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Soka Gakkai: Budismo y Problemas Sociales

Este documento resume la historia y las enseñanzas de la Soka Gakkai, una escuela budista laica fundada en Japón en 1930. Explica que sus practicantes recitan Nam-myoho-renge-kyo, el título del Sutra del Loto, para manifestar la naturaleza de Buda que existe en todos. También describe cómo la Soka Gakkai se expandió a nivel mundial bajo el liderazgo de Daisaku Ikeda, actualmente con 12 millones de miembros en 192 países.
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Soka Gakkai: Budismo y Problemas Sociales

Este documento resume la historia y las enseñanzas de la Soka Gakkai, una escuela budista laica fundada en Japón en 1930. Explica que sus practicantes recitan Nam-myoho-renge-kyo, el título del Sutra del Loto, para manifestar la naturaleza de Buda que existe en todos. También describe cómo la Soka Gakkai se expandió a nivel mundial bajo el liderazgo de Daisaku Ikeda, actualmente con 12 millones de miembros en 192 países.
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Los practicantes budistas de la Soka Gakkai, entre los que se cuentan desde celebridades de

Hollywood y destacados músicos de jazz hasta personas comunes de todo el mundo, son conocidos
por recitar la frase Nam-myoho-renge-kyo. Lo que entonan es el título en japonés del Sutra del
loto, que afirma que todos nosotros, sin excepción, podemos alcanzar la iluminación a través de la
fe en sus enseñanzas.

La Soka Gakkai (Sociedad para la creación de valor) fue fundada en 1930 por Tsunesaburo
Makiguchi (1871-1944), educador japonés que basó sus teorías pedagógicas en las enseñanzas de
Nichiren, monje budista del siglo XIII que buscó introducir una reforma en la sociedad japonesa
mediante las enseñanzas del Sutra del loto. En 1943, valiéndose de la Ley de Preservación de la
Paz, el gobierno japonés arrestó a Makiguchi cuando este se negó a subordinarse al sintoísmo
estatal con otras escuelas budistas, actitud con la que desafió abiertamente la autoridad del
gobierno militarista. Makiguchi murió en prisión un año después. Una vez concluida la guerra, su
discípulo Josei Toda (1900-1958) elevó la Soka Gakkai a un nivel sin precedentes, al aumentar
extraordinariamente la cantidad de miembros y consolidar la organización en todo el país como un
movimiento popular dedicado a la paz y a los derechos de las personas comunes. Al fallecer Toda
en 1958, la tarea de propagar las enseñanzas del budismo de Nichiren y de difundirlas dentro de la
comunidad internacional recayó en el discípulo de Toda, Daisaku Ikeda (1928-), quien fundó la
Soka Gakkai Internacional (SGI) en la isla de Guam, en 1975.

Con doce millones de miembros distribuidos en ciento noventa y dos países y territorios, la SGI es
el grupo budista laico más grande del mundo y la escuela budista más amplia y étnicamente
diversa de los Estados Unidos, donde sus miembros mantienen reuniones de diálogo en dos mil
seiscientos grupos y en casi cien centros comunitarios a lo largo y a lo ancho de la nación.

En el ámbito de los creyentes budistas occidentales, ha habido siempre una clara división entre
miembros de la SGI y estudiantes de otras tradiciones basadas en la meditación, como la escuela
Zen, la Vipassana y la Vajrayana. Quienes se dedican a esas prácticas conocen muy poco o casi
nada sobre la SGI. De modo que cabe preguntar cuál es en definitiva la práctica de la SGI, cuáles
son sus enseñanzas y cómo se explica su rápida expansión hacia tantas culturas diferentes
alrededor del mundo.

Esta entrevista al presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, la primera concedida a una revista
norteamericana, fue llevada a cabo este verano, vía correo electrónico, por el editor contribuyente
de Tricycle, Clark Strand, y traducida por Andrew Gebert. La nota es la culminación de un extenso
intercambio de dos años con el máximo líder de la SGI acerca del futuro del budismo y la relación
de esta filosofía con el diálogo entre religiones y con cuestiones de gran relevancia para la
humanidad.
C. S.: La mayoría de los estadounidenses saben muy poco acerca del budismo de Nichiren,
salvo que sus seguidores entonan Nam-myoho-renge-kyo, que es el título del Sutra del loto.
¿Podría usted contribuir a que nuestros lectores comprendan el rol de esa práctica
fundamental del budismo de Nichiren?

D. I.: Nichiren empleó la siguiente analogía para explicar el daimoku o "Gran Título" y cómo este
actúa:
"[C]uando canta un pájaro enjaulado, las aves que vuelan en el cielo sienten un llamado y se reúnen
a su alrededor. Y cuando las aves lo rodean, el pájaro busca la libertad".
Entonar Nam-myoho-renge-kyo es convocar el nombre de la naturaleza de Buda que yace en nuestro
interior y en el de todos los seres vivos. Es un acto de fe en esa naturaleza de Buda universal e
implica la acción de disipar la oscuridad fundamental de la vida, que es nuestra incapacidad de
reconocer la verdadera naturaleza iluminada que poseemos. Es esa oscuridad fundamental, o
ignorancia, la que nos hace experimentar los ciclos del nacimiento y de la muerte como
sufrimientos. Cuando hacemos surgir la esplendorosa vida iluminada que existe en cada uno de
nosotros, sin excepción, y nos basamos en ella, ni siquiera los sufrimientos más fundamentales e
ineludibles de la vida y la muerte se viven dolorosamente. Por el contrario, se pueden transformar
en las virtudes de eternidad, felicidad, verdadera identidad y pureza.

C. S.: A primera vista, esta parecería ser una más de las enseñanzas surgidas en el Japón en la
era de Kamakura que establecían una práctica única, como por ejemplo, la práctica de
Dogen, que consiste en solo sentarse, o la de Honen, en entonar la oración de la Tierra Pura
(Nembutsu).

D. I.: Como verá, existe una aparente similitud entre esas prácticas y la práctica de Nichiren de
entonar el título del Sutra del loto. Creo que tales semejanzas podrían atribuirse a una respuesta
generalizada, consciente o inconsciente, a las condiciones y desafíos propios de la conflictiva era de
Kamakura, momento en que el Japón estaba sufriendo una transición hacia un sistema político
centrado en los samuráis.

La práctica Zen de sentarse es representativa de la clase de jiriki o "poder propio", que no recurre a
ninguna verdad absoluta o entidad fuera de uno mismo. Por otro lado, la entonación del Nembutsu,
que se ofrece al buda Amida en quien se busca la salvación, es típica del enfoque tariki, o "poder de
otro". Inspirándose en las enseñanzas del Sutra del loto, Nichiren declaró que era más atinado evitar
centrarse demasiado en el propio poder o en el de otro. La práctica de Nichiren de entonar Nam-
myoho-renge-kyo nos lleva a descubrir un poder y una sabiduría que existen dentro de nosotros y
que, a la vez, nos trascienden, pues abarcan tanto la práctica del poder propio como la del poder de
otro.

C. S.: En cierto sentido, usted sugiere que representa lo mejor de ambos aspectos.

D. I.: Así es, y, como el enfoque de Nichiren es a la vez accesible y práctico, permite que las
personas comunes empleen el inagotable manantial de fuerza y de sabiduría que poseen de manera
inherente. Es una práctica que nos fortalece y nos brinda el coraje para vivir una vida victoriosa en
medio de las terribles realidades de esta época de conflicto y de antagonismo. Por ello, tengo
absoluta convicción de que puede jugar un papel vital en el proceso de señalar un camino positivo
para la humanidad.

C. S.: Los creyentes en el budismo de Nichiren entonan el daimoku para lograr sus objetivos:
una carrera exitosa, buena salud, un buen matrimonio, incluso, la paz del mundo. Sin
embargo, desde un punto de vista puramente tradicional, orar por la satisfacción de los deseos
mundanos en lugar de luchar para trascenderlos podría parecer una traición a la doctrina
budista básica. ¿No sería eso una contradicción?

D. I.: Si usted piensa que el propósito de la religión es la felicidad, de hecho, no existe


contradicción alguna. El ideal del budismo Mahayana es el logro de la felicidad para uno mismo y
para los demás. En ninguna parte está este principio tan plenamente establecido como en el Sutra
del loto, que reconoce la naturaleza de Buda en todos los seres humanos, hombres y mujeres,
cualquiera fuere su condición o nivel educativo. El sutra declara que todas las personas, más allá de
su origen étnico o cultural, y su clase social o económica, pueden lograr la iluminación. Nuestra
recitación del título del Sutra del loto es una manera de renovar nuestro juramento de vivir de
acuerdo con ese principio.

C. S.: Aun así, la tradición budista, incluso la tradición Mahayana, se ha centrado más bien en
una concepción monástica de la iluminación. ¿Puede usted percibir algún indicio de reforma
populista en el Sutra del loto?

D. I.: El Sutra del loto no niega la validez de la práctica monástica o de la postura de quienes
realizan su práctica en un lugar propicio para superar los impulsos ilusorios y alcanzar un estado
espiritual apacible. El problema surge cuando la práctica termina siendo un fin en sí misma en lugar
de un medio para ingresar en la senda de la sabiduría. Nichiren fue el primero en hacer que el logro
de la sabiduría a través de la fe fuese algo al alcance de todas las personas. Al seguir sus
enseñanzas, resulta posible utilizar cualquier circunstancia de la vida, sea de regocijo o de dolor,
como una oportunidad de desarrollar aun más la propia sabiduría innata. Cuando Nichiren declara
que los deseos mundanos conducen a la iluminación, está describiendo el proceso por el cual
incluso las personas comunes que viven sumidas en los impulsos ilusorios y los deseos mundanos
pueden manifestar su más elevada sabiduría.

C. S.: Sigo pensando que a muchas personas que no practican el budismo de Nichiren les
resultará difícil comprender que orar por la concreción de los deseos mundanos conduce a la
iluminación.

D. I.: Bien, en primer lugar, creo que es importante que todos los budistas, incluso los miembros de
la SGI, comprendan que Nam-myoho-renge-kyo no es una fórmula mágica que se debe recitar para
hacer realidad los deseos. Es una práctica que expresa nuestra fe en la verdad y pone nuestra vida en
sintonía con esa verdad. Es un camino para trascender el llamado "yo inferior", que se encuentra
sometido a los deseos y atormentado por los impulsos ilusorios. Se trata de un proceso de
aprendizaje que, al transformar nuestra vida, nos permite manifestar nuestro yo superior y hacer
surgir la sabiduría de Buda y la capacidad de concretar la propia felicidad y la de otras personas.

En sus comienzos, la Soka Gakkai solo recibió el desprecio y las burlas de la sociedad japonesa,
que se complacía en señalarla como una reunión de pobres y de enfermos. Sin embargo Josei Toda,
mi mentor, consideró esa circunstancia un motivo de orgullo y declaró con gran convencimiento:
"La verdadera tarea de la religión es brindar sostén a los pobres y a los enfermos. Tal es el propósito
del budismo. La Soka Gakkai es aliada y amiga de la gente común, de los que sufren. Por más que
nos desprecien, seguiremos luchando por el bienestar de esas personas". Frente a la devastación del
Japón de posguerra, Josei Toda estaba seguro de que, a los ojos del Buda, esa era la acción más
noble para emprender.

Además, el Sutra del loto no niega el valor de los beneficios mundanos. Al impulsar a las personas
a practicar con la expectativa de obtener esos beneficios, las enseñanzas del Sutra del loto
establecen un modo de vida basado en la fe, y, mediante esa fe –desarrollada paso a paso,
cualesquiera fueren las circunstancias en que nos encontremos al iniciar este camino y sean cuales
fueren las aflicciones que nos agobien—, ingresamos en el camino de la sabiduría. Cuando creemos
en este sutra, que enseña la iluminación universal, y purificamos nuestra mente, podemos
armonizar nuestras acciones diarias con el espíritu esencial del budismo. En el Sutra del loto y en
las enseñanzas de Nichiren, no existe una separación esencial entre la iluminación y la vida de la
gente común.

C. S.: Estudiosos occidentales han observado que Nichiren fue el primer líder budista que
habló con esclarecimiento e instó a los dirigentes japoneses a abrazar el Dharma y aplicarlo en
la sociedad. ¿Qué fue lo que inspiró a Nichiren, con riesgo de su vida, a dar un paso tan audaz
como el de propugnar una visión budista de la sociedad, en un país donde justamente la
religión cumplía el papel tradicional de apoyar la estructura de poder existente en lugar de
ponerla en tela de juicio?

D. I.: Es cierto que en Japón se pretendía que la religión respaldara a los que estaban en el poder. La
postura totalmente distinta de Nichiren es una clave para comprender su personalidad.

Nichiren sentía una profunda conmiseración por los sufrimientos del pueblo y consideró su
responsabilidad hacer algo acerca de ello. Su empatía y absoluto compromiso con la transformación
social son la esencia de todas sus acciones.

El siglo XIII en el Japón de la era de Kamakura fue una época terrible. La vida de la gente se veía
constantemente amenazada por terremotos, sequías y otros desastres naturales; asimismo, se
multiplicaban la hambruna, las pestes y los conflictos armados. Pero ni las autoridades políticas ni
las religiosas de entonces fueron capaces de ver más allá de su apego a su propio poder y posición,
para realizar alguna acción efectiva. Como resultado, se adueñó del pueblo un agudo sentimiento de
impotencia y desesperación. Debido a su naturaleza, Nichiren era incapaz de volver las espaldas al
sufrimiento de otros. De modo que se pronunció a viva voz, con lo que inició una batalla de ideas
que desafiaron el orden existente.

C. S.: Eso parece muy arriesgado.

D. I.: Lo fue. Pero Nichiren comprendió los riesgos. En 1260, presentó su tratado Rissho Ankoku
Ron (Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra) a la más
alta autoridad de facto del Japón, el regente retirado Hojo Tokiyori. Lo hizo así, porque estaba
convencido de que, en una sociedad feudal, era esencial cambiar la mentalidad de quienes se
situaban en la cúspide del poder. En los años siguientes, pese a las persecuciones y a las constantes
amenazas de asesinato o ejecución, Nichiren mantuvo férreamente su independencia e insistió en
amonestar a las autoridades. Por entonces, logró numerosos adherentes entre las filas del pueblo,
mediante su enseñanza de que la felicidad en este mundo era en verdad posible. Pero, por supuesto,
su influencia sobre los sectores oprimidos de la sociedad fue percibida por los poderosos como una
amenaza.

Nichiren ya había previsto todo eso con claridad, y sus escritos registran con enorme franqueza las
dudas y preguntas que lo asaltaron tempranamente en su lucha, cuando se interrogaba si debía o no
dejar oír su voz. En un momento dado, le admitió a un discípulo: "Yo, Nichiren, soy la única
persona en todo el Japón que lo comprende. Pero si digo una sola palabra al respecto, con toda
seguridad seré censurado por mis padres, hermanos y maestros, y el gobernante del país tomará
medidas contra mí. Por otro lado, sé muy bien que si no digo lo que debo, estaré actuando sin
benevolencia". Luego de un proceso de intensas cavilaciones, Nichiren recordó las palabras del
Sutra del loto, que instaban a la propagación de la enseñanza después de la muerte del Buda;
entonces, realizó el solemne juramento de transformar la sociedad y contribuir a que todas las
personas vivieran una existencia feliz.

C. S.: ¿De qué manera mantiene la Soka Gakkai el legado de Nichiren?

D. I.: Los primeros líderes de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, fueron
educadores que se esforzaron por promover innovaciones en las prácticas educativas del Japón. El
señor Makiguchi se convirtió al budismo de Nichiren en 1928, dos años antes de fundar la Soka
Gakkai; y el señor Toda abrazó la fe en el budismo muy poco tiempo después. Tal como lo hizo
Nichiren, ambos se consagraron a la felicidad de la gente común, que luchaba por una vida mejor.

Durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, debieron enfrentar persecuciones, cuando se
opusieron al fascismo del Japón militarista y criticaron el uso que el Estado hacía del sintoísmo para
unificar espiritualmente a la población y lograr apoyo a sus proyectos bélicos. Debido a la
resistencia que opusieron, ambos fueron arrestados y enviados a prisión. En 1944, el señor
Makiguchi falleció en la cárcel a causa de una extrema desnutrición. Tenía setenta y tres años.
Cuando el señor Toda fue liberado, se dedicó a reconstruir la organización en medio de la
devastación provocada por la derrota de la guerra.

C. S.: Pero no fue solo el gobierno militarista el que se opuso al mensaje de paz y de inclusión
absoluta de la Soka Gakkai, ¿verdad?

D. I.: Sí, es cierto. Durante los casi siete siglos transcurridos después de la muerte de Nichiren, el
budismo establecido por él comenzó a apartarse de los intereses y las preocupaciones de la gente
común. Hubo momentos en que fue incluso interpretado como una enseñanza extremadamente
nacionalista. El señor Makiguchi redescubrió el budismo de Nichiren como una religión dedicada a
la felicidad de todas las personas. Se dedicó a promover esa clase de felicidad, desde los cimientos
de la sociedad, mediante la reforma de las prácticas educativas dentro del Japón. Con el tiempo, sus
objetivos se expandieron para compartir la práctica con gente de las más diversas extracciones,
como una manera de transformar la vida de las personas y así, de la sociedad en su conjunto.

C. S.: Pero ¿acaso no se fusionó el budismo de Nichiren, como lo hicieron prácticamente todas
las demás escuelas de budismo japonés, para apoyar las intenciones bélicas de entonces, tal
como lo exigía el gobierno?

D. I.: Durante los años de furia militarista dentro del Japón, el clero de la Nichiren Shoshu, al que
Makiguchi estaba asociado, cedió a las presiones de las autoridades políticas. Por ejemplo, los
sacerdotes aceptaron modificar o directamente eliminar pasajes de los escritos de Nichiren que las
autoridades consideraron problemáticos. En contraposición, el señor Makiguchi mantuvo la
intención original del budismo de Nichiren, una filosofía humanística dedicada a la felicidad del
pueblo, y murió en prisión, como resultado de ello.

C. S.: ¿Diría usted que el humanismo moderno y global de la Soka Gakkai de posguerra nació
de la resistencia de Makiguchi a la guerra?

D. I.: Sí, aunque "se inspiró en" sería una manera más adecuada de expresarlo, ya que la lucha del
presidente Makiguchi para preservar los valores humanísticos se yergue como un ejemplo
imperecedero para nosotros. Fue su discípulo Josei Toda quien, luego de sobrevivir a su experiencia
en el presidio, definió realmente lo que hoy podemos reconocer como "budismo moderno". En la
cárcel, el señor Toda emprendió con alma y vida la difícil tarea de leer el Sutra del loto, y alcanzó la
reveladora comprensión de que el Buda no es otra cosa que la vida misma. Personalmente, tengo el
convencimiento de que esa comprensión posee una profunda importancia dentro de la historia del
budismo. A través de su despertar en prisión, el señor Toda desarrolló una manera universal de
expresar el mensaje más esencial del Sutra del loto, de un modo que resultara accesible a la
humanidad contemporánea, reviviéndolo como algo realmente potente y significativo para la vida
cotidiana en el mundo moderno, más allá de las diferencias de raza, religión o cultura.

Josei Toda estaba convencido de que la Soka Gakkai había heredado la misión de propagar
ampliamente el budismo de Nichiren para lograr la paz en la sociedad y convirtió esa certeza en la
auténtica identidad de la organización. Aunque él nunca viajó fuera del Japón, siempre se preocupó
profundamente por la paz del mundo.

En setiembre de 1957, justo seis meses antes de su muerte, Josei Toda realizó su histórico llamado a
la prohibición de las armas nucleares, a las que denunció como el mal absoluto que amenazaba el
derecho de la humanidad a la existencia. De ese modo, él buscó transmitir el compromiso que el
Sutra del loto establecía con la dignidad suprema de la vida y con la paz global. Tengo la
convicción de que los esfuerzos del señor Toda han contribuido grandemente a la labor de
universalizar el budismo de Nichiren.

C. S.: Pero no fue Toda quien transformó la Soka Gakkai en una organización global. Ha sido
usted quien llevó a cabo la misión de fundar la Soka Gakkai Internacional, ¿estoy en lo
cierto?

D. I.: Como tercer presidente de la organización, he recibido una profunda inspiración de mis
predecesores. He sentido la poderosa necesidad de universalizar y de asegurar el florecimiento
imperecedero de las enseñanzas. Pocas semanas antes de morir, en abril de 1958, el señor Toda me
llamó a su lado y me dijo que había soñado con ir a México, y que había gente allí esperando
aprender sobre el budismo. En cuanto a las enseñanzas, he tratado de separar aquellos elementos de
la interpretación tradicional del budismo de Nichiren que ponen más el acento en las circunstancias
culturales e históricas del Japón que en el mensaje esencial subyacente. Para ello, he entablado
diálogos con innumerables personas de todo el mundo, para refinar y universalizar la expresión de
mis ideas. Puesto que estoy convencido de que todas las culturas y religiones son la expresión de
profundas verdades humanas, me refiero con mucha frecuencia a tradiciones filosóficas que no son
budistas, empleando ideas provenientes de la literatura, el arte, la ciencia y la medicina, y
compartiendo con la gente, incluidos los miembros de la Soka Gakkai, las sabias palabras y
concepciones de pensadores de los más diversos orígenes culturales y religiosos.

C. S.: Recuerdo que en su libro sobre la Soka Gakkai, el académico norteamericano Richard
Seager destacaba con sorpresa que no se veían imágenes o íconos budistas tradicionales en el
campus de la Universidad Soka de Japón o en la de los Estados Unidos, aunque sí había
encontrado estatuas de Victor Hugo y de Walt Whitman.

D. I.: El filósofo británico Alfred North Whitehead (1861-1947) escribió lo siguiente sobre la
religión: "Los principios [religiosos] pueden ser eternos, pero su expresión requiere un continuo
desarrollo". Para mí, eso es especialmente cierto tratándose del budismo, una filosofía de vida
dinámica que responde al anhelo inmutable de paz y de felicidad que ha alentado el género humano
a lo largo de su historia y de sus tradiciones. Por eso es tan crucial el diálogo entre culturas para el
desarrollo del budismo en el próximo milenio. Manteniéndose siempre fiel a su esencia, esta
filosofía debe efectuar hallazgos, aprender y evolucionar. En ese sentido, tengo la certeza de que la
labor de redescubrimiento, purificación y universalización que la SGI ha emprendido como misión
fundamental es la mismísima esencia del budismo.

C. S.: Usted ha reorganizado las enseñanzas del Sutra del loto en términos de un proceso que
denomina "revolución humana". La segunda palabra de ese concepto expresa su filosofía del
humanismo budista. Pero tenemos también el término "revolución". ¿Cuáles son algunos de
los aspectos más revolucionarios del budismo que enseña la SGI, y de qué manera el
humanismo religioso motiva esa clase de revolución?

D. I.: El budismo es en esencia revolucionario. No puedo imaginar nada más radical que la
iluminación. Es tanto un retorno a nuestro estado más natural como un cambio sumamente
dramático. Cito palabras de Nichiren: "Sin duda, hay algo extraordinario en el flujo y el reflujo de
las mareas, en el recorrido de la luna desde que asoma hasta que se pone, en la forma en que el
verano, el otoño, el invierno y la primavera se suceden unos a otros. También ocurre algo inusitado
cuando una persona común logra la Budeidad".

Fue el presidente Toda quien difundió ampliamente la expresión "revolución humana". Es una
manera de denominar el concepto de la iluminación en un lenguaje contemporáneo. En el budismo
de Nichiren, la iluminación siempre impacta en el medio social. A través de una transformación
espiritual interior, las personas pueden despertar a un genuino reconocimiento de la dignidad de la
vida. Y eso es algo totalmente contrapuesto al desinterés y la desconfianza que subyacen en todo lo
malo que aqueja a la sociedad contemporánea. Ese cambio interior es la base para concretar tanto la
felicidad individual como una sociedad pacífica. En el budismo de Nichiren, cabe insistir, ambas
están profundamente unidas.

Refiriéndose a las personas, el señor Toda explicaba lo siguiente: "La revolución humana no es nada
especial o fuera de lo común. Puede ser algo tan simple como el caso de alguien que, habiendo sido
perezoso y apático, cambia y se muestra entusiasta y comprometido. O como alguien que, sin el
menor interés en aprender nada, decide dedicarse a estudiar. O bien, como una persona que
habiendo luchado contra la pobreza, logra establecer una vida más estable y cómoda. La revolución
humana es un cambio en la orientación básica de la vida de un individuo. Y es la transformación de
la conciencia que se logra gracias a la práctica budista la que lo hace posible".

C. S.: Sí, pero esa es una concepción de la Budeidad muy diferente de la que conoce la
mayoría de la gente.

D. I.: Al emplear el lenguaje de la "revolución humana", el señor Toda transformó la idea de la


Budeidad, que en el Japón y en otras partes de Asia había llegado a concebirse como algo
relacionado con la vida después de la muerte, y la convirtió en un objetivo claro y profundo: el de
desarrollar nuestra capacidad y personalidad únicas para que rindan sus frutos en nuestra presente
existencia. Creo firmemente que cuando las personas que hacen ese esfuerzo se unan y establezcan
corrientes de solidaridad entre las filas del pueblo, a escala mundial, veremos abrirse un camino
hacia el logro de una revolución global no violenta.
C. S.: Al final del Sutra del loto, el buda Shakyamuni declara: "Si encontráis a una persona
que acepta y mantiene este sutra, debéis poneros de pie y saludarla desde lejos, mostrándole el
mismo respeto que mostraríais a un buda". ¿Cómo interpreta usted esas palabras de
Shakyamuni?

D. I.: Creo que ofrecen una guía certera para los creyentes budistas que viven en un mundo donde
existen innumerables religiones.

Nichiren afirma que los ocho caracteres chinos que se traducen como "debéis poneros de pie y
saludarla desde lejos, mostrándole el mismo respeto que mostraríais a un buda" expresan la primera
y más elevada transmisión de Shakyamuni –lo que él anhelaba que poseyeran como virtud quienes
practicarían el Sutra del loto en el futuro, después de su muerte—. En otras palabras, lo más
fundamental es nuestra acción o comportamiento como seres humanos, nuestra capacidad de
experimentar genuino interés por una persona y de atesorarla.

Hay un capítulo en el Sutra del loto dedicado al bodhisattva Jamás Despreciar, quien saludaba
reverentemente a cada persona que encontraba en su camino con estas palabras: "Siento profundo
respeto por vosotros. Jamás osaría trataros con desprecio o arrogancia ¿Y por qué? Porque todos
estáis practicando el camino del bodhisattva y sin falta obtendréis la Budeidad". He ahí un ejemplo
concreto de interacción con los demás que debemos seguir como budistas modernos que vivimos en
una era de conexión entre todas las naciones, marcada por cuestiones que nos atañen a todos de
manera global.

Según las enseñanzas del budismo Mahayana, el período en que estamos viviendo se denomina
Último Día de la Ley, una época de discordia, signada por los conflictos. La única manera de resistir
y contrarrestar las turbulentas corrientes de una época como la nuestra es la sólida fe en la
naturaleza de Buda de uno mismo y de los demás. Y el modo de poner esto en práctica es el respeto
que podemos ofrecerles a nuestros semejantes.

C. S.: Hoy casi no existe algo así en las relaciones internacionales, aunque siempre hay
esperanza para el futuro.

D. I.: Por cierto que la hay. Y el budismo puede ofrecer muchas maneras de cultivar esa clase de
esperanza. Creer en uno mismo y en los demás, y tratar a nuestros congéneres como trataríamos a
un buda es la práctica que despierta la naturaleza de buda que reside en nuestro interior y la hace
surgir. Es entonces cuando la propagación franca y directa promovida por Nichiren cobra su
verdadera importancia. Precisamente, porque somos capaces de tener fe en la naturaleza de Buda de
la otra persona, podemos extraer la misericordia desde nuestro interior y, con el deseo de que todos
logren la felicidad, entablar un proceso de diálogo profundo y considerado con los demás. Tal es el
verdadero espíritu de la propagación: difundir el Budismo de un individuo a otro. Ello implica antes
que ninguna otra cosa, construir la confianza y la amistad a través del diálogo respetuoso y
constante con otras personas.

Todos estamos dotados de igual manera de la capacidad inherente de respetar a otros; esa aptitud es
fuente de esperanza inextinguible, porque corporifica una verdad universal que trasciende lo
específico de los credos religiosos. El respeto que ofrecen los budistas a otras personas se brinda en
virtud de la humanidad que los demás poseen, sin que importen sus creencias religiosas. Nichiren lo
describió con una metáfora poética, diciendo que, cuando nos inclinamos ante un espejo, la imagen
reflejada en este se inclina a su vez con reverencia ante nosotros. Ese es el verdadero espíritu del
budismo y, sí, una razón para la mayor de las esperanzas.

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