos estaban dispuestos a sus llas vastas fábricas, cuando traidores em
cribir en firme todas las acciones de la pro pleados, sobornados ya se sabe por quién,
yectada Anónima Americana de Energía provocaron hábil y disimuladamente form i
Solar, que gracias a esto fué constituida a dable explosión que inutilizó las principa
poco con el nombre de Panamericana Ter- les máquinas, segando al paso varias v i
moh el i odin árnica, domiciliada en Buenos das; y pasada una semana del accidente,
Aires. bien exagerado en revistas industriales y
El banquero y Jos amigos cubrieron de financieras, dieron éstas la noticia de que
primera intención todo el capital, sin otro la empresa desistía de la explotación solar.
trabajo que firmar un compromiso para lo Consternados los pobres y modestos ac
venidero y sin sacar ni una peseta de sus cionistas, que habían pagado sus “solare*,
cajas, pues a la hora de ingresar aquél en a cien pesos, los que menos, inundaron con
la de la nueva empresa ya habían vendido ellas los mercados, no encontrando quien
casi todas las acciones a sus clientes: no a les diera más de ocho; y las “ térmicas” ,
cambio de promesas, como las que ellos que si no tan bajas no andaban muy bo
suscribieron al adquirirlas, sino en dinero yantes, subieron a las nubes, al divulgarse
contante y sonante, parte del cual quedó, en que para no perderlo todo se proponía la
concepto de primal, en poder de los capita fracasada empresa dedicar los aparatos que
listas: que fuera un éxito o un fracaso para la explosión había respetado a montar una
los accionistas la venidera sociedad, ya ha gran fábrica de vidrio, que aun ignorándo
blan realizado un bonito negocio, además se todavía dónde podría establecerse, era
de quedarse de mangoneadores de ella, y a la indudable habría de ser fuera de América;
vista de los que pudieran ir cayendo. pues el descrédito de los Loberas les im
Las acciones fueron vendidas, en su ma pedía pensar en d irigir fabricación ningu
yor parte, a pequeños rentistas hispano na en el mismo teatro de su ruidosísimo
americanos y españoles, explotando el pa fracaso.
triotismo y el sentimiento de fraternidad Y, sin embargo, los inventores no habían
de razas, por ser hispanoamericanos el in desistido de sus propósitos, sino resuelto
ventor y la empresa llamados a poner fin perseguirlos a callandas, después de la si
a la intolerable tiranía del Trust de Fuer guiente conferencia con el banquero sueco,
zas Térmicas, cuyas acciones sufrieron fuer presidente del Consejo de Administración
te depreciación en todas las bolsas al di de la Termoheliodinámica, que pocos días
vulgarse la noticia de haberse constituido después de la catástrofe, y cuando el páni
su competidora “ La Solar” : aun cuando co de los accionistas los había hecho ven
para reponerse a las pocas semanas, cual der sus acciones por lo que habían querido
consecuencia de la vertiginosa baja de las darles, llegó a Los Llanos, donde halló mus
de la nueva sociedad, determinada por alar tios y cariacontecidos a los dos Loberas, a
mantes rumores de que ésta tropezaba con quienes presentándose como salvador dijo:
graves dificultades de orden técnico. — No se apuren ustedes, aquí estoy yo. Sé
Pocos meses después comenzaron las que todo lo ocurrido es obra de la tradora
obras de instalación en “Los Llanos de Bo- guerra del Trust Térmico, y como Tengo
liv ia ” , comarca que por su situación en la fe absoluta en el invento de ustedes, ai éxi
zona tórrida, donde los rayos del sol lle to de él acabo de jugarme, a cara o cruz,
gan con fuerza máxima al terrestre suelo, toda mi fortuna.
era muy ventajosa para la explotación de — ¿Cómo? ¿Qué quiere usted decir?
ellos. — Que la he empleado entera y empeñado
Pero las obras hubieron de interrumpir todo mi crédito en adquirir cuantas iccio-
se a causa de dificultades suscitadas por el nes de nuestra sociedad han salido j sal-
LA MAYOR CONQUISTA 29
gam al mercado; que excepto algunas pocas del calor solar por el procedimiento de Lo
que; por ahí puedan quedar, ustedes y yo bera, se lanzaría la especie ya indicada en
sonnos dueños de la totalidad de ellas y anteriores párrafos.
podlemos proseguir la empresa por nuestra Y mientras Manolo se quedaba en Los
cuemta, sin dársela a nadie de nuestros Llanos embalando los aparatos que la ex
actos. plosión no había destruido, y los restos que
A quella heroica prueba de amistad y no todavía pudieran componerse de los destro
ble confianza del banquero conmovió a ios zados, y en tanto el banquero sueco se
inocentes hermanos que lo abrazaron efu- ocupaba en hacer adquirir por segunda ma
sivaimente. no en diversos países dos grandes dirigibles
U na vez aquietados tales transportes de para establecer ostensiblemente una línea de
agradecimiento tomó de nuevo la palabra viajeros entre Valparaíso y Nueva Zelanda,
el Jhéroe, continuando: pero en realidad para hacer la mudanza,
— Pero para triunfar de enemigos mu se trasladaba Pepe Lobera en un aeroheli-
cho más poderosos que nosotros no es posi cóptero de la Heliodinámica, a París, Lon
ble seguir luchando cara a cara, sino suplir dres, Madrid y Barcelona; allí encargaba a
la fiuerza que nos falta con astucias...; mas testaferros con quienes le puso el sueco en
para, ello es preciso que también ustedes relación, de comprar fraccionadamente y en
sacrifiquen algo. diversas plazas los elementos necesarios
— Estamos dispuestos... para substituir a los destruidos cuando en
— Usted dirá. A frica fuera montada la nueva instalación.
— E l sacrificio que les pido no es más Una vez encauzadas estas adquisiciones
que de amor propio, y solamente transito marcharía el inventor al Desierto de Saha
rio mientras llega la hora de un ruidoso ra, donde había decidido establecer la su
desquiite. puesta vidriera, careta de la verdadera ex
— Expliqúese usted pronto. plotación, eligiendo en tal viaje sitio ade
— Necesitamos engañar a todo el mundo, cuado para ésta.
para que los del carbón crean que ustedes He aquí porqué nunca le pareciera a Pepe
mismos reconocen haberse equivocado... excesiva la fuerza del So] aunque quemara
— Eso es muy duro. abrasadoramente.
— Déjeme terminar. Sólo asi cabe pensar
en proseguir, y para eso fuera de Am érica * * *
y en secreto, nuestro plan, hasta que poda
mos presentarnos en los mercados indus Satbido ya a qué iba al Desierto nuestro
triales diciendo a fabricantes y a empre protagonista, fáltanos, para no dejar coja
sas de tracción y alumbrado: “Mañana po la narración retrospectiva a que se ha de
demos poner en su casa de usted los kilo dicado este capítulo, insertar un diálogo,
vatios o los caballos de vapor que necesite, que dirá quiénes fueron los ignorados pa
treinta por ciento más baratos que el Trust gadores, que los Loberas no habían logrado
de Fuerzas Térmicas.” descubrir, de los artículos en defensa del in
Ese es él desquite que en plazo de uno y vento y la empresa, quiénes los autores del
medio o dos años ofrezco a ustedes. milagro de haber el sueco reunido capital
— Bien; pero... para constituir la sociedad, y porqué se ha
•—Para ello es indispensable montar las llamado candidez a la creencia de los dos
fábricas en lugar tan lejano y extraviado hermanos en el heroico desinterés de su
que nos permita ocultar su real objeto, di socio.
ciendo ostensiblemente que vamos a explo Interlocutores, dos de los cinco magnates
tar negocios diferentes; y para ello es pre del Trust de Fuerzas Térmicas; fecha, el
ciso que seamos nosotros mismos quienes día siguiente de haber convenido con sus
confiesen su fracaso, desacreditándonos en compañeros de consejo los acuerdos reser
términos que inspiren al Trust creencia de vados con anterioridad copiados; términos,
que, habiéndonos aplastado definitivamen los siguientes:
te, ya no tiene por qué cuidarse de nos — ¡Qué soberbios negocios haría en poco
otros. tiempo quien pudiera manejar en bolsa las
Después de discusión no breve, acorda acciones de las dos sociedades, influyendo
ron los tres que, por form ar parte de la antes en sus precios— dijo uno de los ami
instalación estropeada elementos de fabri gos que pronto pasarían a compinches.
cación de’ vidrio necesario para la captura Y el otro contestó, abriendo ©1 ojo:
30 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
m
UNA IDEA DE DUVERY
Una vez terminada por el revisor la re —Los pasaportes eso dicen.
cogida de pasaportes, se fué con ellos al —Ya te lo había yo dicho.
departamento donde estaban Duvery, su hijo —Sí, porque ellos te lo dijeron; mas no
y Morlain: diciendo al primero al entre es lo mismo que lo digan los pasaportes:
garle aquellos documentos: y aun así...
—Los dos primeros son los de los espa —Son personas distinguidas, cultísimas:
ñoles que interesan a usted, Señor Direc es decir, uno de ellos, porque del secreta
tor. rio, que no habla francés, nada puedo de
— ¡Ah! ¿Han resultado efectivamente es cir; pero el otro es atento, finísimo, inte
pañoles? ligente, agradabilísimo.
L, A MAYOR CONQUISTA 31
—Yeo que te ha conquistado. Y usted, tiene inconveniente en darme el guste de
Morlain, ¿qué piensa de ellos después de comer con nosotros.
haber oído a mi hijo? — ¡Inconveniente!... Pero como las me
—Que, salvo mi respeto a su opinión, y sas no son sino de cuatro plazas, y somos
a pesar de lo que dicen los pasaportes, tan cinco...
españoles son esos mozos como yo; y estoy —No, yo comeré en otra.
seguro que cuando usted se fije con deten —Tampoco, amigo Morlain. Será Raúl
ción en ellos pensará también que sus ca quiep se busque acomodo donde pueda.
ras no son de europeos. —Mientras Lobera representaba, aunque
—Todo porque son o están morenos. Si sin gran empeño, la farsa de rehusar la
por eso fuera, me parece que más morenos invitación para no echar a Raúl fuera de
que mi padre y yo... la mesa, volvió éste diciendo que ya esta
—No es eso, no es eso: no se traita del ba una reservada al lado de la de los es
color, sino de inconfundibles rasgos típi pañoles.
cos. En fin, tan seguro estoy de lo que Al enterarse Lobera de que iban a ins
digo, que al fallo del Señor Director me talarse en mesa inmediata a la de su an
atengo. Y a veremos lo que dice cuando los tipático seudocompatriota, se le puso cara
mire despacio. de mal humor, solamente advertido por
—Pero a todo esto estamos perdiendo el su amiga Emma, bien enterada del porqué,
tiempo, pues de los pasaportes aún no he y no preocupada con él por estar cierta de
leído sino los nombres: Gaspar Núñez, que ella sabría desarrugarle el ceño, como
Manuel Pozo. efectivamente lo consiguió tan pronto como
En este llegó un camarero avisando que llegada al comedor se apresuró a tomar
iba a servirse la comida, lo cual hizo a asiento, la primera, dando la espalda al
Duvery aplazar el examen detenido de hermoso moreno: con lo cual vió iluminarse
aquellos documentos hasta después de aqué por ensalmo con plácida sonrisa el sombrío
lla o de la llegada a Agadés, para la que rostro del americano.
sólo faltaban cuatro horas. Mientras entre ella y él se desarrollaba
Guardándoselos, pues, dijo de pronto a esta muda escena, Duvery, que en cuanto
su hijo, como obedeciendo a repentina entró se había fijadó en que por estar los
idea: viajeros sospechosos solos en una mesa so
—Tú, pásate por el salón y dile a Emma braban plazas en ella, dijo aparte a Raúl:
que venga. En seguida, ve al comedor, y —A ver cómo te arreglas con habilidad
en cuanto veas que tus amigos han elegido para que te conviden a comer tus nuevos
mesa encarga de mi parte al maître d'hôtel amigos.
que nos reserve una al lado de la de ellos. —-¡Que me conviden!—contestó el mu
Aquí te aguardo hasta que vuelvas a avi chacho, asombrado de las rarezas que a su
sarme que ya están allá. padre se le ocurrían aquella tarde.
—¿Y si estuvieran ya ocupadas las me —No te escandalices, hombre: he queri
sas contiguas a las de los españoles? do decir que te ofrezcan uno de los sitios
vacíos en su mesa—replicó Don Héctor,
—Le dices al maître que indique a quie
que después llamó al camarero, cuchicheó
nes ocupen una de ellas que es la reserva
con él e invitó a Morlain a sentarse a su
da para el Ingeniero Jefe de la Compañía,
lado, fronteros ambos a los supuestos es
suplicándoles se trasladen a otra.
pañoles.
Salió Raúl a cumplir los encargos de su
Procurando ser oído de éstos encargaba
padre, y como consecuencia del primero
mientras tanto Raúl al camarero, levantan
llegaron poco después Emma y Lobera al
do la voz, que le buscara un sitio, con lo
reservado donde aguardaba Duvery, pre
cual obtuvo el resultado apetecido; pues
guntando ella:
levantándose de su asiento el que Lobera
—Papá, ¿vamos al comedor? había llamado broncíneo Apolo, se le acer
—Sí, en cuanto vuelva Raúl, a quien he có, invitándolo a comer en su compañía.
enviado a que reserven mesa. Al ver a su hijo ya sentado en la mesa
—Pues yo también me voy a buscar si inmediata, se sonrió el ingeniero; encargó
tio—se apresuró a decir el argentino, de en voz baja a Morlain, con gran sorpresa
seando no perder tiempo para poder aco de éste, que no mirara apenas durante la
modarse en uno cercano al de Emma. comida a los vecinos, y una vez terminado
■—No, amigo mío: es decir, si usted no este aparte, llamó a Lobera en alta voz,
32 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
esforzándola bastante p ara que se en terara pena de hablar de sem ejante m enudencia.
Raúl, M onsieur Loubegray. Ya antes obsequiaron ustedes a mi hijo,
—Ya tenemos aquí—dijo Errnna por Jo ahora se aprestaban a obsequiarlo nueva
bajo a éste—su incógnito de usted. mente. L a falta de delicadeza h ab ría sido
—Que ya ve cómo interesa a su papá, y que estando casi en propia casa, como él
por culpa del cual me llamó usted embus ha dicho bien, pues este tren es u n a pro
tero. longación de la mía, no hubiera yo corres
—Con in ju stic ia que reparo devolvién pondido a las atenciones an terio res de us
dole su fam a de veraz... en -eso. tedes y al honor que han hecho a R aúl in
—Y en todo. vitándolo a comer en su compañía. A parte
Dicho esto, ya no pudieron los m ucha que, habiendo yo tratad o en A rgelia m u
chos volver a »cuchichear en toda la comi chos españoles, me es sum am ente grato,
da; pues en seguida se generalizó la con por serlo ustedes, darles esta pequeña
versación, sin que ninguno de los cuatro m uestra de mi deferencia.
que en la mesa estaban pareciera acordar —No es esta la prim era vez, pero sí una
se de los españoles que a todos preocu más, que me deja agradecido la proverbial
paban. cortesía francesa: lo cual no q u ita que en
La idea que Duvery habla tenido para m í sea un abuso...
procurarse medio de exam inarlos a con —Vaya, veo que el rumbo, tan proverbial
ciencia, sin que se dieran cuenta de la cu en españoles cual para usted lo es la cortesía
riosidad que despertaban, dió resultado al francesa, le deja un am argor que no quiere
finalizar la comida; pues al ver Núñez pa le quede el día que he tenido el honor de
sar de largo delante de su m esa al cam are conocerlo. P ara quitárselo gustosos acepta
ro, que de una en o tra iba cobrando, lo remos, mis amigos y yo, los tabacos y u na
llamó para pagar el gasto hecho en la suya: copa de licor p ara ten er el gusto de b rin
con protesta de Raúl, que, por estar en aquel d ar por España.
tren como en propia casa, alegaba su m ejor —Encantado y agradecidísim o—contestó
derecho al papel de anfitrión: quedando am- Núñez, m ientras Pozo continuaba callado.
gos iguales al m anifestarles el mayordomo —Raúl—dijo Duvery al sentarse en el si
que todo lo había pagado ya el Señor Di tio que su hijo había ocupado—, como ya
rector. no faltan sino dos horas p ara la llegada, y
Al oír esto dijo Núñez a Raúl, pero m i prefiero pasarlas en g rata charla con estos
rando francam ente a Duvery: señores, a irm e a recoger los papeles y p la
—Me parece un abuso aceptar esa ga nos que he dejado esparcidos en la m esa y
lantería, aun cuando no por ello la agra en el sofá del reservado, ve allá, guárda
dezca menos. melos con orden en la c a rte ra de documen
Y alegrándose en su fuero interno del tos, y cuando lo hayas hecho vuelve a ver
incidente que, obligándole a dem ostrar si alcanzas u na copa. ¡Ah! L lévate de paso
agradecim iento al padre, le p erm itía acer a Em m a p ara que recoja sus trebejos y los
carse a la hija, y aun tal vez saludarla, se míos en las m aletas.
levantó para ir a d ar las gracias. —Morlain, M onsieur Loubegray, vengan,
Pero estando sentado junto al vidrio, en vengan acá: estos señores tienen la am a
el rincón, para sialir de allí hubo de aguar bilidad de invitarnos a tom ar los licores.
dar a que sxi secretario se levantara y le Morlain se levantó en seguida de la me
dejara paso, resultando que, colocado Du sa; pero Lobera, demasiado entretenido
very junto al callejón central entre las me con Emma; pues ni ella ni él se habían
sas, -pudo adelantársele al ad v ertir su pro enterado de lo dicho por Don Héctor, tardó
pósito; y así, en vez de ser Núñez el que bastante más en acudir a la llam ada: ta r
llegara a la mesa de Emma, fué el padre danza y distracción que hicieron muy poca
de ésta quien llegó a la de Núñez en el gracia a Núñez, por pensar que él tam bién
momento de salir éste al pasadizo, en don se h ab ría distraído a ten er la suerte de
de ambos se encontraron. estar hablando con la francesita, quien al
—Señor Director, en el conflicto en que darse, al fin, cuenta del encargo de su pa
su am abilidad me pone de pasar por poco dre se levantó, y devolviendo m uy ceremo
delicado, aceptando su obsequio, o de ofen niosam ente la reverencia con que la salu
derlo, rehusándolo, prefiero ev itar esto y daba el señor Núñez, dió la v u elta y se fué
doy a usted m il y m il gracias. con su herm ano a cum plir dicho encargo.
—Caballero, ¡por Dios! No merece la —Tengo el gusto de p resen tar a ustedes
... llegó sobre Agadés un dirigible con ochenta gendarm es senegaleses para
refo rzar la compañía de Berber.
■
:
LA MAYOR CONQUISTA
/
33
a Mr. Loubegray, del Consejo de Adminis el mío, algo se me ha pegado; y aunque lo
tración de los Transaháricos, y a Mr. Mor- hablo incorrectamente, creo poder enten
lain, jefe de Bir-el-Gharama—dijo el inge derme con el señor Pozo.
niero a Núñez y Pozo— ; y volviéndose lue Después de decir esto, y aprovechando
go a los presentados por él, y señalando a estar Núñez distraído con el mozo eligien
sus nuevos conocidos:— Los señores Don..., do los mejores tabacos y licores que pu
quedándose parado, cual si ignorara los dieran servirles, Duvery recomendó, rápi
nombres que poco antes había leído en los damente y por lo bajo, al argentino que
pasaportes y recordaba perfectamente. pusiera atención al modo cómo Pozo ha
— Gaspar Núñez, banquero y armador de blara el español, e inmediatamente comen
Tenerife y de Villa Cisneros, pues en Ca zó a conversar con este último en dicho
narias y en Río de Oro tengo casas, que idioma, pidiéndole noticias de Tenerife y
son de ustedes, y factorías, que pongo a su Río de Oro, a las cuales contestó el pre
disposición. Mi secretario, el señor Pozo, guntado en un castellano tan incorrecto,
que no extrañarán ustedes no tome parte cuando menos, como el de Duvery, pero
en la conversación, pues aunque entiende muchísimo más duro, y cuyos agrios soni
el francés, no consigue sacudir la invenci dos guturales, capaces de desgarrar las
ble timidez que le retrae de hablarlo. gargantas castellanas, hería el oído de Lo
— Entonces procuraré hacerle menos pe bera todavía más que si hubiera nacido en
nosa nuestra conversación; pues habiendo la Península, por estar habituado a la sua
vivido muchos años en Argelia, donde el ve pronunciación americana.
idioma de ustedes se habla más acaso que
VIII
LUCHA DE ASTUCIAS
La premiosa conversación de Pozo y Benoué, afluente del Níger, reunir los de
Duvery agradaba poquísimo al señor Nú rribados troncos en balsas que bajarían
ñez, porque el desastroso castellano del ríos abajo, por los dos citados, hasta la
primero le inspiraba temores, al principio desembocadura del Níger, en Akassa, don
de aquélla, de que el segundo pensara en de aserradoras de gran potencia, movidas
la imposibilidad de que un nacido en Es por el mismo río, convertirían los troncos
paña maltratara de tal modo la hermosa en tablazón y viguería, fundando así, en la
lengua de Cervantes; pero pronto se le des* costa de Guinea, un gran emporio made
vanecieron al reparar que las dificultades rero para abastecer los mercados de Euro
del francés para expresarse en ella lo pre pa con los grandes veleros de hasta cinco
ocupaban en términos de no dejarle ente y seis palos de su flota: beneficiándose a
rarse de los desatinos de su interlocutor. la par con la venta de la madera y con ios
Mas, sin embargo, no estando muy seguro fletes de ella.
de la discreción de su secretario, procuró Preguntó seguidamente si podría hallar
cortar pronto el diálogo, tomando él la pa en Agadés automóviles para la expedición,
labra, y con Ista la dirección del rumbo de cuyo recorrido, solamente hasta Bida, pa
la conversación general, sostenida en fran saría de 1.000 kilómetros, contestándole
cés para que en ella no pudiera su compa Duvery que en Agadés no había otros au
ñero meter baza. tomóviles que los de los ferrocarriles
Hablaba Núñez como quien nada tiene transaháricos, en el número estrictamente
que ocultar, mostrándose muy comunicati indispensable para los servicios de replan
vo: sin ser por nadie preguntado dijo que teo, explanación y tendido de vía en el tra
su viaje a Agadés tenía por objeto buscar mo en construcción hasta Kano (1); que
medio de trasladarse a la región de
Baoutch, en la Nigricia, donde proyectaba
(1) Término septentrional del ferrocarril in
montar una gran explotación de cortas de glés de la Nigricia, que en Lagos parte de la
madera en las selvas surcadas por el río costa del Golfo de Guinea.
LOS VENGADORES 3
34 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
a no ser tan ajustado a las necesidades de Agadés ninguno capaz de llegar hasta el
la empresa el número de ellos, y a no ha Baoutch, sino, a lo sumo, a la linde del De
ber otros inconvenientes para el empleo de sierto con la N igricia, donde sería pteciso
tal medio de locomoción en las comarcas buscar otros prácticos en las estepas fron
que Núñez se proponía recorrer, tendría terizas y en las selvas de la cuenca del
sumo gusto en ofrecerle alguno; pues Níger.
los europeos establecidos en países inhos — Y a propósito— dijo al tocarse este punto
pitalarios tienen obligación moral de pres el jefe de Bir-el-Gharam a— , ¿ustedes no
tar cordial ayuda a quienes por ellos via conocerán el idioma de las tribus entre las
jan entre hostiles salvajes o gentes semi que van a meterse?
bárbaras. — Claro que no— repuso Núñez.
Respecto a los inconvenientes antes alu — ¿Cómo han de conocerlo?... Pero ya
didos, dijo que, aparte la carencia -de au sabe usted, Morlain, que con el temaxec (2)
tomóviles que poder brindar al señor N ú y el árabe basta para bandeárselas aquí, por
ñez, había de pensar éste que una vez sa todas partes, pues siempre se encuentra
lido del Desierto tropezaría con imposibi quien hable uno u otro: mejor o peor.
lidad de avanzar en tales vehículos a tra — Pero es el caso que nosotros no sabe
vés de los bosques y terrenos quebrados de mos palabra ni del idioma de los tuaregs
la N igricia; que la total falta de lugares ni de árabe— dijo Núñez con tal prisa y
donde adquirir gasolina era otro insupera tan gran energía cual si negara algo des
ble obstáculo y, sobre todo, que las tribus
cruzadas por su itinerario de Agadés al en el más terrible desamparo y en la soledad
Baoutch aborrecen de muerte el automóvil más absoluta: soledad en el espacio, soledad en
el tiempo, soledad en el silencio, donde el viento
y a los automovilistas: siendo verdadera
no encuentra hojas que hacer crujir, donde no
temeridad aventurarse entre sus ignoran hay agua que c o rra ; soledad donde sólo llegarán
tes y malévolos pobladores empleando di a hacer compañía al extraviado el hambre y la
cho medio de locomoción. sed, sobre todo la sed. Inútil que corra, todo está
muy le jo s ; inútil que grite, nadie le oirá... Y
T al expedición no podía, por tanto, rea cuando las fuerzas flaquean y la esperanza se
lizarse sino en los clásicos camellos, bus pierde, llegan las alucinaciones, que duran hasta
cando buenos y fieles guías, cada vez más que la debilidad lo rinde... Be echa en el suelo,
muere, y el viento va trayendo día tras día sobre
escasos desde el establecimiento de la vía
su cuerpo fina arena, que ai cabo forma un mon
férrea (1 ); pero sin esperanza de hallar en téenlo, bajo el cual yace un cadáver momificado
por el calor y la sequía.
El guía ha de conocer además otros enemigos
(1) La profesión de guía, que en algunas fa de las caravanas: los ladrones nómadas que in
milias es hereditaria— dice una notable obra geo festan las rutas más frecuentadas por e lla s ; la
gráfica— , viene a ser como una especie de sa drones procedentes a veces de muchos, muchos
cerdocio, porque del guía dependen las vidas de centenares de kilómetros de distancia; pues hay
cuantos forman la caravana que a su pericia se tribus enteras que solamente del pillaje viven,
entregan. Antes de la salida se lo considera, se señalándose entre ellas la de los Ahagar, de raza
le ruega, se lo ad u la; al término del viaje, si tuareg.
es feliz, se le colma de gracias. Dice un viajero— Míster Haywood— que recien
Las arenas movedizas o la roca abrasadora; temente, en 1910, cruzó el Sahara de Tombuctu
el calor horrendo del día seguido del frío de la a Argelia, refiriéndose a una ocasión en que es
noche; el alejamiento de uno a otro de los pozos tuvo perdido:
que forman los obligados puntos de paso de las “ Camino ni senda no había ninguno. En el De
rutas sin camino trazado entre ellos, que ha sierto son caminos y sendas cosas desconocidas
de encontrar el guía fijándose en señales ape en cuanto se aparta uno de los oasis: cada ca
nas perceptibles, sin que para llegar a la ma ravana busca su ruta en la inmensidad de aque
yor parte de aquéllos, meros puntos en la in llas soledades: cada guía tiene sus propias se
mensidad del desierto, sea Util el guiarse por las ñales y sus peculiares mañas para hallar su ca
estrellas; las sequías impensadas que los agotan, mino y salir de apuros, y dos caravanas parti
poniendo a los viajeros frente a frente del fan das de un mismo lugar para un mismo pozo van
tasma de la muerte por sed, o por lo menos el por distintas rutas sin alcanzar sieniera a verse.”
de semanas de marcha con ración deficiente del Imagínese la situación del viajero europeo que
agua repugnante de los zaques transportados a se vea aislado de su caravana.
lomo de camello, son corrientes peligros que ex (2) El temazee o temazig, del cual hay varios
plican el grandísimo cuidado y la solemnidad dialectos, es el idioma de los tuaregs, siendo no
con qüe se prepara la organización y la salida table que la conservación y enseñanza de él está
de las caravanas, y la autoridad en ellas ejercida principalmente encomendada a las mujeres, que
por los guías, que, sobre todo en las expediciones son las que en esta raza conservan el tesoro de
árabes, llega a ser verdaderamente despótica. la ciencia y cultivan la poesía y la música.
En la caravana es fundamental la estrecha De este idioma existe una gramática publicada
unión de todos: el que se aparta del grupo y se por Monsieur Hannoteaux, que las damas tuaregs
extravía está perdido irremisiblemente, porque cae conocen, estudian, comentan y divulgan.
LA MAYOR CONQUISTA 35
honroso, y con resuelto aplomo, que no so Del mismo modo que, por tener mucho
lamente no engañó a los franceses, sino que ocultar de Duvery, y más concretamen
que, haciéndoles fijarle en la fuerza y ra te de las autoridades francesas del Desier
pidez de la negativa, les dio certeza de que to, había Núñez solicitado, audaz y malicio
mentía y robusteció la desconfianza que les samente, la ayuda del ingeniero, para ha
inspiraban quienes ya iban recelando no cer creer que no ocultaba nada, cuando es
eran españole^. pontáneamente daba facilidades para que
—Mal preparados, mal, vienen ustedes le pusiera centinelas de vista en las andan
para emprender expedición como la pro zas y correrías que decía iba a emprender,
yectada, así Duvery evitaba a intento demostrar in
— Por eso contamos contratar un intér terés de aprovecharse de la ocasión brin
prete en Agadés. dada; pues sobre no creer en la expedición
—No abundan, porque el francés lo ha al Baoutch y la Nigricia, por razones que
blan aquí muy pocos y el español nadie más adelante le oiremos exponer, y aun pro
sino yo. Además, que ya no les basta a us poniéndose arbitrar medio de vigilar en lo
tedes un guía fiel, pues también necesitan sucesivo a aquellos personajes, que parecían
fiel intérprete; y la fidelidad es fruta es serlo de cuidado, creyó más importante, flor
casa en estas tierras. lo pronto, velar su desconfianza: en lo cual
— Supongo que un comerciante de Agadés acertaba, futes su contestación rehusando
al que vengo recomendado por nuestro co inmiscuirse en los asuntos de ellos desarru
mún banquero de Dakar podrá hallarme gó inmediatamente el funcido entrecejo del
guía e intérprete; pero si él no acertara a secretario.
servirme, acaso me atreviera a invocar los Mientras tanto Morlain, bien percatado
sentimientos de fraternidad europea de que de la perspicacia con que su jefe había pro
hace poco hablaba usted, para suplicarle que, vocado aquella tertulia, donde a su sabor
con su conocimiento del país y su influen estaban ambos examinando a los sospecho
cia en él, me ayudara en esa difícil busca sos, en vez de vigilarlos a distancia con in
de gentes expertas y leales. sistentes miradas, expuestas a ponerlos en
— Cuente con mi ayuda si la ha menester. guardia si ellos las advirtieran, admiraba
Al contestar así, advirtió don Héctor un asimismo la habilidad con que don Héctor
gesto de asombro, o de susto más bien, he rehusaba el burdo medio de espiarlos que
cho por Pozo al oír la petición de ayuda con el sólo objeto de hacerse el inocente, le
formulada por Núfiez, y prosiguió: ofrecía Núñez.
—Pero no creo le sea a usted necesario Y es que por algo llevaban subordinado y
acudir a mí; pues la persona a quien viene jefe dos tercios de sus vidas residiendo en
recomendado puede servirlo mejor que na tre arteros musulmanes, aprendiendo en su
die, por ser quien en Agadés organiza todas trato que es la doblez la mayor fuerza para
las caravanas comerciales de alguna impor luchar con quienes en la falsía tienen la
tancia. más fuerte de sus armas. “ Con los perros
—¿Cómo sabe usted quién es esa persona, cristianos, la mala fe es virtud” : tal es la
si aun no la he nombrado?—preguntó Nú- norma de conducta de berberiscos y árabes,
ñez con viveza, reveladora acaso de recelo. y si tan tonto es el cristiano que, cuando
—Ni hace falta; pues no habiendo en entre ellos anda, no vuelve por pasiva en
Agadés, ni aun en todo el Air, sino un beneficio propio el aforismo, lleva la de
hombre cuyas relaciones comerciales se ex perder constantemente en ei trato y en los
tiendan más allá del Tibesti, Fezzan y el trates con ellos.
Djouf (1), en cuanto ha dicho usted que el Después de lo dicho derivó la conversa
de que habla las mantiene con Dakar, for ción por otros cauces, versando sobre cosas
zosamente tenía yo que pensar en Isaías de Francia y España, que Núñez demostró
Moyfsk, el hebreo ruso. conocer perfectamente. Entonces tomaron
— Efectivamente, de él se trata. parte en ella Lobera y Raúl, atenidos, des
— Como que no puede ser otro, ni usted de la vuelta de éste, a conversar entre sí,
venir mejor encaminado: lo que ese no pue y entonces se presentó ocasión de que se
da hacer en su obsequio menos podría ha dirigieran la palabra Núñez y Lobera, cru
cerlo yo. zando las miradas, donde de cuanao en
cuando relucían chispazos cual los que ha
bían asustado a Emma cuando con el se
(1) Puede verse nota en la página 11. gundo departía en el salón; pero ahora tan
36 BIBLIOTECA NOVELESCO-C IENTIFICA
IK
LO QUE PUEDE LEERSE EN EL BLANCO REVES DE UN PASAPORTE
—Sin embargo, B ertier, estos pasaportes bía llegado la víspera por la tard e: es de
parecen estar en regla, y los retratos con- cir, con tiempo justo para alcanzar el paso
cuerdan con las caras de los señores Núñez del tre n ; y term inó m anifestando haber
y Pozo. Voy tem iendo haberm e pasado de encomendado a su com pañero que indaga
listo. ra quién era aquel hom bre y los negocios
Las anteriores palabras las decía Duvery que en Asiou tu v iera, p ara com unicarlo en
en su despacho de la oficina de los ferro cuanto lo supiera.
carriles, donde, a las nueve de la m añana Duvery, hablando el último, dijo que ade
siguiente a la llegada a Agadés, conversa m ás de parecerle indudablem ente árabes
ba con M orlain, Lobera y B ertier (el capi los rasgos fisionómicos de los dos viajeros,
tá n de la gendarm ería), a quien había lla le sorprendía que hom bre ta n inteligente
mado p ara ponerle en autos de sus recelos como Núñez no se hubiera enterado, antes
sobre Núñez y Pozo, que, según noticias de em prender el viaje, de la dificultad de
dadas por el revisor, habían subido al tren comunicaciones entre el D esierto y la Ni-
en Tafilete. gricia, y que tom ara Agadés (1) como punto
— Don H éctor—dijo el capitán—, el estar de p artid a de su expedición: cosa muy rafa
los pasaportes en regla significa poco, pues en quien, teniendo flota propia, forzosamen
que los bribones tien en siem pre sus pape te debía saber que desem barcando en L a
les arreglados: lo sabemos bien quienes nos gos, y tom ando allí el ferro c arril de Kano,
pasam os la vida persiguiéndolos. Ya exa
m inarem os los pasaportes luego; porque
(1) Agadés es población que, como capital de
antes, y ya enterado del resum en que usted la comarca de Air o Asben, ha prevalecido sobre
h a hecho, deseo que cada uno de estos se la antigua Tinchaman, cuyas ruinas se hallan a
ñores cuente puntualm ente Jo que por sí unos 40 kilómetros al norte de la nueva.
haya visto, oído y observado; pero los he Agadés fué en tiempos la más populosa pobla
ción del Sahara. Juzgando Barth por la superficie
chos solamente, sin com entarios, para no cubierta por los restos de la antigua ciudadi le
influir con ellos en mi juicio. supone 50.000 habitantes. Su prosperidad mayor
Haciendo lo que decía el oficial, repitió fué en el año de 1500; a fines del siglo xvm
Lobera las palabras oídas a Pozo y a Nü- fué arrasada por los tuaregs, y con posterioridad
resurgió con población compuesta principalmente
ñez en el pasillo del vagón, agregando que de mercaderes, míseros en su mayoría, de todas
quien hablaba el castellano como el prim e castas, razas e idiomas. Las viviendas nuevas se
ro de ellos no le parecía posible fuera es hallan entremezcladas hoy con las ruinas anti
guas. Tiene una torre notable, más ancha en el
pañol. centro que en la base y en lo alto, y erizada de
Refirió M orlain después las observacio puntas de vigas que al exterior sobresalen como
nes que en Asiou había hecho por sorpren pflas de erizo.
derle que dos europeos se b ajaran del tren Las mujeres son las que cultivan las pequeñas
industrias de Agadés: objetos de cuero, esteras
ta n sólo p ara hablar con el zouiya un mi y quesos.
nuto, si acaso, no pudiendo decir respecto El principal comercio es el de la sal, que ca
a Pozo si hablaba bien o m al el español, ravanas hasta de 8.000 camellos van a buscar a
los oasis de Bilma para llevarla luego al sur.
que bueno o malo le sonaba a él árabe. Es de notar que hacia mediados del siglo xix
Dijo además que si detuvo la salida del todavía no se empleaba la moneda para las tran
tre n fué para preg u n tar a Gudín (el jefe sacciones en el mercado de Agadés, sino granos,
de estación) desde cuándo estaba el zouiya telas, sol, cabras, d á tiles; y aun hoy mismo la
moneda es cosa rara en la población y todavía
en el poblado, contestándole aquél que ha más en el resto de la comarca.
38 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
podría llegar al Baoutch, por Egga y Keffi, señor Morlain. ¡Lástima que esos pasapor
sin los tropiezos ni los peligros del extraño tes no puedan dar más luz!
itinerario que pensaba seguir. —Aguarde, aguarde, señor Lobera: toda
— Bien— dijo Bertier al acabar de hablar vía no he dicho yo mi última palabra, por
Don Héctor— . Abora es ya la ocasión de que de que los pasaportes han sido expe
ver con calma los pasaportes: Autorizados, didos a españoles no cabe duda; de que los
en primer lugar, por el Gobernador Gene retratos pegados en ellos corresponden a
ral de Río de Oro, a la salida de Villa Cis- los compañeros de viaje de ustedes, tam
neros: visados, seis días después, a la lle poco; pero...
gada a Mogador... Seis días...: esto quiere Al decir esto miraba y remiraba Bertier
decir que se detuvieron en el camino, pues los pasaportes por el derecho, por el revés
ese tren no puede tardar más de uno entre y al trasluz.
dichas poblaciones. — Pero si están en regla, y los retratos
—Algo más: veintiséis horas— dijo Du- son de esos señores, no veo...,
very— . Pero ¿qué diablos podría tener que — Señor Lobera, es indudable la identi
hacer un banquero del fuste de Núñez en dad de los retratos y de los hombres, pero
los míseros aduares, que son los únicos po nada hay en los pasaportes que nos pruebe
blados donde se detiene ese tren? la de los retratos y los nombres.
-—El lo sabrá—contestó Bertier— . Pero — ¡Ah!
sigamos. Al otro día, llegada y refrendo en —Es verdad.
Marrakesh, para Tafilete y Agadés. —Y de sobra sé yo que si éstos andan en
— Sí que es un camino raro para venir conspiraciones ya habrán cuidado de no
de Río de Oro— observó Morlain. ponerse en camino sin ir perfectamente en
— Y todavía más para ir a la Nigricia: regla.
adonde, aun descartado el itinerario de que —¿Pero qué busca usted con ese examen?
antes hablé, podía haber ido ese señor por —A punto fijo, no lo sé; pero, como los
los ferrocarriles de la costa a San Luis y perdigueros, olfateo, por si mi olfato de pe
de San Luis a Tombuctú, siguiendo luego rro viejo descubre algún indicio...: una
embarcado por el Níger: con toda comodi raspadura, una enmienda, que muchos fal
dad y en tiempo quince o veinte veces sificadores hacen preciosamente; si los se
menor. llos en seco están hechos a presión o con
— Sí, Señor Director; pero en ese camino un estilete, o un palillo m ojado...
no habría tenido el gusto de ver rascarse — ¿Y qué? ¿Llalla usted algo de eso?—
en Bir Asiou al zouiya de Aoudjila: de preguntó Duvery con gran interés.
donde yo deduzco que la rascadura y la —No: ni enmienda, ni raspadura, ni se
conversación debían ser tan urgentes como llo sospechoso: tan bien hecho está, si lo
substanciosas para ellos...: y quién sabe si hay, el gatuperio, que no sé descubrirlo.
para nosotros. — ¡Qué contrariedad!— exclamó Morlain— .
— Supongo— dijo el capitán— que sospe Porque estoy tan cierto de que no me equi
cha usted que esos pájaros andan metidos voco, que apostaría hasta...
en la conspiración de que hay rumores. — ¡Calla!
— ¡Ah! ¿Han llegado también- a usted — ¿Ve usted algo?
esos rumores, amigo Bertier?— preguntó el — Puede ser. Vamos, vamos a la luz—
ingeniero con viveza. contestó Bertier aproximándose, seguido de
— Sí señor: va sonando ya mucho ese los otros, al balcón. Llegado a éste, levantó
runrún. la persiana, miró atentamente los pasapor
— A mí se me ha metido en la cabeza— tes por el revés, y d ijo :— Señor Director,
dijo Morlain— que el zouiya y estos dos son ¿tendría usted a mano una lente de au
agitadores, que no han hecho sino comuni mento?
carse una orden o un aviso previamente — Sí, en la oficina de los delineantes.
convenidos. Morlain, hágame el favor de ir a pedirles
—Aun sin conocer el Desierto como us una de las de mayor aumento. ¿Qué quiere
tedes, lo estudiado de él antes de empren usted mirar, Bertier?
der este viaje me basta para apreciar lo — Perdone, Don Héctor: hasta estar se
absurdo de los itinerarios que toman esas guro de lo que sospecho, no quiero hacer
gentes; y esto, unido a sus extraños modos concebir esperanzas que pudieran des
•de reconocerse, me hace pensar como el hacerse.
LA MAYOR CONQUISTA 39
— Pero, ¿qué diablos va usted a ver con partes cubiertas por los retratos!. Como el
la lente en el revés de esos documentos? papel es gordo, tendrían que poner agua va
— Dispénseme, señor Lobera, que no con rias veces y con relativa abundancia hasta
teste por ahora. calar al otro lado, donde estaba la goma qu0
Vuelto M orlain con la lente, hizo con ella había que reblandecer.
el oficial un breve examen del dorso de am — Ya, ya veo— interrumpió Lobera— . En
bos pasaportes, y en seguida afirmó con aire esa parte se abolsó el papel y se puso es
de triunfo: ponjoso.
— Estos retratos no son los de los pro — Eso es; y perdió el satinado, según se
pietarios de los pasaportes. ve en éste, donde la parte que fué mojada
— ¿Cómo? no aparece sucia, porque al doblar la hoja
— ¿En qué lo conoce usted? quedó en el interior del doblez preservada
— ¡Pero si los retratos están en el otro del polvo del bolsillo, mientras en este otro,
lado! doblado con dicha parte al exterior, la su
— Pues en éste está la prueba de lo que ciedad se ha agarrado a la superficie del
digo, y por éste es preciso mirarlos. Ven cuadrado correspondiente al retrato, más
gan y fíjense en él papel de los dos pasa fofa y áspera que el resto del papel, en
portes: sobre todo en el de Núñez; pues, cuyo satinado resbala m ejor el polvo.
aunque en los dos se ve lo mismo, está — Es muy curioso, curiosísimo— dijo Don
más marcado en el de éste. Miren detrás Héctor— . Traiga, amigo Bertier, traiga. Ya
de las esquinas en donde están pegados los puesto en camino con su explicación, quie
retratos. ro m irar todo eso con la lente.
— Yo no veo nada. — Fíjese, fíjese, Señor Duvery— dijo el
— Yo, tampoco. argentino, que por tener muy buena vista
— N i yo. no había menester lente para escudriñar el
— ¿No advierten ustedes diferencia entre pasaporte que en la mano tenía— ; las bol
esas partes del papel y el resto de las sas que el papel formó al ser mojado se
hojas? ven todavía, aunque aplastadas al pegar y
— N o sé...: como no sea que el papel pa apretar encima de él los segundos retratos.
rece estar ahí algo menos satinado. Estoy seguro de que el señor Bertier tiene
— En este otro parece más obscuro, o más razón.
sucio, en la parte opuesta a la ocupada por
— Además— agregó éste— , con la lente
el retrato, que en el resto de la hoja.
verá usted claro como un fruncido de plie-
— Pues, eso es.
guecillos todo alrededor de los bordes de
— Pero no veo qué importancia pueda te
uno de los retratos, de lo cual no hay se
ner eso.
ñales en el otro.
— N i yo. — Sí, es verdad; pero ¿porqué esa dife
— Pues la tiene grande; y en eso conozco
rencia entre los dos?
que éstos no son los retratos que vió pe
— Porque en uno el retrato antiguo era
gados en los pasaportes quien los expidió
algo más grande que el que lo ha substi
en Villa Cisneros: que no son los de los
tuido, y al pegar éste quedó en torno de él
verdaderos Pozo y Núñez.
como una cenefa de papel mojado y abol
— Pero, ¿cómo puede usted deducir todo
sado aplastada después con la uña o una
eso de que una parte del papel esté menos
plegadera; mientras que siendo en el otro
satinada o un poco más sucia que el resto?
mayor el retrato nuevo que el que ha ve
.— Porque de algo ha de servirme llevar
nido a reemplazar no quedó en torno de él
toda mi vida de pelear con bribones y co
tal Cenefa de papel fofo.
nocer sus tretas; porque estoy viendo claro
— Am igo mío, tiene usted unas dotes de
que estos pasaportes fueron humedecidos
observador y unas facultades deductivas
por detrás para despegar los retratos pri
meramente unidos a ellos y substituirlos de prim er orden.
— No, Don Héctor, la costumbre, no más:
por éstos.
— Pero entonces— objetó Lobera— se ha saber que en estos casos es preciso fijarse
bría emborronado la tinta de lo manus en menudencias, porque las cosas grandes
no las descuidan nunca los criminales, y
crito. .
— Es que por eso no mojaron las hojas menos los conspiradores.
enteras, ni por las dos caras, sino que poco — Se me figura, Señor Bertier, que con
a poco fueron humedeciendo únicamente la esto ya no puede cabernos duda de que
del revés con un pincel y tan sólo en las esos mozos lo son.
40 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
X
UN IMPORTANTE Y PROTEICO PERSONAJE
cado, cual era inevitable, por sus poderosos nes robados años antes; y el tesoro, que en
adversarios, y apagados en sangre africana la mente del caudillo, vencido pero no do
los últimos focos de la rebelión: final eta mado, era la base indispensable para hacer
pa de la cruenta lucha, en la que, peleando fructífera la venidera insurrección, comen
como león acorralado, se abrió paso Abd-el- zó a crecer y crecer.
Galiel entre sus enemigos, cuando parecía Entre los hijos de Abd-el-Gahel había
estar ya a punto de caer en manos de ellos, uno, Alí, tal vez de igual talento y no me
y desapareció sin dejar rastro del lugar nos fanático que el padre, pero en quien
donde se había refugiado. no veía éste todas las condiciones requeri
Como el de un héroe legendario, como el das en el héroe anunciado en las canciones,
de un semidiós, quedó su nomibre venerado o más bien himnos populares, que él había
por la grey musulmana; los poetas glorifi hecho componer. Además, el tesoro debía
caron y perpetuaron sus hazañas en can engrosar durante largo plazo hasta llegar al
ciones religioso-patrióticas, cantadas por mínimo prefijado por su fundador para
las madres a sus hijos, repitiéndolas éstos lanzarse a nueva guerra; y era igualmente
en sus más tiernos años, oyéndolas, ya preciso que el pueblo de donde había de
hombres, a santones y muezzines. Y altos salir la carne de cañón olvidara el terrible
y bajos, grandes y pequeños, sabían de me castigo infligido por España y Francia a
moria el estribillo con que todas termina los rebeldes de la pasada: todo lo cual fué
ban. Helo aquí: causa de que el papel de aquel hijo se li
“De Abd-el-Gahel nos vendrá el venga mitara al de auxiliar del padre en la labor
dor ; Abd-el-Gahel hará invencible la sagra preparatoria de la obra que había de rea
da cimitarra del Islam.” lizar su descendencia, y de que transcurrie
Creían los más crédulos que Abd-el-Gahel ran veinticinco años antes de llegar a ios
vivía y viviría, hasta triunfar, por muchos quince un nieto de Abd-el-Gahel, frisante
años que pasaran, y los menos inocentes en los sesenta por entonces.
pensaban que no él, sino uno de su raza, Criado el muchacho por Alí, el antiguo
sería el anunciado triunfador. caudillo y un bastardo de éste, llamado Ben-
Pero espoleado el talento de aquel hom Cassim, en el más feroz aborrecimiento a
bre por sus odios de raza, que el venci los cristianos; hermoso, inteligente, fuerte,
miento exacerbaba, dió sus mayores frutos duro y no valiente, sino temerario, era el
en la preparación de nueva, pero aplazada orgullo iy la idolatría del padre, y más aún
lucha. Véase cómo: del abuelo, que llamó a hijos y nieto el día
Desde los comienzos del pasado alza en que éste cumplió la edad citada, y en
miento había organizado la disciplina de presencia de los primeros dijo al último:
los saqueos en forma que, dejando amplio —Recítame una de las canciones popula
margen a la concupiscencia de la canalla, res que cantan mis hazañas, las venideras
reservaba al “Tesoro de la Guerra” el ter glorias del Islam y la vileza de los perros
cio del producto de los latrocinios que, al cristianos.
acabar la rebelión, habían desvalijado los Y cuando el mozo hubo obedecido, le pre
bancos de casi todas las poblaciones y va guntó:
ciado los bolsillos de casi todos los euro —Hijo mío, ¿tienes tú fe en la promesa
peos: arrojando un total de millones y mi de ese triunfo final de los hijos de Ismael?
llones que, a medida que eran recogidos! ¿Crees que esa promesa es voz de Al-lah?
ponía aquel hombre a buen recaudo en el —Sí.
escondrijo del desierto, donde al finar la —¿Lo crees firmemente: cual si de labios
guerra se refugió en su huida. del mismo Al-lah, o de su Profeta, la escu
Cuando pasaron seis o siete años y los charas?
cristianos se olvidaron de Abd-el-Gahel, a — Sí.
quien no pocos daban por muerto y otros —¿Y crees también que el triunfador sal
por huido a Arabia o a Persia, comenzó él drá de nuestra estirpe?
a ir empleando poco a poco la parte amo —Con más fe todavía.
nedada del tesoro en valores de renta de — ¡Con más!... ¿Porqué, con más?
los países civilizados, valiéndose para ello —Porque tu sangre corre y hierve en mis
de agentes comerciales, musulmanes o he venas con vigor que no tiene la floja san
breos, residentes en Inglaterra, América, el gre de los otros africanos que en torno mío
Japón y Australia; depositó en diversos veo; porque conozco que esos hervores na
bancos de dichos países los títulos y accio cen de ansia de venganza.
42 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
— Alí, buen cachorro de león has saca trabajarás sin tregua ni descanso: primero
do— dijo Ben-Cassim, volviéndose satisfecho en prepararte a conquistar la gloria que
a su hermano. por mi boca te promete Al-lah, y luego en
— No es malo, no, pero me gustaría más preparar a quienes han de obedecerte.
de tigre. ■
— ¿Cómo?
— Padre— contestó el mozo— , si el león — Ya lo sabrás cuando debas saberlo...
tuviera la inteligencia del hombre bien Va a comenzar para ti nueva vida, en don
pronto juntaría a su valor las astucias del de pondré a prueba, no tu valor, sino tu
tigre. inteligencia, y todavía más tu flexibilidad
— Buena respuesta— exclamó el viejo en para plegarte a cuanto ha menester el
tusiasmado— . Pero óyeme, hijo m ío: ¿crees hombre necesario, y tu decisión, no impulsi
que nuestros hermanos oprimidos tendrán va, sino fría y tenaz, de convertirte en ese
que aguardar mucho al prometido venga hombre.
dor? Pasados unos años podré decirte si eres
<— Lo que yo tarde en llegar a homore. digno de la grandiosa obra a la que quie
No, digo m al: lo que los demás tarden en res y queremos consagrarte.
ver que ya lo soy.
* * *
— Entonces— dijo A lí— es que crees ser
tú quien... Quince días después de la solemne con
— Sí, padre. ferencia de los dos Abd-el-Gahel, abuelo y
— Repara, hijo, que es mucha presunción. nieto, entraba interno en un colegio de
— Presunción, no; confianza en la empre Santa Cruz de Tenerife un muchacho moro,
sa y fe en mí mismo. hijo, según fué consignado en el registro
— Y yo también, rapaz: también yo tengo del establecimiento, de un comerciante
fe en el temple de tu alma— gritó el abuelo árabe de Río de Oro cuya adhesión a Es
levantándose para abrazar al nieto.— Pero paña era notoria, lo cual no le impedía ser
¿a qué edad piensas tú que estarás en es bajo cuerda valioso colaborador del viejo
tado de dar cima a esa empresa? guerrero.
— A los veinte; a lo sumo, a los veinti Dos años más tarde salió el morito del
cinco años. colegio, donde dejaba fama de dulce, hu
— En eso yerras, hijo m ío: para ese em milde y bondadoso, trasladándose a Sevi
peño se necesita un hombre de cuarenta. lla, en compañía de un ayo, y recibiendo
— ¡Cuarenta años! ¿Y he de esperar, en allí lecciones, espléndidamente pagadas y
tonces, veinticinco?... No, no. notablemente aprovechadas, de escogidos
— S í; porque no basta que te sientas maestros.
hombre si no sabes desconfiar y guardarte Cinco años después, hablando ya suelta
tde los otros hombres, servirte de ellos, do- y correctamente el español y haciéndose
s minándolos con toda suerte de superiorida pasar por nacido en España, pasó a París,
des, que tienes que adquirir; porque has matriculándose sucesivamente en van os
de probar y padecer deslealtades, traicio liceos.
nes, habituarte al disimulo y a la astucia, A los doce de su entrada en el colegio
aprender a vestirte sobre la piel de tigre de Tenerife, contando veintisiete, se alista
el vellón de cordero que lo oculte; por ba en la legión extranjera, del Ejército
que para vencer al europeo has menester Francés del Tonkín, y al combatir allí una
saber hacerte su igual por la inteligencia terrible insurrección se distinguió, ascen
y la cultura; porque hay que dejar tiempo diendo a oficial de aquélla: con lo cual pu
de que los medios materiales que vengo do estudiar a conciencia la táctica de los
preparando años y años crezcan en térmi franceses contra tropas irregulares, y sus
nos de bastar a la empresa; porque si an procedimientos de política colonial.
tes de acometerla no te pertrecharas de to El morito del colegio de Tenerife y el
das esas arm^as, más fuertes que el alfanje hombre de la legión del Tonkín era Abd-
y la lanza, y el valor, y el odio, fracasarías el-Gahel, el nieto, que durante estas pere
como fracasé yo, que no te voy en zaga en grinaciones hizo furtivamente tres o cua
corazón, ni en inteligencia, ni en aborreci tro escapadas al cubil del abuelo (entusias
miento a nuestros enemigos. mado al ver que en el muchacho iba gra
— ¿Y hasta los cuarenta años habré de nando el hombre que él se había propuesto
consumirme en inacción desesperante? form ar), y que al cumplir los treinta y
— En inacción, no: de aquí a entonces cuatro años, y ya granado por completo,
LA MAYOR CONQUISTA 43
empleó dos años en viajar por todos los En los días siguientes fueron retornando
países mahometanos que rodean el Sahara, los reunidos a sus residencias diseminadas,
relacionándose con los más influyentes mu desde Marruecos al Sudán, de R ío de Oro
sulmanes, regresando al terminar tales via a Egipto.
jes al Iguidí, donde el anciano tenía su es Aparte los títulos que su sangre, su in
condrijo en las montañas de El Eglab. teligencia y su saber daban al nuevo jefe,
Seguro ya el abuelo (el padre había le había puesto la experiencia de su abuelo
muerto) de las cualidades excepcionales en posesión de otro, aun de mayor fuerza,
del nieto, convocó a su residencia a nueve al entregar, no al Supremo Diván, sino a
altos caícles, entre ellos su bastardo Ben- su nieto, el célebre tesoro de la rebelión;
Cassim, y santones de diversos países del pues sabía el viejo que en Africa, como en
Africa septentrional, diciéndoles al presen todas partes, el dinero manda.
tarles a aquél: Aquel segundo Abd-el-Gahel era el Gas
“He aquí a mi sucesor: el anunciado hé par Núñez que hemos conocido en el tren
roe de mi sangre, que terminará la obra de AgadéS. Su compañero Pozo era el
que yo no tengo fuerza para acabar. No Ben-Cassim, nacido del viejo Abd-el-Gahel
creo verla, pues la he fijado para de aquí y de una esclava, y quince años mayor que
a cuatro años y soy muy viejo ya. Em el recién ungido Gran Caíd.
pleadlos en prepararla sigilosamente, ga Ben-Cassim, el zouiya encontrado en
nando adictos en el pueblo, fundando, co Bir-Asiou y otros cuantos jefes importan
mo mi elegido os dirá, sociedades secretas a tes venían dedicándose a recorrer las di
la moda de los países civilizados. Obede versas tribus del Desierto, a fin de inspec
cedle, sin sorprenderos de novedades, ni cionar la labor realizada por los jefes ie
resistirlas, pues si hasta ahora hemos fra menor categoría de la conjuración y dán
casado en nuestras luchas con los europeos doles la voz de alerta para que fueran pre
ha sido por nuestra terquedad en no em parándose por acercarse ya el momento de
plear sus progresos. Este es desde hoy el que Al-lah enviara el héroe vaticinado.
ghan caíd , a quien soy el primero en obede El viaje de Gahel tenía gor objeto avis
cer porque sabe y puede más que vosotros, tarse en Agadés con los cabecillas del Se-
más que yo; porque su vida entera se ha negal y del Sudán y transmitirles, pero aun
consagrado a preparar el triunfo; porque sin revelar su personalidad, la orden de
es el enviado de Al-lah; porque al valor de concurrencia de los principales jefes a las
un buen musulmán junta la malicia y la grutas de Doghem, para donde habían ci
ciencia de los perros cristianos. Vosotros, tado ya al zouiya.
que hoy lo conocéis por mí, se lo daréis a Porque Gahel iba a cumplir los cuarenta
conocer al pueblo el día que él señale. Obe años, y en los seis que en A frica llevaba
decedle, como a mí me habéis obedecido, había terminado la organización de los-'
como yo mismo le obedezco desde hoy, y hermanos africanos y los preparativos de
mi maldición acompañe eternamente a quien adquisición de armas, municiones y repar
se atreva a desobedecerle.” to de ellas: faena esta última en la que ha
Dicho esto se levantó el anciano, y ce bía ayudado aquella secreta sociedad y al
diendo a su nieto la presidencia se proster gunos comerciantes judíos que por interés
nó ante él, jurándole sobre el Corán ciega o temor fueron recibiendo poco a poco el
obediencia: acto de acatamiento que uno armamento oculto entre los fardos de las
en pos de otro repitieron los asistentes al mercancías de sus tráficos, distribuyéndo
solemne conclave, donde antes de separar los de la misma manera a los comprome
se, a propuesta del nuevo jefe, quedó apro tidos en la conspiración.
bado que en tanto fuera dado a conocer La mina estaba bien cargada y ya presta
públicamente como tal, en el plazo indica para reventar en cuanto el Gran Caíd die
do por el viejo caudillo, ejercería la auto ra la señal.
ridad como desconocido Gran Caíd de aque * * *
lla asamblea, que pasó a denominarse Di
ván Supremo de una sociedad secreta cuyo Apenas llegado a casa de Moyfsk, que
establecimiento habría de ser la primera después del edificio del ferrocarril era la
labor de los presentes: una terrible maffia mejor del pueblo, pidió Abd-el-Gahel noti
o mano negra cuyo nombre, “Hermanos de cias al hebreo doblemente ingerto de ruso
Africa Vengadora” , basta a dar idea de su y africano, de si estaban allí ya algunas
fin y sus procedimientos. de las personas que en aquélla debía en-
44 BIBLIOTECA NOVELESCO-CJENTIFICA
Kí
DOS INTERESANTES TELEGRAMAS
— Previos los rascamientos de sus simul secretario Pozo.— Capitán Gendarmería Aga-
táneas picazones. dés: Bertier.”
— ¿Y usted que opina, Bert'ier? ¿Piensa — Perfectamente, perfectamente.
usted hacer algo más que circular los re — Señor Director, ¿son de toda confianza
tratos? les telegrafistas de la estación del ferro
— Para mí sería fundamental saber cuá carril?
les han sido las pocas palabras que esos — Desde luego. Pero un telegram a ¡de
hombres han cambiado en Bir-Asiou; pero esa índole iría mejor y más directo por la
siendo imposible averiguarlas, los vigilaré telegrafía sin hilos del Gobierno, y sin ne
cual si tuviera la certeza de que son jefes cesidad de reexpedición en Tafilete y en
de la conspiración que viajan para hacer Tendouf.
propaganda en favor de ella. — Si tuviera clave para comunicar con
— Es verosímil, es verosímil..., ¿ Y qué el cónsul, así lo haría; pero no teniéndola,
piensa usted de sus relaciones con Moyfsk? y estando ahora de servicio en la estación
•— Ese es un canalla de lo más ladino; radiotelegráfica Morand, que es un perdido
pero no viene mal tenerlo como cabo de y un borrachín, de cuya reserva no me fío
estas madejas. para un telegrama de esta naturaleza sin
— Y respecto a la identidad de esos dos cifrarlo, tendríamos que aguardar a que
pajarracos, ¿no habría medio de averiguar esta tarde lo relevaran, y esto haría perder-
nada? más tiempo que la reexpedición por una
— Esa identidad es precisamente el ovi línea de poco servicio, como la de Tendouf,
llo en que estaba pensando; pero el judío que con la indicación de oficial y urgentí
no dará chispas, a menos que yo tenga la simo lo cursará rápidamente.
suerte de cogerlo con las manos en la masa <
■
— No sé, Bertier; para mí no compensa.
en uno de sus muchos negocios turbios; — Pero es que además tengo indicios, y
pero no es fácil: sabe mucho... ¡Qué idea! ese es uno de los motivos que más me in
Tal vez de nada sirva; mas, por si acaso, ducen a creer en la existencia de una cons
llágame el favor de ordenar en el despacho piración mejor preparada que ninguna de
de mercancías que no le entreguen carga las anteriores, de que en el Desierto hay
mento ninguno a él consignado sino des establecidas estaciones radiotelegráficas en
pués de avisarme y de haberlo yo visto. lugares recónditos: no solamente para co
— ¡Ah!... Sospecho lo que recela usted; municarse, sino para interceptar los des
pero sabe Dios los días que eso podrá tar pachos nuestros que no vayan cifrados.
dar; y hasta tanto no sabremos quiénes son — Eso sería gravísimo... Pero usted cree...
esos hombres. — Ordenes y noticias dadas a lugares le
— Quienes son, no; pero sí quienes nc janos se han traslucido en otros muy dis
son; y en cuanto la certeza moral que ya tantes, con detalles, y sobre todo con ra
tengo se convierta en positiva convicción pidez, que no bastaría a explicar la infide
de que los pasaportes no son de ellos, eso lidad de algún telegrafista.
me bastará para ponerlos a buen recaudo, — Demonio, demonio: tiene usted razón
por supuesta personalidad. Entonces es po para transmitir ese telegrama por la línea
sible que, asustándose, cante Moyfsk los de la compañía. Démelo y se lo confiaré al
verdaderos nombres. telegrafista más discreto.
— Pero no podrá usted adquirir esa cer — Que pida comunicación directa con el
teza oficial de que no son quienes ellos gabinete telegráfico de la gendarmería de
dicen. Tafilete: así no se enterarán en las estacio
— Puede que sí, señor Lobera. P o r lo me nes intermedias.
nos, lo intentaré, telegrafiando a nuestro — No, usted no olvida precaución.
cónsul en R ío de Oro. — Ninguna sobra, señor Lobera, pues v i
— ¡Ah! vimos rodeados de gentes solapadas, y todo
Sentóse a la mesa el oficial, y al cabo de nos es hostil aquí: hasta los mismos indí
un rato leyó en alta voz: genas adictos, que pagamos y empleamos en
“Telegram a oficial urgentísimo.— Cónsul diversos servicios, la adhesión de los cua
Francia en V illa Cisneros: vía Tafilete: les sólo se debe a circunstanciales conve
Tendouf.— Importantísimo seguridad públi niencias, pero dispuestos a vendernos en
ca me transmita brevedad señas persona cuanto crean poder hacerlo sin peligro. Si
les banquero esa ciudad Gaspar Núñez y piensa usted pasar algún tiempo en estas
LA MAYOR CONQUISTA 47
tierras, no lo olvide, señor Lobera: es un voz de Lobera, la regocijada risa de la hurí
buen consejo. y carcajadas de otra voz, que era la de Raúl-
En esto retornó Raúl «son los pasaportes, Aquellas risas aumentaron, si aumento ca
que devolvió al gendarme diciéndole que a bía en ella, la mala voluntad que al argen
la caída de la tarde estarían listas las tino tenía Abd-el-Gahel, quien al salir
pruebas pedidas. decía: “Yo no me voy de aquí antes que
Al recibir Bertier los pasaportes los miró ése: necesito averiguar por dónde irá para
y remiró para cerciorase de que nada en saber dónde podré encontrarlo.”
ellos podría revelar a Núñez, cuando a la
ífí Ijí íjí
tarde fuera a recogerlos, la operación a
que habían sido sometidos; y tranquilo res
pecto a dicho extremo, los metió en [Link] Media hora después de separarse Abd-el-
tón de los entregados por el revisor, mar Galiel de Duvery llegaba Bertier a dar a
chándose con ellos a su oficina. éste la noticia desagradable de que Tafilete
avisaba tener imposibilidad de cursar el te
* * * legrama a Villa Cisneros, porque “unos mal
hechores habían robado el hilo telegráfico
Aquella misma tarde, a la caída de ella, desde Akka a Termassoun” ; y que como
visitó el Señor Núñez a Duvery; no sola la reparación de tan extensa cortadura de
mente como cortés agradecido a sus aten la línea exigiría varios días, se había aten
ciones en el tren, sino para dar un golpe de dido la indicación de urgentísimo del te
audacia, diciéndole que las dificultades legrama, enviándolo por correo a la oficina
por Moyfsk halladas, no para encontrar telegráfica de Tendouf para reexpedición
guía, pero sí intérprete, lo movían a abu desde ésta.
sar de la amabilidad del ingeniero en de — ¡Robados por malhechores doscientos...
manda de ayuda en tal necesidad: ayuda ca, puede que trescientos kilómetros de
que el requerido deploró no poder, por lo alambre... Lo dicen para no alarmar con la
pronto, prestar; pues la única persona apta noticia de que han sido arrancados por re
para dicho servicio acababa de ofrecérsela beldes-
a M. Loubegray para una excursión no tan — Pienso como usted; y ante eso, el re
lejana como la de Núñez, pues no había de traso en el telegrama es la menor de mis
llegar a la Nigricia, pero que en la misma preocupaciones, pues mucho temo que esa
d'lección iba a verificar en las zonas del avería sea el principio de la consabida re
Sahara lindantes con aquélla. belión, y que pronto nos lleguen noticias
Esto, que era verdad, hizo poquísima gra de análogas hazañas en la vía férrea. Por
cia al fingido español, por pensar que si eso me he apresurado a prevenir a usted.
Lobera recorría aquellas tierras podría en — Ha hecho usted bien; pues creo llega
terarse de que él no andaba por ellas, des do el caso de telegrafiar a los gobernadores
cubriéndole la patraña del viaje al Baouch; y comandantes generales del Senegal, ae
y aun cuando procuró disimular la contra Marruecos y de Argelia pidiendo fuerzas de
riedad que la noticia le causaba, no le fué protección para estaciones, almacenes y
dado reprimir un leve gesto, nacido de la trenes.
idea de que sV el hombre aquel seguía em — Iba a decir a usted que yo también voy
peñándose en atravesarse en todos sus ca a pedir a mis jefes refuerzos para todos los
minos, pronto vería que ante Abd-el-Gahel puestos de gendarmería, y venía pensando
duraban poco los estorbos: gesto visto y solicitar de usted que con la autoridad de
solamente atribuido por Duvery a la mo su nombre refuerce la de un pobre capitán,
lestia por la coincidencia de itinerarios, que para que no se crea que me asusto de fan
ya pensaba él no agradaría a su visitante, tasmas.
a quien, haciéndose el tonto, dijo que pro — No hay inconveniente; y favor por fa
curaría buscarle otro intérprete, pero acon vor: para que las autoridades militares no
sejándole no confiara en su buena voluntad piensen que a mí me mueve únicamente el
y apremiara a Moyfsk para que lo sirviera. interés de la Compañía, también usted fir
Cuando, sin haber tenido el gusto de sa mará conmigo mis telegramas.
ludar ni aun de entrever a la hurí rubia, — Conformes. Pero si le parece no nos da
y acompañado hasta la puerta de la calle remos por enterados de lo del telégrafo;
por Don Héctor, atravesaba el árabe el jar pues así, cayendo lo uno sobre lo otro, com
dín, oyó detrás de un grupo de arbustos la prenderán que los temores que nos hacen
48 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
pedir fuerzas son independientes de aque adormecer nuestra vigilancia, ayuda para
llo y darán mayor importancia a los moti esa embustera expedición, y el hacerlo a
vos de nuestras peticiones. raíz de ese atentado contra el telégrafo, me
— Completamente de acuerdo. dan el convencimiento íntimo de que no es
Inmjed'iatamente se pusieron ambos a re un conspirador subalterno, ni siquiera un
dactar y cifrar sus respectivos telegramas, jefe de segunda fila, sino de los más prin
enviándolos en seguida a la estación de la cipales y temibles.
telegrafía sin hilos del servicio oficial. — Creo que tiene usted razón.
En los despachos indicaban que era in — Por eso pienso, y continúo tomando por
teresantísimo emplear medios rápidos de verdades nuestros verosímiles temores, que
transporte en el envío de los refuerzos, pues si, impidiendo a ese hombre salir de aquí,
la pronta llegada de ellos haría abortar un consiguiéramos privar a la rebelión de su
alzamiento que por muchos indicios parecía ayuda, habríamos hecho mucho.
ser próximo, y en el cual podrían perecer — Felizmente coincidimos; y sml única
muchos europeos indefensos. duda, que someto a la experiencia de usted,
A l terminar el ingeniero el telegrama, dijo es si debo limitarme a espiarlo estrecha
al oficial, que había acabado ya de escribir mente y a vigilar la casa de Moyfsk, según
el suyo: acabo de ordenar...
— Bertier, desde esta mañana he medita — ¡Ah! ¿Ha tomado usted ya esas dispo
do mucho sobre ese hombre. siciones?
— Que por cierto no se ha presentado a — En cuanto supe la gatada del telégra
recoger el pasaporte. fo... O si cree usted que debo liarme la man
— No mje extraña, porque hace media hora ta a la cabeza y prenderlo con su compa
ha estado aquí, diciéndome que no se va ñero, como si ya tuviéramos contestación
en unos cuantos días... He cavilado mucho, de Río de Oro diciéndonos lo que es seguro
y aunque acaso nos equivoquemos en nues han de decirnos.
tras suposiciones... — No, Bertier, eso no: lo considero, peor
—Mucho me sorprendería, Don Héctor. que prematuro, inoportuno; porque si han
— ... y aun a riesgo de estar equivocados, venido a ponerse en relación con otros con
opino que en las presentes circunstancias jurados, podremos conocer a los de estos
debemos proceder cual si fueran certezas. contornos con sólo vigilarlos a ellos y espiar
— Tan en ello estoy, que en cuanto diga a a los entrantes y salientes en casa de
usted... Pero, perdone, creo que no habla Moyfsk. Por eso es, sobre todo, esencial
usted acabado. para mí que Núñez no sospeche que ha des
— Iba a decir que si ese hombre es lo pertado desconfianzas. Pero, eso sí. estando
que creemos, la casualidad nos ha puesto preparad' s para que si intentan marcharse...
en situación de prestar a nuestro país gran — No hace falta decirlo: a él, a Pozo y
dísimos servicios, tal vez de salvar millares a Moyfsk los trinco bajo mi responsabili
de vidas de compatriotas nuestros aislados dad... Y si es una extralimitación, arros
en el Desierto; pues nos ha traído aquí a traré las consecuencias con mis jefes: en
quien, de resultar efectivamente jefe de re estos casos algo ha de arriesgar uno.
beldes, no puede ser una vulgar personali —Venga esa mano: así obran los hom
dad entre ellos; pues su inteligencia, su bres... ¡Ah! Morlain, que se va mañana a
cultura, que jamás he encontrado en nin su estación, pasará esta noche a ver a us
gún africano; su audacia al meterse en Aga- ted, por si tiene algo que encomendarle.
dós, donde dominamos, por lo menos hasta Ya ha visto usted que es hombre inteligen
ahora; su misma osadía de esta tarde v i te y cauto.
niendo a pedirme, claro que solamente para
XII
UN ARMADIJO TELEGRAFICO
LOS VENGADORES 4
50 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
Pero no proponiéndonos contar cómo ha cansar cuando había mascullado las cosas,
bían sido establecidas las estaciones subrep pero al que antes era preciso ayudarle a
ticias, sino cómo intentaba Lobera descu mascarlas; pues no tenía sino modestísi
brirlas, dejando aquello, vamos a esto: di mos conocimientos técnicos.
ciendo, en primer término, que para ayu Oigámosles a ambos para enterarnos del
darle en sus trabajos había elegido al pri modo cómo sería posible fabricar el apara
mer telegrafista de la compañía ferrovia to en que pensaba el americano.
ria, quien, primero y todo, no pasaba de —Señor Lobera, para que, en el procedi
ser un practicón en el cual se podía des miento que yo conozco, pueda un barco
vo algo que calentar: sólido, líquido o gaseoso. ellos; y cuando, en dicho caso, muévense, nace la
A este cauce se le llama conductor: sea alambre, corriente eléctrica al impulso de la onda.
tierra, agua, etc., y por él pasan los electrones, Pero otros cuerpos, los no conductores de la elec- '
desde el extremo negativo, donde se acumulan gran tricidad, ofrecen resistencia ai paso de las corrien
des cantidades de ellos que entre sí se repelen, ha tes eléctricas, y como la onda que a ellas llega no
cia el extremo positivo, donde existe otro exceso de gasta su fuerza en mover electrones, pasan las su
iones positivos (materiales masas pequeñísimas cesivas ondas a través de esos cuerpos y prosiguen
electrizadas positivamente) que atraen a aquéllos. su m archa; mientras que cuando llegan a un con
Al juntarse unos y otros se neutralizan, cesando ductor metálico, la energía vibratoria se emplea
la corriente, a menos que exista en el circuito en empujar los electrones de la corriente eléctrica,
conductor de ella un generador eléctrico, o sea desapareciendo como energía electromagnética para
una máquina, o causa natural determinante de cambiarse en energía electrodinámica. Con esto, cla
desequilibrio duradero entre los polos negativo y ro es, muere la onda allí, por haberse cambiado en
positivo. otra cosa; como la electricidad desaparece como
La ondulación, en cambio, no transporta elec tal en la estufa y en la lámpara eléctrica al com-
trones, sino sólo la fuerza de movimientos vibra vértirse en calor o en lu z ; como el movimiento y
torios a través del espacio y de los cuerpos no la fuerza del palillo que goipea un tambor—perdó
conductores de la electricidad: es una sucesión nese lo grosero de la comparación—queda el uno
de vaivenes análogos a ios que en un estanque detenido y transformada la otra en cuanto choca
se producen desde el lugar donde cae una piedra aquél con el parche en donde se convierten en
a las orillas de él, dando origen a oleadas suce movimiento y vibración de éste, que a su vez mue
sivas en círculos concéntricos, cada vez más am ren al engendrar el ruido del golpe que hace vibrar
plios, que a la vista dan la sensación de avances con su sonido el aire, por donde viaja hasta el oído
del agua alejándose del centro, cuando en reali que lo escucha haciendo en él vibrar también el
dad no hace sino subir y bajar sin trasladarse tímpano de quien allá lejos oye el redoble. La fuer
lateralmente, cual puede comprobarse echando en za de la mano que agitó el palillo está ahora en
el estanque hojas o corchos que en el agua flo aquellos oídos, habiendo sido sucesivamente es
ten, los cuales no hacen sino ascender y descen fuerzo muscular, golpe, oscilación del parche, vi
der sin acercarse a la orilla ni alejarse de ella. bración acfistlea en el aire, sensación fisiológica
Pero para levantar esos cuerpos flotantes, quie en el oído y en el cerebro.
tos mientras la superficie del agua está tranquila, Electricidad es, pues, cosa diferente que ondu
se requiere fuerza, y ésta es la de la ondulación, lación electromagnética. La primera, en el estado
cuyo movimiento progresa dei centro al contor estático, es acumulación en un cuerpo o falta
no ; mas sin llevar agua hacía éste, sin que el en él de los electrones que contiene cuando en su
agua viaje, y siendo sólo su movimiento oscilatorio estado normal no se baila electrizado; cuando es-
lo que viaja y hace moverse a los cuerpos flotantes tan en exceso, lo electrizan negativamente, y cuan
que en su camino encuentra: con movimiento éstos do faltan, positivamente. En el estado dinámico,
completamente diferente al advertido en los que ya se ha dicho ser la electricidad un flujo real y
sobrenadan en un río y son arrastrados por la positivo de electrones; la segunda, quiero decir la
masa del agua de él que la corriente impulsa. ondulación, no es sino impulso capaz de mover los
De igual modo la ondulación eléctrica, nacida electrones.
de diversas causas, siendo una de ellas la chispa Los cuerpos a través de los cuales viaja fácilmen
o descarga eléctrica, hace que en el espacio y en te la electricidad se llaman conductores, y a su vez
los cfierpos no conductores vibre una inmaterial detienen la ondulación electromagnética que atra
substancia que, llenando el vacío intermedio de viesa y pasa más allá de los dieléctricos (no con
astro a astro o encerrado entre los soles y los ductores) permeables a ella y refractarios al paso
mundos, y llenando además los huecos vacíos de de la electricidad. Pero esto es relativo, pues el
materia que en gases,, líquidos y sólidos, existen aire, el vidrio, dieléctricos, pueden ser atravesados
entre los átomos de ellos, mecánicamente tan as por los electrones cuando la tensión de éstos se
tros como aquéllos, se llama éter. Esta vibración, hace lo suficientemente grande para que a través
similar, pero incomparablemente más rápida que de ellos salte la chispa eléctrica, desgarrándolos.
la del agua del estanque, vuela a través del éter Antiguamente el salto de la chispa eléctrica cons
con velocidad superior a .300.000 000 de metros por tituía siempre un accidente; hoy, sin dejar de serlo,
segundo; transporta, como aquélla, no masas ma y grave en ocasiones, el hombre juega ya con el
teriales, sino movimiento, y por lo tanto, fuerza, rayo y la chispa eléctrica, al provocar ondas eléc
a cuyo empuje muévense los electrones flotantes en tricas. Del mismo modo que las terribles explosio
los cuerpos que halla en su camino la etérea onda nes de antaño han sido domadas en los motores de
electromagnética, si dichos electrones se hallan en tal nombre, de los cuales son uno de tantos ejem
lugar quiere decir pertenecen a cuerpo que no plos los de los automóviles y los motociclos.
oponga invencible resistencia al movimiento de
LA MAYOR CONQUISTA 51
perdido entre la niebla determinar su si mapa se cruce dicho rumbo con el anterior
tuación, necesita conocer de antemano en Hamburgo-barco.
dónde está la estación transmisora de los Esas señales de las estaciones de las cos
telegramas que con tal fin unnza, los cua tas, que aunque no emiten luz pueden lla
les son lanzados progresivamente por ella marse faros de los navegantes, salvan hoy
en veinticuatro direcciones radiantes, e centenares de buques que antes habrían
igualmente espaciadas en la rosa de los naufragado por no llegar a ellos los rayos
vientos, de modo que los correspondientes de los más poderosos fanales y reflectores,
a cada dos contiguas vayan sucediéndose impotentes para rasgar a impenetrable y
de dos en dos minutos. terrible niebla.
—Ese, amigo Joubert, es el sistema Te- — Cuéntemelo a mí, señor Lobera, que
llefunken. Las ondas electromagnéticas im yendo de Dover a Santander, envuelto nues
pulsadas en él por la antena transmisora tro vapor en la niebla y manteniéndose en
se propagan por el espacio en todas di la dirección de aquel puerto por la obser
recciones, pero verificándolo con máxima vación de radiogramas transmitidos desde
intensidad para cada telegrama en una di él, un error en la distancia recorrida nos
rección propia para él, lo cual se logra me hacía creernos en mar franca, cuando a
diante ingenios especiales: en la del norte seguir un cuarto de hora sin variar la de
para el primer mensaje, que dice, por ejem rrota habríamos dado contra los arrecifes
plo: “ Hamburgo, tal longitud de onda. Di de Ouessant, en la restinga de Bretañ/a.
rección norte” ; el segundo, el tercero, et Gracias a que con grandísima oportunidad
cétera, no discrepan del primero sino en las nos llegaron los radiogramas de la esta
direcciones que consignan como especiales ción de Land‘s End (1) dándonos rumbo,
de ellos, diciendo sucesivamente: “ un sexto que al encontrarse con el de Santander nos
norte, cinco sextos este” ; “ dos sextos nor hizo ver que estábamos a una milla de los
te, cuatro sextos este” ; “ nordeste” ; "cua escollos, que para echarnos a alta mar de
tro sextos norte, dos sextos este” ; jamos inmediatamente a babor.
este” ; "... sur” ; "... oeste” : hasta el vi- — ;Y pensar que si uno de los hombres
gésimocuarto, cuya indicación es “cinco que la gente llama chiflados, por cultivar
sextos oeste, un sexto norte”. desinteresadamente la que, quienes no ven
— Sí, señor: eso es lo que yo sé. Y cuan los frutos que el tiempo saca de ella, sue
do llegan a un barco que navega dentro del len llamar inútil ciencia ue ios sabios, no
alcance de Hamburgo, su telegrafista los va hubiera descubierto la ondulación eléctri
oyendo con diferente fuerza, que progresi ca, cuyo alcance no veía entonces nadie,
vamente crece hasta un máximo para men continuarían perdiéndose barcos y más bar
guar después, o disminuye hasta un míni cos, vidas y más vidas, como antaño!
mo desde el cual comienza a crecer nueva — ¿Habla usted de MarconiT
mente: con variación de intensidad muy —No: a ése, cuyos talento y ciencia en
perceptible entre cada dos consecutivos. contraron el camino de la utilización del
— Claro: los aparatos del receptor de a descubrimiento, lo conoce el mundo entero;
bordo acusan mayor fuerza en la onda ra- pero a Hertz, que sacando chispas de un
di otelegráfica llegada en línea recta de la carrete de Rumkford, y llevando de una
estación transmisora. Y así no hay sino parte a otra de su laboratorio unos aros
fijarse en cuál es el telegrama más clara de alambre descubrió las invisibles ondas
mente recibido para saber que la dirección eléctricas, no lo conocen sino otros cuantos
en él consignada es la de la recta buque- sabios que van descubriendo bagatelas por
Hamburgo, si de Hamburgo procede aquél: el mismo estilo: guilladuras de los guilla
si dice oeste, nordeste, dos sextos sur, dos de hoy destinadas a revolucionar el
cuatro sextos oeste, no habrá sino trazar, mundo de mañana.
a partir de Hamburgo, en Ta carta marina Pero volvamos a lo nuestro, pues me he
la dirección correspondiente a dicho rumbo descarrilado.
para saber que sobre ella se encuentra el — Señor Lobera, la dificultad que a mí
barco. me preocupa es que en cuanto nos echemos
— Eso es.,.
— Y como otras estaciones, Bilbao por
ejemplo, emiten radiogramas análogos, (1) Punta extrema del Cabo Conwal en la pen
ínsula de igual nombre que forma la parte sur-
éstos darán el rumbo Biiuuu-uarco: siendo occidental de la isla de la Gran Bretaña. La tra
la posición de éste el punto donde en el ducción de Land’s End es fin de la tierra.
52 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
por esos arenales con el auto que quiere — No, señor: si del palo de un buque se
usted arreglar no podremos contar, como suspende uno de estos sencillos y leves cir
los barcos, con radiogramas de estaciones cuitos de alambre, de modo que ligeras im
conocidas, que sin otro trabajo para las de pulsiones basten a hacerlo voltear en torno
a bordo que elegir el más intenso dan el del mástil, toda onda radiotelegráfica con
rumbo; pues si esos pillos tienen subrep alcance suficiente para llegar al barco mo
ticios transmisores no creo sean tan bon verá el bastidor, y con éste una aguja obe
dadosos con nuestra estación ambulante co diente a las atracciones de un electroimán
mo las costeras lo son con los barcos por ligado a dicho circuito móvil (1).
ellas auxiliados. Los dos casos son para mí, — ¡A tiza! Entonces, la misma aguja-mar
salvo sus respetos, completamente diferen cará, sin más ni más, y sin tomarse uno
tes. quebraderos de cabeza, el rumbo del barco
•— Por eso, no pudiendo contar con ra a la estación.
diotransmisores Tellefunken, usaré el ra — Precisamente: en un cuadrante sobre el
dio-gonióm etro Bellini-Tossi. cual se mueve. Pero no es esto lo mejor,
— No sé qué es eso. sino que las estaciones de la costa no ne
— Pues un aparato inventado a principios cesitan ser de tipo especial, como en el sis
de siglo para lograr el mismo resultado. tema Tellefunken, sino de las ordinarias,
— ¿Y en qué consiste?... Ya sabe usted cuyos radiogramas se propagan con igual
que mi fuerte no es la teoría. intensidad en todas direcciones; pues le
-—Procuraré explicarlo sencilla y. breve basta a un buque recibir uno solo para co
mente. Aun cuando dice usted saber poco, nocer el rumbo en el que se halla la esta
no ignorará que si una corriente eléctrica ción transmisora. Los telegramas, todos
circula por un aro o rectángulo de alambre iguales, salvo la hora, dicen, por ejemplo:
que, colgante de un hilo, o montado en su “Radiogoniograma de Barcelona a las 3
eje, pueda gira r sobre sí mismo, así lo ve y 45.”
rifica cuando se le acerca, o en su proxi — Y con ése y otro de diferente estación
midad se hace circular otra corriente, ce se obtendrá, como con los Tellefunken, la
sando su movimiento cuando éste ha lle posición del barco. ¿No es eso?
gado a colocar dicho aro o rectángulo en — Ese es, efectivamente, el procedimien
una posición que es siempre la misma con to corriente; pero en realidad ni segunda
respecto a la de la corriente inductora del estación transmisora, ni segundo telegrama
movimiento. son indispensables sino en el caso particu
— Sí: eso es la inducción eléctrica de una larísimo de ser el rumbo del buque a la pri
corriente que obra sobre la otra. mera norte-sur o muy cercano a tal direc-
— Por ahí, por ahí, pero no exactamente; ciójji; pues de haber sensible y no grande
pues la fuerza directriz del alambre móvil diferencia de longitudes geográficas entre
no está en la corriente que se le acerca o uno y otra, basta un sólo radiograma para
se hace correr a su proximidad, sino en dar además de la dirección la distancia.
torno de ella, en el aire, o más bien en el — ¡La distancia!... No puede ser... Per
cter que la circunda, siendo algo que, sin done usted: quise decir no lo comprendo
entrar en honduras, es en la esencia igual — Muy Sencillo (2 ). Suponga usted que
a la invisible ondulación eléctrica lanzada en la estación receptora del barco tiene el
por las antenas de la telegrafía sin hilos. telegrafista frente a sí la esfera grande de
Por eso, si en su viaje a través de la atmós un reloj eléctrico enlazaao ai cronóm etro
fera (1) encuentran estas ondas un circuito
giratorio, como el de marras, y recorrido por 111 En el radiogoniómetro Bellini-Tossi no g ir*
una corriente lo hacen también girar hasta uno, sino dos circuitos móviles, de planos entre sí
que el plano de él quede perpendicular a perpendiculares, siendo la acción definitiva de la
combinación de ambos una resultante de las de
la dirección de la estación transmisora de terminadas por la onda sobre cada uno de ellos. L a
donde las ondas proceden. teoría es la misma que siendo uno, y sin duda para
— No lo sabía... Pero eso no podrá ha simplificar su explicación no mencionaba Lobera
sino uno.
cerse sino en un gabinete de experiencias,
(2) No tenemos noticia de que este sistema se
a pequeñas distancias. baya aplicado basta ahora con el radiogoniómetro,
lo cual pudiera ser, aun cuando Ignotus no lo sepa,
(1) Se llama la atención sobre lo ya dicho an e ignoramos si es idea de Lobera o procedimiento
tes : por el aire cruzan las ondas eléctricas; pero en uso ya en su tiem po; pero parece perfectamente
re son movimientos del aire, sino palpitaciones racional y de empleo no difícil, que desde luego
c'.c! éter, las que engendran la onda. cabe aplicar en la actualidad.
LA M A Y O R C O N Q U I S T A 53
de a bordo y acorde con él; que un segun de están las estaciones clandestinas, ni ha
dero grande permite leer cómodamente en bría problema, ni me cuidaría de preparar
dicha esfera los segundos, y que al primer el auto, ni lo echaría a correr por el De
chasquido de la llegada de un radiograma sierto.
cuyo contexto es “Radiogoniograma de la — Es verdad; pero sigo a obscuras. ¿Có
Torre E iffe l a las 10 y 35 minutos, marca mo, sin ningún punto fijo, va a ser posible?
el reloj de la estación las 11 y 57 minutos — ¿Y el auto, que por antena receptora
y 30 segundos. llevará un circuito giratorio radiogonomé-
Como el telegrama llega al barco en el trico con una aguja indicadora del rumbo?
mismo segundo que lo lanza la torre, ya — Eso, sí; pero la Torre E iffe l no se
que la velocidad de transmisión es prácti mueve, sabemos siempre dónde está; mien
camente instantánea, pues con ella podría tras el automóvil, como el barco, irá va
darse la vuela entera al Ecuador en menos riando a cada momento de lugar.
de un séptimo de segundo, resulta que — Es que teniendo mapas del terreno, al
cuando en el buque son las once con 57 ponerlo a la espera a caza de ondas sub
minutos y 30 segundos, no son en París repticias sabré en qué sitio conocido lo
sino las diez y 35: con diferencia de horas paro: o donde el mapa no me inspire con
entre ambos parajes de una hora, veinti fianza, un cronómetro me dará la longitud.
dós minutos y treinta segundos. Además, todos los telegramas que en el
Pero como diferencia de horas y diferen mundo se transmiten llevan indicación de
cia de longitudes geográficas son en esen su hora; sextante no ha de faltar, ni en el
cia lo mismo, acudiendo a las tablas de Desierto hay miedo nos estorbe la niebla
conversión ve el oficial de derrota que de para pedirle al sol o a la polar que nos den
halla sobre un meridiano al Occidente y la latitud.
no lejano de las Islas Canarias, la longitud — Es verdad.
del cual, con respecto a París, es 21 gra — Vea usted cómo, sabiendo siempre la
dos, 22 minutos y 30 segundos: minutos y posición de la estación ambulante, con ella,
segundos no de tiempo, sino de longitud (1). con el rumbo dado por la aguja y la dife
— Ya, ya, señor Lobera: ya lo veo: bus rencia de longitudes obtenida del radiogra
cando el punto donde en la carta marina ma, y el reloj, podré deducir del lugar
se cortan el meridiano así hallado y el donde el auto se halle el de la estación
rumbo que la aguja del radiogoniómetro desconocida: con error máximo, y me co
marca como dirección en que vienen las rro, de dos a tres kilórhétros; es decir, en
ondas del telegrama, se tendrá el lugar zona suficientemente reducida para que
donde está el buque. puedan registrarla los gendarmes. Aparte
— Eso es: en vez de la longitud y la la que estas estaciones han de estar forzosa
titud geográficas se emplean para situarlo mente establecidas en lugares dominantes...
longitud y rumibo a partir de la estación — Tiene usted razón... Ahora ya lo veo
transmisora, que por ser conocida se toma claro, y es muy sencillo; pero muy inge
como punto de referencia. nioso, porque eso que va usted a hacer no
— Pues en eso veo yo la dificultad para se ha hecho nunca.
nosotros; pues no sabiendo dónde están — No, que yo sepa: pero lo que a uno
las estaciones clandestinas que usted quie se le ocurre puede ocurrírsele a otro.
re descubrir interceptando al paso sus te — Si ese otro no soy yo, puede usted es
legramas, nos faltará punto fijo y conocido tar seguro; pues todavía me quedan dudas
capaz de hacer con el auto-estación, cuyo sobre la práctica, que como me ha hecho
papel es del barco de antes, el de la Torre usted el honor de elegirme para operador,
E iffel, en el ejemplo de usted. le agradeceré se tome la molestia de acla
-—Pero, amigo mío, si ya supiera yo dón- rar.
— Dejémoslas para cuando ya esté mon
tada la estación en el auto— contestó Lo
(1) Sin necesidad de tablas se hace facilísima- bera, cortando la conversación por saber
mente tal conversión, sabiendo que una hora, un que era aquélla la hora en que salía Emma
minuto y un segundo de tiempo equivalen en lon al jardín, y agradarle más su compañía que
gitudes geográficas a diferencias de 15 grados,
solventar las dudas de su auxiliar radio-
quince minutos y quince segundos, respectivamen
te, de arco de ecuador o paralelo. telegráfico.
54 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
XIII
LA COLERA DE ABD-EL-GAHEL
56 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
para cerciorarse bien de esta ignorancia, Pozo, oye: ¿quién m anda entre A ltka y
continuó perdiendo tiempo en circunloquios: Termassoun?
—... E n el que deben andar nuestros her —Muffí; pero ya sabes que como su g o r
manos. d u ra no le perm ite moverse, sólo d irig e
—Yo no he tenido nunca herm anos de tu desde casa, y en el campo lo hace todo...
i casta—contestó el árabe con el brutal des —Sí, el burro de su hijo: ¡hijo de m ala
precio que los de su rasa nacen siempre cabra! Ya, ya Se ve su mano en eso. E l La
se n tir a los judíos. bia de ser: ambiciosillo. H a querido lu c ir
—Perdone, señor; quise decir... se,, hacer una hombrada, obrar por sí, como
—Lo que quieres decir ya lo he entendi si fuera alguien; y va a aprender cómo p a
do; pero lo que venías a decir no acabas gan ahora, en el Sahara, su desobediencia
de decirlo: revienta de una vez; y si no, los que se creen en los tiempos en que cada
vete. uno hacía lo que le daba la gana. Oye, ¿no
—Que ayer han arrancado varios cente está ahora en Tendouf Alí-Berltan?
nares de kilóm etros de línea telegráfica. —Sí.
— ¡Cómo! ¿Quién? ¿Pero es seguro?— —Ese es bueno, ese es mi hombre. E s
preguntó el moro con impetuosidad, que criba... No, no te vayas, Moyfstt.
convirtió en certeza la sospecha de Moyfslc —Creí que por discreción...
de que la interceptación ael telégrafo no —Quiero que aprendas, por si lo necesitas,
obedecía a órdenes del Diván Supremo de cómo el Diván castiga a los desobedientes
A frica Vengadora. y a los desleales. Escribe, Pozo, escribe lo
—Yo no sé sino que me han devuelto unos que voy a dictarte:
telegram as para Tendouf y G henater; que “Orden a A lí-Berkan:
los franceses están alarmados, y que... "Muffí, hijo, declarado traid o r por des
La entrada de Abd-el-Gahel no perm itió obediencia. T rasládate A kka para que él
a Moyfsk acabar su frase, yues Ben-Cassim y sus seis principales auxiliares en destru c
le quitó la palabra para inform ar al recién ción telégrafo, necesario planes Diván,
llegado de la novedad, que lo contrarió no sean degollados. O rdena a Muffí padre que
menos que en el mismo momento contra sea él quien en tu presencia disponga eje
riaba a B ertier y a Duvery; pero m ostran cución inm ediata.”
do su mal humor, m ejor dicho, su cólera, Esos estúpidos serían capaces de des
no ya con la violencia inherente a su san tr u ir todos los telégrafos y todos los ferro
gre africana, sino con destemplanza mu carriles, que en cuanto despachemos a quie
cho m ayor; pues la frecuente contención a nes hoy los utilizan nos serán indispensa
que aquel hombre impetuosísimo le era in bles para luchar con los que vengan a ven
dispensable som eterse para representar du garlos... ¿E stá ya?
ran te largas tem poradas su papel de hom —Sí.
bre civilizado hacían de su carácter resorte —Pues sigue: “Si Muffí se resiste a eje
comprimido que, al distenderse, cuando po cu tar a su hijo, degüéllalo a él tam bién.
día d a r rienda suelta a su salvaje ira, lo Como im porta que cortadura telégrafo no
arrollaba todo. sea achacada a rebelión, llevarás las siete
P o r eso, al oír la noticia que perturba u ocho cabezas al com andante m ilita r de
ba sus planes con un atentado imprevisto Tafilete, diciéndole son de cuadrilla de la
realizado sin orden del Diván, y que en su drones que robaron el alambre, y ofrecerás
aislam iento podía producir los frutos de la cuanta gente pida restablecer rápidam ente
explosión proyectada por él en form a que línea.”
cual rayo sorprendiera en todas partes y en Como los europeos ya no se fían de sacri
una hora determ inada a los desprevenidos ficios de tern eras y carneros, para tenerlos
cristianos, su desenfrenada cólera se desbor confiados como necesitamos, hay que d ar
dó en un torren te de amenazas, maldiciones les cabezas de m oros:esas me serv irán ade
y blasfem ias que no extrañaron a Ben Cas- más para hacer este escarm iento; pero las
sim, pues ya las esperaba, pero aterraron a cobraremos con creces en cabezas de perros.
Moyfsk. (Ya se entiende que And-el-Galiel quería
Pasado aquel prim er rabioso hervor de decir cristianos.)
su coraje, que no es para transcrito, prosi Espantado con lo que aquella fiera hacía
guió: con un jefe im portante, reflexionaba Moyfsk
— ¡Imbéciles! ¡Imbéciles!... Pero esos bes qué podía esperar un mísero judío a la me
tia s quieren estropearlo todo... Ben Cas... nor sospecha que su conducta despertara,
LA M A Y O R C O N Q U I S T A 57
aterrándose aun más ail recordar aquel "por Seca la tinta, volvió Pozo del derecho los
si lo necesitas” de la invitación que para sacos y se los dió a Moyfsk, diciendo:
oír aquello le fué hecha. ¿Sería que ya sos —Ahora llénalos con las provisiones, y
pecharan de él, o respondería únicamente escribe por tu parte a tus corresponsales de
la indirecta a la desconfianza añeja que los Ain-Tahena y Tintidín sobre asuntos de
judíos inspiran a los musulmanes?... comercio que justifique los viajes de los
Acuitadísimo se hallaba con estas tur emisarios: para que si los detienen les co
badoras perplejidades, cuando oyó a su te jan esas cartas—dijo Abd-el-Gahel a Moyfsk.
rrible huésped decirle: —Escribiré que me envíen con urgencia
—Hebreo: supongo que tendrás emisarios unas partidas de cuscus o de dátiles.
y motociclos disponibles para salir en cuan —Y ahora llama a esos dos hombres.
to sea preciso, según se te ha ordenado- Salió Moyfsk, volviendo a poco con dos
—Sí. mulatos, que al entrar en la sala y dirigir
—¿Cuántos? se Ben Cassim a ellos, frotándose por dos
—Tres. veces con un dedo el párpado derecho, como
—Con dos bastan. Conviene enviar la or si algo le molestara en el ojo, repitieron el
den duplicada y por diferentes caminos, por mismo movimiento, seña de reconocimien
si alguna se pierde—dijo Abd-el-Gahel a su to de los afiliados de última categoría de
tío—. En Ain-Tahena y Tintidín tenemos Africa Vengadora; y al ver que aquél se
relevos de motocicletas. ¿No es así, Pozo? pasaba en seguida la mano por la barba, y
—Sí. luego de la frente a la cabeza, cual para
—¿Habrá entre tus ciclistas quienes se echarse hacia atrás el cabello, se proster
pan ir a esos lugares? naron con grandes muestras de respeto, por
haber reconocido en dicha seña a un miem
—Desde luego señor. bro del Diván Supremo.
—¿Y seguir a Tendouf? Sucesivamente dijo Ben-Cassim al oído de
—No es fácil: está muy lejos. cada uno el lugar donde iba y el nombre
—Entonces en esos puestos entregarán de la persona a quien entregaría la carta
los pliegos a quienes se les dirá al salir de Moyfsk y el zurrón diciendo: “Para en
Pozo, quédate con el original que has es viar a Alí-Berkan, en Tendouf”; y después
crito, y pon dos copias para los correos en de hacerles en alta voz varios encargos de
la forma que sabes. carácter común a ambos, les ordenó salie
Al recibir esta orden salió Pozo, regresan ran en seguida, agregando:
do de su habitanción a poco con dos mo —Ya sabéis que “hasta debajo de la chi
chilas o zurrones de dril “kaki”, de tipo laba de Mahoma”...
propio para que peatones y camelleros lle —Descuida, gran señor—le atajó el uno—.
varan a la espalda provisiones, y traía ade "Maldito de Al-lah sea el que”...
más una botella y un punzón de madera. —Bien. Idos.
En seguida que llegó volvió los sacos, y
en el revés de sus telas copió la orden * * *
XIV
TRES DIAS DESPUES
Tres días pasaron sin que las autoridades dio de comunicación con los puestos más
a quienes telegrafiaron Duvery y Bertier cercanos de gendarmería. Y no sólo esto,
dieran otras contestaciones que “se provee sino que era preciso reclutar disimulada
rá” y “se tendrá en cuenta en lo posible”. mente gente fiel, que unma a los ingenie
De Río de Oro no había respuesta. ros, capataces y unos cuantos criados fran
El primero preparaba *ü marcha a Te ceses allí residentes, pudiera dar el núme
chiasco, centro de los trabajos de replanteo ro de fusiles indispensables para la de
del último trozo de la vía férrea, y donde fensa.
desde un año antes tenía él su casa: a la En la preparación de toao lo anterior, en
cual se habría trasladado sin demora a no acopiar municiones, doce ametralladoras
ser porque las sospechosas novedades en que con urgencia pidió a marruecos y en
contradas a su llegada a Agadés le hicieron reunir rápidos medios de transporte que
pensar en la necesidad de tomar precaucio en caso necesario le permitieran retirarse
nes; pues la manera confiada como antes adonde hubiera fuerzas, se le habían ido
de su viaje a Francia había vivido allá, ais los tres días pasados desde su llegada, y se
lado de la protección de autoridades y fuer le irían todavía algunos más: atribuyendo
zas francesas, no efa para continuada, en el retraso de la marcha, cuando con Emma
cuanto fue entrevista la posibilidad de una hablaba, av impensadas necesidades de la
rebelión de indígenas. explotación de la línea, que antes de mar
El mayor cuidado del ingeniero era charse debía dejar atendidas.
Emma; pues no se le apartaba de la ima Gracias a que ella no parecía tener prisa
ginación la frase de Morlain al señalar las en que el traslado interrumpiera sus diarios
mujeres e hijas de los europeos como el bo paliques con Lobera, de quien colegía Em
tín más codiciado por los salvajes sahare- ma se marcharía por otro lado en cuanto
ños. Así, cuando la conferencia con aquél se fuera ella a Techiasco o, cuando no, se
y Bertier dió consistencia a sus temores, quedaría en Agadés preparando su expedi
decidió que en el tren del siguiente día sa ción, no menos misteriosa que la fantástica
liera Raúl con Emma para volverla a Fran del señor Núñez.
cia. Pero cuando a la tarde se disponía a Parece deducirse de esto que los paliques
decir a una y otro que se aprestaran al viaje de la francesita y el argentino habían lle
y buscaba el modo de vencer, sin alarmar gado ya... No, los paliquea no eran todavía,
a su hija, la resistencia que de cierto opon externamente al menos, sino los propios de
dría a dejarlo solo, y cuanao se devanaba dos buenos, pero muy buenos amigos; mas
los sesos para justificar, sin descubrir sus no por eso dejaban de tener encantos, aca
temores, lo imprevisto y precipitado de su so superiores a los que la amistad suele
resolución, llegó Bertier con la noticia del proporcionar.
atentado de Akka; y temiendo don Héctor Sin embargo, con no irle mal, ni mucho
que a éste siguieran otros contra las vías menos, se pasaba Lobera no pocas rabietas,
férreas, le pareció temeraria imprudencia pues aquellas categóricas explicaciones que
exponer a sus hijos a un viaje de extremo pensaba obtener de Emma en los días que
a extremo del Desierto en tales circunstan tardara en acabar su trampa telegráfica no
cias. llegaban, y estaba viendo que Don Héctor
En consecuencia, desistió de su propósito conocería cualquier día que el auto-estación
en tanto no aclarara el horizonte, optando avanzaba demasiado despacio, a lo cual no
por llevarse consigo su hija a Techiasco; podría Lobera contestarle dando como razón
mas convirtiendo aquella residencia en un que a su hija no había medio de hacerla
fortín para preservarla de un golpe de hablar de un asunto sumamente interesan
mano de los rebeldes, en tanto pudiera re te, pues apenas) olía que le iban a plantear
cibir socorro, para pedir el cual en caso explícitas cuestiones, solía escurrirse como
necesario habría de arbitrarse rápido me una anguila.
LA MAYOR CONQUISTA 59
¿Cortedad de genio?... ¿Coquetería?... Va tó hipócritamente el argentino un tanto co
ya usted a saber; y no saberlo era lo que lorado al recordar su tontería de la arena.
desesperaba a Lobera. — Pero teniendo en cuenta— agregó Du
Pero, por suerte, en la noche del cuarto día very— que es base obligada de los planes de
de su estancia en Agadés tuvo una conver usted usar en su explotación la fuerza de
sación con Don Héctor, la cual le dió el la Hidroeléctrica de Lebezenga, no hay po
respiro que oyéndole veremos. sibilidad de ello; porque a Azzau todavía
— Para esa gran manufacturera vidriera llegará bien, pero Techiasco está ya dema
no veo mejor sitio que Azzau; y no estando siado alejado de dichas cataratas.
las cosas, según usted ya sabe, para que un — ¿Y cuánto dista Azzau de Techiasco?
europeo se arriesgue a reconocimientos en -—De doscientos a doscientos veinticinco
estas tierras, creo excusado se meta usted kilómetros— contestó Don Héctor, volviendo
en ellos. a sonreírse al ver que Lobera no pregunta
— ¿Y no habría en las inmediaciones de ba la distancia entre el lugar donde había
Techiasco zonas despejadas donde... donde... de utilizar la fuerza y la central de donde
abunde la arena?— preguntó Lobera tarta iba a tomarla, sino la existente entre su
mudeando un poco, por venírsele a la boca venidera residencia y la de Emma.
una pregunta sobre la fuerza del sol en ta — Para lo que son las distancias del De
les zonas, que no quiso uejar escapar por sierto, casi al lado: con motos o .autos, y
razones que el lector ya conoce, no suficien sin correr, tres horas escasas; en dirigible,
tes a quitarle el escozor de engañar a quien ni eso, y en aeroplano una hora.
debía las atenciones que a Duvery; pero al — ¡A h ! ¿Es que piensa usted tener aero
cual no debía confiar un secreto, que no era planos en su factoría vidriera?
únicamente suyo. — Sí... Tal vez.
Tales tartamudeos no pasaron inadverti — Yo creo que lo que a usted más le con
dos a su interlocutor, que a haberle oído viene es unírsenos cuando salgamos para
hablar otra vez del sol del Sahara no ha Techiasco, con lo cual se evitará los peligros
bría dejado de sorprenderle la frecuencia que su pequeña caravana podría correr en
con que sacaba a colación tal tema, y aun esa primera parte de la expedición, que por
parecía complacido cuando oía encomiar la la índole de las tribus que habría de atra
inclemencia del temible y constante verdu vesar es la más arriesgada. Desde Techias
go de quienes tienen que andar por el De co podrá usted ir después a Lebezenga, no
sierto; pero como Lobera se contuvo, el al final de su reconocimiento de localidades,
padre de Emma atribuyó la turbación de como tenía proyectado, sino directamente;
su huésped a temor de que ie adivinaran pues estando Azzau casi al paso, puede ver
que en su deseo de establecer la vidriería lo de camino; y únicamente si después de
cerca de Techiasco no influían razones in visto no le conviniera aquel sitio para su
dustriales, pues de sobra tenía ya visto el fábrica, debería pensar en ulteriores reco
padre lo que al americano le parecía su nocimientos.
hija: no molestándole el descubrimiento N o hay que decir que él plan de Duvery
cuando'lo hizo, pues sobre sene muy sim pareció de perlas a Lobera, aceptándolo des
pático el pretendiente, tenía de él magnífi de luego: terminando con esto la anterior
cas referencias por la persona que se lo conversación, al acabar la cual no se ex
había recomendado. Que lo adornaba talen plicaba el ingeniero que para hacer vidrio
to y además cultura en grado no frecuente tuviera un bonaerense que ir a A frica en
en quien como él no la necesitaba para ga busca de la arena, que no debía faltar en
narse la vida, lo había apreciado por sí la Argentina; y al separarse de él iba di
mismo Duvery, quien, riéndose, contestó ciendo:
a la tonta pregunta que le había sido hecha: — Creo que esa vidriería corre parejas con
— ¡Faltar la arena en el Desierto!... N o el emporio maderero del Baoutch, pero a
pase usted cuidado. En cuanto a lo otro, éste se le conoce en la cara la mentira; y
me complacería poder informarle de acuer algo dice en su abono el no saber mentir...
do con mi deseo de tenerlo por vecino: no Pero ¿qué habrá detrás de esa mentira?...
solamente por el gusto que ello me propor Cuando él lo calla, será que no puede o no
cionaría, sino porque en esta época de te debe decirlo, porque no es un farsante, co
mores de revueltas no sería desdeñable la mo Núñez: eso se ve a la legua.
posibilidad de prestarnos ayuda.
— En eso precisamente pensaba— contes
60 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
A l lagartón de Moyfsk no podía escapár — ¿Pero es que por ella lo has de olvidar
sele que su casa estaba vigilada, no obstan todo: hasta tu personal seguridad?
te el disimulo con que b eru er montó tal — No olvido nada: para aarme lecciones
vigilancia. Gentes que, por los trotes en que sabes poco.
andaban, vivían tan sobre aviso como Abd-el- — Es que...
Gahel y Ben Cassim, y que mediante las ■
— Calla, y ve a preguntar a ese cazurro
consabidas señas se habían relacionado con si tiene ya lo que le encargué buscara; y
no pocos hermanos de la masónica secta si lo tiene que venga a ..raérmelo y a de
residentes en Agadés y hasta en la propia cirme los nombres de los camelleros.
casa del judío, no habían menester les die — ¿Qué camelleros?
ra éste la voz de alarma; pues cuando los — Vete y haz lo que te digo.
previno de que estaban espiados, le contes Salió Cassim. Cuando su sobrino se que
tó Abd-el-Gahel:
dó solo sacó del bolsillo un cuadernito con
— Ya lo sabía, y también que tú no lo registro alfabético, bien repleto de notas;
ignorabas; y hasta me parecía que tardabas buscó Agadés, en la A, y entre los datos
en avisarme de ello.
relativos a dicha población, leyó: “ Tinkert,
— Gran Señor— contestó el hebreo aterra capataz de motoristas y camelleros de
do ante la dura y recelosa mirada de Abd- Moyfsk: gran práctico del Sahara meridio
el-Gahel, y poniéndosele carne de gallina nal, muy conocedor de autos y camellos, lis
al pensar que no era Bertier sólo quien lo to, valiente y de absoluta confianza. Ben-
tenía estrechamente espiaao— , en cuanto Ziza.” Hecho esto se guardó el cuaderno.
me he dado cuenta de ello he venido a de Poco después volvía Cassim acompañado
círoslo: juro por Moisés. de Moyfsk: aquél con cara de muy pocos
— Por hoy te creo: no por el juramento, amigos por acordarse del réspice poco an
del que no hago caso, sino porque te supon tes recibido, y éste con un paquete que,
go convencido de que ni te conviene ocul abierto, resultó contener dos trajes de tua-
tarme nada, ni aun, de intentarlo, lo con regs ifoglias: gentes que por tener gran
seguirías. tráfico con El A ir no sorprende a nadie
— Señor, señor: mi lealtad... verlas en Agadés y sus contornos. Los tra
•— No digas tonterías. Yete. jes habían sido buscados de modo que, poco
— Y mucho ojo— agregó Ben Casim, que mías o menos, fueran de las tallas de los
al salir Moyfsk dijo a su compañero: supuestos españoles (1).
— Quiera Al-lah que tu empeño en perma
— Cassim, vete enterando de cómo se des-
necer aquí no nos salga caro: quien estan
do en nuestro caso tuviera dos dedos de
juicio no tardaba dos horas en salir de
(1) Tuarcg es el nombre dado por los árabes en
Agadés. su idioma a la raza bereber que ocupa la parte
— Ya te he dicho que mientras ese hom central del Desierto de Sahara (una mitad de él).
bre no se imarche y yo no sepa dónde lo en El significado de esta palabra en dicho idioma es
“ abandonado de D ios”.
contraré seguramente (no me muevo de Dicha raza, berberisca de origen, y por lo tan
aquí. to blanca, se halla en la actualidad mezcladísima
— Y mientras, que nos armen una ence con árabes y negros. Los individuos' de ella no se
dan a sí mismos el nombre de tuaregs, sino el
rrona y nos cojan en la ratonera que ya de imohags, en cuya etimología se halla explica
nos van preparando. ción que a tal palabra une el significado de raza
— No es tan fácil como crees coger a Abd- libre, independiente, fiera.
el-Gahel. Como tres siglos después de la invasión del A f r i
ca por los árabes adoptaron los tuaregs la reli
— No lo era; pero ahora, embrujado por gión mahometana; mas no por ello cesaron sus
esa maldita hija del diablo que así Al-lah insurrecciones y sus luchas con los dominadores.
quiera...— exclamó Cassim, pasándole por la Los imohags, como se llaman ellos, o tuaregs.
como los llam a el mundo, constituyen hoy cuatro
cabeza un expedito y feroz medio de des grandes confederaciones de numerosas trib u s :
embrujar, como él decía, a su sobrino y grandes, se entiende, por la extensión que ocupan,
jefe: quien, adivinándole los pensamientos, pero de población sumamente escasa, pues que
lo interrumpió diciendo: las dos del norte, tuaregs-azdjary tuarcgs-hoggar,
limítrofes con Argelia, Tíinez y Trípoli, no cons
— Acuérdate de esto, Cassim: si alguien tan, segfin Duveyrier, sino de 30.000 habitantes.
toca a un cabello de esa mujer conocerá a Las otras dos, al mediodía y cuyos territorios lle
su costa lo que es la ira de Abd-el-Gahel... gan al Senegal, la Nigricia, el U ad ai y el 'Sudán,
XV
LAS DOS BARAJAS DE MOYFSK
(l) En los sistemas automáticos de comunica ellas molestado para hablar con otro cualquiera
ción telefonica, el abonado a una red no necesita abonado, pues desde su casa puede por sf mismo
molestar a las señoritas de la central, ni ser por ponerse al habla con otro cualquier abonado. Es-
LOS VEXOADORES 5
66
BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
XVI
EN DONDE BERTIER CREE ESTAR SONAMBULO
Fingiendo grandísimo espanto, tan em
res de Moyfsk, perfectamente al tanto de
bustero como el sueño simulado cuando lo
haber sido este último el camino tomado
fueron a sacar de la cama, protestó a gri
por los fugitivos, pensaron que su amo en
tos Moyfsk de la prisión, armando el gran
gañaba a los gendarmes para lanzarlos so
escándalo: sobre todo cuando, al ruido, acu
bre una pista falsa: tanto, que uno mur
dieron criados y mozos de cuadras y alma
muró al oído del compañero que tenía al
cenes; pues aquella era la ocasión de ente lado:
rarlos bien de que él era la primera vícti
— ¡Qué ladino y qué tuno es el hebreo!
ma de las autoridades, y de hacerles oír
Sí dijo el otro— . Que los busquen, que
los juramentos por todos los profetas y re los busquen por ahí.
yes de Israel con que aseguraba a los gen
Un cuarto de hora después, al ser ence
darmes que los señores Núñez y Pozo se
rrado el espontáneo detenido en un cala
habían ido por tenerlo hacía días prepara
bozo del cuartel, encargó al sargento dijera
do; pero que ni su marcha era una fuga,
al oficial, tan pronto regresara, que era inte
ni acaudalados y respetables comerciantes
resantísimo fuera inmediatamente a ha
como ellos tenían porqué fugarse.
blarle; pues podía hacerle revelaciones de
Sin hacer caso de protestas ni profetas
gran importancia y explicarle muchas co
le ordenó el sargento lo llevara a las habita
sas que él no comprendería.
ciones de los españoles; y todavía ante los
— ¿E l qué va a comprender?
equipajes y los criados que aquél hizo su
— Nada: cuando le diga usted eso ya en
bir para que los transportaran al cuartel, tenderá.
perjuraba el judío, que el habese dejado los
Una vez encarcelado, se sentó en el ca
baúles no significaba abandono de ellos por
mastro de su cuchitril, contentísimo de ha
sus propietarios ni huida de éstos, que pen
ber hecho creer a los conspiradores que
saban volver a los dos días de un breve
por fidelidad a ellos padecía la prisión; y
viaje de ida y vuelta a Tourayet: aldea si
ya tranquilo en esto, comenzó a discurrir
tuada en dirección diametralmente opuesta
cómo se las bandearía para lograr que Ber-
a la de Uad-Tini; por lo cual los servido
tier acabara de sacarlo del atasco.
KUII
UNA MADEJA DE PISTAS ENREDADAS
Para 'enterarnos de los laberínticos ardi A las dos horas escasas de carrera, y co
des de Moyfsk nos quedamos en el pueblo; rridas' otras tantas docenas de kilómetros,
mas ya logrado aquel objeto, retrocedamos vieron, delante y a lo lejos, la silueta de lín
unas horas para seguir a Abd-el-Gahel y a hombre, que en lo alto de un camello, y pa
Ben-Cassim en su fuga, no entorpecida por rado en medio del camino, lanzó al divisar
la vigilancia montada en torno de casa del los dos sucesivos gritos guturales, contes
hebreo, porque el robo de la tenería, cono tados de igual modo por Tinkert, que al lle
cido cuando estaban en servicio de campo gar a su altura se detuvo, cruzó con él unas
casi todas las parejas de gendarmes, obligó palabras, y volviendo al encuentro de Abd-
a Bertier a llevarse allá las dedicadas a di el-Gahel, cuando éste llegaba junto a ellos,
cha vigilancia. dijo:
Apenas los fugados dejaron atrás las úl —Este es nuestro hombre.
timas casas de Agadés, intentó Ben Cassim -—¿El tuareg?
conversar con su sobrino; pero infructuo —Sí. Dice que está todo preparado.
samente, pues no obstante hablar a gritos, —Pues echad adelante.
no era oído, a causa de lo violentísimo de Guiada por el tuareg, la pequeña cara
la carrera que llevaban. vana se desvió de la ruta al norte, hacia
Iba en cabeza Tinlcert, llevando delante Uad-Tini, hasta entonces seguida, continuan
ra de cuatrocientos a quinientos metros; do a buen paso hacia saliente por una ca
seguían Abd-el-Gahel y Ben Cassim, ambos ñada de piso pedregoso, que contorneando
a igfual altura, y cerraban la marcha Hixem una colineja, los llevó a una casucha inha
y Alí (el camellero incorporado a última bitada, de detrás de la cual salieron dos borfí-
hora a la partida). La Luna, pocos días an bres que, como el apostado en el camino,
tes entrada en cuarto deciente, alumbraba eran hermanos africanos venidos de Tim-
bien el camino.
LA M A Y O R CONQUISTA 71
gué (1) dos días antes, con tres camellos Cuando a los cinco minutos salieron los
de refresco, con los cuales estaban aguar camelleros vestidos de ifoghas, y con las
dando desde entonces. A l verlos se detu consabidas capas sobre los hombros, entra
vieron los recién llegados. ron en la casa los jefes, encontrando en ella 4
T in kert y el guía echaron pie a tierra, dos equipos completos, en cuyos velos, espa
hablaron rápidamente a los 'de Timgué y das .lanzas, abarcas y casquetes habrían re
entraron en la casa, donde encendieron luz: conocido Bertier o Duvery o cualquier prác
visible por la puerta, único hueco al exte tico del Desierto, los típicos vestidos de los
rior de aquélla. Entonces pudo al fin Ben- montañeses de la serranía de Timgué, en
Cassim hablar con Abd-el-Gahel, como venía cuyas faldas asienta Tinteloust. Con los
deseando desde la salida de Agadés, dicién-
vestidos hacían juego los jaeces de los so
dole:
berbios meharis, de allí traídos por los dos
— ¿Es aquí donde nos mudamos de trajes? timguetanos de su tierra.
— Sí.
Cambiados los trajes europeos de Abd-el-
— Pero supongo que no pensarás ponerte
Gahel y Ben Cassim por los que les habían
el regalito del maldito hebreo.
traído, vertió Tin kert sobre los primeros un
— ¡Pobrei M o y fs k !— contestó Gahel, que
bidón de gasolina, 'y les prendió fuego, fuera
sabiendo por dónde respiraba su tío le di
ce la casa, a fin de que, aventando el viento
vertía disimular que había penetrado la
lag cenizas, no quedaran éstas donde pudie
intención del avaro mercader al despren
ran ser principio de una pista para quien las
derse de dos pieles de gran valor— . Buena
viera.
manera de agradecerle su valioso obsequio
Los disfrazados camelleros subieron en
y su solicitud. Ya ves que tenía razón: la
los meharis hasta entonces montados por
noche está muy fría.
Gahel y Cassim; éstos, en dos de los de re
— ¡Pero estás en tu juicio!... ¿No compren
fresco, y Tinkert y el tuareg, en el tercero,
des que ponerse esas pieles es ponerse un
dándose suelta a los tres restantes de los
rótulo diciendo: “ Somos los escapados de
Agadés” ? salidos de Agadés para que, al volverlos su
— P or eso, al darnos esa divisa, nos ha instinto al establo, y saber Bertier su re
hecho un gran servicio el buen Moyfsk. greso, se quebrara los cascos pensando dón
— No te comprendo, Gahel... ¡Ah! de los habrían abandonado el señor Núñez
— Parece que empiezas a ver claro... Yá y el señor Pozo.
era hora, porque si tú no has desconfiado Una vez hecho todo esto, después de
hasta lo de las pieles, antes desconfié yo de tributar respetuosísimas zalemas a Gahel
lo lujoso de los trajes de ifhogas... Parece y Cassim, y pedir para ambos la protección
mentira me creas tan inocente que fuera a de Alah, fuéronse a pie, a campo traviesa,
huir dejando a ese hombre posibilidad de los que habían traído los trajes y los meha
dar mis señas. Su generoso obsequio de ris.
esta noche ha convertido en certeza mi re Abd-el-Gahel y sus acompañantes retro
celo anterior de que en cuanto saliéramos de cedieron por la misma abra por donde ha
su casa nos haría traición; y ahora me va bían llegado a la casa, basta volver de nue
a servir para demostrarle que a astucia no vo al camino (dado que tal pueda llamarse
me gana ni un hebreo. Anda, desata tu lío y aquel mal trillado entre Agadés y Uad T in i),
dáselo, con la piel, a Tinkert. al salir al cual partiéronse en dos grupos.
A l decir esto hacía Abd-el-Gahel lo mis Hixem y Alí, los dos camelleros dagatums,
mo que indicaba a Ben Cassim, diciendo al disfrazados de ifhogas, y bien adiestrados
capataz que en aquel momento salía de la por Gahel en sus papeles, tomaron hacia
casa. Uad-Tini a paso no demasiado vivo, para
— Que Hixem y A lí entren ahí, se pongan lo cual encojaron a intento un camello;
estos trajes y sobre ellos las pieles. Pero pues llevaban encargo de dejarse coger si
vivo... Oye: ¿están dentro los que los otros eran perseguidos, y si no, de hacerse atra
han traído? par al día siguiente en el citado lugarejo.
— SI, señor. E l otro grupo, de los cuatro hombres y
los tres meharis, marchó en sentido opues
to: con asombro de Ben Cassim, que vaci
(1) Monte de 1.700 metros de altitud situado lante y receloso, como quien venía viendo
en el macizo montañoso de El A ir, al norte del
desde hacia varios días proceder en todo a
importante pueblo— importante en el Sahara— de
Tintelloust. su sobrino cual jefe que resuelve sin pe-
72 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
dir parecer ni dar explicaciones, preguntó — Puede que tengas razón... Pero ¿dónde
tímidamente: vamos a escondernos cuando lleguemos?
— ¿Dónde vamos ahora?... Es decir, si no — Donde queramos; pero también está
tienes inconveniente. previsto eso. Ante el Gran Caíd de Africa
Gahel, a quien tenía de ouen humor el Vengadora se abren las puertas de todos
pensar en las caras de Moyfsk y Bertier los hermanos africanos... Se figuran los pe
cuando al día siguiente vieran negar presos rros que por suyos ser tierra, ciudades y
a Hixem y Alí, en $ez de los que esperaban, ferrocarriles, son reyes del Desierto, sin
y complacido al comparar aquel humilde ver que el verdadero rey será, a la postre,
■
“si no tienes inconveniente” con los desplan el que reina en los hombres... ¿No has vis
tes de oíros tiempos de su levantisco subor to cómo domino en todas partes, cómo soy
dinado, sonrió al contestar: obedecido y guiado, cómo, por donde voy,
— ¿Qué, no lo ves? hallo siempre quien de mi paso aparte los
— ¿Pero de veras volvemos a Agadés?... peligros?
—Me has oído que mientras aquel hom ■—Es verdad, es verdad.
bre no se vaya no saldré yo de allí; y yo — Y esa omnipotente sociedad secreta, sin
hago siempre “lo que digo”. Creía que lo la cual continuaríais siendo los africanos
sabías. tan enemigos unos de otros como siempre,
—Cuando tú lo mandas... y tan débiles como hasta ahora fuisteis
—Otra te queda dentro. contra los perros, es mi obra.
—Yo no tengo más que obedecer, y obe
— Sí, Gahel, sí, es verdad; eres grande,
dezco...; con morir a tu lado cuando llegue
eres grande: a tu lado somos todos burros;
la hora... siempre tienes razón, llévame adonde
—Que por lo visto crees cercana y de la quieras.
cual no hay por qué acordarse ahora.
Iba a contestar Gahel cuando vió serpear
— Cuando tú lo dices, así será-
en el suelo y avanzar hacia ellos a gran
—No será, es: me has visto adivinar la
velocidad cuatro luces. Eran los faroles de
traición del judío cuando ni tú la sospecha
las motocicletas de los cuatro gendarmes
bas ni todavía pensaba él en ella; me has
salidos de Agadés para darles caza, quie
visto prepararme a burlarla de antemano,
nes, al encontrarlos, preguntaron:
por medio de ese hombre— aludía al capa
— ¿De dónde venís?
taz— que he sabido encontrar entre los mis
— De Tinteloust.
mos servidores de Moyfsk.
—Verdad es, has estado habilísimo; perb... — ¿Os habéis encontrado dos europeos y
— Sigue, hombre, sigue: hoy me coges de tres dagatums corriendo hacia Uad-Tini en
cinco camellos?
temple de oír sin enfadarme lo que quieras
decir...: como no sea nombrar ni mezclar — Cinco camellos sí, pero europeos no:
son dos ifoghas y tres dagatums.
en esto a quien sabes.
— Da lo mismo. ¿Y no tenían alguna seña
— ¡Ah! Si permites...
— Por cinco minutos no soy el Gran Caíd, particular?
— Seña particular... No. ¡Ah, sí! Los
sino tu sobrino. Aprovéchate.
—¿Sí?... Pues mi sobrino es un loco de ifoghas llevaban unas capas de pieles de
atar; y si los cinco minutos me dieran tiem tigre.
po para ello, lo amarraría para llevármelo — Esos son, esos son... ¿Llevan mucha
muy lejos de la boca, peor, de la garganta delantera?
del lobo donde quiere meterse. — Medía hora: tal vez menos; pues pre
— ¿Sí, eh?... Pues mira, yo no creía que cisamente al cruzarnos con ellos se les cayó
mi tío fuera tan miope que no viese que un camello, que les ayudamos a levantar, y
en cuanto nos metamos en la garganta de que, según cayó, mucho será no se les haya
ese lobo no podrá mordernos, porque esta encojado.
remos ya detrás de sus dientes. — Entonces nuestros son ya — exclamó
—Eso... uno de los gendarmes.
—Vamos a ver: si tú fueras el capitán — Nos han dicho en Uad-Tini que han ro
Bertier, ¿dónde me buscarías? bado hoy una fábrica... ¿Son esos los la
—En todas partes. drones, señores gendarmes?
—En todas, menos en Agadés... — ¿Los ladrones?... Sí, ellos son.
.— ¡Calla!: es verdad. — Pues que Al-lah os ayude a coger pron
— ¿Lo ves, hombre, lo ves? to a esa canalla. Con los camellos de hie-
LA MAYOR CONQUISTA 73
rro y fuego que lleváis no podéis tardar los otros tres seguían con calma hasta lle
mucho en alcanzarlos. gar a una de las casas de mejor apariencia
— Pues buén viaje, y gracias. de la plaza principal, a cuy^ puerta llamó
— No hay de qué, señor guardia. el guía con gran estrépito, como quien no
La tropa de las motos y la pequeña pa tiene porqué ocultar dónde va ni de dónde
trulla de camellos siguieron marcha en viene.
opuestos sentidos. Vivía en aquel caserón un moro rico,
muy adicto a los franceses, con los cqales
* * *
hacía magníficos negocios: no solamente
por ser contratista de la recaudación de
Con losprimeros claros del día alcanza contribuciones en toda la comarca del Air,
ron los gendarmes a Hixem y a Alí. a quie lo cual le ponía en relaciones muy fre
nes, por no ser sino dos, no tomaron al cuentes con Bertier, sino además proveedor
pronto por los que buscaban; pero en cuan de traviesas de la empresa del ferrocarril:
to, acercándose a ellos, vieron sus trajes y con lo que estando su adhesión bien expli
las pieles de tigre y observaron que uno cada por su interés, no inspiraba descon
de los camellos cojeaba, los detuvieron. fianzas.
Protestaron ellos de no ser quienes de Abierta y franqueada la puerta a los
cían los guardias, manifestando a éstos que recién llegados, hallaron éstos en el zaguán
los cinco fugitivos a quienes perseguian al susodicho dueño, que, gracias a anterio
iban delante con poca delantera; pero al res buenos oficios de Tinkert, los estaba
ser interrogados separadamente acerca de aguardando; y comenzado el manipuleo de
sus personalidades se contradijeron, no pu- las señas misteriosas, dió éste por inmedia
diendo presentar documentos justificativos to resultado que el ricachón se inclinara,
de las que declaraban; y al encontrarles es no respetuosa, sino humildemente, ante los
condidos, cuando los registraron, los pasa que más que como a huéspeder recibió como
portes de Núñez y de Pozo, ya no dudaron amos.
los gendarmes. Cuando, pocos días antes, tomaron cuer
Entreverando verdades y mentiras dije po los temores de Bertier a una conspira
ron entonces los detenidos ser camelleros ción en ciernes, había éste dado orden a
de Moyfsk salidos de Agadés y haber sido todos los vecinos de Agadés de darle parte
con amenazas de muerte obligados por los inmediato de toda entrada y salida de fo
señores españoles a disfrazarse con sus tra rasteros en sus domicilios. Cumpliendo tal
jes de ifhogas, después de lo cual se ha mandato, a las once de aquella mañana se
bían aquéllos alejado a la carrera, tomando presentó el recaudador en el cuartel acom
una senda de travesía hacia Tiguidas; y de pañado de tres ahel-litzcnn de Tinteloust:
los pasaportes manifestaron que estarían en dos de ellos comerciantes muy amigos su
los trajes cuando se los pusieron. yos, guía el tercero, todos recién llegados
— ¿Y porqué en lugar de volveros a casa a su casa, y que iban a pedir a la autori
de vuestro amo, seguíais huyendo?... ¿Qué dad su venia para proseguir, a la tarde, via
se os había perdido en Uad-Tini?— pregun je a Okhom y a Zinder, que les fué conce
tó el guardia que hacía cabeza- dida en vista de la personalidad del fiador:
Y como a tal pregunta no recibiera sa con tanta más facilidad cuanto que los gen
tisfactoria respuesta, quedó convencido de darmes recién llegados con los camelleros
ser aquellos dos los que el sargento había presos reconocieron a los viajeros de Tin
dicho importaba prender, y embustes torpes teloust que la anterior madrugada les die
de ellos lo de las amenazas y la senda de ron noticias de los fugitivos.
Tiguidas. Cumplidas las formalidades reglamenta
Poco más o menos a la misma hora que rias, camino de Okhom salían a la hora
los gendarmes amarraban a Hixem y a Alí anunciada dos forasteros, que eran real y
llegaban Abd-el-Gahel y sus acompañantes positivamente comerciantes de Tinteloust,
a las primeras casas de Agadés, donde no desde la víspera escondidos en casa del re
entraron todos; pues en las afueras se apeó caudador: los mismos cuyos trajes habían
Tinkert del camello donde iba en compañía usado de prestado la pasada noche Abd-el-
del tuareg; y después de asentir a un “ya Gahel y Ben-Cassim, que se quedaban alo
sabes lo que tienes que hacer y dónde y jados de ocultis por aquél, mientras Bertier
cuándo hemos de vernos” de Abd-el-Gahel, daba su señalamiento por telégrafo a los
desapareció por un callejonzucho, mientras cercanos puestos de gendarmería: con in-
74 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
dicación de las ru tas que verosím ilm ente M ientras fué, vió escapar al criado, antes
podrían haber tomado al alejarse de la de de llegar a él, lo persiguió sin darle alcan
Uad-Tini; pues para él, dada la enorme de ce, consoló al pequeño y regresó a la coci
la n tera que deberían llevar, tenía por vana na, había tenido T in k e rt tiempo de en tra r
toda persecución in tentada con sus gen en ésta por la ventana, de destapar y volver
darmes. a ta p ar la fiam brera y de salir un m inu
M ientras tanto, a Moyfsk se le torcían to después por la puerta de escape a un
decididam ente sus combinaciones; pues pasillo; y a m edia noche m oría Moyfsk
B ertier pensaba que lo de las pieles había envenenado: según dijo su autopsia, con
sido artim añ a convenida por el taim ado cardenillo de las vasijas de cobre donde le
viejo con los m entidos españoles para ase habían hecho la cena.
g u ra r la fuga de éstos, haciendo apresar a Aquél era uno de los encargos que, al
los camelleros en lugar de ellos; y por tan volver a Agadés, había recordado Abd-el-
to lo m antuvo preso: mas no de farsa, co Gahel al capataz. Los otros irá n saliendo
mo deseaba el judío, sino procesado muy en breve.
de veras. Y esto era lo de menos para él, E n cuanto a B ertier, le dió tal m uerte
pues lo más grave fué que dos días después mucho en qué pensar, pues él no creía que
de o cu rrir los sucesos últim am ente referi el cardenillo procediera de los cacharros de
dos, y cuando la cocinera negra de Moyfsk la cocina; y aun cuando nada dijo, vió en
arreglaba el portaviandas con la cena de su esto prueba de que en lo rum oreado sobre
amo—a quien llevaban a diario a la prisión terribles castigos fulm inantes im puestos
la com ida de su casa—, oyó aquélla a su por una m asonería m usulm ana del D esierto
hijo, rapazuelo de siete años, dar, allá en lo a quienes la traicionaban no eran vagos de
últim o del enorme corralón, trem endos ala cires. Y sólo entonces creyó que no habían
ridos; y al asom arse a la p uerta de la co sido farsa los terrores del judío y que éste
cina que al corral abría y ver que un cria era sincero al procurar la prisión de sus
do estaba golpeando al chico, salió como huéspedes.
una fiera a defender a su cachorro.
M ientras Duvery ultim aba los p reparati La mayor de las dificultades con que Don
vos de la m archa a Techiasco, Abd-el-Gahel H éctor luchaba era la de aseg u rar las co
continuaba sus conferencias con los cabe municaciones telegráficas de su venidera
cillas del proyectado alzam iento: bien en residencia; pues aunque ten ía dos peque
casa del recaudador, donde estaba, y a nadie ños aparatos de telegrafía sin hilos de más
sorprendía fueran m uchas personas influyen de trescientos kilóm etros de alcance, so
tes de la extensa región abarcada por sus brado para establecer comunicación en tre
cobranzas, bien, cuando por ser gentes ve Agadés y Techiasco, faltábale radiotelegra
nidas de más lejos no convenía fueran vis fista: y le preocupaba la desconfianza de
tas en Agadés, en poblados cercanos adon B ertier, ya com partida por él mismo, en di
de, disfrazados de cobradores del recauda
cho sistem a de telegrafía; pues a los indi
dor, iban Gahel o Cassim: ocupaciones que
cios de que sin puntualizarlos se hizo men
no im pedían al futuro caudillo de la pro
ción al dar noticia del porqué y para qué
yectada insurrección estar perfectam ente
enterado por sus espías, que a todas partes fabricaba Libera el auto explorador (ya te r
llegaban y por doquier sabían filtrarse, de m inado en el tiempo de que hablamos aho
cuanto ocurría en casa de la h u rí rubia, a ra, y que oportunam ente veremos funcionar)
la cual logró ver dos otres veces en la ca destinado a descubrir las) estaciones clan
lle y una, de cerca, en su mismo jardín, destinas, habíase agregado últim am ente el
entrando en él disfrazado de obrero de la muy significativo de haberse fugado los fal
com pañía del alumbrado. sos Núñez y Pozo a las doq horas de re-
LA MAYOR CONQUISTA 75
cibido el radiogram a de Río de Oro con las cial que los m andaba que análogos refu er
señas personales de los verdaderos. zos habían salido, de Tombuctú tam bién, y
El propósito de establecer entre Techias- tam bién por vía aérea, para Mobroult, Taou*
co y Agadés sistem a telegráfico cuyos des deni, A rouan y Oualata.
pachos no pudieran ser interceptados por Recibióse noticia telegráfica de que en
los desconocidos enemigos de quienes im igual form a habían sido enviados de Libre-
portaba guardarse constituía problem a al ville a Zinder—im portante villa situada
parecer sin solución a no habérsela dado 350 kilóm etros al su r de Agadés—refuer
tam bién el argentino, que a no ser por esto, zos mucho más im portantes: acaso por su
y estando term inada su an terio r ta re a y cercanía a la N igricia Inglesa; pues con
listo el auto-telegráfico, no habría tenido trapuestos intereses franceses y británicos
más remedio que m archarse a las correrías en A frica y reiterados rozam ientos en tre
relacionadas con su em presa solar, dejando colonos, protegidos y autoridades de las dos
la am orosa no ta n clara como él apetecía. nacionalidades en las zonas fronterizas
De aquí que se a g a rra ra a esta segunda Jhabían originado agrias notas diplom áticas
oportunidad de d ila ta r su viaje, justifican cruzadas entre P arís y Londres, de no m uy
do la dem ora con la prestación de nuevo ser buen augurio para el m antenim iento de la
vicio consistente en in stalar entre Agadés paz entre ingleses y franceses en los lím i
y Techiasco comunicación electroiumínica, tes m eridionales del Sahara.
no consistente en un vulgar telégrafo ópti Súpose al propio tiempo que con tropas
co de heliógrafo o linternas Mangin, sino argelinas, m arroquíes y tunecinas habían
un verdadero lum iteléfono, donde la voz sido establecidas guarniciones en los p rin
sería transform ada en luz p ara viajar di cipales nudos de comunicación y tráfico del
luida entre los rayos de ésta hasta llegar norte del Desierto, y Duvery recibió tele
a la estación receptora y ser en ella nueva gram a de la Compañía del T ransahárico
m ente m etam orfoseada de modo que las participándole que estaciones y tren es se
oscilaciones lum inosas engendraran en los rían en lo sucesivo perm anentem ente pro
auriculares de un teléfono ordinario soni tegidos.
dos idénticos a los que les hablan dado Por últim o, el correo trajo puntual relato
nacim iento (1). de la bárbara, mas por lo mismo indudable
Muy en breve veremos a Lobera in stala r prueba de adhesión dada a F ran cia por los
este [Link]éfono en Techiasco: tan pronto moros tadjakan de Tendouf, haciendo su
como demos noticia de im portantes suce m aria ju sticia al estilo moro en la “cua
sos: públicos y resonantes unos, privados y drilla de ladrones de alam bre” que ocasio
sigilosos otros, que no es posible dejarse naron la avería telegráfica, obsequiando a
atrás, pues influyeron grandem ente en otros las autoridades con las cabezas de los de
por venir. lincuentes y restableciendo rapidísim am en-
Una m añana llegó sobre Agadés un diri te la línea m ediante g ra tu ita prestación de
gible procedente de Tombuctú con ochenta trabajo : todo lo cual, con ser tan convin
gendarm es senegaleses p ara reforzar la cente, no acababa de convencer a B ertier
com pañía de B ertier, sabiéndose por el ofi- de la lealtad africana.
Nosotros conocemos ya, por su cara
opuesta, la verdadera causa de ta l lealtad
(1) El heliógrafo es un espejo que en el terreno y del cruento castigo decretado por el G ran
se monta sobre un trípode, situíindolo de modo Caíd, quien por aquellos días circuló, em
qiie refleje la luz solar en la dirección del lugar pleando el consabido sistem a de motociclos
al cual quiere hablarse, en donde dicho rayo es
recibido en un anteojo convenientemente apunta y zurrones, el siguiente documento:
da, que percibe la luz por el heliógrafo enviada. “H ágase saber a los cabezas de logias y
Pero mediante un manipulador análogo al de los cabos de taifa, p ara rápida noticia y salu
telégrafos Morse, el telegrafista que maneja el he dable escarm iento de todos los herm anos,
liógrafo puede comunicar al espejo de él peque
ñas oscilaciones breves o largas, interrumpiendo que degüello de Muffis, padre e hijo—al fin
así por corto o largo tiempo la percepción en el habían caído los dos—con sus auxiliares, y
anteojo. Las interrupciones breves equivalen a envenenam iento judío Moyfsk h an sido eje
puntos y las largas a rayas del alfabeto telegrá
fico, usando el cual se telegrafía en el heliógrafo, cutados por decisión Diván Supremo en
aparato muy antiguo, como en los telégrafos or castigo de extralim itación facultades y des
dinarios. obediencia de los prim eros y por traició n
Mediante eclipses de diversa duración de la luz
de las linternas de Mangin se obtiene el mismo del últim o.”
resaltado de noche. * * *
76 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
Tres días después de la llegada de los re — Bueno, aquí tiene uno que hacerlo to
fuerzos a Agadés salió Duvery con su fami do: aguárdate, buen hombre, que ahora te
lia y acompañantes para Techiasco, y al pondré cómo has de hacerlo.
volver de despedirlo hasta unos cuantos Al decir esto rompía la hoja recibida de
kilómetros del pueblo encontró Bertier en Ben-Cassim, tomaba otra en blanco, en la
el cuartel el siguiente telegrama de su cual escribió despacio, como si meditara al
compañero de Zinder: hacerlo, y se la daba al otro cuando hubo
“ Suplico tome disposiciones descubrir y terminado. Dicha hoja decía:
prender si llega esa jurisdicción pareja “ Esta noche tres madrugada, calle An
gendarmes senegaleses de los recién llega gosta, núm. 32, casa de Zaida. Preguntar a
dos, desertada con equipo y armas.” ésta si está su hermano. Llamar nudillos
Al leerlo dijo el oficial, torciendo el gesto: sin hacer ruido oigan vecinos. Hay que ir
— Temprano empiezan... Dios quiera que traje jornalero. Escriba y entrégueme un
los tales refuerzos no se nos indigesten. telegrama que pueda yo realmente trans
mitir.”
* * *
Leído lo anterior por Cassim, simuló co- .
Una de aquellas tardes se acercó Ben- piarlo en otra hoja; arrugó la recibida, me
Cassim al ventanillo de la estación radio- tiéndosela en el bolsillo, y entregó a Mo
telegráfica, donde Morand estaba a la sazón rand la nueva con un despacho para In-
de servicio, preguntando a éste si había Salah concebido, como encargo .hecho al
posibilidad de transmitir un radiograma a destinatario, en esta forma: “ Di Zaida que
un poblado insignificante, y hurgándose, al hoy mismo haré lo que me dice.” Pero de
tiempo de hacer la pregunta, el ojo dere bajo de esta hoja iba otra con la siguiente
cho: hurgamiento imitado por Morand en orden: “O. S- D. Lleva esta noche casa
el suyo al contestar que no había comuni Zaida lista personas que en Agadés hayan
cación con aquel lugarejo. recibido o cursado radiotelegramas desde
— ¿Y con In-Salah?—preguntó el otro, el tres del corriente.”
pasándose la mano por la parte del velo Cuando Cassim salía de la oficina tele
que le cubría la barba y después por la gráfica quedábase pensando Morand que
frente. habría preferido no se hubiera acordado de
— Para In-Salah, o toda otra estación su nombre el Diván Supremo; pero como
oficial, tendré mucho gusto en servirle— no había sino obedecer, a menos de afron
respondió rápidamente el telegrafista con tar las consecuencias que no quería arros
suma finura, donde se traslucía grandísimo trar, en seguida cogió los registros de re
y acaso temeroso respeto; pues el recuerdo cepción y expedición de telegramas y tomó
de los Muffis y de Moyfsk estaba fresco en nota de lo que le pedían: apresurándose a
los hermanos africanos. terminarla antes de la llegada del compa
—Voy entonces a redactar un despacho. ñero que había de relevarlo. Por suerte su
Se apartó Ben-Cassim de la taquilla, y ya, y según ya se ha dicho, tiene poco ser
acercándose al pupitre donde estaban las vicio la radiotelegrafía del Desierto; así
hojas en blanco usadas para escribir en ellas que no pasaron de veinte los nombres de
los telegramas llenó una, y retornando al la lista. Entre ellos estaba repetido varias
ventanillo la entregó al mestizo, que leyó veces el de Lobera como remitente y como
en ella: receptor.
“ O. S. P .—Orden Supremo Diván— . No Ben-Cassim, sino Abd-el-Gahel, con
“Dime hora y sitio hablarte reserva asunto un velo tupidísimo tapándole la cara cuan
urgente•” to era posible sin impedirle el uso de los
Poca gracia le hizo al mulato aquello; ojos, y con el turbante calado hasta las
pues sabían los afiliados en la secreta secta mismas cejas fué quien, a la hora indicada,
que cuando el Diván se acordaba de alguno se avistó con el mestizo en casa de Zaida,
solía ser para emplearlo en arriesgados me que era la negra ya conocida nuestra por -
nesteres, pero siendo todavía más expuesto haber llevado a Moyfsk la copia del tele
desobedecer sus órdenes, puso a mal tiem grama de Río de Oro.
po buena cara, diciendo: La conferencia fué tan breve que el me
__Esto no sirve: está mal llena la hoja; jor medio de referirla pronto es transcri
revueltas las señas con el texto del tele birla:
grama; falta consignar el expedidor. — ¿Traes la lista?
— Yo no entiendo esas casillas. —Aquí está.
LA MAYOR CONQUISTA 77
Pasó los ojos Abd-el-Gahel por ella, hizo pero sin im pedir en absoluto la transm isión,
un m ovim iento de sorpresa, y con un lápiz lo cual comprobó por sí mismo el en tran te
señaló los nombres de B ertier, Duvery y de guardia, arreglándose con artim añ as de
Lobera, diciendo al devolvérsela al tele practicón p ara hacerlo ir tirando.
grafista: E n tal estado seguía dicho aparato al
—Necesito pronto copia de esos once te otro día cuando Morand entró a cu b rir el
legram as. ¿Cuándo vengo por ellos? últim o turno, de cinco de la tard e a las diez
— ¡Pero eso es peligrosísim o para m í!... de la noche, durante el cual solam ente le
Necesito revolver los archivos; pueden sor llevaron tres radiogram as. Los dos prim e
prenderm e. ros fueron transm itidos con dificultades ca
—Es orden del Diván. da vez mayores, según dijo, a Tafilete y
—Sí, sí, haré lo que pueda; pero no sé Constantina, adonde iban dirigidos, y el
si me será posible. tercero no había sido posible ser cursado a
—¿Te has enterado de lo de los Muffis y la hora de ce rra r la estación (de servicio
Moyfsk? lim itado de siete de la m añana a diez de
—Sí, sí—contestó M orand temblando. la noche), porque el varióm etro ya no fun
—Fué por desobediencia: así que tú cionaba: ni bien, ni mal.
verás. P or ello cuando el ordenanza avisó ser
—Lo haré, lo haré; pero si me sorpren hora de ce rrar le ordenó el telegrafista que
den, si... se acostara dejándole la llave, pues iba a
—Eso es cuenta tuya. Pero te advierto ver si reparaba la avería para que a la ma
que los listos que se vuelven torpes se pa ñana siguiente no fuera preciso poner el
recen mucho a los traidores. ¿Cuándo ven cartelón de servicio interrum pido, y que él
go por las copias? lo llam aría, cuando fuera a m archarse, p ara
—Pasado m añana a esta m ism a hora. que ce rrara la puerta.
—¿Porqué no m añana? Ya sin testigos, se encerró M orand por
—Porque eso no lo puedo hacer sino de dentro, desarmó en dos m inutos el varió
noche, después de cerrada la estación, y m etro p ara que, si por evento inverosímil,
h asta pasado m añana no me toca el último llegara el jefe, hallara justificada su estan
turno. cia a aquella hora en la estación; abrió
•—Pues entérate de que si te sorprenden luego el arm ario de m atrices de los despa
o me falta uno solo de esos telegram as, al chos transm itidos y el de los duplicados de
día siguiente te daremos un recado para los recibidos, sacando rápidam ente copia de
Moyfsk. los m arcados por Abd-el-Gahel en la lista
Cuando, dicho esto, se m archó Abd-el- que él le había llevado-
Gahel sin aguardar respuesta, quedó Mo Antes de las doce había ya term inado las
rand cual es de suponer. copias y vuelto a los arm arios todos los do
Al pedir la relación de telegram as pensaba cumentos. Después arm ó el varióm etro, po
el Gran Caíd del Supremo Diván solamente niéndolo en un periquete en perfecto esta
en B ertier y en enterarse de los cruzados do de servicio; pues sabiendo divinam ente
entre las autoridades; pero al ver varias en qué consistía el entorpecim iento por h a
veces repetido en la lista “Lobera en casa ber sido él mismo quien a intento lo había
de Mr. D uvery”, y en otros “M anuel Lobera.
Compañía Anónima Solar. Buenos A ires”, diversos medios, pero en todos ellos juega la in
comprendió que aquel Lobera era el Lou- ducción eléctrica que en un alambre no ligado a
begray a quien él conocía; y uniéndose a generador eléctrico hace nacer una corriente de
diferentes características que la que pasa por
los sentim ientos que por otra causa le ins otro alambre en el cual circula la corriente gene
piraba el argentino la sorpresa de tal du radora : nacimiento que tiene lugar en el primer
plicidad de nombres, la de su nacionalidad alambre cada vez que en el segundo se establece o
queda interrumpida a intervalos cortísimos la co
y la de su abundante correspondencia ra- rriente del generador.
diotelegráflca, no obstante lo costoso de [Link] alambres estén arrollados separadamente y
ella, le hizo señalar su nombre en la lista. sin tocarse en punto a’guno, y la posición en que
Al otro día, al entregar M orand el servicio uno se halla con respecto al otro hace variar
la cuantía de la inducciónt con lo cual varía la
al compañero que lo relevó, dijo a éste que frecuencia con que, mediante elementos interme
el varióm etro (1) funcionaba torpem ente, dios. lanza la antena al espacio las sucesivas ondas
telegrfifieas.
El variómetro es un aparato que hace girar uno
(1) Las ondas eléctricas transmisoras de. la pa de los circuitos de a’ambre con respecto al otro,
labra en la telegrafía sin hilos son producidas por modificando así la frecuencia de las ondas.
78 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
desarreglado, sencillísimo le era componer Pues a cabos sueltos se ha dedicado este
lo, con sólo disminuir la resistencia eléc capítulo, no sobra en él decir, aunque sea
trica del circuito, que, mediante contacto a la carrera, que mientras el pobre inven
con una espira adicional de alambre, al tor argentino se sentía cada vez más preso
parecer fortuito había aumentado él la vis* entre los que a Emma lo sujetaban, pare
pera. Y todavía le sobró tiempo para estar cíale que ella seguía demasiado suelta; y
a las tres de la madrugada en el tugurio no se eche a mala parte el calificativo, sino
donde vivía Zaida y entregar las copias a que por muchos esfuerzos que él hacía re
Abd-el-Gahel, que amplió sus órdenes, pre sultábanle todos infructuosos para obligar
viniéndole que en lo sucesivo sacara las de la a adquirir compromiso explícitamente
todo telegrama recibido o puesto por el formulado.
americano o el capitán. Y, sin embargo, ni esto significaba que
—Será de los cursados durante mi ser ella le hubiera dado calabazas, ni siquiera
vicio. temor en él de recibirlas, pues parecíale
—De todos. evidente que Emma se complacía en las
—Pero, ¿cómo me las voy a arreglar con frecuentes conversaciones con él sostenidas
los transmitidos y los recibidos por mis sin intentar siquiera disimular tal placi
compañeros? dez que dejaba leer en sus dulces ojos,
—Eso es cuenta tuya: para eso eres te sin asustarse de la viva elocuencia de las
legrafista y pillo. miradas de Pepe ni aun de sus transparen
—Pero... tes indirectas: que si la ruborizaban, no
—... y para eso te necesitan tus herma llegaban a ahuyentarla cual los intentos de
nos. Además, al juramentarte vengador ju-* poner con palabras puntos sobre las íes.
raste no decir nunca “no puedo” a nada de Así, Lobera, con gran deseo de oír lo que
lo que te pudiera ser mandado. Las copias creía ver, se desesperaba de que tan pronto
se las envías al recaudador bajo doble so intentaba hacer derivar sus coloquios del
bre, escribiendo en el interior: “Para D. S- festivo y alegre tono, al que correspondía
de A. Y.” (Diván Supremo de Africa Ven ella con sonrisas, carcajadas y hasta mi
gadora), y encerrándolo en uno de los que radas cariñosas, para cambiarlo en otro re
usáis corrientemente para remitir los des sueltamente apasionado o francamente ca
pachos a sus destinatarios. Los enviarás tegórico, Emma pareciera no huirle, pero
siempre por Bu-Kelal, el ordenanza de la sí retraerse: como si la turbaran los apa
estación. sionamientos o los considerara innecesa
—¿Pero Bu-Kelal?... rios.
—Es también vengador. Entonces lo miraba con asombrada ex
— ¡Ah! presión cual si dijera: ¿a qué huracanes
—Y por él y por otros que no tengo por cuando tan apacibles son las brisas?; ¿a
qué decirte quiénes son estarás constante qué incendios cuando tan grato es el calor
mente vigilado y sabremos si dejas de sa del hogar?; ¿a qué palabras nunca tan dul
carme alguna copia. ces ni tan intensas como los sentimientos
más dulces y más hondos de cuanto aqué
llas puedan expresar?; ¿qué frases son ca
paces de decir lo que dicen los ojos de dos
Tan pronto Abd-el-Gahel regresó a su enamorados cuando mirándose hablan, sin
alojamiento en casa del recaudador se puso palabras, las almas?
a examinar los telegramas, siendo el pri Y sin embargo, Lobera, que creía enten
mero leído, por hallarse encima de todos, der todo esto, tenía empeño de oír lo que
el relativo a la deserción de la pareja de veía; pero hasta la salida de Agadés no
la gendarmería de Zinder, exclamando al había logrado salirse con la suya.
leerlo: Por eso mientras ib^n camino de Te-
—Ese Tinkert es una alhaja. chiasco se decía: “Veremos si lo consigo al
Y una vez dicho esto continuó leyendo. fin en los pocos días que ya me quedan de
estar allá antes de marcharme.”
LA MAYOR CONQUISTA 79
HIH
VOZ-LUZ Y LUZ-PALABRA
Duvery, ta n perro viejo como Bertier, te, va corriendo h asta llegar al ángulo del
sabía que la adhesión a los cristianos de techo con un muro, por el cual comienza a
los m usulm anes nunca nace del corazón, descender: ahora alum bra el copete del
sino de conveniencias, no siendo la lealtad marco de un retrato al óleo; ahora llega a
de hoy obstáculo a la traición de m añana, la cara del señor retratado y continúa ba
si entre hoy y m añana varía el baróm etro jando h asta los pies. Doy un movimiento
de tales conveniencias. P or saberlo, pensa lateral al espejo, el resplandor desaparece
ba que los degollados de Tendouf podían del cuadro, y escapando por una pu erta del
m uy bien ser víctim as sacrificadas volun salón se cuela en el gabinete contiguo.
tariam ente al deseo de los conspiradores — ¡Qué atrocidad! ¿Qué es esto?
de adorm ecer la vigilancia de las autorida Al mismo tiempo oigo esta exclamación
des: al modo que, en una parte del campo y ceso de oír el piano, tocado en el gabi
de batalla, un general inm ola m uchas veces nete por mi m ujer, que se ha tapado la
una tropa, en un parcial combate, al éxito cara con las manos al recibir en los ojos el
final de la jornada. rayo de luz.
De aquí que, aun a despecho del aum en
to de guarniciones, continuara preocupán
dole el aislam iento de su residencia de Te- A hora vuelvo a te n er quieto el espejo, y
chiasco y persistiera en su an terio r propó la claridad reflejada por él baña la frente
sito de convertirla en un fo rtín capaz de de una estatua. Le doy levísim os vaivenes, y
defenderse de cualquier golpe de mano a com pás de ellos veo la luz brillar y apa
m ientras desde los puestos menos alejados garse alternativam ente en la estatua: en
llegaran tropas en su socorro. los rápidos se ilum ina su m arm órea frente
A esto se dedicó ta n pronto llegó allá, un instan te no más, en los lentos perm a
en form a cuyo relato aplazarem os hasta nece alum brada durante m ayor tiem po; y
d ar cuenta del curioso modo cómo Lobera al advertir tal diferencia se me ocurre que
establecía la indispensable comunicación combinando oscilaciones pausadas y veloces
fo to telef única con el cuartel de Agadés. podría co n stitu irse un sistem a óptico .de
Cojamos un espejo de mano, y después señales en tre el lugar donde muevo el es
de exponerlo a la luz del sol o de una lám pejo y aquel donde su reflejo llega.
para—no, no nos apartam os del asunto—, No es novedad tal ocurrencia, pues tiem
movámoslo suavem ente, con lo que el res po ha que se usa tal procedim iento de co
plandor al espejo arrancado por los rayos m unicación a distancia empleando el helió
de luz que sobre él caen irá ilum inando grafo, del que ha poco se h a hablado en
sucesivam ente diversos puntos de las pare una nota; pero perdónese la falta de ori
des y diversos objetos de la habitación en ginalidad tomando en cuenta que la m ane
donde estemos, según adonde lo envíe el ra más com prensible de explicar cosas nue
espejo al reflejar la luz; y si en lugar de vas es com pararlas con las viejas.
lentas son vivas las oscilaciones de la ma Dicho esto en mi descargo, vámonos a
no serpeará el fulgor con relam pagueante Techiasco, donde a un tiro de fusil de la
rapidez: como relam paguea por las paredes aldea y sobre una colina elevada sobre la
de una habitación el resplandor reflejado en com arca circundante se alzan los edificios
la luna de un arm ario al ab rir rápidam ente de la colonia ingenieril que, con la excep
la p u erta de éste. ción del principal y más amplio, que es de
Esto lo sabe y lo ha visto todo el mundo. m am postería, son de m adera y desarmables
Pero ahora voy a m over muy despacio el al estilo am ericano.
espejo. Veamos lo que ocurre. E n el techo E n lo alto de aquél, y en un torreón que
del salón donde me hallo veo, en este ins lo corona, encontram os a Pepe haciendo
tante, la m ancha lum inosa que, lentamien- experim entos de facha m ás científica y di-
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ferentes al parecer, pero en esencia igua peta silenciosa) montada en el edificio de
les a los míos de hace un rato con mi se Techiasco, también cerrada por una lámina
ñora esposa, el retrato y la estatua. oscilante, no queda ésta dentro de un apa
La diferencia estriba en que el espejo rato telefónico, sino al exterior del torreón,
empleado por el argentino no es de cristal, dando frente a Agadés y orientada como si
sino formado por una delgada lámina me fuera una bocina marina con la cual se
tálica bruñida (lo mismo podría ser de es quisiera hacer llegar a allá las palabras por
tirada tripa de cerdo) y movible, aunque Lobera pronunciadas en lo alto del torreón.
la vista no perciba su movimiento, cual yo Pero como para que dichas palabras sal
veía los de aquél. La causa de ello es tra varan tal distancia había la doble dificultad
tarse de diferentes clases de movimientos: de los 240 kilómetros de ella, y la de no
con diferencia que en seguida va a com poder salir la voz de la trompeta, por estar
prenderse. La lámina, metálica y muy del su boca siempre obturada por completo con
gada, está fija por su contorno al extremo la membrana vibrante, preciso era idear
de una pequeña bocina (a la cual sirve de otro modo de hacérselas oír a Bertier en
cerramiento o tapadera) igual poco más o aquel pueblo: tal modo fué encargar a la
menos a las empleadas para hablar ante luz que las llevara.
ellas en los teléfonos ordinarios. Cada palabra, cada sílaba, cada letra por
Es sabido que las placas elásticas de es el americano dichas a un extremo de la
tos últimos vibran cuando por el tubo de bocina equivaldría a una de las pequeñas
sus bocinas llegan a ellas las modulacio oscilaciones con que mi mano movía el es
nes de la voz, que las sacude en forma pejo frente a la estatuilla, el lugar de la
equiparable a la vibración del parche de cual suponemos ocupado ahora por el ca
un tambor golpeado. Así, la placa telefónica pitán Bertier; pues la cambiante forma,
plana (1 ), cuando no es influenciada por ahora ahuecada, bombeada luego, con cur
sonidos, pasa, al ser por ellos herida, a vatura más o menos acentuada de la placa,
convexa a cóncava, y viceversa: con cur originaría cambios de situación con respecto
vaturas o bombeamientos más o menos pro al Sol de la superficie de ella expuesta a
nunciados y rapidez variable según la na los rayos de éste, y por lo tanto, correlati
turaleza e intensidad de dichos sonidos: vas variaciones de la inclinación con que la
cambiando, en suma, de formas con la va hirieran dichos rayos: de donde habría de
riada sucesión de éstos. resultar inestabilidad incesante en el nú
En la telefonía usual, los temblores y mero de éstos recibidos por la lámina, y
cambios de forma de la membrana o lámi variabilidad continua en las direcciones en
na oscilatoria del micrófono Bell (2) se que ella los enviara al reflejarlos: cambios
convierten en variaciones de intensidad de de forma de la placa y de dirección en los
la corriente eléctrica de un electroimán, rayos muy pequeños, pequeñísimos, cuan in
uno de cuyos polos se halla próximo a la finitesimalmente pequeños puedan suponer
placa vibrante, cuyos continuos y rapidísi se, pero suficientes para el objeto persegui
mos cambios de distancia a él convierten do, porque es característica de las fuerzas
la vibración acústica de la voz parlante en y los fenómenos naturales que los efectos
oscilaciones de corriente eléctrica- Por pro enormemente grandes sean resultados de la
cedimientos inversos son éstas a su vez acumulación de impulsos o de acciones in-
transformadas en vibración acústica de la finitesimalmente menudos. De aquí que el
membrana del auditivo del teléfono recep cálculo integral, que da medio de sumar en
tor que reproduce la voz vertida en la bo infinitamente grandes los infinitamente pe
cina transmisora, en cuyo interior vibra la queños, haga tan gran papel en la Física
placa, mientras que en la trompeta (trom- Matemática.
Consecuencia de lo anterior, ya fácilmen
(1) O con una curvatura determinada corres te comprensible, es que, en vez de hacer
pondiente a la posición de reposo. temblar una corriente eléctrica, como en los
(2 ) Se cita éste especialmente por haber sido teléfonos corrientes, la voz oída por la bo
Bell el padre de la telefonía, inventando el micró-
fono> es decir, el oído eléctrico, que convierte en cina transmisora de Techiasco se transfor
movimiento y en intermitencia eléctrica la voz de mara en rapidísimo temblor, de la inten
quien junto a él habla, así como el teléfono par sidad y de la dirección del haz de rayos lu
lante realiza la metamorfosis inversa.
minosos enviado al cuartel de Agadés por
Es curioso saber que hay micrófonos de sensi
bilidad tan exquisita que oyen el andar de una la lámina vibrante. El efecto de este apa
mosca sobre su placa vibrante. rato transmisor había de ser, por tanto, di-
LA MAYOR CONQUISTA gl
solver la voz, y consiguientem ente el pensa dés hay un reducto donde está establecido
m iento hum ano, en luz que, a través del es el cuartel de gendarm ería. E n tre el reduc
pacio, tra n sp o rta ra una y otro a la velocidad to y el torreoncillo de Techiasco desciende
de 300 000 kilóm etros largos por segundo el terreno de tal modo, según testim onio
del volar de la luz, h asta que en su camino topográfico de los trabajos hechos por los
tro p ezara ésta con ingenio capaz de des ingenieros del ferrocarril, que colocando un
hacer la disolución, separando de los rayos anteojo de adecuada potencia en el torreón,
lum inosos las ideas en ellos diluidas. debería, con él, verse el cuartel.
¿S erá posible esto?... Claro es que el tal anteojo h ab ría de ser
¿P or qué no?... grandísim o y muy bueno; lo cual no era
Si la N aturaleza deposita, aquí y allí, en cosa que hubiere de preocupar en este caso;
superpuestas capas sedim entarias, levísim as pues no necesitándose hacer ver, en Agadés,
p artículas de polvo m ineral disueltas en las sino tan sólo hacer oír la luz allí enviada,
aguas de los m anantiales, p ara form ar con era innecesario anteojo: del cual sólo se ha
ellas, al cabo de centenares de centurias, hablado para hacer constar la m utua visibi
enorm es y durísim as rocas; si la evapora lidad de torreón y reducto, en el últim o de
ción saca, en las salinas, sal de las aguas dei los cuales había dejado Lobera establecida
m ar; si vaporizando una solución recoge el al sa lir del pueblo otra larhinilla metálica,
químico, en form a de cristales, los m ateria sobre la cual caería, en cuanto él m ontara
les sólidos antes escondidos entre moléculas la estación transm isora de Techiasco, el tem
del líquido evaporado, ¿por qué no han de bloroso haz de rayos lum iacústicos refleja
poderse substraer de la luz enviada de Te- dos, qn el torreón de aquel lugar, por la pla
chiasco a Agadés las palabras, que entrete ca vib rato ria de la bocina parlante.
jidas con sus rayos viajen de uno a otro Al cuidado y observación de la lámina re
punto con las prestadas alas de una veloci ceptora del reducto había quedado Raúl,
dad 924 veces más rápida que la del sonido? constituido en ayudante de su amigo el
Compárese el cansino ra stre a r de la babo argentino.
sa con el raudo vuelo del vencejo, y todavía —Es decir, que en el cuartel se montó una
no se ten d rá idea de tal aum ento de velo segunda lám ina vibrante.
cidades (1). —Sí; pero con vibración no acústica, co
Si la electricidad engendrada por reac mo la de Techiasco, sino electrolum ínica.
ciones químicas en la pila, por la fuerza del —Y eso ¿qué es?
agua en los saltos de ésta, por el carbón en Ya en otros libros de esta biblioteca se ha
las dínamos movidas a vapor, vuelve a tro hablado del setenio, y para no caer en repe
carse, cuando llega a receptores apropiados, ticiones, pesadas p ara mis lectores habitua
en fuerza mecánica, calor, luz, ¿por qué, en les, sólo diré que unir, o con más propie
la vibración lum inosa nacida de vibración dad, intercalar, un pedazo de tal cuerpo en
acústica, no ha de poder recuperarse esta tre los alam bres por donde pasa una co
vibración originaria? rrie n te eléctrica, a la p ar circulante por él
Como Lobera conocía la posibilidad de y éstos, es poner a dicha corriente en con
ello, gracias a una idea original de Bell y diciones de que su intensidad varíe a tono
de T intier, perfeccionada por Ruhm er, y con las oscilaciones de la luz con que el
apiícaaa con éxito, a principios del siglo XX, selenio esté alumbrado, el cual consume en
erlfre G runau y B erlín (15 kilóm etros), no sus resistencias interiores ta n ta más elec
hubo de inventar nada, sino perfeccionar, tricidad de la que a él llegue cuanto más
y no fué poco, tal sistem a para obtener de obscuro. Sabido esto en general, conviene
él el alcance que Duvery necesitaba ahora, en concreto, decir que la placa de
Véase cómo se arregló (2). jada en el reducto de Agadés p ara que so
E n lo alto de un cerro inm ediato a Aga- bre ella cayeran los rayos de luz enviados de
Techiasco, era de selenio, y estando in ter
puesta en los alam bres del circuito de una
(1) Proporción entre la velocidad de la luz, 308 pila eléctrica, engendradora de electricidad
millones de metros por secundo, y 333, que es la d ejaría pasar ésta en gr m cantidad por d’cho
del sonido en el aire a cero grados en Igual tiem po;
y algo mayor con el crecimiento de la temperatura, circuito cuando sobre el selenio cayera mu
12) Quien quiera conocer más detalles de los cha luz de la enviada por la placa vibrante
que aquí se dan y expuestos en diferente forma, de bocina de aquel lugar, en cantidades me
puede hallarlos en la obra Modernas brujerías de
l e s ciencias, J. de Elola^ y en el artículo en tal
nores cada vez, según dism inuyera el nú
libro titulado “Alas de luz para la voz humana”. m ero de rayos de aquel haz luminoso, y nu-
LOS VEN GADORES 6
82 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
las cuando la cápsula de selenlo quedara, Así hablaría Techiasco, y Agadés oiría;
obscura por no llegar ninguno. pero otro par de ingenios, exactamente igua
Tales pulsaciones de la corriente llega les a estos de que se acaba de dar ramplona
rían por el alambre por donde ésta fluía a un idea, pero instalados con la bocina trans
teléfono del cuartel intercalado en el cir misora en el cuartel y el receptor seleno-
cuito de ella, convirtiéndose dentro de este telefónico en la residencia de Duvery, per
teléfono en vibración acústica de las mem mitiría oír en ésta lo que de allá dijeran.
branas de los auriculares: que con sus chas Después de puesto el Sol, harían sus ve
quidos reproducirían las palabras dichas por ces arcos voltaicos o fanales de acetileno:
quien hablara desde el centro ferroviario. a reserva de utilizar, si conveniente fuera,
Y ya tenemos de nuevo convertida en pala focos de la invisible luz ae los rayos ultra
bra la luz por la palabra capturada allá violados: siendo substituido entonces el se
para esconderse en sus destellos. Pero dirá lenio por películas fotográficas, que tienen
cualquiera: estando la laminilla reflectora ojos químicos para ver dicha luz, física
del torreón en constante vibración, por la mente invisible a los ojos humanos, y con
voz producida, la luz reflejada en ella sal virtiendo así el fonotelefoto en ultraviole-
drá en cada momento en direcciones dife tofono.
rentes, y sólo alguna que otra vez podrá Algo largo resulta el terminacho; pero
llegar a la cápsula receptora. compénsalo lo rápido de la comunicación
Efectivamente, así sería a no hallarse la con él lograda.
placa emisora en el foco de una gran lente Para resolver el problema en esta última
situada delante de ella; es decir, entre ella forma no tendría Lobera sino...
y el lejano selenio, con lo cual los rayos de Bueno, lo que tendría que hacer no cabe
luz reflejados por la lámina en diferentes
en la presente historia, que no es un índice
direcciones torcerán sus caminos al atrave
de posibilidades, sino relato de sucesos- Ade
sar la lente, saliendo todos de ella en una
más, es de creer que alguna vez conseguiría
misma: la necesaria para llegar al recep
hacer hablar claro a Emma, verdadera cul
tor selénico de Agadés: del propio modo
pable de que los escarceos radiogoniométri-
que los rayos de luz de una linterna de ci
nematógrafo no se esparcen por todos los cos y lumitelefónicos le tuvieran demasiado
ámbitos del salón, sino que refractados en olvidado del Sol y de la empresa heliodiná-
la lente establecida delante de la lámpara, mica que al Sahara lo había traído, y a la
salen todos paralelos en la dirección nece cual es de creer volverá en breve.
saria para caer en la pantalla.
XX
LA EMBOSCADA
A los pocos días de la llegada al centro blaría al día siguiente y de las en que des
de trabajos ocurrió un hecho que, llegando de Agadés debería hacerlo él para verificar
antes de estar terminado de montar el lumi- las primeras pruebas.
teléfono, dió fehaciente y triste prueba de Llegadas tales horas, ni uno ni otro oye
cuán poco de fiar era la comunicación por ron nada: y comprobado el buen estado de
emisarios en motocicletas, a que hasta en los insti'umentos eléctricos, acústicos y óp
tonces había que atenerse. ticos del cuartel y el torreón, y comunicán
Estando ya terminados el transmisor y el dose los operadores por dos ciclistas en cons
receptor de Techiasco, iguales a los que en tante ir y venir, el buen resultado de tales
el reducto de Agadés quedaban bien enfila comprobaciones aisladas, indicó a Lobera
dos a aquella Residencia, en dirección exac que el no llegar los rayos luminosos de una
tamente conocida por los trabajos del ferro a otra estación habría de obedecer a que en
carril, fueron establecidos ambos aparatos el camino entre ambas tropezaran con al
en el torreón, previniendo a Raúl, por pro gún altozano, rocas o árboles en donde que
pio, de la hora precisa a que Lobera le har daran detenidos.
LA MAYOR CONQUISTA 83
Examinando Lobera y Duvery el plano Efectuada al día siguiente dicha compa
del terreno y el perfil del relieve de las ración y puestos de acuerdo los relojes de
alturas de él, advirtieron que la cumbre del Duvery, Lobera y el ingeniero que había de
cerrete de Tembellaga quedaba, en el perfil, operar en Tembellaga, se llamó a un ciclis
solamente dos metros por debajo de la rec ta para que llevara a Agadés el aneroide del
ta trazada entre el torreón y el reducto: di capataz que allí había de observarlo, y el
ferencia tan pequeña que, de haber algún que Raúl emplearía en la nivelación del tra
error de cierta importancia en la nivelación, mo desde allí al cerro, mientras Lobera ha
podría haber inducido a equivocación, ha cía la de Techiasco a éste.
ciendo creer que la visual Agadés-Techiasco El capataz citado estaba en el pueblo con
quedaba por cima de la cumbre de dicho Raúl para que éste lo impusiera en el ma
alto de Tembellaga, cuando en la realidad nejo del transmisor y del receptor fotoacús-
fuera por éste interceptada, imposibilitan ticos, y cuando dicho empleado pudiera ya
do el funcionamiento del fototeléfono. desempeñar las funciones de fotofonografista
Llamado al ingeniero que había nivelado se quedaría sólo en Agadés, yendo Raúl a
aquel perfil, respondió de su exactitud, con reunirse con su padre en Techiasco. Enton
error a lo sumo de centímetros, siendo im ces realizaría Lobera su aplazada expedición
posible, por lo tanto, que la visual cortara a Lebezenga y Azzau.
ni aun rozara el suelo. Además de los barómetros, era el ciclista
— Y, sin embargo, amigo mío— dijo Du portador de instrucciones que, para evitar
very— la luz no pasa. dudas y olvidos, redactó a última hora Lo
— ¡A h !—exclamó el ingeniero consulta bera, marcando la hora de la salida de Raúl
do— . Ya sé lo que es: tropieza en algo, pero y las de las lecturas que simultáneamente
no en el terreno, sino tal vez en los paredo habían de efectuarse en los dos aneroides
nes de una casa derruida que hay en la en movimiento (el suyo y el de Raúl) y en
cumbre. los fijos de Agadés, Techiasco y Tembella
—Entonces bastaría levantar sobre el to ga: instrucciones de las que, por haber sa
rreón un castillete de madera de tres o cua- lido de mañana el ingeniero que en el úl
ro metros- timo punto había de trazar la alineación, se
— Imposible, Don Héctor: ese castillete sacó una copia que, al paso para Agadés, le
vibraría con el viento haciendo oscilar la entregaría el ciclista portador de las de Raúl
lente dirigida a Agadés, con lo cual perde y de los barómetros.
ríamos la puntería del haz de rayos lumi- Era éste uno de los tres dagatuvis emplea
acúscticos, que no caerían en el receptor del dos cual correos, pues aunque recientemen
reducto. No hay más remedio que ir al ce te, y por los buenos oficios de Bertier, ha
rrillo para ver si derribando los paredones bían llegado de Borku 160 negros dazas, -fin
damos paso a la luz— dijo Pepe. quienes se tenía superior confianza que en
— Ya que allá se ha de ir, no estaría de los dagatuvis, no se les empleaba como co
más hacer de paso una rápida nivelación rreos, por desconocer todavía los caminos
barométrica. de la comarca.
•—Completamente de acuerdo, Don Héctor.
Estos negros habían siao ostensiblemente
Raúl y yo, con aneroides, iremos a encon
contratados como jornaleros para intensifi
trarnos en Tembellaga; este caoallero allí,
car las obras del ferrocarril; pero con in
usted aquí, y en Agadés el capataz que allí
tención secreta de constituir con ellos y los
ha de quedarse observarán en barómetros
europeos la guarnición de seguridad del
fijos a horas convenidas.
centro de trabajos; pues, por causas que
— Yo puedo además aprovechar mi ida al
cerrete para determinar, con un teodolito,
el punto exacto donde la alineación del to
cumbre y en el pie de un cerro marcan diferentes
rreón al cuartel corte a los muros. lecturas barométricas, pues sobre la cresta queda,
— Perfectamente. Ya no nos queda sino menos aire hasta el límite superior de la atmósfera
comparar entre sí, durante veinticuatro ho que sobre la falda.
De aquí que comparando en los mismos momentos
ras, los cinco barómetros (1). las alturas que el barómetro acusa en diversos
puntos de un terreno, puede nivelarse no con alta
precisión, pero muy suficiente para tanteos y an
(1) Como la altara barométrica equilibra el teproyectos. dicho terrepo : siempre que se tomen
peso de la altura de la atmósfera que queda por precauciones y se opere en forma demasiado téc
cima del lugar donde el barómetro se halla, sabe nica para explicada en libro de la naturaleza de
todo el mundo que dos barómetros situados en la éste.
84 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
oportunam ente se dirá, inspiraban mayor ricano — agregó el infiel em isario daga-
confianza que los dagatums (2). tum —sé que las dos ca rtas son copia una
de otra, con órdenes para no sé qué opera
* * *
ciones del replanteo de la línea, que van a
hacer mañana.
A la caída de la tarde salió el emisario, ¡Ah! ¿Sí?—dijo el gendarm e—. E nton
que en hora y m edia escasa podría llegar a ces no hay que an d ar con remilgos.
Tembellaga, y en poco menos de tres a Aga Y desgarró el sobre dirigido a Raúl, le
dés; pues su motocicleta hacía 80 kilóme yendo atentam ente las instrucciones, fiján
tros en norm al m archa. Pero tardó algo dose en las horas de salida de Raúl y de
tmás, porque al llegar a Tadelaka, lugar si Pepe de Agadés y de Techiasco y de las
tuado veintitantos kilóm etros antes de don de llegada de ambos a Tembellaga.
de debía entreg ar el prim er pliego, se apar Y volviendo a m eter el pliego en el sobre
tó de la ru ta directa para encam inarse a roto, devolvió éste y el intacto al ciclista,
una casa aislada, distante como una legua diciendo:
del camino de Agadés, y rodeada de unas —Listo. Llévalos ah o ra a sus destinos.
cuantas mimosas, en donde lo aguardaba —Pero ¿qué digo al Señorito Raúl cuando
una pareja de gendarmes, a uno de los cua vea...
les entregó los dos sobres, diciendo: —Muy sencillo: que como era ya de no
—E sto me han mandado llevar al inge che cuando llegaste a Tembellaga se con
niero que sabéis y al hijo del director. fundió el ingeniero que está allá y abrió ese
El gendarm e m iró los sobres, pensando sobre en vez del suyo... Raúl es un chiquillo
en que allí le faltaba medio de abrirlos en sin m alicia y no sospechara nada.
form a que, al recibirlos, no conocieran los —Sí, pero cuando hable de esto con el
destinatarios la fra ctu ra de ellos. ingeniero verá que he mentido.
—P or lo que hablaban Duvery y el ame- —No te preocupe eso: ellos no se h an de
ver hasta m añana a las nueve; tú estarás
dentro de seis horas de regreso en Te
(1) Antes de que los franceses se posesiona
ran definitivamente, a mediados del siglo XX, de chiasco, donde darás cuenta de haber en
las comarcas del Air, antes llamado Asben, eran tregado los pliegos; y con que m añana le
éstas dominadas por subrazas de origen berbe vantes el vuelo yéndote donde no puedan
risco y sahfirico cruzadas con los negros sudane echarte la vista encima...
ses. Estas razas son los kel-gheres, los itisan y
los kel-ovis, a los cuales llaman esclavos los tua- —Pero ¿adonde me voy;... x que asi me
regs puros: no porque vivan sometidos a servi quedaré sin empleo.
dumbre, sino por el gran número de cruzamien —Todo eso está pensado, hombre: de ma
tos con los negros del sur, que han adulterado
la raza. drugada sales de la Residencia cómodamen
Es notable que entre estas gentes no sea el te, en tu moto, y te vas a Korao; llegado
marido el que se lleva la mujer a su casa y a allí, buscas al capataz de las salinas, que es
su aldea, sino a la inversa, teniendo el matriar hermano y se llam a Morzuk y le dices, fíja
cado gran importancia entre ellos, y siendo el
orden de transmisión del mando y la propiedad te bien: “El gendarme de T adelaka te m an
por herencia no el de padre a hijo, sino de tío da que me des en seguida colocación lejos
a sobrino nacido de la hermana del titular o pro de Techiasco y de Agadés.” ¿Te enteras?
pietario.
Ademfls de estas razas principales viven en la
—Sí, señor.
parte meridional del Air los tagarnos y los da —Pues hemos acabado. Vete a tu comi
gatums. Los primeros, berberiscos, se visten de sión.
blanco y se arreglan el cabello en trenzas largas,
siendo rasgo distintivo y repugnante de ellos el * * *
de hacer objeto de trófico con los viajeros la
prostitución de sus esposas.
Los dagatums, que no son islamitas, y se afir Acampado en una tien d a de cam paña para
ma forman restos de una raza aborigen, hablan
el mismo idioma, el temaxec, de los tuaregs ; tie
él y sus dos topógrafos auxiliares europeos,
nen el cutis poco obscuro, y se casan exclusiva m ientras al aire lire vivaqueaban seis ne
mente entre sf por ser considerados inferiores a gros dazas, todos, claro es, armados, reci
las demíís razas de que se ha hablado, en las bió el ingeniero el pliego de Lobera quin
cuales buscan quienes, mediante el pago de un
tributo corriente, ejerzan con ellos oficio de patrón ce minutos después de separarse de los gen
o escudo, a fin de tener quienes los defiendan de darmes el emisario, que hora y media más
los atropellos de que, si no, son víctimas. En las tarde entregaba en Agadés a Raúl el otro:
expediciones guerreras, los dagatums son la carne
de cañón, pues sus patronos los colocan siempre
dándole por excusa de que llegara abierto
a vanguardia. la sugerida por el gendarm e; sin que, como
LA MAYOR CONQUISTA 85
éste había adivinado, sospechara nada el O nos h ab ría prevenido por alguno de
inexperto y franco muchacho, pues conocía ellos para que continuáram os haciendo lec
al ciclista como antiguo empleado en el fe tu ras de diez en diez m inutos—contestó
rro c arril y lo tenia por hombre de confianza. Raúl al ingeniero, que era quien había di
A m edia noche entregaba éste a Duvery cho lo an terio r—- ¿Me habré yo equivocado
la respuesta de su hijo y el ingeniero, ma de hora?..» Voy a repasar las instrucciones.
nifestando quedar enterados de las instruc H aga usted el favor de ver tam bién las
ciones. suyas.
Al am anecer, cuando los obreros salieron —Por com placer a ustea; pero es innece
a sus tajos, tomó el ciclista las de Villadie sario: estoy seguro de ellas-..; es decir, de
go, sin que hasta el regreso de ellos, al fin las mías, pues las de usted mal puedo co
de la jornada, echara de ver nadie su fal nocerlas.
ta- A dicha hora llevaba muchas ya de acae Al oir esto, cruzó por la im aginación de
cido el suceso preparado por la infidencia Raúl, confiado por ser lear, mas nada lerdo,
del que se hallaba ya en Korao. una idea alarm ante, y preguntó con gran
* * *
viveza:
—¿Entonces anoche se enteró usted de su
A las siete de la m añana, h ora convenida, equivocación antes de leer m is instruccio
p artieron Raúl y Lobera de Agadés y Te- nes
chiasco, respectivam ente, p ara encontrarse —¿Qué equivocación?... ¿Cómo había de
en Tembellaga. Iban en motociclos y escol lee)Jas?
tados: el prim ero, por una p are ja’ de gen En un in stante se descubrió el embuste
darm es que le dió B ertier, y el segundo, por del correo. De esto a pensar en deslealtad,
cuatro negros dazas puestos a sus órdenes que no podía nacer de buen propósito, no
por Duvery. había un paso, y dado ya, y u n id a esta cer
A la salida anotaron ambos las altu ras teza al recelo por la tardanza inexplicable
de los aneroides en sus registros respecti de Lobera, ya inquietó a quienes lo espera
vos, repitiendo durante la m archa iguales ban, no una avería de la moto, sino la po
operaciones, de diez en diez m inutos, a ho sibilidad de un accidente ocurrido a la p er
ras coincidentes: las m ism as en que Duve sona. Y ro cabiendo continuar en tal duda,
ry, en Teohiasco, y el ingeniero y el capa resolvieron sa lir camino de Techiasco en
taz, en Tem bellaga y Agadés, efectuaban lo busca suya, cual lo efectuaron sin perder
propio. * m inuto, acompañados de la gente que en
Siendo la distancia de Techiasco a Tem Tembellaga estaba, del sargento F rian d y
bellaga poco diferente, pero m enor la que el gendarm e con R aúl venidos: todos en
había de recorrer Lobera que la que Raúl de. motos y side-cars y forzando los motores
bía andar, sorprendióse éqte, cuando al cerro de las máquinas-
llegó, de no hallar a aquél allí, diciendo al
* * *
ingeniero que a los dos los aguardaba:
—¿Cómo? ¿No ha llegado aún Lobera? Tal vez no habrían pasado diez m inutos
—No. de la salida de Tembellaga de la p atru lla
—Me choca: h ab rá tenido alguna avería exploradora, cuando Friand, que m archa
en la moto. ba en cabeza, gritó “alto”, por haber visto
Una vez dicho esto, m ostró el ingeniero u n a m otocicleta caída en el camino, en el
al muchacho el lugar preciso donde él su paraje donde ap artab a ue éste una senda
ponía debía quedar interceptada la comu ta n polvorienta como él, encajonada en tre
nicación en tre Techiasco y Agadés por los raquíticas m im osas: la m ism a por donde la
paredones de que había hablado a Duvery noche an terio r había tomado el dugatum
y a Lobera. Una vez visto esto, con derri para i r a enseñar los pliegos a la pareja
barlos desaparecería toda dificultad. de gendarmes.
Por pronto que el pelotón, lanzado a toda
m archa, pudo detenerse, ya estaban quienes
delante iban a cuatro o cinco m etros de la
—Me sorprende que tard e ta n to ; porque moto caída, por lo cual gritó el sargento:
de haber tenido alguna avería pesada de —Quietos: todos quietos donde están-
reparar, y siendo im portante la rapidez en —Pero, F riand, vea que no podemos per
la nivelación, habría seguido en la moto de der tiempo—replicó la im paciencia de Raúl.
uno de sus acom pañantes . —Como lo perderem os será borrando, con
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las ruedas o los pies, las huellas que ha de taran buenas ganas, que, por lo pronto, se
haber en la arena. aguantaron; pero como el lector no pierde
— ¡Ah! tiempo en oírlas, vamos a anticipárselas.
— No se mueva nadie hasta que acabe yo Hasta pocos metros antes del origen de
de verlas. la senda se veían, muy marcados sobre el
Con gran precaución de no poner los pies espeso polvo que cubría el camino, los sur
sino donde no borraran los rastros de di cos de las motos venidas de Techiasco; en
versas clases de que aquel arenal estaba la cercanía de dicho origen había huellas
lleno, avanzó Friand camino adelante cosa de varios pies de hombres y y de pezuñas
de cincuenta metros, con la cabeza inclinada de camellos, estando revuelto el polvo por
al suelo y muy despacio; retrocedió des las ruedas de las mismas motos, como si
pués, deteniéndose en el entronque con la allí hubieran virado para volverse por
senda; siguió dos minutos por ésta para donde habían venido; y como desde ei
tornar ai cruce, al cabo de ellos, retroce arranque de la senda hasta el sitio donde
diendo luego por el camino para mirar Friand había hecho detenerse a quienes lo
atentamente, cual si buscara algo entre los seguían desde Tembellaga no había huellas
surcos en el piso dejados por las motos re de bicicletas, inducía todo ello a pensar que
cién llegadas de Tembellaga. Ese algo que las procedentes de Techiasco habían hecho
no hallaba en la parte de camino de donde alto y dado la vuelta junto al entronque de
venía era pisadas de camello. la vereda para retrocedei todas por el mis
Tornó de nuevo al arranque de la senda, mo camino que habían traído: con la ex
y otra vez se metió por ella, hasta que a cepción, claro es, de la que allí estaba aban
los ocho o diez minutos de comenzadas sus donad*,.
pesquisas, dijo: Además, las pisadas de camellos que el
— Ya pueden ustedes acercarse. Dígame, sargento vió patentes en la senda co
Don Raúl, ¿podría usted conocer si esta rrespondían a dos pistas: una indicaba- que
moto es de la Compañía? dos de aquellos animales la habían seguido
— Creo que sí... A ver. ¡Anda, si es la viniendo hacia el camino hasta llegar a la
mía! No la usa nadie sino yo, porque no desembocadura de aquélla en éste, sin que
quiero que me la estropeen. Lo que me cho ni a un lado ni otro de ella se vieran en
ca es que mi padre se la haya dado a na dicho camino rastro ninguno de tales ani
die... ¡Calla! Como no haya sido a Lobe males; y como, en cambio, la segunda, pista
ra... Y al estar aquí tirada y sola debe de impresa en la vereda conservaba las huellas
ser que le haya ocurrido un accidente. ¿Es de las pezuñas de los mismos dos camellos,
tará herido? ¿Se lo habrán llevado otra vez pero al revés de las correspondientes a las
a Techiasco? del primer rastro, dedujo de todo ello el
— No, Don Raúl- Si la moto hubiese vol experto veterano que después de llegar los
cado habría ido resbalando algún trecho, camellos por la senda al entronque de ella
arañando el suelo fuertemente con el timón con el camino, y detenídose en tal lugax’,
'y los pedales, y aquí no hay señal de eso. habrían dado la vuelta para volverse por
Quien la montara la ha parado y se ha aquélla; pero no solos, cual vinieron, sino
apeado... Vea usted aquí la honda huella precedidos de un hombre cuyas pisadas es
que el pie ha dejado al caer con la fuerza taban bien marcadas delante de las de los
del peso de todo el cuerpo al desmontar. dos rumiantes.
— Entonces, ese hombre, ese hombre, Para Friand era tan claro cual si lo hu
¿donde está, y qué se ha hecno de los otros? biera visto que aquel hombre no podía ser
Corramos, Friand, corramos. sino el de da moto caída, abandonado o en
— Por aquí— dijo el veterano montando en tregado por sus acompañantes a los jinetes
su moto— . Pero no lo estropeemos con las de los camellos, que se lo habían llevado; y
prisas: no siempre llega antes quien más si el señor Lobera fuera quien montara la
corre... Yo iré delante; pero pai'a seguir la moto, él habría de ser el secuestrado.
pista que ya tengo no puedo ir a carrera
ciega. Tenga paciencia, don Raúl, y que no * * *
se me adelante nadie.
Para ganar tiempo se abstuvo el sargento Dos kilómetros llevarían avanzados Raúl
de dar explicación de lo que había observacio y sus acompañantes en pos de Friand que
en las huellas examinadas, y los demás de los guiaba, yendo él conducido a su vez por
preguntarle, aun cuando de ello no les fal el rastro marcado en la vereda, cuando al
LA MAYOR CONQUISTA 87
salvar un otero divisaron al frente la soli — Que no hay tiempo; que llegan; que
taria casa donde la noche anterior se ente nos cogen.
raron los gendarmes, en el pliego dirigido a A esta tercera y apremiante llamada del
Raúl, de las horas prefijadas a la salida de vigía aparecieron otro gendarme y un ahel-
Techiasco de Lobera y a su llegada a Tem- litzan en la puerta y saltaron sobre sus
bellaga. monturas, a las que hicieron levantarse rá
Dicha casa, a unos tres kilómetros del pidamente: no sin tener que vencer la fre
ribazo, transpuesto el cual la vieron, quedaba cuente pereza de ellos para alzarse al ser
al extremo de un llano despejado, que al montados, pinchándolos reiteradamente con
mismo tiempo que la casa les permitió ver, los cuchillos-bayonetas (1).
a pocos metros de ella, a un gendarme jine Una vez levantados los meharis partieron
te en un camello, con otros dos del diestro, los gendarmes y su acompañante a gran
apostado sin duda como vigilante para otear velocidad, desapareciendo en un momento
entera la llanura; pues al aparecer en lo detrás de la casa, utilizada por los fugitivos
raso la patrulla se acercó rápidamente a la cual reparo que los ocultara a sus perse
puerta con las cabalgaduras, lanzando gri guidores.
— Nos hemos equivocado: son gendar
tos que antes de transcurrir medio minuto
mes— exclamó Raúl.
reiteró precipitadamente.
— Si lo fueran no huirían de nosotros—
Al ver aquello ordenó el sargento:
contestó Friand— . Y agregó a gritos, diri
— Apretar, apretar. A toda marcha. Pre giéndose sucesivamente a los paisanos y al
paren armas. guardia que lo acompañaba:
A los pocos segundos el gendarme de la — Ustedes a la casa, que ahí debe estar
casa, que había hecho a los camellos arro el señor Lobera. Tú conmigo detrás de esos
dillarse delante de la puerta, gritaba: granujas. i
«
XHi
EL CRIMEN DE TADELAKA
Cuando el americano y los dazas que con que ya el lector sospecha acaso; pero no
él salieron de Techiasco para Tembellaga siendo fácil sepa, si no se lo decimos, lo
llegaron al lugar donde dei camino se apar acaecido desde el momento en que, cual
ta la vereda a la casa, les echó el alto una
pareja de gendarmes senegaleses montada
(1) Montar un camello del Sahara no es cosa
en meharis, que hallaron apostada en el sitio sencilla. Para efectuarlo se le hace arrodillarse,
citado, preguntándoles, tan pronto su orden lo cual efectúa el animal gruñendo y protestando,
fué obedecida, si entre ellos iba un señor compelido por tirones del anillo que lleva atrave
sado en la nariz, la cual hay que tenerle sujeta
Lobera, a quien, al darse a conocer, le fué mientras se sube a la silla, manteniéndola, me
ordenado se entregara preso. diante flexión del cuello, casi en contacto con el
Inútilmente protestó él, pups a sus argu pecho. Cada movimiento del .jinete determina uno
mentos contestaron los guardias que cum o varios rugidos del animal, cual si lo degollaran,
siendo de aconsejar que se monte de pronto y
plían orden del Capitán Bertier, quien ya por sorpresa.
sabría si era o no un atropello aquel arres El camello s u e le levantarse violentamente, dan
to, como decía el detenido, cuyos acompa do una sacudida violenta y rapidísima de vaivén
adelante y atrás, que si el Jinete no está muy en
ñantes dieron vuelta a Techiasco obede
guardia, puede derribarlo; pues el camello del
ciendo mandato de los gendarmes, y cum Sahara no es un animal domado, como el de Egip
pliendo encargo de Lobera de informar de to o de otros países.
lo ocurrido a Don Héctor. No se le guía con riendas, sino únicamente por
la presión de los pies del jinete, que no a horcaja
Una vez idos éstos, y cuando la pareja das, sino sentado en la silla sobre la joroba, des
los perdió de vista, ordenó al preso que cansa cada uno de los suyos a uno y otro lado
echara delante de ella: mas no camino de del pescuezo del animal, haciéndole volver a una u
Agadés, sino senda adelante. otra mano, según con qué tacón golpea al a n im a l.
De aquí que en los combates entre africanos del
Quiénes eran los que escapaban es cosa Sahara montados en camellos sea muy frecuente
88 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
Friand había adivinado, fué Lobera secues que siempre se esconde tras robadas perso
trado, hasta la llegada de los que a liber nalidades; pero deduzco que debe avergon
tarlo corrían, preciso es referirlo. zarse de su propio nombre.
Varias veces, durante el tiempo que el — No me insulte: tengo poca paciencia.
argentino, escoltado por los gendarmes, tar — Ayer se disfrazaba usted con la de Nú-
dó en llegar a la casa, insistió en sus pro ñez, cobardemente secuestrado como yo;
testas, por parecerle imposible, más todavía hoy con ese uniforme que a traición habrá
absurdo, que Bertier ordenara arrestarlo, y robado.
no haber sospechado pudieran no ser gen — Gahel: si tú aguantas Tos insultos de
darmes sus aprehensores; pero en vista de ese hombre, yo no estoy dispuesto a...
que éstos callaban como si hablara a sor — ¿El digno secuestrador del verdadero
dos, o le oían cual si fueran mudos, enmu Pozo? ¿No es verdad? Y, sin duda, teniente
deció él también. de la cuadrilla de bandoleros que por lo
Llegados a la casa, a cuya puerta estaban visto capitanea usted.
Ben-Cassim sin disfrazar y su camello ama ■
— ¡Perro maldito! Ahora verás.
rrado a una argolla empotrada en el muro — Quieto, Cassim. Pero usted, por su bien,
de aquélla, se apeó uno de los gendarmes, debe acordarse de que está en mi poder,
dejando su mehari al cuidado del otro pues no presumo de paciente.
guardia que con él venía, el cual se quedó — Ni lo olvido, ni ignoro lo que puedo
afuera, mientras é! entraba, echando por esperar de dos valientes que, no bastándo
delante al secuestrado y seguido de Ben- les ser dos y bien armados, han tenido la
Cassim, en quien no pudo aquél reconocer prudente precaución de desarmarme.
a Pozo por tener cubierta la cara, cual los ■—Pero ¿cree usted que yo le tengo miedo?
otros, con el litzam ; pero una vez dentro — Las muestras de eso son.
todo se le aclaró instantáneamene al ver — ¡Señor Lobera!
al falso gendarme quitarse el suyo y oírle — Señor salteador de caminos: sí des
decir: armado no me asustan sus armas, no pen
sará espantarme con sus voces.
— Ya se acabó la farsa, y ha llegado la
hora de hablar de hombre a hombre. — Basta. Las armas se le devolverán, si
es que las necesita, en cuanto...
— De hombre armado a hombre desarma
do— replicó el americano- — ¿Qué disparates dices?. ¿Estás loco,
— Para hablar no hacen falta armas... Gahel?
Más adelante, ya veremos. Supongo que me — ¿Callarás de una vez?... Pero antes de
habrá usted conocido. devolvérselas a usted necesito hablar con
— No es fácil saber quién pueda ser el calma del motivo por que lo he traído aquí.
Lobera comenzaba a sospechar cuál era
aquel motivo; mas la violencia de su in
que los adversarios dirijan sus primeros golpes a dignación por el villano proceder de que
los pies para dejar al enemigo imposibilitado de era víctim a lo exacerbaba, al punto de que
guiar su montura'.
Si el camello no tiene humor de levantarse y a falta de armas con que dañar a su ene
echar a andar, lo cual ocurre algunas veces con migo quiso abofetearlo con la lengua, y
estas tercas y estúpidas bestias, procura el jinete dijo:
convencerlo a taconazos en el pescuezo; pero a ve
ces es preciso armarse de paciencia, porque la
— Acabemos. ¿Cuánto dinero vale mi res
obstinación del camello no tiene par en la de ani cate?
mal a lg u n o : latigazos y palos son inútiles, porque Gahel, que al decir sus últimas palabras
el cuero del camello es insensible a ellos. se había sentado junto a una mesucha des
Si por la violencia se le quiere convencer, no hay
más remedio que pincharle bárbaram ente; pero vencijada, sobre la cual había tintero, plu
tomando la precaución de agarrarse con fuerza al ma y unas hojas de papel, se levantó fre
vástago vertical y alto de la silla que se alza en nético al oír la insultante pregunta, con
tre las piernas del jinete para evitar ser de
rribado por la violentísima sacudida que al levan
propósito de arrojarse sobre el que se la
tarse, así hostigado, da el animal. hacía; mas reprimiéndose inmediatamente,
Puede estar hasta una semana sin b e b e r; mas dijo:
cuando bebe ingiere inverosímiles cantidades de — Dé gracias a que aún está usted des
agua, que no de una vez, 6ino en dos o tres su
cesivas y cercanas abrevaduras, llegan hasta la
armado; porque si no ya le habría arran
de 40 a 45 litros. cado la lengua... No es eso... Su libertad y
E l camello sahárico es un extraño animal que, 6U vida tienen otro precio.
como sus ordinarios dueños los nómadas del Saha
ra, aborrece, y no lo disimula, al hombre, tanto,
— ¿Cuál?
que no pasta a gusto sino cuando está solo. — Su escrita y firmada promesa de mar-
Dale, dale, Gassim— gritó Abd-el-Gahel al ver brillar el arma.
LA MAYOR CONQUISTA 89
«
charse inmediatamente de Africa, sin vol muerte— ; y enardecido por la inminencia
ver a Techiasco, y de renunciar a todo plan con que le amenazaba ésta, se arrojó sobre el
sobre la Señorita de Duvery. grupo formado por sus dos enemigos, gri
—A quien usted se apresurará a enviar tando:— Pero, a lo menos, no moriré como
•mi firmado compromiso para consolarse de un cordero.
la repulsión que usted la inspira con el des Tan impensada fué la acometida, que los
precio que por mí sentiría ella al recibir otros se dieron cuenta de ella cuando ya
tal documento- Lobera había arrebatado su cuchillo de la
—No tengo que dar a usted explicaciones. mano de Ben-Cassim y asestado con él ra
— Pues sepa usted que aunque mi cobar bioso golpe a Abd-el-Gahel, que sólo consi
día llegara a firmar esa vergüenza, la Se guió librar el pecho levantando el brazo y
ñorita Duvery no será nunca de un bandido recibiendo en éste la cuchillada dirigida a
como usted. Pero no firmo, puede usted ase aquél. ^
sinarme. —Guárdate, Gahel. ¿Lo ves, lo ves?—gri
-—Está usted equivocado en las dos co tó Cassim.
sas: esa mujer, que he jurado sea mía, lo Unos cuantos segundos osciló a un lado
será, puede usted estar seguro, y voy a ga y otro el grupo de los tres hombres enra
narla matándolo a usted antes, pero no ase cimados.
sinándolo, sino de hombre a hombre, como Al sentirse Abd-el-Gahel herido y que la
al entrar aquí le dije- puñalada le hacía caer de la mano armada
Al decir esto desenvainó Abd-el-Gahel el el machete, todavía tuvo presencia de áni
cuchillo-bayoneta de gendarme que llevaba mo para sujetar con la otra la de Lobera,
al cinto; y cogiendo el de monte de su ri que esgrimía el cuchillo con intento de dar
val, que con la pistola que le habían qui un nuevo golpe. La izquierda de Ben-Cas
tado estaba sobre la mesa, se lo alargó a sim se aferró al mismo tiempo a la parte
Lobera, agregando: trasera del cuello de la chaqueta de aquél
—Tenga usted su cuchillo, y gánela si dando un tirón de él hacia atrás, mientras
puede. con la derecha sacaba de la vaina la gumía
Rápido se abalanzó el americano a coger que llevaba al cinto.
el arma; pero, antes que él, ya Ben-Cassim — Dale. Cassimi, dale— gritó el Gran Caíd
se la había arrancado de la mano a Abd-el- al ver brillar el arma, que inmediatamente
Gahel, gritando: hundió aquél en la espalda del argentino,
— Si tú estás loco, yo no lo estoy, gracias a quien siguió sujetando por el cuello el
a Al-lah- poquísimo tiempo que tardó en desplomar
—No está mal la comedia—gritó Lobera, se, diciendo:
lívido de coraje al perder la esperanza de — ¡Cobardes, cobardes!... A traición me
poder defenderse. habéis muerto.
— No es comedia. Cassim, da inmediata — Ya tiene bastante. Pero tú, ¿dónde es
mente el cuchillo a ese hombre, y apártate. tás herido? ¿Dónde te ha dado este maldi
Lo mando- to?—preguntó el asesino, alarmado con la
—Ni en esto puedo obedecerte, ni por una sangre de que Gahel tenía manchado todo
mujer tienes derecho de arriesgar la vida, el pecho.
que no es tuya, porque ofreciste consagrar —No es nada, nada. Toda esta sangre no
la a más altas empresas. es sino del brazo.
Estas palabras hicieron gran impresión — Sí, pero es mucha.
en el predestinado caudillo de los vengado — Quema unos trapos y luego me venda
res, muy convencido de su providencial pa rás con tu pañuelo y con el mío.
pel y de la superioridad que lo ponía por Según decía Gahel, púsole su tío en la
cima de las demás criaturas. Y cual vol herida cenizas de unos trapos que cortó de
viendo a sí después de haber estado en la funda de un jergón relleno de las duras
riesgo de descender de su olímpica altura, hierbas que casi secas crecen a lo largo de
dijo: los exhaustos uad (ríos sin agua) del De
—Tienes razón, lo primero e's lo otro: haz sierto, que estaba en un rincón de la casu-
lo que quieras: ese hombre no merece que cha, y quemó después: con lo cual no se
sea yo mismo quien..., atajó del todo, pero se aminoró mucho la
— ¡Farsante, cobarde, c o b a r d e !— rugió hemorragia. Vendó seguidamente el brazo
Lobera antes de que Gahel acabara la fra con los pañuelos y con jirones desgarrados
se, en donde adivinaba su sentencia de de una camisa que sacó del morral de gen-
90 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
sa sa n ita ria con lo necesario para hacerlas Tendió la vista F rian d en torno suyo,
darm e que Abd-el-Gahel llevaba, sin cesar, buscando terreno practicable a las motos
m ientras lo curaba, de reprenderle su im por donde fuera dable rodear la cuesta pa
prudencia. ra cortar la retira d a a ios fugitivos; y al
—Sólo me pesa—contestó después de la r convencerse de que lo amplio del rodeo
go rato de silencio el reprendido—que ese an u laría la ventaja de la m ayor velocidad
hombre no haya m uerto por mi mano y de las máquinas, dió una patada de coraje,
cara a ca ra... Muchos y grandes eran los soltó un taco y dijo después de éste:
sacrificios que ya llevaba yo hechos para —Por esta vez se van... Esa es, de fijo, la
dar libertad a mi p atria y vengar a mis pareja senegalesa desertada... ¡Que no me
herm anos; pero ninguno me ha dolido co habría gustado poco ser yo quien la pesca
mo el de haber dejado que un valiente haya ra !... Ea, vamos con los otros. Por lo me
m uerto llamándome cobarde... E ra preciso: nos creo que habrem os encontrado al señor
qué le hemos de hacer... que busca Don Raúl.
Cuando faltaba poco para acabar de ce Cuando éste y sus acom pañantes entra
ñ ir el improvisado vendaje, se oyeron los ron en la casa quedaron espantados al ver
gritos de T inkert, que, ignorante de lo ocu en el suelo, tendido boca arrib a sobre un
rrido adentro, gritaba: charco de sangre, a un hombre, m uerto al
—Afuera, afuera: que vienen los gendar parecer, en quien por el traje, antes que
mes. por la cara, reconocieron a Lobera, supo
—Vamos, vamos, Cassim. niéndole herido en la espalda por no verle
—Déjame que siquiera acabe de anudar herida en cabeza, pecho ni vientre.
este nudo. P ara enterarse de si vivía o no se arro
—Si os descuidáis nos cogen. dillaron a ambos lados de él Raúl, el inge
—Así se tiene ya, Cassim. Vámonos, vá niero y los ayudantes-
monos—dijo Gahel, saliendo precipitada —Creo que hemos llegado tarde—excla
m ente seguido del otro; y viendo, cuan mó el prim ero con voz ahogada al no sen
do afuera estuvieron, que T in k e rt no exa tir las pulsaciones que con ansia buscaba
geraba, pues no faltaban a sus perseguido en la muñeca del am ericano.
res sino un kilóm etro p ara llegar a ellos, —Aguarde—dijo el ingeniero, desabro
m ontaron sin perder instante en los meha- chando la chaqueta, rasgando la camisa e
ris y escaparon a cuanto éstos podían inclinándose sobre el pecho de aquél para
correr. poner el oído sobre el lado izquierdo— .
* * * Quietos: no hacer ruido, no m overse... No
me atrevo a responder de ello, pero me pa
M ientras R aúl y los demás entraban en
rece que aunque m uy débilm ente late el
la casa, dieron vuelta a ella el sargento y el
gendarme, confiados en que con sus motos corazón.
pronto podrían alcanzar a los que huían en —A ver, a ver—dijo el muchacho.
camellos; pero no habíáh contado con que En esto entraba el sargento, quien, ante
el terreno de m ás allá de aquélla era una el cuadro que se ofrecía a su vista, dijo:
cuesta sum am ente agria, de piso desigual — ¡Ah, canallas!... Bien han sabido apro
erizado de pedruscos que aquéllos bajaban vechar el tiempo..., ¿E stá m uerto o vivo?
a un tro te velocísimo y por el cual era im —De esa duda tratam o s de salir.
posible que rodaran las motos y que corrie —A ver, a ver... Déjenm e: en eso tengo
ran m uy pocos m eharis a no ser, como aqué alguna práctica..., E stá vivo; pero como nos
llos, criados en la serranía. descuidemos no lo estará mucho tiempo;
—Pie a. tie rra ; fuego, fuego—gritó ra porque sin contar lo que la herida pueda
ser, dentro de cinco m inutos se nos muere
bioso F riand.
El y su compañero dispararon tres tiros si no cortamos la hem orragia. Tú, mucha
cada uno, pero inútilm ente; pues sobre que cho, trae la bolsa de mi moto.
la agitación de la pasada ca rrera y lo pre Los gendarmes del S ahara, que no es raro
cipitado de los disparos dificultaban hacer sean heridos a m uchas leguas de los luga
buena puntería, contribuyó además a p ri res donde médico o p ractican te puedan
v ar de eficacia a los tiros ei estar los fugi asistirlos, reciben, como p arte de su ins
tivos lejos ya y ser muy difícil a tin a r en trucción m ilitar, enseñanzas relativas a las
blancos violentam ente zarandeados por el prim eras y más elem entales curas de u r
típico balanceo del trote «el camello. gencia, y de su equipo form a p arte una bol-
LA MAYOR CONQUISTA 91
bastante más completas que los paquetes de Aquí la tenemos—se refería a la herida—.
curación individual reglam entario en los Malo, malo: mucho será que escape... ¡Mal
ejércitos civilizados. Cada guardia es, por lo dita puñalada! Bien la conozco, bien: es de
tanto, casi un practicante. E n cuanto al ve gumía, y el que la ha dado sabe lo que se
terano, con veinticinco años de servicio, que hace... M iren aquí... No, ahora no se ve
se disponía a asistir a Lobera, no lo era casi, bien con ta n ta sangre: aguarden que la
s:i>o por completo, y apreciando la urgen lave un poco... Tú, otro algodón; pero no
cia de no perder segundo, comenzó a ac lo escurras tanto... Ahora, ahora: m iren
tu ar con gran celeridad: dando órdenes a aquí, a la derecha del espinazo, por debajo
todo el mundo y procediendo con pasmosa y junto a la últim a costilla... Y por dentro
expedición, a la cual no estorbaba el no te ya sé por donde ha ido la gumía. Esos mal
ner la lengua quieta un solo instante: ver ditos las dan de abajo arriba, y con esa he
bal incontinencia en él característica siem rram ienta, más larga que un mal día, nue
pre que se veía en apurados trances, de los ve veces, de diez, llegan al corazón... E sta
cuales no se desenredaba sino pensando en vez es la otra, puesto que no está m uerto;
alta voz. pero no debe haber faltado ni un pelo; y
—T raigan, traigan aquel cántaro y aque mucho será que este pobre señor pueda
lla cazoleta... Quite: está que es una por contarlo... ¿H as preparado el percloruro?
quería: buena la iba usted a hacer, don —Sí.
R aúl; sabe Dios los microbios que tendrá —Bueno, tenlo ahí; pero antes trae la je
el cacharro ese: es m ejor una de nuestras ringuilla grande. Bueno. Ve ahora añadiendo
fiambreras-.. Tú, dame la de tu m ochila— agua, poco a poco, al sublimado-.. Más, más:
dijo al gendarm e que venía con el cántaro— así está bien.
y lim píala muy bien con sublim ado del fras —¿Pero no ataja usted esa sangre, como
co de la bolsa, pero deja bastante para la decía?...
var la herida... Pero ¿qué haces ahí? Dale —Ahora corre más prisa desinfectar por
el cántaro a este señor... y saca y trae los dentro: para eso he aflojado el sublimado.
otros trebejos de la bolsa... E sta vez me ¿No ve usted que esos guarros no son como
figuro que van a hacer falta todos y más nosotros, que siem pre llevamos curiosas las
que hubiera. Ustedes, echen aquí una m ano arm as, sino que las tienen llenas de g o rri
para volver boca abajo a este hombre. nerías, y a lo m ejor se la hincan a ün cris
—Pero aquí, ¡en el suelo! E sta ría m ejor tiano después de haber con ella degollado
en aquel jergón... un cordero con viruelas o desollado un bo
—Bueno está el pobre para zam arrearlo: rrico recién m uerto de muermo.
antes que lo pensáram os se le había ido la —¿Peo va usted a m eter la jeringuilla en
poca sangre que le quedaba. Ca, no señor: te ra en la herida? La está usted desgarran
aquí mismo le damos la vuelta de costado. do toda.
Pero muy despacito... No; hacia ese lado, ■—No se apure: es por fuera, no impor
no, que lo estropeamos-.. No levantarlo, sino ta ; y quiero que el desinfectante entre bien
darle la vuelta... poco a poco... ¡Cuidado!... a lo hondo.-. Listo... Ahora ,trae el algodón
Así- ¡Ajá!... ¡Qué barbaridad! Ni que hu con percloruro... Esto no tiene nada*. Tú
bieran degollado una res... Sí que nos he tam bién tienes unas economías... Tráelo acá,
mos puesto buenos: como llegara ahora el sin ^1 tapón: lo m ejor es echar con el m is
juez diría que éramos los asesinos... Tú, mo frasco unas gotas dentro de la herida...
daza, trae tu cuchillo... E s para rasgarle la ¿Lo ves, hombre, lo ves? Ya se paró la sa n
espalda de la chaqueta y las m angas, Don gre... Aprende.-.; y si alguna vez tienes que
Raúl, porque como quisiéram os sacársela a apañarm e a mí, acuérdate: nada de rem il
tiró n se nos quedaba el hombre entre las gos: a lo caballo: esa es la fija... Las pam
manos- plinas, para las señoritas.
M ientras hablaba F riand, y antes de que —¿Y ahora cómo llevamos a ese hom
el negro tuviera tiempo de darle el cuchi bre?—dijo el ingeniero—• Porque si lo me
llo, se lo quitó él de la m ano; y m etiendo la tem os en la navecilla de un side-car, las sa
p unta entre la nuca y el cuello de la cami cudidas pueden provocar nueva hem orra
sa del herido, rajó de un solo corte desde gia.
arrib a hasta abajo las espaldas de cam isa — ¡Y tanto, señor ingeniero! Aquí no hay
y chaqueta, a la par que necia a su subor sino ir a la Residencia por el auto-ambu
dinado: lancia con cam illa colgada.
—Tú, el agua sublim ada y el algodón... —Voy, voy por él—exclamó Raúl, que
■'..................
92 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
apenas lo había dicho .estaba fuera y salía que sólo a la desesperada; pero más deses
escapado como un rayo en su moto. perada que esta, ni más muerto que está...
— ¡Señor Raúl, Señor R aúl!... Y se va Ea, a ello... Este botecillo es el café (quería
solo..- A ver si hacen con él otra como esta. decir la cafeína); este el aceite alcanfora
Tú, y usted, ¡señor ingeniero, y los ayudan do... ¿Le pongo la jeringuilla gorda o la
tes que están mejor armados: echen detrás chica?... Empezaré por la chica, y si no se
de ese cohete loco. Yo aguardaré aqui con alienta, le atizaré luego la gorda.
los negros hasta que ustedes vuelvan con Y dicho y hecho: dos minutos después ya
el auto. tenía el herido en el cuerpo 40 centigramos
Salieron los aludidos, montaron en las de cafeína y 80 de aceite alcanforado.
motos y partieron a toda marcha en pos de No tuvo el cabo necesidad de acudir a la
Raúl. Por considerarse en funciones de mé gorda, porque, como él decía, alentó el he
dico de cabecera se quedaba Friand, mono rido. Por supuesto, sin volver en sí ni sin
logando incesantemente. q u e ^ l pulso subiera sino levemente; pero
— Si no ando listo se nos iba... A ver có lo bastante para alejar la idea de inmediata
mo anda... ¡Uy, este pulso se va!... Mucho muerte.
será que no hayamos perdido el tiempo- — Algo es algo... Pero mucho será que el
Aquí habia que hacer algo gordo, ¡redíez!... hombre salga al fin de ésta. ¡Menuda puña
¡Ah, los frasquitos de la bolsa!... Yo no los lada le han atizado!
he usado nunca, y dicen las instrucciones m
XXII
AL FIN HABLA EMMA
Llevaba Raúl tal marcha, que quienes lo su huésped y de enviarlo preso a Marrakesh
escoltaban no consiguieron sino verlo fu en el primer tren que para allí saliera.
gazmente a lo lejos, alguna que otra vez, en En cuanto Duvery oyó tal relato recordó
los largos tramos donde el camino era rec la deserción de la pareja senegalesa de Zin-
to y despejado; pero esto bastaba a darles der; díjose en seguida que era imposible
confianza de poder socorrerlo en caso ne creer que teniendo Bertier a su lado a Raúl,
cesario; pues de ser por alguien atacado, en Agadés, nada hubiera dicho ést~ de tan
podrían llegar en poquísimo tiempo junto a estupenda novedad, ni que dejara de avisar
él. Solamente lograron darle alcance cuan a su padre: máxime habiendo tenido a su
do, como a una legua de Techiasco, se de disposición el ciclista que fué y vino al
tuvo el muchacho, al encontrarse con su pueblo la noche anterior, cuando de ser
padre y dos ingenieros, que en sentido verdad la orden telegráfica de detención de
opuesto venían a toda marcha en un auto, bía haberse recibido mucho antes; pues para
escoltado por dos side-cars con seis hom que una pareja no montada en motos pu
bres armados. diera hallarse en Tadelaka a la hora del
Al acercarse Raúl con el traje de dril en arresto debía haber salido de Agadés la vís
sangrentado, le dió un vuelco el corazón a pera de mañana; y haciéndole todo esto sos
Duvery, por creer que aquella sangre era de pechar que la orden de Bertier fuera men
su hijo; pero al verle saltar ágilmente de la tida, se le ocurrió la idea de que aquéllo te
bicicleta al suelo y correr nacía el, se le pasó nía todas las trazas de un audaz secuestro.
el susto, dejándole lugar a que renacieran Tan pronto tuvo tal creencia, decidió sa
sus temores por Lobera; pues los dazas con lir inmediatamente para ver si encontraba
éste salidos de mañana habían regresado en el camino alguna pista, proseguir a Aga
un cuarto de hora antes, relatando el arres dés a dar parte oficial del atentado y ha
to y cumpliendo el encargo de los gendar cer que, sin pérdida de tiempo, fueran per
mes de decir a D. Héctor que el capitán de seguidos los criminales desertores, que, en
ploraba mucho la prisión, por tratarse de su entender, hablan aprovechado el unifor
persona de la amistad de aquél, pero que me para dar el golpe.
obedecía a orden telegráfica de prender a Como sólo pensaba en un secuestro para
LA MAYOR CONQUISTA 93
pedir fuerte rescate, por no creer pudiera edificios de la Residencia aguardaba Em m a
m ediar allí odiosidad a un forastero re en com pañía de su nodriza—una negra de
cién llegado, le cogió de improviso la te Tafilete alta y flaca, dura como el acero, que
rrible noticia del sangriento crim en, que desde que nació “su n iñ a” jam ás se había
dando de momento anonadado al oírsela a separado de ella—, la cual la había ido pre
su hijo. Mas reponiéndose en seguida, por parando, por encargo que al m archarse la
ad v ertir la urgencia de traslad a r y prestar hizo Duvery, temeroso de que Lobera pu
asistencia médica a quien se hallaba en el diera llegar m uerto.
desesperado trance por R aúl pintado, retor H asta ahora, apenas hemos hablado de
nó sin dem ora a Techiasco en busca del mé la personalidad moral de Emma, perfecta
dico de la Compañía y del camión-ambulan m ente arm ónica con la física, em inentem en
cia, bastante usado en el transporte de jo r te delicada, todo lo más fem enina que en
naleros heridos, en accidentes de las obras, contrarse pueda, cuan d istan te quepa ima
a distancias con frecuencia grandes del cen ginar del tipo de la m ujer varonilm ente
tro de trabajos donde estaba la enferm ería. enérgica. Apacible, dulce, tím ida, más to
davía, asustadiza en corrientes azares de
* * * la vida normal, todo en ella parecía débil:
nervios, espíritu, carácter. Todo, menos los
Las tres de la ta rd e serían cuando llega sentim ientos; pues si a las suaves emocio
ron a la casa del crim en don Héctor, Raúl nes y a las leves contrariedades, únicas has
y el médico, quien después de pulsar y aus ta entonces experim entadas en su vida plá
cu ltar a Lobera y de oír la explicación de cida, sucedieran fuertes sacudidas causadas
su herida, hecha por el sargento Friand, no por am or o dolor, despertarían éstas en el
auguró bien del caso, contestando a Duve- corazón de Em m a latentes energías capa
ry, que le preguntó si no practicaba reco ces de imponerse a nervios y carácter, de
nocimiento y nueva cura: hacerla olvidar miedos y reparos, y de llegar
—E n el reconocimiento se nos quedaría, suave y dulcemente, cual cosa natural, pre
y no lo necesito, porque conozco como el cisa, lógica, a cuanto el corazón pidiera, aun
sargento esa puñalada clásica en esta tierra. afrontando los más grandes sacrificios. En
Tampoco quiero levantarle el apósito, que sum a: siendo p ara ella el corazón la vida
está bien puesto; pues lo único que por lentera, era cobarde, y sería cobardísim a
ahora cabe hacer ya lo ha hecho, como yo m ientras tenía o tuviere alegre y lleno el
lo habría hecho, este hombre, que al conte corazón; mas de perder tal alegría parece-
n er la hem orragia y al poner las inyeccio ríanle pequeños todos los dolores ante el
nes estim ulantes, ha salvado por dos veces dolor de sentirlo vacío, insignificante todo
la vida a... padecer ante el sufrim iento que la ocasio
— ¡Ah! ¿Entonces es que está salvado? naría la imposibilidad de d ar satisfacción
—No, Señor D irector: no habla de lo por a sus impulsos afectivos.
venir, sino sólo del momento; pues a no Sabido esto, para com prender lo que pa
ser por F riand, no habríam os encontrado decía m ientras con vehem ente tem or de no
vivo al señor Lobera, que no por eso deja verlo llegar con vida aguardaba la llegada
de estar gravísim o: más aún, en inm inen del herido, baste agregar que en el mes lar
te peligro; pues aparte su terrib le herida go que llevaban él y ella de cotidiano trato,
sobre la cual no cabe todavía pronóstico, lo y no obstante su situación externam ente in
más grave es ahora la pérdida de sangre: definida, pues ya sabemos no eran novios,
tanto, que m ientras no lo veamos salir de según suele entenderse esta palabra, el co
hoy y de mañana, no hay para qué pensar razón de Em m a,-lleno de Lobera, había ad
en lo demás. quirido la certeza de que el de él estaba
M ientras la pareja de gendarm es—la au lleno de Emma.
tén tica—se volvía a Agadés a en terar a su
jefe del atentado, los demás regresaron
con el herido a Techiasco, llegando allá bien Apenas el auto-am bulancia se detuvo a la
cerrad a la noche; pues el auto-ambulancia, puerta del recinto y bajó de él Don Héctor,
donde junto a aquél iban Duvery y el me se lanzó hacia él su hija, preguntándole an
dico, cada vez más pesimista, no pudo ir siosa: ,
de prisa, por tem or a sacudidas que provo —¿E stá m uerto, está m uerto?
caran nueva y m ortal hem orragia. —No, Emma, no.
A la puerta del cercado que circundaba los —La verdad, papá. ;P or Dios, la verdad!
94 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
—De veras, h ija m ía: te aseguro que vie descubrir francam ente a su padre, por la
ne vivo. prim era vez, el am or a Lobera; tan resuel
—De qué modo lo dices; no lo dirías con ta le pareció a aquél a no privarse del con
m ayor tristeza si... suelo de ver al hombre amado, que conmo
—Es que no quiero ocultarte que está muy vidísimo y arrancándole lágrim as el dolor
grave. de su hija, dió a ésta un beso y contestó:
Sin contestar nada a su padre, se abrazó —Ven.
Em m a a él, rompiendo en silencioso llanto. Al llegar ellos a la alcoba estaban en ésta
—Vamos, hija, vamos... Serénate... Y dé el médico y Raúl.
jam e atender a llevar a la cama a ese pobre Se acercó Em m a a la cama, m iró el pa
muchacho para que el médico pueda pres lidísimo rostro del herido, y volviéndose al
tarle sus prim eros cuidados. médico, preguntó despacio, sin ruidosos
—Sí, sí: ve en seguida-.. Pero prométeme transportes de dolor, pero anegada en si
que en cuanto acabe el médico me llam arás. lencioso llanto, y con voz tan sorda que so
—¿P ara qué? brecogió a todos.
—P ara verlo. —Se muere... ¿no es verdad, don Gustavo?
—¿A qué, mujer?... Lo m ejor es que te —M ientras hay vida, hay esperanza... Dios
acuestes. puede...
—No discutamos, papá: no quiero dete —Papá, desearía que tú y yo nos quedá
n erte; pero hasta que vayas a mi cuarto en ramos a velarlo: el doctor y Raúl estarán
cuanto don Gustavo—el médico—lo cure, no fatigados.
me acuesto. La prim era intención de Duvery fué no
—Bueno, hija, bueno... Maka, cuida de la aceptar la compañía de Emma. H abía leído
niña. claro en su corazón y le asustaba el torm en
Maka era la nodriza, que se llevó a Em m a to terrible que sería para ella pasar toda una
a sus habitaciones, donde ni una ni otra noche viendo avanzar la m u en e sobre el hom
despegaron los labios hasta que, pasada me bre a quien am aba; pero a despecho de lo
dia hora, llegó Duvery. suave del tono y de la hum ildad de la m irada
—¿Cómo está? anhelante con que im ploraba le fuera con
—Un poquito menos mal—contestó él sin cedida satisfacción a aquel deseo, la expre
convencimiento. sión desgarradora de su rostro hizo com
—¿Dónde tiene la herida? ¿Lo ha curado prender a Don H éctor que sería más cruel
ya don Gustavo? ¿Qué dice? negarle aquel torm ento que otorgárselo.
—Por ahora ha atendido a lo más urgen —Como tú quieras, h ija mía.
te, poniéndole una inyección de suero para Salieron el doctor y Raúl, y en cuanto
reanim arlo y ver de conseguir que cesen Em m a se vió a solas con su padre, se acer
los colapsos producidos por la hem orragia. có a la cabecera de la cama y dijo:
—Papá, eso es que está malísimo: que hay —Papá, lo quiero con todo mi corazón;
tem or de que se m uera de un momento a creo que lo sabe.., digo, lo sabía; pero ni
otro. nunca se lo he dicho, ni h asta ahora le he
—Se luchará, se está luchando por todos dado una sola prueba de cariño, y...y ten
los medios—dijo Don Héctor, no queriendo go ansia del alm a de que antes que se
m atar del todo la esperanza, pero huyendo muera....
de aum entarla. —¿Qué quieres decir?
Viendo ella clara la situación, sintió un Todavía vaciló la tim idez de Em m a; pero
deseo tan enérgico como jam ás lo había ex sólo un instante, pasado el cual dijo re
perim entado, que la hizo levantarse, enju suelta:
garse los ojos y decir con voz que su pa —Que ahora que él no lo ve, y lo ves tú,
dre no la conocía, por palpitar en ella re quiero darle este beso.
solución inquebrantable, insólita en su fla Sintió Don H éctor henchido el corazón con
ca voluntad: la am argura del su frir que atenazaba al de
■
—Papá, quiero verlo. su hija, y dijo, tard e ya, pues ella no había
—P ero.. aguardado su licencia:
—Por el cariño que me tienes, por el que —Dáselo, dáselo: tu padre lo comprende
te tengo, llévame adonde está; tengo ansia y lo autoriza...
de verlo; p referiría m orirm e viéndolo a — ¡Y no lo siente, no lo siente!... ¡Va a
vivir sin verlo. m o rir sin ver cómo lo quiero!
V ibraba de ta l modo la voz de Em m a al —Basta, h ija mía, basta.
LA MAYOR CONQUISTA 95
Cediendo a la dulve violencia de Duvery gendarmes senegaleses desertados, exclamó
se apartó Emma de su amado, sintién aterrada:
dose en seguida rodeada por los brazos de — ¡Es mí amor, es mi amor el que lo
aquél, cuyas lágrimas la caían en la cara y mata! ¡Por mí, por mí se muere!
por ésta corrían mezcladas a las de ella: — ¡Qué dices, Emma! No delires... ¡Por
tan mudas unas como otras, tan calladas Dios, hija, por Dios!
cual los besos con que trataba el padre ae — No deliro: no me creas loca, no... Pero
mitigar el padecer de la hija de su alma: es horrible, horrible que mi cariño sea la
sin tener en el pensamiento sino la idea: causa de su muerte... No, no desbarro; no
“ ¡Pobres criaturas, pobres criaturas!” me mires así...
— Entonces, explícame, por Dios: ¿qué
quieres decir?
— Que no son senegaleses quienes lo han
Sentados uno junto a otro, a los pies de herido; que el asesino es el español del
la cama, la mano de ella entre las dos de tren: Núñez.
él, parecíanles horas los minutos de aque — ¡Núñez!...
lla inacabable noche... — Sí, sí, estoy segura: tan segura como
Al cabo, para sacudir la pesadumbre de si lo hubiera visto.
su triste silencio, lo rompió él diciendo: — Pero, si no es posible.
— Emma, hija mía, Emmita..., me espan -—Lo es, lo es: yo le he visto una vez
ta verte así... mirarnos a Lobera y a mí, y jamás olvida
— No, papá, no te asustes: soy más fuer ré lo que vi en aquellas dos miradas... Yo
te de lo que tú y yo misma creíamos... Pero sé bien cómo sus ojos me miraban y cómo
duele, duele. lo miraban a él, y ayer he vuelto a verlos
— Es cierto, es cierto: no la conocía— mirarme como entonces...
pensó él al oírla. — ¡Ayer!
Pero pasado un rato lo asustó el recelo — Creí que era locura mía, y ahora estoy
de que no fuera aquella fortaleza una ex cierta: eran los mismos.
citación nerviosa, que al pasar acarreara — Pero ayer... Es imposible: es tu emo
más graves consecuencias, y procuró sacar ción de hoy, el trastorno de tu pena el que
la de la alcoba, a lo que ella se resistió di te hace ver...
ciendo: — Ayer no tenía pena ni emoción, y hoy
— No, papá; seria mucho peor. veo claro, clarísimo.
Y convencido él, al mirarla, de que efec — Pero si Núñez huyó, Dios sabe adonde,
tivamente sería peor, no insistió. hace ya muchos días...
De pronto, dijo Emma: — Núñez estaba ayer mañana en Techias-
— ¿Cómo ha sido? Cuéntamelo, no tengas co: no en la aldea, sino aquí mismo, den
miedo; ya ves cómo yo tenía razón al decir tro del recinto, y tres horas lo menos; pues
que soy fuerte: quiero saber todos los de la primera vez que lo vi, al encontrarme
talles; porque hasta ahora no sé sino que con sus ojos a la salida del cenador, donde
está ahí muriéndose, que el médico no
me habia desayunado, serían las ocho, y a
puede ya hacer nada, cuando nada hace, y
las once lo vi otra vez.
cuando sólo hace lo que yo: esperar en
— Pero, ¿cómo es posible que nadie sino
Dios.
tú lo hayas visto? ¿Cómo, dada la vigilan
Vaciló Duvery, temiendo que el relato de
cia que tenemos, ha podido pasarnos in
la vil emboscada impresionara peligrosa
advertida a todos tanto tiempo la presencia
mente a Emma; pero acabando por com
prender que lo peor para ella era el silen de un forastero?
cio. refirió lo sabido del crimen, detenién — ¿Pero no te he dicho ya que estaba
dose ante el paréntesis, ignorado de todos, disfrazado de gendarme?
en donde se encerraba lo acontecido desde — ¡De gendarme!... No, no me has dicho
la detención de Lobera en el camino hasta palabra de eso.
que lo encontraron moribundo; mas sin — Sí, con la franja verde de los senega
poder llegar en su relato a referir los cui leses.
dados prestados en los primeros momentos — ¡Emma! ¿Estás segura? ¿Lo has visto
al herido, ni la venida de Raúl a Techias- sin el litz a v if
co; pues tan pronto oyó Emma que el se — No, sin el velo, no, porque estaba al
cuestro lo había perpetrado una pareja de aire libre: no he visto sino sus ojos entre
96 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
aquél y la visera del tricornio; pero no ne ñarm e: sí, engañarm e; porque al oírte hoy
cesito más para conocer a ese hombre- que dos guardias senegaleses fueron los vi
—¿Pero será efectivamente él?... ¿No ha les asesinos, ya no tengo dudas, sino cer
brán sido aprensiones tuyas? teza plena: uno era Núñez.
—Eso me dije ayer, consiguiendo enga
KXÜI
LA COBARDIA DE UNA MUJER ENAMORADA
LA MAYOR CONQUISTA 97
da a nuestro pobre amigo me hace ver claro very, pero que habiéndose vestido más de
que me engañé al ahuyentar ayer los te prisa que aquél, se le adelantaba, aunque
mores que ese hombre me inspira desde poco; pues a los pocos instantes llegó tam
que en el tren lo vi mirar a Lobera. bién el doctor, examinando inmediatamente
— ¿Y esos gendarmes permanecieron más al herido.
de una hora frente a tus balcones? Este se moría despacio, sin violentas cri
— Sí. sis, como una luz a la cual se le acaba el
— ¿Y dices que no solamente hablaron con aceite. Duvery se acercó a la cama durante
el ciclista, sino con otro obrero? aquel examen; mas por miedo a la res
-—Sí: con uno que con ellos venía y a su puesta que pudiera oír Emma no se atre
lado estuvo sentado largo rato; y más bre vía a preguntar nada al doctor, siendo Raúl
vemente con otro que no llegó a sentarse. quien preguntó:
— ¿Y Maka se fijó en esas gentes?... — ¿Y qué, doctor?
— Fijarse..., no sé; pues yo nada le dije — Que la acción del suero va pasando de
de mis recelos por creerlos pueriles, pero masiado de prisa.
los vió perfectamente... — Es decir, que no hay remedio— dijo
¡Qué pálido está!... Mira, mira, papá. Al Emma.
decir esto se levantaba rápidamente Emma El médico no contestó sino con un gesto
de su asiento y corría al lado de Lobera. de impotencia,
Más que antes, sí... Y las manos más frías. — ¿Ninguno, ninguno? ¿No tiene usted
Míralo, míralo... ¡Por Dios! Corre, corre a ninguno?
llamar a Don Gustavo. — No veo... Es decir: sólo uno; pero no
Duvery, que conoció con cuánta razón se es fácil encontrar con la rapidez necesaria
alarmaba su hija, aun cuando no quería quien...
dejárselo sospechar, contestó: — ¿Cuál es? Dígalo, dígalo.
— Aunque no noto nada, voy a buscarlo — La transfusión de la sangre.
para tranquilizarte. Pero, tú, no hagas ya — ¡Ah!
más locuras y vete a tu cuarto. — Cien veces su peso en oro pagaré por
Emma cayó de rodillas junto a la cama, la de quien se preste...
diciendo: — No tienes que pagar a nadie: aquí es
— Déjame que a su lado le pida a Dios toy yo-
su vida... Y si ha de morirse, no me prives Al oír aquel arranque de su hermano se
ni de uno solo de los minutos que le que abrazó a él Emma, anegada en lágrimas,
den de vida: te lo pido por el cariño que sin poder decir palabra hasta pasado un
a mi madre tuviste. rato, pero besándolo entre tanto con verda
Vacilaba Don Héctor, temiendo que mien dero frenesí.
tras él salía se muriese aquel hombre es Duvery luchaba entre el noble orgullo
tando sola ella con él; pero al oírla repe que en su conciencia de cristiano levantaba
tir angustiada: “el médico, el médico”, com la oferta de su hijo y el egoísmo de padre
prendió que sus vacilaciones acaso estaban temeroso de sus consecuencias. Por ello
comprometiendo una vida, y salió co sólo dijo:
rriendo. — Piénsalo bien, hijo mío.
Emma cogió la mano del herido, posan — Mi torpeza de no sospechar la mentira
do los labios en ella; pero en seguida los del ciclista es la causa de esto; no sera
apartó, soltando aquélla, porque el frío de sino cumplimiento de un deber el remediar
los dedos la helaba el corazón. Cruzó las el daño que hice.
manos, dejó caer la frente sobre el brazo Sólo entonces pudo Emma sobreponerse
de Pepe, y al percibir en él mayor calor a su emoción, diciendo con acento de reso
que en los dedos sintió renacer la esperan lución tan inquebrantable que desde aquel
za. y exclamando: “Señor, todo lo puedes”,
momento nadie sino ella mandó allí:
comenzó a rezar. — No, Raúl: sólo yo soy quien tiene tal
Su padre volvió con gran rapidez, y al
deber. Por amor a mí ha perdido la san
verla orando permaneció silencioso e in
gre cuya falta le mata: con la mía, con la
móvil basta que, oyendo en el corredor rui
do de pasos, la levantó del suelo- Ella le mía, tiene mi amor obligación de darle
dejó hacer sin decir palabra. vida.
El que llegaba era Raúl, a quien, des _No, no: tú no — dijo aterrado Don
pués que al médico, había despertado Du- Héctor.
7
LO S VENGADORES
98 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
—No: tú eres débil—contestó Raúl. Y volviendo a estrechar a la pobre cria
—Deber, no, Emma—objetó el médico— : tura entre sus brazos, su anterior cólera
actos como ese no son deberes exigibles a se deshizo en lágrimas, diciendo:
nadie. —Perdóname, perdóname, hija mía.
—Tiene usted razón, Don Gustavo: no —Voy en seguida a preparar lo necesa
es deber, sino ansia de mi sangre de co rio. Antes de media hora vuelvo.
rrer en sus venas. —Oiga, Don Gustavo: yo no querría que
Esta valiente confesión de un cariño cu esto se trasluciera: porque... no es necesa
yo mayor anhelo era dar la propia sangre rio ni hay porqué...
al hombre amado, hecha por la débil y co —Es que te quedarás un poco floja y ten
barde mujer que todos conocían, sobreco drás que hacer cama varios días.
gió a quienes la oyeron con un escalofrío —Puede decirse que estoy enferma de
de emoción, en donde se trababan al res otra cosa.
peto y al miedo el entusiasmo despertado —Además, que yo necesito un ayudante,
en los nobles corazones por los actos he aunque la operación es sencilla y no re
roicos: pero cuando, pasados unos segundos quiere conocimientos médicos en el auxi
de augusto silencio, se repusieron de su liar... Unicamente si Raúl se atreviera...
asombro, aun insistieron el padre y el her —¿Qué tendré yo que hacer?
mano en oponerse a la resolución de Emma, —Darme los instrumentos: una ayuda
alegando el segundo su mayor robustez y puramente mecánica. Pero, claro es, que
apoyándolo el primero, por pensar que efec sin afectarte por tonterías; pues no se han
tivamente Raúl resistiría mejor la pérdida de ver sino tres o cuatro gotitas de san
de sangre que su delicada hermana. gre, y lo verdaderamente impresionante en
—Doctor—dijo ésta—: dígame, pero pen esta operación es su parte moral, lo suges
sando solamente en que su primer deber tivo de ella.,
es salvar esa vida: ¿cree usted que mi san —Me atrevo a cuanto sea necesario.
gre no tiene la fortaleza necesaria para el —Pero yo no quiero ver preparativos, y
buen resultado de la operación? ¿Cree us si puede ser deseo estar de espaldas a los
ted realmente en esa decantada debilidad instrumentos—dijo Emma.
mía? —No hay inconveniente: ni verás nada
—No—contestó el médico, temblándole la ni sentirás sino un pinchacillo.
voz—: no te creo débil. —No le extrañe a usted; ya sabe que soy
Se abrazó Emma a su padre, que aún se muy cobarde.
resistía a dar su asentimiento, diciéndole —Sí, mucho: ya lo vemos. ¡Canario con
tan bajo que sólo él pudo oírlo: la cobardía!
—Papá, ya ves que es necesario, que es —Pues ¿porqué hago yo eso sino por
mi deber, que tiene que ser: ’no me amar miedo?
gues el júbilo de ser yo quien lo salva con — ¡Por miedo!
la pena que me producirá... —Claro: por miedo de que se muera.
Emma, que a tanto se atrevía, no se —Va a haber que darte la razón.
atrevió a acabar la frase, diciendo “tener * * !¡:
que desobedecerte”, y mirando a su padre
con implorantes y cariñosos ojos atenuaba Cuando el doctor y Raúl salieron de la
la dureza de las palabras, que no por ca alcoba estaba comenzando a amanecer. Lle
llarlas dejaron de ser adivinadas por él, gados al gabinete del instrumental de la
haciéndole decir con sequedad y apartando enfermería, donde faltaba el aparato para
a Emma de sí: la transfusión, tuvo aquél que improvisarlo
—Doctor, mi hija es mayor de edad y con una bomba de extracciones sinoviales
tiene derecho a disponer por sí de su per y una jeringuilla impulsora, a la par que
sona. enteraba a Raúl de su sencillo papel: su
—No has querido evitarme la amargura jetar sucesivamente los brazos del herido y
que te pedía me ahorraras. Es otro dolor de Emma mientras él les clavaba las agujas
más sobre todos los de hoy. Don Gustavo, huecas enchufadas a los extremos del tubo
cuanto antes. por donde había de pasar de ella a él la
—No, hija mía, no... Sí, sí, doctor: doy sangre, y sostener después, una con cada
permiso a mi hija. No quiero oponerme a mano, las pinzas de sujeción de aquéllas
tu hermosa caridad, no quiero contrariar para evitar que se salieran.
los impulsos de tu alma. —No te asustes de lo gordo de las agu-
LA MAYOR CONQUISTA 99
jas, pues él no ha de se n tir el pinchazo y sintió la valiente m uchacha una indefinible
a Em m a le anestesiarem os el brazo antes sensación, y preguntó:
de dárselo, —¿Ya, verdad?
—¿Y no le dolerá? —Sí, h ija m ía—contestó el médico.
—Poco, muy poco. E n seguida haré fun E l hermoso rostro de la abnegada cria
cionar la bomba que aspirará la sangre de tura, a quien su padre m iraba con ansie
ella y la im pulsará a las venas de él. Los dad temerosa, brilló con belleza sobrehuma
índices móviles de estas esferas, correspon na; su alma, aun más hermosa, gozó ine
dientes a dos esfimógrafos aplicados a las fable dicha beatífica al pensar y sen tir que
muñecas de ambos, me harán ver a la par de su corazón salía la sangre que llegaba
el ritm o e intensidad crecientes de las pul al corazón c^el hombre amado, que sangre
saciones de él y decrecientes de tu herm a de ella caldeaba el yerto cuerpo de Lobe
na, y además vigilaré constante y directa ra, que con su propia vida testaba ella re
m ente el pulso de Em m a en la otra muñeca anim ando aquella vida próxima a extin
para suspender la extracción de sangre en guirse; y diciéndose que viviría por ella
el debido momento. y con la vida de ella, y que en aquel instante
■—La apreciación de ese momento debe sus vidas eran una, se sentía cada vez más
ser cosa interesantísim a. dichosa al percibir cómo aum entaba la la
—No te asustes, muchacho: si en eso xitud que la sangre perdida producía en
peco será por quedarme corto. Vaya una su cuerpo; pues tal debilidad era prueba
cara espantada que se te ha puesto... Mira, de que la sangre que a ella le faltaba es
arréglatela antes de que entrem os; porque taba ya engendrando vida en él.
si después de estar aquí conmigo te la ven —Ya—dijo el doctor.
tu padre y tu herm ana van a creer lo que —¿B astará, b astará?...—preguntó ella.
no es. —Sí, h ija mía, sí. El pulso de este hom
—No tenga usted cuidado. Pero en usted bre es ya otra cosa com pletamente dife
confío. ren te..., gracias a esta cobarde.
Después de esto explicó el doctor que la
bomba funcionaba, sin cuidarse de ella,
m ediante un diminuto m otor que, como los E n tre Raúl y su padre levantaron a
de los ventiladores eléctricos, se empalma Emma, a quien le flaquearon las piernas al
ba a la línea del alumbrado. se n tar el pie en el suelo; y después de de
ja rla m ira r al herido y sentir, al cogerle
* * * una mano, la grandísim a alegría de hallár
sela más caliente que antes, pues sobre es
Llevaron un catre, colocándolo cercano tarlo realm ente, tenía ella las suyas mu
al lecho del que ya podía considerarse mo chísimo más frías, en tre los dos la llevaron
ribundo, sin dejar entre uno y otro sino el a su cuarto.
espacio estrictam ente indispensable para Como en el camino, y m ientras la acos
Don Gustavo, Raúl y el estrecho trípode de taron le dieron dos desmayos, fué llamado
la bomba; se tendió en el catre Emma, a Don Gustavo, que, después de verla, dijo:
quien cortaron por el hombro la manga —No hay cuidado, esto no vale nada; el
del vestigo, y Don H éctor se colocó junto desvanecimiento es m ás de la emoción mo
a ella al costado libre del catre. ral que efecto físico. No, no se asuste, Don
Hechas las operaciones prelim inares ya H éctor: quince días de debilidad, y des
indicadas y puesta en actividad la bomba, pués nada.
HKHI
DUVERY VA PENSANDO QUE SU HIJA HA VISTO CLARO
Ni Don H éctor ni Raúl sintieron el ren te rio r h asta ver a Em m a adormecida con
dim iento consiguiente a! ajetreo del día y un cordial adm inistrado p ara hacerla re
a las trem endas emociones de la noche an- posar: cosa que no h ab ría conseguido a
100 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
dejarle agarrados a la memoria el recuerdo mañana del día del crimen, al llamarlo
de las recientes impresiones y al corazón para que llevara un recado a una sección
inquieto anhelo de recibir c»ua cinco minu lejana de los trabajos; que otro ciclista lo
tos noticias del estado de! herido. había visto salir en la moto al amanecer,
Entonces pensaron padre e hijo en irse a y que desde entonces nada se sabía de él ni
descansar, dejándola al cuidado de Maka; de su vehículo.
pero de pronto se acordó el primero de los El portero dijo que la pareja había llegado
gendarmes senegaleses, del ciclista y, sobre dos días antes, a las siete y media de la ma
todo, de la larga estancia de ellos frente a ñana. Después la vió paseando, en compa
las habitaciones de su hija, que, de ser, en ñía del ciclista, por la parte de afuera de
efecto, uno de los primeros el falso Núñez la empalizada del recinto, a lo largo de los
enamorado de Emma, lo alarmaba extra atrincheramientos en construcción. No po
ordinariamente. Tales recuerdos le disipa día precisar exactamente la hora; pero sí
ron por ensalmo el sueño y el cansancio, recordaba que andaban despacio y se dete
ocurriéndole a Raúl lo propio al contarle su nían frecuentemente, como interesándose
padre lo sabido por Emma, y conviniendo en las obras: lo cual no le extrañó en gente
ambos en la urgencia de aquilatar las sos de tropa. Y ya no volvió a verla hasta me
pechas de ella. diodía, al abrirle el portón para franquear
Como Maka era quien podía darles los le la salida, sorprendiéndole se fuera, estan
primeros datos, la llamaron al gabinetito do tan cercana la hora de comer, y pen
contiguo a la alcoba donde dormía “su sando que el cocinero habría echado me
niña”. rienda a los gendarmes; pues por el cami
La nodriza conocía, efectivamente, al ci no que tomaban no encontrarían hasta la
clista, que pasó varias horas con la pareja, noche donde poder comer.
y el cual resultó ser el autor de la gatada — ¿Qué camino tomaron?
de los pliegos. El obrero que sólo un rato — Hacia Tadelaka y Tembellaga.
estuvo sentado con los senegaleses y el que, — ¿Salieron muy de prisa?
sin sentarse, había cruzado pocas palabras — No, señor; al paso iban hasta que yo
con ellos, eran desconocidos de Maka, pu- los perdí de vista.
diendo únicamente decir que todos eran da- — ¿Vino alguien ese día a la Residencia
gatums. por el mismo camino después de salir ellos?
Siendo lo más apremiante interrogar al — Sí: toda la tarde estuvieron llegando
ciclista para averiguar si los gendarmes que de Agadés autocamiones con carriles.
estuvieron en Techiasco eran los mismos — ¿Encontraron esos a la pareja?
salidos al camino a Lobera, a reserva de — No lo sé.
inquirir luego si eran senegaleses o los — Pues busca y envíame a los motoristas
fingidos españoles, fuese Duvery a su des conductores de ellos... Aguarda. ¿No tenían
pacho. enviando a un ordenanza en busca esos guardias ninguna seña particular por
de dicho motorista, del portero de la ba la que se les pudiera reconocer?
rrera del recinto exterior y del mecánico — No señor.
francós de la aserradora instalada a la pro — ¿Ni en su equipo notaste nada que des
ximidad del cobertizo para convertir en ta dijera del que estamos acostumbrados á
blazón los troncos acoplados bajo éste. ver en los gendarmes?
radas estas órdenes, pensó que mientras — Nada.-. Es decir, en ellos nada me cho
vin-'eran los llamados y él los interrogara, có; pero en los camellos, sí.
podría Raúl adelantar otras pesquisas con — ¿El qué?
ayudantes y capataces de toda confianza — Primero que eran dos meharís magní
para enterarse de si habían visto a la pare ficos, muchísimo mejores que los que ge
ja, de si se acompañó de otras personas neralmente usa la gendarmería, y como
además de las sabidas, y de si alguno de por eso me fijé bien en ellos, vi además que
los dazas acompañantes de Lobera había uno tenía en el pecho un gran manchón
visto a la pareja en la Residencia y si era pelado, con cicatrices de haberle dado fuego.
la misma que detuvo a aquél. — ¡Ah! Pues esa es una seña de impor
A los pocos momentos de irse el mucha tancia.
cho regresó el ordenanza, travendo noticia — Por cierto, que no la vi sino cuando
de que el ciclista faltaba desde la víspera salieron. Y si me hubieran tomado Jura
de Techiasco. Llamado el jefe de este hom mento. habría dicho que al llegar no tenía
bre, manifestó haberlo echado de menos la el mehari las cicatrices.
LA MAYOR CONQUISTA 101
HHil
LA PELUCA DEL CAMELLO CONTINUA DANDO JUEGO
Las parejas por Friand enviadas en ex Al llegar a esta parte de su declaración
ploración no descubrieron pista ninguna del se hizo un lío, haciendo creer al cabo que
fugado ciclista. Pero hallaron en breve la ya lo tenía a punto de confesar cuanto su
del obrero huido, que no teniendo, como piera; pero se equivocó; pues estrechado
aquél, preparada la fuga de antemano, y ya y convicto de embustero, se acogió el
por no disponer en ella de un medio rápido hombre a un mutismo absoluto, por saber
de locomoción, hubo de alejarse andando, que, de hablar, “ hasta debajo de la chilaba
sin dinero, comiendo en casas relativamen del Profeta” , etc.
te cercanas a la Residencia, y dejando ras Y de tal actitud y tal conducta no lo sacó
tro en pos de sí, con el cual dieron pronto ya nadie.
los gendarmes, que a poco lo alcanzaron y Convencido Friand de la inuilidad de in
prendieron, volviéndolo a Techiasco. terrogarlo más, lo envió preso al cuartel de
Aun teniendo Friand certeza de que más Agadés; y habiendo traído otra de sus pa
sabía, no consiguió sacarle, en su interro rejas noticia de que días antes habían sido
gatorio, sino que no sabía jota de cuanto se vistos los senegaleses en Gadori y Zermou—
le preguntaba: para él, eran gendarmes y poblachos fuera del camino de Techiasco a
senegaleses los que vió bajo el cobertizo, Zinder, pero en la dirección de este últi
con los cuales trabó conversación por ha mo— , pensó que tal noticia merecía la pena
berles dicho el ciclista que él—el declaran de ir a olfatear aquellas pistas con la pro
te— había vivido varios años en Senagam- pia nariz, de cuyos vientos tanto presumía.
bia, y haber querido ellos charlar un rato La importancia dada por él a estos in
de su tierra; y si luego se había ido él del formes tenía por causa que Zinder era de
centro ferroviario, no fué por temer nada, donde había desertado la pareja senegalesa,
sino por, por... que según las noticias traídas por la vetera
na había llegado a Gadori al día siguiente
(1) La oxlquilita es un moderno y potentísimo de salir de Zermou; pero habiendo trans
mas no terrible explosivo, pues sin ofrecer en su currido cinco fechas entre su llegada a esta
manejo los peligros de la nitroglicerina, desarrolla
doble potencia que ésta. Se fabrica con aire líqui aldea y la salida para aquélla, lapso duran
do, carbón y aceite. te el cual no fueron vistos los desertores en
LA MAYOR CONQUISTA 105
ninguno de los poblados en cien kilómetros — El capataz de camelleros de Moyfsk.
a la redond, ni siquiera en el mismo Zer- — ¡Ah, sí! No, no ha vuelto.
mou: como si en dicho tiempo se los hu — ¿Manda algo más, mi Capitán?
biera tragado la tierra- — No. Adiós, y buena suerte.
Este extraño eclipse llamó la atención del — A la orden.
sargento, como no se la habría llamado la Al separarse del teléfono iba murmuran
absoluta y definitiva desaparición, lógica de do Friand:
esperar, de gentes desertadas; afirmándole — Dos comerciantes de Tintelloust y el
en sus sospechas de que aquellos hombres, capataz son tres. Los dos senegaleses que
que vestidos de gendarmes se iban dejando en la casa apuñalaron a ese pobre señor y
ver en muchos sitios, no debían de ser los el pillo que les guardaba las espaldas, tres
desertores, naturalmente interesados en también... Puede que no, pero puede que sí.
ocultarse; y todo ello le decidió a salir, sin A la mañana siguiente, Friand y sus su
perder tiempo, con todas sus parejas para bordinados salían de la residencia, y de
Zermou. Agadés Milotti.
Mas antes de emprender sus pesquisas Era éste un buhonero italiano que una
quiso hablar telefónicamente con su capi docena de años antes había inaugurado su
tán para indicarle la conveniencia de que, trashumante y casi primitivo comercio lle
a la vez que él de Techiasco, saliera de vando las heterogéneas mercaderías de él
Agadés quien explorara, con el objeto que a lomos de un mal mulo, en pos del cual
pronto se verá, los lugares entre dicha po caminaba a pie y arrimado a su cola, aun
blación y Zermou; y temiendo no fuera po cuando nada tenía el hombre de arrimado
sible averiguar nada, si gendarmes fueran a la cola-
quienes lo preguntaran a los indígenas, En un principio limitó sus correrías a
cuya doblez iba siendo de día en día más los oasis del Air y sus transacciones a seis
patente, sometió a su jefe la idea de utili u ocho clases de mercancías o baratijas,
zar en tales indagaciones un agente segu siempre vendidas caras y compradas bara
ro, cuyas preguntas fueran explicables por tas: por dinero unas veces, cedidas otras
motivos particulares y creíbles, sin desper o adquiridas mediante cambalaches siem
tar en los preguntados recelo de que tuvie pre más fructíferos para el avispado buho
ran relación con nada interesante para las nero que las compras y las ventas en me
autoridades. tálico, por fortuna suya escaseante en el
— Descuida, irá Milotti— contestó Ber- Desierto.
tier— y él te dirá lo que haya averiguado. A los dos años de afanoso tráfago, el
— De perlas, mi Capitán: ni encargado... mulo viejo y matalón se había convertido
Pero si le parece a usted, para no poner a en dos casi jóvenes, casi buenos. Los viajes
nadie sobre aviso en Zermou, lo aguardaré comerciales, sin rebasar aún los límites del
en Zinder, llegando allí antes que él. Air, ya abarcaban mayores extensiones, y
— Bien pensado, Friand: él te buscará en cuando las caballerías no iban muy carga
Zinder... ¡Ah! Imposible averiguar nada das ya se permitía su amo subir algún ra-
en casa del recaudador: todos son mudos, tejo en la que lo iba menos.
sordos y ciegos: da gusto trabajar en un Siguió pasando tiempo, no mucho a la
país así. verdad, y un mulo se trocó en camello, dan
De Tintelloust salieron efectivamente los do ejemplo, seguido a poco por su compa
comerciantes, allí muy conocidos, que según ñero: felices metamorfosis no registradas
dicen ellos y el recaudador, fueron quienes por Ovidio ni por Darwin en sus libros,
llegaron a casa de éste al otro día de la pero por el buhonero aprovechadas para au
fuga de los otros. Seis días después re mentar el número de artículos de su tráfico
gresaron a Tintelloustt, pero no en los me- y para prolongar sus expediciones al Aha-
haris en que vinieron, que en Okhom cam gar por el norte, al Tchad por el sur y a Bil
biaron por camellos corrientes a una cara ma por el este. Y ya viajaba siempre enca
vana del Uadai; porque, según han mani ramado en la alto de la jiba de un camello.
festado, hicieron en el trueque un soberbio Soplando cada vez más fuerte, el viento
negocio. Del parche del cauterio nadie sabe de la fortuna, fué aumentando la recua
nada o no quiere decirlo. hasta llegar en otros cuatro o cinco años a
— Y Tinkert, que faltaba de Agadés desde seis camellos ya conducidos por dos came
la noche aquella, ¿ha vuelto? lleros. La gente fué dejando de llamarlo
— ¿Quien es Tinkert? Loti para llamarlo el Signor Milotti, y
108 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
en la época en que trabamos conocimiento cando en todo, era para él dinero cuanto
con él ya transportaba sus géneros en extra quisieran darle: sal o dátiles, camellos o
ñas caravanas, donde se juntaban a los burros, pieles, sebo, alhajas, ganado, trapos
camellos dos inverosímiles, estrambóticos o hierro viejo, favoreciendo con esta liber
vehículos híbridos de carreta, automóvil, si tad a sus deudores, escasos por lo común
decar, pergeñados con restos de todo esto: de numerario y a quienes en sus destierros
verdaderas ruinas de vetustos carruajes o no les era fácil vender a nadie lo que él les
desperdicios recogidos de diversos acciden tomaba, aprovechándose en los precios de
tes de locomoción y al parecer completa la ausencia de competidores.
mente inútiles antes de caer en las indus Y decían encantados: "A este hombre se
triosas manos del aprovechado e ingenioso le paga con cualquier cosa, lo toma todo.”
italiano y de ser acoplados para formar á era verdad, pues todo lo tomaba cuando
aquellos extrañísimos artefactos: que por a él le valía más que la deuda, aunque para
su traza de resucitados fósiles de un auto ellos valiera mucho menos.
movilismo prehistórico hacían dudar de si Era Milotti, pues, una potencia en todas
dicho sistema de locomoción no habría sido las aldeas o aduares adonde se extendían
ya usado antes del Diluvio. los tejemanejes de sus pintorescos true
Pero estrambóticos y todo, eran los auto- ques, y nadie como él tenía la sutileza y
carromatos de Milotti capaces de llevar en maña de averiguar cuanto deseaba, pregun
tre los dos por cima de tres toneladas de tando otra cosa.
carga, y andaban (naturalmente sin neu Este genio del cambalache rotatorio y
máticos, pues esto es cosa cara) sus buenas cíclico— perdónese el pleonasmo, porque
dos docenas de kilómetros por hora: velo también sus cambios eran pleonásticos— ;
cidad tan ridicula para automóvil de tu este usurero que parecía dulce y benéfico a
rismo como vertiginosa en un furgón de quienes arrancaba, sin arrancarles quejas,
buhonero: que así es todo en el mundo, el pellejo a tiras por haber descubierto la
grande o pequeño, según quienes lo miran. anestesia de la usura, salió de Agadés en el
Con estos nuevos medios reforzado se' más ligero de sus fantásticos auto-vehícu
hinchó y se hinchó el negocio del italiano, los como para echar un vistazo a los nego
y, claro está, al hincharse alcanzó a más cios y concertar compras y ventas que sus
espacio, llegando hasta Borku, El Tibcsti, dependientes recogerían o servirían luego
Tombuctú e In-Salah, centro este último de acarreándolas en su escuadrilla mixta de
donde se surtía por ferrocarril y en donde autos y camellos.
colocaba las gangas que compraba en el Durante los tres días que él empleó en vi
Desierto. Y ya tenía un almacén y un es sitar las aldehuelas de los oasis entre Aga
critorio en Agadés. dés y Zermou, tomaba Friand del oficial de
Negociando con europeos e indígenas, la gendarmería de Zinder noticias sobre la
grandes y pequeños, estaba a bien con to deserción de la pareja, que al otro día de
dos; fiando con su cuenta y razón, tenien su salida había sido vista en Zermou, pero
do parroquianos, agentes y deudores en to no en los demás lugares, adonde, después,
das partes; entendiendo la aguja de marear debía haber ido, según las órdenes recibi
al punto de dejar siempre a los explotados das al salir del cuartel.
agradecidos a la taimada suavidad con que No hemos de relatar las monótonas in
los engañaba el muy ladino; prestando a vestigaciones del italiano en los poblachos
su clientela menudos servicios y haciendo visitados, todos de escaso número de casas
comisiones al parecer de balde, pero bien o chozas de pocos centenares o aun docenas
cobradas en otras ocasiones, era popularí- de habitantes, y situados fuera de las dos
simo en todas partes el Signor Milotti, que o tres rutas trilladas por las caravanas,
además era prestamista a rédito, cuyo alto por lo cual la llegada de un viajero es no
tipo olvidaban los deudores reconocidos a vedad extraordinaria que no puede pasar
su tolerancia en el cumplimiento de los inadvertida en ellos. Gracias a esto pudo
plazos de devolución de capitales; pues no Milotti hacer saber a Friand, al avistarse
prestando nunca sino a solventes, no corría ambos en Zinder, que a los pocos días de
riesgo en la demora, seguían cayendo los la fuga de los supuestos españoles había
intereses y se captaba el agradecimiento de sido visto Tinkert en Okhom, donde era
los morosos, diciéndoles: “Cuando usted muy conocido por la cercanía de esta aldea
quiera.” “Yo no tengo priga.” “Págueme en a Agadés; que en días inmediatos un hom
lo que quiera y como quiera” ; pues trafi bre de sus señas y un camello de las mis-
LA MAYOR CONQUISTA 107
mas del hermoso mehari montañés en que tenían al lado; pero nunca se les ocurriría
cabalgaba cuando estuvo en Okhom, habían a quienes desearan esiyapar a la persecu
pasado por varios lugares escalonados en ción que habían de sufrir internarse en El
la dirección de Zermou, adonde llegaron el A ir para darse de narices con los puestos
mismo día que los gendarmes senegaleses de gendarmería; y menos conservar los uni
de Zinder, yendo a posar en la misma casa formes. No, no eran aquellos los desertores,
de labor donde ellos pernoctaron: la de un y s|i llevaban los uniformes de éstos ya se
itisán (raza de origen bereber) bien aco había visto era para dar el golpe de Tade-
modado y situada como a medio kilómetro laka-
de las casuchas que en desconcertada agru Todo esto lo presentía Friand, pero el
pación forman la aldea: por ser costumnre único sitio donde podía convertir el pre
añeja que en dicha finca se alojaran siem sentimiento en certeza era Zermou, donde
pre los gendarmes de paso en Zermou. se trasladó con sus parejas, yéndose, a la
Había asimismo indagado el buhonero llegada, derecho a casa del itisán de quien
que en poblados diferentes de los cruzados se ha hablado, instalándose allí con sus
por el jinpte del mehari, que bien pudiera gendarmes, y tomando como primera pro
ser Tinkert, pero situados en la misma di videncia la de detener e incomunicar a
rección de Zermou, y cercanos a aquéllos, cuantos encontró en ella: con gran sorpre
había sido advertido, con tres o cuatro días sa del dueño, que, muy significado en el
de retraso respecto al paso de él por ellos, país por su lealtad a los franceses, lo ex
el de dos tuaregs, también en meharis, de plicaba todo muy satisfactoriamente, coin
Tintelloust, uno con una calva de cauterio cidiendo con él sus fam iliares y servidores.
en el pecho; pero de éstos no se podía afir Según él, los senegaleses habían pasado
mar llegaran a Zermou por perderse antes allí la noche del día de su partida de Zin
de este pueblo la pista de ellos. der. Salidos de madrugada a su servi
Ya, respecto a lo averiguado en Zermou, cio, en lugares que no dijeron, regresaron
resultaba que cinco días después del de cuatro fechas después, rayana la media no
llegada a casa del ricacho itisán de la che: siendo esta la razón de que a tales
pareja senegalesa había sido ésta nueva horas nadie los viera en el pueblo hasta
mente vista en el mismo pueblo y en el que a la mañana se marcharon de nuevo.
momento de salir de él; pero ya no Sin duda entonces— habla el itisán— desertó
montada en los meharis que la primera dicha pareja.
vez trajera, marcados con el hierro de la En cuanto a las monturas, en camellos
remonta de la gendarmería, sino en otros de remonta llegaron y marcharon la pri
de Tintelloust sin dicha marca y con joro mera vez que en su casa estuvieron; pero
bas que llamaban la atención por lucientes por hallarse él ya acostado cuando volvie
y gordas. Otro dato interesante era que al ron la segunda y no haberse aún levanta
marcharse se llevaban preso a un hombre do a la hora de su marcha, no podía saber
desconocido en Zermou, jinete en igual clase cómo iban entonces montados.
de cabalgadura, sin que ninguno de los tres En vista de que no daba chispas ningu
animales tuviera calva alguna. Y, finalmen no de los cogidos en la redada hecha en la
te, era de notar que la pareja había sido casa, un gendarme vulgar habría acudido
vista llegar y marcharse la primera vez, al procedimiento, clásico en las policías de
pero marcharse únicamente y no llegar la todos tiempos y lugares, de refrescarles la
segunda memoria a fuerza de palizas, que es siste
Después de esto nada necesitaba el ita ma de probada eficacia; pero Friand no se
liano contar a Friand, pues ya antes de sa tenía por vulgar, ni con mucho; desde
lir de Techiasco conocía éste, por sus guar ñaba, por indignos de su ingenio, los ca
dias, el camino de los falsos senegaleses minos trillados; se creía muy capaz de ha
desde Zermou a la residencia: falsos, sí: llar medios menos brutales, más sutiles, de
ya para él no cabía duda de que falsos que por convicción declararan la verdad
eran. Pero, ¿qué se había hecho de los ver quienes tenía él certeza de que la sabían;
daderos? ¿Qué de sus camellos? y buscando, buscando, dió con la elegante
Porque soltando el uniforme y disfrazán solución de olvidarse de que los siete presos
dose de dagatums, tagamas o damergús solían y querían hacer sus dos comidas, amén
podían los desertores pasar inadvertidos y del desayuno y la merienda, y perdurar en
aun regresar a su tierra, no muy alejada, tal olvido en tanto no cantaran: pensando
o internarse en la N igricia inglesa, que con buen juicio que cuanto más dormida
108 BIBLIOTECA NOVELESCO-CIENTIFICA
tuviera él la memoria más se refrescaría lo que a contarle iba; porque, a saberse la
en la de los otros el recuerdo de qué se delación que el hambre le arrancaba, lo ma
había hecho de los senegaleses; pues sería tarían loS otros.
raro que todos los presos resultaran con Después de recibir promesa de guardarle
vocación capaz de emular la hazaña cele el secreto, aconsejó el muchacho a Friand
bérrima del Alcalde de Cork. Y como no que se diera una vuelta por el estercolero,
hacía falta sino que cerdeara uno... la cual podría luego decir había sido ca
El método, que bien se ve no podía ser sual. En cuanto allí estuviera advertiría
más sutil, era además inofensivo, sin ofre un olor distinto del de estiércol, y si apar
cer el riesgo de lisiar a nadie; pues en taba éste en la rinconada del tapial encon
definitiva reducíase a un mero aplazamien traría debajo...
to nutritivo, ya que Friand no se opondría — ¿Los camellos muertos?— dijo la impa
a dejarles comer a su sabor y gana, y has ciencia de Friand.
ta los indemnizaría de las comidas escabulli — Ca, no señor: los gendarmes de Zinder.
das, tan pronto los deseos de mover las — ¡Zambomba!
mandíbulas les soltaran las lenguas; así — Los camellos se los llevaron a la noche
considerado, el tratamiento no pasaba de siguiente Herbil y el que había llegado e.i
bromita, aunque fuera pesada. el mehari el mismo día que los gendarmes-
A la mañana siguiente, cuando los dete — ¡Ah!... ¿Y a los pocos días vinieron
nidos llevaban veinticuatro horas de rigu otros dos y se pusieron los uniformes de
rosa dieta, creyó oportuno substituir el al los muertos?
muerzo, cuya hora iba caída, con persona — Sí, señor.
les visitas que a todos hizo, uno en pos de
— ¿Y adonde llevaron los camellos?
otro, no siendo recibido con el mismo pla
— No lo sé... Sólo vi que a la salida to
cer que habrían sentido de llevarles el al
maron hacia Moa y que hasta el otro día
muerzo. Entonces los informó de que po
anochecido no volvieron Herbil ni el otro.
drían comer en cuanto hablaran y lo con
Pero, ¡por Dios!, déme usted de comer.
vencieran de ser verdad lo hablado: sin
sorprenderle ni apurarle que ninguno hu — Tienes razón. En cuanto vea que me
biera llegado aún a madurez de confiden has dicho verdad te mandaré algo.
cias; pues al salir de ver al último iba Pronto vió Friand que el muchacho no
había mentido, pues al llegar al estercole
pensando: “Ya hablaréis.”
Y lo mismo dijo en su visita circular co ro, al extremo de un enorme cercado que
rrespondiente a- la hora de comer, no des se extendía detrás de la casa, comprobó
animándolo que tuviera el mismo negativo Friand que sobre el olor del estiércol, no
resultado. muy fuerte mientras no es removido, so
— El alcalde de marras sometido a este ré bresalía hedor a carroña
gimen— se dijo— no se murió sino después Separado el fiemo por jornaleros traídos
de ocho o diez semanas; éstos llevan día y de la aldea, apareció sobre el suelo un mon
medio: hay tiempo, hay tiempo: todo es tón de tierra suelta recientemente removi
tener paciencia. da, que al ser apartada dejó ver a poca
Y tenía razón, y no hizo falta mucha, profundidad en un hoyo, dos cadáveres des
porque rayando el alba del siguiente día, nudos en plena descomposlciln.
el gendarme de cuarto, en vela a aquella Frotándose las manos, se fué Friand al
hora, lo despertó, avisándole que uno de encierro de Herbil, a quien preguntó de
los presos aporreaba la puerta de su im buenas a primeras adúnde había llevado los
provisado calabozo vociferando que quería camellos de los guardias con los cuales y
hablar al sargento. en compañía de su compinche lo habían vis
El vociferante era un mozuelo de diez y to varios habitantes de Zermou
seis años, en quien el hambre podía más El hombre intentó negar, pero cogido de
que el miedo a los consabidos vengadores. sorpresa, su turbación fué muy visible al
a quien, según dijo Friand, se le acababa ya oír al sargento la hora a que él y el otro ha
la cuerda, y que al ver entrar a éste le im bían salido con los animales, el camino to
ploró por Al-lah, Mahoma y la salud de sus mado y que Tinkert— ¡qué más querría
sultanas (no las de Mahoma, las del sar Friand!— ya estaba preso, llegando la tur
gento, que en su harén no tenía sino a la bación a verdadero susto cuando éste dijo:
pobre Madame Friand, ya bien machucha y -—Por más que lo de los animales es lo
averiada), le jurara no decir nunca a nadie de menos para quien, como tú, ha ayudado
LA M A Y O R C O N Q U I S T A 109
a asesinar a los gendarmes que enterrasteis te, con los demás presos, logrando recons
en el estercolero. tituir punto a punto el crimen cometido
—No, no: a enterrarlos sí ayudé, pero a en la casa del itisán con su complicidad. Y
matarlos, no. Lo juro, lo juro. Yo no tengo no teniendo más qué hacer en Zermou,
nada que ver en esas muertes. Los mata echó, según él dijo, de comer a los ham
ron con los polvos que les echaron en la brientos, los amarró después de hartos, los
cena: los que trajo el otro. esposó y se los llevó a Zinder, entregán
—¿Unos polvos? ¿Qué otro? dolos en dicho pueblo al oficial que allí
—El que primero vino, con el que fui a mandaba.
lo de los camellos y se marchó luego con A los dos días de terminada su fructífe
los dos que llegaron después- ra campaña llegaba Friand a Agadés y ha
— •Unos polvos en la cena!... Me parece blaba con Bertier, quien le entero de haber
que el Capitán tenía razón al no creer en averiguado que después del atentado contra
la autopsia de Moyfsk, y se me figura que Lobera habían dormido un día los falsos
acabo de descubrir cómo y quien lo mató. senegaleses y sh acompañante en un luga-
—¿Qué dice usted, señor? rejo entre Tadelaka y Agadés; pero que
—No te importa... ¿Adonde llevasteis los allí desaparecía todo rastro como si la tie
camellos? rra los hubiera tragado.
—Los matamos y los dejamos en un ba —He hecho registrar—agregó el capitán—
rranco que queda a la derecha de la senda todas las casas y todos los pozos e interro
de Moa a Gufré- gar a todo el mundo para encontrar los
—¿Y no habéis hecho más? Mira que lo uniformes, que estoy seguro se han quitado
sé todo y que como mientas te ira peor. en ese pueblo antes de continuar su fuga
—No, nada más. por la noche, pero todo ha sido inútil.
—Mira que como se te olvide la cosa más El oficial acertaba; pues, efectivamente,
pequeña de lo que hicisteis aquella noche donde él suponía se habían los criminales
te dejo aquí encerrado hasta que te mueras despojado de sus disfraces; pero mal podía
de hambre. nadie hallar los uniformes porque, pensan
—No, no: eso, no... A uno ae los came do ellos que acaso más adelante podrían
llos le dimos después de muerto unos tajos serles útiles, los llevaban consigo en pa
en redondo con los cuchillos y le arranca quetes a la grupa de los camellos.
mos un cacho de pellejo que... Bertier y Friand se desesperaban, pues
—Que luego le pegasteis a uno de los tenían la firme convicción de quiénes eran
meharis en el pecho, encima de la calva los asesinos, conocían todos sus pasos an
donde le habían dado hierro. teriores; pero tal conocimiento les fallaba
— ¡Ah, lo sabía usted! en el punto preciso para saber donde en
—Yo lo sé todo: sois vosotros muy tor contrarlos en aquellos momentos.
pes para engañar al sargento Friand... Los Al lector, que es quien más sabe de ellos,
dos que vinieron los últimos son altos, y pues conoce las verdaderas personalidades
uno de ellos gordo. de Ben-Cassim y Abd-el-Gahel, para todos
—Sí, señor. desconocidas, no ha de extrañarle que al ca
—Dos se pusieron los uniformes de los pitán y al sargento se les desvanecieran
guardias, y haciendo la pamplina de que como el humo, porque ya ha visto cómo
al otro se lo llevaban preso, se fueron los por donde pasaba el Gran Caíd iba encon
tres- trando obediencia, complicidad y encubri
—Sí, señor: por la vereda de Gadort. miento en todos los hermanos africanos:
Terminado el anterior interrogatorio, fué siéndole facilísimos sus constantes cambios
Friand hablando, separada y sucesivamen de personalidad y residencia.
mi
UNA ENTREVISTA INTERESANTE
Vista la situación que, no por frecuente amor a una mujer desafía la muerte, y la
en el mundo deja de ser extraordinaria- de una mujer, y esto ya es más insólito,
mente romántica, de un nombre que por que salva la vida de su amado infundien-
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KXUil
LA INDISCRECION DE DON GUSTAVO
Al entrar el médico se hizo en seguida evitara don Gustavo tener que darle ellos la
cargo de cuán inoportuna era su llegada, primera noticia: por eso aijo:
apresurándose a explicar el por qué la anti — No seas tonta, mujer... Si al cabo ha de
cipaba y apresurándose a tomar el pulso saberlo.
a Lobera para compensar la inoportunidad — ¿Pero el qué he de saber? Acabe, don
de la visita con la brevedad de ella. Gustavo?
— Esto va perfectamente: ganamos fuer — Que si está usted vivo es porque tiene
zas de día en día; y mucho más de prisa en las venas la sangre que ahora mismo le
de lo que era presumible. está faltando a ella para ruborizarse de su
— A mí no me extraña, porque siempre he hermosa abnegación.
tenido una naturaleza robustísima. — ¡Cómo!... ¿Pero entonces es que?...
— Miren el vanidoso. No presuma tanto; ¡Emma!... ¡Es posible, Dios mío!
pues con toda esa fortaleza.. — Yo tengo prisa: me esperan los heri
— No, no, señor; ya sé que sin su feliz dos— dijo el médico escapándose rápida
mente de la habitación.
idea de inyectarme el suero...
— Ta, ta, ta: ¡dónde estaría usted con su
robusted y con mi suero a no ser por...!
— Don Gustavo, don Gustavo— exclamó Es imposible expresar lo que sentía Lo
Emma levantándose, acercándose a éste y bera al comprender, de pronto, a qué y a
diciéndole rápidamente y en voz baja: quién debía la vida: su emoción fué tan
— Eso no es lo prometido..* grande, que después de balbucear las ante
— Lo prometido— contestó el médico en riores palabras entrecortadas, permaneció
voz alta—fué no hablar de aquello sino con conmovidísimo unos instantes, siní poder
los presentes, y como aunque nuestro ami decir más: con los asombradosv ojos desme
go Lobera no lo sepa, no por eso dejaba de suradamente abiertos fijos en Emma. A esta
estar allí, desempeñando el primer papel, le pareció sentir su corazón sacudido por
digo, el segundo, no veo por qué hayamos los latidos del corazón del hombre amado, y
de dejarle más tiempo en el limbo. presintiendo que éste la miraba, levantó los
— Pero ¿qué quiere decir esto?— preguntó párpados, y al leerle en los ojos lo que no
el argentino sorprendido de la excitación podía expresar con la palabra, la vergüenza
de Emma, de su cuchicheo con el médico y que antes obscurecía el rostro de ella fué
de la noticia de que estaba en el limbo— ahuyentada por el amor triunfante,’ que
¿Qué quiere usted decir Con ese “ a no ser desbordaba en la mirada que respondía a la
por” ...? ¿Por qué estoy en el limbo? de él.
En virtud de una de esas contradicciones —No puedo hablar... No sé, no sé más
frecuentísimas en las almas femeninas, sino que me muero de felicidad.
Emma deseaba tanto, a lo menos, cual te —No, morir, no.
mía, que él supiera que al amor de ella de — No tengas cuidado, hija mía: eso no
bía el estar vivo; y su actitud confusa y mata... Pero serénese, amigo Lobera: en su
sus ojos bajos transparentaban la turbación estado puede perjudicarle esa excitación.
ocasionada por dichos deseos contrapuestos. — Sí, sí, ¡por Dios!, tranquilícese...
Duvery, que antes de haberle Lobera ma —No, Emma, no: esta felicidad no puede
nifestado su aspiración a casarse con Emma quedárseme encerrada en el alma: ha de
no había querido enterarlo del sacrificio de salir, ha de desbordarse: yo no puedo aguar
ella, no veía ya inconveniente ¡em que lo co dar, porque es preciso que sepas ahora mis
nociera después de que, ignorándolo, había mo que no nace de la alegría de sentirme
él expuesto tal deseo, y como al fin había de Vivir, sino de saber que me quieres... Sí, sí:
saberlo, y era debido y lógico lo supiera, le porque no ha sido solamente compasión,
complacía al padre que a su hija y a él les ¿verdad? Ha sido más que caridad... ¿ver-
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LOS VENGAD RES
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dad?... Sí, sí: lo veo, me lo dicen tus bendi ra, hubo dado Emma expansión a sus afec
tos ojos... Ahora conozco que antes no me tos, pensó que, a estar presente don Gusta
engañaban cuando yo creía ver amor en vo, ya no podría decir que la faltaba sangre
ellos. para ruborizarse; pues al alzar los ojos y
—Serénese, Lobera. ver sobre sí la mirada de su padre sintió a
—Perdóneme, Don Héctor; me he olvida la par que la presión de los brazos ceñidos
do que estaba usted ahí: en el mundo no a su cuerpo, encendérsele el rostro con una
veo sino a *ella... Pero usted, que conoce lo llamarada de rubor; y trémula y confusa
noble de mis sentimientos, disculpará que dijo bajo a Lobera al separarse de él con
al sentir esta felicidad, por ningún otro dulce fuerza:
hombre jamás sentida, porque ninguno reci —Basta ya, Pepe; basta ya, Pepe mío.
bió la prueba que...
—Calma, hijo mío, calma.
—Sí, hijo, sí: gracias, Don Héctor, gra Por un momento permanecieron mudos y
cias: hijo, hijo.-. hondísimamente impresionados los tres ac
— ;Por Dios, Lobera! Me asusta usted, tores de aquella escena, hasta que, compren
temo que esa excitación... Por mí, serénese. diendo Duvery la inoportunidad de prolon
—No, Emma, no: no hay miedo... ¡Dios garla, dijo:
mío, qué dicha!... ¡Qué inconcebible dicha!... —Yen, Emma, ven. Adiós, Lobera, hasta
Cuando te iba a preguntar si querías darme mañana. Serénese y descanse.
para siempre tu vida, ya tu vida corría por —Adiós y gracias: gracias a los dos...
mis venas, y ya me la habías dado. ¡Qué Pero, Don Héctor, no se vaya así; porque
hermoso, qué hermoso es vivir con tu ado también a usted quiero abrazarle.
rada sangre generosa!
— ¡Por Dios, por Dios! * #
que no en estas cataratas, sino en las de do, enterándolo de la llegada del herm ano
Stanley-Pool, estaba no la mejor, sino la de su rival, de estar ya éste fuera de peli
única solución para ellos. gro y de que todos en Techiasco atribuían
En estas conferencias o más bien estu la venida del prim ero a deseo de asistir a
dios—pues tenía Manuel que llevar todos la boda del segundo con la Señorita de Du-
los cabos bien atados para tomar, cuando very.
allá llegara, resolución definitiva sobre esta P rim eram ente se indignó Galiel con la
blecim iento a ser posible de una especial torpeza de su tío, a quien le había fallado
transm isión inalám brica de fuerza a la ci u na puñalada casi infalible; pero al oír lo
tad a distancia—, se fueron varios días, en de la boda se olvidó de todo y gritó ra
uno de los cuales sobrevino un grave suce bioso:
so, para explicar la incubación del cual te —¿P ara cuándo, p ara cuándo h an fijado
nemos que trasladarnos a otros lugares. esa boda?
—No lo sé; pero, según parece, h a de ser
* * *
pronto.
Dos días después de la llegada a Techi as —Pues no será: aunque para ello nece
co del mayor de los Loberas se hallaban de site pegar fuego a aquella m adriguera de
m añana en Sabankafi, lugarejo situado a perros; no se rá... ¿Y ya no hay allí daga-
50 kilóm etros del centro ferroviario, dos tums, ni más que esos estúpidos dazas?
cobradores de Mohamed el recaudador de —No, señor: al menos que yo sepa.
contribuciones, que a la vez era proveedor —Y tú y los demás m otoristas, ¿no os
del ferrocarril, quien en terrenos de la ci quedáis nunca a dorm ir «n la Residencia?
tad a aldea realizaba el acopio en grandes —No, señor: los transportes se hacen de
piras y el alquitranado, antes de entregar modo que siempre llegan allá poco después
las a la compañía, de las traviesas traídas de mediodía, y en cuanto descargan los ca
de los bosques de la Nigricia, donde tenía miones salen éstos para aquí: lo más tarde
m ontada la coila de árboles y el aserrado al anochecer.
de ellos.* —No voy a tener m ás remedio—dijo
Dichos cobradores eran Abd-el-Gahel y Abd-el-Gahel para sí, paseando arrib a y
Ben-Cassim, que hacía días andaban por abajo por la habitación como un tig re en
los oasis situados en torno de Techiasco; jaulado—que reu n ir quinientos o seiscien
pues el prim ero tenía interés en ser rápi tos herm anos de estos alrededores y dar
dam ente informado de cuanto allí ocurrie con ellos un asalto de noche... ¡Qué dispa
ra: lo cual conseguía por medio de T inkert rate! Esa m ujer me ha vuelto loco, peor
que, reemplazando algunas veces a uno de aún, tonto; porque com parada con tal ata
los m otoristas de los autocamiones que allá que a mano armada, era un pequeñez la
acarreaban las traviesas después de alqui torpe calaverada del telégrafo, por la que
tranadas, aprovechaba estos viajes y sus les corté las cabezas a los Muffis. Y si
estancias en la Residencia, m ientras eran aquello tem í que me fru stra ra la sorpresa
descargadas aquéllas, para oír y fisgar cuan de la general e inesperada explosión del
to podía y resum ir el resultado del fisgo levantam iento, esto de ah o ra... No: no pue
neo de los m otoristas de los demás ca de ser. Y, sin embargo, yo no me resigno
miones. a que sea de ese hom bre... Ha de ser mía,
De lo últim am ente averiguado hablaba m ía... Vete, T inkert, vete; déjame solo...
con Abd-el-Gahel el día y en el lugar cita Pero vuelve, vuelve dentro de una hora.
KHUill
CASSIM PAGA LA QUE HIZO EN TADELAKA
PARÉNTESIS
¡Cómo! ¿Paréntesis? ¡Paréntesis después en esta historia nada que excite su curio
de un desenlace!... Porque en historias como sidad, puede ya dar el libro por finalizado;
esta, en donde juega amor de hombre y mu y ateniéndose al desenlace que a Himeneo
jer, el desenlace clásico es la boda; y como debemos, no se hará cómplice de nuestro
desenlace y fin vienen a ser sinónimos en pecado contra el clasicismo-
casos como éste, y como en buena lógica Pero quien sobre éste ponga su interés de
después del fin no queda nada... trocar en respuestas cuanto en interrogan
Así razona un lector, sorprendido del epí te deja el párrafo anterior; quien desee sa
grafe que precede a estos párrafos, por no ber si al fin se realizó la mayor conquista
creer Ignotus que lo sucinto de ellos me científlcoindustrial que los siglos presencia
rezca nombre de capítulo; pero vamos a ron, y cómo fué alcanzada, no ha de ver en
cuentas: la boda de Emmá y Pepe sino un mero epi
Quien en lo referido hasta ahora no se sodio, y como todo aquello ha de contarse
haya interesado sino con las peripecias de en L a policía telegráfica , segundo episo
los que, casi sin ser novios, han llegado ya dio de esta historia, ya no me caben en el
a esposos,- sin importarle de otras que aca paréntesis, so pena de convertirlo en tomo,
so les advengan ya casados; quien no se sino las someras noticias de que Manuel las
cuide de lo que pueda ser de Abd-el-Gahel, trajo muy buenas de su expedición, en cuan
ni Ben-Cassim, ni le importe saber si estalló to augurios de la empresa heliodinámica,
o no estalló la rebelión de los vengadores, y Bertier, llegado a la Residencia cuatro días
ni enterarse de si los esfuerzos de los dos antes de la boda, acompañado de tres te
argentinos para capturar la energía del Sol nientes de gendarmería, las traía muy gra
fueron coronados por el éxito; quien, en ves en lo atañadero a amenazas políticas.
suma, no halle en cuanto pendiente queda