Capítulo tercero
El «genio de la lengua»
y la traducción
En el capítulo anterior hemos tratado, desde el punto de vista de
la filosofía y la antropología cultural, algunas cuestiones relaciona
das con el lenguaje. Ahora nos centraremos en un punto de vista más
aplicado a la propia realidad de las lenguas y comentaremos algunas
generalidades acerca del inglés y el castellano desde una perspecti
va comparatista, lo cual constituye a nuestro entender una valiosa
ayuda a la hora de resolver los problemas concretos que presenta la
traducción; sin embargo, antes recordaremos algunas propiedades
que parecen estar presentes en la estructura de todas las lenguas.
Algunos rasgos comunes: arbitrariedad,
elementos discretos, doble estructuración,
productividad
Todas las lenguas, por el hecho de serlo, presentan semejanzas y
diferencias. En la definición de los rasgos compartidos por todas las
lenguas han desempeñado un papel fundamental las corrientes
estracturalistas y, en especial, la obra de Noam Chomsky, que se inicia
a finales de la década de 1950. Al énfasis dado al estudio de los usos por
los pragmatistas —cuyo enfoque, como se ha visto, nace en el campo de
la filosofía—, se contrapone, pues, la corriente lingüística, que
intenta analizar las estructuras e identificar los posibles rasgos
universales del lenguaje, el posible orden profundo que subyace a su
diversidad superficial. Estas dos perspectivas no son en modo
alguno excluyentes, pese a que lo diverso de los enfoques las ha
conducido a centrar sus investigaciones en aspectos diferentes del
lenguaje. A continuación citaremos sólo cuatro de estas propiedades
58 Manual de Traducción Inglés-Castellano
generales, que están interrelacionadas y otorgan flexibilidad al
lenguaje humano.
En primer lugar, una característica común a todas las lenguas es
la arbitrariedad, que en su forma más elemental se manifiesta en la
ausencia de relación natural entre los códigos del lenguaje corriente
y los sucesos o propiedades a los que hacen referencia, entre la forma
y el significado. El debate iniciado en el Crátilo de Platón (siglos v-
iv a.C.) acerca de la naturaleza convencional o natural del lenguaje
parece haber llegado a su conclusión a principios de nuestro siglo
con la afirmación de Ferdinand de Saussure de la arbitrariedad del
emparejamiento de sonido y significado en el signo lingüístico. La
palabra «fuego» no quema, la palabra «león» no ruge; asociamos
determinados conceptos a determinadas palabras como resultado
de nuestro proceso de endoculturación, el proceso por medio del cual
adquirimos las pautas de comportamiento de nuestra cultura. Las
onomatopeyas, esgrimidas en ocasiones como prueba de un posible
origen natural del lenguaje, dejan de ser un asidero firme en
semejante argumentación cuando se compara, por ejemplo, el canto
de un gallo en inglés («cock-a-doodle-do»), ruso («cucuricú») o alba-
nés («kikikú»), por citar sólo tres lenguas indoeuropeas.
Otra muestra de arbitrariedad es la que podemos observar en la
estructural gramatical o el funcionamiento sintáctico de cada len
gua particular. El orden de las palabras en las diferentes lenguas no
puede explicarse en función de grandes principios generales lógicos
o psicológicos.
Un segundo rasgo compartido es la utilización de elementos
discretos, es decir, de elementos que contrastan entre sí y no forman
un contínuum (a diferencia de los gruñidos, cuyo significado varía
según la intensidad). Si modificamos un fonema de una palabra, el
resultado será una palabra inexistente y desprovista de significado
u otra palabra con un significado completamente diferente.
Una tercera característica es la doble organización de la estruc
tura de las lenguas, que están constituidas por un número reducido
de sonidos arbitrarios, que carecen de significado y que los hablantes
perciben como diferenciados, y por la combinación de estos sonidos
en cadenas de significado. Estos elementos pueden agruparse para
dar lugar a estructuras más complejas cuyo significado difiere del de
los elementos por separado. En los sistemas de comunicación de los
animales, por ejemplo, las unidades primarias no se combinan para
formar elementos complejos, como ocurre con las palabras y las
frases del lenguaje humano.
El «genio de la lengua» y la traducción 59
En teoría, basta un código con dos unidades (como el utiliza
do por los ordenadores) para conseguir este tipo de productividad,
pero una lengua natural que utilizara sólo dos fonemas necesitaría
secuencias larguísimas para transmitir mensajes relativamente
simples. El número de fonemas de las lenguas conocidas varía entre
los 11 del rotoca, hablado en las islas Salomón, y los 141 del cungo,
de Africa del Sur.
Y, en cuarto lugar, esta dualidad permite una productividad semán
tica ilimitada, es decir que a partir de un número finito de unidades
podemos generar un número infinito de mensajes. Todas las lenguas
poseen la capacidad de utilizar los elementos conocidos para producir
otros nuevos hasta ese momento. No existe algo así como la frase
más larga de una lengua. Y, lo que es más importante, esta productivi
dad no está limitada a unos temas concretos, sino que podemos ha
blar de cualquier cosa; a diferencia, por ejemplo, de lo que ocurre con
el sistema de comunicación de las abejas, un sistema que permite
múltiples mensajes, pero donde no existe una relación de arbitrarie
dad entre la señal y el mensaje, y no es posible transmitir informa
ción más que sobre la dirección y la distancia de la fuente de polen.
Gramaticalidad y universales
Noam Chomsky58 ha hecho hincapié en esta productividad para
analizar el lenguaje en términos gramaticales, como un sistema de
reglas que operan en múltiples niveles. Todas las lenguas poseen re
glas que permiten o impiden ciertas construcciones. Estas reglas, por
ejemplo, rigen la combinación de fonemas para formar morfemas. La
yuxtaposición «zb» dentro de la sílaba no es posible ni en inglés ni en
castellano —aunque sí lo es en polaco— y cualquier hablante de las
dos primeras lenguas reconocerá como imposible en su idioma cual
quier palabra que contenga ese par de letras de forma contigua en
una misma sílaba. Asimismo, dichas reglas especifican los modos
56. Noam Chomsky, Syntactic Structures, La Haya, Mouton, 1957; Aspects of
the Theory o f Syntax, Cambridge (Mass.), MIT Press, 1965; Knowledge o f Lan
guage, Nueva York, Praeger, 1986.
60 Manual de Traducción Inglés-Castellano
en que pueden combinarse las palabras, al margen de que hayan sido
oídas antes y al margen de su sentido. Casi todos los anglohablantes
serán capaces de reconocer la gramaticalidad de «Colorless green
ideas sleep furiously» (a pesar de su incoherencia semántica), al
contrario de lo que ocurriría en el caso de «Furiously sleep ideas
green colorless». Además, podrán reconocer las transgresiones gra
maticales de una frase como «Us let an example take» y, a pesar de
ellas, atribuirle cierto significado. Esta capacidad, presente en el
niño desde una edad muy temprana, así como la velocidad de su
aprendizaje lingüístico y la posibilidad de construir expresiones
gramaticales no oídas con anterioridad, ha hecho afirmar a Chomsky
que la facultad de aprendizaje del lenguaje es innata en el hombre
y específica de la especie humana.
El planteamiento antiempirísta de Chomsky intenta subsanar el
fracaso de la lingüística estructural a la hora de explicar hechos
sintácticos ambiguos o las relaciones entre ciertas oraciones y entre
sus componentes. A nivel superficial, «John is easy to please» y
«John is eager to please» podrían analizarse de la misma manera,
pero, a pesar de la semejanza aparente, estas dos oraciones tienen
propiedades gramaticales completamente diferentes. Asimismo,
una frase como «I like her singing» oculta, bajo la aparente claridad
léxica y gramatical una profunda ambigüedad.
El intento de la gramática generativa es el intento de encontrar las
estructuras profundas que subyacen al comportamiento de todas las
lenguas; o, dicho de otro modo, de llegar a un conjunto de reglas (una
gramática) capaz de generar únicamente oraciones gramaticales.
Este interés por los rasgos universales puede verse como una
continuación de los trabajos de los gramáticos de Port-Royal (siglo x v i i )
y las «gramáticas especulativas» de los escolásticos medievales, los
modistae (siglosxin yxrv). La perspectiva chomskyana hace hincapié
en el conocimiento de la lengua por parte del hablante (la competen
cia) más que en el uso real (la actuación), distingue entre estructura
profunda y estructura superficial de las oraciones e intenta desen
trañar la naturaleza del lenguaje humano a través de la identifica
ción de las reglas que rigen esta estructura sintáctica profunda,
unas reglas de validez universal puesto que se consideran basadas
en propiedades innatas. El modelo chomskyano ha sufrido grandes
modificaciones desde su primera formulación en 1957 (por ejemplo,
la incorporación del componente semántico).
El debate contemporáneo sobre el estudio de estos universales
está centrado en torno a dos posiciones que son, en el fondo,
El «genio de la lengua» y la traducción 61
complementarias. Para la primera, lo importante es la búsqueda de
rasgos estructurales compartidos por todas las lenguas estudiando
de modo exhaustivo y abstracto (por medio de las reglas generativo-
transformacionales) una lengua individual (sobre todo, el inglés);
para la segunda, la atención se centra en el análisis concreto del
mayor número posible de lenguas para, del estudio de los rasgos
diferenciales, extraer con mayor pertinencia los rasgos compartidos
de modo más general, una especie de universales «relativos» llama
dos tendencias o universales estadísticos.57
La meta de los universalistas es llegar a unos universales
«absolutos» que se apliquen sin excepción a todas las lenguas; el
problema es que con la mayoría de los universales absolutos que es
posible postular no parece llegarse demasiado lejos. (Un ejemplo de
universal absoluto es: todas las lenguas tienen vocales.) Por ello, al
final se está adoptando una postura más flexible que acepta las
tendencias de los tipologistas. (Un ejemplo de tendencia es: en casi
todas las lenguas el sujeto precede al objeto.)
Una vez subrayadas algunas propiedades que parecen compartir
todas las lenguas, nos extenderemos en lo que queda de capítulo en
la exposición de una serie de diferencias entre el inglés y el
castellano. La necesidad misma de la traducción confirma que cada
lengua presenta un patrón único de especificidad fonológica, léxica
y gramatical que le confiere una identidad lingüística particular y
que, en combinación con el desarrollo histórico y cultural de las
comunidades de hablantes que la utilizan, ha focado lo que romántica
mente se denominó su «espíritu». A este «genio de la lengua» —que,
a diferencia de los románticos, no podemos considerar ya como
emanación de un supuesto espíritu nacional, sino como resultado de
la arbitrariedad y la evolución histórica— se refiere Gerardo Vázquez-
Ayora:
Lo esencial es recordar que cada lengua se caracteriza por un
«proceder privativo» y propio, que es su espíritu, y que constituye lo
que se conoce como el genio de la lengua. El genio de la lengua es
aquella «preferencia secreta», a la que, según insiste Jean Darbelnet,
hay que prestar suma atención. La orientación conceptual y cultural
57. Como ejemplo de la primera posición, pueden verse las obras de Chomsky;
como ejemplo de la segunda, cuyo principal representante es Joseph Greenberg,
puede verse Bernard Comrie, Language Universals and Linguistic Typology,
Oxford, Basil Blackwell, 1981.
62 Manual de Traducción Inglés-Castellano
imprime su sello en cada lengua y exige las modalidades de expresión
y los giros que sean auténticos para que la traducción no parezca
extraña, fría y disecada.58
Evolución histórica y variación diatópica
En su primera época, entre los siglos vi y xi, la lengua germánica
que se conocería con el nombre de inglés se vio sometida a un rápido
cambio forzado debido a la invasión y el asentamiento de pueblos
escandinavos, que hablaban diversas lenguas germánicas (siglos
v i i i -i x ), y más tarde de los conquistadores franconormandos (1066),
cuya lengua, junto con el latín eclesiástico, desplazaría al inglés
como lengua literaria y cortesana durante unos trescientos años.
Los primeros registros escritos de lo que se considera inglés antiguo
datan de la época de Beda el Venerable (siglo viii). Cada nueva
aportación lingüística dejó huellas indelebles, tanto léxicas como
sintácticas, en la lengua vernácula, y el resultado ha sido un amplio
repertorio de vocales y consonantes (45 sonidos básicos). La gran
riqueza sinonímica de la lengua inglesa y su anárquica ortografía
proceden de estas diversas fuentes: los dialectos germánicos occi
dentales («steorfa», que signifa «morir», de donde el moderno «starve»,
el noruego («deya», el reconocible antepasado de «to die»), el francés
(que legó al inglés palabras como «mortgage») y el latín (que dio lugar
a «defunct»).
Se considera que el primer registro histórico del castellano son
unos comentarios a un texto religioso escrito en el monasterio de
San Millán (las Glosas Emilianenses, unas cuarenta palabras;
segunda mitad del siglo x). La base lingüística del castellano (que
cuenta con 24 sonidos básicos) la constituye el latín, introducido por
las tropas de Roma enviadas a luchar contra los ejércitos cartagineses
(la conquista romana finaliza en el año 15 a.C.). El latín sustituyó las
lenguas prerromanas, de las que subsisten unas pocas palabras. Son
importantes también, relacionadas con invasiones guerreras, las
58. Gerardo Vázquez-Ayora,Introducción a la traductología, Washington (D.C.),
Georgetown University Press, 1977, pp., 85-86.
El «genio de la lengua» y la traducción 63
aportaciones germánicas (a partir del siglo m; terminología militar,
palabras de uso cotidiano y algunos adjetivos comunes, así como
numerosos topónimos y antropónimos) y las árabes (a partir del
siglo vui; unas 4.000 palabras, relacionadas con la horticultura, el
riego, la administración y la ciencia). A partir del siglo xv, se produce
una nueva latinización, vinculada a la fascinación renacentista por
la cultura clásica, se introducen además voces de otras lenguas
romances y, también, de las lenguas americanas. En el siglo xvm,
como consecuencia de la difusión de las ideas ilustradas francesas,
se inicia un período que se prolonga hasta mediados del siglo xx en
el que la principal fuente de préstamos lingüísticos es el francés;
posteriormente, como resultado de la difusión de la cultura
anglosajona, el inglés (sobre todo, el estadounidense) pasa a ejercer
una poderosísima influencia en el castellano.
Desde 1713, la sintaxis y la ortografía castellanas están regula
das por la Real Academia Española, creada a imitación de la
Academia Francesa (1634). El inglés, en cambio, carece de un órgano
regulador similar; se ha desarrollado y continúa evolucionando al
margen de cualquier autoridad prescriptiva verdaderamente inape
lable a partir del uso común y sujeto sólo a las limitaciones del gusto
culto y el consenso.59
En el caso del inglés como lengua de partida de traducción,
enseguida nos enfrentamos a la vasta divergencia cultural de los
pueblos que hoy comparten el zócalo común de ese vehículo de
expresión. Además de las diversas formas fundamentales de inglés
habladas en las islas Británicas (con las variedades fonológicas y
sintácticas de Irlanda, Escocia, Gales e Inglaterra), es preciso
reconocer el carácter individual y el patrimonio cultural específico
de las variedades habladas en Canadá, Estados Unidos, Australia,
Nueva Zelanda, Antillas, Sudáfrica y Singapur, así como las pecu
liaridades del inglés de la India, Pakistán, Hong Kong, Indonesia y
muchos países africanos, donde se utiliza como idioma cooficial o
como segunda lengua aglutinadora. En la actualidad, se estima que
el número total de hablantes nativos del inglés supera los 350
millones, una cifra que sólo es inferior a la del chino mandarín;
además, el inglés es hablado habitualmente como segunda lengua
59. A pesar de la existencia de la Sociedad Filológica de Londres, la verdadera
autoridad lingüística de facto es el Oxford English Dictionary, cuya primera
edición en fascículos se realizó entre 1884 y 1928. En Estados Unidos, desempeña
esta función el diccionario de Noah Webster (Is edición: 1847).
64 Manual de Traducción Inglés-Castellano
por otros 400 millones de personas en todo el mundo y su difusión
geográfica es mayor que la de cualquier otro idioma.
En este punto, quizá valga la pena repetir que la traducción es,
por encima de todo, un puente lingüístico entre culturas y que un
buen conocimiento del inglés británico o estadounidense estándar
no basta al traductor al castellano para trasladar, por ejemplo, las
obras vernáculas del escritor barbadense Edward Kamau Brathwaite
más de lo que le permite comprenderlas a un hablante nativo inglés
que no haya nacido en las Antillas. Para ilustración de escépticos,
presentamos a continuación un breve fragm ento del poema
«Starvation» de Brathwaite:
This is no white man lan’
an y et we have ghetto here
we have place where man cyaan live good
we have pla ce where man have to sweat shit
we have pla ce where man die wid im eye-w ater dry up
where he cyaan even cry tribulation
where de dry river rocks clog im in
i did swim into dis w orl’ from a was a sm all bwoy
an i never see harbour yet
ship cyan spot no pilot light
i burnin through dis wall o silence
wid me dread
look how i look p an likke fu n ;
herb, sou n’ system
runnin a grou n ’ wid de don drum m on blues
sum m on de nyah bingeh
but non-a dem com e 60
Basta una simple ojeada para percibir la distancia entre el inglés
de este texto y cualquier forma «estándar», en lo que hace a la
ortografía (el apócope de palabras acabadas en -nd, -Id, etc., que da
«lan’», «worl’» y «groun’»; la transformación de «th» en «d», como en
«dis»; la transformación de «-ttle» en «-kkle», como en «likkle», reflejo
de la realidad fonológica del inglés caribeño; el desarrollo morfológico
(«cyaan» = «cannot»), un extraño pretérito con el auxiliar «do» («i did
60. Edward Kamau Brathwaite, en The Penguin Book o f Caribbean Verse,
Londres, Penguin, 1986, p. 257.
El «genio de la lengua» y la traducción 65
swim»), y las formas específicas del adjetivo posesivo («¿m [his] eye-
water» y «me [my] dread»). Además de los múltiples elementos
léxicos peculiares del inglés antillano presentes en el resto del
poema, hay también referencias culturales propias del Caribe, como
«don drummon» y «nyah bingeh».61
El castellano, como el inglés, es la lengua de un país que difundió
su idioma por vastas posesiones ultramarinas; hoy es la lengua
materna de algo más de 300 millones de personas en España,
dieciocho países latinoamericanos y Guinea Ecuatorial, asimismo
tiene una gran comunidad de hablantes en Estados Unidos y
minorías diseminadas en Filipinas, Australia, Marruecos, Sáhara,
así como las minorías sefardíes de los Balcanes e Israel. Sin em
bargo, a pesar del número de hablantes nativos y la extensión
geográfica del castellano, comparable de algún modo a la del inglés,
el castellano ha evolucionado y se ha diversificado menos que este
último a partir de las primeras manifestaciones documentadas.
El orden SVO: un patrón común
En tanto que primos lejanos dentro de la familia indoeuropea, el
inglés y el castellano comparten muchos elementos comunes; ambas
lenguas, aunque en diferentes grados, siguen un orden SVO, es
decir, que predomina en ellas el orden sujeto-verbo-objeto/comple-
mento. En inglés moderno, este esquema es el preferido de modo
mayoritario, aunque, como señala Barbara Strang, no siempre ha
sido así;62 en castellano, se trata de un orden básico del que la lengua
61. Don Drummon fue un famoso trombonista jamaicano que se volvió loco y en
1969, tras cometer un crimen pasional, se suicidó. La expresión «nyah bingeh», que
procede del Africa oriental, es el nombre de un culto religioso-político anticolonial
de principios de siglo; se aplica a los guerreros rastafaris y también a una reunión
ceremonial de rastafaris.
62. Barbara Strang, A History o f English, Londres/Nueva York, Routledge,
1989, p. 101: «Finally, we must record the growing regularisation o f order within the
clause. The unmarked order of elements, the order followed unless there is a reason
to depart from it, is SVO. [...] In an Old English poetic text it occurs in 16% o f clauses,
but in later prose in 40%; the percentage grows through the Middle English and
66 Manual de Traducción Inglés-Castellano
se aparta con frecuencia en respuesta a los dictados del estilo y la
expresividad individual. Semejante versatilidad es posible gracias
al gran sistema de desinencias del castellano,63 mientras que, en
inglés, el sentido o la interpretabilidad de un enunciado depende
principalmente, debido a la simplicidad morfológica mencionada
más arriba, de la posición rígidamente fijada de los diversos elemen
tos gramaticales que lo constituyen, así como del acento tónico, los
grupos rítmicos y los patrones de entonación de la lengua hablada.
Consideremos, como botón de muestra, esta pieza de coleccionista
de la redacción ambigua: «Wanted: 50 girls for stripping machine
operators in factory». Dos son las lecturas posibles según el patrón
rítmico: «50 girls for stripping machine operators in fáctory» y «50
girls for stripping machíne operators in fáctory». Puesto que el
anuncio se publicó en la sección de demandas de un periódico,
interpretamos la frase de acuerdo con el primero de los dos patrones
rítmicos, en el que «stripping machine operators» forma una unidad
de sentido que describe la clase de empleo vacante. La segunda
lectura, que podría haber sido pertinente si el anuncio hubiera
aparecido en la sección de contactos, implica un patrón rítmico y, por
lo tanto, una segmentación semántica de la frase completamente
diferentes, constituyendo «machine operators» una unidad de senti
do que hace referencia a los obreros que el anuncio pretende
desnudar con la ayuda de las 50 afortunadas elegidas. Problemas
similares de interpretación pueden producirse en el caso de los
titulares de periódico y en todas las demás formas de inglés telegrá
fico en las que la supresión de palabras funcionales, como los
artículos, junto con la ausencia de cualquier indicación respecto a la
posición del acento en la palabra escrita, dificulte la distinción entre
verbos y nombres o entre nombres y adjetivos homógrafos:
N urse helps dog bite victim
Early New English periods, reaching 93% in Shakespeare’s prose, and 86% in his
poetry. The gap between prose and verse persists, and in the remaining centuries the
figures for prose climb steadily the small remaining distance, reaching 99% in
Shaw».
El Book o f Common Prayer (1549) ofrece quizá el ejemplo más conocido del, en
otro tiempo, habitual orden SOV del inglés. Procede de la fórmula del rito
matrimonial y sigue utilizándose en la actualidad: «With this ring I thee wed, with
my body I thee worship, and with all my worldly goods I thee endow».
63. En castellano, cada verbo tiene entre 46-48 formas posibles con las que
señalar las variaciones de tiempo, aspecto, modo, número y persona, en oposición
a la gama entre la forma única (must, ought) y las ocho formas (be) del inglés.
El «genio de la lengua» y la traducción 67
B ritish plan to resum e negotiations
Toda lengua desarrolla sus modos particulares de disponer las
palabras dentro de la oración, y el grado de flexibilidad del orden de las
palabras depende del principio general que vincula sintaxis y morfolo
gía resumido por Valentín García Yebra en los siguientes términos:
La libertad en la ordenación de las palabras aumenta o disminuye
según sea mayor o menor el número de variaciones formales o
morfológicas de los elementos léxicos de cada lengua.64
El hecho de que el castellano haya conservado, ortográfica y
fonéticamente, sus desinencias verbales le permite un mayor mar
gen de libertad en el orden de las palabras en comparación con
el inglés. Esta característica también explica la omisión habitual
del sujeto pronominal en la forma no marcada, algo en lo que el
castellano difiere radicalmente del inglés, donde el sujeto prono
minal se expresa casi siempre. A pesar de la libertad relativa del
orden de las palabras en castellano (lo cual no significa, de todos
modos, que las diferentes posibilidades de ordenación de los ele
mentos de una frase tengan el mismo valor comunicativo), la
principal diferencia en este sentido con respecto al inglés radica
en la capacidad del castellano de colocar el sujeto después del
verbo. Este orden se produce en una serie de situaciones diferen
tes, entre ellas, el énfasis, la contradicción o el contraste («¡Te lo
digo yo!») y tras un adverbio o un complemento adverbial al prin
cipio de una oración subordinada, como en los siguientes ejem
plos:
Los maestros saben con cuánta dificultad aprenden sus alumnos a
distinguir la oración principal dentro del período hipotáctico.
así llegó el sol a la mitad de su carrera, y el afán de los hombres al
descanso del mediodía. Entonces se alzaron súbitamente remolinos
de polvo en las calles de la ciudad; azotó la cara de los transeúntes
una ráfaga de viento húmedo y frío: oyóse el chasquido de algunas
vidrieras sacudidas contra la pared; cubrió los cerros del Oeste un
velo achubascado; nublóse repentinamente el sol; tomó la bahía un
64. Valentín García Yebra, Teoría y práctica de la traducción, Madrid, Gredos,
1982, vol. 2, p. 416.
68 Manual de Traducción Inglés-Castellano
color verdoso con fajas blanquecinas y rizadas, y comenzó a estrellar
se contra las fachadas traseras de la población una lluvia gruesa y
fría.
La característica de colocar el sujeto después del verbo es
común en otras lenguas romances meridionales, en especial el
portugués, y puede haberse visto reforzada por el orden VSO del
árabe.65 Además, la frecuente inversión del sujeto y el verbo en
castellano quizá se deba a las exigencias del ritmo trocaico (óo)
subyacente de la lengua, distinto del patrón yámbico básico (oó)
del inglés. El acento tónico dominante en castellano es llano, sólo
el 2% de las palabras están acentuadas de modo esdrújulo y el
11% son palabras agudas; en contraste con el inglés, las frases en
castellano no tienden a acentuarse en la última sílaba. Este pa
trón rítmico puede mantenerse adoptando el orden verbo-sujeto,
como en la traducción de «Your father gave it to me»: «Me lo dio
tu padre», en tanto que alternativa a «Tu padre me lo dio». Las
limitaciones rítmicas podrían ser también las responsables de la
resistencia del castellano, de nuevo en marcada oposición con el
inglés, a la colocación del verbo al final de la oración, ya sea
principal o subordinada.
A pesar de todo, el castellano sigue siendo básicamente una
lengua con un orden sujeto-verbo-objeto/complemento, como puede
verse si se examina la estructura de estas sencillas oraciones
enunciativas:
El médico visitó al niño.
La perfumería está en la planta baja.
El fenómeno es interesante.
Por supuesto, es posible en castellano dar relieve a un objeto o
complemento formado por una cláusula nominal o un nombre propio
desplazándolo al principio de la frase y, en el caso de un objeto
nominal, insertando un pronombre pleonàstico ante el verbo:
65. John N. Green, «Spanish», en Bernard Comrie (comp.), The World’s Major
Languages, Londres/Sidney, Croom Helm, 1987, p. 239.
El «genio de la lengua» y la traducción 69
Al niño lo visitó el médico.
En la planta baja está la perfumería.
Es interesante el fenómeno.
Por lo general, pues, al igual que en inglés, el tema (o elemento
conocido) de la oración precede al rema (o información nueva), y
tema y sujeto tienden a coincidir, ocupando la posición inicial dentro
de la oración, mientras que el predicado y el rema aparecen en
segundo término. En castellano, como hemos visto, esta norma
puede transgredirse con mayor facilidad paraconseguir ciertos
efectos especiales; se trata de un recurso resaltador que amenudo
coincide naturalmente con la estrategia inglesa de puesta en relieve
por medio de la voz pasiva:
They gave the child a cuddly toy.
The child was given a cuddly toy.
Si bien la voz pasiva podría (gramaticalmente, al menos) utilizar
se para traducir esta frase al castellano, el resultado sería extrema
damente rígido e inapropiado («Al niño le fue regalado un muñeco de
peluche»); como mínimo, por la engorrosa construcción exigida para
trasladar la pasiva indirecta inglesa, que carece de forma similar en
castellano. Una traducción más natural aprovechará la flexibilidad
en el orden de las palabras del castellano, que permite el uso de la
anteposición para resaltar el interés del hablante:
Al niño le regalaron un muñeco de peluche.
Hasta aquí hemos comentado algunas de las grandes tendencias
propias del inglés y el castellano relacionadas con el rasgo común del
orden SVO, pero ¿de qué otras peculiaridades debe ser consciente el
traductor que trabaja con estas dos lenguas y, de modo específico,
desde la primera a la segunda?
70 Manual de Traducción Inglés-Castellano
Dos lógicas internas diferentes
Diversos autores han identificado cierto número de característi
cas o tendencias generales divergentes del inglés y el castellano
relacionadas con los modos en que estas dos lenguas segmentan y
describen la realidad. En el caso del inglés (y comparándolo con el
francés), Vinay y Darbelnet66 señalan la concisión y la economía de
esta lengua, su preferencia por la visión impersonal de la realidad,
el favorecimiento de la evocación sensorial de los aspectos inmedia
tos de las cosas y los acontecimientos en detrimento de su análisis
abstracto, así como la tendencia (reflejada en el uso frecuente de la
voz pasiva) a la circunspección y a evitar el nombramiento directo
del agente de la acción.
The young Pau Casals’ talent was very quickly recognized.
El público reconoció muy pronto el talento del joven Pau Casals.
Manuel Criado de Val observa la mayor evolución fonética,
morfológica y sintáctica del inglés en comparación con el castellano,
así como las características homonímicas y polisémicas del primero,
el «sentido utilitario y activo», la atención al detalle de lo cotidiano:
«diferenciación entre lo habitual y lo imprevisto, predominio de las
formas del presente, economía y flexibilidad morfológicas».67
Por su parte, Henri van Hoof68 señala la concisión, la elipsis, la
concreción y el dinamismo del inglés (comparándolo con el francés);
unas características ya observadas, en relación con el castellano,
por Gerardo Vázquez-Ayora, para quien el inglés es una lengua que
expresa la realidad de un modo objetivo y descriptivo, cinematográ
fico, mientras que el castellano percibe la realidad de una forma más
abstracta y analítica. Este autor hace hincapié en las sutilezas
modales del subjuntivo y en la «lógica subjetiva» del castellano, un
rasgo ejemplificado en la proliferación de diminutivos y aumentativos
que tiñen el objeto descrito con la percepción parcial que el hablante
66. Jean-Paul Vinay y Jean Darbelnet, Stylistique comparée du français et de
l’anglais, Paris, Didier, 1977, ed. rev. y corr., pp. 220 y ss.
67. Manuel Criado de Val, Fisonomía del idioma español: sus características
comparadas con las del francés, italiano, portugués, inglés y alemán, Madrid,
Aguilar, 1962, p. 227.
68. Henri van Hoof, Traduire l’anglais. Théorie et pratique, Paris, Duculot,
El «genio de la lengua» y la traducción 71
tiene de él, así como en su inversión del verbo (una característica que
obedece, como se ha observado, a la preeminencia enfática y, en
palabras de Vázquez-Ayora, a «causas afectivas»). En resumen,
escribe del inglés, «el positivismo inglés y su visión objetiva del
mundo dictan el orden lógico y racionalista»; y del castellano, «el
español funciona en el plano psicológico, es más anárquico y arbitra
rio frente a la realidad, deja mucho a las presuposiciones psicológi
cas del interlocutor».69
Al hablar del «espíritu» esencial o de la querencia particular
de una lengua, resulta difícil saber en qué medida estamos in
fluenciados por los tópicos relacionados con el carácter nacional
(pasión latina frente a flema nórdica) que luego transferimos al
correspondiente sistema lingüístico, percibiendo sólo las pruebas
de aquello de lo que ya estamos convencidos de que vamos a
encontrar. No obstante, las observaciones comparatistas relacio
nadas con la expresión concisa y dinámica de la realidad que
constituye la marca distintiva del inglés son sin duda ciertas y
debidas en parte a la naturaleza mercúrica de las palabras in
glesas y a la facilidad, comparable a la de un juego de Lego, con
que pueden combinarse los morfemas para formar nuevos térmi
nos («unexceptionableness», «otherworldliness», «unstoppability»,
«unmicrowavability»).70 La maleabilidad de las palabras inglesas
permite convertir en verbo, por ejemplo, prácticamente cualquier
palabra, incluso una marca.
Morris e’d [e-mailed] me back from Amsterdam.
I called a travel agent in Bellevue and VISA’d a ticket to San José.
Los sustantivos pueden convertirse en adjetivos mediante la sim
ple anteposición a otro sustantivo o adjetivo, como en «wafer thin
salmón paste sandwiches», transformarse en adjetivos con el añadi
do de un sufijo, como en «a schoolmasterly smile», o disfrazarse de un
participio pasado, «a barber’s red-ribboned pillar twisting around
inside a chrysalis ofglass»; en estos casos, la traducción puede exigir
69. Gerardo Vázquez-Ay ora,Introducción a la traductología, Washington (D.C.),
Georgetown University Press, 1977, pp. 82-86.
70. Sobre el sistema de prefijos y sufijos, así como los demás recursos para la
formación de palabras en inglés, puede verse el apéndice «Word-formation», en
Kundolph Quirk y Sidney Greenbaum, A University Grammar ofEnglish, Harlow,
Longman, 1993 , 288 ed., pp. 430 y ss.
72 Manual de Traducción Inglés-Castellano
a veces toda una frase. La versatilidad del gerundio (véase el ejemplo
anterior), la com binación de verbos y preposiciones y la rapidez
monosilábica del inglés, como en el siguiente ejemplo de Grimus de
Salman Rushdie, dan también fe de la dinámica economía de la lengua:
Terror entered her. She hauled open the lid of the trunk and
jumped in. [...] “Apage me!” shrieked Dolores O’Toole and pulled the
lid of the trunk shut over her head.
Parataxis, elipsis, litotes
Otros rasgos inherentes del inglés que no pueden atribuirse
únicamente a la idiosincrasia del estilo de los autores individuales,
sino más bien a la tiranía de la lengua, son la parataxis, la elipsis y
la litotes.
Esta última, la figura retórica de la atenuación relacionada con
ese otro modo de expresión inglés, la ironía, se encuentra frecuen
temente en el inglés cotidiano, en expresiones como «She’s not hard
up for a penny or two», «He’s not exactly an Einstein», «It’s not bad»
(con el significado de «Es muy bueno») y «She’s rather pretty» (con el
significado de «Es muy atractiva»). De la litotes, Geoffrey Leech
escribe lo siguiente:
Litotes expresses an overt lack of commitment, and so implies a
desire to suppress or conceal one’s true attitude; but paradoxically
this may, like hyperbole, be a mode of intensification, suggesting that
the speaker’s feelings are too deep for plain expression. Because of its
two-layer significance - superficial indifference and underlying
commitment - litotes is often treated as a category of irony.71
En la misma obra, Leech también apunta con acierto al género
como factor que rige en inglés la elección de esta figura retórica; la
71. Geoffrey Leech, A Linguistic Guide to English Poetry, Londres, Longman,
El «genio de la lengua» y la traducción 73
mencionada expresión de aprobación «it’s not bad» se oye con mucha
mayor frecuencia como enunciación de un hombre que de una mujer;
y aquí, recordando la observación de Vinay y Darbelnet de que los
anglosajones (léase los «ingleses») suelen ser reservados,72 volvemos
—no sin cierto grado de circunspección— a buscar una explicación de
este fenómeno lingüístico en los lugares comunes relacionados con el
carácter nacional, según los cuales los ingleses reprimen toda expre
sión directa de las emociones intensas y prefieren ocultar sus senti
mientos bajo el implícito y la jocosidad, o ambas cosas.
En relación con la arquitectura sintáctica de sus frases, el inglés
contemporáneo favorece la parataxis, con su uso de la yuxtaposición,
y el asíndeton, con su uso de la elipsis, en detrimento de la hipotaxis.
Justamente lo contrario ocurre en castellano, que tiende a construir
su discurso dentro y fuera de la frase en un entramado hipotáctico más
complejo y prefiere la subordinación a la coordinación. Vázquez-Ayora
escribe:
En nuestra lengua, cuanto más avanzado el nivel de instrucción y cul
tura, y más aún en el plano literario, mayor es la «densidad
hipotáctica». En el habla vulgar y la de los niños se nota la marcada
ausencia del procedimiento. De ahí que hayamos hecho notar con in
sistencia que algunas versiones, especialmente de escritos ingleses,
pues no todos son puramente paratácticos, desdicen el espíritu del
español que exige una urdimbre más estrecha del párrafo. El simple
enlace de conjunciones le da la apariencia de lenguaje descuidado.73
De acuerdo con Vázquez-A yora, habría que recordar que el
asíndeton es quizá tan común en castellano informal hablado como
en inglés:
Taste the ice-cream —it’s delicious.
Prueba el helado; está riquísimo.
72. Jean-Paul Vinay y Jean Darbelnet, Stylistique comparée du français et de
l'anglais, Paris, Didier, 1977, ed. rev. y corr., p. 136: «On ne peut s’empêcher
d’établir un rapport entre cette construction et la répugnance des Anglo-saxons à
formuler tout de suite un jugement ou même une opinion». [«No podemos evitar
i-Htablecer una relación entre esta construcción (la voz pasiva) y la renuencia de los
anglosajones a formular en el acto un juicio o incluso una opinión.»]
73. Gerardo Vázquez-Ayora.,Introducción a la traductología, Washington (D.C.),
( ¡eorgetown University Press, 1977, p. 197.
74 Manual de Traducción Inglés-Castellano
El caso es que, del mismo modo que las traducciones inglesas de
textos en castellano tienden a dividir las frases largas y complejas
en otras más simples y cortas, prefiriendo la coordinación a la
subordinación original de los segmentos, también los traductores al
castellano de prosa inglesa cambian acertadamente la parataxis y la
coordinación por la hipotaxis. La confusión entre la lengua como
sistema dado y el habla individual del autor conduce al traductor a
una imitación servil del patrón original y a una distorsión no
justificada de la sintaxis.
Una vez dicho esto, hay que añadir que la desnudez o la concisión
estilísticas utilizadas con fines expresivos, tal como las encontra
mos en Azorín (La ruta de Don Quijote) o Hemingway {Men without
Women), deben respetarse y mantenerse en la lengua de llegada por
todos los medios posibles:
Ya casi estamos en el famoso Puerto Lápiche. El puerto es un
anchuroso paso que forma una depresión de la montaña; nuestro
carro sube corriendo por el suave declive; muere la tarde; las casas
blancas del lugar aparecen de pronto. Entramos en él; son las cinco
de la tarde; mañana hemos de ir a la venta famosa donde Don Quijote
fue armado caballero.
It was quiet in the café. There were a few men sitting at tables
against the wall. At one table four men played cards. Most of the men
sat against the wall smoking; empty coffee-cups and liqueur-glasses
before them on the tables. Manuel went through the long room to a
small room in the back. A man sat at a table in the corner asleep.
Manuel sat down at one of the tables.
Según Geoffrey Leech y Michael Short, la ausencia de unión
gramatical explícita entre elementos oracionales, como se aprecia
en el ejemplo de Hemingway, es una característica cada vez más
frecuente del inglés:
We suggest that in the history of fiction writing, there has been a
progressive tendency, over the past three hundred years, to dispense
with such logical connections between sentences, and to rely instead
upon i n f e r r e d connections.74
74. Geoffrey Leech y Michael Short, Style in Fiction. A Linguistic Introduction
to English Fictional Prose, Londres/Nueva York, Longman, 1981, p. 249.
El «genio de la lengua» y la traducción 75
En realidad, como señalan estos autores y en contraste con la
actual tendencia del estilo inglés de equiparar concisión y elegancia,
la abundancia de palabras de enlace puede producir al lector
contemporáneo una sensación arcaizante, en especial, cuando este
rasgo se combina con un período más largo del que es hoy habitual.
Ambas características quedan ilustradas en la siguiente frase
procedente de la obra Grammar o f Assent (1870), escrita por el
cardenal John Henry Newman (1801-1890), y citada por Anthony
Burgess en su análisis de los escritores británicos y estadouniden
ses del siglo xix, unos hombres y unas mujeres «formados en el latín,
que intentaron trasladar al inglés la sonoridad de Cicerón'»:
Passages which to a boy are but rhetorical commonplaces, neither
better nor worse than a hundred others which any clever writer might
supply, which he gets by heart and thinks very fine, and imitates, as
he thinks, successfully, in his own flowing versification, at length
come home to him when long years have passed, and he has had
experience of life, and pierce him, as if he had never known them, with
their sad earnestness and vivid exactness,75
Tales períodos no están confinados a los escritos ensayísticos o
filosóficos, sino que se encuentran en la ficción de la época, como
puede apreciarse en el siguiente pasaje del capítulo 38 de Mansfield
Park (1814) de Jane Austen:
Every thing supplied an amusement to the high glee of William’s
mind, and he was full of frolic and joke, in the intervals of their
higher-toned subjects, all of which ended, if they did not begin, in
praise of the Thrush, conjectures how she would be employed, schemes
for an action with some superior force, which (supposing the first
lieutenant out of the way - and William was not very merciful to the
first lieutenant) was to give himself the next step as soon as possible,
or speculations upon prize money, which was to be generously
distributed at home, with only the reservation of enough to make the
little cottage comfortable, in which he and Fanny were to pass all their
middle and latter life together.
Los escritores británicos y estadounidenses contemporáneos,
como la vasta mayoría de sus conciudadanos cultos, ya no están
75. Anthony Burgess, A Mouthful of Air, Londres, Vintage, 1993, p. 291.
76 Manual de Traducción Inglés-Castellano
impregnados de los clásicos y este hecho se refleja claramente en su
sintaxis. Citando de nuevo a Leech y Short:
the most conspicuous feature of linkage in modern fiction is its
absence: or, speaking less paradoxically, we may observe that the
modern novelist tends to rely on i n f e r r e d l i n k a g e , or simple
juxtaposition, rather than on overt signals.76
Esta característica ausencia de enlace entre oraciones y entre
sus componentes se ve facilitada por la función articuladora que en
inglés desempeñan participios y gerundios; el castellano, en cambio,
utiliza otros medios para cumplir esta función, por lo que el traduc
tor debe recurrir a todo un arsenal de estrategias para asegurar la
cohesión del discurso.
The image of the psychoanalist as a translator is a familiar one,
bequeathed to us by Freud.
La imagen del psicoanalista como traductor es una imagen familiar
que nos ha sido legada por Freud.
The brontosaurus, I learned, was an animal that had drowned in the
Flood, being too big for Noah to ship aboard the Ark.
El brontosaurio, según aprendí, era un animal que se había ahogado en
el Diluvio, puesto que era demasiado grande para embarcar en el Arca.
With a husband departed, two children grown and no longer living at
home, Joan inventories her world: a rent-free apartment, a monthly
allowance allotted by herfather’s, now her, accountant, and a therapist
helping her to understand why she behaves as she does so she can
change her maladaptive patterns and live a healthier life.
Con un marido que la ha abandonado, dos hijos mayores y que ya no
viven en casa, Joan realiza el inventario de su mundo: un apartamen
to por el que no paga alquiler, una mensualidad que le pasa el gestor
de su padre — que es ahora el suyo— y una terapeuta que la ayuda
a comprender por qué se comporta como lo hace para poder cambiar
sus conductas desadaptadas y vivir una vida más sana.
Dennis stands, hand on door’s edge, eyes on brass doorknob, his wife’s
reflection curling around its polished surface as she buttons her shirt.
76. Geoffrey Leech y Michael Short, Style in Fiction. A Linguistic Introduction
to English Fictional Prose, Londres/Nueva York, Longman, 1981, p. 250.
El «genio de la lengua» y la traducción 77
Dennis permanece de pie junto a la puerta, con una mano en el marco
y los ojos en el pomo dorado, en cuya brillante superficie se abotona
la camisa el reflejo curvo de su esposa.
The Member States currently satisfying the five nominal convergence
criteria are identified in a recent study (see Annex 1).
Los Estados Miembros que hoy satisfacen los cinco criterios de
convergencia nominal se identifican en un estudio reciente (véase
Anexo 1).
Repetición y variación
Como conclusión de este capítulo, reseñaremos una última ca
racterística del inglés en la que éste difiere radicalmente del
castellano: el valor otorgado a la repetición. Ya se ha hecho referencia
al uso de la repetición como forma aceptada de unir ideas y oracio
nes y de proporcionar cohesión al discurso inglés; el castellano, en
cambio, la evita y favorece la variación, entendida como un modo
de evitar la repetición carente de propósito retórico.
En el plano básico del sonido, la repetición fonológica o alitera
ción es un rasgo antiguo profundamente arraigado en la poesía y la
prosa inglesas desde la prosodia poética anglosajona (basada en la
poesía germánica oral anterior), de la que era el requisito formal
básico, del mismo modo que el cómputo silábico, la recurrencia de
patrones rítmicos y la rima eran la base de la prosodia clásica.
En el plano léxico, el inglés admite la repetición como procedimiento
para subrayar o intensificar la expresión, como puede verse, por
ejemplo, en la repetición del adverbio «very» {«He’s very very shy»), la
frecuente repetición coordinada del verbo en pasado simple («She cried
<md cried», «We waited and waited», «They tried and tried, but couldn’t
Ket it right») o en la también frecuente repetición del adjetivo compa
rativo {«The roar o f the engines grew louder and louder»). Estos tres
Iipos de repetición se encuentran en el siguiente ejemplo:
Rapidly, very very quickly, all the colours faded; it became darker and
darker as at the beginning of a violent storm; the light sank and sank.
78 Manual de Traducción Inglés-Castellano
Evidentemente, estas repeticiones son intencionales y apuntan
a un objetivo retórico claro: intensificar, enfatizar y dotar al texto de
un ritmo deliberado. A veces es posible traducir tales repeticiones
con las formas correspondientes en castellano (por ejemplo, tanto
«muy» como «más» admiten la repetición enfática), aunque la estra
tegia usual consiste en emplear la fórmula «cada vez más» seguida
de un adjetivo o un adverbio. En la traducción del ejemplo citado más
arriba tienen que combinarse diversas soluciones:
Rápida, muy rápidamente, se desvanecieron todos los colores; la
oscuridad fue aumentando, como al principio de una tormenta
violenta; la luz declinó cada vez más.
Las repeticiones no coordinadas entre las frases de un texto (y,
por supuesto, dentro de ellas) también son frecuentes en inglés:
The portraits of Saint John the Evangelist and Saint Paul are
fundamental to our understanding of the early work that Velázquez
carried out in his native Seville. During the 17th century, Seville was
the scene of a religious fervour which was reflected in these and other
works of the period, notably those of Francisco de Zurbarán.
En castellano se evita la repetición demasiado próxima del
nombre de la ciudad por medio de un sinónimo perifrástico:
\
Los retratos de san Juan Evangelista y san Pablo son obras funda
mentales para comprender los inicios del joven Velázquez en su
Sevilla natal. La ciudad del Guadalquivir vivió en el siglo xvn un
fervor religioso que queda reflejado en éstas y otras obras de la época,
especialmente las de Francisco de Zurbarán.
Bice Mortara Garavelli observa a propósito del francés y el
italiano —y a la lista podríamos añadir aquí otra lengua romance,
el castellano— :
Desde el punto de vista estilístico la variatio aparece, en la
normativa italiana y francesa, para «remediar» las repeticiones
carentes de motivación retórica; no se preocupan de ello el inglés y el
alemán, que no dudan en repetir las mismas expresiones en un
El «genio de la lengua» y la traducción 79
texto, incluso a corta distancia, para prevenir la ambigüedad. El
inglés, de hecho, manifiesta una marcada predilección por las
estructuras iterativas.77
Mario Wandruszka atribuye en parte la tolerancia e incluso la
predilección de la lengua inglesa por todo tipo de repeticiones a la
poderosa influencia de la Biblia en las pautas educativas y lingüís
ticas de los ingleses:
la omniprescencia de la Biblia y del estilo bíblico en un país protes
tante fue sin duda un factor importante, aunque no ciertamente el
único, en la creación y la consolidación de esta tendencia.78
El mismo autor ve en el lenguaje de la Biblia (presente en la
cultura anglohablante con anterioridad a la Versión Autorizada de
1611 en la Biblia completa traducida por Jon Wyclif hacia 1380 e,
incluso antes, a partir del siglo rx, en traducciones parciales a la
lengua vernácula) una importante fuente de la persuasiva retórica
repetitiva de los discursos políticos ingleses y norteamericanos.
El Antiguo Testamento lega al inglés las repeticiones léxicas y
sintácticas, las construcciones paralelas del pareado hebreo, como las
siguientes extraídas del libro de Rut (1:16-17), que quizá constitu
yan la más hermosa y conocida expresión poética del amor y la
lealtad en lengua inglesa:
And Ruth said, Entreat me not to leave thee, or to return from
following after thee: for whither thou goest, I will go: and where thou
lodgest, I will lodge: thy people shall be my people, And thy God, my god:
Where thou diest, will I die, and there will I be buried
El Nuevo Testamento, escrito en una forma de griego ático
utilizada por los judíos helenistas, también proporciona innumera
bles modelos de repetición retórica, como en este fragmento de 1
Corintios, 13:
77. Bice Mortara Garavelli, Manual de retórica, trad. M9 José Vega, Madrid,
Cátedra, 1991, p. 215.
78. Mario Wandruszka, «Repetitio e variatio», en W .A A ., Attualità della
retorica. Atti del 1 Convegno italo-tedesco, Padua, Liviana, 1975, pp. 101-111.
Mencionado por Mortara Garavelli, ob. cit.
80 Manual de Traducción Inglés-Castellano
Though I speak with tongues of men and of angels, and have not
charity, I am become as sounding brass, or a tinkling cymbal.
And though I have the gift of prophecy, and understand all
mysteries, and all knowledge; and though I have all faith, so that I
could remove mountains, and have not charity, I am nothing.
And though I bestow all my goods to feed the poor, and though I
give my body to be burned, and have not charity, it profiteth me
nothing.
Charity suffereth long, and is kind; charity envieth not; charity
vaunteth not itself, is not puffed up
Sin embargo, ios múltiples modos de repetición como recurso
retórico también llegan al inglés, como ocurre en otras lenguas y
culturas nutridas por la tradición grecolatina, a través del renovado
interés renacentista por los autores clásicos que impregnó la corte
inglesa durante el siglo xvi. En el capítulo 20 («La acumulación de
figuras») de uno de estos textos clásicos, el Sobre lo sublime del autor
conocido con el nombre de Longino (siglo i d.C.), encontramos una
vehemente apología de la repetición (anáfora) combinada con el
asíndeton:
La reunión de figuras en una misma frase suele también producir
un extraordinario efecto de movilidad, cuando dos o tres de ellas
unen, como en una sociedad a través de un fondo común, su fuerza,
su persuasión y belleza. Así, por ejemplo, en el discurso contra Midias
[con] el asíndeton entremezclado con la anáfora [...]: «Con la actitud,
con la mirada, con el tono de voz, cuando insulta, cuando actúa como
un enemigo, cuando ataca con los puños, cuando golpea en la
mejilla». Aquí el orador hace justamente como el agresor: golpea la
opinión de los jueces con golpes que se suceden uno al otro. [...] De esta
forma conserva siempre la esencia de las repeticiones y del asíndeton
por medio de un cambio constante, de modo que para él el orden
comprende cierto desorden y, a su vez, el desorden cierto orden.79
A pesar de todo, resulta incuestionable que la Biblia —y, en
especial, la Versión Autorizada— ha ejercido una influencia ex
traordinaria y duradera en el inglés, y sus reverberaciones siguen
oyéndose en los ritmos, la retórica, los proverbios, las máximas y
79. Longino, Sobre lo sublime, trad. José García López, Madrid, Gredos, 1979,
p. 184.
El «genio de la lengua» y la traducción 81
las referencias culturales ingleses. Un examen de cualquier diccio
nario de citas inglés, como por ejemplo el Penguin Dictionary o f
Quotations, pone de manifiesto la magnitud de la presencia de la
Biblia en el canon popular de la cultura inglesa. Bajo la rúbrica
«Biblia», hay 1.088 entradas, y bajo «Shakespeare», 1.524 (que
podemos comparar con las 82 de Horacio, las 60 de Virgilio o las 33
de Cervantes); por lo que estas dos influencias constituyen las dos
fuentes más fecundas de citas. Si existe algo que pueda denominar
se «genio» de la lengua inglesa en estos tiempos en que el inglés se
ha convertido en lengua universal y está sometido a cambios
rápidos y constantes —y esperamos haber logrado en alguna medi
da mostrar que existen en nuestras lenguas preferencias y rasgos
distintivos, aunque no inmutables— la Biblia inglesa y, a su lado,
Shakespeare laten en su núcleo.
82 Manual de Traducción Inglés-Castellano
Lecturas recomendadas
Burchfield, R., The English Language, Oxford/Nueva York, Oxford
University Press, 1985.
Criado de Val, M., Fisonomía del idioma español: sus características
comparadas con las del francés, italiano, portugués, inglés y alemán,
Madrid, Aguilar, 1962,
Comrie, B. (comp.), The World's Major Languages, Londres/Sidney,
Croom Helm, 1987.
Crystal, D., Enciclopedia del lenguaje de la Universidad de Cambridge,
trad. Eleanor Leonetti y Tomás del Amo, Madrid, Taurus, 1994.
— , The Cambridge Encyclopedia of the English Language, Cambridge,
Cambridge University Press, 1995.
Horrocks, G., Generative Grammar, Londres/Nueva York, Longman,
1987.
Katz, J. J.,La realidad subyacente del lenguaje y su valor filosófico, trad.
Conxita Lleó, Madrid, Alianza, 1975.
Lapesa, R.,Historia de la lengua española, Madrid, Gredos, 1988,98ed.
corr. y aum.
Leech, G., Semantics, Harmondsworth, Penguin, 1981, 2s ed.
Lyons, J., Language and Linguistics, Cambridge University Press,
1981.
Pinker, S., The Language Instinct, Nueva York, William Morrow, 1994.
(Existe edición en rústica en Penguin Books.)
Strang, B.,A History of English, Londres/Nueva York, Routledge, 1989.
Vinay, J.-P., y J. Darbelnet, Stylistique comparée du français et de
l'anglais, Paris, Didier, 1977, ed. rev. y corr.
Wandruszka, M.,Nuestros idiomas:comparables e incomparables, trad.
Elena Bombín, Madrid, Gredos, 1976, 2 vols.