0% encontró este documento útil (0 votos)
114 vistas2 páginas

Padre Nacho: Legado en Palmira

El padre Ignacio Rosero sirvió como sacerdote en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen en el barrio Palmira de Barrancabermeja durante casi 40 años, donde construyó la iglesia y brindó apoyo espiritual y social a la comunidad. Al retirarse en 1999, lloró al entregarle las llaves a la Virgen del Carmen, a quien tenía una gran devoción. Falleció 7 años después, y fue enterrado bajo los pies de la Virgen del Carmen como había pedido.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
114 vistas2 páginas

Padre Nacho: Legado en Palmira

El padre Ignacio Rosero sirvió como sacerdote en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen en el barrio Palmira de Barrancabermeja durante casi 40 años, donde construyó la iglesia y brindó apoyo espiritual y social a la comunidad. Al retirarse en 1999, lloró al entregarle las llaves a la Virgen del Carmen, a quien tenía una gran devoción. Falleció 7 años después, y fue enterrado bajo los pies de la Virgen del Carmen como había pedido.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ignacio Rosero: Un Guerrero del Carmelo

La última vez que el padre Ignacio Rosero miró la imagen de la Virgen del Carmen de la
Iglesia Nuestra Señora del Carmen en el barrio Palmira de Barrancabermeja, se
arrodillo ante ella y con un profundo dolor le dijo: “Señora del Carmelo, le entrego las
llaves de su casa”, y en seguida las lagrimas que no había derramado durante los cerca
de 40 años de servicio en la comunidad del barrio Palmira, brotaron de sus ojos.
Era el día de su despedida, cuando la parroquia en la que vivió, y que construyó con la
comunidad, fue entregada a la Diócesis de Barrancabermeja en 1999. Después de decir
estas palabras, el padre Nacho, como le conocían todos los habitantes del sector, recordó
las palabras que había dicho meses antes en una eucaristía: “Si llego a morir, quiero que
me entierren bajo los pies de la madre del Carmelo”. Y comenzó su caminar para darle
paso a un nuevo sacerdote.
La vida de un hombre de Dios
Ignacio León Rosero, nombre de bautizo del sacerdote, estaba a punto de cumplir los 40
años de párroco, y lo ataba a la comunidad, además de la iglesia, todas las situaciones
sociales y políticas en las que participaron juntos. Había llegado de Santa Rosa de
Viterbo en 1954, para ayudar como Misionero en la Misión del Río Magdalena. A su
llegar, fue nombrado Prefecto del Seminario Menor pocos años después de que el
edificio construido para hacer sacerdotes se levantó.
Como un misionero comenzó la evangelización desde sus clases, pero sabía que su
compromiso iba más allá, por eso los fines de semana se desplazaba con un grupo de
seminaristas para dar catecismo en una explanada del sector conocido como Palmira en
donde los habitantes los recibieron con regocijo.
Doña Dioselina fue una de las personas que más estuvo cerca del sacerdote en esa época,
de hecho, cuentan quienes la conocieron, que sus atenciones iban hasta ofrecer al
sacerdote y sus acompañantes, una limonada con un roscón.
El entusiasmo de tener cerca a un grupo de personas que se reunían a escuchar la
palabra, creció día a día, hasta que el Padre Antonio Silva, quien también trabajaba en el
Seminario, tuvo la iniciativa de rifar un chivo para recoger fondos y empezar la
construcción de la iglesia.
Fue en 1959 cuando el Padre Nacho fue nombrado Párroco de Palmira, y desde ese
momento comenzó su procesión casa por casa, con el fin de conseguir los materiales con
que se construiría la casa de la mujer que más admiro y quiso en su vida de sacerdote, la
Virgen del Carmen.
Bazares, rifas y donaciones, se realizaban diariamente, mientras la celebración
eucarística se celebraba en el rincón de un terreno de los hermanos Reyes, cubierto con
una carpa. Más parecía un refugio de guerra que una iglesia, pero fue allí en donde
comenzó a celebrarse misa en el barrio Palmira.
Su amor por la Virgen del Carmen
Gracias a la ayuda de la comunidad, el Padre Rosero pudo entregarle a la Virgen del
Carmen, la casa por la que tanto había luchado. Comenzó entonces su labor pastoral, y
su primera acción fue la de promover educación para la comunidad. Su parroquia se
convirtió en un centro de estudios en diferentes artes y los habitantes más necesitados
tenían la opción de estudiar a través de las becas que el propio sacerdote promovió.
Su devoción por la Virgen del Carmen, lo llevó a formar grupos de oración, todo con el
fin de rezar el Santo Rosario, y rendirle un homenaje a su patrona. Además de estos
grupos de oración, se esmeraba por hacer de la Fiesta de la Virgen, una celebración
especial, tanto así, que eran las mejores de toda la región.
Cada vez que se acercaba el 16 de Julio, se le veía parado frente a la imagen que
mantenía en el altar pidiéndole que le ayudara con la celebración: “Señora del Carmelo,
ayúdeme con esta Fiesta, mire que es para usted, no me deje sólo”, decía.
Defensor de Derechos
El Padre Nacho también era un hombre solidario con la clase obrera y trabajadora. Tal
vez se deba a que su iglesia se construyo con el tesón y esfuerzo de los ciudadanos que el
padre sentía un gran amor por ellos. Mucho recuerdan su presencia en momentos de
dificultad, como en aquellas jornadas en la que se tapaba la carretera de entrada a la
ciudad. La policía llegaba a tratar de sacar a los invasores, y al Padre Rosero siempre
estaba allí para disuadir a las partes para que no resolvieran los conflictos por vías
diferentes al diálogo.
Esas luchas lo llevaron a ser un hombre perseguido, una anécdota de esto fue en una
ocasión en la que hombres armados entraron a su templo, y le pidieron que se
arrodillara, con dignidad y valentía, el Padre Nacho les dijo: “Al único que me tengo que
arrodillar es al Señor, nunca me arrodillare ante los cobardes pecadores”. Ante la
respuesta quisieron llevárselo, pero la propia comunidad apostó su pellejo e impidió que
sucediera este episodio.
Otra anécdota que retrata la Defensa de los Derechos, fue en la época en que se
generaron en Barranca las invasiones. Una de las más recordadas fue la del Primero de
Mayo. Allí, la policía quiso sacar a los invasores de manera violenta, pero el Padre se
opuso de manera radical. Ante la oposición del Sacerdote, la policía quiso llevarlo preso,
la gente lo acompañó y exigió su liberación inmediata, así se hizo.
Trasladado a Bucaramanga
Con la construcción de la iglesia y la fortificación de la Fe católica en el barrio, el Padre
Nacho sólo esperaba seguir con su misión y cumplir las palabras que manifestaba ante la
Virgen diariamente. Pero una comunicación le pedía su retiro para darle paso a un
nuevo sacerdote. Las protestas no se hicieron esperar. Nadie quería que se fuera el
Padre Rosero, el hombre que estuvo allí durante toda la vida del barrio, el que edifico la
iglesia.
Sin embargo ya la decisión era tomada, y tuvo que salir de la ciudad hacia el Colegio San
Pedro Claver en Bucaramanga. Ese día lloro como nunca y prometió no volver a esta
ciudad.
Después de ese día de 1999, no se volvió a saber del Padre pese a que muchos iban a
visitarlo. Siete años después de su partida, la muerte le llegó y su petición fue cumplida.
Sus restos fueron traídos a Barrancabermeja, y se encuentran enterrados en la Iglesia
construida por él, bajo los Pies de la Virgen del Carmen.

También podría gustarte