Problem Á Tica
Problem Á Tica
Reestructuración del modo de generación y acumulación de excedentes (finales de los ‘70 a fines
de los ‘80)
Transformaciones financieras
Dentro del primer momento están los bancos norteamericanos a la vanguardia de este proceso de
globalización financiera; a la zaga le siguen Japón, Alemania, Francia e Inglaterra.
Dado que durante la segunda mitad de la década de los ‘70 las mayores economías del planeta se vieron
envueltas en un proceso de recesión productiva y estancamiento bursátil, América Latina y Asia se
convirtieron en las plazas por demás atractivas para colocar este excedente monetario. Durante casi 10 años
se registró un enorme flujo de capitales de los países centrales hacia los periféricos en modo de deuda
soberana, junto a una alta tasa de interés de retorno en conceptos de intereses y deudas. Se consolidada la
condición básica para el funcionamiento del nuevo modelo de acumulación financiera: la creación de
deudores para mantener su funcionamiento.
Los sectores dominantes de los países centrales capitalistas y sus congéneres de la periferia se vieron en
la tarea de, por un lado, suprimir la potencialidad política desplegada hasta el momento por los sectores
subalternos y por otro revertir una crisis.
Sin embargo, en sus inicios, esta nueva etapa tuvo una fuerte pérdida de impulso motivada por la crisis
generada a partir de la cesación de pago de los países deudores en los ‘80. Paralelamente a lo largo de los
‘80, la importancia del dólar comenzó a retraerse. Recién durante los años ‘90 comenzó a consolidarse el
sistema financiero global.
Dos factores se podrían señalar que pusieron en crisis la naciente hegemonía financiera durante los ‘80:
en primer lugar, la gravedad de la crisis en los ‘80 se debía tanto al compromiso que implicaba para los
sistemas financieros de los países acreedores, por la cesación de pagos de los países deudores, como a los
potenciales efectos de profundización de la parálisis económica global. Esto fue lo que tuvo en vilo a las
autoridades políticas y financieras de los países centrales durante casi toda la década de los años ‘80. A lo
largo de la década, los gobiernos de los países centrales realizaron enormes esfuerzos por rescatar a los
bancos privados por medio de planes de canjes de deuda impulsados por el tesoro norteamericano. Pero a la
vez que se buscaba instalar una nueva lógica financiera, los esfuerzos de los organismos multinacionales se
centraron en generalizar las nuevas condiciones laborales necesarias para la competitividad global. Estas
entidades compraron las deudas de los estados y abrieron camino a las refinanciaciones de las deudas
colocando como condición única la flexibilización laboral y la desregulación de las economías.
En segundo lugar, en lo que respecta al poderío del dólar en particular, la utilización de esa moneda
como reserva en los bancos centrales y como medio de cambio comercial cayó a lo largo de los años ‘80,
desplazado por el marco alemán, por el ECU y el yen. El porcentaje de bonos internacionales denominados
en dólares también cayó. Ante este escenario, la ampliación del curso forzoso del dólar estadounidense a los
países de América Latina y Asia por medio de la imposición de créditos, buscó contrarrestar esta tendencia a
través de la sustitución de las monedas nacionales por el mismo dólar.
Consolidación y expansión del régimen de acumulación financiero (fines de los ‘80 a fines de los
‘90)
En este contexto se inicia un período en el que se quebraron diversas barreras socio-políticas,
económicas, jurídicas y culturales.
Es el momento en el que el capital monopolista se libera de los límites establecidos en un contexto de
crisis como fue el período 1914-1945. Si la consecuencia de esos años críticos de la primera mitad del siglo
fue la existencia de un Estado con cada vez mas funciones sociales; los años finales del siglo XX y durante
lo que vamos del siglo XXI estarán marcados por la tendencia inversa. Las nuevas concepciones económicas
y las formas ideológica- culturales que emergieron durante esos años marcaron nuestra sociedad hasta hoy.
Durante estos años emergen tensiones visibles en la geopolítica global de los EEUU encabezadas por
Rusia y China. El modo de tensionar los frentes son diferentes en cada caso. Es evidente que las intenciones
de desarticular el “peligro chino” para los EEUU implica desactivar en paralelo a otros contrincantes.
Parecería que la estrategia norteamericana no se limita a expulsar a Rusia del occidente sino que también
apartarla del resto del mundo.
Las disputas dadas por los rusos se iniciaron por la región este de Europa y a inicios del 2016 están
mostrando serias intenciones de colocarse como un factor de poder activo en la región de medio oriente. De
este modo desafía los intereses del poder para las potencias de la Comunidad Económica Europea entre
2013-2016 y abre un nuevo frente de disputa con los intereses norteamericanos en la región Siria
En el caso de China, la estrategia de disputa esta centrada en lo financiero.
Un cambio de época
Un cambio de época es un momento en la historia de la humanidad en que las características de la
época vigente están en deterioro irreversible y sus consecuencias para el desarrollo están bajo
cuestionamiento inexorable. No es fácil identificarlo, sin embargo, es posible que los elementos de la época
en inclinación estén perdiendo su estabilidad y validez, una vez que los cambios en marcha están
transformando las relaciones de producción, las relaciones de poder, la experiencia humana y la cultura de
forma profunda e irreversible.
Algunas características:
• Visión del mundo y paradigma internacional de desarrollo en crisis.
• Cuestionamiento de la naturaleza, rumbo y prioridades de desarrollo.
• Inestabilidad de los elementos de referencia para el desarrollo. Uno por uno los valores, conceptos,
enfoques, modelos, paradigmas, etc. de la época anterior están perdiendo la capacidad de continuar
sirviendo como guías confiables y válidas.
• Premisa externa para el cambio. Las razones para empezar iniciativas de cambio están fuera y no
dentro de las organizaciones. Cambios profundos en las relaciones de producción, en las relaciones
de poder, en la experiencia humana y en la cultura pasan a generar turbulencias de diferente
naturaleza lo que inevitablemente provoca incertidumbre y desorientación generalizadas.
• Naturaleza transformacional de los cambios Durante un cambio de época, la naturaleza, rumbo y
consecuencias del desarrollo estarán bajo cuestionamiento irreversible.
• Revolución tecnológica. En este final del siglo XX, una revolución alrededor de la tecnología de la
información, iniciada mas o menos a inicios de los años 70, está otra vez cambiando la visión del
mundo y el paradigma de desarrollo.
• Turbulencias, incertidumbre, desorientación y vulnerabilidad.
Transformaciones en la cultura
Va a surgir la cultura de la realidad virtual. Bajo el impacto de la tecnología de la información, el
tiempo (comprimido electrónicamente) parece quedarse a-temporal, el espacio parece perder su dimensión
material, la historia parece ser de-historializada y la sociedad parece ser de-secuenciada. A lo largo de la
historia, todavía la dimensión espacio-tiempo sirvió para dar significado a las civilizaciones, diferenciando
sus evoluciones culturales. Ahora esta dimensión está siendo aniquilada por la virtualidad. Crece de forma
vertiginosa la organización de la redes virtuales de diferentes naturalezas que reemplazan rápidamente los
contactos cara a cara. Gradualmente, pero de forma irreversible, la realidad es la realidad que los medios de
comunicación nos presentan. Entonces, los que controlan las redes de comunicación aumentarán su poder de
manera vertiginosa; a su vez que esta será la forma mas fácil de moldear opiniones, deseos, aspiraciones,
demandas y hasta juicios de valor sobre aspectos de la realidad real (la realidad no virtual).
La metodología de la deconstrucción
La deconstrucción es un proceso cultural que hace visible el régimen de verdades que condiciona la
forma de ser, sentir, pensar, hacer y hablar de una comunidad de actores. El proceso implica cambiar como
hacemos nuestros diagnósticos. Abordamos las cosas que queremos cambiar, sin cambiar a las personas que
han construido dichas cosas. Las personas continúan pensando y actuando igual que antes. Debemos
diagnosticar tanto las cosas insatisfactorias como las verdades del modo de innovación que las generaron. La
deconstrucción cambia las personas al cambiar sus premisas sobre la realidad y su dinámica.
Se trata de un cambio conceptual; un cambio de verdades constitutivas de una visión del mundo ¿qué
verdades aún influencian los modos de innovación y, por lo tanto, muchos modos de vida?. Científicos como
Galileo, Descartes y Newton, concluyeron que el universo es un engranaje perfecto y que el mundo es mejor
manejado como una máquina.
Dicho modo de innovación generó una ciencia androcéntrica, universalista, mecanicista, reduccionista,
racionalista, determinista, clasista. Algunas de las premisas heredadas son:
(i) el mundo es una máquina;
(ii) existe una realidad objetiva independiente de la percepción;
(iii) lo relevante es lo traducible al lenguaje matemático;
(iv) a la ciencia cabe descubrir las leyes naturales que rigen el funcionamiento de la realidad, para
predecirla, controlarla y explotarla;
(v) la realidad es construida de partes, hasta llegar a la menor de todas, que contiene su esencia;
(vi) el mejor método aleja al investigador del objeto de estudio, para evitar que sus valores distorsionen
el resultado;
(vii) el mejor método aleja el objeto del contexto de la investigación, que incluye más variables que las
de relación de causa-efecto, pues para cada efecto hay sólo una causa;
(viii) el método científico asegura la neutralidad de la práctica científica, evitando la intervención de
valores e interese;
(ix) unos generan, otros transfieren y el resto adopta lo generado;
(x) para cada problema hay siempre una solución, que es la mejor manera de resolverlo; y,
“Otro paradigma para el desarrollo humano sustentable” | 1
(xi) el conocimiento científico es el único válido.
Es imposible reunir todas las premisas del paradigma clásico.
La metodología de la descolonización
En “El contrato social”, Rosusseau revela que el más fuerte no está satisfecho con ser el más fuerte en
su relación con el más débil. Cuando existe la intención de dominación por parte de la explotación, el más
fuerte institucionaliza relaciones asimétricas de poder para asegurarse el derecho de la dominación y
extender al más débil la obligación de la obediencia.
Asumiendo que hay razas superiores e inferiores, dichos imperios usaron la idea de raza para
clasificación social de los grupos humanos. Bajo el derecho del más fuerte:
(i) la civilización moderna se auto-comprende como más desarrollada;
(ii) su superioridad le asigna un imperativo moral de desarrollar a los primitivos;
(iii) el modelo de ese desarrollo es el mismo camino seguido por Europa Occidental;
(iv) la violencia hacia el bárbaro que se opone a la civilización es justificable;
(v) la salvación a través de la modernidad crea sus víctimas;
(vi) el bárbaro es culpable cuando se opone al proyecto civilizatorio; y,
(vii) el ego conquiro (Yo conquisto) es un derecho del civilizado, superior, cuya noble misión es
extender su civilización a tierras ocupadas por los pueblos primitivos, inferiores. Legitimado el reino de la
razón, Europa occidental creó su ciencia a partir de la civilización superior. Con su ciencia Europa inició el
descubrimiento de las leyes “naturales” que rigen el funcionamiento de la realidad. Finalmente, si un
modelo fue exitoso en Europa, este es el mejor para todas las sociedades, una vez que había sido validado
por la civilización superior.
Transformaciones en la cultura
La información no es sinónimo de conocimiento. La humanidad camina hacia la cultura de la realidad
virtual. El mundo es una pantalla donde la vida se presenta como un espectáculo. La generación punto-com
asume que no es necesario caminar para conocer el mundo y transformarlo.
Los sistemas de ideas para interpretar la realidad, de técnicas para transformar la realidad y de poder
para controlar la realidad de la época histórica del industrialismo están en crisis, con profundas
Introducción
Las palabras de moda tienden a sufrir la misma suerte: a medida que pretenden dar transparencia
a más y más procesos, ellas mismas se vuelven opacas; a medida que excluyen y reemplazan
verdades ortodoxas, se van transformando en cánones que no admiten disputa. Las prácticas
humanas que el concepto original intentaba aprehender se pierden de vista, y al expresar
"certeramente" los "hechos concretos" del "mundo real"; el término se declara inmune a todo
cuestionamiento. "Globalización" no es la excepción a la regla.
Este libro se propone demostrar que el fenómeno de la globalización es más profundo de lo que salta a
la vista; al revelar las raíces y las consecuencias sociales del proceso globalizador, tratará de disipar
algo de la niebla que rodea a un término supuestamente clarificador de la actual condición humana.
Nos guste o no, por acción u Omisión, todos estamos en movimiento. Lo estamos aunque
físicamente permanezcamos en reposo: la inmovilidad no es una opción realista en un mundo de
cambio permanente. Sin embargo, los efectos de la nueva condición son drásticamente
desiguales. Algunos nos volvemos plena y verdaderamente "globales"; otros quedan detenidos en
su "localidad", un trance que no resulta agradable ni soportable en un mundo en el que los
"globales" dan el tono e imponen las reglas del juego de la vida.
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
Ser local en un mundo globalizado es una señal de penuria y degradación social. Las desventajas
de la existencia localizada se ven acentuadas por el hecho de que los espacios públicos se hallan
fuera de su alcance, con lo cual las localidades pierden su capacidad de generar y negociar valor.
Así, dependen cada vez más de acciones que otorgan e interpretan valor, sobre las cuales no
ejercen el menor control..., digan lo que dijeren los intelectuales globalizados con sus
sueños/consuelos comunitaristas.
Con la libre movilidad en su centro, la polarización; actual tiene muchas dimensiones. Este nuevo
centro da nuevo lustre a las distinciones consagradas entre ricos y pobres; nómadas y
sedentarios; lo "normal" y lo anormal, y lo que está dentro o fuera de la ley. El entrelazamiento y la
influencia recíproca de estas diversas dimensiones de la polaridad es otro de los complejos
problemas que este libro trata de abordar.
El primer capítulo analiza el vínculo entre la naturaleza históricamente variable del tiempo y el
espacio, por una parte, y el patrón y escala de la organización social, por otra, y sobre todo, los
efectos de la actual compresión espacio/tiempo sobre la estructuración de las sociedades y
comunidades territoriales y planetarias. Uno de los efectos que se analizan es la nueva versión de
la "propiedad absentista": la reciente independencia de las elites globales con respecto a las
unidades territorialmente limitadas del poder político y cultural, con la consiguiente "pérdida de
poder" de estas últimas. Se atribuye el impacto de la separación entre los respectivos asientos de
la "cima" y la "base" de la nueva jerarquía a la organización variable del espacio y el nuevo
significado de la palabra "vecindario" en la metrópoli contemporánea.
Las etapas sucesivas de las guerras modernas por el derecho de definir e imponer el significado
del espacio compartido constituye el tema del segundo capítulo. Bajo esta luz se analizan las
aventuras de la planificación urbana global en el pasado, así como las actuales tendencias a la
fragmentación del diseño y la construcción destinada a la exclusión. Por último, se analizan la
suerte del Panóptico, que fue el patrón moderno preferido de control social, su improcedencia
actual y su muerte gradual.
El tema del tercer capítulo es el futuro de la soberanía política: en particular, la constitución propia
y el autogobierno de las comunidades nacionales, y en general territoriales, bajo la globalización
de la economía, las finanzas y la información. Se presta especial atención a la creciente brecha
que existe entre el ámbito decisorio institucional y el universo en el cual se producen, distribuyen,
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
asignan y otorgan los recursos necesarios para la toma y ejecución de decisiones. Se estudian, en
particular, los efectos inhabilitantes de la globalización sobre la capacidad decisoria de los
gobiernos estatales: los focos principales, aún no reemplazados, de la gestión social eficaz
durante la mayor parte de la historia moderna.
El último capítulo indaga las expresiones radicales de la polarización: la tendencia actual a criminalizar
los casos que se hallan por debajo de la norma idealizada y el papel de la criminalización de mitigar las
penurias de la "vida errante" al volver cada vez más odiosa y repugnante la imagen de su alternativa, la
vida inmóvil. Se tiende a reducir la compleja cuestión de la inseguridad existencial provocada por el
proceso de globalización al problema aparentemente sencillo de "la ley y el orden". Por esa vía, la
inquietud por la "seguridad", reducida en la mayoría de los casos a la preocupación por la seguridad del
cuerpo y las posesiones personales, se "sobrecarga" de ansiedad, generada por esas otras
dimensiones cruciales de la existencia actual: la inseguridad y la incertidumbre.
Las tesis de este libro no constituyen un programa para la acción; la intención del autor es que
sirvan para la discusión. Son más las preguntas formuladas que las respondidas, y no se llega a
un pronóstico coherente de las consecuencias que las tendencias actuales tendrán en el futuro. Y
sin embargo —como sostiene Cornelius Castoriadis— el problema de la condición contemporánea
de nuestra civilización moderna es que ha dejado de ponerse a sí misma en tela de juicio. No
formular ciertas preguntas conlleva más peligros que dejar de responder a las que ya figuran en la
agenda oficial; formular las preguntas equivocadas suele contribuir a desviar la mirada de los
problemas que realmente importan. El silencio se paga con el precio de la dura divisa del
sufrimiento humano. Formular las preguntas correctas constituye la diferencia entre someterse al
destino y construirlo, entre andar a la deriva v viajar. Cuestionar las premisas ostensiblemente
incuestionables de nuestro modo de vida es sin duda el servicio más apremiante que nos debemos
a nuestros congéneres y nosotros mismos. Este libro busca, ante todo, preguntar e incitar a
preguntar; aunque no pretende formular las preguntas correctas, formular todas las preguntas
correctas y —lo más importante— todas las preguntas que ya han sido formuladas.
I. Tiempo y Clase
"La empresa pertenece a las personas que invierten en ella: no a sus empleados, sus proveedores
ni la localidad donde está situada."1 de esta manera, Albert J. Dunlap, famoso "racionalizador" de
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
Aunque los fallos tengan poco o nada que ver con la vida local, no existe la intención de que se los
ponga a prueba a la luz de las vivencias de la gente, a pesar de que rigen su conducta. Nacidos de
una experiencia que los destinatarios del mensaje conocen, en el mejor de los casos, apenas de
oídas, pueden aumentar el sufrimiento aunque la intención sea provocar júbilo. Los originales
extraterritoriales entran a la vida anclada a la localidad sólo como caricaturas; acaso como
mutantes y monstruos. De paso, expropian los poderes éticos de los locales y los privan de los
medios para reducir los daños.
Se dice con frecuencia, y en general se da por sentado, que la idea del "espacio social" nació (en
las cabezas de los sociólogos, ¿dónde, si no?) a partir de una transposición metafórica de
conceptos formados dentro de la vivencia del espacio físico "objetivo". Sin embargo, la verdad es
lo contrario. La distancia que hoy tendemos a llamar "objetiva", y a medir en comparación con la
longitud del Ecuador en lugar de las partes del cuerpo, la destreza corporal o las
simpatías/antipatías de sus habitantes, tenía como patrón el cuerpo y las relaciones humanas
mucho antes de que la vara metálica llamada metro, encarnación de lo impersonal e incorpóreo,
fuera depositada en Sèvres para que todas la respetaran y obedecieran.
El gran historiador social Witold Kula demostró más exhaustivamente que cualquier otro estudioso
que desde tiempos inmemoriales el cuerpo humano era "la medida de todo", no sólo en el sentido
sutil derivado de las meditaciones filosóficas de Protágoras sino también en un sentido mundano,
literal y nada filosófico. Durante toda su historia y hasta el reciente comienzo de la modernidad, los
seres humanos medían el mundo con sus cuerpos –pies, puños o codos–; con sus productos –
canastos u ollas – o con sus actividades. Por ejemplo, se dividían los campos en Morgen, parcelas
que un hombre podía arar entre el alba y el ocaso.
Sin embargo, un puñado no es igual a otro, ni un canasto, tan grande como otro; las medidas
“antropomórficas” y "praxeomórficas" no podían ser sino tan diversas y accidentales como los
cuerpos y las prácticas humanas a las que aludían. De ahí las dificultades que surgían cuando los
dueños del poder querían acordar un tratamiento uniforme a un gran número de súbditos, al
exigirles "los mismos" impuestos o gabelas. Había que encontrar la manera de soslayar y
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
Pero el problema no se limita a la medición "objetiva" del espacio. Antes de llegar a la medición es
necesario tener un concepto claro de aquello que se ha de medir. Si esto es el espacio (más aún, si
se lo ha de concebir como algo mensurable), ante todo se necesita la idea de "distancia", que en su
origen derivó de la distinción entre cosas o personas "cercanas" v "lejanas", así corno de la vivencia
de que algunas eran más "cercanas" al sujeto que otras. Inspirándose en la tesis de Durkheim y
Mauss sobre los orígenes sociales de la clasificación, Edmund Leach descubrió un paralelismo
asombroso entre las categorías populares de espacio, clasificación de parentesco y el tratamiento
diferenciado de los animales domésticos, de crianza y salvajes.3 En el mapa popular del mundo, las
categorías de hogar, granja, campo y lo "lejano" parecen ocupar un lugar basado en un principio muy
similar, casi idéntico, al de las mascotas domesticas, ganado, animales de caza y "animales
salvajes" por un lado y las de hermano, primo, vecino y forastero o "extranjero" por el otro.
Como sugiere Claude Lévi-Strauss, la prohibición del incesto, que entraña la imposición de
distinciones conceptuales artificiales a individuos física, corporal y "naturalmente" indiferen-
ciados, fue el primer acto constitutivo de la cultura, que a partir de entonces consistiría en
insertar en el mundo "natural" las divisiones, distinciones y clasificaciones que reflejaban la
diferenciación de las prácticas humanas y los conceptos unidos a ellas. No eran atributos
propios de la "naturaleza" sino de la actividad y el pensamiento humanos. La tarea que
enfrentaba el Estado moderno ante la necesidad de unificar el espacio sometido a su
dominación directa no fue una excepción; consistió en separar las categorías y distinciones
espaciales de las prácticas humanas no controladas por el poder estatal. La tarea se reducía a
sustituir las prácticas locales y dispersas por las administrativas del Estado, punto de referencia
único y universal para toda medida y división del espacio.
Lo que resulta fácilmente legible o transparente para algunos puede ser oscuro y opaco para otros.
Donde algunos encuentran el rumbo sin la menor dificultada otros se sienten desorientados y
perdidos. Mientras las mediciones fueron antropomórficas y tomaron como puntos de referencia
prácticas locales sin coordinación entre sí, las comunidades humanas pudieron emplearlas como
escudo para ocultarse de los ojos curiosos y las intenciones hostiles de los intrusos; sobre todo, de
las imposiciones de los poderosos.
Para recaudar impuestos y reclutar soldados, los poderes premodernos, incapaces de interpretar
realidades legibles solamente para sus súbditos, debieron actuar como fuerzas foráneas, hostiles:
recurrir a invasiones armadas y expediciones punitivas. En verdad, la recaudación de impuestos
casi no se distinguía del robo y el pillaje, y la práctica de reclutar soldados era casi idéntica a la de
tomar prisioneros; los secuaces armados de príncipes y nobles usaban la espada y el látigo para
convencer a los "nativos" de que entregaran sus bienes o hijos; obtenían todo lo posible por medio
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
No es casual que la legibilidad y transparencia del espacio se haya convertido en uno de los
objetivos principales en la batalla del Estado moderno por imponer la soberanía de su poder. Para
lograr el control legislativo y regulatorio sobre los patrones y las lealtades de la interacción social,
el Estado debía controlar la transparencia del marco en el cual se ven obligados a actuar los
diversos agentes que participan en esa interacción. Los poderes modernos promovían la
modernización de las pautas sociales con el fin de establecer y perpetuar el control así concebido.
Un aspecto decisivo del poder modernizador fue, pues, la prolongada guerra que se libró en
nombre de la reorganización del espacio, Lo que estaba en juego en la batalla más importante de
esa guerra era el derecho de controlar el servicio cartográfico.
La esquiva finalidad de la guerra espacial moderna era la subordinación del espacio social a un
solo mapa, aquel que elaboraba y sancionaba el Estado. Este proceso era acompañado v
complementado por la desautorización de todos los mapas o interpretaciones del espacio rivales
de aquél, así como por el desmantelamiento o la anulación de toda institución y emprendimiento
cartográfico que no fuera creado, financiado o autorizado por el poder. Al cabo de esa guerra
debía quedar una estructura espacial perfectamente legible para el poder estatal y sus agentes, a
la vez que inmune a toda manipulación semántica por parte de usuarios o víctimas, resistente a
cualquier iniciativa de interpretación "desde abajo" que pudiera saturar fragmentos de ese espacio
con significados desconocidos e ilegibles para las autoridades constituidas y de ese modo
volverlos invulnerables al control ejercido desde arriba.
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
sentada la función decisiva de la percepción humana en la organización del espacio: el ojo del
observador era el punto de partida de toda perspectiva; determinaba el tamaño v las distancias
relativas de todos los objetos que ocupaban el campo y era el único punto de referencia para la
asignación de los objetos y el espacio. Lo novedoso era que el ojo del observador era un "ojo
humano en cuanto tal", y por lo tanto algo nuevo, "impersonal". No importaba quiénes fueran los
observadores, sino sólo el hecho de que se situaban en el punto de observación indicado. Ahora
se dice —más aún, se da por sentado— que cualquier observador situado en ese punto verá las
relaciones espaciales entre los objetos de la misma manera,
Los territorios domesticados, conocidos e inteligibles a los fines de las actividades cotidianas de
aldeanos o parroquianos seguían siendo confusa y aterradoramente foráneos, inaccesibles y
salvajes para las autoridades de la capital; la inversión de esa relación fue un indicador y una
dimensión principal del "proceso de modernización".
La legibilidad y la transparencia del espacio, consideradas en los tiempos modernos las señales
del orden racional, no fueron, en cuanto tales, invenciones modernas; en todo tiempo y lugar
eran las condiciones indispensables para la convivencia humana, ya que ofrecían el mínimo de
certeza y confianza sin el cual la vida cotidiana era poco menos que inconcebible. La novedad
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
El modelo panóptico del poder moderno de Michel Foucault se basa en un postulado muy
similar. El factor decisivo del poder que ejercen los supervisores ocultos en la torre central del
Panóptico sobre los presos encerrados en las alas del edificio con forma de estrella es la
combinación de la plena y constante visibilidad de los presos can la total y perpetua invisibilidad
de los supervisores. El preso nunca sabe con certeza si los supervisores están observándolo, si
su atención está concentrada en otro lugar, si están dormidos, distraídos o absortos en otros
quehaceres, y por lo tanto debe actuar en todo momento como si estuviera bajo vigilancia.
Supervisores y supervisados (sean presos, obreros, soldados, alumnos, pacientes o lo que
fuere) residen en "el mismo" espacio, pero se encuentran en situaciones diametralmente
opuestas. Nada obstruye las líneas visuales del primer grupo, en tanto el segundo se ve forzado
a actuar en un territorio brumoso y opaco.
Adviértase que el Panóptico era un espacio artificial, construido sobre la base de la asimetría de la
capacidad visual. Se trataba de manipular conscientemente y reordenar a voluntad la
transparencia del espacio como relación social: en última instancia, como relación de poder. La
artificialidad del espacio hecho a medida era un lujo fuera del alcance de los poderes empeñados
en manipularlo en escala estatal. En lugar de crear a partir de cero un espacio nuevo,
funcionalmente impecable, los poderes estatales modernos –mientras perseguían sus objetivos
"panópticos"– tuvieron que darse por satisfechos con una solución para salir del paso. Así, la
primera tarea estratégica de la guerra moderna por el espacio consistió en levantar un mapa que
resultara legible para la administración estatal y a la vez violara los usos y las costumbres locales,
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
privara a los "nativos" de sus medios probados de orientación y los desconcertara. Esto no
significó el abandono del ideal panóptico, sino simplemente su postergación a la espera de que
llegara una tecnología más potente. Una vez que se alcanzaran los objetivos de la primera fase, se
podía abrir la vía hacia la etapa siguiente, aún más ambiciosa, del proceso modernizador. En ésta
se trataba no sólo de trazar mapas elegantes, uniformes y uniformadores del territorio estatal, sino
de reformar el espacio físico de acuerdo con el patrón de elegancia alcanzado hasta entonces
únicamente por los mapas conservados en la oficina cartográfica; no de limitarse a registrar la
imperfección existente del territorio, sino de imponerle a la tierra el grado de perfección logrado en
el tablero de dibujo.
Anteriormente, el mapa reflejaba y registraba los accidentes del territorio; ahora le tocaba a este
último convertirse en reflejo del mapa, elevarse al nivel de transparencia racional al que aspiraban
las cartas. Era necesario partir de cero para reformar el espacio a imagen del mapa y de acuerdo
con las decisiones de los cartógrafos.
Según indica la intuición, la estructura espacial geométricamente sencilla, constituida por bloques
uniformes del mismo tamaño, parece la más apta para satisfacer la exigencia mencionada. No es
casual que en todas las visiones utópicas modernas de la "ciudad perfecta", las normas
urbanísticas y arquitectónicas en las cuales los autores centraron su atención indivisa e implacable
giraran en torno de los mismos principios fundamentales: ante todo, la planificación estricta,
detallada y exhaustiva del espacio urbano, la construcción de la ciudad "a partir de cero" en un
lugar deshabitado, de acuerdo con un diseño terminado antes de iniciar la construcción; en
segundo lugar, la regularidad, uniformidad, homogeneidad y posibilidad de reproducir los
elementos espaciales en torno de los edificios administrativos situados en el centro o, mejor aún,
en lo alto de una colina desde la cual se abarcara la totalidad del espacio urbano. Las siguientes
"leyes fundamentales y sagradas" expuestas por Morelly en su Code de la Nature, ou le véritable
esprit de ses lois de tout temps négligé ou méconnu, publicado en 1755, constituyen un ejemplo
del concepto moderno del espacio urbano perfectamente representado:
En torno de una gran plaza de proporciones regulares [éstas y todas las itálicas son
nuestras. [N. del A.] se erigirán depósitos públicos para almacenar las provisiones
necesarias y el salón para reuniones públicas, todos de apariencia uniforme y agradable.
Fuera de ese círculo se dispondrán regularmente los distritos de la ciudad: todos del
mismo tamaño, de forma similar y divididos por calles iguales [...]
Todos los edificios serán idénticos [...]
Todos los distritos estarán planificados de manera tal que, en caso de necesidad se los
pueda extender sin perturbar su regularidad [...]
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
Estas visiones de la ciudad perfecta trazada por la pluma de los utópicos no se parecían en
absoluto a las ciudades reales, donde estos dibujantes vivían y soñaban. Pero, como señalaría
Carlos Marx un poco más adelante (con un gesto de aprobación), no les interesaba representar o
explicar el mundo, sino cambiarlo. Mejor dicho, sentían rencor hacia la realidad que imponía
límites a la ejecución de sus diseños ideales y soñaban con reemplazarla por una nueva, libre de
los rastros malsanos de los accidentes históricos, creada desde cero y a medida de las
necesidades. La "letra chica" de cada proyecto de ciudad por crear ex nibilo entrañaba la
destrucción de una urbe existente. En medio del presente –desorganizado, ferido, tortuoso y
caótico, merecedor de la pena de muerte –, el pensamiento utópico era una avanzada de la
perfección ordenada y el orden perfecto del futuro.
Sin embargo, la fantasía rara vez es realmente "ociosa", y –aún menos – inocente. Los planos
eran pasos hacia el futuro, y no sólo en la imaginación febril de los dibujantes de planos. No
faltaban ejércitos y generales ávidos de utilizar las cabeza de puente utópicas para lanzarse al
asalto de los poderes del caos y ayudar al futuro a invadir y conquistar el presente. En su lúcido
estudio de las utopías modernas, Bronislaw Baczko habla de un "doble movimiento: el de la
imaginación utópica para conquistar el espacio urbano v el de los sueños de planificación y
arquitectura urbanas en busca de un marco social donde puedan materializarse".4 Los pensadores
y hacedores estaban igualmente obsesionados con "el centro" en torno del cual se dispondría
lógicamente el espacio de las ciudades futuras de acuerdo con las condiciones de transparencia
impuestas por la razón impersonal. Baczko diseca magistralmente esa obsesión en todos sus
aspectos interconectados en su análisis del provecto de "Ciudad llamada Libertad" publicado el 12
de floreal del año V de la República Francesa por el agrimensor y geómetra F.L. Aubry con la
intención de que fuera el croquis de la futura capital de la Francia revolucionaria.
Para los teóricos y los profesionales, la ciudad del futuro era la encarnación, el símbolo y el
monumento espacial a la libertad, conquistada por la Razón en su prolongada guerra mortal contra
la contingencia ingobernable e irracional de la historia; así como la libertad prometida por la
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
Revolución habría de purificar el tiempo histórico, el espacio soñado por los urbanistas utópicos
sería un lugar "jamás contaminado por la historia". Esta condición severa eliminaba de la
competencia a todas las ciudades existentes, y las condenaba a la destrucción.
Es verdad que Baczko se refiere a uno solo entre los muchos lugares de encuentro de soñadores y
hombres de acción: la Revolución Francesa, Pero era un lugar que recibía visitas de viajeros que
venían de lejos y de cerca en busca de inspiración; el lugar donde el encuentro era más íntimo, y
celebrado con mayor júbilo por ambas partes que cualquier otro. Los sueños del espacio urbano
perfectamente transparente sirvieron a los dirigentes políticos de la revolución como una fecunda
fuente de inspiración y valor. AI mismo tiempo, para los soñadores, aquélla era ante todo una audaz,
resuelta e ingeniosa compañía de diseño y construcción, dispuesta a instalar en las ciudades perfectas
las formas elaborarlas en los tableros de dibujo utópicos durante interminables noches en vela.
Veamos uno de muchos ejemplos analizados por Baczko: la historia del país ideal de Sévarambes
y su capital aún mas perfecta, Sévariade:5
Sévariade es "la ciudad más bella del mundo"; se caracteriza por "el buen mantenimiento de
la ley y el orden". "La capital está concebida de acuerdo con un plan racional, claro y
sencillo, aplicado con rigor, que hace de ella la ciudad más regular del mundo." La
transparencia del espacio urbano deriva principalmente de la decisión de dividirla
prolijamente en 260 unidades idénticas, llamadas osmasies, cada una de las cuales consiste
de un edificio cuadrado con una fachada de quince metros de frente, un gran patio interior,
cuatro puertas y mil habitantes "cómodamente instalados". La "regularidad perfecta" de la
ciudad llama la atención del visitante, "Las calles son anchas y tan rectas que uno tiene la
impresión de que fueron trazadas con una regla" y todas desembocan en "plazas
espaciosas en el medio de las cuales se alzan fuentes y edificios públicos", asimismo de
tamaño y dimensiones idénticas. "La arquitectura de las casas es casi uniforme", aunque
una suntuosidad adicional caracteriza las residencias de las personas importantes. "No hay
nada caótico en estas ciudades: en todas partes reina un orden perfecto y notable" (los
enfermos, los discapacitados mentales y los criminales han sido expulsados fuera de sus
límites). Cada cosa cumple una función y por eso todo es hermoso, ya que la belleza se
caracteriza por la visibilidad de sus fines y la simplicidad de sus formas. Casi todos los
elementos de la ciudad son intercambiables, lo mismo que las ciudades en si. Quien visita
Sévariade conoce todas las ciudades de Sévarambes.
Según Baczko, no sabemos si los proyectistas de las ciudades perfectas estudiaban los pianos
ajenos, pero el lector no puede evitar la impresión de que "lo único que hacen a lo largo del siglo
es reinventar la misma ciudad". Esta impresión obedece a los valores comunes a todos los
creadores de utopías y su interés por alcanzar "un cierto grado de racionalidad feliz, o sí se quiere,
felicidad racional" —lo que implica vivir en un espacio perfectamente ordenado, despojado de todo
azar, libre de todo lo que sea casual, accidental y ambivalente.
Las ciudades descriptas en la literatura utópica son, en la feliz frase de Baczko, "ciudades
literarias"; no sólo en el sentido de productos de la imaginación del autor sino en otro, más
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
profundo: se las podía describir en minucioso detalle, ya que nada en su interior era inefable,
ilegible ni desafiaba la clara representación. A la manera de la concepción de Jürgen Habermas de
la legitimidad objetiva de las afirmaciones y los patrones, que sólo puede ser universal y por ello
exige "borrar el espacio y el tiempo",6 la visión de la ciudad perfecta entrañaba rechazar totalmente
la historia y arrasar sus restos tangibles. En verdad, esa visión desafiaba la autoridad tanto del
tiempo como del espacio, al eliminar la diferenciación cualitativa de este último, que siempre es un
sedimento del tiempo igualmente diferenciado y, por ello, histórico.
Los arquitectos y urbanistas más radicalmente modernistas de nuestra era –de los cuales el más
célebre fue Le Corbusier– soñaron en voz alta con esa condición, ideal para el monopolio
cartográfico. Como si quisiera demostrar la naturaleza suprapartidaria de la modernización
espacial y la ausencia de vínculo; entre sus principios y las ideologías políticas, Le Corbusier
ofreció sus servicios con el mismo entusiasmo y falta de escrúpulos a los gobernantes comunistas
de Rusia y los fascistizantes de la Francia de Vichy. Confirmando la nebulosidad endémica de las
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
En las tres ciudades imaginarias, la función tiene prioridad sobre el espacia; lógica y la estética
exigen la total falta de ambigüedad funcional en cualquier fragmento de la ciudad. En el espacio
urbano, como en la vida humana, es necesario distinguir y separar las funciones de trabajo, vida
de hogar, esparcimiento, culto y administración; cada función necesita su propio lugar, así como
cada lugar debe servir a una única función.
Le Corbusier sueña con una ciudad en la que el imperio de "le Plan dictateur" (siempre escribía la
palabra "plan" con mayúscula) sobre los residentes sea total e indiscutible. La autoridad del Plan,
derivada de las verdades objetivas de la lógica y la estética y basada en ellas, no admite el
disenso ni la polémica; no admite argumentos referidos ni apoyados en otra cosa que el rigor
lógico y estético. Por su naturaleza, las funciones del planificador urbano son inmunes a la
agitación electoral, sordas a las quejas de sus víctimas reales o imaginarias. El "Plan" (por ser
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
producto de la razón impersonal, no de la imaginación individual, por brillante o profunda que ésta
sea) es la condición única —tanto necesaria como suficiente— de la felicidad humana, que no
puede basarse sino en la perfecta articulación de necesidades humanas definidas científicamente
y la disposición unívoca, transparente y legible del espacio vital.
La ville radieuse no pasó de ser un ejercicio sobre el papel. Pero al menos un arquitecto urbanista,
Oscar Niemeyer, trató de hacer carne el verbo de Le Corbusier cuando tuvo la oportunidad. Lo
contrataron para crear desde la nada, en un vacío desértico no agobiado por el peso de la historia,
una nueva capital a la altura de la inmensidad, la grandeza, los incontables recursos no
aprovechados y las ilimitadas ambiciones de Brasil. Esa capital, Brasilia, era el paraíso del
arquitecto modernista: por fin se presentaba la oportunidad anhelada de dar rienda suelta a la
fantasía arquitectónica, libre de restricciones o limitaciones, tanto materiales como sentimentales.
En una meseta hasta entonces desierta del Brasil central uno podía forjar a voluntad a los
residentes de la ciudad futura, preocupado solamente por la lealtad a la lógica y la estética; sin
comprometer ni, menos aún, sacrificar la pureza de los principios a las circunstancias,
improcedentes pero obstinadas, de tiempo y lugar. Podía calcular precisa y anticipadamente las
"necesidades de la unidad" aún tácitas y rudimentarias; podía forjar sin trabas a los habitantes aún
inexistentes y, por lo tanto, mudos y políticamente impotentes, de la futura ciudad. A ellos se los
consideraba como un conjunto científicamente definido y cuidadosamente medido de unidades de
necesidad respiratoria, térmica y de iluminación.
Para los experimentadores más interesados por una tarea bien realizada que por sus efectos en
los beneficiarios de sus acciones, Brasilia era un inmenso laboratorio, generosamente subsidiado,
en el cual se podían mezclar los ingredientes de la lógica y la estética en proporciones variables,
observar sus reacciones en un medio incontaminado y elegir el compuesto más agradable. Como
sugerían los postulados del modernismo arquitectónico corbusierano, en Brasilia uno podía
diseñar un espacio hecho a la medida del hombre (o, para ser más precisos, de todo lo que es
mensurable en el hombre), es decir, un espacio del cual el accidente y la sorpresa quedaban
desterrados para siempre. Sin embargo, para sus residentes Brasilia resultó ser una pesadilla. Sus
infelices víctimas acunaron rápidamente el concepto de "brasilitis", un nuevo síndrome patológico
del cual la ciudad es el prototipo y el epicentro más famoso hasta la fecha. Se estableció por
consenso que sus síntomas mas conspicuos son la falta de multitudes y aglomeraciones, las
esquinas desiertas, los espacios anónimos, los seres humanos sin rostro, y la monotonía
embrutecedora de un ambiente desprovisto de cualquier elemento que pueda provocar
desconcierto, perplejidad o emoción. El plan general de Brasilia eliminaba los encuentros casuales
de todos los lugares —salvo unos pocos, diseñados para las reuniones con fines
preestablecidos—. Según el chiste corriente, concertar un encuentro en el único "foro" previsto, la
inmensa "Plaza de las Tres Fuerzas", era como concertar una cita en el desierto de Gobi.
Tal vez Brasilia era un espacio perfectamente estructurado para recibir homúnculos, nacidos y
criados en probetas de laboratorio; para criaturas creadas con retazos de tareas administrativas y
definiciones legales. Sin duda (al menos en su intención), era un espacio perfectamente transparente
para los encargados de tareas administrativas y los que determinaban el contenido de éstas.
Reconocemos que podía serlo también para residentes ideales, imaginarios, que identificaran la
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
felicidad con la vida sin problemas porque no contenía la menor situación ambivalente, necesidad de
elegir, amenaza de riesgo ni posibilidad de aventura. Para los demás resultó ser un lugar despojado
de todo factor humano: de todo lo que da sentido a la vida y la hace digna de ser vivida.
Richard Sennett fue el primer analista de la vida urbana contemporánea que llamó la atención sobre la
inminente "caída del hombre público". Hace muchos años, advirtió la reducción lenta pero incesante del
espacio público urbano y el retiro igualmente incontenible de los residentes de la ciudad, con la
consiguiente devastación, de las pálidas sombras del agora que escapaban a la destrucción.
Posteriormente, en su brillante estudio sobre los "usos del desorden",8 Richard Sennett reseña los
descubrimientos de Charles Abrams, Jane Jacobs, Marc Fried y Herbert Gans –investigadores de
temperamentos diversos, pero afines en su sensibilidad a las vivencias de la vida urbana y en su
lucidez – y traza un cuadro aterrador de los estragos que sufren "las vidas de personas reales en
aras de un plan abstracto de desarrollo o renovación". Donde quiera que se ejecutaran esos
planes, los intentos de "homogeneizar" el espacio urbano, volverlo "lógico", "funcional" o "legible",
provocaban la desintegración de las redes de protección de los lazos humanos y la experiencia
psíquicamente destructiva del abandono y la soledad, sumadas a un vacío interior, el miedo a los
desafíos que puede traer la vida y un analfabetismo intencional a la hora de tomar decisiones
autónomas y responsables.
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
No es casual; en esas localidades se tiende a buscar la "sensación de estar entre los nuestros" en
la ilusión de la igualdad, garantizada por la monótona similitud de todos los que están a la vista.
Esta garantía de seguridad está esbozada en la ausencia de vecinos que piensen, actúen o
tengan un aspecto distinto de los demás. La uniformidad genera conformismo, y el otro rostro de
éste es la intolerancia. En una localidad homogénea es sumamente difícil adquirir las cualidades
de carácter y las destrezas necesarias para afrontar las diferencias entre seres humanos y las
situaciones de incertidumbre, y en ausencia de estas destrezas y cualidades, lo más fácil es temer
al otro, por la mera razón de que es otro: acaso extraño y distinto, pero ante todo desconocido,
difícil de comprender, imposible de desentrañar totalmente, imprevisible.
La ciudad, que en un principio existió para proteger a sus residentes intramuros de los invasores
malignos que siempre venían de afuera, en nuestro tiempo "está asociada con el peligro más que
con la seguridad", dice Nan Elin. En nuestro tiempo posmoderno, "el factor miedo sin duda ha
crecido, como lo demuestran la proliferación de cerraduras en automóviles y casas, así como los
sistemas de seguridad; las comunidades ‘cercadas’ y ‘seguras' para grupos de todas las edades y
niveles de ingresos, la creciente vigilancia de los espacios públicos, además de los interminables
mensajes de peligro emitidos por los medios de comunicación masivos".9
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
No solidarizarse con el otro sino evitarlo, separarse de él: tal es la gran estrategia de supervivencia
en la megalópolis moderna. Tampoco es cuestión de amar u odiar al prójimo, sino de mantenerlo a
distancia: así se anula el dilema y se vuelve innecesario elegir entre el amor y el odio.
Como señaló Foucault, las técnicas panópticas cumplieron una función crucial en la transición
desde los mecanismos de integración de base local, autovigilados, autorregulados y hechos a
medida de la capacidad natural del ojo y el oído humanos, hasta la integración supralocal,
administrada por el Estado, de territorios demasiado vastos para el alcance de las facultades
naturales. Dicha función exigía la asimetría de la vigilancia, la existencia del vigilante profesional y
una reorganización del espacio que permitiera al vigilante realizar su tarea e inculcara en el
vigilado la conciencia de que ello sucedía y podía suceder en todo momento. Estas demandas se
cumplieron casi plenamente en las grandes instituciones de la modernidad "clásica" dedicadas a
inculcar la disciplina, sobre todo en las plantas industriales y los ejércitos conscriptos, ambos
dotados de áreas de captación casi universales.
Como metáfora casi perfecta de la modernización del poder y el control en sus aspectos cruciales,
la imagen del Panóptico tiene la desventaja de abrumar la imaginación del sociólogo hasta el
punto de impedirle percibir la naturaleza del cambio actual, en lugar de facilitarle la tarea. En
detrimento del análisis, rendemos naturalmente a buscar en las disposiciones actuales del poder
una versión nueva y mejorada de viejas técnicas panópticas que en esencia permanezcan
intactas. Solemos pasar por alto el hecho de que la mayoría de la población no tiene la necesidad
ni la oportunidad de que la arrastren por los campos de entrenamiento de antaño. Asimismo,
tendemos a olvidas los factores del proceso de modernización que volvieron factibles y atractivas
las estrategias panópticas. Los desafíos de hoy son distintos, y en la tarea de enfrentar a muchos
de ellos –acaso los más importantes –, la aplicación de las estrategias panópticas ortodoxas con
renovado vigor seguramente resultaría inoportuna o directamente contra producente.
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
En un brillante ensayo sobre la base de datos electrónica como versión ciberespacial actualizada
del Panóptico, Mark Poster postula que "nuestros cuerpos están conectados con las redes, las
bases de datos, las autopistas informáticas"; por ello, esos sitios de almacenamiento de
información donde nuestros cuerpos están, por así decirlo, "sujetos informáticamente" "ya no
sirven como un refugio donde uno no pueda ser observado ni un bastión en torno del cual se
pueda erigir una línea de resistencia". Según Poster, el almacenamiento de enormes cantidades
de datos, que aumentan con cada uso de una tarjeta de crédito y prácticamente con cada compra,
conducen a un "superpanóptico", pero con una diferencia respecto del Panóptico: al proporcionar
datos para su almacenamiento, el vigilado se convierte en un factor importante y complaciente de
la vigilancia. Es verdad que la gente se preocupa por la cantidad de información acumulada sobre
ella. En 1991, una encuesta de la revista Time reveló que entre el 70 y el 80% de los lectores
estaban "muy/bastante" preocupados por la información reunida por el gobierno y las compañías
financieras y de seguros, y no tanto por la que recolectaban empleadores, bancos y firmas de
marketing. En vista de ello, Poster se pregunta por qué "la ansiedad que provocan las bases de
datos no se ha convertido aún en un problema de alcance político nacional”.10
Sin embargo, uno se pregunta por qué habría de preguntarse... Vista más de cerca, la aparente
similitud entre el Panóptico de Foucault y las bases de datos contemporáneas parece bastante
superficial. El propósito principal de aquél era inculcar la disciplina e imponer patrones uniformes
de conducta a los internos; el Panóptico era, ante todo, un arma contra la diferencia, la elección y
la variedad. No es ése el blanco asignado a la base de datos y sus usos potenciales. Al contrario,
sus principales promotores y usuarios son las compañías de crédito y marketing, cuyo objetivo es
asegurarse de que los archivos confirmen la "credibilidad" de las personas registradas: su
fiabilidad como clientes que eligen, y que aquellos que no pueden elegir sean separados antes de
que se produzca el daño y se derrochen recursos; en verdad, ser incluido en la base de datos es la
primera condición para acceder al crédito y a "todo lo que vale la pena". El Panóptico convertía a
sus internos en productores y/o soldados, a quienes imponía una conducta rutinaria y monótona; la
base de datos señala a los consumidores fiables y dignos de confianza, a la vez que separa a los
demás, a quienes no cree capaces de participar en el juego del consumo simplemente porque en
sus vidas no hay nada digno de ser registrado, La función principal del Panóptico era asegurarse
de que nadie pudiera escapar del espacio rigurosamente vigilado; la de la base de datos es que
ningún intruso pueda ingresar con información falsa y sin las credenciales adecuadas. Cuanto
mayor es la información sobre alguien en la base de datos, mayor es su libertad de movimientos.
La base de datos es un instrumento de selección, separación y exclusión. Conserva a los globales
dentro del cedazo y separa a los locales. Admite a ciertas personas en el ciberespacio
extraterritorial, hace que se sientan como en casa donde quiera que vayan y las acoge
cordialmente cuando llegan; a otras las priva de pasaportes y visas de transito, les impide recorrer
los lugares reservados a los residentes del ciberespacio. Pero este efecto es subsidiario y
complementario de aquél. A diferencia del Panóptico, la base de datos es un vehículo para la
movilidad, no es la cadena que sujeta.
Considérese el destino histórico del Panóptico desde otro punto de vista. Según la frase
memorable de Thomas Mathiesen, la introducción del poder panóptico significó la transición
fundamental de una situación en la que los más vigilan a los menos a otra donde los menos vigilan
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
Sin embargo, considérese lo siguiente. El Panóptico, aún cuando era de aplicación universal y
aunque las instituciones que utilizaban sus principios abarcaban a la inmensa mayoría de la
población, era por naturaleza un establecimiento local: la condición y el efecto de la institución
panóptica era la inmovilización de sus súbditos: la vigilancia existía para prevenir las fugas, o al
menos para impedir movimientos autónomos, contingentes y erráticos. El Sinóptico es global por
naturaleza; el acto de vigilar libera a los vigilantes de su localidad, los transporta siquiera
espiritualmente al ciberespacio, donde la distancia no importa, aunque sus cuerpos permanezcan
en lugar. Ya no tiene importancia si los blancos del Sinóptico, transformados de vigilados en
vigilantes, se desplazan o permanecen in situ. Donde quiera que estén y que vayan, pueden
conectarse a la red extraterritorial en la que los más contemplan a los menos, y lo hacen. El
Panóptico obligaba a la gente a ocupar un lugar donde se la pudiera vigilar. El Sinóptico no
necesita aplicar la coerción: seduce a las personas para que se conviertan en observadores. Y los
pocos a quienes los observadores observan son rigurosamente seleccionados. Según Mathiesen,
La tan elogiada "interactividad" de los nuevos medios es una exageración grosera; sería mas
correcto hablar de “un medio interactivo unidireccional”. No importa lo que crean los academicos,
que son miembros de la nueva elite global: la Internet y la Red no son para todos, y difícilmente
serán algún día de uso universal. Los que obtienen acceso deben realizar su elección dentro del
marco fijado por los proveedores, que los invitan a "gastar tiempo y dinero en la elección entre los
muchos paquetes que ofrecen". En cuanto al resto, relegado a la red de televisión satelital o por
cable, sin la menor pretensión de simetría entre ambas caras de la pantalla, su destino es la
observación lisa y llana. ¿Y que observan?
Los más miran a. los menos. Los menos, objetos de las miradas, son los famosos.. Pertenecen al
mundo de la política, el deporte, la ciencia o el espectáculo, o son célebres especialistas en
información. No importa de dónde provengan, todos los famosos exhibidos ponen en exhibición el
mundo de los famosos: un mundo cuyo rasgo particular es precisamente la cualidad de ser
observado por muchos, y en todos los rincones del globo; de ser global en su cualidad de ser
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Texto. Globalización – Consecuencias Humanas
observado. Digan lo que dijeren en el aire, transmiten el mensaje de un modo de vida total. Su
vida, su modo de vida. Preguntar qué impacto puede tener el mensaje sobre los observadores "no
tiene que ver tanto con las esperanzas y los miedos preconcebidos como con los ‘efectos' de
cristianismo sobre la visión del mundo del individuo o —como preguntaron los chinos— los del
confucionismo sobre la moral pública."12
En el Panóptico, o algunos locales selectos vigilaban a otros locales (y antes de su aparición, los
locales de más baja categoría observaban a los selectos). En el Sinóptico, los locales observan a
los globales. La autoridad de estos últimos está asegurada por su misma lejanía; los globales
están literalmente "fuera de este mundo", pero revolotean sobre los mundos de los locales de
modo mucho más visible, constante y llamativo que los ángeles sobre el antiguo mundo cristiano:
simultáneamente visibles e inaccesibles, excelsos y mundanos, muy superiores pero dejando un
ejemplo luminoso para que los inferiores lo sigan o sueñen con seguirlo; admirados y codiciados:
una realeza que guía en lugar de gobernar.
Segregados y separados sobre la Tierra, los locales conocen a los globales a través de las
transmisiones televisadas desde el cielo. Los ecos del encuentro reverberan globalmente, ahogan
todos los sonidos locales a la vez que se reflejan en las paredes locales, cuya solidez
impenetrable, semejante a la de una prisión, queda con ello revelada y reforzada.
Notas
1. Vease Albert J. Dunlap (con Bob Andelman), How 1 Saved Bad Companies and Made Good Companies
Great, Nueva York, Time Books, 1996, pp. 199-200.
2. Denis Duclos, "La cosmocratie, nouvelle classe planétaire", en Le monde diplomatique, agosto de 1997, p. 14,
3. Lease Edmund Leach, "Anthropological aspects of language: animal categories and verbal abuse", en New
Directions in the Study of Language, Eric H. Lenneberg (comp.), University of Chicago Press, 1964.
4. Bronislaw Baczko, Utopian Lights: The Evolution of the Idea of Social Progress, trad. inglesa de Judith L.
Greenberg,, Nueva York, Paragon House, 1989, pp. 219-235.
5. Según Baczko, Histoire des Sévarambes, de D. Veirasse, era un libro tan difundido durante el Siglo de las
Luces que, por ejemplo, Rousseau y Leibniz lo citaban sin indicar la fuente, que, evidentemente, era muy
conocida por sus lectores.
6. Vease Jürgen Haberman, The Philosophical Discourse of Modernity, Cambridge, Mass., MIT Press, 1987, p.323.
7. El contenido de La ville radieuse fue sometido a un análisis incisivo y lúcido por el sociólogo político Jim
Scott, de Yale; el comentario que sigue debe mucho a ese fecundo estudio.
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Unidad 2
Deleuze
I- Historia
Faucault situó a las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su
apogeo a principios del siglo XX y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El
individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después
la escuela, después el cuartel, después la fábrica, de tanto en tanto el hospital y eventualmente la prisión, que
es el lugar de encierro por excelencia. Pero las disciplinas sufrían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas
que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades
disciplinarias eran lo que dejábamos de ser.
Estamos en una crisis generalizada en todos los lugares de encierro. Reformar la escuela, reformar la
industria, el ejercito, el hospital, la prisión: pero todos saben que esas instituciones están más o menos
terminadas. Solo se trata de administrar su agonía y ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas
fuerzas que están golpeando las puertas. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las
sociedades de disciplinarias.
II- Lógica
Los diferentes espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se
supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común a todos no existe, pero es analógico.
Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables que forman un sistema de
geometría variable cuyo lenguaje es numérico. Los encierros son molde, módulos distintos, pero los
controles son modulaciones, como un molde autodeformante que cambia continuamente, de un momento a
otro. El principio modular del “salario al mérito” no había dejado de tentar a la propia educación nacional:
en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la
escuela, la evaluación continúa al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela de
la empresa.
En las sociedades de disciplina siempre se está empezando de nuevo, mientras que en las sociedades de
control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y
coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Las sociedades disciplinarias tienen
dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en la masa.
Porque las sociedades nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo
masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y
moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo. En las sociedades de control, por el contrario, lo
esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las
sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas. El lenguaje numérico del control está hecho de
cifras, que marcan el acceso o rechazo a la información. Los individuos se han convertido en dividuos, y las
masas en muestras, datos mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre
las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban el oro
como número patrón, mientras que el control refiere intercambios flotantes, modulaciones que hacen
intervenir como una cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El hombre de las disciplinas era
un productor discontinuo de energía, pero el hombre de control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un
haz continuo.
Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el
mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. Las conquistas de
mercado se hacen por temas de control y no por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más
aún que por bajas de costos, por transformación del producto más que por especialización de la producción.
El marketing es ahora el instrumento del control social. El control es a largo plazo y de rotación rápida, pero
también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El
hombre ya no es encerrado sino que es el endeudado.
I- Globalización y metropolización
Metropolización y terciarización han sido presentadas como las dos caras de la globalización. La
aglomeración de Buenos Aires ha conocido transformaciones rápidas y espectaculares que sin ninguna duda
se pueden resumir bajo el término de metropolización. La terciarización de la economía urbana, el desarrollo
de los servicios y del sector inmobiliario ligados a los nuevos modos de consumo y al ocio de ciertos
grupos, han trastocado profundamente la organización económica, social y urbanística.
Tres órdenes de cambio ligados a la adopción, a inicio de los años ‘90, de un modelo neoliberal de
salida de la crisis, y cuyos efectos han sido acumulativos: la nueva estructuración del mercado de trabajo
urbano, el desarrollo de grandes proyectos urbanísticos que transforman el centro de la ciudad en una vasta
cantera, en fin, la fuerte pauperización de las clases medias.
Una manera de anunciar este libro es decir que estudia la globalización como un proceso de
fraccionamiento articulado del mundo y recomposición de sus pedazos. Con esto quiero afirmar
que la globalización no es un simple proceso de homogeneización, sino de reordenamiento de las
diferencias y desigualdades sin suprimirlas: por eso la multiculturalidad es un tema indisociable de
los movimientos globalizadores.
Las investigaciones que aquí se presentan toman como objetos básicos de estudio las ciudades y las
industrias culturales de América Latina. En cierto modo, puede entenderse que el volumen esta
escrito desde este continente. Pero no concibo el desde como una mirada que pudiera colocarse
fuera de la globalización, ni como una posición cuya diferencia permitiría construir alternativas
radicales, o sea, una sociedad totalmente otra. ¿Qué significa que ya no sea posible pensar y actuar
desentendiéndose de los procesos globalizadores o, dicho de otro modo, de las tendencias
hegemónicas de la urbanización y la industrialización de la cultura? Algunos interpretan este hecho
como el triunfo del "pensamiento único" y el fin de la diversidad ideológica; por mi parte, prefiero
considerar esta situación corno un horizonte englobante pero abierto, relativamente indeterminado.
Para salir de esta opción es necesario examinar las condiciones concretas en que ahora se
desenvuelven las prácticas culturales en distintos países, la interacción de los proyectos
globalizadores con el modo en que la multiculturalidad perfila las relaciones sociales en cada región.
América Latina, como se sabe, fue "inventada" por Europa en un proceso de conquista y
colonización iniciado por España y Portugal, que se reelaboró luego de las intervenciones de
Francia, Inglaterra y otras naciones metropolitanas. Esas relaciones de dependencia, que en cada
periodo implicaron conflictos e hibridaciones, se fueron concentrando a lo largo del siglo XX en los
vínculos con los Estados Unidos. Pero este desplazamiento no puede verse como simple cambio
de amo. Las modificaciones ocurridas mientras se transitaba de la subordinación europea a la
norteamericana en los mercados agrícolas, industriales y financieros, en la producción, circulación
y consumo de tecnología y cultura, y en los movimientos poblacionales —turistas, migrantes,
exiliados— alteraron estructuralmente el carácter de esa dependencia.
Los cambios en estas cuatro instancias tratados en las próximas paginas —de las ciudades, los
mercados, los vínculos tecnología-cultura y los desplazamientos de población desactualizaron las
caracterizaciones construidas en el pasado para explicar las relaciones de América Latina con
Europa y Estados Unidos. Los vínculos que ahora nos hacen depender de este último país y de los
poderes globalizadores no se dejan explicar como una relación colonial, que implicó la ocupación
del territorio subordinado, ni tampoco imperialista, que supone una dominación lineal de un polo
imperial sobre naciones subalternas. Si ubicamos a Puerto Rico como parte de América Latina, la
condición colonial en su caso es evidente, pero los demás países latinoamericanos dejaron de ser
colonias hace uno o dos siglos. Lo que luego, durante un tiempo, se volvió subordinación al
imperialismo norteamericano se fue reordenando en una posición periférica y dependiente dentro
de un sistema mundial de intercambios desiguales diseminados.
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
Otra aclaración necesaria. A veces suele interpretarse este giro de Europa a Estados Unidos como
el pasaje de un ejercicio sociopolítico a una sumisión socioeconómica: a través de la relación con
Europa los latinoamericanos habríamos aprendido a ser ciudadanos, en tanto los vínculos
preferentes con Estados Unidos nos reducirían a consumidores. Francia, Inglaterra, Alemania y en
vierta medida Estados Unidos inspiraron nuestras constituciones, la construcción de regímenes
republicanos y la participación de los ciudadanos en partidos políticos, sindicatos y movimientos
sociales. Estas influencias liberales fueron reelaboradas al confrontarlas con nuestra composición
social multiétnica y la peculiar evolución de nuestros regímenes democráticos.
Este libro trata de entender por qué esta concepción es insuficiente para explicar las transfor-
maciones actuales en la articulación de lo que todos tenernos de ciudadanos y consumidores. El
ensamble entre ambos términos se altera en todo el mundo debido a cambios económicos,
tecnológicos y culturales, por los cuales las identidades se organizan cada vez menos en torno de
símbolos nacionales y pasan as formarse a partir de lo que proponen, por ejemplo, Hollywood,
Televisa y MTV. Para muchos hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, las preguntas propias de
los ciudadanos sobre cómo informarnos y quién representa nuestros intereses son respondidas
más por el consume privado de bienes y de medios de comunicación que por las reglas abstractas
de la democracia o por la participación en organizaciones políticas desacreditadas. Este proceso
puede ser entendido como pérdida y despolitización respecto de los ideales de la democracia
liberal o ilustrada. Pero también puede pensarse, como observan James Holston y Arjun
Appadurai, que la noción política de ciudadanía se expande al incluir derechos a la vivienda, la
salud, la educación y la apropiación de otros bienes en procesos de consumo. Es en este sentido
que propongo reconceptualizar el consumo, no como simple escenario de gastos inútiles e
impulsos irracionales sino como lugar que sirve para pensar, donde se organiza gran parte de la
racionalidad económica, sociopolítica y psicológica en las sociedades.
Ciudades
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¿Qué tiene que ver esto con la desintegración de las megaciudades (y de tantas ciudades medias)
latinoamericanas, México y São Paulo, Caracas, Lima y Bogotá? Está claro que no se trata de
imposiciones imperialistas, ni de meras copias degradadas del urbanismo norteamericano. Si bien
en este libro analizo la pertinencia de. interpretar a algunas megalópolis de América Latina como
ciudades globales, las transformaciones que ocurren en ellas tienen como principales focos
generadores procesos intrínsecos derivados del desarrollo desigual y las contradicciones de estas
sociedades: migraciones masivas, contracción del mercado de trabajo; políticas urbanas, de
vivienda y de servicios insuficientes para la expansión poblacional y del espacio urbano, conflictos
interétnicos, deterioro de la calidad de vida y aumento alarmante de la inseguridad. Las grandes
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ciudades del continente, que los gobiernos y los migrantes campesinos imaginaban hasta hace
pocos años como avanzadas de nuestra modernización, son hoy los escenarios caóticos de
mercados informales donde multitudes tratan de sobrevivir bajo formas arcaicas de explotación, o
en las redes de la solidaridad o de la violencia.
Todo esto debe ser visto como producto de dinámicas internas, y a la vez en relación con las nuevas
modalidades de subordinación de las economías periféricas, la reestructuración transnacional de los
mercados de bienes materiales y comunicacionales. De modo semejante a las ciudades del primer
mundo, muchas urbes latinoamericanas —al mismo tiempo que son laboratorios de una multi-
culturalidad degradada— se desarrollan como nodos estratégicos de la innovación comercial,
informática y financiera que dinamiza el mercado local al incorporarlo a circuitos transnacionales. Por
eso, la investigación de México y Sao Paulo puede ser tan fecunda como la de Nueva York o
Londres para explorar las rearticulaciones entre lo global y lo local, entre movimientos de
desterritorialización y reterritorialización. Aunque, como veremos, introduce en el debate sobre
urbanismo y globalización algunas cuestiones "heterodoxas", o quizá sólo acentúa contradicciones
visibles también en la multiculturalidad metropolitana.
Comunicaciones
El creciente diálogo entre especialistas en estudios culturales de Estados Unidos y América Latina
suele hacerse a través de análisis de discursos, en gran parte literarios y artísticos. Aun cuando es
un mérito de esta corriente haber reivindicado testimonios, textos populares y otros excluidos del
canon, generalmente las investigaciones se limitan a la cultura no industrializada, y su elaboración
critica queda circunscripta a las instituciones universitarias. Tiene una baja presencia en esta
conversación académica lo que ocurre en los medios masivos de comunicación, salvo cuando
puede ser reducido a las problemáticas legitimadas por el universo culto. La enorme expansión de
los estudios comunicacionales en Estados Unidos y América Latina, y sobre todo sus datos duros
acerca de las inversiones, la reestructuración industrializada de la producción simbólica y del
consumo masivo, rara vez encuentra eco en los estudios culturales. La apreciable "enciclopedia"
Cultural Studies, editada por Lawrence Grossberg, Any Nelson y Pamela Treichler, a lo largo de
sus 800 páginas no ofrece casi ningún dato duro, ni gráficas, en suma muy pocos materiales
empíricos, pese a que varios textos hablan de la comunicación, el consumo y la mercantilización
de la cultura. Es notable que unos pocos autores, entre ellos Grossberg, en otros trabajos
muestran una incisiva comprensión de la simbólica masiva (Grossberg, 1992).
Desde hace más de medio siglo los intercambios culturales entre Estados Unidos y América Latina
ocurren, más que en la literatura, las artes visuales o la cultura tradicional, en las industrias
comunicacionales. Aun el incremento de exposiciones artísticas y traducciones literarias en años
recientes, desarrollado a menudo bajo criterios de marketing y buscando la difusión masiva (desde
la muestra México: treinta siglos de esplendor, realizada en el Metropolitan Museum, hasta las
novelas de Isabel Allende, Laura Esquivel y Gabriel García Márquez), necesita ser analizado
también como parte de la industrialización de la cultura para captar una de las dimensiones claves
de su significado. Algo semejante sucede con los usos del patrimonio histórico en el turismo y la
circulación de músicas étnicas o .nacionales, que contribuyen a reproducir y renovar los
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imaginarios de la América del norte y la del sur. Pero es sobre todo en la competencia y las
alianzas entre empresas comunicacionales (de televisión, informática y aun editorial) que se está
gestionando la inter y la multiculturalidad.
Por eso, este libro —como otros escritos en los últimos años en América Latina (de Jesús Martín
Barbero, Renato Ortiz, Beatriz Sarlo) — intenta reubicar la teorización y los debates sobre identidad,
heterogeneidad e hibridación en la disputa por el espacio audiovisual que viene desarrollándose
entre Estados Unidos, Europa y América Latina. Más allá de que estos conflictos por la expansión
comunicacional reproducen y replantean los dilemas de los latinoamericanos entre ser latinos o ser
"americans", la elucidación conceptual y la investigación empírica de las diferencias y los encuentros
en este triángulo interregional son decisivas para reorientar las políticas culturales. No podemos
mantener en la academia la miopía anacrónica de las políticas estatales centradas en la
preservación de patrimonios monumentales y folclóricos, y la promoción, (cada vez con menores
recursos) de las artes cultas. Los efectos de la tendencia estadounidense a considerar las radios, los
canales de televisión y otros circuitos de comunicación masiva como simples negocios, extendida
ahora a los países europeos y latinoamericanos, no incitan sólo a revisar el dilema entre la propiedad
—estatal o privada— de estos medios. Hace necesario que los investigadores realicemos análisis
cuidadosos de la remodelación de los espacios públicos y de los dispositivos que se pierden o
recrean para el reconocimiento o la proscripción de las voces múltiples presentes en cada sociedad.
Algunos comentarios de especialistas europeos a lo que digo este libro me llevan a pensar que
idealicé un poco el valor ejemplar del espacio audiovisual europeo. Las privatizaciones de medios
comunicacionales efectuadas en España y Francia en los dos últimos años obligan a ser hoy
menos optimistas sobre la capacidad de la comunidad europea para proteger la esfera pública
mediática de las coacciones del mercado internacional Pero pienso que la descripción general de
las opciones de política cultural que aquí señalo, y el análisis de su significado para la
multiculturalidad, son aún pertinentes en el dialogo que apenas comienza entre los estudios
culturales latinoamericanos y los cultural studies estadunidenses. Quizás ésta sea una de las
zonas donde valdría retomar los aportes de los cultural studies británicos, más sensibles a la
importancia de la industrialización comunicacional, y cuya vitalidad y renovación tuve oportunidad
de comprobar en intervenciones como las de Stuart Hall y Phillip Schlensinger, entre otras, en la
reunión promovida en octubre de 1996 por la Universidad de Stirling entre especialistas europeos
y latinoamericanos (véase Media Development, 1, vol, XLIV, 1997).
En los estudios británicos también encontramos una preocupación mayor por el papel del Estado,
debido a que la función que ha tenido en ese país como representante de la esfera pública y
regulador de los intereses privados es históricamente más decisiva que en Estados Unidos.
Multiculturalidades
Si la relación con los movimientos globalizadores es distinta en el mundo anglosajón y en el latino ello
se debe, también, a diferencias notables entre los modos de concebir la multiculturalidad en ambas
regiones, que no había percibido claramente en el momento de escribir este libro. Como lo adelanté en
el texto que presenté en esa reunión de Stirling, quizá la discrepancia clave entre los estudios
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culturales latinoamericanos y los cultural studies podría sintetizarse así: lo que en América Latina se ha
llamado más bien pluralismo o heterogeneidad cultural se piensa como parte de la nación, en tanto en
el debate estadounidense, como explican varios autores, "multiculturalismo significa separatismo"
(Hughes, Taylor, Walzer), Sabemos que, según dice Peter McLaren, conviene distinguir en Estados
Unidos entre un multiculturalismo conservador, otro liberal y otro liberal de izquierda. Para el primero, el
separatismo entre las etnias se halla subordinado a la hegemonía de los WASP y su canon que
estipula lo que se debe leer y aprender para ser culturalmente correcto. El multiculturalismo liberal
postula la igualdad natural y la equivalencia cognitiva entre razas, en tanto el de izquierda explica las
violaciones de esa igualdad por el acceso inequitativo a los bienes. Pero sólo unos pocos autores,
como McLaren, sostienen la necesidad de "legitimar múltiples tradiciones de conocimiento" a la vez, y
hacer predominar las construcciones solidarias sobre las reivindicaciones de cada grupo. Por eso,
pensadores como Michael Walzer expresan su preocupación porque "el conflicto agudo hoy en la vida
norteamericana no opone el multiculturalismo a alguna hegemonía o singularidad", a "una identidad
norteamericana vigorosa e independiente", sino "la multitud de grupos a la multitud de individuos..."
"Todas las voces son fuertes, las entonaciones son variadas y el resultado no es una música
armoniosa -contrariamente a la antigua imagen del pluralismo como sinfonías en la cual cada grupo
toca su parte (pero ¿quién escribió la música?- sino una cacofonía" (Walzer: 109 y 105).
Lo que podría llamarse el canon en las culturas latinoamericanas debe mucho a Europa, pero a lo
largo del siglo XX combina influencias de diferentes países europeos y las vincula de un modo
heterodoxo con diversas tradiciones nacionales. Autores como Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes
dan cita en sus obras a expresionistas alemanes, surrealistas franceses, novelistas checos, italianos,
irlandeses, autores que se desconocen entre si, pero que escritores de países periféricos, como
decía Borges, exagerando, "podemos manejar" "sin supersticiones", con "irreverencia". Si bien
Borges y Fuentes podrían ser casos extremos, encuentro en que los especialistas en humanidades y
ciencias sociales, y en general la producción cultural latinoamericana; se apropian críticamente de
los cánones metropolitanos, los reutilizan en relación con variadas necesidades nacionales. Además,
las sociedades latinoamericanas no se formaron con el modelo de las pertenencias étnico-
comunitarias, si no -como ya señalé- a partir de la idea laica de república y del individualismo
jacobino, con apertura a las modulaciones que ese modelo francés fue adquiriendo al interactuar con
la multiculturalidad latinoamericana.
Debido a esta historia diferente, no predomina en los países latinoamericanos la tendencia a resolver
los conflictos multiculturales mediante políticas de acción afirmativa. No han faltado en América
Latina fundamentalismos nacionalistas y etnicistas, que también promueven autoafirmaciones
excluyentes —absolutizan un solo patrimonio cultural, que ilusoriamente se cree puro — para resistir
la hibridación. Hay analogías entre el énfasis separatista, basado en la autoestima como clave para
la reivindicación de los derechos de las mujeres y las minorías en Estados Unidos, y algunos
movimientos indígenas y nacionalistas latinoamericanos que interpretan maniqueamente la historia
colocando todas las virtudes del propio lado y atribuyendo los déficits de desarrollo a los demás Sin
embargo, no fue la tendencia prevaleciente en nuestra historia.
Menos aún en este tiempo de globalización que vuelve más evidente la constitución híbrida de las
identidades étnicas y nacionales, la interdependencia asimétrica, desigual, pero insoslayable en
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medio de la cual deben defenderse los derechos de cada grupo. Por eso, los movimientos de
artistas e intelectuales que se identifican con demandas étnicas o regionales, por ejemplo las del
zapatismo en Chiapas, sitúan esa problemática particular, como los mismos zapatistas, en un
debate sobre la nación y sobre cómo reubicada en los conflictos internacionales. O sea, en una
crítica general sobre la modernidad. Aunque las controversias sobre la autonomía de Ios pueblos
indígenas muestran aspectos irresueltos de las relaciones entre independencia cultural o política y
la participación en procesos nacionales y globales.
Sujetos
Estas reflexiones conducen a una cuestión insinuada al principio, cuando afirmé que hablar desde
América Latina no implicas atribuir ninguna prerrogativa especial a lo que podría descubrirse y
criticarse desde una posición periférica. Las convergencias y diferencias al concebir la multiculturalidad
en distintas regiones se manifiestan también en los modos de situar los lugares de enunciación o los
puestos de observación de los investigadores que realizan estudios culturales. En el pensamiento
norteamericano se hallan constantes cuestionamientos a las teorías universalistas que han
contrabandeado, bajo apariencias de objetividad, las perspectivas coloniales, occidentales, masculinas,
blancas y de otros sectores. Algunas de estas críticas desconstruccionistas han sido elaboradas
también en las ciencias sociales y las humanidades latinoamericanas: pensadores nacionalistas,
marxistas y otros asociados a la teoría de la dependencia plantearon objeciones semejantes a teorías
sociales y culturales metropolitanas y utilizaron creativamente, desde la década de los sesenta, las
obras de Gramsci y Fanon, que en los últimos años los cultural studies estadounidenses —y algunos
latinoamericanistas — proponen cono novedades sin ninguna referencia a las reelaboraciones hechas
en América Latirla de tales autores, con objetivos análogos. En cambio, en otros aspectos, como los
aportes del pensamiento feminista a los estudios culturales; su desarrollo es débil en casi todos los
principales especialistas latinoamericanos, aunque el diálogo más fluido con la academia anglosajona
esta reequilibrando un poco esta carencia (Buarque de Hollanda, Richard).
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Adoptar el punto de vista de los oprimidos o excluidos puede servir en la etapa de descubrimiento,
para generar hipótesis o contrahipotesis que desafíen los saberes constituidos, para hacer visibles
campos de lo real descuidados por el conocimiento hegemónico. Pero en el momento de la
justificación epistemológica conviene desplazarse entre las intersecciones, en las zonas donde las
narrativas se oponen y se cruzan. Sólo en esos escenarios de tensión, encuentro y conflicto es
posible pasar de las narraciones sectoriales (o francamente sectarias) a la elaboración de
conocimientos capaces de desconstruir v controlar los condicionamientos de cada enunciación.
Esto implica pasar también de concebir a los estudios culturales sólo como un análisis
hermenéutico a un trabajo científico que combine la significación y los hechos, los discursos y sus
arraigos empíricos. En suma, se trata de construir una racionalidad que pueda entender las
razones de cada uno y la estructura de los conflictos y las negociaciones.
Aun para producir bloques históricos que promuevan políticas contrahegemónicas (Beverly) —
interés que comparto— es conveniente distinguir entre conocimiento y acción, entre acción y
actuación. O sea: entre ciencia, política y teatro. Un conocimiento descentrado de la propia
perspectiva, que no quede subordinado a las posibilidades de actuar transformadoramente o de
dramatizar la propia posición en los conflictos, puede ayudar a comprender mejor las múltiples
perspectivas en cuya interacción se forma cada estructura intercultural. Los estudios culturales,
entendidos como estudios científicos, pueden ser ese modo de renunciar a la parcialidad del
propio punto de vista para reivindicarlo como sujeto no delirante de la acción política.
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
Introducción
Consumidores del siglo XXI, ciudadanos del XVIII
Este libro trata de entender cómo los cambios en la manera de consumir han alterado las
posibilidades y las formas de ser ciudadano. Siempre el ejercicio de la ciudadanía estuvo asociado
a la capacidad de apropiarse de los bienes y a los modos de usarlos, pero se suponía que esas
diferencias estaban niveladas por la igualdad en derechos abstractos que se concretaban al votar,
al sentirse representado por un partido político o un sindicato. Junto con la descomposición de la
política y el descreimiento en sus instituciones, otros modos de participación ganan fuerza.
Hombres y mujeres perciben que muchas de las preguntas propias de los ciudadanos -a dónde
pertenezco y qué derechos me da, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- se
contestan más en el consumo privado de bienes y de los medios masivos que en las reglas
abstractas de la democracia o en la participación colectiva en espacios públicos.
En un tiempo en el que las campañas electorales se trasladan de los mítines a la televisión, de las
polémicas doctrinarias a la confrontación de imágenes y de la persuasión ideológica a las
encuestas de marketing, es coherente que nos sintamos convocados como consumidores aun
cuando se nos interpele como ciudadanos. Si la tecnoburocratización de las decisiones y la
uniformidad internacional impuesta por los neoliberales en la economía reducen lo que está sujeto
a debate en la orientación de las sociedades, pareciera que éstas se planifican desde instancias
globales inalcanzables y que lo único accesible son los bienes y mensajes que llegan a nuestra
propia casa y usamos "como nos parece".
Se puede percibir la radicalidad de estos cambios examinando el modo en que ciertas frases del
sentido común fueron variando su significado hasta perderlo. A mediados de este siglo, era
frecuente en algunos países latinoamericanos que una discusión entre padres e hijos sobre lo que
la familia podía comprar o sobre la competencia con los vecinos terminara con el dictamen
paterno: "Nadie está contento con lo que tiene". Esa "conclusión" manifestaba muchas ideas a la
vez: la satisfacción por lo que habían conseguido quienes pasaron del campo a las ciudades, por
los avances de la industrialización y el advenimiento a la existencia cotidiana de nuevos recursos
de confort (la luz eléctrica, el teléfono, la radio, quizá el coche), todo lo que los hacía sentir
privilegiados habitantes de la modernidad. Quienes pronunciaban esa frase estaban contestando a
los hijos que arribaban a la educación media o superior y desafiaban a los padres con nuevas
demandas. Respondían a la proliferación de aparatos electrodomésticos, a los nuevos signos de
prestigio y las ideas políticas más radicales, a innovaciones del arte y la sensibilidad, aventuras de
las ideas y los afectos a las que les costaba incorporarse.
Las luchas generacionales acerca de lo necesario y lo deseable muestran otro modo de establecer
las identidades y construir lo que nos distingue. Nos vamos alejando de la época en que las
identidades se definían por esencias ahistóricas: ahora se configuran más bien en el consumo,
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
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Finalmente, la frase perdió sentido. ¿Cómo vamos a estar felices con lo propio cuando ni siquiera
se sabe qué es? En los siglos XIX y XX, la formación de naciones modernas permitió trascender
las visiones aldeanas de campesinos e indígenas, y a su vez evitó que nos disolviéramos en la
vasta dispersión del mundo. Las culturas nacionales parecían sistemas razonables para preservar,
dentro de la homogeneidad industrial, ciertas diferencias y cierto arraigo territorial, que más o
menos coincidían con los espacios de producción y circulación de los bienes. Comer como
español, brasileño o mexicano era no sólo guardar tradiciones específicas, sino alimentarse con
los productos de la propia sociedad, que estaban a la mano y solían ser más baratos que los
importados. Una prenda de ropa, un coche o un programa de televisión resultaban más accesibles
si eran nacionales. El valor simbólico de consumir "lo nuestro" estaba sostenido por una
racionalidad económica. Buscar bienes y marcas extranjeros era un recurso de prestigio y a veces
una elección de calidad. General Electric o Pierre Cardin: la internacionalización como símbolo de
status. Kodak, los hospitales de Houston y Visconti representaban la industria, la atención médica
y el cine que los países periféricos no teníamos, pero podríamos llegar a tener.
Esta oposición esquemática, dualista, entre lo propio y lo ajeno, no parece guardar mucho sentido
cuando compramos un coche Ford montado en España, con vidrios hechos en Canadá,
carburador italiano, radiador austriaco, cilindros y baterías ingleses y el eje de transmisión francés.
Enciendo mi televisor fabricado en Japón y lo que veo es un film-mundo, producido en Hollywood,
dirigido por un cineasta polaco con asistentes franceses, actores y actrices de diez nacionalidades,
y escenas filmadas en los cuatro países que pusieron financiamiento para hacerlo. Las grandes
empresas que nos suministran alimentos y ropa, nos hacen viajar y embotellarnos en autopistas
idénticas en todo el planeta, fragmentan el proceso de producción fabricando cada parte de los
bienes en los países donde el costo es menor. Los objetos pierden la relación de fidelidad con los
territorios originarios. La cultura es un proceso de ensamblado multinacional, una articulación
flexible de partes, un montaje de rasgos que cualquier ciudadano de cualquier país, religión o
ideología puede leer y usar.
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
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para incorporar bienes materiales y simbólicos de las demás. La globalización supone una
interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas, bienes y servicios
generados por un sistema con muchos centros, en el que importa más la velocidad para recorrer
el mundo que las posiciones geográficas desde las cuales se actúa.
Pero una visión integral también debe dirigir la mirada hacia los grupos donde las carencias se
multiplican. El modo neoliberal de hacer la globalización consiste en reducir empleos para reducir
los costos, compitiendo entre empresas transnacionales que no se sabe desde dónde se dirigen,
de manera que los intereses sindicales y nacionales casi no pueden ejercerse. Todo ello lleva a
que más del 40% de la población latinoamericana esté privada de trabajos estables y seguridades
mínimas, sobreviva en las aventuras también globalizadas del comercio informal, de la electrónica
japonesa vendida junto a ropas del sudeste asiático, junto a hierbas esotéricas y artesanías
locales, en los alrededores de los semáforos; en esos vastos "suburbios" que son los centros
históricos de las grandes ciudades, hay pocas razones para estar contentos mientras lo que llega
de todas partes se ofrece y se disemina para que algunos tengan e inmediatamente olviden.
Al mismo tiempo que admitimos como una tendencia irreversible la globalización, queremos participar
con este libro en dos movimientos actuales de sospecha: los que desconfían de que lo global se
presente como sustituto de lo local, y de que el modo neoliberal de globalizamos sea el único posible.
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Responder a esta pregunta requiere, evidentemente, profundizar el debate económico sobre las
contradicciones del modelo neoliberal. Pero también hay que examinar lo que la globalización, el
mercado y el consumo tienen de cultura. Nada de esto existe, o se transforma, sino porque los
hombres nos relacionamos y construimos significados en sociedad. Aunque parezca trivial evocar
este principio, demasiado a menudo los problemas del consumo y el mercado se plantean sólo
como asuntos de eficiencia comercial, y la globalización como la manera de llegar rápido a más
ventas. Son interpretaciones posibles de por qué los hombres vivimos juntos si se mira todo desde
los negocios y la publicidad.
¿Qué otras perspectivas existen hoy? Hasta hace pocos años se pensaba como alternativa la
mirada política. El mercado desacreditó esta actividad de una manera curiosa: no sólo luchando
contra ella, exhibiéndose más eficaz para organizar las sociedades, sino también devorándola,
sometiendo la política a las reglas del comercio y la publicidad, del espectáculo y la corrupción. Es
necesario, entonces, ir hacia el núcleo de lo que en la política es relación social: el ejercicio de la
ciudadanía. Y sin desvincular esta práctica de las actividades a través de las cuales sentimos que
pertenecemos, que formamos parte de redes sociales, en esta época globalizada, o sea
ocupándonos del consumo.
Para vincular el consumo con la ciudadanía, y a ésta con aquél, hay que desconstruir las
concepciones que encuentran los comportamientos de los consumidores predominantemente
irracionales y las que sólo ven a los ciudadanos actuando en función de la racionalidad de los
principios ideológicos. En efecto, se suele imaginar al consumo como lugar de lo suntuario y
superfluo, donde los impulsos primarios de los sujetos podrían ordenarse con estudios de mercado
y tácticas publicitarias. Por otra parte, se reduce la ciudadanía a una cuestión política y se cree
que la gente vota y actúa respecto de las cuestiones públicas sólo por sus convicciones
individuales y por la manera en que razona en los debates de ideas. Esta separación persiste aun
en los últimos textos de un autor tan lúcido como Jürgen Habermas, cuando realiza la autocrítica a
su viejo libro sobre el espacio público buscando "nuevos dispositivos institucionales adecuados
para oponerse a la clientelización del ciudadano".1
Al analizar en el primer capítulo de este volumen cómo el consumo sirve para pensar partimos de
la hipótesis de que, cuando seleccionamos los bienes y nos apropiamos de ellos, definimos lo que
consideramos públicamente valioso, las maneras en que nos integramos y nos distinguimos en la
sociedad, en que combinamos lo pragmático y lo disfrutable. Luego, exploramos cómo podría
cambiar la visión del consumo y de la ciudadanía si se les examinara conjuntamente, con
instrumentos de la economía y la sociología política, pero también como procesos culturales y, por
tanto, con los recursos de la antropología para tratar la diversidad y la multiculturalidad. Coincido,
así, con los estudios sobre ciudadanía cultural que se están efectuando en Estados Unidos: ser
ciudadano no tiene que ver sólo con los derechos reconocidos por los aparatos estatales a
quienes nacieron en un territorio, sino también con las prácticas sociales y culturales que dan
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
sentido de pertenencia y hacer sentir diferentes a quienes poseen una misma lengua, semejantes
formas de organizarse y satisfacer sus necesidades.2
Sin embargo, cabe aclarar que los trabajos estadounidenses sobre ciudadanía cultural van
dirigidos a legitimar a las minorías, cuyas prácticas lingüísticas, educativas y de género no son
suficientemente reconocidas por el Estado. Comparto el interés por abrir la noción estatizante de
ciudadanía a esa diversidad multicultural, pero -como se verá por la importancia concedida en este
libro a las políticas culturales- pienso que la afirmación de la diferencia debe unirse a una lucha por
la reforma del Estado, no simplemente para que acepte el desarrollo autónomo de "comunidades"
diversas, sino también para garantizar igualdad de acceso a los bienes de la globalización.
También en América Latina la experiencia de los movimientos sociales está llevando a redefinir lo
que se entiende por ciudadano, no sólo en relación con los derechos a la igualdad sino también
con los derechos a la diferencia. Esto implica una desustancialización del concepto de ciudadanía
manejado por los juristas: más que como valores abstractos, los derechos importan como algo que
se construye y cambia en relación con prácticas y discursos. La ciudadanía y los derechos no
hablan únicamente de la estructura formal de una sociedad; además, indican el estado de la lucha
por el reconocimiento de los otros como sujetos de "interés válidos, valores pertinentes y
demandas legítimas". Los derechos son reconceptualizados "como principios reguladores de las
prácticas sociales, definiendo las reglas de las reciprocidades esperadas en la vida en sociedad a
través de la atribución mutuamente acordada (y negociada) de las obligaciones y
responsabilidades, garantías y prerrogativas de cada uno". Se concibe a los derechos como
expresión de un orden estatal y como "una gramática civil".3
En verdad, apenas estamos alcanzando este equilibrio entre Estado y sociedad. El rechazo a la
dominación y al monolitismo estatales hicieron sobrevalorar en los años setenta y ochenta la
autonomía y la fuerza transformadora de los movimientos sociales. Reconcebir la ciudadanía como
"estrategia política"4 sirve para abarcar las prácticas emergentes no consagradas por el orden
jurídico, el papel de las subjetividades en la renovación de la sociedad, y, a la vez, para entender
el lugar relativo de estas prácticas dentro del orden democrático y buscar nuevas formas de
legitimidad estructuradas en forma duradera en otro tipo de Estado. Supone tanto reivindicar los
derechos de acceder y pertenecer al sistema socio-político como el derecho a participar en la
reelaboración del sistema, definir por tanto aquello en lo cual queremos ser incluidos.
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las diferentes modalidades de ciudadanía en los escenarios viejos y nuevos, pero estructurados
complementariamente, del Estado y el mercado.
Esta revisión de los vínculos entre Estado y sociedad no puede hacerse sin tener en cuenta las
nuevas condiciones culturales de rearticulación entre lo público y lo privado. Sabemos que el ámbito
de lo público, como escenario donde los ciudadanos discuten y deciden los asuntos de interés
colectivo, se formó a partir del siglo XVIII en países como Alemania y Francia con un alcance
restringido. Quienes leían y participaban en círculos ilustrados establecieron una cultura democrática
centrada en la crítica racional. Pero las reglas y los rituales de ingreso a los salones de la burguesía
democratizadora limitaban el debate sobre el interés común a quienes podían informarse leyendo y
comprender lo social desde las reglas comunicativas de la escritura. Hasta mediados del siglo XX,
los vastos sectores excluidos de la esfera pública burguesa -mujeres, obreros, campesinos- eran
pensados, en el mejor de los casos, como virtuales ciudadanos que podían irse incorporando a las
deliberaciones sobre el interés común en la medida en que se educaran en la cultura letrada. Por
eso, los partidos de izquierda y los movimientos sociales que representaban a los excluidos
manejaron una política cultural gutemberguiana: libros, revistas, panfletos.
Unos pocos intelectuales y políticos (por ejemplo, Mijaíl Bajtín, Antonio Gramsci, Raymond
Williams y Richard Hoggart) fueron admitiendo la existencia paralela de culturas populares que
constituían "una esfera pública plebeya", informal, organizada por medio de comunicaciones orales
y visuales más que escritas. En muchos casos, tendían a verla -al modo de Günther Lottes en un
texto no tan lejano, de 1979- como "una variante de la esfera pública burguesa", cuyo "potencial
emancipador" y sus "presuposiciones sociales han sido suspendidos".6 Algunos autores
latinoamericanos venimos trabajando en el estudio y reconocimiento cultural de estas modalidades
diversas de comunicación, pero hemos hecho poco en la valoración teórica de estos circuitos
populares como foros donde se desarrollan redes de intercambio de información y aprendizaje de
la ciudadanía en relación con el consumo de los medios masivos contemporáneos, más allá de las
idealizaciones fáciles del populismo político y cornunicacional.7
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hacen posible la existencia de instituciones) son complicadas hasta la opacidad que engendra
la desesperanza".8
Sin embargo, no se trata simplemente de que los viejos agentes -partidos, sindicatos,
intelectuales- hayan sido reemplazados por los medios de comunicación. La aparición súbita de
estos medios pone en evidencia una reestructuración general de las articulaciones entre lo público
y lo privado que se aprecia también en el reordenamiento de la vida urbana, la declinación de las
naciones como entidades contenedoras de lo social y la reorganización de las funciones de los
actores políticos tradicionales. Por eso, la investigación de las transformaciones suscitadas por las
industrias culturales es precedida en la primera sección de este libro por la remodelación del
consumo y de la vida cotidiana en las megaciudades. Los cambios comunicacionales y
tecnológicos son leídos como parte de reestructuraciones más amplias.
Podemos sintetizar en cinco procesos las modificaciones socioculturales que están ocurriendo en
todos estos campos:
d) La consiguiente redefinición del sentido de pertenencia e identidad, organizado cada vez menos
por lealtades locales o nacionales y más por la participación en comunidades transnacionales o
desterritorializadas de consumidores (los jóvenes en torno del rock, los televidentes que siguen los
programas de CNN, MTV y otras cadenas transmitidas por satélites).
e) El pasaje del ciudadano como representante de una opinión pública al ciudadano como
consumidor interesado en disfrutar de una cierta calidad de vida. Una de las manifestaciones de
este cambio es que las formas argumentativas y críticas de participación ceden su lugar al goce de
espectáculos en los medios electrónicos, en los cuales la narración o simple acumulación de
anécdotas prevalece sobre el razonamiento de los problemas, y la exhibición fugaz de los
acontecimientos sobre su tratamiento estructural y prolongado.
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Muchos de estos cambios eran incipientes en los procesos de industrialización de la cultura desde
el siglo XIX. Se comprueba en los estudios sobre las raíces de la telenovela en el teatro de plaza y
el folletín, los antecedentes de la masificación radial y televisiva en lo que antes hicieron la escuela
y la Iglesia, 9 en suma, las bases culturales de lo que ahora se identifica como la esfera pública
plebeya. Lo novedoso de la segunda mitad del siglo XX es que estas modalidades audiovisuales y
masivas de organización de la cultura fueron subordinadas a criterios empresariales de lucro, así
como a un ordenamiento global que desterritorializa sus contenidos y formas de consumo. La
conjunción de las tendencias desreguladoras y privatizadoras con la concentración transnacional
de las empresas ha reducido las voces públicas, tanto en la "alta cultura" como en la popular. Esta
reestructuración de las prácticas económicas y culturales conduce a una concentración hermética
de las decisiones en elites tecnológico-económicas y genera un nuevo régimen de exclusión de las
mayorías incorporadas como clientes. La pérdida de eficacia de las formas tradicionales e ilustradas
de participación ciudadana (partidos, sindicatos, asociaciones de base) no es compensada por la
incorporación de las masas como consumidoras u ocasionales participantes de los espectáculos
que los poderes políticos, tecnológicos y económicos ofrecen en los medios.
Podríamos decir que en el momento en que estamos saliendo del siglo XX las sociedades se
reorganizan para hacernos consumidores del siglo XXI y regresarnos como ciudadanos al XVIII. La
distribución global de los bienes y de la información permite que en el consumo los países
centrales y periféricos se acerquen: compramos en supermercados análogos los productos
transnacionales, vemos en la televisión las últimas películas de Spielberg o Wim Wenders, las
Olimpiadas de Barcelona, la caída de un presidente de Asia o América Latina filmada en directo y
los destrozos del último bombardeo serbio. En los países latinoamericanos se transmiten en
promedio más de 500 mil horas anuales de televisión, mientras los de la Europa latina cuentan
sólo con 11 mil; en Colombia, Panamá, Perú y Venezuela hay más de una videocasetera por cada
tres hogares con televisión, proporción más alta que en Bélgica (26.3%) o Italia (16.9%).10 Somos
subdesarrollados en la producción endógena para los medios electrónicos, pero no en el consumo.
¿Por qué este acceso simultáneo a los bienes materiales y simbólicos no va junto con un ejercicio
global y más pleno de la ciudadanía? El acercamiento al confort tecnológico y a la información
actual de todas partes coexiste con el resurgimiento de etnocentrismos fundamentalistas que
aíslan a pueblos enteros o los enfrentan mortalmente, como a los ex yugoeslavos y a los
ruandeses. La contradicción estalla, sobre todo, en los países periféricos y en las metrópolis donde
la globalización selectiva excluye a desocupados y migrantes de los derechos humanos básicos:
trabajo, salud, educación, vivienda. El proyecto iluminista de generalizar esos derechos llevó a
buscar, a lo largo de los siglos XIX y XX, que la modernidad fuera el hogar de todos. Al imponerse
la concepción neoliberal de la globalización, según la cual los derechos son desiguales, las
novedades modernas aparecen para la mayoría sólo como objetos de consumo, y para muchos
apenas como espectáculo. El derecho de ser ciudadano, o sea, de decidir cómo se producen, se
distribuyen y se usan esos bienes, queda restringido otra vez a las elites.
Sin embargo, cuando se reconoce que al consumir también se piensa, se elige y reelabora el
sentido social hay que analizar cómo interviene esta área de apropiación de bienes y signos en
formas más activas de participación que las que habitualmente se ubican bajo el rótulo de
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
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consumo. En otros términos, debemos preguntarnos si al consumir no estamos haciendo algo que
sustenta, nutre y hasta cierto punto constituye un nuevo modo de ser ciudadanos.
Si la respuesta es positiva, será preciso aceptar que el espacio público desborda ahora la esfera
de las interacciones políticas clásicas. Lo público es "el marco `mediático' gracias al cual el
dispositivo institucional y tecnológico propio de las sociedades posindustriales es capaz de
presentar a un `público' los múltiples aspectos de la vida social".11
Además, cuando lo que llamamos el pueblo vota, surge otra pregunta inquietante: ¿por qué
consiguen líderes que empobrecieron a las mayorías preservar el consenso entre las masas
perjudicadas? No hay una sola explicación. Más bien se trata de armar un rompecabezas:
entender cómo las fuerzas hegemónicas vienen logrando situarse en los escenarios estratégicos
de la economía, la política y las comunicaciones donde se transformaron las sociedades de esta
segunda mitad del siglo XX. En contraste, registramos la incapacidad de los movimientos de
izquierda, socialistas o simple-mente democráticos para actuar en esos escenarios decisivos,
mientras se la pasaron discutiendo donde la lucha no se estaba dando o repitiendo argumentos de
temporadas anteriores. Ya mencionamos el tardío descubrimiento de que los debates de interés
público y la construcción de alternativas debían hacerse (también) en los medios electrónicos
donde se informan las mayorías.
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
Así como "lo popular" se fue volviendo inaprehensible por la multiplicidad de puestas en escena
con que el folclor, las industrias culturales y el populismo político lo representan, hoy se usa
sociedad civil para legitimar las más heterogéneas manifestaciones de grupos, organismos no
gubernamentales, empresas privadas y aun individuos. Pese a los variados intereses y estrategias
que animan a estos sectores, todos coinciden en acusar al Estado de las desdichas sociales y
suponen que la situación mejoraría si éste cediera iniciativas y poder a la sociedad civil. Pero
como cada uno entiende algo distinto por este nombre, esa entidad amorfa aparece como una
típica comunidad imaginada, al modo en que Benedict Anderson concibió a la nación.12
Sociedad civil: al leer cómo se habla de ella, es posible imaginarla como "una señora que entiende
muy bien las cosas, sabe lo que quiere y lo que tiene que hacer, es buena, buena, y, desde luego, la
única adversaria posible de la perversidad estatal. En tan virtuosa y tiene tanta seguridad en sí
misma, que da miedo".13 La sociedad civil, nueva fuente de certezas en este tiempo de
incertidumbres, parece otro concepto totalizador destinado a negar el heterogéneo y desintegrado
conjunto de voces que circulan por las naciones. Algunos autores definen los modos de interacción
social que la expresión sociedad civil abarca como distintos de la economía y del Estado, aunque
entrelazados con ellos. Quienes a mi parecer mejor lo reformulan son Jean L. Cohen y Andrew Arato
al incluir -y a la vez diferenciar- "la esfera íntima (especialmente la familia), la esfera de asociaciones
(especialmente asociaciones voluntarias), los movimientos sociales y las formas de comunicación
pública",14 aunque su voluminosa obra considera marginalmente esta última modalidad.
Si reconocemos este desplazamiento de los escenarios donde se ejerce la ciudadanía (del pueblo
a la sociedad civil) y esta reestructuración del peso de lo local, lo nacional y lo global, algo tendrá
que pasarle a la forma en que las políticas representan las identidades. Deberá surgir otro modo
cultural de hacer política, y otro tipo de políticas culturales.
El proceso que comenzamos a describir como globalización puede resumirse como el pasaje de
las identidades modernas a otras que podríamos nombrar, aunque el término sea cada vez más
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
incómodo, como posmodernas. Las identidades modernas eran territoriales y casi siempre
monolingüísticas. Se fijaron subordinando a las regiones y etnias dentro de un espacio más o
menos arbitrariamente definido, llamado nación, y oponiéndola -bajo la forma que le daba su
organización estatal- a otras naciones. Aun en zonas multilingüísticas, como en el área andina y en
la mesoamericana, las políticas de homogeneización modernizadora escondieron la multiculturalidad
bajo el dominio del español y la diversidad de formas de producción y consumo dentro de los
formatos nacionales.
¿Qué ciudadanía puede expresar este nuevo tipo de identidad? En la primera parte intentamos pensar
al ciudadano actual más como habitante de la ciudad que de la nación. Se siente arraigado en su
cultura local (y no tanto en la nacional de la que le hablan el Estado y los partidos), pero esa cultura de
la ciudad es lugar de intersección de múltiples tradiciones nacionales -las de los migrantes reunidos en
cualquier metrópoli- que a su vez son reorganizadas por el flujo transnacional de bienes y mensajes.
Los acuerdos de libre comercio e integración supranacional (Unión Europea, Tratado de Libre
Comercio de América del Norte, Mercosur), a los que me refiero en la segunda parte de este libro,
están dando configuraciones institucionales 17 específicas a este pasaje de lo nacional a lo global y
de lo público a lo privado. Al estudiar diferencialmente los cambios que dichos acuerdos
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
Vamos a ir diferenciando a lo largo del libro estos cuatro circuitos de desarrollo cultural para
distinguir los niveles diversos de integración al desarrollo supranacional. La reestructuración de las
culturas nacionales no ocurre del mismo modo, ni con idéntica profundidad, en todos estos
escenarios, y por tanto, la recomposición de las identidades también varía según su compromiso
con cada uno de ellos.
La competencia de los Estados nacionales y de sus políticas culturales disminuye a medida que
transitamos del primer circuito al último. A la inversa, los estudios sobre consumo cultural muestran
que cuanto más jóvenes son los habitantes sus comportamientos dependen más de los dos últimos
circuitos que de los dos primeros. En las nuevas generaciones las identidades se organizan menos
en torno de los símbolos histórico-territoriales, los de la memoria patria, que alrededor de los de
Hollywood, Televisa o Benetton. Mientras en las grandes ciudades los centros históricos pierden
peso, las poblaciones se diseminan: los jóvenes encuentran en ellas, en vez de núcleos
organizadores, "márgenes para inventarse". La identidad pasa a ser concebida como el "punto focal
de un repertorio estallado de mini-roles más que como el núcleo de una hipotética interioridad" 18
contenida y definida por la familia, el barrio, la ciudad, la nación o cualquiera de esos encuadres
declinantes. ¿Pueden ser las identidades, en estas condiciones, objeto de políticas?
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
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Queremos pensar qué significa que se imponga una estética de la acción en los medios en una
época que juzga clausurada la fase heroica de los movimientos políticos. ¿A dónde nos conduce el
encapsulamiento en el presente y la cultura del estreno cuando coexiste con el reavivamiento
fundamentalista de ciertas tradiciones premodernas? ¿Qué función cumplen las industrias
culturales que se ocupan no sólo de homogeneizar sino de trabajar simplificadamente con las
diferencias, mientras las comunicaciones electrónicas, las migraciones y la globalización de los
mercados complican más que en cualquier otro tiempo la coexistencia entre los pueblos? Son
suficientes estas preguntas para percibir que las conexiones múltiples entre consumo y ciudadanía
no son nada mecánicas ni fácilmente reductibles a la coherencia de los paradigmas económicos o
de la sociología política.
Este volumen está a mitad del camino entre un libro de investigación y un conjunto de ensayos.
Los tres primeros capítulos nacieron de estudios empíricos realizados sobre el consumo cultural
en la ciudad de México. Esas investigaciones19 me dieron los puntos de partida para desarrollar la
presente reflexión sobre las transformaciones de la cultura en la capital mexicana y en otras
ciudades de América Latina.
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
Los textos que incluyo en este libro representan mi posición personal sobre algunas polémicas
vigentes en los estudios de cultura urbana: por ejemplo, la necesidad de trascender la disyuntiva
entre una antropología replegada en la "autonomía" de los barrios y una sociología o estudios
comunicacionales sólo capaces de hacer afirmaciones globales acerca de la ciudad y las
industrias culturales. Haber trabajado con antropólogos, sociólogos, comunicólogos e historiadores
del arte me dio la posibilidad de conocer información nueva y multifocal sobre las interacciones
microsociales en la vida cotidiana y sobre las macrotendencias de las que hablan los censos y las
encuestas. Coordinar los aportes de unos y otros fue, más que una tarea administrativa o de rutina
académica, experimentar el estimulante desafío de sus discrepancias. Quiero que las citas a sus
contribuciones sean leídas como agradecimientos en este sentido amplio. También espero que el
trabajo sobre la escritura en los ensayos aquí publicados muestre que me atraen la ciudad y las
industrias culturales no sólo como objetos de conocimiento sino también como lugares donde se
imagina y se narra.
Los cuatro capítulos de la segunda parte, que hablan de cómo se reestructuran las identidades en
esta época de industrialización de la cultura y de integración supranacional y libre comercio, se
apoyan tanto en las búsquedas documentales personales como en la investigación colectiva que
coordiné sobre los cambios de hábitos y gustos de los espectadores de cine, televisión y video en
cuatro ciudades mexicanas.20
Traté de no tomar de las investigaciones citadas más datos que los indispensables para sostener
la argumentación teórico-metodológica y sobre políticas culturales en que se concentra este
volumen. Quienes deseen más información sobre los cambios en la ciudad de México o sobre las
industrias audiovisuales y sus públicos, pueden recurrir a los libros citados. Deseo subrayar que
esos trabajos sobre consumo fueron reinterrogados aquí desde la preocupación por las
transformaciones de la ciudadanía, pero la investigación empírica sobre esta última cuestión
necesita aún exploraciones especiales. En especial, análisis más extensos sobre los movimientos
sociales, de los que sólo me ocupo con cierto detenimiento en el capítulo acerca de la negociación
en las clases populares.
Me gustaría que este libro fuera leído como una conversación con antropólogos, sociólogos y
especialistas en comunicación, con artistas, escritores y críticos de arte y literatura, sobre lo que
significa ser ciudadanos y consumidores en medio de los cambios culturales que alteran la relación
entre lo público y lo privado. Por lo mismo, es también continuación de diálogos con responsables
de políticas culturales y participantes de movimientos de consumidores y ciudadanos, con los que
discutí mucho de lo que se dice en estas páginas. La presentación en forma de ensayos
corresponde al carácter abierto de estas conversaciones y a los enfoques fragmentarios con que
aún no debatimos en estos territorios.
Quiero agradecer a varios lectores de este volumen -Juan Flores, Jean Franco, Aníbal Ford,
Sandra Lorenzano, Jesús Martín Barbero, Eduardo Nivón, Renato Rosaldo, Ana Rosas Mantecón
y George Yúdice- la discusión global de los trabajos reunidos aquí. La lista de quienes me hicieron
observaciones valiosas en simposios o después de publicar en revistas algunos de estos textos
sería interminable. En varios casos, las citas a sus trabajos publicados les hace un poco de
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
Notas
1 Jürgen Habermas, "L’espace public, 30 ans aprés", Quaderni, núm. 18, París, otoño de 1992.
2 Véanse de Richard Flores y otros,"Concept Paperon Cultural Citizenship", mimeo del Grupo de Trabajo
sobre Estudios Culturales de IUP, y de Renato Rosaldo, "Cultural Citizenship in San José, California",
ponencia presentada en la sesión Citizenship Contested, Reunión Anual de la Asociación Antropológica
Americana, Washington, D.C., noviembre de 1993.
3 Vera da Silva Telles, "Sociedade civil e a construçao de espaços públicos", en Evelina Dagnino (org.), Anos
90. Política e sociedade no Brasil, Sao Paulo, Editora Brasiliense, 1994, pp. 91-91
4 Evelina Dagnino, "Os movimentos sociais e a emergencia de una nova noçao de ciudadania", en E.
Dagnino (org.), op. cir., pp. 103-115.
5 Esta perspectiva diseminada sobre la ciudadanía se advierte en libros recientes como el de Bart van
Steenbergen (ed.), lhe Condition of Citizenship (Londres Thousand Oaks-Nueva Delhi, Sage Publications,
1994), donde diferentes autores tratan cada una de las modalidades nombradas.
6 Günther Lottes, Politische Aufklarung und Plebejisches Publileun, Munich, 1979, p. 110, citado por Jürgen
Habermas, "L'espace public, 30 ans apres", op. cit.
7 Algunos ejemplos de textos que inauguran este trabajo: Jesús Martín Barbero, De los medios a las
mediaciones, Mexico, G. Gili, 1987; Beatriz Sarlo, Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y
videocultura en la Argentina, Buenos Aires, Ariel, 1994; Anibal Ford, Navegaciones. Comunicación, cultura y
crisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1994; Renato Ortiz, Mundializaçao e cultura, Sao Paulo, Brasiliense, 1994.
10 Información del World Communications Report publicado por la UNESCO en 1990, citada por Rafael
Roncagliolo, "La integración audiovisual en América Latina: Estados, empresas y productores
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
Primera Parte
Ciudades en Globalización
Una zona propicia para comprobar que el sentido común no coincide con el "buen sentido" es el
consumo. En el lenguaje ordinario, consumir suele asociarse a gastos inútiles y compulsiones
irracionales. Esta descalificación moral e intelectual se apoya en otros lugares comunes acerca de
la omnipotencia de los medios masivos, que incitarían a las masas a avorazarse irreflexivamente
sobre los bienes.
Todavía hay quienes justifican la pobreza porque la gente compra televisores, videocaseteras y
coches mientras le falta casa propia. ¿Cómo se explica que familias a las que no les alcanza para
comer y vestirse a lo largo del año, cuando llega Navidad derrochen el aguinaldo en fiestas y
regalos? ¿No se dan cuenta los adictos a los medios de que los noticieros mienten y las
telenovelas distorsionan la vida real?
Más que responder a estas preguntas se puede discutirla manera en que están formuladas. Ahora
miramos los procesos de consumo corno algo más complejo que la relación entre medios
manipuladores y audiencias dóciles. Se sabe que buen número de estudios sobre comunicación
masiva han mostrado que la hegemonía cultural no se realiza mediante acciones verticales en las
que los dominadores apresarían a los receptores: entre unos y otros se reconocen mediadores
como la familia, el barrio y el grupo de trabajo.1 En dichos análisis, asimismo, se han dejado de
concebir los vínculos entre quienes emiten los mensajes y quienes los reciben únicamente como
relaciones de dominación. La comunicación no es eficaz si no incluye también interacciones de
colaboración y transacción entre unos y otros.
Para avanzar en esta línea es necesario situar los procesos comunicacionales en un encuadre
conceptual más amplio que puede surgir de las teorías e investigaciones sobre el consumo. ¿Qué
significa consumir? ¿Cuál es la racionalidad —para los productores y para los consumidores— de
que se expanda y se renueve incesantemente el consumo?
No es fácil responder a esas preguntas. Si bien las investigaciones sobre consumo se multiplicaron
en años recientes, reproducen la compartimentación y desconexión entre las ciencias sociales.
Tenemos teorías económicas, sociológicas, psicoanalíticas, psicosociales y antropológicas sobre lo
que ocurre cuando consumimos; hay teorías literarias sobre la recepción y teorías estéticas acerca
de la fortuna crítica de las obras artísticas. Pero no existe una teoría sociocultural del consumo.
Trataré de reunir en estas notas las principales líneas de interpretación y señalar posibles puntos de
confluencia con el propósito de participar en una conceptualización global del consumo, en la que
puedan incluirse los procesos de comunicación y recepción de bienes simbólicos.
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
Sin embargo, la única racionalidad quo modela el consumo no es la de tipo macrosocial que
deciden los grandes agentes económicos. Los estudios del marxismo sobre el consumo y los de la
primera etapa de comunicación masiva (de 1950 a 1970) exageraron la capacidad de
determinación de las empresas respecto de los usuarios y las audiencias.2 Una teoría más
compleja acerca de la interacción entre productores y consumidores, entre emisores y receptores,
tal como la desarrollan algunas corrientes de la antropología y la sociología urbana, revela que en
el consumo se manifiesta también una racionalidad sociopolítica interactiva. Cuando miramos la
proliferación de objetos y de marcas, de redes comunicacionales y de accesos al consumo, desde
la perspectiva de los movimientos de consumidores y de sus demandas, advertirnos que también
intervienen en estos procesos las reglas móviles de la distinción entre los grupos, de la expansión
educacional, las innovaciones tecnológicas y de la moda. "El consumo", dice Manuel CastelIs, "es
un sitio donde los conflictos entre clases, originados por la desigualdad participación en la
estructura productiva, se continúan a propósito de la distribución y apropiación de los bienes".3
Consumir es participar en un escenario de disputas por aquello que la sociedad produce y por las
maneras de usarlo. La importancia que las demandas por el aumento del consumo y por el salario
indirecto adquieren en los conflictos sindicales, así como la reflexión crítica desarrollada por las
agrupaciones de consumidores, son evidencias de cómo se piensa en el consumo desde las
capas populares. Si alguna vez fue territorio de decisiones más o menos unilaterales, hoy es un
espacio de interacción, donde los productores y emisores no sólo deben seducir a los destinatarios
sino justificarse racionalmente.
También se percibe la importancia política del consumo cuando se escucha a políticos que
detuvieron la hiperinflación en Argentina, Brasil y México, por ejemplo, centrar su estrategia
electoral en la amenaza de que un cambio de orientación económica afectaría a quienes se
endeudaron comprando a plazos coches o aparatos electrodomésticos. "Si no quieren que regrese
la inflación, aumenten las tasas de interés, y no puedan seguir pagando lo que compraron, deben
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
volver a votarme", dice Carlos Menem al buscar la reelección como presidente de Argentina. Una
fórmula empleada en la campaña electoral —"el voto-cuota°"— exhibe la complicidad que existe
hoy entre consumo y ciudadanía.
Una tercera línea de trabajo, los que estudian el consumo como lugar de diferenciación y distinción
entre las clases y los grupos, ha llevado a reparar en los aspectos simbólicos y estéticos de la
racionalidad consumidora. Existe una lógica en la construcción de los signos de status y en las
maneras de comunicarlos. Los textos de Pierre Bourdieu, Arjun Appadurai y Stuart Ewen, entre
otros, muestran que en las sociedades contemporáneas buena parte de la racionalidad de las
relaciones sociales se construye, más que en la lucha por los medios de producción y la
satisfacción de necesidades materia1es, en la que se efectúa para apropiarse de los medios de
distinción simbólica.4 Hay una coherencia entre los lugares donde los miembros de una clase y
hasta de una fracción de clase comen, estudian, habitan, vacacionan, en lo que leen y disfrutan,
en cómo se informan y lo que transmiten a otros. Esa coherencia emerge cuando la mirada
socioantropológica busca comprender en conjunto dichos escenarios. La lógica que rige la
apropiación de los bienes en tanto objetos de distinción no es la de la satisfacción de necesidades,
sino la de la escasez de esos bienes y la imposibilidad de que otros lo tengan.
Sin embargo, en tales investigaciones suelen mirarse los comportamientos de consumo como si
sólo sirvieran para dividir. Pero si los miembros de una sociedad no compartieran los sentidos de
los bienes, si sólo fueran comprensibles para la élite o la minoría que los usa, no servirían como
instrumentos de diferenciación. Un coche importado o una computadora con nuevas funciones
distingue a sus escasos poseedores en la medida en que quienes no acceden a ellos conocen su
significado sociocultural. A la inversa, una artesanía o una fiesta indígena cuyo sentido mítico es
propiedad de la etnia que la generó— se vuelven elementos de distinción o discriminación en tanto
otros sectores de la misma sociedad se interesan en ellas y entienden en alguna medida su
significado. Luego, debemos admitir que en el consumo se construye parte de la racionalidad
integrativa y comunicativa de una sociedad.
Sin duda, acierta Jean François Lyotard cuando identifica el agotamiento de los metarrelatos que
organizaban la racionalidad histórica moderna. Pero de la caída de ciertas narraciones
omnicomprensivas no puede derivarse una desaparición de lo global como horizonte. La crítica
posmoderna ha servido para repensar las formas de organización compacta de lo social que
instauró la modernidad (las naciones, las clases, etc.). ¿Es legítimo llevar ese cuestionamiento
hasta la exaltación de un supuesto desorden posmoderno, una dispersión de los sujetos que
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
Sorprende también que el pensamiento posmoderno sea sobre todo, hecho con reflexiones
filosóficas, incluso cuando trata de objetos tan concretos como el diseño arquitectónico, la
organización de la industria cultural y de las interacciones sociales. Al tratar de probar hipótesis en
investigaciones empíricas observarnos que ninguna sociedad ni ningún grupo soportan demasiado
la irrupción errática de los deseos, ni la consiguiente incertidumbre de significados. Dicho de otro
modo, necesitamos estructuras en las que se piense y ordene aquello que deseamos.
Es útil invocar aquí algunos estudios antropológicos sobre rituales y relacionarlos con las
preguntas que iniciaron este capítulo respecto de la supuesta irracionalidad de los consumidores.
¿Cómo diferenciar las formas del gasto que contribuyen a la reproducción de una sociedad de las
que la disipan y disgregan? ¿Es el "derroche" del dinero en el consumo popular un autosaboteo de
los pobres, simple muestra de su incapacidad de organizarse para progresar?
Encuentro una clave para responder a estas peguntas en la frecuencia con que esos gastos
suntuarios, "dispendiosos'", se asocian a rituales y celebraciones. No sólo porque un cumpleaños
o el aniversario del santo patrono justifiquen moral o religiosamente gasto, sino también porque en
ellos ocurre algo a través de lo cual la sociedad consagra una cierta racionalidad que la ordena y
le da seguridad.
Mediante los rituales, dicen Mary Douglas y Baron Isherwood, los grupos seleccionan y fijan —
gracias a acuerdos colectivos— los significados que regulan su vida. Los rituales sirven para
"contener el curso de los significados" y hacer explícitas las definiciones públicas de lo que el
consenso general juzga valioso. Son rituales eficaces aquellos que utilizan objetos materiales para
establecer los sentidos y las prácticas que las preservan. Cuanto más costosos sean esos bienes,
más fuerte será la inversión afectiva y la ritualización que fija los significados que se le asocian.
Por eso ellos definen a muchos de los bienes que se consumen como "accesorios rituales" y ven
el consumo como un proceso ritual cuya función primaria consiste en "darle sentido al rudimentario
flujo de los acontecimientos".5
En las conductas ansiosas y obsesivas ante el consumo puede haber como origen una
insatisfacción profunda, según lo analizan muchos psicólogos. Pero en un sentido más radical el
consumo se liga, de otro modo, con la insatisfacción que engendra el flujo errático de los
significados. Comprar objetos, colgárselos en el cuerpo o distribuirlos por la casa, asignarles un
lugar en un orden, atribuirles funciones en la comunicación con los otros, son los recursos para
pensar el propio cuerpo, el inestable orden social y las interacciones inciertas con los demás.
Consumir es hacer más inteligible un mundo donde lo sólido se evapora. Por eso; además de ser
útiles para expandir el mercado y reproducir la fuerza de trabajo, para distinguirnos de los demás y
comunicarnos con ellos, como afirman Douglas e lsherwood, "las mercancías sirven para pensar".6
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
Es en este juego entre deseos y estructuras que las mercancías y el consumo sirven también para
ordenar políticamente cada sociedad. El consumo es un proceso en el que los deseos se
convierten en demandas y en actos socialmente regulados. ¿Por qué artesanos indígenas o
comerciantes populares que se enriquecen por la repercusión afortunada de su trabajo, por qué
tantos políticos y líderes sindicales que acumulan dinero mediante la corrupción siguen viviendo en
barrios populares, controlan sus gastos y tratan de "no desentonar"? Porque les interesa más
seguir perteneciendo a sus grupos originarios (y a veces lo necesitan para mantener su poder) que
la ostentación a que su prosperidad los impulsa.
El estudio de Alfred Gell sobre los muria gondos de la India7 propone unta línea sutil para explicar
este papel regulador del consumo. Los muria que, gracias a los cambios de la economía tribal
durante el último siglo, se enriquecieron más que sus vecinos, mantienen un estilo sencillo de vida
que Appadurai, invirtiendo a Veblen, llama "mezquindad conspicua".8 Gastan en bienes con cierta
prodigalidad, pero con la condición de que representen valores compartidos, que no alteren la
homogeneidad suntuaria.
En los estudios sobre consumo cultural en México que referiré más adelante, encontramos que la
falta dé interés de sectores populares en exposiciones de arte, teatro o cine experimentales, no se
debe sólo al débil capital simbólico con que cuentan para apreciar esos mensajes sino también a
la fidelidad a los grupos en los que se insertan. Dentro de la ciudad, son sus contextos familiares,
de barrio y de trabajo los que controlan la homogeneidad del consumo, Ias desviaciones en los
gustos y en los gastos. En una escala más amplia, lo que se entiende como cultura nacional sigue
sirviendo como contexto de selección de lo exógeno.
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Conflictos Multiculturales de la Globalización
encontrarnos códigos que nos unifican, o al menos permiten que nos entendamos. Pero esos
códigos compartidos son cada vez menos los de la etnia, la clase o la nación en la que nacimos.
Esas viejas unidades, en la medida que subsisten, parecen reformularse como pactos móviles de
lectura de los bienes y los mensajes. Una nación, por ejemplo, se define poco a esta altura por los
límites territoriales o por su historia política. Más bien sobrevive como una comunidad
interpretativa de consumidores, cuyos hábitos tradicionales —alimentarios, lingüísticos— los llevan
a relacionarse de un modo peculiar con los objetos y la información circulante en las redes
internacionales. Al mismo tiempo, hallamos comunidades internacionales de consumidores —ya
mencionamos las de jóvenes y televidentes— que dan sentido de pertenencia donde se diluyen las
lealtades nacionales.
Como los acuerdos entre productores, instituciones, mercados y receptores —que constituyen los
pactos de lectura y los renuevan periódicamente— se hacen a través de esas redes
internacionales, ocurre que el sector hegemónico de una nación tiene más afinidades con el de
otra que con los sectores subalternos de la propia. Hace veinte años, los adherentes a la teoría de
la dependencia reaccionaban ante las primeras manifestaciones de este proceso acusando a la
burguesía de falta de fidelidad a los intereses nacionales. Y, por supuesto, el carácter nacional de
los intereses era definido a partir de tradiciones "auténticas" del pueblo, Hoy sabemos que esa
autenticidad es ilusoria, pues el sentido "propio" de un repertorio de objetos es arbitrariamente
delimitado y reinterpretado en procesos históricos híbridos. Pero además la mezcla de
ingredientes de origen "autóctono" y "foráneo" se percibe, en forma análoga, en el consumo de los
sectores populares, en los artesanos campesinos que adaptan sus saberes arcaicos para
interactuar con turistas, en los obreros que se las arreglan para adaptar su cultura laboral a las
nuevas tecnologías y mantener sus creencias antiguas y locales. Varias décadas de construcción
de símbolos transnacionales han creado lo que Renato Ortiz denomina una "cultura internacional-
popular", con una memoria colectiva hecha con fragmentos de diferentes naciones.9 Sin dejar de
estar inscriptos en la memoria nacional, los consumidores populares son capaces de leer las citas
de un imaginario multilocalizado que la televisión y la publicidad agrupan: los ídolos del cine
hollywoodense y de la música pop, los logotipos de jeans y tarjetas de crédito, los héroes
deportivos de varios países y los del propio que juegan en otro, componen un repertorio de signos
en constante disponibilidad. Marilyn Monroe y los animales jurásicos, el Che Guevara y la caída
del muro, el refresco más tomado en el mundo y Tiny Toon pueden ser citados o aludidos por
cualquier diseñador de publicidad internacional confiando en que su mensaje va a adquirir sentido
aun para quienes nunca salieron de su país.
Hay que averiguar, entonces, cómo se reestructuran las identidades y las alianzas cuando la
comunidad nacional se debilita, cuando la participación segmentada en el consumo —que se
vuelve el principal procedimiento de identificación— solidariza a las élites de cada país con un
circuito transnacional y a los sectores populares con otro. Al estudiar el consumo cultural en
México10 encontramos que la separación entre grupos hegemónicos y subalternos no se presenta
ya principalmente como oposición entre lo propio y lo importado, o entre lo tradicional y lo
moderno, sino como adhesión diferencial a subsistemas culturales con diversa complejidad y
capacidad de innovación: mientras unos siguen a Brahms, Sting y Carlos Fuentes, otros prefieren
a Julio Iglesias, Alejandra Guzmán y las telenovelas venezolanas.
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
Se coloca de otro modo, entonces, la crítica al consumo corno lugar irreflexivo y de gastos inútiles.
Lo que ocurre es que la reorganización transnacional de los sistemas simbólicos, hecha bajo las
reglas neoliberales de la máxima rentabilidad de los bienes masivos y la concentración de la
cultura para tomar decisiones en élites seleccionadas, aleja a las mayorías de las corrientes más
creativas de la cultura contemporáneas. No es la estructura del medio (televisión, radio o video) la
causa del aplastamiento cultural y de la desactivación política; las posibilidades interactivas y de
promover la reflexión crítica de estos instrumento comunicacionales han sido muchas veces
demostradas, aunque más bien en microexperiencias, de baja eficacia masiva. Tampoco debe
atribuirse el desinterés por la política sólo a la disminución de la vida pública y al repliegue familiar
en la cultura electrónicas a domicilio: no obstante, esta transformación de las relaciones entre lo
público y lo privado en el consumo cultural cotidiano constituye un cambio básico de las
condiciones en que deberá ejercerse un nuevo tipo de responsabilidad cívica.
Si el consumo se ha vuelto un lugar donde con frecuencia resulta difícil pensar es por su entrega al
juego pretendidamente libre, o sea feroz, entre las fuerzas del mercado. Para que el consumo
pueda articularse con un ejercicio reflexivo de la ciudadanía deben reunirse, al menos, estos
requisitos: a) Una oferta vasta y diversificada de bienes y mensajes representativos de la variedad
internacional de los mercados, de acceso fácil y equitativo para las mayorías; b) información
multidireccional y confiable acerca de la calidad de los productos, con control efectivamente
ejercido por parte de los consumidores y capacidad de refutar las pretensiones y seducciones de
la propaganda; c) participación democrática de los principales sectores de la sociedad civil en las
decisiones, del orden material, simbólico, jurídico y político donde se organizan los consumos
desde la habilitación sanitaria de los alimentos hasta las concesiones de frecuencias radiales y
televisivas, desde el juzgamiento de los especuladores que ocultan productos de primera
necesidad hasta los que administran informaciones clave para tomar decisiones.
Estas acciones políticas, en las que los consumidores ascienden a ciudadanos, implican una
concepción del mercado no corno lugar de intercambio de mercancías sino corno parte de
interacciones socioculturales más complejas. Del mismo modo, el consumo es visto no como
la mera posesión individual de objetos sino como la apropiación colectiva, en relaciones de
solidaridad y distinción con otros, de bienes que dan satisfacciones biológicas y simbólicas,
que sirven para enviar y recibir mensajes. Las teorías del consumo evocadas en este capítulo
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
Dentro de esta multiplicidad de acciones e interacciones, los objetos tienen una vida complicada.
En cierta fase son sólo "candidatos a mercancías"11, en otra pasan por una etapa propiamente
mercantil y luego pueden perder ese carácter y ganar otro. Un ejemplo: las mascaras hechas por
indígenas para una ceremonia, luego vendidas a un consumidor moderno y finalmente instaladas
en departamentos urbanos o en museos, donde se olvida su valor económico. Otro: una canción
producida por motivaciones sólo estéticas, luego alcanza repercusión masiva y ganancias como
disco, y al final, es apropiada y modificada por un movimiento político, se vuelve recurso de
identificación y movilización colectivas. Estas biografías cambiantes de las cosas y los mensajes
conducen a pensar el carácter mercantil de los bienes como oportunidades y riesgos de su
desempeño. Podernos actuar como consumidores situándonos sólo en uno de los procesos de
interacción —el que regula el mercado— y también podemos ejercer como ciudadanos una
reflexión y una experimentación más amplia que tome en cuenta las múltiples potencialidades de
los objetos, que aproveche su "virtuosismo semiótico"12, en los variados contextos en que las
cosas nos permiten encontrarnos con las personas.
Plantear estas cuestiones implica recolocar la cuestión de lo público. El descrédito de los Estados
como administradores de áreas básicas de la producción y la información, así como la
incredibilidad de los partidos (incluidos los de oposición), contrajo los espacios donde podía
hacerse presente el interés público, donde debe limitarse y arbitrarse la lucha —de otro modo
salvaje — entre los poderes mercantiles privados. Comienzan a surgir en algunos países, a través
de la figura del ombudsman, de comisiones de derechos humanos, de instituciones y medios
periodísticos independientes, instancias no gubernamentales, ni partidarias, que permiten
deslindar la necesidad de hacer valer lo público frente a la decadencia de las burocracias
estatales. Algunos consumidores quieren ser ciudadanos
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Texto. Consumidores y Ciudadanos
Conflictos Multiculturales de la Globalización
consumo se mostrará como un lugar de valor cognitivo, útil para pensar y actuar significativa,
renovadoramente, en la vida social.
Notas
* Este capitulo es una reelaboración ampliada del artículo que, con el mismo titulo, publiqué en la revista
Diálogos de la Comunicación, núm. 30, Lima, Junio de 1991.
1. Véase entre otras, las obras de James Lull (ed.), World Families Watch Television, Newbury Park,
California, Sage, 1988; de Jesús María Barbero, De los medios a las mediaciones, México, Gustavo Gili,
1987; y de Guillermo Orozco (compilador), Hablan los televidentes. Estudios de Recepción en varios países,
México, Universidad Iberoamericana, 1992.
2. Un ejemplo: los textos de Jean-Pierre Terrail, Desmond Preteceille y Patrice Grevet en el libro Necesidades
y Consumo, México, Grijalbo, 1977.
3. Manuel Castells, La cuestión urbana, México, Siglo XXI, 1974, apéndice a la segunda edición.
4. Pierre Bourdieu, La distinción, Madrid, Taurus, 1988; Arjun Appadurai (ed.), La vida social de las cosas,
México, Grijalbo, 1991; Stuart Ewen, Todas las imágenes del consumismo, México, Grijalbo, 1991.
5. Mary Douglas y Baron Isherwood, El mundo de los bienes. Hacia una antropología del consumo, México,
Grijalbo-CNCA, 1990, p.80.
6. Ídem, p. 77
7. Alfred Gell, “Los recién llegados al mundo de los bienes: el consumo entre los gondo muria”, en A.
Appadurai, op. cit., pp.143-175.
10. Néstor García Canclini y Mabel Piccini, “Culturas de la ciudad de México: símbolos colectivos y usos del
espacio urbano”, en N. García Canclini (coord.), El consumo cultural en México, cit.
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Unidad 3
Han
La crisis de la libertad
La explotación de la libertad
La sensación de libertad se ubica en el transito de una forma de vida a otra, hasta que finalmente se
muestra como una forma de coacción. Así, la liberación sigue siendo una nueva sumisión. Este es el destino
del sujeto que literalmente significa estar sometido.
Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea
y se reinventa. Este tránsito del sujeto al proyecto va acompañado de la sensación de libertad. Pues bien, el
propio proyecto se muestra como figura de coacción. El yo como proyecto, que cree haberse liberado se
somete a coacciones internas y a coerciones propias en formas de una coacción al rendimiento y la
optimización.
Vivimos una fase histórica especial en la que la libertad misma da lugar a coacciones. La libertad del
poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber. El deber tiene un límite. El poder
hacer, por el contrario, no. Es por ello por lo que la coacción que proviene del poder hacer es ilimitada.
El sujeto de rendimiento, que se pretende libre, en realidad es un esclavo absoluto en la medida en que
sin amo alguno se explota a si mismo de forma voluntaria. Al esclavo neoliberal le es extraña la soberanía,
incluso la liberad del amo que, según la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, no trabaja y únicamente
goza.
El sujeto neoliberal como empresario de si mismo no es capaz de establecer con los otros una amistad
sin fin alguno. Sin embargo, ser libre significa estar entre amigos. Uno se siente libre solo en una relación
lograda, en una coexistencia satisfactoria. El aislamiento total al que nos conduce el régimen neoliberal no
nos hace realmente libres.
El neoliberalismo es un sistema muy eficaz e inteligente para explotar la libertad. Se explota todo
aquello que pertenece a prácticas y formas de libertad. No es eficiente explotar a alguien en contra de su
voluntad. Solo la explotación de la libertad genera mayor rendimiento.
En consecuencia ser libre no significa otra cosa que realizarse mutuamente. La libertad individual
representa para Marx una trampa del capital. La libre competencia es solo la relación del capital consigo
mismo como otro capital. El capital realiza su reproducción relacionándose consigo mismo como otro
capital por medio de la competencia. La libertad individual es una esclavitud en la medida en que el capital
la acapara por su propia proliferación. Así, para reproducirse, el capital explota la libertad del individuo.
Por mediación de la libertad individual se realiza la libertad del capital. La libertad individual confiere
al capital una subjetividad automática que lo impulsa a la reproducción activa. La libertad individual, que
hoy adopta una forma excesiva, no es en último término otra cosa que el exceso del capital.
“Psicopolítica” | 1
El régimen neoliberal transforma la explotación ajena en la autoexplotación que afecta a todas las
clases. Esta hace imposible la revolución social, que descansa en la distinción entre explotadores y
explotados.
Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace así mismo responsable y se
avergüenza, en lugar de poner en duda a las sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia
del régimen neoliberal. No deja que surja resistencia alguna contra el sistema. En el régimen de la
explotación ajena, por el contrario, es posible que los explotados se solidaricen y juntos se alcen en contra
del explotador.
Ya no trabajamos para nuestras necesidades, sino para el capital. El capital genera sus propias
necesidades que nosotros percibimos como propias.
La política moderna se caracteriza por la emancipación del orden trascendente, esto es, de premisas
fundamentadas religiosamente. Solo en la modernidad, sería posible una politización completa de la
sociedad.
Si estamos libres de deuda, vale decir, si somos plenamente libres, tenemos que actuar de verdad.
Quizás incluso nos endeudamos permanentemente para no tener que actuar, esto es, para no tener que ser
libres ni responsables. Walter Benjamín concibe el capitalismo como religión. Es el primer caso de un culto
que no es expiatorio sino culpabilizador.
Dictadura de la transparencia
Al principio se celebró la red digital como un medio de libertad ilimitada. La libertad y la
comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancias totales. También los medios sociales se
equiparan cada vez más a los panópticos digitales que vigilan y explotan lo social de manera despiadada.
Cuando apenas acabamos de liberarnos del panóptico disciplinario, nos adentramos a uno nuevo aún más
eficiente.
A los reclusos del panóptico benthamiano se los asilaba con fines disciplinarios y no se les permitía
hablar ente ellos. Los residentes del panóptico digital, por el contrario, se comunican intensamente y se
desnudan a su propia voluntad. La sociedad del control digital hace un uso intensivo de la libertad. Es
posible solo gracias a que, de forma voluntaria, tienen lugar una iluminación y un desnudamiento propios.
También se reclama transparencia en nombre de la libertad de comunicación. La transparencia es en
realidad un dispositivo neoliberal. De forma violenta vuelve todo hacia el exterior para convertirlo en
información. En el modo actual de producción inmaterial, más información y comunicación significan más
productividad, aceleración y crecimiento.
El secreto, la extrañeza o la otredad representan obstáculos para una comunicación ilimitada. La
comunicación se acelera cuando se eliminan todas las barreras, muros y abismos. También a las personas se
las desinterioriza. Esta desinteriorización tiene lugar de forma voluntaria. El dispositivo de la transparencia
obliga a una exterioridad total con el fin de acelerar la circulación de la información y la comunicación.
El neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. La libertad del ciudadano cede ante la
pasividad del consumidor. El votante, en cuanto consumidor, no tiene un interés real por la política. Se
relaciona de forma pasiva a la política, igual que el consumidor ante mercancías y los servicios que lo
degradan. Los políticos y los partidos también siguen esta lógica del consumo.
La transparencia que hoy se exige de los políticos es todo menos una reivindicación política. El
imperativo de la transparencia sirve sobre todo para desnudar a los políticos. La reivindicación de la
transparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. Es la reivindicación de un
ciudadano pasivo. La sociedad de la transparencia, que está poblada de espectadores y consumidores, funda
una democracia de espectadores.
Hoy nos ponemos al desnudo sin ningún tipo de coacción ni de prescripción.
Nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia el control
activo. Nos precipita a una crisis de la libertad con mayor alcance, pues ahora afecta a la misma voluntad
libre. El Big Data permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la
comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación.
El Big Data permite hacer pronósticos sobre el comportamiento humano. De este modo, el futuro se
convierte en predecible y controlable.
El Big Data anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre.
Todo dispositivo, toda técnica de dominación, genera objetos de devoción que se introducen con el fin
de someter. Materializan y estabilizan el dominio. Devoto significa sumiso.
“Psicopolítica” | 2
Poder Inteligente
El poder tiene formas muy diferentes de manifestación. La más indirecta e inmediata se exterioriza
como negación de la libertad. El poder no tiene que adquirir necesariamente la forma de coacción y si
depende de la violencia no representa el poder supremo. El solo hecho de que una voluntad surja y se
oponga al poderoso da testimonio de la debilidad de su poder. Cuanto mayor es el poder, más silencioso
actúa.
El poder sin duda, puede exteriorizarse como violencia o represión. Pero no descansa en ella. No es
necesariamente excluyente, prohibitorio o censurador. Y no se opone a la libertad. Incluso puede hacer uso
de ella.
El poder disciplinario no está dominado del todo por la negatividad. A causa de su negatividad, el poder
disciplinario no puede describir el régimen neoliberal, que brilla en su positividad. La técnica de poder
propia del neoliberalismo adquiere una forma sutil, flexible, inteligente, y escapa a toda visibilidad. El
sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda
totalmente oculto. De ahí que se presume libre.
Ineficiente es el poder disciplinario que con gran esfuerzo encorseta a los hombres de forma violenta
con preceptos y prohibiciones. Radicalmente más eficiente es la técnica de poder que cuida que los hombres
se sometan por si mismos al entramado de dominación. En lugar de hacer a los hombre sumisos, intenta
hacerlos dependientes.
El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que
dirige esa voluntad a su favor. Se esfuerza en generar emociones positivas y explotarlas. Seduce en lugar de
prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades.
El poder inteligente se ajusta a la psique. No nos impone ningún silencio, al contrario, nos exige contar
nuestra vida. La presente crisis de libertad consiste en que estamos ante una técnica de poder que no niega o
somete la libertad, sino que la explota.
El poder inteligente, de apariencia libre y amable, que estimula y seduce, es más efectivo que el poder
que clasifica, amenaza y prescribe. Uno se somete al entramado de poder consumiendo y consumiéndose. El
neoliberalismo se diferencia sustancialmente del capitalismo del siglo XIX, que operaba con coacciones y
prohibiciones disciplinarias.
El poder inteligente lee y evalúa nuestros pensamientos conscientes e inconscientes. Esta dominación
no requiere de gran esfuerzo, de violencia, ya que simplemente sucede.
El topo y la serpiente
El poder disciplinario consiste en entornos e instalaciones de reclusión. La familia, la escuela, la cárcel,
el cuartel, el hospital y la fábrica representan estos espacios de reclusión. El sujeto disciplinario cambia de
un entorno de reclusión a otro. Así, se mueve en un sistema cerrado. El topo es el animal de la sociedad
disciplinaria.
Estas presionan hacia una mayor apertura y deslimitación. El topo no puede soportar esta apertura. En
su lugar surge la serpiente. Este es el animal de la sociedad de control neoliberal. El topo es un trabajador.
La serpiente por el contrario delimita el espacio a partir de su movimiento. La serpiente es el empresario.
El topo es un sujeto sometido. La serpiente es un proyecto, en la medida en que genera el espacio a
partir de su movimiento. El tránsito del topo a la serpiente, del sujeto al proyecto no es una irrupción hacia
una forma de vida totalmente diferente, sino una mutación, incluso una agudización del capitalismo. Los
movimientos restringidos del topo ponen límites a la productividad.
La serpiente elimina la limitación a través de nuevas formas de movimiento. De este modo, el sistemas
capitalista basado en el modelo del topo cambia al modelo de la serpiente para aumentar la productividad.
El régimen disciplinario, según Deleuze, se organiza como un cuerpo. El régimen neoliberal, por el
contrario, se comporta como alma. De ahí que la psicopolítica sea su forma de gobierno. La motivación el
proyecto, la competencia, la optimización y la iniciativa son inherentes a la técnica de dominación
psicopolítica del régimen neoliberal.
El dilema de Foucault
Después de vigilar y castigar, Foucault se dio cuenta de que la sociedad disciplinaria no refleja
exactamente su tiempo. De ahí que a finales de los ‘60 se ocupe del análisis de las formas de gobierno
neoliberales. El problema reside en que se aferra tanto al concepto de población como al de la biopolítica.
Foucault no tiene del todo claro que biopolítica y población, en cuanto categorías genuinas de la sociedad
“Psicopolítica” | 3
disciplinaria, sean ambas apropiadas para describir el régimen neoliberal. En su lección 1978-1979, el autor
no llega a ocuparse del análisis de la biopolítica neoliberal. Al respecto, se muestra autocrítico sin llegar a
conocer el verdadero problema.
La muerte temprana privó a Foucault de la posibilidad de repensar su idea de biopolítica y de
abandonarla en favor de la psicopolítica neoliberal
Foucault vincula la biopolítica con la forma disciplinaria del capitalismo, que en su forma de
producción socializa al cuerpo: Para la sociedad capitalista, la biopolítica es lo que realmente cuenta. La
biopolítica se asocia fundamentalmente a lo biológico y a lo corporal. Se trata en última instancia, de una
política corporal en sentido amplio.
El neoliberalismo como una nueva forma de evolución del capitalismo descubre la psique como fuerza
productiva. Este giro a la psique, y con ello la psicopolítica, esta relacionado con la forma de producción del
capitalismo actual. No se producen objetos físicos sino información y programas. Para incrementar la
productividad, no se superan resistencias corporales sino procesos psíquicos y mentales. El disciplinamiento
corporal sede ante la optimización mental.
Hoy el cuerpo es liberado del proceso productivo inmediato y se convierte en objeto de optimización
estética y técnico sanitaria. El cuerpo dócil ya no tiene ningún lugar en el proceso productivo. La
optimización corporal es mucho más que una mera praxis estética.
Bernanrd Stiegler reconoce con razón que el concepto foucaultiano de poder ya no es adecuado a
nuestro tiempo. En sus palabras dice: “las psicotecnologías del psicopoder” entrarían en escena en lugar del
biopoder. Con ello se refiere propiamente a las industrias de programas telecráticas como la televisión, que
nos rebaja a un ente consumidor movido por los impulsos y conlleva a la regresión de la masa.
Sin embargo, lectura y escritura frente a televisión es un esquema anticuado de la crítica cultural que
pasa por alto la revolución digital. De forma sorprendente, Stiegler apenas ocupa los medios digitales
genuinos; apenas presta atención a la estructura panóptica de la red digital. Con ello no trata adecuadamente
la psicopolítica neoliberal que de forma masiva se sirve de la técnica digital.
“Psicopolítica” | 4
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118 LA GULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL .A PETITO ARGENTINO 119
Los dietarios y los libros de recetas tienen su lugar privilegiado en los <'. su propia comida, superponiendo la actividad de producción
anaqueles de las librerías, y muchos de ellos se convierten en best sellers. a la de captura. La comida es cultura cuando se prepara, porque,
Hay guías electrónicas sobre restaurantes y conductores televisivos que una vez adquiridos los productos básicos de su alimentación, el
viajan alrededor del mundo probando ..,_ diversos sabores y descubriendo hombre los transforma mediante el uso del fuego y una elabo-
gustos exóticos. En las comidas cotidianas que se realizan en compañía, rada tecnología que se expresa en la práctica de la cocina. La
uno de los temas golosos de diálogo entre los participantes es, indefecti- comida es cultura cuando se consume, porque el hombre, aún
blemente -valga la redundancia-, la comida. 1 pudiendo comer de todo, o quizás justo por ese motivo, en rea-
Aquello que comemos es objeto de comunicación y vehículo de sig-
r lidad no come de todo, sino que elige su propia comida con
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nificaciones que poseen una existencia cotidiana y representan lapo- criterios ligados ya sea a la dimensión económica y nutritiva del
sibilidad de conocernos en el plano más inmediato. En definitiva, se ·1
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gesto, ya sea a valores simbólicos de la misma comida (Monta-
planifica un libro como este, que intenta evidenciar tendencias, y es nari, 2004: 9-10).
ineludible tratar el tema de la alimentación como una de las significa- ·. ¡ .
ciones específicas de la Argentina de hoy, ya que el discurso al respecto La comida nos nutre, nos estimula a glosar la vida y otorgarle sentido;
ha adquirido una sobreexposición determinante en la cultura contem-
'f es un registro simbólico en que se transcribe y condena una realidad
poránea que no necesariamente se corresponde con una reflexión so- social más amplia. Comer es asimilar el mundo, imbuirse en él a través
f
bre la alimentación. de resonancias sensibles que en la cotidianidad nos arrojan físicamente
La comida y, por supuesto, el deporte parecen ser los últimos grandes a un rico cúmulo de significados posibles, aunque estereotipados por la
sucesos de nuestras sociedades del espectáculo. Y esto sucede en el con- 1 costumbre y la desidia autorreflexiva. Todo texto, como toda c_omida, es
texto actual de producción de mercancías no sólo como señala la tesis un horizonte de alusividad, un reflejo cognitivo que delimita el perfil de
más difundida y obvia de los estudios antropológicos -la centralidad fun- lo reflejado y que no consume, en tanto conocimiento, el espesor de la
damental que han adquirido los alimentos como valor de uso o de cam- 1¡ materia que simboliza.
bio a lo largo de la historia y en las distintas culturas para el sustento y el !'" En este sentido, la comida, la dieta y el régimen son categorías indis-
intercambio social-, sino por el rol económico central que la industria ,· pensables para pensar las conductas e identidades humanas, así como
alimentaria ha adquirido en la sociedad contemporánea. El capitalismo t cualidades comunicativas muy eficaces.
es voraz y los alimentos son una de sus mercancías estrella de esta épo-
ca al reproducir un código relacional y una construcción simbólica que
estereotipan los poderes sociales. De la misma manera en que la mira-
da filantrópica sobre la pobreza esconde el problema de la distribución MERCANCÍA: COMIDA
de la riqueza (maximización antagónica del consumo) , la alimentación
vuelta mito convierte lo socialmente aceptable, lo moralmente deseable . Nada de lo humano es ajeno al consumo, y en él se funda nuestro sistema
y lo estéticamente convencional en natural. cultural. En nuestras sociedades, las fuerzas que nos empujan a consumir
Y si de naturalización hablamos, no hay mercancía que se asocie con son tan poderosas como aquellas que nos invitan a comer. El capitalismo
1
mayor gusto a la naturaleza que la comida. Lo oportuno de esta aso- de consumo ha ocupado el lugar de las economías de producción; todo
ciación esconde lo impropio, pues su pertenencia es del orden de lo participa del intercambio simbólico o real y, si bien se manifiesta como
artificial. La comida siempre es cultura, ya que se crea, se cocina y se una gratificación individual generalizada, no es más que un destino so-
consume. cial que afecta a las clases en desigual medida.
Las sociedades de consumo no s_e caracterizan sólo por un elevado
1
La comida es cultura cuando se produce, porque el hombre no bienestar material, sino por determinado "estilo de vida". Este estilo es el
1
utiliza sólo lo que se encuentra en la naturaleza (como hacen quid pro quo del presente nacional de nuestra progresía. La cultura inhe-
todas las demás especies animales), sino que ambiciona crear 1
! rente a esta clase de sociedad que hemos construido define el contenido
1
., :a.o. 1
1 20 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 121
los pescados. Deplorable costumbre de una carne rebelde, por iliéndose como la más valorada, seguida de la autóctona y, por último,
la sencilla razón de hacer uso de ella demasiado recientemente la africana. Europa nos ha llenado de neologismos, y en su presunción
muerta. Legumbres indiferentes. Demasiados frutos tropicales descubridora -ontología del encubrimiento- cultivó la convicción de
y demasiado efecto tropical sobre las frutas europeas. Cabrajos que su capacidad de imponerse ha sido lo que ha puesto en marcha esa
y pescados de Europa, impor"iados por los frigoríficos, poco re- auténtica cultura de la intersección y el mestizaje que marca de manera
comendables. Agua magnífica. Platos nacionales: el puchero, tan particular a todo nuestro continente.
buey hervido, excelente cuando el animal (lo cual es raro) no En definitiva, tanto los datos ecológicos concretos como los modos de
ha sido sacrificado por la m,¡iñana; el asado, cordero asado todo colonización y el tipo de organización sociopolítica específico de cada
entero, sabroso recuerdo de mis excursiones por Grecia, donde uno de los pueblos sometidos por la Conquista marcan con una impron-
lo encontré con el nombre de cordero a la palikará. Podría aña- ta indeleble nuestras cocinas:
dir una larga lista cuyo principal interés serían nombres raros
dados a platos conocidos. Sobre el fondo inmutable del hom- Las expediciones de reducidas tropas mi~itares contra las pe-
bre y sus sociedades, ¿no está el placer más claro de nuestros queñas bandas de indígenas del Río de la Plata fueron suficien-
cambios, en la variedad de las apariencias y de las formas de tes para destruir casi completamente a los habitantes y su cul-
expresión? (Clemenceau, 1999: 102) tura, afirmándose en un segundo momento la riqueza de un
sistema culinario argentino netamente inspirado en las costum-
La identidad siempre ha desvelado a las letras argentinas, y la misma bres alimentarias de países europeos. Esto es particularmente
inquietud puede ser trasladada a la gastronomía. La pregunta de Cle- i
í
evidente si se considera, por un lado, la parrillada que, aunque
i
menceau, cuando menos, resulta inquietante y una pista certera de f utilice una simple parrilla -que podernos suponer indígena-,
indagación. La historia de la cultura argentina está forjada por la oclu- ¡
· l
está esencialmente compuesta de carne bovina desconocida en
sión. Si bien la idea de origen es siempre sospechosa, es innegable que época precolombina, y por otro, la empanada, masa rellena he-
!
-a diferencia de otros países americanos- hemos arrasado con nuestros 'i cha con harina de trigo, un producto también extraño en esas
rasgos de lo autóctono y que nuestra constitución más fidedigna es la
implantación cultural realizada por las diversas corrientes inmigrato-
¡ latitudes. [ ... ] Muestra distinciones más bien marcadas cuando
se consideran sus provincias del Norte: Catarnarca,Jujuy, Salta.
rias, con preeminencia de las europeas. Y todo este devenir fue acom-
l
¡ En esta vasta región de la Puna andina, aún influenciada por la
pañado por la ciudad letrada: se la creyó en sus orígenes Trapalanda o ! cultura arcaica, la alimentación de las poblaciones de montaña
· el Imperio de Jauja (Martínez Estrada), un país ilusorio plagado de oro
y especias que atrajo al frustrado conquistador rapiñero; o soñó con
ser Eurindia (Ricardo Rojas), ese nuevo mistério etnológico, en que la
¡' está representada de preferencia por estofados ( locro, mote), co-
cidos en ollas con maíz, papas o quinuas hervidos, acompaña-
dos o no por carne de llama o de oveja (Fournier, 2003: 124).
Argentina es el órgano más fecundo, que asimila lo europeo y supera l¡.
lo americano. ¡ Amén de que, certeramente, algunos historiadores han emparentado la
En ese sentido, mucho de nuestro pasado fue negado, y, en la alimen-
tación, el gran trabajo etnográfico itinerante y de transcripción de la
''
' j división de clases a la división de cocinas, la cocina argentina -si es que
la hubiera- no debe nada a la burguesía.
oralidad de Juana Manuela Gorriti es sólo un recuerdo leve que ha sido La alimentación y la cocina, son entre otros, elementos centrales del
devorado por las insaciables fauces del tiempo y que nos habla de una sentimiento colectivo de pertenencia. Cada sistema culinario posee su
diversidad perdida o resignificada: una cocina ecléctjca, federal y diver- estructura propia, en la cual se conjugan tanto sistemas de cocción pre-
sa, que desmiente el nacionalismo jerárquico porteñocéntrico haciendo feridos como un producto base; y, con independencia de las tendencias
lugar a la distinción intercomunitaria entre mundo urbano y rural y en- epocales, estos se resisten a ·cambiar y forman parte de esa dimensión
tre expresiones de las diferentes clases sociales. En todo el continente del tiempo histórico y social que -en términos de Ferdinand Braudel-
americano es la cocina europea la que indefectiblemente termina impo- podría llamarse de "larga duración". En el caso argentino, en nuestro
124 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 12 5
sistema culinario se destaca -en tanto reconocimiento propio y ajeno- la " duras y las legumbres se desconocían, prácticamente. Martín
carne vacuna cocida a las brasas. Fierro atribuye a los hartazgos de la carne, que probablemente
no sazonaban ni asaban, la epidemia de viruela. Será, decíamos
nosotros, / De tanta carr,,e de potro / Como comen estos brutos (Martí-
"-..
nez Estrada, 1948: 343) ..
DE CARNE SOMOS
Maldoror performativo que asimila consumación y consumo, matadero y
Todavía resuenan los ecos de un.a encuesta nacional realizada en el año degüello, asador y autofagia:
del bicentenario de la Revolución de Mayo, en la cual el asado ocupaba
-con el tango y el fútbol- el lugar preferencial identitario que marcaba la El asado se asa en un asador de hierro, o de palo, y se come con
polisemia nativa. El de la identidad o lo nacional es un tema complejo y el mismo cuchillo con que se mata al prójimo, quemándose los.
cercano a cierto relativismo o albur conceptual, aunque el determinismo dedos. ¡Qué triste y desconsolador es todo estor Me parte el
carnívoro esbozado por David Viñas para explicitar el comienzo de la alma tener que decirlo (Mansilla, 1993: 333).
literatura argentina es, cuando menos, inquietante:
Excluyente Weltanschauungsombría que trasiega los estereotipos categó-
La literatura argentina emerge alrededor de una metáfora ma- ricos de la política nacional de Rosas a Perón:
yor: la violación. El matadero y Amalia, en lo fundamental, no son
sino comentarios de una violencia ejercida desde afuera hacia Era asimismo la Mazorca, pues salió de los frigoríficos como la
adentro de la "carne" sobre el "espíritu" (Viñas, 1971: 15). otra salió de los [Link]. Eran las mismas huestes de Rosas,
ahora enroladas en la bandera de Perón, que a su vez era el
Hay una reverberación sinuosa y perseverante que se monta furtiva sobre sucesor de aquel tirano. Especie de representantes legales, ejer-
las anchas espaldas de la excluyente consigna "civilización o barbarie": es cían sin poncho en la ciudad, en el seno mismo de la ciudad sin
la de la carne vacuna, bárbara e indómita materia erigida metafísicamen- poncho pero con facón, el oficio de desjarretadores, degolla-
te en el auténtico dios pampeano: dores y saladores de tasajo de antaño. El país seguía siendo un
gran criadero y matadero de vacas como lo fuera desde Echeve-
Anteanoche, tras de un rancho, a la luz de un candil al aire rría hasta Hudson (Martínez Estrada, 1956: 32).
libre, Patricio Rodríguez, el ministro francés, el comandante de
la Decidée, Conesa y otros en cuclillas se pasaban el cuchi}lo del Las narraciones sincretizan la nación y sus proyecciones: en ellas ·uno
gaucho para cortar su tajada de un asad o al asador que sostenía vislumbra conflictos -muchas veces ocluidos, aunque en estado de laten-
una india vieja. ¡No haber un fotógrafo! exclamaba el francés. cia- a través de los cuales la cultura puede ser interrogada y comprendi-
Este era el dios de la Pampa (Sarmiento, 1948b: 317). da. La carne da para todo; por eso, cierta sociología manifiesta acerca del
proceso civilizatorio que
Materia móvil e inalámbrica, el ganado se cría solo y libre, contrapuesto
a lo cultivable -la agricultura y "tener la vaca atada"-, que es estático, ftjo, las relaciones que los hombres tienen con los alimentos de car-
demarca y requiere mano de obra: ne son, en cierto modo, muy significativas para considerar la di-
námica de las relaciones humanas y de las estructuras psíquicas
El alimento que constituía el régimen dietético exclusivo del (Elias, 1993: 160) .
indio era la carne de potro o de yegua. Las tropas de Rosas, en
. su campaña de 1833, las montoneras y la mayoría de los habi- Y esto es así porqúe hay significaciones estructurales que vienen desde
tantes del campo no probaban otra vianda. Las frutas, las ver- tiempos pretéritos y acompañan al hombre en su trajinar por _el mundo.
1
126 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 127
Producto de la colonización y de la evangelización como somos, el sal- ternura, La ternerita, Las nazarenas, etc.-, en los cuales, más allá de la
mista emite sentencia: "Él da pan a toda carne", y los hombres asumen el signatura, aparece el dibujo de una vaca sonriente, querible y gozosa de
veredicto de manera catártica. Civilización y barbarie evocan dos dieté- nuestra presencia en esos lugares de degüello bovino.
ticas contrapuestas: la cárnica y la vegetariana. Amén de cierta banaliza- Esa violencia ejercida sobre el ser vivo (esto podría extenderse a todos
ción contemporánea con respect~ ·a exteriorizar la posibilidad de optar los abastecimientos de carne animal: pollerías y pescaderías, con cándi-
entre ambas como parte de la buena conciencia ciudadana que anhela dos animalitos publicitando su exterminio) se expresa también, de ma-
una naturaleza bucólica, la alimentación cárnica agita fantasmagorías nera denigratoria, en el lenguaje cotidiano al asimilar la obesidad a una
irredimibles, pues implica el correr de la sangre, o sea, la tolerancia in- vaca, la brutalidad a un animal, la pesadez a un bofe, pelearse a "ir(se)
defectible de una vida sufriente, de una violencia radical. Enmascarada a los bifes", el órgano sexual masculino según el tamaño y aspecto al
por el proceso de industrialización al que están expuestos la mayoría de chorizo o la morcilla, matar a tajos a "achurar", el asesino a un carnicero,
los alimentos contemporáneos, la carne -no exenta de tal y como todo entre otros.
alimento animal- evoca una paradoja radical: si el ser vivo debe comer Ahora, la verdadera carnadura del asado -como en toda comida,
para vivir, mata al ser vivo para vivir. La hechura de la carne al asador aunque de manera más explícita y exculpatoria- es la conversación y el
conjuga en su realización una mezcla de teología y procacidad herética, encuentro.
enunciada recientemente en un excelso banquete nacional:
Es que la carne de vaca asada a las brasas, el asado, es no úni-
La apología del asado sólo podría ser una teología menor, nun- camente el alimento de base de los argentinos, sino el núcleo
ca como la destinada a ofrecer las pruebas de la existencia de de su mitología, e incluso de su mística. Un asado no es única-
Dios. Es la del festejo de la cultura como un sacrificio de la mente la carne que se come, sino también el lugar donde se la
vida, de la que en definitiva son los otros portadores de sangre, come, la ocasión, fa ceremonia. Además de ser un rito de evo-
nuestros congéneres, los animales. Esta es una de las piezas más cación del pasado, es una promesa de reencuentro y de comu-
reales de la teoría de la culpa. El goce del asado, su reverso, se nión. Como reminiscencia del pasado patriarcal de la llanura,
demuestra con que sólo miremos esas tripas asoladas, revolvién- es un alimento cargado de connotaciones rurales 'y viriles, y en
dose entre calculados fuegos (González, 2014: 16-17) . general son hombres los que lo preparan (Saer, 1991: 248-249).
El hombre ya casi no reza antes de alimentarse; sin embargo, uno podría Instancia conservadora -'-algunos dicen, de modo cínico y paradoja!, con-
pensar, con el protagonista del escrito citado -el padre Poggi- , que el servacionista: su consumo perpetúa su existencia-y persistente de cierto
encuentro de la carne y el fuego vislumbra la mismísima forma de lo significante asociado a la masculinidad, a la pesadez y a la cultura demo-
humano y que sin asado no hay cristianismo - expresión inflacionaria de crática burguesa (la capacidad de consumo de nuestra sociedad se rige
la conjunción entre lo divino y la argentinidad-. más clasista y mediáticamente a partir del valor de ese equivalente gene-
- Es claro, sin embargo, que el ~·goce del asado" sublima la violencia ral excluyente, el dólar, y de forma más democrática, a partir del precio
ejercida sobre el ser vivo y esto se eleva por sobre la división de clases de la carne). Incongruente desde la esencia y sensato desde la aparien-
-salvo por la calidad: de pastoreo y exportación sólo para quien pueda cia, en el país de la carne McDonald's posee más de doscientos locales.
pagarla; de feedlot para los otros (las vaquitas siguen siendo ajenas, diría La Argentina, siempre atenta a las tendencias globales y a las moderni-
el trovador)-. A la gran mayoría de los habitantes de este país no los de- zaciones compulsivas, no ha podido escapar a la comida rápida ni a las
tiene la culpa: en contraste con lo que esta pueda provocarles, exaltan los
atributos de la faena, realizada a escondidas, nominando sus carnicerías
¡ hamburgueserías, íconos populares y representativos de la modernidad
de la cultura y la ideología burguesas. La adaptación de los procesos más
con provocadoras y cínicas señales. Experimente detenerse un momento avanzados del capitalismo (la producción en serie, la cadena de moritaje,
en los nombres de comercios expendedores de carne y parrillas -Siga el sistema centralizado de compras, los modernos sistemas de almacena-
la vaca, La revancha, La vaca loca, El rey de la molleja, El triunfo, La miento y distribución, el modelo multinacional, las nuevas fórmulas del
/"
128 1A CULTURA ARGENTINA HOY - DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 129
marketing y la técnica de las franquicias) a la industria alimentaria. Para <oidad de sensibilización ante los riesgos. Al quimérico ideal de una dieta
un país que se cree lo que no es, o que siempre promete ser otra cosa, sana procedente de nuestra ascendencia alimentaria se han incorporado
la "cajita feliz" es símil de la de Pandara. La hamburguesa no es sólo un de a poco significaciones de salud y delgadez novedosas. Asistimos al
menjunje ·con carne picada: es también un símbolo económico y socio- auge de una cultura somática. El cuerpo se ha convertido en blanco de
lógico, un modelo repetitivo y p~ipetuo por un proceso controlado al múltiples atenciones y es, al mismo tiempo, un objeto privilegiado de
máximo y eficaz que ha democratizado y serializado la alimentación. No dispendiosas inversiones.
original, maquínico, sistémico y experiencia!, aunque sustancialmente La relación entre salud y alimentación no es nueva, aunque sí aparece
fetichista: la hamburguesa -cap1e picada- es el punto más álgido del contemporáneamente sobredimensionada. De nuevo, en este caso, basta
desmembramiento cárnico. En sintonía con el desarrollo del capitalismo con echar una mirada displicente a las denominaciones básicas de los ali-
de con~umo -desmaterializador del proceso productivo y sinonimia de la mentos presentes en las góndolas de los supermercados -y, por qué no,
indusl:I}~ización en el tema alimentario-, es el paroxismo expresivo de percatarse del ingenio de los departamentos de marketing-: light, bío,.pro-
la negación del abolengo. De la misma manera en que la biotecnología bióticos, ricos en fibras, + calcio, menos azúcar y menos grasa, etc., sin
ha reemplazado a la met,afísica, la sanción penal al descuartizamiento, la contar -ya nos hemos acostumbrado a esto- que, desde no hace mucho,
cárcel al verdugo, la empresa etérea a la fábrica cuerpo, el mérito al sala- poseen una tabla que discrimina su contenido de .elementos nutriciona~
rio y los productos a la producción, la hamburguesa ha desanimalizado les (calorías, cantidad y tipo de grasas, calcio, sodio, potasio, colesterol,
a la resi,t/: etc.) y su fecha de defunción. La vida humana se ha medicalizado y los
Som~;IS lo que comemos, aunque comemos lo que deseamos ser. "Con- alimentos han entrado en consonancia con la época; todos somos pa-
sumir eianiquilar y comer; es destrnir incorporando" (Sartre, 1989: 722). cientes en un mundo organizado sistémicamente en el cual el sistema in-
Nuestra alimentación basada en la carne asada ciega la violencia ejercida munitario ha reemplazado a las personas. La comida ya no es lo que era,
sobre la!<bárbára materia" [Link] la instancia dialógica como consig- sino un objeto de disputa moral o un artefacto para el bienestar físico
na supe,.:estrnctural para el encuentro alrededor de un pedazo de carne. -saludable o no- que ha producido una disociación entre su dimensión
El lengúaje nos autorrepresenta, y a su vez, nos constituye significando libidinal y su carácter técnico; de esta manera, desvinculada de su trama
mitos y ~egistros imaginarios que nos dicen de qué va la cosa, o sea, la res histórica, se ha convertido más que nada en un artefacto de la reproduc-
argenti~a, la carne. tividad técnica. Vivimos en una época que tiende a asimilar la comida
a un recurso técnico que conmueve fibras profundas de identificación .
para aquellos que tenemos la subsistencia garantizada: la alimentación es
un medio para realidades inimaginadas tales como la conservación de la
IATROGENIA juventud, el retraso de la aparición de arrngas (cosmetoalimentación), la
prevención de enfermedades (dietética), la longevidad o el respeto por
En el amplio horiionte gastro-anómico contemporáneo se ha impuesto, el ambiente natural (bioalimentación), por mencionar sólo algunos de
en las últimas décadas, una creciente preocupación en las clases medias los beneficios que se ofrecen cotidianamente en el amplio mundo del
y altas respecto de los estándares de la denominada -aunque no por eso mercado de lo digerible.
menos inextricable- "buena alimentación". Las grandes comilonas, en La impronta general es comer "ligero": no fast, sino liviano y de mane-
tanto ritos colectivos, p.a recen haberse concentrado en puntuales mo- ra equilibrada, pues así no,s beneficiaremos con la salud y la línea. Reina
mentos festivos, como una excepción a la regla diáfaná e indiscutible de un espíritu del comensal moderno en el que lo primordial pasa por saber
la "buena salud". Comida y salud discurren por análogas sintonías afines qué comer y su proporción. El imaginario de la época, en conjunción
a las normas sanitarias y estéticas del presente; sospechoso discurso bio- con el ideario democrático, pasa por saber elegir. Igual que los conte-
político asumido por todo el espectro social, aunque reservado a aque- nidos alimenticios, los políticos presentan un informe de bienes antes
llos que poseen una capacidad de consumo superior en un capitalismo de su gestión como garantía de transparencia. Las publicidades apelan
que provee un discurso descalificatorio a través de una redundante capa- al síntoma del equilibrio como forma o sinónimo de salud y hacen de
(.
130 LA .CULTURA ARGENTINA HOY
DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO_ 131
lo social una representació~ de lo culinario, como si sentarse a la mesa fuercantilizadora semántica del concepto de salud, conjugándola con la
fuera algo del todo novedoso y desprovisto de historicidad. De hecho, belleza, el placer y la conveniencia individual. Como dice el saber popu-
la mayoría de estos discursos apelan y adscriben al caliginoso concepto lar: la salud es un estado transitorio que no conduce a nada bueno.
de "calidad de vida", que puede ser tan prometedor como temible si
Esta exigencia de conciencia con respecto a lo que ingerimos remhe la
se lo considera un proyecto exi~tenciai prevalente. Puede identificarse
categoría de usuarios a nuestra responsabilidad en tanto sujetos. Hacer-
con la riqueza y la capacidad adquisitiva de unos -sabiendo tácitamente nos conscientes de los peligros e invitarnos a corregir nuestros hábitos
que siempre es a costa de la merma de las de otros- y refugiarse en la
alimentarios es una tarea de subjetivación que realizan cotidianamente
capacidad de consumo -actual, fundamento inexpugnable de la versión ciertos especialistas en sintonía con la relevancia que han cobrado la
pasteurizada de posmodernas eudemonologías-.
presentación y la representación del yo en relación con los nuevos es-
Sobran ejemplos, en las publicidades actuales, de diversos tipos de ali-
tilos de vida. La disminución de la mortalidad y su versión "inmadura",
mentos que son presentados por pulcros especialistas dotados de guar-
el retomo del mito de la eterna juventud, sumados a la generalización
dapolvos blancos que exponen sus números de matrícula en los zócalos
de saberes y prácticas promovidas por múltiples especialistas (médicos,
televisivos y hablan de las virtudes y ventajas de su consumo. Una signi-
nutricionistas, psicólogos, sociólogos, modistas, publicistas, estilistas, pe-
ficativa valoración de las normas dietéticas se expone como el resultado
riodistas, etc.), contribuyen a crear un ingente mercado de productos
de trabajos de laboratorio, lo cual se debe a que consideramos la ciencia
y a definir códigos éticos, estéticos y científicos destinados a legitimar
experimental como la referencia absoluta del saber aunque vaya a tientas
determinados usos sociales del cuerpo. Estos discursos, como coros de
-y, muchas veces, de manera contradictoria- al exponer sus resultados.
sirenas a los cuales es imposible sustraerse, invitan a producir ciertos ti-
pos de cuerpos con arreglos a un programa de maximización de la fuerza
La nutrición científica es la nueva base de un saber ampliamen-
productiva. Es indudable que los estándares de la correcta alimentación,
te mediatizado (calcular sus aportes diarios) que permite a los
racional y relacionada: con una dieta prudente que nos provea de una
productos industriales presentarse como un sustituto válido de
imagen corporal óptima, están presentes en las elecciones alimentarias
la cocina cotidiana (tal alimento preparado proporciona tales
actuales. Tal vez expresión extrema de esto sea el desarrollo de trastor-
aportes). Al ~ontribuir a hacer migrar el saber alimentarse de
nos como la bulimia y la anorexia. Saturados como estamos de tecno-
la cocina hacia la suma de alimentos-nutrientes, la nutrición no
logías anátomo-políticas, no podemos sustraemos a esos mandatos que
ha podido impedir el sobreconsumo patológico ni el deterioro
gestionan la vida de los cuerpos individuales e, incluso, determinan sus
de la calidad de la alimentación entre una parte creciente de la
condiciones de viabilidad.
población mundial (Boudan, 2008: 411).
La cooptación del complejo mundo alimentario por la nutrición ~dis-
curso médico moralizante que prescribe qué está bien comer y qué está
Si bien las elecciones dietéticas poseen su historia -sometidas ,a normas
mal- circunscribe el problema de la comida a cierta tipología "racional"
religiosas, médicas y sociales-, la creciente significación de los medios
y reduccionista (vitaminas, sales minerales, aminoácidos, etc.) a la que
de difusión, del discurso 11utricional y de-las demandas sociales de infor-
hay que habituarse. De esta manera, supone -como, acer:tadamentt:;, se-
mación sobre la salud ha hech0 de la mercancía alimentaria una moral
ñala Fischler- que nos alimentamos de nutrimentos y no de alimentos.
renovable según las expectativas y ventajas comerciales. Las convicciones
Como han apuntado varios dentistas sociales, la alimentación huú,[Link]
en este campo son tan fluctuantes como la inquietud de los consumido-
comporta tres dimensiones: la imaginaria, la simbólica y la social. .Esto
res. Los industriales despliegan esfuerzos considerables por afirmar la
significa que nos nutrimos de alimentos, pero también de lo imagin¡irio.
superioridad de sus productos, subvencionan investigaciones y dirigen
Comer es incorporar no sólo una sustancia nutritiva, sino taínbién'. una
campañas cada vez más intensas de relaciones públicas o de lobby. Los
sustancia imaginaria, un tejido de evocaciones y significaciones qué van
debates médicos parecen reflejar estas luchas más que arbitrarlas: los
de la dietética a la poética y remiten, por ejemplo, a la historia o a lafesti-
investigadores tienden a legitimar alegatos mercantiles. La publicidad
vidad (Fischler, 1995: 16-17). Sin embargo, en el presente, más que µun-
cierra el círculo de manera explícita, en tanto retórica del bienestar y
ca comemos, en esencia, nuestras representaciones sociales de la salud.
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;)
132 LA CULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 133 ':,
EL CONTROVERTIDO CONCEPTO DE NATURALEZA dé una especie de terapia homeopática del crecimiento administrada
por el propio crecimiento.
Los mundos urbano y rural ·-:como diría Raymond Williams- son dos La naturaleza nunca se ha sustraído de la lógica del dominio, y siem-
universos muy potentes por todo lo que representan en la experiencia de pre fue un objeto de posesión susceptible -y nunca de forma tan evi-
las comunidades humanas. A partii de la Modernidad y la conformación dente- de ser utilizado y mercantilizado. Este "redescubrimiento" de
de las metrópolis, el "campo" fue asimilado a la "naturaleza", ese lugar lo natural y del ámbito rural tiene que ver con la impronta que le fija
incorruptible habitado por plantas y criaturas que excluirán al hombre. la cultura urbana, la cual lo subsume como un espacio de ocio iden-
El uso y abuso de este término,balsámico es significativamente actual tificado con los valores ecológicos y paisajísticos con el fin de viajar o
en los contrastes entre la ciudad y el campo, pues la riaturaleza es lo no · residir temporalmente, más que como un espacio agrario y productivo.
realizado por el hombre, aunque, si se tratara de algo antiguo o lejano Nuestra novedosa afición al campo no es más que una revalorización
que hicimos, también se lo considerará natural. Existe en el presente del paisaje o de la naturaleza como espectáculo, una invención citadina
una insistencia en rescatar la naturaleza a partir de cierta sinonimia de que, ante el tedio que produce la aglomeración urbana, va en busca de
inocencia que nos habla de una perspicaz la soledad, ideario muy poco natural. En esa búsqueda no se lam_e nta
la sustracción de la esencia rural, sino la degradación -por abando-
separación ideológica entre los procesos de explotación rural, no o excesivo aprovechamiento- de cierto espacio que, sustraídas las
que fueron disueltos, en efecto, dentro de un paisaje, y el re- 1 personas que lo han constituido históricamente, se evalúa de manera
gistro de esa explotación que se advierte en los [Link], los preferencial en términos ambientalistas desde la ciudad. De hecho, la
mercados del dinero, el poder político y el gasto conspicuo de noción tan en boga de ambiente natural -secularizada y gestionada-
la ciudad (Williams, 2001: 75). 1 escamotea a lo natural su ~utoridad y su misterio para subsumir a la .
l propia naturaleza bajo ·una lógica mecanicista que pretende conciliar
Así como no existe ninguna dietética inocente, no hay ningún concepto
que porte esa candidez, y el concepto de "naturaleza" no resulta una
¡. crecimiento económico y entorno natural, instituyendo así una gestión
racionalizada y burocratizada de los recursos naturales. El capitalismo
excepción. No sólo es falsaria la idea según la cual "Dios hizo el campo ¡ ha expoliado tanto lo humano como lo "natural", y de todo extremó su
y el hombre, la ciudad", sino que evidencia un cambio de las relaciones
sociales y de la moral en que los alimentos cumplen un_:rol providencial.
¡ carácter instrumental y mercantil.
De la misma manera en que al capital nada le es ajeno -ni por exceso
Es indudable que, desde hace unas décadas, ciertas clases sociales que 1 ni por defecto-, toda distinción entre lo natural y lo cultural -como
tienen su sustento diario asegurado han empezado a ~nrolarse en una
discursividad -contracultura! y conservadora, minoritaria auqque cons-
l
. 1
toda taxonomía- cobra sentido y pertenece al ámbito cultural. La cul-
tura es la que determina y configura lo natural. Nada es dado, todo es
tante- que, de manera apocalíptica, busca refugiar los'' últimos suspiros 1 creado. Todo alimento que consideramos comestible, aunque se nos
de su ética y su pensamiento político en un idealismo natural ante la bar- presente en su estado natural, siempre es culturizado. El capitalismo,
barie social de la técnica y el progreso. Qué enrevesado es todo, pues las desde la producción en masa del fordismo, hace bastante que ha com-
1
declamaciones pedestres de ese fetichismo ecológico -expresado a través prendido esto -a diferencia de los que lo sustentamos- y ha modifica-
de las más diversas instancias militantes: medicina natural, vegetarianis- do su perspectiva comercial produciendo bienes más diversos y menos
mo, protección de los animales, fobia al tabaco, etc.- no contemplan la 1l estandarizados. Haciéndose eco del discurso ecológico, empezaron a
paradoja del sistema según la cual la propia ciencia, encargada de medir contraponerse en el ámbito· alimentario productos naturales o autén-
el deterioro de las condiciones de habitabilidad de miestro mundo, ha ticos versus aquellos industrializados o artificiales. El trasvase cada vez
alimentado las ilusiones y las soluciones técnicas particulares sobre las mayor de tareas como la cocina -entre otras~ del ámbito familiar al de
que se apoya el injusto orden social dominante actual. Sería intermina- los negocios y el comercio escenifica la expansión interna del capital en
ble enumerar todas las actividades productivas y consumidoras que son los recovecos de la vida social.
paliativos para los daños que crea el mismo sistema de desarrollo: se trata
,,
134 LA GULTURA ARGENTINA HOY DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 135
') El modo en que el capitalismo ha incorporado, mercantilizán- man marihuana; ingieren todo el día glóbulos homeopáticos; usan me-
dola, la demanda de autenticidad ha conducido a una redefi- sas o muebles reciclados o construidos a partir de los carretes de cable
nición de la misma. La. definición de lo inauténtico como lo desechados por las compañías de cable o telefónicas y comen en vajilla,
seriado y lo estandarizado en cuanto disolventes de la diferen- vasos y cubiertos diferentes unos de otros, rescatados de diversas heren-
cia, a la que cabía contrapoiier la -autenticidad de lo singular cias o mercados de pulgas palermitanos, aunque optan únicamente -en
como principio de resistencia a la uniformidad de la serie, se ha el caso del smartphoney la computadora portátil- por la tentadora marca
visto reemplazada por una definición de lo inauténtico como de la pecaminosa manzanita mordida. Son los que llamo, dentro de la
reproducción de una diferenci.q, con fines comerciales, como copia, en disímil fauna local, "hippies con OSDE".
contraposición a la autenticidad de lo original. La tensión entre
la verdad de lo original y la artificialidad de lo "fabricado" a
su imagen y semejanza orienta el significado de la calificación
de lo auténtico en una dirección que hace menos referencia al GOVlRMETS O FOODIES
objeto en sí mismo que a las intenciones de quien lo ofrece: se
convierte en auténtico lo que ha sido hecho sin una segunda Hay otros prototipos de personajes de la alimentación contemporánea
intención estratégica, es decir, sin otra intención que el hacerlo que son los obsesivos por lo gourmet o los joodies. Aunque los dos términos
en sí mismo en contraposición de hacer para vender, como en a veces se usan como sinónimos para designar el gusto refinado y la afi.
el ejemplo de los productos ecológicos, de hacer (o de hacerse) ción por la buena mesa, se distingue a los gourmets por ser, generalmente,
querer, de hacer (o de hacerse) admirar (Boltanski y Chiapello, profesionales de la industria dda comida que apelan sólo a lo excelso y
2002: 567-568). reconocido, mientras que los joodies son amateurs fascinados por el tema
culinario -distinguido-o común- en cuanto a consumo, estudio, prepa-
Los militantes de lo natural y la naturaleza son los exponentes de un ración, innovación y noticias.
cambio paulatino que se ha producido en el "proceso civilizatorio" - que Con independencia de la sutil distinción mercantil, se trata del perfec-
se ha globalizado, aunque; como siempre, la Argentina y sus clases aco- to individuo socializado, para el que cuenta más la calidad que la canti-
modadas resultan fieles albaceas-, de un progresivo proceso .de constre- dad, la escenificación ordenada más que la concupiscencia, la frugalidad
ñimientos, fundamentalmente externos (ecológicos, económicos y sim- hedonista más que la voracidad indiscriminada. Recordemos que los ex-
bólicos), hacia un desarrollo de exigencias internas, o sea, autoejercidas cesos en la mesa han perdido su impronta colectiva y festiva y se han re-
por los propios sujetos a través de dietas, formas de presentación perso- convertido, a partir de la culpabilización moral, en arrestos meramente
nal, vestimenta, reciclado de objetos, etc. Se trata de una nueva forma de individuales y neuróticos ..
religiosidad en la cual las recomendaciones dietéticas se transmutaron ·I Sin embargo, no todo es tan sencillo en cuestiones alimentarias: la
en reclamos éticos; una "medianía" burguesa y contracultura! que, cobi- esquizofrenia reinante se expresa en la contención individual con res-
. jando todo su discurso en lo natural -aunque sintiéndose expedita de su pecto a la comida y la bebida -tanto en la versión higienista como en la
marketing-, tiene la subsistencia resuelta y opta por definirse a partir de del gusto excelso- y en la profusión de la oferta gastronómica -no sólo
sus elecciones alimentarias (ortoréxicos; macróbióticos, ovolactovegeta- 1 industrial, sino también gourmet-.
rianos, lactovegetarianos, naturistas, vegetarianos, veganos, semivegeta- ! · Dicha esquizofrenia se ve en la creciente mediatización que ha tenido
rianos, crudiveganistas, frugívoros, crudívoros, etc.) . Eso lo conjuga con 1 el tema gastronómico en géneral, pero también en sus ejecutores distin-
una vestimenta codificable con un estilo descontracturado y desvincula- ;;,> [ guidos -los chefs-, los famosos restaurantes y los buenos vinos. El merca-
do de la impronta de las marcas -rescatada del arcón de la abuela o reali- ¡ do ha recreado ese impulso vital humano que es el de aspirar a la "buena
zada por diseñadores independientes-y con un estilo laboral freelance; se t
1
vida", lo ha codificado con rapidez y lo ha trasvasado por la espectacula-
f
interesan por los malabares y los festivales de cine independiente; toman rización para ser vehiculizado mercantilmente por la cultura del capital
mate con yerba orgánica producida por cooperativas agrarias; sólo fu- r;:on el fin de extraer un beneficio.
1
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DEVENIRES DEL APETITO ARGENTINO 137 ,.¡
verde, blanco, frutales y florales variados-; por no hablar de la variedad la exacerbación de la St':nsibilidad y la sofisticación en el gusto expresada
de ese producto incoloro, inodoro e insípido, el agua mineral, exponen- 1 en la ornamentación de los platos y en la retórica de los menús. Hace
te máximo de la mercantilización de la floreciente industria y vergonzosa un par de décadas que cierta semántica se ha acoplado a las cartas de
cualquier restaurante ·porteño, los cuales sin pudor añaden suplementos
abundancia que esconde la deficiencia del agua urbana. 1 de enunciación y rezan: ".mix de vegetales", "torre de arroz", "chutney de
Hay toda una gama de etiquetamientos que remiten a la calidad -con
independencia del origen estrambótico- a los que nos vamos acostum- -1
. • '. fruta de la pasión", "colchón de verdes", "espejo de vinagreta de naran-
brando: AOC; terruño o terroir, boutique; bio; de huerta;granja o campo; l ja", "puré de papas rústicas", "sorrentinos bicolor", "carpaccio de ojo de
bife empanado en sés,¡mo blanco con verdes", etc. La alimentación es
alto oleico; etiqueta roja, azul o dorada, etc., que intentan concientizar-
nos sobre una amplitud de la gradación gustativa y las calidades. indisociable de la im.í~nación, aunque los nuevos chefs atienden pre-
En el presente, el mundo y su interpretación se han complejizado, y ciosas nimiedades y h~ hecho de la cocina puro ornamento, como si la
esto incluye también las cocinas; así, se produce un efecto -en aparien- verosimilitud de su "dóctrina gourmet" dependiera específicamente de la
cia, contradictorio- que apunta, por un lado, a la [Link]ón, y por intelección del detalle,~s1s1plemento enigmático del sentido ideológico-.
otro, y de manera reactiva, a la distinción. El mercado realiza todo .el 1 Toda esta inteocionalidad -que tiene cada vez menos de distintivo, ya
tiempo deslizamientos de este tipo con cualquiera de las mercancías que que adquiere visos de industria y obliga a los publicistas a una invención
produce, indistintamente, incluidos los alimentos. Con el desarrollo del semántica inaudita- es sostenida por la critica mediática especializada a
capitalismo se estructuró el volumen en la producción y el suministro de 11 partir de una terminolcigia pretenciosa que tiende a objetivar los senti-
i
alimentos en conjunción con las nuevas pautas de concentración. Los dos e idealizar la comida.
l! Roland Barthes había alertado, a mitad del siglo pasado, sobre cómo
efectos prepotentes de la industrialización de la comida son elocuentes ¡
a partir de su concebida masificación, que cercena antiguas costumbres i la cocina francesa de esa época era parte de la mitología moderna y tenía
y desbarata orientaciones culturales. En general, se a:ümila este proceso como finalidad específic3: el "sueño de lo distinguido" a través de privi-
a la denominada "macdonalización"; así, la hamburguesa y el ketchup scin legiar el orden visual frente a los otros sentidos. Hoy, la situación no ha
los vehículos de esa globalización compulsiva y expresan un claro proce- cambiado demasiado, aunque la proliferación de los medios de comuni-
so sustitutivo: el cocinero por la máquina y la tecnología sofisticada, la cación masivos nos ha acercado el mundo y ha_diversificado los produc-
mesa por la bandeja. Esto sucede porque la comida se ha transformado tos y las formas de alimentarse. Basta con prestar atención a la aparición
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y la desaparición de ciertos alimentos, lo que se nota más en los de ori- ~aracuyá o sushi defoie gras, etc.). Prima en este tipo de comida la idea
gen vegetal: por ejemplo, la ausencia de la radicheta y la saturación de de la creatividad y el entretenimiento, el espectáculo tanto como la de-
la rúcula, la moda de las fnnas tropicales -papayá, mango y maracuyá-, gustación, la moda tantó como los ingredientes aceptados de las diversas
la avidez por los frutos rojos y los arándanos, la revaloración de la palta, cocinas. Desestructurada y alquímica, como si se pensara el mundo como
el estrellato de la quinua, etc. Esierteró que el proceso de globalización un laboratorio de sabores que se pueden mixturar sin ningún prejuicio
amplió la alacena de los comensales contemporáneos, pero también es y con libertad e irreverencia totales, la cocina de este tipo ha encontrado
real que, si dejamos de lado nuestra reducida memoria y aumentamos su gurú en la figura y' la marca de Ferran Adria o en el menos conocido
la dimensión histórica, muchos. alimentos de origen vegetal volverán, en -para los mortales, no para los foodies- británico Heston Blurnenthal. Sus
breve, según la moda. ·menús destradicionalizados que apelan -como dice el cocinero catalán-
Asimismo, es indudable que el mundo gourmet apela más a la forma al sexto sentido que es la emoción nos hablan de una cocina lúdica ( tec-
que al contenido y que son pocos los chefs o críticos que realmente me- noernocional o molecular -intento extravagante que aspira a hacer de la
ditan sobre la dimensión cultural de la comida. Un tjemplo concreto alimentación humana, en sintonía con la dietética pero con una moral
de lo que digo podría constatarse en la denominada "cocina fusión", más lábil, una rama de la química-) y prometeica, en que predominan
expresión de un falso sincretismo exacerbado que, a falta de ideas satis- los contrastes de texturas. Ejemplifican un ideario epocal que señala que
factorias, da por resultado lo que podríamos llamar, de ahora en más, ya no basta con degustar los platos, sino que la mesa y el gusto deben
"cocina confusión". permitimos viajar sin movemos de nuestra silla; o sea, apelan a una expe-
riencia sinestésica que basa su juego en la experiencia individual. Si bien
la cocina de Adria posee sus seguidores en la Argentina, aunque los res-
taurantes que adhirieron a su idea no han tenido el éxito esperado -tal
COMIDA Y ETNICIDAD vez ahí sí, como sucede con las grandes marcas, sus imitaciones pierdan
frente al original-, fantasía y espectáculo se conjugan en la gastronomía
Otro rasgo característico del desarrollo de la gastronomía en la Argen- contemporánea de la misma manera que sucede con lo que masivamen-
tina es la proliferación de restaurantes étnicos, represeütantes de las su- te ya funciona: las consolas de juego hogareño, los deportes y el consumo
puestas "costumbres" culinarias de diversos lares. La insistencia en las en general. La comida ha trasvasado la línea de la satisfacción de los
cualidades del paladar y su sensualismo ha impulsado la búsqueda de deseos y ha advenido industria del entretenimiento -los anglosajones
"nuevos" sabores por parte del comensal moderno. llaman a esto eatertainment-, en la cual el placer se conjuga con la distrac-
Luego de la nouvelle cuisine-:,que en los añ[Link] cambió la cocina ción y la preeminencia del espectáculo.
francesa y tuvo una influencia ecuménica, incluida la Argentina, donde La comida étnica, si bien apela a las tradiciones, se adecúa a una ten-
la vemos presente aunque degenerada en el m undo gourmet actual, espe- dencia actual entre los comensales y ciertos cocineros -como expresio-
cialmente en el registro de la pr_e sentación- , en el ambiente gastronómi- nes de la buena conciencia nacional- que suma a las elecciones alimen-
co se han expandido, por un ·1ado, una variabilidad de combinaciones tarias el criterio de la identidad. En definitiva, la pesquisa de una mayor
que se registran bajo el apelativo world fusion, que conjuga y fusiona los calidad de productos, en detrimento del precio como uno de los funda-
sabores desestructurando las tradiciones; y por el otro, la comida étnica mentales criterios de elección, ha introducido a los comensales en los as-
-del norte argentino o patagónica,japonesa, coreana, tailandesa, vietna- pectos más culturales de los alimentos, su origen; esto ha potenciado las
mita, peruana, colombiana, venezolana, caboverdiana-, según el ritmo 1 gastronomías regionales y ha hecho conocer una cantidad importante
migratorio y muchas veces adaptada a los gustos locales. 1 de alimentos y cocinas, aportando, además de rasgos de identidad, un va-
En paralelo a la comida industrializada y gourmet se despliegan unas 1 lor añadido a las dietas. Ante la indefectible globalización, las tradiciones
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cocinas calidoscópicas que otorgan tanta importancia al contenido de l
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se conjugan como resistencias; sin embargo, el proceso de asimilación
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los platos como a la creatividad, la extrapolación, la deconstrucción y la de lo auténtico forma parte de la recurrente mercantilización, en tanto
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sorpresa (por ejemplo·, rolls de salmón, queso, arroz, mango y salsa de instancia renovada de la extracción de benefido implícita en la apropia- ·
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,, moda, deportes, yoga, cirugías, etc.-, que difícilmente contribuya a favo- ~ignificado de la palabra latina "compañero": una persona con la que se
recer una mayor autonomía y libertad -como enuncia constantemente comparte el pan. El ritual de la comida celebra la comunidad, establece
la publicidad contemporánea-, sino que forma parte de estrategias de lazos fraternos e invoca lo más recóndito de la condición sociocultural:
dominio y, en consecuencia, sil:'e como dispositivo de distinción y de
diferenciación social. De la misma mánera en que las formas de biopolí- Abarca el ritual religioso, los constructos y demarcaciones de
tica tienen cada vez más valor espectacular, el espectáculo deviene cada género, el dominio de lo erótico, las complicidades o con-
vez más biopolítico, como lo muestra el aumento anual de las cirugías 1 frontaciones de la política, los contrastes del discurso -grave
plásticas. l o frívolo-, los ritos del matrimonio y del duelo funeral. En sus
El poder actúa sobre los cuerpos para garantizar su adecuada inser- múltiples complejidades, consumir alimentos en tomo a una
ción en la máquina capitalista. Cuerpos en tanto objetos políticos, no mesa, con amigos o enemigos, discípulos o detractores, íntimos
porque sobre ellos se imprima el poder como agente externo y represivo, o extraños, con la inocencia o las convenciones aprendidas de
sino porque ellos son el resultado del poder en sus efectos productivos, la cordialidad, recompone el microcosmos de la sociedad mis-
o sea, formativos y constitutivos, que se expresan en. el caso argentino ma (Steiner, 1997: 465) .
a partir de una obsesión enfermiza de las clases medias o altas por un
culto de la delgadez. La lipofobia y la obesofobia argentina han adqui- La mesa es el sortilegio de las formas. Horizontaliza la verticalidad del
rido, como pocas otras ramas productivas, un impulso industrial. Hay árbol. Es una puesta en escena que intenta reproducir, en el entorno
antecedentes pretéritos innegables que siempre vuelven como un eterno
1 doméstico o público, aquello que supuestamente existe en todo el es-
retomo reactivo y telúrico: las o los grasas ya habían sido condenados pectro social; una microsociedad que aproxima intersubjetividades en el
desde que Evita los adoró, pues estos fueron el depósito de energía que 1 acto de compartir valores y estímulos, una práctica grupal selectiva que
compensaba las pérdidas y almacenaba el excedente cuando había una se estrecha y aúna en.·la conversación. Comiendo y bebiendo con otros,
ingesta exagerada de nutrientes. Grasitas, adipositos, la gran energía ar- compartiendo placeres y deseos, cada uno se reconcilia consigo mismo y
gentina de la política entendida como el reservorio patente -protector con los demás, y refrenda en un círculo reducido, aunque exponencial,
del cuerpo social-y exponente del aluvión zoológico. El cuerpo regula el la escena política.
universo social en una longitud de ilusión. ¿Acaso la lipofobia en nuestro Desde hace tiempo escuchamos a los especialistas "diabolizar" a la te-
país no es la representación más plena del gorilismo? levisión como el medio que conspira contra la posibilidad dialógica en la
mesa. El medio es el mensaje: la televisión se corresponde con el modelo
de sociedad que hemos construido. Sirva como ejemplo la aguda crítica
de la serie Los Simpson con respecto a la sociabilidad: las familias se reú-
LA MESA ERA UNA FIESTA nen frente al televisor y no ya en derredor de una mesa. Los modos de so-
ciabilización externa tienden a ser cada vez más modos de sociabilización
En su sentido sumario, la mesa -como la silla- une porque separa: a los interna. Una cosa es la sociedad soñada y otra la que hemos producido.
occidentales nos distancia de lá tierra desnuda -donde habitan la barba- . De la multiplicación de los panes y del vino a la gestión del suelo y la
rie, la animalidad, otras culturas no civilizadas-. Es el registro corpóreo ganadería "científica", de la Última Cena compartida a la comida en so-
de la comensalidad: la mesa está servida, hay que sentarse a la mesa, litario en el trabajo o en familia frente a la TV, del fogón al microondas,
vamos a la mesa, la mesa nos _espera ... Baila sola -en tanto mercancía la comida fue perdiendo s~ carácter socializador.
marxiana- aunque no se la vea, pero siempre está; nos amplía el hori-
zonte -de parcial sentido-y nos dicta implícitamente reglas y normativas Podemos conjeturar que lo que mantenía a los miembros de
que impulsan los llamados buenos modales. una casa alrededor de la mesa familiar y hacía de la mesa fami-
El imaginario cultural asocia el ceremonial de la mesa servida a la liar un instrumento de integración y afirmación de la familia
convivencia, el diálogo y el encuentro. Esta impronta se evidencia en el como grupo vincular duradero era, en gran medida, el elemen-
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to productivo del consumo. Sólo en la mesa familiar uno podía ~ Puesto que los otros en el local hacen lo mismo, durante la cena
encontrar comida lista para consumir: la reunión alrededor de se complace en la ilusión de que todos en general tienen qué
la rriesa común para cenar era el último estadío (distri