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Principios del Estado de Derecho y Justicia

1. El Estado de derecho es un sistema en el que las autoridades y ciudadanos se adhieren a normas jurídicas impartidas de forma imparcial para proteger derechos y cumplir obligaciones. 2. Garantiza mecanismos de defensa de derechos fundamentales y aplica la ley de forma justa. 3. Un gobierno autoritario no cumple los principios de igualdad de oportunidades y distribución justa requeridos por el Estado de derecho.
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Principios del Estado de Derecho y Justicia

1. El Estado de derecho es un sistema en el que las autoridades y ciudadanos se adhieren a normas jurídicas impartidas de forma imparcial para proteger derechos y cumplir obligaciones. 2. Garantiza mecanismos de defensa de derechos fundamentales y aplica la ley de forma justa. 3. Un gobierno autoritario no cumple los principios de igualdad de oportunidades y distribución justa requeridos por el Estado de derecho.
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ESTADO DE DERECHO

El Estado de derecho (Berg y Deval, 2013) es el sistema en el cual las autoridades y


los miembros de la sociedad se adhieren al conjunto de normas jurídicas que
garantizan la protección de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones,
mediante la aplicación de la ley a cargo de instituciones imparciales y objetivas.

De este modo, hace posible la participación, equidad y protección de los ciudadanos,


garantizando el libre ejercicio de sus derechos y vigilando el cumplimiento de sus
obligaciones. Además, garantiza mecanismos de defensa para sus derechos
fundamentales, aplicando la ley imparcialmente y trabajando en conjunto con la cultura
de la legalidad.

Sus principios rectores son:

1. Todos tienen derecho a participar en la creación de leyes.


2. Todos están sujetos a la aprobación de la ley.
3. Las leyes protegen los derechos fundamentales y el interés público.
4. Las leyes proporcionan un catálogo de penas para sancionar a quienes las
infrinjan.

En este contexto, el Estado de derecho es tributario de la estructura de gobierno


imperante. A saber, depende de articulaciones democráticas para su despliegue.

Sus principios rectores son:

En este sentido, la unidad también abordará las diferencias entre Gobierno democrático
y Gobierno autoritario, fundado en la idea de que un gobierno que actúa conforme a la
ley, no necesariamente constituye un Estado de derecho, pues existen países con
leyes definidas pero cuya naturaleza es injusta, en razón de que están destinadas a
favorecer solamente a determinados grupos de la sociedad.

Con relación a lo anterior, se analizará la teoría política de Rawls (1999, 2001) como un
referente teórico capital que sirve para determinar, en términos de justicia distributiva,
los mejores criterios de distribución de derechos y deberes, así como de beneficios y
cargas en la sociedad. Lo anterior por cuanto la equidad es un principio fundamental en
un Estado de derecho.

En efecto, la estructura de la teoría de la justicia de Rawls se sustenta en varias


instituciones claves que articulan el total de su propuesta. En primer lugar,
encontramos la idea de la justicia como equidad o imparcialidad (Fairness), la cual
implica que las bases de la convivencia social son un conjunto de acuerdos tácitos
(contrato social) que señalan que los principios de justicia elegidos para desplegar la
vida en sociedad no deben depender del lugar que cada uno ocupe en el medio social
sino que de las necesidades similares que se tengan, lo cual, en el conjunto de la teoría
rawlsiana, señalará la identificación y definición de los dos principios de justicia que el
filósofo de Harvard propone.

Dichos principios son elegidos desde una plataforma hipotética que Rawls llama la
posición original (Original Position), la cual constituye un estado de naturaleza en el
que cada uno de los que van a decidir sobre los principios de justicia, una verdadera
superestructura política que sustentará y regulará el orden social, se sitúan tras un velo
de ignorancia (Veil of Ignorance), lo cual garantizará la imparcialidad de los principios.

Sus principios rectores son:

1. Imaginemos un grupo de individuos comunes y corrientes, como los que hay en


cualquier sociedad. Esos individuos despliegan niveles ordinarios de inteligencia,
talentos, ambiciones, convicciones, y gozan de ventajas sociales y económicas
normales. Son de ambos sexos, y pertenecen a distintos grupos raciales. Esas
personas se encuentran en, lo que Rawls llama, una “posición original”. Todos
ellos desean lo que Rawls llama “bienes primarios”: derechos, oportunidades,
capacidades, dinero suficiente, seguridad, proyecto de vida.

2. Imaginemos ahora que el grupo completo está emplazado tras, lo que Rawls
denomina, un “velo de ignorancia”. Asumamos que cada persona desconoce su
sexo, raza, dotes naturales, posición social, convicciones morales, expectativas
axiológicas y ventajas económicas. Asumamos, además, que esas personas son
capaces de cooperar entre sí, de asociarse y lograr consensos (pactos,
contratos). Pensemos, también, que esas personas son capaces de tener un
sentido de justicia, y de seguir principios racionales en la toma de decisiones, y
de que son capaces de adherir y respetar los principios que identifiquen y
definan.

3. Los deliberantes son claramente “iguales”, al menos en tres sentidos: i)


Racionales: ya que son capaces de concebir los medios más efectivos para
alcanzar el fin elegido; ii) Irracionales: debido a que todavía no se rigen por un
orden establecido – ética – derecho; y iii) Mutuamente desinteresados: no en el
sentido de egoístas, sino que no especulan ni toman ventajas sobre los
intereses de los otros. Desde este momento, algo así como una condición pre
política del ser humano, los interlocutores estarán procedimentalmente obligados
a razonar que una concepción de justicia es más razonable y justificable que
otra sí y solo sí personas razonables la elegirían en la posición original, y que
preferir una concepción de justicia desde un elenco de concepciones de justicia
equivale a un problema de elección en la posición original.

4. En consecuencia, los deliberantes identificarán y definirán los siguientes


principios de justicia:
● Principio de libertad, que señala que cada persona tiene el mismo derecho al
máximo nivel de libertad, compatible con el nivel de libertad de los otros.

● Principio de distribución, que indica que las desigualdades e inequidades


sociales deben satisfacer dos condiciones: a) las inequidades en los bienes
sociales primarios (salario, derechos y oportunidades) se pueden permitir solo si
beneficia a los más necesitados (Principio de la diferencia), y b) Los cargos
públicos deben estar abiertos a todos bajo circunstancias de igualdad justa de
oportunidades.

5. En esta nomenclatura, el principio de libertad es léxicamente anterior al principio


de distribución, lo cual significa que no se puede violar aquel apelando al
segundo principio. Por lo tanto, lo que garantiza no solo la elección del principio
de distribución para orientar cualquier ley o política pública, es un conjunto de
principios e intuiciones que habitan en lo que Rawls llama equilibrio reflexivo
(Reflective Equilibrium). A saber, cuando los principios y las intuiciones
coinciden y el sujeto sabe cómo los juicios que las intuiciones codifican pueden
derivarse de los principios. Esto es lo que debe pasar en toda generación de
políticas públicas según Rawls.

Por lo tanto, desde una perspectiva rawlsiana, un gobierno autoritario no toleraría el


principio de distribución, ya que ese tipo de constitución impura (Aristóteles, 2008) no
propende a la igualación de oportunidades ni tampoco establece condiciones
suficientes y necesarias que garanticen que la desigualdad generada en la sociedad
tenga como justificación favorecer a los agentes sociales más desposeídos, situación
que, al menos, teóricamente, debe propender a una instalación más robusta del Estado
de derecho. Entonces, la estricta condición de posibilidad que justifica las
desigualdades en la distribución de beneficios y cargas en la sociedad no se cumple en
casos de gobiernos autoritarios, ya que una distribución desigual de bienes D, se
justifica en el momento t solo si la distribución D es ventajosa para el grupo de
personas menos acomodado.

Por lo tanto, los efectos negativos de no contar con un gobierno democrático y basado
en principios imparciales de justicia distributiva son, al menos, los siguientes:

1. Nivel de inseguridad alto.


2. Los ciudadanos no respetan las leyes ni las normas.
3. Los jóvenes crecen siguiendo como ejemplo a quienes no acatan las leyes.
4. Las leyes son aprobadas por intereses particulares.
5. Los candidatos a puestos de elección popular son designados por quien ostenta
el poder.
6. Distribución arbitraria de derechos, obligaciones, beneficios, cargas y
oportunidades.

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