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El Arbol Viejo

El árbol viejo se lamenta de estar seco y solo, hasta que un pajarito se ofrece a pedirle ayuda a los demás pájaros para que lleven agua a las ramas del árbol. Los pájaros trabajan juntos para regar al árbol, lo que lo ayuda a recuperarse y dar frutos de nuevo. Más tarde, el árbol se vuelve ingrato y les pide a los pájaros que no se paren en sus ramas, hasta que finalmente se da cuenta de su error cuando los dueños quieren cortarlo, y los

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El Arbol Viejo

El árbol viejo se lamenta de estar seco y solo, hasta que un pajarito se ofrece a pedirle ayuda a los demás pájaros para que lleven agua a las ramas del árbol. Los pájaros trabajan juntos para regar al árbol, lo que lo ayuda a recuperarse y dar frutos de nuevo. Más tarde, el árbol se vuelve ingrato y les pide a los pájaros que no se paren en sus ramas, hasta que finalmente se da cuenta de su error cuando los dueños quieren cortarlo, y los

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EL ARBOL VIEJO

Una mañana un pajarillo decidió pararse en una de las secas ramas de un


viejo árbol.  De pronto escuchó que el árbol se lamentaba: ¡Qué triste me
siento! ¡Antes era bello, ahora sólo soy un montón de viejas ramas! ¡Ni
siquiera los niños quieren treparme!

-¿A qué se debe tanta tristeza?- preguntó el pajarillo al árbol.


-Pues verás, hace más de dos meses que los dueños de esta casa se fueron y
desde ese día no he probado una sola gotita de agua, si no llueve pronto
seguro que moriré. - ¡Qué triste! Quisiera ayudarte, pero no sé cómo, dijo el
pajarillo

-¿podrás traerme un chorrito de agua en tu piquito?- Preguntó el árbol.


-¡Claro!- dijo el pajarillo- voy a pedir ayuda a todos los pájaros y juntos te
refrescaremos ¡Ya verás!

Las palomas y otras aves del lugar, se reunieron en el río y llevaron en sus
picos agua para el viejo árbol.

-¡Muchas gracias a todos! ¡Qué feliz y vivo me siento!- dijo el árbol, después
pudo disfrutar la lluvia que los pajaritos dejaban caer sobre él.

Todos los días los pájaros regaban con mucha generosidad al árbol. Poco a poco el viejo árbol recuperó su vitalidad.
Todo él volvió a estar lleno de hermosas flores que pronto se convirtieron en jugosas manzanas.

La hermosura y presencia que el árbol daba al patio en el que vivía provocó que
la casa nuevamente fuera habitada. Todos los días la señora de la casa regaba al
árbol y éste cada vez estaba más hermoso. Los pájaros felices por la llegada de la
primavera y por la felicidad del árbol decidieron organizar una fiesta en el patio.

¡No se paren en mis ramas! dijo el árbol a


los pajaritos- Que no ven que pueden
tirar mis hojas, mis flores y mis frutos. Busquen otro árbol para jugar. El
pajarillo rojo, junto con los otros pájaros, se fueron muy tristes por la actitud
del árbol a quien tanto habían ayudado.

Poco a poco, los pájaros se alejaron del patio y dejaron de visitar al árbol. El árbol continuó
hermoso por un tiempo; pero cada día se sentía más pesado. Tenía tantos frutos y flores
encima que sus ramas y su tronco comenzaron a inclinarse. La señora de la casa pidió a su
esposo que cortara el árbol porque en cualquier momento podría caerse.

El árbol, que escuchó lo que la mujer decía a su marido,


lloró desconsoladamente. Los pájaros lo escucharon y acudieron al patio.

-¿Qué te pasa viejo árbol? ¿Por qué lloras?- Preguntó el pajarillo rojo.

-¡Estoy muy triste! ¡No dejé que ustedes tiraran mis flores, ni que comieran de
mis frutos, ahora peso tanto que mi tronco se ha doblado y van a cortarme!

-No llores, viejo árbol, nosotros te vamos a ayudar- Dijo


el pajarillo.

Las aves comenzaron a tirar las manzanas, las flores y las hojas del árbol. Poco a poco el viejo
árbol se enderezó y los señores de la casa decidieron no cortarlo. Aunque por un tiempo el
árbol sólo tuvo unas cuantas hojas entre sus ramas, vivió feliz rodeado de pajaritos pues logro
comprender el valor del agradecimiento, del servicio y de la generosidad.

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