Aprender El Arte de Aplicación en Los Sermones
Aprender El Arte de Aplicación en Los Sermones
Cualquiera sea la razón, tenemos que esforzanos para hacer una buena
aplicación y, como resultado, una de las críticas más comunes que la gente
tiene hacia la iglesia es que ellos no entienden cómo el sermón se relaciona con
la vida real. No es de extrañar por qué algunos pastores se sienten tentados a
deshacerse de la predicación expositiva, para en su lugar tratar principalmente
temas que las personas consideran pertinentes.
De igual manera, como primer paso para la aplicación, escriba la idea principal
del texto en una sola frase. Practico esta disciplina cada semana y, para mí, es
uno de los pasos más importantes en la escritura del sermón (vea la “idea
exegética” de un pasaje siendo transformada en una “idea homilética”, en la
obra “Predicación Bíblica”, por Haddon Robinson, págs. 66-99). Si no está
muy claro con el tema central del texto, ¿cómo espera hacer aplicaciones
textualmente legítimas para la vida de las personas? Es difícil dar en el blanco
con una flecha torcida.
Por supuesto que la palabra de Dios para ellos no siempre es la palabra de Dios
para nosotros de la misma manera. La aplicación original debe pasar por los
filtros de la teología bíblica, una correcta comprensión de los pactos, y las
consideraciones de especificidad cultural. Pero si usted puede identificar los
tipos de la aplicación original, entonces su aplicación para el día de hoy
debería estar al menos dentro del mismo género.
Puede llevar esto un paso más allá mediante el contraste de lo que la Biblia
dice a cada grupo con lo que la cultura dice a cada grupo. ¿Cómo las
implicaciones del texto para el matrimonio, el dinero o la felicidad difieren de
la sabiduría convencional actual? Cada vez que puedo contrastar una verdad
bíblica con una creencia cultural, la gente comienza a ser iluminada con la
verdad.
4. ¿De qué manera, este texto le da forma a la
iglesia?
Cambie su perspectiva y mire el pasaje con lentes gran-angulares para ver
cómo se aplica el texto a su congregación como un todo, y no sólo para ver
cómo se aplica a los individuos. Padecemos de una orientación individualista y
auto-centrada (por lo menos aquí en los Estados Unidos) y, como resultado,
instintivamente pensamos en lo relevante solo en términos personales. Nos
preguntamos: “¿Qué significa este texto para mí?”, pero no reflexionamos
sobre lo que significa para nosotros de manera colectiva. Y sin embargo, gran
parte de la Biblia está escrita para el pueblo de Dios que se encuentra reunido,
ya sea Israel o las iglesias locales.
El corazón de la aplicación
Estoy seguro de que hay otras cuestiones útiles sobre la aplicación que
debemos preguntarnos. De hecho, invito a los lectores a compartir sus
enfoques. Podemos activar la sección de comentarios al final del artículo,
desarrollando propuestas en torno a las mejores prácticas.
Sin embargo, cualquiera sea el proceso que se utilice para escuchar y aplicar
un texto, recuerde que debe apuntar al corazón. Debe llegar al corazón y llegar
a la persona como un todo.
2. Confía en la Palabra.
Llevemos esto a un nivel más profundo. No te limites a predicar la Palabra.
Confía en la Palabra.
Si pudiera viajar en el tiempo y hablar con el yo más joven, me diría que dejara
de tratar de ser tan divertido. Todavía utilizo humor hoy; es sólo parte de mi
personalidad, pero ese humor sirve mejor al texto ahora. Dios me ha ayudado a
superar mi temor al hombre y mi profundo deseo de agradar a la gente, y lo ha
ido reemplazando con una mayor confianza en el poder de su Palabra para
salvar a los pecadores y santificar a los santos.
Tenga cuidado con la falacia de que los sermones más largos son, por
definición, los sermones más fieles. A veces los sermones más largos son
simplemente más dolorosos.
5. Esfuérzate en la aplicación.
Los sermones de los pastores de nuevo cuño a veces pueden ser largos en
cuanto al comentario bíblico y cortos en cuanto a la aplicación. El seminario
nos enseña cómo hacer una exégesis del texto, pero, ¿cómo aprendemos a
hacer exégesis de nuestro pueblo y de sus corazones? Me tomó un tiempo
resolver esto.
6. Obtén retroalimentación.
Nada va a mejorar tu predicación como la retroalimentación reflexiva. Sí, es
alentador escuchar ese puñado de cumplidos semanal al estilo “¡Qué buen
sermón!” mientras esperas en el vestíbulo después de un servicio de adoración.
Pero también necesitas una cuidadosa crítica constructiva.
Todos los predicadores jóvenes (y los predicadores más viejos) deben aferrarse
a 1 Timoteo 4:13, 15: “Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las
Escrituras, la exhortación y la enseñanza . . . Reflexiona sobre estas cosas;
dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos”.
¿Captaste esa última frase? Dios nos está llamando a los predicadores a
mostrar progreso a nuestras congregaciones, no perfección. Definitivamente no
he dominado la predicación, lo que sea que signifique “dominar”, pero por la
gracia de Dios he mostrado progreso en los últimos 15 años en la lectura de las
Escrituras, la predicación y la enseñanza. Y por su gracia tú también lo harás.
RECURSOS PARA EL OBRERO
CRISTIANO
Esta sección incluye:
Cómo llegar a ser cristiano
Cómo hacer el seguimiento de un nuevo creyente
Cómo extraer los tesoros de la Biblia de estudio del diario vivir
Así que le han pedido que hable frente a un grupo
El siguiente paso: aplicar lo aprendido
HECHO: Usted fue creado por un Dios de amor; tiene gran valor. Dios lo ama y quiere tener una
relación personal con usted.
DESARROLLO: Algunos piensan que somos accidentes de la naturaleza, que simplemente vivimos y
morimos, sin propósito alguno. Dicen que deberíamos dedicarnos a disfrutar al máximo de los
placeres de la vida... después de todo, esa es la única manera de encontrar satisfacción. Explíquele
a la persona que, en contraste, la Biblia nos dice que no somos un accidente. Fuimos creados por un
Dios de amor que nos conocía desde antes de que naciéramos. Estamos aquí con un propósito, y
encontramos nuestra satisfacción plena al relacionarnos con él.
Lea estos versículos y resalte los siguientes puntos:
Dios lo ama.
Juan 3:16. Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en
él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Usted puede entregar el control de su vida a Dios porque él lo ama y quiere lo mejor para usted.
De hecho, lo ama tanto que dio a su Hijo Jesús para que muriera por usted en la cruz.
Hablaremos más sobre esto en un momento. Cuando usted confía en Dios, está confiando en
Aquel que lo creó. Cuando le entrega su vida, se la entrega a Aquel que lo conoce plenamente.
¿No le parece que él merece su confianza?
¿Qué es el pecado?
Santiago 4:17. Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo.
1 Juan 3:4. Todo el que peca viola la ley de Dios, porque todo pecado va en contra de la ley de
Dios.
Dios es santo y perfecto, pero los seres humanos son pecadores. Es probable que usted lo sepa
por sí mismo; si intentara ser perfecto por un día, pronto reconocería que no puede hacerlo.
[Para ilustrar este concepto, puede dibujar un abismo, con la figura de un ser humano en un
acantilado y la palabra «Dios» en el otro. Ponga la palabra «pecado» sobre el abismo y siga
explicando]. Cuando usted sabe lo que es correcto pero se niega a hacerlo, desafía a Dios y
peca contra él.
¿Quién ha pecado?
Romanos 3:23. Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida
por Dios.
Romanos 5:17. Pues el pecado de un solo hombre, Adán, hizo que la muerte reinara sobre
muchos.
La Biblia dice que «todos hemos pecado». No podemos evitarlo; es parte de la condición
humana. Cuando Adán pecó (allá lejos en el jardín de Edén, en el libro de Génesis), involucró a
toda la raza humana en el pecado, por lo que heredamos la pecaminosidad como parte de
nuestra naturaleza. Quizás se pregunte: «¿Y eso qué importa?».
HECHO: Usted puede tener una relación con Dios solo por medio de Jesucristo.
DESARROLLO: A veces la gente no entiende el concepto de tener una «relación» con un ser que no
pueden ver ni tocar. Sin embargo, es posible tenerla y por eso vino Jesús al mundo. Vivió en la tierra
como un ser humano para que pudiéramos entender cómo es Dios. [A esta altura quizás descubrirá
que la persona tiene muchas preguntas (por ejemplo, «¿Cómo puede Jesús ser Dios y también
humano a la vez?»), y los detalles de la respuesta podrían desviarlo del tema. No necesita tener
todas las respuestas para ese tipo de preguntas; de hecho, algunas preguntas no tienen respuesta
porque los seres humanos no podemos entender completamente a Dios ni la manera en que él obra.
Explique que una relación con Cristo es una realidad espiritual que debe ser experimentada;
entonces encontrará las respuestas a muchas de sus preguntas]. Las preguntas más importantes en
este momento incluyen:
HECHO: Usted debe tomar la decisión personal de confiar en Jesucristo como Señor y Salvador.
DESARROLLO: El mensaje de la salvación no significa nada a menos que la persona la acepte para sí
misma. Enfatice que aun si la persona creció en la iglesia, aún necesita aceptar personalmente a
Jesús. También mencione que aunque alguien haya llevado una vida terrible, nadie es demasiado
malo para Dios. La persona no tiene que reformar su conducta antes de acercarse a Cristo. En
realidad, Jesús murió para quitar todos esos pecados y él le da a la persona un nuevo comienzo. Por
lo tanto, subraye que ser bueno no es suficiente, y a la vez, que nadie es tan malo como para no ser
perdonado; Dios quiere que todas las personas se vuelvan a él. Todos deben confiar en Jesús para
ser salvos. Entonces, ¿qué clase de respuesta debería tener una persona? Hable acerca de
lo siguiente:
Creer en Cristo.
Romanos 10:9-10. Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que
Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Pues es por creer en tu corazón que eres declarado
justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo.
Solamente hay que creer. Esto no significa que esté libre de dudas o que comprenda todo
acerca de Dios. Simplemente implica que reconoce que es un pecador y que necesita a un
Salvador. Admita que por sus propios medios no puede ser lo suficientemente bueno para un
Dios perfecto, y comprenda que Dios lo ama tanto que envió a Jesús para salvarlo. Si lo cree,
dígalo.
Recibir a Cristo.
Juan 1:12. Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser
hijos de Dios.
«Recibir a Cristo» significa creer en él, invitarlo a entrar en su vida, abandonar su actual manera
de vivir (arrepentirse) y volverse a Dios. ¡Entonces comienza la aventura de permitir que Dios
gobierne su vida! Desde el momento en que lo pide, ya está hecho. ¡Jesús ha entrado en su
vida!
¡Eso es todo! Ahora puede darle la bienvenida a la familia de Dios: ¡es su nuevo hermano o hermana
en Cristo!
Así como un bebé recién nacido no puede valerse por sí mismo, un nuevo creyente necesita
recibir orientación. Ya que usted lo llevó a Cristo, esfuércese por ayudarlo a crecer en la fe. Las
siguientes páginas le mostrarán cómo hacerlo.
Ha comenzado una relación personal con Cristo que continuará por el resto de su vida.
Colosenses 2:6-7. Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora
deben seguir sus pasos. Arráiguense profundamente en él y edifiquen toda la vida sobre él.
Entonces la fe de ustedes se fortalecerá en la verdad que se les enseñó, y rebosarán de
gratitud.
TAREA: Escriba cómo se siente al saber que Dios le ha dado una nueva vida. ¿Qué significa esto
para usted personalmente?
TAREA: Acostúmbrese a hablar con Dios. Comience cada día con unos minutos dedicados a hablar
con Dios. Hable con él como lo haría con un amigo. En su cuaderno, empiece una lista de los
asuntos y las preocupaciones que usted le presenta a Dios.
TAREA: Comprométase a dedicar unos minutos cada día para leer la Biblia. Comience con el libro de
Marcos (en el Nuevo Testamento) y lea sobre Jesús. Después de leer, anote en su diario algo que
haya aprendido o algo que debe poner en práctica.
TAREA: En su diario, anote un área de su vida en la que está obedeciendo a Dios y una en la que le
parece que no lo está haciendo. Pídale a Dios que le muestre lo que él quiere que haga y que le dé
fuerzas para hacerlo.
Dios le da su Espíritu Santo para que tenga la habilidad de vivir la vida cristiana.
Juan 14:26. Sin embargo, cuando el Padre envíe al Abogado Defensor como mi representante
—es decir, al Espíritu Santo—, él les enseñará todo y les recordará cada cosa que les he dicho.
TAREA: Anote un asunto en el que le gustaría recibir la ayuda del Espíritu Santo. Luego tome unos
minutos para hablar con Dios al respecto.
TAREA: Escriba tres tentaciones que Satanás emplea en su contra. Luego dele gracias a Dios porque
él le mostrará cómo resistir sin ceder la próxima vez.
TAREA: Anote las maneras en que ha desobedecido a Dios recientemente. Confiese cada una de
ellas a Dios en oración. Luego tache cada uno de los pecados anotados. Esto le recordará del
perdón amoroso de Dios. Propóngase a obedecerlo de ahora en adelante.
TAREA: Asistaesta semana a la iglesia con algunos amigos o parientes. Después anote dos maneras
en que adoró a Dios.
¡La noticia que tiene para presentar es la mejor noticia que alguien pueda recibir!
Romanos 1:16. Pues no me avergüenzo de la Buena Noticia acerca de Cristo, porque es poder
de Dios en acción para salvar a todos los que creen, a los judíos primero y también a los
gentiles.
TAREA: Escriba el nombre de alguien que necesita conocer a Jesucristo. Comience a orar por esa
persona para que llegue a conocer a Cristo. Pídale a un amigo cristiano que ore con usted por esa
persona y que lo ayude a saber cómo hablarle de su fe.
TAREA: Revise los versículos que ha subrayado en su Biblia. Escoja uno o dos que sean sus favoritos
y comience a memorizarlos.
Felizmente, esto no es algo que tiene que lograr solo. Dios trabaja en usted para ayudarlo
a parecerse cada vez más a su Hijo.
Filipenses 1:6. Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la
continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.
Salmo 119:105. Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino.
TAREA: Haga una lista de cinco áreas de su vida en las que le gustaría parecerse más a Jesús. Pase
tiempo con Dios pidiéndole que lo ayude. En un mes, vuelva a leer esta parte de su diario y evalúe
su crecimiento espiritual.
ANTIGUO TESTAMENTO
El Antiguo Testamento me parece tan... anticuado. ¿Aún es relevante para mi vida hoy? Vea las
notas sobre Deuteronomio 4:8; Mateo 5:17-20; Hechos 21:23-24(2).
¿Cómo se relacionan entre sí el Antiguo y el Nuevo Testamento? Vea las notas sobre Levítico
1:2(2); Mateo 13:52; Hebreos 3:5.
ARREPENTIMIENTO/CONFESIÓN
¿Por qué son necesarios el arrepentimiento y la confesión? Vea las notas sobre Levítico
5:5; 2 Samuel 12:13; Mateo 3:1-2(1); 1 Juan 1:9(1 y 2).
BIBLIA
¿Por qué debo leer la Biblia? Vea las notas sobre 2 Crónicas 17:7-9; 34:31; Salmo 119:19.
¿Por qué debo confiar en la Biblia? Vea las notas sobre Salmo 33:4; Proverbios 16:22; 2 Pedro
1:16-21.
¿Por qué se le llama a la Biblia la Palabra de Dios? Vea la nota sobre 2 Timoteo 3:16-17.
¿En qué se diferencia la Biblia de otra literatura religiosa? Vea la nota sobre 2 Timoteo 3:16.
CIELO/INFIERNO
¿Qué dice la Biblia sobre el cielo? Vea las notas sobre Marcos 12:24; 1 Corintios 2:9; 1 Pedro 2:11.
¿Qué dice la Biblia sobre el infierno? Vea las notas sobre Mateo 25:46; 2 Tesalonicenses
1:9; Judas 1:7; Apocalipsis 20:14.
CREER
¿Por qué debo creer? Vea las notas sobre Génesis 15:6; Éxodo 9:12.
¿Qué significa «creer» en Jesús? Vea la nota sobre Juan 3:16(3).
DIABLO
¿Es real el diablo? Vea las notas sobre Job 1:6-12; Mateo 4:1(2).
¿Qué hace el diablo? Vea las notas sobre Génesis 3:5(2); 3:6; Lucas 4:3(1 y 2); 4:3 ss.; 4:9-11.
¿Cuánto poder tiene el diablo? Vea la nota sobre Josué 6:2-5.
DIOS
¿Cómo es Dios? Vea las notas sobre Génesis 1:1 ss.(1); 18:14; Números 14:17-20; Deuteronomio
27:15-26; Salmo 34:9-10; 36:5-8; 99:5; Juan 14:9; 2 Tesalonicenses 2:10-12.
¿Qué son los ídolos y qué tienen de malo? Vea las notas sobre Éxodo 20:1-6; 32:4-5; 1 Reyes
18:29.
Seguir a Dios es básicamente seguir un conjunto de reglas, ¿no es así? Vea la nota sobre Isaías
58:1 ss.
DONES ESPIRITUALES
¿Qué son los dones espirituales? ¿Todos tienen uno? Vea las notas sobre Romanos 12:6(1); 12:6-
8; Efesios 4:11-12.
ESPÍRITU SANTO
¿Quién es el Espíritu Santo? Vea las notas sobre Salmo 48:14; Juan 14:15-16; 14:16 ss.; Hechos
1:5.
EVANGELIO
¿Qué es el evangelio? Vea las notas sobre Mateo 4:23-24; Juan 3:16(1); Romanos 1:3-
5; 1 Corintios 15:3-4.
FE
¿Cuán firme debe ser mi fe? Vea las notas sobre Mateo 17:17-20; Lucas 17:6
¿Solamente hay que tener fe? Eso parece demasiado fácil. Vea las notas sobre 2 Reyes
5:12; Mateo 3:9-10; Filipenses 3:2-3(2); Santiago 2:1-26.
¿Cómo puedo hablarles a otros acerca de mi fe? Vea las notas sobre Éxodo 3:16-17; Apocalipsis
1:5-6.
FUTURO
¿Qué puede decirme Dios sobre el futuro? Vea las notas sobre Mateo 24:3 ss.; Apocalipsis 21:7-
8; 22:20.
¿Cómo será el fin del mundo? Vea las notas sobre Marcos 13:5-7; Lucas 12:39-40; 1 Juan 2:18-23.
GRACIA
¿Qué es la gracia? Vea la nota sobre Efesios 1:7-8.
¿Cuán importante es tener la gracia de Dios? Vea la nota sobre Nehemías 9:28-31.
IGLESIA
¿Acaso no es opcional la participación en la iglesia? Vea la nota sobre Lucas 4:16.
Si la vida eterna es gratuita, ¿de qué se trata el diezmo del que tanto escucho? Vea las notas
sobre Deuteronomio 14:22-23; 2 Corintios 8:10-15; 8:12(1 y 2).
JESÚS
¿Cómo podemos saber si Jesús no era simplemente un gran maestro? Vea las notas sobre Mateo
17:5; Lucas 24:6-7(2); Juan 5:31 ss.; Filipenses 2:5-11(1).
¿Por qué dicen que Jesús es Dios? Vea las notas sobre Hebreos 1:1-2; 1:3(1).
¿Qué hizo Jesús por mí? Vea las notas sobre Marcos 15:31; 2 Corintios 5:21; Colosenses 1:12-
14; Hebreos 9:22.
MUERTE
¿Qué ocurre cuando alguien muere? Vea las notas sobre 1 Tesalonicenses 4:15-18; Hebreos 2:14-
15(1 y 2).
¿Cómo puedo estar preparado para morir? Vea las notas sobre Génesis 50:24(1); Salmo 23:4.
ORACIÓN
¿Qué logra la oración? Vea las notas sobre 2 Crónicas 6:19-42; Salmo 4:3; Marcos 9:29.
Si Dios lo sabe todo, ¿para qué oramos? Vea las notas sobre Isaías 38:1-5; Hechos 1:12-13.
¿Cómo debo orar? Vea las notas sobre Jonás 2:1 ss.; Marcos 11:22-23; Hebreos 4:16; 1 Juan
5:14-15.
OTRAS RELIGIONES
¿Cómo es posible afirmar que están equivocadas las personas devotas que practican otras
religiones? Vea las notas sobre Colosenses 2:20-23(2); 2:22-23; 2 Juan 1:1-2; 1:3-4.
¿Qué diferencia al cristianismo de las demás religiones? Vea las notas sobre Hebreos 7:25; 1 Juan
5:12; 5:13.
PECADO
¿Qué es el pecado? Vea la nota sobre Santiago 4:17.
¿Por qué es peligroso el pecado? ¿Cuál es la gran cosa? Vea las notas sobre 2 Samuel
11:1 ss.; 1 Reyes 11:9-10; 1 Crónicas 21:13-14; 21:14; 1 Corintios 6:12-13(1); 1 Tesalonicenses
4:4-5; Apocalipsis 9:20-21.
¿Por qué debo considerarme un pecador, cuando hay personas que son realmente malas? Vea la
nota sobre Romanos 3:23.
¿Cómo puede un Dios de amor mandar a la gente decente al infierno? Vea las notas
sobre Deuteronomio 7:2; Romanos 1:18-20(1).
¿Puede una persona ser tan pecadora que no puede ser salvada? Vea las notas sobre 2 Crónicas
33:12-13; Salmo 51:1 ss.; 51:1-7.
PERDÓN
¿Cómo puedo tener la seguridad de que Dios me perdona? Vea las notas sobre Salmo 32:1-
2; Isaías 1:18; Hebreos 10:17; 1 Juan 1:9(1).
SUFRIMIENTO
¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? Vea las notas sobre Job 1:1 ss.; 2:10; Hechos
12:2-11.
¿Cómo me ayuda Dios a enfrentar los problemas en mi vida? Vea las notas sobre Éxodo 5:22-
23; Job 5:17-26; Salmo 106:40-42; Romanos 8:28; Filipenses 1:29; 1 Tesalonicenses 3:1-
3; Hebreos 11:35-39.
TENTACIÓN
¿Cómo me tienta el diablo? Vea las notas sobre Lucas 4:3(1 y 2).
¿Por qué me tienta el diablo? Vea la nota sobre Génesis 3:1-6.
¿En qué momento se convierte en pecado la tentación? Vea la nota sobre Mateo 4:1 ss.(1).
¿Cómo puedo enfrentar la tentación? Vea las notas sobre Mateo 26:40-41; Lucas 4:1-
13; 1 Corintios 10:13.
TRINIDAD
¿Por qué no es lo mismo creer en la Trinidad que creer en tres dioses? Vea las notas sobre Mateo
3:16-17; Marcos 1:10-11; Hechos 1:4-5.
UN SOLO CAMINO
¿Por qué insisten los cristianos en que Jesús es el único camino a Dios? Vea las notas sobre Juan
6:67-68; Hechos 4:12; 1 Timoteo 2:5-6; 2 Timoteo 4:3-5; Hebreos 10:26.
¿Por qué no basta con ser una «buena» persona? Vea las notas sobre Colosenses 1:21-
22; Hebreos 7:28; 9:14.
VIDA
Realmente, ¿qué quiere Dios de mí? Vea las notas sobre Números 9:23; Jueces 21:25; Proverbios
13:6; Eclesiastés 1:8-11; Miqueas 6:8; Marcos 12:29-31; 1 Juan 4:20-21.
¿Espera Dios que yo sea perfecto? ¿Cómo puedo lograrlo? Vea las notas sobre Mateo
5:48; Romanos 5:20; Hebreos 10:14.
¿Cómo puedo «entregar» mi vida a Dios? Vea las notas sobre Proverbios 16:3; 1 Pedro 1:14-16(2).
Si soy cristiano, ¿cómo debería ser mi manera de vivir? Vea las notas sobre Éxodo 23:24-25; Josué
1:5; Juan 17:18; Romanos 13:1-14; 1 Pedro 1:8-9.
Maneras de usar la Biblia de estudio del diario vivir como una herramienta de investigación
Use el Índice general para estudios temáticos
Cuando tenga que estudiar algún tema, vaya al Índice general y búsquelo allí. Encontrará notas
sobre el tema (con una frase que le dará una idea del contenido de la nota), además de cuadros y
perfiles biográficos que se relacionan con el tema. (Vea la lección modelo a continuación que le dará
una idea de cómo puede funcionar el sistema).
Capte una perspectiva más amplia al usar la Armonía de los libros de Reyes y Crónicas
En un estudio de los libros de Reyes o Crónicas, la Armonía de estos libros (ubicada entre 1 y
2 Reyes) ofrece una cronología visual de la fecha de gobierno de los reyes, indica si el relato de su
reinado se registra también en otros libros y muestra el profeta que predicaba en ese tiempo. De
manera similar, si estudia cualquiera de los libros proféticos, puede usar esta Armonía para aprender
sobre lo que estaba ocurriendo en el reino al cual el profeta había sido llamado. Esto lo ayudará a
comprender por qué el profeta habló como lo hizo.
PASO CINCO: Lea los pasajes bíblicos, las notas y los demás materiales útiles.
Ahora vuelva a la lista que había apuntado y consulte las notas, los cuadros y los perfiles. Cuando
encuentre en las notas versículos bíblicos y conceptos importantes que quiere utilizar, agréguelos a
su bosquejo de tres puntos.
La aplicación es poner en práctica lo que sabemos que la Biblia dice. Si bien las verdades de la
Biblia nunca cambian, las situaciones de la vida de la gente cambian constantemente. Por eso debe
continuar estudiando la Biblia para aprender las cosas nuevas que Dios quiere que aprenda. Cuando
enseñe, podrá decirles a sus oyentes de qué manera está usted aplicando ciertos principios de la
Palabra de Dios, aunque al mismo tiempo debe darles las herramientas y la oportunidad para aplicar
la Biblia a sus propias situaciones. ¿Cómo se hace eso? Hemos desarrollado un sistema de estudio
bíblico que llamamos la Pirámide. Usando los nueve conjuntos de preguntas que aparecen en la
Pirámide, usted será capaz de estudiar la Biblia y aplicar sus principios de manera más práctica y
plena en las situaciones personales de su vida.
Cada uno de los pasos se describe detalladamente más abajo, seguido por las preguntas que debe
hacerse mientras avanza por la Pirámide hacia la aplicación. Después del punto 5, en la cumbre de
la Pirámide, ofrecemos un ejemplo sobre el aspecto que puede tomar su estudio. Luego avance por
los puntos 6 a 9 al otro lado de la Pirámide. También allí hemos provisto un ejemplo, aunque las
aplicaciones variarán enormemente para cada persona.
1. Personajes
Comience identificando a las personas que aparecen en el texto, los personajes activamente
involucrados. A veces no se nombran individuos o grupos concretos (por ejemplo, al leer Proverbios
o Romanos), pero no olvide al autor y los destinatarios. Fíjese en las personas y aprenda algo sobre
ellas. (Por ejemplo, si está leyendo el mensaje de Isaías a Moab, busque la entrada «moabitas» en
el Índice general y lea las notas para entender mejor a la gente que se menciona en ese pasaje).
Pregunte:
¿Quiénes son las personas en este pasaje?
¿En qué se parecen estas personas a las que forman parte de mi mundo?
¿Qué características de estas personas encuentro en mí mismo?
2. Lugar
A continuación, considere el lugar. Este punto coloca el pasaje en su contexto original, su marco
histórico y cultural. Puede aprender sobre el lugar usando nuevamente el Índice general y buscando
en las notas (y con frecuencia, los mapas). Cuanto más sepa sobre la cultura, la historia y los
problemas de las personas en el pasaje, tanto más fácil le será trazar paralelos en su vida hoy.
Pregunte:
¿Cuál es el marco histórico de ese pasaje?
¿Cuáles son los detalles importantes de su historia, su cultura, su geografía?
¿Cuáles son las semejanzas con mi mundo?
3. Argumento
Este paso responde a la pregunta «¿Qué sucede?». Por lo general, esto se descubre tomando en
cuenta el contexto del pasaje y del libro. Las notas en la sección que está estudiando también le
ayudarán a descubrir el argumento de cierto pasaje. Pregunte:
¿Qué ocurre en este pasaje?
¿Cuál es el conflicto o la tensión en el pasaje?
¿Qué hubiera hecho yo en esa situación?
¿En qué se parece esto a lo que ocurre hoy en mi vida o en el mundo?
4. Propósito
Antes de poder definir lo que significa para usted algo que lee en la Biblia, debe identificar lo que
significaba para el público original. Los acontecimientos registrados en la Biblia les ocurrieron a
personas reales en momentos específicos de la historia. Hubo multitudes reales que escucharon las
parábolas e iglesias reales que recibieron las cartas de los apóstoles. Por lo tanto, debe analizar
cuidadosamente el contexto cultural (lo que aprendió en los tres primeros pasos) para descubrir las
lecciones específicas que Dios quería enseñar a esas personas. Un claro entendimiento del
propósito original puede evitar una mala aplicación que cause daño, y también será de incalculable
valor para determinar las verdades eternas del pasaje. Para definir el propósito original, pregunte:
¿Qué mensaje se proponía dar al público original?
¿Qué aprendieron las personas del pasaje?
¿Qué quería Dios que ellas hicieran?
¿Cuál fue la solución de Dios para los problemas que tenían?
5. Principios
El siguiente paso es determinar los principios transferibles que se encuentran en el pasaje. El
propósito y los principios pueden ser exactamente iguales o podrían estar relacionados de manera
indirecta. Los principios resumen la esencia de un pasaje. Pregunte:
¿Cuál es el mensaje para toda la humanidad?
¿Cuáles son las verdades eternas?
¿Cuál es la moraleja de esta historia?
Las que siguen son respuestas posibles para los cinco primeros pasos del estudio piramidal de la
Biblia, aplicado al pasaje de Hechos 27:27-44.
PERSONAJES: Lucas (el autor, incluido en el «nosotros» del pasaje), Pablo, los marineros, los
otros prisioneros, los soldados que custodiaban a los demás prisioneros, el oficial militar que
custodiaba a Pablo (Julio, ver 27:1), Dios.
LUGAR: en el barco, navegando a través del mar Adriático (27:27), cerca de la isla de Malta
(28:1), durante una terrible tormenta, mientras Pablo y otros prisioneros romanos eran llevados a
Roma para ser sometidos a juicio; el viaje se emprendió cuando «el otoño estaba muy
avanzado» (Hechos 27:9), de modo que pudo haber sido en octubre, una época en que podían
levantarse repentinamente tormentas peligrosas.
ARGUMENTO: Pablo había advertido que el viaje tendría consecuencias desastrosas (27:9-10),
pero el capitán y el oficial no le prestaron atención y decidieron zarpar. Cuando se levantó la
terrible tempestad, Pablo alentó a todos (27:22) y les dijo lo que debían hacer; esta vez la
tripulación romana sí lo escuchó (27:31-38). Pablo también agradeció a Dios delante de todos
(27:35). Cuando el barco comenzó a hacerse pedazos, los soldados estuvieron a punto de matar
a sus prisioneros (para que no escaparan), pero el oficial que custodiaba a Pablo los detuvo
(27:43).
PROPÓSITO: Pablo tenía confianza en la protección y el cuidado de Dios, aun durante una
tormenta que estaba poniendo en riesgo su vida. Esta confianza le daba libertad para alentar a
otros, hasta a sus captores, y para dar un testimonio claro de su fe en Cristo.
PRINCIPIOS: Dios está presente y tiene el control de todas nuestras «tormentas»; podemos
armarnos de valor y tener esperanza porque sabemos que Dios está con nosotros y se interesa
por nosotros. Aun cuando pasemos por situaciones difíciles, deberíamos alentar y ayudar a
otros y dar un testimonio claro de nuestra fe.
Con esto, usted ha subido un lado de la Pirámide. El camino hasta la cima de la Pirámide se reduce
a un propósito y unos cuantos principios, pero los caminos que descienden por el otro lado son
diversos y variados para cada persona y cada situación. Los puntos 6 a 9 son los siguientes:
6. Presente
Este paso amplía las áreas de aplicación para el propósito y los principios que usted ha extraído
hasta ahora. Se requiere otra manera de pensar porque se expanden las posibilidades y agrega su
propia vida a los principios. Usted describirá aquí las implicaciones importantes que tienen estas
verdades eternas para la vida en el hogar, en la escuela, en el trabajo y en el vecindario. Este paso
pone la verdad en su contexto en el mundo actual, aquí y ahora. Quizás quedó claro el significado
que el texto tuvo para el público original, pero las implicaciones para el presente pueden ser ricas y
variadas. Pregunte:
¿Qué significan estos principios para mi sociedad y cultura?
¿Qué relevancia tienen?
¿Qué semejanzas hay entre aquellos tiempos y los actuales?
¿A cuáles situaciones actuales puede dar esta verdad eterna el enfoque adecuado?
7. Paralelismos
Este paso es similar al anterior, excepto que es muy personal; se trata de situaciones específicas en
la vida: los temores, las esperanzas y las relaciones interpersonales. Este es el momento de explorar
todas las áreas de la vida en que la verdad pueda aplicarse. Por lo tanto, debe preguntarse:
¿Qué significa para mí esta verdad?
¿Cuáles son mis áreas de necesidad, de convicción, de oportunidad?
¿En qué aspectos de mi vida podría aplicarse esta verdad?
8. Prioridades
Después de sacar a relucir las áreas de aplicación, seleccione la que considera más importante, una
a la que Dios lo está empujando suavemente. Este es uno de los pasos más difíciles, porque es fácil
comenzar a racionalizar o a poner excusas, pero para incorporar verdaderamente la Palabra de Dios
a su vida y crecer como creyente, es necesario que escuche cuando Dios le habla. Al dar este paso,
está respondiendo a la pregunta «¿Y entonces qué?»; es decir, ¿qué dice este pasaje acerca de lo
que debo cambiar? Esto implica hacerse estas preguntas difíciles:
¿Cómo debería ajustar mis prioridades?
¿Qué debería cambiar en cuanto a mis valores, creencias, actitudes o carácter?
¿Qué debería cambiar en mis pensamientos e intenciones?
¿Qué clase de persona espera Dios que sea?
9. Plan
Después de identificar lo que necesita cambiar, debe actuar. Debe responder a la pregunta: «¿Y
ahora qué?», y poner en práctica la verdad al decidir cambiar y hacer los planes necesarios para vivir
de una manera diferente. Planificar implica establecer una meta, luego separarla en pasos
manejables, ¡y ponerse en marcha! Las siguientes preguntas le serán de ayuda:
¿Qué quiere Dios que haga con lo que he aprendido?
¿Qué pasos me llevarán a esa meta?
¿Cuál debería ser mi primer paso? ¿Cómo debo comenzar?
Estas son algunas respuestas posibles para el texto de Hechos 27:27-44 en los cuatro últimos pasos
del estudio bíblico piramidal. Si bien las respuestas para los pasos 1 a 5 son iguales para todos, las
respuestas para los pasos 6 a 9 varían enormemente de una persona a otra, de modo que lo que
sigue son simplemente sugerencias:
PRESENTE: No soy un prisionero de un gobierno extranjero, no me están llevando en barco para
ser sometido a juicio ni estoy atrapado en una terrible tormenta; pero sí tengo que atravesar
mares tormentosos en mi vida. Tengo un conflicto con el profesor de mi hija, un problema con
uno de los clientes de mi compañía y otras situaciones difíciles.
PARALELISMOS: El principal paralelismo con mi vida es la actitud de Pablo en medio de la crisis:
él se mantuvo calmado, dio instrucciones, alentó a todos y fue un buen ejemplo de lo que es ser
un seguidor de Cristo. Tanto en el problema con la escuela como en el trabajo, debo explicar
mis argumentos con calma y confianza. Pero al hacerlo, debo ser positivo y constructivo, no
negativo, odioso ni divisivo.
PRIORIDADES: Mi tendencia natural es enojarme y regañar a la persona que considero que está
equivocada o gritar mis órdenes sin ser sensible a los sentimientos de otros. Creo que Dios
quiere que sea más paciente y comprensivo. Quizás por medio de la manera en que me
comunique podría ser un mejor testigo de Cristo.
PLAN: En el conflicto en la escuela, debo hablar directamente con el profesor (no escribir una
carta) y explicarle cuidadosa y calmadamente mi punto de vista, mostrando a la vez interés por
sus sentimientos. Pediré una cita, anotaré de antemano los asuntos a discutir para no salirme
por la tangente ni perder la calma, y explicaré con cuidado mi perspectiva haciéndole saber que
también lo respeto.
Recuerde que hay una enorme diferencia entre saber y hacer, y otra enorme diferencia
entre enseñar y hacer. A medida que comience a dar pasos de aplicación tanto en su estudio
personal como en el proceso de enseñanza, pregúntese:
¿Estoy haciendo lo que Dios quiere que haga?
¿Lo estoy obedeciendo?
Sea sincero en su autoevaluación. Aplicar la Biblia comienza ahora, con usted. Santiago escribió:
No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente
se engañan a sí mismos. Pues, si escuchas la palabra pero no la obedeces, sería como ver tu
cara en un espejo; te ves a ti mismo, luego te alejas y te olvidas cómo eres. Pero si miras
atentamente en la ley perfecta que te hace libre y la pones en práctica y no olvidas lo que
escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu obediencia (Santiago 1:22-25).
Este artículo fue tomado y adaptado de: Dave Veerman, How to Apply the Bible [Cómo aplicar la
Biblia] (Carol Stream, Illinois: Tyndale House Publishers, 1993).
Contenido del sermón
Una vez en poder del texto bíblico, lo que hay que hacer es desarrollarlo y estructurarlo. Todo
sermón tiene una estructura y mucho de su impacto vendrá determinado por ella. Una estructura
ordenada, en la que las distintas partes estén relacionadas entre sí y cada una de ellas sirva al todo
poseerá un poder de atracción sobre las mentes y los corazones de los oyentes que nunca tendrá un
sermón deshilvanado en el que no hay secuencia lógica entre sus partes o que consiste de una serie
de pensamientos abruptos e inconexos. Para llegar al corazón de la persona hay que pasar primero
por su mente. Por eso todo sermón ininteligible, por muy emotivo que sea, está condenado al
fracaso. De ahí la importancia que tiene que el predicador sea 'didáctico', es decir, apto para
enseñar, esto es, que sepa expresar y poner sus pensamientos en forma que sus oyentes puedan
entenderlo. Emblemático ha llegado a ser el caso de aquel predicador del que su congregación
decía: 'Durante la semana es invisible y el domingo es incomprensible'.
La composición de la estructura del sermón es el gran trabajo que todo predicador tiene ante sí. En
términos generales se puede considerar que las partes del sermón son las siguientes:
1. Título
2. Introducción
3. Proposición
4. Divisiones
5. Ilustraciones
6. Aplicación
7. Conclusión
Por supuesto esta estructura no es rígida y habrá buenos sermones que carezcan de uno o varios de
los elementos citados; igualmente el orden de las partes puede ser alterado, exceptuando claro está,
la introducción y la conclusión. Igualmente las divisiones pueden tener, a su vez, subdivisiones, etc.
El título.
En algunos países al título del sermón se le da gran importancia; de hecho aparece anunciado de
antemano en los boletines de las iglesias, incluso en la prensa, en carteles colgados o pegados o en
rótulos luminosos a la entrada de las iglesias. El objetivo es claro: el título es el 'gancho' que sirve
para atraer la atención y despertar la curiosidad. Normalmente consiste en una frase llamativa con
gran poder de apelación que está relacionada con el contenido del sermón. No obstante es preciso
tomar unas precauciones para no hacer mal uso de esta parte del sermón:
1. Es mejor un sermón sin título pero con contenido, a un sermón con título y sin contenido. El título
no pertenece a la esencia del sermón sino a lo periférico. Mucho título y poco contenido puede hacer
que el oyente se sienta engañado y hace que la predicación quede a la altura de la publicidad donde
se vende a base de eslóganes.
2. El título ha de estar en consonancia con el contenido del sermón y con la naturaleza misma del
acto de predicar. Es decir, ha de ser un título que dignifique la Palabra de Dios, que es la fuente de
donde procede el sermón. Toda vulgaridad o mal gusto en el título han de ser erradicadas.
3. Ha de tener, al mismo tiempo, 'chispa' para condensar en pocas palabras el meollo del asunto a
tratar y conectar con el público en general.
Fíjate en los siguientes títulos de sermones tomados de la obra La santidad en el púlpito moderno de
Richard S. Taylor:
'Vida por medio de la muerte' (Gálatas 5:24).
'El secreto del triunfo final '(Filipenses 3:12-15).
'La religión que el mundo respeta' (Romanos 12:17).
O en estos otros tomados de la obra La preparación de sermones bíblicos de A. W. Blackwood:
'El remedio divino para un complejo de inferioridad' (Éxodo 3 y 4).
'El secreto de un corazón tranquilo' (Juan 14).
'La conversión de un hombre de negocios' (Lucas 19:1-10).
'El hombre que no tenía ninguna religión '(Hebreos 12:16).
En ciertas ocasiones es el mismo texto bíblico el que nos provee no solamente la base sino el título
literal. Como en estos ejemplos:
'Enséñanos a orar' (Lucas 11:1).
'¿Quién es mi prójimo?' (Lucas 10:29).
'Prosigo a la meta' (Filipenses 3:14).
'¿Qué debo hacer para ser salvo?' (Hechos 16:30).
La introducción
La introducción es la parte del sermón que tiene como objetivo llevar al auditorio de una forma suave
a las primeras etapas del cuerpo del sermón. Poniéndolo en términos ciclistas diríamos que es el
tramo llano que va a dejar a nuestros oyentes al pie de las primeras rampas de montaña. O
poniéndolo en lenguaje deportivoo diríamos que se trata de la fase de pre-calentamiento previa a la
entrada al terreno de juego.
Otra característica de la introducción es que ha de ser breve; después de todo se trata de una
introducción y no del cuerpo del sermón, por eso no es un fin en sí mismo sino un medio para poner
a nuestros oyentes en una posición idónea para recibir la sustancia del sermón. En ese sentido es
como un aperitivo, algo que abre el apetito y que anticipa que lo mejor está por venir y que sirve de
estímulo para sentarse a la mesa frente a las viandas verdaderamente nutritivas. Hemos de evitar,
por lo tanto, el prolongar innecesariamente la introducción porque podemos echar a perder todo lo
demás; algunos predicadores cometen este error, hablando y hablando y, cuando ya la audiencia
está cansada, anuncian el pasaje o el tema del que van a hablar. Vayamos al grano y no nos
vayamos 'por los cerros de Úbeda'. He aquí un ejemplo de introducción concisa.
Una buena manera de introducir un sermón es por medio de una ilustración. La ilustración tiene el
poder de cautivar, es algo que todo el mundo puede entender y por medio de ella vamos de lo
tangible a lo intangible y de lo material a lo espiritual. Puede tratarse de una anécdota que el mismo
predicador ha vivido recientemente o de un acontecimiento local, nacional o mundial que es conocido
por todos. También hay personajes históricos que dijeron cosas memorables sobre la materia a tratar
y que pueden ser la ocasión para hacer una introducción muy pertinente. Es sabida la tendencia que
tenemos a respetar a los clásicos. Especialmente es conveniente echar mano de estos recursos
cuando nuestro auditorio se compone de personas que aprecian la cultura. Por supuesto, esto
demanda que el predicador ha de estar al día de lo que pasa en su entorno y también ha de ser un
lector que conoce la Historia y así puede apropiarse de muchas lecciones que depara. No obstante
hay obras ya preparadas de anécdotas y de citas de personajes famosos con el fin de ayudar al
predicador en este terreno.
Otra buena manera de hacer una introducción es por medio de un dicho popular, un refrán o un
eslogan. Fíjate en esta introducción a un sermón que tocará los peligros de las malas compañías:
'De todos es conocido el refrán que dice: Dime con quien andas y te diré quién eres, pues bien,
mucho antes de la existencia de ese refrán, la Biblia ya nos avisa de los peligros que generan las
malas compañías. Vamos a leer Proverbios 1:10-14.'
Este mismo tema se puede introducir de esta otra manera, sobre todo si nuestro auditorio es juvenil:
'Una de las películas realizada hace varias décadas es la que tiene por título 'Las amistades
peligrosas', dicho título es todo un compendio de los riesgos que deparan cierto tipo de amigos. La
Biblia también habla muy claro en ese sentido.'
Dicho todo esto sobre la introducción no debemos olvidar que es solamente un ingrediente añadido y
no el cuerpo del sermón. Puede haber un gran sermón sin necesidad de introducción allí donde ésta
resulta obvia, porque en la mente de todos están presentes los acontecimientos que van a tocarse
en el cuerpo del sermón. Por ejemplo, fíjate en los libros proféticos y notarás que en algunas
ocasiones los profetas van directamente al grano sin hacer florituras retóricas. Este es el caso de
Sofonías que abre su profecía de forma muy abrupta: 'Destruiré por completo todas las cosas de
sobre la faz de la tierra.' (1:2). Nótense también los casos siguientes en la profecía de Jeremías
(7:2,3; 19:3; 22:2,3; 26:4). Pero en otras ocasiones hay una introducción que sirve de preámbulo al
sermón; un ejemplo de esto sería el mensaje que Jeremías envía a varios reyes extranjeros en el
capítulo 27; al ir dirigido a personas paganas es muy propio que antes de ir al cuerpo central del
sermón, que está en los versículos 8 al 11, haya una introducción, en los versículos 5 al 7, en la que
el profeta presenta al Dios de Israel como el Creador, el Soberano y el Gobernante de todas las
cosas y de todas las naciones. Esa introducción es necesaria dado el tipo de personas receptoras
del mensaje, ignorantes todas ellas del conocimiento del verdadero Dios.
En el libro de los Hechos si tomamos el sermón de Pedro el día de Pentecostés notaremos que hay
una pequeña introducción en la que antes de citar la Palabra de Dios, Pedro hace una alusión al
'¿Qué quiere decir esto?' de la multitud con su respuesta del versículo 15. Este es un ejemplo
perfecto de lo que debe ser una introducción: está conectada directamente con algo que la gente
está preguntando; está deshaciendo un malentendido; abre camino a la presentación de la Escritura
y es breve. Notemos también las introducciones a sendos sermones en 3:12 y en 4:9. Nótese
también cómo Pablo en su sermón a los atenienses hace una introducción sirviéndose de algo
familiar a ellos (17,22,23), para a continuación ir al cuerpo del sermón. Igual que la introducción de
Pedro, ésta de Pablo también reúne los requisitos de una buena introducción: conecta con algo que
es familiar a los oyentes, va de lo tangible a lo intangible y es breve.
Nótese también la manera respetuosa de dirigirse Pedro a sus oyentes en sus introducciones; los
llama 'varones judíos' (2:14), 'varones israelitas' (3:12), 'gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel'
(4:8).
Igualmente respetuosa es la forma en la que Esteban se dirige a sus jueces: 'varones hermanos y
padres' (7:2). Igual de respetuoso es Pablo en sus introducciones: 'varones israelitas' (13:16),
'varones atenienses' (17:22). Estas buenas maneras son necesarias e indican no sólo una cortesía
hacia el auditorio sino, sobre todo, un espíritu de respeto hacia los que nos escuchan. El mismo
hecho de que estén ahí presentes, dándonos de su tiempo ya es motivo para que tengamos una
buena actitud hacia ellos. Hemos visto que, en algunos casos, los oyentes eran hostiles al predicador
y al sermón, sin embargo, ello no es obstáculo para que el predicador cristiano siga siendo un
caballero en el púlpito.
La proposición.
'La proposición es una sencilla declaración del tema que el predicador se propone considerar,
desarrollar, demostrar o explicar en el discurso. En otras palabras, es una afirmación de la principal
lección espiritual o de la verdad intemporal del sermón.' (James Braga, Cómo preparar mensajes
bíblicos)
En la proposición tenemos pues el anuncio del meollo del sermón, aquello que va a ser su idea
dominante.
La proposición es deducible del texto bíblico y este uno de los grandes trabajos que el predicador
tiene: descubrir en el texto la proposición adecuada al tema a desarrollar. Por supuesto que un solo
pasaje puede tener múltiples enfoques y por lo tanto múltiples proposiciones; un mismo predicador
puede basarse en cierto pasaje para desarrollar un tema y en otra ocasión basándose en ese mismo
texto desarrollar otro tema totalmente diferente.
En la primera proposición el desarrollo del sermón girará en torno al amor de Dios; pero si
escogemos la segunda proposición nuestro énfasis será la fe en Cristo y si tomamos la tercera
nuestro sermón girará sobre la idea de la gracia.
Todo sermón que se precie ha de tener una proposición ya sea de forma explícita o implícita, es
decir, pronunciada tal cual tras la introducción del sermón o latente en la estructura del mismo.
Precisamente la ausencia de proposición explícita o implícita es una de las grandes causas del
fracaso de muchos sermones, porque la proposición es la espina dorsal sobre la que se va a
entretejer todo el sistema nervioso del sermón. La proposición asegura la unidad del sermón al hacer
que todo gire alrededor de ella, de manera que, desde la introducción hasta la conclusión, todo sigue
un hilo de pensamiento que la congregación puede seguir. Alrededor de la proposición el predicador
va engarzando divisiones y subdivisiones y el conjunto tiene armonía y coherencia. La proposición es
el eje central que mantiene siempre una nota dominante y que finalmente hace que un sermón
quede grabado en la mente y en el corazón de los oyentes de forma indeleble. Por eso un sermón ha
de tener una sola proposición para concentrar toda su fuerza en la unidad de una sola idea. El
problema de muchos sermones es que se diluyen en varias proposiciones deslavazadas e inconexas
que terminan por desorientar y aburrir al auditorio por su pluralidad.
La elaboración de la proposición.
Como es de suponerse el hallazgo de la proposición es una parte vital en la elaboración del sermón;
¿cómo la obtiene el predicador? Normalmente hay dos maneras: la primera es cuando de antemano
tenemos la idea-germen del sermón; en ese destello de iluminación va implícita la proposición y
solamente tenemos que ponerla en un frase expresiva, inteligible y concisa. La segunda manera de
obtener la proposición requiere más trabajo porque es el resultado de un estudio paciente y profundo
del texto bíblico base del sermón. Es decir, en el primer caso el predicador tiene de antemano la
proposición en la idea-germen aunque tenga que pulirla para dejarla a punto, mientras que en el
segundo caso ha de deducirla del texto bíblico.
Para que la proposición sea eficaz ha de reunir una serie de cualidades mínimas, de lo contrario el
sermón mismo estará en peligro de no cumplir su objetivo.
En primer lugar ha de ser unitaria, esto es, ha de comunicar una sola idea; si por ejemplo hacemos
una proposición que suene así: En Cristo somos más que vencedores y Dios nos ha dado herencia
en él, estaremos introduciendo dos ideas: la de la victoria y la de la herencia y el sermón se bifurcará
en dos afluentes que debilitarán la corriente de agua.
Una buena proposición ha de ser concisa; lo concentrado tiene más impacto que lo diluido, por lo
tanto hemos de encontrar las palabras adecuadas que mejor expresan lo que queremos decir. La
ventaja de ello además es que durante el transcurso del sermón podemos una y otra vez volver a
enunciar la proposición, remachando así en varias ocasiones la verdad que queremos comunicar.
La proposición ha de ser clara, porque si es confusa o complicada estaremos dando un mal
comienzo a nuestro sermón y posiblemente indicará que el predicador no tiene él mismo claridad
sobre lo que va a predicar.
La proposición ha de expresar una verdad vital; es decir, no estamos en el púlpito para hablar de
generalidades o trivialidades, sino de cosas impactantes y vitales. Decir que el hombre es un ser
moral no es una buena proposición porque eso es algo muy ambiguo y que no afecta al meollo del
evangelio; decir, en cambio, que el hombre es un pecador perdido necesitado de Cristo, sí es tocar el
nervio del evangelio.
En resumen, el predicador al elaborar la proposición debe tener presente que ésta tenga esa
capacidad que la Palabra de Dios tiene de ser 'viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos. '(Hebreos 4:12), de ahí que ha de escoger muy bien sus palabras para que cumplan esa
función.
Las divisiones.
Las divisiones son el cuerpo del sermón, es decir, el desarrollo del mismo; mientras que en la
proposición enunciamos la tesis de nuestro sermón, en las divisiones vamos desgranando de forma
ordenada todo lo que da de sí la proposición. En términos periodísticos podríamos decir que la
proposición es el encabezamiento de la noticia, que tipográficamente siempre resalta con letras más
grandes y llamativas, y las divisiones son el desarrollo de la misma, allí donde los pormenores de la
noticia y sus detalles son narrados.
La importancia de las divisiones salta a ojos vista: sin ellas no hay sermón. Podemos no tener título,
no dar la proposición y no hacer introducción, y, con todo, tener un sermón. Sin embargo, si
anunciamos el título, hacemos la introducción y exponemos la proposición, pero no hay divisiones, el
sermón no existirá. Será como invitar a la mesa a nuestros comensales, tener los cubiertos, los
manteles, las copas, etc. primorosamente preparados, pero los platos vacíos: no hay nada que
comer.
Es aquí donde el predicador pasará más tiempo al elaborar su sermón. Vamos a ver a continuación
las divisiones de un sermón temático basado en el texto de 1 Timoteo 1:18 'Este mandamiento, hijo
Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites
por ellas la buena milicia.' La frase en la que está basado el sermón es la buena milicia y la
perspectiva del sermón es contemplar al cristiano en su faceta de soldado. En la Biblia encontramos
abundancia de material al respecto; por lo tanto, partiendo del texto que nos sirve de base, vamos a
ir seleccionando los pasajes más apropiados para ir describiendo las características de la vida militar
y aplicándolas a la vida cristiana.
A este sermón es fácil añadirle anécdotas, ilustraciones y ejemplos, porque se presta mucho para
ello. Inclusive podríamos añadirle algunas divisiones más en lo referente al costo que supone ser
soldado en esta milicia según la palabra de 2 Timoteo 2:3 'Tú, pues, sufre penalidades como buen
soldado de Jesucristo.' Está claro que ser parte de un ejército conlleva un costo personal: sacrificio,
entrega, valor, incluso la vida misma. También en la milicia cristiana ocurre eso: hay momentos de
desaliento, de traición, de prueba, de tentación, etc. y eso es parte del costo de ser soldado. Pero
todo ello merece la pena en vista del jefe, de la causa, del ejército y de la victoria que tenemos.
Las ilustraciones.
Todo lo que tienda a clarificar, ampliar, concretar y remachar nuestro mensaje es una herramienta de
la que hemos de echar mano; en ese sentido las ilustraciones juegan un papel primordial porque
ayudan al auditorio a “ver” de forma gráfica, lo que se presenta de forma abstracta.
Su necesidad.
En este sentido es importante recordar que la mente humana tiene una capacidad para seguir un
pensamiento abstracto durante no mucho tiempo, pasado el cual la fatiga hará mella y la persona se
desconectará. Es evidente que esa capacidad y ese tiempo variará de persona a persona y de
auditorio a auditorio; por ejemplo, por regla general una persona joven podrá estar más tiempo fija
siguiendo una idea que una persona mayor; no será lo mismo tener delante de nosotros un auditorio
de estudiantes, con una mente habituada al análisis y a la abstracción, que una congregación de
personas que apenas pueden leer y escribir. Pero en cualquier caso, las ilustraciones han de estar
presentes, especialmente si el mensaje tiene una cierta duración.
Su término medio.
Aristóteles definió la virtud como el término medio entre los extremos; pues bien, eso puede aplicarse
al valor y al uso de las ilustraciones. Es decir, no hemos de sobrevalorar las ilustraciones como si
fueran la esencia del sermón, pero tampoco hemos de menospreciarlas hasta el punto de que no
aparezcan en el mismo. El primer extremo, sobrevalorarlas, consiste en construir el sermón a base
de anécdotas, ejemplos, chistes, batallitas, etc.; de esta manera no estaremos alimentando a la
congregación con la sustancia de la Palabra, sino con una serie de “entremeses” que, si bien son
fáciles de digerir, no son la dieta que un organismo necesita. Algunos predicadores tienen la
tendencia a irse a este extremo de forma casi inconsciente: su personalidad se inclina a este tipo de
mensajes; es evidente que necesitan disciplinarse para que su sermón no gravite alrededor de
ilustraciones. Al otro lado están los que, teniendo una capacidad analítica muy desarrollada, pueden
estar cuarenta o cincuenta minutos hablando, sin recurrir en ningún momento a un símil o un ejemplo
que ilustre su mensaje. Aquí el predicador debe ser sensible a su congregación y darse cuenta de
que no todo el mundo posee la capacidad de estar atento a un mensaje tan abstracto y que, por falta
de ilustraciones, puede echarse a perder.
Sus propósitos.
Como las ilustraciones no son la esencia del sermón sino un suplemento del mismo, es importante
que conozcamos sus propósitos para que hagamos buen uso de ellas. He aquí algunos de los más
importantes:
Clarificar la verdad expuesta; ya hemos hablado en otra parte de estas lecciones de la importancia
que tiene que el predicador emplee un lenguaje no técnico sino lo más sencillo posible; esto será de
gran ayuda a la congregación. No obstante, además de esto, tras la exposición de un punto o una
verdad capital, puede ser bueno aclararla con un ejemplo gráfico en el que se pueda ver reflejado lo
que el predicador quería decir. De esta manera, lo que algunos ya han captado, pero otros no, ahora
es entendido por todos: para los primeros, queda reafirmado; para los segundos, han sido
despejadas las sombras o dudas que pudiera haber.
Reforzar lo ya dicho; para que el clavo entre del todo en la madera necesita más de un golpe y para
que la verdad quede de forma indeleble grabada en los corazones hace falta exponerla de variadas
maneras: si lo hicimos de manera abstracta, remachémoslo de manera gráfica. Muchas veces esto
es lo que la gente recuerda de un sermón.
Cambiar de ritmo en el desarrollo del sermón; a veces, una buena ilustración es como el cambio de
marcha en el motor de un coche: si estamos forzando el motor terminaremos perjudicándolo y si
estamos forzando la mente de nuestros oyentes acabaremos fatigándolos. Por eso una buena
ilustración servirá para refrigerar los engranajes mentales y traer relajación y descanso. Incluso un
toque de humor puede ser de gran utilidad para eliminar tensiones que el mismo mensaje provoca.
Vivificar el contenido del sermón, que por su naturaleza puede ser demasiado árido. Si estamos
tocando un asunto doctrinal, resultará conveniente darle vida y color con una ilustración. Por
supuesto hace falta que la ilustración esté bien contada; para ello se requiere la destreza del
predicador.
Su lugar.
Las ilustraciones son los comodines del sermón: pueden ir en cualquier parte del mismo, en la
introducción, en las divisiones o en la conclusión. El predicador ha de tener el discernimiento para
saber donde serán más útiles para el propósito global del mensaje. Hay ilustraciones que,
necesariamente, han de ir dentro de las divisiones porque aclaran cierta verdad expuesta en las
mismas. Pero hay ilustraciones que servirán como colofón, como resumen gráfico de todo el
desarrollo del sermón. Por otro lado, habrá otras idóneas como introducción, para partir de algo
familiar y concreto a la congregación.
Sus peligros.
Hay ciertos peligros que hemos de evitar en el uso de las ilustraciones; he aquí algunos de ellos:
Convertir al predicador en el héroe de su propio sermón. Si la ilustración que el predicador utiliza
proviene de su propia experiencia, ha de tener sumo cuidado en no dar la impresión de ser el
hombre perfecto. Si algo está fuera de lugar en el púlpito es atraer la atención sobre uno mismo; no
estamos allí para predicar de nosotros mismos, sino de la Palabra de Dios. Por eso ha de ser
sumamente prudente y cauto para no dar impresiones inadecuadas en la mente de sus oyentes.
Otro peligro es la exageración. Algunos actúan como si la exageración de las cosas glorificara más a
Dios; pero nada más lejos de la realidad; lo que glorifica a Dios es la verdad. Es posible contar
anécdotas sobre lo que está pasando en otros países, por ejemplo, en una manera tal que más
parece ciencia-ficción. En este sentido se requiere del predicador una ética para asegurarse de que
sus fuentes informativas son correctas y de que su enfoque también lo es.
La redundancia también es un aviso de peligro. Si una ilustración lo único que hace es redundar en
lo ya expuesto, eso quiere decir que esa ilustración está de más. Si no aporta nada nuevo, si no
amplifica, o peor, si lo que hace es traer dudas o sombras a lo que estaba ya claro, es señal evidente
de que sobra. Por otro lado, el tiempo que tenemos no es para perderlo en divagaciones y cansar a
nuestra audiencia, sino en ir al grano y aprovechar los preciosos minutos que tenemos.
Jamás hemos de usar las confidencias que en el ejercicio de nuestro ministerio nos hayan hecho
para ponerlas como ilustraciones de nuestros sermones, de lo contrario perderemos la confianza de
las personas ante el temor de ver sus problemas aireados en el púlpito. Aquí de nuevo es donde se
requiere la ética del predicador para saber callar y mantener en secreto lo que le ha sido compartido
en la intimidad.
Finalmente, nunca hemos de olvidar que estamos en el púlpito predicando la Palabra de Dios. Es
decir, que habrá cierto tipo de ilustraciones que por su misma naturaleza estarán fuera de sitio;
asuntos escabrosos contados con 'pelos y señales' desviarán la atención de nuestra audiencia hacia
la morbosidad, perdiendo así el interés primario en la esencia del mensaje. Hay cosas indignas que
se pueden narrar de forma digna y la Biblia misma es el mejor ejemplo en ese sentido, porque allí
encontramos el realismo de la maldad humana sin caer en la ordinariez o la chabacanería.
Fuentes.
Hay varias fuentes para la obtención de nuestras ilustraciones; una fuente segura y al alcance de
cualquier predicador es la Biblia misma. En efecto, la Biblia contiene tanto la verdad abstracta como
la verdad gráfica y una de las mejores maneras de ser bíblicos en nuestro mensaje es recurrir a las
propias ilustraciones y ejemplos que en ella tenemos.
La actualidad social, artística, deportiva, cultural, militar, científica, en suma, la actualidad humana,
es otra fuente de ilustraciones. Para ello es preciso que el predicador esté “al día” de lo que ocurre
en su entorno y al tanto de las noticias. Aquí es donde halla cabida la conocida frase de que el
predicador ha de tener la Biblia en una mano y el periódico en la otra.
La historia en todas sus facetas es otro rico manantial de ilustraciones: biografías, anécdotas,
batallas, descubrimientos, frases, etc. suponen un variado arsenal de ilustraciones apropiado para el
sermón. Esto requiere que el predicador sea lector por excelencia y que esté como el cazador ante
su posible presa: ojo a vizor porque en cualquier escrito puede hallar material apto para su sermón.
Existen algunas enciclopedias ya preparadas de anécdotas, ilustraciones y material similar, pero el
predicador puede tener su propio archivo de ilustraciones debidamente clasificado por temas y
constantemente enriquecido con otras nuevas.
Ejemplo de ilustración.
Hay un incidente en la vida del general Patton que nos enseña cuán cuidadosos hemos de ser en el
trato con nuestros semejantes, especialmente con los subordinados, y cómo hemos de controlar
nuestro carácter. Tras una intensa batalla en la II Guerra Mundial en la que algunos de sus hombres
habían perdido la vida, Patton fue al hospital a ver a los heridos de la misma; con orgullo y emoción
fue saludando a cada uno de ellos hasta que llegó a la cama de uno que no tenía ninguna herida;
cuando el general preguntó la razón por la que aquel soldado estaba allí, se le dijo que era porque
durante la batalla había sufrido lo que en el argot militar se conoce como fatiga de combate. Al oír
eso el general, pensando que en realidad aquel hombre era un cobarde, lo abofeteó delante de todos
al mismo tiempo que soltaba una fuerte imprecación. El asunto trascendió a la Prensa, llegó a oídos
de Eisenhower, jefe directo de Patton, y se convirtió en un notable escándalo nacional. Como
consecuencia Patton fue relevado del mando y en el día D, fecha del desembarco en Normandía, no
pudo estar al frente de sus hombres, perdiendo así una oportunidad única de inscribir su nombre en
una de las grandes epopeyas militares modernas. El caso de Patton no es único. Moisés no pudo
entrar a Canaán por perder la paciencia con el pueblo de Israel.
La aplicación.
Podríamos definir la aplicación como el proceso por el que conectamos la verdad expuesta en el
sermón con la realidad de nuestro auditorio. En otras palabras, la aplicación es lo que hace
pertinente nuestro sermón y sin ella consistirá solamente en un interesante o bello discurso, sin más
trascendencia que el mero placer de escuchar a un buen orador o de asistir a una buena
conferencia.
Su importancia.
Visto lo anterior, la importancia de la aplicación no puede ser menospreciada porque es lo que hace
que el sermón tenga propósito. El sermón, como tal, no es un fin en sí mismo, sino solamente un
medio para que las personas que nos escuchan reaccionen de acuerdo al mensaje que traemos. Si
no hay reacción, ya sea positiva o negativa, lo que hemos hecho no ha sido predicar, sino divagar,
informar, entretener, aburrir o algo por el estilo. Por lo tanto, el propósito último del sermón es mover
la voluntad de nuestros oyentes para que cambie en aquello que, según la Palabra expuesta, debe
cambiar. Para este propósito, la aplicación es vital, pues tiene el poder de conectar la verdad
intemporal, que está más allá de épocas y lugares, con el aquí y ahora; y de traer la antigua verdad y
hacerla actual, nueva y fresca.
Su autor.
En último término el que aplica la Palabra predicada en el corazón de los oyentes es el Espíritu
Santo. Esto es vital tenerlo en cuenta, en primer lugar para que tengamos siempre presente que, en
definitiva, está más allá de nuestra capacidad el hacer que una persona se convierta o que alguien
cambie como resultado directo de nuestra predicación, y en segundo lugar eso nos ayudará a saber
cuál es nuestro sitio, que es el de ser meros instrumentos, lo cual nos conducirá a depender y
descansar en la obra del Espíritu Santo.
Si un predicador no tiene los suficientes recursos o capacidad para que sus sermones sean todo lo
que debieran ser, desde el punto de vista homilético, pero es una persona que tiene una relación
estrecha con su Señor y se esfuerza por hacer su trabajo lo mejor posible, es evidente que el
Espíritu Santo suplirá las lagunas que tiene y le usará para que su predicación ministre a la
congregación. Esto debe ser una fuente de consuelo para cada uno de nosotros, porque ¿quién
tiene todos los requisitos que le convierten en el predicador perfecto?
Por otro lado eso no debe ser una excusa para volvernos perezosos y no desarrollar los dones que
Dios mismo nos ha entregado; hay palabras de reprensión muy fuertes en la Escritura para aquellos
administradores que no hicieron uso de los talentos recibidos. Si bien el Espíritu Santo no está
limitado al predicador, lo usa y se sirve de sus palabras, de sus imágenes, de sus ilustraciones y,
también, de su aplicación, para grabar en el corazón de los oyentes la verdad enseñada.
Su lugar.
La aplicación requiere un manejo diestro de la misma para que resulte efectiva; ahora bien ¿en qué
parte del mismo ha de estar?.
No hay una parte fija del sermón en el que tenga necesariamente que ir ubicada; es decir, con la
aplicación no ocurre como con la introducción o la conclusión que, por definición, tienen un sitio
obligatorio en la estructura del sermón; es mucho más versátil. El hecho de que la estemos
estudiando en la penúltima de las partes del sermón no significa que, necesariamente, ése sea su
único puesto. Por supuesto que habrá sermones en los que tras la exposición del mismo, el colofón
será una sola aplicación, definitiva y rotunda; pero habrá otros, que son muchos, en los que, a
medida que vamos desgranando y exponiendo las verdades que lo conforman, iremos al paso
dándoles una aplicación para que cada división del sermón tenga actualidad para nuestros oyentes.
En este caso todo el sermón estará permeado de aplicaciones: desde la primera división hasta la
conclusión. La ventaja de esta manera de usar la aplicación, frente a la de reservar una sola
aplicación para el final del sermón, es que a nuestra audiencia le será mucho más fácil seguir el
desarrollo del mismo, o de lo contrario será fácil que pierdan interés en el mismo al no haber nada
que les apele personalmente.
Sus exigencias.
Como la aplicación es el nexo que une la Escritura con la actualidad de las personas que nos
escuchan, hemos de manejar ambos extremos, Escritura y actualidad, con pericia, si queremos que
nuestra aplicación sea eficaz. Por lo tanto se requiere del predicador que sea un intérprete fiel de la
Escritura y, al mismo tiempo, que sea conocedor de las realidades de su tiempo, de los problemas
de su gente y, en fin, de todo aquello que les preocupa o afecta.
La primera de estas exigencias, conocedor de la Escritura, es algo que deriva del mismo hecho de
ser predicador: nadie debería subirse a un púlpito sin tener un mínimo de conocimiento de lo que se
trae entre manos. No puede enseñar a otros el que antes no se ha aprendido bien la lección. Buen
intérprete de las Escrituras también es algo vital, porque difícilmente podrá aplicarlas bien si las ha
interpretado mal. Una mala interpretación conduce a una mala aplicación. Por lo tanto, cuidémonos
de no retorcer, forzar o hacer decir a la Escritura lo que no dice, porque llegaremos a conclusiones
erróneas y a aplicaciones desatinadas.
La segunda de las exigencias para que nuestras aplicaciones sean eficaces y buenas es que hemos
de estar conectados con la realidad de nuestro tiempo y de la gente que nos rodea. Esto ya lo
dijimos cuando hablamos de las fuentes de las ilustraciones y volvemos a repetirlo en este momento:
es esencial que el predicador esté al día de lo que pasa en su congregación, por eso ha de ser
pastor de la misma, y de lo que pasa en su país y en el mundo, para tener un mensaje que cale en
sus oyentes.
La conclusión
La última parte del sermón es la conclusión; tiene dos objetivos principales: por un lado ha de ser
capaz de dejar el alma a solas y frente a frente con la Palabra escuchada, y para ello ha de ser el
pináculo de todo el mensaje, y por otro ha de ser el cierre que concluya el mensaje de forma lógica y
coherente con el mismo.
Su naturaleza.
Después de haber empleado a fondo todas sus armas para persuadir a su audiencia: divisiones,
ilustraciones, enseñanza, ejemplos, aplicación, interpretación, etc., la conclusión es el recurso final
donde el predicador redondea su trabajo. En términos militares podríamos describirlo como la
descarga final; en términos pirotécnicos como la traca final y en expresión sumarial como el tiro de
gracia. Tras haber estado durante bastantes minutos tratando de que las almas de sus oyentes se
abran a la verdad que trae, la conclusión debe ser como la acometida que rompa las últimas
resistencias que queden en los corazones.
En ese sentido la conclusión será la consecuencia lógica de todo lo que la ha precedido. Es decir, si
el desarrollo del sermón ha sido débil en cuanto a unidad o profundidad, es muy difícil que la
conclusión pueda paliar esas carencias. Un desarrollo pobre del sermón puede dar lugar a una
conclusión distorsionada, en la que el predicador, consciente de la vaciedad del sermón, se lanza en
una frenética lucha por aporrear y martillear, a base de gritos y gesticulaciones, la mente de sus
oyentes. Hemos de recordar que el desarrollo del sermón es la palanca que va a catapultar la
conclusión. Una pobre palanca exigirá un gran esfuerzo para mover la piedra. Una gran palanca
solamente demandará un poco de presión para remover el mismo peso. Recordemos siempre que
es muy improbable que un mal sermón pueda ser redimido por una buena conclusión.
La conclusión necesita estar en armonía con la línea fundamental del sermón. Es decir, debe
coincidir con la idea reina del sermón: la proposición. Aquí tocamos algo que ya vimos en su
momento acerca de la importancia de la unidad del sermón, y, en este sentido, la conclusión ha de
mantenerse en línea con dicha unidad. Por lo tanto, una conclusión genuina ha de estar entroncada
con la génesis del árbol sermonario. No puede ser una añadidura fuera de sitio, ni un relleno retórico,
ni un 'pegote' extraño al resto del conjunto.
Sus objetivos.
Igual que la ruptura de una piedra consiste, tantas veces, en innumerables golpes que,
aparentemente nada consiguen, hasta que hay uno que la resquebraja externamente, así ocurre con
el sermón como un todo. Puede ser que ya haya mecho mella en los corazones de los oyentes, pero
aun quedan ciertas capas de resistencia: ignorancia, temor, vacilación, etc. y es el objetivo de la
conclusión, romper esas últimas vetas que todavía se resisten a la persuasión.
Además ha de reafirmar, de manera resumida, el cuerpo principal del sermón. Es preciso
asegurarnos que en la mente de nuestros oyentes han quedado claras las ideas-clave que
queríamos transmitirles. Por eso es que la conclusión no puede ser una serie de comentarios
concluyentes hechos sin convicción, porque ello supondría matar todo lo bueno que hasta ese
momento tuviera el sermón. Es necesario recapitular, resumir y condensar en pocas frases la
sustancia de lo anterior. Por eso las palabras han de ser muy bien escogidas y la vehemencia con la
que se dicen también.
Debe servir también la conclusión para concluir nuestro mensaje. Esto no es una redundancia; a
veces hay predicadores a los que realmente les cuesta acabar, bien porque no saben cómo hacerlo,
bien porque quieren suplir en la conclusión lo que no dieron antes. Pero aquí es preciso recordar que
la conclusión es para finalizar nuestro mensaje. De la misma manera que despegamos con la
introducción, con la conclusión tomamos tierra. El predicador es el capitán de la aeronave que debe
posarla en tierra firme y no estar dando giros alrededor de la misma sin terminar de aterrizar.
Uno de los objetivos que va incluido en la conclusión es el llamamiento. El llamamiento puede tomar
varias formas: puede ser en forma de apelación, exhortación, invitación, etc. para que la persona
tome ciertas decisiones en su corazón, según el tono del mensaje. En muchas ocasiones vendrá por
medio de preguntas acerca de la condición espiritual de nuestra audiencia. Además, puede ser un
llamamiento privado o público. Por llamamiento privado nos referimos al que se hace dejando a la
persona a solas con Dios, para que actúe en consecuencia. No hay manifestación pública de
aceptación del mensaje; el tiempo y la conducta dirán si hubo recepción o no. Por llamamiento
público entendemos aquel por el que invitamos a nuestra audiencia a exteriorizar la aceptación del
mensaje.
En este aspecto es necesario recordar algunas cosas: primero, que como dijimos en la sección sobre
la aplicación, es el Espíritu Santo el que convence a la persona; por eso hacer un llamamiento
privado invitando a la persona a que haga lo que tenga que hacer delante de Dios, dejando los
resultados al Espíritu, es algo totalmente escritural. Segundo, que en ocasiones la persona
necesitará ser ministrada por el consejo, la oración, etc. y convendrá hacer una apelación para el
que quiera recibirla. Sin embargo, es bueno recordar aquí que ello debe hacerse sin manipulación y
sin presiones carnales. Después de todo, aunque consigamos por nuestra fuerza algún resultado
visible, al final se lo llevará el viento. Seamos sensibles a Dios y no vayamos por delante de él.
También es prudente recordar que el último objetivo de la conclusión, y del sermón, es que el
predicador se haga a un lado y deje que el encuentro se realice entre Dios y la persona, y no que
quiera, traspasando su lugar, erigirse en una especie de mediador o sacerdote entre la persona y
Dios.
Sus características.
Algunas cosas que dijimos para la introducción, son apropiadas para la conclusión. Por ejemplo ha
de ser breve, porque de lo contrario ni será conclusión ni servirá a los objetivos anteriormente citados
de clarificar, remachar, disipar, etc. También ha de ser clara; si todavía en la mente de alguien
pudiera quedar alguna sombra respecto a las verdades tratadas en el sermón, ha de quedar
despejada por la conclusión. Por eso es muy importante usar un lenguaje llano, sencillo. Al mismo
tiempo ha de ser poderosa, en el sentido de tener la virtud de encerrar en pocas palabras mucho
contenido. De ahí que sea necesario escoger, lo mismo que hicimos en la proposición, muy bien los
vocablos que vamos a usar. Y, por último, pero no menos importante, es que sea natural; no forzada
ni artificial.
Predicador: no te olvides de la
aplicación
Por
Matthew S. Harmon
-
27 junio, 2018
Elaborar aplicaciones de sermón que sean reflexivas, enfocadas y transformativas puede ser
desafiante. Pero después de trabajar duro en hacer exégesis del texto y el análisis teológico, es fácil
sentir que queda poco tiempo o poca energía para pensar en aplicar el texto a las personas dentro de
la congregación.
Pero Dios pretende que la predicación transforme, no que meramente informe. La Biblia nos dice
que “la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Ro. 10:17). No sólo nuestra conversión
inicial y recepción del Espíritu son resultado del oír con fe, sino que también lo es nuestro
crecimiento continuo en santidad (Gá. 3:1-5). Mientras nuestra congregación oye la Palabra
predicada, queremos que se encuentren al Dios viviente y sean transformados por su Espíritu (2 Co.
3:17-18). Jesús nos enseñó que “el Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las
palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Jn. 6:63). El Espíritu usa la predicación de
su Palabra como el medio para ir trasladando pecadores del dominio de las tinieblas al reino de
Cristo (Col. 1:13-14) y transformando el pueblo de Dios para que reflejen con mayor claridad a
Cristo.
En resumen, el invertir trabajo duro en identificar maneras específicas en que un texto bíblico
específico se aplica a nuestros oyentes es una parte esencial de la predicación.
Sin embargo, incluso si estamos comprometidos al trabajo duro de elaborar buenas aplicaciones en
nuestros sermones, podemos sutilmente caer dentro de una rutina. Tal vez el sentir la presión de
hacer “práctico” al sermón, nuestra aplicación puede rápidamente caer por defecto a enfocarnos en
lo que deberíamos hacer en respuesta al texto bíblico. El peligro con este enfoque es que sutilmente
comunica a nuestros oyentes que la vida cristiana es primera y principalmente centrada en lo que
nosotros hacemos, en vez de estar enfocada en lo que Cristo ha hecho por nosotros. Para algunos de
nuestros oyentes esto produce una forma de autojustificación legalista mientras ellos actúan
diligentemente; para otros, esto produce desesperación y desánimo por no lograr nunca estar a la
altura de todo lo que un buen cristiano debería hacer. De ambas maneras, perdemos de vista el
verdadero objetivo de aplicar el texto bíblico: una transformación de vida que afecta nuestro ser
completamente.
Entonces, ¿cómo podemos aproximarnos a la aplicación en una manera que persiga este tipo de
transformación de vida con el poder del Espíritu?
Como creyentes, Dios nos ha dado “la mente de Cristo” (1 Co. 2:16); sin embargo, seguimos
tentados a pensar como lo hacíamos antes de conocer a Cristo (Ef. 4:17-19). Por eso Dios nos llama
a ser transformados por la renovación de nuestra mente (Ro. 12:1-2). La predicación fiel expone
maneras erradas de pensar sobre Dios, las personas y el mundo que nos rodea. También ayuda a
nuestra gente a construir una cosmovisión bíblica.
Podemos entender una verdad a nivel intelectual sin creerlo, al punto que moldee la forma en que
vivimos. En la parábola del sembrador, Jesús hace referencia a personas quienes inicialmente
recibieron la Palabra de Dios con gozo, pero no tienen raíz y posteriormente sucumben (Lc. 8:5-
15). Su problema no es una falta de entendimiento; es fallar en retener la palabra “con corazón
recto y bueno” (Lc. 8:15). La predicación fiel expone falsas creencias que nos llevan a perseguir el
pecado, edifica la fe dentro del pueblo de Dios, y nos ayuda a cerrar la brecha entre lo que
entendemos y lo que creemos funcionalmente. También llama a los incrédulos a abandonar su
incredulidad y confiar en Cristo.
Esta pregunta persigue lo que Jonathan Edwards llamó “afectos”, los cuales se referían a la
combinación de deseos, inclinaciones, sentimientos y voluntad que son la fuente de nuestras
acciones. Dios nos llama a desearlo por sobre todo lo demás (Sal. 42:1-2), pero apartados de la obra
del evangelio sólo desearemos lo que es malo (Pr. 24:1-2). La predicación fiel expone deseos
pecaminosos, inclinaciones y sentimientos que nos conducen lejos del Señor. También provoca
deseos piadosos y reorienta nuestros afectos a aquellos que complacen a Dios.
Finalmente, cuando la verdad de la Palabra de Dios cambia nuestra forma de pensar, lo que
creemos funcionalmente y lo que deseamos, producirá cambios tangibles en lo que hacemos y no
hacemos. A veces, un pasaje nos da mandamientos directos (Ro. 12:9-17). Pero numerosos pasajes
son mucho menos directos, requiriendo que pensemos cuidadosamente sobre acciones específicas a
la luz de nuestro lugar actual dentro de la historia redentora. La predicación fiel expone acciones
pecaminosas y patrones de comportamiento que no se adecúan a las maneras de Dios. También
llama a los creyentes a poner en práctica la verdad de la Palabra de Dios en acciones tangibles,
como una expresión de su amor por Dios y por otros.
Cuando llega el momento de movernos del texto a la aplicación, a veces podemos simplemente
querer realizar una o más de estas preguntas, y luego efectivamente mostrarles a nuestros oyentes
cómo Dios quiere que respondamos. No estoy recomendando que formulemos explícitamente las
cuatro preguntas todas las veces que predicamos – eso se tornaría pedante. Pero ocasional y
estratégicamente distribuirlas dentro de un sermón, puede ser de ayuda.
Incluso si un texto no toca explícitamente ninguno de los cuatro aspectos de la aplicación, podemos
guiar a nuestros oyentes a través del progreso. Tomemos algo que el texto enseñe que debamos
comprender, expongamos cómo fallamos en creerlo funcionalmente, expliquemos qué revela eso
sobre nuestros deseos, y describamos qué acciones tangibles fluyen del creer la Palabra de Dios y
obedecerla.
Conclusión
A pesar de que el Espíritu es aquel que produce la transformación en la vida de una persona, una de
las herramientas principales que usa es la predicación fiel y la aplicación. Mientras modelamos una
aproximación integral a la aplicación, podemos esperar que nuestros oyentes empiecen a hacer lo
mismo en su propia lectura de la Biblia.
“No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se
engañan a sí mismos.” Santiago 1:22 (NTV)
Nada se vuelve dinámico hasta que se vuelve específico. Es por eso que cuando lees la Palabra de Dios, intentas
moverla a lo que necesitas hacer ahora: tu aplicación.
Un gran hábito a considerar después de leer tu Biblia es escribir una aplicación de una frase para lo que acabas
de leer. Te ayudará a ser un “hacedor de la Palabra”, no sólo un oyente.
Es personal. No puedes escribir una solicitud para otra persona. No se trata de lo que el mundo necesita hacer o
lo que tu cónyuge tiene que hacer o lo que tus hijos necesitan hacer. ¡Es sobre lo que tú necesitas hacer!
Es práctica Su aplicación debe ser algo que realmente puedes hacer y algo que puedes hacer un plan para
hacerlo. Generalidades muy generales no te ayudarán. De hecho, producirán poca acción y te harán sentir
impotente.
Es posible. Si en realidad no puedes realizar tu aplicación, es probable que te desanimes. Si tu aplicación es que
necesitas orar cinco horas al día, no lo harás. No dejar un día sin oración. Eso es práctico. Orar durante cinco
horas no es práctico.
Es demostrable. Tú necesitas fijar tú mismo una fecha límite para comprobarlo. Hasta que tú fijes una fecha
límite y una meta, tú no puedes comprobar por ti mismo. Entonces es sólo un sueño.
Puedes hacer esto con cualquier parte de la Biblia que estés leyendo. La Biblia dice: “No solo escuchen la
palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos ” (Santiago
1:22, NTV).
Fe y acción
Santiago 2.14 al 26 muestra la relación entre lo que creemos (nuestra fe) y lo que hacemos
(nuestras acciones). Nuestra fe se evidencia en lo que hacemos, de manera que la fe que no da
lugar a acciones apropiadas es muerta, 2.17,18. Por cuanto los principios bíblicos son el
fundamento de nuestra fe, ellos deben ser expresados en nuestra actuación. De otra manera
nuestra fe no se basa en las Escrituras y no estamos conduciéndonos como si la Biblia tuviera
vigencia. Dios se interesa por lo que hacemos y cómo lo hacemos. Por ejemplo, se nos exhorta a
hablar la verdad en amor, Efesios 4.15.
Odres y vestidos
Un incidente registrado en los Evangelios nos ayuda a demostrar la relación entre (i) lo que
creemos (los principios bíblicos), (ii) lo que hacemos (las prácticas) y (iii) las circunstancias del
momento. En Lucas 5.33 al 35 los líderes religiosos criticaron a Jesús porque sus discípulos no
ayunaban como hacían ellos. Jesús dio una razón de esto y la explicó con la parábola de los
odres, 5.36 al 38.
Él afirmó que “nadie echa vino nuevo en odres viejos.” Los odres guardaban el vino y lo
protegían del ambiente. Sin un contenedor adecuado, el vino se derramaría y el odre sería inútil.
La aplicación de esta ilustración fue que “el vino” del evangelio de Jesucristo no podía ser
guardado y expresado por las prácticas (“los odres”) del judaísmo. Hacían falta prácticas nuevas
para preservar la fe cristiana: “… echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se
conservan juntamente,” Mateo 9.17. Nuestras prácticas se ubican entre los principios que
seguimos y las circunstancias que encontramos. Las prácticas son una consecuencia de la
aplicación de principios divinos a circunstancias humanas.
En la parábola en referencia Jesús enseñó que al cambiarse los principios (el vino), las prácticas
(los odres) deberían cambiar. ¿Y si hay cambios en las circunstancias que nos rodean? Los
organismos biológicos responden a los cambios en su ambiente; al no hacerlo no hay evidencia
de vida. Nosotros también deberíamos considerar los cambios que se presentan en nuestro
ambiente (o circunstancias).
Es interesante que Cristo haya empleado los odres (cueros) y vestidos en esta historia. Se gastan
y con el tiempo tienen que ser reemplazados. Así también nues-tras prácticas tendrán que ser
reempla-zadas de vez en cuando por cuanto ninguna sociedad o cultura es estática. Por
supuesto, para nosotros es asunto de cambios en las circunstancias y no en los principios, o
podría ser a causa de una nueva comprensión o aplicación de los principios. Esto quiere decir
que nuestras prácticas deberían basarse en principios bíblicos y relacionarse con las circun-
stancias que nos rodean.
Tradiciones y circunstancias
La conducta humana está influenciada por las experiencias del pasado y las circunstancias del
presente. Un ejemplo de una conducta impropia se encuentra en Marcos 7.1 al 9, donde Jesús
tilda de hipócritas a los líderes religiosos porque asignaban más importancia al lavamiento
ceremonial que a los mandamientos de Dios. Les acusa de invalidar el mandamiento de Dios
para guardar su propia tradición. Así que sus prácticas estaban dirigidas por tradiciones, las
cuales eran contrarias a principios bíblicos. De manera parecida, en Lucas 6.1 al 11, Cristo se
opuso a sus reglas sobre lo que era permisible en el día sábado. En ambas situaciones los
líderes religiosos trataban una tradición como si fuera una verdad de las Escrituras.
Un buen ejemplo de cómo la conducta puede ser influenciada por las circunstancias se
encuentra en la visita de Pablo a Atenas, Hechos 17.16 al 34. Aguardando la llegada de Silas y
Timoteo, él paseaba y vio los santuarios. Este hecho le dio una percepción del pueblo que pudo
usar al hablar con ellos. Pablo era como los varones de Isacar que eran entendidos en los
tiempos y sabían qué debía hacer Israel, 1 Cró-nicas 12.32. Notemos que era esencial
comprender los tiempos (o la situación) para saber qué hacer.
Así también Cristo reconocía las necesidades del pueblo que estaba desamparado y disperso,
Mateo 9.36, y respondió y estaba dispuesto a ser su Pastor, Juan 10.1.4.
Un esquema de actuación
Los cristianos son llamados a ser representantes activos de Cristo, 2 Corintios 5.20. Es de ayuda
visualizar por medio del diagrama abajo la relación entre lo que creemos y lo que hacemos.
Muestra que al aplicar los principios bíblicos, la manera de expresarlos está influenciada tanto
por las prácticas del pasado (que son las tradiciones ahora) y las circunstancias del presente. Las
circunstancias cambian en las familias, comunidades y naciones por cuanto la vida es un
proceso dinámico. Las prácticas que posiblemente eran apropiadas en una época pueden
tornarse obsoletas, pero si persistimos en su uso perdemos una oportunidad para demostrar
los principios en acción en las circunstancias del presente.
Los principios son importantes porque proporcionan orientación y propósito divinos. Debemos
distinguir entre los principios bíblicos (los cuales son fijos) y nuestra aplicación de ellos, la cual
puede cambiar conforme a las circunstancias del lugar o el momento.
Para estar en condiciones de discernir y aplicar los principios bíblicos, es preciso considerar la
cultura, estilo de vida y lenguaje de:
Esto nos ayudará a distinguir entre los principios relevantes y las prácticas más apropiadas para
enfrentar las circunstancias que nos rodean.
Así como los odres y vestidos, nuestras prácticas cristianas existen tan sólo para cumplir con un
fin. Son expresiones humanas de principios divinos dentro de un cierto contexto histórico, social
y cultural. Debemos conocer el propósito detrás de nuestras prácticas y considerar de tiempo
en tiempo si otros métodos serían más apropiados. Hay una tendencia de perpetuar las
prácticas de larga historia, pero nuestra seguridad debe estar en los principios en vez de las
prácticas.
Nuestras prácticas son importantes porque son el aspecto visible de nuestra fe. Jesús dijo que la
gente reconocerá sus discípulos con tal que se amen el uno al otro, Juan 13.35. Pablo escribió:
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,” añadiendo: “Todo lo que hacéis, sea de
palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,” Colosenses 3.16,17. Al seguir el
ejemplo de Cristo, nuestras tradiciones deben ser evaluadas siempre por las verdades bíblicas y
las circunstancias vigentes, dando lugar a prácticas existentes en sustitución de aquellas
tradiciones que hayan dejado de ser apropiadas.
De manera que, al evaluar nuestras prácticas tenemos que considerar bajo la dirección del
Espíritu de Dios:
En un sentido, solamente las Escrituras sobreviven cuando nosotros los creyentes los aplicamos
a todas las circunstancias de la vida; al no ser así, estamos viviendo como si la Biblia fuera tan
sólo un libro de historia que ha perdido su validez.
Existen 4 necesidades básicas del ser humano. Cada uno de nosotros nacemos como un vaso de barro y
necesitamos ser llenados en el transitar por este mundo, sobre todo ponernos en manos del Señor para que
él vaya dirigiéndonos y moldeándonos.
1.- Necesidad de Amor: Debemos ser llenos de amor, es decir es una necesidad que debe ser suplida,
inicialmente por nuestros padres, hermanos y familiares. Si no obtuvimos este amor desde nuestro
nacimiento, difícilmente podremos dar amor a otros y comenzamos a buscar ese cariño en lugares
equivocados. Los padres deben llenar ese vaso de amor a través del contacto físico, caricias, abrazos y
besos.
2.- Necesidad de Perdón: El amor de Dios es fundamental para poder perdonar, pero sobre todo desde
pequeños experimentar el perdón por parte de quienes nos aman. Muchos han tenido padres implacables,
no perdonadores ante nuestras imperfecciones, y esto nos convierte en personas intolerantes ante los
demás o que no podemos hacer nada bien para agradar a los demás.
3.- Necesidad de Autoestima: Muchas veces nos cuesta ver lo bueno que tenemos y la razón es porque
nunca nos lo dijeron, nunca fuimos reconocidos y desde pequeños sentimos la ignorancia y rechazo de
nuestros padres, quien debieron reforzar que somos todos iguales y hermosos delante de los ojos de Dios,
que somos grandes y vencedores, creados para la victoria. ¿Qué imagen tenemos de nosotros mismos?
4.- Necesidad de Protección: Los padres son los responsables de suministrar seguridad a los hijos, ellos
son la primera protección que vamos a ver, pero en ocasiones ellos mismos rompen esa confianza, y
existe en hogares donde hay maltrato físico y se convierten en una amenaza. Esto mismo vamos a
proyectar, porque desde pequeños tenemos temor.
Nuestro Padre Celestial tiene todas las intenciones de sanar nuestras heridas más profundas, incluso
aquellas que ni recordamos, o creemos que no nos hacen daño y no influyen en nuestro caminar.
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar
buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los
cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el
día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion
se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu
angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya” . Isaías 61:1-3
La aplicación en el sermón es crucial ya que transforma un discurso en un medio efectivo para mover la voluntad de los oyentes, según Source 2. No basta con informar; la aplicación conecta la verdad bíblica intemporal con la realidad actual, resultando en un cambio de vida alineado con el mensaje expuesto. El Espíritu Santo juega un papel clave al aplicar la Palabra en los corazones de la audiencia, garantizando que la transformación ocurra no solo por el discurso, sino por su poder .
El Espíritu Santo es el principal agente que aplica la Palabra predicada en el corazón de los oyentes, haciendo que la predicación trascienda la mera información para transformar vidas. Aunque el predicador es el instrumento que trae el mensaje, es el Espíritu quien efectúa el cambio, lo cual requiere que el predicador dependa de Él y no se confíe solo en sus habilidades .
Creer en Jesús es esencial porque es la base de la salvación en el cristianismo. La fe en Él según Juan 3:16 (3) implica aceptar su sacrificio como medio de redención de los pecados y confiar en su resurrección como garantía de vida eterna. Esta creencia transforma la relación del individuo con Dios, promoviendo una vida guiada por sus enseñanzas .
Incluir la aplicación a lo largo del sermón aumenta el interés de la audiencia y evita la desconexión. Cuando la aplicación se integra en cada parte del sermón, los oyentes pueden relacionar inmediatamente las enseñanzas bíblicas con su realidad personal, lo que facilita la retención y la acción sobre el mensaje .
La Biblia describe el cielo como un lugar preparado para los justos, donde las almas reciben una recompensa eterna. Por otro lado, el infierno es presentado como un lugar de castigo eterno para los que rechazan a Dios, según Mateo 25:46 y Apocalipsis 20:14. Las notas explican que estas enseñanzas resaltan la importancia de la decisión personal y sus consecuencias eternas .
El predicador debe ser fiel intérprete de la Escritura y estar conectado con la realidad contextual de su audiencia. Es esencial tener un conocimiento profundo de la Biblia y de los problemas contemporáneos que afectan a los oyentes. Esto garantiza que las aplicaciones sean precisas y relevantes, evitando malas interpretaciones que podrían llevar a aplicaciones erróneas .
El Antiguo Testamento, aunque antiguo, es relevante hoy porque establece las bases para comprender la continuidad de la salvación que culmina en el Nuevo Testamento. Según Deuteronomio 4:8, la legislación revela los principios y valores que subyacen la moralidad y justicia divinas, lo cual sigue siendo aplicable. Mateo 5:17-20 establece que Jesús no vino a abolir la Ley, sino a cumplirla, conectando las enseñanzas antiguas con el mensaje cristiano vigente .
El Antiguo y el Nuevo Testamento están integrados en la narrativa de la revelación continua de Dios. Según Hebreos 3:5, Moisés es fiel en toda la casa de Dios como siervo, pero Jesucristo es fiel como Hijo, destacando a Cristo como el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. Mateo 13:52 afirma que un escriba se instruye para el reino de los cielos que extrae sabiduría tanto de lo nuevo como de lo viejo, evidenciando la interconexión entre ambos testamentos .
Los predicadores deben elaborar aplicaciones que sean personales y transformativas, permitiendo que el texto bíblico resuene con la vida diaria de los oyentes. Si el sermón se enfoca solo en lo que se debe hacer sin contextualizar la aplicación o apuntar a una transformación directa, corre el riesgo de no fomentar el cambio de conducta genuino, quedando meramente como información sin impacto real .
La Biblia es distinta porque es considerada inspirada divinamente, guía moral y espiritual para los creyentes, según 2 Timoteo 3:16-17. A diferencia de otras literaturas religiosas, cada palabra es vista como inspirada por Dios, ofreciendo no solo enseñanzas morales, sino una revelación de Dios mismo y su plan para la humanidad .