V DOMINGO DE CUARESMA
CICLO A
LECTURAS: Ez 37, 12-14; Sal 129; Rm 8, 8-11; Jn 11, 1-45
Queridos hermanos:
Nos encontramos en el tiempo de Cuaresma, el cual adquiere su sentido
orientándose a la Pascua, es un tiempo de preparación, tiempo oportuno para
volver a Dios, para acoger la gracia de la conversión, por eso, en la oración
colecta le hemos pedido a Dios que, con su ayuda, avancemos animosamente
hacia aquel mismo amor que movió a su Hijo a entregarse a la muerte por la
salvación del mundo.
Hoy estamos ante el V Domingo de Cuaresma. ¿Qué nos dice esta
Palabra?
La primera lectura es de la profecía de Ezequiel, y dice: Yo mismo abriré
vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros… les infundiré mi espíritu,
y viviréis. El Señor quiere que hagamos pascua con Él, quiere sacarnos del
sepulcro en el que nos encontramos, quiere liberarnos del pecado que nos hunde
en el abismo de la muerte. ¿Crees tú esto? Pidamos a Dios que día a día
fortalezca nuestra fe en Jesucristo, que es la resurrección y la vida. Estemos, en
este sentido, a la expectativa de la gran solemnidad de la Pascua que se avecina.
Por eso respondemos con el salmo responsorial: Del Señor viene la
misericordia, la redención copiosa. Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor,
escucha mi voz. El día de hoy, Jesucristo viene a salvarnos, él viene a decir a los
presos “salgan fuera”, y a los que están en tinieblas: “déjense ver”.
El Concilio Vaticano II no sólo ha querido subrayar el carácter penitencial de
este tiempo litúrgico, sino también su carácter bautismal. Para nosotros, es una
oportunidad de redescubrir la Cuaresma como un tiempo para fortalecer la gracia
del Bautismo y para purificar la fe que hemos recibido en él. Dios ha enviado a su
Hijo como mensajero de la vida, para arrancar a los hombres del reino de la
muerte y conducirlos a la resurrección.
Es por ello que el evangelio de este domingo es el de la resurrección de
Lázaro. El Señor, al igual que a Lázaro, nos dice a todos: ¡Sal fuera!, has pascua
con el Señor. Jesucristo ha dado cumplimiento a la promesa de Dios proclamada
en la primera lectura que todos hemos escuchado. El corazón del Misterio Pascual
consiste en el hecho de que Cristo ha venido para morir y resucitar, para hacer por
nosotros lo que ha hecho con Lázaro, liberarnos de la muerte, liberarnos del
pecado. Dice san Agustín que en Lázaro que yace en el sepulcro, vemos al alma
agobiada bajo el peso de sus pecados. Dios es consciente de tu realidad, sabe de
nuestras debilidades y flaquezas, por ello viene a salvarnos del pecado que nos
lleva a la muerte.
En su inmensa sabiduría Dios ha concedido a su Iglesia el poder
administrar sus sacramentos. El prefacio que escucharemos el día de hoy dice: Él
mismo, compadecido del género humano, nos conduce a la vida nueva por medio
de los sacramentos. Dios nos invita hoy a mirarlo a Él, no sigamos mirándonos a
nosotros mismos, abrámonos a su misericordia, el nombre de Dios es
misericordia, Él nos espera de modo especial en el sacramento de la
Reconciliación. Como dije hace un momento citando al evangelio: Jesucristo es la
resurrección y la vida; y nos ha dicho el que cree en mí no morirá jamás, es decir,
vivirá para siempre.
A continuación, participaremos de la Cena del Señor. Cristo siendo Dios se
ha hecho hombre, ha dado la vida para perdón de todos nuestros pecados, nos ha
justificado, se ha hecho pan y vino para que comiendo su Cuerpo y bebiendo su
Sangre tengamos por él vida eterna. Diremos en un momento: ¡Este es el misterio
de nuestra fe! Que este misterio del que ahora seremos testigos privilegiados,
podamos darlo a conocer a nuestros hermanos: ¡Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección! ¡Ven Señor Jesús!