Todos Los Evangelios
Todos Los Evangelios
presente edición contiene todos los evangelios que han llegado hasta nosotros,
tanto canónicos como apócrifos. Llamamos evangelio al término utilizado a partir del
siglo II en toda la cristiandad: «Libro que recoge los hechos y palabras de la vida de
Jesús de Nazaret como buena noticia de salvación para todos los seres humanos». En
lo que se refiere a los llamados evangelios gnósticos, entendemos como tales a «los
libros que contienen la revelación de Jesús, normalmente tras su resurrección, acerca
del Dios trascendente, de la esencia espiritual de los elegidos y de su salvación».
De este modo, son verdaderos evangelios también algunos libros que no se definen
como tales y llevan títulos diferentes. Por tanto, el número de evangelios conocidos, y
recogidos en este volumen, supera los setenta, aunque de algunos de ellos no
conservamos más que el título o pequeños fragmentos.
En este libro, un equipo de especialistas ha abordado por primera vez la traducción
íntegra a partir de las lenguas originales latín, griego, hebreo, siríaco, copto y árabe
de todos los textos evangélicos. Además, ofrecen al lector una ficha identificativa de
cada texto posibles autor y fecha del evangelio, lengua y fuentes disponibles, así
como una breve introducción que sitúa al lector en el contexto histórico y religioso
del escrito.
Una obra única y un referente absolutamente imprescindible para cualquier persona
interesada en conocer y profundizar en el cristianismo.
Página 2
AA. VV.
ePub r1.1
Titivillus 23.10.2019
Página 3
Título original: Todos los evangelios
AA. VV., 2009
Traducción: Antonio Piñero Saenz
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
Página 4
Índice
ABREVIATURAS
I. EVANGELIOS CANÓNICOS
Evangelio de Marcos
Evangelio de Mateo
Evangelio de Lucas, primera parte: lo que obró el Espíritu en Jesús
Evangelio de Lucas, segunda parte, Hechos de los apóstoles: lo que obró el
Espíritu en sus seguidores, especialmente Pedro y Pablo
Evangelio de Juan
1. Protoevangelio de Santiago
2. Evangelio del Pseudo Mateo
3. Libro sobre la natividad de María
4. Libro sobre la infancia del Salvador
Extracto sobre el nacimiento de Jesús
Página 5
1. Copia de la carta escrita por el rey Abgaro a Jesús y enviada a
Jerusalén por medio del correo Ananías
2. Respuesta de Jesús al príncipe Abgaro por medio del correo
Ananías.
3. Escrito, compuesto en siríaco, unido a las cartas anteriores
4. Carta de Jesús acerca del domingo
1. Evangelio de Pedro
2. Ciclo de Pilato
3. Evangelio de Bartolomé
D) EVANGELIOS ASUNCIONISTAS
Página 6
1. Libro de san Juan evangelista, el teólogo
2. Libro de Juan, arzobispo de Tesalónica
3. Tránsito de la virgen María o «Narración del Pseudo José de
Arimatea»
E) EVANGELIOS GNÓSTICOS
1. Evangelio de Judas
2. Evangelio según Tomás
3. Evangelio según María
4. Diálogo del Salvador
5. Libro secreto de Juan
6. Libro secreto de Santiago
8. Pistis Sofía
F) TEXTOS FRAGMENTARIOS
Página 7
3. Evangelio de los ebionitas o de los Doce
4. Evangelio de los egipcios
5. Evangelio o tradiciones de Matías
6. Evangelio de los adversarios de la Ley y de los Profetas
7. Evangelio de Eva
8. Las grandes preguntas de María
APÉNDICE
La Fuente «Q»
ÍNDICE DE EVANGELIOS
BIBLIOGRAFÍA
RELACIÓN DE TRADUCTORES
Página 8
SOBRE LOS TRADUCTORES
Página 9
Abreviaturas
Libros de la Biblia
Página 10
Jos Josué
Jr Jeremías
Lam Lamentaciones
Lv Levítico
Mi Miqueas
Mal Malaquías
Na Nahún
Neh Nehemías
Nm Números
Os Oseas
Pr Proverbios
Rt Rut
Sal Salmos
Sab Sabiduría
Sof Sofonías
Tob Tobías
Zac Zacarías
Nuevo Testamento
Ap Apocalipsis
1 Cor 2 Cor Corintios
Col Colosenses
Ef Efesios
Flm Filemón
Flp Filipenses
Gál Gálatas
Heb Hebreos
Hch Hechos
1 Jn 2 Jn 3 Jn Epístolas de Juan
Jn Juan
Jud Judas
Lc Lucas
Mc Marcos
Mt Mateo
1 Pe 2 Pe Pedro
Rom Romanos
Página 11
St Santiago
1 Tim 2 Tim Timoteo
1 Tes 2 Tes Tesalonicenses
Tt Tito
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Prólogo
La presente edición contiene todos los evangelios que han llegado hasta nosotros,
tanto canónicos como apócrifos, desde la segunda mitad del siglo I d. de. C. hasta el
siglo X d. de. C., aproximadamente. Unos se han transmitido completos; otros, solo
fragmentariamente —a través de citas de otros autores—, y otros, finalmente, casi
solo su título.
Utilizamos el vocablo Evangelio no en el sentido primitivo que tuvo entre los
primeros cristianos (proclamación de la buena nueva; kérigma en griego), sino en el
que se expande a partir del siglo II en toda la cristiandad: «Libro que recoge los
hechos y palabras de la vida de Jesús de Nazaret como buena noticia de salvación
para todos los seres humanos». En el caso especial de los evangelios gnósticos
(p. 449), entendemos por evangelio «los libros que contienen la revelación del Jesús
espiritual, normalmente tras su resurrección, acerca del Dios trascendente, de la
esencia espiritual de los elegidos y de su salvación». Teniendo en cuenta estas
definiciones, el número de evangelios, tanto canónicos como apócrifos, sobrepasa
ampliamente la cincuentena.
No se fíe el lector de los títulos dados por la tradición —la mayoría de las veces
tardía— a algunos de los evangelios. Aparte de alguna información errónea sobre el
autor, como ocurre con los evangelios canónicos, puede generarse también una mala
información sobre su contenido. Sobre todo entre los escritos gnósticos pueden
ocurrir dos cosas: primera, que algunos de los denominados «evangelios», no lo sean
o solo de un modo un tanto inexacto (en verdad, en las obras editadas en este
volumen, esto ocurre únicamente en un par de casos como el Evangelio de la Verdad,
o el de los Egipcios), o bien, segunda, que lleven un título que pueda despistar al
lector, como es el caso de la Revelación a Pedro o a Santiago, la Carta de Pedro a
Felipe o Pistis Sofía. Independientemente del título, son estos verdaderos evangelios
gnósticos que cumplen con la definición que de ellos puede darse.
La versión de los textos ofrecidos en este libro es original. Los firmantes de cada
traducción la han realizado a partir de los textos originales publicados en modernas
ediciones que se hallan en las bibliotecas universitarias, en diversas lenguas antiguas:
griego, latín, copto, árabe, sin mediación de versión moderna alguna, indicada en la
brevísima bibliografía que acompaña este volumen. En esas colecciones encontrará el
lector ulterior información sobre cada evangelio que, dadas las características de este
volumen, no tienen aquí cabida. En ciertos casos se ha recurrido a la fotografía de
algún manuscrito especial cuando así parecía conveniente.
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Para no aumentar el número de páginas de una edición que se desea de consulta y
manejable, hemos prescindido en lo posible de las notas al texto. Las introducciones
son igualmente breves.
Un orden de presentación estrictamente cronológico de los evangelios aquí
ofrecidos sería muy deseable, porque tal presentación ayuda evidentemente a percibir
la evolución de las ideas. Sin embargo, esta empresa no es posible, ya que de la
mayoría de los evangelios no podemos ofrecer más que una cronología aproximada, y
porque muchos de ellos —de muy distinto talante y condición— coincidirían en una
franja temporal y aparecerían en este libro mezclados, sin la debida distinción por su
temática.
Por este motivo se ha procurado un doble orden: cronológico y temático. Hemos
dejado para el final los textos fragmentarios, los pocos restos de evangelios de título
desconocido y los «agrafa», porque creemos que se comprenderán mejor después de
haber leído los textos que se nos han transmitido al completo. Al principio de cada
evangelio aparece una breve ficha que informa al lector de las principales cuestiones
que pueden interesarle, como autor, fecha de composición y fuente de donde se extrae
cada texto. Al final ofrecemos un índice alfabético de los evangelios por su
denominación usual de modo que sea fácil encontrarlos en este libro.
Suponemos en el lector un mejor conocimiento de los evangelios canónicos que
de los apócrifos. Por ello no hemos utilizado en los primeros los ladillos en cursiva
que indican el contenido general de cada perícopa, pero sí los empleamos en los
evangelios apócrifos de modo que el lector pueda hacerse con mayor facilidad una
idea del contenido.
Como observará el lector a partir de las breves fichas introductorias, casi todos
los autores de los evangelios aquí recogidos son absolutamente desconocidos. En
algunos casos, en concreto, en los evangelios canónicos, conocemos el presunto
nombre de sus «autores»; pero se trata en verdad de tradiciones tardías, del siglo II,
poco o nada fiables, puesto que son meramente intentos de ligar artificialmente las
tradiciones sobre Jesús con nombres de personajes de su entorno o del de los
primeros apóstoles. Detrás de esos nombres se esconde una personalidad para
nosotros desconocida.
Como complemento a esta edición, ofrecemos al lector el evangelio reconstruido,
conocido como «Fuente Q», fundamental para entender el proceso de transmisión de
la tradición evangélica y dos «evangelios» gnósticos, muy famosos, el de los
Egipcios y el de la Verdad, que llevan el título pero son más bien comentarios a las
doctrinas secretas de Jesús.
Las introducciones y fichas breves sobre autor, fecha y lugar de composición,
fuentes documentales, etc., han sido redactadas por el editor literario.
ANTONIO PIÑERO
Universidad Complutense, Madrid
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I
Evangelios canónicos
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EVANGELIO DE MARCOS
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del panorama del cristianismo primitivo componer un evangelio era novedoso,
porque transformaba lo que eran unidades sueltas de tradición sobre Jesús en una
especie de biografía.
***
Principio del evangelio de Jesús el Cristo[1], hijo[2] de Dios. 2 Tal como está
1 escrito en el profeta Isaías: Fíjate que envío a mi mensajero ante ti, que
dispondrá tu camino[3]; 3voz del que grita en el desierto; preparad el camino del
Señor. Haced francos sus caminos[4],4 apareció Juan bautizando en el desierto y
predicando el bautismo del arrepentimiento para absolución de los pecados. 5 Y salió
hacia él toda la región de Judea y todos los hierosolimitanos, y eran bautizados por él
en el río Jordán tras confesar sus pecados. 6 Y Juan vestía pieles de camello y un
cinturón de piel alrededor de su cintura y comía saltamontes y miel silvestre.
7 Y predicaba diciendo: «Viene uno más fuerte que yo tras de mí, cuyo cordón de
Jordán por Juan. 10 Y en cuanto salió del agua vio que los cielos se hendían y que un
Espíritu como una paloma bajaba hacia él; 11 y una voz surgió de los cielos: «Tú eres
mi hijo amado, en ti me he complacido».
12 Y al instante, el Espíritu lo alejó hacia el desierto. 13 Y estuvo en el desierto
cuarenta días tentado por Satanás, y (allí) estaba entre fieras, y los ángeles lo
atendían.
14 Después de que Juan fuera entregado, llegó Jesús a Galilea anunciando la
buena noticia de Dios 15 y decía: «El plazo se ha cumplido y está cerca el reino de
Dios: arrepentíos y confiad en la buena noticia».
16 Y mientras pasaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano
de Simón, echando (las redes) en el mar, pues eran pescadores. 17 Y les dijo Jesús:
«Venid tras de mí y haré que os convirtáis en pescadores de hombres». 18 Y al
instante, dejaron las redes y lo siguieron. 19 Y un poco más adelante vio a Jacob, el
hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que preparaban las redes, 20 y al instante los
llamó, y dejando a su padre Zebedeo en el barco con sus jornaleros salieron tras él.
21 Y se dirigen a Cafarnaún; y al llegar el sábado entraban en la sinagoga y
que se puso a decir a gritos: 24 «¿Qué pasa entre tú y nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has
venido a perdernos? Sé quién eres, el santo del Señor». 25 Y lo recriminó Jesús
diciendo: «Cállate y sal de él». 26 Y el espíritu impuro que lo desgarraba y emitía una
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voz terrible salió de él. 27 Y todos quedaron atónitos de manera que empezaron a
preguntarse entre sí diciendo: «¿Qué es esto? Una nueva enseñanza con autoridad;
incluso a los espíritus impuros da órdenes y le obedecen». 28 Y corrió el rumor de
esto al instante por todas partes en toda la región vecina de Galilea.
29 Y al instante salieron de la sinagoga y fueron a casa de Simón y Andrés con
Jacobo y Juan. 30 Pero la suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y al instante le
hablaron de ella. 31 Y se acercó y la cogió con fuerza de la mano; y la fiebre la
abandonó, y les atendía.
32 Y llegada la tarde, cuando se esconde el sol, le llevaron a todos los que sufrían
algún mal y a los endemoniados; 33 y toda la población estaba reunida ante la puerta.
34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de muy variadas enfermedades y echó
a un lugar desierto y allí rezaba. 36 Y lo siguió Simón y los que estaban con él. 37 Y lo
encontraron y le dijeron: «Todos te buscan».
38 Y les dijo: «Marchemos a otro lado hacia las aldeas, para que también allí
nada, al contrario, vete al sacerdote y entrega por tu curación lo que ordenó Moisés,
para testimonio ante ellos».
45 Pero en cuanto salió comenzó a contarlo y a divulgar el hecho, a tal punto que
1 Y cuando entró de nuevo a Cafarnaún tras unos días se oyó «está en casa». 2 Y
perdonados».
6 Había allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: 7 «¿Por qué
habla este así? Blasfema; ¿quién puede perdonar los pecados salvo únicamente
Dios?».
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8 Y al instante, conociendo Jesús por su espíritu que pensaban así en su interior,
les dice: «¿Por qué pensáis esas cosas en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil,
decir al paralítico tus pecados son perdonados, o decir levántate, coge tu camastro y
anda? 10 Para que comprendáis que el Hijo del hombre[5] tiene poder para perdonar
los pecados en la tierra —le dice al paralítico—, 11 a ti te digo: levántate, coge tu
camastro y márchate a tu casa».
12 Y se levantó y, al instante, tomó el camastro y se marchó a la vista de todos, y
sentaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos y lo seguían.
16 Y los escribas de los fariseos, que veían que comía entre pecadores y
sino los enfermos; no vine para llamar a los justos, sino a los pecadores».
18 Y los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, y vienen y le dicen: «¿Por qué
novio está con ellos pueden dejar de comer? Durante todo el rato que tengan al novio
entre ellos no pueden dejar de comer. 20 Vendrán días en que el novio se vaya de ellos
y entonces dejarán de comer en ese día. 21 Nadie cose a un manto antiguo un
remiendo de andrajos sin lavar; y si no, el parche nuevo tira del viejo y queda un roto
peor. 22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; y si no, el vino rompe los odres y se
echan a perder el vino y los odres; al revés, el vino nuevo en odres nuevos».
23 Y sucedió que él, en el sábado, pasaba por los sembrados, y sus discípulos
Ley[6]?».
25 Y les dijo: «¿Nunca habéis leído qué hizo David cuando tuvo necesidad y
hambre, él mismo y los suyos, 26 cómo fue a la casa de Dios siendo sumo sacerdote
Abiatar y se comió los panes de la ofrenda, que no es lícito coma nadie salvo los
sacerdotes, y lo dio incluso a quienes estaban con él?».
27 Y les dijo: «El sábado apareció para el hombre y no el hombre para el sábado;
28 así pues, dueño es el Hijo del hombre incluso del sábado».
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1 Y volvió de nuevo a la sinagoga. Y había allí un hombre con la mano atrofiada.
vida o matar?».
Pero ellos callaban.
5 Y mirándolos en torno suyo con ira, entristecido por la dureza de su corazón,
doce, que también denominó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a
predicar 15 y con autoridad para echar demonios; 16 y reunió a doce, y a Simón le dio
el nombre de Pedro, 17 y a Jacobo el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Jacobo,
también los apodó Boanerges, que significa hijos del trueno; 18 Y a Andrés, Filipo,
Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo el de Alfeo, y Tadeo, Simón el Celador 19 y Judas
Iscariote, que llegó a traicionarlo.
20 Y se marcha a una casa; y en su compañía va de nuevo la muchedumbre hasta
el punto de no poder ellos comer ni pan. 21 Y cuando lo oyeron, sus parientes salieron
a llevárselo, pues dijeron que estaba fuera de sí.
22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén dijeron: «Tiene a Belcebú y echa
y las blasfemias cuantas llegado el caso hubieran proferido; 29 pero quien hubiera
blasfemado contra el Espíritu santo, no tiene perdón hasta la eternidad, al contrario,
es reo de pecado eterno».30 Porque decían: «Tiene espíritu impuro».
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31 Y llegan su madre y sus hermanos y, quedándose a las puertas, le enviaron
quienes lo llamaran.
32 Y se sentaba la muchedumbre a su alrededor, y le dicen: «Mira, tu madre y tus
en torno a él a los que estaban en círculo alrededor de él, dice: «Mira, mi madre y mis
hermanos. 35 Pues quien haga la voluntad de Dios, este es mi hermano, mi hermana y
mi madre».
4 muchedumbre, a tal punto que él subió a una barca en el mar y se sentó, y toda la
muchedumbre estaba en tierra junto al mar. 2 Y les enseñaba mediante ejemplos
muchas cosas y les decía en su enseñanza:
3 «Escuchad. Mirad, el sembrador salió a sembrar. 4 Y sucedió durante la siembra
que parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y la comieron. 5 Y otra parte
cayó en las piedras, donde no tenía mucha tierra, y al instante brotó debido a no tener
tierra profunda; 6 y cuando el sol la hizo brotar se quemó y, por no tener raíz, se secó.
7 Y otra cayó en los cardos, y crecieron los cardos y la ahogaron, y no dio fruto. 8 Y
otra parte cayó en la tierra buena y dio fruto cuando brotó, y creció y produjo el
treinta, el sesenta y el ciento». 9 Y decía: «Quien tiene oídos para oír, que oiga».
10 Y cuando se quedaron a solas, le preguntaron los de su entorno con los doce
ejemplos? 14 El sembrador siembra la palabra. 15 Estos son los que están junto al
camino: por el lugar en que se siembra la palabra y por cuando escucharon, al
instante viene Satanás y se llevó la palabra sembrada para ellos. 16 Y estos son los
sembrados en el pedregal, que cuando oyeron la palabra al instante la acogen con
alegría, 17 y no tienen raíces en su interior, por el contrario son inconstantes, en
consecuencia, aparecida una angustia o acoso a causa de la palabra, al instante se
escandalizan. 18 Y otros son los sembrados entre cardos: estos son los que escuchan la
palabra, 19 y las preocupaciones del mundo y el engaño de la riqueza y las restantes
pasiones que penetran el interior asfixian la palabra y resulta estéril. 20 Y aquellos son
los sembrados en tierra buena, los que escuchan la palabra, la reciben y fructifican el
treinta, el sesenta y el ciento».
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21 Y les dijo: «¿Acaso va la lámpara a colocarse bajo el modio[8] o bajo la cama?
¿No se coloca sobre el candelero? 22 Pues no está oscuro salvo para que se ilumine, ni
quedó oculto salvo para que salga a la luz. 23 Si alguien tiene oídos para oír, que
oiga». 24 Y les dijo: «Atended a lo que escucháis. Mediante la medida con que
midáis, se os medirá y se os dará. 25 Pues quien tiene, a él se le dará; y quien no tiene,
incluso cuanto tiene se le quitará».
26 Y decía: «Tal es el reino de Dios, como un hombre que echa la semilla a tierra
27 y duerme y se levanta noche y día, y la semilla germina y crece como él no
conocía. 28 Por sí misma la tierra trae fruto; primero hierba, luego espiga, luego trigo
pleno en la espiga. 29 Y cuando se da el fruto, al instante envía la hoz, porque la siega
ya ha llegado».
30 Y decía: «¿A qué igualaremos el reino de Dios o con qué lo compararemos? 31
prestar atención; 34 fuera de los ejemplos no les hablaba, pero en particular a los
discípulos les explicaba todo.
35 Y les dijo aquel día llegada la tarde: «Vayamos a la orilla opuesta».
36 Y dejan a la multitud y lo cogen como estaba en el barco, y otros barcos había
con él. 37 Y se presenta una gran tempestad de viento y arrojaba las olas contra el
barco, al punto de que ya estaba lleno el barco.
38 Y él estaba en la popa dormido sobre un cojín. Y lo despiertan y le dicen:
1 Y fueron al otro lado del mar hacia la comarca de los gerasenos[10]. 2 Y al salir
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6 Y viendo a Jesús desde lejos corrió y se arrodilló ante él 7 y, gritando con
grandes voces, dice: «¿Qué hay entre tú y yo, Jesús, hijo de Dios Altísimo? Te ruego
por Dios que no me atormentes».
8 Pues le había dicho: «Sal, espíritu impuro, de este hombre».
9 Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?».
campos; y llegaron para ver qué había ocurrido, 15 y se llegan hasta Jesús y observan
al poseso sentado, vestido y en estado normal, el que tuvo a la legión, y se
atemorizaron. 16 Y les expusieron minuciosamente los que lo vieron cómo había
sucedido lo del endemoniado y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron a rogarle que
saliera de sus montes.
18 Y al embarcarse, le rogaba el endemoniado que se reuniera con él.
19 Y no lo permitió, sino que le dice: «Ve a tu casa con los tuyos y refiéreles
mucho por obra de muchos médicos y que gastaba todo lo suyo y en nada le ayudaba,
sino que iba a peor, 27 al oír de Jesús, marchó en la muchedumbre por detrás y le tocó
el manto; 28 pues dijo: «Si llego a tocar aunque sean sus ropas, me salvaré». 29 Y al
instante se secó la fuente de sangre y supo en su cuerpo que ya estaba curada de su
tormento.
30 Y al instante, Jesús, reconociendo en sí mismo que su fuerza salía, volviéndose
“¿Quién me tocó?”?».
32 Y miraba alrededor para ver a la que había hecho eso. 33 Pero la mujer,
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34 Pero él le dijo: «Hija, tu confianza ha hecho que estés salvada; márchate en paz
sus parientes y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo imponer las
manos a unos pocos enfermos y curarlos. 6 Y se extrañaba debido a la falta de
confianza de estos. Y recorría las aldeas de los alrededores enseñando. 7 Y hace venir
a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les daba poder sobre los espíritus
impuros, 8 y les ordenó que no llevaran nada para el camino salvo un bastón; ni pan,
ni alforja, ni dinero en el cinturón, 9 pero calzadas las sandalias, y que no se pusieran
dos túnicas.
10 Y les decía: «Allí donde entréis a una casa, quedaos en ella hasta que salgáis de
Bautista ha sido sacado de entre los muertos y por eso los milagros se realizan
mediante él». 15 Y muchos decían: «Es Elías»; pero otros decían: «Es profeta como
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uno de los profetas». 16 Y al oírlo Herodes, decía: «Al que yo decapité, a Juan, este
fue resucitado».
17 Pues Herodes mismo mandó recado y capturó a Juan y lo encadenó en la cárcel
debido a Herodías, mujer de su hermano Filipo, porque se casó con ella; 18 pues Juan
le decía a Herodes: «No es lícito que tengas la mujer de tu hermano». 19 Y Herodías
le guardaba rencor y quería matarlo, pero no podía, 20 pues Herodes temía a Juan,
sabedor de que él era un hombre justo y santo, y lo vigilaba; y por haberlo escuchado,
dudaba mucho, y lo escuchaba con gusto.
21 Y llegado el día oportuno, cuando Herodes preparó un banquete en su
cumpleaños para sus principales, capitanes y los más nobles de Galilea, 22 y una vez
que entró su hija Herodías y bailó, agradó a Herodes y cuantos estaban a la mesa.
Dijo el rey a la muchacha: «Pide lo que quieras y te lo daré»; 23 y le juró: «Lo que
quieras te lo daré, incluso la mitad de mi reino». 24 Y ella salió y dijo a su madre:
«¿Qué pediré en cumplimiento?». Y ella dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». 25 Y
al instante entró con premura a presencia del rey y le pidió en cumplimiento: «Quiero
que ahora mismo me des en una fuente la cabeza de Juan el Bautista». 26 Y el rey,
terriblemente entristecido debido a los juramentos y a quienes estaban a la mesa, no
quiso menospreciarla; 27 y al instante mandó llamar el rey a un verdugo y le ordenó
traer la cabeza de aquel. Y salió y lo decapitó en la cárcel 28 y trajo su cabeza en una
fuente, y la entregó a la muchacha, y la muchacha la entregó a su madre. 29 Y, cuando
oyeron esto, sus discípulos fueron y recogieron el cadáver y lo pusieron en un
sepulcro.
30 Y se reúnen los discípulos ante Jesús y le refirieron todo cuanto habían hecho y
enseñado.
31 Y les dice: «Venid vosotros solos a un lugar desierto y descansad un poco».
Pues eran muchos los que habían venido y se habían ido, y ni para comer tenían
tiempo.
32 Y marcharon en el barco a un lugar desierto solos; 33 y los vieron irse y muchos
lo supieron, y a pie de todas las aldeas corrieron juntos hasta allí y los precedieron.
34 Y al salir vio una gran muchedumbre y se conmovió por ellos, porque eran
está desierto y ha pasado ya mucho rato; 36 despídelos para que se marchen a los
campos de los alrededores y las aldeas y se compren qué comer».
37 Pero él, como respuesta, dijo: «Dadles vosotros qué comer».
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39 Y les ordenó que se colocaran por grupos sobre la hierba verde. 40 Y se
colocaron en grupos de cien y de cincuenta. 41 Y cogiendo los cinco panes y los dos
peces, dirigió la mirada al cielo y bendijo y partió los panes y los dio a sus discípulos
para que se los sirvieran, y los dos peces los repartió entre todos. 42 Y todos comieron
y se hartaron; 43 los trozos llenaron doce cestos también de peces. 44 Y los que
comían eran cinco mil hombres.
45 Y al instante ordenó a sus discípulos embarcarse y cruzar al otro lado hacia
endurecido.
53 Y tras cruzar a tierra llegaron a Genesaret y amarraron. 54 Y una vez salidos del
7 al ver a algunos de sus discípulos que con las manos impuras, esto es, sin lavar,
comían los panes 3 —pues los fariseos y todos los judíos si no se lavan
cuidadosamente las manos no comen, siguiendo la tradición religiosa de los ancianos,
4 y no comen cuando vienen de la plaza si no se bañan, y otras muchas cosas hay que
según la tradición de los ancianos, sino que comen el pan con las manos impuras?».
6 Y él les dijo: «Bien profetizó Isaías sobre vosotros, los hipócritas, según está
escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón se aleja de mí; 7y en
vano me adoran enseñando como enseñanzas los preceptos de los hombres[13]. 8 Al
dejar el precepto[14] de Dios seguís la tradición de los hombres».
9 Y les decía: «Bien menospreciáis el precepto de Dios, para instituir vuestra
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padre o a su madre corbán, es decir, sea una “ofrenda” lo que de mí pudiera serles
útil, 12 ya no permitís que él haga nada para su padre o su madre, 13 invalidando la
palabra de Dios con esa tradición vuestra que habéis recibido; cosas muy semejantes
hacéis muchas veces».
14 Y tras llamar con toda intención de nuevo a la muchedumbre les decía:
«Escuchadme todos y comprended. 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él que
pueda profanarlo; por el contrario, lo que procede del hombre es lo que lo profana».
17 Y cuando[17] entró a una casa, lejos de la gente, le preguntaban sus discípulos
por el ejemplo. 18 Y les dijo: «¿Así de necios sois también vosotros? ¿No
comprendéis que todo lo externo que entre en el hombre no puede profanarlo, 19
porque no entra en su corazón sino en su vientre, y sale hacia el retrete, purificando
todos los alimentos?». 20 Y decía: «Lo que proviene del hombre, esto profana al
hombre. 21 Pues surgen hacia el exterior del corazón de los hombres los malos
pensamientos, actos lascivos, robos, asesinatos, 22 adulterios, avaricias,
perversidades, engaño, desenfreno, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. 23 Todos
estos males salen de dentro y profanan al hombre».
24 Y yendo de allí hacia el norte se marchó a los confines de Tiro. Y cuando entró
en una casa no quiso que nadie lo conociera, pero no pudo ocultarse; 25 por el
contrario, al instante una mujer que había oído de él, cuya hija tenía un espíritu
impuro, fue y se postró a sus pies; 26 pero la mujer era gentil, sirofenicia de raza, y le
pidió que echara al demonio de su hija.
27 Y le contestaba: «Deja que primero se harten los hijos, pues no es bueno coger
de tu hija».
30 Y tras irse a su casa encontró a la niña ya echada en la cama y al demonio ya
expulsado.
31 Y cuando de nuevo salió de los confines de Tiro se dirigió al mar de Galilea a
través de Sidón por medio de los confines de la Decápolis. 32 Y le traen a uno sordo y
tartamudo y le piden que le imponga la mano. 33 Y, tras apartarlo de la muchedumbre,
puso sus dedos en las orejas de este y tras escupir tocó su lengua, 34 y dirigiendo los
ojos al cielo suspiró y le dice: «Effata», que significa ábrete. 35 Y al instante se
abrieron sus orejas, y se soltó la atadura de la lengua y hablaba correctamente. 36 Y
les ordenó que no hablaran a nadie; pero cuanto les ordenó, ellos todavía más lo
proclamaron. 37 Y se quedaron extraordinariamente estupefactos cuando decían:
«Maravillosamente ha hecho estas cosas, incluso hace oír a los sordos y a los mudos
hablar».
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1 En aquellos días, reunida de nuevo gran muchedumbre y sin nada que comer,
8 tras llamar a los discípulos, les dice: 2 «Me conmueve esta muchedumbre, porque
permanecen conmigo ya hace tres días y no tienen qué comer; 3 y si los mando a sus
casas sin comer, desfallecerán por el camino, y algunos vinieron de lejos».
4 Y sus discípulos le respondieron: «¿De dónde podrá nadie hartarlos de pan en
un lugar desierto?».
5 Y les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?».
tras dar gracias, los partió y se los dio a sus discípulos para que los repartieran, y los
repartieron a la muchedumbre. 7 También tenían unos pocos pececillos; y, tras
bendecirlos, dijo que también los repartieran. 8 Y comieron y se hartaron, y
recogieron siete cestas como sobrante de trozos. 9 Y había como unos cuatro mil, y
los despidió.
10 Y al instante, tras subir al barco con sus discípulos, se dirigió hacia las
comarcas de Dalmanuta[18].
11 Y vinieron los fariseos y comenzaron a disputar con él, pretendiendo de él una
señal del cielo, para tentarlo. 12 Y, suspirando, dice: «¿Por qué esta generación busca
una señal? Desde luego os digo que no se concederá a esta generación una señal». 13
Y, dejándolos, embarcó de nuevo y marchó a la otra orilla.
14 Y olvidaron coger panes, y solo un pan tenían consigo en el barco. 15 Y les
comprendéis? ¿Tenéis endurecido vuestro corazón? 18¿Los que tienen ojos no ven, y
los que tienen oídos no oyen? 19 ¿Y no recordáis[19], cuando partí los cinco panes
para cinco mil, cuántos cestos llenos de trozos recogisteis?».
Le dicen: «Doce».
20 «Cuando los siete para cuatro mil, ¿cuántos cestos recogisteis llenos de
al ciego de la mano lo llevó fuera de la aldea y, tras escupir en sus ojos, le impuso las
manos y le preguntaba: «¿Ves algo?». 24 Y, tras dirigir la mirada, decía: «Veo a los
hombres, porque como árboles observo que andan». 25 A continuación, impuso de
nuevo las manos sobre sus ojos y miró fijamente y puso la mirada en todo con
nitidez. 26 Y lo envió a su casa, diciéndole: «No vayas a la aldea».
27 Y se marchó Jesús y sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo, y por el
camino preguntaba a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». 28 Y le
dijeron: «Juan el Bautista, pero otros Elías, y otros que uno de los profetas». 29 Y él
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les preguntaba: «Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Como respuesta, le dice
Pedro: «Tú eres el Ungido». 30 Y les exigió severamente que sobre él con nadie
hablaran.
31 Y comenzó a enseñarles que es preciso que el Hijo del hombre sufriera mucho
y fuera rechazado como indigno por los ancianos, los sumos sacerdotes, los escribas,
y que se lo matara y que después de tres días resucitara; 32 y decía con franqueza su
discurso. Y Pedro lo llevó aparte y comenzó a censurarlo. 33 Pero, tras volverse y
mirar a sus discípulos, censuró a Pedro y le dijo: «Márchate de delante de mí,
Satanás, que no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres».
34 Y reuniendo a la muchedumbre con sus discípulos, les dijo: «Si alguien quiere
seguir tras de mí, niéguese a sí mismo y coja su cruz y sígame. 35 Pues quien quiera
salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía y de la buena
noticia, la salvará. 36 Pues ¿de qué sirve que el hombre gane el mundo y perjudique
su vida? 37 Pues ¿qué compensación daría un hombre por su vida? 38 Pues quien se
avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también
el Hijo del hombre se avergonzará de ese cuando llegue mediante la gloria de su
padre con los santos ángeles.
1 Y les decía: «Os aseguro que hay algunos de los aquí presentes que de ninguna
9 manera probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios ya llegado mediante
poder».
2 Y después de seis días, toma consigo Jesús a Pedro, Jacobo y Juan y los lleva a
aquí, y haremos tres tiendas, para ti una, para Moisés otra y para Elías otra». 6 Pues
no sabía qué responder, pues estaban asustados. 7 Y surgió una nube que les hacía
sombra, y surgió una voz de la nube: «Este es mi hijo el amado, escuchadlo». 8 E
inmediatamente, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie sino a Jesús solo con
ellos mismos.
9 Y tras bajar ellos del monte les ordenó que a nadie contaran lo que habían visto,
salvo cuando el Hijo del hombre resucitara de los muertos. 10 Y retuvieron el mensaje
preguntándose qué era lo de resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que es preciso que Elías venga
primero[20]?». 12 Y él les dijo: «Al volver Elías el primero restablece todo; ¿y cómo
está escrito respecto al Hijo del hombre que sufrirá mucho y será despreciado? 13
Pero os digo que Elías ya ha llegado, y le hicieron cuanto querían, como está escrito
sobre él».
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14 Y dirigiéndose hacia los discípulos, vieron mucha gente alrededor de ellos y a
los escribas que disputaban con ella. 15 Y al instante toda la muchedumbre que los
miraban se quedó asombrada y corriendo los recibieron. 16 Y les preguntó: «¿Por qué
discutís con ellos?». 17 Y le respondió uno de la muchedumbre: «Maestro, he traído a
mi hijo ante ti porque tiene un espíritu mudo; 18 y si en alguna ocasión se apodera de
él, lo tira al suelo, y echa espumarajos, rechina los dientes y se contrae; y dije a tus
discípulos que lo expulsaran, y no pudieron».
19 Y como respuesta, les dice: «¡Oh generación incrédula!, ¿hasta cuándo estaré
nosotros no pudimos echarlo?». 29 Y les dijo: «Esta especie no puede salir mediante
ninguna persona salvo que se rece».
30 Y saliendo de allí, viajaban a través de Galilea, y no quería que nadie lo
supiera, 31 pues enseñaba a sus discípulos y les decía: «El Hijo del hombre se entrega
a las manos de hombres, y lo matan, y una vez muerto resucitará después de tres
días». 32 Ellos no entendían lo dicho y temían preguntarle.
33 Y llegaron a Cafarnaún. Y una vez en casa, les preguntaba: «¿Qué discutíais en
el camino?». 34 Y ellos callaban, pues en el camino discutían entre ellos quién era
más importante. 35 Y se sentó, y los llamó, y les dice: «Si alguien quiere ser el
primero, que sea el último de todos y el criado de todos». 36 Y tomando a un niño, se
puso en pie en medio de ellos y, tras cogerlo en brazos, les dijo: 37 «Quien reciba a
uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe; y quien a mí me reciba, no me
recibe a mí, sino a quien me envía».
38 Le decía Juan: «Maestro, he visto a uno que en tu nombre intentaba echar un
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42» Y quien importune a uno de estos pequeños que confían en mí, bien le está a
ese si una piedra de molino de asno está atada alrededor de su cuello y ha sido
arrojado al mar.
43» Y si te escandaliza tu mano, córtala; pues mejor es que entres manco a la vida
antes que con las dos manos marches al infierno, al fuego inextinguible[21].
45» Y si tu pie te escandaliza, córtalo; mejor es que entres cojo a la vida que ser
Dios que ser arrojado al infierno con los dos ojos, 48porque su gusano no muere y el
fuego no se extingue[22].
49» Pues todo será consumido por el fuego. 50 La sal es buena; pero si la sal acaba
por ser insípida, ¿con qué condimentaréis? Tened sal en vosotros y vivid en paz entre
vosotros».
1 Y se marcha de allí hacia los límites de Judea y al otro lado del Jordán, y lo
hombre repudie a una esposa, con el fin de ponerlo a prueba. 3 Y él les dijo como
respuesta: «¿Qué os ordenó Moisés?». 4 Y ellos le dijeron: «Moisés prescribió
escribir un libro de divorcio y repudiar».5 Y Jesús les dijo: «Por vuestra dureza de
corazón os prescribió Moisés este mandamiento. 6 Pero desde el principio de la
creación varón y mujer los hizo; 7por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y
será fiel a su mujer, 8y los dos acabarán por ser una carne[23]; de manera que ya no
son dos, sino una carne. 9 Lo que Dios unió no lo separe un hombre.
10 Y cerca de casa, de nuevo los discípulos le preguntaban sobre esto. 11 Y les
dice: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, induce al adulterio a esta; 12 y si
esta repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
13 Y le traían niños para que los tocara; pero los discípulos se lo prohibieron; 14 y
al verlo, Jesús se indignó y les dijo: «Dejad que los niños se me acerquen, no los
apartéis, pues de estos es el reino de Dios. 15 Os aseguro: quien no reciba el reino de
Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él». 16 Y tras cogerlos en brazos,
los bendecía imponiéndoles las manos.
17 Y tras marcharse, uno que corría hacia el camino y cayó de rodillas le empezó a
preguntar: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». 18 Y Jesús le
dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno salvo el único Dios. 19 Ya conoces
los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no serás testigo
falso, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre[24]». 20 Y él le dijo: «Maestro,
guardé todos ellos desde la infancia». 21 Y Jesús, mirándolo lo amó y le dijo: «Una
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cosa te queda: venga, vende todo cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un
tesoro en el cielo, y sígueme». 22 Pero él se entristeció por estas palabras y se marchó
apenado, pues tenía muchos bienes.
23 Y mirando en derredor, dice Jesús a sus discípulos: «¡Qué difícilmente entrarán
seguimos». 29 Y dijo Jesús: «Os aseguro que nadie hay que deje casa, o hermanos o
hermanas o madre o padre o hijos o campos por mi causa y por la buena noticia, 30
que no recoja el céntuplo ahora, en este momento, de la casa, hermanos, hermanas,
madre, hijos, campos, después de persecuciones, y una vida eterna en la nueva era
por venir[25]. 31 Pero muchos primeros serán los últimos, y los últimos, los primeros».
32 Se encontraban de camino hacia Jerusalén, y se había adelantado a ellos Jesús,
y se quedaron atónitos, y los que lo seguían tenían miedo. Y de nuevo tomó aparte a
los Doce y comenzó a contarles lo que iba a sucederle: 33 «Mirad, subimos a
Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los
escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, 34 y se burlarán de
él, le escupirán y azotarán y lo matarán, y después de tres días resucitará».
35 Y se le acercan Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, para decirle: «Maestro,
queremos que nos cumplas lo que te pidamos». 36 Y él les dijo: «¿Qué queréis que os
cumpla?». 37 Y ellos le dijeron: «Concédenos que uno se siente a tu derecha y el otro
a tu izquierda en tu gloria». 38 Y Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis
beber la copa que yo bebo o, en cuanto al bautismo que yo llevo a cabo, ser
bautizados?». 39 Y ellos le dijeron: «Podemos». Y Jesús les dijo: «Beberéis la copa
que yo bebo, y en cuanto al bautismo que yo llevo a cabo, seréis bautizados, 40 pero
el sentaros a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía otorgarlo, salvo para quienes
está preparado».
41 Y tras oírle los diez, comenzaron a irritarse con Jacobo y Juan. 42 Y, tras
llamarlos, les dice Jesús: «Sabéis que los que piensan gobernar las naciones las
dominan y sus mandatarios ejercen su autoridad sobre ellos. 43 No es lo mismo entre
vosotros, sino que quien quiera convertirse en un grande entre vosotros, será vuestro
criado, 44 y quien quiera ser el primero entre vosotros, será siervo de todos, 45 pues
tampoco el Hijo del hombre vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate a favor de muchos.
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46 Y se dirigen a Jericó. Y habiéndose alejado él de Jericó, de sus discípulos y de
11 Olivos, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la aldea que está frente a
2
que viene en nombre del Señor![26]; 10 bendito el reino por llegar de nuestro padre
David. ¡Hosanna en las alturas!
11 Y entró en Jerusalén, en el Templo, y tras observar todo, que ya era la hora de
viendo de lejos una higuera con hojas, fue por si encontraba algo en ella; y se llegó a
ella, y no encontró otra cosa que hojas; pues no era época de higos. 14 Y como
respuesta le dijo: «¡Nunca más coma nadie fruto de ti!». Y lo escuchaban los
discípulos.
15 Y se dirigen a Jerusalén. Y tras entrar al Templo comenzó a expulsar a los
vendedores y compradores del Templo, y las mesas de los cambistas y las sillas de los
que vendían las palomas las derribó, 16 y no permitía que nadie moviera instrumentos
por el Templo. 17 Y les explicaba: «¿No está escrito que mi casa será llamada casa
de oración por todas las naciones[27]?. Pero vosotros la habéis convertido en cueva
de ladrones[28]».
18 Y escucharon los sumos sacerdotes y los escribas y trataban de hallar cómo
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enseñanza.
19 Y cuando llegó la tarde, se marchaban de la ciudad.
20 Y según pasaban de mañana, vieron la higuera ya seca desde las raíces. 21 Y, al
los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28 y le decían: «¿En virtud de qué
poder haces todo esto?». O: «¿Quién te otorgó este poder de hacer todo esto?».
29 Y Jesús les dijo: «Os haré una pregunta, y respondedme y os diré en virtud de
qué poder hago todo esto: 30 el bautismo de Juan, ¿procede del cielo o de los
hombres? Respondedme». 31 Y discutían entre ellos diciendo: «Si dijéramos del cielo,
dirá: “¿Por qué entonces no creísteis en él?”. 32 ¿Pero si dijéramos “de los
hombres?”». Temían a la muchedumbre; pues todos tenían a Juan verdaderamente
por un profeta. 33 Y como respuesta le dicen a Jesús: «No sabemos». Y Jesús les dice:
«Ni yo os digo en virtud de qué poder hago todo esto».
1 Y comenzó a hablarles mediante ejemplos: «Un hombre plantó una viña, puso
12 en derredor una cerca, excavó una prensa subterránea, construyó una vivienda
encima, la entregó a sus campesinos y se marchó. 2 Y en su momento envió a
los campesinos un esclavo para que recogiera de los trabajadores los frutos de la viña;
3 y tomándolo lo apalearon y devolvieron con las manos vacías. 4 Y de nuevo les
palabra. 14 Y tras ir le dicen: «Maestro, sabemos que eres recto y no te preocupas por
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nadie; pues no miras el rostro de los hombres, sino que enseñas con rectitud el
camino de Dios: ¿Se atiene a la Ley[31] pagar el tributo al César o no? ¿Pagamos o no
pagamos?». 15 Pero él, entendiendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis?
Traedme un denario para que lo vea». 16 Y se lo trajeron. Y les dice: «¿De quién es la
imagen esta y la inscripción?». Y le dijeron: «Del César». 17 Y Jesús les dijo: «Lo del
César, devolvedlo[32] al César, y lo de Dios, a Dios». Y se admiraban de él.
18 Y se le acercan unos saduceos, que como tales dicen que no hay resurrección, y
único señor[35], 30y amarás a tu Dios con todo tu corazón, toda tu vida, toda tu
inteligencia, toda tu fuerza[36]. 31 El segundo es este: Amarás a tu vecino[37] como a ti
mismo. Mayor que estos no hay otro mandamiento. 32 Y le dijo el escriba: «Bien,
maestro, hablas según la verdad que uno es y no hay otro excepto este[38];33 y el
amarlo con todo el corazón, toda la conciencia, toda la fuerza[39], y el amar al
vecino como a ti mismo[40] es mucho más importante que todos los holocaustos y
sacrificios[41]». 34 Y Jesús, al ver que respondía cabalmente, le dijo: «No estás lejos
del reino de Dios». Y nadie se atrevía ya a preguntarle.
35 Y como respuesta decía Jesús en el Templo mientras enseñaba: «¿Por qué dicen
los escribas que el Ungido es un hijo de David? 36 David mismo dijo mediante el
Espíritu santo: Dijo el Señor a mi señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus
enemigos bajo tus pies[42]. 37 David mismo lo llama su Señor, y ¿por qué es un hijo
suyo?». Y la abundante muchedumbre lo escuchaba con agrado.
38 Y en su enseñanza decía: «Guardaos de los escribas, que quieren pasear con
vestidos de gala, saludos en las plazas, 39 puestos de honor en las sinagogas y los
banquetes, 40 que devoran las fortunas de las viudas y en apariencia rezan mucho;
estos alcanzarán la más importante condena».
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41 Y sentado frente al cepillo veía cómo la muchedumbre echaba monedas de
bronce al cepillo; y muchos ricos echaban mucho; 42 y una viuda pobre llegó y echó
dos ochavos, que es un cuadrante[43]. 43 Y tras llamar a sus discípulos, les dijo: «Con
seguridad os digo que esta pobre viuda echó más que todos los que echaban al
cepillo; 44 pues todos echan de lo que les sobra, pero esta de su pobreza ha echado
cuanto tenía para vivir».
1 Y tras salir él del Templo le dice uno de sus discípulos: «Maestro, ¡qué piedras
particular Pedro y Jacobo, Juan y Andrés: 4 «Dinos: ¿cuándo será eso y cuál será la
señal cuando vaya a cumplirse todo esto?» 5 Y Jesús comenzó a decirles: «Mirad que
nadie os engañe; 6 muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Soy yo”, y a muchos
engañarán. 7 Pero cuando tengáis noticia de guerras y rumores de guerras, no os
asustéis: es preciso que eso ocurra, pero todavía no será el fin. 8 Pues será levantada
una nación contra otra nación y reino contra reino, y habrá terremotos en todas partes
y habrá hambrunas; esto será el comienzo de los dolores del parto».
9 «Pero mirad por vosotros mismos; os entregarán al sanedrín y seréis azotados en
las sinagogas y os presentaréis ante gobernadores y reyes por causa mía para
testificar. 10 Y así, es preciso que sea primero anunciada la buena noticia a toda
nación. 11 Y cuando os conduzcan para entregaros, no penséis de antemano qué
diréis, que lo que se os dé en aquella ocasión, eso diréis; pues no sois vosotros los
que habláis, sino el Espíritu santo. 12 Y el hermano entregará al hermano a la muerte
y el padre al hijo, y los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán. 13 Y seréis
odiados por todos por mi nombre. Pero quien lo soporte hasta el final, este será
salvado».
14 «Y cuando veáis la idolatría devastadora[44] erigida donde no debe —quien lea
esto, piense—, entonces que los de Judea huyan a los montes, 15 quien esté sobre su
azotea no baje ni entre a coger nada de su casa, 16 y quien esté en el campo, no se
vuelva atrás a coger su ropa. 17 ¡Ay de las embarazadas y las que den a mamar en
aquellos días!»
18 «Suplicad para que no pase en invierno. 19 Pues aquellos días serán una
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prodigios para engañar, si es posible, a los elegidos. 23 Vosotros, atended; os lo he
predicho».
24 «Pero en aquellos días, entre la angustia aquella, el sol será oscurecido y la
luna no dará su luz,25y las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas que hay en los
cielos[45] se tambalearán».
26 «Y entonces verán al Hijo del hombre venir entre nubes[46] con gran poder y
gloria. 27 Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro
puntos cardinales, desde la cima de la tierra hasta la cima del cielo».
28 «Y de la higuera aprended el ejemplo: cuando ya su ramaje está tierno y echa
las hojas, sabéis que el verano está cerca; 29 de la misma forma también, vosotros,
cuando veáis que estas cosas suceden, sabed que él está cerca, a las puertas».
30 «Con certeza os digo que no transcurrirá esta generación hasta que todo esto
hombre de viaje cuando deja su casa y da a sus esclavos el poder, a cada uno su
trabajo, y al portero le encarga vigilar. 35 Vigilad, pues desconocéis cuándo vendrá el
señor de la casa, si al atardecer, a medianoche, al cantar el gallo o de mañana, 36 no
venga de repente y os encuentre dormidos. 37 Lo que os digo a vosotros, lo digo a
todos: ¡Vigilad!».
Eran la Pascua y los ácimos a los dos días. Y los sumos sacerdotes y los escribas
14 buscaban cómo lo matarían tras capturarlo mediante engaño; 2 pues decían: «No
en la fiesta, que no haya una revuelta de la gente».
3 Y estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, acostado él, vino una
bella acción. 7 Pues tenéis pobres en todas partes con vosotros y cuando queráis
podéis beneficiarlos, pero a mí no me tenéis siempre. 8 Hizo lo que podía: adelantó el
ungir mi cuerpo para el entierro. 9 Pero os aseguro cuando se anuncie la buena noticia
a todo el mundo, también lo que hizo esta será referido para recuerdo suyo».
10 Y Judas Iscariote, uno de los doce, se dirigió a los sumos sacerdotes para
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12 Y el primer día de los ácimos, cuando sacrificaban la Pascua[49], le dicen sus
discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua?».
13 Y envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad y os saldrá al encuentro
un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidlo. 14 Y donde entre decid al dueño
que el maestro dice: “¿Dónde está mi posada, donde comeré la Pascua con mis
discípulos?”. 15 Y él os indicará una sala grande ya preparada; y allí nos la
prepararéis». 16 Y salieron los discípulos y fueron a la ciudad y encontraron lo que les
dijo y prepararon la Pascua.
17 Y llegada la tarde se va con los doce. 18 Y una vez recostados a la mesa[50] y
comiendo, Jesús dijo: «Con seguridad os digo que uno de vosotros me entregará, uno
que come conmigo». 19 Comenzaron a disgustarse y a decirle uno por uno: «¿Acaso
yo?». 20 Pero él les dijo: «Uno de los doce, el que unta conmigo en el plato. 21 Porque
el Hijo del hombre camina tal como está escrito sobre él, pero ¡ay de ese hombre
debido al cual el Hijo del hombre es entregado! Mejor sería para él si no hubiera
nacido ese hombre».
22 Y mientras ellos comían, tras coger un pan y bendecirlo, lo partió y se lo dio y
dijo: «Tomad, este es mi cuerpo». 23 Tras coger una copa, y bendecirla, se la dio, y
bebieron de ella todos. 24 Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza derramada en
favor de muchos. 25 Os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta ese día
en que lo beba nuevo en el reino de Dios».
26 Y tras cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. 27 Y les dice
Jesús: «Todos os escandalizaréis, porque está escrito: Mataré al pastor y los rebaños
serán dispersados[51]. 28 Pero después de que yo sea levantado de los muertos, iré por
delante de vosotros a Galilea». 29 Y Pedro le dijo: «Si llegado el caso todos se
escandalizan, sin embargo, yo no». 30 Y le dice Jesús: «Te aseguro que tú hoy por la
noche, antes que el gallo cante dos veces tres me negarás». 31 Pero él con más ahínco
le decía: «Si es caso, moriré contigo, que de ninguna manera te negaré». Y eso mismo
decían todos también.
32 Y se marchan a un lugar cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos:
«Sentaos aquí hasta que rece». 33 Y se lleva a Pedro, Jacobo y Juan consigo y empezó
a quedarse admirado[52] y a angustiarse, 34 y les dice: «Triste sobremanera es mi
vida[53] hasta la muerte; quedaos aquí y velad». 35 Y tras adelantarse un poco cayó a
tierra y suplicaba que si es posible pasara de él el momento[54], 36 y decía: «Abbá,
Padre, todo te es posible: aparta esta copa de mí; pero no porque yo quiero, sino
porque tú (quieres)». 37 Y se marcha y los encuentra durmiendo, y le dice a Pedro:
«Simón, ¿duermes? ¿No tuviste fuerza para velar una hora? 38 Velad y rezad, para
que no entréis en tentación; el espíritu es animoso pero la carne débil».
39 Y tras marcharse de nuevo, rezó diciendo la misma oración. 40 Y de nuevo al
volver los encontró durmiendo, pues estaban sus ojos cargados, y no supieron qué
responderle. 41 Y se marcha una tercera vez y les dice: «Dormid en adelante y
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descansad; basta; llegó la hora; mira cómo es entregado el Hijo del hombre en manos
de los pecadores. 42 ¡Levantaos, vamos; el que me entrega ya está cerca!».
43 Y al instante, mientras él todavía hablaba, se presenta Judas, uno de los doce, y
con el una muchedumbre con espadas y estacas de parte de los sumos sacerdotes, los
escribas y los ancianos. 44 Había dado el traidor la señal convenida diciéndoles: «Al
que yo bese, él es, capturadlo y marchaos con seguridad». 45 Y echando a andar al
instante y acercándose le dice: «Rabí», y lo besó. 46 Ellos le echaron mano y lo
capturaron. 47 Uno de los que allí se encontraban, tras desenvainar la espada, hirió al
siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja.
48 Y como respuesta, les dijo Jesús: «¿Como contra un bandolero vinisteis con
ancianos y escribas. 54 Y Pedro desde lejos lo siguió hasta el exterior de la morada del
sumo sacerdote y se quedaba sentado junto a los sirvientes y se calentaba al fuego.
55 Y los sacerdotes y todo el sanedrín buscaban contra Jesús un testimonio para
dices nada de por qué estos te acusan?». 61 Pero él callaba y no respondió nada. De
nuevo el sumo sacerdote le preguntó y le dice: «¿Eres tú el Ungido, el hijo del
Bendito?». 62 Y Jesús dijo: «Yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha
del poder y que viene entre las nubes del cielo[55]». 63 Y el sumo sacerdote,
desgarrando sus vestiduras, le dice: «¿Qué necesidad tenemos de testigos? 64
Escuchasteis la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos ellos sentenciaron que fuera reo
de muerte.
65 Y empezaron algunos a escupirle y cubrirle la cara y abofetearlo y decirle:
ellos». 70 Pero él negaba de nuevo. Y poco después de nuevo los presentes decían a
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Pedro: «Verdaderamente eres uno de ellos, pues también eres galileo». 71 Pero él
comenzó a protestar y a jurar: «No conozco al hombre este que decís». 72 Y al
instante por segunda vez cantó un gallo. Y Pedro recordó lo dicho, cómo Jesús le
dijo: «Antes de que un gallo cante dos veces, tres me negarás». Y al darse cuenta
echó a llorar.
1 Y al instante, por la mañana, tras tomar una decisión los sumos sacerdotes
15 junto con los ancianos, los escribas y todo el sanedrín, y tras encadenar a Jesús,
lo llevaron y entregaron a Pilato.
2 Y Pilato le preguntó: «¿Tú eres el rey de los judíos?». Y como respuesta, él le
Pues sabía que lo habían entregado por envidia los sumos sacerdotes. 11 Pero los
sumos sacerdotes soliviantaron a la muchedumbre para que les liberara antes a
Barrabás. 12 Pero como respuesta Pilato les decía de nuevo: «¿Qué, entonces, queréis
que haga al que decís rey de los judíos?». 13 Y ellos de nuevo gritaron:
«¡Crucifícalo!». 14 Y Pilato les decía: «¿Por qué haré libre al malo?». Pero ellos
gritaron sobremanera: «¡Crucifícalo!».
15 Y Pilato, queriendo dar satisfacción a la muchedumbre, les liberó a Barrabás, y
Y lo llevan fuera para crucificarlo. 21 Y fuerzan a uno que pasaba por allí, Simón
de Cirene, que venía del campo, padre de Alejandro y de Rufo, para que llevara su
cruz.
22 Y lo llevan al lugar del Gólgota, que es traducido Lugar de la Calavera. 23 E
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29 Y los que pasaban al lado lo infamaban moviendo sus cabezas y diciendo:
«¡Eh! El que iba a derribar el Templo y reconstruirlo en tres días, 30 ¡sálvate bajando
de la cruz!». 31 Igualmente también los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto
con los escribas y decían: «A otros salvó, a él mismo no puede salvarse; 32 el Cristo,
el rey de Israel, que baje ahora de la cruz para que veamos y creamos». Y los
crucificados con él lo injuriaban.
33 Y llegada la hora sexta, la oscuridad se hizo por toda la tierra hasta la hora
novena. 34 Y en la hora novena gritó Jesús con potente voz: Eloi, Eloi, lema
sabachthani[60], que se traduce: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me abandonaste? 35
Y algunos de los presentes al oírlo decían: «Mira, llama a Elías». 36 Y tras venir uno
corriendo y empapar de vinagre una esponja, para ponerla en una caña, se la daba a
beber diciendo: «Dejadlo, veamos si viene Elías para bajarlo». 37 Pero Jesús, soltando
un gran grito, expiró.
38 Y el velo del Templo se desgarró en dos de arriba abajo. 39 Al ver el centurión,
situado frente a él, que así expiraba, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de
Dios».
40 Había también unas mujeres observando desde lejos, entre las cuales estaba
llegándose José de Arimatea, un miembro prudente del consejo, que también estaba a
la espera del reino de Dios, se atrevió y se dirigió a Pilato y le pidió el cadáver de
Jesús. 44 Y Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto y, tras llamar al centurión,
le preguntó si murió hacía tiempo. 45 Y tras conocerlo por el centurión, concedió el
cadáver a José.
46 Y tras comprar una sábana y bajarlo lo envolvió en la sábana y lo colocó en una
tumba[61] que había sido excavada en la roca, y arrimó, haciéndola rodar, una piedra
tallada a la puerta de la tumba. 47 Y María de Magdala y María la de José veían cómo
quedó colocado.
con traje blanco, y se maravillaron. 6 Pero él les dice: «No os maravilléis; buscáis a
Jesús de Nazaret, el crucificado; fue resucitado, no está aquí; ved el lugar donde lo
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colocaron. 7 Pero venga, decid a sus discípulos y a Pedro que se dirige por delante de
vosotros a Galilea; allí lo veréis, tal como os dijo».
8 Y saliendo huyeron de la tumba, pues las tenía cogidas un temblor y un estupor;
(Glosa del siglo II formada con datos de los otros evangelios canónicos con la
finalidad de arreglar el abrupto final del Evangelio).
primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10 Ella fue a
comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. 11
Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. 12 Después de esto,
se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. 13
Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a estos.
14 Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en
la diestra de Dios. 20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor
con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.
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EVANGELIO DE MATEO
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Evangelio de Juan (que conoce el material sinóptico). Por tanto, en torno al 80 ó 90
del siglo I.
***
1
2 Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y sus
hermanos, 3 Judá engendró a Fares y Zara de Tamar, Fares engendró a Esrom, Esrom
engendró a Aram, 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón,
Naasón engendró a Salmón, 5 Salmón engendró a Booz de Rahab, Booz engendró a
Obed de Rut, Obed engendró a Jesé, 6 Jesé engendró a David el rey.
David engendró a Salomón de la mujer de Urías, 7 Salomón engendró a Roboán,
Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asa, 8 Asa engendró a Josafat, Josafat
engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, 9 Ozías engendró a Joatán, Joatán
engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, 10 Ezequías engendró a Manasés,
Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, 11 Josías engendró a Jeconías y
a sus hermanos durante la cautividad de Babilonia.
12 Después de la cautividad de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel
apareció en un sueño para decirle: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu
esposa; pues lo concebido en ella procede del Espíritu santo. 21 Dará a luz un hijo, y
lo llamarás Jesús; pues él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto se ha
producido para que se cumpla lo dicho por el Señor por medio de su profeta cuando
decía: 23Mira, una virgen engendrará y dará a luz un hijo, y lo llamarán
Emmanuel[64], lo cual se traduce Dios entre nosotros[65]». 24 Tras despertarse José del
sueño, hizo como le ordenó el ángel del Señor y recibió a su mujer, 25 y no la conoció
hasta que dio a luz un hijo; y lo llamó Jesús.
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1 Nacido Jesús en Belén de Judea en los días del rey Herodes, he aquí que unos
profeta: 6Y tú, Belén[67], tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los
principales de Judá; pues de ti vendrá un caudillo que apacentará mi pueblo de
Israel[68]».
7 Entonces Herodes, tras llamar a escondidas a los magos, investigó con exactitud
vieron en levante los precedía hasta que estuvo encima de donde estaba el niño. 10 Al
ver la estrella se alegraron enormemente. 11 Y yendo a la casa vieron al niño con
María, su madre, y cayendo a tierra se arrodillaron ante él y, tras abrir sus tesoros, le
presentaron unos regalos, oro, incienso y mirra. 12 Y avisados por un sueño para no
volver con Herodes, se marcharon por otro camino hacia su país.
13 Tras marcharse ellos, he aquí que un ángel del Señor se aparece en un sueño a
José para decir: «Al despertarte, coge al niño y a su madre y huye a Egipto, y
permanece allí hasta que te diga; pues Herodes va a buscar al niño para matarlo». 14
Él se despertó y tomó al niño y a su madre de noche y se marchó a Egipto, 15 y
permaneció allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo dicho por el
Señor por medio de su profeta cuando decía: De Egipto llamé a mi hijo[69].
16 Entonces Herodes, al ver que había sido engañado por los magos, se encolerizó
mucho, y mandó matar a todos los niños de Belén y en todas sus comarcas, desde la
edad de dos años hacia atrás, según la edad que calculó de los magos. 17 Entonces se
cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías cuando decía: 18Una voz se oyó en
Ramá[70], un llanto y un lamento abundante; Raquel, que llora a sus hijos, y no quiso
ser consolada, porque no están[71].
19 Y muerto Herodes, he aquí que un ángel del Señor se aparece en un sueño a
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instaló en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliera lo dicho por medio de
los profetas, que sería llamado nazoreo.
3 y diciendo: «Arrepentíos, pues ya está cerca el reino de los cielos». 3 Pues este es
el anunciado mediante Isaías el profeta que dice: Voz del que grita en el desierto;
preparad el camino del Señor. Haced francos sus caminos[73].
4 Y Juan mismo[74] llevaba su vestido de pelos de camello y un cinturón de piel
bautizado por él. 14 Y Juan se lo impidió diciendo: «¿Yo tengo necesidad de ser
bautizado por ti, y tú vienes a mí?». 15 Y respondiéndole, le dijo Jesús: «Déjalo
inmediatamente, pues así es propio que cumplamos toda justicia». Entonces lo dejó.
16 Y una vez bautizado Jesús, al instante salió del agua; y he aquí que se le abrieron
los cielos, y vio el Espíritu de Dios bajar como una paloma y llegar sobre él; 17 y he
aquí que una voz de los cielos que decía: «Este es mi hijo amado, en quien me
complazco».
1 Entonces Jesús fue llevado por los aires[77] al desierto por el Espíritu para ser
4 tentado por el diablo. 2 Y tras ayunar cuarenta días y cuarenta noches, después
tuvo hambre. 3 Y acercándose el tentador le dijo: «Si eres el hijo de Dios, di que estas
piedras se conviertan en pan». 4 Él, respondiéndole, le dijo: «Está escrito: No vive el
hombre con pan únicamente, sino con toda palabra procedente de la boca de
Dios[78]».
5 Entonces lo transporta el diablo a la ciudad sagrada y lo puso en pie sobre el
alero del Templo 6 y le dice: «Si eres el hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito
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que: A sus ángeles les será ordenado en tu favor y con sus manos te cogerán, para
que no tropiece tu pie contra una piedra[79]».
7 Le dice Jesús: «A su vez está escrito: No tentarás al Señor tu Dios[80]».
8 De nuevo lo transporta el diablo a un monte altísimo y le muestra todos los
reinos del mundo y su gloria 9 y le dijo: «Te daré todo esto si, cayendo, te pones a mis
pies». 10 Entonces le dice Jesús: «Vete, Satanás; pues está escrito: A los pies del
Señor tu Dios te pondrás y a él el único servirás[81]».
11 Entonces lo deja el diablo, y he aquí que unos ángeles se acercaron y le servían.
12 Tras oír que Juan fue entregado, volvió a Galilea. 13 Y tras dejar Nazaret se fue
y Andrés su hermano, echando la red al mar, pues eran pescadores. 19 Y les dice:
«Seguidme, y os haré pescadores de hombres». 20 Y ellos, dejando al instante las
redes, lo siguieron. 21 Y adelantándose vio allí a otros dos hermanos, Jacobo el hijo
de Zebedeo y Juan su hermano, que en el barco con Zebedeo su padre preparaban sus
redes, y los llamó. 22 Y ellos al instante, dejando el barco y a su padre, lo siguieron.
23 Y recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas y anunciando la buena
1 Y al ver los gentíos subió a un monte, y, una vez sentado, se le acercaron sus
los que lloran, porque ellos serán consolados. 5 Felices los mansos, porque ellos
heredarán la tierra. 6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos se
hartarán. 7 Felices los que se compadecen, porque ellos serán compadecidos. 8 Felices
los puros de corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Felices los pacíficos, porque ellos
serán llamados hijos de Dios. 10 Felices los que han sido perseguidos a causa de la
justicia, porque suyo es el reino de los cielos. 11 Seréis felices cuando os injurien y
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persigan y digan cualquier maldad contra vosotros engañando por causa mía. 12
Permaneced alegres y jubilosos, porque vuestra paga es abundante en los cielos; pues
así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
13» Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se hace insípida, ¿con qué se
salará? Para nada vale ya salvo para ser tirada y pisada por los hombres.
14» Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre montañas no puede
sino a cumplirla[89]. 18 Pues con certeza os digo: hasta que pase el cielo y la tierra, de
ninguna manera pasará de la Ley ni una iota ni una coma, hasta que todo se lleve a
cabo. 19 Quien derogue uno solo de estos preceptos[90] y enseñe así a los hombres,
será llamado el menor en el reino de los cielos; pero quien cumpla y enseñe, este será
llamado grande en el reino de los cielos.
20» Pues os digo que si la justicia no os desborda a escribas y fariseos, de ninguna
acusado en el juicio”. 22 Pero yo os digo que todo el que se irrite con su hermano[93]
será acusado en el juicio; y quien diga a su hermano: “racá[94]”, será acusado en el
sanedrín; y quien diga “loco”, será acusado en la gehenna[95] del fuego. 23 Así pues,
si presentas habitualmente tu ofrenda al altar del sacrificio y allí siempre recuerdas
que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí la ofrenda ante el altar del sacrificio y,
venga, lo primero reconcíliate con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu
ofrenda. 25 Sé benévolo con tu contrario cuanto antes, mientras estés con él en el
camino, no te entregue el contrario al juez y el juez al guardia, y seas arrojado a la
cárcel; 26 con seguridad te digo que no saldrás de allí hasta que entregues el último
cuadrante[96].
27» Oísteis que se dijo: “No cometerás adulterio[97]”. 28 Pero yo os digo que todo
el que mire a una mujer deseándola ya cometió adulterio con ella en su corazón. 29 Y
si tu ojo derecho te escandaliza, sácatelo y arrójalo de ti; pues te conviene más que se
pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. 30 Y si
tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; pues te conviene más
que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
31» Se dijo: “Quien repudie a su esposa, dele una carta de divorcio”. 32 Pero yo os
digo que todo el que repudie a su esposa, salvo fornicación, la hace cometer adulterio,
y quien se case con la repudiada, comete adulterio.
33» A su vez oísteis que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso, sino que
dedicarás tus juramentos al Señor”. 34 Pero yo os digo que no juréis en modo alguno;
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ni por el cielo, porque es el trono de Dios, 35 ni por la tierra, porque es el escabel de
sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey, 36 ni por tu cabeza jures,
porque ni un solo pelo puedes hacer blanco o negro. 37 Por el contrario, que vuestra
palabra sea sí, sí, no, no; el exceso de esto es propio del mal.
38» Oísteis que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente[98]”. 39 Pero yo os digo
1» Guardaos de hacer vuestra justicia ante los hombres para ser vistos por ellos; y
6 desde luego si no, no tendréis pago de vuestro Padre de los cielos. 2 Así pues,
cuando des limosna, no hagas sonar la trompeta ante ti, tal como hacen los hipócritas
en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; con seguridad
os digo, reciben su paga. 3 Pero, cuando des limosna, no sepa tu izquierda qué hace tu
derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.
5» Y cuando recéis, no seréis[100] como los hipócritas, porque buscan rezar en pie
en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para mostrarse a los hombres; con
seguridad os digo, reciben su paga. 6 Pero tú, cuando reces, dirígete a tu cuarto y, tras
cerrar la puerta, reza a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en el cielo,
te recompensará.
7» Y al rezar, no parlotearéis como los gentiles, pues piensan que mediante su
locuacidad serán escuchados. 8 Así pues, no os parezcáis a ellos; pues vuestro padre
conoce lo que necesitáis antes de pedirle. 9 Así pues, vosotros rezadle así: “Padre
nuestro que estás en los cielos, que sea Santificado tu nombre; 10 venga tu reino; se
cumpla tu voluntad así en el cielo y en la tierra; 11 danos hoy nuestro pan cotidiano;
12 perdónanos nuestras deudas, tal como también nosotros ya hemos perdonado a
nuestros deudores; 13 y no nos lleves a tentación, por el contrario líbranos del mal”.
14» Pues si perdonáis a los hombres sus faltas, os perdonará también vuestro
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perdonará vuestras faltas.
16» Y cuando ayunéis, no sigáis estando, como los hipócritas, entristecidos, pues
desfiguran sus caras para hacer público a los hombres que ayunan; con certeza os
digo, reciben su paga. 17 Por el contrario, tú, al ayunar, unge tu cabeza y lava tu cara,
18 para no hacer público a los hombres que ayunas, sino a tu Padre a escondidas; y tu
hace desaparecer, y donde unos ladrones excavan y los roban; 20 Atesorad tesoros en
el cielo, donde ni una polilla ni la herrumbre lo hace desaparecer, y donde los
ladrones ni excavan ni lo roban; 21 pues donde está tu tesoro, allí estará también tu
corazón.
22» La luz del cuerpo es el ojo. Así pues, si tu ojo fuere puro, todo tu cuerpo será
resplandeciente; 23 pero si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será sombrío: Así pues, si
la luz que hay en ti es sombría, ¡cuánta oscuridad!
24» Nadie puede servir a dos señores; pues odiará a uno y a otro lo amará, o se
beberéis, ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. Pues ¿no es la vida más que el
alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Fijaos en los pájaros del cielo: que no
siembran ni cosechan ni acopian en los almacenes, y vuestro Padre celestial los
alimenta; ¿no los aventajáis vosotros en mucho? 27 ¿Quién de vosotros, con
preocuparse, puede añadir a su edad[102] un solo codo[103]? 28 ¿Y por qué os
preocupáis por la vestimenta? Comprended cómo crecen los lirios del campo: no
trabajan ni hilan. 29 Y yo os digo que ni Salomón, mediante toda su gloria, vistió
como uno de ellos. 30 Y si Dios así viste la hierba del campo que hoy existe y mañana
es arrojada al horno, ¿no mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 Así pues, no
os preocupéis diciendo: “¿Qué comeré?” o “¿Qué beberé?”, o “¿Qué vestiré?”. 32
Pues todo esto lo buscan las naciones; pues vuestro Padre celestial tiene
conocimiento de que necesitáis de todo esto.33 Por el contrario, buscad primero el
reino de Dios y su justicia, y todo esto os será añadido. 34 Así pues, no os preocupéis
por el mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo: bastante es para el día su
maldad.
1» No sigáis juzgando, para que no seáis juzgados; 2 pues según el criterio con
7 que juzguéis seréis juzgados, y según la medida con que midáis seréis medidos. 3
¿Por qué miras la brizna en el ojo de tu hermano, pero la viga en el tuyo no la notas?
4 ¿O cómo dirás a tu hermano: “Deja que te quite la brizna de tu ojo”, y he aquí que
la viga está en tu ojo? 5 Hipócrita, quita primero de tu ojo la viga, y entonces verás
con claridad para quitar la brizna del ojo de tu hermano.
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6» No deis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas ante los cerdos, no sea
que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Hay acaso
alguien entre vosotros al que pedirá su hijo pan, y le dará una piedra? 10 ¿O pedirá
también un pescado, y le dará una serpiente? 11 Así pues, si vosotros, que sois malos,
sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre del cielo dará
cosas buenas a los que le piden.
12» Entonces, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, eso mismo hacedles
a la perdición espacioso y muchos son los que entran por él; 14 ¡qué estrecha es la
puerta y apretado el camino que lleva a la vida, y qué pocos los que lo encuentran!
15» Guardaos de los falsos profetas, que como tales vienen a vosotros con
vestimentas de ovejas, pero por dentro son lobos ávidos. 16 Por sus frutos los
conoceréis. ¿Acaso de cardos se recogen racimos de uvas o higos de abrojos? 17 De la
misma forma, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol marchito da frutos
malos. 18 No puede un árbol bueno dar frutos malos, ni un árbol marchito dar frutos
buenos. 19 Todo árbol que no dé fruto bueno, es talado y arrojado al fuego. 20 Así
pues, de cierto que por sus frutos los conoceréis.
21» No todo el que me diga: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino
quien haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en
aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos
demonios, y en tu nombre hicimos muchas maravillas?”. 23 Y entonces les reconoceré
que jamás los conocí: Apartaos de mí quienes practicáis lo contrario de la Ley[104].
24» Así pues, todo aquel que me escucha estas palabras y las practica, será igual a
un hombre prudente que como tal edificó su casa sobre la roca; 25 y llegó la tormenta
y vinieron los ríos y soplaron los vientos y se precipitaron sobre aquella casa, y no
cayó, pues estaba asentada sobre la piedra. 26 Y todo aquel que me escucha estas
palabras y no las lleva a cabo será igual a un hombre necio que como tal edificó su
casa sobre la arena; 27 y cayó la lluvia, y llegaron los ríos, y soplaron los vientos, y
chocaron contra aquella casa, y se derrumbó y su caída fue grande (estrepitosa)».
28 Y sucedía que[105], cuando Jesús terminó estos discursos, las muchedumbres se
saciaban con su enseñanza; 29 pues les enseñaba como quien tiene autoridad y no
como sus escribas.
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instante se curó su lepra. 4 Y le dice Jesús: «Mira, a nadie lo cuentes, por el contrario,
vete y persónate ante el sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para
testimonio para estos».
5 Y al ir a Cafarnaún se le acercó un centurión para rogarle 6 y decirle: «Señor, mi
espíritus de palabra y a todos los que se encontraban enfermos los curó, 17 para que se
cumpliera lo dicho por Isaías cuando decía: Él tomó nuestras enfermedades y soportó
las dolencias[106].
18 Y al ver Jesús la muchedumbre a su alrededor, ordenó irse a la otra orilla. 19 Y
gran sacudida en el mar, tal que el barco quedaba ocultado por las olas, pero él
dormía. 25 Y fueron y lo despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, perecemos!». 26 Y
les dice: «¿Por qué sois cobardes, hombres de poca fe?». Entonces, levantándose,
increpó a los vientos y al mar, y hubo una gran calma. 27 Y los hombres se admiraron
y dijeron: «¿Quién es este, que los vientos y el mar lo obedecen?».
28 Y yendo al otro lado, a la región de los gadarenos, le salieron al encuentro dos
endemoniados provenientes de los sepulcros, bastante fieros, a tal punto que nadie
podía recorrer aquel camino. 29 Y he aquí que gritaron diciendo: «¿Qué hay entre tú y
nosotros, hijo de Dios? ¿Has venido aquí antes de tiempo para probarnos?». 30 Y
había a cierta distancia de allí una piara de muchos cerdos paciendo. 31 Y los
demonios le pedían y decían: «Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos». 32 Y
les dijo: «Id». Y ellos salieron y fueron a los cerdos. Y he aquí que toda la piara se
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precipitó del barranco al mar y murieron en las aguas. 33 Los pastores huyeron, y
dirigiéndose a la ciudad relataron todo, incluido lo de los endemoniados. 34 Y he aquí
que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le pidieron que se marchara
de sus dominios.
ver Jesús sus pensamientos, dijo: «¿Para qué pensáis maldades en vuestros
corazones? 5 Pues ¿qué es más fácil, decir: “Tus pecados son perdonados”, o decir:
“Levántate y anda”? 6 Para que comprendáis que el Hijo del hombre tiene poder para
perdonar los pecados en la tierra —entonces le dice al paralítico: “Levántate, coge tu
camastro y márchate a tu casa”». 7 Y se levantó y se marchó a su casa. 8 Y al verlo las
gentes temieron y glorificaron a Dios, por dar a los hombres semejante poder.
9 Y al marchar Jesús de allí vio a un hombre sentado en la oficina de impuestos,
los fariseos[108] ayunamos muchas veces, pero tus discípulos no ayunan?». 15 Y les
dijo Jesús: «¿Acaso pueden los convidados al banquete de bodas llorar mientras el
novio está con ellos? Vendrán días en que el novio les será arrebatado y entonces
ayunarán. 16 Y nadie añade un remiendo de andrajos sin lavar a un manto antiguo,
pues el parche tira del viejo y queda un roto peor. 17 Ni echan vino del año en odres
viejos; y si no, los odres se rompen y el vino se derrama, y los odres se echan a
perder; al revés, el vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan».
18 Mientras decía esto, he aquí que un príncipe[109] viene y se arrodilla ante él
diciendo: «Mi hija murió hace poco; pero ve e impón tu mano sobre ella y vivirá». 19
Y Jesús se levantó y lo siguió, y sus discípulos.
20 Y he aquí que una mujer que llevaba doce años con un derrame de sangre se les
acercó desde atrás y tocó el borde del manto de él; 21 y dijo para sí: «Si simplemente
toco su manto, me salvaré». 22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola dijo: «Ten
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ánimos, hermana; tu confianza te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel
momento.
23 Y yendo Jesús a casa del príncipe y viendo a los flautistas y la muchedumbre
que puedo hacer eso?». Le dicen: «Sí, Señor». 29 Entonces les tocó los ojos diciendo:
«Que os ocurra según vuestra confianza». 30 Y se abrieron sus ojos. Y los conminó
Jesús diciendo: «Mirad que nadie lo sepa». 31 Pero ellos salieron y lo divulgaron por
aquella región.
32 Una vez se fueron estos, he aquí que le presentaron a un hombre mudo
postradas como ovejas sin pastor[111]. 37 Entonces dice a sus discípulos: «La siega es
mucha, pero los trabajadores son pocos; así pues, solicitad al señor de la siega que
envíe trabajadores a esta siega».
1 Y tras convocar a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus
10 impuros para expulsarlos y curar cualquier enfermedad y cualquier dolencia.
2 Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero Simón, el llamado
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saludadla; 13 y si la casa es digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no es digna, se
vuelva con vosotros vuestra paz. 14 Y quien no os reciba ni escuche vuestras palabras,
tras marcharos de la casa o la ciudad aquella sacudíos el polvo de vuestros pies[113].
15 Con seguridad os digo: será más soportable para la tierra de Sodoma y Gomorra en
sus sinagogas; 18 y seréis conducidos ante gobernadores y reyes por mi causa para
testificar ante ellos y las naciones. 19 Pero cuando os entreguen, no os preocupéis por
cómo o qué diréis; pues se os dará en ese momento qué diréis; 20 pues no sois
vosotros los que habláis, sino el espíritu de vuestro Padre el que habla mediante
vosotros.
21» Entregará un hermano al hermano a la muerte y un padre al hijo, y se
levantarán hijos contra padres y les darán muerte. 22 Y seréis odiados por todos
debido a mi nombre; pero el que aguante hasta el final, este será salvado.
23» Pero cuando os persigan en esta ciudad, huid a otra, pues con seguridad os
digo: no terminaréis las ciudades de Israel para cuando venga el Hijo del hombre.
24» No hay discípulo sobre el maestro ni esclavo sobre su señor. 25 Es suficiente
para el discípulo llegar a ser como su maestro y el esclavo como su señor. Si al señor
de la casa lo llamaron Belcebú, cuánto más a sus familiares.
26» Así pues, no les temáis; pues nada ha sido velado que no será revelado, ni
escondido que no sea conocido. 27 Lo que os digo en tiniebla decidlo a la luz, y lo que
oís al oído, anunciadlo por encima de las casas. 28 Y no sigáis temiendo a quienes
matan el cuerpo, pero no pueden matar la vida; en cambio, temed más a quien pueda
aniquilar la vida y el cuerpo en la gehenna. 29 ¿No se venden dos gorriones por una
monedilla? Y ninguno de ellos caerá a tierra sin vuestro Padre. 30 Y en cuanto a
vosotros, los cabellos de vuestras cabezas todos han sido contados. 31 Así pues, dejad
de tener miedo: vosotros aventajáis a muchos pájaros.
32» Así pues, todo el que se comprometa conmigo ante los hombres, también yo
el que ame a un hijo o a una hija por encima de mí, no es digno de mí; 38 y quien no
recibe su cruz y sigue detrás de mí, no es digno de mí. 39 El que encuentre su vida, la
perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
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40» Quien os reciba, me recibe, y el que me reciba, recibe a quien me envía. 41
veis: 5los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos son limpiados y los sordos oyen y
los muertos son resucitados y los pobres reciben la buena noticia. 6 Y es feliz quien
no se escandaliza debido a mí».
7 Tras irse estos, Jesús comenzó a hablar a las multitudes sobre Juan: «¿Qué
vinisteis a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? 8 ¿Pero qué vinisteis a
ver? ¿A un hombre vestido con trajes? Tenéis a quienes llevan trajes en las casas de
los reyes. 9 ¿Pero qué vinisteis a ver? ¿A un profeta? Os aseguro que sí, y más que un
profeta. 10 Él es de quien se ha escrito: Yo envío a un mensajero mío delante de ti, que
preparará tu camino delante de ti[116].
11» Con seguridad os digo: No ha surgido entre los nacidos de las mujeres nadie
mayor que Juan; pero el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 12
Pero desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre
violencia y los que usan de la fuerza lo saquean. 13 Pues todos los profetas, y la Ley,
hasta Juan profetizaron; 14 y si queréis aceptarlo, él es el Elías que va a venir. 15
Quien tenga oídos que oiga.
16» ¿Con qué identificaré a esta generación? Es igual a unos niños sentados[117] en
las plazas que, hablando entre sí, 17 dicen: Os tocamos la flauta y no bailasteis, nos
lamentamos y no llorasteis.18 Pues vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: “Tiene
un demonio”. 19 Vino el Hijo del hombre, comiendo y bebiendo, y dicen: “Aquí
tienes un hombre tragón y dado al vino, amigo de publicanos y pecadores”. Y fue
juzgada la Sabiduría a tenor de sus hijos».
20 Entonces comenzó a injuriar a las ciudades en las que tuvo lugar la mayor parte
de sus milagros, porque no hicieron penitencia: 21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti,
Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón hubieran tenido lugar los milagros ocurridos
entre vosotras, hace tiempo que hubieran hecho penitencia mediante saco y ceniza. 22
Pero os digo, más llevadero será para Tiro y Sidón en el día del juicio que para
vosotras. 23 Y tú, Cafarnaún, ¿serás elevada hasta el cielo? Bajarás hasta el Hades;
porque si en Sodoma hubieran tenido lugar los milagros ocurridos en ti, se
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mantendrían hasta hoy. 24 Pero os digo que más llevadero será para la tierra de
Sodoma en el día del juicio que para ti».
25 En aquel momento, a modo de respuesta, dijo Jesús: «Te alabo, Padre, Señor
del cielo y la tierra, porque ocultaste esto a los sabios e inteligentes y lo revelaste a
los ingenuos; 26 sí, Padre, porque así te pareció bien. 27 Todo me fue concedido por
mi Padre, y nadie conoce al hijo salvo el Padre, ni conoce nadie al Padre a no ser el
hijo, y aquel a quien el hijo quiera desvelarlo.
28» Llegaos a mí todos los que estáis cansados y sobrecargados, y yo os daré
descanso. 29 Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, porque soy dulce y
humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas[118]; 30 pues mi
yugo es benigno y mi carga leve.
1 En aquel tiempo cruzó Jesús en sábado por los sembrados; y sus discípulos
fariseos al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer
en sábado». 3 Y él les dijo: «¿No leísteis qué hizo David cuando tuvo hambre (él) y
los suyos, 4 cómo entró a la casa de Dios y se comieron los panes de la ofrenda, que
no les era lícito comer ni a él ni a los suyos, sino solo a los sacerdotes? 5 ¿O no tenéis
leído en la Ley que el sábado los sacerdotes profanan en el Templo el sábado y son
inocentes? 6 Pero os digo que esto es mayor que el Templo. 7 Si hubierais entendido
qué significa compasión quiero y no sacrificios[119], no hubierais condenado a los
inocentes. 8 Pues señor del sábado es el hijo del hombre[120]».
9 Y partiendo de allí fue a su sinagoga; 10 y he aquí un hombre con la mano seca.
manera que el mudo habló y vio. 23 Y se maravillaron todas las multitudes y decían:
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«¿Acaso es este el Hijo de David?». 24 Pero los fariseos, al oírlo dijeron: «Este no
expulsa los demonios salvo mediante Belcebú, príncipe de los demonios». 25 Pero
conocedor de sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo se
arruina, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá en pie. 26 Y si
Satanás expulsa a Satanás, se divide contra sí mismo: ¿cómo, entonces, permanecerá
en pie su reino? 27 Y si yo expulso demonios mediante Belcebú, vuestros hijos
¿mediante quién expulsan? Por eso ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si yo expulso
los demonios mediante el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios os alcanzó. 29
¿O cómo puede alguien entrar a la casa del fuerte y llevarse sus bienes, si no ata
primero al fuerte? Y entonces robará su casa. 30 Quien no está conmigo está contra
mí, y quien no recoge conmigo, dispersa.
31» Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero
la blasfemia al Espíritu no será perdonada. 32 Y quien diga una palabra contra el Hijo
del hombre, se le perdonará; pero quien diga contra el Espíritu santo, no se le
perdonará ni en esta era ni en la siguiente[122].
33» O hacéis bueno el árbol y bueno su fruto, o hacéis el árbol marchito y su fruto
marchito[123]; pues por el fruto se conoce el árbol. 34 Crías de víboras, ¿cómo podéis
decir cosas buenas siendo malos? Pues la boca habla a partir de las sobras del
corazón. 35 El hombre bueno derrama bienes de un tesoro bueno, y el hombre malo
derrama males de un tesoro malo. 36 Pero os digo que toda palabra estéril que
pronuncian los hombres sobre ella rendirán cuentas en el día del juicio; 37 pues por
tus palabras serás juzgado, y por tus palabras serás condenado».
38 Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo:
«Maestro, queremos ver una señal que provenga de ti[124]». 39 Pero él, a modo de
respuesta, les dijo: «Una raza malvada y adúltera trata de conseguir una señal, y una
señal no se le dará salvo la señal de Jonás el profeta[125]. 40 Pues justamente tal como
estuvo Jonás en el vientre de un monstruo marino durante tres días y tres noches[126],
de la misma forma estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres
noches. 41 Los ninivitas resucitarán en el juicio con esta generación y la condenarán,
porque hicieron penitencia a causa de la predicación de Jonás, y aquí hay mucho más
que Jonás. 42 La Reina del sur[127] se levantará en el juicio con esta generación y la
condenará, porque vino de los límites de la tierra para escuchar la sabiduría de
Salomón y aquí hay mucho más que Salomón».
43 «Pero cuando el espíritu impuro sale del hombre, cruza por lugares desiertos
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46 Mientras todavía hablaba él a las multitudes, he aquí que su madre y hermanos
se quedaron fuera pretendiendo hablar con él. 47 Alguien le dijo: «Mira, tu madre y
tus hermanos se han quedado fuera pretendiendo hablar contigo». 48 Él, como
respuesta, dijo al que le hablaba: «¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?» 49
Y tendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo: «Mira, mi madre y mis hermanos. 50
Pues quien haga la voluntad de mi Padre celestial este es mi hermano, mi hermana y
mi madre».
salió a sembrar. 4 Y al sembrar, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros
y la comieron. 5 Y otra parte cayó a terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y al
instante brotó debido a no tener tierra profunda; 6 pero, una vez salió el sol, se quemó
y por no tener raíz se secó. 7 Y otra cayó en los cardos, y crecieron los cardos y la
ahogaron. 8 Y otra parte cayó en la tierra buena y dio fruto, unas el ciento, otras el
sesenta, otras el treinta». 9 Y decía: «Quien tenga oídos que oiga».
10 Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas mediante
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buena, este es el que oye la palabra y la comprende, precisamente el que fructifica y
produce el céntuplo, el sesenta, el treinta».
24 Otro ejemplo les expuso, al decir: «El reino de los cielos se igualó a un hombre
que siembra buena simiente en su campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su
enemigo[131], y sembraba cizaña en medio del trigo y se marchó. 26 Y cuando brotó la
hierba y produjo fruto, entonces apareció también la cizaña. 27 Tras acercarse los
siervos del dueño de la casa le dijeron: “Señor, ¿no sembraste simiente buena en tu
campo? ¿De qué, pues, tiene cizaña?”. 28 Y él les dijo: “Un hombre enemigo lo hizo”.
Pero los siervos le dicen: “¿Quieres, entonces, que vayamos y la recojamos?”. 29 Pero
él les dice: “No, no sea que al recoger la cizaña arranquéis a la vez el trigo. 30 Dejad
que crezcan ambos juntos hasta la siega, y en el momento de la siega diré a los
segadores: recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo
reunidlo en mi silo”».
31 Otro ejemplo les expuso al decir: «El reino de los cielos es igual a la semilla de
tomó y ocultó en tres celemines de harina hasta que todo fermentó». 34 Todo esto dijo
Jesús mediante comparaciones a la muchedumbre, y sin comparación nada les decía,
35 para que se cumpliera lo dicho por vía del profeta cuando dijo: Abriré mediante
perlas bonitas; 46 cuando encuentra una perla preciosa, va y vende todo cuanto tiene y
la compra.
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47» El reino de los cielos también es igual a una red de pesca arrojada al mar y
que recoge de toda especie; 48 cuando estuvo llena, tras traerla playa arriba y sentarse,
recogieron las hermosas[137] en cajas, pero las estropeadas las echaron fuera. 49 Así
será en el final de la era: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre medias
de los justos 50 y los arrojarán al horno del fuego[138]; allí estará el llanto y el
rechinar de dientes.
51» ¿Comprendisteis todo esto?». Le dijeron: «Sí». 52 Él les dijo: «Por eso todo
escriba que es discípulo del reino de los cielos es igual a un señor de su casa que tira
de su tesoro lo nuevo y lo viejo».
53 Y cuando Jesús terminó estas comparaciones se marchó de allí. 54 Y al ir a su
1 En aquel tiempo oyó Herodes el tetrarca el rumor sobre Jesús, 2 y dijo a sus
14 sirvientes: «Este es Juan el Bautista; él fue resucitado de los muertos y por eso
los milagros se realizan mediante él».
3 Pues Herodes, tras capturar a Juan, lo encadenó y puso en prisión por Herodías,
la esposa de Filipo su hermano; 4 pues le decía Juan: «No es lícito que la tengas». 5 Y,
pese a que quería matarlo, temía a la muchedumbre, porque lo tenían por profeta.
6 Llegado el aniversario de Herodes, la hija de Herodías bailó en el centro y
oírlo las multitudes, lo siguieron a pie desde las ciudades. 14 Y al salir vio una gran
muchedumbre y se conmovió por ellos y atendió a sus enfermos.
15 Llegada la tarde se le acercaron los discípulos para decirle: «El lugar está
desierto y ya pasó la hora; despide a la muchedumbre para que se vayan a las aldeas y
se compren alimentos». 16 Pero Jesús les dijo: «No tienen necesidad de irse, dadles de
comer vosotros». 17 Pero ellos le dicen: «No tenemos aquí salvo cinco panes y dos
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peces». 18 Y él dijo: «Traédmelos aquí». 19 Y tras animar a la gente a reclinarse sobre
la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los
bendijo y, tras partirlos, dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la
muchedumbre. 20 Y comieron todos y se hartaron, y recogieron como sobrante de los
trozos doce cestos llenos. 21 Y los que comieron eran unos cinco mil varones, sin
mujeres ni niños.
22 Y al instante obligó a los discípulos a subir a un barco y adelantarse al otro
15 decían: «¿Por qué tus discípulos descuidan la tradición de los ancianos? Pues
2
no lavan sus manos cuando comen pan». 3 Él, a modo de respuesta, les dijo:
«¿Por qué también vosotros transgredís el precepto de Dios a causa de vuestra
tradición? 4 Pues Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre[141], y quien maldiga a su
padre o a su madre, muera[142]. 5 Pero vosotros decís: el que diga a su padre o a su
madre: “Es un don aquello en lo que de mi parte seáis ayudados”, 6 de ninguna
manera honrará a su padre; y anulasteis la ley de Dios a causa de vuestra tradición. 7
Hipócritas, bien profetizó sobre vosotros Isaías cuando decía:8Este pueblo me honra
con los labios, pero su corazón se aleja de mí;9en vano me veneran mientras enseñan
como doctrinas[143] preceptos de hombres». 10 Y convocando a la multitud les dijo:
«Escuchad y comprended: 11 No lo que entra por la boca mancha al hombre, sino lo
que sale de la boca, esto mancha al hombre».
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12 Entonces, tras acercarse, los discípulos le dicen: «¿Sabes que los fariseos,
él dijo: «¿Todavía sois también vosotros unos necios? 17 ¿No sabéis que todo lo que
entra en la boca avanza hasta la tripa y es arrojado al retrete? 18 Pero lo que sale de la
boca procede del corazón, y esto profana al hombre. 19 Pues del corazón provienen
los malos pensamientos, asesinatos, adulterios, actos lascivos, robos, calumnias,
blasfemias. 20 Esto es lo que profana al hombre, pero comer con las manos sin lavar
no profana al hombre».
21 Y marchándose de allí Jesús se retiró a las regiones de Tiro y Sidón. 22 Y he
aquí que una mujer cananea, procedente de aquellas regiones, gritaba diciendo:
«¡Compadécete de mí, Señor, hijo de David!; mi hija está malamente endemoniada».
23 Pero él no le respondía ni palabra. Y tras acercarse sus discípulos le pidieron,
se quedó allí. 30 Y se le acercó una numerosa multitud con cojos, ciegos, lisiados,
mudos, entre ellos, y otros muchos, y echaron a sus pies y los curó a todos; 31 al
punto que la muchedumbre se maravilló al ver a los mudos hablando, a los lisiados
sanos, a los cojos caminando y a los ciegos viendo; y glorificaban al Dios de Israel.
32 Tras hacer venir a sus discípulos, Jesús dijo: «Me compadezco de esta
muchedumbre, porque ya hace tres días que se quedan junto a mí y no tienen qué
comer; y despedirlos ayunos no quiero, no sea que desfallezcan por el camino». 33 Y
le dicen los discípulos: «¿De dónde tendremos en un desierto tantos panes como para
saciar a semejante multitud?» 34 Y les dice Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?». Y ellos
dijeron: «Siete y unos pocos pececillos». 35 Y tras mandar a la multitud que se
reclinara en tierra, 36 tomó los siete panes y los peces y, tras bendecirlos, los partió y
los dio a los discípulos, y los discípulos a la multitud. 37 Y comieron todos y se
hartaron. Y como sobrante de los trozos recogieron siete cestos llenos. 38 Y los que
comieron eran cinco mil varones, sin mujeres ni niños.
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39 Y tras despedir a la multitud, se subió al barco y se dirigió a la región de
Magadán.
16 mostrara una señal del cielo [144]. 2 Pero él, a modo de respuesta, les dijo: «Al
llegar la tarde decís: “Buen tiempo”, pues se vuelve rojizo el cielo; 3 y por la
mañana: “Hoy tormenta”, pues se vuelve rojizo al ensombrecerse el cielo. ¿Sabéis
juzgar el rostro del cielo, pero las señales de los momentos concretos no podéis? 4
Una generación malvada y adúltera pide una señal, y no se le dará otra señal que la
señal de Jonás». Y dejándolos atrás se marchó.
5 Y al ir sus discípulos al otro lado del mar, olvidaron coger panes. 6 Y Jesús les
diciendo: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». 14 Y ellos dijeron:
«Unos que Juan el Bautista, pero otros que Elías, y otros que uno de los profetas». 15
Les dice: «¿Y vosotros quién decís que soy yo?». 16 Como respuesta, le dijo Pedro:
«Tú eres el Cristo, el hijo del Dios vivo». 17 Y como respuesta, le dijo Jesús: «Eres
afortunado, Simón Bariona[145], porque la carne y la sangre[146] no te lo revelaron,
sino mi Padre celestial. 18 Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra
construiré mi iglesia[147], y las puertas del Hades[148] no la vencerán. 19 Te daré las
llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo
que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 20 Entonces ordenó a los
discípulos que a nadie dijeran que él era el Cristo.
21 Desde entonces empezó Jesús a indicarles que era preciso que fuera a Jerusalén
niegue y coja su cruz y me siga. 25 Pues quien quiera salvar su vida, la perderá; pero
quien pierda su vida por mí, la encontrará. 26 ¿Pues en qué se verá beneficiado un
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hombre si adquiere todo el mundo pero perjudica su vida? 27 Pues el Hijo del hombre
va a venir mediante la gloria de su Padre y entonces retribuirá a cada uno según sus
acciones[149]. 28 Con seguridad os digo que hay algunos de los que están aquí que no
probarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir a su reino».
brilló su rostro como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 3 Y
he aquí que se les apareció en una visión Moisés y Elías conversando con él. 4 A
modo de respuesta, dijo Pedro a Jesús: «Señor, es hermoso que nosotros estemos
aquí; si quieres, haré aquí tres tiendas, para ti una, otra para Moisés y para Elías
otra». 5 Mientras él todavía hablaba, he aquí que una nube resplandeciente los cubrió,
y he aquí una voz procedente de la nube que decía: «Este es mi hijo el amado, con el
que me complací; escuchadlo».
6 Y al escucharla los discípulos cayeron bocabajo y se atemorizaron
visión hasta que el Hijo del hombre sea resucitado de los muertos». 10 Y los
discípulos le preguntaron diciendo: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que es preciso
que Elías venga primero?»[150]. 11 Y él, a modo de respuesta, les dijo: «Elías vendrá y
restablecerá todo; 12 pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que
hicieron en él todo cuanto quisieron; de la misma manera, el Hijo del hombre va a
sufrir a manos de ellos». 13 Entonces comprendieron los discípulos que les había
hablado sobre Juan el Bautista.
14 Y una vez se dirigieron hacia la muchedumbre, se le acercó un hombre que
le dijo Jesús: «¡Oh generación incrédula y extraviada!, ¿hasta cuándo estaré entre
vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? ¡Traédmelo aquí!». 18 Y lo conminó Jesús y
expulsó de él el demonio, y el niño quedó curado desde ese momento.
19 Entonces, tras acercarse los discípulos a Jesús aparte, dijeron: «¿Por qué
nosotros no pudimos expulsarlo?». 20 Y Jesús les dice: «A causa de vuestra poca fe;
pues con seguridad os digo: si tuvierais una esperanza como una semilla de mostaza,
diríais a este monte: “Vete de aquí allí”, y se iría; y nada os sería imposible».
22 Al volver a Galilea[151], les dijo Jesús: «El Hijo del hombre va a ser entregado
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24 Tras dirigirse a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que recaudan la
didracma[152] y dijeron: «¿Vuestro maestro no paga la didracma?». 25 Dice: «Sí». Y
cuando iba hacia casa lo adelantó Jesús diciendo: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes
de la tierra, ¿de quién recaudan impuestos o un censo[153]? ¿De sus hijos o de otros?».
26 Y tras responder: «De otros», le dijo Jesús: «Es que entonces son libres[154] sus
hijos. 27 Para que no los escandalicemos, dirígete al mar y arroja un anzuelo y toma el
primer pez que caiga, y cuando hayas abierto su boca encontrarás una estatera[155];
tómala y dásela por ti y por mí».
18 será mayor en el reino de los cielos?». Y tras hacer venir a un niño, lo situó en
2
una piedra de molino movida por un asno esté colgada de su cuello y naufrague en
alta mar. 7 ¡Ay del mundo por los escándalos! Pues es necesario que vengan
escándalos, pero ¡ay del hombre debido al cual viene el escándalo! 8 Y si tu mano o
tu pie te escandaliza, córtalo y arrójalo de ti; mejor es para ti que entres a la vida
lisiado o cojo que ser arrojado al fuego eterno con dos manos o dos pies. 9 Y si tu ojo
te escandaliza, sácatelo y arrójalo lejos de ti; mejor para ti es ser tuerto para entrar en
la vida que ser arrojado a la gehenna del fuego con los dos ojos.
10» Cuidad de no despreciar a uno de estos pequeños; pues os digo que sus
ganarías a tu hermano; 16 pero si no te oyera, toma contigo todavía a uno o dos, para
que con el testimonio de dos o tres testigos quede todo dicho[157]. 17 Pero si llegado el
caso los desobedeciera, dilo a la asamblea; y si también desobedeciera a la asamblea,
sea para ti como el gentil o el publicano.18 Con seguridad os digo: cuanto atéis en la
tierra quedará atado en el cielo, y cuanto desatéis en la tierra quedará desatado en el
cielo.
19» También os digo que si, llegado el caso, dos están de acuerdo entre ellos sobre
la tierra en alguna cosa que pidan, la obtendrán de mi Padre celestial. 20 Pues cuando
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dos o tres se han reunido en mi nombre, allí en medio de ellos estoy».
21 Entonces, acercándose, Pedro le dijo: «Señor, ¿cuántas veces pecará contra mí
mi hermano y lo perdonaré? ¿Hasta siete veces?». 22 Le dice Jesús: «No te digo hasta
siete veces, sino hasta setenta y siete veces.
23» Por eso el reino de los cielos es igual a un rey que quiso arreglar cuentas con
19 dirigió a la región de Judea al otro lado del Jordán. Y los siguió una numerosa
2
despedir a su mujer por algún motivo. 4 Él, a modo de respuesta, dijo: «¿No leísteis
que el creador, desde el principio, macho y hembra los creó?»[160]. 5 Y dijo: «Por eso
dejará el hombre a su padre y a su madre y será fiel a su mujer, y los dos acabarán
por ser una carne[161].6 De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que
Dios unió no lo separe un hombre». 7 Le dicen: «Así pues, ¿por qué Moisés
prescribió dar un libelo de repudio y despedirla?». 8 Les dice: «Moisés, a causa de
vuestra dureza de corazón, os ordenó repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no
sucedió así. 9 Os digo que quien repudie a su mujer no por adulterio y se case comete
adulterio con la otra».
10 Le dicen sus discípulos: «Si así es la condición del hombre con la mujer, no
conviene casarse». 11 Pero él les dijo: «No todos son capaces de entender esta
palabra, sino aquellos a quienes se les ha concedido. 12 Pues hay eunucos que del
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vientre de su madre nacieron así, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los
hombres, y hay eunucos que se hicieron eunucos a sí mismos a causa del reino de los
cielos. El que pueda entender, que entienda».
13 Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y
rezase; pero los discípulos se lo impidieron. 14 Y Jesús dijo: «Dejad a los niños y no
impidáis que se acerquen a mí, pues de los que son así es el reino de los cielos». 15 Y,
tras imponerles las manos, se marchó de allí.
16 Y he aquí que uno se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿qué obra buena haré para
conseguir vida eterna?». 17 Y él le dijo: «¿Por qué me preguntas sobre el bien? Uno
es el bien: si quieres entrar en la vida, cumple los preceptos». 18 Le dice: «¿Cuáles?».
Jesús le dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso
testimonio,19honra a tu padre y a tu madre[162], y amarás a tu vecino como a ti
mismo[163]». 20 Le dice el joven: «Todo eso lo cumplí; ¿qué me falta todavía?». 21 Le
dijo Jesús: «Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que tienes y dalo a los pobres, y
tendrás un tesoro en los cielos, y sígueme». 22 Al oírlo, el joven se marchó
entristecido; pues tenía muchas posesiones.
23 Y Jesús dijo a sus discípulos: «Con seguridad os digo que un rico difícilmente
entrará en el reino de los cielos. 24 Y también os digo, es más fácil que un camello
atraviese el agujero de una aguja que un rico entre en el reino de Dios». 25 Al oírlo,
los discípulos se espantaron enormemente y dijeron: «¿Quién entonces puede ser
salvado?». 26 Y mirándolos, les dijo Jesús: «Para los hombres esto es imposible, pero
para Dios todo es posible».
27 Entonces, le dijo Pedro, a modo de respuesta: «Mira que nosotros dejamos todo
1 «Pues el reino de los cielos es igual a un señor de su casa, que salió de mañana
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vosotros a la viña”. 8 Y llegada la tarde, dice el señor de la viña a su administrador:
“Llama a los trabajadores y págales el jornal, comenzando de los últimos a los
primeros”. 9 Y yendo los de la hora oncena tomaron a razón de un denario. 10 Y
cuando fueron los primeros creyeron que cobrarían más; y cobraron a razón de un
denario también ellos. 11 Al cogerlo, murmuraron contra el señor 12 diciendo: “Estos
últimos trabajaron una hora y los hiciste iguales a nosotros que soportamos el peso
del día y el calor ardiente”. 13 Pero él le dijo como respuesta a uno de ellos: “Amigo,
no cometo injusticia contra ti. ¿No te pusiste de acuerdo conmigo en un denario? 14
Coge lo tuyo y vete. Y quiero dar al último como a ti. 15 ¿Acaso no me es lícito hacer
lo que quiera en lo mío? ¿O tu ojo es malo porque yo soy bueno?”. 16 De la misma
manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos[164]».
17 Y al subir Jesús a Jerusalén, llevó consigo solo a los doce discípulos, y les dijo:
18 «Mirad que vamos a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los sumos
tras hacerles venir, dijo: «Sabéis que los príncipes de los gentiles los someten y los
grandes ejercen su autoridad sobre ellos. 26 No será así entre vosotros, sino que el que
quiera ser entre vosotros grande, será siervo vuestro, 27 y quien quiera ser el primero
entre vosotros, será vuestro esclavo; 28 exactamente de la misma manera que el Hijo
del hombre no quiso ser servido, sino servir y dar su vida como rescate a favor de
muchos».
29 Y cuando se marchaban de Jericó, lo siguió una numerosa muchedumbre. 30 Y
he aquí que dos ciegos sentados junto al camino, al oír que Jesús viene, gritaron
diciendo: «Compadécete de nosotros, Señor, Hijo de David». 31 Pero la multitud los
conminó a callarse; pero ellos gritaron más diciendo: «Compadécete de nosotros,
Señor, Hijo de David». 32 Y parándose Jesús los llamó y dijo: «¿Qué queréis que os
haga?». 33 Le dicen: «Señor, que se abran nuestros ojos». 34 Y, conmovido, Jesús tocó
sus ojos, y al instante vieron y lo siguieron.
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frente a vosotros, y al instante encontraréis una burra atada y un pollino con ella;
desatadlos y traédmelos. 3 Y si alguien os dice algo, le diréis que el señor tiene
necesidad de ellos». 4 Esto ocurrió para que se cumpla lo dicho mediante el profeta
cuando dice: 5Decid a la hija de Sión: Mira, tu rey vendrá a ti tranquilo montado en
un burro, en un pollino hijo de acémila[165].
6 Y tras marcharse los discípulos y hacer tal como les ordenó Jesús, 7 trajeron la
burra y el pollino y les colocaron las mantas, y se sentó sobre ellos. 8 Y una
grandísima multitud extendió sus propios mantos en el camino, y otros cortaron
ramas de árboles y las extendían en el camino. 9 Y las gentes que lo precedían y
seguían gritaban diciendo: ¡Hosanna[166] al Hijo de David![167]. Bendito el que viene
en nombre del Señor; Hosanna en las alturas[168]. 10 Y cuando entró en Jerusalén, se
conmocionó toda la ciudad diciendo: «¿Quién es este?». 11 Y las gentes decían: «Este
es el profeta Jesús de Nazaret, de Galilea».
12 Y entró Jesús al Templo y arrojó a todos los que vendían y compraban en el
Templo, y las mesas de los cambistas las derribó y las sillas de los que vendían las
palomas, 13 y les dice: «Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración[169]. Pero
vosotros la habéis hecho cueva de bandoleros[170]».
14 Y se le acercaron ciegos y cojos en el Templo, y los curó. 15 Pero al ver los
sumos sacerdotes y los escribas los milagros que hizo y a los niños que gritaban en el
Templo y decían: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron 16 y le dijeron:
«¿Escuchas qué dicen estos?». Y Jesús les dice: «Sí. ¿Nunca leísteis que de la boca
de los niños y de los que maman me procuré alabanza?»[171].17 Y dejándolos atrás
salió de la ciudad hacia Betania y acampó allí.
18 Por la mañana, cuando volvía a la ciudad, tuvo hambre. 19 Y al ver una higuera
junto al camino fue hacia ella y nada encontró en ella salvo hojas, y le dice: «Ya no
saldrá fruto de ti jamás». Y se secó inmediatamente la higuera.
20 Y al verlo los discípulos se admiraron diciendo: «¿Cómo se secó
sacerdotes y los ancianos del pueblo para decirle: «¿Mediante qué poder hacer esto?
¿Y quién te dio este poder?». 24 Como respuesta, les dijo Jesús: «También yo os haré
una pregunta, que si me decís, también yo os diré mediante qué poder hago estas
cosas[172]: 25 ¿De dónde venía el bautismo de Juan?, ¿del cielo o de los hombres?».
Ellos deliberaban entre sí diciendo: «Si decimos: “Del cielo” nos dirá: “¿Por qué no
creísteis en él?”. 26 Pero si decimos: “De los hombres”, tememos a la multitud, pues
todos tiene a Juan por profeta». 27 Y como respuesta dijeron a Jesús: «No sabemos».
Y les dijo él: «Ni yo os digo mediante qué poder hago estas cosas».
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28 «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Y acercándose al primero le dijo:
“Hijo, venga, mañana trabaja en la viña”. 29 Como respuesta le dijo: “No quiero”,
pero después, arrepentido, fue. 30 Acercándose al otro, le dijo lo mismo. Y él, como
respuesta, le dijo: “Yo[173], Señor”, y no fue. 31 ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad
de su padre?». Dicen: «El primero». Les dice Jesús: «Con seguridad os digo que los
publicanos y prostitutas entrarán en lugar vuestro en el reino de Dios. 32 Pues vino
Juan a vosotros por un camino justo, y no confiasteis en él, pero los publicanos y
prostitutas confiaron en él. Y vosotros, al verlo, ni os habéis arrepentido después para
creer en él.
33» Escuchad otra comparación: Había un señor de su casa que plantó una viña,
puso en derredor una cerca, excavó una prensa, construyó una vivienda encima, la
entregó a sus campesinos y se marchó. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos,
envió a sus esclavos a los campesinos para recoger sus frutos. 35 Y tomando los
campesinos a los esclavos, a uno lo apalearon, a otro lo mataron, y a otro lo
apedrearon. 36 De nuevo envió a otros esclavos más que los primeros, y les hicieron
lo mismo. 37 Y por último les envió a su hijo diciendo: “Sentirán vergüenza ante mi
hijo”. 38 Pero los campesinos, al ver al hijo, dijeron entre sí: “Este es el heredero;
matémoslo ahora y obtengamos su herencia”. 39 Y tomándolo, lo arrojaron fuera de la
viña y lo mataron. 40 Así pues, cuando llegue el señor de la viña, ¿qué les hará los
campesinos aquellos?». 41 Le dicen: «A esos malvados los perderá malamente y dará
la viña a otros campesinos, los cuales le darán sus frutos en su momento».
42 Les dice Jesús: «¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que rechazaron
los albañiles, esta se convirtió en angular; del Señor vino ella y es maravillosa a
nuestros ojos[174]?. 43 Por eso os digo que el reino de Dios os será quitado y
entregado a una nación que dé sus frutos. 44 [Y el que caiga sobre esta piedra se
destrozará; pero sobre quien caiga lo aplastará]».
45 Y al escuchar los sumos sacerdotes y fariseos sus comparaciones supieron que
22 «El reino de los cielos se parece a un rey que celebró las bodas de su hijo. Y 3
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dignos; 9 así pues, marchad a las encrucijadas de los caminos y a cuantos encontréis
invitadlos a la boda”. 10 Y tras partir estos esclavos hacia los caminos, reunieron a
todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó la boda de gente recostada a la
mesa. 11 Y entró el rey a observar a los recostados a la mesa y vio allí a un hombre
que no vestía la vestimenta de boda, 12 y le dice: “Compañero, ¿cómo viniste aquí sin
vestimenta de boda?”. Y él enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: “Tras
atarle los pies y las manos arrojadlo a la oscuridad de fuera; allí estará el llanto y el
rechinar de dientes”. 14 Pues muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
15 Marchándose entonces los fariseos tomaron consejo para sorprenderlo de
palabra. 16 Y envían a sus discípulos ante él junto con herodianos para decirle:
«Maestro, sabemos que eres recto y que enseñas con rectitud el camino de Dios y no
te preocupas por nadie, pues no miras el rostro de los hombres[175]. 17 Dinos, pues,
qué te parece: ¿Se atiene a la Ley[176] pagar el censo al César o no?». 18 Pero como
conociera Jesús su maldad, les dijo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme
una moneda del censo». Y le trajeron un denario. 20 Y les dice: «¿De quién es la
imagen esta y la inscripción?». 21 Le dicen: «Del César». Entonces les dice:
«Devolved[177], pues, al César lo del César, y lo de Dios, a Dios». 22 Y al escucharlo
se admiraron, y dejándolo se fueron.
23 Aquel día se le acercaron unos saduceos diciendo que no hay resurrección[178],
y le preguntaron 24 diciendo: «Maestro, Moisés dijo “Si uno muere sin hijos, su
hermano tomará a su esposa y suscitará descendencia para su hermano[179]”. 25
Había entre nosotros siete hermanos; y el primero tomo esposa y murió y, no dejando
descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26 Igualmente el segundo y el tercero,
hasta los siete. 27 Y después de todos, la mujer murió. 28 Así pues, en la resurrección,
¿de cuál de los siete será esposa? Pues todos la tuvieron». 29 Les dijo Jesús como
respuesta: «Os equivocáis por no conocer las Escrituras ni la fuerza de Dios; 30 pues
en la resurrección ni desposan ni son desposadas, sino que son como ángeles en los
cielos. 31 Pero sobre la resurrección de los muertos, ¿no leísteis lo dicho por Dios
cuando decía: 32“Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob[180]?
No es Dios de muertos, sino de vivos”». 33 Y al oírlo la multitud quedó fuera de sí
por su enseñanza.
34 Y los fariseos, al oír que hacía callar a los saduceos, se reunieron allí mismo. 35
opináis sobre el Cristo? ¿De quién es hijo?». Le dicen: «De David». 43 Les dice: «Así
pues, ¿cómo David lo llama Señor mediante el Espíritu, cuando dice: 44Dijo el Señor
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a mi señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos bajo tus
pies[185]?». 45 Así pues, si David lo llama Señor, ¿cómo es hijo suyo?». 46 Y nadie
podía responderle una palabra ni se atrevió nadie desde aquel día a preguntarle nunca.
23 silla de Moisés se sentaron los escribas y fariseos. Así pues, todo cuanto os
3
digan hacedlo y observadlo, pero no actuéis según sus hechos; pues dicen y no
hacen. 4 Y atan cargas pesadas y difíciles de soportar y las colocan sobre los hombros
de los hombres, pero ellos no quieren moverlas con su dedo. 5 Y hacen todas sus
obras para ser vistas por los hombres; pues abren sus filacterias y ensanchan sus
franjas[186], 6 desean los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en
las sinagogas 7 y los abrazos en las plazas y ser llamados por los hombres rabí[187].
8» Pero vosotros no seáis llamados rabí; pues uno es vuestro maestro, y todos
cielos ante los hombres! Pues vosotros no entráis ni dejáis que entren los que van a
entrar[188].
15» ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque cruzáis el mar y la
tierra para hacer un solo prosélito[189], y cuando se da, lo hacéis hijo de la gehenna el
doble que vosotros!
16» ¡Ay de vosotros, guías ciegos que decís: “Quien jure por el Templo, no es
nada; pero quien jure por el oro del Templo, está obligado!”. 17 ¡Necios y ciegos,
pues, ¿qué es mayor, el oro o el Templo que hace santo al oro?! 18 Y quien jure por el
altar del sacrificio, no es nada; pero quien jure por la ofrenda situada sobre él, está
obligado. 19 Ciegos, pues, ¿qué es mayor, la ofrenda o el altar de los sacrificios que
hace santa la ofrenda? 20 Así pues, quien jure por el altar de los sacrificios jura por él
y por todo lo que está sobre él; 21 y el que jure por el Templo, jura por él y por el que
lo habita, 22 y el que jure por el cielo jura por el trono de Dios y por quien está
sentado sobre él.
23» ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque pagáis el diezmo[190] de
vaso y del plato, pero por dentro están llenos de rapiña e incontinencia! 26 ¡Fariseo
ciego, purifica primero el interior del vaso, para que su exterior acabe también puro!
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27» ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque os parecéis a tumbas
encaladas, que, como tales, por fuera aparecen encantadoras, pero dentro están llenas
de huesos muertos y toda impureza! 28 De igual forma también vosotros por fuera
parecéis a los hombres ser justos, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y actitud
contraria a la Ley.
29» ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque habitáis las tumbas de
los profetas y adornáis los sepulcros de los justos, 30 y decís: “Si estuviéramos en los
días de nuestros padres, no seríamos compañeros de estos por causa de la sangre de
los profetas! 31 De manera que os atestiguáis a vosotros mismos que sois hijos de los
que mataron a los profetas. 32 Y vosotros llenad la medida de vuestros padres. 33
¡Serpientes, crías de víboras!, ¿cómo vais a huir del juicio de la gehenna?
34» Por eso, ved que yo os envío profetas, sabios y escribas; de ellos, mataréis y
enviaron, ¿cuántas veces quise reunir a tus hijos, al modo en que un pájaro reúne sus
polluelos bajo las alas, y no quisiste? 38 Por eso se os privará de hogar. 39 Pues os
digo que no me veréis desde ahora hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre
del Señor[191]».
24 para mostrarle las construcciones del Templo. Y como respuesta les dijo: «¿No
2
veis todo esto? Con seguridad os digo que de ninguna manera quedará aquí
piedra sobre piedra que no sea derribada».
3 Sentado él en el monte de los Olivos se le acercaron los discípulos en particular
para decirle: «Dinos, ¿cuándo será eso y cuál será la señal de tu venida y del final del
tiempo?».
4 Y como respuesta, Jesús les dijo: «Cuidad que nadie os engañe; 5 pues muchos
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muchos; 12 y debido a que aumentarán las acciones contra la Ley se enfriará el amor
de muchos[192]. 13 Pero el que permanezca hasta el final, este será salvado. 14 Y será
anunciada esta buena noticia del reino en todo el mundo como testimonio para todas
las naciones, y entonces llegará el final.
15» Así pues, cuando veáis que la idolatría devastadora[193] dicha por boca de
Daniel el profeta está en un lugar santo, el que lea reflexione, 16 entonces los que
estén en Judea huyan a los montes, 17 el que esté sobre su casa no baje a recoger las
cosas de su casa, 18 y el que esté en el campo no vuelva atrás a recoger su manto. 19
¡Ay de las que estén embarazadas y de las que den el pecho en esos días!
20» Pero rezad para que no tenga lugar vuestra huida en invierno ni en sábado. 21
Pues entonces habrá una gran tribulación, tal como no ha habido desde el principio
del mundo hasta ahora ni la habrá. 22 Y si no fueran acortados los días aquellos, no se
salvaría carne alguna[194]; pero gracias a los elegidos serán acortados aquellos días.
23» Entonces, si alguno os dijera: “Mira, aquí está el Cristo”, o “Aquí”, no
confiéis; 24 pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y darán grandes señales y
prodigios a fin de engañar, si es posible, también a los elegidos. 25 Mirad que os lo he
predicho. 26 Así pues, si os lo dijeran: “Mirad, que está en el desierto”, no salgáis;
“mirad que está en los graneros”, no confiéis; 27 pues exactamente igual que el
resplandor viene de oriente y brilla hasta occidente, así será la vuelta del Hijo del
hombre; 28 donde esté el cadáver, allí se reunirán los buitres.
29» Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
salvo el Padre.
37» Pues exactamente igual que los días de Noé, así será la venida del Hijo del
hombre. 38 Pues tal como estaban en aquellos días anteriores al diluvio comiendo y
bebiendo, y casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que entró Noé al
arca, 39 y no supieron hasta que llegó el diluvio y se llevó a todos, asimismo será la
venida del Hijo del hombre. 40 Entonces estarán dos en el campo, uno es tomado y el
otro dejado; 41 dos mujeres moliendo en el molino, una es tomada, la otra es dejada.
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42» Así pues, vigilad, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor. 43 Y
sabéis aquello de que si el señor de la casa supiera en qué hora de la noche viene el
ladrón, vigilaría y no permitiría que su casa fuera robada horadándola. 44 Por eso
vosotros estad preparados, porque cuando no lo penséis vendrá el Hijo del hombre.
45» ¿Quién es el esclavo fiel y prudente al que colocó el señor al frente de su
1» Entonces el reino de los cielos será igual a diez doncellas que, tras coger sus
25 lámparas, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran tontas y cinco
2
prudentes. 3 Pues las tontas, al coger sus lámparas, no tomaron consigo aceite. 4
Pero las prudentes tomaron aceite en sus vasos junto con sus lámparas. 5 Como
tardara el novio, cabecearon y se durmieron. 6 Pero a medianoche hubo un grito:
“¡Mirad, el novio, salid a su encuentro!”. 7 Entonces se levantaron todas las doncellas
aquellas y prepararon sus propias lámparas. 8 Y las tontas dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. 9 Pero respondieron
las prudentes diciendo: “Nunca nos llegaría a nosotras y a vosotras; dirigíos mejor a
los vendedores y os compráis”. 10 Mientras se fueron a comprar llegó el novio, y las
preparadas salieron con él a los esponsales y la puerta fue cerrada. 11 Finalmente
llegan también las restantes doncellas diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”. 12 Pero él,
como respuesta, dijo: “Con seguridad os digo, no os conozco”. 13 En consecuencia,
vigilad, porque no sabéis el día ni la hora.
14» Pues exactamente como un hombre que, cuando se iba a ir de viaje, llamó a
sus siervos y les entregó sus bienes, 15 y a uno le dio cinco talentos, a otro dos, a otro
uno, a cada uno según su capacidad, y se fue de viaje. Al instante, 16 marchándose el
que cogió cinco talentos comerció valiéndose de ellos y ganó otros cinco; 17 De la
misma manera el de los dos[197] ganó otros dos. 18 Pero el que tomó uno, se fue e hizo
un agujero en tierra y ocultó el dinero de su señor. 19 Y después de mucho tiempo
viene el señor de los siervos aquellos y arregla cuentas con ellos. 20 Y acercándose el
que tomó cinco talentos, presentó otros cinco talentos, diciendo: “Señor, cinco
talentos me diste; mira, gané otros cinco”. 21 Le dijo su señor: “¡Bien, siervo bueno y
fiel!, en lo poco fuiste fiel, de mucho te pondré al cargo; entra en la alegría de tu
señor”. 22 Acercándose también el de los dos talentos dijo: “Señor, dos talentos me
diste; mira, dos talentos gané”. 23 Le dijo su señor: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo
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poco fuiste fiel, de mucho te pondré al cargo; entra en la alegría de tu señor”. 24 Y
acercándose también el que recibió un talento, dijo: “Señor, sabedor de que eres
hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges de donde no esparciste, 25 y
atemorizado, salí y oculté tu talento en tierra; mira, tienes lo tuyo”. 26 Como
respuesta, le dijo su señor: “Siervo malo y negligente, ¿sabías que siego donde no
sembré y recojo donde no esparcí? 27 En consecuencia, era preciso que pusieras mi
dinero donde los banqueros, y al venir yo recogiera lo mío con interés. 28 En
consecuencia, quitadle el talento y dádselo al que tiene diez talentos; 29 pues a todo el
que tiene se le dará y le sobrará, pero si alguien no tiene, incluso lo que tiene le será
arrebatado. 30 Y al siervo inútil echadlo a la oscuridad exterior; allí estará el llanto y
el rechinar de dientes”.
31» Y cuando llegue el Hijo del hombre mediante su gloria y todos los ángeles
con él, entonces se sentará sobre su trono de gloria; 32 y serán reunidas delante de él
todas las naciones, y separará unas de otras, justamente como separa un pastor las
ovejas de los chivos, 33 y colocará las ovejas a su derecha y los chivos a su izquierda.
34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid los benditos de mi Padre, heredad
el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Pues tuve hambre, y
me disteis para comer; tuve sed, y me disteis a beber; era extranjero, y me recogisteis;
36 estaba desnudo, y me vestisteis; estuve enfermo, y me cuidasteis; estaba en la
al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Pues tuve hambre, y no me
disteis para comer; tuve sed, y no me disteis a beber; 43 era extranjero, y no me
recogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me
visitasteis”. 44 Entonces le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo vimos que tenías
hambre o sed o eras extranjero o estabas desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te
servimos?”. 45 Entonces les responderá diciendo: “Con seguridad os digo, cuanto no
hicisteis a uno de los más pequeños, tampoco a mí me lo hicisteis”. 46 Y estos irán
para el castigo eterno, pero los justos para la vida eterna».
1 Y sucedió que, cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus
26 discípulos: 2 «Sabéis que en dos días tiene lugar la Pascua, y el Hijo del hombre
es entregado para ser crucificado».
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3 Entonces se reunieron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en el
palacio del sumo sacerdote, llamado Caifás, 4 y se confabularon para prender a Jesús
mediante un engaño y matarlo; 5 pero decían: «No en la fiesta, para que no se
produzca una revuelta en el pueblo».
6 Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, 7 se le acercó una mujer
con un vaso de perfume muy costoso y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba
recostado a la mesa. 8 Pero, al verlo, los discípulos se irritaron diciendo: «¿Para qué
este derroche? 9 Pues podía venderse por mucho y darlo a los pobres». 10 Y
conociéndolo Jesús, les dijo: «¿Por qué le ocasionáis disgustos a la mujer? Pues hizo
algo hermoso para mí; 11 pues tenéis siempre a los pobres con vosotros, pero a mí no
me tendréis más; 12 pues al derramar el perfume este sobre mi cuerpo lo hizo para
enterrarme. 13 Con seguridad os digo, donde sea anunciada esta buena noticia por
todo el mundo, se mencionará también lo que esta hizo para recuerdo suyo».
14 Entonces, después de marcharse uno de los doce, el llamado Judas Iscariote,
por al cual el Hijo del hombre es entregado!; ¡mejor hubiera sido para él si no hubiera
nacido el hombre ese!». 25 Como respuesta le dijo Judas, el que lo iba a entregar:
«¿Acaso soy yo, rabí?». Le dijo: «Tú lo has dicho».
26 Mientras comían, tomando Jesús pan y, tras bendecirlo, lo partió y, dándolo a
noche, pues está escrito: Heriré al pastor y dispersaré las ovejas del pastor[198]. 32 Y
después de que yo sea resucitado os llevaré a Galilea». 33 Como respuesta le dijo
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Pedro: «Si todos van a escandalizarse por ti, yo jamás me escandalizaré». 34 Le dijo
Jesús: «Con seguridad te digo que esta noche antes de que el gallo cante, tres veces
me negarás». 35 Le dice Pedro: «Aunque fuera preciso que muriera contigo, de
ninguna manera te negaré». Lo mismo dijeron también todos los discípulos.
36 Entonces se marcha Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dice a los
discípulos: «Sentaos aquí mientras me voy allí a rezar». 37 Y tomando a Pedro y a los
dos hijos de Zebedeo comenzó a entristecerse y angustiarse. 38 Entonces les dice:
«Triste sobremanera es mi vida[199] hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo».
39 Y avanzando un poco se echó de hinojos para rogar y decir: «Padre mío, si es
posible, que pase de mí este vaso; pero[200] no como yo quiero, sino como tú». 40 Y se
va hacia los discípulos y los encuentra durmiendo, y dice a Pedro: «¿De manera que
no tuvisteis fuerzas para velar una hora conmigo? 41 Velad y rezad para que no entréis
en tentación; el espíritu es animoso, pero la carne débil». 42 De nuevo una segunda
vez se marchó y rogó diciendo: «Padre mío, si no es posible que este[201] pase sin que
lo beba, que se haga tu voluntad». 43 Y volvió y otra vez los encontró durmiendo,
pues sus ojos estaban cansados. 44 Y tras dejarlos de nuevo se fue y rogó por tercera
vez diciendo lo mismo de nuevo. 45 Entonces se dirige hacia los discípulos y les dice:
«Dormid de ahora en adelante y descansad. Mirad, la hora ya está cerca y el Hijo del
hombre es entregado a manos de pecadores. 46 ¡Despertad y vayamos! Mirad, ya está
cerca el que me entrega».
47 Y mientras todavía estaba hablando, he aquí que Judas, uno de los doce, vino y
una numerosa multitud con él con espadas y palos de parte de los sumos sacerdotes y
los ancianos del pueblo. 48 Y el que lo iba a entregar les había dado una señal cuando
dijo: «Al que bese, ese es, capturadlo». 49 Y al instante, acercándose a Jesús dijo:
«¡Hola, rabí!», y lo besó. 50 Y Jesús le dijo: «Amigo, ¿a qué has venido?». Entonces
se acercaron y echaron mano a Jesús y lo capturaron. 51 Y he aquí que uno de los que
estaba con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada y, golpeando al siervo del
sumo sacerdote, le cortó la oreja. 52 Entonces le dice Jesús: «Vuelve la espada a su
lugar, pues todos los que tomen espada perecerán mediante espada. 53 ¿O piensas que
no puedo invocar a mi Padre, y me ofrecería al instante más de doce legiones de
ángeles? 54 En ese caso, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así es preciso que
ocurra?». 55 En aquel momento dijo Jesús a las multitudes: «¿Como a un ladrón
vinisteis a cogerme, con espadas y palos? Cada día estaba sentado en el Templo
enseñando y no me capturasteis. 56 Esto ha ocurrido en su totalidad para se cumplan
las Escrituras de los profetas».
57 Y los que capturaron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás el sumo sacerdote,
donde se habían reunido los escribas y ancianos. 58 Pero Pedro lo siguió a distancia
hasta el palacio del sumo sacerdote y, tras entrar, se sentó con los sirvientes para ver
el final.
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59 Y los sumos sacerdotes y el sanedrín al completo buscaban un testimonio falso
contra Jesús para matarlo, 60 y no encontraron pese a que muchos testigos falsos se
habían acercado. Finalmente, dos que habían venido 61 dijeron: «Este dijo: “Puedo
derribar el templo de Dios y construirlo en tres días”». 62 Y el sumo sacerdote se
levantó y le dijo: «¿Nada respondes? ¿Qué testifican estos contra ti?» 63 Pero Jesús
calló. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú
eres el Cristo, el hijo de Dios». 64 Le dice Jesús: «Tú lo dijiste. Pero os digo: desde
ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del poder y viniendo sobre las
nubes del cielo[202]». 65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestidos mientras
decía: «¡Blasfemó! ¿Qué necesidad tenemos de testigos? Mirad, ahora mismo habéis
oído la blasfemia. 66 ¿Qué os parece?». Y ellos, como respuesta, dijeron: «Es reo de
muerte».
67 Entonces escupieron su rostro y lo abofetearon, y ellos lo golpearon 68 mientras
tú estabas con Jesús de Galilea». 70 Pero él negó delante de todos diciendo: «No sé
qué dices». 71 Y mientras salía hacia la puerta lo vio otra y dice a los que allí estaban:
«Este estaba con Jesús el Nazareno». 72 Y de nuevo negó con un juramento: «¡No
conozco a ese hombre!». 73 Poco después se acercaron los presentes y dijeron a
Pedro: «¡Verdaderamente también tú eres uno de ellos, pues incluso tu habla te
delata!». 74 Entonces comenzó a lanzar imprecaciones y a jurar: «¡No conozco a ese
hombre!». Y al instante un gallo cantó.
75 Y Pedro recordó lo dicho por Jesús cuando dijo: «Antes de que un gallo cante
devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos 4 diciendo:
«Pequé al entregaros una sangre inocente[203]». Ellos dijeron: «¿Qué nos importa? Tú
verás». 5 Y tras arrojar las treinta monedas de plata al Templo se alejó, y se marchó y
ahorcó. 6 Y los sumos sacerdotes, cogiendo las monedas de plata, dijeron: «No es
lícito echar esto al tesoro del Templo, pues son pago de sangre». 7 Y tras deliberar
compraron con ellas el Campo del alfarero para tumba de extranjeros. 8 Por eso se
llamó el Campo de sangre, hasta hoy. 9 Entonces se cumplió lo dicho por medio de
Jeremías el profeta cuando dijo: Y tomaron treinta monedas de plata, el pago del
vendido al que vendieron de los hijos de Israel[204], 10 y las dieron para el Campo del
alfarero, según me ordenó el Señor[205].
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11 Y Jesús quedó de pie delante del procurador; y le preguntó el procurador
diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Y Jesús le dijo: «Tú lo dices». 12 Y al ser
interrogado por los sumos sacerdotes y ancianos, nada respondió. 13 Entonces le dice
Pilato: «¿No oyes de cuánto te acusan?». 14 Y no le respondió ni una palabra, al punto
que el procurador se admiró sobremanera.
15 En cada fiesta solía el procurador soltar para la muchedumbre a un preso que
«Nada hay entre tú y ese justo; pues sufrí mucho hoy en un sueño a causa de él».
20 Y los sumos sacerdotes y ancianos convencieron a las multitudes para que
agua se lavó las manos frente a la multitud diciendo: «Soy inocente de esta sangre;
vosotros veréis». 25 Y como respuesta todo el pueblo dijo: «¡Su sangre sobre nosotros
y nuestros hijos!». 26 Entonces liberó a Barrabás, y a Jesús, tras azotarlo, lo entregó
para que fuera crucificado.
27 Entonces los soldados del procurador, tras llevar a Jesús al pretorio, reunieron
dieron a beber vino mezclado con hiel; y una vez lo probó, no quiso beber. 35 Tras
crucificarlo, repartieron sus ropas echándolas a suertes[209], 36 y sentados lo
observaban allí. 37 Y colocaron por encima de su cabeza escrita su imputación: «Este
es Jesús, rey de los judíos».
38 Entonces crucifican con él a dos bandoleros, uno a su derecha y otro a su
izquierda. 39 Y los que pasaban por allí lo maldecían moviendo sus cabezas 40 y
diciendo: «El que iba a destruir el Templo y en tres días iba a reconstruirlo, ¡sálvate,
si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!». 41 Igualmente, también los sumos sacerdotes
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se burlaban, junto a los escribas y ancianos, diciendo: 42 «A otros salvó, no puede
salvarse a sí mismo; es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y confiaremos en él.
43Ha confiado en Dios, que lo salve ahora si quiere[210]; pues dijo: “Soy hijo de
Dios”». 44 Y esto mismo también le echaban en cara los bandoleros crucificados con
él.
45 Desde la hora sexta sobrevino oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora
novena. 46 Hacia la hora novena gritó Jesús con fuerte voz diciendo: ¿Elí, Elí, lemá
sabactani[211]? Esto es: Dios, mi Dios, ¿para qué me abandonaste? 47 Y algunos de
los que allí estaban, al oírlo, dijeron: «Llama a Elías este». 48 Y al instante, uno de
ellos echó a correr y cogió una esponja y, tras llenarla de vinagre y colocarla en una
caña, le dio a beber. 49 Y el resto decía: «Déjanos ver si viene Elías a salvarlo». 50 Y
Jesús, gritando de nuevo con fuerte voz, expiró[212].
51 Y he aquí que el velo del Templo se partió de arriba abajo en dos y la tierra
Jesús desde Galilea para servirlo; 56 entre ellas estaba María Magdalena y María la
madre de Jacobo y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
57 Y llegada la tarde vino un hombre rico de Arimatea, de nombre José, que
sumos sacerdotes y los fariseos con Pilato 63 para decirle: «Señor, recordamos que
aquel farsante estando todavía vivo dijo: “Después de tres días seré resucitado”. 64
Así pues, ordena que la tumba sea custodiada hasta el tercer día, no sea que vayan sus
discípulos a robarlo y digan a la gente: “Fue resucitado de los muertos”, y sea la
última mentira peor que la primera». 65 Les dijo Pilato: «Tomad una guardia; id y
vigilad como sabéis». 66 Y los que fueron vigilaron la tumba sellando la piedra
además de la guardia.
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1 Y pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, vino María
Magdalena y la otra María para ver la tumba. 2 Y he aquí que tuvo lugar un gran
28 terremoto; pues un ángel del Señor que bajó del cielo y se acercó hizo rodar la
piedra y se sentó sobre ella. 3 Y su aspecto era como un resplandor y su
vestidura blanca como nieve. 4 Y a causa del miedo a él se turbaron los que miraban y
se quedaron como muertos. 5 Y como respuesta dijo el ángel a las mujeres: «Vosotras
no temáis, pues sé que buscáis a Jesús el crucificado; 6 no está aquí, pues fue
resucitado como dijo; venid y ved el lugar donde reposó. 7 Y marchad rápidamente y
contad a sus discípulos que fue resucitado de los muertos, y mirad, va delante de
vosotros a Galilea, allí lo veréis; mirad que os lo dije».
8 Y tras irse rápidamente del sepulcro con miedo y gran alegría, corrieron a
anunciarlo a sus discípulos. 9 Y he aquí que Jesús salió a su encuentro para decirles:
«¡Salud!». Y ellas se acercaron y le cogieron los pies y se arrodillaron ante él. 10
Entonces les dice Jesús: «No temáis; id y anunciad a mis hermanos que vayan a
Galilea, y allí me verán».
11 Y tras marcharse ellas, he aquí que algunos de los de la guardia que iban a la
ciudad anunciaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 12 Y tras reunirse con los
ancianos y celebrar un consejo tomaron dinero suficiente y lo dieron a los soldados 13
diciendo: «Decid: “Sus discípulos, yendo de noche, lo robaron mientras nosotros
dormíamos”. 14 Y si esto es oído por el procurador, nosotros lo convenceremos y os
dejaremos libres de preocupaciones». 15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como
les enseñaron. Y este rumor se propaló entre los judíos hasta hoy.
16 Y los once discípulos marcharon a Galilea al monte que les ordenó Jesús, 17 y
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EVANGELIO DE LUCAS
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Sobre el autor, fecha y lugar de composición de este evangelio doble, véase la
introducción a la segunda parte (p. 128).
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1 Puesto que muchos emprendieron la tarea de poner en orden un relato sobre los
1 hechos que se han cumplido entre nosotros, 2 tal como nos transmitieron los
testigos oculares desde comienzo y quienes han acabado convertidos en servidores de
la palabra, 3 también me pareció oportuno a mí, que he ido siguiendo todo con
atención desde el principio, escribírtelo con exactitud por orden, noble Teófilo, 4 para
que conozcas la certidumbre de las palabras sobre las que has sido catequizado.
5 Sucedió que, en los días de Herodes, rey de Judea, hubo un cierto sacerdote de
la costumbre del sacerdocio le tocó en suerte quemar incienso entrando al templo del
Señor, 10 y toda la muchedumbre del pueblo estaba fuera suplicando a la hora del
incienso. 11 Y se le apareció un ángel del Señor de pie a la derecha del altar del
sacrificio de incienso. 12 Y Zacarías se espantó al verlo y el miedo cayó sobre él.
13 Y le dijo el ángel:« No temas, Zacarías, porque tu ruego fue escuchado, y tu
mujer Isabel dará a luz un hijo para ti y lo llamarás Juan. 14 Y será una alegría para ti
y un gozo y muchos se alegrarán de su nacimiento. 15 Pues será grande a los ojos del
Señor, y no beberá vino ni licor alguno[215] y se llenará del Espíritu santo ya desde el
vientre de su madre; 16 y a muchos de los hijos de Israel convertirá hacia el Señor su
Dios. 17 Y él avanzará el primero delante de él mediante el Espíritu y la fuerza de
Elías, convirtiendo los corazones de los padres hacia los hijos y a los infieles a la
prudencia de los justos con el fin de preparar para el Señor un pueblo dispuesto».
18 Y dijo Zacarías al ángel: «¿Cómo lo sabré? Pues soy anciano y mi mujer es de
edad avanzada». 19 Y como respuesta le dijo el ángel: «Yo soy Gabriel, el que está
frente a Dios y fui enviado a hablarte y darte esta buena noticia; 20 Y he aquí que
quedarás callado y sin poder hablar hasta el día en que ocurra esto, porque no
confiaste en mis palabras, que, como tales, se cumplirán en su momento».
21 Y el pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaba de lo que se demoraba
en el Templo. 22 Pero al salir no pudo hablarles, y supieron que había visto una visión
en el Templo; y él estaba haciéndoles señas con la cabeza y permanecía mudo. 23 Y
sucedió que, cuando se cumplieron los días de su servicio religioso, fue a su casa.
24 Después de estos días concibió su mujer y se encerró cinco meses diciendo: 25
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26 En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte del Señor a la ciudad de
Galilea cuyo nombre es Nazaret, 27 a una virgen prometida a un hombre cuyo nombre
era José, de la casa de David, y el nombre de la muchacha era María. 28 Y
acercándose a ella dijo: «Salve, que estás colmada de gracia, el Señor esté contigo».
29 Y ella se desconcertó con el discurso y pensaba para sí qué clase de saludo sería
ese. 30 Y le dijo el ángel: «No temas, María, pues encontraste gracia de Dios. 31 Y
mira, concebirás en el vientre y darás a luz un hijo y le darás por nombre Jesús. 32 Él
será grande y será llamado hijo del Altísimo[217], y le dará Dios el Señor el trono de
David, su padre, 33 y reinará sobre la casa de Jacob hasta la eternidad y de su reinado
no habrá final».
34 Y dijo María al ángel: «¿Cómo será eso si no conozco varón?».
35 Y como respuesta le dijo el ángel: «Un santo Espíritu vendrá sobre ti y una
fuerza del Altísimo te envolverá; por eso también el santo que va a nacer será
llamado Hijo de Dios. 36 Y mira, Isabel, tu pariente, también concibió un hijo en su
vejez, y este es ya el sexto[218] para la llamada estéril; 37 porque ninguna cosa es
imposible para Dios».
38 Y le dijo María: «Aquí esta la sierva del Señor; suceda en mí según tu palabra».
Dios, mi salvador,48 porque volvió la vista hacia la humildad de su sierva. Mira, pues,
desde ahora me celebrarán todas las generaciones, 49 porque el poderoso hizo en mí
cosas grandiosas. Y santo es su nombre,50 y su conmiseración[220] a una generación y
otra para los que le temen[221]. 51 Llevó a cabo su poder mediante su brazo, dispersó a
los orgullosos con el designio de su corazón; 52 hizo bajar a los poderosos de los
tronos y encumbró a los humildes, 53 a los pobres llenó de bienes y a los ricos los
despidió vacíos. 54 Amparó a Israel, su siervo, recordando la conmiseración, 55 tal
como habló a nuestros padres, a favor de Abrahán[222] y a su descendencia hasta la
eternidad». 56 Permaneció María con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
57 A Isabel se le cumplió el tiempo de dar a luz y alumbró a un niño. 58 Y los
vecinos y parientes suyos oyeron que el Señor celebró su conmiseración con ella y se
alegraban con ella. 59 Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño y
pretendían llamarlo Zacarías por el nombre de su padre. 60 Y como respuesta, su
madre dijo: «No; por el contrario, se llamará Juan». 61 Y le dijeron: «No hay nadie de
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tu familia que tenga este nombre». 62 Y preguntaban por señas a su padre qué nombre
querría darle. 63 Y tras pedir una tablilla escribió para decir: «Juan es su nombre». Y
se admiraron todos. 64 Y se abrió su boca al instante y su lengua, y no paraba de
hablar para bendecir a Dios. 65 Y sobrevino temor a todos los que los rodeaban, y en
toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas, 66 y todos los que las oían
pensaban en su corazón diciendo: «¿Quién será este niño?». Pues también la mano de
Dios estaba con él.
67 Y Zacarías, su padre, se llenó de un espíritu santo y profetizó diciendo: 68
1 Y sucedió en aquellos días que salió un decreto de Augusto César para que todo
2 el mundo fuera censado. 2 Este primer censo tuvo lugar siendo procurador de
Siria Cirenio[224]. 3 Y todos se pusieron en marcha para ser censados, cada uno a su
propia ciudad. 4 Y también subió José desde Galilea de la ciudad de Nazaret, a Judea,
a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y del linaje de David,
para ser inscrito con María, la casada con él, estando encinta. 6 Y sucedió que,
mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días para que diera a luz, 7 y dio a luz a
su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no
tenían sitio en la hospedería.
8 Y había unos pastores en aquella región que vivían en el campo y vigilaban los
turnos de la noche en sus rebaños. 9 Y un ángel del Señor se colocó sobre ellos y la
gloria del Señor los rodeó, y se atemorizaron mucho. 10 Y les dijo el ángel: «Dejad de
tener miedo, pues, mirad, os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo, 11
porque os ha nacido hoy en la ciudad de David un salvador que es el Cristo Señor. 12
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Y esta es vuestra señal, encontraréis una criatura envuelta en pañales y acostada en un
pesebre». 13 Y de repente surgió junto al ángel un ejército celestial alabando a Dios y
diciendo: «14 Gloria en las alturas a Dios y sobre la tierra paz para los hombres de
buena voluntad».
15 Y sucedió que se fueron de allí hacia el cielo los ángeles, y los pastores se
decían entre sí: «Vayamos ya a Belén y veamos esto que ha sucedido que nos dio a
conocer el Señor». 16 Y fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño
acostado en un pesebre; 17 y cuando lo vieron, contaron lo que se les dijo en cuanto a
ese niño. 18 Y todos los que lo escucharon se admiraron de lo dicho por los pastores;
19 pero María observaba estas cosas guardándolas en su corazón. 20 Y se volvieron
los pastores gloriando y alabando a Dios por todo cuanto oyeron y vieron, tal como se
les dijo.
21 Y cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarlo, se le puso el nombre
de Jesús, el que había sido dicho por el ángel antes de ser concebido en el vientre.
22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de estos[225], según la ley de
Moisés, lo llevaron a Jerusalén a presentarlo al Señor, 23 tal como está escrito en una
ley del Señor: Todo varón que abra a su madre[226] será llamado consagrado al
Señor[227], 24 y ofrecer como sacrificio, según lo dicho en la ley del Señor, una pareja
de tórtolas o dos polluelos de palomas.
25 Y he aquí que había un hombre en Jerusalén llamado Simeón, y el hombre este
Simeón y dijo a María, su madre: «Mira, este está puesto como caída y restauración
de muchos en Israel y como señal que será disputada 35 —¡y una espada atravesará tu
vida!— para que sean desvelados pensamientos de muchos corazones.
36 Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser; ella, de muy
avanzada edad, vivió con su marido siete años desde su virginidad 37 y era una viuda
de ochenta y cuatro años, la cual no se alejaba del Templo, sirviendo con ayunos y
súplicas día y noche. 38 Y como estuviera allí en aquella ocasión, alababa a Dios y
hablaba sobre él a todos los que aguardaban la redención de Jerusalén.
39 Y cuando terminaron todo lo referente a la ley del Señor, se volvieron a
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41 Y lo llevaban sus padres cada año a Jerusalén en la fiesta de Pascua. 42 Y
cuando tenía doce años, al subir ellos según la costumbre de la fiesta, 43 después de
cumplir los días, mientras ellos volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, y no lo
supieron sus padres. 44 Creyendo que estaba en la caravana, hicieron un día de
camino y lo buscaron entre los parientes y conocidos, 45 y al no encontrarlo,
volvieron a Jerusalén a buscarlo. 46 Y después de tres días lo encontraron en el
Templo sentado en medio de los maestros escuchándolos y preguntándoles; 47 se
sorprendían todos los que le oían por su inteligencia y sus respuestas. 48 Y al verlo, se
irritaron, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo,
atormentados, te buscábamos». 49 Y les dijo: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais
que es necesario que me ocupe de las cosas de mi Padre?». 50 Y ellos no
comprendieron lo que les dijo. 51 Y bajó con ellos y fue a Nazaret, y los obedecía. Y
su madre guardaba todas las cosas en su corazón. 52 Y Jesús progresaba en sabiduría,
edad y gracia en presencia de Dios y los hombres.
respuesta les decía: «El que tenga dos túnicas, dé parte al que no tenga, y el que tenga
alimentos, haga lo mismo». 12 Y fueron también unos publicanos a ser bautizados y le
dijeron: «Maestro, ¿qué hemos de hacer?». 13 Y él les dijo: «No reclaméis nada más
que lo que se os tiene ordenado[230]». 14 Y le preguntaban también unos que estaban
en el ejército diciendo: «¿Qué hemos de hacer también nosotros?». Y les dijo: «No
extorsionéis a nadie ni delatéis por dinero y bastaos con vuestras pagas».
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15 Y como esperara el pueblo y reflexionaran todos en sus corazones sobre Juan,
si acaso él era el Cristo, 16 respondió Juan a todos diciendo: «Yo os bautizo con agua,
pero viene tras de mí el más poderoso que yo, de cuyas sandalias no soy capaz de
desatarle la cinta; él os bautizará mediante Espíritu santo y fuego; 17 cuyo bieldo[231]
está en su mano para limpiar la era y reunir el trigo en su granero, pero la paja la
quemará en un fuego inextinguible».
18 Así pues, invitando a muchas otras cosas, daba la nueva noticia al pueblo. 19
cuando rezaba, se abrió el cielo, 22 y el Espíritu santo bajó en aspecto corpóreo como
una paloma sobre él, y que se produjo una voz procedente del cielo: «Tú eres mi hijo
amado, en el cual me glorío».
23 Y Jesús tenía, cuando comenzaba, treinta años, siendo hijo, según se conocía,
de José, hijo de Helí, 24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melquí, hijo de Jannai,
hijo de José, 25 hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Esli, hijo de
Nagai, 26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá,
27 hijo de Joanán, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, 28
hijo de Melqui, hijo de Addí, hijo de Cosán, hijo de Elmadán, hijo de Er, 29 hijo de
Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorín, hijo de Matat, hijo de Leví, 30 hijo de Simeón,
hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquín, 31 hijo de Melea, hijo de
Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David, 32 hijo de Jesé, hijo de Jobed,
hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naasón, 33 hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo
de Arní, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, 34 hijo de Jacob, hijo de Isaac,
hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, 35 hijo de Seruc, hijo de Ragau, hijo de
Falec, hijo de Eber, hijo de Sala, 36 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo
de Noé, hijo de Lamec, 37 hijo de Matusalá, hijo de Henoc, hijo de Jaret, hijo de
Maleleel, hijo de Cainán, 38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.
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servirás[234]».
9 Lo llevó a Jerusalén y lo colocó sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres
hijo de Dios, tírate abajo; 10 pues está escrito: A sus ángeles se encomienda, respecto
a ti, cuidarte[235].
11 Y en sus manos te levantarán para que nunca tropieces tu pie contra una
piedra[236]».
12 Y como respuesta, le dijo Jesús: «Se dijo: No tentarás al Señor tu Dios[237]». 13
Y tras acabar todas las tentaciones, el diablo se marchó de allí hasta su momento.
14 Y se volvió Jesús mediante el poder del Espíritu a Galilea. Y se extendió un
rumor por toda la región vecina sobre él. 15 Y él enseñaba en sus sinagogas alabado
por todos.
16 Y fue a Nazaret, donde se había criado, y entró, según su costumbre, el sábado
a la sinagoga y se puso en pie para leer. 17 Y se le dio un libro del profeta Isaías y,
desenrollando el libro[238], encontró el pasaje donde está escrito: 18El Espíritu del
Señor sobre mí, porque me ungió para dar a los pobres la buena noticia; me ha
enviado para anunciar a los cautivos su liberación y a los ciegos la vista, y para
liberar a los oprimidos[239],19para anunciar el año de gracia del Señor[240].
20 Y después de enrollar el libro para dárselo al asistente, se sentó; y los ojos de
gritó con una fuerte voz: 34 «¡Para! ¿Qué pasa entre tú y nosotros, Jesús Nazareno?
¿Has venido a perdernos? Sé quién eres, el santo del Señor». 35 Y le recriminó Jesús,
diciendo: «Cállate, y sal de él». Y tras arrojarlo[242] al centro, el demonio se marchó
de él sin hacerle nada. 36 Y el estupor se adueñó de todos, y hablaban entre ellos
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se llenaron de ira en la sinagoga al escuchar esto, 29 y poniéndose en pie lo echaron
de la ciudad y lo llevaron hasta una escarpada montaña sobre la cual su ciudad estaba
construida para despeñarlo; 30 pero él, cruzando por medio de ellos, se marchó.
31 Y bajó a Cafarnaún, una ciudad de Galilea. Y estaba enseñándoles los sábados;
32 y se asombraban con su enseñanza, porque su discurso se producía con autoridad.
33 Y en la sinagoga había un hombre con un espíritu de un demonio impuro, y
gritó con una fuerte voz: 34 «¡Para! ¿Qué pasa entre tú y nosotros, Jesús Nazareno?
¿Has venido a perdernos? Sé quién eres, el santo del Señor». 35 Y le recriminó Jesús,
diciendo: «Cállate, y sal de él». Y tras arrojarlo[242] al centro, el demonio se marchó
de él sin hacerle nada. 36 Y el estupor se adueñó de todos, y hablaban entre ellos
diciendo: «¿Qué discurso es este que con autoridad y poder da órdenes a los espíritus
impuros y salen?». 37 Y se divulgó un rumor sobre él a todo lugar de la región vecina.
38 Y saliendo de la sinagoga se dirigió a casa de Simón. Una suegra de Simón
estaba cogida por una fuerte fiebre, y le rogaron por ella. 39 Y colocado sobre ella,
increpó a la fiebre y la dejó; y al instante ella se levantó y les atendió.
40 Y al ponerse el sol, todos cuantos tenían afectados de variadas enfermedades se
los presentaron; y él, imponiendo las manos a cada uno de ellos, los curaba. 41 Y
también demonios salían de muchos gritando y diciendo: «Tú eres el hijo de Dios», y,
intimidándolos, no permitió que hablaran, porque sabían que él era el Cristo.
42 Y llegado el día, tras salir se dirigió a un lugar desierto; y las multitudes lo
buscaban y fueron hasta él y le impedían que los abandonara. 43 Y él les dijo: «Es
preciso que anuncie la buena noticia del reino de Dios en las restantes ciudades,
porque para eso fui enviado». 44 Y estaba predicando en las sinagogas de Judea.
5 que estaba junto al lago Genesaret[243], 2 y vio dos barcos que estaban junto al
lago; y los pescadores que se habían bajado de ellos limpiaban las redes. 3 Subiendo a
uno de los barcos, el que era de Simón, le preguntó si podía alejarlo de tierra un
trecho; y sentado enseñaba desde el barco a la multitud.
4 Y en cuanto dejó de hablar, dijo a Simón: «Vete más adentro y echad vuestras
redes a pescar». 5 Y como respuesta, dijo Simón: «Maestro, pese a trabajar toda la
noche no cogimos nada; pero por ser palabra tuya[244] echaré las redes». 6 Y al hacer
esto apresaron mucha cantidad de peces, y los peces estaban a punto de irse de ellas. 7
E hicieron señal a los compañeros del otro barco para que vinieran a faenar con ellos;
y fueron y llenaron ambos barcos, al punto de irse casi a pique.
8 Al verlo, Simón Pedro se postró ante las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de
mí, pues soy un hombre pecador, Señor». 9 Pues el temor se apoderó de él y de todos
los que estaban con él a causa de la pesca de los peces que capturaron, 10 e
igualmente también de Jacob y Juan, los hijos de Zebedeo, que eran compañeros de
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17 Y en uno de los días en que estaba enseñando, también estaban sentados unos
fariseos y maestros de la Ley que habían venido de cada aldea de Galilea, Judea y
Jerusalén; y una fuerza del Señor estaba allí para que él curara. 18 Y he aquí que unos
hombres que traían sobre una camilla a un hombre que estaba paralítico también
intentaban introducirlo y colocarlo frente a él. 19 Y al no encontrar cómo introducirlo
por la muchedumbre, tras subir a una casa y sirviéndose de una litera, abajo a través
de las tejas lo dejaron en el centro delante de Jesús. 20 Y al ver su fe, dijo: «Hombre,
te son perdonados tus pecados». 21 Y comenzaron a reflexionar los escribas y
fariseos, diciendo: «¿Quién es este, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar
pecados sino Dios solo?». 22 Pero conociendo Jesús sus reflexiones, como respuesta
les dijo: «¿Qué reflexionáis en vuestros corazones? 23 ¿Qué es más fácil, decir: “Tus
pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? 24 Para que comprendáis
que el Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar pecados —dijo al
paralítico—: “A ti te digo, levántate, toma tu litera y vete a tu casa”». 25 E
inmediatamente se puso en pie ante todos, tomó la camilla sobre la que había estado
acostado, y se marchó a su casa glorificando a Dios. 26 Y el estupor atrapó a todos y
glorificaron a Dios y se llenaron de miedo mientras decían: «Hoy hemos visto cosas
increíbles».
27 Y después de esto, se marchó y vio a un publicano de nombre Leví sentado en
llevan a cabo súplicas, y los fariseos, pero los tuyos comen y beben». 34 Y Jesús les
dijo: «¿Acaso podéis hacer que pasen hambre los invitados del banquete mientras el
novio está con ellos? 35 Pasarán los días, y cuando los deje el novio, entonces pasarán
hambre en aquellos días».
36 Y también les dijo un ejemplo: «Nadie que corte un remiendo de un manto
nuevo lo pone en uno viejo; por el contrario, también cortará el nuevo, y el remiendo
del nuevo no encajará con el viejo. 37 Y nadie echa vino nuevo a odres viejos; por el
contrario, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se echarán a
perder; 38 en lugar de eso, hay que echar el vino nuevo en odres nuevos. 39 Y nadie
que bebe viejo quiere nuevo, pues dice: “El viejo es mejor”».
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novio está con ellos? 35 Pasarán los días, y cuando los deje el novio, entonces pasarán
hambre en aquellos días».
36 Y también les dijo un ejemplo: «Nadie que corte un remiendo de un manto
nuevo lo pone en uno viejo; por el contrario, también cortará el nuevo, y el remiendo
del nuevo no encajará con el viejo. 37 Y nadie echa vino nuevo a odres viejos; por el
contrario, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se echarán a
perder; 38 en lugar de eso, hay que echar el vino nuevo en odres nuevos. 39 Y nadie
que bebe viejo quiere nuevo, pues dice: “El viejo es mejor”».
un hombre allí y su mano derecha estaba seca. 7 Y lo vigilaban los escribas y los
fariseos por si curaba en sábado, para encontrar (algo con qué) acusarlo. 8 Y él sabía
sus reflexiones, pero dijo al hombre con la mano seca: «Levántate y ponte en medio»;
y tras levantarse se puso en pie. 9 Y les dijo Jesús: «Os pregunto si se atiene a la Ley
hacer el bien o hacer el mal en sábado, salvar una vida o dejarla perder». 10 Y
mirando en torno a él a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano». Y él lo hizo, y su
mano volvió a su antiguo estado. 11 Y ellos se llenaron de ofuscación y discutían
entre sí qué harían a Jesús.
12 Y sucedió en esos días que salió a la montaña a rezar, y se le iba la noche en la
oración a Dios. 13 Y cuando llegó el día, convocó a sus discípulos, y tras elegir a doce
de ellos, a los que[246] también denominó apóstoles. 14 A Simón, al que llamó Pedro,
a Andrés su hermano, a Jacobo, a Juan, a Felipe, a Bartolomé, 15 a Mateo, Tomás,
Jacobo el de Alfeo y a Simón el llamado celota, 16 a Judas hijo de Jacobo y a Judas
Iscariote, el que se convirtió en su delator.
17 Y tras bajar en su compañía se puso en un lugar llano, y un[247] gran gentío de
sus discípulos, y una muchedumbre grande del pueblo de toda Judea y Jerusalén y la
costa de Tiro y Sidón, 18 que llegaron para oírlo y ser curados de sus enfermedades; y
los afectados de espíritus impuros eran curados, 19 y toda la muchedumbre buscaba
ser tocada por él, porque salía una fuerza de él y curaba a todos.
20 Y alzando sus ojos hacia sus discípulos, decía: «Felices los pobres, porque
vuestro es el reino de Dios. 21 Felices los que ahora estáis hambrientos, porque seréis
saciados. Felices los que ahora lloráis, porque reiréis.
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27» Pero os digo a los que oís: amad a los que os desprecian, haced el bien a
quienes os odian, 28 bendecid a quienes os desean el mal, rezad por quienes os tratan
con soberbia[248]. 29 A quien te golpee una mejilla, dale también la otra, y no prives
del manto y la túnica a quien te los quite. 30 Da a todo el que te pida y no reclames a
quien te quita lo tuyo.
31 «Y tal como queréis que actúen los hombres con vosotros, actuad vosotros con
ellos de la misma manera. 32 Y si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?
Pues también los pecadores aman a los que les aman. 33 Pues también si hacéis el
bien a quienes hacen el bien con vosotros, ¿qué mérito tendréis? También los
pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir,
¿qué mérito tendréis? También los pecadores prestan para cobrar lo mismo. 35 Por el
contrario, amad a los que os desprecian y haced el bien y no prestéis nada esperando
recompensa; y vuestra paga será abundante, y seréis hijos del Altísimo, porque él es
bueno con los desgraciados y pobres.
36 «Sed compasivos tal como también es compasivo vuestro Padre. 37 Y no sigáis
ciego? ¿No caerán ambos a un hoyo? 40 No hay discípulo por encima del maestro;
todo el que esté preparado será como su maestro.
41» ¿Por qué ves la brizna en el ojo de tu hermano, pero la viga en tu propio ojo
buen fruto. 44 Pues cada árbol es conocido por su fruto; pues de cardos no recogen
higos ni de zarzas vendimian uvas. 45 El hombre bueno produce el bien del buen
tesoro de su corazón, y el malo produce el mal del malo; pues de lo que hay
abundancia en el corazón habla su boca.
46» ¿Por qué me llamáis “Señor, señor” y no hacéis lo que os digo? 47 Todo el que
se me acerca y escucha mis palabras y las lleva a cabo, os mostraré a quién es igual:
48 Es igual a un hombre que, cuando edificaba una casa, excavó, ahondó y puso
cimientos sobre la roca; y llegada una crecida el río descargó toda su fuerza contra la
casa aquella, y no tuvo fuerza para derribarla debido a haberla construido bien. 49
Pero el que oyó y no hizo es igual a un hombre que edificaba su casa sobre la tierra
sin cimientos, contra la que descargó toda su fuerza el río, y al instante se derrumbó y
se destrozó totalmente esa casa[250].
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46» ¿Por qué me llamáis “Señor, señor” y no hacéis lo que os digo? 47 Todo el que
se me acerca y escucha mis palabras y las lleva a cabo, os mostraré a quién es igual:
48 Es igual a un hombre que, cuando edificaba una casa, excavó, ahondó y puso
cimientos sobre la roca; y llegada una crecida el río descargó toda su fuerza contra la
casa aquella, y no tuvo fuerza para derribarla debido a haberla construido bien. 49
Pero el que oyó y no hizo es igual a un hombre que edificaba su casa sobre la tierra
sin cimientos, contra la que descargó toda su fuerza el río, y al instante se derrumbó y
se destrozó totalmente esa casa[250].
1 Y una vez que todas sus palabras llegaron a oídos del pueblo, entró en
7 Cafarnaún. 2 Un siervo de cierto centurión estaba enfermo e iba a morir, el cual
era muy querido para él[251]. 3 Pero tras oír hablar de Jesús envió a buscarlo a unos
ancianos de los judíos suplicándole que viniera y salvara a su siervo. 4 Y los que se
presentaron ante Jesús le suplicaban insistentemente diciéndole: «Es digno de que se
lo concedas; 5 pues ama a nuestra raza y él nos construyó la sinagoga». 6 Y Jesús se
puso en camino con ellos. Y cuando ya no distaba mucho de la casa, envió unos
amigos el centurión para decirle: «Señor, deja de molestarte, pues no soy digno de
que entres a mi casa; 7 porque ni siquiera me consideré digno de ir yo mismo a ti;
pero di una palabra, y que mi criado se cure. 8 Pues también yo soy un hombre
sometido a autoridad aunque con soldados bajo mi mando, y digo a este: “Ve”, y va;
y a otro: “Ven”, y viene, y a mi esclavo: “Haz esto”, y lo hace». 9 Al oírlo, Jesús se
sorprendió y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel
he encontrado fe semejante». 10 Y tras volver a casa los enviados, encontraron al
siervo recuperándose.
11 Y sucedió que a continuación se encaminó hacia una ciudad llamada Naín, y le
de sus discípulos, Juan 19 los envió al Señor para decirle: «¿Eres tú el que va a venir o
esperamos a otro?». 20 Una vez que estuvieron junto a él estos hombres, dijeron:
«Juan el bautista nos envió a ti para decirte: “¿Eres tú el que va a venir o esperamos a
otro?”». 21 En aquel momento curó a muchos de enfermedades, tormentos y espíritus
malignos y concedió a muchos ciegos la gracia de ver. 22 Y como respuesta, les dijo:
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digo que sí, y un profeta especialmente importante. 27 Él es de quien se ha escrito:
Mira, envío a un mensajero mío delante de ti que preparará tu camino delante de
ti[256]. 28 Os digo: No ha surgido entre los nacidos de las mujeres nadie mayor que
Juan; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».
29 «Y todo el pueblo que lo escuchó, y los publicanos, reconocieron a Dios como
justo al hacerse bautizar con el bautismo de Juan. 30 Pero los fariseos y los
conocedores de la Ley se desentendieron de la voluntad de Dios hacia ellos desde el
momento en que no fueron bautizados por él.
31 «¿Con qué identificaré a los hombres de esta generación y a qué son iguales? 32
Son iguales a unos niños que, sentados en la plaza y hablando entre sí, dicen: “Os
tocamos la flauta y no bailasteis, nos lamentamos y no llorasteis”. 33 Pues ha venido
Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio”. 34 Ha
venido el Hijo del hombre comiendo y bebiendo, y decís: “Aquí tienes un hombre
tragón y dado al vino, amigo de publicanos y pecadores”. 35 Y fue juzgada la
Sabiduría a tenor de todos sus hijos[257]».
36 Uno de los fariseos le pidió que comiera con él y, al entrar a casa del fariseo, se
recostó a la mesa. 37 Y he aquí que una mujer pecadora que había en la ciudad, al
saber que estaba en la casa del fariseo para comer, trayendo un vaso de perfume 38 y
colocándose detrás de sus pies, mientras lloraba lágrima viva comenzó a mojar los
pies de él con sus lágrimas y con sus cabellos los secó, y besaba sus pies y los ungió
con perfume. 39 Pero al verlo, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: «Este, si es
un profeta, sabría quién y de qué clase es esta mujer que le toca, porque es una
pecadora».
40 Y como respuesta, le dijo Jesús: «Simón, tengo algo que decirte». Y él dijo:
«Maestro, dime». 41 «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos
denarios; el otro, cincuenta. 42 Al no poder ellos devolverlo, les hizo el favor a
ambos. En definitiva, ¿cuál de los dos lo amará más?». 43 Como respuesta, dijo
Simón: «Supongo que al que más favoreció». Y él le dijo: «Has juzgado bien». 44 Y
volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no
me ofreciste agua para los pies. Ella mojó con sus lágrimas mis pies y con sus
cabellos los secó. 45 Tú no me diste un beso; pero ella, desde que entró, no dejó de
besarme los pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con
perfume. 47 En virtud de lo cual te digo han sido perdonados sus muchos pecados,
porque ama mucho; y es que al que poco se le perdona, poco ama». 48 Y le dijo a ella:
«Tus pecados han sido perdonados». 49 Y los que estaban recostados con ellos
comenzaron a decir para sí: «¿Quién es este que perdona los pecados?». 50 Pero dijo a
la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve en paz».
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perfume. 47 En virtud de lo cual te digo han sido perdonados sus muchos pecados,
porque ama mucho; y es que al que poco se le perdona, poco ama». 48 Y le dijo a ella:
«Tus pecados han sido perdonados». 49 Y los que estaban recostados con ellos
comenzaron a decir para sí: «¿Quién es este que perdona los pecados?». 50 Pero dijo a
la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve en paz».
8 dando la buena noticia del reino de Dios, y los doce con él, 2 y unas mujeres que
habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades, María la llamada
Magdalena, de la cual fueron expulsados siete demonios; 3 Juana, la mujer de Cusa,
un intendente de Herodes, y Susana y otras muchas que los asistían de sus bienes.
4 Como se reuniera una gran multitud y los de la ciudad se dirigieran también
hacia él, dijo por medio de una comparación: 5 «Salió el sembrador a sembrar su
simiente. Y mientras la sembraba, una parte cayó junto al camino y fue pisada, y los
pájaros del cielo se la comieron. 6 Y otra parte cayó sobre el pedregal, y cuando
creció se secó por no tener humedad. 7 Y otra cayó en medio de cardos, y los cardos,
al crecer al mismo tiempo, la ahogaron. 8 Y otra cayó en la tierra buena, y cuando
creció dio como fruto el céntuplo». Al contar esto dijo: «El que tenga oídos para oír,
que oiga».
9 Le preguntaron sus discípulos qué era aquella comparación. 10 Y él dijo: «Se os
ha concedido conocer los secretos del reino de Dios, pero a los demás mediante
comparaciones, para que viendo, no vean, y oyendo, no comprendan. 11 Esta es la
comparación: la semilla es la palabra de Dios. 12 Los que están junto al camino son
los que escuchan, luego viene el diablo y quita la palabra de sus corazones para que
no sean salvados creyendo. 13 Y los del pedregal los que, cuando escuchan, reciben
con alegría la palabra, aunque estos no tienen raíz, los que en su momento creen y en
un momento de tentación abandonan. 14 Lo que ha caído a los cardos, estos son los
que, después de oír, y alejados por las preocupaciones, la riqueza, los placeres de la
vida, son ahogados y no llegan a madurar. 15 Y lo que cae en tierra buena, estos son
los que tras escuchar con un corazón bello y bueno, guardan la palabra y llegan a
madurar mediante la perseverancia.
16» Nadie, tras encender una vela, la oculta en un mueble o la coloca bajo la
cama, sino que la pone en el candelabro, para que los que entren vean la luz. 17 Pues
no hay nada oculto que no acabe aclarado, ni secreto que no sea conocido y salga a la
luz.
18» Así pues, mirad cómo escucháis; pues quien tenga, a ese se le dará; y quien no
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Fueron y lo despertaron para decirle: «¡Maestro, maestro, que morimos!». Pero él,
una vez despierto, increpó al viento y a la ola de agua; y cesaron y vino la calma. 25 Y
les dijo: «¿Dónde está vuestra confianza?». Y llenos de temor, se admiraron
diciéndose unos a otros: «¿Quién es este que también da órdenes a los vientos y al
agua, y le obedecen?».
26 Y navegaron hasta la región de los gerasenos, que está enfrente de Galilea. 27
esperando. 41 Y he aquí que llegó un hombre llamado Jairo, y este era director de la
sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús le pedía que fuera a su casa, 42 porque tenía
una hija única de unos doce años y se moría. Mientras iba, las multitudes lo
ahogaban. 43 Y una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, que había
pasado todos sus recursos en médicos y por ninguno pudo ser curada, 44 acercándose
por detrás tocó el borde de su manto y al instante paró el flujo de sangre. 45 Y dijo
Jesús: «¿Quién es el que me ha tocado?». Y como todos lo negaran, dijo Pedro:
«Maestro, las gentes te aprietan y te estrechan». 46 Pero Jesús dijo: «Alguien me tocó,
pues he notado que una fuerza salía de mí». 47 Y como comprendiera la mujer que no
había pasado desapercibida, fue temblando y, cayendo ante él, le contó la razón por la
que le había tocado delante de todo el pueblo y cómo se había curado
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Jesús: «¿Quién es el que me ha tocado?». Y como todos lo negaran, dijo Pedro:
«Maestro, las gentes te aprietan y te estrechan». 46 Pero Jesús dijo: «Alguien me tocó,
pues he notado que una fuerza salía de mí». 47 Y como comprendiera la mujer que no
había pasado desapercibida, fue temblando y, cayendo ante él, le contó la razón por la
que le había tocado delante de todo el pueblo y cómo se había curado
inmediatamente. 48 Y él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz». 49 Mientras él
todavía hablaba, vino uno de casa del director de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha
muerto; no molestes ya al maestro». 50 Pero Jesús, que lo oyó, le respondió: «Deja de
tener miedo, simplemente confía y será salvada». 51 Y dirigiéndose a la casa no
permitió a nadie que entrara con él salvo a Pedro, Juan, Jacobo y el padre de la niña y
la madre. 52 Lloraban todos y se lamentaban por ella. Pero él dijo: «Dejad de llorar,
pues no murió sino que duerme». 53 Y se reían de él al ver que había muerto. 54 Pero
él, cogiéndole la mano, gritó diciendo: «Niña, levántate». 55 Y su respiración volvió y
se levantó inmediatamente, y ordenó que se le diera de comer. 56 Y se quedaron
anonadados sus padres, y él les exigió que a nadie contaran lo ocurrido.
1 Y tras hacer llamar a los doce, les dio fuerza y poder sobre todos los demonios
por unos que Juan había sido resucitado de los muertos, 8 pero por otros que Elías se
había aparecido, y por otros que cierto profeta de los antiguos había resucitado. 9 Y
dijo Herodes: «A Juan, yo lo decapité; ¿quién es este del que oigo cosas tales?». E
intentaba verlo.
10 Y cuando volvieron, los apóstoles le relataron cuanto habían hecho. Y,
multitud para que, yendo a las aldeas de los alrededores y a los campos, se alojen y
encuentren alimento, porque estamos aquí en un lugar desierto». 13 Y les dijo:
«Dadles vosotros de comer». Y ellos dijeron: «No tenemos nada más que cinco panes
y dos peces, salvo que vayamos nosotros y compremos alimento para toda esta
multitud». 14 Pues había unos cinco mil hombres. Y dijo a sus discípulos: «Haced que
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18 Y sucedió que mientras estaba él rezando a solas, estaban con él los discípulos,
y les preguntó diciendo: «¿Quién dicen las gentes que soy?». 19 Y ellos como
respuesta dijeron: «Juan el Bautista, otros Elías, otros que cierto profeta de los
antiguos resucitó». 20 Y les dijo: «Pero vosotros, ¿quién decís que soy?». Y Pedro,
como respuesta, dijo: «El Cristo de Dios». 21 Y él, exigiéndoselo severamente, les
mandó que no se lo dijeran a nadie, 22 diciéndoles: «Es preciso que el Hijo del
hombre sufra mucho y sea rechazado por los ancianos y escribas y muera, y al tercer
día sea resucitado».
23 Y les decía a todos: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue y coja mi cruz
cada día[259] y me siga. 24 Pues quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien
pierda su vida por mi causa, este la salvará. 25 Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar
todo el mundo si se pierde o perjudica a sí mismo? 26 Pues quien se avergüence de mí
y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del hombre cuando llegue en su
gloria y la de su Padre y la de los santos ángeles. 27 Y os digo con la verdad en la
mano, hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean el
reino de Dios».
28 Y transcurrieron después de estas palabras como unos ocho días, y tomando a
encontró con él. 38 Y he aquí que un hombre de la multitud gritó diciendo: «Maestro,
te pido que atiendas a mi hijo, porque es mi único hijo, 39 y mira, un espíritu lo toma
y de repente grita y lo convulsiona con espumarajos y a duras penas sale de él tras
quebrantarlo. 40 Y rogué a tus discípulos que lo echaran, pero no pudieron». 41 Y
como respuesta, dijo Jesús: «¡Oh generación incrédula y pervertida!, ¿hasta cuándo
estaré con vosotros y os aguantaré? Trae aquí a tu hijo». 42 Y estando todavía en
camino irrumpió en él el demonio y lo sacudió con convulsiones; pero Jesús ordenó
al espíritu impuro y curó al chico y lo devolvió a su padre. 43 Y todos se admiraron de
la grandeza de Dios.
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estaré con vosotros y os aguantaré? Trae aquí a tu hijo». 42 Y estando todavía en
camino irrumpió en él el demonio y lo sacudió con convulsiones; pero Jesús ordenó
al espíritu impuro y curó al chico y lo devolvió a su padre. 43 Y todos se admiraron de
la grandeza de Dios.
Admirados por todo cuanto hacía, dijo a sus discípulos: 44 «Vosotros prestad
oídos a estas palabras: pues el Hijo del hombre va ser entregado a manos de
hombres». 45 Pero ellos desconocían este hecho, y había sido velado para ellos para
que no lo comprendieran, y temían preguntarle sobre estas palabras.
46 Comenzó una discusión entre ellos, por cuál de ellos sería el más importante. 47
Jerusalén.
52 Y envió unos mensajeros por delante. Y puestos en marcha fueron a una aldea
Y le dijo Jesús: «Las zorras tienen madrigueras y nidos las aves del cielo, pero el Hijo
del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». 59 Le a dijo otro: «Sígueme». Pero
dijo él: «Señor, déjame irme para enterrar primero a mi padre». 60 Y le dijo: «Deja
que los muertos entierren a sus muertos, y tú marcha y anuncia el reino de Dios». 61
Y dijo otro: «Te seguiré, Señor; pero primero déjame que me despida de los que están
en mi casa». 62 Y le dijo Jesús: «Nadie que ponga la mano delante del arado y mire
hacia atrás es útil al reino de Dios».
1 Y después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por
10 delante de dos en dos a toda ciudad y lugar donde iba a ir él. Y les decía: «La
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siega es mucha, pero los trabajadores pocos; pedid, pues, al dueño de la siega
que envíe trabajadores a la siega. 3 Marchaos; mirad que os envío como a corderos
entre lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y no saludéis a nadie por el
camino. 5 Y en la casa en la que entréis, decid lo primero: “Paz para esta casa”. 6 Y si
en ella hay un hijo de la paz[262], descansará vuestra paz sobre él; pero, de todos
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cerca de vosotros el reino de Dios”. 10 Y en la ciudad a la que entréis y no os reciban,
cuando salgáis a sus plazas decid: 11 “Nos limpiaremos incluso el polvo que se nos
pegue en los pies procedente de vuestra ciudad; pero sabed esto, que el reino de Dios
ya está cerca”. 12 Os digo que para Sodoma será más llevadero aquel día que para esa
ciudad.
13» ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón hubieran
tenido lugar los milagros ocurridos entre vosotras, hace tiempo que hubieran hecho
penitencia sentados en saco y ceniza. 14 Incluso será más llevadero para Tiro y Sidón
en el juicio que para vosotras. 15 Y tú, Cafarnaún, ¿serás elevada hasta el cielo?
Bajarás hasta el Hades[263].
16» Quien os escuche, me escucha; y quien os rechace, me rechaza; pero el que
demonios nos obedecen mediante tu nombre». 18 Y les dijo: «Veía a Satanás cayendo
como un relámpago del cielo. 19 Mirad, os he dado el poder de pisar por encima de
serpientes y escorpiones, y sobre cualquier poder del enemigo, y de ninguna manera
os hará daño cosa alguna. 20 Pero no os alegréis con esto, con que los espíritus os
obedecen; por el contrario, alegraos de que vuestros nombres ya están escritos en el
cielo».
21 En ese momento se alegró gracias al Espíritu santo y dijo: «Te agradezco,
Padre, Señor del cielo y la tierra, que ocultaste esto a los sabios e inteligentes y lo
desvelaste a los ingenuos; sí, Padre, porque así te pareció bien. 22 Todo me fue
concedido por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo salvo el Padre, ni quién es el
Padre a no ser el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera desvelarlo». 23 Y volviéndose a
los discípulos en particular, dijo: «Felices los ojos que ven lo que veis. 24 Pues os
aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que veis y no lo vieron, y
escuchar lo que escucháis, y no lo escucharon.
25 Y he aquí que un experto en la Ley se levantó para ponerlo a prueba, diciendo:
«Maestro, ¿haciendo qué heredaré la vida eterna?». 26 Y él le dijo: «En la Ley, ¿qué
está escrito? ¿Cómo lees? 27 Él, como respuesta, dijo: «Amarás al Señor tu Dios[264]
con todo tu corazón y toda tu vida y toda fuerza, toda tu inteligencia, y a tu vecino
como a ti mismo[265]». 28 Y le dijo: «Has respondido correctamente; haz esto y
vivirás». 29 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Quién entonces es mi
vecino?».
30 Contestando dijo Jesús: «Cierto hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en
manos de unos bandoleros, que incluso lo desnudaron y, tras darle una paliza, lo
abandonaron medio muerto. 31 Por causalidad, un sacerdote bajaba por aquel camino
y, al verlo, pasó de largo. 32 Igualmente, también un levita que pasaba por el lugar y
lo vio pasó de largo. 33 Pero un samaritano que estaba en camino llegándose allí, y
viéndolo se compadeció, 34 y tras acercarse vendó sus heridas derramando vino y
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abandonaron medio muerto. 31 Por causalidad, un sacerdote bajaba por aquel camino
y, al verlo, pasó de largo. 32 Igualmente, también un levita que pasaba por el lugar y
lo vio pasó de largo. 33 Pero un samaritano que estaba en camino llegándose allí, y
viéndolo se compadeció, 34 y tras acercarse vendó sus heridas derramando vino y
aceite, después de hacerlo subir en su propio caballo lo llevó a una posada y cuidó de
él. 35 Y al día siguiente dejó dos denarios al posadero y dijo: “Cuida de él, y cuanto
gastes de más yo cuando vuelva te lo pagaré”. 36 ¿Cuál de estos tres te parece que se
convirtió en vecino del que había caído en manos de los bandoleros?». 37 Él dijo: «El
que practicó la misericordia con él». Y le dijo Jesús: «Vete y haz lo mismo».
38 Mientras caminaban, entró él en una aldea; y una mujer, de nombre Marta, lo
acogió. 39 Y ella tenía una hermana llamada María, que, sentada también a sus pies,
escuchaba la palabra del Señor. 40 Pero Marta estaba ocupada con mucha tarea; y
haciendo un alto, dijo: «Señor, ¿no te preocupa que mi hermana me deje a mí sola el
servir? Dile entonces que me ayude». 41 Como respuesta, le dijo el Señor: «Marta,
Marta, te preocupas y afanas por muchas cosas, 42 pero de una sola hay necesidad;
pues María ha escogido la mejor parte, que, por tanto, no le será quitada».
1 Y sucedió que, mientras estaba en cierto lugar rezando, así que paró, le dijo
11 uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a rezar tal como Juan enseñó a sus
discípulos». 2 Y les dijo: «Cuando recéis, decid: Padre, sea santo tu nombre;
venga tu reino; 3 el pan nuestro diario dánoslo cada día; 4 y perdónanos nuestros
pecados, pues también nosotros perdonamos a quien nos debe; y no nos lleves a
tentación».
5 Y les dijo: «Si alguno de vosotros tuviera un amigo y se fuera a él a medianoche
que sois malos, sabéis dar buenos regalos a vuestros hijos, cuánto más el padre del
cielo concederá un Espíritu santo a quienes se lo pidan».
14 Y estaba expulsando un demonio que era mudo; y sucedió que, tras salir el
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esa razón, ellos serán vuestros jueces. 20 Pero si yo expulso los demonios mediante el
dedo de Dios, realmente el reino de Dios os ha alcanzado. 21 Cuando el fuerte,
provisto de armas, guarde su propio palacio, en paz están sus bienes; 22 pero tan
pronto como uno más fuerte que él lo venza, toma su armadura completa, en la que
confiaba, y reparte sus despojos. 23 Quien no esté conmigo, está contra mí, y quien no
recoge conmigo, dispersa.
24» Cuando el espíritu impuro salió del hombre, marcha por lugares desiertos
levantando la voz, le dijo: «Afortunado el vientre que te llevó y los pechos que
mamaste». 28 Y él dijo: «Antes bien, afortunados los que escuchan la palabra de Dios
y la guardan».
29 Como las gentes se agolparan, comenzó a decir: «Esta generación es una
generación malvada; reclama una señal, y no se le dará otra señal que la de Jonás. 30
Pues tal como Jonás se convirtió en señal para los ninivitas, el Hijo del hombre lo
será para esta generación. 31 La reina del Sur será resucitada en el juicio junto con los
hombres de esta generación y los condenará, porque vino de los confines de la tierra
para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más importante que Salomón.
32 Los ninivitas resucitarán en el juicio junto con esta generación y la condenarán,
porque se convirtieron a la predicación de Jonás, y aquí hay algo más importante que
Jonás.
33» Nadie, tras encender una vela, la oculta ni la pone bajo un celemín, sino que la
la legumbre y descuidáis el juicio y el amor de Dios; pero esto hay que cumplirlo y
aquello no descuidarlo.
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40 ¡Insensatos!, ¿es que el que hizo el exterior no hizo también el interior? 41 Por
la legumbre y descuidáis el juicio y el amor de Dios; pero esto hay que cumplirlo y
aquello no descuidarlo.
43» ¡Ay de vosotros, fariseos! Porque amáis el puesto de honor en las sinagogas y
a los hombres un peso difícil de soportar, y vosotros mismos no tocáis con uno de
vuestros dedos los pesos.
47» ¡Ay de vosotros! Porque construís los sepulcros de los profetas, y vuestros
padres los mataron. 48 En efecto, sois testigos y consentís las obras de vuestros
padres, porque ellos los mataron, pero vosotros construís.
49» Por eso también la Sabiduría de Dios dijo: “Os enviaré profetas y apóstoles,
de ellos matarán y perseguirán, 50 para que sea reclamada la sangre de todos los
profetas derramada desde el principio del mundo a esta generación, 51 desde la sangre
de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que murió entre el altar del sacrificio y el
Templo. Os aseguro que será reclamada a esta generación”.
52» ¡Ay de vosotros, los expertos en la Ley! Porque llevabais la llave del
después no tienen nada más que hacer. 5 Os indicaré a quién temer: temed a quien
después de matar tiene poder de arrojar a la gehenna. Sí, os digo, temed a este. 6 ¿No
se venden cinco gorriones por dos ases? Y ni uno de ellos ha sido olvidado a los ojos
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10» Y todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, será perdonado por
os preocupe cómo o qué alegaréis en la defensa o qué diréis; 12 pues el Espíritu santo
os enseñará en su momento qué habréis de decir».
13 Y le dijo uno del gentío: «Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la
mucho. 17 Y pensó para sí, diciendo: “¿Qué haré, que no tengo dónde almacenar mis
frutos?”. 18 Y dijo: “Haré esto: derribaré mis graneros y los construiré mayores y
almacenaré allí todo el grano y mis bienes, 19 y le diré a mi alma: alma, tienes
muchos bienes preparados para muchos años; descansa, come, bebe, alégrate”. 20
Pero le dijo Dios: “¡Insensato!, esta misma noche te pedirán la vida; lo que
preparaste, ¿para quién será?”. 21 De igual manera el que atesora para él y no se
enriquece para Dios».
22 Y dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: no os preocupéis por la vida, qué
sed iguales a hombres que esperan a su señor cuando vuelve de las bodas, para que
cuando venga y llame le abran inmediatamente. 37 Felices los siervos aquellos que,
cuando llegue, encontrará el señor velando; con seguridad os digo que se ceñirá y los
hará recostarse a la mesa y les servirá pasando de uno a otro. 38 Y aunque venga a
segunda o tercera hora y los encuentre así, felices son ellos. 39 Pero sabed esto, que si
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35» Que vuestras cinturas estén ceñidas[267] y las velas encendidas; 36 y vosotros
sed iguales a hombres que esperan a su señor cuando vuelve de las bodas, para que
cuando venga y llame le abran inmediatamente. 37 Felices los siervos aquellos que,
cuando llegue, encontrará el señor velando; con seguridad os digo que se ceñirá y los
hará recostarse a la mesa y les servirá pasando de uno a otro. 38 Y aunque venga a
segunda o tercera hora y los encuentre así, felices son ellos. 39 Pero sabed esto, que si
el señor de la casa supiera a qué hora vendrá el ladrón, no permitiría que su casa
sufriera un asalto. 40 Y vosotros preparaos, porque no imagináis en qué momento
vendrá el Hijo del hombre.
41 Y dijo Pedro: «Señor, ¿a nosotros nos dices esta comparación o también a
actuó con referencia a la voluntad de este, será golpeado muchas veces; 48 y el que no
sabiendo, pese a haber hecho cosas dignas de golpes, será golpeado pocas veces. Y a
todo aquel que se le dio mucho, mucho se pedirá de él; y al que le añadieron mucho,
muchísimo más le pedirán.
49 «He venido a arrojar fuego sobre la tierra y ¡cuánto deseo que ya hubiera
al instante decís que vendrá lluvia, y así sucede; 55 y cuando el viento del sur sopla,
decís que habrá bochorno, y sucede. 56 Hipócritas, el aspecto de la tierra y del cielo
sabéis interpretarlo, pero la ocasión esta, ¿cómo no sabéis interpretarla?
57» ¿Por qué no juzgáis también correctamente respecto a vosotros mismos? 58
Pues cuando vas al magistrado con tu parte contraria en un juicio, en el camino crea
ocasión de que se aleje de ti, no sea que te lleve por la fuerza al juez, y el juez te
entregue al alguacil, y el alguacil te lleve a la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allí
hasta que entregues el último ochavo».
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Jerusalén? 5 No, os lo aseguro; por el contrario, si no os arrepentís todos pereceréis de
la misma manera».
6 Y les decía esta comparación: «Tenía uno una higuera ya crecida en su viña, y
fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7 Y le dijo al viñador: “Mira, tres años
hace ya que vengo buscando fruto en la higuera esta y no lo encuentro; así pues,
córtala, ¿para qué ocupa inútilmente la tierra?”. 8 Pero él, como respuesta, le dijo:
“Déjala, señor, también este año; mientras, removeré la tierra alrededor de ella y
echaré estiércol, 9 y quizá dé fruto al siguiente; pero, desde luego, si no, la cortarás”».
10 Estaba enseñando en una de las sinagogas el sábado. 11 Y he aquí que una
Tiene semejanza con una semilla de mostaza que cogió un hombre y la arrojó a su
huerto; y creció y se convirtió en un árbol, y las aves del cielo se posaron en sus
ramas[270]».
20 Y de nuevo dijo: «¿A qué asemejaremos el reino de Dios? 21 Tiene semejanza
con la levadura, que una mujer tomó y ocultó en tres celemines de harina hasta que
todo fermentó».
22 Y cruzaba ciudades y aldeas enseñando y dirigiéndose a Jerusalén.
23 Y uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Y él le dijo: 24 «Pelead
por entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os aseguro, procurarán entrar y no
podrán. 25 Desde el momento en que se levante el dueño de la casa y cierre con llave
la puerta, también empezaréis a quedaros fuera y a llamar a la puerta diciendo:
“¡Señor, ábrenos!”, y os dirá como respuesta: “No sé de dónde sois”. 26 Entonces
empezaréis a decir: “Comimos ante ti y bebimos y en nuestras plazas enseñaste”; 27 y
él os dirá: “No sé de dónde sois; ¡Alejaos de mí todos los que sois trabajadores de la
injusticia![271]”. 28 Allí estará el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a
Abrahán, Isaac, Jacob y todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros
arrojados fuera. 29 Y llegarán de oriente y occidente, y del norte y del sur, y se
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la puerta, también empezaréis a quedaros fuera y a llamar a la puerta diciendo:
“¡Señor, ábrenos!”, y os dirá como respuesta: “No sé de dónde sois”. 26 Entonces
empezaréis a decir: “Comimos ante ti y bebimos y en nuestras plazas enseñaste”; 27 y
él os dirá: “No sé de dónde sois; ¡Alejaos de mí todos los que sois trabajadores de la
injusticia![271]”. 28 Allí estará el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a
Abrahán, Isaac, Jacob y todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros
arrojados fuera. 29 Y llegarán de oriente y occidente, y del norte y del sur, y se
recostarán a comer en el reino de Dios. 30 Y mira, hay últimos que van a ser los
primeros, y hay primeros que van a ser los últimos».
31 En aquella ocasión se acercaron algunos fariseos para decirle: «Sal y márchate
de aquí, que Herodes quiere matarte». 32 Y les dijo: «Id y decid a esa zorra: “Mira,
expulso demonios, hoy y mañana realizaré curaciones y al tercer día moriré”. 33 Pero
es preciso que hoy y mañana y pasado mañana me ponga en marcha, porque no es
posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
34» Jerusalén, Jerusalén, que matas a tus profetas y apedreas a los enviados a ti,
¡cuántas veces quise reunir a tus hijos, a la manera en que un pájaro reúne su nidada
bajo las alas, y no quisiste! 35 Por eso se os privará de hogar. Y os aseguro que no me
veréis hasta que llegue el momento en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre
del Señor![272]».
1 Y sucedió que, cuando fue en sábado a casa de uno de los principales de los
los primeros puestos del banquete, diciéndoles: 8 «Cuando seas invitado por alguno a
una boda, no te recuestes a comer en el primer puesto, no sea que uno más apreciado
que tú haya sido invitado por ese, 9 y llegue quien te invitó a ti y al otro y te diga:
“Dale ese sitio”, y entonces te vayas a ocupar el último sitio avergonzado. 10 Por el
contrario, cuando seas invitado, ve y ponte a la mesa en el último sitio, para que,
cuando venga el que te ha invitado, te diga: “Amigo, sube más arriba”; entonces
tendrás gloria frente a todos los convidados. 11 Porque todo el que se encumbre, será
humillado; y todo el que se humille, será encumbrado».
12 Y decía también al que lo invitó: «Cuando des un almuerzo o una cena, no
llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni parientes, ni vecinos ricos, no sea que estos
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preparado”. 18 Y comenzaron a excusarse todos a una. El primero le dijo: “Compré
un campo y tengo necesidad de ir a verlo; te lo ruego, excúsame”. 19 Y otro dijo:
“Compré cinco yuntas de bueyes y me voy a probarlas; te lo ruego, excúsame”. 20 Y
otro dijo: “Me he casado con una mujer y por eso no puedo ir”. 21 Y una vez se
presentó el esclavo contó a su señor todo. Entonces, enfadado, el señor de la casa dijo
a su siervo: “Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí pobres, tullidos,
ciegos, cojos”. 22 Y le dijo el siervo: “Señor, ya está hecho lo que mandaste y todavía
hay sitio”. 23 Y dijo el señor al siervo: “Ve a los caminos y cercados y hazles venir
para que se llene mi casa”. 24 Pues os aseguro que ninguno de aquellos hombres
invitados gozará de mi banquete».
25 Viajaban con él muchas gentes y, volviéndose, les dijo: 26 «Si alguien se acerca
calcula el gasto, si tiene para su conclusión? 29 No sea que, una vez haya echado los
cimientos y no haya podido acabar, empiecen a reírse de él todos los que lo vean 30
diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar”. 31 ¿O qué rey que va
a partir hacia otro reino para hacer la guerra no se sienta a decidir si es capaz, con
diez mil, de enfrentarse al que viene con veinte mil contra él? 32 Desde luego, si no es
así, mientras aún está en camino, envía una embajada a pedir la paz. 33 Así pues, todo
aquel entre vosotros que se someta de tal manera a todos sus bienes, no puede ser
discípulo mío.
34» Buena es la sal; pero si también la sal se hace insípida, ¿con qué será
condimentada? 35 Ni para tierra ni para estiércol es útil, la arrojan fuera. Quien tenga
oídos para oír que oiga».
y que haya perdido una, no dejará las noventa y nueve en el desierto y marchará en
pos de la perdida hasta que la encuentre? 5 Y cuando la encuentra la coloca contento
sobre sus hombros, 6 y al ir a casa llama a sus amigos y vecinos para decirles:
“Alegraos conmigo, que he encontrado a mi oveja perdida”. 7 Os digo que mayor
alegría habrá en el cielo en lo que atañe a un solo pecador que se arrepiente que
respecto a noventa y nueve justos que, como tales, no tienen necesidad de
arrepentimiento.
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pos de la perdida hasta que la encuentre? 5 Y cuando la encuentra la coloca contento
sobre sus hombros, 6 y al ir a casa llama a sus amigos y vecinos para decirles:
“Alegraos conmigo, que he encontrado a mi oveja perdida”. 7 Os digo que mayor
alegría habrá en el cielo en lo que atañe a un solo pecador que se arrepiente que
respecto a noventa y nueve justos que, como tales, no tienen necesidad de
arrepentimiento.
8» ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no toma una vela y barre
la casa y busca con cuidado hasta que la encuentra? 9 Y cuando la encuentra, llama a
sus amigas y vecinas para decirles: “Alegraos conmigo, que encontré la dracma que
perdí”. 10 De la misma manera, os lo aseguro, surge la alegría entre los ángeles de
Dios respecto a un solo pecador que se arrepiente».
11 Y dijo: «Un hombre tenía dos hijos. 12 Y dijo el más joven de ellos al padre:
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administrador: “¿Qué haré, que mi señor me quita la administración? No puedo cavar,
me avergüenza pedir. 4 Ya sé qué haré para que, cuando me retire de la
administración, sea recibido en sus casas”. 5 Y tras hacer llamar a cada uno de los
deudores de su señor le decía al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?”. 6 Él dijo:
“Cien batos[274] de aceite”. Él le dijo: “Coge tus documentos y siéntate y escribe
rápidamente cincuenta”. 7 A continuación dijo a otro: “¿Y tú cuánto debes?”. Él dijo:
“Cien cores[275] de trigo”. Le dice: “Coge tus documentos y escribe ochenta”. 8 Y
alabó el señor al administrador de la injusticia[276] porque actuó prudentemente;
porque los hijos de esta época son más prudentes en lo que atañe a su descendencia
que los hijos de la luz. 9 Y yo os digo: Haced amigos del mamoná[277] de la injusticia,
para que cuando se acabe seáis recibidos en las moradas eternas».
10» El fiel en lo poco, es fiel también en lo mucho, y el injusto en lo poco es
él. 15 Y les dijo: «Vosotros sois los que os declaráis justos delante de los hombres,
pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es elevado entre los hombres, es
idolatría a los ojos de Dios.
16» La Ley y los profetas, hasta Juan; desde entonces, el reino de Dios es
anunciado y todo el mundo se esfuerza por él. 17 Es más fácil que pasen el cielo y la
tierra que caerse una coma de la Ley.
18» Todo el que repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio; y quien
deseando hartarse con lo caído de la mesa del rico; pero hasta los perros venían y
lamían sus heridas. 22 Y sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al
seno de Abrahán; pero también murió el rico y fue enterrado. 23 Y en el Hades[279],
levantando sus ojos, pues estaba en el tormento, ve a Abrahán desde lejos y a Lázaro
en su seno. 24 Y, gritando, dijo él: “Padre Abrahán, apiádate de mí y envía a Lázaro
para que bañe la punta de su dedo con agua y me refresque la lengua, porque sufro
horriblemente con este fuego”. 25 Y le dijo Abrahán: “Hijo, recuerda que obtuviste
tus bienes durante tu vida, y Lázaro igualmente sus males; pero ahora es consolado de
esta manera y tú sufres tormento. 26 Y, en todo caso, entre nosotros y vosotros hay un
gran abismo, al punto que los que quieren cruzar desde aquí hasta vosotros no
pueden, ni atraviesan desde allí hasta nosotros”. 27 Y dijo: “Entonces te pido, padre,
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para que bañe la punta de su dedo con agua y me refresque la lengua, porque sufro
horriblemente con este fuego”. 25 Y le dijo Abrahán: “Hijo, recuerda que obtuviste
tus bienes durante tu vida, y Lázaro igualmente sus males; pero ahora es consolado de
esta manera y tú sufres tormento. 26 Y, en todo caso, entre nosotros y vosotros hay un
gran abismo, al punto que los que quieren cruzar desde aquí hasta vosotros no
pueden, ni atraviesan desde allí hasta nosotros”. 27 Y dijo: “Entonces te pido, padre,
que lo envíes a casa de mi padre, 28 pues tengo cinco hermanos, para que les sirva de
prueba a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento”. 29 Y le dice
Abrahán: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. 30 Y él dijo: “No,
padre Abrahán, al contrario: se arrepentirán si alguno va desde los muertos hasta
ellos”. 31 Y le dijo: “Si no escuchan a Moisés y los profetas, ni aunque resucitara uno
de ente los muertos se convencerán”».
1 Y dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos, pero ¡ay de
17 aquel por cuya causa vengan! Más le conviene a aquel que una piedra de
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molino le rodee el cuello y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos
pequeños. 3 Cuidad de vosotros mismos.
»Si tu hermano peca contra ti, incrépalo; y si se arrepiente, perdónalo. 4 Y si peca
siete veces al día contra ti y se vuelve siete veces a ti para decirte: me arrepiento,
perdónalo».
5 Y dijeron los apóstoles al Señor: «Auméntanos la fe». 6 Y dijo el Señor: «Si
tenéis una fe tal como una semilla de mostaza, diríais a esta morera: “Arráncate y
plántate en el mar”, y os haría caso.
7» ¿Quién de vosotros que tenga un siervo que are y pastoree, es quien le dice
cuando viene del campo: “Ven y siéntate a comer”, 8 pero no le dice: “Prepara lo que
voy a comer y alrededor de mí sírveme hasta que coma y beba, y después comerás y
beberás tú?”. 9 ¿Acaso agradece al siervo que hiciera lo ordenado? 10 También así
vosotros, cuando hagáis todo lo que se os ha ordenado, decid: Somos siervos inútiles,
hemos hecho lo que debíamos hacer».
11 Y sucedió que mientras iba a Jerusalén cruzaba por medio de Samaria y
Galilea.
12 Y, llegado a una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se
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otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. 25 Pero primero es necesario que
sufra mucho y sea rechazado por esta generación. 26 Y tal como sucedió en los días
de Noé, así ocurrirá en los días del Hijo del hombre. 27 Comían, bebían, se casaban,
eran dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró al arca y llegó el cataclismo
y mató a todos. 28 De la misma manera sucedió en los días de Lot: comían, bebían,
compraban, vendían, cultivaban, construían; 29 pero el día en que Lot salió de
Sodoma, llovió fuego y azufre desde el cielo y mató a todos. 30 Según esto será el día
en que sea revelado el Hijo del hombre. 31 En aquel día, quien esté sobre su casa y
sus cosas en casa, que no baje a recogerlas; y quien esté en el campo, igualmente que
no se vuelva atrás. 32 Recordad a la mujer de Lot. 33 Quien intente salvar su vida, la
perderá; pero quien la pierda, la mantendrá viva. 34 Os digo: en esa noche habrá dos
sobre una cama, uno será invitado, el otro será abandonado; 35 y habrá dos moliendo
lo mismo, una será invitada, la otra será abandonada[280]». 36 Y como respuesta le
dijeron: «¿Dónde, Señor?». 37 Y él les dijo: «Donde esté el cuerpo, allí también serán
reunidas las aves de presa».
respetaba a los hombres. 3 Y había una viuda en esa ciudad y se fue ante él para
decirle: “¡Defiéndeme de la parte contraria!”. 4 Y no quiso durante mucho tiempo.
Pero después dijo para sí: “Aun cuando ni temo a Dios ni respeto a los hombres, 5
ciertamente porque esta viuda está molestando, la defenderé, para que no acabe
cargándome”». 6 Y dijo el Señor: «“Oíd qué dice el juez de la injusticia[281]”. 7 ¿Y
Dios no defenderá a sus elegidos que le gritan día y noche aunque los haga esperar? 8
Os digo que los defenderá rápidamente. Pero si viene el Hijo del hombre, ¿acaso
encontrará la fe sobre la tierra?».
9 Y dijo también este ejemplo a algunos que están convencidos de ser justos y
desprecian al resto: 10 «Dos hombres subieron al Templo a rezar, uno fariseo y el otro
publicano. 11 El fariseo, en pie, rezaba para sí: “Dios, te agradezco que no soy como
el resto de los hombres, codiciosos, injustos, adúlteros, o incluso como este
publicano; 12 ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todo cuanto poseo”. 13
Pero el publicano, en pie a lo lejos, no quería ni levantar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho diciendo: “Dios, redímeme, pecador”. 14 Os aseguro: este bajó
justificado a su casa contrariamente a aquel; porque todo el que se ensalce, será
humillado; pero quien se humille, será ensalzado».
15 Le presentaban también niños para que los tocara; pero, cuando los veían, los
discípulos se lo censuraban. 16 Aunque Jesús los hizo venir, diciendo: «Dejad que los
niños vengan a mí y no lo impidáis, pues el reino de Dios es de los que son como
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justificado a su casa contrariamente a aquel; porque todo el que se ensalce, será
humillado; pero quien se humille, será ensalzado».
15 Le presentaban también niños para que los tocara; pero, cuando los veían, los
discípulos se lo censuraban. 16 Aunque Jesús los hizo venir, diciendo: «Dejad que los
niños vengan a mí y no lo impidáis, pues el reino de Dios es de los que son como
tales. 17 Con seguridad os digo, quien no reciba al reino de Dios como un niño, de
ninguna manera entrará en él».
18 Y le preguntó un magistrado diciendo: «Maestro bueno, ¿haciendo qué
heredaré la vida eterna?». 19 Y le dijo Jesús: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es
bueno salvo únicamente Dios. 20 Conoces los preceptos: No cometerás adulterio, no
matarás, no robarás, no presentarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu
madre[282]». 21 Él dijo: «Todo esto empecé a cumplirlo desde la juventud». 22 Y tras
escucharlo, le dijo Jesús: «Todavía te queda una cosa: vende todo cuanto tienes y dalo
a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y, venga, sígueme». 23 Pero él, al
escuchar eso, se quedó muy triste: pues era tremendamente rico.
24 Y al ver Jesús que se había quedado muy triste, dijo: «¡Qué difícilmente entran
los que tienen riquezas al reino de Dios! 25 Pues es más fácil que un camello entre por
el agujero de una aguja que entrar un rico al reino de Dios». 26 Y dijeron los que le
oyeron: «¿Y quién puede ser salvado?». 27 Él dijo: «Lo imposible para los hombres es
posible para Dios».
28 Y le dijo Pedro: «Mira, nosotros, que dejamos lo nuestro, te seguimos». 29 Y
les dijo él: «Con seguridad os digo que no hay nadie que deje casa, mujer, hermanos,
parientes o hijos por el reino de Dios, 30 que no reciba muchas veces más en este
tiempo y una vida eterna en la eternidad por venir».
31 Y tomando consigo a los Doce les dijo: «Mirad, subamos a Jerusalén, y se
cumplirá todo lo escrito por mano de los profetas para el Hijo del hombre; 32 pues
será entregado a los gentiles, burlado, afrentado, escupido, 33 y después de azotarlo lo
matarán, y al tercer día resucitará». 34 Pero ellos nada de esto entendieron, y estas
palabras estaban escondidas para ellos y no conocían lo que decía.
35 Y sucedió que, mientras se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado junto al
camino pidiendo. 36 Cuando oyó que venía mucha gente, preguntó qué sería aquello.
37 Le refirieron que pasaba por allí Jesús el Nazareno. 38 Y comenzó a gritar,
diciendo: «¡Jesús, hijo de David, apiádate de mí!». 39 Y los que iban en cabeza le
recriminaron para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David,
apiádate de mí!». 40 Y una vez que se detuvo, mandó Jesús que fuera guiado hasta él.
Y como estuviera ya cerca, le preguntó:41 «¿Qué quieres que te haga?». Y él dijo:
«Señor, que vuelva a ver». 42 Y Jesús le dijo: «Vuelve a ver; tu fe te ha salvado». 43
E, inmediatamente, volvió a ver y seguía tras él dando gloria a Dios. Y toda la gente,
cuando lo vio, alabó a Dios.
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hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja aprisa, pues hoy es menester que me quede en tu
casa». 6 Y bajó aprisa y lo recibió con alegría. 7 Y todos, al verlo, murmuraban
diciendo: «Entró a casa de un pecador para alojarse». 8 Y parando en seco, dijo
Zaqueo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, la doy a los pobres, y si en
algo defraudé a alguno, le doy el cuádruplo». 9 Y le dijo Jesús: «Hoy vino la
salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abrahán; 10 pues el Hijo del
hombre vino a buscar y salvar al perdido».
11 Mientras oían esto, añadió un ejemplo por estar cerca de Jerusalén y pensar
ellos que iba a aparecer inmediatamente el reino de Dios. 12 Así pues, dijo: «Cierto
hombre de buena familia se marchó a una región lejana para recibir la dignidad real y
volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos les dio diez minas[283] y les dijo:
“Negociad mientras vengo”. 14 Pero sus ciudadanos lo odiaban y enviaron una
embajada tras él diciendo: “No queremos que este reine sobre nosotros”. 15 Y sucedió
que después de volver él tras recibir la dignidad real, dijo que sus esclavos hablaran
con él, aquellos a los que dio el dinero, para saber qué habían ganado negociando. 16
Y se presentó el primero a decirle: “Señor, tu mina produjo diez minas”. 17 Y le dijo:
“¡Bravo, buen siervo! Porque fuiste fiel en lo poco, vete con el gobierno sobre diez
ciudades”. 18 Y vino el segundo a decirle: “Tu mina, señor, produjo cinco minas”. 19
Y le dijo también a este: “Y tú lo harás sobre cinco ciudades”. 20 Y el otro vino a
decirle: “Señor, mira, tu mina, la que tenía guardada en un sudario; 21 pues tenía
miedo de ti, porque eres un hombre austero, recoges lo que no pusiste y siegas lo que
no sembraste”. 22 Le dice: “Por tu boca te juzgo, esclavo malvado. ¿Sabías que yo
soy un hombre austero porque recojo lo que no puse y siego lo que no sembré? 23 ¿Y
por qué no diste mi dinero a un banco? Y al venir yo lo hubiera recuperado con
interés”. 24 Y dijo a los presentes: “Quitadle la mina y entregadla a quien tiene las
diez”. 25 Y le dijeron: “Señor, tiene diez minas”. 26” Os digo que a todo el que tenga
se le dará, pero del que no tenga, incluso lo que tenga será reclamado. 27 Además, a
los que me desprecian, a estos que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos
aquí y degollados delante de mí”».
28 Y tras decir esto, continuó adelante para subir a Jerusalén.
29 Y sucedió que, cuando ya estuvo cerca de Betfagé y Betania, cerca del monte
llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, 30 diciendo: «Id a la aldea que
está enfrente, y al entrar en ella encontraréis un burro atado, sobre el que nadie se ha
montado nunca, y desatadlo y traedlo. 31 Y si alguno os pregunta: “¿Por qué lo
soltáis?”. Decidle así: “Porque el Señor tiene necesidad de él”». 32 Y, tras marcharse
los que fueron enviados encontraron tal como les dijo[284]. 33 Cuando desataban el
burro, les dijeron sus dueños: «¿Por qué desatáis el burro?». 34 Y ellos dijeron:
«Porque el Señor tiene necesidad de él». 35 Y lo llevaron hasta Jesús, y tras poner sus
mantas sobre el burro subieron a Jesús. 36 Y una vez que echó a andar él, extendían
sus mantos en el camino. 37 Y cuando ya estaba cerca de la pendiente del monte de
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los que fueron enviados encontraron tal como les dijo[284]. 33 Cuando desataban el
burro, les dijeron sus dueños: «¿Por qué desatáis el burro?». 34 Y ellos dijeron:
«Porque el Señor tiene necesidad de él». 35 Y lo llevaron hasta Jesús, y tras poner sus
mantas sobre el burro subieron a Jesús. 36 Y una vez que echó a andar él, extendían
sus mantos en el camino. 37 Y cuando ya estaba cerca de la pendiente del monte de
los Olivos, comenzaron toda la multitud de discípulos contentos a alabar a Dios con
grandes voces por todos los milagros que habían visto, 38 diciendo:«Bendito el que
viene, el rey, en nombre del Señor[285]. Paz en el cielo y gloria en las alturas». 39 Y
algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprime a tus
discípulos». 40 Y como respuesta, les dijo: «Os digo, si llegan a callarse, las piedras
hablarán».
41 Y cuando ya estaba cerca como para ver la ciudad, lloró por ella, 42 diciendo:
«¡Si hubieras conocido en este día también tú lo de la paz!…; pero el caso es que
ahora ha quedado oculto a tus ojos. 43 Porque llegarán días contra ti, y los que te
odian te levantarán una empalizada y te cercarán por todas partes, 44 y te arrasarán a
ti y a los hijos que hay en ti, y no dejarán piedra sobre piedra en ti, porque no
conociste el momento de tu visitación».
45 Y entrando al Templo comenzó a expulsar a los que vendían, 46 diciendo: «Está
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Y al oírlo, dijeron: «No será así». 17 Pero él, poniendo la mirada en ellos, dijo:
«¿Qué es, entonces, esto que está escrito: La piedra que rechazaron los albañiles,
esta se convirtió en angular[289]?18 Todo el que caiga sobre esta piedra, se destrozará;
pero sobre quien caiga, lo aplastará».
19 Y buscaron los escribas y los sumos sacerdotes echarle las manos encima en
aquella ocasión, aunque temieron al pueblo, pues supieron que dijo este ejemplo
contra ellos. 20 Y para acecharlo le enviaron espías que simulaban ser justos para
encontrar alguna palabra suya con que entregarlo al poder y la autoridad del
procurador. 21 Y le interrogaron diciendo: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas
rectamente y que no atiendes a la persona, sino que enseñas con verdad el camino de
Dios; 22 ¿se atiene a la Ley que paguemos el impuesto o no?». 23 Comprendiendo su
astucia, les dijo: 24 «Mostradme un denario; ¿de quién tiene la imagen y la leyenda?».
Y ellos dijeron: «Del César[290]». 25 Y él les dijo: «Entonces devolved[291] al César lo
del César, y a Dios lo de Dios». 26 Y no pudieron encontrar palabra suya a la vista del
pueblo y, admirados de su respuesta, se callaron.
27 Pero se acercaron unos saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le
de los escribas, que quieren pasear con trajes y ansían los saludos en las plazas y los
primeros asientos en las sinagogas y las primeras camas en los banquetes, 47 que
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derecha,43mientras pongo a tus enemigos bajo tus pies[294].44 Así pues, David lo
llama Señor, y ¿cómo es hijo suyo?
45 Y como estuviera escuchando todo el pueblo, dijo a sus discípulos: 46 «Cuidaos
de los escribas, que quieren pasear con trajes y ansían los saludos en las plazas y los
primeros asientos en las sinagogas y las primeras camas en los banquetes, 47 que
devoran las fortunas de las viudas y rezan largamente por precepto; estos recibirán la
mayor condena».
1 Y echando un vistazo, vio a los ricos que echaban al cepillo sus ofrendas. 2 Y
21 vio a una viuda pobre que echaba allí dos ochavos, y dijo: «Con seguridad os
3
digo que esta viuda pobre echó más que todos; 4 pues todos estos echaron al
tesoro de lo que les sobra, pero ella echó de su penuria todo el sustento que tenía».
5 Y como algunos dijeran sobre el Templo: «Ha sido adornado con hermosas
piedras y exvotos», dijo: 6 «Esto que veis, pasarán días[295] en los que no quedará
piedra sobre piedra que no sea derribada».
7 Y le preguntaron, diciendo: «Maestro, entonces, ¿cuándo será eso y cuál será la
señal cuando vaya a ocurrir?». 8 Y él dijo: «Mirad, no seáis engañados; pues muchos
vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy” y “el momento ya está cerca”. No vayáis
tras ellos, 9 y cuando oigáis guerras y revueltas, no os asustéis; pues es necesario que
ocurra primero esto, pero no llegará el final inmediatamente».
10 Entonces les decía: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino, 11
cerca su devastación. 21 Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la montaña, y
los que estén en medio de la ciudad, se marchen; y los que estén en los campos, que
no entren en ella, 22 porque estos son días de castigo para cumplir todo lo escrito. 23
¡Ay de las que estén embarazadas y de las que den el pecho en esos días! Pues habrá
una gran necesidad sobre la tierra e ira contra este pueblo. 24 Y caerán a punta de
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venir entre nubes[298] con gran poder y gloria. 28 Y cuando todo comience a suceder,
permaneced tranquilos y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra
redención».
29 Y les dijo un ejemplo: «Ved la higuera y cualquier árbol; 30 cuando ya verdean,
al mirarlos sabéis por ellos que ya está cerca el calor; 31 así también vosotros, cuando
veáis estos sucesos, sabed que está cerca el reino de Dios. 32 Con seguridad os digo
que de ninguna manera pasará esta generación antes de que todo ocurra. 33 El cielo y
la tierra pasarán, pero mis palabras de ninguna manera pasarán.
34» Cuidad de vosotros, no sea que se entorpezcan vuestros corazones con
el monte llamado de los Olivos; 38 Y todo el pueblo iba de madrugada al templo para
oírlo.
22 los sumos sacerdotes y los escribas cómo quitarlo de en medio, pues temían al
pueblo.
3 Entró Satanás en Judas, el llamado Iscariote, que se contaba entre los doce; 4 y
«Con ansia deseé comer esta Pascua con vosotros antes de que sufra; 16 pues os digo
que de ninguna manera la comeré hasta que se cumpla en el reino de Dios». 17 Y
cogiendo un vaso, dando gracias dijo: «Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; 18 pues
os digo que de ninguna manera beberé el fruto de la vid desde ahora hasta que llegue
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amueblada; allí la prepararéis». 13 Y marchándose encontraron lo que les había dicho,
y prepararon la Pascua.
14 Y cuando llegó la hora, se puso a la mesa y los apóstoles con él. 15 Y les dijo:
«Con ansia deseé comer esta Pascua con vosotros antes de que sufra; 16 pues os digo
que de ninguna manera la comeré hasta que se cumpla en el reino de Dios». 17 Y
cogiendo un vaso, dando gracias dijo: «Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; 18 pues
os digo que de ninguna manera beberé el fruto de la vid desde ahora hasta que llegue
el reino de Dios». 19 Y tomando pan, al dar gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
«Este es mi cuerpo, que va a ser entregado por vosotros; haced esto para recuerdo
mío». 20 Y de la misma manera, el vaso después de cenar, diciendo: «Este vaso es la
nueva alianza mediante mi sangre, que va a ser derramada por vosotros».
21 «Pero, mirad, la mano del que me va a entregar está conmigo sobre la mesa. 22
Porque el Hijo del hombre camina según lo determinado, pero ¡ay del hombre por el
cual es entregado!». 23 Y comenzaron a preguntar entre ellos cuál de ellos sería el que
iba a hacer eso.
24 Y surgió también entre ellos una disputa, la de cuál de ellos parecía ser el más
importante. 25 Pero él les dijo: «Los reyes de los gentiles son sus señores, y sus
gobernantes son llamados bienhechores. 26 Pero vosotros no sois así, sino que el más
importante entre vosotros sea como el recién llegado y el que mande como el
sirviente. 27 Pues ¿quién es más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No
es el que está a la mesa? Sin embargo, yo, entre vosotros, soy como el que sirve.
28 «Y vosotros sois los que han persistido conmigo en mis pruebas; 29 y yo os
lego, tal como me legó mi Padre, un reino 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en
mi reino, y que os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
31 «¡Simón, Simón! Mira, Satanás pidió cribaros como al trigo; 32 pero yo rogué
faltó?». Y ellos dijeron: «Nada». 36 Y les dijo: «Pero ahora, el que tenga una bolsa,
tómela; igual también la alforja, y el que no tenga, que venda su manto y compre una
espada. 37 Pues os aseguro que esto está escrito que se cumpla conmigo, que también
sea contado entre los contrarios a la Ley[300]; pues también tiene fin lo referente a
mí». 38 Y ellos le dijeron: «Señor, mira, aquí hay dos espadas». Y él les dijo: «Es
suficiente».
39 Y saliendo se encaminó, según la costumbre, hacia el monte de los Olivos, y le
siguieron también los discípulos. 40 Y una vez en el sitio, les dijo: «Rezad para que
no caigáis en tentación». 41 Y él se alejó de ellos como a tiro de piedra y, puesto de
rodillas, rezó, 42 diciendo: «Padre, si quieres aparta este vaso de mí; pero que no se
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del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. 51 Y, como respuesta, dijo Jesús:
«Dejadlo aquí»; y tocando la oreja lo curó.
52 Y dijo Jesús a los sumos sacerdotes, oficiales del Templo y presbíteros allí
presentes contra él: «¿Contra un bandolero salisteis, con espadas y estacas? 53 Pese a
que estaba yo todos los días con vosotros en el Templo no me echasteis mano, pero
este es vuestro momento y la autoridad de la oscuridad».
54 Y tomándolo consigo, lo llevaron y condujeron a casa del sumo sacerdote; y
Pedro los seguía de lejos. 55 Y como encendieran un fuego en medio del patio y se
sentaran alrededor, se sentó Pedro en medio de ellos. 56 Pero, al verlo una criada
sentado junto al fuego y mirarlo atentamente, le dijo: «También tú estabas con él». 57
Pero él lo negó, diciendo: «No lo conozco, mujer». 58 Y al poco, otro que lo vio dijo:
«También tú eres de ellos». Y Pedro dijo: «Hombre, no lo soy». 59 Y pasada como
una hora, otro insistió diciendo: «Verdaderamente también este estaba con él, pues
también es galileo». 60 Y dijo Pedro: «Hombre, no sé qué dices». E inmediatamente,
mientras aún hablaba, cantó el gallo. 61 Y volviéndose el Señor dirigió la mirada a
Pedro, y Pedro recordó lo dicho por el Señor cuando dijo: «Antes de que cante el
gallo me negarás tres veces». 62 Y, saliendo, se echó a llorar amargamente.
63 Y los hombres que lo guardaban se burlaban de él mientras lo golpeaban, 64 y
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rey ungido[304]». 3 Y Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Y
él, como respuesta, dijo: «Tú lo dices». 4 Y Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a las
multitudes: «Ninguna culpa encuentro en él». 5 Pero ellos insistían diciendo:
«Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta
aquí».
6 Y Pilato, al oírlo, le preguntó si el hombre era galileo, 7 y, al comprender que
atrás quería conocerlo por haber oído de él y esperaba ver algún signo hecho por él. 9
Y le preguntó muchas cosas[306], pero él no le respondió nada. 10 Pero estaban allí los
sumos sacerdotes y los escribas acusándolo enérgicamente. 11 Lo despreciaba
también Herodes, y se reía de él junto con sus soldados al colocarle una ropa blanca,
y lo envió de vuelta a Pilato. 12 Y es que se hicieron amigos Herodes y Pilato aquel
día; pues anteriormente habían estado enemistados entre sí.
13 Y Pilato, tras convocar a los sumos sacerdotes y jefes y al pueblo, 14 les dijo:
«Me presentasteis a este hombre como que revuelve al pueblo, y mirad, yo, tras
examinarlo ante vosotros, ninguna culpa encontré en este hombre de lo que le
acusáis. 15 Pero tampoco Herodes, pues nos lo ha enviado de vuelta, y mirad, no hay
nada digno de pena capital hecho por él; 16 así pues, lo soltaré después de
reprenderlo».
18 Prorrumpieron[307] en gritos todos a una diciendo: «¡Llévatelo, suéltanos a
Barrabás!»; 19 el cual había sido llevado a la cárcel por una revuelta ocurrida en la
ciudad y un asesinato. 20 Pero Pilato se dirigió de nuevo a ellos queriendo liberar a
Jesús. 21 Y ellos gritaron diciendo: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». 22 Y por tercera vez
les dijo: «¿Pues qué mal cometió este? Ninguna culpa digna de pena capital encontré
en él; así pues, lo soltaré después de reprenderlo». 23 Pero ellos insistían en exigirle a
grandes voces que fuera crucificado, y sus voces dominaban.
24 Y Pilato resolvió que se realizara su petición; 25 liberó al encarcelado por
lamentaban. 28 Y, vuelto hacia ellas, dijo Jesús: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí;
al revés, llorad por vosotras y por vuestros hijos, 29 porque, mirad, vendrán días en
los cuales dirán: ¡Felices las estériles y los vientres que no engendraron y los pechos
que no amamantaron! 30 Entonces empezarán a decir a los montes: ¡Caed sobre
nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos![308]; 31 porque si hacen esto con la madera
húmeda, ¿qué pasará con la seca?».
32 Y conducían con él también a dos malhechores para matarlos.
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«Si tú eres el rey de los judíos, sálvate». 38 Había también una inscripción sobre él:
«El rey de los judíos es este».
39 Uno de los malhechores colgados lo injuriaba diciendo: «¿No eres tú el Cristo?
este hombre era justo». 48 Y todas las gentes que estaban allí reunidas para ese
espectáculo, cuando contemplaron lo ocurrido, golpeándose el pecho volvieron sobre
sus pasos.
49 Se habían quedado a distancia para verlo todos sus conocidos y unas mujeres
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y inclinaran sus rostros hacia tierra, les dijeron ellos: «¿Por qué buscáis al vivo entre
los muertos? 6 No está aquí, sino que fue resucitado. Recordad que os dijo cuando
estaba todavía en Galilea, 7 diciendo del Hijo del hombre que era preciso que fuera
entregado a manos de hombres pecadores y fuera crucificado, y al tercer día
resucitara». 8 Y recordaron sus palabras.
9 Y volviéndose del sepulcro refirieron todo esto a los once y al resto. 10 Eran
María Magdalena, Juana y María la de Jacob y las restantes con ellas. Contaban a los
apóstoles esto, 11 y estas palabras aparecían a sus ojos como una tontería, y no creían
en ellas. 12 Pero Pedro se levantó y corrió hacia el sepulcro y, tras mirar atentamente,
ve solo las vendas, y se fue asombrado de lo ocurrido.
13 Y he aquí que dos de ellos, ese mismo día, estaban en camino hacia una aldea
que dista sesenta estadios de Jerusalén, de nombre Emaús, 14 y trataban entre ellos
sobre todo lo ocurrido. 15 Y sucedió que mientras ellos hablaban y disputaban, Jesús
se acercó y caminó con ellos, 16 pero sus ojos no podían reconocerlo. 17 Y les dijo:
«¿Qué asuntos son estos que os decís uno a otro mientras camináis?». Y se quedaron
tristes. 18 Y como respuesta, el llamado Cleofás dijo: «¿Eres el único que vive en
Jerusalén y no sabes lo ocurrido allí estos días?». 19 Y les dijo: «¿Qué?». Y ellos le
dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que se convirtió en profeta poderoso en hechos y
palabras a los ojos de Dios y de todo el pueblo, 20 que los sumos sacerdotes y
nuestros jefes lo entregaron a pena de muerte y lo crucificaron. 21 Y nosotros
esperábamos que él era el que iba a rescatar a Israel; pero, ciertamente, ya llevamos
tres días desde que ocurrió esto. 22 Sin embargo, también algunas de nuestras mujeres
nos sorprendieron, cuando llegaron tempraneras al sepulcro, 23 y al no encontrar su
cadáver vinieron a decirnos que incluso vieron una aparición de ángeles, que dijeron
que vive. 24 Y salieron algunos de los nuestros al sepulcro y lo encontraron tal como
dijeron las mujeres, pero a él no lo vieron». 25 Y él les dijo: «Insensatos y torpes de
corazón por creer en todo lo que dijeron los profetas; 26 ¿no era necesario que el
Cristo sufriera y entrara en su gloria?». 27 Y comenzando desde Moisés y todos los
profetas les explicó mediante todas las Escrituras lo referente a él.
28 Y ya estaban cerca de la aldea a la que se dirigían, y él simuló andar más lejos.
29 Y lo obligaron diciendo: «Quédate con nosotros, que es casi la tarde y ya ha
declinado el día». Y fue a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la
mesa con ellos, tomando el pan lo bendijo y partiéndolo se lo dio, 31 y se abrieron sus
ojos y lo reconocieron; y él se hizo invisible para ellos. 32 Y dijeron entre sí: «¿No
estaba nuestro corazón ardiendo cuando nos hablaba en el camino, cuando nos
interpretaba las Escrituras?»
33 Y, levantándose en ese momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron
reunidos a los once con los suyos, 34 que decían que realmente el Señor fue
resucitado y se apareció en una visión a Simón. 35 Y ellos relataron lo del camino y
que se les dio a conocer mediante la partición del pan.
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les mostró las manos y los pies. 41 Y como aún siguieran sin creer por la alegría y
estuvieran asombrados, les dijo: «¿Tenéis algo que comer?». 42 Y ellos le dieron una
ración de pescado asado; 43 y tomándolo se lo comió ante ellos.
44 Y les dijo: «Estas son las palabras que os dije estando todavía con vosotros,
que es preciso que se cumpla todo lo escrito en la Ley de Moisés, los profetas y los
salmos, sobre mí». 45 Entonces les iluminó la mente para entender las Escrituras, 46 y
les dijo: «Así está escrito que el Cristo sufra y resucite de los muertos al tercer día, 47
y que sea anunciado en su nombre el arrepentimiento para perdón de pecados a todas
las naciones. Comenzando desde Jerusalén, 48 vosotros sois mártires de esto. 49 Y
mirad, yo envío la promesa de mi Padre sobre vosotros; y vosotros quedaos en la
ciudad hasta que os invistáis de poder de las alturas».
50 Los condujo hasta Betania y, alzando las manos, los bendijo. 51 Y sucedió
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EVANGELIO DE LUCAS
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algún lugar de Asia Menor (¿Antioquía?) o de Grecia. La cuestión es insoluble y,
además, tiene poca importancia para la comprensión de la obra.
La fecha de composición es solo deducible indirectamente: Lucas-Hechos es
posterior al Evangelio de Marcos, al que utiliza, probablemente anterior al
Evangelio de Juan, que parece conocer el texto de Lucas (el evangelio), y desde luego
anterior a la Epístola de los Apóstoles, un apócrifo de mediados del siglo II que cita
a los Hechos. Con estos datos se piensa que la doble obra hubo de estar completa a
más tardar hacia el 90 d. de. C.
***
1 Jesús, 2 hasta el día en que, tras dar instrucciones por medio del Espíritu santo a
los apóstoles que había escogido, fue ascendido hacia las alturas. 3 A los que también
se presentó vivo tras sufrir en muchas pruebas, apareciéndose a ellos durante cuarenta
días exponiendo lo relativo al reino de Dios; y reunido con ellos les ordenó no irse de
Jerusalén, sino esperar la promesa del padre que me escuchasteis, 5 que Juan bautizó
con agua, pero vosotros seréis bautizados mediante el Espíritu santo no muchos días
después[312]. 6 Así pues, al acompañarlo le preguntaban diciendo: «Señor, ¿en este
tiempo restablecerás el reino a Israel?». 7 Y les dijo: «No es cosa vuestra conocer el
tiempo o el momento preciso que el Padre decretó mediante su poder, 8 sino que
recibiréis una fuerza del Espíritu santo que viene sobre vosotros y seréis testigos míos
en Jerusalén y en toda Judea, Samaria y hasta el límite del mundo».
9 Y diciendo esto, mientras ellos miraban, fue elevado y una nube lo tomó de
delante de sus ojos. 10 Y cuando estaban mirando hacia el cielo mientras él se iba, he
aquí que dos hombres se colocaron junto a ellos en vestidos resplandecientes, 11 y
también dijeron: «Galileos, ¿por qué os quedáis en pie mirando hacia el cielo? Este
Jesús que ha sido ascendido desde vosotros hasta el cielo volverá de la misma manera
en que habéis visto que se marchaba al cielo».
12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está
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injusticia y tras caer de cabeza reventó por medio y se esparcieron todas sus vísceras;
19 y fue conocido por todos los que viven en Jerusalén, al punto de que el terreno ese
nación bajo el cielo. 6 Y como se hubiera extendido esta noticia, se reunió una
multitud y quedó confundida porque cada uno los escuchaba hablar en su propio
idioma. 7 Quedaron asombrados y fuera de sí mientras decían: «Mira, ¿no son
galileos estos que hablan? 8 Y ¿cómo es que cada uno de nosotros escuchamos
nuestro idioma, en el que nacimos? 9 Partos, medos, elamitas, habitantes de
Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, 10 Frigia y Panfilia, Egipto y las
zonas de Libia junto a Cirene y los nativos romanos, 11 judíos y prosélitos, cretenses,
árabes, los oímos referir en nuestras lenguas las grandezas de Dios». 12 Y todos
quedaban fuera de sí y dudaban, diciéndose uno a otro: «¿Qué quiere ser esto?». 13
Pero otros decían riéndose: «Se han llenado de vino».
14 Y Pedro, que estaba con los once, levantó la voz y les manifestó: «Judíos y
habitantes de Jerusalén todos, que os sea esto conocido y atended a mis palabras. 15
Pues no están estos borrachos, como suponéis vosotros, pues es la hora tercera del
día, 16 sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel: 17Y sucederá en
los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y
profetizarán vuestros hijos, vuestras hijas y vuestros muchachos verán visiones, y
vuestros ancianos tendrán sueños proféticos;18y, con seguridad, sobre mis siervos y
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sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 19Y daré
presagios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra, sangre, fuego y vapor de
humo.20El sol se transformarán en oscuridad y la luna en sangre, antes de que llegue
el día del Señor, día grande y manifiesto.21Y ocurrirá que todo el que invoque el
nombre del Señor se salvará[317].
22 «Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, hombre señalado por
Dios para vosotros por milagros, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros
mediante él tal como sabéis, 23 a este con la voluntad predeterminada y providencia
de Dios lo matasteis al crucificarlo una vez entregado por mano de quienes no siguen
la Ley, 24 al que Dios resucitó para librar las angustias de la muerte, porque no era
posible que este fuera retenido por ella. 25 Pues David le dice: Veía al Señor ante mí
siempre, porque está a mi derecha para que no dude.26Por eso se alegró mi corazón
y se regocijó mi lengua, y aun mi carne descansará en la esperanza,27porque no
abandonarás mi alma en el Hades ni darás a tu santo el ver la corrupción.28Me diste
a conocer caminos de vida, me llenarás de felicidad con tu rostro[318].
29 «Hermanos, es posible hablaros con franqueza sobre el patriarca David porque
murió y fue enterrado y su sepulcro está entre nosotros hasta este día. 30 Así pues, por
ser profeta y saber que Dios le prometió bajo promesa que del fruto de su cadera[319]
se sentaría en su trono, 31 previendo dijo sobre la resurrección del Cristo que ni sería
abandonado en el Hades ni su carne vería la corrupción. 32 Dios resucitó a este Jesús,
de lo cual todos somos testigos; 33 así pues, exaltado a la derecha de Dios, con la
promesa del Espíritu santo de su Padre, derramó lo que veis y oís. 34 Pues David no
subió a los cielos, sino que dice: Dijo el Señor a mi señor: Siéntate a mi derecha,
35hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies[320].36 Sepa entonces sin dudas toda la
casa de Israel que Dios también hizo Señor y Cristo a este Jesús que vosotros
crucificasteis».
37 Y al escucharlo, quedaron todos entristecidos de corazón y dijeron a Pedro y
los demás apóstoles: «¿Qué haremos, hermanos?». 38 Y Pedro les dijo: «Arrepentíos
y que cada uno de vosotros se bautice en nombre de Jesús el Cristo, para perdón de
vuestros pecados y obtendréis el don del Espíritu santo. 39 Pues vuestra es la promesa
y de vuestros hijos y de todos los que están lejos, a cuantos el Señor nuestro Dios
convoque». 40 Y con muchas otras razones daba testimonio y les exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación injusta». 41 Y los que, tras recibir su palabra, se
bautizaron y se unieron ese día eran como tres mil personas.
42 Había quienes perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la unión, la
fracción del pan y las oraciones. 43 Tuvo toda persona temor[321], y se produjeron por
medio de los apóstoles muchos prodigios y señales. 44 Y todos los que creían estaban
unidos y tenían todo en común, 45 y vendían sus posesiones y bienes y los repartían
entre todos según tuviera alguno necesidad; 46 y cada día, perseverando en el Templo
con un mismo aliento y partiendo en casa el pan, participaban de un género de vida
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con gozos y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y con el favor de todo el pueblo.
Y el Señor añadía a los que se salvaban todos los días.
3 que era cojo desde el vientre de su madre, era llevado, al que[322] colocaban cada
día junto a la puerta del Templo llamada la Hermosa para pedir limosna a los que
entraban al Templo; 3 el cual, al ver que Pedro y Juan iban a entrar al Templo, pidió
limosna. 4 Y fijándose en él, dijo Pedro con Juan: «Míranos». 5 Y él se fijó en ellos
pensando que obtendría algo de ellos. 6 Pero le dijo Pedro: «Plata y oro no tengo,
pero te doy esto: en nombre de Jesús, el Cristo de Nazaret, levántate y anda». 7 Y
cogiéndolo de la mano derecha lo levantó; e inmediatamente se enderezaron sus pies
y tobillos, 8 y tras dar un salto de gozo se quedó en pie y andaba, y entró con ellos al
Templo andando y saltando y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo lo vio andando y
alabando a Dios; 10 sabían de él que era el que estaba sentado a la puerta Hermosa del
Templo pidiendo limosna, y se llenaron de asombro y estupor por lo que le había
ocurrido.
11 Y mientras él agarraba a Pedro y Juan, todo el pueblo corrió a una hacia ellos
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bendecidas todas las tribus de la tierra[329]. 26 Primeramente Dios, al resucitar para
vosotros a su Hijo, lo envió para bendeciros al abominar cada uno de sus maldades».
4 oficial del Templo y los saduceos, 2 molestos con que enseñaran al pueblo y
anunciaran la resurrección de los muertos mediante Jesús, 3 y les echaron mano y
pusieron bajo vigilancia hasta la mañana; pues ya era tarde. 4 Y muchos de los que
escucharon el discurso creyeron y el número de varones alcanzó unos cinco mil.
5 Y por la mañana sucedió que se reunieron sus oficiales, ancianos y escribas en
sumos sacerdotes y ancianos. 24 Y ellos, al oírlo, levantaron a una la voz hacia Dios y
dijeron: «Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos[331],
25 que dijiste por boca de nuestro padre David, tu siervo, gracias al Espíritu santo:
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¿Para qué se alborotaron las naciones y los pueblos se preocuparon en vano?26Se
presentaron los reyes de la tierra y los jefes se reunieron contra el Señor y su
Cristo[332]. 27 Pues se reunieron verdaderamente en esta ciudad contra tu santo siervo
Jesús, al que ungiste, Herodes y Poncio Pilato con las naciones y pueblos de Israel, 28
para hacer cuanto tu mano y tu voluntad predijeron que sucedería. 29 Y ahora, Señor,
vigila sus amenazas y concede a tus esclavos proclamar tu palabra con toda
confianza, 30 extendiendo tu mano para que ocurran curaciones, señales y prodigios
gracias al nombre de tu santo siervo Jesús». 31 Y después de rezar, se agitó el lugar en
que estaban, y todos se llenaron del Espíritu santo y proclamaban la palabra de Dios
con confianza.
32 Y el corazón y la vida de la multitud de los creyentes eran una sola, y ni uno de
los presentes decía tener algo propio, sino que todo lo tenían común. 33 Y con una
gran fuerza daban los apóstoles testimonio de la resurrección de Jesús el Señor, y
había una gran gracia sobre todos ellos. 34 Pues no había nadie necesitado entre ellos;
pues cuantos poseían terrenos o casas, tras venderlas aportaban el producto de las
ventas 35 y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según tendría
necesidad. 36 Y de los apóstoles, José, el llamado Bernabé, lo cual es interpretado
como hijo de la exhortación, levita y chipriota de nacimiento, 37 como tuviera un
campo, cuando lo vendió llevó el dinero y los puso a los pies de los apóstoles.
1 Y cierto hombre llamado Ananías, con su mujer Safira, vendió una posesión
sabía lo ocurrido, entró. 8 Y le respondió Pedro: «Dime, ¿vendiste el terreno por tal
suma?». Y ella dijo: «Sí, por esta». 9 Y Pedro a ella: «¿Por qué os pusisteis de
acuerdo en tentar al Espíritu del Señor? Mira, los pies[333] de los que han enterrado a
tu marido están a la puerta y te llevarán». 10 Y al instante cayó a los pies de él y
expiró. Y los jóvenes entraron y la encontraron muerta, y la enterraron junto a su
marido, 11 y un gran miedo sobrecogió a toda la asamblea y a todos los que
escucharon esto.
12 De manos de los apóstoles tuvieron lugar señales y prodigios numerosos en el
pueblo. Y todos estaban de acuerdo en el pórtico de Salomón, 13 pero nadie del resto
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se atrevía a unírseles, sino que el pueblo los exaltaba. 14 Se les añadía cada vez mayor
número de creyentes en el Señor, multitudes de hombres y mujeres, 15 al punto que
incluso sacaban a las plazas a los enfermos y los colocaban sobre camas y camastros
para que, cuando pasara Pedro, aunque fuera su sombra cubriese a alguno de ellos. 16
Y también la multitud de los de las ciudades vecinas a Jerusalén se unían trayendo
enfermos y convulsos por espíritus impuros, los cuáles quedaron sanados en su
totalidad.
17 Levantándose[334] el sumo sacerdote y todos los suyos, la que es secta de los
saduceos, se llenaron de envidia 18 y les echaron mano a los apóstoles y los pusieron
en la prisión pública. 19 Pero un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la
cárcel, cuando los sacaba de allí dijo: 20 «Id y poneos en el Templo a contar al pueblo
todos los hechos de esta vida». 21 Una vez oído, entraron al amanecer al Templo y
enseñaban. Cuando se presentó[335] el sumo sacerdote con los suyos convocaron al
sanedrín y al consejo de ancianos de los hijos de Israel al completo y ordenaron
fueran conducidos a la cárcel. 22 Pero los asistentes que se presentaron no los
encontraron en la cárcel; volvieron y contaron 23 diciendo: «Encontramos la cárcel
cerrada con toda seguridad y a los guardias apostados a las puertas, pero al abrirlas no
encontramos a nadie dentro». 24 Cuando escucharon estas palabras, el oficial en jefe
del Templo y los sumos sacerdotes dudaban al respecto qué sería esto. 25 Uno que se
presentó les contó: «Mirad, los hombres que pusisteis en la cárcel están en el Templo
enseñando al pueblo».26 Entonces, salió el oficial en jefe con sus asistentes y los llevó
no con violencia, pues temían que el pueblo los apedrease.
27 Cuando los llevaron, se plantaron en el sanedrín, y les preguntó el sumo
sacerdote 28 diciendo: «Os prohibimos enseñar lo de este nombre, y, mira tú, tenéis
llena Jerusalén de vuestra enseñanza y queréis echarnos encima la sangre de este
hombre». 29 Como respuesta, Pedro y los apóstoles dijeron: «Es preciso obedecer a
Dios antes que a los hombres. 30 El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, al que
vosotros matasteis colgándolo de un madero; 31 a este Dios lo enalteció como jefe y
salvador con su derecha para conceder arrepentimiento a Israel y perdón de los
pecados. 32 Y nosotros somos testigos de estos hechos, y el Espíritu santo que
concedió Dios a los que le obedecen».
33 Y al escucharlo se irritaban profundamente y querían prenderlos. 34 Pero
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cuanto a ahora, os digo: alejaos de estos hombres y dejadlos; porque si esto es
decisión o cosa de hombres, cesará, 39 y si realmente procede de Dios, no podéis
destruirlos, no seáis contados entre los que luchan contra Dios». Le hicieron caso, 40
y, tras llamar a los apóstoles y azotarlos, les prohibieron hablar del nombre de Jesús y
los soltaron. 41 Y verdaderamente, ellos se marchaban alegres del sanedrín porque
habían sido considerados dignos de ser ultrajados por el nombre, 42 y todo el día en el
Templo y en casa no cesaban de enseñar y ofrecer como buena noticia a Jesús el
Cristo.
6 helenistas contra los hebreos, porque eran despreciadas en el servicio diario las
viudas de estos. 2 Y los doce, que habían hecho llamar a la multitud de los discípulos,
dijeron: «No es agradable que nosotros, dejando la palabra de Dios, sirvamos las
mesas. 3 Es más, fijaos, hermanos, en siete de vosotros que hayan sido celebrados,
llenos de espíritu y sabiduría, a los que pondremos al frente de esta tarea, 4 y nosotros
perseveraremos en la oración y el servicio de la palabra». 5 Y el discurso pareció bien
a los ojos de toda la multitud y eligieron a Esteban, un hombre lleno de fe y Espíritu
santo, a Filipo, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, un prosélito de
Antioquía, 6 a los que llevaron ante los apóstoles y, mientras rezaban, les impusieron
las manos.
7 Y la palabra de Dios creció y aumentó mucho el número de los discípulos en
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la tierra de los caldeos habitó en Jarán. Y después de morir su padre se trasladó a esta
tierra que vosotros habitáis ahora, 5 y no le concedió una herencia en ella ni un paso
de pie y le prometió darle el disfrute de la misma a él y a su descendencia con él[337],
aunque no tenía hijos. 6 Así le dijo Dios: Tu descendencia será extranjera en tierra
extraña, la esclavizarán y la devastarán durante cuarenta años;7y el pueblo al que
sirvan lo juzgaré, dijo Dios, y después de esto serán liberados[338] y me servirán en
este lugar. 8 Y le dio la alianza de la circuncisión; y así engendró a Isaac y lo
circuncidó al octavo día, e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9 «Y los patriarcas, celosos de José, lo vendieron a Egipto. Aunque Dios estaba
meses en la casa de su padre, 21 pero al morir aquel lo recogió la hermana del faraón
y lo crió como a un hijo suyo. 22 Y Moisés fue educado en toda la sabiduría de los
egipcios, y era poderoso en palabras y hechos. 23 Y cuando se le cumplieron cuarenta
años, subió a su corazón visitar a sus hermanos los hijos de Israel. 24 Y al ver a uno
injuriado lo vengó y castigó al que le atormentaba matando al egipcio. 25 Y creyó que
sus hermanos comprenderían que Dios, mediante su mano, les da la salvación; pero
ellos no lo entendieron. 26 Y al día siguiente se les apareció en una visión cuando
luchaban y los reconcilió diciendo: “Amigos, sed hermanos; ¿por qué os hacéis daño
unos a otros?”. 27 Pero el que causaba el daño a su vecino lo echó atrás diciendo:
¿Quién te hizo jefe y juez nuestro?28¿Quieres matarme de la misma manera que ayer
mataste al egipcio?[340]. 29 Y escapó Moisés por esas palabras y se asentó en la tierra
de Madián, donde engendró dos hijos.
30» Y cumplidos cuarenta años se le apareció en una visión en el desierto del
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zapatos, pues el lugar sobre el que estás es tierra sagrada[342]. 34He visto el daño de
mi pueblo en Egipto y he oído su lamento, y he bajado a liberaros; y ahora ven, te
envío a Egipto[343]. 35 A este Moisés, que negaron diciendo: ¿Quién te hizo jefe y
juez?[344]. A este lo envió Dios como jefe y redentor con mano de un ángel que se le
apareció en visión en la zarza. 36 Este los condujo haciendo prodigios y señales en
Egipto y en el mar Rojo, y en el desierto durante cuarenta años. 37 Este es el Moisés
que dijo a los hijos de Israel: Dios suscitará un profeta como yo de entre vuestros
hermanos[345]. 38 Este es el que se encontraba en reunión en el desierto con el ángel
que le hablaba en el monte Sinaí y con nuestros padres, el que recibió palabras vivas
para dárnoslas, 39 al que no quisieron obedecer nuestros padres, sino que se apartaron
de él y se volvieron en sus corazones hacia Egipto, 40 diciendo a Aarón: Haznos
dioses que marchen delante nuestro, pues este Moisés que nos condujo fuera de
Egipto no sabemos qué ha sido de él[346].41 E hicieron una figura de becerro en
aquellos días y realizaron un sacrifico al ídolo y se alegraron con las acciones de sus
manos. 42 Pero Dios se apartó y les permitió servir al ejército del cielo, tal como está
escrito en un libro de los profetas: ¿Acaso me presentasteis víctimas ni sacrificios
durante los cuarenta años en el desierto, casa de Israel?43Portasteis la tienda de
Moloc y la estrella de vuestro dios Refam, las imágenes que hicisteis para arrodillaros
ante ellas, y os haré vivir más allá[347] de Babilonia.
44 «Nuestros padres tenían la tienda del testimonio[348] en el desierto tal como el
que hablaba a Moisés ordenó hacer según el modelo que había visto; 45 que también
portaron nuestros padres cuando la recibieron como herencia con Jesús[349] en la
ocupación de las naciones, que Dios expulsó de delante de nuestros padres hasta los
días de David, 46 que encontró gracia a los ojos de Dios y pidió encontrar una morada
para la casa de Jacob. 47 Y Salomón le construyó un Templo. 48 Pero el Altísimo no
habita lo hecho por mano de hombre, tal como dice el profeta: 49El cielo es mi trono,
y la tierra el escabel de mis pies; ¿qué tipo de casa me construiréis, dice el Señor, o
cuál será lugar de mi descanso?50 ¿No hizo mi mano todo esto?[350]. 51 Tercos e
incircuncisos de corazón y oído, vosotros siempre resistís al Espíritu santo como
vuestros padres y vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros
padres? Incluso mataron a los que anunciaban la venida del Justo, del que ahora
vosotros os convertisteis en traidores y asesinos, 53 que como tales recibisteis la Ley a
través de ángeles y no la observasteis».
54 Al oír esto, se irritaban profundamente en sus corazones y hacían rechinar sus
dientes por él. 55 Lleno del Espíritu santo, y mirando atentamente hacia el cielo, vio la
gloria de Dios y a Jesús situado a la derecha de Dios, 56 y dijo: «Mira, veo los cielos
iluminados y al Hijo del hombre situado a la derecha de Dios». 57 Gritando con
grandes voces apretaron sus oídos y se abalanzaron a una contra él 58 y, tras sacarlo
fuera de las puertas[351], lo lapidaban. Y los testigos guardaron sus ropas junto a los
pies de un joven llamado Saulo. 59 Y lapidaban a Esteban, que invocaba y decía:
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«Señor Jesús, recibe mi espíritu». Puesto de rodillas gritó a grandes voces: «Señor, no
les pongas en la balanza este pecado». Y diciendo esto murió.
8 En aquel día tuvo lugar una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén; y
todos se diseminaron por las comarcas de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. 2
Recogieron a Esteban unos hombres piadosos y se lamentaron mucho por él. 3 Saulo
injuriaba a la Iglesia entrando en las casas; y arrastrando a hombres y mujeres los
entregaba a prisión.
4 Y los que se dispersaron fueron por todas partes dando la buena noticia de la
palabra. 5 Y Felipe, que bajó a la ciudad de Samaria, les predicó al Cristo. 6 Y las
gentes prestaban atención a lo dicho por Felipe todos a una a la hora de escucharlo y
ver las señales que hacía. 7 Pues muchos que tenían espíritus impuros, que gritaban a
grandes voces, salían, y muchos paralíticos y cojos fueron curados; 8 y hubo mucha
alegría en aquella ciudad.
9 Cierto hombre llamado Simón se encontraba en la ciudad y practicaba la magia
y dejaba estupefacto al pueblo de Samaria, pues decía que era alguien grande, 10 al
que todos, desde el más pequeño al mayor, prestaban atención diciendo: «Este es la
fuerza de Dios llamada grande». 11 Y le prestaban atención por el hecho de dejarlos
estupefactos desde hacía mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron en Felipe, que daba
la buena noticia del reino de Dios y el nombre de Jesús Cristo, se bautizaban hombres
y mujeres. 13 Y Simón creyó, y una vez bautizado perseveró en Felipe, y al ver las
señales y milagros realizados quedó estupefacto.
14 Y al escuchar los apóstoles que estaban en Jerusalén que Samaria había
aceptado la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y Juan, 15 que cuando bajaban
rezaron por ellos para que recibieran el Espíritu santo; 16 pues todavía no había
descendido sobre ninguno de ellos, y solo estaban bautizados en nombre del Señor
Jesús. 17 Entonces les imponían las manos y aceptaban el Espíritu santo. 18 Y al ver
Simón que gracias a la imposición de manos de los apóstoles se otorgaba el Espíritu,
les ofreció dinero 19 diciendo: «Dadme también a mí este poder para que reciba el
Espíritu santo aquel a quien imponga las manos». 20 Pero Pedro le dijo: «Quédese tu
dinero contigo para perdición, porque creíste que el don de Dios es adquirido gracias
al dinero; 21 no tienes parte ni herencia en esta palabra, pues tu corazón no es recto a
los ojos de Dios. 22 Así pues, arrepiéntete de esta maldad tuya y ruega al Señor que se
te vaya este pensamiento de tu corazón, 23 pues veo que eres dado a la cólera de la ira
y estás atado a la injusticia». 24 Y como respuesta dijo Simón: «Rogad vosotros por
mí al Señor para que nada de lo que habéis dicho me sobrevenga». 25 Los que
atestiguaban públicamente y explicaban la palabra del Señor se volvían a Jerusalén, y
dieron la buena noticia a muchas aldeas de Samaria.
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26 Un ángel del Señor habló a Filipo diciendo: «Levanta y ponte en camino hacia
el sur por la carretera que baja de Jerusalén a Gaza, esta está desierta». 27 Y se
levantó y puso en camino. Y he aquí un etíope eunuco ministro de Candace, reina de
los etíopes, el cual estaba al frente de todo el tesoro real, el cual fue a postrarse a
Jerusalén, 28 y estaba de vuelta y sentado en su carro y leía al profeta Isaías. 29 Y le
dijo el Espíritu a Felipe: «Acércate y sigue a ese carro». 30 Y cuando se acercaba
corriendo oyó Felipe que leía a Isaías el profeta y dijo: «¿Comprendes lo que lees?».
31 Y él dijo: «¿Pues cómo podría si nadie me ilustra?». E invitó a Felipe a que,
subiendo, se sentara con él. 32 Y el pasaje de la Escritura que leía era este: Fui
conducido como oveja al sacrificio, y como un cordero silencioso ante quien lo
esquila, de tal manera permanece cerrada mi boca.33En su humillación fue negada
su justicia; ¿quién describirá su linaje? Porque su vida es arrebatada de la
tierra[352].
34 Como respuesta, dijo el eunuco a Filipo: «Te lo ruego, ¿de quién habla el
profeta aquí?». 35 Y tras abrir la boca[353] y comenzando por esta Escritura, Felipe le
dio la buena noticia de Jesús. 36 Y según iban camino abajo, llegaron a un sitio con
agua, y dice el eunuco: «Mira, agua, ¿qué te impide bautizarme?». 38 Y ordenó[354]
detener el carro y se metieron ambos en el agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. 39 Y
cuando salieron del agua un espíritu del Señor se llevó a Felipe y el eunuco ya no lo
vio más, y siguió su camino contento. 40 Felipe acabó en Azoto; y mientras marchaba
dio la buena noticia a todas las ciudades hasta que llegó a Cesarea[355].
1 Saulo, todavía respirando amenazas y odio hacia los discípulos del Señor,
9 dirigiéndose al sumo sacerdote 2 requirió de él cartas para las sinagogas de
Damasco con el fin de, si encontraba a hombres o mujeres que siguieran esta
doctrina, llevarlos encadenados a Jerusalén. 3 Cuando estaba en camino, sucedió que,
al acercarse a Damasco, repentinamente lo rodeó una luz procedente del cielo 4 y,
cayendo a tierra, escuchó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?». 5 Y dijo: «¿Quién eres, Señor?». Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú
persigues. 6 Pero levanta y entra en la ciudad y te será dicho lo que es preciso que
hagas». 7 Y los hombres que le acompañaban en el viaje se quedaron estupefactos al
oír la voz pero no ver a nadie. 8 Se levantó Saulo del suelo y, una vez abiertos los
ojos, nada vio. Guiándolo con la mano lo llevaron hasta Damasco. 9 Y estuvo tres
días sin ver, y ni comió ni bebió.
10 Había cierto discípulo en Damasco de nombre Ananías, y le dijo mediante una
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ver». 13 Respondió Ananías: «Señor, he oído de muchos a propósito de este hombre
cuántos males hizo a tus santos en Jerusalén; 14 y aquí tiene facultad de parte de los
sumos sacerdotes para encadenar a todos los que invoquemos tu nombre». 15 Le
respondió el Señor: «Ve, porque lo tengo por herramienta de predestinación para
llevar mi nombre ante los gentiles y los reyes y los hijos de Israel. 16 Pues yo le
mostraré cuanto es preciso que sufra a causa de mi nombre». 17 Salió Ananías y se
dirigió a la casa e, imponiéndole sus manos, dijo: «Hermano Saulo, el Señor me
envió, Jesús el que se te presentó en visión en el camino que traías, para que vuelvas
a ver y te llenes de Espíritu santo». 18 Y al momento se le cayeron de los ojos como
escamas y volvió a ver y, levantándose, fue bautizado 19 y tomando alimento cogió
fuerzas.
Pasó unos días entre los discípulos de Damasco, 20 y enseguida predicó en las
sinagogas a Jesús, que este es el hijo de Dios. 21 Quedaron todos los oyentes fuera de
sí y dijeron: «¿No es este el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban este
nombre y aquí vino para eso, para llevarlos encadenados ante los sumos sacerdotes?».
22 Pero Saulo cogía más y más fuerzas y confundía a los judíos residentes en
para matarlo. 25 Sus discípulos, cogiéndolo por la noche, lo bajaron por la muralla
soltándolo en una canasta.
26 Presentándose en Jerusalén intentó unirse a los discípulos, y todos le temieron
en marcha con el temor del Señor, y se llenaba del consuelo del Espíritu santo.
32 Y sucedió que Pedro, que recorría todos los lugares, se bajó también hasta los
santos que residen en Lida. 33 Y encontró allí a un hombre llamado Eneas, tumbado
en una cama desde hacía ocho años que era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: «Eneas,
Jesús Cristo te cura; levántate y haz la cama». Y al instante se levantó. 35 Y todos los
que residen en Lida y Sarón lo vieron, los cuales[357] se volvieron al Señor.
36 En Joppe había una discípula llamada Tabita, que se traduce Gacela; ella estaba
llena de las buenas obras y limosnas que hacía. 37 Y sucedió en aquellos días que
enfermó hasta morir; y tras lavarla la dejaron en la habitación de arriba. 38 Y como
Lida estuviera cerca de Joppe, los discípulos, al oír que Pedro está en allí, le enviaron
dos hombres para rogarle: «No tardes en llegarte hasta nosotros». 39 Y Pedro,
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levantándose, los acompañó; en cuanto llegó lo condujeron a la habitación de arriba y
se le presentaron todas las viudas llorando y enseñándole túnicas y mantos que
Gacela hacía cuando estaba con ellas. 40 Y tras echar a todos fuera y ponerse de
rodillas se ponía a rezar y volviéndose al cuerpo dijo: «Tabita, levántate». Y ella abrió
sus ojos, y tras ver a Pedro se sentó. 41 Y dándole él la mano la levantó; y tras llamar
a los santos y las viudas se la presentó viva. 42 Y llegó a ser conocido en toda Joppe y
creyeron muchos en el Señor. 43 Y sucedió que se quedó en Joppe muchos días en
casa de cierto Simón, curtidor de pieles.
ángel que le hablaba se marchó, tras llamar a dos sirvientes y a un soldado piadoso de
los que estaban bajo su mando 8 y explicarles todo, los envió a Joppe.9 Al día
siguiente, mientras ellos estaban en camino y se acercaban a la ciudad, subió Pedro a
la casa a rezar hacia la hora sexta. 10 Y sucedió que acabó muy hambriento y quiso
comer.
Y cuando se lo preparaban le sobrevino un éxtasis, 11 y ve el cielo iluminado y
algo así como un paño grande que, suspendido de los cuatro extremos, bajaba sobre
la tierra, 12 en el cual estaban todos los cuadrúpedos y reptiles de la tierra y las aves
del cielo. 13 Y surgió una voz hacia él: «Levántate, Pedro, sacrifica y come». 14 Y
Pedro dijo: «De ninguna manera, Señor, porque jamás comí nada inmundo e
impuro». 15 Y una voz de nuevo por segunda vez: «Lo que Dios purificó deja de
profanarlo tú». 16 Y esto sucedió tres veces, y al instante aquella cosa fue subida al
cielo. 17 Y cuando se preguntaba Pedro qué sería la visión que tuvo, he aquí que los
enviados por Cornelio, tras preguntar por la casa de Simón, se detuvieron ante la
puerta, 18 y dirigiéndose a él le preguntaron si Simón el llamado Pedro se aloja allí. 19
Y como Pedro recapacitara sobre la visión, le dijo el Espíritu: «Mira, tres hombres
que te buscan, 20 pero levanta, baja y ve con ellos sin dudar nada, porque yo los he
enviado». 21 Y tras bajar, Pedro les dijo: «Mirad, yo soy el que buscáis; ¿cuál es el
motivo de que estéis aquí?». 22 Y ellos dijeron: «Cornelio, un centurión, hombre justo
y temeroso de Dios, reconocido por toda la nación de los judíos, recibió de un ángel
santo una revelación para venir a llevarte a su casa y escucharte». 23 Así pues, tras
invitarlos a entrar los alojó. Al día siguiente se levantó y se fue con ellos, y algunos
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de los hermanos de Joppe lo acompañaron. 24 Y al día siguiente entró en Cesarea.
Cornelio estaba esperándolos después de llamar a sus parientes y amigos más
cercanos. 25 Y cuando sucedió que Pedro entró, al encontrarse con él Cornelio cayó a
sus pies de rodillas. 26 Pero Pedro lo levantó diciendo: «Levanta, también yo soy un
hombre». 27 Y conversando con él entró y se encuentra con que habían venido
muchos, 28 y les dijo: «Vosotros creíais que para un judío es contrario a la Ley
juntarse o visitar a uno de otra raza; aunque a mí Dios me enseñó a no llamar
inmundo o impuro a ningún hombre; 29 por eso, también he venido aquí sin protestar
cuando he sido llamado. Así pues, pregunto por qué razón me llamasteis». 30 Y
Cornelio dijo: «Cuatro días atrás, a esta misma hora, estaba yo rezando la nona en mi
casa y he aquí que un hombre se planta delante de mí con una vestidura
resplandeciente, 31 y dice: “Cornelio, tu plegaria fue escuchada y tus limosnas tenidas
en cuenta a los ojos de Dios. 32 Así pues, manda a buscar en Joppe a Simón, el
llamado Pedro, este se aloja en casa de Simón el curtidor junto al mar”». 33
Inmediatamente, pues, envié por ti, y tú hiciste bien al presentarte. En consecuencia,
todos nosotros estamos ahora frente a Dios para escuchar todo lo que te fue ordenado
por el Señor».
34 Y abrió Pedro la boca[360] y dijo: «Verdaderamente[361] comprendo que Dios no
haciendo el bien y curando a todos los tiranizados por el diablo, porque Dios estaba
con él. 39 Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en
Jerusalén. A este lo mataron colgándolo de un madero; 40 a este Dios lo resucitó al
tercer día y le concedió que se hiciera manifiesto, 41 no a todo el pueblo, sino a los
testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que, como tales, comimos y
bebimos con él después de resucitar de los muertos; 42 y nos ordenó predicar al
pueblo y dar testimonio de que él es el designado por Dios como juez de vivos y
muertos. 43 De él dan fe los profetas que todo el que crea en él recibirá el perdón de
sus pecados gracias a su nombre».
44 Mientras aún pronunciaba Pedro estas palabras, sobrevino el Espíritu santo a
todos los que escuchaban el discurso. 45 Y quedaron estupefactos los creyentes que
provenían de la circuncisión que habían acompañado a Pedro, porque también sobre
las naciones se ha derramado el regalo del Espíritu santo, 46 pues oyeron que
hablaban en lenguas y alababan a Dios. Entonces respondió Pedro: 47 «¿Quién puede
impedir ya que sean bautizados estos que recibieron el Espíritu santo tal como
nosotros? 48 Y mandó que fueran bautizados mediante el nombre de Jesús Cristo.
Entonces le pidieron quedarse algunos días.
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1 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea que las naciones
seréis bautizados mediante un Espíritu santo. 17 Así pues, si Dios les concedió el
mismo don que a nosotros por creer en el Señor, Jesús Cristo, yo, ¿quién soy para
poder estorbar a Dios?». 18 Y al oír esto se callaron y glorificaron a Dios diciendo:
«Entonces también a las naciones ha concedido Dios el arrepentimiento para la vida».
19 Los que se habían dispersado después del problema surgido a propósito de
ellos, llamado Ágabo, indicó que una gran hambruna iba a presentarse en todo el
mundo, la que acaeció en época de Claudio[363]. 29 Y de los discípulos, según cada
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uno tuviera de más, determinaron que cada uno enviaría para socorro a los hermanos
que vivían en Judea; 30 lo cual hicieron enviándolo a los ancianos por mano de
Bernabé y Saulo.
como viera que esto era grato a los judíos, añadió apresar a Pedro —eran los
días de los Ácimos—, 4 al que también, una vez prendido, puso en la cárcel
entregándolo a cuatro grupos de cuatro soldados para vigilarlo, deseando entregarlo
después de la Pascua al pueblo. 5 Así pues, Pedro fue custodiado en la cárcel, pero la
iglesia rezaba una oración fervorosamente por él a Dios.
6 Y cuando Herodes iba a entregarlo, durante aquella noche estaba Pedro dormido
entre dos soldados sujetado por dos cadenas y unos carceleros hacían guardia delante
de la puerta. 7 Y he aquí que un ángel del Señor se presentó y una luz brilló en la
celda; y tras dar unos golpes en el pecho de Pedro, lo levantó diciendo: «Levanta
rápido». Y se le cayeron las cadenas de las manos. 8 Y le dijo el ángel: «Avíate y átate
las sandalias». Y eso hizo. Y le dice: «Échate el manto y sígueme». 9 Y salió y lo
siguió y no supo que lo ocurrido gracias al ángel era verdad; por el contrario, le
parecía contemplar una visión. 10 Después de atravesar la primera vigilancia y la
segunda llegaron a la puerta de hierro que lleva a la ciudad, la cual se abrió por sí
misma para ellos y, una vez fuera, alcanzaron una calle, y al instante el ángel se
marchó de allí. 11 Y cuando se quedó consigo mismo, dijo Pedro: «Ahora sé
realmente que el Señor envió a su ángel y me quitó de la mano de Herodes y de toda
la expectación del pueblo de los judíos». 12 Y, comprendiendo, se dirigió a casa de
María, la madre de Juan, el llamado Marcos, donde muchos estaban reunidos y
rezando. 13 Y como llamara a la puerta se acercó una niña llamada Rode a escuchar,
14 y cuando reconoció la voz de Pedro no abrió de alegría, sino que fue corriendo a
anunciar que Pedro estaba ante la puerta. 15 Y ellos le dijeron: «Estás loca». Pero ella
insistió en que así era. Ellos dijeron: «Es su ángel».16 Y Pedro seguía llamando; y
cuando abrieron lo vieron y quedaron asombrados. 17 Haciendo señas para que se
callaran les contó cómo el Señor lo sacó de la cárcel y dijo: «Comunicádselo a Jacob
y los hermanos». Y salió y se dirigió a otro lugar.
18 Al llegar el día había no poca agitación entre los soldados por qué había sido de
convencer a Blasto, el guardia del dormitorio del rey, le pidieron la paz porque la
comarca de estos se alimentaba de la del rey. 21 Y el día señalado, Herodes, que vestía
un vestido real y se sentó en el trono, les hablaba, 22 pero el pueblo dijo: «Voz de
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Dios, no de hombre». 23 E inmediatamente un ángel del Señor lo golpeó porque no
dio gloria a Dios y expiró comido de gusanos.
24 Y la palabra de Dios creció y se multiplicó. 25 Bernabé y Saulo volvieron a
pero Juan, que se separó de ellos, se volvió a Jerusalén. 14 Y ellos, cruzando desde
Perge, alcanzaron Antioquía de Pisidia, y entrando el sábado a la sinagoga se
sentaron. 15 Y después de la lectura de la Ley y los Profetas, los directores de la
sinagoga mandaron decirles: «Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación[365]
para el pueblo, decidla».
16 Y se levantó Pablo e hizo una seña con la mano y dijo: «Israelitas y temerosos
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rechazarlo los elevó a David al título de rey, al que incluso dijo para dar testimonio:
“Encontré a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que cumplirá todos
mis designios”. 23 Dios, a partir de la descendencia de este, según su promesa, ha
suscitado a Jesús como salvador para Israel, 24 mientras Juan anunciaba primero a la
vista de su llegada un bautismo de arrepentimiento para todo el pueblo de Israel. 25 Y,
cuando Juan terminaba su carrera, decía: “¿Por qué suponéis que soy yo? No soy yo;
pero mirad, detrás de mí viene uno cuyas sandalias no soy yo digno de desatar”. 26
Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y los que teméis a Dios, se nos envió la
palabra de esta salvación. 27 Y los que habitan Jerusalén y sus jefes, que no lo
reconocieron, cumplieron las voces de los profetas leídas cada sábado al juzgarlo, 28
y al no encontrar ninguna causa de muerte pidieron a Pilato que lo matara. 29 Y así se
cumplió todo lo escrito sobre él, después de bajarlo del madero lo pusieron en un
sepulcro. 30 Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, 31 el cual fue visto durante
muchos días por los que subieron con él desde Galilea a Jerusalén, los cuales son
ahora testigos suyos ante el pueblo. 32 Y nosotros os damos la buena noticia de que la
promesa dada a los padres ya está cumplida, 33 porque Dios nos la ha cumplido a
nosotros sus hijos al resucitar a Jesús tal como está escrito en el salmo segundo: Tú
eres mi hijo, Yo te he engendrado hoy[366].34 Que resucitó de entre los muertos al que
ya no va a volver a la corrupción, así está dicho: Os concederé las cosas santas de
David, las auténticas[367]. 35 Porque también se dice en otro lugar: No permitirás que
tu santo conozca la corrupción[368]. 36 Pues David, en realidad, que sirvió durante su
vida la voluntad de Dios, murió y se unió a sus padres y conoció la corrupción; 37
pero este al que Dios resucitó, no conoció la corrupción. 38 Así pues, hermanos,
debéis saber que gracias a él se os anuncia el perdón de los pecados, y de todo lo que
no podíais ser justificados mediante la Ley de Moisés, 39 todo el que crea en él será
justificado. 40 En consecuencia, cuidad que no se cumpla lo dicho en los profetas:
41Mirad, los que despreciáis, y admiraos y callaos, porque realizaré en vuestros días
una obra, una obra que de ninguna manera creeréis si alguien os la detalla»[369].
42 Y una vez salieron, les pedían que les explicaran estas palabras el sábado
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Dios por toda la comarca. 50 Pero los judíos excitaban a las mujeres temerosas
decentes y a los principales de la ciudad y provocaron una persecución contra Pablo y
Bernabé y los echaron de su región. 51 Ellos, tras sacudirse el polvo de los pies sobre
ellos, llegaron a Iconio, 52 y los discípulos se llenaron de alegría y Espíritu santo.
14 judíos y hablaron de tal forma que una gran multitud de judíos y griegos creyó.
2 Pero los judíos incrédulos reunieron y enquistaron las conciencias de los
gentiles contra los hermanos. 3 En todo caso, se quedaron durante mucho tiempo
hablando con toda libertad sobre el Señor, por dar él testimonio sobre la palabra de la
gracia de Dios, por conceder que tuvieran lugar señales y prodigios mediante ellos. 4
Pero quedó dividida la gente de la ciudad, y unos estaban con los judíos, otros con los
apóstoles. 5 Y cuando tuvo lugar un intento por parte de los gentiles y los judíos,
junto con los dirigentes de la ciudad, de ultrajarlos y apedrearlos, 6 tras averiguarlo,
huyeron a las ciudades de Licaonia Listra y Derbe y su comarca, 7 y allí se quedaron
comunicando la buena noticia.
8 Y un listrio se sentaba, incapacitado, sobre sus pies, cojo desde el vientre de su
madre, que jamás había caminado. 9 Él oyó a Pablo hablar, el cual lo miró fijamente y
al ver que tiene[371] fe para salvarse, 10 le dijo a grandes voces: «Levántate sobre los
pies bien derecho». Y dio un salto y se pone a andar. 11 Y las gentes, al ver lo que
Pablo había hecho, levantaron sus voces diciendo en dialecto licaonio: «Los dioses a
los hombres han bajado a nosotros en forma de hombre», 12 y llamaban a Bernabé
Zeus y a Pablo, Hermes, porque él era quien explicaba la palabra. 13 Y el sacerdote
del Zeus que está delante de la ciudad, portando toros y coronas a las puertas quería,
junto con las multitudes, hacer sacrificios[372]. 14 Cuando los apóstoles Pablo y
Bernabé lo oyeron, rasgando sus mantos, salieron hacia la multitud gritando 15 y
diciendo: «¡Pero hombre! ¿Por qué hacéis eso? También nosotros somos de la misma
naturaleza que vosotros, hombres que os damos la buena noticia de que os apartéis de
todo lo vano y os volváis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo
que hay en ellos[373]; 16 que en las generaciones pasadas permitió que las naciones
recorrieran sus propios caminos; 17 sin embargo, benéfico él, no se dejó a sí mismo
sin testimonio, dándoos las lluvias y las estaciones ubérrimas, llenando de vida y
alegría vuestros corazones». 18 Y diciendo tales cosas a duras penas frenaron a las
multitudes para que no hicieran sacrificios para ellos.
19 Vinieron judíos de Antioquía e Iconio y, tras convencer a las multitudes y
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Antioquía 22 para fortalecer las almas de los discípulos, animándolos a perseverar en
la fe y que es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de
Dios. 23 Una vez que nombraron a los ancianos[374] en cada iglesia, y tras rezar y
ayunar, los encomendaron al Señor, en quien ya creían. 24 Y cruzando Pisidia llegaron
a Panfilia, 25 y tras explicar la palabra en Perge bajaron a Atalia, 26 y desde allí se
embarcaron hacia Antioquía, de donde habían sido encomendados a la gracia de Dios
para la misión que habían cumplido. 27 Estado ya allí, y tras reunir la asamblea,
detallaron cuanto Dios había realizado por ellos y que abrió a los gentiles la puerta de
la fe. 28 Y pasaron no poco tiempo con los discípulos.
suscitara mucha disputa, se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros tenéis
conocimiento de que desde hace mucho tiempo entre vosotros (me) eligió Dios para
que, por medio de mi boca, escucharan las naciones la palabra de la buena noticia y
creyeran. 8 Y Dios, que conoce los corazones, os lo atestiguó otorgándoles el Espíritu
santo, como a nosotros, 9 y en nada distinguió entre nosotros y ellos cuando purificó
sus corazones con la fe. 10 Así pues, ¿por qué ahora tentáis a Dios imponiendo un
yugo sobre los cuellos de los discípulos, que ni nuestros padres ni nosotros pudimos
llevar? 11 Al contrario, confiamos en salvarnos mediante la gracia de Jesús el Señor,
de la misma manera que aquellos». 12 Se calló toda la multitud y atendieron a
Bernabé y Pablo, que expusieron cuantos signos y prodigios realizó Dios entre las
naciones gracias a ellos. 13 Después de que estos se callaron, respondió Jacob
diciendo: «Hermanos, escuchadme. 14 Simeón[375] os ha expuesto cómo primero Dios
consideró tomar de entre las naciones un pueblo para su nombre. Y con esto
concuerdan las palabras de los profetas según está escrito: 16 Después de esto volveré
y reconstruiré la tienda caída de David[376], y sus ruinas las construiré y volveré a
levantarla,17para que el resto de los hombres busque al Señor y todas las naciones a
las cuales sea proclamado mi nombre[377], dice el Señor, que hace que esto
sea18conocido desde antiguo[378].
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19 «Por eso juzgo yo que no hay que molestar a quienes, de entre las naciones, se
vuelven hacia Dios, 20 al contrario, hay que escribirles que se aparten de las
contaminaciones de los ídolos, la fornicación, lo ahogado y la sangre. 21 Pues Moisés
desde las generaciones antiguas tiene en cada ciudad a quienes le prediquen en las
sinagogas todos los sábados cuando es leído».
22 Entonces pareció a los apóstoles y a los ancianos junto con toda la asamblea
enviar a Antioquía a unos escogidos de entre ellos mismos junto con Pablo y
Bernabé, Judas el llamado Barsabás, y Silas, hombres importantes entre los
hermanos, 23 para escribirles por mano de estos:
«Los apóstoles y hermanos ancianos a los de Antioquía, Siria y Cilicia,
procedentes de las naciones, saludos. 24 Una vez que hemos escuchado que algunos
de entre nosotros os confundieron con sus palabras trastornando vuestras conciencias,
para lo que no les dimos instrucciones, 25 nos pareció, tras alcanzar un mismo parecer
y elegir a unos hombres, enviároslos con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26
hombres que se han expuesto por causa del nombre de Jesús Cristo nuestro Señor. 27
Hemos enviado entonces a Judas y Silas y a estos para que, de palabra, os anuncien lo
siguiente: 28 pues pareció al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros como
obligatoria ninguna otra carga más que estas: 29 alejaros de la comida de los ídolos y
de la carne, lo ahogado y la fornicación, porque, al guardaros de estas cosas haréis
bien. Salud».
30 Los enviados bajaron a Antioquía y, reuniendo a la multitud, entregaron la
carta. 31 Al leerla se alegraron con la exhortación. 32 Judas y Silas, que también eran
profetas, de palabra exhortaron sobremanera a los hermanos y los fortalecieron, 33 y
tras pasar algún tiempo fueron enviados en paz por los hermanos a quienes les habían
enviado[379]. 35 Pablo y Bernabé pasaron el tiempo en Antioquía enseñando y
transmitiendo con muchos compañeros la buena noticia de la palabra del Señor.
36 Después de algunos días dijo Pablo a Bernabé: «Volvamos y observemos cómo
están los hermanos en cada ciudad en la que hemos anunciado la buena noticia de la
palabra de Dios». 37 Y Bernabé quería llevar consigo también a Juan el llamado
Marcos; 38 pero Pablo consideraba no llevar consigo al que se había separado de ellos
desde Panfilia y no les había acompañado a la misión. 39 Y se produjo una
exasperación tal que se separaron uno de otro, y Bernabé, tomando consigo a Marcos,
embarcó para Chipre, 40 mientras Pablo eligiendo a Silas partió comisionado por los
hermanos para la gracia del Señor. 41 Y atravesaba Siria y Cilicia fortaleciendo las
iglesias.
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acompañara, y lo tomó y lo circuncidó debido a los judíos que se encontraban en
aquellos lugares; pues todos sabían que su padre era griego. 4 Y cuando recorrían las
ciudades, les encomendaban guardar las recomendaciones decididas por los apóstoles
y ancianos de Jerusalén. 5 Ciertamente las iglesias se confirmaban en la fe y crecían
en número día a día.
6 Y atravesaron Frigia y Galacia por impedirles el Espíritu santo explicar la
los presos escuchaban. 26 Y repentinamente hubo tan gran terremoto que fueron
sacudidos los cimientos de la cárcel; e inmediatamente se abrieron todas las puertas y
se soltaron las cadenas de todos. 27 Se despertó el carcelero y, al ver las puertas de las
cárcel abiertas, blandiendo la espada iba a darse muerte creyendo que los prisioneros
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habían huido. 28 Pero lo llamó con grandes voces Pablo, diciendo: «No te hagas
ningún daño, pues todos estamos aquí». 29 Tras pedir una luz, entró y, una vez dentro,
cayó ante Pablo y Silas, 30 y llevándolos fuera dijo: «Señores, ¿qué he de hacer para
salvarme?». 31 Y ellos dijeron: «Cree en Jesús el Señor y te salvarás tú y tu casa». 32
Y le explicaron la palabra del Señor junto a todos los que estaban en su casa. 33 Y
tomándolos en aquella hora de la noche les lavó sus heridas y él fue bautizado, y
todos los suyos inmediatamente, 34 y llevándolos a casa preparó una mesa y se
regocijó en toda la casa porque ya creía en Dios. 35 Y llegada la mañana, los pretores
enviaron a los lictores a decirles: «Suelta a esos hombres». 36 Y el carcelero
transmitió estas palabras a Pablo: «Los pretores han mandado decir que os libere; así
pues, salid ahora y marchad en paz». 37 Pero Pablo les dijo: «¿Tras golpearnos
públicamente sin juzgarnos, a unos romanos, nos echaron a la cárcel, y ahora a
escondidas nos liberan? Pues no, que vengan ellos mismos a hacernos salir». 38 Y los
lictores comunicaron a los pretores estas palabras. Se asustaron al oír «son romanos»,
39 y fueron y los llamaron y los sacaron pidiéndoles salir de la ciudad. 40 Y tras salir
de la cárcel fueron a casa de Lidia, y cuando vieron a los hermanos los exhortaron y
se fueron.
1 Y tras pasar por Anfípolis y Apolonia llegaron a Tesalónica, dado que allí
ellos y discutió con ellos tres sábados a partir de las Escrituras, 3 ilustrando y
exponiendo que era necesario que el Cristo sufriera y resucitara de los muertos y que
«este Cristo es Jesús a quien yo os predico[382]». 4 Y algunos de ellos quedaron
convencidos y quedaron asignados a Pablo y Sila, y mucha gente de griegos
piadosos, y no pocas mujeres importantes. 5 Pero como los judíos estuvieran celosos
y se atrajeran algunos malvados de las plazas y provocaran un tumulto, amedrentaban
a la ciudad y, presentándose frente a la casa de Jasón, buscaban conducirlos ante el
pueblo[383]; 6 pero al no encontrarlos, arrastraban a Jasón y algunos hermanos
gritando ante los jefes civiles de la ciudad que estos eran los que sublevaban el
mundo y aquí están, 7 a los que había recibido Jasón; y todos estos actúan contra las
órdenes del César diciendo que hay otro rey, Jesús. 8 Y revolvieron a la gente y a los
jefes civiles de la ciudad que oían estas cosas, 9 pero tomando fianza de Jasón y del
resto los despacharon.
10 Pero los hermanos, durante la noche, enviaron a Pablo y Silas a Berea, que al
llegar se fueron a la sinagoga de los judíos. 11 Y estos eran más nobles que los de
Tesalónica, y como tales recibieron la palabra con todo ardor, examinando cada día
las Escrituras por si fuera así. 12 Así pues, muchos de ellos creyeron, y de las mujeres
griegas ilustres y hombres no pocos. 13 Pero cuando los griegos de Tesalónica
supieron que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron
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también allí para agitar y alborotar a las muchedumbres. 14 Pero al instante los
hermanos hicieron a Pablo ir al mar, y se quedaron Silas y Timoteo allí. 15 Pero los
que llevaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas y, con el encargo para Silas y
Timoteo de que se dirigieran lo antes posible junto a él, vinieron.
16 Y mientras los esperaba en Atenas Pablo, se exasperó su espíritu en él al
contemplar que la ciudad estaba llena de ídolos. 17 Discutía en la sinagoga con los
judíos y los piadosos y en el ágora todo el día con quienes se topaba. 18 Y también
algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él, y algunos decían: «¿Qué
quiere contar este charlatán?». Otros, por su parte: «Parece ser un predicador de
divinidades extranjeras, porque anunciaba como buena noticia a Jesús y la
resurrección». 19 Tomándolo, lo condujeron al Areópago, diciéndole: «¿Podemos
conocer qué nueva enseñanza es esta referida por ti? 20 Pues traes cosas extranjeras a
nuestros oídos. Queremos, pues, saber qué quieres decir». 21 Todos los atenienses y
forasteros que habitan allí no tenían tiempo para otra cosa que decir o escuchar lo
más novedoso.
22 Situado Pablo en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois en toda
divinidad es igual al oro, plata o piedra, marca de la técnica y la reflexión del hombre.
30 Así pues, Dios, despreciando las épocas de ignorancia, ahora exhorta a los hombres
nuevo te oiremos sobre este punto». 33 De esta manera, salió Pablo de entre ellos. 34
Algunos hombres que se le unieron creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita y una
mujer de nombre Damaris y otros con ellos.
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1 Después de esto se fue de Atenas y llegó a Corinto. 2 Y como encontrara a un judío
numeroso en esta ciudad». 11 Residió allí un año y seis meses, enseñando entre ellos
la palabra de Dios.
12 Y, siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se sublevaron contra Pablo y
navegaba hacia Siria, y con él Priscila y Áquila, tras raparse la cabeza en Céncreas,
pues tenía un voto. 19 Y alcanzaron Éfeso y los dejó allí, pero él, entrando a la
sinagoga, conversaba con los judíos. 20 Y como le pidieran quedarse mucho tiempo,
no respondió, sino que despidiéndose y diciendo: «Volveré de nuevo con vosotros, si
Dios quiere», se marchó de Éfeso, 22 y bajando a Cesarea, después de subir y saludar
a la iglesia, bajó a Antioquía.
23 Y tras algún tiempo salió para recorrer Galacia y Frigia fortaleciendo a todos
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explicaron con más exactitud el camino de Dios. 27 Y como él quisiera cruzar a
Acaya, tras animarlo los hermanos escribieron a los discípulos que lo acogieran, el
cual al llegar allí ayudó mucho a los que ya creían por medio de la gracia, 28 pues
refutaba vigorosamente a los judíos públicamente al demostrarles, ayudándose de las
Escrituras, que Jesús era el Cristo.
1 Y sucedió que mientras Apolo estaba en Corinto Pablo, que había cruzado por
los espíritus malignos el nombre de Jesús el Señor, diciendo: «Os conjuro por Jesús,
el que Pablo proclama». 14 Y eran siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío,
los que hacían esto. 15 Como respuesta, el espíritu maligno les dijo: «Conozco a Jesús
y de Pablo tengo noticias, pero vosotros, ¿quiénes sois?». 16 Y saltando el hombre en
quien estaba el espíritu maligno sobre ellos, sometiendo a todos los obligó a huir
desnudos y heridos de aquella casa. 17 Y esto fue conocido por todos los judíos y
griegos que habitaban Éfeso, y el miedo sobrevino a todos y engrandeció el nombre
de Jesús el Señor. 18 Y muchos de los que ya creían comenzaban a reconocer y dar
cuenta de sus prácticas. 19 Y muchos de los que practicaban la magia reuniendo los
libros los quemaron a la vista de todos, y contaron también sus honorarios y
calcularon cincuenta mil monedas de plata. 20 De tal manera creció y cobró fuerza la
palabra bajo el poder del Señor.
21 Y cuando todo esto se cumplió, Pablo dispuso en su espíritu ir a Jerusalén
recorriendo Macedonia y Acaya, diciendo: «Después de que esté allí es preciso que
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también yo conozca Roma». 22 Y tras enviar a Macedonia a dos de los que asistían,
Timoteo y Erasto, él permanecía un tiempo en Asia.
23 Pero tuvo lugar en aquella época un desorden no pequeño sobre el camino. 24
Pues había cierto hombre llamado Demetrio, platero, que, fabricando templos de
Ártemis en plata proporcionaba no poca ganancia a los artesanos, 25 a los que reunió
junto a los trabajadores del gremio, dijo: «Hombres (de Éfeso), sabéis que de este
oficio obtenemos nuestra prosperidad, 26 y veis y oís que no solo de Éfeso, sino de
casi toda el Asia, este Pablo, convenciéndola, ha convertido a una gran muchedumbre
diciendo que no son dioses los que salen de nuestras manos. 27 Pero no solo esto
corre el riesgo de llevar nuestro oficio al descrédito, sino que también al templo de la
gran diosa Ártemis se le ha hecho de menos y se le va a despojar de la grandeza que
toda Asia y el mundo habitado venera». 28 Al oír esto, y llenos de enojo, gritaron
diciendo: «Grande es la Ártemis de Éfeso».
29 Se llenó la ciudad de confusión y marcharon a una hacia el teatro cogiendo a
¿quién hay entre los hombres que no reconoce a la ciudad de Éfeso como guardiana
del templo de la gran Ártemis y de la estatua caída del cielo? 36 Entonces, siendo
estos hechos irrefutables, es preciso que os calméis y no cometáis ninguna
desfachatez. 37 Pues habéis traído a estos hombres que ni son saqueadores de templos
ni injurian a nuestra divinidad. 38 En consecuencia, si Demetrio y los artesanos que
están de su parte tienen algo que decir contra alguien, se convocan asambleas
públicas y hay procónsules, que se acusen unos a otros. 39 Y si buscáis algo más, en
la asamblea oficial será deliberado. 40 Pues nos arriesgamos a ser acusados de
despertar una revuelta hoy, no habiendo causa ninguna de la que no podremos dar
cuenta a propósito de esta confusión». Y, tras decir esto, disolvió la asamblea.
1 Después de que cesara el tumulto, Pablo, tras hacer llamar a los discípulos y
cruzar aquellas regiones y animar a todos con largos discursos, alcanzó Grecia 3
al cabo de tres meses; como surgiera una conjura contra él por parte de los judíos
cuando iba a embarcarse para Siria, determinó volver sus pasos por Macedonia. 4 Y le
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acompañó Sópatro, el hijo de Pirro, natural de Berea; de los tesalonicenses Aristarco
y Segundo, y Gayo, de Derbe, y Timoteo, los asiáticos Tíquico y Trófimo. 5 Y
adelantándose estos, nos esperaron en la Tróade, 6 y nosotros nos hicimos a la mar
después de los días de los ácimos desde Filipos y llegamos junto a ellos en la Tróade
después de cinco días, quedándonos allí siete días.
7 Durante el primer día de la semana, reunidos nosotros para partir el pan, Pablo,
que iba a partir al día siguiente, hablaba con ellos y prolongaba la charla hasta
medianoche. 8 Y había muchas lámparas en la sala en que estábamos reunidos. 9 Pero
un joven de nombre Eutico, que estaba sentado sobre una ventana, dominado por un
sueño profundo por hablar Pablo mucho tiempo, cayó vencido por el sueño desde el
tercer piso abajo y fue levantado como muerto. 10 Y bajó Pablo y cayó sobre él y,
abrazándolo, dijo: «Dejad de inquietaros, pues la vida sigue en él». 11 Y tras subir,
partir el pan, comer abundantemente y conversar hasta el amanecer, se marchó así. 12
Pero trajeron al niño vivo y se consolaron no poco.
13 Y nosotros, que nos adelantamos, fuimos en barco hasta Aso para allí recoger a
Pablo; pues así lo había decidido: él iba a ir a pie. 14 Y cuando se encontró con
nosotros en Aso, recogiéndolo fuimos a Mitilene, 15 y de allí navegando al día
siguiente llegamos derechos a Quíos, al otro nos dirigimos a Samos, y al siguiente
llegamos a Mileto. 16 Pues Pablo tenía decidido navegar paralelamente a Éfeso, para
no detenerse demasiado en Asia; pues se apresuraba para, si le era posible, estar en
Jerusalén en Pentecostés.
17 Desde Mileto envió a Éfeso a llamar a los ancianos de la iglesia. 18 Y cuando se
presentaron ante él, les dijo: «Vosotros sabéis, desde el primer día en que llegué a
Asia, cómo me porté con vosotros siempre, 19 sirviendo al Señor con toda humildad y
lágrimas y pruebas que me sucedieron con las insidias de los judíos, 20 cómo no
rechacé nada de lo que convenía para predicaros y enseñaros en público y en casa, 21
dando testimonio a judíos y griegos del arrepentimiento a favor de Dios y de la fe en
nuestro Señor, Jesús.
22 «Y fijaos, ahora, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén sin saber qué
saldrá a mi paso, 23 excepto que el Espíritu santo me atestigua que en cada ciudad me
esperan cadenas y tribulaciones. 24 Pero en nada cuento mi alma con tal de cumplir
mi recorrido y el servicio que acepté de parte de Jesús el Señor, dar testimonio de la
buena noticia de la merced de Dios. 25 Pero mirad, yo sé que no veréis mi rostro más
ninguno de vosotros, entre quienes pasé la vida predicando el Reino. 26 Porque hoy
os doy fe que estoy puro de la sangre de todos; 27 pues no rechacé anunciaros toda la
voluntad de Dios. 28 Cuidaos de vosotros mismos y de todo el rebaño, en el cual el
Espíritu santo os colocó como vigilantes para guiar la iglesia de Dios que él adquirió
con su propia sangre[385]. 29 Yo sé que tras mi marcha vendrán lobos poderosos contra
vosotros sin temor al pastor, 30 y que entre vosotros mismos surgirán hombres que
explicarán perversiones con el fin de arrastrar a los discípulos tras de sí. 31 Por eso,
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velad para recordar que, a lo largo de tres años, día y noche, no dejé de advertir a
cada uno con mis lágrimas. 32 Y ahora os confío a Dios y a la palabra de su gracia, a
él que está en disposición de edificaros y entregaros la herencia mediante todos los
santificados. 33 No deseé plata, oro ni vestimenta alguna; 34 vosotros mismos sabéis
que estas manos han servido a mis necesidades y a las de quienes están conmigo. 35
Siempre os mostré que debéis preocuparos de los pobres esforzándoos así, y recordar
las palabras de Jesús el Señor, porque él mismo dijo: Es más felicidad dar que
tomar».
36 Y tras decir esto, poniéndose de rodillas con todos, rezó. 37 Se produjo un gran
1 Y cuando sucedió que tras despedirles nos hicimos a la mar fuimos derechos a
vinieron con nosotros algunos de los discípulos de Cesarea, llevándonos estos a casa
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de Mnasón, un chipriota, antiguo discípulo. 17 Llegados nosotros a Jerusalén, nos
recibieron con alegría los hermanos.
18 Al día siguiente Pablo fue con nosotros a casa de Santiago, y se presentaron
todos los ancianos. 19 Y tras saludarles refirió cosa por cosa todo cuanto Dios hizo
entre los gentiles mediante su servicio. 20 Ellos, mientras lo escuchaban, glorificaban
a Dios y le dijeron: «Ves, hermano, cuántos miles son entre los judíos los que ya
creen y todos son fervorosos de la Ley; 21 pero han oído de ti que enseñas la renuncia
de Moisés a todos los judíos de las naciones diciendo que no circunciden a sus hijos
ni sigan las costumbres. 22 ¿Qué pasa, entonces? Seguramente habrán oído que ya has
llegado. 23 En consecuencia, has de hacer lo que vamos a decirte: Tenemos cuatro
hombres que han hecho voto por sí mismos. 24 Tomándolos, purifícate con ellos y
paga los gastos de ellos para que se rasuren la cabeza, y sabrán todos que aquello de
lo que se te acusa no es nada, sino que también actúas guardando la Ley. 25 En cuanto
a los gentiles que han creído, nosotros les escribimos[386] dictaminándoles que se
guarden de la comida de los ídolos, la sangre, lo ahogado y la fornicación».
26 Entonces Pablo, tomando a estos hombres al día siguiente para ser purificado
con ellos, entró en el Templo para hacer público el fin de los días de purificación en
que fuera presentada la ofrenda a favor de cada uno de ellos.
27 Pero cuando iban a cumplirse los siete días, los judíos de Asia, al verlo en el
posible decirte algo?». Él dijo: «¿Sabes griego? 38 ¿No eres acaso el egipcio que estos
días de antes sublevó y se llevó al desierto a cuatro mil sicarios?».39 Y dijo Pablo:
«Ciertamente soy judío, de Tarso en Cilicia, ciudadano de una ciudad no
desconocida; pero te pido que me lleves de vuelta para hablar al pueblo». 40 Y tras
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llevarlo de vuelta, Pablo, en pie en la escalinata, hizo callar al pueblo con la mano. Y
una vez conseguido un profundo silencio les habló en hebreo diciendo:
22 Al oír que les hablaba en hebreo guardaron mayor silencio. Y dice: «Yo soy 3
judío, nacido en Tarso de Cilicia, criado en esa ciudad, educado a los pies de
Gamaliel según el rigor de la Ley de nuestros padres, siendo celoso seguidor de Dios
tal como todos vosotros veis hoy; 4 perseguí este camino hasta la muerte
encadenando y entregando a prisión a hombres y mujeres, 5 como también me
atestiguará el sumo sacerdote y todo el Consejo de ancianos, de los cuales tras recibir
incluso cartas para los hermanos, me puse en camino hacia Damasco, para llevar
también a los que allí estuvieran encadenados a Jerusalén con el objeto de que fueran
castigados. 6 Pero sucedió que mientras estaba en camino y ya cerca de Damasco,
hacia el medio día, de repente, una gran luz relampagueó alrededor mío, 7 caí al suelo
y escuché una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. 8 Y yo
respondí: “¿Quién eres, Señor?”. Me dijo: “Soy Jesús de Nazaret, al que tú
persigues”. 9 Y los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que
me hablaba. 10 Y dije: “¿Qué haré, Señor?”. Y el Señor me dijo: “Levántate y
encamínate a Damasco, y allí se te informará sobre todo cuanto está designado que
hagas”. 11 Y como no veía a causa del resplandor de aquella luz, guiado de la mano
por los que estaban conmigo fui a Damasco. 12 Y un tal Ananías, hombre de prestigio
para todos los judíos que viven allí, 13 acercándose a mí y poniéndose a mi lado me
dijo: “Saulo, hermano, ve de nuevo”. Y yo en ese instante lo volví a ver. 14 Y él dijo:
“El Dios de nuestros padres te eligió tiempo atrás para conocer su voluntad y ver lo
justo y escuchar la voz de su boca, 15 porque serás testigo suyo ante todos los
hombres de lo que has visto y oído. 16 Y ahora, ¿qué vas a hacer? Levanta, bautízate,
lava tus pecados para que invoques su nombre”. 17 Y me sucedió cuando volvía a
Jerusalén y mientras rezaba en el Templo que entré en éxtasis 18 y lo vi a él
diciéndome: “Apresúrate y sal de Jerusalén rápidamente, porque no aceptarán tu
testimonio sobre mí”. 19 Y yo dije: “Señor, ellos saben que yo encarcelé y golpeé,
sinagoga por sinagoga, a los que creían en ti, 20 y cuando fue derramada la sangre de
Esteban, tu testigo, también yo estuve al frente, lo aprobé y guardé los mantos de los
que lo mataban”. 21 Y me dijo: “Ponte en camino, que yo te enviaré a los gentiles de
más lejos”».
22 Y lo escuchaban hasta estas palabras y levantaron la voz diciendo: «¡Llévate a
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azotes, dijo Pablo al centurión que estaba allí: «¿Os es lícito azotar a un hombre
romano sin juicio?». 26 Tras oírlo el centurión y dirigirse al tribuno se lo advirtió
diciendo: «¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es romano». 27 Y acercándose, le
dijo el tribuno: «Dime: ¿eres tú romano?». Él dijo: «Sí». 28 El tribuno respondió: «Yo
adquirí la ciudadanía por mucho dinero». Y Pablo dijo: «Yo, en cambio, lo soy por
nacimiento». 29 Al punto se distanciaron de él los que iban a torturarlo y el tribuno
sintió miedo al saber que era romano y había sido encadenado.
30 Y al día siguiente, como quisiera conocer la verdad, el porqué era acusado por
los judíos, lo liberó y ordenó que los sumos sacerdotes y todo el sanedrín se
reunieran, y, haciendo bajar a Pablo, lo puso ante ellos.
obligaron a sí mismos diciendo: «Ni comer, ni beber hasta que matemos a Pablo». 13
Y eran más de cuarenta los que prepararon esta conspiración, 14 algunos se acercaron
a los sumos sacerdotes y los ancianos y dijeron: «Nos comprometimos con un
juramento a no probar nada hasta que matemos a Pablo. 15 Así pues, vosotros ahora
manifestad al tribuno junto con el sanedrín que lo baje ante vosotros en la idea de que
vais a determinar con exactitud lo referido a él; mientras nosotros estamos preparados
para matarlo antes de que se acerque».
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16 Al oír el hijo de la hermana de Pablo el engaño, presentándose y entrando a la
guarnición se lo detalló a Pablo. 17 Y tras hacer venir Pablo a uno de los centuriones
dijo: «Lleva a este joven al tribuno, pues tiene algo que contarle». 18 Y él, tomándolo,
lo condujo al tribuno y dijo: «El preso Pablo, tras hacerme llamar, me pidió que
condujera a tu presencia a este joven que tiene algo que decirte». 19 Y tomando el
tribuno al joven de la mano y yéndose aparte, lo interrogó: «¿Qué es lo que tienes que
decirme?». 20 Y dijo: «Los judíos dispusieron pedirte que mañana bajes a Pablo al
sanedrín con la idea de que se va a examinar con exactitud lo referido a él. 21 Por
tanto, no les hagas caso; pues lo acechan más de cuarenta de ellos que se
comprometieron a no comer ni beber hasta que lo maten, y ahora están preparados
esperando tu aceptación». 22 Entonces el tribuno dejó marchar al joven tras
conminarlo a que no dijera a nadie que me has dicho eso[390].
23 Y tras hacer llamar a dos centuriones, dijo: «Preparad doscientos soldados para
que vayan hasta Cesarea y setenta jinetes y doscientos lanceros desde tercera hora de
la noche, 24 y disponed mulos para que trasladéis a Pablo al pretor Félix y lo salvéis»,
25 tras escribir una carta con el siguiente contenido: 26 «Claudio Lisias al poderoso
pretor Félix, salud. 27 A este hombre, capturado por los judíos y a punto de ser
asesinado, me presenté y lo rescaté con el ejército cuando supe que es romano. 28 Y
queriendo saber el motivo por el cual lo acusan, lo bajé a su sanedrín, 29 lo encontré
acusado de crímenes contra la Ley de ellos, pero sin acusación alguna digna de
muerte o de prisión. 30 Pero denunciada ante mí una confabulación futura contra él, te
lo envié inmediatamente tras advertir también a sus acusadores de que expongan lo
que tienen contra él ante ti».
31 Así pues, los soldados, según lo que se les había dispuesto, tomando a Pablo lo
1 Y al cabo de cinco días bajó el sumo sacerdote Ananías junto con algunos
24 ancianos y Tértulo, cierto orador, que hablaron al pretor contra Pablo. Y una 2
vez fue convocado él, comenzó a acusarlo Tértulo diciendo: «Nosotros que
alcanzamos la mayor paz gracias a ti y logradas mejoras para este pueblo gracias a tu
prudencia, 3 las recibimos de ti siempre en todo lugar, poderoso Félix, con todo
agradecimiento. 4 Pero para no cansarte más, te pido nos escuches brevemente con tu
benignidad. 5 Pues encontramos a este hombre, una epidemia, levantando revueltas
entre todos los judíos repartidos por el orbe y jefe de la secta de los nazarenos, 6 el
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cual intentó también profanar el Templo y al que también capturamos[391], 8 del cual
podrás saber tú mismo, interrogándole, todo esto de lo que le acusamos». 9 Atacaron
también los judíos, afirmando que eso era así.
10 Y respondió Pablo, una vez le permitió el pretor hablar: «Sabiendo que desde
hace muchos años eres juez benévolo de este pueblo, defenderé mi causa, 11 siendo tú
mismo capaz de averiguar que no son muchos más de doce días desde que subí a
arrodillarme en Jerusalén. 12 Y ni me encontraron en el Templo hablando con nadie o
amotinando a la gente ni en las sinagogas ni por la ciudad, 13 ni pueden hacer
aportación alguna respecto a aquello de lo que me acusan. 14 Pero te reconozco esto,
que según el camino que llaman secta, así estoy al servicio del Dios patrio creyendo
en todo lo escrito concerniente a la Ley y a los profetas, 15 con la esperanza en Dios
que también estos mismos aceptan, que va a haber resurrección de justos e injustos. 16
Por eso también yo me afano en tener una conciencia sin tacha ante Dios y los
hombres en toda circunstancia. 17 Después de muchos años presenté también ofrendas
para dar limosnas a mi pueblo, 18 con las cuales me encontraron purificado en el
Templo no con gentío ni con barullo, 19 salvo algunos judíos procedentes de Asia que
era preciso se presentaran ante ti y acusaran si algo tiene contra mí. 20 O que digan
estos qué crimen encontraron cuando estaba en el sanedrín, 21 o que hablen sobre ese
grito que di cuando estaba entre ellos, que yo soy juzgado hoy ante vosotros sobre la
resurrección de los muertos».
22 Les dio largas Félix, sabedor con toda exactitud lo del camino, diciendo:
«Cuando Lisias el tribuno baje, decidiré sobre vosotros»; 23 tras ordenar al centurión
que fuera custodiado, tuviera algo de libertad, y que a nadie de los suyos impidiera
ayudarlo.
24 Al cabo de varios días, presentándose Félix con Drusila, su mujer, que era
1 Así pues, Festo, cuando llegó a la región, después de tres días subió a
25 Jerusalén desde Cesarea, 2 y se le presentaron los sumos sacerdotes y los
principales judíos contra Pablo y lo reclamaban 3 pidiendo el favor contra él de
que fuera hecho llamar a Jerusalén, tramando matarlo en el camino. 4 En
consecuencia, Festo respondió que Pablo sería custodiado en Cesarea, y que él mismo
partía rápidamente; 5 «Así pues», dijo, «los que manden entre vosotros que me
acompañen y, si hay algo extraño en él, que lo acusen».
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6 Y tras pasar con ellos no más de ocho o diez días, bajando a Cesarea, al día
siguiente ya sentado en el tribunal ordenó que Pablo fuera llevado allí. 7 Y estando él
presente, lo rodearon los judíos de Jerusalén que habían bajado acusándolo de
muchas y graves inculpaciones que no podían demostrar, 8 mientras Pablo
argumentaba como defensa que ni cometió crimen alguno contra la Ley de los judíos
ni contra el templo ni contra el César. 9 Pero Festo, que quería agradar a los judíos,
como respuesta dijo a Pablo: «¿Quieres, subiendo a Jerusalén, ser juzgado allí de
esto?». 10 Y dijo Pablo: «Estoy en pie en el tribunal del César, donde debo ser
juzgado. Contra los judíos ningún crimen cometí, como muy bien sabes tú. 11 Así
pues, si cometo algún crimen y he hecho algo digno de la pena capital, no rechazaré
morir; pero si no hay nada de esto de que me acusan, nadie puede entregarme a ellos;
apelo al César». 12 Festo entonces, tras hablar con el Consejo, respondió: «Has
apelado al César, irás al César».
13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para saludar
a Festo. 14 Y cuando pasaron allí muchos días, Festo contó al rey lo de Pablo
diciendo: «Hay un hombre dejado aquí por Félix en calidad de preso, 15 a propósito
del cual, cuando estaba yo en Jerusalén, se presentaron los sumos sacerdotes y los
ancianos de los judíos para pedir condena contra él. 16 A ellos les respondí que no hay
costumbre entre los romanos de entregar a un hombre antes de que el acusado tenga
ante sí a quienes lo acusan y tenga ocasión de defenderse de la inculpación. 17 Así
pues, como se presentaran ellos aquí, sentado sin dilación en el tribunal ordené que
fuera traído ese hombre; 18 una vez situados a su alrededor, los acusadores no
aportaban causa alguna de los crímenes que yo sospechaba, 19 pero tenían algunas
reclamaciones sobre su superstición contra él y en relación con cierto Jesús, ya
muerto, del que aseguraba Pablo que vive. 20 Y como dudara yo de la reclamación
sobre todo esto, decía si querría ir a Jerusalén y ser allí juzgado sobre el asunto. 21 Y
apelando Pablo ser custodiado hasta la decisión de Augusto, ordené fuera custodiado
hasta que lo envíe ante el César». 22 Y Agripa a Festo: «Quería también yo oír a este
hombre». «Mañana», dijo, «lo oirás».
23 Así pues, llegado al día siguiente Agripa y Berenice con mucha pompa, tras
entrar al tribunal con los tribunos y hombres por excelencia de la ciudad, y tras
ordenarlo Festo, Pablo fue conducido[392]. 24 Y dice Festo: «Rey Agripa y todos los
que con él comparecen, mirad a este, contra quien toda la muchedumbre de los judíos
vino a mí en Jerusalén y aquí gritando que no era menester que viviera. 25 Pero yo
comprendí que no había hecho nada digno de muerte, y como él apelara a Augusto
decidí enviarlo a él. 26 No sé con seguridad qué escribir sobre él al Señor[393], por lo
cual lo traje a vuestra presencia, en especial la tuya, rey Agripa, para que sepa qué
escribir una vez llevada a cabo la instrucción; 27 pues me parece absurdo enviar a un
preso sin indicar también las acusaciones contra él».
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1 Y Agripa dijo a Pablo: «Se te concede hablar sobre ti mismo». Entonces
26 Pablo, haciendo un gesto con la mano, empezó a defenderse: «De todo cuanto
2
soy acusado por los judíos, rey Agripa, considero que soy afortunado de
defenderme hoy ante ti, 3 principalmente por ser tú conocedor de todas las
costumbres y cuestiones de los judíos, por lo cual te pido que me escuches con
magnanimidad. 4 Así pues, mi manera de vivir desde joven, llevada a cabo en mi raza
desde el principio y en Jerusalén, todos los judíos la saben, 5 pues me conocen de
hace tiempo, si es que quieren testificarlo, porque viví como fariseo según la más
estricta de las sectas de nuestra religión. 6 Y ahora, por la promesa hecha por Dios a
nuestros padres, estoy aquí para ser juzgado, 7 a la cual nuestras doce tribus sirvieron
día y noche con constancia con la esperanza de alcanzarla, respecto a la cual
esperanza soy acusado por judíos, rey. 8 ¿Por qué se juzga increíble entre vosotros si
Dios resucita a los muertos? 9 Yo consideré que debía enfrentarme a fondo al nombre
de Jesús el Nazareno, 10 lo cual hice en Jerusalén, y encerré a muchos de los santos
en las cárceles con autorización de los sumos sacerdotes y, una vez muertos, votaba a
favor. 11 Y en todas las sinagogas castigándolos muchas veces intentaba obligarlos a
blasfemar terriblemente y, enloquecido contra ellos, llevaba la persecución incluso a
las ciudades de fuera. 12 En estas, cuando me dirigía a Damasco con poderes y
autorización de los sumos sacerdotes, 13 a mediodía vi, rey, en el camino una luz
procedente del cielo que me iluminaba a mí y a mis acompañantes por encima del
resplandor del sol. 14 Y una vez caímos todos a tierra, escuché una voz que me decía
en hebreo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te es duro cocear un aguijón”. 15 Y
yo dije: “¿Quién eres, Señor?”. Y el Señor dijo: “Yo soy Jesús al que tú persigues. 16
Pero levanta y quédate en pie; pues para eso me aparezco a ti en visión, para hacerte
servidor y testigo de lo que ves y de lo que te enseñaré, 17 rescatándote del pueblo y
de las naciones a las que te envío 18 para abrir sus ojos, para llevarlos de vuelta de la
oscuridad a la luz y del poder de Satanás hacia Dios, para llevar el perdón de los
pecados y la herencia entre los santificados por su fe en mí”. 19 Por lo cual, rey
Agripa, no desobedecí a la visión celestial, 20 sino a los que estaban en Damasco
primero y en Jerusalén y por toda la región de Judea y a todos los gentiles les
encomendaba arrepentirse y volverse hacia Dios, haciendo cosas dignas de la
conversión. 21 Por eso los judíos, cuando me atraparon en el Templo, trataban de
matarme. 22 En consecuencia, como encontrara la ayuda de Dios, he permanecido
hasta este dando testimonio y sin decir ni poco ni mucho nada lejano a lo que los
profetas y Moisés dijeron que iba a ocurrir, 23 que el Cristo sufriría, que él, el primero
después de su resurrección de los muertos, iba a anunciar la luz al pueblo y las
naciones».
24 Y tras argumentar esto en su defensa, Festo dijo a grandes voces: «Estás loco,
Pablo; las muchas escrituras te vuelven loco». 25 Y Pablo: «No estoy loco», dijo,
«poderoso Festo, sino que digo palabras de verdad y sensatez[394]. 26 Pues tiene
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conocimiento de todo esto el rey ante el que hablo con valentía, pues no confío que se
le haya ocultado nada de esto; pues no ha ocurrido en una esquina[395]. 27 ¿Crees, rey
Agripa, en los profetas? Sé que crees». 28 Y Agripa a Pablo: «Por poco me convences
de hacerme cristiano». 29 Pero Pablo: «Rogaría a Dios que, por poco o por mucho, no
solo a ti, sino también a todos los que me oyen hoy, se convirtieran en lo que yo soy
aparte de estas cadenas». 30 Se levantó el rey y el pretor y Berenice y los que estaban
sentados con ellos, 31 y al marcharse hablaban unos con otros diciendo que este
hombre no hace nada digno de muerte o prisión. 32 Y Agripa dijo a Filipo: «Este
hombre podría quedar libre sino no hubiera apelado al César».
a un barco adramiteno que iba a navegar hasta los territorios de Asia, fuimos
conducidos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. 3 Al otro día
fuimos conducidos a puerto en Sidón, y Julio, tratando con cortesía a Pablo, le dejó
que fuera a casa de los amigos y se le atendiera. 4 Y desde allí subimos al barco y
navegamos de costado junto a Chipre debido a que los vientos eran contrarios, 5 y
atravesando el mar de Cilicia y Panfilia bajamos hasta Mira de Licia. 6 Y como allí
encontrara el centurión un barco alejandrino que navegaba hacia Italia, nos embarcó
en él. 7 Y tras navegar durante muchos días despacio y presentarnos a duras penas en
Cnido, como el viento fuera contrario, bajamos a Creta junto a Salmona, 8 y tras
costearla a duras penas llegamos a un lugar llamado Puertos Buenos, donde estaba la
ciudad de Lasea.
9 Y pasado mucho tiempo y siendo ya insegura la travesía debido a que incluso
había pasado el ayuno, les aconsejaba Pablo 10 diciendo: «Amigos, veo que con daño
y mucha pérdida no solo de la carga y el barco, sino también de nuestras personas, se
va a llevar a cabo la travesía». 11 Pero el centurión atendió al piloto y al capitán más
que a lo dicho por Pablo. 12 Y como el puerto no estuviera preparado para pasar el
invierno, la mayoría tomó la decisión de marcharse de allí, por si podían, alcanzando
Fenice, un puerto de Creta que mira al sudoeste y al noroeste, y pasar el invierno.
13 Y como soplara un poco de viento del sur, pensando que conseguirían su
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aparecieran ni el sol ni las estrellas durante muchos días, y apretara no poco la
tempestad, en adelante se nos iba toda esperanza de salvarnos.
21 Y como hubiera mucha falta de alimento, Pablo se puso en pie en medio de
diciendo: «Habéis cumplido catorce días y habéis esperado sin comer nada. 34 Por eso
os animo a que comáis; pues esto es lo que conviene a vuestra salvación, pues no se
perderá ni un cabello de ninguno de vosotros». 35 Y tras decir esto y tomar pan, dio
gracias a Dios ante todos y, tras partirlo, comenzó a comer. 36 Y una vez todos de
buen ánimo, también ellos tomaron alimento. 37 Y alcanzábamos las personas del
barco el número de doscientas setenta y seis. 38 Y ya hartos de comida, aligeraron el
barco arrojando la comida al mar.
39 Y cuando llegó el día, no reconocían la región, pero distinguían un golfo con
playa a la que querían sacar el barco si era posible. 40 Tras soltar las anclas las
dejaron caer al mar, mientras soltaban las sogas de los timones e izando el artimón al
viento y fuero llevados hasta la playa. 41 Pero chocando contra un promontorio
llevaron a tierra la nave y la proa quedó elevada sin zarandeos, pero la popa se partió
por la fuerza de las olas. 42 Y se tomó la decisión por parte de los soldados de matar a
los marineros para que ninguno huyera nadando. 43 Pero el centurión, que quería
salvar a Pablo, impidió su decisión y ordenó que los que pudieran nadar se lanzaran
los primeros al agua para alcanzar tierra, 44 y el resto unos sobre tablones, otros sobre
cualquier trozo del barco. Y así sucedió que todos se salvaron.
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1 Y una vez salvados, supimos entonces que la isla se llama Malta. 2 Y los
28 bárbaros nos ofrecían una hospitalidad poco usada, pues tras encender una
hoguera nos llevaron a todos por causa de la lluvia y el frío. 3 Y tras preparar
Pablo un haz de leños y colocarlo en la hoguera, una víbora que se iba del calor
mordió su mano. 4 Y cuando los bárbaros vieron la bestia colgando de su mano, se
decían unos a otros: «Seguramente este hombre es un asesino al que la justicia divina
no permitió vivir después de salvarlo del mar». 5 Él, por su parte, sacudiéndose el
animal a la hoguera no sufrió mal alguno, 6 pero ellos pensaban que iba a
envenenarse o caer de pronto al fuego. Y como ya esperaran mucho y vieran que nada
extraño le había sucedido, cambiando de opinión decían que era un dios.
7 En las cercanías tenía el jefe de la isla, llamado Publio, sus posesiones, el cual
nos dio albergue amistosamente durante tres días. 8 Y sucedía que el padre de Publio
estaba en cama afectado de fiebre y disentería, y Pablo se fue a él y rezó, y le impuso
las manos y lo curó. 9 Y una vez sucedió esto, todos los demás isleños enfermos se
acercaban y eran curados, 10 y nos honraron de muchas formas y nos dieron todo lo
necesario cuando nos hicimos a la mar.
11 Y después de tres meses nos fuimos en un barco que había pasado el invierno
judíos; y una vez reunidos les decía: «Yo, hermanos, que no hice nada contra el
pueblo o las costumbres de nuestros padres, fui entregado como preso en Jerusalén a
manos romanas, 18 los cuales, tras juzgarme, decidieron dejarme libre por no haber
encontrado causa de muerte en mí. 19 Pero como se opusieran los judíos, fue
necesario apelar al César, no porque tuviera algo de que acusar a mi nación. 20 Por
esa causa os convoqué para conoceros y hablaros, pues por la esperanza de Israel
llevo esta cadena». 21 Y ellos le dijeron: «Nosotros ni hemos recibido cartas sobre ti
procedentes de Judea, ni se ha presentado ninguno de los hermanos para detallarnos o
contarnos crimen alguno sobre ti. 22 Y juzgamos correcto escuchar de ti lo que
piensas, pues sobre esta secta nos es conocido lo que se le reprocha en todas partes».
23 Y tras fijarle un día llegaron a su casa muchos, a los que expuso, poniéndose
como testigo, el reino de Dios, convenciendo a muchos sobre Jesús a partir de la Ley
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de Moisés y los profetas, desde la mañana hasta la tarde. 24 Y unos atendieron a lo
dicho, otros desconfiaron; 25 y se despedían, estando en desacuerdo unos de otros,
cuando Pablo dijo una sola cosa: «Que el Espíritu santo habló correctamente por boca
de Elías el profeta anterior a vuestros padres 26 cuando dijo: Dirígete a este pueblo y
dile: Con el oído oiréis, y de ninguna manera comprenderéis, y cuando veáis, no
veréis, y de ninguna manera veré.27Pues se endureció el corazón de este pueblo, y
con los oídos difícilmente oyeron y sus ojos los cerraron, para no ver con los ojos ni
oír con los oídos ni comprender con el corazón y se conviertan y los salve[398].
28 Así pues, debéis saber que esta salvación de Dios fue enviada a las naciones;
los que venían a él, 31 anunciando el reino de Dios y enseñando lo referido Jesús
Cristo el Señor con toda libertad y sin impedimento.
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EVANGELIO DE JUAN
(Hacia el 95-100)
El Evangelio de Juan, comparado con los tres Sinópticos, presenta muy notables
diferencias y plantea serios problemas de interpretación, porque su imagen de Jesús
es muy distinta de la de sus antecesores. Existen grandes divergencias entre el autor
de este escrito y los Sinópticos en el marco cronológico y geográfico en el que
desarrolla la actividad de Jesús, en el modo de hablar de este, quien, por ejemplo, no
habla en parábolas; la teología expresada por Jesús en sus discursos es también
notablemente distinta.
Tales diferencias hallan una cierta explicación en que conoce ciertamente, si no
los evangelios anteriores, sí al menos la tradición sinóptica que está detrás de ellos y
forma su base; pero no la utiliza tal cual, sino que la repiensa, la reelabora y la
reescribe. El carácter simbólico y místico de este evangelio indica de modo indirecto
al lector que Juan no deseaba reproducir simplemente la tradición que sobre Jesús le
había llegado. Medita sobre ella y la presenta de manera que la figura de Jesús
aparezca como él —el autor de un evangelio nuevo— cree que en realidad fue.
El redactor del evangelio presenta como garante de su información a un
«discípulo amado» de Jesús, a quien nunca se denomina por su nombre. Por ello
muchos intérpretes creen que este personaje es solo, o ante todo, la figura literaria
del discípulo ideal de Jesús.
El autor es en sí desconocido. Como dato para calcular la fecha de composición
del Evangelio de Juan tenemos un hecho que nos impide ir más allá del 125/130 d.
de C.: el Papiro 52, que contiene restos de Jn 18, 31-33, 37-38 y que los paleógrafos
fechan más o menos por esa época. El Evangelio tuvo que componerse, pues,
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antes…, y con un tiempo suficiente como para ser conocido y copiado en Egipto. Es
razonable pensar en una composición durante los años finales del siglo I.
El lugar de composición es dudoso. Como el autor parece un judío marginal muy
helenizado (por la influencia en él del espíritu gnóstico) se ha pensado en Samaria,
como lugar marginal respecto a Judea y por el papel de los samaritanos en este
evangelio (cap. 4). Otros estudiosos han propuesto alguna ciudad de Asia Menor, de
lengua griega, que tuviera una gran población judía. Y dado que la tradición sitúa el
final de los días del apóstol Juan en Éfeso, se piensa en esta ciudad.
***
1 Dios. 2 Esta estaba en el principio con Dios. 3 Todo surgió mediante ella, y sin
ella nada surgió. 4 En ella había vida, y la vida era la luz de los hombres; 5 y la luz
brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la atrapó.
6 Hubo un hombre, enviado por Dios, cuyo nombre era Juan; 7 él vino para
testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran gracias a él. 8 No
era aquel la luz, sino quien testimoniara sobre la luz.
9 Era[400] la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre, la que viene al mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo gracias a ella surgió, y sin embargo el mundo no
como de Hijo único del Padre, llena de gracia y verdad. 15 Juan da testimonio sobre
ella y ha gritado al decir: «Este era el que dije[402]: el que va a venir detrás de mí ha
nacido delante de mí porque vivía antes que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos
todos nosotros también una gracia tras otra; 17 porque la Ley fue dada gracias a
Moisés, la gracia y la verdad surgió gracias a Jesús Cristo. 18 A Dios nadie lo ha visto
jamás; el Dios Hijo único[403] que está en el seno de su Padre, él lo explicó.
19 Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén a
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diciendo: «Yo bautizo mediante agua; en medio de vosotros ya está ese al que no
veis, 27 el que viene detrás de mí, cuyo cordón de la sandalia no soy digno de
desatar». 28 Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba y
bautizaba.
29 Al día siguiente ve que Jesús se acerca a él y dice: «Mirad, el cordero de Dios
que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien dije: Detrás de mí viene un
hombre que ha nacido antes que yo, porque era anterior a mí. 31 Y yo no lo conocía,
sin embargo, para que se mostrara a Israel, para eso vine yo a bautizar mediante
agua». 32 Y dio testimonio Juan diciendo: «He visto el Espíritu bajando como una
paloma desde el cielo y se quedaba sobre él. 33 Y yo no lo conocía, pero el que me
envió a bautizar mediante agua ese me dijo: “Sobre quien veas que baja el Espíritu y
se queda sobre él, este es el que bautiza mediante un Espíritu santo”. 34 Y yo he visto
y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
35 Al día siguiente de nuevo estaba allí Juan y dos de sus discípulos, 36 y al
prestar atención a Jesús, que pasaba, dice: «Mirad, el cordero de Dios». 37 Y sus dos
discípulos le oyeron decirlo y siguieron a Jesús. 38 Y cuando se vuelve Jesús y ve que
lo seguían les dice: «¿Qué buscáis?». Y ellos le dijeron: «Rabí[405]», que traducido se
dice: «Maestro, ¿dónde vives?». 39 Les dice: «Venid y vedlo». Así pues, fueron y
vieron dónde vivía y aquel día se quedaron junto a él; era como la hora décima. 40 Era
Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído a Juan y lo
habían seguido; 41 este lo primero que hace es encontrar a su hermano Simón y le
dice: «He encontrado al Mesías», que se traduce Cristo[406]. 42 Lo condujo ante Jesús.
Mirándolo atentamente, Jesús le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás
llamado Cefas», que se traduce Pedro.
43 Al día siguiente quiso ir a Galilea y encuentra a Felipe, y le dice Jesús:
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1 Al tercer día había una boda en Caná de Galilea, y estaba la madre de Jesús allí.
2 2 Fue también invitado Jesús y sus discípulos a la boda. 3 Y, como faltara vino, le
dice la madre de Jesús a Jesús[409]: «No tienen vino». 4 Y le dice Jesús: «¿Qué nos
importa a ti y a mí, mujer? Todavía no llega mi hora». 5 Dice su madre a los
sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6 Y había allí seis tinas de piedra situadas para
la purificación de los judíos con una capacidad de dos o tres metretas[410]. 7 Les dice
Jesús: «Llenad las tinas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8 Y les dice: «Sacad
ahora y llevadlo al presidente del banquete». Y ellos lo llevaron. 9 Y como probó el
presidente del banquete el agua ya convertida en vino y no sabía de dónde venía, pero
los sirvientes lo sabían los que habían sacado el agua[411], se dirige al novio el
presidente del banquete 10 y le dice: «Cualquiera pone primero el vino bueno y
cuando están borrachos el malo; tú has guardado el vino bueno hasta ahora».
11 Este comienzo de sus signos hizo Jesús en Caná de Galilea y dio a conocer su
cambistas allí sentados, 15 y tras preparar un látigo con cuerdas echó a todos del
Templo, y a las ovejas y bueyes, y de los cambistas desparramó el dinero y volcó las
mesas, 16 y a los que vendían palomas les dijo: «Llevaos esto de aquí, dejad de hacer
de la casa de mi Padre una casa de negocio». 17 Recordaron sus discípulos que está
escrito: El celo de tu casa me devorará[412].
18 Por su parte, respondieron los judíos y le dijeron: «¿Qué señal nos muestras,
que haces esto?». 19 Respondió Jesús y les dijo: «Destruid este Templo y en tres días
lo levantaré». 20 Le dijeron por su parte los judíos: «En cuarenta y seis años fue
construido este Templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?». 21 Pero aquel hablaba sobre
el Templo de su cuerpo. 22 Sin embargo, cuando fue resucitado de los muertos, los
discípulos recordaron que decía esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que
dijo Jesús.
23 Y cuando estaba en Jerusalén en la Pascua, durante la fiesta, muchos creyeron
en su nombre al ver los signos[413] que llevaba a cabo; 24 pero Jesús no se confiaba a
ellos por el hecho de que conocía a todos y porque no tenía necesidad de que nadie
diera testimonio sobre el hombre, pues él sabía qué hay en el hombre.
3 acercó a él de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como
maestro; pues nadie puede hacer los signos que tú haces, si no está Dios con él». 3
Respondió Jesús y le dijo: «Verdaderamente, verdaderamente te lo digo, quien no
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nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios». 4 Le dice Nicodemo: «¿Cómo puede
un hombre nacer si ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez al vientre de su
madre y nacer?» 5 Respondió Jesús: «Verdaderamente, verdaderamente te lo digo,
quien no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo
nacido de la carne, carne es, y lo nacido del espíritu, espíritu es. 7 No te sorprendas
porque te dije: Es preciso que nazcáis de nuevo. 8 El Espíritu sopla donde quiere y
escuchas su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo el que ha
nacido del Espíritu». 9 Respondió Nicodemo y dijo: «¿Cómo puede suceder eso?». 10
Respondió Jesús y le dijo: «¿Tú eres el maestro de Israel y no conoces esto? 11
Verdaderamente, verdaderamente te lo digo, lo que sabemos lo decimos y lo que
hemos visto lo testimoniamos, aunque nuestro testimonio no lo aceptáis. 12 Si os dije
lo terreno y no lo creísteis, ¿cómo es que si dijera lo celestial lo creeríais? 13 Y nadie
ha subido al cielo salvo quien ha bajado del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y tal como
Moisés exaltó a la serpiente en el desierto, así es necesario que sea exaltado el Hijo
del hombre, 15 para que todo el que crea, mediante él tenga vida eterna. 16 Pues tanto
amó Dios al mundo, que dio a su hijo único para que todo el que crea en él no muera,
sino que tenga vida eterna. 17 Pues no envió Dios a su Hijo al mundo para que juzgara
al mundo, sino para que el mundo fuera salvado gracias a él. 18 Quien cree en él, no
es juzgado; pero el que no cree ya ha sido juzgado, porque no ha creído en el nombre
del Hijo único de Dios. 19 Y este es el juicio, que la luz ha venido al mundo y los
hombres amaron más la oscuridad que la luz[414]; pues sus obras eran malas. 20 Pues
todo el que comete bajezas odia la luz y no va hacia la luz, para que sus actos no sean
puestos en evidencia; 21 pero el que actúa con verdad va hacia la luz, para que sus
actos sean puestos de manifiesto porque han sido hechos mediante Dios».
22 Después de esto, fue Jesús y sus discípulos a Judea y allí permanecía con ellos
y bautizaba.
23 Y estaba también Juan bautizando en Ainón cerca de Salim, porque había
mucha agua allí y venían y eran bautizados; 24 pues todavía no había sido llevado a la
cárcel Juan.
25 Entonces hubo una discusión de los discípulos de Juan con un judío sobre la
proviene de la tierra y habla desde la tierra. El que viene del cielo, está por encima de
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todos; 32 El que ha visto y oído da este testimonio, aunque nadie acepta su testimonio.
33 El que aceptó su testimonio afirmó que Dios es la verdad. 34 Pues aquel que envió
Dios dice las cosas de Dios, pues no da el espíritu con medida. 35 El Padre ama al
Hijo y ha dado todo mediante su mano. 36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el
que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece con él.
1 Así pues, cuando supo Jesús que los fariseos oyeron «Jesús hace y bautiza más
4 discípulos que Juan» —2 aunque realmente Jesús mismo no bautizaba, sino sus
discípulos—, 3 dejó Judea y volvió de nuevo a Galilea.
4 Y era necesario que cruzara por Samaria. 5 Así pues, se dirige a la ciudad de
Samaria llamada Sicar, vecina del lugar que Jacob dio a su hijo José; 6 y allí estaba la
fuente de Jacob. Así pues, Jesús, cansado del viaje, estaba sentado junto a la fuente;
era hacia la hora sexta. 7 Llega una mujer de Samaria para sacar agua. Le dice Jesús:
«Dame de beber»; 8 pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar
alimentos. 9 Así pues, le dice la samaritana: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides
beber, a una mujer que es samaritana? Pues los judíos no tratan con samaritanos». 10
Respondió Jesús y le dijo: «Si conocieras el regalo de Dios y quién es el que te dice:
“Dame de beber”, tú se lo habrías pedido y él te habría dado agua viva». 11 Le dice la
mujer: «Señor, ni siquiera tienes cántaro y el pozo es profundo; ¿de qué tienes tú el
agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mejor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo y él
mismo bebió de él, y sus hijos y sus animales?». 13 Respondió Jesús y le dijo: «Todo
el que beba de esta agua volverá a tener sed; 14 pero quien beba del agua que yo le
daré, jamás volverá a tener sed hasta la eternidad, sino que el agua que yo le daré en
él se convertirá en fuente de agua que brota hacia una vida eterna».
15 Le dice la mujer: «Señor, dame esta agua para que no tenga sed ni venga aquí a
verdad». 19 Le dice la mujer: «Señor, observo que eres profeta. 20 Nuestros padres se
arrodillaban en este lugar[415]; y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde
hay que arrodillarse». 21 Le dice Jesús: «Créeme, mujer, que se acerca la hora en que
ni en este monte ni en Jerusalén os arrodillaréis ante el Padre. 22 Vosotros os
arrodilláis ante lo que no conocéis; nosotros nos arrodillamos ante lo que conocemos,
porque la salvación proviene de los judíos. 23 Pero viene la hora, y es ahora, en que
los verdaderos adoradores se arrodillarán ante el Padre mediante espíritu y verdad;
pues también el Padre busca a los que se arrodillan ante él. 24 Dios es espíritu, y es
preciso que quienes se arrodillan ante él se arrodillen mediante el espíritu y la
verdad». 25 Le dice la mujer: «Sé que viene un Mesías, el llamado Cristo; cuando
llegue él, nos explicará todo». 26 Le dice Jesús: «Yo soy, el que te está hablando».
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27 Y en esto vinieron sus discípulos y se sorprendían de que hablaba con una
mujer; aunque, desde luego, nadie dijo: «¿Qué buscas o por qué hablas con ella?». 28
Así pues, la mujer dejó su cántaro y se marchó a la ciudad y dice a los hombres: 29
«Venid y ved a un hombre que me dijo todo cuanto he hecho, ¿no es este el Cristo?».
30 Salieron de la ciudad y se llegaban a él.
31 Entretanto, le pedían los discípulos diciendo: «Rabí, come». 32 Él les dijo:
«Tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis». 33 Por su parte, se decían
los discípulos unos a otros: «¿Le trajo alguien de comer?». 34 Les dice Jesús: «Mi
alimento es que haré la voluntad de quien me envía y terminaré su obra. 35 ¿No decís
vosotros: “Cuatro meses más y llegará la siega”? Mirad, yo os digo, levantad los ojos
y contemplaréis las tierras que están amarillas para la siega. 36 El que siega recibe su
paga y amontona fruto para la vida eterna, para que el sembrador se alegre de la
misma manera que el segador. 37 Pues en esto el refrán es cierto, porque uno es el
sembrador y otro el segador. 38 Yo os envié a segar lo que vosotros no habéis
trabajado; otros han trabajado y vosotros os aprovecháis de su trabajo».
39 De aquella ciudad muchos samaritanos creyeron en él gracias a lo dicho por la
mujer que atestiguó: «Me dijo todo lo que yo he hecho». 40 Así pues, cuando se le
acercaron los samaritanos, le pedían que se quedara entre ellos; y permaneció allí dos
días. 41 Y muchos más creyeron gracias a su palabra, 42 y decían a la mujer: «Ya no
creemos por tu relato, pues nosotros mismos hemos escuchado y sabemos que este es
verdaderamente el salvador del mundo».
43 Después de dos días se marchó de allí a Galilea; 44 pues Jesús mismo dio
Y había un servidor del rey cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. 47 Él, cuando
oyó «Jesús llega de Judea a Galilea», fue a él y le pidió que bajara y curara a su hijo,
pues estaba a punto de morir. 48 Por su parte, le dijo Jesús: «Si no veis signos y
prodigios, jamás creeréis». 49 Le dice el criado del rey: «Señor, baja antes de que
muera mi hijo». 50 Le dice Jesús: «Márchate, tu hijo vive». Creyó el hombre en la
palabra que le dio Jesús y se marchó. 51 Y cuando ya se bajaba él, sus siervos salieron
a su encuentro para decirle «Tu hijo vive». 52 Les preguntó entonces la hora en que
empezaba a sentirse mejor; entonces le dijeron: «Ayer, hacia la hora séptima, lo dejó
la fiebre». 53 Supo entonces el padre que en aquel momento en que le dijo Jesús: «Tu
hijo vive», y creyó él y toda su casa. 54 Este segundo signo hizo Jesús al llegar de
Judea a Galilea.
1 Después de esto, había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
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2 Hay en Jerusalén, junto a la puerta probática[416], una piscina llamada en
5 hebreo Betzatá, que tiene cinco pórticos. 3 En ellos permanecía echada una
multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos[417]. 5 Había allí un hombre con treinta y
ocho años de enfermedad; 6 al ver Jesús a este echado y sabiendo que ya tenía mucho
tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». 7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a
nadie que, cuando se agite el agua, me meta en la piscina; en el momento en que yo
voy, otro baja en mi lugar». 8 Le dice Jesús: «Levanta, toma tu camastro y anda». 9 Y
al instante quedó sanado el hombre y tomó su camastro y se fue.
Era sábado aquel día. 10 En consecuencia, decían los judíos al curado: «Es sábado
y no se atiene a la Ley que levantes tu camastro». 11 Él les respondió: «El que me ha
sanado me dijo “Toma tu camastro y anda”». 12 Le preguntaron: «¿Quién es el
hombre que te dijo: “Toma y anda”?». 13 Pero el curado no sabía quién era, pues
Jesús se alejó al haber mucha gente en el lugar. 14 Después lo encuentra Jesús en el
Templo y le dijo: «Mira, te has curado, no peques más, para que no te ocurra algo
peor». 15 Salió el hombre y explicó a los judíos: «Jesús es el que me sanó». 16 Y por
eso persiguieron los judíos a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17 Y Jesús les respondió: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo trabajo»; 18 por eso
buscaban aún más los judíos matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que
también llamaba a Dios su Padre, haciéndose él igual a Dios.
19 Así pues, respondió Jesús y les dijo: «Verdaderamente, verdaderamente os lo
digo, no puede el hijo hacer nada por sí mismo salvo que vea al padre hacerlo; pues
lo que aquel haga, de la misma manera lo hace el hijo también. 20 Pues el Padre ama
al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará cosas mayores que estas para
que vosotros os admiréis. 21 Pues justamente tal como el Padre resucita a los muertos
y los vuelve a la vida, también así el Hijo vuelve a la vida a quienes quiere. 22 Pues el
Padre no juzga a nadie, sino que otorgó toda sentencia al Hijo, 23 para que todos
honren al Hijo tal como honran al Padre. Quien no honre al Hijo no honra al Padre
que lo envía.
24 «Verdaderamente, verdaderamente os lo digo, quien escuche mi palabra y crea
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31 «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero; 32 otro es
Padre para que las culmine, estas obras que hago dan testimonio respecto a mí de que
el Padre me ha enviado. 37 Y el Padre que me envía él ha dado testimonio sobre mí.
Ni su voz oiréis jamás ni su aspecto veréis, 38 y su palabra no la tenéis entre vosotros,
porque el que él envió, a ese no le creéis. 39 Rastreáis las Escrituras porque vosotros
pensáis obtener mediante ellas la vida eterna; aunque ellas son las que dan testimonio
sobre mí; 40 y no queréis venir a mí para alcanzar la vida eterna.
41 «No alcanzo la gloria de los hombres, 42 sino que sé que vosotros no tenéis el
que habéis tenido esperanzas. 46 Pues si creyerais en Moisés, creeríais en mí; pues
aquel escribió sobre mí. 47 Pero si no creéis en sus Escrituras, ¿cómo creeréis en mis
palabras?».
1 Después de esto, salió Jesús para el otro lado del mar de Galilea, de Tiberíades.
6 2 Lo siguió una gran multitud, porque veían los signos que llevaba a cabo en los
enfermos. 3 Subió Jesús a la montaña y allí se sentó con sus discípulos. 4 Y estaba
cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Como alzara Jesús los ojos y viera que una gran multitud venía a él, dice a
Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman estos?» 6 Y dijo esto para
tentarlo, pues él sabía qué iba a hacer. 7 Le respondió Felipe: «Doscientos denarios de
pan no les llega para que tengan un poco». 8 Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el
hermano de Simón Pedro: 9 «Hay un muchacho aquí que tiene cinco panes de cebada
y dos peces; pero ¿qué es esto para tantos?». 10 Dijo Jesús: «Haced que los hombres
se recuesten». Había hierba abundante en el lugar. Así pues, se recostaron los
hombres en número de unos cinco mil. 11 Tomó entonces los panes Jesús y, tras dar
gracias, los dio a los que yacían por igual y de los peces cuanto quisieron. 12 Y
cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que no
se pierda nada». 13 Así pues, recogieron y llenaron doce cestos de trozos procedentes
de los cinco panes de cebada, lo que había sobrado a los que habían comido. 14 Así
pues, los que vieron el signo que llevó a cabo decían: «Este es realmente el profeta
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que iba a venir al mundo». 15 En consecuencia, Jesús, que sabía que iban a venir y
atraparlo para hacerlo rey, se alejó de nuevo a la montaña él solo.
16 Y cuando llegó la tarde, bajaron sus discípulos al mar, 17 y tras subir a un barco
se marchaban al otro lado del mar, hacia Cafarnaún. Y ya se había hecho de noche y
todavía no había ido con ellos Jesús, 18 y el mar, como soplara un fuerte viento, se
encrespaba. 19 Sin embargo, cuando ya se habían adelantado unos veinticinco o
treinta estadios, observan que Jesús camina sobre el mar y ya está cerca del barco, y
se atemorizaron. 20 Pero él les dice: «Soy yo; dejad de tener miedo». 21 Por su parte,
ellos querían recogerlo en la barca, aunque al instante llegó el barco a tierra, donde se
dirigían.
22 Al día siguiente, la multitud situada al otro lado del mar vio que no había otra
barca allí y que no subió Jesús al barco con sus discípulos, sino que salieron solos sus
discípulos; 23 pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde comieron el
pan tras dar gracias el Señor. 24 Así pues, cuando la multitud vio que Jesús no estaba
allí ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús. 25
Y al encontrarlo al otro lado del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?».
26 Les respondió Jesús y dijo: «Verdaderamente, verdaderamente os lo digo, me
buscáis no porque veis signos, sino porque comisteis de los panes y os hartasteis. 27
Procuraos no el alimento perecedero, sino el alimento que perdura hasta la vida
eterna, el que el Hijo del hombre os dará, pues a este confirmó Dios Padre». 28 A su
vez, le dijeron: «¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?». 29 Respondió Jesús
y les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en quien él envió».
30 En respuesta, le dijeron: «¿Qué signo entonces haces tú para que veamos y
creamos en ti? ¿Qué logras? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, tal
como está escrito: Les dio pan del cielo para comer[418]». 32 A su vez, les dijo Jesús:
«Verdaderamente, verdaderamente os lo digo, Moisés no os ha dado pan del cielo,
sino que mi Padre os da verdadero pan del cielo; 33 pues el pan de Dios es el que baja
del cielo y da vida al mundo». 34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre este
pan». 35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida; el que se acerca a mí, jamás tendrá
hambre, y el que cree en mí, jamás tendrá sed.
36» Pero os dije que me habéis visto y no creéis. 37 Todo lo que me dé el Padre
llegará a mí, y el que venga a mí no será arrojado fuera, 38 porque he bajado del cielo
no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de quien me envía. 39 Y esta es la
voluntad de quien me envía, que no pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo
resucite el último día. 40 Pues esta es la voluntad de mi Padre, que todo el que vea al
Hijo y crea en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré el último día».
41 Por su parte se quejaban los judíos de él porque dijo: «Yo soy el pan que baja
del cielo», 42 y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre
conocemos? ¿Cómo es que ahora dice que ha bajado del cielo?». 43 Respondió Jesús
y dijo: «Dejad de murmurar entre vosotros. 44 Nadie puede llegarse a mí si el Padre,
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el que me envió, no lo libera, y yo lo resucitaré el último día. 45 Está escrito en los
profetas: Y todos serán discípulos de Dios[419]. Todo el que escuche al Padre y
aprenda, viene a mí. 46 No se trata de que alguien ha visto al Padre, sino de que quien
viene del Padre, ese ha visto al Padre. 47 Verdaderamente, verdaderamente os lo digo,
el que cree, alcanza vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres
comieron en el desierto el maná y murieron; 50 este es el pan que bajó del cielo, para
que cualquiera coma de él y no muera. 51 Yo soy el pan que vive, el que bajó del
cielo; quien coma de este pan vivirá hasta la eternidad, y el pan que yo os daré es mi
carne a favor de la vida del mundo».
52 En estas peleaban los judíos entre sí diciéndose: «¿Cómo puede darnos su
discurso; ¿quién puede oírlo?». 61 Pero sabedor Jesús en su interior de que sus
discípulos murmuran sobre esto, les dijo: «¿Os escandaliza esto? 62 Entonces, ¿si veis
al Hijo del hombre que sube donde estaba antes? 63 El espíritu es el que hace volver a
la vida, la carne no ayuda en nada; lo que yo os he dicho es espíritu y vida. 64 Pero
hay algunos de vosotros que no creen». Pues sabía Jesús desde el principio quiénes
son los que no creen y quiénes son los que lo entregarán. 65 Y decía: «Por eso os he
dicho que nadie puede venir a mí si no le ha sido concedido por parte del Padre».
66 Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no volvieron a
caminar con él. 67 Dijo entonces Jesús a los doce: «¿No queréis también vosotros
marcharos?». 68 Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tienes dichos
de vida eterna, 69 y nosotros hemos creído y reconocido que tú eres el santo de Dios».
70 Les respondió Jesús: «¿No os elegí yo a vosotros, los doce? Y sin embargo, entre
vosotros hay un diablo». 71 Y decía a Judas, hijo de Simón Iscariote; pues este iba a
entregarlo, uno de los doce.
sus hermanos: «Vete de aquí y dirígete a Judea, para que también tus discípulos vean
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tus signos, los que[420] llevas a cabo, 4 pues nadie hace algo en secreto y busca estar
en boca de todos. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo». 5 Pues ni siquiera sus
hermanos creían en él. 6 Por su parte, les dice Jesús: «Mi momento todavía no ha
llegado, pero vuestra oportunidad siempre está a punto. 7 No puede el mundo odiaros,
pero a mí me odia, porque yo doy testimonio sobre esto, que sus obras son malvadas.
8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subiré a esta fiesta porque mi momento no se ha
a las claras, sino a escondidas. 11 Pues los judíos lo buscaban en la fiesta y decían:
«¿Dónde está ese?». 12 Y había un fuerte rumor sobre él entre las gentes: unos decían
es bueno; otros decían engaña a la gente. 13 No obstante, nadie hablaba claramente
sobre él debido al miedo a los judíos.
14 Estando ya en su mitad la fiesta, subió Jesús al Templo y enseñaba. 15 En
respuesta se sorprendían los judíos diciendo: «¿Cómo es que este sabe letras si no ha
sido enseñado?». 16 Por su parte, les respondió Jesús y dijo: «Mi enseñanza no es
mía, sino de quien me envía; 17 si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá, a propósito
de la enseñanza, si proviene de Dios o yo hablo por mí mismo. 18 El que habla por sí
mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria de quien lo envía, este es el
verdadero, y no hay injusticia[421] en él.
19 «¿No os ha dado Moisés la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por
magistrados que este es el Cristo? 27 Pero de este sabemos de dónde viene, en cambio
el Cristo, cuando venga, nadie sabe de dónde viene». 28 Daba voces Jesús en el
Templo mientras enseñaba, y decía: «También a mí me conocéis y sabéis de dónde
vengo; y no he venido por mí mismo, pero es verdadero quien me envía, al que
vosotros no conocéis. 29 Yo lo conozco, porque yo vengo de él y él me ha enviado».
30 Así pues, pretendían prenderlo, aunque ninguno le echó mano, porque no había
llegado su hora.
31 Muchos de la multitud creyeron en él y decían: «El Cristo, cuando llegue,
¿llevará a cabo más señales que las que hizo este?». 32 Oyeron los fariseos que a la
multitud murmuraba esto de él, y los sumos sacerdotes y los fariseos enviaron
servidores a prenderlo. 33 Por su parte, dijo Jesús: «Estoy todavía un poco de tiempo
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con vosotros y me voy con quien me envió. 34 Buscadme y no me encontraréis, y
donde yo estoy vosotros no podéis ir». 35 En consecuencia, se dijeron los judíos:
«¿Adónde va a ir este que no lo encontraremos? ¿Acaso va a dirigirse a la diáspora de
los griegos y a enseñar a los griegos? 36 ¿Qué es eso que dijo: “Buscadme y no me
encontraréis, y donde yo voy vosotros no podéis ir”?».
37 El último día de la fiesta, el día grande, Jesús se puso en pie y gritó para decir:
«Si alguno tiene sed, que venga a mí y beberá. 38 Quien crea en mí, así lo dijo la
Escritura, manarán ríos de su vientre de agua viva». 39 Y esto dijo sobre el espíritu
que iban a alcanzar los que creyeran en él; pues no había espíritu, porque Jesús no
había sido todavía glorificado.
40 Los que de la multitud escucharon estas palabras, decían: «Este es