CONSIGNA:
Deberán seleccionar un tema de su preferencia, de los desarrollados en clase y realizar un
trabajo breve sobre una cuestión donde se hayan planteado diversas interpretaciones o
posturas opuestas, debiendo:
a) Plantear cual es la controversia;
b) Dar la opinión personal sobre la cuestión, pudiendo compartir algún criterio jurídico ya
existente al respecto o aportar el propio;
c) Fundamentar la conclusión a la que arribaron.
PAUTAS:
El trabajo se hará escrito, en hoja A4, interlineado 1,5, letra arial 11 o times 12,
márgenes sup. e izquierdo 3cm, derecho e inferior 2cm, extensión máxima cuatro (4)
carillas.
En la primera línea se consignará: Nombre del Alumno y N° de DNI.
En la segunda línea Título (destacado) y un comentario breve de la actividad que
realizó para elaborarlo.
El mismo será remitido al correo del suscripto [email protected] con copia a
[email protected] hasta cinco días antes de la fecha fijada para el examen
final.
Alumna: Farias Fernández Daniela Alejandra D.N.I: 41.434.570
Los D.N.U y su validez:
Para el desarrollo del tema realice una investigación previa basada en la evolución de la
jurisprudencia adoptada por la Corte, en la Doctrina de Diana Nicolas “La fuerza de las
palabras”, la Constitución Nacional, la página de SAIJ y consultas puntuales a manuales del
Derecho Administrativo.
a) Encontramos una particularidad interesante con los D.N.U, puesto que son un tipo de
norma que, a pesar de ser sancionada sólo por el Poder Ejecutivo, tienen validez de ley.
Una vez promulgado, el Congreso debe analizarlo y determinar si continúa vigente o no.
(art. 99 inc. 3 C.N).
Al ser una herramienta de carácter excepcional surgen diversas controversias con
respecto a su validez, tanto en cuestiones de la época en la que se promulgan, como de
la autoridad supuestamente competente de la que emana, además de su subsistencia o
no en el tiempo.
b) Los D.N.U fueron incorporados con la reforma constitucional de 1994, aunque ya se
utilizaban en presidencias anteriores, pero sin un marco regulatorio.
Los antecedentes en nuestra historia política e institucional hacen suponer que, en algunas
oportunidades se ha hecho un uso abusivo de esta herramienta.
Si observamos todas las normas legislativas sancionadas por las dictaduras militares que
vivió el país, provenían exclusivamente del Poder Ejecutivo y eran conocidas como
decretos-leyes. En los dos últimos regímenes militares de la Argentina, estas normas eran
conocidas simplemente como leyes. Es decir, que con el transcurso del tiempo no solo
perduraron, sino que adoptaron el carácter de ley.
Realizando un repaso por la evolución del criterio de la Corte aplicado a lo largo del tiempo,
podremos indicar los siguientes cambios interpretativos:
Con respecto al caso “Impuestos Internos c/ Malmonge Nebrera, Martiniano” (1933),
El funcionario de facto tenia las mismas facultades y atribuciones que el legal, y sus
actos, realizados en el interés público y no para su propio uso, no son
inconstitucionales, sino válidos y obligatorios. Así el impuesto creado o aumentado
por el Gobierno de facto obliga al contribuyente y la ley posterior que lo consagró con
efecto retroactivo, por lo que aquél debe ser pagado pero sin multas. Siendo por
demás notorio el criterio aplicado con respecto al fallo previo. Abalando que un
funcionario “de jure” se encuentra en la misma posición de competencia y legitimidad
que uno de facto. Siempre y cuando se cumple con el requisito de que sus actos
deben encontrarse bajo la misión de la obtención, estabilización o restablecimiento
de un bienestar o interés general.
En el fallo, en el fallo “Ziella, Egidio c/ Sociedad Smiriglio Hermanos” (1947), se
dictamina que los decreto-ley dictados por el gobierno de facto son completamente
válidos, por razón de su origen, y continuarán siéndolo durante el gobierno
constitucional subsiguiente, aunque no hayan sido ratificados por el Congreso. En
este caso, estamos en presencia de un punto medio entre los anteriores dos, puesto
que si bien los decreto-ley son válidos, lo serán siempre y cuando no sean
derogados o modificados por otras leyes.
Por último, “Ex Cámara Penal de la Nación - Díaz Reynolds, Juan Carlos y otros”
(1973), se sostuvo que la ley 19.111 disponía la incorporación de los magistrados
que integraban la ex Cámara Federal en lo Penal de la Nación a la Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Criminal y Correccional en el caso de disolución del primer
organismo. El criterio de la SCJN era que la norma jurídica no era obligatoria, pues
carecía de legalidad constitucional en cuanto a su origen y no tenía efectividad, al no
haber sido aplicada ni publicada. Su fundamentación radica en que por el origen de
la norma jurídica y su inaplicabilidad y su no publicación, no se la considera de
carácter obligatorio. Puesto que cuando la ex Cámara Federal en lo Penal de la
Nación constituyó una comisión especial vedada por el art. 18 de la Constitución
Nacional. Y sus integrantes no gozaban de la inamovilidad constitucional que ampara
a los jueces.
En mi opinión, estimo que un gobierno de facto no puede considerarse igual o similar a un
gobierno de derecho. Debido a sus orígenes, la aceptación del primero sobre el segundo
implicaría un quebrantamiento a la democracia de nuestra sociedad, y mucho más
importante a nuestra Constitución Nacional; la que supuestamente es un reflejo de nuestras
creencias e idiosincrasias.
Sin embargo, a pesar de ello la Corte en innumerables circunstancias se encargó de abalar
los gobiernos ilegítimos. Imponiendo el justificativo del estado de necesidad. A lo cual yo me
pregunto, ¿Realmente existía ese estado de necesidad? ¿O el mismo fue creado por un
grupo selecto para la obtención del poder? ¿Quizás nunca existió?
Si bien es cierto que la normativa jurídica debe adaptarse a los continuos cambios sociales,
económicos, ambientales, entre otros. Considero que la utilización de la afirmación anterior
para ir en contra de lo prestablecido por nuestra Constitución, no es más que una forma de
usurpación en todos sus aspectos. Es justificar lo injustificable.
Los sucesivos actos de la corte de mirar hacia otro lado ante lo que estaba ocurriendo; o
peor, su completa validación a los mismos mediante sus Acordadas, logró consagrar su
actividad como desprestigiosa, gracias a su “Doctrina de facto”. Siendo sus argumentos
siempre de carácter político y no jurídico.
En los golpes de estado de los años 1955, 1962, 1966 y 1976, si bien no se utilizó más el
sistema de la Acordada como purga del vicio originario en el modo de acceder al poder, se
adoptaron otros instrumentos e institutos jurídicos que depende de la utilización que se les
daba, podrían llegar a retrotraernos a actos o cuestionamientos similares a los ejecutados
por la Corte con sus Acordadas. Ellos son por ejemplo la ley de Acefalia, Estatutos y
decretos-leyes.
Si observamos el recorrido de nuestra historia, somos artífices de un círculo vicioso sin fin.
Siempre en busca de una alternativa para no hacer lo que en su momento era correcto.
Donde el discurso del estado de necesidad se sigue aplicando para justificar todo aquello
que goza de inconstitucionalidad.
c) Luego de lo anterior expuesto y a modo de conclusión, estimo pertinente la mención de
dos teorías que le otorgan una distinta visión a los D.N.U.
La teoría de la caducidad, que sostiene que estas normas solamente pueden regir
mientras dure el gobierno de facto y que caducarán automáticamente perdiendo toda
vigencia con el advenimiento de un gobierno democrático constitucional.
Por su parte, la teoría de la continuidad establece que los decretos-leyes mantienen
vigencia una vez que se restablece el sistema de derecho en tanto no sean derogados o
modificados por el Poder Legislativo. Tesis que ha prevalecido en nuestro derecho.
Particularmente, no adhiero a ninguna de las teorías anteriores. Creo conveniente el
poder llegar a la idea de un punto medio, proponiendo una nueva teoría.
Partiendo de la idea, de ser inconcebible que un D.N.U sancionado durante un gobierno
militar, subsista en épocas de democracia, puesto que de la autoridad de la que emana
es considerada ilegitima a la vista de la Constitución Nacional (art. 94). Sin embargo,
podría ocurrir que algunos de esos decretos, dictados en las condiciones mencionadas,
posean un motivo y/o causa justificable y compatible con las necesidades de la
sociedad, y a su vez, una finalidad de bienestar o interés público. Entonces, estaríamos
en presencia de un D.N.U ilegitimo por la autoridad del cual emana, pero legitimo en
cuento a su finalidad. Simultáneamente, podría llegar a ocurrir lo mismo pero a la
inversa. Es decir, que un D.N.U emane de una autoridad legítima pero con un interés
ilegitimo.
Finalmente, propongo la Teoría de la Suspensión, que sostiene que los D.N.U no deben
caducar ni continuar en vigencia produciendo sus efectos, sino simplemente ser
suspendidos, a la espera de ser tratados por el Congreso, para su validación o no
definitiva.