Orígenes de la guerra[editar]
A mediados del siglo XVI, la frágil Paz de Augsburgo, un acuerdo firmado por el
emperador Carlos V de Alemania y I de España y los príncipes luteranos en 1555,
había confirmado el resultado de la primera Dieta de Espira y en realidad había
hecho acrecentar con el tiempo los odios entre católicos y luteranos. En dicha paz
se había establecido que:
Los príncipes alemanes (alrededor de 360 de ellos) podían elegir la religión
(luteranismo o catolicismo) en sus señoríos de acuerdo con su conciencia. Era
el principio de cuius regio, eius religio.
Los luteranos que viviesen en un Estado eclesiástico (bajo el control de un
obispo) podían continuar siendo luteranos.
Los luteranos podían conservar el territorio que habían tomado a la Iglesia
católica desde la Paz de Passau (1552).
Los obispos de la Iglesia católica que se convirtiesen al luteranismo tenían
que entregar su diócesis.
En los inicios del siglo XVII se incrementaron las tensiones entre las naciones de
Europa. España estaba interesada en los principados alemanes, debido a
que Felipe III, nieto de Carlos V, era un Habsburgo y tenía territorios alrededor de
la frontera occidental de los Estados alemanes (Flandes, el Franco
Condado). Francia también estaba interesada en los Estados alemanes, porque
deseaba recuperar la hegemonía a costa del poder de los Habsburgo, como había
tenido durante la Edad Media. Suecia y Dinamarca estaban interesadas por
razones económicas en los Estados germánicos del norte, a orillas del mar Báltico.
Durante la segunda mitad del siglo XVI, las tensiones religiosas también se habían
intensificado. La Paz de Augsburgo tuvo consecuencias a lo largo de la segunda
mitad del siglo XVI, ya que los obispos se negaban a abandonar sus obispados.
De hecho, los términos del tratado de Augsburgo fueron utilizados para un
resurgimiento del poder católico. Las tensiones y resentimientos entre católicos y
protestantes no habían hecho sino acrecentarse desde la firma del tratado, y en
muchos lugares de Alemania se destruían iglesias protestantes y había
limitaciones y obstáculos al culto protestante. A la disminución de estas tensiones
no ayudó nada el calvinismo que se extendía por toda Alemania, y cuya exclusión,
junto a los anabaptistas, de las congregaciones protegidas específicamente en la
paz de Augsburgo, pudo contribuir al conflicto [cita requerida], lo que añadió otra religión
a la disputa pues los católicos de Europa central (los Habsburgo de Austria o los
reyes de Polonia) estaban tratando de restaurar el poder del catolicismo.
Rodolfo II del Sacro Imperio Romano Germánico.
Los Habsburgo estaban principalmente interesados en extender su poder, así que
estaban a veces dispuestos a transigir y permitir el protestantismo. A la larga, esto
incrementó las tensiones. Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio Romano
Germánico, y su hermano y sucesor, Matías I, no practicaban una política católica
agresiva, ya que estaban más interesados en incrementar el poder y las
posesiones de los Habsburgo. Eran también muy tolerantes (como su abuelo y su
padre, Fernando I y Maximiliano II), lo que permitió que diferentes religiones se
extendieran a su aire y que chocasen entre sí libremente. Suecia y Dinamarca, que
querían dominar los Estados alemanes del Mar Báltico, eran países de confesión
luterana.
Estas tensiones estallaron con violencia en la ciudad alemana
de Donauwörth en 1606. La mayoría luterana obstaculizó los intentos de los
residentes católicos de hacer una procesión y provocaron así una revuelta violenta.
Los católicos de la ciudad solicitaron la intervención del duque Maximiliano I de
Baviera en su apoyo.
Fernando II, emperador del Sacro Imperio, cuyas acciones provocaron la tercera
defenestración de Praga al enviar delegados a dicha ciudad.
Una vez hubo cesado la violencia, en Alemania los calvinistas, cuya religión estaba
todavía en sus comienzos y constituían una minoría, se sintieron amenazados y se
agruparon en la Liga de la Unión Evangélica (también conocida como Liga
Protestante), creada en 1608, bajo el liderazgo de Federico IV del Palatinado,
el príncipe elector del Palatinado. Este príncipe tenía en su poder el Palatinado de
Renania, uno de los Estados que España deseaba para sí a fin de proteger
el camino español. Esto provocó que los católicos también se agrupasen en la Liga
Católica, bajo la jefatura del duque Maximiliano I.
El emperador del Sacro Imperio y rey de Bohemia, Matías de Habsburgo, falleció
en 1619, pero habiendo testado a favor de su primo hermano, Fernando III de
Estiria. Fernando, que al convertirse en rey de Bohemia y emperador del Sacro
Imperio había pasado a llamarse Fernando II, era un católico convencido que
había sido educado por los jesuitas y quería restaurar el catolicismo. Por ello, era
impopular en Bohemia, la cual era predominantemente calvinista. El rechazo de
Bohemia a Fernando fue el detonante de la guerra de los Treinta Años.