Juan
Programa No. 0261
Introducción – Juan 1:1
Como lo hemos dicho, comenzamos hoy nuestro estudio del evangelio según San Juan.
No nos sentimos capaces, amigo oyente, de enseñar este evangelio y no decimos esto,
simplemente como un gesto oratórico, ni con algún tipo de falsa modestia. El evangelio de
Juan, a veces se llama el “evangelio sencillo.” Pero no creemos que sea tan sencillo. Es verdad
que la sencillez del lenguaje que se usa aquí, ha sido la razón para que muchos designen el
relato de Juan, como el evangelio sencillo. Pues es un hecho, que hay muchas palabras
monosílabas y bisílabas en este evangelio. Si usted abre su Biblia en cualquier parte del
evangelio de Juan, notará que la mayoría de las palabras tienen simplemente una sola sílaba.
En realidad, es raro encontrar una que tenga tres o cuatro sílabas. Y es por esto que muchos
dicen: “Bueno, mire, esto es muy sencillo. No me costará trabajo alguno comprenderlo.”
Permítanos decirle, amigo oyente, que una de las frases más sencillas que se encuentra
en el evangelio según San Juan, aparece en el capítulo 14, versículo 20, donde leemos: “ . . .
y vosotros en mí, y yo en vosotros.” No sé si usted se ha fijado que casi todas estas palabras
son palabras de una sola sílaba. Algunas palabras tienen sólo dos letras. Solamente dos
palabras tienen tres sílabas: vosotros. Creemos que cualquier niño de seis años podría decirle
el significado de cualquiera de estas palabras. Pero al juntar estas palabras, leemos: “ . . . y
vosotros en mí, y yo en vosotros.” Y al filósofo o al teólogo más sagaz, nunca le será posible
sondear las profundidades del significado de esta frase.
Eso es lo que queremos decir, amigo oyente, que estamos llegando al Evangelio más
profundo de todos. Creemos que es el más difícil para entender. Claro que, podemos
comprender su significado superficial, porque sabemos el sentido de las palabras, pero eso no
quiere decir que lo comprendamos a cabalidad. ¡No! ¡De ninguna manera! Tenemos aquí un
Evangelio para el cual, necesitamos en verdad del Señor Jesucristo, para que Él sea nuestro
Maestro.
Antes de entrar en el texto mismo, hay algunas cosas que creemos debemos estudiar a
manera de introducción. Creemos que esto servirá para prepararnos para nuestro estudio de
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este Evangelio. Veamos primeramente algo sobre su autor: Juan el apóstol fue el escritor. Era
hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Santiago. Usted puede referirse a las siguientes
citas bíblicas: Marcos 1:19,20; también Mateo 20:20; y también aquí en el evangelio según San
Juan, capítulo 21, versículos 20 al 24.
La Escuela de Teología de Tubingen, Alemania, ha dudado seriamente la paternidad
literaria de Juan el apóstol, y con ella, también lo han hecho muchos teólogos liberales que no
creen en la inspiración de la Biblia. Sin embargo, estas objeciones han sido completamente
refutadas, y la paternidad joánica es aceptada, hoy en día, por una competente erudición bíblica.
Un joven que estudiaba en un seminario bíblico era muy bromista. No era el mejor erudito
en el seminario, pero tenía la habilidad para llegar al corazón de un asunto. Varios jóvenes se
habían juntado para seguir un cursillo, cuyo propósito era determinar quién era el autor de este
evangelio. Se estudió varias sugerencias que habían sido propuestas y luego, el tema de la
discusión era, si Juan había escrito o no, este evangelio. Cuando se consideró toda la
evidencia, se llegó a la conclusión de que Juan, sí había escrito este evangelio. Entonces, este
joven bromista dijo: Bueno, hemos desperdiciado todo el semestre. Yo creía y sabía que Juan
había escrito este evangelio, cuando esta clase comenzó. Y ahora, me vuelvo a encontrar
donde primero empecé. Y amigo oyente, ¿le es posible a usted también, desperdiciar mucho
tiempo con los teólogos liberales hoy en día? Le llevarán por una senda florida y plantearán
muchas objeciones en cuanto a muchos temas. Eso, le podemos asegurar. Pero, ¿le es posible
a usted, saber sin lugar a dudas, que Juan, el apóstol, es el autor de este evangelio?
Consideremos entonces las evidencias. Es interesante notar, en primer lugar, que los padres
de la iglesia, atribuyen a Juan, el cuarto evangelio. Teófilo fue obispo de Antioquía y vivió
alrededor del año 180 después de Jesucristo. Irenio, vivió más o menos en el año 190, después
de Jesucristo. Fue alumno de Policarpo, quien a su turno, fue alumno de Juan. Clemente de
Alejandría en Egipto, vivió alrededor del año 200, después de Jesucristo. Tenemos luego, la
evidencia del llamado “Fragmento Muratoriano.” Todos estos afirman que el cuarto evangelio,
fue escrito por Juan, el apóstol. La fecha de este evangelio tiene mucha importancia. Algunos
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creen que este es el último libro del Nuevo Testamento que fue escrito. En ese período, Juan
escribió el evangelio que lleva su nombre, las tres epístolas que también llevan su nombre y
asimismo, el libro de Apocalipsis. Nosotros sostenemos que sus epístolas, fueron escritas
después del libro de Apocalipsis y que todos fueron escritos durante los últimos diez años de la
vida del apóstol amado.
Permítanos ahora, amigo oyente, llamar su atención a ciertos rasgos interesantes, en
cuanto a la estructura de este Evangelio. Usted recordará que dijimos en el principio de nuestro
estudio, que el evangelio de Mateo fue dirigido a, y escrito para el judío. Que el evangelio de
Marcos fue dirigido a, y escrito para el romano. Y que el evangelio de Lucas fue dirigido y
escrito para el griego, y para los que tienen aquel tipo de mentalidad clásica hoy en día.
Ahora, el evangelio de Juan, fue escrito para suplir la necesidad de las grandes masas del
Oriente. Estos eran hombres miserables. Es verdad que muchos eran ricos, muy ricos. Pero,
muchos más, vivían en la más abyecta pobreza. Sin embargo, todos tenían gran necesidad y
mucha hambre espiritual. Fue del Oriente de donde vinieron los magos haciendo la pregunta:
“¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente,
y venimos a adorarle” (Mateo 2:2). Juan suple la necesidad de este tipo de mentalidad.
Después de todo, los antecesores de todos nosotros, realmente, provenían de aquella
región. Cam, Sem, y Jafet vivieron en el Oriente. El reino de Babilonia era un gran reino
camítico. Abraham, hijo de Sem, venía de esa región. Desde aquella región vinieron los hijos
de Jafet. Todos, pues, provenimos de esta región y siempre hemos sido un pueblo necesitado.
Hoy en día, esto habla de usted y de mí, amigo oyente, y puede ser que es precisamente por
esto que el evangelio de Juan ha sido recibido y estudiado tan universalmente.
El Dr. McGee nos cuenta que cuando estudiaba en la universidad, trabajaba para un
periódico local y por eso, ha tratado de dividir los evangelios en estos estudios bíblicos, más o
menos como se divide un diario en sus partes. Después de todo, la palabra evangelio significa
buenas nuevas, o sea buenas noticias. Claro que los diarios generalmente contienen las peores
noticias, incluyendo las noticias en cuanto a las defunciones. Pero bueno, tenemos aquí una
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división: Mateo, es la página que lleva los avisos y los anuncios - “He aquí, el reino de los cielos
se ha acercado.”
Lucas, por su parte, lleva las ediciones extras. Lucas es el único que relata los cánticos
de la Natividad, y las parábolas del buen samaritano, y del hijo pródigo.
Marcos, lleva los encabezamientos, es decir, los titulares llamativos. Dice: ¡He aquí mi
siervo!
Y Juan, escribe los editoriales. Ha escrito en cuanto al Pan de vida, el Agua de vida, la
Vid verdadera, y la vida cristiana.
Ahora, los tres primeros evangelios, se llaman los evangelios sinópticos, porque los tres
son escritos desde el mimo punto de vista y de un modo similar. Pero, el cuarto evangelio es
diferente.
En primer lugar, Mateo y Marcos presentan con énfasis especial los milagros de Jesús, y
Lucas da atención a las parábolas. En cambio Juan, no hace ninguna de las dos cosas.
En segundo lugar, los milagros de Jesús en el evangelio según San Juan, son dados como
señales y fueron elegidos con muchísima discriminación, para interpretar ciertas grandes
verdades. Por ejemplo, Jesús, mediante un milagro alimenta a cinco mil, y pronuncia entonces
Su discurso sobre el Pan de vida. Hay once señales con sus aplicaciones específicas, en el
evangelio según San Juan.
Ahora, en tercer lugar, no hay parábolas en el cuarto evangelio. Algunas versiones han
usado la palabra “parábola” en el capítulo 10, versículo 6, pero no es la palabra griega “parabole”
que se usa comúnmente en Lucas, sino “paroimia”. La versión Reina-Valera la traduce
correctamente con la palabra “alegoría”. La historia del “Buen Pastor,” por ejemplo, no es una
parábola, sino un discurso.
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Ya hemos mencionado la sencillez de lenguaje en el evangelio de Juan. Es notable en
verdad. Sin embargo, este es el evangelio más profundo, y por eso, es bastante difícil sondear
su significado.
Juan nos da un orden cronológico que es bueno notar. Por ejemplo, en el primer capítulo,
versículo 35, dice: “ . . . El siguiente día . .” Y luego, en el versículo 43, del mismo capítulo,
repite: “. . . el siguiente día.” No sólo nos da un orden lógico de sucesión, sino también un orden
cronológico. También presta atención a lugares y ciudades, por ejemplo: “Betábara, al otro
lado del Jordán,” en el capítulo 1, versículo 28. “Caná de Galilea,” en el capítulo 2, versículo
1.
Aunque la deidad de Cristo es el tema predominante en este evangelio, la humanidad de
Cristo no se pierde de vista, y en verdad es acentuada en forma especial. No sé si usted se ha
fijado en el hecho de que Juan es el único de los evangelistas que nos cuenta el viaje de Jesús
por Samaria, y cómo se sentó junto al pozo, y que estaba cansado del camino. ¿Puede usted
pensar en otra cosa que sea más humana que esa? Bueno, nosotros sí podemos pensar en
una cosa que sea más humana que esa. Y es que: “Jesús lloró.” Y es Juan también, quien
nos cuenta eso.
El nombre Jesús se usa con exclusividad en este evangelio, con la exclusión de Cristo.
Esto parece extraño, en el evangelio que manifiesta Su deidad. ¿Por qué pues, se usa
solamente el nombre Jesús? Bueno, es porque Dios se hizo hombre.
También creemos que es interesante notar, que la palabra judío, aparece más de sesenta
veces en este evangelio.
Durante toda la vida de la Iglesia, se ha rendido mucho culto al cuarto evangelio. Algunos
lo han llamado “el corazón de Cristo;” otros, “el evangelio espiritual”, y en Europa lo llaman, “el
seno de Cristo”.
Orígenes, uno de los “Padres de la Iglesia”, dijo: “El evangelio de Juan, es la consumación
de los evangelios, así como los evangelios, a su vez, son la consumación de las Escrituras.”
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Jerónimo dijo: “Juan sobresale en las profundidades de los misterios divinos.”
Culross lo expresó así: “Creo que las escrituras de Juan han sido enjugadas por más
lágrimas de penitentes, y que han ganado más corazones para el Redentor, que todas las
demás juntas.”
El Dr. A.T. Pierson escribió: “Toca el mismo corazón de Cristo. Si Mateo corresponde a
la corte de Israel, Marcos a la corte de los sacerdotes, y Lucas a la corte de los gentiles, Juan
nos guía más allá del velo, al lugar Santísimo.”
El Dr. A. Hayes ha dicho: “Al leerlo recibimos la seguridad de que aquí, por fin, tenemos
una descripción digna y adecuada de la vida de Jesús entre los hombres.”
Como ya lo dijimos, la deidad de Jesús es el tema que predomina en este evangelio. El
carácter mesiánico de Cristo es un tema que también tiene prioridad. Esto se declara
sucintamente en el capítulo 20 de este evangelio, versículos 30 y 31. Y creemos que debe ser
considerado con la misma clave de este evangelio. Dice allí en Juan 20, 30 y 31: “Hizo además
Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en
este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y
para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”
Hay un movimiento poderoso que es expresado en el capítulo 16, versículo 28. Dice allí:
“Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.” Dios se hizo
hombre; esta es la declaración simple de la verdad sublime.
Estas cosas son todas relatadas con un fin específico: para engendrar fe en el corazón
del hombre. La palabra “cree,” por ejemplo, se usa más de cien veces en este evangelio de
Juan. Pero, en contraste, aparece menos de cuarenta veces en los evangelios sinópticos. La
palabra “fe” no aparece aquí en Juan, pero se halla en los otros evangelios. La expresión “vida
eterna,” aparece treinta y cinco veces, pero solamente doce veces en los evangelios sinópticos.
De modo que lo que tenemos aquí en este evangelio es el verbo activo “cree”, el que se usa
generalmente con “cree en” o “cree a”. Es un acto de la voluntad y no un consentimiento
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estático. No significa sólo el hacer una seña afirmativa o aceptar solamente con el intelecto las
verdades del evangelio. Significa que cuando usted, amigo oyente, escucha las verdades del
evangelio, se da cuenta de que Jesús murió por sus pecados conforme a las Escrituras, y eso
significa que usted confía personalmente en El como su Salvador, el que murió para pagar la
pena de sus pecados. Es muy importante que veamos esto.
Veamos, pues, en los pocos momentos que nos restan, el bosquejo que seguiremos en
nuestro estudio de este evangelio. Hemos dividido este evangelio de una manera que creemos
es muy sencilla.
El prólogo lo encontramos en el capítulo 1, en los versículos 1 al 18.
Los versículos 19 al 51, del mismo capítulo 1, nos presentan la introducción.
El testimonio de obras y palabras, lo encontramos en los capítulos 2 al 12.
El testimonio de Jesús a Sus testigos, lo tenemos en los capítulos 13 al 17.
Tenemos luego, el discurso del Aposento Alto.
Y el testimonio de Jesús al mundo entero, lo encontramos en los capítulos 18 al 20.
El capítulo 21 nos presenta el epílogo, que nos habla del Cristo glorificado.
Y estamos, pues, listos para comenzar nuestro estudio del prólogo. Y amigo oyente, esta
es sin duda alguna, una de las secciones más profundas de las Escrituras, que jamás
encontremos. Y no creemos que ninguno de nosotros, podrá entenderla cabal o aún,
adecuadamente. Solo podremos pararnos al borde de estas grandes verdades. Dirigiremos
nuestra atención a las cosas que caracterizan a este evangelio y que contribuyen a un mejor
entendimiento de su contenido.
El capítulo 1 de Juan, lo hemos dividido, como ya dijimos, en dos secciones. Primero, el
prólogo a este evangelio, que se encuentra contenido en los versículos 1 al 18. Y en segundo
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lugar, la introducción al evangelio de Juan, que se encuentra contenida en los versículos 19 al
51 del capítulo 1.
Ahora, el tema central del capítulo 1, es el Logos, o sea el Verbo o la Palabra. Pero siendo
que nuestro tiempo ya se ha agotado, vamos a detenernos aquí por esta ocasión, y entraremos
de lleno en nuestro estudio del capítulo 1, en nuestro próximo programa. Le invitamos, pues,
amigo oyente, a sintonizarnos y a acompañarnos durante nuestro recorrido por el capítulo 1 del
evangelio según San Juan. Le aconsejamos leer todo este capítulo, antes de nuestro próximo
programa, de modo que se familiarice con el tema que vamos a considerar. Será pues, hasta
nuestra próxima audición, amigo oyente y deseamos para usted las ricas bendiciones del Señor.
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