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Arquitectura Moderna

de Quito, 1954-1960

Shayarina Monard
Tesis Doctoral
Teoría e Historia de la Arquitectura
2019

Director
Antonio Pizza de Nanno, PhD D Arq.

Codirector
Eduardo Kingman Garcés, PhD D Arq.

Departamento de Teoría e Historia de la


Arquitectura y Técnicas de la Comunicación
Agradecimientos

De manera especial dejo constancia de mi reconocimiento

A la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), institución que autorizó


los tiempos y recursos que me permitieron realizar este trabajo en diferentes eta-
pas y a través de proyectos de investigación financiados por la Dirección de Inves-
tigaciones de la institución.

A la Facultad de Arquitectura, Diseño y Artes, espacio académico en el que ejerzo


la docencia y en el que ejecuté los proyectos de investigación: Rescate digital y
catalogación de documentación inédita de fuentes primarias correspondientes a
la arquitectura moderna de Quito, Ecuador, entre 1954 - 1960 (M13013); y Arqui-
tectura Moderna de Quito, 1950-1965, historia crítica (O13076) que me llevaron a
la concreción de esta tesis.

Al Archivo Histórico del Distrito Metropolitano de Quito, en la persona de Alfonzo


Ortiz Crespo, maestro y amigo, que me permitió hurgar en miles de páginas para
encontrar piezas inéditas que se publican en este trabajo.

Al Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores, en la persona del Más-


ter Alberto Revelo que autorizó el registro completo de los libros correspondientes
a la Comisión de Construcciones de la Undécima Conferencia Panamericana.

A la Universidad Central del Ecuador, en la persona del Dr. Fernando Sempértegui, Rec-
tor, que autorizó el registro fotográfico de las tesis de grado de la Escuela y Facultad de
Arquitectura entre 1950 y 1960, material inédito que se expone en esta ocasión.

A la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit en donde reposan publicaciones,


fotografías e impresos que permitieron anclar esta tesis a la vida profesional y coti-
diana de la ciudad en esos años.

Al Museo Jacinto Jijón y Caamaño, en la persona del Dr. José María Jaramillo, que
me abrió un espacio de trabajo y cobijo para procesar los planos del archivo perso-
nal Karl Kohn, Ovidio Wappesntein y Oswaldo Muñoz Mariño.
iii
A los arquitectos Sixto Durán Ballén, Milton Barragán Dumet, Ovidio Wappens-
tein, a sus colaboradores y familiares, que aportaron con testimonios fundamenta-
les para este y otros trabajos previos.

A Milton Barragán Dumet y Ovidio Wappenstein por autorizar la revisión, registro


y catalogación de su obra planimétrica.

A las familias Kohn-Schiller y Muñoz-Chequer, que me permitieron hurgar en las per-


tenencias de Karl Kohn y Oswaldo Muñoz Mariño, clasificarlas y catalogarlas.

A Giada Lusardi con quien comparto la ilusión por los archivos, su rescate y difusión.

A los arquitectos Alexis Mosquera Rivera, José María Sáenz, Francisco Naranjo La-
lama, Milton Barragán y Ovidio Wappenstein, que compartieron generosamente
sus espacios de trabajo, conocimiento y afecto, así como su paciencia y objetividad
para desmenuzar mis propuestas para este trabajo.

A Antonio Pizza, director de esta tesis, que con sus palabras y escritos me impul-
só a explorar hasta encontrar mi propia voz y camino; gracias por su paciencia
y confianza.

A mi codirector, Eduardo Kingman Garcés, que me orientó en las líneas que podía
incluir en mi intento de abordar "tanta y tan poca historia".

A Grace Garófalo, asistente de investigación, siempre comprometida a llevar a buen


fin nuestros proyectos; a Dayana Chávez y a Raúl Paz, apoyos de investigación en
los ámbitos técnico y logístico, pendientes de que los procesos se ejecutaran con
eficiencia y creatividad.

A los estudiantes de la carrera de arquitectura que cruzaron prácticas preprofe-


sionales en mis proyectos de investigación; ellos registraron y procesaron miles
de archivos digitales que son fundamentales para esta tesis y para los trabajos de
investigación que otros generarán.

A Andrés Saens y Belén Velasteguí, quienes “ajustaron” sus miradas para captar en
fotografías lo que “yo quería”.

A Natalia Monard Guzmán por sus oportunas sugerencias y alegría durante la edi-
ción y corrección de este texto.

A Ivonne Ortiz S. por el gusto y empeño en el diseño y maquetación de este trabajo.

iv
A Julia y Nuria quienes me abrieron su hogar y su corazón; mujeres valientes, por
las que vale la pena seguir en el mundo.

A Jeka y Anna, siempre y en cualquier lugar, dispuestos a acogerme con cariño.

A mi hermano Aurelio y a mis sobrinos, Emilia y José Manuel, que alimentaron mi


espíritu para seguir a pesar de todo.

A Aurelio y Martha, mis padres, con quienes comprendí lo complejo, absurdo y


maravilloso del ser humano.

A Carl, mi compañero en esta vida.

A todos los que me dieron una oportunidad.

v
vi
Índice

Resumen xi

Introducción 1

Capítulo 1

¿Quito, sede de la XI Conferencia Interamericana de 1959? 37

1.1. Contextos 38
1.2. Plan Regulador de Guiillermo Jones Odriozola, 1942-1945 62
1.3. Quito en 1953, nueve años después del Plan Regulador 93
1.4. ¿Cómo el poder actúa sobre el territorio en la coyuntura
de un evento internacional? 119

Capítulo 2

Propuestas urbanas 129

2.1. Los planes del Concejo Municipal (1954-1960) 131


2.2. La propuesta urbana de ARQUIN (1954) 148
2.3. El Plan de la Junta Coordinadora Permanente (1954-1956) 166
2.4. El Plan de la Comisión de Construcciones
de la XI Conferencia Interamericana (1956-1960) 179

Capítulo 3

Propuestas arquitectónicas 195

3.1. Propuestas arquitectónicas municipales 196

3.1.1. Palacio Municipal (no construido) 197


3.1.2. Parques y jardines: El Panecillo, desde el Plan Regulador
de Jones hasta el parque de la Unidad Nacional 223
3.1.3. Equipamiento para cultura y educación 244

vii
3.2. Propuestas arquitectónicas de la Junta
Coordinadora Permanente 1954-1956 277

3.2.1. Casa de la Cultura Ecuatoriana (no construido) 278


3.2.2. Palacio Legislativo (no construido) 289

3.3. Propuestas arquitectónicas de la Comisión


de Construcciones 1956-1960 300

3.3.1. Los edificios del Estado 304


3.3.1.1. Remodelación del Palacio de Gobierno
(enero 1957-diciembre 1959) 305
3.3.1.2. Palacio Legislativo y ampliación del Ministerio
de Relaciones Exteriores 312
3.3.1.3. Terminal del Aeropuerto Mariscal Sucre 326
3.3.2. Los edificios privados de servicio público 332
3.3.2.1. Las residencias universitarias de la Universidad
Central del Ecuador y la Universidad Católica 333
3.3.2.2. Hotel Turismo (Hotel Quito) 346
3.3.2.3. Edificio Matriz de las cajas del Seguro y de Pensiones 363

Capítulo 4

Otros discursos, la arquitectura de la ciudad 385

4.1. La identidad de Quito ante la Conferencia 386

4.1.1 Propuestas e intervenciones en el centro:


¿lo tradicional o lo moderno? 390
4.1.2 Propuestas e intervenciones en el norte
¿Una arquitectura moderna de Quito? 409

4.2. Espacios de difusión sobre temas de arquitectura en Quito 423

4.2.1 Las publicaciones 423


4.2.1.1. Lo que se leyó en las publicaciones sobre la profesión
de la arquitectura y el arquitecto entre 1954-1960 431
4.2.1.2 Lo que se leyó en las publicaciones
sobre la arquitectura moderna 437
4.2.2. La Escuela de Arquitectura y las ideas para Quito en las tesis 444
4.2.3. La Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Pichincha 453

4.3 Algunas edificaciones modernas 456

4.3.1 La vivienda unifamiliar moderna con tecnología tradicional 464


4.3.2 Edificios de uso público y horizontalidad en el paisaje 472

viii
4.3.3 Edificaciones singulares
y formas no convencionales en el medio 490
4.3.4 Edificios en altura para servicio y comercio, elementos
internacionales del lenguaje moderno 506

4.4 Dos edificaciones no esperadas.


Tauromaquia y diplomacia, fiesta y protesta 521

4.5 Tres visitas internacionales 538

Conclusiones 545

Estudio fotográfico (2016-2019) de obras seleccionadas 560

Bibliografía 577

Anexos

Anexo 1: Arquitectos, estudios y constructoras existentes


en Quito entre1954-1960 609
Anexo 2: Tesis defendidas entre1954-1960 y conservadas
en el Archivo Histórico de la Universidad Central del Ecuador (2016) 611
Anexo 3: Libros especializados existentes en la Biblioteca
de la Universidad Central del Ecuador hasta 1960
y que se conservan en el Archivo Histórico 613
Anexo 4: Construcciones significativas 1948-1960 619

ix
x
Resumen

Esta tesis doctoral es un discurso histórico-crítico sobre la arquitectura de Quito


entre 1954 y 1960. Se sustenta en diferentes voces locales que se expresaron en
obra y palabra sobre la urbe y su arquitectura en el contexto de adecentamiento y
modernización de Quito con miras a ser sede "digna" para la XI Conferencia Inte-
ramericana de 1959, evento internacional que no se realizó. Los preparativos para
la Conferencia activaron —en el campo de la arquitectura— la dicotomía entre
lo tradicional y lo moderno en el momento de decidir las estrategias para hacer
de la ciudad una 'sede digna' para el evento y con alto potencial turístico interna-
cional. Al mismo tiempo, estimularon debates sobre tópicos espaciales y edilicios
vinculados a los ámbitos de la legislación, profesionalización, industrialización, y
financiación, así como sobre la "forma de ser urbana" o el sentido de lo urbano.
Campos interconectados, en los que los engranajes poder-identidad-memoria se
reproducen y expresan adquiriendo una forma específica en la arquitectura y en la
configuración urbana.

A partir de estas consideraciones, el intervalo de estudio se subdivide en dos pe-


riodos. El primero, entre marzo de 1954 y enero de 1958, de preparación, implica
al gobierno populista de José María Velasco Ibarra (1954-1956), que se pronunció
a favor del adecentamiento de la capital para que fuera sede de la Conferencia; y,
al primer año del gobierno socialcristiano de Camilo Ponce Enríquez (1957-1958),
que consideró modernizar la ciudad con el mismo fin. El segundo periodo, entre
1958 a 1960, de construcción, corresponde a la continuación del gobierno de Pon-
ce Enríquez, y culmina con la inauguración de las obras modernas erigidas por el
régimen para acoger a las delegaciones que asistirían a dicho evento internacional.
El análisis crítico de las propuestas adquiere sentido en el escenario sociopolítico
de cada gobierno y de las relaciones de parentesco y amistad existentes, cuidando
de establecer la génesis de los proyectos en la trama de relaciones de poder presen-
te en la conformación del equipo de profesionales, selección y compra de predios,
relación con la municipalidad y con la oficina del Plan Regulador, entre otros. Por
último, se reflexiona sobre el sentido simbólico que los gobernantes pretendieron
transmitir a la ciudadanía a través de la materialidad de las edificaciones proyecta-
das y construidas; y de los discursos oficiales.

A partir de la necesidad de hallar y poner en discusión las miradas de quienes no


estaban vinculados ni se congraciaban con el poder, se estructura un relato basado
en las huellas que quedaron ya sea bajo formas discursivas o prácticas.

xi
En este trabajo se reflexiona sobre la proyección que tuvieron estos discursos y
prácticas en la profesionalización, agremiación y legitimación de tendencias en el
campo de la arquitectura y el urbanismo, para demostrar que esos años fueron el
momento de inflexión en la lucha dentro del campo, durante el que se definieron
las formas de acción en cuanto a la arquitectura y la traza urbana y su posible
incidencia en la configuración de la identidad y la memoria urbana. Para esto, se
reconstruyen los escenarios de discusión y participación en los que esos discursos
fueron enunciados, se establecen los posibles efectos que lograron y se analizan
las razones para su exclusión del discurso oficial y de la memoria ciudadana. La
demarcación geográfica abarca la totalidad de la ciudad de ese entonces y rescata
intervenciones puntuales en la ciudad que, en ese momento, crecía de manera
dispersa, fragmentaria y a destellos.

Abstract

This doctoral thesis is a historical-critical discourse on the architecture of Quito be-


tween 1954 and 1960. It is based on different local voices expressed in word and
deed about the city and its architecture in the context of Quito’s modernization and
improvement with a view to being a (worthy) venue for the 11th Inter-American
Conference of 1959; an international event that did not take place. The preparations
for the conference activated —in the field of architecture— the dichotomy between
the traditional and the modern discourses when deciding the strategies to make the
city a ’worthy venue’ for the event and with a high international tourist potential. At
the same time, debates were stimulated on spatial and building topics linked to the
areas of legislation, professionalization, industrialization, and financing, as well as on
the "way of being urban" or the sense of the urban. Interconnected fields, in which
the power-identity-memory mechanisms were reproduced and expressed by acqui-
ring a specific form in architecture and in urban configuration.

From these considerations, the study interval is subdivided into two periods. The
first consisted of a period of preparation, between March 1954 and January 1958,
with the populist government of Jose Maria Velasco Ibarra (1954-1956) who spoke in
favor of cleaning up the capital to host the Conference. This continued with the first
year of the social-Christian government of Camilo Ponce Enriquez (1957-1958), who
set out to modernise the city with the same aim.

The second period occurred between 1958 and 1960, which corresponds to the con-
tinuation of the government of Ponce Enriquez. This period culminates with the
inauguration of the modern works, which were erected by the regime to welcome
the delegations that would attend the planned 11th Inter-American Conference.
xii
The critical analysis of the proposals acquires meaning in the socio-political scenario
of each government and of the existing relations of kinship and friendship. The analy-
sis is also careful to establish the projects genesis in the framework of power relations
present in the professional team conformation, land selection and purchase, rela-
tionship with the municipality and with the Regulatory Plan office, among others.
Finally, reflection has been made on the symbolic meaning that the governing au-
thorities intended to transmit to citizens through the materiality of the projected,
constructed buildings and of official discourses of the time.

From the need to find and put into discussion the eyes of those who were not linked
or ingratiated with power, a story is structured based on the traces left in either dis-
cursive or built forms.

This work puts projects the influence the official discourses and practises of the time
period studied had in trends of professionalisation, unionisation and legitimization
in the fields of architecture and urbanism. This projection demonstrates how those
years were the turning point in a struggle within the field in relation to the archi-
tecture and urban planning, along with its possible incidence in the configuration
of identity and urban memory. In this context, the study reconstructs the scenarios
within which those discourses were carried out. The possible effects the speeches
had are established, in addition to analysing the possible reasons they were excluded
from official discourse and citizen memory. The geographic demarcation covers the
entire city of that time, bringing to light specific interventions in the city which at
that time was growing in a dispersed, fragmentary and sparkling manner.

xiii
Introducción

Entre 2002 y 2014, como parte de mi ejercicio profesional y aca-


démico, revisé archivos públicos y personales para documentar
la historia constructiva de los inmuebles del siglo XX en la ciudad
de Quito y proteger archivos personales de arquitectos modernos
y contemporáneos. Por tanto, tuve acceso a material de diversa
índole y procedencia que me sorprendió por los dispositivos que
desvelaba en relación con el pasado de la ciudad y su arquitec-
tura, que no habían sido recogidos por la historiografía local. La
mayoría de investigaciones que realicé sobre la historia construc-
tiva de edificaciones de la primera mitad del siglo XX1 fue un
requerimiento documental para el rescate estructural y cambio
de uso; es decir, la finalidad de los resultados fue su aplicación
en propuestas de diseño arquitectónico2; otras —las menos—
fueron parte de proyectos editoriales de difusión institucional3.
A estas actividades, se sumó el trabajo de preservación de los
archivos personales4 de los arquitectos Karl Kohn (1896-1979),
Milton Barragán Dumet (1933) y Ovidio Wappenstein (1937),
profesionales con obra relevante en arquitectura moderna en
Quito y otras ciudades del Ecuador. Los resultados dieron paso a
la elaboración de productos biográficos de difusión.

De esta manera, mi intención de historiar la arquitectura moderna


de la ciudad se fue alimentando por el hallazgo de puntos de cone- 1 Casa Guillespi (1930), de Francisco
Durini Cáceres; casa García More-
xión entre los materiales de los archivos personales y los archivos no, inicios del siglo XX; casa Fer-
nández-Salvador (1940) de Otto
administrativos de las dependencias nacionales y municipales, pú- Glass; y Palacio Legislativo (1958),
blicas y privadas. Las resoluciones, argumentos en sesiones, alega- de Alfredo León Cevallos. Los ma-
nuscritos reposan en el Archivo
tos en juicios, planos, cartas, recortes de prensa, contratos y otros del Instituto Metropolitano de Pa-
trimonio de Quito.
dejaron de ser huellas desperdigadas para convertirse en nudos y
2 Operaciones de adecuación, repo-
coyunturas que articulan acontecimientos: elementos detonantes tenciación, intervención y rescate
para la reflexión sobre tópicos no explorados en la tratadística de de bienes patrimoniales con cam-
bio de uso.
la arquitectura de la ciudad. El Proceso de registro, clasificación y 3 “Historia Constructiva del Palacio
catalogación de los archivos me confirmó el potencial de su conte- Presidencial”, para el libro inédito
Historia del Palacio de Carondelet,
nido para ensayar interpretaciones históricas sobre la arquitectura coordinado por Anaconda Comu-
nicaciones y financiado por la Pre-
de la ciudad en el siglo XX, pero también sobre la economía, políti- sidencia de la República.
ca y práctica profesional, entre otros. 4 Proyectos de investigación finan-
ciados por la Dirección de Investi-
gaciones de la Pontificia Universi-
dad Católica del Ecuador (PUCE),
entre 2007 y 2014.
1
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

La temporalidad de las pesquisas —segunda mitad del siglo XX—


colocó como una constante historiográfica y testimonial que las
obras construidas con financiamiento o apoyo del gobierno cen-
tral con motivo de la XI Conferencia Interamericana5 de 1959
—evento diplomático de alto nivel que se realizaba cada cuatro
años y que en esa ocasión no se ejecutó— son las que represen-
tan la arquitectura moderna de Quito en los años cincuenta y las
que promueven una propuesta de diseño que evidenciaba la mo-
dernidad y el progreso. Por esta razón, fueron calificadas como un
acontecimiento importante de la arquitectura del siglo XX en Quito
(Benavides, 1995; Ortiz, 2004, 2007; Peralta y Moya: 1985, 2007; Pe-
ralta et al. 1994; Peralta: 1991, 1996; Pino, del, 2004, 2009; Durán
Ballén, 2003; Barragán, 2003, 2012, 2018). Los edificios en cuestión,
construidos entre 1958 y 1960, son el Palacio Legislativo, de Alfredo
León Cevallos; la ampliación de la Cancillería, de Milton Barragán
Dumet; el Hotel Quito, de Charles McKirahan; el edificio matriz de
la Caja del Seguro, de la empresa constructora GADUMAG; la resi-
dencia estudiantil de la Universidad Central del Ecuador, de Gilber-
to Gatto Sobral con apoyo de Mario Arias Salazar, y la residencia
de la Universidad Católica, del estudio de arquitectura ARQUIN.

Sin embargo, durante mi revisión de la literatura, detecté una


inconsistencia discursiva entre el enunciado acontecimiento im-
portante y la cantidad y calidad de información sobre el mismo,
lo que me llevó a identificar fuentes primarias explícitas e implí-
citas en las publicaciones; y a establecer, a través del cruce biblio-
gráfico y de datos empíricos, que lo enunciado sobre el tema era
material descriptivo de cuatro fuentes primarias: dos oficiales y
dos alternativas. Las dos fuentes oficiales son el Boletín especial
de la Secretaría General de la XI Conferencia Interamericana con
motivo de la inauguración de las obras de 1960 y los informes a
la nación del Ministro de Obras Públicas, arquitecto Sixto Durán
Ballén y de Camilo Ponce Enríquez, Presidente de la República
divulgados en el diario El Comercio, el 1º de enero de 1959 y 1960.

5 La Conferencia era parte del calendario de la Unión Panamericana, actual Orga-


nización de Estados Americanos (OEA), y su objetivo era discutir los problemas
comunes de los países de América para generar políticas comunes y de apoyo
económico, técnico, cultural y militar, entre otros. En ella participaban los jefes
de Estado o sus representantes, ministros y diplomáticos. Entre 1889 y 1956 se
realizaron diez conferencias; las ciudades sede fueron Washington, 1889; México
DF, 1901; Río de Janeiro, 1906; Buenos Aires, 1910; Santiago de Chile, 1923; La
Habana, 1928; Montevideo, 1933; Lima, 1938; Bogotá, 1948, y Caracas, 1954. La XI
Conferencia debía realizarse en Quito en 1959, pero primero fue diferida a febrero
de 1960, luego a marzo de 1961 y, por último, cancelada. A partir de ese año, se
realiza en la sede de la ONU, en Washington.
2
Introducción

Las dos fuentes alternativas son las reseñas de visita de obra de la


periodista Lilo Linke6, alineadas con el discurso oficial y divulga-
das en el diario El Comercio en marzo-abril de 1960, y una fuente
de difusión, la página “Arquitectura y urbanismo”, publicada en el
mismo rotativo desde febrero de 1955 para comunicar las transfor-
maciones de la ciudad en virtud de la Conferencia de 1959. Estas
cuatro fuentes informan sobre las construcciones como evidencias
de la eficacia en la gestión pública de los mandatarios y del espíritu
creador, técnico y artístico de los realizadores. Incluyen nombres
de arquitectos, constructoras, materiales, costos, plazos y descrip-
ciones espaciales. La comprobación del uso exclusivo de estas cua-
tro fuentes generó dos inquietudes: ¿por qué la información que
circula es escasa, a pesar de la cercanía temporal que haría suponer
accesibilidad a fuentes e informantes? y ¿qué motivó la restricción
de fuentes primarias? Estas preguntas me impulsaron a profundi-
zar en el tema en mi tesina del programa de Máster Universitario
en Teoría e Historia de la Arquitectura de la Escuela Técnica Supe-
rior de Arquitectura de Barcelona (Monard, 2015).

La investigación se ejecutó sobre documentación procedente


del archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, sección: XI
Conferencia Interamericana, subsección: Secretaría de Construc-
ciones; el archivo del Registro Oficial7 e información del diario El
Comercio del Ecuador, sección “Arquitectura y urbanismo”. Este
material presentó nuevas evidencias documentales que configu-
raron el escenario de selección de emplazamientos, asignación
de presupuestos y encargos, inclusión y exclusión de participan-
tes, ofertas y contraofertas de programas y equipamientos. Estos
momentos dejan entrever la atmósfera en que filiaciones, políti-
ca, economía y arquitectura se entrecruzan en torno al proceso
de adecentamiento y modernización de la ciudad a partir de los
dispositivos “construcción de las edificaciones financiadas por
el gobierno central” y “traza urbana”. También constaté que el
tiempo y la tradición dejaron en el olvido a las otras voces que
se pronunciaron en ese momento. Profesionales, intelectuales, 6 Lilo Linke, Lise-Lotte Linke Mickley
políticos, industriales, historiadores, artistas, hacendados, repre- (Berlín, 1906-Atenas 1963). Migran-
te alemana, llegada a Ecuador en los
sentantes barriales, urbanizadores, autoridades y empleados mu- años treinta. Periodista y escritora,
autora de varios libros, entre ellos,
nicipales, personeros religiosos, entre otros, reflexionaron y escri- Ecuador un país de contrastes, que
bieron a favor y en contra de las transformaciones que aspiraban por varios años fue el referente so-
bre el país en el medio anglosajón.
al adecentamiento y modernización de la ciudad de esos años.
7 El Registro Oficial, creado en 1895,
es la entidad gubernamental que,
hasta el día de hoy, publica los de-
cretos presidenciales y legislativos
para su ejecución.
3
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Algunos tuvieron la oportunidad de publicar sus ideas en medios


de prensa, otros las socializaron a través de panfletos y boletines
y unos cuantos se manifestaron en procesos legales y administra-
tivos, siendo la jurisprudencia y los procesos, la documentación
en la que quedó registrada su reflexión y crítica.

El rastreo de los actores, como unidades complejas de estudio,


evidenció la relación cliente-arquitecto-ciudad (poder-arquitectu-
ra-ciudad) y estableció el tejido social8 del campo profesional del
momento. Este procedimiento abrió perspectivas interpretativas
sobre lo actuado y su incidencia en la ciudad como espacio cons-
truido y como espacio imaginado, la arquitectura como reflexión
y praxis realizada por unos y legitimada por otros, y la ciudad y la
arquitectura como formas de exteriorizar una identidad y cons-
truir una memoria. Este conjunto de hallazgos —esbozado en la
tesina— formuló inquietudes suficientes para proponer en el tra-
tamiento de la temática un giro que configura un nuevo objeto
de estudio. Así, para esta tesis doctoral, decidí desplazar el objeto
“construcciones para la XI Conferencia Interamericana” del centro
y dispersar en el tablero la “preparación de Quito para ser sede
de la XI Conferencia Interamericana de 1959”, proceso cuyo tempo
combina diversos sucesos y debates sobre la arquitectura como
dispositivo de adecentamiento y modernización de la ciudad entre
1954, año de designación, y 1960, año de suspensión definitiva del
evento. Por esta razón, el eje argumental —preparación de Quito
para ser sede de la XI Conferencia Interamericana de 1959 (1954-
1960)— entrelaza dos hilos: la arquitectura construida y diseñada
desde el poder —léase desde los gobiernos central y local y los
grupos de poder económico y cultural— y la arquitectura cons-
truida y diseñada en oposición a las posturas del poder, ambas sus-
tentadas desde discursos sobre la identidad de la ciudad que, para
unos y otros, debía ser un lugar a la altura de las otras capitales de
América en las que se había realizado el evento. Esta operación
epistémica exigió que la metodología articulara la indagación en
fuentes primarias, la activación de hechos no revisados e inéditos y
la reconfiguración de escenarios territoriales, políticos y culturales.

En este punto, es importante señalar que la designación de Quito


8 Entiéndase “tejido social” como como sede de la XI Conferencia Interamericana fue el resultado de
la red de relaciones efectivas que
determinan formas particulares una larga negociación diplomática; que la realidad de la ciudad era
de ser, producir, interactuar y pro-
yectarse en los ámbitos familiar, deficiente en cuanto a equipamientos, servicios e infraestructura,
comunitario, laboral y ciudadano
(Romero, 2006: 225); y diferéncie-
se de “contexto social”.
4
Introducción

por lo que, para ser una sede en condiciones espaciales similares


a la de otras capitales, era necesaria una inversión considerable
de recursos que el país no poseía; y que, en general, el estado en el
que se encontraba el país exigía cambios a nivel estructural en to-
dos los campos. En ese contexto, en relación con la arquitectura y
el urbanismo de la ciudad, ¿cuál era la motivación del Ecuador de
querer ser sede de este evento considerando que las conferencias
anteriores se realizaron en ciudades con un mayor desarrollo ur-
bano y arquitectónico?, ¿se veía en este evento un detonante para
cambios urbanos y arquitectónicos que trascendieran lo formal,
la imagen y que condujeran a la ciudad en la línea de la moder-
nidad y el progreso?

Para responder a estos interrogantes, fue necesario revisar con


más profundidad y detalle los archivos institucionales y persona-
les, segregando información inédita que me permitiera estructu-
rar y responder de forma amplia y compleja a las tres cuestiones
que articulan esta tesis: 1) desde los criterios de los órganos de
poder nacional y municipal, ¿qué arquitectura y qué ciudad se
mostraría?, 2) ¿cuáles fueron los actores y los espacios de discu-
sión sobre qué arquitectura y qué ciudad se pretendía mostrar? y
3) ¿cuáles son las huellas —fragmentos dispersos— de apropiación
de conceptos y elementos modernos que sobreviven en la arqui-
tectura de la ciudad que se tejió entre 1954 y 1960? Las inquietu-
des a resolver y la delimitación espacio-temporal del tema exigen
intentar un análisis multiescalar y transdisciplinar que posibilite un
relato alternativo y que, en el cruce complejo de las respuestas,
permita establecer conclusiones sobre la trascendencia del acon-
tecimiento “designación de Quito como sede de la XI Conferen-
cia Interamericana de 1959” para la arquitectura y la ciudad, en la
construcción de la identidad y la memoria de ese tiempo, pautas
para intentar una nueva manera de aproximación al presente.

A continuación, se explica de manera sintética el escenario de


origen de las preguntas enunciadas.

5
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Delimitación espacio-temporal

A partir de marzo de 1954, con el anuncio de que Quito sería


sede de la XI Conferencia Interamericana en 1959, en tanto que
los gobiernos de turno construían sus proyectos edilicios, impor-
tantes áreas de la ciudad fueron urbanizadas. En ellas se levantó
equipamientos de vivienda, comercio, salud, educación, culto y
ocio en los que la población llevaba el día a día.

En general, en este periodo, la zona norte de la ciudad fue espacio


de construcción de equipamiento moderno y adecuación de la
trama urbana para áreas de vivienda de primera clase9 y reubica-
ción de los edificios gubernamentales, hechos sobre los que re-
flexionaron arquitectos, urbanistas e ingenieros, políticos e histo-
riadores, y ciudadanos comunes que, desde su particular manera
de hacer la ciudad, se sentían parte de ese proceso. El norte fue el
área de conformación de la clase media, profesional, así como de
industriales, inversionistas, importadores y comerciantes que ar-
ticularon una nueva burguesía ascendente; también fue espacio
de consolidación de los sectores de mayores ingresos y de mayor
prestigio social.

Al mismo tiempo, la zona sur daba cabida a nuevas fábricas, organi-


zación de lotizaciones de segunda y tercera clase y a la consolidación
de los más grandes proyectos de casa tipo de segunda categoría del
momento: Villa Flora10, con 758 unidades, y La Magdalena11, con 162.
Este fue el espacio de preocupación de las organizaciones barriales,

9 Áreas de primera, segunda y tercera clase es la terminología de la división urba-


na que usa Guillermo Jones Odriozola en el Anteproyecto del Plan Ordenador
de Quito de 1942. Las áreas de primera clase o residenciales, cercanas al centro
histórico, preveían vías de mayor amplitud, con parterre y veredas amplias y ar-
borizadas. Incluían equipamientos comerciales, educativos, zonas recreativas y de
paseo. Las de segunda, o de vivienda para la clase media, tenían vías de 10 metros
con veredas angostas y en general condiciones urbanas de menor categoría. Por
último, las de tercera clase mantenían circulaciones de 7 metros, veredas míni-
mas y se ubicaban en zonas periféricas cercanas a los sitios de implantación de las
fábricas o zona industrial.
10 La Villa Flora (1948-1958) fue un programa de vivienda financiado por la Caja
del Seguro. Su diseño urbano base fue la tesis de grado del Ingeniero Leopoldo
Moreno Loor, en 1946. El plan fue modificado en 1948 por el Departamento de
Construcciones de la Caja de Pensiones, a cargo del Ingeniero Bernardo Villa-
creces; el proyecto comprendía 758 casas unifamiliares en lotes de 140 m2, con
120 m de construcción, a un costo de 75 000 sucres por unidad, valor que hacía
que no pudieran ser adquiridas por trabajadores.
11 La Magdalena (1950-1955) fue un programa de vivienda con 162 casas, financiado
por la Caja de Pensiones. El diseño urbano estuvo a cargo del Departamento de
Construcciones de la Caja del Seguro. Cada unidad tenía un costo de 60 000 sucres.
6
Introducción

de personeros municipales y de la Caja del Seguro, que financiaba


los proyectos de vivienda, así como el área de conformación del seg-
mento de clase media, formado por servidores públicos y privados,
maestros, comerciantes, y de vivienda de trabajadores, obreros y
campesinos de escasos recursos.

En ese lapso, la zona centro —la única consolidada— fue el es-


pacio para la discusión sobre si conservar o no las edificaciones
antiguas, la mayoría del periodo Republicano (1830-1940). Esto
activó varios temas de reflexión: la compatibilidad de lo antiguo
y lo moderno, la pertinencia de lo tradicional y lo vanguardista,
la valoración de lo propio y lo foráneo, el sentido y significado de
lo colonial —aunque en estricto sentido no lo sea—, el progreso,
los servicios, lo religioso, la representatividad y lo nacional.

Paralelamente, las laderas del volcán Pichincha, las lomas el Pane-


cillo y el Itchimbía y la planicie de La Carolina abrieron la temáti-
ca de los parques, los jardines y los espacios verdes para disfrute
y turismo; la arborización y las vías de acceso; el potencial de los
miradores, y el derecho a permanecer en el sitio de quienes his-
tóricamente ocupaban estos espacios para la agricultura, la ga-
nadería y la fabricación de ladrillos. Fue el espacio de la disputa
sobre si permitir o no la urbanización y de a qué grupo social
se llamaría a ocupar esos sectores, llamativos por su topografía,
pero con altos costos para la dotación de servicios.

En este escenario, por tanto, es pertinente cuestionar: ¿cuál era la


imagen de ciudad y de arquitectura que gobiernos y ciudadanos
querían posicionar y mostrar (hacia afuera —a las delegaciones
diplomáticas— y hacia adentro, al conjunto de la población)? y
¿cuáles fueron los actores y los espacios de discusión en los que
esta imagen se construyó? Al mismo tiempo, la configuración de
la ciudad, entendida como proceso y resultado, lleva a la tercera
cuestión: ¿cuáles son las huellas de apropiación de conceptos y ele-
mentos modernos que sobreviven en la arquitectura de la ciudad
que se tejió entre 1954 y 1960? Estas huellas perduran dispersas
en proyectos, escritos e ilustraciones, así como en obras arquitec-
tónicas y urbanas que aún se conservan en medio de los cambios
provocados por la renovación edilicia de las últimas décadas. Su
rescate permite una lectura de la ciudad en su rol de espacio-per-
sonaje en el que se cruzan relaciones de poder, gustos y valores
estéticos, definiciones sobre lo nacional y lo quiteño e intereses del
más diverso orden que configuran la identidad y la memoria.
7
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Sobre la delimitación del corte espacio-temporal es necesario indi-


car que, en Ecuador, la arquitectura moderna —entiéndase como
estilos Internacional y Californiano— se aplicó “con retraso” (Tina-
jero, 1986; Carrión, 1986, 1990, 2010; Goetschel, 1997; Achig, 1973,
1983, 1989a, 1989b; Benavides, 1995; Moya y Peralta, 1978, 1985,
1994, 2004; Kingman, 2006), a partir de dos situaciones. Por una
parte, el movimiento migratorio de posguerras —aunque esca-
so— permitió la inserción de formas de vida modernas en el ha-
bitus de las clases media y baja y la apertura de pequeñas indus-
trias que capitalizaron, mediante la adaptación a las condiciones
locales, el conocimiento de técnicas y tecnologías; por otra parte,
la postura de los países del primer mundo (centro), que estaban
dispuestos a expandir sus mercados y consolidar un sistema de
dependencia, manteniendo a sus periferias como proveedoras de
materias primas a bajo costo y consumidoras de bienes y servicios
a alto costo (Dussel, 2000, 2003, 2005; Quijano, 2000). Este proceso
repercutió en la transferencia de tecnología, fundamental para la
construcción a gran escala. A esto se sumaron procesos internos
ligados a responder la pregunta sobre la identidad nacional que
se dilucidaba desde la fundación de la República y que adquirió
fuerza en el siglo XX en el marco de la celebración del Centenario
de la Independencia en 1908, 1909 y 1922, del cuarto centenario de
Fundación de Quito en 1934 y de la movilización social en rechazo
a la firma del Protocolo de Río de Janeiro en 1942 (Cueva, 1972;
Bustos,1992, 2009, 2010, 2011, 2017; Carrión, 2010; Capello, 2003,
2011; Kingman, 2006, y otros).

En esta tesis retomo las afirmaciones de Bustos (1992, 2009, 2010,


2011, 2017), Capello (2003, 2011) y Kingman (2006), quienes se-
ñalan que, en Quito, al igual que en otras latitudes, la arquitec-
tura, los monumentos y la obra pública tuvieron el carácter de
estrategias discursivas de las élites en su rol de clientes y usua-
rios. A partir de esto intentaré demostrar que las edificaciones
financiadas por el gobierno con ocasión de la XI Conferencia In-
teramericana, calificadas por la literatura como exponentes de la
arquitectura moderna, respondieron a necesidades instituciona-
les de representatividad y consagración de las élites que las aus-
piciaron, así como a un tipo de imaginario construido desde las
mismas élites en proceso de modernización. Pero, ¿cuáles fueron
el debate y las negociaciones que llevaron a la selección final de
los usos, ubicación y resolución formal de esos edificios? y ¿cómo
fue leída e interiorizada esa arquitectura por la ciudadanía?
8
Introducción

Los resultados de la exploración multiescalar y transdisciplinar a


estas cuestiones me permitió cotejar, como se verá en este traba-
jo, que en el área de Quito, entre 1954 y 1960, se estructuró, en
palabra y obra, el discurso de una identidad ciudadana en la que
se quería ser —¿parecer?— moderno, sin renunciar, ni en lo espa-
cial ni en lo cotidiano, a lo que posturas hispanoamericanistas y
tradicionalistas validaban; es decir, sin renunciar a las formas de
producción ni de interrelación social aristocratizantes y premo-
dernas. Una paradoja que aún no se resuelve.

Marco teórico

La arquitectura construida y planificada es evidencia de poder, sím-


bolo de identidad y elemento de la memoria. La tratamos como
objeto con cargas simbólicas que se decodifican para dar paso a
diferentes formas de aproximación en el ámbito de las ciencias y
en el cotidiano. Ella está y nos acompaña, nos constituye al tiempo
que, desde los paradigmas de cada época y sociedad, la configura-
mos y reconfiguramos. De aquí que los estudios sobre las historias
de las arquitecturas “debería servir para reconocer el campo de las
ideas proyectuales que han llevado y llevan a la transformación de
nuestro contexto ambiental” (Pizza, 2000: sn.), contexto en el que
la relación poder-identidad-memoria se manifiesta.

Desde inicios del siglo XX, las inquietudes sobre las múltiples
relaciones entre poder-identidad-memoria están presentes en la
reflexión estética, histórica, económica, sociológica, etnográfica
y filosófica; también, en la reflexión-creación en los campos del
arte y la arqutiectura. Esto responde a que poder-identidad-me-
moria son conceptos interrelacionados en lo humano como ma-
nifestación del Ser ante el Otro (poder), del Ser en sí (identidad) y
del Ser ante el tiempo (recuerdo-olvido). En el siglo XX, el marco
general de los estudios que pretenden adentrarse en las relacio-
nes poder-identidad-memoria, para repensar, entre otros campos,
la historia, conforman utillajes interpretativos complejos.

La voluntad de repensar la historia desde la categoría de la duración


o “tiempo de la historia, donde están sumergidos los fenómenos y
[…] lugar de su inteligibilidad” (Bloch [1949] 2015: 58), y de ensa-
yar cómo “volver a situarse en [el] medio [histórico], sumerg[ir-
se] en la atmósfera mental de […] [ese] tiempo, de cara a proble-
mas de conciencia que no son necesariamente los nuestros” (69),
9
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

impulsó alejarse de las historias generales y adentrarse en ejercicios


intelectuales con cortes temporales y temáticos de mayor acota-
ción y especificidad. También amplío el campo del hacer históri-
co al incluir a profesionales de otras ramas como interlocutores
válidos en la reflexión histórica. A este panorama, se sumó la ne-
cesidad de las sociedades periféricas (tercer mundo, países sub-
desarrollados, en vías de desarrollo, emergentes) de re-leerse ante
la certeza de vivir un presente constituido por falsos positivos; y,
por último, se visibilizó la urgencia de los colectivos sociales, his-
tóricamente invisibilizados, de recobrar los vacíos del relato his-
tórico, huellas de la construcción que los poderes oficiales, mo-
rales, religiosos, culturales y sociales habían hecho de la historia
común para acomodarla a sus intereses. Este deseo y voluntad de
pensar y repensar; construir12 y deconstruir, aparece en relación
al pasado lejano y al cercano, lo que activa y vincula dos fuentes
fundamentales de investigación: el archivo —también liberado
y con mayor accesibilidad— y los testimonios orales. Esto impli-
ca a configurar métodos que desdibujan los límites del trabajo
—ahora compartido— por el historiador, sociólogo, antropólogo,
etnógrafo, artista, economista, psicólogo o arquitecto, que dan
paso a múltiples enfoques, entre otros, a la microhistoria y la histo-
ria cultural de las que tomo elementos guía para este trabajo.

En relación con la microhistoria, asumo la postura articulada


entre otros autores por Carlo Ginzburg (1992, 1994, [1976]
1999, 2009) y George Didi-Huberman (2005, 2008, 2009), quie-
nes consideran que el evento singular se abre y permite ver
desde su particularidad lo general del tiempo histórico, aun-
que este es un constructo cultural polivalente, ya que distintos
grupos conviven en tiempos históricos simultáneos. Por tanto,
la microhistoria permite una aproximación a múltiples relatos
que, desde su singularidad, aportan a una construcción coral
de la historia a partir de las voces de otros, internándose en la
densidad del fenómeno y su complejidad.

Ginzburg, en El queso y los gusanos (1976 it.), evidencia que los


tiempos históricos son susceptibles a acercamientos comple-
jos para estructurar el contexto cultural en el que personajes y
acontecimientos se entrecruzan (con o sin conciencia de ello)
12 En Construir el pasado, Antonio Pi-
zza, explica el término en sentido y configuran los nodos que activan el tiempo histórico en su
benjaminiano como “una opera-
ción creativa, volcada en la defini- densidad; es decir, entrelazando pasado-presente-futuro, indi-
ción de nuevos ámbitos semánticos vidual-colectivo, local-externo, popular-culto, élite-subalterno,
que implican en un único abrazo
pasado y presente” (2000: 29).
10
Introducción

en los ámbitos de la memoria y la proyección de la subjetividad


a partir de las huellas que el campo cultural deja en el tiempo
y el espacio del Ser individual y social. El modelo interpretativo
de Ginzburg permite pasar de lo singular a lo universal gracias
a la cuidada y compleja relación que establece entre los hechos
aislados (“destellos”) de lo popular con los hechos universales de
la cultura y la historia, dando como resultado la construcción de
un discurso que interpreta las estructuras sociales en una época
concreta. En el caso de esta tesis se aborda un segmento de la
compleja trama cultural, vinculado a la arquitectura, y se intenta
descifrar la cultura arquitectónica generada a partir de los insu-
mos que el entorno de esa época proporciona, de la experiencia
y de las reflexiones emitidas por actores autorizados y no autori-
zados, estructurando los nodos que activan líneas de tensión en
el devenir del evento preparación de Quito como sede de la XI
Conferencia Interamericana.

Por su lado, Didi-Huberman en Ante el tiempo ([2000 fr.] 2008


es.), reflexiona sobre la historia del arte como disciplina anacróni-
ca y aplica un método de intervención sobre la imagen que “tan
contemporánea como sea [refiere a un] pasado [que] nunca deja
de reconfigurarse, dado que esta imagen, solo deviene pensable
en una construcción de la memoria” (2008: 32); también explica
que “antes de que el arte tuviera una historia […] las imágenes
han tenido, han llevado, han producido la memoria” (42). La ar-
quitectura es imagen en doble sentido, como planimetría que
condensa las ideas del proyecto (utopía) y como objeto cons-
truido que configura los escenarios urbanos en los que se hace
la vida, por lo tanto, es mutable en el devenir temporal. En esta
tesis la imagen es planimetría original de archivo (proyecto-uto-
pía), fotografía publicada y de archivo personal o público, y obje-
to aún existente, íntegro o deformado, que condensa las huellas
de su propio tiempo. Por eso, se intenta aplicar el criterio del
montaje (yuxtaposición de fotogramas que configura un nuevo
sentido) para la reflexión sobre la memoria del propio objeto “es
decir, de sus manipulaciones en el tiempo” (43). De aquí que, a
partir de las imágenes que el trabajo en archivo permite recupe-
rar, se supera su condición de elementos de ilustración y se les dá
la potestad de ser interlocutores cuyos discursos son objetos de
análisis, en el proceso general de desmontar los discursos existen-
tes, los oficiales y los no-oficiales, sus relaciones y devenires.

11
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En lo referente a la historia cultural, parto de los criterios de Marc


Bloch y Michel Foucault, fundamentales para un acercamiento
al modelo de la historia de las mentalidades, quienes coinciden
en que los fenómenos de la cultura requieren una compleja com-
prensión de las temporalidades históricas, valores y significados
implícitos y explícitos en las formas de representación (arte, ar-
tesanía), en los constructos culturales, las instituciones y la con-
ducta cotidiana de una sociedad determinada. Bloch en Apología
para la historia o el oficio de historiador ([1949]1996 es, 2015)
invita a articular todos los niveles que componen las culturas y
los fenómenos culturales como el mecanismo idóneo para supe-
rar la lectura lineal de la historia y construir una historia viva y
vivificante, capaz de activar la memoria desde la identificación
(empatía) de lo individual en lo colectivo, de lo temporal presen-
te en lo temporal de la historia; para él la historia es “una [joven]
ciencia en movimiento” (48). En tanto, Foucault, en Arqueología
del saber ([1969] 2006) propone poner en juego los conceptos
de “discontinuidad”, “ruptura”, “umbral”, “límite”, “serie”, “trans-
formación”, para abordar una nueva historia libre de segurida-
des y afrontar la construcción de las continuidades desde el
conocimiento de sus reglas, el control de sus justificaciones, la
definición de sus condiciones y la evaluación de los análisis que
las legitiman ([1969] 2006: 33-43), de aquí que exprese que “un
enunciado siempre es un acontecimiento” (46) independiente de
la valoración que otros o nosotros hagamos de él, y que como
acontecimiento “está ligado no solo con situaciones que lo pro-
vocan, y con consecuencias que él mismo incita, sino a la vez , y
según una modalidad totalmente distinta, con enunciados que
lo preceden y que lo siguen” (46). En este sentido, este trabajo
descifra un enunciado (30 abril de 1954) que es un acontecimien-
to (1954-1960): la preparación de Quito para ser sede de la XI
Conferencia Interamericana, y que condensa una red de conste-
laciones, una formación discursiva que despliega un sistema de
estrategias que derivan de un mismo juego de relaciones (113).

12
Introducción

Este trabajo se alimenta, a nivel local, de la producción intelectual


de Agustín Cueva Dávila13, Eduardo Kingman Garcés14, Guillermo
Bustos Lozano15 y Ernesto Capello16, sobre temas históricos, antro-
pológicos y sociales que hacen referencia a la identidad y memoria
ecuatoriana y del Quito del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.
Sus análisis consideran la identidad y la memoria como construc-
tos culturales, políticos y sociales, en los que los grupos subalternos
(indígenas, colonizadores, afrodescendientes, migrantes) que com-
partían el territorio dieron paso a distintas estrategias de sobrevi-
vencia dentro de una estructura eurocéntrica, vertical y excluyente,
afín al pensamiento hispanista que deseaba construir una identidad
cultural (¿filial?) indisoluble entre España —la madre patria— y las
excolonias. Al mismo tiempo, la sociedad en su conjunto interac-
tuaba con elementos económicos, productivos, de higiene, control,
vivienda, espacio público y relaciones campo-ciudad/urbano-rural
que las élites (que se reconocían y validaban como aristocráticas)

13 Agustín Cueva Dávila (1937-1992). Sociólogo, ensayista y crítico social. De ten-


dencia marxista, estructuró sus trabajos sobre el Ecuador y América Latina desde
de los parámetros del marxismo y la Teoría de la Dependencia. Fue presidente
de la Asociación Latinoamericana de Sociología. Docente fundador de la Escuela
de Sociología de la Universidad Central del Ecuador y docente de la Universi-
dad Nacional Autónoma de México, país al que emigró en la dictadura de 1973.
Para este trabajo doctoral se retoma su postura conceptual y metodológica en
la interpretación del hacer socio-cultural del Ecuador expresados en Entre la ira
y la esperanza (1969) y El proceso de dominación política en el Ecuador (1972),
reflexión fundacional en la producción intelectual en la línea de la historía crítica
local. Entre varios trabajos de envergadura una de sus últimas colaboraciones fue
la Nueva historia del Ecuador (15 volúmenes, 1988-1995), obra que reúne textos
de Enrique Ayala Mora, Oswaldo Hurtado, Fernando Carrión, Jean-­Paul Deler,
Juan Maiguashca, Diego Palacios, Agustín Cueva, Alejando Moreano, Fernando
Tinajero, Alexei Páez, Gonzalo Ortiz Crespo, Alexandra Kennedy, Juan Paz y Miño
Cepeda, Hernán Malo, entre otros intelectuales reconocidos a nivel local y regio-
nal desde la vertiente de la reflexión crítica sobre la realidad social.
14 Eduardo Kingman Garcés. Historiador y antropólogo. Doctor por la Universitat
Rovira i Virgili (España). Profesor investigador de FLACSO Ecuador. Especialista
en temas de historia social y cultural vinculados a la memoria social, contextos
urbanos, patrimonio, seguridad e identidades urbanas. Para este trabajo se re-
toman entre otros: Quito, vida social y modificaciones urbanas (1992); Identidad,
mestizaje, hibridación: sus usos ambiguos (2002); La ciudad y los otros, Quito 1860-
1940: higienismo, ornato y policía (2006); Los trajines callejeros. Memoria y vida
cotidiana. Quito, siglos XIX y XX (2014).
15 Guillermo Bustos Lozano. Historiador. Doctor por University of Michigan, Ann
Arbor. Docente de la Universidad Andina Simón Bolivar. Interesado en temas de
historia social y cultural de la memoria y de las conmemoraciones en Ecuador y
América Latina, S. XVIII-XX. Con ocasión de este trabajo se revisó con especial
atención Quito en la transición: actores colectivos e identidades culturales urbanas
(1920-1950)(1992); La irrupción del testimonio en América Latina: intersecciones
entre historia y memoria. Presentación del dossier Memoria, historia y testimonio
en América Latina (2010) y La urdimbre de la Historia Patria. Escritura de la histo-
ria, rituales de la memoria y nacionalismo en Ecuador (1870-1950).
16 Ernesto Capello. Doctor en Historia por University of Texas, Austin. Para esta tesis
se puso atención en Hispanismo casero: la invención del Quito hispano (2003); City
fragments. Space and nostalgia in modernizing Quito, 1885-1942 (2005) y City at
the Center of the World: Space, History, and Modernity in Quito (2011).
13
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

imponían ajustándolas a su propia idea de orden de mundo en la


que lo tradicional y lo moderno se superponían según las convenien-
cias del poder. Esto explicaría porqué la calificación de moderno se
reducía al acceso a bienes: objetos, espacios, edificaciones, maquina-
ria, equipos, insumos, etc., sin considerar la inexistencia de paradig-
mas modernos en las relaciones sociales, económicas, de produc-
ción (trabajo, salario, protesta) y reproducción del sistema (cultura,
educación). A su vez, esta situación permitía avances y retrocesos en
el convivir social, ya que libertades y derechos podían ser removidos,
cambiados, eliminados o re-ordenados a discreción.

En específico, Agustín Cueva, en Entre la ira y la esperanza, ensa-


yos sobre la cultura nacional ([1967] 1981), expone el problema
de la inautenticidad de clase media local de su tiempo (148), clase
media profesional surgida en la segunda mitad del siglo XX, a
la que considera atrapada entre 1) los valores hispano-europeos
—que las élites (culturales, políticas, sociales y económicas) ha-
bían validado como lo nacional—, 2) la inexistencia de una cultu-
ra mestiza local a la que pertenecer y alimentar y, 3) la negación
de una cultura indígena desde la cual construir un pasado y un
presente, una memoria. Cueva explica la inexistencia de un sin-
cretismo cultural “original y robusto” como el que se observa en
México o Perú (135), debido, entre otros factores, al alejamien-
to (desconocimiento-negación-olvido) del Otro, del mundo y la
cultura indígena17, a la conciencia de la no pertenencia a lo euro-
peo y al deseo de emulación de lo norteamericano en la versión
que difundía el american way of life. Cueva considera que la “[m]
ediana burguesía […] no tenía ninguna tradición y por eso venía
definiéndose, más bien en torno a la negación de ciertos valo-
res de la aristocracia” (146); es decir, resolviendo una cuestión
del Ser desde respuestas del parecer y sin renunciar, por desco-
nocimiento o por miedo, a la tradición hispanista ni en el coti-
diano, ni en las festividades cívicas (fundación, independencia),

17 Cueva no menciona las otras culturas que son parte de la realidad de ese mo-
mento, afrodescendientes y migraciones de posguerras entre los que se destacan
italianos, alemanes, checos y austriacos, que con un bagaje vital diferente y cos-
movisiones formadas en las primeras décadas del siglo, transformaron el ámbi-
to productivo y de comercio dando paso a una nueva burguesía extranjera que
tardó varías décadas para integrarse plenamente a la sociedad local. El proceso
vital de esos grupos de ser y estar y no ser y no estar al mismo tiempo merece ser
estudiado. En el campo que nos compete, Karl Kohn y su familia es uno de los
tantos casos en los que las élites permitieron sus aportes hasta el punto en el que
no comprometieran la imagen de superioridad de la élite, a partir de nociones de
nacionalismo, y no en función del progreso general.
14
Introducción

ni en las religiosas (Navidad, Semana Santa), sea a nivel público


(desfiles, misas, corridas de toros) o privado. En este trabajo se
considera que esta forma de ser polivalente fue determinante en
el momento de configurar las reflexiones y prácticas del hacer
arquitectónico de la ciudad en el perido de estudio.

Eduardo Kingman, en La ciudad y los Otros, Quito 1860-1940 (2003;


2006), muestra el proceso de transición de la ciudad señorial a la
primera modernidad urbana como resultado de una lucha de fuer-
zas entre los grupos subordinados y las élites, en un habitus con
claras condiciones de diferenciación (origen, etnia y fortuna) y se-
gregación en lo cotidiano, así como en el uso y disfrute del espacio
público y privado, “dentro de una demarcación jerárquica de los
espacios con fuertes connotaciones simbólicas” (2006: 169). En es-
tas relaciones cada uno ocupaba —por voluntad o por fuerza— su
lugar, en patrones que reproducían la relación centro-periferia en
todas las escalas. Kingman explica que la calle y los espacios de lo
popular fueron considerados por las élites como peligrosos, conta-
minantes de la moral, ya que eran entornos en los que las distancias
con los Otros, con los subalternos, se desdibujaban (170-172). La
idea aristocrática sobre los Otros incluía a los advenedizos —que
se hacen pasar por lo que no son— idea que “tom[ó] más peso con
la modernidad y el surgimiento de las capas sociales adineradas,
pero sin apellido” (173) y que, como se verá en este estudio, se ex-
tendió a los extranjeros (profesionales y técnicos) que intentaron
insertarse en el hacer arquitectónico y constructivo de la ciudad.

Por último, el autor muestra que los cambios sociales y políti-


cos dirigidos a reglamentar (ordenar, normar y estandarizar) las
relaciones laborales, educacionales, religiosas, familiares, sociales
y espaciales se presentaron desconectadas de las condiciones so-
ciales, económicas, técnicas y culturales de ese tiempo y lugar,
provocando modificaciones superficiales en el habitus, en tanto
que en los espacios de socialización se “marc[ó] una separación
de los ámbitos en los que se definía lo público ciudadano del
resto de la ciudad, percibida a partir de entonces como conta-
minada y contaminante” (204). Por esta razón, las edificaciones
planificadas como de uso público (banca, comercio, cultura,
educación u ocio) eran espacios de acceso restringido y exclu-
yente. Sobre la base de esos razonamientos, propone que “los
orígenes de nuestra modernidad urbana [posiblemente] no de-
ban buscarse tanto en el desarrollo urbanístico y arquitectónico,

15
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

o en la ampliación de las posibilidades de consumo cultural de


las élites, como en los cambios que se produjeron en los dife-
rentes campos de las relaciones sociales” (341), enfoque que se
aplica en este trabajo.

Por su lado, Capello, en varias publicaciones ([2003] y 2011)


aproxima explicaciones de lo que denomina “la invención del
Quito hispano [en su] dimensión espacial”. Para esto, interpela
la importancia simbólica de los monumentos arquitectónicos
colocados en el centro histórico con motivo de las celebraciones
del primer centenario de Independencia (1909-1922) y los ac-
tos conmemorativos del cuarto centenario de fundación (1934).
Monumentos y celebraciones son confrontados como espacios
de disputa entre miradas a favor y en contra del discurso sobre la
conformación cultural ibérica, promulgado por el movimiento
hispanista. Según Capello, en el caso de Quito, la visión hispa-
nista daría paso a la construcción del concepto Quito hispano
(S.XIX-XX), desde un imaginario que se afirmó como “núcleo
metafórico de la nación”, espacio de inconmensurable riqueza
artística y arquitectónica colonial, reflejo de la fuerza civiliza-
dora española y ciudad centro del mundo —cercana a la línea
equinoccial—, construcción que reproduce, a pequeña escala, la
propuesta del mundo hispano como centro de la historia mo-
derna. De esta forma, confronta las festividades cívicas y religio-
sas como constructos culturales de nueva factura, levantados
desde la necesidad de las élites de confirmarse en sus propios
imaginarios aristocráticos, que las colocaban en una posición
de superioridad étnica y cultural en relación con los habitan-
tes comunes de la ciudad. Así, al tiempo que se consolidaba un
proyecto de patria hispana, se disminuían las posibilidades de
concreción del indigenismo como proyecto de identidad, así
como de cualquier idea de modernización en el ámbito de las
costumbres o la espacialidad. Como si ocurrió en México o Perú.

Guillermo Bustos, en El culto a la nación (2011; 2018), se aproxi-


ma a la comprensión de las formas en las que se representó (es-
cribió y publicó) el pasado del Ecuador entre 1870 y 1950, a par-
tir de la interpretación de los metarrelatos nacionales (narrativa
histórica y escenificación de las conmemoraciones públicas) di-
fundidos, representados y discutidos en ese presente histórico.

16
Introducción

Su análisis considera que “la asignación de un determinado sentido


al pasado [es] una operación de disputa de poder y por lo tanto una
actividad cultural y política a la vez” (20) en la que las élites articu-
lan sus discursos de nación y los legitiman mediante acciones públi-
cas que unen a grupos disímiles. Su estudio reflexiona sobre cómo
estas prácticas de construcción de lo nacional “acomod[aron] los
elementos opuestos [padres de la patria-colonia e independencia]
dentro de una sola trama” (34) de identidad a favor del hispanismo,
“dominando el espinoso tema de los atropellos y crueldades perpe-
trados por los supuestos fundadores de la urbe […] [y] conjura[ndo]
la inquietante y/o indeseada presencia indígena” (368), a través de
acciones en diversas áreas, como el espacio público. Estas acciones y
reflexiones, a su vez, alimentaron la valoración de unos componen-
tes estéticos, sociales y étnicos y la negación de otros en los distintos
órdenes de la convivencia, incluida la arquitectura.

A partir de estos aportes, incurro en un campo específico: el de la


arquitectura como elemento constitutivo de la ciudad, su identidad
y memoria, por considerar que es en los espacios construidos (ser)
y en los planificados (deseo) en los que el habitus tiene lugar, por
lo que son causa (necesidad, clientes, contexto) y consecuencia (lo
construido, lo no construido y lo faltante) del tramado que da for-
ma a una actividad (profesión, gremio, normativas) intrínsecamente
vinculada —sin orden de prelación— a la cultura, industria, legisla-
ción, técnica y política. En este sentido, esta investigación, al mismo
tiempo que centra su atención en la arquitectura, considera que es
pertinente “hacer interactuar diferentes ámbitos culturales […] sin
llegar nunca a la asunción única y excluyente de una determinada
técnica de investigación, aplicable solo a un prefijado objeto de in-
vestigación” (Pizza, 2000: 76). Por esto, articula elementos de la po-
lítica, la economía y otras ramas de las ciencias sociales y métodos
de la historia, la lingüística y la historia del arte, en tanto permiten
configurar de manera integral el tema de estudio.

Esta tesis se ubica en la segunda mitad de la década de los cin-


cuenta en función del evento “preparación de Quito para ser
sede de la XI Conferencia Interamericana de 1959”, situación de
mediana duración (1954-1960) que permite retomar los avances
en el campo realizados por los autores locales y ahondar en otros
aspectos del pasado reciente de la arquitectura de la ciudad y su
latencia en el tiempo actual. En este sentido, este trabajo aspira a
ser uno de los tantos puentes posibles entre el pasado (memoria)
y el presente (interpelación).
17
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Con esta intención, este trabajo articula tres preguntas: 1) ¿qué


arquitectura y qué ciudad se mostraría desde los criterios de los
órganos de poder nacional y municipal?, 2) ¿cuáles fueron los acto-
res y los espacios de discusión sobre qué arquitectura y qué ciudad
se pretendía mostrar? y 3) ¿cuáles son las huellas de apropiación
de conceptos y elementos modernos que sobreviven en textos y
edificios de la ciudad que se tejió entre 1954 y 1960? Estas inquie-
tudes, a su vez interpelan cómo, por qué y para qué operaron los
engranajes poder-identidad-memoria18 durante el lapso 1954-1960.
En esta operación interpretativa intento alejarme de las relaciones
causales directas para concentrarme en los orígenes, “trata[ndo]
[a] los discursos como prácticas que forman sistemáticamente los
objetos de los que hablan” (Foucault [1969] 2006: 81). Así, con-
sidero que es en los discursos expresados en esos años sobre la
arquitectura de la ciudad, donde se encuentran las huellas de la
definición, limitación y transformación de enunciado a objeto de
conocimiento, que puede ser interrogado desde este presente.

Como intento mostrar, la preparación de la ciudad (1954-1960)


para ser sede de la XI Conferencia Interamericana constituyó
un acontecimiento que detonó, a corto y mediano plazo, pro-
cesos complejos de reconfiguración espacial y edilicia como
respuesta a la discusión sobre la identidad-imagen de la ciudad
(presente histórico, tangible). Los preparativos para la Confe-
rencia reactivaron —en el campo de la arquitectura— la dico-
tomía entre lo tradicional y lo moderno (pasado histórico de ese
tiempo, memoria). Al mismo tiempo, estimularon los espacios
de debate (futuro; hoy, pasado) sobre tópicos espaciales y edi-
licios vinculados a los ámbitos de la legislación (Ley de Refor-
ma Agraria19, Ley de Propiedad Horizontal20, Ley de Licitaciones,

18 Utilizo el plural por las múltiples posibilidades de encuentro de los conceptos, al


demarcar los espacios-tiempo de vivencia y discusión de los fenómenos sociales;
en este caso, en relación a la coyuntura espacio-temporal dada en torno a la
inquietud general de la ciudad, en sentido amplio, ante la disyuntiva ¿cómo ser
—parecer— una ciudad moderna a la altura de las capitales de América en 1959?
que le fue planteada desde los medios de prensa y los discursos oficiales sobre la
designación de Quito como sede de la XI Conferencia Interamericana para 1959.
19 La Ley de Reforma Agraria y Colonización se expidió durante la Junta Militar de
Gobierno mediante Decreto 1408 del 11 de julio de 1964.
20 La Ley de Propiedad Horizontal se expidió en el gobierno de Camilo Ponce En-
ríquez mediante Decreto Ley de Emergencia N° 08 del 11 de marzo de 1960 y se
publicó en el Registro Oficial N° 1069 del 15 del mismo mes y año. Sin embargo,
solo entró en vigencia a partir de 1965.
18
Introducción

Ley de Ejercicio Profesional), profesionalización (Facultad de Ar-


quitectura21, Colegio de Arquitectos del Ecuador núcleo Pichin-
cha22), lo social (vivienda social y vivienda campesina23) y eco-
nómico (cooperativas y mutualistas de vivienda, industria de la
construcción). Campos distintos pero interconectados, en los
que los engranajes poder-identidad-memoria se reprodujeron y
expresaron adquiriendo una forma específica en la arquitectura
y en la configuración urbana. A su vez, estos campos son parte
de lo que Bourdieu denominó el campo intelectual, sistema de
líneas de fuerza que se oponen o se agregan en un momento
determinado, conformando una estructura específica que esta-
blece sistemas de relaciones (producción, consumo, validación,
negación) entre los sujetos, temas y problemas, al tiempo que
media entre el autor y la sociedad (Bourdieu, 2002). Por tan-
to, propongo considerar la arquitectura como un producto
cultural e intentaré mostrar los sistemas de relaciones que se
dieron en ella (diseño-construcción en el Quito de esos años)
como una vía para la interpretación de las relaciones poder-iden-
tidad-memoria. Estas consideraciones me llevan a abordar el
tema desde la microhistoria y la historia cultural, como estruc-
turas de conocimiento que, desde sus definiciones y particulari-
dades metodológicas, me permitieron centrar la atención en el
evento preparación de la ciudad (1954-1960) para ser sede de la
XI Conferencia Interamericana en 1959.

En este trabajo, se construye un relato tamizado por los valores


y significados implícitos en las formas de representación de la ar-
quitectura y el trazo urbano, pero también en los discursos insti-
tucionales y en las expresiones no formales de los ciudadanos que
compartieron el tiempo de preparación de la ciudad para ser sede
21 La Escuela de Arquitectura (1946)
de la XI Conferencia. A partir de estas consideraciones, articula de la Universidad Central del Ecua-
las voces de forma coral, con la intención de presentar, a renglón dor pasó a ser Facultad de Arqui-
tectura el 6 de octubre de 1959,
seguido, lo que en la cronología se dio de forma simultánea, mu- convirtiéndose en la primera en
el país ya que la Escuela de Arqui-
chas veces en escenarios que se negaban mutuamente, así como tectura de la Universidad de Gua-
de rescatar los significados de aquellas expresiones que configura- yaquil, fundada en 1932 solo fue
declarada Facultad, luego de 1960.
ban la identidad y la memoria de su presente (1954-1960).
22 El Colegio de Arquitectos del Ecua-
dor (CAE) fue creado en 1962; el
En la delimitación espacio-temporal que me ocupa, la cuestión de primer núcleo fue el de la provincia
de Pichincha, capital Quito.
la identidad local se considera como un elemento que entrelaza la
23 El Instituto Nacional de Vivienda
estructura social en un campo de contradicciones entre lo moderno (INV) fue creado en 1954. Fue una
instancia técnica que no operó de
y lo tradicional hispanista, campo en el que la condición de clase y la forma regular hasta la década de
pertenencia étnica se traslapan y condicionan (Quijano, 2000 a y b). los sesenta del siglo XX. El primer
Director del INV, fue el Ingeniero
Leopoldo Moreno Loor.
19
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Siguiendo este enunciado, varios autores (Cueva, 1972; Quijano,


2000; Carrión, 1994; Bustos, 1992, 2009, 2010, 2011, 2017; King-
man, 2006) coinciden en que, en Ecuador, la condición racial —
en su sentido decimonónico— llevó a que sectores de la aris-
tocracia local y algunos sectores de intelectuales propendieran
—como estrategia en la conformación de la identidad nacional
mestiza moderna— a la eliminación de las características físicas
y culturales que nos ligan a lo indígena, y potenciaran aquellas
que marcaban lo propio en dependencia directa de lo hispano.
Esta operación contó, entre otros dispositivos, con procesos de
blanqueamiento, físicos, sociales y de representación simbólica;
entre ellos, la arquitectura. Cuestiones de ser y parecer. En el ám-
bito de estudio, los criterios de Federico González Suarez24, José
María Vargas25, José Gabriel Navarro26, Jacinto Jijón y Caamaño27
y Julio Tobar Donoso28, todos miembros de la Academia Nacional
de Historia29, publicados y difundidos en la prensa, en conferen-
cias y discursos, entre 1954 y 1960, fueron el esqueleto intelec-
tual que sostuvo esta postura. Sus enunciados fueron asumidos,

24 Federico Gonzales Suarez (1844-1917). Historiador, arqueólogo, Arzobispo de


Quito y político conservador. Fundador de la Sociedad de Estudios Históricos
Americanos, luego Academía Nacional de Historia. Para sus escritos revisó los
archivos nacionales y los de Salamanca, Alcalá de Henares y Simancas. Se mani-
festó en contra de la separación del Estado y la Iglesia, la educación laica, el ma-
trimonio civil y el divorcio que son los cambios fundamentales en la vida nacional
a inicios del siglo XX. Autor de la Historia General del Ecuador, en siete tomos,
publicados entre 1890 y 1903, primera lectura general de la historia local y clave
en la conformación de la nación.
25 José María Vargas (107-1988). Sacerdote jesuita, historiador. Director de la Escue-
la de historia de la PUCE y del Museo Jacinto Jijón y Caamaño. Doctor en Historia
por la Universidad de Madrid. Entre sus publicaciones —para los fines de este
estudio— destacan Arte quiteño colonial, 1944; El arte quiteño de los siglos XVI,
XVII y XVIII, 1949; Ecuador: monumentos históricos y arqueológicos, 1953; Los
maestros del arte ecuatoriano, 1955. El arte religioso ecuatoriano, 1959.
26 José Gabriel Navarro (1863-1965). Abogado, historiador y político. Fue Ministro
de Relaciones Exteriores (1936-1938), redactor y columnista de diario El Comer-
cio, profesor y Director de la Escuela de Bellas Artes. En su producción destacan:
Contribuciones a la historia del arte en el Ecuador. 4 vols. Quito, 1925-1952; La
escultura en el Ecuador durante los siglos XVI, XVII y XVIII, 1929; Guía artística de
la ciudad de Quito, 1961. Un pintor quiteño y un cuadro admirable del s. XVI en
el Museo Arqueológico Nacional, 1929
27 Jacinto Jijón y Caamaño (1890-1950). Político, historiador, arqueólogo y colec-
cionista de arte y arqueología. Presidente del Consejo de Quito y Alcalde Quito.
Con formación en Ecuador y Francia. Fundador de la Sociedad Ecuatoriana de
Estudios Católicos. Presidente de la Academía Nacional de Historia.
28 Julio Tobar Donoso
29 Academia Nacional de Historia (1920). Nació como una agrupación civil denomi-
nada Sociedad de Estudios Históricos Americanos en 1909, y fue legitimada por
el Congreso Nacional de 1920 como Academia Nacional de Historia. A más de
Federico González Suarez, el primer grupo estuvo conformado por Jacinto Jijón y
Caamaño, José Gabriel Navarro, Luis Felipe Borja, Carlos Manuel Larrea, Cristóbal
Gangotena y Jijón, Alfredo Flores Caamaño, Aníbal Viteri Lafronte, y Juan León
Mera. Todos ellos de tendencia conservadora y descendientes de la aristocracia;
todos ocupados en consolidar la religión católica y la estructura político-social
que afiance el poder de la Iglesia en el Estado.
20
Introducción

a favor o en contra, como parte de los discursos que respondían


a la cuestión del ser y la identidad de la ciudad en su representa-
ción arquitectónica y urbana. Algunos de sus seguidores y amigos
ocuparon posiciones de poder nacional (José María Velasco Iba-
rra, Camilo Ponce Enríquez, presidentes de la República, y Sixto
Durán Ballén, Ministro de Obras Públicas) y local (Rafael León
Larrea, alcalde; Manuel Jijón y Caamaño, Presidente del Conce-
jo Provincial de Pichincha). Esta situación viabilizó la puesta en
marcha de operaciones constructivas y urbanísticas que consoli-
daron su visión. Al mismo tiempo, se intentó configurar corpus
intelectuales que articularan posturas distintas a las oficiales; in-
tentos que no lograron consolidarse, pero que dejaron huellas
que aún perviven en el espacio construido de la ciudad, en textos
de prensa y actas municipales.

La relación identidad-memoria es indisoluble. Somos lo que recor-


damos ser, aunque también nos configuramos por aquello que está
fuera del marco de la memoria, lo que hemos olvidado y lo que
pensamos que hemos olvidado. En este sentido, Bustos afirma que
“los procesos de creación y desarrollo de identidades sociales de-
penden centralmente de la elaboración de algún tipo de memoria”
(2010: 13) y Peter Burke (2000) habla de la memoria seleccionada,
sujeta a interpretación y deformación como material de la historia
de la cultura, de las mentalidades, de los encuentros, entre otras
historias posibles. Por otro lado, Benjamin propone pasar del pun-
to de vista del pasado como hecho objetivo al del pasado como
hecho de memoria, es decir como hecho sicológico y material, por
lo que Didi-Huberman plantea que el gran aporte de Benjamin a la
historia es proponer que “la historia no parte de los hechos pasa-
dos en sí mismos […] sino del movimiento que los recuerda y los
construye en el saber presente del historiador” ([2000] 2008: 155),
con lo que propone que “no hay historia sin teoría de la memoria”.
En este mismo sentido se manifiesta Bloch, cuando aclara que “los
hechos históricos, en esencia, son hechos psicológicos” (Bloch,
[1949]2015, 2001:176-177) de forma que en todos los casos, in-
cluso en aquellos en los que “la intrusión de […] fuerzas exterio-
res parece ser la más brutal, su acción no se ejerce sino orientada
por el hombre y su mente” (177). Sin embargo, “el pasado es por
definición algo dado que ya no será modificado por nada, pero el
conocimiento del pasado, es una cosa en progreso, que no deja
de transformarse y perfeccionarse” (82); es decir, es un ejercicio
de memoria, de selección y ordenación de qué recordar y cómo;
21
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

y de que olvidar y por qué o para qué. Ricœur (2004), por su parte,
pone en valor a la memoria individual y colectiva, la propia y la de
los otros, como el eslabón entre un presente siempre delimitado y
el relato que el yo y otros construirán a partir de ese presente-pa-
sado necesario para su presente-futuro. Así, la memoria es la que
nos mantiene asidos al mundo, determina acciones y omisiones
y constituye al ser (individual y colectivo) y sus posibilidades de
proyección en el tiempo.

Por último, el poder está inserto en la identidad y la memoria, su


presencia las configura y activa; a su vez identidad y memoria lo
replantean, interpelan y, ocasionalmente, lo modifican. Foucault
([1963] 2004) lo define como una relación de dominio entre su-
jetos, que es posible mediante un mecanismo de dominio que
actúa a través de operadores de dominación, de discursos (ver-
bales y no verbales) que disciplinan al ser social, lo domestican,
obteniendo la prevalencia de un orden que el poder considera el
único posible. Al mismo tiempo, el poder es una red de relacio-
nes estratégicas complejas que lo integran en todos los niveles y
esferas del cuerpo social. Por lo mismo, Foucault considera fun-
damental, en la reflexión intelectual, desplazar(se) hacia fenóme-
nos de ruptura y detectar la incidencia de las interrupciones, la
microfísica de los acontecimientos. En este sentido, preparar a
la ciudad para ser sede de un evento diplomático internacional
era tarea de quienes detentaban el poder para consolidar su vi-
sión de mundo y su poder, entre otros dispositivos, a través de
la arquitectura y de la traza urbana. Estas se configuran, por una
parte, en los objetos construidos y, por otra, —la que este trabajo
considera de mayor trascendencia— en los discursos que el cor-
pus social configura para enunciar y posicionar sus nociones de
orden. Sobre la base de lo expuesto, sostengo que la preparación
de la ciudad para ser sede de la XI Conferencia Interamericana
fue un momento de lucha de poderes para re-delimitar los cam-
pos de acción y las formas de dominio: tradicional/moderno, his-
pano/norteamericano en el campo de la arquitectura, espacio de
materialización del habitus, como se indicó anteriormente.

22
Introducción

Método

Con los antecedentes expuestos, considero que intentar responder a


las inquietudes que estructuran esta tesis requiere establecer el teji-
do de la coyuntura30 sociopolítica que determinó los varios31 engra-
najes poder-identidad-memoria. Para esto, opero sobre el material,
rescatando los eventos vinculados a la preparación de la ciudad para
ser sede de la XI Conferencia Interamericana en 1959 y recreo los es-
cenarios que hicieron posibles decisiones y omisiones sobre proyec-
tos arquitectónicos, construcción y configuración urbana en Quito.

Para construir, desde una mirada crítica, un discurso interpretativo


sobre la preparación de Quito para ser sede de dicho evento, como
elemento detonante de la irrupción y propagación de la arquitec-
tura moderna de Quito entre 1954-1960, ejecuto dos operaciones
correlacionadas: 1) deconstruir el relato tradicional que centra la
atención en las edificaciones planificadas y levantadas por la Ofi-
cina de Construcciones de la Secretaría de la XI Conferencia, y sus
autores, y 2) integrar en la reflexión crítica las discusiones profe-
sionales y ciudadanas, y otras arquitecturas que se erigieron o se
diseñaron en la ciudad en ese momento. Ambas operaciones son
posibles gracias a la existencia de archivos institucionales y particu-
lares con información que aún no ha sido interpelada.

El recurso es re-configurar el relato de la práctica de la arqui-


tectura en los gobiernos de José María Velasco Ibarra, populista
(1952-1956), y de Camilo Ponce Enríquez, socialcristiano, (1956-
1960; en las alcaldías de Rafael León Larrea, conservador (1952-
1955), Carlos Andrade Marín Vaca (1955-1959) y Julio Moreno
Espinoza (1959-1962), ambos liberales; y en la sociedad civil. Para
esto, pongo atención en los archivos institucionales del gobierno
local y nacional, medios de prensa, empresas de arquitectura y
construcción, sociedades profesionales, academia y agrupaciones
30 Se retoma la tesis de Fernand
civiles de distinto orden. De este modo, espero rescatar y poner Braudel respecto al tiempo histó-
en valor a los individuos, gremios, asociaciones e instituciones rico. Adecentar y modernizar la
ciudad fue un proceso que mo-
que participaron en la configuración de la ciudad, entre 1954 y dificó la significación y agencia de
la arquitectura en la ciudad. Fue
1960, con la perspectiva de ser sede apropiada (moderna) para un punto de giro que determinó
la XI Conferencia Interamericana; procesos ciudadanos de orga- las modificaciones legales, acadé-
micas y sociales para la práctica
nización que articularon esa fase de transformación urbana, a arquitectónica hasta el presente.
Esto es lo que se tratará de demos-
partir de la reflexión sobre la identidad (ser-parecer-mostrar) de trar en este trabajo.
la ciudad y la arquitectura que la conformó, a veces en diálogo, a 31 Cada grupo configuró una relación
veces en disputa, con las intenciones gubernamentales de lo que diferente. Este trabajo intenta plan-
tear la disimilitud como elemento
debía ser la ciudad cuando se celebrara el evento en 1959. fundamental de la identidad.
23
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Mi investigación se sustenta en la revisión y catalogación docu-


mental en archivos públicos y privados que guardan información
de diverso tipo sobre lo acontecido entre 1954 y 1960; además, se
apoya en una revisión bibliográfica lo más completa posible de lo
escrito y publicado sobre la arquitectura de la ciudad en la década
de los cincuenta y la XI Conferencia Interamericana. Sin embargo,
durante el levantamiento bibliográfico específico al tema de estu-
dio, me enfrenté a la ausencia de un corpus especializado con el
que alimentar el eje narrativo de este estudio. La literatura produ-
cida desde 1960 se limita a reproducir la información referente a
las edificaciones construidas, pero no abona análisis interpretativos
sobre los contextos que se configuraron en ese momento a partir
de la dinamia que generó la preparación de la ciudad para ser sede
del evento en 1959. Por esta razón, revisé la literatura publicada en
el país y en el exterior, entre 1960 y el presente, con la intención de
establecer la cronología de posicionamiento del acontecimiento
“preparación de Quito como sede de la XI Conferencia Interame-
ricana” en la reflexión académica y de difusión sobre arquitectura
moderna de Quito, considerando que la manera en la que el tema
es tratado en diferentes tiempos es la huella de cómo emerge ese
hecho en la memoria, a la par que marca los hilos que la tejen. Por
esto, priorizo la particularidad de obras y autores enmarcados en
las características generales del momento de publicación.

En la década de los sesenta, momento de profundos cambios en


relación con la práctica arquitectónica, entre los que resaltan: la
fundación del Colegio de Arquitectos (1962), formulación del
Plan Regulador Urbano (1967), promulgación de marcos regula-
torios modernos sobre la propiedad horizontal (1960), Reforma
Agraria y colonización (1964) y vivienda social (1960), la revisión
crítica de la arquitectura local del pasado reciente era un tema
secundario en la actividad intelectual de historiadores, arquitec-
tos u otros estudiosos de las ciencias sociales. No obstante, el
arte en general, la arquitectura colonial y republicana, las cuestio-
nes precolombinas y el folclor gozaron de estudios académicos
y publicaciones de difusión. Es decir, la mirada intelectual aún
no reconocía el peso que, en su presente, tenían las discusiones
y acontecimientos que se dieron a partir del anuncio de Quito
como sede de la XI Conferencia en 1959; la producción intelec-
tual intentaba —desde distintas corrientes— re-confirmar los
elementos con los que la tradición había construido la imagen de
la identidad propia.
24
Introducción

En la década de los setenta, las preocupaciones intelectuales y


técnicas se centraron en el presente; la sociología y la etnografía
atravesaron las interpretaciones de los fenómenos sociales, ur-
banos y arquitectónicos. En esos años, fueron temas relevantes
del día a día el crecimiento urbano, la vivienda popular-social,
la migración campo-ciudad, la circulación vehicular y los servi-
cios públicos, aspectos que llevaron a establecer el Plan de Área
Metropolitana de Quito (1973-1979). En ese contexto, las edifi-
caciones de la XI Conferencia eran un elemento más en las listas
de obra significativa que se atribuía a autoridades nacionales y
municipales y en la hoja de vida de profesionales o empresas.
Solo a partir de finales de los sesenta se identificaron publica-
ciones en las que, de manera general, se hace referencia a nuevas
zonas urbanas, sobre todo en el norte, y a “una serie de obras que
‘modernizaron’ la capital y que se encargaron de definir per se la
segregación urbana” (Carrión et al., 1987: 37), en un proceso de
inversión de capitales nacionales y extranjeros en el campo de
la construcción, con fines de consolidación social y de capitales
(Achig, 1983; 1989; Moya Tasquer y Peralta, 1985). También se
reconocieron proyectos, edificaciones y arquitectos significativos
para la arquitectura moderna (Peralta y Moya, 1978, 1985, Peral-
ta: 1996; Maldonado, 1992; Moreira: 1978, 1993, 1997) y los au-
tores coinciden en que la XI Conferencia fue un acontecimiento
importante, aunque no ahondan en el porqué de este calificativo.

Luego, en los años ochenta, cuando las posturas críticas se ex-


tendieron al estudio del arte y de la arquitectura local, el contex-
to validó la prioridad de la reflexión sobre el tiempo anterior a
194032. Además, creció el interés por lo urbano y su configuración
en el tiempo. Es a partir de este momento que las construcciones
financiadas por el Estado para la XI Conferencia Interamericana
se posicionaron en el discurso como el punto de giro en la con-
figuración espacial del norte-centro de la ciudad, que es su área
de influencia (Moreira, 1993; Peralta et al., 1994; Carrión et al.,
1990; Moya et al., 2004). A la par, se amplió la lista de edifica-
ciones de la década de los cincuenta que merecían un estudio
detenido (Peralta, 1991, 1996; Boada, 1993; Benavides, 1995) y
se propuso que la arquitectura en la ciudad se había internacio-
nalizado y luego transnacionalizado en respuesta a los intereses
de los grupos de poder que, en general, eran parte de una bur-
guesía inculta, provinciana y tradicional con apariencia renova- 32 En esto influyó la declaratoria de
Quito como ciudad Patrimonio de
dora (Benavides, 1995; Kingman, 2006; Bustos, 2010, 2011, 2017). la Humanidad de 1979 por parte
de la UNESCO.
25
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Sin embargo, es oportuno reconocer que, en la segunda mitad del


siglo XX, hubo propuestas arquitectónicas de calidad que lograron
superar los límites de influencia internacional dando paso a pro-
puestas arquitectónicas originales, algunas de las cuales perviven
en la trama urbana y en la memoria colectiva, y que están siendo
rescatadas en estudios académicos en las dos últimas décadas.

Finalmente, se puede decir que, en las primeras décadas del siglo


XXI, cuando las condiciones dieron paso al incremento de inves-
tigaciones profesionales, académicas y publicaciones de divulga-
ción, los edificios construidos por el Estado para la XI Conferencia
se posicionaron como centro. En los primeros años del segundo
milenio, la historia constructiva con fines de aplicación técnica
reclamó dos trabajos específicos: uno sobre el Palacio Legislati-
vo (Monard, 2003), para la intervención y rescate posterior a un
flagelo, y otro, sobre la Residencia Universitaria (Naranjo et al.,
2004) dentro del Proyecto de Declaratoria de Patrimonio de la
Ciudad Universitaria, incentivado por la Dirección de Patrimonio
del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito33.

En el ámbito de la academia, el Máster de Proyectos Arquitec-


tónicos de la Universidad de Cuenca (Ecuador) puso en valor el
estudio de la arquitectura moderna posterior a 1940 y desarrolló,
entre 2007 y 2011, cinco trabajos de fin de máster34 sobre edifi-
caciones de la década de los cincuenta en Quito, como punto de
inflexión en la arquitectura moderna de la ciudad. Estos estudios
se ejecutaron desde una óptica que confronta al objeto arquitec-
tónico moderno y construido, como resultado de un proceso de
permanentes ajustes entre la realidad del programa solicitado y
las condiciones de ejecución a las que se enfrentó el arquitecto
(Gastón y Rovira, 2007), por lo que aportan con levantamientos
planimétricos contemporáneos e introducen en la discusión pro-
fesional las condiciones arquitectónicas y urbanas de algunas de
las edificaciones de la XI Conferencia Interamericana. Sin embar-
go, no contribuyen a la construcción de un cuerpo interpretativo
desde la historia, ya que para operar asumieron la información
33 En ese momento, el Director de
Patrimonio de Municipio de Qui- difundida, sobre todo, en la década de los noventa. En la misma
to era el Arquitecto Guido Molina, línea se inscribe el trabajo de Joanna Sempértegui (2010a, 2010b)
figura representativa de la genera-
ción de profesionales que amplía el sobre la XI Conferencia Interamericana de Cancilleres de 1959.
campo disciplinar a los estudios so-
bre ciudad-arquitectura-memoria.
34 Guerra Galán, 2007; Martínez Mo-
lina, 2007; Rodas Beltrán, 2007;
Contreras, 2009; Pesantes Rodrí-
guez, 2011.
26
Introducción

Por otro lado, en cuanto a los actores-arquitectos relevantes para


el tema de esta tesis, en lo que va del siglo XXI se han publicado
tres biografías: Gustavo Guayasamín Calero: 50 años de arquitec-
tura: racionalismo e identidad (Moya et al., 2006), Sixto Durán Ba-
llén (Moya, 2014) y Karl Kohn, arquitecto, diseñador, artista (Mo-
nard, 2010). Las dos primeras fueron autorizadas y financiadas
por cercanos a los protagonistas. Las tres han intentado posicio-
nar en el imaginario contemporáneo a los personajes, aportando
con datos y contextos de vida y obra.

La escasez de fuentes secundarias que permitan una cabal com-


prensión del tema llevó a que mis pesquisas se concentraran en la
identificación de evidencias en archivos públicos y privados, que
me permitieran construir el objeto de estudio “arquitectura mo-
derna de Quito 1954-1960, designación de Quito como sede de
la XI conferencia”. Mis hallazgos son los que construyen el cuerpo
de esta tesis, cuyos resultados se presentan en bloques temáticos.
Cabe mencionar que algunos de los tópicos tratados en un bloque
temático reaparecen en otros, debido a la multiplicidad de puntos
de encuentro y posibilidades interpretativas que despliegan.

Estructura del texto

En el marco de lo expuesto y sobre la base del material seleccio-


nado de los archivos, este trabajo se organiza en cuatro capítulos.
Los tres primeros se ocupan de las propuestas desde el poder
para el adecentamiento de Quito, sede de la XI Conferencia In-
teramericana”. En ellos se presenta a la ciudad imaginada en el
Plan Regulador (Jones, 1945; Gatto:1948) y se la contrasta con el
estado de la ciudad en 1954. A continuación, se deconstruyen los
proyectos oficiales urbanos y arquitectónicos generados a partir
de la declaratoria de Quito como sede de dicho evento diplo-
mático; es decir, los propuestos en 1954 por el gobierno de José
María Velasco Ibarra y que debía ejecutar la Junta Coordinadora
Permanente; la propuesta del Ilustre Concejo Municipal de Qui-
to, y lo planteado en 1956 por el gobierno de Camilo Ponce Enrí-
quez y que ejecutó la Oficina de Construcciones de la Secretaría
General de la XI Conferencia Interamericana. El análisis crítico
de las propuestas adquiere sentido en el escenario sociopolíti-
co de cada gobierno y de las relaciones de parentesco y amistad
existentes entre sus miembros. Asimismo, se analiza la propues-
ta arquitectónica de la Oficina de Construcciones (1956-1960),
27
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

cuidando de establecer la génesis de los proyectos en la trama de


relaciones de poder presente en la conformación del equipo de
profesionales, selección y compra de predios, relación con la mu-
nicipalidad y con la oficina del Plan Ordenador, entre otros. Para
cerrar esta parte, se reflexiona sobre el sentido simbólico que los
gobernantes pretendieron transmitir a la ciudadanía a través de
la materialidad de las edificaciones construidas por el gobierno
entre 1958 y 1960 y de su enunciación en los discursos oficiales.

El último capítulo, “Discusiones sobre la arquitectura moderna


en Quito”, intenta rescatar las huellas de apropiación de concep-
tos y elementos modernos en la arquitectura de la ciudad que
se tejió entre 1954 y 1960, a partir de la inclusión de las voces de
diversos actores en el discurso: arquitectos, ingenieros, prelados,
mujeres, representantes de gremios y asociaciones, que opinaron
sobre la arquitectura moderna de la ciudad y articularon proyec-
tos arquitectónicos e imágenes de ciudad distintos a los oficiales.
También, se reflexiona sobre el discurso teórico y práctico que
enunciaron en respuesta al discurso oficial y su posible incidencia
en la configuración de la identidad y la memoria. Este segmento
intenta reconstruir: 1) los escenarios de discusión y participación
en los que esos discursos fueron enunciados, 2) los efectos que
lograron y 3) las razones para su exclusión del discurso oficial y
de la memoria ciudadana. A manera de cierre, se evidencia la vali-
dación de esos enunciados en la profesionalización, agremiación
y praxis de la arquitectura en el escenario de la preparación de la
ciudad para ser sede de la XI Conferencia Interamericana.

Los capítulos descritos pretenden ser una radiografía y una in-


terpretación de vivencias que desembocan en un segmento de
conclusiones.

28
Apéndice

Apéndice

Exploración y registro - Archivos institucionales y privados

Ya que esta es una investigación que se sustenta en evidencias inéditas en-


contradas en un proceso de revisión documental de archivos públicos y pri-
vados, cuyo contenido no está catalogado, considero pertinente aportar con
una breve descripción de su contenido general y específico, haciendo hin-
capié en el material revisado y catalogado para esta tesis. También incluyo
este apéndice porque una de las preconcepciones existentes en el medio es
la inexistencia de información con la que operar en la investigación histórica
sobre la arquitectura de la ciudad de la segunda mitad del siglo XX.

La investigación documental se realizó entre agosto de 2015 y febrero de


2018. Los hallazgos —contratos, actas, minutas, informes, publicaciones
periódicas, hojas volantes, planos y formas varias de representación— son
consistentes en cantidad y calidad. A continuación, se describe el contenido
de cada archivo.

Los archivos explorados, en orden de pertinencia, son:

El Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Internacionales, en el que


reposa el Archivo Administrativo de la Secretaría de la XI Conferencia Inte-
ramericana, que funcionó entre enero de 1957 y octubre de 1960. Se revisó,
digitalizó e identificó el contenido de 81 libros específicos al tema de estudio35,
que contienen documentos sobre el proceso de propuesta, construcción, fi-
nanciación y difusión de las edificaciones, remodelaciones e intervenciones
estructurales y vialidad programadas y ejecutadas por la Secretaría.

Los documentos son de varios tipos: actas, comunicaciones oficiales, co-


municaciones personales, licitaciones, informes, contratos, memorandos y
oficios. También comprenden planos, bocetos, fotografías, muestras de ma-
teriales y catálogos. La Sección Prensa (38 libros) reúne recortes nacionales
e internacionales datados y registrados de forma sistemática, lo que permite
ver que una preocupación de la Secretaría fue el rastreo de la coyuntura
desplegada a partir de sus intervenciones.

35 Los libros revisados son: Actas de Comisiones, Comisión III Asuntos Sociales, Comisión IV Asuntos
Culturales y Comisión Cultural, Comisión V Construcciones, Comisión VI Finanzas, Sección general
interior, Sección general exterior, Artesanía, Comisión Iniciativas y Recortes de prensa.

29
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En el Archivo Histórico Metropolitano de Quito reposa, entre otros, el ar-


chivo administrativo del Concejo Municipal. El segmento correspondiente a
1954-1960 se presenta de acuerdo con el organigrama funcional de la época.
Se revisó, digitalizó e identificó el material pertinente al tema de estudio,
ubicado en 181 libros. Cada libro contiene un tipo de información especí-
fica por año. Se accedió a los libros: Actas Públicas, Actas Secretas, Informes
de Comisiones, Contratos, Comunicaciones de particulares, Nombramientos,
Construcciones municipales, Dirección de Higiene y Policía, Instituto Munici-
pal de Cultura, Departamento de Educación y Cultura Popular, Moradores,
Proyectos de ordenanzas, Ordenanzas, Plan Regulador, Ministerios, Presidencia
de la República, Escuelas Municipales, Mercados, Actas y convenios especiales,
Dirección de Obras Públicas, Instituciones autónomas y Parques.

Los libros de este archivo fueron encuadernados en la década de los sesenta


del siglo XX. Por alguna razón, se excluyeron los planos que dicen acompañar
a cada uno de los documentos; sin embargo, algunas piezas lograron filtrarse y
quedaron selladas en el cosido del lomo. Se requirió apoyo técnico para abrir
los planos; esta condición demostró que desde el momento de encuaderna-
ción no ha existido interés por conocer el contenido de esos planos.

La mayoría de planos y otras formas de representaciones gráficas encontra-


das son piezas en diferentes dimensiones, desde cercanas a una A3 hasta
mayores a una A0. En general, son piezas menores, elementos que, en su
sencillez, muestran las características de la arquitectura en el Quito de esos
años. También hay singulares propuestas urbanas y edilicias que no llegaron
a ejecutarse.

Cabe anotar que la tradición oral registra que los planos que guardaba el
Municipio en una bodega a nivel de subsuelo, se destruyeron en una inunda-
ción. Lo cierto es que el archivo municipal no guarda material planimétrico
con anterioridad a los años ochenta del siglo XX.

Siguiendo el mismo patrón de trabajo, se visitó el Archivo General de la


Universidad Central del Ecuador, instancia en la que se conservan los ar-
chivos administrativos. Se manipuló el material concerniente a las tesis de
arquitectura entre 1950 y 1960. Se revisó la totalidad de las tesis de la década
(43) y se trabajó a detalle con las que resolvían proyectos para Quito.

A nivel cuantitativo, se registró el número total de tesis, las tesis por tema,
tipología, ubicación, director, miembros de tribunal, bibliografía, medios
de representación, etc. Esto permitió determinar diapasones de influencia,

30
Apéndice

vinculación, intereses, relaciones intelectuales y laborales, entre otros. A nivel


cualitativo, se determinaron las características espaciales y volumétricas con
las que los nuevos profesionales imaginaban la ciudad del futuro y las que
usaban para caracterizar su presente. El acceso a las actas de grado permitió
conocer las valoraciones de los miembros del tribunal y, por tanto, configurar
el marco teórico y metodológico que defendían. El cruce de bibliografía generó
una lista de textos que los estudiantes de la Escuela de Arquitectura usaban.

En la misma institución, se trabajó en el Archivo Histórico de la Universidad


Central, instancia en la que se custodian libros, pinturas, planos, fotografías
y otros enseres pertenecientes a la Universidad desde 1485 hasta 1960. Una
de las colecciones es el acervo bibliográfico y de hemeroteca, lo que permitió
registrar y fichar todos los libros sobre arquitectura moderna que existían en
la biblioteca, anteriores a 1960. Esta información se cotejó con la bibliografía
de las tesis para determinar las prioridades de referencia.

Dado que la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit mantiene un


programa de digitalización de su acervo, se revisó lo ya digitalizado para ubi-
car cualquier tipo de publicación sobre arquitectura y ciudad que hubiese
aparecido entre 1954 y 1960. Se repitió la operación en el acervo físico para
escoger las piezas a digitalizar e identificar.

En soporte digital se ubicaron las revistas Sociedad de Ingenieros y Arquitec-


tos de Pichincha (SIAP), con 14 números entre 1955 y 1962, 11 de los cuales
salieron a la luz hasta 1960; La Calle (1957-1960), con 251 números; el Bo-
letín Industrial Ecuatoriano (1956-1960); el Boletín de la Academia Nacional
de Historia (1954-1960), fuentes de temática directamente vinculada, que
aportan entre otros elementos con imágenes de proyectos sobre los que no
existía referencia icónica.

En soporte físico, se digitalizó información del diario Últimas Noticias, vesper-


tino quiteño que, a pesar de ser parte del mismo grupo editorial El Comercio,
manejó una línea editorial distinta y mantuvo la sección “Quito en 1959”. Este
material contribuyó a la identificación de actores sociales populares que parti-
ciparon en la discusión sobre arquitectura, trama urbana y vivienda.

Tanto en físico como en digital se revisaron otros boletines institucionales,


revistas y la sección “Hojas volantes” para “pescar” información relevante. El
material bibliográfico identificado presenta otras voces, elementos y crite-
rios sobre arquitectura y la ciudad entre 1954 y 1960.

31
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Todo el proceso descrito fue posible dentro de los acuerdos interinstitucio-


nales entre el Ministerio de Movilidad Humana, el Municipio del Distrito
Metropolitano de Quito, la Universidad Central del Ecuador, la Biblioteca
Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit y la Pontificia Universidad Católica del
Ecuador (PUCE) para el proyecto Rescate digital y catalogación de documen-
tación inédita de fuentes primarias (documentales y edilicias) correspondien-
tes a la Arquitectura Moderna de Quito, Ecuador, entre 1954-1960, dirigido
por la autora de estas líneas y financiado por la Dirección de Investigaciones
de la PUCE durante el periodo junio 2106-noviembre 2017.

Otra vía de acceso a material inédito fue la revisión de los archivos perso-
nales que reposan en las casas de los herederos de los autores. Son piezas
en peligro de desaparición por las condiciones físicas y de tenencia de
los materiales. Con la intención de proteger y preservar estas piezas, el
trabajo incluyó un proceso de limpieza en seco, reparaciones menores y
registro digital36.

Se trabajó sobre la producción de Karl Kohn37, arquitecto checo residente


en Ecuador desde 1939, con obra abundante y diversa durante el periodo de
estudio. En el Archivo Kohn los elementos estaban dispersos en varios con-
tenedores (maletas y cajones). Se logró rearmar 99 juegos de planos entre
1920 y 1976. En referencia al periodo de estudio (1954-1960) fueron identi-
ficados diez proyectos, entre construidos y no construidos. En esta tesis se
pone en diálogo a los proyectos con los materiales identificados en otros
archivos con el fin de dilucidar el proceso que los ubicó como dinamizadores
de modelos de tratamiento espacial y constructivo.

Entre los no construidos, sobresalen propuestas para el Palacio Legislativo, Ins-


tituto Municipal de Cultura, Cruz Roja y hotel para Quito, material que llevó a
hurgar en las razones de su origen y no construcción, en los archivos institucio-
nales y en la prensa. A partir de esto, fue posible establecer acontecimientos
significativos en el campo de la arquitectura sobre los que no se tenía noticia.

36 Como resultado de esta operación, se conformó el Archivo Digital de Arquitectura Moderna


de Quito (a cargo de Shayarina Monard) y el Laboratorio de Investigación del Proyecto de Ar-
quitectura, Diseño y Artes del Ecuador del siglo XX (a cargo de Giada Lusardi), proyectos de
investigación que se ocupan de recuperar, en soportes digitales y físicos, archivos personales de
arquitectos, diseñadores y artistas. Hasta el momento, cuentan con siete colecciones, cinco de
arquitectos y dos de galeristas.
37 El archivo fue rescatado desde 2007 a partir de proyectos a cargo de la autora y financiados por
la Dirección de Investigaciones de la PUCE. Esto llevó a que, en 2016, la familia donase la colec-
ción a la PUCE.

32
Apéndice

Otro archivo personal que se estudió es el de Oswaldo Muñoz Mariño38,


ecuatoriano, poco re-conocido en el medio como arquitecto y famoso por
sus acuarelas de la ciudad. Este personaje se formó y ejerció en México entre
1947 y 1959, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Au-
tónoma de México (UNAM), donde fue ayudante de José Villagrán García.
Regresó a Ecuador entre 1959 y 1961, cuando tuvo que volver a México por
dificultades políticas con los gobiernos de turno39. Retornó al país de forma
definitiva en 1970.

En este archivo, además de los planos, se conservan en perfecto estado las


bitácoras que registró Muñoz Mariño. La más antigua data de 1952 y la
última corresponde a 2002. Las notas ilustradas sobre arquitectura, ciudad
(México DF, Quito y cuanta ciudad o poblado visitó), práctica profesional
y docencia tienen gran riqueza. En relación con el periodo de estudio de
esta tesis, aporta material sobre la participación de Muñoz Mariño, desde
México DF, en las obras que Sixto Durán Ballén propuso en Quito desde
1954, y su influencia discursiva para la inclusión de murales en la obra ar-
quitectónica, así como de las categorías de monumentalidad e identidad.

La totalidad de este material se usó para tejer esta investigación, que reconfi-
gura el discurso al poner en el tablero interpretativo a nuevos actores y obras
que nos aproximan desde una óptica distinta a la arquitectura, memoria e
identidad de la ciudad de Quito en esos años.

Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Internacionales AHMRE


Archivo Histórico Metropolitano de Quito AHMQ
Archivo General de la Universidad Central del Ecuador AGUCE
Archivo Histórico de la Asamblea Nacional del Ecuador
Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit BEAEP
Biblioteca de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Archivo personal Karl Kohn, Familia Kohn-Shiller
Archivo personal Milton Barragán Dumet
Archivo personal Oswaldo Muñoz Mariño, Familia Muñoz-Chequer
Archivo de Fotografía del Ecuador, Ministerio de Cultura
Archivo Fotográfico del Instituto Geográfico Militar

38 Este archivo se trabajó dentro del proyecto Rescate digital y catalogación de documentación in-
édita de fuentes primarias (documentales y edilicias) correspondientes a la Arquitectura Moderna
de Quito, Ecuador, entre 1954-1960. Se revisaron, ordenaron y catalogaron todos los planos con-
servados, contabilizando 303 proyectos, entre 1952 y 2002.
39 Durante la dictadura militar, entre 1961 y 1970, se exilió en México DF, donde ejerció la profesión
y continuó como docente en la UNAM.

33
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

34
1 Quito, 1960. Escala: 1:10.000. Curvas de nivel con intervalo de 15 metros. Instituto Geográfico Militar.
Demarcación externa: Quito en 1960 de acuerdo a los reportes municipales de habitabilidad.
Demarcación interna, Quito en 1949 de acuerdo al Plano levantado e impreso por el Instituto
Geográfico Militar. Actualizado hasta el 1 de octubre de 1949. Dibujo: G. Garófalo, 2019.

35
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

36
Capítulo 1

¿Quito, sede
de la XI Conferencia
Interamericana de 1959?

En la primera mitad del siglo XX, la ciudad de Quito se configu-


raba con lentitud y según características geográficas y sociales
distintivas que evidenciaban su pasado colonial y republicano así
como los efectos de las propias transformaciones de esos años
(Pino, del, 2004; Ortiz, 2007; Kingman, 2006 y 2014). Para 1954,
a pesar de que se habían puesto en marcha algunas de las reco-
mendaciones del Plan Regulador, aprobado en 1945, era evidente
el crecimiento desordenado de la trama urbana y un paisaje que
obedecía a una variedad de estéticas y movimientos arquitectóni-
cos. La ciudad presentaba bajo desarrollo industrial y productivo,
deficiencias en cuanto a vías, transporte, equipamiento, servicios
y establecimientos de educación, cultura y salud, así como una
carencia de propuestas arquitectónicas que le dieran una imagen
moderna. Era una ciudad pequeña y pobre. Al mismo tiempo,
en el imaginario, la ciudad se enlazaba con el protagonismo en
el evento “descubrimiento del río Amazonas”, en el proceso de
Independencia (1809-1810), en la gestión de cultura, en la admi-
nistración de la República, en la propia geografía que colocaba a
Quito como “el centro del mundo”. Claramente, todo esto ubi-
caba a la XI Conferencia Interamericana40 (en adelante, la Confe-
rencia) como un gran desafío y oportunidad para “mostrar[se] al
mundo” como “una capital a la altura de las demás de América”,
un problema de ser y parecer.

Estos conceptos se configuran en el devenir; por eso, para una


aproximación al evento “preparación de la ciudad para ser
sede de la Conferencia”, considero indispensable presentar
el contexto amplio en el que se insertó Ecuador en esos años; 40 XI Conferencia Interamericana de
Quito. Véase nota 5.
37
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

el Plan Regulador (1945), instrumento que definió un concepto


y una traza de ciudad; y, describir el estado de esa ciudad nueve
años después, a inicios de 1954, para, por un lado, establecer las
ideas que circulaban sobre el tema ciudad y arquitectura de Qui-
to y, por otro, esbozar el escenario urbano que los diferentes gru-
pos sociales se propusieron adecentar y modernizar, motivados
por la expectativa que despertaba el evento diplomático. Para
finalizar, se pone sobre el tapete la relación entre este suceso in-
ternacional y el poder, la identidad y la memoria.

1.1. Contextos

Esta tesis doctoral es un discurso histórico-crítico sobre la arqui-


tectura de Quito entre 1954 y 1960; se sustenta en diferentes vo-
ces locales que se expresaron —en obra y palabra— sobre la urbe
y su arquitectura en el contexto de adecentamiento y moderniza-
ción de Quito con miras a ser una sede digna para la Conferencia,
evento internacional que, como se mencionó, no se realizó.

El corte temporal inicia en 1954, año del anuncio público de la


designación como sede de la Conferencia, y cierra en 1960, con la
confirmación de la suspensión definitiva del evento. En este traba-
jo se demostrará que, durante esos seis años, acciones y omisiones
se justificaron en la “preparación de la ciudad para recibir a los in-
vitados internacionales”. La condición de ciudad anfitriona abrió la
discusión sobre 1) qué arquitectura y qué ciudad se debía mostrar,
2) qué arquitectura y qué ciudad se podía mostrar y 3) cuáles eran
las condiciones de la arquitectura y la ciudad existente.

Se identifican tres realidades, o unidades de estudio, para la


construcción e interpretación historiográfica: 1) la sostenida,
construida y difundida por la Oficina de Construcciones para la
Conferencia a través de estamentos oficiales y medios de comu-
nicación afines (que es la que parcialmente retoma la historio-
grafía existente), 2) la que dinamizan los actores sociales en la
reflexión y discusión sobre su presente edilicio, y 3) la construida
y proyectada en paralelo a las propuestas oficiales para la Con-
ferencia, estas dos últimas no consideradas por la historiografía.
La interrelación de estas unidades de estudio articula un discurso
historiográfico dentro de un sistema relacional complejo.

38
Capítulo 1

La delimitación geográfica de esta tesis abarca la totalidad de la


ciudad de ese entonces. La arquitectura moderna, de vocación
institucional, se ubicó en el sector norte (entre la Plaza de San
Blas —límite entre el centro histórico y lo contemporáneo— y
la zona del aeropuerto, al norte). En la zona sur, se implemen-
tó equipamiento industrial y residencial de estatus medio y bajo
con financiamiento privado, en tanto que, en el Centro —espacio
del debate sobre lo tradicional y lo moderno— se levantaron edi-
ficaciones con función comercial y terciaria. Tomando en cuenta
estas consideraciones, este estudio rescata intervenciones pun-
tuales en la ciudad, una ciudad que en ese momento crecía de
manera dispersa, fragmentaria y a destellos.

Contexto regional 1 Comisión Económica para América


Latina y el Caribe (CEPAL).
“El desarrollo económico del Ecuador”
(E/CN.12/295), México, enero de 1954.
La crisis económica de posguerra fue determinante en el proceso Publicación de las Naciones Unidas.
Nº de venta: 1953.II.G.5 Reedición
de inclusión de países periféricos (tercermundistas; hoy, emer- del Ministerio Coordinador de Política
Económica, segunda edición, agosto
gentes), como Ecuador, en los engranajes sociopolíticos de la de 2013, Quito-Ecuador.
economía capitalista de corte keynesiano. Los estados industria-
lizados necesitaban expandir sus mercados y abaratar sus costos
de producción, hecho que fomentó políticas que mantenían a los
países no industrializados como productores de materia prima a
bajo costo e importadores de bienes industriales y de servicios de
alto costo. Esto aseguraba un sistema de dependencia, condición
necesaria para mantener la hegemonía del centro que, en el caso
del continente americano, la ejercía Estados Unidos en relación
con sus vecinos (Carrión Mena, 1979, 1986, Carrión, 2010; Achig,
1973, 1983, 1989 a y b; Quijano, 2000 a y b; Maiguashca, 1989,
1994 a y b, 2013; Bustos, 1992, 2010, 2011).

Como respuesta, en América Latina se optó por el Sistema de 41 Comisión Económica para América
Sustitución de Importaciones propuesto por la Comisión Econó- Latina (CEPAL): organismo creado
por la ONU, en 1948. El promo-
mica para América Latina (CEPAL)41, el cual permitió la indus- tor del sistema fue el argentino
Raúl Prebisch a partir de la consi-
trialización de una parte de las economías de Argentina, Brasil, deración de que el desarrollo era
México y otros. Sin embargo, la subordinación tecnológica y de producto de la industrialización,
y para industrializar era necesario
capitales, y la baja competitividad de la producción en los mer- proteger a los mercados nacionales
y controlar las importaciones.
cados nacionales42 e internacionales terminaron por consolidar la
42 En el caso de Ecuador, la industria
dependencia que se quería evitar. textil que despuntó a inicios de
la década de los cincuenta, para
1955, se lamentaba de los bajos
costos a los que se vendía los pro-
ductos textiles extranjeros que
ingresaban de contrabando y que
no permitían, entre otras razones,
su consolidación.
39
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Para América Latina, Estados Unidos actuó como centro en los


ámbitos social, político y económico, y la arquitectura no fue una
excepción. ¿Cuáles fueron las formas, mecanismos y alcances de
esa incidencia? Una parte de la respuesta se construye desde el
Punto IV; es decir, el cuarto enunciado del discurso de posesión
del presidente de Estados Unidos, Harry Truman, el 20 de enero
de 1949, que propone como meta de estado:

poner a disposición del mejoramiento y desarrollo de


las regiones atrasadas los beneficios de nuestros ade-
lantos científicos y de nuestro progreso industrial. […]
Ayudar a los pueblos libres del mundo mediante sus
2 Embajada de los Estados Unidos en Río
propios esfuerzos, a producir más comestibles, más
de Janeiro, Harrisson & Abramovitz vestidos, más materiales para el alojamiento, más fuer-
(1952-1953). En Enclaves of America.
The rethoric of American Political
za mecánica para facilitar sus tareas. […] Esto debe ser
Architecture abroad, 1900-1965, una empresa cooperativa, en la cual todas las naciones
de Ron Theodore, Princeton
University Press, 1992.
trabajen juntas mediante la O. N. U. y sus organismos
dependientes dondequiera que sea practicable. Esto
debe ser un esfuerzo mundial para alcanzar la paz, la
abundancia y la libertad. Con la cooperación de los
negocios, de los caudales privados, de la agricultura
y del trabajo de este país, este programa debe incre-
mentar en grandes proporciones la actividad industrial
en otras naciones y realzar sustancialmente su nivel de
vida (Verplaetse, 1950: 115-116).

En el ámbito que me compete, esta intención política encontró


asidero en dos oficinas dependientes del Departamento de Estado:
3 Embajada de los Estados Unidos la American Battle Monuments Commission (ABMC) y la Foreign
en la Habana, Harrisson & Abramovitz
(1952-1953). En Latin American Service Buildings Commission (FSBC), desde 1944 llamada Foreign
Architecture since 1945, de Henry-
Russell Hitchcock, The Museum Buildings Operations (FBO). Ron Robin (1995) explica que, des-
of Modern Art, 1955.
pués de 1945, la FBO consideró el International Style como el estilo
representativo del Estado norteamericano. Esto se debió, por un
lado, al desarrollo de la New Objectivity y de las ideas de la Gestalt,
que propugnaban la función y la eficiencia como características de
la nueva arquitectura, alimentada por formas puras que se consi-
deraban “campos visuales positivos” de los que era más probable
que se reconociera y absorbiera la información; y, por otro, a la
necesidad de poner distancia entre los lenguajes de las edificacio-
nes representativas del gobierno soviético (historicistas) y las del
gobierno de los Estados Unidos. En definitiva, el International Style
reflejaba el entorno americano, los grandes consorcios financieros
y la seguridad de controlar la tecnología y, con ella, el futuro. El
libre mercado y el libre gobierno se proyectaban como elementos
intrínsecamente unidos, al tiempo que cuestionaban la legitimi-
dad de los nacionalismos; es decir, de lo “propio” de cada lugar.
40
Capítulo 1

En América Latina, fueron parte de este proceso las embajadas di-


señadas por Harrison & Abramovitz para Río de Janeiro (1953) y La
Habana43 (1953), y la diseñada por el arquitecto Vincent G. King y
William A. Brown para Quito (1959-1960).

La FBO estaba relacionada con el Import-Export Bank, institu-


ción financiera que facilitaba préstamos a los estados nacionales
para proyectos de desarrollo. La construcción de equipamientos
de alcance nacional era una de las líneas de crédito posibles. Con
la intención de asegurar el éxito de las inversiones y del lenguaje
del International Style en la construcción de un mundo libre, en
paz y moderno, la FBO monitoreaba que se siguieran los precep-
tos formales del lenguaje de ese estilo, que relacionaba al Estado
con la inversión privada. La fuerza, simpleza e idoneidad (funcio-
nalidad) del Estado y de la inversión privada debían interpretarse
como los dos brazos que liderarían el futuro.

En la primera mitad del siglo XX, en Argentina, Brasil, Colombia,


Chile, Cuba, México, Perú y Venezuela, se dieron experiencias urba-
no-arquitectónicas modernas, significativas a nivel regional. Las de
Brasil, México y Venezuela alcanzaron reconocimiento en medios
especializados de influencia mundial, lo que posibilitó la discusión
dentro del campo profesional en varios escenarios. Estas experien-
cias fueron en parte el resultado de los procesos de industrialización
de los gobiernos a partir de políticas desarrollistas y nacionalistas
que pretendían alcanzar el ansiado estado de bienestar. En Brasil y
México, países con mayor volumen de obra moderna construida, el
Estado fue el principal promotor de programas administrativos y de
vivienda; en Argentina, Uruguay, Venezuela, Chile y Perú, fue la inver-
sión privada y mixta la que dio paso a proyectos significativos de co-
mercio y vivienda. De una u otra forma, el volumen y la calidad de lo
edificado reflejaban una arquitectura diferente, una singular mixtura
de elementos del International Style con reminiscencias vernáculas,
regionales, ancestrales y, en todos los casos, distintas.
43 “Thus, in a discussion of the mo-
dern embassy in Havana, a leading
Sin embargo, en las capitales modernas de América Latina, la in- architectural magazine noted that
the FBO had ‘presented to the rest
dustria provocó la centralización de servicios, el crecimiento de- of the world a colorful picture of
mográfico, la migración campo-ciudad, la consolidación de la clase a young and progressive-minded’
America, which contrasted qui-
media, la multiplicación de barriadas y la polarización de la po- te sharply with the Spanish colo-
breza, entre otras situaciones. Así, se presentaba una paradoja: la nial-style Soviet embassy building.
‘Note the pretentious classicism of
industria que permitiría el desarrollo y el estado de bienestar causa- official Soviet architecture abroad,
then compare it with the clean and
ba lo contrario. En este contexto, se recurrió a la arquitectura y el friendly embassies’ of the United
urbanismo para organizar el caos urbano y tamizar las diferencias States” (U.S. Architecture Abroad,
Architectural Forum 98, march,
en las condiciones de habitabilidad. 1953: 115. In Ron Robin, 1995: 143).
41
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

4 Quito con El Panecillo al fondo-Calle Vargas-Calle Guayaquil, 1903. Fondo: Leibniz-Institut für Länderkunde. Leipzig-
Alemania; Horgan, John ( Fotógrafo). En Archivo Nacional de Fotografía, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural
www.fotografianacional.gob.ec.

5 Plaza España, Quito. Aprox. 1950. Vista hacia el norte. En Fondo Quito, ID: 4729. Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana
Aurelio Espinoza Pólit.

42
Capítulo 1

6 Avenida 10 de Agosto. Extremo sur del Parque de Mayo, hoy parque Ejido, Quito. Aprox. 1950. Vista hacia el norte.
En Fondo Quito, ID: 4721. Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit.

7 Sector La Mariscal, Quito. Aprox. 1950. Vista hacia el occidente. En Fondo Quito, ID: 11394. Cortesía de la Biblioteca
Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit.

43
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En el ámbito de la arquitectura, lo edificado hacía referencia al de-


seo de alcanzar una configuración espacial, urbana y arquitectóni-
ca que expresara la decisión de las naciones de alcanzar altas metas
de desarrollo a corto plazo —al fin y al cabo, se veían a sí mismas
como modernas—, así como a la preocupación de los gobiernos,
real o no, por solventar las necesidades de las clases sociales media
y baja que, incrementaban su número en las ciudades, hacinando
los centros históricos y extendiéndose hacia las periferias.

Contexto nacional

En el caso de Ecuador, hay un punto de quiebre entre la lógica de la


modernidad occidental desarrollada y la lógica interna. Durante la
primera mitad del siglo XX y hasta los años sesenta, el país perma-
neció como agroexportador. Sustentó su economía, primero, en la
exportación de cacao y, luego, en la de banano. El siguiente rubro
fue por exportación de materias primas a baja escala. La produc-
ción de petróleo como sostén de la economía fue posterior a 1970.

La industria, motor del desarrollo moderno, tuvo un crecimiento


lento. A la tendencia agrícola de la economía se sumaba un pe-
queño mercado interno, lo que mantuvo la producción a nivel de
manufactura orientada al consumo local. A su vez, la falta de pro-
ducción interna en variedad y calidad de todo tipo de productos
llevó a consolidar el sector de la importación.

En la Sierra, durante la década de los cincuenta, la industria textil


era la de mayor crecimiento y perspectiva de consolidación. En
Quito, la modernización de las fábricas de tejidos incluía la cons-
trucción de equipamiento “funcional y moderno”. No obstante,
para finales de la década de los cincuenta, uno de los problemas
de la industria textil era el volumen de mercadería extranjera
(por contrabando e importación), con la que no podía competir
ni en calidad, ni en variedad ni en precio, situación que provocó
44 Llama la atención el caso de fábri- la contracción de la producción44.
cas, como Los Chillos o La Indus-
trial, cuyos dueños eran terrate-
nientes conservadores, en las que Además, la industria de materiales para la construcción fue in-
la modernización de los espacios
de acuerdo con las exigencias de cipiente. El país contaba con una fábrica de cemento, la fábrica
la maquinaria no incluía una mo-
dernización en las relaciones labo-
de Cemento Guayaquil desde 1925 hasta mediados de la déca-
rales ni en el trato a los obreros. da de los cincuenta, cuando entró en producción la Fábrica de
Sobre el caso revisar “Auge y de-
cadencia de la Fábrica de Hilados Cemento Chimborazo (1956). Este material se importaba para
y Tejidos de Algodón La Industrial,
1935-1999” de Nicolás Cuvi, en Re-
cubrir las necesidades de constructores públicos y privados.
vista PROCESOS, 33. Los elementos para mampostería eran de fabricación artesanal.
44
Capítulo 1

En Quito, el municipio mantenía varios talleres de cocción de


ladrillos y la fábrica de tubos de cemento para alcantarillado. Por
la prensa se sabe que, a mediados de la década, se instaló una fá-
brica de cerámicas para construcción. La fabricación de equipos
para baños (lavamanos, tinas, servicios higiénicos) se consolidó a
partir de los años sesenta45. Los productores buscaron mecanis-
mos para aumentar y mejorar la producción; las construcciones
para la Conferencia fueron una esperanza de incremento produc-
tivo; sin embargo, el Estado optó por apoyar a los sistemas de
importación en detrimento de la producción nacional.

En la primera mitad del siglo XX, el crecimiento demográfico fue


bajo y lento. En 1950, el resultado del Primer Censo Nacional de
Población fue de 3 202 757 habitantes/país y, en el Segundo Censo
Nacional de Población y primero de Vivienda, realizado en 1962, la
población registraba 4 564 080 de habitantes; es decir, en 12 años la 8 Dirección General de Estadísticas
y Censos, Ministerio de Economía.
población creció en un 28%. La mayor parte vivía en y del campo46. Dirección General de Estadística
y Censos. 1960. Cortesía del Archivo
En 1950, la población rural era de 2 288 825 personas y la urbana, del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas
y Censos (INEC).
de 913 932; en 1962, la población rural contaba con 2 951 734 ha-
bitantes y la urbana, con 1 612 346. La población de las tres urbes
más grandes del país, según los datos censales de los mismos años,
pasó de 258 996 a 510 804 habitantes en Guayaquil, de 209 932 a
350 764 en Quito47 y de 39 983 a 60 402 habitantes en Cuenca. Si 45 La falta de estos productos in-
dispensables para la salubridad
se comparan estos datos con los de Lima o Bogotá48, a fines de la provocó que, a finales de 1953, el
década de los sesenta, estas ciudades cuadruplicaban la población Concejo Municipal discutiera un
proyecto de Ordenanza para la
de Quito y todo lo que la vida urbana implicaba. importación y dotación de servi-
cios higiénicos para escuelas, par-
ques e “innumerables casas de la
Quito no era un polo de atracción laboral; ofrecía poco trabajo ciudad de Quito, de propiedad de
debido a las escasas industrias manufactureras y a que el servicio, personas pobres o escasos de ren-
tas, [que] carecen de instalaciones
en sus diferentes formas y categorías, se daba por redes relacio- de agua o servicios higiénicos” (I.
Concejo del Municipio de Quito,
nales de vinculación a las haciendas, parentesco y clientelismo. 1953: f.245).
46 En 1950, 71,5% de la población del
En general, el acceso a los bienes del mundo moderno era limi- país era rural; en 1962, 65% toda-
vía lo era, de acuerdo con los cen-
tado, aunque hubo un proceso de diversificación de los intereses sos publicados de esos años.
de los terratenientes de la Sierra (Maiguashca, 1989, 1994, 2013; 47 La población de Quito, de acuerdo
Bustos, 1992, 2011) y un desarrollo del capital comercial que con- con los respectivos censos, era de
50 841 habitantes en 1906; 209 932
tribuyeron a una mayor urbanización de la economía y al surgi- en 1950 y 354 746 en 1962. Según el
último censo (2010), la zona urba-
miento de sectores sociales modernos. Todo esto en condiciones na de Quito tiene una población de
en las que el sistema de castas y las diferenciaciones étnico-cultu- 1 600 000 habitantes.

rales influían con fuerza sobre la vida social (Quijano, 2000 a y b; 48 Para 1940, Lima tenía 849 711
habitantes y, en 1961, 2 093 455
Kingman, 2006, 2014; Goetschel, 1992). Elementos de la moder- (INEI-Censos Nacionales Perú);
por otro lado, de acuerdo con el
nidad convivían con costumbres feudales y coloniales. Las élites, Censo de 1951, Bogotá registró
en toda su diversidad de origen, constitución e intereses, no con- 831 799 personas, que aumentaron
a 1 877 972, según el Censo de 1964
sideraban cambiar ese orden de las cosas. (DANE, 2005).
45
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En Quito, la arquitectura moderna se abrió campo gracias a clientes


privados que financiaron el diseño y construcción de infraestructura
para la banca; por ejemplo, el edificio de la compañía de seguros
Sud America, de Eduardo Geisbouhler (1953, Premio Ornato 1954);
la Superintendencia de Bancos, de Modesto Ponce Luque y Rafael
Rivas Nevares (1954-1956, Premio Ornato 1956), o la sucursal norte
del Banco Pichincha (Constructora Mena-Atlas, anterior a 1954).

En infraestructura de comercio, sobresalen el Edificio Arteta


(Alameda), de Leonel Ledesma (1956); el Pasaje Amador, de Gio-
vanni Rotta (1956); el edificio Hermanos Baca, de Oscar Etwanik
(1957), entre otros.

En el ámbito de la industria, son meritorias la Fábrica de Hilados


Pinto, de Karl Kohn (1953); la Cervecería La Victoria, de los inge-
nieros T. Simpson y Trever Thomas (1954), y la planta del Diario
El Comercio del ingeniero Miguel Andrade Marín Malo (1958).

La infraestructura privada de salud se benefició con los edificios


para la Cruz Roja (1956) y la Clínica Santa Cecilia (1958), ambos
de Leonel Ledesma, y el Edificio Hospital de la Liga Antitubercu-
losa Ecuatoriana, de Sixto Durán Ballén (1957).

La educación particular aportó a la ciudad con el Colegio San


Francisco de Sales, de Max Ehrensberger (1955); el Colegio San
Gabriel, de Leonel y Enrique Ledesma (1959), y el Colegio La In-
maculada, de Eudoro Ordoñez (1960).

La ejecución de proyectos estatales o mixtos con fines sociales:


vivienda, salud, educación, o recreación, fue escasa y coyuntural.
Es en el campo de la educación pública en el que se destacan
establecimientos modernos, siendo significativos la Escuela Mu-
nicipal Sucre (1954) y el Colegio Nacional 24 de Mayo (1959), de
Gilberto Gatto Sobral, así como el Colegio Municipal Sebastián
de Benalcázar (1959), del ingeniero Miguel Andrade Marín Malo,
con apoyo del ingeniero Eduardo Luzuriaga Freire. Las facultades
de Ingeniería, Ciencias Médicas, Jurisprudencia, Agronomía y Ve-
terinaria, Ciencias Económicas y el Instituto de Materiales de la
Universidad Central del Ecuador, de la Dirección de Construccio-
nes a cargo de Gatto Sobral, estos últimos se construyeron con
financiamiento propio de la Universidad Central del Ecuador.

46
Capítulo 1

9 Edificio Sud América, El Comercio, Sábado 20 de marzo de 1954, p. 13. 10 Edificio Superintendencia de Bancos, Av. 10 de Agosto
(perspectiva). El Comercio, Sábado 20 de marzo de 1954, p. 19.

11 Edificio agencia norte del Banco Pichincha, El Comercio, Domingo 12 de diciembre de 1954, p. 11.

47
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Asimismo, fueron pocos los proyectos gubernamentales con fi-


nes representativos de la institucionalidad, los cuales se erigieron
dentro de los parámetros de la arquitectura neoclásica y ecléctica
hasta 1958, cuando inició la construcción de los edificios finan-
ciados por el Estado como equipamiento para las necesidades
administrativas y de alojamiento de la Conferencia, edificaciones
en la línea del International Style.

El financiamiento privado fue primordial para diseminar la arqui-


tectura moderna que, en la realidad de la ciudad, era costosa y de
lento desarrollo debido a que la mayoría de materiales y acabados
eran importados pues no se fabricaban en el país en cantidades ni
calidades adecuadas49, había pocos profesionales50 y albañiles con
dominio del tema y era evidente la falta de maquinaria, equipos y
herramientas para la construcción. Los testimonios y algunos in-
formes y cartas de archivo sobre las maneras de construir durante
los años cincuenta dan cuenta de las dificultades por escasez de
técnicos, materiales y equipos; por ejemplo, en cuanto a la cons-
trucción de los edificios para la Conferencia, en la carta enviada el
29 de abril de 1957, por el ingeniero Mario de la Torre al Presidente
de la República, Camilo Ponce Enríquez, se lee que:

no existe en Quito la profundidad industrial, en ma-


teria prima para construcción que sea indispensable
para soportar, sin un aumento de precio exorbitante y
en cantidades suficientes, para poder enfrentar el pro-
49 Estaba en funcionamiento la Fá-
brica de Cemento Guayaquil y en grama a cabalidad; b) si el monto total de la industria
construcción la Cemento Chim- de la construcción ha sido, aproximadamente en un
borazo. En 1955 se inauguró la promedio de ochenta millones de sucres por año, du-
fábrica Fibrocrecet, del ingeniero
Eduardo Pólit Moreno, funciona- rante los últimos cinco años es necesario que esta in-
rio del Departamento de la Caja dustria, tomada como unidad, se triplique de la tarde
del Seguro y de Pensiones. El hie- a la mañana para que pueda afrontar un monto total
rro se importaba al igual que la
cerámica y el vidrio. Para la mis- de doscientos ochenta millones de sucres por año de
ma época, por ejemplo, Colom- construcción, en los próximos dos años (Comisión de
bia contaba con una producción Construcciones, Libro F.4.6, 1957: f.000082).
industrial de cemento y cerámica
que exportaba.
50 En Quito, el Censo de 1906 registró Esos documentos también presentan el ingenio para solventar estas
una población de 50 841 habitan- ausencias, adecuando los procesos constructivos a la disponibilidad
tes, con cinco arquitectos y 442 al-
bañiles; en 1950, en una población de medios y de conocimientos, y la capacidad para adaptarse a las
de 209 932 habitantes, se registró
28 arquitectos y 470 ingenieros, nuevas ocupaciones que el sistema constructivo exigía. En la práctica
incluyendo a los militares. No hay constructiva del día a día se dio un despliegue de habilidades que
datos sobre el número de albañi-
les. En el Censo de 1962, se aplicó eran parte de ese ingenio o “sal quiteña” que el imaginario atribu-
un modelo distinto de tabla censal
en el que no es posible identificar ye a los nacidos en la capital, quienes encontraban cómo mostrarse
ni profesión ni ocupación específi- modernos; es decir, acostumbrados a las complejidades de la vida
cas, pero se sabe que, entre 1950 y
1960, se graduaron 43 arquitectos, urbana maquillando lo “simple”, propio de la vida rural. En estos es-
algunos de ellos de provincia, que
regresaron a sus lugares de origen. cenarios se daban los juegos de poder entre el ser y el parecer.
48
Capítulo 1

A inicios de los cincuenta, el volumen de construcción en la ciu-


dad era bajo, tanto por el número de habitantes como por la
poca o nula capacidad adquisitiva de la población, cuya mayoría
se ocupaba en servicios terciarios. Esta situación no cambió hasta
los años setenta cuando se verificó un importante incremento en
la capacidad adquisitiva de los sectores medios y altos y una re-
activación económica general debida a la actividad exportadora
de petróleo que impulsó nuevos nichos productivos de capital,
aunque siempre más vinculados a la importación, exportación y
servicios, que a la industria.

El trabajo en construcción aumentó por las obras de la Conferencia


y sus conexos, instalación de alcantarillado, pavimentación y repa-
vimentación de vías. Esto trajo consigo un movimiento migratorio
de mano de obra no cualificada51 que se integró a la vida urbana.

La mancha urbana se expandía desde inicios del siglo XX, con


lentitud y a baja altura (tres plantas) en razón de las lotizaciones
para clases altas y medias en los ejes consolidados por el Plan Or-
denador de 1945. Al interior de la ciudad, sobre todo en las zonas
norte y sur, habían abundantes espacios sin construcción que se
usaban para el pastoreo. Estos segmentos urbanos estaban con-
gelados sea por interés especulativo de los dueños, sea porque al
51 Santiago Rosero, en De la segunda
estar afectados por el Plan Ordenador no se podía construir ni mitad del siglo XX a la actualidad:
un fotógrafo de parque, la noción
comerciar con ellos. de prestigio en su historia como
hijo de la clase obrera y la transi-
ción en la configuración de la so-
En la zona norte, el municipio disponía de los llamados “Terrenos ciedad quiteña, vista desde su lente
de La Carolina”, considerados la propiedad de mayor valor, en ese (2009), expone el caso de Guiller-
mo Rivera, agricultor de la zona
momento avaluados en 63 193 275 de sucres, equivalentes a más norte del país que llega a Quito, se
enrola como carpintero en el edifi-
de tres millones de dólares52. Tomando en cuenta que el costo cio del Palacio Legislativo, compra
por metro cuadrado era de 50 sucres, el área del terreno munici- una cámara , se dedica a fotografiar
la obra y a sus compañeros “para el
pal tendría más de 126 000 hectáreas. Al anexar a la zona urbana recuerdo”; y una vez terminada la
construcción del Palacio Legislativo
las parroquias de Cotocollao y Guápulo, fue mayor la presencia se inserta como “fotógrafo de par-
de espacios verdes y privados dentro de la ciudad. que” actividad con la que sobrevive
en la ciudad. Este caso refuerza la
intención de mirar cómo se cons-
Así, en tanto que la zona norte estaba casi despoblada, el centro in- truyó la memoria de la ciudad
como experiencia personal y como
crementaba el número de sus habitantes. La clase baja, sector social legado material para el futuro.
con menos recursos (obreros, indígenas, campesinos, empleados de 52 Acoto a estas reflexiones que el va-
lor total de los inmuebles municipa-
rango inferior y terratenientes empobrecidos), ante la imposibilidad les llegaba a 96 millones de sucres
de comprar vivienda (por ahorro propio o por ayuda social de las al 11 de marzo de 1954. Además, el
valor de los terrenos municipales de
Cajas del Seguro y de Pensiones), optó por alquilar habitaciones ba- La Carolina subía, día a día, por las
operaciones de lotización de prime-
ratas en las casas del centro que se convertían en casas renteras al ra clase que autorizaba el Concejo
mudarse los dueños a nuevas residencias en las afueras del centro. Municipal en zonas próximas a los
terrenos municipales.
49
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

13 Edificio Arteta Alameda. La prensa resaltó los tres frentes y


la articulación con la escalinata. El Comercio, Martes 6
de noviembre de 1956, p. 13

12 Edificio Hermanos Baca, 14 Edificio Pasaje Amador, fotografía de Carl West, 2019
fotografía de Carl West, 2019

16 Fábrica Pinto, Revista Andes, N° 6, Junio de 1955. p. 13

15 Edificio matriz El Comercio, El Comercio, 17 Edificio Cervecería y maltería La Victoria S.A,


Domingo 11 de mayo de 1958, p. 17 El Comercio, Sábado 28 de mayo de 1958, p. 12
50
Capítulo 1

18 Edificio Cruz Roja Ecuatoriana, Premio Ornato. El Comercio, 19 Clínica Santa Cecilia, El Comercio, Sábado 6 de diciembre
Sábado 6 de diciembre de 1958, p. 16 de 1958, p. 16

20 Hospital de la Liga Antituberculosa Ecuatoriana, Pablo Arturo


Suarez, Premio Ornato. El Comercio, Martes 18 de diciembre
de 1956, p. 17

21 Colegio La Inmaculada, Quito. Aprox. 1960. Vista posterior. En Fondo Quito, ID: 7438. 22 Colegio San Gabriel, Quito. Aprox. 1957.
Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit. Vista hacia el norte. En Fondo Quito,
ID: 5987. Cortesía de la Biblioteca
Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit.
51
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Dicho proceso se había iniciado algunos años antes. Las causas


para el cambio de residencia eran, sobre todo, las complicacio-
nes técnicas para instalar servicios básicos y modernos (cableado
eléctrico y de telefonía, tubería de agua y conexión a la red pú-
blica) en el interior de las grandes casonas. En muchos casos, era
más rentable arrendar por cuartos que invertir en la instalación
de servicios adecuados y eficientes.

Por otro lado, al revisar el reporte de la Oficina del Plan Regulador


sobre el número y tipo de obras levantadas en la ciudad entre 1950
y 1953, se observa que en esos cuatro años se fabricaron con au-
torización municipal 1 224 construcciones. De ellas, 465 fueron de
un piso; 707, de dos; 37, de tres, y 21, de cuatro plantas (Dirección
de Obras Públicas y Plan Regulador, Libro. 2639 22 bis, 1960: sf.). Las
edificaciones de más de cinco pisos se registraron a partir de 1954.
El salto cuantitativo y cualitativo de crecimiento de Quito se regis-
tró entre 1954 y 1960, cuando el número de construcciones ano-
tadas subió de 478 en 1954 a 1 057 en 1959. En el mismo periodo,
fueron edificadas, con permiso municipal, 3 985 construcciones,
de las cuales 32 construcciones alcanzaron los cinco pisos o más
(sf.). Como se observa, antes de 1954, la densificación del uso del
suelo y el crecimiento del área urbana fueron lentos y constantes;
sin embargo, a partir de ese momento, se aceleró y dispersó a nivel
territorial hasta 1960. No obstante, la ciudad distaba de tener una
fisonomía de “urbe moderna”, ni por sus construcciones ni por los
servicios, usos ni costumbres de sus habitantes.

Entre 1955 y 1959, la Dirección de Obras Públicas contabilizó 17


urbanizaciones en ejecución o terminadas, que sumaban 263,8
hectáreas (sf.). De estas, 15 eran de primera clase; es decir, con lo-
tes de 600 a 3 000 m2 (sf.). Los factores determinantes para el creci-
miento de la mancha urbana a baja altura fueron 1) la inexistencia
de una Ley de propiedad horizontal, 2) la falta de alianzas entre
capitales privados y públicos para hacer edificaciones de calidad
a gran escala, 3) lo que los técnicos definieron como “costumbre
de las gentes”, según la que preferían una casa pequeña por sobre
cualquier otra forma de tenencia y 4) los costos de construcción y
la capacidad adquisitiva del mercado. Era un crecimiento de man-
cha urbana mas no de densidad poblacional. Los nuevos sectores
parcelados y en proceso de dotación de servicios y vialidad estaban
al alcance de una clase media y alta que aún tardaría algunos años
en construir, entre otras razones, por fines especulativos.

52
Capítulo 1

Sobre la arquitectura y lo urbano

La arquitectura y lo urbano, en su dinamia y complejidad, confi-


guran el espacio-tiempo en el que lo cultural y lo histórico (lo hu-
mano en interacción) ocurren. Son causa, consecuencia, entorno y
proceso cultural. Son manifestaciones culturales. Pero, ¿qué sucede
cuando una sociedad —por las razones que sean— no reflexiona
sobre el espacio construido?, ¿cuándo lo arquitectónico queda ex-
cluido del discurso intelectual y cotidiano, fuera del horizonte in-
terpretativo, en la periferia, invisibilizado u olvidado? ¿Sería posible
construir el vacío? ¿Ese vacío sería permeable a cualquier discurso?
Y, en esta lógica, ¿qué rol juegan la identidad y la memoria?

Como ya se ha dicho, en esta tesis se interpreta la relación


arquitectura-identidad-memoria en el contexto de la preparación
de Quito para ser sede de la Conferencia, ejercicio que requiere
insumos académicos, sociales, culturales y políticos que le den
sentido en su tiempo y en su espacio, posibilitando una re-inter-
pretación desde el presente. Se estima que, siguiendo esta lógica,
es posible una aproximación al fenómeno de las “influencias esti-
lísticas del exterior”, con la intención de develar consideraciones
teóricas, formales, funcionales, estructurales y constructivas de
mayor complejidad que el simple ver y copiar.

La condición de la vivienda popular en el centro de Quito en


1950 era insalubre, pobre, con precario acceso a servicios básicos,
y construida con materiales locales de poca resistencia. La arqui-
tectura de las clases pudientes, en su mayoría de estilo neoclási-
co o republicano y ecléctico, estaba elaborada con técnica cons-
tructiva vernácula (hispana) y, en pocas ocasiones, con técnica
moderna. Si bien contaba con mejores materiales y acabados, no
preveía instalaciones idóneas para el acceso a nuevos servicios,
por ejemplo, alcantarillado.

En 1954, al ser designada Quito como sede para la Conferencia,


en distintos sectores sociales se abrió un sinnúmero de expecta-
tivas respecto a los cambios cuantitativos y cualitativos que se
darían a medida que la ciudad se “arreglara” para el evento. Estos
cambios se referían a estilos, formas de construcción, materia-
les, constitución del proyecto y roles sociales de los agentes en el
proceso de “hacer arquitectura”. Todo esto se constituyó en un
punto de giro en la proyección imaginada de la forma y el espíritu
de la ciudad de lo tradicional a lo moderno.
53
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

23 Escuela Sucre, día de la inauguración. El Comercio, 24 Colegio 24 de Mayo, en construcción. El Comercio,


Lunes 16 de noviembre de 1959, p. 5 Martes 15 de abril de 1958, p. 14

25 Maqueta del Campus de la Universidad Central del Ecuador, expuesta en la Exposición de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo.
El Comercio, Miércoles 19 de marzo de 1958, p. 14

54
Capítulo 1

26 Facultad de Ingeniería de la Universidad Central del Ecuador. El Comercio,


Martes 25 de noviembre de 1958, p. 18

27 Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador, sobre la Av. Colombia.


Día de la Inauguración. El Comercio, Sábado 18 de abril de 1959, p. 3

28 Facultad de Agronomía y veterinaria (proyecto) de la Universidad Central del Ecuador.


El Comercio, Martes 4 de agosto de 1959, p. 16

55
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

29 Facultad de Ciencias Económicas


de la Universidad Central del Ecuador.
Con motivo de la inauguración.
El Comercio, Miércoles 11 de marzo
de 1959, p. 16

30 Facultad de Jurisprudencia de la
Universidad Central del Ecuador.
El Comercio, Martes 27 de diciembre
de 1960, p. 18

31 Instituto de Materiales de la Facultad


de Ciencias Exactas de la Universidad
Central del Ecuador. El Comercio,
Jueves 1 de enero de 1959, p. 13

56
Capítulo 1

32 Vista aérea de la ciudadela universitaria. 22 de junio de 1963. USAF. Cortesía del Comando G. Del Ejército, Instituto Geográfico Militar,
Departamento de Fotografía Aérea.

57
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Es importante recordar que las Conferencias Interamericanas se


dieron desde 1889, siendo Washington la primera sede. Le siguie-
ron: México DF, 1901; Río de Janeiro, 1906; Buenos Aires, 1910;
Santiago de Chile, 1923; La Habana, 1928; Montevideo, 1933; Lima,
1938; Bogotá, 1948; y, Caracas, 1954. Todas estas capitales conta-
ban con una arquitectura moderna consolidada en el momento de
las respectivas conferencias. La designación de Quito como sede,
en la conferencia de Caracas, fue un éxito diplomático, resultado
de una larga negociación; entonces, en relación con la arquitectura
y el urbanismo de la ciudad, ¿cuál era la motivación de los gobier-
nos de turno al adecentar la ciudad para hacerla aparecer como
urbe moderna, libre del aire pueblerino que tenía?

A partir de estas consideraciones, el intervalo de estudio se en-


marca entre 1954 y 1960 y se subdivide en dos periodos. El prime-
ro, entre marzo de 1954 y enero de 1958, caracterizado por ser el
“periodo de preparación”, implica a dos gobiernos democráticos:
1) de marzo de 1954 a agosto de 1956, al gobierno populista de
José María Velasco Ibarra (1893-1979), quien se pronunció a favor
de adecentar la capital para que fuera sede de la Conferencia, y
2) de agosto de 1957 a enero de 1958, al primer año del gobierno
socialcristiano de Camilo Ponce Enríquez (1912-1976), que consi-
deró modernizar la ciudad con el mismo fin. El segundo periodo,
denominado “periodo de construcción”, corresponde a la conti-
nuación del gobierno de Ponce Enríquez, entre 1958 a 1960, año
de inauguración de las obras “modernas” erigidas por el régimen,
para acoger a las delegaciones que asistirían a ese evento interna-
cional que fue suspendido.

Este periplo, que no ha sido estudiado por la historiografía, mere-


ce atención ya que el quehacer arquitectónico y urbano despliega
variables heterogéneas que marcan un giro en los ámbitos for-
mal, tecnológico-constructivo y de la profesión, que 1) encaminó
el crecimiento del sector norte de la ciudad con una “visión” mo-
derna, 2) cuestionó la vigencia del centro histórico y 3) orientó
la configuración y función del sur. Este se considera el momento
de transición más evidente entre lo tradicional y lo moderno; lo
propio y lo extranjero; y, está cargado de múltiples y complejas
relaciones entre la estructura social, política y económica.

En el periodo propuesto, la arquitectura moderna se presenta


ante el ciudadano con edificaciones que pretenden resolver las
necesidades institucionales de representatividad (adecentar para
58
Capítulo 1

recibir; mostrarse modernos); es decir, la obra pública adquiere el


carácter de estrategia discursiva de las élites políticas en su rol de
comitentes, clientes y usuarios, públicos y privados (Bustos, 2011,
2017; Capello, 2003, 2011; Kingman, 2006). Al mismo tiempo, la
vivienda social masiva, que en el contexto internacional era temá-
tica permanente en las reuniones de los países de América Latina,
en Quito aún no era la prioridad. En la década de los cincuenta
no se reportaron barridas pobres (chabolas autoconstruidas) en
Quito, situación que sí se dio en Guayaquil en ese mismo mo-
mento. Sin embargo, la tugurización del centro ya era evidente.
Como se indicó, de acuerdo con los datos del Censo de 1950, en
relación con la tenencia de vivienda de las familias censales y al
nivel de ingreso, la condición económica de los obreros y emplea-
dos imposibilitaba adquirir una vivienda. En ese escenario, ¿cómo
se interpretaba y se actuaba en el espacio privado del habitar
(ser) y el espacio público de las funciones del Estado (parecer)?

Llama la atención que durante las décadas siguientes, los go-


biernos, por una u otra razón pusieran en valor a la Conferencia,
como si el fantasma de aquel evento que no fue removiese los
tinglados de la memoria, provocando que emerja la evocación de
un hecho que —en apariencia— es importante y positivo para la
ciudad, pero que no se devela en su totalidad, de modo que, en
su recurrencia, dice algo que hay que entrever (Benjamin, 2010;
Didi-Huberman, 2005, 2009; Foucault, ([1969] 2006), algo que está
en el borde, en los intersticios, en las pistas fragmentadas, en las
relaciones y juegos de poder, por lo que es material propicio par ser
abordado desde la microhistoria.

La condición del acontecimiento “XI Conferencia Interamericana”,


en su momento suscitó la pregunta ¿qué tipo de ciudad —espacio
urbano y arquitectura gubernamental y turística— se mostraría al
mundo? Cuando se iniciaron las obras, en 1958, lo que percibió la
ciudadanía fue un programa de construcciones —hitos arquitec-
tónicos modernos— (Palacio Legislativo, Hotel Quito, Cancillería,
Residencia de la Universidad Central del Ecuador, Residencia de
la Universidad Católica de Quito, remodelación del Palacio Pre-
sidencial) y dotación de vías (entrada sur, Av. Gran Colombia, Av.
América, Av. González Suárez, entrada norte) que, al insertarse en
la cotidianidad de la capital, despertaron inquietudes sobre el pro-
yecto de ciudad que se construía, la manera en que se ejecutaba y
las proyecciones a futuro de la localidad y de la profesión.

59
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Como se demostrará en el desarrollo de este documento, hubo


malestar al comprobar que las expectativas ciudadanas en cuan-
to a 1) las posibilidades de un crecimiento industrial, 2) la parti-
cipación de profesionales y gremios en la configuración y mate-
rialización del equipamiento para la reunión internacional y 3) la
consolidación del Plan de Ordenamiento (1942; 1948 con refor-
mas) fueron desvirtuadas hasta desaparecer, por la imposición
gubernamental en relación con la concepción y construcción del
equipamiento para la Conferencia.

Sobre la identidad

En la estructura social de los países andinos, desde la Colonia, la


condición de clase está ligada a la condición de raza (en la defini-
ción decimonónica del término); y la condición de raza, a la cons-
trucción de la identidad (Quijano, 2000; Millones et al., 2004).

En el imaginario andino y quiteño, lo indígena está ligado a con-


diciones físicas y culturales inferiores a las que las categorías eu-
ropeas de “bello”, “bueno”, “eficiente” y “civilizado” establecen
como correctas; a lo indígena se le atribuye “vagancia”, “costum-
bres no higiénicas ni salubres”, “alcoholismo”, “analfabetismo”,
fortaleza física en detrimento de lo intelectual, ser mano de obra
barata o gratuita, condición social al servicio del blanco y del
blanco mestizo. Sin embargo, estos atributos se consideran como
algo intrínseco a la raza y no como el resultado de la construc-
ción sociopolítica y económica que validó su situación de infe-
rioridad y sumisión en la estructura social, política y económica
eurocentrista (Quijano, 2000; Said, 1996).

En el caso de Quito, desde el Primer Grito de Independencia


(1809-1810), la Independencia de la Corona de Castilla (1822)
y la fundación de la República del Ecuador (1830), la aristocra-
cia local y algunos círculos de intelectuales, entre sus estrategias
para consolidar una identidad nacional blanco-mestiza, plantea-
ron —en aras del progreso— la eliminación de lo propio ligado
a lo indígena (tendencia en varios países de América Latina), por
medio de operaciones culturales, sociales y económicas que pro-
vocaron, entre otros fenómenos, el blanqueamiento a través del
cambio de nombres y apellidos, vestimenta, lenguaje, lugar de
residencia y, de ser posible, mezcla étnica.

60
Capítulo 1

El ideal de una identidad mestiza (blanco-mestiza) alimentó y se


alimenta de las proclamas hispanoamericanistas del siglo XIX, anu-
lando la posibilidad de lo diverso, la existencia de otros: tanto de
indígenas, como de extranjeros asentados por motivos tan disími-
les como la esclavitud o la movilidad.

Ya en el siglo XX se identifican momentos en los que las élites


nacionales, partidarias del hispanoamericanismo, intentaron re-
solver la pregunta sobre la identidad nacional, usando estrate-
gias que incluyeron la modificación del espacio urbano (Bustos,
2011, 2017). Los hitos de la historia política de la República, como
el Centenario de la Independencia en 1909, 1910 y 1922, fueron
festejados por los mismos grupos que homenajearon el cuarto
centenario de la Fundación Española de Quito (1534-1934); sin
que el valor semántico de los eventos independencia-conquista
entraran en conflicto (Bustos, 2011, 2017). Esto se explicaría por
las características propias del proceso de independencia que re-
velan que este buscaba un relevo en los grupos de poder y no un
cambio estructural de la sociedad.

La discusión sobre la identidad se reavivó a partir de la firma del


Protocolo de Río de Janeiro en 1942, instrumento jurídico que puso
fin a la guerra entre Ecuador y Perú; y que —en la delimitación te-
rritorial— anexó a Perú 200 000 km2 que Ecuador consideraba de
su soberanía. La población rechazó las condiciones del Protocolo,
incluso de forma violenta. Agrupaciones sociales y líderes de diver-
sa índole construyeron un discurso nacionalista que cohesionó a las
masas alrededor de un ideal de nación-territorio difuso, en torno
a las imágenes del territorio mutilado, la patria lacerada y la inque-
brantable dignidad nacional; ideal que durante la segunda mitad del
siglo XX fue evocado cada vez que era necesario apelar a la unidad
nacional, para controlar momentos de alta tensión social (Carrión
2010; Kingman 2006; Capello 2011; Bustos, 2011, 2017; Cueva 1972).

De las proclamas y enunciados de aquella época, el que ma-


yor resonancia ha tenido en la reflexión nacional durante la se-
gunda mitad del siglo XX, es el formulado por Benjamín Carrión
Mora (1897-1979) en Cartas al Ecuador (1942), sobre el papel
internacional que debería ocupar Ecuador. La cita en cuestión
dice: “[s]i no podemos, ni debemos ser una potencia política,
económica, diplomática y menos —¡mucho menos!— militar,
seamos una gran potencia de la cultura, porque para eso nos
autoriza y nos alienta nuestra historia”. (Carrión, B., 2008. 80)
61
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Las élites (aristocracia terrateniente, productores, agroexporta-


dores, banqueros) recogieron esta declaración para consolidar su
permanencia en el poder y los opositores (militares, intelectuales
progresistas, populistas), para rechazar a las élites. En ese juego de
poderes, la cultura, como fenómeno reflexivo y crítico, no encon-
tró —ni encuentra— espacios reales de ser —y sí de parecer. La
arquitectura no quedó fuera de este contexto.

La ciudad de Quito de 1954 fue en gran medida el resultado de


la aplicación, adecuada o no, del Plan Regulador de Quito (1942-
1945), instrumento que estuvo vigente hasta 1960. Fue parte fun-
damental en las discusiones sobre la ciudad y su arquitectura en
relación con la preparación para la Conferencia. En la actualidad,
las referencias sobre el Plan, su creación y sus formas de aplicación
son escuetas, tergiversadas y desligadas del tejido histórico del que
son parte53. Por eso, para reconfigurar el contexto del periodo de
estudio, es estratégico regresar la mirada a ese Plan y a los sustentos
teóricos que lo alimentaron y a los que motivaron su desaparición.

1.2. Plan Regulador de Guillermo Jones


Odriozola, 1942-1945

El Plan Regulador fue contratado el 19 de febrero de 1942, pre-


sentado como anteproyecto para sugerencias y correcciones en
diciembre de ese año, y presentado y aprobado por el Concejo
Municipal para su ejecución en 1945. Entre 1945 y 1948, algunas
decisiones del Plan fueron modificadas mediante ordenanzas. Fue
declarado insubsistente en 1960, mediante decreto legislativo.

Volver la mirada al Plan Regulador permite un acercamiento al


contexto teórico y formal con el que se pensó organizar la ciu-
dad. Su vigencia y ejecución no prosperó54 por disputas sociales,
53 El tiempo ha logrado imponer, en
el campo profesional y académico,
políticas y económicas que, al originarse en los primeros años
aseveraciones tergiversadas sobre de vida del Plan, llegaron a un punto crucial en el periodo que
la configuración del Plan. Esos pe-
queños cambios son significativos estudia este trabajo.
en el momento de configurar una
aproximación histórica en la que
los elementos de juicio sean verí- El Plan Regulador actuó como impulsor y freno de trasformacio-
dicos, tanto como la existencia de
fuentes primarias lo permita.
nes en el territorio y en las costumbre de los habitantes, tanto por
54 El Plan Regulador fue suspendido su función regulatoria como por la resistencia social que desper-
en 1960. En 1963 se dio inicio a los tó en grupos diversos y opuestos, que encontraron puntos de co-
estudios para el Plan Director que
entró en vigencia en 1967. hesión a pesar de las diferencias que mantenían en otros campos
62
Capítulo 1

de la vida pública. Fue objeto de interpretaciones y cambios que


terminaron por distorsionar la propuesta y desmontarla, proceso
que se dio con mayor fuerza entre 1954 y 1960.

En esta aproximación al Plan Regulador se presentan momentos


de la contratación del arquitecto responsable, discursos que re-
velan el criterio ambiguo sobre lo tradicional y lo moderno que el
Concejo Municipal tenía sobre la ciudad y desde el que seleccio-
nó a quien daría los lineamientos generales de organización urba-
33 Guillermo Jones
na. Esto permite concatenar las permanencias teóricas, políticas Odriozola. En Plan
Regulador de Quito,
y sociales que se impusieron en la identidad de Quito. En relación 1948. Imprenta
Municipal
con el Plan Regulador, se revisa la propuesta de articulación de
centros, con énfasis en los centros histórico y administrativo, zo-
nas en las que la arquitectura moderna de la ciudad se consolidó
y debatió como práctica y como imagen de la identidad entre
1954 y 1960. Asímismo, se enuncian los principios rectores de la
vivienda y las áreas verdes que debían actuar como dispositivos
de una nueva forma de ser de la ciudad y de los ciudadanos.

De la contratación y las intenciones


34 Gilberto Gatto
El autor del Anteproyecto del Plan Regulador, aprobado por el Sobral. En SIAP
Concejo Municipal en noviembre de 1942, fue el arquitecto uru- N° 1, enero de
1955. Cortesía
guayo Guillermo Jones Odriozola55 con el apoyo del también de la Biblioteca
Ecuatoriana Aurelio
uruguayo Gilberto Gatto Sobral56. Ante el retiro inesperado de Espinoza Pólit.

Jones por motivos de salud, Gatto Sobral quedó como encargado


del Plan Regulador entre diciembre de 1942 y abril de 1945. Por
parte de la municipalidad, participaron los ingenieros Eduardo
Naranjo, Juan Bernardo Villacreces, Enrique Vásconez y José Be-
nítez (Director de Obras); los dibujantes Jaime Valencia y Andino;
los estudiantes Germán Barragán, de la Torre, Viera y Guillermo
Montalvo Jaramillo; los maquetistas hermanos Egas, entre otros.

55 Guillermo Jones Odriozola (Montevideo, 1913-1994). Hijo del arquitecto Alfredo


Jones Brown. Egresó de la Facultad de Arquitectura de Montevideo en 1937. Tra-
bajó y entabló amistad con los arquitectos Julio Villamajo, Octavio de los Cam-
pos, Mario Payssé, Gilberto Gatto Sobral, Louis Munford, José Luis Sert, entre
otros. Ganó el Gran Premio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de
Montevideo en 1939. Autor del Plan Regulador de Quito. Arquitecto consultor
de la ONU. En la última década se han emprendido estudios para poner en valor
su obra en Uruguay.
56 Gilberto Gatto Sobral (Montevideo, 1910-Quito, 1978). Llegó a Quito por invita-
ción de Jones para colaborar en el Plan Regulador. Desde 1946, ocupó el cargo de
Director del Departamento de Construcciones de la Universidad Central del Ecua-
dor (UCE), se integró como docente fundador de la Escuela de Arquitectura (1947),
luego Facultad de Arquitectura (1957). Ejerció como Representante de la UCE ante
la Junta de Defensa Artística de Quito. Autor de los planes reguladores de Cuenca,
Latacunga, Salcedo, Loja y Manta; coautor del Plan Regulador de Quito.
63
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Jones, en una entrevista publicada en la Revista TRAMA 56 de


1992, menciona la participación de los arquitectos uruguayos Jor-
ge Bonino y Alfredo Altamirano, pero no se ha podido determi-
nar en qué consistió su contribución. El Plan Regulador de Quito,
en su versión definitiva57, firmada por Gilberto Gatto Sobral, fue
aprobado por el Concejo Municipal el 20 de abril de 1945.

La necesidad de un plan urbano se había discutido en el Concejo


desde inicios del siglo XX; en 1926, 193758 y 193959 fueron expe-
didas normas y revisados anteproyectos pero no se había toma-
do en firme ninguna resolución60. La alta consideración que Jo-
nes, de 29 años de edad, ganó entre profesionales y autoridades
permitió que firmara el contrato para elaborar el anteproyecto el
19 de febrero de 194261. En ese momento, Jones residía en Qui-
35 Memoria Descriptiva del Proyecto del
Plan Regulador para la Ciudad de Quito. to desde hacía aproximadamente siete meses (Acta Concejo Mu-
Imprenta Municipal, 1945. Cortesía del
Instituto de Altos Estudios Nacionales nicipal, dic. 1941. ene.-jun. 1942, Libro. 871, 1942: f. 00191-00194)

57 Entre noviembre de 1942 y abril de 1945, el arquitecto Gatto Sobral incluyó en el


Plan las correcciones sugeridas por parte del arquitecto urbanista peruano Emilio
Harth-Terré, en ese entonces jefe del Departamento de Estudios Urbanos en el
Ministerio de Fomento del Perú (1940-1947) y miembro del Concejo Nacional de
Conservación y Restauración de Monumentos Históricos del Perú (1940-1955);
de los ex presidentes del Concejo Municipal, Gustavo Mortensen Gangotena,
Galo Plaza Lasso y Carlos Andrade-Marín; de los ingenieros civiles, Alonso Ce-
vallos y Modesto Ponce Martínez, y el arquitecto Antonio Russo, designados por
la Sociedad Ecuatoriana de Arquitectos, y de la Comisión de Obras Públicas Mu-
nicipales, representada por Eduardo Pólit Moreno y Miguel Ángel Benalcázar. A
estos informes se unió en 1945 el de la arquitecta urbanista Chloethiel Woodard
Smith, que no fue considerado en las respuestas, lo que hace suponer que llegó
con posterioridad. Los informes completos se pueden leer en Plan Regulador de
Quito. Memoria descriptiva. Opiniones de los técnicos nacionales y extranjeros. Re-
formas aprobadas por el Concejo. Imprenta Municipal, 1948.
58 El 21 de mayo de 1937 fue expedido el Decreto 135 de la Ley Municipal, que sirvió
como “norma para el delineamiento y planificación de las calles nuevas y correc-
ción de las existentes, formación de parques y paseos públicos; trazado de barrios
residenciales; obreros, industriales, deportivos y en general, para todo cuanto se
relacione con el desenvolvimiento urbano y el futuro desarrollo de la ciudad de
Quito”. Uno de los derivados de este decreto fue, en 1939, el anteproyecto de Plan
Regulador del ingeniero Leopoldo Moreno Loor, que no fue aprobado.
59 Ernesto Cappello (2011: 100) expone que las gestiones municipales para el Plan
Regulador iniciaron en 1938. En 1939, el Concejo habría invitado a Armando Acosta
y Lara y a Américo Ricaldoni, director del Plan Regulador de Montevideo a realizar
los estudios necesarios. La oferta solo fue aceptada por Acosta y Lara quien en sep-
tiembre de 1939 estuvo en la ciudad y difundió en conferencias los aciertos de la
planificación urbana moderna. Según Capello, Acosta y Lara habría recomendado
a Jones, en este estudio no se ha encontrado evidencia que confirme este hecho.
60 Una de las causas fue el alto costo de contratación.
61 En enero de 1942, el presidente del Concejo era Rafael Pérez y Pérez y Alejandro
Guerra actuaba como Procurador síndico interino. En la Foja 00192, se encuentra
la transcripción de la escritura del contrato con Jones, que se discutió en el Con-
cejo el 30 de enero para definir la forma y el monto de pago por los servicios de
Técnico Urbanista, para que realizara el Plan Regulador de la ciudad. El plazo fue
de 23 meses y el valor del trabajo, de 62 000 sucres, equivalentes a 4 163 dólares
en ese tiempo. También se acordó que, en caso de que no resultase el proyecto
del hotel a la cifra acordada se debía sumar 150 000 sucres ($10 000) porque el
monto que solicitaba Odriozola era de 15 000 dólares, de no obtener el contrato
del hotel. El valor de los trabajos del hotel era de 30 000 dólares.
64
Capítulo 1

en goce de la Beca del Gran Premio, concedida por la Univer-


sidad de Montevideo y “contratando los planos, construcción
y dirección del nuevo Hotel Metropolitano”62 (Acta Concejo
Municipal, dic. 1941. ene.-jun. 1942, Libro. 871, 1942: f.00192), obra
que no llegó a concretarse y que es el rastro más antiguo sobre
la intención de construir un hotel de alta categoría y carácter
internacional en Quito, tema que será desarrollado en el apar-
tado correspondiente.

De los motivos que Jones pudo tener para visitar la ciudad, hay
noticia, en una entrevista concedida al arquitecto uruguayo Wal-
ter Domingo en 1991 (1992: 34) en la que Jones afirma que, desde
antes de llegar a Quito, tenía interés por la ciudad ya que el doc-
tor José Gabriel Navarro, en Brasil, en 1937, le “habl[ó] maravillas”
sobre la arquitectura colonial quiteña, presentándole “obras des-
conocidas en el resto de América” (34). Esto despertó su curiosi-
dad. Cuando pasó por Ecuador en su viaje del Gran Premio, subió
desde Guayaquil para conocer la capital. Lo que encontró —pai-
saje, arquitectura y arte colonial, posibilidades de crecimiento,
entre otros factores— lo motivaron a quedarse, lo que le dio la
oportunidad de relacionarse con los miembros de la Sociedad de
Ingenieros y Arquitectos, entre quienes se encontraba el ingenie-
ro Eduardo Pólit Moreno, miembro del Concejo Municipal y pre-
sidente de la Comisión de Obras, que —en palabras de Jones— le
propuso que se hiciera cargo del Plan, reto que aceptó.

En la reunión del Concejo Municipal en la que se discutió si con-


tratar o no los servicios de Jones, fue fundamental el rol de los
concejales ingenieros Eduardo Pólit Moreno, Francisco Cruz y Pe-
santes Lafebre, a favor de Jones.

Eduardo Pólit Moreno insistía en el nombre de Jones argumen-


tando que:

hicimos que el Concejo lo conozca, porque creímos que


podríamos aprovechar de sus servicios, tanto el Direc-
tor de Obras como el que habla […]. Al mismo tiempo
el señor ha trabado de amistad con la firma del Hotel
Metropolitano y seguramente ha merecido por los bri- 62 Este proyecto, gubernamental y mu-
llantísimos documentos con los que cuenta […] ser el nicipal, era apoyado por el doctor
Humberto Albornoz, presidente de
proyectista y constructor del hotel (Acta Concejo Muni- la Comisión de Hacienda, median-
cipal, dic. 1941. ene.-jun. 1942, Libro. 871, 1942: f. 00195). te gestiones para un préstamo del
Eximbank. Por este contrato, Jones
iba a percibir 30 000 dólares. En
1945, cuando se aprobó el Plan de
Ordenamiento, fungía como Presi-
dente del Concejo.
65
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Por su lado, Cruz expuso que los 15 000 dólares que solicitaba Jo-
nes63 eran poco en relación con el alto monto que se requería para
subsanar los problemas de la ciudad y que se compensarían con
las ventajas y el ahorro a futuro que daría el Plan. Añadió que a
“otras ciudades les ha costado doscientas veces más de lo que le
va a costar a Quito” (Acta Concejo Municipal, dic. 1941. ene.-jun.
1942, Libro. 871, 1942: f.00197). Además, ponía en consideración el
afecto y admiración que Jones había demostrado hacia la ciudad y
el prestigio que ganaría al ser autor del Plan de Quito:

El Señor Jones, en ningún lugar se ha establecido más


tiempo que en Quito, porque ha encontrado material
para un estudio amplio, […] después de haber hecho
una gran gira, y ha encontrado algo atrayente, algo en-
cantador, y debido a esto es que el señor Jones quiere
comprometerse por un precio que no halagaría a otro
profesional, y, porque su nombre quedaría para siem-
pre grabado, al hacer el plano regulador de Quito, pues,
el panorama y todo se presta para hacer una cosa lin-
da. Esto me ha manifestado el señor Jones, lo que me
ha impresionado mucho. También he visto yo las cre-
denciales que le acreditan, por lo que me ha parecido
un hombre célebre (Acta Concejo Municipal, dic. 1941.
ene.-jun. 1942, Libro. 871, 1942: f. 00194).

Por último, a criterio de Pesantes Lafebre, la idoneidad de contra-


tar a Jones se sustentaba en la identificación del arquitecto con
la ciudad, con sus valores tradicionales, la arquitectura colonial
y el arte religioso, a tal punto que, con poco tiempo de estancia,
“hacía propaganda” a favor de la ciudad, por ejemplo, mediante
una colección de 50 fotografías de arquitectura colonial quiteña,
que el municipio mostró en el Congreso de Municipios de 1941
en Santiago de Chile o las publicaciones sobre Quito en la prensa
uruguaya. Por estos actos, consideraba que

un hombre así, que está haciendo propaganda, que


está haciendo una labor silenciosa, tenaz y concienzu-
da del arte que encierra esta ciudad, es porque aprecia
a Quito y su arquitectura, y creo que debemos hacer el
contrato […] ya que los técnicos nos han ponderado
de la necesidad y que relativamente es barato el precio
(Acta Concejo Municipal, dic. 1941. ene.-jun. 1942, Libro.
871, 1942: f. 00202).

63 Las condiciones de pago que pro-


puso Jones permiten inferir su
deseo de realizar el Plan. Estas se
pueden leer en el Acta Municipal
del 30 de enero de 1942.
66
Capítulo 1

Con este recuento queda claro que los argumentos para la con-
tratación fueron de carácter retórico —por amor al Quito colo-
nial— y financiero, el bajo precio. Las actas no registran reflexio-
nes sobre antecedentes profesionales específicos que permitan
evaluar la pertinencia de la contratación. Si bien se enuncia que
se han visto documentos y credenciales, no hay referencia a obras
ejecutadas que avalen la contratación. Esto no niega que existan,
pero evidencia que no fueron el argumento para la toma de de-
cisiones. Es decir, fue una cuestión de referencias personales y
valoraciones subjetivas del buen hacer y el amar.

A estas consideraciones hay que sumar la cercanía ideológica que


Pólit, Cruz y Lafebre (Dic. 1942-Dic. 1944) y, luego, Albornoz, Nava-
rro y otros (Dic. 1944-Dic. 1946) tenían con Jones. Compartían crite-
rios conservadores con elementos del socialcristianismo europeo de
aquella época, sobre la sociedad y su organización; criterios que ar-
ticularon el Plan Regulador y activaron dispositivos de permanencia.

Pero, ¿cuáles fueron las ideas rectoras del trabajo de Jones, que
fueron asumidas por Gatto Sobral? Jones, al referir sus primeras
impresiones de Quito, la definió como “una ciudad pura, a la que
aún no ha[bía]n llegado con toda fuerza de su alteración diversos
fenómenos de vida moderna en su transmutación de elementos,
de costumbres, y que así ha[bía] conservado sus principales cua-
lidades intrínsecas” (Jones et al., 1948 [1942]: 5). Consecuente
con esto, optó por intervenciones que la acercaran al mundo
moderno pero que no alteraran su esencia de “ciudad pura”, lec- 36 Plan Regulador de Quito. Imprenta
Municipal, 1948. Cortesía del Museo
tura idílica que el contacto con la realidad desdibujó sin cruzar la de Arquitectura del Ecuador. Colegio
de Arquitectos del Ecuador-Pichincha.
línea de la reflexión sobre los orígenes de las deficiencias e incon-
gruencias que presentaba la ciudad.

Su reflexión sobre Quito, alimentada por la visión de lo estu-


diado en la Universidad de Montevideo, lo conocido en Europa
(193864), lo visitado como parte del Gran Premio: Bolivia, Chile y
Perú, y la influencia de Navarro y sus cercanos (entre los que se
encontraba Eduardo Pólit Moreno, miembro del Concejo Muni-
cipal), le hizo considerar la protección de la arquitectura colonial
y la articulación de centros, vivienda y áreas verdes como puntos
64 Jones, en entrevista hecha por Wal-
rectores del Plan Ordenador. ter Domingo el 25 de julio de 1991,
relató: “Me recibí el 23 de octubre
de 1937 y en febrero de 1938, con
el arquitecto Mario Payssé Reyes
iniciamos un viaje hacia Europa y el
Norte de África: Sabaudia, Littoria,
Pontinia, Roma, París, Inglaterra,
Escocia, Bélgica y Holanda”.
67
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

68
Capítulo 1

37 Láminas de estudio. Plan Regulador de Quito. Imprenta Municipal, 1948. Cortesía del Museo de Arquitectura
del Ecuador. Colegio de Arquitectos del Ecuador-Pichincha.
69
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

70
Capítulo 1

38 Maqueta del segmento central del Plan Regulador de Quito. Desarrolla los edificios administrativos del nuevo Centro de Gobierno.
Cortesía de Alfonso Ortiz.

71
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En 1945, Gatto Sobral defendió el Plan Regulador ante el Concejo,


para lo que retomó las líneas rectoras del anteproyecto elabora-
do por Jones (1942):

El Anteproyecto del Plan Regulador de la ciudad de Qui-


to fue el estudio y la interpretación emocional y estética,
dentro de la más pura lógica y técnica urbanística, de
todo aquello que la ciudad nos mostró en nuestro re-
correr por sus calles con lo más puro de su condición
de centro cultural y artístico del pasado, pero también
nos mostró los defectos que ya esboza en su evolu-
ción y transformación en urbe populosa y moderna. El
mantener ese carácter y espíritu de su centro histórico
componiéndolo con el resto de la urbe, de característi-
cas modernas de organización y formas de vivir, ha sido
nuestro principal punto de vista. El Anteproyecto era
precisamente la puesta en práctica de todo ese conjun-
to de ideas que considerábamos esenciales para hacer
de Quito un centro de interés indudable, dentro de una
composición basada en principios de un gran contenido
social y humano, de una manera de vivir mejor, todo
ello dentro de sus realidades topográficas, climatéricas,
económicas, demográficas, etc., cuyos datos fueron su-
ministrados por las estadísticas realizadas por diversas
instituciones del Estado (Gatto Sobral, 1945: 1).

Estas expresiones anuncian los valores que desarrolla el Plan: una in-
tervención mínima en el centro y el aprovechamiento de las zonas
menos pobladas para la aplicación de los criterios urbanísticos con-
temporáneos; es decir, los que venían de la escuela de Beaux Arts,
como la traza urbana geométrica demarcada por diagonales que
garantizarían la funcionalidad vial, el acomodamiento de fachadas
a composiciones homogéneas que alimentarían la percepción regu-
lar del entorno, la aplicación de sistemas de dotación de servicios
que procurarían niveles de higiene adecuados y el reforzamiento
simbólico de los monumentos antiguos y de nueva factura como
elementos del carácter de la ciudad. Estos se combinaban con otros
65 El III CIAM (1930) trató el tema
“Métodos constructivos raciona-
cercanos a la escuela norteamericana, como los centros cívicos y los
les. Casas bajas, medias y altas”. parques urbanos que recogían, a su vez, elementos de la Ciudad Jar-
Las recomendaciones reforzaron
la planificación urbana científica. dín de Howard y los principios de urbanismo de Abercrombie en
En relación con la densificación
urbana se presentaron dos líneas:
relación con el cuidado de la belleza, la salud y la conveniencia. A
la de Le Corbusier, que defendía la esto, se unían los principios de zonificación de funciones urbanas
concentración vertical, la Ville Ra-
dieuse, y la de los defensores de la enunciados en las resoluciones del III y IV Congreso Internacional de
dispersión horizontal tipo ciudad
jardín. En el IV CIAM (1933) se
Arquitectura Moderna (CIAM), de 1930 y 193365. Todo esto enmar-
debatió sobre la ciudad funcional, cado en claros criterios de modificación de las costumbres de los
dando como resultado La Carta
de Atenas, en la que se indican sus habitantes para hacerlos partícipes de las formas de vivir modernas.
cuatro funciones primarias: habi-
tar, trabajar, recrearse y circular.
Pero, ¿cómo se aplicaron estas intenciones?
72
Capítulo 1

Una de las estrategias del Plan Regulador fue la condición cientí-


fica de la propuesta. Actuar sobre el “absoluto conocimiento de
todos los hechos” (Gatto Sobral, 1945: 1), mediante el uso de cen-
sos, levantamiento topográfico, estadísticas y otros instrumentos,
permitiría medir el estado de densidad poblacional y crecimiento
urbano66 para determinar las soluciones eficientes a futuro y te-
ner control sobre los cambios, evitando que los elementos libres
a su propia voluntad distorsionaran la planificación. Este criterio
cientificista se tejía con las líneas de pensamiento que defendían
el rol de regulador moral del urbanismo y la arquitectura, ya que
para Gatto Sobral la ciudad era “el conjunto orgánico, armoni-
zado en todas y en cada una de sus partes […] que crea una
forma de vivir eminentemente funcional, lo cual de inmediato se
reflejará en la organización y control del vivir de la ciudad entera”
(1945: 5), así como el hogar y su contenedor: el bloque de vivien-
da o la casa unifamiliar independiente era y debía ser “cada vez
más limpio, más sano, más moral y más feliz” (1945: 6).

La ciudad sobre la que aspiraban materializar estas intenciones, se-


gún la lectura del espacio urbano que hizo Guillermo Jones Odriozo-
la (1942), no permitía

apreciar una zonificación apropiada y definida, mucho


menos aún en lo que se refiere a centros de gobierno
o edificios de utilidad pública. [Hay a]lgunos mercados
bien ubicados, en cuanto al reparto de mercadería se
refiere, pero difíciles algunos de ellos para el acceso de
las mismas mercaderías. […] [V]emos que la masa edi-
ficada y los espacios construidos equilibran pero con
un concepto de utilización parcial o privada. No exis-
ten edificios levantados dentro de jardines comunes, el
espacio viario es muchas veces el mínimo necesario y
los espacios no viarios, en el interior de la ciudad casi
desaparecen. […] [L]os espacios libres trabajados son
pequeños: citamos la Alameda y el parque de mayo
[…] [Es una] ciudad huérfana de verdaderos parques y
jardines, de avenidas y paseos de sentido espacial am-
plio (Jones et al., 1948 [1942]: 9).

Por su parte, Gatto Sobral (1945) sostenía que

si bien hay un principio de distribución natural de la


población en los tres grupos […] obreros, emplea- 66 En la zona obrera, se propuso una
dos y propietarios e industriales, [esta] se respeta densidad de 315 habitantes por
hectárea, en tanto que, en la zona
en el proyecto definitivo como expresión natural residencial, la densidad sería de 80
del sentir del ciudadano de Quito, esa distribución personas por hectárea. Véase Me-
y la forma de crecimiento de la ciudad se realiza en moria Descriptiva para el Proyecto
del Plan Regulador para la ciudad
forma completamente amorfa y desorganizada. […] de Quito, 1945, 14-18.
73
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Las zonas industriales distribuidas en diversas partes


sin criterios de organización / Las escuelas y estable-
cimientos educacionales concentrados en la zona
central mientras que ni en el sur ni en el norte exis-
ten […] los espacios centrales de la ciudad, donde
viven obreros, empleados, artesanos, etc., ofrecen una
densidad media de 500 habitantes por hectárea, sin
ninguna clase de espacio libre apropiado; los barrios
obreros inmediatos en las zonas fabriles, tiene una
densidad de 200 habitantes por hectárea, también sin
un espacio libre que esté de acuerdo, o que cumpla
con la función primordial de servir a los habitantes
del lugar como elemento [de] esparcimiento y como
verdadero pulmón de la zona. En ambos casos las
construcciones o viviendas son casas en su mayoría
de uno y dos pisos, en pésimas condiciones higiéni-
cas y constructivas (Gatto Sobral en Jones et al., 1948
[1945]: 113-118).

Sin embargo, los arquitectos, ven en ese des-orden una oportu-


nidad, ya que a su criterio, una ciudad que ha crecido sin linea-
mientos previos, “que no está totalmente construida en sus par-
tes esenciales” puede “llegar a un plan armónico, a un plan total,
con la lógica contemplación de sus posibilidades y necesidades”
(Jones et al., 1948 [1942]: 3). Para esto, proponen la organización
del territorio a partir de funciones y de centros.

Los parámetros para la organización en zonas fueron la geografía


y el “hacer de sus gentes”; el Plan respetó y fortaleció, en cada
sector, el equipamiento propio de la vocación del sitio: industria,
administración, salud, contemplación, etc., y lo complementó
con el necesario para la vivienda, educación, comercio, esparci-
miento, administración seccional, entre otros ineludibles para “la
organización perfecta y funcional del conglomerado urbano en
relación con su estructura de vida” (Gatto Sobral en Jones et al.,
1948 [1945]: 112), en la que se reconocían las cuatro funciones
fundamentales: habitar, trabajar, circular y descansar, ya enuncia-
das en el CIAM III. Esto debía garantizar la aceptación del plan
al no contradecir ni alterar —en lo sustancial— lo existente; sin
embargo, la reacción social fue de rechazo.

74
Capítulo 1

Los centros

En el anteproyecto de 1942 y en el definitivo de 1945, Jones y


Gatto Sobral articularon centros, que “comprendían los distintos
sectores de la actividad humana”(Jones et al, 1948 [1942]: 25).
Los arquitectos explicaron que para su concepción y ubicación
tomaron en cuenta los “hechos más o menos físicos de la ciudad
y del individuo”, pero que también consideraron “todos los fon-
dos espirituales sobre los cuales [iban] a ir tendiendo posibilida-
des de realización” (25). Así planteado, los centros responden a
actividades y a principios de identidad y memoria.

En la zona sur se ubicó el centro terminal de transportes y abaste-


cimientos en respuesta a la existencia de la estación de ferrocarril
y sus servicios anexos, la zona industrial, los barrios obreros, la
zona residencial para dueños y altos funcionarios de las indus-
trias y la zona de vivienda media.

En la zona norte, donde “la urbe presenta[ba] sus villas asentadas


más o menos entre jardines, vías de una evacuación más fácil y
las realizaciones de lo nuevo […] siguiendo la tendencia natural
y lógica ya iniciada por las gentes de Quito, [se ubicó] la zona
eminentemente residencial” (Gatto Sobral en Jones et al., 1948
[1945]: 112) combinada con vivienda media, artesanado y pe-
queña industria (servicios), gracias a las recomendaciones de los
informes que hicieron ver la imposibilidad de trasladar a un solo
lugar a los artesanos y prestadores de servicios que ya se habían
agrupado aleatoriamente a lo largo y ancho de la ciudad.

En la zona centro, que abarcaba el centro histórico y la primera


parte del norte, se ubicó vivienda media, centro histórico, cen-
tro municipal, centro de gobierno o cívico, centro comercial y
bancario, centro universitario y centro hospitalario, aunque este
último no fue resuelto y solo quedó el planteamiento de respetar
el “hacer de las gentes” y consolidar la zona hospitalaria civil en la
periferia occidental y la militar, en la oriental.

Los centros se relacionaban y activaban gracias a amplios siste-


mas de verde para el ocio, la recreación y la movilidad peatonal y
vehicular, de modo que una gran parte del territorio sería de uso
público. Una ciudad ideal.

75
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Sin embargo, en las modificaciones de 1946, el alcalde Jijón y Caa-


maño anotó:

uno de los puntos esenciales [del] Plan Regulador, es


el conocido con el nombre de centro cívico, la ciudad
requiere que, en la parte prevista para el centro cívico
existan amplias avenidas, que una la ciudad del norte
con la histórica del centro; pero dada la situación eco-
nómica de la Nación, no es posible que, en muchísimos
años, el gobierno esté en capacidad de construir los edi-
ficios públicos qué hay de ver a levantarse. […] Además
no es posible, que los propietarios de los precios de esa
sección permanezcan indefinidamente, en la situación
en que ahora se encuentran, sin poder aprovechar per-
didamente sus precios. De ahí que se ordena levanta-
miento del plano del centro cívico […] Mas, como no
podrán hacerse ahí las construcciones edificios públicos
que contemple el Plan Regulador, convendría considerar
aquella sección como un centro comercial de primera
clase, permitiendo que los propietarios construyan [ahí]
casas de Oficinas almacenes, de acuerdo con el plan que
para efecto se elabore (Fijación de las diferentes zonas
de la ciudad, sobre los espacios verdes y centro cívico,
sesión del 21 de junio de 1946, Concejo Municipal de
Quito, en Jones et al., 1948 [1946]: 157).

Con este criterio, en 1946 quedó desmontada la organización de


la ciudad de acuerdo con los lineamientos del Plan. La única pieza
que sobrevivió, por lo menos en lo concerniente a ubicación, dis-
tribución de edificios, áreas verdes, sistema de accesos vehicula-
res y caminerías internas, fue el centro universitario67, gracias a la
autonomía de la universidad, que le permitió administrar su pro-
ceso de configuración edilicia y paisajística con independencia,
y al nombramiento de Gatto Sobral como Director del Departa-
mento de Construcciones de la Universidad Central del Ecuador,
por lo que pudo materializar una parte de su visión. Sobre este
tema se ahondará en el acápite pertinente.

67 La Universidad Central del Ecua-


dor, durante el rectorado del doc- El centro histórico, casco histórico o ciudad colonial
tor Julio Enrique Paredes, canjeó
las propiedades e institucionalizó
el principio de Autonomía Uni- Como se mencionó, un criterio fundamental del Plan era el res-
versitaria, ratificado en la Consti-
tución. La adecuación del campus peto y cuidado de la arquitectura colonial que se concentraba en
y la construcción de los edificios
administrativo, teatro, facultades
la zona central (centro histórico y administrativo).
de Economía, Jurisprudencia, In-
geniería, Medicina y la residencia
Jones planeaba mantener el carácter y espíritu del centro “com-
estudiantil se realizaron durante la
administración del doctor Alfredo poniéndolo con el resto de la urbe, de características moder-
Pérez Guerrero, que, además, fue
Concejal de Quito en el periodo nas de organización y formas de vivir” (Gatto Sobral, 1945: 3),
1958-1959.
76
Capítulo 1

mediante la ampliación de vías, la modificación de uso de suelo


de administrativo nacional a administrativo municipal y cultural;
y, el refuerzo del carácter religioso en dos sentidos: el propio de
la fe y el de la contemplación estética con su proyección moral
y cívica. Para esto, el casco histórico y el centro cívico serían el
espacio articulador de los dos sectores adyacentes, norte y sur,
en los que se impondrían las “características modernas de organi-
zación y formas de vivir” con la instalación de la zona industrial,
bloques de vivienda tanto en barrios obreros como en residen-
ciales, equipamiento deportivo y cultural, activación de parques
y áreas de paseo. En conjunto, se obtendría “una composición
basada en principios de un gran contenido social y humano,
de una manera de vivir mejor, todo ello dentro de sus realida-
des topográficas, climatéricas, económicas, demográficas, etc.”
(Gatto Sobral, 1945: 5). Estos planteamientos conciliaban con los
del grupo conservador que ostentaba el poder en el Concejo, que
defendía mantener y adaptar lo existente a nuevos usos, actuali-
zar el sistema, mejorarlo pero no cambiarlo: cambiar era revolu-
cionario y llevaría a la anarquía en la construcción y en el diseño
arquitectónico, lo que pondría en peligro la imagen colonial de la
ciudad, así como sus hábitos y costumbres.

Como una fórmula que permitiría la continuidad, se presentaron


dispositivos de intervención para que el centro de la ciudad recu-
perara y conservara su condición de “joya de arte colonial” (Jones,
1948 [1942]: 7) siguiendo propuestas del Barón Haussmann ya en-
sayadas en París en el siglo XIX como la reforma armónica de las
fachadas, la articulación vial de diagonales mediante redondeles,
la eliminación de áreas insalubres —quebradas, zonas de vivienda
pobres y en mal estado—, la reconstrucción de elementos destrui-
dos con fines de modernización y expresión simbólica y la no cons-
trucción de arquitectura reconocible como contemporánea:

En el caso concreto de la ciudad de Quito se presenta


un casco colonial de valores destacadísimos que no sola-
mente debe ser protegido de la intromisión de calidades
que disuenen con lo existente, sino que se debe llegar a
realizar una remodelación de fachadas tal que aquellos
principales monumentos puedan existir dentro de un
sistema de continuidad interesante […] [L]a remodela-
ción que creemos debe ejecutarse en la ciudad colonial
[…] puede concretarse en pocas palabras: corrección de
las fachadas que limitan el espacio viario que une cen-
tros de interés, con la eliminación en ciertos casos, de
este espacio viario como arteria de tránsito vehicular,
77
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

y con la apertura, en ciertos casos también de plazuelas


que nos permitan la apreciación objetiva de ciertos mo-
numentos que actualmente prestan dificultades para ser
observados (Jones, 1948 [1942]: 11-28).

Los delegados de la Sociedad Ecuatoriana de Ingenieros y Ar-


quitectos, ingenieros Alonzo Cevallos y Modesto Ponce Mar-
tínez y el arquitecto Antonio Russo, en el informe presentado
ante el Concejo Municipal el 28 de noviembre de 1942, encon-
traron acertado el tratar de conservar [la ciudad vieja] con to-
das sus características, destacando los monumentos artísticos
que en ella existen, mediante adecuados ensanchamientos que
permitan degustar de toda su admirable belleza arquitectónica”
(Jones et al., 1948 [1942]: 72). Por su parte, el Arquitecto Emilio
Harth-Terré68, en el informe presentado al Concejo, el 18 de no-
viembre de 1942, en relación con el centro de Quito y los elemen-
tos más visibles que lo conforman: escalinatas, muros, anchos de
calle, entre otros, dijo:

Encierra el casco antiguo de la ciudad, monumento de


arte virreynal de verdadero mérito. Estos son los testi-
monios de la cultura pasada, de la riqueza de la ciudad.
Son abolengo tradicional y títulos nobiliarios de más
rancio mérito. Deben no solo de cuidarse y de conser-
varse, sino también destacarse, no solo por el prurito
del 'turismo' que bien puede aportar ventajas econó-
micas sino yendo más allá de lo material: al símbolo
que representa en la vida ciudadana y ser el perenne re-
cordatorio de sus virtudes y de su fe, al mismo tiempo
que de su riqueza y de su arte […] el carácter de aque-
llas callejuelas, las pocas que quedan del tiempo colo-
nial, […] sin menoscabo de la higiene hay que salvar y
proteger todo aquello que no llenando en la dinámica
de la ciudad una función importante y trascendente
68 Emilio Harth-Terré, arquitecto pe- cumple con cierto sentido estético y que viene a ser
ruano. Participó activamente en la […] la característica distintiva (Harth-Terré en Jones et
discusión sobre arquitectura y ur- al.,1948 [1942]: 56).
banismo a través de sus escritos en
la Revista Arquitectura de Cuba. En
la tesis doctoral Caribbean moder- En la misma época en la que Jones comunicaba su propuesta, en
nisms. The discourse on the modern
dwelling in four architectural maga- Quito circulaban otras de similar tenor. Desde el campo profesional,
zines, 1945-1960, de Gricelys Rosa-
rio Pina (2015), se puede rastrear
las más difundidas por la prensa fueron las que emitió el arquitecto
los textos publicados a partir de checo Karl Kohn69 al referirse a los procesos de modernización:
1945 y los publicados por Chloetiel
Woodard Smith, en el apéndice 5,
“Magazine Index”. en el Ecuador se debe tener mucho cuidado para no
69 Karl Kohn (Praga, 1894-Qui-
destruir por ejemplo las calles de Quito, cuyas carac-
to,1979). Arquitecto, diseñador y terísticas son la tortuosidad y la estrechez, alterar es-
pintor; defensor del funcionalis- tas cualidades con construcciones modernas copiadas
mo en la arquitectura. Contribuyó
a la difusión y consolidación de la
exactamente de las que se levantan en otros países, sería
arquitectura moderna en Ecuador. permitir que el periodo de transición en que vivimos,
78
Capítulo 1

devore en pocos años de imprudencia, toda la belleza y


armonía que el hombre de este país ha creado en varios
siglos, […] adaptar lo antiguo a lo moderno sin destruir
la personalidad ( El Día, 18 de febrero de 1942: sn).

Kohn sugería hacer una evaluación de la infraestructura existente


en el centro para determinar qué edificios, por sus condiciones es-
tructurales, estéticas y de uso, se deberían conservar y cuáles no,
ya que “no todo lo antiguo es bueno”. A su criterio, las unidades
demolidas deberían ser reemplazadas por plazas que oxigenaran
el sitio y permitieran mejores puntos de observación de los monu-
mentos coloniales y el espacio urbano en general (sn). Kohn y Jones
coincidían en la intención de defender el centro histórico, interve-
nir en lo mínimo necesario, despejar plazas y aligerar el tránsito.

Desde la historia, los planteamientos de Gabriel Navarro (La es-


cultura en el Ecuador Siglos XVI-XVIII, 1929) y José María Vargas
O.P (Arte Quiteño Colonial, 1944) enfatizaban en el valor de la
arquitectura colonial religiosa y civil de la ciudad y la importan-
cia que este tenía en la conformación de una idea de nación y de
identidad en la que lo indígena y lo español se encontraban para 70 La Ordenanza 528, del 14 de enero
de 1941, estableció que la zona de
generar una expresión propia, hispano-ecuatoriana. actuación de la Junta era la calle
Oriente, al norte; la calle León, al
este; la calle Loja, al sur, y la calle
En el texto expuesto por Gatto Sobral en 1945 sobre las obras a Chimborazo al occidente. Eran
ejecutar en el casco histórico dice: miembros de la Junta, el Presidente
del Concejo, el Director de Obras
Municipales, un asesor técnico —
Respetar todo lo que represente un valor histórico, ar- en caso de haberlo, un profesor
tístico, etc., para la ciudad de Quito. Pero todo aquello de Arquitectura de la Universidad
que no tiene ese valor y que al mismo tiempo es un Central—, el Director de la Escue-
la de Bellas Artes, un miembro de
obstáculo para la realización de ese esqueleto funda- la Academia Nacional de Historia,
mental que hará de Quito un conjunto armónico y un arquitecto que ejerciera la pro-
profundamente humano, debe ser encarado con cri- fesión y un ciudadano que fuere
reputado por sus conocimientos
terio constructivo; destruir lo necesario para construir sobre la tradición y artes quiteños.
alguna mucho mejor, más en consonancia con las ver- Sobre el tema, véase la reseña Los
daderas necesidades del ciudadano y de la ciudad (Ga- primeros pasos legales en la protec-
ción del centro histórico de Quito, de
tto Sobral en Jones et al., 1948 [1942]: 141). Alfonso Ortiz Crespo, 2014, remiti-
da al doctor Mario Granda, Con-
cejal Presidente de la Comisión de
Esta posibilidad de derrocar y construir, de modificar, reabrió un Áreas Históricas, el 30 de julio de
espacio de debate que ya existía en la ciudad. En Quito, actuaba 2014, en Anexo 2, del Acta resolu-
tiva de la sesión ordinaria de la co-
la Junta de Defensa Artística70, instancia creada para asesorar a la misión de áreas históricas y patri-
monio, del miércoles 30 de julio de
Dirección de Obras Municipales sobre los pedidos de autoriza- 2014. Disponible en http: //www7.
ciones para construcción y derrocamiento de edificios en la zona quito.gob.ec/mdmq_ordenanzas/
Proyectos%20Ordenanzas/164/Ini-
central (Ortiz, 2014: 1), ya que el movimiento inmobiliario llevó a ciativa.pdf
que se eliminaran piezas que, a criterio de algunos, no merecían 71 Entre 1945 y 1954, en el centro se
construyeron edificios modernos
ese destino, y a que se autorizara la construcción de edificaciones en altura, a pesar de la existencia
que, a criterio de otros, desentonaban con el sector71. de disposiciones generales que los
prohibían.
79
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Sobre la base de las preocupaciones anotadas y para dar un mar-


co legal a los propósitos del Plan Regulador, en 1946, el Alcalde
Jacinto Jijón y Caamaño promulgó la resolución Fijación de las
diferentes zonas de la ciudad, sobre espacios verdes y centro cívico,
en la que determinó la zona del Quito histórico entre el monu-
mento al Libertador [Simón Bolívar], por el norte; la plaza de La
Recoleta, por el sur; la calle Pedro Fermín Cevallos, por el orien-
te; y la plazoleta Mejía y la calle Chimborazo, por el occidente.
En el mismo documento dice que la Junta de Defensa Artística
sugería que esta zona debía tener una reglamentación especial
para construcciones (Fijación de las diferentes zonas de la ciudad,
sobre los espacios verdes y centro cívico, sesión del 21 de junio de
1946, Concejo Municipal de Quito, en Jones et al., 1948 [1946]:
156), por lo que fue sancionada la Ordenanza 646, en la que se
dispuso que las nuevas edificaciones tenían libertad en la confi-
guración de plantas y fachadas, pero debían conservar “los tipos
de elementos tradicionales del estilo Hispano-ecuatoriano colo-
nial […] aplicando en general estudios de detalles ornamentales
típicos que sin un sentido de copia pu[dier]an concebirse dentro
de un Estilo Moderno” (Concejo Municipal de Quito, 1946: s/p
en Ortiz, 2014: 1). Esta ordenanza da una nueva luz para inter-
pretar las resoluciones formales de edificios construidos en esos
años y los ritmos de cambio en la arquitectura de la ciudad.

En la década de los cincuenta, a raíz de algunos permisos de cons-


trucción72 que otorgó el municipio, se activaron debates sobre la
validez de aplicar los principios de la Ordenanza 646 en la rea-
lidad temporal presente. Estas discusiones articularon los espa-
cios de reflexión sobre la arquitectura como representación de
la identidad y como ejercicio profesional. A partir del tema de
72 Por ejemplo, en 1955, el Concejo
los estilos, se cuestionaba lo nacional y lo extranjero, lo moderno
permitió la demolición del muro
de cerramiento del convento de las y lo tradicional, la originalidad del diseño y la copia, la práctica
Conceptas a condición de que, en
su lugar, se levantara un edificio de profesional reglada y la empírica, el respeto o la burla a las leyes.
renta con fachadas de estilo colo-
nial quiteño, actuación que fue du-
ramente criticada ya que se mante- A futuro, estos puntos de vista se constituyeron en pilares para
nía la apariencia del entorno, pero la organización de los discursos que defendieron la integridad
sin la maestría artesanal ni compo-
sitiva de las construcciones origina- del centro y que, en 1978, desembocaron en la designación del
les. Hubo otros casos en los que se
autorizó el derrocamiento de edifi- centro de Quito como Patrimonio Cultural de la Humanidad,
caciones y su reemplazo por pro- por la UNESCO.
yectos modernos, por ejemplo, los
edificios Bolívar (1954) y Guerrero
Mora (1954), ambos de renta de
oficinas, por lo que no se respetó la
ordenanza, argumentando que la
arquitectura debía responder a su
tiempo.
80
Capítulo 1

Centro administrativo-financiero

Otra intención del anteproyecto del Plan de Regulador fue la reubi-


cación del centro administrativo y financiero, que funcionaba en el
casco histórico, desplazándolo hacia el sector norte, al punto en el
que históricamente se imagina el fin de la ciudad antigua y el inicio
de la nueva y moderna. Esta operación obligaba a re-construir los
significados, tanto del sitio que se dejaba como del que se configu-
raría, por lo que era una acción espacial, funcional y de memoria. En
el proyecto, esta decisión se justificaba desde el respeto al “querer de
las gentes”, expresión que hoy se podría interpretar como incluyente
de grupos heterogéneos pero que en su momento reflejaba el “que-
rer” de quienes socialmente hacían la ciudad; es decir, de los grupos
de poder que se posicionaban en el territorio en función de sus pro-
pios intereses y posibilidades. Desde este punto de vista el proyecto
oficializó la segmentación socioespacial norte-sur de la ciudad. Esta
era evidente a partir de la ubicación de la pista de aterrizaje en 192173
en el norte, a 8 kilómetros del centro, equipamiento que actuó como
punto de atracción para el crecimiento urbano de sectores pudien-
tes (Achig, 1973, 1983; Carrión Mena, 1979; Carrión, 1986, 2010;
Benavides, 1995; Kingman, 2006; Ortiz, 2004; Peralta, 1991, y otros);
la ubicación de barrios de primera clase como La Mariscal (1922); y
las ventajas que sugerían la topografía y el clima, que permitian que
en la zona hubieran quintas de recreo.

El emplazamiento del centro administrativo y financiero definió


el eje de dispersión y consolidación de la ciudad que acogería a
las instituciones gubernamentales, educativas, de recreación, sa-
lud y turismo, necesarias en una urbe que se esperaba fuera per-
cibida como moderna, por contar con edificaciones y un trazado
que reivindicarían —en su lenguaje formal— la triada moderni-
dad-civilización-desarrollo.

Parte fundamental del centro administrativo era la disposición del


terreno para el “Centro Cívico de Gobierno, especie de cerebro de
toda una nación” (Jones et al., 1948: 25), por lo que se escogió:

un lugar tal que ofrezca las mayores facilidades paisa-


jísticas, que pueda ser observado desde la mayor serie
73 Los vuelos internacionales y na-
de puntos con toda la jerarquía y calidad que su propia cionales se regularizaron en 1936.
calidad le confieren, cuyas conexiones tengan la facili- El equipamiento fue básico hasta
dad, armonía, importancia y accesibilidad que requiere 1960, cuando se terminó la cons-
trucción de la terminal interna-
y al mismo tiempo, lugar que simbólicamente tenga su cional y la ampliación de la pista
asiento en lo más puro y espiritual de la urbe (Gatto aérea. El aeropuerto dejó esas ins-
Sobral en Jones, et al., 1948: 150). talaciones en 2013.
81
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

A partir de este criterio, el Palacio Presidencial y los ministerios


fueron ubicados detrás del monumento al Libertador Simón Bo-
lívar, sobre el lote del parque de La Alameda, en el vértice norte
del centro, ya que se consideró que “[l]a condición topográfica
destaca[ba] el conjunto, la condición simbólica respalda[ba] con
la ciudad colonial todo el pasado de la tierra, y con la ciudad mo-
derna presenta[ba] todo el desarrollo y posibilidad del porvenir”
(Gatto Sobral en Jones et al., 1948: 150).

En las fotos de la maqueta se observa que el edificio principal, el


Palacio de Gobierno, ocuparía el centro de un conjunto de volú-
menes iguales, simétricos y ordenados, idea que fue desechada
con prontitud debido a una razón pragmática: se consideró invia-
ble activar la zona como centro de comercio hasta que existieran
recursos, así como a una razón estética: pesaba la insatisfacción
de muchos74 sobre la forma neoclásica que primaba en la volu-
metría que sería de mayor escala que la del centro. ¿Se percibió
como una amenaza a la potencia edilicia de la arquitectura y arte
colonial? o ¿se reflexionó sobre lo lejana que resultaba para la
ciudad una composición volumétrica afrancesada cuando las
reflexiones históricas —Navarro, Vargas y otros— apuntaban a
fortalecer los vínculos con España, a lo que el alcalde Jijón y Caa-
maño denominó el estilo hispano-ecuatoriano?

Más hacia el norte, detrás del equipamiento para el Poder Eje-


cutivo, en una zona de mayor altura, se dispuso el lote para el
Palacio Legislativo en un “sitio en el que por su condición de par-
cial aislamiento se obt[enía] una tranquilidad especial, en me-
dio de jardines y de parques, y al mismo tiempo la topografía
destaca[ba] naturalmente el edificio construido en altura” (Ga-
tto Sobral en Jones et al., 1948: 150). Para esta ubicación y den-
tro de las condicionantes del anteproyecto, el Concejo convocó,
en 1943, a un primer concurso internacional de anteproyectos75

74 Entre otros criterios se consideró que la resolución formal del Centro Cívico desde
el lado sur se presentaba un aspecto imponente lo que no sucedía en el lado norte
y que en general afectaba a la imagen del monumento a Bolívar, “quitándole toda la
grandiosidad […] al acumular las inmensas masas proyectadas” detrás del monumen-
to; para mayor detalle véase Mortensen G, Andrade Marín, Plaza Laso, en Informe de
los Expresidentes del Ilustre Concejo que estudiaron el Plan Regulador de la Ciudad, con
fecha 27 de noviembre de 1942, párrafo 13, en Jones, 1948: 69. También, el Informe de
los ingenieros civiles acerca del Plan regulador de la Ciudad, con fecha con fecha 28 de
noviembre de 1942, párrafo 3. en Jones, 1948: 71 firmado por los ingenieros Alonzo
Cevallos y Modesto Ponce Martínez y el arquitecto Antonio Russo.
75 El concurso internacional de anteproyectos para el edificio del Palacio Legislativo,
en dos fases se convocó en 1943. El proceso de selección adoleció de irregularida-
des por el incumplimiento de plazos, lo que causó molestias y desconfianza en la
seriedad del evento.
82
Capítulo 1

que fue premiado en 194676, aunque en ese momento no existían


los medios para avanzar en las negociaciones sobre la ejecución; en
1956, se retomó el tema con una selección77 por llamado que tam-
poco dio frutos; finalmente, en 1958, la Comisión de Construcciones
de la Secretaría de la Conferencia escogió y ejecutó el proyecto que
hoy existe78, tema que se resolverá en el apartado correspondiente.

La vivienda y las áreas verdes

En cuanto a la ubicación y configuración de los espacios de vivien-


da, Jones retomó elementos de la legislación municipal de 1937
que dividía el territorio en barrios residenciales, obreros, industria-
les y deportivos, así como la organización en zonas que ya conocía
de forma empírica, con la planificación de Montevideo, y de forma
académica, debido a su formación en la Facultad de Arquitectu-
ra de la Universidad de Montevideo donde estudió los plantea-
mientos de Haussman, Site, Agache, Abercrombie, Le Corbusier, el
CIAM y donde aún resonaban las conferencias de León Joussely79.

En la versión del Plan Regulador de 1945, explica que la división


social en “obreros, empleados y propietarios, gerentes y adminis-
tradores de las empresas de trabajo, [era] consecuencia lógica
de la forma de trabajo, bajo la organización democrática” (Gatto
Sobral en Jones et al., 1948 [1945]: 110) y la presenta como una
condición natural, que hay que aceptar y conservar ya que, por
su origen natural, supera en perfección a lo artificial. Por eso, para
lograr armonía, se requería que “el obrero como el empleado
[tuvieran] sus barrios de vivienda cercanos a las zonas de labor”
(110), aunque claramente definidos por elementos de implanta-
ción, volumetría, servicios y densidad. Siguiendo las propuestas de
organización segregada de la ciudad jardín de Ebenezer Howard80

76 El primer premio se adjudicó a Du Bose & Burkbank Associate Architects de Nueva


York y el segundo, al arquitecto Carlos Gómez Gavazzo.
77 Participaron los arquitectos Karl Kohn, Gatto Sobral y Guillermo Cubillos.
78 Este proyecto se realizó entre 1958 y 1960 por el arquitecto Alfredo León y otros
miembros de la Comisión de Construcciones de la Secretaría de la XI Conferencia
Interamericana.
79 León Jaussely dio un ciclo de conferencias en Montevideo en 1926, publicadas
en Revista Arquitectura Nº 108, 1926, que se usaba como material de estudio
en la FAU. Sobre el tema, se recomienda Lucio de Souza en Registros, Vol. 13 (2)
julio-diciembre 2017: 63-82.
80 Las ideas que se popularizaron bajo la expresión "Ciudad jardín", aparecieron en Gar-
den Cities of tomorrow, en 1902 y rápidamente se convirtieron en uno de los textos
básicos para la discusión sobre el urbanismo moderno. Sin embargo, la primera tra-
ducción al castellano se publicó en 1972 por la editorial GG, dentro de un compendio
titulado Las ciudades del mañana que incluía textos de Tony Garnier y N. Miljutin.
83
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

y de la Carta de Atenas81, ubicó los barrios obreros cerca a las zo-


nas industriales, pero separados por una zona verde para evitar
contaminación de todo tipo. En el caso de Quito, para articular
estas áreas de amortiguamiento, utilizó el cauce natural de las
quebradas. De este modo, recuperó un principio organizador del
espacio, castas y actividades usado desde la Colonia (Ortiz, 2007;
Pino, del, 2017). Jones insistía en la importancia de dotar a todos,
“a la unidad básica, al hombre”, de vivienda, pero remarcando
que cada uno era diferente y cumplía un rol distinto, lo que ge-
neraba la necesidad de resolver esas diferencias de labores, tipos
de casas, barrios, necesidades y densidad en el espacio urbano, de
modo que todos alcanzaran la armonía, justamente por el reco-
nocimiento de sus diferencias.

En los ajustes definitivos que presentó Gatto Sobral en el año


1945, para los barrios obreros propuso casas colectivas de tres
plantas con dos departamentos por planta, cada uno de 80
metros cuadrados, casas individuales con servicios comunales
y parques de 1,5 hectáreas por cada 1 000 personas (Gatto So-
bral en Jones et al., 1948 [1945]). Para los barrios de habitación,
en los que vivirían empleados de gobierno, oficinistas y otros
servidores de clase media, planteó casas colectivas o de apar-
tamentos de las mismas características que las de los barrios
obreros, pero con mayor separación entre viviendas, de modo
que los niveles de densidad fueran menores y hubiera más di-
versidad de servicios (Gatto Sobral en Jones et al., 1948 [1945]).
Ninguna de estas alternativas fue aplicada. Las razones que se
esgrimieron sustentaron que la idiosincrasia de la población,
incluso la que se encontraba en peores condiciones económi-
81 La Carta de Atenas fue redactada cas, no aceptaría vivir en un departamento, ya que la tradición
como manifiesto del IV Congre-
so Internacional de Arquitectura establecía, como signo de progreso, tener una casa propia aun-
Moderna (CIAM) en 1933, pero
fue publicada en francés por Le que fuese pequeña y humilde (El Comercio, 25 de noviembre
Corbusier en 1943 y en inglés, en de 1958: 18). La política nacional de vivienda consideró que una
1944, por Joseph Louis Sert bajo
el título Can our cities survive? motivación fundamental para el progreso de todo ser humano
An ABC of urban problems, their
analysis, their solutions (Harvard era saberse capaz de proveerse de vivienda; por lo tanto, las
University Press; apareció en espa- acciones del Estado debían encaminarse a desarrollar sistemas
ñol, en 1957, en Buenos Aires, por
editorial Contémpora). de financiación y no de dotación. A esto se sumaba la inexis-
82 Cabe indicar que en Guayaquil sí se tencia de una ley que regulara la propiedad horizontal, que solo
construyeron bloques de vivienda
social a cargo de la Caja del Seguro fue promulgada en 1960 y ejecutada en 1965. Esto no propició
desde 1950, pero esto responde a
alianzas público-privadas para el planeamiento y construcción
que esa ciudad-puerto tuvo pro-
cesos de modernización distintos de vivienda social82 como se dio en otros países de la región.
a los de la capital; sobre el tema
se recomienda Florencio Compte,
Modernos sin modernidad, 2017.
84
Capítulo 1

Para los barrios de vivienda residencial, el Plan proponía un ideal


de 100 habitantes por hectárea. A su juicio, “una hectárea [po-
día] lotizarse en 10 lotes de 1 000 metros cuadrados” (Gatto So-
bral en Jones et al., 1948 [1945]: 121) en los que se construirían
viviendas individuales83, “grandes casas de buenos departamen-
tos” (121) con jardines y lugares de esparcimiento, no adosadas,
y con generoso retiro de las líneas de fábrica. En los años inme-
diatos a la aprobación del Plan, la delimitación de lotes de 1 000
metros para la clase alta pareció pequeña, en tanto que el área
reservada para espacios públicos verdes, demasiado generosa,
por lo que se reformó la parte correspondiente, determinando
que los lotes en la zona residencial serían “quintas residenciales,
siempre que cada edificio estuviere rodeado de parques” que
por lo menos tuvieran 3 000 metros cuadrados84 (Fijación de las
diferentes zonas de la ciudad, sobre los espacios verdes y centro
cívico, sesión del 21 de junio de 1946, Concejo Municipal de
Quito en Jones et al., 1948 [1946]: 157). En la zona de barrios de
habitación, se propuso una dimensión no menor a 25 metros de
frente por 45 de fondo; es decir, 1 145 metros cuadrados para
casas individuales o pareadas (Acta Núm. 28, Sesión de 28 de
junio de 1946, en Jones et al., 1948 [1946]: 163).

En la tres zonas de vivienda, el Plan presentaba amplias zonas


verdes públicas y privadas que actuaban como filtros y tierra de
reserva para un posible crecimiento vertical. Para justificar la in-
viabilidad de esta propuesta, la municipalidad consideró dos as-
pectos: el primero, vinculado —otra vez— a la idiosincrasia, hacía
referencia a lo inadecuado que podría resultar construir vivienda
(unifamiliar o pareada) sin un elemento de cierre del lote, ya que
abría la posibilidad al mal uso del espacio privado que quedaba
a disposición del público; a la basura que los ciudadanos dejaban
a la largo de las calles; al mal uso que hacían de los elementos de
mobiliario urbano de plazas y parques, y, por último, a riesgos de
seguridad e intimidad. El segundo aspecto fue el financiero priva-
do, ya que el área verde pública era una pérdida de ingresos para
83 En cada vivienda individual residiría
los “legítimos dueños” que, de ejecutarse el Plan, recibirían del un máximo de diez personas: matri-
monio (dos personas), hijos (cuatro
municipio precios muy inferiores a los que tendrían esas áreas al personas) y empleados (cuatro per-
sonas). Véase Gatto Sobral en Jones
estar en libre disposición para la venta. Ambos enunciados expli-
et al., 1948 [1945]: 121.
citan el criterio de segregación y la protección del capital privado 84 Esta regulación fue firmada por
y la plusvalía inmobiliaria por sobre el bien común. Jacinto Jijón y Caamaño, a la fecha
Alcalde de Quito, para la aplicación
del Plan Regulador, a causa de “la
falta, en algunos casos, de un crite-
rio fijo para interpretar el proyecto
aprobado por el Concejo”.
85
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En relación con las áreas verdes y los parques, Jones retomó la aspi-
ración municipal de “hacer de El Panecillo un parque, parque com-
pletamente popular, al alcance directo de una zona de habitación
obrera y de una zona de habitación media, parque que debería
poseer un especial distintivo” (Jones et al., 1948 [1942]: 34) rela-
cionado con el valor simbólico religioso del sitio. Para esto, trajo a
colación la tradición sobre el uso de El Panecillo en la época incaica
como “lugar donde se asentaba el templo del sol” (35). A partir de
esta memoria histórica según la que dicho lugar fue usado como
espacio de culto, propuso una intervención, “programa o compo-
sición decorativa […] que en sus escalinatas, jardines, terrazas y
en su templo pequeño […] reuniría, dentro de un concepto com-
pletamente moderno, todas aquellas calidades simbólicas que [lo]
hicieron […] Templo del Sol” (Jones, 1948 [1942]: 35). En la cima
colocaría un pequeño templo católico: “en él se oficia la misa, se
imparte la bendición sagrada, la que es recibida por la muchedum-
bre que está en la gran explanada” (35). La decisión de construir un
templo pequeño respondía a la escala de la ciudad y a un acerca-
miento a las normas de composición clásicas; el Partenón sería el
ejemplo ideal. Para Jones, un elemento monumental en la cumbre
de El Panecillo, como el Cristo Redentor de Río de Janeiro, no esta-
blecería diálogo armónico ni con la escala baja de la ciudad, ni con
las cumbres del Pichincha ni con las cordilleras que se divisan en
el paisaje. En los años siguientes, creció la intención de convertir a
El Panecillo en parque de esculturas religiosas, donde se pensó co-
locar una de San Francisco,patrono de la ciudad85, y otra de la Vir-
gen María86, que aún existe. En relación con el uso del suelo, la pri-
mera reducción del área verde protegida fue en mayo de 194687 y,

85 Hasta el presente la ciudad carece de un monumento a San Francisco.


86 Esta idea fue presentada al Estado por el religioso Julio María Matovelle (1852-1929).
Fue aprobada como obligación nacional pero no se indicó el lugar. En 1954, la con-
gregación de los Oblatos de la Virgen María solicitó al gobierno central y al Municipio
que concretara su apoyo para la erección en la cima de una escultura monumental de
la Virgen. Esto se materializó en la década de los setenta. Entre 1971 y 1975, el escultor
Agustín de la Herrán Matorras levantó una escultura de 30 metros de alto de la Vir-
gen María, réplica de la Virgen de Bernardo de Legarda, escultor de la Escuela Quiteña
(siglo XVIII). El bulto está conformado por 7 400 piezas de aluminio fabricadas en
Madrid y descansa sobre un podio de hormigón de 11 metros.
87 La primera reducción fue el 10 de mayo de 1946. Una segunda reducción im-
portante, con permiso para edificación, fue el 9 de marzo de 1948, a favor de la
señora Rosario Jijón viuda de Wilde y prima del alcalde, propietaria de una zona
en la parte occidental. La reducción respondió a que la propietaria no aceptó la
forma de pago que proponía el municipio y este consideró que, al haber ya una
reducción y quedar los lotes en área edificable después de 1946, no necesitaba
el predio de dicha señora y que en caso de que decidiera lotizarlo, lo hiciera con
sujeción a las normas respectivas (Acta Num. 20 de 9 de marzo de 1948).
86
Capítulo 1

a partir de entonces, la lotización de las zonas bajas fue algo co-


rriente. Con respecto al parque, el municipio contrató algunos
diseños sin que ninguno llegara a concretarse.

En cuanto a la loma del Itchimbía, Jones la concibió como una


zona verde ocupada parcialmente por casas aisladas de departa-
mentos: un “barrio jardín con unidades colectivas”. En este sector
el proceso urbano fue similar al de El Panecillo, reduciendo el área
verde hasta la extensión que tiene en la actualidad: 54 hectáreas.

Si bien los elementos Panecillo e Itchimbía, por su ubicación y uso,


eran parte cotidiana de la ciudad, las condiciones morfológicas y
de acceso a las laderas del Pichincha exigían otro tipo de conside-
raciones. En la propuesta de 1942, Jones proponía:

Hacer de las laderas del Pichincha un parque popular


[…] parque agreste, parque natural […] [con un punto
de llegada de transporte y luego senderos,] con peque-
ños hoteles bien ubicados, con amplias terrazas como
miradores de descanso […] rústicos, con su grande es-
tufa de leña […] un teleférico hasta el picacho más alto
(Jones et al., 1948 [1942]: 37).

En la actualidad, la mancha urbana de la ciudad ha continuado


subiendo las estribaciones del Pichincha, sobrepasando los 2 900
msnm, cota de crecimiento máximo establecida en el Plan Re-
gulador. Son barrios y barriadas de escasos recursos. No se ha
configurado la zona como espacio de descanso; solo cierta área
88 En 2005, se inauguró una ruta de
está habilitada como lugar de paseo88. teleférico que llega hasta el punto
llamado Cruz Loma a 3 945 metros
de altura. No ha logrado consoli-
En el área plana del norte, en la zona de Iñaquito, Gatto Sobral darse como proyecto de turismo,
sobre todo, por el tipo de equi-
(1945), siguiendo los trazos de Jones (1942), estableció el parque pamiento y servicios con los que
La Carolina sobre los terrenos municipales89; el parque público es- abrió el proyecto: restaurantes y
boutiques de alta gama.
taría en el centro de la zona residencial; la extensión total de la
89 Los terrenos municipales de La
propiedad del cabildo era de 3 675 549 metros cuadrados, de los Carolina eran el resultado de una
compra que hizo el municipio a la
cuales “2.666.000 se emplearían en la formación de Avenidas, ca- Fundación Mariana de Jesús, cuyo
principal personero era la señora
lles, parques, hipódromo, cancha de polo y estadios; y 1.009.549 en
María Augusta Urrutia, una de las
terrenos urbanizados para la venta a particulares” (Gatto Sobral mujeres con mayor fortuna y abo-
lengo de la ciudad. Era muy cercana
en Jones et al., 1948 [1945]: 78). Para completar el área de inter- a la orden religiosa de los Jesuitas
con quienes fundó el Hogar Javier,
vención se requería que el municipio expropiara 1 133 100 metros
la Universidad Católica, entre otros.
pertenecientes a particulares. Estas expropiaciones no se realizaron Su obra social más recordada es la
urbanización Solanda, al sur de la
por falta de recursos y para proteger el patrimonio privado, cre- ciudad, en la que se implantó los
criterios de vivienda progresiva. Al
ciente por la plusvalía.
año 1945, los terrenos aún estaban
hipotecados a favor de la Fundación
por un millón de sucres, saldo del
precio de compra de los mismos.
87
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Para la aplicación del Plan Regulador, el Concejo aprobó dos reso-


luciones en 1946 cuyo objetivo era controlar el precio de expro-
piación mediante la regulación de las acciones que se pudiesen
ejecutar sobre los terrenos o los inmuebles y que ayudasen a su-
bir el valor del lote o construcción a expropiar. Estas resoluciones
estuvieron vigentes hasta la abolición del Plan (1960), por lo que
los vecinos, por una u otra razón, siempre apelaron a ellas en el
momento de requerir permisos municipales para intervenciones,
mejoras o cambios de dominio.

La primera Resolución del 2 de abril de 1946 permitía hacer “repa-


raciones necesarias para su conservación y las adecuaciones requeri-
das por razones de higiene, siempre que […] [hubieran] sido previa-
mente aprobadas por la Dirección de Obras Públicas Municipales”,

39 Sectorización de acuerdo con el Plan Regulador de 1942. Dirección Metropolitana de Planificación Territorial.
Institut de Recherche pour le Developpement.
88
Capítulo 1

40 Planes urbanos desarrollados por Gilberto Gatto Sobral en Ecuador entre 1942 y 1951. El Sol, Viernes 10 de agosto de 1951, p. 10.

89
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

que su costo fuera inferior a 10% del valor del predio de acuer-
do con el Catastro Municipal y que se realizaran una sola vez
cada 20 años, salvo en casos de fuerza mayor o caso fortuito. Sin
embargo, no podían hacer uso de esta facultad los propietarios
cuyos predios se encontraban en las zonas declaradas de inme-
diata realización del Plan Regulador. El problema era que no se
sabía a ciencia cierta cuándo el municipio actuaría en cada zona.
En la misma Reforma, se prohibieron las reparaciones totales o
parciales de fachadas, el aumento de pisos, las ampliaciones y
cualquier otra forma de intervención que requiriera la apertu-
ra de nuevos cimientos (Reparaciones de predios afectados por el
Plan Regulador, aprobado en sesión del 2 abril de 1946, en Jones
et al., 1948 [1946]: 154). Las zonas de “inmediata realización” de-
bían declararse una vez cada año (155) y elegirse de acuerdo con
los parámetros que el Concejo de turno determinase. Esto abrió
paso a que cada Concejo reaccionara según su discernimiento de
lo urgente y lo necesario, actuando en un lugar u otro. Este com-
portamiento motivó que los vecinos no pudieran comprender la
lógica de desplazamientos de las obras municipales, por lo que
toda la ciudad se sentía en indefensión.

Durante la revisión de las resoluciones que la municipalidad emi-


tía a los pedidos de los dueños de predios afectados por el Plan
Regulador, se identificaron tres grupos: 1) los ciudadanos que te-
nían poder social y político que lograron expropiaciones ventajo-
sas o que sacaron sus predios de las prohibiciones del plan, 2) los
vecinos que se oponían a ejecutar la orden de expropiación y, que
al igual que los primeros, tenían poder social, político o cultural
para hacerlo, y 3) los vecinos que pertenecían al pueblo llano
y que actuaron dentro de comités y en alianza con legisladores
para contener las acciones municipales. Estos últimos general-
mente no tuvieron éxito. En todo caso, lo que prevalecía eran
relaciones y juegos de poder, y no criterios técnicos90.

90 Entre los innumerables ejemplos está el de la propiedad del señor Ricardo Barrera.
En el Acta Secreta de la sesión N° 9 del 29 de enero de 1954, el Concejal Miguel
Arauz dijo, en relación con la suma que pedía el señor Ricardo Barrera por la expro-
piación de su propiedad: “El Plan Regulador es tremendamente injusto ya que ha
dado la autorización respectiva para la construcción. Luego de construida cambia
el criterio y le coloca al dueño de la propiedad en una situación sumamente difícil”.
En este caso, como en muchos otros, el propietario pide que se realice la expropia-
ción de acuerdo con el avalúo comercial, no con el catastral, y argumenta que en
el año 1948 solicitó a la Oficina del Plan Regulador el avalúo comercial para pedir
una hipoteca sobre esa casa y que “ahora no puede dejarla ir en menos”. El Concejo
aprobó el pedido de expropiar al avalúo comercial considerando que no se podía
atentar al libre derecho de los dueños de gozar libremente de sus bienes (Actas
Secretas diciembre 1953-julio 1954, de fojas 56 reverso hasta 58).
90
Capítulo 1

Todo esto se complicó con la situación de “incompatibilidad ad-


ministrativa” en la que cayó la Oficina del Plan Regulador, enti-
dad encargada de ejecutar el plan. Esta incompatibilidad se daba
entre las funciones y decisiones que tomaba la oficina y las que
disponía el Concejo Municipal en conjunto con las direcciones
municipales de Obras públicas, Parques, mercados y policía, Edu-
cación y cultura, festejos, entre otras.

La Oficina del Plan Regulador era una unidad municipal encargada


de continuar con los estudios demográficos y topográficos nece-
sarios para terminar el Plan y determinar las acciones a ejecutar
en cada sitio. Sin embargo, no contaba ni con la autonomía que le
permitiría ejercer sus funciones, ni con personal en número y capa-
citación adecuados91, ni con insumos técnicos92 ni con presupues-
to93. A nivel administrativo sus propuestas debían ser aprobadas
por las Direcciones y por el Concejo, pero para estos la Oficina del
Plan Regulador era solo un ente consultor, por lo que en muchas
ocasiones sus sugerencias no fueron tomadas en cuenta.

Desde el momento de la presentación del anteproyecto (1942)


y, luego, en la presentación del proyecto (1945), las reacciones
de la sociedad civil fueron negativas. En algunos casos por des-
información, en otros porque el discurso que sustentaba el Plan
Regulador era contradictorio. Por un lado, se mostraba cercano a
ciertos principios conservadores vinculados a la segregación so-
cial en el uso y disfrute de lo público y, por otro, era favorable a
aumentar la potestad del Estado sobre la propiedad privada en
función del bien común; afectando los intereses de grandes, me-
dianos y pequeños propietarios. Por último, otros aspectos del 91 En la Oficina trabajaban el director,
dos ayudantes, un topógrafo y de
discurso se percibían como ajenos a las costumbres locales en 20 a 30 cadeneros. El director, los
la medida en que ni se explicaba ni se comprendía el funciona- ayudantes y el topógrafo tenían
títulos adecuados, pero los cade-
miento de los bloques de vivienda con áreas de uso común y se neros eran campesinos que acep-
taban ese trabajo y a los que había
temía que modificasen el normal comportamiento de la familia que formar para que lo cumplieran
y propendiesen al cambio de los usos y costumbres. Además, al de la mejor manera. Eran peones a
jornal, así que tampoco había ga-
ser vivienda para obreros, se recelaba que se convirtiesen en cam- rantía de permanencia ya que su
contratación dependía año a año
pos de cultivo para ideas “comunistas”. Por último, la estética de de la disponibilidad del presupues-
ciudad francesa, que era evidente en las maquetas, mostraba que to que le asignaba el Concejo.

el estado expropiaría grandes zonas habitadas y que no contem- 92 En los libros del Archivo Histórico
constan las cartas de solicitud de
plaba qué hacer con los expropietarios, dónde reubicarlos, lo que instrumentos de medición, vehícu-
los y gasolina, que no eran satisfe-
hacía sospechar que muchos pasarían de dueños a inquilinos o chos por parte del municipio.
que serían reubicados en zonas alejadas del centro. 93 El presupuesto de la Oficina era
asignado una vez al año, por el
Concejo Municipal. No era regular
en los montos ni en su ejecución.
91
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Un informe inesperado

En el año 1945 —no se ha precisado en que fecha— la arquitecta ur-


banista Chloetiel Woodard Smith presentó un informe sobre el Plan
Regulador al Concejo Municipal. Woodard, que para el momento ya
tenía un currículo significativo en los Estados Unidos, hacía referen-
cia a dos temas: reflexionaba sobre los elementos de la propuesta y,
a continuación, sobre la parte administrativa que el municipio de-
bía organizar para la ejecución. De esta última rescato que, para la
correcta ejecución del plan, sugería 1) asumir que era una tarea de
todos en la que todos debían estar comprometidos; 2) establecer
las unidades técnicas, políticas y educativas que ejecutaran el Plan
y lo mantuvieran vigente en el tiempo y en los habitantes; 3) apun-
talar tres frentes: el técnico de ejecución, el político de respaldo y
financiamiento, y, el educativo de formación de los habitantes en los
objetivos y métodos de planificación de la ciudad moderna.

Recomendaba también que la Oficina Técnica del Plan fuera in-


dependiente de los cambios políticos y de “las interferencias pro-
movidas por grupos especiales interesados dentro de la ciudad”.
Insistía en que los técnicos de la Oficina debían ser cualificados,
de mente abierta y creativa, flexibles a los cambios, comprometi-
dos con el Plan y con la ciudad, bien remunerados, no manipula-
bles y respaldados por un sistema legal que reflejara la voluntad
política de los gobernantes de ejecutar el Plan sin anular el traba-
jo realizado por sus antecesores.

Exponía que cualquier plan urbano, por su nivel de innovación y


los cambios que producía en la convivencia social, se vería ame-
nazado por fuerzas conservadoras, temerosas de lo moderno,
que intentarían desmontarlo. Por esto, aconsejaba cuidar y pre-
venir situaciones como la ignorancia de la sociedad sobre el Plan,
la falta de compromiso del equipo técnico, la capacidad de ma-
nipulación de grupos con intereses particulares, la especulación
del precio de la tierra en las zonas en las que intervendría el Plan
y, considerar la planificación como una inversión (Woodard en
Jones et al., 1948 [1945]: 97-105). Todos estos enunciados exigían
de la sociedad un cambio de mentalidad que comprendiera y
aceptara las acciones del Plan, pero, sobre todo, que se adaptara a
las modificaciones en el día a día, en el espacio privado y público.
Era vivir de una manera diferente. Era ser modernos.

Todas las amenazas que identificó la arquitecta se cumplieron.


92
Capítulo 1

1.3. Quito en 1953, nueve años después


del Plan Regulador

A fines de 195394, la forma rectangular95 de la ciudad ya estaba


definida. A 2 800 msnm, ocupaba aproximadamente 1 400 hec-
táreas de la hoya oriental formada entre las faldas del volcán
Pichincha y las estribaciones montañosas de la cordillera de los
Andes, desde las que —hacia el oriente— se observan los valles
de Cumbayá, al norte, y de Sangolquí, al sur y —en el norte—,
la sección más o menos plana, originalmente fragmentada por
quebradas más o menos profundas. Esto implicó que las tareas
de transformación del suelo con fines de expansión urbana fue-
ran costosas y lentas. De ahí que la población se concentrara en
la zona central y en lo que fue el primer perímetro de expansión
urbana planificado hacia el norte y sur a inicios del siglo XX.

Varios autores (Jones, 1942; Paz y Miño, 1961; Achig, 1973, 1983;
Carrión, 1983, y otros) sostienen que la topografía colaboró para
que históricamente solo existieran dos rutas de ingreso, una des-
de el norte y otra desde el sur96, que se respetaron y ampliaron
hasta la actualidad y que han marcado la dirección formal y con-
ceptual del crecimiento urbano. Los ejes viales que responden a
la topografía siguen marcando el pulso del crecimiento urbano
formal e informal y elementos fundamentales de su identidad y
definición, como, por ejemplo, la división de su extensión en tres
segmentos: centro (núcleo de origen), sur y norte.

Los datos de la fotografía aérea (IGM, 1956) muestran que, en


1956, la ciudad se extendía desde los barrios de Chiriacu, Villa
Flora y La Magdalena, en el sur, hasta la zona Belisario Quevedo y
La Pradera, como límite norte.

94 Esta descripción se basa en el plano levantado e impreso por el Instituto Geográfico


Militar con información actualizada hasta el 1 de octubre de 1949. Los datos com-
plementarios se tomaron de medios de prensa y fuentes primarias de archivo.
95 Fernando Carrión (1987) indica que, entre 1950 y 1960, el área que ocupaba la
ciudad pasó de 7 kilómetros de largo en sentido sur-norte a 18 kilómetros y de un
ancho máximo de 3 kilómetros en sentido occidente-oriente a 5 kilómetros (Paz
y Miño, 1960; Achig, 1973; Banderas Vela & Departamento de Planificación, 1973;
Carrión, Rodríguez, García, & Guayasamín, 1979). Hoy la ciudad sobrepasa los
50 km de largo y en los extremos de mayor amplitud no supera los 7 kilómetros
en el sur y 13 en el norte (datos tomados de Google Earth Pro).
96 En su tesis doctoral, Espacio Urbano en la historia de Quito: Territorio, traza y es-
pacios ciudadanos, del Pino indica que son tres accesos, dos al sur y uno al norte
(2017: 99-110).
93
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

El 1950, para el Primer Censo de Población y Vivienda del Ecua-


dor, el área urbana de Quito abarcó 1 335 hectáreas con 209 932
pobladores. De acuerdo con el Censo de Edificaciones de Quito,
de mayo de 1957, el área urbana era de 1 453,23 hectáreas y la po-
blación, de 257 272 habitantes (Ministerio de Economía, 1960).
Estos datos demuestran que el crecimiento en área y población
tuvo un repunte en la década de los cincuenta; sin embargo,
como se verá más adelante, no fue un proceso equilibrado y de-
terminó zonas urbanas de alta densidad, sobre todo en el centro
y las áreas consolidadas, y otras de baja densidad (zona norte y
barrios de primera clase). En gran medida, este proceso estuvo
determinado por la dinámica de la preparación de la ciudad para
ser sede de la Conferencia.

El centro

En 1953, el centro, con 375 hectáreas97, correspondía al área de fun-


dación de la ciudad98, zona irregular de calles empinadas y sinuosas,
circundada por las elevaciones El Panecillo al sur, Pichincha al oc-
cidente, San Juan al noroccidente e Itchimbía al oriente. En el lado
occidental, algunos barrios ya se disponían en las estribaciones del
Pichincha99 y en la loma de San Juan. En el lado opuesto, es decir,
en el borde oriental, el límite del área urbana eran las estribaciones
del Itchimbía. Los dos lados compartían características morfoló-
gicas marcadas por fuertes pendientes que llevaron a trabajos de
adaptación del terreno a partir de desbanques, rellenos, muros de
contención y un complicado sistema de vías y trochas angostas
con escalinatas para la movilidad vertical, sistema de circulación
que permaneció en mal estado hasta avanzada la década de los se-
tenta. Esta misma condición topográfica permitía que, desde esos
sitios, las vistas hacia la ciudad y el entorno fueran relevantes y, por
tanto, puntos de vista para la representación gráfica y fotográfica,
la contemplación y la inspiración literaria.

97 El centro histórico de Quito fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad


por la UNESCO en 1978. Como se verá en esta tesis, este reconocimiento fue
fruto, en gran medida, de las actividades opuestas a la arquitectura moderna que
se dieron en Quito, sobre todo, en el periodo de estudio de este trabajo.
98 Quito fue fundada el 6 de diciembre de 1536 por Sebastián de Benalcázar con
21 manzanas dispuestas alrededor de la Plaza Mayor; hoy, Plaza de la Indepen-
dencia. Las manzanas se trazaron a cordel en tramos de 100 varas y se asignó
propiedades de 50 varas a los conquistadores y de 25 a los vecinos.
99 De sur a norte: El Placer, El Cebollar, El Tejar, La Chilena y La Independencia.
94
Capítulo 1

Otro elemento significativo en la trama eran las quebradas. Las del


centro ya estaban rellenas, pero aún quedaban puntos en los que
mantenían su estado natural, sobre todo, hacia los extremos occi-
dental y oriental. Eran límites naturales fuertes, que los pobladores
usaban para actividades varias, como el paseo o el lavado de pren-
das de vestir. Elevaciones y quebradas actuaron desde la Colonia
como elementos geográficos de seguridad, que separaban a los
colonos de la población indígena100; en 1953, estas mismas eleva-
ciones y quebradas continuaban siendo los límites del centro; las
nuevas áreas —tanto al sur como al norte— se formaban al otro
lado del núcleo fundacional, como se verá más adelante.

La vías tenían pavimento de piedra. Pocas estaban asfaltadas. Al-


gunas calles, principalmente las de los barrios de borde, perma-
necían sin pavimentar. En algunos sectores se instalaba el servicio
de agua potable y de alcantarillado, operación que se combinaba
con pavimentación de piedra o asfalto. El ancho de vía oscilaba
entre 6 y 8 metros. Los conductores estacionaban al borde de
la calzada, en veredas angostas101 que eran insuficientes para un
área en la que las distancias, la costumbre y los medios motiva-
ban el desplazamiento peatonal102. La movilidad pública estaba
servida por buses103 que cruzaban el centro para unir las áreas sur
y norte, oriental y occidental.

100 Cabe señalar que, desde la Colonia, los barrios indígenas (que prestaban servicios en
la ciudad: aguateros, barrenderos, etc.) se ubicaron en el sur o en el extremo norte,
del otro lado de las quebradas; así, la topografía actuaba como separador social y
elemento de protección político-militar.
101 En la zona consolidada, las veredas tenían 1,20 metros de ancho; en los sectores
de borde, este disminuía considerablemente al igual que el ancho de las vías. Al no
existir normativas específicas con anterioridad a 1945, en algunos lugares de borde
urbano-rural se construyó a filo de vía.
102 En 1995, el parque automotriz de Quito registró 6 000 vehículos, incluyendo
transporte público y privado.
103 Hasta 1953, el servicio de buses, con cinco rutas, estuvo a cargo del Municipio. A
partir de 1954, pasó a control de empresas privadas, lo que permitió el incremento
de rutas. De acuerdo con Luis Telmo Paz y Miño, en Apuntaciones para una geografía
urbana de Quito (trabajo desarrollado con el auspicio del Instituto Panamericano de
Geografía e Historia, Plan Piloto del Ecuador, publicado en México en 1960), para
1958, había 11 líneas de buses: Iñaquito-Villa Flora (10,46 km), Colón-Camal (9,11
km), Batán-San Diego (7,82 km), Villa Encantada-Floresta (5,81 km), Huáscar-Belisa-
rio Quevedo (5,80 km), El Tejar-El Pintado (5,72 km), Vergel-Cotocollao (9,86 km), El
Dorado-El Placer (5,51 km), Ermita-Las Casas (8,11 km), San Juan-24 de mayo (4,09
km) y El Tejar-El Inca (8,90 km). Los accidentes de buses en las calles del centro eran
frecuentes y se vinculaban a fallos en el sistema de frenos. En las notas de prensa se
hace referencia al descuido de los conductores, pero también a la inclinación y mal
estado de las calles. En la zona norte, donde las nuevas vías ya estaban pavimentadas,
los accidentes ocurrían por exceso de velocidad y estado de embriaguez.
95
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

41 Edificio de Teléfonos. Aprox. 1960. En Fondo Quito, ID: 6335. Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit.

96
Capítulo 1

El espacio estructurante del centro era la Plaza Mayor, llamada de


La Independencia, alrededor de la que todavía se ubican el Pala-
cio Presidencial, la Catedral, el Municipio y el Palacio Arzobispal.
En las manzanas adyacentes, se establecían puntos de culto, co-
mercio, banca, educación, salud, cultura y vivienda. La vida de la
ciudad se resolvía en el centro.

Durante el día, la vida era agitada, debido a que todas las depen-
dencias del Ejecutivo, Legislativo y Judicial se ubicaban en la zona,
al igual que las municipales y las de la nunciatura, el sistema de
correos y telecomunicaciones. Funcionaban escuelas, colegios e
internados religiosos. Además, se contaba con dos librerías, dos
distribuidoras de automóviles y maquinaria, nueve teatros, dos
mercados, una maternidad, cuatro diarios y un cementerio. Sin
embargo, en la noche había poca actividad104.

La altura de las construcciones oscilaba entre uno y cuatro pi-


sos; la excepción era el edificio del banco La Previsora, con siete.
Las manzanas centrales estaban consolidadas. A medida que
se alejaban de la Plaza de La Independencia, se observaba la
presencia de lotes vacíos a causa del derrocamiento de antiguas
construcciones, que generaban inseguridad e insalubridad. Al-
gunos pertenecían a la Caja del Seguro, a la Caja de Pensiones y
al Municipio; otros eran propiedad de los vecinos. Unos y otros
esperaban condiciones que justificaran y permitieran levan-
tar nuevas construcciones. Esto debido a que, en espera de la
aplicación de la normativa de traza, ancho de vías y alturas de
edificaciones del Plan Regulador de Guillermo Jones Odriozola,
aprobado en 1945, la municipalidad había congelado la posibi-
104 Los sitios de socialización eran
lidad de construir en los sitios afectados por el trazo del plan. casas particulares, restaurantes y
uno que otro café. Las tabernas se
En algunas vías, las construcciones posteriores a 1945 se habían ubicaban en los bordes de la ciu-
levantado respetando el nuevo ancho de vía que establecía el dad, pues la ingesta de alcohol era
vista como “actitud denigrante”,
Plan Regulador, lo que causó irregularidad en la línea de fábri- “propia de pueblos incultos” -en
referencia a la población autócto-
ca, problemas de circulación, seguridad y salubridad, y, además, na-, como se manifestó en discur-
alimentaba el descontento de los vecinos. sos oficiales de José María Velasco
Ibarra y Camilo Ponce Enríquez,
presidentes de Ecuador en el pe-
Las propiedades de las órdenes religiosas105 estaban delimitadas riodo de estudio.

por muros que, en algunos casos, iban de esquina a esquina. 105 En el plano de la ciudad levantado
e impreso por el Instituto Geográ-
Esta condición de vías en las que las calzadas estaban confina- fico Militar actualizado hasta el 1
de octubre de 1949, se cuentan 37
das por un elemento ciego (muro), era común en el paisaje de la templos, un teologado, dos semi-
ciudad. El estado de conservación de los linderos era deficiente. narios, dos noviciados, un arzobis-
pado, la nunciatura y 15 unidades
educativas pertenecientes a órde-
nes católicas y un templo evangé-
lico luterano.
97
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

42 Banco La Previsora. El Comercio, Miércoles 2 de abril de 1958, p. 11

43 Mercado Central, fotografía de Carl West, 2019

44 Coliseo Julio César Hidalgo, fotografía de Carl West, 2019

98
Capítulo 1

45 Caja de Pensiones. El Comercio, Viernes 1 de enero de 1954, p. 12

46 Plaza de Toros Arenas, meses antes de ser derrocada. Últimas Noticias,


Sábado 5 de diciembre de 1959, p. 16

99
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En determinados puntos se usaban como meaderos. Además, la


baja calidad del sistema de iluminación pública ayudaba a que
estas zonas fueran percibidas como peligrosas.

Cabe mencionar que lo más importante en el centro era —así


como en la actualidad— el equipamiento religioso. Resaltaba el
número de piezas, la extensión que ocupaban, su distribución en
el territorio, el tratamiento formal de lo que era visible: el interior
y exterior de los templos, e invisible: el interior de los edificios
conventuales106. El valor simbólico de estas edificaciones las man-
tenía en uso. Activas y activadoras de dinámicas sociales.

A pesar de que en 1946 el Concejo Municipal estableció el períme-


tro del centro como una zona especial107 con una normativa para
construcciones que buscaba proteger el espíritu hispano-ecua-
toriano de la ciudad (Ordenanza 664,1946 en Ortiz, 2014), en al-
gunos lotes se levantaron edificios modernos. Los había de dos
tipos: los que siendo de estructura y sistema constructivo mo-
dernos tenían fachadas neocoloniales, neoclásicas o eclécticas108,
y aquellos que, en lo estructural y formal, se leían como moder-
nos. Correspondientes a este último grupo, en el paisaje del cen-
tro eran, como hoy, de fácil identificación visual los siguientes: la
Planta de Teléfonos (1950), símbolo de la arquitectura industrial
al servicio de la nueva tecnología, de tres pisos de altura, resalta-
ba por la fachada de bloques de vidrio y las fajas estructurales de
las lozas; el edificio seguros Sud América109 (1953), con seis pisos
de altura, destacaba por la extensión de la ventanería y el cuida-
doso aplique de mármol que recubre los elementos estructurales:
brindaba servicio en la planta baja de doble altura y los pisos
restantes albergaban oficinas de renta. El más cercano a la plaza
mayor era el edificio del banco La Previsora (1930, 1939, 1954),

106 Algunas órdenes religiosas vieron mermados sus ingresos y pensaron en mejorar
su situación económica con la construcción de edificios de renta que, a su vez,
incidirían en la imagen pública de sus límites, ya que se eliminaría los muros. Al-
gunos de esos proyectos se ejecutaron en los años siguientes y fueron motivo de
discusión pública; por ejemplo, el edificio que reemplazó al muro del convento
de Las Conceptas, sobre la calle Chile, o el edificio de comercio San Agustín de los
Agustinos, derrocado en 2015.
107 Territorialmente, la zona especial centro comprendía el área “entre el monumento
al Libertador, por el norte; la plaza de la Recoleta por el Sur; la calle Pedro Fermín
Cevallos, por el oriente, prolongándose hasta la plazoleta Mejía, y la calle Chimbo-
razo, por el occidente” (Ortiz, 2014).
108 Por ejemplo, el edificio del Banco Central (1924), el Hotel Majestic (1936), la Caja
de Pensiones (1930), el Palacio Chiriboga, (1936), la Casa Guillespie (1930), la Casa
Gangotena (1920), el Circulo Militar (1936) o la Biblioteca Nacional.
109 Premio Ornato 1954.
100
Capítulo 1

que alojaba el servicio de banca y una torre para un hotel de


cinco estrellas: el Hotel Humboldt, inaugurado en 1954. La Caja
de Pensiones (1953), planificada para brindar servicios de oficina
a las dependencias de esa institución, llamaba la atención por el
tratamiento de fachada y las características lumínicas, espaciales
y de materiales de las circulaciones y de los espacios de atención
pública y oficinas. Asimismo, dos cuadras hacia el sur de la Plaza
de La Independencia, el Pasaje Amador (1953) comunicaba dos 47 Lote entre la Bolívar y Venezuela, donde
se ubicaba la casa de la Santa Inquisición.
calle paralelas y a desnivel, el cual se sorteaba con una escalinata Últimas Noticias, enero de 1954, sp.

que articulaba el área de cine con las de comercio y de paseo. En


tanto, en las plantas superiores, combinaba áreas de vivienda y
oficinas de renta articulados por generosos fosos de luz, que da-
ban origen a las cubiertas de ladrillo de vidrio que proveían de luz
natural a la zona de pasaje. Las características formales de estas
construcciones representaban prestigio, excelencia y progreso. En
el ámbito de la arquitectura y la construcción, evidenciaban las
búsquedas formales y estructurales para resolver las limitaciones
que la realidad tecnológica del país imponía, pero que en el pai-
saje del centro provocaron el debate sobre la validez de continuar
con ese estilo de construcciones en ese entorno.

Para la provisión de alimentos, el centro contaba con el Mercado


Central (1952) y en los días de feri,a con las plazas de venta110,
espacios abiertos, sin equipamientos en los que los vendedores se
ubicaban espontáneamente con sus productos a la intemperie,
situación que revelaba la pobreza de ese entonces y la falta de
control sanitario. Para eventos deportivos y culturales, estaba el
Coliseo Julio César Hidalgo (1952). Las plazas de toros Belmonte
y Arenas111 funcionaban tanto para eventos taurinos como de-
portivos y culturales.

110 El espacio más importante para estas ferias era San Roque, que actuó como mercado
mayorista hasta 1978 cuando se inauguró el Mercado Mayorista de Solanda en el
sur. En la década de los cincuenta, las quejas de los vecinos sobre la insalubridad que
provocaba quedaron registradas en las páginas del vespertino Últimas Noticias.
111 La plaza de toros Belmonte (1920) pertenecía a la familia Guarderas; desde 1980
es propiedad municipal. Fue remodelada en 2004 y funciona como espacio tauri-
no y cultural; en cambio la plaza Arenas, era municipal, fue cerrada y demolida en
1959-1960, cuando se inauguró la plaza de toros Quito en el norte de la ciudad.
La nueva plaza desplazó el habitus de los eventos taurinos de la ciudad, convir-
tiéndolos en un performance en el que se representaban todos los elementos que
se suponía tenía el evento en España, desplazando las costumbres que, hasta ese
entonces, había en la ciudad en relación con los espectáculos taurinos.
101
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

48 Barrio Chimbacalle, zona sur. Ilustra el titular "Abnegación y miseria en barrios del sur".
Últimas Noticias, Miércoles 8 de junio de 1955, p. 2

49 Barrio construido por la Caja de Pensiones en el sector de La Magdalena, zona sur.


El Comercio, Sábado 1 de enero de 1955, p. 9

50 Proyecto de bloque multifamiliar en la Villa Flora, zona sur, no construido. El Comercio, Martes
1 de octubre de 1957, p. 14
102
Capítulo 1

Las plazas, espacios públicos de reunión y comercio, eran las que


se delimitaron en la Colonia. A estas se integraron, en la primera
mitad del siglo XX, el bulevar de la avenida 24 de Mayo, resultado
del relleno de la quebrada de Jerusalén, y la propuesta del parque
Hermano Miguel (1949-1960) en la zona de El Tejar, también re-
sultado del relleno de la quebrada del mismo nombre.

Era parte de los espacios públicos, la elevación de El Panecillo


que ya tenía vivienda popular en la parte baja, colindante con la
planicie urbana, pero que conservaba las faldas y la cima libres de
construcciones. El Plan de Jones oficializó su uso como parque112
y estaba a cargo del Municipio sea por propiedad de la tierra sea
porque los dueños estaban impedidos de hacer mejoras en ese
territorio a espera de la ejecución de las órdenes de expropiación.
La parte baja de la loma, hacia el centro, estaba habitada por
personas de bajos recursos. Se consideraba área periférica de la
ciudad, peligrosa e insalubre, a pesar de los múltiples esfuerzos
de los vecinos por solicitar mejoras viales, como pavimentación y
muros de contención, que no fueron atendidas.

A partir de este entorno consolidado se expandían las zonas sur


y norte.

El Sur

La zona sur, con aproximadamente 225 hectáreas, estaba con-


formada por los barrios La Magdalena, Chimbacalle y Villa
Flora. Los tres barrios, separados del centro por El Panecillo y
algunas quebradas, tenían características agrícolas. Incluso el
sector de Chimbacallle, con los cambios de uso provocados por
la presencia de la estación del ferrocarril y de algunas fábricas,
mantenía grandes áreas de pastoreo. Esta dualidad entre formas
de vida urbana y rural fue propia de estos sectores hasta los
años ochenta, cuando se aplicaron de forma más eficiente las
regulaciones de salubridad que eliminaron la tenencia de semo-
vientes en espacios urbanos.
112 La idea de que fuera un parque
Las vías, de mayor amplitud que las del centro, estaban en para la ciudad estuvo presente
desde la Colonia, como se explicó.
mal estado; abiertas, pero no pavimentadas. En general, la
113 “Minga”, término kichua que hace
zona carecía de equipamientos. Los habitantes, en su ma- referencia al trabajo comunitario
en función de un bien común. Es
yoría obreros o dedicados a servicios varios, de manera fre- una práctica comunitaria que se
ejecutaba con anterioridad a la
cuente ejecutaban acciones de limpieza, ornato y mingas113. Colonia y que aún pervive en las
sociedades andinas.
103
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

51 La imagen ilustra los cambios que se dieron en 1953 en algunos sectores de la ciudad como resultado de las denuncias hechas
por el rotativo en relación con solares sin uso, falta de puestos de comercio y pavimentación, semovientes en zona urbana,
vivienda autoconstruida en solares vacíos en la zona centro; también resalta la colaboración vecinal en forma de mingas
para arreglos urbanos. Últimas Noticias, sf. enero de 1954, sp.

De forma paralela presentaban solicitudes de mejoras al cabil-


do. Estas acciones permitieron que, en la década de los cincuen-
ta, se les proveyera de un mercado techado e infraestructuras
menores en las que debía funcionar el equipamiento básico de
salud y educación.

Detrás de El Panecillo, la parroquia La Magdalena114 era recono-


cida por su entorno agrícola. Sus pobladores gozaban de cierto
prestigio debido a la tradición que la ubicaba como una de las
114 La población originaria se denomi- primeras parroquias eclesiales (1575) y en la que, a inicios del
naba Machangarilla. La parroquia
eclesiástica fue fundada en 1575 siglo XX, se asentaron algunas familias reconocidas de la ciudad,
con el nombre de Santa María de
la Magdalena. En 1890, Francisco
a pesar de las dificultades viales para llegar al centro de Quito.
Andrade Marín (abuelo del alcal- Contaba con equipamiento básico y a escala parroquial.
de Andrade Marín, 1956) y otros
vecinos abrieron una vía carroza-
ble entre la plaza de La Magdalena
y Quito, con fondos propios. Esto
El sector de Chimbacallle, por otra parte, se articuló como
fortaleció el crecimiento urbano. zona de fábricas y barrios de trabajadores a partir de la ubi-
Para el primer tercio del siglo XX,
algunas familias liberales impor- cación de la estación del tren (1908) inaugurada en 1912.
tantes en la economía y sociedad
de Quito, se trasladaron a vivir Estaba separado del centro por una depresión fuerte.
ahí: Correa, Acevedo, Malo Torres,
Mena Caamaño, Orellana, Torres Para sortearla, desde la Colonia existía el camino del sur, que era
Ordoñez. Véase Kingman, 2006 y
Gomezjurado Zevallos, 2015.
el ingreso a la ciudad. Esta condición determinó que se instalaran
115 Ministerio de Defensa Nacional. equipamientos militares115, religiosos116 y vivienda a borde de vía,
116 Orden religiosa del Buen Pastor. en los sitios en que la topografía lo permitía.
104
Capítulo 1

Por último, el barrio Villa Flora117, construido a finales de la déca-


da de los cuarenta, era el nuevo sector de la ciudad: un barrio de
Estilo Californiano para trabajadores de clase media y baja afilia-
dos a la Caja del Seguro. La zona era una planicie que se ocupaba
para actividades de agricultura y ganadería; estaba delimitada
por quebradas que la separaban de Chimbacallle, La Magdalena
y el centro. Era el resultado de la aplicación de los principios del
Plan Regulador, según el cual se siguió el modelo de ciudad jardín
en la traza de lotes y vías, aunque se excluyeron las recomenda-
ciones sobre dotación de equipamientos y servicios.

La Villa Flora fue diseñada con avenidas de hasta 30 metros de


ancho, calles de segundo orden, con ancho de 12 metros, y de
tercer orden, con ancho de 10. Tenía veredas generosas para los
transeúntes, lo que reflejaba una visión a futuro en relación con
el crecimiento urbano y una concepción moderna de espacio pú-
blico. Sin embargo, en varias ocasiones, en las reuniones de Con-
cejo y en la prensa, se emitió el criterio de que la Villa Flora era
un desacierto realizado a una escala que no correspondía ni a la
realidad social ni a las dimensiones de la ciudad (Actas Públicas
Diciembre 1954-Noviembre 1955, Libro. 2100, 1955: f. 333-336).
Por esta razón, pasaron varias décadas hasta que se concluyera la
totalidad de obras urbanas en espacios públicos.

Las vías siguieron la morfología del terreno, por lo que el resulta-


do se aprecia como calles diagonales conectadas por tres trans-
versales, dispuestas a manera de radios que convergen en un es-
pacio verde que actúa como centro. El barrio está bordeado por
una vía que actúa como perimetral al tiempo que hace de límite
con el borde de quebrada que delimita la zona de implantación.
En 1954, aún estaba en proceso de construcción, tanto de vivien-
das como del sistema vial. Estaba previsto que en él se activara
117 Diseñado por el Ingeniero Mo-
la entrada sur a la ciudad; es decir, el empalme de la carretera reno Loor a partir 1945 —año de
la compra de los terrenos a de la
Panamericana118 con la zona urbana. Hacienda Flora a la Familia Fernán-
dez Salvador—. En 1948, se cons-
truyeron las primeras casas; desde
Las viviendas ocupaban lotes desde 140 hasta 260 metros entonces hasta 1958, se fabricaron
cuadrados, eran unifamiliares y de uno o dos pisos; unas in- 758 casas financiadas por la Caja de
Pensiones y, luego, por el Instituto
dependientes, otras adosadas. Todas con área de jardín en Ecuatoriano de Seguridad Social.
el frente y en la parte posterior. A dos o más aguas cubiertas 118 El proyecto de la carretera Paname-
ricana data de 1923, como resulta-
con teja y mampostería de ladrillo, sobre zócalos de piedra do de los acuerdos multilaterales
o de ladrillo como aislantes de humedad (cámaras de aires). para el desarrollo y El Comercio de
los países del continente. Actual-
mente alcanza 48 000 kilómetros
de carretera, desde el norte de
Alaska hasta el sur de Chile.
105
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

52 Calle Guayaquil, ingreso al centro desde el norte. La nota solicita descongestionar el sector. Resalta el edificio
de la Biblioteca Nacional, hoy derrocado. Últimas Noticias, Jueves, 26 de agosto de 1954, p. 7

53 Avenida Colombia hacia el norte. 1926. Ignacio Pazmiño (fotógrafo). Colección Álbumes de Postales,
Volumen IV. El parque de La Alameda. Banco Central del Ecuador. 1996.

106
Capítulo 1

Con enlucidos de cal-cemento y arena, puertas y ventanas de ma-


dera, baño embaldosado con instalaciones para agua fría y caliente
(El Comercio, 25 de junio de 1957: 14). Casas de tipo inglés o deri-
vaciones del Estilo Californiano. El barrio no disponía de servicios
complementarios, aunque estos estaban planificados. El sistema
de buses que conectaba con el centro de Quito era ineficiente.

En síntesis, la zona sur estaba en proceso de consolidación en el que


se contaba con dos áreas con preexistencias y una de nueva factura.
La disposición de las zonas habitadas era dispersa. Carente de servi-
cios, equipamientos y sistemas viales adecuados. A medida que se
autorizó la parcelación y apertura de vías en los terrenos que que-
daron entre los tres barrios, se priorizó la vivienda unifamiliar indi-
vidual o pareada, lo que contribuyó a un rápido crecimiento de la
mancha urbana. A esto se sumó que desde la Colonia, esta zona se
vio y se vivió como el lado pobre, trabajador e indígena-campesino
de la ciudad119 (Aguirre, et al., 2005; Kingman, 2006; Carrión, 1987;
Achig, 1983; Unda, 1992). Era el extremo en el que no se pensaba en
el momento de buscar lotes para infraestructura urbana.

El norte tuvo una conformación y desarrollo diferente, como se


verá a continuación.

El norte

El sector norte se describe con más detalle ya que es la zona en


la que, de manera prioritaria, se dio el crecimiento urbano mo-
derno impulsado, entre otros factores, por la ubicación de los
equipamientos proyectados y construidos con el fin de adecentar
la ciudad para la Conferencia.

A inicios de 1954, este sector se percibía como plano y amplio,


una V con su vértice en el sur, que se extendía por aproximada-
mente 800 hectáreas. El sector inicia en el encuentro de las lomas
de San Juan e Itchimbía, pequeña planicie desde la que se obser-
va, hacia el sur, el centro histórico y, hacia el norte, una amplia
explanada con la nueva de la ciudad. La topografía, al igual que 119 Hasta el día de hoy, es un sector
sobre el que el imaginario pro-
la del centro y el sur, estaba interrumpida por quebradas que fue- yecta pobreza, suciedad, peligro,
marginación. Sobre el tema, se
ron rellenadas a medida que la ciudad avanzaba. En el extremo recomienda Imaginarios urbanos y
norte resaltaban las huellas de la laguna de Iñaquito, conocida segregación socioespacial. Un estu-
dio de caso sobre Quito y El sentir
como La Carolina, sistema acuífero que se secó como consecuen- frente a la estigmatización territo-
rial. Travesías de topofilia en el sur
cia del cierre paulatino de las quebradas que lo alimentaban y al de Quito (2017), ambos de Alfredo
redireccionamiento de los flujos subterráneos. Santillán Cornejo.
107
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Para fines de este estudio, se divide al norte en dos segmentos:


uno consolidado y próximo al centro, que va desde la plaza de
San Blas, en el extremo sur, hasta la avenida Cristóbal Colón, en el
norte, y otro disperso entre la avenida Colón, al sur, y la avenida
Naciones Unidas, remate de los terrenos de La Carolina, con dis-
gregaciones puntuales en la zona de la pista del aeropuerto y Co-
tocollao120, que ya ejercían como dinamizadores urbanos. Los dos
segmentos tenían como límite occidental las faldas del Pichincha
y como límite oriental, de sur a norte, las lomas del Itchimbía, la
quebrada de Guápulo, la loma de Bellavista y la del Batán. Desde
el costado oriental las vistas se extendían sobre el valle de Cum-
bayá y detrás de él, sobre las llanuras selváticas del Oriente.

En la morfología del primer segmento, se imponía una sucesión de


dos áreas planas conectadas por un desnivel fuerte. Cada una con-
tenía un espacio verde público. En la planicie superior, colindante
con el centro, estaba La Alameda y, en la planicie inferior, el Parque
de Mayo (hoy, El Ejido); ambas zonas de recreo existen desde la Co-
lonia. Estas permanencias fueron tomadas en cuenta por Jones en
el Plan Regulador y actuaron como condicionantes en el momento
del trazado de vías y activación de ejes de proyección.

La planicie superior, sector de La Alameda, ya reportaba uso ur-


bano disperso a finales del siglo XIX. Era una garganta pequeña,
que se abría hacia el norte. En el lado oriental de esta planicie se
ubicó, desde la Colonia, el área triangular de La Alameda, que
apuntaba hacia el centro. Los lados mayores limitaban con la ave-
nida 18 de Septiembre (hoy, 10 de Agosto), al occidente, y con la
120 Cotocollao, al igual que La Mer- avenida Gran Colombia, al oriente. En el lado norte había un área
ced, es parroquia eclesial desde el
siglo XVI, pero se encuentra a 3,2
dispuesta para la construcción del Palacio Legislativo121 y otros
kilómetros del centro de Quito, edificios administrativos en lotes que aún debían ser expropiados
por lo que su inclusión en la tra-
ma urbana fue mucho más lenta. y dotados de vías y servicios. Hacia el occidente se ubicaba el des-
En los años cincuenta, era sitio de
paseo, de quintas vacacionales y
nivel de descenso a la planicie del Parque de Mayo, salvado por
haciendas. construcciones y una escalinata.
121 El Palacio Legislativo fue construi-
do en esta área en 1958-1960. Fue
inaugurado en marzo de 1960. El comportamiento inmobiliario en las avenidas Gran Colombia
122 Casa Arteta (1931); hoy, Dirección y 18 de Septiembre fue distinto en las décadas previas a 1953.
de Movilización de las Fuerzas
En la avenida Gran Colombia, se mantuvo y consolidó el uso re-
Armadas, teatro Capitol (1910-
1933), hospital Eugenio Espejo sidencial, de salud y de servicios con construcciones de estilos
(1902-1917).
neoclásicos122 y algunos modernos123. En cambio, en la avenida 18
123 Maternidad Isidro Ayora (1951),
laboratorios LIFE (anterior a 1949). de Septiembre, se optó por levantar edificaciones de claro Estilo
124 Uno de los primeros, que aún sub- Moderno124, lo que fue posible porque estas áreas habían perma-
siste, fue el edificio Chiriboga, 1954
(hoy, Archivo Nacional de Historia). necido libres de construcciones.
108
Capítulo 1

En la planicie inferior, el sector del Parque de Mayo se afianzó


a partir de los años veinte debido a que, para la celebración del
Centenario de Independencia125, en la parte norte del parque, se
urbanizó el barrio Mariscal Antonio José de Sucre126, conocido
como “La Mariscal”. En ese sitio, las vías se trazaron en retícula,
formando manzanas cuyos lotes oscilaban entre 600 y 5 000 me-
tros cuadrados (Ryder, 1984: 57-58), en los que cada propietario
construyó casas unifamiliares independientes, de dos o tres pisos,
rodeadas de jardines, en tantos estilos como gustos de los due-
ños. Junto a La Mariscal, al norte, la Caja de Pensiones levantó el
barrio Libertador Simón Bolívar127 con casas tipo unifamiliares
pareadas, para una clase media de menores ingresos.

Era una zona bien servida con equipamiento de culto, de salud,


de recreación activa y pasiva, comercio y servicios. Respondía a la
posición económica de los residentes y al cambio e inclusión de
costumbres modernas que hacían factibles nuevas prácticas socia-
les y rentables nuevos negocios como cines, cafés, tiendas de ropa
femenina, de productos procesados, entre otras. Estos negocios se
ubicaban al borde de las vías principales. Había lotes desocupados,
algunos de los que se sabía estaban destinados a equipamiento ur-
bano. En algunos lugares, en los que todavía no se había terminado
de rellenar las quebradas, seguían activos pequeños puentes. La
zona, aunque amplia, permitía que el ciudadano se desplazase a
pie. Entre la avenida Colón, límite de la ciudad compacta al norte,
y la Plaza de la Independencia existen 3,2 kilómetros.

Como ya se mencionó, las residencias respondían a los más varia-


dos estilos. Esto, que para muchos era causa de fuertes críticas, para
otros, era la evidencia del progreso y la modernidad (Woodard en
Jones et al., 1948 [1945]: 97-98). Entre esta variedad de estilos no 125 La Independencia del Ecuador se
celebra el 24 de mayo, desde la
faltaron las viviendas resueltas con los conceptos y recomendacio- misma fecha de 1822.
nes de la arquitectura moderna; las más destacadas son la casa 126 Se lotizó y abrió vías entre la
avenida Patria, al sur; la avenida
Fisch (1952) , en la avenida Colón; la Casa Kohn-Schiller (1951), en Colón, al norte; la avenida 18 de
la calle Lizardo García; en la Robles y Plaza, la casa de Emilio Isaías Septiembre, al occidente, y la 6 de
Diciembre al oriente.
(1952) y la casa Orellana (1948), en las calles Robles y Plaza.
127 El sector conocido como “La Bo-
lívar” fue diseñado por el Depar-
A nivel de equipamiento, la Planta de Teléfonos de La Mariscal tamento de Construcciones de la
Caja del Seguro. Se inició la cons-
(1950), la Maternidad Isidro Ayora (1951), la Ciudadela Universi- trucción en 1938 y se concluyó en
1945, con 217 casas. En este sector
taria (1948-1961), el edificio del Normal Manuela Cañizares (1945) de características arquitectónicas
y la Escuela Municipal Eugenio Espejo (1944 -1947) eran los más homogéneas, se instalaron familias
de empleados, del sector público y
llamativos, en lo que la ciudadanía reconocía como moderno, por privado, y emigrantes, conforman-
do una composición social clara-
lo que el sector se percibía seguro para la inversión inmobiliaria. mente diferente a la de La Mariscal.
109
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En el lado oriental, esta zona estaba delimitada por barrios128 en


proceso de consolidación, rematando al norte en un punto de
giro de la topografía que se conocía con el nombre de Pata de
Guápulo, punto mirador hacia el convento de Guápulo, el valle
de Cumbayá y la región oriental. Este sitio, en los años sesenta,
se consolidaría como la zona de residencia exclusiva de la capital.

Desde la Plaza de San Blas, al sur, hasta la Pata de Guápulo, se


extendía la avenida Gran Colombia que, a la altura del Parque
de Mayo, cambiaba de nombre a avenida 12 de Octubre, que no
estaba terminada. Fue trazada en concordancia con la propuesta
de vías del Plan Regulador de Jones, tanto en su dirección como
en sus dimensiones: tenía un ancho de vía de 30 metros. A iz-
quierda y derecha de esta vía, las lotizaciones también siguieron
algunas de las disposiciones generales del Plan Regulador, como
urbanizaciones de primera clase; además, se respetó que los lo-
tes se destinaran para casas individuales aisladas, con vías de 10
metros de ancho y con veredas de 1,20 y 2,40 metros, para permi-
tir vegetación baja y media en las veredas. En el Plan Regulador,
este sector pertenecía al área destinada para la construcción de
equipamiento administrativo, educativo, deportivo y de salud; en
el presente, es la zona mejor servida de la ciudad y en la que se
desarrolla un fuerte crecimiento inmobiliario.

El cuadrante delimitado entre las avenidas 6 de Diciembre, 12 de


Octubre, Patria y Colón es en pendiente. Se parceló en 1920 jun-
to con la zona de La Mariscal. Del lado oriental de la avenida 12
de Octubre, había pocas construcciones a borde de vía y, detrás,
una extensa área indivisa; una parte pertenecía a privados y otra
al Quito Tenis y Golf Club. Ahí, también se ubicaba el Colegio
Americano de Quito (1942).

A la misma altura, pero en el lado occidental, quedó el sector


Bonifaz Panizo con particiones irregulares129. La irregularidad de
metrajes y formas dio paso a una trama vial que no respondía
a criterios de articulación vial. La venta de los lotes indivisos a
la municipalidad, cajas de Seguro y de Pensiones y a empresas
privadas dio paso a la implantación de equipamiento de escala
128 Argentina, El Dorado, La Vicenti-
urbana, como la Escuela Municipal Espejo (1947) o la sucursal
na, La Floresta, entre otros. norte del Banco del Pichincha (1953).
129 Habían unas pocas manzanas con
lotes de iguales dimensiones que
en La Mariscal, así como terrenos
indivisos que sobrepasaban los
20 000 metros cuadrados.
110
Capítulo 1

En el lado occidental, los sectores que actuaban de borde urba-


no para la zona plana, de sur a norte, fueron el barrio América,
el área de la Ciudadela Universitaria130 —en ese momento, aún
en construcción— y los barrios Pambachupa y Belisario Queve-
do. Este último subía por las estribaciones del Pichincha a una
altura mayor que cualquier otra zona urbana de ese entonces:
14 cuadras hacia la cima, desde la avenida América. Este sec-
tor, de trazado uniforme, dejó indivisos los terrenos en los que
se construyó la Escuela Miguel del Hierro y los del Seminario
Mayor. Si bien los sectores tenían vías de comunicación, estas
no estaban terminadas y solo habían construcciones en algunos
lotes. En el límite norte del Seminario Mayor, corría la quebrada
del mismo nombre, donde terminaba la ciudad; a partir de ahí,
el camino era de herradura.

El recorrido de la avenida 18 de Septiembre, vía de entrada a


la ciudad desde el norte, facilitó la lotización a partir del bor-
de de vía y la constitución de una trama con avenidas parale-
las: en el occidente, la avenida América (desde el redondel de
la Ciudadela Universitaria, en el sur, hasta el límite del sector
Belisario Quevedo, en el norte); en el oriente —al disponer de
mayor amplitud fue posible trazar mayor número de avenidas
paralelas—, las avenidas 9 de octubre, 6 de Diciembre y 12 de
Octubre. Estas remataban en el norte en la avenida Colón que
cruza en sentido oriente-occidente.

La trama urbana terminaba cuatro cuadras al norte de la aveni-


da Colón, en la Francisco de Orellana. Desde ahí hacia el norte,
se extendía la parte no consolidada de la ciudad sobre la que el
Municipio trataba de aplicar el Plan Regulador para el trazado
de vías. Esta zona se extendía desde la Orellana, en el sur, hasta
la avenida de los Estadios (hoy, avenida Naciones Unidas), en
el norte. El sector conocido como La Pradera de La Carolina
era propiedad del Municipio de Quito, en la zona de Iñaquito,
y colindaba con las haciendas de El Batán, al occidente, y de
Rumipamba, al oriente. Este sector, al igual que las zonas sur y
130 La Ciudadela Universitaria se insta-
centro, estaba cruzado por quebradas. ló en estos predios desde finales de
la década de los cuarenta. El diseño
urbano del campus y arquitectóni-
El elemento detonante de este sitio era el área que el Plan Re- co de los primeros edificios estuvo
a cargo del arquitecto Gilberto
gulador determinó para el parque La Carolina, área que, por su Gatto Sobral, Director del Depar-
constitución geológica, se consideró poco estable para construir. tamento de Construcciones de la
institución. La construcción de los
edificios inició a finales de la déca-
da de los cuarenta. El bloque admi-
nistrativo fue inaugurado en 1952.
111
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

54 Central de teléfonos automáticos de la zona norte, barrio La Mariscal. Revista Andes,


N° 13, Junio-Julio de 1956. p. 16

55 Maternidad Isidro Ayora, construida y administrada por el Servicio Cooperativo


Interamericano de Salud Pública. El Comercio, Domingo 11 de marzo de 1956, p. 5

56 Colegio Manuela Cañizares, fotografía de Raúl Paz, 2019

112
Capítulo 1

57 Casa de Don Vicente Urrutia. Aprox. 1960. En Fondo Quito, ID: 4740. 58 Karl Kohn, Proyecto Casa de Don Vicente Urrutia. 1939.
Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit. Fondo Karl Kohn. Archivo Digital de Arquitectura Moderna.
Pontificia Universidad Católica del Ecuador

59 Escuela Municipal Eugenio Espejo. Aprox. 1960. En Fondo Quito, ID: 4330.
Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit.

60 Avenida 10 de Agosto, vista hacia el norte sobre el parque El Ejido. Aprox. 1950.
En Quito en imágenes, El Quito que se fue I /1880-1960.

113
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Ahí, el Municipio instaló el Vivero Municipal, que aspiraba a desa-


rrollar las especies arbóreas, arbustos y flores que requería la ciu-
dad para ejecutar el plan de arborización de parques, vías, veredas
y parterres. En el cruce occidental de la avenida de los Estadios y
la prolongación de la 6 de Diciembre, funcionaba el Estadio Muni-
cipal131 (hoy, Estadio Atahualpa) desde 1951. En la misma época,
se trasladó el hipódromo a pocas cuadras del estadio, en el parque
de La Carolina. Alrededor del Estadio Municipal y del Hipódromo
había un campo dividido por las vías del Plan Regulador: las dia-
gonales (hoy, avenidas República y Eloy Alfaro) y las transversales
(avenidas 6 de Diciembre, Shirys, Amazonas y 10 de Agosto). Eran
legibles las áreas delimitadas para los proyectos municipales y na-
cionales que se levantarían en los siguientes años.

Por el extremo noroccidental, sobre el camino del norte (prolon-


gación de la 18 de Septiembre) avanzaban los trabajos de demar-
cación de la Plaza Sebastián de Benalcázar (hoy, cruce vial La Y),
círculo vial en el que confluirían las diagonales con la Panameri-
cana (Ministerios y Presidencia, Libro. 2148, 1954: sf.). La plaza
estaba planificada como el punto oficial de ingreso a la ciudad.
Hacia el norte de la misma, se ubicaba la pista de aterrizaje con la
terminal aérea que servía a la ciudad desde 1921, y, un poco más
al norte, la población de Cotocollao. Existía vivienda dispersa en
las proximidades de estos dos sitios.

Condiciones generales

La propiedad de la tierra en el sector sur de la ciudad estaba dis-


tribuida entre grandes, medianos y pequeños hacendados lai-
131 Estadio Municipal (1948-1951),
cos132 y religiosos; la Caja del Seguro, la Caja de Pensiones; un
obra del arquitecto Oscar Etwanick, porcentaje menor le correspondía al Municipio y otro, a peque-
de la Constructora Mena Atlas.
ños propietarios. Había caseríos reductos de la Colonia que fue-
132 María Augusta Urrutia era una de
ellos. Fue dueña de los terrenos de ron absorbidos por la ciudad. En el sector norte, en la zona de-
La Carolina, Miraflores y otras ha-
ciendas en el norte y sur de la ciu- nominada La Carolina, el municipio era propietario de más de
dad. Junto con la Compañía de Je- dos millones de metros cuadrados, quedando amplias áreas en
sús, formó la fundación Mariana de
Jesús, que dio origen al barrio Social posesión de privados133, al igual que en el sur (Carrión, F. & Erazo,
Solanda en los años ochenta. Otras
familias de hacendados fueron los 2012: 510-511). En el sector central, el Municipio era propietario
Guarderas y los Fernández-Salva- de franjas dispersas. En los tres sectores, la propiedad del sue-
dor. La señora Heredia, los padres
Jesuitas, Granda Centeno, Stacey, lo a favor del Municipio correspondía sobre todo a donaciones,
Urrutia, Jijón, entre otros.
133 Uno de los momentos de redistri-
bución del suelo más significativo
fue a la muerte de Leonor Heredia,
en marzo de 1954.
114
Capítulo 1

herencias y adquisiciones hechas a partir de la vigencia del Plan


Regulador de Quito (1945), cuya ejecución reclamaba expropia-
ciones para ampliación y trazado de vías en el centro consolidado
y las zonas sur y norte, con la intención de integrar a la ciudad
a “partir de unidades mínimas, barrios, distritos, unidos por un
sistema vial y de verde dentro de un esqueleto geográfico” (Jones,
1948 [1942]: Lm. 1).

De las 1 400 hectáreas que conformaban la ciudad, solo tenían


servicios activos y más o menos eficientes las 375 hectáreas que
constituían el centro; las 1 000 hectáreas restantes requerían in-
versiones de diverso orden para cumplir con los estándares de
servicios de una urbe moderna. Un porcentaje significativo de
esas 1 000 hectáreas era de propiedad privada y sus dueños ac-
tivaron procesos de lotización y expansión de la ciudad apoya-
dos indirectamente por las acciones municipales de aplicación
del Plan Regulador, como ampliación de servicios para los sec-
tores alejados de población y coyunturas ocasionales de mejoras
(Carrión, F. & Erazo, 2012; Carrión Mena, 1979; Carrión, 1986).
La percepción de la ciudadanía era que el Municipio, como ente
regulador, no era imparcial y que favorecía a un grupo clientelar
que variaba según los intereses y las posiciones de poder que es-
tuviesen en juego. En los primeros años de la década de los cin-
cuenta, la presión la ejercieron los dueños de áreas para urbanizar
y las constructoras de vías.

En 1950, se realizó el primer Censo Nacional de Población y Vi-


vienda, publicado por primera vez en 1960. De acuerdo con este
censo, en la provincia de Pichincha, a la que pertenece el cantón
Quito, habían 386 520 habitantes, de los cuales 146 073 personas,
hombres y mujeres mayores de 12 años, correspondían a la pobla-
ción económicamente activa (Ministerio de Economía, 1960: 21);
13 052 personas eran profesionales o con instrucción técnica (170),
y se identificó a 28 arquitectos y 470 ingenieros incluyendo a los
militares (170). A nivel nacional, se registraron 39 939 profesiona-
les, de los cuales 56 eran arquitectos y 1 270, ingenieros (168); se
dedicaban a la construcción 25 578 personas entre profesionales,
técnicos y obreros (168). Estos datos muestran 1) que el nivel de
formación de la población era deficiente, con un porcentaje bajo
de profesionales en general; 2) que la profesión de la arquitectura
no tenía peso numérico ni era demandada profesionalmente en
la contratación para el diseño y construcción de casas y edificios;

115
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

61 Ciudad de Quito, Situada 298° de longitud y 28° de latitud Austral, 1734. Secretaría de Territorio.
Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito. http: //sthv.quito.gob.ec/planos-historicos-de-quito/#

62 Plano de la Ciudad de Quito, en el Centenario de la Batalla del Pichincha, Servicio Urbano de correspondencia por Distritos Postales, noviembre
1923. Secretaría de Territorio. Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito. http: //sthv.quito.gob.ec/planos-historicos-de-quito/#

116
Capítulo 1

63 Plano de la Ciudad de Quito, con Equipamientos, 10 de Agosto de 1931. Secretaría de Territorio.


Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito. http: //sthv.quito.gob.ec/planos-historicos-de-quito/#

64 Plano de la Ciudad de Quito, levantado por el Instituto Geográfico Militar, actualizado al 1 de octubre de 1949. Secretaría de Territorio.
Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito. http: //sthv.quito.gob.ec/planos-historicos-de-quito/#

117
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

3) que la ingeniería, si bien mejor posicionada que la arquitectura,


tampoco era una profesión extendida entre la población. ¿Se re-
lacionaba esto con el mercado laboral? El Censo de 1950 también
informa que la calidad de vivienda de la mayoría de la población
era deficiente por condiciones constructivas y, sobre todo, por fal-
ta de servicios de agua potable, alcantarillado, luz eléctrica, vías
y teléfono; así como por la ausencia de infraestructura sanitaria
privada y pública.

Para los cálculos que correlacionan número de usuarios y calidad


de vivienda, se partió del criterio de usuario como familia censa-
les. De 80 668 familias censales identificadas en el cantón Quito,
47 466 vivían en un cuarto con una media de cinco personas por
familia. En el extremo opuesto, en más de cinco cuartos vivían
7 603 familias censales con una media de seis personas por fa-
milia (Ministerio de Economía, 1960: 113). Por otro lado, 22 846
familias tenían casa propia, 33 690 arrendaban y 10 220 tenían
otro tipo de tenencia (12 628 unidades se consideraban chozas o
ranchos; 284 correspondían a otro tipo de vivienda) (132). Solo
17 772 familias tenían acceso al servicio de agua y 62 896 perma-
necían con servicio común o sin servicio (132). Esto evidencia la
escasez y mala calidad de la vivienda.

La Oficina del Plan Regulador reportó que en Quito, en el año


1953, se construyeron dos escuelas, cuatro locales para comercio,
439 unidades de vivienda unifamiliar, un edificio de siete pisos, uno
de seis, dos de cuatro pisos, 43 de tres pisos, 255 de dos pisos y 144
de un piso (El Comercio, 1 de enero de 1954: 12). Los cambios en la
fisonomía de la ciudad eran lentos y pocos.

En este estado de las cosas, la ciudad recibió la noticia de que


había sido nombrada sede para la realización de la XI Conferencia
Interamericana en 1959.

118
Capítulo 1

1.4. ¿Cómo el poder actúa sobre


el territorio en la coyuntura
de un evento internacional?

Los eventos internacionales son oportunidades de transformacio-


nes urbana. Desde las ferias internacionales de mediados del si-
glo XIX hasta los eventos de competencias deportivas de nuestro
tiempo, se los ha valorado como detonadores de cambios urbanos
con repercusiones sociales, culturales, económicas y políticas. El
sentido de estos cambios depende de las distintas circunstancias
históricas, en las que los valores de cambio positivo han estado
vinculadas a procesos de limpieza de lo que se considera negativo
por condiciones económicas, etnia, nacionalidad o credo.

Los cambios urbanos y edilicios son la realidad empírica de los


visitantes que, por lo general, se sorprenden gratamente por las
experiencias del sitio. La sorpresa es parte fundamental de las
transformaciones espaciales, ya que es la que deja huella en la
memoria del visitante y lo motiva a regresar; por eso, los planes
de intervención —de forma consciente o no— se acercan a los
componentes constituyentes del espectáculo, a lo espectacular
de la imagen. Los lugareños, por su parte, lidian con las huellas
territoriales y humanas que la nueva imagen de las ciudades deja
en antiguos y nuevos sitios. Su proceso de consumo, asimilación
y empoderamiento de lo nuevo está vinculado a la memoria que
se reactiva y adecúa a nuevas circunstancias, al tiempo que los
medios de difusión y las nuevas relaciones y usos activan disposi-
tivos de silenciamiento dando paso al olvido de muchas relacio-
nes, usos cotidianos, valores sociales y costumbres.

Los cambios urbanos motivados por agentes externos circuns-


tanciales, como es —en este caso— una conferencia interna-
cional de mandatarios, están condicionados a la temporalidad
histórica de ese evento, que es el que marca los ritmos y las me-
tas, y dirige la atención hacia determinados temas que —en la
ciudad— siempre son lugares. El evento es el que convoca a los
actores; los intereses, los que mueven los puntos de equilibrio
para asignar roles en el desarrollo del evento “transformación de
la ciudad para el evento”. Una vez que se cierra la temporalidad
histórica, solo queda el recuerdo que se dibuja y desdibuja para
configurar los relatos históricos. Pero lo que en el texto es relato,
en la ciudad es espacio del habitar y de reproducción del habitus.
119
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Los actores políticos, sociales, culturales y económicos se ven


abocados a responder los requerimientos que, desde marcos
culturales siempre distintos, presentan los potenciales visitantes.
También tienen la oportunidad —justificada por lo circunstan-
cial del evento— de posicionar sus propias utopías con méto-
dos no convencionales. Por su lado, los ciudadanos encuentran
espacios de enunciación de sus lecturas que, por lo general, van
de adentro hacia afuera, de la realidad cotidiana a lo ocasional
del evento. De ahí que sus aspiraciones suelan ser concretas y
vitales, alejadas de lo espectacular. Sus reflexiones y demandas
se orientan en obras de largo aliento: vivienda, dotación de servi-
cios, equipamiento urbano, espacio público.

Un evento internacional como detonante de cambios urbanos


implica la conjunción de tres elementos: los administrativo-
financieros (presente), los de planeamiento urbano (mediatos) y
los de imagen de ciudad (futuro), los cuales dependen de nego-
ciaciones políticas, sociales y culturales en las que los grupos de
poder regulan sus espacios y formas de participación. Como en
toda intervención urbanística, esto marca fisuras, separaciones,
cambios que afectan de distintos modos a los sectores sociales.

Los espacios de comunicación son fundamentales ya que actúan


como mediadores entre los estamentos de poder ejecutores de
cambios y los grupos sociales. Esta mediación tiene que conse-
guir la aceptación y el reconocimiento de lo actuado. Se trata de
formas de lograr el consenso mediante acciones de propaganda
ahí donde muchas poblaciones se ven afectadas.

Para comprender cómo se dio este proceso en el caso de Quito


entre 1954 y 1960, se identificaron las propuestas que se enuncia-
ron desde actores representantes de los grupos de poder político,
social, cultural y económico, y se las organizó de acuerdo con su
escala de afectación en propuestas urbanas y arquitectónicas. A
partir de estos cruces, se realizó una interpretación de edificios
privados y del Estado, así como de espacios públicos, con la in-
tención de proponer respuestas a dos preguntas: 1)¿existía un
“ideal” de ciudad y de arquitectura entre lo moderno y lo tradi-
cional? y 2) ¿desde qué discursos se construían la identidad y la
memoria de la urbe?

120
Capítulo 1

XI Conferencia Interamericana, 1959

El 26 de marzo de 1954, el diario El Comercio de Ecuador anunció


en la primera página: “Quito será sede de la XI Conferencia Intera-
mericana en 1959”.

Las conferencias interamericanas o panamericanas134 se realiza-


ban desde 1889, por iniciativa del gobierno de los Estados Unidos
para formar un frente geopolítico continental. El objetivo de es-
tas reuniones era discutir los problemas comunes de los países de
América y generar políticas generales de apoyo comercial, econó-
mico, técnico, cultural, militar, etc. Con los años y las negociacio-
nes, esta iniciativa constituyó en 1948, durante la IX Conferencia
Interamericana celebrada en Bogotá, la Organización de Estados
Americanos (OEA). Las ciudades sede de las Conferencias fuero:
Washington,1889135; México DF, 1901; Río de Janeiro, 1906; Bue-
nos Aires, 1910; Santiago de Chile, 1923; La Habana, 1928; Mon-
tevideo, 1933; Lima, 1938; Bogotá, 1948, y Caracas, 1954. La XI
Conferencia debía realizarse en Quito en 1959, pero fue primero
diferida a 1960 y luego cancelada. Cabe mencionar que todas las
capitales sede, en su momento, ya contaban con arquitectura
moderna significativa en contextos urbanos de mayor compleji-
dad que el que presentaba Quito.

La X Conferencia tuvo lugar en Caracas desde el primero has-


ta el 28 de marzo de 1954. En esta reunión, el día 25 de marzo,
se aprobó la candidatura de Quito para ser sede de la siguiente
Conferencia. Este compromiso de Estado colocaba al Ecuador en
una posición desde la que podía sugerir los temas de la agenda,

134 En la actualidad, las conferencias interamericanas equivalen a las sesiones de la


Asamblea General de la OEA, que se realizan desde 1960 en la sede oficial, en
Washington DC.
135 La conferencia en Washington se realizó del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de
1890. Su objetivo era “discutir y recomendar a los respectivos Gobiernos la adop-
ción de un plan de arbitraje para el arreglo de los desacuerdos y cuestiones que
puedan en lo futuro suscitarse entre ellos; de tratar asuntos relacionados con el
incremento del tráfico comercial y de los medios de comunicación directa entre
dichos países; de fomentar aquellas relaciones comerciales recíprocas que sean pro-
vechosas para todos y asegurar mercados más amplios para los productos de cada
uno de los referidos países”. En ella se formó la Unión Internacional de Repúblicas
Americanas, con sede en Washington DC, que se convirtió en la Unión Panameri-
cana y, por último, cuando se ampliaron sus funciones, en la Secretaría General de
la Organización de los Estados Americanos (OEA).
121
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

por lo que propuso la reafirmación de la soberanía de los paí-


ses americanos en la plataforma continental, tema que permitía
discutir la validez jurídica del protocolo de límites firmado entre
Ecuador y Perú en 1942, el apoyo económico y técnico de los
Estados Unidos a los países de la región para evitar la “amenaza
comunista” y la integración a la vida de los pueblos de las le-
yes y normas que posibilitaran la aplicación de los derechos fun-
damentales136. A nivel interno, había interés en posicionar este
triunfo del gobierno en el campo de la política exterior para que
se revirtiera en apoyo popular; asegurando la permanencia del
mandatario José María Velasco Ibarra en el siguiente periodo pre-
sidencial, cosa que no sucedió.

El canciller ecuatoriano Luis Antonio Peñaherrera, que estaba en


Caracas el día de la designación, dijo ante la prensa: “Mi gobierno
está realizando un plan de construcción de hoteles y carreteras
que permita a los delegados de los 21 países reunirse con toda
comodidad y desplazarse rápidamente por Quito” (El Comercio,
26 de marzo de 1954: 1). La contrastación de la afirmación con
los hechos registrados en la documentación pública evidencia lo
endeble de la sentencia. En relación con la primera parte de la
afirmación del Canciller, hay que señalar que el tema de los ho-
teles no fue una preocupación de Estado hasta ese momento. El
turismo nacional era bajo, por no decir inexistente; se limitaba
a los paseos que las familias organizaban a sitios cercanos. Los
viajes de varios días a otro sitio de la república se organizaban en
función de las relaciones clientelares y de parentesco que facilita-
ban un lugar de acogida. El turismo internacional era deficiente
a pesar del éxito que propios y extraños preveían para esta acti-
vidad, por las “riquezas naturales del país”; todas las propuestas
de explotación del potencial turístico insistían en la necesidad de
activar —construir— un sistema de hospedaje y servicios que,
con un buen sistema vial, podrían convertir al país en un pun-
to de atracción para los consumidores de productos turísticos.

136 Las tres intenciones se traducían en buscar una salida favorable a la postura ecua-
toriana que rechazaba la aplicación del Protocolo de Río de Janeiro que delimi-
taba, desde 1942, a Perú y Ecuador; la necesidad de un apoyo económico que
permitiera la ejecución de obras de infraestructura que activaran la producción
industrial del país que, hasta la fecha, basaba su economía en la exportación de
materias primas agrícolas, y una regulación legal que viabilizara el paso a una
reforma agraria y a otras leyes internas que delimitarían un campo de acción de
mayor proyección a lo nacional.
122
Capítulo 1

En concreto, para 1954, en Quito habían 11 hoteles137 de primera


y segunda clase que, en conjunto, reunían 700 camas, que no
llegaban a ocuparse en su totalidad; en tanto que las necesidades
de equipamiento de la ciudad en las ramas de salud, educación y
vivienda eran impostergables.

En relación con la segunda parte de la afirmación del Canciller


—sobre las carreteras—, el gobierno de José María Velasco Iba-
rra138 continuaba el plan nacional de carreteras que había inicia-
do en el país en 1925 como parte de los compromisos adquiri-
dos en el I Congreso Panamericano de Carreteras, celebrado en
Buenos Aires y ratificado en las reuniones de 1929 y 1939. Desde
Buenos Aires, se concibió la vialidad como la base para la integra-
ción y el desarrollo de los territorios, al facilitar la movilidad hu-
mana y de mercancías y el acceso a bienes culturales, industriales
y técnicos139. En Ecuador, la deficiencia del sistema ferroviario se
combinaba con la del sistema vial dando como resultado el en-
carecimiento de todos los productos debido a los altos costos de
transporte. Esto afectaba de forma directa a la construcción, que
requería materiales importados para su ejecución.

En el informe de la Comisión Económica para América Lati-


na (CEPAL) de 1953, se lee que Ecuador experimentó el mis-
mo proceso observado en otros países: “la sustitución parcial
del transporte ferroviario por el carretero. […] Dentro de las re-
ducidas proporciones que se pueden alcanzar en un país que
aún no dispone de una red de carreteras completa ni tampo-
co adecuada a tal tipo de tráfico” (CEPAL, 2013 [1954]: 363),

137 En el plano de 1949, levantado e impreso por el Instituto Geográfico Militar, se


registran el Hotel Cordillera (35 camas), Hotel Embajador (40 camas), Hotel Ma-
jestic (140) y Hotel Savoy (75 camas). Hasta 1954, a estos se sumaron los hoteles
Colón (30 camas), Crillón (30 camas), Europa (70 camas), Royal (50 camas), Co-
lumbus (30 camas), Humboldt (150 camas) y Colonial (50 camas). Los hoteles
Colón, Savoy y Embajador quedaban en la zona norte.
138 José María Velasco Ibarra (1893-1979). Político y estadista que alcanzó la Presiden-
cia del Ecuador en cinco ocasiones. Su primer mandato presidencial, por el Partido
Conservador, fue entre el 1 de septiembre de 1934 y el 21 de agosto de 1935. Su
segundo mandato, con el apoyo de populistas, conservadores, socialistas y comu-
nistas, se extendió desde el 1 de junio de 1944 al 24 de agosto de 1947. Su tercer
mandato -el que corresponde a este estudio-, con apoyo de conservadores y po-
pulistas, corrió entre el 1 de septiembre de 1952 y el 31 de agosto de 1956; es el
único mandato que terminó. El cuarto periodo fue del 1 de septiembre de 1960 al 7
de noviembre de 1961 y el último, del 1 de septiembre de 1968 al 15 de febrero de
1972. En estos dos últimos terció en elecciones representando a su propio partido,
el Frente Nacional Velasquista. Fue un conservador afecto al nacionalismo y al tiem-
po defendió posturas liberales y socialistas a favor de la educación laica y otros. La
organización política Frente Nacional Velasquista tuvo connotaciones populistas.
139 Sobre todo porque el sistema de ferrocarriles no se posicionó como una posibili-
dad de integración continental.
123
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

por lo que recomienda “la construcción de vías de comunicación


expeditas para el transporte de los productos a los mercados de
consumo o puertos de embarque, y para el movimiento inverso de
los suministros requeridos desde los mercados proveedores” (363),
para equilibrar los costos de transporte de bienes y alimentos en
beneficio de los consumidores. Sobre los dos temas, vías y equipa-
miento turístico, la discusión sigue abierta.

Al siguiente día del anuncio, en la prensa de la ciudad se escribió


sobre la necesidad de asumir el compromiso con presteza “si con-
sideramos con lealtad hacia nosotros mismos, que la ciudad de
Quito debe ser acondicionada para la enorme tarea que debe aten-
der en 1959” (El Comercio, 27 de marzo de 1954: 4). Se mencionó
además que era indispensable proveer a la ciudad del local para la
Conferencia, alojamiento y condiciones urbanas modernas, desde
vías hasta sitios de descanso y contemplación, de modo que

después de cinco años, Quito, la legendaria Capital de


los Shirys, el asiento de la Real Audiencia de su mismo
nombre, la ciudad que en gesto ejemplar levantó por
vez primera su rebeldía contra el yugo español, la que
mantuvo el procerato de lealtad a Bolívar [en referen-
cia a la permanencia de Sucre en Quito hasta su ase-
sinato en 1830], la benemérita ciudad de Quito, como
ha sido con justicia confirmada; Quito, decimos, des-
pués de cinco cortos años vestirá de gala para recibir
a sus compatriotas de América (Últimas Noticias, 27
de marzo de 1954: 4).

En ese escenario, entre el deseo y la realidad, la ciudad se imagi-


nó a sí misma transformándose en el espacio en el que los dig-
natarios de las 21 repúblicas americanas se encontrarían en
marzo de 1959 para acordar las políticas fundamentales del
continente. Se especuló que a esta reunión asistirían aproxima-
damente 3 000 personas140 entre delegados, asistentes, traducto-
res, periodistas y curiosos y que se quedarían por un mes o dos.
De ahí que el número de huéspedes a recibir, la importancia polí-
tica de la Conferencia y la categoría de los invitados despertaran el
deseo de actuar sobre la ciudad para “estar a la altura de las otras
capitales de América”. Esta coyuntura que obligaba a adecentar la
ciudad, coincidía con las insinuaciones que permanentemente se
hacían como mecanismos para incrementar el turismo, única acti-
140 Tres mil asistentes fue la cifra que se vidad que, según la CEPAL (1954), permitiría al país algún tipo de
difundió por medios de prensa. En
1958 los informes de las Naciones
crecimiento económico en el futuro.
Unidas mencionaron un número
de promedio de 1 600 asistentes.
124
Capítulo 1

En este intento de transformación urbana, dinamizado desde los


poderes políticos y los grupos sociales, cada área de la ciudad desa-
rrolló un papel: la zona norte de la ciudad fue espacio de construc-
ción de equipamiento moderno y adecuación de la trama urbana
para áreas de primera clase. En esta, la clase media encontró un
puntal de afirmación como clase media, conformada por profesio-
nales, pequeños y medianos industriales, inversionistas, importa-
dores y comerciantes. También fue un espacio de reafirmación de
la clase alta. El sur quedo invisibilizado.

Estas formas de consolidación de la ciudad y sus elementos urbanos


y arquitectónicos fue posible por la actuación de quienes detenta-
ban formas de poder (político, cultural o social), que los validaba
para emitir juicios de valor en relación con la imagen de la ciudad y
de los ciudadanos, así como para tomar decisiones. La pregunta rei-
terada era: “¿cómo nos verán?” Era una ciudad que se pensaba para
los otros, proyectada desde un nosotros disperso e inseguro.

65 El 1 de enero de 1957, las imágenes que alimentaban la proyección estética de Quito


para la Conferencia, resaltaban por su composición de placa y torre. Los edificios
Guerrero Mora, Bolívar y Casa López se ubican en el centro, a pocas cuadras
de la Plaza Mayor llamada de La Independencia, que se observa en el lado superior
izquierdo. El Comercio, Martes 1 de enero de 1957, p. 4
125
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

126
Capítulo 1

66 Foto aérea del sector centro, entre El Panecillo al sur y el Hospital Militar al norte. Anterior a 1946. Vista hacia el occidente.
En Fondo Quito, ID: 2713. Cortesía de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit.
127
Capítulo 2

Propuestas urbanas

En 1954, con motivo de la declaración de Quito como sede de la XI


Conferencia Interamericana, se activó la reflexión sobre el estado
general de la ciudad a partir de nuevos planteamientos y actores.
Hasta ese momento, la mirada sobre el presente y proyección de
la ciudad estaba orientada por el Plan Regulador de Guillermo Jo-
nes Odriozola, aprobado en 1945, y las discusiones se concentra-
ban en los mecanismos para su ejecución. Estos incluían las partes
económica, técnica y social, que requerían un marco jurídico que,
si bien existía, se manejaba a discreción. Cabe puntualizar que la
parte social se refería a evitar conflictos o manejarlos de modo que
no tuvieran trascendencia política ni social, y no a proveer mejoras
reales en la calidad de vida o en las expectativas de futuro de los
grupos sociales menos favorecidos, en un sistema capitalista en el
que prevalecían códigos de racismo y discriminación.

El anuncio de la condición de sede alentó la participación activa


de antiguos y nuevos actores con varias propuestas para la orga-
nización de la ciudad y su crecimiento. Esto fue incentivado por
1) el discurso desde el Estado central, primero con el presiden-
te José María Velasco Ibarra (septiembre 1952-septiembre 1956)
y, luego, con el presidente Camilo Ponce Enríquez (septiembre
1956-septiembre 1960), en cuyas locuciones insistían en que Qui-
to sería una “digna sede” de la Conferencia; 2) el discurso de los
alcaldes y de los miembros del cabildo que coincidían con la mo-
ción presidencial y reclamaban mejoras de distinto orden para la
ciudad; 3) la asignación de un presupuesto para las actividades
de preparación de la Conferencia, y 4) la inconformidad que va-
rios grupos de vecinos de Quito expresaban al ver afectados sus
intereses por la aplicación del Plan Regulador.

129
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Como se verá, las nuevas propuestas eran puntuales para deter-


minadas zonas de la ciudad, respondían a intereses particulares
y no enunciaban conceptos urbanos ni se adecuaban a los exis-
tentes. Quienes las proponían no explicaban ni cómo deberían
calzar con el Plan Regulador ni si debían ser la base para que se
estructurase un nuevo plan. Por su lado, la ciudadanía no com-
prendía ni aceptaba las acciones sugeridas.

Los actores que presentaron propuestas de alcance urbano des-


de posiciones de poder fueron el Concejo Municipal de Quito
(1954-1960); el arquitecto Sixto Duran Ballén a través de la so-
ciedad de hecho ARQUIN, de la que era gerente y vocero, cuya
propuesta contó con el apoyo del Alcalde Rafael León Larrea
(abril-diciembre 1953); la Junta Coordinadora Permanente (mar-
zo de 1954-agosto de 1956); y, la Comisión de Construcciones de
la XI Conferencia (1956-1960).

Estos cuatro actores, legitimados por sus funciones políticas, so-


ciales y culturales, determinaron las áreas de intervención y los
sectores urbanos y sociales beneficiados y demarcaron las posibi-
lidades de acción de quienes se sentían convocados a participar
en el proceso de adecentamiento de la capital. Compitieron entre
sí por el protagonismo en la ejecución de obras y por la posibili-
dad de captar y distribuir recursos financieros, así como capitales
políticos, sociales y culturales.

Este capítulo se organiza en cuatro apartados, uno por cada actor


identificado. En cada uno, se señala los puntos de conexión entre
las propuestas y entre los individuos, relaciones que evidencian
las estrategias de poder que ayudaron a la capitalización o desva-
lorización de otros actores en la configuración de la identidad y
la memoria de la ciudad.

130
Capítulo 2

2.1. Los planes del Concejo Municipal


(1954-1960)

En el periodo de estudio, se sucedieron tres alcaldes: Rafael León


Larrea, conservador, (diciembre, 1952-diciembre,1954), Carlos
Andrade Marín Vaca, liberal (diciembre, 1954-diciembre,1959),
y Julio Moreno Espinoza, populista (diciembre, 1959-diciem-
bre,1962). Los alcaldes representaron a grupos políticos disímiles,
cuyas lecturas de ciudad, obra pública, espacio urbano, adecen-
tamiento, belleza, higiene, entre otros, permite la comprensión
de los dispositivos que usaron para consolidar los ámbitos de po-
der de los grupos a los que pertenecían.

¿Cuál era el plan del Concejo Municipal en la coyuntura de pre-


parar la ciudad para ser sede de la XI Conferencia? Como se indi-
có en el capítulo anterior, con motivo de la designación de Quito
como sede, el Concejo Municipal, presidido por Rafael León La-
141
Rafael León Larrea (Quito,
rrea141 aspiraba conseguir fondos estatales o privados que permi- 1898-Montevideo, 1972). Alcalde
de Quito, Concejal y diplomáti-
tieran la ejecución del Plan Regulador —que, como se ha visto,
co. Conservador. Relacionado con
era inestable—, así como de obras de prestación de servicios y la familias distinguidas de la capital
y de la Sierra: Barba, Borrero, Chi-
construcción del Palacio Municipal, que el cabildo consideraba riboga, Guerrero, Gangotena y
otros. Cercano a Durán Ballén y a
debía ser, en honor al rol político de la ciudad y el propio, la sede
Camilo Ponce Enríquez.
oficial del evento internacional. 142 José María Velasco Ibarra (1893-
1979). Conservador. Dio origen al
velasquismo (populista). Jurista y
Al inicio del proceso, el Municipio insistió en medios de pren- político. Presidente del Ecuador
sa en que contaba con recursos propios para la mayoría de las en cinco ocasiones (1934-1935,
1944-1947, 1952-1956, 1960-1961
obras. Sin embargo, a medida que se desvanecían sus esfuerzos y 1968-1972), de las cuales solo
terminó el tercer periodo. Véase:
por concretar alguno de los ofrecimientos de financiación exter- Carlos de la Torre Espinosa (1997),
na, el Concejo solicitó esos recursos al gobierno central presidido Pablo Cuvi (2007), Rafael Quinte-
ro (1991) y Agustín Cueva (1991).
por José María Velasco Ibarra142.

67 Rafael León Larrea, Alcalde de Quito. 68 Carlos Andrade Marín, Alcalde 69 Julio Moreno Espinoza, Alcalde
El Comercio, Viernes 1 de enero de Quito. El Comercio, Domingo de Quito. El Comercio, Martes 6
de 1954, p.25 29 de septiembre de 1957, p.12 de diciembre de 1960, p.18
131
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Zona de El Panecillo

Planta de agua potable El Placer

Borde de la Ciudad de Quito en 1949

Pasteurizadora Quito

Palacio Municipal

Palacio Legislativo

132
Capítulo 2

Avenida de los Estadios


Borde de la Ciudad de Quito en 1960 (hoy Naciones Unidas)

Radio de influencia de 1000m

Radio de influencia de 500m

70 Plano base: Quito, 2013. CAD. MDMQ. Demarcación externa, Quito en 1960 de acuerdo con los reportes municipales de habitabilidad.
Indica la ubicación de las obras propuestas y ejecutadas por los alcaldes Rafael León Larrea (1954-1955) y Carlos Andrade Marín (1955-1960)
junto a otras ya existentes. Dibujo: G. Garófalo, 2019.
133
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

El principal obstáculo que se debía sortear con los posibles finan-


cistas internacionales143 era que estos pedían que la contraparte na-
cional fuera una empresa privada y no el Estado, situación que no
estaba permitida por las leyes de la República, pero que terminó por
aplicarse para la Empresa Eléctrica y la Empresa de Agua Potable.
Esta forma de negociación estuvo dictaminada por el gobierno de
los Estados Unidos, como mecanismo para proteger sus intereses en
el extranjero, sobre todo, en los países del tercer mundo, en los que
identificaban tres amenazas: las disputas locales de grupos econó-
micos, la inestabilidad económica de los países y su baja capacidad
de producción e inserción en el mercado, y la posibilidad del incre-
mento de posturas comunistas como consecuencia de la pobreza144.

El monto que solicitó el Municipio para la ejecución de su plan de


adecentamiento y embellecimiento con miras a “ser una sede digna”
fue de 400 millones de sucres, suma que estaba fuera de cualquier
posibilidad de financiación a escala nacional. A nivel político, para
el gobierno central no era conveniente conceder una asignación de
esa escala a una sola ciudad, aunque esta fuese la capital, porque
esta acción abriría un espacio para que los gobiernos locales y los
grupos económicos agrícolas, ganaderos, industriales y financieros
cuestionaran la justicia de ese acto y pusieran en discusión temas
de asignaciones y posibilidades de inversión y desarrollo que, sien-
do necesarias, no podían ser resueltas. A esto se sumó el desgaste
que, en el imaginario de la ciudad, tenía el Plan Regulador.

Desde los primeros días de marzo, en las locuciones e impresos, se


utilizó el argumento de “embellecer” la ciudad para “estar a la altura
de las capitales de América”. El uso de este verbo permitió que se
interpretara la propuesta como un conjunto de acciones suntua-
rias que, además de innecesarias, representaban una ofensa por las
malas condiciones en las que se encontraban los barrios populares,

143 El principal financista externo era el Eximbank, fundado por el Presidente Franklin
D. Roosevelt en 1934 como Export-Import Bank of Washington, “to aid in finan-
cing and to facilitate exports and imports and the exchange of commodities be-
tween the United States and other Nations or the agencies or nationals thereof”
(Executive Order 6581). Obtuvo estatus de agencia independiente en 1945 y se
transformó en Export-Import Bank of the United States en 1968. Sobre el tema
se recomienda Export-Import Bank Extension, P.L. 90-267, 82 Stat. 47, Foreign Re-
lations of the United States, 1964-1968, Volume VIII, International Monetary and
Trade Policy, Document 197, pp. 553-554.
144 En los años de la posguerra, la principal preocupación del gobierno norteamericano
fue la expansión comunista en América Latina, sin que por esto incrementara el
apoyo para el desarrollo de estos países. En una reunión de las tantas en las que los
diplomáticos de América insistieron en que se diera apoyo al desarrollo de la región,
la respuesta fue que la protección (sistemas de seguridad y espionaje) contra el
comunismo era suficiente. Sobre el tema se recomienda Ronn Pineo (2010).
134
Capítulo 2

muchos de los cuales —como se ha dicho— serían afectados por


la “prolongación y ensanche de calles y avenidas para descon-
gestionar el tránsito motorizado, así como para darle una mejor
fisonomía de urbanización a la Capital” (Últimas Noticias, 30 de
junio de 1954: 10). Una gran parte de las vías correspondían a las
que, en febrero de 1954, propuso el arquitecto Sixto Durán Ballén
al Municipio, que ampliaban y prolongaban las ya existentes, so-
bre todo en el norte, en áreas aún no lotizadas145. Esta propuesta
se verá a detalle en el siguiente apartado.

A esta situación se sumó la percepción, reforzada por las imáge-


nes que circulaban en medios de prensa, de que desaparecían las
fachadas tradicionales en el centro de Quito para dar paso a edifi-
caciones modernas y amplias avenidas arboladas. Esto despertó la
preocupación sobre la imagen de Quito que se reconocía a sí mis-
ma como colonial, aunque en estricto sentido no lo fuese. Por esto,
entre otras acciones se formó el Comité de Propietarios de predios
urbanos146, organizado “con el objeto exclusivo de apoyar el em-
bellecimiento de nuestra capital” (El Comercio, 4 de septiembre de
1954: 3). Este comité aprobó las siguientes resoluciones:

primero, oponerse a la destrucción de patrimonio artís-


tico que representa nuestro viejo Quito colonial, defen-
diendo la fisonomía típicamente española, lo que le da un
atractivo de especial interés para el turismo internacional;
segundo, solicitar la financiación de las obras de remo-
delación y embellecimiento de nuestra capital, mediante
la emisión de bonos obligatorios, amortizables a largos
plazos, bonos que deben obtener las clases adineradas y
pudientes; y, tercero, convocar al pueblo y a todos los pro-
pietarios de predios urbanos a una nueva asamblea el 6
de septiembre (3).

145 Este proyecto, además de la zona centro –que se explicará con más detalle– in-
cluía, en el norte, la ampliación de las avenidas 12 de Octubre (Colombia-Ma-
drid), de la Prensa (campo de Aviación-Plaza Sebastián de Benalcázar), 10 de
Agosto (avenida Colón-Plaza Sebastián de Benalcázar), Colón (avenida 10 de
Agosto-avenida América), 6 de Diciembre, “en los segmentos que falta y de otras
calles menores”; la prolongación de la avenida América (Murgeon-Plaza Sebas-
tián de Benalcázar), y la pavimentación de las avenidas Orellana, 6 de Diciembre,
10 de Agosto, 12 de Octubre y América. En el sur, se propuso la ampliación de
la avenida norte de la Villa Flora hasta la 5 de Junio y de la calle Húsares hasta la
Bahía. La lista evidencia que 90% de las obras de tratamiento vial se concentraba
en el norte. La ciudad se conformó desde la segregación.
146 La primera directiva de esta agrupación civil estuvo conformada por Julio Eduar-
do Jurado (Presidente), Augusto R. Jácome (Vicepresidente), José Telmo Noboa
(Tesorero), Luis Rodríguez Navas (Secretario Síndico), Nelson E. Troya Ortiz (pro-
secretario), Ignacio Ruiz Calixto (primer vocal), Francisco Pérez Dávalos (segundo
vocal), Medardo Grijalva (tercer vocal) y Carlos Ruilova (cuarto vocal).
135
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Ni las afirmaciones del Concejo Municipal, en el sentido de que


no era su intención destruir el Quito colonial, ni las de los medios
de prensa en el mismo sentido calmaron la inquietud popular
que se alimentó por el discurso de representantes de la sociedad
y la cultura, que se expresaban en defensa de lo existente.

En este escenario, el Alcalde Rafael León Larrea y los miembros


de su Concejo147 modificaron su discurso e insistieron en que las
decisiones que tomaron en relación con las obras que debían es-
tar a cargo del Municipio eran necesarias e independientes de la
coyuntura diplomática por la que Quito fue designada sede de
la Conferencia. Así, en junio de 1954, cuando se evidenciaba en
medios de prensa el rechazo que su proyecto recibía por parte de
ciertos actores sociales, el alcalde manifestó: “Es importante afir-
mar y reafirmar [que] las obras en proyecto, en verdad, sí sirven
a los fines de la reunión de 1959, han sido planeadas específica-
mente con vistas a la solución de problemas permanentes de la
ciudad (Últimas Noticias, 6 de julio de 1954: 4). Coincidencia o
no, el Concejo Municipal decidió que las obras emergentes en la
ciudad serían el trazado de vías y relleno de quebradas; la adquisi-
ción, lotización y venta de las áreas previstas para el crecimiento
urbano que establecía el Plan Regulador; el tendido eléctrico, de
agua potable y alcantarillado; la adecuación y embellecimiento
de parques, siendo preeminente el de El Panecillo; la construc-
ción de la planta eléctrica de Cunuyacu, la planta de agua pota-
ble de El Placer, la planta pasteurizadora de leche148, mercados,
terminales de autobuses interprovinciales, Palacio Municipal,
Palacio de Gobierno o Palacio Legislativo, un hotel de primera
clase, y la remodelación del trazado vial del centro, que incluía la
ampliación de vías y cambios de trazado.

147 En el concejo de Rafael León Larrea, en 1954, participaron Carlos Manuel Larrea,
licenciado J. Roberto Páez, ingeniero Eduardo Pólit Moreno, doctor Arcenio de la
Torre, don Luis Cadena Romero, señor Gonzalo Ruiz Calisto, señor Jaime Mantilla
Mata, doctor Luis Tobar Donoso, licenciado Guillermo Borja Enríquez, doctor Cé-
sar Cueva Heredia y doctor Jorge Luna Yépez (reemplazado por Cristóbal Serrano
en enero, por ser presidente de la Comisión Legislativa Permanente). En 1955, se
integraron Wilson Córdova, Teodoro Salguero y Jorge Fernández.
148 Esta obra se realizaría por acuerdos previos entre el Gobierno Nacional, la UNICEF y
el Municipio. El aporte municipal era el terreno y la ejecución de la obra. El Gobierno
Nacional financiaba la construcción y el equipamiento corría a cargo de la UNICEF.
El edificio se construyó, pero no pudo entrar en funcionamiento por fallas técnicas
que impedían la instalación de la maquinaria que envió la UNICEF en 1952. A esto se
sumó la insatisfacción de los grandes productores de leche que exigían que fuera una
organización particular, formada por los productores de leche, quienes administra-
rían el proceso de adquisición, producción y venta de la leche y no la municipalidad.
Al final, la pasteurizadora entró en operación apenas en 1961 y fue administrada por
los productores ganaderos de la Zona Dos, como Pasteurizadora Quito S.A.
136
Capítulo 2

Pero, ¿cuál fue el proyecto que presentó el alcalde? En estricto


sentido, no había un proyecto urbano, solo una lista de obras con
un presupuesto global. Unas obras se ajustaban al Plan Regulador
y otras lo distorsionaban. Ni unas ni otras contaban con estudios
técnicos. A criterio del alcalde, lo fundamental era conseguir el
presupuesto; luego, se resolvería qué hacer. Para conseguir apo-
yo nacional que presionara al gobierno central a entregar los re-
cursos financieros, Rafael León Larrea ideó convocar a todas las
fuerzas vivas del país en función de la imagen que Quito evocaba
o debía evocar: “Luz de América”, por el proceso de Independen-
cia; “descubridora del gran río Amazonas”, por la expedición de
Francisco de Orellana en 1542; “cuna de la cultura y la ciencia”, en
correspondencia a las primeras universidades creadas a partir de
1586 y a la Escuela Quiteña, y “madre de todos los ecuatorianos”,
por ser capital de la República. La invitación del alcalde a parti-
cipar en la marcha enumeraba las hazañas de la ciudad desde su
fundación española, valores históricos que enmarcaban el pro-
blema de ese momento:

Mas, esta sucesión de glorias y grandezas quiteñas,


significan un gran desgaste suyo en el tiempo y en la
nación. Hoy, que Quito, va a ser otra vez el centro de
América, con motivo de la XI Conferencia Interameri-
cana, debe, como ayer, desempeñar su rol americano
con pujanza y dignidad. […] Es pues llegada la hora de 149 Banco Popular, Banco del Pichin-
que Quito reciba de toda la Nación, el apoyo a que es cha, Cámara de Comercio, Unión
Nacional de Periodistas, Compa-
acreedora por sus títulos y hazañas. […] Y, es al pueblo ñía de Comedias Cómicas Gómez
de Quito al que lógicamente compete darle a la Ciu- Albán, clubes deportivos, empresa
dad, todo su respaldo moral y práctico, a fin de que las de teatro de Quito del grupo Man-
tilla, Unión de Quiteños, Congreso
fuerzas vivas ecuatorianas, el poder Central y la Legis- de Consejos Provinciales del país,
latura, auspicien a Quito debidamente, para que llene Junta del Partido Liberal-Radical de
este deber suyo y del país entero. […] pueblo de Quito: Pichincha, comités barriales, cole-
gios, órdenes religiosas, entre otros.
concurrid, pues, con ánimo altísimo, a la gran manifes-
tación de respaldo al Municipio de Quito (León Larrea, 150 En nota de El Comercio del 24 de
agosto de 1954 dice: “Un grupo
R., en Últimas Noticias, 21 de agosto de 1954: 12). selecto de señoritas encabezará el
desfile portando el tricolor nacional
así como el estandarte de la ciudad
La propuesta sustentada en los valores morales de la nacionali- […] y formarán escolta de honor al
dad recibió el apoyo de todos los estamentos locales y naciona- señor Alcalde y a los miembros del
muy Ilustre Cabildo, portando los
les149. El discurso dio frutos y se manifestó en una marcha cívica. estandartes de todos los municipios
de la república./ El orden previsto
es: alcalde, concejales, ex-conceja-
La prensa de la ciudad difundió el llamado a la marcha indi- les, instituciones más salientes de
la cultura nacional, Concentración
cando el orden de ubicación de cada estamento de acuerdo Deportiva de Pichincha, organiza-
con una rigurosa jerarquía de roles e influencias150, y presen- ciones sociales, culturales, muni-
cipales, Federación Provincial de
tó la opinión de varios actores en relación con la marcha, a la Trabajadores de Pichincha, y filiales,
parroquias urbanas y rurales del
que consideraron “el reflejo del sentimiento de la colectivi- cantón. […] [L]as representaciones
dad para demostrar el apoyo íntegro a la iniciativa de Quito”. de provincias tendrán lugar prefe-
rente en el desfile”.
137
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

El vespertino Últimas Noticias bajo el titular “Quito, luz de Amé-


rica tiene un compromiso continental” (Últimas noticias, 21 de
agosto, 1954: 12), presentó opiniones que aparecían como voces
autorizadas ante la ciudadanía. Entre otras, sobresale el criterio
del Arzobispo de Quito, doctor Carlos María de la Torre, que
sostenía que “[era] justo y necesario que se tom[aran] todas las
precauciones para que nuestra ciudad se present[ara] digna de
la conferencia y pu[diera] recibir con honor a los distinguidos
visitantes” (12), por lo que había solicitado que el comunicado
del Alcalde fuera leído en todas las parroquias de la arquidiócesis.

Como representante de las Fuerzas Armadas, el Teniente Coronel


Octavio Valencia manifestó que el Congreso debía apoyar íntegra-
mente la petición porque “el respeto que se deb[ía] a la civilización
moderna y a la veneración histórica de la capital bien llamada Luz
de América reclama[ba]n presentarla con el decoro cultural, de
ética y estética ante la faz del concierto americano” (12), razón por
la que consideraba un “imperativo impostergable que la ciudada-
nía concret[ara] sus aspiraciones [participando] en la manifesta-
ción popular” (12); por último, se expuso la opinión del fotógrafo
Carlos Rodríguez Santacruz, como representante del ciudadano
común, que invocaba la responsabilidad que tenían todas la pro-
vincias de apoyar a Quito; “es el todo nacional el comprometido.
La ciudad cumplirá en cuanto le corresponde; la República debe
hacer el resto” (12). Además, sugería que “el plan de construcciones
deb[ía] hacerse a base de motivos inspirados en nuestro ambiente
ecuatoriano” (12), expresión que pone en el tapete el elemento del
que no se hablaba en la convocatoria a la marcha, pero que a todos
inquietaba: ¿en qué estilo, con qué formas, materiales, colores y
demás se iba a resolver esas obras que harían que la ciudad luciera
“como las demás capitales de América”?

La marcha se realizó con éxito. El discurso del alcalde fue publica-


do en los medios de prensa y algunas revistas lo incluyeron en sus
ediciones, sea para atacar o para defender la propuesta.

En lo sustancial, en el discurso ante la legislatura, el alcalde reto-


mó los elementos de sus enunciados previos, argumentando la
identidad de la ciudad con valores trascendentes que justificaban
su superioridad frente a otras del continente:

138
Capítulo 2

71 E l texto relata y pone en valor el respaldo ciudadano que recibió de la manifestación cívica organizada por el Alcalde Rafael León Larrea
para entregar al Congreso Nacional el pedido de rentas para Quito por un monto de 400 millones de sucres. El Comercio, Viernes 27
de agosto de 1954, p.sn.

139
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

una de las capitales más antiguas del continente […]


en los campos de la prehistoria y a la par de las pri-
meras fundaciones castellanas; una de las más célebres
por sus hazañas heroicas y sus empresas audaces; entre
las ilustres, la primera porque a través de siglos ha man-
tenido esa tradición de cultura, de civilización, de arte,
de nobleza e hidalguía que hicieron de ella algo único
en nuestro continente, como reconocen escritores ex-
tranjeros, la ciudad que por su fama y por sus glorias
fuera comparada y puesta por encima de Babilonia, Ní-
nive, Atenas y Constantinopla; la urbe a la que distin-
guió España con los mayores dones y los mejores títu-
los; esta ciudad que ostenta el procerato de la libertad
en el continente (León Larrea, R., en Andes, 1954: 29).

Esta lectura de la ciudad como superior a las otras de la república


es la que le llevó a reclamar el olvido y descuido en los que los
gobiernos la habían dejado, a pesar de ser “capital de un estado
soberano” (29); de modo que la responsabilidad de “la situación
de indigencia” de la ciudad y el “prestigio de la nación” recaían en
el Ejecutivo y los legisladores, siendo ellos los llamados a enmendar
sus olvidos, máxime en la circunstancia en la que debido

a las glorias y excelencias de Quito, y naturalmente,


al robustecimiento de la personalidad de la república,
no a la existencia de factores que corresponden a una
capital, [pesa] la decisión de que se la haya elegido
sede de la XI Conferencia Interamericana de 1959 […]
altísimo honor [del que] pueden derivarse ingentes
beneficios para la patria, comenzando por su mayor
conocimiento en América y en el mundo; pero [que]
también constituye un severo e irrenunciable com-
promiso no solo para Quito sino y principalmente,
para la República (2).

Para convocar el apoyo nacional acotó que:

La obra que se ha dejado de hacer es inmensa, mas


puede llevarse a cabo si hay la cooperación de todos
los ecuatorianos, la ayuda pecuniaria del País en ge-
neral y la patriótica asistencia de los Poderes Públicos,
proporcionadas a la magnitud de esa obra que debe
ejecutarse con ocasión de un hecho extraordinario,
puesto que la Ilustre Municipalidad de Quito, que
está obligada a realizarla, se debate en una situación
económica de angustia y de penuria, que le impide
en las actuales condiciones llevar a cabo modestos
planes de progreso (2).

140
Capítulo 2

El alcalde explicó que el financiamiento, posible por la aplicación de


impuestos directos a la renta, herencias, actos civiles, transaccionales
y otros, permitiría lograr el equilibrio entre los ingresos y egresos or-
dinarios y el restablecimiento del crédito “sin el que ser[ía] imposible
la ejecución de planes de trascendencia […] especialmente en los
barrios populosos cuyos clamores tenemos el deber ineludible de
escuchar quienes obramos en su nombre y para su solo bien” (2).

Por las razones expuestas, manifestó su confianza en que “el


Congreso aprobar[ía] ese proyecto de decreto, rindiendo de esta
suerte justicia a Quito y a su derecho a una existencia digna, en
consecuencia con su jerarquía de metrópoli política y eje cultural
y espiritual de la Nación” (2). Para terminar, recordó el peso polí-
tico del pedido y de la decisión que debían tomar los legisladores
al interpretar “la voluntad nacional, expresada elocuentemente
en la manifestación cívica más grandiosa que se ha[bía] presen-
ciado en la capital, para evidenciar el amor que se [tenía] por
ella y la conciencia del derecho que le asist[ía] a disponer de los
medios que favore[cieran] su mayor progreso" (2). Como se lee,
los argumentos son retóricos, sustentados en los afectos, en el sa-
crificio y respeto que el pueblo debía a sus superiores, sean estos
instancias de gobierno o individuos.

En un primer momento, parecía que se había logrado el objeti-


vo. Las réplicas de los legisladores, alcaldes y representantes de
la sociedad civil que se expresaron al interior del recinto parla-
mentario daban esa impresión. Pero a la mañana siguiente no se
hicieron esperar los enunciados de protesta y rechazo ante la po-
sibilidad de nuevos gravámenes para financiar la obra de Quito,
emitidos por los mismos organismos que habían manifestado su
apoyo a la solicitud de rentas para la capital y que habían convo-
cado a la ciudadanía a participar en la marcha.

Se recordó el término “embellecimiento” para descalificar las obras


por ser elementos de ornato que no satisfacían las necesidades rea-
les de la ciudad: agua potable, alcantarillado, energía eléctrica, vías,
servicios de recolección de basura, dotación sanitaria y médica,
entre otros. ¿Qué obras entraban en la categoría de ornato? El pro-
yecto de remodelación del centro y ensanche de vías (propuesta
de Durán Ballén que sustituía los trazos del Plan Regulador) y el
Palacio Municipal. Se insistió en que cada ciudad y pueblo había
costeado sus obras de ornato e infraestructura y que, por último,

141
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

72 Carta de José María Velasco Ibarra a Rafael León Larrea del 11 de 73 Carta de José María Velasco Ibarra a Rafael León Larrea,
marzo de 1955, en la que el Presidente confirma que "entregar[ía] del 18 de marzo de 1955, en la que el Presidente solicita que
fondos al Consejo Municipal de Quito para mejoras de la ciudad "a fin de evitar todo recelo en las demás provincias convendría
de modo directo, inmediato y próximo" para que la Conferencia evitar cuidadosamente todo cuanto pueda significar aunque
se realice con dignidad y decoro". Comunicaciones. Presidencia. sea remotamente labores de simple embellecimiento y mucho
1955. p.sn. Cortesía del Archivo Histórico del Municipio menos de remodelación de la ciudad". Comunicaciones.
del Distrito Metropolitano de Quito. Presidencia. 1955. p.sn. Cortesía del Archivo Histórico
del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito.

todos tenían igual derecho. Esta reacción evidencia que las fuerzas
convocadas, al parecer, no conocían la propuesta legal para obte-
ner el financiamiento; es decir, el proyecto de impuesto que la mis-
ma noche del desfile cívico fue entregado por el diputado Alfredo
151 Alfredo Albornoz Sánchez, diputa- Albornoz Sánchez151 que establecía, por cinco años, un impuesto
do por Tungurahua. Sostenía que
su proyecto no afectaba al pueblo a la propiedad urbana y al capital declarado hasta 1953, para ob-
ya que prohibía que se subieran
los precios de los arriendos por tener los 400 millones de sucres que requería el plan municipal.
los próximos cinco años. Se obten- Esta omisión causó respuestas inmediatas en contra, por parte de
drían 200 millones por el impuesto
de 5% sobre los predios de Quito y los que días antes habían manifestado su total apoyo al alcalde de
de 1% sobre los de todo el país. Los
otros 200 millones se recogerían de Quito. La economía se impuso sobre el patriotismo.
impuestos al capital comercial y
a negocios bancarios. En la sesión
abierta, todos se manifestaron a fa- Para aplacar los ánimos y evitar los conflictos sociales y políticos
vor de la ciudad; sin embargo, des- que se avizoraban, el Presidente de la República, José María Velasco
pués de varios meses de cabildeos
se decidió no aprobar la solicitud. Ibarra, convocó a una reunión ampliada de la Junta Coordinadora.
142
Capítulo 2

74 I nforme de obra de Rafael León Larrea de 1954, que resalta la construcción de los Tanques de agua de El Placer.
El Comercio, Martes 10 de agosto de 1954, p.33

143
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En esa reunión, los ministros de Economía, Jaime Nebot, y Obras


Públicas, Polibio Chávez, expresaron su oposición a la propuesta
del alcalde de Quito con respecto a la aplicación de un impuesto
general como medio de financiación para obras de “embelleci-
miento y ornato”. Se acordó que habría un plan de obras gene-
ral a la nación que estaría financiado por el gobierno central y
que, en la medida de las posibilidades y en común acuerdo con
el Congreso, se establecerían rentas para Quito, para obras fun-
damentales de saneamiento. Con esta acción, el gobierno central
tomaba el control de la operación, restando el rol protagónico
que a nivel edilicio quería el Municipio, y demarcaba el campo de
acción del cabildo al saneamiento, actitud en la que prevalecía el
criterio higienista sobre la ciudad, pero también la jerarquía de
funciones y alcances.

En los meses siguientes, a la espera de conocer el resultado de


las deliberaciones en el Congreso, se publicaron notas de todo
tipo en las que se insistía en que no era posible que todo el país
contribuyera a las obras de embellecimiento de la capital. Esta
idea no pudo ser desvirtuada a pesar de la insistencia del Alcal-
de y de los personeros municipales en que “no ha[bía]n pedido
en ningún momento para el embellecimiento de la ciudad [sino
para] la atención para obras fundamentales” (El Comercio, 11 de
diciembre de 1954: 5).

Así las cosas, en marzo de 1955, siete meses después de la mar-


cha, el presidente de la República, en carta al Alcalde de Quito,
pidió que designara a tres comisionados del Concejo de Quito
para que, junto con tres comisionados del gobierno, se decidie-
ran “las obras fundamentales realizables” para la buena ejecución
de la Conferencia y el presupuesto. Velasco Ibarra puntualizó que:

a fin de evitar todo recelo en las demás provincias con-


vendría evitar cuidadosamente todo cuanto pueda
significar aunque sea remotamente labores de simple
embellecimiento y mucho menos de remodelación de
la ciudad. […] ruego a usted que se digne apreciar, en
su comprensión y serenidad, las razones que me llevan
a solicitar lo anterior (Velasco Ibarra, J. M., [correspon-
dencia] en Especiales, Libro. 2214, 1955: sp).

144
Capítulo 2

¿Cuáles eran las razones a las que se refería el Presidente? Lo vi-


sible y directo era la oposición nacional a asumir un nuevo im-
puesto y las consecuencias políticas que una decisión de ese tipo
podría acarrear. Lo que estaba en juego en otro nivel de relacio-
nes de poder era el distanciamiento que se hacía latente entre el
Ministro de Gobierno, Camilo Ponce Enríquez152, y el Presidente
de la República, José María Velasco Ibarra. Camilo Ponce Enrí-
quez era muy cercano a Sixto Durán Ballén; como ya se indicó,
fundaron juntos el Movimiento Social Cristiano153 en 1951. Ca-
milo Ponce Enríquez terció por la presidencia en las elecciones
de 1956, posicionándose como Presidente en agosto de ese año.
Nombró como Ministro de Obras Públicas a Sixto Durán Ballén
que lo acompañó durante sus cuatro años de mandato. En 1954,
Durán Ballén fue la cabeza visible del proyecto de remodelación
de la capital y construcción del Palacio Municipal, tema que se
verá en el siguiente apartado. Apoyar el plan de remodelación era
apoyar a Durán Ballén y, detrás de él, a Ponce Enríquez.

Así las cosas, hubo elecciones locales. En diciembre de 1955, se


posesionó como alcalde de Quito el doctor Carlos Andrade Ma-
rín Vaca154, que ejerció entre diciembre de 1955 y diciembre de
1959. De tendencia liberal y descendiente de una familia con una
larga trayectoria profesional y política, se preocupó por ejecu-
tar obras de saneamiento y combinar estas acciones con las que
exigía el gobierno central (Ponce Enríquez) para la Conferencia.
Estas últimas fueron sobre todo de urbanización; es decir, aper-
tura de vías, alcantarillado, dotación de redes de agua y energía
eléctrica y pavimentación.

Aquí cabe señalar que un decreto que creaba rentas para Quito
por 150 millones, en lugar de los 400 solicitados, fue emitido en
1956 al final del periodo presidencial de José María Velasco Iba-
rra, pero no fue sancionado, por lo que nunca entró en vigencia.

152 Camilo Ponce Enríquez (Quito, 1912-1976). Jurista, conservador. Presidente de la Re-
pública entre 1956 y 1960. Fundador del Frente Nacional (conservador) y la Alianza
Democrática Ecuatoriana. Canciller de José María Velasco Ibarra en 1944, vicepresi-
dente del Concejo Municipal de Quito, en 1943. Diputado por la provincia de Pichin-
cha en 1946. Fundador del Movimiento Social Cristiano, junto con Sixto Durán Ballén,
en 1951. Ministro de Gobierno de José María Velasco Ibarra entre 1952 y 1955.
153 El Movimiento Social Cristiano del Ecuador promovió la candidatura de Sixto Du-
rán Ballén a la Presidencia en 1992, cuando salió electo.
154 Carlos Andrade Marín Vaca (1904-1968). Médico por la Universidad Central Del
Ecuador. De tendencia liberal. Docente. Rector del Colegio Nacional Mejía. Con-
cejal de Quito entre 1935 y 1938, Consejero Provincial de Pichincha, Ministro de
Educación Pública, Ministro de Previsión Social y Alcalde de Quito. En el ámbito de
la medicina fue director del Hospital de Niños Baca Ortíz, fundador de la Sociedad
Ecuatoriana de Pediatría y de la Revista Ecuatoriana de Pediatría.
145
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

En enero de 1957, el presidente Camilo Ponce Enríquez optó por


derogar dicho decreto y emitir el Decreto de Emergencia con el
que se asignó 55 millones para la ejecución de obras de sanea-
miento a cargo del Municipio de Quito, que debían entregarse
en cinco años. Esta situación dejaba al Municipio en un escenario
igual o peor que el anterior a la designación de la ciudad como
sede de la Conferencia. La acción municipal iba a la deriva de lo
posible, a pesar de los esfuerzos de la Oficina del Plan Regulador.

Esta dependencia municipal, creada a partir de la aprobación


del Plan Regulador en 1945, contaba con pocos empleados para
cumplir todas sus responsabilidades: levantamiento de los planos
topográficos de la ciudad y de las parroquias suburbanas, trazado
de vías acorde a los lineamientos del Plan Regulador, determi-
nación de las líneas de fábrica, ubicación y tasación de los lotes
afectados por el Plan Regulador, aprobación de los planos de las
construcciones, otorgamiento de los certificados para construc-
ción, mejora y traspaso de dominio, entre otras.

La Oficina ejecutaba sus obligaciones de la mejor manera, pero la


realización de lo que planificaba y decidía era potestad de otras
entidades municipales. Por ejemplo, de la Dirección de Obras Pú-
blicas, dependía la apertura de calles, el ensanchamiento de vías,
la dotación de veredas y la construcción de parques; la Dirección
de Educación determinaba la ubicación e implantación de las es-
cuelas y colegios municipales; la Dirección de Higiene y Policía
cuidaba los aspectos sanitarios de la ciudad, como el estado de
las quebradas, los parques, las veredas y demás; la financiación de
los proyectos, sobre todo, el flujo de caja para expropiaciones, era
potestad del Concejo.

En la práctica administrativa, cada dirección enviaba sus solicitu-


des e informes al Concejo Municipal; por norma, este solicitaba
un informe a la comisión o comisiones pertinentes para tomar
una decisión. Con este procedimiento, era común que las inten-
ciones de cualquiera de las instancias no coincidieran con lo que
había planificado la Oficina del Plan Regulador ni con lo que se
decidía en el Concejo. En última instancia, la ejecución dependía
de la voluntad administrativa y política del Concejo Municipal.

146
Capítulo 2

Al no haber coordinación entre las direcciones, la Oficina del


Plan Regulador y las autoridades municipales, las actividades se
superponían causando incomodidad y problemas, tanto a la mu-
nicipalidad como a la ciudadanía.

A pesar de los continuos inconvenientes que la Oficina del Plan


Regulador enfrentaba, principalmente en cuanto a la emisión
de ordenanzas que modificaban sus decisiones, algo se había
avanzado en la constitución del proyecto de ordenamiento de
la ciudad.

Al margen de las disonancias entre las obras que requería la ciu-


dad y que se financiaban con fondos locales y las que requería
la Conferencia y que se financiaban con fondos nacionales (los
55 millones), la política municipal buscó cómo proveerse de un
marco legal que agilitara procesos y pusiera orden en algunas
áreas. Las prioridades fueron 1) la Ordenanza para Construccio-
nes en Quito155, documento fundamental que entró en discusión
en agosto de 1955 y fue sancionado como norma de ley en julio
de 1959, en cuya redacción participaron los ingenieros que la-
boraban en la Dirección de Obras y Plan Regulador y la Junta de
Defensa Artística, y representantes de la Escuela de Arquitectura
de la Universidad Central; 2) la Ordenanza mediante la que se
creó la Caja Municipal de Urbanización, Crédito y Ahorro, como
base de la futura financiación del Banco Municipal de Quito, que
no fue ejecutada, y 3) la gestión para la promulgación de la Legis-
lación sobre Propiedad Horizontal, proyecto que ya estaba en el
Congreso y que de alguna manera se materializó cuando el presi-
dente Camilo Ponce Enríquez emitió la Ley de Emergencia 08, del
15 de marzo de 1960, aunque no entró en vigencia y fue reempla-
zado por la Ley de Propiedad Horizontal de 1965.

155 Ordenanza de Construcciones de Quito. Hasta 1959 estuvo vigente la Ordenanza


de 1941 que no resolvía las situaciones que se presentaban al Concejo. En ese
momento, no había ordenanza de construcciones ni estaba en plena vigencia
el Plan Ordenador. El vicepresidente del Concejo, Jaime Mantilla Mata, en la se-
sión ordinaria del 16 de marzo de 1956, expresó: “La comisión de Obras públicas
está prácticamente imposibilitada de solicitar informes técnicos a la Oficina del
Plan Regulador porque no existe una ordenanza verdadera de construcciones”.
Además, explicó que, con este instrumento legal, “se podrá exigir al público que
se sujete a normas precisas y al mismo tiempo tener un respaldo y continuar
actuando […] hasta el momento tenemos 36 solicitudes que están suspensas
porque no tenemos una ordenanza ni un reglamento de construcciones (Actas
Públicas diciembre 1955-mayo 1956. Libro. 2267. Marzo de 1956: sf.).
147
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

2.2. La propuesta urbana


de ARQUIN (1954)

A inicios de 1954, una de las metas de la Oficina del Plan Regulador


era la apertura de la llamada “avenida diagonal” —una de las cuatro
planificadas en el Plan Regulador de 1945—, que cruzaba el extremo
norte del centro de Quito. En la ciudad, había expectativa de la eje-
cución de esta obra, sobre la que se llevaba discutiendo nueve años.

El 15 de enero de 1954, los miembros del Comité Pro Avenida


Diagonal156 visitaron las oficinas del Plan Regulador. Fueron aten-
didos por el ingeniero Leopoldo Moreno Loor157, a la fecha, direc-
tor de dicha entidad. El objetivo de la visita era conocer el ade-
lanto en la construcción de la maqueta del proyecto vial158 que
uniría el norte de Quito con el centro y el sur. Se consideraba que
este trazado traería mejoras a la circulación vehicular y ayudaría
a cambiar la imagen del sector occidental, entre el Parque Her-
mano Miguel159 y las esquinas de las calles Vargas y Galápagos.

El Municipio no contaba con los recursos para la expropiación de


las propiedades por las que cruzaba el trazado ni para ejecutar la
obra, y tenía esperanza en recibir préstamos internacionales, a tra-
vés del Eximbank, o nacionales, mediante la Caja del Seguro160 o
la Caja de Pensiones161. Otra opción, más lejana, era lograr que el
gobierno central financiara las obras, situación que no se dio.

156 Comité conformado por el licenciado Humberto Vacas Gómez, Francisco de


Mora, doctor Lautaro Villacrés, Juan José León, licenciado Trajano Vargas, Aurelio
Jara y Emilio García Silva (Últimas Noticias, 15 de enero de 1954: 2).
157 Leopoldo Moreno Loor (1917). Ingeniero por la Universidad Central del Ecuador,
especializado en urbanismo en Londres, entre 1945 y 1947. A su regreso fue nom-
brado director de la Oficina del Plan Regulador, cargo que ejerció hasta 1954 cuan-
do fue designado director técnico del Instituto Nacional de Vivienda. Después del
terremoto de 1949, fue presidente de la Junta de Reconstrucción de la Provincia de
Tungurahua junto con Sixto Durán Ballén y Wilson Garcés. A partir de 1957, fue so-
cio fundador de GADUMAG empresa de diseño y construcción en la que fue socio
de los arquitectos Gilberto Gatto Sobral, Sixto Durán Ballén, Eduardo Gortaire y del
ingeniero Oswaldo Arroyo. Con GADUMAG ejecutó el proyecto de la Caja Matriz
de la Caja del Seguro y la Caja de Pensiones en 1958-1960.
158 La maqueta del proyecto de la avenida diagonal fue realizada por el señor René
Guayasamín. Sus dimensiones eran de 2,70 m por lado.
159 Sobre el proyecto del parque y monumento Hermano Miguel en El Tejar, el docu-
mento de mayor antigüedad que se ha ubicado es el contrato entre la municipa-
lidad de Quito y el arquitecto Karl Kohn firmado en 1939; sin embargo, en 1954,
el proyecto aún estaba en construcción y fue inaugurado en 1956.
160 La Caja del Seguro existe desde 1937, cuando se reformó la Ley del Seguro Social
Obligatorio y se incorporó el seguro de enfermedad para los afiliados.
161 La Caja de Pensiones existe desde 1928, mediante Decreto Ejecutivo Nº 018, pu-
blicado en el Registro Oficial Nº 591 del 13 de marzo de ese año. Era una entidad
aseguradora con patrimonio propio, diferenciado de los bienes del Estado, con
aplicación en el sector laboral público y privado, tanto civil como militar, en rela-
ción con la pensión jubilar, montepío civil y fondo mortuorio.
148
Capítulo 2

En este contexto, en los meses de enero y febrero de 1954, el ar-


quitecto Sixto Durán Ballén162, socio fundador del estudio de ar-
quitectura y construcciones Arquitectos e Ingenieros Asociados
(ARQUIN)163, presentó al alcalde Rafael León Larrea, a los conceja-
les y a los técnicos municipales, de manera individual y fuera del
estamento municipal, un nuevo proyecto de intervención urbana
en el centro histórico, que dejaría sin efecto el proyecto de la dia-
gonal y muchos otras acciones que mencionaba el Plan Regulador.

Una vez que contó con la avenencia de la mayoría de los miembros


del Concejo Municipal, lo presentó de forma oficial a esta entidad.
La comunicación de ARQUIN, fechada el 26 de febrero, indica:

Gran preocupación ha sido para el I. Municipio la so-


lución urbanística al problema del tránsito urbano.
Como Ud. sabe Señor Alcalde, la oficina “Arquitectos
e Ingenieros asociados”, ha efectuado un estudio re-
formatorio de los varios proyectos del Plan Regula-
dor para la parte céntrica de la misma, estudio que
Ud. y varios Concejales conocen ya; este proyecto por
ser más simple, de más fácil realización y de menor
costo y sobre todo por solucionar mejor el problema
en cuestión, ha merecido la aprobación de Ustedes
y de los varios profesionales del I. Municipio (Infor-
me de Comisiones O-Z. Libro. 2141. [Comunicación de
ARQUIN] 26 de febrero de 1954: sf.).

162 Sixto Durán Ballén (1921-2016). Arquitecto y político. Graduado en Colum-


bia University. De tendencia conservadora, fundó el Partido Social Cristiano.
Director de Planificación (1951-1954) para la reconstrucción de Ambato y las
poblaciones aledañas, después del terremoto de 1949, durante el gobierno de
Velasco Ibarra en el que, paradójicamente, fue ministro de Gobierno Camilo
Ponce Enríquez. Luego, durante la presidencia de Camilo Ponce Enríquez fue
Ministro de Obras Públicas (1956-1960); funcionario del Banco Interamericano
de Desarrollo (1960-1969). En 1970, en elecciones locales, fue electo Alcalde
de Quito; en 1974, la dictadura del General Rodríguez Lara lo prorrogó en sus
funciones hasta el retorno a la vida constitucional en 1978. En 1992, ganó las
elecciones presidenciales, siendo Presidente de la República hasta 1996. Recibió
el Premio TRAMA de Arquitectura en 2011, junto con el historiador doctor
Jorge Salvador Lara, historiador de la ciudad.
163 ARQUIN, Arquitectos e Ingenieros Asociados, compañía constructora formada
por el Arquitecto Sixto Durán Ballén y los ingenieros Luis Pérez Arteta, Oswaldo
Arroyo Páez y José María Andrade Alvear. Desde 1948, se dedicó a urbanizar zo-
nas periféricas en el norte de la ciudad y al diseño y construcción de viviendas
unifamiliares, edificios de oficinas y equipamiento de salud. A esta empresa se in-
tegraron varios alumnos de la Escuela de Arquitectura, de la que Durán Ballén era
profesor de Proyectos y Director (1951); entre ellos Alfredo León, Milton Barra-
gán Dumet, Oswaldo de la Torre Villacreces, y otros estudiantes de arquitectura e
ingeniería. Este contingente se integró a trabajar en la Oficina de Construcciones
para la Conferencia entre 1957 y 1960, bajo la guía de Alfredo León, mientras
Durán Ballén era Ministro de Obras Públicas.
149
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

75 E n la nota se explican las ventajas


que tendría la circulación vehicular
de aplicarse el Plan. También se
presenta el tema del apoyo nacional
que debió recibir la capital para cumplir
con las adecuaciones y obras nuevas
que se requerían para la Conferencia,
por ser la sede del Gobierno la que
representa a la nación. El Comercio,
Lunes 26 de abril de 1954, p.11
150
Capítulo 2

76 E n la revista SIAP N° 1, de enero de 1955, se publicó la memoria del plan vial de ARQUIN. El texto incluye una relación cronológica
de la propuesta, su aceptación por parte del Consejo y deja abierta la posibilidad de su realización. Revista SIAP, N° 1, de enero de 1955, p.40-44
151
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

El proyecto presentado consistía en un anillo vial alrededor del cen-


tro, de modo que el tránsito circunvalara la zona “sin los inconve-
nientes de atravesar la zona central de calles angostas y de gran trán-
sito. Además, este sistema pericentral permitiría el reparto ordenado
y fácil a las diversas [calles] longitudinales centrales” (sf.).

El gran anillo estaría formado por las siguientes vías: al sur, la ave-
nida 24 de Mayo prolongada hacia la Maldonado; a occidente, la
calle Imbabura, que se ensancharía hasta la Manabí; a oriente, la
llamada vía Oriental, que iniciaría en la Maldonado y 24 de Mayo,
con un túnel para terminar en la avenida Gran Colombia y, al nor-
te, la calle Manabí ensanchada. Además, estaría complementado
con la Vargas y la calle que se abriría a través de los terrenos del
Seminario Menor. Una corta vía a través del parque de La Alameda
cerraría el anillo en el extremo norte (Durán Ballén, 1955: 40-44).

El área de acción de la propuesta de ARQUIN cruzaba varias que-


bradas e irrumpía en una zona urbana consolidada, caracterizada
por la presencia de pendientes. Incluía pasos elevados, depresio-
nes y túneles que circunvalaban el centro eliminando la arqui-
tectura, sobre todo de vivienda, que se ubicaba en el circuito. Si
bien la intención de disminuir el tiempo de recorrido norte-sur
era loable, el costo era significativamente superior a la propuesta
77 Modernización del centro histórico,
proyecto. Últimas Noticias,
de la avenida diagonal, al igual que el porcentaje de afectación a
1 de enero de 1955: sn. predios construidos, ya que además del incremento en metros
cúbicos de construcción y en áreas a expropiar (aunque el costo
por metro cuadrado fuera menor), había que considerar el costo
de las nuevas edificaciones al borde de esas nuevas vías.

La misiva fue entregada con los planos viales, la maqueta y foto-


montajes de la nueva imagen de la ciudad. Lamentablemente,
estos no se conservan en los archivos municipales y los que se
presentan en esta tesis provienen de los diarios Últimas Noticias,
El Comercio y de la Revista SIAP, N° 1 de enero de 1955.

En las imágenes se aprecia el nuevo perfil que tendría el borde de


las vías ensanchadas y abiertas: avenidas amplias con veredas an-
gostas y edificaciones de hasta diez pisos de acuerdo al Internatio-
nal Style con preeminencia de fachadas de vidrio, elemento que
caracterizaría la arquitectura moderna en el imaginario ciudadano.
En las plantas bajas se distingue una composición de fachada que
remite a la actividad comercial. En el proyecto no se especifica el
uso de las edificaciones ni algún tipo de sectorización de uso.
152
Capítulo 2

En los fotomontajes, se distingue un lado de la vía con la pro-


puesta moderna y otro mantiene la composición existente. Los
cables de electricidad y teléfono fueron eliminados. Las vías se
ven perfectamente asfaltadas. El lado de las edificaciones existen-
tes, de estilos neoclásico y ecléctico, están marcadas por letreros
comerciales, mientras que el lado moderno se presenta limpio de
estos elementos.

Si esta era la imagen con la que se presentaba la propuesta general


para las calles, es preciso acotar que el proyecto solo incluía la aper-
tura de calles a nivel de rasante, elevadas y deprimidas. Las edifica-
ciones ya llegarían por inversión privada. En los documentos no hay
referencia a ellas, por lo que se entiende que solo eran las ilustracio-
nes de cómo podría ser el paisaje luego de que, por efecto de las nue-
vas vías, se modificaran las ordenanzas municipales y se levantaran
nuevas estructuras acordes al tiempo; es decir, modernas.

Por inferencia de las condiciones generales de la ciudad, de otros


proyectos desarrollados por la misma empresa y de las aseveracio-
nes de Durán Ballén, se sabe que las plantas bajas de las edificacio-
nes serían para comercio y las superiores, para oficinas de renta164,
y que cumplirían una doble función: por un lado, brindarían áreas
de comercio a la ciudad y, por otro, financiarían el proyecto:
78 Modernización del centro histórico,
Aún cuando podría parecer algo ambicioso todo este proyecto. Últimas Noticias, 1 de enero
de 1955: sn.
proyecto, su realización no está sobre nuestras posibi-
lidades en el caso de la prolongación de la Av. 24 de
Mayo y del ensanche de la Imbabura y Manabí gran
parte de las expropiaciones comprenden terrenos de
poco coste y sin construcciones. La calzada alta central
si bien es un poco costosa por las construcciones que
habría que expropiar y derrocar, podría financiarse en
gran parte con los remates de los terrenos que queda-
sen frente a ella, con las rentas de los almacenes bajo 164 En esos años, en Ecuador se em-
la misma con frente a la calle Guayaquil (Durán Ba- pezaba a discutir la pertinencia de
instaurar una Ley de Propiedad Ho-
llén,1955: 40-44). rizontal que facilitara la rentabilidad
de la actividad de construcción in-
En relación con obra arquitectónica, en el plan presentado al mobiliaria en altura. Esta ley llegaría
en 1965. Además de la condición le-
Municipio, solo se mencionaba la posibilidad de desarrollar el gal, se debía considerar que el ingre-
so de la clase media era bajo y que
anteproyecto, proyecto y construcción del Palacio Municipal165 había experiencia sobre la dificultad
después de la firma del contrato respectivo. En ese momento, la de vender vivienda en un mercado
cada vez más reducido.
casa municipal ocupaba la esquina sur de la manzana oriental de
165 Se exponía la intención de diseñar
la Plaza de la Independencia; el nuevo edificio se implantaría en una construcción moderna que
ocupara la manzana completa, se
la totalidad de la manzana, como planteaba el Plan Regulador. ajustara al programa que requiriera
la municipalidad y tuviera oficinas
de renta que le permitieran amor-
tizar los costos de construcción.
153
Arquitectura Moderna de Quito, 1954 - 1960

Para facilitar la ejecución de la obra, ARQUIN incluyó la propuesta


de financiamiento que extendía junto con su socio M. Burk Sassen166:

Nuestras firmas, combinadas, en representación de un


organismo financiero y comercial europeo, propone[n]
la financiación y ejecución de obras por un valor de US
$ 3'000.000,00167, suma que sería prestada al Municipio
de Quito, parte en efectivo y parte en materiales de
construcción que