NOVENA DE NAVIDAD
LOS GESTOS DE LA MISERICORDIA EN LOS
PERSONAJES DEL ADVIENTO Y LA
NAVIDAD
“Siempre tenemos la necesidad de
contemplar el misterio de la misericordia” (MV 2)
METODOLOGÍA
Se sugiere que para cada día de la novena se
sigan los siguientes pasos:
1. Villancico
2. Ambientació n
Disponer previamente lugar donde se va a
realizar la novena y favorecer un clima
comunitario y de confianza.
Preparar con anticipación un signo que
ayude a la reflexión de cada día.
Brindar a los participantes una bienvenida
afectuosa y cordial en la que perciban la
cercanía y el ambiente de familia en el que
se desarrollará la novena de navidad.
3. Oració n para todos los días
4. Lectura de la Palabra de Dios
5. Meditació n
6. Gozos
7. Oraciones: a la Virgen María, a san José y
al Niñ o Jesú s.
8. Compromiso
9. Villancico
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Benignísimo Dios de infinita caridad, que
nos has amado tanto y que nos diste en tu hijo la
mejor prenda de tu amor, para que hecho
hombre en las entrañ as de una virgen naciese en
un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo en
nombre de todos los mortales te doy infinitas
gracias por tan soberano beneficio. En retorno
de él te ofrezco la pobreza, humildad y demá s
virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por
sus divinos méritos, por las incomodidades en
que nació y por las tiernas lá grimas que
derramó en el pesebre, dispongas nuestros
corazones con humildad profunda, con amor
encendido y con tal desprecio de todo lo terreno,
que Jesú s recién nacido, tenga en ellos su cuna y
more eternamente. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo (3 veces).
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Soberana María que por tus grandes
virtudes y especialmente por tu humildad,
mereciste que todo un Dios te escogiera para
madre suya. Te suplico que tu misma prepares y
dispongas de mi alma y de la de todos los que en
este tiempo hagan esta novena, para el
nacimiento de tu adorable Hijo.
¡Oh dulcísima madre! comunícame algo
del profundo recogimiento y divina ternura con
que le agradaste tu para que nos hagas menos
indignos de verle, amarle y adorarle por toda la
eternidad. Amén.
(Se reza tres veces el Ave María)
ORACIÓN A SAN JOSÉ
¡Oh Santísimo José! Esposo de María y
padre putativo de Jesú s. Infinitas gracias doy a
Dios porque te escogió para tan altos ministerios
y te adornó con todos los dones proporcionados
a tan excelente grandeza. Te ruego por el amor
que le tuviste al divino niñ o, me abraces en
fervorosos deseos de verle y recibirle
sacramentalmente mientras en su divina esencia
le veo y le gozo en el cielo. Amén.
(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y el
Gloria al Padre)
ORACIÓN AL NIÑO JESÚS
Acuérdate ¡Oh dulcísimo Niñ o Jesú s! que
dijiste a la venerable Margarita del Santísimo
Sacramento, y en persona suya a todos tus
devotos, estas palabras tan consoladoras para
nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:
"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los
méritos de mi infancia, y nada te será negado".
Llenos de confianza en Ti ¡Oh Jesú s, que
eres la misma verdad! venimos a exponerte toda
nuestra miseria. Ayú danos a llevar una vida
santa, para conseguir una eternidad
bienaventurada.
Concédenos, por los méritos infinitos de
tu Encarnació n y de tu infancia, la gracia, de la
cual necesitamos tanto. Nos entregamos a ti ¡Oh
Niñ o omnipotente! seguros de que no quedará
frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud
de tu divina promesa, acogerá s y despachará s
favorablemente nuestra sú plica. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo (3 veces).
GOZOS
Dulce Jesú s mío, mi Niñ o adorado,
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!
¡Oh Sapiencia suma del Dios soberano,
que a infantil alcance te rebajas sacro!
¡Oh Niñ o divino, ven para enseñ arnos
la prudencia que hace verdaderos sabios!
¡Oh, Adonaí potente que a Moisés hablando,
de Israel al pueblo diste los mandatos!,
Ah, ven prontamente para rescatarnos,
y que un niñ o débil muestre fuerte brazo.
¡Oh raíz sagrada de Jesé que en lo alto
presentas al orbe tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niñ o que has sido llamado
lirio de los valles, bella flor del campo!
Llave de David que abre al desterrado
las cerradas puertas del regio palacio!
¡Sá canos, oh Niñ o, con tu blanca mano,
de la cá rcel triste que labró el pecado!
¡Oh lumbre de oriente, Sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas, tu esplendor veamos!
Niñ o tan precioso, dicha del cristiano,
luzca la sonrisa de tus dulces labios.
Espejo sin mancha, Santo de los santos,
sin igual imagen del Dios soberano.
Borra nuestras culpas, salva al desterrado
y en forma de niñ o da al mísero, amparo.
Rey de las naciones, Emmanuel preclaro,
de Israel anhelo, Pastor del rebañ o.
¡Niñ o que apacientas, con suave cayado,
ya la oveja arisca, ya el cordero manso!
¡Á branse los cielos y llueva de lo alto,
bienhechor rocío como riego santo!
¡Ven, hermoso Niñ o, ven, Dios humanado!
¡luce, hermosa estrella! ¡brota, flor del campo!
Ven, que ya María, previene sus brazos,
do su Niñ o vean en tiempo cercano.
Ven, que ya José, con anhelo sacro,
se dispone a hacerse de tu amor sagrario.
¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz
del desterrado. Vida de mi vida, mi dueñ o adorado,
mi constante amigo, mi divino hermano!
¡Véante mis ojos, de ti enamorados!
¡Bese ya tus plantas! Bese ya tus manos. Prosternado en tierra te
tiendo los brazos, y aú n má s que mis frases, te dice mi llanto.
¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos; ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!