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Rosita Renard: Pianista Chilena Destacada

Este documento describe la carrera de la pianista chilena Rosita Renard. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música en Chile y luego en Berlín bajo la dirección de Martin Krause. Tuvo gran éxito en sus presentaciones en Berlín en 1913. Más tarde se presentó en Nueva York en 1917 donde también fue aclamada. Tuvo una exitosa carrera como concertista hasta que se retiró repentinamente. Regresó a Chile donde trabajó como pedagoga. En 1949 fue convencida de volver a presentarse en público por Erich Kleiber,

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Rosita Renard: Pianista Chilena Destacada

Este documento describe la carrera de la pianista chilena Rosita Renard. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música en Chile y luego en Berlín bajo la dirección de Martin Krause. Tuvo gran éxito en sus presentaciones en Berlín en 1913. Más tarde se presentó en Nueva York en 1917 donde también fue aclamada. Tuvo una exitosa carrera como concertista hasta que se retiró repentinamente. Regresó a Chile donde trabajó como pedagoga. En 1949 fue convencida de volver a presentarse en público por Erich Kleiber,

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Rosita Renard
Último recital en Carnegie Hall por: Pablo Cattaneo

RECENT SOUTH AMERICAN PRESS TRIBUTES


“Rosita Renard had one of the greatest triumphs of the season. After the
Mozart C major Concerto the audience applauded for ten minutes…”
(following an appearance with Erich Kleiber in Buenos Aires)
“The famous pianist from Chile, Rosita Renard, received a tumultous ovation
at the end of the Mozart cycle at the Teatro Colon. Miss Renard appeared
before a sold-out house and had to take seven curtain calls.”

Rosa Amelia Renard Artigas, más conocida como Rosita Renard nació el 8
de febrero de 1894 en Santiago de Chile. Hija de José Renard Rosa y Carmen
Rosa Artigas Blanco, ambos instruidos y dueños de una amplia cultura.
De niña evidenció excepcionales condiciones técnicas frente al piano, lo que
motivó a su madre a matricularla en el Conservatorio Nacional de Música en
2

Chile, en el año 1902. Roberto Duncker fue su maestro en aquel tiempo, y


cuando Rosita se presentó en Alemania los méritos del peruano serían
reconocidos.
En 1910 viaja a Berlín para completar su formación. Bajo la hábil dirección
de Martin Krause (luego profesor de Claudio Arrau) su desarrollo fue tan
perfecto técnica y musicalmente, que ganó el gran premio Franz Liszt y la beca
Félix Mendelssohn.

Alejada de Europa a causa de la primera guerra mundial, apareció en 1917


en Nueva York, debutando con el mayor éxito como pianista de concierto. El
principal empresario de conciertos de entonces, Charles Ellis, que contaba
entre sus artistas a Paderewski, Rachmaninoff, Kreisler, Geraldine Farrar y
otros, contrató a Rosita Renard.
Los principales críticos (baste citar a Olin Downes y a Max Smith) la
elogiaron extraordinariamente. Actuó como solista con las más grandes
orquestas, en Nueva York, Boston, etc.
El más espléndido futuro se abría para la artista, que en el momento de su
debut en Nueva York contaba con veintitrés años, pero de repente se apartó de
la carrera de concertista, y tras corta actividad en la enseñanza, en los Estados
Unidos, regresa a Chile donde trabajó acertadamente en la reorganización del
Conservatorio y en general en la vida musical, como pedagoga. Cada vez se
apartó más de la vida de los conciertos, hasta que llegara a pasar dieciocho
años sin que actuara en ellos.
Durante la segunda guerra mundial, estando en Chile, Erich Kleiber, buscó
un pianista para tocar un concierto de Mozart bajo su dirección. Al oír hablar de
Rosita Renard quiso escucharla pero al saber que hacía casi veinte años que
no actuaba en público dudó si esta podría ser la intérprete que él buscaba, de
todas formas acudió a la cita y al oírle interpretar un concierto de Mozart
reconoció enseguida el excepcional talento que ya entonces había hecho de
Rosita una cumplida maestra. Sus palabras fueron: "No, señora, en Chile no,
en el mundo entero tendrá que interpretar usted los conciertos de Mozart
conmigo y hasta que no lo logre no me marcharé de Santiago de Chile",
esta respuesta está condicionada por la conversación que tuvieron Renard y
Kleiber antes de esta audición en la que Rosita le manifestaba a Kleiber que
con mucho gusto tocaría para él pero en privado, lo del concierto en público era
algo que ya estaba fuera de interés y no quería hacerlo.
Kleiber la convence para que se presente con él y el éxito es aún mayor que
lo esperado. La artista emprende entonces una serie de conciertos por varios
países de Sudamérica, y en todas partes es recibida con extraordinario
entusiasmo. En Buenos Aires en el Teatro Colón son interminables los
aplausos y se habla ya del Mozart del siglo. En donde quiera que aparece es
reconocido lo excepcional de su arte, su devoción a la música como si fuera
portadora de un mensaje del dios de la música a los hombres. No es otro su
deseo, no de otra manera puede expresarse. Los aplausos la intimidan, y sólo
los acepta como homenaje a Mozart, a Bach, al compositor, no a ella. Sus
amigos tienen que obligarla a que vuelva a la vida de los conciertos. Es
demasiado modesta para creer lo que todos saben, que su arte no le pertenece
a ella sino a la comunidad. Y sólo tras años de incesante lucha accede a
3

presentarse de nuevo en el Carnegie Hall en Nueva York. El 19 de enero de


1949 celebra uno de sus mayores triunfos.

Sus amigos se alegran de poder devolver a la humanidad uno de sus


grandes artistas. Una nueva carrera se abre para ella: el 6 de Octubre habría
de tocar con la Orquesta de la NBC, el 7 y 8 de Diciembre en Viena bajo la
dirección de Erich Kleiber.
Otros conciertos orquestales estaban acordados en Bruselas, y recitales en
Viena, Zurich, Londres, Bruselas, París, unos ya definidos, otros en
preparación. Pero el destino dispuso otra cosa: el 24 de mayo de ese mismo
año de 1949 muere víctima de una encefalitis letárgica (se transmite por la
picadura de mosquitos, pudiendo ser los pájaros el reservorio del virus)
en la Clínica Santa María de Santiago de Chile.
Su muerte significó el truncamiento prematuro de una brillantísima carrera
como intérprete. La madurez y seguridad de su interpretación, unidas a una
excelente y promisoria crítica de importantes personalidades, indicaban que tal
vez habría opacado a su más aventajado condiscípulo Claudio Arrau.

Estudios en Berlín (1910-1914)


En junio de 1910 parte Rosita Renard junto a su madre rumbo a Berlín
donde ingresaría en el Conservatorio Stern para estudiar con el afamado
maestro Martin Krause. No se sabe por recomendación de quien Rosita llegó
a estudiar con Martin Krause. Krause había estudiado con Franz Liszt (1811-
1886), a partir de 1883 y hasta la muerte del gran músico, en 1886. También
estudió con Carl Reinecke (1824-1910). Como Liszt estudió con Carl Czerny
(1799-1857), y Czerny, a su vez, con Beethoven, la estirpe pianística de Rosita
Renard es, por demás, ilustre: Beethoven, Czerny, Liszt, Krause, Renard. A
comienzos del siglo XX, Martin Krause enseño en el conservatorio de Dresden.
Viajó a Munich en 1901 y luego, en 1904, a Berlín, como profesor del
Conservatorio Stern. Falleció allí el 18 de febrero de 1918.
La afinidad entre Krause y su joven alumna se dejó ver de inmediato.
Krause reconoció los méritos de Roberto Duncker como profesor, y mantuvo
con él una amistosa correspondencia. Además, Krause tenía un trato casi
paternal con sus alumnos y los recibía a diario en su propia casa, donde sus
hijas alternaban con sus alumnos como en una gran familia. Cuando el
Gobierno de Chile suspendió, sin aviso previo, la beca de Rosita, Krause la
nombró alumna honoraria del Conservatorio Stern, lo que equivalía a una
beca completa.
Los estudios de Rosita fueron tan exitosos y se adaptaron de tal manera a la
escuela del exigente Krause, que el 29 de junio de 1913 se le otorgó el
Diploma de Honor como la mejor alumna del Conservatorio Stern. Este
Diploma fue instituido en 1860, y se había otorgado solamente una vez desde
entonces. En esta ocasión, Rosita Renard se hacia merecedora a la segunda
recompensa de este tipo que emitía el prestigioso establecimiento:
"Diploma de Honor. En atención a su sobresaliente desempeño como pianista,
se le otorga con toda complacencia este Diploma de Honor a la señorita Rosita
Renard, de Santiago de Chile, alumna del Conservatorio Stern. Dado en Berlín,
4

el 29 de junio de 1913. (Fdo.) Gustav Konrad, Presidente. Martin Krause,


Profesor".

A fines de 1913, Rosita Renard había alcanzado tal grado de desarrollo en


la interpretación del piano, que Krause la autorizó para presentarse en tres
recitales ante el culto auditorio berlinés. Primero lo hizo en la Harmonium Sahl
y luego en la Kunstlerhaus. En alguna de esas oportunidades fue escuchada
por Sam Franko, director de orquesta especializado en música antigua, quien
tuvo un papel protagónico para su debut en los Estados Unidos, en marzo de
1917.

Críticas del debut en Berlín:


1- El Dr. Paul Ertel escribió en el Berliner Lokal Anzeiger, el 9 de diciembre
de 1913: "Ayer (lunes), en la Kunstlerhaus, ha sido revelado un nuevo y
extraordinario talento pianístico. Su juventud (aparenta unos 18 años), la
disculpa en Beethoven, de una que otra imperfección en la forma". Terminó su
programa con el Islamey de Balakirev.
2- El mismo día, en el Berliner Tageblatt, el Dr. Leopold Schmidt resaltaba el
éxito de su debut y observó, con humor, la característica humildad que
acompañó a Rosita Renard durante su vida. "Se sentó, dice, tímidamente en el
canto de la silla".
3- Para Paul Schwers, del Allegemeine Muzik-Zeitung, "se desarrolla una
pianista de primer rango". Ella será una artista de cualidades enteramente
personales».
4- Adolf Gottmann, del Taglische Rundschau, quedó impresionado por el
notable talento pianístico demostrado por Rosita en la Kunstlerhaus. "Esta
jovencita, dijo, apenas salida de la infancia y excelentemente instruida en
superior escuela, demuestra cualidades de las más excepcionales".
5- Paul Geyer, en Der Reinsbote, consideró que "lo que proporciona a sus
interpretaciones un encanto especial y absolutamente particular es su
temperamento, ya con una gracia indescriptible". Hoy se cuenta a Rosita
Renard, dice, "entre las apariciones más interesantes en el reino de los
pianistas".
6- A continuación de su segundo recital, Adolf Gottmann insistió, el 20 de
diciembre en el Deutsche Tonkunstler-Zeitung, en calificar a la casi infantil
pianista como una estrella en el firmamento pianístico del momento.

El día de Navidad de 1913, Krause escribía a Roberto Duncker una amable


carta en la que comparte con él la alegría del éxito obtenido: "Mi querido
colega, le dice: Rosita ha tenido nuevamente un gran éxito. El 3 de febrero
debe dar su tercer concierto. El éxito constituye un gran honor para usted, su
antiguo profesor. Ahora están conmigo Claudio Arrau y Limiñana. Arrau hace
progresos sorprendentes. Muchos saludos y los mejores deseos para 1914.
(fdo.) Su affmo. Martin Krause".

Con ocasión del recital del 3 de febrero a que hace referencia Martin Krause
en su carta (el último que dio en Europa antes que la Gran Guerra malograra
su incipiente carrera internacional), las críticas fueron aún más favorables por
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sus interpretaciones de obras de gran exigencia técnica de Gernschein,


Paganini-Liszt y el Mephisto Waltz de Franz Liszt. El Reichsanzeiger: "Esta
jovencita, casi una niña, despliega en su ejecución una abundancia de tal
sutileza y temperamento musical y se posesiona en su cometido de tal
seriedad, que está muy por sobre sus años". Berliner Tageblatt: “Posee ya
una dotación de técnica y de percepción musical que dejan esperar para el
futuro algo extraordinario". Taglische Rundschau: "Se lució nuevamente en la
Kunstlerhaus y ha confirmado plenamente las más grandes esperanzas en el
mayor desarrollo de la joven chilena".

Pero quizás más que todas las críticas y premios fue más apreciado
para Rosita el certificado que Martín Krause le otorgó como término de
estudios, el 18 de agosto de 1914:

"Ha sido para mi un verdadero gusto haber tenido la ocasión de ocuparme


durante algunos años de la enseñanza de la grandiosamente dotada,
inteligentísima y ya genial joven pianista Rosita Renard. Preparada de la
manera más acertada por el insigne maestro sudamericano señor Roberto
Duncker, la señorita Renard me ha proporcionado mas placer que trabajo. Esta
niña ha llegado a ser una artista que ha despertado la admiración de todos los
que la han escuchado y entre estos se cuentan los principales músicos y
pianistas de Alemania, todos los cuales le asignan un lugar prominente entre
los pianistas contemporáneos".
"Existe una opinión unánime: Rosita Renard domina victoriosamente toda la
técnica, su seguridad es asombrosa, su interpretación es profunda y espiritual,
su sonido de una finura tal que sólo puede ser comparada con la del gran
maestro Emil Sauer".
"No cabe duda alguna de que Rosita Renard conquistará el mundo como
artista. (Fdo.) Prof. Martin Krause. Berlín, agosto 18 de 1914".

Inicios de una carrera frustrada (1915-1920)


Apenas de regreso a Chile, Rosita decidió que debía entregar a los suyos
una muestra de lo que había aprendido en el extranjero. Aunque, al parecer,
esta no fue una decisión espontánea. Como siempre, Rosita había preferido
permanecer en silencio, olvidada del público y del escenario, al que tenía temor
y recelo. "Ha sido preciso que varios entusiastas la hayan ido a arrancar de su
rincón para que la artista se dejara ver y oír, tal es su modestia, una modestia
que toca en lo inverosímil", dijo la revista Zig-Zag.
Sus presentaciones en Chile fueron acogidas con verdadero entusiasmo por
parte del público, considerada como "una verdadera gloria del arte nacional".
El 4 de enero de 1915 tuvo lugar el esperado recital, aunque es posible que
antes tocara en sesiones privadas ya que el día 3 de enero salió publicada una
crónica en la que el violoncelista Michel Penha decía: "Rosita Renard es una
artista concienzuda que desdeña los efectos vulgares que aseguran al
ejecutante un éxito inmediato ante un público poco preparado, para decir mejor,
ella es una pianista que, por la manera de interpretar, como por la elección de
sus programas, requiere que quien la escuche se coloque a la altura de un
espíritu elevado y noble".
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De ella escribió Adela Verne (1877-1952), célebre pianista inglesa (había


estudiado con Clara Schumann (1819-1896)), que se encontraba dando
conciertos en Chile en esa época: "Me ha fascinado. Las dificultades técnicas
casi no existen para ella. Bravo, Rosita". El 30 de junio de 1915, en una época
de gran apatía del público por asistir a los conciertos en general, tocó por
última vez, en el teatro Unión Central, obras de Bach, Beethoven (Sonata Op.
10 Nº 3), Mendelssohn, Soro y Liszt.

Nada se sabe de ella entre julio de 1915 y mayo de 1916.


En mayo de 1916, Rosita reapareció en el escenario chileno pero para
despedirse, emprendía viaje a los Estados Unidos como flamante profesora
contratada en el DKL Conservatory of Music en Rochester. Después de una
exitosa gira de conciertos por el norte de Chile que la llevó hasta Lima, llega
Rosita Renard a los Estados Unidos dispuesta a enfrentar una nueva y
promisoria etapa. Pero las cosas no resultaron tan fáciles. A pesar de su debut
triunfal en el Aeolian Hall y de otras presentaciones, a pesar de las
maravillosas críticas que salieron en The New York Times, Musical Courier,
The Herald, The Tribune, grabaciones en discos de 78 revoluciones y todo lo
que pudiera ser un camino continuo hacia mayores éxitos, la carrera de Rosita
Renard se interrumpe.

Tras esta etapa decide regresar a Alemania donde permanece entre 1921 y
1925. La Alemania de 1921 era muy distinta de aquella de la preguerra, cuando
Rosita estudió y obtuvo tanto éxito en sus primeras presentaciones públicas. La
guerra, culpable del temprano fracaso de su promisoria carrera de concertista,
había sumido a toda Europa en la destrucción, la pobreza y la inestabilidad.
No era éste el momento más adecuado para abandonar una carrera de
éxitos en los Estados Unidos, país que emergía como la principal potencia
mundial de la postguerra, para ir a tentar fortuna en la emergente República
Alemana, perdedora de la guerra cuya inestabilidad y colapso económico iban
a adquirir, en los años siguientes, niveles catastróficos. Aquí se abre otro
capítulo oscuro en la vida de Rosita Renard. Sólo se tienen vagas noticias
sobre su carrera artística europea de esta etapa.

Reinicios de una carrera interrumpida (1925-1928)


Rosita Renard intenta retomar el hilo de su interrumpida carrera en los
Estados Unidos en vista de que su carrera europea tampoco había fructificado.
Tras una ruptura familiar con su madre, quien fuera la causante de la ruptura
de dos contratos importantes con Charles Ellis, empresario norteamericano,
cinco años atrás, llega a Nueva York en busca de un empresario que la
contrate pero el incidente con Charles Ellis era demasiado reciente. Rosita
nunca más tuvo un empresario y si no hubiera sido por Otto Stern, su marido,
quien actuó de hecho como tal a partir de la década del 30 y que la impulsó
posteriormente a su carrera latinoamericana, es muy posible que tampoco
hubiera llegado al Carnegie Hall. Por esta razón nunca más retomó el ritmo de
su carrera iniciada en 1917 y tuvo que luchar por su mantenimiento en los
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Estados Unidos donde las religiosas de Jesús-María fueron su tabla de


salvación.

De Nueva York a Pirque (1930-1940)


Después de su matrimonio con Otto Stern, Rosita Renard regresa a Chile
donde se encuentra desde la calurosa recepción de sus amigos, el público que
la recuerda con verdadera admiración y cariño hasta la envidia de colegas
pianistas y profesores que hicieron todo lo posible por tratar de opacar la
personalidad de esta gran artista. Sólo el amor y la comunión con la música
que tienen los grandes, y Rosita la tuvo siempre, le permitieron pasar por
encima de estas posiciones mezquinas y mantenerse durante toda su vida
unida felizmente a su marido, sus amigos, sus alumnos y al piano que no dejó
de practicar de ocho a diez horas diarias sin tener que presentarse en
conciertos, sólo por la necesidad espiritual de comulgar con la música.

Regreso a la vida de conciertos y fin prematuro (1949-


1949)
En esta década del cuarenta, está enmarcada la anécdota con Erich
Kleiber. Rosita emprende una nueva etapa que la llevó de nuevo a diferentes
países de América y principalmente a Cuba, donde contaba con grandes
amigos, donde pasó largas temporadas y donde fue nombrada Agregada
Cultural ad honorem. Esta serie de conciertos tuvo como broche de oro el
regreso de Rosita Renard el 19 de enero de 1949 al Carnegie Hall. El hecho
de presentarse en el Carnegie Hall no significó un cambio notorio en las
costumbres de Rosita, pero curiosamente hay signos premonitorios de que éste
seria su único y último recital en esa sala consagratoria, ya que su anterior
presentación ahí, en enero de 1920, había sido como solista con la Orquesta
Filarmónica de Nueva York.
Este concierto fue felizmente grabado (sin el consentimiento de Rosita) por
la Sociedad de Amigos de la Música de Bogotá en Nueva York, sin saber
claro está, que sería un gran aporte a la historia del pianismo universal dado
que fue el último recital de Rosita Renard y a diferencia de algunas
grabaciones que hiciera alrededor de 1928 en Nueva York, es el único
documento en el que podemos constatar el arte incomparable de esta gran
pianista chilena. Esta grabación del último recital de Rosita Renard, tuvo una
edición limitada en 1977 cuando salió a la luz, por vez primera. A partir de 1993
la VAI AUDIO la ha reproducido en un doble álbum en CD junto a grabaciones
de la década del 20. Invitándonos a asistir por siempre al último recital de
Rosita Renard.

Bibliografía:
1- Claro Valdés, Samuel: “Rosita Renard Pianista Chilena”. Editorial Andrés Bello,
1993.
2- Romay, Arturo: “Carta a Rosita Renard”. 4 de junio, 1947.
3- Salazar, Adolfo: “Una gran pianista chilena, Rosita Renard”. (México, Novedades.
23 de diciembre, 1945).
8

4- Peña, Israel: “Rosita Renard la intérprete perfecta”. Caracas, El Nacional. 25 de


enero, 1946.
5- Martilla, Alfredo: “Oyendo a Rosita Renard”. San Juan, Puerto Rico. El Mundo. 25
de noviembre 1947.
6- Libreros, Ignacio: “Rosita Renard, la insuperable”. Bogotá. El Tiempo. 6 de
noviembre, 1948.
7- Rosita Renard en Pro-Arte: La Habana. Información. 25 de noviembre, 1949.
8- Revista AudioClásica Nº 4: Artículo “Rosita Renard, último recital en Carnegie
Hall”. Especial “El Piano”, enero, 1997.

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