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231-La Pobre Rica

Doña Virtudes era una anciana de 67 años que vivía en la mayor miseria en una pequeña habitación, recogiendo basura y cartones para sobrevivir. Cuando murió, la policía inspeccionó su habitación y encontró documentos que revelaron que en realidad poseía una enorme fortuna oculta en el banco, contada en millones. A pesar de su riqueza, vivió toda su vida sola en la pobreza.

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231-La Pobre Rica

Doña Virtudes era una anciana de 67 años que vivía en la mayor miseria en una pequeña habitación, recogiendo basura y cartones para sobrevivir. Cuando murió, la policía inspeccionó su habitación y encontró documentos que revelaron que en realidad poseía una enorme fortuna oculta en el banco, contada en millones. A pesar de su riqueza, vivió toda su vida sola en la pobreza.

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“Mis Lecturas de 5º y 6º “

231- LA POBRE RICA


Antes de comenzar la lectura:
1º.- ¿Creéis que debe ser triste la soledad de algunas personas mayores?
2º.- ¿Conocéis alguna “rareza” de personas mayores?

LA POBRE RICA

Entre muchos casos curiosos que se producen en las grandes


ciudades, hoy debemos hablar de alguien que, viviendo en la mayor
miseria, resultó a su muerte ser dueña de una enorme fortuna. Se trata
de la anciana doña Virtudes Sala, de 67 años de edad, digna de
compasión por su gran pobreza. Doña Virtudes no se trataba con nadie,
y apenas si cruzaba el saludo con los demás
vecinos de la casa donde ocupaba una
habitación desde hacía treinta y tanto años. Por
las mañanas solía salir temprano, vistiendo
siempre ropas muy viejas, y se pasaba varias
horas fuera de casa revolviendo los recipientes
de la basura o recogiendo cartones.

Pues bien: en el día de ayer, extrañados


sus vecinos de no haberla visto aparecer
durante varios días, dieron aviso a la policía.
Como se temía, allí fue hallada la pobre anciana,
que estaba muerta. Probablemente llevaba muerta
dos o tres días. Una vez retirado el cadáver, la autoridad procedió a
examinar con cuidado la habitación. En un armario se almacenaban
trapos, sombreros, plumas, velos..., todo ello picado de polillas y con
mal olor. En una esquina de la habitación el montón de periódicos y
revistas viejas subía hasta el techo. La cocina tenía una cacerola
abollada, una sartén negra, un plato, y casi nada más. En el cajón de la
mesita se guardaban varios papeles. Y entre esos papeles estaba oculta
la gran sorpresa: un resguardo del banco y otros documentos que
indicaban que doña Virtudes poseía una enorme fortuna, cuya cuantía
no ha podido saberse, pero que en todo caso deberá contarse en
millones.
(Francisco Ayala)

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