CUSTODIA Y ENAJENADOS O POSEÍDOS EN EL MARCO
DEL PARADIGMA TEOLÓGICO
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Intente enumerar todos los términos que ha oído en relación con una persona con
enfermedad mental. Loco, majareta, chiflado, le falta un hervor, chaveta, pirado y chalado
son algunos. ¿Puede enumerar más? ¿Qué tienen todos estos términos en común?
Todos son negativos, insultantes y despreciativos. Cuando hablamos sobre las
enfermedades físicas no utilizamos estos términos tan insultantes. Nunca llamaríamos a
una persona con diabetes un «adicto a la insulina» o un «loco por el azúcar». Estas
etiquetas son inexactas, inadecuadas y desagradables. Simplemente hablar sobre las
enfermedades mentales con frecuencia hace que las personas se rían nerviosamente
porque la enfermedad mental tiene un estigma, o «marca de vergüenza», en nuestra
cultura. Es muy frecuente que las personas tengan actitudes negativas que devalúan a las
personas con enfermedades mentales.
Es evidente que el estigma frente a los enfermos mentales no está justificado.
Como defensores de los pacientes, los profesionales de enfermería deben dejar de utilizar
etiquetas negativas sobre los pacientes con enfermedades mentales y deben animar a los
demás a que dejen de utilizarlas. Deben educar al público de que la enfermedad mental
se debe tratar de la misma forma que la enfermedad física. Los profesionales de
enfermería deben evitar la tendencia a explicar la enfermedad mental según sus propios
miedos y conjeturas. Los profesionales de enfermería pueden tomar la delantera basando
su práctica en datos científicos, no en suposiciones ni estereotipos.
Perspectiva histórica
Los periodos teológicos han preponderado durante la mayor parte de la historia de
la enfermería, relegando está a una actividad vocacional religiosa y auxiliar, constituyendo
la salud mental un contexto especialmente difícil para el desarrollo científico y humanístico
de los cuidados, sobre todo por la enorme dependencia de la medicina psiquiátrica.
Desde la perspectiva del paradigma teológico (hegemónico hasta el siglo xviii), la
locura se interpretaba como un fenómeno de posesión por parte del demonio al iluminado,
hereje, hechizado o beata poseída. Desde estos supuestos de causa sobrenatural de la
locura, el exorcismo era la técnica más habitual y el escándalo que suscitaba la conducta
provocadora del enajenado era tal que muchos de ellos acabaron en la hoguera tras ser
juzgados por la Inquisición. Fueron órdenes religiosas como las de los mercedarios, San
Juan de Dios y las hermanas hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús las encargadas
de vigilar la vida y los actos de los enajenados.
La locura se interpretaba como un fenómeno de posesión por parte del demonio al
iluminado. El exorcismo era la técnica más habitual para tratar la locura. La pobreza podía
causar el aislamiento de la sociedad, de los amigos y hasta de la familia, pudiendo el
estado de extrema penuria contribuir a la aparición de enfermedades mentales
La enfermedad mental vino antes que los psiquiatras y los profesionales de
enfermería de salud mental. En los tiempos más antiguos de los que se dispone de datos
se pensaba que la enfermedad mental se debía a fuerzas sobrenaturales. Se trataba a las
personas con enfermedades mentales como si estuvieran afectadas por demonios o por
influencias divinas. El miedo, la confusión y la estigmatización que provoca la incapacidad
para entender la enfermedad mental también han acompañado desde la prehistoria a los
tratamientos y cuidados demandados por estos procesos. Asimismo, las causas, los
tratamientos y los cuidados de los enfermos mentales se han cimentado en nociones que
han sido avaladas por la magia, la religión, la ciencia o las tradiciones populares
En su «teoría de la enfermedad», Hipócrates (460-375 a. C.) describió los
«humores» corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Pensaba que la
melancolía (depresión) estaba producida por un exceso de bilis negra. También pensaba
que la sangría podía aliviar este exceso (Frisch y Frisch 2006). Mientras que Platón (384-
347 AC) consideró que los trastornos mentales eran en parte éticos y en parte divinos y
podían clasificarse en proféticos, rituales, poéticos y eróticos
En Europa en la Edad Media y el Renacimiento (cuando floreció el arte y la
ciencia, pero no el tratamiento de los enfermos mentales) se pensaba que las personas
con enfermedades mentales estaban afectadas por la luna (el término lunático procede de
la palabra latina que se refiere a la luna). Se pensaba que las personas afectadas eran
hadas, brujas o herejes. Se les temía, se les internaba en instituciones en las que se les
trataba como criminales y se les castigaba por sus conductas. Las personas con
enfermedades mentales eran maltratadas, sujetadas, golpeadas y se las alimentaba y
vestía mal (Frisch y Frisch, 2006).
En el siglo XVIII se seguía encerrando a los enfermos mentales en prisiones en las
que los empleados no tenían formación y estaban más interesados en el castigo que en el
tratamiento. Lentamente empezó a producirse un período de ilustración en el tratamiento
de los enfermos mentales a partir de 1790. El médico francés Phillippe Pinel inició el
«tratamiento moral» de los enfermos mentales. Liberó a las personas de sus cadenas y
adoptó un abordaje terapéutico psicológico. Ordenó satisfacer las necesidades básicas de
alimento y ropa de los pacientes con trastornos mentales. Los estudió a ellos mismos y su
conducta, intentando comprender su pensamiento anormal. William Tukes aplicó esas
mismas ideas en Inglaterra. Estableció el concepto de manicomio, que debía ser un
puerto seguro para las personas que habían sido azotadas, golpeadas y privadas de
alimentos simplemente porque tenían una enfermedad mental.
A principios del siglo xix la maestra de escuela Dorothea Dix tuvo conocimiento de
las horribles condiciones de los enfermos mentales en EE. UU. cuando se prestó
voluntaria a enseñar en la escuela dominical de la cárcel de East Cambridge,
Massachusetts. Encontró enfermos mentales y criminales hacinados en celdas sin
calefacción. Habló con legisladores y líderes comunitarios. Durante años capitaneó una
cruzada para obtener medios para el tratamiento de los enfermos mentales. Sus
esfuerzos finalmente llevaron al establecimiento de hospitales en EE. UU., Canadá,
Escocia y Japón (Carson, 2000).
La ≪silla tranquilizadora≫ se utilizaba para controlar a personas con trastornos
mentales en el siglo XIX. Fuente: National Library of Medicine.
La≪cuna≫ se utilizaba para controlar a los pacientes con trastornos mentales en
el siglo XIX. Fuente: Stock Montage, Inc./Historical Pictures Collection.
Bien entrado el siglo xix las personas que trabajaban en los manicomios no tenían
formación. Se hizo evidente que el nuevo modelo terapéutico precisaba cuidadores con
formación, compasión y deseo de ayudar a los demás. En 1882 el McLean Asylum de
Somerville, Massachusetts, abrió la primera escuela de formación del mundo para
profesionales de enfermería de salud mental. El plan era «medicalizar la asistencia de los
locos». Llamaron a los internos «pacientes» y a las cuidadoras «enfermeras» (Frisch y
Frisch, 2006).
En el siglo xx avanzó la enfermería de salud mental. En 1913 la Johns Hopkins
Hospital School, bajo la dirección de Effie J. Taylor, empezó a incluir la enfermería de
salud mental en la formación de las enfermeras generales. Esta fue la primera vez que un
programa hospitalario ofrecía enfermería de salud mental a todos sus estudiantes.
A partir de 1930 se popularizaron las terapias somáticas (terapias físicas), que
incluían terapia mediante sueño profundo (coma), choque insulínico y terapia con
electrochoque
Evolución histórica: del custodiar al cuidar
Custodiar (custodio) implica cuidar, guardia, vigilancia. En el desempeño de esta función
de custodia se utilizaban todo tipo de artilugios para sujetar, contener y reprimir la furia del
alienado: grilletes, cepos, palos, baños de agua fría, jaulas, cuerdas, etc.
Por otro lado, «cuidar» (cogitare), significa pensar, reflexionar sobre acontecimientos y
problemas presentes y venideros. Buscar el origen del problema para poder trabajar en eso, y no
solamente contener, ayudarlo en el proceso salud-enfermedad, cuidadores.
Sin embargo, la diferenciación entre ambos términos sólo se ha evidenciado cuando se han
producido cambios científicos, desde luego (nacimiento y desarrollo de la psiquiatría desde el siglo
XVIII), pero también profundas transformaciones sociales, políticas, tecnológicas y mentales que
con el tiempo harán posible una interpretación profesional y científica del concepto cuidado.
Cercanía hacia la persona con derechos, trato humano
De la utilización del término custodiar para referirse a la relación del personal sanitario
con los enfermos surge una doble confusión que lamentablemente ha constituido una realidad
histórica hasta tiempos muy recientes: el enfermo mental como sinónimo de pobre, inocente,
furioso, preso, delincuente, vago, etc. Como consecuencia de esta primera deformación de la
realidad, se ha producido históricamente un segundo error: la equiparación del sistema
penitenciario con lo que debiera ser el sistema sanitario
Durante mucho tiempo la asistencia a los dementes fue un apartado más de la asistencia
de tipo asilar (asilo) en la que se mezclaban en un auténtico tótum revolútum pobres, enfermos,
inocentes y locos furiosos.
Sin embargo, la mayor intensidad en la vigilancia y control de los internados era la
dedicada a los locos, especialmente aquellos que expresaban su locura mediante la exteriorización
de conductas furiosas que a menudo eran consideradas peligrosas sin demasiado fundamento.
El trasiego cárcel-manicomio era un asunto común debido a la dificultad que existía en
ambos tipos de centros para controlar la escandalosa desmesura de los locos.
En definitiva, se podría aseverar que para que en una sociedad los enfermos mentales
sean tratados exclusivamente como seres humanos con una enfermedad mental serían necesarias
ciertas condiciones:
- La existencia y evolución de los cuidados en psiquiatría está vinculada a la presencia de
una profesión que hace del concepto «cuidado» su principal objeto de reflexión teórica
con finalidades eminentemente prácticas.
- Los factores políticos, sociales y el pensamiento científico predominante (paradigmas)
determinan la existencia de un tipo de asistencia autoritaria y represiva (custodia).
- Los cuidados de salud mental sólo son posibles en el marco de una sociedad
democrática socioeducativamente desarrollada, que todas las personas tienen derechos,
están sujetos a derechos, tratándola humanamente