EL FANTASMA DE LA SOLEDAD.
Ya no quedan dudas que el cerebro es un órgano
social. Este cerebro fue evolucionando a lo largo de la historia y es la capacidad de
poder vivir en sociedades complejas algo que fue clave evolutivamente.
Nuestro cerebro se modifica de manera constante, las experiencias y el ambiente van
modificando nuestros circuitos neuronales, van ampliando redes neuronales, conectando
unas redes con otras, esta propiedad plástica del cerebro lo hace aun más fascinante.
A partir del descubrimiento de las neuronas en espejo (que se encuentran en el área
parietal) es que podemos pesar las capacidades cognitivas asociadas a la cuestión social,
como el aprendizaje por imitación y la empatía por ejemplo.
La capacidad de “leer” los estados ajenos y así entender las emociones, las intenciones,
las creencias del otro se torna en algo sumamente importante para el mundo social, para
las conversaciones naturales, para la predicción de la conducta social.
Nunca antes habíamos experimentado un aislamiento social a gran escala como durante
la evolución de esta pandemia.
Al leer la historia de la humanidad, se evidencia, que luego de brotes infecciosos y
pandemias, quedan los efectos nocivos para la salud mental y psicológicos del
aislamiento social.
Los humanos somos intensamente sociales y nos beneficiamos psicológica y
físicamente de la interacción social. Así, cuanto más estemos integrados en una red de
amigos/as, menos probabilidades tenemos de enfermarnos y mayores serán nuestras
tasas de supervivencia. La integración psicosocial en las relaciones interpersonales es
crítica para la supervivencia.
Como consecuencia de tener este cerebro social, no resulta sorprendente, que la mayoría
de nosotros/as encuentre estresante la privación social. El aislamiento social, o la falta
de oportunidades sociales da lugar a una sensación de soledad.
Una vez solos, los humanos pueden quedar atrapados en un ciclo psicológico
descendente del que puede ser difícil escapar.
Quisiera agregar además que el cerebro se lleva muy mal con la incertidumbre y es
posible la generación de pensamientos catastróficos repetitivos. Una percepción sesgada
de las señales negativas y la amenaza social de los otros, o la expectativa de ser
socialmente excluido por otros.
Los sesgos cognitivos y una visión sesgada del mundo conduce a tasas de depresión,
ansiedad y de suicidio aumentadas, entre otras consecuencias.
Actualmente hay evidencia acumulada de que las amistades son una condición sine qua
non para la calidad de la salud. Cuanto más se esté integrado en una red de amigos,
menos probabilidades tendrá de enfermar. Cuanto mayor sea su capital social, más rica
y amplia su red social, más rápido mejorará si se enferma, más rápido se recuperará y
más tiempo vivirá. Tener relaciones interpersonales fuertes es fundamental para la
supervivencia a lo largo de toda la vida.
Diversos estudios demuestran que las personas que pertenecen a más grupos tienen
menos probabilidades de experimentar episodios de depresión.
La liberación de endorfinas constituyen un componente central del mecanismo psico-
endócrino que sustenta la amistad.
Otra investigación encontró que los lazos sociales estimulan la liberación de las células
asesinas naturales ( las denominadas natural killers) del cuerpo, una de las células
blancas de la sangre del sistema inmune innato cuya función central es destruir bacterias
y virus dañinos. Por esto se sostiene que la soledad perjudica directamente el sistema
inmune, haciéndonos menos resistentes a enfermedades e infecciones. De hecho,
sentirse solo, aislarse y tener pocos amigos puede resultar en una defensa inmune
particularmente pobre y es en momentos de pandemias donde resulta eficaz fortalecer el
sistema inmunitario de la población.
Sin bien es cierto que la restricción de la movilidad y el aislamiento son medidas para
afrontar una pandemia no se puede desconocer el impacto negativo en la salud mental
de la población. Si bien el aislamiento social nos afecta a todos y todas, o sea, nos iguala
en algún punto, es diferente para cada persona (según su realidad social, económica,
afectiva y emocional) y es diferente para cada etapa de la vida, siendo las primeras
etapas donde puede tener un impacto mayor.
El cerebro en la infancia y adolescencia esta aun formándose, recordemos que la corteza
prefrontal es la ultima región del cerebro en madurar y lo hace hacia los 20 años
aproximadamente. Aun se están formando contactos entre neuronas y terminando de
pulirse los circuitos neuronales, esto gobernará conductas.
Obviamente que este aislamiento que estamos sufriendo es transitorio y no debería
generar consecuencias graves en los niños, niñas y adolescentes si estan acompañados y
sostenidos, pero es importante estimular las relaciones sociales por otras vías.
La estimulación social insuficiente entonces afecta el razonamiento y el rendimiento de
la memoria, la homeostasis hormonal, la sustancia gris / blanca del cerebro, la
conectividad y la función, así como la resistencia a las enfermedades físicas y mentales.
Síntomas de ansiedad, el estado de ánimo decaído, el estrés, el miedo, la frustración, la
incertidumbre y el aburrimiento pueden ser precipitados por la pandemia por Cov y sus
consecuencias, incluida la restricción de movimiento, pérdida de conexiones sociales y
empleo, pérdida de ingresos financieros, miedo al contagio o preocupación por la falta
de acceso a necesidades básicas como medicamentos, alimentos o agua.
Las personas de la comunidad pueden necesitar más que nunca, tranquilidad, una red de
seguridad adecuada, consejos de autocuidado, monitorearse el estado de ánimo y las
señales de malestar psicológico y requerir ayuda.
Como el aislamiento social y el “quedate en casa” no es igual para todos/as y deja ver
las desigualdades existentes, se hace necesaria la intervención y la presencia del Estado
allí donde sea necesario paliar tales desigualdades.
Vanina Botta
44
Me gusta
Comentar
Comentarios
Escribe un comentario...