REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION
U.E.P. COLEGIO VIRGEN DE BETANIA
ARTE Y PATRIMONIO – 2 do año A
EL ARTE BARROCO EN AMERICA COLONIAL.
Profesor: Alumno:
Marco Moreno Maykol Manríquez
Caracas, ABRIL de 2021
El término Barroco, originalmente tenía una etiqueta peyorativa significando
“absurdo” o “grotesco”. El mismo, se utiliza para designar el estilo artístico que
floreció en Europa y en el extranjero en los siglos XVII y
XVIII.
La influencia barroca llegó a América Latina a mediados
del siglo XVII y continuó haciéndose sentir mucho tiempo
después hasta el 1750, año dado convencionalmente como el
final del movimiento barroco en Europa. El movimiento
artístico, que se originó en Roma en tándem con la
Contrarreforma católica, destaca como un movimiento vigoroso
y de intensidad emocional.
ORIGEN DEL ARTE BARROCO
En medio de un mundo convulsionado por los descubrimientos geográficos y científicos
del siglo XVI, y de las profundas ideas intelectuales que incitaron a las rupturas
religiosas, el barroco emergió como una corriente que dejaba atrás los ideales clásicos
para mirar hacia la modernidad. Poco a poco, los principios estéticos del renacimiento
se iban desvaneciendo en pos de nuevas y atrevidas formas y caprichosos estilos. De la
fascinación por la belleza irregular e inexacta nació el espíritu rebelde del barroco, que
repercutiría en todas las manifestaciones artísticas y literarias.
Arquitectura
La arquitectura barroca colonial se caracteriza por
una profusa decoración (Portada de La Profesa,
México; fachadas revestidas de azulejos del estilo
de Puebla, como en el Templo de San Francisco
Acatepec y el Templo conventual de San
Francisco), que resultará exacerbada en el llamado
“ultrabarroco” (Fachada del Sagrario de la Catedral
de México, de Lorenzo Rodríguez; Iglesia
de Tepotzotlán; Templo de Santa Prisca de Taxco).
En Ciudad de México, la arquitectura civil alcanzó
cotas de gran lujo y ostentación, con la construcción
de grandes palacios de los ricos magnates del
negocio minero (Palacio del Conde San Mateo de
Valparaíso, actual Banco Nacional; Palacio del
Marqués de Jaral del Barrio; Palacio del Conde de
Santiago Calimaya, actual Museo de la Ciudad de
México).
En Perú, las construcciones desarrolladas en Lima y Cuzco desde 1650 muestran unas
características originales que se adelantan incluso al barroco europeo, como en el uso de
muros almohadillados y de columnas salomónicas (Iglesia de la Compañía, Cuzco; San
Francisco, Lima). En el siglo XVIII la arquitectura se orientó a un estilo más
exuberante, otorgando un aspecto inconfundible al barroco limeño (Palacio del Marqués
de Torre-Tagle, actual Ministerio de Asuntos Exteriores). La Iglesia de San Agustín de
Lima (1720) destaca por su fachada, concebida como un gran retablo. Otras obras de
relevancia son las iglesias de la Compañía de Arequipa (1698) y Quito (1722-1765).
Pintura
Las primeras influencias fueron del tenebrismo sevillano,
principalmente de Zurbarán –algunas de cuyas obras aún se
conservan en México y Perú–, como se puede apreciar en la obra
de los mexicanos José Juárez y Sebastián López de Arteaga, y
del boliviano Melchor Pérez de Holguín. En Cuzco, esta
influencia sevillana fue interpretada de modo particular, con
abundante uso de oro y una aplicación de estilo indígena en los
detalles, si bien inspirándose por lo general en estampas
flamencas. La Escuela cuzqueña de pintura surgió a raíz de la
llegada del pintor italiano Bernardo Bitti en 1583, que introdujo el
manierismo en América. Destacó la obra de Luis de Riaño,
discípulo del italiano Angelino Medoro, autor de los murales del
templo de Andahuaylillas. También destacaron los pintores indios Diego Quispe
Tito y Basilio Santa Cruz Puma Callao, así como Marcos Zapata, autor de los cincuenta
lienzos de gran tamaño que cubren los arcos altos de la Catedral de Cuzco.
En el siglo XVIII los retablos escultóricos empezaron a ser sustituidos por cuadros,
desarrollándose notablemente la pintura barroca en América. Igualmente, creció la
demanda de obras de tipo civil, principalmente retratos de las clases aristocráticas y de
la jerarquía eclesiástica. La principal influencia será la de Murillo, y en algún caso –
como en Cristóbal de Villalpando– la de Valdés Leal. La pintura de esta época tiene un
tono más sentimental, con formas más dulces y blandas. Destacan Gregorio Vázquez de
Arce en Colombia, y Juan Rodríguez Juárez y Miguel Cabrera en México.
Escultura
En el siglo XVII en el Virreinato de Perú destacaron tres centros
en la producción escultórica. En Lima se impuso la
influencia montañesina con escultores como Martín Alonso de
Mesa o el catalán Pedro de Noguera, inicialmente de estilo
manierista, evolucionando hacia el barroco en obras como la
sillería de la Catedral de Lima; el vallisoletano Gomes
Hernández Galván, autor de las Tablas de la Catedral; Juan
Bautista Vásquez, autor de una escultura de la Virgen conocida
como La Rectora, actualmente en el Instituto Riva-Agüero;
y Diego Rodrigues, autor de la imagen de la Virgen de
Copacabana en el Santuario homónimo del Distrito del
Rímac de Lima.
Los otros dos centros de importancia fueron el cuzqueño que
desarrolló un tipo de imagen de vestir de fuerte aceptación popular, y el quiteño. Fue en
este último donde a finales de siglo surgieron dos de los escultores más importantes de
la época: Manuel Chili Caspicara y Bernardo Legarda.
La construcción de sillerías de coro y de retablos produjo las obras más valiosas del
periodo. La riqueza decorativa característica del barroco incorporó el repertorio de
motivos indígenas así como una extraordinaria profusión de detalles y una exuberancia
ornamental que produjo retablos que son considerados como unas de las obras más
representativas del arte iberoamericano.
En el Virreinato de Nueva España descolló la escuela guatemalteca de imaginería pero
al igual que en el Virreinato del Perú fue en la retablística, sobre todo en México, donde
se realizaron las obras más destacadas.
BIBLIOGRAFIA
[Link]
[Link]
?pk=1747&art=39