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VENTA DE CAFÉ EXPRESS POR PARTE DE LOS CAFICULTORES DEL
MUNICIPIO DE QUINCHIA Y SUS 81 VEREDAS
Quinchía está situado a una altura de 1.825 msnm, y la temperatura promedio del municipio
es de 18 grados centígrados. En su territorio se presentan todos los climas, desde el cálido
del corregimiento de Irra, hasta el frio de las veredas de La Ceiba y El Tabor.
Quinchía está en el noroccidente del departamento de Risaralda. Limita al norte con el
Municipio de Riosucio; al Sur con Anserma, por oriente con los municipios de Filadelfia y
Neira, en el departamento de Caldas y por el occidente con el municipio de Guatica en
Risaralda. Está a 110 km de Pereira, la capital del departamento. Estos se convierten en 2
horas y media por vía carreteable en excelentes condiciones. Cuenta con una extensión
territorial de 749,8 km2. El área urbana se encuentra ubicado al pie del Cerro Gobia y posee
12 barrios. Según la última proyección del DANE , Quinchía presenta una población de
31.996 habitantes de los cuales la mayoría pertenecen a la zona Rural.
El Municipio cuenta con 81 veredas y cuatro corregimientos. Entre ellos el corregimiento
de Irra que está a orillas del Rio Cauca, de donde se extrae arena, balastro, oro en aluvión, y
cuenta con lagos para la pesca; el corregimiento de Naranjal, donde se pueden encontrar
cultivos de plátano que son enviados a Medellín, y la yuca para las rayanderias donde se
extrae una gran cantidad de almidón; los corregimientos de Santa Elena y Batero se
caracterizan por sus cultivos de caña panelera.
Sus cerros tutelares le han hecho merecimiento a Quinchía como “La Villa de Los Cerros”
y uno de los cerros más icónicos es el cerro de Batero, ubicado en corregimiento del mismo
nombre a una distancia de 7 kilómetros desde la cabecera municipal y al cual se puede
acceder por vía carreteable en buen estado.
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CONSECUENCIAS DE EL POCO DESARROLLO AGRICOLA EN QUINCHIA
RISARALDA
MARCO HISTORICO:
. La época de “Los Magníficos”. Durante los años setenta en Quinchía se produjeron procesos de
fortalecimiento social y comunitario luego de un período de bonanza cafetera. Allí surgieron
organizaciones sociales y campesinas que en la década de los noventa conformarían una amplia
base social. No obstante, en el transcurso de 1980 hasta 1990, en medio de la crisis cafetera, hubo
un escalamiento en el conflicto a nivel regional. En consecuencia, nuevos actores harían presencia
en la zona comprando tierras y haciendas cafeteras tras el declive del precio internacional del café.
Medianos y pequeños campesinos colocaron en venta sus tierras o las abandonaron como
consecuencia de la crisis cafetera. Este panorama condujo a la llegada de nuevos actores, los
narcotraficantes, con el fin de establecer un corredor estratégico para la siembra y tráfico de
cocaína al exterior. Las tasas de homicidios también aumentaron considerablemente en la región,
siendo Risaralda uno de los departamentos más afectados. Según el Observatorio del Programa
Presidencial de Derechos Humanos y DIH (2011), “el departamento de Risaralda tenía las tasas de
homicidios más elevadas de la región. Desde los años setenta superó ampliamente la tasa nacional
de homicidios y a partir de 1988 sobrepasó la de por sí alta tasa del conjunto del Viejo Caldas. En
efecto, llegó a 137 (punto máximo) en 1989 y a 132 en 1991” (p.9). El incremento de las acciones
de violencia estuvo vinculado a la necesidad de los narcotraficantes de establecer un control en un
territorio que ha tenido presencia institucional históricamente, pero que durante esos años estaba
viviendo los estragos de las políticas neoliberales y un deterioro paulatino de las instituciones en
cabeza de la Federación Nacional de Cafeteros. El municipio de Quinchía no quedó al margen de
esta lógica, sino que, por el contrario, sus tasas de homicidio, secuestros y desplazamiento forzado
aumentaron progresivamente. El surgimiento del grupo delincuencial “Los Magníficos” se ajustaría
con las oleadas de violencia a nivel regional. Incluso ejercerían un control local sobre la población e
instituciones como la alcaldía municipal. Olga Carrillo, actualmente docente del colegio Nuestra
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Señora de los Dolores y que en la época de los ochenta era reportera, reconstruye las acciones
lideradas por Cirso 41 Zuluaga, quien estaba al frente de “Los Magníficos”. Resulta que el hermano
de Cirso secuestró a unos niños en la Unión. Como estaba cubriendo la zona, llamé al diario ‘La
Patria’ a reportar la noticia (…). De ‘Los Magníficos’ hay muchas historias detrás. Drogas, platas y
mujeres funcionaban como forma de gobierno local de la mano con las corruptas elecciones.
Quién sabe si aquel concurso de belleza también estuvo arreglado, porque le cambió la vida a la
elegida como la más linda del municipio en los ochenta (Verón, Arciniegas, Jaramillo, Castillo, 2020,
p.68). La mayoría de los habitantes también recuerda el carro blanco de los Zuluaga que transitaba
por las noches en Quinchía. Este infundía temor a los quinchieños pues a los que se encontrara
consumiendo sustancias psicoactivas, ejerciendo la prostitución o vendiendo drogas, al otro día
aparecían muertos. Asimismo, en contra de los líderes sociales inició un ataque directo por las
acciones que llevaban a cabo en beneficio de la comunidad. 5.3. El conflicto armado: guerrillas,
paramilitares y Estado. (1970 – 2006) En el marco de la crisis cafetera con su punto más álgido
luego de la ruptura del Pacto Internacional del Café en 198923, en el Eje Cafetero se configuró una
disputa territorial por el control del territorio y de la población. De este modo, la presencia del
bloque 47 de las FARC en Caldas y Antioquia, del frente Oscar William Calvo perteneciente al EPL
en Risaralda, y la llegada del bloque Cacique Pipintá en Caldas y Risaralda, estableció ciertos
órdenes locales en los municipios pertenecientes a estos departamentos. Es posible enunciar
distintas rutas explicativas de la aparición y expansión de estos actores armados, pues
históricamente la presencia institucional y las adecuadas condiciones de vida habían sido dos
factores esenciales en el desarrollo económico de la zona cafetera, lo cual, en parte, explicaba la
baja intensidad del conflicto armado en la región. Por un lado, algunos académicos compartían la
idea de que “las guerrillas habían llegado a la región, no tanto por el deterioro de las condiciones
de vida de la población rural a raíz de la 23 “El fin del pacto cafetero” (2013) así lo titula la revista
Dinero. Según Jorge Cárdenas, en ese entonces gerente de la Federación Nacional de Cafeteros “El
Pacto Cafetero fue un soporte para la economía colombiana durante 30 años. Fue un acuerdo
fundamental. Pero a finales de los ochenta las condiciones mundiales empezaron a cambiar con la
idea de la libertad del mercado y la reducción del Estado. Por eso entran en crisis todos los
acuerdos”. Al caerse el Acuerdo, los efectos fueron casi de inmediato. Un año después el precio del
café se pagaba a US 0.69 la libra, el peor precio de la historia. Tomado de:
[Link] 42
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crisis cafetera, sino como parte de sus planes estratégicos de expandirse para cercar las capitales e
impulsar los cultivos de coca” (Acero, 2015, p.50). Otra vertiente explicativa (Dube y Vargas, 2016)
sugeriría que la caída del precio del café incrementó la intensidad e incidencia de los actores
armados en los municipios cafeteros. Al haber una reducción significativa en la oferta laboral, las
guerrillas, especialmente se convirtieron en un medio para emplear medianos y pequeños
campesinos. Sumado a lo anterior, la robusta institucionalidad alrededor del grano se debilitó
como consecuencia del desplome de los precios del grano, lo cual abrió el escenario propicio para
que los actores armados cooptaran ciertas funciones del Estado. En efecto, según cifras del
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH (2011), “en 1985 la presencia
de organizaciones armadas ilegales se registraba en un 2% en los municipios cafeteros, para 1995
se extendía al 53% de ellos” (p.4). Quinchía fue una de las regiones más golpeadas, donde la
incursión del EPL y el frente 47 de las FARC24, dejó no solamente una serie de hechos victimizantes
como secuestros, extorsiones, desplazamientos, asesinatos selectivos; sino que también
profundizó un estigma sobre sus habitantes y el territorio, quienes en su mayoría eran señalados
de ser colaboradores de la guerrilla. Roberto, micro empresario minero y líder político en el
territorio, describió las acciones empleadas en su contra por parte de guerrillas y paramilitares en
la década de los 2000 El hecho de administrar tantas tierras [aproximadamente 50 hectáreas] me
generó problemas con un comandante del EPL. Resulta que recomendado por un vecino llegó un
muchacho a trabajar a la finca, duró un buen tiempo hasta que reveló su identidad de infiltrado.
Solamente pensé ‘cuando los tiempos de cosecha apremian, para qué revisar las hojas de vida’, ni
tampoco consideraba que poseer un gran pedazo de tierra generara dudas en los ‘ideales
revolucionarios’. Por órdenes de los altos mandos el muchacho se va, pero permea el miedo de
que una situación así se repita (Verón, Arciniegas, Jaramillo, Castillo, 2020, p.50). 24 El frente 47 de
las FARC operó en un principio en el Magdalena Medio. En los noventa se extendió en el oriente
lejano de Antioquia y el oriente de Caldas (como se citó en Acero, 2015). El objetivo era crear un
área de retaguardia que les permitiera ejercer influencia sobre el Magdalena Medio controlado por
los paramilitares, así como crear corredores de movilidad desde esa región hacia el Pacífico. Una
facción disidente del frente Oscar William Calvo del EPL operaba en zonas rurales de Caldas,
Risaralda y en partes de Antioquia. Tenía fuerte presencia en Quinchía y el secuestro de Juan
Carlos Lizcano, hijo del ex congresista Oscar Tulio Lizcano, fue una de las más documentadas en la
prensa. Este frente fue desarticulado en el 2006 luego de la muerte de su comandante Jesús
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Berlain Chiquito, alias “Leytor”. 43 Al continuar con su experiencia expone que la arremetida
paramilitar generó el éxodo familiar, el pago de vacunas, el abandono de la finca y la muerte de un
primo. Vendimos los carros, las propiedades, pagamos las vacunas y salimos corriendo sin rumbo,
a probar suerte en otro lado. Cuando entrábamos al pueblo, al menos de lo que yo recuerdo, me
tocaba llegar con escoltas; y uno toda la vida acostumbrado a andar en las calles sin protección,
muy verraco, ¿no? Puesto que contra la mayoría de los líderes se inició un enfrentamiento directo.
(Verón, Arciniegas, Jaramillo, Castillo, 2020, p.50) Por otro lado, a comienzos de los noventa, las
acciones empleadas por el paramilitarismo que contaban con el apoyo de la clase política regional
y local, lograron la reconfiguración del Estado en gran parte del territorio nacional. Por medio de
las Convivir o cooperativas de seguridad se buscaba una respuesta al armar a la población civil para
defenderse ante la incursión guerrillera. El Eje Cafetero no quedó exento a esta realidad. Según el
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y el DIH (2011), “durante la
administración Samper se crearon Convivir en 15 municipios de Caldas, en 3 de Risaralda y en 3 de
Quindío” (p.6). En lugar de disminuir la intensidad del conflicto, lo que se logró fue involucrar a la
población civil activamente en el conflicto armado al dotarla de armas, así como incrementar la
cantidad de hechos victimizantes contra la misma población, pues se convirtieron en blancos de
dos frentes. Incluso los paramilitares emplearon la estrategia de “campo arrasado” que consistía
“en el desplazamiento de personas y, sobre todo, en acabar cualquier actividad política de
oposición. Miles de militantes de izquierda fueron asesinados por estos grupos” (Ávila, 2019,
p.104). Es decir que con la ayuda de la fuerza pública comenzó una persecución sistemática contra
líderes sociales, dirigentes políticos de izquierda y supuestos colaboradores de la guerrilla. A corto
plazo estas regiones se transformaron de escenarios de disputas con las guerrillas o de fuerte
presencia institucional, hacia una amplia hegemonía paramilitar. Lo expuesto anteriormente
representó en Quinchía entre 2002-2006 un incremento en los asesinatos selectivos y el
desplazamiento forzado de 30% de sus habitantes aproximadamente. Además, el 28 de septiembre
de 2003, un día que sobrevive en la memoria colectiva de los 44 quinchieños, el Ejército, la Policía
y la Fiscalía desplegaron la “Operación Libertad”25 con el fin de capturar a guerrilleros y
auxiliadores del frente Oscar William Calvo perteneciente al EPL. En realidad, se realizaron 112
detenciones arbitrarias a campesinos trabajadores de la región. Aparte de lo expuesto sobre esta
coyuntura en el capítulo 3, es necesario profundizar en dos aspectos. Primero, en los contextos de
guerra, la estigmatización según Goffman (2006), “opera como marcas sociales que discriminan,
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propician la exclusión generando en [comunidades o personas] procesos de impotencia del cual
son víctimas. Tales marcas no solo vetan a personas sino incluso territorios, erigen zonas de peligro
y se recrean imaginarios que generan acciones de respuesta” (p.27). En el contexto de las
movilizaciones hechas en el Paro Nacional Agrario de 2013, algunos de los habitantes recuerdan
que los señalaban de ser guerrilleros únicamente por venir de Quinchía. Lo mismo sucedió en el
2006 con el asesinato de alias “Leytor”, comandante del EPL. Los del Gaula manifestaban a los
quinchieños “Por fin capturamos al patrón de ustedes ¿no?”. Sin embargo, así como quedó
demostrado el pueblo no era auxiliador de la guerrilla cuando recuperaron su libertad luego de
haber permanecido 22 meses en la cárcel. Segundo, la verificación empírica de lo que he
denominado “agencia institucional”. Este concepto debe ser entendido como las acciones
empleadas por el aparato del Estado que favorecen la profundización de las problemáticas
sociales, económicas y políticas arraigadas a un territorio. En algunas ocasiones, también tiene la
capacidad de ser un medio para solucionar una coyuntura en específico, por ejemplo, en la
consecución de recursos para mejorar la infraestructura de una escuela. En el caso de la captura
del pueblo, como lo rememoran los quinchieños, profundizó el estigma que se cernía sobre la
población y el territorio. Al analizar otra situación donde la CARDER propone cambiar la pequeña
minería por cultivos de hortalizas, don Roberto señala ¿Cómo es posible que en la actualidad las
instituciones [como la CARDER] vengan con propuestas de cambiar la pequeña minería por cultivos
de hortalizas? Si aquí en Quinchía estamos a una altura de 1.825 msnm y esos cultivos son
propicios de climas fríos. [¿Cómo van a sacar esos productos al mercado? ¿Dónde está la
infraestructura requerida?] ¿Acaso no hay una noción de la cultura productiva de la región?
(Verón, Arciniegas, Jaramillo, Castillo, 2020, p.53) 25 Véase el artículo que detalla lo sucedido a lo
largo de ese día: [Link]
quinchia/ 45 En esta coyuntura específica si bien no existe detrás un conflicto armado, la solución
de transitar hacia cultivos de hortalizas para casi 4000 mineros informales no es viable ni factible.
La acción institucional en vez de brindar acompañamiento técnico, estudios sobre el territorio o
recursos económicos como soluciones plausibles, profundiza la crítica situación de estos mineros
informales. 5.4. El boom minero: la presión del capital extranjero por la extracción aurífera. Al
hacer una revisión histórica, Quinchía ha sido un municipio que ha explotado el oro de forma
tradicional. En la actualidad son 19 las Asociaciones de Mineros que han trabajo sobre todo en la
parte oriental y sur oriental del municipio. La mayoría de los títulos mineros se ha concedido a
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grandes multinacionales (Batero Gold y Anglogold Ashanti, por ejemplo), generando así una gran
cantidad de tensiones con los mineros tradicionales26 que han tenido que abandonar las zonas o
competir bajo las mismas reglas con los grandes capitales extranjeros; o por el contrario, dejando a
algunos en la ilegalidad como única alternativa económica viable para subsistir en el mercado. Un
caso de asociación comunitaria surge en 2006 con la Corporación del Área de Reserva Especial
Minera (CORPOARE). Esta reúne 7 asociaciones mineras, 89 personas asociadas, 70 familias y 350
personas. Tiene una concesión de 12 años, explotando de forma sostenible casi 30 toneladas de
oro diarias. La mina representa una alternativa económica a campesinos en épocas donde no hay
recolección de cosechas y es una fuente de ingresos para varias familias del municipio. Sin
embargo, su lucha ha sido contra la rigidez institucional porque la falta de acompañamiento
representó en palabras de uno de sus líderes “una persecución al pequeño”. Según Roberto: Con el
propósito de conseguir la licencia por parte de la CARDER, cerré 22 minas y a su vez el sustento de
muchas familias quinchieñas. Mitigué los impactos ambientales e hice programa de reforestación
porque aún hay muchos que por desconocimiento o falta de recursos, siguen usando el mercurio
en el proceso de sedimentación de las rocas (…). Este proyecto refleja una más de las expresiones
de violencia en Colombia, la lucha contra la rígida estructura estatal 26 Véase el siguiente artículo
donde se expone recientemente una tensión entre la multinacional Miraflores Compañía Minera y
45 mineros tradicionales: [Link]
protestan-enquinchia-seran-desalojados-de-socavon-458854 46 amparada bajo el funcionamiento
de las instituciones. Es decir que no se huye de las balas, las tomas, las estigmatizaciones y de los
actores armados, sino que se tiene el constante miedo de no despegar al luchar contra los grandes,
los aliados del sistema” (Verón, Arciniegas, Jaramillo, Castillo, 2020, p.54). Por su parte la
multinacional canadiense Batero Gold a través de su filial Minera Quinchía lleva desde el 2010
llevando a cabo fases de exploración. En el 2012 inició la fase de perforación teniendo una amplia
presencia en varias veredas como La Cumbre, El Cedral, Palogrande, Santa Helena, Guayabal y
Matecaña. Pese a que en sus estrategias se incluyen planes de preservación del medio ambiente,
manejo de la capa del suelo y proyectos de reforestación, algunos de los habitantes denuncian la
contaminación de sus fuentes hídricas y desplazamientos forzados tras la llegada de la
multinacional. A modo de cierre, a lo largo del capítulo se ha profundizado en el análisis de los
distintos ciclos de violencia, tratando de dar una explicación histórica y sociológica a los hechos
que ocurrieron en el municipio desde la Violencia bipartidista. En las narraciones que remiten al
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pasado, se constituyen sentidos e imágenes que dan forma a una representación colectiva de lo
que he denominado “memoria local”. Así mismo, al evocar se percibe y se resiste ante la violencia,
se buscan tácticas de tramitar un recuerdo doloroso que en la medida en que es compartido
encuentra un carácter social, como fue en el caso de la “Operación Libertad”. Los murales pintados
por la misma comunidad, al denunciar los acontecimientos del 2003, se convierten en esos lugares
de memoria y de lucha política en contra de aquella “historia oficial” que ha estigmatizado
históricamente tanto el territorio como la población de “ser guerrillera”. ¿Qué sucede cuando el
dolor es tan avasallante que es inenarrable? ¿Qué han hecho los quinchieños para resistir y
persistir ante los avatares de la guerra? ¿Qué significa para ellos el tejido comunitario? Estos
interrogantes harán parte de la columna vertebral que guiará el siguiente capítulo.
PROYECTO DE MERCADEO CAFÉ EXPRESS
- El café express e encuentra en el mercado como una categoría cómoda y dormida,
que desea ser posesionada en el mercado con una imagen actual y renovada
- El proyecto de producir café express es con el deseo de innovar y tener un alto nivel
de diferenciación entre otros competidores para imponer el café que se produce en
Quinchía Risaralda y sus 81 Veredas
- Estar atentos a los cambios internacionales por marcas que son atractivas para el
consumidor
OBJETIVO BASICO DEL PROYECTO
- Desarrollar un n nuevo concepto sobre las variantes del café con una marca capaz
de impulsar su crecimiento con estrategias de comunicación, mercadeo relacional y
promoción en los diversos canales de comercialización del café a nivel nacional
- Establecer campañas de sensibilización y comunicación para los caficultores que
son la presencia fundamental para posicionar su café y sus beneficios.
- Queremos que el café producido en Quinchía y sus veredas enamore los corazones y
mentes de consumidores a nivel nacional
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- Generar empleo directo o indirecto para el sector agropecuario de Quinchía y sus
veredas ya que esto contribuye a mejorar su vida familiar y social
- Tiene el reto que su comunicación sea cálida y festiva para todos los medios
masivos pero también para los medios específicos a los que va dirigido el proyecto
EQUIPOS PARA DESARROLLAR EL PROYECTO
- Maquina tostadora de café
- Molino eléctrico para granos de café
- Molino pulverizador para café eléctrico
- Selladora de banda codificador y conteo de bolsas
OBSERVACIONES
Los equipos pueden ser de otro sistema de manejo ya sea a gas, gasolina o manual
Anexo imágenes con valores
Cordialmente,
OSCAR EDUARDO CONTRERAS GUERRERO
Director ejecutivo- Representante legal
móvil.: 3144932506 – 3154345016
FUNDACION-RECONSTRUCCION DEL TEDIJO SOCIAL
“RETOS”
ACTA N°9914
REUNION EXTRAORDINARIA
Siendo las 19:00 horas del día 5 de Marzo del año 2021, diagonal 26ª N° 7-47 del Barrio
Santa Isabel Dosquebradas se reunieron las siguientes personas:
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. JASON ANDRES CONTRERAS
C.C [Link]
.LIZ KAREN GARCES
C.C 24.339.728
. ANGELA MARIA CARVAJAL
C.C [Link]
.ELIANA PEREZ
C.C 52.216.913
. LUZ ESTELLA LONDOÑO
C.C 41.692.564 de Bogotá
. OSCAR CONTRERAS GUERRERO
C.C 79.390.416 de Bogotá
. YENNY HOHANNA CASTRILLON LOZANO
C.C 42.014.718 de Dosquebradas
. ALEXANDER BAQUERO
C.C 18.395.918
. ANGELA MARIA GOMEZ
C.C -42.009.776
.CRISTIAN CAMILO CARVAJAL
C.C [Link]
.FERNANDO MARTINEZ
C.C 1.012.7720
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