Módulo 4
4.6 LA FUENTE DE LOS LEONES DE LA ALHAMBRA
Por Mª del Mar Villafranca Jiménez
Doctora en Historia del Arte
El Palacio de los Leones o Palacio del Ryad al Said, conocido también en las fuentes árabes
como Palacio del jardín feliz, ocupa una posición central dentro del recinto fortificado de la
ciudad palatina de la Alhambra constituyendo la denominada Qasr al Sultan. Representa el
momento culminante de la arquitectura nazarí que coincide con el segundo reinado de su
promotor Muhammad V (1362-1391). La Fuente de los Leones, símbolo del poder del sultán, no
sólo es el elemento más representativo de su riqueza decorativa sino que también lo es del
complejo y sofisticado sistema hidráulico del recinto palatino.
El esquema organizativo del Palacio de los Leones consta de un patio central alrededor del cual se
distribuyen distintas estancias de las cuales la principal se conoce como Sala de las Dos Hermanas.
Como elementos distintivos destacan su arquería y columnata que envuelve la totalidad del
espacio y los dos pabellones que avanzan en sus lados menores, aportando complejidad a su
composición y riqueza a la percepción del conjunto. Los ritmos decorativos establecidos
responden a una sutil combinación que se complementa con el claroscuro de las yeserías creando
un ambiente cargado de exotismo que ha sido valorado por numerosos viajeros y artistas a lo
largo del tiempo. El patio ha llegado a día de hoy con una configuración en forma de crucero,
con fuente central, del que se encuentran escasos precedentes tanto en Al Ándalus como en el
resto del mundo islámico medieval. La perfección proporcional y visual que añade al patio la
galería de columnas anteriormente citada, lo ha convertido en uno de los ejemplos arquitectónicos
más universales y admirados.
La Fuente de los Leones ocupa el eje central del palacio en torno al cual se abren las distintas
estancias regias. Se compone de doce esculturas de leones surtidores distribuidos de forma
radial que parecen "sostener" en sus lomos una gran taza dodecagonal de 2,56 m. de diámetro.
La taza, constituida por un surtidor central y decoración epigráfica, geométrica y vegetal, se
apoya sobre una base cilíndrica realizada en piedra caliza. La pieza central del surtidor es una
réplica del original que fue retirado en 1981 para su estudio. Contiene ocho orificios distribuidos
perimetralmente que se corresponden con los ocho desagües de mayor tamaño situados debajo
de los mismos. De este modo el agua que vierte la fuente se recoge en los desagües, sin desbordarse
por la taza, estableciendo una suave armonía con la que brota por los caños de la boca de los
leones produciendo un suave rumor de agua.
La investigación histórico-documental reforzada por los resultados de los sondeos
arqueológicos practicados en el patio entre 2010 y 2011 han puesto de manifiesto que este Palacio
no fue proyectado con jardín y que su pavimento fue muy posiblemente de mármol blanco de
Macael tal y como nos lo describe Jerónimo Munzer en 1492 y Antonio de Lalaing en 1502. A
finales del siglo XVI o principios del XVII es probable que se sustituyera por pavimento de
cerámica vidriada de colores que debió mantenerse hasta 1810 en que se retira para plantar un
jardín durante la ocupación francesa. Los efectos negativos de dicha solución provocaron la
aparición de numerosas filtraciones por el agua de regadío y llevaron a su eliminación y
sustitución por pavimento de tierra hasta 1913 que se produce la intervención de Modesto
Cendoya consistente en cuatro grandes cavidades o artesas de hormigón, con drenaje de bolos
de piedra, y un acabado en superficie de tierra que se sustituyó progresivamente, la última de
las veces en 1987, por gravilla de piedras de río.
La reciente restauración de las doce esculturas de mármol blanco de Macael ha proporcionado una
valiosa información de cara a la interpretación artística, histórica y simbólica de la Fuente de los
Leones. En sí misma podemos considerar que se trata de la imagen metafórica del poder de la
ciudad palatina de la Alhambra, el vértice sobre el que confluyen gran parte de los valores
patrimoniales de la cultura nazarí.
Representa el hito en el que culmina todo un complejo proceso evolutivo de ingeniería e ideas
estéticas donde ciencia y arte hunden sus raíces en el tiempo con el hermoso deseo de retarnos
a su revelación. Así, se ha podido detectar el proceso minucioso y detallista que se siguió en la
ejecución de estas esculturas, únicas en su especie pero derivadas de modelos provenientes del
mundo antiguo (Mesopotamia y el mundo Hitita fundamentalmente). Aunque las figuras de los
leones aparentan ser iguales, en realidad son diferentes entre sí y se encuentran dispuestas de
espaldas a la fuente en una actitud simbólica intencionada. Todos están en actitud de alerta con
las fauces apretadas, las colas plegadas y las orejas levantadas. Lejos de ser hieráticos, sus
rostros reflejan un delicado sistema de ejecución y rasgos de modelado singularizadores que
pudieron realizarse por, al menos, tres o cuatro artistas distintos.
Cada bloque de mármol fue cuidadosamente escogido en la cantera por el tallista con la
intención de que las vetas naturales de la piedra se adecuaran y resaltaran las formas
redondeadas de la musculatura de la pata trasera de cada león donde también contrastan los
diferentes pelajes de las melenas (de rizo ancho o estrecho alternados en su disposición radial),
fauces con dentaduras afiladas y pliegues muy marcados, hocicos prominentes y ojos
almendrados.
El proceso ha dejado al descubierto detalles tan intencionados como la diferente fisonomía de
sus rostros, con rasgos expresionistas, o la singularidad de las falanges de las patas con
digitaciones y uñas bien marcadas, todo ello en armonía con la decoración naturalista de las
yeserías del palacio.
Esta nueva valoración nos ha permitido descubrir, entre otras novedades, tres tipologías de
leones a tenor de algunos elementos formales similares o diferenciadores: cada una la
conforma un grupo de cuatro leones con similitudes dos a dos en sus rasgos: nariz, pelaje de la
melena, fauces y posición y relieve de la cola. Dichas similitudes han proporcionado el
conocimiento necesario para abordar las reintegraciones que constituyen los morteros de
sacrificio que eran necesarios aplicar en algunas de las esculturas, que presentaban parte de la
superficie muy erosionada, y sobre los que se ha llevado a cabo una reproducción esquemática de
los rasgos perdidos en los diferentes rostros de los leones. De igual manera se hizo con las
reintegraciones de las orejas de nueve de las figuras, algunas manteniendo la forma que tenían
en la última restauración, ante la imposibilidad de conocer su ergonomía originaria y otras, que sí
conservaban el arranque de la talla primigenia, se han protegido con un acabado de superficie
plano para que puedan distinguirse.
La pila de la fuente es una pieza única de gran tamaño, tiene 2,56 m. de diámetro y un peso de 2,10
toneladas sin agua y de 3,30 toneladas llena. Originalmente debió transportarse desde la cantera
al patio con el vaciado del recipiente, el sacado de puntos y rematarse su cincelado in situ
Los versos epigráficos de la casida de Ibn Zamrrak, poeta-visir de la corte, que rodean la taza de
la Fuente, ofrecen en su lenguaje metafórico pistas suficientes para imaginar cómo podría ser el
suministro y efecto estético del agua de la taza en su diseño original, mucho más semejante a
un manantial natural que a un surtidor artificial. El sistema se complementaba con un mecanismo
de evacuación del agua de la taza antes de que se desbordase que ha podido ser analizado y
reproducido virtualmente a través del estudio del surtidor medieval central conservado en los
almacenes del Museo de la Alhambra. En los versos también se alude al sultán promotor como
personificación del poder y del linaje sagrado de los Ansares como protectores, por lo que no es
descartable el simbolismo de la Fuente como imagen del poder y de los leones como
representantes de los linajes que lo protegen y sustentan.
Algunas de las numerosas transformaciones de la Fuente acometidas en distintos momentos de
la historia del Palacio de los Leones la han adaptado a gustos estéticos diversos añadiéndole
una segunda taza cuya factura escultórica es, claramente, de menor calidad artística, pareciendo
más una obra morisca que nazarí y sin duda realizada con posterioridad a la idea original de época
de Muhammad V, lo mismo que el remate de surtidor colocado en el siglo XIX. Por el contrario no es
del todo descartable, por razones físicas, que el soporte de balaustres que sostenía la taza y
apoyaba directamente sobre los lomos de los Leones que la Fuente conservó hasta 1966, fuera
reflejo del original, aunque difícilmente podremos llegar a saberlo al no haberse conservado
ninguno de los balaustres que son reconocibles en los grabados y fotografías históricas.
Fundamental e imprescindible ha sido también la intervención arqueológica realizada y dirigida
por el equipo del profesor Antonio Malpica en el Patio entre 2010 y 2011, habida cuenta que
desde hacía más de cien años no se había llevado a cabo una excavación con criterios científicos
en este espacio. La radical solución del arquitecto Modesto Cendoya, realizada entre 1911 y
1913, para paliar los problemas de evacuación de aguas en este sector del Palacio de los Leones
mediante la construcción de cuatro grandes artesas de cemento, eliminó la posibilidad de
conocer con mayor precisión el sustrato arqueológico originario. Con todo, las principales
conclusiones de los trabajos actuales junto a la investigación histórica y documental permiten
afirmar que el sultán Muhammad V erigió su palacio sobre construcciones anteriores,
posiblemente pertenecientes a un palacio y jardín, datados en la época del quinto sultán nazarí,
Ismail I (1313-1325) cuya disposición influyó sin duda en su orientación arquitectónica.