Las sentencias extranjeras
Para que se mantenga la paz de la comunidad internacional, es indispensable que
las sentencias dictadas en un Estado no tengan límite en su frontera, sino que se
extiendan más allá. En este sentido, es imperativa la cooperación internacional,
que establece un conjunto de lazos entre los Estados para resolver controversias
suscitadas en asuntos que atañen a ciudadanos de dos o más países.
Antonio Boggiano señala que el reconocimiento y la ejecución de una sentencia
extranjera es un asunto de relaciones internacionales, con carácter de
cooperación judicial. Este autor indica que confluyen “poderes implícitos de
actuación interjurisdiccional”, argumentando que lo que permite a los poderes
judiciales de cada país actuar interjurisdiccionalmente, se basa en los respectivos
derechos internos que les confiere jurisdicción para decidir casos
“multinacionales”, pero también para decidir auxiliar a los tribunales extranjeros, en
cuanto a reconocer la eficacia y ejecutar una sentencia extranjera. Si bien estos
procedimientos pueden convenirse en tratados, es de resaltar que incluso
careciendo de estos, los tribunales pueden sustentarse en sus derechos internos
para materializar esta finalidad, con base en el principio de cooperación
internacional.
Pero en concreto, la cooperación internacional se manifiesta en materia de
sentencias extranjeras cuando los tribunales del Estado requirente extienden al
interesado la certificación del fallo dictado, para que le pida al Estado requerido, a
través de sus tribunales ordinarios, que reconozca la validez de la sentencia y
proceda a su ejecución, siguiendo procedimientos de su ley procesal.
Es muy importante recalcar que son los tribunales ordinarios de la materia
correspondiente los que se encargan de ejecutar el fallo extranjero, por lo que no
se necesita de un tribunal especial para hacerlo. De hecho, la creación de un
tribunal ad hoc para la ejecución de fallos extranjeros en Guatemala sería una
violación al artículo 12 constitucional, que consagra la garantía de un tribunal
preestablecido.
El concepto de jurisdicción, es un atributo del Estado soberano y que por ende
ostenta un carácter territorial, y por ello en cuanto a la sentencia extranjera, ha
sido necesario el desarrollo del principio denominado de extraterritorialidad.
Este principio alude a la potencialidad que tiene la sentencia extranjera, de
producir efectos aún fuera del territorio que abarca el Estado bajo cuya jurisdicción
ha sido dictada. Este principio no significa una aplicación automática, pues de ser
así este estudio quedaría sin fundamento alguno, de tal manera que no es posible
concebir al principio de extraterritorialidad de manera independiente, ya que el
mismo debe ir acompañado en su caso, del principio de cooperación internacional,
que puede estar plasmado o no en Tratados internacionales, o en la soberanía del
Estado comisionado a ejecutar la sentencia extranjera, que reconoce a la misma el
carácter de ejecutoria como espontánea manifestación de colaboración
internacional.
Además, para que el principio extraterritorial en potencia, adquiera su total validez,
es necesario cumplir con el procedimiento que el Estado en el que ha de surtir
efectos prevé para que un fallo extranjero surta efectos en su territorio.
Así mismo, se debe entender que la amplitud dada a la extraterritorialidad de una
sentencia, depende del grado de intensidad que muestra una comunidad
internacional. Los derechos reconocidos a una persona por una sentencia judicial,
dictada por los tribunales de una nación civilizada, no es justo en principio, que le
sean negados en otra. Todos los Estados en prestigio de su autoridad y en
beneficio de sus ciudadanos, deben contribuir a la obra común de la realización
del derecho.
Efectos de la sentencia extranjera
La lógica indica que si ha quedado establecido que los efectos que produce una
sentencia son los de fuerza probatoria, cosa juzgada y fuerza ejecutoria, éstos
mismos resultados deben acompañar a la sentencia extranjera.
Importa mucho establecer una línea de separación bien marcada entre la
autoridad de la cosa juzgada y la fuerza ejecutoria de la sentencia, que se derivan
directamente de la soberanía. Con frecuencia se confunde la jurisdictio del
magistrado encargado de reconocer, de proclamar y proteger los derechos y el
imperium del poder soberano, único dueño de la fuerza pública y por consiguiente,
único capaz de asegurar la ejecución de las decisiones judiciales.
Conforme con el principio de la extraterritorialidad que en teoría y como aspiración
ha sido consagrado en provecho de la mejor convivencia internacional, las
sentencias extranjeras idealmente deberían producir los mismos efectos de la
sentencia dictada por un tribunal nacional.
El problema es que en la práctica, la sentencia extranjera como acto de justicia y
declaración del derecho controvertido, si adquiere en el Estado del foro la
autoridad de cosa juzgada, y como manifestación de un acto de soberanía dentro
del territorio del mismo también goza de fuerza ejecutoria, por el que puede
mediante el poder coactivo material del Estado, obligarse al vencido cuando sea
necesario, a su cumplimiento.
Pero es de recordar que la sentencia extranjera no pretende ser ejecutada en el
mismo lugar en donde se dictó, persigue producir sus efectos en un Estado
diferente, en donde ya no goza de fuerza de cosa juzgada y ejecutoria per se, y
aún la fuerza probatoria, si bien la goza, es debido a que viene acompañada de
los pases de ley que le otorgan la presunción de auténtica.
para que la sentencia extranjera pueda surtir plenamente sus efectos, es
necesario cumplir con los requisitos que las normas internacionales y el Estado en
el que ha de ejecutarse, según lo indica el principio lex loci executionis, le
imponen.
Los principios en que se fundamentan
Al analizar la sentencia extranjera, se comprobó que la posibilidad de que ésta
surta su fuerza ejecutoria en el territorio de un Estado distinto a aquel dentro del
cual fue dictada, se fundamenta, si existe entre el comisionante o requirente y el
comisionado o requerido un tratado, en el principio de reciprocidad el cuál a su vez
parte del principio de cooperación internacional, plasmado en un acuerdo de
voluntades de carácter internacional.
No obstante en el supuesto de no existir tratado entre ambos Estados, el principio
de extraterritorialidad se complementa con la soberanía del Estado comisionado,
quien mediante una consagración del principio de cooperación internacional ya no
en base a un tratado, sino de su propia voluntad y mediante el deseo de colaborar
reconoce la validez de la misma.
En materia de sentencias internacionales, existe también la necesidad de
fundamentar el que un fallo dictado por un tribunal supranacional pueda surtir
efectos dentro del territorio de otro Estado.
El primer supuesto a analizar es el del Estado parte de un tratado o convención
que crea un tribunal internacional, en cuyo caso no existe mayor problema toda
vez que la legitimidad del fallo emanado del dicho órgano, deviene del libre arbitrio
del Estado parte plasmado en el tratado.
El Estado parte manifestó en su oportunidad el deseo de celebrar un acuerdo de
voluntades o tratado, cuyo proceso de suscripción (o adhesión en su caso) y
ratificación, fundamentándose en la Convención de Viena sobre el Derecho de los
Tratados, firmada el 23 de mayo de 1969 y vigente a partir del 27 de enero de
1980, le permitió a través de su representante revestido de los plenos poderes,
manifestarse, opinar y hacer las reservas pertinentes, teniendo como resultado un
instrumento internacional válido y con efectos vinculantes para las partes que lo
suscribieron.
Los tratados son en sí mismos manifestaciones del principio de cooperación
internacional, por lo que la sentencia emanada de un tribunal internacional creado
mediante un instrumento internacional, se fundamenta en la manifestación de
soberanía previamente hecha por los Estados partes y de allí deviene el que
pueda gozar de extraterritorialidad y posea fuerza ejecutoria en otro Estado.
Ejemplo de este caso para Guatemala, sería una sentencia emanada de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, de la cual es parte y por ende tiene fuerza
vinculante para el país, según lo consagran los Artículos 66 al 69 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Los sistemas de ejecución de sentencias extranjeras y el ordenamiento
jurídico guatemalteco
El ordenamiento jurídico guatemalteco cuenta con escasas normas que regulan el
proceso a seguir para ejecutar sentencias extranjeras, el Código Procesal Civil y
Mercantil, Decreto Ley 107, contempla en tres artículos un trámite breve y sin
mayor complicación.
La Ley de Arbitraje, Decreto número 67-95 del Congreso de la República, regula
de igual manera brevemente, la ejecución de sentencias arbitrales extranjeras,
pero a la vez remite a la Convención sobre el Reconocimiento y Ejecución de
Sentencias Arbitrales Extranjeras de Nueva York de 1958 y la Convención
Interamericana de Arbitraje Comercial Internacional de Panamá de 1975. Ambos
tratados han sido ratificados por Guatemala y el primero regula el proceso
que debe seguirse para la ejecución de laudos arbitrales extranjeros.
Estos son los principales cuerpos normativos a los que Guatemala se debe ceñir
al momento de ejecutar sentencias provenientes del extranjero y por lo tanto son
los que determinan el sistema que Guatemala adopta respecto al reconocimiento y
ejecución de sentencias provenientes del extranjero.
Diversos son los sistemas utilizados a nivel mundial al momento de reconocer la
validez y ejecutar sentencias extranjeras, que van desde la negativa rotunda a
reconocer fallos que no sean los emanados de los propios tribunales del país,
hasta aquellos países cuyos tribunales llegan a realizar un análisis de fondo y
forma a las sentencias extranjeras para determinar su aplicabilidad dentro de su
territorio, los más conocidos son:
el sistema de inejecución absoluta,
la ejecución mediante cláusula de reciprocidad
la ejecución previo examen del fondo de la sentencia
la ejecución previo examen de la forma de la sentencia
la ejecución previo examen del fondo y forma de la sentencia
Aún así los avances logrados en materia de cooperación internacional,
hacen inconcebible, la existencia de un país que irrespete las sentencias dictadas
por órganos jurisdiccionales que no sean los de su territorio, más que un
procedimiento la ejecución de sentencias extranjeras se ha convertido en una
necesidad para la comunidad internacional, y en ello radica la importancia de un
estudio concienzudo del papel que Guatemala está desempeñando al momento de
presentársele un caso de ejecución de sentencia extranjera.
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