Evolución y Confusión del Lunfardo
Evolución y Confusión del Lunfardo
Aquello que Benigno Lugones (1879), Drago (1888) y más tarde Dellepiane
(1894) habían tomado como una jerga de ladrones, ignorada o descono-
cida por el resto de la sociedad, era en rigor un conjunto de palabras y
expresiones utilizados por los sectores humildes, esto es, los habitantes
del suburbio o arrabal que, como se ha dicho tantas veces, no es en el caso
de la ciudad de Buenos Aires una categoría geográfica sino más bien una
categoría social2, y entre ellos debe incluirse naturalmente un porcentaje
de delincuentes. En tanto que Lugones como policía y Drago y Dellepiane
como criminalistas habían oído estas palabras de boca de ladrones arres-
tados y al creer que constituían un lenguaje especial de los lunfardos deno-
minaron con este mismo término (lunfardo) al conjunto de esos vocablos,
Piaggio, que era periodista y tenía el oído entrenado para el habla de la
calle, supo comprender que se trataba de un repertorio léxico popular, es
decir, un argot. Yo defino al lunfardo como un repertorio léxico constituido
por voces y expresiones populares de diversa procedencia utilizados en
alternancia o abierta oposición a los del español estándar. Limitado en su
origen a la región rioplatense (Buenos Aires, La Plata, Rosario o ―inclu-
so― Montevideo), desde hace décadas se halla difundido transversalmente
a través de todas las capas sociales de la Argentina. Su vigencia ―desde
su surgimiento en los años 80 del siglo XIX con la inmigración llegada al
puerto de Buenos Aires hasta la actualidad― puede medirse no solo en la
penetración que sus vocablos y locuciones tienen hoy en otros argots ibe-
roamericanos, sino también en la cantidad de neologismos que se le suman
año a año desde las hablas juveniles, hasta los aportes de jergas profesio-
nales y ámbitos específicos (el deporte, la droga, la música, etcétera). En
el caso de los argots de grupo, si bien la función críptica ha sido puesta
de relevancia por mucho tiempo, en la actualidad existe cierto consenso
en que las funciones principales son la lúdica y la identitaria. Como supo
verlo Denise François para el argot francés, las grandes ciudades y sus
comportamientos lingüísticos unificados favorecen el acrisolamiento de los
argots, que se funden “en un bien común puesto a disposición de todos los
usuarios de la lengua” (François 1977, 58).
Casi todos los idiomas poseen un argot, casi siempre originado en las
grandes ciudades (como el argot francés, el slang estadounidense, la gíria
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Otros aportes han provenido de diversas jergas particulares, como las del
fútbol, el turf, el automovilismo, la política, el psicoanálisis, la droga, etcé-
tera. Pero el procedimiento más habitual para la creación de lunfardismos
es, sin lugar a dudas, la relexematización, esto es, la asignación de nuevos
significados a palabras del español que ya existían. Tales lunfardismos se
originaron en diversos procesos: por restricción o ampliación de significa-
do15 o bien por desplazamiento de significado, como ocurre con la metáfora,
la metonimia y la sinécdoque16. Existen además las lexicalizaciones, los
metaplasmos y los juegos paronomásticos17.
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Un suelto sin firma titulado “El dialecto de los ladrones” fue publicado el 6
de julio de 1878 en el diario La Prensa de Buenos Aires. Allí se consignaban
algunas palabras y expresiones compiladas por un comisario. Este es, hasta
ahora, el primer testimonio lexicográfico respecto del lunfardo. Menos de
un año después, los artículos del empleado policial y periodista Benigno
B. Lugones ―el primero que denomina lunfardo a nuestro argot― en sus
dos notas registra cincuenta y cuatro términos con sus correspondientes
definiciones.
En líneas generales los diccionarios de lunfardo, por más que algunos estén
muy bien documentados y resulten, por supuesto, muy útiles, revelan cierto
amateurismo laborioso, pero al mismo tiempo difícil de defender. Salvo
contadas excepciones, resultan deficientes. O bien son reducidos ―esto es,
no aspiran a ofrecer un panorama completo―, o bien son innecesariamente
voluminosos, por hallarse plagados de palabras de uso internacional y/o del
español corriente (pseudolunfardismos), o bien no están actualizados. En
algunos casos, quizá como expresión de los prejuicios culturales y sociales
de sus autores, presentan un léxico estratificado en inamovibles niveles de
lengua ―familiar, popular, delictivo, grosero, etcétera―, que casi siempre
resultan discutibles y básicamente son precarios y especialmente efímeros.
Con todo, más allá de mis críticas, no cabe duda de que estas obras con-
tribuyeron a mantener despierto el interés por el tema y, en cierto modo, a
afianzar la necesidad de impulsar los estudios lunfardológicos.
Durante las primeras cinco décadas del siglo XX, el desprestigio del lunfar-
do a los ojos de los “bien pensantes” era evidente. Algunos, como Vicente
Rossi en Teatro nacional rioplatense (1969 [1910], 123) hablaban del ori-
llero; otros, como el joven Borges en El tamaño de mi esperanza (1993
[1926]), 121-126), del arrabalero. Y había incluso quienes anacrónicamente
seguían llamando al lunfardo caló. En estas posturas el habla compadrita
debía separarse del aun más vergonzante lunfardo, atribuido con exclusi-
vidad, en la línea de Dellepiane, al ambiente delictivo. Rodolfo Ragucci en
Palabras enfermas y bárbaras asimiló arrabalero y lunfardo (1947, 229).
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Con esta obra, donde explicaba con erudición el origen y el uso literario de
palabras y expresiones populares, su autor, que no era un lingüista profesional
sino un periodista, abordó por primera vez el estudio del lunfardo con una
mirada científica. Desde entonces Gobello iniciaría una producción decisiva
en esta materia23. En un momento en el cual tanto los círculos lingüísticos y
filológicos universitarios como la Academia Argentina de Letras ignoraban, casi
sin excepciones, el habla popular, aquel libro conformó el verdadero comienzo
de la lunfardología y, de alguna manera, constituyó la piedra basal sobre la que
se asentaría desde 1962 la Academia Porteña del Lunfardo, una institución
privada sin fines de lucro cuyo objetivo primordial es el estudio del habla de
Buenos Aires y de otras ciudades rioplatenses, aun cuando extiende sus fines
al estudio, valorización y difusión de la cultura popular porteña: la música,
el canto, el arte, la literatura, la historia y la arquitectura de Buenos Aires24.
A estos aportes deben sumarse los más de 1.700 trabajos que, desde 1963
y hasta el presente, bajo el formato de comunicaciones académicas, los
miembros de número y los correspondientes de la APL han ido publicando,
más de la mitad de las cuales constituyen breves estudios sobre vocablos o
expresiones lunfardos. Este material, que se conserva en la Biblioteca de
la Academia Porteña del Lunfardo y que de a poco va siendo digitalizado
y subido a su sitio web, sigue siendo, todavía hoy, completamente desco-
nocido para los lingüistas que se dedican o se han dedicado al estudio del
español de la Argentina.
manual erudito, que no deja de ser claro y ameno, pensado para los estu-
diantes de su cátedra de Lunfardo de la Universidad del Tango (actual
Centro Educativo del Tango), institución dependiente del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires.
Las tres investigadoras aceptan acríticamente el mito del origen del lun-
fardo, ya que lo caracterizan como jerga delictiva o carcelaria, o bien
ambas cosas al mismo tiempo, como lo hace Martorell de Laconi (1997,
654). Ninguna de ellas aporta razones fundadas acerca de este origen
mítico, sino que se apoyan en autores del siglo XIX (Benigno Lugones,
Drago y Dellepiane), sin detenerse a revisar ni la pretendida cripticidad del
lunfardo ni los campos semánticos que abarca, mucho más relacionados
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con la vida cotidiana que con tecnolectos o códigos del ámbito delictivo.
Llamativamente, Lavandera y Fontanella deciden ignorar por completo
tanto el libro de Teruggi como la conocida producción de Gobello y de otros
miembros de la Academia Porteña del Lunfardo.
De una producción escasa en la última década del siglo XX (hasta donde sé,
apenas con un artículo de Javier Casas y otro de Roberto Giacomelli34) se ha
pasado en el siglo actual a una producción más sostenida, en la que, salvo
casos excepcionales35, los investigadores persisten en esta línea de investi-
gación y le dedican más de un trabajo. Entre los más activos se encuentran
Rolf Kailuweit36, Gastón Salamanca37, Joanna Nowak38 y Piotr Sorbet39.
Los cuatro artículos que integran este dossier representan de modo palpa-
ble que el lunfardo sigue siendo en nuestro país un área de vacancia. Solo
uno de los trabajos posee como autora a una investigadora que trabaja en
la Argentina, Andrea Bohrn, quien en los últimos años viene publicando
una producción importante acerca de la morfología del lunfardo y ratifi-
ca aquí esa dirección45. El segundo de los artículos está firmado por Luz
Stella Castañeda Naranjo y José Ignacio Henao Salazar, investigadores de
la Universidad de Antioquia que hace al menos dos décadas vienen traba-
jando sobre el parlache, argot surgido en Medellín que está ahora mismo en
expansión por toda Colombia46. Completan el dossier los artículos de la pro-
fesora Ewa Stala, de la Universidad Jaguelónica (Polonia), autora del libro
Historia tanga dla poczatkujacych i zaawansowanych [Historia del tango
para principiantes y avanzados] (2017) y de los profesores Adriana Guillén
(Universidad de California, Santa Barbara) y Alfredo Urzúa B. (Universidad
Estatal de California, San Diego).
aaNotas
1 Las referencias a estos trabajos son las siguientes: Benigo B. Lugones, “Los beduinos urbanos” (La
Nación, 18 de marzo de 1879) y “Los caballeros de industria” (La Nación, 6 de abril de 1879); Luis
María Drago, Los hombres de presa (Buenos Aires: Félix Lajouane Editor, 1888); Antonio Dellepiane,
El idioma del delito (Buenos Aires: Arnoldo Moen, 1894); Fabio Carrizo [José S. Álvarez], Memorias de
un vigilante (Buenos Aires: Biblioteca del Pueblo, 1897); Luis Villamayor, El lenguaje del bajo fondo
(vocabulario lunfardo) (Río Cuarto: s. e., 1915).
2 Bajo esta denominación de suburbio o arrabal no debe pensarse que se alude a lo que hoy son las
localidades del conurbano bonaerense. Más bien incluye los barrios alejados de la zona céntrica
de la ciudad, como Liniers, Saavedra, Núñez o Parque Patricios, pero también los corralones de las
avenidas Entre Ríos o Las Heras, el paredón del cementerio de la Recoleta e incluso los numerosos
conventillos del centro (cf. Borges 1993 [1926], 13).
3 Pedro Luis Barcia, Un inédito Diccionario de argentinismos del siglo XIX (Buenos Aires: Academia
Argentina de Letras, 2006).
5 Entre otras voces se pueden hallar en dicho lexicón las palabras achurar, agarrada, agrandado,
bolacear, bolaso, boliche, cache, chancleta (en su acepción de ‘mujer’), chicana, chicanear, chirusa,
compadrada, cumpa, jabón, larguero, manganeta, milico, milonga, nabo (en su acepción de ‘pene’),
nana, ñata, ojota, paquete, pechar, pucho, rabona, retobarse, tomado, vichar y zafado. Asimismo, el
diccionario consigna algunas expresiones, como hacer gancho, ser algo una milonga ―en alusión a
algo muy desordenado―, tomar un cimarrón o al cohete.
6 Del toscano o italiano estándar ―muchas veces en formas compartidas con otras lenguas de la penín-
sula― provienen voces muy reconocibles y perdurables en el tiempo como lunfardismos. Además de
vocablos casi sin variaciones ―como domani, fratelo, festichola, funyi o parlar―, hay una buena cantidad
de términos, algunos de los cuales son birra ‘cerveza’, capo ‘jefe’, cazote ‘puñetazo’, cazzo ‘miembro
viril’, chitrulo ‘tonto’, coso ‘sujeto innominado’, cufa ‘cárcel’ (< coffa ‘canasta’), estrilar ‘enojarse’,
falopa ‘droga’, ‘mercadería de mala calidad’, fangote ‘gran cantidad de algo’, fato ‘asunto’, ‘amor
clandestino’, fiaca ‘pereza’, fumo ‘marihuana’, manyar ‘comer’, ‘conocer’, naso ‘nariz’, pichicata
‘cocaína’, ‘droga’, ‘medicamento’ (< pizzicata: pulgarada), piantar ‘abandonar’, posta ‘excelente’, yeta
‘mala suerte’, yirar ‘callejear’, ‘ejercer la prostitución’, zanata ‘discurso intencionalmente confuso’.
7 Además de palabras de la gastronomía, como chupín, fainá, feta o tuco, el genovés aportó, entre otras
voces, acamalar ‘ahorrar’, ‘proteger’ (< camallà ‘llevar a cuestas’), amurar ‘abandonar’ (< amurrâ
‘encallarse’), bacán ‘hombre adinerado’ (< baccan ‘patrón’), bagayo ‘bulto’, ‘objeto introducido
de contrabando’, ‘persona fea’ (< bagaggio ‘equipaje’), berretín (< berettino ‘birrete’, ‘capricho’),
chanta ‘persona poco confiable’ (< ciantapuffi ‘clavador’, ‘que no paga sus deudas’), chapar (<
ciappâ ‘agarrar’), charleta (< ciarlettoa ‘charlatán’), chata (< ciatta ‘barco de carga de fondo plano’),
deschavar ‘confesar’ (< descciavâ ‘abrir’), enchastrar (< inciastrâ ‘ensuciar’), esputsa (< spussa ‘mal
olor’), fiaca (< fiacca ‘pereza’), napia (< nàppia ‘nariz grande’), salame (< salamme ‘bobo’), shacar
‘robar’ (< sciaccâ ‘romper’, ‘forzar’), toco (< tocco ‘pedazo’) ‘producto de un robo’, ‘gran cantidad
de algo’ y vento (< vento ‘dinero’), entre muchas más. Del piamontés provienen esgunfiar ‘fastidiar’
(< gonfiare ‘hinchar’ -se supone que i coglioni-, a través del piamontés sgunfié), linyera ‘vagabundo’
(< linger ‘pobre’) y mersa ‘conjunto de personas de baja condición’ (< mersa ‘palo de la baraja’, en
una operación que concibe a una muchedumbre como la reunión de todos los naipes de un mismo
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palo). A su vez del véneto derivan encanar (< incaenar ‘encadenar’), faso ‘cigarrillo’ (< fassu ‘fajo’,
‘manojo’, por alusión a la forma en que se vendía el tabaco) y mufa ‘malhumor’ (de la expresión
stâr muffo ‘estar triste’). Asimismo, proceden del milanés estrolar ‘dar una paliza’, ‘romper’ (< strollâ
‘rociar’, probablemente por alusión al derramamiento de sangre causado por los golpes) y minga
‘nada’.
8 Entre las lenguas de la Italia meridional, hay varios términos comunes, como chicato (< ciecato
‘enceguecido’), chucho ‘caballo de carrera’ (< ciuccio ‘burro’) y cucuza ‘cabeza’. El napolitano con-
tribuyó con escashato ‘arruinado’ (< scassià ‘deformarse’), escoñar ‘herir’ (< scugnare ‘romper’) y
esquifuso (< schifuso ‘asqueroso’).
9 Del gergo proceden, entre otras palabras, apoliyar (< poleggiare ‘dormir’), batir (< battere ‘decir’),
bulín ‘habitación’ (< bolín ‘cama’), bufoso ‘revólver’ (< buf ‘disparo’), cachafaz (< cacciafanni ‘diver-
tido’), escabio (< scabi ‘vino’), escrushar (< scrus ‘robar’), gamba ‘cien pesos’ (< gamba ‘cien liras’),
marroco (< maroc ‘pan’, en probable cruce con el caló manró, de igual significado), morfar ‘comer’
(< morfa ‘boca’), pibe ‘muchacho’ (< pivello ‘niño’), tira (< tira ‘agente de policía’), trola (< troia
‘prostituta’) y yuta (< giusta ‘vigilante’).
10 Ese año se editó en forma anónima en Venecia Modo novo da intendere la lingua zerga, cioe parlar
furbesco (Nueva manera de interpretar el gergo, es decir, hablar furbesco).
11 Existen muchos trabajos académicos sobre el cocoliche. Como introducción al tema, propongo la
lectura de dos artículos, uno ya clásico y otro más reciente: Giovanni Meo Zilio, “El «cocoliche»
rioplatense” (Boletín de Filología 16 (1964): 61-119) y Rolf Kailuweit, “El contacto lingüístico italiano-
español: ascenso y decadencia del ‘cocoliche’ rioplatense” (Actes du XXIV Congrès International de
Linguistique et de Philologie Romanes, coordinado por David A. Trotter; Tübingen: Max Niemeyer,
2007; vol. I., pp. 505-514). Es interesante también: Sabatino Alfonso Annecchiarico, Cocoliche e
lunfardo, l’italiano degli argentini (Udine: Mimesis, 2012).
12 Proporciono unos pocos ejemplos. Del caló provienen gil ‘tonto’, chorear ‘robar’ o pirar ‘volverse
loco’. Son africanismos marimba ‘golpiza’ y quilombo ‘prostíbulo’, ‘desorden’; lusismos, chumbo
‘revólver’ y tamangos ‘zapatos’; galleguismos, grela ‘mujer joven’ y lurpiar ‘perjudicar’; brasileñis-
mos, bondi ‘tranvía’ y joya ‘excelente’; galicismos, ragú ‘hambre’ y trolo ‘homosexual masculino’;
anglicismos, espiche ‘discurso’ y dequera ‘cuidado’. Del alemán proceden caput ‘terminado’ y lumpen
‘marginal’; del turco, caften ‘rufián’ y pachá ‘persona de fortuna’; del idish, mishíguene ‘loco’ y tujes
‘culo’, ‘buena suerte’; del polaco papjros ‘cigarrillo’, bajo la forma de acusativo papjrosa, nació
papirusa ‘mujer hermosa’.
13 Ofrezco tan solo unos pocos casos. Del quichua derivan pucho ‘colilla’, cache ‘de mal gusto’ y cancha
‘habilidad’; del guaraní, matete ‘desorden’; del araucano, pilcha ‘ropa’.
14 Es decir que la frecuencia de uso es una conditio sine qua non para la consagración de un vesre.
Es evidente que el factor fonético importa. El hablante descarta ciertas formas anagramáticas
por impronunciables (guaa de agua o lojre de reloj, por ejemplo). Pero la comunidad lingüística
rioplatense tampoco acuñó otros casos posibles en los que el vesre es sencillo y fonéticamente
aceptable. Sería insólito usar poti por tipo, topla por plato o ñoporte por porteño. El vesre se mani-
fiesta desde variantes léxicas fácilmente reconocibles o relativamente sencillas (feca ‘café’, dorima
‘marido’, gotán ‘tango’) hasta anagramas irregulares (lompa ‘pantalón’, terrán ‘atorrante’, yoyega
‘gallego’ ―con su acepción lunfarda: ‘español’―) y hasta lexemas que los hablantes ya no reconocen
como vesres: viorsi ‘servicio’, ‘baño’, colimba ‘soldado conscripto’ o sarparse ‘pasarse’.
15 Algunos ejemplos podrían ser: por restricción, alzado, coger, fiesta, gramo, rebotar, regalarse, tronco;
por ampliación, abrochar, aguante, apurar, asfalto, clavarse, copar, habilitar, patinarse, pifiar, punto,
regalarse, surtir.
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16 Son metáforas, entre muchas otras voces lunfardas, amansadora, arbolito, bagre, camión, corchazo,
enchufarse, melón, quemarse, trenza, vacunar. Casos de metonimia encontramos en las palabras
bollo ‘puñetazo’, payasa ‘droga’, piquito ‘beso en los labios’, gorra ‘agente de policía’. Ejemplos
de sinécdoque pueden ser caño ‘arma de fuego’, lomo ‘cuerpo bien formado’, tubo ‘teléfono’ o el
polisémico fierro ‘cuchillo’, ‘arma de fuego’, ‘auto llamativo’.
17 En el primer caso, se trata del uso de marcas en lugar del objeto aludido: geniol ‘aspirina’, curita
‘banda adhesiva’, yilé ‘hojita de afeitar’. Por su parte, los metaplasmos, transformaciones sufridas
por las palabras por adición o supresión de algunos sonidos, son modos muy productivos de crear
neologismos. Por adición tenemos, por ejemplo, enchinchar por chinchar ‘molestar’, achacar por
chacar ‘robar’, afilar por filar ‘galantear’, manguear por mangar, móishele por moishe. Por supresión
encontramos, entre otros muchos, fono por teléfono, tano por napolitano (aunque designa a cual-
quier italiano), cheto por concheto, fiolo por cafiolo, rante por atorrante, tungo por matungo, argento
por argentino, masoca por masoquista, punga por punguista, yuta por yusta, carniza por carnicero,
paragua por paraguayo, bufa por bufarrón, trava por travesti. En tercer lugar, nacieron de juegos
paronomásticos maleta por malo, vagoneta por vago, lenteja por lento. Este procedimiento se da
también con nombres o apellidos: cayetano por callado, diego por diez ―para aludir a una coima del
diez por ciento―, justiniano por justo, gratarola por gratis, mujica por mujer, solari por solo.
18 El diccionario de Dellepiane contiene 428 entradas, dieciséis de las cuales son construcciones de
dos o más términos. Registra además 182 locuciones bajo distintos lemas, como estar, ir, mayorengo,
otario y trabajo. Considerando que el diccionario incorpora sesenta voces recopiladas por quienes
lo habían precedido, el aporte de Dellepiane ―368 nuevos lunfardismos― resulta sustancial.
19 Este vocabulario constaba de 1.355 entradas, de manera que casi cuadruplicaba las voces recogidas
por Dellepiane.
20 De difusión muy limitada, ya que se publicó en la Revista de Policía, de distribución exclusiva entre
miembros de la fuerza, quincenalmente entre el 1º de junio de 1922 y el el 1º de mayo de 1923 ―en
los números 575-581, 583-584, 586, 589-590 y 594― se dio a conocer un Diccionario del delito, con 1.521
entradas, de autor desconocido. En una comunicación académica de la APL, Adolfo Rodríguez
afirma que, si bien “no se dan noticias del autor o autores del mismo, cabe destacar que en el Nº
764 de la misma, del 16 de abril de 1930, al dar a conocer el Código Internacional de Delincuentes,
se hizo mención a él, dando la impresión de que su autoría correspondería a los directores de la
publicación, ejercida entonces por los comisarios Alfredo Hortón Fernández y Leopoldo C. López”
(cf. A. Rodríguez 1991, 1).
21 A riesgo de ser injusto, menciono únicamente los diccionarios que considero más relevantes:
Federico Cammarota, Vocabulario familiar y del lunfardo (2ª edición, corregida y aumentada; Buenos
Aires: Peña Lillo Editor, 1970 [1963]); Fernando H. Casullo, Diccionario de voces lunfardas y vulgares
(Buenos Aires: Plus Ultra, 1972 [1964]); Emilio Dis [Vicente Emilio Di Sandro], Código lunfardo
(Buenos Aires: Ediciones Caburé, 1975); José Gobello, Diccionario lunfardo (Buenos Aires: Peña Lillo
Editor, 1975); Enrique Chiappara, Glosario lunfardo (Montevideo: Ediciones La Paz, 1978); Vicente
Capparelli, Recopilación de voces del lunfardo, de lo sórdido, de lo popular y del reo (Buenos Aires:
Corregidor, 1980); Tomás Escobar, Diccionario del hampa y del delito (Buenos Aires: Ediciones Uni-
versidad, 1986); Tino Rodríguez, Primer diccionario de sinónimos del lunfardo (Buenos Aires: Atlántida,
1987); José Gobello, Nuevo diccionario lunfardo (Buenos Aires: Corregidor, 1990); Adolfo Enrique
Rodríguez, Lexicón de 16.500 voces y locuciones lunfardas, populares, jergales y extranjeras (Buenos
Aires: La Llave, 1991); Oscar Conde, Diccionario etimológico del lunfardo (Buenos Aires: Perfil, 1998);
José Gobello e Irene Amuchástegui, Vocabulario ideológico del lunfardo (Buenos Aires: Corregidor,
1998); Mario Teruggi, Diccionario de voces lunfardas y rioplatenses (Buenos Aires: Alianza Editorial,
1998); Athos Espíndola, Diccionario del lunfardo (Buenos Aires: Planeta, 2002); Oscar Conde, Dic-
cionario etimológico del lunfardo (2ª edición corregida y aumentada; Buenos Aires: Taurus, 2004);
Raúl Tomás Escobar, Diccionario lunfardo del hampa y del delito (Buenos Aires: Distal, 2004); José
Gobello y Marcelo Oliveri, Novísimo diccionario lunfardo (Buenos Aires: Corregidor, 2004); Héctor
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Musa, Calepino lunfoargentino (tomos 1, 2 y 3; Buenos Aires: Dunken, 2005); Laura Gottero, Diccio-
nario de lunfardo (Buenos Aires: Andrómeda, 2008).
22 La realización de la edición anotada de esta obra, considerada la primera novela lunfarda, que editó
UNIPE Editorial Universitaria en 2015, me permitió hallar más de cincuenta lunfardismos (entre
vocablos y expresiones) no consignados en ningún vocabulario lunfardo.
23 Sin ser exhaustivos, el aporte de José Gobello (1919-2013) al estudio del lunfardo puede resumirse
en los siguientes títulos (publicados en la misma línea de Lunfardía): Vieja y nueva lunfardía (1963),
Palabras perdidas (1973) y Etimologías (1978). Están además sus lexicones: Breve diccionario lunfardo
(1959, en coautoría con Luciano Payet), Diccionario lunfardo (1975), Nuevo diccionario lunfardo (1990),
Vocabulario ideológico del lunfardo (1998, en colaboración con Irene Amuchástegui) y Blanqueo
etimológico del lunfardo (2004). En sus últimos años, junto a Marcelo Oliveri, publicó Tangueces y
lunfardismos del rock argentino (2001), Diccionario de la crisis (2002), Tangueces y lunfardismos de la
cumbia villera (2003), Novísimo diccionario lunfardo (2004), Curso básico de lunfardo (2004), Summa
lunfarda (2005) y Diccionario del habla de Buenos Aires (2006).
25 Amaro Villanueva, “El lunfardo” (Universidad 52 (1962): 13-42), recogido también en Amaro Villanue-
va, Obras completas (Paraná: Universidad Nacional de Entre Ríos, 2010; vol. II, pp. 275-294). El autor
analiza en este trabajo fundante la etimología y evolución de la voz lunfardo. Sobre su contenido,
cf. Conde (2011, 44-45).
26 Mario Teruggi, Panorama del lunfardo (Buenos Aires: Ediciones Cabargón, 1974). Hay una segunda
edición en Editorial Sudamericana de 1978.
30 María Beatriz Fontanella de Weinberg, “El lunfardo: de lengua delictiva a polo de un continuo
lingüístico” (Primeras Jornadas Nacionales de Dialectología, Tucumán: Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad Nacional de Tucumán, 1983 (1977); pp. 129-138).
31 Aunque posee muchos más trabajos sobre el tema, especialmente referidos a la presencia de
lunfardismos en el habla de la provincia de Salta, los aquí referenciados son: Susana Martorell de
Laconi, “Algo más sobre el lunfardo: el lunfardo y el contacto lingüístico” (Anuario de lingüística
hispánica 12/13.2 (1997): 653-666); “Hacia una definición del lunfardo” (Cuaderno Nº 5, Salta: Instituto
Salteño de Investigaciones Dialectológicas “Berta Vidal de Battini”, 1998; pp. 29-47); Salta lunfa: El
lunfardo en Salta (Salta: Instituto Salteño de Investigaciones Dialectológicas “Berta Vidal de Battini”,
2000). Es necesario agregar que con su equipo de investigación de la Universidad Católica de Salta
ha producido un lexicón lunfardo con las voces en uso en su provincia natal: Susana Martorell de
Laconi et al., Breve diccionario de lunfardismos de Salta (Salta: Instituto Salteño de Investigaciones
Dialectológicas “Berta Vidal de Battini”, 2006).
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32 La comparación no parece apropiada en absoluto, en primer lugar, porque el lunfardo dista muchí-
simo de asimilarse a una lengua criolla y, a pesar de la descripción previa que realiza la autora ―que
se basa en el vocabulario y el breve estudio de Dellepiane de 1894― intentando presentarlo como un
sistema correlativo al del español estándar (con sus niveles fonológico, morfológico y sintáctico),
lo cierto es que el lunfardo ―como todos los argots― es apenas un vocabulario.
33 Delia Farach Hufton, profesora de la San José State University y correspondiente de la APL, defendió
su tesis doctoral Parámetros del lunfardo en la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos,
en 1979. Una parte de este trabajo se conoció en 1991, cuando la Academia Porteña del Lunfardo
publicó Medidas situacionales del lunfardo en cuanto a interlocutor, lugar y tema, entre los hablantes
de Buenos Aires. Por su parte, Jaqueline Balint-Zanchetta, hizo lo propio en 2002 en la Universidad
de la Bretaña Occidental, en Francia, con una tesis titulada Le lunfardo à travers les paroles de tango:
mythes et réalités de l’argot du Rio de la Plata. También en Francia, pero en 2011, Gabriela Constan-
za Rodríguez obtuvo su doctorado con la tesis denominada Construction d’une identité argentine
dans les paroles de tango: genèse et formes contemporaines, en la Universidad de Toulouse. En el
año 2009, Vanesa Iribarren Castilla presentó en la Universidad Complutense de Madrid una tesis
monumental, en la cual clasificó mil trescientas voces lunfardas en cincuenta campos semánticos,
titulada Investigación de las hablas populares rioplatenses: el lunfardo.
34 Javier Simón Casas, “Algunos italianismos en el lunfardo” (ELUA 7 (1991): 27-43) y Roberto Giaco-
melli, “Il lunfardo argentino: connotazione e semantica di un codice in diafasia” (Bandhu: Scritti
in onore di Carlo Della Casa, editado por Renato Arena et al.; Alessandria: Edizioni dell’Orso, 1997;
pp. 259-286).
35 Ling-Yan Yang, “El lunfardo como referente sociocultural del aprendizaje de E/LE en contextos
sinohablantes” (SinoELE 3 (2010): 1-28); Abelardo San Martín Núñez, “Voces de origen lunfardo
en el registro festivo del diario chileno La Cuarta” (Onomázein 23.1 (2011): 105-147) y Philip Thorn-
berry, “Andá a cantarle a Gardel: From the abstract to the concrete in el lunfardo porteño” (Selected
proceedings of the 15th Hispanic Linguistics Symposium, editado por Chad Howe, Sarah E. Blackwell
y Margaret Lubbers Quesada; Somerville, MA: Cascadilla Proceedings Project, 2013; pp. 29-38).
36 Los artículos publicados sobre lunfardo de este profesor de la Universidad de Düsseldorf Heinrich
Heine son: Rolf Kailuweit, “Hybridität, Exempel: Lunfardo” (Sprache in Iberoamerika: Festschrift für
Wolf Dietrich zum 65. Geburtstag, editado por Volker Noll y Haralambos Symeonides, Hamburg:
Buske, 2006; pp. 291-311, en alemán); Kathrin Engels y Rolf Kailuweit, “Los italo-lunfardismos en
el sainete criollo: Consideraciones léxicos-semánticas“ (El español rioplatense: Lengua, literatura,
expresiones culturales, editado por Ángela Di Tullio y Rolf Kailuweit, Madrid-Frankfurt: Iberoame-
ricana/Vervuert, 2011; pp. 227-248); Rolf Kailuweit, “Entre represión y populismo: Tango, lunfardo
y censura en la radiofonía argentina (1933-1953)” (Political correctness: Aspectos políticos, sociales,
literarios y mediáticos de la censura lingüística, editado por Ursula Reutner y Elmar Schaffroth, Stu-
dia Romanica et Linguistica 38, Frankfurt a.M.: Peter Lang, 2012; pp. 275-298); “Letras de tango
y mediatización del lunfardo” (Las poéticas del tango-canción: Rupturas y continuidades, editado
por Oscar Conde, Buenos Aires: Biblos/Ediciones de la UNLa, 2014; pp. 67-80) y “La spirale de
la médiatisation - L’oralité primaire, secondaire et tertiaire du lunfardo” (Actes du XXVII Congrès
international de linguistique et de philologie romanes, editado por Éva Buchi, Jean-Paul Chauveau y
Jean-Marie Pierrel, Strasbourg: ELiPhi Éditions de Linguistique et de Philologie, 2016; vol. 2, pp.
1059-1070). El Dr. Kailuweit es miembro correspondiente en Friburgo (Alemania) de la Academia
Porteña del Lunfardo desde 2009.
39 Piotr Sorbet, profesor de la Universidad Maria Curie-Sklodowska (Lublin, Polonia) es autor de tres
recientes trabajos sobre el lunfardo: “Contribución al estudio de la influencia francesa en el español
de Argentina: los galicismos lunfardescos” (ponencia presentada en el IV Simposio Internacional de
Hispanistas «Encuentros 2012», Wrocław, en prensa), “Análisis lingüístico del vesre porteño” (Rocz-
niki Humanistyczne 72 (2014): 123-134) y “En torno al tratamiento lexicográfico de los vesreísmos”
(Itinerarios 23 (2016): 141-153).
40 Sin ser sus únicos textos referidos en los que la autora alude al lunfardo, son de particular interés
los siguientes cuatro: Ángela Di Tullio, Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino (Buenos
Aires: EUDEBA, 2003); “Organizar la lengua, normalizar la escritura” (La crisis de las formas, dirigido
por Alfredo Rubione, vol. 5 de Historia crítica de la literatura argentina, dirigido por Noé Jitrik, Buenos
Aires: Emecé, 2006; pp. 543-580); “Meridianos, polémicas e instituciones: el lugar del idioma”
(Rupturas, dirigido por Celina Manzoni, vol. 7 de Historia crítica de la literatura argentina, dirigido
por Noé Jitrik, Buenos Aires: Emecé, 2009; pp. 569-596) y “La lengua italiana en la Argentina”
(Enciclopedia L’italiano nel mondo, dirigido por Luca Serianni, Turín: UTET, en prensa; vol. 1).
41 Sus trabajos son: “Teoría y práctica del lunfardo” (Lenguajes cruzados: Estudios culturales sobre tango
y lunfardo, Buenos Aires: Corregidor, 2003; p. 89-119), El lunfardo, un patrimonio intangible (Buenos
Aires: Academia Porteña del Lunfardo, 2007), “Aproximaciones al lunfardo” (Voces de aquí nomás:
Aproximaciones, tangueras, lunfardescas y lingüísticas, Buenos Aires: Marcelo Oliveri Editor, 2012; pp.
9-35), “Heterogeneidad lingüística y variación en el conventillo (Redes sociales eran las de antes)”
(Argots hispánicos: Analogías y diferencias en las hablas populares iberoamericanas, editado por Oscar
Conde, Remedios de Escalada: Ediciones de la UNLa, 2017; pp. 69-82).
43 González es autora de dos artículos muy recientes: “El lunfardo: ¿un habla de delincuentes que
quedó en el pasado?” (Filología y Lingüística 41.2 (2016): 107-118) y “Una aproximación a las bases
metafóricas del lunfardo” (Artifara 16 (2016): 47-57).
44 Además de la redacción de los artículos “Academia Porteña del Lunfardo” y “Lunfardo” para el
Dictionnaire passionné du Tango de Gwen-Haël Denigot, Jean-Louis Mingalon y Emmanuelle Honorin
(Paris: Seuil, 2015; pp. 27-28 y pp. 409-411), he publicado “El lunfardo en la literatura argentina”
(Gramma: Revista de la Escuela de Letras 21.47 (2010): 224-246), “Lunfardo rioplatense: delimitación,
descripción y evolución” (De parces y troncos: Nuevos enfoques sobre los argots hispánicos, editado por
Neus Vila Rubio, Lleida: Edicions de la Universitat de Lleida, 2013; pp. 77-105), “Lunfardo in Tango:
DOSSIER Aportes al estudio del lunfardo...
Oscar Conde
ISSN 2314-2189
Signo y Seña /32 (julio-dic. 2017): [1-20]
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A Way of speaking that defines a way of being” (Tango lessons: Movement, sound, image, and text in
contemporary practice, editado por Marilyn Miller, Marilyn, Durham, London: Duke University Press,
2014; pp. 33-59), “Roberto Arlt y el lunfardo” (Roberto Arlt y el lenguaje literario argentino, editado
por en Rolf Kailuweit, Volker Jaeckel y Ángela Di Tullio, Madrid, Frankfurt, Norwalk: Iberoamericana/
Vervuert, 2015; pp. 199-212) y “El «Novísimo diccionario lunfardo» en la página de policiales de
Crítica (1913-1915): Un folletín a pura literatura” (Argots hispánicos: Analogías y diferencias en las
hablas populares iberoamericanas, editado por Oscar Conde, Remedios de Escalada: Ediciones de
la UNLa, 2017; pp. 175-189).
45 Cf. Andrea Bohrn, “¿Qué me contursi? Mi mujica se fue con un vizcacha: Paranomasia en el español
del Río de la Plata” (El español rioplatense desde una perspectiva generativa, editado por Inés Kuguel
y Laura Kornfeld, Mendoza: Editorial de la FFyL-UNCuyo/SAL, 2013); “Neologismos derivados de
nombres propios en el español de la Argentina” (Neologia das línguas românicas, editado por Ieda
Alves y Eliane Simoes Pereira, San Pablo: Editora Humanitas, 2015; pp. 547-562); “De botonear a
borocotizar: Un acercamiento a los verbos lunfardos”, (Argots hispánicos: Analogías y diferencias en
las hablas populares iberoamericanas, editado por Oscar Conde, Remedios de Escalada: Ediciones
de la UNLa, 2017; pp. 51-68); “A full, a media máquina y a paso sostenido: locuciones y gradación
de intensidad en eventos” (Antiedad, pansexual, fracking y otras palabras recientes del español de
América y España, editado por Andreína Adelstein et al., Los Polvorines: UNGS, 2017; pp. 134-137);
“Inversión silábica y realización de género y número: el caso del vesre rioplatense” (Revista de
la Sociedad Argentina de Lingüística, 2015, en prensa); y el inédito “Para descoserla y no arrugar:
Formación de verbos lunfardos a partir de formas simples del español”.
46 No es esta la primera publicación en la que la Dra. Castañeda realiza una comparación entre par-
lache y lunfardo. Esta autora, muy frecuentemente con Henao Salazar, se ha referido al lunfardo en
diversos loci de sus productos de investigación, ya que lo ha tomado como base para la descripción
del parlache. Un ejemplo significativo es: Luz Stella Castañeda Naranjo y José Luis Orduña López,
“Estudio lexicológico comparativo de la categoría nominal en parlache y lunfardo” (De parces y
troncos: Nuevos enfoques sobre los argots hispánicos, editado por Neus Vila Rubio, Lleida: Edicions
de la Universitat de Lleida, 2013; pp. 107-128).
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Oscar Conde
ISSN 2314-2189
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