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Cuarto Mandamiento Ed

El cuarto mandamiento, 'Honra a tu padre y a tu madre', establece la importancia de la familia y la autoridad en la vida cristiana, subrayando la obligación de los hijos de respetar a sus padres y a todos aquellos en posiciones de autoridad. Este mandamiento es fundamental para la doctrina social de la Iglesia y promueve la paz y la prosperidad en la sociedad. La familia es vista como la célula básica de la vida social, donde se enseñan valores morales y se fomenta la fe y la educación de los hijos.
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El cuarto mandamiento, 'Honra a tu padre y a tu madre', establece la importancia de la familia y la autoridad en la vida cristiana, subrayando la obligación de los hijos de respetar a sus padres y a todos aquellos en posiciones de autoridad. Este mandamiento es fundamental para la doctrina social de la Iglesia y promueve la paz y la prosperidad en la sociedad. La familia es vista como la célula básica de la vida social, donde se enseñan valores morales y se fomenta la fe y la educación de los hijos.
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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

PARTE
LA VIDA EN CRISTO
SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
CAPÍTULO SEGUNDO
«AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»
ARTÍCULO 4
EL CUARTO MANDAMIENTO
«Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el
Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12).
«Vivía sujeto a ellos» (Lc 2, 51).
El Señor Jesús recordó también la fuerza de este “mandamiento de Dios” (Mc 7, 8 -13).
El apóstol enseña: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es
justo. Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una
promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra» (Ef 6, 1-3; cf Dt 5
16).
2197 El cuarto mandamiento encabeza la segunda tabla. Indica el orden de la caridad.
Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida
y que nos han transmitido el conocimiento de Dios. Estamos obligados a honrar y respetar
a todos los que Dios, para nuestro bien, ha investido de su autoridad.

1897"Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima


autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su
actividad y sus desvelos al provecho común del país" (PT 46).

Se llama "autoridad" la cualidad en virtud de la cual personas o instituciones dan


leyes y órdenes a los hombres y esperan la correspondiente obediencia.

2198 Este precepto se expresa de forma positiva, indicando los deberes que se han de
cumplir. Anuncia los mandamientos siguientes que contienen un respeto particular de la
vida, del matrimonio, de los bienes terrenos, de la palabra. Constituye uno de los
fundamentos de la doctrina social de la Iglesia.

2419"La revelación cristiana...nos conduce a una comprensión más profunda de las leyes
de la vida social" (GS 23,1). La Iglesia recibe del evangelio la plena revelación de
la verdad del hombre. Cuando cumple su misión de anunciar el evangelio, enseña al
hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la
sabiduría divina.

2199 El cuarto mandamiento se dirige expresamente a los hijos en sus relaciones con sus
padres, porque esta relación es la más universal. Se refiere también a las relaciones de
parentesco con los miembros del grupo familiar. Exige que se dé honor, afecto y
reconocimiento a los abuelos y antepasados. Finalmente se extiende a los deberes de los
alumnos respecto a los maestros, de los empleados respecto a los patronos, de los
subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos respecto a su patria, a los que la
administran o la gobiernan.
Este mandamiento implica y sobrentiende los deberes de los padres, tutores, maestros,
jefes, magistrados, gobernantes, de todos los que ejercen una autoridad sobre otros o sobre
una comunidad de personas.
2200 El cumplimiento del cuarto mandamiento lleva consigo su recompensa: “Honra a tu
padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios,
te va a dar” (Ex 20, 12; Dt 5, 16). La observancia de este mandamiento procura, con los
frutos espirituales, frutos temporales de paz y de prosperidad. Y al contrario, la no
observancia de este mandamiento entraña grandes daños para las comunidades y las
personas humanas.

2304El respeto y el crecimiento de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo


ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz
no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguarda de los bienes de las personas, la
libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas
y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es "tranquilidad del orden" (S.
Agustín, civ. 19,13). Es obra de la justicia (cf Is 32,17) y efecto de la caridad (cf GS
78, 1-2).

I. La familia en el plan de Dios


2201 La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos. El
matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y
educación de los hijos. El amor de los esposos y la generación de los hijos establecen
entre los miembros de una familia relaciones personales y responsabilidades
primordiales.

1625Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados,


libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento.
"Ser libre" quiere decir:

– no obrar por coacción;

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

– no estar impedido por una ley natural o eclesiástica.

2202 Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia.
Esta disposición es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública; se impone a
ella. Se la considerará como la referencia normal en función de la cual deben ser
apreciadas las diversas formas de parentesco.

1882Ciertas sociedades, como la familia y la ciudad, corresponden más inmediatamente


a la naturaleza del hombre. Le son necesarias. Con el fin de favorecer la participación
del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar alentar la
creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa "para fines económicos,
sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro
de cada una de las naciones como en el plano mundial" (MM 60). Esta
"socialización" expresa igualmente la tendencia natural que impulsa a los seres
humanos a asociarse con el fin de alcanzar objetivos que exceden las capacidades
individuales. Desarrolla las cualidades de la persona, en particular, su sentido de
iniciativa y de responsabilidad. Ayuda a garantizar sus derechos (cf GS 25,2; CA
12).

2203 Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su


constitución fundamental. Sus miembros son personas iguales en dignidad. Para el bien
común de sus miembros y de la sociedad, la familia implica una diversidad de
responsabilidades, de derechos y de deberes.

369 El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en
una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo
de hombre y de mujer. "Ser hombre", "ser mujer" es una realidad buena y querida
por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene
inmediatamente de Dios su creador (cf. Gn 2,7.22). El hombre y la mujer son, con
la misma dignidad, "imagen de Dios". En su "ser-hombre" y su "ser-mujer" reflejan
la sabiduría y la bondad del Creador.

La familia cristiana

1655Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La


Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la
Iglesia estaba a menudo constituido por los que, "con toda su casa", habían llegado
a ser creyentes (cf Hch 18,8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase
"toda su casa" (cf Hch 16,31 y 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida
cristiana en un mundo no creyente.

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

1656En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las
familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva
e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua
expresión, "Ecclesia domestica" (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, "los
padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y
con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial
cuidado, la vocación a la vida consagrada" (LG 11).

1657Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre


de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la
recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el
testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras" (LG
10). El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico
humanismo" (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor
fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por
medio de la oración y la ofrenda de su vida.

1658Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen solteras
a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo
querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al
corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia,
particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con
frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según
el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar.
A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, "iglesias domésticas" y
las puertas de la gran familia que es la Iglesia. "Nadie se sienta sin familia en este
mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están
`fatigados y agobiados' (Mt 11,28)" (FC 85).

2204. “La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específicas de la
comunión eclesial; por eso [...] puede y debe decirse Iglesia doméstica” (FC 21,
cf LG 11). Es una comunidad de fe, esperanza y caridad, posee en la Iglesia una
importancia singular como aparece en el Nuevo Testamento (cf Ef 5, 21-6, 4; Col 3, 18-
21; 1 P 3, 1-7).

533 La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de
los caminos más ordinarios de la vida humana:

Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del


Evangelio ...Una lección de silencio ante todo. Que nazca en nosotros la estima del
silencio, esta condición del espíritu admirable e inestimable ... Una lección de vida

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su
austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable ... Una lección de trabajo.
Nazaret, oh casa del "Hijo del Carpintero", aquí es donde querríamos comprender y
celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano ...; cómo querríamos, en fin,
saludar aquí a todos los trabajadores del mundo entero y enseñarles su gran modelo,
su hermano divino (Pablo VI, discurso 5 enero 1964 en Nazaret).

2205 La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión


del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo
de la obra creadora de Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo.
La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La
familia cristiana es evangelizadora y misionera.

1702La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las
personas a semejanza de la unidad de las personas divinas entre sí (cf capítulo
segundo).

2206 Las relaciones en el seno de la familia entrañan una afinidad de sentimientos, afectos
e intereses que provienen sobre todo del mutuo respeto de las personas. La familia es
una comunidad privilegiada llamada a realizar un propósito común de los esposos y una
cooperación diligente de los padres en la educación de los hijos (cf. GS 52).
II. La familia y la sociedad
2207 La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el
hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La
autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los
fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad.
La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores
morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es
iniciación a la vida en sociedad.

1880Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un


principio de unidad que supera a cada una de ellas. Asamblea a la vez visible y
espiritual, una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y prepara el porvenir.
Mediante ella, cada hombre es constituido "heredero", recibe "talentos" que
enriquecen su identidad y a los que debe hacer fructificar (cf Lc 19,13.15). En
verdad, se debe afirmar que cada uno tiene deberes para con las comunidades de que
forma parte y está obligado a respetar a las autoridades encargadas del bien común
de las mismas.

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
372 El hombre y la mujer están hechos "el uno para el otro": no que Dios los haya hecho
"a medias" e "incompletos"; los ha creado para una comunión de personas, en la que
cada uno puede ser "ayuda" para el otro porque son a la vez iguales en cuanto
personas ("hueso de mis huesos...") y complementarios en cuanto masculino y
femenino. En el matrimonio, Dios los une de manera que, formando "una sola carne"
(Gn 2,24), puedan transmitir la vida humana: "Sed fecundos y multiplicaos y llenad
la tierra" (Gn 1,28). Al trasmitir a sus descendientes la vida humana, el hombre y la
mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra del Creador
(cf. GS 50,1).

El matrimonio en el orden de la creación

1603"La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista
de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio... un vínculo sagrado...
no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio" (GS
48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y
de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una
institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido
sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y
actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes
y permanente. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre
con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de
la grandeza de la unión matrimonial. "La salvación de la persona y de la sociedad
humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad
conyugal y familiar" (GS 47,1).

2208 La familia debe vivir de manera que sus miembros aprendan el cuidado y la
responsabilidad respecto de los pequeños y mayores, de los enfermos o disminuidos, y de
los pobres. Numerosas son las familias que en ciertos momentos no se hallan en
condiciones de prestar esta ayuda. Corresponde entonces a otras personas, a otras
familias, y subsidiariamente a la sociedad, proveer a sus necesidades. “La religión pura e
intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación
y conservarse incontaminado del mundo” (St 1, 27).
2209 La familia debe ser ayudada y defendida mediante medidas sociales apropiadas.
Cuando las familias no son capaces de realizar sus funciones, los otros cuerpos sociales
tienen el deber de ayudarlas y de sostener la institución familiar. En conformidad con el
principio de subsidiariedad, las comunidades más numerosas deben abstenerse de privar
a las familias de sus propios derechos y de inmiscuirse en sus vidas.

1883La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del
Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia
ha elaborado el principio llamado de subsidiaridad. Según éste, "una estructura

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de
orden inferior, privándola de sus competencias, sino que más bien debe sostenerla
en caso de necesidad y ayudarla a coordinar su acción con la de los demás
componentes sociales, con miras al bien común" (CA 48; Pío XI, enc.
"Quadragesimo anno").

2210 La importancia de la familia para la vida y el bienestar de la sociedad (cf GS 47, 1)


entraña una responsabilidad particular de ésta en el apoyo y fortalecimiento del
matrimonio y de la familia. La autoridad civil ha de considerar como deber grave “el
reconocimiento de la auténtica naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y
fomentarla, asegurar la moralidad pública y favorecer la prosperidad doméstica” (GS 52,
2).
2211 La comunidad política tiene el deber de honrar a la familia, asistirla y asegurarle
especialmente:
— la libertad de fundar un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo con sus propias
convicciones morales y religiosas;
— la protección de la estabilidad del vínculo conyugal y de la institución familiar;
— la libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con los medios y
las instituciones necesarios;
— el derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener un trabajo, una
vivienda, el derecho a emigrar;
— conforme a las instituciones del país, el derecho a la atención médica, a la asistencia
de las personas de edad, a los subsidios familiares;
— la protección de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se refiere a peligros
como la droga, la pornografía, el alcoholismo, etc.;
— la libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar así representadas ante
las autoridades civiles (cf FC 46).
2212 El cuarto mandamiento ilumina las demás relaciones en la sociedad. En nuestros
hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los
descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra
patria; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana,
un hijo o una hija del que quiere ser llamado “Padre nuestro”. Así, nuestras relaciones
con el prójimo se deben reconocer como pertenecientes al orden personal. El prójimo no
es un “individuo” de la colectividad humana; es “alguien” que por sus orígenes, siempre
“próximos” por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares.

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
143 Es reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres: Todos han
sido hechos "a imagen y semejanza de Dios" (Gn 1,26).

1931El respeto a la persona humana pasa por el respeto del principio: "que cada uno, sin
ninguna excepción, debe considerar al prójimo como 'otro yo', cuidando, en primer
lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente" (GS 27,1).
Ninguna legislación podría por sí misma hacer desaparecer los temores, los
prejuicios, las actitudes de soberbia y de egoísmo que obstaculizan el
establecimiento de sociedades verdaderamente fraternas. Estos comportamientos
sólo cesan con la caridad que ve en cada hombre un "prójimo", un hermano.

2213 Las comunidades humanas están compuestas de personas. Gobernarlas bien no


puede limitarse simplemente a garantizar los derechos y el cumplimiento de deberes,
como tampoco a la sola fidelidad a los compromisos. Las justas relaciones entre patronos
y empleados, gobernantes y ciudadanos, suponen la benevolencia natural conforme a la
dignidad de personas humanas deseosas de justicia y fraternidad.

III LA SOLIDARIDAD HUMANA

1939El principio de solidaridad, enunciado también con el nombre de "amistad" o


"caridad social", es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana (cf
SRS 38-40; CA 10):

Un error, "hoy ampliamente extendido, es el olvido de esta ley de solidaridad


humana y de caridad, dictada e impuesta tanto por la comunidad de origen y la
igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, cualquiera que sea el pueblo
a que pertenezca, como por el sacrificio de redención ofrecido por Jesucristo en el
altar de la cruz a su Padre del cielo, en favor de la humanidad pecadora" (Pío XII,
enc. "Summi pontificatus").

III. Deberes de los miembros de la familia


Deberes de los hijos
2214 La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (cf Ef 3, 14); es el
fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de
edad, hacia su padre y hacia su madre (cf Pr 1, 8; Tb 4, 3-4), se nutre del afecto natural
nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino (cf Ex 20, 12).

1858La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de
Jesús al joven rico: "No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes
testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre" (Mc 10,19). La

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo.
La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra
los padres es más grave que la ejercida contra un extraño.

2215 El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante
el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a
crecer en estatura, en sabiduría y en gracia. “Con todo tu corazón honra a tu padre, y no
olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo
que contigo han hecho?” (Si 7, 27-28).
2216 El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. “Guarda, hijo
mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre [...] en tus pasos ellos
serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar” (Pr 6,
20-22). “El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión” (Pr 13,
1).

532 Con la sumisión a su madre, y a su padre legal, Jesús cumple con perfección el cuarto
mandamiento. Es la imagen temporal de su obediencia filial a su Padre celestial. La
sumisión cotidiana de Jesús a José y a María anunciaba y anticipaba la sumisión del
Jueves Santo: "No se haga mi voluntad ..."(Lc 22, 42). La obediencia de Cristo en lo
cotidiano de la vida oculta inaugurada ya la obra de restauración de lo que la
desobediencia de Adán había destruido (cf. Rm 5, 19).

2217 Mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que
éstos dispongan para su bien o el de la familia. “Hijos, obedeced en todo a vuestros padres,
porque esto es grato a Dios en el Señor” (Col 3, 20; cf Ef 6, 1). Los niños deben obedecer
también las prescripciones razonables de sus educadores y de todos aquellos a quienes
sus padres los han confiado. Pero si el niño está persuadido en conciencia de que es
moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla.
Cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. Deben prevenir
sus deseos, solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas.
La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que
les es debido, el cual permanece para siempre. Este, en efecto, tiene su raíz en el temor
de Dios, uno de los dones del Espíritu Santo.

1831Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza,
ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf
Is 11,1-2). Completan y llevan a su perfección las virtud de quienes los reciben.
Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.

Tu espíritu bueno me guíe por una tierra llana (Sal 143,10)

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Todos los que son guiados por el Espíritu de Dio s son hijos de Dios...Y, si hijos,
también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo (Rm 8,14.17).

2218 El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades
para con los padres. En la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material
y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de
abatimiento. Jesús recuerda este deber de gratitud (cf Mc 7, 10-12).
«El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole.
Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su
madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración
será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da
sosiego a su madre» (Si 3, 2-6).
«Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya
perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor [...] Como
blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre» (Si 3,
12-13.16).
2219 El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a
las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el
ambiente familiar. “Corona de los ancianos son los hijos de los hijos” (Pr 17, 6).
“[Soportaos] unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia” (Ef 4, 2).
2220 Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes
recibieron el don de la fe, la gracia del bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de
los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los
catequistas, de otros maestros o amigos. “Evoco el recuerdo [...] de la fe sincera que tú
tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también
ha arraigado en ti” (2 Tm 1, 5).
Deberes de los padres
2221 La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola procreación de los hijos,
sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación espiritual. El
papel de los padres en la educación “tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente
puede suplirse” (GE 3). El derecho y el deber de la educación son para los padres
primordiales e inalienables (cf FC 36).

1653La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual
y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los
padres son los principales y primeros educadores de sus hijos (cf. GE 3). En este
sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la
vida (cf FC 28).

10
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

2222 Los padres deben mirar a sus hijos como a hijos de Dios y respetarlos como
a personas humanas. Han de educar a sus hijos en el cumplimiento de la ley de Dios,
mostrándose ellos mismos obedientes a la voluntad del Padre de los cielos.

424 Movidos por la gracia del Espíritu Santo y atraídos por el Padre nosotros creemos
y confesamos a propósito de Jesús: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,
16). Sobre la roca de esta fe, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia
(cf. Mt 16, 18; San León Magno, serm. 4, 3;51, 1;62, 2;83, 3).

"Anunciar... la inescrutable riqueza de Cristo" (Ef 3, 8)

2223 Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian
esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón,
el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. La familia es un lugar
apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación,
de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres
han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones “materiales e instintivas a las
interiores y espirituales” (CA 36). Es una grave responsabilidad para los padres dar
buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se
hacen más aptos para guiarlos y corregirlos:
«El que ama a su hijo, le corrige sin cesar [...] el que enseña a su hijo, sacará provecho de
él» (Si 30, 1-2). «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien
mediante la instrucción y la corrección según el Señor» (Ef 6, 4).
I LAS VIRTUDES HUMANAS

1804Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones


habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan
nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan
facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre
virtuoso es el que practica libremente el bien.

Las virtudes morales son adquiridas mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y
los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser
humano para comulgar en el amor divino.

2224 La familia constituye un medio natural para la iniciación del ser humano en la
solidaridad y en las responsabilidades comunitarias. Los padres deben enseñar a los hijos
a guardarse de los riesgos y las degradaciones que amenazan a las sociedades humanas.

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
III LA SOLIDARIDAD HUMANA

1939El principio de solidaridad, enunciado también con el nombre de "amistad" o


"caridad social", es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana (cf
SRS 38-40; CA 10):

Un error, "hoy ampliamente extendido, es el olvido de esta ley de solidaridad


humana y de caridad, dictada e impuesta tanto por la comunidad de origen y la
igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, cualquiera que sea el pueblo
a que pertenezca, como por el sacrificio de redención ofrecido por Jesucristo en el
altar de la cruz a su Padre del cielo, en favor de la humanidad pecadora" (Pío XII,
enc. "Summi pontificatus").

2225 Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la
responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán
iniciarlos en los misterios de la fe, de los que ellos son para sus hijos los “primeros [...]
heraldos de la fe” (LG 11). Desde su más tierna infancia, deben asociarlos a la vida de la
Iglesia. La forma de vida en la familia puede alimentar las disposiciones afectivas que,
durante toda la vida, serán auténticos cimientos y apoyos de una fe viva.

1656En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las
familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva
e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua
expresión, "Ecclesia domestica" (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, "los
padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y
con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial
cuidado, la vocación a la vida consagrada" (LG 11).

2226 La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia.
Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe
mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el Evangelio. La catequesis
familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres
tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios
(cf LG 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de
las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los
padres.

2179"La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable


en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano,
se encomienda a un párroco, como su pastor propio" (CIC, can. 515,1). Es el lugar
donde todos los fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la eucaristía.
La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica,

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
la congrega en esta celebración; le enseña la doctrina salvífica de Cristo. Practica la
caridad del Señor en obras buenas y fraternas:

No puedes orar en casa como en la Iglesia, donde son muchos los reunidos, donde
el grito de todos se dirige a Dios como desde un solo corazón. Hay en ella algo más:
la unión de los espíritus, la armonía de las almas, el vínculo de la caridad, las
oraciones de los sacerdotes (S. Juan Crisóstomo, incomprehens. 3,6).

2227 Los hijos, a su vez, contribuyen al crecimiento de sus padres en la


santidad (cf GS 48, 4). Todos y cada uno deben otorgarse generosamente y sin cansarse
el mutuo perdón exigido por las ofensas, las querellas, las injusticias y las omisiones. El
afecto mutuo lo sugiere. La caridad de Cristo lo exige (cf Mt 18, 21-22; Lc 17, 4).

2013"Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud
de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (LG 40). Todos son llamados a
la santidad: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48):

Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la
medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio
del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su
imagen, y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la
santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra
claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos (LG 40).

2228 Durante la infancia, el respeto y el afecto de los padres se traducen ante todo en el
cuidado y la atención que consagran para educar a sus hijos, y para proveer a sus
necesidades físicas y espirituales. En el transcurso del crecimiento, el mismo respeto y la
misma dedicación llevan a los padres a enseñar a sus hijos a usar rectamente de su razón
y de su libertad.
2229. Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el
derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones.
Este derecho es fundamental. En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir
las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos (cf GE 6). Los
poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar
las condiciones reales de su ejercicio.
2230 Cuando llegan a la edad correspondiente, los hijos tienen el deber y el derecho
de elegir su profesión y su estado de vida. Estas nuevas responsabilidades deberán
asumirlas en una relación de confianza con sus padres, cuyo parecer y consejo pedirán y
recibirán dócilmente. Los padres deben cuidar de no presionar a sus hijos ni en la elección
de una profesión ni en la de su futuro cónyuge. Esta indispensable prudencia no impide,

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
sino al contrario, ayudar a los hijos con consejos juiciosos, particularmente cuando éstos
se proponen fundar un hogar.

III EL CONSENTIMIENTO MATRIMONIAL

1625Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados,


libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento.
"Ser libre" quiere decir:

– no obrar por coacción;

– no estar impedido por una ley natural o eclesiástica.

2231 Hay quienes no se casan para poder cuidar a sus padres, o sus hermanos y hermanas,
para dedicarse más exclusivamente a una profesión o por otros motivos dignos. Estas
personas pueden contribuir grandemente al bien de la familia humana.
IV. La familia y el reino de Dios
2232 Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. A la par
que el hijo crece hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación
singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar
esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse
de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús (cf Mt 16, 25): “El que ama a
su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija
más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37).

La virginidad por el Reino de Dios

1618Cristo es el centro de toda vida cristiana. El vínculo con El ocupa el primer lugar
entre todos los demás vínculos, familiares o sociales (cf Lc 14,26; Mc 10,28-31).
Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado
al gran bien del matrimonio para seguir al Cordero dondequiera que vaya (cf Ap
14,4), para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar de agradarle (cf 1 Co 7,32),
para ir al encuentro del Esposo que viene (cf Mt 25,6). Cristo mismo invitó a algunos
a seguirle en este modo de vida del que El es el modelo:

Hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los
hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos.
Quien pueda entender, que entienda (Mt 19,12).

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
2233 Hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación a pertenecer a la familia de Dios,
a vivir en conformidad con su manera de vivir: “El que cumpla la voluntad de mi Padre
celestial, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12, 49).

542 Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios".
Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el reino de
Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino
por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección.
"Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). A esta
unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. LG 3).

Los padres deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias el llamamiento del
Señor a uno de sus hijos para que le siga en la virginidad por el Reino, en la vida
consagrada o en el ministerio sacerdotal.
V. Las autoridades en la sociedad civil
2234 El cuarto mandamiento de Dios nos ordena también honrar a todos los que, para
nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. Este mandamiento
determina tanto los deberes de quienes ejercen la autoridad como los de quienes están
sometidos a ella.

1897"Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima


autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su
actividad y sus desvelos al provecho común del país" (PT 46).

Se llama "autoridad" la cualidad en virtud de la cual personas o instituciones dan


leyes y órdenes a los hombres y esperan la correspondiente obediencia.

Deberes de las autoridades civiles


2235 Los que ejercen una autoridad deben ejercerla como un servicio. “El que quiera
llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro esclavo” (Mt 20, 26). El ejercicio de una
autoridad está moralmente regulado por su origen divino, su naturaleza racional y su
objeto específico. Nadie puede ordenar o establecer lo que es contrario a la dignidad de
las personas y a la ley natural.

1899La autoridad exigida por el orden moral emana de Dios: "Sométanse todos a las
autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que
existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad,
se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la
condenación" (Rm 13,1-2; cf 1 P 2,13-17).

15
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

2236 El ejercicio de la autoridad ha de manifestar una justa jerarquía de valores con el fin
de facilitar el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de todos. Los superiores
deben ejercer la justicia distributiva con sabiduría, teniendo en cuenta las necesidades y
la contribución de cada uno y atendiendo a la concordia y la paz. Deben velar porque las
normas y disposiciones que establezcan no induzcan a tentación oponiendo el interés
personal al de la comunidad (cf CA 25).

2411Los contratos están sometidos a la justicia conmutativa, que regula los intercambios
entre las personas y entre las instituciones, en el respeto exacto de sus derechos. La
justicia conmutativa obliga estrictamente; exige la salvaguarda de los derechos de
propiedad, el pago de las deudas y la prestación de obligaciones libremente
contraídas. Sin justicia conmutativa no es posible ninguna otra forma de justicia.

La justicia conmutativa se distingue de la justicia legal, que se refiere a lo que el


ciudadano debe equitativamente a la comunidad, y de la justicia distributiva que
regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos en proporción a sus contribuciones
y a sus necesidades.

2237 El poder político está obligado a respetar los derechos fundamentales de la persona
humana. Y a administrar humanamente justicia en el respeto al derecho de cada uno,
especialmente el de las familias y de los desheredados.
Los derechos políticos inherentes a la ciudadanía pueden y deben ser concedidos según
las exigencias del bien común. No pueden ser suspendidos por la autoridad sin motivo
legítimo y proporcionado. El ejercicio de los derechos políticos está destinado al bien
común de la nación y de toda la comunidad humana.

357 Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona;
no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse
libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a
una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún
otro ser puede dar en su lugar.

Deberes de los ciudadanos


2238 Los que están sometidos a la autoridad deben mirar a sus superiores como
representantes de Dios que los ha instituido ministros de sus dones (cf Rm 13, 1-2): “Sed
sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana [...]. Obrad como hombres libres,
y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de
Dios” (1 P 2, 13.16.). Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
una justa crítica de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien
de la comunidad.

1900El deber de obediencia impone a todos la obligación de dar a la autoridad los honores
que le son debidos, y de rodear de respeto y, según su mérito, de gratitud y de
benevolencia a las personas que la ejercen.

La más antigua oración de la Iglesia por la autoridad política tiene como autor a S.
Clemente Romano:

"Concédeles, Señor, la salud, la paz, la concordia, la estabilidad, para que ejerzan


sin tropiezo la soberanía que tú les has entregado. Eres tú, Señor, rey celestial de los
siglos, quien da a los hijos de los hombres gloria, honor y poder sobre las cosas de
la tierra. Dirige, Señor, su consejo según lo que es bueno, según lo que es agradable
a tus ojos, para que ejerciendo con piedad, en la paz y la mansedumbre, el poder que
les has dado, te encuentren propicio" (S. Clemente Romano, Cor. 61,1-2).

2239 Deber de los ciudadanos es cooperar con la autoridad civil al bien de la sociedad en
espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad. El amor y el servicio de
la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las
autoridades legítimas y el servicio del bien común exigen de los ciudadanos que cumplan
con su responsabilidad en la vida de la comunidad política.

1915Los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar parte activa en la vida pública. Las
modalidades de esta participación pueden variar de un país a otro o de una cultura a
otra. "Es de alabar la conducta de las naciones en las que la mayor parte posible de
los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública" (GS 31,3).

2310Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los
ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional.

Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la


seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea,
colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz
(cf GS 79,5).

2240 La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen


moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país:
«Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo;
a quien respeto, respeto; a quien honor, honor» (Rm 13, 7).

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
«Los cristianos residen en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados. Cumplen
todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas sus cargas como extranjeros [...]
Obedecen a las leyes establecidas, y su manera de vivir está por encima de las leyes. [...]
Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les está permitido desertar»
(Epistula ad Diognetum, 5, 5.10; 6, 10).
El apóstol nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por los reyes y por todos
los que ejercen la autoridad, “para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con
toda piedad y dignidad” (1 Tm 2, 2).

2265La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el
que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al
agresor en la situación de no poder causar perjuicio. Por este motivo, los que tienen
autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las
armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.

1900El deber de obediencia impone a todos la obligación de dar a la autoridad los honores
que le son debidos, y de rodear de respeto y, según su mérito, de gratitud y de
benevolencia a las personas que la ejercen.

La más antigua oración de la Iglesia por la autoridad política tiene como autor a S.
Clemente Romano:

"Concédeles, Señor, la salud, la paz, la concordia, la estabilidad, para que ejerzan


sin tropiezo la soberanía que tú les has entregado. Eres tú, Señor, rey celestial de los
siglos, quien da a los hijos de los hombres gloria, honor y poder sobre las cosas de
la tierra. Dirige, Señor, su consejo según lo que es bueno, según lo que es agradable
a tus ojos, para que ejerciendo con piedad, en la paz y la mansedumbre, el poder que
les has dado, te encuentren propicio" (S. Clemente Romano, Cor. 61,1-2).

2241 Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible,
al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su
país de origen. Las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que
coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben.
Las autoridades civiles, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo,
pueden subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones
jurídicas, especialmente en lo que concierne a los deberes de los emigrantes respecto al
país de adopción. El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio
material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas.
2242 El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las
autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral,

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo
de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de
la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el
servicio de la comunidad política. “Dad [...] al César lo que es del César y a Dios lo que
es de Dios” (Mt 22, 21). “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29):
«Cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los
ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es
lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad,
guardando los límites que señala la ley natural y evangélica» (GS 74, 5).

1903La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo
considerado y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los
dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral,
estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. "En semejante situación, la
propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa"
(PT 51).

2313Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, los soldados
heridos y los prisioneros.

Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios


universales, como las disposiciones que las ordenan son crímenes. Una obediencia
ciega no basta para excusar a los que se someten a ellas. Así, la exterminación de un
pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenada como un pecado
mortal. Existe la obligación moral de desobedecer aquellas disposiciones que
ordenan genocidios .

450 Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre
el mundo y sobre la historia (cf. Ap 11, 15) significa también reconocer que el
hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder
terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: César no es el "Señor" (cf. Mc
12, 17; Hch 5, 29). " La Iglesia cree.. que la clave, el centro y el fin de toda historia
humana se encuentra en su Señor y Maestro" (GS 10, 2; cf. 45, 2).

1901Si la autoridad responde a un orden fijado por Dios, "la determinación del régimen
y la designación de los gobernantes han de dejarse a la libre voluntad de los
ciudadanos" (GS 74,3).

La diversidad de los regímenes políticos es moralmente admisible con tal que


promuevan el bien legítimo de la comunidad que los adopta. Los regímenes cuya
naturaleza es contraria a la ley natural, al orden público y a los derechos

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
fundamentales de las personas, no pueden realizar el bien común de las naciones a
las que se han impuesto.

2243 La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a


las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes: 1) en caso de violaciones
ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales; 2) después de haber agotado
todos los otros recursos; 3) sin provocar desórdenes peores; 4) que haya esperanza
fundada de éxito; 5) si es imposible prever razonablemente soluciones mejores.

2309Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa
mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a
condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

– Que el daño infringido por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea
duradero, grave y cierto.

– Que los restantes medios para ponerle fin hayan resultado impracticables o ineficaces.

– Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

– Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que
se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una
prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la


"guerra justa".

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio


prudente de los responsables del bien común.

La comunidad política y la Iglesia


2244 Toda institución se inspira, al menos implícitamente, en una visión del hombre y de
su destino, de la que saca sus referencias de juicio, su jerarquía de valores, su línea de
conducta. La mayoría de las sociedades han configurado sus instituciones conforme a una
cierta preeminencia del hombre sobre las cosas. Sólo la religión divinamente revelada ha
reconocido claramente en Dios, Creador y Redentor, el origen y el destino del hombre.
La Iglesia invita a las autoridades civiles a juzgar y decidir a la luz de la Verdad sobre
Dios y sobre el hombre:
Las sociedades que ignoran esta inspiración o la rechazan en nombre de su independencia
respecto a Dios se ven obligadas a buscar en sí mismas o a tomar de una ideología sus
referencias y finalidades; y, al no admitir un criterio objetivo del bien y del mal, ejercen

20
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
sobre el hombre y sobre su destino, un poder totalitario, declarado o velado, como lo
muestra la historia. (cf CA 45; 46).

1910Si toda comunidad humana posee un bien común que la configura en cuanto tal, la
realización más completa de este bien común se verifica en la comunidad política.
Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil, de
los ciudadanos y de las corporaciones intermedias.

1881Cada comunidad se define por su fin y obedece en consecuencia a reglas específicas


pero "el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser
la persona humana" (GS 25,1).

2109El derecho a la libertad religiosa no puede ser de suyo ni ilimitado (cf Pío VI, breve
"Quod aliquantum"), ni limitado solamente por un "orden público" concebido de
manera positivista o naturalista (cf Pío IX, enc. "Quanta cura"). Los "justos límites"
que le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la
prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la
autoridad civil según "normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral" (DH
7).

2245 La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia, no se confunde en modo


alguno con la comunidad política [...] es a la vez signo y salvaguardia del carácter
trascendente de la persona humana. La Iglesia “respeta y promueve también la libertad y
la responsabilidad política de los ciudadanos” (GS 76, 3).

912 Los fieles han de "aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes
que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros
de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía,
recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia
cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos
temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios" (LG 36).

2246 Pertenece a la misión de la Iglesia “emitir un juicio moral incluso sobre cosas que
afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la
salvación de las almas, aplicando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al
Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y condiciones” (GS 76, 5).
Resumen
2247 “Honra a tu padre y a tu madre” (Dt 5,16 ; Mc 7,10).
2248 De conformidad con el cuarto mandamiento, Dios quiere que, después que a Él,
honremos a nuestros padres y a los que Él reviste de autoridad para nuestro bien.

21
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
2249 La comunidad conyugal está establecida sobre la alianza y el consentimiento de los
esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los cónyuges, a la
procreación y a la educación de los hijos.
2250 “La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente
ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (GS 47, 1).
2251 Los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, justa obediencia y ayuda. El respeto
filial favorece la armonía de toda la vida familiar.
2252 Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos en la fe, en
la oración y en todas las virtudes. Tienen el deber de atender, en la medida de lo posible,
las necesidades materiales y espirituales de sus hijos.
2253 Los padres deben respetar y favorecer la vocación de sus hijos. Han de recordar y
enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús.
2254 La autoridad pública está obligada a respetar los derechos fundamentales de la
persona humana y las condiciones del ejercicio de su libertad.
2255 El deber de los ciudadanos es cooperar con las autoridades civiles en la
construcción de la sociedad en un espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad.”
2256 El ciudadano está obligado en conciencia a no seguir las prescripciones de las
autoridades civiles cuando son contrarias a las exigencias del orden moral. “Hay que
obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29).
2257. Toda sociedad refiere sus juicios y su conducta a una visión del hombre y de su
destino. Si se prescinde de la luz del Evangelio sobre Dios y sobre el hombre, las
sociedades se hacen fácilmente «totalitarias».

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