M(o) Oscar R.E. Yanapa Zenteno.
2020 - I
Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión
FACULTAD DE EDUCACIÓN
HISTORIA DE LA GNOSEOLOGIA
La investigación sistemática del conocimiento comienza en la Antigua Grecia, especialmente
con el diálogo platónico Teeteto, aunque también en la República (VI). Aristóteles dedica
parte de su trabajo titulado De Anima a explicar el conocimiento "empírico", el que se
obtiene a través de los sentidos, y en la Metafísica dedica el libro IV (especialmente el
capítulo 4 y ss.) a discutir cuestiones como la prueba de los primeros principios y el
relativismo.
En los Segundos analíticos (o Analíticos posteriores) presenta lo que puede considerarse
como su epistemología. Para estos dos autores, sólo podía haber conocimiento que llegue a
ser ciencia de lo inmutable: para Platón las Ideas, y para Aristóteles las sustancias (también
las sustancias separadas). En el período helenístico el pirrónico Sexto Empírico ofrece la
expresión más completa y sistemática del escepticismo antiguo.
En el mundo cristiano antiguo y en la Edad media se elaboraron diversas doctrinas sobre el
conocimiento humano. San Agustín pensó en la necesidad de una iluminación divina que
garantizase la verdad de nuestra afirmación. Santo Tomás de Aquino, por su parte, recoge
ideas de Aristóteles y elabora una completa teoría del conocimiento, que critica el
ultrarrealismo (por ejemplo, de Guillermo de Champeaux), el representacionismo y el
nominalismo -o verbalismo- (de Roscelino).
Con el Renacimiento comenzó un período de intenso desarrollo de la gnoseología, que
marcará toda la modernidad. La invención de nuevos instrumentos de observación, como el
telescopio, ayudaron al desprendimiento de los cánones (principalmente Aristóteles y la
Biblia) a la hora de fundamentar el conocimiento.
En el siglo XVII el inglés Francis Bacon escribe Advancement of knowledge y Novum
Organum, donde reclama el apoyo de la monarquía para impulsar el conocimiento de tipo
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empírico. La tradición empirista encontraría a sus principales defensores en John Locke,
David Hume y George Berkeley.
Locke se ocupó de estas cuestiones en su obra Ensayo sobre el entendimiento humano;
Berkeley sigue parcialmente a Locke en su Tratado sobre los principios del conocimiento
humano, de 1710; y Hume, hizo lo propio en la primera parte de su Tratado de la naturaleza
humana y en su Investigación sobre el entendimiento humano.
Por otro lado, el francés René Descartes publica en 1637 el Discurso del método y
en 1641 las Meditaciones metafísicas, obras en gran parte dedicadas a plantear y resolver
los problemas fundamentales de la teoría del conocimiento. Descartes introduce la duda
metódica como método racional para obtener conocimiento seguro, y dio inicio a la
tradición racionalista, que será continuada por Spinoza y Leibniz, entre otros.
En 1781, el alemán Immanuel Kant publica la Crítica de la Razón Pura, una obra muy
influyente en la que critica tanto al racionalismo como al empirismo y propone una
alternativa superadora: el idealismo trascendental. Con ello propuso un "giro copernicano"
en la filosofía moderna, donde el sujeto ya no es pasivo frente al mundo, sino que pasa a ser
un sujeto activo que "construye" el objeto de su conocimiento.
De este modo, Kant propone que el mundo nouménico permanece incognoscible para el
sujeto, que sólo puede conocer el mundo fenoménico, mediado por las intuiciones puras del
espacio y el tiempo, las categorías del intelecto y las ideas regulativas de la razón. A partir de
entonces, la gnoseología ha intentado volver a recuperar el conocimiento del mundo. La
obra de Kant dio inicio al idealismo alemán, escuela que tuvo a sus mayores exponentes
en Johann Gottlieb Fichte, Friedrich Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel.
A principio del siglo XX, Husserl propuso volver "a las cosas mismas", expresión con la que
quedó fundada la fenomenología, que sería continuada, de distintos modos, por Heidegger,
Sartre y Merleau-Ponty, entre otros.
En la filosofía analítica, por el contrario, a mediados del siglo XX se inició a partir de un breve
artículo de Edmund Gettier una tradición de análisis del conocimiento en términos de
atribuciones de conocimiento, retomando las tres características que señalara Platón para
todo conocimiento: que sea una creencia, que sea verdadera y que esté justificada. A partir
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de este análisis estándar han surgido a principios del siglo XXI diversas teorías sobre las
atribuciones de conocimiento como el invariantismo, el invariantismo sensible, el
contextualismo y el relativismo.
En 1963, Frederic Fitch publica un trabajo en lógica epistémica en el que demuestra que
dados ciertos supuestos básicos, "si toda verdad se pudiera conocer, entonces toda verdad
sería conocida". Pero como no toda verdad es conocida, se sigue que no es posible conocer
todas las verdades. Esta paradoja se conoce hoy como la paradoja de la concupiscibilidad de
Fitch (Fitch's Paradox of Knowability). Paralelamente, desde mediados del siglo XIX, quizá
empezando con las reflexiones metodológicas del astrónomo británico William Whewell,
como a lo largo del siglo XX, se dedicaron muchos esfuerzos filosóficos al estudio del
conocimiento científico, dando lugar a la filosofía de la ciencia. Este tipo de estudios pronto
se ven complementados con otros sobre la historia de la ciencia, y más tarde, la sociología
de la ciencia.
ACERCA DEL ORIGEN DE LA GNOSEOLOGIA
Cuando se trata el problema del origen del conocimiento queremos saber si todo
conocimiento se origina en la experiencia o en la razón; si el hombre viene de por sí dotado
de ciertos conocimientos o, por el contrario, requiere del concurso de las facultades
sensibles e intelectivas a la vez.
Para tratar de responder esta cuestión será necesario admitir que el ser humano tiene la
capacidad de conocer de alguna forma al objeto. Para explicar de qué forma se puede
conocer han surgido diferentes teorías sobre el origen del conocimiento.
El racionalismo: Esta postura sostiene que es el pensamiento, la razón, la fuente
principal del conocimiento humano. Para los racionalistas el conocimiento sólo merece
este nombre cuando es lógicamente necesario y universalmente válido.
Cuando juzgamos, a partir de la razón, que una cosa tiene que ser precisamente como es
y no podría ser de otro modo, y que así es siempre y en todas partes, estamos entonces
ante un verdadero conocimiento. Evidentemente, una forma específica de conocimiento
ha servido de modelo a la interpretación racionalista del conocimiento y son las
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matemáticas, puesto que se trata de una forma de conocimiento fundamentalmente
conceptual y deductivo.
En especial en la geometría, todos los conocimientos se derivan de axiomas y conceptos
supremos; de manera que el pensamiento se desarrolla con absoluta independencia de
la experiencia, siguiendo sus propias leyes.
Los planteamientos más antiguos del racionalismos los encontramos en Platón, quien estaba
profundamente convencido de que la experiencia no puede llevarnos a un saber autentico;
lo que proporcionan los sentidos no es una Episteme, sino una Doxa, no un saber, sino una
mera opinión.
El Empirismo: El empirismo a diferencia del racionalismo que propone la razón como
fuente de conocimiento, sostiene que el conocimiento procede de la experiencia, del
contacto directo con la realidad. Para el empirismo no existe un caudal de ideas situado
a priori en el pensamiento humano.
La conciencia cognoscente no extrae sus contenidos de la razón, sino de la experiencia.
Así como vimos que los racionalistas se formaron principalmente en las matemáticas, los
empiristas se formaron en las ciencias naturales. Desde la antigüedad nos encontramos
con ideas empiristas primero con los sofistas y más tarde con los estoicos y los
epicúreos, pero no es sino hasta la época moderna en que John Locke en el siglo XVII
combate decididamente la teoría de las ideas innatas.
John Locke dijo: “La noción que a través de los sentidos adquirimos de las cosas
exteriores, aunque no sea tan cierta como nuestro conocimiento intuitivo, merece el
nombre de conocimiento”. Y después afirmo:” Ningún conocimiento humano puede ir
más allá de su experiencia”.
El Intelectualismo: El intelectualismo surge como mediador entre el racionalismo y el
empirismo, sostiene que tanto el pensamiento como la experiencia intervienen en la
producción del conocimiento. Al igual que el racionalismo sostiene que existen juicios
lógicamente necesarios y universalmente válidos, que se establecen sobre las bases no
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solamente de objetos ideales, lo que también es admitido por el empirismo, sino
también sobre objetos reales.
En la edad media se desarrolló esta teoría principalmente por Santo Tomás de Aquino, cuya
tesis fundamental establece que “el conocimiento de nuestro entender es el producto de
nuestros sentidos” <<cognitio intellectus nostri tota derivatur a sensu>>. Para Santo Tomás,
se comienza por recibir imágenes concretas de las cosas sensibles; a partir de esto existe un
“entendimiento activo”, que extrae de las “imágenes esenciales”; el “entendimiento
potencial” recibe estas impresiones y procede a juzgar sobre las cosas. Formando así los
conceptos esenciales, por medio de otras operaciones del entendimiento, se obtienen
conceptos supremos y generales, como los que se contienen en las leyes lógicas del
pensamiento. De igual manera, los principios supremos del conocimiento radican
originalmente en la experiencia. Siguiendo a Aristóteles, Santo Tomás declara que “el
conocimiento de los principios se nos da por medio de la experiencia”.
El Apriorismo: Un segundo intento de intermediación entre el empirismo y el
racionalismo es el apriorismo. Esta posición considera también a la experiencia y al
pensamiento como fuentes del conocimiento, pero el apriorismo se maneja en un
dirección contraria al intelectualismo: Para esta corriente nuestra manera de conocer
presenta elementos “a priori”; esto es , independientes de la experiencia; esta postura
se comparte con el racionalismo; pero mientras éste considera los factores a priori como
contenidos de conceptos perfectos, para el apriorismo los conceptos son formas del
conocimiento y solamente reciben su contenido de la experiencia; es en esta posición
que el apriorismo se separa del racionalismo y se acerca al empirismo.
Los elementos a priori se conciben como recipientes vacíos, que son llenados por la
experiencia. Hay un principio fundamental del apriorismo que dice: “Los conceptos
desprovistos de las intuiciones están vacíos; las intuiciones son ciegas sin los conceptos”.
A primera vista, este concepto parece coincidir con el axioma fundamental del
intelectualismo aristotélico- escolástico; puesto que se coincide en admitir un elemento
racional y uno empírico en el conocimiento humano. Sin embargo, se define la relación
entre ambos elementos en un sentido totalmente diferente.
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El intelectualismo concibe el elemento racional como derivado del empírico: todos los
conceptos proceden de la experiencia; el apriorismo rechaza abiertamente esta derivación al
considerar que el elemento a priori no deviene de la experiencia, sino del pensamiento, es
de naturaleza racional. De cierta manera, esto identifica las formas a priori con los hechos
mismos, con la materia empírica, y los asimila al conocimiento. En el apriorismo el
pensamiento no se considera como una simple capacidad receptiva y pasiva frente a la
experiencia, como en el intelectualismo, sino como un proceso espontáneo y activo. Se
considera a Emmanuel Kant como el fundador del apriorismo, y dice: "No hay duda alguna
de que nuestro conocimiento comienza con la experiencia. (...) Mas, si bien, todo nuestro
conocimiento comienza con la experiencia no por eso originase todo él en la experiencia”.
Huacho, junio 2020
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