RF/ Nuevo Pentecostés 1
TEMA: NUEVO PENTECOSTÉS
(Historia y Vida Personal)
“Recibirán el Don del Espíritu Santo, pues es la Promesa para ustedes y para sus hijos y
para todo lo que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro…Dios le ha dado el
mismo Don como a nosotros por haber creído en el Señor Jesús” Hch 2, 38-39. 11,17.
1) Pentecostés
Pentecostés nace de una intensa experiencia de oración (los discípulos y la Virgen
María). Este día se cumplió la Promesa de Jesús, fue derramado el Espíritu Santo.
La Iglesia desde su comienzos como vemos recibe el Don del Espíritu Santo. É l mueve,
da fuerza y poder a la Iglesia para continuar con la misió n de Jesú s.
El día de Pentecostés los discípulos estaban reunidos con miedo y confusión. En esos
momentos, no tenían ninguna idea de misión o expansión. Entonces Cristo les envió el
Espíritu Santo y una gran transformació n tuvo lugar.
Los discípulos fueron transformados. Se llenaron de VALOR, entendieron que la Pasió n
de Jesú s, su Muerte y Resurrecció n era la Buena Noticia y tenía que ser compartida. Su
enfoque se tornó hacia afuera, hacia aquellos a los que estaban llamados a evangelizar.
¡Nunca volvieron a esconderse y tener miedo!
Los discípulos comenzaron a vivir el Primer Mandato1 de Cristo a su Iglesia: “Vayan,
pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he
mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.”
1
Cfr. Mt 28, 19-20.
RF/ Nuevo Pentecostés 2
2) Nuevo Pentecostés
En el Nuevo Pentecostés no hablamos de otro Espíritu, sino del mismo Espíritu Santo
Prometido por Jesú s para todos y para siempre. El sigue presente en la Iglesia y derramá ndose
sobre todos nosotros, hoy y para siempre de una forma novedosa o siempre nueva.
En el añ o de 1959 el Papa Juan XXIII, anunciaba que el Espíritu Santo le había inspirado
convocar un Concilio. En la Fiesta de Pentecostés de ese añ o en su Discurso Solemne solicitó al
Espíritu Santo que derramara la plenitud de sus dones sobre el Concilio Ecuménico y que
renovara sus maravillas en nuestros días como un Nuevo Pentecostés y así fue.
El Concilio Ecuménico convocado por el Papa Juan XXIII, se terminó el 08 de diciembre de
1965. Este concilio es de gran importancia para Iglesia desde la fecha que se terminó hasta
nuestros días. Tiene por nombre “CONCILIO ECUMÉ NICO VATICANO II” y fue el acontecimiento
histó rico má s importante para la Iglesia Cató lica en el Siglo XX. Es un regalo y la vez una gran
responsabilidad. Un Concilio de Reforma y Renovació n.
El Concilio Vaticano II, en este tiempo que vivimos es la referencia y un signo claro de este
Nuevo Pentecostés.
Los acontecimientos que sobrevinieron después del CONCILIO VATICANO II hasta nuestra
fecha han tenido gran valor e importancia para todos los Papas y para toda la Iglesia hasta
nuestro tiempo actual: Movimiento Kerigmático y Catequético (Formació n presbiteral y
laica, Vivencia Cristiana, Renovació n Sacramental); Movimiento Bíblico (Centralidad de la
Palabra de Dios); Movimiento Litúrgico (Cumbre de toda la actividad de la Iglesia: Oració n
Personal y Comunitaria, Ejercicio del Sacerdocio de Cristo, La Eucaristía fuente, culmen y
fuerza); Renovación Eclesiológica y Comunitaria (Má s vitalidad y dinamismo a la fe que se
profesa, vida cristiana integral, La Iglesia Pueblo de Dios, Promoció n de la Pequeñ as
Comunidades de Vida –PCV-); Movimiento Social y Liberador (Exigencias de la caridad desde
una fe comprometida con los má s pobres, en vistas de una liberació n integral); Movimiento
Ecuménico ( Dando cumplimiento a la oració n de Jesú s en Juan 17, 21: “ Que todos sean uno
para que el mundo crea”); Renovación Laical y Vida Religiosa (Laicos y religiosos
comprometidos con su vida vocacional); Renovación Pastoral y Misionera (Misió n
Continental, Santas Misiones Populares).
La iglesia entera, entonces en todos sus niveles y aspectos está viviendo una renovació n:
Teoló gica, Pastoral, Jurídica e Institucional.
RF/ Nuevo Pentecostés 3
3) ¿Qué debo hacer “yo" como cristiano en este Nuevo Pentecostés de la Iglesia?
Abrir las puertas y ventanas de mi hogar, de mi vida, de mi corazó n para que entre el soplo y el
viento del Espíritu Santo, para que renueve y transforme principalmente mi vida personal.
Sentirme parte de este Nuevo Pentecostés. Reconocer la presencia y poder real del Don 2 del
Espíritu Santo, recibido desde mi Bautismo y hacer la parte que en la Iglesia me corresponde.
En la Iglesia Cristo es la Cabeza y nosotros su Cuerpo.
Dejar lo miedos y temores y cumplir el primer mandato misionero de Jesú s, porque si lugar a
dudas, tenemos la misma fuerza y el mismo Espíritu Santo recibido por los discípulos el Día de
Pentecostés.
En este Nuevo Pentecostés para recibir los Signos y Frutos 3 del Espíritu Santo se nos exigen
como cristianos varias tareas: Conversión Personal (arrepentirme y revestirme con la mente
de Cristo al rechazar el pecado y aceptar la llamada a ser discípulos cada vez má s fieles de
Cristo en la Iglesia); Vivir en Estado de Gracia (Vida Sacramental); Dar Buen Testimonio
( Vivir mi fe cristiana a través de buenas obra y acciones virtuosas); Servir en la Iglesia
(evangelizar con el poder del Espíritu Santo, que me equipa con los dones 4 y carismas
necesarios); Vivir Según el Espíritu Santo (Practicando el Amor5 , la Caridad, la Paz, la
Paciencia, la Modestia, la Fidelidad, Continencia, Castidad, Dominio de sí mismo).
2
Dones del Espíritu Santo: Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor a Dios; Cfr. CIC 1831; Cfr. Is 11,1-2;
1Cor 12, 1ss.
3
Caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad
Cfr. Gal 5, 22-23.
4
“Hay diversidad de dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el mismo Señor y
diversidad de operaciones, pero el mismo Dios que obra todas las cosas en todos…” 1ª. Cor 12, 4-11
5
El Amor es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo que nos ha sido dado" (Rm 5, 5).