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Tristeza y Ansiedad No Son Enfermedades

El psiquiatra Allen Frances advierte sobre el riesgo de sobrediagnóstico y sobremedicación en salud mental, señalando que el sufrimiento normal no debería ser considerado un trastorno. Critica la laxitud en los diagnósticos y la influencia de los laboratorios en la promoción de enfermedades psiquiátricas. Frances aboga por una atención comunitaria y ambulatoria en lugar de internaciones prolongadas, destacando que la psicoterapia puede ser tan efectiva como la medicación para problemas leves.

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Tristeza y Ansiedad No Son Enfermedades

El psiquiatra Allen Frances advierte sobre el riesgo de sobrediagnóstico y sobremedicación en salud mental, señalando que el sufrimiento normal no debería ser considerado un trastorno. Critica la laxitud en los diagnósticos y la influencia de los laboratorios en la promoción de enfermedades psiquiátricas. Frances aboga por una atención comunitaria y ambulatoria en lugar de internaciones prolongadas, destacando que la psicoterapia puede ser tan efectiva como la medicación para problemas leves.

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Clarín - 23/11/2016

La tristeza y la ansiedad no son enfermedades,


ni deben tratarse con pastillas.
Entrevista al psiquiatra estadounidense Allen Frances
Afirma que hoy se toma “el sufrimiento normal como un trastorno mental” y eso aumenta
el riesgo de ser sobre-medicado. Dice que hay diagnósticos demasiado “laxos” y que en la
Argentina los tiempos de internación son excesivos.

Para el psiquiatra estadounidense Allen Frances (74) corremos el riesgo de ser


sobremedicados. "Uno de los problemas en el mundo moderno es que estamos
redefiniendo el sufrimiento humano normal como enfermedad mental. Y con demasiada
frecuencia lo tratamos con fármacos que pueden hacer más mal que bien", dice.
Este médico fue presidente del grupo de trabajo para la redacción del Manual Diagnóstico
y Estadístico IV (DSM-IV) que es la 'biblia' de los trastornos mentales definidos por la
ciencia-. Pero desde que apareció la última versión, el DSM-5 en 2013, Frances se volvió
crítico. "Estar ansioso, triste, es totalmente normal en ciertas circunstancias... No
deberíamos roturarlo equivocadamente como enfermedad mental y esperar que haya una
pastilla", explica.

En 2014 publicó un libro, crítico y polémico, que interpela desde el título: "¿Somos todos
enfermos mentales?". El psiquiatra ofrece ejemplos: "El duelo por pérdida de un ser
querido es algo que pasa en todos los mamíferos, no deberíamos esperar sentirnos bien
cuando perdemos a alguien, sin embargo eso podría llevar a un diagnóstico de depresión.
El DSM V incluye el Trastorno Neurocognitivo Leve como si fuera una pre-demencia.
Bueno (se sonríe), yo lo tengo: a veces no encuentro mi auto cuando lo dejo en un
estacionamiento.
También transforma los atracones en trastornos mentales. Con un episodio de glotonería
severo, una vez por semana, durante 12 semanas, lo permite diagnosticar. Al mismo
tiempo, se vuelve muy fácil señalar el Síndrome de Déficit de Atención en chicos, cuando
se puede tratar de chicos que son normalmente muy activos o simplemente los más
chicos de la clase".
2

De paso por Buenos Aires, para participar en un congreso que organizó la Asociación
Argentina de Salud Mental (AASM), dialoga con Clarín.

- ¿Hay un aspecto de esta problemática que tiene que ver con factores sociales o
culturales?

- Los factores sociales son muy importantes para lo que se define como enfermedad
mental. Hablábamos del Trastorno de Déficit de Atención. Si se gastara más en las
escuelas, en tener cursos con menos alumnos, más períodos de recreación y actividad
física, no tendríamos tantos problemas con este tema, porque los chicos estarían más
estables.

Ante la pregunta ¿por qué cree que hay un exceso de medicación?, Frances traza el
paisaje que ve en Estados Unidos, que en algunos puntos puede ser similar al que se ve
aquí:
"El sistema de diagnóstico es demasiado laxo y los expertos de cada área de la medicina
quieren que la suya sea la más importante. A veces, no tienen el tiempo necesario para
conocer a su paciente.
Pero el problema más grande son los laboratorios: Tienen ganancias siderales. Nosotros
lo llamamos 'una promoción de la enfermedad'.
Venden trastornos psiquiátricos, haciendo de cuenta que están sub-diagnosticados y que
se trata de un desequilibrio químico que requiere un tratamiento químico. Trabajan
mucho para transformar la angustia normal en un trastorno.

- El uso de medicación, ¿puede lograr resultados más rápido en trastornos psicológicos o


de ánimo?

- La tasa de respuesta con placebos para trastornos leves es superior al 50 por ciento, casi
tan alta como la tasa de respuesta con el uso de pastillas. La medicación es esencial para
el 5 por ciento de la población que sí las necesita, porque tiene enfermedades severas.
Pero hay mucha gente que toma pastillas, que funcionan más como un placebo que otra
cosa.
Retornar a lo normal después de eventos difíciles de la vida sin ninguna pastilla es muy
habitual. Pero si toman una pastilla, creen que es la pastilla la que solucionó el problema,
no el apoyo familiar, su propia resiliencia o el paso del tiempo. La psicoterapia es tan
efectiva como la medicación para problemas leves y sin crear efectos secundarios.

- ¿Nuestra sociedad tiende a magnificar la problemática del estrés?

- Magnificamos el estrés de la persona promedio, pero minimizamos los dilemas de las


personas que sí están muy enfermas, que tienen insuficientes servicios para su
tratamiento y vivienda. Ese es mi foco. La medicina psiquiátrica es poderosa y de mucha
ayuda cuando se usa para pocos. Pero es nociva cuando se usa mal para muchos.
Argentina es el último país del mundo que tiene grandes hospitales psiquiátricos, donde
los pacientes pasan años o una vida entera, pese a que el movimiento mundial por la
desmanicomialización empezó en los 60.
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Argentina tiene una excelente ley para corregir este problema (la Ley de Salud Mental
número 26.657, que limita las internaciones y promueve los tratamientos ambulatorios),
pero no se está poniendo en marcha. Debería haber una transición segura del sistema
antiguo al nuevo, para incluir a los enfermos mentales como ciudadanos, dándoles la
oportunidad de ser lo más sanos posibles sin exiliarlos en hospitales y sin correr el riesgo
de darles el alta para que terminen en la calle antes de crear los espacios de atención
necesarios. La atención comunitaria, ambulatoria, es muy efectiva, más económica que
una cárcel o un hospital, y más humanitaria.

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