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El Referimiento

Este documento resume el concepto de referimiento en el derecho jurídico. El referimiento permite que un juez dicte medidas provisionales para evitar un daño inminente mientras se resuelve un caso principal. El referimiento se originó en Francia en el siglo 17 y fue adoptado en la legislación dominicana en el siglo 19. Explica los artículos relevantes de la ley de referimiento de 1978 y discute conceptos como la cosa juzgada, la urgencia, y los recursos y costas relacionados con las órdenes de referimiento.

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El Referimiento

Este documento resume el concepto de referimiento en el derecho jurídico. El referimiento permite que un juez dicte medidas provisionales para evitar un daño inminente mientras se resuelve un caso principal. El referimiento se originó en Francia en el siglo 17 y fue adoptado en la legislación dominicana en el siglo 19. Explica los artículos relevantes de la ley de referimiento de 1978 y discute conceptos como la cosa juzgada, la urgencia, y los recursos y costas relacionados con las órdenes de referimiento.

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El Referimiento

En lo relacionado en las cuestiones jurídicas, se refiere al hecho cuando se realiza una


demanda principal, por ante el juez de primera instancia y ante la urgencia de
situaciones que puedan aparecer que nos obliguen a tomar medidas precautorias a los
fines de evitar un daño inminente nos dirigimos, es decir, hacemos un referimiento
hacia el juez de primera instancia para que en las atribuciones que la ley le confiere,
esto es en referimiento, nos dicte las medidas necesarias que eviten ese eventual daño
hasta tanto se resuelva la demanda en lo principal.

El referimeinto tiene su origen en Francia, debido a Magistrado Rafael Luciano


Pichardo, al aplicar el edicto real del 22 de enero de 1685, mediante el cual se
Organizaba por primera vez el procedimiento del referimiento (referee). Es por ese
motivo que, hasta que el Código de Procedimiento Civil lo adoptara en 1806, al
referimiento se le conociera como el “procedimiento del Chatelet”, el cual, después de
la promulgación del código, pasó a regir en toda Francia.
En el año 1884 por los Decretos Nos. 2213 y 2214, de fecha 17 de abril de 1884, se
adoptaron como leyes de la Nación los Códigos civil y de Procedimiento civil franceses,
debidamente traducidos y adecuados a nuestra legislación. Pasan a regir entre nosotros
los artículos del 806 al 811 referente al referimiento, artículos que fueron sustituidos por
el 101 al 112 y 140 y 141 de la Ley 834 del 15 de julio de 1978; sobre estos artículos
girará nuestra intervención y sobre los mismos haremos una disección para tratar de
sacarle la esencia a cada uno de ellos.

Este es tema muy común entre los abogados, algunos lo ven como un recurso, otros
como una acción; la discusión no tiene sentido, lo que es importante son los efectos del
instituto jurídico; las palabras tienen, en algunas ocasiones, un valor en el lenguaje
cotidiano y otro valor en el lenguaje técnico.

ARTICULOS 101 AL 112, 137, 140 Y 141 LEY 834/1978. UN POCO


DE HISTORIA.

Art. 101.- La ordenanza de referimiento es una decisión provisional rendida


a solicitud de una parte, la otra presente o citada, en los casos en que la ley
confiere a un juez que no está apoderado de lo principal el poder de ordenar
inmediatamente las medidas necesarias.

El referimiento sirve para muchas cosas y al igual que el amparo, el habeas


corpus y el habeas data, sirve para la protección de derechos
fundamentales; por eso no pocos se preguntan si era necesario legislar para
tener una ley de amparo si por medio del referimiento, con las distinciones
que se han de imponer en cada caso.
La primera disección al artículo 101 de la ley de la materia es la referente a
la palabra “ordenanza”, que es lo mismo que decir “auto” y hace referencia
a la actividad del juez único; si se tratara de un tribunal colegiado entonces
no lo llamaríamos auto u ordenanza sino resolución.
Un juez de los referimientos puede ordenar la expulsión de un ocupante de
un inmueble cuando se trate de que éste no tenga ni derecho, ni título, para
estos casos no tiene que haber una demanda principal en curso como
tampoco tiene que haberla todas las veces, aún sin instancia principal, todo
esto para prevenir un daño inminente o neutralizar una turbación ilícita.
El principio sentado por el artículo 101 para algunos tipos de referimientos
es que debe haber una instancia principal en curso para que se cumpla
entonces la esencia cardinal del referimiento que es la provisionalidad; en
cada caso en particular y dependiendo del tipo de referimiento que es
llevado ante el juez éste decidirá si es dable emitir la ordenanza que se le
invoca sin que haya una demanda principal o si por el contrario ésta es
necesaria.
También, en el artículo 101 es la proposición de que el juez a apoderar es
aquél que no esté apoderado de lo principal quien será el que podrá ordenar
inmediatamente las medidas necesarias que se impongan. Este asunto en la
década inmediata a las reformas del verano del 78 trajo ciertas dificultades
en la competencia del juez apoderado pues por la estructura de nuestros
tribunales civiles de primera instancia en que el Juez de los Referimientos y
el Juez de lo principal es el mismo la parte demandada se sentía tentada, y
así lo hacía, en solicitar la incompetencia del juez de los referimientos
cuando éste era apoderado en curso de instancia.

Todo esto producido por un antecedente, en el año 1978 hubo una crisis política
como resultado de las elecciones generales de ese año; el Partido
Reformista en el poder desde el año 1966 con su Presidente Joaquín
Balaguer perdió las elecciones frente al Partido Revolucionario
Dominicano quien llevaba de candidato al hacendado Silvestre Antonio
Guzmán Fernández; la crisis política se resolvió como comúnmente se
resuelven estos menesteres, por un acuerdo político, y el Partido
Reformista que tenía que entregar el poder el 16 de agosto del año 1978
quería llevarse la gloria de ser quien aprobara las últimas reformas que
descansaban en el Congreso Nacional traídas de Francia al Código de
Procedimiento civil y al Código civil, por eso en la prisa de aprobar esas
modificaciones la ley 834/78 quedó con algunas incongruencias como la
señalada ut supra de no observar, al adaptar y localizar el texto francés, que
la estructura de nuestros tribunales de primera instancia era diferente al del
país de origen de nuestra legislación..

El día y hora habituales de los referimientos es también una garantía de la


urgencia con que deben manejarse estos procedimientos y se cumple
cuando el juez a principio del año dicta un Auto u Ordenanza indicando el
día y la hora en que deben ser llevadas las demandas de referimiento a su
conocimiento para darle solución; contribuye estos a darle celeridad al
procedimiento pues el impetrante no tiene que solicitar autorización para
citar a su contraparte, simplemente lo único que tiene es que averiguar el
día y la hora en que ese tribunal conoce de las demandas de referimiento y
elaborar su citación para ese día; sin embargo, hay casos en referimiento
que requieren celeridad, estos es, que el demandante puede encontrarse en
una situación de premura tal que en que le es necesario hacer comparecer a
su contraparte en un día diferente al señalado por el juez como día habitual;
para esos supuestos el impetrante debe elevar una instancia motivada al
juez para que éste le autorice a citar en una fecha distinta a la fijada por el
juez en el auto emitido a principio del año.

La cosa juzgada es un medio de defensa o un medio de inadmisibilidad


según la forma y el momento procesal en que ésta se invoque; dice el
Profesor Tavares1que quien ha sido favorecido con una sentencia puede
prevalecerse en otro proceso como demandante, de las ventajas que esa
sentencia le haya otorgado, es la función positiva de la cosa juzgada por el
contrario, la parte cuya demanda fue desestimada no puede, en un nuevo
proceso contradecir lo decidido contra ella por la sentencia
desestimatoria; es la función negativa de la cosa juzgada, llamada también
excepción de cosa juzgada.

Al juez de los referimientos se le apodera en caso de urgencia y como ésta


no ha sido definida por la ley usted debe amasar, debe articular una serie de
hechos que configuren un estado de urgencia para apoderar al juez de los
referimientos, quien al constatar la urgencia y los hechos llevados a su
consideración fallara en consecuencia; ese fallo en lo provisional tiene
autoridad de cosa juzgada y si la primera demanda le ha sido rechazada
debe el impetrante articular o amasar unos hechos nuevos, diferentes de

1
aquellos por los que la demanda le fue rechazada para que el juez no
oponga la inadmisibilidad por aquello de la cosa juzgada.

La ejecución de las ordenanzas de referimiento son ejecutorias de pleno


derecho, esto es, que no es necesario que en su decisión el juez indique que
ella es ejecutoria; La expresión “de pleno derecho” significa que el
compromiso con la decisión respectiva no está condicionado a
circunstancia alguna para su cumplimiento; la única limitante para la
ejecución de la ordenanza es que el juez haya ordenado expresamente que
se preste una fianza cuestión ésta no muy común en la práctica de nuestros
tribunales de justicia donde el juez generalmente no ordena la prestación de
fianza para que la ordenanza pueda ser ejecutada.

Respecto al recurso de oposición prácticamente excluido de nuestra política


procesal al extremo que se le tiene como un recurso teórico no es dable que
pueda tener vigencia en materia de referimiento donde la urgencia es el
espíritu que alienta este instituto jurídico; el recurso posible contra la
ordenanza de referimiento es el de apelación pero siempre que se trate de
una ordenanza dictada por el Juez de Primera instancia pues si ésta ha sido
dictada por el Presidente de la Corte entonces el recurso posible es el de
casación.

En cuanto a las costas la ley es clara en el sentido de que el juez de los


referimientos puede estatuir sobre ellas de forma tal que la parte vencida
puede ser condenada al pago de las mismas, no faltan autores que
propugnen porque no haya condenación en costas en materia de
referimiento por el carácter provisional de estas decisiones; como en
materia de costas los jueces gozan de poder soberano en lo que concierne a
la condena estando incluso dispensados de motivar su decisión, pienso que
hay que usar de esta facultad con mucha mesura pues hay situaciones en
que la parte vencida no merece ser condenada en costas.

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