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Problem Á Tica

Este documento analiza el proceso de globalización y la profundización de la crisis desde inicios del siglo XXI. Aborda la modificación del poder estadounidense y el surgimiento de nuevas potencias globales. Luego describe las etapas de la hegemonía productiva y la reestructuración financiera desde 1950 hasta 1970, caracterizada por políticas keynesianas y el 'cuarto siglo de oro' del capitalismo.

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Problem Á Tica

Este documento analiza el proceso de globalización y la profundización de la crisis desde inicios del siglo XXI. Aborda la modificación del poder estadounidense y el surgimiento de nuevas potencias globales. Luego describe las etapas de la hegemonía productiva y la reestructuración financiera desde 1950 hasta 1970, caracterizada por políticas keynesianas y el 'cuarto siglo de oro' del capitalismo.

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Untref- Facultad de Ciencias Económicas

“Contador Público Nacional”

Cátedra: “Introducción a la Problemática del Mundo Actual”

Docente: Prof. Hernán Barrios – Prof. Carlos Gracián


Unidad 1: Los hechos significativos del siglo XX y
Crisis en los inicios del siglo XXI
La presente unidad coloca el centro de la discusión en torno de dos problemas que
atraviesan y determinan al resto de los procesos analizados en las siguientes unidades.
Por un lado, las características y causas de un profundo corte histórico-civilizatorio que
se registra desde mediados de los años `60, el cual la bibliografía denomina como un
“cambio de época”. Y por otro lado, lo que se busca es examinar las transformaciones
que vienen sucediendo al interior del capitalismo desde mediados del siglo pasado, junto
a sus consecuencias tanto en torno de las relaciones geopolíticas entre los diferentes
estados, como sobre las relaciones entre los diferentes sectores sociales.
Respecto del primero de lo puntos señalados, Souza Silva en sus textos buscan
señalar las diferencias cualitativas del proceso denominado cambio de época. Para ello
busca diferenciar ese proceso de otros momentos en los que se producen transformaciones
en la historia, pero que no representan rupturas profundas sino modificaciones en el ritmo
y la eficiencia de los procesos. Acerca de las rupturas transformacionales que implican
un cambio de época, el autor centra su atención en la variación en el rumbo que la
sociedad sigue, dado que lo que se registra en esos procesos son quiebres en los
paradigmas que organizan la vida de la sociedad. Por ello es que el autor dedica especial
atención, primero en efectuar una deconstrucción del paradigma moderno, mostrando sus
elementos constitutivos y sus lógicas de funcionamiento; y en segundo lugar, se esfuerza
por mostrar tanto las causas y características de la ruptura de ese paradigma moderno
como algunas continuidades en la lógica sistémica general. En lo que hace a las llamadas
continuidades, el autor busca señalar el modo en el que el desarrollo del neoliberalismo
ha acentuado la expansión de las relaciones de mercado y el aumento del peso de las
corporaciones sobre los Estados Nacionales. Respecto de los quiebres, Souza señala que
las mismas se han generado como consecuencia de una serie de rupturas en las relaciones
de poder (y el peso que en ellas toma el control de la información) en las relaciones de
producción (con un capitalismo organizado a escala planetaria) y en las experiencias
interpersonales / culturales (en las que la virtualidad modifica los modos de vínculos).
Acerca del segundo tema de la unidad, el planteo está centrado en poder discutir
las características que ha asumido la lógica del capitalismo a partir del último tercio del
siglo anterior. En tal sentido, la mirada se centra en tres procesos: en primer término,
presentar el proceso de transformación en la forma de organización /administración en el
modo de generar excedentes sociales. Se busca poner en evidencia las causas que
motivaron el pasaje de una etapa estructurada a partir de una lógica predominantemente
industrial hacia otra en la que se articulan las principales relaciones económicas a partir
de la acumulación en torno de las finanzas y la generación de servicios (a industrias y a
individuos).
En segundo lugar, se pretende dar cuenta del modo en que esa transformación en
el modo de acumular excedentes (que significó una reestructuración de la correlación de
fuerzas entre los diversos sectores sociales) implicó una intensificación de las crisis
sistémicas, dada la volatilidad que adquirió la economía organizada centralmente en torno
de la especulación. En relación a este punto, también se busca mostrar cómo las crisis
sistémicas no son una excepción o desperfecto de la lógica capitalista, sino uno de los
motores centrales de la actual fase de acumulación neoliberal.
Y por último, lo que se busca es poner en perspectiva el impacto que en este
proceso tuvo en el equilibrio geopolítico entre las potencias, dado que todas estas
transformaciones ocurren mientras se pasa de un mundo estructurado en una lógica
bipolar entre fines de los cuarenta y fines de los ochenta, hacia otra unipolar a lo largo de
los noventa que posteriormente dio paso a una estructura multipolar con el nacimiento
del presente siglo.
Por lo tanto, la unidad propone analizar este proceso que atraviesa a todo el siglo
XX a través de estos diferentes planos y escalas, para poder dar cuenta de la multiplicidad
de variables que determinan el momento histórico en el que nos encontramos.
Unidad 1
Gracián

El proceso de globalización y profundización de la crisis


Desde inicios del milenio asistimos a una modificación del triunfalismo norteamericano consolidado en
los años ‘90; poder que dejó de ser incuestionado dada la emergencia de un mundo “multipolar”. El
resquebrajamiento del poder norteamericano es acompañado por la aparición de potencias industriales y
financieras que reclamaban su porción del poder global. Pero lo más llamativo es que no solo las potencias
europeas como Alemania, Francia e Inglaterra reclaman su lugar bajo el sol, sino que los llamados países
periféricos o del segundo y tercer mundo como Brasil, China, Rusia e India también reclaman su lugar.

I - De la hegemonía productiva a la reestructuración financiera (‘50 - ’70)


Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo inicia un período denominado como el
“Cuarto siglo de Oro” dado el prolongado período de bonanza económica vivida en mayormente en las
potencias periféricas y en menor medida en los países periféricos. Este crecimiento estuvo caracterizado por
la combinación de elevados niveles de rentabilidad en los sectores mas concentrados de la economía, por
medio de la aplicación de políticas destinadas a sostener el pleno empleo junto a la expansión del Estado
como organizador presente en la vida social. El Estado era colocado como eje central de la reasignación de
los recursos a través de la ampliación de la infraestructura y el salario indirecto. Los años que van luego de
la Segunda Guerra Mundial hasta entrados los años ‘70 estuvieron marcados por un descenso del desempleo,
el crecimiento de la capacidad de sindicalización y movilización de trabajadores en diversas regiones
industrializadas, como también por procesos de industrialización en otros sectores; en los lugares populares
se dio una sustancial mejora en la calidad de vida de sus ocupantes debido a mejoras en las negociaciones
sindicales.
En términos generales, ésta etapa se caracterizó tanto por la promoción de un nuevo ordenamiento
internacional como por los esfuerzos de esta potencia por consolidar la expansión geográfica de una forma
de acumulación sostenida por la producción de objetos en masa y serie. Para conquistar el primero de sus
objetivos, el estado norteamericano ejerció diversas formas de presión y negociación para lograr que los
antiguos imperios se deshicieran de sus colonias. El país buscó crear nuevos mercados donde lograr colocar
sus inversiones y mercancías dado que era la única economía en condiciones de hacerlo.
EEUU logró imponer una política monetaria que tiene como eje articulador mundial del comercio su
divisa, en tanto que la misma mantenía su paridad con el oro tras la firma del tratado de Bretton Woods en
1944; poseía más de dos terceras partes de las reservas planetarias de oro a partir del cual establece su
equivalencia entre el dólar y el oro.
La hegemonía de los EEUU se apoyó sobre dos pilares: su aparato productivo y su capacidad financiera
sostenida por su moneda como única divisa de peso respaldada por el aparato productivo y las reservas en
oro.
Desde 1948 EEUU había aceptado cubrir los déficits de sus socios europeos y de Japón a través de
créditos a cambio de que éstos depositen los dólares estadounidenses como moneda de reserva en sus bancos
centrales. De este modo EEUU lograba que estos países anclaran sus monedas al dólar e impedía el avance
soviético en Europa occidental que se encontraba devastado por la guerra. De esta forma, las regiones de
Europa que se encontraban en reconstrucción luego de la guerra compraban sus insumos a empresas
norteamericanas. Este fue el eje de la política anti- socialista que pretendió evitar las revoluciones sociales
en los países devastados por la guerra. Sin embargo los soviéticos no eran los únicos amenazados; tras la
rendición de Japón, triunfa la revolución socialista en China y estallan procesos revolucionarios en Corea e
Indochina, por lo que EEUU debió montarse un dispositivo articulado en dos ejes: en primer lugar expandió
su crédito a los países devastados por la guerra lo cual le permitió asegurar una demanda constante de sus
productos y le garantizó poder hacer de su moneda una divisa internacional de reserva. En segundo lugar la
dominación del capital admitió avances en materia de derechos ciudadanos sociales- laborales, así como la
construcción de regímenes democráticos y el fortalecimiento de las organizaciones populares como los
sindicatos.
Estas políticas buscaban colocar a EEUU como la única guía fuera de la órbita soviética-china en ésta
época signada por la bipolaridad.
En este contexto se comienzan a aplicar una serie de políticas keyensianas; se creía que para aumentar
la demanda de bienes a partir de una escala considerable, lo primero que debía hacerse era modificar los
“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 1
mecanismos de distribución del ingreso. A su vez el empresario debía aumentar la cantidad de empleados y
maquinarias de manera tal de producir todo lo que podían. Para los keynesianos es el Estado quien cumple
un rol central en el sostenimiento de la demanda efectiva. Por un lado, a través del gasto público y la
administración de los impuestos recaudados, el Estado aumenta la demanda por inversión complementando
y en muchos casos sustituyendo a los empresarios. Así por medio de las inversiones en transporte o energía,
se reducen los costos para las inversiones privadas, mientras que la contratación de los nuevos empleados
genera una mayor demanda de consumo.
Mientras estas políticas se consolidaban junto a un Estado más sólido en cuestiones de económicas y
sociales, en el plano ideológico, el “desarrollismo” se instala como una remasterización del ideal del
progreso. Tras las masacres militares y las crisis de los años ‘30 era necesario reconstruir la confianza en el
avance ilimitado y universal. Se trata del proceso de construcción de la hegemonía de postguerra. Por
hegemonía puede entenderse al proceso a través del cual la clase dominante pretende impregnar socialmente
una perspectiva ideológica que presente la relación de explotación/subordinación que ella comanda como
universales y naturales.
Estos postulados buscan consagrar un discurso tecnocŕatico como el mejor medio para regular la vida
de las democracias occidentales e industrializarlas en un contexto en el que los inconvenientes causados por
la revolución industrial se postulaban como ya resueltos.
Desde el inicio de la década de ‘50 Alemania occidental fomentó el proceso de integración comercial e
industrial con Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. Para los años ‘60 comenzaron a mostrar
una notable ampliación en su capacidad de exportación de bienes industriales muchos de aquellos países
que durante los años ‘50 habían necesitado de las inversiones de capital e importaciones tecnológicas
norteamericanas para reconstruirse. Alemania, Francia, Japón e Inglaterra habían incrementado su capacidad
productiva justo en el momento en que la economía norteamericana comenzaba a mostrar signos de
incapacidad para absorber sus capitales excedentes. Por lo tanto la formidable expansión de los mercados
de los antiguos socios de los norteamericanos repercutió sobre su hegemonía productiva y monetaria-
financiera respecto del mercado mundial. La productividad soviética se mostró en una sostenida expansión
hasta mediados de los años ‘60, lo cual también dañó la imagen de EEUU.
Estas pujas por la competitividad de los mercados generaron fuertes presiones sobre el dólar y por tanto
sobre el sistema monetario. Los mercados internos europeos al igual que los norteamericanos, se estaban
saturando para fines de los ‘60, es decir las grandes firmas habían logrado vender todo lo posible en sus
mercados domésticos, por lo que su rentabilidad estaba estancada.
La contracción del crecimiento económico no pudo ser contrarrestada por la expansión del gasto
público y por el déficit fiscal dado el límite impuesto por los intereses de los sectores dominantes
económicos. Así, quienes en los años de postguerra se favorecieron por las inversiones públicas en la
ampliación de infraestructura para la ampliación del mercado interno en medio de un contexto de crisis
política y económica, pasaron a definir a esas políticas públicas como un conjunto de gastos innecesarios. Si
bien la nueva situación generaba toda una serie de tensiones, este equilibrio monetario se mantuvo hasta
1971, cuando se desactiva el pacto de Bretton Woods. Esto le permitió a EEUU inundar el planeta con sus
billetes como medio de equilibrar la balanza de pagos. A partir de este momento, fue la primacía militar y
política la que le dio confiabilidad al dólar sobre el resto de las economías del mundo.
En este contexto, los sectores que comandaban la economía norteamericana, ante la imposibilidad de
hacer retroceder en su postura a los países de la OPEP, la administración del presidente Nixton logra
negociar muy buenas condiciones económicas para los intereses norteamericanos ante el nuevo escenario.
Dado que los EEUU dependía menos de las importaciones de petróleo que sus competidores, promete no
interceder ante la suba de los hidrocarburos pero negocia la exclusividad para los bancos privados
norteamericanos en el proceso de “reciclaje de los petrodólares”. Desde 1973 el dólar es la moneda por
medio de la cual se comercializan los mayores volúmenes de crudo del planeta. Esto significa que a partir de
ese momento, todo el dinero generado a partir de las transacciones petroleras está regulado por la moneda
que EEUU controla y emite.
Con este contraataque EEUU inicia un proceso de reestructuración económica que lo encamina a
reafirmar su hegemonía en las finanzas globales. Sin embargo este viraje tendrá su saldo y es que el país
deberá sacrificar su dominación industrial.

“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 2


II- De la hegemonía financiera al estallido de la crisis (’70-2000)
A partir de los años ‘70 se inicia un proceso de globalización, es un proceso esencialmente político: es
la respuesta dada por el capital a la posibilidad concreta de cambio generada por los sectores subalternos en
los años ‘60-’70. Se trata de un proceso de reconversión que se inicia en el mismo momento cuando el
“Estado de Bienestar” se consolida en Australia, Bélgica, Francia, Alemania federal, Italia y Holanda.
A escala productiva se inician una serie de cambios profundos que modificarán las formas de relaciones
sociales existentes hasta el momento, en lo referente a la ingeniería financiera, estas también aportarán lo
propio.

Reestructuración del modo de generación y acumulación de excedentes (finales de los ‘70 a fines
de los ‘80)

Transformaciones financieras
Dentro del primer momento están los bancos norteamericanos a la vanguardia de este proceso de
globalización financiera; a la zaga le siguen Japón, Alemania, Francia e Inglaterra.
Dado que durante la segunda mitad de la década de los ‘70 las mayores economías del planeta se vieron
envueltas en un proceso de recesión productiva y estancamiento bursátil, América Latina y Asia se
convirtieron en las plazas por demás atractivas para colocar este excedente monetario. Durante casi 10 años
se registró un enorme flujo de capitales de los países centrales hacia los periféricos en modo de deuda
soberana, junto a una alta tasa de interés de retorno en conceptos de intereses y deudas. Se consolidada la
condición básica para el funcionamiento del nuevo modelo de acumulación financiera: la creación de
deudores para mantener su funcionamiento.
Los sectores dominantes de los países centrales capitalistas y sus congéneres de la periferia se vieron en
la tarea de, por un lado, suprimir la potencialidad política desplegada hasta el momento por los sectores
subalternos y por otro revertir una crisis.
Sin embargo, en sus inicios, esta nueva etapa tuvo una fuerte pérdida de impulso motivada por la crisis
generada a partir de la cesación de pago de los países deudores en los ‘80. Paralelamente a lo largo de los
‘80, la importancia del dólar comenzó a retraerse. Recién durante los años ‘90 comenzó a consolidarse el
sistema financiero global.
Dos factores se podrían señalar que pusieron en crisis la naciente hegemonía financiera durante los ‘80:
en primer lugar, la gravedad de la crisis en los ‘80 se debía tanto al compromiso que implicaba para los
sistemas financieros de los países acreedores, por la cesación de pagos de los países deudores, como a los
potenciales efectos de profundización de la parálisis económica global. Esto fue lo que tuvo en vilo a las
autoridades políticas y financieras de los países centrales durante casi toda la década de los años ‘80. A lo
largo de la década, los gobiernos de los países centrales realizaron enormes esfuerzos por rescatar a los
bancos privados por medio de planes de canjes de deuda impulsados por el tesoro norteamericano. Pero a la
vez que se buscaba instalar una nueva lógica financiera, los esfuerzos de los organismos multinacionales se
centraron en generalizar las nuevas condiciones laborales necesarias para la competitividad global. Estas
entidades compraron las deudas de los estados y abrieron camino a las refinanciaciones de las deudas
colocando como condición única la flexibilización laboral y la desregulación de las economías.
En segundo lugar, en lo que respecta al poderío del dólar en particular, la utilización de esa moneda
como reserva en los bancos centrales y como medio de cambio comercial cayó a lo largo de los años ‘80,
desplazado por el marco alemán, por el ECU y el yen. El porcentaje de bonos internacionales denominados
en dólares también cayó. Ante este escenario, la ampliación del curso forzoso del dólar estadounidense a los
países de América Latina y Asia por medio de la imposición de créditos, buscó contrarrestar esta tendencia a
través de la sustitución de las monedas nacionales por el mismo dólar.

Modificaciones en la lógica productiva


En un período en el que la competitividad se está trasladando definitivamente a la escala global, las
mayores firmas del planeta buscarán reducir los tiempos de rotación para maximizar su competitividad. Lo
interesante de esta dinámica de acortar los tiempos de rotación se traduce en una aceleración de la vida
social como tendencia dominante dado que el proceso productivo y de consumo lo requiere. La necesidad de
acelerar los tiempos de producción se vuelve una constante.
Se inicia así un proceso de acumulación flexible, y se caracteriza por la descentralización productiva
para la generación de pequeñas y variadas series discontinuas de bienes, es decir, sin stock. Este desarrollo
“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 3
tecnológico marca la profundización de una tendencia inherente a la producción del capital antes que una
novedad en la naturaleza del capitalismo.
Se señala muy comúnmente que el desarrollo informático y la robotización productiva son los
elementos que moldean la nueva etapa del desarrollo capitalista. Es decir, la revolución informática permite
una transformación en la estructura organizacional de la producción, afectando el modo de organización
social. Pero ello no debe llevarnos a la confusión de creer que la tecnología es el sujeto que transforma la
realidad.
De este modo, para lograr la efectividad de las nuevas condiciones necesarias para una mayor
acumulación de ganancias, fue preciso hacer retroceder las formas de organización política y social de los
sectores subalternos y a su vez desarticular todas las prerrogativas sancionadas jurídicamente en forma de
Estado Benefactor. En el caso de América Latina es evidente el rol que cumplieron en este sentido las
diferentes fracciones de las fuerzas armadas locales aliadas a los sectores económicos exportadores a través
de los golpes de estado principalmente en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
El objetivo de los sectores dominantes centro, por lo tanto, en terminar con las formas políticas
institucionales que hasta el momento, tienen ciclo de expansión iniciado en la postguerra, había que
contribuir al sostenimiento de la rentabilidad del capital dentro del delicado equilibrio propuesto por el
keynesianismo. Así todas las mejoras en las condiciones de vida que los sectores subalternos habían logrado
institucionalizar en el Estado, pasaron a ser catalogados por los voceros de los sectores dominantes como
onerosas e inútiles cargas, a la par que desacreditan la regularidad Estatal como el estorbo para la libertad de
los negocios. De este modo los sectores más concentrados y dinámicos de la economía buscaban deshacerse
del estado; esto no implica en el razonamiento de los sectores dominantes la abolición absoluta del Estado,
sino por el contrario, se reafirman en tanto garante de la legalidad de un orden social en el que los derechos
adquiridos en el pasado se transforman en servicios brindados por empresas privadas.
Entre los factores mencionados se señala la saturación mercantil. Sin embargo, es preciso agregar que
la sociedad capitalista de postguerra había llegado al más alto grado de racionalización de la organización de
la producción. Se había alcanzado el límite en la reducción del costo de producción por unidad con la
aplicación hasta el límite del disciplinamiento taylorista. En este contexto, marcado por la necesidad de
recomponer la tasa de ganancia por parte de los sectores dominantes, las políticas que lograron implementar
tecnologías determinaron 2 tendencias: en primer lugar, con la difusión de la electrónica y la robótica se
produjo la mecanización de los procesos productivos, lo que terminó el reemplazo de la cadena de montaje
en procesos y la utilización intensiva de mano de obra altamente calificada. En segundo lugar, se produjo
una expansión en la fabricación de productos industriales hacia ciertos países periféricos. La
industrialización en dichas regiones se trata de procesos posibilitados por las nuevas tecnologías de
transporte y comunicación, pero fundamentalmente es un proceso sostenido por políticas de los estados
nacionales tendientes a formatear el ingreso de inversión extranjera directa y de grandes capitales
transnacionales que al trasladar parte de la producción hacia países con niveles bajos y condiciones de
trabajo más desfavorables para los empleados conseguían reducir sus costos y rentabilidad. Si bien Ambos
fenómenos posibilitaron una significativa recomposición de la tasa de ganancia empresaria, ésta nunca
alcanzó los valores de la postguerra.
Estos cambios supusieron una importante transformación en la división internacional del trabajo. En
los países centrales extendieron la prestación de servicios Y sólo permanecieron aquellas porciones del
proceso productivo de alta complejidad tecnológica y con bajos niveles de ocupación de mano de obra,
aunque de alta calificación y remuneración.

Consolidación y expansión del régimen de acumulación financiero (fines de los ‘80 a fines de los
‘90)
En este contexto se inicia un período en el que se quebraron diversas barreras socio-políticas,
económicas, jurídicas y culturales.
Es el momento en el que el capital monopolista se libera de los límites establecidos en un contexto de
crisis como fue el período 1914-1945. Si la consecuencia de esos años críticos de la primera mitad del siglo
fue la existencia de un Estado con cada vez mas funciones sociales; los años finales del siglo XX y durante
lo que vamos del siglo XXI estarán marcados por la tendencia inversa. Las nuevas concepciones económicas
y las formas ideológica- culturales que emergieron durante esos años marcaron nuestra sociedad hasta hoy.

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Las bases del nuevo dogma neoliberal
El período que se extiende desde la caída del muro de Berlín, en noviembre del ‘89, a la desarticulación
de la URSS, en diciembre del ‘91, la economía financiera especulativa toma un nuevo rumbo, y junto a ella
los procesos de flexibilización en el trabajo y en la producción.
La base económica de las ideas neoliberales que comenzaban a instalarse como el nuevo dogma
económico fue el monetarismo. En lo que se refiere a su visión económica, los argumentos que impusieron
son los siguientes: para el neoliberalismo el Estado tiene una estructura de gasto irracional y por lo tanto es
ineficiente y corrupto por definición. Para el criterio neoliberal, la excesiva intervención estatal en las
economías fue lo que generó el desaliento y la retracción de las iniciativas privadas que condujeron al
estancamiento y la crisis. Esto último se debe a que para los liberales, la competencia es el incentivo para la
mejora en la capacidad, el volumen y el precio de la producción. A su criterio, sin regulaciones por parte del
Estado o interferencias por parte de los sindicatoa, la oferta encontrará de modo natural su punto de
equilibrio con la demanda en tanto que el mercado funcione libremente. Siguiendo este razonamiento, los
liberales sostienen que, por un lado, dado que cada región-país debe aprovechar las ventajas que su medio
le ofrece, debe terminar con las protecciones arancelarias e integrarse al mercado mundial, dejando que
sobrevivan las empresas o aquellas ramas de la economía que estén en condiciones de competir con otras
empresas del globo. A su vez, si en diversas regiones hay desempleo extendido, esto se debe a que el precio
de su mano de obra es mu cara. Por lo tanto las diversas formas de contratación temporaria o flexibilizada
junto a las reducciones de cargas sociales y las indemnizaciones por despido, serán las medidas pertinentes
para absorber a esos desempleados sin la carga onerosa que implica la intervención estatal o sindical.
Los neoliberales consiguen instalar sus postulados económicos como la nueva ortodoxia. A su criterio,
si hay economías que no están lo suficientemente mercantilizadas-monetarizadas por medio de estos
métodos lograrán estarlo, y por lo tanto así se aseguran de entrar al mercado mundial.
Desde el punto de vista odeológico-cultural estos años fueron también testigos de un segundo intento
de clausurar la historia. Tras casi medio siglo de un mundo organizado en una geopolítica dividida en dos
bloques, la desarticulación soviética permitió la consolidación de la versión/visión occidental capitalista
norteamericana del proceso histórico.
En síntesis, por un lado el discurso neoliberal instala socialmente que las nociones de pobreza y la
desigualdad social se tratan de fenómenos inherentes a la humanidad. Por lo tanto, no se puede hacer
mucho frente a algo que no se controla. A su vez, por otro lado, este discurso neoliberal exalta el egoísmo
como una de las máximas virtudes sociales. El individualismo egoísta es presentado como el estado natural
de una persona. Por lo tanto la adaptación a las circunstancias es lo que separa a los ganadores de los
perdedores. Para este discurso, el fracaso se explica por la habilidad y fortaleza de cada persona para
aprovechar la oportunidades: cada persona es responsable exclusiva de su destino.

Características de la consolidación de la acumulación financiera en la última década del siglo XX


Las empresas productivas no sólo buscaban reproducir ganancias en el corto plazo, sino que buscaban
nuevas formas de organización de la producción en pequeñas series discontinuas (sin stock) que agilizaban
los tiempos de rotación. Se comienza a masificar del consumo de bienes al consumo de servicios.
En esta nueva fase financiera, desplegada a lo largo de los años ‘90, los mayores flujos de capitales
fueron dirigidos hacia las bolsas de Nueva York, Londres, Frankfurt o París.
Estas crisis generaron un proceso de fuga de capitales de los países periféricos hacia los países
centrales en busca de seguridad y ganancias. De este modo, se amplió la liquidez de los mercados centrales,
bajando el costo de los intereses por el crédito que generó un impacto económico, en especial en EEUU, ya
que la entrada de capitales financiaba su deficitaria economía.
Harvey explica que en los contextos de endeudamiento en los países periféricos, durante los años ‘90,
los capitales especulativos consiguieron que los activos públicos y privados sean vendidos a precio de
remate dado el precio de deslvalorización que se generó. De esta manera la crisis se presenta como un
componente fundamental en el proceso de acumulación del capital en su fase financiera; también funcionan
como dispositivo de disciplinamiento dado que por medio de ellas se reorganizan las relaciones sociales de
producción al interior de cada país, fortaleciendo el rol del capital extranjero en las economías dado el
proceso de devaluación, marchitando todo intento de producción local.
A escala global, estos procesos de crisis se han transformado en centrales a la hora de consolidar el
nuevo orden metabólico del capital, dado que este requiere de una raquítica estructura estatal que permita a
los flujos de inversión especulativa moverse libremente.
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Producto de la exacerbación de ésta lógica global, las fronteras de los estados comenzaron a borrarse en
un sentido pero también a marcarse en otro. La proliferación de modificaciones en las relaciones necesarias
para sostener la producción amplia del capital, ha llevado a que el mercado mundial tome una nueva
fisionomía en lo que hace a su extensión geográfica, profundidad social y velocidad de producción-
circulación-consumo.
Fue precisamente entre 1995 y 2000 cuando en EEUU se produjo la primera burbuja especulativa
asociada con el desarrollo de internet que se articuló con la informática y las telecomunicaciones. Este
desarrollo propuso un impacto positivo en la economía real: la tasa de crecimiento de PBI (4,1%) superó los
valores de los años previos, la inversión creció un 8,9% y la rentabilidad del capital fijo se incrementó. En
este marco, el ascenso de los índices bursátiles elevó los precios de los activos financieros e impulsó la
expansión del crédito provocando un efecto riqueza que incrementó rápidamente los niveles de consumo.
En el auge de esta expansión de las tecnologías de la comunicación se comienza a hablar de una “nueva
economía”, la cual rendía sus frutos: las cotizaciones de los bonos de corporaciones, bancos y empresas
tecnológicas estaban llegando mas allá de lo soñado por cualquiera en un lapso de tiempo muy corto.
Será a inicios del 2000 cuando esta estructura especulativa reciba su primer golpe: en marzo de ese año
caen estrepitosamente los bonos de las empresas tecnológicas de la bolsa norteamericana.

III- La expansión de la crisis (2000- 2008)


Esta crisis comenzada en el 2000 es el antecedente directo más cercano al quiebre financiero del 2008.
Pero la diferencia de la primera crisis con la segunda es que la del 2008 puso de manifiesto que la disputa
por la hegemonía financiera-monetaria a escala global ha llegado a un punto crítico.
Básicamente, lo que se ha puesto en juego es el rol del dólar como moneda de reserva global, y con él
la hegemonía política de EEUU.
Éste período se abre con dos hechos relevantes: por un lado, en enero de 1999 se oficializa la
instalación del euro como moneda oficial en once estados de la UE iniciando su circulación en enero del
2002. Por otro lado, el estallido de la crisis de la bolsa norteamericana en marzo del 2000, ligada a la
especulación de bienes tecnológicos e informáticos, dejó a este país la borde de la recesión similar a la que
enfrentaron a comienzo de los ‘80.

Antecedentes y características de la crisis de 2000


Para el desarrollo de la nueva arquitectura global financiera, fue vital el proceso de la
transnacionalización originado primeramente en los bancos a lo largo de los años ‘80 y ‘90. Este proceso se
vincula directamente tanto a la capacidad de motorizar préstamos como a las políticas de privatización
promovidas por el neoliberalismo tras la consolidación de las políticas conservadoras representadas en los
gobiernos de Reagan.
Para tener una idea del peso que ha adquirido el proceso de financiación de la economía a lo largo de
la década se puede tomar el siguiente ejemplo: si se contempla el número de empleados que registran desde
la década del ‘90, las dos plazas financieras más grandes de Londres y Nueva York, en total suman más de
un millón de empleados.
En este contexto la UE saca su moneda como modo de competir con el dólar y hacer fuerte sus plazas
más importantes: Frankfurt, París y Luxemburgo.
A su vez, en lo que hace a la economía domestica de Norteamérica desde mediados de los ‘80 se venía
repitiendo una constante en las políticas económicas: para salir de los cada vez más frecuentes
estancamientos económicos, se estimulaba la circulación de bienes abaratando el crédito; decir, a la par que
se registraban estancamientos financieros. De este modo, mientras en el corto plazo se sostenía el consumo a
partir de condenar a familias a un estado de deuda permanente, a largo plazo se fue empujando a la
economía a una fase deficitaria, consolidando una economía que consume más de lo que produce.
Sin embargo, mientras la hegemonía monetaria y militar global norteamericana no era cuestionada y la
maquinaria financiera se extendía, los rasgos negativos no emergían con fuerza como para replantear el
rumbo. La explosión de la burbuja informática en 2000 puso en aviso a propios y ajenos sobre lo endeleble
de la estructura financiera-especulativa y productiva que se venía consolidando desde el fin de la Guerra
Fría, por medio de la profundización del proceso de deslocalización de las inversiones. El impacto de este
colapso se amplificó por el volumen y la velocidad con que los capitales especulativos migraron hacia otras
formas de inversión más seguras.
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Si bien una buena parte de los fondos de inversión retomarán el mercado financiero norteamericano a
partir del 2002, una vez implementadas las medidas que hicieron posible el mercado inmobiliario, su
ganancia especulativa no dejará de generar efectos. No es casualidad que desde mediados del 2001 se diera
un fenómeno económico singular: los precios de los bienes primarios comienzan a aumentar. Ésta
modificación en los términos de intercambio ha favorecido la recuperación de América Latina.
Probablemente todos los países de la región crecieron; hay una recuperación de las reservas internacionales.
En este contexto sucedió el atentado a las Torres Gemelas que generó un “boquete” en la bicentenaria
vulnerabilidad de los EEUU.
Fue sobre la base de este impacto que la administración Bush logró poner en práctica una serie de
medidas pretendiendo revertir la situación: 1° el despliegue militar motoriza la puesta en marcha del
complejo militar industrial; 2° después del desplome se dio un proceso de expansión monetaria como medio
de asegurar la recuperación de los mercados financieros; 3° baja de impuestos a las empresas y a las
ganancias, es decir, a los mayores contribuyentes; 4° baja en las tasas de interés en los créditos como medio
de alimentar el consumo.
Sin embargo, a pesar de todas estas modificaciones, los condicionamientos al predominio del dólar y a
la hegemonía norteamericana se mostraron cada vez con más nitidez. Se pueden señalar 3 de ellos:
En primer lugar, el proyecto de ampliar y consolidar a un área monopólica de comercio sobre América
Latina, impulsado en la Tercer Cumbre de las Américas no prosperó. El proceso de crisis del modelo
neoliberal y sus consecuencias en el Cono Sur frenaron la posibilidad norteamericana de avanzar en este
sentido.
En segundo lugar, se inicia una lenta expansión del euro respecto del dólar que se acelera a partir del
2004
En tercer lugar, su endeudamiento. El conjunto de medidas implementadas por las administración Bush
repercuten potenciando el consumo interno, generando una recuperación que traccionó al resto de la
economía planetaria. “El 60% del crecimiento de la economía mundial se explica por el consumo de los
EEUU”.

Los vínculos de la crisis de 2000 con la crisis iniciada en 2008


Los sucesos enumerados empujan a la radicalización de las posturas del establecimiento político
norteamericano quien propone controlar los pozos petroleros como medio de asegurarse la cotización en
crudo de dólares. Claramente ante la situación desatada en el 2000, como arrastre de los cambios iniciados
desde principios de los ‘70, los sectores dominantes norteamericanos buscan una repetición de lo acontecido
en 1973 tras las negociaciones de Nixon, puesto que Europa y Japón y el este y el sudeste asiático son aún
más dependientes del crudo del Golfo que los EEUU.
Así como el complejo militar- industrial se expande, las nuevas condiciones consolidadas a partir de la
administración de Bush permitieron la consolidación del negocio inmobiliario y con él se consiguió la
ampliación de un poderoso complejo integrado por constructoras-bancos-financieras fuertemente integrado a
la estructura financiera global.
Por otro lado, el aumento de las compras fue generado por una baja en los intereses en los créditos. De
este modo, la compra y venta de hogares pasó a ser una forma de capitalización. A las hipotecas baratas por
los créditos con bajas tasas de interés se les suman las disminuciones de los filtros para su acceso. Este
negocio mostró ser muy eficiente: producía una alta rentabilidad en un mínimo lapso de tiempo, por los que
atrajo las inversiones de los bancos y fondos especulativos. Este proceso especulativo redundó en una
importante suba en los precios de las viviendas, por lo que dada la ausencia de los controles públicos,
desembocó en un proceso inflacionario.
Desde mediados del 2006 se inició una contracción de la actividad a partir de un leve aumento del
porcentual de interés aplicado por parte de la Reserva Federal para poner al día los números. Resulta que fue
tal el impacto de ésta suba mínima que en un corto lapso de tiempo la actividad de la construcción cayó casi
un 30%. La razón de esta caída se encuentra en el sistema de de acreditaciones para la entrega de hipotecas.
Dicho aumento en la tasa de interés generó una enorme masa de hipotecas entregadas a sectores sociales sin
capacidad para responder a la suba.
La reacción de los fondos especulativos fue inmediata. Desde 2001 se registra una inversión en los
términos de intercambio favoreciendo a los bienes primarios. Si se toma la serie de 2001 y 2008 los precios
aumentaron casi un 75%. Claramente este hecho forma parte de de la respuesta de los fondos de inversión,

“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 7


bancos y aseguradoras que saltaron de las hipotecas a los “commodities” como forma de inversión
confiable.
Pero ese salto no se da sin consecuencias; esa respuesta contribuyó a profundizar la crisis iniciada en
2006 al socavar la confianza de los inversores en la pujanza de la economía norteamericana y le estructura
financiera de inversiones. Desde mediados de 2007 a mediados del 2008, el precio del crudo aumentó casi
hasta duplicarse, lo que redundó en un mayor aumento en la tasa de interés de los créditos.
A partir de los datos del FMI correspondientes al tercer trimestre de 2007 podemos ver que la cantidad
de dólares acumulados por las bancas centrales tocó su nivel más bajo de la historia al caer un 63,8% de las
reservas internacionales.
A partir de los primeros meses del 200, se registrará un retroceso que llevó al euro a una cotización por
debajo de 1, 23 dólares tocando un mínimo de 1, 22 dólares; su nivel más bajo desde abril de 2006.
El colapso financiero de 2008-2009 que explotó en el sistema bancario de los EEUU, pero que se
extendió por toda la estructura financiera globalizada, puso en evidencia la falacia del consumo sin límites y
las rápidas y abultadas ganancias especulativas.
En 2008, a poco tiempo de la victoria electoral de Barack Obama, los bancos norteamericanos debieron
ser rescatados de la quiebra con fondos públicos.

IV- Las primeras consecuencias de la crisis (2009-2012)


Estas crisis parecen haber acelerado algunas tendencias estructurales que empujaron, por un lado, a una
mayor competitividad entre las potencias occidentales por intentar obtener el control, y por otro, a una
mayor competencia entre estas potencias y las nuevas formas económicas emergentes.

Las crisis impulsan la emergencia de nuevos condicionamientos al poder de las potencias


La política exterior de Barack Obama: no cerró Guantanamo, sino que amplió a Pakistán las guerras de
Irak y Afganistán. Promulgó una ley que que recorta las libertades civiles: La National Defense
Authorization Act (NDAA) que faculta a las fuerzas armadas a encarcelar por tiempo indeterminado, sin
cargos ni proceso y en prisiones militares, a todo estadounidense que sea sospechoso de terrorismo, aunque
viva en el extranjero.
Bajo los primeros años del mandato de Obama, los núcleos de la economía norteamericana se vieron
beneficiados por las decisiones tomadas desde la administración estatal.
Durante el 2009, EEUU ocupó el 48% de los gastos militares del planeta. A su vez, el Congreso aprobó
el presupuesto del Pentágono más alto desde la Segunda Guerra Mundial: 725.000 millones de dolares para
el año fiscal 2011. Paralelamente el departamento del Estado autorizó exportaciones de las empresas
privadas armamentistas por 40.000 millones de dólares.
En lo que respecta a los grupos ligados a las telecomunicaciones e informática, el apoyo abierto a la
candidatura de Obama por parte de los principales directivos de Google e IBM e ITIC tuvo su contrapartida
en las subvenciones para el desarrollo dadas por el Estado, como también la ampliación de otras
prerrogativas.
Por su parte las presiones de los sectores financieros también se hicieron sentir dejando sus beneficios.
El gobierno de EEUU y la Reserva Federal invirtieron ese año 2009, 12, 8 billones de dólares. Sin embargo,
ese mismo año, los bancos que eran rescatados habían pedido la ejecución de la hipoteca de más de 5
millones de propiedades. Es decir, las entidades que causaron las crisis inmobiliarias eran rescatadas de la
quiebra con dinero de los contribuyentes a través de medidas gubernamentales, a la par ejecutaban hipotecas
de sus deudores.
Por otro lado, en Europa, las tensiones al interior de la UE entre los países del norte y los del sur se
profundizaron con el estallido de la crisis.
Los sectores dominantes venían buscando su lugar bajo el sol desde la llegada de Sarkozy en 2007. No
solo porque su aprovisionamiento de petróleo depende de los países extraeuropeos; sino porque además se
buscaba potenciar al euro como moneda para la cotización del crudo, de modo de mantener la moneda
financieramente. Alemania, por su parte, venía atando lazos con China, lo que le permitió incrementar cierto
grado de independencia respecto de los socios de la región. Ante esta nueva coyuntura, los franceses
buscaron afianzar su posición global a través de la intervención militar en Afganistán pero en ese escenario
el presidente lo único que logró fueron fracasos.
Sin embargo, entre mediados del 2009 e inicios del 2011 se generarán 3 acontecimientos que darán
paso a la alianza táctica entre Francia y la ya existente coalición entre Gran Bretaña y EEUU.
“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 8
El primero de los acontecimientos fue la emergencia pública del bloque BRIC (Brasil-Rusia-India-
China). A su vez, a este nuevo bloque hay que sumarle los contactos con otros países emergentes. En febrero
del 2010 se crea la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). En su primer cumbre
propusieron, entre otras cosas, des-dolarizar sus comercios.
Por otro lado en Europa estalla la emergencia económica en Grecia, España, Portugal e Irlanda en los
primeros meses del 2010. Entre 2002-2009 el euro se había apreciado, lo que le permitió a Alemania
sostener sus potenciales industrial, exportando al mundo y comercial, con una moneda apreciada que
garantizaba su poder de compra, lo que le permitió aunar lazos aún más fuertes con China. Sobre las bases
de esas ganancias, los bancos alemanes compensaban parte del déficit de algunos países de la zona euro por
medio de créditos para cubrir las asimetrías a través de los préstamos entregados por el Banco Europeo. Se
trata de sostener activa la demanda de los bienes por medio del endeudamiento de sus propios clientes.
Pero la devaluación modifica el funcionamiento del circuito. En estos países en los que estalla casi
inmediatamente la crisis se generó un efecto similar a lo ocurrido en EEUU: a la especulación financiera
inmobiliaria se le sumó que su crecimiento productivo estaba virtualmente bloqueado, dado que recurren a
modelos de expansión financiera, con creciente déficit externo, para sostener el consumo.
Por último, en el norte de África se inician una serie de rebeliones que tendrán sus repercusiones del
otro lado del Mediterráneo con la aparición de los movimientos de protesta conocidos como “indignados”.
Lo que en el norte de África dio el pié para una intervención armada en nombre de mantener la paz, en
Europa dio lugar a la llegada de los tecnócratas ligados a los mayores bancos del planeta, los cuales
solucionarían la crisis.
Las protestas en la “primavera árabe” se iniciaron en enero del 2011 contra regímenes que llevaban
más de 3 décadas en el poder.
A pocos días de iniciadas las revueltas, el director del FMI Dominique pronunció la sepultura del dólar
como divisa de reserva de última instancia, para ser sustituido por los “Derechos Especiales de Giro”. Es
muy probable que en la cima de la crisis, esta demanda exprese a una fracción de los sectores políticos y
económicos. Sin embargo, la otra fracción de estos sectores es probable que se exprese en el proyecto
lanzado también por esos días: unificar las bolsas de Nueva York y Frankfurt. Es decir, buscan derribar el
dólar y constituir la hegemonía de una nueva letra de cambio, por un lado, y quienes buscan una alianza
formadora de precios internacionales por el otro.
Así como Francia conservaba sus influencias e intereses sobre la región norte del continente; los EEUU
habían creado una división espacial para el control del continente, el AFRICOM. (Algo muy similar al
Comando Sur que vigila América Latina por cuenta y orden del Pentágono).
Los motivos para poner la vista y las armas en África son: en primer lugar, la caída del régimen de
Mubarak deja muy solo al otro aliado de los EEUU en la región, Israel. Por lo tanto, se debilita el contrapeso
que en la región pretendía generar las potencias occidentales a las intenciones de Irán. A su vez, Egipto pasa,
buena parte del petróleo del Golfo pérsico exportado a Europa, por lo que tienen mucha importancia
económica y militar. En segundo lugar, desde la postura de los países europeos, Libia es la nación petrolera
más importante de África. Los países europeos importan el 85% del petróleo libio.

La respuesta de las potencias: golpes de mercado/democracias de baja intensidad


En medio de la movilización, protestas y represiones, las tres calificadoras de riesgo norteamericanas
que controlan el mercado, evalúan la solvencia y el comportamiento de los países europeos. Se trata de las
mismas instituciones que entre 2002-2008 asignarán sus máximas notas de confiabilidad a los valores
hipotecarios que terminaron colapsando. Según sus análisis, los títulos de deuda de Portugal, Irlanda y
Grecia son bonos basura. Esto ocurrió en momentos en que los organismos multilaterales del crédito y la UE
gestionan rescates para esas economías, con el objetivo de evitar el colapso de la región.
De este modo, quedaba en evidencia una vez más el mecanismo por el cual las agencias dedicadas a
poner notas sobre confiabilidad de la deuda de países y empresas se habían convertido en potentes
dispositivos de desestabilización política. Pero a su vez, las continuas rebajas en notas crediticias a los
países de la UE debilitan la posición del euro, jugando claramente a favor del dólar. Y si bien la operación
no terminó por desmoronar al euro frente al dólar, por lo menos sirvió para que en el período de 2011-2013
cuadros técnicos y burocráticos de grandes bancos norteamericanos ocuparan cargos públicos centrales.
La respuesta ante este intento de profundizar la desestabilización en Europa no se hizo esperar. El
modo en que se ha articulado el armado de la eurozona es concebido de forma tal de favorecer

“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 9


sistemáticamente a un centro que acumula superávit fiscales y preserva su estructura productiva/financiera
en detrimento de la periferia.
Para restablecer el orden los sectores financieros concentrados europeos impulsaron la creación de la
alianza de hecho entre el Banco Central Europeo, el Consejo Europeo y el FMI, denominada “la Troika”. Se
trata de un dispositivo por medio del cual Alemania impone su férreo control político-financiero sobre la
región, condicionando la política fiscal de los estados para asegurar el pago de las deudas. En este escenario
pareció afianzarse la idea de que para salvar al euro, y lograr competir con el dólar, los estados periféricos
de la “eurozona” deberán transformar sus regímenes políticos para convertirse en una especie de
protectorados desprovistos de soberanía.
Básicamente las recomendaciones que postulan los técnicos se centraron en las políticas de recortes de
salud, educación y los dispositivos de asistencia social de modo tal de reducir el gasto del Estado. De esta
forma se podrían pagar los intereses de la deuda externa. A su vez, estas políticas se combinaron con otras
recomendaciones sugeridas por la Troika para salir de las crisis.
Si bien durante estos procesos se celebraron elecciones y se sostuvieron las instituciones republicanas,
el condicionamiento a las políticas públicas de los estados por parte de las entidades financieras son
claramente evidentes.
Uno de los factores que permitió que parte de éstas políticas se apliquen puede ser el giro hacia la
derecha dado por una parte de la población. Esta visión tiene su correlato en el crecimiento de los guarismos
electorales de los partidos políticos de la extrema derecha que se oponen a la inmigración. Desde el inicio de
la crisis del 2008 los niveles de rechazo de la población europea se manifiestan en opiniones de que la
inmigración es vista como sinónimo de pobreza, inseguridad y causa de todos los males que afectan a las
sociedades europeas.

V- Las potencias mueven sus piezas (2012.2015)

Durante estos años emergen tensiones visibles en la geopolítica global de los EEUU encabezadas por
Rusia y China. El modo de tensionar los frentes son diferentes en cada caso. Es evidente que las intenciones
de desarticular el “peligro chino” para los EEUU implica desactivar en paralelo a otros contrincantes.
Parecería que la estrategia norteamericana no se limita a expulsar a Rusia del occidente sino que también
apartarla del resto del mundo.
Las disputas dadas por los rusos se iniciaron por la región este de Europa y a inicios del 2016 están
mostrando serias intenciones de colocarse como un factor de poder activo en la región de medio oriente. De
este modo desafía los intereses del poder para las potencias de la Comunidad Económica Europea entre
2013-2016 y abre un nuevo frente de disputa con los intereses norteamericanos en la región Siria
En el caso de China, la estrategia de disputa esta centrada en lo financiero.

Movimientos de Rusia y China


En medio de protestas por los ajustes realizados en 2012, se desató un conflicto armado en la región de
Crimea entre fines de 2013 y comienzos de 2014. Se trata de una disputa por el control de una de las
regiones petroleras y gasíferas más ricas de la región que emergió en una lucha armada al interior de
Ucrania por la decisión de formar parte de la zona euro o quedar bajo la influencia de Rusia. Para ello,
EEUU y la UE movilizan tropas de la OTAN a la región.
El temor por el estallido de una guerra en una región fracturada por la crisis está latente desde el primer
día de los incidentes. Hasta el momento han evitado llegar a esas instancias; es que uno de los principales
motivos es que ambos países dependen del gas ruso. Por su parte Rusia también posee intereses económicos
dado que la CEE es su principal socia comercial. Entre ambos frentes la preferencia norteamericana, por el
momento, es por Alemania. Sin embargo, una guerra en la región haría que, ninguna de estas potencias
involucradas en los conflictos del Medio Oriente, se desgasten en este conflicto. O, de no llegar a la guerra,
que se desgasten por evitarla. De este modo la diplomacia norteamericana bloquea a su competidor que es
Rusia y mantiene lejos de toda posible disputa a la CEE (y al euro).
Sin embargo, para lograr estos objetivos, los norteamericanos realizaron dos movidas durante 2015. En
primer lugar redujeron los intercambios de productos golpeando la economía rusa y buscaron llevar a la baja
al petróleo. En un contexto de caída en la demanda del petróleo por la parálisis empujada por la crisis, la
economía rusa se vio duramente golpeada. A esta caída de la demanda se le suma una sobre oferta
encabezada por EEUU a través del nuevo método de “fractura hidráulica” desarrollado desde la primera
“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 10
década del 2000. A su vez, la OPEP, encabezada por Arabia Saudí, ante la caída de los precios decidieron no
reducir la oferta del crudo argumentando que era el mejor modo de no perder espacios ni clientes. Por lo
tanto los precios se desplomaron aún más, lo que se transformó en violentas devaluaciones de la moneda,
con profundos efectos sociales y macroeconómicos.
Así, la política norteamericana pretende frenar las intenciones de crecimiento geopolítico de Rusia.
En un contexto de crisis y recesiones globales cada vez más regulares y a su vez más profundas, China
toma una serie de medidas que le permitieron sostenerse, consolidarse, y hoy lograr disputar el lugar central
de la economía capitalista global.
En primer lugar, las altas tasas de ahorro generadas por una economía centrada en la exportación y el
desarrollo de las infraestructuras, se vuelca en modos de préstamo (deuda) y el principal destinatario de esa
compra de deuda es EEUU. Se trata de una estrategia que apunta a que la economía norteamericana pueda
seguir sosteniendo sus niveles de consumo emitiendo deuda permanente. En segundo lugar, los bancos
chinos comenzaron a competir con las entidades financieras norteamericanas y europeas en el otorgamiento
de créditos para “asociados”, por un lado, ya su vez están logrando que su moneda (el yuan) se consolide
como divisa del comercio global y de las reservas nacionales. En este sentido, podemos afirmar que los
créditos otorgados por China se han convertido en un instrumento de política exterior que les permite, por
un lado estrechar relaciones con alados fundamentales, y por otro, disminuir la influencia de los EEUU en
regiones estratégicas.
Un ejemplo de esto es Latinoamérica: desde 2005 y hasta 2014, China a concedido préstamos a los
países latinoamericanos por un monto de 119.000 millones de dólares. Se trata de un monto que supera
largamente los créditos concedidos por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

Las respuestas de las potencias centrales


El nuevo entramado de acuerdos secretos entre 50 países que aseguraría a las potencias capitalistas, a
sus bancos y empresas, un lucrativo mercado de por lo menos 800 millones de consumidores para explotar a
discreción. Se trata de una alianza neoliberal que estará por encima de todas las regulaciones y normativas
estatales y parlamentarias, en beneficio de corporaciones económicas.
Las actas sobre Acuerdo de Comercio de Servicios TISA (Trade in Services Agreement) precisan los
alcances del plan: eliminar controles legales que impidan la liberalización global en la provisión de servicios
clave como Finanzas, Telecomunicaciones, Comercio Electrónico, Transporte Aéreo y Marítimo,
Distribución y Envíos Profesionales, etc. Este acuerdo es impulsado por los EEUU y la UE. Claramente el
primer objetivo de este tratado es articular un espacio comercial para los sectores dominantes occidentales
que les asegure rentabilidad. Sin embargo, también posee un claro objetivo político: impedir que haya
gobiernos que pretendan imponer normas al sector financiero, limitando la especulación.
Por lo tanto el tratado TISA es una herramienta para reordenar el tablero económico y político sobre la
base de crear un espacio de total domino corporativo dentro del espacio geopolítico marcado para los
firmantes.

“El proceso de globalización y la profundización de la crisis” | 11


Unidad 1
Souza

Una época de cambios


Una época de cambios es aquella en que su identidad se encuentra establecida de manera inequívoca y
en la cual sus características son reconocidas sin ser cuestionadas sus consecuencias. Una época nos permite
identificarla con algunas de sus características:
• Visión del mundo y paradigma internacional de desarrollo claramente establecidos. Durante una
determinada época el desarrollo ocurre bajo la influencia de una visión del mundo y de su
paradigma tecnológico dominante.
• Aceptación de la naturaleza, rumbo y prioridades del desarrollo.
• Estabilidad de los elementos para el desarrollo. Cada época re define lo que es moderno al
establecer los elementos de referencia para moldear la contemporaneidad.
• Premisa interna para el cambio: organizaciones y naciones deben cambiar por razones internas de
sus estructuras y formas de funcionamiento.
• Naturaleza incremental de los cambios: los cambios dentro de una determinada época se concentran
más en los medios que en los fines ya que éstos no están bajo cuestionamiento.
• Evolución tecnológica. Una determinada época es caracterizada por el avance de la tecnología sin la
necesidad de que hay una revolución.

Un cambio de época
Un cambio de época es un momento en la historia de la humanidad en que las características de la
época vigente están en deterioro irreversible y sus consecuencias para el desarrollo están bajo
cuestionamiento inexorable. No es fácil identificarlo, sin embargo, es posible que los elementos de la época
en inclinación estén perdiendo su estabilidad y validez, una vez que los cambios en marcha están
transformando las relaciones de producción, las relaciones de poder, la experiencia humana y la cultura de
forma profunda e irreversible.
Algunas características:
• Visión del mundo y paradigma internacional de desarrollo en crisis.
• Cuestionamiento de la naturaleza, rumbo y prioridades de desarrollo.
• Inestabilidad de los elementos de referencia para el desarrollo. Uno por uno los valores, conceptos,
enfoques, modelos, paradigmas, etc. de la época anterior están perdiendo la capacidad de continuar
sirviendo como guías confiables y válidas.
• Premisa externa para el cambio. Las razones para empezar iniciativas de cambio están fuera y no
dentro de las organizaciones. Cambios profundos en las relaciones de producción, en las relaciones
de poder, en la experiencia humana y en la cultura pasan a generar turbulencias de diferente
naturaleza lo que inevitablemente provoca incertidumbre y desorientación generalizadas.
• Naturaleza transformacional de los cambios Durante un cambio de época, la naturaleza, rumbo y
consecuencias del desarrollo estarán bajo cuestionamiento irreversible.
• Revolución tecnológica. En este final del siglo XX, una revolución alrededor de la tecnología de la
información, iniciada mas o menos a inicios de los años 70, está otra vez cambiando la visión del
mundo y el paradigma de desarrollo.
• Turbulencias, incertidumbre, desorientación y vulnerabilidad.

Para comprender la época emergente


Tres procesos que, de forma independiente se iniciaron alrededor de finales de los 60 e inicios de los
70: (i) la revolución en la tecnología de la información; (ii) la crisis económica simultánea del capitalismo y
del estatismo y el inicio de la reestructuración correspondiente a ambos; y (iii) la explosión global de
movimientos sociales y culturales, tales como el feminismo, derechos humanos, etc.

La “lógica de red” que moldea la época emergente


Una de las características más generales de la época emergente es la lógica de la formación de redes
para la organización de la mayoría de las actividades de la sociedad. Bajo ésta lógica, la nueva época va a
moldear la “sociedad-red”, el “estado-red”, la “organización-red”, etc. Hasta el concepto de poder estará
siendo transformado para incorporar la práctica del poder como red.
¿“Una Época de cambios o un cambio de Época”? | 1
Transformaciones en las relaciones de producción
La revolución alrededor de la tecnología de la información altera de forma estructural las relaciones de
producción; moldeando así la economía de la nueva época. En la economía internacional, la información es
simultáneamente información y producto: mientras el conocimiento es aplicado sobre el conocimiento para
producir más conocimiento.
Productividad y competitividad son los procesos que comandan de forma dominante a la economía
internacional; la productividad es derivada principalmente de la innovación tecnológica y la competitividad
es derivada principalmente de la flexibilidad organizacional y gerencial. Mientras es imprescindible
disponer de la tecnología de la información para promover tanto la productividad como la competitividad, la
capacidad cultural para utilizar esta tecnología emerge como una de las capacidades más críticas a construir
por todas las sociedades.
La contratación de esta transformación estructural en las relaciones de producción es la globalización
del capital y la localización del trabajo. La globalización del capital es lograda a través de la eliminación de
tiempo y espacio por medios electrónicos; mientras la localización del trabajo es lograda a través de la
construcción de las condiciones para su vulnerabilidad.

Trasformaciones en las relaciones de poder


La ecuación del poder esta construida por tres elementos cuya relevancia relativa ha cambiado a lo
largo del tiempo. Desde la revolución en la agricultura hasta la revolución industrial, la fuerza fue el
elemento líder en la ecuación del poder. A partir de la revolución industrial hasta el presente, el dinero
asumió el poder en esta ecuación. A partir de ahora el conocimiento ya se posiciona como líder absoluto de
la ecuación del poder. La revolución alrededor de la tecnología de la información es responsable por el
liderazgo del conocimiento en las relaciones de poder. El poder estará con los que monopolizan cierto
conocimiento vital para la mayoría de los otros actores sociales.
La cultura como fuente poder y el poder como fuente de riqueza contribuirán a la nueva jerarquía social
en la época de la información.

Transformaciones en la experiencia humana


La experiencia básica humana está siendo transformada bajo los efectos de la crisis del patriarcado. Los
cambios en la relaciones de la experiencia humana se desarrollan principalmente alrededor de la crisis
irreversible de la autoridad patriarcal, que está siendo desafiada en todo el mundo con diferentes grados de
intensidad y en varias formas. Los medios de comunicación están promoviendo su fragmentación
irreversible, la información y los símbolos que ahí circulan promueven un individualismo tan exacerbado
que hasta los valores de la familia son blancos de ataque o de influencia. La relaciones de género están
siendo profundamente alteradas. Los actores sociales van a producir nuevas formas de sociabilidad para
construir sus propias experiencias, en lugar de seguir modelos de comportamiento definidos.

Transformaciones en la cultura
Va a surgir la cultura de la realidad virtual. Bajo el impacto de la tecnología de la información, el
tiempo (comprimido electrónicamente) parece quedarse a-temporal, el espacio parece perder su dimensión
material, la historia parece ser de-historializada y la sociedad parece ser de-secuenciada. A lo largo de la
historia, todavía la dimensión espacio-tiempo sirvió para dar significado a las civilizaciones, diferenciando
sus evoluciones culturales. Ahora esta dimensión está siendo aniquilada por la virtualidad. Crece de forma
vertiginosa la organización de la redes virtuales de diferentes naturalezas que reemplazan rápidamente los
contactos cara a cara. Gradualmente, pero de forma irreversible, la realidad es la realidad que los medios de
comunicación nos presentan. Entonces, los que controlan las redes de comunicación aumentarán su poder de
manera vertiginosa; a su vez que esta será la forma mas fácil de moldear opiniones, deseos, aspiraciones,
demandas y hasta juicios de valor sobre aspectos de la realidad real (la realidad no virtual).

¿“Una Época de cambios o un cambio de Época”? | 2


Unidad 1
Souza

Otro paradigma para el desarrollo humano sustentable

Ascenso y declinación de la “idea de desarrollo”

Introducción: el mundo de los significados y los paradigmas heredados


No existen paradigmas neutrales. Un paradigma condiciona un modo de vida; es construido por
humanos, es portador de símbolos, de códigos y rituales culturales. Al adoptar un paradigma, adoptamos sus
significados que usaremos para construir nuestro mundo, emulando su mundo de origen. Un paradigma debe
ser un camino hacia un lugar que tiene sentido para los caminantes.
Como la creación de un paradigma requiere justificar el reemplazo del anterior, se realiza la
deconstrucción y descolonización del paradigma clásico de desarrollo para generar comprensión sobre su
ascenso lejano y declinación reciente. El fenómeno deriva de la idea de desarrollo, que a partir de 1492 se
presentó como progreso para justificar el intento de civilizarnos a través de la colonización, y a partir de
1949 se presentó como modernización para justificar el intento de desarrollarnos a través de la
globalización.

Deconstrucción, descolonización y reconstrucción de los modos de vida


Para los humanos, la realidad no existe independiente de su percepción. La realidad es lo que nuestra
concepción de realidad nos permite percibir. Son las premisas constitutivas de nuestra visión del mundo -
creencias, verdades que no necesitan ser demostradas- las que definen las características del modo de vida
de una familia, comunidad, sociedad y civilización. Si queremos comprender para transformar nuestro modo
de vida debemos realizar un esfuerzo consciente de deconstrucción y otro de descolonización. El primero
hace visible las verdades invisibles constitutivas de los modos de innovación. El segundo revela el origen
histórico y contenido político-ideológico del modo de innovación dominante en un modo de vida.

La metodología de la deconstrucción
La deconstrucción es un proceso cultural que hace visible el régimen de verdades que condiciona la
forma de ser, sentir, pensar, hacer y hablar de una comunidad de actores. El proceso implica cambiar como
hacemos nuestros diagnósticos. Abordamos las cosas que queremos cambiar, sin cambiar a las personas que
han construido dichas cosas. Las personas continúan pensando y actuando igual que antes. Debemos
diagnosticar tanto las cosas insatisfactorias como las verdades del modo de innovación que las generaron. La
deconstrucción cambia las personas al cambiar sus premisas sobre la realidad y su dinámica.
Se trata de un cambio conceptual; un cambio de verdades constitutivas de una visión del mundo ¿qué
verdades aún influencian los modos de innovación y, por lo tanto, muchos modos de vida?. Científicos como
Galileo, Descartes y Newton, concluyeron que el universo es un engranaje perfecto y que el mundo es mejor
manejado como una máquina.
Dicho modo de innovación generó una ciencia androcéntrica, universalista, mecanicista, reduccionista,
racionalista, determinista, clasista. Algunas de las premisas heredadas son:
(i) el mundo es una máquina;
(ii) existe una realidad objetiva independiente de la percepción;
(iii) lo relevante es lo traducible al lenguaje matemático;
(iv) a la ciencia cabe descubrir las leyes naturales que rigen el funcionamiento de la realidad, para
predecirla, controlarla y explotarla;
(v) la realidad es construida de partes, hasta llegar a la menor de todas, que contiene su esencia;
(vi) el mejor método aleja al investigador del objeto de estudio, para evitar que sus valores distorsionen
el resultado;
(vii) el mejor método aleja el objeto del contexto de la investigación, que incluye más variables que las
de relación de causa-efecto, pues para cada efecto hay sólo una causa;
(viii) el método científico asegura la neutralidad de la práctica científica, evitando la intervención de
valores e interese;
(ix) unos generan, otros transfieren y el resto adopta lo generado;
(x) para cada problema hay siempre una solución, que es la mejor manera de resolverlo; y,
“Otro paradigma para el desarrollo humano sustentable” | 1
(xi) el conocimiento científico es el único válido.
Es imposible reunir todas las premisas del paradigma clásico.

La metodología de la descolonización
En “El contrato social”, Rosusseau revela que el más fuerte no está satisfecho con ser el más fuerte en
su relación con el más débil. Cuando existe la intención de dominación por parte de la explotación, el más
fuerte institucionaliza relaciones asimétricas de poder para asegurarse el derecho de la dominación y
extender al más débil la obligación de la obediencia.
Asumiendo que hay razas superiores e inferiores, dichos imperios usaron la idea de raza para
clasificación social de los grupos humanos. Bajo el derecho del más fuerte:
(i) la civilización moderna se auto-comprende como más desarrollada;
(ii) su superioridad le asigna un imperativo moral de desarrollar a los primitivos;
(iii) el modelo de ese desarrollo es el mismo camino seguido por Europa Occidental;
(iv) la violencia hacia el bárbaro que se opone a la civilización es justificable;
(v) la salvación a través de la modernidad crea sus víctimas;
(vi) el bárbaro es culpable cuando se opone al proyecto civilizatorio; y,
(vii) el ego conquiro (Yo conquisto) es un derecho del civilizado, superior, cuya noble misión es
extender su civilización a tierras ocupadas por los pueblos primitivos, inferiores. Legitimado el reino de la
razón, Europa occidental creó su ciencia a partir de la civilización superior. Con su ciencia Europa inició el
descubrimiento de las leyes “naturales” que rigen el funcionamiento de la realidad. Finalmente, si un
modelo fue exitoso en Europa, este es el mejor para todas las sociedades, una vez que había sido validado
por la civilización superior.

El desarrollo de las ideas y la “idea de desarrollo”


El desarrollo de muchas ideas estuvo relacionado al proyecto de la modernidad/colonialidad de Europa
occidental. Una de ellas ha sido la más exitosa desde 1492: la “idea de desarrollo”. Ha condicionado loa
imaginarios de líderes más allá de las fronteras políticas, culturales, ideológicas y religiosas, en el Norte y
Sur, en Occidente y Oriente. Se llamó progreso durante la colonización y ahora se llama desarrollo durante
la globalización. Por su carácter ambiguo, la idea de desarrollo es manipulable. Cuando las promesas hechas
en nombre del desarrollo bajo un adjetivo no son cumplidas, y las críticas crecen junto con las propuestas
para reemplazarlo por otro adjetivo (ej.,territorial), los ideólogos del desarrollo se unen a los críticos,
reconocen los límites del adjetivo, hacen una mea culpa por sus errores, y reconstruyen el discurso del
desarrollo, adoptando un adjetivo propuesto (ej., humano sustentable). Eso es hecho de forma que la función
de la dicotomía superior-inferior se mantiene intocable: el más fuerte mantiene su derecho a la dominación y
la obligación del más débil a la obediencia.
Así, no se puede llamar “desarrollo humano”, y mucho menos “desarrollo humano sustentable”, a lo
que resultó de la aplicación del paradigma clásico de innovación bajo la institucionalización internacional
del carácter racista y universal de la dicotomía superior-inferior. Por ignorar o violar lo humano, lo social, lo
cultural, lo ecológico y lo ético, la sociedad industrial construyó una coherencia para su modo de producir y
consumir que no está en sintonía con los límites del planeta, además de amputar el espíritu de la humanidad.

Un cambio de época y la sostenibilidad de los paradigmas


Un paradigma construye una explicación coherente sobre una realidad, que debe estar en
correspondencia con dicha realidad. Cuando un paradigma pierde correspondencia con la realidad que debe
explicar, tiene inicio su crisis, que solo termina con la emergencia de otro paradigma que supera las
limitaciones y equivocaciones del paradigma previo y presenta potencial para trascenderlo de forma
positiva. Detrás de la crisis de un paradigma está la crisis de la visión del mundo que inspiró su desarrollo.
El modo clásico de innovación ya no es la única fuente paradigmática de inspiración para el cambio
institucional. Los cambios globales ya no responden a los estímulos sino que crean otra época, la del
informacionalismo- dependiente de la información. Una tendencia indica que ciertos grupos de actores
tomaron y continúan tomando acciones y decisiones para viabilizar aspectos del futuro que les interesa. Los
temblores del cambio de época tienen epicentros antropogénicos. Dichos epicentros emergen de tres
revoluciones de origen independiente. Son las revoluciones tecnológica, económica y cultural.

“Otro paradigma para el desarrollo humano sustentable” | 2


Revolución tecnológica: otro sistema de técnicas para transformar la realidad
La revolución de la tecnología de la información difiere de las otras porque las demás dependen de ella
para sus avances. La dimensión electrónica de esta revolución se manifiesta a través de su potencial para:
(i) conectar diferentes medios de comunicación próximos o remotos;
(ii) permitir la traducción de distintos lenguajes al lenguaje informático- digital; y,
(iii) dinamizar, de forma comprensiva y en tiempo real el flujo de distintos tipos de información entre
actores que no necesitan estar próximos ni conocerse previamente.

Revolución económica: la institucionalización del capitalismo corporativo global


La globalización económico-financiera es una iniciativa para crear otro régimen de acumulación del
capitalismo global. La liberalización, desregulación, privatización, ajuste estructural y TLCs son cambios
que aportan a la creación de otra época histórica. Con el reemplazo de la ideología del Estado por la
ideología del mercado, lo que antes era sagrado ahora es profanado, hasta la esencia de la vida.

Revolución cultural: la relevancia de los modos de vida


A partir de los años 60, movimientos étnicos, sociales y culturales desafiaron premisas de la
civilización occidental y valores de la sociedad industrial de consumo. Ellos rescatan la relevancia de lo
humano, social, cultural, lo ecológico y lo ético. Cada uno revela un problema para la existencia de la vida
en el planeta, y moviliza valores, intereses, compromisos para superar dicho problema.

Transformaciones en las relaciones de producción


El sistema capitalista persiste en la época emergente, pero ya no es el mismo. El nuevo régimen de
acumulación crea una economía inmaterial en torno a un factor intangible que es la información. Aquí los
ricos no necesitan de los pobres y con esto emerge el cuarto mundo. Se ha roto el contrato social entre
capital y trabajo; la flexibilidad laboral promueve la movilidad global del capital y la vulnerabilidad local
del trabajo. El capital vuela solo y se posa en cualquier lugar para explotar mercados cautivos, materia prima
abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados. El trabajo es desagregado en su
desempeño, fracturado en su organización, diversificado en su existencia y dividido en su acción colectiva.

Transformaciones en las relaciones de poder


El capitalismo corporativo se organiza en torno a reglas transnacionales y trata a las reglas nacionales
como barreras a derrumbar. La soberanía de los Estados es disminuida para funciones del régimen de
acumulación del industrialismo, y es fortalecida para funciones vinculadas a las reglas transnacionales del
nuevo capitalismo. Dichas reglas surgen a partir de tratados, leyes y estándares que integran las constitución
corporativa global creada lejos del escrutinio público y de la participación ciudadana. La democracia
representativa está en crisis; emerge un nuevo gobierno sin presidente ni elecciones: los que deciden no son
electos, los tratados TLCs no son tratados, ni libres, ni de comercio. Se establecen reglas transnacionales
para crear un mundo legalmente unidimensional favorable a las corporaciones transnacionales.

Transformaciones en los modos de vida


La experiencia humana está siendo transformada y puede incluso ser extinguida. La experiencia
humana emerge de relaciones entre actores humanos, y entre éstos y actores no humanos, todos constitutivos
de la naturaleza. La heterosexualidad ya no es el único tipo de relación aceptada y el planeta agoniza en una
crisis ecológica. Se avecinan guerras por acceso a los recursos naturales. La biología celular promete una
vida más longeva y más sana pero ni necesariamente más feliz, mientras los genetistas nos proponen tener
hijos sin hacer el amor. La sociobiología promueve una discriminación genética al asumir el
comportamiento social a partir de la herencia genética.

Transformaciones en la cultura
La información no es sinónimo de conocimiento. La humanidad camina hacia la cultura de la realidad
virtual. El mundo es una pantalla donde la vida se presenta como un espectáculo. La generación punto-com
asume que no es necesario caminar para conocer el mundo y transformarlo.
Los sistemas de ideas para interpretar la realidad, de técnicas para transformar la realidad y de poder
para controlar la realidad de la época histórica del industrialismo están en crisis, con profundas

“Otro paradigma para el desarrollo humano sustentable” | 3


implicaciones para la naturaleza y dinámica de las relaciones de producción, relaciones de poder, modos de
vida y cultura hasta entonces dominantes.

De los modelos globales a los modos de vida globales


“Desarrollo es una palabra que tuvimos que usar para disfrazar los cambios deseables y necesarios,
pues es muy fácil resistirse al cambio, pero nadie se opone al desarrollo”. Pero nosotros entendemos que si
los cambios fueran deseables y necesarios para la mayoría no sería necesario disfrazarlos. La necesidad de
disfrazar el desarrollo indica el fracaso de la era del desarrollo de Truman.
No habrá desarrollo humano sustentable mientras los modelos globales prevalezcan sobre los modos
de vida locales. Continuaremos rehenes de la expectativa del tener, del orden material impuesto por el
capitalismo global, sin construir una perspectiva del ser, propio de un orden mundial más humano y
sostenible.

“Otro paradigma para el desarrollo humano sustentable” | 4


Unidad 2: Espacio y territorio
La propuesta de la unidad es mostrar que, a pesar de que tanto el espacio como el
tiempo son las variables sobre las cuales los seres humanos organizamos nuestra vida
cotidiana, muy rara vez caemos en la cuenta que, tanto sus procesos constitutivos como
sus significaciones sociales tienen una lógica que son propias del momento histórico. Es
decir, no son variables constituidas objetivamente con independencia de los procesos
sociales. Por lo tanto, si estas variables poseen un carácter histórico – social lo central es
poder dar cuenta de los procesos de disputa por definirlos, dado que se trata de una disputa
por el control de las variables sobre las cuales se estructura y reproduce la vida cotidiana.
Cada momento histórico encarna la materialización institucional en la que se
cristaliza el estado de la correlación de fuerzas entre las clases sociales existentes. Es
decir, la configuración de la posición dominante de un sector se traduce en el predominio
de un cuerpo de instituciones de carácter jurídico-político y cultural-moral que le
posibilitan la ampliación de su capacidad hegemónica. Por ello es que se hace
imprescindible para quienes pretenden sostener su hegemonía dentro de un bloque
histórico determinado, conseguir monopolizar la capacidad de definición (elaboración y
reproducción de una valorización social) y administración (control en la distribución,
división-fraccionamiento y formas específicas de uso) de las variables espacio tiempo, en
tanto que dicha capacidad representa una fuente omnipresente de poder social. Por
ejemplo, el control del tiempo de ocio y/o de producción, así como las formas posibles
de realizar esa producción u ocio; o las formas de acceso a la tierra / vivienda, la
distribución de espacios públicos y sus formas, etc.
De esta capacidad de definición-administración cristalizarán formas espacio-
temporales que se objetivarán en toda una serie de concepciones y prácticas, en cuya
esencia radica la reproducción de un modo de vida que posibilite el sostenimiento de la
formación social en cuestión.
Para poder señalar algunas características de este último concepto debemos tener
presente que a lo largo de todo proceso histórico los territorios no solo pueden ser
vaciados o colmados físicamente con objetos y personas, sino y fundamentalmente,
también pueden serlo simbólicamente. Estas construcciones simbólicas, que determinan
en buena medida la percepción y la reproducción de la “cotidianidad” de los sujetos, se
estructuran a partir de valorizaciones hechas sobre la base de una visión del mundo, la
cual a su vez se enmarca dentro de una lógica social de poder. Es precisamente dentro de
esta lógica más amplia de definición-administración que se inscribe la producción de los
mapas mentales.
Por lo tanto, una primera mediación en la articulación de la espacialidad la
constituye la relación que existe entre los modos de división social del trabajo y las formas
de trabajo, dado que toda relación productiva implica una valoración del espacio en
función de la cual se estructura la reproducción social. Al respecto es preciso señalar aquí
algo que retomaremos más adelante: en torno de la organización de la producción –
distribución de los bienes (y entre ellos, el espacio) las formas en que las sociedades se
organizan con arreglo a su reproducción generan una disputa de intereses que repercuten
en la fisonomía del espacio.
Pero hay una segunda instancia de mediación del espacio que puede ubicarse en
el plano simbólico. En él arraigan las representaciones que acompañan y sostiene a las
prácticas sociales. Estas mismas son las que cada sector social hace tanto de sí en el
espacio como de los demás sectores y de las relaciones que mantienen entre sí. Se trata
de la instancia en la se encuentra el proceso de elaboración de los mapas mentales. De
hecho, esta mediación no solo influye en las prácticas sociales concretas, sino también en
el campo de lo simbólico que da coherencia y sentido a estas prácticas, esto es, en la
proyección del espacio y del discurso sobre éste espacio, por ejemplo, en la representación
del entorno “cercano” – “lejano”, lo “propio” – lo “ajeno”, lo “bueno” – lo “malo”, lo
“central” – lo “periférico” etc.
Por lo tanto estos mapas mentales son el producto dialéctico entre la pertenencia
de clase de los sujetos y la percepción de clase que cada uno posee, procesos en los cuales
se mezclan elementos objetivos, valores, creencias e ideologías de diversas índoles. A su
vez, esa pertenencia de clase varía en relación a la combinación de diversas mediaciones
como el lugar que la sociedad de origen tiene en el sistema económico global (centro o
periferia; colonia – semi/colonia – metrópolis imperial); la etnia del sujeto, así como su
género. Estas últimas son determinaciones que impactan en el proceso por el cual los
agentes sociales forman y reelaboran históricamente sus representaciones respecto del
entorno. Pero lo que no debe perderse de vista es que, en tanto construcción histórica su
sentido y eficacia está en permanente disputa.
Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

Introducción

La "globalización" está en boca de todos; la palabra de moda se transforma rápidamente en un


fetiche, un conjuro mágico, una llave destinada a abrir las puertas a todos los misterios presentes y
futuros. Algunos consideran que la "globalización" es indispensable para la felicidad; otros, que es
la causa de la infelicidad. Todos entienden que es el destino ineluctable del mundo, un proceso
irreversible que afecta de la misma manera y en idéntica medida a la totalidad de las personas.
Nos están "globalizando" a todos; y ser "globalizado" significa más o menos lo mismo para todos
los que están sometidos a ese proceso.

Las palabras de moda tienden a sufrir la misma suerte: a medida que pretenden dar transparencia
a más y más procesos, ellas mismas se vuelven opacas; a medida que excluyen y reemplazan
verdades ortodoxas, se van transformando en cánones que no admiten disputa. Las prácticas
humanas que el concepto original intentaba aprehender se pierden de vista, y al expresar
"certeramente" los "hechos concretos" del "mundo real"; el término se declara inmune a todo
cuestionamiento. "Globalización" no es la excepción a la regla.

Este libro se propone demostrar que el fenómeno de la globalización es más profundo de lo que salta a
la vista; al revelar las raíces y las consecuencias sociales del proceso globalizador, tratará de disipar
algo de la niebla que rodea a un término supuestamente clarificador de la actual condición humana.

La frase "compresión tiempo/espacio" engloba la continua transformación multifacética de los


parámetros de la condición humana. Una vez que indaguemos las causas y las consecuencias
sociales de esa compresión, advertiremos que los procesos globalizadores carecen de esa unidad
de efectos que generalmente se da por sentada. Los usos del tiempo y el espacio son tan
diferenciados como diferenciadores. La globalización divide en la misma medida que une: las
causas de la división son las mismas que promueven la uniformidad del globo. Juntamente con las
dimensiones planetarias emergentes de los negocios, las finanzas, el comercio y el flujo de
información, se pone en marcha un proceso "localizador", de fijación del espacio. Estos dos
procesos estrechamente interconectados introducen una rajante línea divisoria entre las
condiciones de existencia de poblaciones enteras, por un lado, y los diversos segmentos de cada
una de ellas, por otro. Lo que para algunos aparece como globalización, es localización para otros;
lo que para algunos es la señal de una nueva libertad cae sobre muchos más como un hado cruel
e inesperado. La movilidad asciende al primer lugar entre los valores codiciados; la libertad de
movimientos, una mercancía siempre escasa y distribuida de manera desigual, se convierte
rápidamente en el factor de estratificación en nuestra época moderna tardía o posmoderna.

Nos guste o no, por acción u Omisión, todos estamos en movimiento. Lo estamos aunque
físicamente permanezcamos en reposo: la inmovilidad no es una opción realista en un mundo de
cambio permanente. Sin embargo, los efectos de la nueva condición son drásticamente
desiguales. Algunos nos volvemos plena y verdaderamente "globales"; otros quedan detenidos en
su "localidad", un trance que no resulta agradable ni soportable en un mundo en el que los
"globales" dan el tono e imponen las reglas del juego de la vida.

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

Ser local en un mundo globalizado es una señal de penuria y degradación social. Las desventajas
de la existencia localizada se ven acentuadas por el hecho de que los espacios públicos se hallan
fuera de su alcance, con lo cual las localidades pierden su capacidad de generar y negociar valor.
Así, dependen cada vez más de acciones que otorgan e interpretan valor, sobre las cuales no
ejercen el menor control..., digan lo que dijeren los intelectuales globalizados con sus
sueños/consuelos comunitaristas.

Los procesos globalizadores incluyen una segregación, separación y marginación social


progresiva, Las tendencias neotribales y fundamentalistas, que reflejan y articulan las vivencias de
los beneficiarios de la globalización, son hijos tan legítimos de ésta como la tan festejada
"hibridación" de la cultura superior, es decir, la cultura de la cima globalizada. Causa especial
preocupación la interrupción progresiva de las comunicaciones entre las elites cada vez más
globales y extraterritoriales y el resto de la población, que está "localizada". En la actualidad, los
centros de producción de significados y valores son extraterritoriales, están emancipados de las
restricciones locales; no obstante, esto no se aplica a la condición humana que esos valores y
significados deben ilustrar y desentrañar.

Con la libre movilidad en su centro, la polarización; actual tiene muchas dimensiones. Este nuevo
centro da nuevo lustre a las distinciones consagradas entre ricos y pobres; nómadas y
sedentarios; lo "normal" y lo anormal, y lo que está dentro o fuera de la ley. El entrelazamiento y la
influencia recíproca de estas diversas dimensiones de la polaridad es otro de los complejos
problemas que este libro trata de abordar.

El primer capítulo analiza el vínculo entre la naturaleza históricamente variable del tiempo y el
espacio, por una parte, y el patrón y escala de la organización social, por otra, y sobre todo, los
efectos de la actual compresión espacio/tiempo sobre la estructuración de las sociedades y
comunidades territoriales y planetarias. Uno de los efectos que se analizan es la nueva versión de
la "propiedad absentista": la reciente independencia de las elites globales con respecto a las
unidades territorialmente limitadas del poder político y cultural, con la consiguiente "pérdida de
poder" de estas últimas. Se atribuye el impacto de la separación entre los respectivos asientos de
la "cima" y la "base" de la nueva jerarquía a la organización variable del espacio y el nuevo
significado de la palabra "vecindario" en la metrópoli contemporánea.

Las etapas sucesivas de las guerras modernas por el derecho de definir e imponer el significado
del espacio compartido constituye el tema del segundo capítulo. Bajo esta luz se analizan las
aventuras de la planificación urbana global en el pasado, así como las actuales tendencias a la
fragmentación del diseño y la construcción destinada a la exclusión. Por último, se analizan la
suerte del Panóptico, que fue el patrón moderno preferido de control social, su improcedencia
actual y su muerte gradual.

El tema del tercer capítulo es el futuro de la soberanía política: en particular, la constitución propia
y el autogobierno de las comunidades nacionales, y en general territoriales, bajo la globalización
de la economía, las finanzas y la información. Se presta especial atención a la creciente brecha
que existe entre el ámbito decisorio institucional y el universo en el cual se producen, distribuyen,

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

asignan y otorgan los recursos necesarios para la toma y ejecución de decisiones. Se estudian, en
particular, los efectos inhabilitantes de la globalización sobre la capacidad decisoria de los
gobiernos estatales: los focos principales, aún no reemplazados, de la gestión social eficaz
durante la mayor parte de la historia moderna.

El cuarto capítulo reseña las consecuencias culturales de las transformaciones mencionadas. Se


postula como efecto general la bifurcación y polarización de las vivencias humanas, donde los
símbolos culturales compartidos sirven a dos interpretaciones nítidamente diferenciadas. La "vida
errante" tiene significados diametralmente opuestos para quienes ocupan la cima y quienes
ocupan la base de la nueva jerarquía; en tanto, el grueso de la población la "nueva clase media",
que oscila entre los dos extremos— sobrelleva el mayor peso de esa oposición, y por ello padece
una aguda incertidumbre existencial, ansiedad y miedo. Se sostiene que la necesidad de mitigar
esos miedos y neutralizar su potencial para generar descontento es, a su vez, un poderoso factor
que contribuye a una mayor polarización de los dos significados de la movilidad.

El último capítulo indaga las expresiones radicales de la polarización: la tendencia actual a criminalizar
los casos que se hallan por debajo de la norma idealizada y el papel de la criminalización de mitigar las
penurias de la "vida errante" al volver cada vez más odiosa y repugnante la imagen de su alternativa, la
vida inmóvil. Se tiende a reducir la compleja cuestión de la inseguridad existencial provocada por el
proceso de globalización al problema aparentemente sencillo de "la ley y el orden". Por esa vía, la
inquietud por la "seguridad", reducida en la mayoría de los casos a la preocupación por la seguridad del
cuerpo y las posesiones personales, se "sobrecarga" de ansiedad, generada por esas otras
dimensiones cruciales de la existencia actual: la inseguridad y la incertidumbre.

Las tesis de este libro no constituyen un programa para la acción; la intención del autor es que
sirvan para la discusión. Son más las preguntas formuladas que las respondidas, y no se llega a
un pronóstico coherente de las consecuencias que las tendencias actuales tendrán en el futuro. Y
sin embargo —como sostiene Cornelius Castoriadis— el problema de la condición contemporánea
de nuestra civilización moderna es que ha dejado de ponerse a sí misma en tela de juicio. No
formular ciertas preguntas conlleva más peligros que dejar de responder a las que ya figuran en la
agenda oficial; formular las preguntas equivocadas suele contribuir a desviar la mirada de los
problemas que realmente importan. El silencio se paga con el precio de la dura divisa del
sufrimiento humano. Formular las preguntas correctas constituye la diferencia entre someterse al
destino y construirlo, entre andar a la deriva v viajar. Cuestionar las premisas ostensiblemente
incuestionables de nuestro modo de vida es sin duda el servicio más apremiante que nos debemos
a nuestros congéneres y nosotros mismos. Este libro busca, ante todo, preguntar e incitar a
preguntar; aunque no pretende formular las preguntas correctas, formular todas las preguntas
correctas y —lo más importante— todas las preguntas que ya han sido formuladas.

I. Tiempo y Clase

"La empresa pertenece a las personas que invierten en ella: no a sus empleados, sus proveedores
ni la localidad donde está situada."1 de esta manera, Albert J. Dunlap, famoso "racionalizador" de

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

la empresa moderna (un dépeceur —"despedazados", "descuartizador", "desmembrador"—, según


la designación tan sustanciosa cuan exacta de Denis Duelos, sociólogo del CNRS),2 resumió su
credo en el autoelogioso informe de sus actividades que publicó Times Books para ilustración y
edificación de todos los buscadores del progreso económico.

Desde luego, Dunlap no se refería a "pertenecer" en el sentido puramente legal de la propiedad,


un punto que casi no está en discusión ni requiere una reafirmación, ni menos aún con semejante
énfasis. El autor tenía en mente, sobre todo, lo que implica el resto de la frase: que los empleados,
proveedores y voceros de la comunidad no tienen voz en las decisiones que puedan tomar las
"personas que invierten"; que los inversores, los verdaderos tomadores de decisiones,

Aunque los fallos tengan poco o nada que ver con la vida local, no existe la intención de que se los
ponga a prueba a la luz de las vivencias de la gente, a pesar de que rigen su conducta. Nacidos de
una experiencia que los destinatarios del mensaje conocen, en el mejor de los casos, apenas de
oídas, pueden aumentar el sufrimiento aunque la intención sea provocar júbilo. Los originales
extraterritoriales entran a la vida anclada a la localidad sólo como caricaturas; acaso como
mutantes y monstruos. De paso, expropian los poderes éticos de los locales y los privan de los
medios para reducir los daños.

II. Guerras por el Espacio: Informe de una Carrera

Se dice con frecuencia, y en general se da por sentado, que la idea del "espacio social" nació (en
las cabezas de los sociólogos, ¿dónde, si no?) a partir de una transposición metafórica de
conceptos formados dentro de la vivencia del espacio físico "objetivo". Sin embargo, la verdad es
lo contrario. La distancia que hoy tendemos a llamar "objetiva", y a medir en comparación con la
longitud del Ecuador en lugar de las partes del cuerpo, la destreza corporal o las
simpatías/antipatías de sus habitantes, tenía como patrón el cuerpo y las relaciones humanas
mucho antes de que la vara metálica llamada metro, encarnación de lo impersonal e incorpóreo,
fuera depositada en Sèvres para que todas la respetaran y obedecieran.

El gran historiador social Witold Kula demostró más exhaustivamente que cualquier otro estudioso
que desde tiempos inmemoriales el cuerpo humano era "la medida de todo", no sólo en el sentido
sutil derivado de las meditaciones filosóficas de Protágoras sino también en un sentido mundano,
literal y nada filosófico. Durante toda su historia y hasta el reciente comienzo de la modernidad, los
seres humanos medían el mundo con sus cuerpos –pies, puños o codos–; con sus productos –
canastos u ollas – o con sus actividades. Por ejemplo, se dividían los campos en Morgen, parcelas
que un hombre podía arar entre el alba y el ocaso.

Sin embargo, un puñado no es igual a otro, ni un canasto, tan grande como otro; las medidas
“antropomórficas” y "praxeomórficas" no podían ser sino tan diversas y accidentales como los
cuerpos y las prácticas humanas a las que aludían. De ahí las dificultades que surgían cuando los
dueños del poder querían acordar un tratamiento uniforme a un gran número de súbditos, al
exigirles "los mismos" impuestos o gabelas. Había que encontrar la manera de soslayar y

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

neutralizar el impacto de la variedad y la contingencia, y para ello se impusieron patrones


obligatorios de medida de distancia, superficie o volumen, a la vez que se prohibieron todas las
normas locales basadas en criterios individuales o grupales.

Pero el problema no se limita a la medición "objetiva" del espacio. Antes de llegar a la medición es
necesario tener un concepto claro de aquello que se ha de medir. Si esto es el espacio (más aún, si
se lo ha de concebir como algo mensurable), ante todo se necesita la idea de "distancia", que en su
origen derivó de la distinción entre cosas o personas "cercanas" v "lejanas", así corno de la vivencia
de que algunas eran más "cercanas" al sujeto que otras. Inspirándose en la tesis de Durkheim y
Mauss sobre los orígenes sociales de la clasificación, Edmund Leach descubrió un paralelismo
asombroso entre las categorías populares de espacio, clasificación de parentesco y el tratamiento
diferenciado de los animales domésticos, de crianza y salvajes.3 En el mapa popular del mundo, las
categorías de hogar, granja, campo y lo "lejano" parecen ocupar un lugar basado en un principio muy
similar, casi idéntico, al de las mascotas domesticas, ganado, animales de caza y "animales
salvajes" por un lado y las de hermano, primo, vecino y forastero o "extranjero" por el otro.

Como sugiere Claude Lévi-Strauss, la prohibición del incesto, que entraña la imposición de
distinciones conceptuales artificiales a individuos física, corporal y "naturalmente" indiferen-
ciados, fue el primer acto constitutivo de la cultura, que a partir de entonces consistiría en
insertar en el mundo "natural" las divisiones, distinciones y clasificaciones que reflejaban la
diferenciación de las prácticas humanas y los conceptos unidos a ellas. No eran atributos
propios de la "naturaleza" sino de la actividad y el pensamiento humanos. La tarea que
enfrentaba el Estado moderno ante la necesidad de unificar el espacio sometido a su
dominación directa no fue una excepción; consistió en separar las categorías y distinciones
espaciales de las prácticas humanas no controladas por el poder estatal. La tarea se reducía a
sustituir las prácticas locales y dispersas por las administrativas del Estado, punto de referencia
único y universal para toda medida y división del espacio.

La Batalla de los Mapas

Lo que resulta fácilmente legible o transparente para algunos puede ser oscuro y opaco para otros.
Donde algunos encuentran el rumbo sin la menor dificultada otros se sienten desorientados y
perdidos. Mientras las mediciones fueron antropomórficas y tomaron como puntos de referencia
prácticas locales sin coordinación entre sí, las comunidades humanas pudieron emplearlas como
escudo para ocultarse de los ojos curiosos y las intenciones hostiles de los intrusos; sobre todo, de
las imposiciones de los poderosos.

Para recaudar impuestos y reclutar soldados, los poderes premodernos, incapaces de interpretar
realidades legibles solamente para sus súbditos, debieron actuar como fuerzas foráneas, hostiles:
recurrir a invasiones armadas y expediciones punitivas. En verdad, la recaudación de impuestos
casi no se distinguía del robo y el pillaje, y la práctica de reclutar soldados era casi idéntica a la de
tomar prisioneros; los secuaces armados de príncipes y nobles usaban la espada y el látigo para
convencer a los "nativos" de que entregaran sus bienes o hijos; obtenían todo lo posible por medio

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

de la fuerza bruta. Ernest Gellner bautizó "Estado odontológico" al sistema de dominación


premoderno: la especialidad de los gobernantes era la extracción por medio de la tortura.

Ofuscados y confundidos por la desconcertante variedad de los sistemas locales de medición y


recuento, los poderes fiscales y sus agentes por lo general preferían con corporaciones en lugar
de con súbditos individuales; con jefes de aldea o de parroquia en vez de agricultores o inquilinos;
incluso en el caso de gabelas tan "individuales" y "personales" como los impuestos sobre las
chimeneas o las ventanas, las autoridades preferían asignar un monto global a la aldea, y que los
locales se repartieran el peso. Asimismo, cabe suponer que preferían cobrar los impuestos en
dinero en lugar de productos agrícolas, sobre todo porque los valores monetarios, determinados
por la casa de la moneda estatal, eran independientes de las costumbres locales. Ante la ausencia
de mediciones "objetivas" de la tenencia de la tierra, los catastros y los inventarios de ganado, el
método de recaudación preferido por el Estado premoderno era el impuesto indirecto sobre
actividades tales como la venta de sal y tabaco, el uso de caminos y puentes, los pagos por
puestos oficiales o títulos, difíciles o imposibles de ocultar en medio de la maraña de interacciones
tan transparentes para los locales como oscuras y engañosas para el visitante ocasional. Como
dijo Charles Lindblom, ese Estado no tenia dedos, sino solamente pulgares.

No es casual que la legibilidad y transparencia del espacio se haya convertido en uno de los
objetivos principales en la batalla del Estado moderno por imponer la soberanía de su poder. Para
lograr el control legislativo y regulatorio sobre los patrones y las lealtades de la interacción social,
el Estado debía controlar la transparencia del marco en el cual se ven obligados a actuar los
diversos agentes que participan en esa interacción. Los poderes modernos promovían la
modernización de las pautas sociales con el fin de establecer y perpetuar el control así concebido.
Un aspecto decisivo del poder modernizador fue, pues, la prolongada guerra que se libró en
nombre de la reorganización del espacio, Lo que estaba en juego en la batalla más importante de
esa guerra era el derecho de controlar el servicio cartográfico.

La esquiva finalidad de la guerra espacial moderna era la subordinación del espacio social a un
solo mapa, aquel que elaboraba y sancionaba el Estado. Este proceso era acompañado v
complementado por la desautorización de todos los mapas o interpretaciones del espacio rivales
de aquél, así como por el desmantelamiento o la anulación de toda institución y emprendimiento
cartográfico que no fuera creado, financiado o autorizado por el poder. Al cabo de esa guerra
debía quedar una estructura espacial perfectamente legible para el poder estatal y sus agentes, a
la vez que inmune a toda manipulación semántica por parte de usuarios o víctimas, resistente a
cualquier iniciativa de interpretación "desde abajo" que pudiera saturar fragmentos de ese espacio
con significados desconocidos e ilegibles para las autoridades constituidas y de ese modo
volverlos invulnerables al control ejercido desde arriba.

La invención de la perspectiva pictórica, realizada en el siglo XV por Alberti y Brunelleschi


conjuntamente, significó un paso decisivo y un punto de inflexión en el largo camino hacia la
concepción moderna del espacio y los métodos para ponerla en práctica. La idea de la perspectiva
se hallaba a mitad de camino entre la visión del espacio firmemente arraigada en las realidades
colectivas e individuales, por una parte, y su posterior desarraigo moderno, por otra. Daba por

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sentada la función decisiva de la percepción humana en la organización del espacio: el ojo del
observador era el punto de partida de toda perspectiva; determinaba el tamaño v las distancias
relativas de todos los objetos que ocupaban el campo y era el único punto de referencia para la
asignación de los objetos y el espacio. Lo novedoso era que el ojo del observador era un "ojo
humano en cuanto tal", y por lo tanto algo nuevo, "impersonal". No importaba quiénes fueran los
observadores, sino sólo el hecho de que se situaban en el punto de observación indicado. Ahora
se dice —más aún, se da por sentado— que cualquier observador situado en ese punto verá las
relaciones espaciales entre los objetos de la misma manera,

En lo sucesivo, la disposición espacial de las cosas no dependería de las cualidades del


observador sino de la situación plenamente cuantificable del punto de observación, su localización
grafica en un espacio abstracto y vacío, libre de seres humanos, un espacio social y culturalmente
indiferente e impersonal. La concepción de la perspectiva logró un doble objetivo, y así sujetó la
naturaleza praxeomórfica de la distancia a las necesidades de la nueva homogeneidad promovida
por el Estado moderno. Reconocía la subjetividad relativa de los mapas del espacio, y a la vez
neutralizaba su influencia: despersonalizaba las consecuencias de los orígenes subjetivos de las
percepciones de manera casi tan drástica como la imagen husserliana del significado nacido de la
subjetividad "trascendente".

El centro de gravedad de la organización espacial se ha desplazado, pues, de la pregunta


"¿Quién?" a la pregunta "¿Desde qué punto del espacio?". Sin embargo, apenas se planteó la
pregunta resultó evidente ya que no todas las criaturas humanas ocupan el mismo lugar ni
contemplan el mundo desde la misma perspectiva –que no todas las observaciones tendrían el
mismo valor. Por tanto, debe o debería existir un punto privilegiado desde el cual se pueda obtener
la mejor percepción. Se comprendía fácilmente que "mejor" quería decir "objetivo", lo cual
significaba, a su vez, impersonal o suprapersonal. El "mejor" era un punto de referencia singular
hasta el punto de ser capaz de realizar el milagro de elevarse por encima de su propio relativismo
endémico, y superarlo.

Lo que reemplazaría a la caótica y desconcertante diversidad premoderna de los mapas no sería


una imagen del mundo compartida universalmente sino una jerarquía estricta de las imágenes. En
teoría, "objetivo" significaba, ante todo, "superior"; su superioridad práctica era una situación ideal
que los poderes modernos debían alcanzar, y a partir de entonces se convertiría en uno de los
principales recursos de aquéllos.

Los territorios domesticados, conocidos e inteligibles a los fines de las actividades cotidianas de
aldeanos o parroquianos seguían siendo confusa y aterradoramente foráneos, inaccesibles y
salvajes para las autoridades de la capital; la inversión de esa relación fue un indicador y una
dimensión principal del "proceso de modernización".

La legibilidad y la transparencia del espacio, consideradas en los tiempos modernos las señales
del orden racional, no fueron, en cuanto tales, invenciones modernas; en todo tiempo y lugar
eran las condiciones indispensables para la convivencia humana, ya que ofrecían el mínimo de
certeza y confianza sin el cual la vida cotidiana era poco menos que inconcebible. La novedad

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moderna consistió en postular la transparencia y la legibilidad como un objetivo que se ha de


buscar de manera sistemática: una tarea; algo cuidadosamente diseñado con ayuda de la
pericia de los especialistas y a lo cual hay que someter una realidad recalcitrante. La
modernización significó, entre otras cosas, hacer del mundo un lugar acogedor para la
administración comunal regida por el Estado; y la premisa para ello fue volver el mundo
transparente y legible para el poder administrador.

En su fecundo estudio sobre el "fenómeno burocrático", Michel Crozier ha mostrado la íntima


conexión existente entre la escala de certidumbre/incertidumbre y la jerarquía del poder. El autor
dice que, en cualquier colectividad estructurada (organizada), la posición dominante corresponde a
las unidades cuyas situaciones son opacas, y sus acciones, impenetrables para los de afuera —
aunque transparentes para ellos—, libres de brumas y a prueba de imprevistos. En el mundo de
las burocracias modernas, la estrategia de todo sector existente o aspirante consiste, invariable y
consecuentemente, en tratar de tener las manos libres y aplicar presión para imponer reglas
estrictas y rígidas sobre todos los demás miembros de la organización. El sector que gana la
mayor influencia es el que consigue hacer de su propia conducta una incógnita variable en las
ecuaciones elaboradas por los otros sectores para hacer sus cálculos, a la vez que logra hacer de
la conducta ajena un factor constante, regular y previsible. Dicho de otra manera, las unidades con
mayor poder son aquellas que constituyen fuentes de incertidumbre para las demás. La
manipulación de la incertidumbre es la esencia de lo que está en juego en la lucha por el poder y
la influencia en cualquier totalidad estructurada, ante todo, en su forma más acabada: la
organización burocrática moderna, en especial la burocracia estatal moderna.

El modelo panóptico del poder moderno de Michel Foucault se basa en un postulado muy
similar. El factor decisivo del poder que ejercen los supervisores ocultos en la torre central del
Panóptico sobre los presos encerrados en las alas del edificio con forma de estrella es la
combinación de la plena y constante visibilidad de los presos can la total y perpetua invisibilidad
de los supervisores. El preso nunca sabe con certeza si los supervisores están observándolo, si
su atención está concentrada en otro lugar, si están dormidos, distraídos o absortos en otros
quehaceres, y por lo tanto debe actuar en todo momento como si estuviera bajo vigilancia.
Supervisores y supervisados (sean presos, obreros, soldados, alumnos, pacientes o lo que
fuere) residen en "el mismo" espacio, pero se encuentran en situaciones diametralmente
opuestas. Nada obstruye las líneas visuales del primer grupo, en tanto el segundo se ve forzado
a actuar en un territorio brumoso y opaco.

Adviértase que el Panóptico era un espacio artificial, construido sobre la base de la asimetría de la
capacidad visual. Se trataba de manipular conscientemente y reordenar a voluntad la
transparencia del espacio como relación social: en última instancia, como relación de poder. La
artificialidad del espacio hecho a medida era un lujo fuera del alcance de los poderes empeñados
en manipularlo en escala estatal. En lugar de crear a partir de cero un espacio nuevo,
funcionalmente impecable, los poderes estatales modernos –mientras perseguían sus objetivos
"panópticos"– tuvieron que darse por satisfechos con una solución para salir del paso. Así, la
primera tarea estratégica de la guerra moderna por el espacio consistió en levantar un mapa que
resultara legible para la administración estatal y a la vez violara los usos y las costumbres locales,

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privara a los "nativos" de sus medios probados de orientación y los desconcertara. Esto no
significó el abandono del ideal panóptico, sino simplemente su postergación a la espera de que
llegara una tecnología más potente. Una vez que se alcanzaran los objetivos de la primera fase, se
podía abrir la vía hacia la etapa siguiente, aún más ambiciosa, del proceso modernizador. En ésta
se trataba no sólo de trazar mapas elegantes, uniformes y uniformadores del territorio estatal, sino
de reformar el espacio físico de acuerdo con el patrón de elegancia alcanzado hasta entonces
únicamente por los mapas conservados en la oficina cartográfica; no de limitarse a registrar la
imperfección existente del territorio, sino de imponerle a la tierra el grado de perfección logrado en
el tablero de dibujo.

Anteriormente, el mapa reflejaba y registraba los accidentes del territorio; ahora le tocaba a este
último convertirse en reflejo del mapa, elevarse al nivel de transparencia racional al que aspiraban
las cartas. Era necesario partir de cero para reformar el espacio a imagen del mapa y de acuerdo
con las decisiones de los cartógrafos.

Del Mapa del Espacio a la Especialización del Mapa

Según indica la intuición, la estructura espacial geométricamente sencilla, constituida por bloques
uniformes del mismo tamaño, parece la más apta para satisfacer la exigencia mencionada. No es
casual que en todas las visiones utópicas modernas de la "ciudad perfecta", las normas
urbanísticas y arquitectónicas en las cuales los autores centraron su atención indivisa e implacable
giraran en torno de los mismos principios fundamentales: ante todo, la planificación estricta,
detallada y exhaustiva del espacio urbano, la construcción de la ciudad "a partir de cero" en un
lugar deshabitado, de acuerdo con un diseño terminado antes de iniciar la construcción; en
segundo lugar, la regularidad, uniformidad, homogeneidad y posibilidad de reproducir los
elementos espaciales en torno de los edificios administrativos situados en el centro o, mejor aún,
en lo alto de una colina desde la cual se abarcara la totalidad del espacio urbano. Las siguientes
"leyes fundamentales y sagradas" expuestas por Morelly en su Code de la Nature, ou le véritable
esprit de ses lois de tout temps négligé ou méconnu, publicado en 1755, constituyen un ejemplo
del concepto moderno del espacio urbano perfectamente representado:

En torno de una gran plaza de proporciones regulares [éstas y todas las itálicas son
nuestras. [N. del A.] se erigirán depósitos públicos para almacenar las provisiones
necesarias y el salón para reuniones públicas, todos de apariencia uniforme y agradable.

Fuera de ese círculo se dispondrán regularmente los distritos de la ciudad: todos del
mismo tamaño, de forma similar y divididos por calles iguales [...]
Todos los edificios serán idénticos [...]
Todos los distritos estarán planificados de manera tal que, en caso de necesidad se los
pueda extender sin perturbar su regularidad [...]

En el pensamiento de Morelly, como en el de otros visionarios y profesionales de la planificación y


administración urbana moderna, los principios de uniformidad y regularidad (y, por lo tanto, de

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permutabilidad) de los elementos de la ciudad se complementaban con el postulado de la


subordinación funcional de las soluciones arquitectónicas y demográficas a las "necesidades de la
ciudad en su conjunto" (en las palabras de Morelly, "el número y las dimensiones de todos los
edificios serán dictados por las necesidades de una ciudad dada"), así como a la exigencia de
separar espacialmente las partes dedicadas a distintas funciones, o que difieren en la calidad de
sus habitantes. Así, "cada tribu ocupará su propio distrito y cada familia un apartamento propio".
(Morelly se apresura a añadir que los edificios serán los mismos para todas las familias; cabe
pensar que este requisito obedece al deseo de neutralizar el efecto potencialmente perjudicial de
las tradiciones tribales idiosincrásicas sobre la transparencia general del espacio urbano.) Los
residentes que, por cualquier motivo, no alcancen los patrones de normalidad ("ciudadanos
enfermos", "ciudadanos inválidos y seniles" y todos los que "merezcan estar aislados
temporariamente del resto") quedarán confinados a zonas "por fuera de los círculos, a cierta
distancia". Por último, los residentes que merezcan "la muerte cívica, es decir, la exclusión de por
vida de la sociedad", serán encerrados en celdas cavernarias de "muros y barrotes muy fuertes" al
lado de los biológicamente muertos, dentro del "cementerio amurallado".

Estas visiones de la ciudad perfecta trazada por la pluma de los utópicos no se parecían en
absoluto a las ciudades reales, donde estos dibujantes vivían y soñaban. Pero, como señalaría
Carlos Marx un poco más adelante (con un gesto de aprobación), no les interesaba representar o
explicar el mundo, sino cambiarlo. Mejor dicho, sentían rencor hacia la realidad que imponía
límites a la ejecución de sus diseños ideales y soñaban con reemplazarla por una nueva, libre de
los rastros malsanos de los accidentes históricos, creada desde cero y a medida de las
necesidades. La "letra chica" de cada proyecto de ciudad por crear ex nibilo entrañaba la
destrucción de una urbe existente. En medio del presente –desorganizado, ferido, tortuoso y
caótico, merecedor de la pena de muerte –, el pensamiento utópico era una avanzada de la
perfección ordenada y el orden perfecto del futuro.

Sin embargo, la fantasía rara vez es realmente "ociosa", y –aún menos – inocente. Los planos
eran pasos hacia el futuro, y no sólo en la imaginación febril de los dibujantes de planos. No
faltaban ejércitos y generales ávidos de utilizar las cabeza de puente utópicas para lanzarse al
asalto de los poderes del caos y ayudar al futuro a invadir y conquistar el presente. En su lúcido
estudio de las utopías modernas, Bronislaw Baczko habla de un "doble movimiento: el de la
imaginación utópica para conquistar el espacio urbano v el de los sueños de planificación y
arquitectura urbanas en busca de un marco social donde puedan materializarse".4 Los pensadores
y hacedores estaban igualmente obsesionados con "el centro" en torno del cual se dispondría
lógicamente el espacio de las ciudades futuras de acuerdo con las condiciones de transparencia
impuestas por la razón impersonal. Baczko diseca magistralmente esa obsesión en todos sus
aspectos interconectados en su análisis del provecto de "Ciudad llamada Libertad" publicado el 12
de floreal del año V de la República Francesa por el agrimensor y geómetra F.L. Aubry con la
intención de que fuera el croquis de la futura capital de la Francia revolucionaria.

Para los teóricos y los profesionales, la ciudad del futuro era la encarnación, el símbolo y el
monumento espacial a la libertad, conquistada por la Razón en su prolongada guerra mortal contra
la contingencia ingobernable e irracional de la historia; así como la libertad prometida por la

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Revolución habría de purificar el tiempo histórico, el espacio soñado por los urbanistas utópicos
sería un lugar "jamás contaminado por la historia". Esta condición severa eliminaba de la
competencia a todas las ciudades existentes, y las condenaba a la destrucción.

Es verdad que Baczko se refiere a uno solo entre los muchos lugares de encuentro de soñadores y
hombres de acción: la Revolución Francesa, Pero era un lugar que recibía visitas de viajeros que
venían de lejos y de cerca en busca de inspiración; el lugar donde el encuentro era más íntimo, y
celebrado con mayor júbilo por ambas partes que cualquier otro. Los sueños del espacio urbano
perfectamente transparente sirvieron a los dirigentes políticos de la revolución como una fecunda
fuente de inspiración y valor. AI mismo tiempo, para los soñadores, aquélla era ante todo una audaz,
resuelta e ingeniosa compañía de diseño y construcción, dispuesta a instalar en las ciudades perfectas
las formas elaborarlas en los tableros de dibujo utópicos durante interminables noches en vela.

Veamos uno de muchos ejemplos analizados por Baczko: la historia del país ideal de Sévarambes
y su capital aún mas perfecta, Sévariade:5

Sévariade es "la ciudad más bella del mundo"; se caracteriza por "el buen mantenimiento de
la ley y el orden". "La capital está concebida de acuerdo con un plan racional, claro y
sencillo, aplicado con rigor, que hace de ella la ciudad más regular del mundo." La
transparencia del espacio urbano deriva principalmente de la decisión de dividirla
prolijamente en 260 unidades idénticas, llamadas osmasies, cada una de las cuales consiste
de un edificio cuadrado con una fachada de quince metros de frente, un gran patio interior,
cuatro puertas y mil habitantes "cómodamente instalados". La "regularidad perfecta" de la
ciudad llama la atención del visitante, "Las calles son anchas y tan rectas que uno tiene la
impresión de que fueron trazadas con una regla" y todas desembocan en "plazas
espaciosas en el medio de las cuales se alzan fuentes y edificios públicos", asimismo de
tamaño y dimensiones idénticas. "La arquitectura de las casas es casi uniforme", aunque
una suntuosidad adicional caracteriza las residencias de las personas importantes. "No hay
nada caótico en estas ciudades: en todas partes reina un orden perfecto y notable" (los
enfermos, los discapacitados mentales y los criminales han sido expulsados fuera de sus
límites). Cada cosa cumple una función y por eso todo es hermoso, ya que la belleza se
caracteriza por la visibilidad de sus fines y la simplicidad de sus formas. Casi todos los
elementos de la ciudad son intercambiables, lo mismo que las ciudades en si. Quien visita
Sévariade conoce todas las ciudades de Sévarambes.

Según Baczko, no sabemos si los proyectistas de las ciudades perfectas estudiaban los pianos
ajenos, pero el lector no puede evitar la impresión de que "lo único que hacen a lo largo del siglo
es reinventar la misma ciudad". Esta impresión obedece a los valores comunes a todos los
creadores de utopías y su interés por alcanzar "un cierto grado de racionalidad feliz, o sí se quiere,
felicidad racional" —lo que implica vivir en un espacio perfectamente ordenado, despojado de todo
azar, libre de todo lo que sea casual, accidental y ambivalente.

Las ciudades descriptas en la literatura utópica son, en la feliz frase de Baczko, "ciudades
literarias"; no sólo en el sentido de productos de la imaginación del autor sino en otro, más

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profundo: se las podía describir en minucioso detalle, ya que nada en su interior era inefable,
ilegible ni desafiaba la clara representación. A la manera de la concepción de Jürgen Habermas de
la legitimidad objetiva de las afirmaciones y los patrones, que sólo puede ser universal y por ello
exige "borrar el espacio y el tiempo",6 la visión de la ciudad perfecta entrañaba rechazar totalmente
la historia y arrasar sus restos tangibles. En verdad, esa visión desafiaba la autoridad tanto del
tiempo como del espacio, al eliminar la diferenciación cualitativa de este último, que siempre es un
sedimento del tiempo igualmente diferenciado y, por ello, histórico.

El postulado de semejante "desmaterialización" del espacio y el tiempo combinado con la idea de


la "felicidad racional" se vuelve un mandamiento resuelto e incondicional apenas se observa la
realidad humana desde las ventanas de las oficinas administrativas. Sólo cuando se la contempla
a través de esas ventanas, la diversidad de los fragmentos espaciales y en especial la flexibilidad y
subdeterminación de sus fines, su susceptibilidad a las interpretaciones múltiples, parecen negar
la posibilidad de actuar racionalmente. Desde esta perspectiva administrativa, es difícil imaginar un
modelo de racionalidad distinto del propio y un modelo de felicidad distinto de la vida en un mundo
que lleva la impronta de esa racionalidad. Las situaciones que se prestan a muchas definiciones
netas, que se pueden interpretar con diversas claves, aparecen no sólo corlo obstáculos de la
transparencia del propio campo de acción sino como un defecto, una señal de "opacidad en
cuanto tal"; no como señal de la multiplicidad de órdenes coexistentes sino como un síntoma de
caos; no sólo como un impedimento para la aplicación del modelo propio de acción racional sino
como un estado de cosas incompatible con la "razón en sí".

Desde el punto de vista de la administración del espacio, la modernización entraña el monopolio


de los derechos cartográficos. Sin embargo, ese monopolio es imposible de ejercer en una ciudad
similar a un palimpsesto, erigida sobre las capas de los sucesivos accidentes de la historia; una
ciudad que ha surgido y sigue surgiendo de una asimilación selectiva de tradiciones divergentes,
así corno de la absorción igualmente selectiva de innovaciones culturales, con ambas selecciones
sujetas a reglas cambiantes, casi nunca explícitas y, menos aún, presentes en el pensamiento de
la época en que tiene lugar la acción, y susceptibles a una codificación cuasi lógica sólo con ayuda
de la visión retrospectiva. Es mucho más fácil imponer el monopolio si el mapa precede al
territorio; si la ciudad, desde su creación y durante toda su historia, es una mera proyección del
mapa sobre el espacio; si, en lugar de tratar desesperadamente de aprehender la variedad
desordenada de la realidad urbana en la elegancia impersonal de la cuadrícula cartográfica, el
mapa se convierte en una matriz donde se trazarán las realidades urbanas aún inexistentes, que
derivan su significado y funciones sólo del lugar que se les asigna en la cuadrícula. Sólo entonces
sus significados y funciones estarán libres de ambigüedad; su Eindeutigkeit estará avalada de
antemano por la reducción a la impotencia o la expulsión de los intérpretes alternativos.

Los arquitectos y urbanistas más radicalmente modernistas de nuestra era –de los cuales el más
célebre fue Le Corbusier– soñaron en voz alta con esa condición, ideal para el monopolio
cartográfico. Como si quisiera demostrar la naturaleza suprapartidaria de la modernización
espacial y la ausencia de vínculo; entre sus principios y las ideologías políticas, Le Corbusier
ofreció sus servicios con el mismo entusiasmo y falta de escrúpulos a los gobernantes comunistas
de Rusia y los fascistizantes de la Francia de Vichy. Confirmando la nebulosidad endémica de las

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ambiciones modernistas, se enemistó con ambos regímenes: el pragmatismo de los gobernantes,


tan involuntario como inexorable, no podía sino cortarle las alas a la imaginación radical.
En La ville radieuse [La ciudad radiante],7 publicado en 1933 y destinado a convertirse en el
evangelio del modernismo urbano, Le Corbusier decretó la muerte de las ciudades existentes: el
depósito putrefacto de la historia ingobernable, irracional, urbanísticamente ignorante e impotente.
Las acusó de ser disfuncionales (algunas funciones lógicamente indispensables carecen de
agentes ejecutores, otras se superponen y entrechocan, sembrando la confusión entre los
habitantes), insalubres y ofensivas al sentido estético (debido al laberinto caótico de las calla y los
estilos arquitectónicos). Los defectos de las ciudades existentes eran demasiado numerosos para
rectificarlos por separado, lo cual exigía esfuerzos y recursos desmedidos. Era mucho más
razonable aplicar un tratamiento global que curara todos los males de sólo golpe: para ello se
podían arrasar las ciudades heredadas y evacuar los lugares que ocupaban para construir urbes
nuevas, planificadas hasta el último detalle; o abandonar los París de hoy a su suerte enfermiza y
transportar a sus residentes a localidades nuevas, concebidas correctamente desde el comienzo.
La ville radieuse presenta los principios que han de guiar la construcción de las ciudades del
futuro, concentrándose en los ejemplos de París (impenitente a pesar de la bravata del barón
Haussmann), Buenos Aires y Río de Janeiro; los tres proyectos parten de cero y obedecen
únicamente las normas de la armonía estética y la lógica impersonal de la división funcional.

En las tres ciudades imaginarias, la función tiene prioridad sobre el espacia; lógica y la estética
exigen la total falta de ambigüedad funcional en cualquier fragmento de la ciudad. En el espacio
urbano, como en la vida humana, es necesario distinguir y separar las funciones de trabajo, vida
de hogar, esparcimiento, culto y administración; cada función necesita su propio lugar, así como
cada lugar debe servir a una única función.

La arquitectura, dice Le Corbusier, es —como la lógica y la belleza— enemiga nata de la


confusión, la espontaneidad, el caos, el desorden; es una ciencia afín a la geometría, el arte de la
sublimidad platónica, el orden matemático, la armonía; sus ideales son la línea continua, las
paralelas, el ángulo recto; sus principios son la estandarización y la prefabricación. En la futura
Ciudad Radiante, imperio de la arquitectura significaría la muerte de la calle tal como la
conocemos: ese subproducto incoherente y contingente de la historia de la construcción
desorganizada y desincronizada, campo de batalla de usos incompatibles, el lugar propio del
accidente y la ambigüedad. Las arterias de la Ciudad Radiante, así como sus edificios, estarán
consagradas a tareas concretas; el único trabajo de aquéllas será el tráfico, el transporte de
personas y bienes de un lugar funcional a otro; esa función se verá liberada de todas las
perturbaciones causadas en la actualidad por paseantes sin rumbo, ociosos, merodeadores o
transeúntes casuales.

Le Corbusier sueña con una ciudad en la que el imperio de "le Plan dictateur" (siempre escribía la
palabra "plan" con mayúscula) sobre los residentes sea total e indiscutible. La autoridad del Plan,
derivada de las verdades objetivas de la lógica y la estética y basada en ellas, no admite el
disenso ni la polémica; no admite argumentos referidos ni apoyados en otra cosa que el rigor
lógico y estético. Por su naturaleza, las funciones del planificador urbano son inmunes a la
agitación electoral, sordas a las quejas de sus víctimas reales o imaginarias. El "Plan" (por ser

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producto de la razón impersonal, no de la imaginación individual, por brillante o profunda que ésta
sea) es la condición única —tanto necesaria como suficiente— de la felicidad humana, que no
puede basarse sino en la perfecta articulación de necesidades humanas definidas científicamente
y la disposición unívoca, transparente y legible del espacio vital.

La ville radieuse no pasó de ser un ejercicio sobre el papel. Pero al menos un arquitecto urbanista,
Oscar Niemeyer, trató de hacer carne el verbo de Le Corbusier cuando tuvo la oportunidad. Lo
contrataron para crear desde la nada, en un vacío desértico no agobiado por el peso de la historia,
una nueva capital a la altura de la inmensidad, la grandeza, los incontables recursos no
aprovechados y las ilimitadas ambiciones de Brasil. Esa capital, Brasilia, era el paraíso del
arquitecto modernista: por fin se presentaba la oportunidad anhelada de dar rienda suelta a la
fantasía arquitectónica, libre de restricciones o limitaciones, tanto materiales como sentimentales.
En una meseta hasta entonces desierta del Brasil central uno podía forjar a voluntad a los
residentes de la ciudad futura, preocupado solamente por la lealtad a la lógica y la estética; sin
comprometer ni, menos aún, sacrificar la pureza de los principios a las circunstancias,
improcedentes pero obstinadas, de tiempo y lugar. Podía calcular precisa y anticipadamente las
"necesidades de la unidad" aún tácitas y rudimentarias; podía forjar sin trabas a los habitantes aún
inexistentes y, por lo tanto, mudos y políticamente impotentes, de la futura ciudad. A ellos se los
consideraba como un conjunto científicamente definido y cuidadosamente medido de unidades de
necesidad respiratoria, térmica y de iluminación.

Para los experimentadores más interesados por una tarea bien realizada que por sus efectos en
los beneficiarios de sus acciones, Brasilia era un inmenso laboratorio, generosamente subsidiado,
en el cual se podían mezclar los ingredientes de la lógica y la estética en proporciones variables,
observar sus reacciones en un medio incontaminado y elegir el compuesto más agradable. Como
sugerían los postulados del modernismo arquitectónico corbusierano, en Brasilia uno podía
diseñar un espacio hecho a la medida del hombre (o, para ser más precisos, de todo lo que es
mensurable en el hombre), es decir, un espacio del cual el accidente y la sorpresa quedaban
desterrados para siempre. Sin embargo, para sus residentes Brasilia resultó ser una pesadilla. Sus
infelices víctimas acunaron rápidamente el concepto de "brasilitis", un nuevo síndrome patológico
del cual la ciudad es el prototipo y el epicentro más famoso hasta la fecha. Se estableció por
consenso que sus síntomas mas conspicuos son la falta de multitudes y aglomeraciones, las
esquinas desiertas, los espacios anónimos, los seres humanos sin rostro, y la monotonía
embrutecedora de un ambiente desprovisto de cualquier elemento que pueda provocar
desconcierto, perplejidad o emoción. El plan general de Brasilia eliminaba los encuentros casuales
de todos los lugares —salvo unos pocos, diseñados para las reuniones con fines
preestablecidos—. Según el chiste corriente, concertar un encuentro en el único "foro" previsto, la
inmensa "Plaza de las Tres Fuerzas", era como concertar una cita en el desierto de Gobi.

Tal vez Brasilia era un espacio perfectamente estructurado para recibir homúnculos, nacidos y
criados en probetas de laboratorio; para criaturas creadas con retazos de tareas administrativas y
definiciones legales. Sin duda (al menos en su intención), era un espacio perfectamente transparente
para los encargados de tareas administrativas y los que determinaban el contenido de éstas.
Reconocemos que podía serlo también para residentes ideales, imaginarios, que identificaran la

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felicidad con la vida sin problemas porque no contenía la menor situación ambivalente, necesidad de
elegir, amenaza de riesgo ni posibilidad de aventura. Para los demás resultó ser un lugar despojado
de todo factor humano: de todo lo que da sentido a la vida y la hace digna de ser vivida.

Pocos urbanistas consumidos por la pasión modernizadora pudieron disponer de un campo de


acción tan vasto como el encomendado a la imaginación de Niemeyer. La mayoría tuvo que limitar
sus fantasías (aunque no sus ambiciones) a los experimentos en pequeña escala dentro del
espacio urbano: enderezar o cercar aquí y allá el caos irresponsable y satisfecho de sí de la vida
en la ciudad, corregir tal o cual error u omisión de la historia, introducir un nicho resguardado de
orden en el universo del azar, pero siempre con consecuencias limitadas, en modo alguno
exhaustivas y en gran medida imprevisibles.

La Agorafobia y el Renacer del Localismo

Richard Sennett fue el primer analista de la vida urbana contemporánea que llamó la atención sobre la
inminente "caída del hombre público". Hace muchos años, advirtió la reducción lenta pero incesante del
espacio público urbano y el retiro igualmente incontenible de los residentes de la ciudad, con la
consiguiente devastación, de las pálidas sombras del agora que escapaban a la destrucción.

Posteriormente, en su brillante estudio sobre los "usos del desorden",8 Richard Sennett reseña los
descubrimientos de Charles Abrams, Jane Jacobs, Marc Fried y Herbert Gans –investigadores de
temperamentos diversos, pero afines en su sensibilidad a las vivencias de la vida urbana y en su
lucidez – y traza un cuadro aterrador de los estragos que sufren "las vidas de personas reales en
aras de un plan abstracto de desarrollo o renovación". Donde quiera que se ejecutaran esos
planes, los intentos de "homogeneizar" el espacio urbano, volverlo "lógico", "funcional" o "legible",
provocaban la desintegración de las redes de protección de los lazos humanos y la experiencia
psíquicamente destructiva del abandono y la soledad, sumadas a un vacío interior, el miedo a los
desafíos que puede traer la vida y un analfabetismo intencional a la hora de tomar decisiones
autónomas y responsables.

La búsqueda de la transparencia tuvo un precio sobrecogedor. En un ambiente concebido


artificialmente con el objeto de asegurar el anonimato y la especialización funcional del espacio,
los habitantes urbanos sufrieron un problema de identidad casi insoluble. La monotonía sin rostro y
la pureza clínica del espacio artificioso les negó la oportunidad de negociar valores y, por lo tanto,
de poseer las destrezas necesarias para abordar el problema y resolverlo.

Los planificadores podrían aprender la lección de la larga historia de la arquitectura moderna,


hecha de sueños excelsos y desastres abominables: el gran secreto de una "buena ciudad" es que
brinda a la gente la oportunidad de hacerse responsable de sus actos "en una sociedad
históricamente imprevisible", no en "un mundo onírico de armonía v orden preestablecido". Quien
quiera dedicarse a inventar un espacio urbano guiado tan sólo por los preceptos de la armonía
estética y la razón, hará bien en detenerse un instante a meditar sobre aquello de que "los
hombres no se vuelven buenos siguiendo las órdenes buenas o los buenos planes de otros".

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Se puede agregar que la responsabilidad humana, condición última e indispensable de la


moral en las relaciones humanas, hallaría en el espacio perfectamente diseñado una tierra
yerma, cuando no directamente venenosa. De ninguna manera podría crecer –ni qué hablar de
florecer– en un espacio higiénicamente puro, libre de sorpresas, ambivalencia y conflictos. Las
únicas personas capaces de afrontar su responsabilidad son aquellas que han dominado el
difícil arte de actuar en circunstancias de ambivalencia e incertidumbre, nacidas de la
diferencia y la variedad. Las personas moralmente maduras son seres humanos que aprenden
a "desear lo desconocido, a sentirse incompletos sin una cierta anarquía en sus vidas", que
saben "amar la ‘alteridad' a su alrededor".

La experiencia de las ciudades norteamericanas analizada, por Sennett apunta a un elemento


común casi universal: la suspicacia, la intolerancia de las diferencias, la hostilidad hacia los
forasteros y la exigencia de separarlos y desterrarlos, así como la obsesión histérica, paranoica,
por "la ley y el orden", tienden a alcanzar su más alto grado en las comunidades más uniformes,
las más segregadas en cuanto a raza, etnia y clase social, las más homogéneas.

No es casual; en esas localidades se tiende a buscar la "sensación de estar entre los nuestros" en
la ilusión de la igualdad, garantizada por la monótona similitud de todos los que están a la vista.
Esta garantía de seguridad está esbozada en la ausencia de vecinos que piensen, actúen o
tengan un aspecto distinto de los demás. La uniformidad genera conformismo, y el otro rostro de
éste es la intolerancia. En una localidad homogénea es sumamente difícil adquirir las cualidades
de carácter y las destrezas necesarias para afrontar las diferencias entre seres humanos y las
situaciones de incertidumbre, y en ausencia de estas destrezas y cualidades, lo más fácil es temer
al otro, por la mera razón de que es otro: acaso extraño y distinto, pero ante todo desconocido,
difícil de comprender, imposible de desentrañar totalmente, imprevisible.

La ciudad, que en un principio existió para proteger a sus residentes intramuros de los invasores
malignos que siempre venían de afuera, en nuestro tiempo "está asociada con el peligro más que
con la seguridad", dice Nan Elin. En nuestro tiempo posmoderno, "el factor miedo sin duda ha
crecido, como lo demuestran la proliferación de cerraduras en automóviles y casas, así como los
sistemas de seguridad; las comunidades ‘cercadas’ y ‘seguras' para grupos de todas las edades y
niveles de ingresos, la creciente vigilancia de los espacios públicos, además de los interminables
mensajes de peligro emitidos por los medios de comunicación masivos".9

Los miedos contemporáneos, típicamente "urbanos", a diferencia de aquellos que antaño


condujeron a la construcción de las ciudades, se concentran en el "enemigo interior". Quien sufre
este miedo se preocupa menos por la integridad y la fortaleza de la ciudad en su totalidad corno
propiedad y garantía colectivas de la seguridad individual— que por el aislamiento y la fortificación
del propio hogar dentro de aquélla. Los muros que antes rodeaban la ciudad ahora la cruzan y se
entrecruzan en varias direcciones. Vecindarios cercados, espacios públicos rigurosamente
vigilados y de acceso selectivo, guardias armados en los portones y puertas electrónicas; todos
ellos son recursos empleados contra el conciudadano indeseado más que contra los ejércitos
extranjeros, los salteadores de caminos, los merodeadores y otros peligros desconocidos que
aguardaban más allá de los portales.

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

No solidarizarse con el otro sino evitarlo, separarse de él: tal es la gran estrategia de supervivencia
en la megalópolis moderna. Tampoco es cuestión de amar u odiar al prójimo, sino de mantenerlo a
distancia: así se anula el dilema y se vuelve innecesario elegir entre el amor y el odio.

¿Hay Vida Después del Panóptico?

Pocas imágenes alegóricas en el pensamiento social igualan el poder de persuasión del


Panóptico. Michel Foucault utilizó el proyecto frustrado de Jeremy Bentham para crear una
metáfora eficaz de la transformación, la redistribución y el redespliegue modernos de los poderes
controladores. Bentham, uno de los hombres más lúcidos de su época, supo despojar a los
poderes de sus variados disfraces para poner al descubierto su gran tarea común: imponer la
disciplina mediante la amenaza siempre real y tangible del castigo. Comprendió asimismo que, a
pesar de los diversos nombres dados a las distintas maneras de ejercer el poder, la estrategia
central fundamental de éste era hacerles creer a los súbditos que jamás podían sustraerse a la
mirada ubicua de sus superiores y que ninguna falta, por secreta que fuese, quedaría impune. En
su forma ideal, el Panóptico no admitía el espacio privado; o al menos, el espacio privado opaco,
no sujeto a la vigilancia o, peor aún, imposible de vigilar. En la ciudad descrita en Nosotros, de
Zamiatin, cada uno tiene su propia casa, pero las paredes son de vidrio. En 1984, de Orwell, cada
uno tiene su propio televisor, pero nadie puede desconectarlo ni sabe cuándo la pantalla se
convierte en una cámara...

Como señaló Foucault, las técnicas panópticas cumplieron una función crucial en la transición
desde los mecanismos de integración de base local, autovigilados, autorregulados y hechos a
medida de la capacidad natural del ojo y el oído humanos, hasta la integración supralocal,
administrada por el Estado, de territorios demasiado vastos para el alcance de las facultades
naturales. Dicha función exigía la asimetría de la vigilancia, la existencia del vigilante profesional y
una reorganización del espacio que permitiera al vigilante realizar su tarea e inculcara en el
vigilado la conciencia de que ello sucedía y podía suceder en todo momento. Estas demandas se
cumplieron casi plenamente en las grandes instituciones de la modernidad "clásica" dedicadas a
inculcar la disciplina, sobre todo en las plantas industriales y los ejércitos conscriptos, ambos
dotados de áreas de captación casi universales.

Como metáfora casi perfecta de la modernización del poder y el control en sus aspectos cruciales,
la imagen del Panóptico tiene la desventaja de abrumar la imaginación del sociólogo hasta el
punto de impedirle percibir la naturaleza del cambio actual, en lugar de facilitarle la tarea. En
detrimento del análisis, rendemos naturalmente a buscar en las disposiciones actuales del poder
una versión nueva y mejorada de viejas técnicas panópticas que en esencia permanezcan
intactas. Solemos pasar por alto el hecho de que la mayoría de la población no tiene la necesidad
ni la oportunidad de que la arrastren por los campos de entrenamiento de antaño. Asimismo,
tendemos a olvidas los factores del proceso de modernización que volvieron factibles y atractivas
las estrategias panópticas. Los desafíos de hoy son distintos, y en la tarea de enfrentar a muchos
de ellos –acaso los más importantes –, la aplicación de las estrategias panópticas ortodoxas con
renovado vigor seguramente resultaría inoportuna o directamente contra producente.

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

En un brillante ensayo sobre la base de datos electrónica como versión ciberespacial actualizada
del Panóptico, Mark Poster postula que "nuestros cuerpos están conectados con las redes, las
bases de datos, las autopistas informáticas"; por ello, esos sitios de almacenamiento de
información donde nuestros cuerpos están, por así decirlo, "sujetos informáticamente" "ya no
sirven como un refugio donde uno no pueda ser observado ni un bastión en torno del cual se
pueda erigir una línea de resistencia". Según Poster, el almacenamiento de enormes cantidades
de datos, que aumentan con cada uso de una tarjeta de crédito y prácticamente con cada compra,
conducen a un "superpanóptico", pero con una diferencia respecto del Panóptico: al proporcionar
datos para su almacenamiento, el vigilado se convierte en un factor importante y complaciente de
la vigilancia. Es verdad que la gente se preocupa por la cantidad de información acumulada sobre
ella. En 1991, una encuesta de la revista Time reveló que entre el 70 y el 80% de los lectores
estaban "muy/bastante" preocupados por la información reunida por el gobierno y las compañías
financieras y de seguros, y no tanto por la que recolectaban empleadores, bancos y firmas de
marketing. En vista de ello, Poster se pregunta por qué "la ansiedad que provocan las bases de
datos no se ha convertido aún en un problema de alcance político nacional”.10

Sin embargo, uno se pregunta por qué habría de preguntarse... Vista más de cerca, la aparente
similitud entre el Panóptico de Foucault y las bases de datos contemporáneas parece bastante
superficial. El propósito principal de aquél era inculcar la disciplina e imponer patrones uniformes
de conducta a los internos; el Panóptico era, ante todo, un arma contra la diferencia, la elección y
la variedad. No es ése el blanco asignado a la base de datos y sus usos potenciales. Al contrario,
sus principales promotores y usuarios son las compañías de crédito y marketing, cuyo objetivo es
asegurarse de que los archivos confirmen la "credibilidad" de las personas registradas: su
fiabilidad como clientes que eligen, y que aquellos que no pueden elegir sean separados antes de
que se produzca el daño y se derrochen recursos; en verdad, ser incluido en la base de datos es la
primera condición para acceder al crédito y a "todo lo que vale la pena". El Panóptico convertía a
sus internos en productores y/o soldados, a quienes imponía una conducta rutinaria y monótona; la
base de datos señala a los consumidores fiables y dignos de confianza, a la vez que separa a los
demás, a quienes no cree capaces de participar en el juego del consumo simplemente porque en
sus vidas no hay nada digno de ser registrado, La función principal del Panóptico era asegurarse
de que nadie pudiera escapar del espacio rigurosamente vigilado; la de la base de datos es que
ningún intruso pueda ingresar con información falsa y sin las credenciales adecuadas. Cuanto
mayor es la información sobre alguien en la base de datos, mayor es su libertad de movimientos.
La base de datos es un instrumento de selección, separación y exclusión. Conserva a los globales
dentro del cedazo y separa a los locales. Admite a ciertas personas en el ciberespacio
extraterritorial, hace que se sientan como en casa donde quiera que vayan y las acoge
cordialmente cuando llegan; a otras las priva de pasaportes y visas de transito, les impide recorrer
los lugares reservados a los residentes del ciberespacio. Pero este efecto es subsidiario y
complementario de aquél. A diferencia del Panóptico, la base de datos es un vehículo para la
movilidad, no es la cadena que sujeta.

Considérese el destino histórico del Panóptico desde otro punto de vista. Según la frase
memorable de Thomas Mathiesen, la introducción del poder panóptico significó la transición
fundamental de una situación en la que los más vigilan a los menos a otra donde los menos vigilan

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

a los más.11 En el ejercicio del poder, la vigilancia reemplazó al espectáculo. En épocas


premodernas, el poder para imponerse al populus permitía que éste contemplara, sobrecogido de
admiración y miedo, su pompa, riqueza y esplendor. En cambio, el nuevo poder moderno prefería
permanecer en la sombra, observar a sus súbditos sin dejarse observar por éstos. Mathiesen
critica a Foucault por no prestar atención al proceso moderno paralelo: el desarrollo de nuevas
técnicas del poder que consisten —por el contrario – en que muchos (tantos como jamás en la
historia) observan a pocos. Desde luego, se refiere al auge de los medios de comunicación de
masas, sobre todo la televisión, que conduce a la creación, junto al Panóptico, de otro mecanismo
de poder para el cual acuña otro nombre feliz: el Sinóptico.

Sin embargo, considérese lo siguiente. El Panóptico, aún cuando era de aplicación universal y
aunque las instituciones que utilizaban sus principios abarcaban a la inmensa mayoría de la
población, era por naturaleza un establecimiento local: la condición y el efecto de la institución
panóptica era la inmovilización de sus súbditos: la vigilancia existía para prevenir las fugas, o al
menos para impedir movimientos autónomos, contingentes y erráticos. El Sinóptico es global por
naturaleza; el acto de vigilar libera a los vigilantes de su localidad, los transporta siquiera
espiritualmente al ciberespacio, donde la distancia no importa, aunque sus cuerpos permanezcan
en lugar. Ya no tiene importancia si los blancos del Sinóptico, transformados de vigilados en
vigilantes, se desplazan o permanecen in situ. Donde quiera que estén y que vayan, pueden
conectarse a la red extraterritorial en la que los más contemplan a los menos, y lo hacen. El
Panóptico obligaba a la gente a ocupar un lugar donde se la pudiera vigilar. El Sinóptico no
necesita aplicar la coerción: seduce a las personas para que se conviertan en observadores. Y los
pocos a quienes los observadores observan son rigurosamente seleccionados. Según Mathiesen,

sabemos a quienes se permite Ingresar en los medios de comunicación desde el exterior


para expresar sus puntos de vista. Una serie de estudios noruegos e internacionales
demuestran que pertenecen siempre a las elites institucionales. Aquellos a quienes se
permite el ingreso son siempre hombres –no mujeres- de los estratos sociales superiores,
con poder en la vida política, la industria privada y la burocracia pública.

La tan elogiada "interactividad" de los nuevos medios es una exageración grosera; sería mas
correcto hablar de “un medio interactivo unidireccional”. No importa lo que crean los academicos,
que son miembros de la nueva elite global: la Internet y la Red no son para todos, y difícilmente
serán algún día de uso universal. Los que obtienen acceso deben realizar su elección dentro del
marco fijado por los proveedores, que los invitan a "gastar tiempo y dinero en la elección entre los
muchos paquetes que ofrecen". En cuanto al resto, relegado a la red de televisión satelital o por
cable, sin la menor pretensión de simetría entre ambas caras de la pantalla, su destino es la
observación lisa y llana. ¿Y que observan?

Los más miran a. los menos. Los menos, objetos de las miradas, son los famosos.. Pertenecen al
mundo de la política, el deporte, la ciencia o el espectáculo, o son célebres especialistas en
información. No importa de dónde provengan, todos los famosos exhibidos ponen en exhibición el
mundo de los famosos: un mundo cuyo rasgo particular es precisamente la cualidad de ser
observado por muchos, y en todos los rincones del globo; de ser global en su cualidad de ser

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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas

Autor. Zigmunt Bauman

observado. Digan lo que dijeren en el aire, transmiten el mensaje de un modo de vida total. Su
vida, su modo de vida. Preguntar qué impacto puede tener el mensaje sobre los observadores "no
tiene que ver tanto con las esperanzas y los miedos preconcebidos como con los ‘efectos' de
cristianismo sobre la visión del mundo del individuo o —como preguntaron los chinos— los del
confucionismo sobre la moral pública."12

En el Panóptico, o algunos locales selectos vigilaban a otros locales (y antes de su aparición, los
locales de más baja categoría observaban a los selectos). En el Sinóptico, los locales observan a
los globales. La autoridad de estos últimos está asegurada por su misma lejanía; los globales
están literalmente "fuera de este mundo", pero revolotean sobre los mundos de los locales de
modo mucho más visible, constante y llamativo que los ángeles sobre el antiguo mundo cristiano:
simultáneamente visibles e inaccesibles, excelsos y mundanos, muy superiores pero dejando un
ejemplo luminoso para que los inferiores lo sigan o sueñen con seguirlo; admirados y codiciados:
una realeza que guía en lugar de gobernar.

Segregados y separados sobre la Tierra, los locales conocen a los globales a través de las
transmisiones televisadas desde el cielo. Los ecos del encuentro reverberan globalmente, ahogan
todos los sonidos locales a la vez que se reflejan en las paredes locales, cuya solidez
impenetrable, semejante a la de una prisión, queda con ello revelada y reforzada.

Notas

1. Vease Albert J. Dunlap (con Bob Andelman), How 1 Saved Bad Companies and Made Good Companies
Great, Nueva York, Time Books, 1996, pp. 199-200.

2. Denis Duclos, "La cosmocratie, nouvelle classe planétaire", en Le monde diplomatique, agosto de 1997, p. 14,

3. Lease Edmund Leach, "Anthropological aspects of language: animal categories and verbal abuse", en New
Directions in the Study of Language, Eric H. Lenneberg (comp.), University of Chicago Press, 1964.

4. Bronislaw Baczko, Utopian Lights: The Evolution of the Idea of Social Progress, trad. inglesa de Judith L.
Greenberg,, Nueva York, Paragon House, 1989, pp. 219-235.

5. Según Baczko, Histoire des Sévarambes, de D. Veirasse, era un libro tan difundido durante el Siglo de las
Luces que, por ejemplo, Rousseau y Leibniz lo citaban sin indicar la fuente, que, evidentemente, era muy
conocida por sus lectores.

6. Vease Jürgen Haberman, The Philosophical Discourse of Modernity, Cambridge, Mass., MIT Press, 1987, p.323.

7. El contenido de La ville radieuse fue sometido a un análisis incisivo y lúcido por el sociólogo político Jim
Scott, de Yale; el comentario que sigue debe mucho a ese fecundo estudio.

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Unidad 2
Deleuze

Posdata sobre las sociedades de control

I- Historia
Faucault situó a las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su
apogeo a principios del siglo XX y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El
individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después
la escuela, después el cuartel, después la fábrica, de tanto en tanto el hospital y eventualmente la prisión, que
es el lugar de encierro por excelencia. Pero las disciplinas sufrían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas
que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades
disciplinarias eran lo que dejábamos de ser.
Estamos en una crisis generalizada en todos los lugares de encierro. Reformar la escuela, reformar la
industria, el ejercito, el hospital, la prisión: pero todos saben que esas instituciones están más o menos
terminadas. Solo se trata de administrar su agonía y ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas
fuerzas que están golpeando las puertas. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las
sociedades de disciplinarias.

II- Lógica
Los diferentes espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se
supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común a todos no existe, pero es analógico.
Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables que forman un sistema de
geometría variable cuyo lenguaje es numérico. Los encierros son molde, módulos distintos, pero los
controles son modulaciones, como un molde autodeformante que cambia continuamente, de un momento a
otro. El principio modular del “salario al mérito” no había dejado de tentar a la propia educación nacional:
en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la
escuela, la evaluación continúa al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela de
la empresa.
En las sociedades de disciplina siempre se está empezando de nuevo, mientras que en las sociedades de
control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y
coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Las sociedades disciplinarias tienen
dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en la masa.
Porque las sociedades nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo
masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y
moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo. En las sociedades de control, por el contrario, lo
esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las
sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas. El lenguaje numérico del control está hecho de
cifras, que marcan el acceso o rechazo a la información. Los individuos se han convertido en dividuos, y las
masas en muestras, datos mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre
las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban el oro
como número patrón, mientras que el control refiere intercambios flotantes, modulaciones que hacen
intervenir como una cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El hombre de las disciplinas era
un productor discontinuo de energía, pero el hombre de control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un
haz continuo.
Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el
mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. Las conquistas de
mercado se hacen por temas de control y no por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más
aún que por bajas de costos, por transformación del producto más que por especialización de la producción.
El marketing es ahora el instrumento del control social. El control es a largo plazo y de rotación rápida, pero
también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El
hombre ya no es encerrado sino que es el endeudado.

“Posdata sobre las sociedades de control” | 1


III- Programa
Lo que importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones: la búsqueda de penas
de sustitución, la menos para la pequeña delincuencia, la utilización de collares electrónicos que imponen al
condenado la obligación de quedarse en su casa a determinadas horas. En el régimen de las escuelas: las
formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono de
toda investigación en la universidad, la introducción de la empresa en todos los niveles de escolaridad. En el
régimen de los hospitales: la nueva medicina sin médico ni enfermo que diferencia a los enfermos
potenciales y a las personas de riesgo, pero no muestra un progreso hacia la individualización sino que
constituye el cuerpo individual o numérico por la cifra de una materia dividual que debe ser controlada. En
el régimen de la empresa: los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no pasan
por las vieja forma fábrica. Mucho jóvenes reclaman extrañamente ser motivados, piden más cursos, más
formación permanente: a ellos les corresponde descubrir para que se los usa.

“Posdata sobre las sociedades de control” | 2


Unidad 2
Schapira

Segregación, fragmentación, secesión; Hacia una nueva geografía social en la aglomeración de


Buenos Aires
En los ‘80 en América Latina se comenzó a utilizar el término “crisis urbana”, sin que se haya
explicado muy bien su significado.
La noción de crisis urbana no llega tanto a analizar los disfuncionamientos, sino más bien destaca el
bloqueo del modelo anterior, es decir, la erosión del pacto social populista que había permitido integrar bajo
un modo clientelista y corporativista, a los nuevos ciudadanos de la cuidad.
A fin de clasificar a la metrópolis, en los últimos años se observa una utilización más y más frecuente
de la noción de fragmentación. Ya no existe una unificación del conjunto urbano.
La investigación urbana latinoamericana toma la noción de fragmentación de la sociología americana
siendo el objetivo el de poner el acento en la aparición de nuevas centralidades en las ciudades en que la
globalización teje redes y califica y descalifica los espacios urbanos en función de su proximidad a los
nodos de los flujos mundializados. El análisis de la ciudad dual reposa sobre la hipótesis siguiente: las
evoluciones globales que caracterizan a las ciudades globales desembocan en una polarización creciente
entre pobres y ricos, en razón del descenso de las clases medias.
En Argentina se observa en los años ‘90 una profundización de las desigualdades que se repite a escalas
más pequeñas, como son las de la cuidad y los municipios de la periferia metropolitana.

I- Globalización y metropolización
Metropolización y terciarización han sido presentadas como las dos caras de la globalización. La
aglomeración de Buenos Aires ha conocido transformaciones rápidas y espectaculares que sin ninguna duda
se pueden resumir bajo el término de metropolización. La terciarización de la economía urbana, el desarrollo
de los servicios y del sector inmobiliario ligados a los nuevos modos de consumo y al ocio de ciertos
grupos, han trastocado profundamente la organización económica, social y urbanística.
Tres órdenes de cambio ligados a la adopción, a inicio de los años ‘90, de un modelo neoliberal de
salida de la crisis, y cuyos efectos han sido acumulativos: la nueva estructuración del mercado de trabajo
urbano, el desarrollo de grandes proyectos urbanísticos que transforman el centro de la ciudad en una vasta
cantera, en fin, la fuerte pauperización de las clases medias.

Mercado del trabajo: flexibilización, precariedad y desempleo


En Argentina, el paradójico renacer económico de los años ‘90 ha ido acompañado del asenso rápido
del desempleo. Los cambios en la organización del mercado de trabajo tienen raíces en el proceso de
desindustrialización que toca, desde los años ‘70 a la Argentina. La recesión prolongada de los años ‘80 y la
hiperinflación han entrañado el cierre de numerosas industrias en la primera corona de la zona
metropolitana. Estas han sido las medidas de ajuste comprometidas en el segundo mandato de Menem, que
provocaron la supresión masiva de empleos en el ámbito público, el desarrollo de la precariedad en el
corazón mismo del asalariamiento y el enorme crecimiento del desempleo.
En los años ‘90 se observa una disminución de los cuentapropistas, que han caracterizado a la
informalidad argentina en los años ‘70. El sector informal se profesionaliza, se salariza y se masculiniza.
Cabe destacar algunos comentarios acerca de estas afirmaciones. En principio, la informalidad ha sido
largamente sobrevaluada por la encuesta permanente de hogares (EPH) realizada por el INDEC cada seis
meses. Sin embargo, es posible preguntarse si el sector informal constituye siempre un sector refugio en
períodos de crisis. Actualmente se observa una avanzada de la informalidad en el interior mismo del sector
formal por medio de la multiplicación de contratos precarios de empleos que no respetan la Ley de Contrato
de Trabajo y de la integración de los más pobres en los programas de tipo workfare, sin ninguna protección
social. En fin, la informalidad no solo concierne a las actividades tradicionalmente consideradas como
precarias, sino también a los trabajos calificados en relaciones de empleo bastante precarizadas. También,
junto a la economía popular se desarrolla la uniformalidad poderosa en el vasto viviente de los “sin trabajo”,
en la cual se activan los nuevos sectores de la economía avanzada, como servicios de mantenimiento a
empresas y también dirigidos a hogares acomodados, a las “nuevas elites urbanas”, que desarrollan nuevas
formas de consumo y de ocio.

“Hacia una nueva geografía social...” | 1


Un estudio realizado por el INDEC se ha orientado a esclarecer los efectos específicos que han tenido
las políticas de ajuste sobre el empleo y los ingresos, en los distintos espacios del Conurbano. En este
estudio aparece una clara polarización geográfica. Los municipios de la periferia norte de la ciudad de
Buenos Aires conocen una buena inserción de la población activa en el mercado del trabajo y un enorme
peso del terciario financiero y de los servicios, así como mínimas tasas de desempleo. Por el contrario, el
suroeste ha visto un agravamiento de la precariedad y el desempleo, así como la disminución del ingreso por
hogar más notoria que en el resto del área metropolitana.

El descenso de la clase media: “la desestabilización de los estables”


La polarización entre quienes han sido entronados en el pedestal del crecimiento y los nuevos pobres
aparece como el resultado de un doble proceso: la caída de todas las categorías ocupacionales y el aumento
de las diferencias salariales en el interior de cada categoría ocupacional. Se observa actualmente una
acrecentada polarización entre ricos y pobres.
La disminución brutal de los ingresos durante los ‘80 y el rápido ascenso del desempleo marcan
notoriamente una ruptura, sin esperanzas de un regreso al pasado. Esta pobreza más difusa y más oculta que
la denominada “pobreza estructural”, modifica los usos y las prácticas de la ciudad. Si se considera que el
empobrecimiento de grandes capas de la sociedad ha sido paralelo al retroceso del Estado y de numerosos
sectores, se puede comprender que todo ello se manifieste como un debilitamiento de la cohesión social.

Los espacios de la globalización


Las fronteras presentadas se ven reforzadas por las grandes obras urbanas que se desarrollan dentro de
la ciudad desde inicios de los años ‘90. Después de casi 20 años, las grandes estructuras urbanas han ido
integrando trozos de la cuidad en el espacio globalizado y en la sociedad en redes. Todas estas obras tienen
como rasgo en común el de responder a una lógica privada y reciclar bajo un mismo modelo los espacios y
actividades obsoletas. La refuncionalización de los vacíos urbanos en posiciones centrales ha sido permitida
por las nuevas orientaciones económicas y políticas de los ‘90 que dejan la ciudad a los desarrolladores,
relanzando así de manera espectacular el sector inmobiliario y de la construcción. De estas grandes obras
resulta una profundización en los contrastes dentro de la metrópolis entre zonas degradadas y de baja
densidad de ocupación, al sur de capital, y el Barrio Norte, que se verticaliza y densifica en su ocupación.
También se ve como claramente se introduce un principio diferenciado de la gestión del espacio: por un
lado, las grandes empresas de servicios urbanos privatizados; por otro lado, las ONGs y las asociaciones
ligadas a la Iglesia, que todas a su manera desarrollan políticas sociales territorializadas en las zonas
desfavorecidas del sur de la capital y de la periferia. Ya no se puede reducir la metrópoli a su centro, en
donde sus habitantes tienen ingresos medios de 22.000 dólares al año mientras que mas de un tercio de los
habitantes de la periferia viven por debajo del umbral de la pobreza. En estas zonas donde las autoridades
locales en asociación con los actores emergentes buscan introducir las formas de sinergia para enfrentar los
problemas de exclusión.
En Buenos Aires, como en otras grandes metrópolis latinoamericanas el desarrollo o crecimiento
económico, más que producir las ciudad produce la fragmentación.

II- La cuidad: entre la fragmentación social y la fragmentación espacial


El desarrollo de la ciudad como un todo era el resultado de un proyecto público, y la cuadrícula estática
que permitió a la cuidad extenderse hasta el infinito, constituyo una matriz en la cual se fueron inscribiendo
el crecimiento urbano y el ascenso social. La cuadrícula estática disciplina el spill-over cuando la ciudad en
los años ‘30, franquea la avenida Gral Paz, y comienzan a desarrollar los fraccionamientos populares que
caracterizan a la periferia de Buenos Aires. Entre 1947 y 1967 el número de propietarios en la periferia de
Buenos Aires pasó de 27 a 67%, situación excepcional comparada con otros países de América Latina. En
este país de inmigrantes, este proceso ha sido fundador de la ciudadanía, más que en otras partes, y ha
reforzado la adhesión a los valores de la República. Esta versión censal de la ciudadanía ha contribuido a
dibujar las líneas de distribución, ellas se ampliaron cuando los efectos conjugados de la crisis y las políticas
de ajuste demolieron las esperanzas de un futuro ascenso social.

“Hacia una nueva geografía social...” | 2


De la segregación a la “atomización disolvente”
Por tradición los pobres eran los habitantes de las pensiones, de los conventillos o vecindades
construidos a principios del siglo XX en los barrios obreros de La Boca y Barracas, al sur de la ciudad.
Después, los asentamientos pobres aparecieron de la mano de inmigrantes procedentes del interior del país y
de los países limítrofes.
Actualmente la pobreza se puede dibujar a grosso modo de la siguiente forma: los barrios degradados
de la Capital Federal al sur de la avenida Rivadavia, las zonas de asentamientos pobres o villas miseria y de
ocupaciones colectivas de terrenos, pero también los fraccionamientos más alejados del centro de la ciudad,
en los municipios de la segunda corona del área metropolitana. Allí se encuentran reunidos los pobres
expulsados de la Capital Federal por los regímenes militares y por la carestía de los alquileres.
En Argentina,se especializaron las nuevas formas de pobreza urbana. Entre los censos de 1947 y 1980
se nota una mejoría en el hábitat, más fuerte en la Capital Federal que en los suburbios. Pero en el decenio
de los ‘80, las zonas de clases medias se degradan muy sensiblemente dentro de la capital. Al mismo tiempo,
la población de las villas miseria disminuye, en tanto que aquellas personas que viven bajo alguna forma de
usurpación y los que viven en pensiones aumentan rápidamente. Por otra parte, las ocupaciones de terrenos
en las periferias organizadas y militares en los años ‘80, se continuaron pero bajo una forma menos visible.
Así la especialización de la pobreza no solamente debe ser pensada en términos de enclave sino
también en términos de gradiente, como un fenómeno que toca a una gran parte del territorio y que acentúa
la frontera entre los distintos barrios.

Las lógicas de la demarcación


La caída brutal de gran parte de las clases medias “sin esperanza de un re-ascenso social”, es un dato
fundamental. Las estrategias puestas en marcha de los empobrecidos para atenuar los efectos permite
sospesar toda la importancia del capital espacial como elemento sólido de diferenciación.
- Entre los empobrecidos en función de su localización en la cuidad, la cuestión de la movilidad y de
los medios de transportes se vuelve central para comprender las formas de exclusión.
- Entre los verdaderos pobres y los empobrecidos, ya que el empobrecimiento y el desempleo rompen
el esquema bipolar anterior: de un lado los asalariados y del otro los pobres asistidos.
Para las clases empobrecidas se trata de marcar una diferencia entre ellos y nosotros.

Territorialidad exacerbada e identidad restringida


En la ideología fomentista, la separación entre los que tienen y los que no tienen siempre ha sido
notoria, y el rechazo de los que ponen en riesgo la fisionomía, la armonía, las sociabilidad del barrio,
también lo ha sido. Para los habitantes de los barrios populares periféricos, la regularización de los terrenos
de los “villeros” es percibida como una amenaza. Los propietarios debilitados por la crisis y por las políticas
de ajuste, no esperan nada de los gobiernos municipales a diferencia de los más pobres. Para ellos, los
problemas urgentes requieren de soluciones privadas.
A esta divergencia entre los propietarios y los no propietarios se superponen otras múltiples fronteras
en el interior del espacio. Las diferencias sutiles en el aspecto del barrio son vistas por los habitantes como
los signos de pertenencia o exclusión.
Estas múltiples fronteras que atraviesan los espacios de la periferia dan lugar a estrategias de eludir. A
formas de territorialidad exacerbada y a identidades restringidas. La ecuación vecindad/solidaridad parece
ser cada vez menos pertinente. Estas formas de territorialidad exacerbada y de identidad restringida aún
resultan acentuadas para la reducción de la movilidad espacial dentro de la ciudad. En el imaginario popular
de los jóvenes, la pobreza es inmovilidad. Para los sectores populares que pueden moverse y progresar, el
pobre es quien está y continuará estando en su lugar, siempre en su mismo y eterno lugar. El deterioro del
transporte público subvencionado y el encarecimiento de otros medios de transporte refuerzan
considerablemente el efecto de la distancia al centro y el sentimiento de exclusión.

III- Los barrios privados: ¿una forma de desolidarización activa?


Las estrategias defensivas de las clases empobrecidas van de la mano de la aparición de formas
residenciales que se pueden agrupar bajo la denominación de “urbanización privada”. Estas formas de
urbanización en conjunto se caracterizan por el acceso restringido sólo a los residentes del lugar. Esta
privatización del espacio público de la ciudad, que ha comenzado desde hace varios años, se extiende ahora
a las zonas de clases medias y populares, tal como ocurre en otras metrópolis latinoamericanas.
“Hacia una nueva geografía social...” | 3
Nos preguntamos si este modelo va a un repliegue en comunidades que buscan autonomizarse, en
comunidades que se autoabastecen pues en ellas todo lo que daría cuenta de la presencia pública es privado.
Este fenómeno, aparece como relativamente nuevo en Buenos Aires y no se puede dejar de señalar el
carácter paradójico de esta evolución reciente, dado que la cuidad privada va a contracorriente de la fuerte
tradición urbana de Buenos Aires.
La privatización del espacio público, plantea un interrogante respecto a la legislación que debe regir en
estos territorios. A excepción de casos estrepitosos de conflictos entre las autoridades locales y los
defensores de los countries, los municipios de la periferia resultan muy favorables a los barrios privados que
valorizan el suelo urbano, y en los que los residentes pagan elevados impuestos y crean empleos en distintos
servicios. Sin embargo, estas nuevas urbanizaciones no se efectúan sobre tierras vírgenes sino en franjas de
una inmensa metrópoli de 12 millones de habitantes, caracterizada por un proceso anterior de urbanización
popular, y en medio de periferias habitadas por poblaciones empobrecidas.
¿Quiénes son estos nuevos contratistas que dejan el centro de la cuidad con sólida urbanidad para ir a
vivir esta nueva aventura? Jóvenes parejas con hijos de corta edad que no tienen los medios para vivir en
barrios elegantes y céntricos y tener al mismo tiempo una casa de campo, población que también se
encuentra demasiado impregnada por la ideología destilada constantemente por algunos medios de
comunicación. Desde luego se trata de una ideología fundada en la familia, la vida al aire libre y mucho
énfasis en la seguridad, como los valores fundamentales.
La inseguridad y el discurso sobre la inseguridad han llegado a ser hoy en día uno de los problemas
claves. Esto puede resultar sorprendente. Sin embargo, el aumento de los asaltos a mano armada, los ataques
en los restaurantes de los elegantes barrios, han colocado esta cuestión en el centro del discurso mediático y
de las preocupaciones de los habitantes de la Capital Federal. El tema de la violencia urbana a alimentado
desde hacia tiempo este movimiento de desplazamiento hacia los barrios privados, aún cuando la
inseguridad golpea desde hace tiempo los barrios mas desprotegidos de la periferia. Sin embargo, en los
countries se tiene su propia policía. Todo transcurre como si el Estado sólo respondiera a las demandas de
seguridad de algunos grupos.
¿Cómo comprender estas formas de secesión? La secesión supone un movimiento en alguna forma
inverso; aquí son los ricos quienes se retiran, quienes toman distancia de los pobres para evitar toda forma
de conflicto. Este movimiento puede ser interpretado como la expresión espacial de la voluntad de algunos
grupos de no pagar por otros. En la misma lógica, paralelamente a la creación de los barrios privados, se
observa la expresión de localismos vigorosos en las zonas residenciales de la periferia, enclavados en los
municipios pobres que han tomado presencia por la creación de nuevas comunas.

“Hacia una nueva geografía social...” | 4


Unidad 3: Consumo e identidad

En esta clase la propuesta se centra en poder indagar el modo en que desarrolla


una práctica socialmente extendida, el consumo. De hecho, se buscará reflexionar acerca
de dos tópicos: por un lado, del peso de esta forma de relación social en tanto articuladora
de las identidades sociales. Y por otro, se pretenderá analizar los modos por medio de los
cuales ésta singular forma de apropiación de bienes determina la posibilidad del individuo
de definirse como un ser, como sujeto ante los demás y por lo tanto ser uno de los
elementos centrales que asegura un “mínimo de pertenencia”.
Por lo tanto, lo que en esta unidad se pretende poner en evidencia es que, por un
lado, el acto del consumo en el neoliberalismo va más allá del tener para pertenecer, sino
que la pertenencia es precedida por la posibilidad (o no) de ser un sujeto ante los demás.
En segundo lugar, el discurso publicitario, uno de los dispositivos fundamentales en la
construcción de los límites de posibilidad de ser un sujeto (para los demás y para sí) en
el neoliberalismo, es el encargado de adherirle a los objetos una serie de significados y
sentidos, mayormente atravesados por sensaciones y sentimientos.
Esto a su vez plantea una novedad: el capitalismo ya no ofrece exclusivamente
productos materiales en el mercado, sino que ofrece sensaciones enclavadas en los objetos
las cuales son tan fugaces como el mero acto de la adquisición del bien. Es a partir de esta
pátina de sentidos que los sujetos suelen adherir a las fantasías que se presentan, por
ejemplo como ciertos estilos de vida, si no como posibles de realizar, por lo menos como
una forma de acercamiento a lo que se ha señalado como “el” modo de vivir. Esto en un
mundo en el que la polarización social producto de la concentración de las riquezas es
cada vez mayor, permite que esas diferencias no sean percibidas por buena parte de
quienes consumen dado que por medio del acceso a esos bienes sienten que por un
instante pueden experimentar algo de lo que viven a quienes admiran, con lo que la
fantasía de la pertenencia individual se concreta. Se trata de una forma de organizar la
sociabilidad a partir de la exclusividad como el criterio central.
Sin embargo, inmediatamente después de la compra emerge una de las tensiones
más fuertes de esta lógica: los objetos que son señalados como referencia para la
construcción de las identidades sociales por lo general pierden su valor simbólico social
antes que su funcionamiento, es decir dejan de ser importantes socialmente a la hora de
otorgar estatus o pertenencia, antes que dejen de funcionar. Bajo esta lógica de
apropiación y valoración de los objetos lo desechable y la novedad pasaron a ser las
principales modos de interpela a los sujetos
De esta manera, el efecto que esto tiene los sujetos consumidores: una sensación
de desesperación por parte de quienes sienten que necesitan obligatoriamente de los
objetos o de determinados servicios para sentirse integrados, lo cual se troca en angustia
dado los veloces cambios, dado que muchos de los compradores no llegar a ser lo
suficientemente veloces (en realidad, financieramente solventes) para adaptarse a los
ritmos de cambio (modas) de lo socialmente requerido como garantía de integración.
En este escenario, la proliferación del endudamiento como mecanismo de acceso
a los bienes/servicios que garantizan la “entrada y permanencia” en la vida social, se ha
transformado en la contracara necesaria de una lógica social en la que los servicios
financieros.
Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

Introducción a la Edición en Inglés


El Diálogo Norte-Sur en los Estudios Culturales*

Una manera de anunciar este libro es decir que estudia la globalización como un proceso de
fraccionamiento articulado del mundo y recomposición de sus pedazos. Con esto quiero afirmar
que la globalización no es un simple proceso de homogeneización, sino de reordenamiento de las
diferencias y desigualdades sin suprimirlas: por eso la multiculturalidad es un tema indisociable de
los movimientos globalizadores.

Las investigaciones que aquí se presentan toman como objetos básicos de estudio las ciudades y las
industrias culturales de América Latina. En cierto modo, puede entenderse que el volumen esta
escrito desde este continente. Pero no concibo el desde como una mirada que pudiera colocarse
fuera de la globalización, ni como una posición cuya diferencia permitiría construir alternativas
radicales, o sea, una sociedad totalmente otra. ¿Qué significa que ya no sea posible pensar y actuar
desentendiéndose de los procesos globalizadores o, dicho de otro modo, de las tendencias
hegemónicas de la urbanización y la industrialización de la cultura? Algunos interpretan este hecho
como el triunfo del "pensamiento único" y el fin de la diversidad ideológica; por mi parte, prefiero
considerar esta situación corno un horizonte englobante pero abierto, relativamente indeterminado.
Para salir de esta opción es necesario examinar las condiciones concretas en que ahora se
desenvuelven las prácticas culturales en distintos países, la interacción de los proyectos
globalizadores con el modo en que la multiculturalidad perfila las relaciones sociales en cada región.

América Latina, como se sabe, fue "inventada" por Europa en un proceso de conquista y
colonización iniciado por España y Portugal, que se reelaboró luego de las intervenciones de
Francia, Inglaterra y otras naciones metropolitanas. Esas relaciones de dependencia, que en cada
periodo implicaron conflictos e hibridaciones, se fueron concentrando a lo largo del siglo XX en los
vínculos con los Estados Unidos. Pero este desplazamiento no puede verse como simple cambio
de amo. Las modificaciones ocurridas mientras se transitaba de la subordinación europea a la
norteamericana en los mercados agrícolas, industriales y financieros, en la producción, circulación
y consumo de tecnología y cultura, y en los movimientos poblacionales —turistas, migrantes,
exiliados— alteraron estructuralmente el carácter de esa dependencia.

Los cambios en estas cuatro instancias tratados en las próximas paginas —de las ciudades, los
mercados, los vínculos tecnología-cultura y los desplazamientos de población desactualizaron las
caracterizaciones construidas en el pasado para explicar las relaciones de América Latina con
Europa y Estados Unidos. Los vínculos que ahora nos hacen depender de este último país y de los
poderes globalizadores no se dejan explicar como una relación colonial, que implicó la ocupación
del territorio subordinado, ni tampoco imperialista, que supone una dominación lineal de un polo
imperial sobre naciones subalternas. Si ubicamos a Puerto Rico como parte de América Latina, la
condición colonial en su caso es evidente, pero los demás países latinoamericanos dejaron de ser
colonias hace uno o dos siglos. Lo que luego, durante un tiempo, se volvió subordinación al
imperialismo norteamericano se fue reordenando en una posición periférica y dependiente dentro
de un sistema mundial de intercambios desiguales diseminados.

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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

Otra aclaración necesaria. A veces suele interpretarse este giro de Europa a Estados Unidos como
el pasaje de un ejercicio sociopolítico a una sumisión socioeconómica: a través de la relación con
Europa los latinoamericanos habríamos aprendido a ser ciudadanos, en tanto los vínculos
preferentes con Estados Unidos nos reducirían a consumidores. Francia, Inglaterra, Alemania y en
vierta medida Estados Unidos inspiraron nuestras constituciones, la construcción de regímenes
republicanos y la participación de los ciudadanos en partidos políticos, sindicatos y movimientos
sociales. Estas influencias liberales fueron reelaboradas al confrontarlas con nuestra composición
social multiétnica y la peculiar evolución de nuestros regímenes democráticos.

Es innegable que en las últimas décadas la intensificación de las relaciones económicas y


culturales con Estados Unidos impulsa un modelo de sociedad donde muchas funciones del
Estado desaparecen o son asumidas por corporaciones privadas, y donde la participación social
se organiza a través del consumo más que mediante el ejercicio de la ciudadanía. El eficiente
desarrollo de nuestras democracias, su inestabilidad y la directa cancelación de los organismos de
representación ciudadana por las dictaduras de los años setenta y ochenta habrían colaborado
para que ese cambio de modelo metropolitano redujera las sociedades civiles latinoamericanas a
conjuntos atomizados de consumidores.

Este libro trata de entender por qué esta concepción es insuficiente para explicar las transfor-
maciones actuales en la articulación de lo que todos tenernos de ciudadanos y consumidores. El
ensamble entre ambos términos se altera en todo el mundo debido a cambios económicos,
tecnológicos y culturales, por los cuales las identidades se organizan cada vez menos en torno de
símbolos nacionales y pasan as formarse a partir de lo que proponen, por ejemplo, Hollywood,
Televisa y MTV. Para muchos hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, las preguntas propias de
los ciudadanos sobre cómo informarnos y quién representa nuestros intereses son respondidas
más por el consume privado de bienes y de medios de comunicación que por las reglas abstractas
de la democracia o por la participación en organizaciones políticas desacreditadas. Este proceso
puede ser entendido como pérdida y despolitización respecto de los ideales de la democracia
liberal o ilustrada. Pero también puede pensarse, como observan James Holston y Arjun
Appadurai, que la noción política de ciudadanía se expande al incluir derechos a la vivienda, la
salud, la educación y la apropiación de otros bienes en procesos de consumo. Es en este sentido
que propongo reconceptualizar el consumo, no como simple escenario de gastos inútiles e
impulsos irracionales sino como lugar que sirve para pensar, donde se organiza gran parte de la
racionalidad económica, sociopolítica y psicológica en las sociedades.

Ciudades

Reconocer estas transformaciones no significa auspiciar la disolución de la ciudadanía en el


consumo, ni de las naciones en la globalización, ni veta que eso sea lo que esta aconteciendo.
Entender las transiciones de las identidades "clásicas" (naciones, clases, etnias) que ya no nos
contienen como antes a las nuevas estructuras globales que atienden de otro modo nuestros
intereses y deseos, es pensar la recomposición de las relaciones sociales y las insatisfacciones de
fin de siglo. Estas insatisfacciones pueden ser tratadas coma un malestar de época, una crisis
universal de los paradigmas y las certidumbres, como lo hacen muchos discursos posmodernos, u

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

estudiando empíricamente sus peripecias en un contexto especifico. Tanto el primer estilo de


indagación, predominante en las humanidades y los cultural studies anglosajones, como el segundo,
propio de las ciencias sociales, que son más influyentes en los estudios culturales latinoamericanos,
tienen su legitimidad. La existencia en este libro de análisis sobre cómo se narra la crisis de la mul-
ticulturalidad en tiempos de globalización y de investigaciones empíricas sobre el modo en que esto
ocurre en ciudades y procesos comunicacionales revela el propósito de trabajar en ambos registros.

Esta voluntad de dialogo entre el pensamiento latinoamericano y el angloparlante, entre las


ciencias sociales y las humanidades (sin ver como correspondencia necesaria ambas parejas)
estuvo orientada por inquietudes sobre el futuro de la cultura latina dentro de un proceso de
globalización protagonizado, pero no gobernado, por la cultura norteamericana. No me resultó tan
evidente cuando lo escribí, pero a dos años de su publicación en español —y a la luz de
comentarios a estas páginas en países latinoamericanos y en el mundo anglosajón—, me di
cuenta de que esa preocupación guió mis exploraciones de los cambios en las industrias
comunicacionales y sus públicos en América Latina, su comparación con el espacio audiovisual
europeo y; de un modo menos explícito, el análisis de la descomposición y las mutaciones de las
grandes ciudades latinoamericanas.

El pasaje del origen latino-europeo a un "destino" norteamericano ha modificado no sólo a las


sociedades latinoamericanas, sino a las ciencias sociales, las artes y las referencias de autoridad y
prestigio en la cultura masiva. En menos de cincuenta años las capitales de nuestro pensamiento y
nuestra estética dejaron de ser París, Londres y en menor medida Madrid, Milan o Berlin, porque
sus lugares en el imaginario regional fueron ocupados por Nueva York para las élites intelectuales;
por Miami y Los Angeles para el turismo de clase media; por California, Texas, Nueva York y
Chicago para los trabajadores migrantes.

Es un dato revelador de la pérdida de importancia de la ciudad en su concepción europea, como


núcleo de la vida cívica y comercial; académica y artística, que las "metrópolis" estadounidenses
de muchos latinoamericanos ni siquiera sean ciudades; los universitarios aspiran, más que a
conocer las grandes urbes norteamericanas, a vivir en Stanford, Duke o Iowa, campus sin ciudad.
Los sectores medios apuntan sus fantasías a Disneylandia o Disneyworld, y a shopping centers
que, aun cuando estén dentro de ciudades, proponen recorridos desurbanizados si los pensamos
desde la imagen de las ciudades europeas, que sólo persisten en unas pocas excepciones
norteamericanas como Nueva York o San Francisco,

¿Qué tiene que ver esto con la desintegración de las megaciudades (y de tantas ciudades medias)
latinoamericanas, México y São Paulo, Caracas, Lima y Bogotá? Está claro que no se trata de
imposiciones imperialistas, ni de meras copias degradadas del urbanismo norteamericano. Si bien
en este libro analizo la pertinencia de. interpretar a algunas megalópolis de América Latina como
ciudades globales, las transformaciones que ocurren en ellas tienen como principales focos
generadores procesos intrínsecos derivados del desarrollo desigual y las contradicciones de estas
sociedades: migraciones masivas, contracción del mercado de trabajo; políticas urbanas, de
vivienda y de servicios insuficientes para la expansión poblacional y del espacio urbano, conflictos
interétnicos, deterioro de la calidad de vida y aumento alarmante de la inseguridad. Las grandes

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

ciudades del continente, que los gobiernos y los migrantes campesinos imaginaban hasta hace
pocos años como avanzadas de nuestra modernización, son hoy los escenarios caóticos de
mercados informales donde multitudes tratan de sobrevivir bajo formas arcaicas de explotación, o
en las redes de la solidaridad o de la violencia.

Todo esto debe ser visto como producto de dinámicas internas, y a la vez en relación con las nuevas
modalidades de subordinación de las economías periféricas, la reestructuración transnacional de los
mercados de bienes materiales y comunicacionales. De modo semejante a las ciudades del primer
mundo, muchas urbes latinoamericanas —al mismo tiempo que son laboratorios de una multi-
culturalidad degradada— se desarrollan como nodos estratégicos de la innovación comercial,
informática y financiera que dinamiza el mercado local al incorporarlo a circuitos transnacionales. Por
eso, la investigación de México y Sao Paulo puede ser tan fecunda como la de Nueva York o
Londres para explorar las rearticulaciones entre lo global y lo local, entre movimientos de
desterritorialización y reterritorialización. Aunque, como veremos, introduce en el debate sobre
urbanismo y globalización algunas cuestiones "heterodoxas", o quizá sólo acentúa contradicciones
visibles también en la multiculturalidad metropolitana.

Comunicaciones

El creciente diálogo entre especialistas en estudios culturales de Estados Unidos y América Latina
suele hacerse a través de análisis de discursos, en gran parte literarios y artísticos. Aun cuando es
un mérito de esta corriente haber reivindicado testimonios, textos populares y otros excluidos del
canon, generalmente las investigaciones se limitan a la cultura no industrializada, y su elaboración
critica queda circunscripta a las instituciones universitarias. Tiene una baja presencia en esta
conversación académica lo que ocurre en los medios masivos de comunicación, salvo cuando
puede ser reducido a las problemáticas legitimadas por el universo culto. La enorme expansión de
los estudios comunicacionales en Estados Unidos y América Latina, y sobre todo sus datos duros
acerca de las inversiones, la reestructuración industrializada de la producción simbólica y del
consumo masivo, rara vez encuentra eco en los estudios culturales. La apreciable "enciclopedia"
Cultural Studies, editada por Lawrence Grossberg, Any Nelson y Pamela Treichler, a lo largo de
sus 800 páginas no ofrece casi ningún dato duro, ni gráficas, en suma muy pocos materiales
empíricos, pese a que varios textos hablan de la comunicación, el consumo y la mercantilización
de la cultura. Es notable que unos pocos autores, entre ellos Grossberg, en otros trabajos
muestran una incisiva comprensión de la simbólica masiva (Grossberg, 1992).

Desde hace más de medio siglo los intercambios culturales entre Estados Unidos y América Latina
ocurren, más que en la literatura, las artes visuales o la cultura tradicional, en las industrias
comunicacionales. Aun el incremento de exposiciones artísticas y traducciones literarias en años
recientes, desarrollado a menudo bajo criterios de marketing y buscando la difusión masiva (desde
la muestra México: treinta siglos de esplendor, realizada en el Metropolitan Museum, hasta las
novelas de Isabel Allende, Laura Esquivel y Gabriel García Márquez), necesita ser analizado
también como parte de la industrialización de la cultura para captar una de las dimensiones claves
de su significado. Algo semejante sucede con los usos del patrimonio histórico en el turismo y la
circulación de músicas étnicas o .nacionales, que contribuyen a reproducir y renovar los

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

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imaginarios de la América del norte y la del sur. Pero es sobre todo en la competencia y las
alianzas entre empresas comunicacionales (de televisión, informática y aun editorial) que se está
gestionando la inter y la multiculturalidad.

Por eso, este libro —como otros escritos en los últimos años en América Latina (de Jesús Martín
Barbero, Renato Ortiz, Beatriz Sarlo) — intenta reubicar la teorización y los debates sobre identidad,
heterogeneidad e hibridación en la disputa por el espacio audiovisual que viene desarrollándose
entre Estados Unidos, Europa y América Latina. Más allá de que estos conflictos por la expansión
comunicacional reproducen y replantean los dilemas de los latinoamericanos entre ser latinos o ser
"americans", la elucidación conceptual y la investigación empírica de las diferencias y los encuentros
en este triángulo interregional son decisivas para reorientar las políticas culturales. No podemos
mantener en la academia la miopía anacrónica de las políticas estatales centradas en la
preservación de patrimonios monumentales y folclóricos, y la promoción, (cada vez con menores
recursos) de las artes cultas. Los efectos de la tendencia estadounidense a considerar las radios, los
canales de televisión y otros circuitos de comunicación masiva como simples negocios, extendida
ahora a los países europeos y latinoamericanos, no incitan sólo a revisar el dilema entre la propiedad
—estatal o privada— de estos medios. Hace necesario que los investigadores realicemos análisis
cuidadosos de la remodelación de los espacios públicos y de los dispositivos que se pierden o
recrean para el reconocimiento o la proscripción de las voces múltiples presentes en cada sociedad.

Algunos comentarios de especialistas europeos a lo que digo este libro me llevan a pensar que
idealicé un poco el valor ejemplar del espacio audiovisual europeo. Las privatizaciones de medios
comunicacionales efectuadas en España y Francia en los dos últimos años obligan a ser hoy
menos optimistas sobre la capacidad de la comunidad europea para proteger la esfera pública
mediática de las coacciones del mercado internacional Pero pienso que la descripción general de
las opciones de política cultural que aquí señalo, y el análisis de su significado para la
multiculturalidad, son aún pertinentes en el dialogo que apenas comienza entre los estudios
culturales latinoamericanos y los cultural studies estadunidenses. Quizás ésta sea una de las
zonas donde valdría retomar los aportes de los cultural studies británicos, más sensibles a la
importancia de la industrialización comunicacional, y cuya vitalidad y renovación tuve oportunidad
de comprobar en intervenciones como las de Stuart Hall y Phillip Schlensinger, entre otras, en la
reunión promovida en octubre de 1996 por la Universidad de Stirling entre especialistas europeos
y latinoamericanos (véase Media Development, 1, vol, XLIV, 1997).

En los estudios británicos también encontramos una preocupación mayor por el papel del Estado,
debido a que la función que ha tenido en ese país como representante de la esfera pública y
regulador de los intereses privados es históricamente más decisiva que en Estados Unidos.

Multiculturalidades

Si la relación con los movimientos globalizadores es distinta en el mundo anglosajón y en el latino ello
se debe, también, a diferencias notables entre los modos de concebir la multiculturalidad en ambas
regiones, que no había percibido claramente en el momento de escribir este libro. Como lo adelanté en
el texto que presenté en esa reunión de Stirling, quizá la discrepancia clave entre los estudios

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

culturales latinoamericanos y los cultural studies podría sintetizarse así: lo que en América Latina se ha
llamado más bien pluralismo o heterogeneidad cultural se piensa como parte de la nación, en tanto en
el debate estadounidense, como explican varios autores, "multiculturalismo significa separatismo"
(Hughes, Taylor, Walzer), Sabemos que, según dice Peter McLaren, conviene distinguir en Estados
Unidos entre un multiculturalismo conservador, otro liberal y otro liberal de izquierda. Para el primero, el
separatismo entre las etnias se halla subordinado a la hegemonía de los WASP y su canon que
estipula lo que se debe leer y aprender para ser culturalmente correcto. El multiculturalismo liberal
postula la igualdad natural y la equivalencia cognitiva entre razas, en tanto el de izquierda explica las
violaciones de esa igualdad por el acceso inequitativo a los bienes. Pero sólo unos pocos autores,
como McLaren, sostienen la necesidad de "legitimar múltiples tradiciones de conocimiento" a la vez, y
hacer predominar las construcciones solidarias sobre las reivindicaciones de cada grupo. Por eso,
pensadores como Michael Walzer expresan su preocupación porque "el conflicto agudo hoy en la vida
norteamericana no opone el multiculturalismo a alguna hegemonía o singularidad", a "una identidad
norteamericana vigorosa e independiente", sino "la multitud de grupos a la multitud de individuos..."
"Todas las voces son fuertes, las entonaciones son variadas y el resultado no es una música
armoniosa -contrariamente a la antigua imagen del pluralismo como sinfonías en la cual cada grupo
toca su parte (pero ¿quién escribió la música?- sino una cacofonía" (Walzer: 109 y 105).

Lo que podría llamarse el canon en las culturas latinoamericanas debe mucho a Europa, pero a lo
largo del siglo XX combina influencias de diferentes países europeos y las vincula de un modo
heterodoxo con diversas tradiciones nacionales. Autores como Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes
dan cita en sus obras a expresionistas alemanes, surrealistas franceses, novelistas checos, italianos,
irlandeses, autores que se desconocen entre si, pero que escritores de países periféricos, como
decía Borges, exagerando, "podemos manejar" "sin supersticiones", con "irreverencia". Si bien
Borges y Fuentes podrían ser casos extremos, encuentro en que los especialistas en humanidades y
ciencias sociales, y en general la producción cultural latinoamericana; se apropian críticamente de
los cánones metropolitanos, los reutilizan en relación con variadas necesidades nacionales. Además,
las sociedades latinoamericanas no se formaron con el modelo de las pertenencias étnico-
comunitarias, si no -como ya señalé- a partir de la idea laica de república y del individualismo
jacobino, con apertura a las modulaciones que ese modelo francés fue adquiriendo al interactuar con
la multiculturalidad latinoamericana.

Debido a esta historia diferente, no predomina en los países latinoamericanos la tendencia a resolver
los conflictos multiculturales mediante políticas de acción afirmativa. No han faltado en América
Latina fundamentalismos nacionalistas y etnicistas, que también promueven autoafirmaciones
excluyentes —absolutizan un solo patrimonio cultural, que ilusoriamente se cree puro — para resistir
la hibridación. Hay analogías entre el énfasis separatista, basado en la autoestima como clave para
la reivindicación de los derechos de las mujeres y las minorías en Estados Unidos, y algunos
movimientos indígenas y nacionalistas latinoamericanos que interpretan maniqueamente la historia
colocando todas las virtudes del propio lado y atribuyendo los déficits de desarrollo a los demás Sin
embargo, no fue la tendencia prevaleciente en nuestra historia.

Menos aún en este tiempo de globalización que vuelve más evidente la constitución híbrida de las
identidades étnicas y nacionales, la interdependencia asimétrica, desigual, pero insoslayable en

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

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medio de la cual deben defenderse los derechos de cada grupo. Por eso, los movimientos de
artistas e intelectuales que se identifican con demandas étnicas o regionales, por ejemplo las del
zapatismo en Chiapas, sitúan esa problemática particular, como los mismos zapatistas, en un
debate sobre la nación y sobre cómo reubicada en los conflictos internacionales. O sea, en una
crítica general sobre la modernidad. Aunque las controversias sobre la autonomía de Ios pueblos
indígenas muestran aspectos irresueltos de las relaciones entre independencia cultural o política y
la participación en procesos nacionales y globales.

Sujetos

Estas reflexiones conducen a una cuestión insinuada al principio, cuando afirmé que hablar desde
América Latina no implicas atribuir ninguna prerrogativa especial a lo que podría descubrirse y
criticarse desde una posición periférica. Las convergencias y diferencias al concebir la multiculturalidad
en distintas regiones se manifiestan también en los modos de situar los lugares de enunciación o los
puestos de observación de los investigadores que realizan estudios culturales. En el pensamiento
norteamericano se hallan constantes cuestionamientos a las teorías universalistas que han
contrabandeado, bajo apariencias de objetividad, las perspectivas coloniales, occidentales, masculinas,
blancas y de otros sectores. Algunas de estas críticas desconstruccionistas han sido elaboradas
también en las ciencias sociales y las humanidades latinoamericanas: pensadores nacionalistas,
marxistas y otros asociados a la teoría de la dependencia plantearon objeciones semejantes a teorías
sociales y culturales metropolitanas y utilizaron creativamente, desde la década de los sesenta, las
obras de Gramsci y Fanon, que en los últimos años los cultural studies estadounidenses —y algunos
latinoamericanistas — proponen cono novedades sin ninguna referencia a las reelaboraciones hechas
en América Latirla de tales autores, con objetivos análogos. En cambio, en otros aspectos, como los
aportes del pensamiento feminista a los estudios culturales; su desarrollo es débil en casi todos los
principales especialistas latinoamericanos, aunque el diálogo más fluido con la academia anglosajona
esta reequilibrando un poco esta carencia (Buarque de Hollanda, Richard).

¿Puede esperarse una renovación radical de estas reivindicaciones de actores periféricos o


excluidos? ¿Cuál es la relación entre la creatividad gnoseológica y los poderes sociales o
geopolíticos? Después de haberse atribuido en los años sesenta y setenta capacidades especiales
para generar conocimientos "mas verdaderos" a ciertas posiciones sociales (los colonizados, los
subalternos, los obreros y los campesinos) ahora muchos pensamos que no existen posiciones
privilegiadas para la legitimación del saber. Múltiples argumentos epistemológicos, y los repetidos
fracasos históricos de esta sobrevaloración de posiciones oprimidas como fuente de conocimiento,
desalientan su restauración.

Si prestamos atención a los riesgos fundamentalistas de las concepciones que colocan la


identidad, y su autoafirmación, como objeto central de las investigaciones y las políticas, como lo
señala por ejemplo David Theo Goldberg, es conveniente desplazar el eje de análisis a la
heterogeneidad y la hibridación. El especialista en cultura gana poco estudiando el mundo desde
identidades parciales: ni desde las metrópolis ni desde las naciones periféricas o poscoloniales ni
desde las élites, ni desde los grupos subalternos, ni desde una disciplina aislada, ni desde el saber
totalizado. El que realiza estudios culturales habla desde las intersecciones.

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

Adoptar el punto de vista de los oprimidos o excluidos puede servir en la etapa de descubrimiento,
para generar hipótesis o contrahipotesis que desafíen los saberes constituidos, para hacer visibles
campos de lo real descuidados por el conocimiento hegemónico. Pero en el momento de la
justificación epistemológica conviene desplazarse entre las intersecciones, en las zonas donde las
narrativas se oponen y se cruzan. Sólo en esos escenarios de tensión, encuentro y conflicto es
posible pasar de las narraciones sectoriales (o francamente sectarias) a la elaboración de
conocimientos capaces de desconstruir v controlar los condicionamientos de cada enunciación.

Esto implica pasar también de concebir a los estudios culturales sólo como un análisis
hermenéutico a un trabajo científico que combine la significación y los hechos, los discursos y sus
arraigos empíricos. En suma, se trata de construir una racionalidad que pueda entender las
razones de cada uno y la estructura de los conflictos y las negociaciones.

En la medida en que el especialista en estudios culturales quiere realizar un trabajo científicamente


consistente, su objetivo final no es representar la voz de los silenciados sino entender y nombrar los
lugares donde sus demandas o su vida cotidiana entran en conflicto con los otros. Las categorías de
contradicción y conflicto están, por lo tanto, en el núcleo de esta manera de concebir los estudios
culturales. Pero no para ver el mundo desde un solo lugar de la contradicción sino para comprender
su estructura actual y su dinámica posible. Las utopías de cambio y justicia, en este sentido, pueden
articularse con el proyecto de los estudios culturales, no como prescripción del modo en que deben
seleccionarse y organizarse los datos sino como estímulo para indagar bajo qué condiciones (reales)
lo real pueda dejar de ser la repetición de la desigualdad y la discriminación, para convertirse en
escena del reconocimiento de los otros. Retomo aquí una propuesta de Paul Ricoeur cuando, en su
crítica al multiculturalismo norteamericano, sugiere cambiar el énfasis sobre la identidad a una
política de reconocimiento. "En la noción de identidad hay solamente la idea de lo mismo, en tanto
reconocimiento es un concepto que integra directamente la alteridad, que permite una dialéctica de
lo mismo y de lo otro. La reivindicación de la identidad tiene siempre algo de violento respecto del
otro. AI contrario, la búsqueda del reconocimiento implica la reciprocidad" (Ricoeur, 1995-96).

Aun para producir bloques históricos que promuevan políticas contrahegemónicas (Beverly) —
interés que comparto— es conveniente distinguir entre conocimiento y acción, entre acción y
actuación. O sea: entre ciencia, política y teatro. Un conocimiento descentrado de la propia
perspectiva, que no quede subordinado a las posibilidades de actuar transformadoramente o de
dramatizar la propia posición en los conflictos, puede ayudar a comprender mejor las múltiples
perspectivas en cuya interacción se forma cada estructura intercultural. Los estudios culturales,
entendidos como estudios científicos, pueden ser ese modo de renunciar a la parcialidad del
propio punto de vista para reivindicarlo como sujeto no delirante de la acción política.

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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

Introducción
Consumidores del siglo XXI, ciudadanos del XVIII

Este libro trata de entender cómo los cambios en la manera de consumir han alterado las
posibilidades y las formas de ser ciudadano. Siempre el ejercicio de la ciudadanía estuvo asociado
a la capacidad de apropiarse de los bienes y a los modos de usarlos, pero se suponía que esas
diferencias estaban niveladas por la igualdad en derechos abstractos que se concretaban al votar,
al sentirse representado por un partido político o un sindicato. Junto con la descomposición de la
política y el descreimiento en sus instituciones, otros modos de participación ganan fuerza.
Hombres y mujeres perciben que muchas de las preguntas propias de los ciudadanos -a dónde
pertenezco y qué derechos me da, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- se
contestan más en el consumo privado de bienes y de los medios masivos que en las reglas
abstractas de la democracia o en la participación colectiva en espacios públicos.

En un tiempo en el que las campañas electorales se trasladan de los mítines a la televisión, de las
polémicas doctrinarias a la confrontación de imágenes y de la persuasión ideológica a las
encuestas de marketing, es coherente que nos sintamos convocados como consumidores aun
cuando se nos interpele como ciudadanos. Si la tecnoburocratización de las decisiones y la
uniformidad internacional impuesta por los neoliberales en la economía reducen lo que está sujeto
a debate en la orientación de las sociedades, pareciera que éstas se planifican desde instancias
globales inalcanzables y que lo único accesible son los bienes y mensajes que llegan a nuestra
propia casa y usamos "como nos parece".

Lo propio y lo ajeno: una oposición que se desdibuja

Se puede percibir la radicalidad de estos cambios examinando el modo en que ciertas frases del
sentido común fueron variando su significado hasta perderlo. A mediados de este siglo, era
frecuente en algunos países latinoamericanos que una discusión entre padres e hijos sobre lo que
la familia podía comprar o sobre la competencia con los vecinos terminara con el dictamen
paterno: "Nadie está contento con lo que tiene". Esa "conclusión" manifestaba muchas ideas a la
vez: la satisfacción por lo que habían conseguido quienes pasaron del campo a las ciudades, por
los avances de la industrialización y el advenimiento a la existencia cotidiana de nuevos recursos
de confort (la luz eléctrica, el teléfono, la radio, quizá el coche), todo lo que los hacía sentir
privilegiados habitantes de la modernidad. Quienes pronunciaban esa frase estaban contestando a
los hijos que arribaban a la educación media o superior y desafiaban a los padres con nuevas
demandas. Respondían a la proliferación de aparatos electrodomésticos, a los nuevos signos de
prestigio y las ideas políticas más radicales, a innovaciones del arte y la sensibilidad, aventuras de
las ideas y los afectos a las que les costaba incorporarse.

Las luchas generacionales acerca de lo necesario y lo deseable muestran otro modo de establecer
las identidades y construir lo que nos distingue. Nos vamos alejando de la época en que las
identidades se definían por esencias ahistóricas: ahora se configuran más bien en el consumo,

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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

dependen de lo que uno posee o es capaz de llegar a apropiarse. Las transformaciones


constantes en las tecnologías de producción, en el diseño de los objetos, en la comunicación más
extensiva e intensiva entre sociedades -y de lo que esto genera en la ampliación de deseos y
expectativas- vuelven inestables las identidades fijadas en repertorios de bienes exclusivos de una
comunidad étnica o nacional. Esa versión política del estar contento con lo que se tiene que fue el
nacionalismo de los años sesenta y setenta, es vista hoy como el último esfuerzo de las elites
desarrollistas, las clases medias y algunos movimientos populares por contener dentro de las
tambaleantes fronteras nacionales de explosión globalizada de las identidades y de los bienes de
consumo que las diferenciaban.

Finalmente, la frase perdió sentido. ¿Cómo vamos a estar felices con lo propio cuando ni siquiera
se sabe qué es? En los siglos XIX y XX, la formación de naciones modernas permitió trascender
las visiones aldeanas de campesinos e indígenas, y a su vez evitó que nos disolviéramos en la
vasta dispersión del mundo. Las culturas nacionales parecían sistemas razonables para preservar,
dentro de la homogeneidad industrial, ciertas diferencias y cierto arraigo territorial, que más o
menos coincidían con los espacios de producción y circulación de los bienes. Comer como
español, brasileño o mexicano era no sólo guardar tradiciones específicas, sino alimentarse con
los productos de la propia sociedad, que estaban a la mano y solían ser más baratos que los
importados. Una prenda de ropa, un coche o un programa de televisión resultaban más accesibles
si eran nacionales. El valor simbólico de consumir "lo nuestro" estaba sostenido por una
racionalidad económica. Buscar bienes y marcas extranjeros era un recurso de prestigio y a veces
una elección de calidad. General Electric o Pierre Cardin: la internacionalización como símbolo de
status. Kodak, los hospitales de Houston y Visconti representaban la industria, la atención médica
y el cine que los países periféricos no teníamos, pero podríamos llegar a tener.

Esta oposición esquemática, dualista, entre lo propio y lo ajeno, no parece guardar mucho sentido
cuando compramos un coche Ford montado en España, con vidrios hechos en Canadá,
carburador italiano, radiador austriaco, cilindros y baterías ingleses y el eje de transmisión francés.
Enciendo mi televisor fabricado en Japón y lo que veo es un film-mundo, producido en Hollywood,
dirigido por un cineasta polaco con asistentes franceses, actores y actrices de diez nacionalidades,
y escenas filmadas en los cuatro países que pusieron financiamiento para hacerlo. Las grandes
empresas que nos suministran alimentos y ropa, nos hacen viajar y embotellarnos en autopistas
idénticas en todo el planeta, fragmentan el proceso de producción fabricando cada parte de los
bienes en los países donde el costo es menor. Los objetos pierden la relación de fidelidad con los
territorios originarios. La cultura es un proceso de ensamblado multinacional, una articulación
flexible de partes, un montaje de rasgos que cualquier ciudadano de cualquier país, religión o
ideología puede leer y usar.

Lo que diferencia a la internacionalización de la globalización es que en el tiempo de


internacionalización de las culturas nacionales se podía no estar contento con lo que se tenía y
buscarlo en otra parte. Pero la mayoría de los mensajes y bienes que consumíamos se
generaba en la propia sociedad, y había aduanas estrictas, leyes de protección a lo que cada
país producía. Ahora lo que se produce en todo el mundo está aquí y es difícil saber qué es lo
propio. La internacionalización fue una apertura de las fronteras geográficas de cada sociedad

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

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para incorporar bienes materiales y simbólicos de las demás. La globalización supone una
interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas, bienes y servicios
generados por un sistema con muchos centros, en el que importa más la velocidad para recorrer
el mundo que las posiciones geográficas desde las cuales se actúa.

Hay dos maneras de interpretar el descontento contemporáneo suscitado por la globalización.


Algunos autores posmodernos se fijan en los sectores para los cuales el problema no es tanto lo
que les falta, sino que lo que tienen se vuelve a cada instante obsoleto o fugaz. Analizaremos esta
cultura de lo efímero al ocuparnos del pasaje de los espectadores que seleccionaban las películas
por los nombres de los directores y los actores, por su ubicación en la historia del cine, a los
videófilos interesados casi únicamente en los estrenos. Mucho de lo que se hace ahora en las
artes se produce y circula según las reglas de las innovaciones y la obsolescencia periódica, no
debido al impulso experimental, como en tiempos de las vanguardias, sino porque las
manifestaciones culturales han sido sometidas a los valores que "dinamizan" el mercado y la
moda: consumo incesantemente renovado, sorpresa y entretenimiento. Por razones semejantes la
cultura política se vuelve errática: desde que se desvanecieron los relatos emancipadores que
veían las acciones presentes como parte de una historia y búsqueda de un futuro renovador, las
decisiones políticas y económicas se toman siguiendo las seducciones inmediatistas del consumo,
el libre comercio sin memoria de sus errores, la importación atropellada de los últimos modelos
que lleva a recaer, una y otra vez, como si cada una fuera la primera, en el endeudamiento y la
crisis de la balanza de pagos.

Pero una visión integral también debe dirigir la mirada hacia los grupos donde las carencias se
multiplican. El modo neoliberal de hacer la globalización consiste en reducir empleos para reducir
los costos, compitiendo entre empresas transnacionales que no se sabe desde dónde se dirigen,
de manera que los intereses sindicales y nacionales casi no pueden ejercerse. Todo ello lleva a
que más del 40% de la población latinoamericana esté privada de trabajos estables y seguridades
mínimas, sobreviva en las aventuras también globalizadas del comercio informal, de la electrónica
japonesa vendida junto a ropas del sudeste asiático, junto a hierbas esotéricas y artesanías
locales, en los alrededores de los semáforos; en esos vastos "suburbios" que son los centros
históricos de las grandes ciudades, hay pocas razones para estar contentos mientras lo que llega
de todas partes se ofrece y se disemina para que algunos tengan e inmediatamente olviden.

Qué duda cabe

Al mismo tiempo que admitimos como una tendencia irreversible la globalización, queremos participar
con este libro en dos movimientos actuales de sospecha: los que desconfían de que lo global se
presente como sustituto de lo local, y de que el modo neoliberal de globalizamos sea el único posible.

Si consideramos las maneras diversas en que la globalización incorpora a distintas naciones, y a


distintos sectores dentro de cada nación, su trato con las culturas locales y regionales no puede
ser pensado como si sólo buscara homogeneizarlas. Muchas diferencias nacionales persisten bajo
la transnacionalización, pero además el modo en que el mercado reorganiza la producción y el

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consumo para obtener mayores ganancias y concentrarlas convierte esas diferencias en


desigualdades. Surge, entonces, la pregunta de si el estilo neoliberal de globalizarnos es el único,
o el más satisfactorio, para efectuar la reestructuración transnacional de las sociedades.

Responder a esta pregunta requiere, evidentemente, profundizar el debate económico sobre las
contradicciones del modelo neoliberal. Pero también hay que examinar lo que la globalización, el
mercado y el consumo tienen de cultura. Nada de esto existe, o se transforma, sino porque los
hombres nos relacionamos y construimos significados en sociedad. Aunque parezca trivial evocar
este principio, demasiado a menudo los problemas del consumo y el mercado se plantean sólo
como asuntos de eficiencia comercial, y la globalización como la manera de llegar rápido a más
ventas. Son interpretaciones posibles de por qué los hombres vivimos juntos si se mira todo desde
los negocios y la publicidad.

¿Qué otras perspectivas existen hoy? Hasta hace pocos años se pensaba como alternativa la
mirada política. El mercado desacreditó esta actividad de una manera curiosa: no sólo luchando
contra ella, exhibiéndose más eficaz para organizar las sociedades, sino también devorándola,
sometiendo la política a las reglas del comercio y la publicidad, del espectáculo y la corrupción. Es
necesario, entonces, ir hacia el núcleo de lo que en la política es relación social: el ejercicio de la
ciudadanía. Y sin desvincular esta práctica de las actividades a través de las cuales sentimos que
pertenecemos, que formamos parte de redes sociales, en esta época globalizada, o sea
ocupándonos del consumo.

Para vincular el consumo con la ciudadanía, y a ésta con aquél, hay que desconstruir las
concepciones que encuentran los comportamientos de los consumidores predominantemente
irracionales y las que sólo ven a los ciudadanos actuando en función de la racionalidad de los
principios ideológicos. En efecto, se suele imaginar al consumo como lugar de lo suntuario y
superfluo, donde los impulsos primarios de los sujetos podrían ordenarse con estudios de mercado
y tácticas publicitarias. Por otra parte, se reduce la ciudadanía a una cuestión política y se cree
que la gente vota y actúa respecto de las cuestiones públicas sólo por sus convicciones
individuales y por la manera en que razona en los debates de ideas. Esta separación persiste aun
en los últimos textos de un autor tan lúcido como Jürgen Habermas, cuando realiza la autocrítica a
su viejo libro sobre el espacio público buscando "nuevos dispositivos institucionales adecuados
para oponerse a la clientelización del ciudadano".1

Al analizar en el primer capítulo de este volumen cómo el consumo sirve para pensar partimos de
la hipótesis de que, cuando seleccionamos los bienes y nos apropiamos de ellos, definimos lo que
consideramos públicamente valioso, las maneras en que nos integramos y nos distinguimos en la
sociedad, en que combinamos lo pragmático y lo disfrutable. Luego, exploramos cómo podría
cambiar la visión del consumo y de la ciudadanía si se les examinara conjuntamente, con
instrumentos de la economía y la sociología política, pero también como procesos culturales y, por
tanto, con los recursos de la antropología para tratar la diversidad y la multiculturalidad. Coincido,
así, con los estudios sobre ciudadanía cultural que se están efectuando en Estados Unidos: ser
ciudadano no tiene que ver sólo con los derechos reconocidos por los aparatos estatales a
quienes nacieron en un territorio, sino también con las prácticas sociales y culturales que dan

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

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sentido de pertenencia y hacer sentir diferentes a quienes poseen una misma lengua, semejantes
formas de organizarse y satisfacer sus necesidades.2

Sin embargo, cabe aclarar que los trabajos estadounidenses sobre ciudadanía cultural van
dirigidos a legitimar a las minorías, cuyas prácticas lingüísticas, educativas y de género no son
suficientemente reconocidas por el Estado. Comparto el interés por abrir la noción estatizante de
ciudadanía a esa diversidad multicultural, pero -como se verá por la importancia concedida en este
libro a las políticas culturales- pienso que la afirmación de la diferencia debe unirse a una lucha por
la reforma del Estado, no simplemente para que acepte el desarrollo autónomo de "comunidades"
diversas, sino también para garantizar igualdad de acceso a los bienes de la globalización.

También en América Latina la experiencia de los movimientos sociales está llevando a redefinir lo
que se entiende por ciudadano, no sólo en relación con los derechos a la igualdad sino también
con los derechos a la diferencia. Esto implica una desustancialización del concepto de ciudadanía
manejado por los juristas: más que como valores abstractos, los derechos importan como algo que
se construye y cambia en relación con prácticas y discursos. La ciudadanía y los derechos no
hablan únicamente de la estructura formal de una sociedad; además, indican el estado de la lucha
por el reconocimiento de los otros como sujetos de "interés válidos, valores pertinentes y
demandas legítimas". Los derechos son reconceptualizados "como principios reguladores de las
prácticas sociales, definiendo las reglas de las reciprocidades esperadas en la vida en sociedad a
través de la atribución mutuamente acordada (y negociada) de las obligaciones y
responsabilidades, garantías y prerrogativas de cada uno". Se concibe a los derechos como
expresión de un orden estatal y como "una gramática civil".3

En verdad, apenas estamos alcanzando este equilibrio entre Estado y sociedad. El rechazo a la
dominación y al monolitismo estatales hicieron sobrevalorar en los años setenta y ochenta la
autonomía y la fuerza transformadora de los movimientos sociales. Reconcebir la ciudadanía como
"estrategia política"4 sirve para abarcar las prácticas emergentes no consagradas por el orden
jurídico, el papel de las subjetividades en la renovación de la sociedad, y, a la vez, para entender
el lugar relativo de estas prácticas dentro del orden democrático y buscar nuevas formas de
legitimidad estructuradas en forma duradera en otro tipo de Estado. Supone tanto reivindicar los
derechos de acceder y pertenecer al sistema socio-político como el derecho a participar en la
reelaboración del sistema, definir por tanto aquello en lo cual queremos ser incluidos.

Al repensar la ciudadanía en conexión con el consumo y como estrategia política, buscamos un


marco conceptual en el que puedan considerarse conjuntamente las actividades del consumo
cultural que configuran una dimensión de la ciudadanía, y trascender el tratamiento atomizado con
que ahora se renueva su análisis. La insatisfacción con el sentido jurídico-político de ciudadanía
está llevando a defender la existencia, como dijimos, de una ciudadanía cultural, y también de una
ciudadanía racial, otra de género, otra ecológica, y así podemos seguir despedazando la
ciudadanía en una multiplicidad infinita de reivindicaciones.5 En otro tiempo el Estado daba un
encuadre (aunque fuera injusto y sesgado) a esa variedad de participaciones en la vida pública;
actualmente, el mercado establece un régimen convergente para esas formas de participación a
través del orden del consumo. En respuesta, necesitamos una concepción estratégica que articule

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

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las diferentes modalidades de ciudadanía en los escenarios viejos y nuevos, pero estructurados
complementariamente, del Estado y el mercado.

Esta revisión de los vínculos entre Estado y sociedad no puede hacerse sin tener en cuenta las
nuevas condiciones culturales de rearticulación entre lo público y lo privado. Sabemos que el ámbito
de lo público, como escenario donde los ciudadanos discuten y deciden los asuntos de interés
colectivo, se formó a partir del siglo XVIII en países como Alemania y Francia con un alcance
restringido. Quienes leían y participaban en círculos ilustrados establecieron una cultura democrática
centrada en la crítica racional. Pero las reglas y los rituales de ingreso a los salones de la burguesía
democratizadora limitaban el debate sobre el interés común a quienes podían informarse leyendo y
comprender lo social desde las reglas comunicativas de la escritura. Hasta mediados del siglo XX,
los vastos sectores excluidos de la esfera pública burguesa -mujeres, obreros, campesinos- eran
pensados, en el mejor de los casos, como virtuales ciudadanos que podían irse incorporando a las
deliberaciones sobre el interés común en la medida en que se educaran en la cultura letrada. Por
eso, los partidos de izquierda y los movimientos sociales que representaban a los excluidos
manejaron una política cultural gutemberguiana: libros, revistas, panfletos.

Unos pocos intelectuales y políticos (por ejemplo, Mijaíl Bajtín, Antonio Gramsci, Raymond
Williams y Richard Hoggart) fueron admitiendo la existencia paralela de culturas populares que
constituían "una esfera pública plebeya", informal, organizada por medio de comunicaciones orales
y visuales más que escritas. En muchos casos, tendían a verla -al modo de Günther Lottes en un
texto no tan lejano, de 1979- como "una variante de la esfera pública burguesa", cuyo "potencial
emancipador" y sus "presuposiciones sociales han sido suspendidos".6 Algunos autores
latinoamericanos venimos trabajando en el estudio y reconocimiento cultural de estas modalidades
diversas de comunicación, pero hemos hecho poco en la valoración teórica de estos circuitos
populares como foros donde se desarrollan redes de intercambio de información y aprendizaje de
la ciudadanía en relación con el consumo de los medios masivos contemporáneos, más allá de las
idealizaciones fáciles del populismo político y cornunicacional.7

No fueron tanto las revoluciones sociales, ni el estudio de las culturas populares, ni la


sensibilidad excepcional de algunos movimientos alternativos en la política y en el arte, como
el crecimiento vertiginoso de las tecnologías audiovisuales de comunicación lo que volvió
patente de qué manera venían cambiando desde el siglo pasado el desarrollo de lo público y
el ejercicio de la ciudadanía. Pero estos medios electrónicos que hicieron irrumpir a las masas
populares en la esfera pública fueron desplazando el desempeño ciudadano hacia las prácticas de
consumo. Se establecieron otros modos de informarse, de entender las comunidades a las que se
pertenece, de concebir y ejercer los derechos. Desilusionados de las burocracias estatales,
partidarias y sindicales, los públicos acuden a la radio y la televisión para lograr lo que las
instituciones ciudadanas no proporcionan: servicios, justicia, reparaciones o simple atención. No
se puede afirmar que los medios masivos con teléfono abierto, o que reciben a sus receptores
en los estudios, sean más eficaces que los organismos públicos, pero fascinan porque
escuchan y la gente siente que no hay que "atenerse a dilataciones, plazos, procedimientos
formales que difieren o trasladan las necesidades... La escena televisiva es rápida y parece
transparente; la escena institucional es lenta y sus formas (precisamente las formas que

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

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hacen posible la existencia de instituciones) son complicadas hasta la opacidad que engendra
la desesperanza".8

Sin embargo, no se trata simplemente de que los viejos agentes -partidos, sindicatos,
intelectuales- hayan sido reemplazados por los medios de comunicación. La aparición súbita de
estos medios pone en evidencia una reestructuración general de las articulaciones entre lo público
y lo privado que se aprecia también en el reordenamiento de la vida urbana, la declinación de las
naciones como entidades contenedoras de lo social y la reorganización de las funciones de los
actores políticos tradicionales. Por eso, la investigación de las transformaciones suscitadas por las
industrias culturales es precedida en la primera sección de este libro por la remodelación del
consumo y de la vida cotidiana en las megaciudades. Los cambios comunicacionales y
tecnológicos son leídos como parte de reestructuraciones más amplias.

La nueva escena sociocultural

Podemos sintetizar en cinco procesos las modificaciones socioculturales que están ocurriendo en
todos estos campos:

a) Un redimensionamiento de las instituciones y los circuitos de ejercicio de lo público: pérdida de


peso de los organismos locales y nacionales en beneficio de los conglomerados empresariales de
alcance transnacional.

b) La reformulación de los patrones de asentamiento y convivencia urbanos: del barrio a los


condominios, de las interacciones próximas a la diseminación policéntrica de la mancha urbana,
sobre todo en las grandes ciudades, donde las actividades básicas (trabajar, estudiar, consumir)
se realizan a menudo lejos del lugar de residencia y donde el tiempo empleado para desplazarse
por lugares desconocidos de la ciudad reduce el disponible para habitar el propio.

c) La reelaboración de "lo propio", debido al predominio de los bienes y mensajes procedentes de


una economía y una cultura globalizadas sobre los generados en la ciudad y la nación a las cuales
se pertenece.

d) La consiguiente redefinición del sentido de pertenencia e identidad, organizado cada vez menos
por lealtades locales o nacionales y más por la participación en comunidades transnacionales o
desterritorializadas de consumidores (los jóvenes en torno del rock, los televidentes que siguen los
programas de CNN, MTV y otras cadenas transmitidas por satélites).

e) El pasaje del ciudadano como representante de una opinión pública al ciudadano como
consumidor interesado en disfrutar de una cierta calidad de vida. Una de las manifestaciones de
este cambio es que las formas argumentativas y críticas de participación ceden su lugar al goce de
espectáculos en los medios electrónicos, en los cuales la narración o simple acumulación de
anécdotas prevalece sobre el razonamiento de los problemas, y la exhibición fugaz de los
acontecimientos sobre su tratamiento estructural y prolongado.

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Muchos de estos cambios eran incipientes en los procesos de industrialización de la cultura desde
el siglo XIX. Se comprueba en los estudios sobre las raíces de la telenovela en el teatro de plaza y
el folletín, los antecedentes de la masificación radial y televisiva en lo que antes hicieron la escuela
y la Iglesia, 9 en suma, las bases culturales de lo que ahora se identifica como la esfera pública
plebeya. Lo novedoso de la segunda mitad del siglo XX es que estas modalidades audiovisuales y
masivas de organización de la cultura fueron subordinadas a criterios empresariales de lucro, así
como a un ordenamiento global que desterritorializa sus contenidos y formas de consumo. La
conjunción de las tendencias desreguladoras y privatizadoras con la concentración transnacional
de las empresas ha reducido las voces públicas, tanto en la "alta cultura" como en la popular. Esta
reestructuración de las prácticas económicas y culturales conduce a una concentración hermética
de las decisiones en elites tecnológico-económicas y genera un nuevo régimen de exclusión de las
mayorías incorporadas como clientes. La pérdida de eficacia de las formas tradicionales e ilustradas
de participación ciudadana (partidos, sindicatos, asociaciones de base) no es compensada por la
incorporación de las masas como consumidoras u ocasionales participantes de los espectáculos
que los poderes políticos, tecnológicos y económicos ofrecen en los medios.

Podríamos decir que en el momento en que estamos saliendo del siglo XX las sociedades se
reorganizan para hacernos consumidores del siglo XXI y regresarnos como ciudadanos al XVIII. La
distribución global de los bienes y de la información permite que en el consumo los países
centrales y periféricos se acerquen: compramos en supermercados análogos los productos
transnacionales, vemos en la televisión las últimas películas de Spielberg o Wim Wenders, las
Olimpiadas de Barcelona, la caída de un presidente de Asia o América Latina filmada en directo y
los destrozos del último bombardeo serbio. En los países latinoamericanos se transmiten en
promedio más de 500 mil horas anuales de televisión, mientras los de la Europa latina cuentan
sólo con 11 mil; en Colombia, Panamá, Perú y Venezuela hay más de una videocasetera por cada
tres hogares con televisión, proporción más alta que en Bélgica (26.3%) o Italia (16.9%).10 Somos
subdesarrollados en la producción endógena para los medios electrónicos, pero no en el consumo.

¿Por qué este acceso simultáneo a los bienes materiales y simbólicos no va junto con un ejercicio
global y más pleno de la ciudadanía? El acercamiento al confort tecnológico y a la información
actual de todas partes coexiste con el resurgimiento de etnocentrismos fundamentalistas que
aíslan a pueblos enteros o los enfrentan mortalmente, como a los ex yugoeslavos y a los
ruandeses. La contradicción estalla, sobre todo, en los países periféricos y en las metrópolis donde
la globalización selectiva excluye a desocupados y migrantes de los derechos humanos básicos:
trabajo, salud, educación, vivienda. El proyecto iluminista de generalizar esos derechos llevó a
buscar, a lo largo de los siglos XIX y XX, que la modernidad fuera el hogar de todos. Al imponerse
la concepción neoliberal de la globalización, según la cual los derechos son desiguales, las
novedades modernas aparecen para la mayoría sólo como objetos de consumo, y para muchos
apenas como espectáculo. El derecho de ser ciudadano, o sea, de decidir cómo se producen, se
distribuyen y se usan esos bienes, queda restringido otra vez a las elites.

Sin embargo, cuando se reconoce que al consumir también se piensa, se elige y reelabora el
sentido social hay que analizar cómo interviene esta área de apropiación de bienes y signos en
formas más activas de participación que las que habitualmente se ubican bajo el rótulo de

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consumo. En otros términos, debemos preguntarnos si al consumir no estamos haciendo algo que
sustenta, nutre y hasta cierto punto constituye un nuevo modo de ser ciudadanos.

Si la respuesta es positiva, será preciso aceptar que el espacio público desborda ahora la esfera
de las interacciones políticas clásicas. Lo público es "el marco `mediático' gracias al cual el
dispositivo institucional y tecnológico propio de las sociedades posindustriales es capaz de
presentar a un `público' los múltiples aspectos de la vida social".11

Del pueblo a la sociedad civil

Estudiar la reestructuración de los vínculos entre consumo y ciudadanía es un modo de explorar


salidas del laberinto en que nos ha dejado la crisis de "lo popular". Todavía se escucha en
manifestaciones políticas de ciudades latinoamericanas: "Si éste no es el pueblo, ¿el pueblo dónde
está?" Esa fórmula resultaba verosímil en los años setenta cuando las dictaduras militares
suprimieron los partidos, sindicatos y movimientos estudiantiles. Cien o doscientas mil personas
reunidas en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, en la Alameda de Santiago de Chile o recorriendo
las calles de Sao Paulo sentían que su desafiante irrupción representaba a los que habían perdido
la posibilidad de expresarse a través de las instituciones políticas. La restitución de la democracia
abrió tales espacios, pero en esos países -como en los demás- la crisis de los modelos liberales,
populistas y socialistas, el agotamiento de las formas tradicionales de representación y la
absorción de la esfera pública por los medios masivos volvieron dudosa aquella proclama. En las
naciones donde el voto es voluntario más de la mitad de la población se abstiene en las
elecciones; donde es obligatorio, las encuestas revelan que un 30 a 40% no sabe por quién votar
una semana antes de los comicios. Si las manifestaciones en calles y plazas se empequeñecen, y
se dispersan en múltiples partidos, movimientos juveniles, indígenas, feministas, de derechos
humanos y tantos otros, nos quedamos con la última parte de la cuestión: el pueblo ¿dónde está?

Además, cuando lo que llamamos el pueblo vota, surge otra pregunta inquietante: ¿por qué
consiguen líderes que empobrecieron a las mayorías preservar el consenso entre las masas
perjudicadas? No hay una sola explicación. Más bien se trata de armar un rompecabezas:
entender cómo las fuerzas hegemónicas vienen logrando situarse en los escenarios estratégicos
de la economía, la política y las comunicaciones donde se transformaron las sociedades de esta
segunda mitad del siglo XX. En contraste, registramos la incapacidad de los movimientos de
izquierda, socialistas o simple-mente democráticos para actuar en esos escenarios decisivos,
mientras se la pasaron discutiendo donde la lucha no se estaba dando o repitiendo argumentos de
temporadas anteriores. Ya mencionamos el tardío descubrimiento de que los debates de interés
público y la construcción de alternativas debían hacerse (también) en los medios electrónicos
donde se informan las mayorías.

La dificultad para seguir hablando en nombre de lo popular ha llevado, más que a un


cuestionamiento radical del discurso y de las políticas de representación, a sustituir ese término
por el de sociedad civil. A mediados de los noventa, en México, por ejemplo, dicen interpretar a la
sociedad civil tanto los partidos de oposición como decenas de movimientos urbanos, juveniles,

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feministas, clericales y la guerrilla neozapatista que cuestionan la deficiente capacidad de los


partidos para expresar las demandas sociales. La fórmula "sociedad civil" tiene la ventaja, a veces,
de diferenciar a sus "voceros" del Estado, pero la variedad de sus representantes, el carácter a
menudo antagónico de sus reclamos y la adhesión casi siempre minoritaria que los sustenta
reproduce los problemas que había dejado irresueltos la conceptualización de lo popular.

Así como "lo popular" se fue volviendo inaprehensible por la multiplicidad de puestas en escena
con que el folclor, las industrias culturales y el populismo político lo representan, hoy se usa
sociedad civil para legitimar las más heterogéneas manifestaciones de grupos, organismos no
gubernamentales, empresas privadas y aun individuos. Pese a los variados intereses y estrategias
que animan a estos sectores, todos coinciden en acusar al Estado de las desdichas sociales y
suponen que la situación mejoraría si éste cediera iniciativas y poder a la sociedad civil. Pero
como cada uno entiende algo distinto por este nombre, esa entidad amorfa aparece como una
típica comunidad imaginada, al modo en que Benedict Anderson concibió a la nación.12

Sociedad civil: al leer cómo se habla de ella, es posible imaginarla como "una señora que entiende
muy bien las cosas, sabe lo que quiere y lo que tiene que hacer, es buena, buena, y, desde luego, la
única adversaria posible de la perversidad estatal. En tan virtuosa y tiene tanta seguridad en sí
misma, que da miedo".13 La sociedad civil, nueva fuente de certezas en este tiempo de
incertidumbres, parece otro concepto totalizador destinado a negar el heterogéneo y desintegrado
conjunto de voces que circulan por las naciones. Algunos autores definen los modos de interacción
social que la expresión sociedad civil abarca como distintos de la economía y del Estado, aunque
entrelazados con ellos. Quienes a mi parecer mejor lo reformulan son Jean L. Cohen y Andrew Arato
al incluir -y a la vez diferenciar- "la esfera íntima (especialmente la familia), la esfera de asociaciones
(especialmente asociaciones voluntarias), los movimientos sociales y las formas de comunicación
pública",14 aunque su voluminosa obra considera marginalmente esta última modalidad.

La aproximación de la ciudadanía, la comunicación masiva y el consumo tiene, entre otros fines,


reconocer estos nuevos escenarios de constitución de lo público y mostrar que para vivir en
sociedades democráticas es indispensable aceptar que el mercado de opiniones ciudadanas
incluye tanta variedad y disonancia como el mercado de la ropa y los entretenimientos. Recordar
que los ciudadanos somos también consumidores lleva a encontrar en la diversificación de los
gustos una de las bases estéticas que justifican la concepción democrática de la ciudadanía.

La reinvención de las políticas

Si reconocemos este desplazamiento de los escenarios donde se ejerce la ciudadanía (del pueblo
a la sociedad civil) y esta reestructuración del peso de lo local, lo nacional y lo global, algo tendrá
que pasarle a la forma en que las políticas representan las identidades. Deberá surgir otro modo
cultural de hacer política, y otro tipo de políticas culturales.

El proceso que comenzamos a describir como globalización puede resumirse como el pasaje de
las identidades modernas a otras que podríamos nombrar, aunque el término sea cada vez más

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incómodo, como posmodernas. Las identidades modernas eran territoriales y casi siempre
monolingüísticas. Se fijaron subordinando a las regiones y etnias dentro de un espacio más o
menos arbitrariamente definido, llamado nación, y oponiéndola -bajo la forma que le daba su
organización estatal- a otras naciones. Aun en zonas multilingüísticas, como en el área andina y en
la mesoamericana, las políticas de homogeneización modernizadora escondieron la multiculturalidad
bajo el dominio del español y la diversidad de formas de producción y consumo dentro de los
formatos nacionales.

En cambio, las identidades posmodernas son transterritoriales y multilingüísticas. Se estructuran


menos desde la lógica de los Estados que de los mercados; en vez de basarse en las
comunicaciones orales y escritas que cubrían espacios personalizados y se efectuaban a través
de interacciones próximas, operan mediante la producción industrial de cultura, su comunicación
tecnológica y el consumo diferido y segmentado de los bienes. La clásica definición socioespacial
de identidad, referida a un territorio particular, necesita complementarse con una definición
sociocomunicacional. Tal reformulación teórica debiera significar, a nivel de las políticas identitarias
(o culturales) que éstas, además de ocuparse del patrimonio histórico, desarrollen estrategias
respecto de los escenarios informacionales y comunicacionales donde también se configuran y
renuevan las identidades.15

¿Qué ciudadanía puede expresar este nuevo tipo de identidad? En la primera parte intentamos pensar
al ciudadano actual más como habitante de la ciudad que de la nación. Se siente arraigado en su
cultura local (y no tanto en la nacional de la que le hablan el Estado y los partidos), pero esa cultura de
la ciudad es lugar de intersección de múltiples tradiciones nacionales -las de los migrantes reunidos en
cualquier metrópoli- que a su vez son reorganizadas por el flujo transnacional de bienes y mensajes.

Pierden fuerza, entonces, los referentes jurídicos-políticos de la nación, formados en la época en


que la identidad se vinculaba exclusivamente con territorios propios. Se desvanecen las
identidades concebidas como expresión de un ser colectivo, una idiosincrasia y una comunidad
imaginadas, de una vez para siempre, a partir de la tierra y la sangre. La cultura nacional no se
extingue, pero se convierte en una fórmula para designar la continuidad de una memoria histórica
inestable, que se va reconstruyendo en interacción con referentes culturales transnacionales. Por
eso, los pasaportes y los documentos nacionales de identidad se transforman en multinacionales
(como en la Unión Europea) o coexisten con otros: millones de habitantes de este fin de siglo
tienen varios pasaportes de distintas nacionalidades, o usan más el documento que los acredita
como migrantes que el que los vincula a su territorio natal. O son simplemente indocumentados.
¿Cómo van a creerse ciudadanos de un solo país? A diferencia de la noción jurídica de
ciudadanía, que los Estados intentan delimitar sobre la base de una "mismidad", se desarrollan
formas heterogéneas de pertenencia, cuyas redes se entrelazan con las del consumo: "un espacio
de luchas, un terreno de memorias diferentes y un encuentro de voces desiguales".16

Los acuerdos de libre comercio e integración supranacional (Unión Europea, Tratado de Libre
Comercio de América del Norte, Mercosur), a los que me refiero en la segunda parte de este libro,
están dando configuraciones institucionales 17 específicas a este pasaje de lo nacional a lo global y
de lo público a lo privado. Al estudiar diferencialmente los cambios que dichos acuerdos

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comerciales provocan en distintas áreas socioculturales, estamos tratando de superar la preocupación


metafísica por la "pérdida de la identidad" que, atrapada casi siempre en una visión fundamentalista de
las culturas étnicas y nacionales, es incapaz de discernir los diversos efectos de la globalización. El
análisis empírico de estos procesos permite distinguir cuatro circuitos socioculturales, en los que la
transnacionalización y las integraciones regionales operan de modos diferentes:

• El histórico-territorial, o sea el conjunto de saberes, hábitos y experiencias organizado a lo largo


de varias épocas en relación con territorios étnicos, regionales y nacionales, y que se
manifiesta sobre todo en el patrimonio histórico y la cultura popular tradicional.
• El de la cultura de elites, constituido por la producción simbólica escrita y visual (literatura, artes
plásticas). Históricamente, este sector forma parte del patrimonio en el que se define y elabora
lo propio de cada nación, pero conviene diferenciarlo del circuito anterior porque abarca las
obras representativas de las clases altas y medias con mayor nivel educativo, porque no es
conocido ni apropiado por el conjunto de cada sociedad y en los últimos decenios se ha
integrado a los mercados y procedimientos de valoración internacionales.
• El de la comunicación masiva, dedicado a los grandes espectáculos de entretenimiento (radio,
cine, televisión, video).
• El de los sistemas restringidos de información y comunicación destinados a quienes toman
decisiones (satélite, fax, teléfonos celulares y computadoras).

Vamos a ir diferenciando a lo largo del libro estos cuatro circuitos de desarrollo cultural para
distinguir los niveles diversos de integración al desarrollo supranacional. La reestructuración de las
culturas nacionales no ocurre del mismo modo, ni con idéntica profundidad, en todos estos
escenarios, y por tanto, la recomposición de las identidades también varía según su compromiso
con cada uno de ellos.

La competencia de los Estados nacionales y de sus políticas culturales disminuye a medida que
transitamos del primer circuito al último. A la inversa, los estudios sobre consumo cultural muestran
que cuanto más jóvenes son los habitantes sus comportamientos dependen más de los dos últimos
circuitos que de los dos primeros. En las nuevas generaciones las identidades se organizan menos
en torno de los símbolos histórico-territoriales, los de la memoria patria, que alrededor de los de
Hollywood, Televisa o Benetton. Mientras en las grandes ciudades los centros históricos pierden
peso, las poblaciones se diseminan: los jóvenes encuentran en ellas, en vez de núcleos
organizadores, "márgenes para inventarse". La identidad pasa a ser concebida como el "punto focal
de un repertorio estallado de mini-roles más que como el núcleo de una hipotética interioridad" 18
contenida y definida por la familia, el barrio, la ciudad, la nación o cualquiera de esos encuadres
declinantes. ¿Pueden ser las identidades, en estas condiciones, objeto de políticas?

Existen formas de solidaridad política nacional y transnacional, como las de movimientos


ecológicos y organizaciones no gubernamentales, apropiadas para ejercer la ciudadanía en un
mundo globalizado. Pero las masas y aun los sectores politizados sienten poco atractivas esas
estructuras internacionales. Así lo revelan la baja participación en las elecciones para el
parlamento europeo en 1994 y el escaso eco que tienen en las agendas de movimientos sociales y
partidos políticos nacionales los proyectos de integración latinoamericana.

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Al analizar más adelante el lugar de la cultura en estos acuerdos de integración supranacional y


libre comercio en Europa, entre EU, México y Canadá, y entre algunos países latinoamericanos,
sospechamos que tal vez se trata sólo de arreglos entre empresarios. ¿Qué eficacia pueden
alcanzar las políticas culturales de integración si siguen limitadas a la preservación de patrimonios
monumentales y folclóricos, a las artes cultas que están perdiendo espectadores? No es una duda
menor, entre las que cabe plantear a la globalización, la que indaga si los acuerdos de libre
comercio servirán para el desarrollo endógeno de las industrias culturales (cine, televisión, video),
donde hoy se forman los gustos masivos y la ciudadanía. ¿O no quedaremos simplemente
profundizando nuestra vocación de suburbios norteamericanos? Conviene saber que si esta
tendencia se consolida no es sólo a causa de la unilateralidad de las políticas culturales. A través
de el estudio sobre la creciente "americanización" en los gustos de los consumidores de cine y
video, comprobamos que se trata también de una inclinación de "la sociedad civil".

No sé si la fórmula "americanización" (sería más preciso hablar de norteamericanización) es


adecuada, pero no encuentro otra mejor. Conviene aclarar desde ahora que no me refiero sólo a la
hegemonía de los capitales y empresas de origen estadunidense, sin duda un factor clave para
que la globalización se estreche hasta confundirse con la exportación a todo el planeta del cine, la
televisión y el estilo de comida de un solo país. Los cambios en la oferta y en los gustos de los
espectadores que analizamos indican que el control económico de EU va asociado al auge de
ciertos rasgos estéticos y culturales que no son exclusivos de ese país, pero encuentran en él un
representante ejemplar: el predominio de la acción espectacular sobre formas más reflexivas e
íntimas de narración, la fascinación por un presente sin memoria y la reducción de las diferencias
entre sociedades a una multiculturalidad estandarizada donde los conflictos, cuando son
admitidos, se "resuelven" con maneras demasiado occidentales y pragmáticas.

Queremos pensar qué significa que se imponga una estética de la acción en los medios en una
época que juzga clausurada la fase heroica de los movimientos políticos. ¿A dónde nos conduce el
encapsulamiento en el presente y la cultura del estreno cuando coexiste con el reavivamiento
fundamentalista de ciertas tradiciones premodernas? ¿Qué función cumplen las industrias
culturales que se ocupan no sólo de homogeneizar sino de trabajar simplificadamente con las
diferencias, mientras las comunicaciones electrónicas, las migraciones y la globalización de los
mercados complican más que en cualquier otro tiempo la coexistencia entre los pueblos? Son
suficientes estas preguntas para percibir que las conexiones múltiples entre consumo y ciudadanía
no son nada mecánicas ni fácilmente reductibles a la coherencia de los paradigmas económicos o
de la sociología política.

La investigación como ensayo

Este volumen está a mitad del camino entre un libro de investigación y un conjunto de ensayos.
Los tres primeros capítulos nacieron de estudios empíricos realizados sobre el consumo cultural
en la ciudad de México. Esas investigaciones19 me dieron los puntos de partida para desarrollar la
presente reflexión sobre las transformaciones de la cultura en la capital mexicana y en otras
ciudades de América Latina.

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Los textos que incluyo en este libro representan mi posición personal sobre algunas polémicas
vigentes en los estudios de cultura urbana: por ejemplo, la necesidad de trascender la disyuntiva
entre una antropología replegada en la "autonomía" de los barrios y una sociología o estudios
comunicacionales sólo capaces de hacer afirmaciones globales acerca de la ciudad y las
industrias culturales. Haber trabajado con antropólogos, sociólogos, comunicólogos e historiadores
del arte me dio la posibilidad de conocer información nueva y multifocal sobre las interacciones
microsociales en la vida cotidiana y sobre las macrotendencias de las que hablan los censos y las
encuestas. Coordinar los aportes de unos y otros fue, más que una tarea administrativa o de rutina
académica, experimentar el estimulante desafío de sus discrepancias. Quiero que las citas a sus
contribuciones sean leídas como agradecimientos en este sentido amplio. También espero que el
trabajo sobre la escritura en los ensayos aquí publicados muestre que me atraen la ciudad y las
industrias culturales no sólo como objetos de conocimiento sino también como lugares donde se
imagina y se narra.

Los cuatro capítulos de la segunda parte, que hablan de cómo se reestructuran las identidades en
esta época de industrialización de la cultura y de integración supranacional y libre comercio, se
apoyan tanto en las búsquedas documentales personales como en la investigación colectiva que
coordiné sobre los cambios de hábitos y gustos de los espectadores de cine, televisión y video en
cuatro ciudades mexicanas.20

Traté de no tomar de las investigaciones citadas más datos que los indispensables para sostener
la argumentación teórico-metodológica y sobre políticas culturales en que se concentra este
volumen. Quienes deseen más información sobre los cambios en la ciudad de México o sobre las
industrias audiovisuales y sus públicos, pueden recurrir a los libros citados. Deseo subrayar que
esos trabajos sobre consumo fueron reinterrogados aquí desde la preocupación por las
transformaciones de la ciudadanía, pero la investigación empírica sobre esta última cuestión
necesita aún exploraciones especiales. En especial, análisis más extensos sobre los movimientos
sociales, de los que sólo me ocupo con cierto detenimiento en el capítulo acerca de la negociación
en las clases populares.

Me gustaría que este libro fuera leído como una conversación con antropólogos, sociólogos y
especialistas en comunicación, con artistas, escritores y críticos de arte y literatura, sobre lo que
significa ser ciudadanos y consumidores en medio de los cambios culturales que alteran la relación
entre lo público y lo privado. Por lo mismo, es también continuación de diálogos con responsables
de políticas culturales y participantes de movimientos de consumidores y ciudadanos, con los que
discutí mucho de lo que se dice en estas páginas. La presentación en forma de ensayos
corresponde al carácter abierto de estas conversaciones y a los enfoques fragmentarios con que
aún no debatimos en estos territorios.

Quiero agradecer a varios lectores de este volumen -Juan Flores, Jean Franco, Aníbal Ford,
Sandra Lorenzano, Jesús Martín Barbero, Eduardo Nivón, Renato Rosaldo, Ana Rosas Mantecón
y George Yúdice- la discusión global de los trabajos reunidos aquí. La lista de quienes me hicieron
observaciones valiosas en simposios o después de publicar en revistas algunos de estos textos
sería interminable. En varios casos, las citas a sus trabajos publicados les hace un poco de

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justicia. Debo mencionar especialmente el apoyo financiero de varias instituciones mexicanas: el


Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Departamento del Distrito Federal y del Instituto
Mexicano de Cinematografía. Como ellos, la otra y la Fundación Rockefeller también contribuyeron
para que estos ensayos fueran sostenidos por investigaciones empíricas sobre la ciudad de
México y las industrias culturales. A la Universidad Autónoma Metropolitana, especialmente al
Departamento de Antropología, le debo facilidades materiales, un fructífero intercambio académico
con colegas y estudiantes, y, sobre todo, que los miembros del Programa de Estudios sobre
Cultura Urbana me hayan acompañado en trabajos de investigación antropológica abiertos al
enriquecimiento y las incertidumbres del diálogo con otras ciencias sociales.

Notas

1 Jürgen Habermas, "L’espace public, 30 ans aprés", Quaderni, núm. 18, París, otoño de 1992.

2 Véanse de Richard Flores y otros,"Concept Paperon Cultural Citizenship", mimeo del Grupo de Trabajo
sobre Estudios Culturales de IUP, y de Renato Rosaldo, "Cultural Citizenship in San José, California",
ponencia presentada en la sesión Citizenship Contested, Reunión Anual de la Asociación Antropológica
Americana, Washington, D.C., noviembre de 1993.

3 Vera da Silva Telles, "Sociedade civil e a construçao de espaços públicos", en Evelina Dagnino (org.), Anos
90. Política e sociedade no Brasil, Sao Paulo, Editora Brasiliense, 1994, pp. 91-91

4 Evelina Dagnino, "Os movimentos sociais e a emergencia de una nova noçao de ciudadania", en E.
Dagnino (org.), op. cir., pp. 103-115.

5 Esta perspectiva diseminada sobre la ciudadanía se advierte en libros recientes como el de Bart van
Steenbergen (ed.), lhe Condition of Citizenship (Londres Thousand Oaks-Nueva Delhi, Sage Publications,
1994), donde diferentes autores tratan cada una de las modalidades nombradas.

6 Günther Lottes, Politische Aufklarung und Plebejisches Publileun, Munich, 1979, p. 110, citado por Jürgen
Habermas, "L'espace public, 30 ans apres", op. cit.

7 Algunos ejemplos de textos que inauguran este trabajo: Jesús Martín Barbero, De los medios a las
mediaciones, Mexico, G. Gili, 1987; Beatriz Sarlo, Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y
videocultura en la Argentina, Buenos Aires, Ariel, 1994; Anibal Ford, Navegaciones. Comunicación, cultura y
crisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1994; Renato Ortiz, Mundializaçao e cultura, Sao Paulo, Brasiliense, 1994.

8 Beatriz Sarlo, op. cit., p. 83.

9 Jesús Martín Barbero, op. cit., 2a. parte.

10 Información del World Communications Report publicado por la UNESCO en 1990, citada por Rafael
Roncagliolo, "La integración audiovisual en América Latina: Estados, empresas y productores

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Primera Parte
Ciudades en Globalización

1. El Consumo Sirve Para Pensar*

Una zona propicia para comprobar que el sentido común no coincide con el "buen sentido" es el
consumo. En el lenguaje ordinario, consumir suele asociarse a gastos inútiles y compulsiones
irracionales. Esta descalificación moral e intelectual se apoya en otros lugares comunes acerca de
la omnipotencia de los medios masivos, que incitarían a las masas a avorazarse irreflexivamente
sobre los bienes.

Todavía hay quienes justifican la pobreza porque la gente compra televisores, videocaseteras y
coches mientras le falta casa propia. ¿Cómo se explica que familias a las que no les alcanza para
comer y vestirse a lo largo del año, cuando llega Navidad derrochen el aguinaldo en fiestas y
regalos? ¿No se dan cuenta los adictos a los medios de que los noticieros mienten y las
telenovelas distorsionan la vida real?

Más que responder a estas preguntas se puede discutirla manera en que están formuladas. Ahora
miramos los procesos de consumo corno algo más complejo que la relación entre medios
manipuladores y audiencias dóciles. Se sabe que buen número de estudios sobre comunicación
masiva han mostrado que la hegemonía cultural no se realiza mediante acciones verticales en las
que los dominadores apresarían a los receptores: entre unos y otros se reconocen mediadores
como la familia, el barrio y el grupo de trabajo.1 En dichos análisis, asimismo, se han dejado de
concebir los vínculos entre quienes emiten los mensajes y quienes los reciben únicamente como
relaciones de dominación. La comunicación no es eficaz si no incluye también interacciones de
colaboración y transacción entre unos y otros.

Para avanzar en esta línea es necesario situar los procesos comunicacionales en un encuadre
conceptual más amplio que puede surgir de las teorías e investigaciones sobre el consumo. ¿Qué
significa consumir? ¿Cuál es la racionalidad —para los productores y para los consumidores— de
que se expanda y se renueve incesantemente el consumo?

Hacia una teoría multidisciplinaría

No es fácil responder a esas preguntas. Si bien las investigaciones sobre consumo se multiplicaron
en años recientes, reproducen la compartimentación y desconexión entre las ciencias sociales.
Tenemos teorías económicas, sociológicas, psicoanalíticas, psicosociales y antropológicas sobre lo
que ocurre cuando consumimos; hay teorías literarias sobre la recepción y teorías estéticas acerca
de la fortuna crítica de las obras artísticas. Pero no existe una teoría sociocultural del consumo.
Trataré de reunir en estas notas las principales líneas de interpretación y señalar posibles puntos de
confluencia con el propósito de participar en una conceptualización global del consumo, en la que
puedan incluirse los procesos de comunicación y recepción de bienes simbólicos.

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Propongo partir de una definición: el consumo es el conjunto de procesos socioculturales en que


se realizan la apropiación y los usos de los productos. Esta caracterización ayuda a ver los actos a
través de los cuales consumimos como algo más que ejercicios de gustos, antojos y compras
irreflexivas, según suponen los juicios moralistas, o actitudes individuales, tal como suelen
explorarse en encuestas de mercado.

En la perspectiva de esta definición, el consumo es comprendido, ante todo, por su racionalidad


económica. Estudios de diversas corrientes consideran el consumo como un momento del ciclo
producción y reproducción social: es el lugar en el que se completa el proceso iniciado al generar
productos, donde se realiza la expansión del capital y se reproduce la fuerza del trabajo. Desde tal
enfoque, no son las necesidades o los gustos individuales los que determinan qué, cómo y quiénes
consumen. Depende de las grandes estructuras de administración del capital el modo en que se
planifica la distribución de los bienes. Al organizarse para proveer comida, vivienda, traslado y
diversión a los miembros de una sociedad, el sistema económico "piensa" cómo reproducir la fuerza
de trabajo y aumentar las ganancias de los productos. Podemos no estar de acuerdo con la
estrategia, con la selección de quiénes consumirán más o menos, pero es innegable que las ofertas
de bienes y la inducción publicitaria de su compra no son actos arbitrarios.

Sin embargo, la única racionalidad quo modela el consumo no es la de tipo macrosocial que
deciden los grandes agentes económicos. Los estudios del marxismo sobre el consumo y los de la
primera etapa de comunicación masiva (de 1950 a 1970) exageraron la capacidad de
determinación de las empresas respecto de los usuarios y las audiencias.2 Una teoría más
compleja acerca de la interacción entre productores y consumidores, entre emisores y receptores,
tal como la desarrollan algunas corrientes de la antropología y la sociología urbana, revela que en
el consumo se manifiesta también una racionalidad sociopolítica interactiva. Cuando miramos la
proliferación de objetos y de marcas, de redes comunicacionales y de accesos al consumo, desde
la perspectiva de los movimientos de consumidores y de sus demandas, advertirnos que también
intervienen en estos procesos las reglas móviles de la distinción entre los grupos, de la expansión
educacional, las innovaciones tecnológicas y de la moda. "El consumo", dice Manuel CastelIs, "es
un sitio donde los conflictos entre clases, originados por la desigualdad participación en la
estructura productiva, se continúan a propósito de la distribución y apropiación de los bienes".3
Consumir es participar en un escenario de disputas por aquello que la sociedad produce y por las
maneras de usarlo. La importancia que las demandas por el aumento del consumo y por el salario
indirecto adquieren en los conflictos sindicales, así como la reflexión crítica desarrollada por las
agrupaciones de consumidores, son evidencias de cómo se piensa en el consumo desde las
capas populares. Si alguna vez fue territorio de decisiones más o menos unilaterales, hoy es un
espacio de interacción, donde los productores y emisores no sólo deben seducir a los destinatarios
sino justificarse racionalmente.

También se percibe la importancia política del consumo cuando se escucha a políticos que
detuvieron la hiperinflación en Argentina, Brasil y México, por ejemplo, centrar su estrategia
electoral en la amenaza de que un cambio de orientación económica afectaría a quienes se
endeudaron comprando a plazos coches o aparatos electrodomésticos. "Si no quieren que regrese
la inflación, aumenten las tasas de interés, y no puedan seguir pagando lo que compraron, deben

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volver a votarme", dice Carlos Menem al buscar la reelección como presidente de Argentina. Una
fórmula empleada en la campaña electoral —"el voto-cuota°"— exhibe la complicidad que existe
hoy entre consumo y ciudadanía.

Una tercera línea de trabajo, los que estudian el consumo como lugar de diferenciación y distinción
entre las clases y los grupos, ha llevado a reparar en los aspectos simbólicos y estéticos de la
racionalidad consumidora. Existe una lógica en la construcción de los signos de status y en las
maneras de comunicarlos. Los textos de Pierre Bourdieu, Arjun Appadurai y Stuart Ewen, entre
otros, muestran que en las sociedades contemporáneas buena parte de la racionalidad de las
relaciones sociales se construye, más que en la lucha por los medios de producción y la
satisfacción de necesidades materia1es, en la que se efectúa para apropiarse de los medios de
distinción simbólica.4 Hay una coherencia entre los lugares donde los miembros de una clase y
hasta de una fracción de clase comen, estudian, habitan, vacacionan, en lo que leen y disfrutan,
en cómo se informan y lo que transmiten a otros. Esa coherencia emerge cuando la mirada
socioantropológica busca comprender en conjunto dichos escenarios. La lógica que rige la
apropiación de los bienes en tanto objetos de distinción no es la de la satisfacción de necesidades,
sino la de la escasez de esos bienes y la imposibilidad de que otros lo tengan.

Sin embargo, en tales investigaciones suelen mirarse los comportamientos de consumo como si
sólo sirvieran para dividir. Pero si los miembros de una sociedad no compartieran los sentidos de
los bienes, si sólo fueran comprensibles para la élite o la minoría que los usa, no servirían como
instrumentos de diferenciación. Un coche importado o una computadora con nuevas funciones
distingue a sus escasos poseedores en la medida en que quienes no acceden a ellos conocen su
significado sociocultural. A la inversa, una artesanía o una fiesta indígena cuyo sentido mítico es
propiedad de la etnia que la generó— se vuelven elementos de distinción o discriminación en tanto
otros sectores de la misma sociedad se interesan en ellas y entienden en alguna medida su
significado. Luego, debemos admitir que en el consumo se construye parte de la racionalidad
integrativa y comunicativa de una sociedad.

¿Hay una racionalidad posmoderna?

Algunas corrientes de pensamiento posmoderno han llamado la atención — en una dirección


opuesta a la que estamos sugiriendo—acerca de la diseminación del sentido, la dispersión de los
signos y la dificultad de establecer códigos estables y compartidos. Los escenarios del consumo
son invocados por los autores posmodernos como lugares donde se manifiesta con mayor
evidencia la crisis de la racionalidad moderna y sus efectos sobre algunos principios que habían
regido el desarrollo cultural.

Sin duda, acierta Jean François Lyotard cuando identifica el agotamiento de los metarrelatos que
organizaban la racionalidad histórica moderna. Pero de la caída de ciertas narraciones
omnicomprensivas no puede derivarse una desaparición de lo global como horizonte. La crítica
posmoderna ha servido para repensar las formas de organización compacta de lo social que
instauró la modernidad (las naciones, las clases, etc.). ¿Es legítimo llevar ese cuestionamiento
hasta la exaltación de un supuesto desorden posmoderno, una dispersión de los sujetos que

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tendría su manifestación paradigmática en la libertad de los mercados? Resulta curioso que en


este tiempo de concentración planetaria en el control del mercado alcancen tanto auge las
celebraciones acríticas de la diseminación individual y la visión de las sociedades como
coexistencia errática de impulsos y deseos.

Sorprende también que el pensamiento posmoderno sea sobre todo, hecho con reflexiones
filosóficas, incluso cuando trata de objetos tan concretos como el diseño arquitectónico, la
organización de la industria cultural y de las interacciones sociales. Al tratar de probar hipótesis en
investigaciones empíricas observarnos que ninguna sociedad ni ningún grupo soportan demasiado
la irrupción errática de los deseos, ni la consiguiente incertidumbre de significados. Dicho de otro
modo, necesitamos estructuras en las que se piense y ordene aquello que deseamos.

Es útil invocar aquí algunos estudios antropológicos sobre rituales y relacionarlos con las
preguntas que iniciaron este capítulo respecto de la supuesta irracionalidad de los consumidores.
¿Cómo diferenciar las formas del gasto que contribuyen a la reproducción de una sociedad de las
que la disipan y disgregan? ¿Es el "derroche" del dinero en el consumo popular un autosaboteo de
los pobres, simple muestra de su incapacidad de organizarse para progresar?

Encuentro una clave para responder a estas peguntas en la frecuencia con que esos gastos
suntuarios, "dispendiosos'", se asocian a rituales y celebraciones. No sólo porque un cumpleaños
o el aniversario del santo patrono justifiquen moral o religiosamente gasto, sino también porque en
ellos ocurre algo a través de lo cual la sociedad consagra una cierta racionalidad que la ordena y
le da seguridad.

Mediante los rituales, dicen Mary Douglas y Baron Isherwood, los grupos seleccionan y fijan —
gracias a acuerdos colectivos— los significados que regulan su vida. Los rituales sirven para
"contener el curso de los significados" y hacer explícitas las definiciones públicas de lo que el
consenso general juzga valioso. Son rituales eficaces aquellos que utilizan objetos materiales para
establecer los sentidos y las prácticas que las preservan. Cuanto más costosos sean esos bienes,
más fuerte será la inversión afectiva y la ritualización que fija los significados que se le asocian.
Por eso ellos definen a muchos de los bienes que se consumen como "accesorios rituales" y ven
el consumo como un proceso ritual cuya función primaria consiste en "darle sentido al rudimentario
flujo de los acontecimientos".5

En las conductas ansiosas y obsesivas ante el consumo puede haber como origen una
insatisfacción profunda, según lo analizan muchos psicólogos. Pero en un sentido más radical el
consumo se liga, de otro modo, con la insatisfacción que engendra el flujo errático de los
significados. Comprar objetos, colgárselos en el cuerpo o distribuirlos por la casa, asignarles un
lugar en un orden, atribuirles funciones en la comunicación con los otros, son los recursos para
pensar el propio cuerpo, el inestable orden social y las interacciones inciertas con los demás.
Consumir es hacer más inteligible un mundo donde lo sólido se evapora. Por eso; además de ser
útiles para expandir el mercado y reproducir la fuerza de trabajo, para distinguirnos de los demás y
comunicarnos con ellos, como afirman Douglas e lsherwood, "las mercancías sirven para pensar".6

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Es en este juego entre deseos y estructuras que las mercancías y el consumo sirven también para
ordenar políticamente cada sociedad. El consumo es un proceso en el que los deseos se
convierten en demandas y en actos socialmente regulados. ¿Por qué artesanos indígenas o
comerciantes populares que se enriquecen por la repercusión afortunada de su trabajo, por qué
tantos políticos y líderes sindicales que acumulan dinero mediante la corrupción siguen viviendo en
barrios populares, controlan sus gastos y tratan de "no desentonar"? Porque les interesa más
seguir perteneciendo a sus grupos originarios (y a veces lo necesitan para mantener su poder) que
la ostentación a que su prosperidad los impulsa.

El estudio de Alfred Gell sobre los muria gondos de la India7 propone unta línea sutil para explicar
este papel regulador del consumo. Los muria que, gracias a los cambios de la economía tribal
durante el último siglo, se enriquecieron más que sus vecinos, mantienen un estilo sencillo de vida
que Appadurai, invirtiendo a Veblen, llama "mezquindad conspicua".8 Gastan en bienes con cierta
prodigalidad, pero con la condición de que representen valores compartidos, que no alteren la
homogeneidad suntuaria.

Como lo observé en pueblos indígenas en México, la introducción de objetos externos— modernos


— es aceptada en tanto puedan ser asimilados a la lógica comunitaria. El crecimiento de los
ingresos, la expansión y vaciedad de las ofertas del mercado, así como la capacidad técnica para
apropiarse de los nuevos bienes y mensajes gracias al ascenso educacional no bastan para que
los miembros de un grupo se abalancen sobre las novedades. El deseo de poseer “lo nuevo" no
actúa como algo irracional o independiente de la cultura colectiva a la cual se pertenece.

Aun en situaciones plenamente modernas, el consumo no es algo "privado, atomizado y pasivo",


sostiene Appadurai, sino "eminentemente social, correlativo y activo", subordinado a un cierto
control político de las elites Los gustos de los sectores hegemónicos tienen esta función de
"embudo", desde los cuales se van seleccionando las ofertas externas y suministrando modelos
político-culturales para administrar las tensiones entre lo propio y lo lejano.

En los estudios sobre consumo cultural en México que referiré más adelante, encontramos que la
falta dé interés de sectores populares en exposiciones de arte, teatro o cine experimentales, no se
debe sólo al débil capital simbólico con que cuentan para apreciar esos mensajes sino también a
la fidelidad a los grupos en los que se insertan. Dentro de la ciudad, son sus contextos familiares,
de barrio y de trabajo los que controlan la homogeneidad del consumo, Ias desviaciones en los
gustos y en los gastos. En una escala más amplia, lo que se entiende como cultura nacional sigue
sirviendo como contexto de selección de lo exógeno.

Comunidades transnacionales de consumidores

Sin embargo, estas comunidades de pertenencia y control están reestructurándose. ¿A qué


conjunto nos hace pertenecer la participación en una sociedad construida predominantemente en
procesos globalizados de consumo? Vivimos un tiempo de fracturas y heterogeneidad, de
segmentaciones dentro de cada nación y de comunicaciones fluidas con los órdenes
transnacionales de la información, de la moda y del saber. En medio de esta heterogeneidad

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

encontrarnos códigos que nos unifican, o al menos permiten que nos entendamos. Pero esos
códigos compartidos son cada vez menos los de la etnia, la clase o la nación en la que nacimos.
Esas viejas unidades, en la medida que subsisten, parecen reformularse como pactos móviles de
lectura de los bienes y los mensajes. Una nación, por ejemplo, se define poco a esta altura por los
límites territoriales o por su historia política. Más bien sobrevive como una comunidad
interpretativa de consumidores, cuyos hábitos tradicionales —alimentarios, lingüísticos— los llevan
a relacionarse de un modo peculiar con los objetos y la información circulante en las redes
internacionales. Al mismo tiempo, hallamos comunidades internacionales de consumidores —ya
mencionamos las de jóvenes y televidentes— que dan sentido de pertenencia donde se diluyen las
lealtades nacionales.

Como los acuerdos entre productores, instituciones, mercados y receptores —que constituyen los
pactos de lectura y los renuevan periódicamente— se hacen a través de esas redes
internacionales, ocurre que el sector hegemónico de una nación tiene más afinidades con el de
otra que con los sectores subalternos de la propia. Hace veinte años, los adherentes a la teoría de
la dependencia reaccionaban ante las primeras manifestaciones de este proceso acusando a la
burguesía de falta de fidelidad a los intereses nacionales. Y, por supuesto, el carácter nacional de
los intereses era definido a partir de tradiciones "auténticas" del pueblo, Hoy sabemos que esa
autenticidad es ilusoria, pues el sentido "propio" de un repertorio de objetos es arbitrariamente
delimitado y reinterpretado en procesos históricos híbridos. Pero además la mezcla de
ingredientes de origen "autóctono" y "foráneo" se percibe, en forma análoga, en el consumo de los
sectores populares, en los artesanos campesinos que adaptan sus saberes arcaicos para
interactuar con turistas, en los obreros que se las arreglan para adaptar su cultura laboral a las
nuevas tecnologías y mantener sus creencias antiguas y locales. Varias décadas de construcción
de símbolos transnacionales han creado lo que Renato Ortiz denomina una "cultura internacional-
popular", con una memoria colectiva hecha con fragmentos de diferentes naciones.9 Sin dejar de
estar inscriptos en la memoria nacional, los consumidores populares son capaces de leer las citas
de un imaginario multilocalizado que la televisión y la publicidad agrupan: los ídolos del cine
hollywoodense y de la música pop, los logotipos de jeans y tarjetas de crédito, los héroes
deportivos de varios países y los del propio que juegan en otro, componen un repertorio de signos
en constante disponibilidad. Marilyn Monroe y los animales jurásicos, el Che Guevara y la caída
del muro, el refresco más tomado en el mundo y Tiny Toon pueden ser citados o aludidos por
cualquier diseñador de publicidad internacional confiando en que su mensaje va a adquirir sentido
aun para quienes nunca salieron de su país.

Hay que averiguar, entonces, cómo se reestructuran las identidades y las alianzas cuando la
comunidad nacional se debilita, cuando la participación segmentada en el consumo —que se
vuelve el principal procedimiento de identificación— solidariza a las élites de cada país con un
circuito transnacional y a los sectores populares con otro. Al estudiar el consumo cultural en
México10 encontramos que la separación entre grupos hegemónicos y subalternos no se presenta
ya principalmente como oposición entre lo propio y lo importado, o entre lo tradicional y lo
moderno, sino como adhesión diferencial a subsistemas culturales con diversa complejidad y
capacidad de innovación: mientras unos siguen a Brahms, Sting y Carlos Fuentes, otros prefieren
a Julio Iglesias, Alejandra Guzmán y las telenovelas venezolanas.

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

Esta escisión no se produce únicamente en el consume ligado al entretenimiento. Segmenta a los


sectores sociales respecto de los bienes estratégicos necesarios para ubicarse en el mundo
contemporáneo y ser capaz de tomar decisiones. AI mismo tiempo que el proceso de
modernización tecnológica de la industria y los servicios exige mayor calificación laboral, crece Ia
deserción escolar y se limita el acceso de las capas medias (y por supuesto de las mayorías
populares) a la información innovadora. El conocimiento de los datos y los instrumentos que
habilitan para actuar en forma autónoma o creativas se reduce a quienes pueden suscribirse a
servicios informáticos y redes exclusivas de televisión (antena parabólica, cable, cadenas
repetidoras de canales metropolitanos). Para el resto, se ofrece un modelo de comunicación
masiva, concentrado en grandes monopolios, que se nutre con la programación standard
norteamericana más productos repetitivos, de entretenimiento light, generados en cada país.

Se coloca de otro modo, entonces, la crítica al consumo corno lugar irreflexivo y de gastos inútiles.
Lo que ocurre es que la reorganización transnacional de los sistemas simbólicos, hecha bajo las
reglas neoliberales de la máxima rentabilidad de los bienes masivos y la concentración de la
cultura para tomar decisiones en élites seleccionadas, aleja a las mayorías de las corrientes más
creativas de la cultura contemporáneas. No es la estructura del medio (televisión, radio o video) la
causa del aplastamiento cultural y de la desactivación política; las posibilidades interactivas y de
promover la reflexión crítica de estos instrumento comunicacionales han sido muchas veces
demostradas, aunque más bien en microexperiencias, de baja eficacia masiva. Tampoco debe
atribuirse el desinterés por la política sólo a la disminución de la vida pública y al repliegue familiar
en la cultura electrónicas a domicilio: no obstante, esta transformación de las relaciones entre lo
público y lo privado en el consumo cultural cotidiano constituye un cambio básico de las
condiciones en que deberá ejercerse un nuevo tipo de responsabilidad cívica.

Si el consumo se ha vuelto un lugar donde con frecuencia resulta difícil pensar es por su entrega al
juego pretendidamente libre, o sea feroz, entre las fuerzas del mercado. Para que el consumo
pueda articularse con un ejercicio reflexivo de la ciudadanía deben reunirse, al menos, estos
requisitos: a) Una oferta vasta y diversificada de bienes y mensajes representativos de la variedad
internacional de los mercados, de acceso fácil y equitativo para las mayorías; b) información
multidireccional y confiable acerca de la calidad de los productos, con control efectivamente
ejercido por parte de los consumidores y capacidad de refutar las pretensiones y seducciones de
la propaganda; c) participación democrática de los principales sectores de la sociedad civil en las
decisiones, del orden material, simbólico, jurídico y político donde se organizan los consumos
desde la habilitación sanitaria de los alimentos hasta las concesiones de frecuencias radiales y
televisivas, desde el juzgamiento de los especuladores que ocultan productos de primera
necesidad hasta los que administran informaciones clave para tomar decisiones.

Estas acciones políticas, en las que los consumidores ascienden a ciudadanos, implican una
concepción del mercado no corno lugar de intercambio de mercancías sino corno parte de
interacciones socioculturales más complejas. Del mismo modo, el consumo es visto no como
la mera posesión individual de objetos sino como la apropiación colectiva, en relaciones de
solidaridad y distinción con otros, de bienes que dan satisfacciones biológicas y simbólicas,
que sirven para enviar y recibir mensajes. Las teorías del consumo evocadas en este capítulo

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muestran, al tomarlas complementariamente, que el valor mercantil no es algo contenido


"rituralistamente" en los objetos, sino resultante de las interacciones socioculturales en que los
hombres los usan. El carácter abstracto de los intercambios mercantiles, acentuado ahora por
la distancia espacial y tecnológica entre productores y consumidores, llevó a creer en la
autonomía de las mercancías y el carácter inexorable, ajeno a los objetos, de las leyes
objetivas que regularían los vínculos entre ofertas y demandas. La confrontación de las
sociedades modernas con las "arcaicas" permite ver que en todas las sociedades los bienes
cumplen muchas funciones, y que la mercantil es sólo una de ellas. Los hombres
intercambiamos objetos para satisfacer necesidades que hemos fijado culturalmente, para
integrarnos con otros y para distinguirnos de ellos, para realizar deseos y para pensar nuestra
situación en el mundo, para controlar el flujo errático de los deseos y darles constancia o
seguridad en instituciones y ritos.

Dentro de esta multiplicidad de acciones e interacciones, los objetos tienen una vida complicada.
En cierta fase son sólo "candidatos a mercancías"11, en otra pasan por una etapa propiamente
mercantil y luego pueden perder ese carácter y ganar otro. Un ejemplo: las mascaras hechas por
indígenas para una ceremonia, luego vendidas a un consumidor moderno y finalmente instaladas
en departamentos urbanos o en museos, donde se olvida su valor económico. Otro: una canción
producida por motivaciones sólo estéticas, luego alcanza repercusión masiva y ganancias como
disco, y al final, es apropiada y modificada por un movimiento político, se vuelve recurso de
identificación y movilización colectivas. Estas biografías cambiantes de las cosas y los mensajes
conducen a pensar el carácter mercantil de los bienes como oportunidades y riesgos de su
desempeño. Podernos actuar como consumidores situándonos sólo en uno de los procesos de
interacción —el que regula el mercado— y también podemos ejercer como ciudadanos una
reflexión y una experimentación más amplia que tome en cuenta las múltiples potencialidades de
los objetos, que aproveche su "virtuosismo semiótico"12, en los variados contextos en que las
cosas nos permiten encontrarnos con las personas.

Plantear estas cuestiones implica recolocar la cuestión de lo público. El descrédito de los Estados
como administradores de áreas básicas de la producción y la información, así como la
incredibilidad de los partidos (incluidos los de oposición), contrajo los espacios donde podía
hacerse presente el interés público, donde debe limitarse y arbitrarse la lucha —de otro modo
salvaje — entre los poderes mercantiles privados. Comienzan a surgir en algunos países, a través
de la figura del ombudsman, de comisiones de derechos humanos, de instituciones y medios
periodísticos independientes, instancias no gubernamentales, ni partidarias, que permiten
deslindar la necesidad de hacer valer lo público frente a la decadencia de las burocracias
estatales. Algunos consumidores quieren ser ciudadanos

Después de la década perdida para el crecimiento económico de América Latina, la de los


ochenta, durante la cual los Estados cedieron gran parte del control de las sociedades a las
empresas privadas, está claro a dónde conduce la privatización a ultranza: descapitalización
nacional, subconsumo de las mayorías, desempleo, empobrecimiento de la oferta cultural. Vincular
el consumo con la ciudadanía requiere ensayar una reubicación del mercado en la sociedad,
intentar la reconquista imaginativa de los espacios públicos, del interés por lo público. Así el

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Conflictos Multiculturales de la Globalización

Autor. Néstor García Canclini

consumo se mostrará como un lugar de valor cognitivo, útil para pensar y actuar significativa,
renovadoramente, en la vida social.

Notas

* Este capitulo es una reelaboración ampliada del artículo que, con el mismo titulo, publiqué en la revista
Diálogos de la Comunicación, núm. 30, Lima, Junio de 1991.

1. Véase entre otras, las obras de James Lull (ed.), World Families Watch Television, Newbury Park,
California, Sage, 1988; de Jesús María Barbero, De los medios a las mediaciones, México, Gustavo Gili,
1987; y de Guillermo Orozco (compilador), Hablan los televidentes. Estudios de Recepción en varios países,
México, Universidad Iberoamericana, 1992.

2. Un ejemplo: los textos de Jean-Pierre Terrail, Desmond Preteceille y Patrice Grevet en el libro Necesidades
y Consumo, México, Grijalbo, 1977.

3. Manuel Castells, La cuestión urbana, México, Siglo XXI, 1974, apéndice a la segunda edición.

4. Pierre Bourdieu, La distinción, Madrid, Taurus, 1988; Arjun Appadurai (ed.), La vida social de las cosas,
México, Grijalbo, 1991; Stuart Ewen, Todas las imágenes del consumismo, México, Grijalbo, 1991.

5. Mary Douglas y Baron Isherwood, El mundo de los bienes. Hacia una antropología del consumo, México,
Grijalbo-CNCA, 1990, p.80.

6. Ídem, p. 77

7. Alfred Gell, “Los recién llegados al mundo de los bienes: el consumo entre los gondo muria”, en A.
Appadurai, op. cit., pp.143-175.

8. A. Appadurai, op. Cit., p. 47.

9. Renato Ortiz, op. Cit., cap. IV.

10. Néstor García Canclini y Mabel Piccini, “Culturas de la ciudad de México: símbolos colectivos y usos del
espacio urbano”, en N. García Canclini (coord.), El consumo cultural en México, cit.

11. A Appadurai, op. Cit., p. 29.

12. Ídem, p. 57.

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Unidad 3
Han

La crisis de la libertad
La explotación de la libertad
La sensación de libertad se ubica en el transito de una forma de vida a otra, hasta que finalmente se
muestra como una forma de coacción. Así, la liberación sigue siendo una nueva sumisión. Este es el destino
del sujeto que literalmente significa estar sometido.
Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea
y se reinventa. Este tránsito del sujeto al proyecto va acompañado de la sensación de libertad. Pues bien, el
propio proyecto se muestra como figura de coacción. El yo como proyecto, que cree haberse liberado se
somete a coacciones internas y a coerciones propias en formas de una coacción al rendimiento y la
optimización.
Vivimos una fase histórica especial en la que la libertad misma da lugar a coacciones. La libertad del
poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber. El deber tiene un límite. El poder
hacer, por el contrario, no. Es por ello por lo que la coacción que proviene del poder hacer es ilimitada.
El sujeto de rendimiento, que se pretende libre, en realidad es un esclavo absoluto en la medida en que
sin amo alguno se explota a si mismo de forma voluntaria. Al esclavo neoliberal le es extraña la soberanía,
incluso la liberad del amo que, según la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, no trabaja y únicamente
goza.
El sujeto neoliberal como empresario de si mismo no es capaz de establecer con los otros una amistad
sin fin alguno. Sin embargo, ser libre significa estar entre amigos. Uno se siente libre solo en una relación
lograda, en una coexistencia satisfactoria. El aislamiento total al que nos conduce el régimen neoliberal no
nos hace realmente libres.
El neoliberalismo es un sistema muy eficaz e inteligente para explotar la libertad. Se explota todo
aquello que pertenece a prácticas y formas de libertad. No es eficiente explotar a alguien en contra de su
voluntad. Solo la explotación de la libertad genera mayor rendimiento.
En consecuencia ser libre no significa otra cosa que realizarse mutuamente. La libertad individual
representa para Marx una trampa del capital. La libre competencia es solo la relación del capital consigo
mismo como otro capital. El capital realiza su reproducción relacionándose consigo mismo como otro
capital por medio de la competencia. La libertad individual es una esclavitud en la medida en que el capital
la acapara por su propia proliferación. Así, para reproducirse, el capital explota la libertad del individuo.
Por mediación de la libertad individual se realiza la libertad del capital. La libertad individual confiere
al capital una subjetividad automática que lo impulsa a la reproducción activa. La libertad individual, que
hoy adopta una forma excesiva, no es en último término otra cosa que el exceso del capital.

La dictadura del capital


Según Marx, las fuerzas productivas, en un determinado nivel de su desarrollo, entran en contradicción
con las relaciones de producción dominantes. Esto ocurre porque las fuerzas productivas progresan
continuamente. Así, la industrialización genera nuevas fuerzas productivas que entran en contradicción con
las relaciones de propiedad y dominación, lo que conduce a crisis sociales. La contradicción se elimina
mediante la lucha del proletariado contra la burguesía, que genera el orden social comunista.
Frente a la presunción de Marx, no es posible superar la contradicción entre las fuerzas productivas y
las relaciones productivas mediante una revolución comunista. De este modo, el capitalismo industrial muta
en neoliberalismo o capitalismo financiero con modos de producción posindutriales, inmateriales, en lugar
de tocarse con el comunismo.
El neoliberalismo convierte al trabajador en empresario. Hoy cada uno es un trabajador se explota a si
mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona.
Ya no es posible sostener la distinción entre proletariado y burguesía. El proletariado es aquel que
básicamente tiene a sus hijos como única posesión. Su autoproducción se limita unicamente a la
reproducción biológica. Hoy, por el contrario, se extiende la ilusión de que cada uno, en cuanto proyecto
libre de si mismo, es capaz de una autoproducción ilimitada. Hoy todos estamos dominados por una
dictadura del capital.

“Psicopolítica” | 1
El régimen neoliberal transforma la explotación ajena en la autoexplotación que afecta a todas las
clases. Esta hace imposible la revolución social, que descansa en la distinción entre explotadores y
explotados.
Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace así mismo responsable y se
avergüenza, en lugar de poner en duda a las sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia
del régimen neoliberal. No deja que surja resistencia alguna contra el sistema. En el régimen de la
explotación ajena, por el contrario, es posible que los explotados se solidaricen y juntos se alcen en contra
del explotador.
Ya no trabajamos para nuestras necesidades, sino para el capital. El capital genera sus propias
necesidades que nosotros percibimos como propias.
La política moderna se caracteriza por la emancipación del orden trascendente, esto es, de premisas
fundamentadas religiosamente. Solo en la modernidad, sería posible una politización completa de la
sociedad.
Si estamos libres de deuda, vale decir, si somos plenamente libres, tenemos que actuar de verdad.
Quizás incluso nos endeudamos permanentemente para no tener que actuar, esto es, para no tener que ser
libres ni responsables. Walter Benjamín concibe el capitalismo como religión. Es el primer caso de un culto
que no es expiatorio sino culpabilizador.

Dictadura de la transparencia
Al principio se celebró la red digital como un medio de libertad ilimitada. La libertad y la
comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancias totales. También los medios sociales se
equiparan cada vez más a los panópticos digitales que vigilan y explotan lo social de manera despiadada.
Cuando apenas acabamos de liberarnos del panóptico disciplinario, nos adentramos a uno nuevo aún más
eficiente.
A los reclusos del panóptico benthamiano se los asilaba con fines disciplinarios y no se les permitía
hablar ente ellos. Los residentes del panóptico digital, por el contrario, se comunican intensamente y se
desnudan a su propia voluntad. La sociedad del control digital hace un uso intensivo de la libertad. Es
posible solo gracias a que, de forma voluntaria, tienen lugar una iluminación y un desnudamiento propios.
También se reclama transparencia en nombre de la libertad de comunicación. La transparencia es en
realidad un dispositivo neoliberal. De forma violenta vuelve todo hacia el exterior para convertirlo en
información. En el modo actual de producción inmaterial, más información y comunicación significan más
productividad, aceleración y crecimiento.
El secreto, la extrañeza o la otredad representan obstáculos para una comunicación ilimitada. La
comunicación se acelera cuando se eliminan todas las barreras, muros y abismos. También a las personas se
las desinterioriza. Esta desinteriorización tiene lugar de forma voluntaria. El dispositivo de la transparencia
obliga a una exterioridad total con el fin de acelerar la circulación de la información y la comunicación.
El neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. La libertad del ciudadano cede ante la
pasividad del consumidor. El votante, en cuanto consumidor, no tiene un interés real por la política. Se
relaciona de forma pasiva a la política, igual que el consumidor ante mercancías y los servicios que lo
degradan. Los políticos y los partidos también siguen esta lógica del consumo.
La transparencia que hoy se exige de los políticos es todo menos una reivindicación política. El
imperativo de la transparencia sirve sobre todo para desnudar a los políticos. La reivindicación de la
transparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. Es la reivindicación de un
ciudadano pasivo. La sociedad de la transparencia, que está poblada de espectadores y consumidores, funda
una democracia de espectadores.
Hoy nos ponemos al desnudo sin ningún tipo de coacción ni de prescripción.
Nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia el control
activo. Nos precipita a una crisis de la libertad con mayor alcance, pues ahora afecta a la misma voluntad
libre. El Big Data permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la
comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación.
El Big Data permite hacer pronósticos sobre el comportamiento humano. De este modo, el futuro se
convierte en predecible y controlable.
El Big Data anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre.
Todo dispositivo, toda técnica de dominación, genera objetos de devoción que se introducen con el fin
de someter. Materializan y estabilizan el dominio. Devoto significa sumiso.
“Psicopolítica” | 2
Poder Inteligente
El poder tiene formas muy diferentes de manifestación. La más indirecta e inmediata se exterioriza
como negación de la libertad. El poder no tiene que adquirir necesariamente la forma de coacción y si
depende de la violencia no representa el poder supremo. El solo hecho de que una voluntad surja y se
oponga al poderoso da testimonio de la debilidad de su poder. Cuanto mayor es el poder, más silencioso
actúa.
El poder sin duda, puede exteriorizarse como violencia o represión. Pero no descansa en ella. No es
necesariamente excluyente, prohibitorio o censurador. Y no se opone a la libertad. Incluso puede hacer uso
de ella.
El poder disciplinario no está dominado del todo por la negatividad. A causa de su negatividad, el poder
disciplinario no puede describir el régimen neoliberal, que brilla en su positividad. La técnica de poder
propia del neoliberalismo adquiere una forma sutil, flexible, inteligente, y escapa a toda visibilidad. El
sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda
totalmente oculto. De ahí que se presume libre.
Ineficiente es el poder disciplinario que con gran esfuerzo encorseta a los hombres de forma violenta
con preceptos y prohibiciones. Radicalmente más eficiente es la técnica de poder que cuida que los hombres
se sometan por si mismos al entramado de dominación. En lugar de hacer a los hombre sumisos, intenta
hacerlos dependientes.
El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que
dirige esa voluntad a su favor. Se esfuerza en generar emociones positivas y explotarlas. Seduce en lugar de
prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades.
El poder inteligente se ajusta a la psique. No nos impone ningún silencio, al contrario, nos exige contar
nuestra vida. La presente crisis de libertad consiste en que estamos ante una técnica de poder que no niega o
somete la libertad, sino que la explota.
El poder inteligente, de apariencia libre y amable, que estimula y seduce, es más efectivo que el poder
que clasifica, amenaza y prescribe. Uno se somete al entramado de poder consumiendo y consumiéndose. El
neoliberalismo se diferencia sustancialmente del capitalismo del siglo XIX, que operaba con coacciones y
prohibiciones disciplinarias.
El poder inteligente lee y evalúa nuestros pensamientos conscientes e inconscientes. Esta dominación
no requiere de gran esfuerzo, de violencia, ya que simplemente sucede.

El topo y la serpiente
El poder disciplinario consiste en entornos e instalaciones de reclusión. La familia, la escuela, la cárcel,
el cuartel, el hospital y la fábrica representan estos espacios de reclusión. El sujeto disciplinario cambia de
un entorno de reclusión a otro. Así, se mueve en un sistema cerrado. El topo es el animal de la sociedad
disciplinaria.
Estas presionan hacia una mayor apertura y deslimitación. El topo no puede soportar esta apertura. En
su lugar surge la serpiente. Este es el animal de la sociedad de control neoliberal. El topo es un trabajador.
La serpiente por el contrario delimita el espacio a partir de su movimiento. La serpiente es el empresario.
El topo es un sujeto sometido. La serpiente es un proyecto, en la medida en que genera el espacio a
partir de su movimiento. El tránsito del topo a la serpiente, del sujeto al proyecto no es una irrupción hacia
una forma de vida totalmente diferente, sino una mutación, incluso una agudización del capitalismo. Los
movimientos restringidos del topo ponen límites a la productividad.
La serpiente elimina la limitación a través de nuevas formas de movimiento. De este modo, el sistemas
capitalista basado en el modelo del topo cambia al modelo de la serpiente para aumentar la productividad.
El régimen disciplinario, según Deleuze, se organiza como un cuerpo. El régimen neoliberal, por el
contrario, se comporta como alma. De ahí que la psicopolítica sea su forma de gobierno. La motivación el
proyecto, la competencia, la optimización y la iniciativa son inherentes a la técnica de dominación
psicopolítica del régimen neoliberal.

El dilema de Foucault
Después de vigilar y castigar, Foucault se dio cuenta de que la sociedad disciplinaria no refleja
exactamente su tiempo. De ahí que a finales de los ‘60 se ocupe del análisis de las formas de gobierno
neoliberales. El problema reside en que se aferra tanto al concepto de población como al de la biopolítica.
Foucault no tiene del todo claro que biopolítica y población, en cuanto categorías genuinas de la sociedad
“Psicopolítica” | 3
disciplinaria, sean ambas apropiadas para describir el régimen neoliberal. En su lección 1978-1979, el autor
no llega a ocuparse del análisis de la biopolítica neoliberal. Al respecto, se muestra autocrítico sin llegar a
conocer el verdadero problema.
La muerte temprana privó a Foucault de la posibilidad de repensar su idea de biopolítica y de
abandonarla en favor de la psicopolítica neoliberal
Foucault vincula la biopolítica con la forma disciplinaria del capitalismo, que en su forma de
producción socializa al cuerpo: Para la sociedad capitalista, la biopolítica es lo que realmente cuenta. La
biopolítica se asocia fundamentalmente a lo biológico y a lo corporal. Se trata en última instancia, de una
política corporal en sentido amplio.
El neoliberalismo como una nueva forma de evolución del capitalismo descubre la psique como fuerza
productiva. Este giro a la psique, y con ello la psicopolítica, esta relacionado con la forma de producción del
capitalismo actual. No se producen objetos físicos sino información y programas. Para incrementar la
productividad, no se superan resistencias corporales sino procesos psíquicos y mentales. El disciplinamiento
corporal sede ante la optimización mental.
Hoy el cuerpo es liberado del proceso productivo inmediato y se convierte en objeto de optimización
estética y técnico sanitaria. El cuerpo dócil ya no tiene ningún lugar en el proceso productivo. La
optimización corporal es mucho más que una mera praxis estética.
Bernanrd Stiegler reconoce con razón que el concepto foucaultiano de poder ya no es adecuado a
nuestro tiempo. En sus palabras dice: “las psicotecnologías del psicopoder” entrarían en escena en lugar del
biopoder. Con ello se refiere propiamente a las industrias de programas telecráticas como la televisión, que
nos rebaja a un ente consumidor movido por los impulsos y conlleva a la regresión de la masa.

Sin embargo, lectura y escritura frente a televisión es un esquema anticuado de la crítica cultural que
pasa por alto la revolución digital. De forma sorprendente, Stiegler apenas ocupa los medios digitales
genuinos; apenas presta atención a la estructura panóptica de la red digital. Con ello no trata adecuadamente
la psicopolítica neoliberal que de forma masiva se sirve de la técnica digital.

“Psicopolítica” | 4
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LA CULTURA
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ARGENTINA HOY
tendencias!

luis alberto quevedo


(compilador)

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~ 5. Devenires del apetito argentino
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COMER

En el plano más evidente, el ser humano comparte con todos


los seres vivos la realidad utilitaria de alimentarse. Esto ha producido
durante mucho tiempo, y de manera equivocada, una asimilación con
el apetito -impulso básico e instintivo de nuestra parte animal- que ha
menospreciado cualquier análisis profundo sobre el gusto, en tanto una
de las funciones inferiores de la percepción sensorial. Sin embargo, la
comida está plagada de fantasmas y pasiones -la industria y su "creativos"
publicitarios lo han entendido bien- que exceden su carácter fisiológico
e insustituiblemente preservativo, pues remiten a la percepción y la exé-
gesis del mundo.
~
¡ Hace un tiempo que el de comer ha dejado de ser un acto supedita-
L
I' do exclusivamente a la subsistencia y ha adquirido, como pocos temas
t en la escena contemporánea -incluso en la Argentina-, una relevancia
¡ significativa. Esto se evidencia en que la comida está presente en la vida
¡ cotidiana no sólo desde su aspecto vitalista o desde su carestía, sino tam-
bién como reflejo de satisfacciones más profundas que involucran las
¡
¡ representaciones sociales, culturales, mitológicas e imaginarias y que se
¡
! expresan, como nunca antes, en que el comensal actual es acosado por
f disímiles retóricas -médicas, higienistas, dietéticas, estéticas, hedonistas,
! éticas, económicas, morales, etc.- que nutren su experiencia cotidiana.
'
1
Así, cabe prestar atención a la cantidad de discursos sobre la alimen-
tación que cotidianamente se expresan en los medios masivos de comu-
nicación. Es difícil encontrar un magazine televisivo o una publicación
gráfica que no haya sumado a su equipo un cocinero que confeccione
1 recetas, mientras también se multiplican los programas -y hasta cana-
l
! les- especializados en el tema, y existe una cantidad importante de reality
i
i shows en que los participantes compiten con sus habilidades culinarias
¡ o se someten a la tortuosa evaluación de un jurado médico para bajar .
de peso. Los chefs, los sommeliers y los críticos gastronómicos están de
l parabienes, pues han adquirido un nombre y una visibilidad inauditos.

,, 1
118 LA GULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL .A PETITO ARGENTINO 119

Los dietarios y los libros de recetas tienen su lugar privilegiado en los <'. su propia comida, superponiendo la actividad de producción
anaqueles de las librerías, y muchos de ellos se convierten en best sellers. a la de captura. La comida es cultura cuando se prepara, porque,
Hay guías electrónicas sobre restaurantes y conductores televisivos que una vez adquiridos los productos básicos de su alimentación, el
viajan alrededor del mundo probando ..,_ diversos sabores y descubriendo hombre los transforma mediante el uso del fuego y una elabo-
gustos exóticos. En las comidas cotidianas que se realizan en compañía, rada tecnología que se expresa en la práctica de la cocina. La
uno de los temas golosos de diálogo entre los participantes es, indefecti- comida es cultura cuando se consume, porque el hombre, aún
blemente -valga la redundancia-, la comida. 1 pudiendo comer de todo, o quizás justo por ese motivo, en rea-
Aquello que comemos es objeto de comunicación y vehículo de sig-
r lidad no come de todo, sino que elige su propia comida con
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.....>.:
:·..1.
nificaciones que poseen una existencia cotidiana y representan lapo- criterios ligados ya sea a la dimensión económica y nutritiva del
sibilidad de conocernos en el plano más inmediato. En definitiva, se ·1
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gesto, ya sea a valores simbólicos de la misma comida (Monta-
planifica un libro como este, que intenta evidenciar tendencias, y es nari, 2004: 9-10).
ineludible tratar el tema de la alimentación como una de las significa- ·. ¡ .
ciones específicas de la Argentina de hoy, ya que el discurso al respecto La comida nos nutre, nos estimula a glosar la vida y otorgarle sentido;
ha adquirido una sobreexposición determinante en la cultura contem-
'f es un registro simbólico en que se transcribe y condena una realidad
poránea que no necesariamente se corresponde con una reflexión so- social más amplia. Comer es asimilar el mundo, imbuirse en él a través
f
bre la alimentación. de resonancias sensibles que en la cotidianidad nos arrojan físicamente
La comida y, por supuesto, el deporte parecen ser los últimos grandes a un rico cúmulo de significados posibles, aunque estereotipados por la
sucesos de nuestras sociedades del espectáculo. Y esto sucede en el con- 1 costumbre y la desidia autorreflexiva. Todo texto, como toda c_omida, es
texto actual de producción de mercancías no sólo como señala la tesis un horizonte de alusividad, un reflejo cognitivo que delimita el perfil de
más difundida y obvia de los estudios antropológicos -la centralidad fun- lo reflejado y que no consume, en tanto conocimiento, el espesor de la
damental que han adquirido los alimentos como valor de uso o de cam- 1¡ materia que simboliza.
bio a lo largo de la historia y en las distintas culturas para el sustento y el !'" En este sentido, la comida, la dieta y el régimen son categorías indis-
intercambio social-, sino por el rol económico central que la industria ,· pensables para pensar las conductas e identidades humanas, así como
alimentaria ha adquirido en la sociedad contemporánea. El capitalismo t cualidades comunicativas muy eficaces.
es voraz y los alimentos son una de sus mercancías estrella de esta épo-
ca al reproducir un código relacional y una construcción simbólica que
estereotipan los poderes sociales. De la misma manera en que la mira-
da filantrópica sobre la pobreza esconde el problema de la distribución MERCANCÍA: COMIDA
de la riqueza (maximización antagónica del consumo) , la alimentación
vuelta mito convierte lo socialmente aceptable, lo moralmente deseable . Nada de lo humano es ajeno al consumo, y en él se funda nuestro sistema
y lo estéticamente convencional en natural. cultural. En nuestras sociedades, las fuerzas que nos empujan a consumir
Y si de naturalización hablamos, no hay mercancía que se asocie con son tan poderosas como aquellas que nos invitan a comer. El capitalismo
1
mayor gusto a la naturaleza que la comida. Lo oportuno de esta aso- de consumo ha ocupado el lugar de las economías de producción; todo
ciación esconde lo impropio, pues su pertenencia es del orden de lo participa del intercambio simbólico o real y, si bien se manifiesta como
artificial. La comida siempre es cultura, ya que se crea, se cocina y se una gratificación individual generalizada, no es más que un destino so-
consume. cial que afecta a las clases en desigual medida.
Las sociedades de consumo no s_e caracterizan sólo por un elevado
1
La comida es cultura cuando se produce, porque el hombre no bienestar material, sino por determinado "estilo de vida". Este estilo es el
1
utiliza sólo lo que se encuentra en la naturaleza (como hacen quid pro quo del presente nacional de nuestra progresía. La cultura inhe-
todas las demás especies animales), sino que ambiciona crear 1
! rente a esta clase de sociedad que hemos construido define el contenido
1

., :a.o. 1
1 20 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 121

de los valores predominantes, da sentido al imaginario institucional y le- COMIDA Y BURGUESÍA


gitima la desigualdad social. Ya sólo fisgonear la composición del reper-
torio de bienes de consumo que adquirimos nos serviría para detectar El predominio del capital productivo sobre el financiero es una rea-
[Link] propios rasgos sociales . .__ lización inasequible para todo gobierno con visos progresistas o de-
Más allá de las adquisiciones, nós han invadido en estos últimos tiem- sarrollistas en la historia argentina. Seguimos fracasando en la intención
pos el diseño y los diseñadores, quienes, sabiendo que la mercancía no de constituir una burguesía nacional. ¿Qué tendrá que ver esto con la co-
se mantiene en un único registro, contribuyen a hacer esfuerzos para mida? No sin razón se ha emparentado la constitución de cocinas con el
no sacrificarla solamente al uso. El mundo contemporáneo registra una papel desempeñado por las burguesías nacionales. La burguesía argenti-
intersección entre procesos de diseño, construcción de sentido y flujos na, en tanto clase subdesarrollada, insuficiente y de exacerbados gestos
de economías simbólicas. En la idea de que la propia sociedad es, en aristocráticos, practicó con la cocina las mismas ausencias históricas que
cierto sentido, postindustrial -se ha vuelto espectacular y especular- está realizó con otras dimensiones culturales. Su incapacidad para servir de
implícito un argumento sobre la prioridad del consumo corno determi- modelo y marcar pautas gastronómicas es compatible con su fascinación
nante de la vida cotidiana. Antes que corno bienes de uso, los bienes ma- por asimilar y privilegiar recetarios extranjeros -en especial, aquellos de
teriales -significantes del gusto y el estilo de vida- se consumen porque la comida francesa- como pautas de un proceso civilizatorio. La dicoto-
son comunicadores. Vivimos una época de colonialismo comunicativo mía civilización o barbarie, en los inicios de nuestra historia como país,
en que la dimensión interactiva augura cierto protagonismo virtual con- también puede expresarse en el ámbito culinario, y Sarmiento se mofa
trapuesto a la sensación de inautenticidad percibida en la realidad. Con de los miembros de la incipiente ménagerie porteña llamándolos "culte-
la proliferación de signos mediáti~os, la desvirtuada "realidad" -alguna ranos", pues no comen mulita y sí rana, ya que M. Charpentier dicta las
vez ser ineluctable de la verdad peronista-ha perdido estabilidad frente tendencias francesas de la época; así, ofrece una comida en su casa del
a la imagen, y se ha destacado el aspecto cultural de las sociedades de Tigre -a la que asiste él presidente- para esa clase, adoctrinada al gusto
consumo en la misma instancia que se desregula la vida social y se apela francés y que desprecia lo criollo, y les cocina carpincho por liebre, di-
a la variabilidad o desestmcturación de las relaciones sociales. ciéndoles la verdad sólo a los hombres:
Si bien todo alimento es una mercancía no exenta de tales caracterís-
ticas, tiene sus particularidades que la diferencian dentro de esta "civili- La carne es excelente, y en una fiesta veneciana tenida en el
zación del deseo". Por un lado, es la mercancía que, en un capitalismo Carapachay todo el High-Life gustó en general de un enorme
entronizado en la estimulación perpetua de la demanda, más claramente carpincho asado, chupándose los dedos las damas que no sa-
garantiza un continuo consumo, reforzado por una clarificación de su bían que era carpincho, y relamiéndose los bigotes los machos
autoobsolescencia programada: no hay ningún alimento que no tenga que lo sabían (Sarmiento, 1948a: 98).
vencimiento ni que, de no ser ingerido, no se consuma a sí mismo. Vi-
vimos el tiempo de los objetos, como decía Baudrillard (2009: 3); pero Desde siempre hemos mirado hacia afuera de nuestras fronteras y, suges-
ninguno más que la comida nos impone su ritmo y su incesante suce- tivamente, los extranjeros han tenido [Link] análisis lúcidos sobre
sión. Por otro lado, en un mundo que avanza en su creciente adicción nosotros. La extranjería es parte del ser nacional. La cocina argentina se
respecto del mundo digital con su consecuente y cada vez más profunda expresa en Buenos Aires y ha mirado de manera invariable hacia Europa
inmersión en un universo desmaterializado dominado por las pantallas, tratando de imitar recetas, aun a falta de ingredientes que sustentasen su
que, al contrario de lo que publicitan, corroen los modos de socializa- hechura. Así lo expresa Clemenceau en el año del Centenario:
ción -los modos de socialización "externa" tienden cada vez más a ser !
modos de desocialización "interna" o privatización extrema (Castoriadis, Difícilmente se puede hablar, de la cocina de Buenos Aires
2008: 33)-, el comer sigue siendo un anclaje experiencia} de socializa- -más bien internacional- excepción hecha de las casas que se
ción y el alimento, si bien ya np es lo que era, es un anclaje material con pueden permitir el lujo de un jefe de cocina francés. Influencia
· el mundo y la cultura. marcada de Italia con sus pastas y sus quesos. Poca variedad en
122 LA C,ULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 123

los pescados. Deplorable costumbre de una carne rebelde, por iliéndose como la más valorada, seguida de la autóctona y, por último,
la sencilla razón de hacer uso de ella demasiado recientemente la africana. Europa nos ha llenado de neologismos, y en su presunción
muerta. Legumbres indiferentes. Demasiados frutos tropicales descubridora -ontología del encubrimiento- cultivó la convicción de
y demasiado efecto tropical sobre las frutas europeas. Cabrajos que su capacidad de imponerse ha sido lo que ha puesto en marcha esa
y pescados de Europa, impor"iados por los frigoríficos, poco re- auténtica cultura de la intersección y el mestizaje que marca de manera
comendables. Agua magnífica. Platos nacionales: el puchero, tan particular a todo nuestro continente.
buey hervido, excelente cuando el animal (lo cual es raro) no En definitiva, tanto los datos ecológicos concretos como los modos de
ha sido sacrificado por la m,¡iñana; el asado, cordero asado todo colonización y el tipo de organización sociopolítica específico de cada
entero, sabroso recuerdo de mis excursiones por Grecia, donde uno de los pueblos sometidos por la Conquista marcan con una impron-
lo encontré con el nombre de cordero a la palikará. Podría aña- ta indeleble nuestras cocinas:
dir una larga lista cuyo principal interés serían nombres raros
dados a platos conocidos. Sobre el fondo inmutable del hom- Las expediciones de reducidas tropas mi~itares contra las pe-
bre y sus sociedades, ¿no está el placer más claro de nuestros queñas bandas de indígenas del Río de la Plata fueron suficien-
cambios, en la variedad de las apariencias y de las formas de tes para destruir casi completamente a los habitantes y su cul-
expresión? (Clemenceau, 1999: 102) tura, afirmándose en un segundo momento la riqueza de un
sistema culinario argentino netamente inspirado en las costum-
La identidad siempre ha desvelado a las letras argentinas, y la misma bres alimentarias de países europeos. Esto es particularmente
inquietud puede ser trasladada a la gastronomía. La pregunta de Cle- i
í
evidente si se considera, por un lado, la parrillada que, aunque
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menceau, cuando menos, resulta inquietante y una pista certera de f utilice una simple parrilla -que podernos suponer indígena-,
indagación. La historia de la cultura argentina está forjada por la oclu- ¡
· l
está esencialmente compuesta de carne bovina desconocida en
sión. Si bien la idea de origen es siempre sospechosa, es innegable que época precolombina, y por otro, la empanada, masa rellena he-
!
-a diferencia de otros países americanos- hemos arrasado con nuestros 'i cha con harina de trigo, un producto también extraño en esas
rasgos de lo autóctono y que nuestra constitución más fidedigna es la
implantación cultural realizada por las diversas corrientes inmigrato-
¡ latitudes. [ ... ] Muestra distinciones más bien marcadas cuando
se consideran sus provincias del Norte: Catarnarca,Jujuy, Salta.
rias, con preeminencia de las europeas. Y todo este devenir fue acom-
l
¡ En esta vasta región de la Puna andina, aún influenciada por la
pañado por la ciudad letrada: se la creyó en sus orígenes Trapalanda o ! cultura arcaica, la alimentación de las poblaciones de montaña
· el Imperio de Jauja (Martínez Estrada), un país ilusorio plagado de oro
y especias que atrajo al frustrado conquistador rapiñero; o soñó con
ser Eurindia (Ricardo Rojas), ese nuevo mistério etnológico, en que la
¡' está representada de preferencia por estofados ( locro, mote), co-
cidos en ollas con maíz, papas o quinuas hervidos, acompaña-
dos o no por carne de llama o de oveja (Fournier, 2003: 124).
Argentina es el órgano más fecundo, que asimila lo europeo y supera l¡.
lo americano. ¡ Amén de que, certeramente, algunos historiadores han emparentado la
En ese sentido, mucho de nuestro pasado fue negado, y, en la alimen-
tación, el gran trabajo etnográfico itinerante y de transcripción de la
''
' j división de clases a la división de cocinas, la cocina argentina -si es que
la hubiera- no debe nada a la burguesía.
oralidad de Juana Manuela Gorriti es sólo un recuerdo leve que ha sido La alimentación y la cocina, son entre otros, elementos centrales del
devorado por las insaciables fauces del tiempo y que nos habla de una sentimiento colectivo de pertenencia. Cada sistema culinario posee su
diversidad perdida o resignificada: una cocina ecléctjca, federal y diver- estructura propia, en la cual se conjugan tanto sistemas de cocción pre-
sa, que desmiente el nacionalismo jerárquico porteñocéntrico haciendo feridos como un producto base; y, con independencia de las tendencias
lugar a la distinción intercomunitaria entre mundo urbano y rural y en- epocales, estos se resisten a ·cambiar y forman parte de esa dimensión
tre expresiones de las diferentes clases sociales. En todo el continente del tiempo histórico y social que -en términos de Ferdinand Braudel-
americano es la cocina europea la que indefectiblemente termina impo- podría llamarse de "larga duración". En el caso argentino, en nuestro
124 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 12 5

sistema culinario se destaca -en tanto reconocimiento propio y ajeno- la " duras y las legumbres se desconocían, prácticamente. Martín
carne vacuna cocida a las brasas. Fierro atribuye a los hartazgos de la carne, que probablemente
no sazonaban ni asaban, la epidemia de viruela. Será, decíamos
nosotros, / De tanta carr,,e de potro / Como comen estos brutos (Martí-
"-..
nez Estrada, 1948: 343) ..
DE CARNE SOMOS
Maldoror performativo que asimila consumación y consumo, matadero y
Todavía resuenan los ecos de un.a encuesta nacional realizada en el año degüello, asador y autofagia:
del bicentenario de la Revolución de Mayo, en la cual el asado ocupaba
-con el tango y el fútbol- el lugar preferencial identitario que marcaba la El asado se asa en un asador de hierro, o de palo, y se come con
polisemia nativa. El de la identidad o lo nacional es un tema complejo y el mismo cuchillo con que se mata al prójimo, quemándose los.
cercano a cierto relativismo o albur conceptual, aunque el determinismo dedos. ¡Qué triste y desconsolador es todo estor Me parte el
carnívoro esbozado por David Viñas para explicitar el comienzo de la alma tener que decirlo (Mansilla, 1993: 333).
literatura argentina es, cuando menos, inquietante:
Excluyente Weltanschauungsombría que trasiega los estereotipos categó-
La literatura argentina emerge alrededor de una metáfora ma- ricos de la política nacional de Rosas a Perón:
yor: la violación. El matadero y Amalia, en lo fundamental, no son
sino comentarios de una violencia ejercida desde afuera hacia Era asimismo la Mazorca, pues salió de los frigoríficos como la
adentro de la "carne" sobre el "espíritu" (Viñas, 1971: 15). otra salió de los [Link]. Eran las mismas huestes de Rosas,
ahora enroladas en la bandera de Perón, que a su vez era el
Hay una reverberación sinuosa y perseverante que se monta furtiva sobre sucesor de aquel tirano. Especie de representantes legales, ejer-
las anchas espaldas de la excluyente consigna "civilización o barbarie": es cían sin poncho en la ciudad, en el seno mismo de la ciudad sin
la de la carne vacuna, bárbara e indómita materia erigida metafísicamen- poncho pero con facón, el oficio de desjarretadores, degolla-
te en el auténtico dios pampeano: dores y saladores de tasajo de antaño. El país seguía siendo un
gran criadero y matadero de vacas como lo fuera desde Echeve-
Anteanoche, tras de un rancho, a la luz de un candil al aire rría hasta Hudson (Martínez Estrada, 1956: 32).
libre, Patricio Rodríguez, el ministro francés, el comandante de
la Decidée, Conesa y otros en cuclillas se pasaban el cuchi}lo del Las narraciones sincretizan la nación y sus proyecciones: en ellas ·uno
gaucho para cortar su tajada de un asad o al asador que sostenía vislumbra conflictos -muchas veces ocluidos, aunque en estado de laten-
una india vieja. ¡No haber un fotógrafo! exclamaba el francés. cia- a través de los cuales la cultura puede ser interrogada y comprendi-
Este era el dios de la Pampa (Sarmiento, 1948b: 317). da. La carne da para todo; por eso, cierta sociología manifiesta acerca del
proceso civilizatorio que
Materia móvil e inalámbrica, el ganado se cría solo y libre, contrapuesto
a lo cultivable -la agricultura y "tener la vaca atada"-, que es estático, ftjo, las relaciones que los hombres tienen con los alimentos de car-
demarca y requiere mano de obra: ne son, en cierto modo, muy significativas para considerar la di-
námica de las relaciones humanas y de las estructuras psíquicas
El alimento que constituía el régimen dietético exclusivo del (Elias, 1993: 160) .
indio era la carne de potro o de yegua. Las tropas de Rosas, en
. su campaña de 1833, las montoneras y la mayoría de los habi- Y esto es así porqúe hay significaciones estructurales que vienen desde
tantes del campo no probaban otra vianda. Las frutas, las ver- tiempos pretéritos y acompañan al hombre en su trajinar por _el mundo.

1
126 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 127

Producto de la colonización y de la evangelización como somos, el sal- ternura, La ternerita, Las nazarenas, etc.-, en los cuales, más allá de la
mista emite sentencia: "Él da pan a toda carne", y los hombres asumen el signatura, aparece el dibujo de una vaca sonriente, querible y gozosa de
veredicto de manera catártica. Civilización y barbarie evocan dos dieté- nuestra presencia en esos lugares de degüello bovino.
ticas contrapuestas: la cárnica y la vegetariana. Amén de cierta banaliza- Esa violencia ejercida sobre el ser vivo (esto podría extenderse a todos
ción contemporánea con respect~ ·a exteriorizar la posibilidad de optar los abastecimientos de carne animal: pollerías y pescaderías, con cándi-
entre ambas como parte de la buena conciencia ciudadana que anhela dos animalitos publicitando su exterminio) se expresa también, de ma-
una naturaleza bucólica, la alimentación cárnica agita fantasmagorías nera denigratoria, en el lenguaje cotidiano al asimilar la obesidad a una
irredimibles, pues implica el correr de la sangre, o sea, la tolerancia in- vaca, la brutalidad a un animal, la pesadez a un bofe, pelearse a "ir(se)
defectible de una vida sufriente, de una violencia radical. Enmascarada a los bifes", el órgano sexual masculino según el tamaño y aspecto al
por el proceso de industrialización al que están expuestos la mayoría de chorizo o la morcilla, matar a tajos a "achurar", el asesino a un carnicero,
los alimentos contemporáneos, la carne -no exenta de tal y como todo entre otros.
alimento animal- evoca una paradoja radical: si el ser vivo debe comer Ahora, la verdadera carnadura del asado -como en toda comida,
para vivir, mata al ser vivo para vivir. La hechura de la carne al asador aunque de manera más explícita y exculpatoria- es la conversación y el
conjuga en su realización una mezcla de teología y procacidad herética, encuentro.
enunciada recientemente en un excelso banquete nacional:
Es que la carne de vaca asada a las brasas, el asado, es no úni-
La apología del asado sólo podría ser una teología menor, nun- camente el alimento de base de los argentinos, sino el núcleo
ca como la destinada a ofrecer las pruebas de la existencia de de su mitología, e incluso de su mística. Un asado no es única-
Dios. Es la del festejo de la cultura como un sacrificio de la mente la carne que se come, sino también el lugar donde se la
vida, de la que en definitiva son los otros portadores de sangre, come, la ocasión, fa ceremonia. Además de ser un rito de evo-
nuestros congéneres, los animales. Esta es una de las piezas más cación del pasado, es una promesa de reencuentro y de comu-
reales de la teoría de la culpa. El goce del asado, su reverso, se nión. Como reminiscencia del pasado patriarcal de la llanura,
demuestra con que sólo miremos esas tripas asoladas, revolvién- es un alimento cargado de connotaciones rurales 'y viriles, y en
dose entre calculados fuegos (González, 2014: 16-17) . general son hombres los que lo preparan (Saer, 1991: 248-249).

El hombre ya casi no reza antes de alimentarse; sin embargo, uno podría Instancia conservadora -'-algunos dicen, de modo cínico y paradoja!, con-
pensar, con el protagonista del escrito citado -el padre Poggi- , que el servacionista: su consumo perpetúa su existencia-y persistente de cierto
encuentro de la carne y el fuego vislumbra la mismísima forma de lo significante asociado a la masculinidad, a la pesadez y a la cultura demo-
humano y que sin asado no hay cristianismo - expresión inflacionaria de crática burguesa (la capacidad de consumo de nuestra sociedad se rige
la conjunción entre lo divino y la argentinidad-. más clasista y mediáticamente a partir del valor de ese equivalente gene-
- Es claro, sin embargo, que el ~·goce del asado" sublima la violencia ral excluyente, el dólar, y de forma más democrática, a partir del precio
ejercida sobre el ser vivo y esto se eleva por sobre la división de clases de la carne). Incongruente desde la esencia y sensato desde la aparien-
-salvo por la calidad: de pastoreo y exportación sólo para quien pueda cia, en el país de la carne McDonald's posee más de doscientos locales.
pagarla; de feedlot para los otros (las vaquitas siguen siendo ajenas, diría La Argentina, siempre atenta a las tendencias globales y a las moderni-
el trovador)-. A la gran mayoría de los habitantes de este país no los de- zaciones compulsivas, no ha podido escapar a la comida rápida ni a las
tiene la culpa: en contraste con lo que esta pueda provocarles, exaltan los
atributos de la faena, realizada a escondidas, nominando sus carnicerías
¡ hamburgueserías, íconos populares y representativos de la modernidad
de la cultura y la ideología burguesas. La adaptación de los procesos más
con provocadoras y cínicas señales. Experimente detenerse un momento avanzados del capitalismo (la producción en serie, la cadena de moritaje,
en los nombres de comercios expendedores de carne y parrillas -Siga el sistema centralizado de compras, los modernos sistemas de almacena-
la vaca, La revancha, La vaca loca, El rey de la molleja, El triunfo, La miento y distribución, el modelo multinacional, las nuevas fórmulas del

/"
128 1A CULTURA ARGENTINA HOY - DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 129

marketing y la técnica de las franquicias) a la industria alimentaria. Para <oidad de sensibilización ante los riesgos. Al quimérico ideal de una dieta
un país que se cree lo que no es, o que siempre promete ser otra cosa, sana procedente de nuestra ascendencia alimentaria se han incorporado
la "cajita feliz" es símil de la de Pandara. La hamburguesa no es sólo un de a poco significaciones de salud y delgadez novedosas. Asistimos al
menjunje ·con carne picada: es también un símbolo económico y socio- auge de una cultura somática. El cuerpo se ha convertido en blanco de
lógico, un modelo repetitivo y p~ipetuo por un proceso controlado al múltiples atenciones y es, al mismo tiempo, un objeto privilegiado de
máximo y eficaz que ha democratizado y serializado la alimentación. No dispendiosas inversiones.
original, maquínico, sistémico y experiencia!, aunque sustancialmente La relación entre salud y alimentación no es nueva, aunque sí aparece
fetichista: la hamburguesa -cap1e picada- es el punto más álgido del contemporáneamente sobredimensionada. De nuevo, en este caso, basta
desmembramiento cárnico. En sintonía con el desarrollo del capitalismo con echar una mirada displicente a las denominaciones básicas de los ali-
de con~umo -desmaterializador del proceso productivo y sinonimia de la mentos presentes en las góndolas de los supermercados -y, por qué no,
indusl:I}~ización en el tema alimentario-, es el paroxismo expresivo de percatarse del ingenio de los departamentos de marketing-: light, bío,.pro-
la negación del abolengo. De la misma manera en que la biotecnología bióticos, ricos en fibras, + calcio, menos azúcar y menos grasa, etc., sin
ha reemplazado a la met,afísica, la sanción penal al descuartizamiento, la contar -ya nos hemos acostumbrado a esto- que, desde no hace mucho,
cárcel al verdugo, la empresa etérea a la fábrica cuerpo, el mérito al sala- poseen una tabla que discrimina su contenido de .elementos nutriciona~
rio y los productos a la producción, la hamburguesa ha desanimalizado les (calorías, cantidad y tipo de grasas, calcio, sodio, potasio, colesterol,
a la resi,t/: etc.) y su fecha de defunción. La vida humana se ha medicalizado y los
Som~;IS lo que comemos, aunque comemos lo que deseamos ser. "Con- alimentos han entrado en consonancia con la época; todos somos pa-
sumir eianiquilar y comer; es destrnir incorporando" (Sartre, 1989: 722). cientes en un mundo organizado sistémicamente en el cual el sistema in-
Nuestra alimentación basada en la carne asada ciega la violencia ejercida munitario ha reemplazado a las personas. La comida ya no es lo que era,
sobre la!<bárbára materia" [Link] la instancia dialógica como consig- sino un objeto de disputa moral o un artefacto para el bienestar físico
na supe,.:estrnctural para el encuentro alrededor de un pedazo de carne. -saludable o no- que ha producido una disociación entre su dimensión
El lengúaje nos autorrepresenta, y a su vez, nos constituye significando libidinal y su carácter técnico; de esta manera, desvinculada de su trama
mitos y ~egistros imaginarios que nos dicen de qué va la cosa, o sea, la res histórica, se ha convertido más que nada en un artefacto de la reproduc-
argenti~a, la carne. tividad técnica. Vivimos en una época que tiende a asimilar la comida
a un recurso técnico que conmueve fibras profundas de identificación .
para aquellos que tenemos la subsistencia garantizada: la alimentación es
un medio para realidades inimaginadas tales como la conservación de la
IATROGENIA juventud, el retraso de la aparición de arrngas (cosmetoalimentación), la
prevención de enfermedades (dietética), la longevidad o el respeto por
En el amplio horiionte gastro-anómico contemporáneo se ha impuesto, el ambiente natural (bioalimentación), por mencionar sólo algunos de
en las últimas décadas, una creciente preocupación en las clases medias los beneficios que se ofrecen cotidianamente en el amplio mundo del
y altas respecto de los estándares de la denominada -aunque no por eso mercado de lo digerible.
menos inextricable- "buena alimentación". Las grandes comilonas, en La impronta general es comer "ligero": no fast, sino liviano y de mane-
tanto ritos colectivos, p.a recen haberse concentrado en puntuales mo- ra equilibrada, pues así no,s beneficiaremos con la salud y la línea. Reina
mentos festivos, como una excepción a la regla diáfaná e indiscutible de un espíritu del comensal moderno en el que lo primordial pasa por saber
la "buena salud". Comida y salud discurren por análogas sintonías afines qué comer y su proporción. El imaginario de la época, en conjunción
a las normas sanitarias y estéticas del presente; sospechoso discurso bio- con el ideario democrático, pasa por saber elegir. Igual que los conte-
político asumido por todo el espectro social, aunque reservado a aque- nidos alimenticios, los políticos presentan un informe de bienes antes
llos que poseen una capacidad de consumo superior en un capitalismo de su gestión como garantía de transparencia. Las publicidades apelan
que provee un discurso descalificatorio a través de una redundante capa- al síntoma del equilibrio como forma o sinónimo de salud y hacen de
(.
130 LA .CULTURA ARGENTINA HOY
DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO_ 131

lo social una representació~ de lo culinario, como si sentarse a la mesa fuercantilizadora semántica del concepto de salud, conjugándola con la
fuera algo del todo novedoso y desprovisto de historicidad. De hecho, belleza, el placer y la conveniencia individual. Como dice el saber popu-
la mayoría de estos discursos apelan y adscriben al caliginoso concepto lar: la salud es un estado transitorio que no conduce a nada bueno.
de "calidad de vida", que puede ser tan prometedor como temible si
Esta exigencia de conciencia con respecto a lo que ingerimos remhe la
se lo considera un proyecto exi~tenciai prevalente. Puede identificarse
categoría de usuarios a nuestra responsabilidad en tanto sujetos. Hacer-
con la riqueza y la capacidad adquisitiva de unos -sabiendo tácitamente nos conscientes de los peligros e invitarnos a corregir nuestros hábitos
que siempre es a costa de la merma de las de otros- y refugiarse en la
alimentarios es una tarea de subjetivación que realizan cotidianamente
capacidad de consumo -actual, fundamento inexpugnable de la versión ciertos especialistas en sintonía con la relevancia que han cobrado la
pasteurizada de posmodernas eudemonologías-.
presentación y la representación del yo en relación con los nuevos es-
Sobran ejemplos, en las publicidades actuales, de diversos tipos de ali-
tilos de vida. La disminución de la mortalidad y su versión "inmadura",
mentos que son presentados por pulcros especialistas dotados de guar-
el retomo del mito de la eterna juventud, sumados a la generalización
dapolvos blancos que exponen sus números de matrícula en los zócalos
de saberes y prácticas promovidas por múltiples especialistas (médicos,
televisivos y hablan de las virtudes y ventajas de su consumo. Una signi-
nutricionistas, psicólogos, sociólogos, modistas, publicistas, estilistas, pe-
ficativa valoración de las normas dietéticas se expone como el resultado
riodistas, etc.), contribuyen a crear un ingente mercado de productos
de trabajos de laboratorio, lo cual se debe a que consideramos la ciencia
y a definir códigos éticos, estéticos y científicos destinados a legitimar
experimental como la referencia absoluta del saber aunque vaya a tientas
determinados usos sociales del cuerpo. Estos discursos, como coros de
-y, muchas veces, de manera contradictoria- al exponer sus resultados.
sirenas a los cuales es imposible sustraerse, invitan a producir ciertos ti-
pos de cuerpos con arreglos a un programa de maximización de la fuerza
La nutrición científica es la nueva base de un saber ampliamen-
productiva. Es indudable que los estándares de la correcta alimentación,
te mediatizado (calcular sus aportes diarios) que permite a los
racional y relacionada: con una dieta prudente que nos provea de una
productos industriales presentarse como un sustituto válido de
imagen corporal óptima, están presentes en las elecciones alimentarias
la cocina cotidiana (tal alimento preparado proporciona tales
actuales. Tal vez expresión extrema de esto sea el desarrollo de trastor-
aportes). Al ~ontribuir a hacer migrar el saber alimentarse de
nos como la bulimia y la anorexia. Saturados como estamos de tecno-
la cocina hacia la suma de alimentos-nutrientes, la nutrición no
logías anátomo-políticas, no podemos sustraemos a esos mandatos que
ha podido impedir el sobreconsumo patológico ni el deterioro
gestionan la vida de los cuerpos individuales e, incluso, determinan sus
de la calidad de la alimentación entre una parte creciente de la
condiciones de viabilidad.
población mundial (Boudan, 2008: 411).
La cooptación del complejo mundo alimentario por la nutrición ~dis-
curso médico moralizante que prescribe qué está bien comer y qué está
Si bien las elecciones dietéticas poseen su historia -sometidas ,a normas
mal- circunscribe el problema de la comida a cierta tipología "racional"
religiosas, médicas y sociales-, la creciente significación de los medios
y reduccionista (vitaminas, sales minerales, aminoácidos, etc.) a la que
de difusión, del discurso 11utricional y de-las demandas sociales de infor-
hay que habituarse. De esta manera, supone -como, acer:tadamentt:;, se-
mación sobre la salud ha hech0 de la mercancía alimentaria una moral
ñala Fischler- que nos alimentamos de nutrimentos y no de alimentos.
renovable según las expectativas y ventajas comerciales. Las convicciones
Como han apuntado varios dentistas sociales, la alimentación huú,[Link]
en este campo son tan fluctuantes como la inquietud de los consumido-
comporta tres dimensiones: la imaginaria, la simbólica y la social. .Esto
res. Los industriales despliegan esfuerzos considerables por afirmar la
significa que nos nutrimos de alimentos, pero también de lo imagin¡irio.
superioridad de sus productos, subvencionan investigaciones y dirigen
Comer es incorporar no sólo una sustancia nutritiva, sino taínbién'. una
campañas cada vez más intensas de relaciones públicas o de lobby. Los
sustancia imaginaria, un tejido de evocaciones y significaciones qué van
debates médicos parecen reflejar estas luchas más que arbitrarlas: los
de la dietética a la poética y remiten, por ejemplo, a la historia o a lafesti-
investigadores tienden a legitimar alegatos mercantiles. La publicidad
vidad (Fischler, 1995: 16-17). Sin embargo, en el presente, más que µun-
cierra el círculo de manera explícita, en tanto retórica del bienestar y
ca comemos, en esencia, nuestras representaciones sociales de la salud.

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;)

132 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 133 ':,

EL CONTROVERTIDO CONCEPTO DE NATURALEZA dé una especie de terapia homeopática del crecimiento administrada
por el propio crecimiento.
Los mundos urbano y rural ·-:como diría Raymond Williams- son dos La naturaleza nunca se ha sustraído de la lógica del dominio, y siem-
universos muy potentes por todo lo que representan en la experiencia de pre fue un objeto de posesión susceptible -y nunca de forma tan evi-
las comunidades humanas. A partii de la Modernidad y la conformación dente- de ser utilizado y mercantilizado. Este "redescubrimiento" de
de las metrópolis, el "campo" fue asimilado a la "naturaleza", ese lugar lo natural y del ámbito rural tiene que ver con la impronta que le fija
incorruptible habitado por plantas y criaturas que excluirán al hombre. la cultura urbana, la cual lo subsume como un espacio de ocio iden-
El uso y abuso de este término,balsámico es significativamente actual tificado con los valores ecológicos y paisajísticos con el fin de viajar o
en los contrastes entre la ciudad y el campo, pues la riaturaleza es lo no · residir temporalmente, más que como un espacio agrario y productivo.
realizado por el hombre, aunque, si se tratara de algo antiguo o lejano Nuestra novedosa afición al campo no es más que una revalorización
que hicimos, también se lo considerará natural. Existe en el presente del paisaje o de la naturaleza como espectáculo, una invención citadina
una insistencia en rescatar la naturaleza a partir de cierta sinonimia de que, ante el tedio que produce la aglomeración urbana, va en busca de
inocencia que nos habla de una perspicaz la soledad, ideario muy poco natural. En esa búsqueda no se lam_e nta
la sustracción de la esencia rural, sino la degradación -por abando-
separación ideológica entre los procesos de explotación rural, no o excesivo aprovechamiento- de cierto espacio que, sustraídas las
que fueron disueltos, en efecto, dentro de un paisaje, y el re- 1 personas que lo han constituido históricamente, se evalúa de manera
gistro de esa explotación que se advierte en los [Link], los preferencial en términos ambientalistas desde la ciudad. De hecho, la
mercados del dinero, el poder político y el gasto conspicuo de noción tan en boga de ambiente natural -secularizada y gestionada-
la ciudad (Williams, 2001: 75). 1 escamotea a lo natural su ~utoridad y su misterio para subsumir a la .
l propia naturaleza bajo ·una lógica mecanicista que pretende conciliar
Así como no existe ninguna dietética inocente, no hay ningún concepto
que porte esa candidez, y el concepto de "naturaleza" no resulta una
¡. crecimiento económico y entorno natural, instituyendo así una gestión
racionalizada y burocratizada de los recursos naturales. El capitalismo
excepción. No sólo es falsaria la idea según la cual "Dios hizo el campo ¡ ha expoliado tanto lo humano como lo "natural", y de todo extremó su
y el hombre, la ciudad", sino que evidencia un cambio de las relaciones
sociales y de la moral en que los alimentos cumplen un_:rol providencial.
¡ carácter instrumental y mercantil.
De la misma manera en que al capital nada le es ajeno -ni por exceso
Es indudable que, desde hace unas décadas, ciertas clases sociales que 1 ni por defecto-, toda distinción entre lo natural y lo cultural -como
tienen su sustento diario asegurado han empezado a ~nrolarse en una
discursividad -contracultura! y conservadora, minoritaria auqque cons-
l
. 1
toda taxonomía- cobra sentido y pertenece al ámbito cultural. La cul-
tura es la que determina y configura lo natural. Nada es dado, todo es
tante- que, de manera apocalíptica, busca refugiar los'' últimos suspiros 1 creado. Todo alimento que consideramos comestible, aunque se nos
de su ética y su pensamiento político en un idealismo natural ante la bar- presente en su estado natural, siempre es culturizado. El capitalismo,
barie social de la técnica y el progreso. Qué enrevesado es todo, pues las desde la producción en masa del fordismo, hace bastante que ha com-
1
declamaciones pedestres de ese fetichismo ecológico -expresado a través prendido esto -a diferencia de los que lo sustentamos- y ha modifica-
de las más diversas instancias militantes: medicina natural, vegetarianis- do su perspectiva comercial produciendo bienes más diversos y menos
mo, protección de los animales, fobia al tabaco, etc.- no contemplan la 1l estandarizados. Haciéndose eco del discurso ecológico, empezaron a
paradoja del sistema según la cual la propia ciencia, encargada de medir contraponerse en el ámbito· alimentario productos naturales o autén-
el deterioro de las condiciones de habitabilidad de miestro mundo, ha ticos versus aquellos industrializados o artificiales. El trasvase cada vez
alimentado las ilusiones y las soluciones técnicas particulares sobre las mayor de tareas como la cocina -entre otras~ del ámbito familiar al de
que se apoya el injusto orden social dominante actual. Sería intermina- los negocios y el comercio escenifica la expansión interna del capital en
ble enumerar todas las actividades productivas y consumidoras que son los recovecos de la vida social.
paliativos para los daños que crea el mismo sistema de desarrollo: se trata

,,
134 LA GULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 135

') El modo en que el capitalismo ha incorporado, mercantilizán- man marihuana; ingieren todo el día glóbulos homeopáticos; usan me-
dola, la demanda de autenticidad ha conducido a una redefi- sas o muebles reciclados o construidos a partir de los carretes de cable
nición de la misma. La. definición de lo inauténtico como lo desechados por las compañías de cable o telefónicas y comen en vajilla,
seriado y lo estandarizado en cuanto disolventes de la diferen- vasos y cubiertos diferentes unos de otros, rescatados de diversas heren-
cia, a la que cabía contrapoiier la -autenticidad de lo singular cias o mercados de pulgas palermitanos, aunque optan únicamente -en
como principio de resistencia a la uniformidad de la serie, se ha el caso del smartphoney la computadora portátil- por la tentadora marca
visto reemplazada por una definición de lo inauténtico como de la pecaminosa manzanita mordida. Son los que llamo, dentro de la
reproducción de una diferenci.q, con fines comerciales, como copia, en disímil fauna local, "hippies con OSDE".
contraposición a la autenticidad de lo original. La tensión entre
la verdad de lo original y la artificialidad de lo "fabricado" a
su imagen y semejanza orienta el significado de la calificación
de lo auténtico en una dirección que hace menos referencia al GOVlRMETS O FOODIES
objeto en sí mismo que a las intenciones de quien lo ofrece: se
convierte en auténtico lo que ha sido hecho sin una segunda Hay otros prototipos de personajes de la alimentación contemporánea
intención estratégica, es decir, sin otra intención que el hacerlo que son los obsesivos por lo gourmet o los joodies. Aunque los dos términos
en sí mismo en contraposición de hacer para vender, como en a veces se usan como sinónimos para designar el gusto refinado y la afi.
el ejemplo de los productos ecológicos, de hacer (o de hacerse) ción por la buena mesa, se distingue a los gourmets por ser, generalmente,
querer, de hacer (o de hacerse) admirar (Boltanski y Chiapello, profesionales de la industria dda comida que apelan sólo a lo excelso y
2002: 567-568). reconocido, mientras que los joodies son amateurs fascinados por el tema
culinario -distinguido-o común- en cuanto a consumo, estudio, prepa-
Los militantes de lo natural y la naturaleza son los exponentes de un ración, innovación y noticias.
cambio paulatino que se ha producido en el "proceso civilizatorio" - que Con independencia de la sutil distinción mercantil, se trata del perfec-
se ha globalizado, aunque; como siempre, la Argentina y sus clases aco- to individuo socializado, para el que cuenta más la calidad que la canti-
modadas resultan fieles albaceas-, de un progresivo proceso .de constre- dad, la escenificación ordenada más que la concupiscencia, la frugalidad
ñimientos, fundamentalmente externos (ecológicos, económicos y sim- hedonista más que la voracidad indiscriminada. Recordemos que los ex-
bólicos), hacia un desarrollo de exigencias internas, o sea, autoejercidas cesos en la mesa han perdido su impronta colectiva y festiva y se han re-
por los propios sujetos a través de dietas, formas de presentación perso- convertido, a partir de la culpabilización moral, en arrestos meramente
nal, vestimenta, reciclado de objetos, etc. Se trata de una nueva forma de individuales y neuróticos ..
religiosidad en la cual las recomendaciones dietéticas se transmutaron ·I Sin embargo, no todo es tan sencillo en cuestiones alimentarias: la
en reclamos éticos; una "medianía" burguesa y contracultura! que, cobi- esquizofrenia reinante se expresa en la contención individual con res-
. jando todo su discurso en lo natural -aunque sintiéndose expedita de su pecto a la comida y la bebida -tanto en la versión higienista como en la
marketing-, tiene la subsistencia resuelta y opta por definirse a partir de del gusto excelso- y en la profusión de la oferta gastronómica -no sólo
sus elecciones alimentarias (ortoréxicos; macróbióticos, ovolactovegeta- 1 industrial, sino también gourmet-.
rianos, lactovegetarianos, naturistas, vegetarianos, veganos, semivegeta- ! · Dicha esquizofrenia se ve en la creciente mediatización que ha tenido
rianos, crudiveganistas, frugívoros, crudívoros, etc.) . Eso lo conjuga con 1 el tema gastronómico en géneral, pero también en sus ejecutores distin-
una vestimenta codificable con un estilo descontracturado y desvincula- ;;,> [ guidos -los chefs-, los famosos restaurantes y los buenos vinos. El merca-
do de la impronta de las marcas -rescatada del arcón de la abuela o reali- ¡ do ha recreado ese impulso vital humano que es el de aspirar a la "buena
zada por diseñadores independientes-y con un estilo laboral freelance; se t
1
vida", lo ha codificado con rapidez y lo ha trasvasado por la espectacula-
f
interesan por los malabares y los festivales de cine independiente; toman rización para ser vehiculizado mercantilmente por la cultura del capital
mate con yerba orgánica producida por cooperativas agrarias; sólo fu- r;:on el fin de extraer un beneficio.
1
~-
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DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 137 ,.¡

136 • LA CULTUR4 ARGENTINA HOY

Es difícil soñar con un mundo distinto al del artificio y las mercan-


· .;·W¡ 'en un simulacro cuyas cualidades orgánicas son más una variable del
J'.:~
cías, y la comida es un producto inquietante para cumplir ese rol, pues . proceso industrial que del alimentario.
trasiega el egoísmo, apela a reforzar la subjetividad y, en tanto cultura, tit Por otro lado, se obser\va, en paralelo al proceso de industrialización
posee una costra justificadora de las acciones en las que mejor se enun- .i
/ {r
i compulsiva de lo alimentario, una insistencia en la valoración del sabor y
-por su intermedio- en la búsqueda del placer. Eso produce en las clases
cia la llamada "soberanía del c<3rtsumidor" asociada al gusto. Hay pocas ..
privilegiadas una may6r atención a la calidad de los alimentos y al conte-
ideas tan burguesas como el gusto, pues supone la libre elección y, de
esa manera, anula la necesidad, aunque dice más de la persona que del
i
r, nido de los platos, lo é,ual les ha hecho entrar en la época de la reflexión
r
objeto degustado, imponien<\? el hambre como el gusto y la condena
de los necesitados. En paralelo a esta circunstancia, el mercado alimen- rí y la responsabilidad [Link].
Así, el mercado inv~de y transforma los hábitos de consumo creando
un imaginario sobre lcis placeres y el gt!Sto que responde a la necesidad
tario se amplía sobreexponiendo niveles de calidad en todo tipo de pro- ¡
ductos y elementos que le suman "valor": la variedad de vinos -con sus i
de generar nuevos preceptos en las ceremonias sociales que codifiquen
vinotecas plagadas de exponentes de bodegas boutique, decantadores y i la pertenencia a las actuales pautas culturales y económicas. El desarrollo
cavas privadas-, de café -con sus novedosas máquinas hogareñas que ex- t ~
del denominado "mundo gourmet como supuesta contracara de la globa-
penden el expresso y sus cápsulas que permiten realizar infusiones de los ¡ lización se manifiesta como un proceso que alienta la sofisticación en el
consumo de un núcle~ cada vez más reducido y expresionista, a partir de
más disímiles orígenes-, de pan -hechos con la más amplia variedad de ¡ valores distintivos que .apelan a resaltar la parte ceremonial de la comida,
cereales, semillas y texturas-, de tés -con la diversificación ilimitada de !

verde, blanco, frutales y florales variados-; por no hablar de la variedad la exacerbación de la St':nsibilidad y la sofisticación en el gusto expresada
de ese producto incoloro, inodoro e insípido, el agua mineral, exponen- 1 en la ornamentación de los platos y en la retórica de los menús. Hace
te máximo de la mercantilización de la floreciente industria y vergonzosa un par de décadas que cierta semántica se ha acoplado a las cartas de
cualquier restaurante ·porteño, los cuales sin pudor añaden suplementos
abundancia que esconde la deficiencia del agua urbana. 1 de enunciación y rezan: ".mix de vegetales", "torre de arroz", "chutney de
Hay toda una gama de etiquetamientos que remiten a la calidad -con
independencia del origen estrambótico- a los que nos vamos acostum- -1
. • '. fruta de la pasión", "colchón de verdes", "espejo de vinagreta de naran-
brando: AOC; terruño o terroir, boutique; bio; de huerta;granja o campo; l ja", "puré de papas rústicas", "sorrentinos bicolor", "carpaccio de ojo de
bife empanado en sés,¡mo blanco con verdes", etc. La alimentación es
alto oleico; etiqueta roja, azul o dorada, etc., que intentan concientizar-
nos sobre una amplitud de la gradación gustativa y las calidades. indisociable de la im.í~nación, aunque los nuevos chefs atienden pre-
En el presente, el mundo y su interpretación se han complejizado, y ciosas nimiedades y h~ hecho de la cocina puro ornamento, como si la
esto incluye también las cocinas; así, se produce un efecto -en aparien- verosimilitud de su "dóctrina gourmet" dependiera específicamente de la
cia, contradictorio- que apunta, por un lado, a la [Link]ón, y por intelección del detalle,~s1s1plemento enigmático del sentido ideológico-.
otro, y de manera reactiva, a la distinción. El mercado realiza todo .el 1 Toda esta inteocionalidad -que tiene cada vez menos de distintivo, ya
tiempo deslizamientos de este tipo con cualquiera de las mercancías que que adquiere visos de industria y obliga a los publicistas a una invención
produce, indistintamente, incluidos los alimentos. Con el desarrollo del semántica inaudita- es sostenida por la critica mediática especializada a
capitalismo se estructuró el volumen en la producción y el suministro de 11 partir de una terminolcigia pretenciosa que tiende a objetivar los senti-
i
alimentos en conjunción con las nuevas pautas de concentración. Los dos e idealizar la comida.
l! Roland Barthes había alertado, a mitad del siglo pasado, sobre cómo
efectos prepotentes de la industrialización de la comida son elocuentes ¡

a partir de su concebida masificación, que cercena antiguas costumbres i la cocina francesa de esa época era parte de la mitología moderna y tenía
y desbarata orientaciones culturales. En general, se a:ümila este proceso como finalidad específic3: el "sueño de lo distinguido" a través de privi-
a la denominada "macdonalización"; así, la hamburguesa y el ketchup scin legiar el orden visual frente a los otros sentidos. Hoy, la situación no ha
los vehículos de esa globalización compulsiva y expresan un claro proce- cambiado demasiado, aunque la proliferación de los medios de comuni-
so sustitutivo: el cocinero por la máquina y la tecnología sofisticada, la cación masivos nos ha acercado el mundo y ha_diversificado los produc-
mesa por la bandeja. Esto sucede porque la comida se ha transformado tos y las formas de alimentarse. Basta con prestar atención a la aparición

j
138 LA 0CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 139

y la desaparición de ciertos alimentos, lo que se nota más en los de ori- ~aracuyá o sushi defoie gras, etc.). Prima en este tipo de comida la idea
gen vegetal: por ejemplo, la ausencia de la radicheta y la saturación de de la creatividad y el entretenimiento, el espectáculo tanto como la de-
la rúcula, la moda de las fnnas tropicales -papayá, mango y maracuyá-, gustación, la moda tantó como los ingredientes aceptados de las diversas
la avidez por los frutos rojos y los arándanos, la revaloración de la palta, cocinas. Desestructurada y alquímica, como si se pensara el mundo como
el estrellato de la quinua, etc. Esierteró que el proceso de globalización un laboratorio de sabores que se pueden mixturar sin ningún prejuicio
amplió la alacena de los comensales contemporáneos, pero también es y con libertad e irreverencia totales, la cocina de este tipo ha encontrado
real que, si dejamos de lado nuestra reducida memoria y aumentamos su gurú en la figura y' la marca de Ferran Adria o en el menos conocido
la dimensión histórica, muchos. alimentos de origen vegetal volverán, en -para los mortales, no para los foodies- británico Heston Blurnenthal. Sus
breve, según la moda. ·menús destradicionalizados que apelan -como dice el cocinero catalán-
Asimismo, es indudable que el mundo gourmet apela más a la forma al sexto sentido que es la emoción nos hablan de una cocina lúdica ( tec-
que al contenido y que son pocos los chefs o críticos que realmente me- noernocional o molecular -intento extravagante que aspira a hacer de la
ditan sobre la dimensión cultural de la comida. Un tjemplo concreto alimentación humana, en sintonía con la dietética pero con una moral
de lo que digo podría constatarse en la denominada "cocina fusión", más lábil, una rama de la química-) y prometeica, en que predominan
expresión de un falso sincretismo exacerbado que, a falta de ideas satis- los contrastes de texturas. Ejemplifican un ideario epocal que señala que
factorias, da por resultado lo que podríamos llamar, de ahora en más, ya no basta con degustar los platos, sino que la mesa y el gusto deben
"cocina confusión". permitimos viajar sin movemos de nuestra silla; o sea, apelan a una expe-
riencia sinestésica que basa su juego en la experiencia individual. Si bien
la cocina de Adria posee sus seguidores en la Argentina, aunque los res-
taurantes que adhirieron a su idea no han tenido el éxito esperado -tal
COMIDA Y ETNICIDAD vez ahí sí, como sucede con las grandes marcas, sus imitaciones pierdan
frente al original-, fantasía y espectáculo se conjugan en la gastronomía
Otro rasgo característico del desarrollo de la gastronomía en la Argen- contemporánea de la misma manera que sucede con lo que masivamen-
tina es la proliferación de restaurantes étnicos, represeütantes de las su- te ya funciona: las consolas de juego hogareño, los deportes y el consumo
puestas "costumbres" culinarias de diversos lares. La insistencia en las en general. La comida ha trasvasado la línea de la satisfacción de los
cualidades del paladar y su sensualismo ha impulsado la búsqueda de deseos y ha advenido industria del entretenimiento -los anglosajones
"nuevos" sabores por parte del comensal moderno. llaman a esto eatertainment-, en la cual el placer se conjuga con la distrac-
Luego de la nouvelle cuisine-:,que en los añ[Link] cambió la cocina ción y la preeminencia del espectáculo.
francesa y tuvo una influencia ecuménica, incluida la Argentina, donde La comida étnica, si bien apela a las tradiciones, se adecúa a una ten-
la vemos presente aunque degenerada en el m undo gourmet actual, espe- dencia actual entre los comensales y ciertos cocineros -como expresio-
cialmente en el registro de la pr_e sentación- , en el ambiente gastronómi- nes de la buena conciencia nacional- que suma a las elecciones alimen-
co se han expandido, por un ·1ado, una variabilidad de combinaciones tarias el criterio de la identidad. En definitiva, la pesquisa de una mayor
que se registran bajo el apelativo world fusion, que conjuga y fusiona los calidad de productos, en detrimento del precio como uno de los funda-
sabores desestructurando las tradiciones; y por el otro, la comida étnica mentales criterios de elección, ha introducido a los comensales en los as-
-del norte argentino o patagónica,japonesa, coreana, tailandesa, vietna- pectos más culturales de los alimentos, su origen; esto ha potenciado las
mita, peruana, colombiana, venezolana, caboverdiana-, según el ritmo 1 gastronomías regionales y ha hecho conocer una cantidad importante
migratorio y muchas veces adaptada a los gustos locales. 1 de alimentos y cocinas, aportando, además de rasgos de identidad, un va-
En paralelo a la comida industrializada y gourmet se despliegan unas 1 lor añadido a las dietas. Ante la indefectible globalización, las tradiciones
1
cocinas calidoscópicas que otorgan tanta importancia al contenido de l
1
se conjugan como resistencias; sin embargo, el proceso de asimilación
1
los platos como a la creatividad, la extrapolación, la deconstrucción y la de lo auténtico forma parte de la recurrente mercantilización, en tanto
1
sorpresa (por ejemplo·, rolls de salmón, queso, arroz, mango y salsa de instancia renovada de la extracción de benefido implícita en la apropia- ·

\
140 LA CULTURA ARGENTINA HOY
DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 141

ción capitalista, en que la espectacularización subsume, con la costra de


también productor de signos. Acuña visiones del mundo contrapuestas
la recuperación de las tradiciones, las satisfacciones simbólicas de la au-
_;-!,' que se expresan según el orden en la escala soci.11: las clases populares,
tenticidad de las buenas conciencias en un mundo donde prima la oferta
en anatomías voluptuosas circunscriptas a la apreciación del alimento
sustancial de bienes artificiosos y mercancías. Diversificar el sabor es di-
como condición del ser y la subsistencia, y las ciases medias y altas, privi-
versificar el consumo, encontr~'i-"otros -"nichos" para aquellos que creen
legiando la forma y el parecer -más digestivo y menos calórico-. El cuer-
que la contracultura es una forma de resistencia. Y en algún punto lo es,
po, sus gestos y ceremoniales constituyen un precioso capital en cuyos
aunque no debemos olvidar que toda esta recuperación de tradiciones,
adquisición, mantenimie!llto y rentabilidad se invierten energía, tiempo
comidas y alimentos [Link];e en simultáneo con la homogeneización
que, sin lugar a dudas, la industrialización realiza al unificar las formas y dinero en proporción desigual según los grupos sociales. La expresión
de comer al margen de los aspectos culturales. corporal se ha convertido en una sintaxis, en una especie de lenguaje
que, sin necesidad de palabras, expresa el estatus y la posición social.
Pero además, en virtud del empuje de la ideología meritocrática y el
individualismo, la corporalidad aparece como el soporte de aptitudes y
CULTURA SOMÁTICA Y LIPOFOBIA capacidades personales que se exteriorizan bajo .la forma de gustos, por
lo que el cuerpo pasa a constituirse en el instrumento privilegiado de
comunicación.
Hay un dicho que se ha convertido en la instancia epigramática nacional:
El deseo alimentario se corresponde con un ideal estético. A todos se
ser o no ser "grasa". Para las ciases poseedoras, la impronta corporal do- .
nos hace agua la boca, pero no por lo mismo. La co,m ida, como la lengua,
mina en nuestro país la forma de presentación y representación social.
constituye una prueba -entre el interior de las sociedades y hacia allí-
No es casualidad la boga del diseño, no sólo en su expresión material .
cultural definitiva: a la vez que identifica, establece indefectiblemente
sino también corporal, pues son los diseñadores, los dietistas y los ciru-
las diferencias. En definitiva, en el plano ideal, la comida se identifica
janos plásticos los que detentan el monopolio de definir los límites de la
normalidad corporal. con el convite o la conviv,encia, aunque en el plano fáctico alimenta las
diferencias de ciase; así, en materia de sabores, la lexicalización resulta
Eugenesia aggiornada que expresa corsés anatómicos a través de mis-
tan elocuente como parcial: el despreciable es un grasa, el agradabÍe es
teriosos conjuros numéricos (90, 60, 90; IMC: 20 a 25 kg/m 2), idealismo
un dulce, el bueno es un pan de dios, el aburrido es un amargo y el de-
corpóreo portador de los rasgos inconscientes insertos en la subjetividad
seado es un bombón.
contemporánea. El cuerpo ideal es una instancia clave del sentido actual
El colesterol es el nuevo terrorista culinario, el mal combatido coti-
de lo aspiracional. Cuerpos de registro a partir de sus contornos, limita-
dianamente por discursos médico-mediáticos que intentan salvar a los
dos por discursos que se naturalizan e instauran, a su vez, modos, postu-
ci1erpos de su designio. Esto ha producido un cambio en el gusto desvir-
ras y comportamientos correctos: buenos modales, libros de urbanidad,
tuando el concepto originario de acumulación .:..adecuación simbólica
academia de buenas maneras para ejecutivos, "maridajes", clubes del
entre la grasa y el capital- sobre el propio cuerpo:
buen vivir y de vinos. Todo este nuevo interés que despiertan el cuerpo,
la moda y el diseño y la aceleráción de los rituales de interacción están,
La grasa aparece cad,a vez más no como una reserva de seguri-
qué duda cabe, estrechamente ligados a transformaciones sociales pro-
dad, signo de una gestión ahorrativa y razonada, sino como un
fundas, a cambios en el modo de producción y en las formas de relación,
a la emergencia de nuevas formas de dominación. abuso parasitario, una acumulación irrazonable y logrera, una
retención perjudicial (Fischler, 1995: 305).
El músculo se ha vuelto insigne y la adiposidad, bastarda; así, la "elec-
ción" alimentaria hace al cuerpo de las clases sociales. Su nutrición
De todos modos, la grasa no tapona las arterias por las que fluye el capital
-cultura convertida en natura- se expresa en dimensiones, volúmenes y
inveterado y, al privilegiar la ostentación, resignifica el consumo material
formas y hace del cuerpo -como le gusta decir a Bourdieu- la más irrecu-
y simbólico, centrado en la adquisición de la buena y la bella imagen
sable objetivación del gusto de la clase. Portador de signos, el cuerpo es
-que, además de la alimentación, se expresa en chequeos, cosmética,

,r
....
142 LA GULTURA ARGENTINA HOY
DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 143

,, moda, deportes, yoga, cirugías, etc.-, que difícilmente contribuya a favo- ~ignificado de la palabra latina "compañero": una persona con la que se
recer una mayor autonomía y libertad -como enuncia constantemente comparte el pan. El ritual de la comida celebra la comunidad, establece
la publicidad contemporánea-, sino que forma parte de estrategias de lazos fraternos e invoca lo más recóndito de la condición sociocultural:
dominio y, en consecuencia, sil:'e como dispositivo de distinción y de
diferenciación social. De la misma mánera en que las formas de biopolí- Abarca el ritual religioso, los constructos y demarcaciones de
tica tienen cada vez más valor espectacular, el espectáculo deviene cada género, el dominio de lo erótico, las complicidades o con-
vez más biopolítico, como lo muestra el aumento anual de las cirugías 1 frontaciones de la política, los contrastes del discurso -grave
plásticas. l o frívolo-, los ritos del matrimonio y del duelo funeral. En sus
El poder actúa sobre los cuerpos para garantizar su adecuada inser- múltiples complejidades, consumir alimentos en tomo a una
ción en la máquina capitalista. Cuerpos en tanto objetos políticos, no mesa, con amigos o enemigos, discípulos o detractores, íntimos
porque sobre ellos se imprima el poder como agente externo y represivo, o extraños, con la inocencia o las convenciones aprendidas de
sino porque ellos son el resultado del poder en sus efectos productivos, la cordialidad, recompone el microcosmos de la sociedad mis-
o sea, formativos y constitutivos, que se expresan en. el caso argentino ma (Steiner, 1997: 465) .
a partir de una obsesión enfermiza de las clases medias o altas por un
culto de la delgadez. La lipofobia y la obesofobia argentina han adqui- La mesa es el sortilegio de las formas. Horizontaliza la verticalidad del
rido, como pocas otras ramas productivas, un impulso industrial. Hay árbol. Es una puesta en escena que intenta reproducir, en el entorno
antecedentes pretéritos innegables que siempre vuelven como un eterno
1 doméstico o público, aquello que supuestamente existe en todo el es-
retomo reactivo y telúrico: las o los grasas ya habían sido condenados pectro social; una microsociedad que aproxima intersubjetividades en el
desde que Evita los adoró, pues estos fueron el depósito de energía que 1 acto de compartir valores y estímulos, una práctica grupal selectiva que
compensaba las pérdidas y almacenaba el excedente cuando había una se estrecha y aúna en.·la conversación. Comiendo y bebiendo con otros,
ingesta exagerada de nutrientes. Grasitas, adipositos, la gran energía ar- compartiendo placeres y deseos, cada uno se reconcilia consigo mismo y
gentina de la política entendida como el reservorio patente -protector con los demás, y refrenda en un círculo reducido, aunque exponencial,
del cuerpo social-y exponente del aluvión zoológico. El cuerpo regula el la escena política.
universo social en una longitud de ilusión. ¿Acaso la lipofobia en nuestro Desde hace tiempo escuchamos a los especialistas "diabolizar" a la te-
país no es la representación más plena del gorilismo? levisión como el medio que conspira contra la posibilidad dialógica en la
mesa. El medio es el mensaje: la televisión se corresponde con el modelo
de sociedad que hemos construido. Sirva como ejemplo la aguda crítica
de la serie Los Simpson con respecto a la sociabilidad: las familias se reú-
LA MESA ERA UNA FIESTA nen frente al televisor y no ya en derredor de una mesa. Los modos de so-
ciabilización externa tienden a ser cada vez más modos de sociabilización
En su sentido sumario, la mesa -como la silla- une porque separa: a los interna. Una cosa es la sociedad soñada y otra la que hemos producido.
occidentales nos distancia de lá tierra desnuda -donde habitan la barba- . De la multiplicación de los panes y del vino a la gestión del suelo y la
rie, la animalidad, otras culturas no civilizadas-. Es el registro corpóreo ganadería "científica", de la Última Cena compartida a la comida en so-
de la comensalidad: la mesa está servida, hay que sentarse a la mesa, litario en el trabajo o en familia frente a la TV, del fogón al microondas,
vamos a la mesa, la mesa nos _espera ... Baila sola -en tanto mercancía la comida fue perdiendo s~ carácter socializador.
marxiana- aunque no se la vea, pero siempre está; nos amplía el hori-
zonte -de parcial sentido-y nos dicta implícitamente reglas y normativas Podemos conjeturar que lo que mantenía a los miembros de
que impulsan los llamados buenos modales. una casa alrededor de la mesa familiar y hacía de la mesa fami-
El imaginario cultural asocia el ceremonial de la mesa servida a la liar un instrumento de integración y afirmación de la familia
convivencia, el diálogo y el encuentro. Esta impronta se evidencia en el como grupo vincular duradero era, en gran medida, el elemen-

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144 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 145

to productivo del consumo. Sólo en la mesa familiar uno podía ~ Puesto que los otros en el local hacen lo mismo, durante la cena
encontrar comida lista para consumir: la reunión alrededor de se complace en la ilusión de que todos en general tienen qué
la rriesa común para cenar era el último estadío (distri