1. ¿Cómo se diferencia una lava de un magma?
La lava es magma que, durante su ascenso a través de la corteza terrestre, alcanza la
superficie. Cuando sale a la superficie, la lava suele tener temperaturas que oscilan entre 850
°C (1562 °F) y 1200 °C (2192 °F). A diferencia del magma que enfría lentamente a grandes
profundidades, la lava [Link] durar en enfriarse entre 1 o 2 horas y media:
Presiones atmosféricas que hacen que pierda los gases que contenía durante su ascenso.
Temperaturas ambientales responsables de un rápido enfriamiento. La distinción más evidente
entre ambas es que la roca formada a partir de magma (rocas plutónicas) tiene cristales que
suelen distinguirse a simple vista (textura fanerítica), mientras que una roca formada a partir de
lava tiene cristales que no se distinguen a simple vista (textura afanítica o vítrea).
A pesar de su alta viscosidad, unas 100.000 veces la del agua, puede fluir recorriendo largas
distancias antes de enfriarse y solidificarse. Al solidificarse, la lava forma rocas ígneas. El
término lava fluida se refiere a la formación solidificada, mientras que la que aún tiene roca
fundida se denomina lava fluida activa. La palabra lava proviene del italiano y deriva del latín
labes que significa caída, declive, o penetrar.
La distinción entre magma y lava radica en el lugar donde se encuentra. Cuando los geólogos
hablan de magma, hacen referencia a la roca fundida que todavía se encuentra bajo tierra. Si
esta roca fundida llega a superficie y fluye como líquido, comienza a denominarse lava.
Los magmas varían en su composición química, lo que les da, tanto al magma como al volcán
que lo contiene, diferentes propiedades.
2. ¿Además de la velocidad de enfriamiento, ¿qué otros dos factores influyen en el proceso de
cristalización?
La cantidad de Sílice presente y La cantidad de gases disueltos en el magma.
3. ¿Cuáles son las mayores estructuras volcánicas de la Tierra?
Monte Mayon, Fujiyama, Islas Marianas, Mauna Loa, Islas Tonga, Pavlof, Shishaldin, Katmai
(«Valle de las 10.000
Fumarolas»), Kilauea, Parícutin, Popocatepetl, Islas Galápagos, Cotopaxi
Isla de Pascua, Surtsey, Hekla, Laki, Islas Canarias, Pelée, Islas Sandwich del Sur
Isla Decepción, Monte Santa Elena Vesuvio, Misti, Etna, Santorini, Kilimanjaro
4. Liste diez volcanes de México e indique el o los procesos geológicos internos que
lo originan.
Durango, Sangangüey, Ceboruco, Mascota, Sierra la Primavera, Paricutín (Michoacán-
Guanajuato), Los Azufres, Los Atlixcos, Jocotitlán, Los Humeros, Naolinco, Colima, Zitácuaro-
Valle de Bravo, La Gloria, Papayo, Serdán-Oriental, La Malinche, Iztaccíhuatl, Las Cumbres,
Nevado de Toluca, Chichinautzin, Pico de Orizaba, Popocatépetl, San Martín.
5. Completa el cuadro de la composición de los distintos tipos de magmas.
6. Defina las zonas (?) del sistema volcánico.
• La zona de fusión de las rocas, situada en la base de la corteza o en el manto superior.
• La zona de ascenso de los magmas, a partir de penachos o plumas diapíricas o de conductos
volcánicos.
Durante el ascenso, a veces los magmas pueden emplazarse temporalmente en una posición
intermedia en la corteza formando cámaras magmáticas.
• La zona de emisión, en la que se hacen evidentes las manifestaciones de actividad volcánica
y donde se emplazan definitivamente los materiales ígneos expulsados.
7. ¿Qué es el metamorfismo? ¿Cuáles son los agentes que transforman las rocas?
El metamorfismo, que significa «cambio de forma», es un proceso que provoca cambios en la
mineralogía, la textura y, a menudo, la composición química de las rocas. El metamorfismo
tiene lugar cuando las rocas se someten a un ambiente físico o químico significativamente
diferente al de su formación inicial. Se trata de cambios de temperatura y presión (esfuerzo) y
la introducción de fluidos químicamente activos. En respuesta a esas nuevas condiciones, las
rocas cambian gradualmente hasta alcanzar un estado de equilibrio con el nuevo ambiente. La
mayoría de los cambios metamórficos ocurren bajo las temperaturas y presiones elevadas que
existen en la zona que empieza a unos pocos kilómetros por debajo de la superficie terrestre y
se extiende hacia el manto superior.
El metamorfismo suele progresar de manera incremental, desde cambios ligeros
(metamorfismo de grado bajo) a cambios notables (metamorfismo de grado alto). Por ejemplo,
en condiciones de metamorfismo de grado bajo, la roca sedimentaria común lutita se convierte
en una roca metamórfica más compacta denominada pizarra. Las muestras de mano de ambas
rocas son a veces difíciles de distinguir, lo cual ilustra que la transición de sedimentaria a
metamórfica suele ser gradual y los cambios pueden ser sutiles.
En ambientes más extremos, el metamorfismo produce una transformación tan completa que
no puede determinarse la identidad de la roca fuente. En el metamorfismo de grado alto,
desaparecen rasgos como los planos de estratificación, los fósiles y las vesículas que puedan
haber existido en la roca original. Además, cuando las rocas en zonas profundas (donde las
temperaturas son elevadas) son sometidas a presiones dirigidas, se deforman lentamente y se
produce una gran variedad de texturas además de estructuras a gran escala como los pliegues.
En los ambientes metamórficos más extremos, las temperaturas se aproximan a las de fusión
de las rocas. Sin embargo, durante el metamorfismo la roca debe permanecer esencialmente
en estado sólido, pues si se produce la fusión completa, entraríamos en el ámbito de la
actividad ígnea.
La mayor parte del metamorfismo ocurre en uno de estos tres ambientes:
1. Cuando una masa magmática intruye en las rocas, tiene lugar el metamorfismo de contacto
o térmico. Aquí, el cambio es impulsado por un aumento de la temperatura en el interior de la
roca huésped que rodea una intrusión ígnea.
2. El metamorfismo hidrotermal implica alteraciones químicas que se producen conforme el
agua caliente rica en iones circula a través de las fracturas de las rocas. Este tipo de
metamorfismo suele estar asociado con la actividad ígnea que proporciona el calor necesario
para provocar las reacciones químicas y hacer circular estos fluidos a través de la roca.
3. Durante la formación de montañas, grandes volúmenes de rocas están sometidas a
presiones dirigidas y a las elevadas temperaturas asociadascon deformaciones a gran escala,
del denominado metamorfismo regional.
El metamorfismo regional, que produce el mayor volumen de rocas metamórficas, tiene lugar
en los límites convergentes, donde las placas litosféricas colisionan. Aquí, grandes segmentos
de la corteza terrestre se pliegan, se fallan y se metamorfizan enormemente.
Además, el enterramiento profundo, junto con el emplazamiento de magmas que se originan en
el manto, son los responsables de las temperaturas elevadas que provocan las zonas más
intensas de metamorfismo. Las rocas deformadas por metamorfismo regional tienen
frecuentemente zonas de metamorfismo de contacto, así como metamorfismo hidrotermal.
Después de considerar los factores del metamorfismo y algunas rocas metamórficas comunes,
examinaremos estos y otros ambientes metamórficos.
8. De acuerdo al siguiente cuadro, defina las rocas ígneas de los principales grupos
según su composición mineral y su textura.
Rocas félsicas (graníticas)
Granito, Riolita, Obsidiana, Pumita.
Rocas intermedias (andesíticas)
Andesita, Diorita.
Rocas máficas (basálticas)
Basalto, Gabro.
9. Enumere algunos cambios que le pueden ocurrir a una roca en respuesta a los procesos
metamórficos.
El calor como factor metamórficos.
El factor más importante del metamorfismo es el calor, porque proporciona la energía que
impulsa los cambios químicos que provocan la recristalización de los minerales existentes o la
formación de minerales nuevos. Recordemos del apartado de las rocas ígneas que un aumento
de la temperatura hace que los iones del interior de un mineral vibren con mayor rapidez.
Incluso en un sólido cristalino, en el que los iones están unidos mediante enlaces fuertes, este
alto nivel de actividad permite que los átomos individuales migren con mayor libertad dentro de
la estructura cristalina.
Cambios provocados por el calor El calor afecta a los materiales terrestres, en especial a los
que se forman en ambientes de bajas temperaturas, de dos maneras. En primer lugar, fomenta
la recristalización de granos minerales individuales, lo cual sucede, en particular, con las
arcillas, los sedimentos de grano fino y algunos precipitados químicos.
Las temperaturas más elevadas provocan la recristalización cuando los granos más finos
tienden a unirse y formar granos de mayor tamaño de la misma mineralogía. En segundo lugar,
el calor puede aumentar la temperatura de una roca hasta el punto en que uno o más de sus
minerales ya no son químicamente estables. En estos casos, los iones constituyentes tienden a
distribuirse en estructuras cristalinas más estables en el nuevo ambiente de alta energía. Las
reacciones químicas de este tipo tienen como consecuencia la creación de nuevos minerales
con configuraciones estables que tienen una composición global más o menos equivalente a la
de los minerales originales. (En algunos ambientes, los iones quizá migren hacia el interior o el
exterior de una unidad rocosa, modificando así su composición química general.) En resumen,
si tuviéramos que atravesar una región de rocas metamórficas (situada en la superficie)
desplazándonos en dirección al metamorfismo creciente, podríamos esperar observar dos
cambios atribuibles en gran medida al aumento de la temperatura. El tamaño del grano de las
rocas se incrementaría y la mineralogía se transformaría de una manera gradual.
Fuentes de calor El calor que causa el metamorfismo de las rocas procede principalmente de la
energía liberada por la desintegración radiactiva y la energía térmica almacenada en el interior
de la tierra. Recordemos que las temperaturas aumentan con la profundidad a un ritmo
conocido como gradiente geotérmico(geo Tierra; therm calor).
En la corteza superior, este incremento de la temperatura oscila entre 20 °C y 30 °C por
kilómetro. Por tanto, las rocas que se formaron en la superficie terrestre experimentarán un
aumento gradual de la temperatura conforme son transportadas (subducidas) a mayor
profundidad. Cuando se entierran a una profundidad de unos 8 kilómetros, donde las
temperaturas son de 150 °C a 200 °C, los minerales arcillosos tienden a inestabilizarse y
empiezan a recristalizar en minerales como la clorita y la moscovita, que son estables en este
ambiente.
(La clorita es un mineral similar a la mica formado por el metamorfismo de silicatos oscuros.)
Sin embargo, muchos silicatos, en especial los que se encuentran en las rocas ígneas
cristalinas, como el cuarzo y el feldespato, permanecen estables a esas temperaturas. Por
tanto, las transformaciones metamórficas de estos minerales ocurren, en general, a
profundidades mucho mayores.
Presión y esfuerzo diferencial.
La presión, como la temperatura, también aumenta con la profundidad conforme aumenta el
grosor de las rocas suprayacentes. Las rocas enterradas están sometidas a unapresión de
confinamiento, que es análoga a la presión hidrostática, donde las fuerzas se aplican por igual
en todas las direcciones. Cuanto más se profundiza en el océano, mayor es la presión de
confinamiento. Lo mismo ocurre en el caso de las rocas enterradas. La presión de
confinamiento cierra los espacios entre los granos minerales, dando lugar a una roca más
compacta con una mayor densidad. Además, a grandes profundidades, la presión de
confinamiento puede hacer que los minerales recristalicen en nuevos minerales con una
estructura cristalina más compacta. No obstante, la presión de confinamiento no pliega ni
deforma las rocas.
Además de la presión de confinamiento, las rocas pueden estar sometidas también a presiones
dirigidas. Eso sucede, por ejemplo, en los bordes de placa convergentes, donde las placas
litosféricas colisionan. Aquí, las fuerzas que deforman la roca son desiguales en distintas
direcciones y se las denomina esfuerzo diferencial.
A diferencia de la presión de confinamiento, que «comprime» la roca por igual en todas las
direcciones, los esfuerzos diferenciales son mayores en una dirección que en las demás, las
rocas sometidas a esfuerzo diferencial se acortan en la dirección de la mayor presión y se
alargan en la dirección perpendicular a dicha presión. Como consecuencia, las rocas
implicadas suelen plegarse o aplastarse (como cuando se
pisa una pelota de goma). A lo largo de los bordes de placa convergentes, el mayor esfuerzo
diferencial se ejercemás o menos horizontalmente en la dirección del movi-
miento de las placas, y se aplica la menor presión en la dirección vertical. Por consiguiente, en
estos lugares la corteza se acorta (horizontalmente) y engrosa mucho (verticalmente).
En los ambientes superficiales, donde las temperaturas son comparativamente bajas, las rocas
son frágiles y tienden a fracturarse cuando son sometidas a esfuerzos diferenciales. La
deformación continuada tritura y pulveriza los granos minerales en fragmentos pequeños. Por
el contrario, en ambientes de temperaturas elevadas las rocas son dúctiles. Cuando las rocas
exhiben un comportamiento dúctil, sus granos minerales tienden a aplanarse y a alargarse
cuando son sometidos a un esfuerzo diferencial. Eso explica su capacidad para deformarse
fluyendo (más que fracturándose) para generar pliegues complicados. Como veremos, el
esfuerzo diferencial también representa un importante papel en el desarrollo de las texturas
metamórficas.
Fluidos químicamente activos.
Se cree que los fluidos compuestos principalmente de agua y otros componentes volátiles,
como el dióxido de carbono, representan un papel importante en algunos tipos de
metamorfismo. Los fluidos que rodean los granos minerales actúan como catalizadores y
provocan la recristalización fomentando la migración iónica. En ambientes cada vez más
calientes, estos fluidos ricos en iones se vuelven proporcionalmente más reactivos. Cuando se
unen dos granos minerales, la parte de sus estructuras cristalinas que se toca es la que recibe
una mayor presión.
Los iones situados en estos puntos son fácilmente disueltos por los fluidos calientes y migran a
lo largo de la superficie del grano hacia los espacios porosos situados entre los granos. Así, los
fluidos hidrotermales contribuyen a la recristalización de los granos minerales disolviendo el
material procedente de las regiones sometidas a esfuerzos elevados y precipitando
(depositando) este material en zonas sometidas a esfuerzos bajos. Como consecuencia, los
minerales tienden a recristalizar y a alargarse más en una dirección perpendicular a los
esfuerzos de compresivos.
Cuando los fluidos calientes circulan libremente a través de las rocas, puede producirse
intercambio irónico entre dos capas rocosas adyacentes o los iones pueden migrar a grandes
distancias antes de acabar depositándose. Esta última situación es especialmente habitual
cuando consideramos los fluidos calientes que escapan durante la cristalización de un plutón
ígneo. Si la composición de las rocas que rodean el plutón es claramente distinta de la de los
fluidos invasores, puede producirse un intercambio considerable de iones entre los fluidos y la
roca caja. Cuando eso sucede, se produce un cambio de la composición global de las rocas
circundantes. En estos casos el proceso metamórfico se denomina metasomatismo.
¿Cuál es el origen de estos fluidos químicamente activos? El agua es muy abundante en los
espacios porosos de la mayoría de rocas sedimentarias, así como en las fracturas de las rocas
ígneas. Además, muchos minerales,como las arcillas, las micas y los anfíboles están
hidratados (hydra agua) y, por tanto, contienen agua en sus estructuras cristalinas. Las
temperaturas elevadas asociadas con un metamorfismo de grado bajo a moderado causan la
deshidratación de estos minerales. Una vez expulsada, el agua se mueve a lo largo de las
superficies de los granos individuales y está disponible para facilitar el transporte iónico. No
obstante, en los ambientes metamórficos de alto grado, en los que las temperaturas son
extremas, estos fluidos pueden ser expulsados de las rocas. Recordemos que cuando se
subduce la corteza oceánica a profundidades de unos 100 kilómetros, el agua expulsada de
estas capas migra hacia la cuña del manto suprayacente, donde
provoca la fusión.
La importancia del protolito.
La mayoría de rocas metamórficas tienen la misma composición química general que la roca a
partir de la que se formaron, excepto por la posible pérdida o adquisición de volátiles como el
agua (H2O) y el dióxido de carbono (CO2). Por ejemplo, el metamorfismo de una lutita da como
resultado una pizarra, en la que los minerales arcillosos recristalizan y forman micas. (Los
cristales minúsculos de cuarzo y feldespato que se encuentran en la lutita no se alteran en la
transformación de la lutita en pizarra y, por tanto, permanecen intermezclados con las micas.)
Aunque la mineralogía cambia en la transformación de la lutita en pizarra, la composición
química general de la pizarra es comparable a la de la roca de la que derivó. Además, cuando
la roca origen tiene una composición máfica, como el basalto, el producto metamórficos puede
ser rico en minerales que contengan hierro y magnesio, a menos, por supuesto, que se haya
producido una pérdida importante de estos átomos.
Además, la composición mineral del protolito determina, en gran medida, la intensidad con que
cada agente metamórfico provocará cambios. Por ejemplo, cuando el magma se abre camino
en el interior de la roca huésped, las temperaturas elevadas y los fluidos ricos en iones
asociados tienden a alterar la roca caja. Cuando esta última está compuesta de minerales que
son comparativamente no reactivos, como los granos de cuarzo que se encuentran en la
cuarzoarenita limpia, se producen muy pocas alteraciones. Sin embargo, si la roca caja es una
caliza «impura» que contiene abundante arcilla rica en sílice, la calcita (CaCO3) de la caliza
puede reaccionar con la sílice (SiO2) de las arcillas y forma wollastonita (CaSiO3) y dióxido de
carbono (CO2). En esta situación la zona con metamorfismo puede extenderse varios
kilómetros desde el cuerpo magmático.
10. Distinga entre el metamorfismo de contacto y el metamorfismo regional.
El metamorfismo térmico o de contacto se produce como consecuencia del aumento de la
temperatura cuando un magma invade una roca caja. En este caso se forma una zona de
alteración denominada aureola (aureolus halo dorado) en la roca que rodea el cuerpo
magmático. Las intrusiones pequeñas, como diques delgados y sills, tienen aureolas de tan
sólo unos pocos centímetros de grosor. Por el contrario, los cuerpos magmáticos que forman
los batolitos masivos pueden crear aureolas metamórficas que se extienden a lo largo de varios
kilómetros.
Además del tamaño del cuerpo magmático, la composición mineral de la roca huésped y la
disponibilidad de
agua afectan en gran medida al tamaño de la aureola. En rocas químicamente activas, como
las calizas, la zona de al-
teración puede tener 10 kilómetros de grosor. Estas grandes aureolas suelen tener distintas
zonas metamórficas. Cerca del cuerpo magmático, se pueden formar minerales de temperatura
elevada como el granate, mientras que los minerales de grado bajo como la clorita se forman
en lugares más alejados.
El metamorfismo de contacto se reconoce fácilmente sólo cuando se produce en la superficie o
en un ambiente próximo a la superficie, donde el contraste de temperaturas entre el magma y
la roca caja es grande. Durante el metamorfismo de contacto los minerales de arcilla se
calientan como si estuvieran colocados en un horno, y pueden generar una roca muy dura y de
grano fino. Dado que las presiones dirigidas no son un factor fundamental para la formación de
estas rocas, generalmente no tienen foliación. El nombre aplicado a la amplia variedad de
rocas metamórficas compactas y no foliadas formadas durante el metamorfismo de contacto es
el de corneanas (hornfels).
La mayoría de rocas metamórficas se forman durante el metamorfismo regional asociado con la
formación de montañas. Durante esos acontecimientos dinámicos, se deforman intensamente
grandes segmentos de la corteza terrestre a lo largo de los bordes de placa convergentes. Esta
actividad suele tener lugar cuando la litosfera oceánica es subducida y produce arcos insulares
o arcos volcánicos continentales y durante las colisiones continentales. (Más adelante en este
capítulo se trata el metamorfismo asociado con las zonas de subducción, en la sección titulada
«Metamorfismo y tectónica de placas».)
El metamorfismo asociado con las colisiones continentales implica la convergencia de un límite
de placa activo con un límite continental pasivo. En general, este tipo de colisiones provoca la
deformación intensa de grandes segmentos de la corteza terrestre por las fuerzas
compresionales asociadas con el movimiento convergente de las placas. Los sedimentos y las
rocas de la corteza que forman los límites de los bloques continentales que colisionan se
pliegan y se fractura, haciendo que estos bloques se acorten y se engrosen como una alfombra
arrugada. En este suceso suelen intervenir las rocas cristalinas del basamento continental, así
como las partes de la corteza oceánica que antes formaban el fondo de una cuenca oceánica.
El engrosamiento general de la corteza se traduce en un ascenso ligero en el que las rocas
deformadas se elevan por encima del nivel del mar y forman terreno montañoso. Del mismo
modo, el engrosamiento de la corteza tiene como consecuencia el enterramiento profundo de
grandes cantidades de roca, ya que los bloques de corteza se colocan los unos debajo de los
otros. Aquí, en las raíces de las montañas, las temperaturas elevadas provocadas por el
enterramiento profundo son las responsables de la actividad metamórfica más productiva e
intensa en el interior de un cinturón montañoso. A menudo, estas rocas enterradas en las
profundidades se calientan hasta el punto de fusión. Como consecuencia, se acumula magma
hasta formar cuerpos suficientemente grandes como para ascender e intruir las rocas
metamórficas y sedimentarias suprayacentes. Por consiguiente, los núcleos de muchas
cordilleras montañosas están formados por rocas metamórficas plegadas y fracturadas
entrelazadas con cuerpos ígneos. Con el tiempo, esas masas rocosas deformadas son
elevadas, la erosión elimina el material suprayacente para dejar expuestas las rocas ígneas y
metamórficas que comprenden el núcleo central de una cordillera montañosa.
¿Cuál crea la mayor cantidad de rocas metamórficas?
El metamorfismo térmico o de contacto.
11. ¿Con qué tipo de límite de placa se asocia el metamorfismo regional?
Se produce cuando las rocas son comprimidas entre dos placas convergentes durante la
formación
de montañas.
12. De acuerdo al siguiente cuadro, defina las rocas metamórficas comunes.
Pizarra: es homogénea y suele aparecer en zonas de actividad volcánica o sísmica, además de
montañas, fallas o costas. Es característica por romperse en capas o láminas y se de color
oscuro.
Filita: suele ser común encontrar filita entre placas continentales en las que hay rocas
sedimentarias ricas en arcilla. Es similar a la pizarra en cuanto a color pero tiene un brillo
sedoso y parece más untuoso.
Esquisto: este tipo rocas suelen originarse debido a procesos metamórficos a medianas o altas
temperaturas y presiones, en el interior de la corteza terrestre. Puede ser de diferentes colores,
desde el gris hasta el amarillo; y de esta roca se extrae gas y petróleo.
Gneis: esta roca metamórfica se caracteriza por su aspecto micáceo, con cierta esquistosidad
(es decir, se distribuye en láminas) y suele tener una apariencia espumosa en su interior.
Mármol: se caracteriza por tener una textura maciza y un color blanquecino debido a su
composición de carbonato cálcico. Tiene distintos matices dependiendo de sus impurezas o
componentes, y es uno de los materiales más utilizados para la construcción y el arte.
Cuarcita: suele ser una roca de color marrón claro, pero dependiendo de sus elementos
químicos pueden adoptar distintas tonalidades. Es una roca bastante dura y resistente, y se
forma principalmente a partir de cristales de cuarzo.