TEMA 62. LAS VANGUARDIAS LITERARIAS EUROPEAS Y ESPAÑOLAS.
RELACIONES
1.- LAS VANGUARDIAS
2.- EL FUTURISMO
3.- EXPRESIONISMO
4.- EL CUBISMO
5.- EL DADAÍSMO
6.- EL SURREALISMO
7.- LAS VANGUARDIAS EN ESPAÑA
7.1. Repercusiones de los “ismos” en España
7.2. Futurismo, ultraísmo, creacionismo y postismo en España
8.- BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
1.- LAS VANGUARDIAS
El arte vanguardista representa un corte profundo en la evolución estética de
Occidente: el abandono radical de la mimesis, la negación del realismo, que siempre
había estado en el trasfondo de los movimientos de la renovación. La Vanguardia surge
en medio de la guerra europea del 14, crece al calor de los años de desarrollo económico
que siguen y desemboca en la crisis posterior a 1929. En veinte o veinticinco años
(1915-1940) se suceden multitud de ismos, movimientos artísticos de carácter
experimental: Futurismo, Cubismo, Dadaísmo, Expresionismo,... Muchos de los ismos
no tienen más expresión que el manifiesto con que se dan a conocer; en cambio, otros
constituyen la clave de una nueva concepción del arte. Así, el Cubismo en las artes
plásticas, o el Surrealismo en las plásticas, literarias y cinematográficas.
La Vanguardia, al compás de los acontecimientos históricos, va evolucionando
desde las audacias despreocupadas y los caprichos de la primera época hasta la literatura
de propaganda y compromiso político de la última. Existe una notable diferencia entre
los países de tradición casi exclusivamente europea (la propia España, Argentina,
Uruguay, Chile) y los que tienen una amplia población mestiza e indígena. En los
primeros, los problemas políticos están estrechamente ligados a la lucha de clases y a
los acontecimientos de la Europa que camina de la Guerra del 14 a la II Guerra
Mundial, con el prólogo terrible de la guerra civil española de 1936. En los países con
población amerindia el conflicto central será en todo momento la marginación brutal de
ese colectivo. El indigenismo, que ya tenía larga tradición desde finales del siglo XIX,
adquiere nuevo vigor al adoptar fórmulas narrativas que van más allá de los esquemas
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realistas. El expresionismo, la inserción de elementos mágicos, la incorporación de
rasgos lindantes con lo surreal ensanchan los límites tradicionales del género.
Como vemos, los "ismos" vanguardistas se suceden en Europa a un ritmo muy rápido.
Algunos pasan como efímeras modas; otros dejan una huella imborrable. Nosotros nos
limitaremos a examinar a continuación aquellos que aportaron cambios sustanciales en
la literatura entre principios de siglo y 1939.
2.- EL FUTURISMO
En 1909, Marinetti, escritor italiano, publica su primer Manifiesto. Niega
cualquier forma de arte pasado y presente, y exalta con optimismo la civilización
mecánica y las conquistas de la técnica. La literatura escogerá, por tanto, nuevos temas,
nuevos mitos: la máquina, el avión, la energía eléctrica, el deporte... De dichas
composiciones derivaba igualmente cierto tipo de humor mundano entre lúdico,
admirativo y desesperanzado. El estilo busca el dinamismo, la rapidez verbal,
rompiendo a veces con la sintaxis", para dejar “las palabras en libertad”. La figura más
significativa del futurismo es el ruso Mayakouski. Su verdadera importancia reside en
el hecho de que abrió sus puertas a temas inéditos hasta entonces y a nuevas
posibilidades de lenguaje.
3.- EXPRESIONISMO
Surge en Alemania en 1911, teniendo como mayor difusor a Ivan Goll. Es el
movimiento de vanguardia más difícil de identificar. Es el resultado de la situación
política de Alemania antes y tras la Primera Guerra Mundial. Se basa en la expresión de
sentimientos subjetivos, más que en una descripción de la realidad. Personajes y
escenarios se presentan de un modo distorsionado, con la idea de producir un gran
impacto emocional. Por este mismo motivo se realza la fealdad, lo demoniaco, el poder
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de las tinieblas y un gusto sadomasoquista por lo catastrófico. Destacan el caos como
medio donde se desenvuelve el protagonista.
En el terreno literario, los temas fundamentales están inspirados por la visión crítica de
la sociedad y los sentimientos de horror, sufrimiento y solidaridad generados por la
catástrofe de la Primera Guerra Mundial.
4.- EL CUBISMO
Nace como escuela pictórica hacia 1907 destacando, sobre todo, la figura del
malagueño Picasso. Pero el llamado cubismo literario arranca en 1913 gracias a
Guillaume Apollinaire y a otros poetas franceses. Como en la pintura, el cubismo
literario se propone descomponer la realidad para proceder a composiciones libres de
conceptos, imágenes o frases.
En poesía, el cubismo intenta eliminar lo anecdótico; los poemas carecen de
puntuación y su métrica es irregular; el poema se convierte en una sucesión de
anotaciones, de presentación de estados de ánimo, sin enlace visible, sin continuidad
cronológica: se confunde lo presente, lo pasado y lo futuro. No hay elaboración. Se
intenta crear una obra de arte con autonomía absoluta, y no por las confrontaciones que
puedan hacerse con la realidad. Mencionar también (sobre todo, tras los famosos
Caligramas de Apollinaire) las especiales disposiciones tipográficas de los versos,
formando “imágenes visuales”. Este y otros artificios, como el “collage” serán
aprovechados por posteriores movimientos vanguardistas.
5.- EL DADAÍSMO
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Nace en Zurich (Suiza) en 1916 de la mano del poeta Tristan Tzara. Su nombre
“dadá” no significa nada, es el de un balbuceo infantil. Fue elegido al azar, abriendo un
diccionario con un cuchillo. Dadá tiene en común con otros ismos el afán de ruptura, el
gusto por la provocación y el escándalo. Nota predominante es el sentido del humor. No
se toman nada en serio, ni siquiera el Arte. Se trata de la rebeldía pura: contra la lógica,
contra las convenciones estéticas o sociales, contra el sentido común. En el fondo, es la
violenta repulsa de una racionalidad que ha llevado al absurdo de la 1ª Guerra Mundial
(1914-1918). Propugna liberar la “fantasía de cada individuo”, superar todas las
inhibiciones y recurrir a un lenguaje incoherente. Junto a Tzara destacan Breton,
Eluard, Aragon... luego importantes surrealistas. En el fondo, el gran papel de Dadá
fue preparar el camino para el Surrealismo.
6.- EL SURREALISMO
Se trata de un cambio radical en la concepción del arte y del trabajo del artista.
André Breton lo preside y publica en 1924 el Primer Manifiesto, en donde a las
audacias del Dadaísmo añade concepciones filosóficas de Freud y Marx. Pretende ser
una revolución integral. Su gran lema sería "transformar la vida". Y propugna la
liberación del hombre y de su capacidad creadora. Liberación de los impulsos naturales
del hombre reprimidos en el subconsciente por una razón sumisa a las convenciones
morales y sociales. De ahí también el propósito de liberar el poder creador del hombre.
Se deberá escribir (o pintar, etc.) al dictado de un pensamiento libre de toda vigilancia
ejercida por la razón. Se utilizaron para ello técnicas diversas: la escritura automática,
realizada sin reflexión, a veces bajo la influencia de drogas, wel collage de frases
recortadas al azar de periódicos, la interpretación de sueños,... Según Freud, en los
sueños aflora el mundo del subconsciente, pero en forma de imágenes ilógicas, cuya
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estructura patente, o superficial es símbolo de contenidos latentes o profundos, en virtud
de ciertas transformaciones.
Así pues se produce una liberación del lenguaje con respecto a lo que sería la expresión
normal o lógica. En un poema surrealista, se mezclan objetos, conceptos y sentimientos
que la razón mantiene separados; asociaciones libres e inesperadas de palabras,
metáforas insólitas... Es un lenguaje que no se dirige a nuestra razón, sino que quiere
despertar en nosotros sentimientos y reacciones también inconscientes. Ante un poema
de este tipo, el lector no comprende, pero puede recibir fuertes impactos que le
produzcan emociones profundas. Podemos decir, por tanto, que el Surrealismo inauguró
también un nuevo modo de leer.
7.- LAS VANGUARDIAS EN ESPAÑA
7.1. Repercusiones de los “ismos” en España
España está en consonancia con el resto de Europa. Los ismos se dejarán sentir pronto
en nuestras letras.
En literatura las vanguardias tienen como pionero e impulsor a Ramón Gómez de
la Serna, original creador de excéntrico comportamiento, fundador de la famosa tertulia
de Pombo. La más genuina expresión del universo ramoniano son las greguerías, frases
a veces brevísima en las que se recoge una metáfora ingeniosa, una imagen insólita, un
pensamiento juguetón y atrevido, poniendo en relación realidades aparentemente
dispares.
Sus novelas son, en buena media, una acumulación de greguerías: El
incongruente, El novelista, El torero Caracho... También abundan estas imágenes en
sus agudas biografías: Don Ramón María del Valle-Inclán, Lope viviente... y en otras
piezas misceláneas: El rastro, que revela su amor por los objetos, Senos, El circo... Muy
interesante es El doctor inverosímil, con un repertorio de “casos desesperados y
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oscuros” en los que interviene un extraño médico que cura las dolencias de cuerpo y
alma.
Ramón escribió también algunas piezas teatrales, igualmente originales y
sorprendentes pero con escasa consistencia y dominio técnico. Su mayor valor es el
intento de renovación que las anima. Destaca en particular Los medios seres, de sello
vanguardista.
En el ambiente literario del momento, proliferan las tertulias y revistas donde el
Vanguardismo halla acogida o comentario. Entre las tertulias son famosas las del Café
de Pombo, presidida como ya sabemos por “Ramón”, o la del Café Colonial, en torno a
Cansino-Assens. Son muchas las revistas interesantes aunque de vida efímera; dos son
esenciales: la Revista de Occidente y La Gaceta Literaria. Tras estos datos se observa
un hervor de inquietudes y experiencias.
El movimiento más influyente en España fue el SURREALISMO. Fue conocido
tempranamente: a la traducción del Manifiesto en 1925 hay que añadir las visitas de
Breton a Barcelona (1922) y la de Aragon a la Residencia de Estudiantes de Madrid
(1925), donde vivían Buñuel, Lorca, Dalí... Pero la difusión del Surrealismo en España
debe mucho al poeta Juan Larrea. A él debe atribuirse (según Cernuda) la orientación
surrealista de varios poetas del “27”. Para otros es fundamental la influencia de Dalí o
de Buñuel. Lo cierto es que casi todos los componentes del grupo, en cierto momento de
su evolución, quedaron fuertemente marcados por el Surrealismo. A su influjo, se deben
dos libros fundamentales como Sobre los ángeles de Alberti o Poeta en Nueva York de
Lorca, así como buena parte de la obra de Aleixandre.
Pero en general, el Surrealismo español no es ortodoxo: nuestros poetas no
llegaron a los extremos de la pura creación inconsciente, ni practicaron la “escritura
automática”. Podemos ver en sus poemas una intencionada idea creadora como hilo
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conductor de las mayores audacias. Lo que sí hubo es una liberación de la imagen,
desatada de bases lógicas; y con ello, un enriquecimiento prodigioso del lenguaje.
En definitiva, el Surrealismo supuso la crisis del ideal de “pureza” y
“deshumanización” que había estado vigente durante unos años. Con el surrealismo, lo
humano, e incluso lo social y lo político, penetrarán de nuevo en la literatura. Así lo
prueban, entre otras, las trayectorias de Lorca, Alberti o Neruda.
7.2. Futurismo, ultraísmo, creacionismo y postismo en España
FUTURISMO. Se conoció pronto en España: Ramón publicó en 1910 su
manifiesto en la revista Prometeo. Pero no creó escuela. Sí se hallaran huellas de su
temática, esporádicamente, en poetas del 27 (Salinas escribe poemas a la bombilla
eléctrica o a la máquina de escribir; Alberti canta a actores de cine o a un portero de
fútbol...).
ULTRAÍSMO: Hallamos elementos futuristas, cubistas... Es un efímero
movimiento español, cuyo primer manifiesto aparece en 1919, en la revista Cervantes.
En 1923 estaba ya agonizando. Sus principales características son:
a) Piden la independencia de la metáfora y de la imagen.
b) Desdeñan lo ornamental: sus versos (siempre libres) son simples, casi
esquemáticos, sin concesiones a la belleza externa y, a menudo, buscan la tipografía
expresiva, aunque sin llegar al caligrama.
c) Desprecia lo sentimental y buscan emociones intelectuales o irracionales. Aman lo
industrial y lo mecánico.
Su principal motor fue Guillermo de Torre, y también estuvieron ligados al ultraísmo
Borges, Ramón Gómez de la Serna, Gerardo Diego...
CREACIONISMO. Iniciado en París por el poeta chileno Vicente Huidobro y el
francés Pierre Reverdy. En 1918, Huidobro lo da a conocer en España. “Los
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creacionistas queremos hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad”. Se aleja, por
tanto, de la realidad y tiende a la abstracción. El poema será un objeto autónomo,
“creación absoluta” (no imitación). El poeta cultivará el juego de azar de las palabras.
La imagen no se basará en la comparación entre dos realidades: éstas se aproximan de
modo gratuito en virtud de una relación arbitraria que el poeta “crea” entre ellos.
Seguidores de Huidobro son Juan Larrea (luego surrealista) y Gerardo Diego (su
máximo representante).
El creacionismo tendía al empleo de la metáfora, así como a la mayor precisión
expresiva, gracias a que se evitaba el uso de las aposiciones explicativas, de los nexos
innecesarios y de los adjetivos inútiles. Al igual que los demás movimientos de
vanguardia, el creacionismo desechó los moldes poéticos tradicionales, tendiendo, por
consiguiente, al verso libre y sin ningún tipo de rima, más cercano a las formas
coloquiales y meditativas que a la musicalidad buscada en las composiciones de siglos
anteriores.
POSTISMO. Nace en 1945 en Madrid. Está representado, sobre todo, por
Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory, que se hallan en el café Pombo. Su
intento, muy próximo al surrealismo (se habla de surrealismo hispánico) es, no obstante,
revisar la estética de todas las vanguardias de las primeras décadas del siglo. Reivindica
la libertad expresiva, la imaginación, lo lúdico. Rechaza la angustia existencialista y,
frente a la inmediata poesía social, se presentará como una rebeldía subjetiva, aunque no
menos antiburguesa.
8.- BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
- Apuntes universitarios
- Giménez Frontín, J.L, Movimientos literarios de vanguardia, Salvat,
Barcelona, 1974
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- Michelli, M. de, Las vanguardias artísticas del siglo XX, Alianza, Madrid, 1984