En los últimos dos siglos, la amenaza más grande contra el cristianismo bíblico
no ha surgido desde las otras religiones mundiales más destacadas tales como el
islam, el budismo, sino dentro de la misma Iglesia. Es el peligro de la teología
liberal, la cual, haciéndose pasar por cristiana, niega prácticamente todo lo que
enseña la Palabra de Dios.
La teología liberal vació una gran parte de las iglesias protestantes de Europa a lo
largo de los siglos XIX y XX y ahora está haciendo exactamente lo mismo en
países como los Estados Unidos. Si los pastores no estamos preparados ni
arraigados en las grandes verdades de las Escrituras, estamos en peligro de
permitir que esta teología pervierta y desvíe lo que el Señor está haciendo en
nuestra generación, sobre todo en el mundo hispano.
Entonces, aquí hay 10 características de la teología liberal y de los teólogos
liberales para que podamos entender mejor este peligro y cómo protegernos de él.
1. La teología liberal no cree en la infalibilidad bíblica.
El punto de partida para la teología liberal no es la voz del Señor tal cual se
revela en las Escrituras, sino la razón humana. Por esta razón, los liberales
sacrifican cualquier enseñanza que no cuadre con su forma de razonar. Esta
observación explica la razón por la que el alemán Rudolf Bultmann (1884-1976)
propuso su método de ‘desmitologización’, mediante el cual negó todos los
milagros registrados en la Biblia en el nombre de la racionalidad moderna. En
palabras de Bultmann, “No se puede utilizar la luz eléctrica y la radio, usar
medicamentos y medios clínicos modernos en casos de enfermedad, y al mismo
tiempo creer en el mundo de espíritus y de los milagros del Nuevo Testamento”.
Para el liberal, en primer lugar está la razón y luego la revelación de Dios. El
evangélico, sin embargo, invierte este orden, es decir, primero la revelación,
luego la razón.
2. La teología liberal no hace hincapié en la doctrina.
La teología liberal critica el uso de credos, confesiones de fe y catecismos, ya que
dichos documentos dan por sentado la importancia de la doctrina. La meta del
liberal es tener “una mente abierta” y por lo tanto ataca cualquier sistema que
atenta contra su libertad intelectual. Puesto que la verdad no se puede transmitir
mediante palabras, el liberal razona que puede creer lo que bien le da la gana. La
doctrina, dicen, es para los “fundamentalistas” o “los que pertenecen a la Edad de
Piedra”. A los liberales no les gustan para nada las declaraciones doctrinales
empleadas en las Escrituras (1 Co. 15:3-5; 1 Tim. 3:16, etc.)
3. La teología liberal se enfoca en la experiencia.
Ya que la doctrina no importa, los liberales priorizan la “experiencia” de Dios. El
padre de la teología liberal, Friedrich Schleiermacher (1768-1834), definió la
teología como el sentimiento de nuestra “absoluta dependencia de Dios”. A nivel
práctico, quiere decir que en vez de empezar con la revelación de Dios según las
Escrituras, Schleiermacher arrancó con la subjetividad de la experiencia humana.
Lo más importante en la teología entonces no es hablar sobre Dios sino más bien
nuestra experiencia de Él (o de Ella). Las consecuencias de tal sistema liberal
fueron desastrosas. Schleiermacher negó prácticamente todas las doctrinas
cardinales del cristianismo (la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, la obra
expiatoria del Hijo de Dios, la condenación eterna para los impíos, etc.) y al fin y
al cabo, convirtió la teología en antropología. En vez de someter sus experiencias
a las Escrituras, sujetó las Escrituras a su experiencia. Con razón algunos han
llamado a Schleiermacher el ‘Judas Iscariote’ de los siglos XVIII y XIX.
4. La teología liberal solo cree en un Dios de amor.
El único atributo de Dios que los liberales mencionan desde el púlpito y en sus
círculos académicos es el amor de Dios. No se habla sobre Su santidad, Su
justicia y Su ira contra los impíos. Han creado a otro dios conforme a su imagen
y semejanza. Por esta razón los liberales nunca predican sobre el pecado ni el
peligro de la condenación eterna. Dicen que todos somos buenos. Todos somos
hijos de Dios. Todos vamos al Cielo. ¿Por qué? Porque Dios es amor, amor,
amor.
5. La teología liberal no predica el evangelio apostólico.
Si Dios es amor y todos vamos al Cielo, entonces ¿qué necesidad hay de predicar
el evangelio? Según el liberal, el evangelio no tiene nada que ver con la vida
eterna ni con el perdón de los pecados sino más bien con la liberación socio-
política o el progreso económico. Dios no está airado contra los pecadores; por lo
tanto, el evangelio apostólico que se centra en la sangre del Cordero de Dios
derramada para redimir y hacer propiciación por el pueblo de Dios es
abiertamente negado (Ro. 3:24-26). Este mensaje, según el liberalismo, es
“arcaico” y ya pasado de moda. Dado el hecho de que no se predica el evangelio
bíblico desde los púlpitos liberales, sus ministros se limitan a hablar sobre la ética
y la moralidad. “Hay que ser una buena persona”, “Hay que ayudar a los
necesitados”, “Hay que ser amigo de todos”, “Hay que tolerarlo todo”. Es una
teología humanista no fundamentada en la gracia salvadora del Dios trino.
6. La teología liberal convierte a Jesús en un mero hombre.
Los liberales no creen en la divinidad de Jesús. Argumentan que era un hombre
inspirado e iluminado por Dios; pero de ninguna forma era Dios manifestado en
carne (Jn. 1:14). Consiguientemente, los liberales por un lado niegan que la
crucifixión del Hijo de Dios fue una obra expiatoria en el sentido de que Cristo
dio Su vida por nuestros pecados; y por el otro, niegan que Jesús resucitó
literalmente al tercer día. Según los teólogos liberales, Jesús resucitó en los
corazones de los discípulos; pero no resucitó corporal ni históricamente. Esto
contradice expresamente la declaración apostólica: “Si Cristo no resucitó, vana es
entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:14). En
cuanto al tema de la expiación, el liberalismo estipula que Jesús murió para
darnos un ejemplo ético a seguir. No estaba efectuando la salvación de los
escogidos del Padre en la cruz. ¿Por qué no? Porque era un mero hombre: nada
más, nada menos.
7. La teología liberal promueve el movimiento ecuménico.
En nuestros días muchos liberales están atacando a los evangélicos conservadores
porque no se juntan con el movimiento ecuménico. El ecumenismo está centrado
en la unidad eclesiástica a todo costo. Para formar parte de la corriente, todo lo
que hace falta es confesar algún tipo de “experiencia religiosa”. No obstante, la fe
evangélica —como explicó el amado príncipe de los predicadores Charles
Spurgeon (1834-92)— cree en la unidad basada en la doctrina del Evangelio de
Cristo. Una unidad no fundamentada en la Palabra de Dios es falsa. “Unidad en
el error…”, dijo el predicador inglés, “…es unidad en la perdición”. El momento
que alguien se adhiere al movimiento ecuménico, lo primero que tiene que hacer
es olvidarse de todas sus convicciones bíblicas y prostituirse por amor a una
unidad falsificada, anti-escritural, y no evangélica.
8. La teología liberal elogia las demás religiones.
Puesto que la base de la teología liberal es el ser humano juntamente con su
razón, su experiencia y su afán por el ecumenismo, en las últimas décadas el
liberalismo se ha abierto al diálogo interreligioso, alabando las virtudes de las
religiones mundiales. ¡Incluso han llegado a participar en
la adoración interreligiosa! Hace un par de semanas el cardenal arzobispo de
Valencia, Antonio Cañizares, y los líderes de las religiones musulmana, judía y
budista, junto con representantes de diferentes confesiones cristianas, oraron por
la paz en el mundo y la convivencia en un acto interreligioso en la Facultad de
Teología de Valencia. Dijo el cardenal, “Las religiones no dividen sino que unen
y esta tarde lo hemos podido no solamente experimentar, sino gozar”. En cierto
sentido, el cardenal lleva la razón. Las religiones liberales centradas en la
autonomía del hombre sí unen. Pero el evangelio de Jesucristo no trae paz, sino
separación. Proclama el Salvador: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no
vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la
hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del
hombre serán los de su misma casa” (Mt. 10:34-36). No puede haber paz
verdadera entre la fe evangélica y la teología liberal.
9. La teología liberal no cree en la exclusividad de salvación en Jesucristo.
La razón teológica por la que los liberales se abren al movimiento ecuménico y a
la adoración interreligiosa es porque ya no creen en la exclusividad de salvación
en Jesucristo. De acuerdo a su sistema filosófico, el apóstol Pedro se equivocó
cuando predicó: “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo
el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Si Dios
es únicamente un Dios de amor, entonces la doctrina del castigo eterno
necesariamente tiene que ser falsa. Por consiguiente, los liberales —al no estar
satisfechos con la impecable obra de Jesucristo realizada según el evangelio—
van buscando cosas loables en las demás religiones que, en última instancia,
esclavizan al ser humano. Al no creer que solo Cristo salva, los teólogos liberales
inventan su propia religión. En palabras de Pablo, “Pues desconociendo la
justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la
justicia de Dios” (Ro. 10:3).
10. La teología liberal no cree en nada ofensivo para el hombre natural.
En sus exposiciones sobre el Sermón del monte, Martyn Lloyd-Jones (1899-
1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres sobre el peligro de
los falsos profetas. Basándose en Mateo 7:15 – “Cuídense de los falsos profetas,
que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos
rapaces”— el predicador destacó que la primera característica del falso ministro
es que no tiene “puerta estrecha” en él. Con esto quiso decir que en el teólogo
liberal, no hay nada que ofenda al hombre natural. Es el tipo de mensajero que
agrada a todos por ende todos hablan bien de él. No tiene enemigos. Nadie le
persigue por sus sermones. Sabe comportarse en cualquier contexto y “se hace
todo a todos”. Es carismático, dinámico, popular, agradable a la vista y al oído.
En suma, “Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta,
en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre invariablemente
atractivo”.
Casado con Agota, Will Graham sirve como predicador itinerante en España y es
profesor de Pneumatología, Apologética y Teología contemporánea en la
Facultad de Teología (Córdoba). Escribe semanalmente en sus blogs 'Brisa
fresca' en Protestante Digital y 'Fresh Breeze' en Evangelical Focus. Puedes
encontrarlo en Facebook.
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