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Ritual de la Unción de los Enfermos

Este documento resume los principales puntos sobre el sacramento de la unción de los enfermos y la pastoral de enfermos según el ritual católico. Explica que a través de este sacramento, la Iglesia pide la salvación y alivio de sus miembros enfermos y fortalece su fe en la relación entre su situación y la muerte y resurrección de Cristo. También concede el perdón de pecados. Describe quiénes pueden recibirlo, el ministro que lo administra, los materiales necesarios y la fórmula utilizada. As
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Ritual de la Unción de los Enfermos

Este documento resume los principales puntos sobre el sacramento de la unción de los enfermos y la pastoral de enfermos según el ritual católico. Explica que a través de este sacramento, la Iglesia pide la salvación y alivio de sus miembros enfermos y fortalece su fe en la relación entre su situación y la muerte y resurrección de Cristo. También concede el perdón de pecados. Describe quiénes pueden recibirlo, el ministro que lo administra, los materiales necesarios y la fórmula utilizada. As
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UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE MÉXICO

EXTENSIÓN UNIVERSITARIA

Diplomado de Liturgia

RESUMEN DE LA PRAENOTANDA
DEL RITUAL DE LA UNCIÓN
Y DE LA PASTORAL DE ENFERMOS

Pbro. Lic. Enrique Juárez Bernal

Fco. Rafael Carrillo Ferrara


RESUMEN DE LA PRAENOTANDA
DEL RITUAL DE LA UNCIÓN
Y DE LA PASTORAL DE ENFERMOS

“«Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como
quieras tú.»” (Mateo 26,39)

I. LA ENFERMEDAD HUMANA Y SU SIGNIFICACIÓN EN EL MISTERIO DE SALVACIÓN

Los cristianos no solamente conocen, por las propias palabras de Jesús, el significado y el valor de
la enfermedad de cara a su salvación y la del mundo, sino que se saben amados por el mismo
Jesús que en su vida tantas veces visitó y curó a los enfermos.

Jesús experimentó toda clase de sufrimientos en su pasión y participó en todos los dolores de los
hombres; (cf. Is 53, 4-5); más aún, cuando nosotros padecemos ahora, Jesús padece y sufre en sus
miembros configurados con Él. No obstante, todos esos padecimientos son transitorios y
pequeños comparados con el peso de gloria eterna que realizan en nosotros (cf. 2 Co 4, 17).

Entra dentro del plan providencial de Dios el que el hombre luche ardientemente contra cualquier
enfermedad y busque solícitamente la salud, para que pueda seguir desempeñando sus funciones
en la sociedad y en la Iglesia con tal de que esté siempre dispuesto a completar lo que falta a la
pasión de Cristo para la salvación del mundo, esperando la liberación y la gloría de los hijos de Dios
(cf. Col 1, 24; Rm 8, 19-21).

En la Iglesia, los enfermos, con su testimonio, recuerdan a los demás el valor de las cosas
esenciales y sobrenaturales y deben manifestar que la vida mortal ha de ser redimida por el
misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Ahora bien, no basta sólo con que el enfermo luche
contra la enfermedad, sino que los médicos y todos los que de algún modo tienen relación con los
enfermos, han de actuar y disponer todo lo que consideren provechoso para aliviar el espíritu y el
cuerpo de los que sufren; con el fin de cumplir con el mandato de Jesús de visitar a los enfermos,
para que le ayudaran con medios físicos y le confortaran con consuelos espirituales.

II. LOS SACRAMENTOS QUE HAY QUE DAR A LOS ENFERMOS

A) La unción de los enfermos

El sacramento de la unción instituido por Jesús y proclamado en la carta de Santiago: “¿Está


enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan
con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se
levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos, pues, mutuamente
vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del
justo tiene mucho poder” (Santiago 5, 14-16) exhortándolos también para que asociándose
libremente a la pasión y muerte de Cristo colabore al bien del pueblo de Dios.

Cristo robustece a sus fieles enfermos con el sacramento de unción, fortaleciéndolos con una
firmísima protección, toda vez que el hombre siempre necesita de la gracia de Dios.

La celebración del sacramento consiste primordialmente en lo siguiente: previa la imposición de


manos por los presbíteros de la Iglesia, se proclama la oración de la fe y se unge a los enfermos
con el óleo santificado por la bendición de Dios: con este rito se significa y se confiere la gracia de
sacramento.

Este sacramento otorga al enfermo la gracia del Espíritu Santo, por lo tanto el hombre es:
 ayudado en su salud,
 confortado por la confianza en Dios
 robustecido contra las tentaciones del enemigo y la angustia de la muerte

Por lo tanto,
 puede soportar sus males con fortaleza,
 luchar contra ellos
 puede conseguir la salud, si conviene para su salvación espiritual,
 le concede, si es necesario, el perdón de los pecados y la plenitud de la penitencia
cristiana.

a) De aquellos a quienes se ha de dar la unción de los enfermos

El sentido fundamental de este sacramento lo podemos concretar en estas afirmaciones:

 A través del sacramento de la Unción, la Iglesia se dirige al Señor para pedir la salvación y
el alivio de sus miembros enfermos, así como la fortaleza para aquellos que afrontan la
debilidad de la vejez.
 Por la Unción, el enfermo y el anciano se ven fortalecidos en su fe porque se hace patente
la relación profunda que su situación guarda con la muerte y resurrección de Jesucristo.
 Este sacramento perdona los pecados de aquel que lo recibe, haciendo presente la
misericordia de Dios
 La solidaridad y el servicio de la Iglesia para con sus enfermos y ancianos se concentran
litúrgicamente en los gestos que se realizan en este sacramento.

Son receptores del sacramento:

 Los fieles que por enfermedad grave o a causa de su avanzada edad se encuentran en
peligro de muerte. El sacramento puede repetirse si el enfermo recupera de nuevo sus
fuerzas después de recibir la Unción de los Enfermos o si durante la misma enfermedad se
presenta una nueva recaída.
 Los que vayan a someterse a una intervención quirúrgica como consecuencia de una
enfermedad peligrosa.
 Los ancianos, cuyas fuerzas se debilitan seriamente, aun cuando no padezcan una
enfermedad grave.
 A los niños, a condición de que comprendan significado de este sacramento. En la duda sí
han alcanzado el uso de razón, se les debe administrar el sacramento.

b) Del ministro de la unción de los enfermos

Sólo el sacerdote es el ministro propio de la unción de los enfermos. Los Obispos, los párrocos y
vicarios parroquiales, los capellanes de sanatorios y los superiores de comunidades religiosas
clericales, ejercen ordinariamente el oficio de este ministerio.

c) De las cosas que se necesitan para celebrar la unción

La materia apta del sacramento ese aceite de oliva, en caso necesario, otro óleo sacado de las
plantas.

El óleo que se emplea en la unción de los enfermos debe ser bendecido para este menester por el
Obispo o por un presbítero que tenga esta facultad en virtud del derecho o de una especial
concesión de la Santa Sede.

Además del Obispo, puede, en virtud del derecho, bendecir el óleo empleado en la unción de los
enfermos:

a) los que jurídicamente se equiparan al Obispo diocesano;


b) cualquier sacerdote, en caso de necesidad, pero dentro de la celebración del sacramento.
Y La bendición del óleo de los enfermos se hace normalmente en la misa crismal que
celebra el Obispo en el día del Jueves Santo.

Cuando un sacerdote haya de bendecir dentro del mismo rito el óleo, éste puede ser llevado por el
propio presbítero o, también, puede ser preparado por los familiares del enfermo en un recipiente
adecuado. Si, celebrado el sacramento, sobrara óleo bendecido, póngase en un algodón y
quémese.

La unción se confiere ungiendo al enfermo en la frente y en las manos; conviene distribuir la


fórmula de modo que la primera parte se diga mientras se unge la frente y al segunda parte
mientras se ungen las manos.
Pero, en caso de necesidad, basta con hacer una sola unción en la frente según sea la situación
concreta del enfermo, en otra parte conveniente del cuerpo, pronunciando siempre la fórmula
íntegra.

Esta es la fórmula por la que en el rito latino se confiere la unción los enfermos:

«POR ESTA SANTA UNCIÓN Y POR SU BONDADOSA MISERICORDIA, TE AYUDE EL SEÑOR CON LA
GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, PARA QUE, LIBRE DE TUS PECADOS, TE CONCEDA LA SALVACIÓN Y
TE CONFORTE EN TU ENFERMEDAD.»

B) El viático

En el tránsito de esta vida, el fiel, robustecido con el viático del Cuerpo y Sangre de Cristo, se ve
protegido por la garantía de la resurrección, según palabras del Señor: «El que come mi carne y
bebe ni sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». (Jn 6, 54)

A ser posible, el viático debe recibirse en la misa de modo que el enfermo pueda comulgar bajo las
dos especies, ya que, además, la comunión en forma de viático ha de considerarse como signo
peculiar de la participación en el misterio que se celebra en el sacrificio de la misa, a saber, la
muerte del Señor y su tránsito al Padre. Están obligados a recibir el viático todos los bautizados
que pueden comulgar. En efecto. todos los fieles que se hallan en peligro de muerte, sea por la
causa que fuere, están sometidos al precepto de la comunión. Conviene, además, que el fiel
durante la celebración del viático renueve a fe de su bautismo, con el que recibió su condición de
Hijo de Dios y se hizo coheredero de la promesa de la vida eterna.

En caso de necesidad, o con permiso, al menos presupuesto, del ministro competente, cualquier
sacerdote o diácono puede administrar el viático; si no hay un ministro sagrado, cualquier fiel
debidamente designado.

El diácono debe seguir el orden descrito en el Ritual para el sacerdote (nn. 175-200); los otros
fieles deben adoptar el orden descrito para el ministro extraordinario en el Ritual de la sagrada
comunión y el culto a la Eucaristía fuera de la misa. (nn. 68-78)

C) El rito continuo

Con el fin de facilitar ciertos casos particulares en los que, sea por una enfermedad repentina o
por otros motivos, el fiel se encuentra como de improviso en peligro de muerte, existe un rito
continuo por el cual el enfermo puede recibir la fuerza de los sacramentos de la penitencia, de la
unción y de la Eucaristía en forma de viático.

Mas si urge el peligro de muerte y no hay tiempo de administrar los tres sacramentos en el orden
que se acaba de indicar, en primer lugar, dese al enfermo la oportunidad de la confesión
sacramental que, en caso necesario, podrá hacerse de forma genérica; a continuación se le dará el
viático, cuya recepción es obligatoria para todo fiel en peligro de muerte. Finalmente, si hay
tiempo, se administrará la santa unción. Si, por la enfermedad, no pudiese comulgar, se celebrará,
la santa unción.

Si hubiera, de administrarse al enfermo el sacramento de la confirmación, téngase presente los


siguientes comentarios:

En cuanto sea posible, no se deben dar en un rito continuo la Confirmación en peligro de


muerte y la Unción de los enfermos, sin embargo, en caso de necesidad, se conferirá la
Confirmación inmediatamente antes de la bendición del óleo de los enfermos, omitiendo
la imposición de manos que pertenece al rito de la Unción. Siempre que lo permitan las
circunstancias se observará el rito íntegro, tal como se describe en el ritual de la
Confirmación. Según los casos, y teniendo en cuenta todas las circunstancias pueden
añadirse otros elementos de preparación y conclusión tal como se proponen en el Ritual
de la Confirmación. En caso de extrema necesidad basta con que el sacerdote haga la
crismación y diga la fórmula sacramental: N. recibe por esta señal el Don del Espíritu
Santo. Bendice el óleo, si es necesario, y hace la Unción. Si hay que bendecir el óleo, lo
hace ahora. “Bendice, ✠ Señor, este óleo y también al enfermo que con él será ungido”.
Pero si el óleo ya está bendecido, puede decir la oración de gracias sobre dicho óleo. El
sacerdote toma el santo óleo y unge al enfermo en la frente y en las manos, diciendo una
sola vez:
Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la
gracia del Espíritu Santo.
R. Amén.
Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu
enfermedad.
R. Amén.

También deberá tomar en cuenta los númerales 231 a 233 correspondientes al capítulo V
“La Confirmación en Peligro de Muerte” del Ritual de la Unción y de la Pastoral de
Enfermos.

En peligro de muerte y siempre que el Obispo no pueda venir, tienen en virtud del derecho
facultad para confirmar el párroco, e incluso cualquier presbítero.

Efectos de este Sacramento

 Un don particular del Espíritu Santo. La primera gracia es de consuelo, paz y ánimo para
vencer las dificultades propias de la enfermedad o la fragilidad de l vejez. Es un don del
Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones
del maligno, como el desaliento y la desesperación.
 El perdón de los pecados. Pues se requiere además el arrepentimiento y confesión de la
persona que recibe el sacramento.
 La unión a la Pasión de Cristo. Se recibe la fuerza y el don para unirse con Cristo en su
Pasión y alcanzar los frutos redentores del Salvador.
 Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la
Pasión y Muerte de Jesús, contribuyen al bien del Pueblo de Dios y a su santificación.
 Una preparación para el paso a la vida eterna. Este sacramento acaba por conformarnos
con la muerte y resurrección de Cristo como el bautismo había comenzado a hacerlo. La
Unción del Bautismo sella en nosotros la vida nueva, la de la Confirmación nos fortalece
para el combate de la vida. Esta última unción, ofrece un escudo para defenderse de los
últimos combates y entrar en la Casa del Padre. Se ofrece a los que están próximos a
morir, junto con la Eucaristía como un "viático" para el último viaje del hombre.

III. LOS OFICIOS Y MINISTERIOS CERCA DE LOS ENFERMOS

En el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, si padece un miembro, padecen con él todos los demás
miembros. (1 Cor 12, 26). De ahí que sean muy dignas de alabar la piedad hacia los enfermos y las
obras de caridad y mutuo auxilio para remediar las necesidades humanas.

La familia de los enfermos y las personas que los atienden les corresponde fortalecer a los
enfermos con palabras de fe y con oraciones en común, encomendarlos al Señor doliente y
glorioso e, incluso, exhortarlos para que, asociándose libremente a la pasión y muerte de Cristo,
colaboren al bien del pueblo de Dios. Al hacerse más grave la enfermedad, a ellos corresponde
provenir al párroco y preparar al enfermo. Con palabras prudentes y afectuosas para que pueda
recibir los sacramentos en el momento oportuno.

Los sacerdotes, sobre todo los párrocos y todos los que ejercen ordinariamente el oficio de este
ministerio, pertenece a su misión visitar a los enfermos con atención constante y ayudarles con
inagotable caridad. Deberán, sobre todo en la administración de los sacramentos, estimular la
esperanza de los presentes y fomentar su fe en Cristo paciente y glorificado, de modo que,
aportando el piadoso afecto de la Madre Iglesia y el consuelo de la fe, reconforten a los creyentes
e inviten a los demás a pensar en las realidades eternas.

Para que pueda percibirse mejor todo lo que se ha dicho de los sacramentos de la unción y del
viático y para que la fe pueda alimentarse, es de suma importancia instruir tanto a los enfermos
como a las personas cercanas a ellos mediante una catequesis adecuada que les disponga a
preparar la celebración y a participar realmente en ella, sobre todo si se hace comunitariamente.
Como se sabe, la oración de la fe que acompaña a la celebración del sacramento es robustecida
por la profesión de esa misma fe.

Al preparar y ordenar la celebración de los sacramentos, el sacerdote se informará del estado del
enfermo, de modo que tenga en cuenta su situación, en la disposición del rito, en la elección de
lecturas de la Sagrada Escritura y oraciones, en la posibilidad de celebrar la misa para administrar
el viático, etc. Si es posible, el sacerdote debe determinar previamente todas estas cosas de
acuerdo con el enfermo o con su familia, explicando la significación de los sacramentos.

V. ADAPTACIONES QUE COMPETEN AL MINISTRO

Teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de cada caso, así corno los deseos de los
enfermos y de los fieles, el ministro puede usar las diversas facultades que se le ofrecen en la
ejecución de los ritos:

a) Primordialmente atenderá a la situación de fatiga de los enfermos ya las variaciones que


experimente su estado físico a lo largo del día y de cada momento. Por esta razón, podrá
abreviar la celebración.
b) Cuando no haya asistencia de fieles, recuerde el sacerdote que en él y en el enfermo está
la Iglesia. Por lo tanto, procure proporcionar al enfermo, antes o después de la celebración
del sacramento, el amor y ayuda de la comunidad, bien por si mismo, bien, si el enfermo
lo admite, por medio de otro cristiano de la comunidad.
c) Si, después de la unción, el enfermo se repusiera, aconséjele con suavidad que agradezca
a Dios el beneficio recibido, por ejemplo, participando en una misa de acción de gracias o
de otra manera parecida.

Por lo tanto, observe la estructura del rito en la celebración, pero acomodándose a las
circunstancias del lugar y de las personas. Hágase el acto penitencial al comienzo del rito o
después de la lectura de la Sagrada Escritura, según convenga. En lugar de la acción de gracias
sobre el óleo, utilice una monición si le parece mejor. Todo esto habrá de tenerlo muy en cuenta,
sobre todo cuando el enfermo se encuentra en un sanatorio y hay otros enfermos en la misma
sala que, acaso, no participan de ningún modo en la celebración.

“¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos. ¿Está enfermo
alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo
en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si
hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y
orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho
poder” (Santiago 5, 13-16)

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