Unidad 13
Unidad 13
Título: Actualidad de la Cámara Federal de Casación Penal 1/2020. Delitos vinculados a la cuestión ambiental
Autores: Inchausti, Santiago - Dallera, Pablo I. - Lega, Pablo J.
Publicado en: RDP 2020-3, 09/03/2020, 77
Cita Online: AR/DOC/4142/2019
Sumario: I. Introducción.— II. Régimen de residuos peligrosos (ley 24.051).— III. Otros delitos o cuestiones
vinculados con la cuestión ambiental.
I. Introducción
Argentina carece de una legislación general que proteja al medio ambiente. Por el contrario, son varias las
leyes que, de un modo aislado entre sí, tienen previstas sanciones penales para quienes contaminen o degraden
—bajo determinadas circunstancias— algunos aspectos del medio ambiente.
Entre ellas, encontramos a la ley 24.051, que sanciona a quien, utilizando residuos peligrosos, envenenare,
adulterare o contaminare de un modo peligroso para la salud, el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en
general. En la jurisprudencia de la Cámara Federal de Casación Penal encontramos, desde su inicio, sobre todo
intervenciones relativas a los delitos previstos en esta ley. Son pocos los casos en que tuvo que intervenir en
sentencias (condenatorias o absolutorias); la mayoría son por decisiones adoptadas en la etapa preliminar
(sobreseimientos o suspensión de juicio a prueba) o cuestiones incidentales (falta de acción, nulidades,
competencia, etc.).
También consideramos útil incluir dentro de esta reseña precedentes relacionados con otros delitos
vinculados al medio ambiente o su preservación. En primer lugar, casos en que se ha encuadrado como daño la
tala de bosques nacionales o casos anteriores a la Ley de Residuos Peligrosos, o la acción de hábeas corpus por
la situación de un orangután. Es de destacar que no hemos encontrado antecedentes de fallos referidos a la ley
22.421 de Conservación de la Fauna.
Por último, por razones metodológicas, incorporamos al presente trabajo las sentencias referidas a los delitos
de la ley 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico.
II. Régimen de residuos peligrosos (ley 24.051)
II.1. Configuración del delito
II.1.a. Desechos patológicos en basurales: Responsabilidad del intendente
En el caso "M." (1), la sala 1ª tuvo que resolver acerca del recurso de casación contra la sentencia
condenatoria del imputado a la pena de un año de prisión de ejecución condicional, inhabilitación especial para
desempeñarse como funcionario público por igual término que el de la condena y costas, por ser autor del delito
de contaminación del ambiente en general por negligencia (art. 56 de la ley 24.051) (2).
El hecho que se tuvo por probado en primera instancia fue: "... en fecha 22 de abril de 2000 en el lugar
denominado 'El Basural' se exponían a cielo abierto los residuos patógenos, aflorando a través de las bolsas de
plástico color rojo que habían sido levantadas de los contenedores dispuestos por la municipalidad en el
Hospital Regional de la ciudad de Concepción" y tuvo por probada la responsabilidad del acusado M. por haber
sido el jefe de gobierno municipal a la fecha del suceso imputado y haber conocido directamente la existencia
de residuos patológicos y no haber adoptado medida alguna al respecto.
Luego de un detallado análisis de la prueba obrante en la causa, la casación descartó el planteo de
arbitrariedad en la fundamentación de la sentencia introducido por la defensa. Finalmente, destacó que la
alegada responsabilidad del organismo provincial SIPROSA (Sistema Provincial de Salud) y de la Dirección de
Medio Ambiente de la Provincia de Tucumán respecto al tratamiento de los residuos patógenos no tenía
incidencia en la responsabilidad que a M. le correspondía también en el suceso (3).
II.1.b. Vertido de desechos en efluentes: Modelo empresarial
En "B." (4), la sala 1ª intervino en el recurso de la defensa contra la resolución de la Cámara que procesaba
al imputado por el delito previsto por el art. 55, en función del art. 57, de la ley 24.051.
La causa se había iniciado en el año 2012 por la denuncia del fiscal federal a cargo de la Unidad de
Investigaciones en Materia Ambiental a raíz de una publicación de una nota periodística en un diario digital en
la que se informaba sobre el reclamo por parte de los vecinos de la localidad de Quilmes y otras organizaciones
por la actividad presuntamente contaminante y dañosa a la salud de las personas que habría provocado el vuelco
de efluentes líquidos en el balneario Bernal de esa localidad, el que habría sido efectuado por la empresa
"Smurfit Kappa de Argentina SA".
Fue a partir de ello que se le dio intervención a la División Operaciones del Departamento de Delitos
Ambientales de la Policía Federal Argentina, la que constató que, cruzando la Autopista Buenos Aires-La Plata
y en línea recta hacia el asiento de la planta investigada, existe el comienzo de un canal que atraviesa terrenos
arbolados, propiedad de "Smurfit Kappa de Argentina SA", que desemboca en el Río de La Plata, siendo el
caudal de este de color oscuro, con un olor intensamente nauseabundo y observándose en sus bordes un lodo
con la consistencia de engrudo, con restos de papel picado en algunas partes y también aureolas similares a
restos de sustancias químicas. De dicho canal solo se logró observar su comienzo a pocos metros de la
Autopista, y su primera parte del trazado hasta llegar a un portón con la leyenda "Prohibido el ingreso de
personas o vehículos ajenos a la empresa Smurfit Kappa", luego del cual el canal continúa en línea recta hasta
su desembocadura en el margen del Río de la Plata, pasando un sector de casas humildes, donde se observan
también el mismo líquido nauseabundo, restos de papel picado, el lodo oscuro y con aureolas tornasoladas, que
también ensucia el agua de las playas cercanas al citado río, donde a pocos metros hay pescadores y personas
paseando por la costa.
Los investigadores se entrevistaron con diferentes individuos del lugar que manifestaron no encontrarse
afectados en su salud a causa de la actividad de la empresa, pero sí refirieron que el olor nauseabundo que surgía
de la planta es muy fuerte y en ocasiones prácticamente insoportable; y respecto de si conocen de algún vuelco
de efluentes líquidos de dicha empresa, todos los entrevistados refirieron que la firma en cuestión vuelca sus
efluentes en forma subterránea a un conducto que cruza la Avenida Caseros y pasa por debajo del predio donde
copian el cartón y papel para reciclar hasta llegar al otro lado de la Autopista, donde continúa en forma
descubierta hasta el Río de La Plata.
Se tomaron muestras de las aguas del referido canal donde la firma arrojaría sus efluentes líquidos
industriales para determinar la presencia de elementos contaminantes mediante el Laboratorio de Toxicología y
Química Legal del Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional.
Del registro de la empresa se constató que carecía tanto del permiso de vuelco de efluentes líquidos como
del certificado de aptitud ambiental.
En la declaración indagatoria, el dueño de la empresa dijo que la planta toma agua del Río de La Plata,
cuestionó la cadena de custodia de las muestras y que, a su vez, existían otras empresas contaminantes. Frente a
la declaración de falta de mérito dispuesta por el juez federal de primera instancia —fundada en la necesidad de
evacuar citas de la defensa—, la fiscal recurrió ante la Cámara Federal de La Plata, la que finalmente resolvió
dictar el procesamiento del imputado por el delito ambiental.
Para rechazar el recurso, además de resaltar la ausencia de sentencia definitiva, la casación entendió que la
falta de la correspondiente evacuación de citas del imputado no obsta al dictado de un auto de procesamiento,
siempre y cuando existan pruebas suficientes para respaldarlo con el grado de probabilidad que este exige.
Las críticas del imputado se dirigían contra la atribución, en su calidad de presidente de la firma, de
responsabilidad en el hecho consistente en haber arrojado desde las instalaciones de la firma que preside, con
domicilio en la Avenida Espora nro. 200 de la localidad de Bernal, partido de Quilmes, sustancias líquidas que
contenían elementos contaminantes con la presencia de residuos peligrosos para la salud, tales como coliforme
totales, DBO y DQO, sin que dentro de sus instalaciones existiera un tratamiento adecuado para los residuos y
elementos máximos permitidos por la legislación, mediante el vuelco de sustancias contaminantes para el agua y
el suelo principalmente líquidas a un arroyo o zanja con desembocadura directa en el Río de La Plata y sus
márgenes, a la altura del denominado Camino o Paseo de la Ribera, lugar donde se encuentra un canal cuya
extensión en línea recta sale de la papelera "Smurfit Kappa de Argentina SA" y desemboca en el Río de la Plata,
hecho constatado en fechas 9 y 13 de abril de 2012, por parte de personal de la Autoridad del Agua y de la
División Operaciones del Departamento Delitos Ambientales de la Policía Federal Argentina —conducta
calificada como constitutiva del delito de contaminación y adulteración de las aguas y el suelo (art. 55 en
función del art. 57 de la ley 24.051)—.
La casación convalidó el procesamiento, el que estaba sustentado sobre lo señalado por la fiscal en cuanto a
que, entre otras cosas, la prueba documental aportada por la empresa que daba cuenta de que las autorizaciones
y permisos otorgados eran posteriores a la fecha de comisión del ilícito por el cual se la investigaba y que en la
extracción de muestras y posterior custodia para su análisis se dejó expresa constancia de la utilización del
personal especializado de recipientes adecuados y precintados con la correspondiente entrega de contramuestras.
Asimismo, la fiscal había recordado que en el acta se dejó debida constancia de que "Al momento de la
inspección se estaban evacuando líquidos residuales al exterior motivo por el cual se procedió en presencia de
personal de forma a extraer una muestra en la salida final de las unidades de tratamiento", lo que descartaba lo
alegado por la defensa en cuanto a que serían otras empresas las posibles contaminantes.
La casación también resaltó lo dicho por la fiscal en cuanto a que "... si un modelo de gestión empresarial no
se encuentra inicialmente orientado a eludir resultados lesivos, no es posible descartar, sin más, la
responsabilidad penal de quien justamente dirige y orienta la actividad productiva de la empresa, habida cuenta
que el delito en análisis se encuentra vinculado directamente a esta", y que se encuentra corroborado que los
elementos vertidos encuadran en la categoría de peligrosos en tanto poseen entidad infecciosa y ecotóxica, de
conformidad con lo previsto en el anexo II (Códigos H 6.2 y H 12 de la ley 24.051), según consta en los
informes de la División Laboratorio de la Autoridad del Agua de la Provincia de Buenos Aires, el Laboratorio
de Toxicología y Química Legal del Poder Judicial de la Nación y de la Universidad Tecnológica Nacional.
Finalmente, la casación destacó que, "atendiendo a las características del hecho denunciado del cual podría
derivar un grave daño ambiental (art. 41, CN, y art. 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales), es importante mencionar que el hecho objeto de
investigación en la presente causa reviste especial magnitud, en tanto consiste en determinar la posible
responsabilidad en la causación de un daño derivado de la salida de efluentes industriales altamente
contaminantes hacia el Río de La Plata en cercanía a la Planta Potabilizadora AySA de Bernal, que suministra
agua potable a distintos distritos del conurbado, remarcando el carácter constitucional de la cuestión a partir de
la reforma constitucional del año 1994 que introdujo el "derecho al ambiente" y de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (art. 11).
II.1.c. Desechos industriales: Afectación al bien jurídico
En "Azucarera J. M. Terán SA" (5), la sala 4ª entendió en el recurso de la fiscalía contra la confirmación del
sobreseimiento de dos imputados por el delito previsto en el art. 55 de la ley 24.051.
La causa se inició el día 25 de agosto de 2006 a raíz de la investigación preliminar del Fiscal General ante la
Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán de oficio (art. 26 de la ley 24.946) y como consecuencia de la
información remitida a esa dependencia por la Dirección de Medio Ambiente de la mencionada provincia, con
el fin último de dilucidar si las denuncias por contaminación efectuadas contra la Azucarera Juan M. Terán SA,
a cargo de la explotación del Ingenio Santa Bárbara, podrían encuadrar en los tipos penales de los arts. 55 y 56
de la ley 24.051 de Residuos Peligrosos.
En el voto del Dr. Gemignani, como primera cuestión se señaló que los residuos contaminantes que se
habrían volcado al medio ambiente, en la medida en que ello afecta a distintas jurisdicciones provinciales, surte
necesariamente la competencia del fuero federal.
A continuación, luego de detallar las normas y jurisprudencia constitucional vinculadas a la naturaleza
ambiental (especialmente el derecho al agua) establecidas en el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales (art. 11.1) y desarrolladas por su Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
de Naciones Unidas, recordó que "en el caso de que el Estado argentino incumpla —por acción u omisión— con
las obligaciones específicas previstas en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
con relación a los derechos humanos a los que hice referencia precedentemente, ello puede acarrear la
responsabilidad de nuestro país ante la comunidad internacional".
Asimismo, efectuó un detalle de la ley 24.051 (especialmente de las conductas delictivas de los arts. 55, 56 y
57, y el carácter "peligroso" del art. 2º), y recordó que esta ley fue reemplazada por la ley 25.612/2002 de
"Gestión integral de residuos industriales y de actividades de servicios", en el marco del dictado de leyes
referidas al ambiente que consagran los presupuestos mínimos de protección ambiental por parte de la Nación
Argentina (conf. art. 41, CN). Sin embargo, dicha normativa fue observada parcialmente por el Poder Ejecutivo
Nacional en lo atinente al régimen penal, por lo que hoy en día se encuentra vigente lo establecido en el capítulo
IX, es decir, los arts. 55, 56 y 57 de la ley 24.051. "En conclusión, debe advertirse que la ley 24.051 claramente
opera en los hechos y con relación a las normas penales aplicables como norma reglamentaria del mandato
constitucional previsto en el art. 41 de nuestra Carta Fundamental, el que fue pensado por el constituyente con el
objetivo final de garantizar a todos los habitantes de nuestro país el derecho a gozar de un ambiente sano,
equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades
presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, teniendo —en su caso— el deber de preservarlo y la
obligación prioritaria de recomponer el daño ambiental ocasionado" (6).
A partir de ello, señaló que el recurso de la fiscalía era procedente, para lo cual tuvo en cuenta que "como
está redactado el tipo penal previsto en el art. 55 de la ley 24.051, que entiendo aplicable al caso, allí se
contempla un delito doloso y pluriofensivo: de lesión y de peligro abstracto, por lo que, no solo incumbe a la
acusación pública probar la sola existencia de una degradación concreta del medio ambiente (lesión), sino que
además debe acreditarse la existencia de una relación de imputación con el peligro al menos potencial para la
salud de las personas (peligro abstracto). En este mismo orden de ideas, cuadra mencionar que —a mi
entender— las disposiciones penales de la ley 24.051 se dirigen a la protección de dos bienes jurídicos
fundamentales: la salud y el medio ambiente. Dicho criterio, ha sido seguido por nuestro Más Alto Tribunal en
CS, Fallos: 323:163, en cuanto sostuvo que '... Corresponde declarar la competencia de la justicia provincial
para entender en la causa instruida por infracción a la ley 24.051 de Residuos Peligrosos..., toda vez que no se
probó que los desechos pudieron afectar a las personas o al ambiente fuera de los límites de dicha provincia...'".
Por ello, según este voto, el sobreseimiento resultaba arbitrario, para lo cual debían "merituarse —en
especial— los informes técnicos efectuados por la Policía Científica de Gendarmería Nacional, el primero
durante la investigación fiscal preliminar (09/01/2007) y el segundo en el marco del allanamiento dispuesto en
autos (24/09/2007), los cuales dieron por cierto que los residuos vertidos a la atmósfera por medio de las
chimeneas y al agua mediante los vertederos correspondientes por el Ingenio Santa Bárbara no debieron ser
volcados al medio ambiente, sin haberse tomado las medidas requeridas al efecto (por ejemplo, la colocación de
filtros) y sin haberse efectuado el imprescindible previo tratamiento de las sustancias contaminantes. Y así debió
procederse, por superar los elementos nocivos al ambiente los niveles establecidos en la normativa aplicable a la
materia (ley 20.284, res. 963/1999 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y res.
1265/2003 del Sistema Provincial de Salud de Tucumán)".
También se consideró que el gerente de la planta reconoció que el Ingenio no contaba con una planta de
tratamiento, "... lo que pone en evidencia una evidente acción dolosa degradante del medio ambiente peligrosa
al menos en forma potencial para la salud pública de los pobladores de la zona afectada".
Sobre el riesgo jurídicamente desaprobado, se señaló que "la contaminación de la Cuenca del Río Salí-Dulce
efectuada por intermedio del Río Chico culmina en el Dique El Frontal, el cual es utilizado para la extracción de
agua potable para numerosas personas" y que "... la cantidad de partículas en suspensión que se constataron en
la atmósfera al momento del primer informe técnico, la cual excedía los límites establecidos en la normativa
respectiva, los responsables del ingenio debieron haberse ocupado en forma previa a la contaminación y no lo
hicieron, de proveer a la empresa de los elementos técnicos específicos para evitar que los elementos
perniciosos que se expulsaban por las chimeneas a la atmósfera se vieran reducidos a su mínima expresión y a
los parámetros legalmente admitidos".
Agregó que "las sustancias contaminantes... afectan no solo la atmósfera, sino también al agua colindante al
ingenio pesquisado y ello tiene efectos directos e indirectos sobre la salud de las personas, alcanzando a todos
los seres vivos a través de la inhalación del aire y del consumo del agua. En lo atinente a la salud de las personas
en su mayoría pertenecientes al colectivo de los 'débiles jurídicos' de la sociedad, resulta esclarecedora la
declaración testimonial prestada por la enfermera del Centro de Atención Primaria de Salud... quien afirmó que
las enfermedades más comunes que existen en la zona '... son las alergias y las de tipo respiratorio y podían
tener relación con la contaminación...' del lugar...".
Finalmente, señaló que "... ante hechos como los analizados los jueces no pueden convertirse en 'meros
espectadores' de la violación de derechos humanos fundamentales (derecho al agua y a un medio ambiente sano
en general) en aras de garantizar el éxito de una determinada actividad económica o industrial, sino que ante la
probada evidencia de la vulneración a derechos humanos básicos como los mencionados deben comportarse de
manera activa y no echar mano a razonamientos carentes de lógica a fin de justificar atropellos contra el medio
ambiente... no se pueden soslayar los derechos de las víctimas las cuales —en principio y como lo adelanté— en
supuestos como el analizado no son otras que las más desprotegidas de la sociedad y en muchos casos dependen
laboralmente de las compañías contaminantes, tal como acontece en el sub examine...".
Por sus fundamentos, se expidió en similar sentido el Dr. Hornos. Especialmente, detalló el resultado de
todos los análisis de las muestras de líquidos y sólidos que emanaban de la fábrica e iban a ser vertidos a cursos
de aguas interiores o exteriores, los que se encontraban en su mayoría excedidos con relación a los niveles
permitidos. Sin embargo, en el voto se señaló que el fundamento del sobreseimiento fue que por informes
periciales no se encontraba acreditado en autos que los residuos peligrosos producidos por la empresa
investigada hubieran puesto en peligro la salud pública (conforme los especialistas, esto era dificultoso, y en la
instrucción se habían ordenado varios estudios); por su parte, también que la Cámara Federal de Apelaciones de
Tucumán consideró que "este delito no se concreta con el solo hecho de envenenar, contaminar o adulterar, ya
que esta pluralidad de acciones está limitada por la exigencia que de ellas resulte un peligro común para la
salud".
En el voto, luego de mencionar las dos posturas doctrinarias que existen sobre la afectación al bien jurídico
en este delito en cuanto exigen o no una afectación concreta a la salud pública, se señaló que, luego de la
reforma constitucional, se advierte cómo el constituyente empoderó al medio ambiente como un derecho
autónomo más de los protegidos y garantizados en la parte dogmática del texto fundamental de la Nación,
ubicándolo como un derecho que atañe a la sociedad toda, y a las generaciones por venir. A partir de ello, se
dijo que no era correcta, ni ajustada al derecho vigente, la postura adoptada por los magistrados intervinientes
en este proceso (7). "No es posible separar en compartimientos estancos la tutela que el Estado debe llevar a
cabo sobre el medio ambiente de la protección a la salud pública. Es que, la importancia y trascendencia que
posee el derecho a vivir en un medio ambiente sano y equilibrado afecta al conjunto de la comunidad de vida, al
ser humano actual y a las generaciones por venir" (8).
Puntualmente, se dijo que "... más allá de que la norma en cuestión prevé una responsabilidad penal solo
cuando se dañe al medio ambiente de un modo 'peligroso para la salud', lo cierto es, que no puede entenderse el
derecho a la salud de los habitantes como algo limitado a estar sano, o no sufrir una enfermedad en particular.
La ley no se limita a castigar penalmente una afectación concreta y particular a la salud humana, sino que abarca
el peligro potencial que la contaminación mediante residuos peligrosos significa para la especie humana"; "La
salud pública se refiere entonces a la salud de las poblaciones humanas de modo amplio y el objeto de su tutela
por parte del Estado, es prevenir la enfermedad, la discapacidad, prolongar la vida, fomentar la salud física y
mental, mediante los esfuerzos organizados de la comunidad, para el saneamiento del ambiente y desarrollo de
la maquinaria social, para afrontar los problemas de salud y mantener un nivel de vida adecuado... la salud
humana está estrechamente relacionada con el medio ambiente que nos rodea. El agua potable y limpia
representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para el
desarrollo de los seres humanos".
Por lo tanto, en cada caso no debe acreditarse un daño o peligro concreto, comprobable de manera actual y
científica en los términos pretendidos por los magistrados a quo, puesto que el daño al medio ambiente mediante
el uso de los residuos peligrosos previstos en la norma daña al ecosistema y afecta, al menos de modo potencial,
la salud de los habitantes. "Es que los hechos denunciados, no habrían afectado a un particular, sino a una
comunidad en su totalidad".
A partir de ello, en el caso se entendió que se habría configurado el delito, por cuanto de los informes,
además de establecer que se trataba de residuos peligrosos, surgía que, entre otras cosas vinculadas a la salud,
"las aguas a las cuales el ingenio arroja sus afluentes son un ambiente propicio para un gran desarrollo de
bacterias, protozoos, virus y hongos que podrían afectar a la salud humana en forma directa o indirecta", que
"los niveles de componentes señalados son indicadores ecológicos de gran cantidad de materia orgánica que al
ser descompuesta en condiciones anaeróbicas produce amonio, ácido acético, sulfuro de hidrógeno y metano",
"que esos compuestos son tóxicos para la mayor parte de formas de vida acuática, además de ser estéticamente
indeseables en virtud de su olor", que "las especies químicas nitrogenadas en exceso inducen metahemoglobina
infantil y cáncer gástrico".
II.1.d. Vertidos de desechos al río: Afectación potencial a la salud
En "R. F." (9), la sala 3ª, luego de que la Cámara Federal de Tucumán confirmara el sobreseimiento de un
imputado dictado en primera instancia, hizo lugar al recurso de casación interpuesto por la fiscalía, anuló la
decisión, enviando las actuaciones a la instancia de grado para que se prosiga con la investigación.
En la causa se investigó la presunta contaminación ambiental producida por una empresa azucarera. El
suceso atribuido consistió en el vertido de las efluentes líquidos que arrojaba la empresa sin previo tratamiento
al cauce del Río Medina, que desemboca en el Río Sali y a su vez en la cuenca del Río Fontal, donde se constató
altos niveles de "demanda bioquímica oxígeno" y "demanda química de oxígeno" a través de la toma de
muestras efectuada el 31 de agosto de 2007, de acuerdo con las conclusiones del peritaje químico ambiental.
Tanto en primera como segunda instancia se concluyó que el hecho no había afectado aunque sea
potencialmente a la salud pública, por lo que debía dictarse el sobreseimiento del imputado.
La casación, para rechazar tales posturas, realizó un amplio análisis de la responsabilidad internacional que
surge de los tratados internacionales y dogmático de las figuras penales contempladas en la ley 24.051,
sosteniendo que todas se dirigen a la protección de la salud y del medio ambiente y, en consecuencia, no solo
debía verificarse una concreta lesión al medio ambiente sino también la creación de un peligro, aunque sea
potencial, a la salud de las personas.
Por ello se sostuvo que en el caso concreto las decisiones de ambas instancias resultaban infundadas y
configuraban la doctrina de la arbitrariedad sostenida por la Corte Suprema (CS, Fallos: 297:100), por cuanto la
resolución puesta en crisis no había analizado el contenido del informe pericial que concluyó que el exceso en la
"demanda bioquímica de oxígeno" y la "demanda química de oxígeno" habían excedido ampliamente los límites
permitidos por las disposiciones que rigen la materia, generando un medio no apto para la vida, favoreciendo la
proliferación de gran cantidad de microorganismos, bacterias, virus y que resultan perjudiciales para la salud.
II.1.e. Residuos cloacales vertidos al río: Tipicidad
En "C." (10), la casación entendió que no resultaba procedente la excepción de falta de acción por atipicidad,
toda vez que en el caso los elementos reunidos hasta el momento en modo alguno permitían afirmar que el
hecho denunciado era evidente y manifiestamente atípico.
En el caso se investigaba el vertido de desechos o efluentes cloacales a la cuenca del río Salí-Dulce sin el
debido tratamiento por parte de una planta potabilizadora de agua.
En este sentido, la casación señaló la falta de fundamentos expuestos por la mayoría de la Cámara que había
hecho lugar a la excepción, pues en la resolución recurrida "... si bien reconocieron que para la configuración
típica —en abstracto— del delito en cuestión no se requiere la demostración concreta del daño ambiental
efectivamente causado, sin embargo, los señores magistrados que expidieron su voto conjunto, señalaron que '...
la consideración de un material o de una sustancia como residuo peligroso, debe ser la resultante de
evaluaciones técnicas de su peligrosidad, en cuanto a la posible afectación del bien jurídico protegido, en este
caso sería el daño al medio ambiente... Que respecto al tipo objetivo, requiere un actuar doloso, es decir, que la
faz dolosa especialmente requiere el conocimiento de las características de los residuos manipulados... En
conclusión, de lo hasta aquí manifestado, no hay constancia de que en autos el hecho del artículo mencionado
esté configurado... En la presente causa estamos en presencia de una empresa de servicios, la SAT cuya
actividad es justamente la recolección, transporte y/o conducción de residuos domiciliarios (específicamente
cloacales) que no se encuentra alcanzada su actividad por la Ley de Residuos Peligrosos".
Tal escueta fundamentación fue criticada por la casación por contradictoria, por cuanto: "... sostener a un
lado que para la adecuación típica primigenia solamente basta con la presencia del posible riesgo potencial al
medio ambiente, para luego afirmar que —a su criterio— por ser un tipo doloso necesariamente requiere el
conocimiento efectivo de la característica perjudicial de los residuos. O el tipo penal exige riesgo potencial de
afectación, y con ello basta, o bien se requiere un conocimiento efectivo de la dañosidad del residuo, extremos
cuya concurrencia argumental se exhiben de antemano incompatibles merced la distinta intensidad cognitiva
que los magistrados le asignan al tipo penal".
Del mismo modo, se entendió que la determinación de la supuesta atipicidad de la conducta a partir de si el
evento investigado tenía o no cabida en la Ley de Residuos Peligrosos, excedían el marco de un incidente de
excepción de falta de acción, para lo cual se tuvo en cuenta que la fiscalía afirmaba que "... la manipulación de
efluentes cloacales debe subsumirse en el Anexo II de la Ley de Residuos Peligrosos, clasificado como clase
6.2, código H6.2, 'Sustancias o desechos que contienen microorganismos viables o sus toxinas, agentes
conocidos o supuestos de enfermedades en los animales o en el hombre".
II.1.f. Responsabilidad de los funcionarios por falta de control: Sobreseimiento prematuro
En "A." (11), la sala 3ª hizo lugar al recurso de casación interpuesto por la fiscalía y anuló la resolución
dictada por la Cámara Federal de Apelaciones de la provincia de Tucumán que había confirmado el
sobreseimiento dictado en primera instancia a una serie de personas por infracción a las disposiciones de la ley
24.051.
Si bien no se encuentran descriptos detalladamente los hechos materia de investigación, los imputados, que
ejercían cargos públicos en la localidad de Aguilares, provincia de Tucumán, habrían infringido las
disposiciones de tal normativa al no controlar los desechos emanados del Hospital Centro de Salud de aquel
lugar.
Para el voto mayoritario de la casación, la resolución no se ajustó a las exigencias de un sobreseimiento, por
cuanto careció de la certeza requerida y no despejó las dudas del caso en la medida en que la instrucción no
había agotado las medidas de prueba necesarias. Es que no se habían recibido declaraciones testimoniales a los
preventores que actuaron en la investigación para determinar, entre otras cosas, si había otros centros de salud
en la ciudad de Aguilares en donde se recolectaban bolsas con residuos peligrosos y tampoco se había
materializado la indagatoria del entonces director del Hospital Centro de Salud, pese a que estaba ordenada.
Ante ello, concluyó el fallo que, como la clausura anticipada del proceso no había despejado las dudas
inherentes al caso a estudio, ni se había agotado la eventual producción de prueba necesaria, el pronunciamiento
dictado sobre ese cuadro incierto resultaba prematuro y no se adecuaba a la naturaleza ni a la certeza exigida en
un sobreseimiento como el recurrido.
Contrariamente, la disidencia consideró que no habían podido acreditarse con el grado de certeza mínimo
los hechos endilgados a las personas implicadas, por lo que el dictado del sobreseimiento resultaba acertado.
II.1.g. Afluentes. Valoración de la prueba
En "D." (12), la sala 1ª intervino ante el recurso del Ministerio Público Fiscal contra la decisión del Tribunal
Oral de Tucumán, por cuanto absolvió a dos personas que habían sido acusadas de la comisión de delitos
reparación efectuado por el encausado. Que si bien la reparación económica debe ser en la medida de las
posibilidades del imputado, no debe olvidarse que su importancia radica en que el delito afecta a toda la
población y encuentra respaldo en la ley 24.051 y en el art. 41 de la CN, al establecer que el daño ambiental
generará prioritariamente la obligación de recomponer. Que el fiscal basó su postura también en los informes
obtenidos de AFIP y del registro inmobiliario.
Al correrse traslado de ella nuevamente a la defensa, esta parte sostuvo que la reparación del daño en la
medida de lo posible quedó comprendida en el ofrecimiento ya efectuado, toda vez que carece de otros medios a
su alcance que no sean los aportes a favor de la comunidad derivados de sus conocimientos profesionales.
La casación declaró inadmisible el recurso interpuesto. Señaló que la evaluación de la razonabilidad del
ofrecimiento se vincula con la concreta posibilidad de reparación del imputado, pero no con el monto del daño
ocasionado por el presunto accionar delictivo, ello para no tornar ilusorio el derecho que le asiste al imputado a
acogerse al instituto (15).
Se dijo también que la defensa no está en condiciones de asumir un monto de reparación económica por el
supuesto daño causado en razón de su situación particular, dado que fue señalado que sus ingresos solo le
permiten atender sus necesidades básicas. Y que, sin embargo, la parte no demostró dicha invocación, tanto más
cuando ante el informe de AFIP y ante el informe socio ambiental no se advierten elementos que impidan
efectuar algún tipo de reparación pecuniaria como manifestación de una voluntad superadora del conflicto que,
en las condiciones apuntadas, se advierte ausente. Se señaló puntualmente que registra operaciones de cambio
de divisas.
Se concluyó, entonces, que la defensa se limitó a exponer sus propias convicciones respecto del modo en
que debió ser resuelta la cuestión, sin poner en evidencia que la negativa fiscal presente un déficit que la
invalide en los términos del art. 69, Cód. Proc. Penal, ni que la instancia anterior haya aplicado incorrectamente
la normativa que regula la procedencia del instituto de la suspensión del proceso a prueba; por el contrario, el
examen del caso conduce a la solución opuesta, toda vez que en la instancia previa se efectuó un adecuado
control de logicidad y fundamentación del dictamen emitido por el fiscal de juicio.
b) En "M." (16), ante otro trámite del instituto de suspensión del proceso a prueba y también con el voto
unipersonal del Dr. Borinsky, se declaró inadmisible un recurso de casación interpuesto por la defensa de otra
persona imputada por los mismos hechos aquí señalados contra la decisión del tribunal de juicio que rechazó la
aplicación del instituto.
En este caso, se ofreció la realización de concientización ecológica y educación en cuidado del ambiente
para los jóvenes e integrantes de un club social de la provincia de Buenos Aires. Además, se propuso el pago de
la suma de $12.000 en doce cuotas de $1000 cada una, considerando productivo que dicho monto sea destinado
a campañas de educación ambiental o el destino que el tribunal considere, entendiendo, además, que la suma
aludida guardaba relación con la situación económica del imputado.
El Ministerio Público Fiscal se opuso a la concesión del instituto porque estimó que el ofrecimiento de
reparación resultaba insuficiente, ponderando los informes de organismos oficiales sobre el poder adquisitivo
del encausado y la gravedad de los delitos de contaminación ambiental.
La casación señaló que la defensa no rebatió que el razonamiento fiscal carezca de fundamentación ni que se
aparte de la normativa aplicable al caso y expuso idénticos fundamentos ya dados en el caso anteriormente
reseñado sobre el instituto de la suspensión del proceso a prueba.
c) En "G." (17), otro incidente de la misma investigación, también con el voto del Dr. Borinsky y bajo las
mismas consideraciones y fundamentos, se rechazó el recurso interpuesto por la defensa de otra de las personas
imputadas —gerente de la empresa—, a quien se le había rechazado la aplicación del instituto de la suspensión
del proceso a prueba.
En este caso, el ofrecimiento había sido la colaboración quincenal en un hogar de ancianos de la provincia
de Tucumán, y no se efectuó ofrecimiento de reparación económica alguna.
d) Para la casación, en un caso en donde se reprochaban conductas subsumidas en el art. 55, primer párrafo,
de la ley 24.051, no procedía la suspensión de juicio a prueba.
Así lo entendió la sala 1ª en "F." (18), al rechazar un recurso de casación interpuesto por las defensas luego
de que el TOF Nº 1 de San Martín resolviera no hacer lugar a la suspensión de juicio a prueba. Resulta que las
defensas solicitaron la aplicación del instituto de suspensión de juicio a prueba, pero la fiscalía se opuso,
argumentando que por el daño causado la reparación ofrecida por cada uno de los imputados ($3000 y $5000)
no era proporcional ni adecuada, teniendo en cuenta la extensión del daño y siendo además que la pena del tipo
penal aplicable podía ser de cumplimiento efectivo. El tribunal oral rechazó la aplicación del instituto con base
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en la razón normativa que le imponía la regulación de ese tipo de resolución de conflictos en cuanto a que no
podía apartarse de la postura fiscal (a la que también había adherido la parte querellante), criterio que fue
reproducido y homologado por la casación.
II.2.b. Rechazo por la gravedad de los hechos
En "A." (19), la sala 1ª intervino ante el recurso de la querella contra la decisión del tribunal de juicio
mediante la cual dispuso eximir del pago de la multa prevista y ampliar la suspensión del proceso a prueba en
favor de una persona acusada de la comisión de un delito ambiental (art. 55, ley 24.051).
El hecho imputado habría consistido en haber construido un edificio destinado a vivienda en un terreno
adquirido previamente y donde funcionaba con anterioridad una estación de servicios de combustibles,
omitiendo la realización del estudio hidrogeológico del terreno, el retiro de tanques, cañerías y demás accesorios
a través de una empresa habilitada, ni practicado las correspondientes medidas para la remediación del suelo
(conforme las exigencias de los arts. 34 y 35 de la res. 1102/2004 de la Secretaría de Energía de la Nación), ello
pese a haber sido intimada para el cumplimiento de ello. La contaminación que se le atribuye habría ocurrido
entre el 06/12/2006 y el 07/05/2007, cuando fue constatada la circunstancia descripta.
Cabe decir que, según surge del fallo, también había sido imputada del delito de estafa reiterada en cuatro
hechos que concursan de modo real entre sí, por haber vendido algunas de las unidades funcionales construidas,
pese a tener conocimiento de la presunta contaminación, omitiendo dar aviso a los compradores, hechos por los
que había sido requerida la elevación a juicio en diciembre del año 2012 y por los que oportunamente ya se le
había otorgado el instituto de la suspensión del proceso a prueba.
La casación hizo lugar al recurso de la querella y revocó la decisión atacada, señalando para ello que los
hechos que se imputan revisten suma gravedad y que ello constituye un fundamento decisivo para concluir en la
necesidad de que en el proceso transcurra la etapa correspondiente de debate oral y público, puesto que se presta
como la mejor manera de aclarar y deslindar las responsabilidades. Sobre la referida gravedad, se agregó que los
hechos afectan al medio ambiente y ponen en riesgo o peligro la salud pública, siendo estos los bienes jurídicos
tutelados por la ley 24.051.
Se agregó a ello la consideración de que la reforma del año 1994 introdujo el derecho al ambiente,
insertándolo en el art. 41 bajo el título "nuevos derechos y garantías", donde se advierte cómo el constituyente
empoderó al medio ambiente como un derecho autónomo más de los protegidos y garantizados en la parte
dogmática del texto fundamental de la Nación, ubicándolo como un derecho que atañe a toda la sociedad y a las
generaciones por venir.
Se concluyó en que el tribunal de juicio no realizó una correcta apreciación de la gravedad que reviste el
hecho imputado en el caso.
II.3. Cuestiones de competencia
II.3.a. Competencia federal: Vuelco en la cuenca Matanza-Riachuelo
La sala 4ª, en "S." (20), al rechazar un recurso de casación interpuesto por la defensa en un caso donde se
discutía si el hecho de que residuos vertidos en el arroyo Santa Catalina, conectado a la cuenca
Matanza-Riachuelo, resultaba competencia de la justicia federal o provincial, consideró que, al constatarse la
existencia de una afectación ambiental interjurisdiccional, en los términos del art. 1º de la ley 24.051, debía ser
la justicia de excepción la que tomara intervención en la investigación.
II.3.b. Competencia federal: Vuelco al río Paraná
En "Atanor SCA" (21), la sala 3ª intervino ante el recurso del Ministerio Público Fiscal y de la querella
contra la decisión de la sala B de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario, provincia de Santa Fe, en la que
se había confirmado lo resuelto en primera instancia en cuanto a la incompetencia de la justicia federal en el
caso.
El hecho consiste en la presunta contaminación por parte de una empresa dedicada a la producción de
químicos para el agro, la cual estaría vertiendo al cauce del Río Paraná, a la altura de San Nicolás —provincia
de Buenos Aires—, donde tiene su planta, distintos afluentes líquidos contaminantes sin el debido tratamiento ni
el aval de la autoridad correspondiente.
La casación, atendiendo los agravios de las partes recurrentes, decidió casar la decisión atacada y mantener
la competencia de la justicia federal en el expediente. Para ello sostuvo que es de público y notorio
conocimiento que el Río Paraná constituye el límite entre las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos, y el
vertido de tóxicos en sus aguas trata claramente de un supuesto que potencialmente podría afectar a las personas
o el ambiente más allá del territorio de la provincia en el que fue producido.
Asimismo, tras citar diferentes precedentes de la Corte Suprema (22)., se hizo mención a que la competencia
debe ser de la justicia federal, no solo debido al carácter interjurisdiccional del curso de agua presuntamente
contaminado, sino también en la gravedad de las posibles consecuencias del caso concreto ya evaluadas en una
medida cautelar, donde se tuvo en consideración el potencial riesgo para la salud pública del daño denunciado,
junto con la verosimilitud del derecho invocado.
II.3.c. Criterio para establecer la competencia federal: Interjurisdiccional
En "M." (23), la sala 1ª asignó competencia al fuero federal en un caso donde se investigaba a miembros de
una empresa en la ciudad de Bahía Blanca por la posible comisión de los delitos de contaminación dolosa con
residuos peligrosos de la atmósfera, el agua y el suelo (arts. 55, 56 y 57 de la ley 24.051, de Residuos
Peligrosos) y adulteración peligrosa para la salud de sustancias alimenticias (frutos de la pesca) y aguas
subterráneas potables (art. 200 del Cód. Penal).
En ese marco, estableció el criterio en cuanto a que en un caso donde se encontraban en discusión tales
tópicos no se podía descartar la afectación de recursos naturales interjurisdiccionales como consecuencia de la
contaminación ambiental de conformidad con la interpretación de la Corte Suprema sobre la materia en el
precedente "Lubricentro Belgrano" (CS, Fallos: 323:163). Allí, la Corte Suprema subrayó la exigencia de
interjurisdiccionalidad del daño ambiental denunciado como presupuesto inexorable para atribuir la
competencia federal, aun cuando se trate de residuos peligrosos. Este fue el criterio utilizado por el Máximo
Tribunal para decidir la competencia de los tribunales en los conflictos suscitados en torno a la materia discutida
en autos, estableciendo que la competencia del fuero federal se encuentra limitada a los casos en los que se
demuestre con un grado de convicción suficiente la afectación ambiental interjurisdiccional en virtud de un
análisis armónico de la ley 24.051 y el art. 41 de la CN.
En definitiva, se dijo que corresponde asignar a la justicia federal cuando se constate —como en ese caso—
un supuesto de afectación interjurisdiccional. Es exigible, se insistió, en que la afectación de recursos naturales
abarque la interjurisdiccionalidad (CS, Fallos: 323:4092; 326:212, 915, 1642, 1469, 4996; 327:2777, 4336;
329:2358; 330:1823; 331:1231; 332:867, entre otros). Y se aclaró que alcanza con que la comprobación de esa
afectación ambiental interjurisdiccional posea un grado de convicción suficiente.
II.4. Principios procesales
II.4.a. Alcance del principio del ne bis in idem: Investigación paralela por lesiones
En "E." (24), la sala 3ª confirmó la resolución de un tribunal oral federal que no hizo lugar a una excepción
de falta de acción por cosa juzgada planteada por la defensa. En esa oportunidad, señaló que no existía identidad
objetiva entre la causa en la que se imputaba la contaminación del ambiente y del suelo por parte de una fábrica
y aquella en la que se investigaron las lesiones culposas sufridas por los empleados de la fábrica a raíz de la
manipulación con desechos de plomo, en la que los imputados habían sido sobreseídos por prescripción de la
acción penal. Precisó que "... dichas conductas exhiben una ontología disímil y, precisamente esa distinción
radica en el hecho de que el auto desvinculante recae sobre un accionar negligente con relación a diferentes
medidas de tratamiento de eventuales desechos del plomo utilizado para la fabricación de baterías, lo que habría
ocasionado que varios empleados de dicho establecimiento sufrieran lesiones en su salud y contrajeran como
consecuencia de su actividad laboral habitual una intoxicación crónica con plomo, mientras que en esta causa, la
imputación tiene un alcance distinto, pues no solo es a título doloso, sino que se refiere a la contaminación del
suelo y el agua en las inmediaciones de la fábrica". En esta misma línea, entendió que la contaminación a través
de residuos peligrosos por la cual se requirió la elevación a juicio formó una unidad de injusto cerrada en sí
misma, insusceptible de ser comprendida como una única acción con relación a las conductas asociadas a la
negligente protección del personal que prestaba servicios en la fábrica. También tuvo en cuenta que los bienes
jurídicos afectados en ambas causas eran distintos: "En el proceso seguido en la justicia provincial, se investigó
un suceso con un alcance acotado respecto de un número determinado de personas, pues versaba sobre las
posibles lesiones sufridas por los empleados de la fábrica con motivo de su actividad laboral habitual. Por el
contrario, en el presente caso, la acusación se formuló en los términos de la ley 24.051 por haberse
'contaminado de un modo peligroso para la salud el suelo y el agua'. Consecuentemente, ya no nos encontramos
frente a una lesión de orden individual, sino antes bien, se trata de un hecho que habría afectado el medio
ambiente y, por ende, un interés difuso".
II.4.b. Sentencia absolutoria sin juicio previo
En "D." (25), la sala 1ª intervino ante el recurso interpuesto por el Ministerio Público Fiscal contra la
decisión del tribunal de juicio, de fecha 3 de agosto de 2017, por medio de la cual —por segunda vez— se había
dispuesto absolver a los imputados de la comisión de una infracción a la Ley de Residuos Peligrosos (art. 57 de
la ley 24.051).
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Conforme surge del fallo, las actuaciones tuvieron su inicio con la denuncia del mes de febrero de 2007 ante
la posible comisión de un daño ambiental por parte de los responsables de una destilería de la provincia de
Tucumán. También surge que, con fecha 17/06/2015, el tribunal de juicio había resuelto absolver a los
encausados, decisión que fue revocada por esta misma sala de la Cámara Federal de Casación Penal.
Atendiendo los agravios del Ministerio Público Fiscal, en esta nueva oportunidad, la casación volvió a hacer
lugar al recurso fiscal y anuló la sentencia, disponiendo que se lleve a cabo un nuevo juicio y se dicte un nuevo
pronunciamiento con sujeción a los lineamientos del fallo.
Para decidir de tal modo, se sostuvo que el tribunal sentenciante no ha dado cumplimiento a lo que la
casación había resuelto con anterioridad, pero con otra integración. Que, sin abrir juicio de valor respecto a las
conclusiones del tribunal en la absolución, se colige que esa decisión se emitió sin la debida sustanciación (art.
417, Cód. Proc. Penal), toda vez que se dictó esa sentencia sin la realización de un nuevo juicio luego de
haberse revocado la sentencia de absolución anterior.
Que el proceder del tribunal de juicio, entonces, vulneró los principios de inmediación y concentración
procesal, lo que evidencia una causal de nulidad absoluta que conlleva la fulminación de decisorio.
II.4.c. Celeridad de las investigaciones: Rechazo de indagatoria
La sala 1ª, en "C." (26), declaró inadmisible un recurso de casación interpuesto por la fiscalía, al que adhirió
la parte querellante, luego de que la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán rechazara una queja del
damnificado particular al presentar un recurso de apelación contra la decisión del juez de primera instancia que
dejó supeditado un pedido de declaración indagatoria formulado por esa parte a las resultas de un estudio
pericial ordenado en la causa.
En concreto, el juez de grado había dispuesto un estudio para que se determine si los elementos analizados
en el laboratorio correspondientes al efluente de la SAT-SAPEM implicaban un riesgo o peligro para la salud
pública. En ese marco, reservó para su oportunidad el pedido de llamado a indagatoria impulsado por la
querella. En el caso se investigaba una empresa por contaminar con deshechos cloacales sin el debido
tratamiento, con las consecuencias para la salud pública, el cauce de canales que desembocan en el Río Salí,
Embalse Río Hondo y Río Dulce, con desembocadura final en la Laguna de Mar Chiquita.
La casación señaló que el planteo no era de aquellos estipulados por el art. 457 del Cód. Proc. Penal, puesto
que la decisión de diferir la petición de citación a declaración indagatoria formulada por la parte querellante
hasta la oportunidad en que se cuente con el informe ordenado relacionado con la acusación no cerraba de
manera definitiva el avance de la acción penal y, por lo tanto, no convertía al pronunciamiento en sentencia
definitiva ni equiparable a tal.
De todas maneras, al advertir que tal pedido había sido solicitado en más de una oportunidad y al notar
cierto retraso por parte del instructor en dar una respuesta definitiva a la realización de aquel acto procesal, en el
fallo se instó a que se imprima a la actividad jurisdiccional la mayor celeridad posible para la rápida y correcta
dilucidación de la hipótesis que se plantea en las actuaciones. Ello en cuanto a los delicados conflictos que
subyacen a las acusaciones que se formulaban contra el imputado y a la protección constitucional y
convencional del bien colectivo —medio ambiente—, que se vincula con la calidad de vida, desarrollo
sustentable, la salud pública y la protección de futuras generaciones.
Se señaló, al respecto, que la Corte Suprema sostuvo que el reconocimiento de estatus constitucional del
derecho al goce de un ambiente sano, así como la obligación de recomponer el daño ambiental, configura la
precisa y positiva decisión del constituyente de 1994 de enumerar y jerarquizar con rango supremo a un derecho
preexistente. Y se dijo que la especial naturaleza del derecho a un ambiente sano encuentra su fuente en los
derechos de incidencia colectiva y, si bien es posible que involucren también intereses patrimoniales, en tales
supuestos cobran preeminencia otros aspectos referidos a materias tales como el ambiente, los ecosistemas, el
consumo, la salud pública, o que afectan a grupos que tradicionalmente han sido postergados o, en su caso,
débilmente protegidos.
Se agregó que, en esas circunstancias, tales derechos exceden el interés de cada parte y, al mismo tiempo,
ponen en evidencia la presencia de un fuerte interés estatal para su protección, entendido aquel como el de la
sociedad en su conjunto, por lo que los arts. 41, 42 y 43, segundo párrafo, de la CN brindan una pauta en la línea
expuesta. Asimismo, el daño que traen aparejadas las conductas que la ley 24.051 reprime exige el mayor de los
celos cuando de su investigación y juzgamiento se trata, toda vez que son derechos regulados en la Constitución
Nacional y en el derecho internacional de los derechos humanos (arts. 41 y 75, inc. 22, CN; 1 del PIDCyP; 1 del
PIDESC y 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, "Protocolo de San Salvador"). Por ello no pueden estar supeditados en su eficacia a una
fue lo que decidió al Fiscal General a actuar como le imponían sus obligaciones funcionales, es decir, formular
la denuncia penal. Además, señaló que las medidas adoptadas por el Fiscal General no fueron de aquellas
definitivas e irreproducibles previstas en el art. 213 del Cód. Proc. Penal, por lo que, en todo caso, se hubiera
tratado de un vicio subsanable, en tanto nada le impedía a la parte solicitar la reproducción de la medida en la
forma que creyera pertinente y útil pero no lo hizo, y que, por dicha omisión, operó a su respecto la caducidad
contemplada en el art. 171 del Cód. Proc. Penal.
II.4.e. Investigaciones preliminares por la UFIMA: Validez
En "Limpia Más" (28), la sala 1ª intervino ante el recurso del Ministerio Público Fiscal interpuesto contra la
decisión de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán que confirmó la decisión de primera instancia en
cuanto había declarado la nulidad de las actuaciones preliminares de la Unidad Fiscal para la Investigación de
Delitos contra el Medio Ambiente (UFIMA) que habían dado inicio a una investigación sobre la posible salida
de afluentes industriales hacia un canal colindante a la Ruta Nacional 9, km 1265,5.
Las actuaciones tuvieron inicio con la nota enviada por el personal de la Gendarmería Nacional a la Fiscalía
General Federal de Tucumán, elevando en consideración un informe pericial sobre la existencia de la posible
comisión de un delito ambiental. Seguidamente, el Fiscal General, tras conocer que ninguna de las fiscalías de
primera instancia tenía en trámite una investigación sobre tales circunstancias, realizó una pesquisa preliminar y
la envió a una de dichas sedes de primera instancia para que se asuma la investigación.
La fiscalía se agravió, señalando que la decisión atacada conllevaba una errónea interpretación del art. 26 de
la ley 24.946 —Ley Orgánica del Ministerio Público—, dado que tal norma habilita expresamente el desarrollo
de investigaciones preliminares para verificar la concreta comisión de hechos delictivos, para requerir informes
a organismos públicos, privados y solicitar la colaboración de autoridades policiales. También sostuvo que el
tribunal desconoció la norma prevista en el art. 37 de dicha ley, por cuanto prevé la facultad del Fiscal General
de ejercer las funciones propias de los fiscales de primera instancia, pudiendo actuar a los efectos de impulsar la
acción.
La casación hizo lugar a los agravios del Ministerio Público Fiscal y revocó la decisión impugnada. Para
resolver de tal modo, en el voto del Dr. Borinsky se señaló que la actuación realizada por el Fiscal General se
enmarcó dentro de las facultades previstas por el art. 26 de la ley 24.946 ante la posible comisión de un hecho
delictivo, debiendo notarse que el informe realizado por la Gendarmería Nacional tuvo como propósito
determinar la posible comisión de un delito derivado de la salida de afluentes industriales hacia un canal
colindante a la ruta nacional 9, y que la peligrosidad de dichos desechos quedó en evidencia de manera
espontánea, como consecuencia de su reacción química con la lluvia.
También se sostuvo en el mencionado voto que no se advirtió violación alguna de derechos individuales,
toda vez que el desecho de afluentes industriales fue observado a simple vista, en una zona de acceso público, e
incluso las medidas realizadas por la Gendarmería Nacional no resultan definitivas ni irreproducibles.
En el voto de la Dra. Figueroa se sostuvo que la causa tuvo su inicio en virtud de un informe del Escuadrón
55 de Gendarmería Nacional, de manera que se originó entonces conforme uno de los modos posibles de
provocar el avocamiento instructorio en forma directa que se interpreta como válido. Que en razón de ese acto
impulsor emanado de la prevención, se encontró en condiciones el instructor de ejercer la tarea de control y
dirección de la pesquisa, salvando de este modo la valla impuesta por el principio ne procedat iudex ex officio,
no siendo este el camino adoptado por el juez federal, quien resolvió declarar la nulidad de las actuaciones
preliminares, no correspondiendo adoptar tal camino.
II.5. Querellante
II.5.a. Vecino de un emprendimiento inmobiliario denunciado
En "D. N." (29), la sala 4ª hizo lugar al recurso de casación interpuesto por la fiscalía luego de que la Cámara
Federal de San Martín resolviera revocar la decisión de primera instancia en la que se rechazaba la excepción de
falta de acción promovida por un imputado en la que se otorgaba el rol de querellante a un particular. El
fundamento de la alzada fue que la decisión de otorgarle ese rol resultaba prematura.
La causa se remontaba al 15/02/2013, cuando un vecino denunció a una serie de personas por la presunta
comisión del delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público, falsificación de documentos
públicos, entre otros delitos, que habrían tenido lugar el 20 de diciembre de 2012 en el Concejo Deliberante de
Vicente López. En dicha oportunidad, la denunciante y pretensa querellante, manifestó que pertenecía a una
agrupación de vecinos de esa localidad bonaerense con intereses en común, referida al medio ambiente y en
especial a la construcción de obras de gran envergadura, que en general representan excepciones al código de
ordenamiento urbano con repercusión en la calidad de vida y en el ambiente en general. Que la agrupación había
tomado conocimiento de que en el mes de diciembre de 2012 se habían aprobado en el Consejo Deliberante
excepciones referidas a un proyecto inmobiliario denominado "Al Río" y que, entre tales excepciones, figuraba
la construcción de un helipuerto, cuyo permiso no estaba precedido de una audiencia pública y que carecía del
correspondiente informe de impacto ambiental, conforme lo exige la ley nacional.
Se refiere en el fallo que, al ratificar la denuncia, la denunciante expuso con claridad cuál era el perjuicio
que le ocasionaba el hecho denunciado cuando manifestó que estaba configurado por los "daños al medio
ambiente en donde habitaba, daño a la salud derivado de la contaminación costera, ya que la costa es un lugar de
esparcimiento público que no puede ser perjudicado con construcciones, tránsito vehicular, luminaria y demás
cosas que dañan y afectan la calidad de vida y naturalidad del paisaje".
Para objetar el rol de querellante que se le había otorgado en primera instancia, la Cámara Federal de San
Martín consideró que la investigación aún era incipiente como para determinar que la documentación
eventualmente adulterada para los fines que se indicaba en la querella aludida haya tenido incidencia en la
evaluación de impacto ambiental y que la propia jueza de instrucción se refirió al estado embrionario de la
pesquisa y adujo que restaban numerosas medidas.
Contrariamente, la casación entendió que el apartamiento de la denunciante de su rol de parte querellante,
con el argumento de que la investigación aún era incipiente, implicaba una errónea aplicación de las
disposiciones procesales que rigen la materia, en cuanto alude, en definitiva, a una condición extraña a la ley,
cual es la demostración de la maniobra delictiva cuya investigación se pretende. Que tal modo de resolver era
una clara afectación del derecho constitucional de tutela judicial efectiva de la víctima, reconocido por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación desde antaño (cfr.: el fallo "Otto Wald", CS, Fallos: 268:266), y acceso a la
jurisdicción consagrado implícitamente por el art. 18 de la CN y reconocido en los arts. 8º, párrafo primero, de
la CADH y 14.1 del PIDCyP (cfr. CNCas. Penal, sala 4ª, causa 335, "Santillán, Francisco s/ XX", Reg. 585, rta.
el 15/519/96, y CS, Fallos: 321:2021), que las disposiciones procesales estudiadas regulan.
II.5.b. Denegatoria para querellar luego del dictado de sobreseimiento
La sala 1ª de casación, en "F." (30), ratificó una decisión de la anterior instancia en cuanto a que no podía
constituirse en parte querellante una persona que se presentaba pidiendo ese estatus luego de cerrarse la
investigación por el dictado de un sobreseimiento que adquirió estado de firmeza, pese a que su pretensión se
encontraba vinculada con la presunta comisión de maniobras delictuales previstas en la ley 24.051 por una
empresa dedicada a la actividad avícola que podría haber causado la enfermedad y posterior muerte de su hijo.
III. Otros delitos o cuestiones vinculados con la cuestión ambiental
III.1. Ley 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico
III.1.a. Importación de piezas arqueológicas. Relación con el delito de contrabando
En "S." (31), la sala 3ª intervino ante el recurso de la defensa de una persona contra la decisión del tribunal
de juicio por medio de la que fue condenada a la pena de cuatro años de prisión de cumplimiento efectivo por
encontrarlo autor penalmente responsable del delito de tentativa de importación de piezas arqueológicas
—restos humanos— (arts. 2º, 48 y 49 de la ley 25.743 en función de los arts. 863, 865, inc. g, y 871 del Cód.
Aduanero y arts. 12 y 45, Cód. Penal).
El hecho imputado consistió en el haber intentado importar restos humanos momificados de origen
precolombino y provenientes de la República del Perú, los que poseen valor arqueológico (tratándose de piezas
de una antigüedad estimada de entre 2300 y 1400 años), los que fueron remitidos a su nombre mediante dos
envíos postales, conteniendo el primero de ellos un cuerpo momificado en posición fetal y encontrándose en el
segundo envío un total de tres cráneos humanos, todo ello acondicionado y oculto mediante la envoltura de
papel manteca, papel aluminio, nylon, cartón y papeles de diario. La maniobra fue descubierta por personal de
la Dirección de Aduanas en una sede del Correo Argentino, mediante la utilización de un sistema de escaneo,
siendo que las declaraciones aduaneras previas indicaban que el contenido de los envíos eran cerámicas
artesanales.
La casación, rechazando los agravios de la defensa, sostuvo que el régimen punitivo estatuido por la ley
25.743 en defensa del patrimonio arqueológico y paleontológico resultaba conceptualmente independiente del
regulado por el Cód. Aduanero (ley 22.415), que protege el adecuado ejercicio de las facultades que la ley le
acuerda al servicio aduanero para el control de las importaciones y exportaciones.
Que no resulta extensivo al tipo penal imputado la referencia del art. 947 del Cód. Aduanero sobre los
supuestos de infracción de contrabando menor para los casos en que la valuación de la mercadería en cuestión
no supere los cien mil pesos y que los bienes protegidos por la ley 25.743 —arqueológicos y paleontológicos—
pertenecen al dominio público, por lo que resultan ajenos al comercio, y desde allí la imposibilidad de
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cortadas y pulidas junto a restos fósiles hallados ocultos, tratándose de piedras araucaria mirabilis, pararaucaria
patagónica, cuyo posible rigen sean los bosques petrificados del Cerro Madre e Hija de la provincia de Santa
Cruz, con una antigüedad de entre 180 y 140 millones de años; fragmentos de madera petrificada de
procedencia desconocida, posiblemente de los Bosques Petrificados de santa Cruz, de la familia Araucariaceae
y/o taxodiaceae y 103 piezas de aparentes etípites de helechos fósiles.
La defensa se agravió por entender que la conducta de su defendido no reunía los requisitos típicos
necesarios para la configuración del ilícito, señalando que fue un mero instrumento del que se valieron los
autores del hecho para extraer del país los fósiles sin la debida autorización legal.
La casación rechazó el planteo de la defensa, señalando en primer término algunas consideraciones
generales sobre los aspectos objetivos y subjetivos de un hecho penal, y concluyendo que en el caso, para el
tribunal de juicio, resultó acreditado que el imputado sabía de forma certera el acto que se estaba realizando y
conocía el contenido de los barriles, habiendo sido su voluntad extraer los fósiles sin la debida autorización
legal y burlando el control aduanero. La sala sostuvo que el tribunal de juicio fundó y valoró correctamente el
grado de participación y responsabilidad del imputado.
El tribunal de juicio había valorado, por ejemplo, que el encausado comercializó material fósil en los
Estados Unidos y que se dedicaba al comercio de piedras semipreciosas en dicho país y puntualmente que para
la exportación en cuestión realizó trámites de modo personal. Asimismo, también la prueba de que fue en el
depósito del imputado donde se cargaron los barriles con las piedras y también con los fósiles ocultos, llevó a la
conclusión de la existencia en su conducta de los elementos objetivos y subjetivos del tipo.
III.3. Envenenamiento de suelos: Prescripción y efectos del delito
En "H." (34), la sala 3ª rechazó un recurso de casación presentado por la fiscalía ante la decisión de la
instancia anterior que había declarado la extinción de la acción penal por prescripción y en consecuencia el
sobreseimiento del imputado en un caso en donde se reprochaba la conducta estipulada en el art. 200 del Cód.
Penal.
En la causa se investigaba una denuncia del año 1994 por el enterramiento clandestino de 30.000 kg de
pesticida "Gammexane" en una fosa de un perímetro de cinco a diez metros, aproximadamente, cavada a un
costado de las vías del ferrocarril, en la localidad de La Argentina-Dpto. Aguirre, provincia de Santiago del
Estero, ocurrido entre el 18 de junio al 2/07/1990. Se les reprochaba a los imputados el hecho previsto en el art.
200 del Cód. Penal, cuya escala punitiva asciende desde los 3 hasta los 10 años de prisión (35).
La fiscalía entendía que debía tomarse como punto de partida del plazo de prescripción el día 6 de agosto de
2008, fecha en la cual se habría llevado a cabo un peritaje por parte del Laboratorio de Toxicología y Química
del Cuerpo Médico Forense y que determinaba "... la persistencia de la contaminación sobre los suelos y el
agua...", salvo que nuevas pericias demuestren que perdura actualmente.
Sin embargo, para la casación el punto de partida para contar la prescripción era el llamado a indagatoria del
mes de agosto del año 2000, fecha desde la que no hubo ningún otro acto interruptivo (conforme ley más
benigna).
En el voto concurrente del Dr. Riggi, se agregó que, respecto del informe mencionado por la fiscalía, esa era
la fecha de presentación del informe, pero no de confección, que databa del 30 de junio de 1997. Asimismo, se
sostuvo que, teniendo en cuenta que se estaba en presencia de un delito de los denominados continuos o
permanentes, resultaba aplicable el art. 63 del Cód. Penal. Pues, al imputarse el delito tipificado en el art. 200
del Cód. Penal, que prevé un máximo de 10 años de prisión y que los llamados a prestar declaración indagatoria
se remontaban al año 2000, al tomarse como punto de partida el 17 de junio de 2003, fecha en la cual se produjo
el desenterramiento total de la sustancia contaminante, conforme lo informado por la Dirección General de
Medio Ambiente, Secretaría de Planeamiento y Coordinación de la provincia de Santiago del Estero, y al no
obrar ningún otro acto interruptivo, debía convalidarse la extinción de la acción penal por prescripción.
III.4. Daño agravado: Tala de árboles en parques nacionales
La sala 4ª, en "B." (36), entendió en el recurso de la defensa contra la condena de dos personas por el delito
de daño agravado en concurso ideal con usurpación, a la pena de un año y tres meses a uno, y de un año, al otro,
en suspenso.
En el caso, se acusó a los imputados por haber ingresado sin autorización y en forma clandestina al Parque
Nacional de Tierra del Fuego, por la remoción violenta de los mojones que demarcaban sus límites y por la tala
de 88 ejemplares de lenga y guindo, entre renovables y adultos en el sector denominado P8 de una extensión de
15 metros de ancho por 80 metros de largo; los imputados habrían iniciado la obra sin dar previo aviso a las
autoridades competentes, conforme le fue exigido en el trámite administrativo pertinente.
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En primer lugar, la casación rechazó los agravios de falta de competencia fundada en que los árboles habrían
estado fuera del parque nacional. Para ello, luego de remarcar la naturaleza federal de los hechos, la casación
recordó que nada impide a los jueces federales dictar sentencia sobre delitos de naturaleza común, si así surgiera
del debate oral y público, y que la causa siempre tramitó en el fuero federal.
Al mismo tiempo, descartó que haya sido arbitraria la sentencia, en cuanto estableció que la obra que
realizaron los imputados avanzó sobre los bosques allí ubicados, que se trataba de bienes de uso público y tuvo
por comprobadas la cantidad y las especies de los ejemplares cortados a partir del informe de un guardaparque y
de un ingeniero forestal integrante de la Dirección de Bosques de la Secretaría de Recursos Naturales. También
se valoraron otros testimonios con relación a la remoción de las marcas que indicaban el fin de la parcela en la
medida en que ello daba cuenta de "la intensión de apoderarse de parte de las tierras linderas".
Para identificar los límites del PNTF, los sentenciantes evaluaron el resultado arrojado por los estudios de
agrimensura, la información de la Dirección de Catastro Provincial y/o Municipal y del Registro de la Propiedad
Inmueble, y las inspecciones oculares.
A partir de ello, se concluyó que correctamente los sentenciantes afirmaron fundadamente que los árboles
talados —extremo no controvertido— estaban dentro del terreno sujeto a la jurisdicción del PNTF y, por
consiguiente, dichas especies se encontraban al amparo de protección federal.
Para descartar el alegado desconocimiento, se tuvo en cuenta que uno de los condenados actuó como
ingeniero civil y fue el responsable profesional del proyecto que presentó ante las autoridades de la provincia de
Tierra del Fuego, Subsecretaría de Recursos Naturales, la "Guía de Aviso de Proyecto de Senda de Bahía San
José", el "Informe de Impacto Arqueológico" y mapas de ubicación, y, entre otras cosas, no avisó del inicio de
la obra, lo que también dificultó los eventuales controles y facilitó ocultar la remoción de límites a los coautores
materiales. Respecto del otro condenado, se le atribuyó conocimiento, por cuanto fue quien realizó los cortes de
los árboles, dirigiendo peones contratados para auxiliarlo y se advertía la existencia demarcaciones y, sobre
todo, "cuando aquellos árboles que se cortaban tenían en su propio tronco marcas que indicaban 'Parque
Nacional', lo que no dejaba otra alternativa que representarse la posibilidad de que se estuviera ingresando en
terreno ajeno a la empresa particular que le pedía el trabajo".
Entre otras cosas, se concluyó que el ingreso a las tierras del Parque Nacional y la tala de especies se trató
de un trabajo deliberado y clandestino con objeto de abrir un sendero hacia el Canal de Beagle que ponga en
mayor valor al proyecto turístico para el cual fueron contratados los imputados.
Respecto de la calificación, se remarcó que los bienes de uso público son los que, siendo del Estado,
públicos o privados, o de los particulares, están entregados al uso y goce del público en general (37) y que "no
puede soslayarse que el art. 41 de la CN receptó la idea de preservación de la calidad ambiental al establecer que
'[t]odos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano'. Por
su parte, el Protocolo San Salvador anexo a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en Materia de
Derechos Económicos Sociales y Culturales (ley 24.658, BO del 19/06/1996) reconoce, en su art. 11, el derecho
a un medio ambiente sano y dispone que los Estados deben promover la protección, preservación y
mejoramiento del medio ambiente".
A partir de ello, y en función de la ley 25.675 (BO del 06/11/2002, denominada "Política Ambiental
Nacional"), se concluyó que "lo cierto es que las especies de bosque nativo taladas se encontraban destinadas a
una indudable finalidad de uso público por lo que, en este aspecto, la subsunción jurídica por la cual resultaron
condenados los imputados debe ser homologada".
También se avaló el carácter de coautores por el dominio conjunto del hecho y los aportes de cada uno de
los participantes en el suceso.
III.5. Hábeas corpus por un orangután: Sujetos no humanos
En "Orangutana Sandra" (38), la sala 2ª intervino ante el recurso interpuesto por la parte actora contra la
decisión de la sala 4ª de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional que confirmó el
rechazo de una acción de hábeas corpus solicitada por la "Asociación de Funcionarios y Abogados por los
Derechos de los Animales" en protección de la orangutana de Sumatra llamada Sandra.
La casación sostuvo que, en una interpretación jurídica dinámica y no estática, es menester reconocerle al
animal el carácter de sujeto de derechos, puesto que los sujetos no humanos (animales) son titulares de
derechos, por lo que se impone su protección en el ámbito competencial correspondiente.
Tras dichas consideraciones, no resolvió sobre el fondo del planteo, sino que dispuso la remisión de los
actuados a la justicia penal contravencional y de faltas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en razón de su
competencia.
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Riggi y Catucci.
(25) Causa FTU 400616/2007/TO1/CFC2, Reg. 160/2019, del 25/02/2019. Voto compartido de los doctores
Borroetaveña y Petrone, al que adhirió el doctor Slokar.
(26) Causa 400570, del 26/09/2018, reg. 1000/18. Voto de la doctora Figueroa, al que adhirieron los
doctores Barroetaveña y Petrone.
(27) Causa 400424/05, del 30/04/2015, reg. 718/15. Voto de la doctora Catucci, al que adhirieron el doctor
Riggi y el doctor Borinsky.
(28) Causa 28375, Reg. 1741/16.1, del 27/09/2016. Voto del doctor Borinsky compartido por la doctora
Figueroa y por el doctor Hornos.
(29) Causa 1214/13, del 19/05/2015, reg. 926/15. Voto del doctor Hornos, al que adhirieron el doctor
Borinsky y el doctor Gemignani, votando ambos de forma concurrente.
(30) Causa 339/09, del 25/08/2016, reg. 1528/16. Voto del doctor Borinsky, al que adhirieron la doctora
Figueroa y el doctor Hornos, votando ambos de forma concurrente.
(31) Causa CPE 990000345/2011/TO1/CFC1, Reg. 1041/15, del 15/06/2015. Voto del doctor Riggi, al que
adhirieron las Dras. Figueroa y Catucci.
(32) Sala 1ª, causa FCB 12000723/2012/7/1/CFC2, Reg. 260/17, del 10/04/2017. Voto del doctor Hornos,
compartido por el doctor Borinsky y al que adhirió la doctora Figueroa.
(33) Causa CPE 990000302/2009/TO1/CFC2, Reg. 1941/18.4, del 11/12/2018. Voto de los doctores
Hornos, Gemignani y Borinsky.
(34) Causa 630/94, del 28/03/2016, reg. 298/16. Voto de la doctora Catucci, al que adhirieron el doctor
Riggi, votando concurrentemente, y el doctor Gemignani.
(35) Cabe aclarar que la ley 24.051 de Residuos Peligrosos fue sancionada el 17/12/1991 y promulgada de
hecho el 08/01/1992.
(36) Causa FCR 52018730/2005/TO1/15/CFC4, del 30/08/2017, reg. 1120/17.4. Voto del doctor Borinsky,
al que adhirieron —sumando fundamentos— los doctores Hornos y Gemignani.
(37) Cfr. D'ALESSIO, Andrés J., "Código Penal de la Nación. Comentado y anotado", Ed. La Ley, Buenos
Aires, 2ª ed. actualizada y ampliada, t. II, p. 853, con cita de NÚÑEZ, "Tratado de derecho penal", Ed. Lerner,
Córdoba, 1988, t. IV, p. 548, y SOLER, Sebastián, "Derecho penal argentino", Ed. TEA, Buenos Aires, 1994, t.
IV, p. 558.
(38) Causa CCC68831/2014/CFC1, Reg. 2603/14, rta.: 18/12/2014. Voto de los doctores Slokar y Ledesma.
(**)
I. Introducción
Sabido es que la consolidación actual del derecho ambiental, como rama autónoma, ha sido el fruto de un
laborioso proceso de concientización que comenzó a gestarse poco más de medio siglo atrás. Habiéndose
nutrido en sus orígenes de las normas específicas existentes en las clásicas ramas del derecho, se erigió con tal
autonomía que le permitió forjar toda una serie de principios propios, sobre los que se estructura, y que rompen
con la ortodoxia propia del derecho tradicional. Desde dicha cúspide, descendió esparciendo el manto
ambientalista sobre las ramas que lo vieron nacer, inmiscuyéndose en la consideración de las más diversas
cuestiones jurídicas a que ellas se refieren.
Sin embargo, la novedosa de esta disciplina aún se mantiene en nuestros días, permitiendo a ciertas
corrientes del derecho penal fundar la resistencia que ofrecen al establecimiento del "medio ambiente" como
bien jurídico dentro del catálogo de los Códigos Penales. Minimizando la entidad de las problemáticas
ambientales, y echando mano del principio de ultima ratio de la norma penal, hay quienes consideran que las
distintas conductas que atentan contra el medio ambiente no merecen un reproche penal.
Sin entrar en el análisis de tal cuestionamiento, que excedería el objeto de este ensayo, he de señalar que él
mismo ha resultado suficiente a los fines de ralentizar el desarrollo de un "derecho penal ambiental". Ejemplo
de ello es la situación actual de nuestro ordenamiento jurídico, donde, pese a contarse con normas penales de
"tinte ambiental", el medio ambiente no ha sido receptado como bien jurídico en el Código Penal (1).
Dentro del ordenamiento jurídico de la República Argentina, se destaca la Ley 24.051 de Residuos
Peligrosos, que prevé un régimen penal aplicable a la cuestión que regula. Justamente, el presente estudio tiene
por objeto abordar un análisis completo e integral del tipo penal previsto por el art. 55 y concordantes de la
citada ley.
Se pretende desmenuzar las distintas particularidades que lo caracterizan, determinar el bien jurídico a que
se refiere, haciendo especial énfasis en la técnica legislativa empleada, en tanto se destaca por incorporar los
mecanismos propios de la tendencia jurídica actual, que se avizoran en la legislación penal ambiental del
derecho comparado.
Vale destacar que la finalidad ínsita de este ensayo tiende a identificar los distintos obstáculos que pudieran
presentarse al momento de aplicar la norma de referencia, tanto desde la perspectiva penal, como de la
ambiental. Ello, en consideración a la modernidad e interdisciplinariedad propia del derecho ambiental, cuya
naturaleza impone efectuar un estudio de factibilidad normativa y técnica en relación a las circunstancias
fácticas, pues sabido es que una norma inaplicable resulta ineficaz.
Es por lo dicho que resultará menester considerar —a lo largo de este trabajo— las distintas cuestiones de
constitucionalidad que la técnica legislativa aludida trae a discusión, buscando armonizar las garantías penales
previstas en nuestra Carta Magna con el desenvolvimiento práctico y cotidiano de las cuestiones ambientales
que se suscitan en la realidad.
Todo ello, en miras a la individualización de los reales problemas que la norma de mención ha manifestado,
evitando el vertido de tintas en descripciones terminológicas (v.gr., envenenare, adulterare, contaminare, suelo,
agua, atmósfera, ambiente en general) que ya muchos autores y diccionarios se han ocupado de exponer.
Empero, corresponde advertir que en esta ocasión me circunscribiré al concreto análisis del art. 55 —primer
párrafo— de la ley 24.051, mas no abordaré el estudio de las restantes normas penales de la ley citada y las
implicancias que conllevan (v.gr., tipo culposo, actuar por otro, responsabilidad de las personas jurídicas,
cuestiones de competencia, etc.), pues ello excedería el acotado marco de este proyecto.
II. Régimen penal de la Ley 24.051 de Residuos Peligrosos (arts. 55 a 58)
"Art. 55.— Será reprimido con las mismas penas establecidas en el art. 200 del Código Penal, el que,
utilizando los residuos a que se refiere la presente ley, envenenare, adulterare o contaminare de un modo
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la ley 24.051, en su capítulo III preveía un régimen penal mediante el que se incorporaba al Código Penal de la
Nación un capítulo sobre delitos ambientales (arts. 51 a 54). La estructura típica de los artículos allí previstos se
asemejaba en lo sustancial (acción típica y objeto sobre el que recae la conducta) al régimen penal previsto por
la ley 24.051, suprimiendo la exigencia de que la acción se materialice "de un modo peligroso para la salud".
Sin embargo, el decreto de promulgación 1343/2002 observó los artículos referentes al régimen penal previsto
por la ley referida (y el mencionado art. 60), manteniendo vigente el régimen previsto por la ley 24.051.
IV. Técnica legislativa
1. Delitos de peligro
Continuando con el análisis esbozado en el acápite anterior, vemos que, para que el delito en estudio se
constituya, la acción (de envenenar, adulterar o contaminar) debe realizarse utilizando residuos peligrosos,
recaer sobre el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general, y fundamentalmente de un modo peligroso
para la salud.
La figura delictiva en estudio constituye un delito de peligro, pues no se requiere la efectiva producción de
una lesión al bien jurídico (salud pública). Sin embargo, no existe consenso en doctrina acerca de si se trata de
un delito de peligro concreto o abstracto. En resumidas cuentas, diremos que el delito de peligro abstracto es
aquel en que la conducta es considerada en sí misma un riesgo para el bien jurídico, en tanto que el delito de
peligro concreto exige que la consecuencia de la conducta importe un riesgo para el bien jurídico de que se trate
(una real puesta en peligro).
La utilización de tipos de peligro abstracto puede resultar tentadora desde su simplicidad y facilidad, pues la
propia ley presumiría el peligro sin necesidad de ser probado. De este modo, conllevando estos tipos una menor
actividad interpretativa por parte de los jueces, pues la sola realización de la conducta consuma el delito, se
evita lidiar con los tecnicismos sumamente complejos propios de la temática ambiental. Sin embargo, conforme
indica Zaffaroni, "El principio de lesividad impone que no haya tipicidad sin lesión u ofensa a un bien jurídico,
que puede consistir en una lesión en sentido estricto o en un peligro (...)... hay situaciones concretas de peligro y
otras que no lo son, y nada puede legitimar que en las últimas se afirme la tipicidad objetiva en contra de la letra
clara del art. 19 constitucional"(7). De ahí, que la técnica legislativa de los tipos de peligro abstracto haya sido
tachada de inconstitucional, exigiéndose entonces que aun en los tipos de peligro, el bien jurídico haya corrido
un efectivo peligro de afectación.
En este orden de ideas, y más allá de que la norma resulta clara cuando exige que la conducta se realice "de
un modo peligroso para la salud", es menester resaltar que el delito en estudio, amén de requerir que la acción
envenene, adultere o contamine el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general, para su configuración
determina que la "salud publica" (bien jurídico) haya peligrado efectivamente. Por ende, independientemente de
la entidad con la que resulte agredida la objetividad material (v.gr., medio ambiente), la conducta no será típica
si no se ve afectada la objetividad jurídica ("salud pública").
Dicha conclusión es de fundamental importancia, pues, si bien en la mayoría de los tipos penales existe
identidad entre su objeto y el bien jurídico al que responden, ello no es lo que ocurre en el caso del delito en
tratamiento. La práctica ha demostrado que caer en la confusión no es extraño, máxime cuando existen
indefiniciones y discrepancias en relación al bien jurídico cuya afectación la norma reprime. Por ello deviene
indispensable distinguir e identificar cada uno de los aspectos típicos señalados a efectos de evitar incurrir en
equívocos al momento de aplicar la norma. Pues, de direccionarse la investigación exclusivamente a la
acreditación, por ejemplo, de la contaminación ambiental en un determinado espacio (caso frecuente),
concluiremos en una materialidad fáctica que no aborda la totalidad de los extremos típicos y,
consiguientemente, la conducta no constituirá delito, conllevando al fracaso de la instrucción. Por ello, no debe
perderse de vista que al momento de investigar la presunta comisión del delito previsto por el art. 55 de la ley
24.051 será necesario probar tanto la afectación del suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general, como
el peligro para la salud pública.
2. Residuo peligroso. Tipo penal abierto. Elemento normativo. Ley penal en blanco. Concepto
El delito bajo análisis requiere que la conducta típica se realice "utilizando los residuos a que se refiere la
presente ley", es decir, empleando residuos peligrosos. Sin embargo, la ley 24.051 no se ocupa de definirlos
concretamente, sino que en su artículo segundo se limita a indicar:
"Art. 2º.— Será considerado peligroso, a los efectos de esta ley, todo residuo que pueda causar daño, directa
o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general.
"En particular serán considerados peligrosos los residuos indicados en el Anexo I o que posean alguna de las
características enumeradas en el Anexo II de esta ley.
"Las disposiciones de la presente serán también de aplicación a aquellos residuos peligrosos que pudieren
constituirse en insumos para otros procesos industriales.
"Quedan excluidos de los alcances de esta ley los residuos domiciliarios, los radiactivos y los derivados de
las operaciones normales de los buques, los que se regirán por leyes especiales y convenios internacionales
vigentes en la materia".
La situación descripta permite vislumbrar que la determinación del elemento normativo fundamental
(residuo peligroso) del tipo penal del art. 55 resulta una cuestión sumamente compleja. La técnica legislativa
empleada echa mano de dos recursos que han sido reiteradamente cuestionados. El párrafo primero da lugar a lo
que se conoce como tipo penal abierto, en tanto que el segundo párrafo es un ejemplo de ley penal en blanco.
a) Tipo penal abierto
"Será considerado peligroso, a los efectos de esta ley, todo residuo que pueda causar daño, directa o
indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general (...)".
Son tipos penales abiertos aquellos en los que la conducta típica o alguno de sus aspectos no se encuentran
definidos con precisión, debiendo ser complementados (o "cerrados") mediante la actividad jurisdiccional. Es
decir que será el juez quien, en definitiva, establezca los alcances de la norma en cada caso particular.
Debido a la mencionada indeterminación legal, los tipos abiertos han sido materia de discusión en cuanto a
su posible afectación del principio de legalidad. El art. 18 de la Constitución Nacional establece que "Ningún
habitante de la nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso..." (el
destacado me pertenece). De ahí que, para que una conducta constituya delito, deberá haber sido receptada
como tal por el órgano legislativo nacional.
El derecho penal admite la utilización de este recurso, sobre todo en aquellos casos en que se regulan
materias complejas, novedosas y cambiantes, donde aparece como necesario delegar en el juzgador la
complementación del tipo penal mediante su valoración e interpretación. Sin embargo, la delicadeza de la
cuestión impone la fijación de límites. Es decir que la norma penal resultará constitucionalmente tolerable, en la
medida en que su vaguedad no resulte de una entidad tal que no prevea concretamente el hecho punible, lo
prohibido.
En el caso que nos ocupa, lo indeterminado es el concepto de residuo peligroso, es decir, el elemento con el
que se realiza la acción típica. La ley se limita a indicar que son tales aquellos que tengan la virtualidad de
ocasionar un daño directo o indirecto al medio ambiente o sus componentes.
Si partimos de la sobradamente conocida base de que toda actividad humana genera repercusiones sobre el
medio ambiente en que vivimos, alterándolo y, por ende, afectando su integridad, es dable entender que el
precepto bajo análisis revestiría una desmesurada amplitud incompatible con las exigencias de "ley cierta" que
impone el principio de legalidad.
Sin embargo, entiendo que la propia naturaleza de la materia que nos ocupa impide al legislador prever de
antemano la infinidad de residuos que poseen una peligrosidad tal que sea susceptible de afectar el ambiente (y
a partir de allí, el bien jurídico salud pública). Ese es el fundamento que lleva a encomendar al juez la
complementación del concepto de "residuo peligroso". No se trata de alterar el principio de división de poder y,
menos aún, de delegar facultad legislativa en el Poder Judicial, en tanto lo indeterminado es un concepto
jurídico que puede ser despejado por el juzgador en cada caso concreto, mediante una labor de interpretación
razonable, técnica y ajustada a las distintas realidades fácticas. A efectos de evitar inconstitucionalidades, lo
fundamental es que el tipo penal sea lo suficientemente claro como para que resulte posible prever la esencia de
la conducta que reprime la ley penal, y para ello basta con seguir el sendero que marca el bien jurídico cuya
afectación la norma reprime (conforme fuera analizado párrafos antes). Asimismo, facilita la comprensión el
hecho de que esta norma penal se encuentra inserta en un régimen normativo específico (ambiental), cuya
lectura integral aporta toda una serie de herramientas que permiten —tanto al juzgador como al sujeto activo del
delito— prever de antemano los extremos del delito en tratamiento, sobre todo sus dimensiones material y
jurídica.
A mayor abundamiento, y sin perjuicio de que el art. 55 de la ley 24.051 no establece un sujeto activo
calificado, es menester considerar que, según el art. 1º de dicha normativa, ella regula concretas actividades de
"generación, manipulación, transporte, tratamiento y disposición final de residuos peligrosos" (excluyendo de su
ámbito de aplicación a los residuos domiciliarios, conforme establece el art. 2º, último párrafo). Actualmente,
correlacionar dicha previsión con la Ley General del Ambiente 25.675 que, entre otras cuestiones, dispone en su
art. 11 que "Toda obra o actividad que, en el territorio de la Nación, sea susceptible de degradar el ambiente,
alguno de sus componentes, o afectar la calidad de vida de la población, en forma significativa, estará sujeta a
Es por lo expuesto que la constitucionalidad de este tipo de normas ha sido reiteradamente cuestionada.
Empero, debe tenerse en cuenta que existen diversas modalidades de legislar "en blanco" y no todas ellas
conllevan la tacha de inconstitucionalidad. El Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni explica que "La ley penal en blanco
siempre fue sospechosa de lesividad al principio de legalidad formal y, además, abrió la puerta a la analogía y a
la aplicación retroactiva, motivos con los que bastaría para considerarla inconstitucional. Si a ello se agrega que
configura hoy una clara vía de delegación de la potestad punitiva por parte del Poder Legislativo, y que quiebra
la cláusula de ultima ratio, parece haber poco que discutir a su respecto. No neutraliza la inconstitucionalidad de
las leyes penales en blanco el argumento de las materias inestables que las requieren, aduciendo que los rápidos
cambios no podrían ser seguidos por el legislador penal, pues no hay materia que requiera cambios tan rápidos y
que sea seriamente necesitada de previsión punitiva; por otra parte, ésa es precisamente la función irrenunciable
del legislador. Las únicas leyes penales en blanco cuya constitucionalidad es tolerable son las llamadas
impropias, o sea, las que reenvían a otra norma emanada de la misma fuente. Este reenvío puede ser interno (a
otra disposición de la misma ley) o externo (a otra ley de igual jerarquía que la penal). Tales leyes serán
constitucionales en la medida en que el complejo resultante de ambas normas no viole alguno de los otros
principios limitativos a que se hace referencia (estricta legalidad, proscripción de la analogía, no retroactividad,
etc.)"(9).
Si bien el caso que comentamos parecería constituir un caso de ley penal en blanco impropia (con reenvío
interno), que no reportaría mayores inconvenientes, el art. 64 de la misma ley abre las puertas a la intromisión
del Poder Ejecutivo en la norma penal. Dicho artículo dispone que "Sin perjuicio de las modificaciones que la
autoridad de aplicación pudiere introducir en atención a los avances científicos o tecnológicos, integran la
presente ley los anexos que a continuación se detallan: I. Categorías sometidas a control. II. Lista de
características peligrosas. III. Operaciones de eliminación" (el destacado me pertenece), y, a su vez, el art. 59
indica que "Será autoridad de aplicación de la presente ley el organismo de más alto nivel con competencia en el
área de la política ambiental, que determine el Poder Ejecutivo" (los destacados son propios). De tal modo, es
fácil advertir que un organismo dependiente del Poder Ejecutivo Nacional se encontraría facultado para
modificar los anexos de la propia ley y, por ende, para agregar o quitar del listado los "residuos peligrosos" con
los que se realizaría la conducta delictiva del art. 55.
En función de lo expuesto precedentemente, y sin perjuicio de que se pretenda buscar la excusa en los
acelerados avances científicos y tecnológicos, entiendo que no resulta constitucionalmente tolerable completar
el tipo penal recurriendo a normas de inferior jerarquía a la de la propia ley penal. Obrar de modo contrario
implicaría desconocer groseramente el principio de legalidad (art. 18 de la Constitución Nacional), que ha de
regir indefectiblemente en materia penal, pues —como ya dijera anteriormente— la delegación legislativa en
órganos administrativos en materia penal se encuentra expresamente vedada.
En contraposición a la idea que sostengo, existe una corriente de pensamiento que entiende que el
fundamento de la existencia de las leyes penales en blanco reposa en la necesidad de regular la represión de
materias cambiantes y variables, y que no pueden ser captadas en sus múltiples facetas —con la urgencia
requerida— a través de la vía legislativa nacional. Pese a no compartir dicha tesitura, no puede dejar de
destacarse, en tanto ha sido sostenida jurisprudencialmente. Así, se ha argumentado que el Congreso Nacional
puede facultar al Poder Ejecutivo para ajustar los pormenores o detalles que resulten necesarios para ejecutar la
ley penal, siempre que hayan sido precisados los hechos y las penas aplicables. En tal caso, no se trataría de una
delegación legislativa, sino del ejercicio de la facultad reglamentaria propia en virtud de la ley que los otorga
(art. 99, inc. 2º, de la CN) (10). No obstante la interesante construcción lógica ensayada, y sin desconocer la
utilidad práctica que ella importa, entiendo que no alcanza a desvirtuar la línea de pensamiento que sostengo.
No se trata de un mero romanticismo, sino de entender que la circunstancia de que una simple disposición
administrativa tenga la virtualidad de convertir en delito actividades que antes no lo eran resulta inadmisible.
c) El concepto de residuo
"...todo material que resulte objeto de desecho o abandono...".
La citada definición, destacada por su simpleza, resulta ser la que aporta el propio Glosario del Anexo I del
dec. 831/1993 (punto 27). Si bien no se trata de un término vago, ambiguo o que requiera mayores
explicaciones, la cuestión se dificulta en consideración a la desmedida amplitud que le otorga la ley 24.051.
Nótese que el citado art. 2º establece que "(...) Las disposiciones de la presente serán también de aplicación
a aquellos residuos peligrosos que pudieren constituirse en insumos para otros procesos industriales (...)". Así,
conforme la fórmula legal, pareciera que la ley 24.051 considera "residuos" a elementos que por naturaleza no
lo son.
Sin embargo, es menester aclarar que lo que se pretende es evitar dejar fuera del ámbito de la ley la
"generación, manipulación, transporte, tratamiento y disposición final" de ciertos elementos o sustancias que
revisten una significativa peligrosidad y, por ser pasibles de ser empleados en otros procesos industriales, no
serían considerados residuos, quedando —en consecuencia— excluidos del ámbito de aplicación de la ley
24.051.
Si bien la metodología empleada por la ley resulta confusa, entiendo que lo correcto es considerar
comprendidos en los alcances de este régimen a aquellos "elementos o sustancias peligrosas" que concretamente
constituyan residuos. Ello, independientemente de su posibilidad de reutilización, pues lo relevante no es la
utilidad potencial del elemento, sino más bien el destino de él (desecho o abandono).
A lo dicho, entiendo que corresponde agregar una consideración adicional, no prevista en la norma, pero
cuyos cimientos se asientan en la labor jurisprudencial. Me refiero a la necesidad de considerar el carácter —o
no— de residuo en cada caso concreto. Digo ello teniendo presente el emblemático y renombrado fallo de la
Cámara Federal de Apelaciones de La Plata en autos "B/T Estrella Pampeana. Bandera Liberiana y B/M Sea
Paraná - Bandera Alemana s/ Colisión y Posterior Derrame de Hidrocarburos Km 93" (del 15/8/2002). En dicho
caso se aclaró que "4.6.1. El encuadramiento técnico-legal de los derrames de hidrocarburos en cursos de agua
—según el informe de la autoridad de aplicación solicitado por este tribunal a fs. 835 (criterio, por lo demás,
que se compadece con el sostenido por la misma autoridad en supuestos análogos)— establece que cuando el
petróleo se extrae de los yacimientos bajo tierra y se lo transporta por vía marítima y fluvial, etc., lo que se
maneja es una sustancia/mercancía peligrosa. Adviértase que el líquido, en esa situación, mal puede definirse
como 'residuo'. Antes bien consiste, propiamente, en 'materia prima de la naturaleza'", y "4.6.3. Aceptado el
razonamiento anterior, parece obvio de que el petróleo no asume calidad de 'residuo' en su ambiente natural
(yacimientos bajo tierra) o cuando se le utiliza como materia prima en la industria petroquímica. Empero si el
mismo material se vierte y entra en contacto con agua, y/o se mezcla con el suelo, y alcanza por ejemplo un río,
'ya no tiene el mismo valor económico que como materia prima'. Es más, 'el petróleo derramado deja de tener
valor económico como materia prima y pasa a ser algo no deseado para las empresas que lo han extraído de su
entorno natural, máxime al estar expuesto a las condiciones climáticas superficiales que hacen que su
composición físico-química varíe... (el resto) ya no es petróleo sino residuo' (conf. informe cit., fs. 988)".
La construcción efectuada por el citado tribunal resulta ilustrativa a los efectos de entender que una
sustancia o elemento que en condiciones normales no sea residuo, puede —de acuerdo a las circunstancias—
variar su naturaleza y ser considerado tal. De ahí la necesidad de analizar y evaluar la situación fáctica de cada
caso concreto, pues la conducta que afecte las objetividades material y jurídica mediante el empleo de una
sustancia o elemento peligroso que no sea residuo será atípica.
3. La cuestión de los límites administrativos. Proyectos de reforma
a) La cuestión de los límites administrativos
Tal como se expusiera párrafos antes, la autoridad (administrativa) de aplicación se encuentra legalmente
facultada para formular modificaciones a las categorías sometidas a control y al listado de características
peligrosas (contenidos en los Anexos I y II). Desde ya, siguiendo la línea de pensamiento que sostengo, dicha
atribución no debería tener repercusiones en la esfera penal (art. 55 de la ley de marras). Por supuesto, podría
considerarse peligroso —en los términos del citado art. 55—, algún residuo que la autoridad de aplicación
incluya en el Anexo I o que determine que posee las características del Anexo II, pero ello no en función de la
mera disposición administrativa, sino en atención a un análisis valorativo judicial —en cada caso concreto—,
conforme explicáramos en el punto 2.a.
Asimismo, la autoridad de aplicación posee una llamativa atribución, otorgada por el dec. regl. 831/1993 (no
ya de la propia ley). La reglamentación del art. 64 de la ley 24.051 dispone que "Los estándares, límites
permisibles y cualquier otro patrón de referencia que se establezcan en el presente decreto y sus anexos, quedan
sujetos a modificaciones por parte de la autoridad de aplicación, la que podrá definir otros en su reemplazo que
considere adecuados en su momento, siempre y cuando los nuevos textos se constituyan en modificaciones
restrictivas respecto a la situación anterior (...)". Es decir, de acuerdo a lo que surge del citado decreto, la
autoridad de aplicación establecerá —y eventualmente modificará— niveles máximos de tolerancia de
generación, manipulación, transporte, tratamiento y disposición final de residuos peligrosos. Básicamente, la
autoridad de aplicación tendrá la función de establecer los niveles guía o estándares de calidad ambiental por
debajo de los cuales los riesgos para la salud y el ambiente serían mínimos, de modo que hasta dichos límites
existirían permisos de vertidos o emisiones de residuos peligrosos.
El problema surge cuando se verifica una conducta que tiene la virtualidad de afectar el bien jurídico, pero
dicha acción se encuentra dentro de los límites de tolerancia previstos en la norma administrativa. Ello ha
planteado la cuestión de las relaciones que deben existir entre las normas de carácter administrativo y las de tipo
penal, pues las reglamentaciones administrativas parecerían otorgar "permisos para contaminar" hasta cierto
punto, con base en análisis científicos considerados por la propia autoridad de aplicación.
No obstante ello, y tal como sostuviera párrafos antes, entiendo que la normativa administrativa no puede
tener incidencia sobre la penal. De tal modo, y así como dijera que una reglamentación de la Administración no
puede tener entidad suficiente para convertir en delito actividades que según la ley no lo son, tampoco puede
ocurrir la inversa. Es decir que la autoridad administrativa carece de facultades para eximir de responsabilidad
penal a aquellas conductas que encuadran en los extremos típicos.
Esta cuestión fue formidablemente expuesta en un fallo de singular importancia, emitido por la Cámara
Federal de San Martín (autos "Wentzel, Jochen E. y otro s/ley 24051", del 16/10/1992). En dicha causa se dijo:
"Este tribunal tuvo oportunidad de señalar en una causa donde se analizaba una relación similar entre la norma
administrativa y la penal (en el caso, art. 202 del CPen.) que 'no es admisible la pretensión de anteponer a
normas legales dictadas por el Congreso Nacional en ejercicio de sus facultades constitucionales, el contenido
de decretos destinados en definitiva a regular actividades de la Administración... que prevean la posibilidad de
vertidos prohibidos por las normas que regulan aquellas mismas actividades administrativas (arts. 31, 67, inc. 11
y 86, inc. 2º, de la Constitución Nacional)' (causa 3198 'Av. Contaminación Río Reconquista', Sec. Pen. 1,
26/8/1992, reg. 2631). En efecto, como allí se concluyó, debe rechazarse el planteo sobre la legalidad de
vertidos contemplados en la norma administrativa, si al mismo tiempo constituyen conductas punibles por la ley
represiva, pues aun cuando en el plexo de normas administrativas se contemple la posibilidad del vertido de
tales desechos, con un régimen de sanciones propios de su naturaleza, ello no implica una autorización o
disculpa para quien por dicha vía cometa un delito previsto en la ley penal. Claro está, la acción del delito que
allí se estudiaba conducía sin dificultad a dicha posición, pues no podía sostenerse seriamente que alguien
estuviera autorizado por una norma administrativa a propagar enfermedades (art. 202 citado). Empero, se
vislumbró el problema cuando el núcleo del tipo penal fuera el que ahora nos ocupa: 'como se adelantó, distintos
serán los fundamentos y razonamientos a seguir si se contraponen esas disposiciones que regulan la actividad de
las empresas, con la nueva norma del art. 55 de la ley 24.051... que reprime a quien contaminare, sin especificar
cantidades ni calidades de tal proceder'. De suerte que, por imperativo del propio verbo de la figura, no cabe otra
alternativa que desentrañar su significado recurriendo a otros elementos, pues prácticamente toda actividad
humana produce contaminación, muchas de ellas de un modo peligroso para la salud, y solamente en virtud de
pautas signadas científicamente será posible advertir los niveles que exceden una normal tolerancia para la vida
en relación. Esa tarea, consistente en desentrañar el exceso en el riesgo permitido en cada caso, es propia del
juzgador y, para ello, la misma norma le brinda un elemento del tipo insoslayable: la determinación del peligro
para la salud de las personas. Empero, para establecer dicho aspecto, la reglamentación administrativa sólo
aportará una de las pautas de evaluación, ya que será el trabajo de expertos en las ciencias involucradas, el que
brinde adecuada ilustración. En todo caso, el cumplimiento de los niveles que exigen las disposiciones de índole
administrativa, tendrá incidencia en el campo de la culpabilidad, pero de ningún modo podrá operar per se como
causal de atipicidad o de justificación".
En función de lo expuesto, los niveles guías impuestos por la Administración no resultarán determinantes a
los efectos de ponderar la existencia de delito. Los estándares previstos en normas administrativas funcionaran
como simples indicadores que podrán orientar la instrucción, pero en modo alguno condicionaran el tipo penal.
Y por supuesto, así como una conducta que no supere los niveles guía puede o no constituir delito, lo mismo
ocurrirá cuando dichos límites sean superados. El vertido o las emisiones de residuos peligrosos por encima de
los topes administrativos no importan necesariamente la comisión del delito en estudio. Ello pues, a los efectos
de encuadrar la conducta investigada en los extremos típicos, lo necesario es verificar la comprobación de la
efectiva puesta en peligro para la salud pública.
b) Proyectos de reforma
En la última década se destacaron dos anteproyectos de reforma y actualización del Código Penal de la
Nación, en el año 2006 (11) y en el año 2014 (12), en los cuales se incluyeron títulos referidos a los delitos contra
el ambiente. Más allá de las diferencias generales que pueden existir entre uno y otro, ambos coinciden en
supeditar la existencia del delito a la infracción de normas administrativas.
El art. 206 del anteproyecto del año 2006 dice: "Será reprimido con prisión de un mes a cinco años y multa
de noventa a seiscientos días-multa el que contraviniendo leyes o disposiciones protectoras del medio ambiente,
lo contaminare o degradare mediante emisiones, vertidos, radiaciones, vibraciones, ruidos, extracciones,
inyecciones o depósitos en la atmósfera, suelo, aguas terrestres, marítimas o subterráneas o por cualquier otro
medio, en perjuicio de la integridad ecológica de los sistemas naturales". A su turno, el artículo 204 del
anteproyecto del año 2014 reza: "1. El que violando leyes o reglamentos contaminare aguas, aire o suelo,
diseminare enfermedad, plaga o especies biológica o genéticamente alteradas, con grave peligro para la salud
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humana, de mortandad de animales o de alteración o destrucción significativa de la flora, será penado con
prisión de tres a ocho años y multa de sesenta a trescientos sesenta días (...)" (los destacados son propios).
No obstante el avance que, en materia ambiental, pudieren importar los proyectos de mención, en tanto
incluyen dentro del catálogo del Código Penal al bien jurídico medio ambiente, entiendo que la técnica
legislativa empleada no resulta satisfactoria. Por el contrario, se abren las puertas a un ámbito de impunidad
inmensurable. Ello, pues se deja en manos de la Administración la determinación de lo punible. Tan es así que,
de acuerdo a lo previsto por los artículos citados, por muy atentatoria que —contra el medio ambiente— sea una
conducta, si el Poder Ejecutivo (o una de sus dependencias) la autoriza o, peor aún, no la regula, nunca podría
ser delito. En consecuencia, según los anteproyectos de mención, el ámbito de lo punible tendrá lugar
únicamente al sobrepasar los límites que la Administración disponga.
4. Racconto
Teniendo en consideración el análisis hasta aquí desarrollado, no es difícil advertir que la técnica legislativa
empleada en el tipo penal bajo estudio, derivada de la suma complejidad de la cuestión ambiental, nos enfrenta
con problemas de índole constitucional. Ello, pues, en el afán de dar respuesta punitiva a las conductas
atentatorias contra el medio ambiente, puede aparecer seriamente comprometido el plexo de garantías
constitucionales.
Si bien es claro que el derecho penal no es un instrumento capaz de dar adecuada protección al medio
ambiente, pues a dichos fines resultan idóneas otras ramas del derecho (principalmente, la administrativa), es
innegable que el medio ambiente constituye un bien jurídico de magna entidad, cuya relevante afectación es
merecedora de la máxima sanción legal (aplicación de la pena). No obstante ello, ni la importancia del bien
jurídico de que se trate, ni la complejidad del derecho al que se refiere constituyen excusas válidas que permitan
descuidar el imperio de las más elementales garantías del sujeto. Es por ello que entiendo que en el ámbito del
derecho penal es imperioso seleccionar cuidadosamente las conductas merecedoras de tal reproche e
individualizarlas adecuadamente, lo cual resulta ser tarea exclusiva del legislador nacional, para su posterior
aplicación por el juez.
Así, con base en el estudio desarrollado, es menester apuntar las siguientes directrices que han de respetarse,
tanto en la creación de la ley penal, como en su aplicación: A fin de salvaguardar el principio de legalidad
(derivado del de división de poderes), la exclusiva fuente creadora de la ley represiva ha de ser el Congreso
Nacional. Sólo el Parlamento se encuentra facultado para legislar en materia penal, por lo cual debe encontrarse
vedada la posibilidad de que el Poder Ejecutivo (o las legislaciones provinciales) tengan la posibilidad de
transformar en delito conductas que previo a su disposición no lo eran. O, a la inversa, extender permisos que
sirvan de "dispensa", a los efectos de eximir de pena.
Es necesario no perder de vista las funciones (y consecuentes facultades) de la Administración, pues muy
distintas son a las del ámbito penal. Las actividades que regulan las normas administrativas pueden ser idénticas
a las que prevén las penales, pero los objetivos de una y otra son disímiles. En el ámbito del derecho
administrativo, puede afirmarse que la regulación y reglamentación de determinada actividad puede orientarse a
la protección del ambiente, pero en la esfera penal la norma no hace más que sancionar del modo más severo
(mediante una pena) la afectación del bien jurídico. Es por ello que en la cuestión penal habrán de extremarse
los cuidados a la hora de tipificar conductas, de modo que no se alteren las garantías propias del sistema penal.
Si bien es cierto que —en la práctica— la creación de la normativa administrativa resulta ser más ágil, ello
claramente responde a que la ley del congreso (penal, en este caso), dada su naturaleza y delicadeza, requiere de
un mayor y minucioso debate y tratamiento. Justamente, el universo jurídico que rodea a las normas penales
requiere de un cuidado superior a la ligereza que caracteriza a las normas emanadas de la Administración, en
donde la voluntad del suscriptor de un decreto (por caso) resulta suficiente.
Lo expuesto en el párrafo que precede, aunque parezca una obviedad de grado, es digno de ser destacado.
Ello, pues ese ha sido el fundamento que ha llevado a considerar que la Administración se encuentra facultada
para reglar "pormenores", cuando en realidad lo que se hace es transformar en delito conductas que por ley no lo
son. Al respecto, jurisprudencialmente se ha explicado que en materias complejas, sumamente específicas y
cambiantes (en constante evolución), resulta imposible para el legislador prever de antemano la multiplicidad de
aspectos y detalles propios de las conductas que tipifica (13). Empero, he de insistir en la postura que sostengo,
pues entiendo que no existen cuestiones tan intrincadas y —a la vez— urgentes, que sean merecedoras de un
reproche penal. Por el contrario, si tan compleja es la materia a regular, ¿qué mejor que un debate legislativo
previo y razonado? A todo evento, en el hipotético caso de que la ley penal no pueda individualizar ciertos
"pormenores", resultaría preferible que esta tarea de individualización recaiga en el Poder Judicial, en tanto
—antes que la Administración— es preferible que sea un juez el encargado de descubrir los detalles propios de
la conducta típica, pues lo hará en el marco de un proceso penal, rodeado de toda una serie de principios y
garantías del imputado.
V. Palabras finales. Propuesta
Sobre la base de los argumentos hasta aquí expuestos, entiendo que resulta perfectamente viable la
elaboración de un tipo penal que, sin caer en los vicios ya apuntados, dé adecuado tratamiento a la cuestión
ambiental.
Como primer paso, resultará imprescindible que el medio ambiente sea efectivamente receptado como bien
jurídico dentro del catálogo del Código Penal. Es sabido que en el universo jurídico existe una amplia y variada
gama de bienes jurídicos, los que se encuentran tutelados por las distintas ramas del derecho, pero sólo los más
fundamentales son aquellos cuya afectación justifica una sanción penal (de ahí el principio de que el derecho
penal actúe como ultima ratio). Al respecto, me encuentro convencido de que el "medio ambiente" constituye un
bien jurídico de magna entidad, cuya afectación merece una represión penal. No se trata de asumir una postura
apocalíptica, sino de comprender que "...el bienestar no puede ser concebido sin un ambiente sano..."(14).
Este es el punto de partida indispensable, pues, de no existir afectación al bien jurídico, la ley penal
carecería de razonabilidad y consecuentemente el juez se vería imposibilitado de aplicar la sanción
correspondiente. El bien jurídico constituye una categoría fundamental del derecho penal, pues es su razón de
ser, el motivo que justifica la punición de conductas y que permitirá interpretar la voluntad del legislador.
Entiendo que no resulta suficiente la represión de conductas atentatorias contra la "salud pública". Es cierto
que existe una íntima relación entre salud y medio ambiente, puesto que uno es presupuesto del otro (15), pero el
concepto de medio ambiente resulta ser más amplio. Ello, pues abarca distintas aristas (a modo genérico: agua,
suelo, aire, biodiversidad, patrimonio cultural) que son las que posibilitan la vida en relación.
Ésta, justamente, es la crítica primordial que merece nuestro régimen penal, en relación a los delitos
ambientales. Empero, aun de considerar que la regulación actual del art. 55 de la ley 24.051 importa una
regulación indirecta de la afectación del medio ambiente (por ser la objetividad material del tipo penal), vemos
que ella se circunscribe a la conducta que se realice mediante la utilización de residuos peligrosos, lo que
también deviene insuficiente. Existen múltiples formas y medios de causar impactos ambientales de suma
relevancia, y si bien los residuos peligrosos —por su naturaleza— tienen la virtualidad de afectar seriamente el
ambiente, resulta obvio que dicha reducción del tipo penal deja fuera una importante serie de supuestos.
Bien puede existir una contaminación (16) penalmente relevante que se lleve a cabo utilizando residuos que
no son peligrosos. A modo de un simple ejemplo, piénsese en la contaminación del aire derivada del material
particulado (polvo) que se emite en las operaciones vinculadas al manejo de granos, sea en las plantas de silos o
al momento de la carga del cereal en buques y camiones. Lo importante es la existencia o no de una
contaminación penalmente relevante, es decir, el resultado o peligro para el bien jurídico, mas no la peligrosidad
intrínseca del elemento con el que se lleva adelante la acción.
Del mismo modo, es menester tener presente que el acto contaminante no ha de ser considerado en forma
aislada, pues la contaminación como delito bien puede ser de carácter continuado. En materia ambiental, las
conductas que afectan el bien jurídico suelen desarrollarse sin solución de continuidad (v.gr., emisiones,
vertidos), lo que puede llevar a que la capacidad de recomposición del medio ambiente se vea doblegada. En el
caso del polvo emitido por la actividad cerealera, es muy probable que si la actividad tiene lugar un día al año,
no exista contaminación que el medio por sí mismo no pueda sanear; empero, si tal actividad tiene lugar durante
todos los días del año —caso que no es ajeno a la realidad—, la contaminación persistirá mientras perdure la
actividad, pudiendo aun tener un efecto acumulativo que derive en un eventual pasivo ambiental.
Es asimismo criticable el sistema que los ya mencionados anteproyectos de reforma del Código Penal de la
Nación han adoptado (al igual que en el derecho comparado, lo han hecho algunos ordenamientos jurídicos,
como el de Perú, España y Alemania) en relación a la sujeción de la configuración del delito al incumplimiento
de "reglamentos", es decir, a la infracción de normas administrativas. Ello, pues, amén de la
inconstitucionalidad que importa la delegación legislativa en órganos distintos del Congreso Nacional (como
fuera analizada párrafos antes), lo que no resulta tolerable es investir al poder administrador de la facultad de
regular los alcances de la conducta delictiva. Permitir a un organismo administrativo ampliar o reducir el campo
de lo punible puede llevar a resultados extremos e indeseados, sea desde el punto de vista ambiental como del
penal. La imposición de una pena privativa de la libertad de las personas resulta ser una cuestión sumamente
sensible como para que quede librada a la voluntad del órgano administrativo de turno, y así como una
flexibilidad —o inexistencia— en los niveles de tolerancia (administrativos) puede generar ámbitos de
impunidad (se darían supuestos de atipicidad en aquellas conductas gravemente atentatorias contra el medio
ambiente, pero que carezcan de regulación fuera del sistema penal), un excesivo rigorismo puede llevar la
Cuadernos de los institutos, Instituto de Derecho Penal de la U.N. de Córdoba, nro. 63, ps. 58 y 61.
(7) Zaffaroni, Eugenio R.; Alagia, Alejandro y Slokar, Alejandro, Derecho penal. Parte general, 2ª ed.,
Ediar, Buenos Aires, 2002, ps. 491/492.En la misma obra, el distinguido profesor enseña: "La elaboración
dogmática del concepto de tipo, enmarcada en una general empresa reductora del poder punitivo, no puede
construir un tipo objetivo al solo efecto de proveer la base para el dolo en el tipo subjetivo, porque se reduciría a
una creación al servicio de la simetría teórica, desentendiéndose de la misión política de acotar el ejercicio del
poder punitivo y de descartar el que importa un grado intolerable de irracionalidad. Por ello, la construcción de
la tipicidad objetiva no debe perseguir sólo la función de establecer el pragma típico sino también la de excluir
su tipicidad cuando no media conflictividad, como requisito o barrera infranqueable a la irracionalidad del poder
punitivo, toda vez que de no existir la conflictividad como carácter del pragma típico no sería tolerable ningún
ejercicio del poder punitivo (art. 19, CN). (...) Por ello, la necesidad de verificar la conflictividad, impuesta por
el objetivo político acotante de la construcción, obliga a distinguir dentro del tipo objetivo un tipo que cumpla la
referida función reductora: el tipo conglobante. La tipicidad conglobante cumple su función reductora
verificando que exista un conflicto (conflictividad), lo que implica una lesividad objetivamente imputable a un
agente (dominabilidad). Por decirlo de otro modo: mediante la función conglobante del tipo objetivo se
establece la existencia misma del conflicto, que para ser tal requiere comprobar tanto su lesividad como su
pertenencia a un agente. Los conflictos penalizados sólo son concebibles cuando importan lesiones a otro (art.
19, CN) que se producen en la interacción humana, de modo que no existe conflictividad cuando hay acciones
que no lesionan a nadie, ni tampoco la hay cuando no es posible tratarlas como pertenecientes a alguien" (ps.
483/484).
(8) Soler, Sebastián, Derecho penal argentino, 10ª reimpresión total, t. 1, actualizador Guillermo J. Fierro,
Tipográfica Editora Argentina, Buenos Aires, 1992, p. 155.
(9) Zaffaroni, Eugenio R.; Alagia, Alejandro y Slokar, Alejandro, Derecho penal..., cit., p. 116.
(10) Esta posición, aunque en referencia a otro tipo de delitos, ha sido metódicamente explicada por la sala
3ª del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires, quien tuvo oportunidad de expedirse sobre
el tema en la causa 8938 (registro de Presidencia nro. 31.798) caratulada: "S., J. O. s/recurso de casación", de
fecha 1/10/2009.
(11) Comisión para la Elaboración del Proyecto de Ley de Reforma y Actualización Integral del Código
Penal (res. MJyDH 303/2004 y 136/2005). Anteproyecto de Ley de Reforma y Actualización Integral del
Código Penal de la Nación (de 2006), elaborado por la Comisión para la Elaboración del Proyecto de Ley de
Reforma y Actualización Integral del Código Penal, creada por res. min. 303, del 14/12/2004 y sus anexas
497/2005, 136/05 y 736/2006, e integrada por los profesores David Baigún, Carlos Chiara Díaz, Joaquín P. Da
Rocha, Javier A. de Luca, Daniel Erbetta, Raúl G. Ferreyra, Edmundo S. Hendler, Raúl Ochoa, Alejandro Tizón
y coordinada por el Prof. Alejandro W. Slokar. Integrada inicialmente, además, por los Prof. Edgardo Donna,
Enrique U. García Vitor, Guillermo Yacobucci y Gabriel di Matteo. Presidente de la Nación: Dr. Néstor C.
Kirchner. Abrev.: Proy. 2006.
(12) Anteproyecto de Código Penal de la Nación Argentina (de 2013), redactado por la Comisión para la
Elaboración del Proyecto de Ley de Reforma, Actualización e Integración del Código Penal de la Nación,
creada por dec. 678 del 7/5/2012, e integrada por el Dr. E. Raúl Zaffaroni (presidente), por los Dres. León C.
Arslanián, María Elena Barbagelata, Ricardo Gil Lavedra y Federico Pinedo; Alejandro J. Álvarez (secretario),
Roberto M. Carlés (coordinador). Presidenta de la Nación: Dra. Cristina Fernández de Kirchner.
(13) Conforme surge del ya citado fallo de la sala 3ª del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de
Buenos Aires, en la causa 8938 (registro de Presidencia nro. 31.798) caratulada: "S., J. O. s/recurso de
casación", del 1/10/2009.
(14) Lorenzetti, Ricardo L., Teoría del derecho ambiental, La Ley, Buenos Aires, 2008, p. 21.
(15) Hutchinson, Tomás y Falbo, Aníbal, Derecho administrativo ambiental en la provincia de Buenos
Aires, 1ª ed., Platense, La Plata, 2011, ps. 63/64.
(16) "Por el término contaminar se entiende el acto de "(...) introducir por un medio determinado cualquier
elemento o factor que altere negativamente las propiedades básicas del mismo, superando provisoria o
definitivamente, parcial o totalmente, la capacidad defensiva y regenerativa del sistema para digerir o reciclar
elementos extraños, por no estar neutralizados por mecanismos compensatorios naturales o artificiales". Conf.
Donna, Edgardo A. (con Mosset Iturraspe, Jorge y Hutchinson, Tomás), Daño ambiental, t. II, Buenos Aires,
1999, ps. 322/323)..." (definición citada en el mentado fallo de la C. Fed.La Plata, de fecha 15/8/2002, en autos
"B/T Estrella Pampeana. Bandera Liberiana y B/M Sea Parana - Bandera Alemana s/colisión y posterior
derrame de hidrocarburos Km 93").
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(17) "La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de
afecciones o enfermedades". (Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, adoptada
por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Nueva York del 19 de junio al 22 de julio de 1946.
Disponible en http://www.who.int/suggestions/faq/es/).
Indice Temático
LIBRO PRIMERO
DISPOSICIONES GENERALES
LIBRO SEGUNDO
DE LOS DELITOS
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6/2/2021 CODIGO PENAL DE LA NACION ARGENTINA
TITULO II DELITOS CONTRA EL HONOR Arts. 109 a
117 bis
LEY 11.179
LIBRO PRIMERO
DISPOSICIONES GENERALES
TITULO I
servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/15000-19999/16546/texact.htm#21 2/65
6/2/2021 CODIGO PENAL DE LA NACION ARGENTINA
ARTICULO 1º.- Este Código se aplicará:
1) Por delitos cometidos o cuyos efectos deban producirse en el territorio de la Nación Argentina, o en los
lugares sometidos a su jurisdicción.
2) Por delitos cometidos en el extranjero por agentes o empleados de autoridades argentinas en desempeño
de su cargo.
3) Por el delito previsto en el artículo 258 bis cometido en el extranjero, por ciudadanos argentinos o
personas jurídicas con domicilio en la República Argentina, ya sea aquel fijado en sus estatutos o el
correspondiente a los establecimientos o sucursales que posea en el territorio argentino.
(Artículo sustituido por art. 29 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su
publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
ARTICULO 2º.- Si la ley vigente al tiempo de cometerse el delito fuere distinta de la que exista al
pronunciarse el fallo o en el tiempo intermedio, se aplicará siempre la más benigna.
Si durante la condena se dictare una ley más benigna, la pena se limitará a la establecida por esa ley. En
todos los casos del presente artículo, los efectos de la nueva ley se operarán de pleno derecho.
ARTICULO 3º.- En el cómputo de la prisión preventiva se observará separadamente la ley más favorable al
procesado.
ARTICULO 4º.- Las disposiciones generales del presente código se aplicarán a todos los delitos previstos
por leyes especiales, en cuanto éstas no dispusieran lo contrario.
TITULO II
DE LAS PENAS
ARTICULO 5º.- Las penas que este Código establece son las siguientes: reclusión, prisión, multa e
inhabilitación.
ARTICULO 6º.- La pena de reclusión, perpetua o temporal, se cumplirá con trabajo obligatorio en los
establecimientos destinados al efecto. Los recluidos podrán ser empleados en obras públicas de cualquier
clase con tal que no fueren contratadas por particulares.
ARTICULO 7º.- Los hombres débiles o enfermos y los mayores de sesenta años que merecieren reclusión,
sufrirán la condena en prisión, no debiendo ser sometidos sino a la clase de trabajo especial que determine la
dirección del establecimiento.
ARTICULO 8º.- Los menores de edad y las mujeres sufrirán las condenas en establecimientos especiales.
ARTICULO 9º.- La pena de prisión, perpetua o temporal, se cumplirá con trabajo obligatorio, en
establecimientos distintos de los destinados a los recluidos.
ARTICULO 10.- Podrán, a criterio del juez competente, cumplir la pena de reclusión o prisión en detención
domiciliaria:
e) La mujer embarazada;
f) La madre de un niño menor de cinco (5) años o de una persona con discapacidad a su cargo.
ARTICULO 11.- El producto del trabajo del condenado a reclusión o prisión se aplicará simultáneamente:
1º. A indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito que no satisfaciera con otros recursos;
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6/2/2021 CODIGO PENAL DE LA NACION ARGENTINA
2º. A la prestación de alimentos según el Código Civil;
ARTICULO 12.- La reclusión y la prisión por más de tres años llevan como inherente la inhabilitación
absoluta, por el tiempo de la condena, la que podrá durar hasta tres años más, si así lo resuelve el tribunal,
de acuerdo con la índole del delito. Importan además la privación, mientras dure la pena, de la patria
potestad, de la administración de los bienes y del derecho de disponer de ellos por actos entre vivos. El
penado quedará sujeto a la curatela establecida por el Código Civil para los incapaces.
ARTICULO 13.- El condenado a reclusión o prisión perpetua que hubiere cumplido treinta y cinco (35) años
de condena, el condenado a reclusión o a prisión por más de tres (3) años que hubiere cumplido los dos
tercios, y el condenado a reclusión o prisión, por tres (3) años o menos, que hubiere cumplido un (1) año de
reclusión u ocho (8) meses de prisión, observando con regularidad los reglamentos carcelarios, podrán
obtener la libertad por resolución judicial, previo informe de la dirección del establecimiento e informe de
peritos que pronostique en forma individualizada y favorable su reinserción social, bajo las siguientes
condiciones:
2º.- Observar las reglas de inspección que fije el mismo auto, especialmente la obligación de abstenerse de
consumir bebidas alcohólicas o utilizar sustancias estupefacientes;
3º.- Adoptar en el plazo que el auto determine, oficio, arte, industria o profesión, si no tuviere medios
propios de subsistencia;
6º.- Someterse a tratamiento médico, psiquiátrico o psicológico, que acrediten su necesidad y eficacia de
acuerdo al consejo de peritos.
Estas condiciones, a las que el juez podrá añadir cualquiera de las reglas de conducta contempladas en el
artículo 27 bis, regirán hasta el vencimiento de los términos de las penas temporales y hasta diez (10) años
más en las perpetuas, a contar desde el día del otorgamiento de la libertad condicional.
2) Delitos contra la integridad sexual, previstos en los arts. 119, 120, 124, 125, 125 bis, 126, 127, 128
primer y segundo párrafos, y 130 del Código Penal.
4) Tortura seguida de muerte, artículo 144 ter, inciso 2, del Código Penal.
5) Delitos previstos en los artículos 165 y 166, inciso 2, segundo párrafo, del Código Penal.
6) Secuestro extorsivo, si se causare la muerte de la persona ofendida, conforme a los supuestos previstos
en el artículo 170, antepenúltimo y anteúltimo párrafos, del Código Penal.
7) Delitos previstos en los artículos 145 bis y ter del Código Penal.
10) Delitos previstos en los artículos 5°, 6° y 7° de la ley 23.737 o la que en el futuro la reemplace.
11) Delitos previstos en los artículos 865, 866 y 867 del Código Aduanero.
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ARTICULO 15.- La libertad condicional será revocada cuando el penado cometiere un nuevo delito o violare
la obligación de residencia. En estos casos no se computará, en el término de la pena, el tiempo que haya
durado la libertad.
En los casos de los incisos 2º, 3º, 5º y 6º del artículo 13, el Tribunal podrá disponer que no se compute en el
término de la condena todo o parte del tiempo que hubiere durado la libertad, hasta que el condenado
cumpliese con lo dispuesto en dichos incisos. (Párrafo sustituido por art. 3° de la Ley N° 25.892
B.O.26/5/2004)
ARTICULO 16.- Transcurrido el término de la condena, o el plazo de cinco años señalado en el artículo 13
sin que la libertad condicional haya sido revocada, la pena quedará extinguida, lo mismo que la inhabilitación
absoluta del artículo 12.
ARTICULO 17.- Ningún penado cuya libertad condicional haya sido revocada, podrá obtenerla nuevamente.
ARTICULO 18.- Los condenados por tribunales provinciales a reclusión o prisión por más de cinco años
serán admitidos en los respectivos establecimientos nacionales. Las provincias podrán mandarlos siempre
que no tuvieren establecimientos adecuados.
1º. La privación del empleo o cargo público que ejercía el penado aunque provenga de elección popular;
4º. La suspensión del goce de toda jubilación, pensión o retiro, civil o militar, cuyo importe será percibido por
los parientes que tengan derecho a pensión.
El tribunal podrá disponer, por razones de carácter asistencial, que la víctima o los deudos que estaban a su
cargo concurran hasta la mitad de dicho importe, o que lo perciban en su totalidad, cuando el penado no
tuviere parientes con derecho a pensión, en ambos casos hasta integrar el monto de las indemnizaciones
fijadas.
ARTICULO 20.- La inhabilitación especial producirá la privación del empleo, cargo, profesión o derecho
sobre que recayere y la incapacidad para obtener otro del mismo género durante la condena. La
inhabilitación especial para derechos políticos producirá la incapacidad de ejercer durante la condena aquellos
sobre que recayere.
ARTICULO 20 bis.- Podrá imponerse inhabilitación especial de seis meses a diez años, aunque esa pena no
esté expresamente prevista, cuando el delito cometido importe:
3º. Incompetencia o abuso en el desempeño de una profesión o actividad cuyo ejercicio dependa de una
autorización, licencia o habilitación del poder público.
En caso de los delitos previstos en los artículos 119, 120, 124, 125, 125 bis, 128, 129 —in fine—, 130 —
párrafos segundo y tercero—, 145 bis y 145 ter del Código Penal, la inhabilitación especial será perpetua
cuando el autor se hubiere valido de su empleo, cargo, profesión o derecho para la comisión. (Último párrafo
incorporado por art. 1° de la Ley N° 27.206 B.O. 10/11/2015)
ARTICULO 20 ter.- El condenado a inhabilitación absoluta puede ser restituido al uso y goce de los
derechos y capacidades de que fue privado, si se ha comportado correctamente durante la mitad del plazo de
aquélla, o durante diez años cuando la pena fuera perpetua, y ha reparado los daños en la medida de lo
posible.
El condenado a inhabilitación especial puede ser rehabilitado, transcurrida la mitad del plazo de ella, o cinco
años cuando la pena fuere perpetua, si se ha comportado correctamente, ha remediado su incompetencia o
no es de temer que incurra en nuevos abusos y, además, ha reparado los daños en la medida de lo posible.
Cuando la inhabilitación importó la pérdida de un cargo público o de una tutela o curatela, la rehabilitación
no comportará la reposición en los mismos cargos.
Para todos los efectos, en los plazos de inhabilitación no se computará el tiempo en que el inhabilitado haya
estado prófugo, internado o privado de su libertad.
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ARTICULO 21.- La multa obligará al reo a pagar la cantidad de dinero que determinare la sentencia,
teniendo en cuenta además de las causas generales del artículo 40, la situación económica del penado.
Si el reo no pagare la multa en el término que fije la sentencia, sufrirá prisión que no excederá de año y
medio.
También se podrá autorizar al condenado a pagar la multa por cuotas. El tribunal fijará el monto y la fecha
de los pagos, según la condición económica del condenado.
ARTICULO 22.- En cualquier tiempo que se satisfaciera la multa, el reo quedará en libertad.
Del importe se descontará, de acuerdo con las reglas establecidas para el cómputo de la prisión preventiva,
la parte proporcional al tiempo de detención que hubiere sufrido.
ARTICULO 22 bis.- Si el hecho ha sido cometido con ánimo de lucro, podrá agregarse a la pena privativa de
libertad una multa, aun cuando no esté especialmente prevista o lo esté sólo en forma alternativa con
aquélla. Cuando no esté prevista, la multa no podrá exceder de noventa mil pesos.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 23.- En todos los casos en que recayese condena por delitos previstos en este Código o en leyes
penales especiales, la misma decidirá el decomiso de las cosas que han servido para cometer el hecho y de
las cosas o ganancias que son el producto o el provecho del delito, en favor del Estado nacional, de las
provincias o de los municipios, salvo los derechos de restitución o indemnización del damnificado y de
terceros.
Si las cosas son peligrosas para la seguridad común, el comiso puede ordenarse aunque afecte a terceros,
salvo el derecho de éstos, si fueren de buena fe, a ser indemnizados.
Cuando el autor o los partícipes han actuado como mandatarios de alguien o como órganos, miembros o
administradores de una persona de existencia ideal, y el producto o el provecho del delito ha beneficiado al
mandante o a la persona de existencia ideal, el comiso se pronunciará contra éstos.
Cuando con el producto o el provecho del delito se hubiese beneficiado un tercero a título gratuito, el comiso
se pronunciará contra éste.
Si el bien decomisado tuviere valor de uso o cultural para algún establecimiento oficial o de bien público, la
autoridad nacional, provincial o municipal respectiva podrá disponer su entrega a esas entidades. Si así no
fuere y tuviera valor comercial, aquélla dispondrá su enajenación. Si no tuviera valor lícito alguno, se lo
destruirá.
En el caso de condena impuesta por alguno de los delitos previstos por los artículos 125, 125 bis, 127, 140,
142 bis, 145 bis, 145 ter y 170 de este Código, queda comprendido entre los bienes a decomisar la cosa
mueble o inmueble donde se mantuviera a la víctima privada de su libelad u objeto de explotación. Los
bienes decomisados con motivo de tales delitos, según los términos del presente artículo, y el producido de
las multas que se impongan, serán afectados a programas de asistencia a la víctima. (Párrafo sustituido por
art. 20 de la Ley N° 26.842 B.O. 27/12/2012)
En caso de los delitos previstos en el artículo 213 ter y quáter y en el Título XIII del libro Segundo de éste
Código, serán decomisados de modo definitivo, sin necesidad de condena penal, cuando se hubiere podido
comprobar la ilicitud de su origen, o del hecho material al que estuvieren vinculados, y el imputado no
pudiere ser enjuiciado por motivo de fallecimiento, fuga, prescripción o cualquier otro motivo de suspensión
o extinción de la acción penal, o cuando el imputado hubiere reconocido la procedencia o uso ilícito de los
bienes. (Párrafo incorporado por art. 6º de la Ley Nº 26.683 B.O. 21/06/2011)
Todo reclamo o litigio sobre el origen, naturaleza o propiedad de los bienes se realizará a través de una
acción administrativa o civil de restitución. Cuando el bien hubiere sido subastado sólo se podrá reclamar su
valor monetario. (Párrafo incorporado por art. 6º de la Ley Nº 26.683 B.O. 21/06/2011)
El juez podrá adoptar desde el inicio de las actuaciones judiciales las medidas cautelares suficientes para
asegurar el decomiso del o de los inmuebles, fondos de comercio, depósitos, transportes, elementos
informáticos, técnicos y de comunicación, y todo otro bien o derecho patrimonial sobre los que, por tratarse
de instrumentos o efectos relacionados con el o los delitos que se investigan, el decomiso presumiblemente
pueda recaer.
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El mismo alcance podrán tener las medidas cautelares destinadas a hacer cesar la comisión del delito o sus
efectos, o a evitar que se consolide su provecho o a obtaculizar la impunidad de sus partícipes. En todos los
casos se deberá dejar a salvo los derechos de restitución o indemnización del damnificado y de terceros
ARTICULO 24.- La prisión preventiva se computará así: por dos días de prisión preventiva, uno de
reclusión; por un día de prisión preventiva, uno de prisión o dos de inhabilitación o la cantidad de multa que
el tribunal fijase entre pesos treinta y cinco y pesos ciento setenta y cinco.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 25.- Si durante la condena el penado se volviere loco, el tiempo de la locura se computará para
el cumplimiento de la pena, sin que ello obste a lo dispuesto en el apartado tercero del inciso 1º del artículo
34.
TITULO III
CONDENACION CONDICIONAL
ARTICULO 26.- En los casos de primera condena a pena de prisión que no exceda de tres años, será
facultad de los tribunales disponer en el mismo pronunciamiento que se deje en suspenso el cumplimiento de
la pena. Esta decisión deberá ser fundada, bajo sanción de nulidad, en la personalidad moral del condenado,
su actitud posterior al delito, los motivos que lo impulsaron a delinquir, la naturaleza del hecho y las demás
circunstancias que demuestren la inconveniencia de aplicar efectivamente la privación de libertad. El tribunal
requerirá las informaciones pertinentes para formar criterio, pudiendo las partes aportar también la prueba
útil a tal efecto.
Igual facultad tendrán los tribunales en los casos de concurso de delitos si la pena impuesta al reo no
excediese los tres años de prisión.
ARTICULO 27.- La condenación se tendrá como no pronunciada si dentro del término de cuatro años,
contados a partir de la fecha de la sentencia firme, el condenado no cometiere un nuevo delito. Si cometiere
un nuevo delito, sufrirá la pena impuesta en la primera condenación y la que le correspondiere por el
segundo delito, conforme con lo dispuesto sobre acumulación de penas.
La suspensión podrá ser acordada por segunda vez si el nuevo delito ha sido cometido después de haber
transcurrido ocho años a partir de la fecha de la primera condena firme. Este plazo se elevará a diez años, si
ambos delitos fueran dolosos.
En los casos de sentencias recurridas y confirmadas, en cuanto al carácter condicional de la condena, los
plazos se computarán desde la fecha del pronunciamiento originario.
ARTICULO 27 bis.- Al suspender condicionalmente la ejecución de la pena, el Tribunal deberá disponer que,
durante un plazo que fijará entre dos y cuatro años según la gravedad del delito, el condenado cumpla todas
o alguna de las siguientes reglas de conducta, en tanto resulten adecuadas para prevenir la comisión de
nuevos delitos:
6. Someterse a un tratamiento médico o psicológico, previo informe que acredite su necesidad y eficacia.
8. Realizar trabajos no remunerados en favor del estado o de instituciones de bien público, fuera de sus
horarios habituales de trabajo.
Las reglas podrán ser modificadas por el Tribunal según resulte conveniente al caso.
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Si el condenado no cumpliere con alguna regla, el Tribunal podrá disponer que no se compute como plazo de
cumplimiento todo o parte del tiempo transcurrido hasta ese momento. Si el condenado persistiere o
reiterare el incumplimiento, el Tribunal podrá revocar la condicionalidad de la condena. El condenado deberá
entonces cumplir la totalidad de la pena de prisión impuesta en la sentencia.
ARTICULO 28.- La suspensión de la pena no comprenderá la reparación de los daños causados por el delito
y el pago de los gastos del juicio.
TITULO IV
REPARACION DE PERJUICIOS
1. La reposición al estado anterior a la comisión del delito, en cuanto sea posible, disponiendo a ese fin las
restituciones y demás medidas necesarias.
2. La indemnización del daño material y moral causado a la víctima, a su familia o a un tercero, fijándose el
monto prudencialmente por el juez en defecto de plena prueba.
ARTICULO 30.- La obligación de indemnizar es preferente a todas las que contrajere el responsable después
de cometido el delito, a la ejecución de la pena de decomiso del producto o el provecho del delito y al pago
de la multa. Si los bienes del condenado no fueren suficientes para cubrir todas sus responsabilidades
pecuniarias, éstas se satisfarán en el orden siguiente:
4. El pago de la multa.
ARTICULO 31.- La obligación de reparar el daño es solidaria entre todos los responsables del delito.
ARTICULO 32.- El que por título lucrativo participare de los efectos de un delito, estará obligado a la
reparación hasta la cuantía en que hubiere participado.
ARTICULO 33.- En caso de insolvencia total o parcial, se observarán las reglas siguientes:
2º. Tratándose de condenados a otras penas, el tribunal señalará la parte de sus entradas o emolumentos
que deban depositar periódicamente hasta el pago total.
TITULO V
IMPUTABILIDAD
1º. El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por
alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconciencia, error o ignorancia de hecho no
imputables, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones.
En caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la reclusión del agente en un manicomio, del que no saldrá
sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio público y previo dictamen de peritos que declaren
desaparecido el peligro de que el enfermo se dañe a sí mismo o a los demás.
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En los demás casos en que se absolviere a un procesado por las causales del presente inciso, el tribunal
ordenará la reclusión del mismo en un establecimiento adecuado hasta que se comprobase la desaparición de
las condiciones que le hicieren peligroso;
2º. El que obrare violentado por fuerza física irresistible o amenazas de sufrir un mal grave e inminente;
3º. El que causare un mal por evitar otro mayor inminente a que ha sido extraño;
4º. El que obrare en cumplimiento de un deber o en el legítimo ejercicio de su derecho, autoridad o cargo;
6º. El que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre que concurrieren las siguientes
circunstancias:
a) Agresión ilegítima;
Se entenderá que concurren estas circunstancias respecto de aquel que durante la noche rechazare el
escalamiento o fractura de los cercados, paredes o entradas de su casa, o departamento habitado o de sus
dependencias, cualquiera que sea el daño ocasionado al agresor.
Igualmente respecto de aquél que encontrare a un extraño dentro de su hogar, siempre que haya
resistencia;
7º. El que obrare en defensa de la persona o derechos de otro, siempre que concurran las circunstancias a) y
b) del inciso anterior y caso de haber precedido provocación suficiente por parte del agredido, la de que no
haya participado en ella el tercero defensor.
ARTICULO 35.- El que hubiere excedido los límites impuestos por la Ley, por la autoridad o por la
necesidad, será castigado con la pena fijada para el delito por culpa o imprudencia.
ARTICULO 40.- En las penas divisibles por razón de tiempo o de cantidad, los tribunales fijarán la
condenación de acuerdo con las circunstancias atenuantes o agravantes particulares a cada caso y de
conformidad a las reglas del artículo siguiente.
1º. La naturaleza de la acción y de los medios empleados para ejecutarla y la extensión del daño y del
peligro causados;
2º. La edad, la educación, las costumbres y la conducta precedente del sujeto, la calidad de los motivos que
lo determinaron a delinquir, especialmente la miseria o la dificultad de ganarse el sustento propio necesario y
el de los suyos, la participación que haya tomado en el hecho, las reincidencias en que hubiera incurrido y los
demás antecedentes y condiciones personales, así como los vínculos personales, la calidad de las personas y
las circunstancias de tiempo, lugar, modo y ocasión que demuestren su mayor o menor peligrosidad. El juez
deberá tomar conocimiento directo y de visu del sujeto, de la víctima y de las circunstancias del hecho en la
medida requerida para cada caso.
ARTICULO 41 bis — Cuando alguno de los delitos previstos en este Código se cometiera con violencia o
intimidación contra las personas mediante el empleo de un arma de fuego la escala penal prevista para el
delito de que se trate se elevará en un tercio en su mínimo y en su máximo, sin que ésta pueda exceder el
máximo legal de la especie de pena que corresponda.
Este agravante no será aplicable cuando la circunstancia mencionada en ella ya se encuentre contemplada
como elemento constitutivo o calificante del delito de que se trate.
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ARTICULO 41 ter — Las escalas penales podrán reducirse a las de la tentativa respecto de los partícipes o
autores por algún delito de los detallados a continuación en este artículo, cuando durante la sustanciación del
proceso del que sean parte, brinden información o datos precisos, comprobables y verosímiles.
El proceso sobre el cual se aporten datos o información deberá estar vinculado con alguno de los siguientes
delitos:
c) Todos los casos en los que sea aplicable el artículo 41 quinquies del Código Penal;
d) Delitos previstos en los artículos 125, 125 bis, 126, 127 y 128 del Código Penal;
e) Delitos previstos en los artículos 142 bis, 142 ter y 170 del Código Penal;
f) Delitos previstos en los artículos 145 bis y 145 ter del Código Penal;
g) Delitos cometidos en los términos de los artículos 210 y 210 bis del Código Penal;
h) Delitos previstos en los capítulos VI, VII, VIII, IX, IX bis y X del título XI y en el inciso 5 del artículo 174,
del Código Penal;
i) Delitos previstos en el título XIII, del libro segundo, del Código Penal.
Para la procedencia de este beneficio será necesario que los datos o información aportada contribuyan a
evitar o impedir el comienzo, la permanencia o consumación de un delito; esclarecer el hecho objeto de
investigación u otros conexos; revelar la identidad o el paradero de autores, coautores, instigadores o
partícipes de estos hechos investigados o de otros conexos; proporcionar datos suficientes que permitan un
significativo avance de la investigación o el paradero de víctimas privadas de su libertad; averiguar el destino
de los instrumentos, bienes, efectos, productos o ganancias del delito; o indicar las fuentes de financiamiento
de organizaciones criminales involucradas en la comisión de los delitos previstos en el presente artículo.
Cuando el delito atribuido al imputado estuviere reprimido con prisión y/o reclusión perpetua, la pena sólo
podrá reducirse hasta los quince (15) años de prisión.
ARTICULO 41 quater — Cuando alguno de los delitos previstos en este Código sea cometido con la
intervención de menores de dieciocho años de edad, la escala penal correspondiente se incrementará en un
tercio del mínimo y del máximo, respecto de los mayores que hubieren participado en el mismo.
ARTICULO 41 quinquies — Cuando alguno de los delitos previstos en este Código hubiere sido cometido
con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos
extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, la escala
se incrementará en el doble del mínimo y el máximo.
Las agravantes previstas en este artículo no se aplicarán cuando el o los hechos de que se traten tuvieren
lugar en ocasión del ejercicio de derechos humanos y/o sociales o de cualquier otro derecho constitucional.
TITULO VI
TENTATIVA
ARTICULO 42.- El que con el fin de cometer un delito determinado comienza su ejecución, pero no lo
consuma por circunstancias ajenas a su voluntad, sufrirá las penas determinadas en el artículo 44.
ARTICULO 43.- El autor de tentativa no estará sujeto a pena cuando desistiere voluntariamente del delito.
ARTICULO 44.- La pena que correspondería al agente, si hubiere consumado el delito, se disminuirá de un
tercio a la mitad.
Si la pena fuere de reclusión perpetua, la pena de la tentativa será reclusión de quince a veinte años. Si la
pena fuese de prisión perpetua, la de tentativa será prisión de diez a quince años.
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Si el delito fuera imposible, la pena se disminuirá en la mitad y podrá reducírsela al mínimo legal o eximirse
de ella, según el grado de peligrosidad revelada por el delincuente.
TITULO VII
PARTICIPACION CRIMINAL
ARTICULO 45.- Los que tomasen parte en la ejecución del hecho o prestasen al autor o autores un auxilio o
cooperación sin los cuales no habría podido cometerse, tendrán la pena establecida para el delito. En la
misma pena incurrirán los que hubiesen determinado directamente a otro a cometerlo.
ARTICULO 46.- Los que cooperen de cualquier otro modo a la ejecución del hecho y los que presten una
ayuda posterior cumpliendo promesas anteriores al mismo, serán reprimidos con la pena correspondiente al
delito, disminuida de un tercio a la mitad. Si la pena fuere de reclusión perpetua, se aplicará reclusión de
quince a veinte años y si fuere de prisión perpetua, se aplicará prisión de diez a quince años.
ARTICULO 47.- Si de las circunstancias particulares de la causa resultare que el acusado de complicidad no
quiso cooperar sino en un hecho menos grave que el cometido por el autor, la pena será aplicada al cómplice
solamente en razón del hecho que prometió ejecutar.
Si el hecho no se consumase, la pena del cómplice se determinará conforme a los preceptos de este artículo
y a los del título de la tentativa.
ARTICULO 48.- Las relaciones, circunstancias y calidades personales, cuyo efecto sea disminuir o excluir la
penalidad, no tendrán influencia sino respecto al autor o cómplice a quienes correspondan. Tampoco tendrán
influencia aquéllas cuyo efecto sea agravar la penalidad, salvo el caso en que fueren conocidas por el
partícipe.
ARTICULO 49.- No se considerarán partícipes de los delitos cometidos por la prensa a las personas que
solamente prestaren al autor del escrito o grabado la cooperación material necesaria para su publicación,
difusión o venta.
TITULO VIII
REINCIDENCIA
ARTICULO 50.- Habrá reincidencia siempre que quien hubiera cumplido, total o parcialmente, pena
privativa de libertad impuesta por un tribunal del país cometiere un nuevo delito punible también con esa
clase de pena.
La condena sufrida en el extranjero se tendrá en cuenta para la reincidencia si ha sido pronunciada por razón
de un delito que pueda, según la ley argentina, dar lugar a extradición.
No dará lugar a reincidencia la pena cumplida por delitos políticos, los previstos exclusivamente en el Código
de Justicia Militar, los amnistiados o los cometidos por menores de dieciocho años de edad. La pena sufrida
no se tendrá en cuenta a los efectos de la reincidencia cuando desde su cumplimiento hubiera transcurrido
un término igual a aquél por la que fuera impuesta, que nunca excederá de diez ni será inferior a cinco años.
ARTICULO 51.- Todo ente oficial que lleve registros penales se abstendrá de informar sobre datos de un
proceso terminado por sobreseimiento o sentencia absolutoria. En ningún caso se informará la existencia de
detenciones que no provengan de la formación de causa, salvo que los informes se requieran para resolver
un hábeas corpus o en causas por delitos de que haya sido víctima el detenido.
1. Después de transcurridos diez años desde la sentencia (art. 27) para las condenas condicionales;
2. Después de transcurridos diez años desde su extinción para las demás condenas a penas privativas de la
libertad;
3. Después de transcurridos cinco años desde su extinción para las condenas a pena de multa o
inhabilitación.
En todos los casos se deberá brindar la información cuando mediare expreso consentimiento del interesado.
Asimismo, los jueces podrán requerir la información, excepcionalmente, por resolución que sólo podrá
fundarse en la necesidad concreta del antecedente como elemento de prueba de los hechos en un proceso
judicial.
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1. Cuando se extingan las penas perpetuas;
2. Cuando se lleve a cabo el cómputo de las penas temporales, sean condicionales o de cumplimiento
efectivo;
3. Cuando se cumpla totalmente la pena de multa o, en caso de su sustitución por prisión (art. 21, párr. 2º),
al efectuar el cómputo de la prisión impuesta;
4. Cuando declaren la extinción de las penas en los casos previstos por los artículos 65, 68 y 69.
La violación de la prohibición de informar será considerada como violación de secreto en los términos del
artículo 157, si el hecho no constituyere un delito más severamente penado.
ARTICULO 52.- Se impondrá reclusión por tiempo indeterminado como accesoria de la última condena,
cuando la reincidencia fuere múltiple en forma tal que mediaren las siguientes penas anteriores:
1. Cuatro penas privativas de libertad, siendo una de ellas mayor de tres años;
Los tribunales podrán, por una única vez, dejar en suspenso la aplicación de esta medida accesoria,
fundando expresamente su decisión en la forma prevista en el artículo 26.
ARTICULO 53.- En los casos del artículo anterior, transcurridos cinco años del cumplimiento de la reclusión
accesoria, el tribunal que hubiera dictado la última condena o impuesto la pena única estará facultado para
otorgarle la libertad condicional, previo informe de la autoridad penitenciaria, en las condiciones
compromisorias previstas en el artículo 13, y siempre que el condenado hubiera mantenido buena conducta,
demostrando aptitud y hábito para el trabajo, y demás actitudes que permitan suponer verosímilmente que
no constituirá un peligro para la sociedad. Transcurridos cinco años de obtenida la libertad condicional el
condenado podrá solicitar su libertad definitiva al tribunal que la concedió, el que decidirá según sea el
resultado obtenido en el período de prueba y previo informe del patronato, institución o persona digna de
confianza, a cuyo cargo haya estado el control de la actividad del liberado. Los condenados con la reclusión
accesoria por tiempo indeterminado deberán cumplirla en establecimientos federales.
La violación por parte del liberado de cualquiera de las condiciones establecidas en el artículo 13 podrá
determinar la revocatoria del beneficio acordado y su reintegro al régimen carcelario anterior. Después de
transcurridos cinco años de su reintegro al régimen carcelario podrá en los casos de los incisos 1º, 2º, 3º y
5º del artículo 13, solicitar nuevamente su libertad condicional.
TITULO IX
CONCURSO DE DELITOS
ARTICULO 54.- Cuando un hecho cayere bajo más de una sanción penal, se aplicará solamente la que fijare
pena mayor.
ARTICULO 55.- Cuando concurrieren varios hechos independientes reprimidos con una misma especie de
pena, la pena aplicable al reo tendrá como mínimo, el mínimo mayor y como máximo, la suma aritmética de
las penas máximas correspondientes a los diversos hechos.
Sin embargo, esta suma no podrá exceder de (50) cincuenta años de reclusión o prisión.
ARTICULO 56.- Cuando concurrieren varios hechos independientes reprimidos con penas divisibles de
reclusión o prisión se aplicará la pena más grave, teniendo en cuenta los delitos de pena menor.
Si alguna de las penas no fuere divisible, se aplicará ésta únicamente, salvo el caso en que concurrieren la de
prisión perpetua y la de reclusión temporal, en que se aplicará reclusión perpetua. La inhabilitación y la
multa se aplicarán siempre, sin sujeción a lo dispuesto en el párrafo primero.
ARTICULO 57.- A los efectos del artículo anterior, la gravedad relativa de las penas de diferente naturaleza
se determinará por el orden en que se hallan enumeradas en el artículo 5º.
ARTICULO 58.- Las reglas precedentes se aplicarán también en el caso en que después de una condena
pronunciada por sentencia firme se deba juzgar a la misma persona que esté cumpliendo pena por otro
hecho distinto; o cuando se hubieren dictado dos o más sentencias firmes con violación de dichas reglas.
Corresponderá al juez que haya aplicado la pena mayor dictar, a pedido de parte, su única sentencia, sin
alterar las declaraciones de hechos contenidas en las otras.
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Cuando por cualquier causa la justicia federal, en autos en que ella haya intervenido, no pueda aplicar esta
regla, lo hará la justicia ordinaria nacional o provincial que conoció de la infracción penal, según sea el caso.
TITULO X
2) Por la amnistía;
3) Por la prescripción;
5) Por aplicación de un criterio de oportunidad, de conformidad con lo previsto en las leyes procesales
correspondientes;
6) Por conciliación o reparación integral del perjuicio, de conformidad con lo previsto en las leyes procesales
correspondientes;
7) Por el cumplimiento de las condiciones establecidas para la suspensión del proceso a prueba, de
conformidad con lo previsto en este Código y las leyes procesales correspondientes.
ARTICULO 60.- La renuncia de la persona ofendida al ejercicio de la acción penal sólo perjudicará al
renunciante y a sus herederos.
ARTICULO 61.- La amnistía extinguirá la acción penal y hará cesar la condena y todos sus efectos, con
excepción de las indemnizaciones debidas a particulares.
1º. A los quince años, cuando se tratare de delitos cuya pena fuere la de reclusión o prisión perpetua;
2º. Después de transcurrido el máximo de duración de la pena señalada para el delito, si se tratare de
hechos reprimidos con reclusión o prisión, no pudiendo, en ningún caso, el término de la prescripción exceder
de doce años ni bajar de dos años;
3º. A los cinco años, cuando se tratare de un hecho reprimido únicamente con inhabilitación perpetua;
4º. Al año, cuando se tratare de un hecho reprimido únicamente con inhabilitación temporal;
5º. A los dos años, cuando se tratare de hechos reprimidos con multa.
ARTICULO 63.- La prescripción de la acción empezará a correr desde la medianoche del día en que se
cometió el delito o, si éste fuese continuo, en que cesó de cometerse.
(Segundo y tercer párrafos derogados por art. 3° de la Ley N° 27.206 B.O. 10/11/2015)
ARTICULO 64.- La acción penal por delito reprimido con multa se extinguirá en cualquier estado de la
instrucción y mientras no se haya iniciado el juicio, por el pago voluntario del mínimo de la multa
correspondiente y la reparación de los daños causados por el delito.
Si se hubiese iniciado el juicio deberá pagarse el máximo de la multa correspondiente, además de repararse
los daños causados por el delito.
En ambos casos el imputado deberá abandonar en favor del estado, los objetos que presumiblemente
resultarían decomisados en caso que recayera condena.
El modo de extinción de la acción penal previsto en este artículo podrá ser admitido por segunda vez si el
nuevo delito ha sido cometido después de haber transcurrido ocho años a partir de la fecha de la resolución
que hubiese declarado la extinción de la acción penal en la causa anterior.
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1º. La de reclusión perpetua, a los veinte años;
ARTICULO 66.- La prescripción de la pena empezará a correr desde la medianoche del día en que se
notificare al reo la sentencia firme o desde el quebrantamiento de la condena, si ésta hubiese empezado a
cumplirse.
ARTICULO 67.- La prescripción se suspende en los casos de los delitos para cuyo juzgamiento sea necesaria
la resolución de cuestiones previas o prejudiciales, que deban ser resueltas en otro juicio. Terminada la
causa de la suspensión, la prescripción sigue su curso.
La prescripción también se suspende en los casos de delitos cometidos en el ejercicio de la función pública,
para todos los que hubiesen participado, mientras cualquiera de ellos se encuentre desempeñando un cargo
público.
El curso de la prescripción de la acción penal correspondiente a los delitos previstos en los artículos 226 y
227 bis, se suspenderá hasta el restablecimiento del orden constitucional.
En los delitos previstos en los artículos 119, 120, 125, 125 bis, 128, 129 —in fine—, 130 —párrafos segundo
y tercero—, 145 bis y 145 ter del Código Penal, se suspende la prescripción mientras la víctima sea menor de
edad y hasta que habiendo cumplido la mayoría de edad formule por sí la denuncia o ratifique la formulada
por sus representantes legales durante su minoría de edad.
Si como consecuencia de cualquiera de los delitos indicados hubiera ocurrido la muerte del menor de edad,
comenzará a correr desde la medianoche del día en que aquél hubiera alcanzado la mayoría de edad.
b) El primer llamado efectuado a una persona, en el marco de un proceso judicial, con el objeto de recibirle
declaración indagatoria por el delito investigado;
La prescripción corre, se suspende o se interrumpe separadamente para cada delito y para cada uno de sus
partícipes, con la excepción prevista en el segundo párrafo de este artículo.
ARTICULO 68.- El indulto del reo extinguirá la pena y sus efectos, con excepción de las indemnizaciones
debidas a particulares.
ARTICULO 69.- El perdón de la parte ofendida extinguirá la pena impuesta por delito de los enumerados en
el artículo 73.
Si hubiere varios partícipes, el perdón en favor de uno de ellos aprovechará a los demás.
ARTICULO 70.- Las indemnizaciones pecuniarias inherentes a las penas, podrán hacerse efectivas sobre los
bienes propios del condenado, aun después de muerto.
TITULO XI
ARTICULO 71.- Sin perjuicio de las reglas de disponibilidad de la acción penal previstas en la legislación
procesal, deberán iniciarse de oficio todas las acciones penales, con excepción de las siguientes:
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(Artículo sustituido por art. 2° de la Ley N° 27.147 B.O. 18/06/2015)
ARTICULO 72.- Son acciones dependientes de instancia privada las que nacen de los siguientes delitos:
1. Los previstos en los artículos 119, 120 y 130 del Código Penal cuando no resultare la muerte de la persona
ofendida o lesiones de las mencionadas en el artículo 91.
En los casos de este artículo, no se procederá a formar causa sino por acusación o denuncia del agraviado,
de su tutor, guardador o representantes legales. Sin embargo, se procederá de oficio:
a) En los casos del inciso 1, cuando la víctima fuere menor de 18 años de edad o haya sido declarada
incapaz;
b) En los casos del inciso 2, cuando mediaren razones de seguridad o interés público;
c) En los casos de los incisos 2 y 3, cuando el delito fuere cometido contra un menor que no tenga padres,
tutor ni guardador, o que lo fuere por uno de sus ascendientes, tutor o guardador, o cuando existieren
intereses gravemente contrapuestos entre éstos y el menor, siempre que resultare más conveniente para el
interés superior de aquél.
ARTICULO 73.- Son acciones privadas las que nacen de los siguientes delitos:
1) Calumnias e injurias;
Asimismo, son acciones privadas las que de conformidad con lo dispuesto por las leyes procesales
correspondientes, surgen de la conversión de la acción pública en privada o de la prosecución de la acción
penal por parte de la víctima.
La acción por calumnia e injuria, podrá ser ejercitada sólo por el ofendido y después de su muerte por el
cónyuge, hijos, nietos o padres sobrevivientes.
En los demás casos, se procederá únicamente por querella del agraviado o de sus guardadores o
representantes legales.
ARTICULO 74.- (Artículo derogado por art. 2° de la Ley N°24.453 B.O. 7/3/1995)
ARTICULO 75.- (Artículo derogado por art. 5° de la Ley N° 27.147 B.O. 18/06/2015)
TITULO XII
ARTICULO 76.- La suspensión del juicio a prueba se regirá de conformidad con lo previsto en las leyes
procesales correspondientes. Ante la falta de regulación total o parcial, se aplicarán las disposiciones de este
Título.
ARTICULO 76 bis.- El imputado de un delito de acción pública reprimido con pena de reclusión o prisión
cuyo máximo no exceda de tres años, podrá solicitar la suspensión del juicio a prueba.
En casos de concurso de delitos, el imputado también podrá solicitar la suspensión del juicio a prueba si el
máximo de la pena de reclusión o prisión aplicable no excediese de tres años.
Al presentar la solicitud, el imputado deberá ofrecer hacerse cargo de la reparación del daño en la medida de
lo posible, sin que ello implique confesión ni reconcimiento de la responsabilidad civil correspondiente. El juez
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decidirá sobre la razonabilidad del ofrecimiento en resolución fundada. La parte damnificada podrá aceptar o
no la reparación ofrecida, y en este último caso, si la realización del juicio se suspendiere, tendrá habilitada
la acción civil correspondiente.
Si las circunstancias del caso permitieran dejar en suspenso el cumplimiento de la condena aplicable, y
hubiese consentimiento del fiscal, el Tribunal podrá suspender la realización del juicio.
Si el delito o alguno de los delitos que integran el concurso estuviera reprimido con pena de multa aplicable
en forma conjunta o alternativa con la de prisión, será condición, además, que se pague el mínimo de la
multa correspondiente.
El imputado deberá abandonar en favor del estado, los bienes que presumiblemente resultarían decomisados
en caso que recayera condena.
No procederá la suspensión del juicio cuando un funcionario público, en el ejercicio de sus funciones, hubiese
participado en el delito.
Tampoco procederá la suspensión del juicio a prueba respecto de los delitos reprimidos con pena de
inhabilitación.
Tampoco procederá la suspensión del juicio a prueba respecto de los ilícitos reprimidos por las Leyes 22.415
y 24.769 y sus respectivas modificaciones. (Párrafo incorporado por art. 19 de la Ley N° 26.735 B.O.
28/12/2011)
ARTICULO 76 ter.- El tiempo de la suspensión del juicio será fijado por el Tribunal entre uno y tres años,
según la gravedad del delito. El Tribunal establecerá las reglas de conducta que deberá cumplir el imputado,
conforme las previsiones del artículo 27 bis.
La suspensión del juicio será dejada sin efecto si con posterioridad se conocieran circunstancias que
modifiquen el máximo de la pena aplicable o la estimación acerca de la condicionalidad de la ejecución de la
posible condena.
Si durante el tiempo fijado por el Tribunal el imputado no comete un delito, repara los daños en la medida
ofrecida y cumple con las reglas de conducta establecidas, se extinguirá la acción penal. En caso contrario, se
llevará a cabo el juicio y si el imputado fuere absuelto se le devolverán los bienes abandonados en favor del
Estado y la multa pagada, pero no podrá pretender el reintegro de las reparaciones cumplidas.
Cuando la realización del juicio fuese determinada por la comisión de un nuevo delito, la pena que se
imponga no podrá ser dejada en suspenso.
La suspensión de un juicio a prueba podrá ser concedida por segunda vez si el nuevo delito ha sido cometido
después de haber transcurrido ocho años a partir de la fecha de expiración del plazo por el cual hubiera sido
suspendido el juicio en el proceso anterior.
No se admitirá una nueva suspensión de juicio respecto de quien hubiese incumplido las reglas impuestas en
una suspensión anterior.
ARTICULO 76 quater.- La suspensión del juicio a prueba hará inaplicables al caso las reglas de
prejudicialidad de los artículos 1101 y 1102 del Código Civil, y no obstará a la aplicación de las sanciones
contravencionales, disciplinarias o administrativas que pudieran corresponder.
TITULO XIII
(Numeración del capítulo sustituida por art. 2° de la Ley N° 24.316 B.O. 19/5/1994)
ARTICULO 77.- Para la inteligencia del texto de este código se tendrán presente las siguientes reglas:
Los plazos a que este código se refiere serán contados con arreglo a las disposiciones del Código Civil. Sin
embargo, la liberación de los condenados a penas privativas de libertad se efectuará al mediodía del día
correspondiente.
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La expresión “reglamentos” u “ordenanzas”, comprende todas las disposiciones de carácter general dictadas
por la autoridad competente en la materia de que traten.
Por los términos “funcionario público” y “empleado público”, usados en este código, se designa a todo el que
participa accidental o permanentemente del ejercicio de funciones públicas sea por elección popular o por
nombramiento de autoridad competente.
Por el término “militar” se designa a toda persona que revista estado militar en el momento del hecho
conforme la ley orgánica para el personal militar.
Los funcionarios públicos civiles que integran la cadena de mando se encuentran asimilados al personal
militar con relación a los delitos que cometan en su carácter de tales, cuando produzcan actos o impartan
órdenes o instrucciones como integrantes de la cadena de mando si las mismas implican comisión de delito o
participación en el mismo.
El término “tripulación” comprende a todos los que se hallan abordo como oficiales o marineros.
El término “establecimiento rural” comprende todo inmueble que se destine a la cría, mejora o engorde del
ganado, actividades de tambo, granja o cultivo de la tierra, a la avicultura u otras crianzas, fomento o
aprovechamiento semejante.
El término “documento” comprende toda representación de actos o hechos, con independencia del soporte
utilizado para su fijación, almacenamiento, archivo o transmisión.
Los términos “firma” y “suscripción” comprenden la firma digital, la creación de una firma digital o firmar
digitalmente.
Los términos “instrumento privado” y “certificado” comprenden el documento digital firmado digitalmente.
El término “información privilegiada” comprende toda información no disponible para el público cuya
divulgación podría tener significativa influencia en el mercado de valores.
ARTICULO 78.- Queda comprendido en el concepto de "violencia", el uso de medios hipnóticos o narcóticos.
ARTICULO 78 bis. — (Artículo derogado por art. 14 de la Ley N° 26.388, B.O. 25/6/2008)
LIBRO SEGUNDO
DE LOS DELITOS
TITULO I
Capítulo I
ARTICULO 79. - Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro siempre que
en este código no se estableciere otra pena.
ARTICULO 80. - Se impondrá reclusión perpetua o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo dispuesto en el
artículo 52, al que matare:
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4º Por placer, codicia, odio racial, religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su
expresión. (inciso sustituido por art. 1° de la Ley N° 26.791 B.O. 14/12/2012)
7º Para preparar, facilitar, consumar u ocultar otro delito o para asegurar sus resultados o procurar la
impunidad para sí o para otro o por no haber logrado el fin propuesto al intentar otro delito.
8° A un miembro de las fuerzas de seguridad pública, policiales o penitenciarias, por su función, cargo o
condición. (Inciso incorporado por art. 1° de la Ley N° 25.601 B.O.11/6/2002)
9° Abusando de su función o cargo, cuando fuere miembro integrante de las fuerzas de seguridad, policiales
o del servicio penitenciario. (Inciso incorporado por art. 1° de la Ley N° 25.816 B.O.9/12/2003)
10 A su superior militar frente a enemigo o tropa formada con armas. (Inciso incorporado por art. 2° del
Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su
promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y
capacitación sobre su contenido y aplicación)
11. A una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género. (inciso
incorporado por art. 2° de la Ley N° 26.791 B.O. 14/12/2012)
12. Con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una
relación en los términos del inciso 1°. (inciso incorporado por art. 2° de la Ley N° 26.791 B.O. 14/12/2012)
Cuando en el caso del inciso 1° de este artículo, mediaren circunstancias extraordinarias de atenuación, el
juez podrá aplicar prisión o reclusión de ocho (8) a veinticinco (25) años. Esto no será aplicable a quien
anteriormente hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima. (Párrafo sustituido por art. 3° de
la Ley N° 26.791 B.O. 14/12/2012)
ARTICULO 81. - 1º Se impondrá reclusión de tres a seis años, o prisión de uno a tres años:
a) Al que matare a otro, encontrándose en un estado de emoción violenta y que las circunstancias hicieren
excusable.
b) Al que, con el propósito de causar un daño en el cuerpo o en la salud, produjere la muerte de alguna
persona, cuando el medio empleado no debía razonablemente ocasionar la muerte.
ARTICULO 82. - Cuando en el caso del inciso 1º del artículo 80 concurriese alguna de las circunstancias del
inciso 1º del artículo anterior, la pena será de reclusión o prisión de diez a veinticinco años.
ARTICULO 83. - Será reprimido con prisión de uno a cuatro años, el que instigare a otro al suicidio o le
ayudare a cometerlo, si el suicidio se hubiese tentado o consumado.
ARTICULO 84. - Será reprimido con prisión de uno (1) a cinco (5) años e inhabilitación especial, en su caso,
por cinco (5) a diez (10) años el que por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o
inobservancia de los reglamentos o de los deberes a su cargo causare a otro la muerte.
El mínimo de la pena se elevará a dos (2) años si fueren más de una las víctimas fatales.
ARTICULO 84 bis. - Será reprimido con prisión de dos (2) a cinco (5) años e inhabilitación especial, en su
caso, por cinco (5) a diez (10) años el que por la conducción imprudente, negligente o antirreglamentaria de
un vehículo con motor causare a otro la muerte.
La pena será de prisión de tres (3) a seis (6) años, si se diera alguna de las circunstancias previstas en el
párrafo anterior y el conductor se diere a la fuga o no intentase socorrer a la víctima siempre y cuando no
incurriere en la conducta prevista en el artículo 106, o estuviese bajo los efectos de estupefacientes o con un
nivel de alcoholemia igual o superior a quinientos (500) miligramos por litro de sangre en el caso de
conductores de transporte público o un (1) gramo por litro de sangre en los demás casos, o estuviese
conduciendo en exceso de velocidad de más de treinta (30) kilómetros por encima de la máxima permitida
en el lugar del hecho, o si condujese estando inhabilitado para hacerlo por autoridad competente, o violare la
señalización del semáforo o las señales de tránsito que indican el sentido de circulación vehicular o cuando se
dieren las circunstancias previstas en el artículo 193 bis, o con culpa temeraria, o cuando fueren más de una
las víctimas fatales.
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1. Con prisión de tres (3) a diez (10) años, si obrare sin consentimiento de la persona gestante. Esta pena
podrá elevarse hasta quince (15) años si el hecho fuere seguido de la muerte de la persona gestante.
2. Con prisión de tres (3) meses a un (1) año, si obrare con consentimiento de la persona gestante, luego de
la semana catorce (14) de gestación y siempre que no mediaren los supuestos previstos en el artículo 86.
ARTICULO 85 bis. - Será reprimido o reprimida con prisión de tres (3) meses a un (1) año e inhabilitación
especial por el doble del tiempo de la condena, el funcionario público o la funcionaria pública o la autoridad
del establecimiento de salud, profesional, efector o personal de salud que dilatare injustificadamente,
obstaculizare o se negare, en contravención de la normativa vigente, a practicar un aborto en los casos
legalmente autorizados.
ARTICULO 86. - No es delito el aborto realizado con consentimiento de la persona gestante hasta la semana
catorce (14) inclusive del proceso gestacional.
Fuera del plazo establecido en el párrafo anterior, no será punible el aborto practicado con el consentimiento
de la persona gestante:
1. Si el embarazo fuere producto de una violación. En este caso, se debe garantizar la práctica con el
requerimiento y la declaración jurada de la persona gestante ante el o la profesional o personal de salud
interviniente.
En los casos de niñas menores de trece (13) años de edad, la declaración jurada no será requerida.
(Artículo sustituido por art. 16 de la Ley N° 27.610 B.O. 15/01/2021) (El término “...integral…” del texto del
inciso 2) fue observado por art. 1º del Decreto Nº 14/2021 B.O. 15/01/2021)
ARTICULO 87. - Será reprimido o reprimida con prisión de seis (6) meses a tres (3) años, el o la que con
violencia causare un aborto sin haber tenido el propósito de causarlo, si el estado del embarazo de la
persona gestante fuere notorio o le constare.
ARTICULO 88. - Será reprimida con prisión de tres (3) meses a un (1) año, la persona gestante que, luego
de la semana catorce (14) de gestación y siempre que no mediaren los supuestos previstos en el artículo 86,
causare su propio aborto o consintiera que otro se lo causare. Podrá eximirse la pena cuando las
circunstancias hicieren excusable la conducta.
Capítulo II
Lesiones
ARTICULO 89. - Se impondrá prisión de un mes a un año, al que causare a otro, en el cuerpo o en la salud,
un daño que no esté previsto en otra disposición de este código.
ARTICULO 90. - Se impondrá reclusión o prisión de uno a seis años, si la lesión produjere una debilitación
permanente de la salud, de un sentido, de un órgano, de un miembro o una dificultad permanente de la
palabra o si hubiere puesto en peligro la vida del ofendido, le hubiere inutilizado para el trabajo por más de
un mes o le hubiere causado una deformación permanente del rostro.
ARTICULO 91. - Se impondrá reclusión o prisión de tres a diez años, si la lesión produjere una enfermedad
mental o corporal, cierta o probablemente incurable, la inutilidad permanente para el trabajo, la pérdida de
un sentido, de un órgano, de un miembro, del uso de un órgano o miembro, de la palabra o de la capacidad
de engendrar o concebir.
ARTICULO 92. - Si concurriere alguna de las circunstancias enumeradas en el artículo 80, la pena será: en
el caso del artículo 89, de seis meses a dos años; en el caso del artículo 90, de tres a diez años; y en el caso
del artículo 91, de tres a quince años.
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ARTICULO 93. - Si concurriere la circunstancia enunciada en el inciso 1º letra a) del artículo 81, la pena
será: en el caso del artículo 89, de quince días a seis meses; en el caso del artículo 90, de seis meses a tres
años; y en el caso del artículo 91, de uno a cuatro años.
ARTICULO 94. - Se impondrá prisión de un (1) mes a tres (3) años o multa de mil (1.000) a quince mil
(15.000) pesos e inhabilitación especial por uno (1) a cuatro (4) años, el que por imprudencia o negligencia,
por impericia en su arte o profesión, o por inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo, causare a
otro un daño en el cuerpo o en la salud.
Si las lesiones fueran de las descriptas en los artículos 90 o 91 y fueren más de una las víctimas lesionadas,
el mínimo de la pena prevista en el primer párrafo, será de seis (6) meses o multa de tres mil (3.000) pesos
e inhabilitación especial por dieciocho (18) meses.
ARTICULO 94 bis. - Será reprimido con prisión de uno (1) a tres (3) años e inhabilitación especial por dos
(2) a cuatro (4) años, si las lesiones de los artículos 90 o 91 fueran ocasionadas por la conducción
imprudente, negligente o antirreglamentaria de un vehículo con motor.
La pena será de dos (2) a cuatro (4) años de prisión si se verificase alguna de las circunstancias previstas en
el párrafo anterior y el conductor se diese a la fuga, o no intentare socorrer a la víctima siempre y cuando no
incurriera en la conducta prevista en el artículo 106, o estuviese bajo los efectos de estupefacientes o con un
nivel de alcoholemia igual o superior a quinientos (500) miligramos por litro de sangre en el caso de
conductores de transporte público o un (1) gramo por litro de sangre en los demás casos, o estuviese
conduciendo en exceso de velocidad de más de treinta (30) kilómetros por encima de la máxima permitida
en el lugar del hecho, o si condujese estando inhabilitado para hacerlo por autoridad competente, o violare la
señalización del semáforo o las señales de tránsito que indican el sentido de circulación vehicular, o cuando
se dieren las circunstancias previstas en el artículo 193 bis, o con culpa temeraria, o cuando fueren más de
una las víctimas lesionadas.
Capítulo III
ARTICULO 95. - Cuando en riña o agresión en que tomaren parte más de dos personas, resultare muerte o
lesiones de las determinadas en los artículos 90 y 91, sin que constare quiénes las causaron, se tendrá por
autores a todos los que ejercieron violencia sobre la persona del ofendido y se aplicará reclusión o prisión de
dos a seis años en caso de muerte y de uno a cuatro en caso de lesión.
ARTICULO 96. - Si las lesiones fueren las previstas en el artículo 89, la pena aplicable será de cuatro a
ciento veinte días de prisión.
Capítulo IV
Duelo
ARTICULO 97. - Los que se batieren en duelo, con intervención de dos o más padrinos, mayores de edad,
que elijan las armas y arreglen las demás condiciones del desafío, serán reprimidos:
1º Con prisión de uno a seis meses, al que no infiriere lesión a su adversario o sólo le causare una lesión de
las determinadas en el artículo 89.
2º Con prisión de uno a cuatro años, al que causare la muerte de su adversario o le infiriere lesión de las
determinadas en los artículos 90 y 91.
ARTICULO 98. - Los que se batieren, sin la intervención de padrinos, mayores de edad, que elijan las armas
y arreglen las demás condiciones del desafío, serán reprimidos:
ARTICULO 99. - El que instigare a otro a provocar o a aceptar un duelo y el que desacreditare públicamente
a otro por no desafiar o por rehusar un desafío, serán reprimidos:
1 Con multa de pesos mil a pesos quince mil si el duelo no se realizare o si realizándose, no se produjere
muerte ni lesiones o sólo lesiones de las comprendidas en el artículo 89. (Nota Infoleg: multa actualizada
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por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
2 Con prisión de uno a cuatro años, si se causare muerte o lesiones de las mencionadas en los artículos 90 y
91.
ARTICULO 100. - El que provocare o diere causa a un desafío, proponiéndose un interés pecuniario u otro
objeto inmoral, será reprimido:
1º Con prisión de uno a cuatro años, si el duelo no se verificare o si efectuándose, no resultare muerte ni
lesiones.
2 Con reclusión o prisión de tres a diez años, si el duelo se realizare y resultaren lesiones;
ARTICULO 101. - El combatiente que faltare, en daño de su adversario, a las condiciones ajustadas por los
padrinos, será reprimido:
ARTICULO 102. - Los padrinos de un duelo que usaren cualquier género de alevosía en la ejecución del
mismo, serán reprimidos con las penas señaladas en el artículo anterior, según fueren las consecuencias que
resultaren.
ARTICULO 103. - Cuando los padrinos concertaren un duelo a muerte o en condiciones tales que de ellas
debiere resultar la muerte, serán reprimidos con reclusión o prisión de uno a cuatro años, si se verificare la
muerte de alguno de los combatientes. Si no se verificare la muerte de alguno de ellos, la pena será de
multa de pesos mil a pesos quince mil.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N°24.286 B.O. 29/12/1993)
Capítulo V
Abuso de armas
ARTICULO 104. - Será reprimido con uno a tres años de prisión, el que disparare un arma de fuego contra
una persona sin herirla.
Esta pena se aplicará aunque se causare herida a que corresponda pena menor, siempre que el hecho no
importe un delito más grave.
Será reprimida con prisión de quince días a seis meses, la agresión con toda arma, aunque no se causare
herida.
ARTICULO 105. - Si concurriera alguna de las circunstancias previstas en los artículos 80 y 81, inciso 1º,
letra a), la pena se aumentará o disminuirá en un tercio respectivamente.
Capítulo VI
Abandono de personas
ARTICULO 106.- El que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación de
desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que deba mantener o
cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado, será reprimido con prisión de 2 a 6 años.
La pena será de reclusión o prisión de 3 a 10 años, si a consecuencia del abandono resultare grave daño en
el cuerpo o en la salud de la víctima.
ARTICULO 107.- El máximum y el mínimum de las penas establecidas en el artículo precedente, serán
aumentados en un tercio cuando el delito fuera cometido por los padres contra sus hijos y por éstos contra
aquéllos o por el cónyuge..
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(Artículo sustituido por art. 1° de la Ley N° 24.410 B.O. 2/1/1995)
ARTICULO 108. - Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos el
que encontrando perdido o desamparado a un menor de diez años o a una persona herida o inválida o
amenazada de un peligro cualquiera; omitiere prestarle el auxilio necesario, cuando pudiere hacerlo sin
riesgo personal o no diere aviso inmediatamente a la autoridad.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
TITULO II
ARTICULO 109. - La calumnia o falsa imputación a una persona física determinada de la comisión de un
delito concreto y circunstanciado que dé lugar a la acción pública, será reprimida con multa de pesos tres mil
($ 3.000.-) a pesos treinta mil ($ 30.000.-). En ningún caso configurarán delito de calumnia las expresiones
referidas a asuntos de interés público o las que no sean asertivas.
ARTICULO 110. - El que intencionalmente deshonrare o desacreditare a una persona física determinada
será reprimido con multa de pesos mil quinientos ($ 1.500.-) a pesos veinte mil ($ 20.000.-). En ningún caso
configurarán delito de injurias las expresiones referidas a asuntos de interés público o las que no sean
asertivas. Tampoco configurarán delito de injurias los calificativos lesivos del honor cuando guardasen
relación con un asunto de interés público.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 111. - El acusado de injuria, en los casos en los que las expresiones de ningún modo estén
vinculadas con asuntos de interés público, no podrá probar la verdad de la imputación salvo en los casos
siguientes:
En estos casos, si se probare la verdad de las imputaciones, el acusado quedará exento de pena.
ARTICULO 112. - (Artículo derogado por art. 4° de la Ley N° 26.551 B.O. 27/11/2009)
ARTICULO 113. - El que publicare o reprodujere, por cualquier medio, injurias o calumnias inferidas por
otro, será reprimido como autor de las injurias o calumnias de que se trate, siempre que su contenido no
fuera atribuido en forma sustancialmente fiel a la fuente pertinente. En ningún caso configurarán delito de
calumnia las expresiones referidas a asuntos de interés público o las que no sean asertivas.
ARTICULO 114. - Cuando la injuria o calumnia se hubiere propagado por medio de la prensa, en la capital y
territorios nacionales, sus autores quedarán sometidos a las sanciones del presente código y el juez o
tribunal ordenará, si lo pidiere el ofendido, que los editores inserten en los respectivos impresos o periódicos,
a costa del culpable, la sentencia o satisfacción.
ARTICULO 115. - Las injurias proferidas por los litigantes, apoderados o defensores, en los escritos,
discursos o informes producidos ante los tribunales y no dados a publicidad, quedarán sujetas únicamente a
las correcciones disciplinarias correspondientes.
ARTICULO 116. - Cuando las injurias fueren recíprocas, el tribunal podrá, según las circunstancias, declarar
exentas de pena a las dos partes o a alguna de ellas.
ARTICULO 117. - El acusado de injuria o calumnia quedará exento de pena si se retractare públicamente,
antes de contestar la querella o en el acto de hacerlo. La retractación no importará para el acusado la
aceptación de su culpabilidad.
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ARTICULO 117 bis.
2°. La pena será de seis meses a tres años, al que proporcionara a un tercero a sabiendas información falsa
contenida en un archivo de datos personales.
3°. La escala penal se aumentará en la mitad del mínimo y del máximo, cuando del hecho se derive perjuicio
a alguna persona.
4°. Cuando el autor o responsable del ilícito sea funcionario público en ejercicio de sus funciones, se le
aplicará la accesoria de inhabilitación para el desempeño de cargos públicos por el doble del tiempo que el de
la condena.
TITULO III
(Rúbrica del Título sustituida por art. 1° de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999)
(Nota Infoleg: Capítulo I y su rúbrica: Adulterio, derogados por art. 3° de la Ley N° 24.453 B.O. 7/3/1995)
ARTICULO 118.- (Artículo derogado por art. 4° de la Ley N° 24.453 B.O. 7/3/1995)
Capítulo II
ARTICULO 119. - Será reprimido con reclusión o prisión de seis (6) meses a cuatro (4) años el que abusare
sexualmente de una persona cuando ésta fuera menor de trece (13) años o cuando mediare violencia,
amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o
aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción.
La pena será de cuatro (4) a diez (10) años de reclusión o prisión cuando el abuso por su duración o
circunstancias de su realización, hubiere configurado un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la
víctima.
La pena será de seis (6) a quince (15) años de reclusión o prisión cuando mediando las circunstancias del
primer párrafo hubiere acceso carnal por vía anal, vaginal u oral o realizare otros actos análogos
introduciendo objetos o partes del cuerpo por alguna de las dos primeras vías.
En los supuestos de los dos párrafos anteriores, la pena será de ocho (8) a veinte (20) años de reclusión o
prisión si:
b) El hecho fuere cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano, tutor, curador,
ministro de algún culto reconocido o no, encargado de la educación o de la guarda;
c) El autor tuviere conocimiento de ser portador de una enfermedad de transmisión sexual grave, y hubiere
existido peligro de contagio;
e) El hecho fuere cometido por personal perteneciente a las fuerzas policiales o de seguridad, en ocasión de
sus funciones;
f) El hecho fuere cometido contra un menor de dieciocho (18) años, aprovechando la situación de
convivencia preexistente con el mismo.
En el supuesto del primer párrafo, la pena será de tres (3) a diez (10) años de reclusión o prisión si
concurren las circunstancias de los incisos a), b), d), e) o f).
ARTICULO 120 — Será reprimido con prisión o reclusión de tres a seis años el que realizare algunas de las
acciones previstas en el segundo o en el tercer párrafo del artículo 119 con una persona menor de dieciséis
años, aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría de edad del autor, su relación de
preeminencia respecto de la víctima, u otra circunstancia equivalente, siempre que no resultare un delito
más severamente penado.
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La pena será de prisión o reclusión de seis a diez años si mediare alguna de las circunstancias previstas en
los incisos a), b), c), e) o f) del cuarto párrafo del artículo 119
ARTICULO 121. -.(Artículo derogado por art. 4° de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999)
ARTICULO 122. - (Artículo derogado por art. 4° de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999)
ARTICULO 123. - (Artículo derogado por art. 4° de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999)
ARTICULO 124. - Se impondrá reclusión o prisión perpetua, cuando en los casos de los artículos 119 y 120
resultare la muerte de la persona ofendida.
Capítulo III
ARTICULO 125. - El que promoviere o facilitare la corrupción de menores de dieciocho años, aunque
mediare el consentimiento de la víctima será reprimido con reclusión o prisión de tres a diez años.
La pena será de seis a quince años de reclusión o prisión cuando la víctima fuera menor de trece años.
Cualquiera que fuese la edad de la víctima, la pena será de reclusión o prisión de diez a quince años, cuando
mediare engaño, violencia, amenaza, abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación o coerción,
como también si el autor fuera ascendiente, cónyuge, hermano, tutor o persona conviviente o encargada de
su educación o guarda.
ARTICULO 125 bis — El que promoviere o facilitare la prostitución de una persona será penado con prisión
de cuatro (4) a seis (6) años de prisión, aunque mediare el consentimiento de la víctima.
ARTICULO 126 — En el caso del artículo anterior, la pena será de cinco (5) a diez (10) años de prisión, si
concurriere alguna de las siguientes circunstancias:
1. Mediare engaño, fraude, violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción, abuso de
autoridad o de una situación de vulnerabilidad, o concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el
consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima.
2. El autor fuere ascendiente, descendiente, cónyuge, afín en línea recta, colateral o conviviente, tutor,
curador, autoridad o ministro de cualquier culto reconocido o no, o encargado de la educación o de la guarda
de la víctima.
3. El autor fuere funcionario público o miembro de una fuerza de seguridad, policial o penitenciaria.
Cuando la víctima fuere menor de dieciocho (18) años la pena será de diez (10) a quince (15) años de
prisión.
ARTICULO 127 — Será reprimido con prisión de cuatro (4) a seis (6) años, el que explotare
económicamente el ejercicio de la prostitución de una persona, aunque mediare el consentimiento de la
víctima.
La pena será de cinco (5) a diez (10) años de prisión, si concurriere alguna de las siguientes circunstancias:
1. Mediare engaño, fraude, violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción, abuso de
autoridad o de una situación de vulnerabilidad, o concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el
consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima.
2. El autor fuere ascendiente, descendiente, cónyuge, afín en línea recta, colateral o conviviente, tutor,
curador, autoridad o ministro de cualquier culto reconocido o no, o encargado de la educación o de la guarda
de la víctima.
3. El autor fuere funcionario público o miembro de una fuerza de seguridad, policial o penitenciaria.
Cuando la víctima fuere menor de dieciocho (18) años la pena será de diez (10) a quince (15) años de
prisión.
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(Artículo sustituido por art. 23 de la Ley N° 26.842 B.O. 27/12/2012)
ARTICULO 127 bis. - (Artículo derogado por art. 17 de la Ley N° 26.364, B.O. 30/4/2008)
ARTICULO 127 ter. - (Artículo derogado por art. 17 de la Ley N° 26.364, B.O. 30/4/2008)
ARTICULO 128 — Será reprimido con prisión de tres (3) a seis (6) años el que produjere, financiare,
ofreciere, comerciare, publicare, facilitare, divulgare o distribuyere, por cualquier medio, toda representación
de un menor de dieciocho (18) años dedicado a actividades sexuales explícitas o toda representación de sus
partes genitales con fines predominantemente sexuales, al igual que el que organizare espectáculos en vivo
de representaciones sexuales explícitas en que participaren dichos menores.
Será reprimido con prisión de cuatro (4) meses a un (1) año el que a sabiendas tuviere en su poder
representaciones de las descriptas en el párrafo anterior.
Será reprimido con prisión de seis (6) meses a dos (2) años el que tuviere en su poder representaciones de
las descriptas en el primer párrafo con fines inequívocos de distribución o comercialización.
Será reprimido con prisión de un (1) mes a tres (3) años el que facilitare el acceso a espectáculos
pornográficos o suministrare material pornográfico a menores de catorce (14) años.
Todas las escalas penales previstas en este artículo se elevarán en un tercio en su mínimo y en su máximo
cuando la víctima fuere menor de trece (13) años.
ARTICULO 129 — Será reprimido con multa de mil a quince mil pesos el que ejecutare o hiciese ejecutar
por otros actos de exhibiciones obscenas expuestas a ser vistas involuntariamente por terceros.
Si los afectados fueren menores de dieciocho años la pena será de prisión de seis meses a cuatro años. Lo
mismo valdrá, con independencia de la voluntad del afectado, cuando se tratare de un menor de trece años.
(Nota Infoleg: multa actualizada anteriormente por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
Capítulo IV
ARTICULO 130 — Será reprimido con prisión de uno a cuatro años, el que sustrajere o retuviere a una
persona por medio de la fuerza, intimidación o fraude, con la intención de menoscabar su integridad sexual.
La pena será de seis meses a dos años, si se tratare de una persona menor de dieciséis años, con su
consentimiento.
La pena será de dos a seis años si se sustrajere o retuviere mediante fuerza, intimidación o fraude a una
persona menor de trece años, con el mismo fin.
ARTICULO 131. - Será penado con prisión de seis (6) meses a cuatro (4) años el que, por medio de
comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos,
contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad
sexual de la misma.
Capítulo V
ARTICULO 132. - En los delitos previstos en los artículos 119: 1°, 2°, 3° párrafos, 120: 1° párrafo, y 130 la
víctima podrá instar el ejercicio de la acción penal pública con el asesoramiento o representación de
instituciones oficiales o privadas sin fines de lucro de protección o ayuda a las víctimas.
ARTICULO 133. - Los ascendientes, descendientes, cónyuges, convivientes, afines en línea recta,
hermanos, tutores, curadores y cualesquiera persona que, con abuso de una relación de dependencia, de
autoridad, de poder, de confianza o encargo, cooperaren a la perpetración de los delitos comprendidos en
este título serán reprimidos con la pena de los autores.
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(Nota Infoleg: Rúbricas de los Capítulos II, III, IV y V derogadas por art. 1° de la Ley N° 25.087
B.O.14/5/1999)
TITULO IV
Capítulo I
Matrimonios ilegales
ARTICULO 134. - Serán reprimidos con prisión de uno a cuatro años, los que contrajeren matrimonio
sabiendo ambos que existe impedimento que cause su nulidad absoluta.
1º. El que contrajere matrimonio cuando, sabiendo que existe impedimento que cause su nulidad absoluta,
ocultare esta circunstancia al otro contrayente;
ARTICULO 136. - El oficial público que a sabiendas autorizare un matrimonio de los comprendidos en los
artículos anteriores, sufrirá, en su caso, la pena que en ellos se determina.
Si lo autorizare sin saberlo, cuando su ignorancia provenga de no haber llenado los requisitos que la ley
prescribe para la celebración del matrimonio, la pena será de multa de setecientos cincuenta a pesos doce
mil quinientos e inhabilitación especial por seis meses a dos años.
Sufrirá multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos el oficial público que, fuera de los
demás casos de este artículo, procediere a la celebración de un matrimonio sin haber observado todas las
formalidades exigidas por la ley.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 137. - En la misma pena incurrirá el representante legítimo de un menor impúber que diere el
consentimiento para el matrimonio del mismo.
Capítulo II
ARTICULO 138.- Se aplicará prisión de 1 a 4 años al que, por un acto cualquiera, hiciere incierto, alterare o
suprimiere el estado civil de otro.
1. A la mujer que fingiere preñez o parto para dar a su supuesto hijo derechos que no le correspondan.
2. Al que, por un acto cualquiera, hiciere incierto, alterare o suprimiere la identidad de un menor de 10 años,
y el que lo retuviere u ocultare.
ARTICULO 139 bis - Será reprimido con reclusión o prisión de 3 a 10 años, el que facilitare, promoviere o
de cualquier modo intermediare en la perpetración de los delitos comprendidos en este Capítulo, haya
mediado o no precio o promesa remuneratoria o ejercido amenaza o abuso de autoridad.
Incurrirán en las penas establecidas en el párrafo anterior y sufrirán, además, inhabilitación especial por
doble tiempo que el de la condena, el funcionario público o profesional de la salud que cometa alguna de las
conductas previstas en este Capítulo.
TITULO V
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Capítulo I
ARTICULO 140. - Serán reprimidos con reclusión o prisión de cuatro (4) a quince (15) años el que redujere
a una persona a esclavitud o servidumbre, bajo cualquier modalidad, y el que la recibiere en tal condición
para mantenerla en ella. En la misma pena incurrirá el que obligare a una persona a realizar trabajos o
servicios forzados o a contraer matrimonio servil.
ARTICULO 141. - Será reprimido con prisión o reclusión de seis meses a tres años; el que ilegalmente
privare a otro de su libertad personal.
ARTICULO 142. - Se aplicará prisión o reclusión de dos a seis años, al que privare a otro de su libertad
personal, cuando concurra alguna de las circunstancias siguientes:
3. Si resultare grave daño a la persona, a la salud o a los negocios del ofendido, siempre que el hecho no
importare otro delito por el cual la ley imponga pena mayor;
ARTICULO 142 bis. - Se impondrá prisión o reclusión de cinco (5) a quince (15) años, al que sustrajere,
retuviere u ocultare a una persona con el fin de obligar a la víctima o a un tercero, a hacer, no hacer, o
tolerar algo contra su voluntad. Si el autor lograre su propósito, el mínimo de la pena se elevará a ocho (8)
años.
1. Si la víctima fuese una mujer embarazada; un menor de dieciocho (18) años de edad; o un mayor de
setenta (70) años de edad.
4. Cuando la víctima sea una persona discapacitada, enferma o que no pueda valerse por sí misma.
5. Cuando el agente sea funcionario o empleado público o pertenezca o haya pertenecido al momento de
comisión del hecho a una fuerza armada, de seguridad u organismo de inteligencia del Estado. (Inciso
sustituido por art. 3° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los
SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas pertinentes un
programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
La pena será de quince (15) a veinticinco (25) años de prisión a reclusión si del hecho resultara la muerte de
la persona ofendida, como consecuencia no querida por el autor.
La pena del partícipe que, desvinculándose de los otros, se esforzare de modo que la víctima recupere la
libertad, sin que tal resultado fuese la consecuencia del logro del propósito del autor, se reducirá de un tercio
a la mitad.
ARTICULO 142 ter. - Se impondrá prisión de DIEZ (10) a VEINTICINCO (25) años e inhabilitación absoluta
y perpetua para el ejercicio de cualquier función pública y para tareas de seguridad privada, al funcionario
público o a la persona o miembro de un grupo de personas que, actuando con la autorización, el apoyo o la
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aquiescencia del Estado, de cualquier forma, privare de la libertad a una o más personas, cuando este
accionar fuera seguido de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de
informar sobre el paradero de la persona.
La pena será de prisión perpetua si resultare la muerte o si la víctima fuere una mujer embarazada, una
persona menor de DIECIOCHO (18) años, una persona mayor de SETENTA (70) años o una persona con
discapacidad. La misma pena se impondrá cuando la víctima sea una persona nacida durante la desaparición
forzada de su madre.
La escala penal prevista en el presente artículo podrá reducirse en un tercio del máximo y en la mitad del
mínimo respecto de los autores o partícipes que liberen con vida a la víctima o proporcionen información que
permita su efectiva aparición con vida.
ARTICULO 143. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno a tres años e inhabilitación especial por
doble tiempo:
1º. El funcionario que retuviera a un detenido o preso, cuya soltura haya debido decretar o ejecutar;
2º. El funcionario que prolongare indebidamente la detención de una persona, sin ponerla a disposición del
juez competente;
4º. El jefe de prisión u otro establecimiento penal, o el que lo reemplace, que recibiera algún reo sin
testimonio de la sentencia firme en que se le hubiere impuesto la pena o lo colocare en lugares del
establecimiento que no sean los señalados al efecto;
5º. El alcaide o empleado de las cárceles de detenidos y seguridad que recibiere un preso sin orden de
autoridad competente, salvo el caso de flagrante delito;
6º. El funcionario competente que teniendo noticias de una detención ilegal omitiere, retardare o rehusare
hacerla cesar o dar cuenta a la autoridad que deba resolver.
ARTICULO 144. - Cuando en los casos del artículo anterior concurriere alguna de las circunstancias
enumeradas en los incisos 1, 2, 3 y 5 del artículo 142, el máximo de la pena privativa de la libertad se
elevará a cinco años.
ARTICULO 144 bis. - Será reprimido con prisión o reclusión de uno a cinco años e inhabilitación especial
por doble tiempo:
1. El funcionario público que, con abuso de sus funciones o sin las formalidades prescriptas por la ley, privase
a alguno de su libertad personal;
2. El funcionario que desempeñando un acto de servicio cometiera cualquier vejación contra las personas o
les aplicare apremios ilegales;
3. El funcionario público que impusiere a los presos que guarde, severidades, vejaciones, o apremios ilegales.
Si concurriere alguna de las circunstancias enumeradas en los incisos 1, 2, 3 y 5 del artículo 142, la pena
privativa de la libertad será de reclusión o prisión de dos a seis años.
ARTICULO 144 ter.- 1. Será reprimido con reclusión o prisión de ocho a veinticinco años e inhabilitación
absoluta y perpetua el funcionario público que impusiere a personas, legítima o ilegítimamente privadas de
su libertad, cualquier clase de tortura.
Es indiferente que la víctima se encuentre jurídicamente a cargo del funcionario, bastando que éste tenga
sobre aquélla poder de hecho.
2. Si con motivo u ocasión de la tortura resultare la muerte de la víctima, la pena privativa de libertad será
de reclusión o prisión perpetua. Si se causare alguna de las lesiones previstas en el artículo 91, la pena
privativa de libertad será de reclusión o prisión de diez a veinticinco años.
3. Por tortura se entenderá no solamente los tormentos físicos, sino también la imposición de sufrimientos
psíquicos, cuando éstos tengan gravedad suficiente.
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ARTICULO 144 quater. - 1º. Se impondrá prisión de tres a diez años al funcionario que omitiese evitar la
comisión de alguno de los hechos del artículo anterior, cuando tuviese competencia para ello.
2º. La pena será de uno a cinco años de prisión para el funcionario que en razón de sus funciones tomase
conocimiento de la comisión de alguno de los hechos del artículo anterior y, careciendo de la competencia a
que alude el inciso precedente, omitiese denunciar dentro de las veinticuatro horas el hecho ante el
funcionario, ministerio público o juez competente. Si el funcionario fuera médico se le impondrá, además,
inhabilitación especial para el ejercicio de su profesión por doble tiempo de la pena de prisión.
3º. Sufrirá la pena prevista en el inciso 1º de este artículo el juez que, tomando conocimiento en razón de su
función de alguno de los hechos a que se refiere el artículo anterior, no instruyere sumario o no denunciare
el hecho al juez competente dentro de las veinticuatro horas.
4º. En los casos previstos en este artículo, se impondrá, además, inhabilitación especial perpetua para
desempeñarse en cargos públicos. La inhabilitación comprenderá la de tener o portar armas de todo tipo.
ARTICULO 144 quinto.- Si se ejecutase el hecho previsto en el artículo 144 tercero, se impondrá prisión de
seis meses a dos años e inhabilitación especial de tres a seis años al funcionario a cargo de la repartición,
establecimiento, departamento, dependencia o cualquier otro organismo, si las circunstancias del caso
permiten establecer que el hecho no se hubiese cometido de haber mediado la debida vigilancia o adoptado
los recaudos necesarios por dicho funcionario.
ARTICULO 145. - Será reprimido con prisión de dos a seis años, el que condujere a una persona fuera de
las fronteras de la República, con el propósito de someterla ilegalmente al poder de otro o de alistarla en un
ejército extranjero.
ARTICULO 145 bis. - Será reprimido con prisión de cuatro (4) a ocho (8) años, el que ofreciere, captare,
trasladare, recibiere o acogiere personas con fines de explotación, ya sea dentro del territorio nacional, como
desde o hacia otros países, aunque mediare el consentimiento de la víctima.
ARTICULO 145 ter. - En los supuestos del artículo 145 bis la pena será de cinco (5) a diez (10) años de
prisión, cuando:
1. Mediare engaño, fraude, violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción, abuso de
autoridad o de una situación de vulnerabilidad, o concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el
consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima.
3. La víctima fuera una persona discapacitada, enferma o que no pueda valerse por sí misma.
6. El autor fuere ascendiente, descendiente, cónyuge, afín en línea recta, colateral o conviviente, tutor,
curador, autoridad o ministro de cualquier
culto reconocido o no, o encargado de la educación o de la guarda de la víctima.
7. El autor fuere funcionario público o miembro de una fuerza de seguridad, policial o penitenciaria.
Cuando se lograra consumar la explotación de la víctima objeto del delito de trata de personas la pena será
de ocho (8) a doce (12) años de prisión.
Cuando la víctima fuere menor de dieciocho (18) años la pena será de diez (10) a quince (15) años de
prisión.
ARTICULO 146.- Será reprimido con prisión o reclusión de 5 a 15 años, el que sustrajere a un menor de 10
años del poder de sus padres, tutor o persona encargada de él, y el que lo retuviere u ocultare.
ARTICULO 147. - En la misma pena incurrirá el que, hallándose encargado de la persona de un menor de
diez años, no lo presentara a los padres o guardadores que lo solicitaren o no diere razón satisfactoria de su
desaparición.
ARTICULO 148. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que indujere a un mayor de diez años
y menor de quince, a fugar de casa de sus padres, guardadores o encargados de su persona.
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ARTICULO 148: bis: Será reprimido con prisión de 1 (uno) a (cuatro) años el que aprovechare
económicamente el trabajo de un niño o niña en violación de las normas nacionales que prohíben el trabajo
infantil, siempre que el hecho no importare un delito más grave.
Quedan exceptuadas las tareas que tuvieren fines pedagógicos o de capacitación exclusivamente.
No será punible el padre, madre, tutor o guardador del niño o niña que incurriere en la conducta descripta.
ARTICULO 149. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que ocultare a las investigaciones de la
justicia o de la policía, a un menor de quince años que se hubiere substraído a la potestad o guarda a que
estaba legalmente sometido.
La pena será de seis meses a dos años, si el menor no tuviera diez años.
ARTICULO 149 bis. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años el que hiciere uso de amenazas
para alarmar o amedrentar a una o más personas. En este caso la pena será de uno a tres años de prisión si
se emplearen armas o si las amenazas fueren anónimas.
Será reprimido con prisión o reclusión de dos a cuatro años el que hiciere uso de amenazas con el propósito
de obligar a otro a hacer, no hacer o tolerar algo contra su voluntad.
ARTICULO 149 ter. - En el caso del último apartado del artículo anterior, la pena será:
1) De tres a seis años de prisión o reclusión si se emplearen armas o si las amenazas fueren anónimas; 2)
De cinco a diez años de prisión o reclusión en los siguientes casos:
a) Si las amenazas tuvieren como propósito la obtención de alguna medida o concesión por parte de
cualquier miembro de los poderes públicos;
b) Si las amenazas tuvieren como propósito el de compeler a una persona a hacer abandono del país, de una
provincia o de los lugares de su residencia habitual o de trabajo.
Capítulo II
Violación de domicilio
ARTICULO 150. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, si no resultare otro delito más
severamente penado, el que entrare en morada o casa de negocio ajena, en sus dependencias o en el recinto
habitado por otro, contra la voluntad expresa o presunta de quien tenga derecho de excluirlo.
ARTICULO 151. - Se impondrá la misma pena e inhabilitación especial de seis meses a dos años, al
funcionario público o agente de la autoridad que allanare un domicilio sin las formalidades prescriptas por la
ley o fuera de los casos que ella determina.
ARTICULO 152. - Las disposiciones de los artículos anteriores no se aplicarán al que entrare en los sitios
expresados, para evitar un mal grave a sí mismo, a los moradores o a un tercero, ni al que lo hiciere para
cumplir un deber de humanidad o prestar auxilio a la justicia.
Capítulo III
ARTICULO 153. - Será reprimido con prisión de quince (15) días a seis (6) meses el que abriere o accediere
indebidamente a una comunicación electrónica, una carta, un pliego cerrado, un despacho telegráfico,
telefónico o de otra naturaleza, que no le esté dirigido; o se apoderare indebidamente de una comunicación
electrónica, una carta, un pliego, un despacho u otro papel privado, aunque no esté cerrado; o
indebidamente suprimiere o desviare de su destino una correspondencia o una comunicación electrónica que
no le esté dirigida.
La pena será de prisión de un (1) mes a un (1) año, si el autor además comunicare a otro o publicare el
contenido de la carta, escrito, despacho o comunicación electrónica.
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Si el hecho lo cometiere un funcionario público que abusare de sus funciones, sufrirá además, inhabilitación
especial por el doble del tiempo de la condena.
ARTICULO 153 BIS. - Será reprimido con prisión de quince (15) días a seis (6) meses, si no resultare un
delito más severamente penado, el que a sabiendas accediere por cualquier medio, sin la debida autorización
o excediendo la que posea, a un sistema o dato informático de acceso restringido.
La pena será de un (1) mes a un (1) año de prisión cuando el acceso fuese en perjuicio de un sistema o dato
informático de un organismo público estatal o de un proveedor de servicios públicos o de servicios
financieros.
ARTICULO 154. - Será reprimido con prisión de uno a cuatro años, el empleado de correos o telégrafos
que, abusando de su empleo, se apoderare de una carta, de un pliego, de un telegrama o de otra pieza de
correspondencia, se impusiere de su contenido, la entregare o comunicare a otro que no sea el destinatario,
la suprimiere, la ocultare o cambiare su texto.
ARTICULO 155. - Será reprimido con multa de pesos un mil quinientos ($ 1.500) a pesos cien mil ($
100.000), el que hallándose en posesión de una correspondencia, una comunicación electrónica, un pliego
cerrado, un despacho telegráfico, telefónico o de otra naturaleza, no destinados a la publicidad, los hiciere
publicar indebidamente, si el hecho causare o pudiere causar perjuicios a terceros.
Está exento de responsabilidad penal el que hubiere obrado con el propósito inequívoco de proteger un
interés público.
ARTICULO 156. - Será reprimido con multa de pesos mil quinientos a pesos noventa mil e inhabilitación
especial, en su caso, por seis meses a tres años, el que teniendo noticia, por razón de su estado, oficio,
empleo, profesión o arte, de un secreto cuya divulgación pueda causar daño, lo revelare sin justa causa.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 157. - Será reprimido con prisión de un (1) mes a dos (2) años e inhabilitación especial de un
(1) a cuatro (4) años, el funcionario público que revelare hechos, actuaciones, documentos o datos, que por
ley deben ser secretos.
ARTICULO 157 bis. -Será reprimido con la pena de prisión de un (1) mes a dos (2) años el que:
Cuando el autor sea funcionario público sufrirá, además, pena de inhabilitación especial de un (1) a cuatro
(4) años.
Capítulo IV
ARTICULO 158. - Será reprimido con prisión de un mes a un año; el obrero que ejerciere violencia sobre
otro para compelerlo a tomar parte en una huelga o boycott. La misma pena sufrirá el patrón, empresario o
empleado que, por sí o por cuenta de alguien, ejerciere coacción para obligar a otro a tomar parte en un
lock-out y a abandonar o ingresar a una sociedad obrera o patronal determinada.
ARTICULO 159. - Será reprimido con multa de pesos dos mil quinientos a pesos treinta mil, el que, por
maquinaciones fraudulentas, sospechas malévolas o cualquier medio de propaganda desleal, tratare de
desviar, en su provecho, la clientela de un establecimiento comercial o industrial.
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(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
Capítulo V
ARTICULO 160. - Será reprimido con prisión de quince días a tres meses, el que impidiere materialmente o
turbare una reunión lícita, con insultos o amenazas al orador o a la institución organizadora del acto.
Capítulo VI
ARTICULO 161. - Sufrirá prisión de uno a seis meses, el que impidiere o estorbare la libre circulación de un
libro o periódico.
TITULO VI
Capítulo I
Hurto
ARTICULO 162. - Será reprimido con prisión de un mes a dos años, el que se apoderare ilegítimamente de
una cosa mueble, total o parcialmente ajena.-
ARTICULO 163. - Se aplicará prisión de uno a seis años en los casos siguientes:
1º Cuando el hurto fuere de productos separados del suelo o de máquinas, instrumentos de trabajo o de
productos agroquímicos, fertilizantes u otros insumos similares, dejados en el campo, o de alambres u otros
elementos de los cercos.
2º Cuando el hurto se cometiere con ocasión de un incendio, explosión, inundación, naufragio, accidente de
ferrocarril, asonada o motín o aprovechando las facilidades provenientes de cualquier otro desastre o
conmoción pública o de un infortunio particular del damnificado;
3º Cuando se hiciere uso de ganzúa, llave falsa u otro instrumento semejante o de llave verdadera que
hubiere sido substraída, hallada o retenida; (Inciso sustituido por art. 1° de la Ley N° 24.721 B.O.
18/11/1996)
5º Cuando el hurto fuese de mercaderías u otras cosas muebles transportadas por cualquier medio y se
cometiere entre el momento de su carga y el de su destino o entrega, o durante las escalas que se
realizaren. . (Inciso incorporado por art. 1° de la Ley N° 23.468 B.O. 26/1/1987)
6º Cuando el hurto fuere de vehículos dejados en la vía pública o en lugares de acceso público. . (Inciso
incorporado por art. 1° de la Ley N° 24.721 B.O. 18/11/1996)
ARTICULO 163 bis — En los casos enunciados en el presente Capítulo, la pena se aumentará en un tercio
en su mínimo y en su máximo, cuando quien ejecutare el delito fuere miembro integrante de las fuerzas de
seguridad, policiales o del servicio penitenciario.
Capítulo II
Robo
ARTICULO 164. - Será reprimido con prisión de un mes a seis años, el que se apoderare ilegítimamente de
una cosa mueble, total o parcialmente ajena, con fuerza en las cosas o con violencia física en las personas,
sea que la violencia tenga lugar antes del robo para facilitarlo, en el acto de cometerlo o después de
cometido para procurar su impunidad.
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ARTICULO 165. - Se impondrá reclusión o prisión de diez a veinticinco años, si con motivo u ocasión del
robo resultare un homicidio.
1. Si por las violencias ejercidas para realizar el robo, se causare alguna de las lesiones previstas en los
artículos 90 y 91.
Si el arma utilizada fuera de fuego, la escala penal prevista se elevará en un tercio en su mínimo y en su
máximo.
Si se cometiere el robo con un arma de fuego cuya aptitud para el disparo no pudiera tenerse de ningún
modo por acreditada, o con un arma de utilería, la pena será de TRES a DIEZ años de reclusión o prisión.
3º. Si se perpetrare el robo con perforación o fractura de pared, cerco, techo o piso, puerta o ventana de un
lugar habitado o sus dependencias inmediatas;
ARTICULO 167 bis — En los casos enunciados en el presente Capítulo, la pena se aumentará en un tercio
en su mínimo y en su máximo, cuando quien ejecutare el delito fuere miembro integrante de las fuerzas de
seguridad, policiales o del servicio penitenciario.
ARTICULO 167 ter.- Será reprimido con prisión de DOS (2) a SEIS (6) años el que se apoderare
ilegítimamente de UNA (1) o más cabezas de ganado mayor o menor, total o parcialmente ajeno, que se
encontrare en establecimientos rurales o, en ocasión de su transporte, desde el momento de su carga hasta
el de su destino o entrega, incluyendo las escalas que se realicen durante el trayecto.
La pena será de TRES (3) a OCHO (8) años de prisión si el abigeato fuere de CINCO (5) o más cabezas de
ganado mayor o menor y se utilizare un medio motorizado para su transporte.
ARTICULO 167 quater.- Se aplicará reclusión o prisión de CUATRO (4) a DIEZ (10) años cuando en el
abigeato concurriere alguna de las siguientes circunstancias:
2.- Se alteraren, suprimieren o falsificaren marcas o señales utilizadas para la identificación del animal.
3.- Se falsificaren o se utilizaren certificados de adquisición, guías de tránsito, boletos de marca o señal, o
documentación equivalente, falsos.
4.- Participare en el hecho una persona que se dedique a la crianza, cuidado, faena, elaboración,
comercialización o transporte de ganado o de productos o subproductos de origen animal.
5.- Participare en el hecho un funcionario público quien, violando los deberes a su cargo o abusando de sus
funciones, facilitare directa o indirectamente su comisión.
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ARTICULO 167 quinque.- En caso de condena por un delito previsto en este Capítulo, el culpable, si fuere
funcionario público o reuniere las condiciones personales descriptas en el artículo 167 quater inciso 4, sufrirá,
además, inhabilitación especial por el doble del tiempo de la condena.
En todos los casos antes previstos también se impondrá conjuntamente una multa equivalente de DOS (2) a
DIEZ (10) veces del valor del ganado sustraído".
Capítulo III
Extorsión
ARTICULO 168. - Será reprimido con reclusión o prisión de cinco a diez años, el que con intimidación o
simulando autoridad pública o falsa orden de la misma, obligue a otro a entregar, enviar, depositar o poner a
su disposición o a la de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurídicos.
Incurrirá en la misma pena el que por los mismos medios o con violencia, obligue a otro a suscribir o destruir
documentos de obligación o de crédito.
ARTICULO 169. - Será reprimido con prisión o reclusión de tres a ocho años, el que, por amenaza de
imputaciones contra el honor o de violación de secretos, cometiere alguno de los hechos expresados en el
artículo precedente.
ARTICULO 170. - Se impondrá reclusión o prisión de cinco (5) a quince (15) años, al que sustrajere,
retuviere u ocultare a una persona para sacar rescate. Si el autor lograre su propósito, el mínimo de la pena
se elevará a ocho (8) años.
1. Si la víctima fuese una mujer embarazada; un menor de dieciocho (18) años de edad o un mayor de
setenta (70) años de edad.
4. Cuando la víctima sea una persona discapacitada; enferma; o que no pueda valerse por sí misma.
5. Cuando el agente sea funcionario o empleado público; o pertenezca o haya pertenecido a alguna fuerza de
seguridad u organismo de inteligencia del Estado.
La pena será de quince (15) a veinticinco (25) años de prisión o reclusión si del hecho resultare la muerte de
la persona ofendida, como consecuencia no querida por el autor.
La pena del partícipe que, desvinculándose de los otros, se esforzare de modo que la víctima recupere la
libertad, sin que tal resultado fuese la consecuencia del pago del precio de la libertad, se reducirá de un
tercio a la mitad.
ARTICULO 171. - Sufrirá prisión de dos a seis años, el que substrajere un cadáver para hacerse pagar su
devolución.
Capítulo IV
ARTICULO 172. - Será reprimido con prisión de un mes a seis años, el que defraudare a otro con nombre
supuesto, calidad simulada, falsos títulos, influencia mentida, abuso de confianza o aparentando bienes,
crédito, comisión, empresa o negociación o valiéndose de cualquier otro ardid o engaño.
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ARTICULO 173.- Sin perjuicio de la disposición general del artículo precedente, se considerarán casos
especiales de defraudación y sufrirán la pena que él establece:
1. El que defraudare a otro en la substancia, calidad o cantidad de las cosas que le entregue en virtud de
contrato o de un título obligatorio;
2. El que con perjuicio de otro se negare a restituir o no restituyere a su debido tiempo, dinero, efectos o
cualquier otra cosa mueble que se le haya dado en depósito, comisión, administración u otro título que
produzca obligación de entregar o devolver;
4. El que cometiere alguna defraudación abusando de firma en blanco, extendiendo con ella algún
documento en perjuicio del mismo que la dio o de tercero;
5. El dueño de una cosa mueble que la sustrajere de quien la tenga legítimamente en su poder, con perjuicio
del mismo o de tercero;
7. El que, por disposición de la ley, de la autoridad o por un acto jurídico, tuviera a su cargo el manejo, la
administración o el cuidado de bienes o intereses pecuniarios ajenos, y con el fin de procurar para sí o para
un tercero un lucro indebido o para causar daño, violando sus deberes perjudicare los intereses confiados u
obligare abusivamente al titular de éstos;
9. El que vendiere o gravare como bienes libres, los que fueren litigiosos o estuvieren embargados o
gravados; y el que vendiere, gravare o arrendare como propios, bienes ajenos;
10. El que defraudare, con pretexto de supuesta remuneración a los jueces u otros empleados públicos;
11. El que tornare imposible, incierto o litigioso el derecho sobre un bien o el cumplimiento, en las
condiciones pactadas, de una obligación referente al mismo, sea mediante cualquier acto jurídico relativo al
mismo bien, aunque no importe enajenación, sea removiéndolo, reteniéndolo, ocultándolo o dañándolo,
siempre que el derecho o la obligación hubieran sido acordados a otro por un precio o como garantía;
13. El que encontrándose autorizado para ejecutar extrajudicialmente un inmueble lo ejecutara en perjuicio
del deudor, a sabiendas de que el mismo no se encuentra en mora, o maliciosamente omitiera cumplimentar
los recaudos establecidos para la subasta mediante dicho procedimiento especial; (Inciso incorporado por
art. 82 de la Ley N° 24.441 B.O. 16/1/1995)
14. El tenedor de letras hipotecarias que en perjuicio del deudor o de terceros omitiera consignar en el título
los pagos recibidos. (Inciso incorporado por art. 82 de la Ley N° 24.441 B.O. 16/1/1995)
15. El que defraudare mediante el uso de una tarjeta de compra, crédito o débito, cuando la misma hubiere
sido falsificada, adulterada, hurtada, robada, perdida u obtenida del legítimo emisor mediante ardid o
engaño, o mediante el uso no autorizado de sus datos, aunque lo hiciere por medio de una operación
automática. (Inciso incorporado por art. 1° de la Ley N° 25.930 B.O. 21/9/2004)
16. El que defraudare a otro mediante cualquier técnica de manipulación informática que altere el normal
funcionamiento de un sistema informático o la transmisión de datos. (Inciso incorporado por art. 9° de la Ley
N° 26.388, B.O. 25/6/2008)
1º. El que para procurarse a sí mismo o procurar a otro un provecho ilegal en perjuicio de un asegurador o
de un dador de préstamo a la gruesa, incendiare o destruyere una cosa asegurada o una nave asegurada o
cuya carga o flete estén asegurados o sobre la cual se haya efectuado un préstamo a la gruesa;
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3º. El que defraudare usando de pesas o medidas falsas;
4º. El empresario o constructor de una obra cualquiera o el vendedor de materiales de construcción que
cometiere, en la ejecución de la obra o en la entrega de los materiales, un acto fraudulento capaz de poner
en peligro la seguridad de las personas, de los bienes o del Estado;
En los casos de los tres incisos precedentes, el culpable, si fuere funcionario o empleado público, sufrirá
además inhabilitación especial perpetua. (Párrafo sustituido por art. 3° de la Ley N° 25.602 B.O.20/6/2002)
(Nota Infoleg: Por art. 4° de la Ley N° 25.602 B.O. 20/6/2002 se incorporó el art. 174 bis pero fue vetado
por Decreto N° 1059/2002 B.O. 20/6/2002)
ARTICULO 175. - Será reprimido con multa de mil pesos a quince mil pesos:
1º. El que encontrare perdida una cosa que no le pertenezca o un tesoro y se apropiare la cosa o la parte del
tesoro correspondiente al propietario del suelo, sin observar las prescripciones del Código Civil;
2º. El que se apropiare una cosa ajena, en cuya tenencia hubiere entrado a consecuencia de un error o de un
caso fortuito;
3º. El que vendiere la prenda sobre que prestó dinero o se la apropiare o dispusiere de ella, sin las
formalidades legales;
4º. El acreedor que a sabiendas exija o acepte de su deudor, a título de documento, crédito o garantía por
una obligación no vencida, un cheque o giro de fecha posterior o en blanco.-
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
Capítulo IV bis
Usura
ARTICULO 175 bis. - El que, aprovechando la necesidad, la ligereza o la inexperiencia de una persona le
hiciere dar o prometer, en cualquier forma, para sí o para otro, intereses u otras ventajas pecuniarias
evidentemente desproporcionadas con su prestación, u otorgar recaudos o garantías de carácter extorsivo,
será reprimido con prisión de uno a tres años y con multa de pesos tres mil a pesos treinta mil.
La misma pena será aplicable al que a sabiendas adquiriere, transfiriere o hiciere valer un crédito usurario.
La pena de prisión será de tres a seis años, y la multa de pesos quince mil a pesos ciento cincuenta mil, si el
autor fuere prestamista o comisionista usurario profesional o habitual.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
Capítulo V
ARTICULO 176. - Será reprimido, como quebrado fraudulento, con prisión de dos a seis años e
inhabilitación especial de tres a diez años, el comerciante declarado en quiebra que, en fraude de sus
acreedores, hubiere incurrido en algunos de los hechos siguientes:
2º No justificar la salida o existencia de bienes que debiera tener; substraer u ocultar alguna cosa que
correspondiere a la masa;
ARTICULO 177. - Será reprimido, como quebrado culpable, con prisión de un mes a un año e inhabilitación
especial de dos a cinco años, el comerciante que hubiere causado su propia quiebra y perjudicado a sus
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acreedores, por sus gastos excesivos con relación al capital y al número de personas de su familia,
especulaciones ruinosas, juego, abandono de sus negocios o cualquier otro acto de negligencia o imprudencia
manifiesta.
ARTICULO 178. - Cuando se tratare de la quiebra de una sociedad comercial o de una persona jurídica que
ejerza el comercio, o se hubiere abierto el procedimiento de liquidación sin quiebra de un banco u otra
entidad financiera, todo director, síndico, administrador, miembro de la comisión fiscalizadora o gerente de la
sociedad o establecimiento fallido o del banco o entidad financiera en liquidación sin quiebra, o contador o
tenedor de libros de los mismos, que hubiere cooperado a la ejecución de alguno de los actos a que se
refieren los artículos anteriores, será reprimido con la pena de la quiebra fraudulenta o culpable, en su caso.
Con la misma pena será reprimido el miembro del consejo de administración o directivo, síndico, miembro de
la junta fiscalizadora o de vigilancia, o gerente, tratándose de una sociedad cooperativa o mutual.
ARTICULO 179. - Será reprimido con prisión de uno a cuatro años, el deudor no comerciante concursado
civilmente que, para defraudar a sus acreedores, hubiere cometido o cometiere alguno de los actos
mencionados en el artículo 176.
Será reprimido con prisión de seis meses a tres años, el que durante el curso de un proceso o después de
una sentencia condenatoria, maliciosamente destruyere, inutilizare, dañare, ocultare o hiciere desaparecer
bienes de su patrimonio o fraudulentamente disminuyere su valor, y de esta manera frustrare, en todo o en
parte, el cumplimiento de las correspondientes obligaciones civiles.
ARTICULO 180. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el acreedor que consintiere en un
concordato, convenio o transacción judicial, en virtud de una connivencia con el deudor o con un tercero, por
la cual hubiere estipulado ventajas especiales para el caso de aceptación del concordato, convenio o
transacción.
La misma pena sufrirá, en su caso, todo deudor o director, gerente o administrador de una sociedad anónima
o cooperativa o de una persona jurídica de otra índole, en estado de quiebra o de concurso judicial de bienes,
que concluyere un convenio de este género.
Capítulo VI
Usurpación
ARTICULO 181.- Será reprimido con prisión de seis meses a tres años:
1º el que por violencia, amenazas, engaños, abusos de confianza o clandestinidad despojare a otro, total o
parcialmente, de la posesión o tenencia de un inmueble o del ejercicio de un derecho real constituido sobre
él, sea que el despojo se produzca invadiendo el inmueble, manteniéndose en él o expulsando a los
ocupantes;
2º el que, para apoderarse de todo o parte de un inmueble, destruyere o alterare los términos o límites del
mismo;
1º El que ilícitamente y con el propósito de causar perjuicio a otro sacare aguas de represas, estanques u
otros depósitos, ríos, arroyos, fuentes, canales o acueductos o las sacare en mayor cantidad que aquella a
que tenga derecho;
2º El que estorbare el ejercicio de los derechos que un tercero tuviere sobre dichas aguas;
3º El que ilícitamente y con el propósito de causar perjuicio a otro represare, desviare o detuviere las aguas
de los ríos, arroyos, canales o fuentes o usurpare un derecho cualquiera referente al curso de ellas.
La pena se aumentará hasta dos años, si para cometer los delitos expresados en los números anteriores, se
rompieren o alteraren diques, esclusas, compuertas u otras obras semejantes hechas en los ríos, arroyos,
fuentes, depósitos, canales o acueductos.
Capítulo VII
Daños
ARTICULO 183. - Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que destruyere, inutilizare, hiciere
desaparecer o de cualquier modo dañare una cosa mueble o inmueble o un animal, total o parcialmente
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ajeno, siempre que el hecho no constituya otro delito más severamente penado.
En la misma pena incurrirá el que alterare, destruyere o inutilizare datos, documentos, programas o sistemas
informáticos; o vendiere, distribuyere, hiciere circular o introdujere en un sistema informático, cualquier
programa destinado a causar daños. (Párrafo incorporado por art. 10 de la Ley N° 26.388, B.O. 25/6/2008)
ARTICULO 184. - La pena será de tres (3) meses a cuatro (4) años de prisión, si mediare cualquiera de las
circunstancias siguientes:
1. Ejecutar el hecho con el fin de impedir el libre ejercicio de la autoridad o en venganza de sus
determinaciones;
5. Ejecutarlo en archivos, registros, bibliotecas, museos o en puentes, caminos, paseos u otros bienes de uso
público; o en tumbas, signos conmemorativos, monumentos, estatuas, cuadros u otros objetos de arte
colocados en edificios o lugares públicos; o en datos, documentos, programas o sistemas informáticos
públicos;
Capítulo VIII
Disposiciones generales
ARTICULO 185. - Están exentos de responsabilidad criminal, sin perjuicio de la civil, por los hurtos,
defraudaciones o daños que recíprocamente se causaren:
2. El consorte viudo, respecto de las cosas de la pertenencia de su difunto cónyuge, mientras no hayan
pasado a poder de otro;
La excepción establecida en el párrafo anterior, no es aplicable a los extraños que participen del delito.
TITULO VII
Capítulo I
1º Con reclusión o prisión de tres a diez años, si hubiere peligro común para los bienes;
2º Con reclusión o prisión de tres a diez años el que causare incendio o destrucción por cualquier otro medio:
b) De bosques, viñas, olivares, cañaverales, algodonales, yerbatales o cualquiera otra plantación de árboles o
arbustos en explotación, ya sea con sus frutos en pie o cosechados;
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e) De alfalfares o cualquier otro cultivo de forrajes, ya sea en pie o emparvados, engavillados, ensilados o
enfardados;
f) De los mismos productos mencionados en los párrafos anteriores, cargados, parados o en movimiento;
3º Con reclusión o prisión de tres a quince años, si hubiere peligro para un archivo público, biblioteca,
museo, arsenal, astillero, fábrica de pólvora o de pirotecnia militar o parque de artillería;
4º Con reclusión o prisión de tres a quince años, si hubiere peligro de muerte para alguna persona;
5º Con reclusión o prisión de ocho a veinte años, si el hecho fuere causa inmediata de la muerte de alguna
persona.
ARTICULO 187. - Incurrirá, según los casos, en las penas señaladas en el artículo precedente, el que
causare estrago por medio de sumersión o varamiento de nave, derrumbe de un edificio, inundación, de una
mina o cualquier otro medio poderoso de destrucción.
ARTICULO 188. - Será reprimido con prisión de uno a seis años el que, destruyendo o inutilizando diques u
otras obras destinadas a la defensa común contra las inundaciones u otros desastres, hiciere surgir el peligro
de que éstos se produzcan.
La misma pena se aplicará al que, para impedir la extinción de un incendio o las obras de defensa contra una
inundación, sumersión, naufragio u otro desastre, substrajere, ocultare o hiciere inservibles, materiales,
instrumentos u otros medios destinados a la extinción o a la defensa referida.
ARTICULO 189. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que, por imprudencia o negligencia,
por impericia en su arte o profesión o por inobservancia de los reglamentos u ordenanzas, causare un
incendio u otros estragos.
Si el hecho u omisión culpable pusiere en peligro de muerte a alguna persona o causare la muerte de alguna
persona, el máximo de la pena podrá elevarse hasta cinco años.
ARTICULO 189 bis . - (1) El que, con el fin de contribuir a la comisión de delitos contra la seguridad común
o causar daños en las máquinas o en la elaboración de productos, adquiriere, fabricare, suministrare,
sustrajere o tuviere en su poder bombas, materiales o aparatos capaces de liberar energía nuclear,
materiales radiactivos o sustancias nucleares, o sus desechos, isótopos radiactivos, materiales explosivos,
inflamables, asfixiantes, tóxicos o biológicamente peligrosos, o sustancias o materiales destinados a su
preparación, será reprimido con reclusión o prisión de CINCO (5) a QUINCE (15) años.
La misma pena se impondrá al que, sabiendo o debiendo saber que contribuye a la comisión de delitos contra
la seguridad común o destinados a causar daños en las máquinas o en la elaboración de productos, diere
instrucciones para la preparación de sustancias o materiales mencionados en el párrafo anterior.
La simple tenencia de los materiales a los que se refiere el párrafo que antecede, sin la debida autorización
legal, o que no pudiere justificarse por razones de su uso doméstico o industrial, será reprimida con prisión
de TRES (3) a SEIS (6) años.
(2) La simple tenencia de armas de fuego de uso civil, sin la debida autorización legal, será reprimida con
prisión de 6 (SEIS) meses a 2 (DOS) años y multa de MIL PESOS ($ 1.000.-) a DIEZ MIL PESOS ($
10.000.-).
Si las armas fueren de guerra, la pena será de DOS (2) a SEIS (6) años de prisión.
La portación de armas de fuego de uso civil, sin la debida autorización legal, será reprimida con prisión de
UN (1) año a CUATRO (4) años.
Si las armas fueren de guerra, la pena será de TRES (3) años y SEIS (6) meses a OCHO (8) años y SEIS (6)
meses de reclusión o prisión.
Si el portador de las armas a las cuales se refieren los dos párrafos que anteceden, fuere tenedor autorizado
del arma de que se trate, la escala penal correspondiente se reducirá en un tercio del mínimo y del máximo.
La misma reducción prevista en el párrafo anterior podrá practicarse cuando, por las circunstancias del hecho
y las condiciones personales del autor, resultare evidente la falta de intención de utilizar las armas portadas
con fines ilícitos.
En los dos casos precedentes, se impondrá, además, inhabilitación especial por el doble del tiempo de la
condena.
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El que registrare antecedentes penales por delito doloso contra las personas o con el uso de armas, o se
encontrare gozando de una excarcelación o exención de prisión anterior y portare un arma de fuego de
cualquier calibre, será reprimido con prisión de CUATRO (4) a DIEZ (10) años.
(Nota Infoleg: Por art. 4° de la Ley N° 25.886 B.O. 5/5/2004, se establece que el primer párrafo del punto
2 del artículo 189 bis entrará en vigencia a partir del término del plazo establecido de SEIS MESES, en el cual
el Poder Ejecutivo Nacional dispondrá, las medidas pertinentes para facilitar el registro gratuito y sencillo de
las armas de fuego de uso civil o uso civil condicionado. Asimismo, en el mismo término, se arbitrarán en
todo el territorio de la Nación, con contralor de la máxima autoridad judicial que en cada jurisdicción se
designe, los medios para recepcionar de parte de la población, la entrega voluntaria de toda arma de fuego
que su propietario o tenedor decida realizar.)
(3) El acopio de armas de fuego, piezas o municiones de éstas, o la tenencia de instrumental para
producirlas, sin la debida autorización, será reprimido con reclusión o prisión de CUATRO (4) a DIEZ (10)
años.
El que hiciere de la fabricación ilegal de armas de fuego una actividad habitual será reprimido con reclusión o
prisión de CINCO (5) a DIEZ (10) años.
(4) Será reprimido con prisión de UN (1) año a SEIS (6) años el que entregare un arma de fuego, por
cualquier título, a quien no acreditare su condición de legítimo usuario.
La pena será de TRES (3) años y SEIS (6) meses a DIEZ (10) años de prisión si el arma fuera entregada a un
menor de DIECIOCHO (18) años.
Si el autor hiciere de la provisión ilegal de armas de fuego una actividad habitual, la pena será de CUATRO
(4) a QUINCE (15) años de reclusión o prisión.
Si el culpable de cualquiera de las conductas contempladas en los tres párrafos anteriores contare con
autorización para la venta de armas de fuego, se le impondrá, además, inhabilitación especial absoluta y
perpetua, y multa de DIEZ MIL PESOS ($ 10.000.-).
(5) Será reprimido con prisión de TRES (3) a OCHO (8) años e inhabilitación especial por el doble del tiempo
de la condena el que, contando con la debida autorización legal para fabricar armas, omitiere su número o
grabado conforme a la normativa vigente, o asignare a DOS (2) o más armas idénticos números o grabados.
En la misma pena incurrirá el que adulterare o suprimiere el número o el grabado de un arma de fuego.
ARTICULO 189 ter .- (Artículo derogado por art. 2° de la Ley N° 25.886 B.O. 5/5/2004.)
Capítulo II
ARTICULO 190. - Será reprimido con prisión de dos a ocho años, el que a sabiendas ejecutare cualquier
acto que ponga en peligro la seguridad de una nave, construcción flotante o aeronave.
Si el hecho produjere naufragio, varamiento o desastre aéreo, la pena será de seis a quince años de
reclusión o prisión.
Si el hecho causare lesión a alguna persona, la pena será de seis a quince años de reclusión o prisión, y si
ocasionare la muerte, de diez a veinticinco años de reclusión o prisión.
Las disposiciones precedentes se aplicarán aunque la acción recaiga sobre una cosa propia, si del hecho
deriva peligro para la seguridad común.
ARTICULO 191. - El que empleare cualquier medio para detener o entorpecer la marcha de un tren o para
hacerle descarrilar, será reprimido:
1º Con prisión de seis meses a tres años, si no se produjere descarrilamiento u otro accidente;
3º Con reclusión o prisión de tres a diez años, si a consecuencia del accidente, resultare lesionada alguna
persona;
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4º Con reclusión o prisión de diez a veinticinco años, si resultare la muerte de alguna persona.
ARTICULO 192. - Será reprimido con las penas establecidas en el artículo anterior en sus casos respectivos,
el que ejecutare cualquier acto tendiente a interrumpir el funcionamiento de un telégrafo o teléfono
destinado al servicio de un ferrocarril.
ARTICULO 193. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, si el hecho no importare un delito más
severamente penado, el que arrojare cuerpos contundentes o proyectiles contra un tren o tranvía en marcha.
ARTICULO 193 bis. - Será reprimido con prisión de seis (6) meses a tres (3) años e inhabilitación especial
para conducir por el doble del tiempo de la condena, el conductor que creare una situación de peligro para la
vida o la integridad física de las personas, mediante la participación en una prueba de velocidad o de
destreza con un vehículo con motor, realizada sin la debida autorización de la autoridad competente.
La misma pena se aplicará a quien organizare o promocionare la conducta prevista en el presente artículo, y
a quien posibilitare su realización por un tercero mediante la entrega de un vehículo con motor de su
propiedad o confiado a su custodia, sabiendo que será utilizado para ese fin.
ARTICULO 194. - El que, sin crear una situación de peligro común, impidiere, estorbare o entorpeciere el
normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios públicos de comunicación, de
provisión de agua, de electricidad o de sustancias energéticas, será reprimido con prisión de tres meses a
dos años.
ARTICULO 195. - Serán reprimidos con prisión de un mes a un año, si el hecho no importare un delito más
severamente penado, los conductores, capitanes, pilotos, mecánicos y demás empleados de un tren o de un
buque, que abandonaren sus puestos durante sus servicios respectivos antes de llegar a puerto o al término
del viaje ferroviario.
ARTICULO 196. - Será reprimido con prisión de seis meses a tres años el que por imprudencia o negligencia
o por impericia en su arte o profesión o por inobservancia de los reglamentos u ordenanzas, causare un
descarrilamiento, naufragio u otro accidente previsto en este capítulo.
Si del hecho resultare lesionada o muerta alguna persona, se impondrá prisión de uno a cinco años.
ARTICULO 197. - Será reprimido con prisión de seis (6) meses a dos (2) años, el que interrumpiere o
entorpeciere la comunicación telegráfica, telefónica o de otra naturaleza o resistiere violentamente el
restablecimiento de la comunicación interrumpida.
Capítulo III
Piratería
ARTICULO 198. - Será reprimido con reclusión o prisión de tres a quince años:
1º El que practicare en el mar o en ríos navegables, algún acto de depredación o violencia contra un buque o
contra personas o cosas que en él se encuentren, sin estar autorizado por alguna potencia beligerante o
excediendo los límites de una autorización legítimamente concedida;
2º El que practicare algún acto de depredación o violencia contra una aeronave en vuelo o mientras realiza
las operaciones inmediatamente anteriores al vuelo, o contra personas o cosas que en ellas se encuentren,
sin estar autorizado por alguna potencia beligerante o excediendo los límites de una autorización
legítimamente concedida;
3º El que mediante violencia, intimidación o engaño, usurpare la autoridad de un buque o aeronave, con el
fin de apoderarse de él o de disponer de las cosas o de las personas que lleva;
4º El que, en connivencia con piratas, les entregare un buque o aeronave, su carga o lo que perteneciere a
su pasaje o tripulación;
5º El que, con amenazas o violencia, se opusiere a que el comandante o la tripulación defiendan el buque o
aeronave atacado por piratas;
6º El que, por cuenta propia o ajena, equipare un buque o aeronave destinados a la piratería;
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7º El que, desde el territorio de la República, a sabiendas traficare con piratas o les suministrare auxilio.
ARTICULO 199. - Si los actos de violencia u hostilidad mencionados en el artículo anterior, fueren seguidos
de la muerte de alguna persona que se encontrare en el buque o aeronave atacados, la pena será de diez a
veinticinco años de reclusión o prisión.
Capítulo IV
Delitos contra la salud pública. Envenenar o adulterar aguas potables o alimentos o medicinas
ARTICULO 200. - Será reprimido con reclusión o prisión de TRES (3) a DIEZ (10) años y multa de PESOS
DIEZ MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($ 200.000), el que envenenare, adulterare o falsificare de
un modo peligroso para la salud, aguas potables o sustancias alimenticias o medicinales destinadas al uso
público o al consumo de una colectividad de personas.
ARTICULO 201. - Las penas del artículo precedente se aplicarán al que vendiere, pusiere en venta,
suministrare, distribuyere o almacenare con fines de comercialización aguas potables, sustancias alimenticias
o medicinales o mercaderías peligrosas para la salud, disimulando su carácter nocivo.
ARTICULO 201 bis. - Si como consecuencia del envenenamiento, adulteración o falsificación de aguas
potables o sustancias alimenticias o medicinales, resultare la muerte de alguna persona, la pena será de
DIEZ (10) a VEINTICINCO (25) años de reclusión o prisión; si resultaren lesiones gravísimas, la pena será de
TRES (3) a QUINCE (15) años de reclusión o prisión; si resultaren lesiones graves, la pena será de TRES (3)
a DIEZ (10) años de reclusión o prisión.
En todos los casos se aplicará además multa de PESOS DIEZ MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($
200.000).
ARTICULO 202. - Será reprimido con reclusión o prisión de tres a quince años, el que propagare una
enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas.
ARTICULO 203. - Cuando alguno de los hechos previstos en los artículos anteriores fuere cometido por
imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o por inobservancia de los deberes a su cargo, se
impondrá multa de PESOS CINCO MIL ($ 5.000) a PESOS CIEN MIL ($ 100.000); si tuviere como resultado
enfermedad o muerte se aplicará prisión de SEIS (6) meses a CINCO (5) años.
ARTICULO 204.- Será reprimido con prisión de SEIS (6) meses a TRES (3) años el que estando autorizado
para la venta de sustancias medicinales, las suministrare en especie, calidad o cantidad no correspondiente a
la receta médica, o diversa de la declarada o convenida, o excediendo las reglamentaciones para el
reemplazo de sustancias medicinales, o sin la presentación y archivo de la receta de aquellos productos que,
según las reglamentaciones vigentes, no pueden ser comercializados sin ese requisito.
ARTICULO 204 bis.- Cuando el delito previsto en el artículo anterior se cometiere por negligencia, la pena
será de multa de PESOS CINCO MIL ($ 5.000) a PESOS CIEN MIL ($ 100.000).
ARTICULO 204 ter.- Será reprimido con prisión de UNO (1) a CUATRO (4) años y multa de PESOS DIEZ
MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($ 200.000), el que produjere o fabricare sustancias medicinales
en establecimientos no autorizados.
ARTICULO 204 quater.- Será reprimido con multa de PESOS DIEZ MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS
MIL ($ 200.000), el que teniendo a su cargo la dirección, administración, control o vigilancia de un
establecimiento destinado al expendio, almacenamiento, distribución, producción o fabricación de sustancias
medicinales, a sabiendas, incumpliere con los deberes a su cargo posibilitando la comisión de alguno de los
hechos previstos en el artículo 204.
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ARTICULO 204 quinquies: Será reprimido con prisión de SEIS (6) meses a TRES (3) años el que sin
autorización vendiere sustancias medicinales que requieran receta médica para su comercialización.
ARTICULO 205. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que violare las medidas
adoptadas por las autoridades competentes, para impedir la introducción o propagación de una epidemia.
ARTICULO 206. - Será reprimido con prisión de UNO (1) a SEIS (6) meses el que violare las reglas
establecidas por las leyes de policía sanitaria animal.
ARTICULO 207. - En el caso de condenación por un delito previsto en este Capítulo, el culpable, si fuere
funcionario público o ejerciere alguna profesión o arte, sufrirá, además, inhabilitación especial por doble
tiempo del de la condena. Si la pena impuesta fuere la de multa, la inhabilitación especial durará de un mes
a un año.
1º El que, sin título ni autorización para el ejercicio de un arte de curar o excediendo los límites de su
autorización, anunciare, prescribiere, administrare o aplicare habitualmente medicamentos, aguas,
electricidad, hipnotismo o cualquier medio destinado al tratamiento de las enfermedades de las personas,
aun a título gratuito;
2º El que, con título o autorización para el ejercicio de un arte de curar, anunciare o prometiere la curación
de enfermedades a término fijo o por medios secretos o infalibles;
3º El que, con título o autorización para el ejercicio de un arte de curar, prestare su nombre a otro que no
tuviere título o autorización, para que ejerza los actos a que se refiere el inciso 1º de este artículo.
TITULO VIII
Capítulo I
ARTICULO 209. - El que públicamente instigare a cometer un delito determinado contra una persona o
institución, será reprimido, por la sola instigación, con prisión de dos a seis años, según la gravedad del
delito y las demás circunstancias establecidas en el artículo 41.
ARTICULO 209 bis - En igual pena incurrirá quien en tiempo de conflicto armado incite públicamente a la
sustracción al servicio militar legalmente impuesto o asumido. Si el autor fuese un militar, el máximo de la
pena se elevará a diez (10) años. (Artículo incorporado por art. 4° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O.
29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se
llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y
aplicación)
Capítulo II
Asociación ilícita
ARTICULO 210. - Será reprimido con prisión o reclusión de tres a diez años, el que tomare parte en una
asociación o banda de tres o más personas destinada a cometer delitos por el solo hecho de ser miembro de
la asociación. Para los jefes u organizadores de la asociación el mínimo de la pena será de cinco años de
prisión o reclusión.
ARTICULO 210 bis. - Se impondrá reclusión o prisión de cinco a veinte años al que tomare parte, cooperare
o ayudare a la formación o al mantenimiento de una asociación ilícita destinada a cometer delitos cuando la
acción contribuya a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional, siempre que ella reúna por lo
menos dos de las siguientes características:
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d) Disponer de armas de guerra o explosivos de gran poder ofensivo;
f) Estar compuesta por uno o más oficiales o suboficiales de las fuerzas armadas o de seguridad;
g) Tener notorias conexiones con otras organizaciones similares existentes en el país o en el exterior;
Capítulo III
Intimidación pública
ARTICULO 211. - Será reprimido con prisión de dos a seis años, el que, para infundir un temor público o
suscitar tumultos o desórdenes, hiciere señales, diere voces de alarma, amenazare con la comisión de un
delito de peligro común, o empleare otros medios materiales normalmente idóneos para producir tales
efectos.
Cuando para ello se empleare explosivos, agresivos químicos o materias afines, siempre que el hecho no
constituya delito contra la seguridad pública, la pena será de prisión de tres a diez años.
ARTICULO 212. - Será reprimido con prisión de tres a seis años el que públicamente incitare a la violencia
colectiva contra grupos de personas o instituciones, por la sola incitación.
Capítulo IV
ARTICULO 213. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que hiciere públicamente y por
cualquier medio la apología de un delito o de un condenado por delito.
Capítulo V
ARTICULO 213 bis. - Será reprimido con reclusión o prisión de tres a ocho años el que organizare o tomare
parte en agrupaciones permanentes o transitorias que, sin estar comprendidas en el artículo 210 de este
código, tuvieren por objeto principal o accesorios imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el
temor, por el solo hecho de ser miembro de la asociación.
Artículo 213 ter.- (Artículo derogado por art. 1° de la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011)
Artículo 213 quáter.- (Artículo derogado por art. 2° de la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011)
TITULO IX
Capítulo I
Traición
ARTICULO 214. - Será reprimido con reclusión o prisión de diez a veinticinco años o reclusión o prisión
perpetua y en uno u otro caso, inhabilitación absoluta perpetua, siempre que el hecho no se halle
comprendido en otra disposición de este código, todo argentino o toda persona que deba obediencia a la
Nación por razón de su empleo o función pública, que tomare las armas contra ésta, se uniere a sus
enemigos o les prestare cualquier ayuda o socorro.
ARTICULO 215. - Será reprimido con reclusión o prisión perpetua, el que cometiere el delito previsto en el
artículo precedente, en los casos siguientes:
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2º Si indujere o decidiere a una potencia extranjera a hacer la guerra contra la República.
3° Si perteneciere a las fuerzas armadas. (Inciso incorporado por art. 5° del Anexo I de la Ley N° 26.394
B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho
período se llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su
contenido y aplicación)
ARTICULO 216. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno a ocho años, el que tomare parte en una
conspiración de dos o más personas, para cometer el delito de traición, en cualquiera de los casos
comprendidos en los artículos precedentes, si la conspiración fuere descubierta antes de empezar su
ejecución.
ARTICULO 217. - Quedará eximido de pena el que revelare la conspiración a la autoridad, antes de haberse
comenzado el procedimiento.
ARTICULO 218. - Las penas establecidas en los artículos anteriores se aplicarán, también, cuando los
hechos previstos en ellos fueren cometidos contra una potencia aliada de la República, en guerra contra un
enemigo común.
Se aplicarán asimismo a los extranjeros residentes en territorio argentino, salvo lo establecido por los
tratados o por el derecho de gentes, acerca de los funcionarios diplomáticos y de los nacionales de los países
en conflicto. En este caso se aplicará la pena disminuida conforme a lo dispuesto por el artículo 44.
Capítulo II
ARTICULO 219. - Será reprimido con prisión de uno a seis años, el que por actos materiales hostiles no
aprobados por el gobierno nacional, diere motivos al peligro de una declaración de guerra contra la Nación,
expusiere a sus habitantes a experimentar vejaciones o represalias en sus personas o en sus bienes o
alterare las relaciones amistosas del gobierno argentino con un gobierno extranjero. Si de dichos actos
resultaren hostilidades o la guerra, la pena será de tres a quince años de reclusión o prisión.
Cuando los actos precedentes fuesen cometidos por un militar, los mínimos de las penas previstas en este
artículo se elevarán a tres (3) y diez (10) años respectivamente. Asimismo, los máximos de las penas
previstas en este artículo se elevarán respectivamente a diez (10) y veinte (20) años. (Párrafo incorporado
por art. 6° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6)
meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de
divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 220. Se impondrá prisión de seis (6) meses a dos (2) años, al que violare los tratados concluidos
con naciones extranjeras, las treguas y armisticios acordados entre la República y una potencia enemiga o
entre sus fuerzas beligerantes o los salvoconductos debidamente expedidos.
Si el hecho fuese cometido por un militar el mínimo de la pena se elevará a un (1) año y el máximo de la
pena se elevará a cinco (5) años.
(Artículo sustituido por art. 7° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir
a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas pertinentes
un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 221. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que violare las inmunidades del
jefe de un Estado o del representante de una potencia extranjera.
ARTICULO 222. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno (1) a seis (6) años, el que revelare secretos
políticos, industriales, tecnológicos o militares concernientes a la seguridad, a los medios de defensa o a las
relaciones exteriores de la Nación. (Párrafo sustituido por art. 8° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O.
29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se
llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y
aplicación)
En la misma pena incurrirá el que obtuviere la revelación del secreto. Será reprimido con prisión de uno a
cuatro años el que públicamente ultrajare la bandera, el escudo o el himno de la Nación o los emblemas de
una provincia argentina.
Si la revelación u obtención fuese cometida por un militar, en el ejercicio de sus funciones el mínimo de la
pena se elevará a tres (3) años y el máximo de la pena se elevará a diez (10) años. (Párrafo incorporado por
art. 9° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses
de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de
divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
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ARTICULO 223. - Será reprimido con prisión de un mes a un año e inhabilitación especial por doble tiempo,
el que por imprudencia o negligencia diere a conocer los secretos mencionados en el artículo precedente, de
los que se hallare en posesión en virtud de su empleo u oficio.
ARTICULO 224. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que indebidamente levantare
planos de fortificaciones, buques, establecimientos, vías u otras obras militares o se introdujere con tal fin,
clandestina o engañosamente en dichos lugares, cuando su acceso estuviere prohibido al público.
ARTICULO 225. - Será reprimido con reclusión o prisión de tres a diez años, el que, encargado por el
gobierno argentino de una negociación con un estado extranjero, la condujere de un modo perjudicial a la
Nación, apartándose de sus instrucciones.
Capítulo I
ARTICULO 226. - Serán reprimidos con prisión de cinco a quince años los que se alzaren en armas para
cambiar la Constitución, deponer alguno de los poderes públicos del gobierno nacional, arrancarle alguna
medida o concesión o impedir, aunque sea temporariamente, el libre ejercicio de sus facultades
constitucionales o su formación o renovación en los términos y formas legales. Si el hecho descripto en el
párrafo anterior fuese perpetrado con el fin de cambiar de modo permanente el sistema democrático de
gobierno, suprimir la organización federal, eliminar la división de poderes, abrogar los derechos
fundamentales de la persona humana o suprimir o menoscabar, aunque sea temporariamente, la
independencia económica de la Nación, la pena será de ocho a veinticinco años de prisión. Cuando el hecho
fuere perpetrado por personas que tuvieren estado, empleo o asimilación militar, el mínimo de las penas se
incrementará en un tercio.
ARTICULO 226 bis. - El que amenazare pública e idóneamente con la comisión de alguna de las conductas
previstas en el artículo 226, será reprimido con prisión de uno a cuatro años.
ARTICULO 227. - Serán reprimidos con las penas establecidas en el artículo 215 para los traidores a la
patria, los miembros del Congreso que concedieren al Poder Ejecutivo Nacional y los miembros de las
legislaturas provinciales que concedieren a los Gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, la
suma del poder público o sumisiones o supremacías, por las que la vida, el honor o la fortuna de los
argentinos queden a merced de algún gobierno o de alguna persona (artículo 29 de la Constitución Nacional).
ARTICULO 227 bis. - Serán reprimidos con las penas establecidas en el artículo 215 para los traidores a la
patria, con la disminución del artículo 46, los miembros de alguno de los tres poderes del Estado nacional o
de las provincias que consintieran la consumación de los hechos descriptos en el artículo 226, continuando en
sus funciones o asumiéndolas luego de modificada por la fuerza la Constitución o depuesto alguno de los
poderes públicos, o haciendo cumplir las medidas dispuestas por quienes usurpen tales poderes. Se aplicará
de uno a ocho años de prisión o reclusión e inhabilitación absoluta por el doble de la condena, a quienes, en
los casos previstos en el párrafo anterior, aceptaren colaborar continuando en funciones o asumiéndolas, con
las autoridades de facto, en algunos de los siguientes cargos: ministros, secretarios de Estado,
subsecretarios, directores generales o nacionales o de jerarquía equivalente en el orden nacional, provincial o
municipal, presidente, vicepresidente, vocales o miembros de directorios de organismos descentralizados o
autárquicos o de bancos oficiales o de empresas del Estado; sociedades del Estado, sociedades de economía
mixta, o de sociedades anónimas con participación estatal mayoritaria, o de entes públicos equivalentes a los
enumerados en el orden nacional, provincial o municipal, embajadores, rectores o decanos de universidades
nacionales o provinciales, miembros de las fuerzas armadas o de policía o de organismos de seguridad en
grados de jefes o equivalentes, intendentes municipales, o miembros del ministerio público fiscal de cualquier
jerarquía o fuero, personal jerárquico del Parlamento Nacional y de las legislaturas provinciales. Si las
autoridades de facto crearen diferentes jerarquías administrativas o cambiaren las denominaciones de las
funciones señaladas en el párrafo anterior, la pena se aplicará a quienes las desempeñen, atendiendo a la
análoga naturaleza y contenido de los cargos con relación a los actuales.
ARTICULO 227 ter. - El máximo de la pena establecida para cualquier delito será aumentado en un medio,
cuando la acción contribuya a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional. Esta disposición no
será aplicable cuando las circunstancias mencionadas en ella se encuentren contempladas como elemento
constitutivo o calificante del delito de que se trate.
ARTICULO 228. - Se impondrá prisión de seis meses a dos años al que ejecutare o mandare ejecutar
decretos de los concilios, bulas, breves y rescriptos del Papa que, para su cumplimiento, necesiten del pase
del gobierno, sin haberlo obtenido; y de uno a seis años de la misma pena, al que los ejecutare o mandare
ejecutar, a pesar de haber sido denegado dicho pase.
Capítulo II
Sedición
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ARTICULO 229. - Serán reprimidos con prisión de uno a seis años, los que, sin rebelarse contra el gobierno
nacional, armaren una provincia contra otra, se alzaren en armas para cambiar la Constitución local, deponer
alguno de los poderes públicos de una provincia o territorio federal, arrancarle alguna medida o concesión o
impedir, aunque sea temporalmente, el libre ejercicio de sus facultades legales o su formación o renovación
en los términos y formas establecidas en la ley.
1. Los individuos de una fuerza armada o reunión de personas, que se atribuyeren los derechos del pueblo y
peticionaren a nombre de éste (art. 22 de la Constitución Nacional);
2. Los que se alzaren públicamente para impedir la ejecución de las leyes nacionales o provinciales o de las
resoluciones de los funcionarios públicos nacionales o provinciales, cuando el hecho no constituya delito más
severamente penado por este código.
Capítulo III
ARTICULO 231. - Luego que se manifieste la rebelión o sedición, la autoridad nacional más próxima
intimará hasta dos veces a los sublevados que inmediatamente se disuelvan o retiren, dejando pasar entre
una y otra intimación el tiempo necesario para ello. Si los sublevados no se retiraren inmediatamente
después de la segunda intimación, la autoridad hará uso de la fuerza para disolverlos. No serán necesarias,
respectivamente, la primera y segunda intimación, desde que los sublevados hicieren uso de las armas.
ARTICULO 232. - En caso de disolverse el tumulto sin haber causado otro mal que la perturbación
momentánea del orden, sólo serán enjuiciados los promotores o directores, a quienes se reprimirá con la
mitad de la pena señalada para el delito.
ARTICULO 233. - El que tomare parte como promotor o director, en una conspiración de dos o más
personas para cometer los delitos de rebelión o sedición, será reprimido, si la conspiración fuere descubierta
antes de ponerse en ejecución, con la cuarta parte de la pena correspondiente al delito que se trataba de
perpetrar.
ARTICULO 234. - El que sedujere tropas o usurpare el mando de ellas, de un buque de guerra, de una
plaza fuerte o de un puesto de guardia o retuviere ilegalmente un mando político o militar para cometer una
rebelión o una sedición, será reprimido con la mitad de la pena correspondiente al delito que trataba de
perpetrar. Si llegare a tener efecto la rebelión o la sedición, la pena será la establecida para los autores de la
rebelión o de la sedición en los casos respectivos.
ARTICULO 235. - Los funcionarios públicos que hubieren promovido o ejecutado alguno de los delitos
previstos en este Título, sufrirán además inhabilitación especial por un tiempo doble del de la condena.- Los
funcionarios que no hubieren resistido una rebelión o sedición por todos los medios a su alcance, sufrirán
inhabilitación especial de uno a seis años.- Auméntase al doble el máximo de la pena establecida para los
delitos previstos en este Título, para los jefes y agentes de la fuerza pública que incurran en ellos usando u
ostentando las armas y demás materiales ofensivos que se les hayan confiado en tal calidad.
ARTICULO 236. - Cuando al ejecutar los delitos previstos en este Título, el culpable cometiere algún otro,
se observarán las reglas establecidas para el concurso de hechos punibles.
TITULO XI
Capítulo I
ARTICULO 237. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que empleare intimidación o fuerza
contra un funcionario público o contra la persona que le prestare asistencia a requerimiento de aquél o en
virtud de un deber legal, para exigirle la ejecución u omisión de un acto propio de sus funciones.
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4 Si el delincuente pusiere manos en la autoridad.
En el caso de ser funcionario público, el reo sufrirá además inhabilitación especial por doble tiempo del de la
condena.
ARTICULO 238 bis - El militar que pusiere manos en el superior, sin lesionarlo o causándole lesiones leves,
será penado con prisión de uno (1) a tres (3) años.
Si el hecho tuviere lugar frente al enemigo o a tropa formada con armas, o si se cometiere en número de
seis (6) o más, el máximo de la pena será de seis (6) años.
(Artículo incorporado por art. 10 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 238 ter - El militar que resistiere o desobedeciere una orden de servicio legalmente impartida
por el superior, frente al enemigo o en situación de peligro inminente de naufragio, incendio u otro estrago,
será penado con prisión de uno (1) a cinco (5) años. La misma pena se impondrá si resistiere a una patrulla
que proceda en cumplimiento de una consigna en zona de conflicto armado u operaciones o de catástrofe. Si
en razón de la resistencia o de la desobediencia se sufrieren pérdidas militares o se impidiese o dificultase la
salvación de vidas en supuesto de catástrofe el mínimo de la pena se elevará a cuatro (4) años y el máximo
de la pena se elevará a doce (12) años. En cualquier caso se impondrán las penas aquí previstas siempre que
no resultare un delito más severamente penado.
(Artículo incorporado por art. 11 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 239. - Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que resistiere o desobedeciere a un
funcionario público en el ejercicio legítimo de sus funciones o a la persona que le prestare asistencia a
requerimiento de aquél o en virtud de una obligación legal.
ARTICULO 240. - Para los efectos de los dos artículos precedentes, se reputará funcionario público al
particular que tratare de aprehender o hubiere aprehendido a un delincuente en flagrante delito.
ARTICULO 240 bis - El que violare las normas instrucciones a la población emitidas por la autoridad militar
competente en tiempo de conflicto armado para las zonas de combate, será penado con prisión de uno (1) a
cuatro (4) años si no resultare un delito más severamente penado.
(Artículo incorporado por art. 12 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 241. - Será reprimido con prisión de quince días a seis meses:
1 El que perturbare el orden en las sesiones de los cuerpos legislativos nacionales o provinciales, en las
audiencias de los tribunales de justicia o dondequiera que una autoridad esté ejerciendo sus funciones;
2 El que sin estar comprendido en el artículo 237, impidiere o estorbare a un funcionario público cumplir un
acto propio de sus funciones.
ARTICULO 241 bis - Se impondrá prisión de tres (3) a diez (10) años a los militares que:
2. Tomaren armas o hicieren uso de éstas, de naves o aeronaves o extrajeren fuerzas armadas de sus
asientos naturales, contra las órdenes de sus superiores.
3. Hicieren uso del personal de la fuerza, de la nave o de la aeronave bajo su mando contra sus superiores u
omitieren resistir o contener a éstas, estando en condiciones de hacerlo.
4. Será penado con prisión de uno (1) a cinco (5) años la conspiración para cometer los delitos de este
artículo. No será penado por conspiración quien la denunciare en tiempo para evitar la comisión del hecho.
5. Si en razón de los hechos previstos en este artículo resultare la muerte de una o más personas, se
sufrieren pérdidas militares o se impidiere o dificultare la salvación de vidas en supuesto de catástrofe, el
máximo de la pena se elevará a veinticinco (25) años. En cualquier caso se impondrán las penas aquí
previstas siempre que no resultare un delito más severamente penado. (Artículo incorporado por art. 12 del
Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su
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promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y
capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 242. - Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos diez mil e inhabilitación
especial de uno a cinco años, el funcionario público que, en el arresto o formación de causa contra un
miembro de los poderes públicos nacionales o provinciales, de una convención constituyente o de un colegio
electoral, no guardare la forma prescripta en las constituciones o leyes respectivas.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 243. - Será reprimido con prisión de quince días a un mes, el que siendo legalmente citado
como testigo, perito o intérprete, se abstuviere de comparecer o de prestar la declaración o exposición
respectiva. En el caso del perito o intérprete, se impondrá, además, al reo, inhabilitación especial de un mes
a un año.
Capítulo II
Falsa Denuncia
ARTICULO 244. -(Artículo derogado por art. 2° de la Ley N° 24.198 B.O. 3/6/1993).
ARTICULO 245. - Se impondrá prisión de dos meses a un año o multa de pesos setecientos cincuenta a
pesos doce mil quinientos al que denunciare falsamente un delito ante la autoridad.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
Capítulo III
ARTICULO 246. - Será reprimido con prisión de un mes a un año e inhabilitación especial por doble tiempo:
1 El que asumiere o ejerciere funciones públicas, sin título o nombramiento expedido por autoridad
competente;
2 El que después de haber cesado por ministerio de la ley en el desempeño de un cargo público o después de
haber recibido de la autoridad competente comunicación oficial de la resolución que ordenó la cesantía o
suspensión de sus funciones, continuare ejerciéndolas;
El militar que ejerciere o retuviere un mando sin autorización será penado con prisión de uno (1) a cuatro (4)
años y, en tiempo de conflicto armado de dos (2) a seis (6) años, siempre que no resultare un delito más
severamente penado. (Párrafo incorporado por art. 14 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008.
Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a
cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 247. - Será reprimido con prisión de quince días a un año el que ejerciere actos propios de una
profesión para la que se requiere una habilitación especial, sin poseer el título o la autorización
correspondiente.
Será reprimido con multa de setecientos cincuenta a doce mil quinientos pesos, el que públicamente llevare
insignias o distintivos de un cargo que no ejerciere o se arrogare grados académicos, títulos profesionales u
honores que no le correspondieren. (Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O.
29/12/1993)
Capítulo IV
ARTICULO 248. - Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por doble
tiempo, el funcionario público que dictare resoluciones u órdenes contrarias a las constituciones o leyes
nacionales o provinciales o ejecutare las órdenes o resoluciones de esta clase existentes o no ejecutare las
leyes cuyo cumplimiento le incumbiere.
ARTICULO 248 bis.- Será reprimido con inhabilitación absoluta de SEIS (6) meses a DOS (2) años el
funcionario público que, debiendo fiscalizar el cumplimiento de las normas de comercialización de ganado,
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productos y subproductos de origen animal, omitiere inspeccionar conforme los reglamentos a su cargo,
establecimientos tales como mercados de hacienda, ferias y remates de animales, mataderos, frigoríficos,
saladeros, barracas, graserías, tambos u otros establecimientos o locales afines con la elaboración,
manipulación, transformación o comercialización de productos de origen animal y vehículos de transporte de
hacienda, productos o subproductos de ese origen.
ARTICULO 249. - Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos e
inhabilitación especial de un mes a un año, el funcionario público que ilegalmente omitiere, rehusare hacer o
retardare algún acto de su oficio.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 249 bis - El militar que en sus funciones y prevalido de su autoridad, arbitrariamente
perjudicare o maltratare de cualquier forma a un inferior, será penado con prisión de seis (6) meses a dos
(2) años, si no resultare un delito más severamente penado.
(Artículo incorporado por art. 15 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 250. - Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por doble
tiempo, el jefe o agente de la fuerza pública, que rehusare, omitiere o retardare, sin causa justificada, la
prestación de un auxilio legalmente requerido por la autoridad civil competente.
ARTICULO 250 bis - Será penado con prisión de cuatro (4) a diez (10) años, siempre que no resultare otro
delito más severamente penado, el militar que en tiempo de conflicto armado:
1. Abandonare sus funciones de control, vigilancia, comunicaciones o la atención de los instrumentos que
tuviese a su cargo para esos fines, las descuidase o se incapacitase para su cumplimiento.
2. Observare cualquier dato significativo para la defensa y no lo informase o tomase las medidas del caso.
(Artículo incorporado por art. 16 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 251. - Será reprimido con prisión de un mes a cuatro años e inhabilitación especial por doble
tiempo, el funcionario público que requiriere la asistencia de la fuerza pública contra la ejecución de
disposiciones u órdenes legales de la autoridad o de sentencias o de mandatos judiciales.
ARTICULO 252. - Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta ($ 750) a pesos doce mil
quinientos ($ 12.500) e inhabilitación especial de un (1) mes a un (1) año, el funcionario público que, sin
habérsele admitido la renuncia de su destino, lo abandonare con daño del servicio público.
El miembro de una fuerza de seguridad nacional, provincial o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o
agencia estatal armada que por su naturaleza tenga a cargo el cuidado de personas, que a sabiendas
abandonare injustificadamente actos de servicio o maliciosamente omitiere la prestación regular de la función
o misión a la que reglamentariamente se encuentra obligado, será reprimido con pena de prisión de uno (1)
a tres (3) años e inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por el doble tiempo de la condena.
Si, como consecuencia del abandono u omisión tipificado en el párrafo precedente, se produjeren daños a
bienes de la fuerza, bienes de terceros, lesiones o muerte de sus camaradas o terceros, se aplicará una pena
de prisión de dos (2) a ocho (8) años e inhabilitación absoluta para desempeñar cargos públicos.
El militar que abandonare su servicio, su destino o que desertare en tiempo de conflicto armado o zona de
catástrofe, será penado con prisión de uno (1) a seis (6) años. Si como consecuencia de su conducta
resultare la muerte de una o más personas, se sufrieren pérdidas militares o se impidiese, o dificultase la
salvación de vidas en supuesto de catástrofe, el máximo de la pena se elevará a doce (12) años. En
cualquier caso se impondrán las penas aquí previstas siempre que no resultare un delito con pena más
grave.
ARTICULO 253. - Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos e
inhabilitación especial de seis meses a dos años, el funcionario público que propusiere o nombrare para cargo
público, a persona en quien no concurrieren los requisitos legales. En la misma pena incurrirá el que aceptare
un cargo para el cual no tenga los requisitos legales.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
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ARTICULO 253 bis - El militar que sin orden ni necesidad emprendiere una operación militar, o en sus
funciones usare armas sin las formalidades y requerimientos del caso, sometiere a la población civil a
restricciones arbitrarias u ordenare o ejerciere cualquier tipo de violencia innecesaria contra cualquier
persona, será penado con prisión de uno (1) a cuatro (4) años si no resultare un delito más severamente
penado.
(Artículo incorporado por art. 18 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
ARTICULO 253 ter - Será penado con prisión de dos (2) a ocho (8) años el militar que por imprudencia o
negligencia, impericia en el arte militar o inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo, en el curso
de conflicto armado o de asistencia o salvación en situación de catástrofe, causare o no impidiere, la muerte
de una o más personas o pérdidas militares, si no resultare un delito más severamente penado.
(Artículo incorporado por art. 19 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008. Vigencia: comenzará a
regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a cabo en las áreas
pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación)
Capítulo V
ARTICULO 254. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que violare los sellos puestos por
la autoridad para asegurar la conservación o la identidad de una cosa. Si el culpable fuere funcionario público
y hubiere cometido el hecho con abuso de su cargo, sufrirá además inhabilitación especial por doble tiempo.
Si el hecho se hubiere cometido por imprudencia o negligencia del funcionario público, la pena será de multa
de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 255. - Será reprimido con prisión de un (1) mes a cuatro (4) años, el que sustrajere, alterare,
ocultare, destruyere o inutilizare en todo o en parte objetos destinados a servir de prueba ante la autoridad
competente, registros o documentos confiados a la custodia de un funcionario público o de otra persona en el
interés del servicio público. Si el autor fuere el mismo depositario, sufrirá además inhabilitación especial por
doble tiempo.
Si el hecho se cometiere por imprudencia o negligencia del depositario, éste será reprimido con multa de
pesos setecientos cincuenta ($ 750) a pesos doce mil quinientos ($ 12.500).
Capítulo VI
(Título del capítulo sustituido por art. 30 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días
desde su publicación.)
ARTICULO 256. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años e inhabilitación especial
perpetua, el funcionario público que por sí o por persona interpuesta, recibiere dinero o cualquier otra dádiva
o aceptare una promesa directa o indirecta, para hacer, retardar o dejar de hacer algo relativo a sus
funciones
(Artículo sustituido por art. 31 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación.)
ARTICULO 256 bis — Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años e inhabilitación especial
perpetua para ejercer la función pública, el que por sí o por persona interpuesta solicitare o recibiere dinero o
cualquier otra dádiva o aceptare una promesa directa o indirecta, para hacer valer indebidamente su
influencia ante un funcionario público, a fin de que éste haga, retarde o deje de hacer algo relativo a sus
funciones.
Si aquella conducta estuviera destinada a hacer valer indebidamente una influencia ante un magistrado del
Poder Judicial o del Ministerio Público, a fin de obtener la emisión, dictado, demora u omisión de un
dictamen, resolución o fallo en asuntos sometidos a su competencia, el máximo de la pena de prisión o
reclusión se elevará a doce años.
(Artículo incorporado por art. 32 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación.)
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ARTICULO 257. - Será reprimido con prisión o reclusión de cuatro a doce años e inhabilitación especial
perpetua, el magistrado del Poder Judicial o del Ministerio Público que por sí o por persona interpuesta,
recibiere dinero o cualquier otra dádiva o aceptare una promesa directa o indirecta para emitir, dictar,
retardar u omitir dictar una resolución, fallo o dictamen, en asuntos sometidos a su competencia
(Artículo sustituido por art. 33 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación.)
ARTICULO 258. - Será reprimido con prisión de uno a seis años, el que directa o indirectamente diere u
ofreciere dádivas en procura de alguna de las conductas reprimidas por los artículos 256 y 256 bis, primer
párrafo. Si la dádiva se hiciere u ofreciere con el fin de obtener alguna de las conductas tipificadas en los
artículos 256 bis, segundo párrafo y 257, la pena será de reclusión o prisión de dos a seis años. Si el culpable
fuere funcionario público, sufrirá además inhabilitación especial de dos a seis años en el primer caso y de
tres a diez años en el segundo.
(Artículo sustituido por art. 34 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación.)
ARTICULO 258 bis — Será reprimido con prisión de un (1) a seis (6) años e inhabilitación especial perpetua
para ejercer la función pública el que, directa o indirectamente, ofreciere, prometiere u otorgare,
indebidamente, a un funcionario público de otro Estado o de una organización pública internacional, ya sea
en su beneficio o de un tercero, sumas de dinero o cualquier otro objeto de valor pecuniario u otras
compensaciones tales como dádivas, favores, promesas o ventajas, a cambio de que dicho funcionario realice
u omita realizar un acto relacionado con el ejercicio de sus funciones públicas, o para que haga valer la
influencia derivada de su cargo en un asunto vinculado a una transacción de naturaleza económica,
financiera o comercial.
Se entenderá por funcionario público de otro Estado, o de cualquier entidad territorial reconocida por la
Nación Argentina, a toda persona que haya sido designada o electa para cumplir una función pública, en
cualquiera de sus niveles o divisiones territoriales de gobierno, o en toda clase de organismo, agencia o
empresa pública en donde dicho Estado ejerza una influencia directa o indirecta.
(Artículo sustituido por art. 30 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su
publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
ARTICULO 259. - Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación absoluta de uno a seis
años, el funcionario público que admitiere dádivas, que fueran entregadas en consideración a su oficio,
mientras permanezca en el ejercicio del cargo. El que presentare u ofreciere la dádiva será reprimido con
prisión de un mes a un año.
ARTICULO 259 bis - Respecto de los delitos previstos en este Capítulo, se impondrá conjuntamente una
multa de dos (2) a cinco (5) veces del monto o valor del dinero, dádiva, beneficio indebido o ventaja
pecuniaria ofrecida o entregada.
(Artículo incorporado por art. 31 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de
su publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
Capítulo VII
ARTICULO 260. - Será reprimido con inhabilitación especial de un mes a tres años, el funcionario público
que diere a los caudales o efectos que administrare una aplicación diferente de aquella a que estuvieren
destinados. Si de ello resultare daño o entorpecimiento del servicio a que estuvieren destinados, se impondrá
además al culpable, multa del veinte al cincuenta por ciento de la cantidad distraída.
ARTICULO 261. - Será reprimido con reclusión o prisión de dos a diez años e inhabilitación absoluta
perpetua, el funcionario público que sustrajere caudales o efectos cuya administración, percepción o custodia
le haya sido confiada por razón de su cargo. Será reprimido con la misma pena el funcionario que empleare
en provecho propio o de un tercero, trabajos o servicios pagados por una administración pública.
ARTICULO 262. - Será reprimido con multa del veinte al sesenta por ciento del valor substraído, el
funcionario público que, por imprudencia o negligencia o por inobservancia de los reglamentos o deberes de
su cargo, diere ocasión a que se efectuare por otra persona la substracción de caudales o efectos de que se
trata en el artículo anterior.
ARTICULO 263. - Quedan sujetos a las disposiciones anteriores los que administraren o custodiaren bienes
pertenecientes a establecimientos de instrucción pública o de beneficencia, así como los administradores y
depositarios de caudales embargados, secuestrados o depositados por autoridad competente, aunque
pertenezcan a particulares.
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ARTICULO 264. - Será reprimido con inhabilitación especial por uno a seis meses, el funcionario público
que, teniendo fondos expeditos, demorare injustificadamente un pago ordinario o decretado por autoridad
competente. En la misma pena incurrirá el funcionario público que, requerido por la autoridad competente,
rehusare entregar una cantidad o efecto depositado o puesto bajo su custodia o administración.
Capítulo VIII
ARTICULO 265. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno (1) a seis (6) años e inhabilitación especial
perpetua, el funcionario público que, directamente, por persona interpuesta o por acto simulado, se
interesare en miras de un beneficio propio o de un tercero, en cualquier contrato u operación en que
intervenga en razón de su cargo.
Se aplicará también multa de dos (2) a cinco (5) veces del valor del beneficio indebido pretendido u
obtenido.
Esta disposición será aplicable a los árbitros, amigables componedores, peritos, contadores, tutores,
curadores, albaceas, síndicos y liquidadores, con respecto a las funciones cumplidas en el carácter de tales.
(Artículo sustituido por art. 32 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su
publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
Capítulo IX
Exacciones ilegales
ARTICULO 266. - Será reprimido con prisión de un (1) a cuatro (4) años e inhabilitación especial de uno (1)
a (5) cinco años, el funcionario público que, abusando de su cargo, solicitare, exigiere o hiciere pagar o
entregar indebidamente, por sí o por interpuesta persona, una contribución, un derecho o una dádiva o
cobrase mayores derechos que los que corresponden.
Se aplicará también multa de dos (2) a cinco (5) veces del monto de la exacción.
(Artículo sustituido por art. 33 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su
publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
ARTICULO 267. - Si se empleare intimidación o se invocare orden superior, comisión, mandamiento judicial
u otra autorización legítima, podrá elevarse la prisión hasta cuatro años y la inhabilitación hasta seis años.
ARTICULO 268. - Será reprimido con prisión de dos (2) a seis (6) años e inhabilitación absoluta perpetua,
el funcionario público que convirtiere en provecho propio o de tercero las exacciones expresadas en los
artículos anteriores.
Se aplicará también multa de dos (2) a cinco (5) veces del monto de la exacción.
(Artículo sustituido por art. 34 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su
publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
Capítulo IX bis
ARTICULO 268 (1). - Será reprimido con la pena del artículo 256, el funcionario público que con fines de
lucro utilizare para sí o para un tercero informaciones o datos de carácter reservado de los que haya tomado
conocimiento en razón de su cargo.
Se aplicará también multa de dos (2) a cinco (5) veces del lucro obtenido. (Párrafo incorporado por art. 35
de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su publicación en el Boletín Oficial
de la República Argentina)
ARTICULO 268 (2) — Será reprimido con prisión de dos (2) a seis (6) años, multa de dos (2) a cinco (5)
veces del valor del enriquecimiento, e inhabilitación absoluta perpetua, el que al ser debidamente requerido,
no justificare la procedencia de un enriquecimiento patrimonial apreciable suyo o de persona interpuesta
para disimularlo, ocurrido con posterioridad a la asunción de un cargo o empleo público y hasta dos (2) años
después de haber cesado en su desempeño. (Párrafo sustituido por art. 36 de la Ley N° 27.401 B.O.
1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de su publicación en el Boletín Oficial de la República
Argentina)
Se entenderá que hubo enriquecimiento no sólo cuando el patrimonio se hubiese incrementado con dinero,
cosas o bienes, sino también cuando se hubiesen cancelado deudas o extinguido obligaciones que lo
afectaban.
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La persona interpuesta para disimular el enriquecimiento será reprimida con la misma pena que el autor del
hecho.
(Artículo sustituido por art. 38 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación.)
ARTICULO 268 (3) — Será reprimido con prisión de quince días a dos años e inhabilitación especial
perpetua el que, en razón de su cargo, estuviere obligado por ley a presentar una declaración jurada
patrimonial y omitiere maliciosamente hacerlo.
En la misma pena incurrirá el que maliciosamente, falseare u omitiere insertar los datos que las referidas
declaraciones juradas deban contener de conformidad con las leyes y reglamentos aplicables.
(Artículo incorporado por art. 39 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación.)
Capítulo X
Prevaricato
ARTICULO 269. - Sufrirá multa de pesos tres mil a pesos setenta y cinco mil e inhabilitación absoluta
perpetua el juez que dictare resoluciones contrarias a la ley expresa invocada por las partes o por el mismo o
citare, para fundarlas, hechos o resoluciones falsas.
Si la sentencia fuere condenatoria en causa criminal, la pena será de tres a quince años de reclusión o prisión
e inhabilitación absoluta perpetua.
Lo dispuesto en el párrafo primero de este artículo, será aplicable, en su caso, a los árbitros y arbitradores
amigables componedores.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 270. - Será reprimido con multa de pesos dos mil quinientos a pesos treinta mil e inhabilitación
absoluta de uno a seis años, el juez que decretare prisión preventiva por delito en virtud del cual no proceda
o que prolongare la prisión preventiva que, computada en la forma establecida en el artículo 24, hubiere
agotado la pena máxima que podría corresponder al procesado por el delito imputado.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 271. - Será reprimido con multa de pesos dos mil quinientos a pesos treinta mil, e inhabilitación
especial de uno a seis años, el abogado o mandatario judicial que defendiere o representare partes contrarias
en el mismo juicio, simultánea o sucesivamente o que de cualquier otro modo, perjudicare deliberadamente
la causa que le estuviere confiada.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 272. - La disposición del artículo anterior será aplicable a los fiscales, asesores y demás
funcionarios encargados de emitir su dictamen ante las autoridades.
Capítulo XI
ARTICULO 273. - Será reprimido con inhabilitación absoluta de uno a cuatro años, el juez que se negare a
juzgar so pretexto de obscuridad, insuficiencia o silencio de la ley.
En la misma pena incurrirá el juez que retardare maliciosamente la administración de justicia después de
requerido por las partes y de vencidos los términos legales.
ARTICULO 274. - El funcionario público que, faltando a la obligación de su cargo, dejare de promover la
persecución y represión de los delincuentes, será reprimido con inhabilitación absoluta de seis meses a dos
años, a menos que pruebe que su omisión provino de un inconveniente insuperable.
Capítulo XII
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Falso testimonio
ARTICULO 275. - Será reprimido con prisión de un mes a cuatro años, el testigo, perito o intérprete que
afirmare una falsedad o negare o callare la verdad, en todo o en parte, en su deposición, informe, traducción
o interpretación, hecha ante la autoridad competente.
Si el falso testimonio se cometiere en una causa criminal, en perjuicio del inculpado, la pena será de uno a
diez años de reclusión o prisión.
En todos los casos se impondrá al reo, además, inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena.
ARTICULO 276. - La pena del testigo, perito o intérprete falso, cuya declaración fuere prestada mediante
cohecho, se agravará con una multa igual al duplo de la cantidad ofrecida o recibida.
ARTICULO 276 bis. - Será reprimido con prisión de cuatro (4) a diez (10) años y con la pérdida del
beneficio concedido el que, acogiéndose al beneficio del artículo 41 ter, proporcionare maliciosamente
información falsa o datos inexactos.
Capítulo XIII
Encubrimiento
(Denominación del Capítulo sustituida por art. 1º de la Ley Nº 26.683 B.O. 21/06/2011)
ARTICULO 277.-
1.- Será reprimido con prisión de seis (6) meses a tres (3) años el que, tras la comisión de un delito
ejecutado por otro, en el que no hubiera participado:
b) Ocultare, alterare o hiciere desaparecer los rastros, pruebas o instrumentos del delito, o ayudare al autor
o partícipe a ocultarlos, alterarlos o hacerlos desaparecer.
2.- En el caso del inciso 1, c), precedente, la pena mínima será de un (1) mes de prisión, si, de acuerdo con
las circunstancias, el autor podía sospechar que provenían de un delito.
a) El hecho precedente fuera un delito especialmente grave, siendo tal aquel cuya pena mínima fuera
superior a tres (3) años de prisión.
La agravación de la escala penal, prevista en este inciso sólo operará una vez, aun cuando concurrieren más
de una de sus circunstancias calificantes. En este caso, el tribunal podrá tomar en cuenta la pluralidad de
causales al individualizar la pena.
4.- Están exentos de responsabilidad criminal los que hubieren obrado en favor del cónyuge, de un pariente
cuyo vínculo no excediere del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad o de un amigo íntimo o
persona a la que se debiese especial gratitud. La exención no rige respecto de los casos del inciso 1, e) y del
inciso 3, b) y c). (Inciso sustituido por Art. 4º de la Ley Nº 26.087, B.O. 24/04/2006.)
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(Artículo sustituido por art. 2° de la Ley N° 25.815 B.O. 1/12/2003)
ARTICULO 277 bis.- Se aplicará prisión de TRES (3) a SEIS (6) años e inhabilitación especial de TRES (3) a
DIEZ (10) años al funcionario público que, tras la comisión del delito de abigeato en el que no hubiera
participado, violando los deberes a su cargo o abusando de sus funciones, intervenga o facilite el transporte,
faena, comercialización o mantenimiento de ganado, sus despojos o los productos obtenidos, conociendo su
origen ilícito.
ARTICULO 277 ter.- Se impondrá prisión de SEIS (6) meses a TRES (3) años al que reuniendo las
condiciones personales descriptas en el artículo 167 quater inciso 4, por imprudencia o negligencia,
intervenga en algunas de las acciones prevista en el artículo precedente, omitiendo adoptar las medidas
necesarias para cerciorarse de la procedencia legítima del ganado.
ARTICULO 278.- (Artículo derogado por art. 2º de la Ley Nº 26.683 B.O. 21/06/2011)
ARTICULO 279.-
1) Si la escala penal prevista para el delito precedente fuera menor que la establecida en las disposiciones de
este capítulo, será aplicable al caso la escala penal del delito precedente.
3) Cuando el autor de los hechos descriptos en los incisos 1 o 3 del artículo 277 fuera un funcionario público
que hubiera cometido el hecho en ejercicio u ocasión de sus funciones, sufrirá además pena de inhabilitación
especial de tres (3) a diez (10) años. La misma pena sufrirá el que hubiere actuado en ejercicio de una
profesión u oficio que requieran habilitación especial.
4) Las disposiciones de este capítulo regirán aun cuando el delito precedente hubiera sido cometido fuera del
ámbito de aplicación espacial de este Código, en tanto el hecho que lo tipificara también hubiera estado
sancionado con pena en el lugar de su comisión.
Capítulo XIV
(Rúbrica del capítulo sustituida por art. 3° de la Ley N° 23.487 B.O. 26/1/1987)
ARTICULO 280. - Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que hallándose legalmente detenido se
evadiere por medio de violencia en las personas o fuerza en las cosas.
ARTICULO 281. - Será reprimido con prisión de un mes a cuatro años, el que favoreciere la evasión de
algún detenido o condenado, y si fuere funcionario público, sufrirá, además, inhabilitación absoluta por triple
tiempo.
Si la evasión se produjere por negligencia de un funcionario público, éste será reprimido con multa de pesos
argentinos mil a pesos argentinos quince mil.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 281 bis. El que quebrantare una inhabilitación judicialmente impuesta será reprimido con prisión
de dos meses a dos años.
TITULO XII
Capítulo I
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ARTICULO 282. - Serán reprimidos con reclusión o prisión de tres a quince años, el que falsificare moneda
que tenga curso legal en la República y el que la introdujere, expendiere o pusiere en circulación.-
ARTICULO 283. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno a cinco años, el que cercenare o alterare
moneda de curso legal y el que introdujere, expendiere o pusiere en circulación moneda cercenada o
alterada.
Si la alteración consistiere en cambiar el color de la moneda, la pena será de seis meses a tres años de
prisión.
ARTICULO 284. - Si la moneda falsa, cercenada o alterada se hubiere recibido de buena fe y se expendiere
o circulare con conocimiento de la falsedad, cercenamiento o alteración, la pena será de pesos argentinos mil
a pesos argentinos quince mil.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 285. - Para los efectos de los artículos anteriores quedan equiparados a la moneda nacional, la
moneda extranjera, los títulos de la deuda nacional, provincial o municipal y sus cupones, los bonos o
libranzas de los tesoros nacional, provinciales y municipales, los billetes de banco, títulos, cédulas, acciones,
valores negociables y tarjetas de compra, crédito o débito, legalmente emitidos por entidades nacionales o
extranjeras autorizadas para ello, y los cheques de todo tipo, incluidos los de viajero, cualquiera que fuere la
sede del banco girado.
ARTICULO 286. - (Artículo derogado por art. 3° de la Ley N° 25.930 B.O. 21/9/2004)
ARTICULO 287. - Serán reprimidos con reclusión o prisión de uno a seis años e inhabilitación absoluta por
doble tiempo, el funcionario público y el director o administrador de un banco o de una compañía que
fabricare o emitiere o autorizare la fabricación o emisión de moneda, con título o peso inferiores al de la ley,
billetes de banco o cualesquiera títulos, cédulas o acciones al portador, en cantidad superior a la autorizada.
Capítulo II
ARTICULO 288. - Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años:
2º. El que falsificare papel sellado, sellos de correos o telégrafos o cualquiera otra clase de efectos timbrados
cuya emisión esté reservada a la autoridad o tenga por objeto el cobro de impuestos.- En estos casos, así
como en los de los artículos siguientes, se considerará falsificación la impresión fraudulenta del sello
verdadero.
ARTICULO 289. - Será reprimido con prisión de seis meses a tres años:
1. El que falsificare marcas, contraseñas o firmas oficialmente usadas o legalmente requeridas para
contrastar pesas o medidas, identificar cualquier objeto o certificar su calidad, cantidad o contenido, y el que
las aplicare a objetos distintos de aquellos a que debían ser aplicados.
3. El que falsificare, alterare o suprimiere la numeración de un objeto registrada de acuerdo con la ley.
ARTICULO 290. - Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que hiciere desaparecer de
cualquiera de los sellos, timbres, marcas o contraseñas, a que se refieren los artículos anteriores, el signo
que indique haber ya servido o sido inutilizado para el objeto de su expedición.-
El que a sabiendas usare, hiciere usar o pusiere en venta estos sellos, timbres, etc., inutilizados, será
reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos.
(Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993)
ARTICULO 291. - Cuando el culpable de alguno de los delitos comprendidos en los artículos anteriores,
fuere funcionario público y cometiere el hecho abusando de su cargo, sufrirá, además, inhabilitación absoluta
por doble tiempo del de la condena.-
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Capítulo III
ARTICULO 292.- El que hiciere en todo o en parte un documento falso o adultere uno verdadero, de modo
que pueda resultar perjuicio, será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años, si se tratare de un
instrumento público y con prisión de seis meses a dos años, si se tratare de un instrumento privado.
Si el documento falsificado o adulterado fuere de los destinados a acreditar la identidad de las personas o la
titularidad del dominio o habilitación para circular de vehículos automotores, la pena será de tres a ocho
años.
Para los efectos del párrafo anterior están equiparados a los documentos destinados a acreditar la identidad
de las personas, aquellos que a tal fin se dieren a los integrantes de las fuerzas armadas, de seguridad,
policiales o penitenciarias, las cédulas de identidad expedidas por autoridad pública competente, las libretas
cívicas o de enrolamiento, y los pasaportes, así como también los certificados de parto y de nacimiento.
ARTICULO 293.- Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años, el que insertare o hiciere
insertar en un instrumento público declaraciones falsas, concernientes a un hecho que el documento deba
probar, de modo que pueda resultar perjuicio.
Si se tratase de los documentos o certificados mencionados en el último párrafo del artículo anterior, la pena
será de 3 a 8 años. (Párrafo sustituido por art. 10° de la Ley N° 24.410 B.O. 2/1/1995)
ARTICULO 293 bis.- Se impondrá prisión de UNO (1) a TRES (3) años al funcionario público que, por
imprudencia o negligencia, intervenga en la expedición de guías de tránsito de ganado o en el visado o
legalización de certificados de adquisición u otros documentos que acrediten la propiedad del semoviente,
omitiendo adoptar las medidas necesarias para cerciorarse de su procedencia legítima.
ARTICULO 294. - El que suprimiere o destruyere, en todo o en parte, un documento de modo que pueda
resultar perjuicio, incurrirá en las penas señaladas en los artículos anteriores, en los casos respectivos.
ARTICULO 295. - Sufrirá prisión de un mes a un año, el médico que diere por escrito un certificado falso,
concerniente a la existencia o inexistencia, presente o pasada, de alguna enfermedad o lesión cuando de ello
resulte perjuicio.
La pena será de uno a cuatro años, si el falso certificado debiera tener por consecuencia que una persona
sana fuera detenida en un manicomio, lazareto u otro hospital.
ARTICULO 296. - El que hiciere uso de un documento o certificado falso o adulterado, será reprimido como
si fuere autor de la falsedad.
ARTICULO 297.- Para los efectos de este Capítulo, quedan equiparados a los instrumentos públicos los
testamentos ológrafos o cerrados, los certificados de parto o de nacimiento, las letras de cambio y los títulos
de crédito transmisibles por endoso o al portador, no comprendidos en el artículo 285.
ARTICULO 298. - Cuando alguno de los delitos previstos en este Capítulo, fuere ejecutado por un
funcionario público con abuso de sus funciones, el culpable sufrirá, además, inhabilitación absoluta por doble
tiempo del de la condena.
ARTICULO 298 bis. - Quienes emitan o acepten facturas de crédito que no correspondan a compraventa,
locación de cosas muebles, locación de servicios o locación de obra realmente contratadas, serán
sancionados con la pena prevista en el artículo 293 de este Código. Igual pena les corresponderá a quienes
injustificadamente rechacen o eludan la aceptación de factura de crédito, cuando el servicio ya hubiese sido
prestado en forma debida, o reteniendo la mercadería que se le hubiere entregado.
Capítulo IV
ARTICULO 299. - Sufrirá prisión de un mes a un año, el que fabricare, introdujere en el país o conservare
en su poder, materias o instrumentos conocidamente destinados a cometer alguna de las falsificaciones
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legisladas en este Título.-
Capítulo V
ARTICULO 300. - Serán reprimidos con prisión de seis (6) meses a dos (2) años:
1º. El que hiciere alzar o bajar el precio de las mercaderías por medio de noticias falsas, negociaciones
fingidas o por reunión o coalición entre los principales tenedores de una mercancía o género, con el fin de no
venderla o de no venderla sino a un precio determinado.
2º. El fundador, director, administrador, liquidador o síndico de una sociedad anónima o cooperativa o de
otra persona colectiva, que a sabiendas publicare, certificare o autorizare un inventario, un balance, una
cuenta de ganancias y pérdidas o los correspondientes informes, actas o memorias, falsos o incompletos o
informare a la asamblea o reunión de socios, con falsedad, sobre hechos importantes para apreciar la
situación económica de la empresa, cualquiera que hubiere sido el propósito perseguido al verificarlo.
ARTICULO 300 bis - Cuando los hechos delictivos previstos en el inciso 2) del artículo 300 hubieren sido
realizados con el fin de ocultar la comisión de los delitos previstos en los artículos 258 y 258 bis, se impondrá
pena de prisión de un (1) a cuatro (4) años y multa de dos (2) a cinco (5) veces el valor falseado en los
documentos y actos a los que se refiere el inciso mencionado.
(Artículo incorporado por art. 37 de la Ley N° 27.401 B.O. 1/12/2017. Vigencia: a los noventa (90) días de
su publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina)
ARTICULO 301. - Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el director, gerente, administrador o
liquidador de una sociedad anónima, o cooperativa o de otra persona colectiva que a sabiendas prestare su
concurso o consentimiento a actos contrarios a la ley o a los estatutos, de los cuales pueda derivar algún
perjuicio. Si el acto importare emisión de acciones o de cuotas de capital, el máximo de la pena se elevará a
tres años de prisión, siempre que el hecho no importare un delito más gravemente penado.
ARTICULO 301 bis.- Será reprimido con prisión de tres (3) a seis (6) años el que explotare, administrare,
operare o de cualquier manera organizare, por sí o a través de terceros, cualquier modalidad o sistema de
captación de juegos de azar sin contar con la autorización pertinente emanada de la autoridad jurisdiccional
competente.
(Artículo incorporado por art. 10 de la Ley N° 27.346 B.O. 27/12/2016. Vigencia: a partir de su publicación
en el Boletín Oficial).
Capítulo VI
ARTICULO 302. - Será reprimido con prisión de seis meses a cuatro años e inhabilitación especial de uno a
cinco años, siempre que no concurran las circunstancias del artículo 172:
1º. El que dé en pago o entregue por cualquier concepto a un tercero un cheque sin tener provisión de
fondos o autorización expresa para girar en descubierto, y no lo abonare en moneda nacional dentro de las
veinticuatro horas de habérsele comunicado la falta de pago mediante aviso bancario, comunicación del
tenedor o cualquier otra forma documentada de interpelación;
2º. El que dé en pago o entregue, por cualquier concepto a un tercero un cheque, a sabiendas de que al
tiempo de su presentación no podrá legalmente ser pagado;
3º. El que librare un cheque y diera contraorden para el pago, fuera de los casos en que la ley autoriza a
hacerlo, o frustrare maliciosamente su pago;
TITULO XIII
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1) Será reprimido con prisión de tres (3) a diez (10) años y multa de dos (2) a diez (10) veces del monto de
la operación, el que convirtiere, transfiriere, administrare, vendiere, gravare, disimulare o de cualquier otro
modo pusiere en circulación en el mercado, bienes provenientes de un ilícito penal, con la consecuencia
posible de que el origen de los bienes originarios o los subrogantes adquieran la apariencia de un origen
lícito, y siempre que su valor supere la suma de pesos trescientos mil ($ 300.000), sea en un solo acto o por
la reiteración de hechos diversos vinculados entre sí.
2) La pena prevista en el inciso 1 será aumentada en un tercio del máximo y en la mitad del mínimo, en los
siguientes casos:
a) Cuando el autor realizare el hecho con habitualidad o como miembro de una asociación o banda formada
para la comisión continuada de hechos de esta naturaleza;
b) Cuando el autor fuera funcionario público que hubiera cometido el hecho en ejercicio u ocasión de sus
funciones. En este caso, sufrirá además pena de inhabilitación especial de tres (3) a diez (10) años. La
misma pena sufrirá el que hubiere actuado en ejercicio de una profesión u oficio que requirieran habilitación
especial.
3) El que recibiere dinero u otros bienes provenientes de un ilícito penal, con el fin de hacerlos aplicar en una
operación de las previstas en el inciso 1, que les dé la apariencia posible de un origen lícito, será reprimido
con la pena de prisión de seis (6) meses a tres (3) años.
4) Si el valor de los bienes no superare la suma indicada en el inciso 1, el autor será reprimido con la pena
de prisión de seis (6) meses a tres (3) años.
5) Las disposiciones de este artículo regirán aún cuando el ilícito penal precedente hubiera sido cometido
fuera del ámbito de aplicación espacial de este Código, en tanto el hecho que lo tipificara también hubiera
estado sancionado con pena en el lugar de su comisión.
ARTICULO 304. - Cuando los hechos delictivos previstos en el artículo precedente hubieren sido realizados
en nombre, o con la intervención, o en beneficio de una persona de existencia ideal, se impondrán a la
entidad las siguientes sanciones conjunta o alternativamente:
1. Multa de dos (2) a diez (10) veces el valor de los bienes objeto del delito.
2. Suspensión total o parcial de actividades, que en ningún caso podrá exceder de diez (10) años.
4. Cancelación de la personería cuando hubiese sido creada al solo efecto de la comisión del delito, o esos
actos constituyan la principal actividad de la entidad.
Para graduar estas sanciones, los jueces tendrán en cuenta el incumplimiento de reglas y procedimientos
internos, la omisión de vigilancia sobre la actividad de los autores y partícipes, la extensión del daño
causado, el monto de dinero involucrado en la comisión del delito, el tamaño, la naturaleza y la capacidad
económica de la persona jurídica.
Cuando fuere indispensable mantener la continuidad operativa de la entidad, o de una obra, o de un servicio
en particular, no serán aplicables las sanciones previstas por el inciso 2 y el inciso 4.
ARTICULO 305. - El juez podrá adoptar desde el inicio de las actuaciones judiciales las medidas cautelares
suficientes para asegurar la custodia, administración, conservación, ejecución y disposición del o de los
bienes que sean instrumentos, producto, provecho o efectos relacionados con los delitos previstos en los
artículos precedentes.
En operaciones de lavado de activos, serán decomisados de modo definitivo, sin necesidad de condena penal,
cuando se hubiere podido comprobar la ilicitud de su origen, o del hecho material al que estuvieren
vinculados, y el imputado no pudiere ser enjuiciado por motivo de fallecimiento, fuga, prescripción o
cualquier otro motivo de suspensión o extinción de la acción penal, o cuando el imputado hubiere reconocido
la procedencia o uso ilícito de los bienes.
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Los activos que fueren decomisados serán destinados a reparar el daño causado a la sociedad, a las víctimas
en particular o al Estado. Sólo para cumplir con esas finalidades podrá darse a los bienes un destino
específico.
Todo reclamo o litigio sobre el origen, naturaleza o propiedad de los bienes se realizará a través de una
acción administrativa o civil de restitución. Cuando el bien hubiere sido subastado sólo se podrá reclamar su
valor monetario.
ARTICULO 306.-
1. Será reprimido con prisión de cinco (5) a quince (15) años y multa de dos (2) a diez (10) veces del monto
de la operación, el que directa o indirectamente recolectare o proveyere bienes o dinero, con la intención de
que se utilicen, o a sabiendas de que serán utilizados, en todo o en parte:
b) Por una organización que cometa o intente cometer delitos con la finalidad establecida en el artículo 41
quinquies;
c) Por un individuo que cometa, intente cometer o participe de cualquier modo en la comisión de delitos con
la finalidad establecida en el artículo 41 quinquies.
2. Las penas establecidas se aplicarán independientemente del acaecimiento del delito al que se destinara el
financiamiento y, si éste se cometiere, aún si los bienes o el dinero no fueran utilizados para su comisión.
3. Si la escala penal prevista para el delito que se financia o pretende financiar fuera menor que la
establecida en este artículo, se aplicará al caso la escala penal del delito que se trate.
4. Las disposiciones de este artículo regirán aún cuando el ilícito penal que se pretende financiar tuviere
lugar fuera del ámbito de aplicación espacial de este Código, o cuando en el caso del inciso b) y c) la
organización o el individuo se encontraren fuera del territorio nacional, en tanto el hecho también hubiera
estado sancionado con pena en la jurisdicción competente para su juzgamiento.
ARTICULO 307.- Será reprimido con prisión de uno (1) a cuatro (4) años, multa equivalente al monto de la
operación, e inhabilitación especial de hasta cinco (5) años, el director, miembro de órgano de fiscalización,
accionista, representante de accionista y todo el que por su trabajo, profesión o función dentro de una
sociedad emisora, por sí o por persona interpuesta, suministrare o utilizare información privilegiada a la que
hubiera tenido acceso en ocasión de su actividad, para la negociación, cotización, compra, venta o liquidación
de valores negociables.
(Artículo incorporado por art. 3° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 306 renumerado como
artículo 307 por art. 1° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
ARTICULO 308.- El mínimo de la pena prevista en el artículo anterior se elevará a dos (2) años de prisión y
el máximo a seis (6) años de prisión, cuando:
a) Los autores del delito utilizaren o suministraren información privilegiada de manera habitual;
d) El delito fuere cometido por un director, miembro del órgano de fiscalización, funcionario o empleado de
una entidad autorregulada o de sociedades calificadoras de riesgo, o ejerciera profesión de las que requieren
habilitación o matrícula, o un funcionario público. En estos casos, se impondrá además pena de inhabilitación
especial de hasta ocho (8) años.
(Artículo incorporado por art. 4° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 307 renumerado como
artículo 308 por art. 2° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
ARTICULO 309.-
1. Será reprimido con prisión de uno (1) a cuatro (4) años, multa equivalente al monto de la operación e
inhabilitación de hasta cinco (5) años, el que:
a) Realizare transacciones u operaciones que hicieren subir, mantener o bajar el precio de valores
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negociables u otros instrumentos financieros, valiéndose de noticias falsas, negociaciones fingidas, reunión o
coalición entre los principales tenedores de la especie, con el fin de producir la apariencia de mayor liquidez o
de negociarla a un determinado precio;
2. Será reprimido con prisión de dos (2) a seis (6) años, cuando el representante, administrador o
fiscalizador de una sociedad comercial de las que tienen obligación de establecer órganos de fiscalización
privada, informare a los socios o accionistas ocultando o falseando hechos importantes para apreciar la
situación económica de la empresa o que en los balances, memorias u otros documentos de contabilidad,
consignare datos falsos o incompletos.
(Artículo incorporado por art. 5° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 308 renumerado como
artículo 309 por art. 3° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
ARTICULO 310.- Será reprimido con prisión de uno (1) a cuatro (4) años, multa de dos (2) a ocho (8)
veces el valor de las operaciones realizadas e inhabilitación especial hasta seis (6) años, el que por cuenta
propia o ajena, directa o indirectamente, realizare actividades de intermediación financiera, bajo cualquiera
de sus modalidades, sin contar con autorización emitida por la autoridad de supervisión competente.
En igual pena incurrirá quien captare ahorros del público en el mercado de valores o prestare servicios de
intermediación para la adquisición de valores negociables, cuando no contare con la correspondiente
autorización emitida por la autoridad competente.
El monto mínimo de la pena se elevará a dos (2) años cuando se hubieran utilizado publicaciones
periodísticas, transmisiones radiales o de televisión, internet, proyecciones cinematográficas, colocación de
afiches, letreros o carteles, programas, circulares y comunicaciones impresas o cualquier otro procedimiento
de difusión masiva.
(Artículo incorporado por art. 6° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 309 renumerado como
artículo 310 por art. 4° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
ARTICULO 311.- Serán reprimidos con prisión de uno (1) a cuatro (4) años, multa de dos (2) a seis (6)
veces el valor de las operaciones e inhabilitación de hasta seis (6) años, los empleados y funcionarios de
instituciones financieras y de aquellas que operen en el mercado de valores que insertando datos falsos o
mencionando hechos inexistentes, documentaren contablemente una operación crediticia activa o pasiva o de
negociación de valores negociables, con la intención de obtener un beneficio o causar un perjuicio, para sí o
para terceros.
En la misma pena incurrirá quién omitiere asentar o dejar debida constancia de alguna de las operaciones a
las que alude el párrafo anterior.
(Artículo incorporado por art. 7° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 310 renumerado como
artículo 311 por art. 5° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
ARTICULO 312.- Serán reprimidos con prisión de uno (1) a seis (6) años e inhabilitación de hasta seis (6)
años, los empleados y funcionarios de instituciones financieras y de aquellas que operen en el mercado de
valores que directa o indirectamente, y con independencia de los cargos e intereses fijados por la institución,
reciban indebidamente dinero o algún otro beneficio económico, como condición para celebrar operaciones
crediticias, financieras o bursátiles.
(Artículo incorporado por art. 8° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 311 renumerado como
artículo 312 por art. 5° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
ARTICULO 313.- Cuando los hechos delictivos previstos en los artículos precedentes hubieren sido
realizados en nombre, o con la intervención, o en beneficio de una persona de existencia ideal, se aplicarán
las disposiciones previstas en el artículo 304 del Código Penal.
Cuando se trate de personas jurídicas que hagan oferta pública de valores negociables, las sanciones
deberán ser aplicadas cuidando de no perjudicar a los accionistas o titulares de los títulos respectivos a
quienes no quepa atribuir responsabilidad en el hecho delictivo. A ese fin deberá escucharse al órgano de
fiscalización de la sociedad.
Cuando la persona jurídica se encuentre concursada las sanciones no podrán aplicarse en detrimento de los
derechos y privilegios de los acreedores por causa o título anterior al hecho delictivo. A ese fin deberá
escucharse al síndico del concurso.
(Artículo incorporado por art. 9° de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011) (Artículo 312 renumerado como
artículo 313 por art. 5° del Decreto N° 169/2012 B.O. 06/02/2012)
DISPOSICIONES COMPLEMENTARIAS
ARTICULO 314. - El presente código regirá como ley de la Nación seis meses después de su promulgación.
(Artículo 306 renumerado como Artículo 314 por art. 10 de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011). (Artículo 303
renumerado como Artículo 306 por art. 5º de la Ley Nº 26.683 B.O. 21/06/2011)
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ARTICULO 315. - El Poder Ejecutivo dispondrá la edición oficial del código conjuntamente con la exposición
de motivos que lo acompaña. Los gastos que origine la publicación se imputarán a esta ley. (Artículo 306
renumerado como Artículo 314 por art. 10 de la Ley N° 26.733 B.O. 28/12/2011). (Artículo 304 renumerado
como Artículo 307 por art. 5º de la Ley Nº 26.683 B.O. 21/06/2011)
ARTICULO 316. - Quedan derogadas las leyes números 49, 1920, 3335, 3900, 3972, 4189, 7029, 9077 y
9143, lo mismo que las demás en cuanto se opusieran a este código. Las penas de presidio y penitenciaría
que establecen las leyes especiales no derogadas por este código, quedan reemplazadas por la de reclusión y
las de prisión y arresto por la de prisión. (Artículo 306 renumerado como Artículo 314 por art. 10 de la Ley
N° 26.733 B.O. 28/12/2011). (Artículo 305 renumerado como Artículo 308 por art. 5º de la Ley Nº 26.683
B.O. 21/06/2011)
Antecedentes Normativos
- Artículo 313, Nota Infoleg: debido a las modificaciones y renumeraciones dispuestas por la Ley N° 26.733
B.O. 28/12/2011 y la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011, se ha omitido la redacción del presente artículo;
- Artículo 309, Nota Infoleg: debido a las modificaciones y renumeraciones dispuestas por la Ley N° 26.733
B.O. 28/12/2011 y la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011, ha quedado duplicado el número del presente
artículo;
- Artículo 308 renumerado como Artículo 309 por art. 4° de la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011;
- Artículo 307 renumerado como Artículo 308 por art. 4° de la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011;
- Artículo 306 renumerado como Artículo 307 por art. 4° de la Ley N° 26.734 B.O. 28/12/2011;
- Artículo 63, segundo párrafo incorporado por art. 1° de la Ley N° 26.705 B.O. 5/10/2011;
- Artículo 77, quinto párrafo, incorporado por art. 1° del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008.
Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a
cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación;
- Artículo 252, segundo párrafo incorporado por art. 17 del Anexo I de la Ley N° 26.394 B.O. 29/8/2008.
Vigencia: comenzará a regir a los SEIS (6) meses de su promulgación. Durante dicho período se llevará a
cabo en las áreas pertinentes un programa de divulgación y capacitación sobre su contenido y aplicación;
- Artículo 77, párrafo décimo tercero, incorporado por art. 1° de la Ley N° 26.388, B.O. 25/6/2008;
- Artículo 77, párrafo décimo segundo, incorporado por art. 1° de la Ley N° 26.388, B.O. 25/6/2008;
- Artículo 77, párrafo décimo primero, incorporado por art. 1° de la Ley N° 26.388, B.O. 25/6/2008;
- Artículo 145 ter incorporado por art. 11 de la Ley N° 26.364, B.O. 30/4/2008;
- Artículo 145 bis incorporado por art. 10 de la Ley N° 26.364, B.O. 30/4/2008;
- Artículo 193 bis incorporado por art. 2° de la Ley N° 26.362, B.O. 16/4/2008;
- Artículo 213 quáter incorporado por art. 3° de la Ley N° 26.268 B.O. 5/7/2007;
- Artículo 213 ter incorporado por art. 2° de la Ley N° 26.268 B.O. 5/7/2007;
- Artículo 278, inciso 5) incorporado por Art. 5º de la Ley Nº 26.087, B.O. 24/04/2006;
- Artículo 67, cuarto párrafo sustituido por art. 1° de la Ley N° 25.990 B.O. 11/1/2005;
- Artículo 67, quinto párrafo sustituido por art. 1° de la Ley N° 25.990 B.O. 11/1/2005;
- Artículo 77, párrafo décimo, incorporado por art. 1° de la Ley N° 25.890 B.O.21/5/2004;
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- Artículo 279, inciso 3) sustituido por art. 3° de la Ley N° 25.815 B.O. 1/12/2003;
- Artículo 258 bis sustituido por art. 1° de la Ley N° 25.825 B.O. 11/12/2003;
- Artículo 24, último párrafo incorporado por art. 1° de la Ley N° 25. 742 B.O. 20/6/2003;
- Artículo 206, párrafos incorporados por art. 1° de la Ley N° 25.528 B.O. 9/1/2002;
- Artículo 157 bis, incorporado por art. 32 de la Ley N° 25.326 B.O. 2/11/2000;
- Artículo 279 sustituido por art. 4º de la Ley N° 25.246 B.O.10/5/2000. Vetada parcialmente por Decreto N°
370/2000 B.O.10/5/2000;
- Artículo 279, inciso 2), Frase "No será punible el encubrimiento de un delito de esa índole, cuando se
cometiere por imprudencia, en el sentido del artículo 278, inciso 2;" vetada por Decreto N° 370/2000 B.O.
10/5/2000;
- Artículo 278, Nota Infoleg: inciso 2) vetado por Decreto N°370/2000 B.O. 10/5/2000: "2) El que por
temeridad o imprudencia grave cometiere alguno de los hechos descriptos en el inciso anterior, primera
oración, será reprimido con multa del veinte por ciento (20%) al ciento cincuenta por ciento (150%) del valor
de los bienes objeto del delito";
- Libro II, Título XI, Capítulo XIII, Denominación, sustituida por art. 1° de la Ley N° 25.246 B.O. 10/5/2000;
- Artículo 67, sustituido por art. 29 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a partir de los ocho días
desde su publicación;
- Artículo 265 sustituido por art. 35 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación;
- Artículo 125 bis incorporado por art. 6° de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999;
- Artículo 127 ter, incorporado por art. 17 de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999;
- Artículo 127 bis, sustituido por art. 16 de la Ley N° 25.087 B.O. 14/5/1999;
- Artículo 258 bis, incorporado por art. 36 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999;
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- Artículo 266 sustituido por art. 37 de la Ley N° 25.188 B.O. 1/11/1999. Vigencia: a los ocho días desde su
publicación;
- Artículo 189 bis, sustituido por art. 2° de la Ley N° 25.086 B.O. 14/5/1999. Frase "o de uso civil
condicionado" vetada por Decreto N° 496/1999;
- Artículo 189 ter, incorporado por art. 3° de la Ley N° 25.086 B.O. 14/5/1999;
- Artículo 204 ter, Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 204 bis, Nota Infoleg, multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 203, Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 155, Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N°24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 255, Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 286, multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 252, Nota Infoleg: multa actualizada por art. 1° de la Ley N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Artículo 72, inc. 3) incorporado por art. 4° de la Ley N° 24.270 B.O. 26/11/1993;
- Artículo 301 bis derogado por art. 10 de la Ley N° 24.064 B.O. 17/1/1992;
- Artículo 77, párrafo noveno, sustituido por art. 40 de la Ley N° 23.737 B.O.11/10/1989;
- Actualización montos de las multas: Ley N° 23.479 B.O.26/1/1987, Ley N° 23.974 B.O.17/9/1991 y la Ley
N° 24.286 B.O. 29/12/1993;
- Rúbrica del Capítulo III, Título III del Libro Segundo, sustituida por art. 2° de la Ley N°23.487 B.O.
26/1/1987;
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Documento
Título: Competencia federal u ordinaria ante casos de delitos que involucran la fauna silvestre
Autor: Langer, Natalia J.
Publicado en: RDAmb 58, 03/06/2019, 135
Cita Online: AR/DOC/1307/2019
(*)
"La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son
tratados" Mahatma Gandhi
I. Introducción
La ley 22.421, denominada de "Conservación de la Fauna Silvestre", fue sancionada el 5 de marzo de 1981,
y cuenta además con su decreto reglamentario 666/1997, con el propósito de resguardar la fauna sobre la
constante depredación que sufría y sufre por parte del hombre, es por ello que en su art. 1º declara de interés
público la fauna silvestre que temporal o permanentemente habita el Territorio de la República, regula la caza,
hostigamiento, captura o destrucción de sus crías, huevos, nidos y guaridas, tenencia, posesión, tránsito,
aprovechamiento, comercio y transformación de la fauna silvestre y sus productos o subproductos. Cabe resaltar
que esta ley, fue dictada en la época de facto de nuestro país, y por ello han plantado en reiteradas oportunidades
su inconstitucionalidad, pero la CS, fallo a favor de la validez de la ley en el precedente "Pignataro, Luis Á. /por
inf. arts. 1º y 2º, incs. 1º de la ley 14.346 y arts. 25 y 27 de la ley 22.421", sentado así criterio. Esta ley es
considerada de carácter mixto, debido a que una parte de ley invita a la adhesión de las provincias y por otra
parte tiene artículos de cumplimiento efectivo en el todo el territorio, como son los artículos que regulan el
régimen penal.
Por otro lado, con la reforma de la Constitución Nacional en 1994, se consagró el derecho-deber, a través
del art. 41, tanto para los ciudadanos como para el Estado, de proveer a su protección, a su utilización racional y
a su preservación natural y cultural, dando así una mayor protección al ambiente en general y a la fauna en
particular.
Pero una de las principales consecuencias de esta ley, si bien ya ha quedado un poco desactualizada, pero
brinda la protección mínima para la especie silvestre, es que no ha definido el tema de la competencia; por eso
existen innumerables causas donde se ha planteado el conflicto de competencia tanto de los tribunales federales
como provinciales para intervenir.
Con este trabajo pretendo dejar plasmado los diferentes criterios utilizados, principalmente por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación. Pero previo a entrar a la cuestión de competencia propiamente dicha, hare un
breve análisis de la ley.
II. El bien jurídico protegido
Sin mucho que analizar, el bien jurídico protegido lo constituye la fauna silvestre, definiendo la ley en su
art. 3º que "... se entiende por fauna silvestre: 1) Los animales que viven libres e independientes del hombre, en
ambientes naturales o artificiales, 2) Los bravíos o salvajes que viven bajo control del hombre, en cautividad o
semicautividad, 3) Los originalmente domésticos que, por cualquier circunstancia, vuelven a la vida salvaje
convirtiéndose en cimarrones. Quedan excluidos del régimen de la presente Ley los animales comprendidos en
las leyes sobre pesca...".
Por su parte en su dec. regl. 666/1997 el cual en su art. 4º establece que "[l]a autoridad de aplicación
clasificará las especies de la fauna silvestre conforme al siguiente ordenamiento: a) Especies en peligro de
extinción: aquellas especies que están en peligro inmediato de extinción y cuya supervivencia será improbable
si los factores causantes de su regresión continuar actuando, b) Especies amenazas: aquellas especies que por
exceso de caza, por destrucción de su hábitat o por otros factores, son susceptibles de pasar a la situación de
especies en peligro de extinción, c) Especies vulnerables: aquellas especies que debido a su número poblacional,
distribución geográfica u otros factores, aunque no estén actualmente en peligro, ni amenazadas, podrían correr
el riesgo de entrar en dichas categorías, d) Especies no amenazadas: aquellas especies que no se sitúan en
ninguna de las categorías anteriores y cuyo riesgo de extinción o amenaza se considera bajo, y e) Especies
insuficientemente conocidas: aquellas especies que debido a la falta de información sobre el grado de amenaza o
riesgo, o sobre sus características biológicas, no pueden ser asignadas a ninguna de las categorías anteriores...".
III. Sanciones penales
La ley 22.421, establece una serie de sanciones y regula específicamente los siguientes tipos penales a saber,
en el art. 24 estipula que "[s]erá reprimido con prisión de un [1] mes a un [1] año y con inhabilitación especial
de hasta tres [3] años, el que cazare animales de la fauna silvestre en campo ajeno sin la autorización establecida
en el art. 16, inc. a" (1). Aquí básicamente lo que el legislador quiso proteger no fue la fauna sino la propiedad
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privada.
Por su parte el art. 25 establece: "Será reprimido con prisión de dos [2] meses a dos [2] años y con
inhabilitación especial de hasta cinco [5] años, el que cazare animales de la fauna silvestre cuya captura o
comercialización estén prohibidas o vedadas por la autoridad jurisdiccional de aplicación. La pena será de
cuatro [4] meses a tres [3] años de prisión con inhabilitación especial de hasta diez [10] años cuando el hecho se
cometiere de modo organizado o con el concurso de tres [3] o más personas o con armas, artes o medios
prohibidos por la autoridad jurisdiccional de aplicación".
El art. 26 habla de que "[s]erá reprimido con prisión de dos [2] meses a dos [2] años y con inhabilitación
especial de hasta cinco [5] años el que cazare animales de la fauna silvestre utilizando armas, artes o medios
prohibidos por la autoridad jurisdiccional de aplicación".
Y por último el art. 27 regula que "[l]as penas previstas en los artículos anteriores se aplicarán también al
que a sabiendas transportare, almacenare, comprare, vendiere, industrializare o de cualquier modo pusiere en el
comercio piezas, productos o subproductos provenientes de la caza furtiva o de la depredación".
Como podemos observar, esta ley regula todo lo referente a la caza de los ejemplares de fauna, y solo es en
el art. 4º es donde específicamente hable sobre que "[s]e ajustarán a las disposiciones de esta Ley y sus
reglamentos, la caza, hostigamiento, captura o destrucción de sus crías, huevos, nidos y guaridas, tenencia,
posesión, tránsito, aprovechamiento, comercio y transformación de la fauna silvestre y sus productos o
subproductos". Es decir, la mayor cantidad de causas que se dan es la tenencia y el tránsito o transporte de
animales, principalmente aves, y esto lleva a tener en cuenta el comercio ilegal y el tráfico de especies, pero en
este punto es donde cada provincia legisla específicamente sobre la materia, en el caso de Córdoba existe un
dec. 1751/2011 sobre Mascotismo que regula la prohibición de la introducción, transporte, comercio, posesión y
tenencia de fauna silvestre en el territorio provincial (art. 2º) y solo permite la tenencia de ejemplares
enumerados en su anexo 1 (2) y de los cuales el poseedor debe tener la documentación respaldatoria de compra
en lugares autorizados.
IV. Cuestiones de competencia federal y ordinaria
Resulta importante mencionar el criterio que marca ley 25.675 General del Ambiente, sobre la competencia
en su art. 7º el cual dispone: "La aplicación de esta ley corresponde a los tribunales ordinarios según
corresponda por el territorio, la materia, o las personas. En los casos que el acto, omisión o situación generada
provoque efectivamente degradación o contaminación en recursos ambientales interjurisdiccionales, la
competencia será federal"., ya que son muchos los jueces que utilizan este criterio para su fundamentación,
sumado con la reiterada jurisprudencia "que establece que la justicia federal es un fuero de excepción y no
dándose causal específica que lo haga surgir en el caso, su conocimiento corresponde a la jurisdicción local (CS,
Fallos: 296:432)" (3).
Ahora bien, la Ley de Protección y Conservación de la Fauna Silvestre, en materia de delitos, no ha
establecido la jurisdicción federal, estableciendo que las cuestiones de competencia deben ser resueltas
atendiendo al lugar de su comisión [CS, Fallos: 329:2817 (4), entre otros (5)], existen ejemplos muy claros, que
enumero a continuación, donde no se discute la competencia del fuero de excepción, para entender en estas
causas, ellas son:
1. Secuestros de especies protegidas en rutas nacionales y por autoridades nacionales: Es común que las
fuerzas de seguridad, en especial, Gendarmería Nacional, al realizar controles de ruta detecten en los vehículos
particulares o de transporte de pasajeros el traslado de ejemplares de fauna en especial de aves; estas son traídas
de otras provincias o incluso de otros países a través de los pasos fronterizos.
2. Oferta de caza dirigida comúnmente a turistas extranjeros: Lo que se conoce como turismo cinegético, si
bien la actividad está permitida, cuando se infringe algunos de los requisitos, el delito debe ser investigado por
la justicia federal.
3. Supuestos de caza cometido en áreas pertenecientes a la Administración de Parques Nacionales: Cuando
estamos ante casos donde la infracción contra la fauna silvestre se cometió en parques nacionales, monumentos
naturales y reservas nacionales regirá la legislación específica para esas áreas y los arts. 3º; 16 inc. a), 24, 25, 26
y 27 de ley 22.421. Ante estos casos no cabe duda de que debe intervenir la justicia federal sin excepción.
4. Cuando se intente exportar o importar clandestinamente especies de la fauna silvestre, vulnerando los
controles aduaneros: Aquí nos encontramos ante el supuesto de quienes quieren ingresar o sacar del país
especies de la fauna sin la pertinente autorización, haciéndolo a través del contrabando. Por ejemplo, en el año
2016 en la circunstancia advertida en la estancia de Baradero (6), donde se verificó la existencia de distintas
especies almacenadas, en aparente infracción a ley 22.421, se trata de un hecho que guarda estrecha relación con
el delito de contrabando de exportación de fauna silvestre, del que conoce la justicia nacional en lo penal
económico, e integrarían un mismo contexto delictivo (CS, Fallos: 332:8 l O), por lo que de acuerdo con el
criterio establecido en la Competencia Nº 1630 L. XL, in re "Comisaría Puerto San Julián s/ investigación",
resuelta el 31 de mayo de 2005, resulta aconsejable que sean juzgados por un único tribunal. Por otra parte, esa
solución es la que mejor permitiría un análisis integral de todos los hechos, con sus implicancias y
consecuencias (Confr. CSJ 265/2014 [50-c] CS], in re "UFIMA s/ denuncia", resuelta el 23 de febrero del
corriente año), y facilitaría así la pesquisa dirigida a la comprobación de los distintos eslabones de la cadena de
tráfico, a partir de la identificación de los distintos intermediarios en el intercambio de piezas provenientes de la
caza furtiva para su posterior exportación, en transgresión de los controles aduaneros. Lamentablemente nuestro
país es uno de los principales exportadores de ejemplares de fauna, y los principales destinos del comercio ilegal
son Estados Unidos, Japón, algunos países de Europa y Egipto (7).
La problemática de la competencia se presenta principalmente cuando las especies que fueron halladas no
son oriundas de la provincia o ante supuestos de especies migratorias y que comparten varias provincias.
IV.1. Ejemplos de competencia ordinaria
Veamos ejemplos concretos, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dirimo un conflicto de competencia
entre el juzgado de Instrucción Nº 6 de Corrientes y el Juzgado Federal con asiento en esa misma provincia ante
una causa donde a raíz de un allanamiento practicado en la finca de la localidad de "El Sombrero" se
secuestraron en época de veda, especies ictícolas protegidas por la ley, destinadas a su desnaturalizació n. La
justicia local declino su competencia a favor del fuero de excepción por considerar que se habrían afectado
intereses federales, por su parte la justicia federal rechazo la declinatoria por considerar que la ley 22.421 no
atribuye a la justicia de excepción el conocimiento de los delitos previstos en ella, y sostuvo que de
conformidad con lo dispuesto por el art. 124 de la CN, corresponde a la autoridad que en cada caso ejerce el
poder de policía precisar las especies cuya caza o comercialización prohíbe. Y la Corte tomando los
fundamentos y conclusiones del dictamen del señor Procurador Fiscal, declara que deberá entender en la causa
el Juzgado de Instrucción Nº 6 de Corrientes (8).
En otra causa ante una contienda negativa de competencia trabada entre la Cámara Federal de Apelaciones
de General Roca y el Juzgado de Instrucción Nº 6 de San Carlos de Bariloche en la investigación de exhibición
y comercialización de productos y prendas confeccionadas con pieles y cueros de especies protegidas, el
Procurador General, dijo que "la Ley de Protección y Conservación de la Fauna Silvestre, en materia de
infracciones, no ha establecido la jurisdicción federal, por lo que las cuestiones de competencia deben ser
resueltas atendiendo al lugar de su comisión (CS, Fallos: 315:2657 y 323:2738)". Sobre esa base y atento el
carácter restrictivo del fuero federal la Corte declaró la competencia de la justicia local para entender en esas
actuaciones (Fallos 329:6056 y sus remisiones), criterio que luego fue seguido por otros tribunales federales del
país (conf. CNCrim. y Correc., sala I, in re "Incidente de incompetencia del responsable del comercio
denominado 'All Lehater' s/ inf. ley 22.421", sentencia del 24/11/2009). En consecuencia, teniendo presente las
circunstancias fácticas de la causa y que lo resuelto por la Corte Suprema en toda cuestión regida por la
Constitución Nacional o las normas federales debe inspirar decisivamente los pronunciamientos del resto de los
tribunales, es que corresponde declarar la incompetencia del fuero federal en este proceso, sin entrar en el
análisis de la vía recursiva intentada (9).
IV.2. Ejemplos de competencia federal
La Cámara Federal de Córdoba (10), ante un caso donde se detectó el ofrecimiento para la comercialización
de la especie Tordo Amarillo (Xanthopsar flavus), consideró que el hecho aquí denunciado, consistía en tener y
ofrecer a la venta aves silvestres, efectuando publicaciones en la red social Facebook y esto no habilita la
competencia federal ni por el lugar, ni por el sujeto, ni por la materia. Recordemos que estamos antes una
especie legalmente categorizada "en peligro de extinción" y que esta no es propia de esta provincia, lo que
determina que los ejemplares que se estarían comercializando habrían sido capturados y trasladados desde el
litoral argentino donde dichas aves tienen su reducto autóctono.
El juez federal continúa su argumentación y sostiene que en el caso de examen no concurre circunstancia
alguna que habilite la procedencia de este fuero de excepción. Señala que la competencia de los tribunales
federales reviste el carácter de excepcional "... Ordinariamente son las provincias quienes deben aplicar la
justicia dentro de sus respectivos territorios; la Nación la aplicará en los casos de excepción, fundados en las
facultades delegadas por las provincias al poder central...". "Como un derivado de esta excepcionalidad, la
competencia penal de los tribunales federales debe ser expresa. Únicamente puede intervenir en los casos
expresamente previstos en la ley" (11).
En cuanto al territorio, advierte el Juez Federal que no se trata de hechos cometidos en un lugar donde el
Estado Nacional ejerza su exclusiva jurisdicción. Por el contrario, las aves silvestres que se encuentran en la
provincia de Córdoba, como sería en principio el caso de aquellas que se encuentran en poder de la persona aquí
investigada, se hallan sujetas a la jurisdicción provincial.
Pero es esta contienda se resolvió que, cuando la acción involucra el tráfico de las especies en el comercio
interprovincial, entonces resulta competente la justicia federal, materia reservada a su fuero de excepción. En
casos de comercio internacional, además entrarán posiblemente a jugar otras figuras jurídicas como el
contrabando (v. en tal sentido, CFed. Cas. Penal, sala III, "Silverstein, Eric y Losil SA s/ recurso de casación",
Rta.: 15/04/1996), materia atribuida al fuero penal económico. En idéntico sentido, la Corte Suprema de Justicia
de la Nación ha entendido que es competente para entender en la investigación relativa a la denuncia de la
existencia de especies exóticas caracterizadas como vulnerables que podrían ser parte de una cadena de tráfico
ilegal (CS, 23/02/2016; "NN s/ infracción ley 22.421 [art. 25]"; publicado en LLOnline), por lo cual esta causa
fue investigada por el fuero nacional.
Otro ejemplo es el que suscitó la contienda de competencia entre el Juzgado Federal Nº 1 y el Juzgado de
Garantías Nº 2, ambos de la localidad de Azul, Provincia de Buenos Aires, a raíz de la denuncia efectuada por el
titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones en Materia Ambiental (UFIMA por la presunta infracción al art.
25 de la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Fauna silvestre con motivo de la oferta a través de una
página web, de la caza de distintas especies protegidas de la fauna silvestre por medio de un coto de caza
ubicado en la localidad de Tandil, que no estaba inscripto ni habilitado por los organismos pertinentes. Es así
como la Corte Suprema decidió atribuir el conocimiento a la justicia federal pues no se había verificado una
adecuada investigación tendiente a precisar en qué delito encuadran los hechos en cuestión, se desconocen
cuáles serían las especies ofrecidas, protegidas a nivel nacional e internacional por la Convención sobre el
Comercio Internacional de Especies Amenazas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), y si ellas podrían ser
capturadas en otras provincias. Máxime si los hechos en cuestión presentarían otras hipótesis de delitos
federales relacionadas no solo con la ausencia de inscripción y habilitación del coto de caza sino también con
determinar si se exportarían clandestinamente productos y subproductos provenientes de la caza furtiva,
vulnerando los controles aduaneros, supuesto que habilitaría la intervención del fuero penal económico (12).
En la misma línea de pensamiento de la Corte, ante el conflicto de competencia se trabó entre el Juzgado
Federal en lo Criminal y Correccional Nº 1 y el Juzgado de Garantías Nº 5, ambos del Departamento Judicial de
San Isidro, Provincia de Buenos Aires, a raíz de la denuncia efectuada por el titular de la Unidad Fiscal de
Investigaciones en Materia Ambiental (UFIMA) por la presunta infracción al art. 25 de la ley nacional 22.421
de Conservación de la Fauna Silvestre con motivo del secuestro en el "Acuario del Puerto" de distintas especies
silvestres cuya caza se encuentra prohibida. La Corte resolvió que la justicia federal continúe el trámite de la
denuncia en tanto no se observaba una adecuada investigación que permita determinar concretamente en qué
figura delictiva encuadran los hechos, más aún si se repara en que se secuestraron tanto especies categorizadas
por la res. 1055/2013 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación como "vulnerables"
como otras de origen exótico, amparadas a nivel internacional por la Convención sobre el Comercio
Internacional de Especies Amenazas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), y ante la ausencia de documentación
que ampare el origen legal de los animales —circunstancia que determina la naturaleza federal— habrá de
descartarse que hayan ingresado al país violando controles aduaneros, supuesto que habilitaría la intervención
del fuero penal económico (13).
Y por último en la contienda de competencia trabada entre el Juzgado Federal Nº 1 y el Juzgado de
Garantías Nº 2, ambos de la localidad de Azul, Provincia de Buenos Aires, se originó con motivo de la denuncia
efectuada por el titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones en Materia Ambiental (UFIMA) por la presunta
infracción al art. 25 de la ley nacional 22.421 de Conservación de la Fauna Silvestre a raíz de que un operador
cinegético —sin licencia para organizar tours de cacería y sin estar registrado ante el RENAR— habría ofrecido
a través de una página web la caza de distintas especies protegidas de la fauna silvestre. El Tribunal resolvió que
la justicia federal continúe conociendo en la denuncia formulada a raíz de la actividad de un operador cinegético
sin licencia para organizar tours de cacería y sin registro en el RENAR que, mediante una página web, habría
ofrecido la caza de distintas especies protegidas, máxime si el caso presentaría otras hipótesis de delitos
federales por lo que las investigaciones criminales deberán abarcar la totalidad de las implicancias y
consecuencias de la conducta denunciada y no acotarlas al análisis de un único tipo penal (14).
V. Conclusión
Como podemos observar tenemos casos puntuales donde la competencia federal no se discute, pero en la
mayoría de los casos cuando hablamos de delitos cometido en contra de la ley 22.421, principalmente en causas
de tenencia de ejemplares de fauna silvestre, se debe hacer un análisis particular de la causa teniendo en cuenta
los diferentes criterios enumerados en dicho trabajo para saber qué tribunal será competente.
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Documento
Aquí el análisis en cuestión de territorio o persona para definir la competencia no sería la regla, lo que se
tiene en cuenta es el tipo de actividad y principalmente cuales son los ejemplares de fauna silvestre que se
hallan involucrados en la causa, cuál es su procedencia y su grado de protección en la Convención sobre el
Comercio Internacional de Especies Amenazas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), ratificada por nuestro país
mediante la ley 22.344 de diciembre de 1980 pero publicada en el Boletín Oficial en 1982.
Lo que se puede ver con el desarrollo del trabajo y el análisis de la jurisprudencia es que los jueces no solo
toman como bien jurídico protegido a la fauna silvestre, sino al medio ambiente en su conjunto, entendiendo
que afectar los ejemplares de fauna silvestre, implica afectar la biodiversidad.
(*) Abogada y Procuradora. Licenciada en Enseñanza en Ciencias del Ambiente. Especialista en Derechos
Humanos. www.natalialanger.com.
(1) Ley 22.421 - Art. 16: "El Poder Ejecutivo Nacional y cada provincia, establecerán por vía reglamentaria
las limitaciones a la práctica de la caza por razones de protección y conservación de las especies o de seguridad
pública. Será requisito indispensable para practicar la caza: a) Contar con la autorización del propietario o
administrador o poseedor o tenedor a cualquier título legítimo del fundo; ...". Cita online: AR/LCON/00NX
(2) Anexo I - Listado de especies permitidas: diamante mandarín, diamante bichenovi, cotorra australiana,
cocotilla, inseparable de Fischer, inseparable de cara roja, inseparable de cara negra, calafate, cotorra
derabadilla roja, degollado, diamante enmascarado, diamante papagayo, diamante moteado, diamante cara roja,
diamante cola larga, diamante de Gould, manon, ruiseñor del Japón, diamante de Gould, gendarmes y mirlo
metálico. Cita online: AR/LEGI/6VRA
(3) "Espejo, José M. c. Caja de Seguros de Vida SA", sentencia del 10 de abril de 2001.
(4) CS, 11/07/2006, "Gendarmería Nacional", Cita online: AR/JUR/5473/2006.
(5) CS, 27/12/2006, "Escudero, Javier", Ed. Lexis Nº 70035380. CS, 19/09/2000, "Directora de Fauna y
Flora Silvestre", LA LEY 2001-C.
(6) "NN s/ infr. ley 22.421", CSJComp. Nº 615/2016/CSl. Fecha 23/02/2016.
(7) DOINY CABRE, Pedro C., RDAmb, 2012-29.
(8) AR/JUR/5473/2006.
(9) Expediente Nº 5776 caratulado "E., R. A. s/ presunta infracción ley 22.421", procedente del Juzgado
Federal en lo Criminal y Correccional Nº 2 de Lomas de Zamora; Plata, 17/11/2010. Rs, 3 t. 76 F.205.
(10) sala B, FCB 26189/2016/CA1, "Investigación preliminar s/ inf. Ley 22.421 comercio de aves por
usuario de Facebook M. A. s/ infracción ley 22.421". Fecha 09/02/2017.
(11) CLARIÁ OLMEDO, "Derecho Procesal Penal", ps. 128-129.
(12) Fallos: 339:160. "Club de Caza de Tandil s/ infracción ley 22.421 (art. 25)". Fecha: 23/02/2016.
(13) CS, Fallos: 339:168. "NN s/ infracción ley 22.421". Fecha: 23/02/2016.
(14) CS, Fallos: 339:173. "UFIMA s/ denuncia". Fecha: 23/02/2016.
Decreto 1022/2004
CONSIDERANDO:
Que de acuerdo con las prescripciones legales corresponde dictar las disposiciones reglamentarias de la
citada normativa.
Que a los fines de la reglamentación de la aludida ley, han tomado intervención la SECRETARIA DE CULTURA
de la PRESIDENCIA DE LA NACION, la SECRETARIA DE CIENCIA Y TECNICA del MINISTERIO DE EDUCACION,
CIENCIA Y TECNOLOGIA, el INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO
dependiente de la SECRETARIA DE CULTURA de la PRESIDENCIA DE LA NACION y el MUSEO ARGENTINO DE
CIENCIAS NATURALES "BERNARDINO RIVADAVIA".
Que se han efectuado consultas a distintas jurisdicciones y organismos profesionales, atendiendo a los
intereses y particularidades locales, en razón de la materia eminentemente técnica y especializada de que
trata la presente reglamentación.
Que, por otra parte, han tomado intervención la DIRECCION GENERAL DE ASUNTOS JURIDICOS del
MINISTERIO DE EDUCACION, CIENCIA Y TECNOLOGIA y la DIRECCION DE ASUNTOS JURIDICOS de la
SECRETARIA DE CULTURA de la PRESIDENCIA DE LA NACION.
Que el presente decreto se dicta de conformidad con las facultades emergentes del artículo 99, inciso 2 de la
Constitución Nacional.
Por ello,
DECRETA:
Artículo 1º — Apruébase la reglamentación de la Ley Nº 25.743 que, como Anexo l, forma parte integrante
del presente.
Art. 2º — Hasta tanto funcionen los respectivos registros, las denuncias de los bienes arqueológicos y
paleontológicos contemplados en la Ley Nº 25.743, podrán efectuarse ante los organismos de aplicación, con
identificación de los mismos, declaración de su procedencia, adquisición, cantidad de ejemplares, estado de
conservación, datos del poseedor y lugar de depósito, como recaudos mínimos y, en caso de particulares o
entidades privadas, con material fotográfico común o digital de disquete. Toda persona física o jurídica,
pública o privada, que tenga o posea en la actualidad o en el futuro los bienes referidos, está obligada a
efectuar esta denuncia.
Art. 3º — La reglamentación que se aprueba por el artículo 1º del presente, entrará en vigencia a partir de
su publicación en el Boletín Oficial.
Art. 4º — Comuníquese, publíquese, dése a la DIRECCION NACIONAL DEL REGISTRO OFICIAL y archívese.
— KIRCHNER. — Alberto A. Fernández. — Aníbal D. Fernández.
ANEXO I
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO ARQUEOLOGICO Y PALEONTOLOGICO Decreto 1022/2004 Apruébase la reglamentación de la…
ARTICULO 1º — Es responsabilidad de las Provincias, de la CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES y de la
Nación, en sus respectivas jurisdicciones, la aplicación de la Ley Nº 25.743, para preservación y protección
del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, siendo de responsabilidad exclusiva de la Nación la tutela del
mismo.
La expresión EPOCAS HISTORICAS RECIENTES abarca a los últimos CIEN (100) años contados a partir de la
fecha de sucedidos los hechos o los actos de que se trate.
ARTICULO 4º — A los efectos del inciso a) del artículo 4º de la Ley Nº 25.743, entiéndese por tutela ejercida
por el ESTADO NACIONAL, la protección jurídica o legal de todo el patrimonio arqueológico y paleontológico
del territorio nacional, más allá del derecho de dominio y de protección y preservación que corresponda a las
autoridades competentes de cada jurisdicción.
En los regímenes de funcionamiento de los citados registros se establecerán, sin perjuicio de las previsiones
presupuestarias para su planta de personal, los recursos que se obtendrán por los servicios que se presten.
Los Registros Nacionales, además de funcionar como de primer grado con respecto a los objetos, colecciones
y yacimientos correspondientes a sus respectivas áreas, funcionarán como de segundo grado con respecto a
los objetos, colecciones y yacimientos de las demás jurisdicciones que enviarán la información pertinente,
para permitir su concentración.
La inscripción registral no importará la autenticidad, ni sus informes la certificación de la misma sobre los
bienes o colecciones inscriptas.
En los Registros Nacionales se deberá informar y acopiar todos los datos posibles sobre el patrimonio
arqueológico y/o paleontológico sobre los que se podrán emitir informes.
Los organismos competentes podrán realizar las inspecciones o peritajes que estimen pertinentes y rechazar
las inscripciones de los bienes u objetos, cuya inscripción se considere improcedente.
Las controversias que se susciten se dirimirán conforme a los procedimientos administrativos vigentes en
cada jurisdicción.
ARTICULO 6º — En las distintas jurisdicciones regirán las normas que se dicten por las autoridades locales
para adecuar la legislación en materia registral, de concesiones, infracciones y sanciones a la Ley Nº 25.743.
Los traslados, dentro del país, de objetos, colecciones y/o restos paleontológicos y/o arqueológicos, serán
comunicados al organismo competente local y a los directores de los museos o centros de investigaciones
involucrados.
Los traslados, fuera del país, de los objetos, colecciones y/o restos paleontológicos y/o arqueológicos, se
comunicarán al organismo competente nacional, con una anticipación no inferior a TREINTA (30) días, plazo
en el que éste podrá adoptar al respecto las medidas que fueran necesarias, a fin de asegurar la
recuperación y retorno al país de los elementos de que se trate.
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ARTICULO 10. — El material paleontológico deberá ser ubicado, sin excepción, en colecciones o repositorios,
que reúnan todos los requisitos establecidos en los CODIGOS INTERNACIONALES DE NOMENCLATURA
BOTANICA (CODIGO DE SAINT LOUIS 2000) Y ZOOLOGICA (CODIGO INTERNACIONAL DE NOMENCLATURA
ZOOLOGICA) —o cualquier otro que los reemplace, según lo disponga el MUSEO ARGENTINO DE CIENCIAS
NATURALES "BERNARDINO RIVADAVIA"— para el material tipo y debiendo contarse con el personal
necesario e idóneo para el cumplimiento de la finalidad de la ley. El INSTITUTO NACIONAL DE
ANTROPOLOGIA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO, de la SECRETARIA DE CULTURA de la PRESIDENCIA
DE LA NACION, establecerá las condiciones mínimas para el depósito de los objetos, lotes y colecciones
arqueológicas, de cada región teniendo en cuenta las características propias. Las autoridades jurisdiccionales
podrán solicitar que se contemplen sus condiciones particulares.
ARTICULO 13. — La obligación de denunciar el descubrimiento a que se refiere el artículo 13 de la ley implica
la de suspender toda actividad en el lugar hasta tanto la autoridad competente, según la jurisdicción de que
se trate, tome la intervención prevista legalmente, debiendo adoptarse, hasta entonces por responsables del
predio, todas las medidas tendientes a la conservación del yacimiento y/o los objetos arqueológicos o
paleontológicos.
En los casos en que corresponda, se convendrá con los propietarios de los inmuebles, el tiempo y las
características de la ocupación y, de no lograrse un acuerdo, se tramitará la ocupación temporánea o la
imposición de servidumbre, mediante la sanción de una ley por las respectivas jurisdicciones, sin perjuicio de
las medidas judiciales que puedan solicitarse cuando razones de urgencia así lo exijan.
Las personas físicas o jurídicas, responsables de emprendimientos deberán prever la necesidad de realizar
una prospección previa a la iniciación de las obras con el fin de detectar eventuales restos, yacimientos u
objetos arqueológicos o paleontológicos. De verificarse su existencia, deberán facilitar el rescate de los
mismos. Las tareas que se realicen a ese efecto deberán ser aprobadas por la autoridad de aplicación
jurisdiccional.
Cuando una persona física o jurídica explote comercialmente yacimientos de material fósil con fines
industriales, tales como bentonita, diatomita, campos de ostreas, calizas, arcillas u otros, se tomarán
muestras testigo cuyo volumen determinará la autoridad de aplicación jurisdiccional, que serán depositadas
en museos o instituciones científicas provinciales o nacionales, según corresponda por jurisdicción.
Si en el curso de ejecución de obras públicas o privadas, que implique movimientos de tierra, se hallaren
fósiles u objetos arqueológicos, o se supiera que determinados sectores, regiones o zonas, constituyen
yacimientos paleontológicos y/o arqueológicos, que por su tamaño, valoración patrimonial, científica y/o
estado de preservación requieran especial cuidado, protección absoluta o parcial, trabajos de rescate o
preservación, la autoridad de aplicación jurisdiccional podrá solicitar la intervención del Poder Ejecutivo
Nacional, a fin de adoptar medidas tendientes a lograr la suspensión de las obras o proyectos en forma
definitiva o temporal, según el caso.
ARTICULO 16. — Las denuncias a que se refiere el artículo 16 de la Ley se formularán por escrito, de acuerdo
con las formalidades fijadas en los respectivos reglamentos de procedimientos administrativos de cada
jurisdicción, y deberán incluir los elementos descriptivos necesarios para la identificación de las colecciones u
objetos arqueológicos o restos paleontológicos, conforme a las exigencias que imponga la autoridad de
aplicación jurisdiccional.
Cuando se pida información al REGISTRO NACIONAL que corresponda, según la materia relacionada con
objetos, colecciones y/o yacimientos registrados en las provincias o en la CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS
AIRES, ésta podrá otorgarse, previo consentimiento de las respectivas autoridades jurisdiccionales y
acreditación del interés legítimo del peticionario.
ARTICULO 19. — El ofrecimiento a que se refiere el artículo 19 de la Ley se efectuará ante el organismo de
aplicación competente, según la materia, según se trate de objetos arqueológicos o restos paleontológicos, el
que emitirá dictamen e informe y remitirá las actuaciones al PODER EJECUTIVO NACIONAL, en el ámbito
nacional y a las autoridades competentes provinciales y de la CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES, para
que se resuelva en el plazo legal establecido por el artículo que se reglamenta.
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO ARQUEOLOGICO Y PALEONTOLOGICO Decreto 1022/2004 Apruébase la reglamentación de la…
ARTICULO 20. — Sin reglamentar.
ARTICULO 22. — En caso de no mediar acuerdo con los poseedores particulares de colecciones, restos u
objetos arqueológicos o paleontológicos para tener acceso al material, la autoridad de aplicación
jurisdiccional gestionará ante quien corresponda la adopción de las medidas administrativas y judiciales
pertinentes.
ARTICULO 23. — De los actos administrativos que otorguen concesiones para realizar los trabajos a que se
refiere el artículo 23 de la Ley, deberá remitirse copia al REGISTRO NACIONAL pertinente.
ARTICULO 24. — Los organismos oficiales científicos o universitarios nacionales o provinciales deberán
verificar que los planes de trabajo de los proyectos de investigación, tesinas, tesis y seminarios, cumplan con
los requisitos del artículo 24 de la Ley.
Para el otorgamiento de las concesiones a que se refiere el artículo 24 de la Ley, los trabajos deberán estar a
cargo, dirigidos o bajo la responsabilidad de personas cuya idoneidad esté reconocida por asociaciones
profesionales, Universidades o Academias Nacionales.
Los organismos competentes de las respectivas jurisdicciones se reservan el derecho de otorgar o rechazar
los pedidos de concesiones según cumplan o no los requisitos legales o por razones de oportunidad, mérito o
conveniencia.
ARTICULO 25. — No se podrá otorgar concesión alguna a investigador o institución científica extranjera sin
autorización previa del organismo nacional de aplicación, que sólo la otorgará cuando los requirentes
trabajen con una institución científica estatal o universitaria argentina, además de cumplirse con los demás
requisitos que se consideren necesarios para impedir la alteración o pérdida del patrimonio arqueológico o
paleontológico nacional.
ARTICULO 26. — En el caso de no poderse obtener la autorización del propietario de los predios, se actuará
de acuerdo con los procedimientos previstos para la ocupación temporánea y establecimiento de
servidumbre, contemplados en los artículos 36 y 37 de la ley.
La autoridad de aplicación jurisdiccional podrá solicitar la adopción de las medidas judiciales conservatorias,
de acuerdo con las previsiones de los artículos antes mencionados, sin perjuicio de las que correspondieren,
según los códigos de procedimiento de cada jurisdicción.
ARTICULO 27. — Las impugnaciones contra los actos que denieguen concesiones se ajustarán a los
procedimientos administrativos vigentes en cada jurisdicción.
ARTICULO 31. — Las piezas y materiales que se extrajeren deberán ser sometidos a la fiscalización en forma
inmediata por las personas e instituciones concesionarias.
ARTICULO 33. — La falta de resolución en término de las quejas o reclamos interpuestos, se dirimirá
conforme a los procedimientos administrativos vigentes en cada jurisdicción.
ARTICULO 36. — En caso de no lograrse acuerdo con los propietarios, la autoridad de aplicación de cada
jurisdicción, podrá requerir la sanción de una ley que disponga la ocupación temporánea prevista en el
artículo 36 de la Ley, sin perjuicio de las medidas judiciales que puedan solicitarse, cuando razones de
urgencia así lo exijan.
ARTICULO 37. — En los casos de servidumbre perpetua se procederá en igual forma que en el supuesto de
ocupación temporánea.
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO ARQUEOLOGICO Y PALEONTOLOGICO Decreto 1022/2004 Apruébase la reglamentación de la…
ARTICULO 38. — Para la aplicación de la multa del inciso b) del artículo 38 de la Ley, cuando la
determinación del valor del bien sea imposible o dificultosa, se impondrá una multa que podrá variar en su
monto a un equivalente de entre DIEZ (10) y CIEN (100) salarios mínimos, de acuerdo a la gravedad del
hecho y será fijada por la autoridad de aplicación correspondiente jurisdiccional.
ARTICULO 40. — La multa a que se refiere el artículo 40 de la Ley será determinada conforme lo previsto en
el artículo 38 de la presente reglamentación.
ARTICULO 41. — La notificación a que se refiere el artículo 41 de la Ley podrá hacerse en forma personal o
por cualquier medio fehaciente que acredite el contenido y la recepción o a través de edictos que se
publicarán por TRES (3) días en por lo menos TRES (3) periódicos de mayor circulación de cada lugar o, en
su caso, en los que existieren.
ARTICULO 42, 43 y 44. — Las multas establecidas en los artículos 42, 43 y 44 de la Ley se regirán por las
previsiones del artículo 38 de esta reglamentación.
ARTICULO 50. — Los poseedores de los objetos arqueológicos y restos paleontológicos, deberán requerir la
autorización del organismo competente jurisdiccional para cambiar el lugar de depósito de los mismos, bajo
apercibimiento de la aplicación de las sanciones que correspondan, conforme al artículo 44 de la ley.
ARTICULO 51. — El organismo competente nacional adoptará las medidas necesarias que garanticen la
recuperación y retorno de los bienes arqueológicos y paleontológicos que hubieran sido trasladados al
exterior, sin perjuicio de las acciones que pudieran adoptar las autoridades jurisdicciones, pudiendo oponerse
a los traslados cuando, a su juicio, las condiciones para la recuperación y retorno no sean satisfactorias, en
virtud de las facultades concurrentes establecidas en el artículo 7º de la Ley Nº 25.743.
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Como ciencia social que es, el Derecho se encuentra en permanente adaptación y evolución. Nuestro sistema
jurídico no escapa al desarrollo global con base en el reconocimiento de los Derechos Humanos y la regulación
de los avances industriales y comerciales. En esta complejidad, los derechos de tercera generación se
profundizan y responden a un Derecho moderno que se especializa, que tiende a reconocer principios generales
y postulados constitucionales y que a su vez sistematiza el Derecho Público y el Derecho Privado.
Categorizados dentro de esta generación de derechos, el medio ambiente y los derechos del consumidor
vienen tomando una consideración mayúscula, así, el derecho de todo ciudadano a gozar de un ambiente sano,
equilibrado y apto para el desarrollo humano de las generaciones presentes sin comprometer las futuras y el
deber de preservarlo ha tomado el estadio constitucional que le ha permitido afirmarse y expandirse a través de
la consecuente legislación con la novedosa calidad de Presupuestos Mínimos, desde la fijación de un objeto
protector (Ley General del Ambiente 25.675) estableciendo las condiciones necesarias con el fin de garantizar la
dinámica del sistema ecológico, asegurando la preservación del ambiente y el desarrollo sustentable,
conceptualizando al daño ambiental, fijando principios de política ambiental, herramientas de gestión e
imponiendo la obligación de recomponer, bajo un mismo lineamiento normativo provincial (1).
Igualmente los derechos del consumidor se han reconocido constitucionalmente, avanzando paulatinamente
en este marco de armonización, pretendiéndose en la actualidad incluirse en su legislación base a la cuestión
ambiental, la sustentabilidad, con fundamentos expresos en la jerarquización de los principios protectorio, de
transparencia del mercado, de consumo sustentable, de respeto a la dignidad humana, de progresividad y no
regresión, de prevención de riesgos y precaución; todos estos principios y postulados contemplados en la
Legislación General del Ambiente.
La jurisprudencia no ha sido ajena a este avasallante avance en materia de derechos de tercera generación,
fallos icónicos como "Mendoza, Beatriz Silvia y otros c. Estado Nacional y otros s/ daños y perjuicios por los
daños derivados de la contaminación ambiental del Río Matanza-Riachuelo"; son un cabal reflejo de ello.
Debemos reconocer que la tierra y sus recursos son finitos, lo que en su momento se consideró científica y
económicamente como infinito, ya no lo es. El estado actual del ambiente es muy diferente a lo que era hace 10,
20 o 50 años atrás. Los bosques no habían sido deforestados, el mar no estaba contaminado, y el aire era más
limpio.
Además, al ser un tema soslayado, el conocimiento técnico y su incorporación a la agenda pública era
menor, profundizándose y explayándose transversalmente con mayor medida, abordándose institucionalmente,
difundiéndose desde postulados de información pública y herramientas de educación ambiental, tanto formales,
como no formales e, incluso, en gran medida informales, visibilizándose en diversos sectores (no solo
científicos y académicos).
Fundamentalmente, mediante la misma realidad que impera en las ciudades y en diversos sectores más
vulnerables, dentro de las urbes que viven en situación de precariedad expuestos mayormente a la
contaminación o en la zona rural, como es el caso de los criollos y de las comunidades indígenas que habitan en
el interior de nuestro país, en muchas ocasiones su medio de subsistencia son los recursos naturales, alertado por
distintos sectores de carácter social, científico, académico y no gubernamental, que derivan en diversas
inquietudes a los legisladores, provinciales y nacionales, a las autoridades ejecutivas y judiciales, a fin de
realizar el abordaje de la temática desde una visión expedita y amplia.
El Programa "Justicia 2020" del Ministerio de Justicia de la Nación es un ejemplo de captación de estas
realidad descripta, bajo la pretensión de sentar bases organizativas, ejecutivas y judiciales de modernización,
sobre todo con miras a los derechos de incidencia colectiva.
Estas consideraciones, armonizadas con el fin de adecuar la normativa a las necesidades actuales de la
sociedad y que resultarían inimaginables desde el pensamiento jurista antiguo, no escapan a la contemplación
punitiva mayor, esto es, al Derecho Penal, en donde, el daño ambiental es considerado desde su alteración más
relevante cuando implica un riesgo inaceptable para la salud humana o la destrucción de un recurso (2).
Debemos resaltar que, si bien la noción de ambiente tiene una consideración amplia, abarcativa del aspecto
natural y cultural, la tipificación penal, que naturalmente es restrictiva, contempla la protección del ambiente
desde figuras acotadas, referidos al envenenamiento o adulteración de aguas potables o sustancias alimenticias o
medicinales y la venta o distribución de medicamentos o mercaderías peligrosas para la salud, considerando
algunas figuras contra la conservación del medio ambiente, pero priorizando mayormente el bien jurídico salud
pública, estando, además, las normas dispersas por la misma falta de sistematización del régimen penal vigente,
tipificándose algunas figuras contra la fauna silvestre (ley 22.421) o por actos de contaminación con residuos
peligrosos del que deriven consecuencias graves contra las personas y las especies (ley 24.051).
Siendo así, actualmente las figuras punitivas están dispersas (por la misma falta de sistematización de
nuestro Derecho Penal) y castigan conductas mayormente en defensa de bienes jurídico antropocéntricos, con
una protección ambiental indirecta. Una opinión entendida en materia penal, como la de Edgardo Alberto
Donna (3), señala esta falencia, refiriendo a la tarea del legislador en materia de medioambiente como
insuficiente, difusa en leyes que están dispersas en el ordenamiento jurídico, considerando plausible quizás una
ley especial al estilo de Venezuela, el Código español y la ley alemana, destacando que haya intención de
tipificar las conductas que lesionen o vulneren el medioambiente, y sean cristalizadas en el Código de fondo.
Desde nuestra consideración en materia del alcance punitivo, entendemos que como ideario social la
ampliación penal no es el objetivo, por el contrario, tenemos la convicción de que la necesidad de expansión y
tipificación ambiental es el reflejo del fracaso administrativo en la gestión y el control de la protección del
ambiente y la falta de conciencia y solidaridad en el desarrollo, consumo y uso de los recursos por parte del
sector privado y civil.
Ahora bien, frente a la realidad imperante en la materia y los cuestionamientos filosóficos jurídicos, surge el
debate de si es necesario fijarlos como delitos o dejarlos como simples contravenciones o faltas administrativas
y cuestionarnos si la pena de prisión es necesaria para estos casos, analizamos que conforme a la situación
ambiental en algunos puntos resulta de gravedad, por ello es necesario adoptar medidas fuertes.
El cambio climático ha sido reconocido por diversos países y desde las Naciones Unidas, donde nuestro país
forma parte de ella, se han propuestos planes de acción y medidas de mitigación, sobre todo con procesos
preventivos y participativos, por ejemplo, en materia de degradación de los bosques, contaminación de las
aguas, llevados a cabo por intermedio de las provincias, los organismos no gubernamentales, las universidades,
con un sentido protectorio de la vida y para difundir la protección del medio ambiente.
Las normas se han ampliado y endurecido, los organismos gubernamentales han expandido los sectores de
aplicación y control en la materia, sin embargo, el contrabando de la fauna, la deforestación ilegal, la
degradación de los recursos, la contaminación urbana y rural, son palmarios y evidentemente requieren de
medidas diferentes y complementarias.
Como consecuencia de esta observación de la realidad actual se introdujo al proyecto de reforma del Código
Penal la cuestión ambiental (4), resultando más abarcativo y específico sobre el medio ambiente como bien
jurídico propiamente protegido en el título denominado "Delitos contra el ambiente", además, es de carácter
preventivo del delito, disuasivo de su comisión, fundamentalmente al considerar las figuras de peligro.
En su detalle, el Título contempla ocho capítulos:
1. Contaminación y otros daños al ambiente.
2. Delitos contra la biodiversidad.
3. Delitos contra la fauna silvestre y otros animales.
4. Maltrato y crueldad con animales.
5. Delitos contra los bosques nativos y protectores.
6. Delitos contra el patrimonio genético.
7. Definiciones (p. ej., actos de crueldad, sustancias prohibidas, agua, etc.).
8. Disposiciones generales, referidas al título de Delitos Ambientales; p. ej. se imponen sanciones penales
que van desde multas a prisión, agravando las sanciones cuando se afecta un área protegida.
Analizando su técnica legislativa, entendemos que a pesar de desconocer los motivos legislativos y
comprendiendo, además, que en razón de que este proyecto pretende depurar las más de novecientas reformas
parciales que el Código Penal tuvo desde su sanción en 1921, las figuras resultan extensas, en ocasiones
repitiendo tipos, incluso con confusión en las terminologías técnicas, falto de claridad en la diferenciación del
alcance de la noción de ambiente (que incluye aspectos culturales), todo lo cual no creemos conveniente para su
interpretación y lectura por parte de quien pueda resultar punible, más aún observando que se prevén figuras de
peligro.
En referencia específica al Capítulo 4 sobre "Maltrato y crueldad animal", su inclusión dentro del título de
delitos contra el ambiente resulta un retroceso de más de 70 años a la valoración de los animales, por cuanto si
bien la figura de protección por actos de maltrato se mantiene, en el proyecto el bien jurídicamente protegido en
la generalidad es el ambiente, previsto mayormente desde una valoración antropocéntrica, por la cual la
biodiversidad es protegida desde una concepción de especie y su conservación y no desde la individualidad del
animal por su capacidad de ser sintiente, como si está previsto en la vigente ley penal 14.346 contra los actos de
maltrato y crueldad animal, que data del año 1954 y cuyo bien jurídico protegido es el animal en su
individualidad como víctima de maltrato (y no el hombre o la especie).
Ello implica un retroceso no solo valorativo, sino contrario a la clasificación doctrinaria y jurisprudencial
nacional más reciente, que siendo de vanguardia a nivel mundial, considera al animal como sujeto de derecho (5)
. Esta sola circunstancia hace necesario una mirada desde la academia y que los legisladores consideren estas
observaciones.
A modo de colofón de esta genérica reflexión analizada, concluimos que la normativa penal actual resulta
dispersa y vaga, los antecedentes jurisprudenciales en materia penal ambiental son escasos (6), el ideario social
no es la ampliación de la tipificación penal, no obstante, la realidad ambiental en algunos puntos es alarmante, a
su vez, en respuesta a todo ello, la corriente mundial y regional normativa, académica y jurisprudencial tienden
a una protección cada vez mayor y amplia, todo lo cual entendemos fue visibilizado en el proyecto de reforma
del Código Penal al punir conductas que se entienden de gravedad inaceptables, que reiteramos, consideramos
falto de cierto tecnicismo preciso y de claridad, pero que entre sus aspectos positivos contempla figuras
necesarias en caso de daños graves y resulta disuasivo, preventivo del daño ambiental, al sancionar ciertas
conductas con carácter punitivo penal; además, al contemplar al medio ambiente como un bien jurídico en sí
mismo y en un Código Penal sistematizado.
Anhelamos si, como Instituto Académico Universitario que somos (IDEAS de la Universidad de Católica de
Salta) que este plexo normativo se enmarque en una labor genérica, que propenda a un cuidado del ambiente
como la tierra que es, nuestra casa común; de todos los seres sintientes y ciudadanos, con el objetivo de alcanzar
una gestión sistémica entre los distintos sectores (público, privado y civil) desde la responsabilidad legislativa,
ciudadana, política y judicial, además contemplativa del federalismo (7), por cuanto a pesar de la uniformidad
del sistema penal, la realidad de cada región dista enormemente, lo que consideramos representa un desafío más
en su aplicación concreta, con el objetivo de coadyuvar a la mayor evitación posible de los ilícitos penales,
porque reiteramos, entendemos que la punición penal aunque necesaria, debe ser la ultima ratio del Derecho.
La conciencia social se despertó y surgió un profundo interés por el cuidado del medioambiente. Tanto el
deterioro que fue recibido como legado, como así también la intranquilidad respecto al planeta en el que
habitarán las generaciones posteriores, llevó claramente a los legisladores a cristalizar normas para su efectiva
protección.
Finalmente, destacamos que este breve comentario tiene la finalidad primordial de generar un disparador de
intercambio académico sobre el Proyecto de Reforma del Código Penal argentino entre los profesionales con
conocimientos jurídicos ambientales, administrativos, penales y la imperiosa necesidad de contacto e
intercambio profundo entre todas estas ramas del Derecho, desde el anhelo de un Código que tenga una buena y
cautelosa recepción de la realidad plasmada con una buena técnica legislativa.
Finalmente nos permitimos mencionar las palabras del Papa Francisco en San Cristóbal de las Casas cuando
visitó México, al citar parte de su primera encíclica, "Laudato Sí", sobre la defensa del medioambiente y
recordó: "La creación también sabe levantar su voz. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa
del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella".
(*) Abogada. Especialista en Derecho Ambiental. Exjueza de la Corte de Justicia de la Provincia de Salta.
Directora del Instituto de Derecho Ambiental y la Sustentabilidad de la Universidad Católica de Salta (DEAS,
UCASAL). Investigadora (UCASAL).
(**) Abogada (UNC). Mediadora (UBA). Diplomada en Políticas Públicas. Diplomada en Derechos
Económicos, Sociales y Culturales. Secretaria del Instituto de Derecho Ambiental del Colegio de Abogados y
Procuradores de Salta. Miembro del Instituto de Derecho Ambiental y la Sustentabilidad (UCASAL).
Investigadora (UCASAL).
Particularmente, la ley 24.051 contiene en su Capítulo 9 un régimen penal correspondiente a la materia que
regula, estableciendo en el art. 55 que "Será reprimido con las mismas penas establecidas en el art. 200 del
Código Penal, el que, utilizando los residuos a que se refiere la presente ley, envenenare, adulterare o
contaminare de un modo peligroso para la salud, el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general. Si el
hecho fuere seguido de la muerte de alguna persona, la pena será de diez a veinticinco años de reclusión o
prisión". En atención a dicha norma, la doctrina se ha mostrado vacilante en cuanto a las posturas tomadas
respecto del bien jurídico tutelado. Si bien hay quienes sostienen que la ley referenciada importó la introducción
al régimen penal nacional de un nuevo bien jurídico a proteger, esto es el "medio ambiente", existen aquellos
que afirman que la ley 24.051 se ocupa de tutelar un bien jurídico ya existente, la "salud pública". La primera
corriente doctrinaria, en la que se enrola Carlos Creus, explica que la norma del art. 55 y concordantes de la ley
24.051 no se restringe a la protección de la salud de la población, sino que tiene un alcance mayor, "una
conceptualización más amplia comprensiva de la salud de todos los componentes vivos que interactúan en el
ecosistema"(2). A su turno, el sector opuesto opina que, amén de la remisión a las "mismas penas establecidas en
el artículo 200 del Código Penal", la referencia a la peligrosidad para la salud lleva a considerar que, por muy
ofensiva que sea para el medio ambiente la conducta desplegada por el sujeto activo, si con ella no se pone en
peligro "la salud" no resultaría típica, de lo que se concluye que el bien jurídico tutelado sigue siendo la "salud
pública".
En función de lo hasta aquí expuesto, y a fin de estudiar la necesidad y utilidad de una regulación penal
ambiental, resulta indispensable efectuar un análisis de la consistencia del bien jurídico protegido en los "delitos
ambientales". Y ello es así por cuanto, de no existir afectación al bien jurídico, la ley carecería de razonabilidad
y consecuentemente el juez penal se vería imposibilitado de aplicar la sanción correspondiente. El bien jurídico
constituye una categoría fundamental del derecho penal, pues es su razón de ser, el motivo que justifica la
punición de conductas, y que permitirá interpretar la voluntad del legislador, de ahí la necesariedad de su
análisis.
James Reátegui Sánchez, en su ensayo titulado Consideraciones sobre el bien jurídico tutelado en los delitos
ambientales, citando a José Hurtado Pozo y a Claus Roxin, expone que "Los bienes jurídicos no son tales
porque el legislador los haya catalogado abstractamente en una norma jurídica, que puede estar supeditada quizá
a un evento o situación coyuntural, sino porque, representan presupuestos indispensables para la vida en común.
En general, los 'bienes jurídicos son circunstancias dadas o finalidades que son útiles para el individuo y su libre
desarrollo en el marco de un sistema global estructurado sobre la base de esa concepción de los fines o para el
funcionamiento del propio sistema'"(3).
Así las cosas, para delimitar el concepto y alcance del bien jurídico tutelado en la materia que nos ocupa,
resulta menester determinar qué es lo que entendemos por ambiente. Néstor Cafferatta, refiriéndose al concepto
de daño ambiental, explica que el mismo variará de acuerdo a la noción de ambiente que se tenga y adopte, por
lo que "Si se adopta una noción restringida, como la que identifica al ambiente con el patrimonio natural o con
los recursos naturales, o incluso la de algunos autores como la de Ramón Martín Mateo que ve en la noción de
ambiente o en la de Derecho ambiental la tutela de bienes naturales —elementos de titularidad común y de
características dinámicas—, concretamente, el aire y el agua, factores esenciales para la existencia del hombre
sobre la tierra; que piensan que el suelo es objeto de otra disciplina como la del ordenamiento global territorial o
el derecho urbanístico, es indudable que el concepto a seguir va a ser una doctrina que, como en el caso de Jorge
Bustamante Alsina, en Argentina, califica de daño ecológico. El daño ecológico es el que recae sobre bienes del
patrimonio natural, es decir, sobre recursos naturales, el que afecta al agua, al suelo, la flora, la fauna y al aire.
En cambio, si se adopta una noción de ambiente más amplia, como aquella que incluye al paisaje o a los bienes
del patrimonio cultural, sin lugar a dudas se va a poder enmarcar tanto el daño al ambiente como a los recursos
naturales e, incluso, a los recursos que podemos calificar de culturales o bienes y valores colectivos, y, aún más,
el daño al equilibrio ecológico, dentro del concepto de daño ambiental. De manera que, lo que debemos
preguntarnos es ¿qué es el ambiente?, para poder, una vez adscriptos a una de estas posturas, restringida o
amplia, avanzar en el concepto de daño ambiental"(4).
De tal modo, entiendo que el camino correcto para abordar esta encrucijada será acudir a la norma
fundamental de nuestro país, la que en su art. 41 reza: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente
sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las
necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño
ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades
proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación
del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales.
Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las
provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe el
ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos". A su turno, la
Ley General del Ambiente 25.675 —originada a raíz del mandato constitución transcripto supra— bajo el título
"Bien jurídicamente protegido dispone en su primer artículo que 'La presente ley establece los presupuestos
mínimos para el logro de una gestión sustentable y adecuada del ambiente, la preservación y protección de la
diversidad biológica y la implementación del desarrollo sustentable', y en su segundo artículo que 'La política
ambiental nacional deberá cumplir los siguientes objetivos: a) Asegurar la preservación, conservación,
recuperación y mejoramiento de la calidad de los recursos ambientales, tanto naturales como culturales, en la
realización de las diferentes actividades antrópicas; b) Promover el mejoramiento de la calidad de vida de las
generaciones presentes y futuras, en forma prioritaria; [...]; d) Promover el uso racional y sustentable de los
recursos naturales; e) Mantener el equilibrio y dinámica de los sistemas ecológicos; f) Asegurar la conservación
de la diversidad biológica....".
De este modo, las normas referenciadas, de máxima jerarquía en nuestro ordenamiento jurídico, e inspiradas
en compromisos internacionales asumidos por nuestro país tales como la Conferencia de las Naciones Unidas de
Estocolmo de 1972 y la Conferencia "Cumbre de la Tierra" de Río 92, se constituyen en la herramienta
fundamental que permite afirmar que el bien jurídico tutelado ("medio ambiente") se enmarca en una noción
amplia y antropocéntrica, constituyéndose por el patrimonio natural (aire, agua y suelo) y cultural, los recursos
naturales y la diversidad biológica. Ello, dentro de los límites del "desarrollo sustentable", definido por
Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (la Comisión Brundtland) en 1987, como "el desarrollo
que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras para
satisfacer sus propias necesidades".
III. Técnica legislativa
El bien jurídico "medio ambiente", tal como lo definiéramos más arriba, dada su naturaleza y complejidad
propia de la modernidad de los derechos que representa, importa una dificultosa tarea a la hora de proceder a su
regulación jurídico penal.
Las notas propias del derecho ambiental, es decir, sus características de colectivo y difuso, nuevo e
interdisciplinario, y cuyo dinámico bien jurídico a tutelar no reconoce límites espaciales ni temporales, rompe
con la estructura y teoría clásica de los delitos y el derecho penal. Ello es así puesto que, como veremos, para
brindar una adecuada protección al "medio ambiente" se impone menguar y traspasar una serie de principios y
límites fuertemente arraigados en el pensamiento jurídico penal.
Como ya adelantara, el derecho ambiental se constituye en su mayor parte de normas de carácter
administrativo, por lo que los problemas descriptos en el párrafo que antecede no han representado mayores
obstáculos. Empero, tal ventaja no resulta tolerable dentro del marco derecho penal, y resulta insoslayable que
los ordenamientos jurídicos modernos se encuentran enfocados a un endurecimiento de su política criminal,
incluyendo en sus catálogos a los "delitos ambientales", de modo que ya no parece admisible evadir el
tratamiento de la problemática legislativa que implica la incriminación de conductas ambientalmente nocivas.
Muchos pensadores, echando mano al principio de "mínima intervención", aludiendo a que el derecho penal
debe aplicarse como ultima ratio se han encargado de minimizar la problemática en tratamiento. Mauricio
Márquez Buitrago ha expuesto que "Desde la dogmática jurídica, las carencias reputadas al derecho penal son
justificadas a partir del principio de mínima intervención, por tanto, el derecho penal ambiental no puede
convertirse en la panacea de la protección del ambiente, debe ser un recurso de última instancia en la
intervención de las libertades individuales, respondiendo a la concepción del derecho penal como ultima ratio y
por tanto como último medio de control social, característico de las sociedades liberales" (Roxin, 1976: 314). En
efecto, sería inapropiado intentar evitar conductas no deseadas a través de la represión por medio del derecho
penal. Los problemas debidos a las conductas lesivas del ambiente, deberán de resolverse a través de la razón y
el acceso a la información, educando, sin depender de las sanciones que puedan implementarse a través del
derecho penal. No obstante, es necesario señalar que la dificultad de penalizar las conductas que atentan contra
el ambiente radica, entre otros factores, en el hecho de que la mayoría no son bienes jurídicos de apropiación
individual y, sin embargo, son susceptibles de ser aprovechados por la colectividad, razón por la cual es
fundamental su protección jurídica, incluso, por la vía del derecho penal", y que "...más allá de las discusiones
en torno al papel de las penas en el proceso de control social, no cabe la menor duda de que el derecho penal
representa una herramienta válida para la protección del ambiente en función de su utilidad general preventiva,
tanto positiva como negativa. La primera, entendida como medio auxiliar de reforzamiento de la conciencia
social sobre la importancia del bien jurídico ambiental y la gravedad de determinadas conductas en su contra y
la segunda, como medio de disuasión no vinculada a la gravedad de la sanción, sino como aumento de la certeza
en la persecución y el castigo"(5).
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Documento
De lo expuesto por Márquez Buitrago, en relación con la utilidad de la protección penal del ambiente, surge
el interrogante acerca del carácter retributivo o preventivo del derecho penal ambiental. Al respecto debo decir
que la definición clásica del derecho penal ha debido completarse a la luz de la consagración de los nuevos
derechos, de modo de procurar una efectividad conglobante de todo el ordenamiento jurídico nacional.
Sebastián Soler, con cita de Liszt-Schmidt, define al derecho penal diciendo que "Una norma del derecho es una
norma penal cuando su sanción asume carácter retributivo. Derecho penal es la parte del derecho compuesta por
el conjunto de normas dotadas de sanción retributiva"(6), concepto que viene a ser completado por Ricardo C.
Núñez (citando a Soler y a Jiménez de Asúa), quien explica que "el derecho penal, como tarea legislativa, ya no
se limita a asociar al delito consecuencias esencialmente represivas, sino, también, consecuencias
exclusivamente preventivas. Es así como, en relación a su misión, en el derecho penal ya no predomina el
'monismo', sino el 'binarismo'"(7). Las lógicas palabras de tan autorizada doctrina me llevan, en esta
oportunidad, a restar importancia a la disquisición sobre el carácter retributivo o preventivo del derecho penal
ambiental, en tanto entiendo que, sin perjuicio de las particularidades propias de cada una de las ramas del
derecho, el ordenamiento jurídico de un país ha de operar de un modo armónicamente coordinado y utilizando
todas las herramientas disponibles, penales o no, a efectos de lograr alcanzar los objetivos y mantener incólumes
los principios constitucionalmente consagrados. Me refiero a la necesidad de proteger el medio ambiente (art.
41 de la Constitución Nacional), con especial carácter preventivo (ley 25.675, art. 4º, principio de prevención).
Continuando con el análisis de los tópicos propios del derecho ambiental que rompen con las bases clásicas
del derecho penal, merece la pena destacarse que el bien jurídico en estudio, es decir el medio ambiente, afecta a
la colectividad toda, se trata de un bien jurídico colectivo o universal, que mantiene conexión con la noción de
interés difuso. De ahí que la inclusión del ambiente como objeto de tutela haya generado resistencia en parte de
la doctrina. James Reátegui Sánchez refiere que más allá de la distinción doctrinaria entre los que se postulan en
favor de los bienes jurídicos de naturaleza individual y los que lo hacen respecto de los colectivos, "...la
discusión gira en torno a su naturaleza, a su legitimidad en la protección, a su vinculación material con los
bienes jurídicos personales y a la instrumentalización de las técnicas legislativas para la formulación de los tipos
de injustos encargados de su protección. Y no puede obviarse, las dificultades que plantean los bienes jurídicos
colectivos en relación con su conflictividad con otros intereses", y cita a Roxin al sostener que en "...tales
hechos delictivos el bien jurídico protegido sólo reconoce a menudo de una forma difusa, porque los tipos
delictivos, en lugar de describir formas concretas de lesión del bien jurídico, tienden a describir situaciones de
peligro abstracto que se sitúan en una fase previa a la producción del daño"(8). Lo cierto es que las críticas a la
contemplación de bienes jurídicos colectivos, responden a un espíritu conservador, reduciéndose —una vez
más— a la oposición a la expansión del derecho penal a nuevas áreas inexploradas fundada en la idea de ultima
ratio de la norma penal.
Por otro lado, en relación con la descripción típica usual en esta clase de hechos delictivos y la técnica
legislativa utilizada, debe advertirse que proliferan la tipificación de delitos de peligro abstracto y la utilización
de leyes penales en blanco. Conocidas son las críticas que ha recibido esta forma de legislar, máxime en una
legislación como la de nuestro país que, lamentablemente, no ha alcanzado el grado de madurez necesario como
para comprender que el uso de estos recursos legislativos no importa necesariamente el quebrantamiento de
principios y garantías de orden constitucional (especialmente del principio de legalidad).
En prieta síntesis, el tipo de peligro abstracto es aquel en que la norma castiga una conducta por considerarla
peligrosa en sí misma sin necesidad de que se produzca un resultado, es decir que la propia ley presume dicho
peligro sin necesidad de ser probado. De este modo se pretende evitar la efectiva producción de la consecuencia
dañosa, penalizando en forma anticipada. Asimismo, conllevando estos tipos una menor actividad interpretativa
por parte de los jueces, en tanto la sola realización de la conducta consuma el delito, evita lidiar con los
tecnicismos sumamente complejos propios de esta temática.
Sin embargo, en palabras de Zaffaroni, "El principio de lesividad impone que no haya tipicidad sin lesión u
ofensa a un bien jurídico, que puede consistir en una lesión en sentido estricto o en un peligro. En las últimas
décadas las legislaciones han reproducido los tipos de peligro o de adelantamiento del momento consumativo a
etapas previas a la lesión, lo que ha complicado seriamente el tema, pues el ámbito de lo criminalizado excede
notoriamente el de los tipos de peligro tradicionales. Es corriente la clasificación de los tipos penales en orden a
la lesión al bien jurídico en tipos de lesión y tipos de peligro, subdividiendo estos últimos en delitos de peligro
concreto y delitos de peligro abstracto. La multiplicación de los tipos de peligro abstracto llamó poderosamente
la atención de la doctrina sobre ellos. Para caracterizarlos se apela a dos criterios: para unos, consisten en tipos
en los que el peligro se presume iuris et de iure; para otros se trata de tipos en los que basta que haya un peligro
de peligro (o riesgo de riesgo). Ninguno de ambos criterios es constitucionalmente aceptable. En el derecho
penal no se admiten presunciones iuris et de iure que, por definición, sirven para dar por cierto lo que es falso, o
sea, para considerar que hay ofensa cuando no la hay. Por eso Binding los caracterizaba como delitos de
desobediencia, lo que hoy reaparece con el reconocimiento de que no pasan de ser meras desobediencias a la
administración. En cuanto al peligro de peligro, basta pensar en las consecuencias que acarrea en caso de
tentativa: serían supuestos de triplicación de peligros o riesgos (riesgo de riesgo de riesgo), o sea de clara
tipicidad sin lesividad. Por consiguiente, el análisis de los tipos penales en el ordenamiento vigente y por
imperativo constitucional, debe partir de la premisa de que sólo hay tipos de lesión y tipos de peligro, y que en
estos últimos siempre debe haber existido una situación de riesgo de lesión en el mundo real. El recurso de
entender por peligro abstracto el que sólo existió juzgado ex ante, y por peligro concreto el que existió valorado
ex post, no es satisfactorio, dado que en cierto sentido todo peligro es abstracto ex ante y es concreto ex post.
Por ello, todos los peligros deben ser valorados ex ante, a condición de que no se trate de una pura imaginación
sin sustento real alguno en el mundo o de una falta de tipo por inexistencia del bien jurídico... En cada situación
concreta debe establecerse si hubo o no peligro para un bien jurídico y, en caso negativo, no es admisible la
tipicidad objetiva. Los tipos que suele mencionar la doctrina inducen a confusión: sostienen autores alemanes y
de lengua española que el delito de conducir en estado de embriaguez (en la legislación argentina una
contravención) es un tipo de peligro abstracto. Esta calificación es un tanto desconcertante, pues pocas dudas
caben de que quien conduce en ese estado introduce un peligro, salvo que se pruebe que lo hacía en un
despoblado y que el riesgo era remoto. En definitiva, hay situaciones concretas de peligro y otras que no lo son,
y nada puede legitimar que en las últimas se afirme la tipicidad objetiva en contra de la letra clara del art. 19
constitucional"(9).
En función de ello, vemos que no se trata de legislar penalmente por sobre encima de los límites
constitucionales, sino de extremar los cuidados al momento de legislar y estructurar los tipos penales. Aquí se
advierte con claridad que deviene indispensable establecer al "Medio Ambiente" como bien jurídico, dentro del
catálogo de delitos del Código Penal, a fin de no perder el norte a la hora de tipificar aquellas conductas que lo
afecten.
Más complejo resulta el empleo de las llamadas "Leyes Penales en Blanco". Éstas son definidas en palabras
de Soler como "...aquellas disposiciones penales cuyo precepto es incompleto y variable en cuanto a su
contenido y en las que solamente queda fijada con exactitud invariable la sanción. El precepto debe
ordinariamente ser llenado por otra disposición legal o por decretos o reglamentos a los cuales queda remitida la
ley penal. Esos decretos o reglamentos son, en el fondo, los que fijan el alcance de la ilicitud sancionada, ya
que, en la ley, la conducta delictiva solamente está determinada de una manera genérica"(10).
La constitucionalidad de este tipo de normas ha sido reiteradamente puesta en jaque, y en ocasiones con
razón, pero debe tenerse en cuenta que existen diversas modalidades de legislar "en blanco" y no todas ellas
conllevan la tacha de inconstitucionalidad. El Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni, con incuestionable autoridad, ha
dicho que "La ley penal en blanco siempre fue sospechosa de lesividad al principio de legalidad formal y,
además, abrió la puerta a la analogía y a la aplicación retroactiva, motivos con los que bastaría para considerarla
inconstitucional. Si a ello se agrega que configura hoy una clara vía de delegación de la potestad punitiva por
parte del poder legislativo, y que quiebra la cláusula de ultima ratio, parece haber poco que discutir a su
respecto. No neutraliza la inconstitucionalidad de las leyes penales en blanco el argumento de las materias
inestables que las requieren, aduciendo que los rápidos cambios no podrían ser seguidos por el legislador penal,
pues no hay materia que requiera cambios tan rápidos y que sea seriamente necesitada de previsión punitiva; por
otra parte, ésa es precisamente la función irrenunciable del legislador. Las únicas leyes penales en blanco cuya
constitucionalidad es tolerable son las llamadas impropias, o sea, las que reenvían a otra norma emanada de la
misma fuente. Este reenvío puede ser interno (a otra disposición de la misma ley) o externo (a otra ley de igual
jerarquía que la penal). Tales leyes serán constitucionales en la medida en que el complejo resultante de ambas
normas no viole alguno de los otros principios limitativos a que se hace referencia (estricta legalidad,
proscripción de la analogía, no retroactividad, etc.)"(11).
De todo lo hasta aquí expuesto se colige que, en materia de técnica legislativa, el derecho penal ambiental se
impone como un nuevo desafío, exigiendo para su adecuada y eficaz implementación la utilización de
herramientas que, pese a que resulten atípicas, devienen de suma utilidad, y que, mediante una cuidadosa
utilización pueden lograr resultados satisfactorios sin mengua de principios o garantías constitucionales.
IV. Conclusión
En función del análisis desarrollado a lo largo de esta presentación podemos concluir que el derecho penal
ambiental requiere de una regulación propia y autónoma, no bastando a este altura conformarse con una
protección de la "salud pública" como bien jurídico protegido. El medio ambiente resulta ser un concepto
bastante más amplio que el de salud pública, aunque pudiera ser compresivo de aquélla. Y si bien la salud
pública abarca tipos penales con implicancias ambientales y que por ello reporta una protección indirecta del
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ambiente, no resulta suficiente al efecto de dar una protección completa al bien jurídico objeto del presente
ensayo.
Resulta nítido que la "creación" e inclusión del medio ambiente como bien jurídico dentro del catálogo de
nuestro Código Penal, no resulta una exigencia caprichosa, sino el cumplimiento de la manda constitucional,
que será de suma utilidad e inspiración a la hora de interpretar, aplicar y sancionar las conductas
ambientalmente nocivas y por ello penalmente reprochadas.
Es muy cierto que el derecho penal actúa como ultima ratio, pero es igual de veraz que el "Medio Ambiente"
constituye un bien jurídico digno de ser tutelado. No se trata de asumir una postura apocalíptica (como algunos
han catalogado a quienes nos preocupa la cuestión ambiental), sino de comprender que "...el bienestar no puede
ser concebido sin un ambiente sano..."(12). Me resulta harto difícil comprender que se admita reprimir a quien
causa una "lesión culposa leve" en los términos de los arts. 89 y 94 del Código Penal (v.gr., a quien ocasiona a
otro un golpe o raspón en el marco de un accidente de tránsito) y se rechace la idea de sancionar a quienes
degradan colosalmente el ambiente en el que vivimos.
En definitiva, la tipificación de las conductas disvaliosas desde el punto de vista ambiental dependerá de una
cuestión de conciencia y pura política criminal, en la que la clásica concepción penalista habrá de "aggiornarse"
a los nuevos principios ambientales (art. 4º, ley 25.675) en función de los preceptos constitucionales (art. 41,
CN), y para cuyo logro será necesario adquirir el grado de madurez suficiente como para echar mano de las
herramientas legislativas disponibles y hábiles para el logro de un sistema normativo eficaz, tanto desde el
punto de vista de su aplicabilidad como del éxito material.
V. Bibliografía
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responsabilidad por daño ambiental, p. 87,
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Artículos
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de su protección en sede penal. 3. Derecho penal ambiental y la teoría jurídica del delito, Agencia de Medio
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Márquez Buitrago, Mauricio, "La protección del ambiente y los límites del derecho penal", Universidad de
debemos preguntarnos:
* Derecho Ecológico – Revista de Derecho Público, Año XI, Vols III y IV Nº 100/101, Julio-
Diciembre 1985, P. 613
Delitos contra el ambiente en el
Nuevo Código Penal
Bien Jurídico Protegido: Ambiente
Delitos de contaminación y otros daños al ambiente, penadas con multa e
inhabilitación cuando la contaminación:
• Torne no apta para la ocupación humana un área urbana o rural
• Impida el uso público de ríos
• Provoque el desplazamiento de los habitantes de las áreas afectadas
• Cause daños directos graves para la salud de la población
• Se efectúe sobre un área natural protegida
Se establece pena de prisión si como consecuencia de estas acciones resulta
la muerte de alguna persona. También se tipifica la contaminación ambiental
imprudente.
maltrato y crueldad contra los animales, con penas de prisión y multa.
Se incorporan los delitos contra los bosques nativos y protectores con pena
de prisión y multa para quien ilegalmente desmonte bosques nativos o
protectores, extraiga o tale árboles o ejemplares de flora de una especie
protegida o en peligro de extinción, o contra especies protegidas de la
flora silvestre o con métodos, o utilizando instrumentos o medios prohibidos
idóneos para perjudicar una especie o en un área protegida.
Capítulo IV
Delitos contra la salud pública. Envenenar o adulterar aguas potables o alimentos o
medicinas
ARTICULO 200. - Será reprimido con reclusión o prisión de TRES (3) a DIEZ (10) años y
multa de PESOS DIEZ MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($ 200.000), el que
envenenare, adulterare o falsificare de un modo peligroso para la salud, aguas potables o
sustancias alimenticias o medicinales destinadas al uso público o al consumo de una
colectividad de personas.
ARTICULO 202. - Será reprimido con reclusión o prisión de tres a quince años, el
que propagare una enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas.
ARTICULO 25. — Será reprimido con prisión de dos (2) meses a dos (2) años y
con inhabilitación especial de hasta cinco (5) años, el que cazare animales de
la fauna silvestre cuya captura o comercialización estén prohibidas o vedadas
por la autoridad jurisdiccional de aplicación.
La pena será de cuatro (4) meses a tres (3) años de prisión con inhabilitación
especial de hasta diez (10) años cuando el hecho se cometiere de modo
organizado o con el concurso de tres (3) ó más personas o con armas, artes o
medios prohibidos por la autoridad jurisdiccional de aplicación.
Conservación de la Fauna
Ley 22.421
ARTICULO 26. — Será reprimido con prisión de dos (2) meses a dos (2) años
y con inhabilitación especial de hasta cinco (5) años el que cazare
animales de la fauna silvestre utilizando armas, artes o medios prohibidos
por la autoridad jurisdiccional de aplicación.
(**)
"... En La condición humana, Hannah Arendt nos enfrenta a una sorprendente paradoja: solo podemos
perdonar lo que podemos castigar y solo podemos castigar lo que podemos perdonar...". Malamud GOTI, 1996
I. Capítulo Uno
I.1. La crisis
En la noción clásica del desarrollo del siglo XX, solo cabe un Derecho recursista y antropocéntrico,
subordinado —como todos los demás derechos culturales— a los fines económicos y garante de la propiedad de
los recursos y su racional explotación, desde una perspectiva transnacional, con el límite de no afectar
ostensiblemente la salud pública (1).
El Derecho Penal solo tenía injerencia con tipos penales muy específicos, cuando se afectaban bienes
jurídicos protegidos como la vida, la salud, la propiedad, dominio público o seguridad pública. En la actualidad
se mantiene esta visión, que fue un gran avance en su momento, pero conservarla para el siglo XXI implica
miopía intelectual por que se sesgan los tipos penales, describiendo conductas típicas que consuman hechos
antijurídicos que lesionan bienes existentes desde el siglo XIX, sin brindar tutela al bien jurídico ambiental
mediante la sistematización de las conductas reprochables.
En lo sociológico, no se reclamaba la protección penal de un bien diferenciado, hasta mediados del siglo
XX, cuando brotó la conciencia social ecológica ante hechos graves de degradación ambiental.
La lesión derivada de conductas antijurídicas que alteran en forma negativa y relevante el ambiente esperó la
aparición del Derecho Ambiental ecocéntrico, para reivindicarse como rama autónoma. Ahora, en proceso
avanzado de maduración demanda un capítulo propio del Código Penal, superando la dicotomía de normas
desperdigadas en varios títulos que tratan distintos bienes jurídicos tutelados y en leyes ambientales especiales,
que regulan actividades peligrosas para la vida o la salud.
La autonomía del Derecho Ambiental, que no ha sido imprescindible para el nacimiento de determinados
tipos penales tuitivos del ambiente ante ilícitos específicos, es imprescindible para la correcta delimitación de un
capítulo del Código Penal que tipifique todas las figuras que tutelen el bien jurídico ambiente, ubicados acorde a
sus especiales características comunes.
I.2. La importancia de un bien jurídico protegido ambiental en el Derecho Penal
El Derecho Penal tiene la "bala de plata", si acepta el desafío de sistematizar los tipos exclusivos para la
protección del ambiente como una categoría autónoma. Se deben superar obstáculos y revisar decisiones de
política criminal y dogmas centenarios. La experiencia internacional, en especial en lo referente a los diversos
enfoques con los que se ha pretendido tutelar el ambiente; es importante para consolidar una concepción propia
que responda a los verdaderos intereses de nuestra sociedad.
Todas las naciones comenzaron a crear algún modo de tutela penal especializada en relación con el
ambiente. Así se va desde el establecimiento de delitos en leyes especiales desconexas del Código Penal
(Argentina), fijación de tipos penales especiales unidos por la creación de unidades específicas de investigación
(Argentina, Chile), introducción de capítulos en el Código Penal o leyes especiales sistematizando delitos
ambientales (México), creación de una protección penal con tipos específicos sustentada constitucionalmente
por una definición de bien jurídico protegido (Ecuador).
Argentina tiene sustento constitucional para delimitar perfectamente la protección ambiental, experiencia
acumulada en normas de presupuestos mínimos y tipos penales desperdigados en leyes especiales, figuras que
indirectamente tutelan en capítulos del Código Penal que tutelan otros bienes jurídicos. Una reforma del Código
Penal debe aprovechar la oportunidad para fijar adecuadamente la tutela de este bien, con sus tipos penales
específicos y los matices necesarios en la imputabilidad, culpabilidad, proporcionalidad —cuantitativa y
cualitativa— de las penas y prescripción.
Colabora con el cambio de paradigma de la doctrina penal la aparición de la reciente Ley Penal Empresaria
(LPE) 27.401 (2), que abre a nuevas perspectivas en la dogmática penal —que no puede abandonarse sin poner
en riesgo el estado de derecho liberal—. Coadyuva la LPE 27.401 al traer nuevas soluciones en la punición y
facultades investigativas del órgano judicial, dado que la mayoría de los delitos ambientales son cometidos por
empresas. Estos instrumentos solo son incipientes en lo relativo a la investigación penal y sus resultados
punitivos, dado que sin una infraestructura federal independiente del vaivén político será muy difícil determinar
las lesiones al bien jurídico protegido.
La lesión al bien jurídico afecta a toda la humanidad y puede definir el futuro de la especie, pero la tutela
debe respetar las conquistas logradas desde Beccaría y no demorar los siglos que se tardó llegar a construir el
derecho penal liberal. No debe dejar brechas que permitan eludir penas o desdibujar la imputabilidad,
estableciendo delitos que se sostienen sobre regulaciones voluntarias no estatales y normas de derecho
internacional. Debe incorporar formas de interpretar elementos de la figura, tipos de peligro, conductas
reprochables por omisión impropia, sujetos activos que son personas jurídicas. Debe posibilitar que el órgano
judicial haga acuerdos de pena que contengan recomposición ambiental y condenas que excedan lo pecuniario y
la privación de la libertad. Una corriente propone estatuir el Derecho Penal Ambiental, lo que implica pecar por
exceso. El Derecho Penal basta para proteger este bien jurídico, sin crear una especificidad tal que altere las
garantías duramente conquistadas por el derecho penal liberal, ni caiga en el engrosamiento penal.
La propuesta es empezar por una clara definición del bien jurídico protegido ambiente que, correctamente
fijado, da una certeza al tipo penal garantizando al ser humano la libertad provista por el estado de derecho y
asegure la protección penal del estado de derecho ambiental.
Hay que desapegarse de los autores penales que han considerado al ambiente como un bien jurídico tutelado
en el sentido de la salud de todos los componentes vivos que actúan en ecosistema (Creus 1997 p. 69). Tanto en
este sentido, como en el de considerar la seguridad pública, se excluye la incriminación de conductas lesivas
directamente contra el ambiente y no permite delimitar con exactitud el actuar voluntario conminado con una
sanción penal de conductas como contaminar acuíferos que no sirven actualmente para consumo humano, o
destruir cavernas eliminando instantáneamente ecosistemas completos —se mata la flora y fauna, no se afecta la
salud animal—, o quedar impunes por el principio de insignificancia por conductas muy graves para el medio
ambiente, atípicas si no son al menos peligrosas para la salud (Cuesta Aguado, 2003, p. 126), o poner en peligro
la atmósfera haciendo perforaciones sin evaluación ambiental y vulcanológica en zonas donde existen
antecedentes de erupciones hidromagmáticas, con dolo —desprecio al principio de prevención—, o culpa
—imprudencia por el apartamiento del principio de precaución—. Y por supuesto, fuera del marco de la culpa
entendida como imprudencia, negligencia, impericia o incumplimiento de los deberes a su cargo, quedarían
exentas de reproche todas las conductas contrarias a la ética del cuidado que, si bien no se pueden incriminar en
caso de legos, corresponde tipificarlas en caso de los técnicos que con sus informes tuercen decisiones que
culminan en daños ambientales de magnitud.
El desafío del siglo XXI lo plantea el ambiente y las variables para la ciencia jurídica dejan de ser
exclusivamente antrópicas, para perfilar un nuevo sistema jurídico, que permita adoptar conductas valiosas para
el ambiente, al tiempo que desalienta conductas nocivas. Ahora es imposible mantener la concepción
individualista del ser humano y una idea absoluta del Estado soberano e independiente.
La pirámide jurídica se torna tridimensional en el siglo XXI. El sistema jurídico con la dignidad del ser
humano en la cúspide—, parece dar respuestas adecuadas a la cuestión ambiental, si se lo sitúa integrado en la
Naturaleza y reconociendo en paridad su dignidad.
Los derechos de las futuras generaciones y la cuestión del Cambio Climático —fenómeno de origen total o
parcialmente antrópico, pero con mecanismos ajenos a la conducta humana—, agregan la cuarta dimensión a
esta pirámide jurídica: el tiempo. El proceso del Cambio Climático marca hitos (los grados de aumento de la
temperatura terrestre) e impone metas; el informe Bruntland reclama el respeto a los derechos de seres humanos
que aún no han nacido, estableciendo límites al consumo de recursos y a la externalización de pasivos
ambientales con la excusa del desarrollo.
I.3. La Reforma de 1994 en la CNA
Se introduce el concepto de derecho humano como norte del progreso, que deja de ser material. No alcanza
con concebirlo sostenible o sustentable. Debe entendérselo con un rango superlativo, que empieza con la
responsabilidad y se cimienta con la equidad intergeneracional.
El Preámbulo de la Constitución argentina del año 1853 establece "... promover el bienestar general, (...)
para nuestra posteridad,", reconociendo la existencia de un incipiente derecho de las futuras generaciones. La
Carta de los Derecho Fundamentales de la Unión Europea recién en el año 2000 reconoció "...El disfrute de
tales derechos origina responsabilidades y deberes tanto respecto de los demás como de la comunidad humana y
de las futuras generaciones..." (3).
Esto permite que la definición de bien tutelado —en un deseado capítulo del Código Penal— se pueda
extraer de la LGA 25.675 y de la CNA. Una eventual reforma penal que no comprenda un capítulo dedicado al
bien jurídico ambiente incumpliría el mandato constitucional por falta de la suficiente protección residual
requerida por las leyes de presupuestos mínimos de protección ambiental. Este bien jurídico ambiente requiere
ser protegido de conductas antijurídicas de peligro y de resultado, dolosas y culposas, consumadas por acción,
por omisión y por acción por omisión.
Las nociones que la LGA trae al establecer la noción de los presupuestos mínimos de protección ambiental
permiten vislumbrar la definición de bien jurídico protegido para los delitos de comisión por acción, dolosos y
de resultado. En cuanto fija los principios de la política ambiental orienta sobre los tipos de delitos de peligro y
los derivados de conductas omisivas y culposas. Esta visión se refuerza en cuanto la lesión al bien jurídico
protegido deriva del art. 41 CNA que trae el concepto de desarrollo humano. El bien tutelado ambiente, que
sustenta la admisión de que las víctimas puedan pertenecer a las futuras generaciones, resuelve muchas de las
dudas sobre la cuestión de la punibilidad de los delitos de peligro abstracto, máxime cuando estos sean
cometidos por omisión o por acción por omisión, conductas que normalmente es árido tipificar. Ahora existe
una víctima, legalmente reconocida y titular de derechos y respecto de las que el sujeto activo tiene deberes
cuya infracción implica una antijuricidad específica.
El art. 41 CNA —al reformarse en 1994—, determina la garantía a un ambiente sano y equilibrado para el
desarrollo humano y para el desarrollo sustentable, entendiendo que lo primero es lo esencial y es cualificable y
lo segundo es lo importante y cuantificable, como toda actividad económico social. En la crisis entre el
conservacionismo y el utilitarismo, prima el equilibrio ambiental; en el disfrute prima la prevención y
precaución hoy y la responsabilidad intergeneracional siempre.
Los tipos del Código Penal actual (2018) no comprenden conductas lesivas del bien jurídico que ordena
proteger la Carta Magna. La ausencia de disuasión en una reforma de la ley penal sería inexplicable; y mantener
la concepción de tipos penales puramente antropocéntricos sería retrogrado.
I.4. Los cuestionamientos
Esta nueva rama del derecho produjo una crisis al pensamiento clásico. En el derecho penal trae nuevos
cuestionamientos, que en este caso no deben afectar las inconmovibles garantías que brinda al ser humano el
Estado moderno. Por esto, deben aclararse las cuestiones esenciales a abordar:
El bien jurídico tutelado: si su definición integra más que los recursos naturales, alcanza a los ecosistemas
en sí y llega hasta los bienes culturales (ecosistemas antrópicamente intervenidos).
El sujeto activo: la posibilidad de que se pueda imputar a personas físicas y jurídicas por igual.
La víctima: la posibilidad de que sean individuos, sujetos indeterminados con intereses homogéneos, la
comunidad afectada en sus intereses difusos y las futuras generaciones.
La política criminal ambiental: la necesidad de crear un capítulo dentro del código penal referido al bien
jurídico ambiente, los tipos penales y la proporcionalidad y variedad de la punición.
El tipo penal: las cuestiones sobre tipo penal en blanco, el federalismo que por la legislación local
complementaria podría llevar a que conductas sean típicas en una jurisdicción y atípicas en otra, por las
peculiaridades que en lo referente a antijuridicidad se establezca en cada legislación local, con la posibilidad de
alegar ignorancia de derecho extrapenal.
Delito de incumplimiento de deberes por parte de los funcionarios públicos, fiscales y jueces:
En relación con funcionarios, por las leyes de presupuestos mínimos y claros estándares en leyes
complementarias, además de elaboradas normas de procedimientos a cumplir. En relación con el Poder Judicial,
fuera de la figura del prevaricato, la omisión de los Magistrados de actuar para hacer cesar los efectos del daño,
del delito o elevar compulsa cuando toman conocimiento de lesiones evidentes al ambiente bien jurídico
protegido, fundadas en el deber de activismo judicial. En ambos casos es el Estado Argentino quien asume ante
sus ciudadanos y ante la comunidad internacional el deber de tutelar el ambiente. Esto incluye a los tres poderes.
Prescripción de los delitos ambientales: si se los considera ilícitos continuados o se los declara
imprescriptibles en toda o algunas circunstancias.
Las eximentes para determinadas comunidades por conductas antijurídicas que integran su cultura ancestral
La diferenciación entre las figuras que contemplan delitos ecológicos y los otros delitos que atentan contra
otros bienes jurídicamente tutelados: Un nuevo capítulo del Código Penal en el que el bien jurídico protegido es
el ambiente en sí, deja subsistentes todas las otras figuras penales antiguas que protegen otros bienes como la
salud y debe definirse el concurso real y concurso ideal de los tipos penales; por supuesto ninguna de las
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condenas se extingue. Se debe resolver la cuestión de los tipos penales de ofensa compleja, superándola al
diferenciar concienzudamente la lesión a un bien jurídico protegido tradicional de un nuevo bien jurídico de
raigambre constitucional que protege intereses difusos —materialidad— amparados por derechos colectivos
—antijuridicidad— en los que la víctima puede ser un ser de existencia potencial —futuras generaciones
reconocidas como sujeto por la Carta Magna—, basándose el reproche en la responsabilidad intergeneracional.
II. Capítulo Dos
II.1. El ambiente: Las dificultades de su definición
II.1.a. La visión antropocéntrica y biocéntrica del derecho
La visión antropocéntrica inhibió por siglos acordar la tutela jurídica del ambiente. El ser humano —como
centro absoluto de la protección penal—, no se concebía inserto en el mismo bien jurídico que puede lesionar.
Ante un delito contra la salud, contra la vida o la propiedad, la víctima y el sujeto activo se desdoblan
perfectamente. Si la lesión en directamente contra la propia vida, salud o propiedad, la inexistencia de sujeto
pasivo determina la inexistencia de delito.
En el caso de una antijuricidad, desde la concepción antropocéntrica envenenar una fuente de agua que es de
propiedad del autor no constituye delito alguno en principio, salvo que se afecte la vida o salud de un tercero. Si
se parte de la concepción biocéntrica, contaminar agua es un acto antijurídico, sin importar la propiedad civil de
la fuente o si existe un peligro concreto o abstracto de causar un daño a la salud, porque lo que se reprocha es
afectar el equilibrio del bioma en el que ese recurso hídrico está incluido y haber realizado una actividad ilícita
en perjuicio de las futuras generaciones.
II.1.b. Posibilidad de los recursos naturales como bienes jurídicamente protegidos
La legislación penal actual protege indirectamente los recursos naturales, con leyes especiales de marco
regulatorio en el primer caso; o en figuras dentro de otros bienes jurídicos en el segundo caso.
La tutela en sus marcos regulatorios específicos implicó un avance seguido de un estancamiento. No protege
suficientemente al recurso en si —que se tutela como tal sin su circunstancia—, ni al servicio ecosistémico que
presta —que se tutela en forma mediata dentro de otros bienes jurídicamente protegidos, generalmente la salud,
seguridad pública o propiedad (4).
Esta experiencia previa es un insumo valioso para definir delitos ambientales, cuando la protección del bien
jurídico ambiente implica en forma directa o indirecta en la materialidad del tipo penal un recurso natural. El
goce de un recurso natural no renovable implica de por si su destrucción o transformación en un bien
monetizable y apropiable, por lo que no cabe hablar de uso sustentable, solo de uso racional. El uso de un
recurso natural renovable puede conllevar cierto grado de degradación previsible pero inevitable, por lo que se
distinguen los casos de obtención de energías de recursos renovables contaminantes y no contaminantes. Y, en
ambos casos, surge una línea gris que debe clarificarse, so pena de ser inaceptable para el dogma penal. Por otra
parte, es claro que deben permanecer vigentes los tipos penales en los que la lesión a bienes como la vida
individualmente considerada o la salud pública, la propiedad o la seguridad pública; conviviendo con la
posibilidad de un concurso real o ideal con las nuevas figuras que penan delitos ecológicos puros.
Todo recurso natural se encuentra inmerso en un flujo ecológico, al modo señalado por Ortega y Gasset, por
lo que dejar de lado la circunstancia implica no poder salvar nada, derrapando en un gradiente de daño,
imperceptible al principio y visible cuando ya es de dificultosa o imposible recomposición. La protección
indirecta que el derecho penal actual proporciona a un específico recurso natural mediante su inclusión en los
capítulos de los antiguos bienes jurídicos protegidos —la salud pública, la propiedad o la seguridad pública,
entre otros—, no es óbice para la existencia de tipos penales que protegen el bien jurídico ambiente como tal,
brindando protección directa.
La fragmentación, la conectancia y la conectividad son imposibles de representarse para definir una
conducta antijurídica que proteja a un recurso en sí, siendo mucho más fáciles de tipificar cuando se define el
verbo típico en relación con la lesión a un bioma (5). El delito ambiental se puede reprochar y no quedan
impunes conductas aberrantes, que escaparían a la tipicidad si se continúa fijando la tutela penal solo desde el
punto de vista de los recursos naturales en sí.
En conclusión, fue loable la tarea de establecer conductas reprochables para proteger determinados usos de
ciertos recursos naturales, pero la tutela no es suficiente a esta altura del conocimiento de la estrecha y dinámica
relación entre los elementos naturales que componen la biota.
II.1.c. Posibilidad de la naturaleza como sujeto pasivo del Derecho Penal o bien jurídico tutelado
La naturaleza solo se concibe como sujeto de derecho en la Constitución del Ecuador, que exigió un
pronunciado giro a su sistema jurídico. Le reconoce su derecho a existir conforme su propio modo vital, siendo
las comunidades humanas los sujetos legitimados para reclamar por sus derechos. La teoría no ha madurado y,
por más loable que pueda parecer —dado que el derecho es un producto cultural de la evolución humana—, es
precipitado instaurar un capítulo ambiental del derecho penal liberal dedicado a la protección de este sujeto de
derecho. Ni siquiera en Ecuador se creó un capítulo ambiental y el Código Penal tipifica los delitos ecológicos
en el capítulo de delitos contra la salud.
Por otra parte, no es posible hacerlo en un solo ordenamiento jurídico —que en sí debe sufrir fuertes
adaptaciones—, porque el derecho ambiental tiene repercusiones y sostén en el concierto de naciones.
Esto, además de algunos fallos reconociendo personalidad jurídica a partes de ella: ríos —recursos—,
montañas —bienes— o paisajes —servicios ecosistémicos. Los fallos esporádicos y legislación que reconocen
como entes personería a ríos (6) y ecosistemas (7), son toques de atención en cuanto ese rumbo puede
consolidarse. En esta etapa, sería un gran logro establecer la protección del ambiente como bien jurídico
tutelado, sin implicar ningún salto al vacío en la dogmática penal.
II.1.d. Posibilidad de los ecosistemas como bienes jurídicos protegidos
El consenso existente sobre la noción de ecosistema se convierte en una guía adecuada para caracterizar en
parte el bien jurídico protegido por la ley penal. La visión es parcial si solo se centra en lo natural, porque
quedarían excluidos los ecosistemas intervenidos antrópicamente (8) y los sistemas culturales cuyo control u
origen inicial es obra del ser humano (9).
Este enfoque en sí es sumamente valioso porque revela la faz del bien jurídico tutelado más necesitada de
protección penal, en cuanto es la más delicada y la más expuesta a la voracidad antijurídica de conductas que, en
desmedro de su sutilidad, alteren los ecosistemas para obtener un lucro inmediato, desatendiendo toda
responsabilidad con el ambiente y las futuras generaciones. Esta cuestión, que inicialmente se introdujo como
"la tragedia de los comunes", es la que mejor ilustra sobre la necesidad de una protección penal sistemática, que
se eleve por sobre la mera penalización de lesiones a determinados recursos o criminalice conductas
encuadrándolas dentro de otros bienes protegidos, como la salud o los bienes públicos.
II.1.e. La noción de ecología y su posibilidad como bien jurídico tutelado
Ernest Haekel creó el concepto a mediados del siglo XIX, sosteniendo que "la ecología se refiere al estudio
de todos los elementos que componen el planeta v de la relación entre ellos".
En este caso se trata de una ciencia o un área del conocimiento dentro de las ciencias naturales y no de un
bien jurídico protegido en el sentido clásico, aunque desde antaño se define a las lesiones al ambiente como
delitos ecológicos.
II.1.f. El ambiente
La misma definición de "ambiente" ha generado y genera todo tipo de controversias, sin perjuicio de que ha
ido evolucionando aceleradamente en el siglo XX y lo que va del XX. Esto plantea dificultades al tipo penal
dogmático, que debe despegarse del concepto antropocéntico y recursista —que no deja de ser civilista—, para
entrar en el concepto biocéntrico. Por eso es un error tomar las nociones vertidas en Estocolmo como definición,
cuando son solo el punto de partida.
II.1.f.1. Definiciones doctrinarias de ambien-<(10)
II.1.f.1.1. Sesgo antrópico
"... Mosset Iturraspe (2006), citando a Jordano Fraga afirma que ambiente, entorno o medio es la
sistematización de distintos valores, fenómenos y procesos naturales, sociales y culturales que condicionan en
un momento y espacio determinados la vida y el desarrollo de los organismos, en una conjunción dialéctica de
relaciones entre el ser humano y los diferentes recursos..." (11).
Estas definiciones tienen un fuerte sesgo antrópico, en cuanto hacen referencia al "medio ambiente" que no
es sinónimo de ambiente y no expresa acabadamente el aspecto dinámico. Son definiciones con las que se puede
no se puede construir el núcleo de un claro bien jurídico tutelado, conforme las exigencias del Derecho Penal.
II.1.f.1.2. Sesgo ecocéntrico
"... Para la Conferencia de las Naciones Unidas, realizada en Estocolmo, en 1972, el medio ambiente es: "El
medio ambiente es el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar
efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas" (12).
El derecho humano a un ambiente sano implica una cualidad más que una cantidad, que se puede alcanzar
cuando el ser humano se sumerge en su ambiente e interactúa comprendiendo su propia circunstancia y
asumiendo su responsabilidad por la "casa común". Si se reconoce como un organismo vivo e interdependiente
en su ambiente, su inteligencia no lo lleva a creerse superior, lo lleva a cultivar una simbiosis, en la que aporta
su cultura para preservar y conservar (13).
Otra "... es la que propone el concepto de 'medio ambiente natural' (Soell, 1973, p. 82). Se trata de una 'suma
de las bases naturales de la vida humana'. Partiendo de esta premisa pueden deducirse convenientemente los
objetos de protección a que debe referirse el derecho penal del medio ambiente: se trata del mantenimiento de
las propiedades del suelo, el aire y el agua, así como de la fauna y la flora y las condiciones ambientales de
desarrollo de estas especies, de tal forma que el sistema ecológico se mantenga con sus sistemas subordinados y
no sufra alteraciones perjudiciales..." (14). Sin duda la más útil a los fines de este trabajo.
II.1.f.2. Las definiciones jurisprudenciales del ambiente
"... En su primera manifestación, esto es, el derecho a gozar de un medio ambiente equilibrado y adecuado,
dicho derecho comporta la facultad de las personas de poder disfrutar de un medio ambiente en el que sus
elementos se desarrollan e interrelacionan de manera natural y armónica; y, en el caso en que el hombre
intervenga, no debe suponer una alteración sustantiva de la interrelación que existe entre los elementos del
medio ambiente. Esto supone, por tanto, el disfrute no de cualquier entorno, sino únicamente del adecuado para
el desarrollo de la persona y de su dignidad (art. 1º de la CN). De lo contrario, su goce se vería frustrado y el
derecho quedaría, así, carente de contenido...". Tribunal Constitucional de la República del Perú (15).
Se destaca este concepto del Más Alto Tribunal peruano por su integralidad
II.1.f.3. Definiciones legislativas del ambiente
II.1.f.3.1. Legislación mexicana
"...Una vez reconocido el 'medio ambiente' como un interés social o bien jurídicamente protegido por la ley
penal, procede revisar el contenido de la fracción I del art. 3º de la LGEEPA que define al medio ambiente
como: 'el conjunto de elementos naturales y artificiales o inducidos por el hombre que hacen posible la
existencia y desarrollo de los seres humanos y demás organismos vivos que interactúan en un espacio y tiempo
determinados'" (16).
La Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA), fue promulgada el 28 de
enero 1988 y ha tenido varias reformas en sí y en lo referido a su reglamentación. Contiene, además, un valioso
glosario (17), útil para definir los delitos ecológicos que se tipifican en un capítulo especial en el Código Penal
mexicano (18).
II.1.f.3.2. Legislación ecuatoriana
"... Ley de Gestión Ambiental ecuatoriana, se define al medio ambiente como: Sistema global constituido
por elementos naturales y artificiales, físicos, químicos o biológicos, socioculturales y sus interacciones, en
permanente modificación por la naturaleza o la acción humana, que rige la existencia y desarrollo de la vida en
sus diversas manifestaciones..." (19).
La tipificación y penalización de los delitos en contra del ambiente, se realizó mediante la incorporación de
un capítulo adicional al Código Orgánico Integral Penal Ecuatoriano, dentro de la Sección de los delitos contra
la Salud Pública, en la cual se incluyeron once artículos que tipifican diversas formas de atentar contra el
ambiente. Esta reforma fue realizada mediante la ley 49, publicada en Registro Oficial nro. 2 de 25 de enero del
2000, lo cual da nacimiento a lo que se conoce en doctrina como el delito ambiental (Guaranda, 2019).
II.1.f.3.3. Ley 5961. Definición de ambiente
La ley 5691 de Medio Ambiente de Mendoza lo conceptúa como "... Ambiente, entorno o medio: El
conjunto de elementos naturales o inducidos por el hombre que interactúan en un espacio y tiempo
determinados; fragmentado o simplificado con fines operativos, el término designa entornos más circunscriptos,
ambientes naturales, agropecuarios, urbanos y demás categorías intermedias...".
Esta ley complementaria provincial de los presupuestos mínimos nacionales data de agosto de 1992 y se
trata de la primera norma orgánica de todas las provincias y en la nación argentina.
II.1.f.3.4. Ley General del Ambiente 25.675 de la República Argentina
La Ley General del Ambiente 25.675 determina como presupuesto mínimo (20) "...preservación y protección
de la diversidad biológica y la implementación del desarrollo sustentable..." (21) y como política ambiental (22)
asegurar la diversidad y mantener el equilibrio ecológico, protegiendo a los biomas reduciendo al mínimo las
alteraciones por las actividades antrópicas (23).
Los arts. 1º y 2º bajo el acápite bien jurídico protegido delimitan esta noción, sin establecer una clara
definición. Esto no implica que en la normativa referida no se encuentren todos los elementos necesarios para
reconocer los elementos básicos que la ley pretende que integren el bien tutelado, siendo suficiente para que la
legislación penal defina dogmáticamente conductas antijurídicas.
II.2. Definiciones de Derecho Ambiental
II.2.a. El ambiente como objeto del derecho: Definiciones de Derecho Ambiental (24)
"... Prieur (25) define al Derecho Ambiental, como el estudio de las reglas jurídicas existentes en materia del
medio ambiente. Según él, debe definirse según un criterio finalista, y es aquel que por su contenido contribuye
a la salud pública y al mantenimiento del equilibrio ecológico. No cumple su función solo si su finalidad es
efectivamente la protección de la naturaleza y los recursos, la lucha contra la contaminación y los daños y el
mejoramiento de la calidad de vida, es decir debe ser un instrumento de transformación integral (26).
"... Según Flah y Smayevsky (27), el Derecho Ambiental es el conjunto de normas regulatorias de relaciones
de derecho público o privado tendientes a disciplinar las conductas en orden al uso racional y conservación del
medio ambiente, para la prevención de daños y mantenimiento del equilibrio natural. Y en palabras de Ricardo
Lorenzetti, 'el Derecho Ambiental abarca lo público y privado, lo penal y lo civil, lo administrativo, lo procesal,
sin excluir a nadie, con la condición de que se adopten nuevas características', mientras Mario Valls sostiene
que el Derecho Ambiental norma la creación, modificación, transformación y extinción de las relaciones
jurídicas que condicionan el disfrute, la preservación y el mejoramiento del ambiente" (28).
II.2.b. La alteridad
El derecho establece objetivamente normas que tipifican el deber ser, para conductas libres en alteridad, que
debe ser cumplida para que el acto concreto resultante se cualifique como justo o genere una consecuencia
jurídica destinada a reparar el hecho injusto o impedir su realización —mediante la necesaria restricción de la
libertad por medios coactivos—.
La noción clásica no se acomoda bien, porque en el ambiente aparecen otros sujetos de derecho (sintientes
no humanos) y deberes con otros que no existen en forma actual (futuras generaciones).
El principio de autonomía absoluta es incompatible con los intereses colectivos, que en lo ambiental son su
esencia. La culpabilidad, sea dolo o culpa debe precisarse con los principios de prevención y precaución
ambiental, sumando la ética del cuidado. El principio de justicia no alcanza a proteger el ambiente con la
claridad que tiene el principio de equidad y responsabilidad intergeneracional y de sustentabilidad. Y tampoco
alcanza con reparar, porque es primordial recomponer y remediar el tejido social dañado con la justicia
restaurativa.
Robinson, que conforme el concepto clásico no puede realizar actos jurídicos solo en su isla. Sin embargo,
podría cometer delitos ambientales al matar la última tortuga y extinguir la especie, privando a toda la
humanidad y a las futuras generaciones de una parte de la biodiversidad que contribuye a su ambiente sano.
Esto le sería imputable, más allá del problema de la culpabilidad. Se puede sostener —en teoría— que si existe
un "alter" que podría ser el Estado —soberano de la isla— o los sujetos indeterminados que en algún momento
van a sufrir por esta lesión al bien jurídico ambiental.
El sustento de esta teoría es muy endeble. Es más racional sostener que cada ser humano tiene un deber de
protección con el bien jurídico tutelado ambiente y con las futuras generaciones. Deber que tiene raigambre
constitucional —art. 41, CNA— y no requiere una lesión actual, siendo suficiente el peligro concreto o
abstracto para que se configure.
II.2.c. La intergeneracionalidad
Debe establecerse claramente cómo se tipifica la imputabilidad en los casos ambientales, en los que el
criminal debe representarse —o tener el deber y la capacidad de representarse— el hecho actual que en el futuro
se insertará en la intersubjetividad y afectará el desarrollo humano de los múltiples sujetos que integran la
sociedad actual o las generaciones futuras. Puede partirse de los principios de la imputabilidad penal, enrutados
en orden a la responsabilidad intergeneracional, que otorga la escala de transcendencia temporal —infinito
tempore— y establece una relación intersubjetiva —alter— con la generación venidera, generando el deber de
actuar bajo los principios de prevención y precaución a la luz de la ética del cuidado, debida a los sujetos
vulnerables y a la naturaleza misma.
"... Por eso la relación ahora es distinta: la naturaleza aparece como un sujeto vulnerable, necesitado de
protección..." (Lorenzetti, Ricardo, 2019).
II.2.d. El problema de los desarrollos científicos y técnicos
Crusoe podía reflexionar sobre la antijuridicidad teórica de sus actos, pero nunca producir un acto jurídico
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por falta de conductas compartidas y de una posible coacción. El científico que, experimentando en su
laboratorio, hace un descubrimiento que deriva en la extinción de una especie, se haya comparativamente como
quienes lograron la fisión controlada del átomo. Oppenheimer citó el Bhagavad Gita: "Ahora me he convertido
en la muerte, el destructor de mundos".
El Derecho Ambiental, en relación los descubrimientos y las aplicaciones de técnicas novedosas, tiene las
herramientas para regular —incluyendo la coacción en cuanto sea necesario—, para responsabilizarlo o limitar
al científico, técnico y al emprendedor, por las consecuencias de sus actos, con los principios de prevención y
precaución y la atribución de la responsabilidad intergeneracional.
Se trata de la cuestión de vivir en la sociedad de riesgos, con sus impactos positivo y negativo.
II.3. El ambiente como bien jurídico tutelado
El concepto del ambiente debe quedar perfectamente delimitado en lo atinente a su acepción jurídica para
establecer el bien jurídico protegido. Debe informar con nitidez los elementos que contiene para tipificar los
supuestos de hechos reprochables individuales, sin dudas ni blancos en la materialidad.
II.3.a. Los componentes del concepto de ambiente
Cabe descomponer conceptualmente el bien jurídico tutelado en tres partes inescindibles, fractales e
interdependientes.
— El ambiente en sí se presenta como el biodiverso conjunto de seres vivientes —sujetos humanos, sujetos,
entes sintientes y entes animados— cuyo soporte vital asienta en entes fluyentes y entes inanimados, ubicados
de modo determinado o determinable, en circunstancias inseparables de su pasado y futuro —tiempo— y en una
realidad local y un contexto global —lugar—.
— El derecho al ambiente sano constituye el otro elemento, en cuanto el ser humano introduce con su
conducta el valor y la determinación de lo justo. Esta interacción individual puede tener múltiples
repercusiones: en lo colectivo en general; con consecuencias homogéneas sobre cada individuo componente de
un colectivo; y entre ambiente y entes vivientes. La interacción se produce con la intervención humana, que es
lo que la cualifica axiológicamente, porque cuando se da entre dos seres no humanos se rige por las reglas
mecanicistas de la naturaleza.
— El último elemento es la dinámica de estas interacciones fractales que mecánicamente mantiene un
equilibrio ecológico, sin intervención antrópica alguna. Cuando este equilibrio coexiste o interactúa con la
intervención humana, se cualifica con los principios de prevención, precaución y responsabilidad
intergeneracional destinados a lograr el desarrollo humano.
II.3.b. Lo ambiental y lo cultural
II.3.b.1. Los ecosistemas
La actividad antrópica ha alcanzado un grado tal en el que casi no existen ecosistemas intactos; y los que
existen dependen de una decisión política de preservarlos en su estado natural.
Por esto, los ecosistemas que se deben proteger escalan en niveles, desde los "salpicados o jaspeados",
pasando por los "fragmentados", hasta llegar a los "relictos", para culminar en los intervenidos. En estos casos la
intensidad de la actividad antrópica determina que estos biomas tienen un equilibrio —o desequilibrio— que
depende de la concepción cultural de la comunidad que los habita. Sin perjuicio de los patrones y valores
culturales dominantes, como mínimo se debe garantizar el derecho humano a un ambiente sano, que permita
decidir en libertad y responsabilidad, el modo de desarrollo acorde la idea que cada persona tiene de lo bueno,
lo bello y lo justo, en tolerancia con sus semejantes y cumpliendo su parte del deber de preservar, realizando sus
actividades productivas para satisfacer sus necesidades presentes sin comprometer los derechos de las futuras
generaciones.
II.3.b.2. La decisión política de integrar los bienes culturales dentro del bien jurídico ambiental
La composición del bien jurídico tutelado ambiente es, en definitiva, una decisión política que consagra en
una disposición de orden público. La ley General del Ambiente 25.675 integra dentro del bien jurídico protegido
ambiente al desarrollo sustentable, además de "...prever las condiciones necesarias para garantizar la dinámica
de los sistemas ecológicos, mantener su capacidad de carga y, en general, asegurar la preservación ambiental y
el desarrollo sustentable..." (art. 1º y 6º).
Este es un claro ejemplo de decisión política, porque la inclusión del desarrollo sustentable como parte del
bien jurídico protegido determina que la protección se extiende a los sistemas originalmente naturales que han
sido antrópicamente intervenidos, o creados por el ser humano, o cuyo equilibrio para brindar servicios
conflictos humanos que derivan directa o indirectamente motivan el aumento de otras causas de criminalidad.
Esta es una buena vara para la política criminal para decidir tipificar delitos ecológicos.
La realidad fuera del ordenamiento pertenece al mundo de la física —o idealmente al mundo de la moral—,
mientras que los bienes jurídicos tutelados surgen con la valoración axiológica que el zoon politikon (¿¿¿¿,
z¿ion) atribuye a estas realidades. La necesidad creciente de protección de estos intereses difusos vitales pone de
manifiesto el incremento de los conflictos que generan en la sociedad. Mantenerse en la postura de que son
suficientes los tipos actuales —desperdigados en otros bienes jurídicos y leyes de presupuestos mínimos
ambientales— es tan errado como confundir el objeto material del delito —incendio como estrago doloso—,
con su sustento siempre inmaterial y vigente —el ecosistema—, que con su carga axiológica se convierte en el
bien jurídico tutelado ambiente.
El futuro, merced al cambio climático y aumento de la contaminación, como tendencias denominadas duras,
conducen a un crecimiento exponencial de los conflictos, que puede ser prevenido en parte o mitigado a
posteriori por una inteligente protección penal mediante tipos que integren penas orientadas a la justicia
restaurativa (37).
III.1.d. El bien jurídico protegido "ambiente", desde la óptica penal
Este es un concepto operativo, dado que, si se considera que el bien jurídico lesionado es el ambiente, la
conducta no encuadraría en las figuras previstas para proteger otros bienes jurídicos, sino en otros tipos penales
que deberán crearse al efecto (38). En el mismo sentido, los delitos ambientales, si existieran en un capítulo
específico entrarían en concurso —ideal o real— con las viejas figuras —incendios y estragos y contra la salud
pública— y también con las leyes complementarias de materia ambiental —por ejemplo, de residuos
peligrosos— (39).
Los delitos contra el ambiente tienen que tipificar conductas que afectan globalmente el ambiente o que
lesionan recursos naturales específicos cuyas consecuencias directa o indirectamente producen alteraciones
nocivas en los ecosistemas, excluyendo toda otra conducta que puede quedar incriminada en otros tipos o no ser
objeto de reproche penal. Por esto es tan importante establecer cómo se concibe el bien jurídico protegido
ambiente desde el punto de vista micro jurídico (derecho subjetivo) y macro jurídico (prevención y precaución),
económico (desarrollo), ecológico (preservación y conservación), de los derechos de tercera (derecho al
ambiente sano) y cuarta generación (desarrollo humano); y aún desde el punto de vista moral (ética ambiental) y
la incipiente biojurídica. Es el entendimiento que se adquiere de estos elementos que componen el bien jurídico
protegido lo determina la criminalización primaria y la criminalización secundaria, permitiendo concebir los
tipos penales y aprehender los hechos ilícitos que encajan en las figuras delictivas.
Por último, está en juego el orden público ambiental (arg. art. 240 Cód. Civ. y Com.) y el patrimonio
ambiental del ciudadano común, que empieza a percibirse como individualmente afectado por el daño
ecológico, reclamando una protección penal, que además cumpla los principios de mínima intervención y de
necesidad, respete nullum crimen sine necessitate; y la función garantizadora de la ley penal lex stricta et
praevia (40). Esto requiere una política criminal coherente que fije las conductas merecedoras de reproche penal,
estableciendo penas alternas a la privación de libertad, inhabilitación y multa, con su correspondiente incidencia
en la forma y finalidad del proceso penal en los casos de delitos ambientales (41).
III.2. Los problemas que plantea el Derecho Penal Ambiental (42)
III.2.a. La determinación del sujeto activo del tipo penal
III.2.a.1. Las personas como sujetos activos del tipo penal ambiental.
La calidad de sujeto activo de la persona humana no es puesta en duda, pero la participación se convierte en
un galimatías si se admite con amplitud el principio de solidaridad del Derecho Ambiental —teoría de la
responsabilidad colectiva— (Cafferatta, p. 91).
La ampliación del sujeto activo a las personas jurídicas privadas y públicas es una vieja aspiración del
Derecho Ambiental, que tiene raíces en el capítulo ambiental del Código de Minería y en la ley 24.051 de
residuos peligrosos, sin llegar a concretar la imputabilidad penal de las personas ideales.
En el medio surge también la consideración de la participación de técnicos y abogados corporativos;
funcionarios administrativos y asesores jurídicos de los entes públicos, fiscales y jueces del poder judicial,
cuando la lesión al ambiente requiere de su necesaria participación (43).
III.2.a.2. La nueva ley 27.401 de responsabilidad penal empresaria (44)
Los delitos ambientales —según lo expresa el Dr. Antonio Gustavo Gómez, fiscal general de la Cámara
Federal de Tucumán— van de la mano de la corrupción y necesitan de la infraestructura de las personas
jurídicas como pantalla de seriedad. La llegada de la Ley Nacional 27241 de Responsabilidad Penal de la
Personas Jurídicas (45) establece un gran avance en cuanto permite que el derecho Penal alcance como sujeto
activo a las personas jurídicas cuando han obtenido interés o beneficio de la comisión del hecho ilícito
efectuado por sus órganos-personas físicas o se los ha ratificado cuando no tenían facultades.
La exención de la pena está prevista (46) y una de sus causales es la devolución del beneficio obtenido.
Se establece la posibilidad de celebrar acuerdo de colaboración mediante los que la persona jurídica se
compromete a realizar las acciones necesarias para reparar el daño causado, lo que es aplicable a las
externalidades pasivas originadas por las lesiones causadas al bien jurídico ambiente (47), orientándose hacia el
principio del art. 41 CNA que da prevalencia a la recomposición del ambiente en caso de daño.
III.2.b. La víctima en los delitos ambientales
III.2.b.1. La evolución del concepto de víctima y su involucramiento en el proceso penal
El papel secundario que la víctima tuvo en el Derecho Penal dificulta que los delitos ambientales reciban
punición, considerando que hay casos en que los damnificados pueden no haber nacido aún. Y es inconcebible
considerar que el sujeto pasivo podría ser la naturaleza.
Históricamente se ahuyentó a la víctima para objetivizar el proceso y alejarlo de la concepción de venganza
que mantenía una espiral de quebrantamiento de la paz social, impidiendo la concreción de uno de los fines del
derecho penal, que es cicatrizar el tejido social lesionado.
Este desapego a la alteridad —víctima como individuo sintiente—, como elemento esencial de la relación
jurídica puede facilitar la concepción dogmática de los tipos penales ambientales, pero debilita la llegada de la
justicia restaurativa. El Derecho Penal se aparta de la concepción decimonónica primero que cualquier rama del
derecho dejando de requerir una víctima como persona física, en cuanto admite tipos penales que sancionan
lesiones a bienes tutelados que afectan a grupos sociales y delitos contra la humanidad consagrando la
protección internacional —primero y nacional después—. El quid se halla en lograr que la objetivización de la
alteridad no se cristalice en deshumanización (48).
Existen posturas que consideran que la víctima es siempre la colectividad porque entienden que siempre se
trata de afectación de intereses difusos, quedando fuera de consideración como sujetos pasivos los seres
humanos individuales que conforman grupos de intereses homogéneos y las futuras generaciones. Por otra parte,
las figuras penales sin víctimas donde la conducta punible se da por la afectación de un interés difuso en sí
implican un peligroso alejamiento de la dogmática penal, al faltar uno de los elementos esenciales de la figura
penal (49), salvo que se establezca dentro del concepto de víctima a las futuras generaciones, como legitima la
CNA.
III.2.b.2. Los grados de expansión de la victimización
La comprensión del delito ambiental como un conflicto que supera lo antrópico lleva a considerar que existe
un daño de origen superior a los daños de distinto origen que se escalan en una victimización primaria,
secundaria y terciaria Los factores victimógenos no desaparecen fácilmente —o persisten indefinidamente—,
requiriendo un análisis victimológico, dado que —aunque las víctimas hayan sobrevivido al delito ecológico—,
es el cuerpo físico del sujeto pasivo el único hilo —débil— que permite afirmarse en la teoría de la transferencia
y hacer el seguimiento del intercambio de indicios.
III.2.b.3. Las futuras generaciones
Este, sin dudas será el salto más arriesgado en el dogma penal, aunque en realidad debe considerarse un paso
lógico cimentado por el art. 41 de la CNA, por cuanto los delitos ambientales pueden tener víctimas no natas
(Cafferatta, p. 93). La victimización proveniente de contaminantes orgánicos persistentes, emisiones de gases de
efecto invernadero, derivaciones de organismos genéticamente modificados y tantas otras, no encuentran
víctimas actuales; las personas que sufrirán los daños aún no han nacido y puede que no nazcan o sus vidas sean
miserables a consecuencia de la consumación de ilícitos que no tendrán forma de ser reprochados o de poder
acriminarse por su resultado, con la lógica del dogma penal actual, porque el tejido social no se ha roto —ni se
percibe lesionado—.
III.2.c. La materialidad
III.2.c.1. Antijuridicidad
III.2.c.1.1. La materialidad y formalidad del daño y la amenaza o peligro de lesión
El Derecho Ambiental, a diferencia del Derecho Común en el Código de Vélez, en lo relativo a daño
ambiental no requiere su efectivización y basta la sola existencia del hecho injusto lesivo y el peligro del
resultado activa la tutela. Para establecer el deber de recomponer —colectivo— o el derecho de pedir
indemnización —homogéneo— se debe concretar el daño. Es claro que el daño colectivo que lesiona al bien
jurídico tutelado coexiste con el daño individual, aunque se ubican en planos bien diferenciados.
En Derecho Penal no todo daño —colectivo u homogéneo— cae bajo los tipos penales. Se crean para
proteger de las injurias más graves que la política criminal establezca como merecedores del reproche penal. Y,
por otra parte, puede no existir una lesión actual y concreta al bien jurídico tutelado, bastando que exista un
peligro abstracto derivado de una conducta tipificada para que se produzca la antijuridicidad penal, porque todo
crimen implica un quebrantamiento de una prohibición jurídico penal, pero no toda conducta punible implica un
resultado efectivo dañoso como necesario, bastando el peligro abstracto en algún caso (50).
III.2.c.1.2. El dique axiológico a la punibilidad del injusto ambiental
El bien jurídico aporta el sustrato axiológico a la norma que impone el deber. La infracción al deber es lo
que pone en relieve el disvalor del incumplimiento de la norma, encuadrando o no dentro de una conducta típica
antijurídica y punible, una falta contravencional, una sanción administrativa o una obligación de recomposición
del ambiente o de reparación de los intereses homogéneos afectados.
La lesión al bien jurídico protegido, para ser comprendida dentro de los delitos ambientales debe producir
un menoscabo al derecho colectivo, dado que la disminución de la aptitud vital —genérica o concreta— de un
ser humano o de un grupo homogéneo queda tipificado —o no— en los tipos penales que protegen la vida, la
salud u otros bienes jurídicos tutelados por el ordenamiento penal.
Los delitos penales implican una infracción a la ley y una ruptura del tejido social. Los hechos típicos
ambientales son un quebrantamiento de la ley, que deriva en una lesión o el peligro de daño a un bien jurídico
tutelado. Implica una lesión actual o latente al tejido social —interés difuso—, o aún a falta de esta, un daño o
peligro de lesión a un ecosistema de una gravedad tal que implica el reproche penal —violación de la equidad
intergeneracional—.
III.2.c.1.3. Titularidad del bien jurídico protegido ambiental
La titularidad del bien jurídico tutelado ambiente es exclusiva de un individuo o un colectivo y de los seres
humanos por nacer. La CNA se los atribuye de modo excluyente (art. 41 CNA), mientras el deber de tutelar
recae prioritariamente sobre el Estado, sin que los individuos y colectivos puedan excusarse de protegerlo
también (51).
El capítulo de los delitos ambientales —en una futura reforma del Código Penal— se presenta una vez más
como imprescindible, dado que las figuras contempladas en el ordenamiento actual no brindan una tutela eficaz
contra las lesiones y amenazas a los ecosistemas, que se cometen con la aquiescencia de los funcionarios. Es
incontable la cantidad de conductas que reclaman reproche penal y son atípicas, dado que los delitos previstos
de incumplimiento de deberes de funcionario, daño y abuso de autoridad no admiten tipos culposos o dolo
eventual, por ejemplo. Y las penas son bajas, o peor, no contemplan la recomposición como medida eficaz de
Justicia restaurativa.
A pesar de las advertencias de individuos, ONG y jueces, los funcionarios expiden actos que adolecen de
graves vicios administrativos y cuyas consecuencias son irreversibles desequilibrios en ecosistemas. No es error
o ignorancia, es la deliberada voluntad de usar y abusar del ambiente por promesas de beneficios económicos o
con fines electoralistas. Estas conductas son actualmente impunes, por encontrarse en la zona gris de la
ignominia, que en derecho Administrativo se disfraza de facultades discrecionales o permiten considerar
"inconducente" toda observación o advertencia que se haga a un proyecto, e irrelevante toda prueba que pueda
evidenciar su propia torpeza.
Si se concede una mínima cotitularidad del bien jurídico al Estado se condiciona su tutela penal. Los
políticos, funcionarios y empleados públicos van a seguir considerándose dueños de los bienes ambientales y no
sus custodios, salvo que exista un fuerte mensaje que los llame al orden y no puedan campar a sus anchas sin
tener en cuenta que la antijuridicidad merece reproche penal. Se habilita el camino para dictarse decretos de
auto indulgencia o leyes exculpatorias.
En relación con los individuos y colectivos titularidad no significa disponibilidad, solo uso racional y goce
en miras del desarrollo humano. El ambiente no es un bien jurídico disponible.
III.2.c.2. El tempus de la materialidad de los delitos ambientales
El delito penal es un hecho acaecido —o tentado— en el pasado, brindando al tejido social una reparación
en el presente, mediante la concreción de un juicio justo y expedito y la aplicación de una pena proporcional. Al
hecho ilícito pasado le corresponde el acto judicial presente, que establece dentro de lo humanamente posible la
reparación en el menor tiempo posible acorde a las circunstancias y los medios. Aun en el caso del injusto
máximo —el genocidio— cuando la justicia alcanza al delincuente, se produce un alivio en la víctima que le
permite establecer un presente vivible, porque el hecho no puede empeorar en el futuro y el acto judicial ha
proporcionado la mejor cicatrización posible al tejido social en el presente, porque ha llegado la justicia para los
vivos y para los muertos (52).
En el delito penal contra el ambiente, el hecho típico ocurre igualmente en el pasado y sus efectos tienen una
ocurrencia crónica o con intermitencia entre periodos latentes y agudos, o una mezcla de ambas en diversos
grados. El hecho antijurídico —al igual que en cualquier delito— puede ser instantáneo o continuado, solo que
en el caso de los delitos ambientales el delito continuado puede no admitir la cesación de los efectos o sus
efectos no permitir la detención de su agravamiento. La cristalización del daño ambiental en algunos casos
nunca termina de producirse; y en otros ocurre que con la súbita aparición se revela, después de un periodo de
latencia prolongado, que han transcurrido varias generaciones, entre el momento en que el verbo típico empezó
a conjugarse y el momento en que se concretó el resultado. La efectiva protección del bien jurídico ambiente
requiere la migración de los tipos materiales y de resultado, a los tipos formales y de peligro —sea concreto o
abstracto—, lo que plantea diferencias con los delitos que lesionan otros bienes jurídicos protegidos. Porque la
justicia debe llegar para los vivos, para los muertos y para los por venir. Las tres hermanas fatídicas
—contaminación, cambio climático y pérdida de biodiversidad— auguran un mal futuro cercano a nuestro
ambiente, cuya nobleza debe amparar hasta nuestros hijos no natos de los taimados que medran de la
ignorancia, hipocresía y ambición (53).
III.2.d. Los delitos de peligro ambientales
El bien tutelado ambiente tiene pretensiones regulatorias en la esfera del riesgo. Es más, sin contemplar esta
zona extensamente cualquier legislación tuitiva es inefectiva por resultan medulares los principios de
prevención y precaución (54).La realidad de la sociedad de riesgo y enorme complejidad (55) entra en colisión
directa con el horror que el dogma penal tiene ante los delitos de peligro y, especialmente, con los delitos de
peligro abstracto, considerados inconstitucionales por algunos autores.
III.2.e. La imputabilidad
III.2.e.1. El nexo causal: imputabilidad objetiva
La imputabilidad objetiva y la capacidad de culpabilidad en la dogmática penal son menos flexibles que la
certeza que se requiere en el Derecho Ambiental (56).
En lo atinente a la imputabilidad objetiva necesaria para tipificar no se limita únicamente la causalidad
natural (conditio sine qua non), sino que depende de la posibilidad de la imputación objetiva del resultado de la
acción llevada a cabo por el sujeto. Este nexo de imputabilidad —diferente de las ciencias duras— es un juicio
abstracto de probabilidad (57) que se debe aproximar lo más posible a la certeza, mediante un juicio de sana
crítica (58). En este aspecto la relevancia típica permite imputar objetivamente un resultado lesivo al tejido social
cuando una conducta voluntaria crea o aumenta un peligro no jurídicamente permitido y el resultado supone la
manifestación de ese riesgo —delito de peligro— o la concreción del daño —delito de resultado— (Picardi,
2014). La teoría de Lorenz, Roxin y Honig, además de ser útil para tipificar delitos ambientales dolosos y de
peligro abstracto, resulta muy útil para los delitos ecológicos de tipo culposo.
III.2.e.2. La incerteza
La homotecia no funciona en el tema ambiental y la experiencia por repetición deforma la realidad o es
deformada por la realidad. La cuestión ambiental se presenta como un objeto fractal ante el operador jurídico: a)
es demasiado irregular en relación con las cuestiones cotidianas que debe resolver el operador jurídico b) es
autosimilar: un ecosistema es la compleja interdependencia de subsistemas que componen otros ecosistemas
(jurídicamente macro y micro bien ambiental) c) su entropía (su grado de equilibrio comparado en un momento
A en relación con un momento B, por la existencia de mayor o menor grado de desorganización o de
restricciones) es la que provee los elementos para encontrar la solución jurídica; d) Si existen mayores
restricciones externas (las trabas formales de procedimiento), existe menor posibilidad de comprender el objeto
y alcanzar la solución (59) (Escobar Blanco, 2016).
Las mismas ciencias duras han tenido que admitir la existencia de la incerteza al momento de realizar la
demostración de una hipótesis, volcándose por los juicios de probabilidad y abandonando el hallazgo de una
prístina relación de causalidad absoluta (60).En el caso de los delitos ecológicos la dificultad probatoria es ínsita
a la existencia misma del peligro y del daño, porque la incertidumbre es uno de los pilares de del Derecho
Ambiental incorporados con el principio de precaución (61).
III.2.e.3. Las lesiones imperceptibles en la actualidad y catastróficas en el futuro
Hay que repensar el concepto del derecho penal como garante último de la paz social, que deja fuera parte y
los más graves ilícitos ambientales, cuyas consecuencias nefastas son imperceptibles en el presente y se
manifestarán catastróficas en el futuro, más allá del término de prescripción de los delitos más grave que
contempla nuestro actual Código Penal (62).
III.2.e.4. Los impactos acumulativos y las concausas
El equilibrio ecológico se puede alterar en forma nociva mediante impactos acumulativos provenientes de
una sola o varias causas, que dificultan establecer cuál de todas estas variables es la que inició el daño y a cuál
se debe atribuir mayoritariamente el daño que incidió en forma determinante en el resultado lesivo, lo concretó
o potenció; o impidió un daño evitable o su remediación o retrasó su recomposición. Las dificultades son
probatorias más que dogmáticas, aunque debe preverse que haya una retroalimentación entre ambos aspectos
especialmente en los casos en que no existen líneas de base (63).
El riesgo puede estar permitido y como hecho aislado comportar una conducta atípica. Es la reiteración
dolosa o culposa lo torna típico, al incrementar el riesgo más allá del umbral que excede la ética del cuidado, la
pericia en evitar el resultado dañoso, la previsibilidad de los resultados y su control eficaz —inexistencia de
negligencia—, la prudencia conforme la incertidumbre de la probabilidad de daño, el desborde de la carga del
ecosistema conforme los reglamentos. Más allá de la tipicidad de los impactos acumulativos, si las causas
fueran disímiles y el victimario aportara una que incrementa el riesgo o altera el peligro cualitativamente, se ha
de tener por imputable su conducta
III.2.e.5. Las líneas de base
La línea de base fija un antes y un después en el estado cualitativo y cuantitativo de un ecosistema,
determinando con mayor o menor precisión su fragilidad, su capacidad de carga, los servicios ecosistémicos que
presta y descripción del área que ocupa y los ciclos vitales que lo sustentan.
El estado de un ecosistema puede ser desconocido y la falta de una línea de base dificulta la determinación
de la conducta imputable, en cuanto resulta de difícil apreciación el resultado dañoso derivado de la conjugación
o no del verbo típico. En estos casos la existencia de indicios plurales fuertes, concomitantes y concatenados
—con interrelaciones sólidas e independientes en su origen— permite formar una convicción suficiente para la
imputación. La imputabilidad en delitos ecológicos puede ser difícil de establecer a falta de líneas de base, de la
existencia de concausas y de la superposición de impactos acumulativos, pero no resulta inasible.
III.2.e.6. La capacidad de culpabilidad o imputabilidad del autor
Karl-Heinz Gossel expresa que "[s]ólo se castiga al que actúa meticulosamente, al pie de la letra la ley
penal". El delincuente al lesionar el bien tutelado, actúa dentro de la previsión contenida en la norma penal, por
lo que su imputabilidad deviene del juicio abstracto de cuanto podía comprender el deber a su cargo, ser
consciente de su capacidad de acción y motivarse para dirigir su conducta adecuándola a una finalidad atípica o
conjugando el verbo contenido en la figura penal. Su capacidad de comprensión del injusto y posibilidad de
motivar su acción a un resultado ilícito, determina que se le puede imputar la conducta antijurídica, sin perjuicio
que la comprensión debida en abstracto no se concrete totalmente —culpa— o la plena motivación para
ocasionar la lesión al ambiente —dolo—.
La imputabilidad en este caso se fija por el juicio abstracto de la capacidad de conocer el injusto y la
posibilidad de motivar la conducta, sea que quede en el plano de los daños ambientales o pase al plano de los
delitos ecológicos, cuando se dan todos los elementos que componen la figura. La esencia restrictiva de la
represión hace repugnante la penalización de toda la normativa ambiental que defina deberes, lo que centra la
cuestión en lo que la ley penal quiere proteger: el bien tutelado ambiental (64). No toda infracción al deber de
respetar el equilibrio ecológico implica imputabilidad penal, sino que debe restringirse al objeto concreto de
protección para ser penalmente relevante. Y no se admiten los tipos penales en blanco que remiten a la
capacidad de comprender un deber —que reglamentariamente puede ser diferente cruzando una calle—, dada la
naturaleza municipal y federal de las regulaciones. La comprensión de la normativa administrativa está en
relación directa con la capacidad del sujeto activo para motivarse adecuadamente por lo que, si bien el juicio
respecto de su capacidad de motivarse sigue siendo abstracto, es claro que la medida de la capacidad del autor
debe estar comprendida en esta determinación de la imputabilidad. En la lesión al derecho ambiental no le cabe
el mismo deber, ni se encuentra comprometido a motivar su acción un técnico, un funcionario, un fiscal o un
juez, que un simple lego.
Es importante considerar la capacidad de culpabilidad por cuanto una de las críticas más acervas refiere que
una conducta es típica en una provincia y atípica en la otra conforme la disímil normativa ambiental de las leyes
complementarias y poder de policía municipal. Un experto o quien tiene a su cargo el regular cumplimiento de
deberes de protección ambiental se encuentra capacitado para motivar su acción y no puede alegar error de
derecho extra penal. El error de prohibición no cabe ante la ética del cuidado y no puede alegarse en el
incumplimiento de los deberes a su cargo.
"Es que como bien lo afirma Jacobs, el concepto no se construye, ni con condiciones biológicas, ni con
condiciones psicológicas, sino es en el fondo un concepto normativo, de modo que se trata de una forma de
imputación o de atribución". En el plano jurídico, la pregunta que debe hacerse es si la persona, como
destinataria de la norma, tuvo capacidad para que esta se concretara en él y, en consecuencia, pudo tomar la
decisión de actuar en su contra, a pesar de que sobre si pesaba el deber de actuar conforme a la norma. En este
punto es donde se debe analizar la conducta del autor, teniendo en cuenta todo el contexto de acción del
imputado (Donna, 2016) (65).
III.2.f. La culpabilidad en los delitos ambientales
III.2.f.1. La problemática de la culpa en los delitos ambientales
El elemento subjetivo del tipo se dificulta en el modo de tipificar y graduar el cumplimiento del deber,
diligencia, pericia, prudencia y precaución al tomar las acciones adecuadas para proteger el ambiente; y la forma
y tiempo en la que el agente debe representarse el hecho ilícito, que puede afectar a un colectivo o a las futuras
generaciones y puede o no restaurarse
III.2.f.2. Las clases de culpa en los delitos ambientales
La culpa puede establecerse en orden al déficit de fidelidad al cumplimiento de la norma —sea dolosa o
culposa—, o en orden al menoscabo al bien jurídico. En definitiva, se trata de elegir entre establecer la culpa por
el daño al orden jurídico o al bien jurídico, o alguna de las variantes que permiten el ingreso de ambas ideas en
el concepto de culpabilidad. Esta decisión de política criminal, al construir delito penal, es trascendental en
cuanto a la cantidad de conductas que se ven incluidas en los tipos penales y a la calidad de la conducta
requerida para que el despliegue del sujeto activo encuadre su acción en tentativa o delito consumado (66).
III.2.f.3. Las formas de comisión de delitos ambientales
III.2.f.3.1. Su diferenciación
En el caso de los delitos ambientales existen las siguientes posibilidades en relación con la culpabilidad:
crímenes en los que el disvalor de la acción solo pone en riesgo el bien jurídico; hechos incriminados porque el
déficit de fidelidad a la norma provoca un resultado disvalioso; comisión por omisión de la que resulta un
menoscabo efectivo al bien jurídico.
La conducta disvaliosa que pone en peligro —concreto o abstracto— al bien jurídico se asienta en el deber
constitucional de todo habitante de proteger el ambiente (67). Los tipos penales de esta clase admiten los modos
dolosos y culposos. En principio, no admitirían tentativa.
Los hechos incriminados en virtud del déficit de fidelidad a la norma, que provocan un resultado disvalioso,
tienen su sustento en los tratados internacionales, la Ley General del Ambiente y leyes de presupuestos mínimos
y normativa complementaria. Admiten los tipos dolosos y culposos y admiten tentativa. El problema mayor que
plantean es evitar su carácter de tipos penales abiertos y las posibilidades de que se produzcan desajustes
jurisdiccionales entre las distintas localidades de la federación; y lo que sea delito en una localidad no lo es en
otra. Surge la posibilidad del error de derecho extrapenal, cuando es un error de prohibición invencible —no
imputable— y esencial (68). En iguales circunstancias, el error de hecho puede escapar a la figura penal o no,
según exista una conducta culposa precedente tipificada penalmente o no, siempre que implique un
quebrantamiento de la normativa ambiental extrapenal.
En los casos de comisión por omisión de la que resulta un menoscabo efectivo al bien jurídico, admiten las
figuras dolosas y culposas, y tal vez la tentativa. Su problemática deriva de fijar la exacta determinación del
quebrantamiento a los parámetros de los deberes de prevención y precaución ambiental derivada de la
desatención al deber jurídico de cumplir los reglamentos a su cargo, pericia, diligencia y prudencia.
III.2.f.3.2. Los modos y grados de determinación de la culpa de los operadores ambientales
Un operador ambiental, que puede ser un empresario, un técnico o un funcionario del Estado, se puede
encontrar ante la situación de que tiene que desarrollar una actividad antrópica que genera una fuerte
externalidad en un ecosistema, ya se encuentre modificado negativamente o no, sin que existan líneas de base o
las provistas son deficientes. El operador ambiental dispone de tres procedimientos para desarrollar la actividad
y, por hipótesis, uno reduciría sensiblemente el desequilibrio demandado mucho tiempo y recursos, el otro es
totalmente novedoso y no está probado prometiendo recomponer el ecosistema; mientras que el último promete
muchos empleos y desarrollo económico increíble a costa de aumentar el deterioro del ecosistema o cristalizar
el daño. Hay relativamente poco tiempo para tomar la decisión y no hay medios para profundizar el estudio de
las líneas de base ni para profundizar los estudios sobre los procedimientos. ¿Cómo debe actuar el operador
ambiental?
A diferencia del caso que presenta el maestro Sancinetti (69) el operador jurídico ambiental debe cumplir los
reglamentos a su cargo y dar la participación pública y solicitar todos los informes sectoriales que corresponda,
bajo pena de incurrir en delito —comisión por omisión—; atender a los aportes que se le hagan pudiendo
incurrir en impericia al considerar inconducentes las observaciones técnicas aportadas, o en negligencia si no
revisa los datos técnicos que se le brindan en la manifestación de impacto ambiental o aviso de proyecto. El tipo
culposo se torna doloso —dolo eventual por lo menos— y en delito ambiental, si el operador ambiental estatal,
con todas las advertencias y hechos de contaminación denunciados, se representó el daño y despreció la
posibilidad de su consumación. Y se consuma como plenamente doloso —tipo de peligro— cuando aprueba la
actividad en abierta violación de normativa de orden público o leyes complementarias.
No existe causal de justificación posible en invocar la premura en desarrollarse en términos puramente
económicos —cláusulas constitucionales de industria lícita o de progreso— porque la Carta Magna requiere una
interpretación armónica y el ejercicio de unos derechos no puede ir en desmedro de otros y, menos aun a costa
del desarrollo humano y de la responsabilidad intergeneracional. Tampoco hay justificación posible en
conducirse de modo arriesgado con la fatua esperanza de que providencialmente llegará un resultado
restaurador; o despreciar el resultado lesivo porque reporta beneficios económicos a corto plazo.
El operador estatal debe cumplir con la ley, no eludirla ni abrogarla con interpretaciones abstrusas y su iter
tiene por meta la conservación del ambiente, atendiendo los principios de prevención y precaución, para
alcanzar el desarrollo humano, en todos los casos y no según convenga a las veleidades del político de turno. "...
¿O acaso la sociedad tira 'una moneda' para determinar el 'daño a la vigencia de la norma'?", dice el Maestro
Sancinetti.
Se puede vislumbrar la delgada línea entre los tipos penales ambientales y los que protegen otros bienes
jurídicos. Se presenta el concurso de delitos —real o ideal—, con los incumplimientos de deberes de
funcionario público y con las figuras de abuso de autoridad y falsedad de documentos, por lo que es la lesión al
bien jurídico protegido la que debe definir el concurso, estableciendo que la pena mayor en todos los casos es la
condena por recomponer, porque se entiende que la justicia restaurativa prima sobre la justicia retributiva en
todos los delitos ambientales.
El operador ambiental privado, solicitante de la declaración de impacto ambiental o aprobación del aviso de
proyecto, aporta información al procedimiento administrativo que sustenta la decisión de la Autoridad de
Aplicación, por lo que puede incurrir en el delito de falsificación de documentación y si ejecuta el proyecto
puede incurrir en el delito de daño. En el caso de establecer un capítulo de delitos ambientales, las conductas
tipificadas también abarcarían la omisión dolosa o culposa de brindar información relevante y se presentaría una
gama de figuras destinadas a reprochar hechos que produzcan diferentes lesiones y grados de daño al bien
jurídico protegido.
Tanto al operador ambiental estatal como al operador ambiental privado les cabe la estafa procesal (70) si el
hecho —aunque no constituya delito ambiental— o acto se ha judicializado. Esta es una figura que debe
estatuirse con características propias dentro de los delitos ambientales, a fin de comprender toda una serie de
conductas que hoy escapan al reproche penal.
El delito de comisión por omisión les cabe a los funcionarios públicos que, advirtiendo los actos
preparatorios o el principio de ejecución del delito no lo impide o no da aviso a la autoridad de aplicación,
siendo el encargado de velar por el cumplimiento del orden público a través del cumplimiento de la norma.
Aunque el dictamen de un asesor no sea vinculante, es su deber advertir que pueden existir actos preparatorios
que llevarían a incurrir en una conducta típica, y el funcionario puede incurrir en incumplimiento de deberes de
funcionario. Antes o después de la existencia del aviso de proyecto o manifestación pueden existir actos
preparatorios o principio de ejecución según se considere que es un delito de peligro o de resultado. Omite
quien no da aviso o alarma cuando conoce la antijuridicidad y cuando es obligatorio que se refrende un acto por
varios funcionarios y algunos de estos son expertos por su título, profesión o cargo habilitante. Hay comisión
por acción cuando autoriza mediante un acto administrativo —aunque sea simple acto o no sea vinculante— que
provoque una lesión al bien jurídico ambiental.
III.2.f.3.3. Los modos y grados de determinación de la culpa de los ciudadanos comunes
La antijuridicidad se mide en el momento de comisión del hecho concreto, conforme las circunstancias de
tiempo, modo y lugar. No se puede remediar la antijuricidad mediante una autorización administrativa
retroactiva, ni excusarse en la existencia de una autorización administrativa previa para eludir la tipicidad de una
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conducta dolosa o culposa. Se debe distinguir entre el ciudadano común que esporádicamente realiza un acto
que lesiona el ambiente del empresario, técnico —privado o empleado— y de las personas jurídicas.
Los conceptos comunes de derecho penal en cuanto a culpa o dolo lo son solo aplicables a las personas que
no hacen profesión habitual de actividades antrópicas que encierran riesgo ambiental. No se aplican a
empresarios, técnicos y personas jurídicas, aunque la autoridad graciosamente las califique como de bajo o nulo
impacto ambiental y las dispense administrativamente de cumplir con los presupuestos mínimos de protección
ambiental. En este caso es su deber advertir que pueden existir actos preparatorios que llevarían a incurrir en
una conducta típica, antes o después de la existencia del aviso de proyecto o manifestación de impacto
ambiental puede existir principio de ejecución de delitos ecológicos de peligro o de resultado. De todos modos,
se deja en claro que, cuando la capacidad dañina de un producto o de una acción determinada sea conocida por
el autor, pero no pueda ser determinada por los medios de que dispone el órgano público, no se excluiría la
responsabilidad por las lesiones al ambiente por el simple hecho de haberse ajustado a los límites impuestos
administrativamente.
III.2.g. La punibilidad
III.2.g.1. La fijación de la tasa de retribución
El Derecho penal, a diferencia del derecho civil no se funda en los principios de la justicia reparadora del
derecho común (Roxin, Claus, p. 43). En el caso del derecho común se requiere que, al hecho ilícito y al nexo
causal adecuado, se sume la existencia de una lesión concreta al bien jurídico protegido y, si bien se han abierto
camino las sanciones punitivas, estas presuponen siempre la existencia de daño o peligro de daño. En el caso de
Derecho Penal va desde la punición del daño concreto al bien jurídico protegido hasta los delitos que solo ponen
en peligro abstracto su indemnidad, estableciendo una escala de fijación de las penas con criterio más o menos
racionales (71). La fijación de la pena obedece a los principios de política criminal desprendiéndose de todo
atisbo de venganza y orientándose primordialmente hacia las funciones preventivas. En los últimos tiempos se
abre camino el concepto de justicia restaurativa.
III.2.g.2. La proporcionalidad
Platón en Las leyes abogaba por la proporcionalidad de las penas acorde la gravedad del delito, lo que se
afirma como principio a partir de Beccaria, que completa el concepto agregando que debe ser necesaria e
infalible. La conminación penal relacionada con la intensidad del reproche penal que surge de la profundidad de
la lesión de la ruptura del tejido social —gravedad—, no debe ir más allá de lo imprescindible para cumplir su
fin —necesariedad— y en la faz de ejecución se requiere un alto grado de efectividad en el cumplimiento de la
sanción —infalibilidad— (Rojas, Ivonne, 2015, p. 86).
En los delitos ecológicos la magnitud del desgarro de la textura social abarca tanto el presente como el
futuro, dado que un mal causado en la actualidad que se percibe tenue —o apenas se detecta— en esta
generación, resulta en un daño que adquiere dimensiones catastróficas en una comunidad compuesta por la
generación futura. La gravedad tiene que ser proyectada en esta dimensión temporal.
La necesariedad de la pena atiende al fin resocializador que se concibe centrado en el victimario como
individuo, más que en el componente ejemplificador social y la reparación del daño —sustitutivo civilizado de
la satisfacción de la venganza—. Se suman como elementos esenciales a esta necesariedad la incidencia del
pleno logro de la justicia restaurativa, como imprescindible para que el sujeto activo enfrente el resultado de su
daño y confronte a sus víctimas; y la recomposición como deber primordial e ineludible del victimario
El Derecho Penal actúa como garante de los bienes jurídicos tutelados de una sociedad determinada y una
época determinada, variando las penas conforme el principio de proporcionalidad relacionado con esta realidad.
En el caso de la tutela del ambiente esto se torna más específico aún, por el principio de realidad del Derecho
Ambiental (72).
III.2.g.3. Las penas y las medidas
Una de las reglas más antiguas de juicio lleva a separar (73) el veredicto de culpabilidad del momento
decisorio sobre la determinación de la pena. El merecimiento de la condena por la criminalidad del acto se debe
regir por patrones diferentes de los que han de usarse para establecer la pena necesaria, que en su
proporcionalidad se adecúa a los principios de política criminal que se establecen. Esta proporcionalidad de la
condena, en los delitos ambientales, en realidad debe referirse a la proporcionalidad de las penas, principales y
accesorias, dado que —superada la etapa de decisión sobre el merecimiento del reproche—, la fijación de la
pena adecuada debe tener en cuenta tanto la faz ejemplificadora como los aspectos restaurativos, como los
accesorios por inhabilitación.
En el caso de ciertos delitos ambientales, se pueden ocasionar lesiones a personas y bienes, e incluso
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muertes, que no se podrán contabilizarse por falta de prueba que resuelva incerteza en la imputabilidad, que
acaecerán más allá de la existencia física de los nietos del criminal. En un sistema penal puramente retributivo,
se deberían aplicar penas que escaparían a toda lógica y violarían hasta los más elementales derechos humanos
(74). El principio de proporcionalidad reclama entonces la aparición de penas alternativas que revelen eficacia y
adecuación, que además de respetar la prohibición de exceso tiendan a preservar el bien común, que en el caso
de los delitos ambientales consiste en engrandecer el desarrollo humano o remover los obstáculos antrópicos
que lo retardan o impiden.
La simetría en la determinación de las penas debe atender más a la recomposición del bien jurídico
protegido ambiente —por la vía de la justicia restaurativa— y a los accesorios de inhabilitación que excluyan
definitivamente al delincuente de la posibilidad de reincidir en el delito. La privación de la libertad que sirve
para llenar las cárceles antes que cicatrizar el tejido social y resolver el conflicto ambiental. El modo propuesto
de armonizar las condenas in totum puede superar la observación que se hace de que la condena nunca permite
reconstituir el bien tutelado, dejando sentado que no en todos los casos y pocas veces en su totalidad se va a
tener éxito acabado (75).
Solo se señala que el objetivo de la política criminal en delitos ambientales debe apuntar firmemente a esta
restauración; y que se obtendrá en forma directamente proporcional a la celeridad y eficacia de la una justicia
penal apoyada por una capacitada unidad de investigación científica.
III.2.g.4. La justicia restaurativa
III.2.g.4.1. Su finalidad específica en los delitos ambientales
La finalidad restaurativa del proceso que es una vía alternativa en otras ramas del derecho (76) bajo el
procedimiento de la mediación y dando lugar a la autonomía de la voluntad, debe constituirse en el sumun de
protección en la punición penal (Sampredro Arrubla, p. 108), sin renunciar a la persecución penal ni a las otras
penas principales o accesorias.
Por otra parte, dado que se concibe la lesión al bien jurídico ambiente como una lesión a un interés colectivo
y a la equidad intergeneracional, la justicia restaurativa en los delitos ambientales debe apuntar a la restauración
de este bien. La restauración de los intereses homogéneos o individuales es una consecuencia valiosa, pero no
alcanza para considerar que se han alcanzado —total o parcialmente—, los objetivos que tiene en mira la
punición penal.
III.2.g.4.2. La recomposición
III.2.g.4.2.1. Los fundamentos constitucionales de la justicia restaurativa
El derecho Penal en general, que nació con criterio vindicativo se encamina aceleradamente hacia una
Justicia reparadora y, más allá, a una justicia restaurativa. La pena, en el caso de lesiones al bien jurídico
tutelado ambiente, como finalidad debe atender a la justicia restaurativa y como objetivo principal debe apuntar
a la recomposición, por mandato constitucional y legal en Derecho Argentino. Este mandato no ha tenido eco en
el Derecho Penal —nacional o extranjero con prescripciones constitucionales similares—, hasta el presente en
lo referente a los delitos que afecten al ambiente, aunque si se avanza en otros tipos penales abriéndose camino
gracias al principio de oportunidad.
El delito ambiental reclama una pluralidad de respuestas, porque no alcanza con el reduccionismo —desde
la pena privativa de la libertad hasta la multa— y se reclama que el victimario restaure y recomponga, que es
superior a que repare.
III.2.g.4.2.2. La recomposición como parte de la pena
La reparación se puede circunscribir a una indemnización sustitutiva que no puede ser admitida en ningún
caso como pena en los tipos penales ambientales, ni ser tomada como condición para una eventual suspensión
del juicio a prueba. La recomposición es la pena adecuada dentro del marco de la justicia restaurativa, aunque
también excede a esta en cuanto es más que el derecho inalienable a saber y recordar la verdad, que el
victimario comprenda la experiencia de la injustica y que se rompa el continuum de la ilicitud. La
recomposición como pena exige que se imponga como condena penal la articulación de todos los medios
necesarios para recuperar el equilibrio del ecosistema lesionado, lo que excede el puro concepto de reparación a
la víctima dado que se atiende a la protección del bien jurídico tutelado ambiente como independiente de los
seres humanos. Esto no implica colocar a la naturaleza como persona jurídica o en el carácter de víctima. Se
basa, como se ha sostenido, en establecer que el bien jurídico tutelado ambiente tiene protección constitucional
en su aptitud independientemente de su uso actual por seres humanos —ambiente como propiedad—, o de que
deteriorar su sanidad haga peligrar la de los seres humanos —ambiente como bien jurídico protegido salud—.
La recomposición se debe establecer como una pena más y como una condición imprescindible de una
posible suspensión del juicio a prueba o de cualquier aplicación al caso del principio de oportunidad. El
incumplimiento de la adecuada recomposición impide toda reducción de las otras penas principales o accesorias
impuestas, como así también la de beneficios en la ejecución de la condena.
La recomposición como condena, en estos términos, tiene hondos fundamentos en el principio de
subsidiariedad del Derecho Penal por su reconocida efectividad en tutelar el bien jurídico protegido ambiente,
acompañando —no sustituyendo, aunque si moderando o reconfigurando— a penas principales y accesorias que
deben imponerse.
Es evidente su carácter ejemplificador, en cuanto el victimario debe reconducir su conducta y desandar la
ilicitud, escuchar y colaborar con las víctimas para recomenzar componiendo las consecuencias de su delito,
hasta comprender los mecanismos necesarios para restaurar el equilibrio ecológico lesionado, mediante un
procedimiento plenamente restaurativo. En su iter deberá compenetrarse de la verdad y sufrimiento de las
víctimas, anexar a la memoria colectiva del hecho pernicioso el recuerdo del esfuerzo y del acto remediador del
deterioro, alcanzado mediante el procedimiento de la mediación poniendo en acto la justicia restaurativa.
III.2.g.4.2.3. Modo de incorporar la justicia restaurativa al proceso penal
El ilícito penal debe comenzar a entenderse como un hecho complejo que implica una antijuridicidad y un
conflicto social. El Derecho Penal debe mantener su esencia de criminalización primaria y secundaria, y el
proceso penal continúa presentando sus rasgos esenciales. En el caso de los delitos ambientales cabe imponer
como pena alternativa a los delitos de resultado la recomposición, que juega como reductora de la pena principal
en los delitos graves —nunca excluyente de la pena principal o de los accesorios—, o como condición sine qua
non en los delitos leves, siempre dentro del principio de oportunidad. Para la aplicación de esta pena alternativa,
se establece el proceso de mediación sujeto siempre a las reglas formales que sujetan el principio de
oportunidad y bajo la efectiva dirección del órgano acusador y del Juez, quien decide en última instancia. Se
evita la privatización de los delitos, especialmente nociva en los delitos ambientales dado que el interés difuso
debe estar garantizado por encima de los acuerdos que los titulares de intereses homogéneos quieran hacer con
el imputado. Y se termina de expeler cualquier atisbo de privatización si se fije que siempre se debe arribar a
una condena, mediante juicio abreviado si existe el acuerdo con el fiscal (Muerza Esparza, 2017, p. 197).
III.2.h. La ejecución de la pena
Los delitos ambientales suman a las penas principales y accesorios tradicionales como pena principal la
recomposición en los casos de delitos de resultado. Y como se sostiene, el mejor modo de determinar esta
recomposición es que surja de la mediación estrechamente conducida por el órgano judicial.
La clave de la correcta ejecución de la pena que conduzca a la restauración del ambiente vulnerado por el
ilícito reside en que se establezca reglas muy claras para el ejercicio del principio de oportunidad, que deriven
en un acuerdo claro y ejecutable, con consecuencias pre establecidas en caso de incumplimiento del mismo
III.2.i. Prescripción
Los delitos ambientales tienen una característica diferencial del resto de los tipos penales que conmueve los
fundamentos mismos de la prescripción, en un modo completamente diferente que en este instituto provocó el
sismo que originaron los delitos de lesa humanidad (77).
En estos el tempus entre la conjugación del verbo típico y el resultado lesivo del bien jurídico protegido es
casi concomitante o con grado de inmediatez. También los delitos de lesa humanidad se evidencian por las
proporciones catastróficas que adquieren. Y si ha llevado tiempo probarlos o apresar a los victimarios ha sido
más por la dificultad de desalojarlos del poder estatal o por la incredulidad sobre la realidad de conductas tan
execrables. Lo que los convierte en imprescriptibles es que la invencible repugnancia que causan a la
Humanidad, que no puede olvidar ni reparar la lesión causada, sin el correspondiente juicio público condena y
cumplimiento efectivo de la misma. Por último, todos los juicios de lesa humanidad son imprescriptibles, sin
excepción.
En el caso de los delitos ambientales, el fundamento de la imprescriptibilidad de algunas figuras es
totalmente distinto. La equidad intergeneracional y la falta de inmediatez entre la acción típica y la efectiva
lesión del bien jurídico protegido son las características, sin que sea necesario que conlleven proporciones
catastróficas, bastando que sean sistémicas e incontrolables o que superen la resiliencia de los ecosistemas en
forma irreversible. Es posible que los victimarios o los partícipes y encubridores sean funcionarios públicos o
ejerzan un poder público de facto, pero no es imprescindible como calidad del sujeto activo del tipo. El
problema de la dificultad de prueba, la captura de los delincuentes —cuando se trata de sujetos radicados en el
extranjero o protegidos por su país—; y el tiempo que demoran en aparecer las evidencias de la contaminación,
es otro de los fuertes motivos para determinar la imprescriptibilidad de ciertos tipos ambientales. Y, por último,
no todos los tipos penales ambientales deben establecerse como imprescriptibles, solo aquellos que la política
jurídico criminal fije conforme los señalados patrones.
(*) Abogado especializado en Derecho Ambiental y doctorando en la Universidad de Mendoza, docente
(Derecho Minero; Ambiente). Director de proyecto y director de tesis en la Universidad de Congreso. Director
Área Prospectiva Jurídica del Centro de Estudios Prospectivos de Cuyo - nodo Milleniun Project (ONG).
Director de proyectos Área Ambiental de "XUMEK" (ONG).
(**) Abogado especializado en Derecho Ambiental, recibido en la Universidad Nacional de Cuyo,
Argentina. Profesor adscripto en la cátedra de Derecho Civil UNCuyo. Diplomado en "Defensa Internacional de
Derechos Humanos". Universidad de Zaragoza. 2016. Diplomado en "Litigación Internacional". UNCuyo,
2018; Máster en "Administración de Empresas". Universidad Rey Juan Carlos y máster en "Alta Excelencia
Empresarial". European Open Business School (2017- 2018). Especialización en derecho Internacional.
Universidad Rey Juan Carlos. 2018. Integrante del Área Prospectiva Jurídica del Centro de Estudios
Prospectivos de Cuyo —nodo Milleniun Project (ONG). Asesor jurídico de "OIKOS Red Ambiental" (ONG),
director del Área Ambiental de "XUMEK" (ONG).
(1) BACIGALUPO ZAPATER, Enrique, "La instrumentación técnico-legislativa de la protección penal del
medio ambiente", Estudios Penales y Criminológicos, vol. V (1982), Cursos e Congresos nro. 22, Servizo de
Publicacións da Universidade de Santiago de Compostela, ps. 193.
(2) Cita online: AR/LEGI/9FX9.
(3) CARTA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA UNIÓN EUROPEA, 2000/C 364/01,
18/12/2000, Diario Oficial de las Comunidades Europeas, C 364/1.
(4) Se puede degradar un bosque sin talarlo, por la lluvia ácida de una fábrica vecina; o por la extinción de
una especie de hormigas debida a los químicos residuales existentes en el agua, eliminando la protección de la
flora contra insectos barrenadores o chupadores. No existe en derecho penal una conducta típica si no se afecta
la salud o el bosque tiene un dueño que pruebe que el daño fue doloso, dado que no existe el tipo culposo. El
ejemplo de la extinción de las abejas es más obvio.
(5) Claro ejemplo lo provee la CS en los precedentes "Salas Dino" y "Mamaní", en los que el otorgamiento
de un permiso de tala en apariencia no implica peligro, pero un aluvión de permisos implica la deforestación del
bosque y la destrucción del bioma como tal. Similar circunstancia se produce hoy en las autorizaciones de la
hidrofractura en Mendoza, donde la Autoridad de Aplicación advertida desde las ONG y desde el Municipio de
Alvear, persiste tozudamente en ignorar los precedentes citados, apartarse del fallo de la CS en el caso "Atuel" y
poner en grave riesgo la existencia de un sitio RAMSAR protegido, otorgando sucesivos permisos de extracción
de agua dulce de afluentes alimentan el humedal y sustentan el caudal ecológico del Río Atuel. Las sucesivas
denuncias, amparos acciones de inconstitucionalidad y nulidades procesales administrativas han sido rechazadas
por los órganos del control provincial considerándolas inconducentes.
(6) Es el caso del curso de agua Whanganui declarado persona jurídica con derechos y obligaciones bajo un
acuerdo pionero firmado por el parlamento de Nueva Zelanda, accediendo al reclamo de la etnia maorí que
considera el río sagrado. Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-39291759.
(7) La Corte Constitucional de Colombia (Sala Sexta) reconoció, mediante Sentencia T-622 de 2016, al río
Atrato como sujeto de derecho. Fuente: https://justiciaambientalcolombia.org/2017/05/07/sentencia-rio-atrato/.
(8) Es el caso de las granjas ecológicas, cuyo origen es antrópico y destinadas a generar un sistema
equilibrado en el que el ser humano se integra como parte de la cadena, aportando al equilibrio con su
inteligencia y extrayendo solo excedentes que puede compensar con el reintegro de residuos a la unidad
funcional.
(9) Es el caso de los ecosistemas marinos que nacen a raíz de barcos hundidos, por ser el ejemplo más
conocido.
(10) Resulta de interés analizar las definiciones de Derecho Ambiental, que se omiten por su extensión,
remitiéndose a RODRÍGUEZ SALAS, Aldo, "El derecho ambiental y la Ley General Del Ambiente de
Mendoza. Ley 5961", Ediciones Universidad de Congreso EdiUC, 2016.
(11) VELASCO SARANGO, Lizbeth K., "La acción penal y la reparación integral por los daños
ambientales", Universidad del Azuay, Facultad de Ciencias Jurídicas, trabajo de graduación previo a la
obtención del título de abogada de la República del Ecuador, dir.: Dr. Xavier Cordero, Cuenca - Ecuador, 2014,
p. 32.
(31) Fuente:
http://www.unenvironment.org/es/news-and-stories/comunicado-de-prensa/onu-lanza-iniciativa-para-proteger-los-defensores-del-m
(32) "... Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena". SABINA, Joaquín, "Noches
de Boda".
(33) TS Ciudad Autónoma de Buenos Aires, in re, exptes. nro. 6841/09, "Ciada Construcciones SA s/ queja
por recurso de inconstitucionalidad denegado" y nro. 6857/09, "GCBA s/ queja por recurso de
inconstitucionalidad denegado", en "Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c. GCBA s/ otras
demandas contra la aut. administrativa", Buenos Aires, 16/03/2011.
(34) MARTOS NÚÑEZ, Juan A., "El principio de intervención penal mínima", Anuario de Derecho Penal
y Ciencias Penales, 1987, nro. 1, ANU-P-1987-10009900134, ps. 99-134 del anuario, Agencia Estatal, Boletín
Oficial del Estado, Reino de España, p. 90.
(35) VILLEGAS FERNÁNDEZ, Jesús M., "¿Qué es el principio de intervención mínima?", Revista
Internauta de Práctica Jurídica, 23, 2009, p. 4.
(36) VARAS VILLAVICENCIO, Juan J. A., ob. cit., ps. 9-11.
(37) HURTADO DEL POZO, José, "Relaciones entre el Derecho Penal y el Derecho Civil respecto al
delito de hurto en el Código Penal peruano", Poder Judicial del Perú, Centro de Investigaciones Judiciales/I,
Revista Oficial del Poder Judicial, año 4-5, nro. 6 y nro. 7/2010-2011, p. 234.
(38) KIERSZENBAUM, Mariano, "El bien jurídico en el derecho penal", Revista Lecciones y Ensayos, 86,
Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, 2009, p. 187.
(39) Si mediante la falsificación de instrumentos públicos o privados la lesión recae en forma directa en los
derechos individuales de un colectivo de víctimas y los afecta patrimonialmente, se cometen delitos que afectan
el bien jurídico protegido propiedad en concurso con delitos contra la fe pública, erosionando patrimonialmente
a todos los sujetos abarcados en esa clase o grupo homogéneo de víctimas. Fuente:
http://www.saij.gob.ar/excarcelacion-aplicacion-ley-estafa-falsificacion-instrumento-privado-equiparable-al-publico-concurso-idea
(40) BACIGALUPO ZAPATER, Enrique, ob. cit., p. 208.
(41) LÓPEZ VILLACIS, "Modelos de Derecho Penal", Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, 29
(julio-septiembre 2015). En línea: http://www.eumed.net/rev/cccss/2015/03/derecho-penal.html.
(42) No se hace referencia a los artículos del Cód. Penal argentino vigente porque este trabajo atiende a la
reforma en ciernes de la legislación penal nacional y de otras naciones que se hayan ante esta coyuntura.
Tampoco se hace referencia a la propuesta de Justicia 2020 porque se plantea como una alternativa radical y no
una reforma superadora, sin desmerecer el gran mérito y realismo de esa propuesta. Motiva a los autores que se
agotó el tiempo para ser conservadores, fue incinerado con los incendios del Amazonas.
(43) Fuente: https://dpicuantico.com/sitio/wp-/procesal-y-nulidad.pdf.
(44) Cita online: AR/LEGI/9FX9.
(45) Ley 27.241. Art. 2º: "Responsabilidad de las personas jurídicas. Las personas jurídicas son
responsables por los delitos previstos en el artículo precedente que hubieren sido realizados, directa o
indirectamente, con su intervención o en su nombre, interés o beneficio. También son responsables si quien
hubiere actuado en beneficio o interés de la persona jurídica fuere un tercero que careciese de atribuciones para
obrar en representación de ella, siempre que la persona jurídica hubiese ratificado la gestión, aunque fuere de
manera tácita. La persona jurídica quedará exenta de responsabilidad solo si la persona humana que cometió el
delito hubiere actuado en su exclusivo beneficio y sin generar provecho alguno para aquella".
(46) Ley 27.241. Art. 9º: "Exención de pena. Quedará eximida de pena y responsabilidad administrativa la
persona jurídica, cuando concurran simultáneamente las siguientes circunstancias: a) Espontáneamente haya
denunciado un delito previsto en esta ley como consecuencia de una actividad propia de detección e
investigación interna; b) Hubiere implementado un sistema de control y supervisión adecuado en los términos
de los artículos 22 y 23 de esta ley, con anterioridad al hecho del proceso, cuya violación hubiera exigido un
esfuerzo de los intervinientes en la comisión del delito; c) Hubiere devuelto el beneficio indebido obtenido".
(47) Ley 27.241. Art. 18: "Contenido del acuerdo. En el acuerdo se identificará el tipo de información, o
datos a brindar o pruebas a aportar por la persona jurídica al Ministerio Público Fiscal, bajo las siguientes
condiciones: a) Pagar una multa equivalente a la mitad del mínimo establecido en el art. 7º inc. 1º de la presente
ley; b) Restituir las cosas o ganancias que sean el producto o el provecho del delito; y c) Abandonar en favor del
Estado los bienes que presumiblemente resultarían decomisados en caso que recayera condena; Asimismo,
podrán establecerse las siguientes condiciones, sin perjuicio de otras que pudieran acordarse según las
circunstancias del caso: d) Realizar las acciones necesarias para reparar el daño causado; e) Prestar un
determinado servicio en favor de la comunidad; f) Aplicar medidas disciplinarias contra quienes hayan
participado del hecho delictivo; g) Implementar un programa de integridad en los términos de los arts. 22 y 23
de la presente ley o efectuar mejoras o modificaciones en un programa preexistente".
(48) SAMPEDRO ARRUBLA, Julio A., "La justicia restaurativa: una nueva vía, desde las víctimas, en la
solución al conflicto penal", Revista Colombiana de Derecho Internacional, Facultad de Ciencias Jurídicas,
Pontificia Universidad Javeriana, nro. 17, julio-diciembre de 2010, ps. 87-124, p. 93.
(49) VELASCO SARANGO, Lizbeth K., ob. cit., p. 40.
(50) KIERSZENBAUM, Mariano, ob. cit., p. 205.
(51) Ibidem.
(52) SAMPEDRO ARRUBLA, Julio A., ob. cit., p. 108.
(53) SHAKESPEARE, William, "The Tragedy of Macbeth", Acto IV, Escena II: "... Se decidido,
sanguinario, valiente: podrás tomar a risa el poder de los hombres, porque nadie nacido de mujer hará daño a
Macbeth...".
(54) CAFFERATTA, Néstor, ob. cit., p. 93.
(55) BECK Ulrich, "La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad"(Risikogesellschaft. Aufdem
Weg in eine andere Moderne), publicado en alemán por Suhrkamp, Francfort del Meno, Paidós, España, 1998
(56) CAFFERATTA, Néstor, ob. cit., p. 49.
(57) Ibidem, ps. 49-51. "... Al respecto, hubo un caso 'aceite de colza' en el Superior Tribunal de Justicia de
España, en 1992; una empresa introdujo 2% de anilina en aceite de colza y produjo una intoxicación masiva que
llevó a 330 muertes y 15000 personas enfermas, afectadas por la presencia de un tóxico en menor escala, la
anilina. La mezcla de estos productos solo genera un caso que finaliza con una condena penal basada en
estadísticas, porque la relación de causalidad es un juicio de probabilidad que, en muchas ocasiones, se traduce
en un coeficiente universal de experiencia...".
(58) Fuente: http://www.saij.gob.ar/doctrina/dac/tiva.html.
(59) Fuente: https://es.scribd.com/document/42406
Debido-Proceso-Adjetivo-a-La-Luz-de-Los-Principios-Ambientales.
(60) CAFFERATTA, Néstor, ob. cit., ps. 49-51.
(61) Ibidem, p. 90.
(62) Ibidem.
(63) VARAS VILLAVICENCIO, Juan J. A., ob. cit., p. 44.
(64) BACIGALUPO ZAPATER, Enrique, ob. cit., ps. 198-200.
(65) Fuente: http://www.um.edu.ar/ojs-new/index./36/719.
(66) SANCINETTI, Marcelo A., "El disvalor de acción como fundamento de una dogmática jurídico-penal
racional", Revista para el Análisis del Derecho, www.indret.com, Universidad de Buenos Aires, Barcelona,
enero de 2017, http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2017/02/doctrina44848.pdf.
(67) CN, art. 41: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el
desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer
las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la
obligación de recomponer, según lo establezca la ley [...]".
(68) Sistema Argentino de Información Judicial, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos,
Inimputabilidad, error de hecho (penal), error de derecho penal, Sumario de fallo sentencia, CCrim. Comodoro
Rivadavia, Chubut, sala penal, magistrados: María Elena Nieva de Pettinari, María Susana Beatriz Blanc -
Gerzicich de Scapellato, Jorge Carlos Pellegrini, 20/12/2000, Id SAIJ: FA00150530, 20/12/2000, Id SAIJ:
SUQ0011673.
(69) SANCINETTI, Marcelo A., ob. cit.
(70) Fuente:
https://dpicuantico.com/area_diario/doctrina-en-dos-paginas-diario-ambientalnro-186-15-02-2018/.
(71) KIERSZENBAUM, Mariano, ob. cit., p. 204.
Título: El régimen penal y sancionatorio de la ley de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico
Autor: Calabrese, Antonio
Publicado en: LLNOA2008 (noviembre), 933
Cita Online: AR/DOC/2532/2008
Sumario: SUMARIO: I. La ley 25.743. - II. Los delitos contra el patrimoniocultural o infracciones a la ley
25.743. - III. Las infracciones y sanciones.
Es indudable que sin un régimen sancionatorio que reprima las conductas antisociales seria imposible lograr
los objetivos de la ley que consisten en conservar, investigar, estudiar, descubrir nuevos sitios, recuperar bienes
e impedir la expoliación, la depredación, el robo y el tráfico de los bienes arqueológicos y paleontológicos que
son patrimonio de la sociedad, es decir de todos, por eso se los califica como de dominio público, inenajenables,
imprescriptibles e inembargables.
Esta, diría yo, es la parte de perfil más fino, es donde el Estado pone el acento según sea la profundidad de
su preocupación por la protección del patrimonio cultural y a su vez la que más impacta en la sociedad y en los
traficantes.
Por supuesto que en la comunidad científica las otras disposiciones son más relevantes, pero es con el
régimen sancionatorio que la ley adquiere carta de ciudadanía y de su aplicación devengara el éxito o el fracaso
de la misma.
Toda la legislación comparada así lo comprendió y por ende lo legisló.
La ley 6703 de Costa Rica desde el artículo 19 al 29 describe distintos tipos penales con los que sanciona a
los traficantes con penas de decomiso, multa y privativas de la libertad hasta de 6 años de prisión inconmutable.
La ley 112, de 1988 de Puerto Rico establece penalidades o sea que tipifica delitos por actos violatorios a
sus disposiciones en la Sección trece, con sanciones que van desde la multa a penas de reclusión o prisión de
hasta cinco años
También establece un régimen penal la ley colombiana 397, de 1997, que asimila "la destrucción o daño" de
bienes arqueológicos a los delitos previstos en los artículos 242, 246, 349, 370, 371 y 372 de su Código Penal
dejando subyacente para las otras conductas sanciones de tipo pecuniario medidas en salarios mínimos.
El artículo 2 de la ley especial 26-97 de Guatemala incluye a los bienes arqueológicos y paleontológicos en
la formación del patrimonio cultural nacional y los artículos 43, 44, 45 y 46, sancionan la violación de las
medidas protectoras de estos bienes, la depredación (llega con penas privativas de la libertad de hasta 9 años),la
exportación ilícita (hasta 15 años) y las investigaciones o excavaciones ilícitas, también con penas de hasta 9
años de privación de la libertad, sin perjuicio de las sanciones pecuniarias medidas en salarios mínimos.
El artículo 54, a su vez, asimila al hurto, robo y tráfico de bienes culturales a los respectivos delitos
establecidos en el Código Penal que tienen pena de prisión de 2 a 10 años.
La rigurosidad de las sanciones penales en la legislación de Guatemala nos eximen de mayores comentarios
en cuanto a la consideración de la gravedad de la cuestión en todo lo referente a la violación de la protección de
su patrimonio cultural.
La ley del 22 de Abril de 1993 del El Salvador, en el artículo 46 establece como sanción por incumplimiento
a multas medidas en salarios mínimos, decomiso, expropiación de los bienes y la acción penal correspondiente
cuya aplicación y responsabilidad reitera en el artículo 48 sin perjuicio de la nulidad de los actos señalada en el
artículo 47.
El decreto 1142 de 1982 de Nicaragua, dispone a partir del artículo 38 un régimen penal con multas y
arresto hasta dos años para los infractores, más el decomiso de los bienes e instrumentos utilizados para
cometerlas, sometiendo en el artículo 43 a los funcionarios que en conocimiento de las infracciones no las
denunciaren a las mismas penas que los autores. Las normas sobre importación y exportación forman parte de la
legislación sobre defraudación y contrabando aduanero establecida en el decreto 942.
La ley sancionada el 16 de junio de 2044 en Perú señala en el artículo 33° que está prohibida la salida del
país de todo bien mueble integrante del patrimonio cultural, salvo los casos de exhibición temporal, y estudios o
restauraciones que no puedan hacerse en el país, con la debida autorización, por el artículo 10° se sanciona con
la pérdida automática de la propiedad en favor del Estado a todo intento o exportación ilícita sin perjuicio de las
sanciones civiles y penales.
La ley federal de México fija severas sanciones por incumplimiento que van hasta los diez años de prisión
por realización de trabajos de exploración arqueológica sin autorización (art. 47) y por cualquier acto traslativo
de dominio "o comercie con él" y al que los transportare, exhiba o reproduzca sin permiso y la inscripción
correspondiente (art. 50). La misma pena para el que los destruya o dañe (art. 52) o se apodere de un bien de
esta categoría (art. 51) incrementándose la pena hasta doce años de prisión par el que pretenda sacar o saque del
país un monumento arqueológico sin el permiso pertinente (art. 53). Por cierto que contempla con más gravedad
aún, incrementando en hasta dos tercios la pena para la reincidencia y la habitualidad.
Por último, para mencionar sólo algunos ejemplos, diremos que el Decreto 81 de 1984 de Honduras, sin
perjuicio de las multas o el decomiso, establece en los artículos 36° a 42°, penas privativas de la libertad. A la
exportación penas de seis meses a tres años de reclusión; a la que adquiera o transfiera ilícitamente, seis meses a
un año de reclusión; en caso de reiteración hasta dos años, al que realizare trabajos de excavación, remoción, o
rotura de tierras en sitios arqueológicos sin previa autorización de seis meses a tres años de reclusión.
Como vemos el tema penal en forma más o menos grave fue receptado en toda la legislación comparada.
I. La ley 25.743
Sin embargo no obstante la trascendencia de la cuestión, es el aspecto peor tratado por la ley nacional.
Se refiere al mismo bajo el titulo "De las infracciones y sanciones" en los artículos 38 al 45 y bajo el titulo
"De los delitos y sus penas" en los artículos 46 a 49.
Es menester una labor de interpretación previa, para salvar al régimen sancionatorio, que es como salvar a la
ley misma, porque sin su aplicación, sería imposible o muy difícil mantener su vigencia.
Afortunadamente la ley dividió perfectamente los dos aspectos: a) el primero referido al régimen
sancionatorio administrativo (arts. 38 al 45) y b) el segundo al régimen penal en los artículos 46 a 49.
Comenzaremos por los segundos que son los más importantes y los más claros.
II. Los delitos contra el patrimoniocultural o infracciones a la ley 25.743
II.1 Las conductas, las sanciones.
El bien jurídico tutelado: A fin de que pueda existir un delito es menester que previamente exista un bien
jurídico al que se pretende tutelar, que en este caso es el patrimonio arqueológico y paleontológico nacional, que
forman parte del patrimonio cultural de la Nación.
La ley define en su artículo 2° en que consiste: "Forman parte del patrimonio arqueológico las cosas
muebles e inmuebles o vestigios de cualquier naturaleza que se encuentran en la superficie, subsuelo o
sumergidos en aguas jurisdiccionales, que pueden proporcionar información sobre los grupos socioculturales
que habitaron el país en épocas precolombinas hasta épocas históricas recientes.
Forman parte del patrimonio paleontológico los organismos o parte de organismos o indicios de actividad
vital de organismos que vivieron en el pasado geológico y toda concentración natural de fósiles en un cuerpo de
roca o sedimentos expuestos en la superficie o situados en el subsuelo o bajo aguas jurisdiccionales".
El decreto reglamentario, 1022/04 (Adla, LXIV-D, 4224), en su artículo 2 sostiene que la autoridades de
aplicación, o sea el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, en el caso de la
arqueología y el Museo Nacional de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" en el caso de la paleontología
"...definirán, a los efectos de la ley, los siguientes términos: Objeto arqueológico, fósil, lote, colección,
yacimiento y pasado geológico...", palabras incluidas no sólo en el texto del artículo 2 sino en todo el resto del
cuerpo de la ley 25.743.
No obstante ello, entendemos que los fines de la ley penal, estas definiciones podrán aclarar tal vez la
voluntad judicial, pero estimamos que al no estar en la ley, serán los jueces los encargados de dirimir las dudas
que surjan al respecto.
En lo que se refiere a las "Épocas Históricas Recientes" abarcan a los últimos 100 años contados a partir de
la fecha de sucedidos los hechos o actos de que se trate, según interpreta el Poder Ejecutivo Nacional en el
mismo artículo del mencionado decreto 1022/04.
Esta fecha no es arbitraria sino que esta tomada de los tratados internacionales suscriptos por el país que
utilizan la misma expresión y el mismo lapso. (Incisos e) y k) del artículo primero de la Convención de la
UNESCO de 1970, Sobre medidas que deben adoptarse para prohibir la importación, la exportación y la
transferencia de propiedades ilícitas de bienes culturales ratificada por ley 19.943, (Adla, XXXIII-D, 5160)
(Incisos e) y k) del anexo del Convenio UNIDROIT Sobre bienes culturales robados o exportados ilícitamente,
ratificado por ley 25.157, Adla, LIX-D, 3956)
El tráfico ilícito de estos bienes o sea todo aquel que no cuente con los requisitos y condiciones o
formalidades de la ley es sancionado mediante los artículos que más abajo detallamos.
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ARTICULO 46.-"Será reprimido de un (1) mes a un (1) año de prisión o reclusión y con inhabilitación
especial de hasta tres (3) años, el que realizare por si u ordenare realizar a terceros tareas de prospección,
remoción o excavación en yacimientos arqueológicos y paleontológicos".
La acción es "realizar por si u ordenar a terceros tareas de prospección, remoción o excavación en
yacimientos arqueológicos o paleontológicos"
La ley no lo dice pero se entiende que es la realización de esas acciones (prospección, remoción o
excavación) sin la debida concesión que debe otorgar la autoridad de aplicación correspondiente, nacional o
provincial, en su caso, para tal fin.
Nadie podría cometer un delito si el Estado lo autoriza a la realización del acto supuestamente penado.
Lo que la ley pretende sancionar, es lo vulgarmente conocido como "huaqueo", que es la apropiación de
bienes de manera ilícita o ilegítima por quienes no están autorizados para tenerlos, extraerlos, llevárselos y
mucho menos comerciarlos o transferirlos por ningún medio.
Recordemos que los bienes son declarados de dominio público (art. 9°) y de propiedad de la Provincia, o el
municipio o bien de la Nación, según donde se encuentren, ni siquiera de los investigadores autorizados que
sólo pueden ejercer una tenencia temporal sobre ellos (art. 30).
Por otra parte el artículo habla de realizar esas acciones "en yacimientos arqueológicos o paleontológicos".
Esto tiene dos interpretaciones: Primero) que los yacimientos ya están descubiertos por otros o Segundo)
que los yacimientos son descubiertos por el que comete el delito, porque si la prospección, excavación o
remoción no se hace sobre un yacimiento o no encuentra un yacimiento, no habría delito.
La pena es de un mes a un año de prisión o reclusión con más la de hasta tres años de inhabilitación
especial.
ARTICULO 47.-"Si durante la comisión del hecho descripto en la norma precedente, se produjere un
deterioro en los objetos ocasionándose una pérdida irreparable para el patrimonio cultural del Estado, se estará
incurso en el delito de daño prescripto en los artículos 183 y 184 del Código Penal".
Este es en realidad un agravante del anterior, porque dispone que si de aquella acción, o sea de la
prospección, excavación o remoción no autorizada "se produjere un deterioro en los objetos ocasionándose una
perdida irreparable para el patrimonio cultural del Estado, se estará incurso en el delito de daño prescripto en los
artículos 183 y 184 del Código Penal".
En primer análisis vemos que si bien pretende ser una agravante, no lo es, al menos en cuanto a la pena, en
lo que se refiere al artículo 183 del Código Penal, dado que este establece como pena sólo la de prisión de
quince días a un año, mientras que el 46 de la ley 25.743 fija una pena superior que es de reclusión o prisión y el
mínimo es mayor pues es de un mes a un año, con la accesoria de inhabilitación especial hasta tres años, es
decir que este artículo 47, en la primera opción , o sea la del 183 es claramente más grave que el artículo 183 del
Código Penal.
En cambio con respecto al artículo 184, este si establece un a pena de prisión superior en la mínima y en la
máxima, aunque no dispone la de reclusión ni la accesoria de inhabilitación, dado que impone la de prisión de
tres meses a cuatro años.
Por otra parte el art. 183 sólo es aplicable cuando no constituya otro delito más severamente penado, como
es el caso, por lo que este artículo (el 183 del Código Penal) jamás podrá aplicarse.
El hecho puede cometerse por acción o por omisión, como dice Fontán Balestra (Derecho Penal- Parte
especial, pag. 566), pero el delito de daño es un delito doloso.
Cabría entonces preguntarse qué ocurriría si el deterioro es accidental.
En este caso, al no aplicarse el artículo 183 del Código Penal, por tratarse de un delito más severamente
penado, podría interpretarse de dos maneras: 1) al no distinguir la ley si el deterioro es provocado o casual,
podría aplicarse como una figura penal distinta al delito de daño y por ende admitir la forma culposa, o 2) como
se trata en realidad de la obtención de objetos o bienes que la ley dispone que son de dominio público, se
entiende que quien los comete obra a sabiendas de la criminalidad de su acto, porque los bienes que trata de
obtener son de un tercero y que jamás podrán ser propios, por ende con el dolo suficiente o eventual de saber
que si produce en su accionar, la perdida o el menoscabo por deterioro de una pieza estará incurso en este delito.
En consecuencia el único artículo que podría aplicarse en el presente supuesto sería el del artículo 184 del
Código Penal que contiene las agravantes del daño.
ARTICULO 48.-" Será reprimido con prisión de dos (2) meses a dos (2) años y con inhabilitación especial
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de hasta cinco (5) años, el que transportare, almacenare, comprare, vendiere, industrializare o de cualquier modo
pusiere en el comercio piezas, productos o subproductos provenientes de yacimientos arqueológicos y
paleontológicos nacionales e internacionales"
Las acciones en este delito son varias: "transportar"; "Almacenar"; "Comprar"; "Vender"; "industrializar" o "
de cualquier modo pusiere en el comercio piezas, productos, subproductos provenientes de yacimientos
arqueológicos y paleontológicos nacionales e internacionales".
Para ser más correcta la redacción debió decir: "arqueológicos y/o paleontológicos" o "nacionales y/o
internacionales" a fin de dejar más claro que las alternativas son todas las posibles.
La inclusión de los bienes internacionales en el tráfico ilícito es debida claramente a los convenios
internacionales que Argentina ratificó, como hemos mencionado en el capitulo correspondiente, tanto los
multinacionales como los bilaterales (Leyes 19.943; 25.157; 25.568, Adla, LXII-C, 2845 y 25.832 Adla,
LXIV-A, 74, con el Perú, por ejemplo)
Cabria preguntarse que significa "industrializar", porque si fueran cantidades de copias, obviamente carecen
de valor histórico, y además, al no ser productos de ningún yacimiento arqueológico o paleontológico no le
alcanzaría la sanción, por lo tanto pareciera que en realidad se refiere a cualquier modificación que se hiciera en
la pieza, ya sea para modificarla, subdividirla, o incorporarla a otra de la misma clase de bienes o de bienes de
otra especie.
La ultima parte, redactada en forma genérica, le da la suficiente amplitud al tipo como para sancionar por
todo concepto las acciones que tiendan a colocar objetos de esta naturaleza, en el mercado paralelo, dado que las
transacciones no se podrían realizar públicamente debido a que se trata de bienes de dominio público.
Es común ver las ofertas que se realizan por Internet.
ARTICULO 49.- "La tentativa de exportación e importación del territorio nacional de piezas, productos o
subproductos arqueológicos o paleontológicos y colecciones arqueológicas o paleontológicas, será pasible de las
penas previstas para el delito de contrabando establecidas en los artículos 863 y concordantes del Código
Aduanero".
En este artículo prevalecen dos principios, uno de la propia ley 25.743, (artículo 51 y arts. 6 y 51 del decreto
reglamentario 1022/04, que establecen las formas de circulación) que prohíbe la exportación de productos
originarios de culturas locales y otro, que surge de los convenios internacionales, aprobados por leyes de la
Republica, de exportación o importación de bienes de culturas extranjeras, aunque también podría darse el caso
de importación de culturas originales propias que hayan sido exportados irregularmente con anterioridad porque
la ley no distingue.
En realidad el delito es el de contrabando, el artículo lo único que hace es agravar la tentativa y le impone la
pena del contrabando consumado, aunque esto ya estaba previsto en la ley 21.898 en el artículo 190 de la ley de
aduanas y en el artículo 872 del Código aduanero.("El delito de contrabando", Vidal Albarracín, pag 154)
Fíjese que en este caso se agrega a las colecciones a fin seguramente de recuperar las que estando aun en
manos particulares y no registradas, de acuerdo al artículo 16 de la ley 25.743, son utilizadas con fines de lucro
o privadas del control estatal.
Recordemos que este tipo de bienes sólo puede ser exportado con el certificado de exportación expedido por
el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano en el caso de los bienes arqueológicos o
del Museo Nacional de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en el caso de los paleontológicos pues son las
autoridades nacionales de aplicación en cada caso.
III. Las infracciones y sanciones
Se refiere a ellas en los artículos 38 a 45 y son completamente inconstitucionales. A nuestro criterio deben
tenerse por no escritos pues son totalmente inaplicables.
Es indudable en el mundo jurídico, que el Poder de Policía o "el poder genérico de reglamentación general
interna" como lo denomina Rafael Bielsa (Principios de Derecho Administrativo, pag 584) corresponde a las
provincias en sus respectivas jurisdicciones y la nación nunca podría haber legislado sobre el.
"Este poder corresponde, en forma general y comprensiva, a las provincias (y por delegación de ellas a los
municipios) por ser una atribución implícita del gobierno local". "Su ejercicio consiste en la acción inmediata y
directa del poder público, en lo que respecta a la seguridad, higiene y bienestar de ellas, como también a las
cosas de propiedad particular, independientemente de la policía del dominio público" sobre las personas, dice
con sencillez y claridad meridiana el referido maestro.
Sostiene que el referido poder esta establecido en la Constitución Nacional en dos formas: a) positivas
(según el principio de la autonomía provincial (Art. 121 según el cual las provincias conservan todo el poder no
delegado a la nación y por el Art. 122 cuando se dan sus propias instituciones locales) y b) negativas (Art. 126
al no encontrarse en la enumeración de las limitaciones impuestas a los gobiernos de provincia señaladas en el).
Por su parte Juan Abad Hernando en "Estudios de Derecho Administrativo", pags. 155 y ss., sostiene "En la
complejidad de la función de gobierno es deber del Estado, estructurado jurídicamente, la defensa, por los
medios de coerción que la ley establece, del "buen orden de la cosa publica", contra toda perturbación que
pueda provenir del ejercicio aislado de los derechos individuales", para ir definiendo al poder de policía, y más
adelante agrega:"Creemos que si el sistema de poderes federales son los delegados explícita o implícitamente
por las Provincias y están establecidos en la normatividad de la Constitución, y si las Provincias se han
reservado los no delegados, quedándose con la mayoría de las atribuciones del poder de policía, según lo ha
sentado la Corte Suprema de Justicia de la Nación, es indudable que la amplitud de la "potestas" poder de
policía se encuentra en el llamado "poder residual" de las Provincias ( como lo denomina la jurisprudencia
norteamericana)".
En estos artículos se invade la jurisdicción provincial y se excede los límites de una ley marco que
impondría el artículo 41 de la Constitución Nacional.
Siendo así estimamos que no pueden aplicarse y en consecuencia cada jurisdicción, o sea cada provincia y la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, deberán dictar sus respectivas legislaciones complementarias con el
régimen sancionatorio administrativo, creando las infracciones que fueran menester, e imponiéndoles en el
marco limitado, por supuesto de la actuación , al derecho administrativo local, las sanciones pertinentes.
Así podría o mejor dicho, debe referirse, el régimen sancionatorio local, a incumplimientos al plan de
trabajos aprobado en materia de concesiones, a registraciones incorrectas, a incumplimientos de tareas de
conservación, en fin, a un cúmulo de cuestiones que establece la ley o que la Provincia crea conveniente para
complementarla, pero jamás a los delitos o las conductas que aquélla tipifica como delitos.
En el sistema federal legislado en nuestra Constitución Nacional, existen dos tipos de administraciones, la
nacional y la de cada uno de los Estados autónomos o provincias incluyendo en este último grupo a la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, cada una con su debida competencia y en esos ámbitos ejercen cada una de ellas
este poder de policía.
Roberto Dromi (Derecho Administrativo, pags. 561 y ss) dice que "Las limitaciones a los derechos
individuales, en razón del interés público, se denominan policía y poder de policía".
El régimen sancionatorio que se legisla en cada jurisdicción importa el castigo a determinadas conductas
consideradas prohibidas, sin alcanzar estas el rango de delitos, pero que al ser limitativas de los derechos
individuales en razón del interés público, como dice Dromi, conforman parte del campo de ejercicio de ese
poder de policía de los Estados.
"Las limitaciones administrativas exteriorizan la necesidad publica de "reglamentar", "regular", "ordenar", "
limitar" e " imponer ", otras conductas por razones de bien común", agregando más adelante para distinguirla
correctamente que: "La policía es una función, no un órgano de la administración".
Dice este autor sobre la competencia, siguiendo el criterio más arriba señalado que: "Desde el punto de vista
constitucional, Nación y Provincias cuentan con competencias para reglamentar y limitar, legislativa y/o
administrativamente, el ejercicio de los derechos. En este sentido se habla de poderes concurrentes entre el
Estado soberano y los Estados miembros autónomos (Art. 1, 5, 75, 121, 122, 125, 126 de la CN.)".
"Tales competencias concurrentes habilitan a ambos Estados, nacional y provincial, para regular el ejercicio
de los derechos, siempre y cuando no se produzca una situación de incompatibilidad, por tratarse de
competencias excluyentes, en pro de uno u otro Estado, delegadas o reservadas, en la misma norma
constitucional".
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, fijó tempranamente, en un fallo dictado en 1869 en la causa
"Bonorino, E., en representación de la Empresa Plaza de Toros" esta doctrina, al resolver en un pedido de
inconstitucionalidad de una ley de la Provincia de Buenos Aires que prohibía las corridas de toros que : "... es
un principio de derecho constitucional que la policía de las provincias esta a cargo de sus gobiernos locales,
entendiéndose incluidos en los poderes que se han reservado, el de proveer lo conveniente a la seguridad,
salubridad y moralidad de sus vecinos" (fallos 7: 150).
Esta doctrina sólo fue modificada parcialmente por la Corte para casos de emergencia nacional, o de
limitación contractual y de emergencia económico social.
Jorge Luis Villada en su obra "Manual de Derecho Contravencional", pag. 12, ratifica esta doctrina y
expresa: "En países como la Argentina, el poder de policía de las provincias se halla entre aquellos no delegados
a la Nación, por lo que pueden ejercerlo conforme a la constitución local y leyes que reglamentan su ejercicio,
pero sujeto a los principios, derechos y garantías consagrados en la Constitución Nacional".
"Distinto es lo que ocurre en países como Brasil, que se ha dado la ley nacional de contravenciones (dec. ley
3688 del 3-X-41) a lo largo de 72 artículos en un abierto sentido contra su organización federal u Honduras
(Cod. Penal, Libro III); o Chile (Art. 494 a 501 de su Cod. Penal) aunque en el caso de esta ultima nación es
explicable, ya que posee un sistema de organización política de corte unitario o centralizado. Por fin México, si
bien mezcla algunas disposiciones penales comunes con las contravenciones, tiene un régimen autónomo para
cada Estado."
El propio Enrique Aftalión, ("Derecho Penal Económico") partidario de la idea de que nada impediría a la
Nación dictar el Código Contravencional o agregarlo al Código Penal, postura que sólo contó, en su momento,
con algunos adherentes en doctrina pero que no se aplica ni se aplicó en ninguna provincia del país, pues todas
tiene sus propios códigos de faltas o contravencionales, dice: (ob. Cit. Pags. 84/85) "Sabido es que del carácter
federal de nuestro país resulta que las leyes que sanciona el Congreso de la Nación (leyes nacionales) pueden
ser de tres clases: 1) Locales: las que se aplicaban únicamente en la Capital Federal ( hoy en lugares de
jurisdicción nacional, este agregado y modificación es nuestro por el cambio de status jurídico - constitucional
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), territorios nacionales y lugares adquiridos en las provincias, a los
fines de la organización, administración y gobierno de los mismos; 2) Comunes: Las que se aplican en todo el
país ( art. 67, inc. 11, Constitución Nacional) (hoy artículo 75 inc. 11 de la carta magna) comprenden: a ) Los
códigos civil, comercial, penal, y de minería y del trabajo y seguridad social, así como las leyes modificatorias y
ampliatorias de los mismos; b) Toda ley que se refiera a materias comprendidas en dichos códigos, aunque el
legislador nada exprese; 3) Federales: las que dicta el Congreso de la Nación, en ejercicio de las atribuciones
conferidas al mismo en los demás incisos del Art. 67 de la Constitución (hoy 75), que no estén comprendidos ni
en las leyes locales ni en las comunes. Por ejemplo: los impuestos nacionales, de correos, de fomento, de
aduanas, etc.".
"Por otra parte, como consecuencia del principio básico según el cual conservan todo el poder no delegado
en el poder central, las provincias tienen también la facultad de legislar en materia penal, siempre que no
invadan el campo de lo que han atribuido al Congreso de la Nación (La facultad de dictar el Código Penal Art.
67 inc. 11) (Hoy 75 inc. 11)".
Esta facultad de legislar en materia penal, es obviamente, el derecho Contravencional o el régimen
disciplinario o sancionatorio administrativo.
Jorge Luis Villada (ob. Cit. Pag. 18 y SS) se ocupa de aclarar perfectamente las diferencias entre el derecho
penal común y el derecho Contravencional y las faltas administrativas y porque la postura de Aftalión se
encuentra superada y no tuvo recepción legislativa y expresa: " Las pretensiones de algunas escuelas penales, de
llevar el derecho Contravencional por su carácter sancionatorio (represivo) a la esfera del derecho común ,
presentándolo como un ordenamiento de "menor jerarquía que delictivo" y "no autónomo del mismo", a nuestro
criterio, desembocan en la peligrosa consecuencia de elevar al simple infractor administrativo, a la categoría de
delincuente menor." Y agrega más adelante: " Pero al margen de estas posturas ideológicas, debemos remarcar
que ontológicamente el derecho Contravencional se diferencia de las previsiones de carácter criminal, pues sus
regulaciones están dirigidas a toda actividad ciudadana, tolerando inclusive la sanción a personas jurídicas,
cuestión esta, que es inaceptable en materia de derecho penal común."
A su vez Jorge A. Clariá Olmedo (Derecho Procesal Penal TII, pags. 44 y ss.) también acepta a la justicia
administrativa como facultad provincial no delegada pero sostiene que debiera ser aplicada por jueces o bien ,
en su caso, tener siempre una vía de apelación, un recurso jurisdiccional.
Esto es debido a que en muchas provincias, el juez de faltas es generalmente el Jefe de Policía, o bien que
son los funcionarios jerárquicos de las distintas reparticiones quienes aplican las sanciones por las faltas
administrativas.
En consecuencia queda absolutamente claro, a nuestro entender que la materia es poder no delegado y
corresponde a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en las esferas de sus respectivas
jurisdicciones y que la nación nunca pudo legislar sobre ellas.
III.1 En el orden nacional
Ahora bien, de la misma forma, podríamos entender, que si bien el régimen no es aplicable para las
provincias, porque sería violatorio del sistema de las autonomías provinciales consagrado en la Constitución
Nacional, podría ser aplicable a la administración nacional o a los lugares y organismos que se encuentren bajo
su jurisdicción, sobre los cuales el Congreso de la Nación tendría competencia.
En este caso entendemos que tampoco pueden ser aplicables por lo siguiente:
a) los acciones sancionables descriptas en los artículos 38 y 43 son iguales a las de los tipos penales
descriptos en los artículos 46 a 48.
b) Las penas de apercibimiento, multa, decomiso, suspensión, inhabilitación o clausura son sensiblemente
inferiores a la de los artículos 46 a 48.
c) Por lo tanto por aplicación de la ley más benigna en el orden nacional nunca podrían aplicarse los
artículos 46 a 48 o sea la ley penal, en consecuencia se aplicarían sólo las sanciones administrativas.
d) Esto establecería una discriminación importante con las provincias en las que tendría vigencia dicho
régimen, estableciendo una ley penal aplicable sólo en ellas y no en la jurisdicción nacional. Es decir que habría
dos leyes penales, lo que sería en nuestro sistema un verdadero absurdo jurídico y violatorio del principio de
igualdad ante la ley del Art. 16 de la Constitución Nacional.
e) Por lo tanto entendemos que la inconstitucionalidad de dichos artículos es general y por eso pensamos
que no pueden aplicarse.
El tema es difícil y arduo, como se ve, y podría admitir otras interpretaciones, pero se nos ocurre que esta es
una de las que hace posible la aplicación de las penalidades de la ley en forma más clara.
En realidad cuando tuve oportunidad de preguntar a quienes estuvieron cerca de los legisladores cuando se
aprobó la ley, la razón o la causa de haber cometido tamaña torpeza, la respuesta que me dio una de las personas
que intervino en la cuestión fue, que cuando se alcanzó el régimen penal, que se agregó al final del estudio del
tema, era con la condición de sacar el régimen sancionatorio, es decir de reemplazarlo por ese otro texto y que
inexplicablemente, en vez de reemplazarlo lo agregaron y por ello terminó sancionada de esta forma tan
peculiar.
Esto sirve como aclaración, en todo caso, para quien intente bucear el espíritu del legislador, si es que eso le
sirve para algo, aunque ya no creo.
Estimo que más claridad aportaría una supresión o derogación de los artículos de referencia, pero mientras
tanto la protección debe seguir corriendo.
III.2 La competencia judicial
Entendemos que la competencia para juzgar estos delitos es federal.
Nos basamos para fundar esta cuestión en varios argumentos:
1) En que el bien jurídico tutelado como dijimos oportunamente según los artículos 1 y 2 de la ley 25.743 es
el patrimonio arqueológico y paleontológico "...como parte integrante del patrimonio cultural de la Nación..."
según reza textualmente el artículo 1.
Pero por si alguna duda quedara, en el artículo 4 dice expresamente: "Serán facultades exclusivas de la
Nación: a) Ejercer la tutela del patrimonio Arqueológico y Paleontológico. En orden a ello deberá adoptar las
medidas tendientes a su preservación, investigación y a fomentar la divulgación; b) Ejercer la defensa y custodia
del patrimonio Arqueológico y Paleontológico en el ámbito internacional mediante la prevención y sanción de
importaciones o exportaciones ilegales. En orden a ello deberá instrumentar las acciones para gestionar la
devolución de los bienes Arqueológicos y/o Paleontológicos al correspondiente país de origen".
La tutela es la tutela jurídica, porque la propiedad de los bienes, que son de dominio público, es de la
Nación, las provincias o los municipios según el lugar donde se encuentren como dice o prevé el artículo 9 de la
ley 25.743.
Diferenciándose el patrimonio cultural, con entidad propia, como un bien metajurídico, de la propiedad de
los bienes o sea del patrimonio material.
No podría referirse a otra tutela que no fuera la jurídica cuando en el apartado b) aclara que se refiere al
orden internacional también, y por ello previene y sanciona las importaciones y exportaciones ilegales, cuya
comisión en grado de tentativa esta penada igual que el contrabando según el artículo 49 (Art. 863 y
concordantes del Código Aduanero), lo que importa señalar que la consumación de la operación es tenida como
el delito de contrabando, cuya competencia es federal.
Delito de contrabando que como dice Vidal Albarracín (ob. Cit. Pag 40 y ss.)" se refiere a todo acto de
sustraer las mercaderías a la verificación de la aduana", más allá de la existencia de perjuicio fiscal o no, porque
Ambiente (COFEMA) los niveles de riesgo de los diferentes residuos industriales, ello surge de la remisión al
artículo 57, incs. a) y c). Análogas remisiones legales de concertación establece para acordar los criterios
generales, mínimos y comunes sobre los métodos y la factibilidad de almacenamiento, tratamiento y disposición
final de los residuos industriales y de actividades de servicio.
Prevé, asimismo, que la autoridad de aplicación nacional acordará con las autoridades provinciales los
criterios generales sobre las condiciones de cierre de plantas operadoras (art. 35), así como las características y
contenidos del estudio de impacto ambiental y las condiciones de habilitación de las plantas de almacenamiento,
tratamiento y disposición final de residuos industriales y de actividades de servicio (art. 33).
No puede dejar de observarse que estos mandatos legales al día de la fecha no han sido cumplidos, además
de carecer ellos de las mínimas pautas para llevar a cabo la pretendida concertación, carencia que resulta
inaceptable, teniendo en cuenta la existencia estándares mundialmente aceptados, lo cual resulta la principal
causa de la falta de operatividad de la ley.
Ello a diferencia de la ley 24.051, que posee normas específicas y operativas en materia de documentación
de traslado interjurisdiccional, estudios de impacto ambiental, gestión de las plantas de almacenamiento,
tratamiento y disposición final, entre otros aspectos que la ley 25.612 deja librados a la concertación.
IV. Tránsito interjurisdiccional y registros en la ley 25.612
Otro aspecto cuya redacción es muy desafortunada es la regulación del transporte interjurisdiccional: el
artículo 26 de la ley prevé que cuando el transporte de los residuos deba realizarse fuera de los límites
provinciales, deberá existir un convenio previo entre las jurisdicciones intervinientes.
La reglamentación del comercio interprovincial e interjurisdiccional y el tránsito que ello conlleva
constituye una atribución legislativa del gobierno federal, conforme lo previsto en el artículo 75, inciso 13, de la
Constitución Nacional y no puede ser librada a más de quinientos acuerdos que deberían realizar entre sí las
provincias y la Ciudad de Buenos Aires.
Este es otro aspecto que no se encuentra de hecho vigente, toda vez que la documentación de traslado de
tránsito interjurisdiccional de residuos continúa rigiéndose por el sistema de manifiestos previsto en el art. 12 de
la ley 24.051; esta involución en el transporte interjurisdiccional es puesta de manifiesto por Bec y Franco (1).
Asimismo, el "Sistema de Información Integrado" previsto por la ley 25.612 en sus artículos 19 y 20
reemplazaría o complementaría de un modo más genérico al Registro Nacional de Generadores y Operadores de
Residuos Peligrosos de la ley 24051, la cual contiene en su texto recaudos específicos para la inscripción (arts.
15, 23, 34 y concs.), aunque la primera nuevamente deja librados a reglamentación posterior los requisitos
mínimos y comunes para la inscripción en los diferentes registros, incluyendo los provinciales.
V. Responsabilidad administrativa en la ley 25.612
Probablemente lo más desafortunado de la ley sea el capítulo correspondiente a la responsabilidad
administrativa: su art. 44 prevé distintos tipos de sanción, que van desde apercibimiento y multa, hasta clausura,
suspensión o cancelación definitiva de las habilitaciones, las cuales se graduarán de acuerdo con la naturaleza de
la infracción y riesgo o daño ocasionado (art. 45). Hasta allí es una redacción similar a la ley 24.051.
Sin embargo, el artículo 49 expresa que lo ingresado en concepto de multas será percibido por las
autoridades provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según corresponda, para conformar un
fondo destinado, exclusivamente, a la restauración y protección ambiental, no pudiendo ser utilizado para otros
fines presupuestarios, en cada una de las jurisdicciones, y de acuerdo a lo que establezcan las normas
complementarias.
Existen dos cuestiones que no pueden soslayarse en esta desmañada redacción: en primer lugar, vulnera
facultades no delegadas por las provincias, ya que éstas poseen su autonomía en materia procedimental y
sancionatoria, además de pretender desde el gobierno federal dar una afectación presupuestaria a los recursos
que les ingresen en concepto de multas, realmente muy desafortunado.
En segundo lugar, el texto legal parece pretender vaciar de competencias sancionatorias a la autoridad
federal, que, además, no podría percibir las multas que aplica. Ni hablar en caso de que la infracción sea
cometida en un río que es límite interprovincial, establecimientos de utilidad nacional o zona económica
exclusiva de la plataforma continental marítima.
Paradójicamente, esta ley complementaría el régimen de responsabilidad administrativa de la ley 24.051:
mientras esta última establece el régimen penal administrativo a aplicar por la autoridad nacional de aplicación,
la primera desconoce la potestad sancionatoria de la autoridad nacional de aplicación y pretende regular los
procedimientos locales, aunque hasta ahora con nulo éxito.
Por último, su artículo 50 mantiene la desafortunada redacción del artículo 49 de la ley 24.051, al establecer
la solidaridad de las sanciones previstas en el artículo 44 de la primera respecto de quienes tengan a cargo la
dirección, administración o gerencia en los casos en que el infractor fuese una persona jurídica.
Como hemos señalado oportunamente (2), esta solidaridad tiene su raigambre en normas similares en
derecho infraccional cambiario, régimen aduanero y leyes impositivas, cuyo propósito es evitar la lesión
patrimonial al Fisco, haciendo extensiva la sanción en caso de insolvencia a directivos que presuntamente han
tenido inmediatez en la gestión económica de la empresa, mientras en la gestión ambiental esta inmediatez no es
tal necesariamente, en tanto tampoco es un objetivo de las normas ambientales la protección de los ingresos
fiscales.
VI. Aspectos de la ley 25.612 que se encontrarían operativos y pueden constituir un avance positivo
Existen algunos aspectos que pueden constituir una innovación positiva, como el sistema de importación de
residuos peligrosos previsto en el artículo 6 de la ley, el cual prohíbe la importación, introducción y transporte
de todo tipo de residuos provenientes de otros países al territorio nacional y sus espacios aéreo y marítimo, con
excepción de aquellos residuos que por reglamentación sean incluidos, previamente, en una lista positiva,
aprobados por la autoridad de aplicación y que los interesados demuestren, en forma fehaciente, que serán
utilizados como insumos de procesos industriales.
En lo que concierne al seguro ambiental, la ley establece que tanto los transportistas como los responsables
de las plantas de almacenamiento, tratamiento o disposición final de residuos deben contratar un seguro de
responsabilidad civil, caución, fianza bancaria, la constitución de un autoseguro o un fondo de reparación, u otra
garantía equivalente, según lo determine la reglamentación, a efectos de asegurar la recomposición de los
posibles daños ambientales que su actividad pudiera causar (arts. 27 y 38).
Este texto legal fue fundamento de la resolución 177/2007 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo
Sustentable por la cual se aprueban las normas operativas para la contratación de seguros previstos por el
artículo 22 de la ley 25.675, cabe tener presente que el seguro ambiental es legislado en 2002 con la sanción de
la Ley General del Ambiente y no se encontraba previsto en la ley 24.051.
Otro aspecto que guarda una saludable congruencia con el artículo 7 de la Ley General del Ambiente 25675
es la competencia de la justicia ordinaria que corresponda (art. 55), en relación a delitos que involucren residuos
industriales y de actividades de servicio, un interesante avance, teniendo en cuenta los complejos planteos de
competencia que se han desarrollado con la aplicación de la ley 24.051, aunque habrá que analizar la evolución
jurisprudencial para sacar conclusiones.
En el mismo orden de ideas, puede mencionarse la obligación del generador de reusar sus residuos, como
materia prima o insumo de otros procesos productivos o reciclarlos (art. 11, inc. e).
VII. Conclusiones: ¿ley posterior y especial deroga a la anterior?
Si de un modo arbitrario clasificásemos las razones de la falta de aplicación de la ley 25.612, las razones de
facto surgen en forma palmaria: deja casi todos los aspectos de gestión librados reglamentaciones o
concertaciones que no se han llevado a cabo, deshace la labor registral realizada al amparo de la ley 24051,
desconoce las facultades sancionatorias de la autoridad nacional y conduce a la imposibilidad fáctica del tránsito
interprovincial de los residuos. Nada menos.
En igual sentido, la doctrina posterior a la sanción de la ley tomó en mayor o menor medida las cuestiones
expuestas a lo largo del trabajo y fue en general crítica de ella; tampoco puede soslayarse que la concertación
que la norma prevé no se ha llevado a cabo y que en particular la gestión del COFEMA a este respecto ha sido
dilatoria y negligente.
Pero las razones de iure se presentan algo más complejas: como principio general, ha señalado Kemelmajer
de Carlucci (3) que si toda ley nueva deroga la anterior en cuanto es incompatible, parece lógico que la vieja deje
de estar vigente en el mismo instante en que la nueva entra en vigor, dado que el fundamento último del
principio de la modernidad radica en que la norma posterior deroga a la anterior porque, de otro modo, no cabría
la evolución del ordenamiento jurídico.
Existe asimismo un elemento que tornaría más restrictiva la vigencia de la ley 24.051, toda vez que el
decreto 1343/2002 que promulga la ley 25.612, fundamenta el veto de las disposiciones penales de ésta y el
artículo derogatorio de la primera, por poseer "un régimen de responsabilidad penal cuyo artículo 52 contiene
elementos típicos que la definen como una figura 'abierta' desde una perspectiva de análisis dogmática y que a
través de los artículos 53 y 54 se establece una figura culposa y a través del artículo restante, se determina el
régimen de responsabilidad de las personas jurídicas, resultando prudente entonces, mantener la vigencia del
régimen penal establecido en la ley 24.051".
© Thomson Reuters Información Legal 3
Documento
Es decir, que mientras el legislador en su proyecto derogó in totum la ley 24.051, el Poder Ejecutivo
Nacional observó los artículos 51 a 54 y 60 del proyecto de ley al solo efecto de mantener la vigencia del
régimen penal anterior, surgiendo en forma clara el alcance del veto de los propios fundamentos decreto
1343/2002.
Sin embargo, no hay jurisprudencia relativa a la inaplicabilidad de la ley 24.051 en aquellos aspectos en los
que la nueva ley legisla de modo especial y posterior, como tampoco se conocen sumarios administrativos con
planteos de inaplicabilidad y menos aún resoluciones administrativas que resuelvan ello de oficio o a petición de
parte.
Todo ello configura un caso inédito de vigencia de un texto legal: la Administración continúa aplicándola, el
sector regulado o legitimado pasivo no impugna su aplicación y la justicia, como último intérprete, no ha
resuelto casos al respecto.
Ha señalado acertadamente Pedro Frías (4): "no hay que corregir opinablemente; es preferible la experiencia
social del texto a una alternativa dudosa. La realidad tiene hoy más capacidad de presencia que las ideologías".
Hoy día, la "experiencia social" evidencia que resulta imperiosa la derogación de la ley 25.612, pero en casi
quince años nadie le puso el cascabel al gato.
Una propuesta viable podría consistir en conformar una comisión de expertos que, con un propósito acotado
y limitándose a compatibilizar ambos textos legales vigentes, proponga incorporar a la ley 24.051 aquellos
aspectos que puedan constituir un avance positivo, ya sea modificando, agregando o sustituyendo su articulado
y derogar la ley 25.612.
(1) BEC, Eugenia y FRANCO, Horacio, Presupuestos mínimos de protección ambiental, capítulo XIV,
Cathedra Jurídica, Buenos Aires, 2010.
(2) IRIBARREN, Federico J. y SARAVIA, Ramiro A., "Singularidades del sistema de responsabilidad civil
previsto en la ley 24.051 de Residuos Peligrosos", JA 2001-I-1153/1156.
(3) KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, La aplicación del Código Civil y Comercial a las relaciones y
situaciones jurídicas existentes, online, www.juslapampa.gob.ar.
(4) FRÍAS, Pedro, "La nueva Constitución del Chaco", ED del 5/12/1994.
CONSERVACION DE LA FAUNA
LEY Nº 22.421
Ordenamiento legal que tiende a resolver los problemas derivados de la depredación que sufre la
fauna silvestre.
EN uso de las atribuciones conferidas por el artículo 5º del Estatuto para el Proceso de Reorganización
Nacional,
CAPITULO I
DE LA CONSERVACION DE LA FAUNA
ARTICULO 1º — Declárase de interés público la fauna silvestre que temporal o permanentemente habita el
Territorio de la República, así como su protección, conservación, propagación, repoblación y
aprovechamiento racional.
Todos los habitantes de la Nación tienen el deber de proteger la fauna silvestre, conforme a los reglamentos
que para su conservación y manejo dicten las autoridades de aplicación.
Cuando el cumplimiento de este deber causare perjuicios, fehacientemente comprobados, los mismos
deberán ser indemnizados por la vía administrativa, por el Estado Nacional o los provinciales en sus
respectivas jurisdicciones, de conformidad con las disposiciones que dictarán al efecto las autoridades de
aplicación.
En jurisdicción nacional, en caso de desestimarse total o parcialmente los reclamos formulados, los
interesados podrán recurrir ante el Juez Federal competente, interponiendo y fundando recurso de apelación
dentro de los quince (15) días hábiles de notificados de la resolución respectiva.
ARTICULO 2º — En la reglamentación y aplicación de esta ley las autoridades deberán respetar el equilibrio
entre los diversos beneficios económicos, culturales, agropecuarios, recreativos y estéticos que la fauna
silvestre aporta al hombre, pero dando en todos los casos la debida prelación a la conservación de la misma
como criterio rector de los actos a otorgarse.
1) Los animales que viven libres e independientes del hombre, en ambientes naturales o artificiales.
2) Los bravíos o salvajes que viven bajo control del hombre, en cautividad o semicautividad.
3) Los originalmente domésticos que, por cualquier circunstancia, vuelven a la vida salvaje conviertiéndose
en cimarrones.
Quedan excluidos del régimen de la presente Ley los animales comprendidos en las leyes sobre pesca. La
autoridad jurisdiccional de aplicación acordará con la Secretaría de Estado de Intereses Marítimos la división
correspondiente en los casos dudosos.
ARTICULO 4º — Se ajustarán a las disposiciones de esta Ley y sus reglamentos, la caza, hostigamiento,
captura o destrucción de sus crías, huevos, nidos y guaridas, tenencia, posesión, tránsito, aprovechamiento,
comercio y transformación de la fauna silvestre y sus productos o subproductos.
ARTICULO 6º — Queda prohibido dar libertad a animales silvestres en cautiverio, cualquiera fuese la
especie o los fines perseguidos, sin la previa conformidad de la autoridad de aplicación, nacional o provincial
servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/35000-39999/38116/texact.htm 1/6
6/2/2021 INFOLEG
según corresponda.
CAPITULO II
CAPITULO III
ARTICULO 9º — A los fines del transporte y del comercio interprovincial, el propietario, administrador,
poseedor o tenedor a cualquier título legítimo del fundo, proveerá al cazador de un documento donde conste
el producto de la caza, el que intervendrá la autoridad competente.
Si por cualquier circunstancia el cazador no pudiere obtener dicho documento, lo solicitará a la autoridad
competente más próxima, la que lo otorgará siempre que acredite haber cazado dentro del fundo con el
debido permiso de las personas mencionadas en el párrafo anterior, en la forma que prescriban los
reglamentos de la autoridad de aplicación.
ARTICULO 11. — Con la venta o cesión a cualquier título de los animales de caza y sus productos y
subproductos, se transferirán los documentos que los amparen.
ARTICULO 12. — Realizada cualquier transformación de los productos de la caza u operaciones de comercio
que requieran nuevos documentos las autoridades los proveerán a sus dueños para acreditar legítima
posesión, previa presentación y anulación de los que amparaban el producto originario.
En todos los casos, al ingresar a jurisdicción federal o al realizarse actos de comercio internacional o
interprovincial, estos documentos serán presentados por sus dueños ante la autoridad nacional de aplicación,
a los fines de su fiscalización.
CAPITULO IV
ARTICULO 13. — Los estudios de factibilidad y proyectos de obras tales como desmonte, secado y drenaje
de tierras inundables, modificaciones de cauce de río, construcción de diques y embalses, que puedan causar
transformaciones en el ambiente de la fauna silvestre, deberán ser consultados previamente a las
autoridades nacionales o provinciales competentes en materia de fauna.
ARTICULO 14. — Antes de autorizar el uso de productos venenosos o tóxicos que contengan sustancias
residuales nocivas, en especial los empleados para la destrucción de aquellos invertebrados o plantas que
son el alimento natural de determinadas especies, deberán ser previamente consultadas las autoridades
nacionales o provinciales competentes en materia de fauna silvestre.
CAPITULO V
DE LA CAZA
ARTICULO 15. — A los efectos de esta Ley, entiéndese por Caza la acción ejercida por el hombre, mediante
el uso de artes, armas y otros medios apropiados, persiguiendo o apresando ejemplares de la fauna silvestre
con el fin de someterlos bajo su dominio apropiárselos como presa, capturándolos, dándoles muerte o
facilitando estas acciones a terceros.
ARTICULO 16. — El Poder Ejecutivo Nacional y cada provincia, establecerán por vía reglamentaria las
limitaciones a la práctica de la caza por razones de protección y conservación de las especies o de seguridad
pública.
servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/35000-39999/38116/texact.htm 2/6
6/2/2021 INFOLEG
Será requisito indispensable para practicar la caza:
a) Contar con la autorización del propietario o administrador o poseedor o tenedor a cualquier título legítimo
del fundo;
b) Haber obtenido la licencia correspondiente, previo examen de capacitación. Esta licencia la expedirán las
autoridades jurisdiccionales de aplicación o las entidades públicas o privadas en las que aquéllas podrán
delegar esta función en la forma que determine el decreto reglamentario. Las licencias expedidas por la
Nación o por las provincias adheridas al régimen de la presente Ley, de conformidad con las disposiciones de
la misma y su reglamentación, tendrán validez en todo el territorio de la República. Las provincias no
adheridas podrán celebrar convenios a tales efectos.
El Poder Ejecutivo Nacional establecerá, por vía de reglamentación, los requisitos indispensables para expedir
la licencia de caza. Las provincias conservan competencia propia para legislar o reglamentar sobre las demás
modalidades relativas al otorgamiento de esta licencia, así como también acerca de todo lo concerniente a
los permisos de caza dentro de sus respectivas jurisdicciones.
CAPITULO VI
ARTICULO 17. — El control sanitario de la fauna silvestre proveniente del exterior y la que fuera objeto de
comercio de tránsito internacional o interprovincial, será ejercido por el Servicio Nacional de Sanidad Animal,
de acuerdo con las leyes que reglan su competencia y funcionamiento.
En el supuesto de que la fauna silvestre tenga por hábitat territorios provinciales, el control sanitario será
ejercido por los servicios de las respectivas provincias, pudiendo actuar el Servicio Nacional de Sanidad
Animal en los casos en que las provincias interesadas así lo soliciten.
ARTICULO 19. — La autoridad nacional de aplicación y las de las provincias adheridas al régimen de la
presente Ley, deberán adoptar —con el objeto de promover la protección, conservación y aprovechamiento
de la fauna silvestre— medidas para fomentar, entre otras, las siguientes actividades:
b) El establecimiento de cotos cinegéticos oficiales y privados, jardines zoológicos y reservas faunísticas con
fines deportivos, culturales y/o recreativos turísticos, que podrán tener propósito de lucro.
ARTICULO 20. — En caso de que una especie de la fauna silvestre autóctona se halle en peligro de
extinción o en grave retroceso numérico, el Poder Ejecutivo Nacional deberá adoptar medidas de emergencia
a fin de asegurar su repoblación y perpetuación. Las provincias prestarán su colaboración y la autoridad de
aplicación nacional aportará los recursos pertinentes, pudiendo disponer también la prohibición de la caza del
comercio interprovincial y de la exportación de los ejemplares y productos de la especie amenazada.
CAPITULO VII
ARTICULO 21. — El Poder Ejecutivo Nacional y los de las provincias determinarán las autoridades que
tendrán a su cargo la aplicación de las disposiciones de esta Ley en sus respectivas jurisdicciones.
a) Administrar los fondos destinados al cumplimiento de esta Ley por el Presupuesto General de la Nación;
b) Armonizar la protección y conservación de la fauna silvestre con el uso y aprovechamiento de los recursos
naturales que constituyen su medio de vida;
c) Coordinar con los demás organismos oficiales competentes el establecimiento de normas para:
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2. La eliminación de desechos industriales y otros elementos perjudiciales;
h) Programar y coordinar la realización de estudios e investigaciones científicas y técnicas sobre este recurso
natural, con instituciones oficiales y privadas, nacionales e internacionales;
l) Señalar al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria las necesidades previstas en el Artículo 18.
Asimismo la autoridad nacional de aplicación queda facultada para otorgar subsidios a las provincias que se
adhieran al régimen de la presente Ley, para contribuir a la instalación y funcionamiento de las áreas de
protección previstas en el Artículo 19, inciso a), así como para las tareas de investigación, conservación y
manejo de la fauna silvestre autóctona a realizarse en los respectivos territorios.
ARTICULO 23. — Serán funciones de la autoridad nacional de aplicación en los lugares sujetos a su
jurisdicción exclusiva.
CAPITULO VIII
ARTICULO 24. — Será reprimido con prisión de un (1) mes a un (1) año y con inhabilitación especial de
hasta tres (3) años, el que cazare animales de la fauna silvestre en campo ajeno sin la autorización
establecida en el Artículo 16, inciso a).
ARTICULO 25. — Será reprimido con prisión de dos (2) meses a dos (2) años y con inhabilitación especial
de hasta cinco (5) años, el que cazare animales de la fauna silvestre cuya captura o comercialización estén
prohibidas o vedadas por la autoridad jurisdiccional de aplicación.
La pena será de cuatro (4) meses a tres (3) años de prisión con inhabilitación especial de hasta diez (10)
años cuando el hecho se cometiere de modo organizado o con el concurso de tres (3) ó más personas o con
armas, artes o medios prohibidos por la autoridad jurisdiccional de aplicación.
ARTICULO 26. — Será reprimido con prisión de dos (2) meses a dos (2) años y con inhabilitación especial
de hasta cinco (5) años el que cazare animales de la fauna silvestre utilizando armas, artes o medios
prohibidos por la autoridad jurisdiccional de aplicación.
ARTICULO 27. — Las penas previstas en los artículos anteriores se aplicarán también al que a sabiendas
transportare, almacenare, comprare, vendiere, industrializare o de cualquier modo pusiere en el comercio
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piezas, productos o subproductos provenientes de la caza furtiva o de la depredación.
CAPITULO IX
ARTICULO 28. — Las infracciones que se cometan en violación de las disposiciones de esta Ley y sus
reglamentaciones, serán sancionadas con:
a) Multa de setenta mil pesos ($ 70.000) a cincuenta millones de pesos ($ 50.000.000), la que llevará
aparejada el comiso de los animales, pieles, cueros, lanas, pelos, plumas, cuernos y demás productos,
subproductos y derivados en infracción. En todos los casos se decomisarán las armas o artes empleadas,
cartuchos, trampas y otros instrumentos utilizados para cometer la infracción. El destino de los animales u
objetos decomisados será establecido en las disposiciones reglamentarias.
(Nota Infoleg: las modificaciones a los montos de las multas previstas en el presente inciso pueden
consultarse clickeando en el enlace "Esta norma es complementada o modificada por X norma(s).")
b) Suspensión de un (1) mes a dos (2) años o cancelación de la licencia de caza deportiva, sanciones que
serán graduadas de acuerdo a la naturaleza y gravedad de la infracción, el perjuicio causado y los
antecedentes del infractor.
c) Suspensión, inhabilitación o clausura de los locales o comercios, como asimismo suspensión o cancelación
de licencias de caza comercial. En todos los casos podrán ser de un (1) año hasta cinco (5) años y se
aplicarán sólo a los reincidentes.
ARTICULO 29. — Las sanciones serán impuestas por la autoridad de aplicación, previo sumario que asegure
el derecho de defensa, conforme al procedimiento que se fije en cada jurisdicción.
Contra las decisiones administrativas que impongan sanciones podrá interponerse recurso de apelación, al
solo efecto devolutivo, ante la autoridad judicial competente, dentro de los cinco (5) días de su notificación.
El recurso deberá presentarse y fundarse ante el órgano que la dictó. En jurisdicción nacional conocerán del
recurso las respectivas cámaras federales de apelación.
CAPITULO X
ARTICULO 30. — La autoridad jurisdiccional de aplicación designará agentes públicos investidos con
atribuciones para controlar el cumplimiento de esta ley, los que podrán ser honorarios o rentados. Estos
agentes, en el ejercicio de sus funciones, quedan especialmente facultados para:
b) Secuestrar los instrumentos y objetos de la infracción así como los documentos que habiliten al infractor.
e) Inspeccionar los campos y cursos de agua privados, moradas, casas habitaciones y domicilios, previa
autorización del propietario u ocupante legítimo; en los casos de negativa injustificada o cuando no resultare
posible obtener dicha autorización, será necesaria orden de allanamiento expedida por juez competente.
h) Portar armas y proceder a la detención de los presuntos infractores, cuando realicen tareas de vigilancia
como guardafaunas dentro de reservas, estaciones o santuarios ecológicos.
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ARTICULO 31. — El Poder Ejecutivo Nacional dispondrá lo necesario a fin de hacer conocer a los educandos
las disposiciones de esta Ley y la significación de la protección y conservación de la fauna silvestre en
general, invitando a los gobiernos de las provincias a hacer lo propio.
ARTICULO 32. — El Poder Ejecutivo Nacional suscribirá convenios con las provincias a fin de uniformar los
diversos sistemas de documentación local sobre fauna silvestre entre sí y con el que rige para el comercio
interprovincial y en territorio federal, así como armonizar los regímenes de caza, protección y veda vigentes
en el territorio de cada provincia.
ARTICULO 33. — El Poder Ejecutivo Nacional promoverá la concertación, con las autoridades provinciales,
del ejercicio de las facultades constitucionales concurrentes a los fines de la aplicación de esta Ley.
ARTICULO 34. — Todas las disposiciones de la presente Ley regirán en los lugares sujetos a la jurisdicción
exclusiva del Gobierno Nacional, así como el comercio internacional e interprovincial y en las provincias que
se adhieran al régimen de la misma. En las provincias no adheridas regirán los artículos 1º, 20, 24, 25, 26 y
27.
ARTICULO 35. — En los Parques Nacionales, Monumentos Naturales y Reservas Nacionales, en todo lo
concerniente a la fauna silvestre, regirán la legislación específica para esas áreas y los artículos 3º, 16, inciso
a), 24, 25, 26 y 27 de la presente ley.
En el ámbito de las áreas protegidas administradas por la Administración de Parques Nacionales, será
exclusivamente el citado organismo, en su calidad de autoridad administrativa de aplicación, el responsable
de dictar las normas complementarias y aclaratorias sobre la protección y manejo de la fauna silvestre y de
establecer las prohibiciones previstas en los artículos 25 y 26 de la presente ley.
Las disposiciones de este artículo se aplicarán también en las reservas naturales estrictas y en las reservas
naturales silvestres y educativas, administradas por el Estado nacional a través de la Administración de
Parques Nacionales.
ARTICULO 37. — Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.
VIDELA
Albano E. Harguindeguy
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RESIDUOS PELIGROSOS
Ley Nº 24.051
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc., sancionan con fuerza
de Ley:
CAPITULO I
ARTICULO 2° — Será considerado peligroso, a los efectos de esta ley, todo residuo que pueda causar daño,
directa o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general.
En particular serán considerados peligrosos los residuos indicados en el Anexo I o que posean alguna de las
características enumeradas en el Anexo II de esta ley.
Las disposiciones de la presente serán también de aplicación a aquellos residuos peligrosos que pudieren
constituirse en insumos para otros procesos industriales.
Quedan excluidos de los alcances de esta ley los residuos domiciliarios, los radiactivos y los derivados de las
operaciones normales de los buques, los que se regirán por leyes especiales y convenios internacionales
vigentes en la materia.
La presente prohibición se hace extensiva a los residuos de origen nuclear, sin perjuicio de lo establecido en
el último párrafo del artículo anterior.
CAPITULO II
Cumplidos los requisitos exigibles, la autoridad de aplicación otorgará el Certificado Ambiental, instrumento
que acredita, en forma exclusiva, la aprobación del sistema de manipulación, transporte, tratamiento o
disposición final que los inscriptos aplicarán a los residuos peligrosos.
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ARTICULO 6° — La autoridad de aplicación deberá expedirse dentro de los noventa (90) días contados
desde la presentación de la totalidad de los requisitos. En caso de silencio, vencido el término indicado, se
aplicará lo dispuesto por el artículo 10 de la Ley Nacional de Procedimientos Administrativos N° 19.549.
ARTICULO 7° — El Certificado Ambiental será requisito necesario para que la autoridad que en cada caso
corresponda, pueda proceder a la habilitación de las respectivas industrias, transportes, plantas de
tratamiento o disposición y otras actividades en general que generen u operen con residuos peligrosos.
La autoridad de aplicación de la presente ley podrá acordar con los organismos responsables de la
habilitación y control de los distintos tipos de unidades de generación o transporte, la unificación de
procedimientos que permita simplificar las tramitaciones, dejando a salvo la competencia y Jurisdicción de
cada uno de los organismos intervinientes.
La autoridad de aplicación podrá inscribir de oficio a los titulares que por su actividad se encuentren
comprendidos en los términos de la presente ley.
En caso de oposición, el afectado deberá acreditar, mediante el procedimiento que al respecto determine la
reglamentación, que sus residuos no son peligrosos en los términos del artículo 2° de la presente.
ARTICULO 10. — No será admitida la inscripción de sociedades cuando uno o más de sus directores,
administradores, gerentes, mandatarios o gestores, estuvieren desempeñando o hubieren desempeñado
alguna de esas funciones en sociedades que estén cumpliendo sanciones de suspensión o cancelación de la
inscripción por violaciones a la presente ley cometidas durante su gestión.
ARTICULO 11. — En el caso de que una sociedad no hubiera sido admitida en el Registro o que admitida
haya sido inhabilitada ni ésta ni sus integrantes podrán formar parte de otras sociedades para desarrollar
actividades reguladas por esta ley, ni hacerlo a título individual, excepto los accionistas de sociedades
anónimas y asociados de cooperativas que no actuaron en las funciones indicadas en el artículo anterior
cuando se cometió la infracción que determinó la exclusión del Registro.
CAPITULO III
DEL MANIFIESTO
ARTICULO 12. — La naturaleza y cantidad de los residuos generados, su origen, transferencia del
generador al transportista, y de éste a la planta de tratamiento o disposición final, así como los procesos de
tratamiento y eliminación a los que fueren sometidos, y cualquier otra operación que respecto de los mismos
se realizare, quedará documentada en un instrumento que llevará la denominación de "manifiesto".
ARTICULO 13. — Sin perjuicio de los demás recaudos que determine la autoridad de aplicación el manifiesto
deberá contener:
b) Datos identificatorios del generador, del transportista y de la planta destinataria de los residuos
peligrosos, y sus respectivos números de inscripción en el Registro de Generadores y Operadores de
Residuos Peligrosos;
d) Cantidad total -en unidades de peso, volumen y concentración- de cada uno de los residuos peligrosos a
ser transportados; tipo y número de contenedores que se carguen en el vehículo de transporte;
f) Firmas del generador, del transportista y del responsable de la planta de tratamiento o disposición final.
CAPITULO IV
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DE LOS GENERADORES
ARTICULO 14. — Será considerado generador, a los efectos de la presente, toda persona física o jurídica
que, como resultado de sus actos o de cualquier proceso, operación o actividad, produzca residuos calificados
como peligrosos en los términos del artículo 2° de la presente.
ARTICULO 15. — Todo generador de residuos peligrosos, al solicitar su inscripción en el Registro Nacional
de Generadores y Operadores de Residuos Peligrosos deberá presentar una declaración jurada en la que
manifieste, entre otros datos exigibles, lo siguiente:
a) Datos identificatorios: nombre completo o razón social; nómina del directorio, socios gerentes,
administradores, representantes y/o gestores, según corresponda; domicilio legal;
b) Domicilio real y nomenclatura catastral de las plantas generadoras de residuos peligrosos; características
edilicias y de equipamiento;
c) Características físicas, químicas y/o biológicas de cada uno de los residuos que se generen;
d) Método y lugar de tratamiento y/o disposición final y forma de transporte, si correspondiere, para cada
uno de los residuos peligrosos que se generen;
k) Listado del personal expuesto a efectos producidos por las actividades de generación reguladas por la
presente ley, y procedimientos precautorios y de diagnóstico precoz.
Los datos incluidos en la presente declaración jurada serán actualizados en forma anual.
ARTICULO 16. — La autoridad de aplicación establecerá el valor y la periodicidad de la tasa que deberán
abonar los generadores, en función de la peligrosidad y cantidad de residuos que produjeren, y que no será
superior al uno por ciento (1%) de la utilidad presunta promedio de la actividad en razón de la cual se
generan los residuos peligrosos. A tal efecto tendrá en cuenta los datos contemplados en los incisos c), d),
e), f),. g), h), i) y j) del artículo anterior.
c) Envasar los residuos, identificar los recipientes y su contenido, numerarlos y fecharlos, conforme lo
disponga la autoridad de aplicación;
d) Entregar los residuos peligrosos que no trataren en sus propias plantas a los transportistas autorizados,
con indicación precisa del destino final en el pertinente manifiesto, al que se refiere el artículo 12 de la
presente.
ARTICULO 18. — En el supuesto de que el generador esté autorizado por la autoridad de aplicación a tratar
los residuos en su propia planta, deberá llevar un registro permanente de estas operaciones.
ARTICULO 19. — A los efectos de la presente ley se consideran residuos patológicos los siguientes:
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a) Residuos provenientes de cultivos de laboratorio;
e) Algodones, gasas, vendas usadas, ampollas, jeringas, objetos cortantes o punzantes, materiales
descartables, elementos impregnados con sangre u otras sustancias putrescibles que no se esterilizan;
f) Agentes quimioterápicos.
Los residuos de naturaleza radiactiva se regirán por las disposiciones vigentes en esa materia, de
conformidad con lo normado en el artículo 2°.
ARTICULO 21. — No será de aplicación a los generadores de residuos patológicos lo dispuesto por el
artículo 16.
ARTICULO 22. — Todo generador de residuos peligrosos es responsable, en calidad de dueño de los
mismos, de todo daño producido por éstos, en los términos del Capítulo VII de la presente ley.
CAPITULO V
ARTICULO 23. — Las personas físicas o jurídicas responsables del transporte de residuos peligrosos
deberán acreditar, para su inscripción en el Registro Nacional de Generadores y Operadores de Residuos
Peligrosos:
a) Datos identificatorios del titular de la empresa prestadora del servicio y domicilio legal de la misma;
c) Listado de todos los vehículos y contenedores a ser utilizados, así como los equipos a ser empleados en
caso de peligro causado por accidente;
d) Prueba de conocimiento para proveer respuesta adecuada en caso de emergencia que pudiere resultar de
la operación de transporte;
e) Póliza de seguro que cubra daños causados, o garantía suficiente que, para el caso, establezca la
autoridad de aplicación.
Estos datos no son excluyentes de otros que pudiere solicitar la autoridad de aplicación.
ARTICULO 24. — Toda modificación producida en relación con los datos exigidos en el artículo precedente
será comunicada a la autoridad de aplicación dentro de un plazo de treinta (30) días de producida la misma.
ARTICULO 25. — La autoridad de aplicación dictará las disposiciones complementarias a que deberán
ajustarse los transportistas de residuos peligrosos, las que necesariamente deberán contemplar:
a) Apertura y mantenimiento por parte del transportista de un registro de las operaciones que realice, con
individualización del generador, forma de transporte y destino final;
e) Obtención por parte de los conductores de su correspondiente licencia especial para operar unidades de
transporte de sustancias peligrosas.
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ARTICULO 26. — El transportista sólo podrá recibir del generador residuos peligrosos si los mismos vienen
acompañados del correspondiente manifiesto a que se refiere el artículo 12, los que serán entregados, en su
totalidad y solamente, a las plantas de tratamiento o disposición final debidamente autorizadas que el
generador hubiera indicado en el manifiesto.
ARTICULO 27. — Si por situación especial o emergencia los residuos no pudieren ser entregados en la
planta de tratamiento o disposición final indicada en el manifiesto, el transportista deberá devolverlos al
generador o transferirlos a las áreas designadas por la autoridad de aplicación con competencia territorial en
el menor tiempo posible.
ARTICULO 28. — El transportista deberá cumplimentar, entre otros posibles, los siguientes requisitos:
a) Portar en la unidad durante el transporte de residuos peligrosos un manual de procedimientos así como
materiales y equipamiento adecuados a fin de neutralizar o confinar inicialmente una eventual liberación de
residuos;
d) Identificar en forma clara y visible al vehículo y a la carga, de conformidad con las normas nacionales
vigentes al efecto y las internacionales a que adhiera la República Argentina;
e) Disponer, para el caso de transporte por agua, de contenedores que posean flotabilidad positiva aun con
carga completa, y sean independientes respecto de la unidad transportadora.
a) Mezclar residuos peligrosos con residuos o sustancias no peligrosas, o residuos peligrosos incompatibles
entre sí;
c) Transportar, transferir o entregar residuos peligrosos cuyo embalaje o envase sea deficiente;
d) Aceptar residuos cuya recepción no esté asegurada por una planta de tratamiento y/o disposición final;
ARTICULO 30. — En las provincias podrán trazarse rutas de circulación y aéreas de transferencia dentro de
sus respectivas jurisdicciones, las que serán habilitadas al transporte de residuos peligrosos. Asimismo las
jurisdicciones colindantes podrán acordar las rutas a seguir por este tipo de vehículos, lo que se comunicará
al organismo competente a fin de confeccionar cartas viales y la señalización para el transporte de residuos
peligrosos.
Para las vías fluviales o marítimas la autoridad competente tendrá a su cargo el control sobre las
embarcaciones que transporten residuos peligrosos, así como las maniobras de carga y descarga de los
mismos.
ARTICULO 31. — Todo transportista de residuos peligrosos es responsable, en calidad de guardián de los
mismos, de todo daño producido por éstos en los términos del Capítulo VII de la presente ley.
ARTICULO 32. — Queda prohibido el transporte de residuos peligrosos en el espacio aéreo sujeto a la
jurisdicción argentina.
CAPITULO VI
ARTICULO 33. — Plantas de tratamiento son aquellas en las que se modifican las características física, la
composición química o la actividad biológica de cualquier residuo peligroso, de modo tal que se eliminen sus
propiedades nocivas, o se recupere energía y/o recursos materiales, o se obtenga un residuo menos
peligroso, o se lo haga susceptible de recuperación, o más seguro para su transporte o disposición final.
Son plantas de disposición final los lugares especialmente acondicionados para el depósito permanente de
residuos peligrosos en condiciones exigibles de seguridad ambiental.
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En particular quedan comprendidas en este artículo todas aquellas instalaciones en las que se realicen las
operaciones indicadas en el anexo III.
ARTICULO 34. — Es requisito para la inscripción de plantas de tratamiento y/o disposición final en el
Registro Nacional de Generadores y Operadores de Residuos Peligrosos la presentación de una declaración
jurada en las que se manifiesten, entre otros datos exigibles, los siguientes:
a) Datos identificatorios: Nombre completo y razón social; nómina, según corresponda, del directorio, socios
gerentes, administradores, representantes, gestores; domicilio legal;
g) Especificación del tipo de residuos peligrosos a ser tratados o dispuestos, y estimación de la cantidad
anual y análisis previstos para determinar la factibilidad de su tratamiento y/o disposición en la planta, en
forma segura y a perpetuidad;
d) Descripción del sitio donde se ubicará la planta, y soluciones técnicas a adoptarse frente a eventuales
casos de inundación o sismo que pudieren producirse, a cuyos efectos se adjuntará un dictámen del Instituto
Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) y/o del Instituto Nacional de Ciencias y Técnicas Hídricas
(INCYTH), según correspondiere;
e) Estudios hidrogeológicos y procedimientos exigibles para evitar o impedir el drenaje y/o el escurrimiento
de los residuos peligrosos y la contaminación de las fuentes de agua;
f) Descripción de los contenedores, recipientes, tanques, lagunas o cualquier otro sistema de almacenaje.
ARTICULO 35. — Los proyectos de instalación de plantas de tratamiento y/o disposición final de residuos
peligrosos deberán ser suscriptos por profesionales con incumbencia en la materia.
ARTICULO 36. — En todos los casos los lugares destinados a la disposición final como relleno de seguridad
deberán reunir las siguientes condiciones, no excluyentes de otras que la autoridad de aplicación pudiere
exigir en el futuro:
a) Una permeabilidad del suelo no mayor de 10 cm/seg. hasta una profundidad no menor de ciento cincuenta
(150) centímetros tomando como nivel cero (0) la base del relleno de seguridad; o un sistema análogo, en
cuanto a su estanqueidad o velocidad de penetración;
b) Una profundidad del nivel freático de por lo menos dos (2) metros, a contar desde la base del relleno de
seguridad;
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c) Una distancia de la periferia de los centros urbanos no menor que la que determine la autoridad de
aplicación;
d) El proyecto deberá comprender una franja perimetral cuyas dimensiones determinará la autoridad de
aplicación.
En caso de denegarse la misma, caducará de pleno derecho cualquier autorización y/o permiso que pudiera
haber obtenido su titular.
ARTICULO 38. — Si se tratare de un proyecto para la instalación de una nueva planta, la inscripción en el
Registro sólo implicará la aprobación del mismo y la autorización para la iniciación de las obras; para su
tramitación será de aplicación lo dispuesto por el artículo 6°.
ARTICULO 39. — Las autorizaciones, que podrán ser renovadas, se otorgarán por un plazo máximo de diez
(10) años, sin perjuicio de la renovación anual del Certificado Ambiental.
ARTICULO 40. — Toda planta de tratamiento y/o disposición final de residuos peligrosos deberá llevar un
registro de operaciones permanente, en la forma que determine la autoridad de aplicación, el que deberá ser
conservado a perpetuidad, aun si hubiere cerrado la planta.
ARTICULO 41. — Para proceder al cierre de una planta de tratamiento y/o disposición final el titular deberá
presentar ante la autoridad de aplicación, con una antelación mínima de noventa (90) días, un plan de cierre
de la misma.
La autoridad de aplicación lo aprobará o desestimará en un plazo de treinta (30) días, previa inspección de la
planta.
a) Una cubierta con condiciones físicas similares a las exigidas en el inciso a) del artículo 36 y capaz de
sustentar vegetación herbácea;
ARTICULO 43. — La autoridad de aplicación, no podrá autorizar el cierre definitivo de la planta sin previa
inspección de la misma.
ARTICULO 44. — En toda planta de tratamiento y/o disposición final, sus titulares serán responsables, en su
calidad de guardianes de residuos peligrosos, de todo daño producido por estos en función de lo prescripto
en el Capítulo VII de la presente ley.
CAPITULO VII
DE LAS RESPONSABILIDADES
ARTICULO 45. — Se presume, salvo prueba en contrario, que todo residuo peligroso es cosa riesgosa en los
términos del segundo párrafo del artículo 1113 del Código Civil, modificado por la Ley N° 17.711.
ARTICULO 48. — La responsabilidad del generador por los daños ocasionados por los residuos peligrosos no
desaparece por la transformación, especificación, desarrollo, evolución o tratamiento de éstos, a excepción
de aquellos daños causados por la mayor peligrosidad que un determinado residuo adquiere como
consecuencia de un tratamiento defectuoso realizado en la planta de tratamiento o disposición final.
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CAPITULO VIII
ARTICULO 49. — Toda infracción a las disposiciones de esta ley, su reglamentación y normas
complementarias que en su consecuencia se dicten, será reprimida por la autoridad de aplicación con las
siguientes sanciones, que podrán ser acumulativas:
a) Apercibimiento;
b) Multa de CINCUENTA MILLONES DE AUSTRALES (50.000.000) CONVERTIBLES —Ley 23.928— hasta cien
(100) veces ese valor;
Estas sanciones se aplicarán con prescindencia de la responsabilidad civil o penal que pudiere imputarse al
infractor.
ARTICULO 50. — Las sanciones establecidas en el artículo anterior se aplicarán, previo sumario que asegure
el derecho de defensa, y se graduarán de acuerdo con la naturaleza de la infracción y el daño ocasionado.
ARTICULO 51. — En caso de reincidencia, los mínimos y los máximos de las sanciones previstas en los
incisos b) y c) del artículo 49 se multiplicarán por una cifra igual a la cantidad de reincidencias aumentada en
una unidad. Sin perjuicio de ello a partir de la tercera reincidencia en el lapso indicado más abajo, la
autoridad de aplicación queda facultada para cancelar la inscripción en el Registro.
Se considerará reincidente al que, dentro del término de tres (3) años anteriores a la fecha de comisión de la
infracción, haya sido sancionado por otra infracción.
ARTICULO 52. — Las acciones para imponer sanciones a la presente ley prescriben a los cinco (5) años
contados a partir de la fecha en que se hubiere cometido la infracción.
ARTICULO 53. — Las multas a que se refiere el artículo 49 así como las tasas previstas en el artículo 16
serán percibidas por la autoridad de aplicación, e ingresarán como recurso de la misma.
ARTICULO 54. — Cuando el infractor fuere una persona jurídica, los que tengan a su cargo la dirección,
administración o gerencia, serán personal y solidariamente responsables de las sanciones establecidas en el
artículo 49.
CAPITULO IX
REGIMEN PENAL
ARTICULO 55. — Será reprimido con las mismas penas establecidas en el artículo 200 del Código Penal, el
que, utilizando los residuos a que se refiere la presente ley, envenenare, adulterare o contaminare de un
modo peligroso para la salud, el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general.
Si el hecho fuere seguido de la muerte de alguna persona, la pena será de diez (10) a veinticinco (25) años
de reclusión o prisión.
ARTICULO 56. — Cuando alguno de los hechos previstos en el artículo anterior fuere cometido por
imprudencia o negligencia o por impericia en el propio arte o profesión o por inobservancia de los
reglamentos u ordenanzas, se impondrá prisión de un (1) mes a dos (2) años.
Si resultare enfermedad o muerte de alguna persona, la pena será de seis (6) meses a tres (3) años.
ARTICULO 57. — Cuando alguno de los hechos previstos en los dos artículos anteriores se hubiesen
producido por decisión de una persona jurídica, la pena se aplicará a los directores, gerentes, síndicos,
miembros del consejo de vigilancia, administradores, mandatarios o, representantes de la misma que
hubiesen intervenido en el hecho punible, sin perjuicio de las demás responsabilidades penales que pudiesen
existir.
ARTICULO 58. — Será competente para conocer de las acciones penales que deriven de la presente ley la
Justicia Federal.
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6/2/2021 LEY 24.051 Sancionada: Diciembre 17 de 1991
CAPITULO X
DE LA AUTORIDAD DE APLICACION
ARTICULO 59. — Será autoridad de aplicación de la presente ley el organismo de más alto·nivel con
competencia en el área de la política ambiental, que determine el Poder Ejecutivo.
b) Ejecutar los planes, programas y proyectos del área de su competencia, elaborados conforme las
directivas que imparta el Poder Ejecutivo;
d) Entender en el ejercicio del poder de policía ambiental, en lo referente a residuos peligrosos, e intervenir
en la radicación de las industrias generadoras de los mismos;
f) Crear un sistema de información de libre acceso a la población. con el objeto de hacer públicas las medidas
que se implementen en relación con la generación, manipulación, transporte, tratamiento y disposición final
de residuos peligrosos;
g) Realizar la evaluación del impacto ambiental respecto de todas las actividades relacionadas con los
residuos peligrosos;
i) Intervenir en los proyectos de inversión que cuenten o requieran financiamiento específico proveniente de
organismos o instituciones nacionales o de la cooperación internacional;
l) Ejercer todas las demás facultades y atribuciones que por esta ley se le confieren.
ARTICULO 61. — La autoridad de aplicación privilegiará la contratación de los servicios que puedan brindar
los organismos oficiales competentes y universidades nacionales y provinciales, para la asistencia técnica a
que el ejercicio de sus atribuciones requiriere.
ARTICULO 63. — La autoridad de aplicación será asistida por un Consejo Consultivo, de carácter honorario,
que tendrá por objeto asesorar y proponer iniciativas sobre temas relacionados con la presente ley.
Estará integrado por representantes de: Universidades nacionales, provinciales o privadas; centros de
investigaciones; asociaciones y colegios de profesionales; asociaciones de trabajadores y de empresarios;
organizaciones no gubernamentales ambientalistas y toda otra entidad representativa de sectores
interesados. Podrán integrarlo, además, a criterio de 1a autoridad de aplicación, personalidades reconocidas
en temas relacionados con el mejoramiento de la calidad de vida.
CAPITULO XI
DISPOSICIONES COMPLEMENTARIAS
ARTICULO 64. — Sin perjuicio de las modificaciones que la autoridad de aplicación pudiere introducir en
atención a los avances científicos o tecnológicos, integran la presente ley los anexos que a continuación se
detallan:
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I — Categorías sometidas a control.
ARTICULO 65. — Deróganse todas las disposiciones que se oponen a la presente ley.
ARTICULO 66. — La presente ley será de orden público y entrará en vigencia a los noventa (90) días de su
promulgación, plazo dentro del cual el Poder Ejecutivo la reglamentará.
ARTICULO 67. — Se invita a las provincias y a los respectivos municipios, en el área de su competencia, a
dictar normas de igual naturaleza que la presente para el tratamiento de los residuos peligrosos.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS DIECISIETE DIAS
DEL MES DE DICIEMBRE DEL AÑO MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y UNO.
ANEXO I
Corrientes de desechos
Y1 Desechos clínicos resultantes de la atención médica prestada en hospitales, centros médicos y clínicas
para salud humana y animal.
Y7 Desechos que contengan cianuros, resultantes del tratamiento térmico y las operaciones de temple.
Y10 Sustancias y artículos de desecho que contengan o estén contaminados por bifenilos policlorados (PCB),
trifenilos policlorados (PCT) o bifenilos polibromados (PBB).
Y11 Residuos alquitranados resultantes de la refinación, destilación o cualquier otro tratamiento pirolítico.
Y13 Desechos resultantes de la producción, preparación y utilización de resinas, látex, plastificantes o colas y
adhesivos.
Y15 Desechos de carácter explosivo que no estén sometidos a una legislación diferente.
Y16 Desechos resultantes de la producción, preparación y utilización de productos químicos y materiales para
fines fotográficos.
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Y18 Residuos resultantes de las operaciones de eliminación de desechos industriales.
Y40 Eteres.
Y45 Compuestos organohalogenados, que no sean las sustancias mencionadas en el presente anexo (por
ejemplo, Y39, Y41, Y42, Y43, Y44).
Y 48 Todos los materiales y/o elementos diversos contaminados con alguno o algunos de los residuos
peligrosos identificados en el Anexo I o que presenten alguna o algunas de las características peligrosas
enumeradas en el Anexo II de la Ley de Residuos Peligrosos cuyo destino sea o deba ser una Operación de
Eliminación según el Anexo III de la citada ley. A los efectos de la presente norma, se considerarán, en
forma no excluyente, materiales diversos y/o elementos diversos contaminados, a los envases, contenedores
y/o recipientes en general, tanques, silos, trapos, tierras, filtros, artículos y/o prendas de vestir de uso
sanitario y/o industrial y/o de hotelería hospitalaria cuyo destino sea o deba ser una Operación de
Eliminación de las previstas en el Anexo III de la presente Ley. (Categoría incorporada por art. 1° de la
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Resolución N° 897/2002 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable B.O. 2/9/2002, texto según
art. 1° de la Resolución N° 830/2008 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable B.O.
30/7/2008).
ANEXO II
Clase de N° de CARACTERISTICAS
las Código
Naciones
Unidas
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sustancias inestables térmicamente que pueden sufrir una
descomposición autoacelerada exotérmica.
ANEXO III
OPERACIONES DE ELIMINACION
D3 Inyección profunda (por ejemplo, inyección de desperdicios bombeables en pozos, domos de sal, fallas
geológicas natural, etcétera).
D4 Embalse superficial (por ejemplo, vertido de desperdicios líquidos o fangosos en pozos, estanques,
lagunas, etcétera).
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D6 Vertido en una extensión de agua, con excepción de mares y océanos.
D8 Tratamiento biológico no especificado en otra parte de este anexo que dé lugar a compuestos o mezclas
finales que se eliminen mediante cualquiera de las operaciones indicadas en la sección A (por ejemplo,
evaporación, secado, calcinación, neutralización, precipitación, etcétera).
D9 Tratamiento fisicoquímico no especificado en otra parte de este anexo que dé lugar a compuestos o
mezclas finales que se eliminen mediante cualquiera de las operaciones indicadas en la sección A (por
ejemplo, evaporación, secado, calcinación, neutralización, precipitación, etcétera).
D 11 Incineración en el mar.
D13 Combinación o mezcla con anterioridad a cualquiera de las operaciones indicadas en la sección A.
La sección B comprende todas las operaciones con respecto a materiales que son considerados o definidos
jurídicamente como desechos peligrosos y que de otro modo habrían sido destinados a una de las
operaciones indicadas en la sección A.
R1 Utilización como combustible (que no sea en la incineración directa) u otros medios de generar energía.
R11 Utilización de materiales residuales resultantes de cualquiera de las operaciones numeradas R1 a R10.
R12 Intercambio de desechos para someterlos a cualquiera de las operaciones numeradas R1 a R11.
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Ley 25.612
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc. sancionan con fuerza de
Ley:
TITULO I
Capítulo I
ARTICULO 1º — Las disposiciones de la presente ley establecen los presupuestos mínimos de protección
ambiental sobre la gestión integral de residuos de origen industrial y de actividades de servicio, que sean
generados en todo el territorio nacional, y sean derivados de procesos industriales o de actividades de
servicios.
Se entiende por proceso industrial, toda actividad, procedimiento, desarrollo u operación de conservación,
reparación o transformación en su forma, esencia, calidad o cantidad de una materia prima o material para la
obtención de un producto final mediante la utilización de métodos industriales.
Se entiende por actividad de servicio, toda actividad que complementa a la industrial o que por las
características de los residuos que genera sea asimilable a la anterior, en base a los niveles de riesgo que
determina la presente.
ARTICULO 2º — Se entiende por residuo industrial a cualquier elemento, sustancia u objeto en estado
sólido, semisólido, líquido o gaseoso, obtenido como resultado de un proceso industrial, por la realización de
una actividad de servicio, o por estar relacionado directa o indirectamente con la actividad, incluyendo
eventuales emergencias o accidentes, del cual su poseedor productor o generador no pueda utilizarlo, se
desprenda o tenga la obligación legal de hacerlo.
b) Minimizar los riesgos potenciales de los residuos en todas las etapas de la gestión integral;
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ARTICULO 5º — Quedan excluidos del régimen de la presente ley y sujetos a normativa específica:
CAPITULO II
ARTICULO 7º — La autoridad de aplicación nacional, conforme lo previsto en el artículo 57, incisos a) y c),
concertará los niveles de riesgo que poseen los diferentes residuos definidos en el artículo 2º; para ello, se
deberán tener en cuenta: los procesos de potencial degradación ambiental que puedan generar, la afectación
sobre la calidad de vida de la población, sus características, calidad y cantidad, el origen, proceso o actividad
que los genera, y el sitio en el cual se realiza la gestión de los residuos industriales y de actividades de
servicio. Asimismo, se deberán respetar las regulaciones establecidas en los convenios internacionales
suscriptos.
ARTICULO 8º — Las autoridades provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, responsables del
control y fiscalización de la gestión integral de los residuos alcanzados por la presente, deberán identificar a
los generadores y caracterizar los residuos que producen y clasificarlos, como mínimo, en tres categorías
según sus niveles de riesgo bajo, medio y alto.
CAPITULO III
De los generadores
ARTICULO 9º — Se considera generador, a toda persona física o jurídica, pública o privada, que genere
residuos industriales y de actividades de servicio, conforme lo definido en el artículo 1º.
ARTICULO 10. — La responsabilidad del tratamiento adecuado y la disposición final de los residuos
industriales es del generador.
ARTICULO 11. — Los generadores de residuos industriales deberán instrumentar las medidas necesarias
para:
a) Minimizar la generación de residuos que producen, pudiendo para ello, adoptar programas progresivos de
adecuación tecnológica de los procesos industriales, que prioricen la disminución, el reuso, el reciclado o la
valorización, conforme lo establezca la reglamentación;
b) Separar en forma apropiada los residuos incompatibles entre sí, evitando el contacto de los mismos en
todas las etapas de la gestión, definida en el artículo 2º.
c) Envasar los residuos industriales, cuando las medidas de higiene y seguridad ambientales lo exijan,
identificar los recipientes y su contenido, fecharlos y no mezclarlos, conforme lo establezca la
reglamentación.
d) Tratar adecuadamente y disponer en forma definitiva los residuos industriales generados por su propia
actividad in situ con el fin de lograr la reducción o eliminación de sus características de peligrosidad,
nocividad o toxicidad; de no ser posible, deberá hacerlo en plantas de tratamiento o disposición final que
presten servicios a terceros debidamente habilitadas, todo ello, conforme lo establezca la reglamentación y
las leyes complementarias de la presente. El transporte se efectuará mediante transportistas autorizados,
conforme el artículo 23.
e) Reusar sus residuos, como materia prima o insumo de otros procesos productivos, o reciclar los mismos.
ARTICULO 12. — Los generadores deberán presentar periódicamente una declaración jurada en la que se
especifiquen los datos identificatorios y las características de los residuos industriales, como así también, los
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procesos que los generan. La misma deberá ser exigida por las autoridades provinciales y de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires.
En el caso previsto en el artículo 11 inciso e) dicha declaración jurada deberá ser avalada por los estudios
técnicos pertinentes y suscripta por quien reuse o recicle los residuos, previa autorización por parte de la
autoridad competente.
ARTICULO 13. — Todo generador de residuos industriales deberá brindar, a la autoridad competente, la
información necesaria para la correcta determinación de las características físicas, químicas y/o biológicas de
cada uno de los residuos que se generen, y especificarlos cuali y cuantitativamente.
ARTICULO 14. — Las autoridades provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires deberán establecer
medidas promocionales para aquellos generadores que implementen programas de adecuación tecnológica,
como resultado de una gestión ambiental integral, que estén aprobados por parte de las mismas, y
destinados a mejorar los procesos industriales y productivos, en cuanto a la reducción de la contaminación
ambiental, la cesación de los vertidos riesgosos sobre los recursos naturales, y la disminución de riesgos
ambientales que pudiere ocasionar por el ejercicio de su actividad, conforme a las leyes complementarias de
la presente que sancionen las distintas jurisdicciones.
ARTICULO 15. — A partir de la aprobación de los programas de adecuación aquellos generadores que
establece el artículo 14 estarán integrados a un sistema diferencial de control, según lo determinen las leyes
complementarias provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
ARTICULO 16. — Todo generador de residuos industriales, en calidad de dueño de los mismos, es
responsable de todo daño producido por éstos, en los términos del Título II de la presente ley.
CAPITULO IV
De las tecnologías
ARTICULO 17. — La autoridad de aplicación establecerá las características mínimas y necesarias que deben
poseer las diferentes tecnologías a ser aplicadas en la gestión integral de los residuos industriales, teniendo
en cuenta el mejoramiento de las condiciones ambientales y la calidad de vida de la población y la reducción
de los niveles de riesgos que pudieren producir.
ARTICULO 18. — Los generadores deberán fundamentar ante las autoridades correspondientes la elección
de las tecnologías a utilizar en la gestión integral de los residuos industriales
CAPITULO V
De los registros
ARTICULO 19. — Las autoridades provinciales y la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, llevarán y
mantendrán actualizados los registros que correspondan, en el que deberán inscribirse todas las personas
físicas o jurídicas responsables. de la generación, manejo, transporte, almacenamiento, tratamiento y
disposición final de residuos industriales. La información obtenida por los mismos deberá integrarse en un
Sistema de Información Integrado, que será administrado por la autoridad ambiental nacional y de libre
acceso para la población, a excepción de la información que deba considerarse de acceso restringido, por
afectar derechos adquiridos o a la seguridad nacional.
ARTICULO 20. — La autoridad de aplicación nacional establecerá los requisitos mínimos y comunes para la
inscripción en los diferentes registros, teniendo en cuenta las características del Sistema de Información
Integrado.
CAPITULO VI
Del manifiesto
ARTICULO 22. — La autoridad de aplicación nacional determinará las características mínimas comunes de la
información que debe contener y los mecanismos de utilización del manifiesto.
CAPITULO VII
De los transportistas
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ARTICULO 23. — Las personas físicas y jurídicas responsables del transporte de residuos, sólo podrán
recibir y transportar aquellos que estén acompañados del correspondiente manifiesto. Los residuos
industriales y de actividades de servicio transportados serán entregados en su totalidad y, únicamente, en
los lugares autorizados por las autoridades correspondientes, para su almacenamiento, tratamiento o
disposición final, que el generador determine.
ARTICULO 24. — Si por situación especial o de emergencia, los residuos no pudieren ser entregados en la
planta de tratamiento, almacenamiento o disposición final indicada en el manifiesto, el transportista deberá
comunicar esta situación inmediatamente al generador y tomar las medidas necesarias para garantizar en
todo momento lo indicado en el artículo 4º de la presente.
ARTICULO 25. — La autoridad de aplicación nacional determinará las obligaciones a las que deberán
ajustarse los transportistas de residuos industriales y de actividades de servicio.
ARTICULO 26. — Cuando el transporte de los residuos tenga que realizarse fuera de los límites provinciales
o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, deberá existir convenio previo entre las jurisdicciones
intervinientes, y por el cual, se establezcan las condiciones y características del mismo, conforme lo prevean
las normas de las partes intervinientes.
Las autoridades ambientales provinciales podrán determinar excepciones cuando el nivel de riesgo de los
residuos sea bajo o nulo y sólo sean utilizados como insumo de otro proceso productivo.
ARTICULO 27. — Todo transportista deberá asegurar la recomposición de los posibles daños ambientales
que su actividad pudiera causar; para ello podrá dar cobertura a los riesgos ambientales a través de la
contratación de un seguro de responsabilidad civil, caución, fianza bancaria, la constitución de un autoseguro
o un fondo de reparación, u otra garantía equivalente, según lo determine la reglamentación.
ARTICULO 28. — Todo transportista de residuos es responsable, en calidad de guardián de los mismos, de
todo daño producido, durante el transporte desde los lugares de generación hasta los lugares autorizados de
almacenamiento, tratamiento o disposición final.
CAPITULO VIII
ARTICULO 29. — Se denomina planta de tratamiento a aquellos sitios en los que se modifican las
características físicas, la composición química o la actividad biológica de cualquier tipo de residuo industrial y
de actividades de servicio, de modo tal, que se eliminen o reduzcan sus propiedades nocivas, peligrosas o
tóxicas, o se recupere energía y recursos materiales, o se obtenga un residuo de niveles de riesgo menor, o
se lo haga susceptible de recuperación o valorización, o más seguro para su transporte o disposición final,
bajo normas de higiene y seguridad ambientales que no pongan en riesgo ni afecten la calidad de vida de la
población, en forma significativa.
ARTICULO 30. — Se denomina planta de disposición final a los sitios especialmente construidos para el
depósito permanente de residuos industriales y de actividades de servicio, que reúnan condiciones tales que
se garantice la inalterabilidad de la cantidad y calidad de los recursos naturales, bajo normas de higiene y
seguridad ambientales que no pongan en riesgo ni afecten la calidad de vida de la población, en forma
significativa.
ARTICULO 31. — Por razones excepcionales y debidamente fundadas, las autoridades provinciales y de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires podrán autorizar plantas de almacenamiento, para el depósito transitorio
de residuos, bajo normas de higiene y seguridad ambientales que no pongan en riesgo o afecten la calidad
de vida de la población, significativamente,
Los criterios de transitoriedad y los plazos de almacenamiento serán determinados por las autoridades
correspondientes, en base a fundamentos técnicos y según sean las características ambientales del sitio de
emplazamiento, su entorno y los niveles de riesgo de los residuos que se deban almacenar.
ARTICULO 32. — Toda planta de almacenamiento, tratamiento o disposición final de residuos, previo a su
habilitación, deberá realizar un estudio de impacto ambiental, el cual deberá ser presentado ante la autoridad
competente, que emitirá una declaración de impacto ambiental, en la que fundamente su aprobación o
rechazo. La reglamentación determinará los requisitos mínimos y comunes que deberá contener dicho
estudio.
ARTICULO 33. — La autoridad de aplicación nacional acordará con las autoridades provinciales y de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el ámbito del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA), las
características y contenidos del estudio de impacto ambiental y las condiciones de habilitación de las plantas
de almacenamiento, tratamiento y disposición final de residuos industriales y de actividades de servicio, así
como las características particulares que deben tener las mismas de acuerdo a la calidad y cantidad de
residuos que traten, almacenen o dispongan finalmente.
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ARTICULO 34. — Toda planta de almacenamiento, tratamiento o disposición final de residuos industriales
deberá llevar un registro de operaciones permanente, en la forma que determine la autoridad competente,
cuya información deberá integrarse al Sistema de Información Integrado.
ARTICULO 35. — La autoridad de aplicación nacional acordará con las autoridades provinciales y de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los criterios generales sobre las condiciones de cierre de las plantas de
almacenamiento, tratamiento o disposición final de residuos, debiéndose garantizar en todo momento la
preservación ambiental y la calidad de vida de la población.
ARTICULO 36. — La autoridad de aplicación nacional, conforme lo previsto en el artículo 57, incisos a) y c),
establecerá los criterios generales, mínimos y comunes sobre los métodos y la factibilidad de
almacenamiento, tratamiento y disposición final de los residuos industriales y de actividades de servicio.
ARTICULO 37. — En toda planta de almacenamiento, tratamiento o disposición final de residuos, sus
titulares serán responsables, en calidad de guardianes o dueño en el caso que la autoridad competente haya
realizado la correspondiente certificación conforme el inciso b) del artículo 43, de todo daño producido por
éstos en razón de la actividad que en ella se desarrolla.
ARTICULO 38. — Las personas físicas y jurídicas titulares o responsables de las plantas de almacenamiento,
tratamiento o disposición final de residuos, deberán asegurar la recomposición de los posibles daños
ambientales que su actividad pudiera causar; para ello podrá dar cobertura a los riesgos ambientales a
través de la contratación de un seguro de responsabilidad civil, caución, fianza bancaria, la constitución de
un autoseguro o un fondo de reparación, u otra garantía equivalente, según lo determine la reglamentación.
TITULO II
CAPITULO I
De la responsabilidad civil
ARTICULO 40. — Se presume, salvo prueba en contrario, que todo residuo definido según los alcances del
artículo 2º, es cosa riesgosa en los términos del segundo párrafo del artículo 1113 del Código Civil,
modificado por la Ley 17.711.
ARTICULO 42. — El dueño o guardián de un residuo no se exime de responsabilidad por demostrar la culpa
de un tercero por quien no debe responder, cuya acción pudo ser evitada con el empleo del debido cuidado y
atendiendo a las circunstancias del caso.
ARTICULO 43. — La responsabilidad del generador por los daños ocasionados por los residuos, no
desaparece por la transformación, especificación, desarrollo, evolución o tratamiento de éstos, a excepción
de:
a) Aquellos daños causados por el mayor riesgo que un determinado residuo adquiere como consecuencia de
un manejo o tratamiento inadecuado o defectuoso, realizado en cualquiera de las etapas de la gestión
integral de los residuos industriales y de actividades de servicio;
b) Cuando el residuo sea utilizado como insumo de otro proceso productivo, conforme lo determine la
reglamentación.
CAPITULO II
De la Responsabilidad Administrativa
ARTICULO 44. — Toda infracción a las disposiciones de esta ley, su reglamentación y las normas
complementarias que en su consecuencia se dicten, será reprimida por la autoridad competente con las
siguientes sanciones, que podrán ser acumulativas:
a) Apercibimiento;
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d) Suspensión de la actividad desde 30 (treinta) días hasta 1 (un) año;
Estas sanciones se aplicarán con prescindencia de la responsabilidad civil o penal que pudiere imputarse al
infractor.
ARTICULO 45. — Las sanciones establecidas en el articulo anterior se aplicarán previa instrucción sumaria
que asegure el derecho a la defensa, y se graduarán de acuerdo con la naturaleza de la infracción y riesgo o
daño ocasionado.
ARTICULO 46. — En caso de reincidencia, los mínimos y máximos de las sanciones previstas en los incisos
b) y c) del artículo 44 podrán multiplicarse por una cifra igual a la cantidad de reincidencias aumentada en
una unidad.
ARTICULO 47. — Se considerará reincidente al que, dentro del término de 3 (tres) años anteriores a la
fecha de comisión de la infracción, haya sido sancionado por otra infracción, de idéntica o similar causa.
ARTICULO 48. — Las acciones para imponer sanciones por la presente ley prescriben a los 5 (cinco) años
contados a partir de la fecha en que la autoridad hubiese tomado conocimiento de la infracción.
ARTICULO 49. — Lo ingresado en concepto de multas a que se refiere el artículo 44, inciso b) serán
percibidas por las autoridades provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según corresponda,
para conformar un fondo destinado, exclusivamente, a la restauración y protección ambiental, no pudiendo
ser utilizado para otros fines presupuestarios, en cada una de las jurisdicciones, y de acuerdo a lo que
establezcan las normas complementarias.
ARTICULO 50. — Cuando el infractor fuere una persona jurídica, los que tengan a su cargo la dirección,
administración o gerencia, serán solidariamente responsables de las sanciones establecidas en el artículo 44.
CAPITULO III
De la Responsabilidad Penal
ARTICULO 51. — Incorpórase al Código Penal de la Nación, el presente capítulo sobre delitos
ambientales, como, ley complementaria.
ARTICULO 52. — Será reprimido con prisión de 3 (tres) a 10 (diez) años, el que, utilizando
residuos industriales y de actividades de servicio, adulterare o contaminare el agua, el suelo, la
atmósfera, o poniendo en riesgo la calidad de vida de la población, los seres vivos en general, la
diversidad biológica o los sistemas ecológicos.
Si el hecho fuere seguido de la muerte de alguna persona o extinción de una especie de ser vivo,
la pena será de 10 (diez) a 25 (veinticinco) años de reclusión o prisión.
ARTICULO 53. — Cuando alguno de los hechos previstos en el artículo anterior fuere cometido por
imprudencia o negligencia o por impericia en el propio arte o profesión o por inobservancia de los
reglamentos u ordenanzas, se impondrá prisión de 1 (un) mes a 2 (dos) años.
Si resultare enfermedad, lesión o muerte de alguna persona o especie, la pena será de 6 (seis)
meses a 5 (cinco) años.
ARTICULO 54. — Cuando alguno de los hechos previstos en los artículos anteriores se hubiesen
producido por decisión de una persona jurídica, la pena se aplicará a los directores, gerentes,
síndicos, miembros del consejo de vigilancia, administradores, responsable técnico, mandatarios
o representantes de la misma que hubiesen intervenido en el hecho punible, sin perjuicio de las
demás responsabilidades penales que pudiesen existir.
CAPITULO IV
De la Jurisdicción
ARTICULO 55. — Será competente para conocer de las acciones que derivan de la presente ley la Justicia
ordinaria que corresponda.
TITULO III
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6/2/2021 GESTION INTEGRAL
CAPITULO I
De la Autoridad de Aplicación
ARTICULO 56. — Será autoridad de aplicación de la presente ley el área con competencia ambiental que
determine el Poder Ejecutivo.
c) Formular e implementar, en el ámbito del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA), el Plan Nacional
de Gestión Integral de Residuos Industriales y de Actividades de Servicio, el que deberá, entre otros, incluir
los parámetros de reducción de los residuos en la etapa generación, y los plazos de cumplimiento;
d) Asesorar y apoyar a las jurisdicciones locales en los programas de fiscalización y control de los residuos;
e) Desarrollar un Sistema de Información Integrado, de libre acceso para la población, que administre los
datos producidos en cada una de las jurisdicciones, respecto de la gestión integral de los residuos;
g) Ejercer todas las demás facultades y atribuciones que por esta ley se le confieren.
TITULO IV
CAPITULO I
Disposiciones Complementarias
ARTICULO 60. — Derógase la Ley 24.051 y toda norma o disposición que se oponga a la presente.
Hasta tanto se sancione una ley específica de presupuestos mínimos sobre gestión de residuos patológicos,
se mantendrá vigente lo dispuesto en la Ley 24.051 y sus anexos, respecto de la materia. Asimismo, hasta
que la reglamentación establezca la creación de los diferentes registros determinados por la presente, se
mantendrán vigentes los anexos y registros contenidos en dicha ley.
ARTICULO 61. — Se recomienda a los estados provinciales y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a dictar
normas complementarias a la presente en los términos del artículo 41 de la Constitución Nacional, y al
Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) a que proponga las políticas para la implementación de la
presente ley.
ARTICULO 62. — El Poder Ejecutivo reglamentará la presente ley dentro de los 120 (ciento veinte) días
corridos a partir de su promulgación.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS TRES DIAS DEL
MES DE JULIO DEL AÑO DOS MIL DOS.
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6/2/2021 GESTION INTEGRAL
— REGISTRADA BAJO EL Nº 25.612 —
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO
Ley 25.743
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc. sancionan con fuerza de
Ley:
ARQUEOLOGICO Y PALEONTOLOGICO
ARTICULO 2º — Forman parte del Patrimonio Arqueológico las cosas muebles e inmuebles o vestigios de
cualquier naturaleza que se encuentren en la superficie, subsuelo o sumergidos en aguas jurisdiccionales,
que puedan proporcionar información sobre los grupos socioculturales que habitaron el país desde épocas
precolombinas hasta épocas históricas recientes.
Forman parte del Patrimonio Paleontológico los organismos o parte de organismos o indicios de la actividad
vital de organismos que vivieron en el pasado geológico y toda concentración natural de fósiles en un cuerpo
de roca o sedimentos expuestos en la superficie o situados en el subsuelo o bajo las aguas jurisdiccionales.
a) Ejercer la tutela del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico. En orden a ello deberá adoptar las medidas
tendientes a su preservación, investigación y a fomentar la divulgación.
La protección del Patrimonio Paleontológico estará a cargo del organismo nacional que se establezca
conforme con lo previsto por el artículo 55 de la presente ley.
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO
b) Crear un Registro Nacional de Infractores y Reincidentes.
c) Establecer las correspondientes relaciones de coordinación y colaboración con los organismos competentes
en la materia, existentes en las provincias.
ARTICULO 6º — Son facultades exclusivas de las provincias y del Gobierno Autónomo de la Ciudad de
Buenos Aires:
a) Establecer la creación del organismo competente que tendrá a su cargo la aplicación de la ley de
protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico o atribuir estas funciones a un organismo ya
existente.
d) Otorgar, a través de sus organismos competentes, las concesiones para prospecciones e investigaciones.
e) Adecuar sus legislaciones en materia de concesiones, infracciones y sanciones a fin de lograr centralizar y
proporcionar dicha información a los organismos nacionales o provinciales que lo soliciten.
h) Comunicar al organismo competente nacional las autorizaciones otorgadas para el traslado fuera del país
de colecciones y objetos arqueológicos o restos paleontológicos, para permitir su conocimiento y adopción de
medidas necesarias para aquellos casos en los que deba gestionar su recuperación y retorno al país.
ARTICULO 7º — Son facultades concurrentes del Estado nacional, las provincias y el Gobierno Autónomo de
la Ciudad de Buenos Aires concretar la adopción de políticas y medidas tendientes a alcanzar una legislación
y organización administrativa uniforme en todo el territorio nacional que, reconociendo las particularidades
locales, tienda a facilitar más eficientemente la protección e investigación del Patrimonio Arqueológico y
Paleontológico.
ARTICULO 9º — Los bienes arqueológicos y paleontológicos son del dominio público del Estado nacional,
provincial o municipal, según el ámbito territorial en que se encuentren, conforme a lo establecido en los
artículos 2339 y 2340 inciso 9º del Código Civil y por el artículo 121 y concordantes de la Constitución
Nacional.
ARTICULO 11. — Los dueños de los predios en que se encuentren yacimientos arqueológicos o
paleontológicos, así como toda persona que los ubicare, deberá denunciarlos ante el organismo competente a
los efectos de su inscripción en el registro correspondiente.
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO
ARTICULO 13. — Toda persona física o jurídica que practicase excavaciones con el objeto de efectuar
trabajos de construcción, agrícolas, industriales u otros de índole semejante, está obligado a denunciar al
organismo competente el descubrimiento del yacimiento y de cualquier objeto arqueológico o resto
paleontológico que se encontrare en las excavaciones, siendo responsable de su conservación hasta que el
organismo competente tome intervención y se haga cargo de los mismos.
ARTICULO 14. — Si el organismo competente no ordenare el reconocimiento del lugar y no se hiciere cargo
de lo obtenido en el plazo de diez (10) días de haber recibido la denuncia, la persona o entidad responsable
de los trabajos, levantará un acta con intervención de la autoridad competente local donde hará constar la
identificación del lugar y entregará los hallazgos realizados, cesando a partir de ese momento su
responsabilidad.
ARTICULO 15. — Los vestigios arqueológicos y restos paleontológicos inmuebles registrados que se
encuentren dentro de predios de propiedad particular quedan sujetos a la vigilancia permanente del
organismo competente quien podrá inspeccionarlos siempre que lo juzgue conveniente, no pudiendo los
propietarios o responsables crear obstáculos a la simple inspección.
ARTICULO 16. — Las personas físicas o jurídicas que con anterioridad a la fecha de promulgación de la
presente tengan en su poder colecciones u objetos arqueológicos o restos paleontológicos, de cualquier
material y calidad, deberán dentro del plazo de noventa (90) días de la fecha mencionada denunciarlos a la
autoridad competente a los efectos de su inscripción en el Registro Oficial, quedando luego bajo su posesión.
Vencido dicho plazo legal se presume que la tenencia de materiales arqueológicos o paleontológicos ha sido
habida con posterioridad a la fecha establecida y, por tanto, de procedencia ilegal, dando lugar al decomiso
de dichos bienes.
ARTICULO 17. — El organismo competente efectuará un inventario de las colecciones, objetos y restos
denunciados, indicando el nombre y domicilio del poseedor, lugar donde se encuentren depositados,
naturaleza y descripción de cada una de las piezas, acompañadas de los documentos gráficos y fotográficos
que permitan su identificación.
ARTICULO 18. — Las colecciones u objetos arqueológicos y restos paleontológicos inscriptos en el Registro
Oficial, sólo podrán ser transferidos a título gratuito por herencia o bien por donación a instituciones
científicas o museos públicos, nacionales, provinciales, municipales o universitarios. En todos los casos se
deberá denunciar a la autoridad competente, en el plazo establecido en el artículo 16, a fin de la inscripción
de la nueva situación en el registro correspondiente.
ARTICULO 19. — Los propietarios de colecciones u objetos arqueológicos o restos paleontológicos inscriptos
en el Registro Oficial, no podrán enajenarlos por título oneroso sin ofrecerlos en forma fehaciente y con
carácter prioritario al Estado nacional o provincial, según corresponda. El Estado deberá expedirse dentro de
un plazo no mayor de noventa (90) días, aceptando la propuesta o dictaminando a través del organismo
competente, el justo precio de la colección o del objeto para su adquisición directa. Si el enajenante
estuviere disconforme con el precio señalado e insistiere en su intención de enajenación, deberá promover la
acción judicial correspondiente para la fijación de su valor o solución del diferendo. Si el organismo
competente no se expidiere en el término de noventa (90) días o lo hiciere manifestando desinterés en la
adquisición, el enajenante podrá disponer libremente del bien comunicando la nueva situación para su
inscripción en el Registro Oficial.
ARTICULO 20. — Es nula toda enajenación realizada con violación a lo dispuesto en el artículo anterior,
estando facultado el organismo competente a imponer una multa que no excederá del cincuenta por ciento
(50%) del valor del bien, al enajenante y al adquirente, quienes serán por ello solidariamente responsables y
al secuestro de los materiales arqueológicos o paleontológicos hasta tanto aquélla fuere pagada.
ARTICULO 21. — Los organismos competentes podrán autorizar la tenencia temporaria de objetos
arqueológicos o restos paleontológicos a investigadores o instituciones científicas por un período
determinado, a fin de facilitar la investigación de los mismos. Los autorizantes deberán supervisar y controlar
el préstamo de los materiales, se encuentren dentro o fuera de su área jurisdiccional.
De las concesiones
ARTICULO 24. — Las solicitudes de concesión para realizar prospecciones y/o investigaciones arqueológicas
o paleontológicas deberán reunir, por lo menos, los siguientes requisitos básicos:
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO
a) Nombre y domicilio de la/s persona/s o institución de investigación nacionales o extranjeras que la
soliciten, con la indicación expresa de su carácter científico y sin fines de especulación comercial.
b) Nómina del personal científico interviniente, los que deberán poseer idoneidad en relación con las tareas
científicas a realizar.
c) Nómina del personal de apoyo u otras personas que intervengan en la misma con su correspondiente
identificación personal y antecedentes vinculados con la actividad a realizar.
d) Una carta o esquema topográfico con la delimitación precisa del lugar o lugares donde se llevará a cabo la
investigación.
e) Las finalidades de la misión, sus alcances científicos o culturales, los medios o capacidad logística con que
se propone actuar.
f) Un plan de trabajo con la metodología a emplear y toda otra información que permita a la autoridad
competente evaluar previamente sus propósitos y resultados.
h) Los requerimientos ulteriores que pudieran convenir a la investigación científica posterior a la misión.
Quedan excluidos del cumplimiento de dichos requisitos, los investigadores que presenten planes de trabajo
acreditados y aprobados por organismos oficiales científicos o universitarios, nacionales o provinciales.
ARTICULO 25. — Cuando la concesión sea solicitada por un investigador o institución científica extranjera
se exigirá, además, como condición previa, que trabaje con una institución científica estatal o universitaria
argentina y la autorización del Gobierno nacional en orden a su competencia.
ARTICULO 26. — Cuando las investigaciones sean realizadas en predios de propiedad particular, si el
solicitante de la concesión lo obtuviere, anexará a la misma el consentimiento escrito del propietario de
terreno o de quien esté en el uso y goce de ese derecho. En caso contrario, el organismo de aplicación
deberá, previamente al otorgamiento de la concesión, requerir la conformidad de aquéllos para la ejecución
de los trabajos que requiera la investigación.
ARTICULO 27. — El organismo competente tendrá un término de treinta (30) días corridos para expedirse
sobre la solicitud de concesión. Las concesiones serán otorgadas por el término máximo de tres (3) años.
Pasado ese lapso se deberá solicitar una nueva concesión. En caso de expedirse el organismo competente en
forma negativa, el interesado podrá recurrir en apelación ante el organismo administrativo jerárquico
superior, cuya resolución será obligatoria.
ARTICULO 28. — Otorgada una concesión a un particular o institución no se concederá ninguna otra dentro
del sector acotado, salvo que el concesionario permita que otra investigación se lleve a cabo
simultáneamente. La autoridad de aplicación autorizará la realización de trabajos interdisciplinarios y
conjuntos y podrá fijar excepciones en la reglamentación.
ARTICULO 29. — El propietario del terreno, o quien esté en el uso y goce de ese derecho, está facultado
ante quien pretenda hacer excavaciones dentro del predio donde se encuentren vestigios arqueológicos
muebles o inmuebles o restos paleontológicos, a exigir que acredite por escrito la concesión otorgada, sin la
cual no permitirá que éstas se lleven a cabo.
ARTICULO 30. — Todos los monumentos, objetos arqueológicos y restos paleontológicos que se descubran
en el proceso de la investigación son del dominio público del Estado nacional, provincial o del Gobierno
Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, según corresponda. Los concesionarios podrán obtener la tenencia
temporaria de los objetos procedentes de las investigaciones para su estudio durante un término no mayor
de dos (2) años, a cuyos efectos deberán señalar el lugar donde estén depositados.
ARTICULO 31. — Las personas o instituciones concesionarias deberán someter todas las piezas y materiales
que extrajeren a la fiscalización y registro ante el organismo competente local. De igual manera, deberán
elevar al concluir las investigaciones en un lapso no mayor de un (1) año, un informe científico documentado
con los resultados obtenidos en los estudios y copia de las publicaciones que resulten de los trabajos. La
autoridad de aplicación en materia paleontológica podrá modificar los plazos fijados en este artículo y en el
precedente conforme la especificidad de su materia.
ARTICULO 32. — La autoridad competente podrá designar veedores a fin de ejercer el control de las
investigaciones y asegurar la realización sistemática de las tareas correspondientes, debiendo los
responsables de las misiones científicas suministrarles toda la información que les sea requerida en
cumplimiento de la presente ley.
ARTICULO 33. — Toda resolución respecto a las concesiones o las medidas que ella motive debe ser
fundada, como asimismo las que se susciten en virtud de quejas o reclamos de propietarios de los predios y
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO
resueltas en un plazo no mayor de treinta (30) días.
ARTICULO 34. — El incumplimiento de las obligaciones establecidas en los artículos precedentes será
sancionado con la suspensión por un plazo máximo de seis (6) meses o caducidad de la concesión otorgada.
ARTICULO 36. — El organismo competente podrá, por razones de interés público, disponer la ocupación
temporánea de terrenos de propiedad privada donde se localicen bienes arqueológicos o restos
paleontológicos. Dicha ocupación, salvo casos de peligro inminente, deberá ser declarada por ley. La
ocupación no podrá exceder el máximo de dos (2) años, debiendo mediar una justa indemnización al
propietario del terreno.
ARTICULO 37. — En los casos en que la conservación de los vestigios arqueológicos o restos
paleontológicos implique una servidumbre perpetua sobre los terrenos en los cuales se encuentren dichos
bienes, el Estado nacional o provincial en sus respectivas jurisdicciones, deberá establecerla mediante ley
especial e indemnización a los propietarios de los terrenos.
ARTICULO 38. — Las transgresiones a lo establecido en la presente ley, serán reprimidas con las siguientes
penalidades:
a) Apercibimiento.
b) Multa: Esta será establecida entre un mínimo de diez por ciento (10%) hasta tres veces el valor del bien o
los bienes que hayan motivado la conducta sancionada. El Poder Ejecutivo nacional establecerá en la
reglamentación de la presente ley una multa dineraria para los casos donde la determinación del valor del
bien sea imposible o dificultoso. Para la determinación de la multa se atenderá a la gravedad de la falta
cometida y al carácter de reincidente del infractor.
c) Decomiso de los materiales arqueológicos, paleontológicos y/o de los instrumentos utilizados para cometer
la infracción.
e) Inhabilitación.
ARTICULO 39. — Las personas que realicen por sí, u ordenaren realizar a terceros, tareas de prospección,
remoción o excavación en yacimientos arqueológicos y paleontológicos sin solicitar la correspondiente
concesión ante la autoridad competente, serán pasibles de multa, la que se fijará de acuerdo a la magnitud
de la alteración realizada y el decomiso de todos los objetos de naturaleza arqueológica o paleontológica que
hayan sido reunidos, aunque se encuentren en posesión de terceros que aleguen adquisición de buena fe. Si
por el grado de deterioro hubiera pérdida irreparable para el patrimonio cultural del Estado, el organismo
competente deberá denunciar a la Justicia a los infractores, a los efectos de que ésta determine si están
incursos en el delito de daño (artículo 183 y 184 inciso 5º del Código Penal).
ARTICULO 40. — Las personas que por cualquier motivo descubran materiales arqueológicos o
paleontológicos en forma casual en la superficie o seno de la tierra o en superficies acuosas, deberán
denunciarlos y entregarlos de inmediato al organismo competente o en su defecto a la autoridad policial más
cercana, la que deberá comunicarlo al referido organismo. La omisión del deber de denuncia y ocultamiento
hará pasibles a sus autores de un apercibimiento y, si mediare reincidencia, de una multa. En todos los casos
procederá el decomiso de los materiales reunidos.
ARTICULO 41. — Las personas que omitieren inscribir las colecciones u objetos arqueológicos y restos
paleontológicos obtenidos con anterioridad a la sanción de la presente ley dentro de los plazos establecidos
en el artículo 16, serán sancionadas con apercibimiento y la obligación de inscribirlas en el Registro Oficial
dentro de los treinta (30) días desde la notificación. En caso de vencimiento del plazo sin cumplimiento de
esta obligación, procederá el decomiso.
ARTICULO 42. — El incumplimiento de algunas de las condiciones pactadas en la concesión, dará lugar a la
aplicación de multa graduada según la gravedad de la falta. Cuando el concesionario no se ajustare a las
pautas metodológicas y científicas convenidas o persiguiere objetivos diferentes a los establecidos, podrá
resolverse la caducidad de la concesión sin derecho a indemnización alguna. Si además se comprobare que el
concesionario ha infringido esta ley y/o los requisitos y condiciones establecidos en las cláusulas de la
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6/2/2021 PROTECCION DEL PATRIMONIO
concesión, el investigador contraventor, podrá ser también sancionado con la inhabilitación temporaria o
definitiva para la obtención de nuevas concesiones, además del decomiso de los materiales arqueológicos y
paleontológicos obtenidos y de los instrumentos usados en los trabajos de investigación.
ARTICULO 43. — Las personas que, con posterioridad a la promulgación de la presente ley, se apropien y/o
comercialicen objetos arqueológicos y/o paleontológicos y aquellos que los recibieren, aunque aleguen buena
fe, serán pasibles de una multa y el decomiso de los bienes. Cuando se tratare de ventas llevadas a cabo en
establecimientos comerciales se dispondrá además su clausura temporaria, siendo procedente la clausura
definitiva en caso de reincidencia.
ARTICULO 44. — Serán pasibles de multa los particulares o instituciones públicas o privadas que trasladen
o faciliten el traslado de materiales arqueológicos o paleontológicos, para cualquier finalidad, dentro del
territorio nacional, sin la previa autorización del organismo competente local donde estén radicados los
materiales.
ARTICULO 46. — Será reprimido de un (1) mes a un (1) año de prisión o de reclusión y con inhabilitación
especial de hasta tres (3) años, el que realizare por sí u ordenare realizar a terceros tareas de prospección,
remoción o excavación en yacimientos arqueológicos y paleontológicos.
ARTICULO 47. — Si durante la comisión del hecho descripto en la norma precedente, se produjere un
deterioro en los objetos ocasionándose una pérdida irreparable para el patrimonio cultural del Estado, se
estará incurso en el delito de daño prescripto en los artículos 183 y 184 del Código Penal.
ARTICULO 48. — Será reprimido con prisión de dos (2) meses a dos (2) años y con inhabilitación especial
de hasta cinco (5) años, el que transportare, almacenare, comprare, vendiere, industrializare o de cualquier
modo pusiere en el comercio piezas, productos o subproductos provenientes de yacimientos arqueológicos y
paleontológicos nacionales e internacionales.
ARTICULO 49. — La tentativa de exportación e importación del territorio nacional de piezas, productos o
subproductos arqueológicos o paleontológicos y colecciones arqueológicas o paleontológicas, será pasible de
las penas previstas para el delito de contrabando establecidas en los artículos 863 y concordantes del Código
Aduanero.
ARTICULO 50. — Los objetos arqueológicos y restos paleontológicos podrán ser trasladados dentro del
territorio nacional, previa autorización del organismo competente local, en calidad de préstamo a los fines de
su investigación y/o exposición por el término que determine la autoridad competente.
Los interesados deberán informar de las medidas que se adoptarán para el resguardo de dichos bienes y
garantizar su reintegro al lugar de origen en las condiciones que les fueron entregados.
ARTICULO 51. — El traslado fuera del territorio de la Nación de bienes arqueológicos y paleontológicos se
podrá realizar dentro de las condiciones establecidas en el artículo anterior, previa autorización del
organismo local competente, en calidad de préstamo a los fines de su investigación o para la difusión del
conocimiento en el extranjero.
ARTICULO 52. — Los objetos o restos paleontológicos definidos en el artículo 2º de la presente ley que
constituyan materiales tipo, no podrán ser trasladados fuera del territorio nacional con fines de intercambio,
canje o donación.
ARTICULO 53. — Podrán ser objeto de venta o canje las reproducciones y calcos artificiales obtenidos de
bienes arqueológicos y paleontológicos.
ARTICULO 54. — Los recursos de los organismos competentes nacionales se integrarán de la siguiente
forma:
b) Los frutos, intereses y rentas provenientes de su patrimonio; c) Las herencias, legados, donaciones de
particulares;
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d) Los aranceles y tasas que perciban como retribución por los servicios que presten;
g) El producto de las multas por incumplimiento de las disposiciones establecidas en las respectivas leyes de
protección;
Disposiciones complementarias.
ARTICULO 55. — El organismo que será la autoridad de aplicación en materia paleontológica funcionará
dentro del área de la Secretaría de Ciencia y Tecnología.
ARTICULO 57. — Todos los plazos previstos en esta ley serán contados en días hábiles. La presente ley será
reglamentada por el Poder Ejecutivo nacional en un plazo no mayor a los ciento veinte (120) días.
ARTICULO 58. — Derógase la Ley Nº 9080, su decreto reglamentario y toda otra disposición que se oponga
a la presente.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS CUATRO DIAS DEL
MES DE JUNIO DEL AÑO DOS MIL TRES.
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6/2/2021 LEY N° 20.284 16/04/73
LEY N° 20.284
En uso de las atribuciones conferidas por el artículo 5° del Estatuto de la Revolución Argentina,
CAPITULO I
Generalidades
Artículo 1° - Decláranse sujetas a las disposiciones de la presente ley y de sus anexos I, II y III, todas las
fuentes capaces de producir contaminación atmosférica ubicadas en jurisdicción federal y en la de las
provincias que adhieran a la misma.
Art. 3° - Cuando la emisión de las fuentes contaminantes tenga influencia en zonas sometidas a más de una
jurisdicción, entenderá en la aplicación de esta ley la comisión interjurisdiccional que se constituya de
acuerdo con lo dispuesto en el capítulo V.
b) Organizar cursos y promover su realización por instituciones oficiales para capacitación de personal;
c) Concertar con las provincias y con la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires convenios de asistencia y
cooperación;
d) Asesorar y coordinar con las autoridades de planeamiento y urbanismo de las distintas jurisdicciones las
acciones tendientes a la preservación de los recursos de aire;
h) Proponer al Poder Ejecutivo nacional la creación de una Comisión de Preservación de los Recursos de Aire
con carácter de asesora.
Art. 5° - Créase el Registro Catastral de Fuentes Contaminantes a cargo de la autoridad sanitaria nacional,
la que a esos efectos solicitará la cooperación de las autoridades provinciales y de la Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires.
CAPITULO II
Art. 6° - La autoridad sanitaria nacional queda facultada para fijar las normas de calidad de aire y las
concentraciones de contaminantes correspondientes a los estados del plan de prevención de situaciones
críticas de contaminación atmosférica, conforme se establece en el anexo II de esta ley. El Poder Ejecutivo
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6/2/2021 LEY N° 20.284 16/04/73
nacional, a propuesta de la autoridad sanitaria nacional queda facultado para modificar los valores
establecidos en los anexos I y II cuando así corresponda.
Art. 7° - Es atribución de las autoridades sanitarias locales fijar para cada zona los niveles máximos de
emisión de los distintos tipos de fuentes fijas, declarar la existencia y fiscalizar el cumplimiento del plan de
prevención de situaciones críticas de contaminación atmosférica, con las excepciones a que se refiere el
artículo 3°.
Art. 8° - Compete a la autoridad sanitaria nacional fijar los niveles máximos de emisión de los distintos tipos
de fuentes móviles, con excepción de las emisiones visibles, y asimismo fijar los procedimientos de medición
correspondientes. Los fabricantes de los distintos tipos de fuentes móviles deberán realizar los ensayos que
certifiquen que las unidades fabricadas cumplen las exigencias de la presente ley.
CAPITULO III
Art. 10. - El plan de prevención de situaciones críticas contemplará la adopción de medidas que, según la
gravedad de cada caso, autoricen a limitar o prohibir las operaciones y actividades en la zona afectada, a fin
de preservar la salud de la población.
Art. 11. - Se declarará la existencia de los distintos estados del plan de prevención, cuando la concentración
de alguno de los contaminantes indicados en el anexo II de la presente ley supere los valores establecidos en
el mismo. Las autoridades locales delimitarán la zona afectada en la que deberán aplicarse las medidas del
plan de prevención.
Art. 12. - Habiéndose declarado la existencia del estado de alerta, cuando las condiciones imperantes hagan
prever la posibilidad de alcanzarse los niveles del estado de alarma, la autoridad local podrá declarar la
existencia de este segundo estado. En forma análoga se procederá cuando habiéndose declarado la
existencia del estado de alarma se prevea la posibilidad de alcanzarse los niveles del estado de emergencia.
Art. 13. - Cuando los valores medidos dejen de superar los valores establecidos en el anexo de esta ley, o
las condiciones imperantes hagan prever que esto se producirá a la brevedad o que llegará a producirse la
situación contemplada en el artículo anterior, la autoridad local declarará la terminación del estado vigente,
pasando a regir las medidas del inmediato inferior.
CAPITULO IV
Art. 14. - Las fuentes fijas de contaminación existentes a la fecha de promulgación de esta ley, dispondrán
de plazos que fijarán las reglamentaciones respectivas, a fin de adecuar la emisión de contaminantes a
niveles inferiores a los máximos permisibles. El otorgamiento de estos plazos queda supeditado en cada caso
a los estudios y evaluaciones que realicen las autoridades sanitarias.
Art. 15. - Dentro de los términos que especifiquen las respectivas reglamentaciones, todas las fuentes fijas
capaces de producir contaminación atmosférica deberán obtener su habilitación de funcionamiento, que será
renovada con la periodicidad que determine la autoridad competente. La autoridad de aplicación queda
facultada para fijar las tasas que correspondan por la retribución del servicio.
CAPITULO V
Art. 16. - La constitución de una comisión interjurisdiccional podrá ser solicitada por las autoridades de
cualquiera de las jurisdicciones comprendidas en un problema de contaminación atmosférica o por la
autoridad sanitaria nacional.
Art. 17. - Las comisiones interjurisdiccionales funcionarán en jurisdicción del Poder Ejecutivo nacional y
ejercerán su acción en la zona que se delimite de acuerdo a lo que establece el artículo siguiente.
Art. 18. - La autoridad sanitaria nacional nombrará a un representante que, dentro de los noventa (90) días
de haberse solicitado la constitución de la comisión interjurisdiccional, realizará las investigaciones y
evaluaciones necesarias a fin de verificar la existencia del problema y delimitar la zona geográfica afectada
por el mismo. Dicho representante podrá solicitar la colaboración de las autoridades sanitarias de las
respectivas jurisdicciones y de la Nación y requerir el personal y los servicios técnicos que le sean necesarios.
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Art. 19. - Delimitada la zona geográfica afectada por el problema de contaminación atmosférica, la comisión
interjurisdiccional se integrará con un representante por cada jurisdicción y uno por el Poder Ejecutivo
nacional (sector salud) el que ejercerá el cargo de presidente.
Art. 20. - Los límites de la zona geográfica afectada por el problema de contaminación, podrán ser
modificados por la comisión interjurisdiccional, cuando estudios técnicos posteriores así lo aconsejen.
Art. 21. - Dentro de los treinta (30) días de constituida, la comisión interjurisdiccional se dará un
reglamento interno y lo elevará al Poder Ejecutivo nacional para su aprobación.
d) Declarar la existencia y dar por finalizados los distintos estados del plan de prevención de situaciones
críticas;
f) Instruir el sumario tendiente a comprobar infracciones y dictar el pertinente acto administrativo que
determine, en su caso, las responsabilidades emergentes, y las sanciones a que éstas dieren lugar;
g) Pasar las actuaciones a la autoridad comcada la fuente contaminante para que aplique la correspondiente
sanción;
h) Elaborar un informe mensual de las actividades realizadas y enviarlo a la autoridad sanitaria nacional;
i) Remitir al término de sus funciones, a la autoridad nacional y a las de cada una de las provincias
afectadas, un informe final con las conclusiones y recomendaciones obtenidas.
Art. 23. - Las comisiones interjurisdiccionales podrán solicitar la colaboración de los organismos públicos y
privados, como asimismo requerir a la autoridad sanitaria nacional la contratación de personal idóneo para la
realización de tareas de carácter técnico y administrativo.
Art. 24. - Las decisiones que requieran votación serán tomadas por mayoría absoluta de votos. El presidente
de la comisión y cada uno de los representantes provinciales o de la Capital Federal tendrán un voto y el
presidente doble voto en caso de empate. Los representantes municipales tendrán voz pero no voto.
Art. 25. - La tramitación de las causas a que dé lugar la aplicación del artículo 3° corresponderá a las
comisiones interjurisdiccionales y las resoluciones que las mismas dicten serán recurribles ante el juez
federal de primera instancia de turno del lugar donde esté ubicada la fuente contaminante.
CAPITULO VI
Art. 26. - Las infracciones a la presente ley y a las normas que en su consecuencia se dicten serán pasibles
de las siguientes sanciones, las que podrán imponerse independientemente o conjuntamente según resulte
de las circunstancias del caso:
c) Inhabilitación temporal o definitiva del permiso de circulación cuando se trate de unidades de transporte
aéreo, terrestre, marítimo o fluvial.
Art. 27. - A los fines de la graduación de la sanción, cada una de las fuentes se considerará en forma
independiente y por separado, siendo pasible de las mismas la entidad comercial o civil o la persona física
responsable.
Art. 28. - Cuando la infracción se produzca estando en vigencia alguno de los estados del plan de prevención
de situaciones críticas, las multas podrán ser elevadas al doble graduándoselas según la gravedad del estado
de que se trate.
Art. 29. - La pena de inhabilitación temporaria o definitiva de los permisos de circulación podrá ser aplicada
cualquiera sea la autoridad administrativa que la haya otorgado.
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Art. 30. - La reincidencia implicará en todos los casos una circunstancia agravante. Se considerarán
reincidentes para los efectos de esta ley, las personas que habiendo sido sancionadas incurran en otra
infracción de igual especie a la primera, dentro de un (1) año de producida la anterior.
Art. 31. - En caso de reincidencia la sanción no podrá ser inferior al duplo del mínimo establecido para la
infracción de que se trate, pudiendo aplicarse además las otras sanciones previstas, guardando la debida
proporcionalidad con la sanción o las sanciones anteriores y hasta el máximo fijado por las disposiciones
pertinentes.
Art. 32. - La acción y la pena prescribirán a los dos (2) años a contar desde la fecha en que fue cometida la
infracción. La prescripción se interrumpirá por la comisión de cualquier otra infracción a la presente ley, a sus
reglamentaciones o a las disposiciones que se dicten en su consecuencia.
Art. 33. - En ningún caso se dejará en suspenso la aplicación de las sanciones impuestas por infracción a las
normas de la presente ley, sus reglamentaciones o las disposiciones que se dicten en su consecuencia.
CAPITULO VII
Art. 34. - En la Capital Federal, el Tribunal Municipal de Faltas tendrá a su cargo el juzgamiento de las
infracciones a la presente ley y demás disposiciones nacionales o municipales que se dicten en su
consecuencia.
Art. 35. - En la Capital Federal, la verificación de las infracciones a la presente ley y normas
complementarias y la substanciación de las causas que en ellas se originen se realizará ajustándose al
procedimiento que seguidamente se establece:
b) En el mismo acto el funcionario actuante podrá tomar declaración al imputado y testigos del acto,
haciendo subscribir a cada uno la que prestare;
c) Las pruebas se admitirán solamente en caso de existir hechos controvertidos y siempre que no resultaren
manifiestamente improcedentes;
d) La prueba deberá producirse dentro del término de cinco (5) días hábiles de notificado el proveído que
ordene su recepción, teniéndose por desistidas aquellas no producidas dentro de dicho plazo, cuando la
demora obedeciera a negligencia del imputado;
Art. 36. - Las constancias del acta labrada en legal forma que no sean enervadas por otras pruebas
constituirán plena prueba de la responsabilidad del imputado.
CAPITULO VIII
Art. 38. - Las sumas que se recauden en concepto de tasas y multas aplicadas en jurisdicción nacional y de
la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires ingresarán al "Fondo nacional de la salud". Las multas
aplicadas por las comisiones interjurisdiccionales serán percibidas por la autoridad local donde esté ubicada
la fuente contaminante e ingresarán en la forma que lo determinen las respectivas reglamentaciones locales.
CAPITULO IX
Disposiciones transitorias
Art. 39. - Las provincias podrán adherirse al régimen de la presente ley con exclusión del capítulo VII.
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Art. 40. - Esta ley deberá ser reglamentada dentro de los ciento ochenta (180) días a contar desde la fecha
de su publicación en el Boletín Oficial.
Art. 41. - Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y
archívese.LANUSSE.Arturo Mor Roig. - Eduardo E. Aguirre Obarrio. - Oscar R. Puiggrós. - Ernesto J.
Parellada.
ANEXO I
Artículo 1° - Los vehículos propulsados por motores con ignición a chispa que ingresen al parque automotor
en cualquier punto del país deberán dar cumplimiento a las normas sobre emisiones contaminantes fijadas
en este anexo y en las disposiciones que se dicten en su consecuencia, en los plazos que se indican en el
artículo 4°.
Art. 3° - Los elementos capaces de afectar las emisiones de contaminantes deberán ser diseñados,
construidos y montados en forma tal que el vehículo, en uso normal y cuando se hayan seguido las prácticas
de mantenimiento recomendadas por el fabricante, cumpla las previsiones de este anexo y demás
disposiciones concordantes.
Art. 4° - Los vehículos a que se refiere el artículo 1° serán sometidos a dos tipos de ensayo:
Que deberá ser cumplido por todos los vehículos cuya fecha de importación o fabricación se verifique con
posterioridad a los tres (3) años y seis (6) meses de reglamentada esta ley.
1a. Monóxido de carbono (CO) e hidrocarburos (HC) emitidos en un ciclo representativo de manejo,
únicamente para aquellos vehículos cuyo peso bruto recomendado no supere los 3,500 kilogramos.
Que deberá ser cumplido por todos los vehículos cuya fecha de importación o fabricación se verifique con
posterioridad a los dos (2) años y seis (6) meses de reglamentada esta ley.
Comprende a todos los vehículos, excepto a los que tengan motores de dos tiempos con compresión en el
cárter.
Art. 5° - La autoridad competente nacional podrá modificar, con una anticipación no menor de tres (3) años,
los valores máximos admisibles para las distintas emisiones, indicando asimismo las técnicas de muestreo y
análisis y el instrumental a utilizar.
Art. 6° - La autoridad competente nacional procederá anualmente a la actualización de los valores máximos
admisibles de las distintas emisiones, pudiendo, dentro de las condiciones establecidas en el artículo anterior,
aumentarlas o disminuirlas, fijar valores máximos para otros contaminantes y modificar las técnicas de
muestreo y análisis y el instrumental a utilizar.
Art. 7° - Los fabricantes o importadores de automotores serán responsables del cumplimiento de las
disposiciones de este anexo, debiendo obtener, de la autoridad nacional de salud, la autorización previa para
la venta de un determinado modelo, fabricado o importado, a partir de los plazos que indica el artículo 4°.
Art. 8° - Para obtener la autorización previa para la venta de un determinado modelo de vehículo el
fabricante deberá certificar que se cumplen las especificaciones que fijen las correspondientes disposiciones
vigentes.
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Art. 9° - A los efectos del artículo anterior el fabricante deberá presentar a la autoridad nacional de salud el
resultado de los ensayos efectuados en el modelo correspondiente.
Art. 10. - Si dentro de los treinta (30) días de solicitada la autorización a que se refiere el artículo 7° el
peticionante no hubiese obtenido resolución, podrá proceder a la venta de las unidades correspondientes al
modelo ensayado, bajo su exclusiva responsabilidad.
Art. 11. - La autoridad competente podrá verificar en cualquier momento el cumplimiento de las exigencias
de este anexo y demás disposiciones vigentes. A tal efecto podrá realizar ensayos sobre vehículos sacados de
la línea de producción en los que se admitirá que se sobrepasen los valores admisibles en los porcentajes que
determinen dichas disposiciones.
Art. 12. - Si los valores medidos exceden las tolerancias indicadas, el fabricante podrá solicitar que se ensaye
un grupo de vehículos tomados de la línea de producción en el que estará incluido el vehículo originalmente
ensayado. Para cada contaminante se determinará la media aritmética de los valores medidos, aceptándose
que los vehículos cumplen los requisitos reglamentarios si dicho valor es menor que el máximo admisible
incrementado del porcentaje de tolerancia.
Art. 13. - Si la media aritmética de los valores medidos no cumple las exigencias del artículo anterior, el
fabricante dispondrá de un plazo de sesenta (60) días hábiles, haya o no recibido la autorización a que se
refiere el artículo 10, para lograr el pleno cumplimiento de las condiciones legales, debiendo en caso
contrario interrumpir la venta del correspondiente modelo.
Art. 14. - Para los vehículos importados la autoridad competente dispondrá en cada caso los ensayos que
deban realizarse, pudiendo admitir la validez de ensayos del país de origen del vehículo siempre que, a su
criterio, sean de exigencias no menores que las de este anexo y disposiciones concordantes, y se certifique
que el vehículo está provisto de los equipos o dispositivos necesarios para el normal cumplimiento de las
mismas.
ANEXO II
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NOx Absorción en medio Griess-Saltzman. Saltzman, B. E.:
líquido. "Determinación colorimétrica del NOz
en la atmósfera", Anal. Chem.
26:1949 (1954).
ANEXO III
Artículo 1° - A los fines de la presente ley, los términos que figuran a continuación tendrán el significado que
en cada caso se especifica:
Fuente de contaminación: Entiéndese por fuente de contaminación los automotores, maquinarias, equipos,
instalaciones e incineradores, temporarios o permanentes, fijos o móviles, cualquiera sea su campo de
aplicación u objeto a que se lo destine, que desprendan a la atmósfera substancias que produzcan o tiendan
a producir contaminación atmosférica.
Emisión: Se entiende por emisión cualquier contaminante que pase a la atmósfera como consecuencia de
procesos físicos, químicos o biológicos. Cuando los contaminantes pasen a un recinto no diseñado
específicamente como parte de un equipo de control de contaminación del aire, serán considerados como una
emisión a la atmósfera.
Norma de calidad de aire: Se entiende por norma de calidad de aire todo valor límite de la concentración de
uno y más contaminantes en la atmósfera.
Fuentes fijas: Son todas las fuentes diseñadas para operar en lugar fijo. No pierden su condición de tales
aunque se hallen montadas sobre un vehículo transportador a efectos de facilitar sus desplazamientos.
Fuentes móviles: Son todas aquellas fuentes capaces de desplazarse entre distintos puntos, mediante un
elemento propulsor (motor) que genera y emite contaminantes.
Modelo: Se entiende como incluidas en un determinado "modelo" aquellas unidades en que los elementos o
dispositivos capaces de influir en las emisiones contaminantes no difieran en lo que hace a sus características
de diseño y funcionamiento.
Peso bruto recomendado: Es el peso total del vehículo cargado, especificado por el fabricante, incluidos el
conductor y acompañante.
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Documento
Título: Naturaleza jurídica y ámbito de aplicación de la ley 24051. Revisión de algunos de sus aspectos a veinte
años de su vigencia
Autor: Bonaveri, Agustín B.
Publicado en: SJA 12/12/2012, 12/12/2012, 55 -
Cita Online: AR/DOC/10046/2012
Sumario: I. Introducción.— II. Ámbito de aplicación territorial.— III. Ámbito de aplicación material.— IV.
Naturaleza jurídica de la ley.— V. Corolario
(*)
I. INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene por objeto analizar algunos aspectos relativos al ámbito de aplicación territorial y
material de la ley 24051 (1), así como también a su naturaleza jurídica. No se pretende agotar el tema mediante
una cabal exégesis del texto legal, pero sí se intenta realizar un aporte sobre algunos aspectos de los arts. 1 y 2,
Ley de Residuos Peligrosos, analizados de modo sistemático y en concordancia con el resto del articulado de la
ley y otras normas afines, a la luz de la práctica administrativa, la reflexión doctrinaria y las distintas decisiones
jurisprudenciales que, desde 1992, han ido enriqueciendo y dotando de dinamismo la temática jurídica de los
residuos peligrosos.
Similar temperamento corresponde señalar respecto del enfoque sobre un tema que ha recibido desde
temprano la atención de la doctrina, como es la naturaleza jurídica de la norma.
Finalmente, como corolario, se plantean algunas consideraciones respecto del estado actual de la aplicación
e interpretación de los ámbitos de competencia de la ley a nivel nacional y, a su vez, se brindan algunas
sugerencias como vías para la mejor consecución del objeto y los fines perseguidos por el legislador y el órgano
administrador respecto de la gestión de los residuos peligrosos.
II. ÁMBITO DE APLICACIÓN TERRITORIAL
El art. 1, ley 24051, dispone que "la generación, manipulación, transporte, tratamiento y disposición final de
residuos peligrosos quedarán sujetos a las disposiciones de la presente ley, cuando se tratare de residuos
generados o ubicados en lugares sometidos a jurisdicción nacional o, aunque ubicados en territorio de una
provincia estuvieren destinados al transporte fuera de ella, o cuando, a criterio de la autoridad de aplicación,
dichos residuos pudieren afectar a las personas o el ambiente más allá de la frontera de la provincia en que se
hubiesen generado, o cuando las medidas higiénicas o de seguridad que a su respecto fuere conveniente
disponer, tuvieren una repercusión económica sensible tal, que tornare aconsejable uniformarlas en todo el
territorio de la Nación, a fin de garantizar la efectiva competencia de las empresas que debieran soportar la
carga de dichas medidas". Este artículo establece el ámbito de aplicación territorial de la ley instaurando para
ello cuatro supuestos que la tornan aplicable.
El primero de ellos refiere a los residuos que fueran generados o se encuentren ubicados en lugares
sometidos a jurisdicción nacional. Delimitar el alcance del concepto "lugar sometido a jurisdicción nacional"
resulta esencial a efectos de determinar el supuesto de aplicación de la ley 24051 en tales casos. Ello, toda vez
que dicho concepto no está determinado en norma alguna.
En primer lugar, puede decirse que el término "jurisdicción" es utilizado por el legislador, no en el sentido
jurisdiccional —etimológicamente, juris derecho, dictio decir—, que es el correspondiente al órgano judicial,
sino en el sentido de la potestas. Esta voz tiene su origen en el derecho romano, donde estaba relacionada con la
capacidad de obrar por la fuerza y la imposición coactiva por parte de los poderes públicos. En esta línea se ha
dicho que la jurisdicción corresponde a "una masa de competencias" para cumplir las funciones propias de un
determinado órgano estatal (2).
El tema de la jurisdicción se completa en el texto legal bajo examen con el vocablo "lugares". De este modo,
puede hablarse de lo que el art. 75, inc. 30, CN, denomina "establecimientos de utilidad nacional", aunque no
exclusivamente se trate de ellos.
En efecto, puede darse el supuesto de jurisdicción nacional sin que exista un establecimiento de utilidad
nacional. Tal el caso, por ejemplo, de la jurisdicción nacional sobre las vías navegables o las rutas nacionales.
Por ello, corresponde distinguir entre el dominio eminente u originario de los recursos naturales, que por
mandato constitucional corresponde a las provincias (art. 124 in fine, CN), de la jurisdicción que puede
corresponder al gobierno federal. Es decir, en la órbita federal puede haber jurisdicción sin dominio, mas no
dominio sin jurisdicción, toda vez que éste implica indefectiblemente la jurisdicción federal. Cabe acotar,
también, que el establecimiento de utilidad nacional no es asimilable al territorio federal, en tanto el primero no
precisa la cesión por parte de la Legislatura provincial y el segundo así lo requiere conforme lo dispone la
Constitución Nacional.
Sentado ello, corresponde analizar el concepto de establecimiento de utilidad nacional. A tal efecto, vale
recordar el antiguo art. 67, inc. 27, CN, antes de la reforma de 1994. Allí se establecía que "...corresponde al
Congreso... ejercer una legislación exclusiva en todo el territorio de la Capital de la Nación y sobre todos los
demás lugares adquiridos por compra o cesión en cualquiera de las provincias, para establecer fortalezas,
arsenales, almacenes u otros establecimientos de utilidad nacional" (el destacado nos pertenece). El
constituyente, en este caso, ejemplificó, de modo no taxativo, supuestos de establecimientos de utilidad
nacional.
Tras la reforma de 1994, dicho criterio ejemplificativo fue abandonado. Dispone el actual art. 75, inc. 30,
CN: "Corresponde al Congreso... ejercer una legislación exclusiva en el territorio de la capital de la Nación y
dictar la legislación necesaria para el cumplimiento de los fines específicos de los establecimientos de utilidad
nacional en el territorio de la República. Las autoridades provinciales y municipales conservarán los poderes de
policía e imposición sobre estos establecimientos, en tanto no interfieran en el cumplimiento de aquellos fines".
La incógnita respecto de lo que debe entenderse por establecimiento de utilidad nacional fue develándose,
no sin dificultad, por la doctrina y la jurisprudencia (3).
Cabe señalar, a modo aclaratorio, que el término establecimiento no implica necesariamente un lugar
cerrado, sino que éste puede constituirse en diversos ámbitos, como ser un parque nacional o un yacimiento
hidrocarburífero.
Manili define el establecimiento de utilidad nacional como "aquellos espacios ocupados por edificios,
dependencia, instalaciones, o dispositivos destinados en poner en ejercicio las competencias que la Constitución
Nacional coloca en cabeza del gobierno federal"(4).
A guisa de ejemplo destacamos, de conformidad con diversos fallos de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, los siguientes casos de establecimientos de utilidad nacional, por guardar relación con ámbitos de
posible generación de residuos peligrosos: las fortalezas, los arsenales y los almacenes militares previstos en el
antiguo art. 67, inc. 27, Carta Magna; los puertos nacionales, los aeropuertos internacionales, los aeródromos
nacionales, las usinas eléctricas, las plantas depuradoras de agua, los aprovechamientos hidroeléctricos, los
yacimientos hidrocarburíferos, los parques nacionales, entre otros.
El segundo supuesto de aplicación de la ley 24051 refiere a aquellos residuos peligrosos que "ubicados en
territorio de una provincia estuvieren destinados al transporte fuera de ella...". Este supuesto es el comúnmente
denominado interjurisdiccional. Sin perjuicio del uso extendido de este vocablo, en relación con la ley 24051, lo
cierto es que en ninguna parte del plexo normativo el legislador utiliza esta expresión, ni tampoco aparece en el
decreto reglamentario 831/1993 (5).
Cabe destacar que esta causa resulta ser el modo más usual de aplicación de la ley 24051. Ello obedece,
entre otras cosas, a la insuficiente cantidad de operadores de residuos peligrosos y a su gran concentración (6).
Así, los generadores quedan constreñidos a disponer el transporte de los residuos peligrosos que generan para su
tratamiento fuera de la provincia.
Sin embargo, puede darse el caso de residuos generados en una provincia y que sean tratados en la misma
provincia, pero que durante el transporte atraviesen otra jurisdicción (v.gr. residuos generados en una localidad
de la provincia de Buenos Aires y destinados a su tratamiento en la misma provincia, pero que para llegar a
destino atraviesan la jurisdicción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), lo que requiere un esfuerzo
interpretativo respecto del término "destinado" que prevé el art. 1 (7).
El tercer supuesto de aplicación de la ley 24051 se verifica "...cuando, a criterio de la autoridad de
aplicación, dichos residuos pudieren afectar a las personas o el ambiente más allá de la frontera de la provincia
en que se hubiesen generado..."(8).
Ello resulta en casos en que los residuos peligrosos generados en una provincia trascienden sus límites y
afectan el territorio de otra. Normalmente, este supuesto corresponde al transporte de residuos peligrosos por
cursos de agua o por la acción del viento (9). En este caso, la competencia tiene su origen en el mandato
constitucional, por tratarse de un supuesto de afectación entre dos o más provincias, habilitado aquí por el art.
33, CN, mediante el cual el constituyente estableció los derechos implícitos, y por la cláusula de comercio y la
cláusula de progreso, respectivamente, por la incidencia económica de la afectación y por la protección del
ambiente, la salud y el desarrollo humano (10).
El cuarto y último caso de aplicación de la Ley de Residuos Peligrosos, de conformidad con lo dispuesto en
el art. 1, ocurre "...cuando las medidas higiénicas o de seguridad que a su respecto fuere conveniente disponer,
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tuvieren una repercusión económica sensible tal, que tornare aconsejable uniformarlas en todo el territorio de la
Nación, a fin de garantizar la efectiva competencia de las empresas que debieran soportar la carga de dichas
medidas".
El legislador previó este supuesto como una herramienta del Estado federal para poder intervenir ante la
eventualidad de distorsiones económicas, producto de la falta de regulación sobre los residuos por parte de
alguna provincia, en los casos en que esto último generase ventajas comparativas a las empresas que en su
territorio se radicasen frente a las empresas ubicadas en provincias con regulación al respecto.
Cabe señalar que, hasta donde conocemos, este último supuesto de aplicación de la ley 24051 no ha sido
utilizado en la práctica por parte de la autoridad de aplicación.
III. ÁMBITO DE APLICACIÓN MATERIAL
La ley 24051 dispone en su art. 2 que "será considerado peligroso, a los efectos de esta ley, todo residuo que
pueda causar daño, directa o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el
ambiente en general.
"En particular serán considerados peligrosos los residuos indicados en el Anexo I o que posean alguna de las
características enumeradas en el Anexo II de esta ley.
"Las disposiciones de la presente serán también de aplicación a aquellos residuos peligrosos que pudieren
constituirse en insumos para otros procesos industriales.
"Quedan excluidos de los alcances de esta ley los residuos domiciliarios, los radiactivos y los derivados de
las operaciones normales de los buques, los que se regirán por leyes especiales y convenios internacionales
vigentes en la materia".
En el primer párrafo del artículo el legislador establece lo que la ley considera peligroso. Lo hace de un
modo excesivamente lato, toda vez que comprende en esa categoría a todo residuo que pueda causar daño,
directa o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general.
Seguidamente, se intenta moderar el amplísimo alcance del concepto de peligrosidad establecido en el primer
párrafo de la norma, mediante la remisión a los anexos I y II de la ley. Sin perjuicio de ello, dicha remisión es
meramente enunciativa, toda vez que señala que en "particular" serán considerados peligrosos los residuos con
las características allí previstas, lo que no obsta a que pueda aplicarse la definición a otros supuestos no
previstos en los anexos conforme se desprende de la definición genérica del párr. 1, art. 2.
En el anexo I, ley 24051, se enumeran las denominadas categorías sometidas a control. Éstas se conforman
por corrientes de desechos identificadas por la letra Y desde el número 1 al 18 y por desechos que tengan por
constituyentes diferentes sustancias identificadas como Y19 hasta Y45 (11).
Por su parte, el anexo II establece una lista de características peligrosas conforme la clasificación de las
Naciones Unidas. De este modo, la norma especifica las características de peligrosidad que pueden tener los
residuos, como ser explosividad, inflamabilidad, toxicidad, infecciosidad, corrosividad, ecotoxicidad, entre
otras.
Cabe resaltar, además, que la amplísima definición de residuo peligroso que hace la ley 24051 en su art. 2
incluye aun los residuos peligrosos que pudieren constituirse en insumos para otros procesos industriales.
La cuestión no es menor, si tenemos en cuenta el régimen de responsabilidad civil que la ley establece
respecto del generador de residuos peligrosos (12 ).
Por efecto del carácter de adhesión de la ley, las provincias que adhirieron al régimen nacional reproducen el
mismo concepto. E incluso aquellas que no lo han hecho y establecieron una normativa propia, mantuvieron
este concepto respecto del insumo en la definición de residuo peligroso.
La única excepción la constituye la provincia de Buenos Aires, que excluyó del concepto de residuo
peligroso —denominado en la jurisdicción "residuo especial"— al insumo (13).
En este orden de ideas, en cuanto al alcance de la definición de residuo peligroso, merece un comentario
especial la inclusión de los residuos patológicos (categoría sometida a control Y1 del anexo I —característica de
peligrosidad H6.2 del anexo II—) a los que la ley 24051 trata bajo un subtítulo específico en los arts. 19 a 21.
Este tipo de residuo, por las características del lugar de generación y su entorno, así como por sus
características intrínsecas de peligrosidad —infecciosidad—, requieren un modo particular en su
almacenamiento, manipulación, transporte, tratamiento y disposición final (14).
Las legislaciones más recientes han dado a estos residuos una normativa específica, apartándola de las
normativas que regulan los residuos peligrosos. A su vez, han sido denominados de modo disímil, como ser
También se ha dicho que "la ley en sí es muy severa, posiblemente demasiado y tan amplia que se aplica aun
a residuos susceptibles de causar un daño pequeño..."(19).
En estos dos últimos casos, los autores señalan un defecto de carácter técnico en la creación conceptual de la
categoría "residuo peligroso", como ser el hecho de que no importaría la cantidad del componente "peligroso",
sino únicamente la calidad. Esto conlleva a serias dificultades de orden técnico pero también de aplicación de la
norma, toda vez que, desde una posición extrema, bastaría una molécula de algún residuo listado en el anexo I o
que tuviera alguna de las características de peligrosidad previstas en el anexo II de la ley que fuera transportada
traspasando los límites de la provincia en la que fuera generada para encontrarnos ante un supuesto de
aplicación conforme las previsiones del art. 1 de la ley (20).
En similar sentido se expidieron los diputados López de Zavalía y Germanó al realizar observaciones al
dictamen de las comisiones de la Cámara de Diputados durante el trámite legislativo de la ley 24051.
Refiriéndose a la definición de residuo peligroso, sostuvieron que "la definición de este concepto es de la
máxima importancia, porque los residuos peligrosos son el material que preocupa al proyecto. Esa definición
está en el artículo 2, que aparentemente (sólo aparentemente) resulta ampliada en el artículo 3, para quedar
luego circunscripta en el artículo 4 y ampliada luego en el glosario. El resultado final es éste: residuo peligroso
es el material que la autoridad de aplicación resuelve que es residuo peligroso... Con una definición tan amplia
como la del artículo 2, ya todo resulta ser residuo peligroso..."(21).
Cabe recordar que el antecedente normativo del art. 2, ley 24051, es el Convenio de Basilea (22), por el cual
se considera residuo peligroso aquel que se encuentra listado en el anexo I de la norma, a menos que no tenga
ninguna de las características de peligrosidad previstas en el anexo III.
El art. 2, Ley de Residuos Peligrosos, remite, de modo no excluyente, a los anexos I y II, ley 24051, como
criterio orientador para considerar la peligrosidad de un residuo determinado.
Sin embargo, a diferencia del Convenio de Basilea, que requiere la adición de ambos elementos, esto es,
encontrase en la lista y, además, poseer alguna característica de peligrosidad, la Ley de Residuos Peligrosos
regula la cuestión mediante la conjunción disyuntiva "o". De este modo, se amplían en grado sumo los
supuestos de aplicación de la norma, ya que bastará que el residuo en cuestión se encuentre listado en el anexo I
o que posea alguna de las características de peligrosidad establecidas en el anexo II de la ley para que sea
considerado peligroso (23).
IV. NATURALEZA JURÍDICA DE LA LEY
Las características de la ley 24051 que permiten establecer su naturaleza jurídica surgen de la interpretación
armónica de los arts. 1, 22, 31, 44, 66 y 67, así como también de los capítulos VII ("De las responsabilidades") y
IX ("Régimen penal").
Se trata, por su origen en el Congreso de la Nación, de una norma de carácter nacional. Este tipo de normas
puede tener distintos supuestos de aplicación, sea en todo el territorio de la Nación o sólo en el ámbito local. En
cuanto a la aplicación de una norma en todo el territorio de la Nación, tal circunstancia se dará por dos
supuestos: por tratarse de normas de derecho común o de normas de derecho federal (24). En tal sentido,
podemos decir que la naturaleza jurídica de la ley 24051 presenta las siguientes características:
a) Ley de adhesión
Conforme surge del art. 67, ley 24051, las provincias y los municipios pueden aplicar esta ley nacional
mediante su adhesión, de conformidad con la invitación efectuada por el Congreso nacional. Las provincias o
los municipios pueden adherir sólo a la ley y reglamentar su articulado o bien pueden adherir tanto a la ley
como a su decreto reglamentario. Para ello, es necesaria la sanción de una norma que así lo disponga por parte
de los órganos provinciales o municipales competentes (25).
b) Ley local
Esta ley, sancionada por el Congreso de la Nación, tuvo el carácter de ley local en ejercicio de las
competencias constitucionales para actuar como legislatura de la Capital Federal. En este sentido, las normas de
aplicación local que contiene la ley 24051 son las referidas al concepto de residuos peligrosos y las
administrativas referidas al Registro de Generadores y Operadores de Residuos Peligrosos, requisitos de
inscripción y procedimiento de registración, uso y características del manifiesto de transporte, otorgamiento del
certificado ambiental anual, régimen de sanciones e infracciones. En caso de que una provincia adhiera in totum
a la ley 24051 y su decreto reglamentario, deberá aplicar el contenido íntegro del articulado en materia
administrativa, porque dicha norma se tornó local al ser aprobada por la Legislatura provincial de que se trate.
c) Ley federal
Si un residuo peligroso ha sido generado en un establecimiento ubicado en territorio provincial, pero está
destinado al transporte fuera de ella para su tratamiento y/o disposición final, esta ley también es aplicable por
efecto del segundo supuesto del art. 1, ley 24051. Nos encontramos ante un típico caso de eventuales conflictos
entre jurisdicciones provinciales. La ley, entonces, es federal, pues se aplica en todo el territorio de la Nación en
supuestos de interjurisdiccionalidad provincial. En tal sentido, es atributo del Congreso de la Nación Argentina,
conforme el art. 75, inc. 13, de nuestra Carta Magna, "reglar el comercio con las naciones extranjeras, y de las
provincias entre sí". Con sustento, entonces, en la cláusula de comercio, existe un interés federal en aplicar esta
ley nacional a jurisdicciones locales, ello sin perjuicio de la competencia concurrente que existirá en virtud de
estar el residuo generado, transportado y tratado o dispuesto en una jurisdicción provincial.
Es menester destacar que la mayor parte de la normativa de la ley 24051 es de carácter administrativo. Al
respecto, el art. 5, CN, expresa que "cada provincia dictará para sí una Constitución bajo el sistema
representativo republicano, de acuerdo con los principios, declaraciones y garantías de la Constitución
Nacional; y que asegure su administración de justicia, su régimen municipal, y la educación primaria. Bajo de
estas condiciones el Gobierno federal, garante a cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones". Como
tal, el derecho administrativo es eminentemente de carácter local y, por ello, la aplicación de normativa
administrativa federal a jurisdicciones locales se aplica por vía de excepción en razón del carácter federal de la
ley al verificarse alguno de los supuestos previstos en el art. 1 de la norma.
El mismo criterio de interés federal puede advertirse en el tercer supuesto del art. 1 en atención a que el
ambiente puede verse afectado más allá de los propios límites provinciales.
Así, entonces, si un generador de residuos peligrosos trata sus residuos fuera de la jurisdicción provincial en
que los origina, o un transportista de residuos peligrosos atraviesa diferentes jurisdicciones provinciales o un
operador recibe residuos peligrosos de otra jurisdicción, éstos deberán inscribirse en el Registro Nacional de
Generadores y Operadores, utilizar los manifiestos de transporte de la ley 24051 y someterse a su régimen de
sanciones e infracciones. Ello, por imperio del carácter federal de la ley 24051 en este aspecto, y sin perjuicio
del cumplimiento de la normativa local existente por efecto de la competencia concurrente (26).
d) Ley de derecho común
La ley 24051 trata, en los arts. 22, 31 y 44, así como en su capítulo VII "De las responsabilidades" (arts. 45 a
48), la responsabilidad civil —responsabilidad por daño— en los casos de generación, transporte, tratamiento
y/o disposición final de los residuos peligrosos según se tenga la calidad de dueño o guardián de éstos.
Asimismo, en el capítulo IX "Régimen penal" (arts. 55 a 58), la ley 24051 refiere a la responsabilidad penal
introduciendo un nuevo tipo punitorio, sus agravantes y sus autores, así como también estableciendo la
competencia de la justicia federal para entender en estos delitos.
La Constitución Nacional establece en el art. 75, inc. 12, que "corresponde al Congreso: ...Dictar los códigos
Civil, Comercial, Penal, de Minería y del Trabajo y Seguridad Social, en cuerpos unificados, sin que tales
códigos alteren las jurisdicciones locales, correspondiendo su aplicación a los tribunales federales o
provinciales, según que las cosas o las personas cayeren bajo sus respectivas jurisdicciones...".
El sistema de organización jurídica decimonónica, inspirada en las ideas de la Ilustración y la entronización
de la ley bajo los principios de la Revolución francesa, que diera origen al movimiento codificador, asiste desde
mediados del siglo pasado y con continuidades hasta la actualidad a una tendencia decodificadora, inspirada en
sistemas estatutarios.
Materias propias del derecho civil y del derecho penal —como lo es la responsabilidad— son reguladas por
el Congreso nacional mediante diferentes técnicas legislativas, siendo que en algunos casos se integran a los
códigos existentes, alterando su numeración o simplemente regulando la materia que le compete sin hacer
referencia alguna al código que le precede. Sin embargo, esta circunstancia no le quita el carácter de ley de
fondo, como lo es la materia propia de la responsabilidad civil y penal por delegación que las provincias han
realizado a la Nación. Dicho de otro modo, las jurisdicciones locales no pueden regular en materia de
responsabilidad civil y penal porque es una atribución que han delegado en la Nación como parte del derecho
común vigente en todo el territorio de la República.
Es decir que, en este aspecto, los artículos y los capítulos citados de la ley 24051 constituyen ley de fondo
que las provincias deben respetar como ley nacional —de la misma manera que lo hacen con el Código Civil o
el Código Penal—, hayan adherido o no a la ley 24051.
En tal sentido resulta una práctica legislativa innecesaria o defectuosa —como se advierte en ciertos casos—
que algunas provincias hayan considerado necesario remitir en materia de responsabilidad a la ley 24051 o
hayan regulado sobre la materia.
e) Ley de orden público
Por mandato expreso del legislador (art. 66 de la ley) estamos ante una ley de orden público. Esto implica
que no puede ser dejada sin efecto por voluntad de las partes ni por la eventual aplicación de leyes extranjeras
(27). De este modo, un generador de residuos peligrosos no podría pretender sustraerse a dicho carácter por el
hecho de que tareas propias de su actividad, que podría hacer por sí, las ha tercerizado con una empresa
contratada.
Asimismo, no puede justificarse un obrar que violente las normas establecidas por la ley 24051, incluso si se
ampara en facultades previstas por otras leyes ambientales. Tal el caso, por ejemplo, de la pretensión de
ampararse en los convenios interprovinciales previstos en la ley 25612 (28) incumpliendo las normas de la ley
24051, en cuanto a la inscripción en el Registro Nacional de Generadores y Operadores de Residuos Peligrosos
y la utilización de manifiestos de transporte conforme la ley nacional (29).
A manera de síntesis, y en cuanto a su naturaleza jurídica, podemos decir que la ley 24051 es mixta, de
adhesión y orden público, integrada por normas de derecho común (responsabilidad civil y penal) y por normas
federales en los casos previstos en el art. 1 y también en el art. 58 que fija la competencia de la justicia federal
para entender en materia criminal, que también funciona como ley local (normativa administrativa) en la
jurisdicción nacional y en las jurisdicciones locales que hubieran adherido a ésta.
V. COROLARIO
A lo largo del presente trabajo se han ido expresando ideas y aportes propios en el análisis del sistema de
competencia territorial y material de la ley, así como también en lo relativo a su naturaleza jurídica.
En esta última parte se destacarán, a modo no ya de conclusiones pero sí de ideas fuerzas, algunos aspectos
de los temas tratados que, a lo largo de los veinte años de vigencia de la ley, han sido reelaborados por la
doctrina, la jurisprudencia, pero también por la práctica de los diferentes órganos del Estado a nivel
administrativo, en su relación con los diferentes actores del sistema (generadores, transportistas y operadores de
residuos peligrosos) (30).
Desde su sanción, la ley 24051 tuvo una vocación y una tendencia a uniformar el régimen de los residuos
peligrosos en todo el territorio nacional, completando desde el nivel legislativo las carencias normativas que
hasta ese momento existían.
Resultó, de este modo, precursora del sistema vigente en la actualidad, instaurado tras la reforma
constitucional de 1994, que es el régimen de los presupuestos mínimos de protección ambiental. Dichas normas,
previstas en el art. 41, CN, cuyos antecedentes pueden rastrearse en la Constitución española de 1978 (31),
establecen un piso o umbral de protección común en todo el territorio, facultando a las provincias a ampliar y
aumentar la protección ambiental mediante la sanción de normas complementarias a las nacionales.
La ley 24051 logró los objetivos que el constituyente plantearía dos años después, mediante, por un lado, la
invitación a las provincias a adherir a su normativa y, por otro, a través del régimen uniformador que instauró
mediante la creación del Registro Nacional de Generadores y Operadores de Residuos Peligrosos, el sistema de
manifiestos de transporte y la regulación de las distintas figuras del circuito de manejo, generación, transporte,
tratamiento y disposición final de residuos peligrosos, de aplicación a cualquier generador, transportista u
operador, independientemente de la jurisdicción territorial en que se encuentre, en la medida que se verifique
alguno de los cuatro supuestos de aplicación de la ley previstos en el art. 1.
La adhesión a la ley y a su decreto reglamentario ha sido total en varias provincias y parcial en otras (sólo a
la ley, dictando su propio reglamento). Mas cabe destacar que los principios, los criterios y el sistema general de
regulación del circuito de los residuos peligrosos, desde la generación hasta la disposición final, ha sido
incorporado, independientemente del régimen regulatorio adoptado, en las prácticas de las autoridades
administrativas jurisdiccionales (32).
En otro orden de ideas, la doctrina es pacífica y mucho se ha pronunciado respecto de la naturaleza jurídica
mixta de la ley 24051. Sin embargo, conforme fuera analizado en el apartado III, algunas Legislaturas
provinciales no tuvieron presente aquellos aspectos de derecho común que el Congreso nacional sancionó en
virtud de lo dispuesto en el art. 75, inc. 12, Norma Fundamental. Las normas de derecho común allí previstas
rigen de modo uniforme en la totalidad del territorio nacional, quedando vedado a las provincias legislar al
respecto, por tratarse de un poder delegado al gobierno federal (art. 121, CN, contrario sensu).
En esta línea, resulta llamativa la diferencia que parece existir en algunos casos respecto de la legislación
civil y penal. Ello, toda vez que algunas normas provinciales hacen referencia a cuestiones civiles, pero nada
dicen sobre la regulación penal, cuando ambas materias reguladas por la ley 24051 responden al carácter de
normas de derecho común cuya competencia legislativa ha sido cedida por las provincias a la Nación.
En virtud de lo analizado respecto de la definición de residuo peligroso establecida en el art. 2, ley 24051,
surgen algunas reflexiones.
En este sentido, en relación con el ámbito de aplicación material de la ley, puede afirmarse que el concepto
de residuo peligroso adoptado en el art. 2 resulta ser amplísimo al establecer que se considera peligroso todo
residuo que pueda causar daño, directa o indirectamente, a seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la
atmósfera o el ambiente en general. Por su parte, el intento limitante del tercer párrafo del artículo trasciende en
su alcance a su fuente normativa (Convención de Basilea), toda vez que considera peligroso todo residuo que
está alcanzado en forma indistinta por cualquiera de los supuestos previstos en el anexo I o en el anexo II de la
ley.
De este modo, de conformidad con la actual legislación, casi cualquier residuo puede resultar un residuo
peligroso. Esta afirmación, que de por sí resultaría suficiente para generar cuando menos cierta inquietud en lo
que respecta a la afectación de la seguridad jurídica, pilar fundamental y a la vez objetivo final del derecho, se
enlaza con el hecho de que, en definitiva y tal como se afirmara durante el trámite de sanción de la norma,
residuo peligroso es lo que la autoridad de aplicación determina que es.
Es dable reconocer que el legislador, motivado por un principio de prudencia, estableció en el párr. 2, art. 2
de la ley, una limitación al momento de determinar el carácter peligroso de un residuo. De este modo, al señalar
que en particular se considerarán peligrosos los residuos indicados en el anexo I o que posean alguna
característica de peligrosidad de las previstas en el anexo II de la ley, se intenta mitigar el amplio criterio
sentado en el párr. 1, art. 2.
Cabe señalar que la autoridad de aplicación de la ley también ha seguido este criterio de prudencia al
momento de ejecutar la norma, rigiendo su accionar, en líneas generales, por el mandato limitador del encuadre
de la peligrosidad del residuo dentro de lo previsto en esos anexos.
Comentario especial merece también la inclusión de los residuos patológicos dentro del concepto de
residuos peligrosos. Las más recientes tendencias legislativas provinciales han regulado estos residuos mediante
la sanción de una normativa específica, en atención a las características especiales de estos residuos.
Sin embargo, y toda vez que el principio rector de la definición de peligrosidad de un residuo está dado por
el párr. 1, art. 2, lo cierto es que, sin perjuicio de la limitante señalada, nada obsta para que tanto el órgano
administrador como el judicial puedan hacer una interpretación de la ley que exceda los parámetros dispuestos
(17) Cfr. Pigretti, Eduardo A., "Derecho ambiental", Ed. Gráfica Sur, Buenos Aires, 2004, ps. 196/197.
(18) Cfr. Zeballos de Sisto, María Cristina y Libster, Mauricio H., "Régimen jurídico de los residuos en
Argentina", Ed. La Ley, Buenos Aires, 2007, p. 60.
(19) Cfr. Valls, Claudia F. y Valls, Mario F., "Se reglamentó la Ley de Residuos Peligrosos. ¿Otra ilusión
perdida?", LLBA 1994-B-1202.
(20) La ciudad de Buenos Aires, en el decreto 2020/2007, reglamentario de la Ley de Residuos Peligrosos
2214, en su art. 2 in fine estableció: "En función de la afectación del bien jurídico tutelado por la Ley 2214 y el
presente Decreto, la Autoridad de Aplicación podrá establecer que un residuo no es considerado peligroso
cuando perteneciendo a los Anexos I y/o II de la Ley 2214, la concentración o masa relativa de la sustancia,
compuesto o mezcla de compuestos peligrosos en el residuo no implique un riesgo para la salud de las personas
o el ambiente en general. Para dicha determinación se tendrán en cuenta las concentraciones establecidas en el
Anexo IV del presente Decreto".
(21) Antecedentes parlamentarios ley 24.051 Residuos Peligrosos, LL, año III, n. 6, julio 1996, ps.
1731/1732.
(22) Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su
eliminación, suscripto en la ciudad de Basilea, Suiza, el 22/3/1989. Fue aprobado por el Congreso nacional
mediante la sanción de la ley 23922 el 21/3/1991.
(23) Esto, si se parte de la aplicación "restringida" que prevé el párr. 2, art. 2, ley 24051: "En particular
serán considerados peligrosos los residuos indicados en el Anexo I o que posean alguna de las características
enumeradas en el Anexo II de esta ley", por oposición a la amplísima definición del párr. 1 de ese artículo.
(24) Al respecto, se ha dicho que "las leyes se pueden clasificar en primer lugar según emanen del Congreso
de la Nación o de las legislaturas provinciales; las primeras pueden subclasificarse en: a) leyes locales y b) leyes
nacionales. Las leyes nacionales, a su vez, se subclasifican en: 1) leyes de derecho común y 2) leyes de derecho
federal", Cfr. Gordillo, Agustín, "Tratado de derecho administrativo", t. I, Ed. Fundación de Derecho
Administrativo, Buenos Aires, 2009, capítulo VII, p. 3.
(25) Han adherido a la ley 24051 las provincias de Catamarca, Chubut, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos,
Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán.
(26) "...El meollo de la competencia federal estará en la presencia de 'interés federal suficiente', lo que se da
en la especie por la afección de recursos de naturaleza interjurisdiccional. Así la atribución de competencia
federal que tiene base en lo dispuesto en el artículo 116 de la Constitución nacional que establece su
intervención en los casos regidos por leyes de la nación se justifica y funda en el caso en la competencia
exclusiva del gobierno federal de reglar el comercio interprovincial e internacional (art. 75 inc. 13 CN) lo que se
extiende a intercambio de cosas o recursos más allá de las fronteras provinciales o nacionales...". Cfr. Esain,
José Alberto, "Federalismo ambiental: la competencia judicial en materia ambiental", RDAmb, Ed. LexisNexis,
Buenos Aires, julio/septiembre 2005, ps. 238/248, disponible en www.jose-esain.com.ar.
(27) El concepto de orden público se relaciona con el carácter imperativo de la ley, esto es, la
indisponibilidad de las partes, sean éstas personas físicas o jurídicas. Para Llambías, el orden público es el
"conjunto de principios eminentes —religiosos, morales, políticos y económicos— a los cuales se vincula la
digna subsistencia de la organización social establecida". Cfr. Llambías, Jorge J., "Tratado de derecho civil.
Parte general", t. I, Ed. AbeledoPerrot, Buenos Aires, 1970, p. 158.
(28) Art. 26, ley 25612 de Presupuestos Mínimos para la Gestión Integral de Residuos Industriales y de
Actividades de Servicios, sancionada el 3/7/2002 y promulgada parcialmente el 25/7/2002.
(29) Arts. 4º, 12 y 13, ley 24051.
(30) Ello así, toda vez que la ley 24051 se ha constituido en el faro que guía buena parte de la regulación y
de las actividades de control y fiscalización a nivel provincial, así como también que la producción de la profusa
cantidad de normativa complementaria de la ley (resoluciones de la autoridad de aplicación nacional) reflejan el
desarrollo de las capacidades técnicas del organismo nacional.
(31) Al respecto, el Superior Tribunal constitucional español interpretó la cláusula constitucional en la
sentencia 170/1989 del 19/10/1989: "En relación con la protección del medio ambiente, la legislación básica
posee la característica técnica de normas mínimas de protección que permiten 'normas adicionales' o un plus de
protección; es decir, la legislación básica del Estado no cumple en este caso una función de uniformidad
relativa, sino más bien de ordenación mediante mínimos que han de respetarse en todo caso, pero que pueden
permitir que cada una de las Comunidades Autónomas, con competencia en la materia, establezcan niveles de
protección más altos que no entrarían por sólo eso en contradicción con la normativa básica del Estado".
(32) V.gr. organización de los registros, circuito de control mediante manifiestos, régimen de sanciones
administrativas, criterios de clasificación de los residuos peligrosos, entre otros.
(33) En relación con ello, el Máximo Tribunal se ha pronunciado en diversas oportunidades, señalando que
"tratándose de potestades públicas, la interpretación que corresponda hacer acerca del alcance de su ejercicio,
debe guardar adecuada proporción con la necesidad de tutelar el interés público comprometido en su adecuada y
efectiva realización" (conf. Fallos 315:1370; 316:855; 321:2086; 325:2968; 326:964).
(34) Cfr. Bonaveri, Agustín B., "El rol...", cit., ps. 86-88.